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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Jueves, 17 de Enero de 2018

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL JUEVES SEMANA I DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Jueves de la 2ª semana del Tiempo ordinario o 17 de enero, conmemoración de

San Antonio abad

 

        Antonio nació el año 252 en Qeman, en el Medio Egipto, hijo de hacendados cristianos acomodados. Hacia los veinte años escuchó la proclamación del Evangelio: «Si quieres ser perfecto...». Fulminado por la invitación de Jesús, vendió los fértiles terrenos que recibió en herencia tras la muerte de sus padres y emprendió la vida ascética, primero, junto a su pueblo y, después, encerrándose en una necrópolis durante casi trece años. Tras diversos ataques demoníacos, se comprometió todavía más en la lucha ascética y se estableció en un fortín abandonado, donde se quedó durante otros veinte años.

    El año 306 dejó su retiro y aceptó tener discípulos. Para huir de la notoriedad, se retiró a la «montaña interior» (el monte Kolzum). Murió el 17 de enero del año 356, a los ciento cinco años muchos de los cuales transcurrieron enseñando a los solitarios, curando a los enfermos, refutando a los herejes con un ministerio carismático y autorizado que le ha convertido para siempre en el padre de los monjes.-  Oración: Señor y Dios nuestro, que llamaste al desierto a san Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos, por su intercesión, que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 3,7-14

Hermanos:

7 Por eso, como dice el Espíritu Santo: Si escucháis hoy su voz,

8 no endurezcáis vuestros corazones, como sucedió en el lugar de la rebelión el día de la prueba en el desierto,

9 cuando vuestros antepasados me pusieron a prueba después de haber visto mi actuación durante cuarenta años.

10 Por eso me enojé contra aquella generación y dije: Su corazón anda siempre extraviado; jamás han conocido mis caminos.

11 Por eso juré airado: ¡No entrarán en mi descanso!

12 Mirad, hermanos, que no se halle en alguno de vosotros un corazón malo e incrédulo que le aleje del Dios vivo.

13 Al contrario, exhortaos mutuamente cada día, mientras dura este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca por la seducción del pecado.

14 Porque participamos de la suerte de Cristo siempre y cuando mantengamos firme hasta el final la confianza del principio.

 

*+• El Espíritu Santo habla siempre en el «hoy» del hombre para ayudarle a vivir el presente según la voluntad de Dios. Sin embargo, el hombre se encuentra siempre tentado de endurecer el corazón a esta voz y seguir sus propios caminos torcidos, imposibilitándose la alegría de la comunión con Dios (es decir, su «descanso», w. 7-11). El autor de la carta a los Hebreos, alternando las exhortaciones con la exposición doctrinal, amonesta a los destinatarios a permanecer vigilantes sobre esa actitud interior. En efecto, «los padres» del antiguo Israel cayeron en la obstinación y en la incredulidad aunque habían «visto» las maravillas obradas por el Señor. Si se enojó con aquella generación, que había recibido por medio de Moisés la Ley de la alianza, cuánto más grave será la responsabilidad de quien endurece su corazón después de haber encontrado a Cristo, muy superior a Moisés (3,1-6), en cuanto Hijo de Dios.

Por consiguiente, es preciso renovar continuamente nuestra propia adhesión de fe: cada día se nos llama a decidir entre la docilidad a la voz del Señor o el hundimiento en el pecado que nos acecha (12,1). En esta buena batalla (cf. 1 Tim 1,18) por la fidelidad a Dios, los creyentes están invitados a apoyarse recíprocamente: es grande el consuelo que procede del testimonio recíproco, de la fe común en Jesús, cumplimiento supremo de las promesas de Dios y de las expectativas del hombre (w. 13ss).

 

Evangelio: Marcos 1,40-45

En aquel tiempo,

40 se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: -Si quieres, puedes limpiarme.

41 Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: -Quiero, queda limpio.

42 Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.

43 Entonces lo despidió, advirtiéndole severamente:

44 -No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les conste a ellos.

45 Él, sin embargo, tan pronto como se fue, se puso a divulgar a voces lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él de todas partes.

 

**• Marcos, en cada episodio de su evangelio, nos ayuda a intuir cada vez mejor la personalidad de Jesús. A éste, que había sido presentado como el heraldo y como el que inaugura el reino de la vida (v. 39), se le acerca un leproso, considerado como un «muerto viviente», según la Ley, a causa de la descomposición anticipada de la carne. Y puesto que todo lo que tiene que ver con la muerte contamina al hombre, estos enfermos eran marginados por completo para evitar el doble peligro del contagio y de la impureza. Ellos mismos debían, gritar a distancia: «¡Leproso! ¡Leproso!», para advertir del riesgo a quien incautamente se les acercara. En este relato se rebasa la Ley continuamente: por lo demás, ésta sólo podía constatar la enfermedad, segregar al enfermo y certificar su curación cuando tuviera lugar. Sin embargo, el leproso sabe que puede confiar en algo más grande y más sagrado que la Ley: por eso se atreve a acercarse a Jesús con una humildad total, manifestándole la fe en su poder y el abandono sin pretensiones a su voluntad. También Jesús, con su «compasión visceral» (v. 41, al pie de la letra), va más allá de la Ley: toca al leproso y con ese contacto fraterno restituye al enfermo su dignidad. Ahora ya no se siente un excluido, un infectado que contamina, sino un ser amado. Tras mostrarle su solidaridad, Jesús expresa su voluntad y revela su poder curando al enfermo. A fin de evitar un entusiasmo prematuro y desorientador en la gente, Jesús le impone severamente al hombre que guarde el secreto y cumpla las prescripciones legales para certificar

la curación.

