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 El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

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ORACIONES DE AYER

Sábado 24 de Julio de 2021  

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL SÁBADO SEMANA IV DEL SALTERIO

 LECTIO DIVINA correspondiente al Sábado de la 16ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Éxodo 24,3-8

En aquellos días,

3 Moisés vino y comunicó al pueblo todo lo que le había dicho el Señor y todas sus leyes. Y todo el pueblo respondió a una: -Cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor.

4 Moisés puso entonces por escrito todas las palabras del Señor. Al día siguiente se levantó temprano y construyó un altar al pie del monte; erigió doce piedras votivas, una por cada tribu de Israel.

5 Luego mandó a algunos jóvenes israelitas que ofrecieran holocaustos e inmolaran novillos como sacrificios de comunión en honor del Señor.

6 Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en unas vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar.

7 Tomó a continuación el código de la alianza y lo leyó en presencia del pueblo, el cual dijo: -Obedeceremos y cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor.

8 Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo diciendo: -Ésta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con vosotros, según las cláusulas ya dichas.

 

**• El pasaje del libro del Éxodo que hemos leído hoy como primera lectura es una página espléndida que describe la alianza del Sinaí y habla de la buena disposición del pueblo para escuchar la Palabra de Dios. Las alianzas antiguas, entre pueblos o reinos vecinos, o entre Dios y su pueblo, incluían una serie de ritos simbólicos que expresaban la intención del corazón y la promesa de fidelidad al pacto establecido. Se requería, a continuación, una afirmación explícita de la voluntad de mantener la alianza.

En la perícopa del Éxodo leemos, en primer lugar, que Moisés refiere al pueblo la voluntad de Dios, y la respuesta unánime, afirmativa, de Israel en el sentido de cumplir los mandamientos de Dios. En ese momento de fervor, impresionado aún por el espectáculo de la misteriosa y terrible teofanía de su Dios, el pueblo acepta escuchar la voz de Dios y cumplir sus mandamientos. Sin embargo, los antiguos, muy conscientes de la fragilidad del corazón y de las buenas intenciones manifestadas en un momento determinado, quisieron introducir, en el rito de la alianza, una ratificación externa, simbólica: la de la aspersión con sangre tanto del altar como de las personas que establecían la alianza. Moisés, intercesor y mediador entre Dios e Israel, pretende unir a Dios y a su pueblo con el rito de la aspersión de la sangre: la mitad de la sangre es derramada sobre el altar, la otra mitad sobre el pueblo. Este gesto simboliza la recíproca fidelidad de las partes, sancionada por la sangre de la misma víctima que las une. La infidelidad de una de las partes supondría la ruptura de la alianza.

 

Evangelio: Mateo 13,24-30

En aquel tiempo,

24 Jesús les propuso esta otra parábola: -Con el Reino de los Cielos sucede lo que con un hombre que sembró buena semilla en su campo.

25 Mientras todos dormían, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.

26 Y cuando creció la hierba y se formó la espiga, apareció también la cizaña.

27 Entonces los siervos vinieron a decir al amo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es posible que tenga cizaña?».

28 Él les respondió: «Lo ha hecho un enemigo». Le dijeron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?».

29 Él les dijo: «No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis con ella el trigo.

30 Dejad que crezcan juntos ambos hasta el tiempo de la siega; entonces diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, pero el trigo amontonadlo en mi granero».

 

**• La parábola de la cizaña es una de las más claras, pues está tomada de una realidad agrícola conocida por todos, incluso por los habitantes de la ciudad (dada la experiencia que tienen de sus jardines, siempre amenazados por las malas hierbas).

Esta parábola refleja la realidad que acontece en la vida del hombre. Dios ha querido al hombre bueno, y especialmente cuando este hombre es educado en la fe cristiana, posee todos los elementos que pueden hacer de él un auténtico creyente, alguien que refleja la imagen divina. Ahora bien, en el camino de este hombre aparece un día el tentador, la fuerza del mal, y causa estragos en lo que era antes una realidad positiva y prometedora. La ruina del hombre es evidente. La reacción de los siervos de aquel amo es espontánea: ir a arrancar la cizaña, cortar el mal de inmediato... (w. 27ss). Eso es lo que aconsejaría un celo precipitado, una espontaneidad poco reflexiva. Jesús se opone a esta reacción demasiado humana y nos hace ver los peligros inherentes a esta actitud intransigente: existe el peligro de arrancar el buen grano junto con la cizaña.

Dos son las enseñanzas que se derivan de la parábola:

a) la invasión devastadora del mal y, al mismo tiempo,

b) la tolerancia de este mal en el mundo, es decir, saber aceptar esta triste realidad, aunque sin admitirla en nuestro propio corazón y sin querer aniquilarla con me dios violentos. La convivencia entre el bien y el mal ayuda a que el bien sea más bueno, más auténtico, más probado, más convencido y más fuerte. El cristiano, con la ayuda de Dios, podrá superar el mal, vencerlo y, al mismo tiempo, ser tolerante, paciente, mostrarse esperanzado en el triunfo del bien sobre el mal. El juicio sólo le corresponde a Dios. A nosotros nos corresponde la fidelidad y la confianza.

 

MEDITATIO

Las lecturas de hoy nos ofrecen ideas de una enorme importancia para proporcionar al creyente actitudes fundamentales en su comportamiento.

