El
cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas
celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este
destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia
situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas
del día -Liturgia de las horas- y todos los días del
año -Lectio Divina-
Día
1
Festividad de Todos los
Santos
Solemnidad
de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En
el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía
peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya
compañía alegra los cielos, recibiendo así el
estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un
día, la corona del triunfo en la visión eterna de la
divina Majestad (elog. del Martiriologio romano).
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 7,2-4.9-14
2
Y
ví otro ángel que subía del oriente; llevaba
consigo el sello del Dios vivo y gritó con voz potente a
los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y
al mar:
3
-
No hagáis daño a la tierra, ni al mar ni a los
árboles hasta que marquemos en la frente con el sello a los
servidores de nuestro Dios.
4
Y
oí el número de los marcados con el sello: eran
ciento cuarenta y cuatro mil procedentes de todas las tribus de
Israel.
9
Después
de esto, miré y ví una muchedumbre enorme que nadie
podía contar. Gentes de toda nación, raza, pueblo y
lengua; estaban de pie delante del trono y del Cordero. Vestían
de blanco, llevaban palmas en las manos
10
y
clamaban con voz potente, diciendo: - A nuestro Dios, que esté
sentado en el trono, y al Cordero. se debe la salvación.
11
Y
todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono,
alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, cayeron
rostro a tierra delante del trono y adoraron a Dios,
12
diciendo:
- Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción
de gracias, honor poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de
los siglos. Amen.
13
Entonces
uno de los ancianos tomó la palabra y me preguntó: -
Estos que están vestidos de blanco quiénes son y de
dónde han venido?
14
Yo
le respondí: - Tú eres quien lo sabe, Señor:
Y él me dijo: - Estos son los que vienen de la gran
tribulación, los que han lavado y blanqueado sus túnicas
en la sangre del Cordero.
" Sólo <<el
retoño de David>> (Ap 5,5) puede deshacer los sellos
que cierran el libro. El sexto sello se corresponde con la visión
de un terrorífico trastorno cósmico, bruscamente
impedido por un misterioso ángel que viene de oriente y
anuncia la salvación <<a las servidores de nuestro
Dios>> (v. 3), Los cuatro ángeles encargados de
destruir la tierra tienen que detenerse y esperar a que marquen
con el sello la frente de los elegidos: el <<resto>>
de los hijos de Israel, doce mil por cada una de las doce tribus.
La imagen evoca el Éxodo, cuando el ángel
exterminador <<pasó de largo>> (Ex 12) por las
casas de los judíos untadas con la sangre del cordero.
Concluido el listado de
los marcados, habría que esperar la destrucción. En
cambio, inesperadamente irrumpe en la escena una muchedumbre
incalculable, que desborda los confines étnicos de Israel:
la salvación alcanza a todos los pueblos y naciones,
caracterizados por los blancos vestidos del bautismo y las palmas
del martirio. Esta muchedumbre inmensa se une al <<resto de
Israel>> y juntos alaban a Dios y al Cordero. Los ángeles,
los ancianos y los cuatro vivientes estén postrados delante
del trono de Dios.
Uno de los ancianos se
dirige al vidente preguntándole; <<Quiénes son
éstos?>> y ofreciéndole, posteriormente, la
respuesta: son los que vienen de la persecución y el
martirio (vv l3ss). Quizá se trate de la persecución
de Domiciano, prototipo de todas las tribulaciones que en
cualquier tiempo y lugar puedan afligir a los creyentes. Es el
testimonio de la fe y, sobre todo, de la sangre redentora de
Cristo.
Salmo
responsorial Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor
Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
Del
Señor es la tierra y cuanto la llena, el
orbe y todos sus habitantes: él
la fundó sobre los mares, él
la afianzó sobre los ríos.
R.-
Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor
¿Quién
puede subir al monte del Señor? ¿Quién
puede estar en el recinto sacro? El
hombre de manos inocentes y puro corazón, que
no confía en los ídolos.
R.-
Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor
Ese
recibirá la bendición del Señor, le
hará justicia el Dios de salvación. Esta
es la generación que busca al Señor, que
busca tu rostro, Dios de Jacob.
R.-
Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor
Segunda
lectura: 1 Juan 3,1-3
Hermanos:
1
Considerad
el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto
de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo
no nos conoce, porque no lo ha conocido a él,
2
Queridos,
ahora somos ya hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que
seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a
él, porque lo veremos tal cual es.
3
Todo
el que tiene en él esta esperanza se purifica a si mismo,
como él es puro.
•" con el
capítulo 3 de la primera Carta de Juan da comienzo la
segunda parte, dedicada a <<vivir como hijos de Dios>>.
La primera se centra en <<caminar a la luz>>. La
conexión entre ambas secciones se consigue mediante una
disposición quiástica: la manifestación del
Hijo de Dios (2,28) se corresponde con las manifestaciones de los
hijos de Dios (3,2); la justicia de Dios (2,29) se corresponde con
el hecho de ser hijos de Dios (3,1).
El v. 1 pone en paralelo
la <<consideración" (<<...qué amor
tan grande>>), hecha posible por la revelación del
amor de Dios, con el rechazo al <<conocimiento>> que
viene de la fe. El mundo no nos conoce porque no conoce el amor:
o, mejor dicho, no reconoce a los discípulos porque ha
rechazado el amor de Jesucristo. El v, 2 remacha: <<Somos
hijos de Dios>>, y juega con los verbos relativos a la
revelación: <<manifestar y <<conocer/ver>>.
Todavía no se nos ha manifestado lo que seremos. Sabemos
(hemos visto con los ojos de la fe) que cuando se manifieste
seremos semejantes a él, porque lo <<veremos>>
<<tal cual es>>, en su gloria. El v. 3 explica el
sentido de este <<ser semejantes a él>>, es
decir; a Dios. Ahora vivimos en la esperanza: apartados de lo
profano, transformados en puros y santos para el culto del templo,
como Cristo, el modelo perfecto del creyente.
Evangelio:
Mateo 5,1-12a
1
Al
ver a la gente, Jesús subió al monte, se sentó,
y se le acercaron sus discípulos.
2
Entonces
comenzó a enseñarles con estas palabras:
3
Dichosos
los pobres en el espíritu, porque suyo es el Reino de los
Cielos.
4
Dichosos
los que estén tristes, porque Dios los consolara.
5
Dichosos
los humildes, porque heredarán la tierra.
6
Dichosos
los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque
Dios los saciaré.
7
Dichosos
los misericordiosos, porque Dios tendré misericordia de
ellos.
8
Dichosos
los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán
a Dios.
9
Dichosos
los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de
Dios.
10
Dichosos
los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es
el Reino de los Cielos.
11
Dichosos
seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra
vosotros toda clase de calumnias por causa mía.
12
Alegraos
y regocijaos, porque será grande vuestra recompensa en los
cielos.
" Las
bienaventuranzas son la dirección del <<sermón
de la montaña>>: los pobres en el espíritu,
los tristes, los limpios de corazón... son los
destinatarios del discurso. Las bienaventuranzas son la <<Carta
Magna>> del Reino de los Cielos: para entrar o tener parte
hay que encontrarse en alguna de las categorías
mencionadas. No son simples <<consejos>>, sino la
<<ley>> del evangelio. El monte (5,1) es una clara
referencia al otro monte, el Sinaí, donde subió
Moisés para recibir las tablas de la Ley.
Cada versículo
presenta una situación de debilidad, malestar o
sufrimiento, que es considerada <<dichosa>> no en si
misma, sino porque es fuente de bendición y recompensa
futura. La primera y la octava forman una inclusión, la
promesa es idéntica: <<De ellos es el Reino de los
Cielos>> (5,3.10). La última, la más
articulada, se refiere directamente a los discípulos, y en
concreto por sufrir persecución <<por mi causa>>.
Las cuatro primeras siguen un esquema de contraposición:
los pobres poseerán el Reino de los Cielos; los llorones
serán consolados; los humildes heredaran la tierra y los
hambrientos serán saciados. En otras se hace una
constatación: los misericordiosos encontrarán
misericordia; los constructores de paz serán llamados hijos
de Dios; los perseguidos tendrán su recompensa en los
cielos.
Aparecen vocablos muy
sugerentes en el lenguaje bíblico, especialmente profético:
justicia, misericordia, paz, pureza de corazón, pobreza.
Los <<dichosos>> descritos por Mateo se corresponden
con los <<pobres de YHWH>>, los piadosos, los profetas
perseguidos e incomprendidos del Antiguo Testamento, Algunos
añadidos de Mateo, con respecto a Lucas, no son
atenuaciones, sino profundizaciones. Los pobres <<en el
espíritu>> no excluyen, sino que incluyen, a los
<<pobres>> a secas. No se puede saciar el hambre <<de
justicia>> sin saciar el hambre material.
MEDITATIO
La santidad pertenece
únicamente a Dios, y nadie puede reclamarla nunca para sí.
La distancia entre nuestro carácter de criaturas y el
Creador, la fractura entre nuestros deseos y nuestras
realizaciones, la necesidad de ajustar las cuentas con los
compromisos y dolores de la historia nos impiden creer que nuestra
filiación divina sea algo que se nos debe. Desde este punto
de vista, el balance de la historia es aún ruinoso: no
somos santos.
Con todo, podemos
construir la santidad en parte, armonizando nuestra propia vida
con el designio de justicia que Dios ha pensado para el mundo. Lo
hacen "los pobres en el espíritu", que no
consiguen encontrar en ellos mismos motivos para ir hacia delante
y se confían al grano de mostaza del Reino de Dios. Lo
hacen los "servidores" del Señor, que intentan
imitar el obrar misericordioso de Dios en la historia para
convertirse en un posible signo de salvación, en un poco de
levadura del Reino de Dios.
Se trata de tareas
desmesuradas, que nadie consigue llegar a término por sí
solo. Únicamente si nos confiamos a aquella parte todavía
no revelada de nosotros mismos, a la semejanza que nos hace hijos
e hijas de Dios y amados por él, sólo si creemos y
nos confiamos con fe y amor a la promesa de nuestro bautismo,
llegaremos a comprender cómo la salvación forma
parte ya de nuestra vida y que es propio de la santidad de Dios
sostener nuestra santidad.
ORATIO
Padre santo, tú nos
has llamado hijos tuyos. Nosotros te damos gracias por tu
santidad, que conduce la historia. No comprendemos todavía
hasta el fondo lo que significa sentirse amados por tu santidad,
pero tú mantienes viva en nosotros la imagen que has
proyectado para cada uno.
Hijo justo del Padre, tú
nos has abierto un paso en la historia, donde conseguimos ver cómo
actúa el Padre en la historia y cómo obra en ella el
Hijo. Ayúdanos a imitar tu única filiación,
haznos capaces de confiarnos al Padre.
Espíritu de
justicia y de santidad, si tú no purificas nuestros
corazones nunca seremos capaces de abrir nuestros ojos a la mirada
de Dios, nunca seremos capaces de cantar las alabanzas de Dios en
la liturgia, no conseguiremos llamarnos hijos. Infunde en nuestro
corazón la capacidad de escuchar la voz del Padre que nos
llama hijos suyos amados.
CONTEMPLATIO
También nosotros
hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Y lo que produce
en nosotros la imagen divina no es otra cosa que la santificación,
esto es, la participación en el Hijo en el Espíritu.
Así que, después de que la naturaleza humana se
hubiera encaminado a la perversión y se hubiera corrompido
la belleza de la imagen, fuimos restaurados en el estado original,
porque mediante el Espíritu ha sido reformada la imagen del
Creador, es decir, del Hijo, a través del cual viene todo
del Padre.
También el
sapientísimo Pablo dice: "!Hijos míos, por
quienes estoy sufriendo de nuevo dolores de parto hasta que Cristo
llegue a tomar forma definitiva en vosotros!" (Gal 4,19). Y
él mismo mostrará que la figura de la formación
de la que se habla aquí ha sido imprimida en nuestras almas
por medio del Espíritu, proclamando: "Porque el Señor
es el Espíritu, y donde está el Espíritu del
Señor hay libertad. Por nuestra parte, con la cara
descubierta, reflejando como en un espejo la gloria del Señor,
nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más
gloriosa, como corresponde a la acción del Espíritu
del Señor" (2 Cor 3,17ss) (Cirilo de Alejandría,
Dialoghi sulla Trinitá, Roma 1982, pp. 302ss).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "
Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto"
(Mt
5,48).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Tu verdadera identidad es
ser hijo de Dios. Esa es la identidad que debes aceptar. Una vez
que la hayas reivindicado y te hayas instalado en ella, puedes
vivir en un mundo que te proporciona mucha alegría y,
también, mucho dolor. Puedes recibir tanto la alabanza como
el vituperio que te lleguen como ocasiones para fortalecer tu
identidad fundamental, porque la identidad que te hace libre está
anclada más allá de toda alabanza y de todo
vituperio humano. Tú perteneces a Dios y, como hijo de
Dios, has sido enviado al mundo.
Dado que ese lugar
profundo que hay dentro de ti y donde se arraiga tu identidad de
hijo de Dios lo has desconocido durante mucho tiempo, los que eran
capaces de afectarte han tenido sobre ti un poder repentino y a
menudo aplastante. Pero no podían llevar a cabo aquel papel
divino, y por eso te dejaron, y te sentiste abandonado. Pero es
precisamente esta experiencia de abandono la que te ha atraído
a tu verdadera identidad de hijo de Dios.
Sólo Dios puede
habitar plenamente en lo más hondo de ti. Puede ser que
haga falta mucho tiempo y mucha disciplina para volver a unir tu
yo profundo, escondido, con tu yo público, que es conocido,
amado y aceptado, aunque también criticado por el mundo;
sin embargo, de manera gradual, podrás empezar a sentirte
más conectado a él y llegar a ser lo que
verdaderamente eres: hijo de Dios (H. J. M. Nouwen, La voce
dell'amore, Brescia 21997, pp. 98ss, passim).
Día
2
Conmemoración de todos
los fieles difuntos
Creemos
por fe que la muerte no es el final de la existencia humana, sino
la entrada en una condición de vida nueva y definitiva: en
Dios y !unto con todos los redimidos. La realidad de la comunión
de los santos nos da la certeza de que los hermanos todavía
no purificados del todo pueden recibir ayuda y consuelo por medio
de nuestra oración. Por eso la Iglesia, acogiendo una
antigua tradición monástica, ha dedicado un día
entero a la oración de sufragio por los fieles difuntos,
fijando su fecha en el 2 de noviembre, inmediatamente después
de la fiesta de Todos los santos.
LECTIO
Primera
lectura: Job 19,1-23-27a
1
Job
tomó la palabra y dijo:
23
!Ojalá
se escribieran mis palabras! !Ojalá se grabaran en el
bronce!
24
!Ojalá
con punzón de hierro y plomo se esculpieran para siempre en
la roca!
25
Pues
yo sé que mi defensor está vivo y que él, al
final, se alzará sobre el polvo;
26
y
después que mi piel se haya consumido, con mi propia carne
veré a Dios.
27
Yo
mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de
un extraño, y en mi interior suspirarán mis
entrañas.
*••
No resulta fácil compartir el sufrimiento de otro. Los
amigos de Job no le ofrecen más que discursos hechos a
partir de tópicos y frustrados por una sabiduría
demasiado fácil. Muy distintas son las palabras de su
respuesta. En efecto, cuando se encuentra casi en el umbral de la
muerte y la soledad le destroza el corazón (vv. 19-22), Job
intuye que Dios es su redentor, su go'el, o sea -siguiendo
la práctica jurídica judía-, el pariente
cercano que debe comprometerse a rescatar corriendo con los gastos
(o vengar) a su pariente en caso de esclavitud, de pobreza, de
asesinato. Así pues, Job puede apelar a Dios como a su
último defensor, como al ser vivo que se compromete a sí
mismo en favor del hombre que muere, puesto que entre Dios y el
hombre existe una especie de parentesco, un vínculo
indisoluble.
Job
lo afirma con vigor (vv. 26ss): sus ojos contemplarán a
Dios con la familiaridad de quien no es extraño a su vida.
Salmo
Responsorial
El
Señor es mi pastor, nada me faltará.
Salmo
22, 1-3. 4. 5. 6
R.
(1) El
Señor es mi pastor, nada me faltará. El
Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me
hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para
reparar mis fuerzas. Por ser un Dios fiel a sus promesas, Me
guía por el sendero recto. R. El
Señor es mi pastor, nada me faltará. Así,
aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú
estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan
seguridad. R. El
Señor es mi pastor, nada me faltará. Tú
mismo preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me
unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los
bordes. R. El
Señor es mi pastor, nada me faltará. Tu
bondad y tu misericordia me acompañarán todos los
días de mi vida; y viviré en la casa del
Señor por años sin término. R. El
Señor es mi pastor, nada me faltará.
Segunda
lectura: Romanos 5,5-11
Hermanos:
5
Una
esperanza que no engaña porque,
al
darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en
nuestros corazones.
6
Estábamos
nosotros incapacitados para salvarnos, pero Cristo murió
por los impíos en el tiempo señalado.
7
Es
difícil dar la vida incluso por un hombre de bien, aunque
por una persona buena quizá alguien esté dispuesto a
morir.
8
Pues
bien, Dios nos ha mostrado su amor haciendo morir a Cristo por
nosotros cuando aún éramos pecadores.
9
Con
mayor razón, pues, a quienes ha puesto en camino de
salvación por medio de su sangre los salvará
definitivamente del castigo.
10
Porque
si siendo enemigos Dios nos reconcilió consigo por la
muerte de su Hijo, mucho más, reconciliados ya, nos salvara
para hacernos partícipes de su vida.
11
Y
no sólo esto, sino que nos sentimos también
orgullosos de un Dios que ya desde ahora nos ha concedido la
reconciliación por medio de nuestro Señor
Jesucristo.
*••
La esperanza del hombre frente al enigma de la muerte no es vana.
Como ya había intuido Job, Dios es realmente nuestro
"Redentor", porque nos ama. Se ha comprometido a
rescatarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte pagando el
precio de la sangre de su Hijo (vv. 6-9), de un modo absolutamente
gratuito. Nosotros, en efecto, éramos pecadores, impíos,
enemigos, pero el Señor nos ha reconocido como "suyos"
y ha muerto por nosotros, arrancándonos de la muerte
eterna.
Por
medio del bautismo, y participando en el misterio pascual de
Cristo, es como acogemos esta gracia. Su muerte nos ha
reconciliado con el Padre, su resurrección nos permite
vivir como salvados. Rompiendo continuamente los lazos con el
pecado y dejándonos guiar por el Espíritu derramado
en nuestros corazones, actualizamos cada día la gracia de
nuestro nuevo nacimiento.
Evangelio:
Juan 6,37-40
En
aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre:
37
Todos
los que me da el Padre vendrán a mí, y yo no
rechazaré nunca al que venga a mí.
38
Porque
yo he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad
del que me ha enviado.
39
Y
su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los que él me
ha dado, sino que los resucite en el último día.
40
Mi
Padre quiere que todos los que vean al Hijo y crean en él
tengan vida eterna, y yo los resucitaré en el último
día.
**•
El verdadero centro de esta perícopa es la voluntad de
Dios, a cuyo cumplimiento está orientada por completo la
misión de Jesús (v. 38). Esa voluntad es un designio
de vida y de salvación ofrecido a todo hombre ("todos":
v. 40) a través de la mediación de Cristo, a fin
de que nadie se pierda (v. 39). El designio de Dios manifiesta así
su ilimitada gratuidad y, al mismo tiempo, la afectuosa atención
de su caridad con cada uno. Para recibirla, es preciso responder
con el libre consentimiento de la fe: quien cree en el Hijo tiene
ya desde ahora la vida eterna, porque se adhiere a aquel que es la
resurrección y la vida, y sólo él puede
llevarnos consigo más allá del insuperable límite
de la muerte.
MEDITATIO
Ante
la muerte se impone el silencio, ese silencio que, haciéndonos
entrar en el diálogo de la eternidad y revelándonos
el lenguaje del amor, nos pone en una comunicación profunda
con este insondable misterio. Existe un vínculo fortísimo
entre aquellos que han dejado de vivir en el espacio y en el
tiempo y los que se encuentran aún inmersos en ellos. Si
bien la desaparición física de las personas queridas
nos hace sufrir su inalcanzable lejanía, mediante la fe y
la oración experimentamos una más íntima
comunión con ellos. Cuando parece que nos dejan es en
realidad el momento en el que se establecen más firmemente
en nuestra vida: siguen estando presentes en nosotros, forman
parte de nuestra interioridad, los encontramos en esa patria que
ya llevamos en el corazón, allí donde habita la
Trinidad.
San
Pablo nos anima a vivir de una manera positiva el misterio de la
muerte, haciéndole frente día tras día,
aceptándola como una ley de la naturaleza y de la gracia,
para ser despojados progresivamente de lo que debe perecer hasta
encontrarnos ya milagrosamente transformados en aquello en que
debemos convertirnos. La "muerte cotidiana" se revela
así más bien como un nacimiento: el lento declinar y
el ocaso desembocan en un alba luminosa. Todos los sufrimientos,
las fatigas y las tribulaciones de la vida presente forman parte
de este necesario, de este cotidiano morir, a fin de pasar a la
vida inmortal. Debemos vivir fijando nuestra mirada en el objeto
de la bienaventurada esperanza, apoyándonos únicamente
en la fidelidad del Señor, que nos ha prometido la
eternidad.
Si
vivimos así, cuando lleguemos al ocaso de esta vida no
veremos caer las tinieblas de la noche, sino que aparecerá
ante nosotros -una expectativa sorprendente, no obstante-, el alba
de la eternidad y tendremos la inefable alegría de
sentirnos una sola cosa con el Señor.
Después
de una larga fatiga seremos plenamente suyos y esa pertenencia
será plenitud de bienaventuranza en la visión cara a
cara.
ORATIO
Señor,
cada día se eleva desde la tierra una acongojada oración
por aquellos que han desaparecido en el misterio: la oración
que pide reposo para el que expía, luz para el que espera,
paz para quien anhela tu amor infinito.
Descansen
en paz: en la paz del puerto, en la paz de la meta, en tu paz,
Señor. Que vivan en tu amor aquellos a los que he amado,
aquellos que me han amado. No olvides, Señor, ningún
pensamiento de bien que me haya sido dirigido, y el mal, oh Padre,
olvídalo, cancélalo.
A
los que pasaron por el dolor, a los que parecieron sacrificados
por un destino adverso, revélales, contigo mismo, los
secretos de tu justicia, los misterios de tu amor. Concédenos
esa vida interior para que en la intimidad nos comuniquemos con el
mundo invisible en el que están: con ese mundo fuera del
tiempo y del espacio que no es lugar, sino estado, y no está
lejos de nosotros, sino a nuestro alrededor; que no es de muertos,
sino de vivos (Primo Mazzolari).
CONTEMPLATIO
Señor,
Señor Jesús, tú eres la vida eterna de la
patria verdadera y eterna, puesto que tú nos la has
procurado.
Tú
eres la lámpara de la casa paterna que ilumina suavemente,
tú eres el sol de la justicia en la tierra, tú eres
el día que no llega nunca al término, tú eres
el lucero del alba. Allí sólo tú eres el
templo, el sacerdote y la víctima.
Tú
sólo el rey y el jefe, el Señor y el maestro; tú
eres el sendero de la unificación, tú eres el
manantial y la paz, tú eres la dulzura infinita. Allí
todos los que te pertenecen te siguen, y tú estás
siempre, no te vas nunca, diriges la casta danza sobre los prados
de la alegría...
Por
eso, cuando se despierta en nosotros la nostalgia de la vida
eterna, de la patria verdadera, de la comunión con todos
los santos allá arriba en la ciudad que está sobre
los montes elevados, entonces debemos convertirnos aquí
abajo en humildemente pequeños en la casa del Señor,
debemos cargar sobre nosotros la aflicción junto con
nuestra Madre dolorosa, la Iglesia (Quodvultdeus de Cartago, cit.
en K. Rahner, Mater Ecclesiae, Milán 1972, p. 108).
ACTIO
Repite
hoy con frecuencia esta oración: "Dales,
Señor, el descanso eterno; brille para ellos una luz
perpetua. Descansen en paz- Amén".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
No
se debe morir cuando se ama. La familia no debería conocer
la muerte. Se unen para la eternidad, y para la eternidad dan la
vida a otras personas. La muerte no es sólo el huésped
que no se puede evitar. Se podría decir que es un miembro
de la familia, un miembro celoso que, cuando llega, aleja a otros.
Sea
quien sea la persona que veamos alejarse, la vida queda cambiada.
Toda muerte lacera la carne común. La familia, precisamente
porque es preparación para la vida, es también
preparación para la muerte, y en esta cita común con
el misterio no es posible saber quién será llamado
el primero.
Por
qué no se nos permite morir al mismo tiempo? Éste
sería el deseo más vivo del amor, una nueva
bendición nupcial a la que consentiríamos con
alegría. Pero ese caso es muy raro. La Providencia tiene
otros fines. Algunos de ellos son evidentes, otros se nos escapan.
Por eso es difícil la fe. Nos creemos víctimas de la
fatalidad, y no pensamos que, también con la muerte, sigue
siendo el amor un don insigne. En una casa hay desgracias mucho
más graves que la muerte. !Cuántas tragedias ocurren
sin que nadie haya desaparecido, y cuánta ternura
conservada en ausencia de las personas queridas!
La
muerte no es siempre una enemiga. Mientras la padece, el amor es
capaz de vencerla. Vivir significa con frecuencia separarse; morir
significa, en cambio, reunirse. No es una paradoja: para aquellos
que han llegado al amor más grande, la muerte es una
consagración y no una ruptura. En el rondo, nadie muere
verdaderamente, porque nadie puede salir de Dios. Ese que nos
parece haberse detenido de improviso continúa su camino. Ha
sido como pasar una página, mientras escribía su
vida. De él hemos perdido lo que poseíamos de una
manera temporal, pero se posee para la eternidad sólo lo
que se ha perdido. La vida y la muerte no son más que
aspectos diferentes de un único destino; cuando se entra en
él con el corazón, ya no se distingue (A. G.
Sertillanges, Nos disparus, París 1970, pp. 5-10,
passím).
Día
3
Domingo XXXI del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Deuteronomio 6,2-6
Moisés
habló al pueblo y le dijo:
2
De
esta manera respetarás al Señor, tu Dios, tú,
tus hijos y tus nietos; observarás todos los días de
tu vida las leyes y mandamientos que yo te impongo hoy; así
se prolongarán tus días.
3
Escúchalos,
Israel, y cúmplelos con cuidado, para que seas dichoso y te
multipliques, como te ha prometido el Señor, Dios de tus
antepasados, en esta tierra que mana leche y miel.
4
Escucha,
Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno.
5
Amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma y con todas tus fuerzas.
6
Guarda
en tu corazón estas palabras que hoy te digo.
**•
Este fragmento expresa en síntesis el corazón de la
espiritualidad bíblica: se trata de las enseñanzas
que el libro del Deuteronomio pone en labios de Moisés,
intermediario entre Dios y el pueblo (v. 1). Éstas se
resumen en la exhortación a permanecer fieles a la alianza
sancionada con el Señor a través de la observancia
de sus leyes, y la motivación que las acompaña se
repite como un estribillo: "Para que seas dichoso" (v.
3), es decir, fecundo, próspero y longevo. El fin de estas
normas es, por consiguiente, la verdadera felicidad del hombre,
una felicidad que procede de Dios, su fuente; por eso es menester
sentir hacia él aquel "temor" que, en el lenguaje
deuteronómico, es sinónimo de adhesión,
escucha reverente y obediencia amorosa (v. 2).
Los
vv. 4-6 constituyen el núcleo central de la oración
que todavía hoy todo judío piadoso recita tres veces
al día, y que recibe el nombre de Shema por la palabra con
que empieza: "Escucha". Se trata de una profesión
de fe en el único Dios que mantiene con todo el pueblo y
con cada uno de sus miembros una relación particular,
personal: "El Señor es nuestro Dios, el Señor
es uno".
De
ahí nace la exigencia de corresponder a este sagrado
vínculo con un amor indiviso: todas las facultades y las
actividades del hombre han de estar orientadas íntegramente
a corresponder con amor al Bien que es el Señor, que es
para nosotros y que obra para nosotros queriendo que seamos
felices para siempre. Esta elección gratuita por parte de
Dios es un don inmenso del que el pueblo nunca debe perder la
conciencia: la memoria continua de él, de sus beneficios y
de sus preceptos se vuelve para todo Israel -también para
nosotros, hijos de Abrahán según la promesa-
compromiso de una vida conforme a su voluntad y fuente de toda
bendición (v. 6; cf. vv. 7-19).
