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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Lunes, 21 de Octubre de 2019

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL LUNES SEMANA I DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Lunes de la 29ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Romanos 4,20-25

Hermanos:

20 Tampoco vaciló [Abrahán] por falta de fe ante la promesa de Dios; al contrario, se consolidó en su fe dando así gloria a Dios,

21 plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete.

22 Lo cual le fue tenido en cuenta para alcanzar la salvación.

23 Estas palabras de la Escritura no se refieren solamente a Abrahán;

24 se refieren también a nosotros, que alcanzaremos la salvación si creemos en aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús, nuestro Señor,

25 entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación.

       *•• Pablo, llevando a la conclusión su «prueba bíblica», centra ulteriormente el discurso en la fe de Abrahán y su estrecha relación con la promesa de Dios. Hay dos pasajes en esta página: el primero tiene que ver directamente con Abrahán y su camino hacia la salvación por medio de la fe (w. 20-22), mientras que el segundo tiene que ver con nosotros, hijos de Abrahán en la fe y, como tales, llamados a creer en el Dios que también es capaz de resucitar a los muertos (w. 23-25).

       De Abrahán se dice con toda claridad que «tampoco vaciló» frente a la promesa de Dios: una vez vencido el peligro de la incredulidad, él, por gracia, «se consolidó en su fe dando así gloría a Dios» (v. 20). Con estas palabras define Pablo la actitud de Abrahán en el momento en que reconoce que se lo debe todo a Dios y, al mismo tiempo, se confía sólo a él. Constatamos, por consiguiente, que el ejemplo que nos da Abrahán en la acogida de la promesa de Dios y en su confiarse a él se vuelve cada vez más lineal, existencial y concreto también para nosotros.

       Desde esta perspectiva, que interesa a todos, personal y comunitariamente, termina Pablo su discurso sobre Abrahán. Por eso nos sentimos implicados, de entrada, en el designio salvífico de Dios; a continuación, en la historia particular de Jesús de Nazaret, nuestro Señor, que murió y resucitó por nosotros; y, por último, en esa pequeña historia de la salvación que nos contempla como sujetos interlocutores y cooperadores de Dios.

       El último versículo del capítulo presenta una estupenda síntesis del misterio pascual de Jesús en sus dos aspectos complementarios: fue «entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación» (v. 25). El misterio pascual no es sólo objeto de fe para cada creyente, sino que, antes aún, es fuente de gracia y de salvación.

 

Evangelio: Lucas 12,13-21

En aquel tiempo,

13 uno de entre la gente le dijo: -Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia.

14 Jesús le dijo: -Amigo, ¿quién me ha hecho juez o árbitro entre vosotros?

15 Y añadió: -Tened mucho cuidado con toda clase de avaricia, que aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas.

16 Les contó una parábola: -Había un hombre rico, cuyos campos dieron una gran cosecha.

17 Entonces empezó a pensar: «¿Qué puedo hacer? Porque no tengo dónde almacenar mi cosecha».

18 Y se dijo: «Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros, construiré otros más grandes, almacenaré en ellos todas mis cosechas y mis bienes,

19 y me diré: Ahora ya tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y pásalo bien».

20 Pero Dios le dijo: «¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién va a ser todo lo que has acaparado?».

21 Así le sucede a quien atesora para sí, en lugar de hacerse rico ante Dios.

 

       *+• Tras haber invitado a mantener el ánimo, apoyado por el don del Espíritu Santo en el momento del testimonio, Jesús, solicitado por la petición de un anónimo, pone en guardia contra el peligro de la avaricia y confirma su enseñanza con una parábola sencilla e iluminadora al mismo tiempo.

       La petición del anónimo tiene que ver con un problema que nos afecta a todos de cerca y que, con frecuencia, provoca disensiones y disidencias entre hermanos: «Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia» (v. 13). Pero Jesús se niega a responder (v. 14), porque su misión tiene que ver con algo bien distinto: en efecto, no ha venido a resolver nuestros problemas sociales, sino a enseñarnos a vivir nuestras relaciones sociales para entrar en la vida eterna. La respuesta de Jesús, además de contener una negación implícita, expresa asimismo una enseñanza sapiencial, bien conocida en toda la Biblia, que pone en guardia contra la avaricia, contra todo tipo de avaricia: vicio capital que está siempre al acecho en la vida de toda persona. La enseñanza de Jesús recae, como es obvio, sobre la relación entre riqueza y pobreza o, mejor aún, sólo sobre la riqueza considerada como posible peligro para una vida humana y cristiana digna de este nombre: «Aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas» (v. 15).

       La parábola (w. 16-21) viene a ilustrar el mismo tema. Resulta bastante estimulante el soliloquio inicial en el que el hombre rico, protagonista de la parábola, se muestra necio en sus palabras y, por consiguiente, en sus opciones de vida. Propiamente hablando, aquí no se pone de relieve la pecaminosidad de su comportamiento, sino más bien la futilidad, la estupidez de su desvivirse y de poner su confianza sólo en lo que ha acumulado.

       Igualmente iluminadora es la intervención final de Dios (v. 20), entendida precisamente como respuesta inmediata y directa a la actitud insensata del hombre rico. Ahora bien, aquí hemos de poner de relieve un punto particular: la estupidez de ese hombre consiste de manera especial en el hecho de que no ha pensado en lo que le sucederá después de la muerte. Ha pensado en explotar sus riquezas sólo para la vida presente y no ha considerado la posibilidad de obtener beneficios de ellas también para la vida futura.