Una primera actitud es la de la aceptación de la voluntad de Dios. Esta voluntad no se manifiesta sólo en sus mandamientos, sino que es todo un conjunto de disposiciones divinas dirigidas a nosotros y para nuestro bien. Estas disposiciones incluyen, antes que nada, su designio sobre cada uno de nosotros, una llamada o vocación particular, a la que hemos de corresponder con fidelidad y obediencia a todo lo que Dios ha querido darnos.

Otra actitud es la de la alianza, sentirnos unidos a Dios por vínculos de afecto y de amistad, tener un sentido de pertenencia y de devoción a Dios que haga espontánea, natural, nuestra relación confiada con él, manifestada en una vida de gozosa sumisión y una fidelidad constantemente renovada.

Por último, una tercera actitud, brotada del Evangelio, es la de la tolerancia, la del saber esperar, la de no irrumpir con rápidas condenas o exclusiones en la convivencia entre las personas. La parábola de la cizaña nos recuerda que, aunque defendiéndose del mal, el creyente está obligado a convivir con él, con el riesgo (y la experiencia) del peligro y de la caída. Y nos recuerda asimismo que el juicio sobre el mal pertenece sólo a Dios. El mal sirve para probar, como en el crisol, la autenticidad de la fe y de la vida. La prisa, la impaciencia, el puritanismo, han traído consigo muchos males a la Iglesia y a los fieles en particular. La lectura de esta breve parábola nos ayuda a la reflexión, a la reafirmación de la fe, a la tolerancia: «Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás fuera también a la verdad» (R. Tagore).

 

ORATIO

Oh Señor, Dios y Padre de bondad, que diriges el universo y los acontecimientos de la historia humana, concédenos un alma que acoja tu gracia, tus designios, tus disposiciones respecto a nosotros, con la conciencia de que todo lo que nos pides es para nuestro bien. Concédenos un vivo sentido de la alianza contigo, de esa alianza que ha brotado de tu corazón de Padre, para que podamos corresponder con una fidelidad creciente al pacto de tu amistad y de tu redención.

Vivimos en un mundo marcado por el mal, «por la concupiscencia de la carne, por la concupiscencia de los ojos y por la soberbia de la vida»: concédenos, pues, un corazón que sepa comprender el mundo y su mal, para protegernos de sus asaltos y para frenar nuestra impaciencia por responder con la violencia o la rigidez. Haz que recordemos en nuestros juicios que sólo tú eres el verdadero juez de vivos y muertos, y que a nosotros lo único que nos corresponde es comprender, amar y perdonar, vigilar y orar. Que la palabra de tu Hijo sea para nosotros guía y orientación de vida, que forje las actitudes básicas de nuestra fe, a fin de que podamos, tras una vida transcurrida en tu amor y en tu confianza, ser partícipes de la verdadera recompensa en la eternidad de tu gloria.

 

CONTEMPLATIO

Si alguien, mientras se proclaman las palabras de la ley, se ocupa de fábulas humanas es un no convertido. Si alguien, «cuando se lee a Moisés», se preocupa de los asuntos del siglo, del dinero, de las ganancias, es un no convertido. Si alguien está oprimido por la solicitud de los bienes y está atormentado por la codicia de las riquezas, está dedicado a la gloria del siglo y a los honores del mundo, es un no convertido. Ahora bien, el que parece extraño a todas estas cosas, aunque asista y escuche las palabras de la ley atento con el rostro y con los ojos, pero distraído con el corazón y los pensamientos, también es un no convertido. ¿Qué es, entonces, convertirse? Si damos la espalda a todas estas cosas y nos aplicamos a la Palabra de Dios con celo, actos, alma, solicitud, si «meditamos su ley día y noche», si dejando todo de lado nos consagramos a Dios, nos ejercitamos en dar testimonio de él, esto es convertirse al Señor.

¿Quién de nosotros se convierte a los estudios de la ley divina? ¿Quién de nosotros se aplica de este modo? Algunos de nosotros, apenas han escuchado la proclamación de la lectura, se van de inmediato: no hacen ninguna investigación intercambiable sobre lo que se ha leído, no conversan sobre ella, no se acuerdan para nada del precepto con el que nos amonesta la ley divina: «Pregunta a tus padres y te lo dirán, a tus ancianos y te lo anunciarán». Otros ni siquiera tienen la paciencia de esperar hasta que sean proclamadas las lecturas en la Iglesia. Otros ni siquiera saben si han sido proclamadas, sino que se ocupan de chismorreos mundanos en lugares escondidos de la casa del Señor [...].

Así pues, parece ser que no sólo debemos aplicarnos al estudio para aprender las sagradas letras, sino suplicarle también al Señor y pedirle «día y noche» que venga «el Cordero de la tribu de Judá» y él mismo, tomando «el libro sellado», se digne abrirlo. Es él, en efecto, el que, «al abrir las Escrituras», inflama los corazones de los discípulos, hasta tal punto que dicen: «¿Acaso no ardían nuestros corazones cuando nos abría las Escrituras?» (Orígenes, Omelie sull'Esodo, Roma 1981, pp. 211-215 [edición española: Homilías sobre el Éxodo, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1992]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Tu Palabra es antorcha para mis pasos y luz para mis sendas» (Sal 118,105).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Puede que parezca sorprendente, pero es un hecho: el Éxodo no llama nunca «ley» al decálogo, ni «mandamientos» al contenido del decálogo. A esta lista de compromisos la llama el autor bíblico las «diez palabras». Esto no es una curiosidad lingüística, sino que nos revela la perspectiva adecuada para comprender el decálogo. Se trata de las diez condiciones o cláusulas para vivir el éxodo en libertad. El pueblo ha dejado a su espalda el país de la esclavitud y del miedo, Egipto; se ha fiado de Dios y ha iniciado el camino de la libertad, guiado y protegido por el Señor, que lo ha sacado de la opresión. Pero la meta del camino en libertad es ese «santuario» que fue el desierto del Sinaí para Israel; allí se consolidó la libertad mediante un acto de amistad entre Dios y su pueblo. No es posible ser libre sin una meta y un objetivo, de otro modo se vuelve a los antiguos amos. Sólo es posible ser libre con los otros, caminando con el Señor, que nos llama. De este modo, el pueblo liberado de Egipto llega a la cita con el Señor en el desierto del Sinaí, a los pies de la montaña santa.

