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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Miércoles 8 de Diciembre de 2021

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL MIÉRCOLES SEMANA II DEL SALTERIO

   LECTIO DIVINA correspondiente al 8 de diciembre, festividad de la

Inmaculada Concepción de la Virgen María

 

El 8 de diciembre de 1854, Pío IX definió este dogma con las siguientes palabras: «Para honor de la santa e indivisa Trinidad..., declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles». Antes, la Orden Franciscana, en su Capítulo celebrado en Toledo el año 1645, «escogió a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en cuanto la confesamos y celebramos inmune de la culpa original en su misma Concepción, como Patrona singular de toda la Orden de los Frailes Menores». Y aquello no fue una novedad rara en la historia de la familia franciscana, que desde sus primeros tiempos se distinguió como defensora acérrima de este privilegio sin par de María. El beato Juan Duns Escoto fue su adalid, y la campaña por él iniciada la prosiguió la Orden, sin desmayos, a lo largo de los siglos.- Oración: Oh Dios, que por la concepción inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

LECTIO

Primera lectura: Génesis 3,9-15.20

9 Pero el Señor Dios llamó al hombre diciendo: -¿Dónde estás? El hombre respondió:

10 -Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo. El Señor Dios replicó:

11 -¿Quién te hizo saber que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?

12 Respondió el hombre: -La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí.

13 Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: -¿Qué es lo que has hecho? Y ella respondió: -La serpiente me engañó, y comí.

14 Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente: -Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida.

15 Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón.

20 El hombre puso a su mujer el nombre de Eva -es decir. Vitalidad-, porque ella sería madre de todos los vivientes.

 

**• En el capítulo tercero del Génesis se describe el drama más profundo de la humanidad: la caída original que introduce la muerte en la creación. Tras la consumación del pecado por Adán y Eva, hay un momento de silencio en el que se oye sólo a Dios acercarse por el jardín.

        No es precisamente motivo de fiesta y encuentro. Ahora Adán se oculta. Pero la voz le interpela: «¿Dónde estás?» (v. 9b). Adán sale de su escondite, pero no responde a la pregunta, mostrando que no está a la altura, no está ya en Dios. Sus palabras dan testimonio de esta triste realidad. En primer lugar declara abiertamente que le domina el miedo y la vergüenza: la criatura hasta hace bien poco libre se siente ahora esclava. Luego, indirectamente, manifiesta el estado de soledad en el que vive: la relación con la mujer y la creación, antes fundada en la amistad y la ayuda recíproca, ahora está sujeta al engaño, la sospecha, la oposición. Frente al Creador, que había gozado con la belleza de la creación, aparece un universo hecho trizas, radicalmente afectado por el mal.

Después de escuchar a los tres culpables, Dios pronuncia la sentencia. El lector que ha seguido desde el comienzo el desarrollo del drama sagrado, esperaría la condena a muerte (de acuerdo con Gn 2,17). Por el contrario, se propone un castigo que aparece como un camino de purificación con vistas a una salvación prometida (v. 15). Dios, que comienza a revelarse como el Misericordioso, se ha puesto de parte del hombre contra la serpiente -símbolo del mal- que recibe la maldición.

La humanidad será ciertamente herida, pero sólo en el calcañar, es decir, en una parte no vital y fácil de curar; la serpiente, por el contrario, será herida en la cabeza, derrotada definitivamente. Por eso se ha definido al v. 15 como "protoevangelio", primer anuncio de la victoria del hombre sobre el pecado y la muerte.

La victoria se atribuye al «linaje de la mujer». La versión griega de los Setenta comprendió "linaje" en sentido individual y el primitivo cristianismo legó el texto en clave mesiánica, como profecía de la encarnación de Cristo. La Vulgata atribuye directamente la victoria a la mujer; de ahí la difundida representación de María aplastando con el pie la cabeza de la serpiente.

Notemos, finalmente, el nombre nuevo que el hombre da a la mujer: Eva, madre de los vivientes (no de los mortales). Podemos ver aquí la prefiguración de María, la nueva Eva que cooperará en la obra de la restauración de la humanidad pecadora y Jesús la consignará como madre de la Iglesia naciente, justo en el momento de su muerte en la cruz.

 

Segunda lectura: Efesios 1, 3-6. 11-12

 

3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales.

4 Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor. Llevado de su amor,

5 él nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo,

6 para que la gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo querido, se convierta en himno de alabanza a su gloria.

11 En ese mismo Cristo también nosotros hemos sido elegidos y destinados de antemano, según el designio de quien todo lo hace conforme al deseo de su voluntad.

12 Así nosotros, los que tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, seremos un himno de alabanza a su gloria.

 

**• La carta a los Efesios se abre con lo que se ha definido como el Magníficat de Pablo. Él que está viviendo sus duros años de prisión por la fe, en cuanto tiene ocasión de escribir a otros cristianos, deja brotar de su corazón un canto de bendición y alabanza a Dios, invocado no como «Dios de Abrahán, de Isaac, de Jacob», sino como «Padre de nuestro Señor Jesucristo». Cristo es el único Mediador. Cristo es el Mesías, plenitud de la espera de Israel. En el himno se exalta el plan de salvación, contemplado no siguiendo una exposición ordenada y doctrinal, sino cantado y admirado en sus múltiples facetas por quien experimenta su actuación a partir de la propia historia personal.

Cuanto Pablo refiere de sí mismo, vale para cualquier cristiano y de modo preeminente para María. En ella se realiza en plenitud el plan divino de hacernos «santos e irreprochables ante él por el amor», es decir, consagrados exclusivamente a su servicio («santos»), separados de todo lo que es mundano y pecaminoso («irreprochables»). Todo esto no por la capacidad humana, sino por puro don. Ningún mérito, esfuerzo o ascesis podrían jamás reparar el mal que corrompe la humanidad desde sus raíces. La reparación sólo puede recibirse como «herencia», o sea, como un bien recibido gratuitamente, pero que nos hace responsables.

