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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Viernes, 15 de Noviembre de 2019

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL VIERNES SEMANA IV DEL SALTERIO

 LECTIO DIVINA correspondiente al Viernes de la 32ª semana del Tiempo ordinario o día 15 de noviembre, conmemoración de

San Alberto Magno

        San Alberto nació en 1206 en el seno de una familia noble en Lauingen, en la Baviera alemana. Quien lo conoció dice de él que «era de buena talla y bien dotado de formas físicas. Poseía un cuerpo formado con bellas proporciones y perfectamente moldeado para todas las fatigas del servicio de Dios». Su familia soñaba con que fuera un hombre de leyes, pues no le faltaba ni dinero ni talento. Estudió en las mejores universidades que existían en Europa. Conoció a un gran predicador compatriota suyo y, movido por su oratoria y por el espíritu de sus sermones, decidió ingresar, con la oposición de su familia, en la orden de predicadores. Muy joven, fue enviado como profesor a su tierra, a Colonia, y más tarde a París. En la Sorbona tuvo como discípulo ilustre y predilecto a santo Tomás de Aquino. El papa Alejandro IV le nombró obispo, pero a los dos años, con nostalgia de su vida conventual dominicana, renunció al obispado. El 15 de noviembre de 1280, debilitado física y mentalmente, murió con serenidad y paz sobre su mesa de trabajo.

San Alberto Magno fue un místico que descubría a Dios en el encanto de la creación. Y un místico mariano, con una sencilla y profunda devoción a la Virgen María. Fue canonizado por Pío Xl el 16 de diciembre de 1931.- Oración: Señor, tú que has hecho insigne al obispo san Alberto Magno, porque supo conciliar de modo admirable la ciencia divina con la sabiduría humana, concédenos a nosotros aceptar de tal forma su magisterio que, por medio del progreso de las ciencias, lleguemos a conocerte y a amarte mejor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

LECTIO

Primera lectura: Sabiduría 13,1-9

1 Totalmente insensatos son todos los hombres que no han conocido a Dios, los que por los bienes visibles no han descubierto al que es, ni por la consideración de sus obras han reconocido al artífice.

2 En cambio, tomaron por dioses, rectores del mundo, al fuego, al viento y al aire sutil; a la bóveda estrellada, al agua impetuosa y a los luceros del cielo.

3 Pues, si embelesados con su hermosura los tuvieron por dioses, comprendan cuánto más hermoso es el Señor de todo eso, pues fue el mismo autor de la belleza el que lo creó.

4 Y si tal poder y energía los llenó de admiración, entiendan cuánto más poderoso es quien los formó,

5 pues en la grandeza y hermosura de las criaturas se deja ver, por analogía, su Creador.

6 Éstos, con todo, merecen más ligero reproche, porque quizás se extravían buscando a Dios y queriendo hallarlo.

7 Se mueven entre sus obras y las investigan, y quedan seducidos al contemplarlas, ¡tan hermosas son las cosas que contemplamos!

8 De todas formas, ni siquiera éstos son excusables,

9 porque, si fueron capaces de escudriñar el universo, ¿cómo no hallaron primero al que es su Señor?

 

        **• «Los cielos cuentan la gloría de Dios» (Sal 19,2), pero los hombres no siempre han sido capaces de leer lo que cuenta la creación. Y así, el autor del libro de la Sabiduría, que vive en un contexto en el que la cultura helenística sirve de fondo a los cultos paganos politeístas, se encuentra reflexionando con el lenguaje filosófico de la analogía sobre cómo la grandeza y la belleza de la naturaleza no pueden hacer otra cosa que remitir a su autor. Es posible que se trate de una reflexión nacida de la meditación de los relatos del Génesis sobre el origen del cosmos (el todo armónico y bello), explicitado aquí, no obstante, por vez primera de esta forma. No es nueva la consideración de la grandeza de lo creado y del poder de Dios que a través de ella se expresa (v. 4; cf. Job 36,22-26; Is 40,12-14), pero sí es digno de señalar el acento que se pone en la belleza del mismo (v. 3).

       El autor nos invita a remontarnos al Señor de todas las criaturas, al que ha formado todo lo que existe, puesto que «lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, se ha hecho visible desde la creación del mundo, a través de las cosas creadas» (Rom 1,20), y él, aun dejando que «cada pueblo siguiera su camino» (Hch 14,16), ha dejado en la creación sus huellas para que todos puedan encontrarle. Sin embargo, no siempre los hombres le reconocieron (v. 1): no le han encontrado (v. 9), se han equivocado (v. 6) dejándose seducir por las apariencias y por la belleza de las cosas (v. 7), llegando a considerar en ocasiones como dioses a los elementos de la naturaleza (v. 2). Su ignorancia (v. 1) no es, en definitiva, excusable (v. 8), «pues lo que se puede conocer de Dios lo tienen claro ante sus ojos, por cuanto Dios se lo ha revelado» (Rom 1,18).

 

Evangelio: Lucas 17,26-37

       En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

26 Cuando venga el Hijo del hombre sucederá lo mismo que en tiempos de Noé.

27 Hasta que Noé entró en el arca, la gente comía, bebía y se casaba. Pero vino el diluvio y acabó con todos.

28 Lo mismo sucedió en los tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban y edificaban.

29  Pero el día en el que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y acabó con todos.

30 Así será el día en el que se manifieste el Hijo del hombre.

31 Ese día, el que esté en la azotea y tenga en casa sus enseres que no baje a tomarlos; igualmente, el que esté en el campo que no vuelva atrás.

