El
cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas
celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este
destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia
situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas
del día -Liturgia de las horas- y todos los días del
año -Lectio Divina-
Día
1
Lunes de la semana XIII del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Amos 2,6-10.13-16
6
Así
dice el Señor: A Israel, por tres pecados, y por el cuarto,
no le perdonaré. Porque venden al inocente por dinero y al
pobre por un par de sandalias;
7
porque
aplastan contra el polvo de la tierra a los humildes y no hacen
justicia a los indefensos; porque hijo y padre se acuestan con la
misma muchacha, profanando así mi santo nombre;
8
porque
se echan junto a cualquier altar sobre ropas tomadas en prenda y
beben en la casa de su dios vino comprado con multas.
9
A
pesar de todo, yo exterminé ante ellos a los amorreos,
altos como los cedros y fuertes como las encinas; destruí
su fruto por arriba y sus raíces por abajo.
10
Yo
os saqué de Egipto y os conduje por el desierto
durante cuarenta años, hasta ocupar la tierra de los
amorreos.
13
Pues
yo haré que os atasquéis, como se atasca una carreta
cargada de gavillas.
14
El
veloz no podrá huir, ni el fuerte valerse de su fuerza, ni
podrá salvarse el valiente;
15
el
arquero no resistirá, el de ágiles piernas no
conseguirá escapar, el jinete no logrará salvarse,
16
y
el más intrépido entre los valientes huirá
desnudo aquel día.
**•
Con el más típico procedimiento de la sabiduría,
es decir, mediante la sucesión numérica progresiva
del tres y el cuatro, que sirve para indicar la medida colmada del
delito, aparece solemnemente en Amos el "juicio contra la
nación" de Israel. Un procedimiento que tuvo gran
fortuna en la literatura profética posterior. Aquí,
a la denuncia del pecado le sigue el recuerdo de los beneficios
divinos y, por último, la amenaza del castigo. El pecado
constituye la alteración de las relaciones de justicia y de
respeto entre los hombres, la sustitución de las personas
por cosas, la opresión del pobre, la pérdida de la
dignidad en las relaciones. La profecía no puede dejar de
recordar todo lo que Dios había garantizado a Israel,
dándole este último la espalda. Ahora llama Dios la
atención sobre la vanidad del cierre de Israel; nadie podrá
resistir por sus propios méritos si se ha sustraído
a la relación con Dios, una relación que se
afianzará en el día establecido.
La
petición de perdón por la infidelidad del pueblo
atraviesa la denuncia del salmo conexo, que se cierra aludiendo a
la feliz relación entre Dios (que muestra la salvación)
y el hombre que honra a Dios (caminando por el camino recto).
Salmo Responsorial
Atención, los que olvidáis a
Dios
Salmo
49
<<¿Por
qué recitas mis preceptos y
tienes siempre en la boca mi alianza, tú
que detestas mi enseñanza y
te echas a la espalda mis mandatos?>> R/.
Atención,
los que olvidáis a Dios
<<Cuando
ves un ladrón, corres con él; te
mezclas con los adúlteros; sueltas
tu lengua para el mal, tu
boca urde el engaño.>> R/.
Atención,
los que olvidáis a Dios
<<Te
sientas a hablar contra tu hermano, deshonras
al hijo de tu madre; esto
haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees
que soy como tú? Te
acusaré, te lo echaré en cara.>> R/.
Atención,
los que olvidáis a Dios
<<Atención,
los que olvidáis a Dios, no
sea que os destroce sin remedio. El
que me ofrece acción de gracias, ése
me honra;al que sigue buen camino le
haré ver la salvación de Dios.>> R/.Atención, los
que olvidáis a Dios
Evangelio:
Mateo 8,18-22
En
aquel tiempo,
18
viendo
Jesús que le rodeaba una multitud de gente, mandó
que lo llevaran a la otra orilla.
19
Se
le acercó un maestro de la Ley y le dijo: -Maestro, te
seguiré dondequiera que vayas.
20
Jesús
le dijo: -Las zorras tienen madrigueras y los pájaros del
cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde
reclinar la cabeza.
21
Otro
de sus discípulos le dijo: -Señor, deja primero que
vaya a enterrar a mi padre.
22
Jesús
le dijo: -Sígueme y deja que los muertos entierren a sus
muertos.
**•
El pasaje del evangelio de hoy se abre con la orden de Jesús
de "que lo llevaran a la otra orilla". Sin
embargo, la ejecución de la orden está interrumpida
por dos episodios que faltan en el evangelio de Marcos y que están
colocados en otro lugar en el de Lucas. Ambos ilustran las
condiciones requeridas para seguir a Jesús, las exigencias
de la fe. La posibilidad del seguimiento debe asumir el
sufrimiento, las adversidades y la pasión como paso
obligado. La frase "las zorras tienen madrigueras y los
pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene
dónde reclinar la cabeza" está construida
siguiendo el uso oriental de hacer seguir una imagen negativa a
dos positivas: el término "Hijo del hombre",
que tampoco tiene un significado unívoco, indica aquí
la precariedad de Jesús, su carecer de casa y de raíces,
de referencia y de refugio. La contraposición entre Jesús
y los "muertos" expresa de manera adecuada la
ruptura que "el que vive" inserta en la trama de
la experiencia del hombre.
Aquel
que es la "Vida" indica el "Camino".
No tener dónde reclinar la cabeza (para dormir o para
morir) es la condición para restituir su verdad a la vida.
MEDITATIO
Profeta
es quien deja un nuevo espacio a la Palabra de Dios, quien permite
que Dios pueda volver a hablar, hacerse oír aún,
llegar a ser de nuevo significativo. Esta palabra, que es palabra
de libertad y de amor, es también, por necesidad, una
palabra exigente. Puesto que el hombre olvida los
beneficios de Dios, su liberación, los cuidados que le ha
dispensado, y prefiere celebrar el odio, la injusticia, el abuso.
Ante a la declaración: "Yo os saqué de
Egipto", los hombres oscilan entre dos excesos: "Antes
estábamos mejor", o bien: "Siempre hemos sido
libres".
La
infidelidad a la libertad recibida como don se parece mucho a la
facilidad (casi a la manera "facilona") con que se
piensa la posibilidad de la fidelidad. Seguir a nuestro Maestro
por donde vaya -como pretendía el maestro de la Ley-
significa alcanzar arduamente lo que se requiere para el Reino de
Dios. Ahora bien, ese empeño, ofrecido de manera gratuita y
asumido de manera responsable, es la libertad de la fe, la
gratuidad de la obediencia, la resurrección a través
de la cruz.
ORATIO
Oh
Dios, que has liberado a tu pueblo y le has dado el gusto de la
libertad, tú eres eterno porque nunca nos falta tu amor
fiel. En el Espíritu de tu Hijo unigénito, Jesús,
que nació, vivió y murió por nosotros,
sancionaste tu fidelidad no sólo para todos los tiempos y
para todos los hombres, sino que tomaste también sobre ti
el compromiso de tu indefectible compañía en el
trabajo de nuestra respuesta, haciendo ligera nuestra carga.
Oh
Señor, tu gracia nos sorprende, esa gracia unida a la
respuesta obediente de tu siervo Jesús, que, en el
Espíritu, ha sido otorgada a todo cristiano: ambas, unidas,
iluminan la oscuridad de nuestra infidelidad, convierten las
angustias de nuestra insensibilidad y nos ponen tras los pasos del
Resucitado, con el justo desprendimiento de todo aquello que ha
podido distraernos de su seguimiento.
CONTEMPLATIO
!Ea!,
pues, Señor Dios mío, enseña a mi corazón
dónde y cómo buscarte, dónde y cómo
encontrarte. Señor, si tú no estás aquí,
dónde te buscaré ausente? Si estás en todas
partes, por qué nunca te veo presente? [...]. Mira, Señor,
escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros.
Vuelve
a darte a nosotros para que estemos bien: sin ti estamos muy mal.
Ten piedad de nuestras fatigas, de nuestros esfuerzos para
contigo: sin ti no valemos nada. Enséñame a buscarte
y muéstrate cuando te busco: no puedo buscarte si tú
no me enseñas, ni encontrarte si tú no te muestras.
Que yo te busque deseándote y te desee buscándote,
que te encuentre amándote y te ame encontrándote
(Anselmo de Canterbury, Proslogion, 1).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El
Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza."(Mt
8,20b).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Cómo
podría llegar a darse cuenta el hombre del mal y cómo
podría llegar a tomar en serio, con toda su gravedad, su
pecado y el de los demás, por muy claro que pueda estar
ante sus ojos? [...]. La respuesta está en la cruz. El peso
del pecado, la atrocidad de la corrupción humana, la
profundidad del abismo en que va a precipitarse el hombre que hace
el mal, pueden medirse por el hecho de que el amor de Dios ha
podido y querido responder al pecado, superarlo y eliminarlo, y
salvar así al hombre, sólo entregándose a sí
mismo en Jesucristo, sacrificándose para ejecutar el juicio
sobre el hombre haciéndose juzgar en su lugar y dejando que
muera en su persona el hombre viejo del pecado.
Sólo
cuando se ha comprendido esto, es decir, cuando se ha comprendido
que Dios nos ha reconciliado consigo al precio de sí mismo,
en la persona del Hijo, sólo entonces deja de haber lugar
para la confortable ligereza que quisiera ver nuestra maldad
limitada por nuestra bondad (K. Barth, Dogmática
ecclesiole, Bolonia 1980, pp. 140ss).
Día
2
Martes de la semana XIII del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Amos 3,1-8; 4,1 lss
1
Escuchad
esta palabra que el Señor pronuncia contra vosotros, hijos
de Israel, contra toda la familia que yo saqué de Egipto:
2
De
todas las familias de la tierra sólo a vosotros os elegí,
por eso os castigaré por todas vuestras maldades.
3
Van
juntos de camino dos que no se conocen?
4
Ruge
el león en la selva sin haber hallado presa? Gruñe
el leoncillo desde su guarida sin haber cazado nada?
5
Cae
el pájaro en tierra si no le han tendido una trampa? Salta
la trampa del suelo sin haber cazado nada?
6
Suena
la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? Sobreviene
una desgracia a la ciudad sin que la envíe el Señor?
7
Nada
hace el Señor sin revelárselo a sus siervos los
profetas.
8
Ruge
el león: quién no temblará? Habla el Señor:
quién no profetizará?
4,11
Os
desbaraté como hice con Sodoma y Gomorra; erais como un
tizón sacado de un incendio; pero no habéis vuelto a
mí. Oráculo del Señor.
12
Por
eso te voy a tratar así, Israel, y porque así te voy
a tratar, prepárate, Israel, a comparecer ante Dios.
**•
La alianza entre el Señor e Israel, que es "salida"
y "liberación" de Egipto, no puede ser motivo de
exoneración de su compromiso para el pueblo de Israel, que
no puede sentirse asegurado a ultranza por un Dios indiferente o
cómplice. El Dios de Israel se preocupa de su pueblo y lo
libera para que se vuelva semejante a él, a fin de que le
imite y le siga. Es Padre, no padrino; es aliado, no protector; es
madre, no suplente. Las siete preguntas retóricas del texto
preparan la clarificación de la necesidad que tiene Dios de
hablar y el profeta de profetizar. Lo que sale a flote es, sin
embargo, la verdad de la relación de alianza entre
el Señor y su pueblo. Este último está
subordinado a la elección, y no viceversa: Dios es fiel a
sí mismo, corresponde a sí mismo y, eligiendo a
Israel, lo compromete a asumir una responsabilidad superior. Por
todo ello, el encuentro con su propio Señor es para Israel
-tanto para el antiguo como para el nuevo Israel-
siempre maravilloso y siempre terrible, al mismo tiempo turbador y
apasionante.
Salmo Responsorial
Señor, guíame con tu
justicia
Salmo
5,5-8
Tú
no eres un Dios que ame la maldad, ni
el malvado es tu huésped, ni
el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.
Señor,
guíame con tu justicia
Detestas
a los malhechores, destruyes
a los mentirosos; al
hombre sanguinario y traicionero lo
aborrece el Señor. R/.
Señor,
guíame con tu justicia
Pero
yo, por tu gran bondad, entraré
en tu casa, me
postraré ante tu templo santo con
toda reverencia. R/.
Señor,
guíame con tu justicia
Evangelio:
Mateo 8,23-27
En
aquel tiempo,
23
Jesús
subió a una barca y sus discípulos lo siguieron.
24
De
pronto, se alborotó el lago de tal manera que las olas
cubrían la barca, pero Jesús estaba dormido.
25
Los
discípulos se acercaron y lo despertaron diciéndole:
-Señor, sálvanos, que perecemos.
26
Él
les dijo: -Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?
Entonces se levantó, increpó a los vientos y al
lago, y sobrevino una gran calma.
27
Y
aquellos hombres, maravillados, se preguntaban: Qué clase
de hombre es éste, que hasta los vientos y el lago le
obedecen?
<*•
La Iglesia es una barca en medio de la tempestad, y Jesús
duerme. La experiencia del abandono del Señor -de la
Iglesia que abandona a su Jesús y de Jesús que deja
a su Iglesia- marca hasta el fondo esta página evangélica.
Rogar al Señor, acercarse a él y despertarlo
"Despiértate, Señor, por qué
duermes?": cf. Sal 44,24) e implorarle: "Señor,
sálvanos, que perecemos", significa volver a
encontrarnos a nosotros mismos como creyentes, como fíeles,
como discípulos, y encontrar a Jesús como Señor
y como Cristo. La tempestad de la pasión, el triunfo de la
muerte, quedan dispersados por la presencia de quien recompone con
autoridad el orden de la gracia.
De
modo diferente a los paralelos de Marcos y de Lucas, sin embargo,
aquí Jesús reprocha a los discípulos su poca
fe antes de calmar las olas. El señorío de Jesús
y la fe de los discípulos se reclaman recíprocamente,
aunque no puede haber entre ellos una perfecta reciprocidad.
El
hecho de que Jesús duerma indica, al mismo tiempo, el drama
de la muerte del Hijo del hombre, que es un desafío para la
fe de la Iglesia, y la serena confianza en el Padre por parte de
aquel que "se hizo obediente hasta la muerte y muerte de
cruz" (Flp 2,8).
MEDITATIO
Las
espléndidas preguntas con que está tejido el pasaje
tomado del libro de Amos conducen, idealmente, desde la sabiduría
a la profecía, desde la observación atenta de la
realidad natural a la irrupción de una palabra y de una
acción que expresan su sentido y verdad.
Al
final, la profecía, la necesidad de profetizar, aparece
como una nueva evidencia, como una impelente necesidad para
Israel: "Habla el Señor: quién no
profetizará?".
La
Palabra de Dios y la del hombre, la del Señor del cielo y
la tierra y la del pastor-profeta, llegan de inmediato a un
acuerdo: el mismo acuerdo que se ha vuelto accesible a cada hombre
en Jesús.
El
nuevo Israel, la Iglesia engendrada también por el Espíritu
de Cristo, no puede dormir, no puede morir. Está confusa y
desconcertada por el silencio profundo desde el que su Señor
hace subir su Palabra autorizada y su gesto resolutorio. La fe que
falta a la Iglesia es la confianza en su Señor, la misma
confianza que el sueño de Jesús anuncia dramática
y serenamente.
ORATIO
Oh
Señor, tú fuiste capaz de dormir, fuiste capaz de
morir. Enséñanos a descubrir en tu obediencia el
secreto de nuestra libertad, en tu muerte el secreto de nuestra
vida, en tu sueño el misterio de nuestra vigilancia.
Oh
Espíritu del Resucitado, ayúdanos a prestar oído
a la voz de la profecía que se eleva desde los lugares más
inesperados de la tierra, desde el mar, desde el cielo; estos
lugares repiten inconscientes las notas más profundas de tu
indefectible solicitud.
Oh
Padre de todos nosotros, concédenos una palabra firme en
las incertidumbres y una mirada clarividente entre las olas, a fin
de que la autoridad de tu Hijo pueda hacerse presente en el
Espíritu, que visita y anima siempre a tu Iglesia.
CONTEMPLATIO
Por
tanto, también el sueño de Cristo es signo de algún
misterio. Los navegantes son las almas que pasan este mundo en un
madero. También la nave aquella figuraba a la Iglesia. Cada
uno, en efecto, es templo de Dios y cada uno navega en su corazón.
Si sus pensamientos son rectos, no naufragará. Oíste
una afrenta, he ahí el viento. Te airaste, he ahí el
oleaje. Soplando el viento y encrespándose el oleaje, se
halla en peligro la nave, peligra tu corazón, fluctúa
tu corazón. Oída la afrenta, deseas vengarte. Te
vengaste y, cediendo a la injuria ajena, naufragaste. Cuál
es la causa? Porque duerme en ti Cristo. Qué significa:
duerme en ti Cristo? Te olvidaste de Cristo. Despierta, pues, a
Cristo, acuérdate de él, esté despierto en
ti: piensa en él (Agustín, Sermón 63, lss
[traducción española de Lope Cilleruelo y otros,
BAC, Madrid 1983]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Habla
el Señor: quién no profetizará?"(Am
3,8b).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Consideremos
el insomnio [...]. El insomnio se caracteriza por la conciencia de
que esta situación no acabará nunca, esto es, que no
existe ya ningún medio para salir de la vigilancia a la que
estamos obligados. Una vigilancia sin objeto [...]. Con todo, es
preciso que nos preguntemos si la conciencia se deja definir por
la vigilancia, si la conciencia no es, más bien, la
posibilidad de sustraernos a la vigilancia; si el sentido propio
de la conciencia no consiste tal vez en ser una vigilancia puesta
al abrigo de una posibilidad de dormir; si el particular modo de
ser del yo no consiste en el poder de salir de la situación
de la vigilancia impersonal. La conciencia participa ya, en
efecto, en la vigilancia.
Sin
embargo, lo que la caracteriza de modo particular es el hecho de
reservarse siempre la posibilidad de retirarse "detrás",
para dormir. La conciencia es el poder de dormir. En esta fuga
plena consiste, en cierto sentido, la paradoja misma de la
conciencia (E. Lévinas, // Tempo e l'Altro, Genova
1997, pp. 22-25 [edición española: El tiempo y el
otro, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona
1993]).
Día
3
Miércoles semana XIII
del Tiempo ordinario o 3 de julio,
Santo Tomás, apóstol
Lo
que sabemos del apóstol santo Tomás se lo debemos
sobre todo al cuarto evangelista. Fue Tomás quien
invitó a los otros apóstoles a marchar con Jesús
a Judea, dispuesto a morir con él (Jn 11,16). Fue la
pregunta de Tomás la que provocó a Jesús a
que se definiera: "Yo soy el camino, la verdad y la vida"
(Jn 14,5ss). Por último, fue Tomás quien con su
incredulidad nos ayuda a consolidar nuestra adhesión a
Jesús, con una profesión de fe muy clara: "!Señor
mío y Dios mío!" (Jn 20,24-29).
El
martirologio de san Jerónimo en el siglo VI recuerda la
traslación del cuerpo de Tomás a Edesa (Siria,
actualmente Turquía), el 3 de julio.
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 2,19-22
19
Por
tanto, ya no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos
dentro del pueblo de Dios; sois familia de Dios,
20
estáis
edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas; y
el mismo Cristo Jesús es la piedra angular
21
en
quien todo el edificio, bien trabado, va creciendo hasta formar un
templo consagrado al Señor
22
y
en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte
de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del
Espíritu, morada de Dios.
**•
El misterio de Cristo y el de la Iglesia están íntimamente
conectados para el apóstol Pablo. Cristo es nuestra paz: en
él, todos, tanto los lejanos (los paganos) como los
cercanos (los judíos), encuentran el camino de la
reconciliación y de la unidad. Ya no hay dos pueblos, sino
uno sólo; ya no hay separación entre gente
diferente, sino unidad entre semejantes. Todo eso es don de Dios
Padre, por medio de Cristo Señor, en el Espíritu
Santo. En este contexto, el apóstol imagina la Iglesia como
un gran edificio, un templo santo, la "morada de Dios".
Los
"cimientos" de este edificio, en el que están
todos y viven como "conciudadanos dentro del pueblo de
Dios", como "familia de Dios", son los
apóstoles y los profetas.
Sin
embargo, la "piedra angular" es Cristo Jesús:
él es la clave de bóveda que consolida el conjunto,
y en él todo el edificio encuentra su trabazón y
puede crecer de una manera ordenada.
Desde
esta perspectiva cristológica, la doctrina eclesiológica
de Pablo asume una claridad absolutamente particular. En ella la
presencia, el papel y el ministerio de los apóstoles
resaltan con toda su importancia. La Iglesia de Cristo es, por
consiguiente, una, santa, católica y apostólica,
y lo es en el sentido de que, en ella, los apóstoles,
por voluntad de Dios y por elección histórica de
Jesús, constituyen el fundamento de la comunidad de los
creyentes.
Salmo Responsorial
Id al mundo entero y proclamad el
Evangelio
Salmo 116, 1. 2
Alabad al Señor, todas las
naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.
R/. Id al mundo entero y
proclamad el Evangelio
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
R/. Id al mundo entero y
proclamad el Evangelio
Evangelio:
Juan 20,24-29
24
Tomás,
uno del grupo de los Doce, a quien llamaban "El Mellizo",
no estaba con ellos cuando se les apareció Jesús.
25
Le
dijeron, pues, los demás discípulos: -Hemos visto al
Señor.
Tomás
les contestó: -Si no veo las señales dejadas en sus
manos por los clavos y meto mi dedo en ellas, si no meto mi mano
en la herida abierta en su costado, no lo creeré.
26
Ocho
días después, se hallaban de nuevo reunidos en casa
todos los discípulos de Jesús. Estaba también
Tomás. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús se
presentó en medio de ellos y les dijo: -La paz esté
con vosotros.
27
Después
dijo a Tomás: -Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca
tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo,
sino creyente.
28
Tomás
contestó: -!Señor mío y Dios mío!
29
Jesús
le dijo: -Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin
haber visto.
*"
Se ha afirmado con razón que, para nuestra fe, tal vez haya
sido más importante la incredulidad de Tomás que la
creencia de los otros apóstoles. Resulta paradójico,
!pero es verdad!
Debemos
considerar como cierto que si Tomás hubiera estado con los
otros discípulos en el momento de la primera aparición
de Jesús, es posible que no hubiera sucumbido en una crisis
de fe. Sin embargo, al mismo tiempo, con este recuerdo, el
evangelista Juan abre ante nosotros una nueva pista para llegar a
la experiencia liberadora de la fe en Jesús resucitado. En
efecto, cuando Jesús se aparece a sus discípulos por
segunda vez, se dirige directamente a Tomás y le pide que
realice el camino de búsqueda y de descubrimiento que antes
habían realizado sus "colegas". Esta vez, Tomás
se vuelve disponible y se vuelve dócil al mandamiento del
Señor y llega a un acto de fe límpido y
transparente: "!Señor mío y Dios mío!"
(v. 28).
Jesús
pronuncia la bienaventuranza que sigue (v. 29), no tanto por Tomás
como por nosotros: la situación histórica cambia por
completo, pero el itinerario es siempre el mismo. Llegamos a la fe
mediante un
acto de abandono total en
Jesús muerto y resucitado.
MEDITATIO
El
suceso acontecido a Tomás centra por completo nuestra
atención, por el simple motivo de que esta página
evangélica termina con una "bienaventuranza" que
nos concierne personalmente a todos: "Dichosos los que
creen sin haber visto".
A
buen seguro, hablando humanamente, el acto de fe, para ser
razonable -digo "razonable", no "racional"-,
necesita algunos signos, y Tomás está dispuesto a
pedirlos explícitamente. Desde este punto de vista, tal vez
la suya no pueda ser definida como una crisis de fe, sino más
bien como una apasionada y sufrida búsqueda de un
acto de fe que sea, al mismo tiempo, respetuoso con el hombre y
devoto con Dios. Y cuando al final Tomás accede al acto de
fe, el apóstol se abandona por completo a Aquel que se ha
manifestado claramente. Por consiguiente, no había en él
ningún prejuicio o incertidumbre: se trataba sólo de
cerciorarse del hecho histórico de la resurrección
de Jesús con un método experimental, el único
que está al alcance de todos, incluso de los más
sencillos. Ver para creer fue la exigencia del apóstol
Tomás. Ver, tocar y palpar fue el itinerario que recorrió
para reconocer la plena identidad entre el Señor resucitado
y Jesús de Nazaret. Creer sin ver, sin tocar, sin palpar,
es la situación en la que nosotros nos encontramos, nuestra
bienaventuranza.
ORATIO
"Vamos
también nosotros a morir con él."
"Señor,
no sabemos a dónde vas. Cómo podemos saber el
camino?"
"Si
no veo en sus manos la señal de los clavos... no creeré."
"!Señor
mío y Dios mío!" "Crees porque me has
visto? Dichosos los que creen sin haber visto".
CONTEMPLATIO
De
la incredulidad al éxtasis: éste es el camino de
Tomás y, también, el de esa parte de nosotros que
todavía no se rinde a la resurrección y a lo
invisible. Tomás quiere garantías porque ha
comprendido algo: si Jesús está vivo, su vida
cambia. Si Jesús está vivo, entonces el Evangelio es
verdadero. Y el Evangelio toma toda la vida. Y Jesús no le
hace ningún reproche, sino que le dice: "Acerca tu
dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi
costado", porque no es un fantasma. No es una proyección
de mis deseos, no es un fruto imaginario de mi corazón, no
es el hijo de una ilusión. Hay un agujero en sus manos,
donde puede entrar el dedo de Tomás; hay una lanzada, en la
que puede entrar una mano. Y le doy las gracias a Tomás
porque también yo necesito que Jesús no sea un
fantasma. Y en la mano de Tomás están todas nuestras
manos. Las de los que creemos sin haber tocado porque otros lo han
hecho. Lo dice Juan con orgullo: "Lo que existía desde
el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con
nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han tocado nuestras
manos acerca de la palabra de la vida, [...] lo que hemos visto y
oído os lo anunciamos" (1 Jn 1,1-2).
Fe
de manos que ha atravesado el corazón. Tomás no
busca el camino para creer en ningún signo de poder, sino
simplemente en las llagas: el agujero de las manos, el costado
abierto, imágenes embriagadoras del amor de Dios. Y con
Tomás empieza l a historia de los enamorados de las heridas
de Cristo, como Francisco de Asís o Catalina de Siena u
otros más cercanos a nosotros (Ermes M. Ronchi).
ACTIO
Repite
y medita durante el día estas palabras de fe: "!Señor
mío y Dios mío!".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Es
uno de los principales capítulos de la doctrina católica,
contenido en la Palabra de Dios y enseñado constantemente
por los Padres, que el hombre, al creer, debe responder
voluntariamente a Dios y que, por tanto, nadie puede ser forzado a
abrazar la fe contra su voluntad. Porque el acto de fe es
voluntario por su propia naturaleza, ya que el hombre, redimido
por Cristo Salvador y llamado en Jesucristo a la filiación
adoptiva, no puede adherirse a Dios, que a ellos se revela, a
menos que, atraído por el Padre, rinda a Dios el obsequio
racional y libre de la fe.
Está,
por consiguiente, en total acuerdo con la índole de la fe
el excluir cualquier género de imposición por parte
de los hombres en materia religiosa. Por consiguiente, un régimen
de libertad religiosa contribuye no poco a favorecer ese estado de
cosas en el que los hombres puedan ser invitados fácilmente
a la fe cristiana, a abrazarla por su propia determinación
y a profesarla activamente en toda la ordenación de la vida
(Concilio Vaticano II, Dignitatis humane, 10).
Día
4
Jueves de la semana XIII del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Amos 7,10-17
En
aquellos días,
10
Amasias,
sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboán, rey de
Israel: -Amos está conspirando contra ti en medio de
Israel; el país no puede ya soportar todas sus palabras.
11
Porque
Amos anda diciendo: "Jeroboán morirá a espada e
Israel será deportado lejos de su tierra".
12
Y
Amasias dijo a Amos: -Vete, vidente, márchate a Judá;
gánate la vida profetizando allí.
13
Pero
no sigas profetizando en Betel, porque es el santuario real y el
templo del reino.
14
Amos
le respondió: -Yo no soy un profeta profesional. Yo cuidaba
bueyes y cultivaba higueras.
15
Pero
el Señor me agarró y me hizo dejar el rebaño
diciendo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel".
16
Y
ahora escucha la Palabra del Señor. Tú dices: "No
profetices contra Israel, no pronuncies oráculos contra la
estirpe de Isaac".
17
Pues
bien, así dice el Señor: Tu mujer será
deshonrada en la ciudad, tus hijos y tus hijas caerán a
espada, y tu tierra será repartida a cordel; tú
mismo morirás en tierra impura, e Israel será
deportado lejos de su tierra.
*••
La persuasión de tener a Dios de su parte comporta
inmediatamente, en el caso de Israel, una gran dificultad para
tomar en serio las palabras del profeta.
El
choque entre el sacerdote Amasias y el profeta Amos, que alcanza
con gran probabilidad a la dura experiencia histórica de
Amos, documenta también, no obstante, la reducción
de la función profética de Amos en el "dossier"
que Amasias presenta a Jeroboán: el profeta aparece en
él sólo como alguien que "atenta" contra
la casa real y la instalación del pueblo en su propia
tierra. No dedica ni siquiera una palabra al verdadero fundamento
de las amenazas, o sea: a la denuncia del pecado y a la exigencia
de la conversión.
Frente
a esta acción de deslegitimación y de intento de
proscripción, responde Amos con el testimonio de una
identidad transformada y querida por Dios. De boyero y
cultivador de higueras, quiso Dios convertirlo en profeta, es
decir, que pusiera voz a su Palabra. Por eso lo tomó y le
"hizo dejar el rebaño" para que
profetizara, del mismo modo que había hecho con David, "de
detrás de las ovejas" (2 Sm 7,8).
La
identidad del profeta deriva, por tanto, del señorío
absoluto de Dios, de su poder, que ha transformado su vida e
impuesto una tarea. Lo que el sacerdote había referido al
rey como cargos contra el profeta lo repite éste como
"castigo de Dios" y afirmación del señorío
de Dios.
Salmo Responsorial
Los mandamientos del Señor son
verdaderos y enteramente justos
Salmo
18
La
ley del Señor es perfecta y
es descanso del alma; el
precepto del Señor es fiel e
instruye al ignorante. R/.
Los
mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente
justos
Los
mandatos del Señor son rectos y
alegran el corazón; la
norma del Señor es límpida y
da luz a los ojos. R/.
Los
mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente
justos
La
voluntad del Señor es pura y
eternamente estable; los
mandamientos del Señor son verdaderos y
enteramente justos. R/.
Los
mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente
justos
Más
preciosos que el oro, más
que el oro fino; más
dulces que la miel de
un panal que destila. R/.
Los
mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos
Evangelio:
Mateo 9,1-8
En
aquel tiempo,
1
subió
Jesús a la barca, cruzó el lago y fue a su propia
ciudad.
2
Entonces
le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Jesús,
viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: -Ánimo,
hijo, tus pecados te quedan perdonados.
3
Algunos
maestros de la Ley decían para sí: "Éste
blasfema".
4
Jesús,
dándose cuenta de lo que pensaban, les dijo: -Por qué
pensáis mal? 5
Qué
es más fácil, decir: Tus pecados quedan perdonados;
o decir: Levántate y anda?
6
Pues
vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para
perdonar los pecados. Entonces se volvió al paralítico
y le dijo: -Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
7
Él
se levantó y se fue a su casa.
8
Al
verlo, la gente se llenó de temor y daba gloria a Dios por
haber dado tal poder a los hombres.
*•
La admiración de la muchedumbre, que da gloria a Dios por
haber "dado tal poder a los hombres", cierra de
manera significativa este episodio de la curación del
paralítico. En él, la acción de Jesús
tiene que vérselas de modo radical con el pecado y con la
curación del hombre, y en esta dimensión se
encuentra la Iglesia a sí misma.
Ahora
bien, la tensión entre la autoridad de Jesús y la
reacción de los hombres sigue siendo muy aguda: como a lo
largo de todo el evangelio, la incomprensión y el rechazo
se vuelven tanto más profundos y obtusos cuanto mayor se
presenta la divergencia entre Jesús y los hombres
investidos de "autoridad".
La
acusación de blasfemia, que empieza a filtrarse
explícitamente en las reacciones de los maestros de la Ley,
anticipa el juicio inapelable que llevará a Jesús a
la cruz. La reconciliación y el perdón, en el choque
entre el poder del pecado y la vida recuperada en su plenitud,
son, al mismo tiempo, gloria de Dios y piedra de tropiezo para el
hombre.
MEDITATIO
La
palabra del juicio y la palabra de reconciliación y de
perdón suenan hoy de una manera sorprendentemente
disonante. Con todo, existe una incontestable continuidad entre la
terrible profecía de Amos sobre Jeroboán y lo que
dice Jesús al paralítico. En la lectura del libro de
Amos se intercambian duras palabras el sacerdote, el rey y el
profeta. Ahora bien, detrás de esas palabras se vislumbra
el duro camino por el que se puede filtrar la Palabra de Dios. La
reconciliación de Dios con su pueblo está asegurada
por una Palabra que, como una espada de doble filo, divide y
purifica. En Jesús, sacerdote, profeta y rey, se lleva a
cabo la reconciliación de Israel, una reconciliación
que se extiende a todos los hombres. El perdón del pecado,
realizado de una manera plástica por el levantamiento del
paralítico, expresa el poder del Hijo del hombre en la
tierra, que inaugura una nueva criatura, un nuevo pueblo, unos
cielos nuevos y una nueva tierra.
ORATIO
Tal
vez, Señor, tu Palabra sea demasiado fuerte, demasiado
pura, para que nuestro corazón pueda resistir frente a
ella. Tal vez, oh Jesús, tu amor por el hombre sea
demasiado grande para que podamos hacernos verdaderamente capaces
de él. Tal vez, oh Padre, tu misericordia siga
pareciéndonos sólo debilidad y tu juicio se presente
a nuestros ojos como demasiado duro.
Oh
Dios, envía tu Espíritu para que asista a nuestra
escucha, a fin de que seamos capaces de darnos cuenta de la
responsabilidad que tenemos en tu juicio y de nuestra fragilidad
en tu perdón: así encontraremos siempre las palabras
con las que darte gracias y alabarte por las bendiciones que
continuamente nos reservas.
CONTEMPLATIO
Alma
mía, bendice al Señor. Dile,
dile al alma tuya: aún estás en esta vida, aún
llevas sobre ti una carne frágil y un cuerpo corruptible
que la trae hacia el suelo; aún, pese a la integridad de la
remisión, recibiste la medicina de la oración; aún
dices, no es verdad?, en tanto curan bien tus debilidades:
Perdónanos
nuestras deudas.
Dile,
pues, a tu alma, valle humilde, no collado erguido; dile a tu
alma: Bendice, alma mía, al Señor y no quieras
olvidar ninguno de sus favores. Qué favores? Dilos,
enuméralos y agradécelos. Él perdona todos
tus pecados. Esto aconteció en el bautismo. Y ahora? Él
sana todas tus enfermedades. Esto ahora lo reconozco (Agustín,
Sermón 124, 4 [edición española de
Amador del Fueyo, BAC, Madrid 1952]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ánimo,
hijo, tus pecados te quedan perdonados"(Mt
9,2b).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
tiempo de Dios no es el nuestro. Tú no puedes contarle a
Dios los años y los días; Dios es fiel. Puedo
escrutar los signos de este día como los centinelas
apostados durante la noche acechan los signos de la aurora [...].
Esta gracia tiene un precio muy elevado, no es una gracia barata.
Requiere vaciamientos y abandonos, requiere la renuncia a sí
mismo, requiere que respondamos de modo franco a la pregunta que
ha emergido en la cultura más reciente: "No seré
tal vez, por el hecho de ser, un asesino?". O sea, si me
aislo en mi yo, convirtiendo mi propio ser en el bien absoluto y
en el centro de todas las cosas, no suscito así el
resentimiento del otro, que se planta ante mí como enemigo?
Pensad en lo que dice fray Cristóbal a Lorenzo frente al
jergón de Don Rodrigo, que está muriendo en la
leprosería: "Tal vez la salvación de este
hombre y la tuya dependan ahora de ti, de un sentimiento tuyo de
perdón, de compasión... de amor". Comprendéis?
Amar al que le había arruinado la vida (I. Mancini, Tre
follie, Milán 1986, p. 24).
Día
5
Viernes de la semana XIII del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Amos 8,4-6.9-12
4
Escuchad
esto, los que aplastáis al pobre y tratáis de
eliminar a la gente humilde,
5
vosotros,
que decís: "Cuándo pasará la luna nueva,
para poder vender el trigo; el sábado, para dar salida al
grano? Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio y
falsearemos las balanzas para robar;
6
compraremos
al desvalido por dinero, y al pobre por un par de sandalias;
venderemos hasta el salvado del trigo".
9
Aquel
día, oráculo del Señor, haré que el
sol se ponga a mediodía, y en pleno día cubriré
la tierra de tinieblas.
10
Convertiré
en duelo vuestras fiestas, y en lamentaciones vuestros cánticos;
haré que os vistáis de sayal, y que toda cabeza sea
rapada. Será un duelo como por el hijo único, y todo
acabará en amargura.
11
Vienen
días, oráculo del Señor, en que yo enviaré
el hambre a este país, no hambre de pan ni sed de agua,
sino de oír la Palabra del Señor.
12
Irán
tambaleándose de mar a mar, del norte al este andarán
errantes, buscando la Palabra del Señor, y no la
encontrarán.
**•
La primera parte del fragmento del profeta dibuja el cuadro de las
"prioridades" de aquellos que, pecando, aplastan al
pobre y tratan de eliminar a los humildes.
Mediante
un discurso directo -como para referir sus propios pensamientos-
se retrata toda una mentalidad, toda una orientación de
vida. Es central aquí la revuelta contra la medida mensual
y semanal del tiempo, que obstaculiza su comercio y se convierte
asimismo en oportunidad de fraude.
La
segunda parte elabora la reacción del Señor a esta
infidelidad con la alianza concluida con él. La puesta del
sol a mediodía constituye el gran signo del "día
del Señor", en que dominará el duelo y en
el que, no obstante, la "pena" más grave será
la "extinción de la profecía ", la de una
insaciable hambre y sed de la Palabra de Dios. La retirada de Dios
del mundo, como la luz de la tierra, será el desenlace de
los que errarán sin meta, "buscando la Palabra del
Señor, y no la encontrarán" (v. 12b).
Salmo Responsorial
No
sólo de pan vive el hombre, sino
de toda palabra que sale de la boca de Dios
Salmo
118
Dichoso
el que, guardando sus preceptos, lo
busca de todo corazón. R/.
No
sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios
Te
busco de todo corazón, no
consientas que me desvíe de tus mandamientos. R/.
No
sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios
Mi
alma se consume, deseando continuamente
tus mandamientos. R/.
No
sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios
Escogí
el camino verdadero, deseé
tus mandamientos. R/.
No
sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios
Mira
cómo ansío tus decretos: dame
vida con tu justicia. R/.No sólo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios
Abro
la boca y respiro, ansiando
tus mandamientos. R/.No sólo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios
Evangelio:
Mateo 9,9-13
En
aquel tiempo,
9
cuando
se marchaba de allí, vio Jesús a un hombre que se
llamaba Mateo, sentado en la oficina de impuestos, y le dijo:
-Sígueme. El se levantó y le siguió.
10
Después,
mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Mateo,
muchos publícanos y pecadores vinieron y se sentaron con él
y sus discípulos.
11
Al
verlo, los fariseos preguntaban a sus discípulos: -Por qué
come vuestro maestro con los publícanos y los pecadores?
12
Les
oyó Jesús y les dijo: -No necesitan médico
los sanos, sino los enfermos.
13
Entended
lo que significa: misericordia
quiero y no sacrificios; yo
no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
**•
La probable unificación de dos relatos originariamente
diferentes asume en el evangelio de Mateo la fuerza de una
catequesis sobre el pecado y sobre la reconciliación.
El primero se centra en la
vocación del pecador-recaudador Mateo, llamado por Jesús
(esto es ya algo sorprendente), que se determina a seguirle (lo
que es aún más inconcebible). El segundo confirma
esta relación entre Jesús y los pecadores en la
modalidad de la comida. Jesús anuncia la misericordia, que
es el elemento eminente que se encuentra por encima incluso de
algo que se observaba con mayor asiduidad en el plano religioso,
precisamente el sacrificio. La interpretación de la cita de
Oseas: "Misericordia
quiero y no sacrificios" no
debe ser exacerbada y radicalizada, puesto que corresponde
asimismo, desde el punto de vista literario, a una superioridad
que se expresa en forma de contraposición: para expresar el
primado de la misericordia sobre el sacrificio, se niega el
segundo con la primera.
MEDITATIO
Tener
hambre y sed no de pan y agua, sino de la Palabra del Señor
constituye la gran experiencia de los profetas, y también
del profeta que hay en cada cristiano.
"No
sólo de pan vive el hombre", dice
Jesús cuando es tentado en el desierto. La verdadera
tentación para el hombre es la pérdida de la
percepción del hambre de la Palabra que le hace vivir, por
encima del hambre del pan que lo alimenta. Sin embargo, el castigo
sobre Israel procede de un pecado que podríamos definir
como "reducción del tiempo" (el novilunio, el
sábado) para cálculos oportunistas y personales,
como ocasión para concluir negocios, para obtener
beneficios inmediatos.
"Convertiré
en duelo vuestras fiestas, y en lamentaciones vuestros cánticos":
no
tiene que hacer gran cosa el Señor para infligir este
castigo. El hombre obtiene por sí mismo su propio castigo.
Pierde el sentido del tiempo como amor y misericordia y lo
recupera, sin embargo, en la "comida con los pecadores",
en el compartir la necesidad de perdón que le abre a la
salvación y a la dicha.
ORATIO
Haz,
Señor, que, cuando nos acerquemos a tu mesa, nos acordemos
siempre de nuestra doble vestimenta: nosotros te acogemos como
huésped nuestro para que tú nos acojas como
huéspedes tuyos. Sólo así, a través de
este misterio de comunión, que es superación del
pecado y don de salvación, podremos evitar que nuestro
culto se trueque en lamento, en un cumplimiento vacío o en
una repetición enajenadora.
Que
tu Palabra y tu sangre, oh Jesús, nos vuelvan raudos al
designio que has preparado para nosotros: tú has realizado
ya lo que nosotros tenemos aún por delante como tarea, pero
nos acompañas –eternamente solidario- también
en nuestro trabajo cotidiano.
Haz
que podamos descubrir siempre en nuestra tarea tu don.
CONTEMPLATIO
Si
deseamos interpretar más a fondo este episodio, diremos que
Mateo no sólo ofrece al Señor de la tierra un
banquete material en su casa, sino que le prepara un banquete
mucho más agradable en su morada interior gracias a la fe y
al amor, según lo que el mismo Cristo ha dicho: "-Mira
que estoy llamando a la puerta.
Si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y
cenaré con él y él conmigo" (Ap
3,20). El Señor está en la puerta y llama cuando
infunde en nuestro corazón la llamada de su voluntad, tanto
a través de la palabra de un doctor como por inspiración
directa [...].
Entra
para sentarse a la mesa, él con nosotros y nosotros con él
(Beda el Venerable, Homilías sobre el evangelio, I,
21).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Por
qué come vuestro maestro con los publícanos y los
pecadores?"(Mt
9,11).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
hambre es mi lugar nativo en la tierra de las pasiones. Hambre de
comunión, hambre de rectitud; comunión basada en la
rectitud, y rectitud alcanzada a través de la comunión.
Sólo
la vida podrá responder a las preguntas planteadas por la
vida. Esta hambre se sacia sólo plasmando la vida de modo
que mi individualidad sea un puente hacia los otros, una piedra en
el edificio de la rectitud. No nos hemos de temer a nosotros
mismos, sino vivir nuestra propia individualidad de manera
acabada, buscando el bien. No hemos de seguir a los otros para
adquirir la comunión, no hemos de erigir las convenciones
en leyes en vez de vivir la rectitud. Libre y responsable.
Sólo
uno fue creado así, y si nos traiciona, su contribución
faltará eternamente (D. Hammerskjold, Tracce di cammino,
Milán 1997, p. 77).
