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El cántico de alabanza
que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo,
sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel
y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de
nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas-
y todos los días del año -Lectio Divina
Si quiere recibirla
diariamente, por favor, apúntese
aquí
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JUEVES 30 DE ABRIL DE 2026
LECTIO
DIVINA DE AYER
. LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL JUEVES
SEMANA IV DEL SALTERIO
LECTIO DIVINA correspondiente
al Jueves de la IV Semana de Pascua
San Pío V, papa |





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LECTIO
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 13,13-25
13 Pablo y los suyos zarparon de Pafos y llegaron a Perge de
Panfilia. Pero Juan los dejó y se volvió a Jerusalén.
14 Ellos, pasando más allá de Perge, llegaron a Antioquía de
Pisidia. Allí entraron en la sinagoga el sábado y se sentaron.
15 Después de la lectura de la Ley y de los profetas, los jefes de
la sinagoga les hicieron esta invitación: - Hermanos, si tenéis algo
que decir a la asamblea, hablad.
16 Pablo entonces se levantó, impuso silencio con la mano y dijo: -
Israelitas y los que teméis a Dios,
17 escuchad. El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros
antepasados y engrandeció al pueblo durante su permanencia en
Egipto; después los sacó de allí con brazo fuerte,
18 y por espacio de cuarenta años los cuidó en el desierto.
19 Después de destruir siete naciones en Canaán, les dio en
herencia sus tierras.
20 Esto duró unos cuatrocientos cincuenta años. Después les dio
jueces hasta los tiempos del profeta Samuel.
21 Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la
tribu de Benjamín, durante cuarenta años.
22 Depuesto Saúl, les puso como rey a David, de quien hizo esta
alabanza: He hallada a David, hijo de Jesé, un hombre
según mi corazón, el cual hará siempre mi voluntad.
23 De su posteridad, Dios, según su promesa, suscitó a Israel un
Salvador, Jesús.
24 Antes de su venida, Juan había predicado a todo el pueblo de
Israel un bautismo de penitencia.
25 El mismo Juan, a punto ya de terminar su carrera, decía: "Yo no
soy el que pensáis. Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de
desatar las sandalias".
**• Fue en Chipre donde tuvo
lugar la conversión del procónsul romano Sergio Paulo. A partir de
ese momento se llama a Saulo con el nombre romano de Pablo.
Por otra parte, este último
pasa, de colaborador de Bernabé, a primer plano, convirtiéndose en
el verdadero jefe de la expedición. A partir de ahora habla Lucas
de "Pablo y Bernabé". Con este episodio, puede decirse que
comienzan los "Hechos de Pablo". De Perge a Antioquía de Pisidia,
situada en el corazón de la actual Turquía, hay unos quinientos
kilómetros. Había que recorrerlos a pie, atravesando los montes del
Tauro, expuestos a variaciones térmicas y los peligros de
salteadores. Quizás se debiera a esto la vuelta a Jerusalén de
Juan-Marcos.
Pero el interés de Lucas está
totalmente concentrado en la Palabra. Ésta es anunciada en la
sinagoga de la ciudad en el marco de una celebración litúrgica.
Existe un paralelismo entre el discurso programático de Jesús (cf.
Le 4,16-20) y este discurso, asimismo programático, de Pablo. Este
último parte, en su argumentación, de las grandes líneas de la
historia bíblica y centra su discurso en el rey David, a quien está
ligada la promesa del Salvador.
La historia de Israel está
presentada a grandes rasgos, porque todo en ella debe conducir a
aquel que será el cumplimiento de la promesa, anunciado
inmediatamente antes de la predicación de un bautismo de penitencia
por parte de Juan. Presenta a Jesús como el mejor fruto de la
historia de Israel y como el cumplimiento de sus esperanzas. Debemos
señalar que la difusión de las comunidades judías en la diáspora, en
las distintas legiones del Imperio romano, será un terreno ya
preparado para recibir el mensaje de los primeros misioneros
cristianos. Tienen en común una historia y una promesa. Y tienen
también en común una organización capilar de base, de la que parten
para el anuncio de la Buena Noticia.
Salmo Responsorial
R. Cantaré eternamente tus
misericordias, Señor.
Salmo 88.4-5. 16-17. 27 y 29
."Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades".
R.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.
R.
Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora".
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable.
R.
Evangelio: Juan 13,16-20
En aquel tiempo, tras haber lavado Jesús los pies a sus
discípulos, les dijo:
16 Yo os aseguro que un siervo no puede ser mayor que su señor, ni
un enviado puede ser superior a quien lo envió.
17 Sabiendo esto, seréis dichosos si lo ponéis en práctica.
18 No estoy hablando de todos vosotros; yo sé muy bien a quiénes he
elegido. Pero hay un texto de la Escritura que debe cumplirse: El
que come mi pan se ha vuelto contra mí.
19 Os digo estas cosas ahora, antes de que sucedan, para que cuando
sucedan creáis que yo soy.
20 Os aseguro que todo el que reciba a quien yo envíe, me recibe a
mí mismo y, al recibirme a mí, recibe al que me envió.
**• El fragmento conclusivo
del lavatorio de los pies vuelve sobre el tema del amor hecho
humilde servicio.
