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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Lunes,20 de Noviembre de 2017

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL LUNES SEMANA I DEL SALTERIO

 LECTIO DIVINA correspondiente al Lunes de la 33ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Macabeos 1,10-15.41-43.54.62-64

En aquellos días,

10 de aquellos generales salió un retoño impío, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco. Había estado en Roma como rehén, y comenzó a reinar el año 137 de la era de los griegos.

11 Por entonces surgieron israelitas apóstatas que sedujeron a muchos diciendo: -Pactemos con los pueblos de alrededor, pues desde que nos hemos separado de ellos nos han venido muchos males.

12 Les pareció bien la propuesta,

13 y algunos del pueblo - fueron a ver al rey. El rey les autorizó a seguir las costumbres paganas

14 y, siguiendo dichas costumbres, edificaron un gimnasio en Jerusalén,

15 disimularon la circuncisión, abandonaron la alianza santa para asociarse a los paganos y se vendieron para hacer el mal.

41 El rey ordenó que todos sus súbditos formaran un solo pueblo

42 y que cada uno abandonara sus costumbres propias. Todos los gentiles aceptaron la orden del rey,

43 y muchos israelitas se acomodaron a la religión oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.

54 El quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco, Antíoco mandó colocar un altar sacrílego encima del altar del sacrificio y edificó altares en las ciudades judías de los alrededores.

55 En las puertas de las casas y en las calles se ofrecía incienso;

56 rasgaban y quemaban los libros de la ley que encontraban.

57 Al que le encontraban el libro de la alianza y al que observaba la ley se les condenaba a muerte de acuerdo con el decreto real.

62 Pero hubo muchos israelitas que se mantuvieron firmes y decidieron no comer alimentos impuros.

63 Prefirieron morir antes que contaminarse con tales alimentos y profanar la alianza santa, y efectivamente murieron.

64 Una cólera terrible se abatió sobre Israel.

 

       ** El primer libro de los Macabeos, del que sólo tenemos la versión griega, relata los acontecimientos de la insurrección judía contra Antíoco IV de Siria, en el siglo II a. de C. Los fragmentos que constituyen la lectura de hoy presentan la figura del rey perseguidor, así como la de los impíos que, entre los mismos israelitas, abandonaron la fe de los padres para seguir la idolatría del dominador.

       Antíoco IV es definido, desde el mismo momento de su ascensión al trono, como un «un retoño impío» (y. 10). Sin embargo, la atención se concentra de inmediato en los judíos que se pusieron de parte del rey pagano, que eran, por tanto, todavía más condenables que él: éstos traicionaban esperando obtener ventajas personales, y por eso se dice de ellos que se «vendieron» (v. 15). Fueron ellos quienes introdujeron los usos paganos en la ciudad santa: construyeron el gimnasio, renegaron de la alianza, ocultaron de una manera artificial el signo sagrado de la circuncisión. Los w. 41-43 refieren el decreto del rey que unificaba a los pueblos sometidos aboliendo las leyes particulares y las autonomías: es una unidad buscada en oposición a la voluntad del Señor, como en el mito de la torre de Babel. Fueron muchos los judíos que aceptaron la imposición y abandonaron la ley del Señor, particularmente el precepto del sábado.

       El colmo de la profanación se produjo cuando Antíoco hizo colocar un ídolo sobre el altar del templo de Jerusalén y ordenó hacer sacrificios a los ídolos en todas las ciudades de Judá. La persecución se abatió sobre los judíos fieles: la simple posesión de libros sagrados, que tenían que ser destruidos, era castigada con la muerte (w. 54-57). Con todo, muchos conservaron la fe a pesar de la persecución: siguieron escrupulosamente la observancia de las disposiciones alimentarias por ser el símbolo de una fidelidad que se debía conservar incluso a costa de la vida. Esta perseverancia de los creyentes desencadenó el furor de los perseguidores (w. 62-64).

 

Evangelio: Lucas 18,35-43

35 Cuando se acercaba Jesús a Jericó, un ciego, que estaba sentado junto al camino pidiendo limosna,

36 oyó pasar gente y preguntó qué era aquello.

37 Le dijeron que pasaba Jesús, el Nazareno.

38 Entonces él se puso a gritar: -Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.

39 Los que iban delante le reprendían diciéndole que se callara. Pero él gritaba todavía más fuerte: -Hijo de David, ten compasión de mí.

40 Jesús se detuvo y mandó que se lo trajesen. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó:

41 -¿Qué quieres que haga por ti? El respondió: -Señor, que recobre la vista.

42 Jesús le dijo: -Recóbrala; tu fe te ha salvado.

43 En el acto recobró la vista y siguió dando gloria a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, se puso a alabar a Dios.

 

       **• Los dos personajes, Jesús y el ciego, se perfilan sobre el fondo de la muchedumbre, que sirve de contraste. El movimiento de ambos es opuesto y convergente: el ciego «estaba sentado» con una actitud de inactividad pasiva y resignada (pide limosna), de marginación y aislamiento (junto al camino); Jesús se hace prójimo, «se acercaba» a la ciudad rodeado por la gente que se apiña, tal vez sólo por curiosidad, a su alrededor.