       Desde esta perspectiva, resulta extremadamente importante y decisiva la conclusión de esta página evangélica, que tiende a aplicar a cada uno de nosotros la puesta en guardia de Jesús y el significado de la parábola. Hemos de señalar en particular que «hacerse rico ante Dios» (v. 21), según Lucas, no es otra cosa más que dar limosna (Lc 11,41) y hacerse un tesoro inagotable junto a Dios (Lc 12,33).

 

MEDITATIO

       El apóstol Pablo nos recuerda, en la primera lectura, que Abrahán no vaciló con incredulidad frente a la promesa divina, sino que «dio gloria a Dios». Sin embargo, el cumplimiento de esa promesa andaba muy lejos de la evidencia y el patriarca no tenía ninguna garantía visible de la herencia futura. También el cristiano está llamado a la le. Sin embargo, él sí ha visto en Cristo el cumplimiento de las promesas y puede repetir con el apóstol su profesión de fe: «Sé en quién he creído». Jesús, muerto y resucitado por nuestra salvación, nos invita cada día a la mesa de la Palabra, de su cuerpo y de su sangre. En ella podemos alcanzar de manera abundante la verdadera vida, la alegría, la paz. En efecto, participando en el misterio de su ofrenda es como el hombre se vuelve cada vez más capaz de amar y de dar y, así, de glorificar a Dios.

       Qué bello es pensar, con san Ireneo, que la gloria de Dios es el hombre vivo, o sea, nosotros, cuando, en un mundo aplastado por el odio y por la violencia, nos convertimos en dóciles testigos del amor; cuando, en un mundo asfixiado por el odio y por la violencia, nos convertimos en dóciles testigos del amor; cuando, en una sociedad asfixiada por la búsqueda exasperada del beneficio, tenemos el corazón «en otra parte», «en lo alto», y somos capaces de decir a los hermanos la palabra de esperanza de la que también su corazón tiene sed. Dado que somos habitantes de este mundo, es inevitable que estemos implicados en problemas de herencias o de intereses.

       Qué importante es, pues, sobre todo en esos casos, que el creyente se manifieste «distinto», libre de los criterios mundanos de quienes tienen como único horizonte los bienes de la tierra. Si Abrahán supo ya mirar más allá del presente, cuánto más nosotros, invadidos por el Espíritu del Resucitado, debemos tener el corazón desvinculado de lo que es caduco, habitado por la secreta dulzura que supone ser hijos amados por el Padre, para que el Señor no deba llamarnos «estúpidos» por habernos contentado con lo que no vale y haber olvidado que estamos destinados a la vida eterna.

 

ORATIO

       La caza del tesoro es el juego preferido, la epidemia más extendida, hoy. Loterías compradas como el pan de cada día. Juegos de azar que arruinan a muchas familias. Esposos que se separan para rescatar los miles de millones del divorcio. Padres que olvidan los afectos más entrañables para hacerse un patrimonio. ¿Hasta cuándo, Señor, seguirá atado el hombre a tanta falsedad? ¿Hasta cuándo se negará a comprender que la vida no está atada a los bienes? ¿Hasta cuándo se embriagará con las mentiras de los medios de comunicación, ignorando que quien acumula tesoros para sí no se enriquece ante Dios?

       Sólo quien busca encuentra, sólo quien da recibe, sólo quien rescata con sus propios bienes a un esclavo es libre, sólo quien renuncia a sus comodidades vence la miseria ajena, son quien se muestra solidario con los pobres tendrá cien veces más en esta tierra y, además, la vida eterna.

 

CONTEMPLATIO

       Son muchos los que, tras haber despreciado grandes bienes, sumas ingentes de oro y de plata, así como espléndidas propiedades, se turban a causa de un cortaplumas, de un estilo, de una aguja o de una pluma. Si se hubieran mantenido constantes en la contemplación y en la pureza del corazón, nunca habrían perdido este bien por cosas de nada, cuando habían preferido abandonar las cosas grandes y preciosas antes que incurrir en tal peligro.

       En efecto, hay quienes custodian manuscritos con tanto celo que no toleran que nadie les eche una ojeada o los toque apenas; de este modo, encuentran ocasiones de impaciencia y de ruina precisamente donde deberían aprender a adquirir los bienes de la paciencia y de la caridad.

       Han abandonado todas sus riquezas por amor a Cristo, y conservan, sin embargo, el primitivo apego del corazón a las cosas más triviales, dejándose vencer a menudo por la cólera a causa de ellas. No tienen en ellos la caridad de la que habla el apóstol, y se vuelven por eso estériles e infructuosos.

       Refiriéndose a hechos de este tipo, dice san Pablo: «Si distribuyera todas mis sustancias en alimento a los pobres, si entregara mi cuerpo al hambre y no tuviera caridad, de nada me ayuda» (1 Cor 13,3). De esto se desprende claramente que la perfección no se alcanza de golpe con la desnudez y la privación de todas las riquezas o con el desprecio de los honores, si después carecemos de la caridad, cuyas formas nos describe el apóstol y que consiste únicamente en la pureza del corazón [...].

       En consecuencia, las cosas secundarias, esto es, los ayunos, las vigilias, la soledad, la meditación de la Escritura, debemos referirlas al fin principal, es decir, al de la pureza de corazón que es la caridad; no es justo poner en peligro la virtud fundamental a causa de estas otras cosas.