El Señor lanza su propuesta de amistad a los hombres liberados: «Ahora bien, si me obedecéis y guardáis mi alianza, vosotros seréis el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos, porque toda la tierra es mía» (Ex 19,5). La propuesta de Dios sólo puede ser acogida de modo libre, puesto que él propone un pacto de amistad, y la amistad no puede ser impuesta. «Y todo el pueblo a una respondió: Nosotros haremos todo lo que el Señor ha dicho» (Ex 19,8) (R. Fabris, lo sonó con voi, Bolonia 1976).

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

 Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Que canten  de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

HIMNO
Bello es el rostro de la luz, abierto
sobre el silencio de la tierra; bello
hasta cansar mi corazón, Dios mío.

Un pájaro remueve la espesura
y luego, lento, en el azul se eleva,
y el canto le sostiene y pacifica.

Así mi voluntad, así mis ojos
se levantan a ti; dame temprano
la potestad de comprender el día.

Despiértame, Señor, cada mañana,
hasta que aprenda a amanecer, Dios mío,
en la gran luz de la misericordia. Amén.

 

SALMODIA
Salmo 91   Alabanza del Dios creador
Este salmo canta las maravillas realizadas en Cristo (S. Atanasio)


Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.

Ant. 2. Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo.

Cántico   Ez 36, 24-28   Dios renovará a su pueblo
Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios (Ap 21, 3)


Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países,
y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi esp
íritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres,
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo.

Ant. 3. De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado tu alabanza.       

Salmo 8   Majestad del Señor y dignidad del hombre
Todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo (Ef 1, 22)


Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado tu alabanza.

LECTURA BREVE 2P 3, 13-15a
Nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables. Considerad que la paciencia de Dios es nuestra salvación.

 RESPONSORIO BREVE
R. Te aclamarán * Mis labios, Señor.
Te aclamarán mis labios, Señor.

V. Mi lengua recitará tu auxilio. * Mis labios, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Te aclamarán mis labios, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

PRECES
Adoremos a Dios, que por su Hijo ha dado vida y esperanza al mundo, y supliquémosle, diciendo:
Escúchanos, Señor.

Señor, Padre de todos, que nos has hecho llegar al comienzo de este día
haz que toda nuestra vida, unida a la de Cristo, sea alabanza de tu gloria.

Que vivamos siempre arraigados en la fe, esperanza y caridad
que tú mismo has infundido en nuestras almas.

Haz que nuestros ojos estén siempre levantados hacia ti,
para que respondamos con presteza a tus llamadas.

Defiéndenos de los engaños y seducciones del mal,
y preserva nuestros pasos de todo pecado.
 

Contentos por sabernos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre: 


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN

Dios omnipotente y eterno, luz resplandeciente y día sin ocaso, al volver a comenzar un nuevo día, te pedimos que nos visites con el esplendor de tu luz y disipes así las tinieblas de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo.

      CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  
HIMNO
Este mundo del hombre, en que él se afana
tras la felicidad que tanto ansía,
tú lo vistes, Señor, de luz temprana
y de radiante sol al mediodía.

Así el poder de tu presencia encierra
el secreto mas hondo de esta vida;
un nuevo cielo y una nueva tierra
colmarán nuestro anhelo sin medida.

Poderoso Señor de nuestra historia,
no tardes en venir gloriosamente;
tu luz resplandeciente y tu victoria
inunden nuestra vida eternamente. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Que tu mano, Señor, me auxilie, ya que prefiero tus decretos.

Salmo 118, 169-176   XXII (Tau)

Que llegue mi clamor a tu presencia,
Señor, con tus palabras dame inteligencia;
que mi súplica entre en tu presencia,
líbrame según tu promesa;
de mis labios brota la alabanza;
porque me enseñaste tus leyes.

Mi lengua canta tu fidelidad,
porque todos tus preceptos son justos;
que tu mano me auxilie,
ya que prefiero tus decretos;
ansío tu salvación, Señor;
tu voluntad es mi delicia.

Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me auxilien;
me extravié como oveja perdida:
busca a tu siervo, que no olvida tus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que tu mano, Señor, me auxilie, ya que prefiero tus decretos.


Ant. 2. Tu trono, oh Dios, permanece para siempre.

Salmo 44   Las nupcias del Rey
¡Que llega e Esposo, salid a recibirlo! (Mt  25,6)


I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia, y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo
entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu trono, Oh Dios, permanece para siempre.


Ant. 3. Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.

II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.


TERCIA

LECTURA BREVE Dn 6, 27b-28
Nuestro Dios es el Dios vivo que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin. El salva y libra, hace signos y prodigios en el cielo y en la tierra.

V. Rendíos, reconoced que yo soy Dios.
R. Más alto que los pueblos, más alto que la tierra.

ORACIÓN
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu Santo, para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos siempre en tu alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.      