Salmo
responsorial Yo
te amo, Señor; tú eres mi fortaleza
Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab
Yo te amo,
Señor; tú eres mi fortaleza; Señor,
mi roca, mi alcázar, mi libertador.
R.- Yo te
amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Dios mío,
peña mía, refugio mío, escudo
mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco
al Señor de mi alabanza y
quedo libre de mis enemigos.
R.- Yo te
amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Viva el Señor,
bendita sea mi Roca, sea
ensalzado mi Dios y Salvador. Tú
diste gran victoria a tu rey, tuviste
misericordia de tu ungido.
R.- Yo te
amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Segunda
lectura: Hebreos 7,23-28
Hermanos,
23
por
otra parte, mientras que los otros sacerdotes fueron muchos,
porque la muerte les impedía perdurar,
24
éste,
como permanece para siempre, posee un sacerdocio que no pasará.
25
Y
por eso también puede perpetuamente salvar a los que por su
medio se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para
interceder por ellos.
26
Tal
es el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente,
inmaculado, separado de los pecadores y más sublime que los
cielos.
27
Él
no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día
sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los
del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre
ofreciéndose a sí mismo.
28
Y
es que la Ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles,
pero la palabra del juramento, que vino después de la Ley,
hace al Hijo perfecto para siempre.
**•
El autor de la carta a los Hebreos, prosiguiendo la comparación
con las instituciones judías, subraya la excelencia del
sacerdocio de Cristo con respecto al levítico, motivando su
absoluta superioridad a la luz del misterio pascual. En efecto, el
carácter mortal de los sumos sacerdotes hacía
provisional su servicio y precaria su intercesión, de
suerte que para asegurar la continuidad del culto debían
sucederse los unos a los otros. Cristo, en cambio, es el
Resucitado que vive para siempre: dado que su función
sacerdotal no conoce límites de tiempo y su intercesión
es incesante, cuantos en todos los tiempos se confían a su
mediación pueden ser perfectamente salvados (vv. 23-25).
Por
otra parte, la resurrección es considerada como el sello
con el que Dios atestigua la santidad de Cristo (cf. Hch 3,13-15;
Rom 1,4) y la eficacia de su sacrificio, por eso es Jesús
el verdadero sumo sacerdote del que todos los otros no eran más
que figura imperfecta. Es el único sacerdote "que nos
hacia falta", es decir, el que necesitábamos para
nuestra salvación, por sus características
absolutamente excepcionales (vv. 26ss). Sólo él
carece de pecado, y por eso no necesita como los otros sacerdotes
una purificación personal antes de ejercer su propio
servicio cotidiano; al contrario, ha podido ofrecer de una vez por
todas su propia vida como el santo sacrificio expiatorio que
obtiene un perdón eterno a la humanidad.
El
sacerdocio de Cristo es también superior al levítico
por su fundamento: este último fue instituido, en efecto,
por la Ley, que, sin embargo, no ha llevado nada a la perfección
(v. 19), puesto que se apoya en hombres débiles y falibles
(v. 28). El sacerdocio de Cristo, en cambio, se funda en un
juramento del mismo Dios, del Dios fiel que, después de
haber revelado a su Hijo (Sal 109,3ss), lo constituyó único
mediador entre él y los hombres. Su mediación es,
por consiguiente, única, perfecta, indefectible: sólo
él puede permitirnos el acceso a Dios.
Evangelio:
Marcos 12,28b-34
En
aquel tiempo,
28
un
maestro de la Ley se acercó a Jesús y le preguntó:
-Cuál es el mandamiento más importante?
29
Jesús
contestó: -El más importante es éste:
Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único
Señor.
30
Amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
31
El
segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a
ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos.
32
El
maestro de la Ley le dijo: -Muy bien, Maestro. Tienes razón
al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de él;
33
y
que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y
con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo
vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
34
Jesús,
viendo que había hablado con sensatez, le dijo: -No estás
lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevía ya a seguir
preguntándole.
**•
En un contexto de hostilidades y disputas suscitadas por jefes de
los sacerdotes, maestros de la Ley y ancianos del pueblo
(capítulos 11 y 12) Marcos inserta el relato de este
encuentro entre Jesús y un maestro de la Ley que se le
acerca con ánimo abierto y leal. La pregunta del rabino no
es una pregunta ociosa: en aquella época había en la
ley de Moisés 248 mandamientos y 365 prohibiciones,
subdivididos ulteriormente en categorías; la cuestión
de cuál era el más importante era, por consiguiente,
objeto de discusión. Jesús simplifica esta
multiplicidad llevándola a lo esencial: responde con las
palabras de la oración recitada tres veces al día
por los judíos, el Shema o "Escucha", tomado de
Dt 6,4ss. El mandamiento "más importante" brota,
por tanto, de la escucha (esto es, recibir por fe) y del
reconocimiento de que nuestro Dios es el único Señor:
de ahí procede la exigencia de unificar la vida en el amor
a él, consagrándole enteramente nuestra voluntad,
sentimientos, inteligencia, energías; sin embargo, a este
mandamiento le añade Jesús inmediatamente un
segundo, el del amor al prójimo como otro yo, y los
presenta como dos aspectos de un mismo precepto divino: "No
hay otro mandamiento más importante que éstos".
Por
otra parte, el prójimo no es para Jesús simplemente
el compatriota, como en Lv 19,18, sino todo hombre (cf. Le
10,29-37): reinterpreta de este modo las normas tradicionales; su
enseñanza es nueva y antigua al mismo tiempo, como muestra
el apóstol Juan (1 Jn 2,7ss), que lo sintetiza de manera
adecuada: "Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede
amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él
este mandato: que el que ama a Dios ame también a su
hermano" (1 Jn 4,20ss).
El
interlocutor de Jesús aprueba su respuesta y comenta que el
amor, entendido de este modo, es más agradable a Dios y
eficaz para la salvación que muchos actos de culto. Y Jesús
alaba al maestro de la Ley: gracias a su rectitud, está en
el camino justo para entrar en el Reino de Dios, el reino del
amor.
MEDITATIO
Son
muchas las imágenes y las palabras que parecen aplastar al
hombre de hoy, muchos los sacerdotes y los ritos de la antigua
alianza, muchos los preceptos de la Ley... Esta multiplicidad nos
desorienta, y necesitamos volver a encontrar un centro de
gravedad, un hilo conductor para el camino de la vida. Jesús
nos lleva simplemente al Uno, a aquel que es (YHWH) y envuelve a
cada ser en su abrazo vivificante. Él es el Amor y es
nuestro Dios.
Cómo
no hemos de ofrecernos entonces a él por completo a
nosotros mismos? La multiplicidad queda unificada por el amor de
Dios, que pide todo el amor del hombre. Son muchos nuestros
afectos, amistades, relaciones interpersonales: a veces nos
sentimos "triturados"... "Amarás al Señor,
tu Dios, con todo tu corazón": si le damos todo lo
que, por otra parte, viene de él, será el Espíritu
de amor el que ame en nosotros. Son muchos los pensamientos, las
preocupaciones y las dudas que nos asaltan, pero si queremos amar
al Señor con toda nuestra mente los afrontaremos con una
paz que antes no conocíamos.
Son
muchas, demasiadas, las cosas que tenemos que hacer, los
compromisos a los que tenemos que hacer frente, las actividades
que hemos de llevar adelante: amemos al Señor con todas
nuestras fuerzas y él será la fuerza que nos
sostenga en la vertiginosa carrera de nuestra vida cotidiana. Si
tendemos hacia esta única dirección, seremos
impulsados por el mismo Señor hacia las múltiples
direcciones de los hermanos. El mandamiento del Señor es
uno, pero tiene dos aspectos, porque aprender a amar con el
corazón de Dios significa hacerse próximo a cada
hombre: así amó Jesús. Sí, el amor
"vale más que todos los holocaustos y sacrificios",
porque es sacrificio de por sí. Así se entregó
Jesús.
ORATIO
Oh
Dios, fuente única de todo lo que existe, tú eres
nuestro Padre: concédenos el amor para que, fieles a tu
mandamiento, podamos amarte con un corazón indiviso,
buscándote en todas las cosas. Enséñanos a
amarte "con toda la mente": ilumina nuestra inteligencia
para que, libre de la duda y de la vana presunción, sepa
descubrir tu designio de salvación en la historia y en las
circunstancias cotidianas.
Haz
que te amemos "con todas nuestras fuerzas", consagrando
a ti y a tu servicio nuestras capacidades y nuestros límites,
nuestras acciones y nuestras impotencias, nuestros logros y
nuestros fallos. Ayúdanos, Señor, a amarte en cada
hermano que tú has puesto a nuestro lado y que tú
fuiste el primero en amar, hasta el sacrificio de tu propio Hijo.
Que su oblación eterna nos dé la fuerza y la alegría
de perdernos a nosotros mismos en la caridad para recobrarnos
plenamente en ti, que eres el Amor.
CONTEMPLATIO
Hallamos
escrito en la ley de Moisés: Creó Dios al hombre a
su imagen y semejanza. Considerad, os lo ruego, la grandeza de
esta afirmación; el Dios omnipotente, invisible,
incomprensible, inefable, incomparable, al formar al hombre del
barro de la tierra, lo ennobleció con la dignidad de su
propia imagen. Qué hay de común entre el hombre y
Dios, entre el barro y el espíritu?
Porque
Dios es espíritu. Es prueba de gran estimación el
que Dios haya dado al hombre la imagen de su eternidad y la
semejanza de su propia vida. La grandeza del hombre consiste en su
semejanza con Dios, con tal de que la conserve.
Si
el alma hace buen uso de las virtudes plantadas en ella, entonces
será de verdad semejante a Dios. Él nos enseñó,
por medio de sus preceptos, que debemos rendirle frutos de todas
las virtudes que sembró en nosotros al crearnos. Y el
primero de estos preceptos es: Amarás al Señor, tu
Dios, con todo tu corazón, ya que él nos amó
primero, desde el principio y antes de que existiéramos.
Por lo tanto, amando a Dios es como renovamos en nosotros su
imagen. Y ama a Dios el que guarda sus mandamientos, como dice él
mismo: Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Y su
mandamiento es el amor mutuo, como dice también: Éste
es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he
amado.
Pero el amor verdadero no
se practica sólo de palabra, sino de verdad y con obras.
Retornemos, pues, a nuestro Dios y Padre su imagen inviolada;
retornémosela con nuestra santidad, ya que él ha
dicho: Sed santos, porque yo soy santo; con nuestro amor, porque
él es amor, como atestigua Juan al decir: Dios es amor; con
nuestra bondad y fidelidad, ya que él es bueno y fiel. No
pintemos en nosotros una imagen ajena; el que es cruel, iracundo y
soberbio pinta, en efecto, una imagen tiránica.
Por
esto, para que no introduzcamos en nosotros ninguna imagen
tiránica, dejemos que Cristo pinte en nosotros su imagen,
la que pinta cuando dice: La paz os dejo, mi paz os doy. Mas de
qué nos servirá saber que esta paz es buena si no
nos esforzamos en conservarla? Las cosas mejores, en efecto,
suelen ser las más frágiles, y las de más
precio son las que necesitan una mayor cautela y una más
atenta vigilancia; por esto es tan frágil esta paz, que
puede perderse por una leve palabra o por una mínima herida
causada a un hermano. Nada, en efecto, resulta más
placentero a los hombres que hablar de cosas ajenas y meterse en
los asuntos de los demás, proferir a cada momento palabras
inútiles y hablar mal de los ausentes; por esto, los que no
pueden decir de sí mismos: Mi Señor me ha dado una
lengua de iniciado para saber decir al abatido una palabra de
aliento, mejor será que se callen y, si algo dijeren, que
sean palabras de paz (Columbano, Instrucciones, 11).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Nosotros
debemos amarnos porque él nos amó primero"
(1
Jn 4,19).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
rabí de Sasson contaba: Aprendí de un campesino cómo
deben amar los hombres. Este campesino se encontraba con otros en
una hospedería y estaba bebiendo. Se quedó callado
durante mucho tiempo con los otros, pero cuando el vino le movió
el corazón, dirigiéndose a un compañero que
se sentaba a su lado, le preguntó: Dime, me quieres o no?
El otro respondió: Te quiero mucho. Y dijo el campesino a
su vez: Dices que me quieres mucho; sin embargo, no sabes lo que
necesito. Si verdaderamente me quisieras, lo sabrías. El
amigo no se atrevió a rebatirle, y el campesino que le
había preguntado calló de nuevo. Yo, en cambio,
comprendí: amar a los hombres significa intentar conocer
sus necesidades y sufrir sus penas (M. Buber, "Leggenda del
Baal Sem", en G. Ravasi [ed.], // libro de! salmi: commento e
attualizazione, Bolonia 1985, p. 694).
Día
4
Lunes semana XXXI del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Filipenses 2,1-4
Hermanos:
1
Si
de algo vale una advertencia hecha en nombre de Cristo, si de algo
sirve una exhortación nacida del amor, si vivimos unidos en
el Espíritu, si tenéis un corazón compasivo,
2
dadme
la alegría de tener los mismos sentimientos, compartiendo
un mismo amor, viviendo en armonía y sintiendo lo mismo.
3
No
hagáis nada por rivalidad o vanagloria; sed, por el
contrario, humildes y considerad a los demás superiores a
vosotros mismos.
4
Que
no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás.
*••
Pablo acaba de exhortar a los cristianos de Filipos a comportarse
de una manera digna del Evangelio; al mismo tiempo, se ha ofrecido
a sí mismo como modelo de resistencia y de lucha contra los
adversarios del Evangelio. Ahora, la exhortación apostólica
se vertebra de un modo claro e iluminador. El comienzo (v. 1) y el
final (v. 4) de esta pequeña unidad literaria se reclaman y
se completan mutuamente: en primer lugar aparece una concentración
cristológica y, a continuación, una dilatación
antropológica. En el centro (w. 2ss), expresa Pablo el
derecho a recibir una gratificación personal en calidad de
apóstol: "Dadme la alegría de tener los
mismos sentimientos, compartiendo un mismo amor, viviendo en
armonía y sintiendo lo mismo".
La
primera parte de esta lectura (w. lss) se caracteriza por una
serie de "si"
que, en
realidad, expresan no una hipótesis, sino una certeza. Este
relieve, de naturaleza literaria, es importante para comprender el
pensamiento de Pablo por el hecho de que en su concepción
teológica todo lo que es bueno, bello y santo deriva de
Cristo y de su misterio pascual, que se dilata, como es obvio, en
la mente, en el corazón y en las relaciones interpersonales
de los creyentes. La segunda parte de la lectura (v. 3ss) presenta
una formulación negativa orientada a otra positiva. El
apóstol exhorta a extirpar del tejido conectivo de la
comunidad creyente toda "rivalidad
o vanagloria", y
recomienda: "Sed,
por el contrario, humildes y considerad a los demás
superiores a vosotros mismos. Que no busque cada uno sus propios
intereses, sino los de los demás".
Salmo
Responsorial
Guarda
mi alma en la paz junto a ti, Señor
Salmo
130,1.2.3
Señor, mi corazón no es
ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que
superan mi capacidad.
R/.Guarda
mi alma en la paz junto a ti, Señor
Sino que
acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su
madre.
R/.Guarda
mi alma en la paz junto a ti, Señor
Espera
Israel en el Señor ahora y por siempre.
R/. Guarda
mi alma en la paz junto a ti, Señor
Evangelio:
Lucas 14,12-14
En
aquel tiempo,
12
dijo
Jesús al jefe de los fariseos que le había invitado:
-Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos,
hermanos, parientes o vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez,
te inviten a ti y con ello quedes ya pagado.
13
Más
bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados
y a los ciegos.
14
!Dichoso
tú si no pueden pagarte! Recibirás tu recompensa
cuando los justos resuciten.
*••
En el marco de una invitación a comer, después de
haber curado a un hidrópico en sábado y de haber
propuesto una parábola, Jesús dirige ahora una serie
de advertencias al jefe de los fariseos que le había
invitado.
Se
trata de una de esas afirmaciones de Jesús que nacen de la
experiencia, de la vivencia inmediata, observada con extrema
atención, interpretada de manera simbólica y
trasladada al ámbito religioso. Las dos partes de este
breve texto evangélico se corresponden perfectamente: el
paralelismo antitético facilita su comprensión
("Cuando des una comida... Más bien, cuando des un
banquete...": w. 12.13).
La
enseñanza de Jesús está muy clara y, para que
pueda incidir en la sensibilidad de sus destinatarios, la confía
en dos "situaciones de vida" que, para un jefe de los
fariseos, debían ser habituales. Por un lado, Jesús
pone en guardia contra actitudes sólo aparentemente
generosas, aunque, en realidad, son interesadas, egoístas y
productivas. Este modo de proceder, según Jesús, no
sólo traiciona un ánimo mezquino, sino que termina
por comprometer también las relaciones interpersonales.
La
situación contraria que presenta Jesús se presta, en
cambio, a una invitación exquisitamente evangélica,
que nos conduce al corazón de la enseñanza de Jesús:
la opción de privilegiar a los pobres, a los lisiados, a
los cojos y ciegos, exactamente a ésos a quienes el Señor
ama más que a cualquier otro y entre los que difunde su
benevolencia. Se trata del mensaje de las bienaventuranzas (Le
6,20-26), que todos conocemos bien. La bienaventuranza y la
promesa del v. 14 completan de modo admirable la enseñanza
de Jesús.
MEDITATIO
Hasta
en el gesto, aparentemente magnánimo, de quien distribuye a
los invitados para la comida o la cena se puede esconder un
sentimiento de egoísmo, a saber: cuando la elección
de los invitados está sugerida sólo por motivos de
obligación, de conveniencia social, de mera simpatía
o de interés. Es obvio que el tema sugerido por la lectura
evangélica -que encuentra también cierta resonancia
en el final de la primera lectura- es el de la gratuidad,
acompañado y reforzado por la "opción
preferencial por los pobres", que no es un descubrimiento de
los cristianos de hoy, sino la quintaesencia del Evangelio. Con
todo, es menester liberar este término de un significado
puramente material, como quizás estemos inclinados a hacer
hoy, dada nuestra sensibilidad al valor económico de
nuestras acciones y nuestros gestos: todo lo que hacemos, todo lo
que producimos, no puede dejar de tener -incluso debe tener-
un valor económico. Sin embargo, Jesús quiere
educarnos para que procedamos a una evaluación también
espiritual, es decir, integral y más completa, de
nuestras acciones y de nuestras opciones.
Así,
gratuidad significa e implica prestar más atención
a los otros que a nosotros mismos, reconocer en los otros un valor
objetivo, porque cada uno lleva en su propio ser la imagen y la
semejanza de Dios, de ahí que sea, por sí mismo,
digno de atención, de estima y de amor.
Comprendemos
así el sentido de la bienaventuranza que proclama Jesús
al final de este texto evangélico y, sobre todo, la promesa
de una recompensa que, según la lógica de Dios, nos
será asegurada "cuando los justos resuciten".
ORATIO
Oh
Señor Jesús, tú buscaste a los pobres y a los
hambrientos y me dices: "Comparte con ellos tu abundancia, y
ellos creerán que yo soy el Pan de la vida".
Oh
Señor Jesús, tú invitaste a tu mesa a los
oprimidos y a los perseguidos y me dices: "Lucha por su
libertad, y ellos creerán que yo soy la Luz del mundo".
Oh
Señor Jesús, tú has llamado a las víctimas
de muchas y diferentes violencias y me dices: "Denuncia con
valor todo mal, y ellos creerán que yo soy la Verdad".
Oh
Señor Jesús, tú acogiste en tu redil a las
ovejas que estaban dispersas y me dices: "Abandona tu aspecto
perfeccionista, y ellos creerán que yo soy el buen Pastor".
Así
serás pobre, apacible, misericordioso, limpio de corazón,
obrador de la paz, amante de la justicia. En una palabra, !serás
bienaventurado!
CONTEMPLATIO
Está
también el reproche del Señor a los escribas. Les
reprocha su dureza cuando les dice: "Entended lo que
significa "misericordia quiero y no sacrificios""
(Mt 9,13).
Tanto
los escribas como los fariseos estaban persuadidos de que podían
quitarse los pecados de encima con los sacrificios prescritos por
la Ley. Por eso el Señor da preferencia a la misericordia
sobre el sacrificio: para demostrar con claridad que los delitos
de todo tipo de pecado pueden ser cancelados no en virtud de los
sacrificios de la Ley, sino en virtud de las obras de
misericordia. Análoga es la invitación que el Señor
dirige a los fariseos en otro pasaje, cuando los apostrofa con
estas palabras: "Pues dad limosna de vuestro interior, y
todo lo tendréis limpio" (Le 11,41). Éste
es, por consiguiente, el sentido de la expresión
"misericordia quiero y no sacrificios". Tanto es
así que continúa: "En efecto, no he venido a
llamar a los justos, sino a los pecadores" (Cromacio de
Aquileya).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que
no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás"
(Flp
2,4).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Uno
de los encuentros más interesantes de la madre Teresa de
Calcuta fue el que mantuvo con el emperador etíope Hailé
Selassié pocos meses antes del golpe de Estado que acabaría
por deponerle. La pequeña hermana estaba avisada de que no
debía hacerse demasiadas ilusiones, dado que ya eran muchas
las organizaciones religiosas y sociales que habían
intentado inútilmente trabajar en Etiopía, y no
tardó mucho en comprender que la decisión
correspondía al emperador y sólo a él. La
audiencia estuvo precedida por una conversación con el
chambelán de palacio, que se desarrolló en estos
términos: "Qué es lo que espera de nuestro
gobierno?" "Nada -respondió la madre Teresa-; he
venido sólo a ofrecer a mis hermanas para que trabajen
entre los pobres y los que sufren." "Qué harán
las hermanas?" "Nos entregaremos con todo lo que somos a
servir a los más pobres entre los pobres." "De
qué títulos disponen?" "Intentamos
entregar amor y compasión a aquellos que no son amados ni
deseados." "Veo que su enfoque es completamente
distinto. Usted predica a la gente, intenta acaso convertirla?"
"Nuestros actos de amor hablan al pobre que sufre del amor
que Dios siente por él".
Cuando,
finalmente, la madre Teresa fue conducida a la presencia del
emperador, le esperaba una sorpresa. Selassié pronunció
unas pocas palabras: "He oído hablar de su trabajo. Me
hace muy feliz que esté aquí. Sí, que sus
hermanas vengan también a Etiopía".
Día
5
Martes semana XXXI del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Filipenses 2,5-11
Hermanos:
5
Tened,
pues, los sentimientos que corresponden a quienes están
unidos a Cristo Jesús.
6
El
cual, siendo de condición divina, no consideró como
presa codiciable el ser igual a Dios.
7
Al
contrario, se despojó de su grandeza, tomó la
condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y
en su condición de hombre,
8
se
humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta
la muerte, y una muerte de cruz.
9
Por
eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por
encima de todo nombre,
10
para
que ante el nombre de Jesús doble la rodilla todo lo que
hay en los cielos, en la tierra y en los abismos,
11
y
toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria
de Dios Padre.
**•
La liturgia nos presenta hoy una de las páginas más
intensas y más bellas de todo el Nuevo Testamento.
Con
bastante probabilidad, Pablo se hace testigo de una tradición
anterior a él que había acuñado un himno
cristológico de importancia fundamental. El himno está
introducido por una exhortación apostólica que nos
invita a hacer nuestros "los sentimientos que corresponden
a quienes están unidos a Cristo Jesús" (v.
5). No se trata de una vaga recomendación, sino de una
indicación autorizada para caminar siguiendo el ejemplo de
Jesús, es decir, a vivir como él vivió. A
continuación viene el himno cristológico, que la
liturgia pone de relieve con mucha frecuencia. El carácter
ejemplar de Cristo se fundamenta aquí en "su
misterio", y éste, a su vez, ilumina la vida de
cada cristiano.
El
himno se subdivide en dos partes. Los w. 6-8 describen la
katabasi, o sea, el abajamiento de Jesús, que de
Dios se hizo hombre, "tomó la condición de
esclavo" y se humilló "hasta la muerte, y
una muerte de cruz". Los w. 9-11 describen, en cambio, la
anábasi, o sea, la elevación de Jesús
por obra de Dios Padre, que lo resucitó y "le dio
el nombre que está por encima de todo nombre",
adorable en el cíelo y en la tierra, un nombre que debe
ser proclamado a todo el mundo: "Jesucristo es Señor".
El misterio de Cristo está sintetizado de una manera lineal
y completa: la fe de cada cristiano encuentra aquí su
centro y su síntesis gracias a la mediación de
Pablo, que se hizo no sólo evangelizador, sino también
- e incluso antes- discípulo y testigo de este misterio.
Salmo
Responsorial
El
Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Salmo
21,26b-27.28-30a.31-32
Cumpliré mis votos
delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta
saciarse, alabarán al Señor los que lo
buscan: viva su corazón por siempre.
R/.El
Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Lo
recordarán y volverán al Señor hasta de
los confines del orbe; en su presencia se postrarán las
familias de los pueblos.
R/.El
Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Porque
del Señor es el reino, el gobierna a los pueblos. Ante
él se postrarán las cenizas de la tumba.
R/.El
Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Mi
descendencia le servirá, hablarán del Señor
a la generación futura, contarán su justicia al
pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.
R/. El
Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Evangelio:
Lucas 14,15-24
En
aquel tiempo,
15
uno
de los convidados le dijo a Jesús: -Dichoso el que pueda
participar en el banquete del Reino de Dios.
16
Jesús
le respondió: -Un hombre daba una gran cena e invitó
a muchos.
17
A
la hora de la cena, envió a su criado a decir a los
invitados: "Venid, que ya está todo preparado".
18
Pero
todos, uno tras otro, comenzaron a excusarse. El primero le dijo:
"He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me
excuses
19
Otro
dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas;
te ruego que me excuses".
20
Y
otro dijo: "Acabo de casarme y, por tanto, no puedo
ir".
21
El
criado regresó y refirió lo sucedido a su señor.
Entonces el señor se irritó y dijo a su criado: "Sal
de prisa a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a
los pobres y a los lisiados, a los ciegos y a los cojos".
22
El
criado dijo: "Señor, se ha hecho como mandaste y
todavía hay sitio".
23
El
señor le dijo entonces: "Sal por los caminos y las
veredas y convence a la gente para que entre, hasta que se llene
mi casa.
24
Pues
os digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados
probará mi cena".
**•
El paso de una comida común a la imagen del banquete
mesiánico es bastante lógico y espontáneo
para Lucas: por eso este evangelista establece un nexo entre la
parábola precedente (leída en el fragmento de ayer)
y la de ahora insertando entre ambas la expresión: "Dichoso
el que pueda participar en el banquete del Reino de Dios" (v.
15). Esta exclamación tiene por objeto la participación
en la comunión con Dios en el tiempo de la "resurrección
de los justos": la dimensión escatológica
de nuestra fe y de nuestra experiencia religiosa es más que
evidente.
La
parábola contempla diferentes invitaciones y otros tantos
rechazos por parte de aquellos que, por no haber percibido la
novedad de la presencia de Jesús, no sienten ninguna
necesidad de salvación y se sustraen así al
beneficio de un don maravilloso. Es interesante destacar, como
hacen algunos exégetas, que en esta parábola está
esbozada la historia de la salvación: casi podría
decirse que cada invitación y cada rechazo corresponden a
otras tantas estaciones de una historia visitada por Dios, el
Padre de nuestro Señor Jesucristo.
La
"cima" de la parábola debe ser situada
ciertamente en la expresión que pone Lucas en boca del
señor de la casa: "Sal de prisa a las plazas y
calles de la ciudad y trae aquí a los pobres y a los
lisiados, a los ciegos y a los cojos" (v. 21). Es como
decir que en el banquete mesiánico participarán los
excluidos y serán excluidos de él, en cambio, los
que tenían derecho. La ley que caracteriza a la nueva
alianza aparece confirmada una vez más; se afirma de nuevo
la complacencia del Padre; la finalidad primera y central de la
enseñanza y de la presencia de Jesús entre nosotros
encuentran aquí una afirmación renovada.
