El
cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas
celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este
destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia
situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas
del día -Liturgia de las horas- y todos los días del
año -Lectio Divina-
Día
1
Martes
semana XXVI del Tiempo ordinario o 1 de octubre,
Santa
Teresa del Niño Jesús
Teresa
Martin, hija
de Luis Martin y de Celia Guerin –ambos en proceso de
beatificación-, nació en Alecon (Normandía),
el 2 de enero de 1873. Entró a los 15 años en el
Carmelo de Lisieux e hizo su profesión el 8 de septiembre
de 1890. Murió el 30 de septiembre de 1897.
Teresa,
que llevó una intensa vida espiritual, centrada toda ella
en el descubrimiento de la sencillez y totalidad del Evangelio y
en la ofrenda al Amor misericordioso, brilló en la Iglesia
de su tiempo, y sigue brillando en la del nuestro, como una
contemplativa, apóstol de los apóstoles, a través
de una experiencia de vida evangélica en la que no faltaron
ni las tinieblas de la noche oscura de la fe ni la luminosa
comunión con todos y con todo, por ser el Amor en el
corazón de la Iglesia.
Nos
ha dejado, entre sus escritos, los Manuscritos autobiográficos,
muchas Cartas, Poesías, Oraciones y Recreaciones
piadosas llenas de sabiduría, que pregonan un mensaje
nuevo y universal.
Fue
canonizada por Pío XI el 17 de mayo de 1925 y proclamada
patrono de las misiones el 14 de diciembre de 1927.
En
virtud de la autoridad de su doctrina, llena de sabiduría
evangélica, acogida de una manera unánime en la
Iglesia, actual por sus mensajes, Juan Pablo II la declaró
doctora de la Iglesia el 19 de octubre de 1997.
LECTIO
Primera
lectura: Job 3,1-3,11-17.20-23
1
Por
fin, Job abrió la boca y maldijo el día de su
nacimiento,
2
diciendo:
3
!Desaparezca
el día en que nací y la noche que dijo: "Ha
sido concebido un hombre"!
11
Por
qué no quedé muerto desde el seno? Por qué no
expiré recién nacido?
12
Por
qué me acogió un regazo y unos pechos me dieron de
mamar?
13
Ahora
dormiría tranquilo y descansaría en paz
14
junto
a los reyes y señores de la tierra que reconstruyeron
antiguos palacios
15
o
junto a los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus
mansiones.
16
0
no existiría, como un aborto ignorado como los niños
que no vieron la luz.
17
Allí
termina el ajetreo de los malvados, allí reposan los que
carecen de fuerzas.
20
Porque
alumbró con su luz a un desgraciado y dio vida a los que
están llenos de amargura,
21
a
los que desean la muerte inútilmente y la buscan más
que a u n tesoro;
22
a
quienes saltarían de gozo ante un túmulo y se
alegrarían si encontraran una tumba;
23
a
quien no encuentra su camino y a quien Dios cierra el paso.
*••
Tras los siete días con sus siete noches durante los que
los amigos de Job estuvieron sentados junto a él en
silencio, éste "abrió la boca y maldijo el
día de su nacimiento" (v. 1). La lectura litúrgica
de hoy desarrolla precisamente este contenido: "Maldijo el
día de su nacimiento". Job maldice el día
en que nació y se pregunta por qué no murió
ese mismo día y por qué no le fue arrebatada la vida
en aquel momento. El continuo sufrimiento le lleva a la
desesperación. No hay que extrañarse de que intente
expulsar lejos de sí la memoria de su nacimiento: "que
se apodere de él la oscuridad; que no se compute entre los
días del año" (v. 6). Job desea que el día
permanezca siempre noche, porque cada alba trae consigo el peso de
nuevos sufrimientos.
En
el capítulo precedente no se ve que Job maldiga a Dios o
invoque la muerte. Veíamos más bien que Job
resistía, dócilmente, a la violencia de la prueba.
Este desahogo que le suponen las imprecaciones y los lamentos, en
efecto, no los encontramos con frecuencia en la Escritura. Al
contrario, en ella se alaba la vida y se habla con profusión
del amor desinteresado. Sin embargo, encontramos en Jeremías
una página célebre que recuerda a nuestro texto:
"!Maldito el día en que nací; el día
en que mi madre me dio a luz no sea bendito!" (Jr 20,14).
Hay
un cambio respecto a la meditación precedente. Aparece un
nuevo modo de afrontar el problema del sufrimiento. Éste ya
no es considerado simplemente como una prueba que evalúa la
gratuidad de la fe, sino como una experiencia que nos lleva a
penetrar en la intimidad del abandono, la angustia y la noche del
Hijo de Dios crucificado. El hecho de que estas expresiones las
encontremos ahora en la Escritura, como palabra revelada, resulta
consolador. Significa que Dios no rechaza a quien, en medio de la
prueba y de la experiencia de la oscuridad y de la desolación,
habla sin saber lo que dice. Significa, por tanto, que la
lamentación tiene un sentido, que no es inútil.
Efectivamente, la Escritura acoge estas experiencias como
oraciones. Las llama "oraciones de lamentación".
Job, en la plenitud de su lamentación, no se aleja de Dios.
No se esconde de su rostro. No busca otro Dios que no le oprima ni
le aplaste.
Al
contrario, se confía profundamente al Dios que le ha
decepcionado. Y siempre es así: la lamentación
sacude el corazón y lo libera.
Salmo
Responsorial
Llegue hasta ti mi súplica, Señor
Salmo 87
Señor,
Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito
en tu presencia; llegue hasta ti mi súplica, inclina
tu oído a mi clamor. R/.
Llegue
hasta ti mi súplica, Señor
Porque
mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está
al borde del abismo; ya me cuentan con los que bajan a la
fosa, soy como un inválido. R/.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor
Tengo
mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en
el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque
fueron arrancados de tu mano. R/.
Llegue
hasta ti mi súplica, Señor
Me
has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del
fondo; tu cólera pesa sobre mí, me echas
encima todas tus olas. R/.
Llegue
hasta ti mi súplica, Señor
Evangelio:
Lucas 9,51-56
51
Cuando
llegó el tiempo de su partida de este mundo, Jesús
tomó la decisión de ir a Jerusalén.
52
Entonces
envió por delante a unos mensajeros, que fueron a una aldea
de Samaría para prepararle alojamiento,
53
pero
no quisieron recibirlo, porque se dirigía a Jerusalén.
54
Al
ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: -Señor,
quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?
55
Pero
Jesús, volviéndose hacia ellos, les reprendió
severamente.
56
Y
se marcharon a otra aldea.
**•
El v. 51 está dotado de una fuerte densidad dramática.
Este versículo constituye el centro en el que confluyen los
dos grandes temas del evangelio de Lucas. Hasta aquí hemos
visto el desarrollo de la misión de Jesús en
Galilea, con todas sus palabras, su mensaje, sus parábolas,
sus milagros y el testimonio de su amor (4,14-9,50). Pero ahora el
evangelio de Lucas nos muestra que el destino de Jesús se
dirige hacia su consumación.
En la
enseñanza y en las palabras subintra la marcha hacia
Jerusalén. Se trata de una nueva parte del evangelio
(9,51-19,44). La última. En ella se juega la suerte del
mismo Jesús.
Este
camino conduce a su muerte en la cruz y, después, a su
resurrección. Es la "hora" de Jesús
a la que alude Juan (12,23; 16,32). La hora expresa la voluntad de
entrega de la vida de Jesús. Ya desde el comienzo del
evangelio se ve que Jesús está dispuesto a
entregarse y todo tiende en él hacia el momento de la
entrega. En esta hora acoge Jesús en sí mismo todo
el sufrimiento y el dolor del hombre y entrega su propia vida para
su salvación.
El
objetivo de la primera parte del evangelio de Lucas es
"comprender" el Reino; en la segunda, se trata de
"entrar" en el mismo. Mientras que, en la primera parte,
se presenta el Reino de una manera oscura a través de
parábolas, como misterio escondido que crece en la
oscuridad, con un crecimiento contrastado y fatigoso, ahora se
revela de un modo más claro como el misterio de la muerte y
resurrección de Cristo. Hablando de este itinerario, dice
Lucas que Jesús "tomó la decisión de
ir a Jerusalén" (v. 51). La expresión
significa, al pie de la letra, "endurecer el rostro".
La expresión está tomada de uno de los cantos
del Siervo de YHWH: "Endurecí mi rostro como el
pedernal" (Is 50,7). Jesús no sólo tiene
una visión clara de los dolores a los que deberá
hacer frente, sino que se abandona por completo a la voluntad del
Padre.
MEDITATIO
Teresa
de Lisieux se ha vuelto para la Iglesia de nuestro tiempo la
imagen de una testigo de la pureza del Evangelio y del mensaje
sencillo y gozoso de la nueva evangelización. Si, apenas
entrada en la gloria, la difusión de sus escritos
autobiográficos conocidos como Historia de un alma
suscitó admiración y consenso por todas partes,
nuestro tiempo ha redescubierto en ella la fuerza del testimonio
del Evangelio y la misión incisiva de presentar el rostro
de Dios de una manera renovada a los hombres y a las mujeres de
hoy.
Como
creció, tras la muerte prematura de su madre, a la sombra
de un padre que manifestaba la fuerza de la naturaleza paterna y
también la naturaleza de una madre, no le resultó
difícil a Teresa descubrir al mismo tiempo el seno genuino
del Dios cercano y misericordioso, con rasgos paternos y maternos.
Probada en lo más vivo de su aguda sensibilidad por la
enfermedad de su padre y por la suya propia, supo captar en la
kenosis de la fe el sentido más genuino de la
pobreza evangélica, del compartir la mesa de la amargura
junto con los hermanos pecadores, alejados de Dios, aunque amados
siempre por un Dios de misericordia y de ternura, el cual, del
mismo modo que se inclinó sobre el rostro doliente de su
Hijo amado, se inclina amoroso sobre todas sus criaturas, sin
excluir a ninguna.
Ya
en su nombre religioso, Teresa del Niño Jesús y de
la Santa Faz, resume Teresa la kenosis de la encarnación
y la kenosis de la pasión, la pequeñez del
niño de Belén y el vaciamiento del Cristo de la
cruz. Mas en el amor a Cristo y a los hermanos, Teresa descubre el
secreto de su vida, lo descubre en un amor probado en el crisol,
pero que el Espíritu Santo pone incandescente de ansias
apostólicas, hasta convertirse en una vocación: ser
en la Iglesia el amor. El amor infinito del Dios del Antiguo
Testamento, que Teresa acoge con alegría, como una niña
del Reino, y el amor de Jesús por los pequeños son
dos palabras de vida de su existencia, que han forjado su imagen
de santidad. Una imagen que atrae a todos, incluso fuera de la
Iglesia católica, porque revela el verdadero rostro de
nuestro Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que ama
infinitamente a todas sus criaturas.
ORATIO
Tus
palabras son mías y yo puedo servirme de ellas para atraer
sobre las almas que están unidas a mí las gracias
del Padre celestial. Pero, Señor, cuando digo que deseo que
los que tú me diste estén también donde yo
esté, no pretendo que ellos no puedan llegar a una gloria
mucho más alta de la que quieras darme a mí. Quiero
simplemente pedir que un día nos veamos todos reunidos en
tu hermoso cielo. Tú sabes, Dios mío, que yo nunca
he deseado otra cosa que amarte. No ambiciono otra gloria. Tu amor
me ha acompañado desde la infancia, ha ido creciendo
conmigo, y ahora es un abismo cuyas profundidades no puedo
sondear.
El
amor llama al amor. Por eso, Jesús mío, mi amor se
lanza hacia ti y quisiera colmar el abismo que lo atrae. Pero,
!ay!, no es ni siquiera una gota de rocío perdida en el
océano... Para amarme como tú me amas, necesito
pedirte prestado tu propio amor. Sólo entonces encontraré
reposo.
Jesús
mío, tal vez sea una ilusión, pero creo que no
podrás colmar a un alma de más amor del que has
colmado la mía. Por eso me atrevo a pedirte que ames a los
que me has dado como me has amado a mí. Si un día en
el cielo descubro que los amas más que a mí, me
alegraré, pues desde ahora mismo reconozco que esas almas
merecen mucho más amor que la mía. Pero aquí
abajo no puedo concebir una mayor inmensidad de amor del que te
has dignado prodigarme a mí gratuitamente y sin mérito
alguno de mi parte (Teresa del Niño Jesús,
Manuscrito C, versión electrónica).
CONTEMPLATIO
Jesús
ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos
el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores
que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la
rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su
perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí
que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza
perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían
esmaltados de florecillas...
Eso
mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de
Jesús. Él ha querido crear grandes santos, que
pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado
también otros más pequeños, y éstos
han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a
recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección
consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que
seamos...
Comprendí
también que el amor de Nuestro Señor se revela lo
mismo en el alma más sencilla, que no opone resistencia
alguna a su gracia, que en el alma más sublime.
Y
es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se
parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la
Iglesia con la luz de su doctrina, parecería que Dios no
tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones.
Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que
sólo deja oír débiles gemidos, y ha creado al
pobre salvaje, que sólo tiene para guiarse la ley natural.
!Y también a sus corazones quiere él descender!
Éstas
son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina...
Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza.
Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada
florecilla, como si sólo ella existiese en la tierra, del
mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada
alma personalmente, como si no hubiera más que ella. Y así
como en la naturaleza todas las estaciones están ordenadas
de tal modo que en el momento preciso se abra hasta la más
humilde margarita, de la misma manera todo está ordenado al
bien de cada alma (Teresa del Niño Jesús, Manuscrito
A, versión electrónica).
ACTIO
Repite
a menudo y medita durante el día estas palabras de la santa
de Lisieux: "Mi
vida es un instante, una hora de paso. !Oh Dios mío, sabes
que para amarte en la tierra no dispongo más que de hoy"
(Teresa
del Niño Jesús, Poesía
n. 5)
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Teresa
del Niño Jesús es una figura que me es muy
entrañable, que siento cercana y compañera de camino
porque, cuanto más profundizamos en su "pequeña
vía", tanto más nos damos cuenta de que se
trata en realidad de la única vía. Fe pura y amor
puro, con la aceptación consciente de no ver nada, de ser
débil e imperfecta; como otros santos, Teresa empieza allí
donde la mayoría de los cristianos se detiene. Pero hay un
aspecto de su experiencia que quisiera subrayar, la experiencia de
la laceración interior, indicada por ella con estas
palabras: "Nieblas que me rodean, penetran en el alma",
"tormento que se redobla", "no quiero continuar
escribiendo de ello; temería blasfemar", "tinieblas
cada vez más densas", "lucha y tormento no
durante algunos días, no durante algunas semanas".
Es
el sufrimiento de quien se siente unido con Dios y no puede poner
en tela de juicio este vínculo, pero al mismo tiempo se
siente solidario con el hombre, con sus propios hermanos, con las
personas cuya suerte, esperanzas y angustias comparte hasta el
final. Teresa vive atraída irresistiblemente hacia la
patria luminosa y al mismo tiempo envuelta completamente por
las tinieblas de una tierra opaca y afligida por nieblas
impenetrables. Más aún, la imagen que usa es la de
sentirse sentada a la mesa llena de amargura en la que comen los
pecadores, los incrédulos [...].
Teresa
es santa porque aceptó esta laceración interior y la
vivió con la seguridad de que, en Cristo muerto en la cruz,
esta laceración se recompondría en unidad. Escribe:
"Atráenos, Jesús, con el fuego de tu amor,
únenos a ti tan estrechamente que seas tú mismo
quien viva y goce en nosotros..." (C. M . Martini,
"Presentazione", en Teresa de Lisieux, dottoredella
Chiesa, / miei pensierí, Milán 1997, 7-9).
Día
2
Miércoles semana XXVI del Tiempo ordinario o 2 de
octubre,
Santos ángeles custodios
Los
ángeles -criaturas puramente espirituales y dotadas de
inteligencia y voluntad- son servidores y mensajeros de Dios.
"Contemplan sin cesar el rostro de mi Paare celestial"
(Mt 18,10). Son "poderosos ejecutores de sus órdenes,
prontos a la voz de su palabra" (Sal 103,20). Dios les
confía el encargo de proteger a la humanidad.
El
pueblo de Dios ha sentido siempre espontáneamente la
exigencia de corresponder a su silenciosa y benévola
compañía honrándoles de una manera especial.
Esta celebración dedicada a ellos entró en el
calendario romano en el año 1615.
LECTIO
Primera
lectura: Job 9,1-12.14-16
1
Job
tomó la palabra y dijo:
2
De
acuerdo, sé muy bien que es así: que nadie es
irreprochable ante Dios.
3
Si
alguien pretende litigar con él, ni un argumento entre mil
le podrá rebatir.
4
Sabio
y fuerte como es, quién le resiste y queda impune?
5
Él
traslada los montes sin que se den cuenta y los remueve cuando se
enfurece;
6
hace
que la tierra tiemble en sus cimientos y que se tambaleen sus
columnas.
7
Si
él lo prohíbe, el sol no se levanta, ni las
estrellas dan su resplandor.
8
Sólo
él extiende los cielos y camina sobre las espaldas del mar.
9
Él
ha creado la Osa y el Orion, las Pléyades y la Constelación
del Sur.
10
Hace
cosas grandes e insondables y maravillas sin número.
11
Pasa
junto a mí y no l o veo, se desliza a mi lado y n o me doy
cuenta.
12
Si
arrebata una presa, quién se lo impedirá?
13
Quién
le dirá: "Qué es lo que haces"?
14
!Cuánto
menos podré yo replicarle, encontrar palabras contra él!
15
Aunque
tuviera razón, no debo replicar. Sólo puedo suplicar
al que me acusa.
16
Aunque
le llamara y él me respondiera, no creo que hiciera caso a
mi llamada.
**•
El texto que hoy nos propone la liturgia, tomado del capítulo
9 de Job, es la respuesta que da el patriarca a las palabras de
consuelo del tercer amigo, Bildad de Suaj (cf. capítulo
8). Éste había dicho que la desproporción
entre Dios y el hombre es tan grande que no es posible ninguna
discusión entre ellos. Dios siempre tiene razón. Job
rebate su discurso con un elogio de la sabiduría y de la
omnipotencia de Dios tal como aparece en su creación. Si
Dios es tan grande e inaccesible en su creación -piensa
Job-, tanto más lo será en el orden sobrenatural y
moral: "De acuerdo, sé muy bien que es así:
que nadie es irreprochable ante Dios" (v. 2). En los
versículos siguientes, se lamenta Job, una vez más,
de la manera arbitraria y prepotente que tiene Dios de
comportarse: "Si arrebata una presa, quién se lo
impedirá? Quién le dirá: "Qué es
lo que haces"?" (v. 12). De una manera un tanto
irónica, da a entender Job que es inútil discutir
con Dios, dado que nadie puede resistir ante él, puesto que
siempre tiene razón en todo. Observa: "!Cuánto
menos podré yo replicarle, encontrar palabras contra él!"
(v. 14). Frente a Dios no hay nada que hacer. Sólo,
dejar que se hundan las montañas, que los vientos lo barran
todo, que se abra la tierra, que el mar se desconcierte y que la
tragedia se abata sobre el hombre.
Las
palabras de Job son las de un hombre que sufre y protesta porque
no consigue saber qué es justo y qué no. Hemos de
señalar que Job no acepta soluciones que sean simples
reducciones al pasado: sería mejor llamarlas actos de
pereza, seguir la regla del mínimo esfuerzo.
Job
quiere ver claro. Pero eso es posible? Mientras dura nuestra
peregrinación subsiste el problema del dolor. Está,
sin embargo, la cruz de Cristo y su altísimo grito al
Padre: "Dios mío, Dios mío, por qué
me has abandonado?" (Me 15,33). La muerte de Jesús
es dramática y él se precipita en el abismo doloroso
de la maldad humana. Jesús no suprime el dolor, pero nos ha
dicho lo suficiente sobre el valor salvífico del
sufrimiento.
Salmo
Responsorial
Llegue hasta ti mi súplica, Señor
Salmo 87
Llegue
hasta ti mi súplica, Señor. Todo el día te
estoy invocando, tendiendo las manos hacia ti. ¿Harás
tú maravillas por los muertos? ¿Se alzarán
las sombras para darte gracias? R/.Llegue
hasta ti mi súplica, Señor
¿Se
anuncia en el sepulcro tu misericordia, o tu fidelidad en el
reino de la muerte? ¿Se conocen tus maravillas en la
tiniebla, o tu justicia en el país del olvido? R/.Llegue
hasta ti mi súplica, Señor
Pero
yo te pido auxilio, por la mañana irá a tu
encuentro mi súplica. ¿Por qué, Señor,
me rechazas y me escondes tu rostro? R/.Llegue
hasta ti mi súplica, Señor
Evangelio:
Mateo 18,1-5.10
1
En
aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús y
le dijeron: -Quién es el más importante en el Reino
de los Cielos?
2
Él
llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
3
y
dijo: -Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis
como los niños no entraréis en el Reino de los
Cielos.
4
El
que se haga pequeño como este niño, ése es el
mayor en el Reino de los Cielos.
5
El
que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí
me acoge.
10
Cuidado
con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que
sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de
mi Padre celestial.
*•
En este fragmento, Jesús nos invita y nos enseña a
contemplar la realidad de un modo más penetrante y más
conforme con el suyo. La lógica humana tiene sed de
grandezas y de prestigio, se liga a las apariencias y pisotea lo
que no se muestra con bella apariencia. La lógica del Reino
de los Cielos va en una dirección opuesta y para acogerla
es preciso cambiar de mentalidad, o sea, convertirse. Es
verdaderamente grande quien es sencillo, inocente y carece de
pretensiones; quien se confía con gratitud al cuidado y al
amor de Otro. Estos "pequeños" son los
predilectos del Señor: sus ángeles custodios -de
apariencia invisible- ven siempre el rostro de Dios y están
muy próximos a él. Dado que el Padre rodea a los
niños dándoles los ángeles más
espléndidos, los discípulos de Jesús deberán
abstenerse de despreciar a los pequeños e intentar más
bien llegar a ser como ellos.
MEDITATIO
A
comienzos del mes de octubre, la Iglesia nos hace celebrar en la
liturgia la memoria de los ángeles custodios, como para
recordar al hombre perdido y desanimado que no está solo en
su camino. Existe, en efecto, una creación visible que
podemos ver, al menos en parte, con los ojos de la cara; existe, a
continuación, una creación invisible -y, sin
embargo, realísima- que sólo podemos percibir con
los sentidos espirituales, mediante la fe, la oración y la
iluminación interior que nos viene del Espíritu
Santo.
Qué
son, pues, los ángeles? Son, en primer lugar, un signo
luminoso de la divina Providencia para nosotros, un signo de
la bondad paternal de Dios, que no deja que falte a sus hijos nada
de cuanto es necesario. Como intermediarios entre la tierra y el
cielo, son criaturas invisibles puestas a nuestra disposición
para guiarnos en el camino de retorno a la casa del Padre. Vienen
del Cielo para volver a llevarnos al Cielo y para hacernos
pregustar, ya desde ahora, algo de las realidades celestiales.
En
ocasiones es posible experimentar de manera concreta y sensible la
custodia de los ángeles, con tal que sepamos reconocerla.
Se trata de encuentros "casuales" (que se vuelven, no
obstante, fundamentales y determinantes en la vida de una persona)
o de una ayuda imprevista e inesperada que recibimos en una
situación de peligro; o de una intuición fulminante
que nos permite darnos cuenta de un error, de un olvido...: cómo
no sentirnos guiados, protegidos y amablemente socorridos?
Los
ángeles nos protegen de muchos peligros de los que ni
siquiera nos damos cuenta. Sobre todo, del peligro de volvernos
impíos, de no escuchar al Señor y de no obedecer a
su Palabra; nos sugieren siempre pensamientos rectos y humildes,
buenos sentimientos.
También
nosotros estamos llamados a prestarnos los unos a los otros un
servicio semejante al de los ángeles y a hacernos buena
compañía a lo largo del camino de la vida, para
llegar juntos a contemplar el rostro de Dios.
ORATIO
Santos
ángeles, custodios nuestros, quitad el velo de los ojos de
nuestro corazón, para hacernos capaces de recibir vuestra
silenciosa presencia en nuestra vida. Sed para nosotros guías
seguros y amables compañeros a lo largo del cotidiano
peregrinar por la tierra. Encended en nosotros un vivo deseo de
contemplar el rostro de Aquel que brilla en su bienaventuranza
infinita. Que vuestra protección nos libere del mal, que
vuestro consejo nos sugiera cuanto ayuda a la verdadera vida, que
vuestro consuelo nos sostenga para que, con el corazón
colmado de dulzura, nada pueda separarnos de tender incesantemente
a la eterna morada; y enseñadnos a ser también
nosotros unos para otros amables compañeros de viaje. Amén.
CONTEMPLATIO
Los
ángeles velan no sólo sobre toda la Iglesia tomada
en su conjunto, sino también sobre cada uno de nosotros. De
ellos habla el Salvador cuando dice: "Sus ángeles
en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi Padre celestial"
(Mt 18,10). Hay dos Iglesias: la de los hombres y la de los
ángeles. Si lo que decimos es conforme al pensamiento
divino y a la intención de las Escrituras, los ángeles
gozan con ello y ruegan por nosotros... Se trata de ángeles
que asisten a los santos y se alegran en la Iglesia, ángeles
que nosotros no vemos, porque el fango del pecado nos cubre los
ojos, pero que ven los apóstoles de Jesús, a los que
dice el Señor: "Os aseguro que veréis el
cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando
sobre el Hijo del hombre" (Jn 1,51) (Orígenes,
Comentario a Lucas XXIII, 8, Roma 1969).
ACTIO
Repite
a menudo hoy esta oración de la tradición cristiana:
"Ángel
de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor con amorosa
piedad, a mí que soy vuestro encomendado, alumbradme hoy,
guardadme, regidme y gobernadme. Amén".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Pocas
verdades de la religión producen tanto alivio como ésta,
humanísima, del ángel custodio, una alegre invención
de Dios. Y el saber que lo tiene muy cerca el rey cuando escribe
la ley, sentado en el trono de oro, y que lo tiene el pelagatos
sentado en la piedra del cementerio para comer el pan de la
caridad, es cosa que ennoblece la vida y la exalta. La poesía
pagana apenas lo ha entrevisto. La literatura hebrea está
llena de mensajeros alados, y sus páginas se estremecen de
escalofríos luminosos.
La
teología cristiana, que es la profundización de
aquélla, es toda ella un fresco estremecido. Nadie sabe los
aspectos que puede tomar su ángel custodio según los
tiempos y las necesidades de su vida. Entras en un camino
solitario y un tipo te acompaña y hace el camino contigo,
intercambiando palabras con aire familiar. Tal vez sea él
tu ángel, que, tomando forma humana, quiere hacerte
compañía...
No
todos los aleteos que oyes a lo largo de las filas o bajo el alero
de casa son pajarillos y palomas; y el murmullo que te agita en
ciertos momentos imprevistos no es siempre el viento que tienes
delante. En la divina economía del bien en que está
establecido el mundo, hemos de esperarnos siempre que sea ésa
la revelación sensible del alado asistente. Como la
experimenté yo mismo una vez, al caer la noche, en el
umbral de una vieja abadía, al oír cantar por
aquellos monjes graves el oficio de completas; y oí al
padre prior recitando la oración final, que es un himno a
los ángeles: "Visita, Señor, esta habitación
y ahuyenta de ella todas las asechanzas del enemigo. Estén
aquí tus santos ángeles, que nos guarden en paz".
En ese momento, bajo el toque de la última campana, me
pareció ver muchos ángeles que, saliendo de lo alto,
se recogían en todas las familias como la última
bendición de la !ornada. Y vuelto a mi habitación
desnuda como una celda, al cerrar la puerta y entornar los
postigos, me estremecí por la alegría que me
proporcionaba saber, casi ver, que había un ángel
encerrado todo para mí (C. Angelini, "Discorso con
l'angelo custode", en Ritorno degli angelí?,
Vicenza 1988, pp. 43-46, passim).
Día
3
Jueves semana XXVI del Tiempo ordinario,
san Francisco de Borja
LECTIO
Primera
lectura: Job 19,21-27
Dijo
Job:
21
Tened
piedad de mí, vosotros, mis amigos, que es la mano de Dios
la que me ha herido.
22
Por
qué me acosáis como me acosa Dios y no os cansáis
de atormentarme?
23
!Ojalá
se escribieran mis palabras! !Ojalá se grabaran en el
bronce!
24
!Ojalá
con punzón de hierro y plomo se esculpieran para siempre en
la roca!
25
Pues
yo sé que mi defensor está vivo y que él, al
final, se alzará sobre el polvo,
26
y,
después que mi piel se haya consumido, con mi propia carne
veré a Dios.
27
Yo
mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de
un extraño, y en mi interior suspirarán mis
entrañas.
*"•
"Job tomó la palabra y dijo: "Hasta cuándo
me afligiréis y me acribillaréis con vuestras
palabras?"". Llegamos así, en el capítulo
19, a la cima de los diálogos entre Job y sus tres amigos.
Estos últimos no hacen más que repetir la tesis, ya
esgrimida en otras ocasiones, de que las pruebas son el signo de
que Job es culpable ante Dios. A su vez, Job sigue confesando su
inocencia. Para Job no hay mayor tormento que tener que resistir a
las excesivas palabras de sus amigos. El diálogo,
prolongado durante diversos días, ha extenuado
verdaderamente a Job. El sufrimiento más fuerte con que se
enfrenta ahora es no conseguir proclamar su inocencia.
Su
prueba consiste en considerarse inocente, pero no poder probarlo
ni ante Dios ni ante sus amigos: "Grito: "!Violencia!",
y nadie me responde. Pido auxilio y nadie me defiende. Dios
me ha cerrado el camino para que no pase, ha envuelto en tinieblas
mis senderos" (19,7ss).
Entonces
es cuando piensa Job en dejar por escrito su defensa, para que, un
día, tal vez nosotros mismos que leemos hoy sus palabras,
le hagamos justicia: "!Ojalá se escribieran mis
palabras! !Ojalá se grabaran en el bronce! !Ojalá
con punzón de hierro y plomo se esculpieran para siempre en
la roca!" (w. 23ss). Pero esta solución no le
convence. Piensa también en apelar al supremo "defensor"
para que le haga justicia: "Pues yo sé que mi
defensor (Go'el) está vivo" (v. 25). Este
Go'el, según la Ley judía, es el único
testigo que puede ser oído como defensa. Después de
haber insultado a Dios, le llama ahora "defensor,
redentor". Nosotros, que conocemos el Evangelio,
apelamos, en cambio, al amor, a la caridad, al Dios omnipotente y
misericordioso salvador.
Salmo
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de
la vida
Salmo 27,7-9,13-14
Escúchame,
Señor, que te llamo, ten piedad, respóndeme. Oigo
en mi corazón: «Buscad mi rostro.» R/.
Espero
gozar de la dicha del Señor en el país de la
vida
Tu
rostro buscaré, Señor, ne me escondas tu
rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres
mi auxilio; no me deseches. R/.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la
vida
Espero
gozar de la dicha del Señor en el país de la
vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten
ánimo, espera en el Señor. R/.
Espero gozar de
la dicha del Señor en el país de la vida
Evangelio:
Lucas 10,1-12
En
aquel tiempo,
1
el
Señor designó a otros setenta [y dos] y los envió
por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares que él
pensaba visitar.
2
Y
les dio estas instrucciones: -La mies es abundante, pero los
obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de la mies que
envíe obreros a su mies.
3
!En
marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.
4
No
llevéis bolsa, ni alforjas ni sandalias, ni saludéis
a nadie por el camino.
5
Cuando
entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.
6
Si
hay allí gente de paz, vuestra paz recaerá sobre
ellos; si no, se volverá a vosotros.
7
Quedaos
en esa casa, y comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero
tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa.
8
Si
al entrar en un pueblo os reciben bien, comed lo que os pongan.
9
Curad
a los enfermos que haya en él y decidles: Está
llegando a vosotros el Reino de Dios.
10
Pero
si entráis en un pueblo y no os reciben bien, salid a la
plaza y decid:
11
Hasta
el polvo de vuestro pueblo que se nos ha pegado a los pies lo
sacudimos y os lo dejamos. Sabed de todas formas que está
llegando el Reino de Dios.
12
Os
digo que el día del juicio será más tolerable
para Sodoma que para ese pueblo.
**•
El "sí" total del corazón a Cristo por
parte de quien sigue al Maestro irradia y se convierte en la
fuerza de la misión evangélica. En los w. 1 -6 del
capítulo 9 de Lucas veíamos que Jesús
encargaba a los discípulos hacer lo mismo que él
había hecho: expulsar a los demonios y curar a los enfermos
(cf. Le 8,25-56). La Iglesia no tiene otra misión
que continuar la obra de aquel que la envió. Los doce
apóstoles son el fundamento de la misión de la
Iglesia. Ahora bien, junto con ellos, Jesús eligió a
otros muchos. La mies es abundante, pero los obreros son siempre
pocos. El fragmento del evangelio de hoy se refiere a los setenta
(y dos) discípulos que anuncian el mensaje del Reino
(10,1-12). El número "doce" recuerda a las
doce tribus de Israel. El número "setenta y dos"
remite, en cambio, a los setenta y dos pueblos de la tierra
enumerados en Gn 10. La misión de los discípulos
tiene por ello un aspecto universal, se extiende a toda la tierra.
Estos setenta y dos discípulos constituyen el signo de
todos aquellos que el dueño de la mies llama para llevar el
Evangelio. No se trata, en realidad, de una empresa humana, de
algo que dependa de nuestra capacidad; se trata del Reino de Dios.
Los
obreros del Reino no son tanto aquellos que lo anuncian como
Cristo mismo en persona. Es él quien envía, quien
toma la palabra, quien actúa. Se trata de dejar hacer a
Jesús más que de hacer nosotros mismos. Lo
importante es ser como él, adoptar su estilo, con su
acontecer y sus frutos, y gracias a ello con su alegría.
"!En
marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos"
(v.
3). El Señor nos invita a no lamentarnos de los tiempos y
de las dificultades de la misión. Más aún,
las dificultades constituyen precisamente el signo del Reino. El
signo con el que viene el Reino. Son la obra del Espíritu
Santo. Jesús pide a los discípulos que no se
preocupen: "no
os preocupéis del modo de defenderos, ni de lo que vais a
decir; el Espíritu Santo os enseñará en ese
mismo momento lo que debéis decir" (12,11-12).
El Maestro no quiere que caigamos en la ansiedad. La misión
es siempre un milagro del Señor.
MEDITATIO
En
la primera lectura de hoy nos sorprende Job con su actitud.
Después de haberse lanzado contra Dios y de haber maldecido
el día de su nacimiento (3,1-10), ahora proclama, en
cambio, su esperanza: "Pues yo sé que mi defensor
está vivo y que él, al final, se alzará sobre
el polvo; y después que mi piel se haya consumido, con mi
propia carne veré a Dios. Yo mismo lo veré..."
(w. 25-27).
Primero
vino la lamentación y el llanto ante Dios, ahora aparece el
grito de la victoria. Llegados a este punto, nos preguntamos cómo
llegó Job a este acto de fe profunda y de esperanza en el
Señor. Cómo pasó de la angustia y del anhelo
de la muerte a esta confianza en Dios. Basta con reflexionar
atentamente. Job no ha cesado nunca de luchar en la oración:
adoración, petición, súplica. Este diálogo
ininterrumpido con Dios, incluso en la angustia más
profunda, no ha disminuido. Job ha sabido luchar en la noche.
Ha
conocido a Dios como adversario inhumano, como alguien que
descarna y despoja, pero, al final, ha conocido en Dios el todo de
su vida. De la nada al todo. Sólo a través
de esta noche, a través de esta lucha inhumana, se hace
posible llegar a Dios. Job nos hace ver que atravesar la nada es
algo verdaderamente espantoso.
Para
entrar en el "misterio de la luz infinita" es necesario
sumergirse en la noche. La plegaria de los salmos de lamentación
son una confirmación de lo que decimos. Basta con ver el
salmo 22. Comienza con un grito desesperado: "!Dios mío,
Dios mío! Por qué me has abandonado?, por qué
no escuchas mis gritos y me salvas?". Pero termina con un
grito de esperanza: "Yo viviré para el Señor".
Para llegar a la resurrección, no es posible evitar la
agonía de Getsemaní. Para entrar en comunión
con Dios, es preciso no alejarnos de él, continuar viviendo
en su proximidad.
ORATIO
"Pero
no te ruego solamente por ellos, sino también por todos los
que creerán en mí por medio de su palabra. Te pido
que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en
mí y yo en ti, que también ellos estén unidos
a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú
me has enviado " (Jn
17,20ss).
Señor
Jesús, te damos gracias porque has rogado por nosotros,
que, por la palabra de tus apóstoles, hemos creído
en ti. Haz que permanezcamos unidos a ti, confiados en tu oración.
Si ésta nos faltara, no estaríamos aquí junto
a ti; no podríamos darte gracias ni alabarte, ni darte a
conocer a muchos de nuestros hermanos.
Concédenos
ahora poder mostrar a todos que tú no nos abandonas, que tú
no luchas con nosotros más que para rendirte a nosotros y
bendecirnos. Gracias a esta oración, nosotros queremos
ahora adorarte.
CONTEMPLATIO
Tú
eres el santo, Señor Dios único, el que haces
maravillas (Sal 76,15). Tú eres el fuerte, tú eres
el grande (cf Sal 85,10), tú eres el altísimo,
tú eres el rey omnipotente; tú, Padre santo, rey del
cielo y de la tierra (cf Mt 11,25). Tú eres trino y
uno, Señor Dios de dioses (cf. Sal 135,2); tú
eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y
verdadero (cf. 1 Tes 1,9).
Tú
eres el amor, la caridad; tú eres la sabiduría, tú
eres la humildad, tú eres la paciencia (Sal 70,5); tú
eres la hermosura, tú eres la mansedumbre; tú eres
la seguridad, tú eres la quietud, tú eres el gozo,
tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres
la justicia, tú eres la templanza, tú eres toda
nuestra riqueza a saciedad.
Tú
eres la hermosura, tú eres la mansedumbre, tú eres
el protector (Sal 30,5); tú eres nuestro custodio y
defensor; tú eres la fortaleza (cf Sal 42,2), tú
eres el refrigerio. Tú eres nuestra esperanza, tú
eres nuestra fe, tú eres nuestra caridad, tú eres
toda nuestra dulzura, tú eres nuestra vida eterna, grande y
admirable Señor, omnipotente Dios, misericordioso Salvador
(Francisco de Asís, Alabanzas al Dios Altísimo
[versión española tomada de Fuentes
franciscanas, edición electrónica, versión
de Patricio Grandón, OFM]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Se
ha acercado a nosotros el Reino de Dios"(cf.
Lc
10,9).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Si
de algunos -entre todos los seres deformes e infortunados del
mundo- se apartaba instintivamente con horror Francisco era de los
leprosos. Un día que paseaba a caballo por las cercanías
de Asís le salió al paso uno. Y por más que
le causaba no poca repugnancia y horror, para no faltar, como
transgresor del mandato, a la palabra dada, saltando del caballo,
corrió a besarlo. Y, al extenderle el leproso la mano en
ademán de recibir algo, Francisco, besándosela, le
dio dinero. Volvió a montar el caballo, miró luego a
uno y otro lado y, aunque era aquél un campo abierto sin
estorbos a la vista, ya no vio al leproso.
Lleno
de admiración y de gozo por lo acaecido, pocos días
después trata de repetir la misma acción. Se va al
lugar donde moran los leprosos y, según va dando dinero a
cada uno, le besa la mano y la boca. Así toma lo amargo por
dulce y se prepara varonilmente para realizar lo que le espera
(Tomás de Celano, Vida segunda, edición
electrónica, versión de Patricio Grandón,
OFM]).
Día
4
Viernes semana XXVI del Tiempo ordinario o 4 de octubre,
San Francisco de Asís
Francisco,
hijo de un rico comerciante de Asís, nació en 1181
(o 1182). Disuadido de sus ideales de gloria caballeresca a raíz
de las experiencias decisivas de su encuentro con los leprosos y
de la oración ante el crucifijo en la iglesia de San
Damián, Francisco abandonó su familia y comenzó
una vida evangélica de penitencia. Con los numerosos
compañeros que muy pronto se unieron a él,
comprendió que estaba llamado a vivir el Evangelio sine
glossa, como fraternidad de menores a ejemplo de Jesús
y de sus discípulos. Al año siguiente a la
aprobación de la Regla y vida de los hermanos menores
en 1223 por el papa Honorio III, Francisco recibió
los estigmas del Crucificado, sello de la conformidad con su único
Señor y Maestro. Cuando murió, en 1226, Francisco
era un hombre extenuado por la fatiga y por las enfermedades y, al
mismo tiempo, un hombre reconciliado con el sufrimiento, consigo
mismo y con toda criatura. Fue canonizado en 1228 y es patrono de
Italia y de los ecologistas.
LECTIO
Primera
lectura: Job 38,1.12-21; 40,3-5
38,1
El
Señor respondió a Job desde la tormenta y dijo:
12
Has
mandado en tu vida a la mañana o has asignado su puesto a
la aurora
13
para
que agarre a la tierra por sus bordes y sacuda de ella a los
malvados?
14
El
da forma a la tierra, como el sello a la arcilla, y se tiñe
de color como un vestido,
15
pero
niega la luz a los malvados y el brazo altanero queda roto.
16
Has
llegado hasta las fuentes de los mares? Has pisado en las honduras
del abismo?
17
Te
han mostrado las puertas de la muerte? Has visto los umbrales de
las sombras?
18
Has
abarcado la anchura de la tierra? Habla, si es que lo sabes todo.
19
Sabes
dónde habita la luz y cuál es la mansión de
las tinieblas,
20
para
que puedas llevarlas a su sitio, y enseñarles el camino de
su casa?
21
Lo
sabrás, pues tienes tantos años que para entonces ya
habrías nacido.
40,3
Y
Job respondió al Señor:
4
Hablé
a la ligera, qué puedo responderte? No diré una
palabra más.
5
Hablé
una vez, pero no volveré a hacerlo;
dos
veces, pero no insistiré.
**•
Hemos llegado a descubrir que toda la búsqueda de Job está
basada en una esperanza indestructible. Aquel a quien busca Job
existe y nos ama. La búsqueda es, ciertamente,
fatigosa y doliente. Hay mucha soledad y mucha noche en esta
búsqueda, pero, al final, el descubrimiento de Dios suscita
alegría, paz, entusiasmo.
Leyendo
el libro de Job, tenemos la impresión de que el autor
sagrado describe el juego del amor que atraviesa toda la
existencia. En el amor está la ausencia o, mejor dicho, la
ocultación y la presencia juntas. Es como la madre que se
retira para que el niño tenga la sorpresa de encontrarla
junto a él. En los últimos versos del poemita
emerge, entre ambos diálogos, el tema fundamental del
Cantar de los Cantares: "Mi amado es para mí, y yo
para él" (Cant 2,16).
Hemos
visto en el libro de Job que éste apela a menudo al juicio
de Dios: "!Ojalá que alguien me escuchara!"
(31,35). Por fin, en los capítulos 38-42 responde Dios
a los requerimientos de Job. Se trata de una respuesta que, a su
vez, es también una interpelación. Dios presenta a
Job la inmensidad y el carácter grandioso de la creación.
Le hace ver que el mundo es un inmenso proyecto divino que suscita
admiración y estupor por su carácter grandioso y su
belleza. Las preguntas que dirige Dios a Job las dirige asimismo a
cada uno de nosotros.
Dios
ha creado el mundo movido únicamente por la alegría
de dar. No nos es posible contemplar el mundo permaneciendo
encerrados en el cálculo egoísta de quien lo valora
exclusivamente sobre la base de la utilidad personal.
Job,
que antes había luchado y polemizado con Dios y con sus
amigos, permanece ahora en silencio, confuso. Renuncia a hablar.
Renuncia a proseguir la discusión. Reconoce que ha hablado
demasiado y de manera superficial. Job ha sido siempre sincero. Ha
buscado con seriedad, pero no ha encontrado. Ahora puede afirmar:
"Ahora
te han visto mis ojos", mientras
que antes "te
conocía sólo de oídas" (42,5).
Job, a través de la prueba y permaneciendo fiel a Dios, ha
penetrado por fin en el misterio profundo de Dios.
Salmo
Responsorial
Guíame, Señor, por el camino eterno
Salmo 138
Señor,
tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento
o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues
mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
R/.
Guíame, Señor, por el camino eterno
¿Adónde
iré lejos de tu aliento, adónde escaparé
de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás
tú; si me acuesto en el abismo, allí te
encuentro. R/.
Guíame, Señor, por el camino eterno
Si
vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín
del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me
agarrará tu derecha. R/.
Guíame, Señor, por el camino eterno
Tú
has creado mis entrañas, me has tejido en el seno
materno. Te doy gracias, porque me has escogido
portentosamente, porque son admirables tus obras. R/.
Guíame, Señor, por el camino eterno
Evangelio:
Lucas 10,13-16
En
aquel tiempo, dijo Jesús:
13
!Ay
de ti, Corozaín! !Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y
en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en
vosotras, hace tiempo que, vestidas de saco y sentadas sobre
ceniza, se habrían convertido.
14
Por
eso, será más tolerable el día del juicio
para Tiro y Sidón que para vosotras.
15
Y
tú, Cafarnaún, te elevarás hasta el cielo?
!Hasta el abismo te hundirás!
16
Quien
os escucha a vosotros a mí me escucha; quien os rechaza a
vosotros a mí me rechaza, y el que me rechaza a mí
rechaza al que me ha enviado.
**•
El evangelio de hoy concluye el mensaje con el que Jesús
envía en misión a los "setenta y dos
discípulos", sobre el que hemos reflexionado en el
pasaje precedente (10,1-12). Por qué habla Jesús con
tanta dureza de Corozaín, de Betsaida, de Cafarnaún?
Qué quiere decir Jesús? La condena de estas tres
ciudades ha de ser entendida en diferentes ámbitos.
Jesús
subraya, en primer lugar, que estas ciudades no han
escuchado la Palabra que él ha predicado, o sea, la gracia
del Evangelio, la invitación a la conversión que él
ha traído. En segundo lugar, Jesús pone de
relieve, trágicamente, que los suyos le han abandonado.
Quizás advierte la hostilidad del pueblo. Las antiguas
ciudades paganas de Tiro y Sidón tendrán un juicio
menos severo que el pueblo de Israel. Por último, en un
tercer ámbito, Jesús prevé también
que el Evangelio superará las fronteras de Galilea, que
llegará a los gentiles, mientras que -por desgracia- las
ciudades que fueron las primeras en recibir su mensaje se quedarán
encerradas en un judaísmo anticristiano.
El
texto se convierte en un aviso no sólo para todo el pueblo
de Israel, sino también para todas aquellas personas que se
excluyen de la gracia del Señor y caen en la hipocresía
y en la resistencia puestas de manifiesto por los "ayes".
Puede decirse que Jesús pretende censurar el único
gran pecado, el imperdonable, ése contra el Espíritu
Santo: cerrar los ojos a la manifestación de la gracia, a
la oferta de perdón. Ése es el gran riesgo que corre
la misión cristiana. Jesús lo ha dicho con claridad:
"Quien os escucha a vosotros a mí me escucha; quien
os rechaza a vosotros a mí me rechaza" (v. 16).
MEDITATIO
Los
"pequeños" que acogen la invitación de
Jesús a seguir su ejemplo de sencillez y humildad
experimentan el amor divino. Se descubren amados por Jesús,
que no ha dudado en dar su propia vida a fin de que todos los
hombres pudieran vivir eternamente la amistad con él y con
el Padre. El Espíritu Santo nos ha hecho en el bautismo
criaturas nuevas y nos ha introducido en la familiaridad con Dios.
Somos del Señor, estamos llamados a dejarnos animar por el
mismo pálpito de amor por el que él se entregó
totalmente a nosotros hasta el fin.
Francisco
de Asís respondió a esta llamada: se hizo "pequeño",
menor, humilde y pobre, satisfecho sólo con Dios. Descubrió
que el Evangelio, vivido sin rebajas, nos hace criaturas nuevas,
personas resucitadas, partícipes de la verdadera humanidad
del Hijo de Dios y, por consiguiente, auténticos servidores
de los hermanos, de todos los hermanos. En Francisco, esta
humanidad redimida, forjada por las exigencias y por la ternura
del amor a Dios y a los demás, se volvió visible en
los signos de la crucifixión. Y el mismo Francisco se
convirtió en la bendición viva del Padre, puesto que
no se apropió de nada, sino que -como menor- todo se lo
restituyó, reconociéndole como el Dador de todo
bien.
ORATIO
!Santísimo
Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro!
Hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la
tierra: para que te amemos con todo el corazón (cf. Lc
10,27), pensando siempre en ti; con toda el alma, deseándote
siempre a ti; con toda la mente, dirigiendo todas nuestras
intenciones a ti, buscando en todo tu honor; y con todas nuestras
fuerzas, empleando todas nuestras energías y los sentidos
del alma y del cuerpo en servicio, no de otra cosa, sino del amor
a ti; y para que amemos a nuestros prójimos como a nosotros
mismos, atrayendo a todos, según podamos, a tu amor,
alegrándonos de los bienes ajenos como de los nuestros y
compadeciéndolos en los males y no ofendiendo a nadie
(Francisco de Asís, "Paráfrasis del Padre
nuestro", en Fuentes franciscanas, versión
electrónica).