María, la Virgen Inmaculada, no es un ser suprahumano, es la elegida para ser morada del Verbo, ha sido preservada del pecado original «en previsión a los méritos de Cristo Redentor» -como reza la definición del dogma- en razón de su propia vocación. Por María llega a cumplimiento el plan del que nos ha «predestinado a ser sus hijos adoptivos». Se trata de una expresión paulina, que recoge una buena noticia: la vida del hombre no ha sido abandonada a su suerte, ni está destinada a la nada; tiene un sentido: es vida de comunión con Dios, vida de plena libertad, en el amor, en la alabanza, en la gloria.

 

Evangelio: Lucas 1,26-38

26 Al sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,

27 a una joven prometida a un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la joven era María.

28 El ángel entró donde estaba María y le dijo: -Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

29 Al oír estas palabras, ella se turbó y se preguntaba qué significaba tal saludo.

30 El ángel le dijo: -No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor.

31 Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús.

32 Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,

33 reinará sobre la estirpe de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin.

34 María dijo al ángel: -¿Cómo será esto, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?

35 El ángel le contestó -El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios.

36 Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían por estéril;

37 porque para Dios nada hay imposible.

38 María dijo: -Aquí está la esclava del Señor, que me suceda según dices. Y el ángel la dejó.

 

**• Leyendo la perícopa de la anunciación en la solemnidad de la Inmaculada concepción, merecen particular atención dos expresiones del saludo del ángel Gabriel a María. Entrando en su presencia, la llama: «Llena de gracia». El término griego, kecharitoméne, explica bien el significado de la palabra: literalmente significa "la agraciada", que ha sido colmada de gracia. María es la criatura humana redimida por Dios de modo radical, perfecto. Su inmaculada concepción es obra de la gracia del Redentor, que en ella ofrece a todos los hombres la imagen y modelo de la vocación de la humanidad.

Luego el ángel dice a María: «El Señor está contigo», usando la expresión tan frecuente en el Antiguo Testamento y que ha acompañado el caminar del pueblo elegido a lo largo de los siglos. El Señor siempre ha estado con su pueblo, aunque el pueblo no siempre ha estado con su Dios. Frecuentemente se alejó, dudó, se sintió abandonado, como en la ocasión emblemática de la rebelión en el desierto, llegando a su culmen en aquella pregunta: «¿Está Dios con nosotros, o no?» (Ex 17,7b).

Aquí estas palabras asumen un sentido pleno, como si el ángel dijera: «Tú estás siempre con el Señor; tú estas unida a él en la medida en que es posible a una criatura». No se trata de un momento de gracia particular, que lentamente se debilita; al contrario, es una unión que se va haciendo más y más íntima.

A las palabras del ángel -indica el evangelista- María «se turbó» (v. 29). No es el temor que tuvo Adán, consciente de su pecado; aquí se trata del sagrado temor ante la misteriosa realidad de Dios; es el sentimiento que invade tanto más a la criatura cuanto más pura es. En su perfecta humildad, María comprende la grandeza de la misión recibida, la gratuidad del don, la desproporción entre la propia debilidad y la omnipotencia divina.

El sí que María da como respuesta resuena como la alabanza perfecta de la criatura, eco fiel del «aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad» (Sal 39,8) con el que el mismo Jesús se adhiere a la voluntad salvífica de Dios.

En el encuentro de estas dos obediencias se cumple el plan de salvación.

 

MEDITATIO

En la fiesta de la Inmaculada, más que hablar de María, sentimos el deseo de acercarnos a ella para que nos introduzca en el misterio de su virginidad, que es un misterio de silencio; en el misterio de su inocencia absoluta, que es un misterio de gozo.

María ya está revestida con vestiduras de salvación, tiene su vestido blanqueado en la sangre del cordero antes de su nacimiento. El Padre, de algún modo, la ha bautizado de antemano en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo para presentarla al mundo tota pulchra, toda hermosa. La fascinación de María está en ignorar su propia belleza: su humildad, su transparencia que la hacen vivir mirando fuera de sí misma, toda donación.

María, virgen y madre, imprime al misterio cristiano su aspecto más sugestivo y fascinante; es un nostálgico reclamo a la pureza, a la inocencia. Incluso el hombre más experimentado en el mal difícilmente puede sustraerse a la fascinante atracción de la inocencia y la virginidad.

Nuestro amor a María esencialmente debe traducirse en el deseo de vivir profundamente, sinceramente, su misterio; deseo siempre más vivo, más hondo, de sumergirnos en su pureza, como un bautismo en su inocencia para salir purificados, revestidos con vestiduras de salvación.

Para cualquier alma, el contacto con la Virgen santa es un contacto que purifica y salva. De algún modo, es ya un contacto con la humanidad del Señor que tomó carne en ella. Nosotros, que nos sentimos tan pobrecillos y frágiles, debemos lograr, por la fe, descubrir cada vez más el milagro de la presencia de María entre nosotros.

 

ORATIO

Oh María, toda santa, todo el paraíso se goza en ti. Con tu belleza consoladora reafirma nuestro corazón para que sepamos comprender la esperanza a la que Dios nos ha llamado, el tesoro de gloria que nos espera en la eterna comunión de los santos.