Día
6
Sábado de la semana
XIII del Tiempo ordinario o 6 de julio,
Santa María Goretti
María
Goretti nació en Corinaldo (Italia), hija de Luigi Goretti
y Assunta Carlini, el 16 de octubre de 1890. Fue bautizada el 17
de octubre en la iglesia de San Francisco, en Corinaldo, y recibió
los nombres de María y Teresa. El 1 2 de diciembre de 1896,
la familia Goretti se trasladó desde Corinaldo a Colle
Granturco, en las proximidades de Paliano, y, más tarde, en
febrero de 1 899, a Le Ferriere di Conca, en la Caseína
Antica, hoy Borgo Montello (Latina).
Fue
agredida y herida de muerte por Alessandro Serenelli el 5 de julio
de 1902, a las tres y media de la tarde. Murió y fue
sepultada en Nettuno, o la edad de once años, el 6 de julio
de 1902, a las tres y medio de la tarde. El proceso informativo
fue iniciado en Abano el 31 de mayo de 1935. Pío XII
reconoció la autenticidad del martirio de María el
25 de marzo de 1945. La declaró beata el 27 de abril de
1947, y santa, el 24 de junio de 1950.
LECTIO
Primera
lectura: Amos 9,11-15
Así
dice el Señor:
11
Aquel
día, levantaré la choza caída de David;
repararé sus brechas, levantaré sus ruinas y la
reconstruiré como en los tiempos antiguos,
12
para
que conquisten el resto de Edom y todas las naciones en las que se
invoca mi nombre. Oráculo del Señor, que cumplirá
todo esto.
13
Vienen
días, oráculo del Señor, en los cuales el que
ara pisará los talones al segador, y el que vendimia al
sembrador. Los montes harán correr el mosto, y destilarán
todos los collados.
14
Yo
cambiaré la suerte de mi pueblo Israel: reconstruirán
las ciudades devastadas y vivirán en ellas, plantarán
viñas y beberán su vino, cultivarán huertas y
comerán sus frutos.
15
Yo
los plantaré en su tierra, y nunca más serán
arrancados de la tierra que yo les di, dice el Señor tu
Dios.
**•
El libro de Amos se cierra con estos versículos cargados de
esperanza y de promesas, muy diferentes del tono áspero y
severo que atraviesa el resto del libro.
Dios
agracia, perdona y rescata a Israel; prepara un día que
será de plena reconciliación, de verdadera paz, de
profunda armonía. La restauración de Israel asume
así rasgos indudablemente mesiánicos, con imágenes
del mundo agrícola, de arraigo en la tierra y de permanente
residencia en ella. Comer y beber en paz en la propia tierra: ésa
es la imagen del futuro reconciliado de Israel; la idea del
retorno y de la imposibilidad de cualquier "desarraigo"
ulterior reafirman al final la gracia, la fidelidad y la
misericordia infinita de Dios.
Salmo Responsorial
Dios anuncia la paz a su pueblo
Salmo
84
Voy
a escuchar lo que dice el Señor: «Dios
anuncia la paz a
su pueblo y a sus amigos y
a los que se convierten de corazón.» R/.
Dios
anuncia la paz a su pueblo
La
misericordia y la fidelidad se encuentran, la
justicia y la paz se besan; la
fidelidad brota de la tierra, y
la justicia mira desde el cielo. R/.
Dios
anuncia la paz a su pueblo
El
Señor nos dará la lluvia, y
nuestra tierra dará su fruto. La
justicia marchará ante él, la
salvación seguirá sus pasos. R/.
Dios
anuncia la paz a su pueblo
Evangelio:
Mateo 9,14-17
En
aquel tiempo,
14
se
le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: -Por
qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos
no ayunan?
15
Jesús
les contestó: -Es que pueden estar tristes los amigos del
novio mientras él está con ellos? Llegará un
día en que les quitarán al novio; entonces ayunarán.
16
Nadie
pone un remiendo de paño nuevo a un vestido viejo, porque
lo añadido tirará del vestido y el rasgón se
hará mayor.
17
Tampoco
se echa vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el
vino se derrama y se pierden los odres. El vino nuevo se echa en
odres nuevos, y así se conservan los dos.
*••
También en este fragmento evangélico trata Mateo la
relación de Jesús con el pecado y con la
reconciliación. En el centro, como en el fragmento
precedente, se encuentra el acto de la comida, no ya considerado
como ámbito de relación, sino en cuanto tal, en
cuanto posible acto de renuncia, de sacrificio y de tristeza.
En
realidad, el eje del evangelio de hoy es la relación entre
lo nuevo y lo viejo, que había caracterizado ya al
evangelio de Mateo en el extenso "sermón del monte".
El ayuno no cuadra con la presencia del esposo en medio de la
comunidad. Jesús es el esposo, el resucitado, presente en
medio de la Iglesia "hasta el fin del mundo". El
ayuno experimenta así, para el cristiano, gracias también
a estas expresiones, una gran transformación: de expresión
de luto se convierte en manifestación de la expectativa
confiada por el retorno del Señor.
El
cristiano celebra realmente la muerte del propio Señor
resucitado cada vez que come y bebe el pan y el vino: no es el
ayuno, sino la comida lo que permite y simboliza la memoria de la
cruz, victoria sobre el pecado y don de salvación.
MEDITATIO
En
la historia de María Goretti resplandecen los textos
bíblicos con una actualidad luminosa e iluminadora. María
nació en el seno de una familia convencida de que la vida,
aunque sea pobre y dura, es un don de Dios.
Día
tras día, en medio de la humilde fe de los puros y de los
sencillos, fue creciendo en ella una convicción. La
respuesta más bella a la "vida como don" es
vivirla como entrega a Dios y a aquellos a quienes Dios pone en
nuestro camino. Con una peculiaridad esencial: el secreto de la
entrega a los otros en plenitud está en dejar a Dios la
posibilidad de "hacernos"- "recrearnos" como
don. El "Don" por excelencia, en la tradición de
la Iglesia, es el Espíritu Santo. María Goretti, de
manera análoga a María de Nazaret, se dejó
habitar por el Don y apareció como entrega.
La
belleza interior de María Goretti se ha revelado en su
testimonio de virgen y mártir. La gracia del Espíritu
y la belleza de la santidad de Dios se expresan asimismo como
inocencia respecto al mal y al pecado. De ahí que María
Goretti prefiriera permanecer en la amistad con Dios, aun a costa
de su propia vida. La confiada invocación a él como
Padre, único aliado y refugio frente a la ciega violencia
de los hombres, es el grito de la genuina fe bíblica. La
convicción profunda de que el mal, en apariencia señor
del mundo, no conseguirá la victoria definitiva sobre el
bien es, en María Goretti, una visión clara de la
historia de la salvación.
Estos
pensamientos pueden parecer una reflexión piadosa. La fe y
la fidelidad de María Goretti van, no obstante, mucho más
allá. Iluminan no sólo su presente y su futuro de
víctima sacrificial; le sugieren que la misericordia de
Dios tiene siempre una última palabra que decir tanto al
primero como al último de los hijos de Caín: que su
sangre, unida misteriosamente a la sangre de Dios, recaiga como
invitación a la conversión sobre el agresor. La
víctima inocente y el verdugo arrepentido, juntos en el
Reino.
En
síntesis: también en nuestros días la Palabra
de Jesús es espíritu y vida. El grano de trigo, al
morir, da la vida. María Goretti es símbolo y
garantía, aun en nuestros días, de la presencia de
Cristo, salvador y redentor.
Le
siguió por gracia, y por gracia fue su testigo fiel, en la
plenitud del misterio pascual de muerte y de resurrección.
ORATIO
Niña
de Dios, tú que conociste pronto la dureza y la fatiga y
las breves alegrías de la vida, tú que fuiste pobre
y huérfana, tú que amaste al prójimo
incansablemente haciéndote sierva humilde y atenta, tú
que fuiste buena sin enorgullecerse, que amaste el amor sobre
cualquier otra cosa, tú que derramaste la sangre para no
traicionar al Señor, tú que perdonaste a tu asesino,
deseándole el paraíso, intercede por nosotros junto
al Padre, a fin de que digamos "sí" al designio
de Dios sobre nosotros.
Tú
que eres amiga de Dios y le ves cara a cara, obtennos de él
la gracia del testimonio evangélico, siempre y por doquier.
Te agradecemos, Marietta, el amor a Dios y a los hermanos que
sembraste en nuestro corazón (de la oración de
Juan Pablo II).
CONTEMPLATIO
María
Goretti no es "la santa de los cinco minutos". Lo fue
durante toda su vida, breve, escondida y silenciosa, encerrada en
el lapso de poco menos de doce años. Fue la suya una vida
preciosa por estar modelada sobre la de Jesús, en el
misterioso retiro de Nazaret.
Doce
años de vida familiar acompasados por la oración y
por el trabajo, y ofrecidos con la transparencia de las virtudes
evangélicas, transfiguradas plenamente en la hora del
martirio.
De
ello son testigo sus palabras, nacidas de la vida cotidiana,
fragantes de mansedumbre y de humildad del corazón.
Palabras florecidas en sus labios, conservadas y referidas con
admiración por quienes la vieron crecer, en la escuela del
Espíritu Santo. Citemos algunas de sus expresiones,
recordadas en el proceso de canonización.
A
la muerte de su padre: "Ánimo, mamá, no tengas
miedo, que ya nos hacemos mayores. Basta con que el Señor
nos conceda salud. La Providencia nos ayudará. !Lucharemos
y seguiremos luchando!". "Mamá, no te preocupes;
Dios no nos abandonará". Y para animar a su madre:
"Ahora pensaré yo en llevar adelante la casa".
"Mamá, cuándo recibiré la comunión?".
A su hermana Teresa: "Teresa, cuándo volveremos a
recibir a Jesús?". A Alejandro: "Pero qué
haces, Alejandro? Dios no está contento, vas a ir al
infierno".
Apenas
salida del quirófano, le susurra a su madre: "Mamá,
querida mamá, ahora estoy bien... Cómo están
mis hermanos y hermanas? Estarás aquí esta noche?".
A María la devora la sed y le pide a su madre: "Mamá,
dame una gota de agua". El capellán del hospital la
asiste paternalmente y, en el momento de darle la sagrada
comunión, la interroga: "María, perdonas de
todo corazón a tu asesino?". Ella, reprimiendo una
instintiva repulsión, le responde: "Sí, le
perdono por el amor de Jesús, y quiero que él
también venga conmigo al paraíso. Quiero que esté
a mi lado... Que Dios le perdone, porque yo ya le he perdonado".
ACTIO
Repite
y medita durante el día estas palabras: "Jesús,
acuérdate de mí cuando vengas como rey"(Le
23,42).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
símbolo más distintivo de la espiritualidad
gorettiana es, ciertamente, el buen gobierno de la casa [...]. La
enseñanza es evidente: el camino de la santidad es posible
realizarlo en familia, en el servicio humilde y puntual, en la
oración y en el respeto: un camino hacia Dios encontrado en
la vida diaria. La "espiritualidad de la casa" nos
recuerda la vida de la sagrada familia de Nazaret, y Marietta se
convierte en imagen de este mensaje para nuestro tiempo.
Santa
María Goretti nos deja precisamente como recuerdo de su
paso por la tierra tres casas. En Corinaldo está su casa
natal, en Le Ferriere, la casa del martirio: dos lugares que
hablan por sí solos y que se han convertido ahora en
centros de oración y de meditación. Falta en la
lista la casa de Paliano. Es el eslabón que falta en esta
tríada gorettiana. María Goretti vivió tres
años en la casa de Paliano. Allí encontró a
Alessandro Serenelli, su futuro agresor, y a los padres
pasionistas, beneméritos en el reconocimiento de la
santidad de María (G. Alberti, Abaría Goretti,
Roma 2000, p. 263).
Día
7
Domingo XIV del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Ezequiel 2,2-5
En
aquellos días,
2
el
espíritu entró en mí, me hizo poner en pie y
oí al que me hablaba.
3
Me
dijo: -Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a ese
pueblo rebelde, que se ha rebelado contra mí lo mismo que
sus antepasados hasta el día de hoy.
4
Te
envío a esos hijos obstinados y empedernidos.
5
Les
hablarás de mi parte, te escuchen o no, pues son un pueblo
rebelde, y sabrán que en medio de ellos hay un profeta.
*••
Se narra aquí la vocación ejemplar de un profeta. De
Ezequiel sabemos que era "hijo de Buzí",
sacerdote por nacimiento (1,1), pero la voz de Dios le llama aquí
"hijo de 'adam"; ya no le llama sacerdote, sino
simplemente "hombre", es decir, "hecho de tierra"
(íadamah, "tierra" en hebreo), frágil,
mortal. Sobre este hombre se derrama el Espíritu de Dios,
que viene a poner de pie al que estaba postrado en tierra,
confiriéndole el poder divino (dynamis en el Nuevo
Testamento) para proclamar la Palabra de manera eficaz. A la
acción de Dios corresponde, por parte de Ezequiel,
permanecer a la escucha: a la Palabra le corresponde la escucha.
De
repente, la misión del profeta aparece como algo
extremadamente difícil, como algo que cuesta: es una misión
que tiene que ver con el "endurecimiento del corazón",
con la obstinación de unos hijos que se han rebelado contra
su Padre, una rebelión que se manifiesta en el "no
escuchar" (v. 5). Ni siquiera la Palabra y el poder del
Espíritu pueden constreñir la libertad del hombre
para acoger la revelación de Dios. El profeta se levanta
entonces, solitario, como signo de contradicción, como
piedra de tropiezo para los que corren hacia su propia ruina.
Salmo
responsorial Nuestros
ojos están en el Señor, esperando su misericordia
Salmo 122, 1b-2b. 2cdefg. 3-4
A ti levanto mis ojos, a ti que habitas
en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos
en las manos de sus señores.
Como están los ojos de la
esclava fijos en las manos de su señora, así
están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
Misericordia,
Señor, misericordia, que estamos saciados de
desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo
de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos.
Segunda
lectura: 2 Corintios 12,7-10
Hermanos:
7
Precisamente
para que no me sobreestime a causa de tan sublimes revelaciones,
tengo un aguijón clavado en mi carne, un agente de Satanás
encargado de abofetearme para que no me enorgullezca.
8
He
rogado tres veces al Señor para que apartase esto de mí,
9
y
otras tantas me ha dicho: "Te basta mi gracia, ya que la
fuerza se pone de manifiesto en la debilidad". Gustosamente,
pues, seguiré presumiendo de mis debilidades, para que
habite en mí la fuerza de Cristo.
10
Y
me complazco en soportar por Cristo flaquezas, oprobios,
necesidades, persecuciones y angustias, porque cuando me siento
débil es cuando soy fuerte.
**•
Tras haber recordado a sus amados corintios (que, sin embargo,
causan tantos sufrimientos al apóstol) la sublimidad de las
revelaciones recibidas, y a fin de demostrar que su misión
procede verdaderamente de Dios, Pablo se muestra ahora con toda su
humana debilidad; más aún, "presume" de
ella, del mismo modo que en otra ocasión había
presumido de la cruz de Cristo (cf. 1 Cor 1,17-31). Al final de la
carta tenemos la demostración de que Pablo entiende su
propia debilidad exactamente siguiendo el modelo de la debilidad
del Señor: "Es verdad que se dejó crucificar en
su débil naturaleza humana, pero ahora vive por la fuerza
de Dios. Así también nosotros, que compartimos con
él su debilidad, compartiremos con él su poderosa
vida divina a la hora de enfrentarme con vosotros" (2 Cor
13,4).
Del
mismo modo que la cruz produce escándalo, también la
fragilidad humana del apóstol (descrita en forma de
persecuciones, insultos, divisiones en la comunidad, enfermedad,
angustia) puede provocar una reacción de desconfianza y de
miedo en los corintios, pero eso es precisamente el signo
inconfundible de que su misión apostólica es de
Dios, dado que lleva consigo la marca inconfundible de la cruz.
Evangelio:
Marcos 6,1-6
En
aquel tiempo,
1
salió
Jesús de allí y fue a su pueblo, acompañado
de sus discípulos.
2
Cuando
llegó el sábado se puso a enseñar en la
sinagoga. La muchedumbre que lo escuchaba estaba admirada y decía:
-De dónde le viene a éste todo esto? Qué
sabiduría es esa que le ha sido dada? Y esos milagros
hechos por él?
3
No
es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano
de Santiago, de José, de Judas y de Simón? No están
sus hermanas aquí entre nosotros? Y los tenía
desconcertados.
4
Jesús
les dijo: -Un profeta sólo es despreciado en su tierra,
entre sus parientes y en su casa.
5
Y
no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo
curó a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
6
Y
estaba sorprendido de su falta de fe. Jesús recorría
las aldeas del contorno enseñando.
**•
El episodio desarrollado en la sinagoga de Nazaret, situado al
final del primer ciclo de milagros del evangelio de Marcos,
representa el rechazo de Israel respecto a la revelación de
Dios en Jesús. Aquí no se entiende propiamente por
"Israel" el nombre de un pueblo, sino los que son más
íntimos a Jesús, la gente de su tierra, de su casa.
La
escena se desarrolla en el camino de regreso de la casa de Jairo,
en el pueblo de Nazaret (tan pequeño e insignificante que
ni siquiera aparece nombrado en el Antiguo Testamento), a donde
sabemos que había llegado la noticia de los prodigios
(dynámeis) realizados por él en toda la Galilea (cf.
v. 2).
La
primera reacción, después de haber escuchado su
Palabra autorizada, es la de "admiración", una
señal del evangelista para indicar el carácter de
revelación de la predicación de Jesús. Las
cinco preguntas que siguen indican, sin embargo, la duda de sus
hermanos y conocidos: el problema tiene que ver, esencialmente,
con el origen de Jesús ("De dónde..."), lo
que equivale a decir que el conocimiento directo de su ambiente
familiar les impide reconocer en él al enviado de Dios.
Jesús sigue siendo para ellos únicamente "el
carpintero" del pueblo, el "hijo de María".
La imposibilidad de hacer milagros en la que se encuentra Jesús
pretende significar que la incredulidad, en cuanto rechazo de la
oferta salvífica de Dios, impide la manifestación de
cualquier acontecimiento de salvación. Frente a ese
rechazo, Jesús "estaba sorprendido" (única
vez en Marcos), y toma sus distancias respecto a ellos, declara su
"no-connivencia" con su falta de fe, para mostrar el
contraste radical entre el plano de la salvación de Dios y
la incredulidad de los hombres.
Lo
que provoca el escándalo es la pretensión del
hombre-Jesús de situarse como lugar de la revelación
de Dios, escándalo que alcanzará su punto más
elevado en la muerte del Hijo de Dios en la cruz.
MEDITATIO
El
escándalo, o el "endurecimiento del corazón"
(cf. Ez 2,4), la incredulidad de quien ha sido llamado a
contemplar la revelación de Dios, constituye el hilo
conductor de las perícopas bíblicas que acabamos de
leer.
Está
provocado esencialmente por la manifestación del poder de
Dios en una forma frágil, débil: el profeta es
rechazado por sus hermanos por ser también un simple 'adam;
no se da crédito al apóstol porque se presenta de un
modo completamente ordinario, casi sumiso. En el centro se
encuentra el hombre-Jesús, capaz de dar un sentido
definitivo a la historia de todos los pobres de la tierra, con su
reafirmación de la necesidad de la lógica de la
cruz. Ésta es necesaria porque ha sido querida por Dios,
porque le ha complacido manifestarse así: en el devenir de
un pueblo situado en un ínfimo rincón de la tierra y
de la historia, en la pobre casa de una muchachita de un oscuro
pueblo de Galilea, a través de la ejecución de una
condena a muerte en un lívido día de abril, sobre el
Gólgota.
En
esta historia, casi loca, se produce siempre, no obstante, el
mismo milagro: el 'adam es levantado de la tierra, el Espíritu
se manifiesta en la acción irresistible del gesto y de la
palabra de un hombre cualquiera, el sepulcro no se queda cerrado y
habitado por la Muerte, sino que se abre de par en par para dejar
salir la Vida para siempre. Así obra Dios, porque está
decidido a salvar al hombre: a todo hombre, a todo el hombre.
ORATIO
Oh
Padre, queremos darte gracias por habernos hecho precisamente así:
criaturas frágiles y mortales, pero salidas de tus manos y
portadoras de tu impronta. Frente a la Palabra que llama
"bienaventurados" a quienes no se escandalizan de ti y
de tu Hijo, te entregamos todas nuestras dudas, nuestra
incredulidad, los miedos líenle a la manifestación
de nuestra debilidad, que nos recuerda a renglón seguido
que estamos hechos de tierra, aunque nuestro deseo sea infinito.
No
queremos encontrarnos entre los que no han podido contemplar tus
maravillas por estar demasiado replegados examinando nuestra
propia humanidad, considerando nuestros propios límites y
los de los otros: líbranos del miedo al hombre. Entréganos
tu mirada de Padre y de Madre que ha engendrado su espléndida
criatura, tu mirada tranquilizadora y fraterna de Salvador,
solidaria con nosotros por obra del Espíritu, para acoger,
en este mismo amor de perdón y compasión, a nosotros
mismos y a cada hombre y mujer como inestimable don tuyo.
CONTEMPLATIO
Tienes
arriba el Cristo dadivoso, tienes abajo el Cristo menesteroso.
Aquí es pobre y está en los pobres. El ser aquí
pobre Cristo no lo decimos nosotros; lo dijo él mismo:
"Tuve hambre, tuve sed, estaba desnudo, carecí de
hogar, estuve preso". Y a unos les dijo: "Me
socorristeis"; a otros: "No me socorristeis". Queda
probado ser pobre Cristo; que sea rico lo ignora alguien? Este
mismo trocar el agua en vino habla de su riqueza, pues si es rico
quien tiene vino, cuan rico no ha de ser quien hace el vino? Luego
Cristo es a la vez rico y pobre: cuanto Dios, rico; cuanto hombre,
pobre. Cierto, ese Hombre subió ya rico al cielo, donde se
halla sentado a la diestra del Padre, mas aquí, entre
nosotros, todavía padece hambre, sed y desnudez (Agustín,
Homilía 123).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tu
poder, Señor, se manifiesta plenamente en mi debilidad".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Quién
es más frágil de los dos? El que recibo en la
comunión? [...] El pequeño ser al que querían
degollar para quitarlo de en medio, sin ninguna protección
que no fuera la de María y la de José y, en la
eucaristía, la de la Iglesia? Cuando encuentres a un
emigrante, sentirás deseos de entrar en comunicación
con él o le tendrás miedo?
El
que recibo en la comunión? [...] El que carece de morada
fija y para el que hasta una piedra hubiera sido una blanda
almohada, que te pide alimento y cobijo en la eucaristía?
Por qué no invitas a tu casa a esta o aquella familia de
gitanos a la que se hace acampar desde hace ya mucho tiempo detrás
de la empalizada? !O es que tienes miedo? [...].
El
que recibo en la comunión? Un hombre que en la cruz no
puede mover ni siquiera un dedo, que casi no puede hablar, que
respira con esfuerzos sobrehumanos, herido por la misma impotencia
como en la eucaristía? Y tú? Amas a este hombre ante
un poliomielítico? O le tendrás miedo?
Pero
si es a él a quien amas, no tendrás miedo de nada.
Te atreverás a decirle: "Jesús, en su santa
eucaristía, es más pobre que tú, más
impotente que tú" (D. Ange, Le nozze di Dio aove !I
povero é re, Milán 1985, pp. 241 ss).
Día
8
Lunes de la semana XIV del Tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Oseas 2,16-18.21ss
16
Pero
yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y le hablaré
al corazón.
17
Le
devolveré sus viñedos, haré del valle de Acor
una puerta de esperanza y ella me responderá allí como
en los días de su juventud, como el día en que salió
de Egipto.
18
Aquel
día, oráculo del Señor, me llamarás "mi
marido", y no me llamarás "mi baal".
21
Te
desposaré conmigo para siempre, te desposaré en
justicia y en derecho, en amor y en ternura;
22
te
desposaré en fidelidad y tú conocerás al Señor.
*"•
El profeta Oseas escribió en tiempos de Jeroboán III
(713-743 a. de C. ), en un período bastante florido, desde el
punto de vista social, para Israel, aunque amenazado por la
prostitución del pueblo a los baales, ídolos cananeos
de la sexualidad, de la fecundidad, de la vegetación. La misma
mujer del profeta abandona a su marido y se convierte en prostituta
sagrada en un templo de Baal. Oseas, con la pena del corazón
traicionado, es introducido en un significado más amplio de
ese adulterio: no sólo su mujer, sino todo Israel es adúltero
respecto a Dios.
Y
en el hecho de que el profeta, por voluntad del Señor, vuelva
a tomar consigo a la mujer infiel comprende el autor sagrado que debe
expresar, con su propia vida y con su escrito, el drama de un Dios
hasta tal punto fiel a Israel que lo atrae de nuevo hacia sí
para renovarlo en un encuentro de profunda intimidad. Los "viñedos",
los bienes perdidos por Israel cuando abandonó al Señor,
él mismo -el esposo- los devolverá otra vez a la amada
que se convierte a él.
Israel,
yendo aún más al fondo en la alianza nupcial con Dios,
experimentará la transfiguración de las mismas
experiencias más dolorosas. Precisamente como el "valle
de Acor", un estrecho y oscuro desfiladero que evocaba
atroces recuerdos de estragos (cf. Jos 7,24ss), se convertirá
en "puerta de esperanza". Y será muy bello
-dice Oseas-, como en los tiempos de la liberación de Egipto,
dirigir cantos de amor a un Dios que desea cada vez más
apasionadamente unir a la creación consigo, renovándola
con sus dones nupciales.
Éstos
son la justicia, fuente de toda la acción de Dios que
une consigo a la esposa fiel; el derecho, que es defenderla
del mal; la ternura y ese amor intenso y tiernísimo
-rahamim- que caracteriza las nuevas relaciones del
Dios-Esposo con Israel-Esposa, convertida en lo más profundo
de su ser. De este modo es como la esposa "conocerá"
a su Dios: no de modo formal, exterior, sino en lo hondo del
corazón.
Salmo Responsorial
El Señor es clemente y misericordioso
Salmo 144
Día
tras día, te bendeciré y
alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande
es el Señor, merece toda alabanza, es
incalculable su grandeza. R/.
El Señor
es clemente y misericordioso
Una
generación pondera tus obras a la otra, y
le cuenta tus hazañas. Alaban
ellos la gloria de tu majestad, y
yo repito tus maravillas. R/.
El Señor
es clemente y misericordioso
Encarecen
ellos tus temibles proezas, y
yo narro tus grandes acciones; difunden
la memoria de tu inmensa bondad, y
aclaman tus victorias. R/.
El Señor
es clemente y misericordioso
El
Señor es clemente y misericordioso, lento
a la cólera y rico en piedad; el
Señor es bueno con todos, es
cariñoso con todas sus criaturas. R/.
El Señor
es clemente y misericordioso
Evangelio:
Mateo 9,18-26
En
aquel tiempo,
18
mientras
Jesús les decía esto, llegó un personaje
importante y se postró ante él diciendo: -Mi hija acaba
de morir, pero si tú vienes y pones tu mano sobre ella,
vivirá.
19
Jesús
se levantó y, acompañado de sus discípulos, le
siguió.
20
Entonces,
una mujer que tenía hemorragias desde hacía doce años
se acercó por detrás y tocó la orla de su manto,
21
pues
pensaba: "Con sólo tocar su vestido quedaré
curada".
22
Jesús
se volvió y, al verla, dijo: -Ánimo, hija, tu fe te ha
salvado. Y la mujer quedó curada desde aquel momento.
23
Al
llegar Jesús a casa del personaje y ver a los flautistas y a
la gente alborotando,
24
dijo:
-Marchaos, que la niña no ha muerto; está dormida. Pero
ellos se burlaban de él.
25
Cuando
echaron a la gente, entró, la tomó de la mano y la niña
se levantó.
26
Y
la noticia se divulgó por toda aquella comarca.
*••
Este relato presenta la típica estructura de encaje. Se trata,
en efecto, de dos episodios tan insertados entre sí que se
revelan como dos aspectos de una única realidad: la fe en
Jesús, que, si es auténtica, hace pasar de la muerte a
la vida. Jairo, jefe de la sinagoga de Cafarnaún, se postra
ante Jesús en casa de Mateo precisamente cuando estaba
hablando de bodas, de ropa nueva y de vino nuevo (cf. 9,16ss).
En su discurso de vida se inserta la pena de quien acaba de ver morir
a su hija de doce años (cf. Le 8,42), la edad de las
nupcias para los judíos. Jesús se dirige hacia la casa
de la difunta cuando una mujer, que sufría hemorragias desde
hacía doce años, le toca la orla de su manto,
persuadida, por la fe, de que "tocarle" significa salvarse.
Y eso es precisamente lo que le oye decir al Señor: "Animo,
hija, tu fe te ha salvado" (v. 22). Si perder sangre de
continuo simboliza la amenaza de la muerte, la curación de la
mujer es preludio de la victoria sobre la muerte que lleva a cabo
Jesús enseguida en casa de Jairo. Dice Jesús: "La
niña no ha muerto; está dormida" (v. 24).
En
efecto, allí donde se hace sitio a Jesús, que vivió
la muerte por nosotros en su persona y la "engulló"
con su resurrección (cf. 1 Cor 15,55), la muerte
corporal se convierte en "dormición", y dejarse
"tocar" por Jesús se convierte en certeza de
resurrección. La vida -como un caminar hacia la plenitud de
las bodas de amor eterno, teniendo plena confianza en Jesús-
encuentra en esta página una interpretación ejemplar.
Vivir es caminar en la fe, en esa fe que, en concreto, es "tocar"
y "dejarse tocar" por Cristo vivo en la Palabra, en la
eucaristía y en el prójimo.
MEDITATIO
Los
baales, los ídolos de muerte denunciados por Oseas, también
nos seducen hoy. Son el dinero, la ropa, el culto a la imagen, el
sexo, el hedonismo y también ese sutil, aunque obstinado,
dominio del ego, mediante el cual, incluso cuando hacemos el
bien, nos buscamos más a nosotros mismos y nuestras propias
gratificaciones que la gloria del Señor y la venida del Reino.
Sin embargo, nuestro corazón está profundamente
insatisfecho e inquieto. Es preciso escucharlo mientras grita la
desolación de su vacío, de ese adulterio que es dejar
perder a Dios en el torbellino del activismo, en la carrera hacia la
exageración para prostituirse con alguno de los ídolos
que hemos citado más arriba. Y es preciso que nos dejemos
conducir por el Señor "al desierto". Para ver
con perspicacia que la idolatría del vivir comprometidos con
las lógicas de este mundo no sólo es un insulto al
Señor de la vida, sino también una progresiva pérdida
de vida, como experimentaba la mujer antes de tocar la orla del manto
de Jesús, para todo esto, decíamos, resultan preciosos
algunos momentos de meditación. Poco a poco se pierde el gusto
por la oración, la alegría de hacer el bien, la
sensibilidad del "hacerse prójimo". Y, a la larga,
se va apagando la vida espiritual. Hay muertos ambulantes con mucho
activismo por dentro y apariencia -!puede darse!- de bien.
Con
todo, es posible la salvación. Se llama Jesús. Éste
sólo pide que le conozcamos, aunque en lo profundo del
corazón: con ese conocimiento de la fe que es "tocarle"
como la mujer del evangelio y "dejarse tocar " (coger por
la mano) por él como la niña de doce años que se
levanta. Jesús es el Esposo que libera a quien habita en las
tinieblas (en el vacío) y en sombras de muerte (todo
adulterio, prostitución a los ídolos).
Con
todo, es preciso entrar en contacto con él con una fe orante.
ORATIO
Señor
Jesús, me reconozco idólatra y, con frecuencia,
adúltero. Tú me hablas con gran amor. Derrama tu
espíritu para que me deje coger y conducir a ese desierto
interior que, de lugar de horrible vacío y de muerte, se puede
convertir en lugar de intimidad nupcial contigo, si busco momentos de
silencio y de retirada al corazón habitado por ti. Es en el
corazón donde llamo: aumenta en mí la fe que es
precisamente la experiencia del "tocarte" y del "dejarme
tocar" por ti.
Si
el Espíritu suscita en mí la voluntad de tocarte y de
ser tocado por ti, orando, recibiéndote eucarísticamente
vivo en la comunión, entrando en contacto con el prójimo
con la conciencia de entrar en contacto contigo, entonces vencerás
en mí el sentido de pérdida de las energías
espirituales, la muerte que advierto si me separo de ti. Gracias a
esta fe, al tocarte, te conozco matrimonialmente y experimento que en
mi vivir o todo se revela como muerte o todo -incluido el dolor- se
transfigura y se convierte en ti.
CONTEMPLATIO
!Tarde
te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo
fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre
estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas
conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti
aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y
resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré,
y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me
tocaste, y abráseme en tu paz (Agustín, Las
confesiones, X, 27, 38, edición española de Ángel
Custodio Vega, BAC, Madrid 51968).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Aumenta
mi fe y sálvame, Señor".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
!Cómo
quisiera, amigo de Dios, que estuvieras siempre lleno del Espíritu
Santo en esta vida! "Os juzgaré en !a condición
en que os encuentre", dice el Señor [cf. Mt
24,42; Me 13,33-37; Lc 19,12ss). !Ay de nosotros si nos encuentra
cargados de preocupaciones y fatigas terrestres!
Es
cierto que toda buena acción hecha en nombre de Cristo
confiere la gracia del Espíritu Santo, pero la oración
lo hace más que cualquier otra cosa, ya que siempre está
a nuestra disposición.
Podrías
sentir el deseo, por ejemplo, de ir a la iglesia, pero la iglesia
está lejos o bien han acabado los oficios; podrías
sentir deseos de hacer limosna, pero no encuentras a ningún
pobre o bien no tienes monedas en el bolsillo; es posible que
quisieras encontrar alguna otra buena acción para hacerla en
nombre de Cristo, pero no tienes fuerza suficiente o bien no se te
presenta la ocasión; nada de todo esto, sin embargo, afecta a
la oración: todo el mundo tiene siempre la posibilidad de
orar.
Es
posible valorar la eficacia de la oración, hasta cuando es un
pecador el que la hace, si la hace con un corazón sincero, a
partir de este ejemplo que nos refiere la santa Tradición: al
oír la imploración de una madre desgraciada que acababa
de perder a su único hijo, una prostituta, que había
encontrado por el camino y se sentía conmovida por la
desesperación de aquella madre, se atrevió a gritar al
Señor: "No por mí, indigna pecadora, sino a causa
de las lágrimas de esta madre que llora a su hijo y sigue
creyendo en tu misericordia y en tu omnipotencia, resucítalo,
Señor". Y el Señor lo resucitó. Amigo de
Dios, éste es el poder de la oración (I. Garainof,
Serafino di Sarov, Milán 1995, p. 161).
Día
9
Martes de la semana XIV del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Oseas 8,4-7.11-13
Así
dice el Señor:
4
Han
puesto reyes sin mi aprobación, han establecido príncipes
sin saberlo yo. Con su plata y su oro se han hecho ídolos,
para su propia ruina.
5
Me
repugna tu becerro, Samaría; mi cólera se enciende
contra ellos. Hasta cuándo estarán sin purificarse?
6
Viene
de Israel, lo ha hecho un artesano. !Eso no es Dios! Será,
pues, hecho astillas el becerro de Samaría.
7
Siembran
viento y cosechan tempestades; su grano no dará mies, ni la
espiga, harina; y si la da, extranjeros la devorarán.
11
Efraín
ha multiplicado los altares, pero sólo para pecar.
12
Aunque
les escriba miles de leyes, las considerarán como de un
extraño.
13
Les
gusta ofrecerme sacrificios y comer la carne inmolada. Pero el
Señor no los acepta, sino que recordará su
iniquidad, les tomará cuenta de sus pecados y tendrán
que volver a Egipto.
**•
El profeta Oseas manifiesta el amor de un Dios que es grande en
fidelidad y rico en misericordia. Sin embargo, proclama asimismo
la plena desaprobación de Dios respecto a la conducta de un
Israel corrupto, cuyo corazón ya no está con el
Señor. Estamos en tiempos de Jeroboán II y de las
intrigas que siguieron a su muerte: tiempos de egoísmos
desencadenados y de una religiosidad insincera. Se trata de la
alienación del querer gobernarse por sí mismos,
volviendo a elegir jefes no designados por Dios. El mismo culto,
al exteriorizarse cada vez más, se había contaminado
hasta construir, en tierra de Samaría, un becerro, que,
aunque no era al principio un ídolo, sino la expresión
de la presencia invisible de YHWH, se deslizó después
hacia la idolatría.
Oseas
alude al estallido de la "cólera de Dios": una
categoría bíblica que hemos de comprender de manera
adecuada. No es Dios un personaje colérico y vengador, sino
alguien que se expresa como Amor en todos los sentidos del
término. Precisamente por haber creado al hombre libre y
responsable de sus decisiones, lo deja a merced de las
consecuencias de la idolatría.
Que
experimenten los hombres lo que es un viento tempestuoso que
destruye el grano, lo que es un tallo sin espiga, lo que es una
cosecha presa de los extranjeros. El castigo -la "cólera-
es, por tanto, consecuencia del pecado y no un juicio externo
y arbitrario de Dios.
Cuando
la vida no está en sintonía con el culto,
multiplicar los altares es sinónimo de pecado. Se trata de
una clara alusión a la Ley del Sinaí. La alianza
nupcial (beríth) es la relación de
fondo establecida por Dios con su pueblo, aunque en las
condiciones precisas expresadas por la Ley. Por consiguiente,
sacrificar a Dios, olvidando lo que él quiere, es la
insinceridad que condena Oseas en nombre del Señor.
Precisamente esta insinceridad de la vida conducirá a
Israel a la esclavitud del exilio babilónico en el nuevo
Egipto.
Salmo Responsorial
Israel
confía en el Señor
Salmo
113B,3-4.5-6.7ab-8.9-10
Nuestro
Dios está en el cielo, lo
que quiere lo hace. Sus
ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura
de manos humanas. R/.
Israel
confía en el Señor
Tienen
boca, y no hablan; tienen
ojos, y no ven; tienen
orejas, y no oyen; tienen
nariz, y no huelen. R/.Israel
confía en el Señor
Tienen
manos, y no tocan; tienen
pies, y no andan. Que
sean igual los que los hacen, cuantos
confían en ellos. R/.Israel
confía en el Señor
Israel
confía en el Señor: él
es su auxilio y su escudo. La
casa de Aarón confía en el Señor: él
es su auxilio y su escudo. R/.
Israel
confía en el Señor
Evangelio:
Mateo 9,32-38
En
aquel tiempo,
32
mientras
los ciegos se iban, le presentaron un hombre mudo poseído
por un demonio.
33
Jesús
expulsó al demonio y el mudo recobró el habla. Y la
gente decía maravillada: -Jamás se vio cosa igual en
Israel.
34
Pero
los fariseos decían: -Expulsa los demonios con el poder del
príncipe de los demonios.
35
Jesús
recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en
sus sinagogas, anunciando la Buena Noticia del Reino y curando
todas las enfermedades y dolencias.
36
Al
ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque
estaban cansados y abatidos como ovejas sin pastor.
37
Entonces
dijo a sus discípulos: -La mies es abundante, pero los
obreros son pocos.
38
Rogad
por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su
mies.
**•
La perícopa está estructurada en dos partes. En la
primera, tras el milagro de volver a dar la vista a dos ciegos
(9,27-31), libera Jesús del demonio y restituye el uso de
la palabra a un mudo. La reacción es doble: gente
maravillada, inclinada a reconocer las maravillas de Dios y, en
claro contraste, los fariseos insinuando que la obra de Jesús
es una acción satánica. Inmediatamente después,
introduce Mateo el tema de la misión, presentando el
carácter itinerante de la predicación del Señor.
Éste no es, en efecto, uno de los maestros al uso, que
disponían de una morada fija a la que acudían los
discípulos. En 4,23 lo describe Mateo recorriendo toda la
Galilea, pero aquí se abre a una dimensión
universal. Jesús va por todos los pueblos y ciudades
proclamando el Evangelio y curando todas las enfermedades (cf.
v. 35).
El
punto focal del pasaje se encuentra allí donde el
evangelista capta el corazón de Cristo compadeciéndose
de la gente cansada, oprimida, sin pastor (cf. v. 36).
Para comprender toda la intensidad que aquí se encierra
basta con referirnos al texto original griego, donde la expresión
"sintió compasión" traduce el verbo
splanchnízomai , reservado sólo a Jesús
y a alguna parábola que simboliza su "sentir" o
el del Padre. El término correspondiente en hebreo es
raham, que significa "útero", "vísceras".
Se
trata, por consiguiente, de la cualidad materna del amor de Jesús
por nosotros. Nuestro mal le conmueve hasta tal punto que se
com-padece (= con-sufrir) hasta hacerse cargo de nosotros en su
misterio de muerte y resurrección.
A
continuación, compromete Jesús a los discípulos
a que pidan al Padre que suscite otras personas dispuestas a
seguirle en una evangelización que asemeja a la fatiga de
quienes van a trabajar en la siega. La imagen de la mies se
"mantiene" aún: una oración litúrgica
actual nos asimila a Jesús y nos hace orar así: "Oh
Dios, mira la magnitud de tu mies y envía obreros para que
se anuncie el Evangelio a toda criatura".
MEDITATIO
Lo
que seca el corazón y la vida es no estar centrados y
unificados en Dios. Es relativamente fácil pagar el tributo
de prácticas religiosas vividas como hábitos
separados de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, esto se
convierte en idolatría. "Este pueblo me honra con
los labios, pero su corazón está lejos de mí"
(Mc 7,6), dice Jesús. Todas las crisis de fe e incluso
las de identidad parten de esta "separación"
entre religiosidad (formal) y vida. Por otra parte, cómo
eludir este "peligro"?
No
es el voluntarismo lo que nos salva. Si, con todo, debe haber
compromiso y método en la vida espiritual, lo que importa
es que todo brote de la conciencia del misterio más grande
y consolador: el Señor se compadece de nuestras situaciones
escabrosas, difíciles, de nuestra "sed" de él,
que, con nuestras pobres fuerzas, no llega a su ser fuente. Es muy
necesario que el corazón entre en contacto, a través
de la fe, con aquel amor, no sólo materno, sino
tiernísimamente materno de Dios que Jesús expresó
en su "sentir compasión", en su sentirse
conmovido por unas "entrañas de misericordia"
respecto a nosotros.
Una
vida que sea verdadero camino espiritual parte de una Palabra
revelada, fulcro luminoso de nuestro creer, esperar y amar: "El
amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que
él nos amó a nosotros y envió a su Hijo para
librarnos de nuestros pecados " (1 Jn 4,10). Así
las cosas, incluso en los momentos de tentación, cuando la
carrera del activismo o la fascinación del aplauso o la
decepción del fracaso nos turban, la fuerza del Dios-Amor,
del Jesús-Presencia en nuestra vivencia nos sostendrá.
Podrá suceder todo, pero nuestra unión con el Señor
será cierta y será salvación.
ORATIO
Señor,
derrama tu Espíritu en mí, para que mi vida, a
menudo triturada y con facilidad idólatra, llegue a ser
libre, unificada en ti. Crea en mí un corazón
sincero para que me relacione contigo no de una manera ritualista
y rutinaria, sino con toda la conciencia de que "tú
eres mi dueño, mi único bien; nada hay comparable a
ti" (Sal 16,2) y de que "me enseñarás
la senda de la vida, me llenarás de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha" (Sal 16,11).
Concédeme
vivir la certeza de que eres la revelación del infinito
amor del Padre, que se inclina hacia mí amándome,
hasta com-padecer conmigo en tu misterio de pasión-muerte,
para abrirme al poder de la resurrección.
Señor
Jesús, que yo sufra contigo mis dificultades y dolores, y
venza contigo todos mis males gracias a tu resurrección. Es
dentro de este ritmo de vida pascual donde te ruego que me hagas
partícipe de tu ansia de salvación.
Señor,
envíame, envía a tantos otros hermanos mejores que
yo al campo del Padre, donde ya se dora la mies del Reino.
CONTEMPLATIO
Que
el alma, del mismo modo que se reúnen los hijos desviados,
reúna sus pensamientos perversos, los vuelva a llevar a la
casa del corazón y espere sin tregua, en medio de la
sobriedad y el amor, el día en que el Señor venga a
visitarla [...]. De este modo, el pecado no hará daño
alguno a los que viven en medio de la esperanza y la fe esperando
al Redentor.