       El ciego, sin embargo, parece ir despertando de manera progresiva a la vida: de la curiosidad (v. 36) a la petición insistente (v. 38ss), hasta la fe y el seguimiento (vv. 41-43). Se distingue de la muchedumbre no ya por su enfermedad, sino porque toma conciencia de su propia condición y pide ayuda: intentan hacerle callar, pero él grita cada ve/ más fuerte. Jesús, por el contrario, pasa del movimiento a la detención: «se detuvo» para oírle y le escucha casi en sordina, sólo después de su petición (v. 41), sin realizar ninguno de los gestos que acompañan a menudo a los milagros. Parece como si quisiera ceder al ciego el papel principal: «¿Qué quieres que haga por ti?» y «tu fe te ha salvado» son dos expresiones que ponen el acento voluntariamente en la oración y en la fe, más que en las dotes extraordinarias del taumaturgo.

       El protagonista es el ciego, figura y modelo de la humanidad necesitada de salvación: se produce en él un cambio interior, una conversión, más importante que la curación, que es sólo una manifestación externa. La transformación del hombre convertido y salvado tiene consecuencias sobre los que asisten a ella: la muchedumbre de los curiosos, que antes le reprendía por lo molesto de sus gritos, «al verlo, se puso a alabar a Dios» (v. 43).

 

MEDITATIO

       Hay muchos modos de ser ciegos y muchos modos de ver. «Lo esencial es invisible a los ojos», dice el principito de Saint-Exupéry, y tal vez por eso el ciego de Jericó parece tener gancho. Tiene necesidad de los otros para saber quién es el que pasa seguido de tanta gente, pero, a diferencia de los otros, no se detiene en la primera apariencia -«le dijeron que pasaba Jesús, el Nazareno»-, sino que va más allá del reconocimiento de la identidad de Jesús: «Hijo de David, ten compasión de mí».

       Así pues, en la primera lectura, la astucia ilusoria de los impíos, que siguen un «razonamiento» aparentemente clarividente y prudente -«pactemos con los pueblos de alrededor»-, se contrapone a la «locura» de los que prefieren morir antes que romper la alianza con el Señor.

       El Evangelio impone una opción de vida: o con él o contra él. Impone un vuelco, un dar la vuelta a nuestros modos de ver, un cambio radical en el modo de pensar y actuar, una conversión. Ésta es la verdadera vida que los testigos de la fe saben elegir y la que les hace fuertes y capaces de afrontar el martirio. Esta es la curación obrada por Jesús, que abre los ojos al ciego y nos los puede abrir también a nosotros, que somos ciegos sin saber que lo somos.

 

ORATIO

       Te lo ruego, Señor, haz que vea. Que vea quién eres, que sepa reconocerte entre la multitud cuando pases mezclado con los desconocidos de los que no me preocupo, cuando te escondas en el mendigo que me importuna o en la persona cansada a la que no quiero ceder el asiento en el autobús.

       Te lo ruego, Señor, haz que reconozca mi debilidad. Que reconozca que tengo necesidad de ti, que sea capaz de invocar tu ayuda y pedirte perdón cuando te escondes en los hermanos a los que he ofendido, en los que me resultan antipáticos, en los rivales a los que tal vez intento enredar en mi propio beneficio.

       Te lo ruego, Señor, haz que acepte cambiar. Que acepte convertirme, que no pretenda que no tengo necesidad, que siempre acierto en mis convicciones y mis hábitos. Que sea capaz de levantarme del cómodo rincón que me  he creado, para seguirte por tu camino, el único que lleva

a la vida.

 

CONTEMPLATIO

       El ciego es símbolo de todo el género humano, expulsado del paraíso terrenal en la persona de su primer padre, Adán. Desde entonces, los hombres han dejado de ver el esplendor de la luz eterna. A pesar de todo, la humanidad está iluminada por la presencia de su Salvador, de suerte que puede ver -al menos con el deseo- el gozo de la luz interior y caminar con los pasos de las buenas obras por el camino de la vida. Mientras nuestro autor se acerca a Jericó, el ciego recobra la vista. Eso quiere decir que cuando el Señor asume la debilidad de nuestra naturaleza, el género humano recobra la luz que había perdido. La respuesta al gesto de Dios, que empieza a padecer las debilidades humanas, es el nuevo modo de ser del hombre, elevado a alturas divinas.

       El que ignora el esplendor de la luz eterna es ciego, y el que cree en el Redentor se sienta junto al camino. Sin embargo, si, aun creyendo, se olvida de pedir para recibir la luz eterna, es un ciego que se sienta junto al camino sin mendigar. Por eso, todo el que reconoce las tinieblas de su propia ceguera invoca con todas las fuerzas del alma: «Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí».

       Insistamos con vigor en la oración, detengamos en nuestra alma a Jesús, que pasa. Cuando insistimos con fuerza en la oración, Jesús se detiene para volver a darnos la luz. En consecuencia, queridos hermanos, si conocemos ya la ceguera de nuestro peregrinar; si, con la fe en el misterio de nuestro Redentor, ya estamos sentados junto al camino; si, con la oración cotidiana, pedimos la luz de nuestro autor; si, además, después de la ceguera, somos iluminados por el don de la luz que penetra en nosotros, esforcémonos en seguir con las obras al Jesús que conocimos con la inteligencia. Observemos a dónde se dirige el Señor y, con la imitación, sigamos sus huellas. En efecto, sólo sigue a Jesús quien le imita... (Gregorio Magno, Homilías sobre los evangelios II, 1-8, passim).