Oh María, icono de la interioridad, te miramos en tu humilde y fiel permanecer recogida bajo la mirada de Dios, abandonada al poder del Altísimo. Por tu maternal intercesión haz que se derrame abundantemente la gracia del Señor sobre nosotros que contemplamos el inefable misterio de tu belleza, para vivir también nosotros profundamente, allí donde mana con perenne juventud la fuente del amor.

Oh Virgen purísima, que nos has engendrado en el Hijo unigénito de Dios, hijos tuyos de adopción, enséñanos el camino de la caridad sincera, del humilde servicio y del celo infatigable, para que también nuestra vida sea fecunda en la gracia a fin de que todos lleguemos a la presencia del Altísimo «santos e irreprochables por el amor».

 

CONTEMPLATIO

Inmaculada es tanto como decir fulgor de aurora. Preservada inmune de la contaminación original, María fue llena de gracia desde el primer instante de su concepción. Ya desde el seno materno, el alma de María estuvo penetrada de luz divina; tras la noche de largos siglos transcurridos desde la culpa de los progenitores, se alza esta estrella matutina, límpida y pura, transparente e inviolada, mientras en el cielo apunta la promesa del inminente día.

Inmaculada significa visión del paraíso. Aquella gracia, que a ella le fue concedida en grado perfecto y sobreeminente desde el primer instante de su existencia terrena y que a nosotros también nos es dada, si bien en medida ciertamente inferior, es solamente en prenda de la beatitud eterna; para el día en que caerán los velos de la fe, que esconden la visión de Dios, y contemplaremos cara a cara al Señor. La Inmaculada preanuncia el alba de aquel día eterno, y nos guía y sostiene en el camino que todavía nos separa de Él.

A este último fin, coronación de la vida de gracia, deben tender los anhelos de nuestro corazón y los más generosos esfuerzos de fidelidad cristiana (Juan XXIII, Discurso del 7 de diciembre de 1959).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La aurora es un momento fabuloso: el que precede inmediatamente al salir el sol. Antes sólo eran tentativas. Un leve palidecer el cielo por oriente, apenas visible en la noche. Sigue un clarear creciente, lentamente al comienzo, luego más rápidamente, siempre más rápidamente. Finalmente un instante en el que el surgir de la luz es tan victorioso y ardiente, el esplendor tan cegador a los ojos habituados a la noche, que nos podríamos creer ante el mismo sol: apenas un instante después, como una llamarada, su luz arde en el hilo del horizonte. Y finalmente el sol. Hasta ese momento, nos podíamos haber engañado, pues ya se transparentaba en lo que sólo era la aurora. Lo mismo la Inmaculada concepción. Primero, a lo largo de los siglos precedentes, se trataba del alba de Cristo, de los comienzos de su pureza y santidad, ya maravillosos considerando que se realizaban en la naturaleza humana, pero aún oscuros respecto a El. María es el culmen de la aurora, el surgir del día. Pero su luz ilumina a todos. La Inmaculada concepción distingue a María de los demás humanos sólo para unirla más a Cristo, que pertenece a todos (...).

Tras el decreto que estableció la venida de Cristo, se da esta larga preparación que ya la realiza ¡nicialmente y que llena toda la historia antigua de la humanidad. Ahora bien, toda esta preparación lleva a María, porque ella (...) es portadora de Cristo. La preparación es inmensa: es la única obra de Dios mismo en este mundo; se compromete con todo su amor: haciendo confluir, en virtud de su gracia, todo lo que en nuestros esfuerzos humanos hay de verdaderamente bueno: se plasma una naturaleza humana que será la suya.

Llega un día en que todo está preparado. En la Virgen todo se reúne para pasar de ella al Hijo (...). María es la figura absoluta y total, y lo es para siempre, porque, siendo Madre de Dios, es la que une el Hombre-Dios con la humanidad (É. Mersch, La théologie du Corps mystique, I, Tournai 1944, 219-221).

 

 LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


HIMNO
Estáte, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y, cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía,
donde tú vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte,
temo, Señor, tu partida
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das
sé que alcanzada no puedo
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?

Salmo 76   Recuerdo del pasado glorioso de Israel
Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan (2Co 4,8)


Alzo mi voz a Dios gritando,
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿ Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?»

Y me digo: «¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra, del Altísimo!»
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, oh Dios,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el estruendo de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?


Ant. 2. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Cántico   1S 2, 1-10   Alegría de los humildes en Dios

Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes (Lc 1, 52-53)


Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.


Ant. 3. El Señor reina, la tierra goza.

Salmo 96   Gloria del Señor, rey de justicia
Este salmo canta la salvación del mundo y la conversión de todos los pueblos (S. Atanasio)

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. El Señor reina, la tierra goza.

 

LECTURA BREVE Rm 8, 35.37
 ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? En todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.
 

RESPONSORIO BREVE

R. Bendigo al Señor * En todo momento.
Bendigo al Señor en todo momento.

V. Su alabanza está siempre en mi boca. * En todo momento.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Bendigo al Señor en todo momento.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos con santidad al Señor, todos nuestros días.

Benedictus Lc 1, 68-79

El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte
.

PRECES
Oremos al Señor Jesucristo, que prometió estar con su Iglesia todos los días, hasta el fin del mundo, y digámosle confiados:
Quédate con nosotros, Señor.

Quédate con nosotros, Señor, durante todo el día;
que el sol de tu gracia nunca decline en nuestras vidas.

Te consagramos este día como oblación agradable a tus ojos,
y proponemos no hacer ni aprobar nada defectuoso.

Que en todas nuestras palabras y acciones seamos hoy luz del mundo y sal de la tierra
para cuantos nos contemplen.

Que la gracia del Espíritu Santo habite en nuestros corazones y resplandezca en nuestras obras,
para que así permanezcamos en tu amor y en tu alabanza.


Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN

Envía, Señor, a nuestros corazones la abundancia de tu luz, para que, avanzando siempre por el camino de tus mandatos, nos veamos libres de todo error. Por nuestro Señor Jesucristo. 

 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
Te está cantando el martillo,
y rueda en tu honor la rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
¡Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios en la dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!

Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está
sin mortaja
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. He examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos.

Salmo 118, 57-64   VIII (Heth)

Mi porción es el Señor;
he resuelto guardar tus palabras;
de todo corazón busco tu favor:
ten piedad de mí, según tu promesa;
he examinado mi camino,
para enderezar mis pies a tus preceptos.

Con diligencia, sin tardanza,
observo tus mandatos;
los lazos de los malvados me envuelven,
pero no olvido tu voluntad;
a media noche me levanto para darte gracias
por tus justos mandamientos.

Me junto con tus fieles,
que guardan tus decretos;
Señor, de tu bondad está llena la tierra;
enséñame tus leyes.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. He examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos.


Ant. 2. Me asaltan el temor y el terror; hazme caso y respóndeme, Señor.

Salmo 54, 2-15. 17-24   Oración ante la traición de un amigo.
Jesús empezó a sentir terror y angustia (Mc 14, 33)


I
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.

Me turba la voz del enemigo,
los gritos del malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.

Se me retuercen dentro las entrañas,
me sobrecoge un pavor mortal,
me asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,

y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,

me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»

Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la ronda
sobre sus murallas;

en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella, calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me asalta el temor y el terror; hazme caso y respóndeme, Señor.


Ant. 3. Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.

II
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario se alzase contra mí,
me escondería de él;

pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio
por la casa de Dios.

Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.

Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que me hacen,
porque son muchos contra mí.

Dios me escucha, los humilla
el que reina desde siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.

Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son más suaves que el aceite,
pero son puñales.

Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás
que el justo caiga.

Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda,
Los traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo confío en ti.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.


TERCIA

LECTURA BREVE  Dt 1, 16-47a
Di a vuestros jueces las siguientes normas: «Escuchad y resolved según justicia los pleitos de vuestros hermanos, entre sí o con emigrantes. No seáis parciales en la sentencia, oíd por igual a pequeños y grandes; no os dejéis intimidar por nadie, que la sentencia es de Dios.»

V. El Señor  es justo y ama la justicia.
R. Los buenos verán su rostro.

ORACIÓN  
Señor, Padre santo, Dios fiel, que enviaste el Espíritu Santo prometido, para que congregara a los hombres que el pecado había disgregado, ayúdanos a ser, en medio del mundo, fermento de unidad y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.



SEXTA
LECTURA BREVE Is 55,8-9
Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos
oráculo del Señor. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.

V. Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
R. El poder y la fidelidad te rodean.

ORACIÓN  
Dios todopoderoso y lleno de amor, que, a la mitad de nuestra jornada, concedes un descanso a nuestra fatiga, contempla complacido el trabajo que hoy hemos empezado, remedia nuestras deficiencias y haz que nuestras obras te sean agradables. Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE 1S 16, 7b
Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.

V. Señor, sondéame y conoce mi corazón.
R. Guíame por el camino eterno.

ORACIÓN  
Señor Jesucristo, que, por la salvación de los hombres, extendiste tus brazos en la cruz, haz que todas nuestras acciones te sean agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
 
 

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   

HIMNO
Padre: has de oír
este decir
que se me abre en los labios como flor.
Te llamaré
Padre, porque
la palabra me sabe a más amor.

Tuyo me sé,
pues me miré
en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar
a caminar,
sin deshojar mi rosa de esplendor.

Por cuanto soy
gracias te doy:
por el puro milagro de vivir.
y por el ver
la tarde arder,
por el encantamiento de existir.

Y para ir,
Padre, hacia ti,
dame tu mano suave y tu amistad.
Pues te diré:
solo no sé
ir rectamente hacia tu claridad.

Tras el vivir,
dame el dormir
con los que aquí anudaste a mi querer.
Dame, Señor,
hondo soñar.
¡Hogar dentro de ti nos has de hacer! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

Salmo 61   La paz en Dios
Que el Dios de la esperanza colme vuestra fe de paz (Rm 15, 13)


Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.


Ant. 2. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Salmo 66   Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)


El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia;
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman,
hasta los confines del orbe.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.


Ant. 3. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Cántico   Cf. Col 1, 12-20
Himno a Cristo, primogénito de toda criatura y primer resucitado de entre los muertos

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él:
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,    
haciendo la paz por la sangre de su cruz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.
 

LECTURA  BREVE 1P 5, 5b-7
Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, para dar su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Guárdanos, Señor, * Como a las niñas de tus ojos.
Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V. A la sombra de tus alas escóndenos. * Como a las niñas de tus ojos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor; proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes. 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Juan, testigo de la luz, dijo: «Jesús es el Hijo de Dios.»   

PRECES
Aclamemos, hermanos, a Dios, nuestro salvador, que se complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con fe:
Multiplica la gracia y la paz, Señor.

Dios eterno, mil años en tu presencia son como un ayer que pasó;
ayúdanos a recordar siempre que nuestra vida es como hierba que florece por la mañana, y por la tarde se seca.

Alimenta a tu pueblo con el maná, para que no perezca de hambre,
y dale el agua viva, para que nunca más tenga sed.

Que tus fieles busquen los bienes de arriba y aspiren a ellos,
y te glorifiquen también con su trabajo y su descanso.

Concede, Señor, buen tiempo a las cosechas,
para que la tierra dé fruto abundante.

(o bien:

Líbranos, Señor, de todo peligro,
y bendice nuestros hogares [nuestra comunidad].)

