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La Imagen del día

 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Sábado 22 de Enero de 2022

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL SÁBADO SEMANA II DEL SALTERIO

LAUDES

HORAS INTERMEDIAS

VÍSPERAS

COMPLETAS

EL SANTO DEL DÍA

 LECTIO DIVINA correspondiente al Sábado de la II semana del Tiempo ordinario o

San Vicente

      Natural de Huesca, hijo de una familia consular, estudió en Zaragoza, donde llegó a ser diácono del obispo san Valero, que lo dedicó a la predicación. En la persecución del emperador Diocleciano, el prefecto Daciano apresó a ambos y los trasladó a Valencia. Aquí, para hacerles apostatar, los sometió a cruel prisión, hambre, cadenas..., pero no consiguió su propósito. Entonces envió a Valero al destierro y continuó atormentando al joven Vicente, que no cesó de confesar su fe. La tradición narra las múltiples torturas que sufrió hasta morir y el ensañamiento con que maltrataron su cadáver, lo que dio lugar a intervenciones extraordinarias de Dios. Murió en Valencia el 22 de enero del año 304, y de inmediato se extendió su culto por toda la Iglesia. Su basílica sepulcral, extramuros de la ciudad, fue templo de un monasterio ilustre y hogar de la fe cristiana durante la dominación musulmana. San Agustín y Prudencio celebraron en sus escritos el martirio.- Oración: Dios todopoderoso y eterno, derrama sobre nosotros tu Espíritu, para que nuestros corazones se abrasen en el amor intenso que ayudó a san Vicente a superar los tormentos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

LECTIO

Primera lectura: 2 Samuel 1,1-4.11-12.17.19.23-27

1 En aquellos días, David, que había vuelto de batir a los amalecitas, estuvo dos días en Sicelag.

2 Al tercer día, llegó un hombre del campamento de Saúl con la ropa desgarrada y la cabeza cubierta de polvo. Al llegar junto a David, se postró rostro en tierra.

3 David le preguntó: - ¿De dónde vienes? Él respondió: - Vengo huyendo del campamento de Israel.

4 David insistió: - ¿Qué ha pasado? Cuéntamelo. Y él contestó: - Los que luchaban se dieron a la fuga; muchos cayeron y murieron. Murieron también Saúl y su hijo Jonatán.

11 Entonces David se rasgó las vestiduras, y todos los que estaban con él hicieron lo mismo.

12 Hicieron duelo, llorando y ayunando hasta la tarde por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, que habían caído a espada.

17 David entonó esta lamentación por Saúl y por su hijo Jonatán:

19 ¡Ay, Israel! ¡Tu gloria ha sido herida sobre tus montes! ¡Cómo han caído los héroes!

23 ¡Saúl y Jonatán, tan amados y queridos! No se separaron ni en vida ni en muerte, más raudos eran que águilas, más fuertes que leones.

24 Hijas de Israel, llorad por Saúl, que tan lujosamente os vestía de púrpura y recubría con adornos de oro vuestros vestidos.

25 ¡Cómo han caído los héroes en medio del combate! ¡Jonatán, sobre tus montes herido!

26 ¡Qué angustia me ahoga, hermano mío, Jonatán! ¡Cómo te quería! Tu amor era para mí más dulce que el amor de las mujeres.

27 ¡Cómo han caído los héroes, cómo han perecido los guerreros!

 

        **• Emprendemos hoy la lectura del segundo libro de Samuel, tras haber leído, de una manera un tanto sumaria, el primero. El texto presenta la derrota de Saúl o, mejor, el sincero lamento de David por este triste acontecimiento.

        El canto fúnebre parece una elegía guerrera desprovista de elementos religiosos. En realidad, el acontecimiento tiene que ver, en primer lugar, con las vicisitudes del pueblo del Señor, el pueblo liberado de Egipto, constituido por una relación de alianza con Dios y suspendido siempre del hilo de su gracia y su juicio. Todos los hechos que acaecen a este pueblo influyen en su relación con Dios y con su misterio. El lamento de David es la toma de conciencia de la situación irredenta en la que vive Israel en ese momento, dependiente aún del filisteo.

        Por otra parte, el canto revela la nobleza de ánimo del elegido del Señor: preocupado por el pueblo, capaz de admitir la relativa grandeza de su adversario, capaz de sentir ternura fiel hacia su amigo Jonatán. Toda lamentación del pueblo es releída por el Señor como invocación en una dura prueba de fe.

 

 

Evangelio: Marcos 3,20ss

En aquel tiempo,

20 volvió Jesús a casa, y de nuevo se reunió tanta gente que no podían ni comer.

21 Sus parientes, al enterarse, fueron para llevárselo, pues decían: «Está fuera de sí.».

 

        *» La presencia y la actividad del Señor, después de las primeras escaramuzas descritas en las secciones precedentes, adquieren una resonancia notable. Con todo, el clamor y la atención de la gente no conducen necesariamente a la fe. Ahora debe hacer frente Jesús a los primeros rechazos serios. En primera fila aparecen los mismos familiares y parientes, que, preocupados por el buen nombre de la familia, emprenden medidas drásticas para resolver una situación que resulta, por lo menos, embarazosa. No basta la consanguinidad para crear una simpatía con el Evangelio; es preciso formar parte de la consanguinidad por la gracia. El amigo de Dios deberá encontrar, necesariamente, aislamiento y hostilidad; a veces, le vendrá la desconfianza de donde menos podía esperarla.