Existe un misterio por
comprender que va más allá del hecho concreto, y que la comunidad
cristiana debe acoger y revivir: practicar la Palabra de Jesús y
vivir la bienaventuranza del servicio hecho amor recíproco. El Señor
subraya, en la intimidad de la última cena, que la vida cristiana no
es sólo comprender, sino también "practicar"; no sólo conocer, sino
"hacer" siguiendo su ejemplo.
Toda la acción cristiana nace
del "hacer" que tiene su razón en la disponibilidad para todos los
demás. El amor que salva es aceptar, en la fe, la propia
aniquilación y la práctica de su ejemplo como regla de vida. Al
arrodillarse ante sus discípulos para lavarles los pies, Jesús se
entrega a ellos y realiza el gesto de su muerte en la cruz. Al
humillarse ante ellos, les invita a entrar en la plenitud de su amor
y a entregarse recíprocamente.
Con la invitación a imitar su
ejemplo en la vida, Jesús se dirige a sus discípulos y, en
particular, a aquel que iba a traicionarlo. El pensamiento de que
uno de los suyos lo iba a entregar aflige profundamente al rabí. Con
todo, su amor abraza a todos y no excluye ni siquiera al traidor de
los gestos de bondad y de servicio. Lo único que le preocupa es que
los otros discípulos no sufran el escándalo que provocará la
traición de Judas, e intenta prevenirlos de esto citando un pasaje
de la Escritura: "Hasta mi amigo íntimo, en quien yo confiaba, el
que compartía mi pan, me levanta calumnias" (Sal 41,10).
La denuncia anticipada, por
parte del Maestro, de la traición de Judas se convierte para los
discípulos en una prueba ulterior de su divinidad y en la
confirmación de su presencia en todos los hechos relativos a su vida
y a su muerte (v. 19). El destino de todo apóstol va ligado,
inseparablemente, al de Jesús y, por medio de éste, al Padre (v.
20).
MEDITATIO
El Padre envía al Hijo, el
Hijo envía a sus discípulos; y así como el Hijo repite el
comportamiento del Padre, también los fieles de Jesús deben repetir
el comportamiento del Hijo. Ahora bien, los discípulos saben que
Jesús se ha comportado como un siervo que, reconociendo en cada
hombre a su propio señor, se dedica a él, incluso en el más humilde
de los servicios, según el significado simbólico del lavatorio de
los pies. Pero como la ley del servicio es dura, pronto es removida
y sustituida o suavizada o manipulada. Se habla así de servicio, se
teoriza sobre él, pero nos mantenemos alejados del humilde servicio
activo.
Por eso proclama Jesús
bienaventurados no a los que hablan de servicio, sino a quienes lo
practican. Acaso le traicionó Judas por esto? Pensaba acaso que
aunque Jesús hablara de servicio, entendía de hecho el servicio del
poder? No se marcharía cuando vio que el servicio, para Jesús, era
precisamente el de los auténticos siervos, una realidad dura y no
una palabra para adornarse? Y yo, cómo me sitúo ante el servicio?
Conozco la sonoridad y la popularidad de la Palabra más que su
humilde y a menudo humillante realidad? Medito en el servicio para
hablar bien de él o para convencerme de que debo rebajarme a servir?
ORATIO
Sí, Señor mío, también yo
pertenezco a la categoría de los siervos de nombre y de los servidos
de hecho. Me gustaría ser considerado siervo tuyo, y algo menos ser
considerado siervo de los otros. Porque si bien, teniendo todo en
cuenta, ser considerado siervo tuyo es algo que gratifica,
convertirse en siervo de los hombres no parece ni agradable ni
honorable. Y por eso no he gustado aún la bienaventuranza del
servicio: demasiadas palabras y pocos hechos; mucha teoría y poca
práctica; mucha exaltación de los santos que han servido y poco
compromiso con el servicio; muchas palabras hermosas para aquellos
que me sirven y muy pocas ganas de pasar a su bando.
Señor misericordioso, abre
mis ojos a las muchas ilusiones que cultivo sobre mi servicio;
refuerza mis rodillas, que se niegan a plegarse para lavar los pies;
da firmeza a mis manos, que se cansan de coger el barreño con el
agua sucia por el polvo pegado a los pies de los viajeros que llaman
a mi puerta. He de confesarte, Señor, que soy muy, muy débil, que
ando muy lejos de tu ejemplo de vida. Concédeme tu Espíritu para
ahuyentar mis miedos y para vencer mis timideces.
Señor, ten piedad de mis
hermosas palabras sobre el servicio. Señor, ten piedad de mis
escasas obras. Señor, ten piedad de mi corazón, que no conoce
todavía la bienaventuranza del servicio verdadero y humillante.
CONTEMPLATIO
Lo que tiene de único el
lavatorio de los pies es hacernos ver que estamos perdonados por
anticipado y somos dignos de ser honrados. El ejemplo que deberán
imitar siempre los apóstoles es esta actitud de respeto con
cualquiera cuyo verdadero nombre está escrito en los cielos; una
actitud de disponibilidad respecto a los hermanos. En conclusión,
una actitud de misericordia: "Seréis dichosos si lo ponéis en
práctica" (Jn 13,17).