 

ACTIO

       Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí» (Lc 18,38ss).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

       La experiencia de la luz en la luz nos hace intuir una presencia que no vemos con sus contornos, puesto que el Señor no tiene limitaciones. Sin embargo, «gustamos» su presencia. Todas las manifestaciones de Dios en la Biblia van en este sentido. Existe una presencia, Dios habla, pero no le vemos (Ex 3,1-6; 33,18-23). El hombre lo siente, participa de su luz, pero no ve al Señor (Ex 34,29; 2 Cor 3,7-4,6). La experiencia de una presencia que no se ve es luz porque se «siente» que el Señor es el Dios «misericordioso y piadoso, lento a la rica y rico en gracia y fidelidad» (Ex 34,6ss). Como a Moisés, esta experiencia nos lleva a invocarle «mientras está cerca» (Is 55,6) con una certeza confiada de que seremos oídos, porque él es «rico en misericordia con los que le invocan» (Sal 85,8; Rom 10,12) y no deja a nadie sin respuesta (Eclo 2,12). De hecho, como su grandeza, así es su misericordia (Ecl 2,18; Sab 7,7).

       Es luz porque se percibe la presencia de una Bondad que nos envuelve y que antes no conocíamos. Por consiguiente, es un nuevo modo de ser, puesto que esta «presencia» nos libera de nuestras tinieblas, de nuestra soledad. Instaura una nueva relación con nosotros mismos. Nos damos cuenta de que somos diferentes porque somos amados, algo que antes no era posible.

       Estábamos ciegos, había una oscuridad en la que estábamos sumergidos. Ahora existe la luz, la luz del amor. «En un tiempo fuisteis tinieblas, ahora sois luz en el Señor.» Y la luz, como decíamos, no se puede expresar en cuanto tal; se percibe en la luz, pero su expresión necesita concretarse. Por eso «el fruto de la luz consiste en toda bondad» (Ef 5,8ss). Se trata de la experiencia de la bondad del Señor, que ilumina el corazón y se difunde en todo nuestro ser.

       La experiencia de esta Bondad se convierte, si así podemos llamarla, en oración. Es oración en el sentido de que el amor quiere crecer, la alegría quiere ser completa y la alabanza quiere ser simplemente exultación. Es oración porque la prenda requiere la compleción (B. Boldini, Dal profondo a te grido, Mondoví 1984, pp. 84ss [edición española: Desde lo hondo a ti grito, Ediciones San Pablo, Madrid 1986]).

 

 

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.


HIMNO
Mis ojos, mis pobres ojos
que acaban de despertar
los hiciste para ver,
no sólo para llorar.

Haz que sepa adivinar
entre las sombras la luz,
que nunca me ciegue el mal,
ni olvide que existes tú.

Que, cuando llegue eldolor
que yo sé que llegará,
no se me enturbie el amor,
ni se me nuble la paz.

Sostén ahora mi fe,
pues, cuando llegue a tu hogar,
con mis ojos te veré
y mi llanto cesará. Amén.

 

SALMODIA
Ant.1.A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Salmo5, 2-10.12-13 Oración de la mañana de un justo perseguido
Sealegrarán eternamente los que acogieron al Verbo en su interior. El Verbo habita en ellos

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.

A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero,
lo aborrece el Señor.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo enemigos;
alláname tu camino.

En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.

Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.

Porque tú, Señor, bendices al justo,
Y como un escudo lo rodea tu favor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.


Ant.2.Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

Cántico1Cro 29, 10-13Sólo a Dios honor y gloria
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 1,3)


Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
Por los siglos de los siglos.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
Porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tu eres rey y soberano de todo.

De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos.

Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu nombre glorioso.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.


Ant.3. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

Salmo 28 Manifestación de Dios en la tempestad
Vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto» (Mt 3, 17)

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»

El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

 

LECTURA BREVE 2 Ts3, 10b-13
El que no trabaja, que no coma. Porque nos hemos enterado de que algunosviven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a ésos les mandamosyrecomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen contranquilidad para ganarse el pan.
Por vuestra parte, hermanos, no os canséis de hacer el bien.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Bendito sea el Señor*Ahora ypor siempre.
Bendito sea el Señora hora ypor siempre.

V. El único que hace maravillas. Ahora y por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Bendito sea el Señor ahora y por siempre.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.Bendito,sea el Señor, Dios nuestro.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Bendito,sea el Señor, Dios nuestro.


PRECES
Proclamemos la grandeza de Cristo, lleno de gracia y del Espíritu Santo, y acudamos a él, diciendo:
Concédenos, Señor, tu Espíritu.

Concédenos, Señor, un día lleno de paz, de alegría y de inocencia,
para que, llegados a la noche, con gozo y limpios de pecado, podamosalabarte nuevamente.

Que baje hoy a nosotros tu bondad
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Muéstranos tu rostro propicio y danos tu paz,
para que durante todo el día sintamos cómo tu mano nos protege.

Mira con bondad a cuantos se han encomendado a nuestras oraciones
y enriquécelos con toda clase de bienes del cuerpo y del alma.


Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

 

ORACIÓN
Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestra obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo.

     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 

TERCIA, SEXTA, NONA

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
sólo Dios basta.

Gloria a Dios Padre,
gloria a Dios Hijo,
igual por siempre
gloria al Espíritu. Amén.

 


SALMODIA
Ant.l. La ley del Señor alegra el corazón y da luz a los ojos.

SALMO 18B Himno a Dios, autor de la ley
Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5,48)

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.

Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta.

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
asíquedaré libre e inocente
del gran pecado.

