Dedícate a la Contemplación.....y recibirás los dones del Espíritu Santo


El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina

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LUNES 5 DE OCTUBRE DE 2026

LECTIO DIVINA DE AYER

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL LUNES SEMANA III DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al Lunes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario, o

Santa Faustina Kowalska, virgen

Santa Faustina Kowalska, la gran apostolada de la Divina Misericordia, nace el 25 de agosto de 1905, en Polonia, en el pequeño pueblo de Glogowiec. El 10 de agosto de 1925 entra en el Convento de las Monjas de la Beata Virgen María de la Misericordia, en Varsovia. Pasa trece años de vida religiosa  en el interior de varios conventos de la congregación, trabajando como cocinera, jardinera y portera. Trabajos realizados con dedicación y humildad y con una actitud de confidencialidad y disponibilidad. Abundantes son las gracias que el Señor le dona, de las cuales los estigmas son la señal visible más evidente. Muere con tan sólo 33 años, el 5 de octubre de 1938, en Cracovia, consumida por la tuberculosis.

El 22 de febrero de 1931 anota en su diario: “Estando en mi celda vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca: una mano levantada para bendecir, mientras la otra tocaba su pecho la túnica ligeramente entreabierta que dejaba salir los dos grandes rayos, uno rojo y otro pálido (…). Un instante después, Jesús me dice: “Pinta una imagen según el modelo que ves, y que debajo esté escrito: Jesús, confío en ti. Deseo que esta imagen sea venerada primero en vuestra capilla, y después en el mundo entero. Prometo que el alma que venere esta imagen, no perecerá… porque yo mismo la defenderé como  mi propia gloria” (D. 47-48).

 

La imagen es pintada y tiene una gran difusión, junto a otras nuevas formas de culto de la Divina Misericordia que Jesús mismo pide a Sor Faustina de divulgar: la fiesta de la Divina Misericordia en el primer domingo después de Pascua, la Coronilla de la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (15:00).

 

 

LECTIO

Primera Lectura: Deuteronomio 8, 7-18

7 Pues Yahveh tu Dios te conduce a una tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y hontanares que manan en los valles y en las montañas,

8 tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel,

9 tierra donde el pan que comas no te será racionado y donde no carecerás de nada; tierra donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el bronce.

10 Comerás hasta hartarte, y bendecirás a Yahveh tu Dios en esa tierra buena que te ha dado.

11 Guárdate de olvidar a Yahveh tu Dios descuidando los mandamientos, normas y preceptos que yo te prescribo hoy;

12 no sea que cuando comas y quedes harto, cuando construyas hermosas casas y vivas en ellas,

13 cuando se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes,

14 tu corazón se engría y olvides a Yahveh tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre;

15 que te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible entre serpientes abrasadoras y escorpiones: que en un lugar de sed, sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca más dura;

16 que te alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para después hacerte feliz.

17 No digas en tu corazón: "Mi propia fuerza y el poder de mi mano me han creado esta prosperidad",

18 sino acuérdate de Yahveh tu Dios, que es el que te da la fuerza para crear la prosperidad, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus padres, como lo hace hoy.

 

         *"La historia nos ofrece lecciones importantes.  Recordémoslas y apliquémonos más.  En tiempos de riqueza y de bienestar, los seres humanos tendemos a confiar en nosotros mismos.  Tendemos a volvernos independientes, y muchos hasta se vuelven arrogantes.  Esta actitud la vemos expresada en Dt. 8:17, lo cual implica olvidar a Dios.

         A cada persona Dios le otorga la habilidad para prosperar, ya sea un israelita de los tiempos del Antiguo Testamento, o un cristiano del Nuevo Testamento.  Ninguno debe olvidar que es Dios el que provee la capacidad para prosperar.  Jesús nos enseñó una hermosa actitud de dependencia diaria, cuando nos instruyó para que oráramos diciendo: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”.  Como cristianos no podemos darnos el lujo de olvidar a Dios, de la misma forma que tampoco podía hacerlo el israelita en la vida diaria.  Esta actitud viene a identificarnos que pueblo suyo somos y ovejas de su parado

 

Salmo Responsorial

R./ Tú eres Señor del universo.

Salmo: 1 Cron 29, 10-12.

 

10 Después bendijo David a Yahveh en presencia de toda la asamblea diciendo:

 !Bendito tú, oh Yahveh, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre hasta siempre! R./


11 Tuya, oh Yahveh, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la majestad;

pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra.

Tuyo, oh Yahveh, es el reino; tú te levantas por encima de todo.  R./


12 De ti proceden las riquezas y la gloria.

Tú lo gobiernas todo; en tu mano están el poder y la fortaleza,

y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia.  R./

 

 

Segunda lectura: 2 Corintios 5,17-21

 

17 De modo que si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha aparecido algo nuevo.

18Todo viene de Dios, que nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.

19 Porque era Dios el que reconciliaba consigo al mundo en Cristo, sin tener en cuenta los pecados de los hombres, y el que nos hacía depositarios del mensaje de la reconciliación.

20 Somos, pues, embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos que os dejéis reconciliar con Dios.

21 A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de pecado para que, por medio de él, nosotros nos transformemos en salvación de Dios.

 

**• La perícopa comienza con la afirmación esencial del cristianismo: si la humanidad ha muerto y resucitado con Cristo, todo lo viejo (lo que está bajo la ley del pecado) ha desaparecido. Lo que cuenta es la criatura nueva. El hombre viejo ha sido sepultado en el bautismo.

Surge del agua el hombre nuevo. Esta transformación es pura gracia. El género humano, inmerso en el pecado, no podía volver a Dios con sus propios medios. En su amor sobreabundante (cf. Ef 2,4; Rom 5,8), Dios envió a su Unigénito para llevar a cabo la reconciliación con su inmolación. Estamos salvados "por Cristo" y "en Cristo". Ambas expresiones no son una repetición, sino una profundización; equivale a decir que, una vez reconciliados por los méritos de Cristo, hemos sido injertados en él y nos hemos convertido con él en cooperadores de la obra de salvación. De hecho, en el v. 20 se nos confía una misión específica: somos embajadores de Cristo; a través de nosotros, Dios quiere exhortar a todos a dejarse reconciliar. La misión exige adhesión plena y libre a su voluntad. Pablo propone un motivo altísimo para suscitar el asentimiento: el Justo se ha hecho pecado para que los pecadores llegasen a ser justicia. Él ha querido hacerse solidario de nosotros, no nos haremos nosotros solidarios con él?