Sin embargo, con una ulterior transgresión, el «redivivo» se preocupa únicamente de divulgar el hecho. Una publicidad inoportuna que obliga al humilde Siervo de YHWH, venido a cargar con nuestras enfermedades, a quedarse fuera de las ciudades, como un leproso. A pesar de ello, todos acuden a él. Se intuye que Jesús posee una autoridad superior a la Ley {cf. 2,1-3,6), está movido por una inmensa compasión por el mal (dolor-pecado) del hombre, es portador de vida y quiere darla. Pero sabe por qué camino realizará el Padre este don: las muchedumbres, por ahora, no pueden comprenderlo.

 

 

MEDITATIO

        «Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres» (Mt 19,21). Antonio escuchó estas palabras como pronunciadas por el Señor. Su generosa respuesta procuró vigor en la Iglesia a la maravillosa realidad del movimiento monástico. No podemos, pues, volver a escuchar sin conmovernos las lecturas que nos propone hoy la liturgia. Éstas contienen claramente el itinerario que debemos recorrer si queremos agradar a Dios. Lo esencial, por consiguiente, consiste precisamente en el radicalismo de este deseo. Antonio se dejó conducir dócilmente por el Espíritu... Su vigor aumentó a lo largo del camino. La primera respuesta que le liberó de los bienes terrenos le abrió el camino a un compromiso evangélico cada vez, más enérgico, que le permitió caminar humildemente con su Dios, lejos de las miradas de los hombres.

    Sólo después de la gran lucha contra las pasiones, Antonio estuvo en condiciones de servir verdaderamente a los otros, convirtiéndose en amigo, hermano y padre de todos. Con una gran audacia, su itinerario pasó de la victoria sobre la tentación a la enseñanza y al cuidado de los hermanos, «inventando» -por así decirlo- un nuevo modelo de vida cristiana, que le convirtió en un maravilloso ejemplo de libertad, de ascesis viril, de fidelidad a la Palabra, de amor a Cristo y al prójimo. No en balde, la tradición ha reconocido siempre en él no sólo al padre de los monjes, sino, sobre todo, al «modelo» del cristiano.

 

ORATIO

        Ruego por vosotros, noche y día, a mi Dios que os conceda los mismos dones que me ha concedido a mí por su gracia, no porque yo fuera digno de ellos [...]: el gran Espíritu de fuego que yo mismo he recibido. ¡Recibidlo, pues, también vosotros!

    Y si queréis obtener que more en vosotros, presentad antes las fatigas del cuerpo y la humildad del corazón, elevando noche y día vuestros pensamientos al cielo.

    Pedid con corazón sincero este Espíritu de fuego, y os será dado [...]; cuando lo hayáis recibido, os revelará todos los misterios más altos [...]. Os ruego que abandonéis vuestra voluntad carnal y mantengáis la serenidad en cada cosa, a fin de que, con el apoyo del Espíritu Santo, moren en vosotros las potencias celestes y os ayuden a cumplir la voluntad de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien sea la alabanza eterna por los siglos de los siglos. Amén (Antonio Abad, Carta 8,1.3, passim).

 

 

CONTEMPLATIO

        Les aconsejaba, sobre todo, recordar siempre estas palabras del apóstol: «Que el sol no se ponga sobre tu ira» (Ef 4,26), y considerar estas palabras como dichas de todos los mandamientos: el sol no debe ponerse no sólo sobre la ira, sino sobre ningún otro pecado. Es enteramente necesario que el sol no condene por ningún pecado de día, ni la luna por ninguna falta o incluso pensamiento nocturno. Para asegurarnos de esto, es bueno escuchar y guardar lo que dice el apóstol: «Júzguense y pruébense ustedes mismos» (2 Cor 13,5). Por eso, cada uno debe hacer diariamente un examen de lo que ha hecho de día y de noche; si ha pecado, deje de pecar; si no ha pecado, no se jacte por ello. Persevere más bien en la practica de lo bueno y no deje de estar en guardia.

    No juzgue a su prójimo ni se declare justo él mismo, como dice el santo apóstol Pablo, «hasta que venga el Señor y saque a luz lo que está escondido» (1 Cor 4,5; Rom 2,16). A menudo no tenemos conciencia de lo que hacemos; nosotros no lo sabemos, pero el Señor conoce todo. Por eso, dejémosle el juicio a él, compadezcámonos mutuamente y «llevemos los unos las cargas de los otros» (Gal 6,2). Juzguémonos a nosotros mismos y, si vemos que hemos disminuido, esforcémonos con toda seriedad para reparar nuestra deficiencia (Atanasio, Vita Antonii, 55).