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca m
ía, redentor mío.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.La ley del Señor alegra el corazón y da luz a los ojos.


Ant.2.Se levantará el Señor para juzgar a los pueblos con justicia.

Salmo7 Oración del justo calumniado
Mirad que el juez está ya a la puerta (St 5, 9).

I
Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio.

Señor, Dios mío: si soy culpable,
si hay crímenes en mis manos,
si he causado daño a mi amigo,
si he protegido a un opresor injusto,
que el enemigo me persiga y me alcance,
que me pisotee vivo por tierra,
apretando mi vientre contra el polvo.

Levántate, Señor, con tu ira,
álzate con furor contra mis adversarios,
acude, Dios m
ío, a defenderme
en el juicio que has convocado.
Que te rodee la asamblea de las naciones,
y pon tu asiento en lo más alto de ella.
El Señor es juez de los pueblos.

Júzgame,Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se levantará el Señor para juzgar a los pueblos con justicia.


Ant.3.Dios es un juez que salva a los rectos de corazón.

II
Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día:
si no se convierten, afilará su espada,
tensará el arco y apuntará.
Apunta sus armas mortíferas,
prepara sus flechas incendiarias.

Mirad: concibió el crimen, está preñado de maldad,
y da a luz el engaño.
Cavó y ahondó una fosa,
caiga en la fosa que hizo;
recaiga su maldad sobre su cabeza,
baje su violencia sobre su cráneo.

Yo daré gracias al Señor por su justicia,
tañendo para el nombre del Señor Altísimo.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Dios es un juez que salva a los rectos de corazón.


TERCIA

LECTURA BREVE Rm13,8. 10
A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama tiene cumplido el resto de la ley. Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar escumplir la ley entera.

V.No rechaces a tu siervo, que tú eres mi auxilio.
R.No me abandones, Dios de mi salvación.

ORACIÓN
Oh Dios, Padre lleno de bondad, tú has querido que los hombres trabajáramosde tal forma que, cooperando unos con otros, alcanzáramos éxitos cada vezmás logrados; ayúdanos, pues, a vivir en medio de nuestros trabajos sintiéndonossiempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestroSeñor.

 


SEXTA
LECTURA BREVE St1, 19-20.26
Sed todos prontos para escuchar, lentos para hablar y lentos para la ira.
Porquela ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere. Hay quien se creereligioso y no tiene a raya su lengua; pero se engaña, su religión es vacía.

V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Su alabanza está siempre en mi boca.

ORACIÓN
Señor, tu eres el dueño de la viña y de los sembrados, tú el que reparteslas tareas y distribuyes el justo salario a los trabajadores; ayúdanos asoportar el peso del día y el calor de la jornada sin quejarnos nunca detus planes.Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE 1P1, 17-19
Tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron: no con bienes ef
ímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha.

V. Sálvame, Señor, ten misericordia de mí.
R. En la asamblea bendeciré al Señor.

ORACIÓN
Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en aquella misma hora en quelos apóstoles subían al templo para la orac
íon de la tarde; concédenosque las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcancen la salvación a cuantos invocan este nombre. PorJesucristo, nuestro Señor.

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


 

HIMNO
Hora de la tarde,
fin de las labores.
Amo de las viñas,
paga los trabajos de tus viñadores.

Al romper el día,
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del alba a la tarde.
Ahora que nos pagas,
nos lo das de balde,
que a jornal de gloria
no hay trabajo grande.

Das al vespertino
lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
y tuyo el viñedo.
A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
cuida los sarmientos.
Amén.

SALMODIA
Ant. 1.El Señor se complace en el pobre.

Salmo10 El Señor, esperanza del justo
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados(Mt 5, 6)

Al Señor me acojo, ¿por qué me dec
ís:
«Escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»

Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo,
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.El Señor se complace en el pobre.


Ant.2.Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Salmo14 ¿Quién,es justo ante el Señor?
Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo (Hb 12, 22)


Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

E lque
 procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.


Ant.3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico. Ef 1,3-10 ElDios salvador

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE Col 1,9b-11
Conseguid un conocimiento perfecto de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor
, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenasy aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza
 para soportar todo con paciencia
 y magnanimidad, con alegría.

RESPONSORIO BREVE
R. Sáname, Señor,*Porque he pecado contra ti.
Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

V. Yo dije: Señor, ten misericordia.*Porque he pecado contra ti.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.


 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES
Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que, recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:
Trata con bondad a tu pueblo, Señor.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.

Congrega en la unidad a todos los cristianos,
para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.

Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos:
que difundan en todas partes la fragancia de Cristo.

Muestra tu amor a los agonizantes:
que puedan contemplar tu salvación.

Ten piedad de los que han muerto
y acógelos en el descanso de Cristo.


Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó el Señor:



Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

 

ORACIÓN
Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y, ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

  

HIMNO
De la vida en la arena
me llevas de la mano
al puerto más cercano,
al agua más serena.
El corazón se llena,
Señor, de tu ternura;
y es la noche más pura
y la ruta más bella
porque tú estas en ella,
sea clara u oscura.

La noche misteriosa
acerca a lo escondido;
el sueño es el olvido
donde la paz se posa.
Y esa paz es la rosa
de los vientos. Velero,
inquieto marinero,
ya mi timón preparo
tú el mar y el cielo claro
hacia el alba que espero.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.
 
 
SALMODIA
Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85   Oración de un pobre ante las adversidades
Bendito sea Dios, que nos alienta en nuestras luchas (2Co 1, 3. 4)

Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que conf
ía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.
 
