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El cántico de alabanza
que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo,
sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel
y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de
nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas-
y todos los días del año -Lectio Divina
Si quiere recibirla
diariamente, por favor, apúntese
aquí
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DOMINGO 15 DE MARZO DE 2026
LECTIO
DIVINA DE AYER
LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL DOMINGO
SEMANA IV DEL SALTERIO
LECTIO DIVINA correspondiente
al IV Domingo de Cuaresma <<Laetare>> |





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En plena Cuaresma, la Iglesia hace una pequeña pausa de
consuelo: el IV Domingo se llama Domingo de Laetare, que en latín
significa “Alégrate”. Ese día el sacerdote puede cambiar el morado
por la casulla rosa, como signo de una alegría serena en medio del
camino penitencial hacia la Pascua.
El nombre “Laetare” viene de las primeras palabras del
canto de entrada de la Misa: “Laetare, Jerusalem”, es decir,
“Alégrate, Jerusalén”. La liturgia nos recuerda que, aunque seguimos
en ayuno, oración y conversión, ya se asoma la alegría de la
Resurrección que se acerca.
Este domingo marca simbólicamente la mitad de la Cuaresma y
busca animar a los fieles a no desanimarse. Por eso, además del
color rosa, se permiten algunos signos de gozo moderado, como
colocar flores en el altar o utilizar el órgano con más libertad que
en los demás domingos cuaresmales. La tradición explica que el
Domingo de Laetare es un día de alegría “comedida”: un gozo
verdadero, pero todavía mezclado con la seriedad del camino de
conversión. El color rosa en la casulla del sacerdote recuerda que,
aun en tiempos de penitencia, la esperanza cristiana nunca deja de
florecer.
LECTIO
Primera lectura: 1 Samuel 16,1b-4a.6-7.10-13a
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: - Llena tu cuerno de
aceite y ponte en camino. Yo te envío a casa de Jesé, el de Belén,
porque me he elegido un rey entre sus hijos.
4 Samuel hizo lo que le había dicho el Señor.
6 Al entrar ellos, vio a Eliab y se dijo: "Seguramente, éste es el
ungido del Señor".
7 Pero el Señor dijo a Samuel: - No te fijes en su aspecto ni en su
gran estatura, que yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como
la del hombre: el hombre ve las apariencias, pero el Señor ve el
corazón.
10 Jesé hizo pasar a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel le dijo:
- A ninguno de éstos ha elegido el Señor.
11 Entonces, Samuel preguntó a Jesé: - Son éstos todos tus muchachos?
Él contestó: - Falta el más pequeño, que está guardando el rebaño.
Samuel le dijo: - Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la
mesa hasta que haya venido.
12 - Jesé mandó a por él. Era rubio, de hermosos ojos y buena
presencia. El Señor dijo: - Levántate y úngelo, porque es éste.
13 Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en presencia de sus
hermanos.
*•• Con la unción de David la
realeza pasa a la tribu de Judá: se cumple así la predicción de
Jacob en su lecho de muerte viendo el futuro de las diversas tribus
(Gn 49,8-12). También el anciano Samuel debe aprender a mirar con la
mirada de Dios. Pues el Señor "ha visto" (como indica
literalmente el v. Ib) entre los hijos de Jesé un rey según su
voluntad y manda al profeta a consagrarlo.
Cómo conocer entre los
jóvenes que desfilan ante él al elegido de Dios? Samuel "ve" las
cualidades del primogénito parecidas a las de Saúl, pero el Señor
indica otro criterio de discernimiento: el "ver" de Dios es distinto
del "ver" humano (v. 7 en el original), porque Dios mira al corazón,
no al exterior.
De acuerdo con este mirar
divino, Samuel descarta a los hijos mayores de Jesé (vv. 8-10) y
procede luego sin dudar a consagrar rey al menor, sin tener en
consideración a su padre (v. 12). Sobre este "pequeño" se posará de
modo estable (v. 13b) el Espíritu del Señor, ese Espíritu que sólo
de modo ocasional había irrumpido en los jueces y que abandonó
definitivamente a Saúl (v. 14), repudiado por Dios a causa de su
orgullosa desobediencia.
Salmo Responsorial
R. El Señor es mi pastor,
nada me falta.
Salmo 22. 1b-3a. 3b-4. 5. 6
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.
Segunda lectura: Efesios 5,8-14
Hermanos:
8 En otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor.
Portaos como hijos de la luz,
9 cuyo fruto es la bondad, la rectitud y la verdad.
10 Buscad lo que agrada al Señor
11 y no toméis parte en las obras vanas de quienes pertenecen al reino
de las tinieblas; al contrario, desenmascaradlas,
12 pues lo que ésos hacen en secreto, hasta decirlo da vergüenza
13 Pero cuando todo eso ha sido desenmascarado por la luz, queda al
descubierto;
14 y lo que queda al descubierto es a su vez luz. Por eso se dice:
Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y te
iluminará Cristo.
**• El término clave de este
fragmento es la palabra luz, en una clara alusión al
bautismo, sacramento de la iluminación. Por medio del bautismo, los
cristianos se convierten en "hijos de la luz", es decir, en
miembros de Cristo, "luz del mundo". Por esta real
transformación se consigue, correspondiendo a la gracia, una vida
distinta, de modo que las obras de los cristianos sean fruto de la
unción recibida, la fragancia de Cristo, el perfume de su nombre,
que se difunde para llenar toda la tierra (vv. 8b-10). De la luz se
deriva todo lo que es justo, verdadero, bueno. Éstos son los tres
frutos principales que menciona el apóstol por su referencia
particular a la vida comunitaria: el amor de benevolencia, el
respeto al derecho del otro, la sinceridad en las palabras y las
acciones.
Una conducta auténticamente
cristiana es un rayo de luz que no sólo juzga las tinieblas, sino
que las penetra para transformarlas. El discípulo de Cristo es
misionero con su vida: despierto del sueño de la muerte -así es la
vida bautismal-, despierta a su vez las conciencias, para que su
esterilidad se convierta en fecundidad de bien.
Evangelio: Juan 9,1-41
1 Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre que era ciego de
nacimiento.
