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El cántico de alabanza
que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo,
sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel
y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de
nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas-
y todos los días del año -Lectio Divina
Si quiere recibirla
diariamente, por favor, apúntese
aquí
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JUEVES 21
DE MAYO DE 2026
LECTIO
DIVINA DE AYER
LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL JUEVES
SEMANA III DEL SALTERIO
LECTIO DIVINA correspondiente al Jueves de la VII Semana de Pascua |





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LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 22,30; 23,6-11
22,30 Al día siguiente, queriendo averiguar exactamente de qué le
acusaban los judíos, el tribuno hizo que lo desatasen y mandó reunir
a los jefes de los sacerdotes y a todo el Sanedrín; sacó después a
Pablo y lo presentó delante de ellos.
23,6 Como Pablo sabía que parte de ellos eran saduceos y parte
fariseos, gritó en el Sanedrín: - Hermanos, yo soy fariseo, hijo de
fariseos, y me juzgan por creer en la resurrección de los muertos.
7 Al decir él esto, se produjo una discusión entre los fariseos y
los saduceos y se dividió la asamblea.
8 Pues los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni
espíritus, mientras que los fariseos creen en todo eso.
9 Así que se produjo un griterío inmenso. Algunos maestros de la
Ley del partido de los fariseos se pusieron en pie y afirmaron
enérgicamente: - Nosotros no encontramos nada malo en este hombre. Y
si le ha hablado un espíritu o un ángel?
10 Como la discusión se hacía cada vez más fuerte, el tribuno tuvo
miedo de que despedazaran a Pablo y ordenó a los soldados que
bajaran, para sacarlo de allí y llevarlo al cuartel.
11 La noche siguiente, el Señor se le apareció y le dijo: - Ten
ánimo, pues tienes que dar testimonio de mí en Roma igual que lo has
dado en Jerusalén.
**• Es el segundo discurso de
Pablo en su nueva condición de prisionero. Había subido a Jerusalén
para visitara aquella comunidad y había seguido, con "incauta"
condescendencia, el consejo de Santiago de subir al templo. Lo
descubren en él y, si no hubiera sido salvado por el tribuno romano,
que le permite hablar a la muchedumbre, casi le cuesta la vida. De
este modo tiene ocasión de contar, una vez más, su conversión,
relato al que siguió una nueva intervención del tribuno romano
ordenando a los soldados que lo llevaran al cuartel. Una vez allí,
Pablo declara su ciudadanía romana.
Al día siguiente le llevan
ante el Sanedrín, donde pronuncia este habilidoso discurso. Pablo
juega con las divisiones entre fariseos y saduceos a propósito de la
resurrección de los muertos. Con ello despierta un furor teológico
que les hace llegar a las manos. Los fariseos, superando la prudente
posición del mismo Gamaliel, se alinean con Pablo y en contra del
adversario común. Los romanos tienen que salvar otra vez al apóstol.
La particular belicosidad de los judíos -belicosidad que se verifica
en esta visita de Pablo- es un indicador de la tensión nacionalista
que estaba subiendo en el ambiente: todo lo que tenía visos de
amenazar la identidad nacional era rechazado, hasta el punto de
llegar a la abierta rebelión contra Roma.
Son páginas que reproducen el
clima de exasperación nacionalista que conducirá al drama de la
destrucción de la ciudad. Pablo es consolado y tranquilizado de
nuevo sobre su alta misión de "testigo", no sólo en Jerusalén, sino
en el mismo corazón del mundo conocido. Fue una vida heroica la de
Pablo, empleada exclusivamente al servicio del evangelio.
Salmo Responsorial
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Salmo 15.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
R/. Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R/. Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R/. Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
R/. Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti
Evangelio: Juan 17,20-26
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y oró de este
modo:
20 No te ruego solamente por ellos, sino también por todos los que
creerán en mí por medio de su palabra.
21 Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí y
yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo,
el mundo podrá creer que tú me has enviado.
22 Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal
manera que puedan ser uno, como lo somos nosotros.
23 Yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a la unión perfecta y
el mundo pueda reconocer así que tú me has enviado y que les amas a
ellos como me amas a mí.
24 Padre, yo deseo que todos estos que tú me has dado puedan estar
conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me has
dado, porque tú me amaste antes de la creación del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo, en cambio, te
conozco y todos éstos han llegado a reconocer que tú me has enviado.
26 Les he dado a conocer quién eres, y continuaré dándote a conocer
para que el amor con que me amaste pueda estar también en ellos y yo
mismo esté en ellos.
**• En la tercera parte de su
"Oración sacerdotal" dilata Jesús el horizonte. Antes había invocado
al Padre por sí mismo y por la comunidad de los discípulos. Ahora su
oración se extiende en favor de todos los futuros creyentes (vv.
20-26). Tras una invocación general (v. 20), siguen dos partes bien
distintas: la oración por la unidad (vv. 21-23) y la oración por la
salvación (vv. 24-26).