       En efecto, si ésta permanece íntegra e intacta, nada podrá perjudicarnos, aunque nos veamos obligados a prescindir por necesidad de algo secundario: de nada nos serviría cumplir perfectamente todos los compromisos si nos privamos del bien más importante en vistas al cual debemos hacer todas las otras cosas (Juan Casiano, Conlatio prima, 6ss, París, 1955, pp. 83-85 [edición española: Colaciones, Ediciones Rialp, Madrid 1961]).

 

ACTIO

       Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Jesús, nuestro Señor, entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación» (Rom 4,25).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

       La postura del cristiano frente a la esperanza es compleja y operante. Nosotros no nos alienamos con las esperanzas terrenas y dirigimos nuestros ojos exclusivamente hacia la esperanza eterna, y ni siquiera nos zambullimos en el efímero olvido de la eternidad. No perdemos de vista el hecho de que el Creador ha confiado al hombre el derecho y el deber de dominar la naturaleza y completar la creación, pero tampoco olvidamos que nosotros somos sólo cocreadores y que nuestras esperanzas ahondan sus raíces en la grandeza y en la generosidad del Padre, que nos ha querido a su imagen y semejanza y nos ha hecho partícipes de su naturaleza divina.

       Nuestra esperanza no es ingenua ni tiene miedo de hacer frente a los obstáculos. Tiene el coraje suficiente para mirarlos de cerca y se esfuerza por superarlos contando con sus propias fuerzas, sin olvidar, no obstante, que el Hijo de Dios se hizo hombre y ha comenzado ya la obra de liberación del hombre, y que a nosotros nos corresponde completarla con la ayuda de Dios. ¿Es acaso una audacia excesiva, un sueño irrealizable, una esperanza vana, pensar en «la esperanza de una comunidad mundial»? Pues sí, ciertamente, es una audacia, es un sueño. Una audacia y un sueño que, sin embargo, según la decisión y el realismo con los que seamos capaces de afrontar los obstáculos que se levanten en el camino, podrán transformarse de esperanza en realidad [...].

       Cuando esperar nos parezca absurdo o ridículo, acordémonos de que, en la evolución creadora, el hombre brotó de un pensamiento de amor del Padre, ha costado la sangre del Hijo de Dios y es objeto permanente de la acción santificadora del Espíritu Santo (H. Cámara, Conferencia pronunciada en Winnipeg el 13 de enero de 1970, en La documentación catholique del 1 de marzo de 1970, pp. 221 ss y 224).

 

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.


HIMNO
Mis ojos, mis pobres ojos
que acaban de despertar
los hiciste para ver,
no sólo para llorar.

Haz que sepa adivinar
entre las sombras la luz,
que nunca me ciegue el mal,
ni olvide que existes tú.

Que, cuando llegue eldolor
que yo sé que llegará,
no se me enturbie el amor,
ni se me nuble la paz.

Sostén ahora mi fe,
pues, cuando llegue a tu hogar,
con mis ojos te veré
y mi llanto cesará. Amén.

 

SALMODIA
Ant.1.A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Salmo5, 2-10.12-13 Oración de la mañana de un justo perseguido
Sealegrarán eternamente los que acogieron al Verbo en su interior. El Verbo habita en ellos

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.

A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero,
lo aborrece el Señor.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo enemigos;
alláname tu camino.

En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.

Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.

Porque tú, Señor, bendices al justo,
Y como un escudo lo rodea tu favor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.


Ant.2.Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

Cántico1Cro 29, 10-13Sólo a Dios honor y gloria
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 1,3)


Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
Por los siglos de los siglos.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
Porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tu eres rey y soberano de todo.

De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos.

Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu nombre glorioso.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.


Ant.3. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

Salmo 28 Manifestación de Dios en la tempestad
Vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto» (Mt 3, 17)

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»

El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

 

LECTURA BREVE 2 Ts3, 10b-13
El que no trabaja, que no coma. Porque nos hemos enterado de que algunosviven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a ésos les mandamosyrecomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen contranquilidad para ganarse el pan.
Por vuestra parte, hermanos, no os canséis de hacer el bien.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Bendito sea el Señor*Ahora ypor siempre.
Bendito sea el Señora hora ypor siempre.

V. El único que hace maravillas. Ahora y por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Bendito sea el Señor ahora y por siempre.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.Bendito,sea el Señor, Dios nuestro.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Bendito,sea el Señor, Dios nuestro.


PRECES
Proclamemos la grandeza de Cristo, lleno de gracia y del Espíritu Santo, y acudamos a él, diciendo:
Concédenos, Señor, tu Espíritu.

Concédenos, Señor, un día lleno de paz, de alegría y de inocencia,
para que, llegados a la noche, con gozo y limpios de pecado, podamosalabarte nuevamente.

Que baje hoy a nosotros tu bondad
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Muéstranos tu rostro propicio y danos tu paz,
para que durante todo el día sintamos cómo tu mano nos protege.

Mira con bondad a cuantos se han encomendado a nuestras oraciones
y enriquécelos con toda clase de bienes del cuerpo y del alma.


Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

 

ORACIÓN
Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestra obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo.

     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 

TERCIA, SEXTA, NONA

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
sólo Dios basta.

Gloria a Dios Padre,
gloria a Dios Hijo,
igual por siempre
gloria al Espíritu. Amén.

 


SALMODIA
Ant.l. La ley del Señor alegra el corazón y da luz a los ojos.

SALMO 18B Himno a Dios, autor de la ley
Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5,48)

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.

Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta.

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
asíquedaré libre e inocente
del gran pecado.

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca m
ía, redentor mío.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.La ley del Señor alegra el corazón y da luz a los ojos.


Ant.2.Se levantará el Señor para juzgar a los pueblos con justicia.