LECTURA BREVE   1Ts 5, 9-10
Dios nos ha destinado a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por nosotros, para que, despiertos o dormidos, vivamos con él.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
 

ORACIÓN
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino, que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy, crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

I
Dios te salve. Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

Ayer 

Domingo,19 de Noviembre de 2017

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL DOMINGO SEMANA I DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al 33° domingo del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Proverbios 31,10-13.19-20.30-31

10 Una mujer de valía ¿quién la encontrará? Es más preciosa que las perlas.

11 Su marido confía en ella y no le faltarán ganancias.

12 Le trae beneficio y no perjuicio todos los días de su vida.

13 Busca lana y lino y trabaja con mano solícita.

19 Aplica sus manos a la rueca y sus dedos sostienen el huso.

20 Tiende su brazo al desvalido, alarga sus manos al indigente.

30 Engañosa es la gracia, vana la hermosura; la mujer que teme al Señor merece alabanza.

31 Ensalzadla por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

 

El libro de los Proverbios finaliza con una composición alfabética (cf. 31,10-31), cantando la valía de la mujer, esposa y buena administradora, y la alegría con la que sabe llenar su casa. ¿Quién es esta mujer fuerte, tan alabada? Hay diversas interpretaciones. Para algunos, estamos frente a una brava esposa y fiel madre, que tiene irresistiblemente fascinados al esposo y a los hijos; para otros, es la personificación del pueblo de Israel, que rinde homenaje a Dios, su esposo, con su trabajo cotidiano y su renovada fidelidad; sin embargo, para otros, el texto nos presenta el retrato de la sabiduría con los rasgos y detalles de esta mujer-símbolo.

¿A quién se refiere el texto bíblico? El autor evidencia las cualidades esenciales de la grandeza femenina: el trabajo como fuente de bienestar; la buena administración (vv 13-19); la caridad con los desvalidos y los indigentes (v. 20); la prudencia al hablar sabia y amorosamente con todos (v, 26). Por eso, la mujer perfecta, arna del hogar; difunde la felicidad, la irradia. El marido está gozoso con ella, encuentra sosiego y descanso y se beneficia de su apoyo y vigor. Los hijos la elogian y le felicitan por su sabiduría e iniciativa (w. 27ss). La esposa y madre, ciertamente, enriquece la personalidad del hombre, desarrollándola y haciéndola madurar.

El poema acaba con una alusión al temor de Dios, superior a la gracia natural y a la belleza, porque es la virtud Espiritual que ilumina toda la vida de la mujer, madre y esposa.

 

Segunda lectura: 1 Tesalonicenses 5,1-6

Hermanos:

1 En cuanto al tiempo y a las circunstancias, no tenéis necesidad de que se os escriba.

2 Sabéis muy bien que el día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche.

3 Cuando los hombres hablen de paz y seguridad, entonces caerá sobre ellos la ruina de improviso, igual que los dolores de parto sobre la mujer embarazada, y no podrán escapar

4 Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas. Por tanto, el día del Señor no debe sorprenderos como si fuera un ladrón.

5 Todos vosotros sois hijos de la luz, hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

6 Por consiguiente, no durmamos, como hacen los demás, sino vigilemos y vivamos sobriamente.

 

•» El texto de Pablo expresa con imágenes, presentes en otros pasajes del Nuevo Testamento (cf Mt 24,43ss; Ap 3,3; 16,15), el carácter imprevisible de la llegada del Señor y en consecuencia, la necesidad de estar preparados y vigilantes. La venida del Señor es imprevista e imprevisible; <<Vendrá como un ladrón en plena noche» (v 2), llegará cuando menos se espere (v. 3). Constantemente hay que estar despiertos y preparados ante cualquier eventualidad. No hay demoras que valgan o mayores tardanzas.

El apóstol resalta las características que asume la vigilancia del cristiano, expectante por la llegada del Señor. Esta actitud no es solo de orden intelectual, sino también moral. Pablo, en efecto, explica qué significa <<vigilar» cuando dice de modo conciso: <<No durmamos, como hacen los demás, sino vigilemos y vivamos sobriamente>> (v 6).

La sobriedad es esa virtud que se abstiene de todo lo que nubla la mente y aflige la conciencia y el corazón. Quien quiera mantener una actitud vigilante, decidir justamente en la vida, necesita equilibrio, mesura y libertad. Estar sin freno en la vida produce somnolencia, recorta la voluntad y genera superficialidades. El valor de la vida, dirá el apóstol, es la muerte y el encuentro con Jesucristo, el Señor: La resurrección de Cristo es la que da sentido a la muerte. El cristiano que se mantiene <<despierto» y <<sobrio» es <<hijo del día», desafía la noche caminando con alegría al encuentro del Señor que viene.

 

Evangelio: Mateo 25,14-30

Dijo Jesús a sus discípulos:

14 Sucede también con el Reino de los Cielos lo que con aquel hombre que, al ausentarse, llamó a sus criados y les encomendó su hacienda.

15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno según su capacidad; y se ausentó.

16 El que había recibido cinco talemos fue a negociar en seguida con ellos y ganó otros cinco.

17 Asimismo, el que tenia dos ganó otros dos.

18 Pero el que había recibido sólo uno fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

19 Después de mucho tiempo, volvió el amo y pidió cuentas a sus criados.

20 Se acercó el que había recibido cinco talentos, llevando otros cinco, y dijo: <<Señor; cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco, que he ganado».