SEXTA
LECTURA BREVE Rm 15, 5-7
Que Dio
s, fuente de toda paciencia, y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios.

V. El Señor ama a su pueblo
R. Y adorna con la victoria a los humildes.

ORACIÓN
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a  nuestro prójimo por amor tuyo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


NONA
LECTURA BREVE Flp 4, 8. 9b
Hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

V. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey.
R. Bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Oración
Escucha, Señor, nuestra oración y danos la abundancia de tu paz, para que, por intercesión de santa María, la Virgen, después de haberte servido durante toda nuestra vida, podamos presentarnos ante ti sin temor alguno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   

HIMNO
Como una ofrenda de la tarde,
elevamos nuestra oración;
con el alzar de nuestras manos,
levantamos el corazón.

Al declinar la luz del día,
que recibimos como don,
con las alas de la plegaria,
levantamos el corazón.

Haz que la senda de la vida
la recorramos con amor
y, a cada paso del camino,
levantamos el corazón.

Cuando sembramos de esperanza,
cuando regamos con dolor,
con las gavillas en las manos,
levantemos el corazón.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMODIA
Ant.1.Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Salmo140, 1-9Oración ante el peligro

Por manos del ángel subió a la presencia de Dios el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos (Ap 8, 4)


Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Ant.2.Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

Salmo141 Tú eres mi refugio
Todo lo que describe el salmo se realizó en el Señor durante su pasión(S. Hilario)


A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogoante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo a dónd
e huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi lote en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
merodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

Ant.3. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos delos siglos.

Cántico Flp 2, 6-11
Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual


Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de
su categoría
 de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
yuna muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
ytoda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos delos siglos.


LECTURA BREVE Rm 11, 33-36
¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conocióla mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A élla gloria por los siglos. Amén.


RESPONSORIO BREVE
R. Cuántas son * Tus obras, Señor.
Cuántas son tus obras, Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría.* Tus obras, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cuántas son tus obras, Señor.


CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sed como la luz que alumbra a todos los de casa.

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Sed como la luz que alumbra a todos los de casa.

PRECES
Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:
Escucha a tu pueblo, Señor.

Padre todo poderoso, haz que florezca en la tierra la justicia
y que tu pueblo se alegre en la paz.

Que todos los pueblos entren a formar parte de tu reino,
y obtengan así la salvación.

Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
y sean siempre fieles a su mutuo amor.

Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
y concédeles la vida eterna.

Acoge con amor la los que han muerto victimas del odio, de la violencia o de la guerra
y dales el descanso eterno.


Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN
Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro SeñorJesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
 

HIMNO
El sueño, hermano de la muerte,
a su descanso nos convida;
guárdanos tú, Señor, de suerte
que despertemos a la vida.

Tu amor nos guía y nos reprende
y por nosotros se desvela,
del enemigo nos defiende
y, mientras dormimos, nos vela.

Te ofrecemos, humildemente,
dolor, trabajo y alegría;
nuestra plegaria balbuciente:
«Gracias, Señor, por este día.»

Recibe, Padre, la alabanza
del corazón que en ti conf
ía
y alimenta nuestra esperanza
de amanecer a tu gran Día.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.


 

SALMODIA
Ant. 1. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Salmo 4   Acción de gracias
El Señor hizo maravillas al resucitar a Jesucristo de entre los muertos (S. Agustín)

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y  buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ten piedad, de mí, Señor, y escucha mi oración.


Ant. 2. Durante la noche, bendecid al Señor.

Salmo 133   Oración vespertina en el templo
Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes (Ap 19,5)


Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor.

Levantad las manos hacia el santuario
y bendecid al Señor.

El Señor te bendiga desde Sión,
el que hizo cielo y tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Durante la noche, bendecid al Señor.

 

LECTURA BREVE   Dt 6, 4-7
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas la fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.


 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
 

Después de las I Vísperas de las solemnidades que no coinciden en domingo:

Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

IV
Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita. 
 

 

SANTA CUNEGUNDA. Nació en Hungría el año 1224, hija del rey Bela IV, que entre sus parientes contaba con numerosos santos: San Esteban, Santa Ladislaa, Santa Isabel de Turingia, Santa Eduvigis de Silesia, Santa Inés de Praga y las hermanas de Cunegunda, Margarita y Yolanda. En 1239 contrajo matrimonio con Boleslao, príncipe de Cracovia, y, a la muerte de éste, se retiró al monasterio de clarisas que había fundado en Sacz (Polonia), en el que más tarde profesó la Regla de Santa Clara y en el que murió el 24 de julio de 1292. Desde su adolescencia se había sentido especialmente atraída por los ideales de san Francisco de Asís y santa Clara, por lo que primero se hizo terciaria franciscana y, cuando pudo, monja clarisa. Fue ejemplo de penitencia y oración, de servicio y entrega al bien de los ciudadanos y al progreso de su pueblo; promovió la paz entre los príncipes cristianos; se interesó por el desarrollo cultural de la nación; tuvo predilección por los enfermos y los pobres. La canonizó Juan Pablo II en 1999. -Oración: Padre de bondad, que nos has dado en la beata Cunegunda un ejemplo de vida intachable y de desprendimiento en favor de los pobres, concédenos, por su intercesión y ejemplo, dedicar nuestra vida y nuestros bienes al servicio de los hombres en obras de caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

AYER

Viernes 23 de Julio de 2021  

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL VIERNES SEMANA IV DEL SALTERIO

LECTIO DIVINA correspondiente al 23 de julio, conmemoración de

santa Brígida, patrona de Europa

 

