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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Viernes 20 de Julio de 2018

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL VIERNES SEMANA III DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Viernes de la 15ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 38,1-6.21-22.7ss

1 Por aquel tiempo, Ezequías enfermó de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amos, acudió a él y le dijo: -Así dice el Señor: «Arregla los asuntos de tu casa, porque vas a morir inmediatamente».

2 Entonces Ezequías se volvió contra la pared y oró al Señor así:

3 -Acuérdate, Señor, de que he caminado fielmente en tu presencia y de que te he agradado con mi conducta, actuando con rectitud. Y rompió a llorar amargamente.

4 El Señor dijo a Isaías:

5 -Ve y di a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de tu antepasado David: «He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Dentro de tres días subirás al templo del Señor. Alargaré tu vida quince años,   

6 te libraré a ti y a esta ciudad del rey de Asiria y protegeré a esta ciudad».

21 Isaías dijo: -Traed una cataplasma de higos secos y aplicádsela a la llaga; así sanará.

22 Ezequías preguntó:  -¿Cuál es la señal de que subiré al templo del Señor?

7 Isaías respondió: -Ésta es la señal que el Señor te da como prueba de que cumplirá su palabra:

8 Haré retroceder diez grados las marcas del reloj de Ajaz, la sombra que ya ha avanzado. Y el sol retrocedió diez grados que ya había avanzado.

 

**• Los capítulos 36-39, que cierran el libro atribuido  al primer Isaías, son un añadido posterior llevado a cabo por el redactor después del exilio de Babilonia. Los hechos que allí se narran se remontan a los últimos años  del siglo VIII a. de C, durante el reinado de Ezequías, y están documentados desde el punto de vista histórico tanto por el segundo libro de los Reyes como por textos asirios. El pasaje que examinamos se sitúa en el contexto precedente al asedio que el rey asirio Senaquerib puso a Jerusalén, unos quince años antes de la muerte del rey Ezequías. El relato de la gravísima enfermedad que aqueja al rey y de su curación milagrosa, mediante la intervención de Isaías, pone de relieve la actitud de confianza de Ezequías con Dios y con el profeta, que es reconocido por lo que es: portavoz de YHWH. Por otra parte, emerge el prestigio de Isaías y se exalta el poder que le viene de su fidelidad al mandato profético.

Ezequías reacciona al anuncio de su muerte inminente con una oración que, siguiendo el estilo de los salmos de súplica, apela a la misericordia de Dios. A él le presenta el rey su propia vida, una vida vivida con rectitud, rica en buenas obras; por consiguiente, siguiendo la doctrina de la retribución temporal, ¿cómo es posible que esta vida sea tan breve? La bondad de la oración del rey queda demostrada por el hecho de que es escuchada. Esa escucha se le hace saber por medio del profeta: Ezequías se curará y Jerusalén será liberada.

 

Evangelio: Mateo 12,1-811

1 En una ocasión, iba Jesús caminando por los sembrados. Era sábado. Sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas.

2 Los fariseos, al verlo, le dijeron: -¿Te das cuenta de que tus discípulos hacen algo que no está permitido en sábado?

3 Jesús les respondió: -¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintieron hambre él y sus compañeros:

4 cómo entró en el templo de Dios y comió los panes de la ofrenda que ni a él ni a los suyos les estaba permitido comer, sino sólo a los sacerdotes?

5 ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes del templo pueden incumplir el precepto del sábado sin incurrir en culpa?

6 Pues yo os digo que hay aquí alguien más importante que el templo.

7 Si supierais lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios, no condenaríais a los inocentes.

8 Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.

 

**• El evangelista Mateo cuenta en este pasaje una de las numerosas controversias entre Jesús y los fariseos respecto a la observancia del precepto sabático. La Ley mosaica prescribía abstenerse de todo trabajo el día del sábado, aunque fuera particularmente urgente, como las labores del campo en tiempos de aradura y de cosecha (cf. Ex 20,8-11; 31,12-17; 34,21; Lv 23,3; Dt 5,12-15).

La antigua institución del sábado como día de reposo dedicado a Dios, que «descansó el día séptimo de todo lo que había hecho» (Gn 2,2), había tomado una gran importancia durante el exilio de Babilonia y en el período posterior, convirtiéndose, por tanto, en una ley férrea en el judaísmo hasta los tiempos de Jesús. El precepto del sábado, vivido al principio como día de alegría para todos (hombres, libres o esclavos, y animales), en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, y como anticipación del reposo escatológico, en el que toda criatura participará del reposo del mismo Dios {cf. Hb 4,9-11), el precepto del sábado, decíamos, se había transformado en una casuística opresora y vinculante de lo que estaba permitido y lo que estaba prohibido, una casuística en torno a la cual divergían las diferentes escuelas rabínicas.