Salmo7 Oración del justo calumniado
Mirad que el juez está ya a la puerta (St 5, 9).

I
Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio.

Señor, Dios mío: si soy culpable,
si hay crímenes en mis manos,
si he causado daño a mi amigo,
si he protegido a un opresor injusto,
que el enemigo me persiga y me alcance,
que me pisotee vivo por tierra,
apretando mi vientre contra el polvo.

Levántate, Señor, con tu ira,
álzate con furor contra mis adversarios,
acude, Dios m
ío, a defenderme
en el juicio que has convocado.
Que te rodee la asamblea de las naciones,
y pon tu asiento en lo más alto de ella.
El Señor es juez de los pueblos.

Júzgame,Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se levantará el Señor para juzgar a los pueblos con justicia.


Ant.3.Dios es un juez que salva a los rectos de corazón.

II
Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día:
si no se convierten, afilará su espada,
tensará el arco y apuntará.
Apunta sus armas mortíferas,
prepara sus flechas incendiarias.

Mirad: concibió el crimen, está preñado de maldad,
y da a luz el engaño.
Cavó y ahondó una fosa,
caiga en la fosa que hizo;
recaiga su maldad sobre su cabeza,
baje su violencia sobre su cráneo.

Yo daré gracias al Señor por su justicia,
tañendo para el nombre del Señor Altísimo.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Dios es un juez que salva a los rectos de corazón.


TERCIA

LECTURA BREVE Rm13,8. 10
A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama tiene cumplido el resto de la ley. Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar escumplir la ley entera.

V.No rechaces a tu siervo, que tú eres mi auxilio.
R.No me abandones, Dios de mi salvación.

ORACIÓN
Oh Dios, Padre lleno de bondad, tú has querido que los hombres trabajáramosde tal forma que, cooperando unos con otros, alcanzáramos éxitos cada vezmás logrados; ayúdanos, pues, a vivir en medio de nuestros trabajos sintiéndonossiempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestroSeñor.

 


SEXTA
LECTURA BREVE St1, 19-20.26
Sed todos prontos para escuchar, lentos para hablar y lentos para la ira.
Porquela ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere. Hay quien se creereligioso y no tiene a raya su lengua; pero se engaña, su religión es vacía.

V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Su alabanza está siempre en mi boca.

ORACIÓN
Señor, tu eres el dueño de la viña y de los sembrados, tú el que reparteslas tareas y distribuyes el justo salario a los trabajadores; ayúdanos asoportar el peso del día y el calor de la jornada sin quejarnos nunca detus planes.Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE 1P1, 17-19
Tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron: no con bienes ef
ímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha.

V. Sálvame, Señor, ten misericordia de mí.
R. En la asamblea bendeciré al Señor.

ORACIÓN
Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en aquella misma hora en quelos apóstoles subían al templo para la orac
íon de la tarde; concédenosque las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcancen la salvación a cuantos invocan este nombre. PorJesucristo, nuestro Señor.

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


 

HIMNO
Hora de la tarde,
fin de las labores.
Amo de las viñas,
paga los trabajos de tus viñadores.

Al romper el día,
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del alba a la tarde.
Ahora que nos pagas,
nos lo das de balde,
que a jornal de gloria
no hay trabajo grande.

Das al vespertino
lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
y tuyo el viñedo.
A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
cuida los sarmientos.
Amén.

SALMODIA
Ant. 1.El Señor se complace en el pobre.

Salmo10 El Señor, esperanza del justo
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados(Mt 5, 6)

Al Señor me acojo, ¿por qué me dec
ís:
«Escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»

Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo,
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.El Señor se complace en el pobre.


Ant.2.Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Salmo14 ¿Quién,es justo ante el Señor?
Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo (Hb 12, 22)


Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que
 procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.


Ant.3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico. Ef 1,3-10 El Dios salvador

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE Col 1,9b-11
Conseguid un conocimiento perfecto de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor
, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenasy aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza
 para soportar todo con paciencia
 y magnanimidad, con alegría.

RESPONSORIO BREVE
R. Sáname, Señor,*Porque he pecado contra ti.
Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

V. Yo dije: Señor, ten misericordia.*Porque he pecado contra ti.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.


 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES
Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que, recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:
Trata con bondad a tu pueblo, Señor.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.

Congrega en la unidad a todos los cristianos,
para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.

Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos:
que difundan en todas partes la fragancia de Cristo.

Muestra tu amor a los agonizantes:
que puedan contemplar tu salvación.

Ten piedad de los que han muerto
y acógelos en el descanso de Cristo.


Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó el Señor:



Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

 

ORACIÓN
Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y, ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

  

HIMNO
De la vida en la arena
me llevas de la mano
al puerto más cercano,
al agua más serena.
El corazón se llena,
Señor, de tu ternura;
y es la noche más pura
y la ruta más bella
porque tú estas en ella,
sea clara u oscura.

La noche misteriosa
acerca a lo escondido;
el sueño es el olvido
donde la paz se posa.
Y esa paz es la rosa
de los vientos. Velero,
inquieto marinero,
ya mi timón preparo
tú el mar y el cielo claro
hacia el alba que espero.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.
 
 
SALMODIA
Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85   Oración de un pobre ante las adversidades
Bendito sea Dios, que nos alienta en nuestras luchas (2Co 1, 3. 4)

Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que conf
ía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.
 