Que los difuntos puedan contemplar tu faz,
y que nosotros tengamos un día parte en su felicidad.


Confiemos nuestras súplicas a Dios, nuestro Padre, terminando esta oración con las palabras que el Señor nos enseñó: 

Terminemos nuestras preces con la oración que nos enseñó el Señor: 


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
comotambién nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Oh Dios, tu nombre es santo, y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda proclamar eternamente tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo.
   

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 COMPLETAS

 V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

  

HIMNO
Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.
 
¿Entre qué manos, dime,
duerme la noche,
la música en la brisa,
mi amor en dónde?

¿La infancia de mis ojos
y el leve roce
de la sangre en mis venas,
Señor, en dónde?

Lo mismo que las nubes,
y más veloces,
¿las horas de mi infancia,
Señor, en dónde?

Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.
 
 
SALMODIA

Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Salmo 30, 2-6    Súplica confiada de un afligido
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46)


A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
po
rque tú eres mi amparo.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.


Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

Salmo 129   Desde lo hondo a ti grito, Señor
Él salvará a su pueblo de los pecados (Mt 1, 21)

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor. 
 
LECTURA BREVE   Ef 4, 26-27
No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis resquicio al diablo.


 
RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN

Señor Jesucristo, que eres manso y humilde de corazón y ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera, dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado; que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

II
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores
.

 

SANTA NARCISA DE JESÚS MARTILLO MORÁN. Nació el año 1832 en Nobol (Ecuador). Recibió una buena educación en la que puso de manifiesto sus grandes cualidades humanas y religiosas. Dominaba el arte de coser y tenía una predisposición especial para la música: con frecuencia su plegaria se hacía canción. A menudo se retiraba a un bosquecillo cercano y junto a un árbol se entregaba a la contemplación. Colaboraba en los trabajos domésticos y en los del campo. Era una joven reflexiva, amable, alegre, piadosa, compasiva para con los pobres; bella, esbelta, fuerte y ágil. Fue una excelente catequista. Cuando en 1852 quedó huérfana, pasó a Guayaquil; vivía del trabajo de costurera y socorría a pobres y enfermos. En 1868, aconsejada por el P. Pedro Gual, franciscano, se fue a Lima y vivió como seglar interna en el convento dominicano del Patrocinio. El Señor la favoreció con dones espirituales extraordinarios. Tras breve enfermedad murió en Lima el 8 de diciembre de 1869. Benedicto XVI la canonizó el año 2008.

AYER

Martes 7 de Diciembre de 2021

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL MARTES SEMANA II DEL SALTERIO

 LECTIO DIVINA correspondiente al Martes de la segunda semana de Adviento o 7 de diciembre, conmemoración de

San Ambrosio

 Obispo y Doctor de la Iglesia. Nació en Tréveris (Alemania) hacia el año 340 de familia romana cristiana. Estudió en Roma derecho y retórica, y comenzó una brillante carrera en la administración civil del Imperio. El año 374, siendo Prefecto de Milán, intervino para impedir tumultos con motivo de la elección del nuevo obispo para la ciudad, y, cuando todavía era catecúmeno y se preparaba para el bautismo, fue elegido él por aclamación para ocupar aquella sede; rápidamente fue bautizado, instruido, y por último ordenado de obispo el 7 de diciembre. Por sus dotes personales y por la formación que adquirió, fue consejero de emperadores, apóstol de la caridad, reformador litúrgico, formador de almas (convirtió y bautizó a san Agustín), animador de la vida de consagración a Dios, comentarista de la Escritura y autor de numerosas obras de teología y espiritualidad, defensor de la doctrina católica frente al arrianismo y de la libertad de la Iglesia. Murió el 4 de abril del año 397 y su memoria se celebra el 7 de diciembre, aniversario de su consagración episcopal.- Oración: Señor y Dios nuestro, tú que hiciste al obispo san Ambrosio doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica, suscita en medio de tu pueblo hombres que, viviendo según tu voluntad, gobiernen a tu Iglesia con sabiduría y fortaleza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 40,1-11

1 Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios,

2 hablad al corazón de Jerusalén, gritadle que se ha cumplido su condena y que está perdonada su culpa, pues ha recibido del Señor doble castigo por todos sus pecados.

3 Una voz grita: «Preparad en el desierto un camino al Señor, allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios».

4 Que se eleven los valles, y los montes y colinas se abajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane.

5 Entonces se revelará la gloria del Señor y la verán juntos todos los hombres -lo ha dicho la boca del Señor-. "Una voz dice: «¡Grita!» Y yo pregunto: «¿Qué he de gritar?» «Toda carne es como hierba, todo su encanto como flor del campo».

7 Se seca la hierba, se marchita la flor, al pasar sobre ellas el soplo del Señor;

8 se seca la hierba, se marchita la flor, pero permanece para siempre la palabra de nuestro Dios.

9 Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión; alza tu voz con brío, mensajero de Jerusalén; álzala sin miedo y di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios,

10 aquí está el Señor; viene con poder y brazo dominador; viene con él su salario, le precede la paga.

11 Apacienta como un pastor a su rebaño y amorosamente lo reúne;  lleva en brazos los corderos y conduce con delicadeza a las recién paridas».

 

**• Durante el destierro de Babilonia la desconfianza y la tristeza oprimen el corazón de los deportados. Se preguntan si el Señor se ha olvidado de su pueblo, si es válida todavía su Palabra, si subsiste un hilo de esperanza para Jerusalén. Es entonces cuando el Señor suscita un profeta anónimo, cuyos oráculos se añadieron al libro del profeta Isaías, porque de algún modo prolongan su mensaje. De estos oráculos (Is 40-55) la lectura de hoy es el pórtico, anticipando el tema de todo el contenido de su actividad profética. Dios pide al profeta y a sus discípulos que sean portadores de la buena noticia que les confía (v. 9). La consoladora noticia consiste en una relación renovada con el Señor, en una alianza restaurada.