Cuando
él viene, transforma los pensamientos del corazón
[...], nos enseña la verdadera oración que permanece
estable e inquebrantable. "Caminaré delante de ti,
derribaré las fortalezas; romperé las puertas de
bronce, quebraré los barrotes de hierro" (Is 45,2)
(Seudomacario, Homilía 31,1).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Confío
en ti, Señor. Hazme alegre anuncio de tu salvación".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Estos
días no he podido leer mucho la Sagrada Escritura. Pero he
meditado con atención la Carta de Santiago. Los cinco
capítulos que la componen constituyen un resumen admirable
de vida cristiana. La doctrina sobre el ejercicio de la caridad
(Sant 1,27), el uso de la lengua (Sant 1,19-26), la dinámica
del hombre de fe (Sant 2), la colaboración en la paz (Sant
4), el respeto al prójimo, las amenazas al rico injusto y
avaro, y, por último, la invitación a la confianza,
al optimismo, a la oración (Sant 5): todo esto y otras
cosas constituyen un tesoro incomparable de signos, de
exhortaciones, para los eclesiásticos y para los laicos,
según la necesidad de todos los tiempos. Convendría
aprenderla toda de memoria y gustar y regustar punto por punto la
doctrina celestial. Ahora, metido ya en los sesenta y ocho años,
no me queda más que envejecer. Ahora bien, la sensatez, que
siempre es joven, está ahí, en el Libro divino (Juan
XXIII, // giornale dell'anima, Ed. de F. Capovilla, Turín
1991, p. 98 [edición española: Diario del alma,
Cristiandad, Madrid 1964]).
Día
10
Miércoles de la semana
XIV del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Oseas 10,1-3; 7-8.12
1
Vid
frondosa era Israel, que daba fruto abundante. Cuantos más
eran sus frutos, más multiplicaba sus altares; cuanto más
prosperaba su tierra, más embellecía las estelas.
2
Tiene
dividido el corazón, y ahora lo van a pagar: el Señor
romperá sus altares y derribará sus estelas.
3
Ahora
dicen: "Ya no tenemos rey, porque no hemos respetado al
Señor; además, qué puede hacer el rey por
nosotros?".
7
Ha
desaparecido Samaría: su rey es una brizna en la superficie
del agua.
8
Serán
devastados los altos de Aven, pecado de Israel; espinas y zarzas
treparán por sus altares. Dirán a los montes:
!Cubridnos! y a las colinas: !Caed sobre nosotros!
12
Sembrad
justicia y cosecharéis amor. Roturad un campo nuevo, que ya
es tiempo de buscar al Señor, para que venga y derrame
sobre vosotros la justicia.
*• Oseas compara a
Israel con una vid (o viña), una imagen entrañable
para los autores bíblicos (cf.
Is 3,14;
5,1-7; 27,2; Jr 3,21; 12,10; Ez 15,1; 17,6-10; Sal 80,9-19; Mt
20,lss). Efectivamente, Israel se ha vuelto cultivador, se ha
enriquecido, pero, justamente con el bienestar material, ha tomado
impulso para abandonarse a un culto materialista y, al cabo,
idólatra. "Tiene
dividido el corazón". El
profeta subraya con vigor la insinceridad que el formalismo
religioso ha producido, en concomitancia con la erección de
estelas ("massebe",
es
decir, columnas talladas con ambiciones artísticas), aunque
con una depravación idólatra.
El
pueblo se lamenta, a continuación, de no tener un rey como
las otras naciones. El comentario del profeta constituye, sin
embargo, una verdadera desaprobación: sin YHWH, Israel está
perdido, tenga o no tenga rey. La destrucción de Samaría,
dividida e idólatra, está predicha con vigor junto
con el fin de su rey, arrastrado como "una brizna" en
las trágicas aguas del asedio. "Espinas y zarzas"
(cf. Gn 3,18) treparán por las ruinas de sus altares, y
el pueblo, consciente al final de su propio daño, deseará
que los montes le caigan encima para ocultar su propia vergüenza.
Cómo no sentir aquí algo así como un anticipo
del anuncio lucano (Lc 23,30).
En
el v. 12 invita Oseas al pueblo a cambiar de vida: "Sembrad
justicia", entendida ésta como obediencia a la
voluntad de Dios; entonces cosecharán en un clima de
"amor". Todavía una imagen agrícola,
un campo, "nuevo" como el corazón del
pueblo invitado a realizar esta justicia, una justicia en la que
lo que cuenta de modo fundamental es buscar a Dios, es decir, lo
que él quiere.
Salmo Responsorial
Buscad continuamente el rostro del Señor
Salmo
104
Cantadle
al son de instrumentos, hablad
de sus maravillas; gloriaos
de su nombre santo, que
se alegren los que buscan al Señor. R/.
Buscad
continuamente el rostro del Señor
Recurrid
al Señor y a su poder, buscad
continuamente su rostro. Recordad
las maravillas que hizo, sus
prodigios, las sentencias de su boca. R/.
Buscad
continuamente el rostro del Señor
¡Estirpe
de Abrahán, su siervo; hijos
de Jacob, su elegido! El
Señor es nuestro Dios, él
gobierna toda la tierra. R/.
Buscad
continuamente el rostro del Señor
Evangelio:
Mateo 10,1-7
En
aquel tiempo,
1
Jesús
llamó a sus doce discípulos y les dio poder para
expulsar espíritus inmundos y para curar toda clase de
enfermedades y dolencias.
2
Los
nombres de los doce apóstoles son: primero Simón,
llamado Pedro, y su hermano Andrés; luego Santiago el hijo
de Zebedeo y su hermano Juan;
3
Felipe
y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago,
el hijo de Alfeo, y Tadeo;
4
Simón
el cananeo, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
5
A
estos Doce los envió Jesús con las siguientes
instrucciones: -No vayáis a regiones de paganos ni entréis
en los pueblos de Samaría.
6
Id
más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
7
Id
anunciando que está llegando el Reino de los Cielos.
*"
Es interesante señalar que al discurso sobre la necesidad
de la misión (v. 38: "Rogad por tanto al dueño
de la mies que envíe obreros a su mies") le sigue
la llamada de los Doce, que son enviados de inmediato. Existe, en
efecto, un vínculo profundo entre el ser llamado a "estar"
con el Señor y el ser "enviados" con él a
los hermanos.
Y
se trata de una llamada por el propio nombre, es decir,
dentro de la propia identidad pensada desde siempre por un Dios
que nos ha llamado antes que nada a la vida, por amor. Como en Le
9,1, Jesús confiere de inmediato su mismo "poder"
a sus discípulos, un poder que se concreta en vencer a
las fuerzas demoníacas y en curar el mal parcial (la
enfermedad), como anticipo y signo de la liberación total
del mal.
Mateo
se toma un gran interés en la lista de los nombres, que
-hacemos hincapié en ello- siguen el mismo orden que en Me
3,16-19; Le 6,14-16 y Hch 1,13. No es casualidad que el primero de
la lista sea "Simón, llamado Pedro", el
primero en dignidad. Los otros nombres aparecen emparejados. El
autor del evangelio, el mismo que se llama Mateo, no se avergüenza
de añadir a su nombre el poco honorable oficio de
publicano. Por último, se recoge el nombre de Judas
Iscariote, que pasará tristemente a la historia tal como
aquí se dice: "el que lo entregó".
Veamos
las primeras instrucciones de Jesús a los enviados: la
invitación a consagrar su propia "misión"
antes que nada a los israelitas "perdidos" y a anunciar,
por el camino, la gran proximidad del Reino de Dios. El
significado hemos de buscarlo en el hecho de que Jesús,
judío entre los judíos, conoce las posibilidades
latentes en su pueblo, que, oprimido por tanta religiosidad, una
religiosidad que se había vuelto legalista y formal,
carecía de guías espirituales. Toda la Iglesia
primitiva –según dicen los Hechos- se movió
después con este mismo estilo: anunciando a los judíos
antes que a los otros el cumplimiento de las promesas hechas a
Abrahán ("A través de tu descendencia serán
bendecidas todas las familias de la tierra": Hch 3,25). Y
la realización de la bendición de la que el mismo
Israel es portador, si se convierte, es "el Reino de
Dios", es decir, la presencia del Dios-Amor que, en
Jesús, libera y salva.
MEDITATIO
Puede
suceder que nuestras jornadas estén marcadas, a veces, por
el sello de la eficiencia a cualquier precio. Se parecen a la vid
de Oseas, que da fruto, pero no por el Señor ni para el
Señor. Dentro de esta búsqueda "dividida",
se resquebraja el corazón y se entorpece.
Las
consecuencias de esto son nefastas: "espinas" de
descontento profundo y "zarzas" de preocupaciones
y de falta de sentido. Ahora bien, si el corazón vuelve a
buscar al Señor dentro de la "justicia", que
es santidad de vida con Dios y para Dios, podrá cosechar
"amor" para sí y para los demás.
Eso es lo que subraya asimismo el evangelio que presenta Jesús
mientras llama a los Doce y los envía, dándoles el
poder de liberar del mal y de anunciar que el Reino de Dios (el
amor misericordioso del Padre) está cerca de quien, con
recto corazón, busca al Señor y su voluntad.
En
nuestros días, es importante que el corazón entre en
esta dinámica de llamada. Jesús nos llama por
nuestro nombre. Para él, yo también soy único
e irrepetible.
Me
conoce y me ama desde siempre. Su proyecto de salvación no
consiste sólo en sacarme fuera de la falsedad de una vida
centrada en intereses de corto alcance, sino que quiere hacer de
mí nada menos que un instrumento de su salvación. Lo
que importa es creer que él me da su poder y, en su nombre,
puedo llegar a ser luz para los hermanos con tal de que permanezca
en contacto con él mediante una fuerte oración y mi
corazón esté orientado a él y a los intereses
del Reino.
ORATIO
No
permitas, Señor, que sea yo como la viña de tu
pueblo cuando mi corazón se aleja de ti y se convierte en
mentiroso recorriendo caminos de falsa lozanía. Haz que no
mire la eficiencia a cualquier precio, la búsqueda de lo
que me agrada en el interior de las categorías mundanas:
éxito, ropa, dinero, aplauso, imagen, interés
personal.
Ayúdame
a "sembrar justicia": la santidad evangélica
del responder a tu llamada a realizar, momento a momento, junto a
ti, con el poder del Espíritu Santo que me has dado, todo
lo que el Padre quiere de mí. Concédeme "roturar
el campo nuevo", que consiste en vivir y anunciar el
Reino de Dios: reino de paz, de amor, de paciencia, de mansedumbre
y de una esperanza que va más allá de cualquier
dificultad. Continúa llamándome por mi nombre,
Señor. Y, de viña idólatra, hazme sarmiento
vivo de tu ser Vid verdadera. Concédeme dar fruto para el
Reino, en ti y por ti.
CONTEMPLATIO
En
lo más profundo de sí misma, advierte el alma un
movimiento que la atrae hacia Dios. Éste le dice, de manera
imperceptible, que todo irá bien con tal de que le deje
hacer y no viva de otra cosa que de su fe auténtica en
medio de un abandono total.
"Ciertamente
-dice
Jacob- el
Señor está en este lugar, y yo no lo sabía"
(Gn
28,16). Buscas a Dios, querida alma? Has de saber que está
en todas partes. Todo te lo anuncia, todo te lo da. Incluso ahora
ha pasado junto a ti, a tu alrededor, dentro, a través.
Mora en ti y tú lo buscas.
!Cuidado!
Buscas la idea de Dios en su sustancia, buscas la perfección,
y ésta se encuentra en todo lo que te sale al encuentro.
Tus mismas acciones -si las haces por Dios y con Dios-, tus
sufrimientos, tus atracciones: todo es enigma bajo el que Dios
elige entregarse a ti. Él no necesita tus ideas sublimes
para habitar en ti (J. Pierre de Caussade, L'abbandono alia
Providenza divina, Milán 1919, p. 35).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Recobrad
el ánimo, los que buscáis a Dios"(Sal
69,33).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
amor a lo bello sigue siendo un anhelo fundamental no sólo
de la vida monástica, sino de la vida cristiana en general.
Dostoievski decía incluso que la belleza podría
salvar el mundo, y yo estoy convencido de ello. Ahora bien, dónde
se encuentra esta belleza? Dónde puede germinar?
La
condición esencial para que florezca la belleza y connote
las obras creadas por los cristianos es la pobreza: allí
donde está la pobreza, no la miseria, allí donde
está la sencillez, esto es, la capacidad de reconducir las
cosas a lo esencial, forzosamente acabamos por reconducir las
cosas a su armonía, y, entonces, todas las criaturas
manifiestan su fuerza sinfónica, su consonancia natural, y
crean por sí solas el ambiente que es la obra de arte.
Dionisio el Areopagita recuerda que ninguna de las cosas que
existen están privadas por completo de belleza, puesto que
dice la Escritura que todas las cosas eran muy bellas cuando
fueron creadas. De ahí que sea preciso descubrir de nuevo y
hacer resaltar esta belleza, convirtiéndonos y convirtiendo
las cosas a la unidad y la simplicidad deificante (E. Bianchi,
Ricominciare, Genova 1991, p. 58).
Día
11
Jueves de la semana XIV del
Tiempo ordinario o 11 de julio,
San Benito
Benito
(Nursia, c. 480 - Montecassino, c. 547) fue el "fundador"
del monacato occidental. Cautivado e impulsado por el Espíritu,
abrazó en su edad juvenil un período de absoluta
soledad en una cueva de Subiaco; su fama le atrajo algunos
discípulos, para los que organizó la vida
cenobítica. Primero, en pequeños monasterios y,
después, en el célebre cenobio de Montecassino.
Su
Regla
reasume
sabiamente la tradición monástica oriental y la
adapta con discreción al mundo latino. Esta "escuela
de servicio al Señor" se construye en torno a la
lectura amorosa de la Palabra de Dios [lectio
divina), a
la liturgia de alabanza desarrollada de manera coral y al trabajo
realizado en un clima de caridad fraterna, de humilde y obediente
servicio.
LECTIO
Primera
lectura: Proverbios 2,1-9
1
Hijo
mío, si acoges mis palabras y almacenas mis mandatos,
2
prestando
atención a la sabiduría y abriendo tu mente a la
prudencia;
3
si
invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia,
4
si
la buscas como al dinero y la desentierras como un tesoro,
5
entonces
comprenderás el temor del Señor y hallarás el
conocimiento de Dios.
6
Porque
el Señor concede la sabiduría y de su boca brotan
saber y prudencia.
7
Él
almacena sensatez para el hombre recto, es escudo para el de
conducta cabal.
8
Cuida
las sendas del derecho y guarda el camino de los fieles.
9
Entonces
comprenderás el derecho, la justicia y la rectitud, todos
los caminos del bien.
**•
El texto bíblico presenta una lista de instrucciones
dirigidas por un padre a su hijo a fin de exhortarle a adquirir
ese bien precioso que es la sabiduría. Sólo una
búsqueda apasionada de ésta permite establecer una
recta relación con YHWH {"el temor del Señor"),
que proporciona la sabiduría y protege al sabio.
A
estas palabras hacen eco las del prólogo de la Regla
benedictina, que empieza precisamente así: "Escucha,
hijo, los preceptos del Maestro e inclina el oído de tu
corazón; recibe con gusto el consejo de un padre
piadoso...". Acoger la Palabra de Dios es, por consiguiente,
el camino seguro para configurarse con Cristo, Sabiduría
del Padre.
Salmo Responsorial
Buscad continuamente el rostro del Señor.
Salmo 104. 1-2.3-4.6-7
1
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre, dad
a conocer sus hazañas a los pueblos. 2
Cantadle al son de
instrumentos, hablad
de sus maravillas. R/.
3
Gloriaos de su nombre
santo, que
se alegren los que buscan al Señor. 4
Recurrid al Señor y
a su poder, buscad
continuamente su rostro. R/.
6
!Estirpe de
Abrahán, su siervo; hijos
de Jacob, su elegido! 7
El Señor es nuestro
Dios, él
gobierna toda la tierra. R/.
Evangelio:
Mateo 19, 27-29
27
Entonces Pedro, tomando
la palabra, le dijo: "Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado
todo y te hemos seguido; qué recibiremos, pues?"
28
Jesús les dijo:
"Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en
la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su
trono de gloria, os sentaréis también vosotros en
doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
29
Y todo aquel que haya
dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda
por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará
vida eterna.
En el Evangelio
encontramos la pregunta de Pedro a Jesús sobre el futuro,
sobre la recompensa que recibirán por haber seguido a
Jesús: Qué nos va tocar? Es una pregunta que todos
nos podemos hacer tras haber hecho algo bueno: Y cuál es la
recompensa? Qué conseguiremos? La recompensa de la que
habla Jesús para aquellos que lo han seguido tiene dos
rasgos: sentarse en uno de los 12 tronos para regir la tribus de
Israel; y por otro, la vida eterna. Así pues, sabemos ya la
recompensa, de antemano; no es secreta, no está oculta...
Qué significa sentarse en uno de los tronos para gobernar
las tribus de Israel? Significar sentarse como Dios se sienta en
su trono. El trono de Dios es la cruz. La cruz es el trono
despreciable por poderosos de este mundo; pero es el trono que
Dios asume, que Dios acepta. Es el trono del Amor, es el trono de
la caridad, del servicio. Es el trono de la Vida Eterna. Sentarse
en uno de los tronos de las tribus de Israel es sentarse en el
trono de Dios, en el trono del servicio cuya recompensa es la Vida
Eterna.
Esta es
una sabiduría oculta a los poderosos del mundo, a los
arrogantes… Esta es la sabiduría que sale de la boca
de Dios, esta es la sabiduría del servicio, del Amor. Esta
es la sabiduría de la justicia, del derecho, de toda buena
obra.
MEDITATIO
Los
pastores que, guiados por el Espíritu, tropiezan con el
joven Benito -que ya ha pasado largos años en una austera
soledad- encuentran en él a un hombre "nuevo",
renacido del silencio y de la profunda escucha de la Palabra,
capaz de convertirse ahora en guía de otros buscadores de
Dios.
En
los textos propuestos por la liturgia encontramos los elementos
característicos, más aún, fundadores, de la
espiritualidad que ha animado a las comunidades monásticas
engendradas por Benito. Antes que nada, la búsqueda
apasionada de Dios, que se revela al corazón dispuesto a
escuchar y custodiar la Palabra. De este modo se llega a conocer a
Jesús como la verdadera Sabiduría del Padre, como el
verdadero y único tesoro al que nada se debe anteponer.
Sólo permaneciendo unidos a él de manera estable
podremos llegar a ser verdaderamente sus discípulos y dar
fruto. La belleza y la fecundidad de la vida cristiana se pueden
desplegar así en oración de alabanza y de
intercesión, en paz laboriosa que se convierte en generosa
hospitalidad con los hermanos y da testimonio de la alegría
de cuantos viven juntos en el amor, sin preferir nada a Cristo.
ORATIO
Aquí
estamos, oh Dios, con el oído del corazón arrimado a
tu corazón a fin de asentir a todas tus palabras como hijos
que se sienten amados por su Padre bueno y quieren corresponder a
su amor. Aquí estamos, como te decimos, pero tú ves
cuan inestables nos mostramos aún en la fe y cuan frágiles
en la caridad. Haz que los unos seamos para los otros signo y
sacramento de tu mansedumbre y de tu bondad, a fin de dar
testimonio a este mundo, dividido portantes odios y discordias, de
la dulce fuente de alegría que supone amarse como hijos del
único Padre, servirse y honrarse mutuamente en tu santo
Nombre. Amén.
CONTEMPLATIO
Y
el Señor, que busca su obrero entre la muchedumbre del
pueblo al que dirige esta llamada, dice de nuevo: "Quién
es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?"
(Sal 33,13). Si tú, al oírlo, respondes "yo",
Dios te dice: "Si quieres poseer la vida verdadera y eterna,
guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad.
Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela"
(Sal 33,14-15). Y si hacéis esto, pondré mis ojos
sobre vosotros, y mis oídos oirán vuestras preces, y
antes de que me invoquéis os diré: "Aquí
estoy". Qué cosa más dulce para nosotros,
carísimos hermanos, que esta voz del Señor, que nos
invita? Ved cómo el Señor nos muestra piadosamente
el camino de la vida. Ciñamos, pues, nuestra cintura con la
fe y la práctica de las buenas obras, y sigamos sus caminos
guiados por el Evangelio, para merecer ver en su Reino a Aquel que
nos llamó (Benito, Regla, prólogo 14-21).
ACTIO
Repite
y medita frecuentemente durante el día esta frase de san
Benito: "No
anteponer nada al amor de Cristo"(Benito,
Regla,
4,21).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
Iglesia y el mundo, por diferentes pero convergentes razones,
tienen necesidad de que san Benito salga de la comunidad eclesial
y social y se rodee de su recinto de soledad y de silencio, y
desde allí nos haga escuchar el encantador acento de su
sosegada oración, desde allí casi nos alabe y nos
llame a sus umbrales claustrales, para ofrecernos el cuadro de un
taller del "divino servicio", de una pequeña
sociedad ideal, donde finalmente reina el amor, la obediencia, la
inocencia, la libertad de las cosas y el arte de usarlas bien, la
preponderancia del espíritu, de la paz; en una palabra, el
Evangelio. Que vuelva san Benito para ayudarnos a recuperar la
vida personal,; esa vida personal de la que hoy tenemos tanto
ansia y afán, y que el desarrollo de la vida
moderna, a la que se debe el deseo exasperado de ser nosotros
mismos, sofoca al mismo tiempo que lo despierta, decepciona al
mismo tiempo que lo hace consciente.
Corría
el hombre en un tiempo, en los siglos remotos, al silencio del
claustro, como corría a ellos Benito de Nursia, para
encontrarse a sí mismo. Hoy no es la carencia de la
convivencia social lo que impulsa al mismo refugio, sino la
exuberancia. La excitación, el estruendo, el carácter
febril, la exterioridad, la multitud, amenazan la interioridad del
hombre; le falta el silencio con su genuino palabra interior, le
falta el orden, le falta la oración, le falta la paz, le
falta él mismo. Para volver a tener el dominio y el gozo
espiritual de nosotros mismos, tenemos necesidad de volver a
asomarnos al claustro benedictino. Y una vez recuperado el hombre
para sí mismo en la vida monástica, está
recuperado para la Iglesia. El monje tiene un sitio escogido en el
cuerpo místico de Cristo, una función preparada y
urgente como nunca (Pablo VI, alocución del 24 de octubre
de 1964, en AAS 56 [1964] 983-989, passim).
Día
12
Viernes de la semana XIV del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Oseas 14,2-10
Así
dice el Señor:
2
Vuelve,
Israel, al Señor tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho
caer.
3
Buscad
las palabras apropiadas y volved al Señor; decidle:
"Perdona todos nuestros pecados y acepta el pacto; como
ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios.
4
Asiria
no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no
llamaremos más dios nuestro a la obra de nuestras manos,
pues en ti encuentra compasión el huérfano".
5
Yo
sanaré su infidelidad, los amaré gratuitamente, pues
ha cesado mi ira.
6
Seré
como rocío para Israel; él crecerá como el
lirio y echará raíces como los árboles del
Líbano.
7
Se
desplegarán sus ramas, tendrá el esplendor del olivo
y como el del Líbano será su perfume.
8
Volverán
a sentarse a mi sombra, de nuevo crecerá el trigo, como la
vid florecerán, y serán famosos como el vino del
Líbano.
9
Efraín
no tendrá ya nada que ver con los ídolos. Yo escucho
su plegaria y velo por él; yo soy como un ciprés
lozano y de mí proceden todos tus frutos.
10
Quién
es tan sabio como para entender esto? Quién tan inteligente
como para comprenderlo? Los caminos del Señor son rectos,
por ellos caminan los inocentes y en ellos tropiezan los
culpables.
*•"•
Es el último vaticinio de Oseas, admirable tanto por el
contenido como por el arrebato lírico-afectivo. El profeta
proclama una vez más el amor apasionado de Dios por Israel,
expresando, en primer lugar, la invitación a volver al
Señor con conciencia del propio pecado (w. 2ss). Se trata,
en sustancia, de la llamada repetida por otros profetas para que
Israel se muestre, esencialmente, cónsone con el espíritu
de la alianza (cf. Am 5,21-24; Is 1,10-17; Miq 6,6-8; Sal
50,8-21; 51,18ss). En respuesta al compromiso penitencial del
pueblo, que se entrega a YHWH persuadido ahora de la inutilidad y
del daño de cualquier recurso a las potencias extranjeras
(Asiria) y de toda confianza ilusoria en las propias iniciativas
al margen de Dios (v. 4), en respuesta a esto, decíamos, el
Señor mismo saldrá garante de un futuro de esperanza
para el pueblo (v. 5).
El
punto decisivo de la perícopa reside en el despliegue de
unas imágenes bellísimas de la naturaleza: Dios se
compara con el rocío, que vivifica lo que era árido.
De esta suerte, el pueblo vuelve a tener la lozanía de la
flor del lirio. Se parte de la magnificencia del próvido
olivo y de la fragancia del Líbano, cuyos cedros difunden
perfume, para expresar el reflorecimiento de Israel en cuanto
acepta volver al Señor (w. 6ss). Pero, a continuación,
se compara al Señor mismo con un árbol a cuya sombra
descansará la gente, sacando nuevas fuerzas para hacer
florecer, como la vid, toda la nación (v. 8). Dios es, para
un Israel renovado por completo, alguien que vigila y escucha. Es
como el ciprés, el árbol firme, fuerte, perennemente
verde: metáfora de la omnipotencia de Dios, que permite a
Israel dar frutos todavía (v. 9). El v. 10 cierra la
perícopa confiando a los sabios la comprensión de
todos los vaticinios. Para el autor de esta expresión
conclusiva (que tal vez no es Oseas), la sabiduría es
caminar con rectitud por los caminos del Señor.
Salmo Responsorial
Mi boca proclamará tu alabanza,
Señor
Salmo
50
Misericordia,
Dios mío, por tu bondad, por
tu inmensa compasión borra mi culpa; lava
del todo mi delito, limpia
mi pecado. R/.
Mi
boca proclamará tu alabanza, Señor
Te
gusta un corazón sincero, y
en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame
con el hisopo: quedaré limpio; lávame:
quedaré más blanco que la nieve. R/.
Mi
boca proclamará tu alabanza, Señor
Oh
Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame
por dentro con espíritu firme; no
me arrojes lejos de tu rostro, no
me quites tu santo espíritu. R/.
Mi
boca proclamará tu alabanza, Señor
Devuélveme
la alegría de tu salvación, afiánzame
con espíritu generoso. Señor,
me abrirás los labios, y
mi boca proclamará tu alabanza. R/.
Mi
boca proclamará tu alabanza, Señor
Evangelio:
Mateo 10,16-23
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
16
He
aquí que yo os envío como ovejas en medio de lobos.
Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas.
17
Tened
cuidado, porque os entregarán a los tribunales y os
azotarán en sus sinagogas.
18
Seréis
llevados por mi causa ante los gobernadores y reyes para que deis
testimonio ante ellos y ante los paganos.
19
Cuando
os entreguen, no os preocupéis de cómo hablaréis,
ni de qué diréis. Dios mismo os sugerirá en
ese momento lo que tenéis que decir,
20
pues
no seréis vosotros los que habléis, sino que el
Espíritu de vuestro Padre hablará a través de
vosotros.
21
El
hermano entregará a su hermano a la muerte y el padre a su
hijo. Se levantarán hijos contra padres y los matarán.
22
Todos
os odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el
fin, ése se salvará.
23
Cuando
os persigan en una ciudad, huid a otra; os aseguro que no
recorreréis todas las ciudades de Israel antes de que venga
el Hijo del hombre.
**•
La perícopa está penetrada toda ella por la fuerza
dramática, aunque salvífica, de la pertenencia a
Cristo. El "he aquí" inicial introduce
esta nueva enseñanza sobre la misión. Se trata de
trillar los caminos de la mansedumbre y de la no violencia, aun
siendo conscientes de estar rodeados por un mundo feroz y
agresivo.
La
imagen de las ovejas asimila al evangelizador con el Cordero "que
quita el pecado del mundo" (Jn 1,29): aquel que cargó
con nuestras iniquidades y nuestros dolores (cf. Is 59,11),
para realizar el proyecto de un Dios que quiere que todos los
hombres se salven (cf. 1 Tim 2,4).
La
mansedumbre y la no violencia del evangelizador no son nunca, sin
embargo, debilidad, ni simpleza ni, menos aún, masoquismo.
Se trata de vivir dos virtudes que parecen, aunque no lo son,
opuestas: la prudencia de la serpiente, como ejercicio de
una inteligencia vigilante, realista y crítica, que se
sustrae al engaño, y la sencillez de la paloma, como
ejercicio del proceder limpio y confiado, propio de quien sabe que
está en las manos de un Padre omnipotente y bueno.
La
exhortación a llevar cuidado con los hombres (cuando se
trate de "lobos" dispuestos a tramar perfidias)
cae, por tanto, de la parte de la prudencia; la exhortación
a no preocuparse por lo que haya que decir, poniendo más
bien toda la confianza en el Espíritu del Padre, que se
ocupará de inspirar lo que haya que decir, cae, en cambio,
de la parte de la sencillez. La perspectiva de lo que tendrá
lugar antes del triunfo definitivo de Cristo no es una perspectiva
rosa: el mal es engendrador de mal y agita las mismas relaciones
familiares, llegando hasta las raíces de la vida (v. 21),
pero quien soporte ser odiado (no a causa de sus propias
fechorías, sino de Cristo soberanamente amado y seguido: v.
22) será salvo.
Se
trata, en definitiva, de perseverar en el obrar contra el mal,
aunque intentando huir de los perseguidores (v. 23), con la
certeza en el corazón de que, dentro del discurrir de
los días, sigue siendo inminente la venida del Hijo del
hombre, con su victoria definitiva sobre el mal y sobre la muerte
(v. 23b).
MEDITATIO
Vivir
las jornadas espiritualmente significa experimentar que ninguna
potencia humana nos salva y que no es "elaborando"
proyectos de autosuficiencia, ni poniendo nuestra confianza en
nuestras obras como realizamos el Reino de Dios en nosotros y a
nuestro alrededor.
El
secreto de una vida verdadera es, en primer lugar, el continuo
retorno al corazón habitado por Dios. Decían los
Padres que hacer memoria continuamente de Dios a lo largo de
nuestras propias jornadas es lo que, en concreto, nos hace caminar
con el Señor, dando frutos en él. La estrategia
consiste, por consiguiente, en una interioridad activa: desde la
dispersión que supone hacer muchas cosas, hemos de tomar de
nuevo, lo más a menudo que podamos, conciencia de que el
Señor "mora" en nosotros, y volver a él
con rápidos, pero igualmente frecuentes, contactos de amor.
Verdaderamente, será como "sentarse a su sombra"
(Os 14,8) y encontrar reposo; será un florecer y un dar
fruto también en el campo apostólico.
Lo
sabemos: no se trata de una aventura fácil, pero el Señor
será "rocío" de Espíritu
Santo, que nos sugerirá cómo relacionarnos con el
mundo en que vivimos para que podamos ser sencillos en la búsqueda
de Dios y de todo lo que es verdad de amor, prudentes en el
discernimiento de los caminos que no nos alejen de esta verdad.
La
elección de un estilo de vida marcado por la mansedumbre
del Cordero en una sociedad penetrada por grandes y sutiles y,
aparentemente, triunfantes violencias nos asemeja al Señor
Jesús: el Cordero que quita el pecado del mundo, nuestros
mismos pecados. En él y por él, dentro de una fe que
lo envuelve todo, es como discurren los días serenos
incluso en medio de las dificultades, a veces en medio de
persecuciones. Porque lo sabemos: "Ésta es la
victoria que vence al mundo: nuestra fe" (1 Jn 5,4).
ORATIO
Señor,
hazme volver a ti: a cada hora, en cada momento.
Que
dentro del torbellino de cosas que debo hacer, sea tu recuerdo, el
de tu presencia gloriosa en mí, lo que me permita dar
"fruto" en todas las obras buenas que has proyectado
para mí.
Sé
para mí rocío del Espíritu Santo: tanto para
mi continuo "florecer" en la relación de amor
vital y nupcial contigo como para el modo de relacionarme con los
hermanos. No permitas que la violencia, típica de este
mundo, me envenene o se mezcle conmigo. Que no me debilite en los
miedos.
Hazme
apacible con la fuerza de tu amor. Que el perdonar con facilidad
sea el estilo con que discurren mis días y que la humilde
aceptación y comprensión del otro, incluso cuando no
pueda y no deba compartir su credo y sus ideas, se convierta en mi
participación en tu ser amor que salva.
CONTEMPLATIO
Libéranos
de todas las acciones impuras, repugnantes a tu inhabitación
en nosotros. Que no apaguemos los esplendores de tu gracia que
ilumina la vista de los ojos interiores. Que sepamos que tú
te unes a nosotros gracias a la oración y a una vida
irreprensible y santa
Y
puesto que Uno de la Trinidad se ha ofrecido en sacrificio y Otro
lo recibe y se muestra propicio con nosotros, acepta, oh Señor,
nuestra súplica. Dispón en nosotros santas moradas,
a fin de que saboreemos al Cordero celestial y recibamos el maná
que da la vida inmortal y una salvación nueva a través
de un camino de amor (Gregorio de Norek, Liber orationum, 33,
5).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sé
rocío para mí, Señor. Floreceré en
ti".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
En
el ejercicio de su propia actividad laboral se esforzará el
cristiano por tener siempre la intención de hacerlo todo
para gloria de Dios y para el mayor bien del prójimo: por
eso se comparará a menudo con aquellos de la comunidad o de
su lugar de trabajo que puedan ayudarle y, sobre todo, con el
Señor, a través de la escucha de la Palabra y de la
oración, a fin de que el trabajo sea ámbito de
gracia y de santificación para sí y para aquellos
con quienes se encuentra y queden superados las contradicciones,
los sufrimientos y las pobrezas que pesan sobre la experiencia del
trabajo humano.
Esta
espiritualidad del trabajo se convierte en un modo concreto de dar
gracias a Dios por sus dones y vivir la vuelta a él de todo
lo que, de manera gratuita, nos ha dado al llamarnos a la vida y a
la fe.
Educar
significa asimismo dar gratis a otros lo que nos ha sido dado
gratuitamente: la educación es una forma elevada de
restitución de los bienes recibidos, por eso la Iglesia se
sien te llamada a ser comunidad educadora en la gratitud a Dios,
dador de dones, y en el compromiso prioritario del servicio a las
nuevas generaciones (Cario Maria Martini, Parlo al tuo cuore.
leñera pastorale per l'anno 1996-1997, Milán
1996, pp. 44ss).
Día
13
Sábado de la semana XIV
del Tiempo ordinario,
san Enrique
LECTIO
Primera
lectura: Isaías 6,1-8
1
El
año de la muerte del rey Ozías vi al Señor
sentado en un trono alto y excelso. La orla de su manto llenaba el
templo.
2
De
pie, junto a él, había serafines con seis alas cada
uno: dos para cubrirse el rostro, dos para ocultar su desnudez y
dos para volar.
3
Y
se gritaban el uno al otro: "Santo, santo, santo es el Señor
todopoderoso, toda la tierra está llena de su gloria".
4
Los
quicios y dinteles temblaban a su voz, y el templo estaba lleno de
humo.
5
Yo
dije: "!Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios
impuros, que habito en un pueblo de labios impuros, he visto con
mis propios ojos al Rey y Señor todopoderoso".
6
Uno
de los serafines voló hacia mí, trayendo un ascua
que había tomado del altar con las tenazas;
7
me
lo aplicó en la boca y me dijo: "Al tocar esto tus
labios, desaparece tu culpa y se perdona tu pecado".
8
Entonces
oí la voz del Señor, que decía: "A quién
enviaré?, quién irá por nosotros?"
Respondí: "Aquí estoy yo, envíame".
**•
Esta perícopa del profeta Isaías es importantísima
para comprender su mensaje. Fue escrita en torno al año 724
a. de C, año de la muerte del rey Ozías. Marca la
conclusión de un período de prosperidad y de
autonomía para Israel y le sirve al profeta para destacar
un tema que le es propio: la santidad y la gloría eterna de
un Dios que trasciende con mucho toda grandeza humana y es "el
Santo de Israel" por excelencia. Es por este Dios por
quien se siente llamado Isaías. El escenario es el templo
de Jerusalén y la antropomórfica descripción
del Señor sobre el trono, rodeado por los serafines
(criaturas con semejanza humana, pero dotadas de seis alas),
refleja las representaciones del Oriente próximo, si bien
la solemnidad y el arrebato de Isaías dicen mucho más.
La
triple repetición del "Santo, santo, santo"
intenta expresar la infinita santidad de Dios, su
trascendencia, su absoluta diferencia respecto a aquello que, por
ser terreno, se corrompe o sólo es limitado. El sentido de
la presencia de Dios lo proporciona tanto el temblor de las
puertas del templo como el humo (v. 4), semejante, en la función
de significar la gloria de Dios, a la nube que cubría el
tabernáculo durante el tiempo que permaneció Israel
en el desierto. En este punto queda Isaías como turbado,
abrumado por el sentido de su indignidad, ligada a su pecado y al
del pueblo, frente a la infinita pureza y santidad de Dios. Nos
viene a la mente Ex 33,20: "No podrás ver mi cara,
porque quien la ve no sigue vivo".
Sin
embargo, Dios no quiere la muerte del hombre e interviene a través
de un acto simbólico de purificación, con el que
expresa que se trata siempre, ante todo, de una iniciativa de Dios
y no del hombre (w. 7ss).
El
Señor se dirige aún a la asamblea de los serafines,
que son consultados sobre el gobierno del mundo (v. 8a); sin
embargo, de manera indirecta, la voz del Señor interpela y
llama a Isaías para que, investido por la gloria y por la
santidad de Dios, vaya a profetizar en su nombre: "Aquí
estoy yo, envíame" (v. 8b). Es la plena
disponibilidad de quien se deja invadir por un Dios que salva.
Salmo Responsorial
El Señor reina, vestido de majestad
Salmo
92
El
Señor reina, vestido de majestad, el
Señor, vestido y ceñido de poder. R/.
El
Señor reina, vestido de majestad
Así
está firme el orbe y no vacila. Tu
trono está firme desde siempre, y
tú eres eterno. R/.
El
Señor reina, vestido de majestad
Tus
mandatos son fieles y seguros; la
santidad es el adorno de tu casa, Señor,
por días sin término. R/.
El
Señor reina, vestido de majestad
Evangelio:
Mateo 10,24-33
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
24
El
discípulo no es más que su maestro; ni el siervo más
que su señor.
25
Basta
con que el discípulo sea como su maestro, y el siervo como
su señor. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebú,
!más aún a los de su familia!
26
Así
pues, no les tengáis miedo; porque no hay nada oculto que
no haya de manifestarse, ni nada secreto que no haya de saberse.
27
Lo
que yo os digo en la oscuridad, decidlo a la luz; lo que escucháis
al oído, proclamadlo desde las azoteas.
28
No
tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden
quitar la vida; temed más bien al que puede destruir al
hombre entero en el fuego eterno.
29
No
se vende un par de pájaros por muy poco dinero? Y sin
embargo, ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro
Padre.
30
En
cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están
contados.
31
No
temáis, vosotros valéis más que todos los
pájaros.
32
Si
alguno se declara a mi favor delante de los hombres, yo también
me declararé a su favor delante de mi Padre celestial,
33
pero
a quien me niegue delante de los hombres yo también lo
negaré delante de mi Padre celestial.
*••
Lo que leímos ayer nos ponía vigorosamente frente a
las exigencias de la misión, incluidas sus extremas
consecuencias de la persecución y la muerte. Hoy introduce
Jesús en su discurso el tema, típicamente bíblico,
del "no tener miedo", que aparece en la Sagrada
Escritura 366 veces. El pasaje está estructurado
precisamente por la repetición, a modo de imperativo, de la
invitación a no tener miedo (w. 26.28.31), a la que en cada
ocasión siguen los motivos por los que la confianza debe
poner en jaque mate al temor. El primer motivo es éste:
aunque el bien está ahora como velado y la astucia y la
virulencia del mal parecen ocultarlo, se producirá una
inversión total y veremos, en el triunfo de Cristo, el
triunfo de todos los que han elegido hacer el bien.
Ésa
es la razón de que se anime a los discípulos a la
audacia del anuncio. Lo que se nos entrega es pequeño como
un pábilo en las tinieblas, como un susurro al oído,
pero ha de ser entregado a plena luz del día, gritado (con
todos los medios, incluidos los que emplean antenas y repetidores)
incluso desde los techos. Aunque el precio sea la muerte, ha de
saber el discípulo que la muerte del cuerpo será
siempre un hecho natural que hemos de afrontar con paz, sobre todo
cuando estamos seguros de que nada ni nadie, si vivimos y
anunciamos el Evangelio, podrá matar la vida en nosotros,
puesto que el verdadero mal destructor de esta vida y de la otra
es el pecado.
La
argumentación de Jesús sobre las razones para no
tener miedo se une, a continuación, a dos imágenes
tiernísimas: la de los "pájaros", que,
aunque tienen un precio irrisorio, son objeto del amor providente
del Padre, y la de los "cabellos" de nuestra
cabeza, contados todos ellos. En verdad, dice el Señor, es
preciso que no dejemos que el miedo ocupe lugar alguno en nosotros
y nos decidamos, en cambio, a llevar una vida consagrada a dar
testimonio de Cristo y del Evangelio.
MEDITATIO
La
sociedad del "tener más" margina cada vez más
a Dios mediante una serie de mecanismos que tienen que ver con el
placer a cualquier precio, por cualquier medio.
Ropa,
dinero, servicios, experiencias: todo se ofrece en el gran
supermercado del mundo. Sin embargo, el hombre, antes que
perseguir la paz del corazón, experimenta un gran vacío,
amplificado precisamente por estar abrumado por bienes de fortuna.
Si no quiere morir de asfixia espiritual, ha llegado el tiempo de
invertir por completo su marcha.
"Buscad
a Dios y viviréis", advierte
el profeta Amos. Y los ángeles de la natividad cantan:
"Gloria
a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor". Lo
que el corazón (mucho más que la mente) debe
comprender es el hecho de que, si busco la gloria del Señor
en mi obrar, si mi ojo interior se abre a contemplarle, a querer
obrar por amor a él, llego también a la paz. Si, en
cambio, busco mi paz adhiriéndome a este mercado de
propuestas consumistas apoyadas por el psicologismo, me pierdo en
callejones sin salida, donde se encuentran dispuestos a sofocarme
miedos cada vez más insurrectos.
Ahora
bien, para que busque yo la gloria del Señor y sepa
descubrirla por doquier -en la flor apenas entreabierta, en el
cielo poblado de estrellas, en el rostro amigo, en el día
alegre y en el cansado- necesito dejarme purificar.
El
Señor sabe de quién y de qué servirse para
que yo no esté bajo el dominio del egoísmo, sino de
la gloria de Dios. El otro elemento fundamental es que reciba el
repetido: "No tengáis miedo". En un mundo
profundamente turbado, absorber el "no tengáis
miedo" en los ámbitos más profundos del ser
me hace adquirir confianza, solidez, soltura, incluso en orden al
apostolado. Diré con Isaías: "Aquí
estoy yo, envíame".
ORATIO
Señor,
sabes que me atrae el placer y que tiendo a cambiarlo por la
alegría y por la paz que necesito. Te suplico, en medio de
la corrupción del gran mercado en que vivo, que me hagas
dejarme purificar por ti no sólo los labios, como Isaías,
sino en lo profundo del corazón.
Ayúdame
a aceptar aquello de que tú quieres servirte para realizar
esta necesaria purificación. Espabílame en el
combate espiritual contra las pasiones, para que desee y anhele,
en todo, tu gloria y no las mezquinas satisfacciones de mi
egoísmo. Y que tu "no tengáis miedo"
sostenga esta voluntad mía un día tras otro.
Si
tú me persuades de que buscar tu gloria significa obtener
asimismo la paz del corazón, viviré mejor estos mis
breves días y los viviré en plenitud: no replegado
en mí mismo, sino entregado al anuncio de esta paz, de esta
alegría, también a mis hermanos. Purifícame,
Señor, fortifícame y, después... "aquí
estoy yo, envíame".