 

 

MEDITATIO

        ¡Qué doloroso es sentirse juzgados mal por nuestros propios seres allegados! Se hacen añicos las expectativas de los familiares o de los amigos porque somos diferentes de como ellos nos habrían querido y se nos «marca» como personas extrañas, como afectadas por alguna perturbación psíquica... No es raro ser «víctimas» -o «artífices»- de un amor posesivo que no soporta que el amado sea él mismo. Se trata de una experiencia de esclavitud: somos prisioneros de nuestros propios sentimientos infantiles o de los sentimientos infantiles de los otros.

        ¡Qué liberadora resulta, en cambio, una verdadera relación de amistad! El amigo se muestra disponible y abierto a hacer suyos las alegrías y los sufrimientos del otro, sin segundas intenciones, sin intereses egoístas. El amigo sabe ver al otro en su verdad y no pretende plegarlo, forzarlo, asimilarlo a sí mismo. El amigo exalta la calidad del otro. El dolor de David por la muerte de Saúl y de Jonatán nos muestra la intensidad del vínculo de amistad que vivía, un vínculo que se había fortalecido a través de las dolorosas o exaltadoras vicisitudes por las que aceptó pasar. La amistad tiene como precio la entrega de nosotros mismos, una entrega continua, reafirmada en cada momento crucial de la existencia. Y tiene una ganancia inconmensurable: la experiencia del amor.

 

 

ORATIO

        Te doy gracias, oh Dios, por todos aquellos que me has dado como amigos y por todos aquellos de quienes me has hecho amigo: hombres y mujeres que, con su presencia fiel, me han hecho conocer algo de mí mismo y algo de ti.

        Te doy gracias por la alegría que han proporcionado a mis días y también por el dolor que hemos soportado juntos. Con ellos he aprendido que todo lo que comparto resulta multiplicado y que «dar» sin esperar nada a cambio se transforma en un «recibir» rebosante. Te doy gracias por todos y cada uno de mis amigos, cada uno con su particular modo de ser luz de amor y de esperanza en mi historia. Y quisiera pedirte por quienes no han conocido la amistad o ya no consiguen fiarse después de una experiencia de amistad traicionada. Hazte reconocer -siempre- a cada amigo herido tal como eres: como el Amigo. Jesús, haz resonar en el corazón de todos aquellas palabras que dijiste un día a los discípulos: «Os he llamado amigos».

 

 

CONTEMPLATIO

        [Los signos] que brotan de los corazones que aman y se sienten amados, y se expresan con la conducta, con las palabras, con la mirada y con mil gratísimos gestos, funden juntos como una llama los ánimos y de muchos hacen uno solo. Éstas son las cosas que amamos en los amigos, y las amamos de tal modo que nos sentimos culpables en conciencia si al amor no le respondemos siempre con el amor. De ahí el luto cuando muere un amigo, las tinieblas del dolor, la dulzura que se transforma en amargura, el corazón henchido de llanto y el sentido de muerte que arrebata a los vivos por la pérdida de la vida del que muere.

        Bienaventurado quien te ama y en ti ama al amigo y al enemigo en tu nombre. Sólo él, en efecto, es quien no pierde nunca a ninguna persona querida, porque quiere a todos en aquel a quien no perdemos nunca, a saber: nuestro Dios (Agustín de Hipona, Le confessione, Milán 61993, p. 132 [edición española: Las confesiones, Ediciones Palabra, Madrid 1988]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Concédeme, Señor, el bien precioso que es un amigo» (cf. 2 Sm 1,26).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        ...Después está la gracia de la amistad, el don, o el drama, de la amistad; el sufrimiento, la cruz, la búsqueda, la necesidad biológica de la amistad. [...] Fijaos en el riesgo de las soledades más pavorosas y sórdidas de los hombres que están en el poder: la soledad que sienten, a veces, los obispos, los sacerdotes... ¡Dios mío, qué desiertos! Todos los que están en torno al poder son amigos inútiles y enemigos terribles. No hay ni uno que sepa en quién puede confiar y en quién no; ni tú sabes distinguir cuándo son amigos verdaderos. Pensad en la soledad de un pontífice, en la soledad de un emperador... Nadie es verdadero hermano hasta que no se convierte en amigo del hermano. Y es que la amistad pertenece al orden del Espíritu, mientras que la fraternidad, la paternidad, la maternidad, la filiación y cualquier tipo de parentesco pertenecen al orden de la sangre o, al menos, también al orden de la sangre.

        Nada, nada resulta más insidioso que la sangre, nada resulta más interesado, ambiguo e incierto (al contrario que la amistad). Desconfiad de la sangre, de la familia de la sangre; desconfiad de los instintos, y también de la razón (no desconfiéis nunca de la inteligencia, ni de la sabiduría, ni de la intuición).

        Los santos son todos amigos: amigos de Dios y amigos del hombre. «¡Aquél es un amigo!» «Nadie es más amigo que quien da la vida por el hermano.» Lo supo David -para seguir dentro de la corriente de la Biblia- cuando perdió a Jonatán: «Jonatán... tu amistad era para mí más dulce que el amor de las mujeres. Oh montes de Gelboé, que ni el rocío ni la lluvia os bañe ni os riegue...» porque ha muerto el amigo. Lo supo Cristo, que buscó un amigo durante toda su vida y no lo encontró... (D. M. Turoldo, Amare, Cinisello B. 1990, pp. 75-77).

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


HIMNO
Padre nuestro,
Padre de todos,
líbrame del orgullo
de estar solo.