La afirmación de Jesús «el Hijo del hombre es señor del sábado» (v. 8) tiene un alcance desconcertante. Afirma, en primer lugar, que tiene una autoridad superior a la de Moisés, en virtud de su relación especial con el Dios a quien se quiere honrar observando el precepto del sábado. Él y sólo él  puede establecer lo que es lícito y lo que no lo es. Jesús, revelador del amor del Padre, vuelve a situar al hombre en el centro del verdadero culto: rendir honor a Dios no puede ser separado del estar atentos al hombre, a quien Dios ha creado y ama. En consecuencia, no puede haber conflicto entre la ley religiosa y las exigencias del amor. La historia de Israel, dado que el carácter sagrado de los panes de la ofrenda no impidió a David y a sus hambrientos hombres alimentarse con ellos (w. 3ss), lo confirma.

El Dios misericordioso busca la misericordia y no el sacrificio, como mostrará Jesús poco después curando al hombre de la mano atrofiada (Mt 12,9-13). Si los mismos sacerdotes deben infringir las normas del sábado

para ejercer su ministerio (v. 5), tanto más pasarán éstas a segundo plano frente a las exigencias del amor al hombre, signo imprescindible del amor y de la obediencia al Dios del amor.

 

MEDITATIO

Es fácil intentar encerrar a Dios en un conjunto de reglas religiosas prácticas, que nos pongan en paz la conciencia aquí en la tierra y nos aseguren la vida eterna en el más allá. Es fácil porque da seguridad y ofrece un criterio de juicio inmediato entre lo que es justo y lo que no lo es. Facilita también, por tanto, la aproximación a los otros, que pueden ser etiquetados «objetivamente » como «justos» e «injustos» o como «buenos» y «malos». Como en tiempos de Jesús, se trata de una operación que tiene mucho éxito también hoy, en una época en la que tenemos tanta necesidad de puntos de referencia ciertos, controlables, pero en la que no estamos dispuestos a trabajar para formarnos una conciencia ilustrada, capaz de discernimiento, para aprender a acoger a cada persona en su inconfundible unicidad.

Jesús recuerda a los fariseos de ayer y de hoy que Dios es misericordia y que todo lo que se le ha atribuido o tiene los signos característicos de la misericordia o se le ha atribuido en falso. La Palabra de Dios, que siempre nos interpela de una manera personal, nos incita a proceder a una verificación: ¿es Jesús mi Señor? ¿O me construyo una religión propia, con ídolos y fetiches que -tal vez- tienen una apariencia devota, pero expresan el carácter pagano de mi corazón? Si nos las damos de señores de Dios y de su gracia, si planteamos la relación con él y con el prójimo sobre la base de la medida, siempre mínima, de la ley y del deber, terminaremos por excluir a Dios de la vida, declarándonos, de hecho, señores de nosotros mismos y de los otros, y nos encontraremos en la desnudez y en la necesidad de escondernos como Adán y Eva {cf. Gn 3,8-10). El grito lleno de confianza del rey Ezequías nos sirve de ejemplo: Dios no se deja vencer en generosidad; su misericordia rebosa sobre aquellos que confían en él y están dispuestos a dilatar su corazón a la medida del corazón de Dios.

 

ORATIO

Me confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel. Tú me has creado libre porque deseas mi amor, no mi sometimiento pasivo. Tú ves qué difícil me resulta vivir el don que me has dado: la libertad del amor me da miedo y muchas veces prefiero encerrarme en los angostos espacios de una ley sin corazón, desde cuyo interior emito graves sentencias sobre mis hermanos y me siento poderoso.

Me confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel. Enséñame a olvidar mi despiadada «justicia» para hacerme un poco más semejante a ti y ser «sacramento» de tu misericordia, para los hermanos y hermanas que me des.

 

CONTEMPLATIO

El pueblo infiel, que abandonó los preceptos divinos porque se consideraba rico con aquella ley que no era más que sombra de los bienes futuros, y que hizo un mal uso de las riquezas adquiridas, fue arrancado de la tierra de los seres vivos, desarraigado y expulsado del sagrado tabernáculo. Se consideraba demasiado fuerte, puesto que confiaba en las vanidades humanas, a saber: en la gloria de su poder, en el oro del templo, en los preceptos de los hombres, según lo que había dicho el profeta: «-Me veneran sin razón, enseñando doctrinas y preceptos humanos», y sustituyeron la Ley de Dios por la regla de la costumbre terrena, que ultraja a Dios (Hilario de Poitiers, Tractatus in Psalmum 51, citado en Riccheza e povertá nel cristianesimo primitivo, Roma 1998, p. 159).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Quieres misericordia, oh Señor» (cf Mt 12,7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Jesús, a causa de su amor por los hombres, está en lucha con los fariseos. ¿Qué quieren los fariseos en vez de los beneficios de todo tipo? Prodigios. Más que buenas acciones quisieran obras estrepitosas, obras que impresionen a su inteligencia, sin tender a la conversión de sus corazones. Intentan sustituir el amor de Jesús, que apela a sus posibilidades de generosidad y de amor, por un compromiso entre dos egoísmos, a saber: que Jesús acepte, por una parte, emprender una carrera gloriosa y, por otra, que renuncie a acechar sus comodidades.