CONTEMPLATIO
Ahora
sólo te amo a ti, sólo a ti te sigo, sólo a
ti te busco y estoy dispuesto a pertenecerte del todo, para que
sólo tú ejerzas la soberanía, Señor
mío, sólo deseo ser tuyo. Manda y ordena lo que
quieras, te lo ruego, pero cura y abre mis oídos, a fin de
que pueda oír tu voz. Cura y abre mis ojos, a fin de que
pueda ver tus señas. Aleja de mí lo que me impide
reconocerte. Muéstrame tú el camino y dame lo que
necesito para el viaje (Agustín, Soliloquios, Libro
primero).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: ".Toda
la tierra está llena de tu gloria" (cf.
Is
6,3).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Nuestra
carne está hecha para morar en Dios, para convertirse en
templo de Dios.
La
carne de Jesús es el templo de Dios. De este templo
correrán ríos de agua viva para alimentar, curar,
revelar el amor y la compasión.
Nuestra
carne, transfigurada por el Verbo encarnado, se vuelve un
instrumento para difundir el amor de Dios.
Igual
que para María, también para nosotros la carne de
Cristo, su humanidad, son el medio a través del cual y en
el cual nos encontramos con Dios.
La
llamada que hemos recibido no es a dejar la humanidad de Cristo
para ir al encuentro de Dios, que trasciende la carne, sino a
descubrir y a vivir la carne de Jesús como carne de Dios,
su cuerpo como un sacramento que da un sentido nuevo a nuestra
carne humana, que nos revela el amor eterno de la Trinidad donde
el Padre y el Hijo, en la unidad del Espíritu Santo, se
aman desde toda la eternidad.
Nuestros
cuerpos han sido concebidos en el silencio y en el amor.
Nuestra
primera relación, con nuestra madre, ha sido una relación
de comunión, a través del tacto y de la fragilidad
de la carne.
Hemos
sido llamados a crecer, a desarrollarnos, a volvernos competentes
y a luchar por la justicia y por la paz; pero, en definitiva, todo
está destinado a la entrega de nosotros mismos, al reposo y
a la celebración de la comunión.
Todo
empieza en la comunión, todo culmina en la comunión.
Todo
empieza en la fiesta de las bodas y todo se consuma en la fiesta
de las bodas, en la que nos entregamos con amor. (Jean Vanier,
Gesú: !I dono dell'amore, Bolonia 1995, pp. 173ss
[edición catalana: Jesús, el do de l'amor,
Editorial Claret, Barcelona 1994]).
Día
14
Domingo XV del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Amos 7,12-15
En
aquellos días,
12
el
sacerdote de Betel Amasias dijo a Amos: -Vete, vidente, márchate
a Judá; gánate la vida profetizando allí.
13
Pero
no sigas profetizando en Betel, porque es el santuario real y el
templo del Reino.
14
Amos
le respondió: -Yo no soy un profeta profesional. Yo cuidaba
bueyes y cultivaba higueras.
15
Pero
el Señor me agarró y me hizo dejar el rebaño
diciendo: "Ve a profetizar a mi pueblo, Israel".
*"
El fragmento litúrgico, tomado del libro de Amos, proyecta
un rayo de luz sobre la vocación del profeta, en el
contexto de su conflicto con Amasias, sacerdote del Reino del
Norte. Amos, pequeño propietario de tierras y de ganado en
un pueblo cercano a Jerusalén (v. 14; cf. 1,1), dejó
su propio trabajo y su propia tierra para irse a anunciar la
Palabra de YHWH en el norte, en el Reino de Israel, precisamente
junto al santuario cismático de Betel (7,10).
La
palabra que Dios le confía denuncia las graves injusticias
que se estaban perpetrando durante el reinado de Jeroboán
en perjuicio de los más pobres: la riqueza y el bienestar
de los que gozaban algunos eran fruto de la explotación de
muchos.
La
amenaza de la destrucción de la casa real anunciada por
Amos (cf. 7,9.11) provoca que sea deferido ante el rey por parte
del profeta oficial Amasias, que invita firmemente al profeta a
que vuelva a su territorio.
En
Betel, Amos es un extranjero indeseado porque su palabra pone en
peligro las instituciones del Reino. Ésa es la razón
de que sea expulsado (v. 13).
El
profeta se marcha de allí, pero no antes de haber afirmado
con vigor el origen divino de su propia actividad profética:
él no es profeta ni por descendencia ni por necesidad
económica, sino sólo a causa de la llamada recibida
de Dios (v. 15), cuyo mandato sigue fielmente con fuerza y
claridad.
Salmo
responsorial Muéstranos,
Señor, tu misericordia y danos tu salvación
Salmo 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está cerca de los que le temen, y
la gloria habitará en nuestra tierra.
La misericordia y la fidelidad se
encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad
brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.
El Señor nos dará la
lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia
marchará ante él, y sus pasos señalarán
el camino.
Segunda
lectura: Efesios 1,3-14
3
Bendito
sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde lo
alto del cielo nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase
de bienes espirituales.
4
Él
nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo,
para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin
mancha en su presencia. Llevado de su amor,
5
Él
nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de
su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de
Jesucristo,
6
para
que la gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su
Hijo querido, se convierta en himno de alabanza a su gloria.
7
Con
su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención y el perdón
de los pecados, en virtud de la riqueza de gracia
8
que
Dios derramó abundantemente sobre nosotros en un alarde de
sabiduría e inteligencia.
9
Él
nos ha dado a conocer sus planes más secretos, los que
había decidido realizar en Cristo,
10
llevando
la historia a su plenitud al constituir a Cristo en cabeza de
todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.
11
En
ese mismo Cristo también nosotros hemos sido elegidos y
destinados de antemano, según el designio de quien todo lo
hace conforme al deseo de su voluntad.
12
Así
nosotros, los que tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo,
seremos un himno de alabanza a su gloria.
13
Y
vosotros también, los que acogisteis la Palabra de la
verdad, que es la Buena Noticia que os salva, al creer en Cristo
habéis sido sellados por él con el Espíritu
Santo prometido,
14
prenda
de nuestra herencia, para la redención del pueblo de Dios y
para ser un himno de alabanza a su gloria.
**•
El grandioso himno de bendición que abre la carta a los
Efesios celebra el misterio que Dios Padre ha manifestado en
Jesucristo: el proyecto salvífico del que todos los hombres
están llamados a beneficiarse. La alabanza de la gloria de
Dios, que, como un estribillo, marca el ritmo de la celebración
(vv. 6b. 12a. 14c), es el objetivo al que tiende toda la obra.
Jesucristo es el arquetipo y el artífice del plan eterno de
Dios. Todo tiene lugar en él y por medio de él: el
don gratuito de la elección y de la adopción filial
(vv. 4-6), la redención llevada a cabo a través del
perdón de los pecados (v. 7), la revelación de la
sabia voluntad de Dios y su actuación en la plenitud de los
tiempos (vv. 8-10).
Este
proyecto, impensable para la antigua alianza, implica a todos los
hombres: tanto a los cristianos procedentes del judaísmo
como a los cristianos procedentes del paganismo. Ambos grupos se
han convertido, por libre decisión divina, en propiedad de
Dios, y están llamados a compartir su vida eterna en los
cielos. Pablo, imitando la práctica litúrgica
bautismal, recuerda los pasos por los que se accede a esa riqueza
de vida: escucha del anuncio del Evangelio, adhesión de fe,
recepción del Espíritu Santo, que, a modo de
"sello", garantiza y acredita la pertenencia a Cristo
(vv. 11-13).
De
este modo, los creyentes se encuentran insertados en una realidad
dinámica, no estática: Dios tomará la plena
posesión del cristiano sólo cuando llegue el momento
de su plena manifestación. La vida del creyente en Cristo
está ahora en continuo devenir: en ella se va realizando de
una manera progresiva la liberación llevada a cabo por
Jesús, a quien ya pertenece el cristiano en virtud de los
sacramentos.
Evangelio:
Marcos 6,7-13
En
aquel tiempo,
7
Jesús
llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en
dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.
8
Les
ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un
bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja.
9
Que
calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas.
10
Les
dijo además: -Cuando entréis en una casa, quedaos en
ella hasta que os marchéis de aquel lugar.
11
Si
en algún sitio no os reciben ni os escuchan, salid de allí
y sacudid el polvo de la planta de vuestros pies, como testimonio
contra ellos.
12
Ellos
marcharon y predicaban la conversión.
13
Expulsaban
muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los
curaban.
*•
Tras
la resistencia que había encontrado en Nazaret a causa de
la incredulidad de sus habitantes, prosigue Jesús su
actividad de anunciador del Reino de Dios (cf. Me 1,15); más
aún, la prolonga asociando también a los Doce a esta
misión. El evangelista ya había señalado que,
entre los discípulos, Jesús "designó
entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que
lo acompañaran y para enviarlos a predicar con poder de
expulsar a los demonios" (3,14-15).
Éste
es el segundo aspecto de la vida del discípulo: el de
misionero, que ahora cuenta Marcos. Es Jesús quien toma la
iniciativa y quien dicta las condiciones en que deben desarrollar
la misión. Hace partícipes a los enviados de su
mismo poder para que prosigan su obra. Ésta consiste,
esencialmente, en anunciar el alegre mensaje (el Reino de Dios
está presente y es urgente convertirse), en luchar contra
el maligno, en realizar curaciones como signos probatorios de la
Palabra proclamada y como primicias del mismo Reino (vv. 7 y
12ss).
La
sobriedad que caracteriza el estilo de vida del misionero en el
vestido y en el alimento forma parte integrante del anuncio (vv.
8ss): proclama la confianza en la Palabra que le ha enviado, cuyo
valor está por encima de cualquier tipo de riqueza. A ella
debe consagrarse enteramente el misionero, y es algo que debe ser
evidente a simple vista. Esta misma Palabra hará que
encuentren hostilidad y rechazo: lo mismo le sucedió al
Maestro (cf. 6,1-6a) y a su precursor (cf. 6,17-28).
Por
otra parte, Jesús envía a los discípulos
confiándoles el cumplimiento de una misión, sin
garantizar su éxito inmediato. El compañero que
tiene cada uno (v. 7b) se convierte al mismo tiempo en garante de
la verdad del anuncio y apoyo en las dificultades.
MEDITATIO
Se
es misionero por mandato del Señor, y se trata de un
mandato dirigido no sólo a algunos, sino a todos los
bautizados. Cuando se habla de misión se piensa fácilmente
en tierras lejanas, en los pueblos llamados "subdesarrollados"...
Se piensa en los que, con sacrificio, ponen en peligro sus vidas
para anunciar el Evangelio a quienes todavía no lo conocen.
En verdad todo esto es misión. Pero el riesgo consiste en
pensar que eso se dirige a otros, no a mí, eludiendo así
con ello mi responsabilidad respecto a una llamada, la que me
invita a ser "en Cristo" y "de Cristo" y
provoca a la respuesta coherente de la vida. Y es que el cristiano
es misionero por naturaleza. La iniciativa es de Dios. Siempre. Y
en Jesús me ha dado también el ejemplo.
La
misión que me confía es la de proseguir, allí
donde me encuentre, lo que él mismo hizo, dando testimonio
de él sin oropeles, sin superestructuras, sin máscaras,
de suerte que quien me vea pueda comprender algo de él y de
su amor. No hay sitio ni para lo "privado " ni para el
protagonismo. El bautismo me ha convertido en un miembro del
cuerpo de Cristo, en hijo del Padre. Por obra del Espíritu
Santo, corre en mis venas la misma vida divina. Cómo puedo
ser auténtico, cómo puedo saborear la vida en
plenitud, sino entrando activamente en el dinamismo de esta vida
que es difusiva? Cómo, sino abriéndome al don del
testimonio
ORATIO
Hoy,
Señor, me resulta fatigoso acoger la Palabra que me
diriges: me estás diciendo que salga de mi pequeño
mundo, me estás repitiendo que estar contigo no es una
cuestión privada e intimista, sino camino, riesgo,
apertura, comunicación, conflicto, encuentro.
Porque
éstas son las consecuencias del amor con el que desde
siempre me has amado y del que me has hecho testigo.
Si
me miro a mí mismo y a mis fatigas, me espanto y te pido
perdón por las flaquezas de mi respuesta a tu llamada. Si
miro hacia ti, te bendigo, Señor, porque en tu grandioso
proyecto de salvación has querido contar también
conmigo. !A ti gloria y alabanza, oh Dios mío!
CONTEMPLATIO
No
anunciamos nuestra gloria, de suerte que nadie puede decir que
evangelizamos en provecho nuestro. Anunciamos a Jesús,
nuestro Señor, sometiéndonos a su poder y majestad.
[El
apóstol Pablo] afirma que él es tan siervo de Cristo
que por orden suya atestigua ser siervo de ésos en la
predicación. Así, se encuentra sometido en el
ministerio del Evangelio para utilidad de ésos. No
predicaba el Evangelio para gloria suya, sino para gloria de
Cristo, el Señor, a quien obedece y sirve, como dice
también el mismo Señor: " Yo estoy en medio de
vosotros no para ser servido, sino para servir". Pablo no
sirve por mérito de aquellos a quienes sirve, sino por
mandato del Señor (Ambrosiaster, Commento alia seconda
lettera ai Corinzi, Roma 1989, pp. 55ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Bendito
seas, Padre, por habernos querido hijos tuyos" (cf.
Ef 1,3.5).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
mensaje y la actividad de los mensajeros no se distinguen en nada
de la de Jesucristo. Han participado de su poder. Jesús
ordena la predicación de la cercanía del Reino de
los Cielos y dispone las señales que confirmarán
este mensaje. Jesús manda curar a los heridos, limpiar a
los leprosos, resucitar a los muertos, expulsar los demonios. La
predicación se convierte en acontecimiento, y el
acontecimiento da testimonio de la predicación.
Reino
de Dios, Jesucristo, perdón de los pecados, justificación
del pecador por la fe, todo esto no significa sino aniquilamiento
del poder diabólico, curación, resurrección
de los muertos. La Palabra del Dios todopoderoso es acción,
suceso, milagro. El único Cristo marcha en sus doce
mensajeros a través del país y hace su obra. La
gracia real que se ha concedido a los discípulos es la
Palabra creadora y redentora de Dios.
Puesto que la misión
y la fuerza de los mensajeros sólo radican en la Palabra de
Jesús, no debe observarse en ellos nada que oscurezca o
reste crédito a la misión regia. Con su grandiosa
pobreza, los mensajeros deben dar testimonio de la riqueza de su
Señor. Lo que han recibido de Jesús no constituye
algo propio con lo que pueden ganarse otros beneficios.
"Gratuitamente lo habéis recibido". Ser
mensajeros de Jesús no proporciona ningún derecho
personal, ningún fundamento de honra o poder. Aunque el
mensajero libre de Jesús se haya convertido en párroco,
esto no cambia las cosas. Los derechos de un hombre de estudios,
las reivindicaciones de una clase social, no tienen valor para el
que se ha convertido en mensajero de Jesús. "Gratuitamente
lo habéis recibido". No fue sólo el llamamiento
de Jesús el que nos atrajo a su servicio sin que nosotros
lo mereciéramos? "Dadlo gratuitamente". Dejad
claro que con toda la riqueza que habéis recibido no
buscáis nada para vosotros mismos, ni posesiones, ni
apariencia, ni reconocimiento, ni siquiera que os den las gracias.
Además, cómo podríais exigirlo? Toda la honra
que recaiga sobre nosotros se la robamos al que en verdad le
pertenece, al Señor que nos ha enviado. La libertad de los
mensajeros de Jesús debe mostrarse en su pobreza.
El
que Marcos y Lucas se diferencien de Mateo en la enumeración
de las cosas que están prohibidas o permitidas llevar a los
discípulos no permite sacar distintas conclusiones.
Jesús
manda pobreza a los que parten confiados en el poder pleno de su
Palabra. Conviene no olvidar que aquí se trata de un
precepto. Las cosas que deben poseer los discípulos son
reguladas hasta lo más concreto. No deben presentarse como
mendigos, con los trajes destrozados, ni ser unos parásitos
que constituyan una carga para los demás. Pero deben andar
con el vestido de la pobreza. Deben tener tan pocas cosas como el
que marcha por el campo y está cierto de que al anochecer
encontrará una casa amiga, donde le proporcionarán
techo y el alimento necesario.
Naturalmente,
esta confianza no deben ponerla en los hombres, sino en el que los
ha enviado y en el Padre celestial, que cuidará de ellos.
De este modo conseguirán hacer digno de crédito el
mensaje que predican sobre la inminencia del dominio de Dios en la
tierra. Con la misma libertad con que realizan su servicio deben
aceptar también el aposento y la comida, no como un pan que
se mendiga, sino como el alimento que merece un obrero. Jesús
llama "obreros" a sus apóstoles. El perezoso no
merece ser alimentado. Pero qué es el trabajo sino la lucha
contra el poderío de Satanás, la lucha por
conquistar los corazones de los hombres, la renuncia a la propia
gloria, a los bienes y alegrías del mundo, para poder
servir con amor a los pobres, los maltratados y los miserables?
Dios mismo ha trabajado y se ha cansado con los hombres (Is 43,
24), el alma de Jesús trabajó hasta la muerte en la
cruz por nuestra salvación (Is 53,11).
Los
mensajeros participan de este trabajo en la predicación, en
la superación de Satanás y en !a oración
suplicante. Quien no acepta este trabajo, no ha comprendido aún
el servicio del mensajero fiel de Jesús. Pueden aceptar sin
avergonzarse la recompensa diaria de su trabajo, pero también
sin avergonzarse deben permanecer pobres, por amor a su servicio
(D. Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme,
Salamanca 1999, pp. 136-138).
Día
15
Lunes de la semana XV del
Tiempo ordinario o 15 de julio,
San Buenaventura
Buenaventura
nació en Bagnoregio, en el Lazio, entre 1217 y 1221. Siendo
niño, fue curado por san Francisco de una grave enfermedad.
Estudió en la Universidad de París, donde enseñó
más tarde. Allí encontró a los frailes
menores, y en 1243 entró en la orden. Convertido en
ministro general, la dirigió durante diecisiete años
con sabiduría y equilibrio, en medio de fuertes tensiones.
Además de una biografía de san Francisco, escribió
muchas obras de teología y de mística, armonizando
de una manera profunda la ciencia con la fe. Estas obras le
merecieron el título de "doctor seráfico".
Tras ser nombrado cardenal y obispo de Albano, contribuyó
al acercamiento entre latinos y griegos en el segundo Concilio
Ecuménico de Lyon, durante cuya celebración murió,
el 15 de julio de 1274.
LECTIO
Primera
lectura: Isaías 1,10-17
10
Escuchad
la Palabra del Señor, jefes de Sodoma; atiende a la
enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:
11
De
qué me sirven todos vuestros sacrificios? -dice el Señor-.
Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasa de becerros;
detesto la sangre de novillos, corderos y machos cabríos.
12
Nadie
os pide que vengáis ante mí, a pisar los atrios de
mi templo,
13
trayendo
ofrendas vacías, cuya humareda me resulta insoportable.
!Dejad de convocar asambleas, novilunios y sábados! No
aguanto fiestas mezcladas con delitos.
14
Aborrezco
con toda el alma vuestros novilunios y celebraciones, se me han
vuelto una carga inaguantable.
15
Cuando
extendéis las manos para orar, aparto mi vista; aunque
hagáis muchas oraciones, no las escucho, pues tenéis
las manos manchadas de sangre.
16
Lavaos,
purificaos; apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de
hacer el mal,
17
aprended
a hacer el bien. Buscad el derecho, proteged al oprimido, socorred
al huérfano, defended a la viuda.
**
El pasaje presenta uno de los oráculos introductorios del
libro de Isaías. El profeta, que desarrolla su misión
en el Reino de Judá durante la segunda mitad del siglo VIII
a. de C, en un período de prosperidad económica y de
relajamiento moral, condena en especial el formalismo religioso de
las clases más ricas. Los que a ellas pertenecen, cerrados
en el egoísmo de su riqueza e insensibles a las necesidades
de los cada vez más numerosos indigentes, practican un
culto que es inútil porque está separado de la vida.
Empleando
la forma literaria de un juicio emprendido por YHWH contra su
pueblo -al que de manera significativa se llama "Sodoma y
Gomorra", las ciudades pecadoras por antonomasia (v.
10)-, reivindica Isaías a Dios sus derechos y recuerda al
pueblo los deberes sancionados por la alianza sinaítica.
Dios confiesa que le disgusta la ofrenda de los sacrificios
cruentos e incruentos, la observancia de las fiestas y de las
prescripciones rituales (w. 11-14), dado que a eso no le
corresponde un corazón dócil, atento a las
necesidades del prójimo. Dios no mira ni escucha a quien
cree rendirle honores y luego pisotea a los débiles y a los
pobres (v. 15ab).
Entre
el culto y la vida no puede haber contradicción: no es
posible ofrecer la sangre de una víctima sacrificial con
manos manchadas por la sangre de los homicidios cometidos (v.
15c). La conversión del corazón ("Dejad de
hacer el mal, aprended a hacer el bien": w. 16d-17a) es
la condición fundamental para que la alianza de Dios con su
pueblo sea real y eficaz. Dios renueva la invitación a una
purificación tanto interior, del corazón, como
exterior, del comportamiento, para restituir la verdad al culto
practicado y poner las bases de la justicia social.
Salmo Responsorial
Al que sigue buen camino le haré
ver la salvación de Dios
Salmo
49
<<No
te reprocho tus sacrificios, pues
siempre están tus holocaustos ante mí. Pero
no aceptaré un becerro de tu casa, ni
un cabrito de tus rebaños.>> R/.Al que
sigue buen camino le haré ver la salvación de
Dios
<<¿Por
qué recitas mis preceptos y
tienes siempre en la boca mi alianza, tú
que detestas mi enseñanza y
te echas a la espalda mis mandatos?>> R/.
Al
que sigue buen camino le haré ver la salvación de
Dios
<<Esto
haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees
que soy como tú? Te
acusaré, te lo echaré en cara. El
que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al
que sigue buen camino le
haré ver la salvación de Dios.>> R/.Al que
sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Evangelio:
Mateo 10,34-11,1
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
10'34
No
penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido
a traer paz, sino discordia.
35
Porque
he venido a separar al hijo de
su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra;
36
los
enemigos de cada uno serán los de su casa.
37
El
que ama a su padre o a su madre más que a mí no es
digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más
que a mí no es digno de mí.
38
El
que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí.
39
El
que quiera conservar la vida la perderá, y el que la pierda
por mí la conservará.
40
El
que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe
a mí recibe al que me envió.
41
El
que recibe a un profeta por ser profeta recibirá recompensa
de profeta; el que recibe a un justo por ser justo recibirá
recompensa de justo;
42
y
quien dé un vaso de agua a uno de estos pequeños por
ser discípulo mío os aseguro que no se quedará
sin recompensa.
11,1
Cuando
Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce
discípulos, se fue a enseñar y a proclamar el
mensaje en los pueblos de la región.
*••
Mateo prosigue bosquejando el estilo de vida del
discípulo-misionero, poniendo de relieve las exigencias
radicales de la misión. Nada puede ser impedimento para
seguir a Jesús, aunque eso pueda causar sufrimientos y
hasta provocar rupturas, incluso en el interior de una misma
familia. El cristiano ha de contar con malentendidos y con la
incomprensión de sus allegados y de quienes le están
unidos por lazos afectivos. El discípulo -Jesús ya
lo había declarado- no puede tener una suerte diferente a
la de su maestro, desconocido y rechazado precisamente por los
suyos (cf. Me 3,21; Jn 1,11).
No
se trata de que no pueda vivir el discípulo con entrega y
fidelidad las relaciones familiares, sino de dar prioridad a las
exigencias del seguimiento de Jesús y al amor "con
todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con
todas tus fuerzas" (Mc 12, 30) que debemos al Señor.
Ahora bien, eso sería humanamente imposible si él no
nos hubiera amado antes hasta dar la vida por nosotros. Haciendo
como Jesús, tomando sobre nosotros la carga crucificante
del mal que se opone al amor y realizando gestos sencillos, pero
auténticos, dirigidos al otro, al que reconocemos como
hermano (el ofrecimiento de un vaso de agua), viviremos la misma
dignidad de hijos del Padre misericordioso.
MEDITATIO
Dios,
luz inaccesible, nos sale continuamente al encuentro y desea
revelarse a nosotros. Nos alcanza en lo concreto de nuestra
historia en Jesús, fuente de una existencia luminosa y
fecunda. Como cristianos, hemos sido llamados a comunicar a los
que se nos acercan y a toda la humanidad el sentido y el gusto que
asume la vida en relación con él y a hacer visible
la fuerza transformadora del Evangelio. De este modo, nos volvemos
profetas, punto de referencia, imagen evidente de la posibilidad
de vivir el amor nuevo, el que Jesús nos enseñó
e hizo conocer.
El
Señor nos dice: "Vosotros sois la sal de la tierra;
[...] Vosotros sois la luz del mundo". Se trata de la
declaración de una identidad, y nosotros la creemos por su
palabra, aunque a menudo nos parezca que la contradice la
experiencia de nuestra poquedad y nos resulte fácil ceder a
la desconfianza frente a nuestra realidad, que se presenta oscura
e insignificante.
Estas
dos afirmaciones de Jesús nos revelan lo que somos, pero,
al mismo tiempo, constituyen la indicación de un camino que
debemos recorrer, de un testimonio que se acredita y se renueva a
lo largo del curso de toda nuestra vida. Buenaventura fue un
maestro en esto, trazando un itinerario a través del cual
se nos ayuda a caminar hacia Dios, y lo hizo con la autoridad de
quien no sólo ha indagado y discutido, sino también
probado y experimentado.
Se
situó delante de todo con una mirada sapiencial, capaz de
captar toda criatura como parte de un único canto armonioso
que manifiesta a Dios y en el que también las realidades
aparentemente distantes entre sí encuentran su unidad en
una profundidad diferente. Supo reconocerlas como expresión
de una luz no originariamente propia, sino recogida, recibida y
reflejada, y así comprendió plenamente su valor.
ORATIO
"Yo
soy la vid verdadera" (Jn
15,1). !Oh Jesús, vid benigna, ven! !Oh Señor
Jesucristo, árbol de la vida situado en el centro del
paraíso, tus hojas son medicinales, tus frutos son para la
vida eterna! !Oh flor y fruto bendito de la bendita rama -que es
la purísima Virgen María-, sin ti nadie es sabio,
porque tú eres la sabiduría del Padre eterno.
Dígnate alimentar con el pan del intelecto y con el agua de
la sabiduría mi débil y árida mente. Abre, oh
llave de David, y se me entreabrirán las oscuridades.
Irrígame,
oh luz verdadera, y se despejarán mis tinieblas.
Manifestándote e ilustrándote en ti mismo, por medio
de mí, concédenos, a mí, que hablo, y a los
que me oyen, poseer la vida eterna. Así sea (Buenaventura
de Bagnoregio, Opusculi mistici, Milán 1956, p.
259).
CONTEMPLATIO
La
soberana sabiduría está escrita en el libro de la
vida, que es Jesucristo, en quien Dios Padre escondió todos
los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Por eso, el
Unigénito de Dios como Verbo increado es el libro de la
sabiduría, es la luz de la mente del sumo Artista, llena de
razones vivas y eternas; como Verbo inspirado, ilumina los
intelectos de los ángeles y de los santos; como Verbo
encarnado, irradia las mentes racionales unidas a la carne. De
este modo, la multiforme sabiduría de Dios desde él
y en él reverbera por todo el Reino, como a través
de un espejo de belleza que incluye todas las especies y toda luz,
y como libro donde, según el misterio de Dios, están
descritos todos los misterios.
!Oh!
Si yo pudiera encontrar este volumen del origen eterno, y de la
esencia incorruptible, de la sabiduría que es vida y de la
escritura imposible de cancelar! Este libro cuya meditación
es deseable, fácil su doctrina, dulce su ciencia,
inescrutable su profundidad, inexpresables sus palabras, este
libro cuyas palabras son en el fondo un solo verbo. En verdad,
"quien me encuentra, encuentra la vida y alcanza el favor
del Señor" (Prov 8,35) (Buenaventura de
Bagnoregio, Opusculi mistici, Milán 1956, p. 121ss).
ACTIO
Repite
y medita durante el día con frecuencia: "Vosotros
sois la sal de la tierra; [...] Vosotros sois la luz del mundo"(Mt
5,13ss).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Si
no queremos ser como las "tinieblas [que] no le
recibieron", debemos recuperar nuestra unidad,
redescubrir la fe como plenitud del existir, del obrar y del
pensar. Éste es el testimonio cíe san Buenaventura,
éste es el camino que él ha completado, recibiendo
en su vida al Verbo divino. La inhabitación es lo que hace
posible todavía hoy esa experiencia cristiana. Al apóstol
Tomás, que le pregunta adonde va y cómo puede
conocer el camino, Cristo le dice : "Yo soy el camino, la
verdad y la vida" (Jn 14,6). No es posible reducir la
búsqueda de la Verdad a un mero ejercicio mental, porque
por su propia naturaleza es más; la razón, para ser
verdadera, no puede negar la fe. Más aún, debe
constituir para ella la posibilidad de una mayor conciencia, y,
viceversa, la fe no puede renunciar a la razón si no quiere
caer en el fideísmo.
Cada
uno de nosotros debe realizar su propio itinerario hacia el
Absoluto, pero en el trayecto nos ayudan los que han llegado a la
meta antes que nosotros.
Hoy
más que nunca necesitamos acercarnos a los que han
demostrado estar en la luz, porque a menudo "el ojo de
nuestra mente, ante las cosas más claras de la naturaleza,
es como el ojo del murciélago ante la luz". En efecto,
acostumbrado a las tinieblas de los seres y a las imágenes
sensibles, cuando contempla la luz radiante del Sumo Ser le parece
que no ve nada, sin comprender que la oscuridad es, sin embargo,
la máxima luz para nuestra mente, como cuando el ojo queda
cegado ante una luz demasiado viva" (Buenaventura,
Itinerarium mentís in Deum). San Buenaventura va por
delante de nosotros como testigo de la posibilidad que tiene el
hombre de pensar la Verdad, de obrar el Bien, y nos invita a
caminar hacia la Luz; en esto consiste la actualidad de su
experiencia como hombre y como creyente (F. Gambetti,
"L'esperienza umana e cristiana di san Bonaventura", en
Vita Minorum 1 [1993] 60ss).
Día
16
Martes de la semana XV del
Tiempo ordinario o 16 de julio.
Nuestra Señora del
Carmen
La
devoción a la Virgen del Carmen hunde sus raíces en
un lugar y en un tiempo bien precisos. El lugar es el monte
Carmelo, cadena montañosa de Galilea, que se asoma al mar
por un alto promontorio y por el otro lado da a la llanura de
Esdrelón.
Karme/significa
"jardín" en hebreo. Es el monte santo, lugar de
la oración y donde moró Elías, cantado en la
Escritura por su belleza. En este monte - y más
precisamente en uno de sus valles-, algunos de los cruzados
venidos de Occidente dedicaron, a comienzos del siglo XIII, una
iglesia a la Virgen María, poniendo bajo su protección
la Regla de vida que les había dado Alberto, patriarca de
Jerusalén y tomando el título de Hermanos de la
Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.
Desde
aquel momento, la figura de la Virgen, Madre y Hermana, acompaña
a la historia del Carmelo, de sus santos y de sus santas. Se trata
de una historia de favores de la Virgen y de santidad de los
miembros de su orden. El Carmelo ha contemplado en María a
la Virgen purísima, a la Madre espiritual, a la Estrella
del mar. Ha recibido como don, para extenderlo a todos los
devotos, el escapulario, signo de protección y de alianza,
prenda de salvación eterna.
Se
eligió la fecha del 16 de julio porque el 17 de julio del
año 1274, el segundo Concilio de Lyon sancionó la
permanencia de la orden (que debía ser suprimida). La
conmemoración fue extendida a toda la Iglesia por Benedicto
XIII en 1726.
LECTIO
Primera
lectura: Isaías 7,1-9
1
Reinando
en Judá Ajaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías,
subieron a atacar Jerusalén el rey de Siria, Rasín,
y el rey de Israel, Pécaj, hijo de Romelías, aunque
no lograron conquistarla.
2
Comunicaron
al heredero de David: "Los sirios acampan en Efraín".
Temblaron el rey y su pueblo, como tiemblan los árboles del
bosque sacudidos por el viento.
3
El
Señor dijo a Isaías: -Sal con tu hijo Sear Yasub al
encuentro de Ajaz. Cuando te encuentres con él al final del
canal de la piscina de arriba, junto al camino del campo del
batanero,
4
dile:
Pon atención, pero estáte tranquilo. No tengas
miedo, ni te acobardes ante estos dos tizones humeantes (ante la
ira ardiente de Rasín, el sirio, y del hijo de Romelías).
5
Cierto
que Siria y Efraín, con el hijo de Romelías al
frente, han tramado tu ruina diciendo:
6
"Subamos
contra Judá, se asustará de nosotros, la
conquistaremos y pondremos por rey al hijo de Tabel".
7
Pero
esto dice el Señor Dios: eso no pasará, no se
llevará a cabo:
8a
la
capital de Siria es Damasco y a la cabeza de Damasco está
Rasín;
9a
la
capital de Efraín es Samaría y a la cabeza de
Samaría está el hijo de Romelías.
8b
Dentro
de sesenta y cinco años, Efraín será
aniquilado, y dejará de ser pueblo.
9b
Si
no creéis, no subsistiréis.
**•
Sobre el fondo de la guerra siro-efraimita, que opuso a los reyes
de Israel y de Siria contra el rey de Judá, se abre con el
capítulo 7 de Isaías el así llamado "libro
del Enmanuel". "Enmanuel", Dios-con-nosotros,
es el nombre del hijo anunciado a Ajaz, rey de Judá, como
signo que garantiza la intervención salvífica de
YHWH, a pesar de la incredulidad del soberano y de los grandes del
reino.
En
torno a esta figura se agrupan los oráculos de los
capítulos. 7-11, en los que se atribuye al hijo que ha de
nacer prerrogativas que superan los confines de su historia
contemporánea y lo elevan a símbolo e imagen del
mesías que había de venir. Dios cumplirá su
promesa y asegurará el futuro de la dinastía
davídica. Al rey y al pueblo les corresponde esta adhesión
de fe, condición indispensable para participar de la
promesa misma.
Frente
a la inminente amenaza de Israel y de Siria, que no perdonan a
Judá su no participación en la coalición
antiasiria, el rey Ajaz, por un lado, dota a Jerusalén de
defensas que puedan asegurarle la supervivencia en caso de asedio
y, por otro, intenta aliarse con el más fuerte, esto es,
precisamente Asiria. El profeta va al encuentro del rey para
recordarle que lo que cuenta y marca la diferencia no es tanto la
estrategia política y militar como la fe en Dios (v. 9b),
único auténtico soberano de Judá, a quien el
profeta representa. El Señor garantiza la victoria sobre
los dos reyes, cuyo poder es comparable al de "dos tizones
humeantes " (v. 4).
Salmo Responsorial
Dios ha fundado su ciudad para siempre
Salmo
47
Grande
es el Señor y muy digno de alabanza en
la ciudad de nuestro Dios, su
monte santo, altura hermosa, alegría
de toda la tierra. R/.
Dios
ha fundado su ciudad para siempre
El
monte Sión, vértice del cielo, ciudad
del gran rey; entre
sus palacios, Dios
descuella como un alcázar. R/.Dios ha fundado su
ciudad para siempre
Mirad:
los reyes se aliaron para
atacarla juntos; pero,
al verla, quedaron aterrados y
huyeron despavoridos. R/.
Dios
ha fundado su ciudad para siempre
Allí
los agarró un temblor y
dolores como de parto; como
un viento del desierto, que
destroza las naves de Tarsis. R/.
Dios
ha fundado su ciudad para siempre
Evangelio:
Mateo 11,20-24
En
aquel tiempo,
20
Jesús
se puso a increpar a las ciudades en las que había hecho la
mayoría de sus milagros, porque no se habían
convertido:
21
-!Ay
de ti, Corozaín! !Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y
en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en
vosotras, hace tiempo que, vestidas de saco y sentadas sobre
ceniza, se habrían convertido.
22
Por
eso os digo que el día del juicio será más
llevadero para Tiro y Sidón que para vosotras.
23
Y
tú, Cafarnaún, te elevarás hasta el cielo?
!Hasta el abismo te hundirás! Porque si en Sodoma se
hubieran hecho los milagros realizados en ti, hoy seguiría
en pie.
24
Por
eso os digo que el día del juicio será más
llevadero para Sodoma que para ti.
*••
El pasaje presenta tres invectivas, de sello profético,
dirigidas por Jesús a algunas ciudades de Galilea.
Corozaín, Betsaida y Cafarnaún constituyeron el
primer espacio operativo de Cristo, fueron espectadoras y
beneficiarias de su actividad taumatúrgica y de su primer
anuncio del Reino (w. 21-23). Sin embargo, se las cita como
prototipos de la "generación caprichosa" que se
parece a los niños en las plazas. Estos últimos, en
vez de participar en el juego, se quedan sentados, como dice la
parábola que precede al pasaje de hoy (cf. Mt
11,16-19).
Los
milagros que realiza Jesús no son fines en sí
mismos, sino signos que levantan el velo sobre la verdadera
identidad de aquel que los realiza. Son como acciones
pedagógicas cuyo objetivo es la acogida de Jesús
y de su mensaje en la fe: "Convertios y creed en el
Evangelio" (Mc 1,15b). Eso supone una disponibilidad
radical que germina en la conciencia de nuestra propia necesidad
de ser salvados, de ser liberados del mal. Por eso a las ciudades
paganas y pecadoras, emblema de las cuales son Tiro, Sidón
y Sodoma, se las considera, potencialmente, más dóciles
para abrirse al anuncio del Evangelio y a la consiguiente
conversión.
MEDITATIO
La
búsqueda de la sabiduría, la escucha de la Palabra y
el cumplimiento de la voluntad d e Dios son temas que iluminan el
sentido más verdadero de la devoción a la Virgen del
Carmelo, según la más p u r a y genuina tradición
de la orden.
Antes
incluso de ser Santa María del Monte Carmelo para el pueblo
fiel, o sea, la imagen familiar que presenta el escapulario a las
almas del purgatorio para llevarlas al cielo, María es, en
la espiritualidad del Carmelo, la custodia de la Palabra, la
Virgen del silencio y de la oración, la Madre de la
contemplación y de la vida mística.
Es
la que lleva a los fieles, como guía sabia, por los
senderos de la santa montaña, conduciéndolos hasta
la cumbre que es Cristo. Como Madre espiritual, engendra a sus
hijos a la vida de gracia en la Iglesia, pero los acompaña
asimismo con el ejemplo y la intercesión, y con una
delicadeza absolutamente materna, en cada etapa de la vida
espiritual, a través de las noches oscuras y los días
luminosos de la vida. Y, siempre en la línea del Evangelio,
marca más profundamente, en aquellos que se dejan plasmar
por su presencia y acción materna, una santidad
completamente mariana, interior en la contemplación,
generosa en el servicio.
María,
sede de la sabiduría, nos conduce a Cristo, sabiduría
viva, y forma discípulos y discípulas de la divina
sabiduría. María, discípula del Señor,
reúne y forma discípulos y discípulas de la
divina Palabra, nueva savia vital que nos hace, con y como la
eucaristía, miembros consanguíneos del mismo cuerpo
de Cristo.
ORATIO
Oh,
Virgen santísima, Madre del Creador y Salvador del mundo,
abogada de los pecadores. Es justo que, después de haber
dado gracias a Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor mío, por
haberse entregado con amor por mí, pecador, y por haberme
entregado su santísimo cuerpo, también te dé
gracias a ti, Reina celestial, porque de ti tomó la
humanidad este Verbo divino, tu Hijo y mi Dios y Creador. Con
humildad suplico tu clemencia, porque eres Reina del cielo y Madre
de l a misericordia y de este misericordioso Señor, y
-puesto que de la plenitud de tu gracia reciben de ti redención
los prisioneros, consuelo los afligidos, perdón de sus
pecados los pecadores; obtienen gracia y gloria los justos, salud
los enfermos y grande gloria los ángeles- te suplico que me
comuniques tu benevolencia, oh Señora y Madre de la misma
gracia y misericordia. Tú, oh Señora, eres la escala
del cielo, la estrella del mar, la puerta del paraíso, la
esposa del Padre eterno, la madre del Hijo y el tabernáculo
del Espíritu Santo, sellada por el Padre con su poder, por
el Hijo con su sabiduría y por el Espíritu Santo con
su bondad (Jaime Montañés, carmelita español
del siglo XVII, citado en E. Boaga, Con Maria nelle vie di Dio.
Antología della mañanita carmelitana, Roma 2000,
p. 100).
CONTEMPLATIO
Tras
Jesucristo, y sin duda a la distancia que media entre lo infinito
y lo finito, hubo también una criatura que fue una magna
alabanza de gloria a la Santísima Trinidad, que respondió
plenamente a la elección divina de la que habla el apóstol.
Ésta fue siempre "pura, inmaculada, irreprensible"
a los ojos del Padre tres veces santo. Su alma es tan sencilla y
los movimientos de su espíritu tan profundos que no podían
ser advertidos.
Parece
reproducir en la tierra la vida propia del ser divino, del Ser
simple. Al mismo tiempo, es tan transparente y luminosa que podría
ser comparada con la luz.
Con
todo, no es más que el "Espejo" del Sol de
justicia, Speculum iustitiae. "La Virgen conservaba estas
cosas en su corazón". Toda su vida puede resumirse
en estas pocas palabras.
Vivía
en su corazón. A tal profundidad, que la mirada humana no
puede seguirla. Cuando leo en el evangelio que María
"recorrió a toda prisa las montañas de
Judea" para ir a cumplir su ministerio de caridad junto a
su prima Isabel, la veo pasar enormemente bella, con gran calma y
majestuosa, recogida por completo en sí misma con el Verbo
de Dios.
Su
oración, como la de él, también fue siempre
ésta: "Ecce - Aquí estoy". Quién?
"La esclava del Señor, la última de las
criaturas", ella misma, su Madre. Se mostró tan
verdadera en su humildad porque se olvidó siempre de sí
misma y fue siempre libre de sí misma, y por eso podía
cantar: "El Poderoso ha hecho obras grandes por mí.
En adelante, las naciones me proclamarán bienaventurada "
(Isabel de la Trinidad, "Ultimo ritiro", 15, en id.,
Scritti, Roma 1988, p. 659 [existe edición española
de sus Obras completas en Editorial de Espiritualidad,
Madrid 1986]).
ACTIO
Que
la Virgen María esté presente en nuestro pensamiento
y en nuestro corazón: "Salve,
Madre, llena de la santa alegría".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Las
distintas generaciones del Carmelo, desde los orígenes
hasta hoy, han intentado plasmar su propia vida siguiendo el
ejemplo de María: por eso, en el Carmelo, y en toda alma
movida por el tierno afecto a la Virgen y Madre santísima,
florece la contemplación de ella, que ya vive en sí
lo que todo fiel desea y espera realizar en el misterio de Cristo
y de la Iglesia. Por eso, los carmelitas y las carmelitas han
elegido justamente a María como propia patrono y madre
espiritual. Ella es la Virgen purísima que guía a
todos al perfecto conocimiento e imitación de Cristo.
Florece así una intimidad de relaciones espirituales que
incrementan cada vez más la comunión con Cristo y
con María [...]. Ella no es sólo modelo para imitar,
sino también una dulce presencia de Madre y Hermana en
quien confiar [...].
Este
rico patrimonio mariano del Carmelo se ha convertido con el
tiempo, a través de la difusión del escapulario, en
un tesoro para toda la Iglesia [...]. Éste se convierte en
signo de "alianza" y de comunión recíproca
entre María y los fieles: traduce, en erecto, de una manera
concreta la entrega de su Madre que Jesús, en la cruz, hizo
a Juan, y en él a todos nosotros, y la entrega del apóstol
predilecto y de nosotros a ella, constituida en nuestra Madre
espiritual.