Sí, porque todas las
bienaventuranzas están incluidas en la misericordia, que se realiza
en las mil formas inspiradas por el amor: también vosotros debéis
lavaros los pies los unos a los otros. "Un siervo no puede ser
mayor que su señor" (Jn 13,16) (P. M. de la Croix, L'Évangile
de Jean et son témoignage spirituel, París 19592, p. 397).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive
hoy la Palabra: "Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas" (Gal
6,2).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Ha llegado la hora. Y el
primer gesto que salta de aquel fatal golpe de gong, en un rito que
parece predispuesto, es ir a coger un enroño. Qué debe hacer quien
sabe que dentro de poco morirá?
Si ama a alguien y tiene algo
para dejarle, debe dictar su testamento. Nosotros nos nacemos traer
papel y pluma. Cristo fue a coger un barreño, una toalla, y derramó
agua en un recipiente. Aquí empieza el testamento; aquí, tras secar
el último pie, podría terminar también...
"Os he dado ejemplo..." Si tuviera que escoger una reliquia de la
pasión, escogería entre los flagelos y las lanzas aquel barreño
redondo de agua sucia. Dar la vuelta al mundo con ese recipiente
bajo el brazo, mirar sólo los talones de la gente; y ante cada pie
ceñirme la toalla, agacharme, no levantar los ojos más allá de la
pantorrilla, para no distinguir a los amigos de los enemigos. Lavar
los pies al ateo, al adicto a la cocaína, al traficante de armas, al
asesino del muchacho en el cañaveral, al explotador de la prostituta
en el callejón, al suicida, en silencio: hasta que hayan
comprendido.
A mí no se me ha dado ya
levantarme para transformarme a mí mismo en pan y en vino, para
sudar sangre, para desafiar las espinas y los clavos. Mi pasión,
mi imitación de Jesús a punto de morir, puede quedarse en esto (L.
Santucci, Una vita di Cristo. Volete
andavene anche voi? Cinisello
B. 1 9952, pp. 205-207, passim).

LAUDES
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28,
28)
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
HIMNO
!Nacidos de la luz!, !hijos del día!
Vamos hacia el Señor de la mañana;
su claridad disipa nuestras sombras
y llena el corazón de regocijo.
Que nuestro Dios, el Padre de la gloria,
limpie la oscuridad de nuestros ojos
y nos revele, al fin, cuál es la herencia
que nos legó en el Hijo Primogénito.
!Honor y gloria a Dios, Padre celeste,
por medio de su Hijo Jesucristo
y el don de toda luz, el Santo Espíritu,
que vive por los siglos de los siglos! Amén.
SALMODIA
Ant. 1. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
Salmo 142, 1-11 Lamentación y súplica ante la angustia
El hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en
Cristo Jesús (Ga 2, 16)
Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
Ant. 2. El Señor hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz.
Cántico Is 66, 10-14a Consuelo y gozo para la ciudad santa
La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre (Ga 4, 26)
Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
mamaréis a sus pechos
y os saciaréis de sus consuelos,
y apuraréis las delicias
de sus ubres abundantes.
Porque así dice el Señor:
"Yo haré derivar hacia ella
como un río, la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo,
y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo, se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos florecerán como un prado."
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz.
Ant. 3. Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
Salmo 146 Poder y bondad de Dios
A ti, oh Dios, te alabamos; a ti, Señor, te reconocemos
Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para nuestro Dios,
que cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la tierra;
que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado
y a las crías de cuervo que graznan.
No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los jarretes del hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
LECTURA
BREVE Rm
8,18-21
Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se
nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la
plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la
frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero
fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de
la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa
de los hijos de Dios.
RESPONSORIO
BREVE
R. Velando * Medito
en ti, Señor.
Velando medito en ti, Señor.
V. Porque fuiste mi auxilio. * Medito
en ti, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Velando medito en ti, Señor.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Anuncia
a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.
Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Anuncia
a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.
PRECES
Invoquemos a Dios, de quien viene la salvación para su pueblo,
diciendo:
Escúchanos, Señor.
Bendito seas Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, en tu
gran misericordia, nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza
viva,
–por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
Tú que en Cristo renovaste al hombre, creado a imagen tuya,
–haz que seamos imagen de tu Hijo.
Derrama en nuestros corazones, lastimados por el odio y la envidia,
–tu Espíritu de amor.
Concede hoy trabajo a quienes lo buscan, pan a los hambrientos,
alegría a los tristes,
–a todos la gracia y la salvación.
Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a
decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Concédenos, Señor, que nos sea siempre anunciada la salvación,
para que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos te
sirvamos fielmente con santidad y justicia todos nuestros días. Por
nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.

HORA INTERMEDIA
TERCIA, SEXTA, NONA
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Fuerza tenaz, firmeza de las cosas,
inmóvil en ti mismo;
origen de la luz, eje del mundo
y norma de su giro:
Concédenos tu luz en una tarde
sin muerte ni castigo,
la luz que se prolonga tras la muerte
y dura por los siglos. Amen.
SALMODIA
Ant. 1. "Si me amáis, guardaréis mis mandatos", dice el Señor.
Salmo 118, 153-160 XX (Res)
Mira mi abatimiento y líbrame,
porque no olvido tu voluntad,
defiende mi causa y rescátame,
con tu promesa dame vida;
la justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes.
Grande es tu ternura, Señor,
con tus mandamientos dame vida;
muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de tus preceptos;
viendo a los renegados, sentía asco,
porque no guardan tus mandatos.