           Una calurosa mañana del 23 de julio de 1373, en Roma, mientras Pedro de Alavastra celebraba la Misa en su celda, Brígida entregaba su alma a su Señor mientras musitaba: «Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu», en el mismo momento en que el sacerdote elevaba la Hostia Santa.
           Tenía 70 años y culminaba una vida de fidelidad a los designios de Dios, de modo parecido a como lo había hecho la profetisa Ana, hija de Fanuel: Era «de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda y no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones» (Lc 2,36-37).
           La vida de Santa Brígida es fascinante: hija, esposa, madre de ocho hijos, viuda, princesa y consejera de reyes, religiosa, fundadora... Y, sobre todo, esposa amada de Jesús que le confió secretos celestiales y la adentró en el amor revelado en su Pasión. Juan Pablo II la ha incluido entre las Patronas de Europa. Como Ana, Brígida sirvió al Señor en el estado de casada y viuda. Como Ana, estaba pendiente del Señor noche y día.
           Dios se le manifestó y ella acogió dócilmente el designio divino en su vida. Fue un instrumento fiel e influyó mucho en la renovación de la Europa de su tiempo. Todo un ejemplo actual para nosotros. También nosotros esperamos que Europa sea liberada de sus esclavitudes y refulja su sangre cristiana. Dios cuenta con nosotros para ello. Si somos instrumentos fieles, Él realizará obras grandes por nuestro medio. Escuchemos la voz de Dios en el silencio y en la oración. Ayunemos de tantas cosas superfluas y vanas. Que nuestra riqueza sea el Señor. Y no perdamos nunca la ilusión de amar más a Dios y de crecer en la santidad.
           «Bendito seas, Señor mío Jesucristo, que con tu preciosa sangre y con tu sagrada muerte, has redimido las almas y las has devuelto misericordiosamente desde este exilio a la vida eterna» (Santa Brígida)

 

LECTIO

Gálatas 2, 19-20

19 En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado:

20 y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

           En el capítulo 2 de la carta a los Gálatas, Pablo vuelve a insistir en la importancia del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y la forma en que somos justificados delante de Dios. Repite que la justificación viene por la fe en Cristo, y no por cumplir las obras de la ley, ya que no hay nadie que pueda cumplir por si solo las obras de la ley.

           Pablo enfatiza que una vez que somos justificados por la fe en Cristo, creyendo en El, en lo que hizo en la cruz, debemos morir también a nosotros mismos hasta poder declarar: “Ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mi”. Y ahora la vida que tenemos en la carne lo hacemos por la fe en el Hijo de Dios, reconociendo su gran amor, por el cual se entregó por nosotros. Fuimos comprados a precio de sangre, ahora le pertenecemos y debemos vivir por El y para El.

        Pablo reconoce que es por gracia que hemos sido salvados, porque si fuera por cumplir la ley pues entonces Cristo murió en vano.

            En este capítulo Pablo también menciona, que así como a Pedro le fue encomendado el Evangelio para los judíos, el pueblo de Dios; y Dios no hace acepción de personas, a él le fué encomendado llevar el Evangelio de Jesucristo a los gentiles, a todos los demás. Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedamos al arrepentimiento y recibamos el perdón en Jesus, todos debemos tener acceso a la Palabra de Dios por la cual tenemos Salvación y Vida Eterna.

 

Evangelio: Juan 15,1-8

1 «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.

2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.

3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.

4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.

6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.

7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.

8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

 

          El relato Juan 15:1-8 no es una parábola -- una historia a través de la cual Jesús busca representar algún aspecto del Reino de los Cielos venido a la tierra en imágenes o lenguaje coloquiales. Jesús hace una comparación de si mismo buscando una imagen que evoque un sentido de relación y de dependencia, que igualmente ponga en perspectiva la meta apostólica en medio y/o a pesar de las circunstancias. Y es que siempre es importante entender las circunstancias, para poder hacer mejor relación y uso de las imágenes provistas:

•   Los discípulos de Jesús estaban experimentando un incrementado sentido de temor dada la actitud de las autoridades religiosas contra Jesús, y de la inminente traición de Judas (y negación de Pedro).

•   La congregación a la que Juan le escribe es una compuesta mayormente del remanente de las iglesias que fundaron los apóstoles y sus primeros seguidores. Estas congregaciones tenían la presión de la proclamación del evangelio en medio de una persecución religiosa y política, y de la burla social y cultural de su época.

•   Nuestras congregaciones y los contextos en los que servimos y adoramos tienen sus propias circunstancias que informan la manera en que ven el mundo y entienden su capacidad de hacer ministerio.

En medio de todas esas circunstancias Jesús quiere recordarle a sus discípulos (y Juan a su comunidad de fe, y nosotros a las nuestras) cinco cosas que serán esenciales al responder al llamado apostólico:

•   Al igual que Jesús modelo, el llamado del/a creyente que está pasando de ser "discípulo/a" a ser "apóstol/a" es el llamado a "dar fruto". La imagen de dar fruto puede traducirse en dos elementos fundamentales del ministerio de la iglesia: 1) la iglesia está llamada a hacer buenas obras, y 2) las acciones de la iglesia (sus buenas obras) deben "nutrir" a aquellos que son objeto de estas obras.

•   El llamado apostólico del/a creyente está sujeta al reconocimiento de la limitación humana (su finitud), y por lo tanto de su total dependencia de Dios. Esto lo vemos a través de la imagen de la relación entre los pámpanos, o ramas, con la vid. El pámpano solo no puede producir ni hojas (refugio) ni uvas (fruto, alimento). De la misma manera, el creyente, por más que conozca del evangelio, y por más emotiva que haya sido (y continúe siendo) su relación con Dios, depende absolutamente de Dios para la capacidad de producir fruto.