32 Acordaos de la mujer de Lot.

33 El que intente salvar su vida la perderá, pero el que la pierda la salvará.

34 Os aseguro que esa noche estarán dos juntos en la misma cama: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán.

35 Estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a otra la dejarán.

37 Ellos le preguntaron: -¿Dónde, Señor? Y les contestó: -Donde esté el cadáver, allí se reunirán los buitres.

 

       *•• En el marco de la reflexión sobre los últimos tiempos, Jesús se remite a los acontecimientos de Noé (cf. Gn 6-8) y de Lot con su consorte (cf. Gn 19,24.26) para caracterizar los días del Hijo del hombre. Como en tiempos de Noé (w. 26ss) y de Lot (w. 28ss) el diluvio y el fuego, respectivamente, sorprendieron a los hombres, ocupados en comer, beber, casarse, trabajar, también es posible que ahora la venida del Señor nos coja sin estar preparados.

       Es preciso mirar bien a qué se dirige principalmente nuestra atención: comer, beber y darse a la alegría es el proyecto -frustrado por la muerte- del rico necio de Lc 12,19. No son los «enseres» (v. 31), las realidades materiales, lo que nos dará la vida; al contrario, tras haber convertido a Dios en el fulcro de nuestra vida, es preciso renunciar a ellas, sin echar la vista atrás, como hizo la mujer de Lot (v. 31; cf. Le 9,62). Recogiendo ahora lo que ya había dicho en Le 9,23, Jesús afirma: «El que intente salvar su vida la perderá, pero el que la pierda la salvará» (v. 33). Nótese que, en el primer caso, salvar (peripoiéomai) tiene el valor de conservar lo que se tiene; en el segundo caso, salvar (zoogonéo) implica no la conservación, sino la generación de una vida nueva que se produce en la pérdida.

       Hombres y mujeres (v. 34) tienen que estar preparados: «dónde» (v. 37), donde cada uno se encuentre, porque allí donde cada uno desarrolla su vida, allí le visita el Señor {cf. Ap 19,17 e Is 18,6; 34,15ss; Jr 7,33; 12,9; 15,3 para la imagen de las aves rapaces).

 

MEDITATIO

       La Palabra de Jesús nos dice hoy que él volverá, aunque no sabemos cuándo. Volverá, y entonces comprenderemos que nuestra vida vale en cuanto la entregamos a él, la gastamos en las ocupaciones diarias junto a él. Estar preparados es un hecho cotidiano: no puede sorprendernos la venida de aquel con quien estamos en continua relación.

       El orden creado, en su multiplicidad de formas y manifestaciones, nos ofrece el espacio de la relación con Dios. Y no sólo eso: las criaturas dicen algo del Creador. De esta suerte, la creación es el primer relato de la belleza y del amor de Dios y es también la primera palabra con la que respondemos a tanto amor. Hoy se habla mucho de «medio ambiente», de «naturaleza», de «ecología », y se habla con razón, porque nuestro sistema económico y nuestro estilo de vida occidental están devastando, alterando, suprimiendo lo que constituye nuestro espacio vital. Con todo, no tiene sentido convertirlo en un ídolo. No es en sí misma una cuestión de fina sensibilidad ecológica -aunque esta atención al orden creado tenga un valor-, sino que está en juego nuestra conciencia de criaturas en relación con el Creador. Estar preparados para el encuentro definitivo con él significa asimismo haber aprendido a encontrarle en las criaturas, respetándolas, admirándolas y promoviendo la vida particular y específica de cada uno.

 

ORATIO

       Hoy, Señor mío, quiero orarte haciendo mías las palabras de san Francisco. Como él, quiero unir mi voz a la de las otras criaturas para alabarte, Creador y Señor del universo.

¡Alabado seas, mi Señor, en todas las creaturas tuyas, especialmente el señor hermano Sol, por quien nos das el día y nos alumbras, y es bello y radiante con grande esplendor: de ti, Altísimo, es significación! ¡Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas: en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas! ¡Alabado seas, mi Señor, por el hermano Viento, por el Aire y la Nube, por el Cielo sereno y todo Tiempo: por ellos a tus creaturas das sustento! Alabado seas, mi Señor, por la hermana Agua, la cual es muy útil y humilde, preciosa y casta! ¡Alabado seas, mi Señor, por el hermano Fuego: por él nos alumbras la noche, y es bello y alegre, vigoroso y fuerte! ¡Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre Tierra, que nos mantiene y sustenta, y produce los variados frutos con las flores coloridas y las hierbas!

       Y quiero invocarte: envía tu Espíritu para que nosotros, criaturas humanas, comprendamos la importancia de poner todos los medios para no apagar la voz de los seres que, con nosotros, pueblan este mundo: cada uno

por su parte refleja algo de tu belleza, preparado para estar contigo en la eternidad.

       ¡Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la Muerte corporal, de quien ningún hombre viviente puede escapar! ¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal! ¡Bienaventurados los que encuentre cumpliendo tu muy santa voluntad, pues la muerte segunda no les podrá hacer mal!

 

CONTEMPLATIO

       Dios, a causa de su caridad, hizo de modo que cuantos estaban lejos de él [...] percibieran su caridad con ellos y se [le] acercaran gracias a la mediación de las criaturas, puestas como escritura por su Poder y por su Sabiduría, es decir, por su Hijo y por su Espíritu. A través de las criaturas, pues, no sólo perciben la caridad de Dios Padre con ellas, sino también su Poder y su Sabiduría.

       En efecto, así como el que lee una escritura percibe a través de ella su belleza, junto con la voluntad de su redactor, el poder y la inteligencia de la mano y del dedo que la han escrito, así también quien observa a las criaturas de modo intelectual percibe la mano y el dedo de su creador junto con su voluntad, o sea, su caridad [...].