De
esta espiritualidad mariana, que plasma interiormente a las
personas y las configura con Cristo, primogénito entre
muchos hermanos, constituyen un espléndido ejemplo los
testimonios de santidad y de sabiduría de tantos santos y
santas del Carmelo, todos ellos criados a la sombra y bajo la
tutela de la Madre (Juan Pablo II, Carta a los padres generales
de la familia del Carmelo, 25 de marzo de 2001, con ocasión
del 750° aniversario de la entrega del escapulario).
Día
17
Miércoles de la semana
XV del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Isaías 10,5-7.13-16
Así
dice el Señor:
5
!Ay
de Asiria, vara de mi ira, bastón de mi furor!
6
La
envío contra una nación impía, la mando
contra el pueblo que provoca mi furor; para robarlo y saquearlo,
para pisotearlo como el barro de las calles.
7
Pero
ella no piensa así, no es eso lo que planea su mente: sólo
piensa en destruir, en arrasar muchas naciones.
13
Porque
dice: Con la fuerza de mi mano lo hice, y con mi ingenio, pues soy
inteligente. He cambiado fronteras de naciones, he saqueado sus
tesoros, he destronado, como héroe, a sus reyes.
14
Me
he apoderado, como de un nido, de las riquezas de las naciones;
como se recogen huevos abandonados he recogido toda la tierra:
nadie ha batido las alas, nadie ha abierto el pico para piar.
15
Se
pavonea el hacha contra el que la maneja? Se engríe la
sierra contra el que la mueve? !Como si el palo pudiera mover a
quien lo lleva o el bastón manejar a quien no es de madera!
16
Por
eso, el Señor todopoderoso dejará raquíticos
a quienes presumen de fuerza y, debajo de su opulencia, encenderá
un fuego abrasador, que todo lo devorará.
**•
El oráculo contra Asiria que nos presenta este fragmento
debe ser colocado en el contexto de la inminente amenaza de la
invasión Asiria, que marca la época de la profecía
de Isaías. Los reyes de Judá, primero Ajaz y,
después, su hijo Ezequías, adoptan una política
diferente respecto a la potencia extranjera: de alianza-vasallaje
el primero, de oposición el segundo. Sin embargo, ninguno
de los dos sigue los consejos del profeta, que exhorta a buscar en
la fe en Dios y no en las alianzas políticas la estabilidad
y la seguridad del Reino. De este modo, Isaías considera a
Asiria unas veces como enemiga que ha de ser castigada, y otras,
como instrumento del que se sirve Dios para amonestar a su pueblo
e incitarle al arrepentimiento.
En
este oráculo se llama a Asiria "vara" y
"bastón" de la cólera de Dios (v. 5),
instrumento eficaz destinado a que el pueblo tome conciencia de la
impiedad en que vive. Sin embargo, Asiria trueca en ventaja suya
la tarea que le ha sido confiada: el castigo que debe infligir a
Israel y a Judá se está transformando en su propia
destrucción.
Se
ha puesto a sí misma como arbitro de sus propias opciones.
De este modo, el "bastón del furor" de
YHWH (V. 5b) pretende "mover a quien lo lleva" (v.
15c). El destino que le está reservado, siguiendo la
lógica de la retribución temporal, será un
castigo ejemplar (v. 16).
Salmo Responsorial
El Señor no rechaza a su pueblo
Salmo
93
Trituran,
Señor, a tu pueblo, oprimen
a tu heredad; asesinan
a viudas y forasteros, degüellan
a los huérfanos. R/.
El
Señor no rechaza a su pueblo
Y
comentan: «Dios no lo ve, el
Dios de Jacob no se entera.» Enteraos,
los más necios del pueblo, ignorantes,
¿cuándo discurriréis? R/.
El
Señor no rechaza a su pueblo
El
que plantó el oído ¿no va a oír?; el
que formó el ojo ¿no va a ver?; el
que educa a los pueblos ¿no va a castigar?; el
que instruye al hombre ¿no va a saber? R/.El Señor
no rechaza a su pueblo
Porque
el Señor no rechaza a su pueblo, ni
abandona su heredad: el
justo obtendrá su derecho, y
un porvenir los rectos de corazón. R/.
El
Señor no rechaza a su pueblo
Evangelio:
Mateo 11,25-27
25
En
aquel tiempo, dijo Jesús: -Yo te alabo, Padre, Señor
del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los
sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos.
26
Sí,
Padre, así te ha parecido bien.
27
Todo
me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre,
y al Padre no lo conoce más que el Hijo y aquél a
quien el Hijo se lo quiera revelar.
*"
Jesús alaba al Padre y le da gracias por su obrar, tan
diverso y sorprendente con respecto a la lógica humana, que
exalta el poder y la fuerza en todos los ámbitos de la
existencia. No son los que cuentan exclusivamente con su propia
sabiduría, no son los que ponen el fundamento de su propia
seguridad sobre las capacidades en continuo devenir de la
inteligencia, sino que son los "pequeños" los
beneficiarios de la revelación del Padre (v. 25). Así,
el grito de dolor de Corozaín, Betsaida, Cafarnaún,
refractarias o indiferentes con respecto a su palabra (cf. Mt
11,20-24), va seguido del grito de alegría de Jesús
por aquellos que, por el contrario, han abierto su corazón
a la Palabra. A las ciudades galileas, que conocían bien al
"hijo del carpintero" (Mt 13,55) porque eran su
patria, les resulta incomprensible la novedad del Evangelio, que
se revela, en cambio, a quienes, privados de títulos de
méritos y sin estar en condiciones de apoyarse en
prerrogativas humanas, son capaces de confiar en Dios, seguros de
su fidelidad. Jesús constata con alegría la elección
preferencial del Padre, jamás desmentida a lo largo de toda
la revelación, por los que son pequeños, pobres,
sencillos. Así le parece bien al Padre (v. 26) y así
le parece a Jesús.
El
evangelista aprovecha esta ocasión para declarar la
conciencia de Jesús y la fe de la Iglesia en el misterio de
las relaciones trinitarias. El Padre da al Hijo todo por amor,
el Hijo lo acoge todo y lo restituye al Padre por amor. El
movimiento eterno de entrega recíproca entre el Padre y el
Hijo sigue siendo incognoscible para la criatura.
Sin
embargo, por obra del Espíritu, perenne efusión de
amor, el Padre se hace accesible en el Hijo y se revela a sí
mismo (v. 27). Tal manifestación es incomprensible para la
sabiduría racional humana. Sólo quien se hace
"pequeño" en el corazón, en toda su
existencia, sólo quien se vuelve disponible para entrar en
la lógica del don gratuito de Dios, puede comprenderla. El
apóstol Pablo dirá con otras palabras: "Lo
que en Dios parece debilidad es más fuerte que los hombres"
(1 Cor 1, 25a).
MEDITATIO
La
tentación originaria del hombre es la de excluir a Dios de
su propia existencia. Homo faber fortunae suae se convierte
en el lema que marca las raíces de la voluntad humana y
sella sus opciones. La conciencia de vivir en la edad adulta no
puede tolerar la dependencia ni la sumisión a ningún
Dios.
El
hombre que rechaza a Dios -tanto si lo reconoce como si no- se
cierra en el gueto de sus propios instintos, de sus propias
opiniones, de una inteligencia que, por mucho que pueda recorrer
los espacios siderales o adentrarse en las partículas
infinitesimales de la materia, no sabe encontrar el camino de la
alegría, de la paz, de la plenitud interior. De esta
suerte, paradójicamente, el hombre que se siente señor
del mundo así como de su propia existencia y de la ajena no
consigue hacerse con el corazón del vivir, con su
significado último, que es lo único que le da
consistencia. Eso es, sin embargo, lo que se revela a quien acepta
la realidad de ser criatura pequeña frente al Creador,
aunque tan preciosa para él que la llama a participar de su
misma vida. Es "pequeño" quien se muestra
contento con lo que es, quien sabe que no es omnipotente y, por
eso, se abre a la relación con Dios. Es "pequeño"
quien reconoce haber recibido todo como don y lo usa no como dueño
o como predador, sino como siervo, con gratitud. Quien es
"pequeño" de este modo conoce algo del amor del
Padre y del Hijo.
ORATIO
Bendito
seas, Padre, que nos has dado a Jesús, tu Hijo, y en él
nos has dicho y mostrado lo mucho que nos quieres. Nunca
hubiéramos podido imaginarlo. Si tú no hubieras
decidido manifestarte a nosotros, no hubiera sido posible que yo
estuviera ahora aquí, hablando contigo con la confianza de
un hijo.
Te
lo ruego, Padre: renueva también en mi corazón la
certeza de la presencia de tu Espíritu. Que él me dé
la certeza de que tú eres mi Padre, de que Jesús es
el Señor, de que estoy llamado a la comunión contigo
para la eternidad.
Que
él me haga gustar la belleza de ser criatura, pequeña
pero preciosa, y me libere de la presunción de la
autosuficiencia, de la sabihondez de quien quiere darte consejos,
considerándolos como los mejores.
Espíritu
de sabiduría y de piedad, enciende en mí el gusto
por la pequeñez, por la sencillez que me dispone a acoger
tu manifestación.
CONTEMPLATIO
Los
grandes discursos no nos hacen santos y justos, sino que es la
vida virtuosa la que nos vuelve agradables a Dios. Es mucho mejor
experimentar compunción que conocer su definición.
Ésta es, por consiguiente, la suprema sabiduría:
tender al Reino de los Cielos mediante el desprendimiento del
mundo. Qué ventajas nos procura el saber sin el temor de
Dios? No te engrías por el arte o la ciencia que posees:
que estos dones sean para ti más bien motivo de temor.
Feliz aquel que es adoctrinado directamente por la Verdad tal como
ella es. Del único Verbo proceden todas las cosas, sólo
de él nos hablan todas, y éste es el Principio que
nos habla también a nosotros. Cuanta más capacidad
de recogimiento y de sencillez interior hayamos alcanzado tanto
más seremos capaces de comprender con amplitud y
profundidad, y sin fatiga, por qué recibimos de lo alto la
luz de la inteligencia (La imitación de Cristo, 3,
7, 9).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sólo
tú, Señor, eres Dios"
(cf. Is
10,15).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
modelo al que hemos de adecuarnos en el cristianismo no es el
"adulto", sino, al contrario, el "niño";
no es el "intelectual" -que, en la perspectiva
ilustrada, es el "adulto" por definición-, sino,
al contrario, el "sencillo", el "ignorante".
Este, en la perspectiva evangélica, está simbolizado
precisamente por el "pequeño", por el "niño".
Pablo VI, papa "intelectual", hombre cultísimo,
elevó en 1970 al rango de "doctor de la Iglesia"
-el más elevado en la jerarquía espiritual- a santa
Catalina de Siena, que a duras penas era capaz de leer y sólo
al final de su vida aprendió a escribir.
No
sin razón esta biblioteca mía en la que estamos
hablando, compuesta por demasiados libros, a menudo arduos y
escritos en muchas lenguas modernas y antiguas, está
presidida (como puede ver) por la imagen de una muchacha de
catorce años que aún no era mujer, asmática,
desnutrida, hija de la familia más despreciada de su pueblo
y, como es natural, analfabeta.
La
Madre de Cristo, para confiar su mensaje de llamada a la fe, no
eligió ni a profesores, ni a notables, ni a periodistas, ni
a otros cristianos ya "adultos", "ya mayores de
edad". Dieciocho veces, hablando su dialecto, se le apareció,
en la gruta donde se guarecía la piara de cerdos de
propiedad comunal, a esta pobre ignorante para el mundo, a esta
maravillosa sabia según el Evangelio que es santa
Bernadette Soubirous, la hija de un molinero fracasado de la
oscura Lourdes.
No
es una sorpresa; es sólo la enésima confirmación
de una estrategia divina (V. Messori - M. Brambilla, Qualche
racione per credere, Milán 1997).
Día
18
Jueves de la semana XV del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Isaías 26,7-9.12.16-19
7
La
senda del justo es recta, tú allanas el sendero del justo;
8
caminamos
por la senda que marcan tus leyes, hemos puesto en ti, Señor,
nuestra esperanza; ansiamos tu nombre y tu recuerdo.
9
Mi
alma te ansia de noche, mi espíritu en mi interior madruga
por ti, pues cuando tú gobiernas la tierra aprenden
justicia los habitantes del orbe.
12
Señor,
tú nos concederás la paz, pues todo lo que hacemos
eres tú quien lo realiza.
16
Señor,
en la angustia acudieron a ti, cuando los castigaste susurraban
una oración.
17
Como
la embarazada al acercarse el parto se retuerce y grita de dolor,
así nosotros ante ti, Señor.
18
Habíamos
concebido, nos retorcimos de dolor y dimos a luz, pero sólo
era viento; no trajimos salvación a la tierra, no nacieron
habitantes al mundo.
19
Pero
revivirán tus muertos, los cadáveres se levantarán;
se despertarán jubilosos los habitantes del polvo, pues
rocío de luz es tu rocío, y los muertos resurgirán
de la tierra.
**•
La plegaria de Is 26,7-19, de la que están tomados los
versículos que constituyen el texto litúrgico de
hoy, forma parte del así llamado "Apocalipsis de
Isaías", considerado como posterior a la profecía
del Isaías histórico.
Se
trata de un bloque de capítulos (24-27) formado por
liturgias proféticas, anuncios apocalípticos, cantos
y plegarias de lamento y de acción de gracias. El centro de
atención está constituido por la ruina de la ciudad
excelsa, cuya identificación resulta problemática, y
por el juicio que pronuncia Dios sobre ella y sobre toda la
tierra, un juicio en el que están implicadas asimismo todas
las fuerzas de la naturaleza. Entre los trastornos cósmicos
y las perspectivas de la paz definitiva, se invita al pueblo a que
confíe en el Señor, que mantiene su promesa y cuida
de los pobres y de los oprimidos.
Del
mismo modo que devasta las ciudades paganas, haciendo
impracticables sus caminos, allana la senda de quien conforma la
vida a sus preceptos (w. 7ss). Dios realiza sus grandes obras
entre las naciones, a fin de que todos puedan conocerle y vivir
según su voluntad.
La
esperanza que el orante pone en YHWH alimenta el deseo de estar en
comunión con aquel que le concederá -está
seguro de ello- la plenitud de todos los bienes y llevará a
buen puerto las iniciativas emprendidas (w. 9.12). Eso mostrará,
no obstante, la débil fe del pueblo, cuya oración
está exenta de contenido y de fuerza vital (w. 16-18). La
intervención de Dios volverá a dar energía
vivificadora a un pueblo de "muertos", para una
nueva existencia jubilosa (v. 19). La que proclama el orante es
una esperanza cierta, expresión de la fe en aquél a
quien sabe pertenecer.
Salmo Responsorial
El Señor desde el cielo se ha
fijado en la tierra
Salmo
101
Tú
permaneces para siempre, y
tu nombre de generación en generación. Levántate
y ten misericordia de Sión, que
ya es hora y tiempo de misericordia. Tus
siervos aman sus piedras, se
compadecen de sus ruinas. R/.El Señor desde
el cielo se ha fijado en la tierra
Los
gentiles temerán tu nombre, los
reyes del mundo, tu gloria. Cuando
el Señor reconstruya Sión, y
aparezca en su gloria, y
se vuelva a las súplicas de los indefensos, y
no desprecie sus peticiones. R/.El Señor
desde el cielo se ha fijado en la tierra
Quede
esto escrito para la generación futura, y
el pueblo que será creado alabará al Señor. Que
el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde
el cielo se ha fijado en la tierra, para
escuchar los gemidos de los cautivos y
librar a los condenados a muerte. R/.
El
Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra
Evangelio:
Mateo 11,28-30
En
aquel tiempo, dijo Jesús:
28
Venid
a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y yo
os aliviaré.
29
Cargad
con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de
corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas.
30
Porque
mi yugo es suave y mi carga ligera.
*"
El canto de alabanza de Jesús anuncia la salvación
para quienes acogen con estupor y admiración el amor del
Padre. Jesús acaba de hablar de la imposibilidad de conocer
al Padre si no es por la revelación del Hijo. Y ahora él,
el Hijo, invita a todos a ir a él, a entrar en comunión
de vida con él acogiendo su amor y el del Padre, fuente de
reposo, satisfacción de todo deseo en el goce, en la paz.
Él, el único y verdadero Maestro, dirige a todos la
invitación a hacerse discípulos, y se trata de una
invitación que lleva en sí misma los caracteres de
la urgencia y de la alegría. Jesús,
Sabiduría del Padre que se revela a los sencillos, a todos
los que experimentan y reconocen la fatiga opresora de la
observancia de la Ley en sí misma, manifiesta el misterio
del Reino de Dios en cuanto anuncia que el amor es la plenitud de
la Ley (cf. Rom 13,10; Gal 5,14) y convierte el amor en la
norma, en el mandamiento supremo (cf. Jn 13,34; Mt
22,36-40).
El
discípulo está invitado a ponerse junto a Jesús,
a tomar su mismo yugo. Aprende del Maestro a llevarlo haciendo
suyo el mismo estilo de vida: el de los sencillos y el de los
humildes, el de los pobres y los pequeños, que han
comprendido el mandamiento nuevo de la obediencia a Dios y del
servicio a los hermanos. El yugo en sí sigue siendo pesado,
pero llevarlo con Cristo es causa de suavidad: el amor
reclama la fatigosa renuncia a nuestro propio instinto egoísta,
pero abre de par en par los horizontes de la vida verdadera, la
vida misma de Dios.
MEDITATIO
Dios
cuida de su pueblo. Quiere el bien para cada uno de sus hijos
creados, amados y custodiados por él. La última
palabra de Dios es "vida", no "muerte", como
nos mostró al resucitar a Jesús. Nuestra experiencia
terrena es con frecuencia una experiencia de fatiga, de tener que
cargar con pesos bajo los cuales nos abatimos: pesos físicos,
pesos interiores. Cada uno de nosotros se reconoce con facilidad
entre los "fatigados y agobiados" a quienes Jesús
invita a ir con él. O bien entre quienes gritan en la
prueba, como los judíos de la profecía de Isaías.
Vale la pena preguntarse cómo vivimos las situaciones
difíciles que llamamos "pruebas", cómo
reaccionamos frente a lo que nos parece demasiado pesado para
nuestras fuerzas o nos espanta, nos desorienta.
Tal
vez nos limitamos a enfadarnos (contra los otros, contra el
destino, contra Dios)? Se trata de una reacción
comprensible, pero corremos el riesgo de que nos haga sentir los
dolores, para, a continuación, dar a luz "sólo
viento", usando la imagen del profeta Isaías.
Si
queremos caminar con el Señor por las sendas que él
en su bondad no deja de allanar, podremos cargar con su yugo, un
yugo ligero, porque lo llevamos con él, y él mismo
nos enseña a llevarlo con amor. De todos modos, las
pruebas, las contrariedades, los sufrimientos provocados, nos
hacen mal y continúan haciéndolo, pero tienen un
significado: si vivimos sin cesar de amar, de dar alegría y
paz a los que están junto a nosotros, venceremos, como
Jesús, el mal con el bien: primero en nosotros mismos y, a
continuación, en nuestro entorno. Nos convertiremos en
sembradores de esperanza.
ORATIO
Vengo
a ti, Señor, cargado con la fatiga de mi jornada y con los
pesos de los sufrimientos de los que viven junto a mí. Te
encuentro cargado con la cruz y con todas las cruces construidas,
tanto ayer como hoy, por la mezquindad y por el egoísmo de
tantos.
Mírame,
Señor: mira cómo, a pesar de las apariencias y de
cierto perfeccionismo religioso, y aun llenándome a menudo
la boca con hermosas palabras, ni siquiera soy capaz de llevar con
amor mi propio peso. A la invitación que hoy me diriges:
"Venid a mí todos los que...", responde tu
oración en la cruz: "Padre, perdónalos... ".
Gracias, Jesús, por atraerme a ti con tanta suavidad. A
mi vez, quisiera, con tu ayuda, entregar suavidad: tal vez
descubriría que con el amor todo peso se vuelve ligero.
CONTEMPLATIO
Tened
una gran humildad, porque es la virtud de las virtudes, pero una
humildad generosa y tranquila. Os recomiendo, más que las
otras, las dos queridas virtudes que tanto desea nuestro Señor
que aprendamos de él: la humildad y la sencillez de
corazón, pero llevad buen cuidado en que sean verdaderas
virtudes del corazón.
Animad
de continuo vuestro valor con la humildad, y vuestra humildad,
esto es, vuestra miseria y vuestro deseo de ser humildes, animadla
con vuestra confianza en Dios, de suerte que vuestro valor sea
humilde y vuestra humildad sea animosa. Permaneced alegremente
humildes ante Dios, pero sed alegremente humildes también
ante el mundo (Francisco de Sales, Lettere di amicizia
spirituale, Roma 1984, pp. 967ss [edición española:
Cartas a religiosas, Biblioteca de Autores Cristianos,
Madrid 1988]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Jesús,
sencillo y humilde de corazón, concédeme un corazón
semejante al tuyo"(cf.
Mt
11,29).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Se
ha llegado a decir que Jesús habría crecido frágil,
que se habría vuelto delicado y sencillo: a partir de ahí
se habría inclinado por la vida decadente, se habría
puesto de parte de los pobres, de los perseguidos, de los
oprimidos, de los candidatos al sufrimiento y a la miseria. Quien
piense así basta con que abra los ojos y mire bien a Jesús.
Que no juzgue debilidad y fuerza, exclusivamente, según
alguien se abra camino con ardor y con los puños, sino
pensando que hay también una fortaleza superior que tal vez
tiene que ver con los estratos inferiores del ser.
"Venid
a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y yo
os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí,
que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis
descanso para vuestras vidas" (Mt
11,28ss). Se trata del mismo misterio que las bienaventuranzas.
La
conciencia de dar la vuelta a lo que tiene valor en el mundo, para
edificar lo que realmente cuenta. Jesús no viene por el
gusto de añadir un nuevo elemento a la serie de
experiencias humanas realizadas hasta aquí; no, Jesús
aporta, desde la plenitud del cielo, reservada a Dios, una
realidad santa. Trae al mundo sediento una corriente de vida desde
el corazón de Dios. Para tener parte en ella es necesario
que el hombre se abra, deje el apego a la vida terrena y salga al
encuentro de aquel que viene. Es preciso superar la rancia y
arraigada pretensión según la cual el mundo es la
única realidad que cuenta y se basta de verdad a sí
misma. Se comprende, no obstante, de inmediato a quién le
debe resultar particularmente difícil semejante renuncia: a
aquellos que están bien situados en el mundo, a los
poderosos, a aquellos que tienen parte en la grandeza y en la
riqueza de la tierra. Los pobres, en cambio, son felices no porque
su estado, en sí, sea feliz, sino porque reconocen con
mayor facilidad que hay algo además del mundo e, iluminados
por su miseria, aspiran de una manera más expedita a eso
otro (R. Guardini, ll Signore, Milán 1977 [edición
española: El Señor, Ediciones Rialp, Madrid
1965]).
Día
19
Viernes de la semana XV del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Isaías 38,1-6.21-22.7ss
1
Por
aquel tiempo, Ezequías enfermó de muerte. El profeta
Isaías, hijo de Amos, acudió a él y le dijo:
-Así dice el Señor: "Arregla los asuntos de tu
casa, porque vas a morir inmediatamente".
2
Entonces
Ezequías se volvió contra la pared y oró al
Señor así:
3
-Acuérdate,
Señor, de que he caminado fielmente en tu presencia y de
que te he agradado con mi conducta, actuando con rectitud. Y
rompió a llorar amargamente.
4
El
Señor dijo a Isaías:
5
-Ve
y di a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de
tu antepasado David: "He escuchado tu oración y he
visto tus lágrimas. Dentro de tres días subirás
al templo del Señor. Alargaré tu vida quince años,
6
te
libraré a ti y a esta ciudad del rey de Asiria y protegeré
a esta ciudad".
21
Isaías
dijo: -Traed una cataplasma de higos secos y aplicádsela a
la llaga; así sanará.
22
Ezequías
preguntó: -Cuál es la señal de que
subiré al templo del Señor?
7
Isaías
respondió: -Ésta es la señal que el Señor
te da como prueba de que cumplirá su palabra:
8
Haré
retroceder diez grados las marcas del reloj de Ajaz, la sombra que
ya ha avanzado. Y el sol retrocedió diez grados que ya
había avanzado.
**•
Los capítulos 36-39, que cierran el libro atribuido
al primer Isaías, son un añadido posterior llevado a
cabo por el redactor después del exilio de Babilonia. Los
hechos que allí se narran se remontan a los últimos
años del siglo VIII a. de C, durante el reinado de
Ezequías, y están documentados desde el punto de
vista histórico tanto por el segundo libro de los Reyes
como por textos asirios. El pasaje que examinamos se sitúa
en el contexto precedente al asedio que el rey asirio Senaquerib
puso a Jerusalén, unos quince años antes de la
muerte del rey Ezequías. El relato de la gravísima
enfermedad que aqueja al rey y de su curación milagrosa,
mediante la intervención de Isaías, pone de relieve
la actitud de confianza de Ezequías con Dios y con el
profeta, que es reconocido por lo que es: portavoz de YHWH. Por
otra parte, emerge el prestigio de Isaías y se exalta el
poder que le viene de su fidelidad al mandato profético.
Ezequías
reacciona al anuncio de su muerte inminente con una oración
que, siguiendo el estilo de los salmos de súplica, apela a
la misericordia de Dios. A él le presenta el rey su propia
vida, una vida vivida con rectitud, rica en buenas obras; por
consiguiente, siguiendo la doctrina de la retribución
temporal, cómo es posible que esta vida sea tan breve? La
bondad de la oración del rey queda demostrada por el hecho
de que es escuchada. Esa escucha se le hace saber por medio del
profeta: Ezequías se curará y Jerusalén será
liberada.
Salmo Responsorial
Tú, Señor, detuviste mi alma
para que no pereciese.
Is 38, 10-16.
Yo
pensé: <<En medio de mis días tengo
que marchar hacia las puertas del abismo; me
privan del resto de mis años.>>
R/.Señor, detuviste
mi alma ante la tumba vacía
Yo
pensé: <<Ya no veré más al Señor en
la tierra de los vivos, ya
no miraré a los hombres entre
los habitantes del mundo.>>
R/.Señor, detuviste
mi alma ante la tumba vacía
<<Levantan
y enrollan mi vida como
una tienda de pastores. Como
un tejedor, devanaba yo mi vida, y
me cortan la trama.>>
R/.Señor, detuviste
mi alma ante la tumba vacía
Los
que Dios protege viven, y
entre ellos vivirá mi espíritu; me
has curado, me has hecho revivir.
R/.Señor, detuviste
mi alma ante la tumba vacía
Evangelio:
Mateo 12,1-8
1
En
una ocasión, iba Jesús caminando por los sembrados.
Era sábado. Sus discípulos sintieron hambre y se
pusieron a arrancar espigas y a comerlas.
2
Los
fariseos, al verlo, le dijeron: -Te das cuenta de que tus
discípulos hacen algo que no está permitido en
sábado?
3
Jesús
les respondió: -No habéis leído lo que hizo
David cuando sintieron hambre él y sus compañeros:
4
cómo
entró en el templo de Dios y comió los panes de la
ofrenda que ni a él ni a los suyos les estaba permitido
comer, sino sólo a los sacerdotes?
5
Tampoco
habéis leído en la Ley que en día de sábado
los sacerdotes del templo pueden incumplir el precepto del sábado
sin incurrir en culpa?
6
Pues
yo os digo que hay aquí alguien más importante que
el templo.
7
Si
supierais lo que significa: misericordia
quiero y no sacrificios, no
condenaríais a los inocentes.
8
Porque
el Hijo del hombre es señor del sábado.
**•
El evangelista Mateo cuenta en este pasaje una de las numerosas
controversias entre Jesús y los fariseos respecto a la
observancia del precepto sabático. La Ley mosaica
prescribía abstenerse de todo trabajo el día del
sábado, aunque fuera particularmente urgente, como las
labores del campo en tiempos de aradura y de cosecha (cf. Ex
20,8-11; 31,12-17; 34,21; Lv 23,3; Dt 5,12-15).
La
antigua institución del sábado como día de
reposo dedicado a Dios, que "descansó el día
séptimo de todo lo que había hecho" (Gn
2,2), había tomado una gran importancia durante el exilio
de Babilonia y en el período posterior, convirtiéndose,
por tanto, en una ley férrea en el judaísmo hasta
los tiempos de Jesús. El precepto del sábado, vivido
al principio como día de alegría para todos
(hombres, libres o esclavos, y animales), en recuerdo de la
liberación de la esclavitud de Egipto, y como anticipación
del reposo escatológico, en el que toda criatura
participará del reposo del mismo Dios {cf. Hb
4,9-11), el precepto del sábado, decíamos, se había
transformado en una casuística opresora y vinculante de lo
que estaba permitido y lo que estaba prohibido, una casuística
en torno a la cual divergían las diferentes escuelas
rabínicas.
La
afirmación de Jesús "el Hijo del hombre es
señor del sábado" (v. 8) tiene un alcance
desconcertante. Afirma, en primer lugar, que tiene una autoridad
superior a la de Moisés, en virtud de su relación
especial con el Dios a quien se quiere honrar observando el
precepto del sábado. Él y sólo él
puede establecer lo que es lícito y lo que no lo es.
Jesús, revelador del amor del Padre, vuelve a situar al
hombre en el centro del verdadero culto: rendir honor a Dios no
puede ser separado del estar atentos al hombre, a quien Dios ha
creado y ama. En consecuencia, no puede haber conflicto entre la
ley religiosa y las exigencias del amor. La historia de Israel,
dado que el carácter sagrado de los panes de la ofrenda no
impidió a David y a sus hambrientos hombres alimentarse con
ellos (w. 3ss), lo confirma.
El
Dios misericordioso busca la misericordia y no el sacrificio,
como mostrará Jesús poco después curando
al hombre de la mano atrofiada (Mt 12,9-13). Si los mismos
sacerdotes deben infringir las normas del sábado
para
ejercer su ministerio (v. 5), tanto más pasarán
éstas a segundo plano frente a las exigencias del amor al
hombre, signo imprescindible del amor y de la obediencia al Dios
del amor.
MEDITATIO
Es
fácil intentar encerrar a Dios en un conjunto de reglas
religiosas prácticas, que nos pongan en paz la conciencia
aquí en la tierra y nos aseguren la vida eterna en el más
allá. Es fácil porque da seguridad y ofrece un
criterio de juicio inmediato entre lo que es justo y lo que no lo
es. Facilita también, por tanto, la aproximación a
los otros, que pueden ser etiquetados "objetivamente "
como "justos" e "injustos" o como "buenos"
y "malos". Como en tiempos de Jesús, se trata de
una operación que tiene mucho éxito también
hoy, en una época en la que tenemos tanta necesidad de
puntos de referencia ciertos, controlables, pero en la que no
estamos dispuestos a trabajar para formarnos una conciencia
ilustrada, capaz de discernimiento, para aprender a acoger a cada
persona en su inconfundible unicidad.
Jesús
recuerda a los fariseos de ayer y de hoy que Dios es misericordia
y que todo lo que se le ha atribuido o tiene los signos
característicos de la misericordia o se le ha atribuido en
falso. La Palabra de Dios, que siempre nos interpela de una manera
personal, nos incita a proceder a una verificación: es
Jesús mi Señor? O me construyo una religión
propia, con ídolos y fetiches que -tal vez- tienen una
apariencia devota, pero expresan el carácter pagano de mi
corazón? Si nos las damos de señores de Dios y de su
gracia, si planteamos la relación con él y con el
prójimo sobre la base de la medida, siempre mínima,
de la ley y del deber, terminaremos por excluir a Dios de la vida,
declarándonos, de hecho, señores de nosotros mismos
y de los otros, y nos encontraremos en la desnudez y en la
necesidad de escondernos como Adán y Eva {cf. Gn
3,8-10). El grito lleno de confianza del rey Ezequías nos
sirve de ejemplo: Dios no se deja vencer en generosidad; su
misericordia rebosa sobre aquellos que confían en él
y están dispuestos a dilatar su corazón a la
medida del corazón de Dios.
ORATIO
Me
confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel. Tú
me has creado libre porque deseas mi amor, no mi sometimiento
pasivo. Tú ves qué difícil me resulta vivir
el don que me has dado: la libertad del amor me da miedo y muchas
veces prefiero encerrarme en los angostos espacios de una ley sin
corazón, desde cuyo interior emito graves sentencias sobre
mis hermanos y me siento poderoso.
Me
confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel.
Enséñame
a olvidar mi despiadada "justicia" para hacerme un poco
más semejante a ti y ser "sacramento" de tu
misericordia, para los hermanos y hermanas que me des.
CONTEMPLATIO
El
pueblo infiel, que abandonó los preceptos divinos porque se
consideraba rico con aquella ley que no era más que sombra
de los bienes futuros, y que hizo un mal uso de las riquezas
adquiridas, fue arrancado de la tierra de los seres vivos,
desarraigado y expulsado del sagrado tabernáculo. Se
consideraba demasiado fuerte, puesto que confiaba en las vanidades
humanas, a saber: en la gloria de su poder, en el oro del templo,
en los preceptos de los hombres, según lo que había
dicho el profeta: "-Me veneran sin razón, enseñando
doctrinas y preceptos humanos", y sustituyeron la Ley de
Dios por la regla de la costumbre terrena, que ultraja a Dios
(Hilario de Poitiers, Tractatus in Psalmum 51, citado en
Riccheza e povertá nel cristianesimo primitivo, Roma
1998, p. 159).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Quieres
misericordia, oh Señor"(cf
Mt
12,7).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Jesús, a causa de
su amor por los hombres, está en lucha con los fariseos.
Qué quieren los fariseos en vez de los beneficios de todo
tipo? Prodigios. Más que buenas acciones quisieran obras
estrepitosas, obras que impresionen a su inteligencia, sin tender
a la conversión de sus corazones. Intentan sustituir el
amor de Jesús, que apela a sus posibilidades de generosidad
y de amor, por un compromiso entre dos egoísmos, a saber:
que Jesús acepte, por una parte, emprender una carrera
gloriosa y, por otra, que renuncie a acechar sus comodidades.
Notemos
que la vivacidad de las reacciones del Maestro se debe al hecho de
que las malas intenciones de sus adversarios tienden a impedirle
hacer el bien v a causar daño a aquellos a quienes profesa
un afecto particular: los inválidos y menos favorecidos por
la vida. Cuando algunos fariseos reprochan a los discípulos
que arrancan espigas en día de sábado, interviene
Jesús para justificar su acción: "El sábado
ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.
Porque el Hijo del hombre también es señor del
sábado".
Al
dar esta respuesta a los sofismas que le planteaban, Jesús
afirma no sólo su propia soberanía, que le permite
hacer el bien en sábado, sino también el significado
de esta soberanía. El sábado ha sido hecho para el
hombre, y, puesto que el Mesías ha recibido todo poder
sobre la humanidad, es señor de todo lo que ha sido puesto
al servicio de los hombres, en especial del sábado. Es el
amor a los hombres lo que rige todo, y a causa de este amor se
enfrenta a los fariseos: Jesús quiere que el sábado,
que había sido convertido en una institución
importuna destinada a provocar oposiciones, sirva para testimoniar
la bondad divina (J. Galot, // cuore di Cristo, Milán
1992).
Día
20
Sábado de la semana XV
del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Miqueas 2,1-5
1
!Ay
de aquellos que planean maldad, que traman el mal en sus lechos y
en cuanto es de día lo ejecutan porque tienen poder para
ello!
2
Codician
campos y los roban; casas, y se apoderan de ellas; oprimen al
cabeza de familia y a todos los suyos, al dueño y a su
heredad.
3
Por
eso, así dice el Señor: También yo planeo un
mal contra esa gente despreciable, un mal del que no podréis
apartar vuestro cuello; no podréis ir más con la
cabeza erguida, porque serán tiempos de desgracia.
4
Ese
día os dedicarán este proverbio y os entonarán
esta elegía: "Estamos totalmente arruinados: se
reparten la heredad de mi pueblo, cómo es que se me quita?
Los que nos han conquistado han sorteado nuestros campos".
5
Así
que no tendrás a nadie que sortee los lotes en la asamblea
del Señor.
•*•
La actividad del profeta Miqueas se sitúa en el contexto
social y religioso del Reino de Judá, en la segunda mitad
del siglo VIII a. de C. Miqueas, casi contemporáneo del
primer Isaías, denuncia la idolatría y las
injusticias sociales cometidas por los jefes del pueblo (corte
real, sacerdotes, profetas), a las que se ha visto sometida toda
la población. El justo juicio de Dios no tardará y
el castigo será inevitable, puesto que han abandonado la
fidelidad a la alianza. Con todo, al castigo le seguirá la
rehabilitación, y a la destrucción la promesa de una
nueva fecundidad a partir del pequeño grupo de aquellos
que, en medio de tanta iniquidad, han conservado íntegra la
fe en YHWH.
El
oráculo que constituye el presente texto litúrgico
es una invectiva contra aquellos que, ya ricos, recurren a todo
para acaparar cada vez más, usurpando casas y terrenos a
sus legítimos propietarios y reduciendo a esclavitud a
estos últimos. Se presenta a los acaparadores enteramente
ocupados en sus lechos en tramar proyectos perversos que ejecutan
en cuanto amanece el día, gracias a su poder económico
(v. 1). En este estado de cosas, en el que unos pocos ricos se
hacen cada vez más ricos y los pobres son cada vez más
numerosos e indigentes, se levanta la voz del profeta, que
proclama el juicio de Dios: del mismo modo que los poderosos
traman sus acciones inicuas (v. la), así también
trama el Señor el castigo (v. 3b), del que no podrán
huir y que será justo sobre la base de la ley del talión
(cf. Dt 19,21). Aquellos que, privando a los otros de sus
legítimas posesiones y reduciéndolos a esclavitud,
los excluyen de hecho de la participación en la promesa de
la tierra dada por Dios para siempre, serán hechos esclavos
y dejarán de tener tierra. Miqueas expresa ese grave
castigo con la metáfora del yugo: del mismo modo que el
yugo impide a los hombres esclavos o prisioneros y a los animales
levantar la cabeza, así también el grave castigo de
Dios sólo permitirá caminar a los malvados con la
cabeza inclinada.
En
el v. 4 el profeta pone en boca de los acaparadores castigados un
canto que explica su destino: despojados de los bienes por los
enemigos, que en este contexto son casi seguro los asidos, ven
repartidas entre los invasores aquellas tierras cuya propiedad ya
no pueden volver a adquirir. Ironías del destino: a ellos,
que tramaban todos los modos posibles para enriquecerse, no les
tocará ni siquiera un pedazo de la Tierra prometida.
Salmo Responsorial
No te olvides de los humildes, Señor
Salmo
9,22-23.24-25.28-29.35
¿Por
qué te quedas lejos, Señor, y
te escondes en el momento del aprieto? La
soberbia del impío oprime al infeliz y
lo enreda en las intrigas que ha tramado. R/.
No te
olvides de los humildes, Señor
El
malvado se gloría de su ambición, el
codicioso blasfema y desprecia al Señor. El
malvado dice con insolencia: «No
hay Dios que me pida cuentas.» R/.No te
olvides de los humildes, Señor
Su
boca está llena de maldiciones, de
engaños y de fraudes; su
lengua encubre maldad y opresión; en
el zaguán se sienta al acecho para
matar a escondidas al inocente. R/.
No te
olvides de los humildes, Señor
Pero
tú ves las penas y los trabajos, tú
miras y los tomas en tus manos. A
ti se encomienda el pobre, tú
socorres al huérfano. R/.
No te
olvides de los humildes, Señor
Evangelio:
Mateo 12,14-21
En
aquel tiempo,
12
los
fariseos, al salir, se pusieron a planear el modo de acabar con
él.
15
Jesús
lo supo y se alejó de allí. Le siguieron muchos y
los curó a todos,
16
advirtiéndoles
que no dijeran que había sido él.
17
Así
se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías:
18
Éste
es mi siervo, a quien elegí; mi amado, en quien me
complazco; derramaré mi espíritu sobre él y
anunciará el derecho a las naciones.
19
No
disputará, ni gritará; no se oirá en las
plazas su voz.
20
No
romperá la caña cascada ni apagará la mecha
que apenas arde, hasta que haga triunfar la justicia.
21
En
él pondrán las naciones su esperanza.
**•
El hecho de haber contravenido la ley sobre el reposo sabático
acarrea a Jesús el complot de los fariseos.
Éstos
formulan el propósito (por vez primera, según la
narración de Mateo) de matarlo. Jesús reacciona
continuando en otro lugar su actividad taumatúrgica y cura
a todos los que le siguen, sin excepción. Estas curaciones,
en el contexto del milagro que acaba de realizar (cf. Mt
12,10-13), dan razón del amor misericordioso de Dios, que
Jesús ha venido a anunciar y que constituye el centro y el
sentido de su ministerio. Mateo ve realizada aquí la
profecía de Is 42,1-4, en la que se presenta la figura del
Siervo de YHWH. Este, elegido y enviado por Dios, que lo ha
colmado de su Espíritu, llevará a cabo la misión
de hacer conocer a todos los pueblos la verdadera relación
entre Dios y los hombres. El estilo del Siervo, sencillo y
discreto, ajeno al conflicto y al clamor, atento a valorar toda
posibilidad de vida, ha sido plenamente realizado por Jesús,
que se acaba de declarar "sencillo y humilde de corazón"
(Mt 11,29) y pide que se guarde silencio sobre su obrar {cf.
Mt 12,16).
Una
vez más, el evangelista Mateo, comentando los
acontecimientos de la vida de Jesús a la luz del Antiguo
Testamento, recuerda que éste representa el cumplimiento de
la revelación veterotestamentaria; ayuda a interpretar el
acontecimiento-Jesús y a comprender su significado;
presenta en Jesús el modelo de obediencia a la Palabra del
Padre.
MEDITATIO
Quien
más tiene, más quisiera tener. Se trata de un viejo
dicho acuñado por la constatación de lo insaciable
que se muestra el instinto de posesión. Es de una trágica
actualidad el imperio de la ley de la prepotencia de los que son
más fuertes desde el punto de vista económico.
Los
estragos que la codicia de unos pocos realiza a expensas de muchos
se perpetran cada día, en todos los puntos del globo. El
dinero se muestra como un arma aún más letal que los
mecanismos explosivos, cuando se usa exclusivamente en provecho
nuestro. Hiere al hombre en su existencia física, aunque
también en la psíquica y espiritual. Por dinero la
gente está dispuesta a todo, y pisotea afectos y valores
éticos. Y es que el dinero, si se convierte en el fin de la
vida, no admite rivales.
Quien
le dedica su misma persona no puede conocer ningún tú,
sólo el yo. Por eso dijo Jesús que o
escogemos a Dios o escogemos la lógica del dinero, no hay
posibilidad de compromiso. Jesús, como vemos, se decidió
por el primer miembro de la alternativa y está en relación
constante con el tú del Padre y con el tú
de los hermanos. Lo demuestra mostrando su preferencia sólo
por los abandonados, a los que socorre con una atención
especial. Sin estrépito ni clamores en la plaza, sin
campañas publicitarias ni sofisticados medios de
persuasión; más aún, con tono distendido,
aunque seguro, y con palabras verdaderas y coherentes, se va
difundiendo el anuncio evangélico del amor de Dios gracias
a cualquiera que renuncie a la lógica del atropello, por
poco o muy explícita que sea. La esperanza abre en quien la
acoge unos horizontes luminosos.
ORATIO
Oh
Dios, que has otorgado privilegio a los medios humildes, perdóname
cuando sonrío de manera irónica a quien intenta
seguirte en tu misma opción y cuando, por mi parte, no
desdeño la violencia. Oh Dios, que te hiciste pobre,
perdóname cuando pienso y digo que, de todos modos, es
preciso arreglárselas y cualquier medio es bueno. Oh Dios,
que te has inclinado sobre todo germen de vida y le has dado
valor, perdóname cuando, sin remordimiento, pisoteo los
derechos de mi hermano, de quien sé que no he de temer
reacciones de venganza. Oh Dios, que te has mostrado atento a
todos, perdóname cuando busco sólo lo que me
conviene, sin preocuparme de los otros.
CONTEMPLATIO
Dice
el avaro: "A quién hago mal reteniendo los bienes que
me pertenecen?". Mas qué bienes son los que te
pertenecen? De dónde te han venido?