No vengo a la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.

No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.

Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva toda la Iglesia
dentro de su corazón.
y dice siempre «nosotros»,
incluso si dice «yo». Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

Salmo 91   Alabanza del Dios creador
Este salmo canta las maravillas realizadas en Cristo (S. Atanasio)


Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 
Ant. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.


Ant. 2. Dad gloria a nuestro Dios.

Cántico   Dt 32, 1-12   Beneficios de Dios para con su pueblo
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! (Mt 23, 37)


Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como orvallo sobre el césped.

Voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.
El es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre, y te lo contará,
a tus ancianos, y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó, cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con él.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Dad gloria a nuestro Dios.


Ant. 3. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

Salmo  8   Majestad del Señor y dignidad del hombre
Todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo (Ef 1, 22)


Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

 

LECTURA BREVE Rm 12, 14-16a
Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino pones al nivel de la gente humilde.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Te aclamarán * Mis labios, Señor.
Te aclamarán mis labios, Señor.

V. Mi lengua recitará tu auxilio. * Mis labios, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Te aclamarán mis labios, Señor

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Guía, nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte
.

PRECES
Celebremos la sabiduría y la bondad de Cristo, que ha querido ser amado y servido en los hermanos, especialmente en los que sufren, y supliquémosle insistentemente, diciendo:
Haznos perfectos en la caridad, Señor.

Al recordar esta mañana tu santa resurrección,
te pedimos, Señor, que extiendas los beneficios de tu redención a todos los hombres.

Que todo el día de hoy sepamos dar buen testimonio del nombre cristiano
y ofrezcamos nuestra jornada como un culto espiritual agradable al Padre.

Enséñanos, Señor, a descubrir tu imagen en todos los  hombres.
y a servirte a ti en cada uno de ellos.

Oh Cristo, vid verdadera de la que nosotros somos sarmientos,
haz que permanezcamos en ti y demos fruto abundante, para que con ello reciba gloria Dios Padre.


Con la confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:



Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN

Que nuestra voz, Señor, nuestro espíritu y toda nuestra vida sean una continua alabanza en tu honor; y, pues toda nuestra existencia es puro don de tu liberalidad, que también cada una de nuestras acciones te esté plenamente dedicada. Por nuestro Señor Jesucristo.

     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 

TERCIA, SEXTA, NONA

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  
HIMNO
Este mundo del hombre, en que él se afana
tras la felicidad que tanto ansía,
tú lo vistes, Señor, de luz temprana
y de radiante sol al mediodía.

Así el poder de tu presencia encierra
el secreto más hondo de esta vida;
un nuevo cielo y una nueva tierra
colmarán nuestro anhelo sin medida.

poderoso Señor de nuestra historia,
no tardes en venir gloriosamente;
tu luz resplandeciente y tu victoria
inunden nuestra vida eternamente. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán», dice el Señor.

Salmo 118, 81-88   XI (Caph)

Me consumo ansiando tu salvación,
y espero en tu palabra;
mis ojos se consumen ansiando tus promesas,
mientras digo: «¿Cuándo me consolarás?»
Estoy como un odre puesto al humo,
pero no olvido tus leyes.

¿Cuántos serán los días de tu siervo?
¿Cuándo harás justicia de mis perseguidores?
Me han cavado fosas los insolentes,
ignorando tu voluntad;
todos tus mandatos son leales,
sin razón me persiguen, protégeme.

Casi dieron conmigo en la tumba,
pero yo no abandoné tus decretos;
por tu bondad dame vida,
para que observe los preceptos de tu boca.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán», dice el Señor.


Ant. 2. Tú eres, Señor, mi refugio y mi bastión contra el enemigo.

Salmo 60   Oración de un desterrado
Oración del justo que espera la vida eterna (S. Hilario)

Dios mío, escucha mi clamor,
Atiende a mi súplica;
te invoco desde el confín de la tierra
con el corazón abatido:

llévame a una roca inaccesible,
porque tú eres mi refugio
y mi bastión contra el enemigo.

Habitaré siempre en tu morada,
refugiado al amparo de tus alas;
porque tú, oh Dios, escucharás mis votos
y me darás la heredad de los que veneran tu nombre.

Añade días a los días del rey,
que sus años alcancen varias generaciones;
que reine siempre en presencia de Dios,
que tu gracia y tu lealtad le hagan guardia.

Yo tañeré siempre en tu honor,
e iré cumpliendo mis votos día tras día.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres, Señor, mi refugio y mi bastión contra el enemigo.


Ant. 3. Protege mi vida, Señor, del terrible enemigo.

Salmo 63   Súplica contra los enemigos
Este salmo se aplica especialmente a la pasión del Señor (S. Agustín)

Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:

afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen:«¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.

Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.

Todo el mundo se atemoriza,
Proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.

El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Protege mi vida, Señor, del terrible enemigo.


TERCIA

LECTURA BREVE Dt 8, 5b-6
El Señor, tu Dios, te ha educado, como un padre educa a su hijo, para que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, sigas sus caminos y lo temas.

V. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable.
R. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

ORACIÓN
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu Santo, para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos siempre en tu alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

    

SEXTA
LECTURA BREVE 1R 2, 2b-3
¡Ánimo, sé un hombre! Guarda las consignas del Señor, tu Dios, caminando por sus sendas, guardando sus preceptos, mandatos, decretos y normas, para que tengas éxito en todas tus empresas.

V. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
R. Porque ella es mi gozo.