2 Sus discípulos, al verlo, le preguntaron: - Maestro, por qué nació
ciego este hombre? Fue por un pecado suyo o de sus padres?
3 Jesús respondió: - La causa de su ceguera no ha sido ni un pecado
suyo ni de sus padres. Nació así para que el poder de Dios pueda
manifestarse en él.
4 Mientras es de día, debemos realizar las obras del que me envió;
cuando llegue la noche, nadie podrá trabajar.
5 Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.
6 Dicho esto, escupió en el suelo, hizo un poco de lodo con la saliva
y lo extendió sobre los ojos de aquel hombre.
7 A continuación le dijo: - Ahora ve a lavarte a la piscina de Siloé
(que significa "enviado"). El ciego fue, se lavó y, cuando regresó,
ya veía.
8 Sus vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna
comentaban: - No es éste el que se sentaba a pedir limosna?
9 Unos decían: - Sí, es el mismo. Otros, en cambio, negaban que se
tratase del mismo y decían: - No es él, sino uno que se le parece.
Pero él decía: - Soy yo mismo.
10 Ellos le preguntaron: - Y cómo has conseguido ver?
11 Él les contestó: - Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de
lodo con su saliva, me lo extendió sobre los ojos y me dijo: "Ve a
lavarte a la piscina de Siloé". Fui, me lavé y comencé a ver.
12 Le preguntaron: - Y dónde está ahora ese hombre? - No lo sé.
13 Llevaron ante los fariseos al hombre que había estado ciego,
14 pues el día en que Jesús había hecho lodo con su saliva y había
dado la vista al ciego era sábado.
15 Así que los fariseos preguntaban a aquel hombre cómo había obtenido
la vista. Él les contestó: - Extendió un poco de lodo sobre mis
ojos, me lavé y ahora veo.
16 Algunos de los fariseos decían: - Éste no puede ser un hombre de
Dios, porque no respeta el sábado. Pero otros se preguntaban: - Cómo
puede un hombre pecador hacer estos signos?. Esto provocó la
división entre ellos.
17 Entonces volvieron a preguntarle: - Qué opinas tú sobre el que te
dio la vista? Respondió: - Que es un profeta.
18 Los judíos no querían creer que aquel hombre había estado ciego y
que había comenzado a ver. Llamaron, pues, a sus padres
19 y les preguntaron: - Es éste vuestro hijo, de quien decís que nació
ciego? Cómo es que ahora ve?
20 Los padres respondieron: - Sabemos que éste es nuestro hijo y que
nació ciego.
21 Cómo es que ahora ve no lo sabemos, ni sabemos quién le ha dado la
vista. Preguntádselo a él, que ya tiene edad suficiente para
responder por sí mismo.
22 Los padres respondieron así por miedo a los judíos, pues éstos
habían tomado la decisión de expulsar de la sinagoga a todos los que
reconocieran que Jesús era el Mesías.
23 Por eso sus padres dijeron: "Preguntádselo a él, que ya tiene edad
suficiente".
24 Entonces llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y
le dijeron: - Dinos la verdad delante de Dios. Sabemos que este
hombre es un pecador.
25 Entonces él respondió: - Yo no sé si es un pecador o no. Lo único
que sé es que yo antes estaba ciego y ahora veo.
26 Y volvieron a preguntarle: - Qué fue lo que hizo contigo? Cómo te
dio la vista?
27 Él les contestó: - Ya os lo he dicho, y no me habéis hecho caso,
para qué queréis oírlo otra vez? O es que queréis también vosotros
haceros discípulos suyos?
28 Ellos entonces se pusieron a insultarlo: - Discípulo de ese hombre
lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés.
29 Nosotros sabemos muy bien que Dios habló a Moisés; en cuanto a
éste, ni siquiera sabemos de dónde es.
30 Él replicó: - Esto es lo sorprendente. Resulta que a mí me ha dado
la vista y vosotros ni siquiera sabéis de dónde es.
31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; en cambio, escucha a
todo aquel que le honra y cumple su voluntad.
32 Jamás se ha oído decir que alguien haya dado la vista a un ciego de
nacimiento.
33 Si este hombre no viniese de Dios, no habría podido hacer nada.
34 Ellos replicaron: - Es que también pretendes darnos lecciones a
nosotros, tú, que estás envuelto en pecado desde que naciste? Y lo
echaron fuera.
35 Jesús se enteró de que lo habían echado fuera y, cuando se encontró
con él, le preguntó: - Crees en el Hijo del hombre?
36 El ciego le preguntó: - Y quién es, Señor, para que pueda creer en
él?
37 Jesús le contestó: - Ya lo has visto. Es el que está hablando
contigo.
38 Entonces aquel hombre dijo: - Creo, Señor. Y se postró ante él.
39 A continuación, Jesús declaró: - Yo he venido a este mundo para un
juicio: para dar la vista a los ciegos y para privar de ella a los
que creen ver.
40 Al oír esto, algunos fariseos le preguntaron: - Acaso también
nosotros estamos ciegos?
41 Jesús respondió: - Si estuvieseis ciegos, no seríais culpables;
pero, como decís que veis, vuestro pecado permanece.
**• La narración del milagro
del ciego de nacimiento cobra todo su alcance teológico (kerigmático, pascual
y bautismal a la vez) en el contexto en que aparece: la fiesta de
las Tiendas (Jn 7-10), durante la cual Jesús se revela como "luz
del mundo" (8,12), suscitando la consecuente polémica con los
judíos. El milagro acontece en las inmediaciones del templo por obra
del mismo Jesús. El enfermo no pide nada. Es Jesús quien le mira.
Sólo de un modo secundario los discípulos toman la palabra, mientras
que el ciego no dice nada todavía. Y el discurso aborda un tema
fundamental: el significado del sufrimiento, que, según la
mentalidad de aquel tiempo, estaba vinculado al pecado. Jesús afirma
claramente: "No ha sido ni un pecado suyo ni de sus padres".