LECTURA BREVE   1Ts 5, 9-10
Dios nos ha destinado a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por nosotros, para que, despiertos o dormidos, vivamos con él.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
 

ORACIÓN
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino, que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy, crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

I
Dios te salve. Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

 

SANTA LAURA MONTOYA UPEGUI. Nació en Jericó (Antioquia, Colombia) el año 1874. Su padre fue asesinado por defender la religión y la patria, y su familia quedó en la pobreza. De labios de su madre aprendió a perdonar y a fortalecer su carácter con cristianos sentimientos. A los de 16 años empezó la carrera de magisterio y llegó a ser una erudita en su tiempo, formadora de cristianas generaciones. En 1914 fundó una familia religiosa, las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, para servir a los indígenas de las selvas. En 1924 salió de Medellín hacia Dabeiba (Antioquía) el primer grupo de «Misioneras catequistas de los indios», integrado por ella misma y cinco compañeras, para abrirse paso en la tupida selva. La madre Laura fue probada y purificada por la incomprensión, incluso de prelados, que no entendieron aquel estilo de misionar, que rompía esquemas para lanzar a la mujer como misionera en la vanguardia de la evangelización. Su obra se extendió rápidamente. Murió en Belencito-Medellín el año 1949 y fue canonizada en 2013.

Ayer 

Domingo, 20 de Octubre de 2019

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL DOMINGO SEMANA I DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Domingo de la 29ª semana del Tiempo ordinario

LECTIO

Primera lectura: Dt, 18, 8-13

 

En aquellos días,

8 los amalecitas vinieron a atacar a los israelitas en Refidín.

9 Moisés dijo a Josué: -Elige hombres y sal a luchar contra los amalecitas. Yo estaré mañana en lo alto de la colina con el cayado de Dios en la mano.

10 Josué hizo lo que le había ordenado Moisés y salió a luchar contra los amalecitas. Moisés, Aarón y Jur subieron a lo alto de la colina.

11 Cuando Moisés tenía el brazo levantado prevalecía Israel, y cuando lo bajaba prevalecía Amalec.

12 Como se le cansaban los brazos a Moisés, tomaron una piedra y se la pusieron debajo; él se sentó, y Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. De este modo, los brazos de Moisés se sostuvieron en alto hasta la puesta del sol.

13 Y Josué derrotó a los amalecitas y a su ejército.

 

«Eras tú, rey mío y Dios mío, quien lograbas las victorias de Jacob; contigo abatíamos a nuestros adversarios» (Sal 43,5ss). Estas palabras del salmista comentan bien el significado del antiguo pasaje propuesto por la liturgia para confirmar la enseñanza evangélica sobre la necesidad de una oración persistente. Se trata de un texto tan accidentado, desde el punto de vista de su formación y exégesis histórica, como claro e inmediato para una comprensión espiritual.

El desenlace de la batalla contra Amalec -el gran enemigo del pueblo de Dios en el desierto- ilustra de manera adecuada, según la tradición, el poder de la oración y, para los cristianos, la victoria de la cruz. Moisés, en electo, mediador entre Dios y el pueblo, debe pedir ayuda continuamente, porque, si disminuye su intercesión, el enemigo prevalece. Notemos que esa tarea de intercesor es tan gravosa que Moisés necesita ser sostenido por otros: por Aarón y por Jur -según una sugestiva interpretación etimológica propuesta por Orígenes, por la «palabra» y por la «luz»-. Sólo así pudo vencer Josué -cuyo nombre hebreo equivale, a Jesús, «Dios salva»- al enemigo que impedía a su pueblo alcanzar La tierra prometida. Por otra parte, a quien ama a su Señor crucificado no le es posible dejar de captar la figura que se perfila en Moisés. Éste sube a lo alto de la colina para permanecer en ella con los brazos tendidos entre el cielo y la tierra, en un gesto elocuente de intercesión y de amor por el pueblo.

 

Segunda lectura: 2 Timoteo 3,14-4,2

Querido hermano:

3,14 Tú, por tu parte, permanece fiel a lo que aprendiste y aceptaste, sabiendo de quién lo has aprendido

15 y que desde la infancia conoces las Sagradas Escrituras, que te guiarán a la salvación por medio de la fe en Jesucristo.

16 Toda Escritura ha sido inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para persuadir, para reprender, para educar en la rectitud,

17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer el bien.

4,1 Ante Dios y ante Jesucristo, que manifestándose como rey ha de venir a juzgar a vivos y muertos, te ruego encarecidamente:

2 Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, corrige, reprende y exhorta usando la paciencia y la doctrina.

 

*•• En las cartas dirigidas a Timoteo, la custodia y la transmisión del depósito de la fe.-es decir, de la tradición recibida de los apóstoles- es una especie de contraseña. Ese testimonio de fe debe ser mantenido intacto para ser restituido y transmitido después a través de predicación y la vida de la Iglesia. El fundamento de esta tradición lo proporcionan las Sagradas Escrituras, de cuyo papel salvífico y eficaz se habla en los w. 14-16: afirmación fundamental, junto con 2 Pe 1,19-21, sobre el carácter inspirado de la Escritura. «Toda Escritura, por el hecho de haber sido inspirada por Dios...», otra posible traducción del v. 16a, es sumamente útil para la vida de} creyente, mientras que las charlatanerías de los «falsos doctores» son inútiles (cf. Tit 3,9); más aún, perjudiciales.

El capítulo 4 se abre con una exhortación acongojada e intensa («Ante Dios y ante Jesucristo, que manifestándose como rey ha de venir a juzgar a vivos y muertos, te ruego encarecidamente») que llega a convertirse en un auténtico testamento espiritual en los w. 6-8, en los que Pablo se siente cercano al martirio. El apóstol invita a su amado Timoteo a anunciar la Palabra de manera incansable (la fórmula usada tiene sabor proverbial y equivale a «siempre»). De su escucha y de su obediencia, en efecto, procede la salvación (cf. Rom 10,17).