Jesús, después de haber
presentado a las personas por las que pretende orar, le pide al
Padre el don de la unidad en la fe y en el amor para todos los
creyentes. Esta unidad tiene su origen y está calificada por "lo
mismo que" (= kathós), es decir, por la copresencia del
Padre y del Hijo, por la vida de unión profunda entre ellos,
fundamento y modelo de la comunidad de los creyentes. En este
ambiente vital, todos se hacen "uno" en la medida en que acogen a
Jesús y creen en su Palabra. Este alto ideal, inspirado en la vida
de unión entre las personas divinas, encierra para la comunidad
cristiana una vigorosa llamada a la fe y es signo luminoso de la
misma misión de Jesús. La unidad entre Jesús y la comunidad
cristiana se representa así como una inhabitación: "Yo en ellos y
tú en mí" (v. 23a). En Cristo se realiza,por tanto, el
perfeccionamiento hacia la unidad.
A continuación, Jesús
manifiesta los últimos deseos en los que asocia a los discípulos los
creyentes de todas las épocas de la historia, y para los cuales pide
el cumplimiento de la promesa ya hecha a los discípulos (v. 24).
En la petición final, Jesús
vuelve al tema de la gloria, recupera el de la misión, es decir, el
tema de hacer conocer al Padre (vv. 25s), y concluye pidiendo que
todos sean admitidos en la intimidad del misterio, donde existe
desde siempre la comunión de vida en el amor entre el Padre y el
Hijo. La unidad con el Padre, fuente del amor, tiene lugar, no
obstante, en el creyente por medio de la presencia interior del
Espíritu de Jesús.
MEDITATIO
"Que también ellos estén
unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has
enviado" (Jn
17,21): la "prueba" de que Jesús no es un charlatán, ni uno de
tantos profetas, sino el enviado de Dios, está confiada a la
fraternidad entre los discípulos. La fraternidad es el signo por
excelencia del origen divino del cristianismo: eso es lo que dicen
las palabras del Señor. Construir fraternidad es la apologética más
segura y autorizada.
Las palabras del Señor son
claras, y vinculan la credibilidad del cristianismo a su capacidad
de promover la fraternidad. Esa capacidad se manifiesta allí donde
los hombres y mujeres ponen su empeño en vivir como hermanos y
hermanas, allí donde se tiene como sumo ideal aceptarse como cada
uno es para tender a la unidad, allí donde no se busca sobresalir,
imponer, rivalizar, emerger, sino ayudarse, comprenderse, apoyarse;
allí donde la benevolencia constituye un programa prioritario; allí
donde se ponen las bases para una recuperación de la credibilidad
del cristianismo.
Estas palabras han sido y son
olvidadas con mucha frecuencia. Eso ha tenido como consecuencia que
en la vida espiritual, en la misión, en la pastoral, se han
cultivado otros ideales. Otra consecuencia ha sido el escaso
carácter incisivo de esos programas, a los que el Señor no ha
garantizado el valor de "signo probatorio" de su origen divino ni
del origen divino de su mensaje.
ORATIO
!Qué ciego estoy, Señor! Tus
palabras pasan por encima de mí como si fueran piedras, sin dejar un
signo permanente.
La razón de ello es que me he
comprometido en mil cosas, y he olvidado lo que tú consideras
prioritario para promover tu reino. He intentado hacer mucho, pero
me he olvidado de sumergirme en la fraternidad, que es lo que tú,
sin embargo, consideras como tu signo.
He de reconocerlo, Señor: con
frecuencia tu mensaje no emerge, y no lo hace porque no brotan
comunidades fraternas perfectamente realizadas. Señor, abre mis ojos
para comprender el misterio de la fraternidad, la fuerza misionera
de la comunión, capaz de vencer los recelos y las resistencias.
Ayúdame a creer en el milagro de la fraternidad como punto de
partida para toda misión. Ayuda a los cristianos a redescubrir el
alcance revolucionario de estas palabras tuyas, para que se
comprometan en este proyecto, que es, con toda seguridad, el tuyo.
Otros proyectos son, probablemente, demasiado humanos.
CONTEMPLATIO
Revestidos del hábito
religioso a los ojos de todos, hemos venido desde situaciones
sociales diferentes para vivir juntos nuestra fe y escuchar la
Palabra del Señor omnipotente, y, pecadores en diferentes grados,
nos hemos reunido hasta formar un solo corazón en la santa Iglesia,
de tal modo que se ve realizado con claridad lo que dice Isaías
anunciando la Iglesia: "Serán vecinos el lobo y el cordero" (Is
11,6).
Sí, gracias a las entrañas de
la santa caridad, el lobo vivirá junto al cordero, porque aquellos
que en el mundo eran rapaces conviven en paz con los bondadosos y
mansos. El leopardo se tumba junto al chivo porque un hombre,
abigarrado por las manchas de sus pecados, acepta humillarse junto
con quien se desprecia y se reconoce pecador (Gregorio Magno, Homilías
sobre Ezequiel, II, 4,3).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive
hoy la Palabra: "Que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el
mundo podrá creer que tú me has enviado" (Jn
17,21).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Jesús nos revela que hemos
sido llamados por Dios para ser testigos vivos de su amor, y
llegamos a serlo siguiendo a Jesús y amándonos los unos a los otros
como él nos ama. Qué supone todo esto para el matrimonio, para la
amistad, para la comunidad? Supone que la fuente del amor que
sostiene las relaciones no son los que las viven, sino Dios, que los
llama al mismo tiempo. Amarse el uno al otro no significa aferrarse
al otro para estar seguros en un mundo hostil, sino vivir !untos de
tal modo que cada uno pueda reconocernos como personas que hacen
visible el amor de Dios en el mundo.