ORACIÓN
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por amor tuyo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE Jr 6, 16
Paraos en los caminos a mirar, preguntad por la vieja senda: «¿Cuál es el buen camino?»; seguidlo, y hallaréis reposo.

V. Tus preceptos son mi herencia perpetua.
R. La alegría de mi corazón.

ORACIÓN
Escucha, Señor, nuestra oración y danos la abundancia de tu paz, para que, por intercesión de santa María, la Virgen, después de haberte servido durante toda nuestra vida, podamos presentarnos ante ti sin temor alguno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

   
 

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   

 
HIMNO
Acuérdate de Jesucristo,
resucitado de entre los muertos.
Él es nuestra salvación,
nuestra gloria para siempre.

Si con él morimos, viviremos con él;
si con él sufrimos, reinaremos con él.

En él nuestras penas, en él nuestro gozo;
en él la esperanza, en él nuestro amor.

En él toda gracia, en él nuestra paz;
en él nuestra gloria, en él la salvación. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Salmo 112   Alabado sea el nombre del Señor
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes (Lc 1, 52)


Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.


Ant. 2. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

Salmo 115   Acción de gracias en el templo
Por medio de Jesús, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza (Hb 13, 15)

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.


Ant. 3. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

Cántico    Flp 2, 6-11   Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual 

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.
 

LECTURA BREVE Hb 13, 20-21
Que el Dios de la paz, que hizo subir de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la sangre de la alianza eterna, os ponga a punto en todo bien, para que cumpláis su voluntad. Él realizará en nosotros lo que es de su agrado, por medio de Jesucristo; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Cuántas son * Tus obras. Señor.
Cuántas son tus obras. Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría. * Tus obras, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cuántas son tus obras. Señor

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús proclamaba el Evangelio del reino y curaba las enfermedades del pueblo.

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino y curaba las enfermedades del pueblo. 

PRECES
Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:
Muéstranos, Señor, tu amor.

Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido proceden de tu bondad;
haz que no tornen a ti vacíos, sino que den fruto, con un corazón noble de nuestra parte.

Oh Cristo, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los que dan testimonio de ti en el mundo,
 
y enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.

Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus hermanos,
y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.

A ti, qué eres el médico de las almas y de los cuerpos,
te pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.

Dígnate agregar los difuntos al número de tus escogidos,
cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir: 


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ay
údanos al llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

COMPLETAS

DESPUÉS DE LAS PRIMERAS VÍSPERAS DEL DOMINGO Y DE LAS SOLEMNIDADES

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
  

HIMNO
El sueño, hermano de la muerte,
a su descanso nos convida;
guárdanos tú, Señor, de suerte
que despertemos a la vida.

Tu amor nos guía y nos reprende
y por nosotros se desvela,
del enemigo nos defiende
y, mientras dormimos, nos vela.

Te ofrecemos, humildemente,
dolor, trabajo y alegría;
nuestra plegaria balbuciente:
«Gracias, Señor, por este día.»

Recibe, Padre, la alabanza
del corazón que en ti conf
ía
y alimenta nuestra esperanza
de amanecer a tu gran Día.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén. 
 

SALMODIA
Ant. 1. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Salmo 4   Acción de gracias
El Señor hizo maravillas al resucitar a Jesucristo de entre los muertos (S. Agustín)

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y  buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ten piedad, de mí, Señor, y escucha mi oración.


Ant. 2. Durante la noche, bendecid al Señor.

Salmo 133   Oración vespertina en el templo
Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes (Ap 19,5)


Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor.

Levantad las manos hacia el santuario
y bendecid al Señor.

El Señor te bendiga desde Sión,
el que hizo cielo y tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Durante la noche, bendecid al Señor.  

 

LECTURA BREVE   Dt 6, 4-7
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas la fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
 

ORACIÓN
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Después de las I Vísperas de las solemnidades que no coinciden en domingo:

Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

II
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

 

SAN VALERO. Era obispo de Zaragoza cuando el año 303, al arreciar la persecución del emperador Diocleciano, fue detenido junto con su diácono san Vicente. Trasladados ambos a Valencia y encarcelados, fueron presionados y torturados para que renegaran de su fe y, al no conseguirlo, Valero, que ya era anciano, fue desterrado, mientras que el joven Vicente fue martirizado hasta la muerte. No se sabe con seguridad el lugar y la fecha de su fallecimiento. Su memoria se celebra el 29 de enero.- Oración: Dios todopoderoso y eterno, al celebrar la fiesta del santo obispo Valero, perseguido por su fidelidad a tu nombre, concede a tus siervos que, libres de todo pecado, lleguen, por su intercesión, a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN VICENTE PALLOTTI. Nació en Roma el año 1795. Recibió de sus padres una excelente educación cristiana. Una tía suya, monja clarisa, fue a vivir con ellos cuando los franceses destruyeron su monasterio, y contribuyó a su formación religiosa llevándole a conocer la espiritualidad franciscana y a vivirla como miembro de la Tercera Orden de S. Francisco. Desde su ordenación sacerdotal en 1818, se entregó a un incansable apostolado, al que trató de asociar a los seglares, fomentando la colaboración entre sacerdotes y laicos. Y a unos y a otros incluyó en la congregación por él fundada, la Sociedad del Apostolado Católico. Murió en Roma el 22 de enero de 1850. En 1963, Juan XXIII lo canonizó y lo proclamó patrono principal de la Unión Misional del Clero.