 

Evangelio: Mateo 7,7-12

Dijo Jesús:

7 Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis! llamad, y os abrirán.

8 Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren.

9 Acaso si a alguno de vosotros su hijo le pide pan le da una piedra

10 o si le pide un pez le da una serpiente?

11 Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, !cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

12 Así pues, tratad a los domas como queráis que ellos os traten a vosotros, porque en esto consisten la Ley y los profetas.

 

**• Con una argumentación seria que, desde el punto de vista formal, se asemeja a la de los rabinos de su tiempo, Jesús enseña la necesidad de la oración de petición, declarando la certeza de ser escuchada. Se da una contradicción con lo indicado poco antes (Mt 6,7s) Ciertamente, no; en la oración no es preciso ser palabrero, porque el Padre "conoce", pero es necesario asumir la actitud interior del mendigo, es decir, saber ubicarse en la verdad de la propia condición humana.

Dios mismo da al que pide y abre al que llama: de hecho, los verbos usados -"se os dará", "se os abrirá"- tienen la forma de lo que se llama "pasivo divino", expresión semántica para evocar el nombre de Dios -impronunciable- sin nombrarlo de modo explícito (vv. 7s). Si a un hijo que pide alimento su padre no le dará cualquier cosa que se le parezca en su aspecto externo pero que en sustancia sea muy diferente (vv. 9s), mucho más Dios, el único bueno, el padre más solícito, dará "cosas buenas" a todos los que le piden.

El Padre escucha siempre las súplicas de sus hijos y da lo que realmente es mejor al que lo invoca. El v. 12 recuerda un dicho rabínico: "Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu prójimo. En esto está toda la ley, el resto sólo es una explicación". Jesús lo relata en forma positiva, y esto es mucho más exigente: no se trata de un "no hacer", sino de algo concreto que nos exige estar siempre atentos por el bien de los demás; por esta razón, cambia completamente la vida del que lo toma en serio, le lleva a la verdadera conversión: descentrarse de nosotros mismos para que nuestro centro sean los demás.

 

MEDITATIO

Jesús nos enseña a orar con perseverancia confiada, revelándonos al mismo tiempo cómo es el corazón de Dios y cómo debe ser el corazón del orante. Se nos va conduciendo a la verdad más sencilla y más profunda: Dios es nuestro Padre y nos ama con amor eterno, sin arrepentirse, sin reservas. Quizás no creemos de veras en este amor, o tal vez estamos ya tan acostumbrados a decir y oír que Dios nos ama, que apenas prestamos atención a esta realidad desconcertante.

Jesús hoy nos invita a entrar en comunión viva con Dios Padre, y ésta es una experiencia que nos puede cambiar interiormente: pedid..., buscad..., llamad..., no quedaréis defraudados. El Padre, fuente inagotable de bondad, dará sólo cosas buenas a los que se las pidan. Hemos orado ya de veras, dirigiéndonos a él o, tal vez, hemos manifestado nuestros deseos en voz alta, haciéndolos girar en torno a nosotros mismos? Además, eran de verdad "cosas buenas" las que hemos pedido? La oración humilde y sencilla, la oración de un corazón amante, comienza con un acto de contemplación gratuita, teniendo fija la mirada interior en el rostro del Padre bueno. Olvidemos nuestras muchas peticiones y, poco a poco, sentiremos nacer en nosotros una única súplica que brota de una exigencia realmente necesaria.

Después de haber contemplado en la fe el rostro de Dios, ya no podremos dudar ni ignorar que somos hijos de Padre, impulsados por su amor a todo ser humano, nuestro hermano, para brindar esa bondad que sin cesar mana de la fuente y viene a saciar nuestra indigencia para que rebose hacia todos y llegue a cada uno.

 

ORATIO

Oh Padre, tú que eres el único bueno y das cosas buenas a los que te las piden, escucha nuestra oración. Antes de nada danos un corazón sencillo, humilde, confiado, que sepa abandonarse sin pretensiones y sin reservas a tu amor. Haznos pobres de espíritu y ven, tú que eres el Rey, a ensanchar en nosotros tu reino de paz. Ayúdanos a suplicarte incesantemente para que, siendo portavoces de toda criatura, podamos llevar a todos el auxilio de tu amor. Tú das al que pide: danos tu Espíritu bueno. Tú concedes que encuentre el que busca: que busquemos siempre tu rostro. Tú abres al que llama: ábrenos la puerta de tu corazón a nosotros y a todos los hombres. Estrechados en tu eterno abrazo, no pediremos más. Oh Padre, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

 

CONTEMPLATIO

El Evangelio nos asegura que son muchas las causas por las que somos escuchados. Una condición: que dos almas se unan en su oración; otra una fe firme; también la limosna, la enmienda de vida [...]. Convencido estoy de nuestras miserias, y quiero, incluso, admitir que estamos completamente desprovistos de las virtudes de las que hemos hablado antes. Y, sin embargo, el Señor promete concedernos los bienes celestiales y eternos; nos exhorta a una dulce violencia con nuestra insistencia. Nada más lejos de él que el desprecio de los importunos: los invita, los alaba, les promete concederles con gusto todo. Que nos anime la insistencia de los importunos. Sin exigir un gran mérito ni grandes fatigas, está en nuestra mano. No dudemos de la Palabra del Señor, que dice: "Todo lo que pidáis con fe lo obtendréis" (Juan Casiano, Colaciones, IX, 34, passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él le escucha" (Sal 33,6s).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Antes de saber cómo hay que orar, importa mucho más saber cómo "no cansarse nunca", no desanimarse nunca, ni deponer las armas ante el silencio aparente de Dios: "Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer" (Le 18,1).