MEDITATIO

En las lecturas de hoy hay algo misterioso, escondido, algo que no es al menos evidente. Se trata de la esencia de Dios y de la manifestación de su voluntad. La esencia de Dios y su voluntad pertenecen al mundo divino, sobrenatural; nosotros, con las solas fuerzas de la razón no podemos comprender en absoluto ni hacernos una idea de la realidad divina. Tenemos necesidad de la revelación para que ilumine el campo que hay más allá de la razón, donde sólo Dios puede revelarse. Entonces viene en nuestra ayuda la fe, la capacidad otorgada al hombre por el mismo Dios, para poder acoger con humildad y agradecimiento lo que Dios quiera revelarnos de sí mismo y de su voluntad. Ahora bien, incluso con la fe, el hombre encontrará siempre límites, interrogantes que se formarán en su mente y en su conciencia.

Una de las características de la fe es precisamente su oscuridad, es decir, el no ver del todo claro, precisamente por la pequeñez de nuestra mente y de nuestra respuesta. Esto trae a veces consigo crisis espirituales, «noches oscuras» (como las llaman los místicos), un camino de prueba y de purificación destinado a hacer al alma más abierta, más resplandeciente, más semejante al Creador.

Esta realidad está muy bien expresada en los salmos. Aquel ¿Dónde está tu Dios?» en boca de los enemigos es como una flecha en el corazón del creyente, es una pregunta cruel que, en ocasiones, el mismo creyente se formula en medio de las situaciones de sufrimiento, de oscuridad y de contraste. El retorno a Dios, la oración, la confianza ilimitada en él, volverán a darle al corazón extraviado o confuso su fuerza, su decisión de permanecer fiel. Del mismo modo que el pueblo se preparó para la teofanía del Sinaí, así debe prepararse el corazón del fiel para la venida de Dios, sabiendo que, en el curso del camino, aparecerán también las dificultades, las pruebas, el cansancio. Pero Dios no tardará, y traerá su luz y su descanso y, después, su eterna recompensa.

 

ORATIO

Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré: porque tú estás conmigo» (Sal 23,4). Éste es el grito del verdadero creyente, la auténtica confesión de fe. Al llamarnos a tu Reino de verdad y de luz, Señor, nos arrancas de este mundo sembrado de mal, envuelto en tinieblas y acompañado por una gran cantidad de sufrimiento...

Sin embargo, nos das una luz para poder caminar en la noche, para poder alejar a los enemigos, para poder llegar a la meta. Danos de manera abundante esta luz, esta certeza tranquilizadora, esta firme convicción de tu presencia, de tu ayuda, de la transformación que tú mismo harás de nosotros y de nuestras circunstancias, cambiando lo que es oprobio en santificación, lo que es odioso en amable, lo que es muerte en vida nueva, lo que es pecado en gracia.

Alienta nuestros pasos por el camino de la paz, de la benevolencia, de la justicia, de la generosidad con los que sufren, y reafirma nuestra fe para poder serte siempre gratos en nuestra vida. Que tu Palabra, acogida y asimilada, convertida en fe y confesión, y transformada en oración, sea la fuerza y la dulzura de nuestra vida, el escudo en nuestras luchas, el consuelo en nuestras aflicciones. Contigo no nos faltará nada...

 

CONTEMPLATIO

Oímos la voz de Dios cuando, con mente tranquila reposamos de toda actividad del mundo y, en el silencio de la mente, pensamos en los preceptos divinos.

Cuando la mente cesa de ocuparse de las obras exteriores, entonces reconoce de un modo más claro el valor de los mandamientos de Dios. La multitud de los pensamientos de la tierra ensordece hasta tal punto nuestro corazón que, si no nos ponemos a cubierto, acabamos por dejar de oír la voz del juez divino. El hombre no puede atender a dos cosas opuestas: cuanto más escucha fuera, tanto más sordo se vuelve para sus adentros. Cuando Moisés huyó al desierto y se quedó allí cuarenta años, fue cuando pudo percibir la voz divina.

Por eso, los santos, obligados a ocuparse de ministerios exteriores, se apremian siempre a refugiarse en el secreto de su corazón y, como Moisés en el monte, suben a contemplar cosas elevadas y a recibir la Ley de Dios, dejando de lado el tumulto de las cosas temporales y escrutando las altísimas voluntades de Dios. Así Moisés, en sus dudas, volvía frecuentemente al tabernáculo, y allí, en secreto, consultaba a Dios y sabía con seguridad lo que debía hacer. Dejar las muchedumbres e ir al tabernáculo significa dejar de lado el tumulto de las cosas exteriores y entrar en el secreto de la conciencia, donde consultamos al Señor y en medio del silencio escuchamos lo que debemos hacer después en público.