CONTEMPLATIO
Donde
hay caridad y sabiduría, no hay temor ni ignorancia.
Donde
hay paciencia y humildad, no hay ira ni desasosiego. Donde hay
pobreza con alegría, no hay codicia ni avaricia. Donde hay
quietud y meditación, no hay preocupación ni
disipación. Donde hay temor de Dios que guarda la entrada
{cf. Lc 11,21), no hay enemigo que tenga modo de entrar en
la casa. Donde hay misericordia y discreción, no hay
superfluidad ni endurecimiento (Francisco de Asís,
"Admoniciones, en Fuentes franciscanas", versión
electrónica).
ACTIO
Repite
a menudo y medita durante el día la invocación de
san Francisco: "Qué
eres tú, oh dulcísimo Dios mío? Qué
soy yo, vilísimo gusano e inútil siervo tuyo?"
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Su
vida estuvo enteramente caracterizada -hasta el momento de la
conversión- por la búsqueda de un modelo que pudiera
educar y plasmar su natural propensión al canto.
Lo
encontró de repente en el Señor Jesús, en la
belleza de su vida narrada por el Evangelio y, en particular, en
el luminoso canto nuevo de su muerte en la cruz.
Dejó
que la pasión marcara cada uno de sus pasos y afinara de
manera progresiva todas las fibras de su persona con la humanidad
del Hijo de Dios, que se entregó por completo a sí
mismo por nosotros.
Francisco
oró así: "Te ruego, oh Señor, que la
ardiente y dulce fuerza de tu amor arrebate mi mente de todas las
cosas que hay bajo el cielo, para que muera yo de amor por tu
amor, como tú te dignaste morir por amor a mi amor"
(oración Absorbeat).
Su
camino estuvo siempre acompañado por confirmaciones y
consuelos. Su predicación y su ministerio tocaron el
corazón de las personas y suscitaron decisiones de
conversión y de reconciliación.
Su
manera de seguir radicalmente al Señor se volvió,
cada vez más, casa hospitalaria para otros muchos
hermanos y hermanas, que encontraron en su itinerario personal una
modalidad radical y actual de interpretar y vivir el Evangelio de
la nueva estación histórica que avanzaba. Sin
embargo, en el tiempo del monte Alverna, parece apagarse el canto
fluente.
En
esta estación encuentra Francisco la prueba más
terrible: las fatigas originadas por un movimiento que se
institucionaliza -que pierde en intensidad evangélica y
llega incluso a dudar sobre la posibilidad de que sea
integralmente practicable su estilo de vida- repercuten en su
misma fe.
La
pregunta sobre la verdad de sus intuiciones más profundas y
la duda sobre el origen divino de su proyecto de vida resuenan en
un silencio opresor en el que Dios no parece hablarle ya, a pesar
de haberlo buscado con tanta tenacidad.
Francisco
experimenta el abandono de Dios y se retira de los hermanos para
no mostrar su semblante, que ha perdido la serenidad habitual. El
canto nuevo, por consiguiente, no le fue dado en un momento de paz
y consolación, sino en un momento en el que -como dice el
salmista- "fallan los cimientos" (Sal 11,3) y todas las
seguridades parecen hundidas (C. M. Martini - R. Cantalamessa, La
cruz como raíz de la perfecta alegría, Verbo
Divino, Estella 2002, pp. 15-16).
Día
5
Témporas de acción de gracias y de petición
Días
de acción de gracias y petición que la comunidad
cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección
de las cosechas, al reemprender la actividad habitual. Son una
ocasión que presenta la Iglesia para rogar a Dios por las
necesidades de los hombres , principalmente por los frutos de la
tierra y por los trabajos de los hombres, dando gracias a Dios
públicamente
LECTIO
Primera Lectura:
Deuteronomio 8, 7-18
7
Pues
Yahveh tu Dios te conduce a una tierra buena, tierra de torrentes, de
fuentes y hontanares que manan en los valles y en las montañas,
8
tierra
de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de
olivares, de aceite y de miel,
9
tierra
donde el pan que comas no te será racionado y donde no
carecerás de nada; tierra donde las piedras tienen hierro y de
cuyas montañas extraerás el bronce.
10
Comerás
hasta hartarte, y bendecirás a Yahveh tu Dios en esa tierra
buena que te ha dado.
11
Guárdate
de olvidar a Yahveh tu Dios descuidando los mandamientos, normas y
preceptos que yo te prescribo hoy;
12
no
sea que cuando comas y quedes harto, cuando construyas hermosas casas
y vivas en ellas,
13
cuando
se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro
en abundancia y se acrecienten todos tus bienes,
14
tu
corazón se engría y olvides a Yahveh tu Dios que te
sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre;
15
que
te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible
entre serpientes abrasadoras y escorpiones: que en un lugar de sed,
sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca más dura;
16
que
te alimentó en el desierto con el maná, que no habían
conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para
después hacerte feliz.
17
No
digas en tu corazón: "Mi propia fuerza y el poder de mi
mano me han creado esta prosperidad",
18
sino
acuérdate de Yahveh tu Dios, que es el que te da la fuerza
para crear la prosperidad, cumpliendo así la alianza que bajo
juramento prometió a tus padres, como lo hace hoy.
*"La
historia nos ofrece lecciones importantes. Recordémoslas
y apliquémonos más. En tiempos de riqueza y de
bienestar, los seres humanos tendemos a confiar en nosotros mismos.
Tendemos a volvernos independientes, y muchos hasta se vuelven
arrogantes. Esta actitud la vemos expresada en Dt. 8:17, lo
cual implica olvidar a Dios.
A
cada persona Dios le otorga la habilidad para prosperar, ya sea un
israelita de los tiempos del Antiguo Testamento, o un cristiano del
Nuevo Testamento. Ninguno debe olvidar que es Dios el que
provee la capacidad para prosperar. Jesús nos enseñó
una hermosa actitud de dependencia diaria, cuando nos instruyó
para que oráramos diciendo: “Danos hoy nuestro pan
cotidiano”. Como cristianos no podemos darnos el lujo de
olvidar a Dios, de la misma forma que tampoco podía hacerlo el
israelita en la vida diaria. Esta actitud viene a
identificarnos que pueblo suyo somos y ovejas de su parado
Salmo Responsorial
Tú eres Señor del universo.
Salmo: 1 Cron 29, 10-12.
10 Después
bendijo David a Yahveh en presencia de toda la asamblea diciendo:
!Bendito tú, oh Yahveh, Dios de nuestro padre Israel,
desde siempre hasta siempre!
R. Tú eres Señor
del universo.
11
Tuya, oh Yahveh, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el
esplendor y la majestad;
pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra.
Tuyo, oh Yahveh, es el reino; tú te levantas por encima de
todo.
R. Tú eres Señor
del universo.
12
De ti proceden las riquezas y la gloria.
Tú lo gobiernas todo; en tu mano están el poder y la
fortaleza,
y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia.
R. Tú eres Señor
del universo.
Segunda
lectura: 2 Corintios 5,17-21
17
De
modo que si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; lo viejo
ha pasado y ha aparecido algo nuevo.
18Todo
viene de Dios, que nos ha reconciliado consigo mismo por medio de
Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.
19
Porque
era Dios el que reconciliaba consigo al mundo en Cristo, sin tener en
cuenta los pecados de los hombres, y el que nos hacía
depositarios del mensaje de la reconciliación.
20
Somos,
pues, embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por
medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos que os dejéis
reconciliar con Dios.
21
A
quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de
pecado para que, por medio de él, nosotros nos transformemos
en salvación de Dios.
**•
La perícopa comienza con la afirmación esencial del
cristianismo: si la humanidad ha muerto y resucitado con Cristo, todo
lo viejo (lo que está bajo la ley del pecado) ha desaparecido.
Lo que cuenta es la criatura nueva. El hombre viejo ha sido sepultado
en el bautismo.
Surge
del agua el hombre nuevo. Esta transformación es pura gracia.
El género humano, inmerso en el pecado, no podía volver
a Dios con sus propios medios. En su amor sobreabundante (cf. Ef 2,4;
Rom 5,8), Dios envió a su Unigénito para llevar a cabo
la reconciliación con su inmolación. Estamos salvados
"por Cristo" y "en Cristo". Ambas
expresiones no son una repetición, sino una profundización;
equivale a decir que, una vez reconciliados por los méritos de
Cristo, hemos sido injertados en él y nos hemos
convertido con él en cooperadores de la obra de
salvación. De hecho, en el v. 20 se nos confía una
misión específica: somos embajadores de Cristo; a
través de nosotros, Dios quiere exhortar a todos a dejarse
reconciliar. La misión exige adhesión plena y libre a
su voluntad. Pablo propone un motivo altísimo para suscitar el
asentimiento: el Justo se ha hecho pecado para que los pecadores
llegasen a ser justicia. Él ha querido hacerse solidario de
nosotros, no nos haremos nosotros solidarios con él?
Evangelio:
Mateo 7,7-12
Dijo
Jesús:
7
Pedid,
y se os dará; buscad, y encontraréis! llamad, y os
abrirán.
8
Porque
todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le
abren.
9
Acaso
si a alguno de vosotros su hijo le pide pan le da una piedra
10
o
si le pide un pez le da una serpiente?
11
Pues
si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a
vuestros hijos, !cuánto más vuestro Padre que está
en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!
12
Así
pues, tratad a los domas como queráis que ellos os traten a
vosotros, porque en esto consisten la Ley y los profetas.
**•
Con una argumentación seria que, desde el punto de vista
formal, se asemeja a la de los rabinos de su tiempo, Jesús
enseña la necesidad de la oración de petición,
declarando la certeza de ser escuchada. Se da una contradicción
con lo indicado poco antes (Mt 6,7s) Ciertamente, no; en la oración
no es preciso ser palabrero, porque el Padre "conoce", pero
es necesario asumir la actitud interior del mendigo, es decir, saber
ubicarse en la verdad de la propia condición humana.
Dios
mismo da al que pide y abre al que llama: de hecho, los verbos usados
-"se os dará", "se os abrirá"-
tienen la forma de lo que se llama "pasivo divino",
expresión semántica para evocar el nombre de Dios
-impronunciable- sin nombrarlo de modo explícito (vv. 7s). Si
a un hijo que pide alimento su padre no le dará cualquier cosa
que se le parezca en su aspecto externo pero que en sustancia sea muy
diferente (vv. 9s), mucho más Dios, el único bueno, el
padre más solícito, dará "cosas buenas"
a todos los que le piden.
El
Padre escucha siempre las súplicas de sus hijos y da lo que
realmente es mejor al que lo invoca. El v. 12 recuerda un dicho
rabínico: "Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu
prójimo. En esto está toda la ley, el resto sólo
es una explicación". Jesús lo relata en forma
positiva, y esto es mucho más exigente: no se trata de un "no
hacer", sino de algo concreto que nos exige estar siempre
atentos por el bien de los demás; por esta razón,
cambia completamente la vida del que lo toma en serio, le lleva a la
verdadera conversión: descentrarse de nosotros mismos para que
nuestro centro sean los demás.
MEDITATIO
Jesús
nos enseña a orar con perseverancia confiada, revelándonos
al mismo tiempo cómo es el corazón de Dios y cómo
debe ser el corazón del orante. Se nos va conduciendo a la
verdad más sencilla y más profunda: Dios es nuestro
Padre y nos ama con amor eterno, sin arrepentirse, sin reservas.
Quizás no creemos de veras en este amor, o tal vez estamos ya
tan acostumbrados a decir y oír que Dios nos ama, que apenas
prestamos atención a esta realidad desconcertante.
Jesús
hoy nos invita a entrar en comunión viva con Dios Padre, y
ésta es una experiencia que nos puede cambiar interiormente:
pedid..., buscad..., llamad..., no quedaréis defraudados. El
Padre, fuente inagotable de bondad, dará sólo cosas
buenas a los que se las pidan. Hemos orado ya de veras, dirigiéndonos
a él o, tal vez, hemos manifestado nuestros deseos en voz
alta, haciéndolos girar en torno a nosotros mismos? Además,
eran de verdad "cosas buenas" las que hemos pedido?
La oración humilde y sencilla, la oración de un corazón
amante, comienza con un acto de contemplación gratuita,
teniendo fija la mirada interior en el rostro del Padre bueno.
Olvidemos nuestras muchas peticiones y, poco a poco, sentiremos nacer
en nosotros una única súplica que brota de una
exigencia realmente necesaria.
Después
de haber contemplado en la fe el rostro de Dios, ya no podremos dudar
ni ignorar que somos hijos de Padre, impulsados por su amor a todo
ser humano, nuestro hermano, para brindar esa bondad que sin cesar
mana de la fuente y viene a saciar nuestra indigencia para que rebose
hacia todos y llegue a cada uno.
ORATIO
Oh
Padre, tú que eres el único bueno y das cosas buenas a
los que te las piden, escucha nuestra oración. Antes de nada
danos un corazón sencillo, humilde, confiado, que sepa
abandonarse sin pretensiones y sin reservas a tu amor. Haznos pobres
de espíritu y ven, tú que eres el Rey, a ensanchar en
nosotros tu reino de paz. Ayúdanos a suplicarte incesantemente
para que, siendo portavoces de toda criatura, podamos llevar a todos
el auxilio de tu amor. Tú das al que pide: danos tu Espíritu
bueno. Tú concedes que encuentre el que busca: que busquemos
siempre tu rostro. Tú abres al que llama: ábrenos la
puerta de tu corazón a nosotros y a todos los hombres.
Estrechados en tu eterno abrazo, no pediremos más. Oh Padre,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
CONTEMPLATIO
El
Evangelio nos asegura que son muchas las causas por las que somos
escuchados. Una condición: que dos almas se unan en su
oración; otra una fe firme; también la limosna, la
enmienda de vida [...]. Convencido estoy de nuestras miserias, y
quiero, incluso, admitir que estamos completamente desprovistos de
las virtudes de las que hemos hablado antes. Y, sin embargo, el Señor
promete concedernos los bienes celestiales y eternos; nos exhorta a
una dulce violencia con nuestra insistencia. Nada más lejos de
él que el desprecio de los importunos: los invita, los alaba,
les promete concederles con gusto todo. Que nos anime la insistencia
de los importunos. Sin exigir un gran mérito ni grandes
fatigas, está en nuestra mano. No dudemos de la Palabra del
Señor, que dice: "Todo lo que pidáis con fe lo
obtendréis" (Juan Casiano, Colaciones, IX, 34,
passim).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Contempladlo
y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él le escucha"
(Sal
33,6s).
PARA LA
LECTURA ESPIRITUAL
Antes
de saber cómo hay que orar, importa mucho más saber
cómo "no cansarse nunca", no desanimarse nunca, ni
deponer las armas ante el silencio aparente de Dios: "Les
decía una parábola para inculcarles que era preciso
orar siempre sin desfallecer" (Le 18,1).
Que
la intrepidez se adueñe de ti como de la viuda ante el juez.
Vete a encontrar a Dios en plena noche, llama a la puerta, grita,
suplica e intercede. Y si la puerta parece cerrada, vuelve a la cara,
pide, pide hasta romperle los oídos. Será sensible a tu
llamada desmesurada, pues ésta grita tu confianza total en él.
Déjate
llevar por la fuerza de tu angustia y el asalto de tu impetuosidad.
En algunos momentos, el Espíritu Santo formulará él
mismo las peticiones en lo más íntimo de tu corazón
con gemidos inefables. Has oído gemir a un enfermo presa de un
intenso sufrimiento? Nadie puede permanecer insensible a esta queja,
a menos que tenga un corazón de piedra. En la oración,
Dios espera que pongas esta nota de violencia, de vehemencia y de
súplica para volcarse sobre ti, y escuchará tu
petición. En el fondo, no haces más que dar alcance al
amor infinito comprimido en su corazón, que espera tu oración
para desencadenarse en respuesta de ternura y misericordia. Si
supieses lo atento que está Dios al menor de tus clamores, no
dejarías de suplicarle por tus hermanos y por ti. El se
levantaría entonces y colmaría tu espera mucho más
allá de tu Oración. Se puede esperar todo de una
persona que ora sin cansarse y que ama a sus hermanos con la ternura
misma de Dios (J, Lufrance, Ora a tu Padre, Madrid
1981, 173-174).
Día
6
Domingo XXVII del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Génesis 2,18-24
18
Después,
el Señor Dios pensó: No es bueno que el hombre esté
solo; voy a proporcionarle una ayuda adecuada.
19
Entonces
el Señor Dios formó de la tierra toda clase de
animales del campo y aves del cielo, y se los presentó al
hombre para ver cómo los iba a llamar, porque todos los
seres vivos llevarían el nombre que él les diera.
20
Y
el hombre fue poniendo nombre a todos los ganados, a todas las
aves del cielo y a todas las bestias salvajes, pero no encontró
una ayuda adecuada para sí.
21
Entonces
el Señor Dios hizo caer al hombre en un letargo y, mientras
dormía, le sacó una costilla y llenó el hueco
con carne.
22
Después,
de la costilla que había sacado al hombre, el Señor
Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.
23
Entonces
éste exclamó: Ahora sí; esto es hueso de mis
huesos y carne de mi carne; por eso se llamará mujer,
porque del varón ha sido sacada.
24
Por
esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une
a su mujer, y los dos se hacen uno solo.
*"
El relato del capítulo 2 del libro del Génesis
presenta al hombre, creado por Dios, en la soledad de los albores.
Dios, que ha visto que era "bueno" todo lo que había
creado (cf. Gn 1), vio que "no es bueno que el hombre esté
solo" (v. 18). Los animales, con toda la variedad de sus
especies, no están en condiciones de colmar el vacío
existencial del hombre. Éste ejerce sobre ellos
discernimiento y autoridad, determinando sus funciones en la
tierra, pero no son "semejantes a él" (vv. 19ss).
La creación de la mujer a partir de la parte del hombre
considerada más noble -el tórax, sede del corazón-
está presentada con elementos comunes a otras mitologías
del Oriente medio. El sueño que cae sobre el hombre es
extraordinario (v. 21; cf. Gn 15,12) y es preludio de la obra
extraordinaria que YHWH va a realizar.
Dios
presenta la mujer creada al hombre (v. 22), del mismo modo que al
comienzo le había presentado los animales (v. 19a), pero el
resultado es muy distinto. El hombre reconoce en la mujer a una
criatura igual a él en dignidad (v. 23). Está unido
a ella con un vínculo más fuerte que con cualquier
otro ser, para estrechar el cual hasta las relaciones con los
padres se transforman (v. 24).
El
hombre y la mujer han sido creados para ser una sola cosa. El
nombre de mujer, que el hombre da a la criatura plasmada a partir
de su costilla, expresa la identidad de naturaleza entre los dos y
la diversidad de sus tareas. De este modo es como manifiestan la
imagen y la semejanza del Dios creador (cf. Gn 1,26ss).
Salmo
responsorial Que
el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida
Salmo 127, 1-2. 3. 4-5. 6
Dichoso el que teme al Señor y sigue
sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás
dichoso, te irá bien
R. Que
el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida
Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu
casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu
mesa.
R. Que
el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida
Esta es la bendición del hombre que
teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde
Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos
los días de tu vida.
R. Que
el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida
Que veas a los hijos de tus hijos. !Paz a
Israel!
R. Que
el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida
Segunda
lectura: Hebreos 2,9-11
Hermanos:
9
a
aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, a
Jesús, lo vemos coronado de gloria y honor por haber
padecido y muerto. Así, por disposición divina,
gustó él la muerte en beneficio de todos.
10
Pues
era conveniente que Dios, que es origen y meta de todas las cosas
y que quiere conducir a la gloria a muchos hijos, elevara por los
sufrimientos al más alto grado de perfección al
cabeza de fila que los iba a llevar a la salvación.
11
Porque,
santificador y santificados, todos proceden de uno mismo. Por eso
Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos.
*••
La carta a los Hebreos presenta la persona de Jesús y su
misión, sacando a la luz sus características únicas.
Jesús es el Hijo (cf. Heb 1,1-4) y su dignidad no es
comparable a la de ningún otro ser. El autor de la carta lo
demuestra desarrollando en particular la comparación con
los ángeles, a los que ciertos medios judíos
reconocían un papel de mediación entre Dios y los
hombres.
Jesús,
en cuanto hombre y tras haber renunciado a las prerrogativas
divinas (cf. Flp 2,6-8), se encuentra en una condición
inferior respecto a la de los ángeles (v. 9a); sin embargo,
en virtud de la pasión y de la resurrección, vive
ahora glorioso para siempre y se le tributa todo honor (v. 9b; cf.
Flp 2,9-11). Precisamente por el sufrimiento y la muerte que ha
padecido, obedeciendo al Padre, Jesús se ha convertido en
fuente de salvación para todos (v. 9c). Él, por
quien todo ha sido creado y en quien todo subsiste (v. 8; cf. Col
1,16c-17), ha compartido la condición histórica del
hombre y, llevando a cumplimiento en sí mismo su vocación,
se ha convertido en guía autorizado de la humanidad (v. 10)
en el camino de retorno al Padre.
Jesús
cumple, por consiguiente, las condiciones de la mediación
sacerdotal: autoridad ante Dios en virtud de su obediencia
salvífica (v. 10); compartimiento de la naturaleza humana
marcada por el límite y por el sufrimiento (v. 11; cf. Heb
2,14-17). Jesús, Hijo de Dios y hermano de los hombres, no
pierde a ninguno de los que el Padre le ha dado, sino que es
camino de salvación para todos.
Evangelio:
Marcos 10,2-16
En
aquel tiempo,
2
se
acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle a prueba,
le preguntaron si era lícito al marido separarse de su
mujer.
3
Jesús
les respondió: -Qué os mandó Moisés?
4
Ellos
contestaron: -Moisés permitió escribir un
certificado de divorcio y separarse de ella.
5
Jesús
les dijo: -Moisés os dejó escrito ese precepto por
vuestra incapacidad para entender.
6
Pero
desde el principio Dios los creó varón y hembra.
7
Por
eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá
a su mujer
8
y
serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino
uno solo.
9
Por
tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.
10
Cuando
regresaron a la casa, los discípulos le preguntaron sobre
esto.
11
Él
les dijo: -Si uno se separa de su mujer y se casa con otra, comete
adulterio contra la primera;
12
y
si ella se separa de su marido y se casa con otro, comete
adulterio.
13
Llevaron
unos niños a Jesús para que los tocara, pero los
discípulos los regañaban.
14
Jesús,
al verlo, se indignó y les dijo: -Dejad que los niños
vengan a mí; no se lo impidáis, porque de los que
son como ellos es el Reino de Dios.
15
Os
aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño
no entrará en él.
16
Y
tomándolos en brazos, los bendecía, imponiéndoles
las manos.
*•
En
su viaje hacia Jerusalén, Jesús se dedica
especialmente a instruir al grupo de los discípulos. A
éstos, en efecto, les dirige, también en este
episodio, una enseñanza particular (vv. l0 ss). La ocasión
se la brinda una pregunta de los fariseos, que, como también
en otras ocasiones señalan los evangelistas, intentan
tender una trampa a Jesús para demostrar su culpabilidad
como violador de la ley. En el presente caso, le plantean la
cuestión de la posibilidad del divorcio (v. 2). La
contrapregunta de Jesús pone de manifiesto que las
prescripciones de la Ley de Moisés no constituyen el
principio absoluto, sino una derogación de la mucho más
importante ley originaria de la creación, derogación
motivada por la dureza del corazón de los hombres (vv.
3-5), reiteradamente desobedientes a los mandamientos divinos.
Jesús,
por tanto, no está contra la ley de Moisés. Con
todo, en los puntos en que se distancia de ella lo hace para
volver a poner en primer plano la voluntad de Dios tal como se
manifestó en el acto creador. Esto es lo que da su sentido
a las citas de Gn 1,27 y Gn 2,24: el hombre y la mujer han sido
creados con una diferenciación sexual masculina-femenina,
pero están llamados a la unidad en la complementariedad, en
la unión inseparable, que tiene que ver con todo su ser
personal.
La
enseñanza dispensada a los discípulos "cuando
regresaron a la casa" (vv. lOss) acentúa la afirmación
del carácter inescindible del vínculo matrimonial y,
poniendo en el mismo plano de responsabilidad al hombre y a la
mujer -de modo diferente a los preceptos judíos (cf. Dt
24,1)-, subraya la validez del mandamiento "no cometerás
adulterio" (Ex 20,14), cuyo cumplimiento vino a proclamar
Jesús (cf. Mt 5,17.27ss).
El
relato evangélico prosigue presentando un encuentro de
Jesús con los niños. A la actitud intolerante y
hostil de los discípulos se opone la actitud acogedora y
cálida de Jesús (vv. 13.16). Los discípulos
ven cómo Jesús les reprocha su dureza contra quienes
ocupaban de modo decidido uno de los peldaños más
bajos de la escala social de aquel tiempo (v. 14). Se capta la
intención del evangelista, que no es otra que comunicar a
la comunidad cristiana una enseñanza que Jesús
repite constantemente: el que no tiene pretensiones, el que es
considerado incapaz o indigno por su aparente poquedad, ése
es quien está en mejores condiciones para acoger, mejor que
los llamados poderosos, el Reino de Dios (v. 15).
MEDITATIO
Cómo
escuchar y acoger la Palabra de Dios que habla de la unidad entre
el hombre y la mujer y del carácter inseparable del vínculo
matrimonial cuando, en nuestro tiempo, la fidelidad y la
indisolubilidad de la pareja parecen algo utópico y, lo que
es más, son consideradas un valor cultural del pasado? Cómo
no relegar entre los mitos fantásticos el relato del libro
del Génesis, insertando también las palabras de
Jesús como un complemento de la fábula?
La
Palabra de Dios, en su integridad, "es viva y eficaz";
es Palabra para este momento, para nosotros. La fatiga concreta
que los hombres y las mujeres experimentan al vivir su unión
de una manera estable, constructiva, fecunda, es iluminada y
sostenida por la Palabra de Dios. Jesús sigue siendo
siempre el hermano que ha experimentado el sufrimiento y la
angustia del límite humano y de sus consecuencias; él,
el Hijo de Dios. Y, vencedor del mal, acompaña a todos, a
cada uno con su propia fatiga personal, al encuentro con el Padre,
al abrazo de su misericordia.
Dios
lo ha creado todo para la vida. La suya es una ley de vida que
promueve al hombre, no una ley que le oprime. La unión
indisoluble entre el hombre y la mujer es una verdad inscrita en
el ser humano, una verdad que libera y hace auténtica su
capacidad y su necesidad de amar y de ser amado. Es la celebración
de la dignidad suprema del hombre y de la mujer, "imagen y
semejanza" de Dios.
ORATIO
Te
pido, Señor, por cada hombre y por cada mujer que, un día,
se reconocieron hechos el uno para la otra y decidieron compartir
toda la vida. Te doy gracias por su coraje, por su determinación,
sobre todo por su decisión de convertir el amor en alimento
de sus jornadas. Te doy gracias por el don que son recíprocamente:
es algo que también a mí me habla de tu amor. Te doy
gracias por su entrega, renovada día a día: algo que
me habla también de tu fidelidad. Te doy gracias por su
apertura a la vida: algo que me habla también de tu
desbordante paternidad y maternidad.
No
les dejes solos y ayúdales a no dejarte nunca. Sé tú
la fuerza de su unión. Y si han de vivir tiempos oscuros,
en los que el amor parezca estancarse y cerrarse en los sacos del
"dado por descontado" y de la falta de creatividad, haz
que encuentren de nuevo aquella mirada transparente en la que se
reconocieron entregados el uno a la otra y, atreviéndose a
ser juntos don para los hermanos, den nuevo vigor a aquel amor que
los hace una sola cosa, como tú, Dios, eres uno en la
comunión trinitaria.
CONTEMPLATIO
El
matrimonio es un misterio y figura de una gran realidad. De qué
modo es un misterio? Convienen juntos y los dos se hacen uno solo.
Llegan a convertirse en un solo cuerpo. Éste es el misterio
del amor. Si los dos no se convirtieran en uno, no reproducirían
a muchos mientras siguieran siendo dos, pero, cuando llegan a la
unidad, entonces se reproducen.
Qué
aprendemos de aquí? Que la fuerza de la unión es
grande. Has visto el misterio del matrimonio? De uno hizo uno y de
nuevo, hechos estos dos uno, de este modo hace uno: de modo que
también ahora el hombre nace de uno. En efecto, la mujer y
el hombre no son dos seres, sino uno solo (Juan Crisóstomo,
Sulla lettera ai Colossesi, en id., Vanitá. Educazione dei
figli. Matrimonio, Roma 31997, pp. 123ss [edición española:
Sobre la vanguardia, la educación de los hijos y el
matrimonio, Ciudad Nueva, Madrid 1997]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú
nos guías, Señor Jesús, por el camino de la
salvación "
(cf.
Heb 2,10).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Una
pareja de esposos tiene derecho a acoger y celebrar el día
de su matrimonio viviéndolo como un triunfo incomparable.
Si las dificultades, las resistencias, los obstáculos, las
dudas y las vacilaciones no han sido simplemente orillados, sino
lealmente afrontados y vencidos - y es ciertamente un bien que las
cosas no discurran de una manera demasiado suave-, entonces ambos
esposos habrán obtenido efectivamente el triunfo decisivo
de su vida; con el "sí" que se han dicho
recíprocamente han decidido con toda libertad dar una nueva
orientación a toda su vida; ambos han desafiado con serena
seguridad todos los problemas y las perplejidades que la vida hace
nacer frente a cada vínculo duradero entre dos personas y
han conquistado, mediante un acto de responsabilidad personal, una
tierra nueva para su vida.
El
matrimonio es más que vuestro amor recíproco. Posee
un valor y un poder mayores, porque es una institución
santa de Dios, a través de la cual quiere conservar a la
humanidad hasta el fin de los días. Desde la perspectiva de
vuestro amor, os veis solos en el escenario del mundo; desde la
perspectiva del matrimonio, sois un eslabón en la cadena de
las generaciones que Dios hace nacer y morir para su gloria,
llamándolas a su Reino.
Desde
la perspectiva de vuestro amor veis solo el cielo de vuestra
alegría personal; el matrimonio os inserta de una manera
responsable en el mundo y en la responsabilidad de los hombres;
vuestro amor os pertenece a vosotros solos, es personal; el
matrimonio es algo suprapersonal, es un estado, un ministerio.
Dios hace vuestro matrimonio indisoluble, lo protege de todo
peligro interior y exterior; Dios quiere ser el garante de su
indisolubilidad.
Ésta
es una alegre certeza para cuantos saben que ninguna fuerza en el
mundo, ninguna tentación, ninguna debilidad humana, puede
desatar lo que Dios mantiene unido; más aún, quien
sabe esto puede decir con confianza: "Lo que Dios ha unido no
lo puede separar el hombre". Libres de todas las ansias que
el amor lleva siempre consigo, podéis deciros, con
seguridad y confianza total: no podremos perdernos nunca más,
pues nos pertenecemos recíprocamente hasta la muerte por
voluntad de Dios.
Vivid
juntos perdonándoos recíprocamente vuestros pecados,
sin lo cual no puede subsistir ninguna comunidad humana, y mucho
menos un matrimonio. No seáis autoritarios entre vosotros,
no os juzguéis ni os condenéis, no os dominéis,
no echéis la culpa el uno a la otra, sino acogeos por lo
que sois y perdonaos recíprocamente cada día, de
corazón. Desde el primero al último día de
vuestro matrimonio, debe seguir siendo válida esta
exhortación: acogeos... para la gloria de Dios. Habéis
oído la palabra que Dios dice sobre vuestro matrimonio.
Dadle gracias por ella, dadle gracias por haberos guiado hasta
aquí y pedidle que funde, consolide, santifique y custodie
vuestro matrimonio: de este modo seréis "algo para
alabanza de su gloria" (D. Bonhoeffer, Resistenza e resa,
Cinisello B. 21996 [edición española: Resistencia y
sumisión, Ediciones Sígueme, Salamanca 1983]).
Día
7
Lunes
semana XXVII del Tiempo ordinario o 7 de octubre,
Nuestra Señora la Virgen del Rosario
La
liturgia de Nuestra Señora la Virgen del Rosario forma
parte de las memorias que, celebradas originariamente por familias
religiosas particulares, pueden ser consideradas verdaderamente
eclesiales por la difusión que han alcanzado (Marialis
cultus, 8). El rosario apareció y se difundió
entre los siglos XV y XVI. La orden dominicana se erigió en
paladina del mismo. La memoria -en un primer momento fiesta- entró
en la liturgia por disposición del papa dominico Pío
V en 1572, como acto de reconocimiento a Nuestra Señora, a
cuya intervención se atribuyó la victoria de la
flota cristiana sobre la turca, más poderosa, el 7 de
octubre de 1571, denominada entonces "conmemoración de
Nuestra Señora la Virgen de la Victoria".
LECTIO
Primera
lectura: Gálatas 1,6-12
Hermanos:
6
No
salgo de mi asombro al ver qué pronto habéis
abandonado a quien os llamó mediante la gracia de Cristo y
con qué rapidez habéis abrazado otro evangelio.
7
Pero
no hay otro evangelio. Lo que pasa es que algunos están
desconcertándoos e intentan manipular el evangelio de
Cristo.
8
Pues
sea maldito cualquiera -yo o incluso un ángel del cielo-
que os anuncie un evangelio distinto del que yo os anuncié.
9
Ya
os lo dije, y ahora os lo repito: si alguno os anuncia un
evangelio distinto del que habéis recibido, !caiga sobre él
la maldición!
10
Porque,
vamos a ver: busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios?
Trato acaso de agradar a los hombres? Si todavía tratara de
agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.
11
Quiero
que sepáis, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí
no es una invención de hombres,
12
pues
no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno;
Jesucristo es quien me lo ha revelado.
**•
En su segundo viaje misionero había atravesado Pablo
"Frigia y la región de Galacia" (Hch
16,6), a saber, la región que se extiende en torno a la
actual Ankara, y había fundado allí comunidades
cristianas que visitó después en su tercer viaje
(Hch 18,23), en los años 53-57 d. C. Lo que propugnaba
Pablo es que el creyente se salva en virtud de la fe en Jesucristo
crucificado y resucitado, y no a causa de la sola observancia de
la Ley. Ésta -dirá Pablo- es libertad. Los
cristianos judaizantes, no obstante, pretendían adaptar la
práctica del Evangelio a la religión judía y
a algunas de sus prácticas (como la circuncisión y
otras prescripciones). También la Iglesia que estaba en
Galacia padeció esta "intrusión" por parte
de los judaizantes. Pretendían éstos nada menos que
ironizar sobre la autoridad y la doctrina de Pablo. La reacción
del gran convertido de Damasco es vigorosa.
Pablo,
dirigiéndose a los " !gálatas insensatos!
Quién os ha fascinado?" (Gal 3,1), expresa una
indignación que no es tanto autodefensa como constatación
de que corren el riesgo de abandonar el Evangelio de Cristo o de
contaminarlo, subvertirlo. El tono de esta perícopa ya es
encendido. Estas palabras encendidas persiguen sobre todo obtener
que los gálatas se declaren a favor de Cristo y acojan de
modo pleno la única certeza que cuenta: el Evangelio, tal
como les ha sido predicado, el Evangelio del Señor Jesús.
Precisamente porque está convencido hasta el fondo de que
se trata de la única alegre noticia que cuenta,
puede declarar Pablo con toda franqueza que con la predicación
del Evangelio no busca agradar a los hombres, sino a Dios. Lo que
él ha venido a anunciar es, en efecto, la Palabra de Dios,
recibida por revelación de Jesús y no por enseñanza
humana.
Salmo
Responsorial
El Señor recuerda siempre su alianza
Salmo 110,1-2.7-8.9.10c
Grandes
son las obras del Señor, dignas de estudio para los que
las aman. R/.
El Señor recuerda siempre su alianza
Justicia
y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos
merecen confianza: son estables para siempre jamás, se
han de cumplir con verdad y rectitud. R/.
El Señor recuerda siempre su alianza
Envió
la redención a su pueblo, ratificó para siempre
su alianza, su nombre es sagrado y temible. La alabanza
del Señor dura por siempre. R/.
El Señor recuerda siempre su alianza
Evangelio:
Lucas 10,25-37
En
aquel tiempo,
25
se
levantó un maestro de la Ley y le dijo para tenderle una
trampa: -Maestro, qué debo hacer para alcanzar la vida
eterna?
26
Jesús
le contestó: -Qué está escrito en la Ley? Qué
lees en ella?
27
El
maestro de la Ley respondió: -Amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo
como a ti mismo.
28
Jesús
le dijo: -Has respondido correctamente. Haz eso y vivirás.
29
Pero
él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
-Y quién es mi prójimo?
30
Jesús
le respondió: -Un hombre bajaba de Jerusalén a
Jericó y cayó en manos de unos salteadores que,
después de desnudarlo y golpearle sin piedad, se alejaron
dejándolo medio muerto.
31
Un
sacerdote bajaba casualmente por aquel camino y, al verlo, se
desvió y pasó de largo.
32
Igualmente
un levita que pasó por aquel lugar, al verlo, se desvió
y pasó de largo.
33
Pero
un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y
verlo, sintió lástima.
34
Se
acercó y le vendó las heridas, después de
habérselas curado con aceite y vino; luego lo montó
en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó
de él.
35
Al
día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al
mesonero, diciendo: "Cuida de él, y lo que gastes de
más te lo pagaré a mi vuelta".
36
Quién
de los tres te parece que fue prójimo del que cayó
en manos de los salteadores?
37
El
otro contestó: -El que tuvo compasión de él.
Jesús le dijo: -Vete y haz tú lo mismo.
*+•
Jesús
va de viaje hacia Jerusalén. Un judío, experto
legista, durante una parada, se propone "atraparlo" con
una pregunta de extrema importancia: qué se debe hacer para
alcanzar la vida eterna? Jesús, siguiendo su estilo,
responde con otra pregunta que remite al experto legista a la Ley
misma de Moisés. Qué está escrito en ella? El
hombre responde recordando el precepto del amor total a Dios, tal
como aparecía formulado en Dt 6,3 y había sido
retomado en el shema
(".Escucha, Israel"), recitado
a diario por los israelitas. Une a este precepto el del amor al
prójimo, tal como aparece en Lv 19,18.
Tras
aprobar Jesús esta perfecta síntesis, el legista le
plantea otra pregunta-trampa: "Y quién es mi
prójimo?" (v. 29). Si pensamos que en el Antiguo
Testamento sólo era "prójimo" el israelita
y, más tarde, el emigrante inserto en la comunidad
israelita (cf. Lv 19,33ss); si tenemos en cuenta que en la
época de Jesús el concepto de "prójimo"
prácticamente se refería al miembro de la propia
secta (fariseos, celotas, etc.), percibiremos la agitadora fuerza
innovadora expresada en el relato de Jesús. Su respuesta no
es teórica, sino que se inserta en el orden concreto de la
vida con la narración de una parábola que debía
recordar a los oyentes hechos acaecidos en la vida diaria.
También
es importante el escenario: el camino que lleva desde
Jerusalén (740 metros) a Jericó (bajando a 350
metros bajo el nivel del mar) presenta un recorrido impracticable,
con un desnivel de 1.000 metros, lleno de quebradas donde se
escondían los salteadores. Así pues, la acción
es animada y fuerte: al hombre agredido, lacerado y
sangrante, lo encuentran casualmente un sacerdote y un levita (en
aquella época volvían a casa cada semana después
de su turno en el templo de Jerusalén); dos hombres,
religiosos por excelencia, ven lo sucedido y pasan de largo; por
último, el protagonista del relato, un samaritano mestizo,
bastardo y hereje, ve la misma escena y se ocupa del herido. Jesús
se complace en describir con vivas pinceladas todas las acciones
de este hombre con tan mala fama entre los judíos. Éste
no se contenta con ver, sino que -sintiendo compasión- se
acerca al malaventurado: desinfecta las heridas con el vino,
fuertemente alcoholizado, de Palestina, le alivia el dolor con el
aceite, le lleva al mesón, donde paga de su propio bolsillo
las atenciones que se dispensen a este pobrecillo.
Jesús
plantea aún otra pregunta: "Quién de los
tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos
de los salteadores?". !Ojo!: aquí se encuentra
el núcleo del relato.
Cuando
Jesús, aprobando la respuesta del maestro de la Ley, le
dice: "Vete y haz tú lo mismo" (v. 37),
desplaza totalmente el centro del problema. La cuestión no
es saber quién es nuestro prójimo, puesto que todo
hombre que comparta con nosotros la naturaleza humana lo es; se
trata más bien de saber cómo se llega a ser
prójimo para el otro. El que expresa su propia
compasión en el orden concreto de su acción
cotidiana es verdadero discípulo de Dios, porque "se
hace prójimo" del hombre.
MEDITATIO
También
yo estoy llamado a vigilar para que mi fidelidad al Evangelio sea
total. No eran sólo los gálatas quienes corrían
el riesgo de confundir la verdadera "alegre noticia" que
es el Evangelio de Cristo. También hoy circulan ideas
confusas y resbaladizas dentro de un falso irenismo, con barullos
de actitudes que no tienen nada que ver con el ecumenismo, con el
diálogo interreligioso y con el mundo: realidades
sacrosantas todas ellas y que hemos de buscar. La palabra de Pablo
me interpela en orden a mi anuncio personal de Jesús, que
no puede ser "teleguiado" por modas culturales y
espiritualistas. Si quiero agradar a Dios, es preciso que sea
siervo alegre del evangelio y, precisamente por eso, libre de
amar.
Ésta
es mi verdadera libertad, una libertad que está en plena
consonancia con el Evangelio. "El buen samaritano se hace
prójimo a pesar de la distancia étnica, social y
hasta religiosa. No pide contrapartidas" (C. M. Martini). No
se protege en pseudoseguridades o miedos, ni en integrismos para
lanzar flechas de juicios puntiagudos sobre quienes no piensan lo
mismo.
Seguir
el camino del Evangelio de Jesús supone una adhesión
plena y, por consiguiente, no sólo mental, sino del corazón
y de la vida. Es dentro de mi vida diaria donde Jesús -el
buen samaritano por excelencia, que se hizo tan prójimo que
me entregó su vida en la cruz- me pide que me convierta.
Desde la indiferencia del sacerdote y del levita estoy llamado a
"hacerme prójimo" con un corazón atento y
cálido. Desde la intolerancia del legista que también
anida en mí he de pasar a la mansedumbre, a la escucha, al
diálogo. De su dureza de corazón he de convertirme
"preocupándome" por quienes están a mi
lado, especialmente por los que sufren.
Hacerme
prójimo en la familia, en el trabajo, en la parroquia o en
el movimiento eclesial significa en la práctica revestirme
por dentro de paciencia, de benevolencia, de empatía y
simpatía; significa hacer desaparecer las muy posibles
sombras de envidia y de celos y deseos de conseguir aprobaciones.
Hacerse prójimo significa anegar en el mar de la
misericordia de Dios resentimientos, amarguras e intereses
recónditos. Hacerme prójimo supone, a fin de
cuentas, estar revestido por completo de su amor, que, en
el orden concreto, se convierte en disponibilidad para ocuparse,
para hacerse cargo del otro.
ORATIO
Santa
María, íntegra en la fe, firme en la esperanza,
sincera en la caridad, salve.
Virgen
alegre en el fiel servicio a Jesús, tu hijo: sostén
nuestra fe en los días de la desgana y en los días
del deseo de multiplicar nuestra fe.
Madre
dolorosa en la participación en la pasión de Cristo,
benéfica para nosotros: obtén misericordia para la
pequeñez de nuestra caridad y para todo aumento de dolores
ajenos ocasionados por nuestros pecados.
Reina
gloriosa en la participación en la vida nueva con el Señor
del universo: conserva firme nuestra esperanza de unos cielos
nuevos y una tierra nueva, hacia los cuales nos encamina esta
existencia terrena.
Virgen
de Nazaret, Mujer del Calvario, Señora de Pentecostés:
acoge la oración de tus siervos.
CONTEMPLATIO
Después
de habérsele prometido el hijo, preguntó cómo
podía suceder eso, puesto que no conocía varón.
En efecto, sólo conocía un modo de concebir y dar a
luz; aunque personalmente no lo había experimentado, había
aprendido de otras mujeres -la naturaleza es repetitiva- que el
hombre nace del varón y de la mujer. El ángel le dio
por respuesta: El Espíritu Santo vendrá sobre ti
y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra;
por eso, el que nazca de ti será santo y será
llamado Hijo de Dios. Tras estas palabras del ángel,
ella, llena de fe y habiendo concebido a Cristo antes en su mente
que en su seno, dijo: He aquí la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra. Cúmplase,
dijo, el que una virgen conciba sin semen de varón; nazca
del Espíritu Santo y de una mujer virgen aquel en quien
renacerá del Espíritu Santo la Iglesia, virgen
también. Llámese Hijo de Dios a aquel santo que ha
de nacer de madre humana, pero sin padre humano, puesto que fue
conveniente que se hiciese hijo del hombre el que de forma
admirable nació de Dios Padre sin madre alguna; de esta
forma, nacido en aquella carne, cuando era pequeño, salió
de un seno cerrado, y en la misma carne, cuando era grande, ya
resucitado, entró por puertas cerradas.
Estas
cosas son maravillosas, porque son divinas; son inefables, porque
son también inescrutables; la boca del hombre no es
suficiente para explicarlas, porque tampoco lo es el corazón
para investigarlas. Creyó María, y se cumplió
en ella lo que creyó. Creamos también nosotros, para
que pueda sernos provechoso lo que se cumplió (san Agustín,
Sermón 215, 4).
ACTIO
Repite
a menudo y medita durante el día la Palabra: "Dios
te salve, María, llena de gracia: el Poderoso ha hecho
grandes cosas en ti"(cf.
Lc 1,28
y 1,49).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Surge
de manera espontánea pasar de la oración del ángelus
a la del rosario. Las avemarías forman su trama. El
método de meditación de los misterios, evocados
brevemente y que forman la base del rosario, está
estrechamente ligado al modo con que las tres pequeñas
frases del ángelus vuelven a evocar el misterio de
la encarnación. Entre las oraciones y las devociones en
honor de María, es ciertamente el rosario la más
popular y, al mismo tiempo, una de las devociones en la que más
se resalta el sentido de la Iglesia. El rezo del rosario orienta a
Cristo por medio de María. La Virgen nos ayuda a penetrar y
a vivir el misterio de Cristo tal como ella lo vivió [...].
La
simplicidad [del rosario], su atmósfera de pura y auténtica
contemplación, cuando se medita los misterios como partes
de un solo todo, hacen del rosario una vía fácil
para extender la contemplación litúrgica a toda la
vida diaria y para conducir continuamente toda nuestra vida a su
fuente celestial (V. Noé, "Le devozioni mariane in
armonio con la liturgia", en AA. W., La Madonna nel culto
della Chiesa, Brescia 1966, 288ss).
Día
8
Martes semana XXVII del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Gálatas 1,13-24
Hermanos:
13
Habéis
oído, sin duda, hablar de mi antigua conducta en el judaísmo:
con qué furia perseguía yo a la Iglesia de Dios
intentando destrozarla.
14
Incluso
aventajaba dentro del judaísmo a muchos compatriotas de mi
edad como fanático partidario de las tradiciones de mis
antepasados.
15
Pero
cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me
llamó por pura benevolencia,
16
tuvo
a bien revelarme a su Hijo y hacerme su mensajero entre los paganos,
inmediatamente, sin consultar a hombre alguno
17
y
sin subir a Jerusalén para ver a quienes eran apóstoles
antes que yo, me dirigí a Arabia y, después, otra vez a
Damasco.
18
Luego,
al cabo de tres años, subí a Jerusalén para
conocer a Pedro y permanecí junto a él quince días.
19
No
vi a ningún otro apóstol, fuera de Santiago, el hermano
del Señor.
20
En
esto que os escribo, Dios es testigo de que no miento.
21
Fui
después a las regiones de Siria y Cilicia.
22
Por
entonces las Iglesias cristianas de Judea no me conocían aún
personalmente;
23
únicamente
oían decir que el perseguidor de otro tiempo anunciaba ahora
la fe que antes combatía.
24
Y
daban gloria a Dios por mi causa.
*+•
Tras
haber declarado con una apretada argumentación que su
evangelio es el de Jesucristo, Pablo presenta -por así
decirlo- sus credenciales de apóstol. Se trata de una perícopa
importante, de corte decididamente autobiográfico. El apóstol
recuerda a los gálatas lo repentino y radical que fue su
cambio. De tenaz defensor de la Ley (como vía de salvación)
y furioso perseguidor de la Iglesia de Cristo, se convirtió en
su audaz defensor.
El
Evangelio que predica Pablo no encuentra en su pasado de judío
unas raíces psicológicas y sociológicas
razonables. No ha "florecido" de sus profundas convicciones
ni de su práctica de fariseo más celoso que sus mismos
correligionarios (v. 14), aferradísimos en su adhesión
a la Ley. La revelación en el camino de Damasco (cf. Hch
9,1-19; 22,1-21; 26,9-18) da literalmente la vuelta a su pensamiento
y a su acción. No ha habido en ello ninguna mediación,
ninguna intervención humana: éste es el quid de
la cuestión.