Notemos que la vivacidad de las reacciones del Maestro se debe al hecho de que las malas intenciones de sus adversarios tienden a impedirle hacer el bien v a causar daño a aquellos a quienes profesa un afecto particular: los inválidos y menos favorecidos por la vida. Cuando algunos fariseos reprochan a los discípulos que arrancan espigas en día de sábado, interviene Jesús para justificar su acción: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Porque el Hijo del hombre también es señor del sábado».

Al dar esta respuesta a los sofismas que le planteaban, Jesús afirma no sólo su propia soberanía, que le permite hacer el bien en sábado, sino también el significado de esta soberanía. El sábado ha sido hecho para el hombre, y, puesto que el Mesías ha recibido todo poder sobre la humanidad, es señor de todo lo que ha sido puesto al servicio de los hombres, en especial del sábado. Es el amor a los hombres lo que rige todo, y a causa de este amor se enfrenta a los fariseos: Jesús quiere que el sábado, que había sido convertido en una institución importuna destinada a provocar oposiciones, sirva para testimoniar la bondad divina (J. Galot, // cuore di Cristo, Milán 1992).


 

   LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.

         
          HIMNO     
La noche, el caos, el terror,
cuanto a las sombras pertenece
siente que el alba de oro crece
y anda ya próximo el Señor.

El sol, con lanza luminosa,
rompe la noche y abre el día;
bajo su alegre travesía,
vuelve el color a cada cosa.

El hombre estrena claridad
de corazón, cada mañana;
se hace la gracia más cercana
y es más sencilla la verdad.

¡Puro milagro de la aurora!
Tiempo de gozo y eficacia:
Dios con el hombre, todo gracia
bajo la luz madrugadora.

¡Oh la conciencia sin malicia!
¡La carne, al fin, gloriosa y fuerte!
Cristo de pie sobre la muerte,
y el sol gritando la noticia.

Guárdanos tú, Señor del alba,
puros, austeros, entregados;
hijos de luz resucitados
en la Palabra que nos salva.

Nuestros sentidos, nuestra vida,
cuanto oscurece la conciencia
vuelva a ser pura transparencia
bajo la luz recién nacida. Amén.
     

 

       SALMODIA        
Ant. 1. Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.



Salmo 50   Misericordia, Dios mío
Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana (Ef 4, 23-24)


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

Ant. 2. Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

Cántico   Jr 14, 17-21  
Lamentación del pueblo en tiempo de hambre y de guerra

Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio (Mc 1, 15)


Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes dolores.

Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.

Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

Ant. 3. El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Salmo 99   Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio)


Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

          LECTURA BREVE 2Co 12,9b-10
Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

 

          RESPONSORIO BREVE        
R. En la mañana * Hazme escuchar tu gracia.
En la mañana hazme escuchar tu gracia.

V. Indícame el camino que he de seguir. * Hazme escuchar tu gracia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
En la mañana hazme escuchar tu gracia.

 

          CÁNTICO EVANGÉLICO     
Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.        

Benedictus Lc 1, 68-79

El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a supueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, susiervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santosprofetas.

Esla salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los quenos odian;
realizandola misericordia
que tuvo con nuestrospadres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestropadre Abrahán.

Paraconcedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de losenemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros
 días.

Y a tí, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
elperdón de sus pecados.

Porla entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace delo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra demuerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de lapaz.

Gloria al
 Padre, yalHijo, y al Espíritu Santo.
Comoeraenel principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
  

Ant.
El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

 

          PRECES    
Elevemos los ojos a Cristo, que nació, murió y resucitó por su pueblo, diciendo confiados:
Salva, Señor, a los que redimiste con tu sangre.

Te bendecimos, Señor, a ti que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,
y nos redimiste con tu preciosa sangre.

Tú que prometiste a los que en ti creyeran un agua que salta hasta la vida eterna,
derrama tu Espíritu sobre todos los hombres.

Tú que enviaste a los disc
ípulos a predicar el Evangelio,
ayúdalos, para que extiendan la victoria de la cruz.
 
A los enfermos y a todos los que has asociado a los sufrimientos de tu pasión,
concédeles fortaleza y paciencia.


Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:
   
       
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
comotambién nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

 

ORACIÓN 
Ilumina, Señor, nuestros corazones y fortalece nuestras voluntades, para que sigamos siempre el camino de tus mandatos, reconociéndote como nuestro guía y maestro. Por nuestro Señor Jesucristo.

       
          CONCLUSIÓN   
       
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
           
        
            HIMNO     
Ando por mi camino, pasajero,
y a veces creo que voy sin compañía,
hasta que siento el paso que me guía,
al compás de mi andar, de otro viajero.

No lo veo, pero está. Si voy ligero,
él apresura el paso; se diría
que quiere ir a mi lado todo el día,
invisible y seguro el compañero.

Al llegar a terreno solitario,
él me presta valor para que siga,
y, si descanso, junto a mí reposa.