       Ahora bien... del mismo modo que la cosa escondida en la escritura está oculta a los que no saben leer esta [última], aunque la miren, así también quien carece de inteligencia de las criaturas visibles carece [también] de la percepción intelectual escondida en ellas, aunque las mire. En cambio, el que en virtud de su solicitud y pureza está instruido en ellas, sabe que todas le revelan a él [en su interioridad], y, cuando haya percibido estas cosas, entonces también él anunciará la sabiduría y el poder de su propia constitución y proclamará incesantemente la voluntad de la Caridad incomprensible, a la que sirven el Poder y la Sabiduría [...].

       Y si la escritura, que sirve a los alejados, puede hacer saber lo que ha sucedido y lo que sucederá, cuánto más la Palabra y el Espíritu conocerán y anunciarán todo al intelecto, su «cuerpo». Y digo en verdad: muchas puertas, llenas de diversas distinciones, me han salido al encuentro en este lugar... (Evagrio Póntico, Lo scrigno Della sapienza, Magnano 1997, pp. lóss, passim).

 

ACTIO

       Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «El que intente salvar su vida la perderá, pero el que la pierda la salvará» (Lc 17,33).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

       El sentido de lo bello, aunque mutilado, deformado, ensuciado, permanece, a pesar de todo, como un impulso poderoso en el corazón humano. Está presente en todas las preocupaciones de la vida profana. Si se volviera auténtico y puro, transportaría toda la vida profana como un solo bloque a los pies de Dios y así haría posible la encarnación total de la fe. Por lo demás, la belleza del orden creado es, en general, la vía más común, la más fácil y natural. Como Dios se precipita a cada alma en cuanto ella parece abierta, para amar y servir a través de ella a los desventurados, así se precipita también para amar y admirar a través de ella la belleza sensible de su propia creación.

       Con todo, lo contrario es todavía más verdad: la tendencia natural del alma a amar la belleza es la trampa más frecuente de la que se sirve Dios para abrirla al soplo que viene de lo alto. La belleza del orden creado es la sonrisa de ternura que nos dirige Cristo a través de la materia. El está realmente presente en la belleza del universo. También éste, por tanto, se asemeja a un sacramento.

       El amor físico, en todos sus aspectos, desde el más noble -tanto el verdadero matrimonio como el amor platónico- hasta el más bajo, incluso hasta el vicio, tiene por objeto la belleza del orden creado. El deseo de amar en un ser humano la belleza de la creación es, en su esencia, el deseo de la encarnación. El amor físico, en todos sus aspectos, se siente atraído unas veces más y otras menos por la belleza -y las excepciones tal vez sean sólo aparentes-, porque la belleza de un ser humano lo hace aparecer a la imaginación como algo equivalente a la belleza del orden creado. Por eso son graves los pecados en ese campo: constituyen una ofensa a Dios por el hecho mismo de que el alma, sin saberlo, está buscando a Dios (S. Weil, Attesa di Dios, Milán 1991, pp. 123ss, passim [edición española: A la espera de Dios, Editorial Trotta, Madrid 1996]).

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

 Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Que canten  de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

HIMNO
Eres la luz y siembras claridades;
abres los anchos cielos, que sostiene
como columna el brazo de tu Padre.

Arrebatada en rojos torbellinos,
el alba apaga estrellas lejanísimas;
la tierra se estremece de rocío.

Mientras la noche cede y se disuelve,
la estrella matinal, signo de Cristo,
levanta el nuevo día y lo establece.

Eres la luz total, día del día,
el Uno en todo, el Trino todo en Uno:
¡gloria a tu misteriosa teofanía! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.

Salmo 50   Misericordia, Dios mío
Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana (Ef 4,23-24)


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.


Ant. 2. Alégrate, Jerusalén, porque en ti se reunirán todos los pueblos.

Cántico Tb 13; 8-11. 13-14b. 15-16b    
Acción de gracias por la liberación del pueblo

Me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que traía la gloria de Dios (Ap 21, 10.11)

Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.
Jerusalén, ciudad santa,
él te castigó por las obras de tus híjos,
pero volverá a apiadarse del pueblo justo.

Da gracias al Señor como es debido
y bendice al rey de los siglos,
para que su templo
sea reconstruido con júbilo,

para que él alegre en ti
a todos los desterrados,
y ame en ti a todos los desgraciados,
por los siglos de los siglos.

Una luz esplendente iluminará
a todas las regiones de la tierra.
Vendrán a ti de lejos muchos pueblos,
y los habitantes del conf
ín de la tierra
vendrán a visitar al Señor, tu Dios,
con ofrendas para el rey del cielo.

Generaciones sin fin
cantarán vítores en tu recinto,
y el nombre de la elegida
durará para siempre.

Saldrás entonces con júbilo
al encuentro del pueblo justo,
porque todos se reunirán
para bendecir al Señor del mundo.

Dichosos los que te aman;
dichosos los que te desean la paz.

Bendice, alma mía, al Señor,
al rey soberano,
porque Jerusalén será reconstruida,
y, allí, su templo para siempre.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alégrate, Jerusalén, porque en ti se reunirán todos los pueblos.


Ant. 3. Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.

Salmo 147   Acción de gracias por la restauración de Jerusalén
Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero (Ap 21, 9)


Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.

LECTURA BREVE Ga 2,19b-20
Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

 RESPONSORIO BREVE
R. Invoco al Dios Altísimo, * Al Dios que hace tanto por mí.
Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

V. Desde el cielo me enviará la salvación. *Al Dios que hace tanto por mí.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

PRECES
Confiados en Dios, que cuida con solicitud de todos los que ha creado y redimido con la sangre de su Hijo, invoquémosle, diciendo:
Escucha, Señor, y ten piedad.

Dios misericordioso, asegura nuestros pasos en el camino de la verdadera santidad,
y haz que busquemos siempre todo lo que es verdadero, justo y amable.

Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza, Señor.

Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde,
porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Tú que has querido que participáramos en la misión profética de Cristo,
haz que proclamemos ante el mundo tus hazañas.