21 Su amo le dijo: <<Bien; criado bueno y fiel; como fuiste fiel en cosa de poco, te pondré al frente de mucho: entra en el gozo de tu señor»,

22 Llegó también el de los dos talemos y dijo: <<Señor; dos talentos me entregaste, aquí tienes otros dos, que he ganado.

23 Su amo le dijo: <<Bien, criado bueno y fiel; como fuiste fiel en cosa de poco, te pondré al frente de mucho: entra en el gozo de tu señor».

24 Se acercó finalmente el que solo había recibido un talento y dijo: <<Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;

25 tuve miedo y escondí tu talento en tierra; aquí tienes lo tuyo».

26 Su amo le respondió: <<¡Criado malvado y perezoso! ¿No sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí?

27 Debías haber puesto mi dinero en el banco y, al volver yo, habría retirado mi dinero con los intereses,

28 Así que quitadle a él el talento y dádselo al que tiene diez.

29 Porque a todo el que tiene se le dará y tendrá de sobra, pero al que no tiene, aun aquello que tiene se le quitará.

30 Y a ese criado inútil arrojadlo fuera a las tinieblas. <<Allí llorará y le rechinarán los dientes».

 

*» La parábola narrada por Jesús a sus discípulos debe entenderse bien. Normalmente, se piensa que los talentos son dotes o capacidades intelectuales que Dios nos da. Sin embargo, para Mateo son las ocasiones que nos ofrece la vida, las responsabilidades que estamos llamados a asumir las tareas que nos han confiado. La parábola, en efecto, refiere que aquel hombre llamó a sus criados y, antes de ausentarse, <<les encomendó su hacienda. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno» (v. 15). Los dos primeros siervos son un ejemplo de laboriosidad y actividad: han negociado los talentos y han conseguido el doble de lo recibido, y cada uno de ellos es llamado <<bueno y fiel» por su Señor (vv. 21.23). El tercer siervo, en cambio, se muestra holgazán e inactivo; no quiere correr riesgos, se limita a conservar el talento y no produce nada, y por este motivo es llamado <<malvado y perezoso» (v. 26) y <<criado infiel» (v. 30). El contraste entre los siervos es la oposición que existe entre laborioso y perezoso, entre actividad y pasividad.

La parábola se fija, sobre todo, en el comportamiento del siervo malvado y en el dialogo del dueño con él. Este siervo, inactivo y temeroso, tiene una idea del dueño: la de que es un hombre duro que cosecha donde no siembra. En esta mentalidad solo hay sitio para el miedo y la estricta observancia de las normas. No quiere correr riesgos y esconde el talento recibido en un lugar seguro, creyéndose que Así restituirá lo recibido: <<Tuve miedo y escondí tu talento en tierra; aquí tienes lo tuyo» (v. 25).

Jesús invita a sus oyentes a cambiar de mentalidad: del temor receloso y la mezquina obediencia, a la perspectiva del amor. La verdadera naturaleza de la relación entre Dios y el hombre es el amor. El discípulo de Jesús debe actuar siempre con la lógica del amor y traducir el mensaje evangélico en actos concretos, generosos y atrevidos.

 

MEDITATIO

El mensaje del libro de los Proverbios es actual. Pensemos, por un momento, todo lo que se escribe, se dice y se habla sobre la promoción de la mujer. Y no tenemos por menos que apreciar la ponderada opción de la Escritura en favor de la mujer y de sus derechos. La constitución pastoral La Iglesia en el mundo contemporáneo, del Vaticano II, no duda en tomar partido, afirmando que la mujer es la verdadera compañera del hombre, con total igualdad de derechos, incluido, como no, el de la participación en la vida socio-cultural (cf GS 9.29.49). La lectura de la Palabra de Dios nos hace pensar. La mujer cada vez pasa menos tiempo en el hogar. En parte, porque trabaja fuera de casa, pero también porque abandona deliberadamente y por desamor las tareas domésticas. Una negligencia que amenaza con debilitar los lazos de unión entre los miembros del hogar y, al mismo tiempo, con hacer vacilar el edificio socio-religioso sobre el que se cimenta la familia.

Solo la verdadera sabiduría merece elogios, una vez superados posibles envanecimientos y vanaglorias. En el mundo moderno, es lícito que las mujeres realicen, al servicio del bien común, un mayor numero de actividades que en el pasado. Y es verdad que su cooperación, ya, se revela muy fructuosa en el mundo intelectual, no me- nos que en otros campos, como en la gestión empresarial o en el gobierno de un país. Estas reflexiones quieren ser un reclamo que ayude a descubrir la vocación profunda de la mujer, una llamada para hacer fructificar sus talentos.

 

ORATIO

Padre bueno, tú que sigues realizando grandes obras en los pequeños y en los humildes, ayúdanos a valorar la hermosa vocación de las esposas y madres de nuestras familias. Te encomendamos, Padre, haciendo de tu Palabra oración, a todas las mujeres del mundo, especialmente a las vilipendiadas y ultrajadas por su condición de mujer. Queremos tener presente a Maria, que bajo la cruz recibió del Hijo moribundo el nombre humilde e inefable de <<mujer» (Jn 19,26) y que antes de Inmaculada, Virgen y Madre de Dios, fue, como ellas, y todavía lo es, mujer Protege a todas las jóvenes, para que no se encierren en una vida sin sentido, sino que tengan el coraje de afrontar aquellas responsabilidades diarias que construyen comunidad, un hogar en la paz y en la justicia.