Así hacen cada día los buenos superiores cuando no logran ver claro en sus dudas: entran dentro de ellos mismos, como en el tabernáculo, miran la ley que está contenida en el arca, consultan al Señor, escuchan en silencio y, después, ejecutan fuera lo que han oído. Para llevar a cabo sin pecado los deberes exteriores, intentan concentrarse continuamente, y así escuchan la voz de Dios casi en un sueño, puesto que con la meditación de la mente se abstraen de los impulsos de la carne (Gregorio Magno, Moralia II, Roma 1965, pp. 141-143, passim [edición española: Obras, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1958; existe otra edición publicada por la Universitat de Valencia en 1993]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El camino de un hombre que no se dirige a una tierra, sino que tiende a su Dios, no es una simple peregrinación, un viaje; es una ascensión: no se llega a Dios a través del desplazamiento de un lugar a otro, a través de un movimiento espacial, sino más bien superando un mundo. No existe proporción entre el hombre y Dios, entre la creación y Dios: entrar en relación con Dios significa, para Moisés, salir del mundo en el que habita, dejar toda la creación detrás de sí para entrar en el cielo; significa ir más allá, ascender.

En esta ascensión se encuentra una gran enseñanza para la vida espiritual: el hombre se evade del mundo con mucha frecuencia para buscar un paraíso perdido, pero su evasión le lleva a algún lugar lejano que, después, resulta ser otra tierra que tiene los mismos límites y la misma pobreza que la primera. Ahora bien, en los hombres religiosos no se da la evasión a otra tierra, sino que la ascensión a un monte es lo que expresa mejor la aspiración profunda que le mueve.

Puede haber un doble modo de encontrarse con Dios: o descender o subir; ciertamente, no se trata de permanecer en el mismo plano. Para encontrarte con Dios tal vez debas descender, ir al fondo, de tal modo que escapes del cosmos del que formas parte. Debes ascender: ¿pero qué significa ascender? Únicamente superarse. Éste es el camino del alma religiosa: la salida de sí misma. No hay otro camino que lleve a la relación con el Señor más que este puro salir, este ir más allá, ascender, levantarnos por encima de nosotros mismos. No es el paso del mar lo que puede llevarnos al mundo de Dios, no es la peregrinación por el desierto lo que puede llevarnos al encuentro del Señor, sino el morir: o morir o permanecer siempre extraños al mundo de Dios (D. Barsotti, Meditazione sull'Exodo, Brescia 1967, p. 173-175 [edición española: Espiritualidad del Éxodo, Ediciones Sígueme, Salamanca 1968]).

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

 Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Que canten  de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

HIMNO
Eres la luz y siembras claridades;
abres los anchos cielos, que sostiene
como columna el brazo de tu Padre.

Arrebatada en rojos torbellinos,
el alba apaga estrellas lejanísimas;
la tierra se estremece de rocío.

Mientras la noche cede y se disuelve,
la estrella matinal, signo de Cristo,
levanta el nuevo día y lo establece.

Eres la luz total, día del día,
el Uno en todo, el Trino todo en Uno:
¡gloria a tu misteriosa teofanía! Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.

Salmo 50   Misericordia, Dios mío
Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana (Ef 4,23-24)


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.


Ant. 2. Alégrate, Jerusalén, porque en ti se reunirán todos los pueblos.

Cántico Tb 13; 8-11. 13-14b. 15-16b    
Acción de gracias por la liberación del pueblo

Me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que traía la gloria de Dios (Ap 21, 10.11)

Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.
Jerusalén, ciudad santa,
él te castigó por las obras de tus híjos,
pero volverá a apiadarse del pueblo justo.

Da gracias al Señor como es debido
y bendice al rey de los siglos,
para que su templo
sea reconstruido con júbilo,

para que él alegre en ti
a todos los desterrados,
y ame en ti a todos los desgraciados,
por los siglos de los siglos.

Una luz esplendente iluminará
a todas las regiones de la tierra.
Vendrán a ti de lejos muchos pueblos,
y los habitantes del conf
ín de la tierra
vendrán a visitar al Señor, tu Dios,
con ofrendas para el rey del cielo.

Generaciones sin fin
cantarán vítores en tu recinto,
y el nombre de la elegida
durará para siempre.

Saldrás entonces con júbilo
al encuentro del pueblo justo,
porque todos se reunirán
para bendecir al Señor del mundo.

Dichosos los que te aman;
dichosos los que te desean la paz.

Bendice, alma mía, al Señor,
al rey soberano,
porque Jerusalén será reconstruida,
y, allí, su templo para siempre.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alégrate, Jerusalén, porque en ti se reunirán todos los pueblos.


Ant. 3. Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.

Salmo 147   Acción de gracias por la restauración de Jerusalén
Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero (Ap 21, 9)


Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.

LECTURA BREVE Ga 2,19b-20
Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

 RESPONSORIO BREVE
R. Invoco al Dios Altísimo, * Al Dios que hace tanto por mí.
Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

V. Desde el cielo me enviará la salvación. *Al Dios que hace tanto por mí.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

PRECES
Confiados en Dios, que cuida con solicitud de todos los que ha creado y redimido con la sangre de su Hijo, invoquémosle, diciendo:
Escucha, Señor, y ten piedad.

Dios misericordioso, asegura nuestros pasos en el camino de la verdadera santidad,
y haz que busquemos siempre todo lo que es verdadero, justo y amable.

Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza, Señor.

Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde,
porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Tú que has querido que participáramos en la misión profética de Cristo,
haz que proclamemos ante el mundo tus hazañas.


Dirijámonos al Padre con las mismas palabras que nos enseñó el Señor: 


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN

Te pedimos, Señor, tu gracia abundante, para que nos ayude a seguir el camino de tus mandatos, y así gocemos de tu consuelo en esta vida y alcancemos la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.
  

HIMNO
I
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.

Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.

En el alto gozoso del camino;
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.

II  Sólo para Nona:
Se cubrieron de luto los montes
a la hora de nona.
El Señor rasgó el velo del templo
a la hora de nona.
Dieron gritos las piedras en duelo
a la hora de nona.
Y Jesús inclinó la cabeza
a la hora de nona.