MEDITATIO
La
parábola que nos presenta el evangelio de hoy pertenece a
una de esas que los estudiosos llaman "parábolas de la
invitación divina": tenemos aquí una clave de
lectura no sólo del texto evangélico, sino de toda
la liturgia de la Palabra de este día. Por un lado,
sobresale claramente la figura de aquel que invita, el
Padre, que, por medio de su Hijo, vuelve a expresar en cada tiempo
y en cada lugar su propia voluntad salvífica universal. Al
mismo tiempo, se perfila también con claridad la figura de
aquel que, en nombre de Dios Padre, se hizo "Evangelio "
por nosotros, en el sentido de que Jesús no se contentó
con hablar en nombre de Dios, sino que es Palabra de Dios
encarnada, es decir, viviente en medio de nosotros.
Junto
a la figura de Dios Padre y de Jesucristo, aparece también
en la parábola la figura de los invitados, esto es, de
nosotros y de todos aquellos que, en distintos tiempos y lugares,
han entrado en contacto con la Buena Mueva de Jesús
salvador. Aquí es donde se capta el carácter
dramático del relato, que, para nosotros, ya no es sólo
una parábola, en el sentido literario del término,
sino que se convierte en una historia viva, punzante,
siempre actual. En ella, cada uno de nosotros está llamado
a "jugarse" a sí mismo con la plena libertad de
su decisión, pero también con la responsabilidad que
implican sus opciones. Es bueno para nosotros que, de la parábola,
mane claro el anuncio de lo que complace a Dios, de aquello para
lo que vino Jesús al mundo, de lo que constituye el objeto
de la predicación apostólica: Dios ama, prefiere y
quiere como hijos suyos amadísimos a aquellos a quienes la
sociedad margina y considera frecuentemente seres insignificantes
e inútiles. La invitación dirigida a cada uno de
nosotros consiste, por tanto, en ser pobres en el sentido
evangélico del término, a saber: en tener un corazón
consciente de su propio pecado, traspasado por el dolor y deseoso
Reencontrar al Médico celestial.
ORATIO
Libérame,
Señor, de los obstáculos que Sientan atarme a un
pasado glorioso o cargado de injusticias y de resentimiento o a un
presente mezquino o cautivador; hazme libre de seguirte por los
caminos del Evangelio y de la historia para anunciar y difundir la
verdadera libertad.
Señor,
dame la fuerza necesaria para salir de una muchedumbre acomodadiza
que, presa por completo de sus propios fines y de sus propias
metas, se vuelve sorda e insensible a tus invitaciones y las
rechaza presentando como excusas necesidades apremiantes; hazme
sensible y dispuesto a tus llamadas, en todas las estaciones de mi
vida, para anunciar y dejar aparecer tu voluntad.
Señor,
ayúdame a seguir con honestidad y constancia mi misión
-por pequeña o grande que sea-, contrarrestada a veces,
trabajosa y en absoluto popular, porque deseo seguirte sólo
a ti, que eres el único camino verdadero: fiel sin volverme
nunca hacia atrás, cueste lo que cueste, para anunciar y
servir tu proyecto de salvación.
CONTEMPLATIO
Qué
es la compunción cristiana? Es la íntima experiencia
del alma que -frente a la muerte y resurrección del Señor-
percibe la entidad y la gravedad de su pecado en relación
con la inmensidad de la majestad de Dios y de su amor
absolutamente gratuito, tal como se revela en los padecimientos y
en la muerte de Cristo y, al mismo tiempo, en el poder liberador y
pleno de su señorío de Resucitado. La compunción
se siente como una transfixión del corazón: como una
punción que hace salir el veneno del mal, que atenúa
y vence su dureza, que infunde junto con el dolor del pecado la
certeza profunda y sosegada de haber encontrado por fin al Médico
omnipotente: y por eso es un sentimiento de reposo y de humilde y
amoroso reconocimiento, por un lado, de nuestra indignidad y, por
otro, del inexpresable amor divino, que nos acoge en el perdón
y en la paz, en Cristo y por Cristo, el Crucificado-Resucitado.
En
el don de la compunción se injerta o el deseo del bautismo
en el nombre de Jesús o, para los que ya estamos
bautizados, la reactualización de nuestro bautismo y, por
consiguiente, de sus energías sanadoras y elevadoras, a
través del don renovado del Espíritu Santo.
Tal
es -al menos en su inicio y con posibilidades de crecimiento y
desarrollo infinito- la compunción cristiana, tan
fundamental y tan discriminadora para el cristiano y, a
fortiori, para el monje, que puede considerarse, antes que
nada, un "hombre compungido", más que un hombre
"aislado", más que un monje que vive en la
soledad. Sin la compunción -siempre actualmente renovada
incluso en los estadios más avanzados de la vida
espiritual- me parece que no puede haber verdad total ni progreso
real en el camino hacia Dios (G. Dossetti).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Jesucristo
es Señor"
(Flp
2,11).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Estar
vestido de este "yo" hecho de opiniones de personas
indiferentes, de condecoraciones insignificantes, de
"intervenciones " protocolarias. Oprimido en esta camisa
de fuerza de lo inmediato.
Salir
de todo esto, desnudo, sobre el abismo del alba, aceptado,
invulnerable, libre: en la luz, con la luz, de luz. Uno, real
en el uno. Salir fuera de mí mismo en cuanto obstáculo
para mí mismo en esta consumación.
Por
qué privarte de ello -dices-, si la cosa no hace mal a
nadie y a ti te hace bien? Por qué, si no está en
contradicción con la decisión que has tomado? Tu
misma reacción al olvidar esta promesa -como reacción
a una traición y a una debilidad humillante- es una
respuesta suficiente a tu pregunta.
Todo
en el presente, nada para el presente. Nada para el futuro que
tenga que ver con tu nombre o tu sosiego. Sólo si tu
esfuerzo ha sido guiado por una entrega al deber en la que te
hayas olvidado por completo de ti mismo podrás conservar la
fe en todo su valor. Ahora bien, si ha sido así, tu
esfuerzo hacia la meta te habrá enseñado a alegrarte
cuando otros la alcancen (D. Hammarksold).
Día
6
Miércoles semana XXXI
del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Filipenses 2,12-18
12
Así
pues, amados míos, vosotros, que siempre me habéis
obedecido, hacedlo también ahora que estoy ausente, incluso
con mayor empeño que si estuviera presente, y esforzaos con
santo temor en lograr vuestra salvación.
13
Que
es Dios quien, más allá de vuestra buena
disposición, realiza en vosotros el querer y el actuar.
14
Hacedlo
todo sin murmuraciones ni discusiones.
15
Seréis
así limpios e irreprochables; seréis hijos de Dios
sin mancha en medio de una generación mala y perversa,
entre la cual debéis brillar como lumbreras en medio del
mundo,
16
manteniendo
con firmeza la Palabra de vida para que, el día en que
Cristo se manifieste, pueda yo enorgullecerme de no haber corrido
o trabajado inútilmente.
17
Y
aunque tuviera que ofrecerme en sacrificio al servicio de vuestra
fe, me alegraría y congratularía con todos vosotros.
18
Por
lo mismo, alegraos también vosotros y regocijaos conmigo.
**•'
Del corazón de Pablo brotan algunas recomendaciones
paternas dirigidas a los cristianos de la comunidad de Filipos,
pero a cada una de ellas le corresponde su motivación y
precisión concreta.
En
primer lugar, los cristianos deben dedicarse con santo temor a
obtener su salvación (v. 12); al mismo tiempo, sin embargo,
deben recordar que sólo Dios puede suscitar en ellos la
capacidad de vivir de un modo conforme a su voluntad (v. 13). En
segundo lugar, los cristianos deben "brillar como
lumbreras en medio del mundo" (v. 15) no para presumir
ante los otros, sino únicamente con la finalidad de
mantener con "firmeza la Palabra de vida" (v.
16a). En tercer lugar, los cristianos contribuyen a hacer crecer
la alegría del apóstol en la medida en que se
disponen a ofrecer su vida en sacrificio agradable a Dios, y no
por una mera gratificación personal, sino para asimilarse a
Cristo Jesús y disponerse a la comunión con el Padre
(v. 16b-17).
De
este modo, la exhortación apostólica se arraiga en
el misterio de Cristo y de la salvación anunciada y
realizada por él y, al mismo tiempo, se traduce en líneas
de ortopraxis cristianas, las cuales valen no sólo para los
destinatarios de la carta, sino también para nosotros, a
quienes llega, aquí y ahora, el alegre mensaje de la
salvación.
Salmo
Responsorial
El
Señor es mi luz y mi salvación
Salmo
26,1.4.13-14
El Señor es mi luz y mi
salvación, ¿a quién temeré? El
Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me
hará temblar?
R/.El
Señor es mi luz y mi salvación
Una
cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la
casa del Señor por los días de mi vida; gozar
de la dulzura del Señor, contemplando su templo.
R/.El
Señor es mi luz y mi salvación
Espero
gozar de la dicha del Señor en el país de la
vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten
ánimo, espera en el Señor.
R/. El
Señor es mi luz y mi salvación
Evangelio:
Lucas 14,25-33
En
aquel tiempo,
25
como
le seguía mucha gente, Jesús se volvió a
ellos y les dijo:
26
-Si
alguno quiere venir conmigo y no está dispuesto a renunciar
a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, hermanos y
hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo
mío.
27
El
que no carga con su cruz y viene detrás de mí no
puede ser discípulo mío.
28
Si
uno de vosotros piensa construir una torre, no se sienta primero a
calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?
29
No
sea que, si pone los cimientos y no puede acabar, todos los que le
vean se pongan a burlarse de él,
30
diciendo:
"Éste comenzó a edificar y no pudo terminar".
31
0
si un rey está en guerra contra otro, no se sienta antes a
considerar si puede enfrentarse con diez mil hombres al que le va
a atacar con veinte mil?
32
Y
si no puede, cuando el enemigo aún está lejos,
enviará una embajada para negociar la paz.
33
Del
mismo modo, aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene
no puede ser discípulo mío.
**•
Después de abandonar la casa del fariseo, Jesús se
encuentra con la muchedumbre. Cuando tiene lugar este paso, la
enseñanza evangélica asume, por lo general, unos
acentos más íntimos y, en algunas ocasiones, más
radicales. Éste es el caso de la lectura evangélica
de hoy. En ella -como ya había ocurrido con las
"bienaventuranzas "- confía Jesús a la
muchedumbre el ideal evangélico, que, si es acogido en su
integridad, compromete, arrolla y desconcierta toda la vida.
La
disposición de este pasaje evangélico es muy simple:
contiene dos parábolas (w. 28-32), precedidas (w. 25-27) y
seguidas por dos invitaciones a la renuncia (v. 33). En ambas
parábolas se ilustra la necesidad de reflexionar antes de
emprender una empresa, calculando bien las posibilidades de
llevarla a puerto. Es menester evitar toda ligereza o temeridad.
Una vez que se ha tomado una decisión, es preciso proceder
con la más absoluta fidelidad: un fracaso debido a la
indecisión o la nostalgia sería imperdonable.
Incluso el "seguir a Jesús" por el camino que le
está llevando decididamente a Jerusalén y hacia el
Calvario es una empresa bastante arriesgada, en la que es
necesario comprometer toda la vida. En la verdad de esta reflexión
se injertan la invitación inicial y la final de este
pasaje, que contiene una de las exigencias más radicales
del Evangelio.
Renunciar
a nuestro padre y nuestra madre, llevar la cruz e ir detrás
de Jesús, renunciar a todos los bienes que poseemos (w.
26ss y 33), son algunas de esas exigencias que no dejan lugar a
ninguna duda; al contrario, con su valor paradójico chocan
con nuestra sensibilidad y nos hacen escandalizarnos. Proceder así
sería una manera, más o menos elegante, de
sustraernos a la invitación de Jesús, para seguir
haciendo lo que nos viene en gana.
MEDITATIO
Nos
encontramos frente a una de las "palabras duras" de
Jesús, de las que se desprende con unos términos
extremadamente claros el radicalismo evangélico del que
hemos hablado en la lectio. Con todo, este radicalismo no
ha de ser considerado de un modo genérico y mucho menos de
un modo irracional. En efecto, la invitación de Jesús
implica algunas decisiones que dejan aparecer las grandes
motivaciones del radicalismo evangélico cuando lo situamos
en el contexto general del Evangelio.
La
primera de estas decisiones recae sobre la persona misma de Jesús:
"Si alguno quiere venir conmigo... El que no carga con su
cruz y viene detrás de mí no puede ser discípulo
mío". Está claro, por tanto, que la
renuncia a los bienes y a las personas no es un fin en sí
misma, no tiene ningún valor autolesivo, no puede ser
desarrollada en perjuicio propio, sino que encuentra en Jesús,
maestro y salvador, su motivación primera y última.
La
posibilidad de llegar a ser "discípulo de Jesús"
constituye el otro gran deseo de todo verdadero creyente, y para
alcanzar esta meta se debe estar dispuesto a dejar todo y a todos
por amor, sólo por amor. Si es lógico o no emplear
la propia vida de este modo no puede decirlo más que aquel
o aquella que sabe que de la fe se desprende un estilo de vida. En
consecuencia, no debemos buscar una racionalidad puramente humana,
sino una racionabilidad que satisfaga la mente y el corazón
del -verdadero discípulo.
Como
sabemos, ha sido precisamente Lucas quien ha recogido este tipo de
enseñanzas de Jesús. En efecto, el tercer
evangelista escribía para una comunidad que necesitaba
hacer cada vez más esencial su propia adhesión al
Evangelio. Por eso Lucas la invita a practicar opciones
fundamentales en favor del Evangelio, sin dejarse distraer por
preocupaciones terrenas y sin alegar excusas fútiles. Y
esto vale también para nosotros.
ORATIO
"Pierde
tu vida y la encontrarás". Señor, esta
invitación tuya suena ilógica, absurda, empapada de
fracaso y de muerte. Sin embargo, la vida no puede ser poseída
como un tesoro que escondamos celosamente o para administrar sólo
como propio, porque se marchitaría en su propia limitación.
Tú, en cambio, me has mostrado que mi existencia tiene que
encarnarse poniéndome en movimiento entre tu proyecto
misterioso y ya establecido y mi decisión de realizarlo o
no; se ha de desarrollar entre una sucesión de aventuras
placenteras o dolorosas, padecidas o compartidas, que orientan los
pasos inseguros de mi vida diaria vivida con otros y para otros.
Lo
he comprendido, Señor: mi vida es un don para compartir,
es un bien para dar, es un tesoro para revelar; para gozarla
plenamente, para vivirla a fondo, debo entregarla. !Lo quiero,
Señor!
CONTEMPLATIO
Tanto
que, por más misterios y maravillas que han descubierto los
santos doctores y entendido las santas almas en este estado de
vida, les quedó todo lo más por decir y aun por
entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo; porque es
como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más
que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en
cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y
allá.
Que
por eso dijo san Pablo del mismo Cristo: En Cristo moran todos
los tesoros y sabiduría escondidos (Col 2,3), en
los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos si
(como habernos dicho) no pasa primero por la estrechura del
padecer interior y exterior a la divina Sabiduría; porque
aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de
Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido
muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios y habiendo
precedido mucho ejercicio espiritual; porque todas estas mercedes
son más bajas que la sabiduría de los misterios de
Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.
!Oh,
si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la
espesura y sabiduría de las riquezas de Dios -que
son de muchas maneras- si no es entrando en la espesura del
padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación
y deseo! !Y cómo el alma que de veras desea sabiduría
divina desea primero el padecer para entrar en ella en la espesura
de la cruz! Que por eso san Pablo amonestaba a los de Éfeso
que no desfalleciesen en las tribulaciones [...] Porque
para entrar en estas riquezas de su sabiduría la puerta es
la cruz, que es angosta, y desear entrar por ella es de pocos, mas
desear los deleites a que se viene por ella es de muchos (Juan de
la Cruz, Cántico espiritual [B], Canción 37,
4; Canción 36, 13, en Obras completas, BAC, Madrid
141994, pp.884y882).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Debéis
brillar como lumbreras en medio del mundo, manteniendo con firmeza
la Palabra de vida"
(Flp
2,15ss).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
!Ser
tuya! Pongo en el seno de la Santísima Trinidad mi
voluntad, mi corazón, mi cuerpo, mi pensamiento, para que
sean consumidos por las llamas del amor divino. Señor
Jesús, los abandono a ti para que en mí se produzca
el vacío y en él puedas depositar tú
tu pensamiento, tu corazón, tu voluntad, todo. Un
intercambio silencioso e inefable a los pies del tabernáculo,
después de la santa comunión y por la mañana:
tu acción interior.
Tú
y yo; yo y tú; tú en mí, más aún
que yo en ti. Yo estoy en ti para morir ahí, tú
estás en mí para vivir ahí. Tengo la
impresión de que mi pobre ser debe ser incinerado por el
poder, por la fuerza, por el ardor de tu divinidad reviviente en
él. Siento que mi corazón... más aún,
siento que tu corazón dejará en mi pecho latidos de
amor.
Es
terrible dejarte revivir en nosotros, es terrible esta unión
contigo, porque nos amas con un amor que parece aniquilarnos,
porque sufres con un sufrimiento que destruiría en virtud
de su violencia nuestro ser, si tú no lo sostuvieras. Me
pregunto si el perenne y oscuro sufrimiento de mi alma no deriva
precisamente de esto: que no sé amar cuanto quisiera, que
no sé dejarte vivir en mí como quisiera, que no sé
transformarme en ti como quisiera.
Quisiera
perderme en ti, guardar silencio, gozar de mi transformación
(ítala Mela).
Día
7
Jueves semana XXXI del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Filipenses 3,3-8a
Hermanos:
3
La
verdadera circuncisión somos nosotros, los que tributamos
un culto nacido del Espíritu de Dios y hemos puesto nuestro
orgullo en Jesucristo, en lugar de confiar en nosotros mismos.
4
Y
eso que, en lo que a mí respecta, tendría motivos
para confiar en mis títulos humanos. Nadie puede hacerlo
con más razón que yo.
5
Fui
circuncidado a los ocho días de nacer, soy del linaje de
Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo por los cuatro
costados, fariseo en cuanto al modo de entender la Ley,
6
ardiente
perseguidor de la Iglesia e irreprochable en lo que se refiere al
cumplimiento de la Ley.
7
Pero
lo que entonces consideraba una ganancia, ahora lo considero
pérdida por amor a Cristo.
8
Es
más, pienso incluso que nada vale la pena si se compara con
el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
*••
Pablo abre la parte exhortatoria de esta carta con una especie de
autobiografía. Se ve obligado a hacerlo frente a aquellos
que no sólo se cierran a la llamada salvífica que se
desprende del Evangelio, sino que también intentan denigrar
su persona y su misión apostólica. De esto depende
el carácter, polémico en parte, de este pasaje.
Sin
embargo, esto brinda a Pablo la ocasión de presentar a
todos, y no sólo a los filipenses, su origen hebreo, su
vocación apostólica, su fidelidad a la misma.
De
este modo nos hace ver que, para comprender sus cartas, resulta
indispensable pasar a través de su personalidad, sobre todo
a través del gran acontecimiento de Damasco, que marca su
conversión a Cristo Señor y el comienzo de su
misión. Pero le brinda, sobre todo, la ocasión de
declarar abiertamente un hecho: el encuentro con Cristo ha
invertido literalmente su manera de ver las cosas, su
criterio valorativo sobre hechos y personas.
Por
encima de todo y de todos está ahora, para él,
Cristo, el Señor, no sólo como objeto de su fe, sino
también como fuente de su misión y, lo más
importante, como destinatario de su amor. Pablo expresa esta
inversión de los valores con una frase extremadamente
significativa: "Pienso incluso que nada vale la pena si se
compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor"
(v. 8).
Éste
es el único lugar en todo el epistolario paulino en que el
adjetivo posesivo "mi" aparece junto al título
cristológico "Señor": esto es signo
no sólo del hecho de que Pablo se encontró con Jesús
resucitado, sino también de la gran intimidad que alcanzó
su amor con el mismo Jesús.
Salmo
Responsorial
Que
se alegren los que buscan al Señor
Salmo
104,2-3.4-5.6-7
Cantadle al son de
instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su
nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor.
R/.Que
se alegren los que buscan al Señor
Recurrid al
Señor y a su poder, buscad continuamente su
rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las
sentencias de su boca.
R/.Que
se alegren los que buscan al Señor
¡Estirpe
de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El
Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la
tierra.
R/. Que
se alegren los que buscan al Señor
Evangelio:
Lucas 15,1-10
En
aquel tiempo,
1
todos
los publícanos y pecadores se acercaban a Jesús para
oírle.
2
Los
fariseos y los maestros de la Ley murmuraban: -Éste anda
con pecadores y come con ellos.
3
Entonces
Jesús les dijo esta parábola:
4
-Quién
de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no
deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar
a la descarriada hasta que la encuentra?
5
Y
cuando da con ella, se la echa a los hombros lleno de alegría
6
y,
al llegar a casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice:
"!Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me
había perdido!".
7
Pues
os aseguro que también en el cielo habrá más
alegría por un pecador que se convierta que por noventa y
nueve justos que no necesitan convertirse.
8
O
qué mujer, si tiene diez monedas y se le pierde una, no
enciende una lámpara, barre la casa y la busca con todo
cuidado hasta encontrarla?
9
Y
cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les
dice: "!Alegraos conmigo, porque he encontrado la moneda que
se me había extraviado!".
10
Os
aseguro que del mismo modo se llenarán de alegría
los ángeles de Dios por un pecador que se convierta.
*••
Estamos ante el capítulo central del evangelio según
san Lucas; en él ha querido concentrar su autor el mensaje
principal de su obra: el Evangelio de la misericordia.
Al
mismo tiempo, y según los estudiosos, Lucas nos aproxima lo
más posible al Jesús histórico, que vino a
nosotros sobre todo a anunciar y a encarnar el amor misericordioso
del Padre.
Los
dos primeros versículos del pasaje evangélico nos
ofrecen el contexto histórico de las tres parábolas
contenidas en este capítulo. Por un lado, los publícanos
y los pecadores, que se acercan a Jesús "para
oírle" (v. 1) -sabemos que Jesús sentía
una especial debilidad por ellos-. Por otro lado, los fariseos y
los maestros de la Ley, que murmuraban en contra de él
-y también sabemos que Jesús les dirigía con
frecuencia amargas palabras-. Las parábolas de la oveja
extraviada y la moneda perdida -junto a la parábola del
padre misericordioso que nos presenta Jesús como icono de
Dios-padre han de ser interpretadas a la luz del contexto
histórico: ambas, por consiguiente, pretenden iluminar, por
un lado, la situación de lo que estaba perdido y de quién
estaba perdido y, por otro, la alegría del que ha podido
encontrar lo que había perdido.
La
alegría del hombre es trampolín de lanzamiento hacia
la alegría de Dios: Lucas subraya fuertemente tres veces, a
modo de estribillo, la alegría de Aquel que ha amado tanto
al mundo que le ha dado a su Hijo y obtiene de ello la máxima
alegría posible.
MEDITATIO
Que
se alegren los que buscan al Señor: el
estribillo del salmo responsorial de la liturgia de hoy sintetiza
bastante bien el mensaje central. Como es obvio, cuando se habla
de "alegría", en la jerga bíblica y, sobre
todo, en la evangélica, es menester liberarla de todo
significado exterior y efímero. Se trata, más bien,
de una alegría exquisitamente personal, interpersonal, que
crece en la medida en que es participada y compartida.
Es
la alegría de Pablo, que brota del sublime conocimiento de
Jesucristo y desea compartir con los cristianos de Filipos; es la
alegría del Padre, que goza más en el cielo por un
pecador convertido que por noventa y nueve justos que no tienen
necesidad de conversión; es la alegría de Cristo, el
buen Pastor dispuesto a dar su vida por la salvación de un
solo pecador; pero es también nuestra alegría, la de
los pecadores que sabemos que tenemos en el cielo un Padre
misericordioso, además de un mediador compasivo y amoroso,
del mismo modo que sabemos que tenemos también en la tierra
alguien que, en su nombre, ha recibido el ministerio de perdonar
nuestros pecados, a fin de que aprendamos a ser compasivos y
misericordiosos con nuestros hermanos.
Es,
por consiguiente, la alegría del perdón otorgado a
quien lo necesita y lo pide con humildad, pero es también
la alegría del perdón pedido con humildad, acogido
con gratitud y evangelizado con valor.
ORATIO
Fariseo?
A veces lo soy, y tú entonces, Señor, me condenas,
porque, tras haberme vuelto seguro con una lógica
intransigente, me vuelvo intolerante con los que son esclavos de
normas absolutas que ofuscan y desaprueban la libre aportación
de decisiones individuales destinadas a situaciones específicas.
Esta actitud me convierte en un "sepulcro blanqueado",
irreprensible en cuanto a la justicia -como dice Pablo- y duro con
las limitaciones ajenas. Pero tú has dicho: "!Ay de
los que juzgan...!".
Publicano?
Así me presento, y tú, Señor, me perdonas
porque no soy "justo" a mis ojos. Esta visión,
más humana y más real, de mi debilidad me permite
experimentar tu misericordia, gustar tu amor y vivir con
agradecimiento en una actitud de respeto hacia ti, hacia mí
mismo, hacia los otros, hacia el mundo. Al amor se le responde con
alegría, y por eso "se llenarán de alegría
los ángeles de Dios por un pecador que se convierta".
CONTEMPLATIO
Considera
cuan grande es la dulzura y la piedad de Dios, su clemencia y
bondad; cuan suave es con todos, compasivo en todas sus acciones,
siempre dispuesto a perdonar, "clemente y misericordioso,
lento a la ira, rico en amor y siempre dispuesto a perdonar.
!Quién sabe si no perdonará una vez más!"
(Jl 2,13). "Padre misericordioso y Dios de todo consuelo. Él
es el que nos conforta en todas nuestras tribulaciones" (2
Cor l,3ss).
Y
"como un padre siente ternura por sus hijos, así
siente el Señor ternura por sus fieles" (Sal 103,13).
Sobre todo, debemos considerar que si el Padre "no perdonó
a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por
todos nosotros, cómo no va a darnos gratuitamente todas las
demás cosas juntamente con él?" (Rom 8,32),
"reconciliando el mundo consigo en Cristo" (2 Cor 5,19),
el cual "nos ha liberado de nuestros pecados con su sangre"
(Ap 1,5) y, por nosotros, se revistió de la carne, fue
ultrajado con la cruz y condenado a muerte.
Crees
que alguien que ha sufrido tanto por ti te abandonará? No
lo pienses jamás. A cuántos que se alejaron más
que tú de él los llamó junto a él? En
efecto, él es aquel por el cual "allí donde
abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom
5,20). De ello es testigo el santo David, que cometió un
gran pecado manchándose de adulterio, homicidio y
traición... pero donde abundó la impureza,
sobreabundó la pureza; donde abundó la crueldad,
sobreabundó la piedad; donde abundó el engaño,
sobreabundó la rectitud. Encontraríamos innumerables
casos similares si quisiéramos recordar todos aquellos en
los que Dios, con su misericordia y piedad, remitió la
iniquidad y perdonó los pecados, purificándolos,
justificándolos y santificándolos en el Espíritu
Santo.
Verdaderamente,
"como dista el Oriente del Occidente, así ha
alejado de ellos sus culpas el Señor" (Sal
103,12), introduciendo en ellos el bien allí donde estaba
el mal, el mérito donde estaba la injusticia, la gracia
donde estaba arraigada la culpa (Adam Scott, cartujo del siglo
XIII).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que
se alegren los que buscan al Señor"
(de
la liturgia).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Si
un padre es dueño, sólo es libre el hijo que se
rebela, esto es, el ateo. En cambio, si el padre es misericordia,
amor, alguien que da libertad, entonces es libre el hijo que vive
la libertad. El problema, por tanto, es el de la imagen de Dios.
Si Dios es la ley, entonces es antagonista de mi libertad. En
cambio, si Dios es Padre, entonces no es antagonista de mi
libertad, sino que me forma para ella incluso a través de
la ley, que tiene una función pedagógica. Ahora
bien, la ley lleva siempre en sí misma el peligro de
mantener al hombre en estado de minoría de edad.
El
riesgo que corre el cristiano es el de no comprender que la
humanidad puede llegar a ser mayor de edad (S. Fausti).
Día
8
Viernes
semana XXXI del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Filipenses 3,17-4,1
3,17
Imitad
mi ejemplo, hermanos, y fijaos en quienes me han tomado como norma de
conducta.
18
Pues
como ya os advertí muchas veces, y ahora tengo que
recordároslo con lágrimas en los ojos, muchos de los
que están entre vosotros son enemigos de la cruz de Cristo.