Y, cuando hay que subir monte (Calvario
lo llama él), siento en su mano amiga,
que me ayuda, una llaga dolorosa.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
    

        SALMODIA        
Ant. 1. Lo vimos despreciado, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos.

Salmo 21   El siervo de Dios sufriente ora, y Dios le responde
A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktan
í» (Mt 27, 46)


I
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.

Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de noche, y no me haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de Israel.

En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y los ponías a salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres;
en ti confiaban, y no los defraudaste.

Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente, desprecio del pueblo;
al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere.»

Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y nadie me socorre.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lo vimos despreciado, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos.

Ant. 2. Se repartieron las ropas de Jesús, echándolas a suerte.

II
Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan toros de Basán;
abren contra mí las fauces,
leones que descuartizan y rugen.

Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;

mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al paladar; 
me aprietas contra el polvo de la muerte.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.

Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Líbrame a mí de la espada,
y a mi única vida, de la garra del mastín;
sálvame de las fauces del león;
a este pobre, de los cuernos del búfalo.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se repartieron las ropas de Jesús, echándolas a suerte.

Ant. 3. En la presencia del Señor se postrarán las familias de los pueblos.

III
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.

Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia
hacia el pobre desgraciado;
no le ha escondido su rostro:
cuando pidió auxilio, le escuchó.

Él es mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.

Porque del Señor es el reino,
él gobierna a los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En la presencia del Señor se postrarán las familias de los pueblos.       

 

TERCIA
           
L
ECTURA BREVE Rm 1, 16b. 17
El Evangelio es la fuerza de salvación de Dios para todo el que cree. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: «El justo vivirá por su fe.»

V. Con Dios se alegra nuestro corazón.
R. En su santo nombre confiamos.

        ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo por venir. Tú que vives y reina por los siglos de los siglos.

 

SEXTA
           
L
ECTURA BREVE Rm 3, 21-22a
Ahora la justicia de Dios, atestiguada por la ley y los profetas, se ha manifestado independientemente de la ley. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna.

V. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.
R. La norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación, mientras las tinieblas envolvían al mundo, concédenos que tu luz nos ilumine siempre, para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. 
       

 

NONA
           
L
ECTURA BREVE Ef 2, 8-9
Estáis salvados por la gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras; para que nadie pueda presumir.

V. Conozca la tierra tus caminos, Señor.
R. Todos los pueblos tu salvación.

        ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno, míranos a nosotros, que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también, como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
    

            CONCLUSIÓN   
        
V. Bendigamos al Señor      .       
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.           

       
          HIMNO     
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto con su sangre
como varón que pisa los racimos?

   Éste es Cristo, el Señor,
   convocado a la muerte,
   glorificado en la resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

   Éste es Cristo, el Señor,
   convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su Elegido.

   Éste es Cristo, el Señor,
   convocado a la muerte,
   glorificado en la resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.
   

       SALMODIA        
Ant. 1. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Salmo 134   Himno a Dios, realizador de maravillas
Vosotros sois... un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa (1P 2, 9)


I
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
en medio de ti, Egipto
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.


Ant. 2. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

II
Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen;
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor;
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito sea en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Ant.3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico   Ap 15, 3-4   Himno de adoración

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE St 1, 2-4
Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna.
        

RESPONSORIO BREVE

R. Cristo nos amó y nos ha librado * Por su sangre.
Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

V. Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.* Por su sangre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre. 
   

          CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en el Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
      
Gloria al
 Padre, yalHijo, y al Espíritu Santo.
Comoeraenel principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.
 

            PRECES    
Invoquemos al Señor Jesús, a quien el Padre entregó por nuestros pecados y lo resucitó para nuestra justificación, diciendo:
Señor, ten piedad de tu pueblo.

Escucha, Señor, nuestras súplicas, perdona los pecados de los que se confiesan culpables,
y, en tu bondad, otórganos el perdón y la paz.

Tú que por el Apóstol nos has enseñado que, si creció el pecado, más desbordante fue la gracia,
perdona con largueza nuestros muchos pecados.

Hemos pecado mucho, Señor, pero confiamos en tu misericordia infinita;
vuélvete a nosotros, para que podamos convertirnos a ti.

Salva a tu pueblo de los pecados, Señor,
y sé benévolo con nosotros.

Tú que abriste las puertas del paraíso al ladrón arrepentido, que te reconoció como salvador,
ábrelas también para nuestros difuntos.


Reconociendo que nuestra fuerza para no caer en la tentación se halla en Dios, digamos confiadamente: 
        

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
comotambién nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.


ORACIÓN 

Señor, Padre santo, que quisiste que Cristo, tu Hijo, fuese el precio de nuestro rescate, haz que vivamos de tal manera que, tomando parte en sus padecimientos, nos gocemos también en la revelación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.     

CONCLUSIÓN   
        
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.    

        

 

COMPLETAS

 V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 
 

          HIMNO     
Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gracias por todas las gracias
que nos ha dado tu amor;
si muchas son nuestras deudas,
infinito es tu perdón.
Mañana te serviremos,
en tu presencia, mejor.
A la sombra de tus alas,
Padre nuestro, abríganos.
Quédate junto a nosotros
y danos tu bendición.

Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gloria al Padre omnipotente,
gloria al Hijo Redentor,
gloria al Espíritu Santo:
tres Personas, sólo un Dios. Amén.
 
 
         SALMODIA        
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.

Salmo 87   Oración de un hombre gravemente enfermo
Ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas (Lc 22, 53)

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.

Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.

Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.

Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido?

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi s
úplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?

Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:

me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
 

LECTURA BREVE   Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor; tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor, Dios nuestro.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 

ORACIÓN

Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, le imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.
 

Antífona final a la Santísima Virgen María

 

Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.
 

 

Santos León Ignacio Mangin, Pablo Denn y María Zhou Wuzhi. León Ignacio y Pablo eran sacerdotes jesuitas franceses, María era una seglar china, esposa del administrador de la comunidad cristiana. Los tres fueron asesinados por los bóxers el 20 de julio de 1900 en Zhoujiahe, provincia de Hebei (China). Cuando en 1898 las bandas de bóxers comenzaron sus actividades, el P. León Ignacio fortificó la misión, a la que acudieron muchos cristianos en busca de refugio. Sólo en su tercer asalto lograron los bóxers llegar hasta la iglesia. Allí estaban los dos sacerdotes presidiendo la celebración, los catequistas y numerosos fieles. Los bóxers ofrecieron la salvación a los que apostataran, y lo hicieron algunos. Los demás fueron masacrados. El P. León dio la absolución sacramental. Los sacerdotes murieron entre los primeros. Cuando iban a disparar sobre el P. León Ignacio, María, que tenía unos cuarenta años, se puso delante para protegerlo. Murió ella y también los demás.

 

Ayer 

Jueves, 19 de Julio de 2018

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL JUEVES SEMANA III DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Jueves de la 15ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 26,7-9.12.16-19

7 La senda del justo es recta, tú allanas el sendero del justo;

8 caminamos por la senda que marcan tus leyes, hemos puesto en ti, Señor, nuestra esperanza; ansiamos tu nombre y tu recuerdo.

9 Mi alma te ansia de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, pues cuando tú gobiernas la tierra aprenden justicia los habitantes del orbe.

12 Señor, tú nos concederás la paz, pues todo lo que hacemos eres tú quien lo realiza.

16 Señor, en la angustia acudieron a ti, cuando los castigaste susurraban una oración.

17 Como la embarazada al acercarse el parto se retuerce y grita de dolor, así nosotros ante ti, Señor.

18 Habíamos concebido, nos retorcimos de dolor y dimos a luz, pero sólo era viento; no trajimos salvación a la tierra, no nacieron habitantes al mundo.

19 Pero revivirán tus muertos, los cadáveres se levantarán; se despertarán jubilosos los habitantes del polvo, pues rocío de luz es tu rocío, y los muertos resurgirán de la tierra.

 

**• La plegaria de Is 26,7-19, de la que están tomados los versículos que constituyen el texto litúrgico de hoy, forma parte del así llamado «Apocalipsis de Isaías», considerado como posterior a la profecía del Isaías histórico.

Se trata de un bloque de capítulos (24-27) formado por liturgias proféticas, anuncios apocalípticos, cantos y plegarias de lamento y de acción de gracias. El centro de atención está constituido por la ruina de la ciudad excelsa, cuya identificación resulta problemática, y por el juicio que pronuncia Dios sobre ella y sobre toda la tierra, un juicio en el que están implicadas asimismo todas las fuerzas de la naturaleza. Entre los trastornos cósmicos y las perspectivas de la paz definitiva, se invita al pueblo a que confíe en el Señor, que mantiene su promesa y cuida de los pobres y de los oprimidos.

Del mismo modo que devasta las ciudades paganas, haciendo impracticables sus caminos, allana la senda de quien conforma la vida a sus preceptos (w. 7ss). Dios realiza sus grandes obras entre las naciones, a fin de que todos puedan conocerle y vivir según su voluntad.

La esperanza que el orante pone en YHWH alimenta el deseo de estar en comunión con aquel que le concederá -está seguro de ello- la plenitud de todos los bienes y llevará a buen puerto las iniciativas emprendidas (w. 9.12). Eso mostrará, no obstante, la débil fe del pueblo, cuya oración está exenta de contenido y de fuerza vital (w. 16-18). La intervención de Dios volverá a dar energía vivificadora a un pueblo de «muertos», para una nueva existencia jubilosa (v. 19). La que proclama el orante es una esperanza cierta, expresión de la fe en aquél a quien sabe pertenecer.

 

Evangelio: Mateo 11,28-30

En aquel tiempo, dijo Jesús:

28 Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré.

29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas.