La ceguera (sufrimiento)
indica más bien la situación natural del hombre. Todos somos ciegos
de nacimiento. Todos estamos "enfermos", y enfermos de una
enfermedad tan grave que no nos quedan fuerzas para acudir al único
que puede curar. Es el Médico quien toma la iniciativa. Sus acciones
están calcadas de las de la primera creación (cf. el barro aplicado
a los ojos: v. 6). Para que el hombre pueda ver la luz, se precisa
una nueva creación. Luego Jesús da un mandato al ciego, quien
- a diferencia del primer Adán obedece. El no conoce a Jesús, pero
su obediencia es el acto de una gran fe, del total abandono. De él
brota una sabiduría que viene de lo alto: sabe dar verdadera gloria
a Dios con las palabras y con la adoración.
MEDITATIO
En el camino de la cuaresma
hoy brilla una luz particular que nos invita a encontrarnos con
mayor profundidad con el Señor Jesús. El ciego ha seguido un proceso
desde las tinieblas a la luz de la fe en Jesús, que le habla, que
está delante de él. Creer que alguien le ha dado la vista no es tan
difícil. Encontrarse en una situación determinada de un hecho y
reconocerlo es ya tener cierta fe. Pero encontrarse de tú a tú con
el que ha cambiado nuestra situación, con el que nos ha sacado de la
noche de la ceguera y nos ha hecho pasar a la claridad de su día es
la fe madura a la que debemos llegar. Debemos ir más allá del creer
ser cristianos, para manifestar con toda nuestra vida este encuentro
que nos vincula indisolublemente al Señor Jesús como su fuente.
Jesús no nos pide creer en
una doctrina abstracta, sino que quiere una adhesión plena e
incondicional a su persona. Nos pregunta: "Quieres encontrarte
conmigo para vivir para mí?". Todos los días y a todas horas, el
Señor es el que está ante nosotros y nos habla. Si él es mi luz, veo
en su luz y me convierto en una manifestación transparente de las
obras de Dios para su gloria.
ORATIO
Aquí estamos, Señor Jesús,
luz radiante de la gloria del Padre, a tus pies, como ciegos
ignorantes de su enfermedad. Míranos, hijo de David, como miraste a
tus discípulos cargados de sueño, en la luz del Tabor. Despiértanos,
Señor Jesús, verdadero sol sin ocaso; ilumínanos y quedaremos
radiantes. Cúranos, Señor Jesús, con el leve rozar del dedo de Dios
y con la Palabra que abre los ojos y corazones a la luz. Envíanos,
Señor Jesús, a la perenne piscina del bautismo de vida nueva.
Danos a tu Madre, Señor
Jesús, cántaro de oro para sacar agua viva de la fuente perenne de
tu corazón traspasado por nosotros en la cruz. Guárdanos, amoroso
Jesús, en la prueba de la fe por la que todos pasamos, como la
pasaste tú, Señor. Manifiéstate, Señor Jesús, luz gozosa del día
eterno, poniendo sobre nuestros labios el grito del ciego curado: "!Creo,
Señor!".
CONTEMPLATIO
Nuestro Señor dijo: "Yo
soy la luz del mundo"[...].
"Abandona tu luz, que en
realidad es tiniebla frente a mi luz, y me es contraria; puesto que
yo soy la Luz verdadera, quiero darte, en vez de tus tinieblas, mi
luz eterna, para que sea tan tuya como mía, y con mi luz te daré mi
ser, mi vida, mi beatitud y mi alegría" [...].
Hay que indicar el modo y el
camino para lograr la verdadera luz. Se trata de la verdadera
renuncia del hombre a sí mismo y una pura, profunda y exclusiva
intención de amar a Dios y no nuestras cosas: desear únicamente el
honor y la gloria de Dios y atribuir todo inmediatamente a Dios,
provenga de donde provenga, y dárselas a él sin escapatorias ni
mediaciones: éste es el verdadero camino recto. Él es la verdadera
luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Esta luz
resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.
Ninguno recibe esta luz, excepto los pobres de espíritu y de
voluntad propia. Hijos carísimos, poned en obra lo que podáis, tanto
espiritual como naturalmente, para que esta luz verdadera
resplandezca en vosotros y podáis gustar la luz. Pedid a los amigos
de Dios que os ayuden; juntaos con los que se adhieren a Dios para
que os atraigan a Dios.
Que todos nosotros podamos
cumplirlo. Nos ayude Dios amable. Amén (J. Taulero, Sermone dal
Vangelo di Giovanni per il lunedi prima della vigilia delle Palme, en
// fondo dell'anima, Cásale Monf. 1997, 102-108, passim).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive
hoy la Palabra: "En ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz" (Sal 35,10).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Ciegos y sordos, debemos
comenzar por escuchar lo que se nos dice, por una escucha paciente;
llegar a creer, a ver la luz del día, a esperar. Esperar todo de ti
significa vivir de gracia. Estoy convencido de que la Biblia es un
libro de esperanza. En cuestión de esperanza, cada mañana tú eres
nuestra esperanza. Aquí estamos juntos, nosotros, que esperamos
conocerte un día, verte cara a cara. Y seremos iluminados con tu
mirada: con-vivientes.
Tú eres nuestra esperanza: en
nuestro corazón se abre un camino, una calzada de felicidad. En este
tema, en cuanto puedo entenderlo, descubro una cosa: lo que
entrevemos de ti entre todos, elegido, mirado, amado, soy yo. Sí,
quiero [...]. Sí, esperar es como reconocer ante ti lo sorprendente
que soy. Cuando decía: "Que las tinieblas me encubran" la
noche se hizo luz en torno a mí (cf. Sal 138). La humanidad está
llamada a convertirse en rostro: "Verán tu rostro... no habrá más
noche... porque el Señor Dios los alumbrará, y reinarán" (Ap
22). Cada uno oirá decir: "Álzate, revístete de luz, porque llega
tu luz, y la gloria del Señor brilla sobre ti" (Is 60). Sí, nos
espera un futuro de luz, y ya nos es concedido vivirlo: ya somos
hijos de la luz (cf. Col 1,23). Yo... Y los otros? La esperanza es
la puerta que se abre a la novedad y me da un mandamiento nuevo, el
mandamiento de la novedad de la que quieres hacernos cómplices,
enamorados. Esperar es corrosivo [...]. Sí, este siervo humilde
despreciado, desfigurado, verá la luz y será colmado (Frére Ch.