19
Su
paradero es la perdición; su dios, el vientre; se enorgullecen
de lo que debería avergonzarles y sólo piensan en las
cosas de la tierra.
20
Nosotros,
en cambio, tenemos nuestra ciudadanía en los cielos, de donde
esperamos como salvador a Jesucristo, el Señor.
21
Él
transformará nuestro mísero cuerpo en un cuerpo
glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene para someter
todas las cosas.
4,1
Por
tanto, hermanos míos queridos y añorados, vosotros, que
sois mi gozo y mi corona, manteneos firmes en el Señor,
queridos.
**•
Pablo señala dos caminos posibles a los cristianos de Filipos,
que desean hacerse discípulos del Crucificado: uno es aquel
por el que caminan "los enemigos de la cruz de Cristo"
(3,18). Son esos cuyo "paradero es la perdición;
su dios, el vientre; se enorgullecen de lo que debería
avergonzarles y sólo piensan en las cosas de la tierra"
(v. 19) y están completamente absorbidos por los intereses
terrenos. Para ésos, "su paradero es la perdición"
(v. 19a). Resulta fácil entrever en esta categoría
de personas a un grupo de cristianos que, a pesar de haberlo recibido
ya, se han olvidado del bautismo y, sobre todo, se han perdido en una
práctica de vida contraria al Evangelio. El otro camino es el
recorrido e indicado por el mismo Pablo y por los que se han
mantenido fieles a la "regla de vida" que han aprendido.
Pablo no siente pudor a la hora de ponerse como "ejemplo"
(v. 17) no tanto por los dones naturales que ha recibido como por
el don de la gracia que le sorprendió en el camino de Damasco
y le descompuso literalmente su vida, dándole una nueva
orientación: nueva según la novedad de Cristo muerto y
resucitado.
Los
fieles de Filipos están invitados, por tanto, a realizar su
elección libre y consciente no sólo en virtud del
ejemplo que tienen delante, sino también y sobre todo en
virtud de la esperanza que alimentan, a saber: "Tenemos
nuestra ciudadanía en los cielos, de donde esperamos como
salvador a Jesucristo, el Señor" (v. 20). Es tal el
bien que espero (se dibuja aquí la patria celestial, lugar de
alegría indefectible y de comunión amistosa) que acepto
por él cualquier pena (ésa es la dura batalla que cada
uno está llamado a librar en los días de su vida
terrena). Se advierte así la dinámica del ya pero
todavía no que caracteriza la experiencia de todo
creyente.
Salmo
Responsorial
Vamos
alegres a la casa del Señor
Salmo
121,1-2.4-5
¡Qué alegría cuando me
dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya
están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
R/.Vamos
alegres a la casa del Señor
Allá suben
las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre
de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están
los tribunales de justicia, en el palacio de David.
R/. Vamos
alegres a la casa del Señor
Evangelio:
Lucas 16,1-8
En
aquel tiempo,
1
decía
Jesús a sus discípulos: -Había un hombre rico
que tenía un administrador, a quien acusaron ante su amo de
malversar sus bienes.
2
El
amo le llamó y le dijo: "Qué es lo que oigo decir
de ti? Dame cuenta de tu administración, porque no vas a poder
seguir desempeñando ese cargo".
3
El
administrador se puso a pensar: "Qué voy a hacer ahora
que mi amo me quita la administración? Cavar ya no puedo,
pedir limosna me da vergüenza.
4
Ya
sé lo que voy a hacer para que alguien me reciba en su casa
cuando me quiten la administración".
5
Entonces
llamó a todos los deudores de su amo y dijo al primero:
"Cuánto debes a mi amo?".
6
Le
contestó: "Cien barriles de aceite". Y él le
dijo: "Toma tu recibo, siéntate y escribe en seguida
cincuenta".
7
A
otro le dijo: "Y tú, cuánto debes?". Le
contestó: "Cien sacos de trigo". Él le dijo:
"Toma tu recibo y escribe ochenta".
8
Y
el amo alabó a aquel administrador inicuo, porque había
obrado sagazmente. Y es que los que pertenecen a este mundo son más
sagaces con su propia gente que los que pertenecen a la luz.
*+•
Para
captar el pensamiento de Jesús a través de esta
parábola es preciso tener presente el contexto global del
capítulo, cuyo centro vital está constituido por el v.
14, que dice así: "Estaban
oyendo todo esto los fariseos, que eran amigos del dinero, y se
burlaban de Jesús".
Del
mismo modo que la primera parábola (w. 1-8) enseña el
modo correcto de usar los bienes de la tierra, la segunda -la del
rico epulón (w. 19-31)- enseña cómo no deben ser
usados. En todo caso, la lección tiene como tema la
philargyría, es decir, el amor al dinero.
A
primera vista, la parábola del administrador infiel podría
suscitar cierto asombro e incluso cierto escándalo,
precisamente porque Jesús alaba su conducta, a pesar de su
actitud astuta, deshonesta y egoísta. Más adelante,
Lucas comparará a Dios con un juez que no practica la justicia
(Le 18,1-8), y también en Mt 10,16 se invita a los discípulos
a ser astutos como serpientes.
Con
todo, no debemos escandalizarnos en absoluto: el Señor no nos
ofrece como modelo a un estafador o a un pillo; lo que hace, más
bien, es recordarnos que somos responsables de unos bienes que no nos
pertenecen del todo, sino que hemos de considerarlos como dones de
Dios y, en consecuencia, hemos de tratarlos, al mismo tiempo, con una
prudencia y una audacia dignas de los hijos de Dios.
Ciertamente,
no es fácil captar la "intención" de la
parábola, pero al final del fragmento se nos ofrecen pistas
que nos ponen en el buen camino: Jesús desea que los hijos de
la luz, en su camino terreno, en su intento de conseguir los
verdaderos bienes -los eternos-, se muestren más astutos que
los hijos de este mundo (v. 8b). La astucia de la que habla Jesús
está en función directa del deseo y de la consecución
del verdadero bien.
MEDITATIO
Captamos
diferentes estímulos en este fragmento evangélico: con
ellos quiere Jesús provocar nuestra reflexión y nuestra
respuesta. Aunque el discurso se haga, en ocasiones, difícil y
la respuesta bastante comprometedora, el verdadero discípulo
de Jesús no puede sustraerse a sus deberes concretos. En
primer lugar, es preciso mantener la confrontación con los
hijos de este mundo: en el evangelio encontramos muchísimas
veces la invitación a ser animosos no sólo frente a la
propuesta divina, sino también frente a aquellos que no
quieren saber nada ni del Evangelio ni de la vida cristiana.
Por
eso, no basta con la astucia; se requiere también el coraje,
la osadía y la audacia de quien sabe que posee una palabra
superior a cualquier otra y puede apoyarse en una promesa que no
puede ser retractada. Del contexto global del capítulo se
desprende una segunda gran invitación, que concreta el coraje
evangélico: nuestros verdaderos amigos son los pobres, y
se requiere, a buen seguro, un coraje de león para
considerarlos como nuestros primeros y más queridos amigos.
Quien llega a considerarlos como tales demuestra ser de verdad
"listo" según Jesús, aunque no ciertamente
según la lógica del mundo. Llegados a este punto, ya no
queda ninguna incertidumbre sobre la astucia por la que el
administrador deshonesto es alabado por su señor. La luz que
se desprende de esta parábola nos llega a todos nosotros e
iluminará nuestro camino en la medida en que nos dispongamos a
invocarla, a acogerla y a caminar por el sendero que abre delante de
nosotros.
ORATIO
Me
preguntas, Señor: "Por qué andas indeciso?".
Decir
la verdad... cuesta sangre, Señor;
descubrir
mis mezquindades... me expone, Señor;
perder
mis seguridades... es duro, Señor;
aceptar
la desaprobación... es doloroso, Señor;
ver
bloqueados mis planes... me disgusta, Señor;
reconocer
mis infidelidades... me hace daño, Señor;
mostrar
mis debilidades... me humilla, Señor;
renunciar
a mis razones... no lo soporto, Señor.
El
precio que hemos de pagar para ser honestos es
elevado,
pero servir a dos señores me repugna.
Señor,
ayúdame a ser honesto,
!cueste
lo que cueste!
CONTEMPLAIO
Al
ver Dios que el temor arruinaba al mundo, trató inmediatamente
de volverlo a llamar con amor, de invitarlo con su gracia, de
sostenerlo con su caridad, de vinculárselo con su afecto.
Por
eso purificó la tierra, afincada en el mal, con un diluvio
vengador y llamó a Noé padre de la nueva generación,
persuadiéndolo con suaves palabras, ofreciéndole una
confianza familiar, al mismo tiempo que le instruía
piadosamente sobre el presente y lo consolaba con su gracia, respecto
al futuro. Y no le dio ya órdenes, sino que con el esfuerzo de
su colaboración encerró en el arca las criaturas de
todo el mundo, de manera que el amor que surgía de esta
colaboración acabase con el temor de la servidumbre, y se
conservara con el amor común lo que se había salvado
con el común esfuerzo.
Por
eso también llamó a Abrahán de entre los
gentiles, engrandeció su nombre, lo hizo padre de la fe, le
acompañó en el camino, le protegió entre los
extraños, le otorgó riquezas, le honró con
triunfos, se le obligó con promesas, lo libró de
injurias, se hizo su huésped bondadoso, lo glorificó
con una descendencia de la que ya desesperaba; todo ello para que,
rebosante de tantos bienes, seducido por tamaña dulzura de la
caridad divina, aprendiera a amar a Dios y no a temerlo, a venerarlo
con amor y no con temor. Por eso también consoló en
sueños a Jacob en su huida, y a su regreso le incitó a
combatir y lo retuvo con el abrazo del luchador; para que amase al
padre de aquel combate y no le temiese. Y asimismo interpeló a
Moisés en su lengua vernácula, le habló con
paterna caridad y le invitó a ser el liberador de su pueblo.
Pero
así que la llama del amor divino prendió en los
corazones humanos y toda la ebriedad del amor de Dios se derramó
sobre los humanos sentidos, satisfecho el espíritu por todo lo
que hemos recordado, los hombres comenzaron a querer contemplar a
Dios con sus ojos carnales. Pero la angosta mirada humana cómo
iba a poder abarcar a Dios, al que no abarca todo el mundo creado? La
exigencia del amor no atiende a lo que va a ser, o a lo que debe o
puede ser. El amor ignora el juicio, carece de razón, no
conoce la medida. El amor no se aquieta ante lo imposible, no se
remedia con la dificultad. El amor es capaz de matar al amante si no
puede alcanzar lo deseado; va a donde se siente arrastrado, no a
donde debe ir.
El
amor engendra el deseo, se crece con el ardor y, por el ardor, tiende
a lo inalcanzable. Y qué más? El amor no puede quedarse
sin ver lo que ama: por eso los santos tuvieron en poco todos sus
merecimientos si no iban a poder ver a Dios. Moisés se atreve
por ello a decir: Si he obtenido tu favor, enséñame
tu gloria. Y otro dice también: Déjame ver tu
figura. Incluso los mismos gentiles modelaron sus ídolos
para poder contemplar con sus propios ojos lo que veneraban en medio
de sus errores (Pedro Crisólogo, Sermón 147, en
PL 52, 594-595).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Nosotros,
en cambio, tenemos nuestra ciudadanía en los cielos" (Flp
3,20).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Lo
que hacemos representa menos que una gota en el océano, pero
sin esa gota le faltaría algo al océano. Yo soy un
lápiz de Dios. Él escribe lo que quiere. Por sangre y
origen soy albanesa. Tengo la ciudadanía india. Soy una monja
católica. Por vocación, pertenezco a todo el mundo. En
el corazón, pertenezco por completo al corazón de
Jesús... Nuestra gente apenas consigue mantenerse en pie.
Están hambrientos, o enfermos, o desnudos. Ni siquiera son
capaces de sostener la caña de pescar. Lo que yo hago es
darles un pescado para comer hasta que estén lo
suficientemente fuertes. Entonces los entregaré a vosotros,
vosotros les entregaréis la caña y les enseñaréis
a pescar...
Me
he visto obligada a padecer la celebridad. La uso por amor a Jesús.
Cuando hablan de mí, los periódicos y las televisiones
hablan de los pobres y de este modo despiertan la atención
sobre los pobres. Vale la pena soportar este peso... si no voy al
cielo por cualquier otra cosa, iré por toda la publicidad que
me rodea, porque con ella me he sacrificado y purificado, y me ha
preparado para el paraíso (Madre Teresa de Calcuta).
Día
9
Sábado semana XXXI del
tiempo ordinario o 9 de noviembre,
Dedicación de la
basílica de Letrán
La
basílica del Santísimo Salvador y de San Juan fue
fundada por el papa Melquíades (311 -314) sobre la colina
romana de Letrán, en un terreno cedido para tal fin por el
emperador Constantino. Desde el siglo XII se viene celebrando el
aniversario de su dedicación con una fiesta litúrgica,
primero sólo en Roma y después en todas las Iglesias
de rito romano, por ser considerada la "iglesia madre de
todas las iglesias de la urbe y del orbe".
LECTIO.
Primera
lectura: 1 Cor 3, 9c-11. 16-17
9
ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios,
edificación de Dios.
10
Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen
arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. !Mire cada
cual cómo construye!
11
Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.
16
No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu
de Dios habita en vosotros?
17
Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá
a él; porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros
sois ese santuario.
Este
texto se inserta en el marco de uno de los mayores males que
aflige a la comunidad de Coritio: es una comunidad dividida, de
ahí su advertencia clara: “mire cada uno cómo
construye”. Se trata de ver si se construye para el bien
propio o para el bien del conjunto. Si lo que interesa es el
bien personal, o de mi grupo, o de mi congregación, o
de mi movimiento particular, y no el bien del conjunto, la
amenaza de desplome del edifico es real.
La
metáfora del “templo” la ha usado Pablo
con frecuencia. La comunidad alberga a Dios y a su Espíritu
cuando se construye con las premisas del Evangelio que no son
otras sino la entrega, la generosidad, el desprendimiento y, en
definitiva, el amor. Un templo sin amor no es el templo de Dios;
una comunidad sin Espíritu de entrega mutua no es la
comunidad de Jesús.
Pablo
advierte contra la “destrucción” de este templo
que no es obra de una demolición de un edificio, sino del
socavamiento de las relaciones comunitarias, de las relaciones
sociales que, según el Evangelio, habrían de ser
fraternas y humanizadoras. Por eso mismo las envidias, los medres
a costa de otro, las divisiones, las postergaciones, cualquier
opresión son maneras de destruir el templo de la comunidad
creyente. Es preciso estar siempre atentos al bien del conjunto,
pasando del horizonte de unos al horizonte de todos.
Salmo
Responsorial
Un
río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo
consagra su morada.
Salmo
45, 2-3. 5-6. 8-9
2
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en
el peligro. 3 Por
eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se
desplomen en el mar.
R/.
Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el
Altísimo consagra su morada.
5
Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el
Altísimo consagra su morada. 6
Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al
despuntar la aurora.
R/.
Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el
Altísimo consagra su morada.
8
El Señor del universo está con nosotros, nuestro
alcázar es el Dios de Jacob. 9
Venid a ver las obras del Señor, las maravillas
que hace en la tierra
R/.
Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el
Altísimo consagra su morada.
Evangelio: Juan 2,
13-22
13
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió
a Jerusalén.
14
Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas
y palomas, y a los cambistas en sus puestos.
15
Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera
del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el
dinero de los cambistas y les volcó las mesas;
16
y dijo a los que vendían palomas: "Quitad esto de
aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de
mercado."
17
Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: "
El celo por tu Casa me devorará. "
18
Los judíos entonces le replicaron diciéndole: "Qué
señal nos muestras para obrar así?"
19
Jesús les respondió: "Destruid este Santuario y
en tres días lo levantaré."
20
Los judíos le contestaron: "Cuarenta y seis años
se han tardado en construir este Santuario, y tú lo vas a
levantar en tres días?"
21
Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo.
22
Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron
sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en
la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
Jesús amaba el
templo porque era la casa de su Padre. Sin embargo, ese lugar, que
estaba destinado al encuentro con Dios, se hallaba repleto de
vendedores y cambistas. Lo que sucedía es que la gente iba
a comprar los animales que se destinaban a los sacrificios y no
podían usar las monedas que tenían figuras de los
emperadores, por eso, era necesario cambiarlas por otras, pero
todo lo realizaban en el templo. Lo anterior lo podemos trasladar
a nuestra vida: Jesús nos ama profundamente, quiere
encontrarse con nosotros en el templo de nuestra alma, pero para
ello, necesitamos darle su espacio y su tiempo. Quizá haya
en nuestra vida muchas cosas que ocupan el lugar que deberíamos
darle a Dios. Puede ser que haya en el atrio de nuestro corazón
poco silencio para la oración y se den algunas idolatrías.
Hemos dejado entrar en nuestra vida algún tipo de codicia
buscando el provecho propio, en lugar de la caridad? Estamos
dispuestos a dejar que Jesús eche fuera de nosotros todo lo
que es contrario a Él?
MEDITATIO
La
liturgia renovada subraya de un modo más claro el
significado de la Iglesia-edificio como signo visible del único
verdadero templo que es el cuerpo personal de Cristo y su cuerpo
místico, esto es, la Iglesia esposa y madre, la cual
celebra en un determinado lugar el culto en espíritu y en
verdad (cf. Jn 4,23; Hch 2,46ss). Por encima de la
sacralización del espíritu material, se nos estimula
a captar en el Cristo hombre-Dios la verdadera sacralidad que de
él se comunica a todo el pueblo santo y sacerdotal,
bautizado y confirmado en el Espíritu, unido en la única
oblación al sumo y eterno sacerdote (Heb 10,14). [...]
La
casa del pueblo de Dios, en lo que se refiere a la estructura, el
decoro y la funcionalidad, es algo que deben tomarse muy a pecho
todos los creyentes, pues en ella renacen a la vida divina y en
ella serán bendecidos para su último éxodo
pascual hacia la patria. Es la casa de todos y como tal debe ser
cuidada y custodiada con amor; también en su aspecto
exterior, que es signo de nuestra pureza interior (Conferencia
Episcopal Italiana, Rito della dedicazione di una chiesa,
Indicazioni pastorali, Roma 1981, 12-14).
ORATIO
De
la oración de la dedicación de una iglesia:
Oh
Dios, que diriges y santificas a tu Iglesia, acoge nuestro canto
en este día de fiesta. Este lugar es signo del misterio de
la Iglesia santificada por la sangre de Cristo, escogida por él
como esposa, virgen por la integridad de la fe, madre siempre
fecunda por el poder del Espíritu. Iglesia santa, viña
elegida del Señor; Iglesia bienaventurada, morada de Dios
entre los hombres; Iglesia sublime, ciudad elevada sobre el monte,
clara a todos por su fulgor, donde resplandece como lámpara
perenne el Cordero y donde se eleva festivo el coro de los
bienaventurados. Ahora, oh Padre, envuelve de tu santidad esta
Iglesia, a fin de que sea un lugar santo para todos.
CONTEMPLATIO
El
pavimento
Aquí
tocan nuestros pies la tierra sobre la que se levantan tantas
paredes y columnas... Si no te pierdes entre ellas, sino que vas
encontrando unidad y significado, es porque el Pavimento te guía.
Él unifica no sólo los espacios de una estructura
renacentista, sino también los espacios dentro de nosotros,
que caminamos así conscientes de nuestras debilidades y
derrotas.
Eres
tú, Pedro. Quieres ser aquí el pavimento sobre el
que caminan los otros (que avanzan ignorando la meta) para llegar
al lugar a donde diriges sus pasos unificando los espacios con la
mirada que facilita el pensamiento. Quieres ser aquel que sostiene
los pasos, como la roca sostiene el ruido del paso de un rebaño:
roca también del pavimento de un templo gigantesco. Y el
pasto es la cruz.
ACTIO
Repite
y medita a menudo durante el día de hoy la enseñanza
de san Pablo: "El
templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros"
(1
Cor 3,17).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
misterio de la Iglesia se remonta más allá de la
historia. Son muchos los textos que hablan de ello: "Él
nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo,
para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin
mancha en su presencia [...], misterioso plan, escondido desde
el principio de los siglos en Dios" (Ef 1,4y 3,9). Su
preexistencia en la sabiduría de Dios indica la naturaleza
metahistórica de la Iglesia. Las formas de la vida
social son contingentes, pueden existir o no en función de
la evolución histórica, pero la Iglesia no depende
de la historia; la Iglesia irrumpe en el mundo precisamente porque
su génesis está en otro lugar. La Iglesia,
"escondida desde toda la eternidad" en
Dios, preiniciada en el paraíso, prefigurada en Israel,
desciende del cielo en las lenguas de fuego, entra en la
historia en Jerusalén, el día de Pentecostés.
Es la manifestación gradual de lo que está escondido
y se dirige hacia la "plenitud del que llena totalmente el
universo" (Ef 1,23). Todas las criaturas en la tierra,
bajo la tierra y en los cielos doblan la rodilla y convergen en la
plenitud del Cristo total (P. Evdokimov, L'Orfodossia, Bolonia
1981, pp. 176ss [edición española: Ortodoxia,
Edicions 62-Península, Barcelona, s.f.]).
Día
10
domingo XXXII del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: 1 Reyes 17,10-16
En
aquellos días,
10
Elías
se levantó y se fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta
de la ciudad, vio a una viuda recogiendo leña. La llamó
y le dijo: -Por favor, tráeme un vaso de agua para beber.
11
Cuando
ella iba por el agua, Elías le gritó: -Tráeme
también un poco de pan.
12
Ella
le dijo: -!Vive el Señor, tu Dios, que no tengo una sola
hogaza; sólo me queda un puñado de harina en la
tinaja y un poco de aceite en la orza! Precisamente estaba
recogiendo estos palos para preparar algo para mi hijo y para mí;
lo comeremos y luego moriremos.
13
Elías
le dijo: -No temas; vete a casa y haz lo que has dicho, pero antes
hazme a mí una hogaza pequeña y tráemela.
Para ti y para tu hijo la harás después.
14
Porque
así dice el Señor, Dios de Israel: No faltará
harina en la tinaja ni aceite en la orza hasta el día en
que el Señor haga caer la lluvia sobre la tierra.
15
Ella
fue e hizo lo que le había dicho Elías, y tuvieron
comida para él, para ella y para toda su familia durante
mucho tiempo.
16
No
faltó harina en la tinaja ni aceite en la orza, según
la palabra que el Señor pronunció por medio de
Elías.
*" Este episodio
manifiesta la eficacia de la fe en la Palabra de Dios. Es la
Palabra la que empuja al profeta Elías, perseguido por la
reina Jezabel, a refugiarse en la tierra de origen de su enemiga:
el Señor ha predispuesto, en efecto, que otra mujer
fenicia, viuda y paupérrima, sea para Elías
instrumento de salvación en el tiempo de carestía
(vv. 8ss). A la petición de alimento por parte del profeta
le responde la mujer declarando su propia indigencia: le queda
sólo el sustento de un día para ella y para su hijo;
sin embargo, fiándose de Elías, que le predice una
intervención prodigiosa del Señor, es capaz de
renunciar a lo que le aseguraría la supervivencia para ese
día. La fe de la viuda se hace caridad generosa y se vuelve
para ella verdadera riqueza: en la experiencia cotidiana del
milagro puede constatar que verdaderamente "el Señor
protege [...] al huérfano y a la viuda" (Sal 146,9) y
que quien confía en él no queda decepcionado (1 Re
17,15ss). Precisamente mientras los israelitas se dejan descarriar
por los cultos paganos introducidos por Jezabel y no escuchan ya
la Palabra de YHWH, triunfa la fe auténtica en la humilde
caridad de una extranjera que no vacila en privarse de lo
necesario para obedecer a la Palabra que Elías le comunica.
Ofrece el alimento de un día al hombre de Dios y recibe de
la mano del Señor el alimento para la vida del cuerpo y del
espíritu.
Salmo
responsorial Alaba,
alma mía, al Señor
Salmo
145, 7. 8-9a. 9bc-10
Que
hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
El
Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza
a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El
Señor guarda a los peregrinos.
Sustenta
al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los
malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión,
de edad en edad.
Segunda
lectura: Hebreos 9,24-28
24
Cristo
no entró en un santuario construido por hombres -que no
pasa de ser simple imagen del verdadero-, sino en el cielo mismo,
a fin de presentarse ahora ante Dios para interceder por nosotros.
25
Tampoco
tuvo que ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo
sacerdote, que entra en el santuario una vez al año con
sangre ajena.
26
De
lo contrario, debería haber padecido muchas veces desde la
creación del mundo, siendo así que le bastó
con manifestarse una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para
destruir el pecado con su sacrificio.
27
Y
así como está decretado que los hombres mueran una
sola vez, después de lo cual vendrá el juicio,
28
así
también Cristo se ofreció una sola vez para tomar
sobre sí los pecados de la multitud, y por segunda vez
aparecerá, ya sin relación con el pecado, para dar
la salvación a los que le esperan.
**• La descripción
de algunos detalles del culto judío en el capítulo 9
pone de manifiesto la superioridad de la nueva alianza, cuyo único
sacerdote (vv. llss), mediador (v. 15) y víctima (v. 28) es
Cristo. En esta perícopa subyace, en particular, la
comparación con el ritual del gran "día de la
expiación". Una vez al año, en electo, entraba
el sumo sacerdote, él solo, en el santo de los santos para
expiar los pecados del pueblo mediante la aspersión del
arca de la alianza con la sangre de animales sacrificados; sin
embargo, Cristo "en la plenitud de los tiempos" dio
cumplimiento a los ritos antiguos, que eran sólo una figura
del sacrificio perfecto: entró en el verdadero santuario,
en la dimensión trascendente ("cielo") de Dios,
"una sola vez", ofreciéndose a sí mismo
"para tomar sobre sí los pecados de la multitud",
como el siervo de YHWH profetizado por Isaías (53,12). El
don de su amor es tan sobreabundante que el pecado no sólo
queda perdonado, sino "destruido" (v. 26): por eso el
hombre es hecho de nuevo, queda libre, está salvado.
Esta ofrenda sacrificial,
sin embargo, no nos priva de la presencia de Cristo: siempre vivo
"para interceder" en nuestro favor (7,25), él se
manifestará una vez más en la historia. Y no será
ya para liberar a la humanidad del pecado -dado que su sacrificio
tiene un valor perenne (v. 28)-, sino para conducirla a su
desenlace definitivo, a un final que será de salvación
y de gloria (2,10) para cuantos le esperen con vigilancia
perseverante.
Evangelio:
Marcos 12,38-44
En
aquel tiempo,
38
decía
Jesús a la gente mientras enseñaba: -Tened cuidado
con los maestros de la Ley, a quienes les gusta pasearse
lujosamente vestidos y ser saludados por la calle.
39
Buscan
los puestos de honor en las sinagogas y los primeros lugares en
los banquetes.
40
Estos,
que devoran los bienes de las viudas con el pretexto de largas
oraciones, tendrán un juicio muy riguroso.
41
Jesús
estaba sentado frente al lugar de las ofrendas y observaba cómo
la gente iba echando dinero en el cofre. Muchos ricos depositaban
en cantidad.
42
Pero
llegó una viuda pobre que echó dos monedas de muy
poco valor.
43
Jesús
llamó entonces a sus discípulos y les dijo: -Os
aseguro que esa viuda pobre ha echado en el cofre más que
todos los demás.
44
Pues
todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado
de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir.
**• Jesús
ofrece los criterios para distinguir entre los verdaderos y los
falsos maestros en la enseñanza que dispensa en el templo.
Tras largas discusiones con maestros de la Ley, sacerdotes y jefes
del pueblo (capítulos 11 y 12), censura su comportamiento,
movido por la vanagloria (vv. 38ss), por la avidez sin escrúpulos
y por la ostentación de una piedad puramente exterior (v.
40).
Jesús es capaz de
captar la verdad de la persona más allá de las
apariencias, observando la conducta de cada uno en la vida diaria.
Por eso, cuando encuentra un verdadero maestro, lo pone como
ejemplo a sus discípulos: se trata de una pobre viuda que
se acerca al cofre del tesoro del templo para echar una suma
irrisoria -las dos moneditas de la viuda equivalían a la
octava parte de la ración que se distribuía a diario
a los pobres de Roma-; sin embargo, esta ofrenda representa para
la viuda "todo lo que tenía para vivir" (v. 44).