Que la intrepidez se adueñe de ti como de la viuda ante el juez. Vete a encontrar a Dios en plena noche, llama a la puerta, grita, suplica e intercede. Y si la puerta parece cerrada, vuelve a la cara, pide, pide hasta romperle los oídos. Será sensible a tu llamada desmesurada, pues ésta grita tu confianza total en él.

Déjate llevar por la fuerza de tu angustia y el asalto de tu impetuosidad. En algunos momentos, el Espíritu Santo formulará él mismo las peticiones en lo más íntimo de tu corazón con gemidos inefables. Has oído gemir a un enfermo presa de un intenso sufrimiento? Nadie puede permanecer insensible a esta queja, a menos que tenga un corazón de piedra. En la oración, Dios espera que pongas esta nota de violencia, de vehemencia y de súplica para volcarse sobre ti, y escuchará tu petición. En el fondo, no haces más que dar alcance al amor infinito comprimido en su corazón, que espera tu oración para desencadenarse en respuesta de ternura y misericordia. Si supieses lo atento que está Dios al menor de tus clamores, no dejarías de suplicarle por tus hermanos y por ti. El se levantaría entonces y colmaría tu espera mucho más allá de tu Oración. Se puede esperar todo de una persona que ora sin cansarse y que ama a sus hermanos con la ternura misma de Dios (J, Lufrance, Ora a tu Padre, Madrid 1981, 173-174).

 

 

LAUDES

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

INVITATORIO
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio)

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades."

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


HIMNO
Llenando el mundo, el sol abre
la mañana más y más.
La luz que transcurre ahora
aún más pura volverá.
Descansa el peso del mundo
en alada suavidad,
teje la santa armonía
del tiempo en la eternidad.

Vivir, vivir como siempre;
vivir en siempre, y amar,
traspasado por el tiempo,
las cosas en su verdad.
Una luz única fluye,
siempre esta luz fluirá
desde el aroma y el árbol
de la encendida bondad.

Todo en rotación diurna
descansa en su más allá,
espera, susurra, tiembla,
duerme y parece velar,
mientras el peso del mundo
tira del cuerpo y lo va
enterrando dulcemente
entre un después y un jamás.

Gloria al Padre omnipotente,
gloria al Hijo, que él nos da,
gloria al Espíritu Santo,
en tiempo y eternidad. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Salmo 83 Añoranza del templo
Aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura (Hb 13, 14)

!Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:

cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana:
los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte
hasta ver a Dios en Sión.

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.

Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.

Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta, intachable.

!Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los que viven en tu casa, Señor.


Ant. 2. Venid, subamos al monte del Señor.

Cántico Is 2, 2-5 El monte de la casa del Señor en la cima de los montes
Vendrán todas las naciones, y se postrarán en tu acatamiento" (Ap 15,4)


Al final de los días estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.

Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos numerosos.
Dirán: "Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob:

él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén, la palabra del Señor."

Será el árbitro de las naciones,
el juez de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, ven,
caminemos a la luz del Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, subamos al monte del Señor.


Ant. 3. Cantad al Señor, bendecid su nombre.

Salmo 95 El Señor, rey y juez del mundo
Cantaban un cántico nuevo delante del trono, en presencia del Cordero (cf. Ap 14, 3)

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria.

Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones;
porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: "El Señor es rey;
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente."

Alégrese el cielo, goce la tierra;
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque,

delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Ant.
Cantad al Señor, bendecid su nombre.


 

LECTURA BREVE St 2, 12-13
Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad, porque el juicio será sin misericordia para el que no practicó la misericordia. La misericordia se ríe del juicio.

RESPONSORIO BREVE
R. Bendito sea el Señor: * Ahora y por siempre.
Bendito sea el Señor: ahora y por siempre.

V. El único que hace maravillas.* Ahora y por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Bendito sea el Señor: ahora y por siempre.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.

Benedictus Lc 1, 68-79

El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Bendito sea el Señor, Dios nuestro.

PRECES
Invoquemos a Dios, que puso en el mundo a los hombres para que trabajasen concordes para su gloria; y pidamos con insistencia:
Haz que te glorifiquemos, Señor.

Te bendecimos, Señor, creador del universo,
–porque has conservado nuestra vida hasta el día de hoy.

Míranos benigno, Señor, ahora que vamos a comenzar nuestra labor cotidiana;
–haz que, obrando conforme a tu voluntad, cooperemos en tu obra.

Que nuestro trabajo de hoy sea provechoso para nuestros hermanos,
–y así todos juntos edifiquemos un mundo grato a tus ojos.

A nosotros y a todos los que hoy entrarán en contacto con nosotros,
–concédenos el gozo y la paz.


Llenos de alegría por nuestra condición de hijos de Dios, digamos confiadamente:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

ORACIÓN

Señor Dios, rey de cielos y tierra, dirige y santifica en este día nuestros cuerpos y nuestros corazones, nuestros sentidos, palabras y acciones, según tu ley y tus mandatos; para que, con tu auxilio, alcancemos la salvación ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo.


 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

 

HORA INTERMEDIA

TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.


HIMNO
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
sólo Dios basta.

Gloria a Dios Padre,
gloria a Dios Hijo,
igual por siempre
gloria al Espíritu. Amén.


SALMODIA
Ant. 1. Yo consulto, Señor, tus leyes, pues con ellas me diste vida.

Salmo 118, 89-96 XII (Lamed)
Contemplación de la palabra de Dios en la ley

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros igual que yo os he amado (Jn 13,34)


Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo;
tu fidelidad de generación en generación,
igual que fundaste la tierra y permanece;
por tu mandamiento subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu servicio.

Si tu voluntad no fuera mi delicia,
ya habría perecido en mi desgracia;
jamás olvidaré tus decretos,
pues con ellos me diste vida;
soy tuyo, sálvame,
que yo consulto tus leyes.

Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus preceptos;
he visto el límite de todo lo perfecto:
tu mandato se dilata sin término.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo consulto, Señor, tus leyes, pues con ellas me diste vida.


Ant. 2. Tú, Señor, fuiste mi esperanza desde mi juventud.