30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

 

*» El canto de alabanza de Jesús anuncia la salvación para quienes acogen con estupor y admiración el amor del Padre. Jesús acaba de hablar de la imposibilidad de conocer al Padre si no es por la revelación del Hijo. Y ahora él, el Hijo, invita a todos a ir a él, a entrar en comunión de vida con él acogiendo su amor y el del Padre, fuente de reposo, satisfacción de todo deseo en el goce, en la paz. Él, el único y verdadero Maestro, dirige a todos la invitación a hacerse discípulos, y se trata de una invitación que lleva en sí misma los caracteres de la urgencia y de la alegría. Jesús, Sabiduría del Padre que se revela a los sencillos, a todos los que experimentan y reconocen la fatiga opresora de la observancia de la Ley en sí misma, manifiesta el misterio del Reino de Dios en cuanto anuncia que el amor es la plenitud de la Ley (cf. Rom 13,10; Gal 5,14) y convierte el amor en la norma, en el mandamiento supremo (cf. Jn 13,34; Mt 22,36-40).

El discípulo está invitado a ponerse junto a Jesús, a tomar su mismo yugo. Aprende del Maestro a llevarlo haciendo suyo el mismo estilo de vida: el de los sencillos y el de los humildes, el de los pobres y los pequeños, que han comprendido el mandamiento nuevo de la obediencia a Dios y del servicio a los hermanos. El yugo en sí sigue siendo pesado, pero llevarlo con Cristo es causa de suavidad: el amor reclama la fatigosa renuncia a nuestro propio instinto egoísta, pero abre de par en par los horizontes de la vida verdadera, la vida misma de Dios.

 

MEDITATIO

Dios cuida de su pueblo. Quiere el bien para cada uno de sus hijos creados, amados y custodiados por él. La última palabra de Dios es «vida», no «muerte», como nos mostró al resucitar a Jesús. Nuestra experiencia terrena es con frecuencia una experiencia de fatiga, de tener que cargar con pesos bajo los cuales nos abatimos: pesos físicos, pesos interiores. Cada uno de nosotros se reconoce con facilidad entre los «fatigados y agobiados»

a quienes Jesús invita a ir con él. O bien entre quienes gritan en la prueba, como los judíos de la profecía de Isaías. Vale la pena preguntarse cómo vivimos las situaciones difíciles que llamamos «pruebas», cómo reaccionamos frente a lo que nos parece demasiado pesado para nuestras fuerzas o nos espanta, nos desorienta.

¿Tal vez nos limitamos a enfadarnos (contra los otros, contra el destino, contra Dios)? Se trata de una reacción comprensible, pero corremos el riesgo de que nos haga sentir los dolores, para, a continuación, dar a luz «sólo viento», usando la imagen del profeta Isaías.

Si queremos caminar con el Señor por las sendas que él en su bondad no deja de allanar, podremos cargar con su yugo, un yugo ligero, porque lo llevamos con él, y él mismo nos enseña a llevarlo con amor. De todos modos, las pruebas, las contrariedades, los sufrimientos provocados, nos hacen mal y continúan haciéndolo, pero tienen un significado: si vivimos sin cesar de amar, de dar alegría y paz a los que están junto a nosotros, venceremos, como Jesús, el mal con el bien: primero en nosotros mismos y, a continuación, en nuestro entorno. Nos convertiremos en sembradores de esperanza.

 

ORATIO

Vengo a ti, Señor, cargado con la fatiga de mi jornada y con los pesos de los sufrimientos de los que viven junto a mí. Te encuentro cargado con la cruz y con todas las cruces construidas, tanto ayer como hoy, por la mezquindad y por el egoísmo de tantos.

Mírame, Señor: mira cómo, a pesar de las apariencias y de cierto perfeccionismo religioso, y aun llenándome a menudo la boca con hermosas palabras, ni siquiera soy capaz de llevar con amor mi propio peso. A la invitación que hoy me diriges: «Venid a mí todos los que...», responde tu oración en la cruz: «Padre, perdónalos... ». Gracias, Jesús, por atraerme a ti con tanta suavidad. A mi vez, quisiera, con tu ayuda, entregar suavidad: tal vez descubriría que con el amor todo peso se vuelve ligero.

 

CONTEMPLATIO

Tened una gran humildad, porque es la virtud de las virtudes, pero una humildad generosa y tranquila. Os recomiendo, más que las otras, las dos queridas virtudes que tanto desea nuestro Señor que aprendamos de él: la humildad y la sencillez de corazón, pero llevad buen cuidado en que sean verdaderas virtudes del corazón.

Animad de continuo vuestro valor con la humildad, y vuestra humildad, esto es, vuestra miseria y vuestro deseo de ser humildes, animadla con vuestra confianza en Dios, de suerte que vuestro valor sea humilde y vuestra humildad sea animosa. Permaneced alegremente humildes ante Dios, pero sed alegremente humildes también ante el mundo (Francisco de Sales, Lettere di amicizia spirituale, Roma 1984, pp. 967ss [edición española: Cartas a religiosas, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1988]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Jesús, sencillo y humilde de corazón, concédeme un corazón semejante al tuyo» (cf. Mt 11,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Se ha llegado a decir que Jesús habría crecido frágil, que se habría vuelto delicado y sencillo: a partir de ahí se habría inclinado por la vida decadente, se habría puesto de parte de los pobres, de los perseguidos, de los oprimidos, de los candidatos al sufrimiento y a la miseria. Quien piense así basta con que abra los ojos y mire bien a Jesús. Que no juzgue debilidad y fuerza, exclusivamente, según alguien se abra camino con ardor y con los puños, sino pensando que hay también una fortaleza superior que tal vez tiene que ver con los estratos inferiores del ser.