Lebreton, en Piü forti dell'odio. Gli scritti dei monaci
trappisti uccisi in Algeria. Cásale Monf. 1997, 1 37-143, passim).
LAUDES
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28,
28)
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
HIMNO
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.
Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra;
tú pronuncias el mar como sentencia.
Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.
y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas;
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.
!Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Salmo 117 Himno de acción de gracias después de la victoria
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que
se ha convertido en piedra angular (Hch 4,11)
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa."
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
–Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
–Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
–Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
–Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Ant. 2. Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.
Cántico Dn 3, 52-57 Que la creación entera alabe al Señor
!Bendito el Creador por siempre! (Rm 1,25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.
Ant. 3. Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.
Salmo 150 Alabad al Señor
Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es
decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma (Hesiquio)
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.
LECTURA
BREVE 2
Tm 2, 8. 11-13
Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido
del linaje de David. Es doctrina segura: Si morimos con él,
viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos,
también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque
no puede negarse a sí mismo.
RESPONSORIO
BREVE
R. Te damos gracias, oh Dios, * Invocando
tu nombre.
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
V. Contando tus maravillas. * Invocando
tu nombre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.Dichosos
los limpios de corazón,porque
ellos verán
a Dios.
Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.Dichosos
los limpios de corazón,
porque ellos verán
a Dios.
PRECES
Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; aclamemos, pues, su
poder y su bondad, abriendo, gozosos, nuestros corazones a la
alabanza:
Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.
Te bendecimos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a
nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de
la verdad;
–haz que te sirvamos con santidad y justicia.
Vuélvete hacia nosotros, oh Dios, tú que has querido abrirnos la
puerta de tu misericordia,
–y haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.
Ya que hoy celebramos la resurrección
del Hijo de tu amor,
–haz que este día transcurra lleno de gozo espiritual.
Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza,
–para que en toda ocasión te demos gracias.
Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo
resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos,
diciendo:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se
extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
HORA INTERMEDIA
TERCIA, SEXTA, NONA
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Dame, Señor, la firme voluntad,
compañera y sostén de la virtud;
la que sabe en el golfo hallar quietud
y, en medio de las sombras, claridad;
la que trueca en tesón la veleidad,
y el ocio en perennal solicitud,
y las ásperas fiebres en salud,
y los torpes engaños en verdad.
Y así conseguirá mi corazón
que los favores que a tu amor debí
le ofrezcan algún fruto en galardón...
Y aun tú, Señor, conseguirás así
que no llegue a romper mi confusión
la imagen tuya que pusiste en mí.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. El que come este pan vivirá para siempre. Aleluya.
Salmo 22 El buen pastor
El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas
vivas (Ap 7, 17)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El que come este pan vivirá para siempre. Aleluya.
Ant. 2. Vendrá el Señor, para que en sus santos se manifiesten su gloria y
sus maravillas. Aleluya.
Salmo 75 Acción de gracias por la victoria
Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes (Mt 24, 30)
I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les responden sus brazos.
Con un bramido, oh Dios de Jacob,
inmovilizaste carros y caballos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Vendrá el Señor, para que en sus santos se manifiesten su gloria y
sus maravillas. Aleluya.
Ant. 3. Haced votos y traed tributo al Señor, vuestro Dios. Aleluya.
II
Tú eres terrible: quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es temible para los reyes del orbe.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Haced votos y traed tributo al Señor, vuestro Dios. Aleluya.
TERCIA
LECTURA
BREVE 1Co
6, 19-20
No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita
en vosotros porque lo habéis recibido de Dios. No os poseéis en
propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros.
Por tanto, !glorificad a Dios con vuestro cuerpo!
V. Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor.
R. Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.
SEXTA
LECTURA
BREVE Dt
10, 12
Qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu
Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios,
con todo el corazón y con toda el alma.
V. Señor, quién puede hospedarse en tu tienda?
R. El que procede honradamente y tiene intenciones leales.
NONA
LECTURA
BREVEt
8, 6b-7a
Es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina; las aguas torrenciales no
podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos.
V. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
R. Escudo mío, mi fuerza salvadora.
ORACIÓN
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se
extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos
gracias a Dios.

VÍSPERAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Cuando la muerte sea vencida
y estemos libres en el reino;
cuando la nueva tierra nazca
en la gloria del nuevo cielo,
cuando tengamos la alegría
con un seguro entendimiento
y el aire sea como una luz
para las almas y los cuerpos,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.
Cuando veamos cara a cara
lo que hemos visto en un espejo
y sepamos que la bondad
y la belleza están de acuerdo,
cuando, al mirar lo que quisimos,
lo veamos claro y perfecto
y sepamos que ha de durar,
sin pasión, sin aburrimiento,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.
Cuando vivamos en la plena
satisfacción de los deseos,
cuando el Rey nos ame y nos mire,
para que nosotros le amemos,
y podamos hablar con él
sin palabras, cuando gocemos
de la compañía feliz
de los que aquí tuvimos lejos,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.
Cuando un suspiro de alegría
nos llene, sin cesar, el pecho,
entonces –siempre, siempre–, entonces
seremos bien lo que seremos.
Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo, que es su Verbo,
gloria al Espíritu divino,
gloria en la tierra y en el cielo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la
aurora. Aleluya.
Salmo 109, 1-5. 7 El Mesías, Rey y Sacerdote
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado
de sus pies (1Co 15, 25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
"Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies."
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora."
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
"Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec."
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la
aurora. Aleluya.
Ant. 2. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos
quedarán saciados.
Salmo 111 Felicidad del justo
Caminad como hijos de la luz: toda bondad, justicia y verdad son
fruto de la luz (Ef 5, 8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor;
hasta que vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos
quedarán saciados.
Ant. 3. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.
Cántico Cf. Ap 19, 1-2. 5-7 Las bodas del Cordero
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.
LECTURA
BREVE Hb
12, 22-24
Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo,
Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea
de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a
las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador
de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una
sangre que habla mejor que la de Abel.
RESPONSORIO
BREVE
R. Nuestro Señor * Es
grande y poderoso.
Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Su sabiduría no tiene medida. * Es
grande y poderoso.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Nuestro Señor es grande y poderoso.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Dichosos
los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de
Dios.
Magníficat Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los
Hijos de Dios.
PRECES
Alegrándonos en el Señor, de quien viene todo don, digámosle:
Escucha, Señor, nuestra oración.
Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que
tu nombre fuese glorificado, desde donde sale el sol hasta el ocaso,
–fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.
Haznos dóciles a la predicación de los apóstoles,
–y sumisos a la verdad de nuestra fe.
Tú que amas a los justos,
–haz justicia a los oprimidos.
Liberta a los cautivos, abre los ojos a los ciegos,
–endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.
Haz que los que duermen ya el sueño de la paz
–lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.
Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos
siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se
extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.

COMPLETAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
En este momento
es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.
Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
Yo confieso
ante Dios todopoderoso
y ante
vosotros, hermanos,
que he pecado
mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa,
por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego
a santa María, siempre Virgen,
a los
ángeles, a los santos
y a vosotros,
hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Dios
todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
I
Gracias, porque al fin del día
podemos agradecerte
los méritos de tu muerte,
y el pan de la eucaristía,
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza,
la fe, el amor, la esperanza
y esta bondad en tu empeño
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza.
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.
II
Nos cubren las tinieblas
con su intangible velo;
nos acosa la noche con sus ojos,
y reza el pensamiento.
Los astros en tus bóvedas,
Señor del universo,
vigilarán lo oscuro,
vigilarán el sueño.
Nosotros dormiremos. Amén.
SALMODIA
Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
Salmo 90 A la sombra del Omnipotente
Os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones (Lc 10,19)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti."
Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día;
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.
Caerán a tu izquierda mil,
Diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará,
Nada más mirar con tus ojos,
verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;
te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.
"Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación."
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
LECTURA BREVE Ap 22, 4-5
Verán al Señor cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no
habrá más noche, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el
Señor Dios irradiará luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de
los siglos.
RESPONSORIO
BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo
mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
Nunc dimittis Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
ORACIÓN
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en
este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor
alguno, descansemos en tu paz y mañana nos levantemos alegres para
cantar nuevamente tus alabanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Después de las II Visperas de la solemnidades que no coinciden en
domingo:
Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del
enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en
paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte
santa.
R. Amén
Antífona final a la Santísima Virgen María
Madre
del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

SANTA LUISA DE MARILLAC.
Nació en París el año 1591, hija natural de un noble de la familia
Marillac. Cuando murió su padre la sacaron del colegio de nobles y
la confiaron a una "señorita pobre". Quiso ser religiosa, pero la
casaron en 1613 con un noble, del que tuvo un hijo. Los encuentros
con san Francisco de Sales, a partir de 1618, la ayudaron a superar
sus penas. Después, en 1624, inició una larga relación con san
Vicente de Paúl, que la convertiría en cofundadora de las "Paúles".
Al año siguiente, 1625, muerto el marido y habiendo entrado el hijo
en el seminario, acogió en su casa a las primeras jóvenes que
querían ponerse al servicio de los pobres. San Vicente le encomendó
la animación de los grupos de Damas de la Caridad, primer núcleo del
nuevo instituto, y en 1633 el Santo dejó en sus manos la dirección
del que sería el Instituto de las
Hijas de la Caridad, a cuya formación se entregó la Santa
por completo, dando ejemplo de atención amorosa a los más pobres;
llegó a abrir cuarenta casas por toda Francia. Murió en París el año
1660.

Jesús y el ciego (GRECO)
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AYER
SÁBADO 14 DE MARZO DE 2026
LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL SÁBADO
SEMANA III DEL SALTERIO
LECTIO DIVINA correspondiente
al Sábado de la III Semana de Cuaresma
LECTIO
Primera lectura: Oseas 6,1-6
Esto dice el Señor: En su aflicción madrugarán para buscarme. Y
dirán:
1 Venid, volvamos al Señor; él ha desgarrado y él nos curará; él
ha herido y él vendará nuestras heridas.
2 En dos días nos devolverá la vida, al tercero nos levantará y
viviremos en su presencia.
3 Esforcémonos en conocer al Señor; su venida es tan segura como
la aurora; como aguacero descenderá sobre nosotros, como lluvia
primaveral que riega la tierra.
4 Qué voy a hacer contigo, Efraín? Qué voy a hacer contigo, Judá?
Vuestro amor es como nube mañanera, como rocío que pronto se disipa.
5 Por eso los he quebrantado por medio de los profetas; los he
aniquilado con las palabras de mi boca y mi juicio resplandece como
la luz.
6 Porque quiero amor, no sacrificios, conocimiento de Dios, y no
holocaustos.
*•• El pasaje constituye un
acto litúrgico penitencial (vv. 1-3) en el que participa todo el
pueblo. El horizonte más lejano que mueve a la conversión es el
temor del día del castigo mesiánico anunciado varias veces (cf.
5,9); el contexto próximo es, sin embargo, el actual estado de
guerra entre Israel y Judá. El buscar ayuda en el enemigo mortal,
Asiría, ha extirpado las regiones septentrionales del reino Norte
(732 a.C), con los inevitables horrores de la ocupación, la
destrucción y la deportación (cf. 2 Re 15,29; 17,55). El profeta
exhorta y amonesta: tantas desgracias han ocurrido porque el corazón
estaba lejos del Señor, acallado con sacrificios vacíos, pobre de
amor.
Con una imagen frecuente en
la Sagrada Escritura (cf. Ex 15,26; Dt 32,29; Is 30,26; Ez 34,16),
el pueblo reconoce ser un enfermo (Os 5,13) que recurre a Dios como
a su médico: él mismo ha producido la herida con vistas a la
enmienda, y sólo él puede curarla (v. 1). YHWH es el señor de la
historia. Pero el arrepentimiento del pueblo no es sólo interesado
(v. 3), sino también efímero (v. 4). Dios lo sabe bien. Y, sin
embargo, no se cansa de invitar a la conversión: su palabra es una
espada que inexorablemente hiere para curar (cf. Is 49,2; Heb 4,12):
pide amor, no holocaustos (v. 6); confianza, no una simple
observancia de prácticas cultuales desgraciadamente hipócritas.