Salmo 70 Tú, Señor, fuiste mi esperanza desde mi juventud
Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación (Rm 12, 12)


I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.

Dios mío, líbrame de la mano perversa,
del puño criminal y violento;
porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías,
siempre he confiado en ti.

Muchos me miraban como a un milagro,
porque tú eres mi fuerte refugio.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el día.

No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas, no me abandones;
porque mis enemigos hablan de mí,
los que acechan mi vida celebran consejo;
dicen: "Dios lo ha abandonado;
perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende."

Dios mío, no te quedes a distancia;
Dios mío, ven aprisa a socorrerme.
Que fracasen y se pierdan
los que atentan contra mi vida,
queden cubiertos de oprobio y vergüenza
los que buscan mi daño.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú, Señor, fuiste mi esperanza desde mi juventud.


Ant. 3. En la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío.

II
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Contaré tus proezas, Señor mío,
narraré tu victoria, tuya entera.

Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas,
ahora, en la vejez y las canas,
no me abandones, Dios mío,

hasta que describa tu brazo
a la nueva generación,
tus proezas y tus victorias excelsas,
las hazañas que realizaste:
Dios mío, quién como tú?

Me hiciste pasar por peligros,
muchos y graves:
de nuevo me darás la vida,
me harás subir de lo hondo de la tierra;

acrecerás mi dignidad,
de nuevo me consolarás;
y yo te daré gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;

tocaré para ti la cítara,
Santo de Israel;
te aclamarán mis labios, Señor,
mi alma, que tú redimiste;

y mi lengua todo el día
recitará tu auxilio,
porque quedaron derrotados y afrentados
los que buscaban mi daño.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío.


TERCIA

LECTURA BREVE 2Co 13, 11
Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.

V. Los ojos del Señor miran a los justos.
R. Sus oídos escuchan sus gritos.

ORACIÓN
Oh Dios, Padre lleno de bondad, tú has querido que los hombres trabajáramos de tal forma que, cooperando unos con otros, alcanzáramos éxitos cada vez mas logrados; ayúdanos, pues, a vivir en medio de nuestro trabajos sintiéndonos siempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.



SEXTA
LECTURA BREVE Rm 6, 22
Ahora, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna.

V. Tú, Señor, vas a devolvernos la vida.
R. Para que tu pueblo se alegre contigo.

ORACIÓN
Señor, tú eres el dueño de la viña y de los sembrados, tú el que repartes las tareas y distribuyes el justo salario a los trabajadores; ayúdanos a soportar el peso del día y el calor de la jornada sin quejarnos nunca de tus planes. Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE Col 1, 21-22
Antes estabais vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha y sin reproche en su presencia.

V. Tañed para el Señor, fieles suyos.
R. Dad gracias a su nombre santo.

ORACIÓN
Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en aquella misma hora en que los apóstoles subían al templo para la oración de la tarde; concédenos que las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcancen la salvación a cuantos invocan este nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.

HIMNO
Muchas veces, Señor, a la hora décima
–sobremesa en sosiego–,
recuerdo que, a esa hora, a Juan y a Andrés
les saliste al encuentro.
Ansiosos caminaron tras de ti...
"Qué buscáis...?" Les miraste. Hubo silencio.

El cielo de las cuatro de la tarde
halló en las aguas del Jordán su espejo,
y el río se hizo más azul de pronto,
!el río se hizo cielo!
"Rabí
–hablaron los dos–, en dónde moras?"
"Venid, y lo veréis." Fueron, y vieron...

"Señor, en dónde vives?"
"Ven, y verás." Y yo te sigo y siento
que estás... !en todas partes!,
!y que es tan fácil ser tu compañero!

Al sol de la hora décima, lo mismo
que a Juan y a Andrés
–es Juan quien da fe de ello–,

lo mismo, cada vez que yo te busque,
Señor, !sal a mi encuentro!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

Salmo 122 El Señor, esperanza del pueblo
Dos ciegos... se pusieron a gritar: "!Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!" (Mt 20, 30)


A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.


Ant. 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 123 Nuestro auxilio es el nombre del Señor
Dijo el Señor a Pablo: "No temas..., que yo estoy contigo" (Hch 18, 9. 10)


Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
–que lo diga Israel–,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
en presa a sus dientes;
hemos salvado la vida, como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió, y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


Ant. 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico Ef 1, 3-10 El Dios salvador.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE St 4, 11-12
Dejad de denigraros unos a otros, hermanos. Quien denigra a su hermano o juzga a su hermano denigra a la ley y juzga a la ley; y, si juzgas a la ley, ya no la estás cumpliendo, eres su juez. Uno solo es legislador y juez: el que puede salvar y destruir. Quién eres tú para juzgar al prójimo?


 

RESPONSORIO BREVE
R. Sáname, Señor, * Porque he pecado contra ti.
Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

V. Yo dije: Señor, ten misericordia. * Porque he pecado contra ti.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

 

Magníficat Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES
Ya que Cristo quiere que todos los hombres se salven, pidamos confiadamente por toda la humanidad, diciendo:
Atrae a todos hacia ti, Señor.

Te bendecimos, Señor, a ti que, por tu sangre preciosa, nos has redimido de la esclavitud;
–haz que participemos en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Ayuda con tu gracia a nuestro obispo
N. y a todos los obispos de la Iglesia,
–para que, con gozo y fervor, administren tus misterios.

Que todos los que consagran su vida a la investigación de la verdad la hallen
–y, hallándola, se esfuercen en buscarla con mayor plenitud.

Atiende, Señor, a los huérfanos, a las viudas, a los que viven abandonados,
–para que te sientan cercano y se entreguen más a ti.

Acoge a nuestros hermanos difuntos en la ciudad santa de la Jerusalén celestial,
–donde tú, con el Padre y el Espíritu Santo, lo serás todo para todos.


Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

ORACIÓN
Señor, tú que con razón eres llamado luz indeficiente, ilumina nuestro espíritu, en esta hora vespertina, y dígnate perdonar benignamente nuestras faltas. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

 

COMPLETAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.


EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

HIMNO
De la vida en la arena
me llevas de la mano
al puerto más cercano,
al agua más serena.
El corazón se llena,
Señor, de tu ternura;
y es la noche más pura
y la ruta más bella
porque tú estas en ella,
sea clara u oscura.

La noche misteriosa
acerca a lo escondido;
el sueño es el olvido
donde la paz se posa.
Y esa paz es la rosa
de los vientos. Velero,
inquieto marinero,
ya mi timón preparo
–tú el mar y el cielo claro–
hacia el alba que espero.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.


 

SALMODIA
Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85 Oración de un pobre ante las adversidades
Bendito sea Dios, que nos alienta en nuestras luchas (2Co 1, 3. 4)

Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
"Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios."

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 9-10
Dios nos ha destinado a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por nosotros, para que, despiertos o dormidos, vivamos con él.

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 

Nunc dimittis Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.


ORACIÓN
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino, que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy, crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

III
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

 

 

Divina Misericordia

 

 

 

 

AYER

DOMINGO 4 DE OCTUBRE DE 2026

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL DOMINGO SEMANA III DEL SALTERIO

LAUDES

HORAS INTERMEDIAS

VÍSPERAS

COMPLETAS

LA IMAGEN

LECTIO DIVINA correspondiente al XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: Isaías 5,1-7

1 Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor dedicado a su viña: Mi amigo tenia una viña en una fértil colina.

2 La cavó y despedregó, plantó cepas selectas, levantó en medio una torre y excavó también un lagar. Esperaba que diera uvas, pero dio agrazones.

3 Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, juzgad entre mí y mi viña.

4 Qué cabía hacer por mi viña que yo no haya hecho? Por qué esperando uvas dio agrazones?

5 Pues os voy a decir lo que haré con mi viña: le quitaré su cerca y servirá de pasto, derribaré su tapia y será pisoteada.

6 La convertiré en un erial, no la podarán ni la escardarán, crecerán cardos y abrojos y prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

7 La viña del Señor todopoderoso es el pueblo de Israel, y los hombres de Judá, su plantel escogido. Esperaba de ellos derecho y no hay mas que asesinatos, esperaba justicia y solo hay lamentos.

 

• El profeta nos presenta en la parábola al <<amigo", imagen de Dios, y <<su viña", estampa de Israel. El profeta entona para <<su amigo>> un <<cántico>> (vv. 1ss). El tema del canto es el amor que siente el amigo por su viña, A continuación prosigue con las acciones personales del amigo, implicando a los <<habitantes de Jerusalén, hombres de Judá" (v. 3), para que sean jueces entre él y su viña (<<Qué cabía hacer por mi viña; que yo no haya hecho?", v 4) y dicten sentencia. El profeta apunta que el amigo convertirá la viña en un erial" (v. 6) y concluye con la hermenéutica de la parábola (v. 7).

Dios puede trazar tanto una viña como un jardín. La evocación del Génesis es evidente. En esta ocasión, el proyecto de Dios es <<el pueblo de Israel". Los habitantes de Judá son el <<plantel escogido". Y ahora, la responsabilidad del jardín es del pueblo elegido. Si Israel no vive en la viña-jardín con corazón agradecido y no produce los frutos esperados, Dios convertirá el jardín en un desierto.

A Israel no solo le ha faltado la sensibilidad suficiente para reconocer la bondad y la generosidad de Dios y mostrarle gratitud, sino que le ha negado a Dios hasta los frutos de la justicia y el derecho. En la viña-jardín no hay mas que sangre derramada y gritos de lamento.

La parábola es un canto al amor y al mimo de Dios por Israel y una denuncia de la dureza de corazón del pueblo de Israel. En el fondo, siempre hay una llamada amorosa de Dios, que escucha y atiende el grito de los oprimidos.

 

Salmo Responsorial

R./ La viña del Señor es la casa de Israel.

Salmo 79. 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

 

Sacaste una vid de Egipto,

expulsaste a los gentiles,y la trasplantaste.

Extendió sus sarmientos hasta el mar,

y sus brotes hasta el Gran Río.  R./

¿Por qué has derribado su cerca

para que la saqueen los viandantes,

la pisoteen los jabalíes

y se la coman las alimañas?  R./

Dios del universo, vuélvete:

mira desde el cielo, fíjate,

ven a visitar tu viña.

Cuida la cepa que tu diestra plantó

y al hijo del hombre que tú has fortalecido.  R./

No nos alejaremos de ti:

danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios del universo, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.  R./

 

 

Segunda lectura: Filipenses 4,6-9

6 Que nada os angustie; al contrario, en cualquier situación presentad vuestros deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias.

7 Y la paz de Dios, que supera cualquier razonamiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos por medio de Cristo Jesús.

8 Por último, hermanos, tomad en consideración todo lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de limpio, de amable, de laudable, de virtuoso y de encomiable.

9 Practicad asimismo lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

 

Pablo, a punto de concluir la Carta a los Filipenses, les propone unas recomendaciones finales. Ante todo, no caer en la <<angustia". No sucumbir ante los apuros que la vida impone por tantos y tantos motivos, y que producen, dentro y fuera, tantas y tantas preocupaciones cotidianas, hasta el punto de arrebatar la paz y la tranquilidad. Pablo aconseja: <<Que nada os angustie" (v. 6). El creyente tiene un clarísimo método evangélico para superar esas miserias: hacer de Dios el referente primero de las oraciones, súplicas, intercesiones y acciones de gracias. Todo un precioso abanico de posibilidades, de distintas formas de orar, expresado con un vocabulario de rica inspiración bíblica. Basta con pensar en los salmos.

Quien se fía de Dios y confía en él encomendándole continuamente peticiones, dialogando y entablando coloquios filiales, recibirá el regalo de la paz (v. 7). La paz <<que supera cualquier razonamiento"; esto es, cualquier pensamiento, proyecto o iniciativa de paz humana. Porque la fuente de la verdadera paz es Dios mismo: el Padre que ha enviado al mundo a su hijo Jesucristo, <<nuestra paz>>.