 

 

ayer

Viernes 21 de Enero de 2022

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL VIERNES SEMANA II DEL SALTERIO

LAUDES

HORAS INTERMEDIAS

VÍSPERAS

COMPLETAS

EL SANTO DEL DÍA

 LECTIO DIVINA correspondiente al Viernes de la II semana del Tiempo ordinario o

santa Inés

          Virgen y mártir. A comienzos del siglo IV, esta noble doncella romana, de doce o trece años de edad, rubricó con su sangre el carisma de su virginidad. La tradición cristiana la convirtió en arquetipo y símbolo de la virginidad hasta la inmolación. Se enamoró de ella el hijo del prefecto de Roma y le ofreció el matrimonio, que Inés rehusó. El padre del joven, enterado de que ella era cristiana, la sometió a crueles tormentos y vejaciones para doblegar su voluntad, pero no lo consiguió. Finalmente la virgen murió a golpe de espada. Sus padres la enterraron junto a la vía Nomentana. El papa San Dámaso honró su sepulcro con un poema, y muchos Padres de la Iglesia, a partir de san Ambrosio, le dedicaron alabanzas.- Oración: Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo, concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 24,3-21

En aquellos días,

3 Saúl tomó consigo tres mil hombres escogidos en todo Israel y marchó en busca de David y de su gente hasta las Rocas de las Gamuzas.

4 Cuando llegó a los rediles de las ovejas que hay junto al camino, Saúl entró para hacer sus necesidades en una cueva que hay allí. David y sus hombres estaban en el fondo de la cueva.

5 Los hombres de David le dijeron: - Mira, éste es el día al que se refería el Señor cuando te dijo: «Yo entrego a tu enemigo en tu poder; trátale como te parezca». David se levantó y cortó sigilosamente la orla del manto

de Saúl.

6 Después empezó a latirle fuertemente el corazón por haber cortado la orla del manto de Saúl.

7 Y dijo a sus hombres: - Dios me libre de hacerle daño alguno, porque él es el ungido del Señor.

8 Con estas palabras, David reprimió a sus hombres y no les permitió lanzarse sobre Saúl. Saúl salió de la cueva y prosiguió su camino.

9 Después se levantó David, salió de la cueva y se puso a gritar detrás de él: - ¡Mi señor! ¡Majestad! Saúl miró hacia atrás y David cayó rostro en tierra y se postró.

10 Después dijo a Saúl: - ¿Por qué haces caso a la gente que dice que David busca tu ruina?

11 Hoy mismo puedes ver con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos en la cueva. Me incitaron a matarte, pero yo te he respetado, pues me dije: «No haré daño alguno a mi señor, porque él es el ungido del Señor».

12 Mira, padre mío, mira la orla de tu manto en mi mano. Puesto que he cortado la orla de tu manto y no te he matado, reconoce y comprueba que no hay en mí maldad ni rebeldía y que no he pecado contra ti. Tú, en cambio, intentas a toda costa quitarme la vida.

13 Que el Señor sea nuestro juez y que Él me vengue de ti, pero yo no te tocaré.

14 Como dice el viejo proverbio: «De los malos, la malicia». Pero yo no te tocaré.

15 ¿Contra quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¡A un perro muerto, a una pulga!

16 Que el Señor juzgue y pronuncie sentencia entre nosotros dos. Él examinará, defenderá mi causa y me librará de tu poder.

17 Cuando David terminó de decir estas palabras a Saúl, éste dijo: - ¿Es ésa tu voz, David, hijo mío? Saúl se puso a llorar

18 y dijo a David: - Tú eres inocente y yo no, porque tú me has hecho el bien y yo te hecho el mal.

19 Hoy has demostrado que te portas bien conmigo, pues el Señor me puso en tus manos y no me mataste.

20 Cuando alguien encuentra a su enemigo, ¿lo deja continuar tranquilo su camino? Que el Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo.

21 Ahora reconozco que tú serás rey y que la realeza de Israel será estable en tus manos.

 

 

        **• El acto de benevolencia ejercido por David respecto a su adversario, más que un gesto de perdón, es un acto de fe en la acción providencial de Dios, justo juez, que intervendrá para defender, a su tiempo y a su modo, a su «pobre» que es ahora perseguido. La comparación entre ambos pone de relieve, con una enorme claridad, la diversa calidad de los personajes y hace aún más evidente el motivo del repudio de uno y de la elección de otro.

        David, como guerrero y político, ha sentido la tentación de eliminar a su adversario, que ha caído a merced de sus manos, pero se retiene, sabiendo que su vida está guiada por el Señor; no es él quien debe garantizarse su propio futuro a toda costa, incluso cediendo al mal, sino esperarlo pacientemente de Dios. Saúl, por el contrario, quiere tomar las riendas él mismo, hasta el punto de pretender forzar los acontecimientos y planear incluso un crimen, en caso de que le parezca conveniente. Ahora Saúl, observando la diferente calidad de la perspectiva de vida elegida por David con respecto a la suya, puede intuir que es precisamente David alguien con el que Dios puede contar y que la gracia presente en la vida del muchacho héroe le hace capaz de realizar una mejor «justicia» también en las relaciones solidarias entre los hombres.

 

 

Evangelio: Marcos 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús

13 subió al monte, llamó a los que quiso y se acercaron a él.

14 Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar

15 con poder de expulsar a los demonios.

16 Designó a estos doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro;

17 a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno;

18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo

19 y Judas Iscariote, el que lo entregó.