Dirijámonos al Padre con las mismas palabras que nos enseñó el Señor: 


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN

Te pedimos, Señor, tu gracia abundante, para que nos ayude a seguir el camino de tus mandatos, y así gocemos de tu consuelo en esta vida y alcancemos la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
I
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.

Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.

En el alto gozoso del camino;
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.

II  Sólo para Nona:
Se cubrieron de luto los montes
a la hora de nona.
El Señor rasgó el velo del templo
a la hora de nona.
Dieron gritos las piedras en duelo
a la hora de nona.
Y Jesús inclinó la cabeza
a la hora de nona.

Hora de gracia,
en que Dios da su paz a la tierra
por la sangre de Cristo.

Levantaron sus ojos los pueblos
a la hora de nona.
Contemplaron al que traspasaron
a la hora de nona.
Del costado manó sangre y agua
a la hora de nona.
Quien lo vio es el que da testimonio
a la hora de nona.

Hora de gracia,
en que Dios da su paz a la tierra
por la sangre de Cristo. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.

Salmo 118, 161-168    XXI (Sin)

Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.

Siete veces al día te alabo
por tus justos mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.

Mi alma guarda tus preceptos
y los ama intensamente;
guardo tus decretos,
y tú tienes presentes mis caminos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.


Ant. 2. En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo.

Salmo 132   Felicidad de la concordia fraterna
Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios (1Jn 4, 7)

Ved qué dulzura, qué delicia,
convivir los hermanos unidos.

Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja: de su ornamento.

Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo.


Ant. 3. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.

Salmo 139,2-9.13-14   Tú eres mi refugio
El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores (Mt 26, 45)


Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre violento:
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en los labios.

Defiéndeme, Señor, de la mano perversa,
guárdame de los hombres violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden trampas;
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan lazos.

Pero yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios»;
Señor, atiende a mis gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el día de la batalla.

Señor, no le concedas sus deseos al malvado,
no des éxito a sus proyectos.

Yo sé que el Señor hace justicia al afligido
y defiende el derecho del pobre.
Los justos alabarán ni nombre,
los honrados habitarán en tu presencia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.


TERCIA

LECTURA BREVE Rm 12, 17a. 19b-21
No devolváis a nadie mal por mal; porque dice el Señor en la Escritura: «M
ía es la venganza, yo daré lo merecido.» En vez de eso, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: así le sacarás los  colores a la cara. No te dejes vencer por el mal, vence al mal a fuerza de bien.

V. La misericordia del Señor dura siempre.
R. Su justicia para los que guardan la alianza.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


SEXTA
LECTURA BREVE1Jn 3, 16
En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

V. Dad gracias al Señor porque es bueno.
R. Porque es eterna su misericordia.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación, mientras las tinieblas envolvían al mundo, concédenos que tu luz nos ilumine siempre, para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. 


NONA
LECTURA BREVE 1Jn 4, 9-11
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

V. Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo.
R. Mira el rostro de tu Ungido.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno míranos a nosotros, que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también, como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
Te damos gracias, Señor;
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene,
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabé al Señor la tierra!
Cantadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Día tras día, te bendeciré Señor, y narraré tus maravillas.

Salmo 144   Himno a la grandeza de Dios
Tú, Señor, el que eras y eres, el Santo eres justo (Ap 16, 5)

I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

Ant. 2. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

II
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,.
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tu estás cerca de los que te invocan.


Ant. 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Cántico   Ap 15, 3-4   Himno de adoración

Grandes y maravillosos son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones.
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Justos y verdaderos son tus  caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 LECTURA BREVE Rm 8, 1-2
Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues, por la unión con Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Cristo murió por los pecados, * Para conducirnos a Dios.
Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

V. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. * Para conducirnos a Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

 CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres. 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres. 

PRECES
Invoquemos a Cristo, en quien confían los que conocen su nombre, diciendo:
Señor, ten piedad.

Señor Jesucristo, consuelo de los humildes,
dígnate sostener con tu gracia nuestra fragilidad, siempre inclinada al pecado.

Que los que por nuestra debilidad estamos inclinados al mal
por tu misericordia obtengamos el perdón.

Señor, a quien ofende el pecado y aplaca la penitencia,
aparta de nosotros el azote de tu ira, merecido por nuestros pecados.

Tú que perdonaste a la mujer arrepentida y cargaste sobre los hombros la oveja descarriada
no apartes de nosotros tu misericordia.

Tú que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,
abre las puertas del cielo a todos los difuntos que en ti confiaron.


Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, digamos al Padre celestial: 


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que quisiste que tu Hijo sufriese por la salvación de todos, haz que, inflamados en tu amor, sepamos ofrecernos a ti como hostia viva. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

  

HIMNO
Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gracias por todas las gracias
que nos ha dado tu amor;
si muchas son nuestras deudas,
infinito es tu perdón.
Mañana te serviremos,
en tu presencia, mejor.
A la sombra de tus alas,
Padre nuestro, abríganos.
Quédate junto a nosotros
y danos tu bendición.

Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gloria al Padre omnipotente,
gloria al Hijo Redentor,
gloria al Espíritu Santo:
tres Personas, sólo un Dios. Amén.
 
 
SALMODIA
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.

Salmo 87   Oración de un hombre gravemente enfermo
Ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas (Lc 22, 53)

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.

Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.

Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.

Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido?

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi s
úplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?

Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:

me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
 

LECTURA BREVE   Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor; tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor, Dios nuestro.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN

Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, le imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

IV
Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

 

SAN RAFAEL DE SAN JOSÉ, en el siglo José KALINOWSKI. [Murió el 15 de noviembre y su memoria se celebra el 19 del mismo mes]. Nació el año 1835 en Vilna, capital de la actual Lituania, de noble familia polaca. Fue ingeniero y capitán del estado mayor en el ejército del zar. En 1863 dimitió del ejército y tomó parte en la insurrección polaca contra el dominio del Zar en Polonia. Fue hecho prisionero y condenado a la pena capital, que le fue conmutada, primero por trabajos forzados en Siberia y luego por el destierro a Irkutsk. En 1874 regresó a su patria y tres años después vistió el hábito de los carmelitas descalzos en Graz (Austria). Ordenado de sacerdote en 1882, lo nombraron vicemaestro de novicios y prior del convento de Cracovia. Trabajó mucho por la extensión del Carmelo en Polonia -tanto que se le considera como su restaurador- y por la unidad de las Iglesias. Fue confesor y director espiritual muy apreciado. Expiró en Wadowice el 15 de noviembre de 1907. Oración: Oh Dios, que otorgaste a san Rafael, presbítero, espíritu de fortaleza en las adversidades y extraordinario celo de caridad para promover la unidad de la Iglesia; concédenos, por su intercesión, ser fuertes en la fe y amarnos los unos a los otros para colaborar generosamente en la unión de todos los fieles de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Ayer 

Jueves, 14 de Noviembre de 2019

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL JUEVES SEMANA IV DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Jueves de la 32ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Sabiduría 7,22-8,1

7,22 La sabiduría posee un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, penetrante, límpido, diáfano, impasible, amante del bien, agudo,

23 expedito, benéfico, amigo de los hombres, estable, firme, libre de inquietudes, que todo lo puede, todo lo vigila y penetra en todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles.

24 Pues más móvil que todo movimiento es la sabiduría, y con su pureza todo lo atraviesa y lo penetra.

25 Es ella un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente; por eso nada manchado entra en ella.

26 Es una irradiación de la luz eterna, un espejo inmaculado de la actividad de Dios, una imagen de su bondad.

27 Aunque es una, lo puede todo; sin salir de sí, todo lo renueva, y, entrando en cada época en las almas santas, hace amigos de Dios y profetas.

28  Porque Dios sólo ama al que vive con la sabiduría.

29 Ella es más bella que el sol y supera a todas las constelaciones. Comparada con la luz sale vencedora,

30 porque la luz tiene que dejar paso a la noche, pero no hay maldad que prevalezca sobre la sabiduría.

8.1 Ella despliega su fuerza de un extremo a otro, y todo lo gobierna acertadamente.

 

        *• El autor, en la línea de algunos precedentes veterotestamentarios y con el respaldo de la tradición profético-sapiencial (véase, por ejemplo, Prov 8,22), procede a la personificación de la sabiduría, de la que elabora un elogio multiforme.

        La describe, de entrada, con una sucesión de veintiún atributos (w. 22ss), cifra simbólica que expresa la perfección absoluta, dado que se obtiene de multiplicar siete (número de la perfección) por tres (plenitud). Hay quien ha leído en el Nuevo Testamento la atribución a Cristo de las mismas características: pensemos, entre otras, en la agudeza (Ap 1,16), en el poder benéfico (Hch 10,38), en la filantropía (Tit 3,4)...

        En consecuencia, se ponen de manifiesto el origen y la naturaleza divinos de la sabiduría, utilizando (w. 25ss), en parte, la terminología bíblica y, en parte, la filosófica: en particular, hálito, emanación e irradiación expresan, aunque sea con diferentes matices, el origen y la consustancialidad con Dios; espejo e imagen expresan la identidad de la naturaleza (en la distinción). Por último, se trata de la actividad de la sabiduría, que se explica o bien haciendo «amigos de Dios y profetas», o bien (creando) renovando y gobernando «todo», puesto que la sabiduría lo mantiene todo unido {cf. Sab 1,7).

        En la teología posterior, el «espíritu de sabiduría» (Is 11,2) informará la acción de Cristo, a quien se atribuirá el primado en la creación (cf. Col 1,15-29) con las mismas funciones indicadas aquí y de quien se señalará su existencia, iluminada por el escándalo de la cruz, como «sabiduría de Dios» (cf. 1 Cor 1,24.30).

 

Evangelio: Lucas 17,20-25

En aquel tiempo,

20 a una pregunta de los fariseos sobre cuándo iba a llegar el Reino de Dios, respondió Jesús: -El Reino de Dios no vendrá de forma espectacular,

21 ni se podrá decir: «Está aquí o allí», porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.

22 Después, dijo a sus discípulos: -Llegará el día en el que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo veréis.

23 Entonces os dirán: «Está aquí, está allí»; no vayáis ni los sigáis.

24 Porque como el relámpago brilla desde un punto a otro del cielo, así se manifestará el Hijo del hombre en su día.

25 Pero antes es preciso que sufra mucho y sea rechazado por esta generación.

 

        **• La perícopa de Lc 17,20-37, a la que pertenece el fragmento que acabamos de leer, constituye una especie de «pequeño apocalipsis lucano» (en Le 21,5-36 se encuentra una intervención más amplia) que se ocupa de la cuestión de la venida del Reino de Dios (w. 20ss) y del Hijo del hombre (w. 22-25).

        Ya está cerca Jerusalén, la meta del viaje de Jesús, y los discípulos «creían que el Reino de Dios debía manifestarse de un momento a otro» (Lc 19,11). Sin embargo, son los fariseos quienes interrogan a Jesús respecto al «cuándo» (v. 20): tras la experiencia del exilio de Babilonia (cf. Jr 25,11; 29,10) lo esperaban evaluando los tiempos y los signos (cf. Dn 9,2; 12,lss). En lo que respecta al Hijo del hombre, hay que mantener un discurso análogo.

        Con todo, tanto en un caso como en el otro -y ésta es la advertencia de Jesús- nadie puede decir: «Está aquí o está allí» (v. 21 y también en el v. 23). Es una invitación a acoger el Reino que ya está presente «entre vosotros» (v. 23) en la persona de Cristo («dedo de Dios»: Le 11,20), aunque no sea fácil reconocer la visita del Señor dentro de la historia, en los acontecimientos.