Pablo
es consciente de que el Padre lo eligió y lo llamó,
desde el seno de su madre, en vistas a un acontecimiento
absolutamente gratuito: anunciar a los paganos la revelación
de Jesús (cf. w. 15 y 16). La traducción literal
dice: "... revelar a su Hijo en mí", y
expresa mejor la revolución existencial que, a partir de su
interioridad, experimenta Pablo, aunque sus ojos quedaron cegados por
la luz de Jesucristo resucitado. La suya es, por tanto, una vocación
profética (como la de Jeremías), a la que no opone
resistencia. "Sin consultar a hombre alguno"
(literalmente, el v. 16 dice "sin consultar carne y
sangre"), salió Pablo para Arabia, dejándose
comprometer de inmediato en la aventura de anunciar a Jesús.
La
absoluta independencia del Evangelio de Pablo respecto a cualquier
influencia judía o de la Iglesia de Jerusalén aparece
destacada por el hecho de que sólo en un segundo momento
sintió la necesidad de "conocer a Pedro", cuando
fue a Jerusalén, donde sólo se quedó "quince
días" (v. 18). Lo que dice Pablo tiene todo el sabor
de la verdad profundamente acogida y toda la luz de un acontecimiento
vivido en plenitud.
Salmo
Responsorial
Guíame, Señor, por el camino eterno
Sal 138
Señor,
tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o
me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi
camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. R/.Guíame,
Señor, por el camino eterno
Tú
has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras. R/.Guíame,
Señor, por el camino eterno
Conocías
hasta el fondo de mi alma, no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo
profundo de la tierra. R/.Guíame,
Señor, por el camino eterno
Evangelio:
Lucas 10,38-42
En
aquel tiempo,
38
según
iban de camino, Jesús entró en una aldea, y una mujer,
llamada Marta, lo recibió en su casa.
39
Tenía
Marta una hermana llamada María, que, sentada a los pies del
Señor, escuchaba su Palabra.
40
Marta,
en cambio, estaba atareada con los muchos quehaceres del servicio.
Entonces Marta se acercó a Jesús y le dijo: -Señor,
no te importa que mi hermana me deje sola en la tarea? Dile que me
ayude.
41
Pero
el Señor le contestó: -Marta, Marta, andas inquieta y
preocupada por muchas cosas,
42
cuando
en realidad una sola es necesaria. María ha escogido la mejor
parte, y nadie se la quitará.
*•
Esta perícopa ha suscitado gran interés a lo largo de
los siglos. Es posible que el motivo de fondo sea haber
"cristalizado" en Marta la figura-tipo de la vida activa y
en María la de la vida contemplativa. Sin embargo, no se trata
de dos estados de vida; la clave de lectura del texto se encuentra
más bien en captar dos actitudes interiores.
Jesús
va de viaje con los suyos hacia Jerusalén. El suyo es un
caminar hacia el epílogo dramático de su propia misión,
hacia el misterio pascual de nuestra salvación. El testo dice
"según iban de camino" y, después,
"entró".
Cuando
se encuentra en Betania, entra sólo en casa de Lázaro,
donde Marta, la hermana de Lázaro y de María, le
recibe. Hay audacia innovadora en este entrar de Jesús en una
casa donde el hombre, si es que lo hay, ni siquiera es nombrado.
Verdaderamente, para Jesús "no
cuenta ya ser judío o griego, hombre o mujer"; cuenta
la "nueva
criatura" (cf. Gal
6,15) que se afirma en relación con él.
Marta
recibe a Jesús; María se sienta a sus pies y
escucha su Palabra. El tono descriptivo no se refiere aquí
al Señor, que habla, sino a la "mujer-verdadera-discípula",
que está acurrucada a sus pies con un olvido de todo lo que no
sea él y su Palabra. Marta, en cambio, "estaba
atareada con los muchos quehaceres del servicio" (v. 40). El
verbo del texto original se emplea únicamente aquí;
Lucas lo utiliza para expresar la gran tensión y agitación
-digamos también la alienación- que hay en las cosas
por hacer. Marta "se acercó" (v. 40, al pie
de la letra en griego: "Se echó encima"),
intervino con una cierta petulancia, molestando a la quietud
contemplativa de las palabras de Jesús y de la escucha de
María. El suyo es casi un reproche dirigido al Señor,
que, según su restringido punto de vista, no se preocupa de su
"ahogamiento" entre las muchas tareas de las que se ocupa.
Y
es aquí donde Jesús aprovecha la oportunidad para
censurar, no su útilísima entrega a la tarea, sino el
afán y la preocupación que marcan de manera negativa su
quehacer. Acaso no había dicho ya Jesús en otro lugar:
no os afanéis, no os preocupéis ni por el vestido ni
por el alimento, no os afanéis por nada? (cf. Mt
6,25-34). En cambio, a propósito de María, afirma el
Maestro que su elección tiene que ver con lo único que
cuenta. Esta única cosa es la escucha de la Palabra
(que en otro lugar es comparada con la semilla sofocada por las
zarzas de las preocupaciones y de la avidez ansiosa). La parte mejor
que nunca será quitada al que ama es el amor mismo: el
Señor-Amor.
MEDITATIO
En
la argumentación de Pablo a los gálatas hay un aspecto
que toca en lo más hondo a mi vivir. También yo fui
elegido, llamado "desde el seno materno", para vivir
la realidad bautismal de mi adopción como hijo, con todo lo
que esta elección y esta llamada comportan: como inestimable
don por parte de Dios y como compromiso perseverante por mi parte. En
un mundo marcado por una gran confusión y por una sofocante y
desesperada pérdida de "sentido", en un mundo cuya
realidad mediática (tan positiva en sí misma, aunque
maniobrada por las fuerzas más ciegas de la eficiencia
materialista a cualquier precio) "remeda" los "caminos
de la paz" falsificando la vida y la muerte, se hace urgente
acoger la Palabra de Jesús. Es en mí, en primer lugar,
donde la acojo; es en mí donde, dentro de la prioridad
contemplativa sugerida por la actitud de María en el evangelio
de hoy, la escucho en tiempos y espacios de indispensable quietud de
todo mi ser.
Urge
el anuncio. Hoy más que nunca. Sin embargo, la trampa consiste
en que hasta los creyentes más comprometidos se dejan envolver
por un modo de hacer inquieto y preocupado. Precisamente lo que Jesús
censuró en Marta. Es como si alguien quisiera ir a pescar
agitando continuamente las redes, en vez de lanzarlas a mar abierto
con mano firme. Ha llegado el tiempo de vivir, en la vida diaria, la
actitud de escucha orante de María, aunque sin desatender el
genuino servicio de Marta; al contrario, animándolo y
vivificándolo con esta tranquila acogida de la Palabra. Sin
una tenaz y humilde fidelidad a la Palabra rezada por la mañana
y vivida en cada ministerio de servicio durante el día, no hay
verdadera autenticidad ni de vida cristiana ni de anuncio
comprometido. Es importante que esta persuasión invada todo mi
ser.
ORATIO
Señor,
en esta época cuyo signo es el aturdimiento producido por la
inflación de excesivas palabras humanas, ayúdame a
tener un corazón adorador y a la escucha, como María
acurrucada a tus pies. "Tú me sondeas y me conoces",
tú me amaste y me elegiste ya "cuando todavía
no habitaba en el seno de mi madre". Que yo lo perciba en el
corazón, que yo viva su fuerza irradiadora y, dirigiendo lo
más a menudo posible la mirada a ti, que habitas en lo más
profundo de mí, pueda yo anunciar con la vida que es hermoso
conjugar la contemplación de María con el servicio de
Marta, la escucha de la Palabra con la Palabra convertida en vida en
el curso de los días.
CONTEMPLATIO
Escucha,
Hijo, mi enseñanza
y pon fin al
sueño
que pesa
sobre ti.
Sal del
aturdimiento
que te
inunda de tinieblas.
Por qué
seguir en tinieblas
si está
a tu disposición la luz?
Por qué
beber el agua turbia
si está
al alcance de tu corazón la pura? [...]
No ames el
oro ni la plata
y, si te
aferra el afán, la preocupación,
échalos
sólo en Dios
y revístete
de la Sabiduría
como de un
manto.
Vuelve de
continuo al Padre;
no tengas un
corazón altanero,
sino sé
tú mismo un hombre
plasmado por
el logos (la Palabra de Dios).
Vence la
hipocresía, la codicia y la vanagloria.
No digas
palabras arrogantes
ni malas al
juzgar,
porque todo
hombre malo hace mal
antes que
nada a su propio corazón.
Hijo mío,
deja a tu
espalda a tu "hombre viejo"
y tú,
en Cristo, toma altura
como un
águila
(Abbá
Silvano el Egipcio, Voi siete miei amici, Magnano 1999,
passim).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Me
fío de ti, Señor: tú obras a través de
mí".
PARA LA
LECTURA ESPIRITUAL
Jesús
no responde a nuestro estilo de vida, marcado por las
preocupaciones, diciendo que no deberíamos dedicarnos tanto a
los asuntos de este mundo. No intenta alejarnos de los
acontecimientos, de las actividades y de las personas que forman
parte de nuestra vida. No dice que todo lo que hacemos es
insignificante, carente de valor o inútil. Ni siquiera nos
sugiere que nos retiremos de todas las actividades en las que estamos
comprometidos, para vivir en quietud y tranquilidad lejos de las
tensiones del mundo.
La
respuesta de Jesús a las preocupaciones que colman nuestra
vida es muy diferente. Nos pide que transfiramos el centro de
gravedad, que traslademos el centro de nuestra atención, que
cambiemos el orden de nuestras prioridades. Jesús quiere que
nos traslademos desde las "muchas cosas" a la "única
cosa necesaria". Es importante que nos demos cuenta de que
Jesús no quiere en absoluto que abandonemos nuestro mundo, tan
complejo.
Su
voluntad, más bien, es que vivamos en él, firmemente
arraigados en el centro de todas las cosas. Jesús no habla de
que cambiemos de tipo de actividad o de que modifiquemos nuestras
relaciones, ni siquiera de que disminuyamos el ritmo.
Jesús
nos habla de un cambio del corazón. De una disposición
diferente del corazón que haga todo diferente, aun cuando todo
parezca seguir como antes. Eso significa: "Buscad primero el
Reino de Dios... y todas estas cosas se os darán por
añadidura".
Lo
que cuenta es el empleo de nuestro corazón. Cuando nos asaltan
las preocupaciones, nuestro corazón se encuentra en el lugar
equivocado. Jesús nos pide que traslademos el corazón
al centro, allí donde todo lo demás está en su
sitio (H. J. M. Nouwen, Invito alia vita spirituale, Brescia
1998).
Día
9
Miércoles semana XXVII del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Gálatas 2,1-2.7-14
Hermanos:
1
Pasados
catorce años, subí otra vez a Jerusalén junto
con Bernabé, llevando también conmigo a Tito.
2
Subí
impulsado por una revelación y, en conversación
privada con los principales dirigentes, les di cuenta del
Evangelio que anuncio a los paganos, no fuera que ahora y entonces
me estuviera afanando inútilmente.
7
Al
contrario, vieron que a mí se me había confiado la
evangelización de los paganos, lo mismo que a Pedro la de
los judíos,
8
ya
que el mismo Dios que constituyó a Pedro apóstol de
los judíos me constituyó a mí apóstol
de los paganos.
9
Reconociendo,
pues, la misión que se me había confiado, Santiago,
Pedro y Juan, tenidos por columnas de la Iglesia, nos dieron la
mano a Bernabé y a mí en señal de comunión:
nosotros evangelizaríamos a los paganos, y ellos a los
judíos.
10
Tan
sólo nos pidieron que nos acordásemos de sus pobres,
cosa que yo he procurado cumplir con gran solicitud.
11
Pero
cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que
enfrentarme, abiertamente con él a causa de su inadecuado
proceder.
12
En
efecto, antes de que vinieran algunos de los de Santiago, no tenía
reparo en comer con los de origen pagano, pero, cuando vinieron,
comenzó a retraerse y apartarse por miedo a los partidarios
de la circuncisión.
13
Los
demás judíos le imitaron en esta actitud, y hasta el
mismo Bernabé se dejó arrastrar por ella.
14
Viendo,
pues, que su proceder no se ajustaba a la verdad del Evangelio,
dije a Pedro en presencia de todos: Si tú, que eres judío,
vives como pagano y no como judío, por qué obligas a
los de origen pagano a comportarse como judíos?
**•
En la perícopa de hoy continúa el tono
autobiográfico. Pasados catorce años, Pablo se
dirige a Jerusalén acompañado por un levita de
Chipre llamado José, a quien los apóstoles le habían
puesto el nombre de Bernabé (= hijo de la consolación).
Éste acompañó después a Pablo durante
todo el primer período de su actividad evangelizadora. Aquí
el apóstol lleva consigo también a Tito, un griego
cristiano que reconcilió a Pablo con la Iglesia de Corinto
(cf. 2 Cor 3,13; 7,6.13ss) y que no estaba circuncidado.
La
espinosa cuestión de la circuncisión -que Pablo
decía que no había que imponer a los nuevos
cristianos, mientras que en Jerusalén había quien
sostenía lo contrario- encuentra en su persona su expresión
fundadora: libertad en todo aquello que no forma parte de la
primera enseñanza de Cristo. En consecuencia, Pablo expone
a los jefes de Jerusalén su Evangelio. Lo expone porque no
quiere "afanarse inútilmente" (v. 6). Es
un grave momento el que vive la Iglesia de los orígenes a
través de la venida de Pablo a Jerusalén. Es un
momento de comunión. El texto lo expresa con el
hecho de darles la mano Pedro, Santiago y Juan, llamados "las
columnas" (styloi: v. 9) tal vez porque gobernaban
colegiadamente la Iglesia-madre que estaba en Jerusalén.
Existe,
por tanto, un pleno acuerdo en el reparto de las áreas de
evangelización: para las "columnas", los
circuncisos; para Pablo y sus compañeros, los paganos. Si
existe una recomendación, es la relacionada con mostrarse
atentos con los pobres, cosa que Pablo tuvo muy en cuenta (v. 10).
Viene
ahora el acalorado enfado del convertido de Damasco. No puede
aprobar que Pedro, llegado después a Antioquía, se
deje dominar por el miedo a los cristianos judaizantes y empiece
-dejándose casi esclavizar con ello- a no frecuentar la
mesa de los cristianos convertidos del paganismo, que se
consideraban justamente libres de tomar cualquier tipo de
alimento. También aquí emergen dos realidades: la
primera es la toma de posición de Pablo, tan franca y libre
de toda simulación a la hora de decirle su verdad al mismo
Pedro, el cual "cojea" en esta ocasión en cuanto
a su práctica de creyente; la segunda es la espléndida
realidad del mensaje de Cristo, que es siempre libertad respecto a
todo formalismo, exterioridad, hipocresía y constricción.
Salmo
Responsorial
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Salmo 116,1.2
Alabad
al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los
pueblos. R/.
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Firme
es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por
siempre. R/.
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Evangelio:
Lucas 11,1-4
1
Un
día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando
acabó, uno de sus discípulos le dijo: -Señor,
enséñanos a orar, como Juan enseñó a
sus discípulos.
2
Jesús
les dijo: -Cuando, oréis, decid: Padre, santificado sea tu
nombre; venga tu Reino;
3
danos
cada día el pan que necesitamos;
4
perdónanos
nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo
el que nos ofende, y no nos dejes caer en la tentación.
*•
Se
habla aquí de un tiempo y de un lugar indeterminados en los
que Jesús está orando. En efecto, es posible orar en
todo lugar y en todo tiempo, aun cuando haya tiempos y lugares
expresamente propicios para la oración. Apenas terminó,
uno de los discípulos le pide que les enseñe a orar.
Lo
que sorprende en comparación con el texto de Mateo es la
invocación de apertura: "Padre", y no
"Padre nuestro". Lucas pone, por tanto, el acento
en la palabra Padre, que en el texto original es Abbá,
tiernísimo término arameo que significa "papá"
-"papi", diríamos hoy-. No es casual que este
término aparezca unas veces en los evangelios. Introduce,
por consiguiente, un modo de relacionarse con Dios marcado por la
mayor confianza, por la confianza típica del niño
respecto a sus padres. Dirigirse a Dios llamándole "Padre"
es dejarse configurar con Jesús, el Hijo por excelencia; es
entrar en su íntima relación de amor con el
tiernísimo Abbá. Para nosotros los
cristianos, esto es la oración por excelencia.
-
"Santificado sea tu nombre" es pedir que Dios,
Creador y Padre, sea glorificado por todos y en todos: tanto por
los que son inteligentes y cultos como por los que no lo son, en
el mundo de los hombres y en todo el cosmos. Es potenciar al
hombre, que, sólo buscando la gloria de Dios y no la
propia, se realiza a sí mismo y entra en comunión
con Dios, con los hombres, con el cosmos.
-
"Venga tu Reino". Toda la historia -de manera
consciente o inconsciente- es aspiración a este Reino, que
"no consiste en lo que se come o en lo que se bebe;
consiste en la fuerza salvadora, en la paz y la alegría que
proceden del Espíritu Santo" (Rom 14,17).
-
Viene, a continuación, la petición del "pan
que necesitamos". El pan es el elemento vital. Si
permanece sólo "mío" se vuelve fuente de
muerte. En cambio, si, aunque haya sido ganado con el sudor de la
frente (cf. Gn 3,19; 2 Ts 3,6-13), es compartido, hace
crecer. Tanto más cuando se trata del pan "supersustancial"
que se rompe en el memorial de la asamblea eucarística (cf.
Hch 2,14), alimentando en todos nosotros la espera del retorno
de Cristo.
-
"Perdónanos nuestros pecados, porque también
nosotros perdonamos a todo el que nos ofende". El perdón
de Dios se vincula a nuestra actitud de perdón, como la
raíz al árbol. La raíz de nuestra capacidad
de perdonar está en sabernos perdonados siempre por Dios,
con una misericordia que sobrepasa todo lo que nos es posible
imaginar y desear. Por otra parte, sólo nuestra actitud de
perdón hacia los hermanos hace posible que la vida de Dios
fluya en nosotros.
"No
nos dejes caer en la tentación" es
una expresión típicamente aramea. Dios es padre y no
cabe imaginar que quiera cogernos en la trampa de la tentación.
Nuestra petición es más bien no sucumbir cuando
seamos probados y tentados en nuestro estado de gran debilidad.
Sabemos que el Padre nos escucha porque "podéis
confiar en que Dios no permitirá que seáis puestos a
prueba por encima de vuestras fuerzas" (1
Cor 10,13).
MEDITATIO
Lo
que más me provoca en la perícopa de la Carta a los
Gálatas es la libertad con respecto a todo lo que no sea el
Evangelio de Cristo y su enseñanza -precisamente -
liberadora. Todo formalismo, constricción y oportunismo o
tradicionalismo vacíos de alma son quemados por su fuego.
Existe en Pablo una apasionada adhesión a Cristo y a su
verdad. Nada ni nadie le ata. Ni siquiera el temor a perder su
prestigio en su confrontación con Pedro. Ejerce sin más
la corrección fraterna con el mismo Pedro no para hacer
triunfar su idea, sino más bien para que triunfe el
esplendor de la coherencia entre el Evangelio y la vida. También
es urgente que nosotros instauremos en el interior de las
comunidades cristianas y religiosas esta parresía, esta
franqueza de relaciones, esta apasionada búsqueda de la
verdad de Cristo, como escucha de las urgencias del Reino y no de
nuestros pequeños y mezquinos intereses.
Está
claro que sólo en espacios y tiempos precisos de oración
se consigue el coraje necesario para hacer saltar trabas,
vínculos, así como viejas incrustaciones y
confusiones que contaminan la verdad pura del Evangelio y
esclavizan nuestro corazón. Si oro al Abbá, al
tiernísimo Padre mío y de los hermanos, si le pido
que sea glorificado como conviene y que su Reino de justicia, de
amor y de paz venga también por medio de mi pequeña
vida, tendré ciertamente la fuerza para llegar a ser cada
vez más, en la parte de la Iglesia en que vivo, el que hoy
estoy llamado a ser. A buen seguro, no un elemento de polémica
soberbia dinamitera, que sólo destruye en sí mismo y
en los otros, sino una persona tan unida a Jesús, tan
embebida de todo su humilde amor, que no teme el posible
resentimiento de quien es corregido por amor. Repetir también
a menudo durante el día "Venga tu Reino", la
ardiente petición del Padre nuestro, es un secreto de
energía espiritual para querer el Reino y buscarlo en toda
actitud personal y de relación.
ORATIO
Señor
Jesús, tú nos dijiste que si escuchamos y vivimos tu
Palabra conoceremos la verdad, "y la verdad nos hará
libres" (cf. Jn 8). Concédenos, pues, orar y vivir
la ardiente petición: "Venga tu Reino", que
es verdad y libertad tanto de Dios como del hombre. Concédenos
pedirlo con tal perseverancia que se convierta no sólo en
la respiración-deseo del corazón, sino también
en el coraje y el compromiso liberador de todo nuestro modo de
obrar y de relacionarnos con aquellos que, como nosotros, serán
Iglesia en camino hacia los esplendores del Reino.
CONTEMPLATIO
Los
fundamentos espirituales del futuro deben encarnarse en un nuevo
estilo de vida, hecho simultáneamente de humildad y de
orgullo, de ascesis y de fantasía, de verdad en medio de la
caridad más incondicionada. Un estilo real, aunque sin
olvidar que ser cristiano en el mundo, tal como es y tal como
será, exigirá siempre cierta "locura"
[...]. Un estilo que exigirá la más elevada ascesis,
porque será necesaria toda la fuerza del Espíritu
para que el hombre pueda tener poder sobre su propio poder [...].
Un estilo en el que se respire el Espíritu, en el que se
dance la no-muerte, porque Cristo ha resucitado (O. Clément,
Fondamenti spirituali del futuro, Roma 1997, p. 102).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Venga
tu Reino"(Lc
11,2c).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Cuando,
a solas o con otros, no sabemos cómo orar, nos tranquiliza
saber que se puede orar con casi nada. A veces nuestros labios
permanecen cerrados, nos quedamos en silencio, pero nuestra alma
está abierta ante Dios, le habla, y el Espíritu
Santo ora en nosotros.
Hay
otros valores que hagan bella la vida? Está la sencillez
del corazón, que lleva a la sencillez de vida. Un día,
oyó Cristo a un creyente que le decía: "Creo,
pero ven en ayuda de mi incredulidad ". Cristo comprende
estas dudas y esta petición de ayuda, puesto que ya había
dicho en el evangelio: "Quién de vosotros, por más
que se preocupe, puede añadir una sola hora a su vida?".
Así comprendemos que lo esencial es vivir con toda
sencillez lo poco, sí, lo poquísimo que hayamos
cogido del evangelio.
Con
mis hermanos, tanto los que viven aquí en Taizé como
los que viven entre los más pobres en distintas partes del
mundo, tengo conciencia de que nuestra vocación nos llama a
ser sencillos, como pobres del Evangelio. Eso significa no
imponernos, no ser maestros espirituales, sino hombres que
escuchan para comprender a los otros y discernir en ellos la
belleza profunda del espíritu humano. Una de las
afirmaciones más luminosas de nuestro tiempo ha sido
pronunciada en el último concilio del Vaticano: "Cristo
está unido a todo ser humano sin excepciones, aunque éstos
no tengan conciencia de ello". En efecto, hay en la tierra
multitudes de personas que ignoran que Dios nos busca
incansablemente.
Lo
sabemos bastante? Todos podemos hacer bella la vida a aquellos que
están cerca o lejos de nosotros. Cómo? Con nuestra
acogida, con la sencillez de nuestro corazón y de nuestra
vida (tomado de Atelliers et presses de Taizé, 1999).
Día
10
Jueves semana XXVII del Tiempo ordinario o 10 de octubre,
Santo Tomás de Villanueva
Tomás,
hijo de Tomás García y Lucía Martínez,
naturales de Villanueva de los Infantes, nació en 1486 en
Fuenllana, Ciudad Real, el primero de seis hermanos. Su vida
estuvo marcada por el origen sencillo del pueblecito manchego
donde nació y por su tiempo, caracterizado por una búsqueda
de nuevos caminos en lo teológico, lo espiritual, lo social
y eclesial: es la hora de las nuevas definiciones de lo antiguo y
de abrir caminos al nuevo y apasionante mundo que emerge. A los 30
años, tras ocho de profesor, se le ofrece la cátedra
en Filosofía en Salamanca. Allí se traslada, pero,
al año siguiente, sin embargo, se siente llamado a la vida
religiosa, y el 1 de noviembre toma el hábito de san
Agustín en el convento del mismo nombre en Salamanca. Se
ordena sacerdote al año siguiente. El propio
emperador que le promovió antes para arzobispo de Granada,
cargo que Tomás pudo eludir, le obligó a aceptar el
Arzobispado de Valencia, tras haber renunciado al primero. Era el
año 1544. Llegó a dar su cama antes de morir y murió
en el suelo el año 1555.
LECTIO
Primera
lectura: Gálatas 3,1-5
1
!Gálatas
insensatos! Quién os ha fascinado? No os puse ante los ojos
a Jesucristo clavado en una cruz?
2
Solamente
quisiera saber esto de vosotros: Recibisteis el Espíritu
por haber cumplido la Ley o por haber respondido con fe?
3
Tan
insensatos sois que, después de haber comenzado confiando
en el Espíritu, acabáis ahora confiando en vuestras
propias fuerzas?
4
Habrán
sido baldíos tantos dones? Porque, de hecho, serían
baldíos.
5
Acaso
cuando Dios os comunica el Espíritu y realiza prodigios
entre vosotros lo hace porque habéis cumplido la Ley, y no
más bien porque habéis respondido con fe?
*"
Para comprender la invectiva de Pablo, tan airado con los gálatas,
es preciso recordar que este padre y maestro de su fe vive para
comunicar su convicción fundamental: "Sabemos, sin
embargo, que Dios salva al hombre no por el cumplimiento de la
Ley, sino a través de la fe en Jesucristo. Así que
nosotros hemos creído en Cristo Jesús para alcanzar
la salvación por medio de esa fe en Cristo y no por el
cumplimiento de la Ley. En efecto, por el cumplimiento de la Ley
ningún hombre alcanzará la salvación"
(2,16). Pablo interpela a los gálatas para que
reflexionen sobre su insensatez: la de volver a ser deudores de la
Ley como si no hubieran conocido "a Jesucristo clavado en
una cruz" (3,1), fuente única de la salvación.
Pablo
sabe que es posible vivir en este mundo, que es posible vivir en
la carne (o sea, plenamente encarnados en la propia realidad
física, psíquica y sociocultural), aunque viviendo
al mismo tiempo "creyendo en el Hijo de Dios, que me amó
y se entregó por mí" (2,20). Y el
horizonte cambia por completo. Es como pasar de una cámara
en la que estamos obligados a accionar una manivela para poder
respirar a un lugar abierto inundado por el sol y por el
vivificante aire del mar.
Precisamente
por eso el Dios que concede el Espíritu y obra maravillas
(cf. 3,5) también entre los gálatas obra en
orden a un creer que se vuelve operativo, a continuación,
en la caridad, aunque nunca en virtud de un voluntarista
"justificarse" por las obras prescritas por la Ley. Está
claro que el hecho de que los gálatas crean en Cristo y en
su Evangelio, anunciado por Pablo, no significa que deban omitir
el cumplimiento de los mandamientos de la Ley (no robar, no
levantar falso testimonio, no atentar contra nuestra propia vida
ni contra la de los otros, etc.). Creer significa -como dice
Pablo- ser crucificados en nuestra propia parte egoísta
hasta poder decir: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo
quien vive en mí" (2,20).
Es
evidente, por tanto, que, en virtud de él y con él,
no sólo omitiremos hacer el mal, sino que intentaremos, con
el amor del Espíritu, realizar todo el bien posible.
Salmo
Responsorial
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque
ha visitado a su pueblo
Lc 1,69-70.71-72.73-75
Nos
ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de
David, su siervo, según lo había predicho desde
antiguo por boca de sus santos profetas. R/.
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su
pueblo
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la
mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
R/.Bendito sea el
Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su
pueblo
Para
concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los
enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su
presencia, todos nuestros días. R/.
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su
pueblo
Evangelio:
Lucas 11,5-13
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
5
-Imaginaos
que uno de vosotros tiene un amigo y acude a él a media
noche, diciendo: "Amigo, préstame tres panes,
6
porque
ha venido a mi casa un amigo que pasaba de camino y no tengo nada
que ofrecerle".
7
Imaginaos
también que el otro responde desde dentro: "No
molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos
ya acostados; no puedo levantarme a dártelos".
8
Os
digo que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al
menos para que no siga molestando se levantará y le dará
cuanto necesite.
9
Pues
yo os digo: Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis;
llamad y os abrirán.
10
Porque
todo el que pide recibe; el que busca encuentra, y al que llama le
abren.
11
Qué
padre, entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le va a dar en
vez del pescado una serpiente?
12
O
si le pide un huevo, le va a dar un escorpión?
13
Pues
si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos
cosas buenas, cuánto más el Padre celestial dará
el Espíritu Santo a los que se lo pidan?
**•
No es casualidad que Lucas inserte esta reflexión de Jesús
sobre la oración inmediatamente después del Padre
nuestro, la oración por excelencia del cristiano.
En
efecto, ahora se trata de aprender cuál debe ser la
actitud interior del que se dirige a un Dios que es Padre y
profundamente amigo del hombre. La enseñanza está
coloreada con dos pequeñas, aunque vivaces, parábolas:
la primera es la del que va a media noche a casa de un amigo. La
petición a esa hora, en condiciones incómodas para
quien debe abrir la puerta de su casa, no puede ser atendida de
inmediato. El acento del relato está puesto en la
insistencia de quien sabe que llama al corazón (más
que a la puerta) de un gran amigo con confianza, con la certeza
confiada de obtener. El mensaje está aquí.
La
segunda parábola profundiza en la categoría de la
paternidad usando vivas imágenes de contraste: pan/piedra,
pez/serpiente, huevo/escorpión. El pez, como el pan, es
símbolo de Cristo; la serpiente evoca a la serpiente de Gn
3, el enemigo por excelencia del hombre. El huevo es símbolo
de la vida; el escorpión, que lleva el veneno en la cola,
evoca la muerte. La serie de verbos, fuertemente correlacionados
entre sí, que aparecen después de la primera
parábola -"Pedid y recibiréis; buscad y
encontraréis; llamad y os abrirán"- quiere
persuadirnos a fondo de que la oración nunca es una pérdida
de tiempo ni un desafío a un dios lejano y sordo. La
oración tiene siempre una respuesta positiva.
Con
todo, debe ser perseverante (cf. Le 18,1). La pregunta de
Jesús que aparece después de la segunda parábola
supone una interpelación a nuestra sensibilidad más
profunda. Sabemos que no somos buenos por naturaleza; sin embargo,
el vínculo de la paternidad es tal que un padre, por el
hecho de serlo, no puede más que dar cosas buenas y
positivas a su hijo. !Ojo! Lo más positivo, el bien por
excelencia, es el don de los dones: el Espíritu Santo, que
se concede siempre a quien ora.
Eso
es lo que dice Lucas, a diferencia de Mateo, que habla, en cambio,
de "cosas buenas" (Mt 7,11). Aunque la oración
parezca no tener respuesta según nuestra lógica,
siempre excesivamente "terrena", en realidad siempre es
escuchada. Y el hecho de que Dios dé su Santo Espíritu
a quien ora significa que el don incluye todo verdadero
bien en orden a la salvación.
MEDITATIO
No
es lo esencial la funcionalidad, el servicio concreto de las
ovejas. No hay pastores porque somos muchos los hombres y hay que
cubrir muchas tareas. Lo esencial es ver y tocar a una persona que
hace presente la palabra viviéndola, no sólo
proclamándola. La condición del Evangelio frente a
toda doctrina es su carácter de "entrañable":
lo es el afecto con el que Pablo habla a Timoteo, lo es el amor
entrañable de Cristo cuando se define vinculándose
vitalmente a los hombres.
No
hablan desde el mensaje, sino desde la experiencia vivida. Pablo
habla como quien ha vivido todo lo que dice; Cristo ha vivido,
simplemente, como el Hijo. Lo que nos transmiten los evangelios
es, sobre todo, la experiencia entrañable de haber gustado
y palpado, visto y oído al buen Dios entre nosotros: al
Hijo. Así nos trató Él, parecen decir los
evangelios, como un buen pastor. La experiencia, luego, se hace
palabra transmitida en el seno de la comunidad como oración,
gozo y testimonio. Así hemos recibido a san Juan: desde la
experiencia vivida; así se transformó el mundo
pagano en cristiano por la locura de hombres y mujeres nuevos y
disponibles.
Nuestro
santo Tomás asumió la elección difícil
de mantener la doctrina en la Iglesia, no crispándose en
época de crisis, sino que la propuso convirtiéndose
él mismo en modelo del mensaje: no es fácil olvidar
un arzobispo casi harapiento repartiendo en la puerta de su casa
limosna a los pobres; más difícil es sentarlos a su
mesa y servirles: él lo hizo. Pero aún es más
difícil organizar, antes, la misma Iglesia visible para que
ese gesto sea posible siempre como el auténtico modo de ser
pastor. Lo primero podría no pasar de ser un llamativo
gesto de imagen; lo segundo es permanente: aún podemos
encontrar a Cristo entre nosotros en los pastores.
ORATIO
Padre,
pastor de mi vida, que me deje encontrar, conocer por ti. Tú
acoges el movimiento de mi espíritu antes que mis obras,
palabras, promesas y oraciones. Sabes, Señor, que mis
deseos no son siempre de ti. Hay otros que me halagan con formas
de estar "agresivas y eficaces" y casi siempre siento
que en ellos encontraré más paz y armonía
personal, que hay que estar con los tiempos y no desentonar.
Mi
historia contigo es la de tus búsquedas de mí mismo,
de tus curaciones. Hazme transmitir esta experiencia de ti: que
aprenda a manifestarme como vulnerable poniéndome siempre
más bajo que mis hermanos. Que les transmita tu doctrina,
pero también lo bien que me has tratado cuando yo me he
perdido. Cómo, si no, se acercarán a ti las ovejas
dispersas? Cuántos estragos he podido hacer por creerme
alguien ante los demás, perfecto y seguro. Señor,
buen pastor, si no soy distinto a los demás, al menos que
pueda aportarles lo que vivo y Tú has hecho en mí.
CONTEMPLATIO
El
pastor no debe disminuir su atención o lo interior por las
ocupaciones exteriores, ni debe abandonar el cuidado de lo
exterior por la solicitud de lo interior; de modo que no se
derrumbe interiormente al entregarse a lo exterior, ni impida
aquello que por fuera debe a sus prójimos ocupándose
sólo de lo interior.
Pues,
a menudo, algunos, olvidándose de que son prelados en la
causa de sus hermanos, se entregan con todo el esfuerzo de su
corazón a los cuidados seculares: cuando están
presentes, se ensoberbecen realizándolos y, cuando faltan,
los anhelan día y noche con la agitación de su mente
desordenada. De modo que, cuando hallan un respiro, quizás
porque haya desaparecido una oportunidad, se sienten más
cansados por su misma quietud. Y así, consideran una
satisfacción estar oprimidos por las ocupaciones y un
infortunio el no trabajar en asuntos terrenales. Sucede entonces
que mientras se alegran de estar agobiados por vanos esfuerzos
mundanos, ignoran aquellos secretos interiores que deberían
enseñar a otros.
A
causa de esto, claro está, la vida de los fíeles se
debilita, porque cuando pretenden progresar espiritualmente
tropiezan en su camino con el obstáculo que es para ellos
el ejemplo de su prelado. Y es que, languideciendo la cabeza, en
vano crecen los miembros, e inútilmente avanza un ejército
para explorar al enemigo si se equivoca el guía mismo del
camino.
Ninguna
exhortación eleva ya la mente de los fieles, ninguna
amonestación castiga sus pecados. Porque cuando el pastor
de las almas se dedica a ejercer el oficio de juez terreno, el
cuidado pastoral por la custodia de la grey se debilita. Con ello,
los fieles no desean ya alcanzar la luz de la Verdad, pues, al
estar ocupada la mente del pastor en los afanes terrenos, el polvo
provocado por el viento de la tentación ciega los ojos de
la Iglesia (Gregorio Magno, La regla pastoral. Ed. Ciudad
Nueva, Madrid 1993, pp. 214-215).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Alumbre
así vuestra luz a los hombres y den gloria a vuestro Padre,
que está en los cielos"
(Mt
5,16).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
De
amar propusimos, que no de disputar; amar, que no entender: por lo
cual tornemos al propósito. Consideremos, pues, cómo
nuestro Dios, grande, bueno y poderoso y lleno de riquezas, anda
entre sus criaturas buscando algún amador, y no le halla;
da muchas cosas y promete al que Te amare, y ninguno quiere ni aun
mirarle; y así es que "determinaron los mortales e
abajar sus ojos a la tierra". Míralo en los Cantares,
cómo ruega a su criatura y la provoca e incita a su amor:
"Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma
mía, inmaculada mía, ábreme"; y si no
quiere abrir por mí, ábreme por ti; porque mi cabeza
está llena de rocío; mi divinidad está llena
de suavidad y dulzura; pues luego ábreme y cenaré
contigo, y no a costa tuya, que yo haré todo el gasto y te
pondré delante manjares suavísimos.
Y
ella con todo esto responde de la cama con indignación
grande diciendo: "Heme despojado de mi vestidura, y téngole
de tornar a vestir? Láveme mis pies, cómo me los
ensuciaré ahora?". !Olí ingrata, mísera
y ciega!, así respondes a tu amado, así
menosprecias a tu Creador? Abre, mísera, que no te
ensuciarás, antes te lavarás; no trabajarás,
sino descansarás. Ni la dejó el piadosísimo y
gran amador suyo en su dureza, antes la tocó con su
misericordiosa mano; y aquella que primero había
despreciado la voz, se levanta con diligencia a abrir a su amado;
más él ya se había desaparecido y pasado; y
justamente por cierto, pues que así ella le había
primero despreciado; y verla has a la infeliz y desventurada
discurriendo por las calles y plazas voceando y llorando y
conjurando a las hijas de Sión que, si hallaren a su amado,
que le anuncien y digan su amor. Búscale y no le halla;
llama y ninguno le abre; llama y no hay quien responda; por lo
cual toda llorosa se derrite de amor. Así, Señor,
así lo hacéis: tocáis para que seáis
conocido y huís para que seáis buscado; llamáis
y escondeisos; provocáis y vaisos, convidáis y
partisos; no menos piadoso cuando os vais que cuando os venís...
Mas no quieras cesar, quienquiera que eres; no desmayes cerca de
la ciudad; conjura a las hijas de Jerusalén, solicita a los
ciudadanos, pregunta a las guardas y éstas te saldrán
al encuentro, ellos te harán dar priesa; y por más
que ligeramente corras, te quitarán la vieja vestidura; y
como los hubieres pasado un poco, hallarás al que tu ánima
desea (Tomás de Villanueva, "Sermón segundo del
Amor de Dios", Sermones de la Virgen María y Obras
castellanas, BAC, Madrid 1952, pp. 609-610).
Día
11
Viernes semana XXVII del Tiempo ordinario o 11 de octubre,
Santa Soledad Torres Acosta
Nació
el día 2 de diciembre de 1826 en Madrid y murió
también en Madrid el 11 de octubre de 1887. Su nombre de
pila fue Bibiana Antonia Manuela. A los 25 años oyó
hablar de una idea alimentada por un sacerdote de la parroquia de
Chamberí, don Miguel Martínez. Éste quiere
reunir a unas cuantas mujeres para que cuiden y atiendan en sus
propios domicilios a los enfermos desamparados y les dispongan a
bien morir. Bibiana Antonia Manuela se ofrece voluntaria para este
servicio. Su cuerpo pequeño y enclenque parecía
desaconsejar tal empresa, pero ante su insistencia fue admitida,
junto con otras seis compañeras.
Tomó
el hábito del nuevo instituto el 15 de agosto de 1851,
cambiando su nombre de pila por el de María Soledad. Ese
día nació el Instituto de las Siervos de María,
Ministras de los Enfermos. Fue beatificada por el papa Pío
XII el día 5 de febrero de 1950 y canonizada por Pablo VI
el 25 de enero de 1970.
LECTIO
Primera
lectura: Gálatas 3,7-14
Hermanos:
7
Entended,
por tanto, que los que viven de la fe son la verdadera
descendencia de Abrahán.
8
Ya
la Escritura, previendo que Dios salvaría a los paganos por
medio de la fe, predijo a Abrahán esta buena nueva: Por
medio de ti serán bendecidas todas las naciones.
9
Así
que los que viven de la fe reciben la bendición junto con
Abrahán, el creyente.
10
En
cambio, los que viven pendientes del cumplimiento de la Ley están
sujetos a maldición, pues dice la Escritura: Maldito
todo el que no persevere en el cumplimiento de cuanto está
escrito en el libro de la Ley.
11
Que
en virtud de la Ley nadie alcanza de Dios la salvación es
manifiesto, pues: Quien
alcance la salvación por la fe, ése vivirá.
12
Y
la Ley no es fruto de la fe, sino que: El
que cumpla los preceptos, por ellos vivirá.
13
Pero
Cristo nos ha liberado de la maldición de la Ley haciéndose
por nosotros maldición, pues dice la Escritura: Maldito
todo el que cuelga de un madero.
14
De
esta manera, la bendición de Abrahán alcanzará
a
los paganos por medio de Cristo Jesús, y nosotros, por
medio de la fe, recibiremos el Espíritu prometido.
*••
Inmediatamente antes de las cosas que dice aquí, Pablo ha
recordado a los gálatas que el hecho de haber creído
en Dios, por parte de Abrahán, "le fue tenido
en cuenta para alcanzar la salvación-" (3,6). Es
el pasaje de Gn 13,6 el que, a modo de fundamento de la fe
israelita, se recuerda tanto aquí como en Rom 4,3. En
efecto, Abrahán es "padre en la fe"
precisamente porque aceptó peregrinar con Dios fiándose
por completo y exclusivamente de su palabra; de este modo, se
convirtió en instrumento de la bendición de Dios no
sólo para su pueblo, sino para todas las naciones (v. 8).
Está
claro, por consiguiente, que todos aquellos que, como los gálatas,
se llaman "hijos de Abrahán" (v. 7)
deberían fundamentar como él su propia vida
únicamente en la fe en Dios; por tanto, en su Palabra
escuchada y vivida.
Con
el rigor de quien conoce a fondo la Escritura, Pablo no tiene
miedo de remachar que serán malditos aquellos que piensen
salvarse comprometiéndose de una manera voluntarista en la
observancia de la Ley (cf. Dt 27,26). Ahora bien, la
maldición no tiene lugar a buen seguro por el hecho de
querer hacer cosas positivas y santas, escritas en la Ley y
queridas por Dios, sino solamente por buscar realizarlas de modo
autónomo, como si el Señor estuviera al margen de
nuestra existencia, como un frío espectador y juez
remunerador.
De
hecho, como dice Pablo en Rom 7,7ss, nos descubrimos incapaces por
nosotros mismos de realizar el bien al advertir la profunda
divergencia que media entre nuestras aspiraciones y nuestras
insuficientes posibilidades para darles cumplimiento. Y no sólo
en el sentido más pleno, el que leíamos ya en el
profeta Habacuc (2,4), confirmado aquí y presentado por
Pablo en Rom 1,17: el hombre justo vivirá en virtud de la
fe (cf. v. 11), es decir, vivirá santamente sus días
por haberse fiado plenamente de un Dios que es "autor y
perfeccionados de su fe (Heb 12,2).
En
los w. 13ss, Pablo profundiza ulteriormente en su argumentación,
tocando la ardiente profundidad del misterio cristiano. Cristo nos
ha liberado de la maldición que supone vivir el clima
opresor de la sola Ley, tomando sobre sí, en la cruz, la
maldición del pecado.
En
otro lugar dirá Pablo que Jesús, la inocencia
infinita, se hizo pecado por nosotros (cf. 2 Cor 5,21). Nos
amó verdaderamente hasta ese punto, abriendo las puertas de
par en par a todas las naciones a la antigua bendición de
Abrahán y a la promesa del Espíritu.
Salmo
Responsorial
El Señor recuerda siempre su alianza
Salmo 110,1-2.3-4.5-6
Doy
gracias al Señor de todo corazón, en compañía
de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del
Señor, dignas de estudio para los que las aman. R/.
El Señor recuerda siempre su alianza
Esplendor
y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre; ha
hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y
clemente. R/.
El Señor recuerda siempre su alianza
Él
da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles
la heredad de los gentiles. R/.
El Señor recuerda siempre su alianza
Evangelio:
Lucas 11,15-26
En
aquel tiempo, después de que Jesús hubiera expulsado
a un demonio,
15
algunos
dijeron: -Expulsa a los demonios con el poder de Belzebú,
príncipe de los demonios.
16
Otros,
para tenderle una trampa, le pedían una señal del
cielo.
17
Pero
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: -Todo reino
dividido contra sí mismo queda devastado, y sus casas caen
unas sobre otras.
18
Por
tanto, si Satanás está dividido contra sí
mismo, cómo podrá subsistir su reino? Pues eso es lo
que vosotros decís: que yo expulso los demonios con el
poder de Belzebú.
19
Ahora
bien, si yo expulso los demonios con el poder de Belzebú,
vuestros hijos con qué poder los expulsan? Por eso ellos
mismos serán vuestros jueces.
20
Pero
si yo expulso los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el
Reino de Dios ha llegado a vosotros.
21
Cuando
un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están
seguros.
22
Pero
si viene otro más fuerte que él y lo vence, le quita
las armas en que confiaba y reparte sus despojos.
23
El
que no está conmigo está contra mí; y el que
no recoge conmigo, desparrama.
24
Cuando
el espíritu inmundo sale de un hombre, anda por lugares
áridos buscando descanso y, al no encontrarlo, se dice:
Volveré a mi casa, de donde salí.
25
Al
llegar, la encuentra barrida y adornada. 26 Entonces va y toma
consigo otros siete espíritus peores que él, entran
y se instalan allí; de modo que la situación final
de este hombre es peor que la del principio.
*••
Lucas nos hace entrar aquí en el encarnizamiento contra
Jesús no sólo por parte de sus enemigos, sino
también del Adversario por excelencia: Satanás,
llamado aquí con un término de origen sirofenicio,
Belzebú (Beelzebul significa "el señor
del monte", mientras que la acepción de Beelzebub
significaría "rey de las moscas"). El hecho
del que parte toda la argumentación es la expulsión
del demonio llevada a cabo por Jesús. De modo malicioso,
sus adversarios insinúan la idea de que Jesús habría
obtenido el poder de curar del mismo jefe de los demonios. Otros,
agudizando la fricción, pretenden que realice un milagro
como "señal del cielo" (v. 16) para
confirmar su pertenencia a Dios. Es la acostumbrada
trampa-tentación en la que, totalmente ofuscados, quisieran
coger a Jesús: al margen de todo itinerario de fe
auténtica.
"Sabiendo
lo que pensaban" (v.
17), Jesús los desbarata con una lógica inequívoca:
cómo podría permitirle Satanás combatir a los
demonios a él sometidos? Sería como si quisiera el
hundimiento de su mismo reino.
Además,
si fuera verdadera esta acusación, iría también
contra los exorcistas judíos, porque -dice Jesús con
ironía- quizás expulsarían a los demonios con
la ayuda de su propio jefe. Pero la apretada argumentación
del Señor encuentra su baricentro cuando advierte a los
interlocutores que, si él expulsa a los demonios con el
poder de Dios ("dedo" significa "poder":
cf. Sal 8,13), eso quiere decir que su presencia equivale a
la presencia del Reino en medio de ellos (cf. 11, 17-26).
Viene
a continuación la pequeña parábola del hombre
fuerte y del otro más fuerte, donde se pone de manifiesto
la victoria de Cristo sobre Satanás. Quien no le reconoce y
se pone de su lado, se pone en contra. Y es que, respecto a Jesús,
no hay sitio para la neutralidad. O estás con él y
recoges para la vida eterna, o estás contra él y
desparramas todos los verdaderos bienes.
Aparece,
por último, una llamada a la vigilancia. Satanás no
es alguien que encuentre reposo dándose por vencido, sino
que allí donde ve la casa "barrida y adornada "
(v. 24), esto es, a una persona decidida a seguir a Jesús,
lanza un ataque total (expresado por el número siete: v.
26), porque, por envidia (cf Sab 2,24), le apremia la ruina
del hombre.
MEDITATIO
Desde
que el mundo es mundo y la fe en Dios ha entrado en nuestros
corazones, hemos tenido la tentación de separar el amor a
Dios y el amor al prójimo. Esta parábola del buen
samaritano tan conocida y meditada, es fundamental para captar la
experiencia religiosa que nos trae Jesús. Recorriendo, como
de puntillas, este relato descubriremos enseguida lo fundamental
de su contenido:
-
No podemos separar el amor a Dios y el amor al prójimo. Son
las dos caras de la misma moneda. "Tuve hambre"... "Tuve
sed"... "Estuve enfermo"... "Cuando lo
hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños,
conmigo lo hicisteis".