 

ACTIO

        Durante la jornada de hoy, repite y medita con frecuencia estas palabras de san Antonio: «Comenzando de nuevo cada día, aumentemos nuestro celo» (Atanasio, Vita Antonii, 16).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El acontecimiento que supuso Antonio en la historia de la Iglesia tiene una función -casi de matriz- análoga al ciclo de Abrahán en la historia del pueblo judío. Aunque vivida por uno solo, a título de ejemplo, simboliza a la humanidad en camino hacia Dios, una humanidad cuya vanguardia puede decirse que está compuesta por los monjes.

    En la vida de Antonio podemos divisar la actitud apasionada hacia la persona de Jesús. Antonio nos recuerda que el Reino de Dios está dentro de nosotros, es el tesoro escondido en el campo de nuestro corazón. ¿Lo ha encontrado un hombre? Se va de allí, ebrio de alegría, y vende todo lo que posee. La búsqueda de lo absoluto impulsa al monje al desierto y se esconde en él periódicamente para encontrar ahí recursos: es aquí donde se forma como en un crisol el hombre interior. El desierto, a pesar de esto, no es más que un lugar de paso, y, a menudo, el espíritu que conduce a los monjes a él los lleva de nuevo -transfigurados- a la ciudad de los hombres: revestidos de su poder, se hacen humildes servidores de sus hermanos. Se trata de una dialéctica fecunda, cuyo prototipo nos presenta la vida de Antonio, movimiento de sístole y de diástole que constituye el latido mismo del corazón humano.

    No se trata de imitar materialmente esta vida, sino de dejarse penetrar por la luz que emana de ella (E. Bianchi, en N. Devilles, Antonio ¡I Grande, Milán 1973, pp. 1 lss).

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

HIMNO
Comienzan los relojes
a maquinar sus prisas;
y miramos el mundo.
Comienza un nuevo día.

Comienzan las preguntas,
la intensidad, la vida;
se cruzan los horarios.
Qué red, qué algarabía.

Mas tú, Señor, ahora.
eres calma infinita.
Todo el tiempo está en ti
como en una gavilla.
        
Rezamos, te alabamos,
porque existes, avisas;
porque anoche en el aire
tus astros se movían.

Y ahora toda la luz
se posó en nuestra orilla. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Salmo 56   Oración matutina de un afligido
Este salmo canta la pasión del Señor (S. Agustín)

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.


Ant. 2. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Cántico   Jr 31, 10-14  Felicidad del pueblo redimido

Jesús iba a morir... para reunir a los hijos de Dios dispersos (Jn
11,   51.52)


Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión;
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con enjundia,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.


Ant. 3. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Salmo 47   Himno a la gloria de Dios en Jerusalén
Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó l
a ciudad santa, Jerusalén (Ap 21, 10)

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;

allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza
llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,

para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor, nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

 

LECTURA BREVE Is  66, 1-2
Así dice el Señor: «El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme o qué lugar para mi descanso?
Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío oráculo del Señor. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.»

 

RESPONSORIO BREVE
R. Te invoco de todo corazón, * Respóndeme, Señor.
Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

V. Guardaré tus leyes. * Respóndeme, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos. 

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos. 

 

 

PRECES
Demos gracias a Cristo, que nos ha dado la luz del día, y supliquémosle, diciendo:
Bendícenos y santifícanos, Señor.

Tú que te entregaste como víctima por nuestros pecados,
acepta los deseos y proyectos de este día.   

Tú que nos alegras con la claridad del nuevo día,
sé tú mismo el lucero brillante de nuestros corazones.

Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos rodean,
para que logremos así ser imágenes de tu bondad.

En la mañana haznos escuchar tu gracia, 
y que tu gozo sea hoy nuestra fortaleza.


Fieles a la recomendación del Salvador, digamos con filial confianza:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a ti al empezar el día, a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Que vive y reina contigo.

     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
           
        
HIMNO
El trabajo nos urge,
nos concentra y astilla.
Poco a poco, la muerte
nos hiere y purifica.

Señor del universo,
con el hombre te alías.
En nuestra actividad,
tu fuerza c
ómo vibra.

Señor de los minutos,
intensa compañía.
Gracias por los instantes
que lo eterno nos hilan.

Gracias por esta pausa
contigo en la fatiga.

Contigo hay alegría. Amén.

 


SALMODIA
Ant. 1. Ábreme los ojos, Señor, y contemplaré las maravillas de tu voluntad.

Salmo 118, 17-24   III (Ghimel)

Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad;
soy un forastero en la tierra:
no me ocultes tus promesas.

Mi alma se consume, deseando
continuamente tus mandamientos;
reprendes a los soberbios,
malditos los que se apartan de tus mandatos.

Aleja de mí las afrentas y el desprecio,
porque observo tus preceptos;   
aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus leyes;         
tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ábreme los ojos, Señor, y contemplaré las maravillas de tu voluntad.