 

Evangelio: Lucas 18,1-8

En aquel tiempo,

1 para mostrarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola:

2 -Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres.

3 Había también en aquella ciudad una viuda que no cesaba de suplicarle: «Hazme justicia frente a mi enemigo».

4 El juez se negó durante algún tiempo, pero después se dijo: «Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie,

5 es tanto lo que esta viuda me importuna que le haré justicia para que deje de molestarme de una vez».

6 Y el Señor añadió: -Fijaos en lo que dice el juez inicuo.

7 ¿No hará, entonces, Dios justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Les hará esperar?

8 Yo os digo que les hará justicia inmediatamente. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

 

**• El evangelista Lucas se muestra muy atento a subrayar en su evangelio los aspectos referentes a la oración, sus modalidades, sus características Y lo hace mostrando antes que nada a Jesús como el gran orante, pero revelándonos también a aquel a quien se dirige la oración de Cristo. La parábola que nos propone revela, en efecto, las disposiciones del corazón de Dios hacia «sus elegidos, que claman a él día y noche». La enseñanza de Jesús -expresada por medio de una parábola- es una invitación a perseverar en la oración sin detenerse, advertencia recogida también por Pablo y propuesta por .él repetidamente (Rom 12,12; 2 Tes 1,11; Col 1,3).

Dos son los personajes del relato. Un juez que no respeta a nadie y una viuda pobre e indefensa, figura típica de los marginados e indigentes en el mundo bíblico. El que debería administrar justicia es un ser inicuo, y es posible que espere obtener, demorando el asunto, algún regalo de la mujer. Si al final cede, es sólo para alejar a una importuna que se le vuelve insoportable. Paradójica enseñanza de Jesús: él, como los rabinos de su tiempo, usa adrede argumentos capaces de llamar la atención de sus oyentes. Esta vez se trata dé un razonamiento a fortiori. Si este juez inicuo atiende la causa de la viuda, mucho más escuchará Dios las oraciones de los fieles que se encuentran en necesidad. ¿Acaso no dice de él la Escritura que «las lágrimas de la viuda caen por  sus mejillas»? ¿No dice también que el Altísimo dará «satisfacción a los justos» restableciendo la equidad? (cf. Eclo 35,15.8). A diferencia del juez, que demora los asuntos, Dios interviene a buen seguro y de inmediato respecto a los que claman a él día y noche. Lo importante es que cada creyente esté preparado: nadie debe ser encontrado sin esa fe obstinada, que se convierte en oración e invocación incesante, cuando vuelva el Hijo del hombre. ¡Qué desventura sería no reconocerlo!

 

MEDITATIO

«Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?» (Lc 18,8). Sabemos que a Jesús le gustaba llamarse «Hijo del hombre». Es él, por consiguiente, quien hoy nos interroga sobre nuestra fe en el momento de su venida. Es también él, en efecto, «el que era, el que es y el que viene» (cf. Ap 1,4). Debemos preguntarnos, pues, si, aquí y ahora, creemos en él.

Existe una comprobación que puede ayudarnos a medir si nuestra fe está viva o bien languidece: la oración. Ésta es, antes que nada, escucha de la Palabra y es también intercesión por los hermanos. Nadie que comprenda el don que ha recibido al acoger el depósito de la fe puede eximirse del deseo, que se vuelve a veces apremiante, de comunicarlo a todos los hombres. La oración es ese grito que pide al Padre, día y noche, que haga justicia a sus elegidos, es decir, que intervenga en la historia para liberar del mal a sus hijos y para hacer que todos reconozcan en Jesús, su Hijo, al Salvador del hombre. Para que este grito pueda llegar a ser eficaz y no cese nunca, cada uno de nosotros debe dar su consentimiento para llegar a ser -en una comunión conscientemente buscada y amada- una sola cosa con el Hijo inmolado, que extendió sus brazos en la cruz y sigue estando siempre vivo para interceder por nosotros ante el Padre. Esto tiene lugar sobre todo a través de la participación en el misterio eucarístico, que nos llama a configurarnos cada vez más íntimamente con nuestro Señor y Maestro.

 

ORATIO

Señor Jesús, en los días de tu vida mortal elevaste una oración con fuertes gritos y lágrimas. Conoces, por tanto, la profundidad de la que puede brotar el grito que sube de nosotros los hombres hacia el rostro del Padre. Enséñanos una oración perseverante, que no ceda a cansancios y desánimos, que no se turbe ante el aparente silencio de Dios, ante su inadmisible indiferencia. Haz que obtengamos de tu ofrenda la fuerza para perseverar y mantenernos en la petición; que el mal no sofoque la voz de nuestra oración, sino que la experiencia misma de tu cruz nos proporcione la certeza de que no hay noche sin alba de resurrección. Amén.