Salmo Responsorial
R. Quiero misericordia, y no
sacrificio.
Salmo 50. 3-4. 18-19. 20-21
ab
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. R.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos. R.
Evangelio: Lucas 18,9-14
9 También a unos que presumían de ser hombres de bien y
despreciaban a los demás, Jesús les dijo esta parábola:
10 - Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el
otro publicano.
11 El fariseo, erguido, hacía interiormente esta oración: "Dios
mío, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres:
ladrones, injustos adúlteros; ni como ese publicano.
12 Ayuno dos veces por semana y pago los diezmos de todo lo que
poseo".
13 Por su parte, el publicano, manteniéndose a distancia, no se
atrevía ni siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho diciendo: "Dios mío, ten compasión de mí, que soy
un pecador".
14 Os digo que éste bajó a su casa reconciliado con Dios, y el
otro, no. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se
humilla será ensalzado.
**• Estamos en el contexto de
la subida de Jesús a Jerusalén, y la atención se dirige a las
condiciones necesarias para entrar en el Reino (cf. Le 18,9-19,28).
Aparecen dos personajes contrapuestos, y ambos oran: en su modo de
orar se revela su modo de vivir y sus relaciones con Dios y los
demás. Ambos, en la oración, dicen la verdad de su existencia.
El fariseo saca a colación
sus méritos: se tiene por acreedor de Dios. En el fondo, no necesita
de Dios, aunque le dé gracias, al menos formalmente, porque le ha
concedido ser tan perfecto. Pero hay más. Su justicia le hace juez,
y juez despiadado: tan ciega es la estima que encuentra en sí mismo
que cuando mira a los demás sólo es para despreciarlos (v. 11). El
publicano, por el contrario, consciente de sus pecados -que le hacen
tener la cabeza inclinada-, en realidad está abierto al cielo y
espera de Dios todo: golpeándose el pecho, llama a la puerta del
Reino, y se le abre.
MEDITATIO
Conocer a Dios y conocerse a
sí mismo o, mejor, conocerse a sí mismo en Dios: ése es el comienzo
de la sabiduría y de la verdadera vida. Todos los santos lo han
experimentado. De hecho, qué es el hombre sin Dios?
Un soberbio destinado a la
oscura soledad, rodeado de presuntos rivales o de seres juzgados
indignos; en resumidas cuentas, un desesperado pillado en el cepo de
su egoísmo, de su pecado. Qué es el hombre con Dios? Sigue siendo un
orgulloso, un pecador. Pero sabe que precisamente la experiencia del
pecado puede convertirse en un lugar en el que Dios -el
Misericordioso- revela su rostro.
Vemos, pues, lo importante
que es dejar caer las caretas con las que pretendemos ocultarnos,
sobre todo a nosotros mismos, la pobreza de nuestro ser, la
mezquindad de nuestro corazón, la dureza de nuestros juicios. Uno
sólo puede curarse si se reconoce enfermo, necesitado de salvación.
Dios espera este momento, incluso hasta lo provoca sabiamente con su
pedagogía inconfundible. Todos somos siempre un poco "fariseos",
pero a todos nos brinda Dios poder hacer la experiencia del
publicano de la parábola, lograr una auténtica humildad, la que
reconoce que Dios es mayor que nuestro corazón y que siempre
perdona.
ORATIO
Oh Dios, creador del cielo y
la tierra, el universo entero es lugar de tu presencia, morada de tu
santo nombre. En ti, bajo tu mirada, vivimos, nos movemos y
existimos. Todas nuestras palabras y acciones son oración que sube a
tu presencia. La verdad de nosotros mismos está patente a tus ojos.
El temor nos asalta porque sabemos que nuestro corazón no es puro,
que nuestra vida no es santa, y tratamos de ocultarnos y de
despreciar a los demás para justificarnos a nosotros mismos;
pensamos adornarnos con tantas obras que son pura apariencia.
Tratamos, en vano, de buscar una seguridad.
No podemos acallar una voz
que desde lo hondo de nosotros mismos nos grita: "Por qué actúas
así? Qué tratas de buscar con lo que haces?". Es tu voz, Señor, que
silenciosamente va creando en nuestro interior un gran vacío: desde
este abismo brota, desesperadamente, el único grito verdadero: "Ten
piedad de mí, que soy un pecador". El orgullo me mata,
humildemente te busco, Señor.
CONTEMPLATIO
Me preguntáis [...] si un
alma puede acudir a Dios confiadamente conociendo su propia miseria.
Respondo que el alma conocedora de su propia miseria no sólo puede
tener una gran confianza en Dios, sino que le será imposible
alcanzar la verdadera confianza si carece del conocimiento de su
propia miseria; porque el conocimiento y la confesión de esta
miseria nos introducen en la presencia de Dios. Por eso los grandes
santos, como Job, David y otros, comenzaban siempre sus oraciones
confesando la propia miseria e indignidad; es, por lo tanto cosa
excelente reconocerse pobre, vil, bajo e indigno de comparecer ante
el divino acatamiento.
El célebre dicho de los
antiguos: "Conócete a ti mismo", se suele interpretar así: "Conoce
la grandeza y excelencia de tu alma para no envilecerla ni
profanarla con cosas indignas de su nobleza". Pero se interpreta
también de esta otra manera: "Conócete a ti mismo, es decir, tu
indignidad, tu imperfección, tu miseria.
Cuanto más miserables somos,
tanto más debemos confiar en la bondad y misericordia de Dios;
porque entre la misericordia y la miseria existe un parentesco tan
grande que la una no se puede ejercitar sin la otra.
Si Dios no hubiera creado a
los hombres, hubiera sido ciertamente bondadoso, pero no
misericordioso, puesto que no hubiera podido ejercitar su
misericordia con ninguno, ya que la misericordia se practica con los
miserables (Francisco de Sales, Conversaciones espirituales, II)
ACTIO
Repite con frecuencia y vive
hoy la Palabra: "Conoces hasta el fondo de mi alma" (Sal
138,14).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
De la ascesis de pobreza
surge cada día un hombre nuevo, todo paz, benevolencia y dulzura.