Y para el segundo Isaías un signo visible de esta renovada relación amorosa con el Señor es el regreso a la patria de los desterrados, que se llevará a cabo no en tono menor, sino de modo triunfal, en medio de una creación festiva, con el Señor que camina a la cabeza del pueblo, como triunfante guerrero y cariñoso pastor.

El papel del profeta y de los que se adhieran a su mensaje será precisamente preparar esta venida del Señor (v. 3). El ánimo del pueblo -rendido como un terreno accidentado por las pruebas, sufrimientos, desilusiones e infidelidades- podrá ahora acoger la revelación de la gloria de Dios igual y más que la gloria manifestada en el camino del éxodo (v. 5). Y aunque el hombre sea frágil y sus promesas efímeras (w. 6-8), la Palabra del Señor es estable y su compromiso con la humanidad es eterno: el pueblo deportado deberá confiar en esta estabilidad de la promesa del Señor.

 

Evangelio: Mateo 18,12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará en el monte las noventa y nueve e irá a buscar la descarriada?

13 Y si logra encontrarla, os aseguro que se alegrará por ella más que por las noventa y nueve que no se extraviaron.

14 Del mismo modo vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.

 

**• La parábola de la oveja perdida en Lucas (15,3-7) es una exhortación a compartir la alegría del perdón que Dios otorga a los pecadores que se convierten y a la vez a disponernos al perdón. En el texto de Mateo, la misma parábola forma parte del discurso eclesial (cap. 18), en el que Jesús comunica a los discípulos algunas indicaciones preciosas acerca de la vida comunitaria: el esfuerzo por hacerse pequeños, disponibilidad a la acogida, atenciones para el que vacila en la fe...

En coherencia con dicho contexto, para el primer evangelista la parábola de la oveja perdida no habla directamente de Dios que se pone a buscar la oveja, sino de la comunidad, que debe ser "signo del rostro de Dios", de Dios que va a la búsqueda de la oveja perdida con una solicitud pastoral por el "pequeño" y más aún por el que se ha extraviado, por el pecador.

Dejar las noventa y nueve ovejas para buscar una es una locura; pero así es la locura de Jesús y debe ser la locura de la comunidad (v. 14). La comunidad no debe dejarse guiar por criterios de eficiencia, sino por el "cuidado" con el pequeño, con el insignificante, con el marginado o lejano, por el motivo que fuere. No se asegura automáticamente el éxito (v. 13: «Si logra encontrarla...»), pero se exhorta a la comunidad a no olvidar nunca el buscar la oveja perdida, porque será fuente de gran alegría: «05 aseguro que se alegrará por ella más que por las noventa y nueve que no se extraviaron» (v. 13).

 

MEDITATIO

Una de las imágenes más bucólicas y profundas del Dios bíblico es la del "buen Pastor". Nos sugiere su solicitud y la fuerza de su intervención para vencer a los enemigos de la libertad y dignidad de su pueblo; nos dice que es un guía seguro para el difícil y espinoso camino de nuestra vida.

En nuestro vivir como comunidad de discípulos experimentamos directamente el consuelo de nuestro Dios, el ser llevados delicadamente sobre los brazos de su tierna solicitud pastoral. Ésta es la razón última para espolearnos a buscar constantemente al que se ha perdido.

De hecho, nosotros somos los primeros en sentir el consuelo del Señor, y experimentamos la fidelidad del Padre con el pequeño y descarriado.

En cuanto comunidad de discípulos, estamos llamados a manifestar a todos el rostro del Padre misericordioso, buscando a quien en las vicisitudes de la vida ha perdido la fe y la esperanza. Somos consolados que deben ser consoladores, haciéndonos compañeros de viaje de quien tiene el corazón abatido, fatigado por el dolor o la culpa. Lo podemos hacer en la conciencia de que el consuelo no procede de nosotros, que somos carne, frágiles como hierba y flor del campo, sino que proviene de la Palabra de Dios, que es la única que permanece para siempre (Is 40,8).

 

ORATIO

Tu anuncio, Señor, es "evangelio" porque nos trae el consuelo, a nosotros débiles, descarriados, esclavos de tantos otros señores.

«Súbete a lo alto de un monte, tú que llevas buenas noticias a Sión» (Is 40,9). También hoy diriges este mensaje de amor al corazón de tu pueblo, porque eres el Dios de la alianza. Eres el divino Amante que nos dirige su invitación amorosa y nos habla a lo profundo de nuestro corazón.

Tú, Señor, eres el Padre de todo consuelo, que a nosotros, peregrinos en la tierra, nos prometes el cielo y la tierra nueva. Haz que también nosotros podamos consolar a los demás con el mismo consuelo con que tú nos consuelas. Espolea nuestros corazones para que nos pongamos contigo a la búsqueda de lo que estaba perdido: tú eres el Pastor que quiere salvar a la oveja perdida, infinitamente amada por tu corazón. Y si estamos perdidos, si estamos lejos de ti, concédenos escuchar las llamadas de la voz de tu Hijo, manso y humilde de corazón, que nos exhorta a volver a tu redil, a la verdadera vida que sólo es posible contigo.