No sólo toda paternidad y
maternidad proceden de Dios, sino que también proceden de él toda
amistad, toda asociación en matrimonio y toda comunidad. Cuando
vivimos como si las relaciones humanas fueran sólo de naturaleza
humana y, por consiguiente, sujetas a las transformaciones y a los
cambios de las normas y de las costumbres, no podemos esperar otra
cosa que la inmensa fragmentación y alienación que caracterizan a
nuestra sociedad. Pero cuando invoquemos a Dios y lo reclamemos
constantemente como fuente de todo amor, descubriremos el amor como
un don de Dios a su pueblo (H. J. M. Nouwen, Vivere nello Spirito, 19984,
pp. 125s).

LAUDES
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
INVITATORIO
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S.
Atanasio)
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades."
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Autor del cielo y el suelo,
que, por dejarlas más claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al hielo.
Tú que das cauce al riachuelo
y alzas la nube a la altura,
tú que en cristal de frescura
sueltas las aguas del río
sobre las tierras de estío,
sanando su quemadura,
danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado,
no lleve al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.
Hazle en la fe luminoso,
alegre en la austeridad,
y hágale tu claridad
salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu verdad. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. !Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Salmo 86 Himno a Jerusalén, madre de todos los pueblos
La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre (Ga 4, 26)
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
!Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
"Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí."
Se dirá de Sión: "Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado."
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
"Éste ha nacido allí."
Y cantarán mientras danzan:
"Todas mis fuentes están en ti."
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. !Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Ant. 2. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.
Cántico Is 40, 10-17 El buen pastor es el Dios altísimo sapientísimo
Mira, llego en seguida y traigo conmigo mi salario (Ap 22, 12)
Mirad, el Señor Dios, llega, con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.
Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?
Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
Quién ha medido el aliento del Señor?
Quién le ha sugerido su proyecto?
Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?
Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.
En su presencia, las naciones todas
como si no existieran,
valen para él nada y vacío.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.
Ant. 3. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus
pies.
Salmo 98 Santo es el Señor, nuestro Dios
Tú Señor, que estás sentado sobre querubines, restauraste el mundo
caído, cuando te hiciste semejante a nosotros (S. Atanasio)
El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines, vacile la tierra.
El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.
Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en Jacob.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.
Señor, Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus
pies.
LECTURA
BREVE 1P
4, 10-11
Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de
los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de
Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se
dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de
Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo.
RESPONSORIO
BREVE
R. Te invoco de todo corazón, * Respóndeme,
Señor.
Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.
V. Guardaré tus leyes. * Respóndeme,
Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Sirvamos
al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos.
Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ilumina,
Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
PRECES
Demos gracias al Señor, que dirige y guía con amor a su pueblo, y
digámosle:
Gloria a ti, Señor, por los siglos.
Padre clementísimo, te alabamos por tu amor,
–porque de manera admirable ríos creaste, y más admirablemente aún
nos redimiste.
Al comenzar este nuevo día, pon en nuestros corazones el anhelo de
servirte,
–para que te glorifiquemos en todos nuestros pensamientos y
acciones.
Purifica nuestros corazones de todo mal deseo,
–y haz que estemos siempre atentos a tu voluntad.
Danos un corazón abierto a las necesidades de nuestros hermanos,
–para que a nadie falte la ayuda de nuestro amor.
Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno: a los pueblos que viven en tinieblas y
en sombra de muerte, ilumínalos con tu luz, ya que con ella nos ha
visitado el Sol que nace de lo alto, Jesucristo, nuestro Señor. Que
vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.

HORA INTERMEDIA
TERCIA, SEXTA, NONA
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
El trabajo nos urge,
nos concentra y astilla.
Poco a poco, la muerte
nos hiere y purifica.
Señor del universo,
con el hombre te alías.
En nuestra actividad,
tu fuerza cómo vibra.
Señor de los minutos,
intensa compañía.
Gracias por los instantes
que lo eterno nos hilan.
Gracias por esta pausa
contigo en la fatiga.
Contigo hay alegría. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Sostenme,
Señor, con tu promesa, y viviré.
Salmo 118, 113-120 XV (Samech)
Detesto a los inconstantes
y amo tu voluntad;
tú eres mi refugio y mi escudo,
yo espero en tu palabra;
apartaos de mí, los perversos,
y cumpliré tus mandatos, Dios mío.
Sostenme con tu promesa, y viviré,
que no quede frustrada mi esperanza;
dame apoyo, y estaré a salvo,
me fijaré en tus leyes sin cesar;
desprecias a los que se desvían de tus decretos,
sus proyectos son engaño.
Tienes por escoria a los malvados,
por eso amo tus preceptos;
mi carne se estremece con tu temor,
y respeto tus mandamientos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sostenme, Señor, con tu promesa, y viviré.
Ant. 2. Socórrenos, Dios, salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.
Salmo 78, 1-5. 8-11. 13 Lamentación ante la destrucción de Jerusalén
!Si al menos tú comprendieras... lo que conduce a la paz! (Lc 19,42)
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles
a las fieras de la tierra.
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
Hasta cuándo, Señor?
Vas a estar siempre enojado?
Arderá como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre.
Por qué han de decir los gentiles:
"Dónde está su Dios"?
Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza
de la sangre de tus siervos derramada.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo,
ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas
de generación en generación.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Socórrenos, Dios, salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.