Mira cómo amo tus decretos,
Señor, por tu misericordia dame vida;
el compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son eternos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. "Si me amáis, guardaréis mis mandatos", dice el Señor.
Ant. 2. Que el Señor te bendiga, y veas la paz todos los días de tu vida.
Salmo 127 Paz doméstica en el hogar del justo
"Que el Señor te bendiga desde Sión", es decir, desde su Iglesia (Arnobio).
Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.
!Paz a Israel!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Que el Señor te bendiga, y veas la paz todos los días de tu vida.
Ant. 3. El Señor peleará a tu favor.
Salmo 128 Esperanza de un pueblo oprimido
La Iglesia habla de los sufrimientos que tiene que tolerar (S.
Agustín)
!Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
–que lo diga Israel–,
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron conmigo!
En mis espaldas metieron el arado
y alargaron los surcos.
Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los malvados.
Retrocedan avergonzados,
los que odian a Sión;
sean como la hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;
que no llena la mano del segador
ni la brazada del que agavilla;
ni le dicen los que pasan:
"Que el Señor te bendiga."
Os bendecimos en el nombre del Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor peleará a tu favor.
TERCIA
LECTURA
BREVE 1Jn
3, 23-24
Éste es el mandamiento de Dios: que creamos en el nombre de su Hijo,
Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en
esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos
dio.
V. Apoya tú al inocente, Señor.
R. Tú que sondeas el corazón y las entrañas.
ORACIÓN
Señor, tú que a la hora de tercia enviaste el Espíritu Santo sobre
los apóstoles, reunidos en oración, concédenos también a nosotros
tener parte en los dones de este Espíritu. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
SEXTA
Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente
del Señor y buscadlo con corazón entero. Lo encuentran los que no
exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían.
V. Confía en el Señor y haz el bien.
R. Habita tu tierra y practica la lealtad.
ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las
tinieblas; haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz,
para que, guardando tus preceptos, caminemos fielmente por tus
sendas con el corazón ensanchado. Por Jesucristo, nuestro Señor.
NONA
LECTURA
BREVE Hb
12, 1b-2
Quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en
la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que
inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo
inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está
sentado a la derecha del trono de Dios.
V. Mi alma espera en el Señor.
R. Espera en su palabra.
ORACIÓN
Contempla, Señor, a tu familia en oración y haz que, imitando los
ejemplos de paciencia de tu Hijo, no decaiga nunca ante la
adversidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos
gracias a Dios.

VÍSPERAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.
Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.
Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
!Qué aprisa cae la tarde!
!Quédate al fin conmigo! Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.
Salmo 143 Oración por la victoria y la paz
Su brazo se adiestró en la pelea cuando venció al mundo; dijo, en
efecto: "Yo he vencido al mundo" (S. Hilario)
I
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, qué es el hombre para que te fijes en él?
qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.
Ant. 2. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
II
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.
Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.
Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Ant. 3. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
Cántico Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a El juicio de Dios
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
LECTURA
BREVE Cf.
Col 1, 23
Permaneced cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la
esperanza del Evangelio que escuchasteis. Es el mismo que se
proclama en la creación entera bajo el cielo.
RESPONSORIO
BREVE
R. El Señor es mi pastor, * Nada
me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
V. En verdes praderas me hace recostar.* Nada
me falta.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. A
los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.
Magníficat Lc 1,
46-55
Alegría del alma en Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Juan, testigo de la luz, dijo: "Jesús
es el Hijo de Dios."
PRECES
Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente,
y digámosle confiados:
Concédenos, Señor, la salud y la paz.
Luz indeficiente y Palabra eterna del Padre, que has venido a
salvar a todos los hombres,
–ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.
No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
–pues de ti procede el perdón.
Señor, que has querido que la inteligencia del hombre investigara
los secretos de la naturaleza,
–haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al
bienestar de todos los hombres.
Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio
de sus hermanos;
–que, con libertad de espíritu y sin desánimos, puedan realizar su
ideal.
Señor, que abres y nadie cierra,
–lleva a tu luz a los que han muerto con la esperanza de la
resurrección.
Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios,
confiadamente nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que,
siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia
en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
COMPLETAS
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
En este momento
es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.
Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
Yo confieso
ante Dios todopoderoso
y ante
vosotros, hermanos,
que he pecado
mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa,
por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego
a santa María, siempre Virgen,
a los
ángeles, a los santos
y a vosotros,
hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Dios
todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.
Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.
Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.
Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva. Amén.
SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.
Salmo 15 El Señor es el lote de mi heredad
Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2,
24).
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien."
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mi carne descansa serena.
LECTURA
BREVE 1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo
vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta
la venida de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO
BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo
mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
Nunc dimittis Lc
2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure
nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así,
fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro
cuerpo y nuestro espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte
santa.
R. Amén
Antífonas finales a la Santísima Virgen María
IV
Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

Lavatorio de pies (GIAQUINTO)
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AYER
MIÉRCOLES 29 DE ABRIL DE 2026
LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL
MIÉRCOLES SEMANA IV DEL SALTERIO
LECTIO DIVINA correspondiente
al 29 de abril,
Santa Catalina de Siena, virgen
y doctora de la Iglesia
Santa Catalina de Siena fue
canonizada por Pío II en el año 1461 y proclamada patrona de Italia,
junto con san Francisco, por Pío XII en 1939. Pablo VI la declaró
doctora de la Iglesia en 1970, y Juan Pablo II, copatrona de Europa
en 1999.