-
Mi prójimo no es el que se acerca a mí, sino aquel a
quien yo me acerco. Quién de estos tres, pregunta Jesús,
se hizo prójimo del herido? Soy yo quien debe aproximarse.
-
De quién tengo que hacerme prójimo, a quién
tengo que acercarme? La parábola lo expresa con mucha
claridad: a cualquiera que esté caído, marginado,
atropellado en los caminos o en los juzgados, despojado de sus
derechos...
-
No nos andemos con rodeos... Los dos personajes, representantes
oficiales del templo y el culto, que dieron un rodeo para cumplir
con Dios, abandonando al prójimo, quedan descalificados en
esta parábola.
-
Otro punto clarísimo que descubrimos en este relato es la
apertura a los extranjeros, a los que en aquel tiempo eran tenidos
por herejes o de otra religión: los samaritanos. Al jurista
le da grima pronunciar su nombre; sin embargo, Jesús le
dice: "Anda y haz tú lo mismo".
Todo
esto me hace pensar que Miguel Martínez, sacerdote de la
parroquia de Chamberí, no dio un rodeo, sino que se rodeó
de personas como Soledad Torres Acosta para aproximarse a las
casas donde alguien sufría y moría en la más
absoluta soledad. Se hicieron prójimos de los necesitados
de su tiempo.
ORATIO
Señor,
tú que concediste a santa Soledad Torres Acosta la gracia
de servirte con amor generoso en los enfermos que visitaba,
concédenos tu luz y tu gracia para descubrir tu presencia
en los que sufren y merecer tu compañía en el cielo.
CONTEMPLATIO
María
Soledad se inserta en un grupo de mujeres santas e intrépidas
que en el siglo XIX hicieron brotar en la Iglesia ríos de
santidad y laboriosidad; procesiones interminables de vírgenes
consagradas al único y sumo amor de Cristo, y mirando todas
ellas al servicio inteligente, incansable, desinteresado del
prójimo.
Por
eso, contaremos a las Siervas de los enfermos en el heroico
ejército de las religiosas consagradas a la caridad
corporal y espiritual; pero no debemos olvidar un rasgo
específico, propio del genio cristiano de María
Soledad, el de la forma característica de su caridad; es
decir, la asistencia prestada a los enfermos en su domicilio
familiar; forma ésta que ninguno, así nos parece,
había ideado en forma sistemática antes de ella, y
que nadie antes de ella había creído posible confiar
a religiosas pertenecientes a institutos canónicamente
organizados.
La
fórmula existía, desde el mensaje evangélico,
sencilla, lapidaria, digna de los labios del divino Maestro:
"Estuve enfermo, y me visitasteis", dice Cristo
místicamente personificado en la humanidad doliente. He
aquí el descubrimiento de un campo nuevo para el ejercicio
de la caridad; he aquí el programa de almas totalmente
consagradas a la visita del prójimo que sufre. (De la
homilía pronunciada por Pablo VI en la canonización
de santa Soledad Torres Acosta.)
ACTIO
Visitar
a un enfermo.
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Las
enormes dificultades que a otras hicieron desfallecer, revelaron
el temple heroico de la madre Soledad, fundadora de las Siervas de
María, y que sus virtudes estaban fundadas sobre la roca
firme. Por su dedicación a los enfermos, a quienes servía
como a Cristo, por su tesón y esperanza jamás
desmentida, por sus relevantes virtudes, bien pronto fue
reconocida como cabeza de todo el grupo la que en su propia
humildad y según las apariencias externas era la más
insignificante de todas.
Nombrada
superiora a los cinco años de la fundación, cual
experto piloto guiará con serenidad y pericia la frágil
navecilla del reciente instituto en medio de las más
espantosas borrascas.
En
su gobierno demostró sus dotes de exquisita prudencia y de
una caridad sin límites y, al mismo tiempo, una humildad y
mansedumbre avasalladoras, con lo que supo captarse el amor
sincero y la correspondencia voluntariosa de sus hijas. Dios le
envió abundantes vocaciones y la santa se consagró a
formarlas espiritualmente, infundiéndoles su ardiente
caridad a Dios y al prójimo, y a darles una capacitación
técnica como exigía su delicada tarea. Como otra
santa Teresa, recorrió los caminos de España en
circunstancias a veces dificilísimas, sufrió
incomodidades sin cuento y emprendió grandes trabajos,
siempre unida a Dios. A Él se lo ofrecía todo. Con
Él contaba para todo. Su paso por este mundo se redujo a 61
años cargados de sencillez, de amor y de valentía
frente al dolor, abandonada siempre en las manos de su Dios.
Día
12
Sábado semana XXVII del Tiempo ordinario o 12 de
octubre,
Nuestra Señora del Pilar, patrona de España
El
origen de la devoción a la Virgen del Pilar se remonta al
siglo I. Desde Jerusalén, donde aún vivía la
Virgen María, vino a España para confortar al
apóstol Santiago el Mayor en las tareas de evangelización.
La tradición afirma que lo visitó milagrosamente a
las orillas del río Ebro, donde Santiago estaba reunido con
los primeros hispanos convertidos al cristianismo. Como recuerdo
de aquel acontecimiento se levantó más tarde en
aquel lugar una capillita en honor de Nuestra Señora,
venerando su imagen en un pilar. Documentos monacales del siglo IX
dan testimonio del templo dedicado en la ciudad de Zaragoza a
María siempre Virgen.
La
advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido
objeto de un especial culto por parte de los españoles. En
pocos templos de los pueblos de España falta la imagen de
la Virgen del Pilar.
Su
basílica, a las orillas del Ebro a su paso por Zaragoza, es
un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el
Espíritu. Esta devoción a la Virgen del Pilar fue
llevada también en las carabelas de Colón hasta los
pueblos hermanos de América. Desde el año 1908, en
el interior de la gran basílica que hoy existe en Zaragoza,
junto al altar de la Virgen hacen guardia de honor a nuestra
Señora las banderas de los países hispanoamericanos.
El papa Inocencio XIII, en 1723, concedió oficio litúrgico
propio de la Virgen del Pilar para el día 12 de octubre.
LECTIO
Primera
lectura: Primer libro de las Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2
3
David
reunió en Jerusalén a todo Israel para trasladar el
arca del Señor al lugar que le había preparado.
4
Reunió
a los hijos de Aarón y a los levitas.
15
Los
levitas transportaron el arca apoyando las barras sobre sus
hombros, como lo había prescrito Moisés, por orden
del Señor.
16
David
ordenó a los jefes de los levitas que dispusieran a sus
hermanos los cantores con todos los instrumentos musicales de
acompañamiento, arpas, cítaras y címbalos, e
hicieron resonar bellas melodías en señal de
regocijo.
16,1
Metieron
el arca de Dios y la colocaron en medio de la tienda que David
había levantado para ella. Ofrecieron luego al Señor
holocaustos y sacrificios de reconciliación.
2
Cuando
David terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios
de reconciliación, bendijo al pueblo en nombre del Señor.
**•
Estos versículos de los capítulo 15 y 16 del libro
de las Crónicas, que presenta la liturgia en la fiesta de
la Virgen del Pilar, hacen referencia a la gran fiesta que celebró
David el día que trasladó el arca de Dios desde
Baalá a Jerusalén. Dice el texto del libro de Samuel
que en esa fiesta "David danzaba ante el Señor
frenéticamente... entre gritos de júbilo y al son de
trompetas" (2 Sm 6,14-15). Jerusalén se convierte,
por la presencia del arca, en ciudad santa, ciudad bendecida por
Dios. En aquella fiesta, David convocó a todo Israel: era
una fiesta nacional de bombo y platillo.
En
las letanías de nuestra Señora invocamos a María
como Arca de la Nueva Alianza y Templo del Espíritu Santo.
Aquel regocijo de David con todo su pueblo, las ofrendas y
oraciones que hicieron y la bendición que recibieron eran
imágenes de esta fiesta en la que el arca de la Nueva
Alianza vino de Jerusalén a Zaragoza para bendecir a los
nuevos cristianos y para asentar su trono en el gran templo de
nuestros corazones.
Segunda
lectura: Hechos de los apóstoles 1,12-14
12
Entonces
regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que
dista poco de Jerusalén, lo que se permitía andar en
sábado.
13
Y
así que entraron, subieron a la estancia de arriba, donde
se alojaban habitualmente. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés,
Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de
Alfeo, Simón el Zelota y Judas el de Santiago.
14
Todos
ellos hacían constantemente oración en común
con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con
sus hermanos.
*••
Después de la ascensión de Jesús a los
cielos, el libro de los Hechos de los apóstoles se centra
en la constitución de la comunidad cristiana. Los que le
habían seguido por el camino son convocados por el Espíritu
para seguir con la misión de Jesús. En el grupo de
los que acompañaban a Jesús en su vida pública
estaban María, su madre, y otras mujeres. El evangelio de
Lucas, en el capítulo 8, dice que junto con los Doce le
seguían María Magdalena, Juana, Susana y otras
muchas. En estos versículos que leemos en la fiesta
de la Virgen del Pilar, se resalta la presencia de María en
esta primera comunidad pospascual. Ella, los apóstoles y
algunas mujeres perseveraban en la oración común.
Esta
oración entre hombres y mujeres da un tono peculiar a la
primera comunidad cristiana, muy distinto a lo que se hacía
en la sinagoga judía. Jesús había roto la
separación, y la primera comunidad sigue acorde con el
estilo de Jesús. Podemos pensar en la importancia de María
en la formación de esa primera comunidad de Jerusalén
y trasladar, sin esfuerzo, esa misma importancia en el apoyo a
Santiago en la formación de la primera comunidad de España.
Salmo Responsorial
El Señor me ha coronado sobre la columna me ha exaltado.
Salmo 26,1.3.4.5
1 El
Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién
temeré?
El Señor es la defensa de mi
vida, ¿quién me hará temblar?
R. El Señor me ha
coronado sobre la columna me ha exaltado.
3 Si
un ejército acampa contra mí, mi corazón no
tiembla;
si me declaran la guerra, me siento
tranquilo.
R. El Señor me ha
coronado sobre la columna me ha exaltado.
4 Una
cosa pido al Señor, eso buscaré:
en la casa del Señor por los
días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.
R. El Señor me ha
coronado sobre la columna me ha exaltado.
5 Él
me protegerá en su tienda el día del peligro;
me esconderá en lo escondido
de su morada,
me alzará sobre la roca.
R. El Señor me ha
coronado sobre la columna me ha exaltado.
Evangelio:
Lucas 11,27-28
27
Mientras
decía esto, una mujer de entre la gente gritó:
"Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te
amamantaron".
28
Pero
él le dijo: "Dichosos más bien los que escuchan
la Palabra de Dios y la ponen en práctica".
**•
Arrebatada por la emoción del momento, una mujer del
pueblo, corazón en mano, alaba a Jesús y le dice
cuan orgullosa tenía que estar su madre por haberlo llevado
en su seno. Las palabras de la mujer son un cumplimiento de la
profecía sobre María de Lc 1,28: "Desde ahora
me llamarán dichosa todas las generaciones".
Pero
Jesús, humilde y sencillo como su madre, traslada la
atención de él mismo y de su madre a una insistencia
más central: realmente, es más dichoso el que
escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. La
grandeza personal de María está en haber escuchado a
Dios y haber dado un "sí" incondicional.
María
escuchó y puso en práctica la Palabra de Dios al
responder en la anunciación: "He aquí la
esclava del Señor". Es una actitud humilde, valiente,
libre y auténtica.
María,
que meditó en su corazón las palabras y los gestos
de Jesús, hace pensar en aquellos que "escuchan la
Palabra con un corazón noble y generoso" (Lc 8,15).
MEDITATIO
Del
libro del Eclesiástico 24,3-15:
Yo
salí de la boca del altísimo y cubrí la
tierra como una niebla. Habité en las alturas, y mi trono
fue columna de nube. Sola recorrí el círculo
celeste, y por las profundidades del abismo me paseé. En
las olas del mar, en toda la tierra, en todo el pueblo y nación
yo imperé. En todos ellos busqué el reposo, y en qué
territorio instalarme. Entonces me ordenó el creador de
todas las cosas, mi hacedor fijó el lugar de mi habitación,
y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, y en Israel ten tu
heredad".
Desde
el principio y antes de los siglos me creó, y existiré
eternamente. En su santa tienda, en su presencia, ejercí el
ministerio, y así en Sión me instalé. En la
ciudad amada establecí mi residencia, y en Jerusalén
tuve la sede de mi imperio. En el pueblo glorioso eché
raíces, en la porción del Señor, en su
heredad. Crecí como el cedro en el Líbano, como el
ciprés en las montañas del Hermón. Crecí
como palmera en Engadí, cual brote de rosa en Jericó;
como magnífico olivo en la llanura, crecí como el
plátano. Como el cinamomo y el espliego he dado mi aroma,
como mirra escogida exhalé mi perfume; como gálbano,
ónix y estacte, y como perfume de incienso en el
tabernáculo. Yo extendí como terebinto mis ramas, y
mis ramas están llenas de gracia y de majestad. Como vid
eché hermosos sarmientos, y mis flores dan frutos de gloria
y de riqueza. Venid a mí los que me deseáis, y
saciaos de mis frutos.
ORATIO
Virgen
santa del Pilar:
Desde
este lugar sagrado
alienta a
los mensajeros del Evangelio,
conforta
a sus familiares
y
acompaña maternalmente
nuestro
camino hacia el Padre,
con
Cristo, en el Espíritu Santo. Amén.
(Oración
de Juan Pablo II ante el altar de la Pilarica.)
CONTEMPLATIO
La
piedad de la Iglesia a la santísima Virgen María es
un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración
que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo
y lugar -desde el saludo y la bendición de Isabel hasta las
expresiones de alabanza y súplica en nuestro tiempo-
constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de
la Iglesia es una invitación a reavivar en las conciencias
su lex credendi. Y viceversa: la fe viva de la Iglesia
requiere que por todas partes florezca lozana su oración
fervorosa a la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces
profundas en la palabra revelada y de sólidos fundamentos
dogmáticos.
La
misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a
dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre
dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de
auxiliadora; por eso el pueblo de Dios la invoca como consoladora
de los afligidos, salud de los enfermos, refugio de los pecadores,
para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la
enfermedad, fuerza liberadora en el pecado; porque ella, la libre
de todo pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con enérgica
determinación el pecado. Y -hay que afirmarlo nuevamente-
dicha liberación del pecado es la condición
necesaria para toda renovación de las costumbres
cristianas.
La
santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar "los
ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante
toda la comunidad de los elegidos". Virtudes sólidas,
evangélicas: la fe y la dócil aceptación de
la Palabra de Dios (cf. Lc 1,26-38; 1,45; 11,27-28; Jn
2,5); la obediencia generosa (cf. Lc 1,38); la humildad
sencilla (cf. Lc 1,48); la caridad solícita (cf.
Lc 1,39-56); la sabiduría reflexiva (cf. Lc 1,29.34;
2,19.33.51); la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los
deberes religiosos (cf. Lc 2,21.22-40.41), agradecida por
los bienes recibidos (Lc 1,46-49); la fortaleza en el
destierro (cf. Mt 2,13-23), en el dolor (cf. Lc
2,34-35.49; Jn 19,25); la pobreza llevada con dignidad y
confianza en el Señor (cf. Lc 1,48; 2,24); el
vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta
la ignominia de la cruz (cf. Lc 2,1-7; Jn 19,25-27); la
delicadeza provisoria (cf. Jn 2,1-11); la pureza virginal
(cf. Mt 1,18-25; Lc 1,26-38); el fuerte y casto amor
esponsal.
De
estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con
tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos
en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá
como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que
brota del culto tributado a la Virgen.
La
piedad hacia la Madre del Señor se convierte para el fiel
en ocasión de crecimiento en la gracia divina: finalidad
última de toda acción pastoral. Porque es imposible
honrar a la "llena de gracia" (Le 1,28) sin honrar en sí
mismo el estado de gracia, es decir, la amistad con Dios, la
comunión en Él, la inhabitación del Espíritu.
Esta gracia divina alcanza a todo el hombre y lo hace conforme a
la imagen del Hijo (cf. Rom 2,29; Col 1,18).
La
Iglesia católica, basándose en su experiencia
secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa
ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. (De la
exhortación del papa Pablo VI Marialis cultus.)
ACTIO
Reunirme
hoy en oración con otros, como María con otras
mujeres y los apóstoles, y pedir al Espíritu Santo
fortaleza para los evangelizadores que están en tierra de
misión.
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
milagro de Calando
Como
en otros santuarios marianos, los fieles han recibido en el de
nuestra Señora del Pilar favores extraordinarios que han
atribuido a su intercesión ante la omnipotencia divina.
Desde el siglo XIII se habla en los documentos que conserva su
archivo de "los mytos et innumerabiles miraglos que Nuestro
Seynor Jesucristo feitos a et cada día facer non cesa en
los ovientes devoción en la gloriosa et bienaventurada
Virgen María suya Santa María del Pilar".
Un
manuscrito del siglo XV recogió algunos de ellos. Y en 1680
el canónigo Félix de Amada dio a la imprenta una
colección de milagros obrados por intercesión de la
Virgen del Pilar. Entre ellos, es universalmente conocido el
llamado milagro de Calando, por su evidente superación
de las fuerzas de la naturaleza y por su innegable verdad
histórica. Tuvo lugar entre las diez y las once de la noche
del jueves 29 de marzo de 1640, en la villa aragonesa de Calanda y
en la persona del !oven de 23 años Miguel Juan Pellicer, al
cual, debido a un accidente, hubo que amputársele la pierna
derecha en octubre de 1637 en el hospital de Gracia, de Zaragoza,
por el cirujano Juan Estanca, siendo enterrada por el practicante
Juan Lorenzo García.
Tras
su convalecencia, durante dos años, fue mendigo en la
puerta del templo de nuestra Señora del Pilar, de la que
era muy devoto desde su niñez, por existir una ermita de
esta advocación en Calando, y a la que se había
encomendado antes y después de su operación,
confesando y comulgando en su santuario.
Vuelto
a la casa de sus padres en Calanda a primeros de marzo de 1640, el
citado día 29 de ese mes, habiéndose acostado en la
misma habitación de sus padres, por haber un soldado
alojado en su casa, lo encontraron éstos dormido media hora
más tarde con dos piernas, notándosele en la
restituida las mismas señales de un grano y unas cicatrices
que tenía la amputada.
A
instancias del Ayuntamiento de Zaragoza, adonde acudió
Miguel Juan tras su curación a dar gracias a la Virgen del
Pilar, se incoó en el Arzobispado un proceso el 5 de junio
de 1640, pronunciando sentencia afirmativa de calificación
milagrosa el arzobispo Pedro Apaolaza, asesorado por nueve
teólogos y canonistas, el 27 de abril de 1641. Se conserva
íntegro el texto de este proceso con las declaraciones de
los 25 testigos.
El
milagro se divulgó rápidamente por todas partes. El
mismo papa Urbano VIII fue informado personalmente por el jesuíta
aragonés F. Franco en 1642. Entre los milagros, que por
definición son todos excepciones de la naturaleza, el de
Calanda es a su vez excepcional; por eso las relaciones coetáneas
lo calificaron de "milagro inaudito en todos los tiempos".
(Por Tomás Domingo Pérez, en el Libro de la
Virgen, C.B.C.)
Día
13
Domingo XXVIII del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Sabiduría 7,7-11
7
Rogué,
y me fue dada la prudencia; supliqué, y vino a mí el
espíritu de sabiduría.
8
La
he preferido a los cetros y a los tronos, y a su lado en nada he
tenido la riqueza.
9
Ni
siquiera la he comparado a la piedra más preciosa, pues
todo el oro ante ella es un poco de arena y, a su lado, la plata
no pasa de ser lodo.
10
La
he amado más que a la salud y a la belleza y la he
preferido a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
11
Todos
los bienes me han venido con ella, tiene en sus manos riquezas
innumerables.
*"•
Este fragmento está tomado de la parte central del libro de
la Sabiduría. Su autor, que por medio de una ficción
literaria se convierte en Salomón, el rey sabio, se
presenta con autoridad como alguien que implora y obtiene el don
de la sabiduría. Ésta, en efecto, no es fruto de la
habilidad o de una adquisición humana; sólo puede
ser recibida de lo alto. El texto relee la famosa plegaria de
Salomón en Gabaón (cf. 1 Re 3,6-13), en donde el
joven soberano pide un corazón "capaz de escuchar"
(así al pie de la letra), es decir, capaz de discernir para
gobernar con rectitud. Ahora bien, para obtener este don de la
sabiduría es preciso tomar algunas decisiones.
El
autor dice que la ha antepuesto, progresivamente, a siete bienes:
a los cetros, a los tronos, a las riquezas, a la piedra más
preciosa, a la salud, a la belleza y a la luz. Se pasa, por tanto,
de los bienes externos y materiales a los que tienen que ver con
la vida física del hombre; sin embargo, tampoco éstos,
incluida la luz de los ojos, resisten la comparación con la
sabiduría, que ha de ser considerada, por consiguiente, el
verdadero y único bien del hombre.
Si
esto podía ser ya verdadero para los judíos que
vivían en la diáspora, en la ciudad de Alejandría,
a fin de darles cohesión y unidad mientras estaban rodeados
por una sólida cultura helenística, todavía
lo es más para nosotros, a quienes nos ha sido revelado, en
Jesús, el verdadero rostro de la sabiduría de la que
habla la Escritura.
Salmo
responsorial Sácianos
de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres
Salmo 89, 12-13.14-15. 16-17
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete,
Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión
de tus siervos.
Por la mañana sácianos de tu
misericordia, y toda nuestra vida será alegría y
júbilo. Danos alegría, por los días en que
nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción y sus
hijos tu gloria. Baje a nosotros la bondad del Señor y
haga prósperas las obras de nuestras manos. Sí,
haga prósperas las obras de nuestras manos.
Segunda
lectura: Hebreos 4,12ss
Hermanos:
12
la
Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que una
espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y
del espíritu, hasta las coyunturas y tuétanos, y
discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
17
Así
que no hay criatura que esté oculta a Dios. Todo está
al desnudo y al descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de
rendir cuentas.
**•
En el Antiguo Testamento se invocaba la sabiduría para
aprender a discernir lo que es justo (cf. 1 Re 3,9); en el Nuevo
Testamento es presentada como Palabra de Dios encarnada, dotada de
un infalible poder de discriminación y de juicio. En
efecto, el autor de la carta a los Hebreos nos ofrece, en unos
pocos versículos, una teología sugestiva. Esa
Palabra nos es presentada en línea con la sabiduría,
una sabiduría de la que Israel se había alejado
neciamente (cf. Bar 3,9-38; 4,1-4). Se la califica de "viva",
en condiciones, por tanto, de dar vida, de revigorizar las
opciones de fe del creyente; "eficaz", es decir, dotada
de la dynamis Theú, que equivale a decir "poder de
Dios" que hace felices a sus testigos (cf Hch 19,20; 1 Cor
1,18). Es considerada todavía "más cortante"
que una espada de dos filos porque puede llegar a escrutar las
interioridades del hombre en todos sus componentes psicológicos
y espirituales.
En
el v. 13 se produce un brusco salto gramatical que nos muestra
claramente cómo la Palabra coincide de hecho con Dios
mismo, a cuyo juicio nadie puede sustraerse de ninguna manera.
Sabemos, en efecto, que el Padre ha confiado este juicio a su Hijo
amado y que ese juicio es justo, aunque también es
misericordioso para quien tiene fe: "El que cree en él
no será condenado " (Jn 3,18).
Evangelio:
Marcos 10,17-30
En
aquel tiempo,
17
cuando
iba a ponerse en camino, se le acercó uno corriendo, se
arrodilló ante él y le preguntó: -Maestro
bueno, qué debo hacer para heredar la vida eterna?
18
Jesús
le contestó: -Por qué me llamas bueno? Sólo
Dios es bueno.
19
Ya
conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás
adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no
estafarás, honra a tu padre y a tu madre.
20
El
replicó: -Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven.
21
Jesús
le miró fijamente con cariño y le dijo: -Una cosa te
falla: vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los
pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven
y sígueme.
22
Ante
estas palabras, él frunció el ceño y se
marchó todo triste, porque poseía muchos bienes.
23
Jesús,
mirando alrededor, dijo a sus discípulos: -!Qué
difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que
tienen riquezas!
24
Los
discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero
Jesús insistió: -Hijos míos, !qué
difícil es entrar en el Reino de Dios!
25
Le
es más fácil a un camello pasar por el ojo de una
aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.
26
Ellos
se asombraron todavía más y decían entre sí:
-Entonces, quién podrá salvarse?
27
Jesús
les miró y les dijo: -Para los hombres es imposible, pero
no para Dios, porque para Dios todo es posible.
28
Pedro
le dijo entonces: -Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos
seguido.
29
Jesús
respondió: -Os aseguro que todo aquel que haya dejado casa
o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por mí
y por la Buena Noticia,
30
recibirá
en el tiempo presente cien veces más en casas, hermanos,
hermanas, madres, hijos y tierras, aunque junto con persecuciones,
y en el mundo futuro la vida eterna.
**•
El fragmento del evangelio de Marcos presenta a "uno"
que se acerca a Jesús para preguntarle lo que debe hacer
para heredar la vida eterna. Se trata de una pregunta sensata en
la que oímos el eco de la voz de los anawim preguntando en
los salmos: "Señor, quién habitará en tu
tienda? (Sal 15,1) y "Quién subirá al monte del
Señor? Quién podrá estar en su recinto
santo?" (Sal 24,3). Se preguntaban, por tanto, cómo
"heredar" las promesas de Dios: sabían, en
efecto, que en la "vida eterna" se encuentran
condensados la benevolencia divina y el deseo de felicidad del
hombre. Jesús, interpelado, rechaza para sí, en
cuanto hombre, el atributo "bueno", y lo refiere
explícitamente al único que es la Bondad absoluta, e
invita a su interlocutor a observar los mandamientos -las diez
palabras-, que son el don del Dios bueno destinado a entrar en
comunión con él.
Sobre
ese "uno" que puede responder que ha observado los
mandamientos desde su juventud se posa ahora la mirada admirada y
amorosa de Jesús, que le dirige una invitación
precisa y clara: "Vete, vende todo lo que tienes y dáselo
a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo.
Luego ven y Sígueme". Pero hay algo que impide al
interlocutor acoger el amor de predilección del Maestro:
posee "muchos bienes", pero no consigue comprender cuál
es el bien verdadero, el verdadero rostro de la sabiduría
que se le quiere dar, y se aleja "todo triste".
Jesús
explica a los asombrados discípulos cómo
precisamente esas riquezas, que en el Antiguo Testamento eran
consideradas un signo de la benevolencia divina, pueden
convertirse en el obstáculo más grande para acoger
el Reino de los Cielos. Sólo quien sigue a Jesús
encuentra con él y en él cien veces más aquí
en la tierra -"junto con persecuciones", precisa Marcos
(v. 30)- y la vida verdadera, la eterna, que sólo puede ser
recibida por quien -como el comerciante avispado- vende todo para
adquirirla.
MEDITATIO
Hay
en el hombre una ineludible necesidad de vida, de plenitud, de
felicidad. El hombre sensato es el que encuentra la manera de
responder a esta pregunta, que la mayor parte de las personas ni
siquiera sabe plantear y a la que responde de hecho con una
búsqueda frecuentemente obsesiva de placeres efímeros
y siempre nuevos. La palabra de hoy nos invita a situarnos en la
actitud justa para discernir, ante todo, cuál es la
verdadera sabiduría, que nos indicará, a
continuación, cómo recibirla; porque, en el fondo,
es un don, el don de una Persona que nos ama infinitamente.
En
el Antiguo Testamento se había ido perfilando la sabiduría
a través de un progresivo crescendo de realidades
exteriores ajenas a los bienes espirituales. Más tarde, en
los umbrales del Nuevo Testamento, fue personificada como alguien
que su "alegría era estar con los hombres" (Prov
8,31), pero es en Jesús donde nos revela plenamente su
rostro. Y Jesús llama a cada uno valorando el empeño
que ha puesto en su búsqueda del bien. A nosotros nos
corresponde no detenernos, no dejarnos engañar por las
falsas riquezas, no echarnos atrás ante sus exigencias. Si
nos pide con imperativos apremiantes dejarlo todo por él,
debemos tener el valor de hacerlo y de renovar continuamente esta
decisión, porque ya no podremos ser felices si hemos
alejado nuestros pasos de Jesús.
Ninguna de las falsas y
presuntas riquezas podrán resistir nunca la comparación
con su pobreza, ni saciar nuestra hambre de amor, de verdad, de
belleza. Su mirada continuará siguiéndonos, de una
manera silenciosa, con un respeto infinito a nuestra libertad y no
conseguiremos la paz hasta que no hayamos encontrado en él
nuestra paz.
ORATIO
Soy
yo, Señor, Maestro bueno, ese uno al que miras a los ojos
con un amor intenso. Soy yo, lo sé, ese uno al que llamas a
un desprendimiento total de sí mismo. Se trata de un
desafío. Así es, también yo me encuentro cada
día ante este drama: el de la posibilidad de rechazar el
amor. Si en ocasiones me encuentro cansado y solo, no será
tal vez porque no sé darte lo que tú me pides?
Si
en ocasiones estoy triste, no será tal vez porque tú
no eres todo para mí, porque no eres verdaderamente mi
único tesoro, mi gran amor? Cuáles son las riquezas
que me impiden seguirte y saborear contigo y en ti la verdadera
sabiduría que da la paz al corazón?
Tú
me sales al encuentro cada día por el camino para mirarme a
los ojos, para darme otra oportunidad de responderte de una manera
radical y entrar en tu alegría.
Si
a mí me parece imposible dar este paso, concédeme la
humilde certeza de creer que tu mano siempre me sostendrá y
me guiará hacia allí, más allá de todo
confín, más allá de toda medida, hacia allí
donde tú me esperas para darme nada menos que a ti mismo,
único Bien sumo.
CONTEMPLATIO
"Si
quieres ser perfecto". Así pues, el rico no ha llegado
a la perfección. Aunque es libre de llegar o no a ella. La
expresión "si quieres" muestra de un modo
estupendo la libertad del hombre: la elección depende de
él, la decisión a él le corresponde.
Del
otro lado está el Dios que da. Dios da a todos los que
desean, que no escatiman sus fuerzas y que oran. Concede incluso
que la salvación sea obra de ellos mismos. Dios, enemigo de
la violencia, no obliga a nadie, sino que ofrece su gracia a quien
la busca, la ofrece a quien la pide, abre a quien llama.
Si
queréis la perfección, si la queréis
sinceramente, sin engañaros a vosotros mismos, debéis
procuraros aquello que todavía os falta. Y os falta una
sola cosa, esa que es la única que dura, que es superior a
la ley, que la ley no puede dar ni quitar y que constituye la
verdadera riqueza de los seres vivos.
El
hombre ha observado toda la ley desde su primera juventud, tanto
que ahora hace grandes elogios de sí mismo; sin embargo,
pese a todos sus méritos, no puede procurarse esta gracia
única, de la que sólo el Salvador dispone, no puede
alcanzar la eternidad que desea. Así, se va triste y
desanimado, porque piensa que es demasiado alto el precio de la
salvación que había venido a pedir. El hecho es que
no quería la vida eterna con la intensidad que se imaginaba
tener. Tal vez, en el fondo, quería una sola cosa: mostrar
buena voluntad para hacer un poco de exhibicionismo. Aunque
solícito y meticuloso en todo lo demás, ante el
tesón necesario para alcanzar la vida eterna se siente
débil, como paralizado, inerte (Clemente de Alejandría,
"Cómo se puede salvar el rico?", en El buen uso
del dinero, Desclée de Brouwer, Bilbao 1995, pp. 24-25).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Concédenos,
oh Dios, la sabiduría del corazón"
(cf.
Sal 89,12).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
miedo a Dios consiste en saber que las exigencias del Dios vivo
son mortales, que su beso es mortal y que quien encuentra
verdaderamente a Dios se ve llevado a morir a su propia historia,
a su propio pasado, para entrar en un mundo desconocido. Y esto
resulta difícil.
De
ahí que la gran tentación sea defendernos del futuro
de Dios, asegurarnos lo que ya somos, lo que ya poseemos. Usando
una imagen bíblica, podríamos decir que la tentación
del miedo se encuentra en la historia del joven rico, que
experimenta angustia ante el futuro que el Señor le abre
("vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los
pobres"), o sea, ante la posibilidad de que se libere de su
propio pasado para ponerse de manera incondicional en manos del
extraño que le invita, aunque Jesús le había
mirado y amado. La primera gran escuela para aprender a orar es
abrirse al coraje de la libertad, aceptando estar solos ante Dios,
renunciando a toda coartada y a toda defensa. Es menester abrirse
al coraje de la libertad en el amor (B. Forte, Nella memoria del
Salvatore, Milán 1992, pp. 242ss, passim).
Día
14
Lunes semana XXVIII del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Gálatas 4,22-24.26-27.31-5,1
Hermanos:
22
Porque
está escrito que Abrahán tuvo dos hijos: uno de la
esclava y otro de su esposa, que era libre.
23
El
de la esclava nació conforme a las leyes naturales; el de
la libre, en cambio, en virtud de la promesa.
24
Esto
es una alegoría, pues las dos mujeres simbolizan las dos
alianzas:
25
una
proviene del monte Sinaí y engendra hombres para la
esclavitud; es la simbolizada por Agar.
26
En
cambio, la otra, la Jerusalén de arriba, es libre, y ésa
es nuestra madre.
27
Pues
dice la Escritura: Alégrate,
estéril, tú que no das a luz; prorrumpe en gritos de
júbilo, tú que no conoces los dolores de parto,
porque son más los hijos de la abandonada que los de la que
tiene marido.
31
Así
pues, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre.
5,1
Para
que seamos libres, nos ha liberado Cristo. Permaneced, pues,
firmes y no os dejéis someter de nuevo al yugo de la
esclavitud.
*"
En la carta remitida por Pablo a las Iglesias de Galacia se
anticipan los temas desarrollados con mayor extensión en la
Carta a los Romanos. Tras la autopresentación en defensa
del Evangelio, Pablo reprueba a los que siguen fácilmente
la doctrina de los judaizantes, esto es, de los partidarios de la
circuncisión y de la Ley mosaica. La justificación
no viene de la Ley, sino de la gracia de Cristo.
A
través de la alegoría de las dos mujeres que le
engendran hijos a Abrahán se contrapone la economía
de la Ley a la economía de la fe. Agar es esclava y su hijo
es engendrado en la esclavitud de la carne: la antigua alianza del
Sinaí, representada por Agar, es un yugo de esclavitud.
Sara, la mujer libre, engendra a Isaac, el hijo de la promesa:
nosotros, convertidos en hijos de Dios, en Cristo, hemos sido
liberados porque en él ha llegado la promesa a su
cumplimiento. La alegoría, sin insistir en su
contraposición litigiosa tal como se describe en Gn 16 y Gn
21, dibuja sobre el fondo de las dos mujeres dos montañas,
ambas también simbólicas. Detrás de la
esclava se levanta el Sinaí, el monte en el que, entre
truenos y relámpagos, recibió Moisés las
tablas de los diez mandamientos. Es la Ley sobre la que se funda
la antigua alianza entre Dios y su pueblo. Dios ha prometido su
fidelidad de amor nupcial. Su pueblo ha prometido observar la Ley,
pero de inmediato ha iniciado una historia de componendas y
transgresiones. Detrás de Sara resplandece el monte Sión,
la ciudad de Jerusalén que baja del cielo "ataviada
como una novia que se adorna para su esposo" (Ap 21,2)
para volver a llevar a Dios a los hijos de la nueva alianza.
Exulte de alegría y alégrese la "Jerusalén
de arriba" (Gal 4,26): muchos de sus hijos son
regenerados para la vida nueva en Cristo.
Salmo
Responsorial
Bendito sea el nombre del Señor por siempre
Salmo 112,1-2.3-4.5-7
Alabad,
siervos del Señor, alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por
siempre. R/.Bendito sea el
nombre del Señor por siempre
De
la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del
Señor. El Señor se eleva sobre todos los
pueblos, su gloria sobre los cielos. R/.
Bendito sea el nombre del Señor por siempre
¿Quién
como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y
se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del
polvo al desvalido, alza de la basura al pobre. R/.
Bendito sea el nombre del Señor por siempre
Evangelio:
Lucas 11,29-32
En
aquel tiempo,
29
la
gente se apiñaba en torno a Jesús y él se
puso a decir:
-Ésta
es una generación malvada; pide una señal, pero no
se le dará una señal distinta de la de Jonás.
30
Pues
así como Jonás fue una señal para los
ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para esta
generación.
31
La
reina del sur se levantará en el juicio junto con los
hombres de esta generación y los condenará, porque
ella vino desde el extremo de la tierra a escuchar la sabiduría
de Salomón, y aquí hay uno que es más
importante que Salomón.
32
Los
habitantes de Nínive se levantarán el día del
juicio contra esta generación y la condenarán,
porque ellos hicieron penitencia por la predicación de
Jonás, y aquí hay uno que es más importante
que Jonás.
**
Lucas pone en labios de Cristo, que va de camino hacia el misterio
pascual que se consumará en Jerusalén, una serie de
enseñanzas, exhortaciones, respuestas y reproches. Ahora le
toca el turno a un grupo de ese pueblo de "dura cerviz"
que tiene dificultades para acoger la Palabra de Dios. Qué
señal ofrece este mesías para que le creamos? Qué
ofrece de seguro? Se trata de una muchedumbre no muy diferente a
la de Nínive, que no sabía distinguir entre el bien
y el mal (cf. Jon 4,11); no muy diferente de los paganos,
recién llegados a la fe, a los que se dirige Lucas; tal vez
no muy diferente a nosotros, que siempre andamos a la búsqueda
de algo extraordinario y, al mismo tiempo, inmediato.
El
tono de la respuesta de Jesús es drástico. Habla de
juicio y condena. Sin embargo, por detrás de la referencia
a Jonás, a quien toma Jesús como símbolo de
su muerte y resurrección, está todo el peso de la
misericordia salvífica de Dios. Ésta les había
sido ofrecida a los ninivitas a cambio de una humilde conversión,
a la reina del sur por su generosa búsqueda de la
sabiduría.
La
Palabra de salvación pide tanto a los judíos como a
los griegos un espíritu abierto: "Más bien,
dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en
práctica" (Lc 11,28). Este anuncio de
bienaventuranza contrasta todavía más con el juicio
y la condena, que están reservados a quienes han recibido
el tesoro de la Palabra revelada y, esclavos de una falsa
fidelidad a la Ley, no saben reconocer las señales de la
presencia del Salvador, y a quienes no son capaces de aceptar el
duro lenguaje de la cruz ni se atreven a esperar en la
resurrección.
MEDITATIO
Las
dos lecturas de hoy nos obligan a considerar de nuevo episodios y
figuras del Antiguo Testamento: Abrahán junto con Sara y
Agar, Jonás junto con los ninivitas, la reina de Saba junto
con Salomón. Parecen proponernos, por otra parte, problemas
ahora un tanto distantes de nosotros, como la circuncisión
o la ventaja que puede suponer ser griego en vez de judío.
Con todo, el mensaje es extremadamente actual, porque siempre es
actual la tentación de anclarnos en esquemas fijos sobre
las propuestas de Dios y sobre las condiciones para justificarnos
ante sus ojos.
El
Señor no se desmiente. Quiere respuestas libres, una
actitud confiada y filial. Si bien, prácticamente siempre,
nos hace falta el ejercicio de la fe y el creer más allá
de la evidencia, es sólo la persuasión de que el
Señor nos ama y de que su amor supera infinitamente todas
nuestras expectativas lo que abre nuestros estrechos horizontes,
situados entre el legalismo y nuestro interés.
!Qué
triste es pensar que, pasados ya dos mil años desde que el
Hijo del hombre, Jesucristo, nos ofreció un signo mucho más
elocuente y eficaz que el signo de Jonás, todavía
vayamos en busca de señales y confirmaciones en las
absurdas respuestas de la astrología, de la magia (pagando
un precio elevado) y de las abstrusas fantasías de sectas
pseudorreligiosas! Tal vez sea demasiado sencillo creer en el amor
o demasiado hermoso abandonarse como hijos en los brazos del
Padre...
ORATIO
"Dichosa
tú, que has creído", María.
Primera hija de Abrahán no por ascendencia de la sangre,
sino por la autenticidad de tu fe. Tú engendraste al
verdadero Hijo de la promesa, al Hijo libre que hace libres a los
que le siguen y creen en él.
Te
pido, María, que apoyes mi débil fe y, sobre todo,
que me ayudes a purificarla de tantas incrustaciones que la
mantienen esclava. Enséñame a escuchar con sencillez
la Palabra del Señor. Enséñame a acoger con
asombro y entusiasmo la libertad que se me ofrece cuando me
adhiero con amor a sus propuestas concretas, sin vanas discusiones
ni resistencias. María, repite hoy por mí y conmigo
tu maravilloso "sí".
CONTEMPLATIO
Si
no se impone ninguna ley al justo, porque, previniendo la ley y
sin necesidad de ser llamado al orden por ella, cumple la voluntad
de Dios por el instinto de caridad que reina en su alma, cuánto
deberemos estimar a los bienaventurados del paraíso, libres
y exentos de toda clase de mandamientos, dado que del goce de la
suma belleza y bondad de Dios en que se encuentran fluye y deriva
una dulcísima, aunque absoluta, necesidad en sus espíritus
de amar eternamente a la santísima divinidad? En el cielo,
Teótimo, amaremos a Dios no obligados o constreñidos
por la ley, sino atraídos y arrebatados por la alegría
que tal objeto, perfectamente amable, proporcionará a
nuestros corazones; entonces cesará la fuerza del
mandamiento, para hacer sitio a la alegría, que será
el fruto y la cima de la observancia del mandamiento. Nosotros
estamos destinados, por tanto, a la alegría que nos ha sido
prometida en la vida inmortal, durante la cual, en verdad,
estaremos obligados a observarlo con gran rigor, porque es la ley
fundamental que Jesucristo nuestro rey ha dado a los ciudadanos de
la Jerusalén militante, para hacerles merecer la plenitud y
la alegría de la Jerusalén triunfante (Francisco de
Sales, Teotimo, ossia Trattato dell'amor di Dios, X, 2
[edición española: Tratado del amor de Dios,
Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Aquí
está la esclava del Señor, que me suceda según
dices" (Lc
1,38).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Los
judíos buscan en las Escrituras la vida eterna; por
consiguiente, buscan en ellas a Dios y a su Hijo. Pero no buscan
con la fe, sino con sus !deas prefabricadas [...]. Buscan la vida
eterna en la prolongación de sus propios deseos e ideas y
no comprenden que, para alcanzarla, deberían hacer
exactamente lo contrario: plasmar su vida terrena según el
plan de Dios o, mejor aún, dejarla plasmar por su amor. No
comprenden que su actividad principal debería ser la
contemplación y abrirse a Dios a través de ella para
dejarle obrar solo y secundarlo después –lo bien o lo
mal que puedan- en su acción. La obra de los judíos
debería consistir en dejar obrar en ellos mismos, aunque no
de una manera pasiva y sin participar, sino ofreciéndose
sin hablar, entregándose callando [...]. En el fondo están
llenos de sí mismos y, por eso, ciegos para las Escrituras
de Dios.
La
Escritura da testimonio del Señor. En la antigua alianza
deja entrever su esencia y la predice [...]. Los judíos,
siguiendo la orientación de la Escritura, deberían
llegar a él. En él encontrarían la vida. Es
el Señor, no el hombre mismo, quien provee a la vida eterna
de los hombres. Por eso el Señor pide sólo la fe, no
la acción humana ni la acción humana autónoma.
El sentido de la vida humana no debe ser ya el sentido que ésta
se da por sí sola, sino el sentido que le da el Señor.
Todo esto es visible también en la antigua alianza (A. von
Speyr, S. Giovanni. Esposizione contemplativa del suo vangelo,
I: El Verbo s! fa carne, Milán 1985).
Día
15
Martes semana XXVIII del Tiempo ordinario o 15 de octubre,
Santa Teresa de Jesús
Teresa
de Jesús nació en Ávila el 28 de marzo de
1515. Tras una infancia precozmente religiosa y una difícil
adolescencia, atraída por la lectura del evangelio y por la
oración entró en el Carmelo de la Encarnación
en 1535. Después de un prolongado período de
tibieza, comienza su "conversión" -acaecida en
1554-, una intensa vida mística en contacto con
Cristo, que desemboca en un intenso deseo de servir a la Iglesia
de su tiempo, lacerada por la Reforma protestante. A fin de
contribuir a la renovación de la Iglesia con la oración
y la vida perfecta, fundó en Ávila, el año
1562, el monasterio de San José, primera casa de la Reforma
teresiana. En 1567 encuentra a Juan de la Cruz, que se convertirá
en su colaborador y director espiritual. Hasta la víspera
de su muerte funda diversos monasterios en Castilla y en
Andalucía. Declarando en su lecho de muerte que era "hija
de la Iglesia", entró en la gloria el 4 de octubre de
1582 en Alba de Tormes. Fue canonizada el 12 de marzo de 1623 por
Gregorio XV y declarada por Pablo VI primera mujer doctora de la
Iglesia el 27 de septiembre de 1970.
LECTIO
Primera
Lectura: Eclesiástico 15, 1-6
1
Así
hace el que teme al Señor, el que abraza la Ley logra
sabiduría. 2
Como
una madre le sale ella al encuentro, le acoge como una esposa
virgen. 3
Le
alimenta con pan de inteligencia, el agua de la sabiduría
le da a beber. 4
Se
apoya él en ella y no se dobla, a ella se adhiere y no
queda confundido. 5
Ella
le exalta por encima de sus prójimos, en medio de la
asamblea le abre la boca. 6
Contento
y corona de gloria encuentra él, nombre eterno en herencia
recibe.
El Libro del Eclesiástico,
en la Primera Lectura, nos habla de la sabiduría,
incluyendo en ella la que tuvo, vivió y practicó
Santa Teresa. Quien la posee, busca, como Teresa, la armonía
en su vida, la coincidencia de nuestra manera de pensar y sentir
con la de Dios. Hoy
celebramos la fiesta de Santa Teresa de Jesús, la gran
reformadora del siglo XVI que ostenta el título de Doctora
de la Iglesia. En su autobiografía, empieza diciendo, “yo,
mujer boba y sin letras”,
que es una confesión de humildad pero también la
constatación de que, aunque considerada ahora como una gran
maestra en teología mística, no se había
dedicado al estudio (no tenía títulos). El Evangelio
hace referencia a cómo Dios no revela sus misterios a los
sabios de este mundo sino a los sencillos de corazón. Y el
conocimiento del amor de Dios es lo que, verdaderamente nos hace
sabios. Cuando varios siglos más tarde Edith Stein, leyó
el Libro de la vida de Santa Teresa, confesó al acabarlo:
“aquí
está la verdad”.
Parece que empezó sólo anochecer y no pudo dejar su
lectura hasta la mañana siguiente. Entonces Edith era atea
y, conocer a Santa Teresa supuso un encuentro decisivo para pedir
su incorporación a la Iglesia. Ahora la veneramos como
Santa Teresa Benedicta de la Cruz. La experiencia de Edith señala
uno de los motivos por los que celebramos la memoria de los
santos: en la vida de ellos se nos refleja el evangelio vivo. Un
santo no es un héroe, ni siquiera una persona que ha
realizado una gran obra a los ojos del mundo, aunque santa Teresa
realizó una auténtica proeza reformando el Carmelo y
fundando monasterios (diecisiete) por toda España. Un santo
es alguien en quien la vida de Jesucristo se transparenta. Todo él
está movido por esa misma vida que se le ha comunicado por
la gracia.
Salmo Responsorial
Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Salmo 88
Cantaré
eternamente las misericordias del Señor, anunciaré
tu fidelidad por todas las edades.
Porque
dije: <<tu misericordia es un edificio eterno, más
que el cielo has afianzado tu fidelidad>>. R.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Sellé
una alianza con mi elegido, jurando a David mi siervo: <<Te
fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono
para todas las edades.>> R.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Él
me invocará: <<Tú eres mi padre, mi Dios,
mi Roca salvadora.>> Le mantendré eternamente mi
favor, y mi alianza con él será estable. R.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Evangelio:
Mt 11, 25-30
25
En
aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: "Yo te
bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
ocultado estas cosas a sabios e inteligentes,
y
se las has revelado a pequeños.
26
Sí,
Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
27
Todo
me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo
sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y
aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28
"Venid
a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados,
y yo os daré descanso.
29
Tomad
sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón; " y hallaréis descanso para
vuestras almas. "
30
Porque
mi yugo es suave y mi carga ligera."
!Este
es el gran secreto! Al narrar el mismo hecho, Lucas nos dice "En
aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu
Santo" (Lc.
10, 21 ss) y recogen una efusión de Jesús en la que
expresa lo más íntimo de su vida espiritual: A la
gente humilde y sencilla es a la que Dios les concede esa
"sabiduría íntima" que se requiere para
conocer su misterio y que no se encuentra en los "sabios e
ilustrados del mundo".