La humilde mujer ha echado, por tanto, su vida en el tesoro del
templo, porque ha encontrado en Dios su sostén para hoy y
para el día de mañana, para este tiempo y para la
eternidad. Esta "verdadera maestra", más rica que
los acomodados que echan muchas monedas como ofrenda, puede
enseñar sin presunción el camino de la fe, un camino
que pasa a través del abandono confiado en las manos de
Dios.
MEDITATIO
La palabra que hemos
escuchado nos invita a reflexionar sobre la fe. Ésta
consiste, simplemente, en creer que Dios es Dios y en fiarse por
eso de él, abandonarse en sus manos, darle por completo a
nosotros mismos sin cálculos ni preocupaciones por el
mañana. Esta "oblatividad" es desconsiderada y
loca -o al menos imprudente- para quien afirma que está
bien creer, sí, pero "con los pies en la tierra",
sin dejar de lado una humana prudencia; sin embargo, esta fe la
encontramos a menudo precisamente en quienes no tienen ninguna
seguridad para hacer frente al hoy ni al mañana.
Estas dos viudas tan
pobres presentadas en la Sagrada Escritura nos enseñan a no
tener miedo de ofrecer a Dios todo lo que tenemos y somos, nos
invitan a consagrarle nuestra vida: si hacemos que llegue a ser
"suyo" lo que es nuestro, será después
tarea suya la preocupación por ello. Mi familia, mi
trabajo, mis pocos o muchos recursos de todo tipo pueden ser
sometidos a la lógica de la fe y ser confiados y entregados
por completo al Señor. No se trata de una elección
de despreocupación ni del sentimiento de un instante; al
contrario, se convierte en el compromiso cotidiano de administrar
como nuestros -y, por consiguiente, con un corazón conforme
al nuestro los que eran "nuestros" bienes: afectos,
ocupaciones, dotes. La palabra es hoy casi un desafío:
probemos a echar con fe nuestra vida en el tesoro de la comunión
de los santos, día tras día. El Señor
dispondrá de ella para bien de cada uno de sus hijos, y
dispondrá un mayor beneficio también para nosotros.
Podemos darle, sobre todo, lo que tenemos como más
"nuestro": la pobreza existencial, el pecado. Esto es lo
que ha venido a buscar en la humanidad, para tomarlo sobre sí
y transformarlo en sacrificio de amor.
Si somos capaces de poner
en sus manos también nuestra miseria, sentiremos la alegría
de vivir de él, por él, en él.
ORATIO
Señor Jesús,
que de rico como eras te hiciste pobre para enriquecernos con tu
pobreza, aumenta nuestra fe. Es siempre muy poco lo que
tenemos que ofrecerte, pero ayúdanos tú a entregarlo
sin vacilación en tus manos. Tú eres el tesoro del
Padre y el tesoro de la humanidad: en ti está depositada la
plenitud de la divinidad; sin embargo, sigues esperando aún
de nosotros el óbolo de lo que somos, hasta nuestro mismo
pecado. Creemos que puedes transformar nuestra miseria en
bienaventuranza para muchos, pero tienes que enseñarnos la
generosidad y el abandono confiado de los pobres en el espíritu.
Queremos aceptar el
desafío de tu Palabra y darte todo, hasta lo que
necesitamos para hoy y para el día de mañana: tú
mismo eres desde ahora la Vida para nosotros.
CONTEMPLATIO
Es grande el que toma de
lo poco de que dispone, puesto que en la balanza de la justicia
divina no se pesa la cantidad de los dones, sino el peso de los
corazones.
La viuda del evangelio
depositó en el tesoro del templo dos moneditas y superó
los dones de todos los ricos.
Ningún gesto de
bondad queda privado de sentido ante Dios, ninguna misericordia
queda sin fruto. Son diversas, a buen seguro, las posibilidades
que él ha dado a los hombres, pero no son diferentes los
sentimientos que reclama de ellos. Valore cada uno con diligencia
la entidad de sus propios recursos, y que los que más han
recibido den más (León Magno, Sermón sobre el
ayuno, 90,3).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosos
los pobres en el espíritu, porque suyo es él Reino
de los Cielos" (Mt
5,3).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Dios es absolutamente más
rico que nadie, porque es absolutamente el más pobre. No
tiene nunca nada para sí, sino siempre para el otro. El
Padre para el Hijo, el Hijo para el Padre, el Padre y el Hijo para
el Espíritu Santo común. Pero tampoco el Espíritu
tiene nada para sí, sino todo para el Padre y para el Hijo.
Esto no es tampoco un egoísmo a dos o a tres, puesto que en
Dios cada uno piensa verdaderamente sólo en el otro y
quiere enriquecer al otro. Y toda la riqueza de Dios consiste en
este darse y recibir el Tú.
La pobre viuda, que ha
dado todos sus haberes, está muy cerca de este Dios. Acaso
no se puede decir que Dios ha echado todos sus haberes en el
cepillo de las ofrendas del mundo, cuando nos dio a aquel hombre
sin apariencia, escondido, apenas localizable en la historia del
mundo, llamado Jesús de Nazaret?
No se puede decir que en
este casi nada nos ha entregado Dios más que con el rico y
gigantesco universo, puesto que así nos ofreció
"todo lo que necesitaba para vivir", a fin de que
nosotros, aunque él muriera, pudiéramos vivir de su
vida eterna? (H. U. von Balthasar, Tu coroni l'anno con la tua
grazia, Milán 1990, p. 177 [edición española:
Tú coronas el año con tu gracia, Encuentro, Madrid
1997]).
Día
11
Lunes semana XXXII del tiempo
ordinario o 11 de noviembre,
San Martín de Tours
Martín,
nacido en Panonia (Hungría) en el año 316, fue
destinado por su padre a la carrera militar. Siendo todavía
catecúmeno, dio pruebas de coherencia cristiana y de amor a
los pobres. Dejó las armas, bajo la guía de san
Hilario de Poitiers, y se consagró a Dios profesando la
vida monástica. Llevó, primero, una vida eremítica;
más tarde, por consejo del mismo Hilario, fundó en
Ligugé el primer monasterio de Occidente. En el año
373 fue elegido obispo de Tours, y hasta su muerte, acaecida el
397, se consagró con una solicitud incansable a la
formación del clero, a la pacificación de los
pueblos y a la evangelización. Fue uno de los primeros
santos no mártires en ser honrado en la liturgia de la
Iglesia.
LECTIO
Primera
lectura: Tito 1,1-9
1
Pablo,
siervo de Dios y apóstol de Jesucristo para hacer que los
elegidos de Dios lleguen a la fe y al conocimiento de la verdad
que se manifiesta en una vida religiosa,
2
con
la esperanza puesta en la vida eterna. Dios, que no miente, había
prometido esta vida eterna antes de que el tiempo existiera,
3
y
a su debido tiempo ha manifestado su Palabra a través de la
predicación que me ha sido confiada por orden de Dios,
nuestro Salvador.
4
A
Tito, mi verdadero hijo en nuestra fe común, gracia y paz
de parte de Dios Padre y de Jesucristo, nuestro Salvador.
5
Te
he dejado en Creta para que acabes de organizarlo todo y
establezcas presbíteros en cada ciudad, siguiendo las
instrucciones que te di:
6
que
sean irreprochables, que se hayan casado una sola vez, que sus
hijos sean fieles y no puedan ser tachados de mala conducta o de
insubordinación.
7
Es
preciso que el obispo sea irreprochable, como administrador que es
de la casa de Dios; que no sea soberbio, ni iracundo, ni dado al
vino, ni violento, ni codicioso,
8
sino
hospitalario, amigo del bien, prudente, justo, piadoso, dueño
de sí mismo,
9
firmemente
adherido a la Palabra tal y como ha sido enseñada, para que
sea capaz de exhortar según la sana doctrina y refutar a
quienes la contradicen.
*+•
Esta
carta de Pablo ha sido calificada de "pastoral"
precisamente por sus contenidos. El apóstol se dirige, en
efecto, a uno de sus más queridos colaboradores en el
momento en el que le confía el cuidado de una comunidad
cristiana que está iniciando un camino de conversión
y de plena adhesión al Evangelio. Pero las recomendaciones
que hace Pablo a su discípulo Tito se fundamentan siempre
en el acontecimiento de Jesús muerto y resucitado, en "la
verdad que se manifiesta en una vida religiosa" (v.
1) y en "la
esperanza puesta en la vida eterna" (v.
2).
La
tarea del discípulo consistirá en educar a los
creyentes para que se enamoren de la verdad revelada y predicada
y, de este modo, consoliden sus vínculos de amor y de fe en
la misma comunidad y, en última instancia, con Cristo, el
Señor. Así se concreta la administración que
Dios confía a sus siervos: el servicio de la Palabra, la
predicación apostólica -está bien
explicitarlo con letras bien grandes-, constituye el primer y
fundamental servicio a la comunidad.
Se
puede afirmar con toda justicia que "en el principio era la
predicación", en el sentido de que sin el servicio y
la escucha de la Palabra no nace ninguna comunidad cristiana.
Ciertamente, el responsable de una comunidad debe tener cualidades
excepcionales: su estilo de vida, su modo de actuar, el ejemplo
que ha de ser capaz de dar en términos de fidelidad a la
doctrina y de generosidad en el servicio son elementos
indispensables para el bienestar de la comunidad. No es casualidad
que Pablo insista asimismo en este aspecto, precisamente porque
está convencido de que, para permanecer fieles al ideal
recibido, es necesario el concurso del obispo y de sus fieles, del
pastor y de su grey, de quien predica y de quien escucha: todos a
la escucha y sometidos a la doctrina-verdad confiada por Dios en
las Sagradas Escrituras, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.
Salmo
Responsorial
Éste
es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Salmo
23,1-2.3-4ab.5-6
Del Señor es la tierra y cuanto
la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó
sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
R/.Éste
es el grupo que viene a tu presencia, Señor
¿Quién
puede subir al monte del Señor? ¿Quién
puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y
puro corazón, que no confía en los ídolos.
R/.Éste
es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Ése
recibirá la bendición del Señor, le hará
justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo
que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de
Jacob.
R/. Éste
es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Evangelio:
Lucas 17,1-6
En
aquel tiempo,
1
Jesús
dijo a sus discípulos: -Es inevitable que haya ocasiones de
pecado, pero !ay de quien las provoque!
2
Más
le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y
lo tiraran al mar, antes que ser ocasión de pecado para uno
de estos pequeños.
3
!Estad
atentos! Si tu hermano llega a pecar, repréndelo, pero, si
se arrepiente, perdónalo.
4
Y
si peca contra ti siete veces al día y otras siete viene a
decirte: "Me arrepiento", perdónalo.
5
Los
apóstoles dijeron al Señor: -Auméntanos la
fe.
6
Y
el Señor dijo: -Si tuvierais fe, aunque sólo fuera
como un grano de mostaza, diríais a esta morera: "Arráncate
y trasplántate al mar", y os obedecería.
**•
El fragmento evangélico de hoy se vertebra en torno a tres
temas: el escándalo, el perdón y la fe. La enseñanza
de Jesús, recogida por el evangelista Lucas, se vertebra
por ello en tres momentos que, sin embargo, requieren ser
considerados de manera unitaria.
La
primera actitud fundamental que caracteriza la vida del verdadero
discípulo consiste en no provocar nunca que alguien se
aleje del camino que ha emprendido, a causa de una opción
suya individualista y egocéntrica.
Se
trata del escándalo evangélico contra el que Jesús
lanza uno de sus más terribles "ayes". El Señor
no puede soportar la actitud de quienes, en virtud de algunas de
sus opciones, no sólo ponen en peligro su propia salvación,
sino que acaban comprometiendo también la de otros, sobre
todo de los más "pequeños" v. 2).
No sólo es preciso evitar el escándalo, sino que es
indispensable perdonar a todos, siempre, a cualquier precio (w.
3b-4). Sabemos bien que el perdón es signo del verdadero
amor. Tenemos una clara demostración en el modo en que Dios
nos manifiesta su amor. También Jesús, que es la
encarnación histórica del amor del Padre, ofreció
en su vida terrena el perdón a todos los que lo
necesitaban.
Como
culminación de su enseñanza, Jesús hace el
elogio de la fe. Ésta, aunque sea pequeña, puede
expresar su maravillosa y misteriosa energía incluso de
modo milagroso. Los apóstoles le piden que les aumente la
fe, y Jesús les responde declarando la extraordinaria
eficacia de la misma cuando es genuina y auténtica (v. 6).
MEDITATIO
Martín
es verdaderamente hijo bendito del Padre, y es venerado en todas
partes. Colmado del Espíritu del Señor, amó a
los hermanos con el corazón de Cristo. Por eso fue capaz de
dar sin medida, con una caridad intuitiva y preveniente, todo lo
que había recibido, y antes que nada la vida de gracia.
Como
monje, deseó entregarse enteramente a la oración;
como obispo, se prodigó en el servicio a los enfermos y a
los pobres, que le esperaban en el umbral de la iglesia para
obtener de él la curación y recibir limosnas; y una
vez llegó incluso a darles su capa, cuando acababa de
ponerse las vestiduras litúrgicas. El alegre anuncio le
llegó cuando prestaba el servicio militar: desde entonces,
toda su vida se convirtió en una milicia por el Evangelio.
Se mostró infatigable a la hora de llevar alegría a
los afligidos, en conducir a los contendientes al perdón y
a la paz, en señalar con su ejemplo la meta a la que todo
hombre tiende: el Cielo, el Reino de Dios.
ORATIO
Haz,
Señor, que, como san Martín, nadie pueda vernos
nunca en cólera, que nadie nos encuentre turbados o
desconsolados; enséñanos a estar constantemente
serenos y pacificados, de modo que nuestro rostro se muestre
siempre radiante, con una alegría, por así decirlo,
celestial. Que no se encuentre en nuestros labios a nadie, sino a
Cristo; ninguna otra cosa en nuestro corazón, sino el amor,
la paz, la misericordia. Concédenos mantener en nosotros la
calma en las dificultades e incluso llorar los pecados de quienes
nos persiguen (cf Sulpicio Severo, Vita di san Martirio
[existe edición española de sus Obras
completas, Tecnos, Madrid 1987).
CONTEMPLATIO
Los
méritos de Martín son demasiado grandes para que
podamos formularlos con palabras. Nunca pasó un solo
instante en el que no se entregara a la oración o no se
aplicara a la lectura de las Sagradas Escrituras, y ni en la
lectura ni en cualquier otra cosa que hiciera disminuía la
intensidad de la oración en su alma. Nada hay de
extraordinario en ello: del mismo modo que acostumbran los
herreros, que en el intervalo de su trabajo, para aliviarse un
poco de la fatiga, golpean el yunque, así Martín,
incluso cuando parecía hacer cualquier otra cosa, oraba sin
pausa. Oh varón verdaderamente santo, en el que no hubo
fraude; a nadie juzgaba, a nadie condenaba, a nadie devolvía
mal por mal. Mostró tanta paciencia en la defensa de las
criaturas que hasta podía ser ultrajado impunemente hasta
por los últimos clérigos, siendo él el sumo
sacerdote, sin que por ello les retirara su afecto (Sulpicio
Severo, Vita di san Martino XXVI, 3-5 [existe edición
española de sus Obras completas, Tecnos, Madrid
1987).
ACTIO
Repite
hoy la frase que pronunció san Martín cuando se le
acercaba la muerte: "Señor,
si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo;
hágase tu voluntad"
("Carta
a Bassula", 6).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Si
alguna vida de santo ha influido en la historia de las
mentalidades es la de san Martín. Este personaje de ayer
tiene la sorprendente capacidad de plantear las preguntas de
siempre según el modo de pensar evangélico. Martín
fue un perenne emigrante, como tanta gente de nuestros días,
y lo fue, esencialmente, por razones "profesionales",
antes de serlo por motivos religiosos. Esta impresionante
migración en la larga vida de este hombre no fue nunca en
él origen de ninguna desestabilización: sus raíces
se encuentran claramente fuera de la tierra de los hombres. Por
eso, en los lugares por donde se movió o vivió, dio
siempre la impresión de estar de paso, de modo semejante a
los patriarcas, que iban en busca de una patria.
Martín
lo hacía todo guiado por el Espíritu Santo. La
calidad de una vida espiritual se mide por los frutos de la gracia
y, especialmente, por la práctica de la caridad con
humildad. Las características de su vida mística son
las de un hombre resuelto, con la voluntad de un soldado, la fe de
un niño, la obediencia de un monje, el ardor de un
misionero y la seguridad de un sabio.
Martín
es, de manera incontestable, un santo para nuestro tiempo: frente
al desarraigo, nos anima a echar nuestras raíces en otra
tierra, la de Dios. Ya siendo un catecúmeno muy !oven,
orientaba a todos los que se preparaban para el bautismo, para el
sacramento de la confirmación y para su primera comunión
eucarística, en la búsqueda de su propia vocación.
Como hombre que compartía y hombre de caridad, despertó
la responsabilidad de cada uno frente a todo tipo de rechazo del
pobre y del enfermo. Como monje antes que nada, permitió
mirar la vida religiosa con ojos nuevos. Como obispo, invitó
a encontrar al hombre en su integridad, a destruir los ídolos
que lo mantienen esclavo para devolverlo a la vida. Como místico,
es un guía segurísimo que conduce a Dios, siempre a
la escucha del Verbo bajo la inspiración del Espíritu
(J.-P. Longeat, "Saint-Martín
hier et au!ourd'hui", en
Lettre
de Ligugé, 1996).
Día
12
Martes semana XXXII del tiempo
ordinario,
san Josafat
LECTIO
Primera
lectura: Tito 2,1-8.11-14
Querido:
1
Tú,
por tu parte, enseña según la sana doctrina.
2
Que
los ancianos sean sobrios, juiciosos y prudentes; que vivan
plenamente la fe, el amor, y la paciencia.
3
De
igual modo, que las ancianas observen una conducta digna de
personas santas, que no sean calumniadoras, ni dadas al vino, sino
buenas consejeras; 4
de
este modo enseñarán a las jóvenes a amar a
sus maridos y a sus hijos,
5
a
ser prudentes, castas, mujeres de su casa, buenas y respetuosas
con sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea denigrada.
6
Asimismo,
exhorta a los jóvenes a ser prudentes en todo,
7
dando
tú mismo ejemplo de una buena conducta. Sé íntegro
en la enseñanza, ten buen juicio,
8
que
tu palabra sea sana e irreprensible. De este modo, nuestros
adversarios quedarán en evidencia y no podrán decir
nada malo de nosotros.
11
Porque
se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación
para todos los hombres.
12
Ella
nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a
los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con
moderación, justicia y religiosidad,
13
aguardando
la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro
gran Dios y Salvador Jesucristo,
14
el
cual se entregó a sí mismo por nosotros para
redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de que seamos su
pueblo escogido, siempre deseoso de practicar el bien.
**•
El destinatario de esta carta de Pablo es el responsable de la
comunidad cristiana de Creta, pero los temas que desarrolla Pablo
interesan a toda la comunidad.
Para
que el mensaje del Señor resucitado pueda atravesar los
confines de la comunidad creyente necesita del testimonio de
todos. Sin esta colaboración de la comunidad, el
Evangelio corre el riesgo de permanecer inerme e ineficaz. En el
seno de la comunidad viven diferentes categorías de
personas: Pablo tiene un consejo, una indicación para la
marcha, una palabra de aliento, para cada una de ellas.
En
primer lugar, el apóstol recomienda a los ancianos y a
las ancianas sobriedad, un estilo de vida digno, perseverancia
en la fe recibida, generosidad en el amor fraterno (w. 2ss). De
este modo se convertirán en modelo para los jóvenes
y para sus familias, precisamente por su fidelidad a la palabra
dada y a los compromisos asumidos (w. 4ss). La Palabra de Dios
podrá hacer su recorrido en el mundo gracias también
a su colaboración.
A
los jóvenes les
dirige Pablo palabras extremadamente comprometedoras, pero, al
mismo tiempo, ricas de luz y de gracia (w. 6-8): también
ellos están invitados a dar buen ejemplo a la gente de su
edad por medio de una "buena
conducta", de
un gran respeto recíproco y de una palabra sana e
irreprensible. Pablo les recuerda que el enemigo número
uno, el principal "adversario"
que
deben derrotar, es siempre Satanás.
La
última parte de la lectura nos ofrece la motivación
teológica tanto de ésta como de cualquier otra
actitud o programa de vida ("se ha manifestado la gracia
de Dios, que trae la salvación para todos los hombres. Ella
nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a
los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con
moderación, justicia y religiosidad": w. 11-12):
del acontecimiento salvífico de Cristo Jesús, esto
es, de su misterio de vida, muerte y resurrección, deriva
para todos nosotros un programa de vida evangélica.
Salmo
Responsorial
El
Señor es quien salva a los justos
Salmo
36,3-4.18.23.27.29
R/.El Señor es quien
salva a los justos
Confía en el Señor y
haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el
Señor tu delicia, y él te dará lo que pide
tu corazón.
R/.El
Señor es quien salva a los justos
El Señor
vela por los días de los buenos, y su herencia durará
siempre. El Señor asegura los pasos del hombre, se
complace en sus caminos.
R/.El
Señor es quien salva a los justos
Apártate
del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; pero
los justos poseen la tierra, la habitarán por siempre
jamás.
R/. El
Señor es quien salva a los justos
Evangelio:
Lucas 17,7-10
En
aquel tiempo, dijo Jesús:
7
Quién
de vosotros, que tenga un criado arando o pastoreando, le dice
cuando llega del campo: "Ven, siéntate a la mesa"?
8
No
le dirá más bien: "Prepárame la cena y
sírveme mientras como y bebo, y luego comerás y
beberás tú"?
9
Tendrá
quizás que agradecer al siervo que haya hecho lo que se le
había mandado?
10
Así
también vosotros, cuando hayáis hecho lo que se os
mande, decid: "Somos siervos inútiles; hemos hecho lo
que teníamos que hacer".
**•
Nos encontramos frente a un pasaje típicamente lucano.
Jesús está hablando todavía a los apóstoles
y, mediante la parábola del siervo (sería más
exacto decir "esclavo"), después de haber
hablado de la fe, les presenta la necesidad de "hacerse
siervos" (una vez más, sería más exacto
decir "esclavos") de todos. Jesús remacha
el concepto según el cual, en la lógica del Reino,
lo que cuenta no es tanto lo que se hace como la intención,
el estilo y el método con que se obra. Jesús no
quiere recomendar una humildad genérica ni, menos aún,
"interesada"; le interesa, más bien, lo que sus
apóstoles piensan y pretenden hacer cuando se ponen a su
servicio y al de su causa. Dios no tiene necesidad de nosotros ni
de nuestras ayudas, pero desea tener colaboradores que estén
en plena sintonía con su proyecto de salvación, que
-aquí y ahora- se personifica en Jesús de Nazaret.
"Esclavos inútiles" (v. 10) o bien
ordinarios, simples, etc. Hay incluso quien traduce el adjetivo
griego "inútil" con la expresión non
profit: una traducción que, desde cierto punto de
vista, nos ayuda a captar la identidad del esclavo evangélico.
Ahora bien, lo que Jesús quiere enseñar, es decir,
fijar en el corazón de sus discípulos, es la actitud
que él hará suya la víspera de su pasión:
arremangarse la ropa, servir a los hermanos y, al final,
considerarse y declararse con toda sinceridad "esclavos
inútiles" (cf. Le 22,24-27; Jn 13,1-17). Hay algo
paradójico en esta enseñanza de Jesús: sus
palabras son duras; sin embargo, expresan lo más genuino
que hay en el Evangelio.
MEDITATIO
El
tema del servicio, como es obvio, corresponde a los apóstoles,
pero en última instancia se dirige a todo cristiano.
El Concilio Vaticano II ha restituido a todos el deber concreto de
hacerse siervos en la Iglesia y en el mundo para bien de los
hermanos. Se trata de una tarea que deriva de la gracia del
bautismo, que hace nacer en cada uno de nosotros el derecho-deber
de interesarnos por el bienestar de los hermanos, en virtud de la
gracia que hemos recibido.
Lo
que dice Jesús a los apóstoles lo atribuye Lucas
también a María de Nazaret. En efecto, en el relato
del anuncio en el que el ángel le abre a María la
perspectiva de una extraordinaria maternidad, le responde ésta:
"Aguí está la esclava del Señor"
(Le 1,38). Un poco más adelante, en su gran oración
de alabanza y de agradecimiento, exclama María: "Ha
mirado la humildad de su sürva [literalmente, "esclava"]"
(Lc 1,48). También Pablo, en la Carta a los Filipenses,
dice de Cristo: "Tomó la condición de
esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición
de hombre, se humilló a sí mismo [literalmente,
"se rebajó a sí mismo"]" (2,7b.8):
nos encontramos constantemente frente a las mismas expresiones,
que no por casualidad aparecen en los escritos de Pablo y de
Lucas, su discípulo.
La
actualidad de este mensaje no necesita ulteriores precisiones:
hoy, en efecto, no es raro ver a personas que quieren ser útiles
a los demás, sin considerarse, no obstante, "inútiles"
ante Dios. Sucede que con bastante frecuencia encontramos a
personas que desean servir a los demás, pero tal vez les
falta la voluntad de adoptar este método evangélico
del servicio a los otros empapado de verdadera caridad, de
absoluta gratuidad y de profunda humildad.
ORATIO
Señor,
he intentado construir una comunión basada en la rectitud,
porque tenía hambre de una rectitud consumada en comunión,
pero he oído que me decían: "!Siervo
inútil!".
Señor,
he obrado con valor y con la parte más transparente de mí
mismo, sin buscar componendas, pero las consecuencias han
atemorizado a quienes no ven todo lo irredento que hay en su
poder. Y de la muchedumbre ha salido el grito: "!Siervo
inútil!".
Señor,
tengo muchos deseos de oír que hay necesidad de mí,
porque la vida no me ha reclamado todavía todo, pero me
encuentro abandonado y solo: "!Siervo inútil!".
Y tú me dices: "Ten fe, has hecho lo que debías".
CONTEMPLATIO
Ha
aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre
(Tit
2,11). Gracias sean dadas a Dios, que ha hecho abundar en nosotros
el consuelo en medio de esta peregrinación, de este
destierro, de esta miseria. Antes de que apareciese la humanidad
de nuestro Salvador, su bondad se hallaba también oculta,
aunque ésta ya existía, pues la misericordia del
Señor es eterna. Pero cómo, a pesar de ser tan
inmensa, iba a poder ser reconocida? Estaba prometida, pero no se
la alcanzaba a ver, por lo que muchos no creían en ella.
Efectivamente,
en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios
por los profetas (Heb 1,1). Y decía: Yo tengo designios
de paz y no de aflicción. Pero qué podía
responder el hombre que sólo experimentaba la aflicción
e ignoraba la paz? Hasta cuándo vais a estar diciendo:
"Paz, paz", y no hay paz? (Jr 29,11). A causa de
lo cual los mensajeros de paz lloraban amargamente (Is
33,7), diciendo: Señor, quién creyó
nuestro anuncio? (Is 53,1). Pero ahora los hombres tendrán
que creer a sus propios ojos, ya que los testimonios de Dios se
han vuelto absolutamente creíbles (Sal 92,1). Pues,
para que ni una vista perturbada pueda dejar de verlo, puso su
tienda al sol (Sal 18,6).
Pero
de lo que se trata ahora no es de la promesa de la paz, sino de su
envío; no de la dilatación de su entrega, sino d e
su realidad; no de su anuncio profético, sino de su
presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra u n
saco lleno de su misericordia, un saco que habría de
desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro
precio, oculto en él; un saco pequeño, pero lleno,
ya que un niño se nos ha dado (Is 9,5), pero en
quien habita toda la plenitud de la divinidad (Col 2,9).
Ya
que, cuando llegó la plenitud del tiempo, hizo también
su aparición la plenitud de la divinidad. Vino en carne
mortal para que, al presentarse así ante quienes eran
carnales, en la aparición de su humanidad se reconociese su
bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios,
ya no puede mantenerse oculta su bondad. De qué manera
podía manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La
mía, no la de Adán,es decir, no la que Adán
tuvo antes del pecado.
Hay
algo que pueda declarar más inequívocamente la
misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra
miseria? Qué hay más rebosante de piedad que la
Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? Señor,
qué es el hombre, para que te acuerdes de él; el ser
humano, para darle poder? (Sal 8). Que deduzcan de aquí
los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos;
que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te
preguntes tú, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino
por lo que sufrió él.