Te
pareces a un hombre que entró en un teatro y quería
impedir la entrada a los otros para gozar él solo del
espectáculo al que todos tienen derecho.
Así
son los ricos: acaparan los bienes de la sociedad y después
sostienen que son ellos los dueños de los mismos por el
simple motivo de haber sido los primeros en cogerlos.
Si
cada uno retuviera únicamente lo que le sirve para las
necesidades normales y dejase lo restante a los indigentes,
desaparecerían la riqueza y la pobreza.
No
saliste desnudo del vientre de tu madre? No estarás de
nuevo desnudo cuando vuelvas al polvo? De dónde crees que
te han venido estos bienes?
Quizás
me respondas: "Del azar". Entonces careces de fe, porque
no piensas en tu Creador, y te muestras ingrato con aquel que ha
llenado tus manos de dinero. O bien admitas que son dones de Dios.
Entonces explícame por qué ha sido cautivada tanta
riqueza precisamente por ti.
Se
la debes acaso a la "injusticia" de un Dios que reparte
de manera desigual los bienes de la vida? Por qué eres tú
rico mientras otro es pobre? En lo que a ti respecta, eres rico
sólo para que con amor y desinterés administres esos
bienes para los otros.
Resulta
inconcebible que tú tengas el dinero bajo la campana de
vidrio de una insaciable avaricia y pienses que no haces daño
a nadie excluyendo de él a una multitud de desdichados.
Quién
es el avaro? El que no se contenta con lo necesario. Y quién
es el ladrón? El que priva a los demás de sus
bienes. No eres tú un avaro? No eres tú un ladrón?
Aquellos
bienes, cuya administración únicamente te había
sido confiada, los has cogido para ti.
A
quien asalta a un hombre en el camino y le quita los vestidos le
llaman salteador. Y quien no cubre la desnudez del pordiosero,
siendo que podía hacerlo, no merece un nombre diferente.
Pertenece
al hambriento el pan que guardas en tu cocina. Al hombre desnudo,
el manto que está en tu armario. Al que no tiene zapatos,
el par que se estropea en tu casa. Al hombre que no tiene dinero,
el que tienes escondido. Por eso, en vez de ayudar a la gente,
eres un explotador. (Basilio de Cesárea, "Cuando el
rico es un ladrón", citado en El buen uso del
dinero, DDB, Bilbao 1995, pp. 57-59).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú
eres justo, Señor"
(cf. Miq
2,3).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
Iglesia no es un organismo político. Ahora bien, el rechazo
de una función específicamente política no
puede hacer olvidar el ansia de justicia y de fraternidad y el
estímulo encaminado a actuar de manera concreta: no podemos
invocar a Dios como Padre si no intentamos construir de modo
eficaz la fraternidad en medio de los hombres.
El
discurso religioso se hace inevitablemente social. Y fue
precisamente esta experiencia eclesial la que puso en marcha en mí
la reflexión crítica sobre la situación
social. que reina en el mundo y, de modo particular, en nuestro
sistema democrático occidental, por lo menos tal como se ha
venido realizando hasta ahora. Las enormes ciudades del Tercer
Mundo, donde, en torno a una zona central de riqueza y dinamismo,
crecen cinturones de miseria y de subdesarrollo, la situación
de colonialismo económico (no menos grave quizás que
el colonialismo político de otros tiempos) en el que son
mantenidos los países en vías de desarrollo, hacen
dudar de la sinceridad del interés y de la contribución
que los pueblos más desarrollados desde el punto de vista
industrial ofrecen a los otros pueblos. Y por encima de todo esto,
las naciones de las grandes democracias que se sostienen sobre la
explotación de otros pueblos son cristianas. Aparece así
la paradoja de un cristianismo que parece alimentar la
discriminación y la explotación de los pueblos,
mientras que el anticristianismo se convierte en la bandera de las
legítimas aspiraciones a la igualdad y a la participación.
La realidad del mundo pobre, subdesarrollado, explotado, es una
crítica viviente a la parcialidad y al egoísmo de
nuestros proyectos de desarrollo y se convierte en una
contestación dramática de nuestro cristianismo
abstracto e individualista (L. Bettazzi, Farsi uomo. Confesshn!
di un vescovo, Turín 1977).
Día
21
Domingo XVI del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 23,1-6
1
!Ay
de los pastores que extravían y dispersan el rebaño
de mi pasto! Oráculo del Señor.
2
Por
eso, así dice el Señor, Dios de Israel, contra los
pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros habéis
dispersado mi rebaño, lo habéis ahuyentado sin
ocuparos de él. Pero yo me voy a ocupar ahora de vosotros,
oráculo del Señor, y castigaré vuestras malas
acciones.
3
Yo
mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países
por donde las dispersé y las traeré a sus praderas,
donde crecerán y se multiplicarán.
4
Pondré
sobre ellas pastores que las apacentarán; no temerán
ni se amedrentarán, ni volverá a faltar ninguna.
Oráculo del Señor.
5
He
aquí que vienen días, oráculo del Señor,
en que yo suscitaré a David un descendiente legítimo,
que reinará con sabiduría, que practicará el
derecho y la justicia en esta tierra.
6
En
sus días se salvará Judá, e Israel vivirá
en paz. Y le llamarán así: "El Señor,
nuestra salvación".
**•
El presente oráculo forma parte de una colección de
denuncias y amenazas dirigidas a los últimos reyes de Juda
(cf. Jr 21ss) y a los falsos profetas (cf. Jr 23,9-40).
Tanto
el rey como sus ministros, a quienes incumbía el deber de
guiar al pueblo y ayudarle a vivir en fidelidad a la alianza, se
han desinteresado de las personas a ellos confiadas, las han hecho
alejarse, desorientándolas, y, en consecuencia, les han
causado la muerte.
Esas
acciones malvadas no quedarán sin castigo, declara Jeremías
(vv. 1). De ahí que el profeta anuncie un cambio radical de
situación: YHWH mismo asumirá la guía del
pueblo. Lo reunirá y le dará seguridad y
tranquilidad, que son las condiciones para su desarrollo (v. 3);
pondrá a su cabeza a quien lo cuide y lo protegerá
de las insidias (v. 4).
El
oráculo se abre, por consiguiente, a perspectivas
mesiánicas, con la presentación del personaje
indicado como "descendiente de David", un soberano cuya
suprema sabiduría y justicia constituyen los atributos
principales del descendiente davídico vaticinado (cf. Is
9,5ss) y esperado como verdadero rey del pueblo reunido (cf. Ez
37,15-28).
La
salvación que se llevará a cabo por su mediación
está compendiada en el nombre con el que será
aclamado: "El Señor, nuestra salvación"
(vv. 5ss). Por tanto, pondrá en práctica la
salvación de Dios o bien obrará de manera conforme a
su voluntad.
Salmo
responsorial El
Señor es mi pastor, nada me falta
Salmo 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6
El Señor es mi pastor, nada me
falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce
hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo, por
el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas
oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara
y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me
acompañan todos los días de mi vida, y
habitaré en la casa del Señor por años sin
término.
Segunda
lectura: Efesios 2,13-18
Hermanos:
13
Ahora,
en cambio, por Cristo Jesús y gracias a su muerte, los que
antes estabais lejos os habéis acercado.
14
Porque
Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos uno
solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba.
15
Él
ha anulado en su propia carne la ley, con sus preceptos y sus
normas. Él ha creado en sí mismo de los dos pueblos
una nueva humanidad, restableciendo la paz.
16
Él
ha reconciliado a los dos pueblos con Dios, uniéndolos en
un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad.
17
Su
venida ha traído la buena noticia de la paz: paz para
vosotros, los que estabais lejos, y paz también para los
que estaban cerca,
18
porque
gracias a él unos y otros, unidos en un solo Espíritu,
tenemos acceso al Padre.
**•
El apóstol Pablo, tras haber hablado del designio salvífico
establecido por el Padre en Cristo (cf. Ef 1,3-14), invita a los
destinatarios de la carta -cristianos procedentes del paganismo- a
que tomen conciencia de que también ellos están
llamados a participar en él, y eso por puro don de Dios
(cf. 2,4-5.8). Por tanto, les exhorta a recordar su situación
inicial (2,1 lss) y, siendo conscientes de lo que les ha acaecido
(2,13-18: el fragmento de hoy), a que caigan en la cuenta de su
nueva condición (2,19-22).
El
fragmento litúrgico de hoy presenta precisamente la
consecuencia del acontecimiento salvífico para los
creyentes: la muerte de Jesús les ha permitido acercarse a
Dios (v. 13), de quien estaban alejados, dado que por ser paganos
no le conocían (cf. v. 12). Éste es el
acontecimiento fundamental, gracias al cual judíos y
paganos, separados de hecho por la mentalidad y por el culto,
excluyéndose recíprocamente y desconfiando los unos
de los otros, se han convertido en un solo pueblo por ser miembros
del único cuerpo de Cristo, prototipo de la humanidad nueva
(v. 14). Jesús, con su encarnación-muerte-glorificación,
ha reconciliado a todos con el Padre, ha eliminado la pesada
casuística de la ley judía que señalaba la
línea de aislamiento de los judíos con respecto a
todos los demás pueblos, ha proclamado a todos la paz, la
plenitud de todo bien que es él mismo, y lo puede gozar
todo el que acoja su don (vv. 15-17).
Judíos
y paganos, no ya divididos, sino formando parte del mismo pueblo
de Dios que es la Iglesia, han accedido al Padre y están
animados por el único y misino Espíritu (v. 18).
Evangelio:
Marcos 6,30-34
En
aquel tiempo,
30
los
apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le
contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
31
Él
les dijo: -Venid vosotros solos a un lugar solitario, para
descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían
que no tenían ni tiempo para comer.
32
Se
fueron en la barca, ellos solos, a un lugar despoblado.
33
Pero
los vieron marchar y muchos los reconocieron y corrieron allá,
a pie, de todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos.
34
Al
desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió
compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se
puso a enseñarles muchas cosas.
**•
De vuelta de la misión, los discípulos se reúnen
en torno a Jesús y le informan sobre la actividad que han
desarrollado. A ejemplo suyo han realizado obras (curaciones,
exorcismos) y han enseñado (v. 30). La invitación
que les dirige Jesús a retirarse a un lugar solitario,
alejado de la muchedumbre, calca las retiradas nocturnas del
Maestro después de sus intensas jornadas (cf. Me 1,35),
pero introduce asimismo el contexto del episodio que viene a
continuación: la multiplicación de los panes
(6,35-44). La muchedumbre llega incluso antes que la barca de los
discípulos a la orilla a donde se dirigía y se
presenta a la mirada de Jesús como un rebaño perdido
por carecer de pastor (v. 34a).
Esta
imagen, que ya es clásica en la Biblia para designar al
pueblo de Dios, sugiere que él, Jesús, es el
verdadero pastor: él es quien asume directamente la guía
del rebaño descuidado por los que estaban encargados de
apacentarlo. Su conmoción es la misma de YHWH, bueno y
piadoso (Ex 34,6), cuyas vísceras se estremecen de ternura
por Israel. Jesús es guía del pueblo antes que nada
por la Palabra que introduce en la comprensión del misterio
del Reino: "Se puso a enseñarles muchas cosas"
(v. 34b).
MEDITATIO
En
nuestro tiempo rechazamos, como si de una esclavitud se tratara,
la adhesión a la Verdad revelada, pero estamos dispuestos a
hacernos servidores del "mito" de turno. Sentimos como
algo opresivo la obediencia a la autoridad, pero nos hacemos
servilmente súbditos del líder de moda. Invocamos la
libertad individual y a continuación, paradójicamente,
no conseguimos vivir sin formar parte de un rebaño. Qué
es lo que persiguen estos líderes en realidad? A favor de
quién juega su situación de preeminencia?
Es
preciso que nos lo preguntemos para no acabar dispersados,
desbandados, explotados, instrumentalizados, sometidos al deseo
personal de poder de alguien.
Hoy
como ayer, el verdadero ejercicio del poder es servicio, y quien
lo posee es guía auténtico para los otros, en la
medida en que está dispuesto a dar la vida por ellos, a
"padecer-con" ellos.
ORATIO
Hoy
te pido, Señor, por los poderosos de este mundo, por los
hombres de gobierno, por todos los que con títulos
distintos tienen la responsabilidad de guiar a otras personas.
Ayúdales a vivir su tarea como servicio a los demás:
que no les engañen con discursos demagógicos, que no
les decepcionen con promesas imposibles de cumplir, que no les
exploten haciéndoles creer que obran por el bien de todos.
Concédeles
tu Espíritu para que aprendan de ti el respeto, la
atención, la participación en las verdaderas
necesidades de la gente.
Ayuda
también a los que no están comprometidos a plena
jornada en una tarea directa, política o social, a no
quedarse tranquilos, a no asumir actitudes de delegación
pasiva, sino a brindar su propia contribución competente y
solidaria.
CONTEMPLATIO
Yo
soy el buen Pastor. Es evidente que el oficio de pastor compete a
Cristo, pues, de la misma manera que el rebaño es guiado y
alimentado por el pastor, así Cristo alimenta a los fieles
espiritualmente y también con su cuerpo y su sangre.
Andabais descarriados como ovejas -dice el apóstol-, pero
ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras
vidas. Pero ya que Cristo, por una parte, afirma que el pastor
entra por la puerta, ya que en otro lugar dice que él es la
puerta y aquí añade que él es el pastor, debe
concluirse de todo ello que Cristo entra por sí mismo. Y es
cierto que Cristo entra por sí mismo, pues él se
manifiesta a sí mismo y por sí mismo conoce al
Padre.
Nosotros,
en cambio, entramos por él, pues es por él que
alcanzamos la felicidad. Pero fíjate bien: nadie que no sea
él es puerta, porque nadie sino él es luz verdadera,
a no ser por participación: No era él - e s decir,
Juan Bautista- la luz, sino testigo de la luz. De Cristo, en
cambio, se dice: Era la luz verdadera, que alumbra a todo
hombre. Por ello, de nadie puede decirse que sea puerta; esta
cualidad Cristo se la reservó para sí; el oficio, en
cambio, de pastor lo dio también a otros y quiso que lo
tuvieran sus miembros: por ello, Pedro fue pastor, y pastores
fueron también los otros apóstoles, y son pastores
todos los buenos obispos. Os daré -dice la Escritura-
pastores a mi gusto. Pero aunque los prelados de la Iglesia, que
también son hijos, sean todos llamados pastores, sin
embargo, el Señor dice en singular: Yo soy el buen Pastor.
Con ello quiere estimularlos a la caridad, insinuándoles
que nadie puede ser buen pastor si no llega a ser una sola cosa
con Cristo por la caridad y se convierte en miembro del verdadero
pastor.
El
deber del buen pastor es la caridad; por eso dice: El buen pastor
da la vida por las ovejas. Conviene, pues, distinguir entre el
buen pastor y el mal pastor: el buen pastor es aquel que busca el
bien de sus ovejas; en cambio, el mal pastor es el que persigue su
propio bien. A los pastores que apacientan rebaños de
ovejas no se les exige exponer su propia vida a la muerte por el
bien de su rebaño, pero, en cambio, el pastor espiritual sí
que debe renunciar a su vida corporal ante el peligro de sus
ovejas, porque la salvación espiritual del rebaño es
de más precio que la vida corporal del pastor. Es esto
precisamente lo que afirma el Señor: El buen pastor da la
vida - la vida del cuerpo- por las ovejas, es decir, por las que
son suyas por razón de su autoridad y de su amor. Ambas
cosas se requieren: que las ovejas le pertenezcan y que las ame,
pues lo primero sin lo segundo no sería suficiente.
De
este proceder Cristo nos dio ejemplo: Si Cristo dio su vida por
nosotros, también nosotros debemos dar nuestra vida por los
hermanos (Tomás de Aquino, Comentario sobre el evangelio de
san Juan, 10).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Tú eres, Señor, el guía de tu pueblo"
(cf.
Jr 23,3).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Queridos
pastores:
El
Señor os pedirá un día cuentas de si el
espíritu que ha animado vuestro compromiso político
ha sido el del servicio o el del selfservice. Comprended lo que
significa todo esto. "Haz camino a los pobres sin hacerte
camino", escribía don Milani a su amigo Fabbrini. Pero
cuántas veces dais la impresión de que, si no
precisamente vuestro cálculo personal, sí al menos
el de una parte prevalece sobre el de la comunidad. De otro modo,
no se explicarían tantas luchas hasta la última gota
de sangre. Cuando esas luchas tienen en su origen la carcoma del
beneficio y el virus del interés, merecen un solo nombre:
sacrilegio. Y es entonces cuando debería resonaros como una
condena el lamento del Señor: "Sintió compasión
de ellos, pues eran como ovejas sin pastor" (Mc 6,34)
Queridos
amigos, creo que las cosas cambiarían mucho en nuestras
ciudades si cada uno se aplicara a sí mismo las palabras
que Jesús atribuía a su persona: "Yo soy el
buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; no como el
asalariado, que ni es verdadero pastor ni propietario de las
ovejas. Este, cuando ve venir al lobo, las abandona y huye. Y el
lobo hace presa en ellas y las dispersa. El asalariado se porta
así porque trabaja únicamente por la paga y no tiene
interés por las ovejas" (Jn 10, 11-13). !Ánimo!
Escuchad
lo que decía el alcalde La Pira a los concejales de
Florencia el 24 de septiembre de 1954: "Tenéis
respecto a mí un solo derecho: el de negarme la confianza.
Pero no tenéis derecho a decirme: Señor alcalde, no
se interese por las criaturas que no tienen trabajo (despedidos o
desocupados), ni casa (desahuciados), ni asistencia (viejos,
enfermos, niños)... Ése es mi deber fundamental. Si
hay alguien que sufre, tengo yo un deber concreto: intervenir como
sea, con toda la sagacidad que sugiere el amor y suministra la
ley, a fin de que ese sufrimiento sea disminuido o aliviado. No
existe otra norma de conducta para un alcalde en general y para un
alcalde cristiano en particular (A. Bello, Vegliare nella notte,
Milán 1995).
Día
22
Lunes de la semana XVI del
Tiempo ordinario o 22 de julio,
Santa María Magdalena
María,
tal vez natural de Magdala, una pequeña aldea situada a
orillas del lago de Genesaret, es una de las mujeres de las que
atestigua el evangelio que sirvieron y siguieron a Jesús
durante su vida pública. De ella se dice asimismo que,
liberada de la opresión demoníaca, fue fiel al
Maestro hasta los pies de la cruz y más allá...
Mientras permanecía llorando ante el sepulcro vacío
de su Señor, oyó que el Resucitado la llamaba por su
nombre, y se convirtió en su primer testigo; fue enviada,
en efecto, por él a anunciar a los hermanos la victoria
pascual de Cristo.
LECTIO
Primera
lectura: Cantar de los cantares 3,1-4a
1
En
mi lecho, por la noche, busqué al amor de mi alma; lo
busqué y no lo encontré.
2
Me
levanté, recorrí la ciudad, las calles y las plazas,
buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré.
3
Me
encontraron los centinelas que rondaban por la ciudad: "Habéis
visto al amor de mi alna?".
4
Pero
apenas los había dejado, encontré al amor de mi
alma.
**•
Al asumir el Cantar de los cantares en el canon de los libros
inspirados, Israel -y después la Iglesia- reconoció
no sólo la consagración del amor entre el hombre y
la mujer, sino mucho más: la expresión simbólica
del amor de Dios por su pueblo. También el alma sedienta de
Dios conoce las largas noches de su silencio, de su incomprensible
ausencia, que la purifican de aquello que daba ahora por
descontado, de toda satisfacción reductora (v. 1).
En
la inquietud se despierta el deseo del Señor y se vuelve
búsqueda apasionada, vital (2a). Es menester perseverar en
esta tensión (v. 2b), pedir humildemente ayuda y consejo
(v. 3) y, después, ir más allá, en la
conciencia de que Dios puede orientarnos a él. Entonces, él
mismo se hará presente a quien no se canse de buscarlo en
la noche con corazón ardiente (v. 4).
Salmo Responsorial
Mi alma está sedienta de ti, Dios
mío.
Salmo 62
Oh
Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está
sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca,
agostada, sin agua.
!Cómo
te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu
gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.
Toda
mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y manteca, y mis labios te
alabarán jubilosos.
Porque
fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi
alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.
Evangelio:
Juan 20,1-11-18
1
El
domingo por la mañana, muy temprano, antes de salir el sol,
María Magdalena se presentó en el sepulcro. Cuando
vio que había sido rodada la piedra que tapaba la entrada.
11
María,
en cambio, se quedó allí, junto al sepulcro,
llorando. Sin dejar de llorar, volvió a asomarse al
sepulcro.
12
Entonces
vio dos ángeles, vestidos de blanco, sentados en el lugar
donde había estado el cuerpo de Jesús, u n o a la
cabecera y otro a los pies.
13
Los
ángeles le preguntaron: -Mujer, por qué lloras? Ella
contestó: -Porque se han llevado a mi Señor y no sé
dónde lo han puesto.
14
Dicho
esto, se volvió hacia atrás y
entonces
vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
15
Jesús
le preguntó: -Mujer, por qué lloras? A quién
estás buscando? Ella, creyendo que era el jardinero, le
contestó: -Señor, si te lo has llevado tú,
dime dónde lo has puesto y yo misma iré a recogerlo.
16
Entonces
Jesús la llamó por su nombre: -!María! Ella
se acercó a él y exclamó en arameo: -\Rabbonü
(que
quiere decir "Maestro").
17
Jesús
le dijo: -No me retengas más, porque todavía no he
subido a mi
Padre;
anda, vete y diles a mis hermanos que voy a mi Padre, que es
vuestro Padre; a mi Dios, que es vuestro Dios.
18
María
Magdalena se fue corriendo adonde estaban los discípulos y
les anunció: -He visto al Señor. Y les contó
lo que Jesús le había dicho.
*"
El amor de María de Magdala no muere bajo la cruz. Jesús
le había devuelto la vida en plenitud y desde aquel momento
ella había vivido para él (cf. Lc 8,2).
Tras
la hora trágica del Viernes Santo, María permanece
fiel a aquella entrega absoluta, obstinadamente consagrada a la
búsqueda de Aquel a quien ama. Nada puede apartarla de su
objetivo: ni siquiera el descubrimiento de la tumba vacía.
Esta
mujer es figura de la Iglesia-esposa y de toda alma que busca a
Cristo y no tiene otra cosa para ofrecer que las lágrimas
del amor. El Señor se deja encontrar por quien le busca de
este modo. Resucitado y vivo, se acerca a quien sabe permanecer en
la soledad junto al misterio incomprensible (v. 1 la). Sin
embargo, sólo podemos reconocerle cuando nos llama por
nuestro nombre y nos hace sentir que nos conoce hasta el fondo.
Este
mismo conocimiento de amor no está destinado a una
satisfacción personal, sino que es un don que nos hace
testigos ante los hermanos a fin de llevar a todos el anuncio
pascual (v. 17ss), la alegría verdadera, una vida nueva
transfigurada por el encuentro con el Señor.
MEDITATIO
Como
toda figura evangélica, también María
Magdalena es tipo del discípulo de Cristo. En ella vemos el
luminoso testimonio de quien, perseverando en la búsqueda
de Dios, aunque sea en la oscuridad de la fe y en la prueba
de la esperanza, encuentra por fin a Aquel a quien ama o, mejor
aún, es encontrado por él.
En
efecto, Cristo, el buen pastor, es desde siempre el primero en
buscarnos y permanece esperándonos. Espera que el deseo del
corazón se purifique, se vuelva ardiente y consuma con su
fuego toda la escoria que hay en nosotros. Espera que nuestros
ojos se vuelvan capaces de reconocerle en quien nos rodea, y nos
vuelva atentos a su voz, una voz que siempre nos llama por nuestro
nombre. También nosotros, como María Magdalena,
exultaremos de alegría ante su presencia, que nunca es
asible, sino poseída o prevista. Sólo quien ha
conocido la larga noche de la espera y del deseo puede convertirse
en testigo creíble entre los hermanos de una fe que no es
vana.
ORATIO
Santa
María Magdalena, viniste a Cristo, fuente de misericordia,
derramando muchas lágrimas: tenías una sed ardiente
de él y fuiste abundantemente saciada. Fue él quien,
siendo pecadora, te justificó; fue él quien, en tu
dolor tan amargo, te consoló dulcemente. Ardiente enamorada
de Dios, en mi timidez, vengo a implorarte a ti, que eres
bienaventurada; yo, que vivo en mi oscuridad, a ti, que eres
luminosa; yo, que soy pecador, a ti, que has sido justificada:
acuérdate, en tu bondad, de lo que fuiste y de la necesidad
de misericordia que tuviste. Obtenme la compunción del
ánimo puro, las lágrimas de la humildad, el deseo de
la patria celestial. Me sirve de ayuda la familiaridad de vida que
tuviste y sigues teniendo aún con la fuente de la
misericordia. Hazme llegar a ella, a fin de que pueda lavar mis
pecados; dame de beber de ella, para que quede saciada mi sed
(Anselmo de Canterbury, Orazioni e meditazioni, Milán
1997, pp. 381-383, passim).
CONTEMPLATIO
María
ha buscado, aunque en vano. Sin embargo, no se da por vencida y
acaba encontrando: su esfuerzo se ve coronado al fin por el éxito.
En
qué momentos buscamos al Amado? Le buscamos en las noches
[...]. Por qué llega Dios así, con retraso? Para
permitirnos estrecharlo con más fuerza en el momento de su
venida. El deseo no es auténtico si el tiempo consigue
debilitarlo. Demuestra poseer un amor ardiente quien desiste del
compromiso sólo cuando ha obtenido la victoria.
El
ser que no busca el rostro del Creador permanece insensible,
triste y frío. Quien desea ardientemente buscar a aquel a
quien ama vive de u n ardiente amor; la falta de su Señor
le vuelve inquieto, y las alegrías que ayer encantaban a su
espíritu, hoy le parecen odiosas. La herrumbre del pecado
se disuelve y su espíritu, encendido como oro, recupera en
la llama el esplendor que el tiempo había ofuscado
(Gregorio Magno, Homilías sobre el Evangelio XXV,
2-5, passim).
ACTIO
Repite
y vive a menudo hoy estas palabras: "Si
alguien vive en Cristo, es una nueva criatura"(2
Cor 5,17).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
"A
quién buscas?" La
pregunta de Jesús resucitado a María de Magdala
puede sorprendernos también a nosotros cada mañana y
a cada hora de nuestra vida. Eres capaz de decir a quién
buscas de verdad? En efecto, no siempre está claro que
buscamos a Jesús, al Señor. No siempre aquel a quien
queremos encontrar es precisamente aquel que quiere entregarse a
nosotros.
María
buscaba al hombre Jesús, buscaba al Maestro crucificado,
por eso no veía a Jesús el Viviente delante de ella.
Si tenemos una idea de Jesús a la medida de nuestra pequeña
mente humana, nuestra búsqueda acaba en un callejón
sin salida. Jesús es siempre inmensamente más que lo
que nosotros conseguimos pensar y desear. Dónde, pues, y
cómo buscar al Señor para salir del túnel
de nuestros extravíos y de nuestros miedos, para no
engañarnos dando vueltas alrededor de nosotros mismos en
vez de correr derechos hacia él? Sólo sí
antes tenemos una verdadera y justa valoración de nosotros
mismos como criaturas pobres podremos descubrir la presencia de
aquel que lo sostiene todo. Aquel a quien buscamos debe ser
verdaderamente el todo al que anhela adherirse nuestra alma.
Buscar a Cristo es signo de que, en cierto modo, ya le hemos
encontrado, pero encontrar a Cristo es un estímulo para
continuar buscándolo.
Esta
actitud no se plantea sólo al comienzo del camino
espiritual, sino que lo acompaña hasta la última
meta, puesto que la búsqueda del rostro del Señor es
su dato esencial. Conocer a aquel por quien somos conocidos: eso
es lo indispensable. El itinerario del conocimiento de Cristo
coincide con el mismo itinerario de la fe y del amor. El yo
debe aprender a callar y a escuchar; el corazón debe
aprender el camino del exilio para alejarse de todo cuanto lo
mantiene apegado a sus viejos / tristes amores (A. M. Cánopi,
Nel mistero della gratuita, Milán 1998, p. 21 ss).
Día
23
Martes de la semana XVI del
Tiempo ordinario,
Santa
Brígida
Patrona de Europa. Santa
Brígida, religiosa, nacida en Suecia, que contrajo
matrimonio con el noble Ulfo, del que tuvo ocho hijos, a los
cuales educó piadosamente, consiguiendo al mismo tiempo con
sus consejos y con su ejemplo que su esposo llevase una vida de
piedad. Muerto éste, peregrinó a muchos santuarios y
dejó varios escritos, en los que habla de la necesidad de
reforma tanto de la cabeza como de los miembros de la Iglesia.
Puestos los fundamentos de la Orden del Santísimo Salvador,
en Roma pasó de este mundo al cielo.
LECTIO
Primera
lectura: Gal 2, 19-20
19
En efecto, yo por la ley
he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy
crucificado:
20
y no vivo yo, sino que
es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en
la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se
entregó a sí mismo por mí.
En el capítulo 2 de
la carta a los Gálatas, Pablo vuelve a insistir en la
importancia del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y la
forma en que somos justificados delante de Dios. Repite que la
justificación viene por la fe en Cristo, y no por cumplir
las obras de la ley, ya que no hay nadie que pueda cumplir por si
solo las obras de la ley.
Pablo enfatiza que una vez
que somos justificados por la fe en Cristo, creyendo en El, en lo
que hizo en la cruz, debemos morir también a nosotros
mismos hasta poder declarar: “Ya no soy yo el que vive, sino
que Cristo vive en mi”. Y ahora la vida que tenemos en la
carne lo hacemos por la fe en el Hijo de Dios, reconociendo su
gran amor, por el cual se entregó por nosotros. Fuimos
comprados a precio de sangre, ahora le pertenecemos y debemos
vivir por El y para El.
Pablo reconoce que es por
gracia que hemos sido salvados, porque si fuera por cumplir la ley
pues entonces Cristo murió en vano.
Salmo Responsorial
Gustad
y ved qué bueno es el Señor
Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9:
Bendigo
al Señor en todo momento,
su
alabanza está siempre en mi boca;
mi
alma se gloria en el Señor:
que
los humildes lo escuchen y se alegren.
R.
Gustad y ved qué bueno es el Señor
Proclamad conmigo la misericordia del
Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me
respondió,
me libró de todas mis ansias.
R.
Gustad y ved qué bueno es el Señor
Contempladlo y quedaréis
radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus
angustias.
R.
Gustad y ved qué bueno es el Señor
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el
Señor, dichoso el que se acoge a él.
R.
Gustad
y ved qué bueno es el Señor
Evangelio:
Juan 15,1-8
1
Yo
soy la vid verdadera, y mi Padre, el viñador.
2
Él
corta todos los sarmientos que no dan fruto en mí y limpia
los que dan fruto para que den más.
3
Vosotros
estáis ya limpios por la palabra que os he dicho.
4
Seguid
unidos a mí, que yo lo seguiré estando con vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no
está unido a la vid, así tampoco vosotros si no
estáis unidos a mí.
5
Yo
soy la vid; vosotros, los sarmientos. El que permanece unido a mí
y yo en él, da mucho fruto, porque sin mí no podéis
hacer nada.
6
Al
que no está unido a mí se le echa fuera, como a los
sarmientos, que se amontonan, se secan y se les prende fuego para
que se quemen.
7
Si
estáis unidos a mí y mis enseñanzas
permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y se os
concederá.
8
Mi
Padre es glorificado si dais mucho fruto y sois mis discípulos.
**•
La imagen de la viña/vid está muy presente en la
Biblia para designar a Israel en cuanto pueblo elegido y cuidado
amorosamente por Dios. Con esta alegoría, Jesús
afirma que él es la verdadera vid, es decir, que el
verdadero pueblo de Dios ya no es Israel, sino la nueva comunidad
que él funda en medio del mundo para expandirse.
La
pertenencia a ese pueblo de Dios ya no depende de una herencia,
sino de la participación de la vida de Jesús. Los
sarmientos no tienen vida propia ni pueden dar fruto sin savia. El
discípulo y la comunidad carecen de vitalidad, y serán
estériles si no están unidos a Jesús y
reciben de él su Espíritu vivificador.
MEDITATIO
No
es difícil ver, si miramos alrededor, cuántas
relaciones superficiales existen. Y no sólo las de
"conveniencia", en las que apenas se intercambian el
saludo o dos palabras sobre el tiempo o sobre el partido de
fútbol, sino también en otras que son fundamentales:
entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre personas que
comparten una misma opción religiosa, existencia!...
Vemos
relaciones sin raíces profundas, que terminan. Y estaría
bien que nos preguntáramos por qué resulta tan
difícil embarcarse en un compromiso que dure toda la vida.
La Palabra del Señor nos propone hoy que miremos dentro
de nuestro corazón, que lo toquemos, que verifiquemos
la disponibilidad que tiene para hacer un esfuerzo e ir más
allá de la superficialidad; también en nuestra
relación con el Señor. De manera diferente, nos
escapa el sentido de lo que vivimos, y puede pasarnos que seamos
como los judíos, que, por no mostrarse disponibles a
comprometerse a fondo con el Señor, rechazaban su amor
vivificante por cultos de muerte.
Resulta
paradójico, pero tal vez no alejado de nuestra experiencia,
que -estando hambrientos de amor- no veamos a Dios, que es amor, y
no escuchemos en serio su Palabra; que -estando desorientados por
el vacío y la falta de sentido del vivir- cerremos los ojos
y los oídos frente a quien nos da testimonio de Dios como
verdad y como vida. Toquemos nuestro corazón: todavía
estamos a tiempo de convertirnos.
ORATIO
Es
verdad, Señor, a veces soy precisamente un holgazán.
El empleo de productos de todo tipo "listos para usar"
me ha acostumbrado al "todo fácil", al "todo
enseguida", y me he convencido de que también en las
cosas del espíritu funcionan las cosas así.
Confieso, Señor, que he preferido las muchas palabras
brillantes, aunque inconsistentes, proclamadas por el charlatán
de turno, a tus palabras, duras de comprender, pero vivificantes.
También
yo he pensado que la fe en ti era una baratija infantil, una
baratija que hemos de conservar en el desván, metida en el
baúl de los viejos recuerdos...
Perdóname,
Señor, no he comprendido nada. Sostén en mí
el deseo de convertirme a ti: necesito unos ojos limpiados por la
fe y unos oídos que no se confundan entre tantos sonidos,
sino que sepan distinguir tu voz.
Necesito
sobre todo, Señor, un corazón disponible para acoger
la verdad sobre ti y la verdad sobre mí, dispuesto a amar y
suficientemente humilde para dejarse amar como tú quieres
amarlo. Lo necesito y sé que tú estás
dispuesto desde hace mucho tiempo a darme todo esto: sólo
estás esperando mi "sí". Entonces podré
correr y calmar mi sed ardiente no en los "aljibes"
de la moda y del mercado, sino en la "fuente de agua
viva" de tu Palabra y de tus sacramentos. Y tal vez, si
yo voy, también otros vendrán conmigo.
CONTEMPLATIO
Oh,
si tú, Dios misericordioso y Señor piadoso, te
dignaras llamarme a la fuente para que también yo, junto
con todos los que tienen sed de ti, pudiera beber del agua viva
que mana de ti, fuente de agua viva. Oh Señor, tú
mismo eres esa fuente eternamente deseable, en la que
continuamente debemos beber y de la que siempre tendremos sed.
Danos siempre, oh Cristo Señor, esta agua viva que brota
para la vida eterna. Tú lo eres todo para nosotros: nuestra
vida, nuestra luz, nuestra salvación, nuestro alimento,
nuestra bebida, nuestro Dios. Te ruego, oh Jesús nuestro,
que inspires nuestros corazones con el soplo de tu Espíritu
y que traspases con tu amor nuestras almas, para que cada uno de
nosotros pueda decir con toda verdad: "Hazme conocer a
aquel que ama mi alma" (cf. Cant 1,6); estoy herido, en
efecto, por tu amor (Columbano, Instrucción XIII sobre
Cristo fuente de vida, 2ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Que
mis ojos vean, y que oigan mis oídos".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
"Volviéndose
después a los discípulos, les dijo en privado:
"Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis""
(Lc
10,23).
Una
bienaventuranza que, sin embargo, ni siquiera a los discípulos
les sirvió de mucho. Y es que, aunque fueron testigos
oculares de las maravillas del Reino, y fueron compañeros
de Cristo y compartieron con él los días y fueron
comensales suyos, a pesar de todo se ha escrito de ellos que
-todos- al final le abandonaron y le traicionaron. Con eso está
dicho lo difícil que resulta ser coherente y creer de
verdad y aceptar a Cristo. Una bienaventuranza que yo, por
ejemplo, pienso que me podría ser atribuida con gran
dificultad.
Es
cierto, la pregunta es sólo una: Ha sido creído
Jesús alguna vez en serio? Quién le ha acogido?
"Dichosos
los ojos que ven...". No,
esos ojos no eran dichosos, porque "no veían".
!Si al menos fueran bienaventurados nuestros ojos! !Y decir que
nosotros vemos, que sabemos! Estamos convencidos de que no hay
otras respuestas a estas benditas cuestiones eternas: por qué
sufrir, por qué morir, cómo salvarnos, qué
hacer para tener la vida. Estamos convencidos de que él es
la respuesta que todos buscan, la razón por la que vale la
pena luchar. No, nuestros ojos no son dichosos. Ni siquiera vemos
el mal mortal que nos causamos con nuestras propias manos.
Está
escrito que no es con la dialéctica como Dios quiere salvar
al hombre. Puedo hacer el más bello discurso religioso,
pero si no tengo fe no me ayuda en nada. Más aún, si
no tengo ni fe ni amor tampoco sirve de nada: dado que el amor es
el signo supremo de la fe, el signo verdadero en el que creo (D.
M. Turoldo, Anche Dios é inte/ice, Cásale M. 1991).
Día
24
Miércoles de la semana
XVI del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 1,1.4-10
1
Palabras
de Jeremías, hijo de Jelcías, uno de los sacerdotes
residentes en Anatot, en tierra de Benjamín.
4
El
Señor me habló así:
5
Antes
de formarte en el vientre te conocí; antes de que salieras
del seno te consagré, te constituí profeta de las
naciones.
6
Yo
dije: !Ah, Señor, mira, que no sé hablar, pues soy
un niño!
7
Y
el Señor me respondió: No digas: "Soy un niño",
porque irás adonde yo te envíe y dirás todo
lo que yo te ordene.
8
No
les tengas miedo, pues yo estoy contigo para librarte, oráculo
del Señor.
9
Entonces
el Señor alargó su mano, tocó mi boca y me
dijo: "Mira, pongo mis palabras en tu boca:
10
en
este día te doy autoridad sobre naciones y reinos, para
arrancar y arrasar, para destruir y derribar, para edificar y
plantar".
**•
Comienza la lectura de los pasajes tomados del libro del profeta
Jeremías. Éste, de una familia sacerdotal que moraba
no lejos de Jerusalén, desarrolló su ministerio
profético durante el período más dramático
de la historia del Reino de Judá: el que va desde el
intento reformador del rey Josías a la toma de Jerusalén,
con la consiguiente deportación a Babilonia
(aproximadamente, 526-587 a. de C).
Si
bien no es posible la reconstrucción cronológica
exacta de la vida de Jeremías, conocemos, no obstante,
mucho de su trabajo interior y de su conciencia del ministerio
profético que le había sido confiado, gracias a las
páginas autobiográficas e introspectivas que se
alternan, en el libro, con los oráculos y las narraciones.
La
vida misma del profeta tiene valor de oráculo: es palabra
viva dirigida por Dios a su pueblo, a fin de que se enmiende y
vuelva a caminar por sus sendas. El relato de la vocación
del profeta, que abre el libro y constituye el fragmento litúrgico
de hoy, presenta elementos fundamentales característicos de
su ministerio.
La
Palabra del Señor -central en la experiencia religiosa y
profética- llega a Jeremías y lo llama a una
profunda y comprometida relación con ella (w. 4-9),
habilitándolo para ser servidor autorizado de la misma, más
allá de sus propias capacidades reconocidas (v. 6).
Jeremías
no deberá temer ni la dura oposición ni la lucha que
sostendrá para anunciar la Palabra de Dios: el Señor,
que lo ama desde siempre, lo custodia, lo ha elegido (v. 5), lo
sostendrá siempre y lo protegerá en su ardua misión
(w. 7ss). Se trata de una misión que no puede contar con el
favor de los destinatarios, puesto que Jeremías estará
obligado a anunciar, sobre todo, amenazas y castigos (v. lOcd; cf.
capítulos 2-25; 46-51), tras los cuales será
posible la reconstrucción (v. lOe; cf. capítulos
30-33).
Salmo Responsorial
Mi boca contará tu salvación,
Señor
Salmo
70
A
ti, Señor, me acojo: no
quede yo derrotado para siempre; tú
que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina
a mí tu oído, y sálvame. R/.Mi boca
contará tu salvación, Señor
Sé
tú mi roca de refugio, el
alcázar donde me salve, porque
mi peña y mi alcázar eres tú. Dios
mío, líbrame de la mano perversa. R/.
Mi
boca contará tu salvación, Señor
Porque
tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y
mi confianza, Señor, desde mi juventud. En
el vientre materno ya me apoyaba en ti, en
el seno tú me sostenías. R/.
Mi
boca contará tu salvación, Señor
Mi
boca contará tu auxilio, y
todo el día tu salvación. Dios
mío, me instruiste desde mi juventud, y
hasta hoy relato tus maravillas. R/.
Mi
boca contará tu salvación, Señor
Evangelio:
Mateo 13,1-9
1
Aquel
día salió Jesús de casa y se sentó
junto al lago.
2
Se
reunió en torno a él mucha gente, tanta que subió
a una barca y se sentó, mientras la gente estaba de pie en
la orilla.
3
Y
les expuso muchas cosas por medio de parábolas. Decía:
-Salió el sembrador a sembrar.
4
Al
sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino, pero
vinieron las aves y se la comieron.
5
Parte
cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha
tierra; brotó en seguida porque la tierra era poco
profunda,
6
pero
cuando salió el sol se agostó y se secó
porque no tenía raíz.
7
Parte
cayó entre cardos, pero éstos crecieron y la
ahogaron.
8
Finalmente,
otra parte cayó en tierra buena y dio fruto: un grano dio
cien, otro sesenta, otro treinta.
9
El
que tenga oídos para oír que oiga.
**-
En el capítulo 13 de Mateo encontramos siete parábolas
que tienen como objeto el misterio del Reino de Dios. El
evangelista sitúa este discurso -el tercero de los cinco
con que estructura la predicación de Jesús- detrás
de la crisis originada por el conflicto que, poco a poco, se ha
ido agudizando entre Jesús, por una parte, y los fariseos y
los maestros de la Ley, por otra. Un conflicto condensado en torno
a las cuestiones de la observancia del sábado y del origen
del poder taumatúrgico de Jesús (cf. Mt
12,1-14.22-32).
Con
la primera parábola propuesta en el fragmento litúrgico
de hoy, llama Jesús la atención sobre una imagen
bien conocida de la gente a la que está hablando, y que
revela algo de su misma persona en relación con la Palabra
que es él y que ha venido a anunciar. Así como el
"sembrador" palestino esparce la semilla en la
tierra sin escatimar, así también proclama Jesús
la Palabra del Padre a todos, sin distinciones y sin reservas. Es
Palabra de vida y ha sido enviado por el Padre para que todos
"tengan la vida en abundancia" (cf. Jn 10,10).
Ahora bien, del mismo modo que la semilla corre una suerte
distinta según el terreno en el que cae, así también
la Palabra recibe una acogida diferente según la
disponibilidad del corazón de quien la escucha: la
experiencia de la predicación realizada por Jesús
hasta ahora lo confirma.
El
relato de la parábola presenta una conclusión
sorprendente, que es, a continuación, su mensaje central:
el terreno fértil produce una cosecha abundantísima,
más allá de cualquier expectativa razonable. De modo
semejante ocurre con la Palabra anunciada por Jesús, que,
aunque no despierta el interés esperado e incluso encuentra
oposición, tendrá una fecundidad extraordinaria,
cosa comprensible sólo por quien tiene fe, por quien
reconoce en el Evangelio de Jesús la voluntad del Padre y
está dispuesto a acogerla y ponerla en práctica (cf.