Ant. 3. Dios de los ejércitos, mira desde el cielo y ven a visitar tu
viña.
Salmo 79 Ven, Señor, a visitar tu viña
Ven, Señor Jesús (Ap 22,20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvamos.
Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Señor, Dios de los ejércitos,
hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.
Dios de los ejércitos, restauranos;
que brille tu rostro y nos salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces
hasta llenar el país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.
Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego;
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dios de los ejércitos, mira desde el Cielo y yen a visitar tu
viña.
TERCIA
LECTURA
BREVE Sb
19, 22
En todo, Señor, enalteciste y glorificaste a tu pueblo, y nunca y en
ningún lugar dejaste de mirar por él y socorrerlo.
V. Tú, oh Dios, haciendo maravillas.
R. Mostraste tu poder a los pueblos.
ORACIÓN
Señor, tú que a la hora de tercia enviaste el Espíritu Santo sobre
los apóstoles, reunidos en oración, concédenos también a nosotros
tener parte en los dones de este Espíritu. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
SEXTA
LECTURABREVE Dt
4, 7
Hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como
lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos?
V. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
R. Escucha sus gritos, y los salva.
ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las
tinieblas; haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz,
para que, guardando tus preceptos, caminemos fielmente por tus
sendas con el corazón ensanchado. Por Jesucristo, nuestro Señor.
NONA
LECTURA
BREVE Est
10, 9
Nuestra nación, los que gritaban a Dios y se salvaron, es
Israel. El Señor salvó a su pueblo, el Señor nos sacó de todos estos
males. Dios ha hecho signos y prodigios portentosos, como no ha
hecho entre los gentiles.
V. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.
R. Y fuiste mi salvación.
ORACIÓN
Contempla, Señor, a tu familia en oración y haz que, imitando los
ejemplos de paciencia de tu Hijo, no decaiga nunca ante la
adversidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos
gracias a Dios.

VÍSPERAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.
Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
!Exulten mis entrañas!
!Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.
Salmo 131 Promesas a la casa de David
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (Lc 1, 32)
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
"No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob."
Oímos que estaba en Efrata,
lo encontramos, en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.
Ant. 2. El Señor ha elegido a Sión ha deseado vivir en ella.
II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
"A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono."
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
"Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema."
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos
le servirán.
Cántico Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a El juicio de Dios
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre;
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos
le servirán.
LECTURA
BREVE 1P
3, 8-9
Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto
fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o
insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición,
porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.
RESPONSORIO
BREVE
R. El Señor nos alimentó * Con
flor de harina.
El Señor nos alimentó con flor de harina.
V. Nos sació con miel silvestre. * Con
flor de harina.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
El Señor nos alimentó con flor de harina.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. El
Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
Magníficat Lc 1,
46-55
Alegría del alma en Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los
humildes.
PRECES
Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo,
diciendo:
Señor, refugio nuestro, escúchanos.
Bendito seas, Señor, que nos has llamado a tu santa Iglesia;
–consérvanos siempre en ella.
Tú que has encomendado al papa N. la
preocupación por todas las Iglesias,
–concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad
solícita.
Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,
–y concede a todos la penitencia y la salvación.
Tú que quisiste habitar en un país extranjero,
–acuérdate de los que viven lejos de su familia, y de su patria.
A todos los difuntos que esperaron en ti,
–concédeles el descanso eterno.
Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos con confianza a
Dios, nuestro Padre:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e
imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las
faltas que, por la fragilidad de la condición humana, hemos cometido
en este día. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
COMPLETAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
En este momento
es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.
Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
Yo confieso
ante Dios todopoderoso
y ante
vosotros, hermanos,
que he pecado
mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa,
por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego
a santa María, siempre Virgen,
a los
ángeles, a los santos
y a vosotros,
hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Dios
todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.
Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.
Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.
Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva. Amén.
SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.
Salmo 15 El Señor es el lote de mi heredad
Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2,
24).
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien."
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mi carne descansa serena.
LECTURA
BREVE 1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo
vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta
la venida de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO
BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo
mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
Nunc
dimittis Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure
nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así,
fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro
cuerpo y nuestro espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte
santa.
R. Amén.
Antífonas finales a la Santísima Virgen María
III
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
Condena


AYER
MIÉRCOLES 20
DE MAYO DE 2026
LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL
MIÉRCOLES SEMANA III DEL SALTERIO
LECTIO DIVINA correspondiente al Miércoles de la VII Semana de Pascua
San Bernardino de Siena, presbítero
LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 20,28-38
En aquel tiempo, decía Pablo a los responsables de la Iglesia de
Efeso:
28 Cuidad de vosotros mismos y de todo el rebaño, pues el Espíritu
Santo os ha constituido pastores para apacentar la Iglesia de Dios,
que él adquirió con la sangre de su propio Hijo.
29 Yo sé que, después de mi partida, entrarán en medio de vosotros
lobos crueles, que no perdonarán al rebaño.
30 Incluso de entre vosotros mismos saldrán algunos difundiendo
doctrinas perniciosas, para arrastrar a los discípulos detrás de
ellos.
31 Por eso, estad alerta y acordaos de que durante tres años, noche
y día, no me cansé de amonestar con lágrimas a cada uno de vosotros.