Jesús tiene una
conciencia muy especial de su condición de hijo de Dios y
de su relación con su Padre. Es Dios Padre quien lleva al
conocimiento profundo de Jesús y es a través de
Jesús como se conoce al Padre y su proyecto de amor. El
Evangelio según san Juan es el mejor comentario a estas
afirmaciones, auténticamente cima espiritual de los
evangelios sinópticos. Examinémonos si en este
instante nuestra ambición es ser "sabio e ilustrado"
o "manso y humilde".
MEDITATIO
Teresa
de Jesús nos ha dejado el testimonio de su vida en sus
escritos. En el libro de su Vida, como en una confesión
hecha ante toda la Iglesia, nos hace recorrer las etapas de su
existencia: una infancia precoz desde el punto de vista religioso,
una juventud vivida en crisis, su recuperación vocacional a
los 20 años, seguida de una experiencia de vida religiosa
entre altos y bajos, hasta su "conversión"
definitiva casi a los 40 años. Es el lento proceder de una
historia de salvación que, desde el límite del
pecado, se desarrolla en una conversión sincera y total, en
una determinada determinación, en una opción
total y definitiva por el Señor, que deja espacio a una
experiencia mística en la que Dios obra maravillas en ella.
En
efecto, Teresa es testigo del trabajo mismo que supone la
transformación de la persona, del deseo de salvación,
del efectivo cambio de vida, de la gracia del Espíritu que
la penetra y la conduce a una intensa experiencia de las más
grandes verdades del dogma cristiano; la gracia mística
como iluminación interior y como experiencia de salvación
y transformación: la presencia de Dios, la fuerza de la
Palabra y de los sacramentos, la revelación de Cristo, el
Resucitado, en su santa humanidad, la efusión del Espíritu
Santo y de sus dones.
Todo
ello coronado - a partir de la gracia del matrimonio espiritual,
recibida en noviembre de 1572- por la experiencia de la
inhabitación trinitaria, de la comunión total con
Cristo esposo, destinada al servicio de la Iglesia, meta ideal de
la santidad cristiana.
Todo
ello en un itinerario en el que la oración interior, la
divina amistad con Dios, constituye la clave de comprensión.
Todo desemboca en una mística del servicio, en una vigorosa
unidad de vida vivida y enseñada por la santa, en un gran
amor por la Iglesia demostrado concretamente en la promoción
de la santidad de vida y en el servicio a la vida contemplativa
para la renovación de la Iglesia. Marta y María
juntas a los pies de Cristo, el Señor, con la fuerza de la
contemplación y la generosidad del servicio.
ORATIO
Acuérdome
algunas veces de la queja de aquella santa mujer, Marta, que no
sólo se quejaba de su hermana, antes tengo por cierto que
su mayor sentimiento era pareciéndole no os dolíais
Vos, Señor, del trabajo que ella pasaba, ni se os daba nada
que ella estuviese con Vos.
Por
ventura le pareció no era tanto el amor que la teníais
como a su hermana; que esto le debía hacer mayor
sentimiento que el servir a quien ella tenía tan gran amor,
que éste hace tener por descanso el trabajo. Y parécese
en no decir nada a su hermana, antes con toda su queja fue a Vos,
Señor, que el amor la hizo atrever a decir que cómo
no teníais cuidado. Y aun en la respuesta parece ser y
proceder la demanda de lo que digo; que sólo amor es el que
da valor a todas las cosas; y que sea tan grande que ninguna le
estorbe a amar, es lo más necesario (Teresa de Ávila,
Las exclamaciones, 5,2).
CONTEMPLATIO
De
ver a Cristo me quedó imprimida su grandísima
hermosura, y la tengo hoy día, porque para esto bastaba
sola una vez, !cuánto más tantas como el Señor
me hace esta merced! [...] Comenzóme mucho mayor amor y
confianza de este Señor en viéndole, como con quien
tenía conversación tan continua. Veía que,
aunque era Dios, que era hombre, que no se espanta de las
flaquezas de los hombres, que entiende nuestra miserable
compostura, sujeta a muchas caídas por el primer pecado que
Él había venido a reparar. Puedo tratar como con
amigo, aunque es señor.
!Oh
Rey de gloria y Señor de todos los reyes! !Cómo no
es vuestro reino armado de palillos, pues no tiene fin! !Cómo
no son menester terceros para Vos! Con mirar vuestra persona, se
ve luego que es sólo el que merecéis que os llamen
Señor, según la majestad mostráis.
No
es menester gente de acompañamiento ni de guarda para que
conozcan que sois Rey. Porque acá un rey solo mal se
conocerá por sí. Aunque él más quiera
ser conocido por rey, no le creerán, que no tiene más
que los otros; es menester que se vea por qué lo creer, y
así es razón tenga estas autoridades postizas,
porque si no las tuviese no le tendrían en nada. Porque no
sale de sí el parecer poderoso. De otros le ha de venir la
autoridad.
!Oh
Señor mío, oh Rey mío! !Quién supiera
ahora representar la majestad que tenéis! Es imposible
dejar de ver que sois gran Emperador en Vos mismo, que espanta
mirar esta majestad; mas más espanta, Señor mío,
mirar con ella vuestra humildad y el amor que mostráis a
una como yo. En todo se puede tratar y hablar con Vos como
quisiéramos, perdido el primer espanto y temor de ver
vuestra majestad, con quedar mayor para no ofenderos; mas no por
miedo del castigo, Señor mío, porque éste no
se tiene en nada en comparación de no perderos a Vos
(Teresa de Ávila, Libro de su vida, XXXVII, 4-6,
passim).
ACTIO
Repite
a menudo y medita hoy esta expresión de santa Teresa: "No
está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho"
(Castillo
interior, "Cuartas
moradas", 1,7).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
primado contemplativo no nace en Teresa de Jesús de las
categorías aristotélicas o platónicas de la
contemplación, sino que brota de una dimensión de
apertura que tiene en ella. Es una criatura hecha para algo grande
e infinito que pueda realizarla, completarla, colmaría. Esa
actitud frente a Dios es fundamental en su vida; de ella brota el
sentido del señorío de Dios: no sólo por una
soberanía de amor al que se abandona, sino también
porque el Señor la sobrepasa: él es el único
dueño de toda su persona y de toda su vida. El primado de
Dios en dimensión contemplativa, en una experiencia
absolutamente femenina, caracteriza su actitud ante el Señor;
Teresa está hecha para él. Por eso no se siente
frente a Dios ni atemorizada ni incómoda, aunque sabe que
es el Señor de la gloria. Trata con él con una gran
libertad.
"!Oh
Creador mío", exclama Teresa, "cuando estabais en
la tierra, lejos de sentir desprecio por las mujeres, hasta
buscasteis favorecerlas con gran benevolencia...". Está
segura de que Dios acoge y ama a las mujeres y de que Cristo les
concede ampliamente ese amor. Para afirmarlo, pone el ejemplo de
la Virgen María, a la que Dios eligió como Madre, el
de las pecadoras a las que Jesús perdonó, el de la
amistad que sentía hacia Marta y María. Éstos
son los argumentos de los que se sirve para sentirse a sus anchas
con el Señor (A. Ballestrero, "La donna in santa
Teresa", en AA. W, Teresa d'Avila. Introduzione
storico-teologica, Turín 1982, p. 63).
Día
16
Miércoles semana XXVIII del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Gálatas 5,18-25
Hermanos:
18
Si
os dejáis guiar por el Espíritu, no estáis
bajo el dominio de la Ley.
19
En
cuanto a las consecuencias de esos desordenados apetitos, son bien
conocidas: fornicación, impureza, desenfreno,
21
envidias,
borracheras, orgías y cosas semejantes. Los que hacen tales
cosas -os lo repito ahora, como os lo dije antes- no heredarán
el Reino de Dios.
22
En
cambio, los frutos del Espíritu son: amor, alegría,
paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe,
23
mansedumbre
y dominio de sí mismo. No hay ley frente a esto.
24
Ahora
bien, los que son de Cristo Jesús han crucificado sus
apetitos desordenados junto con sus pasiones y apetencias.
25
Si
vivimos gracias al Espíritu, procedamos también
según el Espíritu.
*••
En el pasaje de hoy prosigue también Pablo su apasionada
llamada dirigida a los gálatas para que arraiguen su vida
en la verdadera libertad a la que han sido llamados. Les
exhorta a redescubrir su identidad de hijos, dejándose
guiar por el Espíritu, caminando según sus deseos y
siguiendo su camino, que está hecho de libertad y de amor.
El
Espíritu Santo es, por consiguiente, el guía seguro
para convertirse en nuevas criaturas, en hombres nuevos
regenerados en Cristo, no sometidos ya a esa ley que no es capaz
de impedir "las consecuencias de esos desordenados
apetitos" (w. 19-21). A esta libertad estamos llamados
también nosotros: "Que no reine, pues, el pecado en
vuestro cuerpo mortal [carne]. No os sometáis a sus
apetitos. No tiene por qué dominaros el pecado, ya que no
estáis bajo el yugo de la Ley, sino bajo la acción
de la gracia" (Rom 6,12.14). La libertad del Espíritu
es, por consiguiente, contraria al desenfreno de la "carne".
Por eso se preocupa Pablo de hacer una lista de "los
frutos del Espíritu" y los contrapone "a
las consecuencias de esos desordenados apetitos" de la
carne. Amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad,
fe, mansedumbre y dominio de sí mismo (w. 22-23) son obras
del Espíritu y, al mismo tiempo, el magnífico
resultado de la libre adhesión del hombre que ha elegido
como ley la caridad.
También
Pedro, en su segunda Carta, presenta una lista semejante y su
exhortación termina con una promesa formidable: "Si
lo hacéis así, no fracasaréis" (2 Pe
1,10), una promesa tanto más estimulante cuanto menos
extraordinarias sean las actitudes sugeridas en los "frutos
del Espíritu", virtudes que corresponden a un casi
trivial vivir cotidiano.
La
Carta a los Gálatas toca a su fin. A Pablo ya no le queda
más que sugerir diferentes avisos para traducir "la
ley de Cristo" en servicio, en caridad "sobre
todo para con los hermanos en la fe" (Gal 6,10).
Salmo
Responsorial
El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida
Salmo 1,1-2.3.4.6
Dichoso
el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni
entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la
reunión de los cínicos; sino que su gozo es la
ley del Señor, y medita su ley día y noche. R/.
El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la
vida
Será
como un árbol plantado al borde de la acequia: da
fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y
cuanto emprende tiene buen fin. R/.
El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida
No
así los impíos, no así; serán paja
que arrebata el viento. Porque el Señor protege el
camino de los justos, pero el camino de los impíos
acaba mal. R/.
El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida
Evangelio:
Lucas 11,42-46
En
aquel tiempo, dijo Jesús:
42
!Ay
de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de
la ruda y de todas las legumbres y descuidáis la justicia y
el amor de Dios! Esto es lo que hay que hacer, aunque sin omitir
aquello.
43
!Ay
de vosotros, fariseos, que os gusta ocupar el primer puesto en las
sinagogas y que os saluden en la plaza!
44
!Ay
de vosotros, que sois como sepulcros que no se ven, sobre los que
se pisa sin saberlo!
45
Entonces
uno de los doctores de la Ley tomó la palabra y le dijo:
-Maestro, hablando así nos ofendes también a
nosotros.
46
Jesús
replicó: -!Ay de vosotros también, doctores de la
Ley, que imponéis a los hombres cargas insoportables y
vosotros no las tocáis ni con un dedo!
**•
Los fariseos: los mejores, los más comprometidos. Y los
doctores de la Ley: encargados de enseñar y de guiar a los
otros en los caminos del Señor. Jesús, según
el evangelista Lucas, pronuncia dos series de "ayes"
dirigidos a estos dos grupos. Censuró a cuantos querían
señales para creer, puso al desnudo el corazón
hipócrita y ahora pronuncia las palabras más duras
contra el comportamiento de aquellos que usan sus prerrogativas de
cultura y de autoridad para un vano prestigio y para una odiosa
opresión de los otros. Son sepulcros que no se ven, "pero
por dentro están llenos de huesos de muerto y podredumbre"
(Mt 23,27), capaces de contaminar -según una ley
también farisea- a quien camina sobre ellos sin darse
cuenta.
Con
fina ironía, Lucas pone una réplica resentida e
indignada en boca de uno de los doctores de la Ley: "Maestro,
hablando así nos ofendes también a nosotros"
(v. 45). Pero en las palabras de Jesús se encuentra
toda la amargura y el lamento, porque esta impermeable defensa de
su propia imagen les impide verse en su propia mezquina realidad y
les hace perder de vista lo más esencial e incluso lo más
exigente, "la justicia y el amor de Dios" (v.
42b).
MEDITATIO
En
las palabras de Pablo a los cristianos de Galacia aparecen
sometidas a confrontación dos economías: una es
objeto de una condena explícita e inapelable; la otra es
apasionadamente preferida y, asimismo, iluminada de una manera
realista en su intransigente pureza.
La
economía de la "carne", más
o menos ricamente revestida con apariencias de justicia y de rigor
legalista, da frutos de maldad, de deshonestidad, de opresión
insoportable.
La
economía de la gracia está
configurada sobre la cruz y sobre el amor oblativo de Cristo y da
los frutos del Espíritu. Pero nuestra atención se ve
excitada en particular por el aspecto negativo.
La
tentación que sentimos nosotros, gente ordinaria, es
ponernos orgullosamente del lado de Jesús para lanzar
"ayes" sobre los fariseos y los doctores de la Ley de
nuestros días, blancos fáciles para juicios y
recriminaciones.
Como
si no estuviéramos llamados también nosotros -cada
uno de nosotros- a revisar nuestro propio protagonismo y a llevar
con espíritu de servicio y de caridad las cargas que con
tanta facilidad imponemos sobre los hombros de los otros.
ORATIO
Señor
Jesús, manso y humilde de corazón, sé que tu
desdén es directamente proporcional a la apasionada
esperanza de bien que habías depositado en nosotros.
Te
pido perdón por la decepción que procuramos a tu
sentirte hermano mayor impedido de ofrecer al Padre una convencida
y coherente respuesta de amor de nuestra parte.
Obtennos
un "suplemento" de Espíritu Santo que nos libere
de las trabas de nuestro "soy así": el Espíritu
de amor para que nada nos resulte trabajoso, el Espíritu de
alegría sobreabundante contra las insinuantes
satisfacciones del egoísmo y de la soberbia, el Espíritu
de paz de quien sabe que es amado, el Espíritu de paciencia
para saber hacer frente a las dificultades necesarias, el Espíritu
de benevolencia y de bondad que disuelve la acidez y las durezas
vertidas sobre los otros, el Espíritu de fidelidad para
perseverar con valentía, el Espíritu de mansedumbre
que nos configura contigo, el Espíritu de autodominio para
crucificar nuestra carne con sus pasiones y deseos y estar
plenamente disponibles y libres para la justicia y el amor a Dios.
CONTEMPLATIO
El
apóstol, al enumerar los frutos del Espíritu Santo,
los considera como un solo "fruto". No hay duda
de que la caridad es el único fruto del Espíritu
Santo; ahora bien, puesto que este fruto posee una infinidad de
cualidades excelentes, el apóstol habla de él como
si se tratara de muchos frutos. Pero no quiere decir otra cosa
sino que el fruto del Espíritu es la caridad, que es
alegre, pacífica, paciente, benigna, buena, longánima,
dulce,
fiel,
modesta, continente, casta; o sea, que el amor divino nos
proporciona una alegría y un consuelo interior, con una
gran paz del corazón que se conserva entre las adversidades
de la paciencia y nos hace disponibles y prontos para ayudar al
prójimo con una cordial bondad para con él.
Esta
bondad no es voluble, sino animosa y perseverante, dado que nos
proporciona un gran ánimo por medio del cual nos volvemos
apacibles, afables y condescendientes para con todos, conservando
una absoluta lealtad para con cada uno, manifestando una sencillez
que va acompañada de confianza tanto en nuestras palabras
como en nuestras acciones, viviendo con modestia y humildad
(Francisco de Sales, Teotimo, ossia Trattato dell'amor di Dios,
XI, 19, passim [edición española: Tratado
del amor de Dios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid
1995]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ven,
Espíritu de amor: sin tu fuerza nada hay en el hombre, nada
hay sin culpa"
(de
la liturgia).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
respuesta del hombre a la gracia estará representada por la
sumisión de su persona a la acción del Espíritu
de Dios. No hace falta martirizarnos el cerebro para saber qué
privaciones imponernos. El dominio de nuestra propia persona
constituye un programa suficiente. En vez de ir más allá
de las exigencias de Dios, es mejor realizar con sencillez de
corazón lo que se nos pide hoy. Es posible que, de una
manera inconsciente, nuestro corazón prefiera ciertas
exigencias ideales a las del hoy. Mientras que se nos pide seguir
con paciencia un camino tras las huellas de Dios, nosotros
rechazamos la abundancia de los dones y preferimos estériles
repliegues sobre nosotros mismos; preferimos mirar nuestro pecado
en vez del incomprensible perdón de Dios; preferimos buscar
nosotros solos remedios a nuestro mal íntimo, cuando Dios
nos presenta estos remedios a través de los medios de la
gracia ofrecidos en la Iglesia.
En
el camino hacia el dominio de nosotros mismos es importante fijar
nuestra propia mirada no tanto en los detalles, en los progresos o
en los retrocesos como en el fin: Cristo Jesús. De otro
modo, al tomar los medios por el fin, llegaremos a meditar más
sobre el hombre que sobre Dios, y a afligirnos por nuestro pecado
en vez de experimentar un estupor siempre renovado ante el perdón
de Dios. Debemos temer acaso que la disciplina interior nos
conduzca a actitudes falsas, como el formalismo o el deseo de la
perfección por sí misma? Es preciso hacer frente a
estos peligros, sin quedarnos, no obstante, inmóviles,
permitiendo que el miedo nos aprese ni que nos marque el paso. El
equilibrio del cristiano se puede comparar al de un hombre que
camina sobre el filo de una navaja. Sólo Dios puede
mantener firme en su marcha al que acepta el riesgo cristiano: el
de correr hacia Cristo. El formalismo es la costumbre. En ella
sucumbe cada día aquel cuya disciplina espiritual ya no es
movida por el amor a Cristo y al prójimo (R. Schutz, L'oggi
di Dio, Brescia 1982 [edición española: Vivir
en el hoy de Dios, Estela, Barcelona 1969]).
Día
17
Jueves semana XXVIII del Tiempo ordinario o 17 de octubre,
San Ignacio de Antioquía
En
los albores del siglo II fue llevado el obispo Ignacio de
Antioquía a Roma para ser devorado por las fieras. Fruto de
este viaje hacia el martirio son las célebres siete cartas
que el mártir apenas tuvo tiempo de redactar. Son cartas
escritas con sangre, verdaderos trozos de existencia, que
contienen el grito ardiente de un místico que anhela el
martirio. A nadie se le escapa la importancia única de este
impresionante diario del alma. Aunque recientemente algunas voces
aisladas han intentado mellar su autenticidad, la inmensa mayoría
de los estudiosos la han reafirmado con argumentos válidos.
Las siete cartas de Ignacio nos han conservado, mejor que
cualquier historiador, los rasgos vivos y luminosos de una de las
personalidades más sobresalientes y vigorosas del
cristianismo primitivo.
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 1,1-10
1
Pablo,
apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, al pueblo de
Dios que está en Efeso y cree en Cristo Jesús.
2
A
vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de
Jesucristo, el Señor.
3
Bendito
sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde lo
alto del cielo nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase
de bienes espirituales.
4
Él
nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo,
para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin
mancha en su presencia. Llevado de su amor,
5
él
nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de
su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de
Jesucristo,
6
para
que la gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su
Hijo querido, se convierta en himno de alabanza a su gloria.
7
Con
su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención y el perdón
de los pecados, en virtud de la riqueza de gracia
8
que
Dios derramó abundantemente sobre nosotros en un alarde de
sabiduría e inteligencia.
9
Él
nos ha dado a conocer sus planes más secretos, los que
había decidido realizar en Cristo,
10
llevando
la historia a su plenitud al constituir a Cristo en cabeza de
todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.
**
La Carta a los Efesios, que nos presenta la liturgia a partir de
hoy, nació probablemente como carta circular dirigida a las
diferentes Iglesias de la provincia de Asia por el apóstol
Pablo durante el período de su primera prisión en
Roma (61-63 d. C), o bien por alguno de sus discípulos. El
autor propone en ella su propia visión de la historia
humana y cósmica: la historia es, inequívocamente,
historia de salvación, un grandioso proyecto de amor del
Padre, que, en su Hijo Jesucristo, redime a todos los hombres y
vuelve a atraer hacia sí, de una manera irresistible, todo
lo creado. En él obra ahora la fuerza invencible de la
resurrección, que, tras haber derrotado al pecado y la
muerte, engendra la nueva humanidad, la Iglesia; esta última,
aprendiendo a reconciliar todas las divisiones, va creciendo
progresivamente como único y armónico cuerpo cuya
cabeza es Cristo.
Tras
el acostumbrado saludo, prorrumpe el autor en un himno de alabanza
donde bendice al Padre, que ha vuelto a colmar a los hombres con
la sobreabundancia de sus bienes. El himno contempla previamente
la increíble bondad de Dios, que, desde toda la eternidad,
ha soñado y deseado hacer partícipes a todas sus
criaturas de su misma vida divina (v. 4); contempla, a
continuación, su inefable misericordia, que, sin rendirse
frente al pecado del hombre, le ha restablecido en la condición
de hijo gracias a Cristo redentor, que nos ha obtenido con su
sangre la remisión de los pecados (w. 5-7). Ahora bien, la
redención es un misterio que se despliega a lo largo de la
historia. Dios es creador y ama la multiplicidad de formas de lo
creado, pero es también en sí mismo comunión
de amor y ama la unidad: en Cristo va realizando esta voluntad
suya de restaurar en todos los hombres la semejanza originaria con
él y los va haciendo miembros de un único cuerpo
-miembros con fisonomía diferente, pero profundamente
unidos (v. 10)-. "Dios ha dado a Jesucristo como cabeza a
todas las criaturas, a los ángeles y a los hombres. De este
modo se va formando la unión perfecta, cuando todas las
cosas estén bajo una cabeza y reciban de lo alto un vínculo
indisoluble" (Juan Crisóstomo).
Salmo
Responsorial
El Señor da a conocer su victoria
Salmo
97,1.2-3ab.3cd-4.5-6
Cantad
al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho
maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo
brazo. R/.
El Señor da a conocer su victoria
El
Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones
su justicia: se acordó de su misericordia y su
fidelidad en favor de la casa de Israel. R/.
El Señor da a conocer su victoria
Los
confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro
Dios. Aclamad al Señor, tierra entera; gritad,
vitoread, tocad. R/.
El Señor da a
conocer su victoria
Tañed
la cítara para el Señor, suenen los
instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad
al Rey y Señor. R/.
El Señor da a conocer su victoria
Evangelio:
Lucas 11,47-54
En
aquel tiempo, dijo el Señor:
47
!Ay
de vosotros, que construís mausoleos a los profetas
asesinados por vuestros propios antepasados!
48
De
esta manera, vosotros mismos sois testigos de que estáis de
acuerdo con lo que hicieron vuestros antepasados, porque ellos los
asesinaron y vosotros les construís mausoleos.
49
Por
eso dijo la sabiduría de Dios: "Les enviaré
profetas y apóstoles; a unos los matarán, y a otros
los perseguirán".
50
Pero
Dios va a pedir cuentas a esta generación de la sangre de
todos los profetas vertida desde la creación del mundo,
51
desde
la sangre de Abel hasta la de Zacarías, a quien mataron
entre el altar y el santuario. Os aseguro que se le pedirán
cuentas a esta generación.
52
!Ay
de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis apoderado de
la llave de la ciencia! No habéis entrado vosotros y a los
que querían entrar se lo habéis impedido.
53
Cuando
Jesús salió de allí, los maestros de la Ley y
los fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente y a proponerle
muchas cuestiones,
54
tendiéndole
trampas con intención de sorprenderlo en alguna de sus
palabras.
*••
Los doctores de la Ley de tiempos de Jesús no eran mejores
que sus padres. Jesús, con una profunda ironía,
desenmascara su falsedad. Por un lado, pone de manifiesto que su
veneración por los profetas es hipócrita, porque en
estos momentos muestran que no están dispuestos a escuchar
las llamadas de Dios, exactamente igual que hicieron sus padres en
el pasado. Del mismo modo que los profetas fueron rechazados y
muertos por ser incómodos, así también es
rechazado ahora Jesús, Palabra definitiva del Padre: es
exactamente el mismo comportamiento. Los "sabios", que
construyen mausoleos a los profetas, no por ello se convierten en
seguidores de los mismos, como quieren dar a entender -y tal vez
ellos mismos crean-, sino en cómplices de quienes los
mataron. El Gólgota confirmará este análisis
de Jesús, apoyado por la "sentencia del juicio
profético (w. 49-51), que concibe la historia de Israel,
incluido el período postexílico, como una historia
de porfiada obstinación" (Josef Ernst), que ha
producido constantemente sus víctimas, "desde la
sangre de Abel hasta la de Zacarías" (la primera y
la última muerte relatadas en la Biblia hebrea).
A
modo de inciso, notemos que la culpa evocada de nuevo permanece
totalmente en el ámbito del Antiguo Testamento: da la
impresión de que Lucas quiera sugerir que la misericordia
del Padre no pretende pedir cuentas de la sangre de su Hijo, que
también está a punto de ser derramada; en efecto,
"Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo,
sino para salvarlo por medio de él" (Jn 3,17). Sin
embargo, "Dios va a pedir cuentas a esta generación
de la sangre de todos los profetas vertida desde la creación
del mundo", porque "el que no cree en él
ya está condenado, por no haber creído en el Hijo
único de Dios" (Jn 3,18).
Con
el mismo vigor se lanza Jesús contra la arrogancia
intelectual y religiosa de los doctores de la Ley, que, aun
disponiendo de los instrumentos necesarios, no han seguido ni
siquiera reconocido el camino que conduce a Dios, indicado por la
Ley y por los profetas; al contrario, lo han hecho inaccesible
también al pueblo, privando a los preceptos y las normas de
su auténtico significado.
MEDITATIO
Algunos
pensamientos de san Ignacio, a punto de padecer el martirio,
pueden ayudamos:
- "!Bello
es que el sol de mi vida, saliendo del mundo, trasponga en Dios, a
fin de que en él yo amanezca!" (A los romanos, 2, 2).
-
"Dejadme que sea entregado a las fieras, puesto que por ellas
puedo llegar a Dios. Soy el trigo de Dios, y soy molido por las
dentelladas de las fieras, para que pueda ser hallado pan puro.
Antes, atraed a las fieras, para que puedan ser mi sepulcro, y que
no deje parte alguna de mi cuerpo detrás, y así,
cuando pase a dormir, no seré una carga para nadie.
Entonces seré un verdadero discípulo de Jesucristo
(A los romanos, 4, 1).
- "Ahora
empiezo a ser discípulo" (A los romanos, 5,3).
- "De
nada me aprovecharán los confines del mundo ni los reinos
todos de este siglo. Para mí, mejor es morir en Jesucristo
que ser rey de los términos de la tierra. A Aquel quiero
que murió por nosotros. A Aquel quiero que por nosotros
resucitó. Y mi parto es ya inminente. Perdonadme, hermanos:
no me impidáis vivir; no os empeñéis en que
yo muera; no entreguéis al mundo a quien no anhela sino ser
de Dios: no me tratéis de engañar con lo terreno.
Dejadme contemplar la luz pura. Llegado allí, seré
de verdad hombre. Permitidme ser imitador de la pasión de
mi Dios. Si alguno lo tiene dentro de sí, que comprenda lo
que yo quiero, y si sabe lo que a mí me apremia, que haya
lástima de mí" (A los romanos, 6,1-3).
ORATIO
Algunas
oraciones breves salidas del corazón de san Ignacio:
-
"Orad
incesantemente por todos los hombres" (A los efesios, 10, 1).
-
"Permaneced en la concordia y en la oración recíproca"
(A los tralianos, 12, 2).
-
"Acordaos de la Iglesia en vuestra oración" (A
los tralianos, 13, 1).
- "Orad
para que yo sea cristiano no sólo de nombre, sino también
de hecho" (A los romanos, 3, 2).
- "Había
en mí un agua viva y me dice por dentro: "Ven al
Padre"" (A los romanos, 7, 3).
-
"Mientras tengamos tiempo, convirtámonos a Dios"
(A los esmirniotas, 9, 1),
- "Ruego
para que se me dé la gracia perfecta de Dios, a fin de que
c o n vuestra oración pueda alcanzar yo a Dios" (A los
esmirniotas, 11, 1).
CONTEMPLATIO
Algunas
elevaciones originales del santo mártir: "Vosotros
sois piedras del templo del Padre, preparados para la construcción
de Dios Padre, elevados hasta lo alto por la palanca de
Jesucristo, que es la cruz, sirviendo como soga el Espíritu
Santo; vuestra fe os tira hacia lo alto y la caridad es el camino
que os eleva hacia Dios" (A los efesios, 9, 1).
"Aquel
que posee en verdad la Palabra de Jesús puede entender
también su silencio, a fin de ser perfecto, a fin de obrar
por su palabra y hacerse conocido por su silencio" (A los
efesios, 15, 2).
"Si
el Señor ha recibido una unción sobre su cabeza, es
a fin de exhalar para su Iglesia un perfume de incorruptibilidad"
(A los efesios, 17, 1).
"Rompiendo
un mismo pan que es medicina de inmortalidad, antídoto para
no morir y alimento para vivir en Jesucristo por siempre" (A
los efesios, 20, 2).
"Dejaos
salar en Él, a fin de que nadie se corrompa entre vosotros,
pues por vuestro olor seréis convictos" (A los
magnesios, 10, 2).
"Por
tu parte, mantente firme, como un yunque golpeado por el martillo.
De grande atleta es ser desollado y, sin embargo, vencer" (A
Policarpo, 3, 1).
ACTIO
Repite
durante el día y vive la invitación de san Ignacio:
"Ama
la unidad, huye de las divisiones, sé imitador de
Jesucristo" (A
los filadelfios, 7, 2).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Estas
eran, y muchas más sobre éstas, las enseñanzas
que Ignacio, de camino, daba con sus obras, bien así como
un sol que se levanta de Oriente y corre a Poniente. Y aún
puede ser tenido Ignacio por más brillante que el mismo
sol, porque éste corría desde lo alto trayendo luz
sensible, pero Ignacio brillaba desde abajo, infundiendo en las
almas luz inteligible. Aquél, por otra parte, en llegando a
las partes de Occidente, se esconde y nos trae al punto la noche;
mas éste, llegado que hubo a las partes de Occidente, se
levantó de allí más esplendoroso después
de haber hecho los mayores beneficios a cuantos antes hallara en
su camino. Y apenas entró en la ciudad de Roma, también
a ésta enseñó una divina filosofía.
Porque tal fue el fin por el que permitió Dios que allí
terminara Ignacio su vida, a saber: para que su muerte fuera una
escuela de religión para todos los que moraban en Roma
(Juan Crisóstomo, "Panegírico en honor de san
Ignacio", en Padres apostólicos, Biblioteca de
Autores Cristianos, Madrid 21968, p. 626).
Día
18
San Lucas, evangelista
De
las cartas de Pablo se desprende que Lucas fue médico (Col
4,14) se desprende asimismo que Pablo le quería mucho, dado
que le facilitó la actividad apostólica en calidad
de colaborador suyo (Flm 24). También las llamadas
"secciones-nosotros" de los Hechos de los apóstoles
-ésas en las que Lucas emplea el pronombre de la primera
persona del plural, con lo que deja entrever su presencia junto a
Pablo en el ejercicio de su apostolado- dicen que Lucas es uno de
los responsables de la acción misionera de los primeros
tiempos cristianos.
Como
es bien conocido, Lucas es el único de los evangelistas que
sintió la necesidad de escribir, además de un
evangelio, también los Hechos de los apóstoles, en
una obra unitaria que deja aparecer la concepción teológica
de la historia propia de Lucas: una historia que une, íntimamente,
a Jesús con la Iglesia, y a la Iglesia con Jesús.
LECTIO
Primera
lectura: 2 Timoteo 4,10-17
Querido
hermano:
10
Dimas
me ha abandonado por amor a las cosas de este mundo y se ha ido a
Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a
Dalmacia.
11
Solamente
Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráetelo
contigo, pues me es muy útil para el ministerio.
12
A
Tíquico lo he mandado a Éfeso.
13
Cuando
vengas, tráeme la capa que me dejé en Tróade,
en casa de Carpo, y también los libros, sobre todo los
pergaminos.
14
Alejandro,
el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le pagará
según su conducta.
15
Ten
cuidado con él, pues se ha opuesto tenazmente a nuestra
predicación.
16
En
mi primera defensa nadie me asistió; todos me abandonaron.
!Que Dios los perdone!
17
El
Señor me asistió y me confortó, para que el
mensaje fuera plenamente anunciado por mí y lo escucharan
todos los paganos. Fui librado de la boca del león.
*••
Este fragmento nos presenta a Lucas junto a Pablo. Otros han
abandonado al apóstol por cansancio o por miedo; Lucas, sin
embargo, no, y esto infunde un gran consuelo en el corazón
de Pablo. Con todo, el verdadero consuelo del apóstol no es
tanto la presencia de una persona como, sobre todo, la de su
Señor, que le renueva en el corazón su intrépido
coraje en la predicación del Evangelio a los paganos,
manteniéndole fiel a su vocación originaria.
Aunque
consolado por la presencia de Lucas, Pablo no puede dejar de
recordar el abandono en el que se encuentra, justo en el momento
en que ha sido arrastrado al tribunal y ha tenido que preparar
solo su defensa. A este respecto, contamos con numerosas y
preciosas noticias en los últimos capítulos de los
Hechos de los apóstoles, donde, cinco veces en cinco
ocasiones diferentes (cf. Hch 22-26), tuvo que defender
Pablo no a sí mismo, sino a Jesús y la fe que había
abrazado, con intrépido valor, con un genial espíritu
polémico, con una sorprendente capacidad apologética.
De
este modo y con este estilo, Pablo tiene la alegría de
poder afirmar que, por medio de él, se ha llevado a cabo la
proclamación del Evangelio en beneficio sobre todo de los
paganos. Lo que le había sido planteado en Damasco se
cumple ahora felizmente. Lo que le había sido confiado en
Damasco -la misión entre los paganos llega ahora a su
cumplimiento.
Salmo Responsorial
Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.
Salmo 144.10-11.12-13ab.17-18
10 Que
todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
11 Que
proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;
R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu
reinado.
12 explicando
tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
13 Tu
reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.
El Señor es fiel a sus
palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu
reinado.
17 El
Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
18 Cerca
está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu
reinado.
Evangelio:
Lucas 10,1-9
En
aquel tiempo,
1
el
Señor designó a otros setenta [y dos] y los envió
por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares que él
pensaba visitar.
2
Y
les dio estas instrucciones: -La mies es abundante, pero los
obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de la mies que
envíe obreros a su mies.
3
!En
marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.
4
No
llevéis bolsa, ni alforjas ni sandalias, ni saludéis
a nadie por el camino.
5
Cuando
entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.
6
Si
hay allí gente de paz, vuestra paz recaerá sobre
ellos; si no, se volverá a vosotros.
7
Quedaos
en esa casa y comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero
tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa.
8
Si
al entrar en un pueblo os reciben bien, comed lo que os pongan.
9
Curad
a los enfermos que haya en él y decidles: Está
llegando a vosotros el Reino de Dios.
*"
Después de haber enviado en misión a los Doce (Le
9,lss), Jesús envía a los setenta [y dos] discípulos
a una misión que Lucas -y sólo él- nos ha
hecho conocer.
Es
el mismo evangelista que, también en el desarrollo del
relato de los Hechos de los apóstoles, encontrará la
manera de transmitir recuerdos relativos no sólo a la
misión de Pedro y de Pablo, sino también de Esteban,
de Felipe y de otros discípulos del Señor.
Jesús
envía a sus discípulos después de haberles
recomendado que rueguen al dueño de la mies que envíe
obreros a la misma (v. 2). De ahí que la oración no
haya de ser entendida sólo como un apoyo a la misión,
sino que es también y sobre todo parte integrante de la
misma misión. Para un auténtico apóstol, la
oración significa ya estar en misión, y la misión
tiene su comienzo en la oración.
Al
enviar a sus discípulos en misión, Jesús les
señala una metodología muy concreta: la imagen de
los "corderos en medio de lobos" (v. 3) no deja
lugar a ningún equívoco. Del mismo modo que Jesús,
pastor, se hizo cordero por amor a nosotros, también todo
verdadero pastor de la comunidad debe estar dispuesto a hacerse
cordero, dispuesto para el sacrificio, ofrecido por amor.
El
mensaje esencial que el mismo Jesús pone en boca de sus
discípulos suena así por tanto: "decidles:
Está llegando a vosotros el Reino de Dios" (v. 9).
Conocemos bien la gran densidad del significado de la expresión
"Reino de Dios": indica, en primer lugar, que los
tiempos en los que resuena el alegre mensaje son escatológicos,
es decir, están llenos de Dios y revelan la presencia del
Dios que salva. Esta expresión señala sobre todo la
presencia de Jesús en el mundo, porque a través de
su persona y de su enseñanza es como Dios se hace presente
en medio de nosotros con su voluntad salvífica universal.
MEDITATIO
Una
mirada de conjunto a la obra lucana (evangelio y Hechos de los
apóstoles) nos pone al tanto de algunas características
fundamentales del tercer evangelista, sobre las que interesa
centrar nuestra meditación.
Dante
caracteriza a Lucas como "el escriba de la mansedumbre de
Cristo". En efecto, toda su obra converge en torno a este
mensaje, que puede ser considerado como el "Evangelio dentro
de su evangelio". Ésa es la Buena Noticia, la única
verdadera y la única buena, y Lucas siente el deber de
transmitirla a toda la humanidad, y al servicio de la misma pone
toda su minuciosidad de historiador, su arte literario, su fe de
discípulo.
Pero
Lucas se nos presenta también como el teólogo de la
dimensión misionera: así como Jesús
puede ser definido como el misionero del Padre (véase su
evangelio), así la Iglesia es también esencialmente
misionera, porque participa de la dimensión misionera de
Jesús (véanse los Hechos de los apóstoles).
El carácter unitario de la obra lucana puede deducirse
asimismo de esta plena correspondencia entre la misión de
Jesús y la misión de la Iglesia. Desde esta
perspectiva, toda opción y toda actividad misionera debe
ser concebida por nosotros como signo sacramental de la misión
que Jesús recibió del Padre.
Por
último, la presencia de Lucas al lado de Pablo nos lleva de
nuevo a la necesidad de que todo verdadero cristiano sea no sólo
receptor del consuelo que se desprende del Evangelio, sino también
portador de ese don de la consolación que es fruto del
Espíritu Santo, el consolador divino.
ORATIO
[...]
Desde antiguo ardo en deseos de meditar tu ley y "confesarte
en ella mi ciencia y mi impericia, las primicias de tu iluminación
y las reliquias de mis tinieblas", hasta que la flaqueza sea
devorada por la fortaleza. [...]
Tus
Escrituras sean mis castas delicias: ni yo me engañe en
ellas ni con ellas engañe a otros. Atiende, Señor, y
ten compasión; Señor, Dios mío, luz de los
ciegos y fortaleza de los débiles y luego luz de los que
ven y fortaleza de los fuertes, atiende a mi alma, que clama desde
lo profundo, y óyela. Porque si no estuvieren aún en
lo profundo de tus oídos, adonde iríamos, adonde
clamaríamos? [...]
[...]
Dame espacio para meditar en los entresijos de tu ley y no quieras
cerrarla contra los que pulsan, pues no en vano quisiste que se
escribiesen los oscuros secretos de tantas páginas. O es
que estos bosques no tienen sus ciervos, que en ellos se
alberguen, y recojan, y paseen, y pasten, y descansen, y rumien?
!Oh Señor!, perfeccióname y revélamelos. Ved
que tu voz es mi gozo; tu voz sobre toda afluencia de deleites.
Dame lo que amo, por que ya amo, y esto es don tuyo. No abandones
tus dones ni desprecies a tu hierba sedienta (Agustín de
Hipona, Confesiones, XI, 2,2ss).
CONTEMPLATIO
"Desde
nuestra Patria, y para invitarnos al retorno, se nos han enviado
cartas que cada día se leen a la gente" El núcleo
de todo lo que debemos comprender es esto: la plenitud y el fin de
la Ley y de todas las divinas Escrituras es el amor. Por
consiguiente, si alguien cree haber comprendido las divinas
Escrituras o cualquier parte de las mismas y mediante esa
comprensión no consigue levantar el edificio de la doble
caridad, a Dios y al prójimo, es que todavía no las
ha comprendido (Agustín de Hipona, De doctrina
christiana, I, 36.40).
ACTIO
Repite
y medita durante el día esta Palabra: "Señor,
quédate con nosotros, porque cae la tarde"
(Lc
24,29).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
En
la Iglesia de Lucas se hablaba de Jesús no sólo al
hilo de los relatos históricos, sino que también se
le anunciaba con la finalidad de que su recuerdo suscitara en los
oyentes la fe en él. Para responder a cada una de estas
finalidades -la memoria histórica y el anuncio ordenado a
la fe-, Lucas compuso un evangelio en el que figurar la parte de
historia que sirve para conectar fe con el acontecimiento-Cristo y
la parte de teología que capta en la historia el mensaje
que suscita la fe.
A
pesar de ciertas alusiones a la historia (1,5; 2,1 ss; 3,lss),
Lucas no es propiamente un historiador; tampoco puede decirse que
sea propiamente un teólogo. Lucas es más bien un
"hombre de Iglesia" que, al final de los tiempos
apostólicos, pretende asegurar a la Iglesia "la
solidez" (1,4) de la tradición evangélica,
que él recibe y al mismo tiempo transmite. Lucas es un
recolector de recuerdos evangélicos; también es
ordenador de los mismos, a fin de que éstos asuman todo su
propio valor: el de ser fuentes v fundadores de la fe de la
Iglesia. En un tiempo en el que, por la evaporación en las
brumas del tiempo de las raíces de las tradiciones
originarias presentes en las Iglesias judeocristianas y
etnicocristianas, la realidad físico-histórica de
Jesús empezaba a ser objeto de discusión por ciertas
teologías ambiguas configuradas en la primera carta de Juan
(4,1-6) y que conducirán, a comienzos del siglo II, al
docetismo -cuyos defensores están marcados a fuego por san
Ignacio de Antioquía (siglos l-ll) como "sepultureros"
de Cristo (A los esmirniotas, 5,2)-, y cuando la realidad
mistérica de Jesús empezaba a ser diluida por las
especulaciones judeo-helenísticas-cristianas vigorosamente
combatidas por las cartas a los Colosenses (2,8-23) y a los
Efesios (3,4-12), Lucas fijó el carácter real de
Jesús componiendo un evangelio que salía garante de
la realidad histórica de la verdad teológica de
Jesús para todas las Iglesias.
La
intención que guiaba a Lucas en la redacción de sus
escritos era dar consistencia al pasado de Jesús en el
presente de la Iglesia. Para conseguirlo Lucas estableció
una serie de conexiones en las que intervienen de manera sinérgica
la historia, la fidelidad a la tradición, la experiencia de
fe, el anuncio de Jesús llevado a cabo mediante la Palabra
y su puesta por escrito (Mario Masini).
Día
19
Sábado semana XXVIII del Tiempo ordinario o 19 de
octubre,
San Pedro de Alcántara
Nació
en Alcántara, villa de Cáceres, en 1499. Fue
bautizado con el nombre de Juan. Después de las primeras
letras aprendidas en su villa natal, estudió en Salamanca
artes liberales, filosofía y derecho canónico. En
1515 ingresó en los franciscanos de la custodia del Santo
Evangelio e hizo su noviciado en el convento de San Francisco de
los Majarretes (Cáceres). Al profesar como fraile
conventual cambió su nombre de Juan por el de Pedro. En
1524 es ordenado sacerdote. Del mismo tiempo y del mismo espíritu
que santa Teresa, es contemplativo, viajero, fundador de conventos
y renovador del franciscanismo. Los propios compañeros lo
presentan como un hombre lleno de celo apostólico,
tranquilo y prudente, pobre y generoso, disponible y obediente,
humilde y magnánimo, penitente y acogedor. Murió en
Arenas el 18 de octubre de 1562. Fue canonizado en 1669 por el
papa Clemente IX, al mismo tiempo que la carmelita santa María
Magdalena de Pazzis.
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 1,15-23
Hermanos:
15
También
yo, al conocer vuestra fe en Jesús, el Señor, y
vuestro amor para con todos los creyentes,
16
no
ceso de dar gracias a Dios por vosotros, recordándoos en
mis oraciones.
17
Que
el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria,
os conceda un espíritu de sabiduría y una revelación
que os permita conocerlo plenamente.
18
Que
ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis
cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados,
cuál la inmensa gloria otorgada en herencia a su pueblo
19
y
cuál la excelsa grandeza de su poder para con nosotros, los
creyentes, manifestada a través de su fuerza poderosa.
20
Es
la fuerza que Dios desplegó en Cristo al resucitarlo de
entre los muertos y sentarlo a su derecha en los cielos,
21
por
encima de todo principado, potestad, poder y señorío
y por encima de cualquier otro título que se precie de tal
no sólo en este mundo, sino también en el venidero.
22
Todo
lo ha puesto Dios bajo los pies de Cristo, constituyéndolo
cabeza suprema de la Iglesia,
23
que
es su cuerpo, y, por lo mismo, plenitud del que llena totalmente
el universo.
**•
Tras haber contemplado el gran misterio de la voluntad redentora
del Padre, Pablo se alegra porque, informado de la fe de los
destinatarios de su carta, los ve como partícipes de la
magnífica herencia adquirida por Cristo, una herencia que
se hace visible ya ahora en la caridad activa de estas Iglesias.
Para
que sigan firmes en la vida nueva pide Pablo incesantemente al
Padre el don del "espíritu de sabiduría y
una revelación" que les permita penetrar cada vez
más en su misterio. "El Espíritu, en efecto,
lo escudriña todo, incluso las profundidades de Dios. [...]
Del mismo modo, sólo el Espíritu de Dios conoce las
cosas de Dios" (1 Cor 2,10b.1 Ib). Ahora bien, el
Espíritu Santo es amor: el amor engendra, por consiguiente,
el conocimiento, y el conocimiento engendra el amor.
La
cima de este conocimiento amoroso es el saberse amado: la
experiencia de este amor hace que podamos percibir qué
grandes son los bienes que esperamos ("la esperanza a la
que habéis sido llamados": v. 18a), qué
espléndida es la dignidad de la que Dios nos hace
partícipes ("la inmensa gloria otorgada en herencia
a su pueblo": v. 18b), qué poderosamente eficaz es
la acción salvífica de Dios, que obra en nosotros lo
que ya ha realizado en Cristo al resucitarlo y poner todo ser bajo
su dominio (w. 20ss).
Sometida
a Cristo, la cabeza, está la Iglesia, que recibe de su
Señor la vida y todos los bienes y que, en cuanto cuerpo,
aunque esté sometida a los límites de sus miembros,
debe crecer para alcanzar "en plenitud la talla de Cristo"
(4,13b).
Salmo
Responsorial
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
Salmo 8,2-3a.4-5.6-7a
Señor,
dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De
la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza.
R/.
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
Cuando
contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas
que has creado, ¿qué es el hombre, para que te
acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? R/.
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
Lo
hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de
gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus
manos. R/.Diste a tu Hijo
el mando sobre las obras de tus manos
Evangelio:
Lucas 12,8-12
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
8
Os
digo que si uno se declara a mi favor delante de los hombres,
también el Hijo del hombre se declarará a favor de
él delante de los ángeles de Dios;
9
pero
si uno me niega delante de los hombres, también yo lo
negaré delante de los ángeles de Dios.
10
Quien
hable mal del Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero el
que blasfeme contra el Espíritu Santo no será
perdonado.
11
Si
os llevan a las sinagogas, ante los magistrados y autoridades, no
os preocupéis del modo de defenderos, ni de lo que vais a
decir;
12
el
Espíritu Santo os enseñará en ese mismo
momento lo que debéis decir.
*•
El pasaje que nos propone la liturgia de hoy está
constituido por un conjunto de dichos de Jesús reunidos por
Lucas probablemente con la intención de animar a los
cristianos frente a las persecuciones y a los desafíos del
mundo y con la finalidad de proporcionarles criterios de
comportamiento.
El
evangelista recuerda de nuevo que es preciso considerar el
presente con una perspectiva escatológica, ya que el hoy
determina la eternidad. Y puesto que "nadie más que
él puede salvarnos, pues sólo a través de él
[Jesús] nos concede Dios a los hombres la salvación
sobre la tierra" (Hch 4,12), Dios hace depender la
salvación del reconocimiento público de Jesús.
Esto podría dar la impresión de contradecir lo que
se afirma en el versículo siguiente (v. 10). Se impone una
distinción.