 

Evangelio: Mateo 21,33-43

Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

33 Escuchad esta otra parábola: Había un hacendado que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se ausentó.

34 Al llegar la vendimia, envió sus criados a los labradores para recoger los frutos,

35 Pero los labradores agarraron a los criados, hirieron a uno, mataron a otro y al otro lo apedrearon.

36 De nuevo envió otros criados, en mayor número que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo,

37 Finalmente les envió a su hijo, pensando: <<A mi hijo lo respetarán,>>

38 Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: <<Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia".

39 Le echaron mano, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

40 Qué os parece? Cuando vuelva el dueño de la viña, que hará con esos labradores?

41 Le respondieron: - Acabará de mala manera con esos malvados y arrendaré la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo.

42 Jesús les dijo: - No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que rechazaron las constructores se ha convertido en piedra ungular; esta es obra del Señor y es realmente admirable?

43 Por eso os digo que se os quitará el Reino de Dios y se entregará a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al Reino corresponden.

 

• La parábola de los labradores homicidas, en el evangelio de Mateo (presente en los tres sinópticos, aunque con algunas diferencias y con elementos Comunes; por ejemplo, la muerte del hijo fuera de la viña), viene a continuación de aquella de los dos hijos que el padre envía a trabajar en la viña, la lectura del domingo anterior propuesta por la liturgia.

El dueño tiene la viña extraordinariamente cuidada. Ha transformado un terreno laborable en un auténtico jardín. Seto, lagar y torre no son precisamente elementos frecuentes en una viña (cf v. 33). En ésta, si. Y aún hay más. Arrienda la viña a unos labradores para que la gestionen con plena libertad. Confía en ellos y se ausenta. Y en el tiempo de la vendimia, prudentemente, envía unos criados (según el texto, en numero de tres) a los labradores <<para recoger los frutos" (v 34), pero a uno lo hirieron, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. E1 dueño vuelve a enviar a otros criados, <<en mayor número que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo" (v. 36). Entonces, el dueño de la viña tomó la decisión, do1orosa y responsable, y mas arriesgada, si se considera el comportamiento precedente de los labradores, de enviar a <<su hijo". <<A mi hijo lo respetarán>> (v. 37), pensaba. A1 verlo, los labradores manifiestan la intención que inicialmente les había movido y que ahora les empuja hasta el extremo de matar al hijo. <<Este es el heredero. Vamos a matarlo" (v. 38).

En este punto, Jesús, mediante una inflexión, involucra a los presentes y pasa de la parábola a la historia: <<Que os parece? Cuando vuelva el dueño de la viña, qué hará con esos labradores?" (v. 4o). Y honestamente, aunque, quizá, sin pensar en las consecuencias, se la dan: <<Acabará de mala manera con esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo" (v. 41). Entonces Jesús trae a colación la Palabra de Dios para que dé testimonio. La viña es el Reino de Dios. Los jornaleros homicidas son los oyentes que se le acercaron, los representantes de los judíos. La piedra rechazada será él mismo, Jesús. En el horizonte, <<un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al Reino corresponde>> (v. 43). Los presentes, sumos sacerdotes y fariseos, comprendieron el sentido de la parábola de Jesús y querían <<echarle mano" (v. 46). Pero no lo hicieron por temor a la gente (cf v. 45).

 

MEDITATIO

Releamos dos frases que resumen la lectura profética y el pasaje evangélico: <<La viña del Señor todopoderoso es el pueblo de Israel, y los hombres de Judá, su plantel escogido. Esperaba de ellos derecho y no hay mas que asesinatos, esperaba justicia y solo hay lamentos" (Is 1,7). <<Jesús les dijo: No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular; esto es obra del Señor y es realmente admirable? Por eso os digo que se os quitará el Reino de Dios y se entregará a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al Reino corresponden" (Mt 21, 42-43).

Dios se ha manifestado y ha hablado con los patriarcas, les ha propuesto establecer una alianza con ellos y, para proveer al pueblo, le ha elegido un terreno, la tierra prometida, y una descendencia futura, numerosa, <<como las estrellas del cielo y la arena del mar".

Abrahán, Isaac y Jacob, a pesar de sus <<crisis", pero confiando en Dios y guardando la alianza, han encaminado los pasos de su vida hacia la constitución del <<pueblo de Israel". con el Éxodo, guiado por Moisés, y la instalación en la tierra prometida, realizada por Josué, aparece visiblemente el <<pueblo de Israel". Superado el periodo de los jueces, surge David y, con él, el reino unido de Judá e Israel, tipo del <<Reino mesiánico". Rápidamente sobreviene la división y con ella, la débil fidelidad a la alianza del pueblo elegido. El <<pueblo de Israel " y el <<Reino de Dios" siempre han mantenido una relación difícil y conflictiva. Los profetas en vano han vociferado apasionadamente la fidelidad de Dios y la infidelidad del pueblo. Después de la caída del Reino del Norte y posteriormente, la del Reino del Sur la situación ha sido de un sufrimiento difícil de aliviar.

        La responsabilidad colectiva de los labradores y, según la conclusión de la parábola, de Israel, emerge con fuerza. Dios, el <<amigo" y el <<dueño", ha dicho y ha hecho cuanto podía para que fructificase la viña y los labradores asumieran la responsabilidad. Los resultados son amargos e Israel es responsable. Sin embargo, Dios no se da por vencido: como en otras ocasiones, no se rinde ante el pasado.

Jesús denuncia el pecado del pueblo elegido con la parábola de los labradores homicidas. El auténtico final, expresión de la misericordia del Padre celeste, es la urgencia y apremio de la invitación de Oseas: <<Vuelve, Israel, al Señor; tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho caer. Buscad las palabras apropiadas y volved al Señor decidle: “Perdona todos nuestros pecados; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios"" (Os 14,2-3).

 

ORATIO

Señor, Señor, tu que abarcas con tu mano inmaculada el orbe entero, ten paciencia. con nosotros y compadécete de nuestras iniquidades, recuerda tu compasión y piedad. Visiíanos con tu bondad y concédenos, ayudados con tu gracia, huir el resto de este día de las múltiples tramas del Maligno y, con la gracia del Espíritu Santo, ampara nuestras vidas de sus insidias.