32 Ahora os encomiendo a Dios y a su Palabra de gracia, que tiene
fuerza para que crezcáis en la fe y para haceros partícipes de la
herencia reservada a los consagrados.
33 A nadie he pedido plata, oro o vestidos.
34 Bien sabéis que con el trabajo de mis manos he ganado lo
necesario para mí y para mis compañeros.
35 Siempre os he mostrado que es así como se debe trabajar para
poder socorrer a los débiles, recordando las palabras de Jesús, el
Señor, que dijo: "Hay más felicidad en dar que en recibir".
36 Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y oró con todos
ellos.
37 Todos rompieron a llorar, abrazaban a Pablo y le besaban.
38 Estaban apenados sobre todo porque les había dicho que no le
volverían a ver más. Después le acompañaron hasta el barco.
>*• Pablo se dirige a los
responsables -presbíteros y obispos- de la Iglesia, es decir, a los
"pastores" encargados de "apacentar la Iglesia de Dios". En
vez de especificar el contenido de estas funciones, insiste en el
deber de la vigilancia.
Se perfilan muchos peligros
en el horizonte, peligros desde el exterior y peligros desde el
interior. Peligros, sobre todo, de difusión de falsas doctrinas,
obra de "lobos crueles". La Iglesia de Dios es una realidad
preciosa porque ha sido adquirida "con la sangre de su propio
Hijo", de ahí la gran responsabilidad de los que la presiden.
El pastor debe vigilar "noche
y día", "con lágrimas", primero a sí mismo y después a los
otros, para preservar su propio rebaño de los enemigos. Pablo esboza
aquí, en pocas palabras, las grandes responsabilidades de la vida
del pastor.
Consciente de que está
pidiendo mucho, y casi para tranquilizarlos, los confía "a Dios y
a su Palabra de gracia, que tiene fuerza para que crezcáis en la fe
y para haceros partícipes de la herencia reservada a los
consagrados". Parecería más lógico que confiara la Palabra a los
responsables; sin embargo, confía los responsables a la Palabra,
porque es ella la que tiene fuerza para que crezcan en la fe y para
hacerles partícipes de la herencia reservada a los santos.
Y, para terminar, otro
recuerdo de su desinterés personal destinado a los pastores, para
que se esmeren también en el desinterés en su ministerio. Cita una
máxima que no se encuentra en los evangelios, pero que Pablo pudo
haber recogido de viva voz en boca de los testigos.
Concluye aquí el ciclo de la
evangelización dirigida al mundo griego. Nuevas fatigas y pruebas
esperan ahora a Pablo, quien siente que entra en una fase diferente
de su apasionada vida de apóstol.
Salmo Responsorial
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
Salmo 67,29-30.33-35a.35b.36c
Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo.
R/. Reyes
de la tierra, cantad a Dios
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
<<Reconoced
el poder de Dios.>>
R/. Reyes
de la tierra, cantad a Dios
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder, sobre las nubes.
!Dios
sea bendito!
R/. Reyes
de la tierra, cantad a Dios
Evangelio: Juan 17,11b-19
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró de este
modo:
11 Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado para que
sean uno, como tú y yo somos uno.
12 Mientras yo estaba con ellos en el mundo, yo mismo guardaba, en
tu nombre, a los que me diste. Los he protegido de tal manera que
ninguno de ellos se ha perdido, fuera del que tenía que perderse
para que se cumpliera lo que dice la Escritura.
13 Ahora, en cambio, yo me voy a ti. Si digo estas cosas mientras
todavía estoy en el mundo es para que ellos puedan participar
plenamente en mi alegría.
14 Yo les he comunicado tu mensaje, pero el mundo los odia, porque
no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco yo.
15 No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del
maligno.
16 Ellos no pertenecen al mundo como tampoco pertenezco yo.
17 Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad;
tu palabra es la verdad.
18 Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a mí.
19 Por ellos yo me ofrezco enteramente a ti, para que también ellos
se ofrezcan enteramente a ti, por medio de la verdad.
**• El fragmento incluye la
segunda parte de la "Oración Sacerdotal" de intercesión que Jesús,
como Hijo, dirige al Padre. Tiene como objeto la custodia de la
comunidad de los discípulos, que permanecen en el mundo.
El texto se divide en dos
partes: al comienzo se desarrolla el tema del contraste entre los
discípulos y el mundo (vv. 1 lb-16); a continuación se habla de la
santificación de éstos en la verdad (vv. 17-19). Si, por una parte,
emerge la oposición entre los creyentes y el mundo, por otra se
manifiesta con vigor el amor del Padre en Jesús, que ora para que
los suyos sean custodiados en la fe.
En el primer fragmento pasa
revista Jesús a varios temas de manera sucesiva: la unidad de los
suyos (v. 11b), su custodia a excepción "del que tenía que
perderse" (v. 12), la preservación del maligno y del odio del
mundo (vv. 14s). En el segundo fragmento, Jesús, después de haber
pedido al Padre que defienda a los suyos del maligno (v. 15) y
después de haber subrayado en negativo su no pertenencia al mundo
(vv. 14.16), pide en positivo la santificación de los discípulos: "Haz
que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad; tu
palabra es la verdad" (v. 17). Le ruega así al Padre, al que ha
llamado "santo" (v. 11b), que haga también santos en la
verdad a los que le pertenecen. Los discípulos tienen la tarea de
prolongar en el mundo la misma misión de Jesús. Ahora bien, éstos,
expuestos al poder del maligno, necesitan, para cumplir su misión,
no sólo la protección del Padre, sino también la obra santificadora
de Jesús.