Algunos
autores piensan que Lucas comprende la dificultad que supone
reconocer en el Jesús terreno al Salvador, por lo que sería
incluso admisible que haya quien "hable mal del Hijo del
hombre". Pero no puede haber perdón para quien
"blasfeme contra el Espíritu Santo", o
sea, cuando la libertad humana rechaza la propia adhesión a
la verdad que le ha sido interiormente revelada por la gracia de
Dios. En ese caso, hasta la falta de reconocimiento ante los
hombres se convierte en deliberada infidelidad y motivo de
condena.
Sin
embargo, cuando la acción del Espíritu es acogida
por el creyente, éste puede estar seguro del apoyo eficaz
del Espíritu en el momento en que sea llamado a dar
testimonio.
MEDITATIO
A veces,
damos por supuesto que, para asegurar la felicidad, tenemos que
poseer cosas, dinero, comodidad, éxito, personas... Pero la
experiencia nos dice que, en realidad, por ese camino encontramos
exactamente lo que habíamos buscado: cosas, dinero,
comodidad, personas, pero no necesariamente felicidad. El problema
no se resuelve buscando nuevas fuentes de satisfacción.
Al
contrario, cada vez que hacemos depender nuestra felicidad de más
y más cosas, esa felicidad se hace todavía más
problemática e insegura, pues cada vez hay más
probabilidades de que algo nos falle y nos deje vacíos e
insatisfechos. Entonces crecen en nosotros la tensión, el
desasosiego y hasta el agobio.
ORATIO
Loado
seas, mi Señor,
por los
que perdonan y aguantan por tu amor
los males
corporales y la tribulación:
!felices
los que sufren en paz con el dolor,
porque
les llega el tiempo de la consolación!
Y por la
hermana muerte: !loado, mi Señor!
Ningún
viviente escapa de su persecución;
!ay si en
pecado grave sorprende al pecador!
!Dichosos
los que cumplen la voluntad de Dios!
!No
probarán la muerte de la condenación!
Servidle
con ternura y humilde corazón.
Agradeced
sus dones, cantad su creación.
Las
criaturas todas, load a mi Señor. Amén.
CONTEMPLATIO
La
figura de san Pedro se agiganta y su misión reformadora se
enriquece aún más si lo relacionamos con santa
Teresa, presa de la misma inquietud reformadora y las mismas
locuras de un afán: vivir el Evangelio en toda su
radicalidad. Providencialmente, Dios le llevó a su
encuentro, que tuvo lugar en Ávila. Ella le abrió su
alma, y expuso su proyecto, y "vi ya desde el principio
-dice la santa- que me comprendía..., y me dio luz
en todo" (Vida, 30, 5-7). La cuestión era lanzarse
por el camino de la pobreza absoluta, como estaba haciendo ya
Pedro. Hasta ese momento todo eran obstáculos. La oposición
de los superiores, incluido el obispo, fue vencida por la fe y la
persuasiva mediación de san Pedro, que descubrió,
clarísimo, el espíritu que animaba a Teresa y la
voluntad de Dios sobre su proyecto.
La
santa se siente agradecida y dice: "Pedro lo hizo todo,
parece que lo había guardado su majestad hasta acabar este
negocio" (Vida, 36, 2). Pocos meses antes de su
muerte, concretamente el 14 de abril de 1562, le escribe el santo
una carta en la que le asegura que debe seguir el camino
emprendido, pues está seguro de que ésa es la
voluntad de Dios. La santa recibe tal luz que escribe en su
autobiografía: "Ya con este parecer [sobre la
pobreza], determiné no andar buscando otros" (Vida,
35, 5). Y nació la primera fundación, el
convento de San José, cuna de la reforma teresiana de la
orden del Carmelo.
Pedro
y Teresa, almas gemelas, ambos colosales en todo, nos dejaron sus
huellas y sus recuerdos en dos monumentos inseparables e
insuperables, pobres de materiales, pero ricos de espiritualidad:
san José de Ávila, el “palomarcico”
del Carmelo, y Nuestra Señora de la Concepción
de El Palancar, que son dos hermanos gemelos, como en el espíritu
lo fueron Teresa de Jesús y Pedro de Alcántara.
ACTIO
Repite
hoy, con los franciscanos, el himno de san Francisco de Asís.
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Este
santo [Pedro de Alcántara] hombre de este tiempo era;
estaba grueso el espíritu como en los otros tiempos, y ansí
tenía el mundo debajo de los pies. Que, aunque no anden
desnudos ni hagan tan áspera penitencia como él,
muchas cosas hay para repisar el mundo, y el Señor las
enseña cuando ve ánimo. Y, !cuan grande le dio su
Majestad a este santo que digo, para hacer cuarenta y siete años
tan áspera penitencia, como todos saben.
Paréceme
fueron cuarenta años los que me dijo había dormido
sola hora y media entre noche y día, y que éste era
el mayor trabajo de penitencia que había tenido en los
principios de vencer el sueño; y para eso estaba siempre o
de rodillas o en pie. Lo que dormía era sentado y la cabeza
arrimada a un maderillo que tenía hincado en la pared.
Echado, aunque quisiera, no podía, porque su celda -como se
sabe- no era más larga de cuatro pies y medio.
En
todos estos años, jamás se puso la capilla, por
grandes soles y aguas que hiciese, ni cosa en los pies, ni
vestido, sino un hábito de sayal, sin ninguna otra cosa
sobre las carnes, y éste tan angosto como se podía
sufrir, y un mantillo de lo mismo encima.
Decíame
que en los grandes fríos se lo quitaba y dejaba la puerta y
ventanilla abierta de la celda, para que, con ponerse después
el manto y cerrar la puerta, contentase al cuerpo para que
sosegase con más abrigo.
Comer al
tercer día era muy ordinario, y díjome que de qué
me espantaba, que muy posible era a quien se acostumbraba a
ello. Un su compañero me dijo que le acaecía estar
ocho días sin comer.
Debía
ser estando en oración, porque tenía grandes
arrobamientos e ímpetus de amor de Dios, de que una vez yo
fui testigo. Con toda eso santidad, era muy afable, aunque de
pocas palabras, si no era con preguntarle; en éstas era muy
sabroso, porque tenía muy lindo entendimiento. Como vio ya
se acababa, dijo el salmo de Laetatus sum !n his quae dicta
suntmihi, e, hincado de rodillas, murió.
Un
año antes que muriese, me apareció estando ausente,
y supe se había de morir y se lo avisé, estando
algunas leguas de aquí. Cuando expiró, me apareció
y dijo cómo se iba a descansar. Yo no lo creí y
díjelo a algunas personas, y desde a ocho días vino
la nueva cómo era muerto, o comenzado a vivir para siempre,
por mejor decir. (Testimonio de santa Teresa de Jesús,
Libro de la vida, cap. 27.)
Día
20
Domingo XXIX del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Isaías 53,2a.3a.l0ss
El
Siervo del Señor
2
creció
ante el Señor como un retoño, como raíz en
tierra árida.
3
Despreciado,
rechazado por los hombres, abrumado de dolores y familiarizado con
el sufrimiento.
10
El
Señor lo quebrantó con sufrimientos. Por haberse
entregado en lugar de los pecadores, tendrá descendencia,
prolongará sus días y, por medio de él,
tendrán éxito los planes del Señor.
11
Después
de una vida de aflicción comprenderá que no ha
sufrido en vano. Mi siervo traerá a muchos la salvación
cargando con sus culpas.
*+•
Esta perícopa refiere en síntesis el mensaje
teológico y espiritual del "cuarto canto del Siervo de
YHWH". Este título tiene un sentido honorífico
en la Biblia: se refiere a un hombre elegido previamente por el
Señor para ser instrumento de su obra de salvación.
Con todo, la acción del misterioso personaje, que da nombre
a los cuatro cantos del Segundo Isaías, parece abocada
desde el principio, no sólo al fracaso, sino también
a la incomprensión y a la ignominia (cf. vv. 2a. 3a). Se le
considera castigado por Dios precisamente mientras cumple la
misión que le ha sido confiada (v. 1), una misión
que consiste en cargar "sobre sí" las
consecuencias del pecado de todos (v. 1 Ib), es decir, "el
castigo que nos procura la salvación" (v. 5).
Los
vv. 10 ss, en particular, revelan que todo lo que se lleva a cabo
mediante el sufrimiento aceptado con docilidad por el Siervo
inocente (vv. 8a.9a) es voluntad de Dios, su proyecto amoroso: de
este modo realiza el Señor la salvación. No se trata
tanto de la liberación de los enemigos o de otras
dificultades como de la "expiación de los pecados".
En efecto, el Señor saca al hombre de la condición
mortal causada por el pecado y lo introduce de nuevo en la
comunión con él. La ofrenda de la vida del Siervo de
YHWH se convierte en expiación; sin embargo, aquel que es
Amor no dejará sin recompensa el sacrificio de quien amó
hasta asumir "el pecado de muchos" (semitismo para
indicar "todos"): a su sufrimiento se le promete una
gran fecundidad ("tendrá descendencia ") y -de un
modo que el profeta todavía no es capaz de precisar- su
muerte se transformará en vida, su "noche" en
luz, su extrema soledad en conocimiento de amor, o sea, en
comunión bienaventurada con Dios (vv. 10b. 11b).
Salmo
responsorial Que
tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo
esperamos de ti
Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22
La palabra del Señor es sincera, y
todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el
derecho, y su misericordia llena la tierra.
Los ojos del Señor están
puestos en quien lo teme, en
los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la
muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor: él
es nuestro auxilio y escudo; Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Segunda
lectura: Hebreos 4,14-16
Hermanos:
14
ya
que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote
eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos
firmes en la fe que profesamos.
15
Pues
no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de
nuestras flaquezas, sino que las ha experimentado todas, excepto
el pecado.
16
Acerquémonos,
pues, con confianza al trono de la gracia, a fin de alcanzar
misericordia y hallar la gracia de un socorro oportuno.
**•
El tema del sacerdocio de Cristo tiene una importancia central en
la carta a los Hebreos; en este pasaje se pone de manifiesto el
aspecto de la compasión, introducido precedentemente
(2,17ss) y desarrollado después en el capítulo 5. El
autor sagrado nos exhorta a mantener una fe firme y perseverante y
una confianza plena en la misericordia divina, que va más
allá de nuestras "flaquezas", más allá
de las heridas causadas por el pecado. En efecto, Cristo realiza
aquello que durante siglos había permanecido como un rito
simbólico: el sumo sacerdote atravesaba, el gran "día
de la expiación", el espeso velo que delimitaba el
santo de los santos en el templo, para comparecer ante la
presencia de Dios y ofrecerle el sacrificio expiatorio por los
pecados del pueblo. Ahora, Cristo "ha penetrado" no en
una tienda, sino "en los cielos", es decir, ha penetrado
en la trascendencia de Dios con la ofrenda de su propia sangre
como sacrificio perfecto (9,11-14) y se ha sentado en su "trono"
(v. 16; cf. 10,12 y Ap 3,21). Estas afirmaciones atestiguan la
divinidad de Cristo y, sin embargo, no lo alejan de nosotros, no
lo hacen inaccesible, incapaz de comprender los sufrimientos y las
tribulaciones de los hombres. El v. 15 nos revela su plena
humanidad, puesto que "ha experimentado todas" las
flaquezas como nosotros, aunque no tenía pecado.
Precisamente por eso puede Cristo rescatarnos del pecado a
nosotros, a quienes no se avergüenza de llamarnos hermanos
(2,11), y puede darnos la alegría de acercarnos al trono de
Dios con la certeza de que su señorío es
omnipotencia de amor, gracia inagotable para socorrer a cuantos
recurren a él en el momento de la prueba (v. 16).
Evangelio:
Marcos 10,35-45
En
aquel tiempo,
35
Santiago
y Juan, los hijos de Zebedeo, se le acercaron y le dijeron:
-Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.
36
Jesús
les preguntó: -Qué queréis que haga por
vosotros?
37
Ellos
le contestaron: -Concédenos sentarnos uno a tu derecha y
otro a tu izquierda en tu gloria.
38
Jesús
les replicó: -No sabéis lo que pedís. Podéis
beber la copa de amargura que yo he de beber o ser bautizados con
el bautismo con el que yo voy a ser bautizado?
39
Ellos
le respondieron: -Sí, podemos. Jesús entonces les
dijo: -Beberéis la copa que yo he de beber y seréis
bautizados con el bautismo con el que yo voy a ser bautizado.
40
Pero
el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí
concederlo, sino que es para quienes está reservado.
41
Los
otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y
Juan.
42
Jesús
les llamó y les dijo: -Sabéis que los que figuran
como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y
que sus magnates las oprimen.
43
No
ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande
entre vosotros que sea vuestro servidor;
44
y
el que quiera ser el primero entre vosotros que sea esclavo de
todos.
45
Pues
tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir
y a dar su vida en rescate por todos.
**•
Jesús camina con paso decidido hacia Jerusalén
(10,32), hacia la pasión, y no deja sitio a incertidumbres
o componendas: revela una vez más a los suyos, que lo han
dejado todo para seguirle (10,28), el final de aquel camino (vv.
33ss); sin embargo, tampoco los discípulos que le son más
allegados comprenden, no son capaces de despojarse de las
expectativas y las ambiciones de gloria exclusivamente humanas;
creen que su Maestro es el Mesías esperado como triunfador
y, atestiguándole su confianza, le piden tener una parte
digna de consideración en el Reino que va a restablecer (v.
37). Jesús examina a estos aspirantes a "primeros
ministros"; rectifica sus perspectivas, les indica con mayor
claridad que su gloria pasa antes que nada por un camino de
sufrimiento (ése es el sentido de las imágenes
bíblicas de la "copa" y del "bautismo",
a saber: sumergirse en las aguas entendidas como olas de muerte).
La disponibilidad que declaran, con ingenuo atrevimiento, Santiago
y Juan no basta aún para obtenerles la promesa de un sitio
de honor, porque la participación en la gloria de Cristo es
un don que sólo Dios puede otorgar gratuitamente (v. 40).
Y
quién se hace digno de recibirlo? Jesús lo explica a
los Doce, a quienes el deseo de ser los primeros pone en
conflicto, y a nosotros, que también aspiramos siempre un
poco al éxito y al poder: "No ha de ser así
entre vosotros". Nos enseña que la realización
hacia la que debemos tender no ha de tener como modelo el
comportamiento de los "grandes" de este mundo, sino el
de Cristo, siervo humilde glorificado por el Padre, que es, al
mismo tiempo, el Hijo del hombre esperado para concluir la
historia e inaugurar el Reino celestial. Éste es el modelo
de grandeza que propone Jesús a los suyos: el humilde
servicio recíproco, la entrega incondicionada de uno mismo
para el bien de los hermanos (vv. 42-44).
MEDITATIO
La
Palabra nos sale al encuentro para "convertirnos", o
sea, según la etimología griega, para "hacernos
cambiar de mentalidad". Y hoy, en particular, nos ofrece una
nueva orientación a nuestra instintiva sed de grandeza, al
deseo más o menos inconsciente de ser importantes.
También nosotros,
como todo el mundo, nos sentimos atraídos por un prestigio
vistoso, por una autoridad dotada de un amplio radio de
influencia, pero Jesús nos advierte: "No ha de ser así
entre vosotros". Y nos enseña a aspirar a un tipo de
grandeza poco ambicionado: el del amor incondicionado que se hace
humilde servicio al prójimo, hasta entregar la propia vida.
Es
una inversión completa de los valores que acostumbramos a
preferir, pero nos proporciona la clave para comprender la misión
de Cristo entre nosotros y nos pone ante una elección
ineludible: él es el modelo cuya imagen y semejanza debemos
reproducir en nosotros. Debemos? Acaso no es imposible? Como un
eco nos responde el evangelio del domingo pasado: "Para los
hombres es imposible, pero no para Dios". Es el pecado, en
efecto, lo que nos separa de Dios y desfigura en nosotros los
rasgos de su rostro, pero el mismo Señor socorre nuestras
flaquezas y expía todo el pecado humano, pidiendo a su Hijo
inocente que cargue sobre sí las consecuencias.
Si
la revelación de la ilimitada misericordia divina nos hace
guardar silencio, la contemplación de Jesús,
asumiendo nuestras iniquidades para abrirnos el camino a la
comunión con Dios, nos ayuda a salir de nuestros esquemas y
a perseguir la grandeza verdadera.
El
Dios tres veces santo nos perdona por la sangre de su Hijo: venid,
adoremos. El Señor se hace siervo: venid, caminemos por su
sendero.
ORATIO
Señor
Jesús, como Santiago y Juan, también nosotros con
frecuencia "queremos que nos concedas lo que vamos a
pedirte". No somos, en efecto, mejores que tus dos
discípulos; sin embargo, también como ellos hemos
escuchado tu enseñanza y querríamos recibir de ti la
fuerza para llevarla a cabo, esa fuerza que condujo después
a los hijos de Zebedeo a dar testimonio de ti con la vida...
Jesús,
ayúdanos a comprender el amor que te impulsó a beber
la copa del sufrimiento por nosotros, a sumergirte en las olas del
dolor y de la muerte para arrancarnos de la muerte eterna a los
pecadores. Ayúdanos a contemplar en tu extrema humillación
la humildad de Dios. Libéranos de la necia presunción
de someter a los otros e infunde en nuestro corazón la
caridad verdadera, que nos hará sentirnos alegres de servir
a todo hermano con el don de nuestra vida.
Dócil
Siervo de YHWH, que con tu sacrificio expiatorio te has convertido
en el verdadero sumo sacerdote misericordioso, tú conoces
bien las flaquezas de nuestro espíritu y las pesadas
cadenas de nuestros pecados: tú, que por nosotros
derramaste tu sangre, purifícanos de toda culpa. Tú,
que ahora estás sentado a la derecha del Padre, haznos
siervos humildes de todos.
CONTEMPLATIO
Ya
está, aquellos dos discípulos de nuestro Señor,
los santos y grandes hermanos Santiago y Juan, hijos de Zebedeo,
como hemos leído en el evangelio, desean del Señor,
nuestro Dios, poder sentarse en el Reino uno a su derecha y el
otro a su izquierda. Es una gran cosa lo que desean, y no se les
reprocha por el deseo, sino que se les llama al orden. En ellos ve
el Señor el deseo de las cosas grandes y aprovecha la
ocasión para enseñar el camino de la humildad. Los
hombres no quieren beber el cáliz de la pasión, el
cáliz de la humillación. Desean cosas sublimes? Que
amen a los humildes. Para ascender a lo alto es preciso, en
efecto, partir de lo bajo. Nadie puede construir un edificio
elevado si antes no ha puesto abajo los cimientos.
Considerad todas estas
cosas, hermanos míos, y partid de aquí, construíos
en la fe a partir de aquí, para tomar el camino por el que
podréis llegar a donde deseáis [...]. Cuanto más
altos son los árboles, más profundas son sus raíces,
porque todo lo que es alto parte siempre de lo bajo. Tú,
hombre, tienes miedo de tener que hacer frente al ultraje de la
humillación; sin embargo, es útil para ti beber ese
cáliz tan amargo de la pasión. "Podéis
beber el cáliz de los ultrajes, el cáliz de la hiel,
el cáliz del vinagre, el cáliz de las amarguras, el
cáliz lleno de veneno, el cáliz de todos los
sufrimientos?" Si les hubieras dicho eso, más que
animarles les habrías espantado. Ahora bien, donde hay
comunión hay consuelo. Qué miedo tienes entonces,
siervo? Ese cáliz lo bebe también el Señor
(Agustín, Sermón 20A, 5-8).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Os
he dado ejemplo, para que hagáis lo que yo he hecho con
vosotros" (Jn
13,15).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
pueblo, las naciones, los ciegos, los prisioneros, existen para
nosotros, están presentes en nosotros, del mismo modo que
existimos para nosotros mismos, como estamos presentes a nosotros
mismos. Deben ser carne de nuestra carne, fibras de nuestro
corazón. Deben ser acogidos sin descanso en nuestro
pensamiento.
Ellos
y nosotros debemos ser, vitalmente, inseparables. Debemos poner en
común su destino y nuestro destino, el destino que, para
nosotros, es la consumación de la salvación. El
cristiano animado por la pasión de Dios verá crecer
en él la pasión por imitar la bondad paterna de Dios
con una caridad fraterna cada vez más exigente y cada vez
más verdadera. Ahora bien, este mismo cristiano, poseído
cada vez más por el sentido de la alianza divina, querrá
acercar a los hombres cada vez más a la salvación,
obra suprema de la bondad de Dios por ellos. Y el cristiano,
simultáneamente, se verá obligado a estar cada vez
más al servicio de la felicidad de cada uno de sus
hermanos, se verá obligado a estar cada vez más al
servicio de su salvación. La felicidad y la salvación
de los hombres coincidirán en lo más íntimo
de cada uno; sin embargo, de esta coincidencia no saldrá ni
confusión ni tensión estéril. El servicio a
la felicidad humana que el cristiano perseguirá a semejanza
de Dios, se ordenará, se jerarquizará, se encaminará
asumiendo la gran perspectiva de la salvación (M. Delbrél,
No! delle strade, Turín 1988, pp. 230ss [edición
española: Nosotros, gente de la calle, Estela, Barcelona
1971 ]).
Día
21
Lunes semana XXIX del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 2,1-10
Hermanos:
1
En
cuanto a vosotros, estabais muertos a causa de vuestros delitos y
pecados.
2
Eran
tiempos en que seguíais las corrientes de este mundo,
sometidos al príncipe de las potestades aéreas, ese
espíritu que prosigue eficazmente su obra entre los
rebeldes a Dios.
3
Y
entre éstos estábamos también todos nosotros,
los que en otro tiempo hemos vivido bajo el dominio de nuestras
apetencias desordenadas, siguiendo los dictados de la carne y de
nuestra imaginación pecadora y viniendo a ser, como los
demás, destinatarios naturales de la ira divina.
4
Pero
Dios, que es rico en misericordia y nos tiene un inmenso amor,
5
aunque
estábamos muertos por nuestros pecados, nos volvió a
la vida junto con Cristo -!Por pura gracia habéis sido
salvados!-,
6
nos
resucitó y nos sentó con él en el cielo.
7
De
este modo quiso mostrar a los siglos venideros la excelsa riqueza
de su gracia, hecha bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
8
Por
la gracia, en efecto, habéis sido salvados mediante la fe,
y esto no es algo que venga de vosotros, sino que es un don de
Dios;
9
no
viene de las obras, para que nadie pueda presumir.
10
Somos
hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para realizar las
buenas obras que Dios nos señaló de antemano como
norma de conducta.
**•
Pablo ha concluido el capítulo 1 de su carta con la
estupenda oración que termina con tonos descriptivos y
admirados por la realidad de Cristo. Ahora, de una manera directa,
se dirige a los cristianos de Efeso y les hace conscientes de
haber vivido intrínsecamente en una realidad de muerte
espiritual siguiendo a Satanás, llamado aquí
"príncipe de las potestades aéreas" (v.
2) porque, según una creencia judía, se pensaba que
esos espíritus malignos vivían en el aire, desde
donde podían influir en la vida de los hombres.
Inmediatamente, sin embargo, incluye Pablo entre los que seguían
las corrientes de este mundo a él mismo y a todos los
demás, que durante un tiempo fueron "rebeldes a
Dios" por estar movidos por "nuestras apetencias
desordenadas, siguiendo los dictados de la carne y de nuestra
imaginación pecadora" (v. 3).
"Carne"
es un término que aparece a menudo en el Nuevo Testamento,
y debe ser comprendido bien. A veces significa la naturaleza
humana en sus aspectos de gran fragilidad y debilidad. A veces
significa las pasiones que más inclinan al hombre al mal. A
veces alude a un estilo de vida completamente negativo y que
conduce a la muerte espiritual. Con todo, hay que subrayar que, en
el Nuevo Testamento, este término no alude nunca al
"cuerpo" (o a la materia en general) como si se tratara
de una realidad negativa en sí misma. Los "dictados
de la carne" son, por tanto, actitudes negativas de todo
el hombre, que emanan de un uso equivocado de voluntad libre. De
ahí procede el hecho de que tanto los israelitas como los
paganos ("como los demás": v. 3; cf.
Rom 3,9) fueran "destinatarios naturales de la ira
divina". No se alude a una pasión destructora en
Dios, sino a su juicio de condena, dado que Dios nunca puede
aprobar el mal.
En
la argumentación de Pablo salta en este punto un "pero".
Con él expresa el contraste entre seguir las corrientes
de este mundo y la intervención de un "Dios que es
rico en misericordia y nos tiene un inmenso amor" (v. 4)
y por ello nos ha trasladado de la muerte a la vida, en Cristo
Jesús. Pablo subraya una vez más que todo el proceso
de la salvación (ser perdonados, regenerados, tener una
heredad en el cielo) tiene lugar en Cristo y por Cristo. Por
la fe hemos sido salvados y vivimos como salvados, no por
eventuales méritos nuestros.
Con
todo, la fe no excluye las buenas obras; en efecto, Dios quiere
que las realicemos, y nos da la posibilidad de hacerlas (v. 10).
Salmo
Responsorial
El Señor nos hizo y somos suyos
Sal 99,2.3.4.5
Aclama
al Señor, tierra entera, servid al Señor con
alegría, entrad en su presencia con vítores. R/.
El Señor nos hizo y
somos suyos
Sabed
que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos
suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.
El Señor nos hizo y
somos suyos
Entrad
por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios
con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre.
R/.
El Señor nos hizo y somos suyos
<<El
Señor es bueno, su
misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.>>
R/.
El Señor nos hizo y
somos suyos
Evangelio:
Lucas 12,13-21
En
aquel tiempo,
13
uno
de entre la gente le dijo: -Maestro, di a mi hermano que reparta
conmigo la herencia.
14
Jesús
le dijo: -Amigo, quién me ha hecho juez o árbitro
entre vosotros?
15
Y
añadió: -Tened mucho cuidado con toda clase de
avaricia; que aunque se nade en la abundancia, la vida no depende
de las riquezas.
16
Les
dijo una parábola: -Había un hombre rico, cuyos
campos dieron una gran cosecha.
17
Entonces
empezó a pensar: "Qué puedo hacer? Porque no
tengo donde almacenar mi cosecha".
18
Y
se dijo: "Ya sé lo que voy a hacer; derribaré
mis graneros, construiré otros más grandes,
almacenaré en ellos todas mis cosechas y mis bienes
19
y
me diré: Ahora ya tienes bienes almacenados para muchos
años; descansa, come, bebe y pásalo bien".
20
Pero
Dios le dijo: "!Insensato! Esta misma noche vas a morir. Para
quién va a ser todo lo que has acaparado?".
21
Así
le sucede a quien atesora para sí en lugar de hacerse rico
ante Dios.
*••
El corazón de la perícopa está constituido
por la parábola engastada entre un hecho narrativo y dos
afirmaciones sapienciales: la primera al principio y la otra al
final. El hecho narrativo consiste en la petición
que se formula a Jesús para que intervenga a propósito
de una herencia. Justamente para estos asuntos se requería
también a menudo la intervención de los rabinos.
Jesús,
aunque no se deja enredar en asuntos de este tipo, aprovecha la
ocasión al vuelo para recordar la necesidad de mantener el
corazón libre de la codicia de tener muchos bienes, porque
no son ellos los que pueden garantizar la calidad y la
prolongación de la vida. Y aquí viene la
parábola. El protagonista es un rico que, tras haber
obtenido una abundante cosecha, decide almacenarla en unos nuevos
y grandiosos graneros, saboreando ya el placer tanto de poseer
muchos bienes como de disponer de muchos años para gozarlos
alegremente. Sin embargo, Dios le despierta de su estupidez
haciéndole consciente de que no es él el dueño
de su vida y de que, de un momento a otro (siempre muy pronto),
será llamado a entregarla al Señor.
La
afirmación sapiencial que
cierra la perícopa es fuerte: quien piensa en acumular
bienes para enriquecerse en vistas a un interés sólo
personal es un necio, porque es ante Dios, realizando el precepto
del amor, como se enriquece el hombre. En efecto, sólo
dando es como nos enriquecemos del amor de Dios y de su premio
eterno.
MEDITATIO
No
sólo para los israelitas y los paganos convertidos de
Efeso, sino también para mí, que vivo en una
sociedad que ha vuelto a ser pagana, es importante que el camino
de crecimiento espiritual se desarrolle sobre todo bajo la enseña
de la vigilancia. Sólo si vigilo los "deseos"
y los "apetitos de la carne" (siempre
dispuestos a levantarse desde la raíz amarga de la codicia
que anida en los rincones de mi corazón) podré ser
un hombre libre, una mujer libre. Sólo si, a la luz del
Espíritu Santo, me ejercito en discernir en mí entre
los deseos buenos y los deseos malos, entre la voluntad buena y la
voluntad mala, sabré administrar los dones de Dios -tanto
materiales como espirituales-: no en virtud de la avidez egoísta
o del orgullo espiritual, sino en virtud del Reino de Dios y de su
justicia que es santidad.
Jesús
nos ha recomendado que no acumulemos tesoros en la tierra, sino en
el cielo, y nos ha hecho conscientes de que allí donde
consideremos que está nuestro tesoro, allí estará
constantemente nuestro corazón (cf. Mt 6,19ss). En
consecuencia, es importante que, especialmente en las
profundidades del corazón, nos mantengamos libres de los
"apetitos de la carne", aprendiendo a comprender
-como decía Isaac de Nínive- "cuánta
amargura hay escondida en la dulzura del mundo" (Cent.
1,35). Entonces, revigorizados por el Espíritu, nos
será posible "crecer" en la vida espiritual, que
consiste en "hacerse rico ante Dios", es decir,
en aprender el arte de vivir amando, en la entrega generosa y
alegre de nosotros mismos.
ORATIO
Señor,
te ruego que limpies con tu Espíritu Santo mi corazón.
Haz que no habiten en él "los apetitos de la
carne", sino sólo los del Espíritu.
Recuérdame que mi vida pasa como la flor de la hierba (cf.
1 Pe 1,24) y que la codicia es una gran estupidez.
Concédeme,
oh Señor, un corazón libre del apego y de la avidez
del "tener", para dedicarme a "ser" tal como
tú me has creado, "a imagen y semejanza" de
ti, que eres amor.
CONTEMPLATIO
Discípulo:
Cómo puede desembarazar el hombre su corazón de la
mundanería?
Maestro:
Mediante el deseo suscitado por el recuerdo de los bienes futuros:
esos que la sagrada Escritura siembra en el corazón con la
suavidad de sus versículos repletos de esperanza. En
efecto, el corazón no puede despreciar su amor de antes
hasta que un deseo más excelente no se contraponga a las
cosas que considera gloriosas y agradables por las que está
poseído el hombre.
Lo
que desea cada hombre puede ser conocido por sus obras. Se sentirá
inclinado a pedir en la oración lo que tiene en el corazón;
y aquello por lo que ora, llevará buen cuidado de
manifestarlo también en las obras exteriores ("Isaac
de Nínive", en S. Chialá [ed.], Un'umile
speranza, Magnano 1999, p. 120).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Enamórame
de ti, Señor, y quedaré libre de toda codicia".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
vía de acceso a las profundidades del corazón, a
saber, la interioridad, nos la enseña de una manera
ejemplar santa Teresa de Ávila con todo lo que ella pone en
el ámbito de la oración de recogimiento. El
recogimiento es para la santa la oración personal, pero ya
bajo el influjo del Espíritu Santo y tal que nos vuelve
atentos a la presencia de Jesús vivo en el fondo de nuestra
alma. Esta forma de oración, más allá de todo
esfuerzo de la imaginación, debe ponernos en contacto
profundo con Jesús, que hace revivir y actualiza en
nosotros cada uno de los misterios de su amor salvador.
Con
todo, el término recogimiento indica de un modo aún
más marcado las condiciones prácticas necesarias
para acceder a la interioridad espiritual, es decir, a un
desprendimiento de todo lo que no es Dios. Una mirada de amor
constantemente renovada sobre Jesús obra en nosotros la
purificación del corazón a través de la
renuncia a todo lo que no sea la voluntad del Padre. Para que eso
tenga lugar, el recogimiento debe formar una sola cosa con la
libertad del espíritu de posesión y la aceptación
de la pobreza personal. El hombre interior no es la reflexión
sobre una estructura abstracta, sino la expresión de la
presencia de Dios en el corazón y, por consiguiente, el
camino hacia la pureza del corazón a imitación de
Jesús (J. C. Sagné).
Día
22
Martes semana XXIX del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 2,12-22
Hermanos:
recordad
12
que
en otro tiempo estuvisteis sin Cristo, sin derecho a la ciudadanía
de Israel, ajenos a la alianza y su promesa, sin esperanza y sin
Dios en el mundo.
13
Ahora,
en cambio, por Cristo Jesús y gracias a su muerte, los que
antes estabais lejos os habéis acercado.
14
Porque
Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos uno
solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba.
15
Él
ha anulado en su propia carne la Ley, con sus preceptos y sus
normas. Él ha creado en sí mismo de los dos pueblos
una nueva humanidad, restableciendo la paz.
16
Él
ha reconciliado a los dos pueblos con Dios, uniéndolos en
un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad.
17
Su
venida ha traído la buena noticia de la paz: paz para
vosotros, los que estabais lejos, y paz también para los
que estaban cerca;
18
porque
gracias a él unos y otros, unidos en un solo Espíritu,
tenemos acceso al Padre.
19
Por
tanto, ya no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos
dentro del pueblo de Dios; sois familia de Dios,
20
estáis
edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y
el mismo Cristo Jesús es la piedra angular,
21
en
quien todo el edificio, bien trabado, va
creciendo
hasta formar un templo consagrado al Señor,
22
y
en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte
de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del
Espíritu, morada de Dios.
*"-
El hecho de que los efesios fueran de origen pagano proporciona a
Pablo la ocasión para subrayar su situación
precedente de gran pobreza por la falta de Cristo. En efecto, no
tenerle a él significa "estar
lejos" de
Dios; tenerle significa estar "cerca"
gracias
a la sangre que ha derramado por nosotros. Históricamente,
pues, los paganos vivían una situación desfavorable
respecto a los israelitas: como no pertenecían al pueblo de
Dios, no podían participar, en consecuencia, de las
promesas (v. 12). El punto focal de la perícopa es la
afirmación de que "Cristo
es nuestra paz" (v.
lss). Es preciso captar el doble sentido de la palabra paz. Por
una parte, se trata de la abolición de aquello que, en lo
tocante a la Ley, separaba a judíos y paganos. Por otra, es
la paz de todo hombre con Dios, entendida como una reconciliación
que tiene lugar por el hecho de que ha sido eliminado el pecado.
Es
Cristo -él solo- quien ha llevado a cabo tanto una como
otra paz. Verdaderamente, la separación era una enemistad
tan profunda que formaba como un "muro" que
separaba al hombre de Dios y a los hombres entre ellos. La
observancia de la Ley, caída en un ciego legalismo
formalista, impedía la obediencia a Dios de una manera
sustancial; esa obediencia es ahora posible por la pacificación
que tiene lugar con la encarnación del Verbo y el rescate
de su muerte en la cruz. En virtud de esta paz nuestra nace el
"hombre nuevo" (v. 16). El camino, tanto para los
que proceden del paganismo como para los que fueron israelitas, es
ahora un sereno ir al Padre con la fuerza unificadora del
Espíritu.
Pablo
coloca, a continuación, la premisa de nuestra identidad
como Iglesia. Ahora somos "conciudadanos dentro del pueblo
de Dios; [...] familia de Dios" (v. 19), sólidamente
"edificados sobre el cimiento de los apóstoles y
profetas" (v. 20). Nuestra piedra angular es Jesús.
De él nos viene la posibilidad de evolucionar
espiritualmente hasta llegar a ser, caminando con los hermanos,
verdadero templo de Dios, su morada por intervención del
Espíritu.
Salmo
Responsorial
Dios anuncia la paz a su pueblo
Sal 84,9ab-10.11-12.13-14
Voy
a escuchar lo que dice el Señor: <<Dios
anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.>> La
salvación está ya cerca de sus fieles, y la
gloria habitará en nuestra tierra. R/.
Dios anuncia la paz a su pueblo
La
misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz
se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia
mira desde el cielo. R/.
Dios anuncia la paz a su pueblo
El
Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará
su fruto. La justicia marchará ante él, la
salvación seguirá sus pasos. R/.
Dios anuncia la paz a su
pueblo
Evangelio:
Lucas 12,35-38
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
35
Tened
ceñida la cintura, y las lámparas encendidas.
36
Sed
como los criados que están esperando a que su amo vuelva de
la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame.
37
Dichosos
los criados a quienes el amo encuentre vigilantes cuando llegue.
Os aseguro que se ceñirá, los hará sentarse a
la mesa y se pondrá a servirlos.
38
Si
viene a media noche o de madrugada y los encuentra así,
dichosos ellos.
*••
Una invitación perentoria: "Tened ceñida la
cintura, y las lámparas encendidas" (v. 35); y una
exclamación reconfortante: "Dichosos ellos"
(v. 38). Insertada en medio, una pequeña parábola
dividida en dos partes: una en la que los siervos esperan al amo,
y otra, igualmente sorprendente en su brevedad, en la que el amo,
a su vuelta de la boda, en vez de querer restaurarse y reposar,
invita a los siervos a que se sienten a la mesa y él mismo
se pone a servirles.
Llama
la atención el tema de la vigilancia, que resulta
familiar en la enseñanza de Jesús. La imagen de las
lámparas encendidas recuerda a las vírgenes
vigilantes de la parábola narrada por Mateo
(25,1-13) y encuentra su contrapunto en el pesado sueño de
Pedro, Santiago y Juan, en absoluto dispuestos a compartir la
angustia mortal de Jesús en el huerto de los olivos.
Dormían, en efecto, porque "sus ojos estaban
cargados" (Me 14,40).
La
invitación de Jesús: "Velad y orad para que
podáis hacer frente a la prueba" (Me 14,38), había
caído completamente en el vacío. El gesto de tener
ceñida la cintura y las lámparas encendidas expresa
el hecho de estar dispuesto a quedarse o ir allí donde el
amo quiera. Jesús recoge, del vestuario típico de
los hombres de Palestina de aquellos tiempos cuando se preparaban
para el trabajo o para emprender el camino de noche, la evidencia
de un estado de vela espiritual, de gran importancia para
un verdadero crecimiento en los ámbitos humano y cristiano.
No
por casualidad recoge Lucas otra invitación perentoria de
Jesús: "Procurad que vuestros corazones no se
emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las
preocupaciones de la vida" (Le 21,34). En efecto, nada
como el embotamiento entorpece los ojos del corazón,
atranca el crecimiento y siembra la vida de falsas ilusiones. El
embotamiento espiritual hace perder el sentido de esta vida y de
la que vendrá, en la que el Señor nos invitará
al banquete servido por su amor, para siempre.
MEDITATIO
En
nuestra época nos urge más que nunca descubrir a
Jesús como "nuestra paz", como alguien que
"ha reconciliado a los dos pueblos con Dios, uniéndolos
en un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la
enemistad". Son, en efecto, demasiadas las propuestas de
falsas paces ofrecidas en el hipermercado de la sociedad en la que
vivimos. En el torbellino de las muchas "cosas que hemos de
hacer" y de las pseudoseguridades con las que ponernos a
cubierto del dolor y de la muerte, vamos cayendo poco a poco y con
facilidad en el embotamiento espiritual. En vez de vivir con la
conciencia de que esta vida es sólo la "preparación"
del poema de amor y de plena felicidad que Dios nos ha preparado
en Cristo, convertimos la vida presente en un absoluto, como si el
bienestar actual -de todo tipo- lo fuera todo.
Pero
cuando no salen las cuentas y nos encontramos heridos y
decepcionados, a qué vamos a recurrir, sino a psicofármacos
o a otras soluciones "paliativas"? Aquí es donde
se revela la formidable actualidad de vivir existencialmente a
Cristo como "nuestra paz". Es menester pedirle
que destruya la enemistad dentro de nuestro corazón: esa
enemistad que nos impide aceptarnos a fondo a nosotros mismos y
nuestra historia personal; esa que nos hace diferentes a los
otros, competitivos y hostiles; esa que cierra sustancialmente
nuestros ojos frente al único fulgor en el que adquieren
sentido la fatiga y la belleza del existir: la cruz de Cristo.
Entonces, manteniendo bien encendida la lámpara de una fe
que se vuelve cada vez más confianza, nos mantendremos
vigilantes, es decir, bien despiertos y preparados. Se
trata de estar trabajando cuando venga el Señor, esto es,
de vivir en una actitud plenamente humana y digna del seguidor de
Cristo: en una actitud de disponibilidad, impulso, espera y
confianza total. Si nos encuentra, el Señor no se dejará
ganar en generosidad: se convertirá en nuestro siervo,
introduciéndonos en el banquete donde la vida se
transformará en una eterna fiesta nupcial.
ORATIO
Tú
eres, Señor Jesús, mi paz. Ayúdame a
comprenderlo no sólo con la mente, sino de un modo
existencial, en el orden concreto de las horas vividas no sólo
para ti, sino junto a ti. Que yo no caiga en el
embotamiento, seducido por seguridades sólo materiales. No
permitas tampoco que me deje esclavizar por el legalismo y el
formalismo.
Concédeme
un corazón sereno, vigilante y despierto en el cumplimiento
de todo lo que complace al Padre. Derriba en mí todo muro
de división, toda intolerancia y enemistad, toda forma
-aunque sea larvada- de prevaricación y desamor. Con tu
muerte en la cruz has acogido a todos los hombres en tu corazón,
reconciliándolos con Dios dentro del único cuerpo
que es la Iglesia. Hazme vivir, pues, reconciliado, en la alegría
de llegar a ser "morada de Dios por medio del Espíritu".
CONTEMPLATIO
Ven, luz
verdadera.
Ven, vida
eterna.
Ven,
misterio escondido.
Ven,
realidad inexpresable.
Ven,
perenne exultación.
Ven,
espera veraz de cuantos serán salvados.
Ven,
resurrección de los muertos.
Ven,
alegría eterna.
Ven,
corona inmarcesible.
Ven, tú
a quien mi corazón ha codiciado y codicia.
Ven, tú
que te has convertido en mi deseo
y has
hecho que yo pueda desearte.
Ven,
respiración y vida mía.
Ven,
consuelo mío.
Ven,
alegría y gloria y delicia sin fin
(Simeón
el Nuevo Teólogo, Inni epreghiere, Roma 1996, pp.
75ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ven,
Jesús. Separa mí paz y alegría".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Nosotros
creemos que Jesús es verdaderamente el enviado de Dios, ese
que traza el camino de la paz y de la alegría auténticas.
Creemos
que es verdaderamente el Enviado de Dios que viene a liberar a, la
humanidad de todo lo que puede estropearla y destruirla. El
encarna el sueño secular de los hombres y mujeres que
tienen que hacer frente a las duras realidades de una vida en la
que se confunden de un modo inextricable la alegría, el
amor, el odio.
El
mensaje de Jesús, el mensaje de su vida, consiste en
manifestar que el amor y la vida tienen la última palabra.
Ahora bien, para que la vida tenga la última palabra, será
menester que seamos "concreadores" que continuamos su
obra, y para que prevalezca el amor sobre el odio será
menester que amemos hasta dar nuestra propia vida en una lucha
cotidiana de la que ni el mismo Cristo salió indemne.
Concrear significa rebelarse contra la fatalidad, no caer en la
resignación.
Con
todo, no debemos convertirnos en presa de fáciles
esperanzas. La crisis es profunda. Más que en la vertiente
económica y política, sufrimos una cierta
degradación en el aspecto humano. Ahora bien, quien dice
"crisis" dice elección: todavía es posible
que, en Cristo -"nuestra paz"- nazca "un
hombre nuevo". Nuestra fe nos hace creer que la creación
"sufre y gime con dolores de parto", como dice
san Pablo (Rom 1,22). Los tiempos han cambiado, pero siempre sigue
siendo el tiempo de la paciencia de Dios y de la nuestra (Lettere
dall'Algeria di Pierre Claverie, assassinato per !I dialogo con i
musulmán!, Milán 1998, p. 123).
Día
23
Miércoles semana XXIX del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 3,2-12
Hermanos:
2
Os
supongo enterados de la misión que Dios en su gracia me ha
confiado con respecto a vosotros:
3
se
trata del misterio que se me dio a conocer por revelación y
sobre el que os he escrito brevemente más arriba.
4
Por
su lectura podréis comprobar el conocimiento que yo tengo
del misterio de Cristo,
5
un
misterio que no fue dado a conocer a los hombres de otras
generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu
a sus santos apóstoles y profetas;
6
un
misterio que consiste en que todos los pueblos comparten la misma
herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma
promesa hecha por Cristo Jesús a través del
Evangelio,
7
del
que la gracia y la fuerza poderosa de Dios me han constituido
servidor.
8
A
mí, el más insignificante de todos los creyentes, se
me ha concedido este don de anunciar a las naciones la insondable
riqueza de Cristo
9
y
de mostrar a todos cómo se cumple este misterioso plan,
escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de
todas las cosas.
10
De
esta manera, los principados y potestades que habitan en el cielo
tienen ahora conocimiento, por medio de la Iglesia, de la múltiple
sabiduría de Dios,
11
contenida
en el plan que desde la eternidad proyectó realizar en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
12
Mediante
la fe en él y gracias a él, nos atrevemos a
acercarnos a Dios con plena confianza.
**•
Antes de dejar que se convierta en oración la profunda
meditación del capítulo precedente, se abre Pablo
confidencialmente a sus destinatarios. Le concede una gran
importancia a decir cuál es el ministerio que Dios le ha
confiado: anunciar el misterio de Cristo a los paganos.
Pablo
es consciente de la grandeza del designio de Dios, que sólo
ahora, en Cristo, se ha manifestado del todo. Por eso anuncia a
los efesios y celebra la eficacia de un poder que no viene de él,
sino de la insondable riqueza de Cristo (v. 8). Los cristianos de
Éfeso están llamados, precisamente como los judíos,
a formar el mismo cuerpo místico de Jesús que es la
Iglesia, a participar en las mismas promesas divinas, en la misma
herencia, que es la vida eterna en la alegría. Sí,
Pablo llama también a los paganos, a todos los hombres, por
voluntad del Altísimo, a gozar de la magnanimidad de un
Dios en el que, desde siglos, estaba escondido el misterio de la
salvación total que ahora, precisamente a él, el más
pequeño (= "ínfimo": v. 8) entre
los santos, o sea, entre los creyentes, le corresponde anunciar
como pleno cumplimiento de las antiguas promesas de Dios.
La
inagotable riqueza del misterio de Cristo, expresado por su
Iglesia, no corresponde, en efecto, sólo a los hombres; es
mucho más amplio. Hasta las realidades angélicas
(principados, potestades) están implicadas en orden a la
múltiple sabiduría (v. 10) de un Dios que,
justamente a través del misterio de su Hijo -encarnado,
muerto y resucitado por nosotros-, guía la historia de la
salvación. Precisamente esta realidad -concluye Pablo crea
en nosotros el coraje de una fe auténtica que se convierte
en plena confianza en el Señor.
Salmo
Responsorial
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador
Is 12,2-3.4bcd.5-6
Él
es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque
mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi
salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las
fuentes de la salvación. R/.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador
Dad
gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los
pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso.
R/.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador
Tañed
para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la
tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: <<Qué
grande es en medio de ti el santo de Israel.>> R/.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador
Evangelio:
Lucas 12,39-48
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
39
Tened
presente que, si el amo de la casa supiera a qué hora iba a
venir el ladrón, no le dejaría asaltar su casa.
40
Pues
vosotros estad preparados, porque a la hora en que menos penséis
vendrá el Hijo del hombre.
41
Pedro
dijo entonces: -Señor, esta parábola se refiere a
nosotros o a todos?
42
Pero
el Señor continuó: -Quién es el administrador
fiel y prudente a quien el dueño puso al frente de su
servidumbre para distribuir a su debido tiempo la ración de
trigo?
43
!Dichoso
ese criado si, al llegar su amo, lo encuentra haciendo lo que
debe!
44
Os
aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
45
Pero,
si ese criado empieza a pensar: "Mi amo tarda en venir",
y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer, a
beber y a emborracharse,
46
su
amo llegará el día en que menos lo espere y a la
hora en que menos piense, le castigará con todo rigor y le
tratará como merecen los que no son fieles.
47
El
criado que conoce la voluntad de su dueño, pero no está
preparado o no hace lo que él quiere, recibirá un
castigo muy severo.
48
En
cambio, el que sin conocer esa voluntad hace cosas reprobables,
recibirá un castigo menor. A quien se le dio mucho se le
podrá exigir mucho, y a quien se le confió mucho se
le podrá pedir más.