Padre bueno, te pedimos por las familias faltas de amor, para que sepan aceptarse mutuamente y asuman el reto educativo de los hijos, fundamento de la nueva humanidad.

 

CONTEMPLATIO

El siervo que recibió un solo talento, se fue, hizo un hoyo en la tierra y lo escondió, debería haber entregado el dinero de su Señor a los banqueros y retirarlo, con los intereses correspondientes, cuando hubiese regresado. La mesa de los banqueros es la Escritura divina, donde se ha depositado el pan de la Palabra que nutre a las personas y en torno a la cual se sientan los cristianos para saciarse Espiritualmente.

Quien confía su fe en este banco la encontrara multiplicada. Igual que el dinero aumenta invirtiéndolo, lo mismo sucede con la fe en Cristo Jesús: si la mantenemos pasiva en el corazón, languidecerá y disminuirá hasta extinguirse. En cambio, si la ejercitamos mediante la Escritura, 1a estimulamos con la ayuda de predicaciones asiduas y lecturas meditadas, si la hacemos oración y la vivimos con buenas obras en favor de nuestros hermanos, especialmente los mas necesitados, no sólo se multiplicará, sino que no dejaré de crecer durante toda la vida (homilía anónima sobre la parábola de los talentos, en PG 56,941).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vivo hoy la Palabra: <<La mujer que teme al Señor merece alabanza» (Prov 31,30).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Creo que el temor a malgastarse es la razón que impide a las personas emplear sus mejores capacidades. Si, tras un laborioso proceso de días y días, conseguimos llegar hasta las fuentes internas de nuestro ser, yo lo llamo <<Dios», después logramos conservar lo libertad necesaria, <<trabajando en nosotros mismos>>, entonces, continuamente estaremos renovados y no tendremos por qué preocuparnos de que se agoten nuestros recursos   .

Ser Fieles a todo lo que nos surge espontáneamente, y hasta el final. Ser fieles en el sentido mas amplio del término, fieles a si mismos, fieles con Dios, fieles en todo momento. Significa estar al <<cien por cien». Mi quehacer consiste en ser. Especialmente, en ser fiel a mi talento creativo, por modesto que sea. De cualquier modo, son tantas cosas las que quisiera decir y escribir, que debería articularlas. Sin embargo, intento huir y fallo, no lo consigo   Vivo la vida plenamente y cada vez me siento con mayor responsabilidad ante, y Así los llamo, mis talentos. Por dónde comenzar, Dios mío. Hay tantas cosas. No pretendo escribirlas con la intensidad vivida, sería un error. No se trata de eso. Todavía no sé como controlar toda esa materia. Solamente sé que tendré que hacerlo todo yo solo y que tengo la fuerza y paciencia necesarios para lograrlo. Tengo que ser fiel, no puedo dispersarme como arenilla al viento. Estoy dividido entre atentos e impresiones, zarandeado par personas y emociones. Tengo que mantenerme fiel; sobre todo, debo ser fiel a mi talento, <<Vivir» insuficientemente una realidad no basta; requiere algo más.

Cada vez veo mejor los abismos que engullen las fuerzas creativas y la alegría de vivir del hombre. Son hoyos que se tragan todo, agujeros que estén en nuestro propio ser. A cada día le basta su pena (E. Hillesum, Diario i947—i943, Milan 5l992, 220.222ss).

 

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
 

 

INVITATORIO
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO
Es domingo; una luz nueva
resucita la mañana
con su mirada inocente,
llena de gozo y de gracia.

Es domingo; la alegría
del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega
siempre y que nunca se gasta.

Es domingo; la pureza
no sólo la tierra baña,
que ha penetrado en la vida
por las ventanas del alma.

Es domingo; la presencia
de Cristo llena la casa:
la Iglesia, misterio y fiesta,
por él y en él convocada.

Es domingo; «éste es el día
que hizo el Señor», es la Pascua,
día de la creación
nueva y siempre renovada.

Es domingo; de su hoguera
brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas
en jornadas de esperanza.

Es domingo; un canto nuevo
toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu,
único Dios que nos salva. Amén.

 

SALMODIA
Ant.1.Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

Salmo 62, 2-9 El alma sedienta de Dios
Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.


Ant.2.En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: «Bendito sea el Señor.»Aleluya.

CánticoDn 3,57-88. 56Toda la creación alabe al Señor
Alabad al Señor, sus siervos todos (Ap 19, 5)


Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos
y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías,Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre.

Ant. En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: «Bendito sea el Señor.» Aleluya.


Ant.3 Que los hijos de Sión se alegren por suRey. Aleluya.

Salmo149 Alegría de los santos

Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey,Cristo, el Señor (Hesiquio)

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Que los hijos de Sión se alegren por su Rey.Aleluya.

 

LECTURA BREVE Ap 7, 10. 12
¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos.Amén.

 

RESPONSORIO BREVE
R.Cristo, hijo de Dios vivo,*Ten piedad de nosotros.
Cristo,hijo deDios vivo, ten piedad de nosotros.

V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.* Ten piedad de nosotros.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cristo,hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.Vosotros sois la luzdel mundo; alumbre vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.Vosotros sois la luz del mundo; alumbre vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

PRECES
Glorifiquemosal Señor Jesús,luz que alumbra a todo hombre y Sol de justicia que no conoce el ocaso, y digámosle:
¡Oh Señor, vida y salvación nuestra!