        Por lo que se refiere al retorno escatológico de Cristo, se llevará a cabo de improviso -especialmente para los que se dejen coger sin estar preparados-, pero será visible «desde un punto a otro del cielo» (v. 24). Ahora bien, antes es preciso que se cumpla el tiempo de la pasión y del rechazo por parte de los hombres (como está preanunciado en Le 9,22 y ratificado en 18,31-33).

        Hemos de recorrer todos los días de la vida, con su carga de sufrimientos y contradicciones: no puede haber historia de la salvación fuera de la misma historia.

 

MEDITATIO

        Dios está en medio de nosotros y está como Señor de lo que existe, porque él lo ha creado todo, porque lo ha redimido todo en la Pascua de Jesús. Sin embargo, el mundo funciona y sigue adelante sin él. Por otra parte, no hay necesidad de Dios como justificación de la realidad; ya Dietrich Bonhoeffer declaraba el final del «Dios-tapaagujeros».

        Con todo, precisamente ese mundo «autónomo» respecto a Dios, confiado a la técnica como nuevo espacio de «salvación», siente una gran voracidad de milagrería, de anuncios apocalípticos y corre allí donde el «santón» de turno proclama algo extraordinario. Viejos y nuevos milenarismos siguen atrayendo con gran fragor.

        La Escritura nos dice hoy que Dios está presente y actúa: nada ni nadie está excluido de su acción salvadora. La suya es una obra de amor, una acción que da valor de eternidad a lo que nosotros hacemos en el tiempo. Es una obra en favor nuestro: hace más significativo nuestro vivir y afirma nuestra dignidad de hijos suyos. ¡Dios está aquí! No para sustituirnos a nosotros, sino para hacer eterno nuestro vivir en el tiempo. Dios está aquí  no para poner un remiendo a nuestras insuficiencias, sino para que no se pierdan ni siquiera las migajas de nuestra existencia.

        Abramos los ojos, el corazón y las manos a él, que con la fuerza suavísima de su Espíritu colma de sí mismo toda realidad y la lleva a su consumación definitiva.

 

ORATIO

        Señor Dios, que acoges cada deseo de tus hijos y haces que dé frutos de vida, concédeme tu sabiduría, amante del bien, para que yo sepa reconocer el bien que hay en mí y a mi alrededor, semilla fecunda de tu Reino que está aquí.

        Concédeme tu sabiduría, amiga del hombre, para que yo sepa acoger y ofrecer una amistad sincera y fiel, profecía de tu Reino que está aquí.

        Concédeme tu sabiduría, estable, segura, sin afanes, para que yo sepa arraigarme en la roca de tu Palabra y consiga la certeza y la confianza en tu providencia, signo de tu Reino que está aquí.

 

CONTEMPLATIO

         [...] Este apetito tiene siempre el alma de entender pura y claramente las verdades divinas; y cuanto más ama, más adentro de ellas apetece entrar, y por eso pide lo tercero, diciendo: Entremos más adentro en la espesura.

        En la espesura de tus maravillosas obras y profundos juicios, cuya multitud es tanta y de tantas diferencias que se puede llamar espesura; porque en ellas hay sabiduría abundante y tan llena de misterios que no sólo la podemos llamar espesura; más aún, cuajada, según lo dice David, diciendo: Mons Dei, mons pinguis. Mons coagulatus, mons pinguis, que quiere decir: el monte de Dios es monte grueso y monte cuajado. Y esta espesura de sabiduría y ciencia de Dios es tan profunda e inmensa que, aunque más el alma sepa de ella, siempre puede entrar más adentro, por cuanto es inmensa y sus riquezas incomprehensibles, según lo exclama san Pablo, diciendo: O altitudo divitiarum sapientiae, et scientiae Dei: quam incomprehensibilia sunt judicial ejus, et investigabiles viae ejus! (¡Oh alteza de riquezas de sabiduría y ciencia de Dios, cuan incomprehensibles son sus juicios e incomprehensibles sus vías!). Pero el alma en esta espesura e incomprehensibilidad de juicios desea entrar, porque le mueve el deseo de entrar muy adentro del conocimiento de ellos, porque el conocer en ellos es deleite inestimable que excede todo sentido. De donde, hablando David del sabor de ellos, dijo: Judicia Domini vera, justificata tu semetipsa. Desiderabilia super aurum, et lapidem praetiosum multum: et dulciora super mel, et favum. Etenim servus tuus custodit ea, que quiere decir: los juicios del Señor son verdaderos y en sí mismos tienen justicia. Son más agradables y codiciados que el oro y que la preciosa piedra de gran estima, y son dulces sobre la miel y el panal; tanto, que tu siervo los amó y guardó. Por lo cual desea el alma en gran manera engolfarse en estos juicios y conocer más adentro en ellos, y a trueque de esto le sería gran consuelo y alegría entrar por todos los aprietos y trabajos del mundo y por todo aquello que le pudiese ser medio para esto, por dificultoso y penoso que fuese, y por las angustias y trances de la muerte, por verse más dentro en su Dios. De donde, también por esta espesura en la que aquí el alma desea entrarse, se entiende harto propiamente la espesura y multitud de los trabajos y tribulaciones en que desea esta alma entrar, por cuanto le es sabrosísimo y provechosísimo el padecer, porque ello es medio para entrar más adentro en la espesura de la deleitable sabiduría de Dios, porque el más puro padecer trae más puro e íntimo entender, y por consiguiente más puro y subido gozar, porque es de más adentro saber. Por tanto, no se contentando con cualquier manera de padecer, dice: «Entremos más adentro en la espesura»; es a saber, hasta los aprietos de la muerte por ver a Dios. De donde, deseando el profeta Job este padecer por ver a Dios, dijo: Quis detur veniat petitio mea: et quod expecto, tribuat mihi Deus? Et qui coepit, ipse me conterat: solvat manum suam, et succidat me? Et haec mihi sit consolatio, ut afligens me dolore, nan parcat, que quiere decir: ¿quién me dará que mi petición se cumpla y que Dios me dé lo que espero, y que el que me comenzó ése me desmenuce, y desate su mano y me acabe, y tenga yo esta consolación, que, afligiéndome con dolor, no me perdone? ¡Oh si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, sino es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en esto el alma su consolación y deseo, y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina, desea primero el padecer en la espesura de la cruz para entrar en ella! Que por eso san Pablo amonestaba a los de Efeso que no desfalleciesen en las tribulaciones, que estuviesen fuertes y arraigados en la caridad, para que pudiesen comprehender con todos los santos qué cosa sea la anchura y la largura y la altura y la profundidad, y para saber también la supereminente caridad de la ciencia de Cristo: In chántate radicati, et fundati, ut possitis comprehendere cum ómnibus Sanctis, quae sit latitudo, et longitudo, et sublimitas, et profundum: scire etiam supereminentem scientiae charitatem Christi; y para ser llenos de todo henchimiento de Dios: Ut impleamini in omnem plenitudinem Dei. Porque para entrar en esta riquezas de sabiduría la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos, mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos (Juan de la Cruz, Cántico espiritual B, estrofa 36, nn. 9-12).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «La sabiduría hace amigos de Dios y profetas» (Sab 7,27).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Cuando yo era joven, la «religiosidad» era para mí la excepción. La «religiosidad» me alejaba por sí misma. Por otra parte estaba la existencia habitual, con sus negocios, aquí, en cambio, imperaba el arrobamiento, la iluminación, el éxtasis, sin tiempo ni causalidad. No tuvo lugar nada de particular: un día, tras una mañana de exaltación «religiosa», recibí la visita de un ¡oven desconocido, sin estar presente allí, no obstante, con toda el alma... No había venido a mí por casualidad, sino enviado por el destino no para una charla, sino para tomar una decisión, y precisamente a mí, precisamente en aquel momento.