        
Ant. 2. Haz, Señor, que camine con lealtad.

Salmo 24  Oración por toda clase de necesidades
La esperanza no defrauda (Rm 5, 5)

I
A ti, Señor, levanto mi alma;
Dios mío, en ti conf
ío,
no quede yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos;
pues los que esperan en ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los traidores.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace cam
inar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
Por el honor de tu nombre, Señor,
perdona mis culpas, que son muchas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.        

Ant. Haz, Señor, que camine con lealtad.


Ant. 3. Mírame, oh Dios, y líbrame que estoy solo y afligido.

II
¿Hay alguien que tema al Señor?
Él le enseñará el camino escogido:
su alma vivirá feliz,
su descendencia poseerá la tierra.

El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su alianza.
Tengo los ojos puestos en el Señor,
porque él saca mis pies de la red.

Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí,
que estoy solo y afligido.
Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones.

Mira mis trabajos y mis penas
y perdona t
odos mis pecados;
mira cuántos son mis enemigos,
que me detestan con odio cruel.

Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti.

Salva, oh Dios, a Israel
de todos sus peligros.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mírame, oh Dios, y líbrame, que estoy solo y afligido.  

        
TERCIA

LECTURA BREVE Am 4,13
El Señor formó las montañas, creó el viento, descubre al hombre su pensamiento, hace la aurora y el crepúsculo y camina sobre el dorso de la tierra; se llama Señor, Dios de los ejércitos.
 
V. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor.
R. Ensalzadlo con himnos por los siglos.


ORACIÓN
Señor, tú que a la hora de tercia enviaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en oración, concédenos también a nosotros tener parte en los dones de este Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.


SEXTA
LECTURA BREVE Am 5, 8
El Señor creó las Pléyades y Orión, convierte las sombras en aurora, el día en noche oscura; convoca las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra; se llama El Señor.

V. Honor y majestad lo preceden.
R. Fuerza y esplendor están en su templo.


ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ante ti  no existe ni la oscuridad ni las tinieblas; haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos fielmente por tus sendas con el corazón ensanchado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

        
NONA
 

LECTURA BREVE Am 9, 6
El Señor construye en el cielo su escalinata y cimenta su bóveda sobre la tierra; convoca las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra; se llama El Señor.

V. El cielo proclama la gloria de Dios.
R. El firmamento pregona la obra de sus manos.


ORACIÓN
Contempla, Señor, a tu familia en oración y haz que, imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo, no decaiga nunca ante la adversidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   

 

HIMNO
Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando,
mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre. Amén.


SALMODIA
Ant. 1. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Salmo 29
Acción de gracias por la curación de un enfermo en peligro de muerte

Cristo, después de su gloriosa resurrección, da gracias al Padre (Casi
ano)


Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»      
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé, 
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,    
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.


Ant. 2. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Salmo 31  Acción de gracias de un pecador perdonado
David llama dichoso al hombre a quien Dios otorga la justificación prescindiendo de sus obras (Rm 4, 6)


Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;   
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas       
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.        
        
No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confia en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.


Ant.3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Cántico Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a   El juicio de Dios

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

 

LECTURA BREVE 1P 1,6-9
Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe
de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.


RESPONSORIO BREVE
R. El Señor nos alimentó * Con flor de harina.       
El Señor nos alimentó con flor de harina.

V. Nos sació con miel silvestre: * Con flor, de harina.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
El Señor nos alimentó con flor de harina.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. 
 


Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Juan, testigo de la luz, dijo: «Jesús es el Hijo de Dios.»   

PRECES
Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle: 
Mira a tus hijos, Señor.


Dios de amor, que has hecho alianza con tu pueblo,
haz que recordemos siempre tus maravillas.

Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la caridad
y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Haz que siempre edifiquemos la ciudad terrena unidos a ti,
no sea que en vano se cansen los que la construyen.

Manda, Señor, trabajadores a tu mies,
para que tu nombre sea conocido en el mundo.

A nuestros familiares y bienhechores d
ifuntos dales un lugar entre los santos
y haz que nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino.


Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora empieza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia, para darte gracias nuevamente. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

COMPLETAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 
 

HIMNO
Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.

Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.

Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.

Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva. Amén.

 

SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.

Salmo 15   El Señor es el lote de mi heredad
Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2, 24).


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi carne descansa serena.
 

LECTURA BREVE   1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

I
Dios te salve. Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ayer 

Miércoles, 16 de Enero de 2018

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL MIÉRCOLES SEMANA I DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Miércoles 1ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 2,14-18

Hermanos:

14 puesto que los hijos tenían en común la carne y la sangre, también Jesús las compartió, para poder destruir con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo,

15 y librar a aquellos a quienes el temor a la muerte tenía esclavizados de por vida.

16 Porque ciertamente no venía en auxilio de los ángeles, sino en auxilio de la raza de Abrahán.

17  Por eso tenía que hacerse en todo semejante a sus hermanos, para ser ante Dios sumo sacerdote misericordioso y digno de crédito, capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo.

18 Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba.