 

        *+• Jesús se constituye una nueva familia (como se sugerirá en 3,35), es decir, según su mensaje, intenta formar un grupo de personas que estén dispuestas a acogerlo, aunque también deba realizar en ellos el milagro de la conversión. Sin embargo, aun cuando al hablar de familia se quiere acentuar la relación personal y afectiva que deberá reinar entre Jesús y sus discípulos, uno a uno, el grupo recibe también de inmediato un valor estructural más amplio: son el nuevo Israel, los que constituirán los fundamentos de la futura Iglesia.

        El evangelista carga de solemnidad el hecho. Tiene lugar sobre el monte, esto es, sobre el lugar típico de la proximidad con Dios. Todo depende de la gracia, y nada de la buena voluntad de los discípulos: Cristo los llama, los elige con una soberanía absoluta, y también es él quien los «constituye» en comunidad. El grupo es convocado para que sus componentes se dirijan a él (v. 13) y, antes que nada, para estar con él (v. 14). El nuevo pueblo se constituye en torno a la persona del Señor, que se sitúa, de manera escandalosa para un judío, como referencia absoluta, asumiendo la función que debería corresponder a la Ley. Sus discípulos reciben su mismo poder de expulsar los demonios, señal de que podrán ser realmente los ejecutores plenipotenciarios en el ejercicio de la fuerza del Evangelio. Aparece, por tanto, el motivo de la misión como prioridad concomitante a la relación personal.

 

 

MEDITATIO

        No sorprenden ya las faltas de fidelidad, por lo frecuentes que son: se falta a una promesa hecha, se traiciona la confianza y la amistad, y todo ello con desenvoltura, como si formara parte de la naturaleza misma de las cosas. La sospecha casi parece obligada en las relaciones humanas, hasta el punto de qué son noticia los gestos de lealtad, que sorprenden las relaciones que se mantienen a lo largo del tiempo y que despierta admiración quien, aun a costa de sacrificios, no falta a la palabra dada.

        Si he sido creado a semejanza del Dios fiel a sus promesas, ¿puedo acaso ser diferente de él? Hoy se me pone a David como ejemplo a quien mirar. Los apóstoles, llamados a vivir con Jesús y a compartir su misión, aprendieron que la lealtad y la fidelidad implican la entrega de sí. No son éstas prerrogativas exclusivas del cristiano; son cualidades humanas que hacen al hombre persona libre, no esclavo de los instintos caprichosos, de las emociones pasajeras y fluctuantes.

        La fe me ayuda en mi formación para la fidelidad precisamente porque me hace conocer al Dios fiel, me hace echar raíces profundas en la roca de los valores que no pasan. Y, de este modo, puedo hacer promesas que duren para siempre. Y así, como los apóstoles, en virtud de la fidelidad de Jesús, puedo comprometerme a permanecer con él para siempre. ¡Palabras duras en este tiempo de la cultura del instante y de lo provisional! El Señor me invita boy a redescubrir la belleza de quien compromete toda su vida por valores que ha reconocido como esenciales. ¿No haré yo lo mismo?

 

 

ORATIO

        Señor, yo soy de los que están contigo desde hace tiempo, pero me doy cuenta de que mi corazón no late aún en sintonía con el tuyo. Tal vez, repito a veces tus palabras, pero con frecuencia no las pongo en práctica.

        Hoy quiero reconocer ante ti la lentitud -quizás también la pereza- con la que procedo para vencer al mal con el bien. Los pensamientos y los deseos de venganza me ocupan, tal vez, de una manera sutil y les doy seguimiento «golpeando» con palabras duras y gestos bruscos a aquellos por quienes me siento herido. Si no pongo en marcha la venganza es porque, a veces, no se me presenta la ocasión propicia...

        Quiero tomar conciencia, Señor, de los proyectos de revancha que formulo de manera silenciosa y convertirlos en magnanimidad. Sé muy bien, Señor, que no los llevaré a buen puerto gracias a mi destreza, sino a tu fuerza, al poder del amor que tú me comunicas y que vence al mal de cualquier modo que se manifieste.

 

 

CONTEMPLATIO

        La opción que hice de sufrir sólo por amor debes hacerla tú también si quieres ser semejante a mí. Así le complace a mi Padre. Fíjate, cuando en Getsemaní salí de la oración tan inflamado de amor, yo mismo fui al encuentro de mis enemigos. Así has de hacer tú también: sal a su encuentro, no temas. Yo fui entregado con un beso de mi amado discípulo. Así tú también debes alegrarte si eres engañada y añigida por quien te quiere bien. [...] Reconoce que tienes que estar mucho más agradecida a los te hacen el mal que a los que te hacen el bien. Aquéllos purifican tu alma, la hacen bella, graciosa, agradable en mi presencia (Camilla Battista da Varano, / ricordi di Gesú, Milán 1985, pp. 59ss).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Señor, haz que seamos capaces de hacer el bien a quien nos hace el mal» (cf. 1 Sm 24,18).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Excelencia:

        Al enviarle el Impegno con Cristo no me esperaba ni un consentimiento ni un cumplido. [...] No pretendo imponer a otros mis puntos de vista personales; es más, gozo con las divergencias de opiniones que encaminan a la discusión y la provocan, si fuera necesario, exponiendo y defendiendo mis ideas con ese calor que sabe a «categórico», dada la poca costumbre, arraigada también entre nosotros, del hablar un tanto franco. Por otra parte, los motivos del libro no son intocables, especialmente ahora que todo es sometido a revisión con tal desconfianza en nuestras consideraciones y con tal radicalismo que nos debería preocupar más seriamente. [...]