        ¿Qué esperamos cuando estamos desesperados, pero buscamos también una persona? Probablemente, una presencia a través de la cual se nos diga que, pese a todo, la cosas tienen sentido. Desde entonces abandoné esa «religiosidad» que es solamente excepción, extrañamiento, evasión, éxtasis, o tal vez fui yo el abandonado por ella. Ahora no tengo más que la vida cotidiana de la que nunca me distraigo. El misterio ya no se pronuncia, se ha sustraído o bien mora aquí, donde todo sucede tal como sucede. Ya no conozco otra plenitud que la de cada hora mortal compuesta de pretensiones y responsabilidades. Muy lejos de estar en las alturas, sé, no obstante, que en la pretensión se me dirige la palabra y que puedo responder de manera responsable. Sé quién habla y me pide una respuesta. No sé mucho más. Si esto es religión, entonces la religión es todo, la totalidad vivida simplemente en su posibilidad de diálogo (M. Buber, Incontro. Frammenti autobiografía, Roma 1994, pp. 73ss, passim).

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Que canten  de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

HIMNO
¡Nacidos de la luz!, ¡hijos del día!
Vamos hacia el Señor de la mañana;
su claridad disipa nuestras sombras
y llena el corazón de regocijo.

Que nuestro Dios, el Padre de la gloria,
limpie la oscuridad de nuestros ojos
y nos revele, al fin, cuál es la herencia
que nos legó en el Hijo Primogénito.

¡Honor y gloria a Dios, Padre celeste,
por medio de su Hijo Jesucristo
y el don de toda luz, el Santo Espíritu,
que vive por los siglos de los siglos! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.

Salmo 142, 1-11   Lamentación y súplica ante la angustia
El hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús (Ga 2, 16)

Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.


Ant. 2. El Señor hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz.

Cántico   Is 66, 10-14a   Consuelo y gozo para la ciudad santa
La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre (Ga 4, 26)


Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
mamaréis a sus pechos
y os saciaréis de  sus consuelos,
y apuraréis las delicias
de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella
como un río, la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo,
y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos florecerán como un prado.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz.


Ant. 3. Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

Salmo 146   Poder y bondad de Dios
A ti, oh Dios, te alabamos; a ti, Señor, te reconocemos


Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.

Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.

Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para nuestro Dios,
que cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la tierra;

que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado
y a las crías de cuervo que graznan.

No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los jarretes del hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que conf
ían en su misericordia.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

 

LECTURA BREVE Rm 8,18-21
Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Velando * Medito en ti, Señor.
Velando medito en ti, Señor.

V. Porque fuiste mi auxilio. * Medito en ti, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Velando medito en ti, Señor.
 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.

PRECES
Invoquemos a Dios, de quien viene la salvación para su pueblo, diciendo:
Escúchanos, Señor.

Bendito seas Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, en tu gran misericordia, nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza viva,
por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

Tú que en Cristo renovaste al hombre, creado a imagen tuya,
haz que seamos imagen de tu Hijo.

Derrama en nuestros corazones, lastimados por el odio y la envidia,
tu Espíritu de amor.

Concede hoy trabajo a quienes lo buscan, pan a los hambrientos, alegría a los tristes,
a todos la gracia y la salvación.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN

Concédenos, Señor, que nos sea siempre anunciada la salvación, para que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos te sirvamos fielmente con santidad y justicia todos nuestros días. Por nuestro Señor Jesucristo.
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
Fuerza tenaz, firmeza de las cosas,
inmóvil en ti mismo;
origen de la luz, eje del mundo
y norma de su giro:

Concédenos tu luz en una tarde
sin muerte ni castigo,
la luz que se prolonga tras la muerte
y dura por los siglos. Amen.