Deduce,
de todo lo que sufrió por ti, en cuánto te tasó,
y así su bondad se te hará evidente por su
humanidad. Cuanto más pequeño se hizo en su
humanidad, tanto más grande se reveló en su bondad;
y cuanto más se dejó envilecer por mí, tanto
más querido me es ahora. Ha aparecido -dice el
apóstol- la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor
al hombre (Tit 2,11). Grandes y manifiestos son, sin duda, la
bondad y el amor de Dios, y gran indicio de bondad reveló
quien se preocupó de añadir a la humanidad el nombre
de Dios (Bernardo de Claraval, Sermón 1 en la Epifanía
del Señor, 1-2; PL 133, 141-143).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Se ha manifestado
la gracia de Dios" (Tit 2,11).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
vida es una oportunidad, cógela.
La
vida es belleza, admírala.
La
vida es bienaventuranza, saboréala.
La
vida es un sueño, conviértela en una realidad.
La
vida es un desafío, afróntalo.
La
vida es un deber, cúmplelo.
La
vida es un juego, juégalo.
La
vida es preciosa, cuídala.
La
vida es una riqueza, consérvala
La
vida es amor, gózalo.
La
vida es un misterio, descúbrelo.
La
vida es promesa, cúmplela.
La
vida es tristeza, supérala.
La
vida es un himno, cántalo.
La
vida es una lucha, combátela.
La
vida es una aventura, córrela.
La
vida es felicidad, merécela.
La
vida es la vida, defiéndela
(Madre
Teresa de Calcuta).
Día
13
Miércoles semana XXXII
del Tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Tito 3,1-7
Querido:
1
Recuerda
a todos que sean sumisos al gobierno y a las autoridades; que les
obedezcan y estén dispuestos a hacer el bien;
2
que
no difamen a nadie, que sean pacíficos, afables y llenos de
dulzura con todo el mundo.
3
Porque
también nosotros fuimos en otro tiempo insensatos,
rebeldes, descarriados, esclavos de toda clase de malas
inclinaciones y placeres, llenos de maldad y de envidia; éramos
aborrecidos y nos odiábamos unos a otros.
4
Pero
ahora ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor
a los hombres.
5
El
nos salvó no por nuestras buenas obras, sino en virtud de
su misericordia, por medio del bautismo regenerador y la
renovación del Espíritu Santo,
6
que
derramó abundantemente sobre nosotros por Jesucristo,
nuestro Salvador.
7
De
este modo, salvados por su gracia, Dios nos hace herederos
conforme a la esperanza que tenemos de heredar la vida eterna.
*"
Por medio de Tito, Pablo hace llegar su enseñanza a todos
los miembros de la comunidad cristiana. Su intención es
colaborar con el responsable de aquella comunidad en la
construcción de una Iglesia que sea verdaderamente digna de
este nombre y capaz de dar testimonio del Evangelio.
En
primer lugar, explícita la dimensión pública
del ser cristiano. Pretende hacer comprender que la fe en
Cristo no puede ser reducida a una experiencia privada, doméstica;
al contrario, ésta tiende a manifestarse en público
y a penetrar en las redes de nuestras relaciones sociales. En
segundo lugar, el apóstol -con una frase enormemente bella
y vigorosamente expresiva- describe el paso decisivo desde un
pasado envuelto de maldad y de odio a un presente iluminado ahora
por la gracia de Dios: "También nosotros fuimos en
otro tiempo insensatos, rebeldes, descarriados, esclavos... Pero
ahora ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador..."
(w. 3ss).
Este
paso marca para Pablo, y también para nosotros, la gran
novedad de Jesús, encarnación personal del amor
misericordioso del Padre.
También
nosotros, como creyentes confiados a los cuidados personales de
Tito, somos destinatarios de este gran anuncio, de esta "bella
noticia", que -hoy como ayer- se presenta como absolutamente
gratuita e inesperada.
Cada
vez que nos ponemos en contacto con la Palabra de Dios escrita se
nos ofrece la oportunidad de hacer memoria viva de este gran
acontecimiento, que, como un gran lavado, es capaz de regenerarnos
y de renovarnos por el poder del Espíritu Santo.
Salmo
Responsorial
El
Señor es mi pastor, nada me falta
Salmo
22,1-3a.3b-4.5.6
El Señor es mi pastor, nada
me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce
hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
R/.El
Señor es mi pastor, nada me falta
Me guía
por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque
camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú
vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
R/.El
Señor es mi pastor, nada me falta
Preparas una
mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la
cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
R/.El
Señor es mi pastor, nada me falta
Tu bondad y tu
misericordia me acompañan todos los días de mi
vida, y habitaré en la casa del Señor por años
sin término.
R/. El
Señor es mi pastor, nada me falta
Evangelio:
Lucas 17,11-19
11
De
camino hacia Jerusalén, Jesús pasaba entre Samaría
y Galilea.
12
Al
entrar en una aldea, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se
detuvieron a distancia
13
y
comenzaron a gritar: -Jesús, Maestro, ten piedad de
nosotros.
14
Él,
al verlos, les dijo: -Id a presentaros a los sacerdotes. Y
mientras iban de camino quedaron limpios.
15
Uno
de ellos, al verse curado, volvió alabando a Dios en voz
alta
16
y
se postró a los pies de Jesús dándole
gracias. Era un samaritano.
17
Jesús
preguntó: -No quedaron limpios los diez? Dónde están
los otros nueve?
18
Tan
sólo ha vuelto a dar gracias a Dios este extranjero?
19
Y
le dijo: -Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
**
Jesús reemprende su largo viaje hacia Jerusalén (cf.
Le 9,51; 13,22), meta de su peregrinación por los
caminos de Palestina, hasta llegar a la ciudad en la que también
él, como los profetas, está llamado a entregar su
vida.
En
un determinado momento entra en un pueblo samaritano: debería
encontrarse incómodo e incluso hubiera podido pasar de
largo, evitando todo encuentro y todo diálogo. Sin embargo,
se deja interpelar por estos extraños, que, además,
son leprosos; por consiguiente, gente que vuelve impuro a quien se
les acerca (w. 12ss).
Jesús
es verdaderamente el salvador de todos, el hermano universal.
Jesús ha venido para todos: no muestra preferencias
entre las personas. Y, sobre todo, no califica ni descalifica a
nadie porque pertenezca a un pueblo o a una raza, y mucho menos
aún por su estado de salud. Este milagro de Jesús
está realizado también con la mayor discreción
y con una apertura total a los más pobres entre los pobres,
a aquellos que tienen más necesidad de su poder sanador.
Todos
quedan curados, pero sólo uno siente la necesidad de volver
a Jesús para agradecérselo (v. 15). Se le echa a los
pies para darle a entender que, de ahora en adelante, se considera
no sólo beneficiario de un milagro, sino también y
sobre todo un discípulo (v. 16). Sólo él
recibe de Jesús la curación completa: la del cuerpo
y la del alma. Por desgracia, no a todos se les da la gracia de
consumar el camino de la salvación, que va desde el
beneficio recibido a la gratitud expresada y a la alabanza.
No
es suficiente con encontrar o haber encontrado a Jesús de
Nazaret; también es necesario escuchar su Palabra, ceder a
la misteriosa atracción de la gracia y seguirle a donde
vaya.
MEDITATIO
El
encuentro de Jesús con los diez leprosos, especialmente su
diálogo con el samaritano curado, merece una meditación
complementaria. Nos sorprenden las preguntas que Jesús
dirige al samaritano y, aún más, la exclamación
final. Por un lado, Jesús expresa su sorpresa ante el hecho
de que sólo uno de los diez haya sentido la necesidad de
dar las gracias. Por otro, declara que ha sido la fe la que le ha
procurado a este pobre leproso la curación completa.
Es
interesante explicitar el itinerario que conduce a este pobre
leproso desde una situación de miseria y extrema pobreza a
una situación nueva, por haber sido renovada por el toque
sanador de Jesús. También este leproso, como los
otros, sufre una enfermedad tremenda. También él,
como los otros, invoca la piedad de Jesús, el Maestro.
También él, como los otros, va a presentarse a los
sacerdotes. Pero sólo él vuelve a Jesús
para expresarle un agradecimiento tan intenso que a Jesús
no le supone el menor esfuerzo reconocerlo como un acto de pura
fe. Así, el encuentro personal con Jesús no sólo
renueva el cuerpo de este pobre leproso, sino que también
transforma su espíritu profundamente. Al leproso curado no
le basta con haber resuelto un problema personal: le parece
demasiado poco y, sobre todo indigno de un hombre que ha intuido
haber encontrado a una persona extraordinaria. Su verdadero deseo
es volver para conocer; conocer para reconocer a su
verdadero curador; reconocerlo para agradecérselo y
para seguirle.
Reconocemos
en esta página evangélica un auténtico camino
de iniciación cristiana, que todo fiel debería hacer
suyo y debería revivir en los momentos más decisivos
de su existencia.
ORATIO
Señor,
me siento leproso entre leprosos. Sin embargo, tú me miras
y, a pesar de toda mi iniquidad, me inundas con la belleza de tu
creación. !Gracias!
Señor,
escucho y, entre gritos de guerra y odio, oigo tus palabras de
paz, que calman todo movimiento de violencia. !Gracias!
Señor,
veo por doquier enfermedades e injusticias, pero tú nos
muestras tus acciones, que alivian el dolor de tantas heridas.
!Gracias!
Señor,
observo signos prepotentes de muerte y desesperación, pero
tú nos ofreces con tu amor una esperanza de vida. !Gracias!
Sin
embargo, como los leprosos del evangelio, somos ciegos y duros de
corazón. Con la ilusión de estar curados, seguimos
por nuestro camino, ingratos e incapaces de reconocer tus
llamadas, tus "pastos jugosos", tus seguridades.
Pero
el eco de tus palabras nos acompaña siempre: "Sólo
salva una fe que se traduzca en vida".
CONTEMPLATIO
Y
cuando nuestra injusticia llegó a su colmo y se puso
completamente de manifiesto que el suplicio y la muerte, su
recompensa, nos amenazaban, al llegar el tiempo que Dios había
establecido de antemano para mostrar su benignidad y poder
(!inmensa humanidad y caridad de Dios!), no se dejó llevar
del odio hacia nosotros, ni nos rechazó, ni se vengó,
sino que soportó y echó sobre sí con
paciencia nuestros pecados, asumiéndolos compadecido de
nosotros, y entregó a su propio Hijo como precio de nuestra
redención: al santo por los inicuos, al inocente por los
culpables, al justo por los injustos, al incorruptible por los
corruptibles, al inmortal por los mortales. Qué otra cosa
que no fuera su justicia pudo cubrir nuestros pecados? Por obra de
quién, que no fuera el Hijo único de Dios, pudimos
nosotros quedar justificados, inicuos e impíos como éramos?
!Feliz
intercambio, disposición fuera del alcance de nuestra
inteligencia, insospechados beneficios: la iniquidad de muchos
quedó sepultada por un solo justo, la justicia de uno solo
justificó a muchos injustos! (Carta a Diogneto, 8,
5-9, 6).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El
nos salvó no por nuestras buenas obras, sino en virtud de
su misericordia"
(Tit
3,5).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Cuál
es el mensaje que en este contexto tan nuevo de la historia de la
Iglesia y del mundo confía el Señor a santa Teresa
del Niño Jesús? Ésta es la pregunta que surge
en todos, inevitablemente, cuando reflexionamos sobre la razón
profunda de este centenario... Permitidme que llame a este mensaje
"mensaje del contrapeso"... Esta "misión del
contrapeso", que, para la salvación del mundo, le
había confiado el Señor en la tierra y se la sigue
confiando siempre en el cielo... es el "punto de Arquímedes"
en el que aparece el descubrimiento interior en cierto sentido
anterior: el descubrimiento del punto que mueve el mundo y el de
la palanca necesaria para levantarlo... o sea, indicar, ayer como
hoy, el único punto de apoyo del mundo, la gracia
santificante, la oración y la adoración interior...
Este es, en cierto sentido, el punto que mejor califica el mensaje
de santa Teresa a nuestro tiempo: la atracción que ejerce
Dios en cada uno. En una palabra, revelar el punto de Arquímedes:
Dios presente en nosotros (G. La Pira).
Día
14
Jueves semana XXXII del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Filemón 7-20
Querido:
7
Tu
amor, hermano, me ha llenado en efecto de gozo y de consuelo, pues
ha confortado profundamente a los creyentes.
8
Por
todo ello, aunque tengo plena libertad en Cristo para ordenarte lo
que debes hacer,
9
prefiero
pedírtelo apelando al amor. Yo, Pablo, anciano ya, y al
presente además prisionero por Cristo Jesús,
10
te
ruego por mi hijo Onésimo, al que he engendrado entre
cadenas.
11
Si
en otro tiempo te fue inútil, ahora se ha vuelto útil
para ti y para mí;
12
ahí
te lo envío, y es como si te enviara mi propio corazón.
13
Habría
querido retenerlo conmigo para que me sirviera en tu lugar ahora
que estoy encadenado por causa del Evangelio.
14
Pero
no he querido hacer nada sin contar contigo, para que tu buen
proceder sea fruto de la libertad y no de la coacción.
15
Y
es que tal vez te abandonó por breve tiempo, precisamente
para que ahora lo recuperes de forma definitiva,
16
pero
no ya como esclavo, sino como algo más, como un hermano muy
querido. Para mí lo es ya muchísimo, pero más
todavía ha de serlo para ti como persona y como creyente.
17
Si,
pues, me tienes por amigo, acógelo como me acogerías
a mí.
18
Si
en algo te perjudicó o tiene alguna deuda contigo, ponlo a
mi cuenta.
19
Yo
Pablo -de mi puño y letra lo firmo- te lo pagaré,
por no decirte que eres tú mismo en persona quien estás
en deuda conmigo.
20
A
ver, pues, hermano si me sirve de algo el que seas creyente, y
confortas mi corazón en Cristo.
*•
El
texto que nos presenta la liturgia de hoy como primera lectura,
más que una carta, es un billete de recomendación.
Pablo
se
siente impulsado por un incontenible amor a un esclavo llamado
Onésimo, y lo defiende frente a su dueño, Filemón.
Dado que Onésimo se ha escapado de su dueño, se
encuentra ahora en una situación muy delicada. Por esa
razón, Pablo, superando la lógica de la mera
justicia retributiva, se atreve a dirigirse a Filemón para
despertar en él los sentimientos de la fe y para animarle a
llevar a cabo gestos de exquisita caridad evangélica.
Fundamentalmente,
son dos los valores que Pablo pone en juego en este brevísimo
escrito suyo: por un lado, la caridad, que, para un
cristiano, constituye no sólo una meta que debe alcanzar,
sino también, e incluso antes, la fuente de su acción
moral y de sus relaciones sociales. Es la caridad de Dios revelada
en Cristo Jesús la que "obliga", por así
decirlo, a todo verdadero creyente a ponerla siempre en el primer
lugar y a darle el primado sobre todo. El otro valor sobre el que
Pablo hace girar sus pensamientos es el de la libertad que
Cristo nos ha regalado y que no está permitido a nadie
negar o menguar a otros. Esa libertad, por un lado, infunde
audacia en Pablo para pedir aquello que le importa y, por
otro, debe inspirar las decisiones de Filemón respecto a
Onésimo. Quien es verdaderamente libre con Dios y consigo
mismo no puede negar la libertad a quien razonablemente se la
pide.
Caridad
y libertad, conjugadas a la vez en relación con la verdad,
están en condiciones de subvertir las relaciones
sociales más allá de toda mera conveniencia personal
y de todo interés colectivo.
Salmo
Responsorial
Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob
Sal
145,7.8-9a.9bc-10
Que mantiene su fidelidad
perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan
a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.
R/. Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob
El Señor abre
los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se
doblan, el Señor ama a los justos. El Señor
guarda a los peregrinos.
R/. Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob
Sustenta al huérfano
y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor
reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.
R/. Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob
Evangelio:
Lucas 17,20-25
En
aquel tiempo,
20
a
una pregunta de los fariseos sobre cuándo iba a llegar el
Reino de Dios, respondió Jesús: -El Reino de Dios no
vendrá de forma espectacular,
21
ni
se podrá decir: "Está aquí, o allí",
porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.
22
Después
dijo a sus discípulos: -Llegará el día en que
desearéis ver uno solo de los días del Hijo del
hombre y no lo veréis.
23
Entonces
os dirán: "Está aquí, está allí";
no vayáis ni los sigáis.
24
Porque
como el relámpago brilla desde un punto a otro del cielo,
así se manifestará el Hijo del hombre en su día.
25
Pero
antes es preciso que sufra mucho y sea rechazado por esta
generación.
*••
Estamos frente al llamado "pequeño discurso
escatológico" (el más extenso se encuentra en
el capítulo 21 de Lucas). Una pregunta de los fariseos es
la que motiva esta breve, aunque intensa, enseñanza de
Jesús. La pregunta se refiere al tiempo en que vendrá
el Reino de Dios: no es difícil entrever la miopía
espiritual y el interés egoísta con el que formulan
tal pregunta. Pero Jesús no da una respuesta exacta: no ha
venido a satisfacer nuestras curiosidades. Responde, en primer
lugar, de modo negativo; a buen seguro para prevenir nuestras
ilusiones, aunque también para educarnos en el
discernimiento de las situaciones o personas que podrían
hipnotizar nuestra atención y desviar nuestra fe. Por eso
se presenta como el verdadero maestro: el que pone en guardia
contra las posibles desviaciones, pero, sobre todo, el q u e
indica a cada uno el camino que ha venido a proponer y por el que
cada uno está llamado a caminar.
Con
todo, en este discurso de Jesús aparece también una
afirmación positiva, incluso dos: Jesús quiere
concentrar nuestra atención en torno a ellas. La primera
expresa el deseo que alberga todo creyente de "ver uno
solo de los días del Hijo del hombre" (v. 22): de
este modo quiere encender Jesús en todos nosotros el deseo
del encuentro que colmará plenamente nuestras expectativas.
La
segunda, de carácter más exquisitamente histórico,
dice que "antes es preciso que sufra mucho y sea rechazado
por esta generación" (v. 25). Es como decir que
antes de la escatología debe tener lugar la pascua de
Jesús: sólo quien acepta ir hasta Jerusalén,
para compartir con Jesús su pascua, se prepara de manera
adecuada para el encuentro final con su Salvador.
MEDITATIO
Para
el verdadero discípulo de Jesús, la vida está
compuesta de certezas y de expectativas: él mismo nos ha
educado para vivir así. Por un lado, está el
presente, que nos ofrece múltiples ocasiones para saborear
los dones de Dios, sobre todo porque éstos nos hacen
revivir un pasado lleno de Dios y de sus obras maravillosas. Por
otro, está el futuro, que, desde la perspectiva cristiana,
no es tanto objeto de nuestras previsiones o deseos como "lugar"
de una nueva y definitiva manifestación de Dios. Es el
futuro de Dios que irrumpe en el presente del hombre y así
enciende en el corazón de este último una luz
nueva que ilumina el camino y deja entrever la meta.
Toda
la esperanza cristiana se encuentra aquí: no es fruto de
nuestra inteligencia, sino don de la bondad de Dios. Jesús
vino al mundo para dar a cada hombre y a cada mujer de buena
voluntad esta lámpara preciosa que nos hace más
clarividentes que Diógenes.
El
cristiano, al resplandor de esta luz, puede y debe discernir los
signos de los tiempos, puede y debe reconocer las "huellas"
de la presencia de Dios en medio de nosotros, puede y debe
desmantelar los falsos mesianismos y reconocer la presencia del
verdadero Mesías: "No vayáis ni los sigáis".
Esta advertencia de Jesús nos pone en guardia contra
cierta impaciencia en el querer discernir de inmediato lo que sólo
puede ser reconocido a medio o largo plazo. Al mismo tiempo, nos
pone en guardia contra una debilidad nuestra congénita, a
saber: la de querer llegar a la meta sin aceptar antes las
necesarias fatigas del camino emprendido.
ORATIO
"El
Reino de Dios ya está entre vosotros." Tu
Palabra es esperanza, creatividad, imaginación, nuevo
horizonte, cuando, limpio de las cenizas de la derrota y del
desaliento, continúo detrás de ti... porque tú
estás conmigo. Tu Palabra es "sí" cuando
lucho por elegir lo que es justo y no lo que es fácil; lo
que es verdadero y no lo que es ensalzado; lo que es duradero y no
lo que lanza destellos... porque así obraste tú. Tu
Palabra es luz cuando te reconozco no en lo espectacular o
extraordinario, sino en el pobre, en el hambriento, en el desnudo,
en el enfermo, en el preso, en el oprimido: allí donde
estás y no donde yo quisiera encontrarte... porque tú
estás en ellos.
Oh
Padre, tu Reino no es un fantasma que huya. Es nuestra realidad
cotidiana la que tiene oídos tensos para oírte, ojos
abiertos para verte, mente atenta a tus alternativas, corazón
palpitante para seguirte día tras día.
CONTEMPLATIO
El
que ama a Dios se contenta con agradarle, porque el mayor premio
que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de
Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor. El alma piadosa e
íntegra busca en ello su plenitud y no desea otro deleite.
Porque es una gran verdad eso que dice el Señor: Donde
está tu tesoro, allí está tu corazón
(Mt 6,21). El tesoro del hombre viene a ser como la reunión
de los frutos recolectados con su esfuerzo. Lo que uno siembre,
eso cosechará (Gal 6,7), y cual sea el trabajo de cada
uno, tal será su ganancia; y donde ponga el corazón
su deleite, allí queda reducida su solicitud. Mas, como sea
que hay muchas clases de riquezas y diversos objetos de placer, el
tesoro de cada uno viene determinado por la tendencia de su deseo,
y, si este deseo se limita a los bienes terrenos, no hallará
en ellos la felicidad, sino la desdicha.
En
cambio, los que ponen su corazón en las cosas del cielo, no
en las de la tierra, y su atención en las cosas eternas, no
en las perecederas, alcanzarán una riqueza incorruptible y
escondida, aquella a la que se refiere el profeta cuando dice: La
sabiduría y el saber serán su refugio salvador, el
temor del Señor será su tesoro (Is 33,6).
Esta
sabiduría divina hace que, con la ayuda de Dios, los mismos
bienes terrenales se conviertan en celestiales cuando muchos
convierten sus riquezas, ya sea legalmente heredadas o adquiridas
de otro modo, en instrumentos de bondad. Los que reparten lo que
les sobra para sustento de los pobres se ganan con ello una
riqueza imperecedera; lo que dieron en limosnas no es en modo
alguno un derroche; éstos pueden en justicia tener su
corazón donde está su tesoro, ya que han tenido el
acierto de negociar con sus riquezas sin temor a perderlas (León
Magno, Sermón 92, 2.3).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tu
amor, hermano, me ha llenado en efecto de gozo y ie consuelo"
(Flm
7).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Según
una antigua tradición rabínica, la puerta de toda
estancia judía debía estar entornada durante la
pascua. La razón es que si el Mesías decidiera
venir, tenía que encontrarla abierta.
Y
si no era éste el caso, siempre se hubiera podido dar la
bienvenida a los pobres, que habrían participado en la
alegría común de la fiesta. También nuestras
iglesias y nuestras casas deberían tener las puertas
abiertas de par en par a Cristo y a los pobres durante la pascua.
En efecto, los Hechos de los Apóstoles abren de par en par
las puertas del cenáculo donde ha tenido lugar el encuentro
de la Iglesia con el Resucitado y las abren por las calzadas
imperiales romanas hacia Galilea, Siria, Asia Menor, Macedonia,
Grecia, Malta, hasta llegar al corazón mismo del Imperio,
Roma. Y también aquí están abiertas las
puertas de la casa donde habita Pablo en residencia forzosa,
mientras espera la celebración del proceso romano.
Hay
muchos rincones del gran mundo y muchos también de nuestro
pequeño mundo en los que debe resucitar Cristo, en los que
debe ser anunciada de nuevo la pascua de Cristo. En este sentido,
puede ser todavía válida la flagelante llamada que
el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, uno de los
más elevados y dramáticos representantes del moderno
rechazo de Dios, lanzó a los cristianos: "Si la buena
nueva de vuestra Biblia estuviera escrita asimismo en vuestro
rostro, no necesitaríais insistir con tanta obstinación
para que se crea en la autoridad de este libro: vuestras obras,
vuestras acciones, deberían hacer casi superflua la Biblia,
porque vosotros mismos deberíais constituir continuamente
la Biblia nueva" (G. F. Ravasi).
Día
15
Viernes semana XXXII del
tiempo ordinario o 15 de noviembre,
San Alberto Magno
San
Alberto nació en 1206 en el seno de una familia noble en
Lauingen, en la Baviera alemana. Quien lo conoció dice de
él que "era de buena talla y bien dotado de formas
físicas. Poseía un cuerpo formado con bellas
proporciones y perfectamente moldeado para todas las fatigas del
servicio de Dios". Su familia soñaba con que fuera un
hombre de leyes, pues no le faltaba ni dinero ni talento. Estudió
en las mejores universidades que existían en Europa.
Conoció a un gran predicador compatriota suyo y, movido por
su oratoria y por el espíritu de sus sermones, decidió
ingresar, con la oposición de su familia, en la orden de
predicadores. Muy joven, fue enviado como profesor a su tierra, a
Colonia, y más tarde a París. En la Sorbona tuvo
como discípulo ilustre y predilecto a santo Tomás de
Aquino. El papa Alejandro IV le nombró obispo, pero a los
dos años, con nostalgia de su vida conventual dominicana,
renunció al obispado. El 15 de noviembre de 1280,
debilitado física y mentalmente, murió con serenidad
y paz sobre su mesa de trabajo.
San
Alberto Magno fue un místico que descubría a Dios en
el encanto de la creación. Y un místico mariano, con
una sencilla y profunda devoción a la Virgen María.
Fue canonizado por Pío Xl el 16 de diciembre de 1931
LECTIO
Primera
lectura: 2 Juan 1a.3-9
1
El
presbítero, a la "señora elegida" y a sus
hijos, a quienes amo en la verdad.
3
La
gracia, la misericordia y la paz de parte de Dios Padre y de
Jesucristo, el Hijo del Padre, en la verdad y en el amor, estén
con vosotros.
4
Me
alegré mucho de encontrar a tus hijos viviendo conforme a
la verdad, según el mandamiento que hemos recibido del
Padre.
5
Y
ahora te ruego, señora -y no es nuevo el mandamiento acerca
del que te escribo, sino el que tenemos desde el principio-, que
nos amemos los unos a los otros.
6
El
amor consiste en vivir según sus mandamientos. Éste
es el mandamiento que os fue dado desde el principio, para que sea
la norma de vuestra vida.
7
Ahora
han irrumpido en el mundo muchos seductores, los cuales no
reconocen que Jesucristo es verdaderamente hombre. Entre ellos se
encuentra el seductor y el anticristo.
8
Vosotros
estad atentos para no echar a perder lo que habéis
trabajado, y así vuestra recompensa será completa.
9
Todo
el que se descarría y no permanece en la doctrina de Cristo
no tiene a Dios. Pero quien permanece en la doctrina tiene al
Padre y al Hijo.
*"
En esta brevísima carta, el apóstol Juan nos ofrece
casi una síntesis de su evangelio, precisamente para
recordar a su comunidad las condiciones fundamentales para la
salvación: "Caminar en la verdad" y "creer
que Jesús es el Hijo de Dios". De este modo, el
apóstol se hace portador del mandamiento de Dios; no nos
ofrece una hipótesis de vida basada en su sabiduría
personal, sino que se hace intérprete del mandamiento nuevo
que él mismo ha recibido de su Señor.
Las
dos condiciones para la salvación pueden ser reconducidas
al único mandamiento por el que llega a nosotros la verdad
de Dios, revelada -incluso hecha carneen Jesucristo. Creer en él
significa entrar en la verdad de Dios. Caminar por el sendero del
amor significa participar en el amor que es Dios. Pero el apóstol
Juan está preocupado también por la fidelidad de sus
destinatarios: en efecto, siempre hay al acecho algunos, incluso
muchos, "seductores" (v. 7) que no reconocen a
Jesús y querrían corromper también la fe de
los otros. Consecuentemente, sigue abierta la posibilidad de
"echar a perder lo que habéis trabajado" (v.
8), esto es, la fe, y la posibilidad de transformar con ella toda
nuestra vida.