Por la misericordia y la bondad de tu Hijo unigénito, con el que eres bendecido, junto con el Espíritu Santo vivificante. Ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén (<<La liturgia delle ore. Quinta preghiera", en S. Pricoco - M. Simonetti [eds.], La preghiera dei cristiani, Milán 2000, 305).

 

CONTEMPLATIO

Ven, luz verdadera. Ven, vida eterna. Ven, misterio oculto. Ven, tesoro escondido. Ven, realidad inenarrable. Ven, persona inconcebible. Ven, regocijo inconmensurable. Ven, luz sin ocaso. Ven, esperanza verdadera de los que serán salvados. Ven, despertar de quienes duermen. Ven, resurrección de los muertos. Ven, omnipotente, con voluntad hacedora, renueva y transforma todas las cosas. Ven, invisible, intangible e impalpable. Ven, tu que ni cambias ni te mudas y en cada momento nos visitas y vienes a quienes yacemos en el infierno, tu que estas en las alturas. Ven, sumamente deseado y continuamente repetido, inefable e indecible. Ven, alegría eterna. Ven, corona inmarcesible. Ven, púrpura divina y rey nuestro. Ven, cinturón límpido, repujado de piedras preciosas. Ven, diestro consejero, purpúreo y soberano. Ven, tu que has deseado y deseas mi alma infeliz.

Ve junto al que esté solo, y yo lo estoy, ven. Ven, me separaste de los demás y solitario estoy en esta tierra. Ven, tu que te has convertido en deseo dentro de mi y te has hecho desear por mi, incluso siendo totalmente inaccesible. Ven, mi oxigeno y mi vida. Ven, consuelo de mi pobre vida humana. Ven, mi alegría y mi delicia ilimitada (Simeón el Nuevo Teólogo, Invocación al Espíritu Santo).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Somos tu viña y tu pueblo, Señor ten piedad de nosotros".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Ahora te amo o ti sólo, o ti sólo sigo y busco, a ti solo estoy dispuesto a servir; porque tu solo justamente señoreas; quiero pertenecer o tu jurisdicción. Manda y ordena, te ruego, lo que quieras, pero sana mis oídos para oír tu voz; sana y obre mis ojos poro ver tus designios; destierra de mi todo ignorancia paro que te reconozca o ti. Dime adónde debo dirigir la mirada para verte o ti, y espero hacer todo lo que mandes. Recibe, te pido, a tu fugitivo, Señor, clementísimo Padre; basta ya con lo que he sufrido; basta con mis servicios a tu enemigo, hoy puesto bajo tus pies, basta ya de ser juguete de las apariencias falaces. Recíbeme ya siervo tuyo, que vengo huyendo de tus contrarias, que me retuvieron sin pertenecerles, cuando vivía lejos de ti. Ahora comprendo la necesidad de volver a ti; ábreme la puerta, porque estoy llamando; enséñame el camino para llegar hasta ti. Solo tengo voluntad; sé que lo caduco y transitorio debe despreciarse para ir en pos de Io seguro y eterno. Esto hago, Padre, porque esto solo sé, y todavía no conozco el camino que lleva hasta ti. Enséñamelo tu, muéstramelo tu, dame la fuerza para el viaje. Si con la fe llegan a ti los que te buscan, no me niegues la fe; si con la virtud, dame la virtud; si con la ciencia, dame la ciencia. Aumenta en mi la fe, aumenta la esperanza, aumenta la caridad. !Oh, cuan admirable y singular es tu bondad! (Agustín de Hipona, <<Soliloquios", 1,1,5, en Obras de san Agustín, I, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1979, 440).

 

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

INVITATORIO

Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio)

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades."

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO
Cristo,
alegría del mundo,
resplandor de la gloria del Padre.
!Bendita la mañana
que anuncia tu esplendor al universo!

En el día primero,
tu resurrección alegraba
el corazón del Padre.

En el día primero,
vio que todas las cosas eran buenas
porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra
Tu resurrección y se alegra
con claridad de Pascua.

Se levanta la tierra
como un joven discípulo en tu busca,
sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana,
tu sagrada luz se difunde
como una gracia nueva.

Que nosotros vivamos
como hijos de luz y no pequemos
contra la claridad de tu presencia. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. El Señor es admirable en el cielo. Aleluya.

Salmo 92 Gloria del Dios creador
Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo, alegrémonos y gocemos y démosle gracias (Ap 19, 6. 7)


El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder:
así está firme el orbe y no vacila.

Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.

Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan los ríos su fragor;

pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es admirable en el cielo. Aleluya.


Ant. 2. Eres alabado, Señor, y ensalzado por los siglos. Aleluya.

Cántico Dn 3, 57-88. 56 Toda la creación alabe al Señor
Alabad al Señor, sus siervos todos (Ap 19, 5)


Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor;

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre.

Ant. Eres alabado, Señor, y ensalzado por los siglos. Aleluya.


Ant. 3 Alabad al Señor en el cielo. Aleluya. †

Salmo 148 Alabanza del Díos creador
Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (Ap 5, 13)

Alabad al Señor en el cielo,
† alabad al Señor en lo alto.

Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos.

Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.

Alabadlo, espacios celestes
y aguas que cuelgan en el cielo.

Alaben el nombre del Señor,
porque él lo mandó, y existieron.

Les dio consistencia perpetua
y una ley que no pasará.

Alabad al Señor en la tierra,
cetáceos y abismos del mar,

rayos, granizo, nieve y bruma,
viento huracanado que cumple sus órdenes,

montes y todas las sierras,
árboles frutales y cedros,

fieras y animales domésticos,
reptiles y pájaros que vuelan.

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,

los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños,

alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.

Su majestad sobre el cielo y la tierra;
él acrece el vigor de su pueblo.

Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor en el cielo. Aleluya.

LECTURA BREVE Ez 37, 12b-14
Así dice el Señor: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra, y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago." Oráculo del Señor.


 

RESPONSORIO BREVE
R. Cristo, Hijo de Dios vivo; * Ten piedad de nosotros.
Cristo, Hijo de Dios vivo; ten piedad de nosotros.