 

CONTEMPLATIO

Ven, Señor Jesús, busca a tu siervo, busca a tu oveja inválida, se ha ido errando tu oveja para que tú anduvieras recorriendo los montes. Deja las noventa y nueve y ven a buscar a esa que está perdida. Ven sin perros, ven que ya hace tiempo que espero tu venida. Ya sé que estás para llegar. Ven sin bastón, pero con amor y actitud clemente. Ven a mí que he estado vagando, lejos de tu rebaño, por los montes.

Búscame, porque yo te busco. Rodéame, encuéntrame, levántame, llévame. Tú puedes encontrar lo que buscas. Tú aceptas llevar sobre ti lo que has encontrado. No te da fastidio un peso de amor. Ven, pues, Señor, porque tú eres el único que puedes hacer volver a una oveja vagabunda sin contristar a las que has dejado, porque también ellas se alegran del retorno del pecador.

Ven a ejecutar la salvación a la tierra, la gloria en el cielo (San Ambrosio, Comentario al Salmo 118, XXII, 27-29).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «El Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños» (Mt 18,14).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Gracias, Señor.

Si me hubiese contentado con el deseo que me llevaba a buscarte, sin saber dónde te hubiera podido encontrar, estaría todavía caminando con mi deseo insatisfecho o con la ilusión de haber encontrado.

Te he encontrado de verdad porque tú has salido a mi encuentro en mis caminos de pecado: hombre entre los hombres, cuerpo bendito al que yo mismo ayudaba a despojar o flagelar: rostro santo, al que mis labios como los de Judas besaron: corazón que atravesé...

Ninguna sed creó nunca las fuentes ni hizo brotar agua de la arena. Tu sed, por el contrario, me ha saciado, porque si tú no hubieras venido por mis caminos, si tú no te hubieras dejado crucificar por mí, te habría quizás buscado, pero no te habría encontrado nunca (Primo Mazzolari).

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


HIMNO
Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño
Y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.

Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.

Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.

Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Salmo 42   Deseo del templo
Yo he venido al mundo como luz   (Jn 12, 46)

Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa
contra gente sin piedad;
sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?,
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios;
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios; que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.


Ant. 2. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Cántico   Is 38, 10-14. 17-20 
Angustias de un moribundo y alegría de la curación

Yo soy el que vive; estaba muerto, y tengo las llaves de la muerte (Ap 1,18)


Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Y a no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida,
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.


Ant. 3. Oh Dios, tú mereces un himno en Sión.

Salmo 64   Solemne acción de gracias
Cuando se habla de Sión debe entenderse de la ciudad eterna (Orígenes)


Oh Dios, tú mereces un himno en Sión,
y a ti se te cumplen los votos,
porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, salvador nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano remoto;

tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus signos,
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh Dios, tú mereces un himno en Sión.

 

LECTURA BREVE 1Ts 5, 4-5
Vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

 

RESPONSORIO BREVE

R. Señor, escucha mi voz, * He esperado en tus palabras.
Señor, escucha mi voz, he esperado en tus palabras.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio. * He esperado en tus palabras.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Señor, escucha mi voz, he esperado en tus palabras.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de todos los que nos odian, sálvanos, Señor.

Benedictus Lc 1, 68-79

El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte
.

PRECES
Bendigamos a nuestro Salvador, que, con su resurrección, ha iluminado al mundo, y, digámosle suplicantes:
Guárdanos, Señor, en tu camino.

Señor Jesús, al consagrar nuestra oración matinal a la memoria de tu santa resurrección,
te pedimos que la esperanza de participar en tu, gloria ilumine todo nuestro día.

Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra jornada:
dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicias de nuestro día.

Concédenos crecer hoy en tu amor,
a fin de que todo sirva para nuestro bien y el de nuestros hermanos.

Haz, Señor, que el ejemplo de nuestra vida resplandezca como una luz ante los hombres,
para que todos den gloria al Padre que está en los cielos.
 

Porque deseamos que la luz de Cristo alumbre a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros: 


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN

Señor Jesucristo, luz verdadera que alumbras a todo hombre y le muestras el camino de la salvación, concédenos la abundancia de tu fuerza, para que preparemos delante de ti caminos de justicia y de paz. Tú que vives y reinas.
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
Tu poder multiplica
la eficacia del hombre,
y crece cada día, entre sus manos,
la obra de tus manos.

Nos señalaste un trozo de la viña
y nos dijiste: «Venid y trabajad.»
Nos mostraste una mesa vacía
y nos dijiste: «Llenadla de pan.»

Nos presentaste un campo de batalla
y nos dijiste: «Construid la paz.»
Nos sacaste al desierto con el alba
y nos dijiste: « Levantad la ciudad.»

Pusiste una herramienta en nuestras manos
y nos dijiste: «Es tiempo de crear.»
Escucha a mediodía el rumor del trabajo
con que el hombre se afana en tu heredad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Por los siglos. Amén.

 

SALMODIA

Ant. 1. En tierra extranjera guardé tus decretos.

Salmo 118, 49-56   VII (Zain)

Recuerda la palabra que diste a tu siervo,
de la que hiciste mi esperanza;
éste es mi consuelo en la aflicción:
que tu promesa me da vida;
los insolentes me insultan sin parar,
pero yo no me aparto de tus mandatos.

Recordando tus antiguos mandamientos,
Señor, quedé consolado;
sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu voluntad;
tus leyes eran mi canción
en tierra extranjera.

De noche pronuncio tu nombre,
Señor, y, velando, tus preceptos;
esto es lo que a mí me toca:
guardar tus decretos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En tierra extranjera guardé tus decretos.


Ant. 2. El Señor cambiará la suerte de su pueblo, y nosotros gozaremos.

Salmo 52   Necedad de los pecadores
Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios (Rm 3, 23)


Dice el necio para sí;
«No hay Dios.»
Se han corrompido cometiendo execraciones,
no hay quien obre bien.