*••
Con esta parábola nos pone en guardia Jesús contra
el hecho de llevar una vida espiritualmente soñolienta, sin
tener en ninguna consideración el hecho de que no se nos
avisará de la hora en que el Señor nos llamará
para que le demos cuenta de nuestra vida. El tema sigue siendo,
por tanto, todavía el de la vigilancia. Pedro, a
quien probablemente irrita la pequeña parábola donde
aparece la figura del ladrón que asalta la casa de quien no
ha estado vigilante, siente la tentación de acomodarse en
una paz fingida. Y, en vez de dejarse provocar por la parábola
de una manera positiva, le pregunta a Jesús si el relato va
por los discípulos o por todos r es como si quisiera
insinuar con su pregunta si los que han seguido a Jesús, o
sea, los que viven como creyentes y practicantes, pueden estar
tranquilos. Por qué dirigirles a ellos, a los
privilegiados, un discurso tan inquietante? Jesús, tal como
hace con frecuencia, responde con otra pregunta: "Quién
es el administrador fiel y prudente?" (v. 42).
El
Señor Jesús es un gran provocador. Ahora echa mano
de otra pequeña parábola para expresar lo que agrada
al dueño (= el Señor) que, al volver y encontrar al
siervo en su puesto de trabajo cumpliendo honestamente su
voluntad, le asciende y le nombra incluso administrador de todas
sus riquezas (w. 43ss). En cambio, con el siervo que se aprovecha
de su lejanía para entregarse al festín del egoísmo,
dando rienda suelta a su violencia prevaricadora y a sus instintos
desordenados, el dueño se mostrará a buen seguro
severo (w. 45ss). Pero la mayor severidad recaerá sobre
aquellos que, por estar en condiciones de conocer más al
Señor y penetrar en el sentido de su voluntad, en vez de
entregarse a un cumplimiento lleno de amor se han comportando como
el siervo infiel (w. 47ss).
MEDITATIO
Ciertamente,
en ambas lecturas, pero sobre todo en el evangelio, nos avisa el
Señor de que el amor de Dios por nosotros es exigente y de
que la vida no puede ser vivida bajo el lema de la falta de
compromisos. Ahora bien, cómo evitar ese cansancio, esa
especie de soñolencia en la vida espiritual que penetra a
veces en los pliegues de nuestra vida?
Ante
todo, se trata de abrir bien los ojos del corazón a las
maravillosas riquezas de la llamada que, arraigada en el misterio
de Cristo, libera en nosotros una gran capacidad de asombro y de
amor. "A mí, el más insignificante de todos
los creyentes -dice Pablo- se me ha concedido este don"
(v. 8a). El apóstol percibe la amplitud y la
profundidad de este don, y vive su asombro hasta comunicarlo,
hasta persuadirme de que el designio del Padre -realizado en
Cristo por amor a nosotros- es tal que puedo acercarme a él
con plena confianza (cf v. 12).
Eso
es: lo que importa es no descuidar la dimensión
contemplativa que, por gracia del Espíritu Santo en
nosotros, abre los ojos de nuestro corazón a los
ricos y maravillosos horizontes de nuestra fe.
Si
mi mirada es una mirada rejuvenecida cada día por el
asombro producido por "la insondable riqueza de Cristo",
no llegaré a sobrecargarme de ocupaciones y
preocupaciones, ni me ahogaré de una manera eufórica
en el éxito ni con signos de depresión en el
fracaso, ni perseguiré consensos e intereses personales. Si
me dejo aferrar por el maravilloso misterio de Cristo, que día
tras día me revela y me narra la Palabra, no seré
como el siervo descuidado que se olvida del regreso del Señor,
no me entregaré a las incitaciones del egoísmo y de
sus delirios, sino a las de una laboriosidad confiada en la gran
fuerza que Jesús me da para que viva la alegría de
hacer brillar, también ante los ojos de los hermanos, las
maravillas de su amor.
ORATIO
Oh
Padre, concédeme tu Espíritu, para que me enseñe
a descubrir cada día las inenarrables riquezas de Jesús,
tu Hijo unigénito, mi hermano mayor y Señor. No
permitas que mi vida espiritual se vuelva asfíctica y se
anquilose en pequeños espacios de agitado activismo, sin
apertura de horizontes a las maravillas de tu proyecto, que es
salvación para mí y para todos, en Cristo Señor.
Concédeme
querer a cualquier precio espacios contemplativos en mis días
frecuentemente quemados por el demasiado "hacer" en el
interior del aparato de las lógicas mundanas. Fascíname
de tal modo que el asombro que me produzcas me permita vivir
trabajando con solicitud en la entrega de mí mismo, pero
sólo por ti y por tu Reino.
CONTEMPLATIO
Con
la ascensión, el cuerpo de Cristo, entrelazado con nuestra
carne y con toda la carne de la tierra, ha entrado en el ámbito
trinitario. Ahora lo creado está en Dios; es "su zarza
ardiente", como dice Máximo el Confesor.
Al
mismo tiempo, sigue sepultado en la muerte, en la opacidad y en la
separación a causa del odio, de la crueldad y de la
inconsciencia de los hombres. Hacerse santo es desplazar estas
pesadas cenizas y hacer aflorar la incandescencia secreta,
permitir a la vida, en Cristo, absorber la muerte.
Dice,
en efecto, san Ambrosio: "En Cristo lo tenemos todo. Si
quieres curar tus heridas, él es médico. Si ardes de
fiebre, él es fuente. Si temes a la muerte, él es
vida. Si aborreces las tinieblas, él es luz. Dichoso el
hombre que espera en él" (O. Clément, Alie
fonti con i Padri, Roma 1999, pp. 54ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: ".Que
resplandezca en mis acciones, oh Señor, tu misterio de vida
y salvación".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
educación progresiva de nuestro pensamiento cristiano y su
correlativo obrar (en proporción al estado y a la llamada
recibida por cada uno) con respecto a todos los grandes problemas
de la vida y de la historia, tiene que ver con lo que podríamos
llamar la "sabiduría de la praxis". Esta última
consiste sobre todo en la adquisición de hábitos
virtuosos: unos hábitos que son necesarios todos ellos no
sólo para actuar, sino también y en primer lugar
para pensar correcta y exhaustivamente sobre los juicios y las
consiguientes acciones que puedan exigir los problemas de las
vicisitudes de la vida individual, familiar, social, política
e internacional que el hoy presenta a la conciencia de cada uno y
de la comunidad cristiana.
Es
preciso reconocer que los resultados poco brillantes de las
experiencias de los cristianos en la vida social y política
no se deben tanto a la malicia de los adversarios, ni tampoco
únicamente a las propias deficiencias culturales, como
sobre todo a deficiencias de los hábitos virtuosos
adecuados, y no sólo en el sentido de carencias de las
dotes sapienciales necesarias para ver las direcciones concretas
de la acción social y política. Justamente, creo que
la causa de muchos fracasos ha sido, en primer lugar, la falta de
sabiduría de la praxis: esa sabiduría que -supuestas
las esenciales premisas teologales de la fe, la esperanza y el
amor cristiano- requiere además un delicadísimo
equilibrio de probada prudencia y de fortaleza magnánima;
de luminosa templanza y afinada justicia, tanto individual como
política; de humildad sincera y de mansa, aunque real,
independencia en el juicio; de sumisión y, al mismo tiempo,
deseo veraz de unidad, aunque también de espíritu de
iniciativa y sentido de la propia responsabilidad; de capacidad de
resistencia y, al mismo tiempo, mansedumbre evangélica (G.
Dossetti, La parola e !I silenzio, Bolonia 1997, p. 93).
Día
24
Jueves semana XXIX del Tiempo ordinario o 24 de octubre,
San Antonio María Claret
Antonio
María Claret nace el 23 de diciembre del 1807 en Sallent,
Barcelona. Después de los estudios primarios en su pueblo
natal, sus padres lo mandan a estudiar a la capital para que en el
futuro perfeccionara y acrecentara la industria textil de la
familia. Pero Tonet siente otras inquietudes. El mismo decía:
"El continuo pensar en máquinas y talleres me tenía
agobiado... Cuando iba a misa, tenía más
máquinas en la cabeza que santos en los altares". A
los 21 años decide ingresar en el seminario de Vic y es
ordenado sacerdote en 1835. Su inquietud misionera
le lleva
a Roma para ingresar en la Congregación de la Propagación
de la Fe. Á causa de una repentina enfermedad, regresa a
Barcelona. Comienza su labor pastoral en una parroquia, pero lo
suyo es evangelizar toda la comarca, a ejemplo de Jesús. Se
da cuenta de que no basta predicar con la palabra hablada y se
dedica también a la palabra escrita. Tras predicar por
Cataluña, Canarias, Cuba y en el palacio de la reina Isabel
II, muere con fama de santidad en un monasterio cisterciense. Pío
XII lo declaró santo el 7 de mayo de 1950.
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 3,14-21
Hermanos:
14
Doblo
mis rodillas ante el Padre,
15
de
quien procede toda familia en los cielos y en la tierra,
16
para
que, conforme a la riqueza de su gloria, os robustezca con la
fuerza de su Espíritu, de modo que crezcáis
interiormente.
17
Que
Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que viváis
arraigados y fundamentados en el amor.
18
Así
podréis comprender, junto con todos los creyentes, cuál
es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad
19
del
amor de Cristo, un amor que supera todo conocimiento y que os
llena de la plenitud misma de Dios.
20
A
Dios, que tiene poder sobre todas las cosas y que, en virtud de la
fuerza con la que actúa en nosotros, es capaz de hacer
mucho más de lo que nosotros pedimos o pensamos,
21
a
él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por
siempre y para siempre. Amén.
**•
Pablo nos anunciaba ayer las maravillas del misterio del amor de
Dios que, escondido durante siglos, ha sido revelado en Cristo.
Hoy, del asombro que ejercía sobre él este misterio
brota una vibrante oración de amor. El apóstol cae
de rodillas ante el Padre, origen de toda familia en el cielo y en
la tierra (v. 15), y le pide que los cristianos de Efeso sean
robustecidos con poder en su interior por el Espíritu Santo
(v. 16). Pablo pide en sustancia que su fe sea auténtica y
vigorosa, para que Cristo habite en sus corazones y, por esta
razón, pueda crecer en ellos el elemento típico y
fundador de la pertenencia a Dios en Cristo Jesús: la
caridad.
Pablo
sabe que sólo los que están "arraigados y
fundamentados en el amor" (v. 17), en comunión con
los otros creyentes, se encuentran en condiciones de comprender
"la anchura, la longitud, la altura y la profundidad"
del amor que supera con mucho toda medida y categoría
humanas (v. 18). Y es que, efectivamente, es por Dios y con la
energía de Dios como podemos llevar a cabo nuestra
estupenda vocación: la de ser colmados "de la
plenitud misma de Dios" (v. 19).
Siempre
con el impulso de una profunda admiración, Pablo expresa su
alabanza a un Dios que tiene el poder de obrar cosas mucho más
grandes de lo que requieren nuestras peticiones y nuestras mismas
aspiraciones.
Sentimos
vibrar en toda la perícopa un conocimiento del misterio de
Dios que no es fruto del esfuerzo intelectual, sino de un amor
estupefacto, que brota de una actitud profundamente interior y
contemplativa.
Salmo
Responsorial
La misericordia del Señor llena la tierra
Salmo
32,1-2.4-5.11-12.18-19
Aclamad,
justos, al Señor, que merece la alabanza de los
buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad
en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La misericordia del Señor llena la tierra
Que
la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones
son leales; él ama la justicia y el derecho, y su
misericordia llena la tierra. R/.
La misericordia del Señor llena la tierra
Pero
el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de
su corazón, de edad en edad. Dichosa la nación
cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se
escogió como heredad. R/.
La misericordia del Señor llena la tierra
Los
ojos del Señor están puestos en sus fieles, en
los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la
muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
La misericordia del Señor llena la tierra
Evangelio:
Lucas 12,49-53
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
49
He
venido a prender fuego a la tierra, y !cómo desearía
que ya estuviese ardiendo!
50
Tengo
que pasar por la prueba de un bautismo, y estoy angustiado hasta
que se cumpla.
51
Creéis
que he venido a traer paz a la tierra? Pues no, sino división.
52
Porque
de ahora en adelante estarán divididos los cinco miembros
de una familia, tres contra dos, y dos contra tres.
53
El
padre contra el hijo, y el
hijo contra el padre; la
madre contra la hija, y la
hija contra la madre; la
suegra contra la nuera, y la nuera
contra la suegra.
**•
Por si acaso la oración de Pablo, leída en clave
espiritualista, nos hubiera conducido por caminos aéreos no
fundamentados en la realidad, la perícopa del evangelio de
hoy está hecha adrede para hacernos caer de toda ilusión.
No estamos dispuestos "naturalmente" a acoger toda "la
plenitud misma de Dios"; la dilatación de nuestro
corazón a las dimensiones de la vocación cristiana
no es algo que tenga lugar por un proceso espontáneo. A
esta plenitud no se llega sin el combate espiritual.
Jesús,
que se declaró hasta tal punto por la paz que la convirtió
en su saludo y en su don cada vez que se aparece como resucitado,
está, sin embargo, decididamente en contra del pacifismo:
contra ese pacifismo falso que es hijo de la equivocidad, de la
confusión, de la cobardía, de la tristeza. "Creéis
que he venido a traer paz a la tierra? Pues no, sino división"
(v. 51). Cómo? No es el mismo Maestro y Señor el
que, en su última intercesión por los suyos, oró
al Padre para que estuvieran tan unidos que formaran "un
solo corazón y una sola alma" (cf. Jn 17)? No se
trata de una contradicción, sino de una profundización
destinada a obtener una mayor claridad.
Precisamente
para abrir su corazón y el ambiente en que vive a la paz de
Cristo, que supera todo entendimiento, el seguidor de Jesús
debe separarse de cuantos pertenecen, en la mente y en el corazón,
a ese mundo que "yace bajo el poder del maligno" (1
Jn 5,19). "No es posible servir a Dios y al dinero"
(Mt 6,24), dijo Jesús.
Pero
aquí no se habla sólo del dinero, sino de cualquier
otro ídolo que, hospedado a veces en la mente y en el
corazón de sus mismos familiares, le impide al discípulo
crecer en el Reino de Dios, fuente de la paz y del amor.
MEDITATIO
En
una sociedad como la nuestra, en grave trance, donde reinan el
alboroto y la superficialidad, es preciso que nos fortalezca el
Espíritu en nuestra propia interioridad.
El
riesgo que nos amenaza constantemente es el del aplanamiento, el
de hacer oídos sordos a una llamada estupenda, como la que
nos invita a colmarnos de toda la plenitud de Dios. Sin el asombro
y la alegría que suponen el tomar conciencia de que estamos
llamados a tan alta dignidad, sin el Espíritu, que -pedido
en perseverante oración- viene a hacernos tomar conciencia
en nuestro corazón de nuestras enormes riquezas, el ámbito
de nuestra vida espiritual se convierte en un ámbito de
esclavos.
Por
otro lado, para que refulja en nosotros este tesoro
adquirido y anunciado con la vida, es menester que la dimensión
contemplativa de la Palabra respirada y vivida se haga
concretamente posible a lo largo de nuestras jornadas. Cómo?
Con la espada de la que nos habla Jesús en el evangelio:
nuestro libre y querido separarnos de la mentalidad corriente. Si
la paz no equivale a pacifismo, tendré que hacer frente en
ocasiones a la contradicción. En ciertos casos, deberé
contradecir a los hombres para agradar a Dios. Allí donde
se murmura de los ausentes, allí donde se hacen proyectos
familiares o comunitarios "inclinados" a la mentalidad
mundana dejando de lado la evangélica, allí donde se
"roban" haberes sofocando al "ser" y
privándole de tiempos y espacios para estar en silencio de
adoración con Cristo..., en todos estos casos es preciso
tener el coraje de la división.
Sin
embargo, con mayor frecuencia tendremos que usar la espada sólo
dentro de nosotros: contra el deseo de sobresalir, de ser el
centro de afecto y de consensos, contra el desencadenamiento de
las pasiones, que, si les damos rienda suelta, obnubilan la mente
y el corazón, impidiendo la alegría de la
contemplación, de la verdadera vida, que, en cierta medida,
ya es bienaventuranza aquí abajo y remisión a aquel
amor que ya no tendrá límites en la vida eterna.
ORATIO
Señor
y Padre mío,
que te
conozca y te haga conocer,
que te
ame y te haga amar,
que te
sirva y te haga servir,
que te
alabe y te haga alabar
por todas
las criaturas.
(Del
padre Claret.)
CONTEMPLATIO
Inflamados
por el fuego del Espíritu Santo, los misioneros apostólicos
han llegado, llegan y llegarán hasta los confines del
mundo, desde uno y otro polo, para anunciar la Palabra divina; de
modo que pueden decirse con razón a sí mismos las
palabras del apóstol san Pablo: nos apremia el amor de
Cristo.
El
amor de Cristo nos estimula y apremia a correr y volar con las
alas del santo celo. El verdadero amante ama a Dios y a su
prójimo; el verdadero celador es el mismo amante, pero en
grado superior, según los grados de amor; de modo que,
cuanto más amor tiene, por tanto mayor celo es compelido. Y
si uno no tiene celo, es señal cierta de que tiene apagado
en su corazón el fuego del amor, la caridad. Aquel que
tiene celo desea y procura, por todos los medios posibles, que
Dios sea siempre más conocido, amado y servido en esta vida
y en la otra, puesto que este sagrado amor no tiene ningún
límite.
Lo
mismo practica con su prójimo, deseando y procurando que
todos estén contentos en este mundo y sean felices y
bienaventurados en el otro; que todos se salven, que ninguno se
pierda eternamente, que nadie ofenda a Dios y que ninguno,
finalmente, se encuentre un solo momento en pecado. Así
como lo vemos en los santos apóstoles y en cualquiera que
esté dotado de espíritu apostólico.
ACTIO
Imitando
la devoción de los claretianos a la Virgen María,
repetir con ellos: "Inmaculado
Corazón de María, en vos confío".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Parábola
del aprendiz de brujo Una
meditación en tomo a la posmodernidad.
Cuenta
esta historia que un !oven aprendiz, en ausencia de su sabio
maestro, puso en funcionamiento el artefacto inventado. El
funcionamiento fue perfecto. Aquella maquinaria prodigiosa, en
justa exhibición del talento que la había creado,
iba destrozando todo lo que encontraba a su alrededor. La angustia
del joven aprendiz fue creciendo más y más por no
saber desactivar los mecanismos que detuvieran el invento. Las
consecuencias de aquella curiosidad imprudente y la moraleja de la
historia son fáciles de sacar.
Algo
parecido le sucede al joven posmoderno. Por un lado se considera
heredero de un ingente legado de posibilidades que le posibilitan
vivir con el menor esfuerzo. Ahora bien, el manual de
instrucciones no se tiene ni se sabe interpretar o no se leen las
contradicciones. Aquí está la danza maravillosa de
la posmodernidad: los jóvenes disfrutan de todo lo que no
se han esforzado en producir, pero también padecen sus más
duras consecuencias. (De las fábulas del padre Claret.)
Día
25
Viernes semana XXIX del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 4,1-6
Hermanos:
1
Así
pues, yo, el prisionero por amor al Señor, os ruego que os
comportéis como corresponde a la vocación con que
habéis sido llamados.
2
Sed
humildes, amables y pacientes. Soportaos los unos a los otros con
amor.
3
Mostraos
solícitos en conservar, mediante el vínculo de la paz,
la unidad que es fruto del Espíritu.
4
Uno
solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como también
es una la esperanza que encierra la vocación a la que habéis
sido llamados;
5
un
solo Señor, una fe, un bautismo;
6
un
Dios que es Padre de todos, que está sobre todos, actúa
en todos y habita en todos.
**•
Si hasta aquí el tono de la carta era el de un admirado
asombro contemplativo, desde esta perícopa en adelante
prevalece el tono de la exhortación. Pablo se presenta como
"el prisionero por amor al Señor" (v. 1),
cuya autoridad deriva no sólo de ser apóstol, sino de
haber aceptado también las "cadenas" (6,20),
obedeciendo lo que puede exigir la vocación cristiana.
Su
invitación no obedece a situaciones particulares de los
destinatarios, sino que va dirigida al cristiano en cuanto tal,
sin que importe la condición sociopolítica y
temporal a la que pertenezca. Responde, por consiguiente, también
a nuestras condiciones y a las exigencias de nuestros días. Se
trata, ante todo, de la invitación a dar una respuesta plena y
coherente a la belleza y nobleza de la vocación que acaba de
describir.
Es
interesante señalar que las cualidades de una vida
comprometida con la realización de esta vocación están
ordenadas a la unidad. La humildad, la amabilidad, la
paciencia, la aceptación recíproca y cordial (v. 2),
son elementos absolutamente necesarios para hacer este camino que es,
a renglón seguido, obra de unificación perseguida por
el Espíritu, en cada uno y en todos, en todos los ámbitos:
el personal, el comunitario y el eclesial.
El
apóstol insiste en este fascinante tema del "uno",
pero, a diferencia de los filósofos neoplatónicos,
lo hace en clave trinitaria. Uno es "el cuerpo" místico
(la Iglesia), una es "la esperanza" -horizonte de
luz abierto en nosotros por la llamada-, uno es "el bautismo"
y una "la fe"; uno es, a continuación,
"el Señor" Jesús, uno es "el
Espíritu" y uno solo "el Padre de todos",
fuente de amor que obra en todos y por medio de todos. La
unidad en la Trinidad es fundamento y exigencia de la unidad
visible, práctica a la que deben tender los cristianos bajo
todos los cielos y en cualquier época.
Salmo
Responsorial
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6
Del
Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus
habitantes: él la fundó sobre los mares, él
la afianzó sobre los ríos. R/.
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor
¿Quién
puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede
estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro
corazón, que no confía en los ídolos. R/.
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Ése
recibirá la bendición del Señor, le hará
justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que
busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
R/. Éste
es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Evangelio:
Lucas 12,54-59
En
aquel tiempo,
54
se
puso Jesús a decir a la gente: -Cuando veis levantarse una
nube sobre el poniente decís en seguida: "Va a llover",
y así es.
55
Y
cuando sentís soplar el viento del sur, decís: "Va
a hacer calor", y así sucede.
56
!Hipócritas!
Si sabéis discernir el aspecto de la tierra y del cielo, cómo
es que no sabéis discernir el tiempo presente?
57
Por
qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?
58
Cuando
vayas con tu adversario para comparecer ante el magistrado, procura
arreglarte con él por el camino, no sea que te arrastre hasta
el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la
cárcel.
59
Te
digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el
último céntimo.
**•
Jesús reprocha vigorosamente a la gente de su tiempo que sepa
interpretar los signos meteorológicos anunciadores del buen
tiempo y del malo, pero ande muy lejos de comprender el signo por
excelencia de su tiempo, que es él mismo, el Unigénito
enviado por el Padre para la salvación de todos.
Comprender
el tiempo que se está viviendo significa comprender las
intenciones de Dios, que, en cada tiempo, especialmente por el
misterio de la Iglesia y de sus sacramentos, hace actual el misterio
de Jesús con toda su eficacia de salvación.
Ser
capaz de prever a partir de un determinado elemento meteorológico
-por ejemplo, a partir del viento del sur- que hará calor
comporta una atención específica e interesada. Ahora
bien, si el corazón no presta atención a atisbar la
importancia del tiempo como tiempo para ejercitar la justicia y la
caridad dentro de las propias relaciones personales, se corre un gran
riesgo. Es una invitación a reconciliarnos de inmediato y a
fondo con aquellos con los que no estamos en paz, porque, si nos
dejamos atrapar en el remolino de la falta de perdón, no
saldremos indemnes. Es como si Jesús dijera que el signo del
tiempo por excelencia, que es Jesús, es signo de salvación,
pero sólo para quien se compromete con una vida reconciliada:
de paz, de justicia y bondad.
MEDITATIO
Es
importante comprender los signos de los tiempos, porque en el tiempo
-y no fuera de él, en la ahistoricidad- es posible comprender
las intenciones de Dios. Él, con su próvido amor, actúa
en todo tiempo. Y me llama, en este tiempo que me ha sido dado, a
leer los signos de salvación y también los de
perdición, ambos típicos del "hoy". El signo
por excelencia es siempre, evidentemente, Cristo, con su misterio
pascual. Él me salva a medida que, leyendo los signos y
confrontándolos con la Palabra, dejo que esta última dé
fruto en mí y en mi tiempo, porque, al ponerla en práctica,
permito al poder de Dios que obre más allá de mis
expectativas.
A
buen seguro, un gran signo positivo de nuestro tiempo es la
globalización, el paso de un mundo dividido y
fragmentado a ese otro al que M. McLuhan, gran teórico de la
comunicación, ha llamado "aldea global". Pues bien,
los mismos instrumentos de comunicación, cada día más
poderosos, pueden facilitar enormemente la unificación y, por
consiguiente, la paz del mundo. Ahora bien, con qué
condiciones? Sólo con la condición de que la persona
humana (en particular el creyente) intente salir de la fragmentación
del individualismo y llegue a la unificación de su
persona. Si mi vocación es la de ser consciente de que, por la
fe, Cristo habita en mi corazón y así, arraigado y
fundamentado en su caridad, puedo ser nuevamente colmado de toda la
plenitud de Dios, es en él donde me voy unificando en el
corazón y en todas las facultades y potencias, en toda mi
persona. Los medios? San Pablo nos los acaba de indicar: la humildad,
la amabilidad, la paciencia, el soportarse los unos a los otros con
amor.
Buscar
todo lo que une y prescindir de lo que divide, como decía
y practicaba el papa Juan XXIII, es la clave que tenemos al alcance
de nuestra mano para entrar e ir realizando, día a día,
un proyecto de unificación personal y comunitario, eclesial,
social y... planetario.
De
este modo, también mi tiempo, que se encuentra sustancialmente
bajo el signo de Jesús, se convierte para mí en un
tiempo de días claros, soleados por su salvación y por
mi hacerme, en él y con él, instrumento de unidad y de
paz.
ORATIO
Te
pido, Señor, que me ayudes a prestar atención a los
signos de mi tiempo. Sobre todo a través del Espíritu
Santo, que, en la Santísima Trinidad, es vínculo de
unión sustancial, haz que yo viva y obre apasionándome
por la causa de la unidad como respuesta a ese signo de mi tiempo que
es la aspiración a la unificación del mundo.
Para
ello, sin embargo, te ruego que me concedas un corazón leal y
animoso, a fin de que quiera convertir, mi ser, dividido y
fragmentado con frecuencia, a la "única cosa
necesaria": amarte a ti, Señor, y amar a todos y a
cada uno en ti y por ti. Haz que prescinda de todo lo que es causa de
división y acoja y potencie todo lo que une en el signo de tu
poder obrador de salvación: tu muerte y resurrección.
CONTEMPLATIO
Oh
Trinidad, mi bien único, eres fuego que siempre arde y no se
consume; fuego que quemas con tu calor todo amor propio del alma;
fuego que hace desaparecer toda frialdad, fuego que ilumina. Con tu
luz me has hecho conocer tu verdad: tú eres la luz superior a
cualquier otra luz que ilumine el ojo del intelecto, con tanta
abundancia y perfección que incrementas en claridad la luz de
la fe. A través de esta fe veo que mi alma tiene vida, y,
gracias a esta luz, te recibe a ti, fuente de la luz.
A
la luz de la fe adquiero la sabiduría a través de la
sabiduría del Verbo, tu Hijo; a la luz de la fe espero...
Esta
luz es, verdaderamente, un mar, porque alimenta el alma en ti, mar de
paz, Trinidad eterna. Tu agua es un espejo por medio del cual quieres
que yo te conozca, ya que, mirando en este espejo, manteniéndolo
con la mano del amor, ésta representa en ti a mí, que
soy tu criatura, y representa a ti en mí por la unión
que has hecho de la naturaleza divina con nuestra humanidad (Catalina
de Siena, Dialogo della divina Provvidenza, Bolonia 1989, p.
468 [edición española: El diálogo, Ediciones
Rialp, Madrid 1956]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Concédeme
vivir unido contigo, conmigo y con todos con el vínculo de la
paz".
PARA LA
LECTURA ESPIRITUAL
"Por
el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán
todos que sois discípulos míos" (Jn
13,35). "Los
unos a los otros", dice
Cristo, no dice "a
Dios". Nuestro
amor a Dios sólo lo atestigua el amor fraterno. En efecto,
"quien
no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios, al que no ve"
(1
Jn 4,20). Los buenos sentimientos de amor a Dios pueden producir
ilusión, pero no así el amor fraterno. Por eso seremos
juzgados por nuestro amor activo, por nuestro amor a todos los
hombres indigentes que encontremos en nuestro camino [cf.
Mt
25,31-46). Si de verdad nos hemos dejado reconciliar por Cristo Jesús
con Dios, también debemos estar reconciliados entre nosotros;
debemos recurrir a todo, a fin de que se recomponga también la
unidad externa de la cristiandad, que internamente no hemos perdido
nunca, dado que hemos sido redimidos en Cristo.
Esta
unidad interna debe ser resorte vivo para la convivencia fraterna de
todos los cristianos, y entonces el amor a Cristo nos liará
recobrar también la unidad externa como testimonio y
anticipación de aquella unidad en la que nosotros y todos
los hombres de buena voluntad seremos asumidos de manera
bienaventurada para toda la eternidad en la gloria del Padre ("P.
Seethaler", en F. W. Bautz [ed.], La parola della croce, Asís
1969).
Día
26
Sábado semana XXIX del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 4,7-16
Hermanos:
7
A
cada uno de nosotros, sin embargo, se le ha dado la gracia según
la medida del don de Cristo.
8
Por
eso dice la Escritura: Al
subir a lo alto llevó consigo cautivos, repartió
dones a los hombres.
9
Eso
de "subió" no quiere decir que también
bajó a las regiones inferiores de la tierra?
10
Y
el que bajó es el mismo que ha subido a lo alto de los
cielos para llenarlo todo.
11
Y
fue también él quien constituyó a unos
apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas y a otros
pastores y doctores.
12
Capacita
así a los creyentes para la tarea del ministerio y para
construir el cuerpo de Cristo,
13
hasta
que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento
del Hijo de Dios, hasta que seamos hombres perfectos, hasta que
alcancemos en plenitud la talla de Cristo.
14
Así
que no seamos niños caprichosos, que se dejan llevar por
cualquier viento de doctrina, engañados por esos hombres
astutos, que son maestros en el arte del error.
15
Por
el contrario, viviendo con autenticidad el amor, crezcamos en todo
hacia aquel que es la cabeza, Cristo.
16
A
él se debe que todo el cuerpo, bien trabado y unido por
medio de todos los ligamentos que lo nutren según la
actividad propia de cada miembro, vaya creciendo y construyéndose
a sí mismo en el amor.
*•
Pablo acaba de hablar hace un momento de la belleza y la
importancia que tiene sentirnos partícipes de un solo
cuerpo, la Iglesia, y ha exaltado la dimensión de la
unidad. Ahora, en cambio, despliega su argumentación en
favor de la variedad y riqueza de los dones que, distribuidos por
Cristo en su ascensión al cielo, quedan personalizados.
El
apóstol ejemplifica diciendo que Jesús, después
de haber subido por encima de todo para "llenar" -de
vida y gracia sobreabundante, como es obvio- todas las cosas, ha
llamado a algunos para entregarles el don de constituirles
apóstoles, ha llamado a otros para constituirles profetas,
a otros evangelistas, a otros pastores y doctores. Cada uno tiene
un don relacionado con su tarea específica, pero todos y
todo está ordenado, a continuación, al crecimiento
armónico del "cuerpo de Cristo" (v. 12),
que es la Iglesia. Los individuos están dotados de su
carisma para beneficio de toda la comunidad cristiana. En la
medida en que cada uno los administre como es debido, obrando "con
autenticidad el amor" (v. 15), todos y cada uno
realizarán en "plenitud la talla de Cristo"
(v. 13), que procede del tender constantemente a él,
"que es la cabeza" (v. 15b).
Pablo
subraya la belleza de la consecución de la plenitud de esta
talla que procede de vivir de manera solidaria, en beneficio del
crecimiento de todo el cuerpo presidido por la caridad. Lo
contrario, que el apóstol denuncia y contra lo que pone en
guardia, es el desordenado e infantil dejarse llevar por todas las
olas y todos los vientos de pensamiento que estén de moda,
arrastrados por hombres que obran el engaño con tal astucia
que, casi sin que medie pensamiento alguno, lleva al error (v.
14).
También
se puede ahondar en este tema de la tensión entre la
diversidad y la unidad leyendo 1 Cor 12,4-21, donde Pablo habla de
carismas más extraordinarios.
Salmo
Responsorial
Vamos alegres a la casa del Señor
Sal 121,1-2.3-4a.4b-5
!Qué
alegría cuando me dijeron: <<Vamos
a la casa del Señor»>>! Ya
están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
R/.
Vamos alegres a la casa del Señor
Jerusalén
está fundada como ciudad bien compacta. Allá
suben las tribus, las tribus del Señor. R/.
Vamos alegres a la casa del Señor
Según
la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia, en el
palacio de David. R/.
Vamos alegres a la casa del Señor
Evangelio:
Lucas 13,1-9
En
aquel tiempo,
1
llegaron
unos a contarle lo de aquellos galileos a quienes Pilato había
hecho matar, mezclando su sangre con la de los sacrificios que
ofrecían.
2
Jesús
les dijo: -Creéis que aquellos galileos murieron así
por ser más pecadores que los demás?
3
Os
digo que no; más aún, si no os convertís,
también vosotros pereceréis del mismo modo.
4
Y
aquellos dieciocho que murieron al desplomarse sobre ellos la
torre de Siloé, creéis que eran más culpables
que los demás habitantes de Jerusalén?
5
Os
digo que no, y, si no os convertís, todos pereceréis
igualmente.
6
Jesús
les propuso esta parábola: -Un hombre había plantado
una higuera en su viña, pero, cuando fue a buscar fruto en
la higuera, no lo encontró.
7
Entonces
dijo al viñador: Hace ya tres años que vengo a
buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. !Córtala!
Por qué ha de ocupar terreno inútilmente?
8
El
viñador le respondió: "Señor, déjala
todavía este año; yo la cavaré y le echaré
abono,
9
a
ver si da fruto en lo sucesivo; si no lo da, entonces la
cortarás".
*+•
Jesús
está muy atento a la vida, a la historia. En efecto, la
ocasión de la enseñanza que ofrece aquí se la
brinda una doble noticia de sucesos (w. 2.4). Pilato ha hecho
matar a unos galileos mientras ofrecían sacrificios en el
templo. Es probable que la causa que desencadenó esa orden
fuera la oposición de los galileos a su disposición
de usar los fondos del tesoro del templo para construir un
acueducto.
De
esta noticia y de la otra, referente a la muerte de dieciocho
personas por el desplome de la torre de Siloé, extrae Jesús
dos consideraciones importantes: en primer lugar, el hecho de que
urge siempre, de todos modos, convertirse (w. 3.5). De lo
contrario, el punto de llegada es la perdición. No hay
escapatoria. La segunda consideración es que Dios no es un
"castigador" que esté esperando un fallo nuestro
para castigarnos. Sería, pues, necio por nuestra parte
"interpretar" los hechos calamitosos de la existencia
-la nuestra y la de los otros- en clave de castigo divino. El
tiempo de la vida es el que es. No sabemos cuándo acabará
el nuestro. En consecuencia, siempre es tiempo de "dar fruto"
de buenas obras, precisamente mientras tengamos tiempo.
La
otra pequeña parábola, la del hombre que busca
frutos en la higuera que ha plantado en su viña, completa
la enseñanza sobre la conversión, manifestando otro
aspecto importantísimo: la paciencia de Dios, su inmensa
misericordia y su voluntad de salvación. Ciertamente, la
higuera alude a Israel, que se muestra infructuoso en su constante
alejamiento de Dios (cf. Is 5,1-7; Jr 8,13). Pero la
prolongación del plazo para cortarla y los amorosos
cuidados ("déjala todavía este año;
yo la cavaré y le echaré abono": v. 8)
expresan la mediación salvífica llevada a cabo por
Jesús y por su intercesión ante el Padre: no sólo
por Israel, sino por todos nosotros.
MEDITATIO
Para
que "dé fruto", es menester que el árbol
haya llegado a su plena madurez. Ésta es la conexión
entre el evangelio de hoy y la primera lectura, en la que Pablo
presenta la enseñanza de la continua conversión al
hilo de la adquisición de la plena madurez (a la talla de
Cristo) abriéndose al misterio de Cristo. En un mundo que
se ha vuelto opaco por tanto egoísmo y está
encerrado en el cálculo más mezquino y en el
individualismo, es importante que yo descubra los "dones"
que Dios me ha dado.
Me
sentiré amado y enriquecido por lo que es específico
de mi persona, me sentiré amado y llamado. Lejos de seguir
los caminos de la lógica mundana, que está a favor
de la isla feliz del "hago lo que quiero y me place",
actualizaré la invitación que me lanzan a que
aproveche mis días y la misericordia de Dios para
convertirme. Convertirme a qué? Al misterio de Cristo como
cuerpo místico del que yo soy miembro. Convertirme a vivir
"con autenticidad el amor" (v. 15), pero en
solidaridad con los otros miembros del cuerpo de Jesús,
colaborando al bien de todos con la energía que me da el
Espíritu Santo, potenciando mis dones naturales.
Hoy
intentaré hacer balance. Me demoro tal vez aún como
un niño "traqueteado" por cualquier lógica
mundana o me dejo "llenar" de gracia, identificando bien
cuál es mi llamada personal, que, sin embargo, percibo cada
vez mejor como un don destinado al desarrollo armónico de
la totalidad del cuerpo: la Iglesia?
ORATIO
Señor
Jesús, me considero un árbol granuja: tardo siempre
mucho en dar frutos de conversión. Me asombra la belleza de
tu misterio y me siento repleto de gratitud cuando pienso en mi
vocación personal y en tus dones. Tú, no obstante,
ayúdame a reconocerlos como tales y a vivirlos en el
interior d e una dinámica de verdadera conversión.
Hazme,
pues, respirar y obrar con autenticidad el amor. Siempre,
en todas partes y con todos. Y hazme crecer en todo dirigido a ti,
aprovechando la energía de tu Espíritu, para que
pueda "romper" con las lógicas de este mundo y
abrirme de par en par al espíritu de plena colaboración,
solidario con c a d a hermano que busque el bien, a fin de que
crezca tu Reino: levadura, sal y luz del mundo.
CONTEMPLATIO
Señor,
te lo
suplico,
llámame
a tu juicio.
Que tu
juicio me libere,
que tu
luz separe la luz de la noche,
que tu
espada separe la vida de la muerte,
que tu
Palabra me diga lo que eres
y lo que
no eres,
que tu
mirada aleje de mí lo que no eres tú.
Que tu
fuego destruya, funda y queme
el mal
entretejido en mí, que me martiriza;
el mal
reprimido en mí en la raíz y en las fibras
de tu
vida crucificada.
Que tu
amor llame, suscite
mi rostro
en el que puedo reconocer tu vida.
Señor,
te lo
suplico,
libérame
(M.
Emmanuelle, Seníieri ddl'Invisibile, Milán
1997, p. 95).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Hazme
vivir, Señor, la autenticidad en la caridad".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
Evangelio se difunde por contagio: uno que ha sido llamado llama a
otro. Si he conocido a Jesús y su inmenso amor por mí,
el cuidado que tiene de mi vida, intentaré vivir el "sermón
de la montaña", el espíritu de las
bienaventuranzas, el perdón, la gratuidad; y la gente que
vive a mi alrededor, antes o después, me preguntará:
cómo es que vives así? Un estilo de vida que no
excluye a nadie, que no rechaza a nadie, que es camino de
seguimiento de Jesús, es el primer modo de contagiar a los
otros.
Por
eso depende de mí, de cada uno de vosotros, que la Iglesia
sea cada vez más expresión de la incansable carrera
que el Evangelio desarrolla en la historia. Depende de nuestro
vivir el Evangelio como don interior que hace la vida bella y
luminosa, que hace gustar la paz y la calma en el espíritu.
Y es que, desde lo íntimo del corazón, el Evangelio
se difunde a la totalidad de nuestra propia vida personal cual
fuente de sentido y de valores para la vida cotidiana, y con ello
las acciones de cada día se enriquecen de significado, los
gestos que realizamos adquieren verdad y plenitud.
Las
páginas de la Escritura iluminan los acontecimientos de la
jornada, lá oración nos conforta y nos sostiene en
el camino, los sacramentos nos hacen experimentar el gusto de
estar en Jesús y en la Iglesia. Se abre aquí el
espacio cíe una caridad que me impulsa a amar como Jesús
me ha amado, y el espacio de la vida de la comunidad cristiana se
convierte en lugar de significados y de valores que despejan el
camino y de gestos que llenan la vida. Nace la posibilidad de
entretejer relaciones auténticas, de crecer en la verdadera
comunión y en la amistad (C. M. Martini, // Padre di
tutti, Bolonia-Milán 1 999, p. 466).
Día
27
Domingo XXX del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Jeremías 31,7-9
7
Así dice el Señor:
!Gritad de alegría por Jacob! !Ensalzad a la capitana de
las naciones! !Que se escuche vuestra alabanza! Decid: "El
Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel".
8
Yo los traeré del
país del norte, los reuniré de los extremos de la
tierra: entre ellos hay cojos, ciegos, mujeres embarazadas y a
punto de dar a luz; retorna una gran multitud.
9
Vuelven entre llantos,
agradecidos porque retornan; los conduciré a corrientes de
agua por un camino llano en el que no tropezarán, porque
soy un padre para Israel y Efraín es mi primogénito.
*"
Este oráculo de salvación se encuentra en el llamado
"Libro de las consolaciones" (capítulos 30-33) de
Jeremías, en el que el profeta da voz a la palabra de
consuelo que el Señor dirige al pueblo, lacerado por la
división en dos reinos y llagado por el sufrimiento del
exilio. YHWH promete la curación, la restauración,
un nuevo incremento y el envío de un príncipe que
será verdadero mediador y garante de la alianza (30,17-22).
El
fragmento de hoy marca la cumbre de la promesa. La buena noticia
de la repatriación de los exiliados prorrumpe como un himno
de exultación al que están invitadas a unirse todas
las naciones, puesto que el Señor quiere que todo el mundo
conozca su obra de salvación en favor del pueblo elegido y
participe en su alegría.
Aparece aquí el
tema del "resto de Israel", que en los profetas es, al
mismo tiempo, signo de esperanza y advertencia: habrá
siempre en el pueblo una parte que se mantendrá fiel al
Señor o volverá a él por medio de la
conversión, y por eso podrá superar todas las
tormentas de la historia (cf. Is 7,3).
Ahora
viene el Señor a reunir a todo este "resto" de la
tierra del exilio y de toda dispersión, para llevarlo de
nuevo a su tierra. Su Palabra abre la mirada del corazón a
la visión del retorno de una multitud de gente no apta para
el camino (v. 8b): hay quien no tiene ojos para ver el camino y
quien no tiene piernas válidas para recorrerlo, pero YHWH
renovará los prodigios del éxodo (cf. Ex 17,1-7; Is
43,19) para que los suyos no padezcan la fe, la fatiga, las
asperezas del camino. Su afectuosa presencia de apoyo y consuelo
es el verdadero consuelo de cuantos "habían partido
llorando", puesto que no cesa de rodear a Israel con amor de
predilección.
El
pueblo de Dios, confiando en este afecto inmutable, no tropezará
nunca en el camino de la vida, a pesar de sus flaquezas.
Salmo
responsorial El
Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres
Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
Cuando el Señor hizo volver a los cautivos
de Sión, nos parecía soñar: la boca se
nos llenaba de risas, la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían: «El
Señor ha estado grande con ellos». El Señor
ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Recoge, Señor, a nuestros cautivos como
los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al
volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.
Segunda
lectura: Hebreos 5,1-6
1
Todo
sumo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres y puesto
al servicio de Dios en favor de los hombres, a fin de ofrecer
dones y sacrificios por los pecados.
2
Es
capaz de ser misericordioso con los ignorantes y los extraviados,
ya que él también está lleno de flaquezas,
3
y
a causa de ellas debe ofrecer sacrificios por los pecados propios
a la vez que por los del pueblo.
4
Nadie
puede arrogarse esta dignidad, sino aquel a quien Dios llama, como
ocurrió en el caso de Aarón.
5
Así
también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo
sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú
eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.
6
O
como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote
para siempre a la manera de Melquisedec.
**•
Después de haber presentado a Cristo como sumo sacerdote
misericordioso (4,14-16), el autor de la carta a los Hebreos
aclara ahora el significado y la legitimidad de tal sacerdocio en
el marco de las instituciones judías.
El
servicio sacerdotal es tributado a Dios, en efecto, por un hombre,
"en favor de los hombres", es decir, para interceder por
el perdón de los pecados mediante la ofrenda de "dones
y sacrificios" (v. 1). Por otra parte, el sumo sacerdote debe
ser misericordioso, pues la conciencia de sus propias flaquezas le
enseña una justa compasión por la debilidad y la
ceguera espiritual -"ignorancia" y "extravío"-
de los que se equivocan (vv. 2ss).
La
importancia de esta función mediadora es de tal tipo que no
puede ser fruto de una libre iniciativa personal: es respuesta a
una llamada precisa de Dios (v. 4).
Tras
haber enumerado las condiciones requeridas para ser sacerdote, el
autor sagrado muestra cómo responde Cristo perfectamente a
estos requisitos. Ya ha hablado de su humanidad real (4,15 y la
manifestará aún en los vv. 7ss): Jesús conoce
bien nuestras flaquezas, puesto "que las ha experimentado
todas, excepto el pecado ". Ahora bien, puesto que está
libre de él, puede comprender toda su gravedad y ofrecerse
a sí mismo para liberarnos a nosotros, pecadores (9,13ss).
Más difícil es demostrar a los judíos la
legitimidad del sacerdocio de Cristo, dado que no pertenecía
a la estirpe de Aarón; sin embargo, las Escrituras
atestiguan también otra modalidad diferente de servicio
sacerdotal agradable a Dios, el llevado a cabo por Melquisedec,
rey de Salen.
Refiriéndose a este
ejemplo, el autor de la carta cita el salmo 109,4, donde el Mesías
prometido es declarado por Dios no sólo su hijo, sino
también sacerdote para siempre, como lo fue el rey
Melquisedec. Jesús es, por consiguiente, Rey-Mesías
("Cristo" en griego) y al mismo tiempo sacerdote, y
ejerce por eso con toda justicia la mediación entre Dios y
los hombres que estas dos funciones implicaban. Como mediador de
una nueva y eterna alianza (9,15), puede redimirnos de los pecados
con la ofrenda de su propia sangre y conducirnos así a la
salvación y a la gloria, según la voluntad del Padre
(2,10).
Evangelio:
Marcos 10,46-52
En
aquel tiempo,
46
llegaron
a Jericó. Más tarde, cuando Jesús salía
de allí acompañado por sus discípulos y por
bastante gente, el hijo de Timeo, Bartimeo, un mendigo ciego,
estaba sentado junto al camino.
47
Cuando
se enteró de que era Jesús el Nazareno quien pasaba,
se puso a gritar: -!Hijo de David, Jesús, ten compasión
de mí!
48
Muchos
le reprendían para que callara. Pero él gritaba
todavía más fuerte: -!Hijo de David, ten compasión
de mí!
49
Jesús
se detuvo y dijo: -Llamadlo. Llamaron entonces al ciego,
diciéndole: -Ánimo, levántate, que te llama.
50
Él,
arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
51
Jesús,
dirigiéndose a él, le dijo: -Qué quieres que
haga por ti? El ciego le contestó: -Maestro, que recobre la
vista.
52
Jesús
le dijo: -Vete, tu fe te ha salvado. Y al momento recobró
la vista y le siguió por el camino.
**•
Quién es Jesús? y, en consecuencia, quién es
el discípulo? Estas preguntas constituyen el eje del
evangelio de Marcos; los diferentes episodios del camino hacia
Jerusalén permiten intuir de un modo cada vez más
claro la respuesta, y la perícopa de hoy -que precede al
relato de la entrada de Jesús en la ciudad santa- nos
ofrece importantes indicaciones. Bartimeo es un ciego que está
sentado para mendigar en el camino, en los márgenes de la
vida. La noticia del paso de Jesús hace renacer la
esperanza en él, y grita para atraer la atención del
rabí, invocándole con el título mesiánico
de "hijo de David". De este modo profesa su creencia en
que el Mesías está presente y puede salvarle. Se
confía a él perdidamente, mendigando su
misericordia: "!Ten compasión de mí!". Los
reproches que muchos le dirigen no sirven para hacerle callar:
Bartimeo sabe que si deja pasar esta ocasión única
no le quedará otra cosa que recaer en la oscuridad
definitiva de una simple supervivencia.
Entonces "Jesús
se detuvo" (v. 49): él es alguien que puede comprender
hasta lo más hondo el sufrimiento humano y la soledad que
le acompaña; conoce el vislumbre de fe que alumbra ya el
corazón de aquel ciego y viene a darle la luz plena.
"Llamadlo". El entusiasmo del pobrecito es conmovedor:
da un salto olvidándose de toda prudencia. También a
él, como a los hijos de Zebedeo, se le dirige la misma
pregunta: "Qué quieres que haga por ti?" (v. 51;
cf. v. 36). Jesús puede colmar, en efecto, el deseo más
profundo del corazón del hombre; el discípulo, en el
diálogo que mantiene con él, debe tomar conciencia
de lo que realmente quiere y asumir su responsabilidad. A la
súplica del ciego le corresponde el milagro, puesto que
Jesús le reconoce esa fe que constituye el ámbito en
el que se manifiesta su poder divino. Y la fe lleva a la visión
al que antes había creído sin ver, y después,
una vez corroborado por la experiencia viva del encuentro con
Jesús, se hace discípulo suyo y decide seguirle por
el camino que le lleva hacia la pasión y la gloria (v. 52).