        Su Excelencia sabe bien que no soy ni un desilusionado ni un defraudado y aue mi carrera termina con la misa. ¿Acaso le he pedido algo a lo largo de treinta años? ¿Acaso me he quejado de las tareas que me ha confiado? ¿No sería más lógico pensar que si alguien habla de tal modo que pierde la benevolencia de los de fuera y de los de dentro o es un loco o está obligado a decir, con una voz  más fuerte que la que marcan las conveniencias, lo que muchos piensan y no se atreven a decir? [...] No me parece dar mala fama ni a mi diócesis ni a mi obispo; sin embargo, y no una sola vez, he oído decir de mí que «ni siquiera su obispo está contento de usted». Ahora bien, mi obispo no habrá oído que don Mazzolari haya dicho una palabra que no sea afectuosa y de admiración respecto a los suyos y a la diócesis.

        No tengo tiempo para las murmuraciones y las habladurías. Discuto las opiniones, no a las personas, y a rostro descubierto, en voz alta y con tal pasión que puede parecer «una pretensión de infalibilidad». [...] La pena que me produce no contar con su confianza es grande, pero no por eso disminuye mi veneración, y pidiéndole perdón de rodillas por mi audacia, le beso el anillo con el mismo afecto filial. Su sacerdote Primo Mazzolari (P. Mazzolari, Obedientísimo ¡n Cristo... Lettere al Vescovo 7077-1959, Cinisello B. 21996, pp. 153ss y 157).

 

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant.
Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO
Por el dolor creyente que brota del pecado;
por haberte querido de todo corazón;
por haberte, Dios mío, tantas veces negado,
tantas veces pedido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido; por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.

Porque es como la hiedra, déjame que te abrace,
primero amargamente, lleno de flor después,
y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace,
y que mi vieja sombra se derrame a tus pies.

¡Porque es como la rama donde la savia nace,
mi corazón, Dios mío, sueña que tú lo ves! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.


Salmo 50   Misericordia, Dios mío
Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana (Ef 4,23-24)

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.


Ant. 2. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Cántico Ha 3, 2-4. 13a. 15-19   Juicio de Dios
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación (Lc 21, 28)


Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala;
En medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto, acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar;
gimo ante el día de angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor,
me gloriaré en Dios, mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.


Ant. 3. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Salmo 147   Acción de gracias por la restauración de Jerusalén
Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero (Ap 21, 9)


Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Glorifica al Señor, Jerusalén.

 

LECTURA BREVE Ef 2, 13-16
Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Invoco al Dios Altísimo, * Al Dios que hace tanto por mí.
Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

V. Desde el cielo me enviará la salvación. * Al Dios que hace tanto por mí.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

 

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant.
Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte
.
 


PRECES
Adoremos a Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ofreció a Dios como sacrificio sin mancha, para purificar nuestra conciencia de las obras muertas, y digámosle con fe:
Nuestra paz, Señor, es cumplir tu voluntad.

Tú que nos has dado la luz del nuevo día,
concédenos también caminar por sendas de vida nueva.

Tú que todo lo has creado con tu poder, y con tu providencia lo conservas todo,
ayúdanos a descubrirte presente en todas tus criaturas.

Tú que has sellado en tu sangre un pacto nuevo y eterno,
 
haz que, obedeciendo siempre tus mandatos, permanezcamos fieles a esta alianza.

Tú que, colgado en la cruz, quisiste que de tu costado manara agua con la sangre,
purifica con esta agua nuestros pecados y alegra con este manantial a la ciudad de Dios.
 


Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

 

ORACIÓN
Señor, Dios todopoderoso, te pedimos nos concedas que, del mismo modo que hemos cantado tus alabanzas en esta celebración matutina, así las podamos cantar también plenamente, con la asamblea de tus santos, por toda la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
I

El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.

Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.

En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.

II
Sólo para Nona:


Se cubrieron de luto los montes
a la hora de nona.
El Señor rasgó el velo del templo
a la hora de nona.
Dieron gritos las piedras en duelo
a la hora de nona.
Y Jesús inclinó la cabeza
a la hora de nona.

Hora de gracia,
en que Dios da su paz a la tierra
por la sangre de Cristo.

Levantaron sus ojos los pueblos
a la hora de nona.
Contemplaron al que traspasaron
a la hora de nona.
Del costado manó sangre y agua
a la hora de nona.
Quien lo vio es el que da testimonio
a la hora de nona.

Hora de gracia,
en que Dios da su paz a la tierra
por la sangre de Cristo. Amén.
 

 

SALMODIA
Ant. 1. Que tu bondad me consuele según tu promesa.

Salmo 118, 73-80    X (Iod)

Tus manos me hicieron y me formaron:
instrúyeme para que aprenda tus mandatos;
tus fieles verán con alegría
que he esperado en tu palabra;
reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,
que con razón me hiciste sufrir.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu voluntad;
que se avergüencen los insolentes
del daño que me hacen;
yo meditaré tus decretos.

Vuelvan a mí tus fieles
que hacen caso de tus preceptos;
sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Que tu bondad me consuele según tu promesa.


Ant. 2. Protégeme de mis agresores, Dios mío.

Salmo 58, 2-5. 10-11. 17-18
Oración pidiendo la protección de Dios contra  los enemigos
Estas súplicas expresan la confianza del Salvador en su Padre (Eusebio
de Cesarea)


L
íbrame de mi enemigo, Dios mío;
protégeme de mis agresores,
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres sanguinarios.