MEDITATIO
Estamos frente a un fragmento
en el que Jesús aparece particularmente preocupado por el poder del
mundo y por su posible influencia en sus discípulos. En el mundo
actúa el maligno con su espíritu de mentira, belicosamente contrario
a la verdad, que es Cristo. La posición de los discípulos es
delicada; deben permanecer en el mundo, sin quedar contaminados por
el mismo.
Estarán apoyados por su
oración, por su palabra y por su Espíritu. En consecuencia, no deben
temer. Y añade Agustín: "Qué quiere decir: "Por ellos me
santifico yo mismo", sino que yo los santifico en mí mismo en
cuanto ellos son yo? En efecto, habla de aquellos que
constituyen los miembros de su cuerpo".
Todo esto nos induce a
reflexionar, una vez más, sobre el poder del mundo, aunque también
sobre su debilidad: poder para quien se deja seducir, debilidad para
quien se deja guiar íntimamente por la Palabra de Jesús y conducir
por su Espíritu. Es posible que en estos años hayamos infravalorado
al "mundo", una palabra que se ha vuelto ambigua, que indica, unas
veces, el lugar de la acción del Espíritu y de los signos de los
tiempos y, otras, el lugar donde se desarrolla el eterno conflicto
entre el maligno y Jesús. La Palabra de Jesús y su Espíritu nos
ayudan a discernir los distintos rostros del mundo, a distinguir las
llamadas del Espíritu de los sutiles engaños del maligno, los
mensajes de Dios de la mentira del enemigo.
Esto es tanto más seguro en
la medida en que la Palabra y el Espíritu no son asumidos y casi
gestados individualmente, sino acogidos dentro de la comunidad de
los discípulos, que forman la santa comunión de la Iglesia.
ORATIO
Me impresiona, Señor, tu
insistencia en la peligrosidad del mundo. Y me doy cuenta de que hoy
también tenemos necesidad de esta puesta en guardia. Y yo el primero
de todos. El mundo de la libertad, de la igualdad de oportunidades
para todos, para todas las religiones, para todas las opiniones,
para todos los modos de vida, tiene su encanto, porque, a fin de
cuentas, es el mundo de la tolerancia, de la laicidad, de la
libertad para todos.
Pero es también el mundo
donde están admitidas todas las "transgresiones", donde todas las
modas, hasta las más perversas y detestables, son presentadas como
normales, donde toda la prensa tiene derecho a la libre
circulación...
Confíame, Señor, a tu
Palabra. Recuérdame que no soy de este mundo, que te pertenezco a
ti. Santifícame en tu verdad, asimílame a tu mentalidad, a tu vida.
Tú, que has orado por mí, hazme santo en tu verdad, para que camine
siempre por tus caminos y use de este mundo como lo harías tú.
CONTEMPLATIO
"No pertenecen al mundo, como
tampoco pertenezco yo" (.ln 17,14). Esta separación
de los discípulos respecto al mundo es llevada a cabo por la gracia
que los ha regenerado, en cuanto que, por su generación natural,
pertenecen al mundo, y por eso había dicho el Señor antes: "No
pertenecéis al mundo, porque yo os elegí y os saqué de él" (Jn
15,19). La gracia les ha concedido no pertenecer más al mundo, del
mismo modo que no forma parte de él el Señor, que los ha liberado.
El Señor no perteneció nunca al mundo, porque, incluso en su forma
de siervo, nació del Espíritu Santo, de ese Espíritu del que
renacerán los discípulos. Éstos, repito, no son ya del mundo, porque
han renacido del Espíritu Santo (Agustín, Comentario al evangelio
de Juan, 108,1).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive
hoy la Palabra: "Ellos no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco yo" (Jn 17,16).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
"Estar en el mundo sin ser
del mundo." Esta frase es una hermosa síntesis del modo en que habla
Jesús de la vida espiritual. Es una vida en virtud de la cual el
Espíritu de amor nos transforma por completo. Sin embargo, es una
vida en la que todo parece cambiado.
La vida espiritual puede ser
vivida de tantos modos como personas hay. La novedad consiste en
haberse desplazado desde la multitud de las cosas al Reino de Dios.
Consiste en haber sido liberados de las constricciones del mundo y
en haber encaminado nuestros corazones hacia lo único necesario.
La novedad consiste en el
hecho de que no vivamos ya los muchos negocios, nuestra relación con
la gente y los acontecimientos como causas de preocupaciones sin
fin, sino que empecemos a considerarlos como la rica variedad de los
modos a través de los cuales se hace presente Dios en medio de
nosotros. Nuestros conflictos y dolores, los deberes y las promesas,
nuestras familias y nuestros amigos, las actividades y los
proyectos, las esperanzas y las inspiraciones, no se nos presentan
ya como otros tantos aspectos fatigosos de una realidad que
difícilmente logramos mantener !untos, sino como modalidad de
afirmación y de revelación de la nueva vida del Espíritu que está en
nosotros. "Todo lo demás", que antes nos ocupaba y nos
preocupaba tanto, ahora se convierte en don o desafío que refuerza o
profundiza la nueva vida que hemos descubierto (H. J. M. Nouwen, Invito
a la vita spirituale, Brescia 2002, pp. 44ss).