 

SALMODIA
Ant. 1. «Si me amáis, guardaréis mis mandatos», dice el Señor.

Salmo 118, 153-160   XX (Res)

Mira mi abatimiento y líbrame,
porque no olvido tu voluntad,
defiende mi causa y rescátame,
con tu promesa dame vida;
la justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes.

Grande es tu ternura, Señor,
con tus mandamientos dame vida;
muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de tus preceptos;
viendo a los renegados, sentía asco,
porque no guardan tus mandatos.

Mira cómo amo tus decretos,
Señor, por tu misericordia dame vida;
el compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son eternos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Si me amáis, guardaréis mis mandatos», dice el Señor.

Ant. 2. Que el Señor te bendiga, y veas la paz todos los días de tu vida.

Salmo 127   Paz doméstica en el hogar del justo
«Que el Señor te bendiga desde Sión», es decir, desde su Iglesia (Arnobio).


Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.

Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;

tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que el Señor te bendiga, y veas la paz todos los días de tu vida.


Ant. 3. El Señor peleará a tu favor.

Salmo 128   Esperanza de un pueblo oprimido
La Iglesia habla de los sufrimientos que tiene que tolerar (S. Agustín)


¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
que lo diga Israel,
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron conmigo!

En mis espaldas metieron el arado
y alargaron los surcos.
Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los malvados.

Retrocedan avergonzados,
los que odian a Sión;
sean como la hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;

que no llena la mano del segador
ni la brazada del que agavilla;
ni le dicen los que pasan:
«Que el Señor te bendiga.»

Os bendecimos en el nombre del Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor peleará a tu favor.


TERCIA

LECTURA BREVE 1Jn 3, 23-24
Éste es el mandamiento de Dios: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

V. Apoya tú al inocente, Señor.
R. Tú que sondeas el corazón y las entrañas.

ORACIÓN
Señor, tú que a la hora de tercia enviaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en oración, concédenos también a nosotros tener parte en los dones de este Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

      

SEXTA
Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente del Señor y buscadlo con corazón entero. Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían.

V. Confía en el Señor y haz el bien.
R. Habita tu tierra y practica la lealtad.

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas; haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos fielmente por tus sendas con el corazón ensanchado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 


NONA
LECTURA BREVE Hb 12, 1b-2
Quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

V. Mi alma espera en el Señor.
R. Espera en su palabra.

ORACIÓN
Contempla, Señor, a tu familia en oración y haz que, imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo, no decaiga nunca ante la adversidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

Salmo 143   Oración por la victoria y la paz
Su brazo se adiestró en la pelea cuando venció al mundo; dijo, en efecto: «Yo he vencido al mundo» (S. Hilario)


I
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.


Ant. 2. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

II
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.


Ant. 3. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a   El juicio de Dios

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios d
ía y noche.

Ellos vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

 LECTURA BREVE Cf. Col 1, 23
Permaneced cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo.

 RESPONSORIO BREVE
R. El Señor es mi pastor, * Nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

V. En verdes praderas me hace recostar.* Nada me falta.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

 CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.  
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Juan, testigo de la luz, dijo: «Jesús es el Hijo de Dios.»   

PRECES
Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiados:
Concédenos, Señor, la salud y la paz.

Luz indeficiente y Palabra eterna del Padre, que has venido a salvar a todos los hombres,
ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.

No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
pues de ti procede el perdón.

Señor, que has querido que la inteligencia del hombre investigara los secretos de la naturaleza,
haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los hombres.

Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio de sus hermanos;
que, con libertad de espíritu y sin desánimos, puedan realizar su ideal.

Señor, que abres y nadie cierra,
lleva a tu luz a los que han muerto con la esperanza de la resurrección.

Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios, confiadamente nos atrevemos a decir:


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN
Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 

HIMNO
Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.

Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.

Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.

Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva. Amén.

 

SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.

Salmo 15   El Señor es el lote de mi heredad
Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2, 24).


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi carne descansa serena.
 

LECTURA BREVE   1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

IV
Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

 

SANTOS NICOLÁS TAVELIC Y COMPAÑEROS MÁRTIRES. Nicolás Tavelic, Deodato de Rodez, Estaban de Cuneo y Pedro de Narbona, sacerdotes franciscanos, murieron mártires en Jerusalén el 14 de noviembre de 1391. Procedían de distintas Provincias franciscanas: Croacia, Aquitania, Génova y Provenza, y coincidieron en la Custodia de Tierra Santa, confiada por la Santa Sede a la Orden franciscana. Durante años estuvieron prestando servicio religioso en el convento de Monte Sión (Jerusalén), hasta que se decidieron a predicar públicamente el Evangelio a los musulmanes. Después de consultas oportunas, intensa oración y estudio, el 11 de noviembre de 1391 fueron ante el Cadí de Jerusalén y, en su presencia y la de muchos musulmanes, expusieron los textos que habían preparado, en los que explicaban y defendían la fe cristiana frente a la musulmana. Se entabló un diálogo tenso, y fueron invitados a retirar lo que habían dicho y a convertirse al Islam. Los frailes se reafirmaron en su fe, y fueron condenados a muerte. Durante tres días sufrieron en la cárcel bárbaras torturas, y el día 14 siguiente, en la plaza pública, fueron ejecutados, descuartizados y quemados. Los canonizó, el 21 de junio de 1970, el papa Pablo VI, quien en su homilía explicó la peculiaridad del martirio de estos santos.- Oración: Oh Dios que has glorificado con el triunfo del martirio a los santos Nicolás y compañeros, quienes extendieron tu reino con la propagación de la fe; concédenos, te rogamos, por su intercesión y ejemplo, ser fieles en el cumplimiento de tus mandamientos, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.