Mt 12,50).
MEDITATIO
En
virtud de nuestra propia experiencia sabemos la gran importancia
que tiene la palabra: a través de ella tomamos conciencia
de ser personas humanas, comunicamos lo que pensamos y sentimos,
recibimos, a nuestra vez, la comunicación del otro,
entramos en contacto con el patrimonio cultural del pasado,
conocemos mundos alejados del nuestro... Nuestra misma experiencia
de la fe pone en el centro la palabra, desde el mismo momento en
que Dios, el inefable, se ha hecho Palabra para que nosotros
pudiéramos entrar en relación con él. Ha
aceptado los límites de la palabra humana a fin de
"decirse" y revelarse de un modo comprensible para
nosotros. Se ha hecho tan cercano a nuestra experiencia cotidiana
que podemos terminar por confundir su voz con el rumor de la
charla confusa y bulliciosa o con el estruendo de decenas de
decibelios que marca nuestra "cultura" del ruido. El
Señor sigue viniendo hoy a nuestro encuentro dirigiéndonos
la Palabra a cada uno de nosotros de manera personal. Y es que
incluso cuando Dios habla a la muchedumbre tiene presente a la
persona, con su verdad individual.
Todos
y cada uno de nosotros somos conocidos, amados, elegidos -de modo
semejante a Jeremías-. Cada uno de nosotros es objeto de
confianza, como el campo en el que el sembrador esparce la semilla
sin parsimonia.
A
todos y a cada uno de nosotros le repite la invitación a la
amistad, a la familiaridad confidente con él. Tal vez
prefiramos considerar todo esto como algo imposible porque
intuimos que acoger la propuesta de Dios es comprometedor: exige
que nos dejemos transformar por esa misma Palabra y nos
convirtamos en "palabra" para los otros. Dios se
compromete el primero y nos dice: "No temas, yo estaré
contigo". Su presencia garantiza la abundancia del fruto.
ORATIO
Me
conmueve, Señor, tu ternura conmigo, la confianza que me
demuestras y con la que me acompañas desde el primer
momento en que empecé a existir. Me vienen a la mente las
palabras del salmista: "Tú conoces lo profundo de
mi ser, nada mío te era desconocido cuando me iba formando
en lo oculto y tejiendo en las honduras de la tierra" (Sal
139,14-15). Gracias, Señor, por tanta atención: ése
es tu estilo, tu modo de obrar. Ayúdame a no olvidarlo
cuando, frente a ciertos acontecimientos de la vida, reacciono
denunciando tu ausencia o incluso sintiéndote hostil.
Me
tienes en tanta estima que me has llamado para colaborar contigo.
Me confías lo más precioso que tienes, la Palabra,
que está al comienzo de todo: de la creación, de la
redención, de la santificación. Perdóname, te
lo ruego, la superficialidad con que me pongo ante tu don y ante
la misión que me propones. Perdóname las
incertidumbres y las resistencias. Éstas expresan que vivo
más replegado en mí mismo que "capturado"
en mi corazón por la gran benevolencia que me muestras.
CONTEMPLATIO
Imita
a la tierra, oh hombre, y produce también tú tus
frutos para no ser inferior a las cosas materiales. La tierra
produce frutos, pero no puede gozarlos y los produce para tu
beneficio. Tú, en cambio, puedes recoger para tu propio
beneficio todo lo que vas produciendo. Si has dado al hambriento,
se vuelve tuyo todo lo que le has dado; más aún:
vuelve a ti incrementado. En efecto, del mismo modo que el trigo
que cae en tierra actúa en beneficio de aquel que lo ha
sembrado, así también el pan dado al hambriento
reporta muchos beneficios.
Que
lo que constituye su fin para la agricultura sea, pues, para ti el
criterio de la siembra espiritual. Tú no conoces más
que una frase: "No tengo nada y no puedo dar nada, porque no
tengo bienes". En efecto, eres verdaderamente pobre; es más,
estás privado de todo verdadero bien. Eres pobre de amor,
pobre de humanidad, pobre de fe en Dios, pobre de esperanza en las
realidades eternas. Muéstrate activo en el bien. Entonces
te aprobará Dios, te alabarán los ángeles, te
proclamarán bienaventurado todos los hombres que han
existido desde la creación del mundo en adelante (Basilio
Magno, Homilía sobre la caridad 3, 6, en PG
266-267.275).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú
me conoces, oh Dios, y me amas desde siempre"(cf.
Jr
1,5).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
"Entré
en aquella capilla por casualidad, sin angustias metafísicas,
sin inquietudes, sin problemas personales, sin disgustos amorosos:
no era yo más que un ateo tranquilo, marxista, un !oven
despreocupado y un poco superficial que tenía en su
programa aquella noche un encuentro galante", me contó
también a mí. "Salí de allí diez
minutos después, tan sorprendido de encontrarme de repente
católico como lo hubiera estado si me hubiera descubierto
jirafa o cebra a la salida del zoo. Precisamente porque sabía
que nadie me habría creído, callé durante más
de treinta años, trabajé duro para hacerme un nombre
como periodista y escritor y poder esperar así no ser
tomado por loco cuando hubiera pagado mi deuda: contar lo que me
había sucedido". Para algunos, este hombre [André
Frossard] es un problema; para otros, un enigma: un periodista de
éxito, uno de los más conocidos y temidos de
Francia, que sale con un libro en el que anuncia, con una
seguridad inexpugnable, que Dios es una evidencia, un hecho, una
Persona encontrada de manera inesperada por el camino [...].
"La
Cosa" tuvo lugar en Sudamérica, en un congreso: una
caída sobre el borde de cemento de una piscina, una
fractura, la larguísima espera de socorro. [Louis Pawels]
añade: "Estaba solo, todos habían vuelto al
albergue para la comida. Mientras me desplomaba en tierra, sentí
que no estaba cayendo por casualidad: advertí con claridad
que "Alguien" me había empujado. Y lo había
hecho para decirme "algo". Yacía abandonado sobre
el cemento, fracturado. El dolor era lancinante; sin embargo, me
invadió una inmensa, una inexplicable alegría.
Cuando,
por fin, acudió alguien y me llevaron en camilla, mi cuerpo
estaba herido, pero mi alma exultaba. Era como si aconteciera el
nacimiento de Cristo para mí, en aquel mismo momento: era
mi Navidad, una Navidad en septiembre. Por vez primera en mi vida,
conocí la alegría" (V. Messori, Inchiesta
sul crístianesimo, Turín 1987).
Día
25
Jueves de la semana XVI del
Tiempo ordinario o 25 de julio,
Santiago apóstol
Santiago,
llamado "el mayor", era hijo de Zebedeo y de Salomé
(Mc 15,40; Mt 27,56) y hermano mayor de Juan el evangelista. Junto
con él fue llamado entre los primeros discípulos de
Jesús, y siempre se le cita entre los tres primeros apóstoles
en el Nuevo Testamento.
Fue
testigo privilegiado de la resurrección de la hija de Jairo
(Mc 5,37), de la transfiguración de Jesús (Mt 17,1) y
de la agonía de Jesús en Getsemaní (Mt 26,37).
Fue decapitado hacia el año 44, en tiempos de Herodes Agripa,
en los días de la Pascua (Hch 12,1-3).
LECTIO
Primera
lectura: Hechos de los apóstoles 4,33.5.12.27b-33; 12,1b
En
aquellos días, los apóstoles datan testimonio de la
resurrección del Señor con mucho valor y hacían
muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los trajeron y los
condujeron a presencia del consejo, y el sumo sacerdote los
interrogó: -No os habíamos prohibido formalmente
enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis
llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis
hacernos responsables de la sangre de ese hombre.
Pedro
y los apóstoles replicaron: -Hay que obedecer a Dios antes que
a los hombres. "El Dios de nuestros padres resucitó a
Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un
madero". "La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo
jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el
perdón de los pecados". Testigos de esto somos nosotros y
el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen. Ellos,
al oír esto, se consumían de rabia y trataban de
matarlos, y el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de
Juan.
*+•
La
primera lectura de la solemnidad de Santiago, patrón de
España, presenta a nuestra consideración la idea del
testimonio de la resurrección de Jesús por parte de los
apóstoles. Este testimonio, mandato expreso del Señor,
no puede ser encadenado por ninguna instancia humana, porque el
testigo debe obedecer a Dios antes que a los hombres. Y puede hacerlo
gracias al Espíritu Santo, "que
Dios da a los que le obedecen". Esta
obediencia llevó a Santiago a derramar su sangre, corroborando
con ello su testimonio, su "martirio".
Salmo Responsorial
Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que
todos los pueblos te alaben.
Salmo 66
El
Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine
su rostro sobre nosotros; conozca
la tierra tus caminos, todos
los pueblos tu salvación.
Oh
Dios, que te alaben los pueblos, que
todos los pueblos te alaben.
Que
canten de alegría las naciones, porque
riges el mundo con justicia, riges
los pueblos con rectitud y
gobiernas las naciones de la tierra.
Oh
Dios, que te alaben los pueblos, que
todos los pueblos te alaben.
La
tierra ha dado su fruto, nos
bendice el Señor, nuestro Dios. Que
Dios nos bendiga; que le teman hasta
los confines del orbe.
Oh
Dios, que te alaben los pueblos, que
todos los pueblos te alaben.
Segunda
lectura: 2 Corintios 4,7-15
Hermanos:
7
este
tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una
fuerza tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros.
8
Nos
acosan por todas partes, pero no estamos abatidos; nos encontramos en
apuros, pero no desesperados;
9
somos
perseguidos, pero no quedamos a merced del peligro; nos derriban,
pero no llegan a rematarnos.
10
Por
todas partes vamos llevando en el cuerpo la muerte de Jesús,
para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
11
Porque
nosotros, mientras vivimos, estamos siempre expuestos a la muerte por
causa de Jesús, para que también la vida de Jesús
se manifieste en nuestra carne mortal.
12
Así
que en nosotros actúa la muerte, y en vosotros, en cambio, la
vida.
13
Pero
como tenemos aquel mismo espíritu de fe del que dice la
Escritura: Creí
y por eso hablé, también
nosotros creemos, y por eso hablamos,
14
sabiendo
que el que ha resucitado a Jesús, el Señor, nos
resucitará también a nosotros con Jesús y nos
dará un puesto junto a él en compañía de
vosotros.
15
Porque
todo esto es para vuestro bien; para que la gracia, difundida
abundantemente en muchos, haga crecer la acción de gracias
para gloria de Dios.
*"
El mensaje central de esta segunda lectura podríamos resumirlo
de este modo: "Por todas partes vamos llevando en el cuerpo
la muerte de Jesús" (v. 10a). Lo que Pablo dice por
experiencia directa, lo aplica literalmente la liturgia al apóstol
cuya solemnidad celebramos hoy: de Jesús a Pablo y de Pablo a
Santiago, y así sucesivamente, se va creando, a lo largo de la
historia, la cadena de los testigos o, mejor aún, de los
"mártires" en sentido propio.
Puede
decir que lleva la muerte de Jesús en su propio cuerpo no sólo
quien recibe la gracia excepcional de derramar la sangre por amor a
Cristo y a los hermanos, sino también quien, día tras
día, vive con seriedad y serenidad la radicalidad evangélica.
Quien realiza esta experiencia puede hablar en nombre de Jesús,
puede decir que es siervo del Evangelio por lo que anuncia, pero
sobre todo por lo que hace y por cómo vive: "Creí
y por eso hablé" (v. 13).
La
palabra de los testigos no sólo es significativa, sino también
eficaz: precisamente porque tiene la elocuencia de la experiencia
vivida, de la sangre derramada, del martirio padecido.
Evangelio:
Mateo 20,20-28
En
aquel tiempo,
20
la
madre de los Zebedeos se acercó a Jesús con sus hijos y
se arrodilló para pedirle un favor.
21
Él
le preguntó: -Qué quieres? Ella contestó: -Manda
que estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a
tu izquierda cuando tú reines.
22
Jesús
respondió: -No sabéis lo que pedís. Podéis
beber la copa de amargura que yo he de beber? Ellos dijeron: -Sí,
podemos.
23
Jesús
les respondió: -Beberéis mi copa, pero sentarse a mi
derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que
es para quienes lo ha reservado mi Padre.
24
Al
oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos
hermanos.
25
Pero
Jesús los llamó y les dijo: -Sabéis que los
jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que los
magnates las oprimen.
26
No
ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser importante
entre vosotros, sea vuestro servidor,
27
y
el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo.
28
De
la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y dar su vida en rescate por todos.
*••
Mateo nos refiere en esta página de su evangelio, tal vez con
una sutil ironía, la petición que la madre de los
Zebedeos -Juan y Santiago- presentó a Jesús. Si bien
estamos dispuestos a mostrarnos un tanto indulgentes con la madre, lo
estamos ciertamente un poco menos con los dos hermanos, que con una
excesiva rapidez se declaran dispuestos a compartir con Jesús
el cáliz, la copa, que ha de beber. Afortunadamente, Jesús
sabe cambiar en bien lo que, humanamente hablando, podría
parecer fruto de la intemperancia y de la precipitación.
El
discurso se convierte de hipotético en profético: Jesús
predice la muerte que Santiago padecerá por su fidelidad
radical al Maestro y al Evangelio.
Y
no sólo esto, sino que de este diálogo -que, por otra
parte, suscita el desdén de los otros apóstoles- extrae
Jesús también una lección de humildad para todos
los que quieran seguirle por el camino del Evangelio. La grandeza de
los discípulos de Jesús puede y debe ser valorada con
unidades de medida bastante diferentes a las que conoce el mundo. En
la escuela de Jesús se aprende a subvertir la escala de
valores y a considerar válido sólo lo que lo es a los
ojos de Dios. Precisamente, según
el
ejemplo que nos dejó Jesús: siendo rico, se hizo pobre;
aun siendo Señor, se hizo siervo-esclavo; siendo maestro,
aprendió a obedecer al Padre; siendo sacerdote, se hizo
víctima por amor.
MEDITATIO
"El
Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su
vida en rescate por todos" (Mt
20,28). Es más que lícito que nos preguntemos qué
psicología brota de una afirmación autobiográfica
como ésta, y la respuesta no puede ser equívoca.
Estamos frente a un gran don que Jesús ha hecho a sus
discípulos de ayer y de hoy, ofreciéndoles la
posibilidad de penetrar en su corazón de Hijo inmolado por
amor, en su espiritualidad de Cordero inmolado en rescate de los
hermanos.
Todo
esto es lo que se expresa mediante la metáfora del "servicio",
un término que ha de ser bien entendido: hemos de rescatarlo
de todo tipo de servilismo, de toda abdicación pasiva a la
propia libertad, y hemos de inscribirlo en el horizonte de una total
expropiación personal y de una entrega completa de nosotros
mismos al Padre. La luz de esta afirmación de Jesús se
difunde, obviamente, por todo el Evangelio.
Jesús,
sin embargo, se presenta también como siervo "de
muchos", a saber: de todos los que el Padre le ha confiado
como hermanos, oprimidos por el pecado, pero abiertos al don de la
liberación. El cáliz de la pasión, que Jesús
acepta libremente de manos del Padre, sólo espera ser
saboreado también por aquellos por los que el Maestro de
Nazaret lo bebió hasta las heces.
ORATIO
Tu
ley, Señor Jesús, es el signo de tu realeza: tú
nos quieres obedientes porque sólo a través de la
obediencia -como tú mismo demostraste- se llega a rey.
Tu
ejemplo, Señor Jesús, manifiesta tu profunda identidad
de Hijo: Hijo de Dios Padre que vive y expresa siempre su propia
sumisión en su plena disponibilidad.
Tu
Palabra, Señor Jesús, ilumina nuestro camino: el que tú
nos muestras no vale sólo para ti, sino también para
todos los que, libremente, te han elegido como maestro y te siguen
con alegría por el camino del Evangelio.
Tu
martirio, Señor Jesús, lo fuiste viviendo en cada
momento de tu vida: quien ha aprendido a conocerte a través de
las páginas evangélicas sabe que, para ti, ser siervo
significaba vivir del todo para Dios y del todo para los hermanos.
Ésta es la "ley real" de la que habla el
apóstol Santiago en su carta.
CONTEMPLATIO
El
objetivo de los dos discípulos [Juan y Santiago] es obtener el
primado respecto a los otros apóstoles. [...] Os dais cuenta
de cómo todos los apóstoles son aún imperfectos?
Tanto los dos que quieren elevarse sobre los diez como los diez que
tienen envidia de ellos. Ahora bien, fijémonos en cómo
se comportan a continuación y les veremos exentos de todas
estas pasiones. [...]
Santiago
no sobrevivirá mucho tiempo. En efecto, poco después
del descenso del Espíritu Santo, llegará su fervor a
tal extremo que, dejando de lado todo interés terreno, llegará
a una virtud tan elevada que morirá inmediatamente (Juan
Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, Roma
1967, pp. 98 y 99ss).
ACTIO
Repite
y medita a menudo durante el día estas palabras: "El
Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir"(Mt
20,28).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Las
fiestas de los santos proponen ejemplos oportunos a la imitación
de los fieles. A esta función de ejemplaridad ha querido unir
siempre la Iglesia el reconocimiento de la intercesión de los
santos en favor de sus hermanos los hombres. Éste es el motivo
por el que, desde siempre, ha aceptado y fomentado gustosa la
designación de determinados santos como patronos para los
diversos pueblos.
La
liturgia de la misa de Santiago, patrono de España, no hace
sino corroborar esta misma idea. Santiago, que "bebió el
cáliz del Señor y se hizo amigo de Dios", fue
siempre, junto con su hermano Juan y con Pedro, uno de los apóstoles
que gozó de las mayores intimidades de Jesús. Y si bien
su acción en el evangelio no adquiere el relieve de la de los
otros dos predilectos, fue él quien primero selló con
su propia sangre la entrega al Señor y a la predicación
de su doctrina. Esta misma acción, tras su muerte, es
reconocida por nosotros en favor de "los pueblos de España",
precisamente como respuesta a su elección como patrono. Pero,
al mismo tiempo que reconocemos gustosos su acción en el
pasado, pedimos de cara al futuro que, así como él
mantuvo su entrega plena a Jesús hasta el sacrificio de su
propia vida, así también, "por el patrocinio de
Santiago, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de
los tiempos" (http://sagradaramiliadevigo.net).
Día
26
Viernes de la semana XVI del
Tiempo ordinario o 26 de julio,
San Joaquín y santa
Ana
El
evangelio apócrifo de Santiago (siglo II) reconstruye,
siguiendo la filigrana bíblica de la historia de Ana, madre
de Samuel (cf. 1 Sm 1,1 -28), el acontecer de los padres de la
Virgen María: Joaquín, anciano sacerdote del Templo
de Jerusalén, y su mujer, Ana. Estos, después de una
aparición angélica, concibieron a la futura Madre
del Redentor, a la que ofrecerán más tarde en el
Templo (cf. 21 de noviembre). De ninguno de ellos se dice
nada en los evangelios canónicos.
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 3,14-17
14
Volved,
hijos apóstatas, oráculo del Señor, porque yo
soy vuestro dueño. Tomaré uno por ciudad y dos por
familia y os conduciré a Sión.
15
Os
daré pastores que sean fíeles a mí, y os
pastorearán con inteligencia y sabiduría.
16
Y
cuando hayáis crecido y os hayáis multiplicado en
esta tierra, oráculo del Señor, no se hablará
más del arca de la alianza del Señor. No se pensará
más en ella ni se la mencionará, no se echará
de menos ni se hará otra.
17
Entonces
llamarán a Jerusalén "Trono del Señor",
todas las naciones se reunirán en ella, en el nombre del
Señor, y abandonarán los proyectos de su corazón
obstinado.
*••
Después de las palabras de reprensión por el pecado
de idolatría, he aquí la exhortación a
convertirse dirigida por el profeta a sus contemporáneos.
"Volved": es la palabra-clave de la invitación
al cambio de vida. Este último implicará, antes que
nada, el reconocimiento de YHWH como único Señor,
como verdadero guía del pueblo.
Los
reyes y los jefes, sus representantes, actuarán entonces de
manera responsable, de acuerdo con su voluntad manifestada en la
ley sinaítica (w. 14ss). A la exhortación le sigue
la promesa de un futuro aún más espléndido
que el pasado antes anhelado (cf. Jr 2,2ss), en el que Dios
será el único rey de Jerusalén. Su presencia
hará superflua la del arca de la alianza, cuya desaparición
nadie echará de menos. El reconocimiento de la soberanía
de Dios unirá a todos los pueblos, que, perdida la dureza
de corazón, seguirán su voluntad y no sus propios
proyectos (w. 16ss).
Salmo Responsorial
El Señor nos guardará
como un pastor a su rebaño.
Jer 31, 10-13.
Escuchad,
pueblos, la palabra del Señor, anunciadla
en las islas remotas: «El
que dispersó a Israel lo reunirá, lo
guardará como un pastor a su rebaño.»
R/.
El
Señor nos guardará como un pastor a su
rebaño.
«Porque
el Señor redimió a Jacob, lo
rescató de una mano más fuerte.» Vendrán
con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán
hacia los bienes del Señor.
R/.
El
Señor nos guardará como un pastor a su
rebaño.
Entonces
se alegrará la doncella en la danza, gozarán
los jóvenes y los viejos; convertiré
su tristeza en gozo, los
alegraré y aliviaré sus penas.
R/. El
Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Evangelio:
Mateo 13,18-23
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
18
Así
pues, escuchad vosotros lo que significa la parábola del
sembrador.
19
Hay
quien oye el mensaje del Reino, pero no lo entiende; viene el
maligno y le arrebata lo sembrado en su corazón. Éste
es como la semilla que cayó al borde del camino.
20
La
semilla que cayó en terreno pedregoso es como el que oye el
mensaje y lo recibe en seguida con alegría,
21
pero
no tiene raíz en sí mismo, es inconstante y, al
llegar la tribulación o la persecución a causa del
mensaje, en seguida sucumbe.
22
La
semilla que cayó entre cardos es como el que oye el
mensaje, pero las preocupaciones del mundo y la seducción
del dinero asfixian el mensaje y queda sin fruto.
23
En
fin, la semilla que cayó en tierra buena es como el que oye
el mensaje y lo entiende; éste da fruto, sea ciento,
sesenta o treinta.
**•
La explicación de la parábola del sembrador desplaza
la atención desde aquel que esparce la semilla a las causas
de su diferente recepción. Al explicitar la comparación,
se pasa de la constatación del resultado, combatido
aunque a fin de cuentas sorprendente, de la predicación del
Reino de Dios por parte de Jesús y de los continuadores de
su obra, a la consideración de los motivos que
llevan a los oyentes a cerrarse o abrirse al anuncio y, por
consiguiente, a la conversión.
El
evangelista, releyendo la parábola de manera alegórica,
pone de manifiesto que el fondo de la dureza de corazón es
obra del maligno, del que es mentiroso desde el principio (cf.
1 Jn 2,22; 3,8). El hombre secunda esa obra cuando vive de
modo que no permite a la Palabra de Jesús arraigar en su
vida. De esta forma, distrae fácilmente su atención
de ella y deja que los sufrimientos, las incomprensiones, las
riquezas, ocupen todo el espacio de su corazón y de su
mente. Da frutos abundantes, por el contrario, quien es dócil
a la Palabra de Jesús: figura entre los "bienaventurados"
(Mt 13,16) a los que ha sido revelado el misterio del Reino;
figura entre los "pequeños" en los que se
complace el Padre y a los que introduce en la comunión
trinitaria (cf. Mt 11,25-27).
MEDITATIO
Joaquín
y Ana eran justos y estaban limpios de toda mancha de pecado;
llevaban una vida piadosa; llevaban, por consiguiente, ante Dios y
ante los hombres, una conducta inocente, inmune de calumnia y
llena de piedad.
Se
mostraban celosos en la oración, en el ayuno y en la
abstinencia, devotos a la ley; formaban una familia asidua al
Templo, llena de caridad, incansable en el trabajo y, en
consecuencia, muy rica en bienes. Dividían en tres partes
el rendimiento anual de sus fatigas: destinaban la primera parte
al Templo de Dios, a los sacerdotes ministros del Templo; la
segunda parte la dividían entre los pobres y los
indigentes; la tercera parte era para ellos, para la familia y
para los huéspedes. Habían regulado su vida de este
modo en todo, y habían vivido juntos piadosamente,
dedicándose a las buenas obras durante veinte años.
No tenían hijos, puesto que el seno de Ana estaba cerrado
por la esterilidad. Convenía, en efecto, a la madre, y a
aquella que fue el inicio de los prodigios, nacer prodigiosamente
de un seno estéril, como la misma María debía
traer al mundo, de una manera prodigiosa y virginal, al Verbo de
Dios, y elevarse desde el escalón inferior de la
esterilidad al superior del parto virginal (Sinaxario
di Ter Israel, texto
de la Iglesia armenia que se remonta al siglo XIII, en Testi
mariani del primo millennio, Roma
1991, IV, pp. 636ss).
ORATIO
Y
Ana entonó un cántico al Señor Dios,
diciendo: Elevaré un himno al Señor, mi Dios, porque
me ha visitado (cf. Gn 21,1), y ha alejado de mí los
ultrajes de mis enemigos, y me ha dado un fruto de su justicia
(Prov 11,30) a la vez uno y múltiple ante Él.
Quién
anunciará a los hijos de Rubén que Ana amamanta a un
hijo? Sabed, sabed, vosotras, las doce tribus de Israel, que Ana
amamanta a un hijo (Cántico de Ana, del Protoevangelio
de Santiago).
CONTEMPLATIO
Sobre
los padres de la Virgen María se posaron la bendición
y la gracia celestial. Éstas salieron de los justos y
fueron transmitidas a través de las generaciones hasta
posarse en María, la cual recibió el misterio.
El
justo Joaquín y Ana, su mujer, estaban tristes porque no
habían tenido hijos. Sin embargo, Dios se mostró
benévolo con ellos, acogió su súplica y les
dio una hija amada y bendita.
Joaquín
oraba ante Dios, pidiéndole una prole que consolara su
vejez: "Señor, que diste esperanza a Abrahán y
después de cien años le concediste un heredero de la
promesa, no prives mi vejez de un fruto, sino bendíceme con
la bendición de Abrahán; todo es fácil, en
efecto, a tu voluntad" (de un texto antiguo de la Iglesia
siro-oriental).
ACTIO
Repite
y medita durante el día este proverbio bíblico: "El
fruto del justo es un árbol de vida"(Prov
11,30).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
figura de santa Ana nos recuerda la casa paterna de María,
Madre de Cristo. Allí vino María al mundo, llevando
en ella el misterio extraordinario de la inmaculada concepción.
Allí estaba rodeada del amor y de la solicitud de sus
padres: Joaquín y Ana. Allí "aprendía"
de su madre, precisamente de santa Ana, cómo ser madre. Y
aunque, desde el punto de vista humano,
María
había renunciado a la maternidad, el Padre celestial,
aceptando su entrega total, la agració con la maternidad
más perfecta y más santa. Cristo, desde lo alto de
la cruz, transfirió en cierto sentido la maternidad de su
madre a su discípulo predilecto, e igualmente a toda la
Iglesia, a todos los hombres.
Cuando,
como "herederos de la promesa divina" [cf. Gal
4,28.31), nos encontremos en el radio de la maternidad de María,
y cuando experimentemos su santa profundidad y plenitud, pensemos
que fue precisamente santa Ana la primera en enseñar a
María, su hija, cómo ser madre. "Ana"
significa en hebreo: Dios "ha mostrado su gracia".
Reflexionando sobre este significado del nombre de santa Ana,
exclamaba así san Juan Damasceno: "Ya que estaba
determinado que la Virgen María, Madre de Dios, nacería
de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen
de la gracia, sino que esperó a dar su efecto, que naciese
como primogénita aquella de la que había de nacer el
primogénito de toda la creación" (Juan Pablo
II, Discursos, diciembre de 1978).
Día
27
Sábado de la semana XVI
del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 7,1-11
1
El
Señor dirigió esta palabra a Jeremías:
2
-Ponte
a la puerta del templo y proclama esta palabra: Escuchad la
Palabra del Señor, vosotros todos, hombres de Judá,
que entráis por estas puertas para adorar al Señor.
3
Así
dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Enmendad
vuestra conducta y vuestras acciones y os permitiré habitar
en este lugar.
4
No
os fiéis de palabras engañosas repitiendo: "!El
templo del Señor! !El templo del Señor! !El templo
del Señor!"
5
Si
enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si
practicáis la justicia unos con otros,
6
si
no oprimís al emigrante, al huérfano y a la viuda;
si no derramáis en este lugar sangre inocente, si no seguís
a otros dioses para vuestra desgracia,
7
entonces
yo os dejaré vivir en este lugar, en la tierra que di a
vuestros padres desde antiguo y para siempre.
8
Pero
vosotros os fiáis de palabras engañosas que no
sirven para nada.
9
No
podéis robar, matar, cometer adulterio, jurar en falso,
incensar a Baal, correr tras otros dioses que no conocéis,
10
y
luego venir a presentaros ante mí, en este templo
consagrado a mi nombre, diciendo: "Estamos seguros", y
seguir cometiendo las mismas abominaciones.
11
Acaso
tomáis este templo consagrado a mi nombre por una cueva de
ladrones? !Muy bien, pues yo también lo miraré así!
Oráculo del Señor.
*+
La
Palabra del Señor manda a Jeremías a la entrada del
templo, lugar santo por excelencia, por ser morada de Dios. El
profeta condena la hipocresía de los que se acercan por
allí queriendo dar culto a Dios, mientras transgreden sus
mandamientos.
Nadie
puede considerarse a salvo del castigo divino sólo porque
entra en el templo y ofrece sacrificios, cuando, a renglón
seguido, es injusto, mata, roba, comete adulterio, jura en falso y
mantiene una práctica sincretista de la fe (w. 5-10). Ya es
absurdo sólo pensar que Dios pueda mostrar connivencia con
tales acciones abominables. Él ve las obras que realiza
cada uno. El templo es el lugar santo porque Dios está
presente: quien entre en él debe vivir de manera conforme a
esa santidad. Pero si alguien es malo, hace malo el lugar más
santo, y eso no puede dejar de merecer el castigo de Dios (v. 11).
Suena
de nuevo la llamada a la conversión. Consiste ésta
en mejorar la propia conducta y las propias acciones, es decir, en
vivir según los mandamientos de Dios: juzgar según
la justicia, establecer relaciones sociales equitativas y
respetuosas con cada uno, abandonar todo compromiso con la
idolatría (w. 3-5).
Salmo Responsorial
!Qué
deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Salmo
83,3.4.5-6a.8a.11
Mi
alma se consume y anhela los
atrios del Señor, mi corazón y
mi carne retozan por el Dios vivo. R/.!Qué
deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Hasta
el gorrión ha encontrado una casa; y
la golondrina, un nido donde
colocar sus polluelos: tus
altares, Señor de los ejércitos, Rey
mío y Dios mío. R/.
!Qué
deseables son tus moradas, Señor de los
ejércitos!
Dichosos
los que viven en tu casa, alabándote
siempre. Dichosos
los que encuentran en ti su fuerza; caminan
de baluarte en baluarte. R/.!Qué
deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Vale
más un día en tus atrios que
mil en mi casa, y prefiero el
umbral de la casa de Dios a
vivir con los malvados. R/.!Qué
deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Evangelio:
Mateo 13,24-30
En
aquel tiempo,
24
Jesús
les propuso esta otra parábola: -Con el Reino de los Cielos
sucede lo que con un hombre que sembró buena semilla en su
campo.
25
Mientras
todos dormían, vino su enemigo, sembró cizaña
en medio del trigo y se fue.
26
Y
cuando creció la hierba y se formó la espiga,
apareció también la cizaña.
27
Entonces
los siervos vinieron a decir al amo: "Señor, no
sembraste buena semilla en tu campo? Cómo es posible que
tenga cizaña?".
28
Él
les respondió: "Lo ha hecho un enemigo". Le
dijeron: "Quieres que vayamos a arrancarla?".
29
Él
les dijo: "No, no sea que, al arrancar la cizaña,
arranquéis con ella el trigo.
30
Dejad
que crezcan juntos ambos hasta el tiempo de la siega; entonces
diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y
atadla en gavillas para quemarla, pero el trigo amontonadlo en mi
granero".
*••
La segunda parábola propuesta por Jesús presenta
también una siembra llevada a cabo por dos sembradores.
El
primero siembra buena semilla, el otro siembra semilla de plantas
nocivas que se mezclarán con el trigo. Jesús compara
el Reino de Dios -por consiguiente, la Iglesia (que es su inicio)
y, en sentido lato, toda la humanidad- con este campo en el que
conviven el trigo y la cizaña. Si el instinto de los
criados les lleva a eliminar de inmediato el elemento nocivo, la
lógica del dueño es diametralmente opuesta. Jesús
nos presenta de este modo el corazón del Padre: así
como el dueño del campo deja que crezcan juntas las plantas
nuevas y las nocivas, que sólo serán separadas en el
tiempo de la siega para seguir una suerte diferente, así
Dios tampoco interviene para desarraigar el mal que está
presente en la Iglesia y en el mundo -en última instancia
en el corazón del hombre-, y sólo en el momento del
juicio se hará evidente quién ha obrado el bien y
quién ha obrado el mal. La acción del maligno,
puesta ya de manifiesto en la explicación de la parábola
del sembrador (cf. Mt 13,19), es acogida aquí en el
despliegue de la historia.
Al
exceso de celo de quien quisiera ver triunfar el bien y está
dispuesto por ello a eliminar violentamente en nombre de Dios
tanto el mal como al que lo hace, se contrapone la tolerancia del
Padre, que, lejos de ser mero pacifismo o indiferencia, conoce los
tiempos de crecimiento y el corazón de cada uno. Como
cantaba ya estupefacto el autor del libro de la Sabiduría
(11,23): "Tú tienes compasión de todos,
porque todo lo puedes, y pasas por alto los pecados de los hombres
para que se arrepientan".
A
la mentalidad de los "puros", que no quieren entrar en
contacto con los "impuros", se contrapone la del Dios
tres veces Santo que ama al pecador, come con él, lo abraza
y celebra una fiesta por el retorno a casa (cf. Le
15,11-24).
MEDITATIO
El
mal es tan evidente y sus consecuencias nefastas nos afectan del
tal modo que nace en nosotros de una manera espontánea la
rebelión. Constatar la imposibilidad de defendernos de él
nos hace gritar: no podría Dios erradicar el mal de una vez
por todas, eliminando el sufrimiento provocado por las
enfermedades, y también por la prepotencia, por el egoísmo
de tantos...? No podría morir el que hace tanto daño
y siembra dolor, evitando la muerte injusta de tantos? Estas
preguntas brotan del dolor y del sentido de impotencia que nos
hace experimentar el mal. Dios no parece responder, del mismo modo
que tampoco dio una respuesta inmediata al grito de Jesús
crucificado, sino "tres días después"
con la resurrección. El misterio del mal nos hace
reflexionar sobre la paciencia de Dios, una paciencia
incómoda asimismo para el que padece viendo sufrir a sus
hijos, aunque tampoco puede disminuir el don más grande que
nos ha hecho: la libertad.
Por
nuestra parte, hemos de preguntarnos cómo usamos esa
libertad: si la ponemos al servicio del bien o del mal. No es
posible llegar a un compromiso, y cuando llegue el momento de
encontrarnos cara a cara con Dios se hará manifiesto a
todos la opción que hayamos tomado.
No
ha de servirnos de máscara una religiosidad que se limita a
prácticas exteriores, pero sin que el corazón se
implique en ella. La pregunta que más tiene que ver con
nosotros, entonces, no es tanto: "Por qué existe el
mal?"; sino: "Qué hago yo para desarrollar el
bien?".
ORATIO
Tu
paciencia, Dios mío, tiene algo de escandaloso. Me resulta
incomprensible. Va contra tus mismos intereses, en especial cuando
tolera que el mal marque a tu Iglesia de manera llamativa: acaso
no la has constituido para que sea testigo de tu santidad? Con el
corazón siempre dispuesto a señalar la viga en el
ojo ajeno, aunque incapaz de aceptar tener que quitar la paja del
propio, no comprendo tu modo de actuar, tal vez porque intuyo, y
con razón, que me propones hacer lo mismo.
Estoy
aquí, hoy, rezándote, porque sé que no soy
capaz, instintivamente, de tener esta paciencia si no te pido lo
que dijiste que nunca negarías: el Espíritu Santo,
uno de cuyos frutos es precisamente la paciencia.
Haz,
Señor, por medio de tu Espíritu, que yo comprenda lo
que cuenta de verdad, a saber: que el bien se difunda, crezca, se
vigorice. Hazme comprender que el mal no se arranca a fuerza de
juicios, que, en el fondo, no me cuesta nada pronunciar, sino
empezando yo mismo a no darle cobijo en mi corazón. "Hacer
el bien" es algo más que una intención piadosa:
ayúdame, Señor, a mejorar la calidad de mis
relaciones con los otros, a hacer transparentes mis acciones y
sincera mi profesión de fe. Junto a ti, Señor, que
yo te alabe con mi misma vida.
CONTEMPLATIO
Volved
al Señor, vuestro Dios, de quien os alejasteis por el mal
que hicisteis, y no desesperéis nunca del perdón por
la gravedad de las culpas, porque la infinita misericordia las
cancelará todas, por muy graves que sean.
El
Señor es, en efecto, bueno y misericordioso. Prefiere la
penitencia a la muerte del pecador. Es paciente y rico en
compasión y no imita la impaciencia de los hombres; más
aún, espera durante mucho tiempo nuestra conversión.
Está
plenamente dispuesto a perdonar y a arrepentirse de la sentencia
condenatoria que había preparado para nuestros pecados. Si
nos arrepentimos del mal que hayamos hecho, también él
se arrepentirá de la decisión de castigo que había
adoptado y del mal con el que nos había amenazado. Si
cambiamos de vida, también él cambiará la
sentencia que había predispuesto.
Cuando
decíamos que nos había amenazado con el mal, no nos
referíamos, a buen seguro, a un mal moral, sino a una pena
debida justamente a quien ha faltado. Después de que el
Señor nos haya concedido su bendición y haya
perdonado nuestros pecados, podremos ofrecer nuestros sacrificios
a Dios (Jerónimo, Comentario a Joel, en PL 25,
967ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú
lo ves todo, Señor"(cf.
Jr
7,11).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
cualidad esencial para vivir en comunidad es la paciencia:
reconocer que nosotros mismos, los otros y toda la comunidad
necesitamos tiempo para crecer. Nada se hace en un solo día.
Para
vivir en comunidad es preciso saber aceptar el tiempo y amarlo
como a un amigo. Es terrible ver a algunos jóvenes,
entusiastas, que tenían como un gran ideal compartir con
los otros y llevar una vida comunitaria, perder en unos cuantos
años las ilusiones, sentirse heridos, volverse irónicos,
después de perder todo el gusto por entregarse, y quedar
encerrados en movimientos políticos o en las ilusiones del
psicoanálisis. Eso no quiere decir que la política o
el psicoanálisis carezcan de importancia.
Ahora
bien, resulta triste que algunas personas se cierren porque se han
sentido desilusionadas o porque no han podido aceptar sus límites.
Hay falsos profetas entre los que viven en comunidad. Esos tales
atraen y estimulan los entusiasmos, pero por falta de sensatez o
por orgullo llevan a los jóvenes a la desilusión. El
mundo comunitario está lleno de ilusiones, y no siempre
resulta fácil distinguir lo verdadero de lo falso, sentir
si crecerá el buen grano o si vencerán las malas
hierbas.
Si
pensáis fundar comunidades, rodeaos de mujeres y de hombres
sensatos, que sepan discernir. Pido perdón a todos aquellos
que han venido a mi comunidad o a nuestras comunidades del Arca
llenos de entusiasmo y se han sentido desilusionados por nuestra
falta de apertura, por nuestros bloqueos, por nuestra falta de
verdad y por nuestro orgullo (J. Vanier, La
comunitá, luogo del perdono e della festa, Milán
1980 [edición española: La
comunidad, lugar del perdón y de la fiesta, Promoción
Popular Cristiana, Madrid 1998]).
Día
28
Domingo XVI del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: 2 Reyes 4,42-44
En
aquellos días,
42
llegó
un hombre de Baalsalisá trayendo al hombre de Dios el fruto
de las primicias: veinte panes de cebada y espigas nuevas en su
alforja. Eliseo ordenó: -Dáselo a la gente para que
coma.
43
Su
criado le contestó: -Cómo voy a dar de comer con
esto a cien hombres? Replicó Eliseo: -Dáselo, porque
el Señor dice: "Comerán y sobrará".
44
Él
se lo sirvió, comieron y sobró, según la
Palabra del Señor.
*••
Este pasaje pertenece al llamado "ciclo de Eliseo" (2 Re
4, 1-8.15; 9,1-13; 13,14-25), cuya primera parte recoge el relato
de unos milagros realizados por el profeta en favor de algunos
grupos de profetas, de personas extranjeras o israelitas, y hasta
de todo el pueblo.
El
milagro narrado en la perícopa litúrgica consiste en
la multiplicación de veinte panes de cebada -que le habían
sido ofrecidos a Eliseo en razón de su ministerio en una
cantidad más que necesaria para saciar el hambre de cien
personas.
A
la objeción planteada por el criado sobre la evidente
imposibilidad de distribuir aquella poca cantidad de pan entre
toda la gente que estaba presente, el profeta responde con la
confianza firme en la Palabra del Señor que le ha sido
comunicada, y que le ordena realizar esa acción. El milagro
que se produce es la confirmación de la autoridad de
Eliseo, una autoridad que le viene de la fe y de su obediencia a
YHWH.
Salmo
responsorial Abres
tú la mano, Señor, y nos sacias
Salmo 144, 10-11. 15-16. 17-18
Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor, que te bendigan tus fieles. Que proclamen la
gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
Los ojos de todos te están
aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres
tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus
caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está
el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan
sinceramente.
Segunda
lectura: Efesios 4,1-6
Hermanos:
1
Así
pues, yo, el prisionero por amor al Señor, os ruego que os
comportéis como corresponde a la vocación con que
habéis sido llamados. 2
Sed
humildes, amables y pacientes. Soportaos los unos a los otros con
amor.
3
Mostraos
solícitos en conservar, mediante el vínculo de la
paz, la unidad que es fruto del Espíritu.
4
Uno
solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como también
es una la esperanza que encierra la vocación a la que
habéis sido llamados;
5
un
solo Señor, una fe, un bautismo;
6
un
Dios que es Padre de todos, que está sobre todos, actúa
en todos y habita en todos.
*••
El fragmento que nos presenta hoy la liturgia abre la segunda
parte de la carta a los Efesios (4,1-6,20), en donde se deducen
los principios morales que se desprenden de las afirmaciones
doctrinales expuestas en la primera parte. La exhortación
que Pablo, prisionero a causa de su servicio apostólico (v.
1), dirige a los creyentes tiene el propósito de
confirmarlos en su vocación.
Han
creído en el único Dios, en el único Creador
y Señor, y en virtud de la misma fe han recibido el único
bautismo; forman así un mismo cuerpo (vv. 4-6). La unidad
entre ellos es, por consiguiente, consecuencia directa de su nueva
identidad cristiana.
Las
actitudes que, coherentemente, deben marcar su relación con
Dios y con el prójimo, manifiestan, por consiguiente, la
verdad de lo que ellos son, siguiendo el ejemplo que tienen en
Jesús. Humildad, amabilidad, paciencia, amor que se hace
cargo de la debilidad de los otros, solicitud por la construcción
de la paz: éstas son las virtudes que hacen visible y
realizable la unidad de la comunidad y dan testimonio de que el
Espíritu la anima, dado que son los frutos del Espíritu
(cf. Gal 5,22).
Evangelio:
Juan 6,1-15
1
Algún
tiempo después, Jesús pasó al otro lado del
lago de Tiberíades.
2
Le
seguía mucha gente, porque veían los signos que
hacía con los enfermos.
3
Jesús
subió a un monte y se sentó allí con sus
discípulos.
4
Estaba
próxima la fiesta judía de la pascua.
5
Al
ver aquella muchedumbre, Jesús dijo a Felipe: -Dónde
podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?
6
Dijo
esto para ver su reacción, pues él ya sabía
lo que iba a hacer.