LAUDES
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
INVITATORIO
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S.
Atanasio)
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades."
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Siempre es hora de la gracia,
!despierte el alma dormida!
Los cangilones del sueño
van hurtando el agua viva
en la noria de las horas,
de las noches y los días.
Peldaños de eternidad
me ofrece el tiempo en su huida,
si, ascendiendo paso a paso,
lleno mis manos vacías.
Sólo el tiempo se redime,
quitándole su malicia.
Como una sombra se esfuman
del hombre vano los días,
pero uno solo ante Dios
cuenta mil años de espigas.
"Tus años no morirán",
leo en la Sagrada Biblia:
lo bueno y noble perdura
eternizado en la dicha.
Sembraré, mientras es tiempo,
aunque me cueste fatigas.
Al Padre, al Hijo, al Espíritu
alabe toda mi vida:
el rosario de las horas,
de las noches y los días. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Salmo 85 Oración de un pobre ante las adversidades
Bendito sea Dios, que nos alienta en nuestras luchas (2Co 1, 3. 4)
Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
"Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios."
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.
Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Ant. 2. Dichoso el hombre que camina por sendas de justicia y habla con
rectitud.
Cántico Is 33, 13-16 Dios juzgará con justicia
La promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y para todos los
que están lejos (Hch 2, 39)
Los lejanos, escuchad lo que he hecho;
los cercanos, reconoced mi fuerza.
Temen en Sión los pecadores,
y un temblor agarra a los perversos:
"Quién de nosotros habitará un fuego devorador,
quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?"
El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el lucro de la opresión,
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichoso el hombre que camina por sendas de justicia y habla con
rectitud.
Ant. 3. Aclamad al Rey y Señor.
Salmo 97 El Señor, juez vencedor
Este salmo canta la primera venida del Señor y la conversión de las
naciones (S. Atanasio) .
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.
Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Aclamad al Rey y Señor.
LECTURA
BREVE 2P 1, 10-11
Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El
Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del
Señor. Si aceptamos de Dios los bienes, no vamos a aceptar los
males?
RESPONSORIO
BREVE
R. Inclina, Señor, * Mi
corazón a tus preceptos.
Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
V. Dame vida con tu palabra. * Mi
corazón a tus preceptos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Ten
misericordia de nosotros, Señor, y recuerda tu santa alianza.
Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ten misericordia de nosotros, Señor, y recuerda tu santa alianza.
PRECES
Invoquemos a Cristo, que se entregó a sí mismo por la Iglesia y le
da alimento y calor, diciendo:
Mira, Señor, a tu Iglesia.
Bendito seas, Señor, Pastor de la Iglesia, que nos vuelves a dar
hoy la luz y la vida;
–haz que sepamos agradecerte este magnífico don.
Mira con amor a tu grey, que has congregado en tu nombre;
–haz que no se pierda ni uno solo de los que el Padre te ha dado.
Guía a tu Iglesia por el camino de tus mandatos,
–y haz que el Espíritu Santo la conserve en la fidelidad.
Que tus fieles, Señor, cobren nueva vida, participando en la mesa de
tu pan y tu palabra,
–para que, con la fuerza de este alimento, te sigan con alegría.
Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús,
nuestro Maestro:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Señor, infunde en nuestras almas la claridad de tu luz, y, pues
con tu sabiduría nos has creado y con tu providencia nos gobiernas,
haz que nuestro vivir y nuestro obrar estén del todo consagrados a
ti. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.

HORA INTERMEDIA
TERCIA, SEXTA, NONA
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Sólo desde el amor
la libertad germina,
sólo desde la fe
van creciéndole alas.
Desde el cimiento mismo
del corazón despierto,
desde la fuente clara
de las verdades últimas.
Ver al hombre y al mundo
con la mirada limpia
y el corazón cercano,
desde el solar del alma.
Tarea y aventura:
entregarme del todo,
ofrecer lo que llevo,
gozo y misericordia.
Aceite derramado
para que el carro ruede
sin quejas egoístas,
chirriando desajustes.
Soñar, amar, servir,
y esperar que me llames,
tú, Señor, que me miras,
tú que sabes mi nombre.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. "El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de
la vida", dice el Señor.
Salmo 118, 105-112 XIV (Nun).
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
!estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor, los votos, que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. "El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de
la vida", dice el Señor.
Ant. 2. Yo soy pobre y desgraciado: Dios mío, socórreme.
Salmo 69 Dios mío, ven en mi auxilio
!Señor, sálvanos, que nos hundimos! (Mt 8,25)
Dios mío, dígnate librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a muerte;
vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se retiren avergonzados
los que se ríen de mí.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan siempre: "Dios es grande",
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y desgraciado:
Dios mío, socórreme,
que tú eres mi auxilio y mi liberación.
!Señor, no tardes!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Yo soy pobre y desgraciado: Dios mío, socórreme.
Ant. 3. Dios no juzgará por apariencias, sino con justicia y rectitud.
Salmo 74 El Señor, juez supremo
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes (Lc 1,
52)
Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias,
invocando tu nombre, contando tus maravillas.
"Cuando elija la ocasión,
yo juzgaré rectamente.
Aunque tiemble la tierra con sus habitantes,
yo he afianzado sus columnas."