 

**• El autor de la carta, profundizando en el significado de la solidaridad de Cristo con nosotros, explora, por así decirlo, los confines de la misericordia divina. Jesús ha asumido plenamente la realidad del hombre, marcada por la fragilidad y la muerte a causa del pecado. Aunque no conoció el pecado (cf. 4,5), cargó sobre sí las consecuencias del mismo. De este modo, pudo liberar a la humanidad -sometida al dominio del diablo, artífice del pecado y de la muerte- no desde fuera y desde arriba, sino desde el interior: una liberación «impuesta» no habría sido ni auténtica ni eficaz. El Hijo, sin embargo, se hizo partícipe de nuestra condición, a fin de que nosotros pudiéramos participar de la suya. Como buen samaritano, se inclinó sobre aquel que más necesidad tenía de sus curas: no los ángeles, sino la raza de Abrahán (v. 16); a saber, todos los peregrinos de la fe en este valle de lágrimas.

Puesto que esta asimilación total con nosotros por parte de Cristo nos rescata del pecado, Cristo cumple perfectamente la función sacerdotal: él es el verdadero sumo sacerdote, «misericordioso» con los hombres –cuyos sufrimientos conoce por experiencia personal- y «digno de crédito» en las cosas relacionadas con Dios, puesto que ha sido enviado por el Padre para nuestra salvación.

 

Evangelio: Marcos 1,29-39

En aquel tiempo,

29 al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan.

30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Le hablaron en seguida de ella,

31 y él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. La fiebre le desapareció y se puso a servirles.

32 Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados.

33 La población entera se agolpaba a la puerta.

34 Él curó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no les dejaba hablar, pues sabían quién era.

35 Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar.

36 Simón y sus compañeros fueron en su busca.

37 Cuando lo encontraron, le dijeron: -Todos te buscan.

38 Jesús les contestó: -Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido.

39 Y se fue a predicar en sus sinagogas por toda Galilea, expulsando los demonios.

 

**• El evangelista continúa la narración de una jornada típica de Jesús: las apremiantes demandas de los discípulos y de la gente, las muchas y acuciantes necesidades parecen «devorar» su tiempo... Sin embargo, cada uno es a sus ojos una persona única: lo muestra el primer milagro que sigue al primer exorcismo (w. 30ss). La Misericordia «se acerca» a la miseria de una mujer enferma -considerada en nada, según la mentalidad de la época y la «levanta» cogiéndola por la mano: con la ternura de este gesto, Jesús le restituye no sólo la salud, sino también la capacidad de servir, esto es, de amar humildemente. La noticia se difunde enseguida (cf. v. 28) y Jesús se encuentra cargado de trabajo: acabado el descanso sabático con el ocaso del sol, todos le llevan a sus enfermos y endemoniados. Se reúne una muchedumbre de menesterosos, de miserables, sedientos de vida. Y la Misericordia es como un río de gracia que da de su sobreabundancia a cada uno (w. 32-34).

Pero ¿cuál es la fuente de este río? También Jesús es como un pobre, necesitado de alcanzar la sobreabundancia del Padre para poderla derramar sobre los otros; la oración nocturna, solitaria y prolongada, es su secreto. Un secreto al que se apega como al de su propia identidad, que los demonios quisieran revelar para forzar su misión haciendo palanca en las expectativas de la gente (un Mesías político, un reino poderoso). Pero Jesús no lo permite, y ni siquiera se deja seducir por su propio éxito (w. 37ss); la oración le mantiene en continua relación con el Padre, en adhesión a su designio. Ha «salido» (v. 38: al pie de la letra) del seno del Padre para manifestar su rostro a los hombres. Por eso, como siervo humilde, como Hijo obediente y amadísimo, no puede detenerse: continúa su peregrinación entre nosotros, dilatando los confines del Reino y venciendo a las fuerzas del mal (v. 39).

 

MEDITATIO

A nosotros, atosigados por mil compromisos o angustiados por tantas tribulaciones, se nos ofrece hoy una Palabra que puede restaurarnos, confortarnos e indicarnos una dirección para la vida. Ésta nos hace detenernos un poco para contemplar la misericordia divina: un designio de amor que nos salva y nos libera de la esclavitud del Maligno a través de la encarnación redentora del Hijo de Dios. Jesús ha querido preocuparse por nosotros, pobres, compartiendo en todo nuestras miserias, nuestros sufrimientos, la fatiga de nuestro camino.

Ha salido del seno del Padre para recorrer nuestras calles y anunciarnos este amor admirable, para entrar en nuestras casas y aliviar nuestras enfermedades, para bajar a nuestras plazas y ofrecernos la liberación del mal y de todas sus nefastas consecuencias. En algunas ocasiones, incluso hoy, lo hace con un milagro evidente.