 

CONTEMPLATIO

No he dicho de manera suficiente hasta qué punto el alma que ora debe creer en el amor del Dios al que se dirige. Sí, la oración es como un cara a cara. El alma y Dios están en el mismo plano. Ocupan la misma estancia secreta. Es lúcida confidencia en Dios-Amor, en Dios que se entrega, que es irresistible. Pero esta confidencia va muy lejos. Ninguna prueba ni ningún retraso puede mellarla. Dios es amor. Ama y desea ser amado. Es la ley profunda de su ser. Conocerla resuelve todos los problemas. Un alma que tiende a él nunca puede importunarle; siempre le encanta, y debe saberlo. Dios es Padre, Dios es amigo, Dios es juez; pero un Padre cuya ternura no tiene límites y cuyo poder es igual a su amor; pero un amigo cuyo amor es inalterable y está a la completa disposición de todas nuestras necesidades; pero un juez siempre justo, al que siempre conmueven nuestras súplicas y que es solícito para responder a ellas. Quiere que le insistamos, impone estas llamadas, reclama estas peticiones, para estar seguro de nuestro amor, para saborear la dulzura de tener una prueba de él, aunque sea interesado (Augustin Guillerand, «Scritti spirituali», en Un itinerario di contemplazione. Antología di autori certosini, Cinisello B. 1986, pp. 56ss, passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Desde lo hondo a ti grito, Señor» (Sal 129,1).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Toda oración nace de una situación de desconsuelo. Si ruego a alguien es porque tengo necesidad de él. Y si mi oración no es escuchada de inmediato, corre el riesgo de quedar humillada y puede hacer que me encierre en mí mismo, en un abismo aún más negro que aquel del que quisiera sustraerme: la desesperación. Toda oración que sea verdaderamente tal se sostiene, fatigosa y delicadamente, entre la desesperación y la esperanza.

Jesús nos sugiere que, cuando nos dirijamos a Dios, oremos siempre, sin cansarnos nunca. A largo plazo, por ser una oración verdadera, se confundirá con la espera humilde, paciente, vacilante, pero que no disminuye nunca, a no ser que quiera contentarme con una oración mágica, que haga saltar la respuesta de una manera automática, instantánea, barata.

Ahora bien, cuando se trata de oración verdadera, cuando se trata de la gran herida del mundo que se abre a la mirada de Dios, del fundamental desconsuelo del hombre que pide gracia, Dios desea que sea cara. Dios espera que el hombre luche con él, desea la confrontación entre la pobreza y la gracia, porque desea ardientemente dejarse vencer por la oración. Cuando un hombre grita su desconsuelo ante Dios - y no sólo el suyo propio, sino también la inmensa angustia del mundo-, se manifiesta y se realiza un gran misterio de amor. Dios escucha atenta, amorosamente, esta oración, como la respiración del universo.

Cuando la oración brota del corazón del hombre, es el mundo el que empieza a respirar. Dios se inclina y escucha esta oración convertida en el aliento secreto del mundo, que le da vida interior y que debe despertarlo a Dios. El mundo entero se encuentra, en toda oración, como un gran niño adormecido en los brazos de Dios y a punto de despertarse bajo su mirada, al rumor de su propia respiración (A. Louf, Solo l'amore v¡ bastera, Cásale Monf. 1985, pp. 192-194, passim).

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
 

 

INVITATORIO
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO
Es domingo; una luz nueva
resucita la mañana
con su mirada inocente,
llena de gozo y de gracia.

Es domingo; la alegría
del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega
siempre y que nunca se gasta.

Es domingo; la pureza
no sólo la tierra baña,
que ha penetrado en la vida
por las ventanas del alma.

Es domingo; la presencia
de Cristo llena la casa:
la Iglesia, misterio y fiesta,
por él y en él convocada.

Es domingo; «éste es el día
que hizo el Señor», es la Pascua,
día de la creación
nueva y siempre renovada.

Es domingo; de su hoguera
brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas
en jornadas de esperanza.

Es domingo; un canto nuevo
toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu,
único Dios que nos salva. Amén.

 

SALMODIA
Ant.1.Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

Salmo 62, 2-9 El alma sedienta de Dios
Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.


Ant.2.En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: «Bendito sea el Señor.»Aleluya.

CánticoDn 3,57-88. 56Toda la creación alabe al Señor
Alabad al Señor, sus siervos todos (Ap 19, 5)


Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos
y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías,Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre.

Ant. En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: «Bendito sea el Señor.» Aleluya.


Ant.3 Que los hijos de Sión se alegren por suRey. Aleluya.

Salmo149 Alegría de los santos
Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey,Cristo, el Señor (Hesiquio)

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Que los hijos de Sión se alegren por su Rey.Aleluya.

 

LECTURA BREVE Ap 7, 10. 12
¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos.Amén.

 

RESPONSORIO BREVE
R.Cristo, hijo de Dios vivo,*Ten piedad de nosotros.
Cristo,hijo deDios vivo, ten piedad de nosotros.

V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.* Ten piedad de nosotros.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cristo,hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.Vosotros sois la luzdel mundo; alumbre vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.Vosotros sois la luz del mundo; alumbre vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

PRECES
Glorifiquemosal Señor Jesús,luz que alumbra a todo hombre y Sol de justicia que no conoce el ocaso, y digámosle:
¡Oh Señor, vida y salvación nuestra!

Creador del universo, al darte gracias por el nuevo día que ahora empieza,
te pedimos que el recuerdo de tu santa resurrección sea nuestro gozo durante este domingo.

Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir tu voluntad,
y que tu sabiduría dirija hoy nuestras acciones.

Que, al celebrar la eucaristía de este domingo, tu palabra nos llene de gozo,
y la participación en tu banquete haga crecer nuestra esperanza.

Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos concede,
y vivamos durante todo el día en acción de gracias.


Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN

Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo.
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 

TERCIA, SEXTA, NONA

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
A la gloria de Dios se alzan las torres,
a su gloria los álamos,
a su gloria los cielos,
y las aguas descansan a su gloria.

El tiempo se recoge;
desarrolla lo eterno sus entrañas;
se lavan los cuidados y congojas
en las aguas inmobles,
en los inmobles álamos,
en las torres pintadas en el cielo,
mar de altos mundos.