Mira que me están acechando,
y me acosan los poderosos:
sin que yo haya pecado ni faltado, Señor,
sin culpa mía, avanzan para acometerme.

Despierta, ven a mi encuentro, mira:
tú, el Señor de los ejércitos,
el Dios de Israel.

Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar;
que tu favor se adelante, oh Dios,
y me haga ver la derrota del enemigo.

Pero yo cantaré tu fuerza,
por la mañana aclamaré tu misericordia;
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el peligro.

Y tocaré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Protégeme de mis agresores, Dios mío.


Ant. 3. Dichoso el hombre a quien corrige Dios; él hiere y venda la herida.

Salmo 59   Oración después de una calamidad
En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: Yo he vencido al mundo (Jn 16, 33)


Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas;
estabas airado, pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.

Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo;
diste a tus fieles la señal de desbandada,
haciéndolos huir de los arcos.

Para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el hombre a quien corrige Dios; él hiere y venda la herida.


TERCIA

 

LECTURA BREVE Dt 1, 31b
El Señor, tu Dios, te ha llevado como a un hijo por todo el camino.

V. Sostenme, Señor, con tu promesa, y viviré.
R. Que no quede frustrada mi esperanza.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


SEXTA


LECTURA BREVE Ba 4, 28-29
Si un día os empeñasteis en alejaros de Dios, volveos a buscarlo con redoblado empeño. El que os mandó las desgracias os mandará el gozo eterno de vuestra salvación.

V. Del Señor viene la misericordia.
R. Y la redención copiosa.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación, mientras las tinieblas envolvían al mundo, concédenos que tu luz nos ilumine siempre, para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


NONA


LECTURA BREVE Sb 1, 13-15
Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal.

V. Arrancó el Señor mi alma de la muerte.
R. Caminaré en su presencia en el país de la vida.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno, míranos a nosotros, que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también, como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.

Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.

Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.

Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.

Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Salmo 114   Acción de gracias
Hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios (Hch 14, 22)

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.


Ant. 2. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 120   El guardián del pueblo
Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno (Ap 7, 16)


Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


Ant. 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Cántico   Ap 15,3-4   Himno de adoración

Grandes y maravillosas son tus obras
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 

LECTURA BREVE 1Co 2, 7-10a
Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu.

 

 

RESPONSORIO BREVE
R. Cristo murió por los pecados,* Para conducirnos a Dios.
Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

V. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. * Para conducirnos a Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios. 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.  
 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.  
 

PRECES
Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y con amor secaba las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:
Señor, ten piedad de tu pueblo.

Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y deprimidos,
pon ahora tus ojos en las lágrimas de los pobres.

Escucha los gemidos de los agonizantes
y envíales tus ángeles para que los alivien y conforten.

Que los emigrantes sientan tu providencia en su destierro,
que puedan regresar a su patria y que un día alcancen también la eterna.

Que los pecadores se ablanden a tu amor
y se reconcilien contigo y con tu Iglesia.

Perdona las faltas de los que han muerto 
y dales la plenitud de tu salvación.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza: 


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 

ORACIÓN
Oh Dios, que, de una manera admirable, has manifestado tu sabiduría escondida, con el escándalo de la cruz, concédenos contemplar con tal plenitud de fe la gloria de la pasión de tu Hijo que siempre nos gloriemos confiadamente en la cruz de Jesucristo. Que vive y reina contigo.

 

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 

HIMNO
Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gracias por todas las gracias
que nos ha dado tu amor;
si muchas son nuestras deudas,
infinito es tu perdón.
Mañana te serviremos,
en tu presencia, mejor.
A la sombra de tus alas,
Padre nuestro, abríganos.
Quédate junto a nosotros
y danos tu bendición.

Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gloria al Padre omnipotente,
gloria al Hijo Redentor,
gloria al Espíritu Santo:
tres Personas, sólo un Dios. Amén.


SALMODIA
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.

Salmo 87   Oración de un hombre gravemente enfermo
Ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas (Lc 22, 53)

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.

Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.

Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.

Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido?

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi s
úplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?

Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:

me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
 

LECTURA BREVE   Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor; tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor, Dios nuestro.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.



 

ORACIÓN
Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, le imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

II
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
 

 

SANTOS FRUCTUOSO, EULOGIO Y AUGURIO. Entre los mártires más preclaros de la España romana destacan el obispo de Tarragona san Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio. Gracias a las Actas de su martirio, excepcionales en su autenticidad y escritas con una sublime sencillez, conocemos detalles primorosos de la organización eclesiástica y de la vida cristiana de la España antigua. Prudencio dedicó a estos santos sus mejores versos. Durante la persecución de los emperadores Valeriano y Galieno, después de una admirable confesión de fe ante el procurador romano Emiliano, fueron conducidos a la cárcel y después al anfiteatro, donde el obispo, con voz clara, ante los fieles que estaban presentes, oró por la Iglesia universal. Seguidamente fueron arrojados a las llamas, donde completaron su martirio orando de rodillas. Era el 21 de enero del año 259. En España su fiesta se celebra el 20 de enero- Oración: Señor, tú que concediste al obispo san Fructuoso dar su vida por la Iglesia, que se extiende de oriente a occidente, y quisiste que sus diáconos, Augurio y Eulogio, le acompañaran al martirio llenos de alegría, haz que tu Iglesia viva siempre gozosa en la esperanza y se consagre, sin desfallecimientos, al bien de todos los pueblos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.