V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre. * Ten piedad de nosotros.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cristo, Hijo de Dios vivo; ten piedad de nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos", dice el Señor.

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos", dice el Señor.

PRECES
Invoquemos a Dios Padre, que, por mediación de su Hijo, envió el Espíritu Santo, para que con su luz santísima penetrara las almas de sus fieles, y digámosle:
Ilumina, Señor, a tu pueblo.

Te bendecimos, Señor, a ti que eres nuestra luz,
–y te pedimos que este domingo que ahora comenzamos transcurra todo él consagrado a tu alabanza.

Tú que, por la resurrección de tu Hijo, quisiste iluminar el mundo,
–haz que tu Iglesia difunda entre todos los hombres la alegría pascual.

Tú que, por el Espíritu de la verdad, adoctrinaste a los discípulos de tu Hijo,
–envía este mismo Espíritu a tu Iglesia, para que permanezca siempre fiel a ti.

Tú que eres luz para todos los hombres, acuérdate de los que viven aún en las tinieblas
–y abre los ojos de su mente para que te reconozcan a ti, único Dios verdadero.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos al llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.


 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

 

HORA INTERMEDIA

TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.


HIMNO
A la gloria de Dios se alzan las torres,
a su gloria los álamos,
a su gloria los cielos,
y las aguas descansan a su gloria.

El tiempo se recoge;
desarrolla lo eterno sus entrañas;
se lavan los cuidados y congojas
en las aguas inmobles,
en los inmobles álamos,
en las torres pintadas en el cielo,
mar de altos mundos.

El reposo reposa en la hermosura
del corazón de Dios, que así nos abre
tesoros de su gloria.

Nada deseo,
mi voluntad descansa,
mi voluntad reclina
de Dios en el regazo su cabeza
y duerme y sueña. . .;
sueña en descanso .
toda aquesta visión de esta hermosura.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.

Salmo 117 Himno de acción de gracias después de la victoria
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4, 11)


I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor.
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.


Ant. 2. La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.

II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa."

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.


Ant. 3. El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.

III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

–Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

–Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

–Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

–Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.


TERCIA

LECTURA BREVE Rm 8, 15-16
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "!Abba!" (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios.

V. En ti, Señor, está la fuente viva.
R. Y tu luz nos hace ver la luz.


SEXTA
LECTURA BREVE Rm 8, 22-23
Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Él rescata tu vida de la fosa.

 


NONA
LECTURA BREVE 2Tm 1, 9
Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo.

V. El Señor los condujo seguros, sin alarmas.
R. Los hizo entrar por las santas fronteras.

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ay
údanos al llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

C
ONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

 

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.

 

HIMNO

Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto.
lo que el miedo niega.

Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos,
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
!y eran todas buenas! Amén.


SALMODIA
Ant. 1. Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha." Aleluya. †

Salmo 109, 1-5. 7 El Mesías, Rey y Sacerdote
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies (1Co 15,25)

Oráculo del Señor a mi Señor:
"Siéntate a mi derecha,
† y haré de tus enemigos
estrado de tus pies."
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora."

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
"Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec."

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha." Aleluya.


Ant. 2. El Señor, piadoso y clemente, ha hecho maravillas memorables. Aleluya.

Salmo 110 Grandes son las obras del Señor
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente (Ap 15, 3)


Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman;

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor, piadoso y clemente, ha hecho maravillas memorables. Aleluya.


Ant. 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Cántico Cf. Ap 19, 1-2. 5-7 Las bodas del Cordero

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos, y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA BREVE 1P 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.


 

RESPONSORIO BREVE
V. Bendito eres, Señor, * En la bóveda del cielo.
Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos. * En la bóveda del cielo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.


 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Inmediatamente los discípulos dejaron las redes y siguieron a Jesús.

Magníficat Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Inmediatamente los discípulos dejaron las redes y siguieron a Jesús.

PRECES
Invoquemos a Dios, nuestro Padre, que maravillosamente creó al mundo, lo redimió de forma más admirable aún y no cesa de conservarlo con amor, y digámosle con alegría:
Renueva, Señor, las maravillas de tu amor.

Te damos gracias, Señor, porque, a través del mundo, nos has revelado tu poder y tu gloria;
–haz que sepamos ver tu providencia en los avatares del mundo.

Tú que, por la victoria de tu Hijo en la cruz, anunciaste la paz al mundo,
–líbranos de toda desesperación y de todo temor.

A todos los que aman la justicia y trabajan por conseguirla,
–concédeles que cooperen, con sinceridad y concordia, en la edificación de un mundo mejor.

Ayuda a los oprimidos, consuela a los afligidos, libra a los cautivos, da pan a los hambrientos, fortalece a los débiles,
–para que en todos se manifieste el triunfo de la cruz.

Tú que, al tercer día, resucitaste gloriosamente a tu Hijo del sepulcro,
–haz que nuestros hermanos difuntos lleguen también a la plenitud de la vida.

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ay
údanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obra en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.


 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.  

 

 

COMPLETAS

DESPUÉS DE LAS SEGUNDAS VÍSPERAS DEL DOMINGO Y DE LAS SOLEMNIDADES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.



 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

HIMNO

 

I
Gracias, porque al fin del día
podemos agradecerte
los méritos de tu muerte,
y el pan de la eucaristía,
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza,
la fe, el amor, la esperanza
y esta bondad en tu empeño
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

II
Nos cubren las tinieblas
con su intangible velo;
nos acosa la noche con sus ojos,
y reza el pensamiento.

Los astros en tus bóvedas,
Señor del universo,
vigilarán lo oscuro,
vigilarán el sueño.

Nosotros dormiremos. Amén.

SALMODIA
Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto noc­turno.

Salmo 90 A la sombra del Omnipotente
Os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones (Lc 10,19)

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti."

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día;
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
Diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará,

Nada más mirar con tus ojos,
verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

"Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación."

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

LECTURA BREVE Ap 22, 4-5
Verán al Señor cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá más noche, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

Nunc dimittis Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

ORACIÓN
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de las II Vísperas de las solemnidades que no coinciden en domingo:

Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

III
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

 

 

 

Estigmatizacion de S Francisco (Rubens)