Creador del universo, al darte gracias por el nuevo día que ahora empieza,
te pedimos que el recuerdo de tu santa resurrección sea nuestro gozo durante este domingo.

Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir tu voluntad,
y que tu sabiduría dirija hoy nuestras acciones.

Que, al celebrar la eucaristía de este domingo, tu palabra nos llene de gozo,
y la participación en tu banquete haga crecer nuestra esperanza.

Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos concede,
y vivamos durante todo el día en acción de gracias.


Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN

Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo.
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 

TERCIA, SEXTA, NONA

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
A la gloria de Dios se alzan las torres,
a su gloria los álamos,
a su gloria los cielos,
y las aguas descansan a su gloria.

El tiempo se recoge;
desarrolla lo eterno sus entrañas;
se lavan los cuidados y congojas
en las aguas inmobles,
en los inmobles álamos,
en las torres pintadas en el cielo,
mar de altos mundos.

El reposo reposa en la hermosura
del corazón de Dios, que así nos abre
tesoros de su gloria.

Nada deseo,
mi voluntad descansa,
mi voluntad reclina
de Dios en el regazo su cabeza
y duerme y sueña. . .;
sueña en descanso.
toda aquesta visión de esta hermosura.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.

Salmo 117   Himno de acción de gracias después de la victoria
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4, 11)


I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor.
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.


Ant. 2. La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.

II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.


Ant. 3. El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.

III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.


TERCIA

LECTURA BREVE Rm 8, 15-16
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios.

V. En ti, Señor, está la fuente viva.
R. Y tu luz nos hace ver la luz.


SEXTA
LECTURA BREVE Rm 8, 22-23
Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Él rescata tu vida de la fosa.


NONA
LECTURA BREVE 2 Tm 1, 9
Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo.

V. El Señor los condujo seguros, sin alarmas.
R. Los hizo entrar por las santas fronteras.

 

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ay
údanos al llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
 ¿Qué ves en la noche,
 dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

 ¿Qué ves en la noche,
 dinos, centinela?

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto.
lo que el miedo niega.

 ¿Qué ves en la noche,
 dinos, centinela?

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

 ¿Qué ves en la noche,
 dinos, centinela?

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos,
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha.» Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7   El Mesías, Rey y Sacerdote
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies (1Co 15,25)

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha.» Aleluya.


Ant. 2. El Señor, piadoso y clemente, ha hecho maravillas memorables. Aleluya.

Salmo 110   Grandes son las obras del Señor
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente (Ap 15, 3)


Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman;

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor, piadoso y clemente, ha hecho maravillas memorables. Aleluya.


Ant. 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

 

Cántico    Cf. Ap 19, 1-2. 5-7   Las bodas del Cordero

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
  
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
  
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos, y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya. 

 

LECTURA BREVE 1P 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

 

 

RESPONSORIO BREVE
V. Bendito eres, Señor, * En la bóveda del cielo.
Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos. * En la bóveda del cielo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo. 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Inmediatamente los discípulos dejaron las redes y siguieron a Jesús.
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Inmediatamente los discípulos dejaron las redes y siguieron a Jesús.
 

PRECES
Invoquemos a Dios, nuestro Padre, que maravillosamente creó al mundo, lo redimió de forma más admirable aún y no cesa de conservarlo con amor, y digámosle con alegría:
Renueva, Señor, las maravillas de tu amor.

Te damos gracias, Señor, porque, a través del mundo, nos has revelado tu poder y tu gloria;
haz que sepamos ver tu providencia en los avatares del mundo.

Tú que, por la victoria de tu Hijo en la cruz, anunciaste la paz al mundo,
líbranos de toda desesperación y de todo temor.

A todos los que aman la justicia y trabajan por conseguirla,
concédeles que cooperen, con sinceridad y concordia, en la edificación de un mundo mejor.       

Ayuda a los oprimidos, consuela a los afligidos, libra a los cautivos, da pan a los hambrientos, fortalece a los débiles,
para que en todos se manifieste el triunfo de la cruz.

Tú que, al tercer día, resucitaste gloriosamente a tu Hijo del sepulcro,
haz que nuestros hermanos difuntos lleguen también a la plenitud de la vida.


Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ay
údanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obra en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

DESPUÉS DE LAS SEGUNDAS VÍSPERAS DEL DOMINGO Y DE LAS SOLEMNIDADES
 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 

HIMNO
I
Gracias, porque al fin del día
podemos agradecerte
los méritos de tu muerte,
y el pan de la eucaristía,
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza,
la fe, el amor, la esperanza
y esta bondad en tu empeño
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

II
Nos cubren las tinieblas
con su intangible velo;
nos acosa la noche con sus ojos,
y reza el pensamiento.

Los astros en tus bóvedas,
Señor del universo,
vigilarán lo oscuro,
vigilarán el sueño.

Nosotros dormiremos. Amén.
 
 
SALMODIA
Ant. Al amparo del Altísimo no  temo el espanto nocturno.

Salmo 90   A la sombra del Omnipotente
Os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones (Lc 10,19)

Tú que  habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día;
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
Diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará,

Nada más mirar con tus ojos,
verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
 
LECTURA BREVE  Ap 22, 4-5
Verán al Señor cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá más noche, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 

ORACIÓN
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de las II Vísperas de la solemnidades que no coinciden en domingo:

Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

I
Dios te salve. Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!