Dios observa desde el cielo
a los hijos de Adán,
para ver si hay alguno sensato
que busque a Dios.

Todos se extravían
igualmente obstinados,
no hay uno que obre bien,
ni uno solo.

Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como pan
y no invocan al Señor?

Pues temblarán de espanto,
porque Dios esparce los huesos del agresor,
y serán derrotados,
porque Dios los rechaza.

¡Ojalá venga desde Sión
la salvación de Israel!
Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará Israel.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor cambiará la suerte de su pueblo, y nosotros gozaremos.


Ant. 3. Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.

Salmo 53, 3-6. 8-9   Petición de auxilio
El profeta pide verse libre de sus enemigos por el nombre del Señor (Casiodoro)

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras;

porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte;
sin tener presente a Dios.

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.

Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno;
porque me libraste del peligro,
y he visto la derrota de mis enemigos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.


TERCIA

LECTURA  BREVE 1Co 12,4-6
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

V. La salvación está ya cerca de los fieles del Señor.
R. Y la gloria habitará en nuestra tierra.

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, que a la hora de tercia enviaste tu Espíritu Defensor a los apóstoles, derrama también sobre nosotros este Espíritu de amor, para que, ante los hombres, demos, siempre fiel testimonio de aquel amor que has querido que fuera el distintivo de los discípulos de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

  

SEXTA
LECTURA BREVE 1Co 12, 12-13
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

V. Padre santo, guárdanos en tu nombre.
R. Para que seamos completamente uno.

ORACIÓN
Oh Dios, que revelaste a Pedro tu plan de salvar a todas las naciones, danos tu gracia, para que todas nuestras acciones sean agradables a tus ojos y útiles a tu designio de amor y salvación universal. Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE 1Co 12, 24b. 25-26
Dios organizó los miembros del cuerpo de modo que no haya divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan.

V. Señor, Dios nuestro, reúnenos de entre los gentiles.
R. Daremos gracias a tu santo nombre.

ORACIÓN
Oh Dios, que enviaste un ángel al centurión Cornelio, para que le revelara el camino de la salvación, ayúdanos a trabajar cada día con mayor entrega en la salvación de los hombres, para que, junto con todos nuestros hermanos, incorporados a tu Iglesia, podamos llegar a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor
.
      
CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   

HIMNO
La noche no interrumpe
tu historia con el hombre;

La noche es tiempo
de salvación.

De noche descendía tu escala misteriosa
hasta la misma piedra donde Jacob dormía.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,
mientras en las tinieblas volaba el exterminio.

La noche es tiempo
de salvación.

Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;
de noche prolongabas la voz de la promesa.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre;
de noche eran los sueños tu lengua más profunda.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;
de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.

La noche es tiempo
de salvación.

La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;
la noche vio la gloria de su resurrección.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche esperaremos tu vuelta repentina,
y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.

La noche es tiempo
de salvación. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. No podéis servir a Dios y al dinero.

Salmo 48   Vanidad de las riquezas
Difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos (Mt 19,23).


I
Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el  rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan  dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.


Ant 2. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

II
Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.


Ant. 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico   Ap 4, 11; 5,9.10.12   Himno de los redimidos

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder;
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
De recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
 

LECTURA  BREVE Rm 3, 23-25a
Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto.
 

RESPONSORIO BREVE   
R. Me saciarás de gozo * En tu presencia, Señor.
Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V. De alegría perpetua a tu derecha. * En tu presencia, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Juan, testigo de la luz, dijo: «Jesús es el Hijo de Dios.»

 

PRECES
Alabemos a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y, poniendo en él nuestra esperanza, digámosle suplicantes:
Protege a tu pueblo, Señor.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo
N.
y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución
y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados
y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los cuerpos legislativos de las naciones,
para que en todo legislen con sabiduría y equidad.

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre
y admítelos en el banquete de las bodas eternas.


Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas, para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo.
    

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 

HIMNO

Tiembla el frío de los astros,
y el silencio de los montes
duerme sin fin. (Sólo el agua
de mi corazón se oye.)

Su dulce latir, ¡tan dentro!,
calladamente responde
a la soledad inmensa
de algo que late en la noche.

Somos tuyos, tuyos, tuyos;
somos, Señor, ese insomne
temblor del agua nocturna,
más limpia después que corre.

¡Agua en reposo viviente,
que vuelve a ser pura y joven
con una esperanza! (Sólo
en mi alma sonar se oye.)

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

 
SALMODIA

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11   Lamentación y súplica ante la angustia
El hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús (Ga 2, 16)


Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.
 
LECTURA BREVE   1P 5, 8-9
Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle firmes en la fe.

 

RESPONSORIO BREVE

R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN

Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

II
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

 

SANTA MARÍA JOSEFA ROSSELLO. Nació cerca de Savona (Italia) el año 1811. Desde pequeña se distinguió por su devoción y su caridad hacia los pobres. Quiso ser monja, pero no lo consiguió porque no pudo reunir la dote que se requería entonces. Ingresó en la Tercera Orden de San Francisco asumiendo su vida de piedad y su amor a la pobreza. Entró al servicio de una familia señorial, que quiso adoptarla, pero ella no aceptó porque le pedían que renunciara a su intención de hacerse religiosa. En 1837 el obispo de Savona le encargó que se ocupase de la juventud pobre y abandonada. Pronto se le unieron otras jóvenes, y tres años más tarde nacía la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, que ella gobernó más de cuarenta años, para el cuidado de las jóvenes, especialmente las abandonadas y enfermas; en África se ocuparon también de los niños esclavizados. Murió en Savona el 7 de diciembre de 1880.