Su vida duró sólo treinta y
tres años: en 1347 nació en Siena y en 1380 murió en Roma. A los
seis años tuvo la primera visión, a los siete hizo el voto de
virginidad y a los dieciséis tuvo lugar su consagración en la
tercera orden de santo Domingo. La vemos como misionera de la
redención, capaz de componer bandos opuestos, de emprender
largos viajes, de atraer ejércitos de discípulos, de escribir a una
multitud de personas de Italia y de Europa, de hacer volver al Papa
a Roma, de defender el pontificado en el gran cisma de Occidente, de
adentrarse en los asuntos sagrados y políticos de la Iglesia de su
tiempo, de ingeniárselas para la mejora de las costumbres y para la
asistencia a enfermos y presos.
LECTIO
Primera lectura: 1 Juan 1,5-2,2
Queridos:
5 Éste
es el mensaje que le oímos y os anunciamos: Dios es luz y no hay en
él tiniebla alguna.
6 Si
decimos que estamos en comunión con él, y andamos en tinieblas,
mentimos y no practicamos la verdad.
7 Pero
si caminamos en la luz como él, que está en la luz, estamos en
comunión unos con otros y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica
de todo pecado.
8 Si
decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la
verdad no está en nosotros.
9 Si
reconocemos nuestros pecados, Dios, que es justo y fiel, perdonará
nuestros pecados y nos purificará de toda iniquidad.
10 Si
decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su Palabra no
está en nosotros.
2,1 Hijos
míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si alguno
peca, tenemos ante el Padre un abogado, Jesucristo, el Justo.
2 Él
ha muerto por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros,
sino por los del mundo entero.
**• Juan aborda la realidad
de luz de Dios con un estilo y una opción humana de vida: "caminar
en la luz".
Decir que Dios es luz no
significa afirmar que nosotros le veamos: "Nadie puede ver sus
propios ojos, porque ve precisamente a través de ellos, y Dios es la
luz mediante la cual nos vemos: vemos no un "objeto" claramente
perfilado llamado Dios, sino cualquier otra cosa en el Uno
invisible" (Thomas Merton). Dios es luz en el sentido de que nos
ilumina a nosotros, de que nos da esa claridad que necesitamos para
discernir su designio sobre nosotros y para encontrar el camino que
nos conduce a través de nuestra historia cotidiana.
A continuación, Juan
especifica en qué consiste "caminar en la luz": consiste en
practicar la verdad, en estar en comunión con los otros, en dejarse
purificar por la sangre de Cristo. La práctica de la verdad es, a su
vez, el presupuesto para vivir la comunión fraterna, prueba de la
verdadera comunión con Dios.
Ambas comuniones, la
horizontal y la vertical, se cruzan: una se convierte en
verificación de la autenticidad de la otra. Ambas se mantienen o
caen juntas. Por último, premisa y consecuencia, al mismo tiempo,
del caminar por la vía de la luz y de la verdad es la actitud frente
a nuestra propia condición de pecadores, necesitados de la
salvación, que sólo puede venir de la sangre de Cristo.
Salmo Responsorial
Bendice, alma mía, al Señor
Salmo 102
1 Bendice,
alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
2 Bendice,
alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
3 Él
perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
4 él
rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura;
8 El
Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
Evangelio: Mateo 11,25-30
En aquel tiempo, dijo Jesús:
25 Yo
te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a
conocer a los sencillos.
26 Sí,
Padre, así te ha parecido bien.
27 Todo
me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre,
y al Padre no lo conoce más que el Hijo y aquel a quien el Hijo se
lo quiera revelar.
28 Venid
a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré.
29 Cargad
con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón,
y hallaréis descanso para vuestras vidas.
30 Porque
mi yugo es suave y mi carga ligera.
**-
El capítulo 11 del evangelio según Mateo afronta, desde diferentes
aspectos, el tema del conocimiento de Dios. En su punto culminante,
afirma la insuficiencia de todo conocimiento racional y la necesidad
de un conocimiento espiritual. Dios ha escondido "a los sabios y
prudentes" y ha revelado "a los sencillos" (v. 26) todo
lo que puede considerarse digno de ser conocido. Jesús declara de
una manera clara que también la más elevada sabiduría humana está
destinada al fracaso precisamente por ser sólo "natural". Por el
contrario, la condición de la "infancia" -despreciable a los ojos
del mundo- es, paradójicamente, la condición favorable para acoger
el don del Espíritu. La "sabiduría humana" carga al hombre con un
peso de muerte. El "yugo suave" del Señor -su cruz abrazada
por la fe y con amor proporciona al alma paz y descanso. Jesús alaba
al Padre por esta elección suya: todos, en efecto, si quieren,
pueden llegar a ser "sencillos" siguiendo su invitación: "Venid a
mí" (v. 28).
MEDITATIO
La Palabra de Dios nos invita
a detenernos con la mente y con el corazón en el tema de la vida
como un caminar incesante al encuentro con Cristo, andando por el
sendero de la luz y de la verdad, con corazón humilde, vigilante y
confiado. Hoy es la fiesta de santa Catalina de Siena, y nos viene
de manera espontánea "volver a escuchar" de ella, de toda la tensión
de su vida, la Palabra de esta liturgia.