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas» (Mt 11,28ss). Se trata del mismo misterio que las bienaventuranzas.

La conciencia de dar la vuelta a lo que tiene valor en el mundo, para edificar lo que realmente cuenta. Jesús no viene por el gusto de añadir un nuevo elemento a la serie de experiencias humanas realizadas hasta aquí; no, Jesús aporta, desde la plenitud del cielo, reservada a Dios, una realidad santa. Trae al mundo sediento una corriente de vida desde el corazón de Dios. Para tener parte en ella es necesario que el hombre se abra, deje el apego a la vida terrena y salga al encuentro de aquel que viene. Es preciso superar la rancia y arraigada pretensión según la cual el mundo es la única realidad que cuenta y se basta de verdad a sí misma. Se comprende, no obstante, de inmediato a quién le debe resultar particularmente difícil semejante renuncia: a aquellos que están bien situados en el mundo, a los poderosos, a aquellos que tienen parte en la grandeza y en la riqueza de la tierra. Los pobres, en cambio, son felices no porque su estado, en sí, sea feliz, sino porque reconocen con mayor facilidad que hay algo además del mundo e, iluminados por su miseria, aspiran de una manera más expedita a eso otro (R. Guardini, ll Signore, Milán 1977 [edición española: El Señor, Ediciones Rialp, Madrid 1965]).

 

LAUDES

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

INVITATORIO
 Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio)

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


HIMNO

Autor del cielo y el suelo,
que, por dejarlas más claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al hielo.
Tú que das cauce al riachuelo
y alzas la nube a la altura,
tú que en cristal de frescura
sueltas las aguas del río
sobre las tierras de estío,
sanando su quemadura,
danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado,
no lleve al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.
Hazle en la fe luminoso,
alegre en la austeridad,
y hágale tu claridad
salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu verdad. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Salmo 86   Himno a Jerusalén, madre de todos los pueblos
La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre (Ga 4, 26)


Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»

Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!


Ant. 2. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

Cántico   Is 40, 10-17   El buen pastor es el Dios altísimo sapientísimo
Mira, llego en seguida y traigo conmigo mi salario (Ap 22, 12)

Mirad, el Señor Dios, llega, con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas
como si no existieran,
valen para él nada y vacío.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.


Ant. 3. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

Salmo 98   Santo es el Señor, nuestro Dios
Tú Señor, que estás sentado sobre querubines, restauraste el mundo caído, cuando te hiciste semejante a nosotros (S. Atanasio)

El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines, vacile la tierra.

El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.

Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en Jacob.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

 

 LECTURA BREVE 1P 4, 10-11
Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Te invoco de todo corazón, * Respóndeme, Señor.
Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

V. Guardaré tus leyes. * Respóndeme, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

PRECES
Demos gracias al Señor, que dirige y guía con amor a su pueblo, y digámosle:
Gloria a ti, Señor, por los siglos.

Padre clementísimo, te alabamos por tu amor,
porque de manera admirable ríos creaste, y más admirablemente aún nos redimiste.

Al comenzar este nuevo día, pon en nuestros corazones el anhelo de servirte,
para que te glorifiquemos en todos nuestros pensamientos y acciones.

Purifica nuestros corazones de todo mal deseo,
y haz que estemos siempre atentos a tu voluntad.

Danos un corazón abierto a las necesidades de nuestros hermanos,
para que a nadie falte la ayuda de nuestro amor.

 
Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno: a los pueblos que viven en tinieblas y en sombra de muerte, ilumínalos con tu luz, ya que con ella nos ha visitado el Sol que nace de lo alto, Jesucristo, nuestro Señor. Que vive y reina contigo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
El trabajo nos urge,
nos concentra y astilla.
Poco a poco, la muerte
nos hiere y purifica.

Señor del universo,
con el hombre te alías.
En nuestra actividad,
tu fuerza cómo vibra.

Señor de los minutos,
intensa compañía.
Gracias por los instantes
que lo eterno nos hilan.

Gracias por esta pausa
contigo en la fatiga.
Contigo hay alegría. Amén.

 

SALMODIA
 

Ant. 1. Sostenme, Señor, con tu promesa, y viviré.

Salmo 118, 113-120   XV (Samech)

Detesto a los inconstantes
y amo tu voluntad;
tú eres mi refugio y mi escudo,
yo espero en tu palabra;
apartaos de mí, los perversos,
y cumpliré tus mandatos, Dios mío.


Sostenme con tu promesa, y viviré,
que no quede frustrada mi esperanza;
dame apoyo, y estaré a salvo,
me fijaré en tus leyes sin cesar;
desprecias a los que se desvían de tus decretos,
sus proyectos son engaño.