Digo a los jactanciosos: "No jactaros";
a los malvados: "No alcéis la testuz,
no alcéis la testuz contra el cielo,
no digáis insolencias contra la Roca."
Ni del oriente ni del occidente,
ni del desierto ni de los montes,
sólo Dios gobierna:
a uno humilla, a otro ensalza.
El Señor tiene una copa en la mano,
un vaso lleno de vino drogado:
lo da a beber hasta las heces
a todos los malvados de la tierra.
Pero yo siempre proclamaré su grandeza,
y tañeré para el Dios de Jacob:
derribaré el poder de los malvados,
y se alzará el poder del justo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dios no juzgará por apariencias, sino con justicia y rectitud.
TERCIA
LECTURA
BREVE 1Co 13, 4-7
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se
engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas
del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta
sin límites.
V. Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan, Señor.
R. Digan siempre: "Grande es el Señor."
ORACIÓN
Señor, Padre santo, Dios fiel, que enviaste el Espíritu Santo
prometido, para que congregara a los hombres que el pecado había
disgregado, ayúdanos a ser, en medio del mundo, fermento de unidad y
de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
SEXTA
LECTURA
BREVE 1Co
13,8-9.13
El amor no pasa nunca. El don de profecía?, se acabará. El don de
lenguas?, enmudecerá. El saber?, se acabará. Porque limitado es
nuestro saber y limitada es nuestra profecía; en una palabra: quedan
la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
V. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros.
R. Como lo esperamos de ti.
ORACIÓN
Dios todopoderoso y lleno de amor, que, a la mitad de nuestra
jornada, concedes un descanso a nuestra fatiga, contempla complacido
el trabajo que hoy hemos empezado, remedia nuestras deficiencias y
haz que nuestras obras te sean agradables. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
NONA
LECTURA
BREVE Col
3, 14-15
Procurad el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la
paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis
sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos.
V. Los sufridos poseen la tierra.
R. Y disfrutan de paz abundante.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, por la salvación de los hombres, extendiste
tus brazos en la cruz, haz que todas nuestras acciones te sean
agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que
vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos
gracias a Dios.
VÍSPERAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia se apoya, que le nutre
y le enflora y verdea.
Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin tu amor, sin ti vacío,
en la noche te busca;
le siento que te busca, como un ciego
que extiende, al caminar, las manos llenas
de anchura y de alegría.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
Salmo 125 Dios, alegría y esperanza nuestra
Si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo
(2Co 1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
"El Señor ha estado grande con ellos."
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
Ant. 2. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.
Salmo 126 El esfuerzo humano es inútil sin Dios
Sois edificio de Dios (1Co 3, 9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
!Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.
Ant. 3. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.
Cántico Cf. Col 1, 12-20
Himno a Cristo, primogénito de toda criatura
y primer resucitado de entre los muertos
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
y por él quiso reconciliar consigo todo los seres:
los del cielo y los de la tierra;
haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.
LECTURA
BREVE Col
1,2b-6a
A Dios, que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos
o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria
de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los
siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO
BREVE
R. Sálvame, Señor, * Y
ten misericordia de mí.
Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. No arrebates mi alma con los pecadores. * Y
ten misericordia de mí.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. El
Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
Magníficat Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Juan, testigo de la luz, dijo: "Jesús
es el Hijo de Dios."
PRECES
Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo
supremo de su pueblo, diciendo:
Que tu pueblo te alabe, Señor.
Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias
para la salvación;
–haz que sepamos corresponder, y así hagamos nuestra la gloria de
nuestro Señor Jesucristo.
Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la
verdad
–y vivan unidos por la caridad.
Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso
trabajar con sus propias manos,
–acuérdate de los trabajadores, que ganan el pan con el sudor de su
frente.
Acuérdate, también, de todos los que viven entregados al servicio de
los demás:
–que no se dejen vencer por el desánimo ante la incomprensión de
los hombres.
Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
–y líbralos del poder del Maligno.
Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la
oración que Jesús nos enseñó:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
comotambién nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia, a fin
de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda
podamos dedicarnos a tu servicio y con tu protección vivamos
confiados. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
COMPLETAS
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
En este momento
es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.
Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
Yo confieso
ante Dios todopoderoso
y ante
vosotros, hermanos,
que he pecado
mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa,
por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego
a santa María, siempre Virgen,
a los
ángeles, a los santos
y a vosotros,
hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Dios
todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.
Entre qué manos, dime,
duerme la noche,
la música en la brisa,
mi amor en dónde?
La infancia de mis ojos
y el leve roce
de la sangre en mis venas,
Señor, en dónde?
Lo mismo que las nubes,
y más veloces,
las horas de mi infancia,
Señor, en dónde?
Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Salmo 30, 2-6 Súplica confiada de un afligido
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46)
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor. †
Salmo 129 Desde lo hondo a ti grito, Señor
Él salvará a su pueblo de los pecados (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
† Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor.
LECTURA
BREVE Ef 4, 26-27
No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en
vuestro enojo. No dejéis resquicio al diablo.
RESPONSORIO
BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo
mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
Nunc dimittis Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que eres manso y humilde de corazón y ofreces a
los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera, dígnate,
pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado;
que podamos descansar durante la noche para que así, renovado
nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu
servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte
santa.
R. Amén.
Antífonas finales a la Santísima Virgen María
III
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
04Coronacion


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