La vigilancia de santa
Catalina nació de un corazón enamorado e iluminado, totalmente
inclinado a la persona de Cristo. Esta tensión y atención
proporcionan una mirada interior (como la descrita en Sab 7,22ss)
capaz de leer e intervenir en el hoy de la historia bajo la guía de
la Palabra de Dios. Acaso no era así la sabia mirada de santa
Catalina? Así reconocemos también en ella la obra de la vigilancia
que nos hace resistentes y responsables, o sea, capaces de combatir
contra las seducciones del mundo y solícitos en el ocuparnos de los
otros.
La vigilancia, además, nos
hace anclar nuestra propia fe en Cristo muerto y resucitado y,
precisamente por eso, nos hace capaces de recibir e irradiar la luz.
Hoy nos complace detenernos
ante santa Catalina, reconocer en ella a aquella "hija de la luz" de
la que nos habla la Escritura y dejarnos irradiar por aquella luz
suya a fin de que "al ver vuestras buenas obras, den gloria a
vuestro Padre, que está en los cielos" (Mt 5,16). Nos complace
mirarla en su incansable ir al encuentro de la Iglesia y de Cristo,
para dejarnos atrapar en este movimiento suyo. Al mirarla, parece
repetirnos ella misma,
casi como una invitación y una consigna, las palabras de la
liturgia: "!Salgárnosle al encuentro!... !Vigilemos!".
ORATIO
!Oh Deidad eterna, oh eterna
Trinidad, que por la unión de la naturaleza divina diste tanto valor
a la sangre de tu Hijo unigénito! Tú, Trinidad eterna, eres como un
mar profundo en el que cuanto más busco, más encuentro, y cuanto más
encuentro, más te busco. Tú sacias al alma de una manera en cierto
modo insaciable, pues en tu insondable profundidad sacias al alma de
tal forma que siempre queda hambrienta y sedienta de ti,
Trinidad eterna, con el deseo
ansioso de verte a ti, la luz, en tu misma luz.
Con la luz de la inteligencia
gusté y vi en tu luz tu abismo, eterna Trinidad, y la hermosura de
tu criatura, pues, revistiéndome yo misma de ti, vi que sería imagen
tuya, ya que tú, Padre eterno, me haces partícipe de tu poder y de
tu sabiduría, sabiduría que es propia de tu Hijo unigénito. Y el
Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, me ha dado la
voluntad que me hace capaz para el amor.
Tú, Trinidad eterna, eres el
Hacedor y yo la hechura, por lo que, iluminada por ti, conocí, en la
recreación que de mí hiciste por medio de la sangre de tu Hijo
unigénito, que estás amoroso de la belleza de tu hechura.
!Oh abismo, oh Trinidad
eterna, oh Deidad, oh mar profundo!: podías darme algo más preciado
que tú mismo? Tú eres el fuego que siempre arde sin consumir; tú
eres el que consumes con tu calor los amores egoístas del alma. Tú
eres también el fuego que disipa toda frialdad; tú iluminas las
mentes con tu luz, en la que me has hecho conocer tu verdad.
En el espejo de esta luz te
conozco a ti, bien sumo, bien sobre todo bien, bien dichoso, bien
incomprensible, bien inestimable, belleza sobre toda belleza,
sabiduría sobre toda sabiduría, pues tú mismo eres la sabiduría, tú,
el pan de los ángeles, que por ardiente amor te has entregado a los
hombres.
Tú, el vestido que cubre mi
desnudez; tú nos alimentas a nosotros, que estábamos hambrientos,
con tu dulzura, tú, que eres la dulzura sin amargor, !oh Trinidad
eterna! (Catalina de Siena, Diálogo sobre la divina providencia, cap.
167).
ACTIO
Repite
con frecuencia y ora hoy con santa Catalina: "Abierta la puerta,
encontrarás al esposo eterno que te acogerá en sí mismo y
participarás de su belleza y de su bondad" (Carta 360).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
La parábola [de las vírgenes]
nos enseña que no se puede obtener la santidad con ofrendas
negativas: no comiendo, no bebiendo, no enriqueciéndose. No es
suficiente esto para encontrar en la noche del mundo, en la noche de
la historia humana, la Luz eterna, Cristo. Es preciso tener aceite:
una caridad a toda prueba hacia todas las personas, en todo momento,
con orden, sensatez, pero de manera absoluta. Y éste es el mensaje
de Cristo, de la Iglesia, de la revelación, de los santos.
Carísimos, a la cristiandad
no le faltan vírgenes con inmensas lámparas sin aceite. La Iglesia,
sin embargo, camina con las lámparas de las vírgenes prudentes. En
los momentos de tinieblas, de calamidades, de torpor general de la
cristiandad y de la humanidad, las vírgenes como santa Catalina de
Siena, con su ofrenda, con su sensatez, con su amor trascendente,
iluminan también el camino a las otras vírgenes, dándoles ejemplo a
fin de que compren el aceite mientras aún es de día [...].