Pero, con mayor frecuencia, tiene lugar en lo secreto de las conciencias, tocadas por su gracia. A lo largo del discurrir de los tiempos, el Señor glorioso continúa revelándose en la humildad, en el silencio, en la oración. Y de este modo nos indica el camino: llegar a ser como él, con él, misericordia para los hermanos, ternura infinita que sabe dar, a cada uno de los mil rostros con que se encuentra, la dignidad de ser persona: un hijo amado de Dios, un hermano amado por mí. Jesús viene a dar aliento a nuestros mil compromisos, a dilatar el horizonte de nuestras múltiples angustias, ofreciéndonos el bálsamo de la misericordia para que sepamos darlo a los otros. Nuestras jornadas «más que repletas» tendrán entonces el aliento del amor; nuestro nuevo e infinito horizonte se llamará «compasión». Y será el horizonte de Dios.

 

ORATIO

Te alabamos, oh Padre, porque es eterna tu misericordia: ayúdanos a comprender sus confines inconmensurables y a acoger con fe tu amor, que nos envuelve, nos libera, nos invita a la fiesta de la vida eterna en ti.

Te damos gracias, oh Hijo, porque es eterna tu misericordia: ayúdanos a inclinarnos contigo sobre cada hermano que está pasando por la prueba, que sufre, que es humillado. Haz que unos seamos capaces de llevar las cargas de otros, reconociéndonos todos como llevados por tu compasión.

Te invocamos, oh Espíritu Santo, porque es eterna tu misericordia: ven a abrirnos a tu gracia, ilumínanos con tu benevolencia, inflámanos con tu caridad. Entonces seremos testigos veraces de Cristo junto a cada hombre amado con el corazón de Dios.

 

CONTEMPLATIO

En esta vida, cuanto más tiempo pueda ser herida la carne mortal por el padecer, tanto más tiempo puede ser tocado el ánimo, vulnerable, por el compadecer [...].

En efecto, así como la debilidad de la carne es padecer, así la debilidad del ánimo es compadecer. Por eso el Dios-hombre vino a suprimir ambas y cargó con ambas. Asumió el padecer en la carne, acogió el compadecer en el ánimo. En ambos quiso ser débil por nosotros, a fin de curarnos a nosotros, que somos débiles, de ambos. Enfermó por el padecer de su pasión; enfermó por el compadecer la miseria de los otros. Y cargó sobre sí el padecer hasta morir por los mortales. Y cargó sobre sí el compadecer hasta llorar por los que se encaminaban a la ruina.

A causa de la miseria, entregó su carne a la pasión; a causa de la misericordia, dejó que su alma se turbara hasta la compasión. Sufrió en su carne padeciendo por nosotros; sufrió por nosotros en su ánimo compadeciendo [...]. Y así Jesús llevó, en la humanidad que había asumido, y durante todo el tiempo que quiso cargar con ella, según lo que es propio del ser humano, tanto la pasión en la carne como la compasión en el ánimo... «Pues mis días se disipan como humo, mis huesos se consumen como brasas» (Sal 102,4). Los días se disiparon por la pasión, los huesos ardieron por la compasión.

A causa de la pasión, murió la carne; a causa de la compasión, ardió el alma. El dolor de la compasión fue como una quemazón del alma, en la que ardía de misericordia, era impulsada por la compasión, estaba desecada por la desesperación: digo desesperación, pero no a causa de sí misma, sino a causa de los que no podían ni corregirse en el mal ni liberarse de él (Hugo de San Víctor, Miscellanea I, CLXXX: en PL 177, cois. 577ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Alabad al Señor, porque es bueno: su misericordia es eterna» (Sal 135,1).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El conocimiento que tenías de mí como creador ha sido superado en «calidad» por el que has adquirido haciéndote hombre. Ahora sabes qué significa vivir como mortal en esta tierra: sabes qué son los vínculos de sangre, qué es la amistad, qué es el sueño, qué es cansarse con el trabajo, qué es poder lavarse cuando se está sudado y sucio, qué es participar en una fiesta, qué es rezar pronto por la mañana hasta ver blanquear el cielo y nacer el sol, qué es ser traicionado, qué es tener miedo, qué es ser amado por la gente, qué es enseñar, qué es comer o beber, qué es el dolor, qué es tener una madre y, por último, qué es morir. Gracias a todas estas experiencias, ahora me conoces, sabes qué es «ser hombre». Tú también quieres que yo te conozca, que también yo sepa un poco qué es «ser» Dios, qué es ser eterno, qué es ser libre, qué es ser amor, ser paz, ser alegría; qué es, en el fondo, simplemente «ser», y puesto que el Ser eres tú, qué es, en definitiva, «ser» tú (A. Marchesini, Vieni e vedi, Bolonia 1986, pp. 146ss).

 

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.


HIMNO
Buenos días, Señor, a ti el primero
encuentra la mirada
del corazón, apenas nace el día;
tú eres la luz y el sol de mi jornada.

Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda:
tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
tú, la esperanza firme que me queda.

Buenos días, Señor, a ti te busco,
levanto a ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora:
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.

Buenos días Señor resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos,
¡vencedor de tu muerte y de la mía!

Gloria al Padre de todos, gloria al Hijo,
y al Espíritu Santo;
como era en el principio, ahora y siempre;
por los siglos te alabe nuestro canto. Amén.

 

 

SALMODIA
Ant.1.Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Salmo35.- Depravación del malvado y bondad de Dios
El que  me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn8,12)

El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a D
ios,
ni en su presencia.»