Hora de gracia,
en que Dios da su paz a la tierra
por la sangre de Cristo.

Levantaron sus ojos los pueblos
a la hora de nona.
Contemplaron al que traspasaron
a la hora de nona.
Del costado manó sangre y agua
a la hora de nona.
Quien lo vio es el que da testimonio
a la hora de nona.

Hora de gracia,
en que Dios da su paz a la tierra
por la sangre de Cristo. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.

Salmo 118, 161-168    XXI (Sin)

Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.

Siete veces al día te alabo
por tus justos mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.

Mi alma guarda tus preceptos
y los ama intensamente;
guardo tus decretos,
y tú tienes presentes mis caminos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.


Ant. 2. En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo.

Salmo 132   Felicidad de la concordia fraterna
Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios (1Jn 4, 7)

Ved qué dulzura, qué delicia,
convivir los hermanos unidos.

Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su ornamento.

Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo.


Ant. 3. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.

Salmo 139,2-9.13-14   Tú eres mi refugio
El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores (Mt 26, 45)


Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre violento:
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en los labios.

Defiéndeme, Señor, de la mano perversa,
guárdame de los hombres violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden trampas;
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan lazos.

Pero yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios»;
Señor, atiende a mis gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el día de la batalla.

Señor, no le concedas sus deseos al malvado,
no des éxito a sus proyectos.

Yo sé que el Señor hace justicia al afligido
y defiende el derecho del pobre.
Los justos alabarán tu nombre,
los honrados habitarán en tu presencia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.


TERCIA

LECTURA BREVE Rm 12, 17a. 19b-21
No devolváis a nadie mal por mal; porque dice el Señor en la Escritura: «M
ía es la venganza, yo daré lo merecido.» En vez de eso, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: así le sacarás los  colores a la cara. No te dejes vencer por el mal, vence al mal a fuerza de bien.

V. La misericordia del Señor dura siempre.
R. Su justicia para los que guardan la alianza.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


SEXTA
LECTURA BREVE1Jn 3, 16
En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

V. Dad gracias al Señor porque es bueno.
R. Porque es eterna su misericordia.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación, mientras las tinieblas envolvían al mundo, concédenos que tu luz nos ilumine siempre, para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. 


NONA
LECTURA BREVE 1Jn 4, 9-11
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

V. Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo.
R. Mira el rostro de tu Ungido.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno míranos a nosotros, que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también, como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
 Como era en el principio, ahora y siempre,
 por los siglos de los siglos.
Amén. Aleluya.   


HIMNO
Te damos gracias, Señor;
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene,
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabé al Señor la tierra!
Cantadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Día tras día, te bendeciré Señor, y narraré tus maravillas.

Salmo 144   Himno a la grandeza de Dios
Tú, Señor, el que eras y eres, el Santo eres justo (Ap 16, 5)

I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

Ant. 2. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

II
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,.
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tu estás cerca de los que te invocan.


Ant. 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Cántico   Ap 15, 3-4   Himno de adoración

Grandes y maravillosos son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones.
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Justos y verdaderos son tus  caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 LECTURA BREVE Rm 8, 1-2
Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues, por la unión con Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Cristo murió por los pecados, * Para conducirnos a Dios.
Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

V. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. * Para conducirnos a Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

 CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres. 

Magníficat   Lc 1, 46-55
Alegría del alma en Señor


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
     
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.
Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres. 

PRECES
Invoquemos a Cristo, en quien confían los que conocen su nombre, diciendo:
Señor, ten piedad.

Señor Jesucristo, consuelo de los humildes,
dígnate sostener con tu gracia nuestra fragilidad, siempre inclinada al pecado.

Que los que por nuestra debilidad estamos inclinados al mal
por tu misericordia obtengamos el perdón.

Señor, a quien ofende el pecado y aplaca la penitencia,
aparta de nosotros el azote de tu ira, merecido por nuestros pecados.

Tú que perdonaste a la mujer arrepentida y cargaste sobre los hombros la oveja descarriada
no apartes de nosotros tu misericordia.

Tú que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,
abre las puertas del cielo a todos los difuntos que en ti confiaron.


Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, digamos al Padre celestial: 


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 

 ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que quisiste que tu Hijo sufriese por la salvación de todos, haz que, inflamados en tu amor, sepamos ofrecernos a ti como hostia viva. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

COMPLETAS

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.
 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


 

EXAMEN DE CONCIENCIA

En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada. Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

 

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho          

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

  

HIMNO
Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gracias por todas las gracias
que nos ha dado tu amor;
si muchas son nuestras deudas,
infinito es tu perdón.
Mañana te serviremos,
en tu presencia, mejor.
A la sombra de tus alas,
Padre nuestro, abríganos.
Quédate junto a nosotros
y danos tu bendición.

Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gloria al Padre omnipotente,
gloria al Hijo Redentor,
gloria al Espíritu Santo:
tres Personas, sólo un Dios. Amén.
 
 
SALMODIA
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.

Salmo 87   Oración de un hombre gravemente enfermo
Ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas (Lc 22, 53)

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.

Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.

Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.

Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido?

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi s
úplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?

Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:

me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
 

LECTURA BREVE   Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor; tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor, Dios nuestro.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.
 

Nunc dimittis    Lc 2, 29-32
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos,
protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo
y descansemos en paz.

 
ORACIÓN

Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, le imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

CONCLUSIÓN
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén

 

Antífonas finales a la Santísima Virgen María

IV
Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.