Al meditar sobre santa
Catalina, entramos en la realidad más profunda del cristianismo, que
incluye tanto la palabra pronunciada como la vida escondida que se
ofrece al Señor. El cristianismo implica actos sacramentales
exteriores que tienen su valor, incluso cuando son realizados por
almas que no tienen el deseo de ver el rostro del Señor, de
arrodillarse y de llorar de alegría; pero el verdadero cristianismo
es vivido por almas raras como santa Catalina, que amó con todo su
ser (P. Theodosios [Maria della Croce], Le profonditá sacre della
Parola di Dios, Roma 1996, pp. 188-191, passim).

LAUDES
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.
HIMNO
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: !loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: !loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: !loado, mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: !loado mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
!felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: !loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
!ay si en pecado grave sorprende al pecador!
!Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
!No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Dios mío, mi corazón está firme. †
Salmo 107 Alabanza al Señor y petición de auxilio
Porque Cristo se ha elevado sobre el cielo, su gloria se anuncia
sobre toda la tierra (Arnobio)
Dios mío, mi corazón está firme,
† para ti cantaré y tocaré, gloria mía.
Despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria;
para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.
Dios habló en su santuario:
"Triunfante, ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;
mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;
Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria."
Pero, quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dios mío, mi corazón está firme.
Ant. 2. El Señor me ha vestido un traje de gala y de triunfo.
Cántico Is. 61, 10-62,5 Alegría del profeta ante la nueva Jerusalén
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén..., arreglada como una novia
que se adorna para su esposo (cf. Ap 21,2)
Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone la corona,
o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos.
Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia,
y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán "Abandonada",
ni a tu tierra "Devastada";
a ti te llamarán "Mi favorita",
y a tu tierra "Desposada",
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor me ha vestido un traje de gala y de triunfo.
Ant. 3. Alabaré al Señor mientras viva.
Salmo 145 Felicidad de los que esperan en Dios
Alabemos al Señor mientras vivimos, es decir, con nuestras obras (Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Alabaré al Señor mientras viva.
LECTURA
BREVE Dt 4, 39-40a
Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios,
allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.
Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo.
RESPONSORIO
BREVE
R. Bendigo al Señor * En
todo momento.
Bendigo al Señor en todo momento.
V. Su alabanza está siempre en mi boca. * En
todo momento.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Bendigo al Señor en todo momento.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Sirvamos
con santidad al Señor, todos nuestros días.
Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ilumina,
Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
PRECES
Cristo, reflejo de la gloria del Padre, nos ilumina con su
palabra; acudamos, pues, a él, diciendo:
Rey de la gloria, escúchanos.
Bendito seas, Señor, que iniciaste y completas nuestra fe,
–porque nos llamaste a salir de la tiniebla y a entrar en tu luz
maravillosa.
Tú que abriste los ojos de los ciegos y diste oído a los sordos,
–ayuda también nuestra falta de fe.
Haz, Señor, que permanezcamos siempre en tu amor,
–y que este amor nos guarde fraternalmente unidos.
Ayúdanos para que resistamos en la tentación, aguantemos en la
tribulación
–y te demos gracias en la prosperidad.
Dejemos que el Espíritu de Dios, que ha sido derramado en nuestros
corazones, se una a nuestro espíritu, para clamar:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Recuerda, Señor, tu santa alianza, consagrada con el nuevo
sacramento de la sangre del Cordero, para que tu pueblo obtenga el
perdón de sus pecados y un aumento constante de salvación. Por
nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.

HORA INTERMEDIA
TERCIA, SEXTA, NONA
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Te está cantando el martillo,
y rueda en tu honor la rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
!Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios en la dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!
Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está –sin mortaja–
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. A ti grito, Señor, esperando tus palabras.
Salmo 118, 145-152 XIX (Coph)
Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. A ti grito, Señor, esperando tus palabras.
Ant. 2. Sabe el Señor que los pensamientos del hombre son insustanciales.
Salmo 93 Invocación a la justicia de Dios contra los opresores
El Señor venga todo esto; Dios no nos ha llamado a una vida impura,
sino sagrada (Cf. 1Ts 4; 6-7)
I
Dios de la venganza, Señor,
Dios de la venganza, resplandece.
Levántate, juzga la tierra,
paga su merecido a los soberbios.
Hasta cuándo, Señor, los culpables,
hasta cuándo triunfarán los culpables?
Discursean profiriendo insolencias,
se jactan los malhechores;
trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos,
y comentan: "Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera."
Enteraos, los más necios del pueblo,
ignorantes, cuándo discurriréis?
El que plantó el oído no va a oír?;
el que formó el ojo no va a ver?;
el que educa a los pueblos no va a castigar?;
el que instruye al hombre no va a saber?
Sabe el Señor que los pensamientos del hombre
son insustanciales.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sabe el Señor que los pensamientos del hombre son insustanciales.
Ant. 3. El Señor será mi alcázar y mi roca de refugio.
II
Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que enseñas tu ley,
dándole descanso tras los años duros,
mientras al malvado le cavan la fosa.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón.
Quién se pone a mi favor contra los perversos,
quién se coloca a mi lado frente a los malhechores?
Si el Señor no me hubiera auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia, Señor, me sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi delicia.
Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo
que dicta injusticias en nombre de la ley?
Aunque atenten contra la vida del justo
y condenen a muerte al inocente,
el Señor será mi alcázar,
Dios será mi roca de refugio.
Él les pagará su iniquidad,
los destruirá por sus maldades,
los destruirá el Señor, nuestro Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor: será mi alcázar y mi roca de refugio.