La
fortuna del que cree consiste precisamente en esto: no en conocer
una verdad abstracta, sino en tener a Dios (v. 9); no en tender
hacia adelante, hacia un futuro incierto, sino en caminar con
Cristo hacia Dios; no en ejercer cierta filantropía, sino
en amar a Dios a través del prójimo, en nombre de
Cristo.
Salmo
Responsorial
Dichoso
el que camina en la voluntad del Señor
Salmo
118,1.2.10.11.17.18
R/. Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor
Dichoso el que, con vida
intachable, camina en la voluntad del Señor.
R/. Dichoso
el que camina en la voluntad del Señor
Dichoso
el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.
R/. Dichoso
el que camina en la voluntad del Señor
Te busco
de todo corazón, no consientas que me desvíe de
tus mandamientos.
R/. Dichoso
el que camina en la voluntad del Señor
En mi
corazón escondo tus consignas, así no pecaré
contra ti.
R/. Dichoso
el que camina en la voluntad del Señor
Haz bien
a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras.
R/. Dichoso
el que camina en la voluntad del Señor
Ábreme
los ojos, y contemplaré las maravillas de tu voluntad.
R/. Dichoso
el que camina en la voluntad del Señor
Evangelio:
Lucas 17,26-37
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
26
Cuando
venga el Hijo del hombre sucederá lo mismo que en tiempos
de Noé.
27
Hasta
que Noé entró en el arca, la gente comía,
bebía y se casaba. Pero vino el diluvio y acabó con
todos.
28
Lo
mismo sucedió en los tiempos de Lot: comían, bebían,
compraban, vendían, plantaban y edificaban.
29
Pero
el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del
cielo fuego y azufre y acabó con todos.
30
Así
será el día en que se manifieste el Hijo del hombre.
31
Ese
día, el que esté en la azotea y tenga en casa sus
enseres que no baje a tomarlos; igualmente, el que esté en
el campo que no vuelva atrás.
32
Acordaos
de la mujer de Lot.
33
El
que intente salvar su vida la perderá, pero el que la
pierda la recobrará.
34
Os
aseguro que esa noche estarán dos juntos en la misma cama:
a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán.
35
Estarán
dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a otra la
dejarán.
37
Ellos
le preguntaron: -Dónde, Señor? Y les
contestó: -Donde esté el cadáver, allí
se reunirán los buitres.
*+•
Jesús,
a fin de educar a sus discípulos en el ejercicio de la
verdadera esperanza, completa el discurso sobre su última
venida. Para que la esperanza no se convierta en utópica
("sin
lugar") y para que no produzca fáciles ilusiones, la
conjuga Jesús con la fe: ésta nos liga, en efecto,
desde ahora a su persona y nos introduce en su misterio de muerte
y resurrección. Si la esperanza se conjuga con la fe,
entonces, como creyentes, sabemos a quién esperamos y no
nos interesa ya cuándo ni cómo tendrá lugar.
Jesús
ilustra esta enseñanza suya con dos ejemplos: el de Noé
(w. 26ss) y el de Lot (w. 28ss). Estos dos hechos históricos
ponen de relieve el carácter inesperado y repentino del
diluvio, por un lado, y de la lluvia de fuego, por otro, sólo
en apariencia. En realidad, Jesús quiere señalar con
ellos la necesidad de estar preparados para cuando Dios se
manifieste en su divino señorío: preparados para
reconocerlo, para ser introducidos por él en el gozo eterno
y entrar así en plena comunión con él. La
verdadera enseñanza, por tanto, es ésta: no debemos
considerar sólo a Noé y a Lot como figuras de los
creyentes, sino también a sus contemporáneos, tan
bien representa dos por la mujer de Lot (v. 32). Vivían
éstos olvidados de Dios y preocupados sólo por los
bienes terrenos, y en esta situación fueron sorprendidos
por el castigo de Dios; es su ceguera espiritual, su incapacidad
para captar el carácter dramático de los tiempos, lo
que atrae la atención de Jesús, del evangelista y
también la nuestra.
MEDITATIO
"Acordaos
de la mujer de Lot." El
discípulo de Jesús debe hacer un buen uso de su
memoria: con ella, en efecto, puede volver a aquella historia que,
precisamente por haber sido visitada por Dios, se convierte en
fuente de sabiduría y, por ello, en maestra de vida. En
este caso, la invitación recae directamente sobre el
Antiguo Testamento, que, para nosotros los cristianos, constituye
una fuente de enseñanzas siempre válidas y actuales.
La
memoria del creyente no debe ser considerada como una mina de la
que extraer materiales más o menos preciosos. Esta memoria
induce más bien al creyente a "captar" en el
interior de los acontecimientos históricos esos mensajes de
los que Dios no priva a quienes le reconocen como tal. Quien
recuerda los hechos históricos del Antiguo Testamento,
preocupado por captar los motivos y los modos según los que
interviene Dios, aprende no sólo a vivir en el tiempo
presente, sino también a orientar la antena de su fe hacia
la meta final.
Esa
es la razón de que tal memoria se convierta en criterio
de diagnóstico de todo lo que acontece aquí y
ahora, de suerte que no marque nunca el paso ni lentifique el
ritmo de nuestra peregrinación. Al mismo tiempo, esa
memoria nos pide y nos habilita para superar peligrosas
distracciones -debidas sobre todo a la hipnosis de las cosas
y de ciertas personas- y para practicar ese distanciamiento que
hace posible un juicio sereno y ecuánime sobre todo y sobre
todos. Más aún: esa memoria nos enseña a
perder lo que debe ser perdido y a conservar lo que
debe ser conservado. Está clara la contraposición
que existe entre una vida que sólo en apariencia es tal -y
que, en ocasiones, nosotros mismos apreciamos más que la
verdadera- y la vida nueva adquirida por quien está
dispuesto a sacrificar la propia vida terrestre. La orientación
hacia el futuro de Dios es por lo menos clara.
ORATIO
Señor,
tú eres el camino, la verdad y la vida. Pero !cuántos
semáforos en rojo encuentro en mi camino! Por eso me aferró
a los amigos como ancla de salvación; me entierro en mis
seguridades personales; me vendo a mi trabajo; me quedo encantado
con lo que brilla; me consagro a mi bienestar; me alineo con la
superchería de los intolerantes; me distraigo con el
estruendo de tantas mentiras; sigo el trajín de una vida
sin sentido, dictada por los que me rodean.
Pero
tú me avisas: reconoce a Dios como origen común y
como creador para recuperar el sentido de lo sagrado. Reconoce a
todo hombre para recuperar tu humanidad, con sus valores de
fraternidad, de justicia, de libertad. Reconoce la naturaleza como
fuerza que hemos de respetar sin intentar someterla, explotarla,
poseerla o reproducirla en copias cada vez más desteñidas.
Sólo así caminarás conmigo, y mi llegada te
encontrará preparado.
Sólo
en sintonía con los valores del Espíritu te salvarás
y la muerte te encontrará preparado.
CONTEMPLATIO
Haced
esto en conmemoración mía. Dice:
Haced
esto. No
podríamos imaginarnos un mandato más provechoso, más
dulce, más saludable, más amable, más
parecido a la vida eterna. Y lo vamos a demostrar punto por punto.
Lo más provechoso
en
nuestra vida es lo que nos sirve para el perdón de los
pecados y la plenitud de la gracia. Él, el Padre de los
espíritus, nos instruye en lo que es provechoso para
recibir su santificación. Su santificación consiste
en su sacrificio, esto es, en su ofrecimiento sacramental, cuando
se ofrece al Padre por nosotros y se ofrece a nosotros para
nuestro provecho.
Por
ellos me consagro yo. Cristo, que en virtud del Espíritu
eterno se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá
purificar nuestras conciencias de las obras muertas, llevándonos
al culto del Dios vivo.
Es
también lo más dulce que podemos hacer. Qué
puede haber más dulce que aquello en que Dios nos muestra
toda su dulzura? A tu pueblo lo alimentaste con manjar de ángeles,
proporcionándole gratuitamente, desde el cielo, pan de mil
sabores, a gusto de todos; este sustento tuyo demostraba a tus
hijos tu dulzura, pues servía al deseo de quien lo tomaba y
se convertía en lo que uno quería.
Es
lo más saludable que se nos podía mandar.
Este sacramento es el fruto del árbol de la vida, y el que
lo come con la devoción de una fe sincera no saboreará
jamás la muerte.
Es
lo más amable que se nos podía mandar. Este
sacramento es causa de amor y unión. La máxima
prueba de amor es darse uno mismo como alimento. Es imposible un
modo de unión más íntimo y verdadero.
Y
es lo más parecido a la vida eterna que se nos podía
mandar. La vida eterna viene a ser una continuación de este
mandamiento, en cuanto que Dios penetra con su dulzura en los que
gozan de la vida bienaventurada.
(Del
comentario de san Alberto Magno a Le 22,19.)
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive durante la jornada de hoy: "Entre
vosotros, el más importante ha de ser como el menor, y el
que manda, como el que sirve".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Él
mismo contaba que de joven le costaban los estudios, y por eso una
noche decidió huir del colegio donde estudiaba. Pero al
tratar de salir por una escalera colgada de una pared, en la parte
de arriba, le pareció ver a Nuestra Señora la Virgen
María, que le dijo: "Alberto, por qué en vez de
huir del colegio, no me rezas a mí, que soy "Trono de
la Sabiduría?". Si me tienes fe y confianza, yo te
daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que sí
fui yo quien te la concedí, cuando ya te vayas a morir
olvidarás todo lo que sabías". Y así
sucedió: al final de su vida, un día en un sermón
se le olvidó todo lo que sabía, y dijo: "Es
señal de que ya me voy a morir, porque así me lo
anunció la Virgen Santísima". Y se retiró
de sus labores y se dedicó a orar y a prepararse para
morir, y a los pocos meses murió.
Día
16
Sábado semana XXXII del
tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: 3 Juan 5-8
5
Mi
querido amigo, te portas como creyente en todo lo que haces con
los hermanos, y eso que son forasteros.
6
Ellos
han dado testimonio de tu amor ante la comunidad. Harás
bien en proveerlos para su viaje de una manera digna de Dios,
7
pues
se han puesto en camino sólo por su nombre, sin recibir
nada de los no creyentes.
8
Tenemos
la obligación de ayudar a hombres como ellos, para hacernos
colaboradores de la verdad.
**•
Esta carta de Juan permite presuponer una situación de vida
dramática: la comunidad cristiana sufre a causa de una
división interna que amenaza con paralizar también
su carácter misionero. Juan se dirige a un miembro de esta
comunidad y, a través de él, quiere animar a todos a
la fidelidad, a la comunión eclesial y al valor del
testimonio.
Por
lo que respecta al destinatario de la carta, habla Juan sobre todo
de su amor, un amor que lo señala a la atención de
todos. Es un amor tanto más digno de crédito por el
hecho de que no se limita a favorecer a los que comparten la misma
fe, sino que se entrega también a los que son forasteros
(v. 5). Los confines de la caridad cristiana son,
necesariamente, ilimitados, a ejemplo de Jesús, que vino
para todos y no hizo acepción de personas. Ese amor se
traduce, espontáneamente, en acogida -siempre a
ejemplo de Jesús, que acogió preferentemente entre
sus contemporáneos a los últimos: los pobres, los
enfermos, los pecadores-. Acoger en su nombre a los que se
encuentran en situación de necesidad significa acogerle a
él mismo, y, de este modo, nos convertimos en
"colaboradores de la verdad" (v. 8). Resulta, por
lo menos, iluminador poner de manifiesto que la verdad de Dios, en
particular la verdad revelada en Cristo, quiere ser difundida no
sólo con la ayuda de la Palabra, sino sobre todo con el
compromiso de la caridad.
Al
mismo tiempo, el compromiso misionero es deber de toda la
Iglesia: cuando uno de sus miembros se dedica a la misión,
es toda la comunidad la que se compromete con él. El
misionero representa a su Iglesia y la Iglesia se hace cargo de
todo misionero.
Salmo
Responsorial
Dichoso
quien teme al Señor
Salmo
111,1-2.3-4.5-6
Dichoso quien teme al Señor y
ama de corazón sus mandatos. Su linaje será
poderoso en la tierra, la descendencia del justo será
bendita.
R/.Dichoso
quien teme al Señor
En su casa habrá
riquezas y abundancia, su caridad es constante, sin falta. En
las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y
compasivo.
R/.Dichoso
quien teme al Señor
Dichoso el que se apiada y
presta, y administra rectamente sus asuntos. El justo jamás
vacilará, su recuerdo será perpetuo.
R/.Dichoso
quien teme al Señor
Evangelio:
Lucas 18,1-8
En
aquel tiempo,
1
para
mostrarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse, Jesús
les contó esta parábola:
2
-Había
en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a
los hombres.
3
Había
también en aquella ciudad una viuda que no cesaba de
suplicarle: "Hazme justicia frente a mi enemigo".
4
El
juez se negó durante algún tiempo, pero después
se dijo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie,
5
es
tanto lo que esta viuda me importuna que le haré justicia
para que deje de molestarme de una vez".
6
Y
el Señor añadió: -Fijaos en lo que dice el
juez inicuo.
7
No
hará, entonces, Dios justicia a sus elegidos que claman a
él día y noche? Les hará esperar?
8
Yo
os digo que les hará justicia inmediatamente. Pero, cuando
venga el Hijo del hombre, encontrará fe en la tierra?
*••
Dos son los "focos" en torno a los cuales se construye
la parábola que nos propone la liturgia de hoy: por un
lado, la perseverancia y la testarudez que muestra la viuda al
pedir justicia; por otro, la decisión final del juez, que
termina cediendo a la petición que se le hace.
Así
pues, si bien es cierto que la parábola nos recuerda la
perseverancia en la oración, también lo es que
repite la enseñanza de Jesús sobre la seguridad del
retorno y sobre la gravedad del juicio que pronunciará
sobre aquellos que no hayan obrado con justicia.
Es
obligatorio destacar lo que afirma Jesús en el v. 7a: "No
hará, entonces, Dios justicia a sus elegidos que claman a
él día y noche'?". Pensando en Dios, este
"hacer justicia" implica, ciertamente, su fidelidad a
sus promesas y, en consecuencia, su voluntad de perdón y de
salvación. Dios es justo en cuanto justifica: ésta
es la concepción bíblica de la justicia. "Les
hará esperar?" (cf. v. 7b). También esta
pregunta ilumina nuestra búsqueda.
En
efecto, Dios, según la enseñanza bíblica, no
sólo es justo, sino también paciente y bueno. De
este modo es como manifiesta su arte pedagógico no sólo
escuchando nuestras oraciones, sino también estableciendo
los tiempos en que intervendrá y los modos con que lo hará.
Existe, por tanto, un aspecto de "escándalo" en
este comportamiento de Dios, y consiste en el hecho de que él
espera, tal vez demasiado, para hacer justicia. En ocasiones, esta
paciencia suya pone impacientes a sus fieles. "Yo os digo
que les hará justicia inmediatamente" (v. 8a).
Éste es el verdadero "final" de la parábola,
mientras que lo que sigue puede ser considerado como un añadido
posterior. De este modo pretende confirmar Jesús nuestra fe
en que Dios, como Padre, contrariamente a nuestras incertidumbres
y crisis, no puede dejar de hacerse cargo de la situación
de todos los que, en su pobreza, le eligen como su único
Salvador.
MEDITATIO
"Pero,
cuando venga el Hijo del hombre, encontrará fe en la
tierra?". La
pregunta de Jesús supone para nosotros una abierta
provocación. Antes que nada, por el hecho de poner en el
centro de su discurso la fe: ésta, en efecto, es el don más
precioso que podemos recibir de Dios, y estamos llamados a
conservarla a cualquier precio.
La
apertura al futuro nos deja entender también que, si bien
es hermoso acoger el don, no es igual de fácil conservarlo
y vivir de él.
Qué
respuestas podemos dar, hoy, a esta provocación de Jesús?
Por un lado, observando de manera atenta la situación
espiritual del mundo contemporáneo, parece que podemos
decir que la humanidad camina hacia un futuro cada vez menos rico
de fe, cada vez más atado a los bienes terrenos, cada vez
más solicitado por sus propios intereses. En general, el
espectáculo
que
tenemos delante no figura, a buen seguro, entre los más
seductores, y es precisamente eso lo que nos induciría a
dar una respuesta negativa.
No
obstante, por otro lado, si hacemos uso no sólo de la lupa
para ver de cerca las cosas que suceden, sino también del
catalejo para tener una visión panorámica de la
realidad, entonces veremos que la semilla de la fe está
presente y escondida en el corazón de no pocas personas, y
eso es lo que más cuenta. Lo que constituye la diferencia
no es tanto la visibilidad externa, y mucho menos la
eficiencia de las estructuras creadas por quien cree, sino
el don de Dios, que, por su propia naturaleza, tiende a
crear relaciones profundas y le gusta ocultarse en ellas.
La
provocación de Jesús la podemos interpretar también
como una consigna: le corresponde al "resto de Israel"
asumirla como propia, hacerse cargo, hoy como en todas las
épocas, de la historia y obrar de modo que, cuando venga el
Hijo del hombre, pueda encontrarnos ricos en fe.
ORATIO
\Señor,
enséñame a orar!
Tu
oración consistía, a veces, sólo en una
mirada dirigida al cielo antes de actuar o en una breve
invocación; otras veces consistía en una expresión
de abandono, en un grito de reparación, en un
agradecimiento filial o en una manifestación de la voluntad
del Padre.
Era
una oración dulce y gozosa, pero también una oración
de tensión cuando se acercaba la última hora, de
miedo y de angustia al beber el cáliz. Orabas solo o con
otros, de noche o por la mañana, de pie o sentado, en el
desierto o en la soledad absoluta de tu alma. Orabas siempre,
porque - a diferencia de los fariseos- tu oración se
convertía en vida, y tu vida -expresión de tu fe-
era una efusión de la oración.
!Señor,
enséñame a vivir!
CONTEMPLATIO
La
fe, aunque por su nombre es una, tiene dos realidades distintas.
Hay, en efecto, una fe por la que se cree en los dogmas y que
exige que el espíritu atienda y la voluntad se adhiera a
determinadas verdades; esta fe es útil al alma, como lo
dice el mismo Señor: Quien escucha mi Palabra y cree al
que me envió posee la vida eterna y no se le llamará
a juicio; y añade: El que cree en el Hijo no está
condenado, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
!Oh
gran bondad de Dios para con los hombres! Los antiguos justos,
ciertamente, pudieron agradar a Dios empleando para este fin los
largos años de su vida, mas lo que ellos consiguieron con
su esforzado y generoso servicio de muchos años, eso mismo
te concede a ti Jesús realizarlo en un solo momento. Si, en
efecto, crees que Jesucristo es el Señor y que Dios lo
resucitó de entre los muertos, conseguirás la
salvación y serás llevado al paraíso por el
mismo que recibió en su Reino al buen ladrón. No
desconfíes ni dudes de si eso va a ser posible o no: el que
salvó en el Gólgota al ladrón a causa de una
sola hora de fe te salvará también a ti si crees.
La
otra clase de fe es esa que Cristo concede a algunos como don
gratuito: Uno recibe del Espíritu el hablar con
sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según
el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu,
recibe el don de la fe, y otro, por el mismo Espíritu, el
don de curar.
Esta
gracia de fe que da el Espíritu no consiste solamente en
una fe dogmática, sino también en esa otra fe capaz
de realizar obras que superan toda posibilidad humana; quien tiene
esta fe podría decir a una montaña que viniera
aquí, y vendría. Cuando uno, guiado por esta fe,
dice esto y cree sin dudar en su corazón que lo que dice se
realizará, entonces este tal ha recibido el don de esta fe.
Es
de esta fe de la que se afirma: Si fuera vuestra fe como un
grano de mostaza... Porque así como el grano de
mostaza, aunque pequeño de tamaño, está
dotado de una fuerza parecida a la del fuego y, plantado aunque
sea en un lugar exiguo, produce grandes ramas donde pueden
cobijarse las aves del cielo, así también la fe,
cuando arraiga en el alma, en pocos momentos realiza grandes
maravillas.
El
alma, en efecto, iluminada por esta fe, alcanza a concebir en su
mente una imagen de Dios y llega incluso a contemplar al mismo
Dios en la medida en que eso es posible; le es dado recorrer los
límites del universo y ver, antes del fin del mundo, el
juicio futuro y la realización de los bienes prometidos.
Procura,
pues, llegar a esa fe que de ti depende y que conduce al Señor
a quien la posee, y así el Señor te dará
también esa otra que actúa por encima de las fuerzas
humanas (Cirilo de Jerusalén, Catequesis 5, sobre la
fe y el símbolo, 10-11).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "En
el corazón de los justos resplandece la bondad del Señor"
(de
la liturgia).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Un
día despertó Hitler la antigua ilusión que
contrapone la ciencia y la religión. Estaba convencido
ciertamente de que afirmaba una verdad definitiva cuando
declaraba: "Colocad un telescopio en un país y habréis
terminado con Dios". Bajo la ordinariez de la propuesta se
esconde un a priori que no corresponde sólo a la
ideología nazi. Toda generación tiene su contingente
de individuos que piensan haber terminado con la imagen de Dios
gracias a la ciencia. Los hombres seríamos sólo el
objeto de una manipulación genética, títeres
producidos por casualidad. La idea de Dios se habría
convertido, definitivamente, en una antigualla.
Sin
embargo, precisamente la experiencia del telescopio puede llevar a
una conclusión opuesta a la de Hitler. Si se os presenta la
ocasión, no la dejéis escapar. Al contrario,
buscadla. Es fascinante. Creo que en la vida humana hay un "antes"
y un "después" cuando, gracias al telescopio, se
ha tenido la posibilidad de experimentar de una manera visible,
concreta, el infinito y su esplendor, por una parte, y
nuestro límite y el vuelco que :se impone a la inteligencia
bajo la impresión de tal realidad, por otra. La historia de
la civilización confirma la experiencia (B. Bro).
Día
17
domingo XXXIII del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Daniel 12,1-3
1
En
aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe,
protector de tu pueblo. Será un tiempo de angustia como no
hubo otro desde que existen las naciones. Cuando llegue ese
momento, todos los hijos de tu pueblo que estén escritos en
el libro se salvarán.
2
Y
muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán,
unos para la vida eterna, otros para la vergüenza, para el
castigo eterno.
3
Los
sabios brillarán como el esplendor del firmamento, y los
que guiaron a muchos por el buen camino, como las estrellas por
toda la eternidad.
*•• "En
aquel tiempo...". El tiempo al que alude el profeta es un
tiempo en el que la impiedad ha llegado a su cima: en el capítulo
11, en efecto, se revelan los acontecimientos históricos
que habían concluido con la muerte de Antíoco
Epífanes, figura del enemigo de Dios; sin embargo, cuando
el mal que se propaga parezca triunfar, la historia desembocará
en el acontecimiento escatológico: éste es
precisamente el mensaje de esperanza ofrecido por este fragmento
donde se describe el tiempo final. En él ya no serán
posibles ni la ambigüedad ni las componendas: todas las cosas
aparecerán en su auténtica realidad. El conflicto
contra las fuerzas del mal se convertirá en lucha abierta,
y el pueblo de Dios experimentará la protección
extraordinaria del arcángel Miguel.
Será, por tanto, un
tiempo de extrema angustia y, a la vez, de salvación para
quienes hayan sido fieles. El Señor conoce a los suyos uno
a uno, sus nombres están escritos en su libro: no podrá
olvidarlos (v. 1). Tendrá lugar, por consiguiente, el
traslado del tiempo a la eternidad; se profetiza aquí la
resurrección universal ("muchos" es un semitismo
que significa "todos"), en la que cada uno recibirá
su destino eterno de vida o de infamia, según su propia
conducta. Los sabios, los justos, o sea, los que hayan recorrido
el camino de la santidad y ayudado a otros a recorrerlo,
resplandecerán con una gloria perenne.
La fe en la resurrección,
en el juicio y en la vida eterna se va delimitando ya cada vez con
mayor claridad ahora que estamos en los umbrales del Nuevo
Testamento. Con la resurrección de Cristo comenzará
el tiempo del fin, y tendrá su consumación en la
parusía.
Salmo
responsorial Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti
Salmo
15, 5 y 8. 9-10.11
El
Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte
está en tu mano: Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R.-
Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti
Por
eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás
en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel
ver la corrupción.
R.-
Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti
Me
enseñarás el sendero de la vida, me saciarás
de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu
derecha.
R.-
Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti
Segunda
lectura: Hebreos 10,11-15
11
Cualquier
otro sacerdote se presenta cada día para desempeñar
su ministerio y ofrecer continuamente los mismos sacrificios que
nunca pueden quitar los pecados.
12
Cristo,
por el contrario, no ofreció más que un sacrificio
por el pecado de una vez para siempre, y está sentado a la
derecha de Dios.
13
Únicamente
espera ahora que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus
pies.
14
Con
esta única oblación ha hecho perfectos de una vez
para siempre a quienes han sido consagrados a Dios.
15
Ahora
bien, donde los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad
de oblación por el pecado.
*•• El tema de
la perícopa de hoy recupera el del domingo pasado y lo
completa. En efecto, el autor de la carta insiste en la unicidad
del sacrificio de Cristo en contraposición a los muchos
sacrificios judíos: éstos deben repetirse
continuamente, porque "nunca pueden quitar los pecados"
(v. 11), mientras que la oblación de Cristo es perfecta y
salvífica para quien se confía en su mediación
sacerdotal (v. 14). No obstante, aquí se añade un
elemento nuevo que pone todo este fragmento en estrecha
continuidad con la primera lectura y el evangelio de hoy: el
sacrificio de Cristo es "de una vez para siempre" y por
eso abre una dimensión nueva en el fluir del tiempo ("cada
día": v. 11).
"Ahora" Cristo
ha vencido a las fuerzas del mal y está sentado en el trono
de Dios, y "únicamente espera" que su victoria se
vuelva evidente y definitiva (vv. 12ss): entonces desembocará
el tiempo en la eternidad; sin embargo, ya desde ahora, "quienes
han sido consagrados" - a saber: quienes acogen su oblación
y someten a él la voluntad rebelde que impulsa al pecado-
entran en esta dimensión de eternidad ("para siempre":
v. 14). Pero mientras el tiempo prosigue su curso, comulgamos ya
el pan de la vida "eterna" (cf. Jn 6,48-51) en la
celebración eucarística (memorial del sacrificio de
Cristo).
Evangelio:
Marcos 13,24-32
Dijo
Jesús a sus discípulos:
24
Pasada
la tribulación de aquellos días, el sol se
oscurecerá y la luna no dará resplandor;
25
las
estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestes se
tambalearán.
26
Entonces
verán venir al Hijo del hombre entre nubes con gran poder y
gloria.
27
Él
enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro
vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra al extremo
del cielo.
28
Fijaos
en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas
y brotan las hojas, sabéis que se acerca el verano.
29
Pues
lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas,
sabed que ya está cerca, a las puertas.
30
Os
aseguro que no pasará esta generación sin que todo
esto suceda.
31
El
cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32
En
cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles
del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.
*"• Con este
fragmento culmina el discurso escatológico de Jesús,
que, en el evangelio de Marcos, tiene una extensión
sorprendente (capítulo 13). Los "últimos
tiempos " están descritos a partir de la predicción
de acontecimientos históricos que, efectivamente, podrán
constatar los discípulos, puesto que tuvieron lugar en el
tiempo de aquella generación (v. 30). Con todo, el
horizonte es más amplio: la intensificación de
guerras y cataclismos no es más que "el comienzo de
los dolores" (así el v. 7 al pie de la letra).
Será el signo de
que tanto para la historia como para la creación empieza un
grandioso trabajo de parto, un trabajo que llevará consigo
un sufrimiento inaudito (vv. 19-20.24a), pero concluirá con
la venida gloriosa del Hijo del hombre profetizado por Daniel, un
personaje apocalíptico con el que Jesús se
identifica. Como juez de la historia y vencedor de las fuerzas del
mal, inaugurará definitivamente el Reino de Dios para todos
sus "elegidos", esto es, para los que se hayan mantenido
fieles en la persecución (vv. 9-13) y hayan resistido a las
seductoras perspectivas ofrecidas por los falsos cristos, que
aparecerán numerosos en los últimos tiempos (vv.
21-23).