Tienes por escoria a los malvados,
por eso amo tus preceptos;
mi carne se estremece con tu temor,
y respeto tus mandamientos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sostenme, Señor, con tu promesa, y viviré.


Ant. 2. Socórrenos, Dios, salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.

Salmo 78, 1-5. 8-11. 13   Lamentación ante la destrucción de Jerusalén
¡Si al menos tú comprendieras... lo que conduce a la paz! (Lc 19,42)


Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.

Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles
a las fieras de la tierra.

Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie la enterraba.

Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.

¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera?

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre.

¿Por qué han de decir los gentiles:
«Dónde está su Dios»?
Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza
de la sangre de tus siervos derramada.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.

Mientras, nosotros, pueblo tuyo,
ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas
de generación en generación.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Socórrenos, Dios, salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.


Ant. 3. Dios de los ejércitos, mira desde el cielo y ven a visitar tu viña.

Salmo 79   Ven, Señor, a visitar tu viña
Ven, Señor Jesús (Ap 22,20)

Pastor de Israel, escucha,
tú que gu
ías José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvamos.

Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?

Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restauranos;
que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces
hasta llenar el país;

su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego;
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios de los ejércitos, mira desde el Cielo y yen a visitar tu viña.


TERCIA

LECTURA BREVE Sb 19, 22
En todo, Señor, enalteciste y glorificaste a tu pueblo, y nunca y en ningún lugar dejaste de mirar por él y socorrerlo.

V. Tú, oh Dios, haciendo maravillas.
R. Mostraste tu poder a los pueblos.

ORACIÓN
Señor, tú que a la hora de tercia enviaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en oración, concédenos también a nosotros tener parte en los dones de este Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.



SEXTA
LECTURABREVE Dt 4, 7
¿Hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos?

V. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
R. Escucha sus gritos, y los salva.

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas; haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos fielmente por tus sendas con el corazón ensanchado. Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE Est 10, 9
Nuestra nación, los que gritaban a Dios y se salvaron, es Israel. El Señor salvó a su pueblo, el Señor nos sacó de todos estos males. Dios ha hecho signos y prodigios portentosos, como no ha hecho entre los gentiles.

V. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.
R. Y fuiste mi salvación.

ORACIÓN
Contempla, Señor, a tu familia en oración y haz que, imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo, no decaiga nunca ante la adversidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.

Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:

La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.

  
 

SALMODIA
Ant. 1. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

Salmo 131   Promesas a la casa de David
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (Lc 1, 32)

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
lo encontramos, en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.


Ant. 2. El Señor ha elegido a Sión ha deseado vivir en ella.

II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con v
ítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.


Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Cántico Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a   El juicio de Dios

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre;
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

 

LECTURA BREVE 1P 3, 8-9
Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

 

RESPONSORIO BREVE
R. El Señor nos alimentó * Con flor de harina.
El Señor nos alimentó con flor de harina.

V. Nos sació con miel silvestre. * Con flor de harina.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
El Señor nos alimentó con flor de harina. 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. 

PRECES
Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:
Señor, refugio nuestro, escúchanos.

Bendito seas, Señor, que nos has llamado a tu santa Iglesia;
consérvanos siempre en ella.

Tú que has encomendado al papa
N. la preocupación por todas las Iglesias,
concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita.

Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,
y concede a todos la penitencia y la salvación.

Tú que quisiste habitar en un país extranjero,
acuérdate de los que viven lejos de su familia, y de su patria.

A todos los difuntos que esperaron en ti,
concédeles el descanso eterno.


Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos con confianza a Dios, nuestro Padre:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

ORACIÓN
Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por  la fragilidad de la condición humana, hemos cometido en este día. Por nuestro Señor Jesucristo.
 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
  

HIMNO
Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.

Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.

Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.

Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva. Amén.

 

SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.

Salmo 15   El Señor es el lote de mi heredad
Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2, 24).


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi carne descansa serena.
 

LECTURA BREVE   1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.
 

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

III
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

 

 

SANTA MACRINA LA JOVEN. La llamaban «la Joven» para distinguirla de su abuela paterna que también se llamaba Macrina. Era la hermana mayor de los santos Basilio Magno, Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste. Nació en Cesarea de Capadocia hacia el año 330. Por su belleza y virtudes, tuvo Macrina desde muy joven muchos pretendientes, y el joven a quien la prometieron en matrimonio murió antes de la boda. Ella entonces decidió consagrarse a Dios y vivir en virginidad, quedándose en casa para ayudar a su madre viuda en el hogar y en la educación de sus hermanos, que eran nueve. Cuando quedaron libres de sus obligaciones familiares, madre e hija se retiraron a la soledad de Annesi, junto al río Iris en el Ponto (en la actual Turquía). Allí llevaron con las mujeres que se les unieron vida en comunidad y se consagraron a la divina contemplación. La madre murió el año 373 y Macrina asumió la dirección del monasterio, en el que murió, asistida por su hermano san Gregorio, el 19 de julio del 379.