Porque se hace la ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal camino,
no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las nubes;
tu justicia hasta las altas cordilleras,
tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva,
y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden levantar.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu  luz, Señor, nos hace ver la luz.


Ant.2.Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

CánticoJdt 16, 1-2. 13-15 Dios, creador del mundo y protector de su pueblo
Entonaron un cántico nuevo (Ap 5,9)

¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e invocad su nombre!
Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste, y existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus fieles.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.


Ant.3.Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Salmo 46 El Señor es rey de todas las cosas
Está sentado a la derecha del Padre, y su reino no tendrá fin

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

 

LECTURA BREVE  Tb4, 16-17. 19-20
No hagas a otro lo que a ti no te agrada. Da tu pan al hambriento y tu ropaal desnudo. Pide consejo al sensato y no desprecies un consejo útil.
Bendice al Señor Dios en todo momento, y pídele que allane tus caminos y que te dééxito en tusempresas y proyectos.

 

RESPONSORIO BREVE
R.Inclina, Señor,*Mi corazón a tus preceptos.
Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

V.Dame vida con tu palabra.*Mi corazón a tus preceptos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Ten misericordia de nosotros, Señor, y recuerda tu santa alianza.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Ten misericordia de nosotros, Señor, y recuerda tu santa alianza.


PRECES
Demos gracias a Cristo con alabanzas continuas, porque no se desdeña de llama hermanos a los que santifica con su gracia. Por tanto, supliquémosle:
Santifica a tus hermanos, Señor.

Concédenos, Señor, que con el corazón puro consagremos el principio de este día en honor de tu resurrección,
y que santifiquemos el día entero con trabajos que sean de tu agrado.

Tú que, para que aumente nuestra alegría y se afiance nuestra salvación, nos das este nuevo día, signo de tu amor,
renuévanos hoy y siempre para gloria de tu nombre.

Haz que sepamos descubrirte a ti en todos nuestros hermanos,
sobre todo en los que sufren y en los pobres.

Haz que durante este día estemos en paz con todo el mundo,
y a nadie devolvamos mal por mal.


Tal como nos enseñó el Señor, terminemos nuestra oración, diciendo:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Señor,Dios salvador nuestro, danos tu ayuda, para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así los que de ti hemos nacido como hijos de la luz seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 

TERCIA, SEXTA, NONA

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
           
          

HIMNO
Sólo desde el amor
la libertad germina,
sólo desde la fe
van creciéndole alas.

Desde el cimiento mismo
del corazón despierto,
desde la fuente clara
de las verdades últimas.

Ver al hombre y al mundo
con la mirada limpia
y el corazón cercano,
desde el solar del alma.

Tarea y aventura:
entregarme del todo,
ofrecer lo que llevo,
gozo y misericordia.

Aceite derramado
para que el carro ruede
sin quejas egoístas,
chirriando desajustes.

Soñar, amar, servir,
y esperar que me llames,
tú, Señor, que me miras,
tú que sabes mi nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.

 

SALMODIA
Ant.1.Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.

Salmo118, 9-16
II (Beth)


¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus palabras.
Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti.

Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes.
Mis labios van enumerando
los mandamientos de tu boca;
mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas.

Medito tus decretos,
y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es mi delicia,
no olvidaré tus palabras.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.


Ant.2.Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, Señor.

Salmo16 Dios, esperanza del inocente perseguido
En los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas, y fue escuchado(Hb 5, 7)

I
Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño:
emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.

Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.

Mi boca no ha faltado
como suelen los hombres;
según tus mandatos, yo me he mantenido
en la senda establecida.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha, mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas es
cóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me cerca.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, Señor.


Ant.3.Levántate, Señor, y líbrame:

II
Han cerrado sus entrañas
y hablan con boca arrogante;
ya me rodean sus pasos,
se hacen guiños para derribarme,
como un le
ón ávido de presa,
como un cachorro agazapado en su escondrijo.

Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,
que tu espada me libre del malvado,
y tu mano, Señor, de los mortales;
mortales de este mundo: sea su lote esta vida;
de tu despensa les llenarás el vientre,
se saciarán sus hijos
y dejarán a sus pequeños lo que sobra.

Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Levántate, Señor, y líbrame.


        
TERCIA

LECTURA BREVE 1P1, 13-14
Estad interiormente preparados para la acción, controlándoos bien, a laexpectativa del don que os va a traer la revelación de Jesucristo.
Como hijos obedientes, no os amoldéis más a los deseos que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.

V. Señor, enséñame tus caminos.
R. Instrúyeme en tus sendas.

ORACIÓN
Señor, Padre santo, Dios fiel, que enviaste el Espíritu Santo prometido,para que congregara a los hombres que el pecado había disgregado, ayúdanos a ser, en medio del mundo, fermento de unidad y de paz.
PorJesucristo, nuestro Señor.


SEXTA
LECTURA BREVE 1P1,15-16
El que os llamó es santo; como él, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta, porque dice la Escritura: «Seréis santos, porque yo soy santo.»