MEDITATIO
!Cuántas veces
nuestra historia personal o la consideración de las
vicisitudes humanas nos produce la angustiosa impresión de
un bamboleo de ciegos! Rodeados por una densa niebla de
incertidumbres y contradicciones, incapaces de ver sentido alguno
a lo que estamos viviendo, acabamos a menudo por desanimarnos y
retirarnos a los márgenes de la vida para mendigar algunas
migajas a los más afortunados, que parecen recorrer el
camino sin obstáculos. Somos entonces nosotros esos pobres
a quienes la Palabra viene a levantar de nuevo regalándoles
la Buena Noticia: Jesús atraviesa los caminos del hombre,
tiene compasión de nuestras flaquezas, comparte nuestra
debilidad {cf. la segunda lectura). Dichosos nosotros si, tocados
por el anuncio, somos capaces de gritar su nombre e invocar su
misericordia. El amor no decepcionará nuestras
expectativas.
Jesús,
sin embargo, nos interpela, nos pregunta qué es lo que
queremos de verdad. Curar, "ver", es un compromiso,
hemos de saberlo. Es un compromiso para nuestra fe, que debe
crecer para abrirse al milagro, y una tarea para nuestro futuro.
En efecto, el Señor es la luz de la vida y resplandece en
nuestra oscuridad para hacer de nosotros seres vivos, para
levantarnos del abatimiento, del estancamiento de quien se ha
acostumbrado a unos límites estrechos. Jesús, que es
el Camino, nos traza a nosotros, exiliados en la tierra extranjera
de la infelicidad, el camino para volver a la patria de origen, a
la comunión con el Padre: éste es el "camino
recto " por el que no tropezará el que le sigue (cf.
la primera lectura). Con todo, es menester pasar por la cruz, por
la muerte a nosotros mismos. Queremos ver de verdad y, una vez
sanados, seguirle? Que el Señor ilumine los ojos de nuestro
corazón "para que podamos comprender a qué
esperanza nos ha llamado" y nos dé la alegría y
la fuerza para recorrer, detrás de él, el camino que
conduce a esa esperanza.
ORATIO
Oh
Cristo, nosotros te confesamos "Dios de Dios, luz de luz":
ven a alumbrar nuestras tinieblas. "Por nosotros los hombres
y por nuestra salvación", tú, Hijo eterno de
Dios, bajaste a la tierra del exilio de nuestro pecado: ven aún
a abrirnos el camino recto del retorno a la comunión con el
Padre. Has asumido la frágil carne del hombre para poder
compadecerte de nuestras flaquezas y ofrecerlas a Dios en tu
sacrificio de amor: ayúdanos a acoger la misericordia que
salva. Sabes que nosotros preferimos con frecuencia permanecer
sentados mendigando cosas de poca monta, antes que esperar una
vida en plenitud y hacer frente cada día al compromiso de
gastarla en tu seguimiento.
Jesús,
Hijo de Dios, ten piedad de nosotros. Queremos sanar de verdad,
"ver" y caminar contigo, aceptando la cruz y anhelando
la casa del Padre, a donde tú nos conduces con vigor y
suavidad.
CONTEMPLATIO
Amad
al Señor. Amad, digo, esta luz tal como la amaba con un
amor inmenso aquel que hizo llegar a Jesús su grito: "!Hijo
de David, Jesús, ten compasión de mí!".
El ciego gritaba así mientras pasaba Jesús. Tenía
miedo de que pasara Jesús y no le devolviera la vista. Con
qué ardor gritaba? Con un ardor tal que, mientras la gente
le hacía callar, él continuaba gritando. Su voz
triunfó sobre la de quienes se le oponían y retenían
al Salvador. Mientras la muchedumbre producía estrépito
y quería impedirle hablar, Jesús se detuvo.
Amad
a Cristo. Desead esa luz que es Cristo. Si aquel ciego deseó
la luz física, mucho más debéis desear
vosotros la luz del corazón. Elevemos a él nuestro
grito no tanto con la voz física como con un recto
comportamiento. Intentemos vivir santamente, redimensionemos las
cosas del mundo. Que lo efímero sea como nada para
nosotros. Cuando nos comportemos así, los hombres mundanos
nos lo reprocharán como si nos amaran. Nos criticarán
a buen seguro y, al vernos despreciar estas cosas naturales, estas
cosas terrenas, nos dirán: "Por qué quieres
sufrir privaciones? Estás loco?". Ésos son
aquella muchedumbre que se oponía al ciego cuando éste
quería hacer oír su llamada. Existen cristianos así,
pero nosotros intentamos triunfar sobre ellos, y nuestra misma
vida ha de ser como un grito lanzado en pos de Cristo.
Él
se detendrá, porque, en efecto, está, inmutable.
Para que la carne de Cristo fuera honrada, "el Verbo se hizo
carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14a). Gritemos,
pues, y vivamos rectamente (Agustín, Sermón 349, 5).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que
ilumine los ojos de vuestro corazón"
(Ef
1,18).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
En
este episodio sobresale de modo evidente la lógica del
amor. Cristo llega y manda llamar a Bartimeo. El ciego, que
todavía lo era, abandona su manto - o sea, todo lo que
tenía- y dando "un salto" se dirige hacia el
"hijo de Davia". El ciego, que cuando gritaba antes era
reprendido por los discípulos y por las personas que
rodeaban al Señor para que callara, cuando le dicen que
Cristo le llama, se confía del todo a esta llamada.
Podía
ser muy bien una tomadura de pelo, un momento de insana diversión
por parte de la gente, como probablemente había vivido ya
Bartimeo. Pero esta alusión al salto que dio hacia Jesús
indica un clima festivo. Es una muestra de la certeza interior del
ciego de que aquel que está pasando !unto a él es el
Mesías, el rey de la justicia, que puede tomarle consigo en
su camino hacia Jerusalén. Y la pregunta que le hace Jesús
es desconcertante: "Qué quieres que haga por ti?".
Existe una auténtica angustia en el hombre cuando piensa
que, si conoce a Dios, deberá servirle, dejará de
ser libre. Pero cuando el ciego -expresión de toda la
pobreza del hombre- está frente a Cristo, reconocido como
hijo de David, es él, el Mesías, el que pronuncia la
frase típica de todo siervo cuando le llama su señor:
"Qué quieres que haga por ti?". Dios desciende y
sale al encuentro del hombre que grita, presentándose a
este hombre como humilde siervo (M. I. Rupnik, Diré l'uomo,
Roma 1996, pp. 155ss [edición española: Decir el
hombre, icono del creador, revelación del amor, PPC, Madrid
2000]).
Día
28
Lunes semana XXX del Tiempo ordinario o 28 de octubre,
San Simón y san Judas
El
evangelista Lucas califica al apóstol Simón de
"zelota" (Lc 6,15), probablemente por el hecho de
que formó parte del grupo antirromano de los zelotas. Mateo
y Marcos, en cambio, le califican de "cananeo" (Mt
10,4; Mc 3,18). Mateo (10,3) y Marcos (3,18) llaman "Tadeo"
al apóstol Judas, mientras que Lucas le llama "Judas
el hijo de Santiago" (Le 6,16). Este Judas es el que
dirigió a Jesús en la última cena estas
palabras: "Señor, cuál es la razón de
manifestarte sólo a nosotros y no al mundo?" (Jn
14,22). Una carta, muy breve, del Nuevo Testamento lleva el nombre
de este apóstol. La fiesta de los dos santos apóstoles
aparece en el calendario de san Jerónimo, del siglo VI, y
en Roma empezó a celebrarse a partir del siglo IX.
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 2,19-22
Hermanos:
19
ya
no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos dentro del
pueblo de Dios; sois familia de Dios,
20
estáis
edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y
el mismo Cristo Jesús es la piedra angular
21
en
quien todo el edificio, bien trabado, va creciendo hasta formar un
templo consagrado al Señor,
22
y
en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte
de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del
Espíritu, morada de Dios.
**•
Para el apóstol Pablo, el misterio de Cristo y el misterio
de la Iglesia están íntimamente conectados.
Cristo
es nuestra paz: en él todos, tanto los alejados (los
paganos) como los cercanos (los judíos), encuentran el
camino de la reconciliación y de la unidad. Ya no hay dos
pueblos, sino uno sólo, ya no hay separación entre
diferentes, sino unidad entre semejantes. Todo esto es don de Dios
Padre, por medio de Cristo el Señor, en el Espíritu
Santo.
En
este contexto, el apóstol imagina a la Iglesia como un gran
edificio, como un templo santo, como la morada de Dios. Los
fundamentos de ese edificio, en el que todos habitan y viven como
"conciudadanos dentro del pueblo de Dios; sois familia de
Dios" (v. 19), son los apóstoles y los profetas.
La "piedra angular", sin embargo, es "el
mismo Cristo Jesús" (v. 20): él es la clave
de bóveda que consolida el conjunto, en él encuentra
todo el edificio su compactibilidad y puede crecer de una manera
ordenada.
Desde
esta perspectiva cristológica, la doctrina eclesiológica
de Pablo asume una claridad absolutamente particular. En ella la
presencia, el papel y el ministerio de los apóstoles asume
toda su importancia. La Iglesia de Cristo, por consiguiente, es
una, santa, católica y apostólica: en el
sentido de que en ella los apóstoles, por voluntad de Dios
y por una opción histórica de Jesús,
constituyen el fundamento de la comunidad de los creyentes.
Salmo Responsorial
A toda la tierra alcanza su pregón.
Salmo 18. 2-7
2
El cielo proclama la gloria de Dios, el
firmamento pregona la obra de sus manos: 3el
día al día le pasa el mensaje, la noche a la
noche se lo susurra.
R.
A toda la tierra alcanza su pregón.
4Sin
que hablen, sin que pronuncien, sin
que resuene su voz, 5a
toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites
del orbe su lenguaje.
R.
A toda la tierra alcanza su pregón.
6Allí
le ha puesto su tienda al sol: él
sale como el esposo de su alcoba, contento como un héroe,
a recorrer su camino.
R.
A toda la tierra alcanza su pregón.
7Asoma
por un extremo del cielo, y
su órbita llega al otro extremo: nada se libra de su
calor.
R.
A toda la tierra alcanza su pregón.
Evangelio:
Lucas 6,12-16
Sucedió
que,
12
por
aquellos días, Jesús se retiró al monte para
orar y pasó la noche orando a Dios.
13
Al
hacerse de día, reunió a sus discípulos,
eligió de entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de
apóstoles:
14
Simón,
a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés, Santiago y
Juan, Felipe y Bartolomé,
15
A
Mateo, Tomás y Santiago, el hijo de Alfeo, Simón
llamado Zelota,
16
Judas
el hijo de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
**•
Jesús manifiesta una atención absolutamente
particular respecto a los Doce, sus discípulos: primero los
elige, después los instituye como colegio (Mc 3,13-19) y,
más tarde, los envía en misión (Mt 10,1-15).
Así pues, dentro del grupo de sus discípulos, Jesús
reserva a los Doce un trato absolutamente especial: a buen seguro
en vistas a su misión, que es también especial. Para
proceder a esta elección decisiva de su ministerio público,
Jesús se prepara -y Lucas lo subraya- pasando toda una
noche orando en el monte. Por eso, en la tradición de la
Iglesia toda gran decisión se prepara con una intensa y
prolongada oración.
Antes
de elegirlos, Jesús llama a sus discípulos: la
vocación figura siempre en el origen de toda institución
o ministerio eclesial. Después de haberlos llamado, Jesús
les impone el nombre de "apóstoles". Aunque este
título les parece tener color y origen pascual a los
especialistas, aquí Lucas lo atribuye ante litteram a
los Doce con la intención evidente de expresar la
importancia que tiene este colegio en el seno de la Iglesia que
Jesús va a fundar.
MEDITATIO
La
liturgia de hoy nos pone ante la relación entre oración
y misión. En primer lugar, es Jesús el que aparece
como modelo insustituible. Su ejemplaridad está explicitada
por el evangelista Lucas de un modo totalmente evidente, y no sólo
en ésta, sino también en muchas otras
circunstancias. Permanecer en oración antes de decidir,
orar para discernir según el plan de Dios, orar en vistas a
las grandes decisiones de la vida, tanto en el ámbito
personal como en el comunitario: desde esta perspectiva, no hemos
de considerar la oración como un momento separado de la
vida, sino como una actitud previa que nos introduce en la
experiencia personal y eclesial.
Emprender
la misión después de que la comunidad y su
responsable se hayan recogido en una prolongada oración
significa confiar la misión y su desenlace a aquel que es
su primer responsable: el dueño de la viña, el
pastor del rebaño, el Señor de su pueblo. Cuando se
dice que la oración es vida y que la vida puede ser oración
no se hace otra cosa más que confirmar la certeza de que,
en una visión de fe, todo sucede por voluntad divina, por
la voluntad de Aquel a quien nos confiamos precisamente mediante
la oración.
ORATIO
El
mundo tiene necesidad de ti, Señor: envía a tus
apóstoles para que lleguen a los últimos confines de
la tierra y proclamen en tu nombre la Buena Noticia de Jesús
muerto y resucitado.
El
mundo tiene necesidad de ti, Señor: elige también
hoy entre nosotros a personas capaces de representarte y de hablar
en tu nombre con un extremo valor en cualquier situación de
vida.
El
mundo tiene necesidad de ti. Señor: no sólo la parte
de la humanidad que no te conoce todavía, sino también
la que, aun conociéndote, no te reconoce como único
Señor y maestro.
El
mundo tiene necesidad de ti, Señor: te pedimos con todo el
impulso de nuestro corazón que tu Iglesia, de una manera
valerosa y humilde, se haga portavoz tuyo y te proclame ante toda
la humanidad como el único Señor y Salvador.
CONTEMPLATIO
Sí,
la esperanza. Si esta virtud no nos sostiene, no es cierta nuestra
perseverancia y podremos perdernos por el camino, lo que, por
desgracia, hoy es muy fácil. Es fácil renunciar a
los ideales de la vida cristiana: primero, porque son difíciles
y lejanos; segundo, porque la psicología del hombre moderno
está dirigida a la consecución, más aún,
al goce de bienes fáciles e inmediatos, de bienes
exteriores y sensibles, más que a los interiores y morales;
tercero, porque el oportunismo está de moda. El éxito
cercano y propio ocupa el sitio de los ideales, obligados a duras
resistencia y a antipáticas posiciones. El entusiasmo de la
resistencia, del coraje, del sacrificio, es sustituido por el
cálculo de la utilidad, la aceptación de la moda, la
confianza en la mayoría, la molestia de sostener la parte
de una precisa, fuerte e incómoda impopularidad; posiciones
psicológicas y otras semejantes que no saben vivir la
esperanza.
La
esperanza es la conciencia que tiene el cristiano de estar inserto
ya desde ahora, mediante la gracia del Espíritu Santo, en
un gran plan de salvación, para el que su propia suerte
está envuelta por una promesa no ilusoria (Pablo VI).
ACTIO
Repite
a menudo y medita durante el día esta Palabra: "Jesús
eligió entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de
apóstoles"
(Le
6,13).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Nos
desvivimos con frecuencia por disponer dirigentes con la
convicción de que es esto sobre todo lo que hace falta para
que la cosa funcione, y la cosa sería la Iglesia. Y lo que
deberíamos hacer antes que nada es ser y hacer
progresar auténticos "gestos espirituales", como
el encuentro con Dios, la conversión al Evangelio, el
arrepentimiento, la acción apostólica de cara al
prójimo, etc. De bien poco sirve pulir la estructura de un
programa o de un trabajo: lo que cuenta es obtener una oración
pública o privada que sea una verdadera oración, una
metanoia que sea verdaderamente un movimiento de penitencia
y de conversión, una comunión que sea una verdadera
intimidad, una fe que sea una convicción decisiva.
Sin
embargo, son demasiados los que se desviven detrás de una
pastoral de las cosas, donde los hombres, valgan mucho o poco,
sirven sólo para llenar la casilla que se les ha
predispuesto, como si su tarea fuera sólo la de mantener en
pie un sistema ajustado de cosas y, si es posible, hacerlo
prosperar. Así, dentro de ciertos programas óptimamente
pulidos de "religión" falta precisamente lo que
es el acto religioso, el gesto espiritual. Es evidente que, en un
ambiente semejante, los cristianos deben encontrar muchas
dificultades para nacer. Por tanto, en primer lugar, se debe
buscar y suscitar el "movimiento espiritual" del hombre,
un acto que sea propio de alguien, que se comprometa con toda su
espiritualidad y tal que el Espíritu Santo pueda colaborar
en él (Yves-Marie Congar).
Día
29
Martes semana XXX del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 5,21-33
Hermanos:
21
Guardaos
mutuamente respeto en atención a Cristo.
22
Que
las mujeres respeten a sus maridos como si se tratase del Señor;
23
pues
el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y al mismo
tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia.
24
Y
como la Iglesia es dócil a Cristo, así también
deben serlo plenamente las mujeres a sus maridos.
25
Maridos,
amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se
entregó a sí mismo por ella
26
para
consagrarla a Dios, purificándola por medio del agua y la
Palabra.
27
Se
preparó así una Iglesia esplendorosa, sin mancha ni
arruga ni cosa parecida; una Iglesia santa e inmaculada.
28
Igualmente,
los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El
que ama a su mujer, a sí mismo se ama,
29
pues
nadie odia a su propio cuerpo; antes bien, lo alimenta y lo cuida
como hace Cristo con su Iglesia,
30
que
es su cuerpo, del cual nosotros somos miembros.
31
Por
eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse a
su mujer, y llegarán a ser los dos uno solo.
32
Gran
misterio éste, que yo relaciono con la unión de
Cristo y de la Iglesia.
33
En
resumen, que cada uno ame a su mujer como se ama a sí mismo
y que la mujer respete al marido.
*••
Después de haber hablado de una manera difusa sobre la vida
nueva de los bautizados (cf. Ef 4,17-5,20), Pablo concentra
ahora su propia atención sobre las relaciones en el
interior de la familia (5,21-6,9). El v. 21 nos ofrece la clave de
lectura de toda la sección: el cristiano, unido a Cristo
por el bautismo, imprime el servicio y la obediencia a todas sus
relaciones con los demás.
Nuestro
pasaje considera la relación marido-mujer. Pablo
desarrolla una doble comparación: como Cristo ama a la
Iglesia, se entrega a sí mismo por ella y le dispensa todas
las atenciones, así ha de hacer el marido con su mujer (v.
25); como la Iglesia responde al amor de Cristo con la obediencia
y la sumisión, así la mujer respecto al marido (w.
22-24). El amor de Cristo a la Iglesia ha de ser, por tanto, el
modelo de la unión conyugal: éste es el gran
misterio que anuncia el apóstol (v. 32).
Las
alusiones bautismales (v. 26: consagración, purificación,
palabra) motivan e iluminan las exhortaciones. En el bautismo ha
mostrado Cristo su amor a la Iglesia haciéndola pura,
espléndida, digna de ser su esposa. Nada puede ocultar su
belleza o servir de pretexto para el repudio: él lo
garantiza (w. 26a.27). La exhortación a amar a la esposa
dirigida al marido está reforzada con el ejemplo del cuerpo
(v. 28): la mujer es parte del cuerpo del hombre, dado que el
vínculo matrimonial hace de dos una sola carne, así
como la Iglesia forma parte del único cuerpo de Cristo.
"Alimentar" y "cuidar" expresan las acciones
propias del amor que tutela la vida (w. 29-31).
La
insistencia en la sumisión recomendada a la mujer (w.
22.24.33) tiene que ser comprendida en el contexto de la sociedad
patriarcal, en la que la supremacía masculina estaba fuera
de discusión y la mujer era considerada propiedad del
marido (cf Ex 20,17b). Con la fuerte acentuación del
paralelismo entre la relación marido- mujer y la relación
Cristo-Iglesia, la concepción patriarcal de las relaciones
conyugales asume tonos absolutamente nuevos: la sumisión al
marido, a quien se exhorta repetidamente a que ame a su mujer,
parece asumir el significado de una respuesta al amor ofrecido,
más que el de una pasiva sumisión a una autoridad
reconocida como de derecho natural.
Salmo Responsorial
Dichosos los que temen al Señor.
Salmo
127, 1-2.3; 4-5
Dichoso el que teme al Señor y
sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu
trabajo, serás dichoso, te irá bien .
R.- Dichosos los que temen
al Señor
Tu mujer como parra fecunda, en
medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor
de tu mesa .
R.- Dichosos los que temen
al Señor
Esta es la bendición del hombre que teme al
Señor. Que
el Señor te bendiga desde Sión, que veas la
prosperidad de Jerusalén, todos los días de tu
vida .
R.- Dichosos los que temen
al Señor
Evangelio:
Lucas 13,18-21
En
aquel tiempo,
18
Jesús
añadió: -A qué se parece el Reino de Dios?
Con qué lo compararé?
19
Es
como un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerto;
creció, se convirtió en árbol y las aves del
cielo anidaron en sus ramas.
20
De
nuevo les dijo: -Con qué compararé el Reino de Dios?
21
Es
como la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de
harina, hasta que todo fermenta.
•*•
Jesús, al curar en sábado a la mujer encorvada (cf.
Le
13,10-17), se manifestó como Señor del tiempo: él
es el "hoy" de la salvación que se lleva a cabo
en el amor. El Reino de Dios está presente entre los
hombres (cf.
17,21).
Las parábolas que siguen -las que componen el fragmento
litúrgico de hoy- ilustran dos características
peculiares del Reino de Dios: su gran
expansión y
su fuerza
transformadora.
Entre
los numerosos relatos parabólicos que, en la construcción
lucana, cubren el viaje de Jesús hacia Jerusalén,
sólo las dos parábolas que acabamos de leer se
refieren directamente al Reino de Dios. Ponen de manifiesto su
gran expansión en el mundo, fruto de la obra evangelizadora
délos discípulos, obedientes al mandato recibido del
Maestro (cf. 24,45-49; Hch 1,8). Los modestos comienzos que
caracterizan el ministerio de Jesús tienen, pues, un gran
desarrollo: la difusión de la Palabra de Dios, que resuena
en todo el mundo y de la que todos reciben vida, es comparable al
árbol cósmico de Dn 4,7a-9, cuya imagen recuerda el
crecimiento del arbusto de la mostaza (w. 18ss).
La
otra característica del Reino de Dios es su fuerza
intrínseca, que obra un desarrollo cualitativo del mundo.
Como la levadura, escondida en la masa inerte de harina, provoca
su crecimiento, así el Reino de Dios, mediante la
evangelización animada por el poder del Espíritu
Santo, transforma todo el mundo, sin ninguna discriminación.
MEDITATIO
El
amor entre el hombre y la mujer, recuperación de la imagen
y semejanza plena del ser humano con Dios, constituye la expresión
más elevada y significativa de la existencia humana. Sin
embargo, ha sido enormemente envilecido, incluso entre los
cristianos, reduciéndolo a necesidad de placer, a exigencia
psicobiológica.
Dios,
al hacerse hombre, ha dado un valor "divino" a las
realidades humanas. Comprender y experimentar la libertad y la
plenitud de vida que brotan del vivir la relación entre los
esposos, considerando la que hay entre
Cristo y
la Iglesia, que somos todos nosotros, como un ejemplo y un punto
de atracción, es dilatar el Reino de Dios en este mundo.
Nos daremos cuenta alguna vez suficientemente de que no hay
"asuntos privados" en los que cada chispa de amor no sea
convertida por el Espíritu de Dios en alimento para tantos
"hambrientos" de bien, de afecto y de calor humano? Dios
continúa obrando a lo grande a través de nuestra
pequeñez; continúa revelando su misterio infinito a
través de nuestro limitado orden cotidiano. Aceptaremos,
por fin, tomarnos en serio nuestra vida humana?
ORATIO
!Oh
Dios, qué grande es tu misterio! Cuando me encierro en mí
mismo, digo que se me escapa. Cuando me abro a ti de manera
confiada, me estremezco de estupor.
Tú
manifiestas tu verdad -amor personal ofrecido a todos los hombres-
por medio de mi vida, por muy pequeña que me parezca. Y
buscas su expresión más fuerte y totalizadora, como
es la unión de vida entre el hombre y la mujer, para
hacerme intuir lo intensamente que estás comprometido
conmigo y quieres comprometerme contigo. Que tu voluntad ardiente,
que ni disminuye ni disminuirá nunca, haga fermentar, a
través de la obra de tus amigos, la vida de nuestro mundo.
CONTEMPLATIO
El
hombre del cual leemos: "Nadie ha subido al cielo, a no
ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre"
(Jn 3,13), ese hombre dejó padre y madre, es decir,
dejó a Dios, de quien había nacido, y dejó
Jerusalén, que es madre de todos nosotros, y se unió
a la carne del hombre como a su esposa. En consecuencia, se unió
a su mujer, ya que, así como el hombre y la mujer forman un
solo cuerpo, así también la gloria de la divinidad y
la carne del hombre se unen y se configuran, las dos, o sea, Dios
y el alma, en una sola carne. Éste es el gran misterio, a
cuyo conocimiento nos llama la admiración del apóstol
y nos invita la exhortación de Dios, un misterio que, a no
dudar, no es extraño a cuanto debe entenderse referido a
Cristo y a la Iglesia. De modo que la carne de la Iglesia es la
carne de Cristo, y en la carne de Cristo está Dios y el
alma, y así en Cristo está la misma realidad que hay
en la Iglesia, puesto que el misterio que creemos presente en la
carne de Cristo está igualmente contenido, por la fe, en la
Iglesia (Juan Casiano, L'incarnazione del Signore, Roma
1991, pp. 207ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Guardaos
mutuamente respeto en atención a Cristo"
(Ef
5,21).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
matrimonio es una realidad espiritual, o, lo que es lo mismo, un
hombre y una mujer se ponen a vivir juntos para toda la vida no
sólo porque experimentan un profundo amor el uno por la
otra, sino porque creen que Dios les ha dado el uno a la otra para
ser testigos vivos de ese amor. Amar significa encarnar el amor
infinito de Dios en una comunión fiel con el otro ser
humano.
Todas
las relaciones humanas, ya sean entre padres e hijos, entre
maridos y mujeres, entre amantes y entre amigos o entre miembros
de una comunidad, han de ser entendidas como signos del amor de
Dios por la humanidad en su conjunto y por cada uno en particular.
Se trata de un punto de vista bastante poco común, pero es
el punto de vista de Jesús. Éste nos revela que
hemos sido llamados por Dios a ser testigos vivos de su amor, y
llegarnos a serlo siguiendo a Jesús y amándonos los
unos a los otros como él nos ama. El matrimonio es una
manera de ser un testimonio vivo del amor fiel de Dios. Cuando dos
personas se comprometen a vivir juntas su vida, viene a la
existencia una nueva realidad. "Se convierten en una sola
carne", dice Jesús. Eso significa que su unidad
crea un nuevo lugar sagrado. Muchas relaciones son como dedos
entrelazados: dos personas se aferran la una a la otra como dos
manos entrelazadas por el miedo. Dios llama al hombre y a la mujer
a una relación diferente. Se trata de una relación
que se asemeja a dos manos unidas en el acto de la oración.
Las puntas de los dedos se tocan, pero las manos pueden crear un
espacio parecido a una pequeña tienda. Ese espacio es un
espacio creado por el amor, no por el miedo. El matrimonio crea un
nuevo espacio abierto, donde se puede manifestar el amor de Dios
al "extranjero": al niño, al amigo, al que nos
visita. Este matrimonio se convierte en un testimonio del deseo
que tiene Dios de estar entre nosotros como un amigo fiel (H. J.
M. Nouwen, Vivere nelh Spirito, Brescia 41998, pp. 124ss y
127-129).
Día
30
Miércoles semana XXX del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 6,1-9
1
Hijos,
obedeced a vuestros padres como es justo que lo hagan los
creyentes.
2
Honra
a tu padre y a tu madre, tal
es el primer mandamiento, que lleva consigo una promesa, a saber:
3
para
que seas feliz y goces de larga vida en la tierra.
4
Y
vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino
educadlos, corregidlos y enseñadles tal como lo haría
el Señor.
5
Esclavos,
obedeced a vuestros amos terrenos con profundo respeto y con
sencillez de corazón, como si de Cristo se tratara.
6
No
con una sujeción aparente que busca sólo agradar a
los hombres, sino como siervos de Cristo que cumplen de corazón
la voluntad de Dios.
7
Prestad
vuestro servicio de buena gana, como quien sirve al Señor y
no a los hombres,
8
sabiendo
que el Señor dará a cada uno, sea libre o esclavo,
según el bien que haya hecho.
9
Y
vosotros, amos, comportaos de la misma manera con ellos; absteneos
de amenazas y tened presente que vuestro Señor y el suyo
está en los cielos y que en él no hay favoritismos.
**•
Después de haber exhortado a los cónyuges a vivir su
relación matrimonial en conformidad con su identidad
cristiana icf. Ef 5,22-33), el apóstol se dirige a
los hijos y a los padres. También a ellos les dirige la
invitación al mutuo respeto en la común obediencia a
Cristo icf. 5,21).
A
los hijos les recuerda el mandamiento mosaico: "Honra a tu
padre y a tu madre" (Ex 20,12a). La obediencia a los
padres tiene que ver con la relación con Dios, el cual liga
a esta relación su bendición, expresada en términos
de fecundidad, según la doctrina de la retribución
temporal (v. 3; cf. Ex 20,12b).
A
los padres les ha sido confiada la tarea de educar a los hijos, y
la deben llevar a cabo con mansedumbre y premura, no siguiendo sus
propios intereses, sino como servidores de la obra de Dios (v. 4):
en él debe inspirarse y orientarse la acción
educadora. La relación con el Señor y la obediencia
a su voluntad califican, pues, las relaciones entre padres e
hijos, iluminando y corroborando la paciente y suave firmeza de
unos y el respeto de los otros.
También
las relaciones entre esclavos y amos reciben nueva luz del anuncio
cristiano. Se trata de relaciones entre personas sometidas todas
ellas al mismo "Señor" (v. 9b), que, sin
favoritismo alguno, reconoce y aprecia el bien realizado por cada
uno, no la situación social que tiene (v. 8). Tanto para
los esclavos como para los amos vale la misma Palabra de Jesús:
"Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de éstos,
mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis"
(Mt 25,40). Por eso, el esclavo, cuando obedece a su amo,
obedece a Cristo: su servicio, realizado con sencillez y
generosidad, asume un valor religioso que excluye todo tipo de
servilismo y la búsqueda de ambiguas complacencias (w.
5-7). El amo, por su parte, debe tratar al esclavo del mismo modo
que trataría a Cristo, con un corazón animado por la
caridad, exento de arrogancia y autoritarismo (v. 9a).
Salmo
Responsorial
El Señor es fiel a sus palabras
Salmo
144,10-11.12-13ab.13cd-14
Que
todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te
bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
El Señor es fiel a sus palabras
Explicando
tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu
reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va
de edad en edad. R/.
El Señor es fiel a sus palabras
El
Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus
acciones. El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.
El Señor es fiel a sus palabras
Evangelio:
Lucas 13,22-30
En
aquel tiempo,
22
mientras
iba de camino hacia Jerusalén, Jesús enseñaba
en los pueblos y aldeas por los que pasaba.
23
Uno
le preguntó: -Señor, son pocos los que se salvan?.
Jesús le respondió:
24
-Esforzaos
en entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos
intentarán entrar y no podrán.
25
Cuando
el amo de casa se levante y cierre la puerta, vosotros os
quedaréis fuera y, aunque empecéis a aporrear la
puerta gritando: "!Señor, ábrenos!", os
responderá: "!No sé de dónde sois!".
26
Entonces
os pondréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo y
tú has enseñado en nuestras plazas".
27
Pero
él os dirá: "!No sé de dónde
sois! !Apartaos de mí, malvados!".
28
Entonces
lloraréis y os rechinarán los dientes, cuando veáis
a Abrahán, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el
Reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera.
29
Pues
vendrán muchos de oriente y occidente, del norte y del sur,
a sentarse a la mesa en el Reino de Dios.
30
Hay
últimos que serán primeros y primeros que serán
últimos.
*••
Comienza una nueva etapa en el viaje hacia Jerusalén,
marcada por la anotación-sumario del paso de Jesús
por pueblos y aldeas y su incesante enseñanza (v. 22). La
pregunta que abre la nueva sección tiene que ver con los
que formarán parte del Reino de Dios (v. 23).
Jesús
no da una respuesta directa sobre el número de los que se
salvarán, sino que exhorta a estar preparados y a mostrarse
solícitos en la acogida del Reino que viene. Se trata de la
urgencia ineludible de comprometernos con todo nuestro ser, de
concentrar todas nuestras fuerzas, como haríamos si
tuviéramos que pasar por una puerta estrecha (v. 24). "Hoy"
es el momento oportuno para este compromiso, un compromiso que
no hemos de aplazar: la salvación es el don de Dios al que
nos adherimos haciendo el bien, no simplemente reivindicando
vínculos de familiaridad con Jesús (w. 25ss).
La
imagen del banquete escatológico, en el que participan
todos los pueblos de la tierra (v. 29), manifiesta la salvación
ofrecida a todos los hombres y acogida por muchos paganos. Así
éstos, los "últimos" en recibir el
anuncio del Evangelio, serán los "primeros" en
entrar en el Reino de Dios, mientras que Israel, primero en
escuchar el anuncio, se verá excluido si no lo acoge (v.
30). La salvación no es cuestión de pertenencia
étnica, sino de fe en Jesús. No es el ser hijo de
Abrahán lo que asegura la participación en el Reino
(v. 28), sino la realización de las obras de Abrahán
(cf. Jn 8,39), el cual, con la esperanza de la redención
futura (cf. 8,56), tuvo fe y por esa fe fue reconocido como
justo (cf. Sant 2,23).
MEDITATIO
Nuestra
comunión con el Señor tiene su comienzo ahora, en
esta tierra, y durará más allá de la muerte,
durante un tiempo sin fin. Se trata de un comienzo muy concreto:
se lleva a cabo haciendo el bien y no el mal.
Este
modo de proceder se convierte en el signo distintivo que nos hace
ser reconocidos como personas que pertenecen a Jesucristo. La fe
en él no puede dejar de convertirse en amor que penetra las
relaciones con los otros.
No
tenemos que mirar muy lejos: la familia es el primer "lugar"
donde podemos convertir la fe en Jesús en comportamientos
consecuentes. Si invoco el nombre del Señor, acaso puedo
pretender apelar a ciertas jerarquías de poder para regular
sobre ellas las relaciones con los que viven junto a mí? La
salvación toma forma en la entrega, en el respeto, en la
delicadeza con que vivo mi rol-servicio familiar y mi rol social.
No tiene ninguna salida positiva buscar otros caminos.
ORATIO
Señor,
me resulta muy fácil demorarme en razonamientos a propósito
de tu mensaje de salvación sin comprometerme. Perdóname:
me parece "estrecha" la puerta del amor a los que viven
más cerca de mí, el único amor en el que
verdaderamente estoy dispuesto a poner en juego la verdad de mi fe
en ti. Prefiero la puerta "abierta de par en par" de las
grandes afirmaciones verbales, que no me exigen un compromiso, de
una familiaridad formal con las "cosas de la Iglesia", a
las que no me preocupo de dar respuesta en la vida. Dime que la
mía es una ilusión y que sólo si amo en serio
no a los que están lejos, sino a los que viven junto a mí,
a aquellos a los que primero y sobre todo me has confiado,
entonces y sólo entonces viviré la salvación
que eres tú.
CONTEMPLATIO
Acuérdate,
hijo mío, de lo que dice la Escritura: " Una buena
palabra vale a menudo más que un rico don"...
Acuérdate
de que, puesto que soy yo quien recibe todo lo que das, dices o
haces a los otros, no basta con decir, hacer o dar cosas buenas;
es preciso hacerlas también con suavidad, de una manera tan
grata como las harías si yo, Jesús, estuviera
delante de tus ojos... Es menester que todas las relaciones con el
prójimo, por pequeñas que sean, rebosen de amor (Ch.
de Foucauld, La vita nascosta. Ritiri IX/1, Roma 1974, p.
130).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú
eres el Señor de todos"(cf.
Ef
6,9).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Nuestra
misión es una misión de amor. Es una misión
de bondad, sobre todo hoy, en que hay tanta hambre de Dios. Noto
que, con el tiempo, cada uno de nosotros se transformará en
mensajero del amor de Dios. Para obtener esto, debemos ahondar en
nuestra vida de amor, de oración, de sacrificio. Es muy
difícil dar a Jesús a los otros si no lo tenemos en
nuestros corazones.
Si
esto no nos interesa, estamos perdiendo el tiempo, porque
limitarse a trabajar no es un motivo suficiente: sí lo es,
en cambio, llevar la paz, el amor y la bondad al mundo de hoy, y
para eso no tenemos necesidad ni de ametralladoras, ni de bombas.
Necesitamos un amor profundo y una profunda unión con
Cristo para ser capaces de dar a Cristo a los otros. Ahora bien,
antes de poder vivir esta vida con el exterior, debemos vivirla en
nuestras familias. El amor empieza en casa, y debemos ser capaces
de mirar a nuestro alrededor y decir: "Sí, el amor
empieza en la familia". Por eso nuestro primer esfuerzo debe
ir encaminado a hacer de nuestras familias otros tantos Nazarets
donde reinen el amor y la paz. Esto sólo se consigue cuando
la familia se mantiene unida y reza unida.
A
todos vosotros os ofrece una magnífica oportunidad la aran
misión de vivir esta vida de amor, de paz, de unidad. Y,
naciendo esto, proclamaréis a los cuatro vientos que Cristo
está vivo (Madre Teresa de Calcuta, La gioia di darsi
agli altrí, Roma 31981, pp. 82-84, passim [edición
española: La alegría de darse a los demás,
Ediciones San Pablo, Madrid 1997]).
Día
31
Jueves semana XXX del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Efesios 6,10-20
Hermanos:
10
termino
pidiendo que el Señor os conforte con su fuerza poderosa.
11
Revestíos
de las armas que os ofrece Dios para que podáis resistir a las
asechanzas del diablo.
12
Porque
nuestra lucha no es contra adversarios de carne y hueso, sino contra
los principados, contra las potestades, contra los que dominan este
mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que tienen su
morada en un mundo supraterreno.
13
Por
eso debéis empuñar las armas que Dios os ofrece, para
que podáis resistir en los momentos adversos y superar todas
las dificultades sin ceder terreno.
14
Estad,
pues, en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad, protegidos
con la coraza de la rectitud,
15
bien
calzados vuestros pies para anunciar el Evangelio de la paz.
16
Tened
embrazado en todo momento el escudo de la fe con el que podáis
apagar las flechas incendiarias del maligno;
17
usad
el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que
es la Palabra de Dios.
18
Vivid
en constante oración y súplica guiados por el Espíritu.
Y renunciando incluso al sueño para ello, orad con la mayor
insistencia por todos los creyentes
19
y
también por mí, a fin de que Dios ponga en mis labios
la palabra oportuna para dar a conocer con audacia el misterio del
Evangelio,
20
del
que soy embajador entre cadenas. Que Dios me conceda anunciarlo con
la entereza que debo.
**•
La vida del cristiano es una lucha contra las fuerzas adversas a
Dios, unas fuerzas que se oponen a su señorío en el
mundo e intentan separar al hombre del Creador (v. 11b). Se trata de
unas fuerzas oscuras, no identificables con facilidad, superiores al
hombre (v. 12).
Sin
embargo, el cristiano que vive en comunión con su Señor
recibe de él la fuerza necesaria para el combate (v. 10), para
ese combate que se desarrolla en la situación real en que
vive. Pablo, empleando imágenes militares, en continuidad con
aquellas que presentaban, en el Antiguo Testamento, a YHWH como un
guerrero (cf. Is 42,13; Sab 18,15; Sal 35,1-3), exhorta al
cristiano, despojado del hombre viejo en el bautismo (cf. Ef
4,22; Col 3,9), a revestirse de las armas para la lucha (w. 1
la-13a). La cintura, la coraza, las sandalias, el escudo, el yelmo,
la espada de estas armas espirituales son la verdad, la justicia, la
paz, la fe, la salvación, la Palabra de Dios (w. 14-17). Se
trata de los dones que Dios distribuye a los bautizados y que éstos
están llamados a acoger y poner en práctica para vivir
la libertad de los hijos del Padre celestial, liberados de su miedo y
de las insidias del maligno, fuertes y perseverantes en las pruebas
hasta la consumación de los tiempos escatológicos (v.
13).
La
oración es el medio indispensable para poder recibir los dones
de Dios y llevar la batalla a buen fin, esto es, para obrar de modo
cristiano: una oración incesante, guiada por el Espíritu
Santo (v. 18a). Pablo llama la atención a fin de que el
cansancio y el desánimo no lleven las de ganar en la difícil
lucha: es necesario perseverar (v. 181). A tal fin, recomienda
Pablo la oración de los unos por los otros y, en particular,
por él mismo, enviado por Dios a anunciar el Evangelio, para
que pueda cumplir su mandato con audacia y entereza (w. 18c-20).
Salmo Responsorial
!Bendito el Señor, mi alcázar!
Salmo 143. 1-4
1Bendito
el Señor, mi Roca, que
adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea;
R. !Bendito el Señor, mi
alcázar!
2mi
bienhechor, mi alcázar, baluarte
donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete
los pueblos.
R. !Bendito el Señor, mi
alcázar!
3Señor,
¿qué es el hombre para que te fijes en él?; ¿qué
los hijos de Adán para que pienses en ellos? 4El
hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que
pasa.
R. !Bendito el Señor, mi
alcázar!
Evangelio:
Lucas 13,31-35
Aquel
día,
31
se
acercaron unos fariseos y le dijeron: -Sal, márchate de aquí,
porque Herodes quiere matarte.
32
Jesús
les dijo: -Id a decir a ese zorro que expulso demonios y realizo
curaciones hoy y mañana, y que al tercer día acabaré.
33
Por
lo demás, hoy, mañana y pasado tengo que continuar mi
viaje, porque es impensable que un profeta pueda morir fuera de
Jerusalén.
34
!Jerusalén,
Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que Dios
te envía! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos
como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas y no
habéis querido.
35
Pues
bien, vuestra casa se os quedará desierta. Y os digo que ya no
me veréis hasta que llegue el día en que digáis:
Bendito
el que viene en nombre del Señor.
*+•
La
iniquidad más grande (cf.
Le
13,27), compendio de todas las otras, será la muerte de Jesús.
Éste resulta incómodo a Herodes (v. 31), pero también
y sobre todo a los jefes religiosos de Israel. Sea cual sea la
motivación -simpatía o bien hostilidad- por la que
algunos fariseos le aconsejan que se aleje del territorio gobernado
por Herodes, esto le permite a Jesús afirmar su fidelidad al
mandato recibido del Padre: anunciar el tiempo de la salvación
definitiva (cf.
2 Cor
6,2), de la que son signos la expulsión de demonios y las
curaciones (v. 32). No hay perfidia humana que pueda cambiar el
designio del amor de Dios.
El
evangelista señala que Jesús es consciente de ir al
encuentro de una muerte cruenta (cf. Le 9,22; 9,44; 17,25;
18,31-33), una suerte que no es diferente de la que siguieron los
profetas (w. 33-34a; cf. 6,22ss). Eso sucederá
precisamente en la ciudad santa de Jerusalén, la cual, en
contradicción con su propio nombre -"Ciudad de la paz"-,
ha sido el lugar de la masacre de los enviados de Dios. Es un acto
deliberado ese con el que Jerusalén, símbolo de los
israelitas incrédulos, no ha acogido la Palabra que Jesús
le ha anunciado en más ocasiones, manifestando el deseo del
Padre de convertirla en centro de unidad de su pueblo elegido (v.
34b).
Jesús
predice su ruina (v. 35a), que es, a un tiempo, material (la ciudad
será sometida todavía más duramente a los
romanos y el templo será destruido) y espiritual. De hecho,
Israel, al rechazar a Jesús, no recibe el cumplimiento de la
promesa.
Sin
embargo, puesto que "los dones y la llamada de Dios son
irrevocables" (Rom 11,29), el evangelista entrevé, en
el signo de la aclamación triunfal del mesías al final
de su viaje (v. 35b; cf. Le 19,28-39), la acogida de Jesús
por parte de todo Israel, al final de los tiempos, cuando judíos
y paganos, convertidos todos en cristianos, bendecirán juntos
el nombre del Señor.
MEDITATIO
Hay
que sostener una lucha para ser auténticamente cristianos, una
lucha entre las muchas sugerencias y persuasivos reclamos que frenan
el impulso de adhesión al Señor e intentan marchitar el
vigor de la obediencia a su Palabra. El Señor mismo nos
sostiene, asegurándonos su presencia poderosa en los signos
sacramentales.
Con
el don de la fe, de la Palabra, de la capacidad de discernir lo que
está bien de lo que está mal, nos atrae hacia él
a fin de que, en comunión con él, demos a conocer en el
mundo su presencia, que es fuente de vida para todos, sin
distinciones entre judíos y griegos.
Pero
tal vez hoy sea más difícil que nunca hacer callar al
que se opone a todo esto y nos separa del Señor y délos
otros. Quizás la causa resida en que no nos dejamos abrazar
por su deseo de recogernos en la unidad -nosotros, seres tan
doloridos por las dispersiones interiores, tan fragmentados en
nuestras relaciones vitales-.
La
oración nos ayuda a volver y a permanecer en el centro de
nosotros mismos, en ese lugar donde el Espíritu Santo no cesa
de recordarnos el amor del Padre y la ternura del Hijo.
ORATIO
Señor,
te pedimos, siguiendo la invitación de tu apóstol, que
los hermanos y hermanas que viven situaciones de prueba sean capaces
de resistir a la tentación del desánimo.
Haz
que escuchen tus llamadas y no abandonen la Palabra que han
escuchado, la verdad en la que han creído, la justicia que han
acogido. Te pedimos en particular, Señor, por los anunciadores
del Evangelio: que, siguiendo tu ejemplo, perseveren contra todo
opositor, visible o invisible; que sean fieles a tu voluntad,
testigos de la verdad que ellos han sido los primeros en recibir como
don; que su única preocupación sea que tú seas
conocido y amado, alabado y agradecido.
CONTEMPLATIO
Dios
nos ha otorgado tanta gracia que es nuestro ayudador y nos ha dado
buenas armas. Y puesto que él quedó muerto y vencedor
en el campo de batalla (muerto fue y, al morir en el leño de
la santísima cruz, salió vencedor, y con su muerte nos
ha dado la vida), y ha vuelto a la ciudad del Padre eterno con la
victoria de su esposa, o sea, de nuestra alma, sigamos, pues, sus
vestigios, expulsando el vicio con la virtud; la soberbia con la
humildad; la impaciencia con la perfecta humildad y la continencia;
la vanagloria con la gloria y el honor de Dios. Que lo que hagamos e
ingeniemos sea para gloria, alabanza y honor del nombre de nuestro
Jesús.
Hágase
una dulce y santa guerra contra estos vicios: y cuanto más
miremos al dulce Señor, tanto más animada se verá
el alma a emprender mayor guerra (Catalina de Siena, Le lettere,
Milán 41987, pp. 439ss [edición española:
Obras de santa Catalina de Siena, Biblioteca de Autores
Cristianos, Madrid 1996]).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que
el Señor nos conforte con su fuerza poderosa"(cf
Ef
6,10).
PARA LA
LECTURA ESPIRITUAL
Nuestra
presencia es motivo de discordia: algunos la contestan hasta el punto
de organizar atentados contra nosotros. Pero los ataques contra
nuestra comunidad hacen nuestra presencia todavía más
manifiesta. Lo hemos visto claramente después del rapto de los
monjes y, más aún, después de su inmolación.
La mayor parte de los musulmanes argelinos se ha unido a nosotros en
la oración a Dios para que preservase su vida y plegara el
corazón de los raptores. Más tarde, tras el anuncio de
su muerte, han vuelto a vivir aún con nosotros la
consternación, la condena y la vergüenza que semejante
crimen ha suscitado. Las pruebas por las que pasamos, vividas sin
espíritu de venganza y abiertos al perdón evangélico,
asumen un papel en las obras de la reconciliación y de la paz.
"... Hemos tenido que permanecer firmes en nuestro rechazo a
dejarnos identificar con uno u otro campo, permanecer libres para
contestar de manera pacífica a las armas y los medios de la
violencia y de la exclusión.
Seguir
siendo lo que somos en este contexto significa anunciar de modo
concreto un evangelio de amor a todos, un evangelio que implica el
respeto a la diferencia. !Ésta es una auténtica buena
noticia! El incremento de la proximidad de nuestros vecinos) su
aceptación de lo que somos hacen que acojamos, ciertamente, su
propio mensaje. !Una felicidad hecha para crecer!" (Hermano
Christian, prior de la Trapa de Tibhrine, en H. Teissier, Accanto
o un amico, Magnano 1998, pp. 155ss [edición española:
Cartas de Argelia, Encuentro, Madrid 2000]).