7
Felipe
le contestó: -Con doscientos denarios no compraríamos
bastante para que a cada uno de ellos le alcanzase un poco.
8
Entonces
intervino otro de sus discípulos, Andrés, el hermano
de Simón Pedro, diciendo:
9
-Aquí
hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero
qué es esto para tanta gente?
10
Jesús
mandó que se sentaran todos, pues había mucha hierba
en aquel lugar. Eran unos cinco mil hombres.
11
Luego
tomó los panes y, después de haber dado gracias a
Dios, los distribuyó entre todos. Hizo lo mismo con los
peces y les dio todo lo que quisieron.
12
Cuando
quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos:
-Recoged lo que ha sobrado, para que no se pierda nada.
13
Lo
hicieron así, y con lo que sobró de los cinco panes
llenaron doce cestos.
14
Cuando
la gente vio aquel signo, exclamó: -Este hombre tiene que
ser el profeta que debía venir al mundo.
15
Jesús
se dio cuenta de que pretendían proclamarle rey. Entonces
se retiró de nuevo al monte, él solo.
MEDITATIO
En
nuestro opulento mundo occidental difícilmente llegamos a
comprender lo que significa tener hambre y, a continuación,
de modo sorprendente, vernos saciados de una manera abundante. En
nuestro mundo presuntuoso estamos convencidos de disponer de
respuestas técnicas y eficaces para cada problema, y por
eso resulta más arduo saber apreciar los gestos gratuitos.
Estoy
dispuesto a poner en juego mis "cinco panes y mis dos peces"
en la lucha contra las realidades macroscópicas que, a
pesar de tanto progreso, mantiene la gente que sufre bajo el
umbral de la supervivencia física y de otros tipos -incluso
(sobre todo?) en el mundo "rico"-, que jadea por falta
de valores, de sentido, de una calidad de vida humana? Tengo el
valor necesario para perder mis panes y mis peces y entregárselos
al Señor, para que puedan vivir muchos?
Se
tratará de un gesto imposible mientras piense que tengo
derecho a mantenerme bien atado a lo que poseo. Sólo
conseguiré compartir si cambio de mentalidad y, por
consiguiente, de mirada: si no veo en el otro a un rival, sino a
un hijo como yo del único Padre; si comprendo que, juntos,
formamos parte de un único cuerpo. Entonces comprenderé
que lo que tengo -más aún, lo que soy- no me ha sido
dado para que sólo yo lo goce, sino que me ha sido confiado
para que muchos otros puedan participar. Alguien ha dicho que sólo
poseemos verdaderamente lo que damos. El milagro de la
"multiplicación de los panes" puede proseguir, si
yo lo permito...
ORATIO
Jesús,
con tus signos quieres hacerme conocer tu identidad de Hijo de
Dios e introducirme en el misterio de tu persona y de tu misión.
Perdona
mi pragmatismo, que se detiene en el interés inmediato, en
la superficie de la realidad. No sé darte lo poco que
poseo, pero, después, cuando con ese poco obras grandes
cosas, me quedo arraigado en ello y no voy más al fondo,
allí donde tú me quieres llevar. Un Dios que
resuelve los problemas contingentes de la vida me va bien, pero un
Dios que me propone ser siempre don total y gratuito para los
otros me escandaliza. Tú me repites, Jesús, que, sin
embargo, es precisamente ésa mi vocación de hijo del
Padre. Te pido, Señor, una vez más, aprender a amar
en tu escuela.
CONTEMPLATIO
Para
nosotros, el pan es el Verbo de Dios. Después de su
resurrección ha saciado de pan a los creyentes, porque nos
ha dado los libros de la Ley y de los profetas, antes ignorados y
desconocidos, y ha concedido estos instrumentos a la Iglesia para
nuestra enseñanza, para ser él mismo pan en el
Evangelio.
El
gusto, una vez que haya probado la bondad del Verbo de Dios, su
carne y el pan que baja del cielo, no tolerará después
probar otra cosa; cualquier otro sabor le parecerá al alma
áspero y amargo, y por eso se alimentará sólo
de él, puesto que encontrará todas las dulzuras que
pueda desear en aquel que se hace apto e idóneo para todo
(Orígenes, Omelie sull'Esodo, Roma 1991, p. 143 [edición
española: Homilías sobre el Éxodo, Editorial
Ciudad Nueva, Madrid 1992]; id., Commento al Cántico dei
cantici, Roma 1997, pp. 93ss [edición española:
Comentario al Cantar de los cantares, Editorial Ciudad Nueva,
Madrid 1994]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Hazme
comprender, Señor, los signos que realizas".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Pienso
en ti, muchachito de Galilea, de quien Juan no nos ha transmitido
palabra alguna, pero ha inmortalizado tu gesto. Caía ya
poco a poco la noche sobre la colina. Había allí una
muchedumbre rumorosa y festiva a la que te habías unido
para escuchar a aquel !oven rabí llamado Jesús. Un
rabí que no hablaba como los otros y que parecía
incapaz de decir "no" a quien le pidiera que le curara.
Estabais lejos de todos los pueblos. Y de repente te encontraste
con Andrés, completamente inquieto y agitado, que parecía
andar buscando algo. Tú te diste cuenta en seguida de que
debía tratarse de comida. Tu alforja contenía aún
cinco panecillos que tu madre te había cocido la víspera
y dos pescados que había cogido tu hermano de noche.
Y
diste, a tu vez, todo lo que habías recibido. No diste de
lo que te sobraba, sino todo lo que te hacía falta para
alimentarte aquel día. Te diste cuenta, después, de
la relación que había entre los panecillos que diste
a Andrés y aquellas cestas llenas de pan sobre las que se
precipitó la multitud exuberante? Notaste cómo se
parecían extrañamente aquellos panecillos que no se
agotaban nunca a los que tu madre te había preparado? Quién
se acuerda de ti hoy? Pero yo te bendigo, muchachito de Galilea.
Tú eres para mí como una pequeña imagen del
mismo Señor.
En
esa otra pascua ahora cercana, será él el niño
que ofrecerá "en su miseria cuanto tenía para
vivir", su misma vida, para saciar el hambre de una multitud.
Lo dará todo, sin cálculos, en la hora en que caerá
la noche sobre un mundo desierto. Y el Espíritu, a través
de las manos de otros Andrés y de otros Felipe,
multiplicará el pan a lo largo de la noche de los tiempos.
Ya no se morirá de hambre sobre las colinas desiertas y
pobladas de muchedumbres hambrientas (D. Ange, Le nozze> di Dio
dove !I povero é re, Milán 1985).
Día
29
Lunes de la semana XVII del
Tiempo ordinario, 29 de julio
Santos Marta, María y
Lázaro
Marta
es la hermana de María y de Lázaro de Betania. En el
evangelio sólo se la nombra en tres episodios (cf. Lc
10,38-42; Jn 11,1-44; Jn 12,1-11), y en todos ellos se resalta
su actitud dinámica, su acogida afectuosa a Jesús y
su esmero en servirle. Por otra parte, se dice que Marta, María
y Lázaro eran muy amigos de Jesús, el cual, a su
vez, también les quería mucho.
Entre
los personajes del evangelio, Marta -junto con Pedro- es la única
en confesar de manera explícita y completa su fe en Jesús
como Mesías enviado por el Padre. Santa Marta es modelo de
mujer laboriosa y patrona de los hosteleros.
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 13,1-11
1
El
Señor me dijo: -Vete a comprar una faja de lino y póntela
en la cintura, pero no la laves.
2
Yo
compré la faja, como me había dicho el Señor,
y me la puse en la cintura.
3
De
nuevo el Señor me dijo:
4
-Toma
la faja que has comprado y que llevas puesta, vete al Eufrates y
escóndela allí en la grieta de una roca.
5
Fui
y la escondí junto al Eufrates, como el Señor me
había mandado.6 Mucho tiempo después, el Señor
me dijo: -Vete al Eufrates a buscar la faja que yo te mandé
esconder allí.
7
Fui
al Eufrates y tomé la faja del lugar donde la había
escondido; la faja estaba ya podrida y no servía para nada.
8
Entonces
el Señor me habló así:
9
-Así
dice el Señor: De la misma manera voy a deshacer el orgullo
de Judá, la gran soberbia de Jerusalén.
10
Este
pueblo malvado, que se niega a obedecer mis mandatos, que hace
caso a su corazón obstinado y va tras otros dioses para
darles culto y postrarse ante ellos, quedará como esa faja,
que ya no sirve para nada.
11
Pues
como la faja se ciñe a la cintura del hombre, así me
había ceñido yo a Israel y a Judá, oráculo
del Señor, para que fuesen mi pueblo, mi renombre, mi
alabanza y mi adorno, pero no me han hecho caso.
**•
La Palabra del Señor conduce a Jeremías a realizar
una acción simbólica. Las acciones del profeta,
típicas del profetismo, e incluso su misma vida, se
convierten en mensaje dirigido a los presentes, a cada uno en
particular o, en ocasiones, al mismo profeta. La reacción
que tales acciones suscitan son, por lo general, de escarnio, de
desprecio y, en cualquier caso, de incomprensión. El
profeta interviene entonces explicitando el mensaje o
interpretando el acontecimiento, que contiene, según los
casos, un aviso, una amenaza, un deseo.
En
este pasaje se le pide a Jeremías que compre una faja de
lino, que se la ponga varios días y la esconda después
en la grieta de una roca del río (w. 1-5). El mensaje queda
ilustrado por medio de una doble comparación: del mismo
modo que la faja se ciñe al cuerpo de quien se la pone, así
también Israel estaba llamado a adherirse al Señor,
respondiendo de manera positiva a la alianza con la que el Señor
se había ligado antes a él. Puesto que el pueblo ha
contravenido la alianza no escuchando la Palabra del Señor,
siguiendo sus propias ideas y hasta dedicándose a la
idolatría, ha faltado a su vocación, ha dejado de
cumplir el servicio para el que Dios lo había elegido,
convirtiéndose, como una faja podrida, en algo que ya no
sirve para nada (w. lOss).
Salmo Responsorial
Despreciaste al Dios que te engendró.
Dt 32, 18-21.
18 !Desertaste
de la Roca que te engendró! !Olvidaste
al Dios que te dio vida!
19 Al
ver esto, el Señor los rechazó porque
sus hijos y sus hijas lo irritaron.
20 Les
voy a dar la espalda —dijo—, y
a ver en qué terminan; son
una generación perversa, !son
unos hijos infieles!
21 Me
provocaron celos con lo que no es Dios como yo, y
me enojaron con sus ídolos inútiles. Pues yo haré
que sientan envidia de los que no son pueblo; voy
a irritaros con una nación insensata.
Evangelio:
Juan 11,19-27
En
aquel tiempo,
19
muchos
judíos habían ido a Betania para consolar a Marta y
María por la muerte de su hermano.
20
Tan
pronto como llegó a oídos de Marta que llegaba
Jesús, salió a su encuentro; María se quedó
en casa.
21
Marta
dijo a Jesús: -Señor, si hubieras estado aquí,
no habría muerto mi hermano.
22
Pero,
aun así, yo sé que todo lo que pidas a Dios él
te lo concederá.
23
Jesús
le respondió: -Tu hermano resucitará.
24
Marta
replicó: -Ya sé que resucitará cuando tenga
lugar la resurrección de los muertos, al fin de los
tiempos.
25
Entonces
Jesús afirmó: -Yo soy la resurrección y la
vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;
26
y
todo el que esté vivo y crea en mí, jamás
morirá. Crees esto?
27
Ella
contestó: -Sí, Señor; yo creo que tú
eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir
a este mundo.
*+•
El
diálogo entre Jesús y Marta referido en este
fragmento del evangelio forma parte del episodio de la llamada
"resurrección de Lázaro" (cf.
Jn
11,lss). Como en Le 10,38-42 y en Jn 12,lss, destacan las
actitudes opuestas de Marta y de María: la primera muestra
un carácter más dinámico y concreto, que se
manifiesta en salir de inmediato al encuentro del Señor; la
segunda, a la que siempre se describe sentada y escuchando al
Maestro, permanece en casa (v. 20).
Marta
asocia, en cierto modo, la muerte de su hermano a la ausencia de
Jesús en aquel momento, pero confirma asimismo su firme
confianza en él como mediador infalible ante Dios (vv.
2lss). Empieza así un itinerario interior que la conducirá
a una profesión de fe plenamente cristiana (v. 27), pasando
a través de la declaración de su fe en la
resurrección del último día (v. 24), en
conformidad con la tradición judía (cf 2 Mac
7,9.23; 12,42b-44; Dn 12,1-3). Es el mismo Jesús quien la
guía en este recorrido: con una expresión típica
de las autorrevelaciones divinas ("Yo soy": v.
25a; cf. Ex 3,14; Lv 19,lss; Jn 6,35; 14,6; passim), el
Señor hace comprender a Marta que la vida que él da
supera también a la muerte. Jesús, resurrección
y vida, crea en quien le recibe una condición nueva y
definitiva (cf Jn 5,24; 8,51).
Como
hace en todo su evangelio, también aquí Juan recurre
a términos antitéticos y juega con su doble
significado: cuando alguien da su plena adhesión a Jesús,
pasa de la muerte física a la vida definitiva,
eterna (v. 25b), porque quien en vida haya creído en él
no padecerá la condena a la eterna separación de
Dios (v. 26a).
Con
estas palabras se refiere el Señor al destino último
y, al mismo tiempo, pone de manifiesto que, a través de él,
está ya presente en el creyente el germen de la vida
eterna. Jesús no se limita a revelar a Marta estas
verdades, sino que le pregunta de una manera explícita su
posición ante ellas (v. 26b), brindándole la
oportunidad de manifestar plenamente su adhesión a la
persona del Maestro, reconocido ahora como el Mesías
esperado por Israel y como el Hijo de Dios (v. 27).
MEDITATIO
Los
evangelios presentan a santa Marta siempre en movimiento, como una
mujer eficiente y segura de sí. Tal vez esto la conducía
a dejarse atrapar demasiado por las cosas que debía hacer y
a perder de vista el sentido de su trajín. Sin embargo,
ante Jesús, comprende que la eficiencia no es el valor más
elevado, sino que importa sólo en la medida en que está
equilibrada por la acogida, por la atención al otro y por
el "temor al Señor", o sea, movida por el amor;
si no es así, hace correr el riesgo de separar de lo
esencial, convirtiéndose en una fuente de ansiedad y de
fragmentación.
Santa
Marta no se relaciona con el Señor sólo haciendo
algo por él, sino que se presenta ante él con una
actitud de verdad y de diálogo: se le muestra tal como es,
dolida por la muerte de su hermano, decepcionada por no haber sido
escuchada (cf. Jn 11,3.21), pero también firme en la
fe. Aunque no ha visto satisfecha su oración, no la
emprende con Dios, no se cierra a su misterio, no duda de su
bondad; más bien, se pone a la escucha del Señor y
se hace disponible a caminar con él, revisando su modo de
concebir la vida y la fe. Marta se deja conducir por Jesús
a través de la experiencia del dolor en un recorrido de
conocimiento más profundo de sí misma, de la
realidad, del mismo Señor. A quien le acoge de verdad, todo
se le presenta bajo una luz nueva: vivir significa entonces
habitar en el amor de Dios, en la amistad sincera y confiada con
él. La vida eterna empieza ya desde ahora, y atraviesa y
vivifica todas las vicisitudes humanas, incluso las marcadas por
el sufrimiento.
Eso
significa ponerse a la escucha de Dios y de su Palabra, como
Marta, también en los momentos de incertidumbre y de duda
(cf. Jn 11,39-41). También a nosotros nos pide el
Señor una adhesión personal: "Crees esto?".
Marta dio su respuesta; cada uno de nosotros está
llamado a dar la suya.
ORATIO
Señor,
son muchas las veces que, frente a las dificultades de la
vida, mi fe vacila y me dejo absorber por las mil cosas que debo
hacer para huir de la desilusión y del vacío
interior; o bien siento la tentación de esconder mis miedos
construyéndome una fe a mi medida, adherido rígidamente
a principios que considero indiscutibles y que quisiera resguardar
de cualquier turbación.
Enséñame
a abrir mi fe a tu imprevisibilidad, a estar disponible para el
encuentro auténtico contigo, al encuentro en el que mis
falsas seguridades cedan su sitio a la confianza en tus promesas.
No permitas que el ritmo frenético de mis jornadas me
atropelle hasta el punto de dejar de estar inspirado por el amor.
Y, sobre todo, no dejes que la experiencia del dolor me aleje de
ti: conviértela, más bien, en una experiencia
fecunda de resurrección y de vida.
CONTEMPLATIO
Marta,
más comprometida con el desarrollo de las tareas
necesarias, llega la primera [a Jesús]. María, más
fina y con un ánimo más sensible, espera en casa
para recibir el pésame. Marta, más sencilla, corre
al encuentro de Jesús, embriagada por el dolor, que, sin
embargo, soportaba con entereza. "Mi hermano -dice- ha muerto
porque no estabas aquí, pues tú, con una sola orden,
puedes vencer a la muerte." [Jesús le] dice: "El
que crea en mí no estará inmune de la muerte de la
carne; con todo, Dios puede dar fácilmente la vida a quien
quiera".
Cuando
dice después a Marta: "Crees?", exige la
confesión de la fe como madre y protectora de la vida. Y
ella le dice de inmediato que sí, y confiesa su fe con
sutileza [...]: al usar el artículo -el Cristo y el
Hijo de Dios- ha confesado claramente al único,
excelente y verdadero Hijo de Dios. [El Señor] exige
comprensión de la fe: ésta es un gran don cuando
nace de un ánimo ardiente, y tiene tanto poder que salva no
sólo a quien cree, sino también a los otros. De este
modo, también Lázaro fue resucitado por la fe de su
hermana, a la que el Señor dijo: "No te he dicho que,
si crees, verás la gloria de Dios?", como si quisiera
decirle: "Ya que Lázaro ha muerto, suple tú la
fe del muerto. En efecto, es preciso creer firmemente a fin de ver
las cosas que están por encima de la esperanza"
(Cirilo de Alejandría, Cornmento al vangelo ii Giovanni,
Roma 1994, II, pp. 313ss, passim).
ACTIO
Repite
y medita a menudo durante el día estas palabras: "Sé
que todo lo que pidas a Dios él te !o concederá"
(
Jn 11,22).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
fiesta de Santa Marta que celebra hoy la liturgia nos pone ante
este personaje del evangelio íntimamente ligado a la
persona y a la misión de Jesús. Suele representar a
Marta como la persona siempre atareada, la que se afana, y ello
por amor a ese inefable amigo que es Cristo, que se hospeda en su
casa, amigo de su hermano y de su hermana. Marta es una mujer
siempre atareada y molesta, algunas veces, por las actitudes
contemplativas de su hermana; de todos modos, se trata de una
atareada entregada por completo a su Señor. Pero, si nos
fijamos bien, esta visión y esta imagen de santa Marta
están un tanto reajustadas por este fragmento del evangelio
de Juan.
Es
Marta quien se dirige a Jesús, con el corazón lleno
de amor y de dolor por la muerte de su hermano Lázaro; es
ella la que con aquella hermosa amistad, valiente y espontánea,
casi reprocha al amigo: "Señor, si hubieras estado
aquí, no habría muerto mi hermano". Esta
actitud de auténtica amistad por parte de Marta respecto a
Jesús nos revela algo mucho más precioso en su ánimo
que la laboriosidad atareada de una acogida puramente exterior.
Existe entre Marta y Jesús una misteriosa camaradería.
Marta sabe que Jesús es poderoso; se da cuenta de que el
Señor lo puede todo [...]. La afectuosa amistad, la
valiente libertad de Marta, nos dice mucho sobre el conocimiento
que tenía de Cristo y sobre la confianza que el Señor
Jesús le otorgaba. Hemos de señalar, por otra parte,
que Jesús no corrige a Marta por su observación. Sí
lo hizo cuando se lamentaba de la "inercia" de María.
Pero en esta ocasión no. Comprende su dolor, lo comparte.
El evangelio dice que Jesús mezcló sus lágrimas
con las de Marta.
!Qué
misteriosa y sublime amistad! [...] El misterio de la muerte
vivido en comunión de amistad conduce a Jesús a
realizar una afirmación, podríamos decir,
desconcertante: "Tu hermano vivirá". Marta
comprende y no comprende. Tal vez guarde en el corazón la
esperanza de un prodigio clamoroso; tal vez se refugie en la
confianza en la resurrección final de los muertos.
Y
dice a Jesús: "Sé que resucitará, porque
tú eres el Cristo, el Señor de la vida". Aquí
tenemos la profesión de fe de santa Marta. María, la
contemplativa, nunca dijo a Jesús: "Tú
eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo"; Marta,
la atareada, sí lo hizo. Y Jesús le dejó que
se lo dijera. Es posible que precisamente esta declaración
de fe sobre su verdadera identidad fuera lo que provocó en
él la decisión última del prodigio clamoroso
(A. Ballestero, consacrati
nella Chiesa e nel mondo. Meditazioni sull'essenziale, Milán
1994, pp. 147ss).
Día
30
Martes de la semana XVII del
Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 14,17-22
17
Mis
ojos se deshacen en lágrimas noche y día sin cesar,
porque un gran desastre alcanza a la doncella de mi pueblo y su
herida es incurable.
18
Si
salgo al campo, no hay más que muertos a espada; si entro
en la ciudad, sólo las angustias del hambre. Profetas y
sacerdotes andan errantes y desorientados por el país.
19
Has
desechado totalmente a Judá? Has dejado de amar a Sión?
Por qué nos hieres sin remedio? Esperábamos la paz,
pero no hay mejoría; el tiempo de la salvación, pero
sólo hay espanto.
20
Reconocemos,
Señor, nuestra maldad y la culpa de nuestros antepasados.
Hemos pecado contra ti.
21
Por
el honor de tu nombre, no nos rechaces, no profanes el trono de tu
gloria; acuérdate, no rompas tu alianza con nosotros.
22
Acaso
hay algún ídolo de los gentiles que haga llover? Dan
los cielos la lluvia por sí solos? No eres sólo tú,
Señor, Dios nuestro? Nosotros esperamos en ti, porque eres
tú quien hace todo eso.
*"
El contexto en el que fueron confiadas a Jeremías estas
palabras corresponde a una grave calamidad nacional: la sequía
{cf. Jr 14,lss) y la guerra (cf. v. 18). A la
descripción del deplorable estado en que se encuentra el
país, herido de muerte y sin nadie que pueda guiarlo (w.
17ss), le sigue una oración de súplica. En ella
intercede Jeremías ante Dios en favor del pueblo. Apela al
compromiso asumido por YHWH en el momento de la alianza, en virtud
de la cual no es posible que se haya alejado del pueblo de manera
definitiva. Le recuerda la promesa de la salvación y de la
paz, que no reinan sin embargo (v. 19); le invita de manera
acongojada a no hacer desaparecer el pacto, a no abandonar al
pueblo, que, por supuesto, le ha disgustado con su infidelidad,
pero ahora reconoce sus propios pecados. Israel no tiene méritos
para jactarse, pero el profeta implora a Dios apelando a su
fidelidad: el Señor fiel (cf. Ex 34,6) no puede
faltar a sí mismo (Jr 14,21). Él es el creador de
Israel y de todo lo que existe (v. 22). Sólo él es
digno de confianza (v. 22d), y por eso se confía a él
el profeta, intercesor solidario con el pueblo por cuya suerte
llora de manera incesante (v. 17).
Salmo Responsorial
Líbranos, Señor, por el
honor de tu nombre
Salmo
78
No
recuerdes contra nosotros las
culpas de nuestros padres; que
tu compasión nos alcance pronto, pues
estamos agotados. R/.
Líbranos,
Señor, por el honor de tu nombre
Socórrenos,
Dios salvador nuestro, por
el honor de tu nombre; líbranos
y perdona nuestros pecados, a
causa de tu nombre. R/.
Líbranos,
Señor, por el honor de tu nombre
Llegue
a tu presencia el gemido del cautivo: con
tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte. Mientras,
nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te
daremos gracias siempre, contaremos
tus alabanzas de generación en generación. R/.
Líbranos,
Señor, por el honor de tu nombre
Evangelio:
Mateo 13,36-43
En
aquel tiempo,
36
dejó
Jesús a la gente y se fue a la casa. Sus discípulos
se le acercaron y le dijeron: -Explícanos la parábola
de la cizaña del campo.
37
Jesús
les dijo: -El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
38
el
campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la
cizaña, los hijos del maligno;
39
el
enemigo que la siembra es el diablo; la siega es el fin del mundo,
y los segadores, los ángeles.
40
Así
como se recoge la cizaña y se hace una hoguera con ella,
así también sucederá en el fin del mundo.
41
El
Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán
de su reino a todos los que fueron causa de tropiezo y a los
malvados
42
y
los echarán al horno de fuego. Allí llorarán
y les rechinarán los dientes. 43
Entonces
los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre.
El que tenga oídos que oiga.
*•
La explicación alegórica de la parábola de la
buena semilla y de la cizaña presenta la antítesis
entre "los hijos del Reino" y "los hijos
del maligno". Cada hombre pertenece a la familia de aquel
cuya palabra ha recibido y puesto en práctica. La vida
terrena es el tiempo durante el que es posible escoger. A su
término tendrá lugar el juicio, representado con la
imagen escatológica -clásica en la Biblia- de la
siega (v. 39). En ese momento se pondrá de manifiesto la
diferente suerte merecida, respectivamente, por los "malvados"
y por los "justos": llanto y rechinar de
dientes eterno para unos y brillo eterno para los otros (w. 42ss).
La
invitación dirigida de nuevo a escuchar y entender la
Palabra (v. 43b) hace comprender la urgencia y el carácter
dramático de la decisión que hemos de tomar. Al
mismo tiempo, la explicación de la parábola,
explicación que tiene lugar en casa sólo para los
discípulos (v. 36), pretende aliviar la turbación de
las primeras comunidades cristianas, que constataban la presencia
del mal en su interior, y frenar la impaciencia de los que
pretendían arrogarse el poder de hacer justicia.
La
potestad de juzgar -repite Jesús- corresponde al "Hijo
del hombre" y la ejercerá cuando llegue "el
fin del mundo", tal como pone de manifiesto el
evangelista Mateo en su evangelio (cf. 25,31-46).
MEDITATIO
El
mal está presente por doquier, incluso en aquellas
realidades que son signo de la santidad y que, por consiguiente,
quisiéramos inmunes de tal herencia humana.
Agustín,
cuando habla de la Iglesia "santa y pecadora ", levanta
acta de la presencia del mal en la comunidad de los cristianos,
que es sacramento de la presencia de Dios en el mundo.
El
apóstol Pablo toma en su raíz esta realidad cuando
observa que desearía hacer el bien y, sin embargo, hace el
mal. La comunidad de los "puros", de los intocables por
el mal, no es la comunidad de los discípulos de Jesús,
una comunidad formada por pecadores que han pasado incluso por la
experiencia del amor misericordioso que perdona y salva. De ahí
surge en el corazón esa humildad que atrae la complacencia
de Dios y también la simpatía de los otros. Entonces
podremos descubrir una cierta solidaridad con aquellos que hacen
el mal, porque no somos mejores que ellos.
La
oración se convierte en el instrumento eficaz para
ayudarles e incluso para confirmarnos a nosotros mismos en la
opción de pertenecer al Señor, prenda de la
verdadera vida en el tiempo y de plenitud en la eternidad.
Si
tenemos una conciencia más iluminada que la suya respecto
al bien y al mal, no ha de servirnos para autorizarnos a proceder
a hacer juicios sumarios, sino de compromiso para hacer el bien
con las acciones y las palabras. El ejemplo arrastra.
ORATIO
Cuántas
veces, Señor, soy uno de esos que lanzan imprecaciones
porque las cosas van mal y se precipitan sobre el primer chivo
expiatorio con el que se topan, encontrando con frecuencia
poderosos aliados en los medios de comunicación. Hoy, sin
embargo, quiero pedirte por este mundo y por esta Iglesia de la
que formo parte. Hay muchas cosas que no funcionan, es cierto: veo
el pecado y la injusticia, veo tomar decisiones poco respetuosas
con la dignidad y la unicidad de la persona, veo que prevalecen
los intereses de una parte... Veo el mal fuera de mí y
antes que nada dentro de mí.
Te
ruego, Señor, que no te canses de perdonar. Envíanos
la luz de tu Espíritu a todos nosotros, para que realicemos
el bien y no el mal, para que cada uno aporte su contribución
a fin de hacer más bello este mundo y esta Iglesia.
CONTEMPLATIO
Debemos,
por ende, hermanos, andar con toda diligencia en lo que atañe
a nuestra salvación, no sea que el maligno, logrando
infiltrársenos por el error, nos arroje, como la piedra de
una honda, lejos de nuestra vida [...].
Huyamos
de toda vanidad, odiemos absolutamente las obras del mal camino.
No viváis solitarios, replegados en vosotros mismos, como
si ya estuvierais justificados, sino, reuniéndoos en un
mismo lugar, inquirid juntos lo que a todos en común
conviene [...]. Hagámonos espirituales, hagámonos
templo perfecto para Dios.
En
cuanto esté en nuestra mano, meditemos el temor de Dios y
luchemos por guardar sus mandamientos, a fin de regocijarnos en
sus justificaciones.
El
Señor juzgará al mundo sin acepción de
personas: cada uno recibirá conforme obró. Si el
hombre fue bueno, su justicia marchará delante de él;
si fue malvado, la paga de su maldad irá también
delante de él ("Carta de Bernabé", II, 9;
IV, 10-12, en Padres apostólicos, BAC, Madrid 21968,
pp. 774-778).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Reconocemos,
Señor, nuestra maldad"(Jr
14,20).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Se
dice: o bien Dios puede impedir el mal y entonces no es bueno
porque no lo hace; o bien Dios no puede impedir el mal y entonces
no es omnipotente. En ambos casos le falta a Dios un atributo
esencial: o la bondad o la omnipotencia. La realidad nos advierte
que no nos es lícito volcar en Dios (o sólo en
Dios) nuestras responsabilidades. Hablo, como es natural, del Dios
cristiano. Un Dios en cuyo plan, lo sabemos, era prioritaria la
libertad para sus criaturas. No quiso un lager (campo de
concentración) para reclusos ni una ruda guardería
para eternos niños, sino un mundo poblado de hijos
responsables. Libres, por tanto, de elegir entre el bien y el mal.
Libres de comportarse como santos o como bribones. Su
"ocultación", la discreción del claroscuro
en que se ha envuelto a sí mismo y en que ha envuelto su
Ley, su negativa a comportarse como un gendarme, son valores fuera
de duda. En consecuencia, tienen un coste: a veces terrible.
Somos
cristianos -y no podremos ser otra cosa- porque logramos creer
sólo en el Dios que se manifestó en aquel judío
de Galilea. Sólo este tipo de omnipotencia en el fracaso y
en el sufrimiento escapa a la pregunta sobre la presencia
invencible del mal, que, mucho antes de ser un elegante problema
para la filosofía, es un drama para nosotros, hombres de
carne y hueso.
Es
un hecho objetivo que sólo el Dios de Jesús, el Dios
en quien cree el cristiano, es el único que no puede ser
implicado en la blasfemia del hombre por la marea de dolor que
asciende a menudo y le ahoga. "No hay otra respuesta radical
y definitiva al problema del mal que la cruz de Jesús, en
la cual sufrió Dios el mal supremo, y lo hizo de manera
triunfal, porque lo padeció hasta el final. Esta respuesta
elimina el escándalo de un Dios tirano que se complace en
los sufrimientos de sus criaturas, proponiendo, sin embargo, un
escándalo aún mayor (Jacques Natanson) (V. Messori -
M. Brambilla, Qualche ragione per credere, Milán
1997).
Día
31
Miércoles semana XVII del
Tiempo ordinario o 31 de julio,
San Ignacio de Loyola
Iñigo
López de Loyola nació en Azpeitia (Guipúzcoa,
España), en el año 1491, en el seno de una familia
noble en decadencia. Su deseo de alcanzar gloria le llevó a
dedicarse a la carrera militar. Fue herido gravemente en una pierna
durante la defensa del castillo de Pamplona, atacado por los
franceses.
Durante
su convalecencia, la simple lectura de algunos libros sobre la vida
de los santos y de Jesús le impulsó a la práctica
de una dura ascesis, durante la cual escribió la mayor parte
de sus famosos Ejercicios espirituales.
Tras
abandonar la vida de mendicante solitario, estudió primero en
España y después en París; en esta última
ciudad conoció a Francisco Javier y a algunos otros, con los
cuales reunió el primer núcleo de la Compañía
de Jesús, grupo que dará vida a un nuevo tipo de vida
religiosa, basada en la práctica de la caridad y centrada en
la misión, un nuevo tipo de vida que servirá de ejemplo
a innumerables congregaciones modernas. Ignacio murió en Roma,
el 31 de julio de 1556. Fue canonizado en el año 1622 junto
con san Francisco Javier, su compañero de la primera hora.
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 15,10.16-21
10
!Ay
de mí, madre mía, que me engendraste hombre de pleitos
y contiendas con todo el mundo! No he prestado, ni he pedido
préstamos y, sin embargo, todos me maldicen.
16
Cuando
encontraba tus palabras, yo las devoraba; tus palabras eran mi
delicia y la alegría de mi corazón, porque he sido
consagrado a tu nombre, Señor, Dios todopoderoso.
17
No
me senté a disfrutar con los que se divertían; agarrado
por tu mano me senté solo, pues tú me llenaste de
indignación.
18
Por
qué es continuo mi dolor, y mi herida, incurable y sin
remedio? Te has vuelto para mí arroyo engañoso de aguas
caprichosas.
19
Entonces
el Señor me respondió así: Si vuelves a mí,
haré que vuelvas y estés a mi servicio; si separas el
metal de la escoria, tú serás mi portavoz; que vuelvan
ellos a ti, no tú a ellos.
20
Te
pondré frente a este pueblo como sólida muralla de
bronce: lucharán contra ti, pero no te vencerán, pues
yo estaré contigo para salvarte y librarte. Oráculo del
Señor.
21
Te
libraré de la mano de los malvados, te salvaré del puño
de los violentos.
>*•
El texto litúrgico forma parte de una de las llamadas
"Confesiones de Jeremías", fragmentos escritos en
primera persona en los que vierte el profeta sus propios sentimientos
y deja aflorar su ánimo, desahogándose con Dios por la
dureza de la misión que le ha confiado y hasta por su misma
existencia, cuyo fracaso percibe. Jeremías, que tanto hubiera
deseado la paz, y que, sin embargo, a causa de la Palabra, es objeto
de contiendas y de pleitos (v. 10), deplora haber nacido. Recuerda el
entusiasmo y la alegría del primer encuentro con la Palabra
del Señor, convertida después en el centro y el sentido
de toda su vida. A la iniciativa de Dios le había seguido la
disponibilidad total de Jeremías, el compromiso de toda su
persona en la decisión consciente de estar consagrado a Dios
(v. 16). La soledad, el distanciamiento de las compañías
festivas, fueron la consecuencia de esta dedicación absoluta a
una Palabra que va contra corriente y que sus contemporáneos
rechazan e incluso combaten (v. 17).
De
ahí procede el agudo sufrimiento que siente Jeremías
sin posibilidad de curación y el grito de denuncia de su
propia situación frente a Dios, que se le ha vuelto engañoso
como un arroyo de aguas caprichosas.
Por
toda respuesta (w. 19-21), el Señor le confirma al profeta su
arduo mandato, pidiéndole de nuevo su entera disponibilidad,
renovándole la promesa del éxito final de su misión,
garantizado por su misma presencia. La Palabra que le había
seducido en un tiempo deberá "encarnarse" aún
más en Jeremías. Fiel a ella, el profeta recibirá
la fuerza necesaria para resistir a todos los adversarios.
Salmo Responsorial
Dios es mi refugio en el peligro
Salmo
58,2-18
Líbrame
de mi enemigo, Dios mío, protégeme
de mis agresores; líbrame
de los malhechores, sálvame
de los hombres sanguinarios. R/.
Dios es
mi refugio en el peligro
Mira
que me están acechando y
me acosan los poderosos. Sin
que yo haya pecado ni faltado, Señor, sin
culpa mía, avanzan para acometerme. R/.
Dios es
mi refugio en el peligro
Estoy
velando contigo, fuerza mía, porque
tú, oh Dios, eres mi alcázar; que
tu favor se adelante, oh Dios, y
me haga ver la derrota del enemigo. R/.
Dios es
mi refugio en el peligro
Yo
cantaré tu fuerza, por
la mañana aclamaré tu misericordia: porque
has sido mi alcázar y
mi refugio en el peligro. R/.
Dios es
mi refugio en el peligro
Y
tañeré en tu honor, fuerza mía, porque
tú, oh Dios, eres mi alcázar. R/.
Dios es
mi refugio en el peligro
Evangelio:
Mateo 13,44-46
En
aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
44
Sucede
con el Reino de los Cielos lo que con un tesoro escondido en el
campo: el que lo encuentra lo deja oculto y, lleno de alegría,
va, vende todo lo que tiene y compra ese campo.
45
También
sucede con el Reino de los Cielos lo que con un mercader que busca
ricas perlas y que,
46
al
encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la
compra.
**•
En el marco del sermón dirigido a los discípulos en
casa icf. Mt 13,36), las parábolas del tesoro
encontrado por casualidad en el campo y de la perla largo tiempo
buscada y por fin encontrada ponen el acento en la alegría de
quien ha comprendido el valor del Reino de Dios.
Se
trata de una alegría tan penetrante y profunda que hace
posible la venta de cualquier otro bien para comprar el campo donde
está escondido el tesoro o adquirir la perla preciosa. Acoger
la Palabra de Jesús y tener acceso al misterio del Reino de
Dios no es, por tanto, únicamente una experiencia de contraste
y de paciente tenacidad, como sugerían las parábolas
del sembrador y de la cizaña, sino que es también y
sobre todo una experiencia de alegría.
Junto
a esta enseñanza principal, las parábolas plantean la
exigencia del radicalismo en la opción por el Reino: no es
posible llegar a soluciones de compromiso; es preciso darlo todo si
queremos gozar del amor de Dios. El hombre experimenta esto como don
inesperado y como fruto del empeño: Dios se ofrece en virtud
de su libre iniciativa, más allá de cualquier posible
mérito del hombre. Haciéndose buscar, dilata en él
el espacio del deseo.
MEDITATIO
Ignacio
vivió en un tiempo de grandes transformaciones que afectan al
modo de concebir la vida (el humanismo), la visión de la
Iglesia (la Reforma protestante) y la sorpresa producida por el
descubrimiento de nuevas tierras para evangelizar (los
descubrimientos geográficos). Advierte que es preciso
encontrar algo nuevo como respuesta a las grandes novedades de su
tiempo. Sobre todo, es menester encontrar hombres nuevos, preparados,
consagrados por completo a la misión.
Es
preciso encontrar, asimismo, un nuevo modo de vida para estar en
condiciones de hacer frente a la nueva misión. De ahí
su magna síntesis: todo el hombre está al servicio de
la misión, a fin de hacer progresar el
Reino
de Dios: un hombre desprendido de todo, que intenta descubrir y
cumplir la voluntad de Dios, a través del discernimiento y de
la obediencia. Un hombre ligado a otros "compañeros de
Jesús" que hacen frente a los nuevos desafíos,
dispuestos a estar presentes en todos los frentes, "para mayor
gloría de Dios". Ignacio está en el origen
de la Compañía de Jesús, inicio de un
considerable número de congregaciones religiosas que ponen la
misión en el centro de su ser.
Hoy
puede resultar fácil admirar su modelo "activo" e
inspirarse en él. Sin embargo, el secreto está en la
capacidad de vivir como "contemplativos en acción",
en el "sentir con la Iglesia", en el "buscar la gloria
de Dios" más que nuestra propia afirmación
personal.
Ignacio
fue un gran maestro de espíritus, antes de ser un gran
organizador. Es más, pudo organizar la misión de una
manera soberbia porque supo formar hombres humildes, competentes y
desprendidos de todo. Una fórmula que no ha perdido nada de su
actualidad.
ORATIO
Alma
de Cristo, santifícame.
Cuerpo
de Cristo, sálvame.
Sangre
de Cristo, embriágame.
Agua
del costado de Cristo, lávame.
Pasión
de Cristo, confórtame.
Oh
buen Jesús, escúchame.
En
tus llagas escóndeme.
No
permitas que me separe de ti.
Del
maligno enemigo defiéndeme.
En
la hora de mi muerte llámame
y
mándame que vaya a ti
para
alabarte con tus santos
por
los siglos de los siglos. Amén.
CONTEMPLATIO
Principio
y fundamento: El
hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios,
nuestro Señor, y, mediante esto, salvar su ánima; y las
otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y
para que le ayuden en la prosecución del fin para que es
criado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar dellas
quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas quanto
para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a
todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de
nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal
manera, que no queramos de nuestra parte más salud que
enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que
corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando
y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos
criados (Ignacio de Loyola, Ejercicios
espirituales 23).
ACTIO
Repite
y medita durante el día estas palabras evangélicas:
"Aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene, no
puede ser discípulo mío" (Le 14,33).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Yo,
Ignacio de Loyola, pretendo en estas líneas decir algo acerca
de mí y de la tarea de los jesuitas de hoy, supuesto que aún
hoy sigan sintiéndose comprometidos con aquel espíritu
que en otro tiempo determinó, en mí y en mis primeros
compañeros, los comienzos de esta orden.
Ya
sabes que, tal como entonces lo expresaba, mi deseo era "ayudar
a las almas", es decir, comunicar a los hombres algo acerca de
Dios y de su gracia, de Jesucristo crucificado y resucitado, que les
hiciera recuperar su libertad integrándola dentro de la
libertad de Dios. Yo deseaba expresarlo tal como siempre se había
expresado en la Iglesia, y realmente creía (y era una creencia
cierta) que eso tan antiguo podía yo decirlo de una manera
nueva. Por qué? Porque estaba convencido de que, primero de un
modo incipiente durante mi enfermedad de Loyola y luego de manera
decisiva durante mis días de soledad en Manresa, me había
encontrado directamente con Dios. Y debía participara los
demás, en la medida de lo posible, dicha experiencia.
Cuando
afirmo haber tenido una experiencia inmediata de Dios, lo único
que digo es que experimenté a Dios, al innombrable e
insondable, al silencioso y, sin embargo, cercano. Experimenté
a Dios, también y sobre todo, más allá de toda
imaginación plástica. A El que, cuando por su propia
iniciativa se aproxima por la gracia, no puede ser confundido con
ninguna otra cosa.
Semejante
convicción puede sonar como algo muy ingenuo, pero en el fondo
se trato de algo tremendo. Yo había encontrado realmente a
Dios, al Dios vivo y verdadero, al Dios que merece ese nombre
superior a cualquier otro nombre.
Pero,
por de pronto, repito que me he encontrado con Dios, que he
experimentado al mismo Dios. Dios mismo. Era Dios mismo a quien yo
experimenté; no palabras humanas sobre El. Dios y la
sorprendente libertad que le caracteriza. Lo que digo es que sucedió
así.
Una
cosa sigue en pie: que Dios puede y quiere tratar de modo directo con
su criatura; que el ser humano puede realmente experimentar cómo
tal cosa sucede; que puede captar el soberano designio de la libertad
de Dios sobre su vida.
Se
trata de algo nuevo o de algo viejo? Es algo obvio o resulta
sorprendente? Se trata de algo que haya que relegar a un segundo
plano en la Iglesia de hoy y de mañana, debido a que el hombre
ya casi no soporta la callada soledad ante Dios y trata de refugiarse
en una especie de colectividad eclesial, cuando en realidad dicha
colectividad ha de edificarse sobre la base de hombres y mujeres
espirituales que hayan tenido un encuentro directo con Dios, y no
sobre la base de quienes, a fin de cuentas, utilizan a la Iglesia
para evitar tener que vérselas con Dios y su libre
incomprensibilidad?
Una
cosa, sin embargo, sigue siendo cierta: que el ser humano puede
experimentar personalmente a Dios.
El
verdadero precio que hay que pagar por la experiencia a la que me
refiero es el precio del corazón que se entrega con creyente
esperanza al amor del prójimo (K. Rahner, Palabras de
Ignacio de Loyola a un jesuíta de hoy, Sal Terrae,
Santander 1978; pp. 4-8).