V. Que tus sacerdotes se vistan de gala.
R. Que tus fieles vitoreen.

ORACIÓN
Dios todopoderoso y lleno de amor, que, a la mitad de nuestra jornada, concedes un descanso a nuestra fatiga, contempla complacido el trabajo que hoy hemos empezado, remedia nuestras deficiencias y haz que nuestras obras te sean agradables.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

        
NONA
 

LECTURA BREVE  St4, 7-8a. 10
Someteos a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Humillaos ante el Señor,que él os levantará.

V. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles.
R. En los que esperan en su misericordia.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, por la salvación de los hombres, extendiste tus brazos en la cruz, haz que todas nuestras acciones te sean agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   

 

SALMODIA
 

HIMNO
Amo, Señor, tus sendas, y me es suave la carga
(la llevaron tus hombros) que en mis hombros pusiste;
pero a veces encuentro que la jornada es larga,
que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste,
que el agua del camino es amarga..., es amarga,
que se enfría este ardiente corazón que me diste;
y una sombría y honda desolación me embarga,
y siento el alma triste hasta la muerte triste...

El espíritu débil y la carne cobarde,
lo mismo que el cansado labriego, por la tarde,
de la dura fatiga quisiera reposar…

Mas entonces me miras..., y se llena de estrellas,
Señor, la oscura noche; y detrás de tus huellas,
con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.Amén.

SALMODIA
Ant.1.El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Salmo26.- Confianza ante el peligro.
Ésta es la morada de Dios con los hombres (Ap 21, 3)

I

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?


Ant.2.Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

II
Algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra Jesús (Mc 14, 57)

Escúchame, Señor que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.


Ant.3.Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Cántico Cf. Col 1, 12-20
Himno a Cristo, primogénito de toda criatura y primer resucitado de entre los muertos

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo: y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE St1,22.25
Llevada la práctica la ley y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad,y es constante, no para oír y olvidarse, sino para ponerla por obra, ésteserá dichoso al practicarla.

RESPONSORIO BREVE
R. Sálvame, Señor, * Y ten misericordia de mí.
Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

 
V.
No arrebates mi alma con los pecadores. * Y ten misericordia de mí. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. 
 


Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. 
 

PRECES
Que en todo sea glorificado el nombre del Señor, que atiende a su pueblo elegido con infinito amor. A él suba nuestra oración:
Muestra, Señor, tu caridad.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia:
guárdala de todo mal y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como el único Dios verdadero,
y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes,
y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren:
alivia sus dificultades y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

En tu misericordia, acoge a los que hoy han muerto
y dales posesión de tu reino.


Unidos fraternalmente, como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre común:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche; tú que eres inmutable, danos siempre firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y las horas. Por nuestro Señor Jesucristo.
        

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 
  

HIMNO
Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.
 
¿Entre qué manos, dime,
duerme la noche,
la música en la brisa,
mi amor en dónde?

¿La infancia de mis ojos
y el leve roce
de la sangre en mis venas,
Señor, en dónde?

Lo mismo que las nubes,
y más veloces,
¿las horas de mi infancia,
Señor, en dónde?

Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.
 
 

SALMODIA
Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Salmo 30, 2-6    Súplica confiada de un afligido
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46)


A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.


Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

Salmo 129   Desde lo hondo a ti grito, Señor
Él salvará a su pueblo de los pecados (Mt 1, 21)

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor. 
 

LECTURA BREVE   Ef 4, 26-27
No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis resquicio al diablo.


RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 


Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
 

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que eres manso y humilde de corazón y ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera, dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado; que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

 
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

I
Dios te salve. Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

 

SANTOS BERARDO Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES. En 1219 san Francisco envió a muchos frailes a misiones. Entre ellos estaban nuestros cinco santos, Berardo, Pedro, Acursio, Adyuto y Otón, todos ellos de Umbría, que bajo la guía de fray Vidal fueron enviados a Al Ándalus y al Magreb. En Aragón cayó enfermo fray Vidal, y los otros cinco hermanos continuaron viaje a Coimbra, donde estaba la corte portuguesa, para pasar luego a tierras de musulmanes. Ya en Sevilla pretendieron predicar en público el Evangelio y entrar en la mezquita, pero fueron apresados y expulsados. Llegaron a Marruecos y en Marrakech continuaron predicando la fe cristiana, por lo que fueron detenidos, encarcelados y torturados. Ante su reiterada negativa a abdicar de Cristo, el sultán los condenó a muerte y él mismo los degolló el 16 de enero de 1220. El infante don Pedro de Portugal trasladó a Coimbra sus restos, ante los que san Antonio decidió pasarse a la Orden Franciscana. Se dice que san Francisco, al enterarse del martirio, exclamó: «¡Ya puedo decir que tengo cinco auténticos hermanos menores!».- Oración: Señor todopoderoso, que santificaste los comienzos de la Orden Franciscana con la sangre de sus primeros mártires, los santos Berardo y compañeros, concédenos que, a ejemplo de ellos, sepamos mantenernos firmes en la fe, y con nuestra vida demos testimonio de ti ante los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.