Queda para siempre marcado por el arrepentimiento, pero un
arrepentimiento lleno de alegría y de amor que aflora por todas
partes y siempre y permanece en segundo plano de su búsqueda de
Dios. Este hombre ha alcanzado ya una paz profunda, pues fue
quebrantado y reedificado en todo su ser por pura gracia. Apenas se
reconoce. Es diferente. En el mismo instante en que tocó el abismo
profundo del pecado, fue precipitado al abismo de la misericordia.
Ha aprendido a entregar las armas ante Dios, a no defenderse ante
él. Está despojado y sin defensa.
Ha renunciado a la justicia
personal y no tiene proyectos de santidad. Sus manos están vacías o
sólo conservan su miseria, que se atreve a exponer ante la
misericordia. Dios se ha hecho verdaderamente Dios para él, y nada
más que Dios. Eso es lo que quiere decir Salvator, salvador
del pecado. Incluso está casi reconciliado con su pecado, como Dios
se ha reconciliado con él.
Para sus hermanos y prójimos
se ha convertido en un amigo benevolente y dulce que comprende sus
debilidades. No tiene ya confianza en sí mismo, sino sólo en Dios.
Es el primer pecador -así lo piensa-, pero pecador perdonado. Por
eso debe abrirse, como a un igual y a un hermano, a todos los
pecadores del mundo. Se siente cercano a ellos porque no se cree
mejor que los demás. Su oración preferida es la del publicano, que
se parece a su respiración y al latir del corazón del mundo, su
deseo más profundo de salvación y curación: "Señor Jesús, ten
piedad de mi, pobre pecador" (A. Louf, A merced de su
gracia, Madrid 1991, 125s, passim).

LAUDES
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
INVITATORIO
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S.
Atanasio)
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades."
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Al filo de los gallos,
viene la aurora;
los temores se alejan
como las sombras:
!Dios, Padre nuestro,
en tu nombre dormimos
y amanecemos!
Como luz nos visitas,
Rey de los hombres,
como amor que vigila
siempre de noche;
cuando el que duerme,
bajo el signo del sueño,
prueba la muerte.
Del sueño del pecado
nos resucitas,
y es señal de tu gracia
la luz amiga.
!Dios que nos velas!
Tú nos sacas por gracia
de las tinieblas.
Gloria al Padre, y al Hijo,
gloria al Espíritu,
al que es paz, luz y vida,
al Uno y Trino;
gloria a su nombre
y al misterio divino
que nos lo esconde. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.
Salmo 118, 145-152 XIX (Coph)
Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.
Ant. 2. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.
Cántico Sb 9, 1-6. 9-11 Dame, Señor, la sabiduría
Os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente...
ningún adversario vuestro (Lc 21, 15)
Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.
Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.
Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.
Ant. 3. La fidelidad del Señor dura por siempre.
Salmo 116 Invitación universal a la alabanza divina
Los gentiles alaban a Dios por su misericordia (cf. Rm 15, 9)
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. La fidelidad del Señor dura por siempre.
LECTURA
BREVE Flp
2, 14-15
Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones: así
seréis irreprochables
y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y
depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo.
RESPONSORIO
BREVE
R. A ti grito, Señor: * Tú
eres mi refugio.
A ti grito, Señor: tú eres mi refugio.
V. Y mi lote en el país de la vida. * Tú
eres mi refugio.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A ti grito, Señor: tú eres mi refugio.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Ilumina,
Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de
muerte.
PRECES
Invoquemos a Dios, que colocó a María, madre de Cristo, por encima
de todas las criaturas celestiales y terrenas, diciendo con filial
confianza:
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.
Padre de misericordia, te damos gracias porque nos has dado a María
como madre y ejemplo;
–santifícanos, por su intercesión.
Tú que hiciste que María meditara tus palabras, guardándolas en su
corazón, y fuera siempre fidelísima esclava tuya,
–por su intercesión, haz que también nosotros seamos, de verdad,
siervos y discípulos de tu Hijo.
Tú que quisiste que María concibiera por obra del Espíritu Santo,
–por intercesión de María, otórganos los frutos de este mismo
Espíritu.
Tú que diste fuerza a María para permanecer junto a la cruz, y la
llenaste de alegría con la resurrección de tu Hijo,
–por intercesión de María, confórtanos en la tribulación y reanima
nuestra esperanza.
Concluyamos nuestras súplicas con la oración que el mismo Señor nos
enseñó:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Oh Dios, fuente y origen de nuestra salvación, haz que, mientras
dura nuestra vida aquí en la tierra, te alabemos incesantemente y
podamos así participar un día en la alabanza eterna del cielo. Por
nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.

HORA INTERMEDIA
TERCIA, SEXTA, NONA
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Otra vez –te conozco– me
has llamado.
Y no es la hora, no; pero me avisas.
De nuevo traen tus celestiales brisas
claros mensajes al acantilado
del corazón, que, sordo a tu cuidado,
fortaleza de tierra eleva, en prisas
de la sangre se mueve, en indecisas
torres, arenas, se recrea, alzado.
Y tú llamas y llamas, y me hieres,
y te pregunto aún, Señor, qué quieres,
qué alto vienes a dar a mi jornada.
Perdóname, si no te tengo dentro,
si no sé amar nuestro mortal encuentro,
si no estoy preparado a tu llegada.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Da fianza, Señor, en favor de tu siervo.
Salmo 118, 121-128 XVI (Ain)
Practico la justicia y el derecho,
no me entregues a mis opresores;
da fianza en favor de tu siervo,
que no me opriman los insolentes;
mis ojos se consumen aguardando
tu salvación y tu promesa de justicia.
Trata con misericordia a tu siervo,
enséñame tus leyes;
yo soy tu siervo: dame inteligencia,
y conoceré tus preceptos;
es hora de que actúes, Señor:
han quebrantado tu voluntad.
Yo amo tus mandatos,
más que el oro purísimo;
por eso aprecio tus decretos
y detesto el camino de la mentira.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Da fianza, Señor, en favor de tu siervo.
Ant. 2. Contemplad al Señor, y quedaréis radiantes.