El reposo reposa en la hermosura
del corazón de Dios, que así nos abre
tesoros de su gloria.

Nada deseo,
mi voluntad descansa,
mi voluntad reclina
de Dios en el regazo su cabeza
y duerme y sueña. . .;
sueña en descanso.
toda aquesta visión de esta hermosura.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.

Salmo 117   Himno de acción de gracias después de la victoria
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4, 11)


I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor.
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.


Ant. 2. La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.

II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.


Ant. 3. El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.

III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.


TERCIA

LECTURA BREVE Rm 8, 15-16
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios.

V. En ti, Señor, está la fuente viva.
R. Y tu luz nos hace ver la luz.


SEXTA
LECTURA BREVE Rm 8, 22-23
Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Él rescata tu vida de la fosa.


NONA
LECTURA BREVE 2 Tm 1, 9
Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo.

V. El Señor los condujo seguros, sin alarmas.
R. Los hizo entrar por las santas fronteras.

 

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ay
údanos al llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
 ¿Qué ves en la noche,
 dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

 ¿Qué ves en la noche,
 dinos, centinela?

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto.
lo que el miedo niega.

 ¿Qué ves en la noche,
 dinos, centinela?

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

 ¿Qué ves en la noche,
 dinos, centinela?

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos,
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha.» Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7   El Mesías, Rey y Sacerdote
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies (1Co 15,25)

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha.» Aleluya.


Ant. 2. El Señor, piadoso y clemente, ha hecho maravillas memorables. Aleluya.

Salmo 110   Grandes son las obras del Señor
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente (Ap 15, 3)


Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman;

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor, piadoso y clemente, ha hecho maravillas memorables. Aleluya.


Ant. 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

 

Cántico    Cf. Ap 19, 1-2. 5-7   Las bodas del Cordero

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
  
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
  
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos, y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya. 

 

LECTURA BREVE 1P 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

 

 

RESPONSORIO BREVE
V. Bendito eres, Señor, * En la bóveda del cielo.
Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos. * En la bóveda del cielo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo. 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Inmediatamente los discípulos dejaron las redes y siguieron a Jesús.
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Inmediatamente los discípulos dejaron las redes y siguieron a Jesús.
 

PRECES
Invoquemos a Dios, nuestro Padre, que maravillosamente creó al mundo, lo redimió de forma más admirable aún y no cesa de conservarlo con amor, y digámosle con alegría:
Renueva, Señor, las maravillas de tu amor.

Te damos gracias, Señor, porque, a través del mundo, nos has revelado tu poder y tu gloria;
haz que sepamos ver tu providencia en los avatares del mundo.

Tú que, por la victoria de tu Hijo en la cruz, anunciaste la paz al mundo,
líbranos de toda desesperación y de todo temor.

A todos los que aman la justicia y trabajan por conseguirla,
concédeles que cooperen, con sinceridad y concordia, en la edificación de un mundo mejor.

Ayuda a los oprimidos, consuela a los afligidos, libra a los cautivos, da pan a los hambrientos, fortalece a los débiles,
para que en todos se manifieste el triunfo de la cruz.

Tú que, al tercer día, resucitaste gloriosamente a tu Hijo del sepulcro,
haz que nuestros hermanos difuntos lleguen también a la plenitud de la vida.


Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ay
údanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obra en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

DESPUÉS DE LAS SEGUNDAS VÍSPERAS DEL DOMINGO Y DE LAS SOLEMNIDADES
 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 

HIMNO
I
Gracias, porque al fin del día
podemos agradecerte
los méritos de tu muerte,
y el pan de la eucaristía,
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza,
la fe, el amor, la esperanza
y esta bondad en tu empeño
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

II
Nos cubren las tinieblas
con su intangible velo;
nos acosa la noche con sus ojos,
y reza el pensamiento.

Los astros en tus bóvedas,
Señor del universo,
vigilarán lo oscuro,
vigilarán el sueño.

Nosotros dormiremos. Amén.
 
 
SALMODIA
Ant. Al amparo del Altísimo no  temo el espanto nocturno.

Salmo 90   A la sombra del Omnipotente
Os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones (Lc 10,19)

Tú que  habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día;
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
Diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará,

Nada más mirar con tus ojos,
verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
 
LECTURA BREVE  Ap 22, 4-5
Verán al Señor cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá más noche, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 

ORACIÓN
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de las II Vísperas de la solemnidades que no coinciden en domingo:

Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

I
Dios te salve. Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

SANTA MARÍA BERTILLA BOSCARDIN. Nació el año 1888 en Gioia di Brendola, región del Véneto (Italia), en el seno de una familia de modestos agricultores. Pronto tuvo que trabajar en su hogar y emplearse fuera de casa. Fue una activa colaboradora de su parroquia. En 1905 ingresó en la Congregación de las Hermanas de Santa Dorotea, de los Sagrados Corazones. La enviaron al hospital de Treviso, sacó el diploma de enfermera y se entregó con toda solicitud a cuidar la salud corporal y espiritual de los enfermos. En 1910 tuvo que someterse a una operación para extraerle un tumor. Durante la I Guerra Mundial estuvo atendiendo a militares y civiles heridos, en Treviso y cerca de Como, donde sufrió la incomprensión de la superiora que la separó de los enfermos. Reclamada por Treviso, tomó de nuevo su lugar en el hospital, pero el tumor se le reprodujo y la hizo sufrir mucho. La operaron de nuevo sin éxito, y murió el 20 de octubre de 1922.