TERCIA
LECTURA
BREVE 1Co
10, 24. 31
Que nadie busque su propio interés, sino el ajeno. De todas formas,
cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo
para gloria de Dios.
V. Es bueno dar gracias al Señor.
R. Y tocar para tu nombre, oh Altísimo.
ORACIÓN
Señor, Padre santo, Dios fiel, que enviaste el Espíritu Santo
prometido, para que congregara a los hombres que el pecado había
disgregado, ayúdanos a ser, en medio del mundo, fermento de unidad y
de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
SEXTA
LECTURA
BREVE Col
3, 17
Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del
Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
V. Te ofreceré un sacrificio de alabanza.
R. Invocando tu nombre, Señor.
ORACIÓN
Dios todopoderoso y lleno de amor, que, a la mitad de nuestra
jornada, concedes un descanso a nuestra fatiga, contempla complacido
el trabajo que hoy hemos empezado, remedia nuestras deficiencias y
haz que nuestras obras te sean agradables. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
NONA
LECTURA
BREVE Col
3, 23-24
Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y
no a los hombres: sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la
herencia. Servid a Cristo Señor.
V. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.
R. Mi suerte está en tu mano.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, por la salvación de los hombres, extendiste
tus brazos en la cruz, haz que todas nuestras acciones te sean
agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que
vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos
gracias a Dios.

VÍSPERAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Todo en estado de oración parece.
La santidad, que empapa todo el aire,
rebosa de los cielos como de ánfora,
y se filtra en las venas del deseo.
Todo sube en afán contemplativo,
como a través de transparencia angélica,
y lo más puro que hay en mí despierta,
sorbido por vorágine de altura.
Tiene alas la tarde, unción y llama.
Todo yo en la plegaria he naufragado;
se levantan mis manos como lámparas;
por el silencio, el corazón respira.
Se ha encendido el crepúsculo en mi frente,
y la lumbre de Dios transe mi carne.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Señor, tu saber me sobrepasa.
Salmo 138, 1-18. 23-24 Dios está en todas partes y lo ve todo
Quién conoció la mente del Señor? Quién fue su consejero? (Rm 11, 34)
I
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.
Si digo: "Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí",
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Señor, tu saber me sobrepasa.
Ant. 2. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al
hombre según su conducta.
II
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.
!Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al
hombre según su conducta.
Ant.3. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene
en él.
Cántico Cf. Col 1, 12-20
Himno a Cristo, primogénito de toda criatura y primer resucitado de
entre los muertos
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene
en él.
LECTURA
BREVE 1
Jn 2, 3-6
En esto sabemos que conocemos a Cristo: en que guardamos sus
mandamientos. Quien dice: "Yo lo conozco", y no guarda sus
mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien
guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su
plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que
permanece en él debe vivir como vivió él.
RESPONSORIO
BREVE
R. Guárdanos, Señor, * Como
a las niñas de tus ojos.
Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
V. A la sombra de tus alas escóndenos. * Como
a las niñas de tus ojos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Haz,
Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a
los humildes.
Magníficat Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Juan, testigo de la luz, dijo: "Jesús
es el Hijo de Dios."
PRECES
Aclamemos, alegres, al Padre, cuya bondad para con su pueblo es
más grande que los cielos, y digámosle:
Alégrense todos los que esperan en ti, Señor.
Acuérdate, Señor, que enviaste tu Hijo al mundo, no para
condenarlo, sino para salvarlo;
–haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.
Tú que hiciste a tus sacerdotes ministros de Cristo y dispensadores
de tus misterios,
–concédeles un corazón leal, ciencia y caridad.
Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de
los cielos
–sigan con fidelidad a tu Hijo.
Tú que, en el principio, creaste hombre y mujer,
–guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.
Tu que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
–concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.
Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al
Padre nuestra oración:
Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
ORACIÓN
Acuérdate, Señor, de tu misericordia y, ya que a los hambrientos
los colmas de bienes celestiales, socorre nuestra indigencia con la
abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.

COMPLETAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
En este momento
es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.
Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
Yo confieso
ante Dios todopoderoso
y ante
vosotros, hermanos,
que he pecado
mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa,
por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego
a santa María, siempre Virgen,
a los
ángeles, a los santos
y a vosotros,
hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Dios
todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.
Entre qué manos, dime,
duerme la noche,
la música en la brisa,
mi amor en dónde?
La infancia de mis ojos
y el leve roce
de la sangre en mis venas,
Señor, en dónde?
Lo mismo que las nubes,
y más veloces,
las horas de mi infancia,
Señor, en dónde?
Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Salmo 30, 2-6 Súplica confiada de un afligido
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46)
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Ant. 2. Desde lo hondo a ti grito, Señor. †
Salmo 129 Desde lo hondo a ti grito, Señor
Él salvará a su pueblo de los pecados (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
† Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Desde lo hondo a ti grito, Señor.
LECTURA
BREVE Ef 4, 26-27
No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en
vuestro enojo. No dejéis resquicio al diablo.
RESPONSORIO
BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo
mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
Nunc dimittis Lc
2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que eres manso y humilde de corazón y ofreces a
los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera, dígnate,
pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado;
que podamos descansar durante la noche para que así, renovado
nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu
servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte
santa.
R. Amén
Antífonas finales a la Santísima Virgen María
IV
Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

Santa
Catalina de Siena


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