Salmo 33 El Señor, salvación de los justos
Habéis saboreado lo bueno que es el Señor (1P 2, 3)
I
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha,
y lo salva de sus angustias.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Contemplad al Señor, y quedaréis radiantes.
Ant. 3. El Señor está cerca de los atribulados.
II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?
Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor está cerca de los atribulados.
TERCIA
LECTURA
BREVE 1S
15, 22
Quiere el Señor sacrificios y holocaustos, o quiere que obedezcan
al Señor? Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que la
grasa de carneros.
V. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra.
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
ORACIÓN
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu
Santo, para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos
siempre en tu alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.
SEXTA
LECTURA
BREVE Ga
5, 26; 6, 2
No seamos vanidosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos
a otros. Arrimad todos el hombro a las cargas de los otros, que con
eso cumpliréis la ley de Cristo.
V. Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.
R. Allí manda el Señor la bendición.
ORACIÓN
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu
amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por
amor tuyo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
NONA
LECTURA
BREVE Mi
6, 8
Hombre, ya te han explicado lo que está bien, lo que el Señor desea
de ti: que defiendas el derecho y ames la lealtad, y que seas
humilde con tu Dios.
V. Mi alegría es el camino de tus preceptos.
R. Señor, no olvidaré tus palabras.
ORACIÓN
Escucha, Señor, nuestra oración y danos la abundancia de tu paz,
para que, por intercesión de santa María, la Virgen, después de
haberte servido durante toda nuestra vida, podamos presentarnos ante
ti sin temor alguno. Por Jesucristo, nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos
gracias a Dios.

VÍSPERAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
No sé de dónde brota la tristeza que tengo.
Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce,
sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo,
casi fuera de madre, derramado en el cauce.
Lo mejor de mi vida es el dolor. Tú sabes
cómo soy; tú levantas esta carne que es mía;
tú, esta luz que sonrosa las alas de las aves;
tú, esta noble tristeza que llaman alegría.
Tú me diste la gracia para vivir contigo;
tú me diste las nubes como el amor humano;
y, al principio del tiempo, tú me ofreciste el trigo,
con la primera alondra que nació de tu mano.
Como el último rezo de un niño que se duerme
y, con la voz nublada de sueño y de pureza,
se vuelve hacia el silencio, yo quisiera volverme
hacia ti, y en tus manos desmayar mi cabeza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Desead la paz a Jerusalén.
Salmo 121 La ciudad santa de Jerusalén
Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del
cielo (Hb 12, 22)
!Qué alegría cuando me dijeron:
"Vamos a la casa del Señor"!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén:
"Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios."
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: "La paz contigo."
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Desead la paz a Jerusalén.
Ant. 2. Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.
Salmo 129 Desde lo hondo a ti grito, Señor
Él salvará a su pueblo de los pecados (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.
Ant. 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la
tierra. Aleluya.
Cántico Flp 2, 6-11 Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre";
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la
tierra. Aleluya.
LECTURA
BREVE 2P
1, 19-21
Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en
prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar
oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros
corazones. Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la
Escritura está a merced de interpretaciones personales; porque
ninguna predicción antigua aconteció por designio humano; hombres
como eran, hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo.
RESPONSORIO
BREVE
R. De la salida del sol hasta su ocaso, * Alabado
sea el nombre del Señor.
De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del
Señor.
V. Su gloria sobre los cielos. * Alabado
sea el nombre del Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del
Señor.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Al
ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron
sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles.
Magníficat Lc 1,
46-55
Alegría del alma en Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se
acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y
digámosle:
Míranos y escúchanos, Señor.
Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, que nos has
librado de nuestros pecados por tu sangre,
–no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.
Haz que aquellos a quienes elegiste como mensajeros de tu Evangelio
–sean siempre fieles y celosos administradores de los misterios del
reino.
Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que
gobiernan las naciones,
–para que atiendan con interés a los pobres y postergados.
Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por
causa de su raza, color, condición social, lengua o religión,
–y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.
A los que han muerto en tu amor, dales también parte en tu
felicidad,
–con María y con todos tus santos.
Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos
atrevemos a decir:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se
extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.

COMPLETAS
DESPUÉS
DE LAS PRIMERAS VÍSPERAS DEL
DOMINGO Y DE LAS SOLEMNIDADES
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
En este momento
es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.
Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
Yo confieso
ante Dios todopoderoso
y ante
vosotros, hermanos,
que he pecado
mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa,
por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego
a santa María, siempre Virgen,
a los
ángeles, a los santos
y a vosotros,
hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Dios
todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
El sueño, hermano de la muerte,
a su descanso nos convida;
guárdanos tú, Señor, de suerte
que despertemos a la vida.
Tu amor nos guía y nos reprende
y por nosotros se desvela,
del enemigo nos defiende
y, mientras dormimos, nos vela.
Te ofrecemos, humildemente,
dolor, trabajo y alegría;
nuestra plegaria balbuciente:
"Gracias, Señor, por este día."
Recibe, Padre, la alabanza
del corazón que en ti confía
y alimenta nuestra esperanza
de amanecer a tu gran Día.
Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.
Salmo 4 Acción de gracias
El Señor hizo maravillas al resucitar a Jesucristo de entre los
muertos (S. Agustín)
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
Hay muchos que dicen: "Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?"
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ten piedad, de mí, Señor, y escucha mi oración.
Ant. 2. Durante la noche, bendecid al Señor.
Salmo 133 Oración vespertina en el templo
Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y
grandes (Ap 19,5)
Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor.
Levantad las manos hacia el santuario
y bendecid al Señor.
El Señor te bendiga desde Sión,
el que hizo cielo y tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Durante la noche, bendecid al Señor.
LECTURA
BREVE Dt 6, 4-7
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás
al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas
la fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se
las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y
yendo de camino, acostado y levantado.
RESPONSORIO
BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo
mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
Nunc dimittis Lc
2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
ORACIÓN
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al
clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la
alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los
siglos de los siglos.
Después de las I Vísperas de las solemnidades que no coinciden en
domingo:
Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del
enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en
paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte
santa.
R. Amén.
Antífonas finales a la Santísima Virgen María
III
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

Fariseo y Publicano


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