En este discurso se
entrelazan, pues, acontecimientos históricos y elementos
apocalípticos, expresados con imágenes tomadas de
los profetas: Jesús quiere hacer comprender que el misterio
pascual ahora presente -su "hora" en el lenguaje joáneo-
será el comienzo de la fase final de los tiempos. De ahí
que invite a los discípulos, ya desde ahora, a la
vigilancia, a escrutar los acontecimientos sabiendo captar en
ellos la proximidad del Hijo del hombre, es decir, de su retorno
glorioso (vv. 28ss) y a adherirse plenamente a su Palabra, más
estable que los cielos y la tierra, que también "pasarán";
sin embargo, la pregunta concreta de algunos discípulos:
"Cuándo...?" (v. 4), queda sin respuesta.
Jesús, mientras se
revela como el Hijo, muestra que no puede disponer ni del día
ni la hora del fin. Por eso, en cuanto Hijo y hombre, se confía
él mismo por completo al designio de amor y salvación
del Padre (v. 32).
MEDITATIO
El encuentro con un
cristiano auténtico no cesa de sorprender desde hace dos
mil años: !qué insólita es su condición!
"Extranjero y peregrino en la tierra", transeúnte
que atraviesa los senderos del tiempo que tiende a la eternidad,
posee ya lo que busca, aunque todavía no de un modo pleno y
evidente. Es testigo de una esperanza bienaventurada y posee la
prenda de una promesa infinita. Irradia la alegría a su
alrededor, aunque ha renunciado a muchas de las alegrías
que propone este mundo; sin embargo, no está dispensado del
dolor... Cuál es entonces el secreto del verdadero
cristiano?
Lo custodia en lo hondo de
su corazón y lo declara con orgullo: su secreto es Cristo,
Señor del tiempo y de la historia. La pascua de Jesús
ha destrozado la dimensión temporal y ha irrumpido la
eternidad entre nosotros: la vida eterna es el Pan en que él
se entrega. Quien observa su Palabra que no pasa, quien acoge su
sacrificio de salvación y vive con él el dolor como
pascua, entra desde ahora en la eternidad y permite que, a través
de su propia existencia, ésta transfigure un poco el
tiempo.
El cristiano abre al sol
la ventana de su morada para que todo quede inundado de luz. Ahora
bien, el conflicto entre las tinieblas y la luz permanece aún
en acto en el tiempo: cada discípulo de Jesús conoce
esta lucha dentro de sí y a su alrededor; por eso vigila,
porque sabe que tiene que combatir el buen combate de la fe.
Cristo ya ha vencido, pero continúa luchando en nosotros
para que sea derrotado el mal y se extienda el Reino de Dios,
hasta el día que sólo el Padre conoce. Que su
Espíritu de amor y de fortaleza nos haga a todos cristianos
auténticos, tanto más presentes en la historia del
hombre cuanto más inclinados al "día de Dios".
ORATIO
Jesús, Señor
de la historia, tú ves los males que afligen a nuestra
humanidad; sin embargo, nos enseñas que, en su raíz,
es uno solo el Mal que hemos de combatir. Tú lo derrotaste
ya al morir por nosotros en la cruz; ayúdanos a extender en
el tiempo tu victoria pascual.
Haznos portadores de
eternidad allí donde vivimos y trabajamos: que la luz de tu
amor perenne inunde a través de nosotros la pequeña
porción de la historia que nos has confiado y la
transfigure.
Haz que completemos
nuestra peregrinación terrena tendiendo a la patria
celestial, para que quien nos encuentre comprenda cuál es
la bienaventurada esperanza que nos hace exultar ya desde ahora.
Que el Pan de la vida eterna, roto por nosotros, nos sostenga en
las pruebas cotidianas, para que podamos ser encontrados fieles y
vigilantes en tu día glorioso.
CONTEMPLATIO
El Dios de Abrahán,
el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de los cristianos, es
un Dios de amor y consolación, es un Dios que llena el alma
y el corazón de quienes le poseen. Es un Dios que hace
sentir interiormente a los suyos su miseria y su infinita
misericordia; que se les une en lo más íntimo de su
alma; que les llena de humildad, de alegría, de confianza,
de amor; que les hace incapaces de tener otro fin fuera de él.
Sin Jesucristo, no subsistiría el mundo, porque debería
ser destruido o ser como el infierno.
Si el mundo subsistiera
para instruir al hombre sobre Dios, su divinidad brillaría
por todas partes de una manera incontestable, pero puesto que
subsiste sólo en Jesucristo y por Jesucristo, y para
iluminar a los hombres sobre su pecado y sobre su redención,
por todas partes se manifiestan las pruebas de estas dos verdades.
Lo que se manifiesta en el mundo no expresa ni exclusión
total ni presencia manifiesta de la divinidad, sino la presencia
de un Dios que se esconde. Todo lleva esta huella.
Jesucristo, sin bienes
materiales y sin ninguna producción científica,
pertenece al orden de la santidad. No ha hecho ningún
invento, no ha reinado. Pero es humilde, paciente, santo, santo,
santo para Dios, terrible para los demonios, sin pecado. Oh, ha
venido con gran pompa y prodigiosa magnificencia a los ojos de los
corazones que ven la sabiduría. Para manifestar su Reino de
santidad, le hubiera sido inútil a Jesucristo venir como
rey; sin embargo, ha venido con el esplendor que le es propio (B.
Pascal, Pensieri, Opusculi, Lettere, 602.829, Milán 1984,
666.754, passim).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Esperemos
y apresuremos la venida del día de Dios"
(cf.
2Pe3,11b-12a).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Nos encontramos una vez
más teniendo que decidir: debemos escoger si queremos
limitar la fe al ámbito del sentimiento y orientar nuestros
pensamientos según los de todos, o bien si pretendemos ser
cristianos también en el modo de pensar. El juicio es el
último acto de Dios, y lo lleva a cabo ciquel que sigue
siendo durante toda la historia el "signo de contradicción",
el momento de la decisión tanto para el individuo como para
los pueblos. Cómo se lleva a cabo este juicio? En un primer
momento, podemos suponer que el objeto del juicio deben ser las
acciones y las omisiones del hombre. Veremos, en cambio, que todo
está fundido en una sola entidad: el amor. Pero cómo
ha sido fijado y se aplica el criterio del amor? Aquí es
donde se manifiesta el carácter extraordinario del anuncio
cristiano del juicio: el criterio según el cual seremos
juzgados es nuestra actitud respecto a Cristo. El bien definitivo
es él, Cristo, y obrar bien significa amar a Cristo. En
definitiva, "ía verdad" o "eí bien"
no son ideas o valores abstractos, sino alguien, Jesucristo. Toda
buena acción va hacia Cristo y es un bien para é|,
así como toda acción mala, sea cual sea su
finalidad, es en el fondo un ataque contra él. La más
real de todas las realidades es alguien: el Hijo de Dios hecho
hombre. Y nosotros conocemos la tarea que se nos impone al
hacernos cristianos: ver a Cristo en su universalidad, conservar
en nuestro corazón su imagen con toda su potencia, para que
pueda atravesar los confines del mundo, de la historia y de la
obra humana (R. Guardini, íe cose ultime, Milán
1997, pp. 92-96, passim).
Día
18
Lunes semana XXXIII del tiempo
ordinario o 18 de noviembre,
Dedicación de las
basílicas de San Pedro y San Pablo
En
este día se celebra, desde el siglo IV, una fiesta en honor
de los templos dedicados a los dos grandes apóstoles Pedro
y Pablo. Han sido tantas las peregrinaciones a estos lugares,
donde, según la tradición, murieron estos dos
santos, que se ha reservado este día para festejar y
venerar la basílica de san Pedro, en el Vaticano, y la de
san Pablo, en la vía Ostiense.
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 1,1-4; 2,l-5a
1
Ésta
es la revelación que Dios confió a Jesucristo para
que mostrara a sus siervos lo que está a punto de suceder.
Se lo hizo saber a Juan, su siervo, por medio del ángel que
le envió,
2
y
el mismo Juan testifica que todo lo que ha visto es Palabra de
Dios y testimonio de Jesucristo.
3
!Dichoso
el que lea y dichosos los que escuchen este mensaje profético
y cumplan lo que está escrito en él! Porque el
momento decisivo está a las puertas.
4
Juan,
a las siete Iglesias que están en la provincia de Asia:
gracia y paz a vosotras de parte del que es, del que era y del que
está a punto de llegar; de parte de los siete espíritus
que están delante de su trono. Y oí al Señor
que me decía:
2,1
Escribe
al ángel de la Iglesia de Éfeso: Esto dice el que
tiene en su mano derecha las siete estrellas y pasea en medio de
los siete candelabros de oro:
2
-Conozco
tus obras, tu esfuerzo y tu entereza. Sé que no puedes
soportar a los malvados, que has puesto a prueba a los que se
llaman apóstoles sin serlo y los hallaste mentirosos.
3
Tienes
entereza y has sufrido por mi nombre sin claudicar.
4
Pero
he de echarte en cara que has dejado enfriar el amor primero.
5
Recuerda,
pues, de dónde has caído; cambia de actitud y vuelve
a tu conducta primera.
**-
El comienzo del libro del Apocalipsis, último de la Biblia,
nos presenta algunas claves de lectura del mismo libro.
Recurriendo a ellas, no sólo podremos percibir el mensaje
de esperanza que de él se desprende, sino acoger también
y hacer nuestra la bienaventuranza que promete (v. 3).
Apocalipsis
significa
"revelación"; por consiguiente, nada de duro o de
impenetrable, sino, al contrario, la apertura de un paso hacia el
gran misterio de la salvación en Cristo Jesús. Juan
desea con este libro llevar a su término su ministerio de
evangelista, conduciéndonos a conocer cada vez mejor a
Jesús, el misterio de su muerte y resurrección, su
victoria sobre el mal y sobre el Maligno, y el gran acontecimiento
de su retorno final.
Después
de la revelación viene la bienaventuranza: "!Dichoso
el que lea y dichosos los que escuchen este mensaje profético!"
(v. 3a). Se trata de una bienaventuranza que se desprende de
la revelación y que quiere penetrar la tierra y el tiempo
en que vivimos. Con todo, es menester escuchar y cumplir "lo
que está escrito en él" (v. 3b): en este
sentido, la bienaventuranza prometida es, en parte, don y, en
parte, compromiso.
"Gracia
y paz a vosotras" (v.
4): el libro del Apocalipsis ha sido escrito para que también
a través de él podamos recibir la gracia que baja de
lo alto y la paz que Jesús nos ha asegurado. Estos dones
han sido prometidos no sólo a los creyentes particulares,
sino también a las Iglesias, a las que Juan se dispone a
escribir siete cartas. En efecto, la salvación es diálogo
y encuentro personal con el Señor Jesús, pero es,
asimismo, vínculo de comunión entre las comunidades
creyentes.
Salmo
Responsorial
Al
vencedor le daré a comer del árbol de la vida.
Salmo
1,1-2.3.4.6
V/. Dichoso el hombre que no sigue
el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los
pecadores, ni se sienta en la reunión de los
cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y
medita su ley día y noche.
R/.Al
vencedor le daré a comer del árbol de la vida.
V/.
Será como un árbol, plantado al borde de la
acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus
hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.
R/.Al
vencedor le daré a comer del árbol de la vida.
V/.
No así los impíos, no así; serán
paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el
camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba
mal.
R/.Al
vencedor le daré a comer del árbol de la vida.
Evangelio:
Lucas 18,35-43
35
Cuando
se acercaba a Jericó, un ciego, que estaba sentado junto al
camino pidiendo limosna,
36
oyó
pasar gente y preguntó qué era aquello.
37
Le
dijeron que pasaba Jesús, el Nazareno.
38
Entonces
él se puso a gritar: -Jesús, Hijo de David, ten
compasión de mí.
39
Los
que iban delante le reprendían, diciéndole que se
callara. Pero él gritaba todavía más fuerte:
-Hijo de David, ten compasión de mí.
40
Jesús
se detuvo y mandó que se lo trajesen. Cuando lo tuvo cerca,
le preguntó:
41
-Qué
quieres que haga por ti? Él respondió: -Señor,
que recobre la vista.
42
Jesús
le dijo: -Recóbrala; tu fe te ha salvado.
43
En
el acto recobró la vista y le siguió dando gloria a
Dios. Y todo el pueblo, al verlo, se puso a alabar a Dios.
**•
Lucas ambienta tanto el episodio de la curación del ciego
como el de Zaqueo -que encontraremos en la liturgia de mañana-
en las proximidades o en la ciudad de Jericó, ciudad que
evoca acontecimientos muy importantes
de
la historia de Israel. No debería tratarse de una simple
evocación, sino de un recuerdo entrañable también
para nosotros los cristianos: tanto Jerusalén como Jericó
son, para nosotros y para Lucas, ciudades que pertenecen tanto al
pasado como al presente de la historia bíblica; tanto hoy
como ayer, son lugares de teofanía y de salvación.
En
efecto, son pocos los puntos de contacto entre el episodio del
ciego y el de Zaqueo: mientras que Jesús presta atención
al ciego que yace al borde del camino (v. 40), la muchedumbre, por
el contrario, intenta hacerle callar (v. 39a); mientras que Jesús
llama a Zaqueo, que se ha subido a una higuera (19,5), la
muchedumbre, por el contrario, murmura cuando Zaqueo recibe a
Jesús (19,7).
Del
episodio del ciego es conveniente destacar las expresiones que
dirige a Jesús. Al principio le invoca como "hijo
de David" (v. 38) y le pide que tenga compasión
de él. Sin embargo, después le llama "Señor"
(v. 41) y le pide el milagro. No podemos dejar de señalar
una maduración en la fe de este pobre, a quien le han
presentado a Jesús sólo como "Jesús,
el Nazareno" (v. 37), y al que, a continuación,
reconoce como Mesías y Señor.
Al
final, cuando haya recibido el don de la vista, oirá de
labios de Jesús: "Tu fe te ha salvado" (v.
42). Es la fe lo que nos permite ver en lo profundo cuando se
trata de reconocer el misterio. Sólo con la fe se ve bien.
MEDITATIO
No
es malo tener miedo; es como una señal de alarma que nos
pone en guardia ante lo que puede dañarnos o destruirnos.
Cuando un creyente acosado por el miedo grita como Pedro:
"!Sálvame, Señor!", ese grito quizás
no le quite el miedo. La fe no dispensa de buscar otros remedios a
la angustia. Sin embargo, todo cambia si en el fondo del corazón
despierta la confianza en Dios. Esa confianza es la que nos salva.
Pablo hace un elenco largo de las fatigas, peligros y miedos que
ha tenido que pasar por Cristo (2 Cor 11,22-33), y todo lo fue
superando por la fuerza de aquel que lo salvó. Dios es una
mano tendida que nadie puede quitar: La fidelidad y la
misericordia de Dios están por encima de todo. Por encima,
incluso, de toda fatalidad y de toda culpa.
ORATIO
"!Sálvame,
oh Dios, que estoy con el agua al cuello!" (salmo 69).
CONTEMPLATIO
Vale
mucho a los ojos del Señor la vida de sus fieles, y
ningún género de crueldad puede destruir la religión
fundada en el misterio de la cruz de Cristo. Las persecuciones no
son en detrimento, sino en provecho de la Iglesia, y el campo del
Señor se viste siempre con una cosecha más rica al
nacer multiplicados los granos que caen uno a uno.
Por
esto, los millones de bienaventurados mártires atestiguan
cuan abundante es la prole en la que se han multiplicado estos dos
insignes vástagos plantados por Dios, ya que aquéllos,
emulando los triunfos de los apóstoles, han rodeado nuestra
ciudad por todos los lados con una multitud purpurada y rutilante,
y la han coronado a la manera de una diadema formada por una
hermosa variedad de piedras preciosas.
De
esta protección, amadísimos hermanos, preparada por
Dios para nosotros como un ejemplo de paciencia y para fortalecer
nuestra fe, hemos de alegrarnos siempre que celebramos la
conmemoración de cualquiera de los santos, pero nuestra
alegría ha de ser mayor aún cuando se trata de
conmemorar a estos padres, que destacan por encima de los demás,
ya que la gracia de Dios los elevó, entre los miembros de
la Iglesia, a tan alto lugar, que los puso como los dos ojos
de aquel cuerpo cuya cabeza es Cristo.
Respecto
a sus méritos y virtudes, que exceden cuanto pueda decirse,
no debemos hacer distinción ni oposición alguna, ya
que son iguales en la elección, semejantes en el trabajo,
parecidos en la muerte.
Como
nosotros mismos hemos experimentado y como han comprobado nuestros
mayores, creemos y confiamos que no ha de faltarnos la ayuda de
las oraciones de nuestros particulares patronos para obtener la
misericordia de Dios en medio de las dificultades de esta vida; y
así, cuanto más nos oprime el peso de nuestros
pecados, más levantarán nuestros ánimos los
méritos de los apóstoles. (Sermón 82 del
papa san León Magno, en el natalicio de los apóstoles
Pedro y Pablo.)
ACTIO
Repite
hoy esta frase de Pedro a Jesús: !Sálvame,
Señor!
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Encuentro
de Pedro y Pobló en Jerusalén:
Cuando
Dios, que me había elegido desde el vientre de mi madre, me
llamó por su gracia y me dio a conocer a su Hijo para que
yo lo anunciara entre los paganos, inmediatamente, sin consultar a
nadie, en lugar de ir a Jerusalén a ver a los que eran
apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y luego volví
a Damasco.
Al
cabo de tres años fui a Jerusalén para conocer a
Pedro y estuve con él quince días. Y no vi a ningún
otro apóstol fuera de Santiago, el hermano del Señor.
En todo esto que os escribo, bien sabe Dios que no miento. Después
fui a las regiones de Siria y de Cilicia, y, en cambio, era
desconocido personalmente por las iglesias cristianas de Judea.
Tan sólo oían decir: "El que antes nos
perseguía, ahora anuncia la fe que trataba de destruir",
y glorificaban a Dios por mi causa.
Al
cabo de catorce años, volví a Jerusalén con
Bernabé, llevando también a Tito. Fui, impulsado por
una revelación divina, y, en privado, expuse a los
dirigentes el Evangelio que predico a los paganos, para saber si
estaba o no trabajando inútilmente. Pues ni Tito, mi
compañero, que era griego, fue obligado a circuncidarse, a
pesar de que esos falsos hermanos intrusos se habían
infiltrado entre nosotros para espiar la libertad que tenemos en
Cristo Jesús y hacernos esclavos de la ley. Pero ni por un
momento les prestamos sumisión, para que la verdad del
Evangelio persevere entre vosotros. Los dirigentes no me añadieron
nada -lo que ellos fueron antes, no me interesa, pues Dios no
juzga por las apariencias-; antes al contrario, vieron que yo
había recibido la misión de anunciar el Evangelio a
los paganos, como Pedro a los judíos, pues el mismo Dios
que hizo a Pedro apóstol de los judíos me ha hecho a
mí apóstol de los paganos; y Santiago, Pedro y Juan,
que eran considerados como columnas, reconocieron que Dios me ha
dado este privilegio, y nos dieron la mano a mí y a Bernabé
en señal de que estaban de acuerdo en que nosotros nos
dedicáramos a los paganos y ellos a los judíos, con
tal que nos acordásemos de los pobres, lo que he procurado
hacer con el máximo interés (Gall,15).
Día
19
Martes semana XXXIII del
tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 3,1-6.14-22
Yo,
Juan, oí al Señor que me decía:
1
Escribe
al ángel de la Iglesia de Sardes: Esto dice el que tiene
los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: -Conozco
tus obras y, aunque tienes nombre de vivo, estás muerto.
2
Mantente,
pues, vigilante y reaviva lo que está a punto de morir,
porque he comprobado que tus obras no son irreprochables ante
Dios.
3
Recuerda
cómo escuchaste y recibiste la Palabra; consérvala y
cambia de conducta. Porque si no estás vigilante, vendré
como ladrón, sin que puedas saber a qué hora caeré
sobre ti.
4
Aunque
también es verdad que ahí, en Sardes, viven contigo
unos pocos que no han manchado sus vestidos; ésos me
acompañarán vestidos de blanco, porque así lo
han merecido.
5
Así
que el vencedor vestirá de blanco y no borraré su
nombre del libro de la vida; antes bien, lo defenderé
delante de mi Padre y de sus ángeles.
14
Escribe
al ángel de la Iglesia de Laodicea:
Esto
dice el Amén, el testigo fidedigno y veraz, el que está
en el origen de las cosas creadas por Dios:
15
-Conozco
tus obras y no eres ni frío ni caliente. !Ojalá
fueras frío o caliente!
16
Pero
eres sólo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a
vomitarte de mi boca.
17
Además,
andas diciendo que eres rico, que tienes muchas riquezas y nada te
falta. !Infeliz de ti! No sabes que eres miserable, pobre, ciego y
desnudo?
18
Si
quieres hacerte rico, te aconsejo que me compres oro acrisolado en
el fuego, vestidos blancos con los que cubrir la vergüenza de
tu desnudez y colirio para que unjas tus ojos y puedas ver.
19
Yo
reprendo y castigo a los que amo. Anímate, pues, y cambia
de conducta.
20
Mira
que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la
puerta, entraré en su casa y cenaré con él y
él conmigo.
21
Al
vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí, lo
mismo que yo también he vencido y estoy sentado junto a mi
Padre, en su mismo trono.
22
El
que tenga oídos que escuche lo que el Espíritu dice
a las Iglesias.
*"•
Tras las siete cartas que Juan envía a las siete Iglesias,
la liturgia de hoy nos presenta un par de ellas: del tenor de
estas dos cartas podemos intuir el mensaje que el apóstol
quiere enviar a cada comunidad cristiana. Podemos considerar estas
cartas como dirigidas a nosotros, en la medida en que nos hagamos
cargo de vivir el Evangelio en el que creemos. De estas misivas
podemos obtener una variada tipología de comunidades
creyentes: algunas están muertas desde el punto de vista
espiritual, otras están sólo tibias, otras se
encuentran amenazadas con la pérdida del sentido de novedad
que nos aporta la fe en Cristo, otras, por último, están
cerradas en sus falsas seguridades. Son todas las situaciones que,
a lo largo de los siglos, se han ido perpetuando, y a nadie le
está permitido aparentar que no está implicado
personalmente.
Para
una lectura global de las siete cartas es útil indicar la
estructura de fondo que caracteriza a todas: en primer lugar
aparecen las señas de cada Iglesia particular y la
invitación a escuchar a aquel que es la Palabra y
cuyo mensaje nos trae la salvación. En segundo lugar
aparece la afirmación "Conozco tus obras",
destinada a indicar que no sólo cada creyente, sino
cada comunidad creyente es para el Señor como un cuaderno
abierto. Sigue, después, la exhortación a la
vigilancia y al ánimo, tanto para desmantelar y
expulsar el mal que amenaza la vida espiritual de la comunidad
como para renovar su compromiso.
Salmo
Responsorial
Al
vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.
Salmo
14,2-3ab.3cd-4ab.5
V/. El que procede
honradamente y practica la justicia, el que tiene
intenciones leales y no calumnia con su lengua.
R/.Al
vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.
V/.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino. El
que considera despreciable al impío y honra a los que
temen al Señor.
R/.Al
vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.
V/.
El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el
inocente. El que así obra nunca fallará.
R/.Al
vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.
Evangelio:
Lucas 19,1-10
En
aquel tiempo,
1
Jesús
entró en Jericó y atravesaba la ciudad.
2
Había
en ella un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico,
3
que
quería ver a Jesús. Pero, como era bajo de estatura,
no podía verlo a causa del gentío.
4
Así
que echó a correr hacia adelante y se subió a una
higuera para verlo, porque iba a pasar por allí.
5
Cuando
Jesús llegó a aquel lugar, levantó los ojos y
le dijo: -Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme
en tu casa.
6
Él
bajó a toda prisa y lo recibió muy contento.
7
Al
ver esto, todos murmuraban y decían: -Se ha alojado en casa
de un pecador.
8
Pero
Zaqueo se puso en pie ante el Señor y le dijo: -Señor,
la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si engañé
a alguno, le devolveré cuatro veces más.
9
Jesús
le dijo; -Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues
también éste es hijo de Abrahán.
10
Pues
el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba
perdido.
*
Jesús ha entrado en Jericó y está atravesando
la ciudad cuando se encuentra con Zaqueo, un hombre bastante rico
y jefe de publícanos (w. lss). El itinerario de este hombre
merece también que nos ocupemos de él. Ya es
relevante el hecho de "que quería ver a Jesús"
(v.'3): no era sólo su pequeña estatura lo que
se lo impedía, sino también su lejanía
psicológica y espiritual.
De
todos modos, es cierto que Zaqueo aparece desde el principio como
un hombre que busca. Que buscaba de verdad lo sabemos a través
del desarrollo de esta perícopa evangélica, en la
que percibimos de inmediato la iniciativa de Jesús, que
levanta la mirada e invita a Zaqueo a que baje del árbol
(v. 5). También Jesús, por consiguiente, desea
conocer profundamente a Zaqueo y satisfacer su búsqueda. Su
encuentro se convierte de inmediato en momento de gracia: ".Hoy
tengo que alojarme en tu casa... Hoy ha llegado la salvación
a esta casa" (w. 5.9). En este "hoy" no podemos
dejar de reconocer, por un lado, la realización de la
misión de Jesús y, por otro, la apertura de todo
verdadero buscador al don de la salvación. Permanecer
abiertos al hoy de Dios, percibir la presencia de Dios en el hoy
del hombre, constituye el gran secreto de quien está
verdaderamente dispuesto a caminar detrás de Jesús.
Para decirlo con sus propias palabras, Jesús "ha
venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (v. 10):
a cada uno se le ofrece la oportunidad de verle, de encontrarle y
de reconocerle por lo que es verdaderamente.
MEDITATIO
La
liturgia de la Palabra que nos propone hoy la Iglesia presenta las
dos dimensiones de la salvación en Cristo Jesús: la
estrictamente personal y la comunitaria. Bien estará que
detengamos nuestra reflexión sobre estos dos momentos del
único itinerario que va desde la fe al testimonio de vida.
Por
un lado, tenemos a Zaqueo, que, tras haber reconocido a Jesús
y haberlo recibido en su casa "muy contento" e
indiferente a las murmuraciones de la gente que le considera "un
pecador" público, decide dar la mitad de sus
bienes a los pobres y, en caso de fraude, restituir "cuatro
veces más". Así pues, su fe es una fe
eficaz, una fe que no tarda en traducirse en opciones concretas y
en gestos de benevolencia con el prójimo, sobre todo con
los pobres. Sabemos muy bien que si la fe no se traduce en "buenas
obras" no es auténtica, no es creíble, no es
camino.
Por
otro lado, tenemos las comunidades cristianas a las que se
dirige el apóstol Juan en la primera lectura: su
comportamiento deja mucho que desear en diferentes aspectos y el
apóstol no puede callar: sería caer en connivencia,
sería comprometerse él mismo. Por eso hace lo
contrario: les indica a las comunidades la necesidad de traducir
en gestos concretos y creíbles la fe que profesan
públicamente. Un compromiso como ése tiene dos
aspectos: el primero es negativo y consiste en la necesidad de
eliminar de la vida comunitaria todo lo que pueda comprometer su
salud espiritual; el segundo es positivo y consiste en cultivar
con alegría y un sentido de gran responsabilidad el don de
la fe. Como perspectiva última de este compromiso, el
apóstol habla del premio reservado a todos los que, con
Jesús y como Jesús, podrán ser reconocidos
como "vencedores".
ORATIO
!Señor
Jesús, cuántos muertos andantes por uno solo que
vive! Está muerto quien se alimenta del alboroto babélico
que le rodea. Un alboroto hecho a base de televisión,
discotecas, rumor, curiosidades inútiles. Está vivo
el que, alejado de una propaganda interesada, es capaz de
mantenerse en silencio para ir en busca de la verdad. Está
muerto quien corre de una manera frenética, sin meta,
hipnotizado por la moda, drogado por la diversión y la
actividad desenfrenada. Está vivo quien es capaz de
cultivar una libertad interior que le permite comprar "oro
acrisolado en el fuego" para ir contra la corriente hacia
el verdadero bien; "vestidos blancos" para
convertirse en personas reflexivas y capaces de vencer una
superficialidad que se propaga; "colirio" para
recuperar la vista y estar así en condiciones de llevar a
cabo decisiones equilibradas y responsables.
Está
muerto quien, radiante del poder y de la neurosis del beneficio,
se acomoda en su bienestar, indiferente a las tragedias humanas,
impermeable a las llamadas de la justicia. Está vivo quien
no ignora el mal que ha hecho ni se esconde o huye, sino que
intenta restituir cuatro veces más para restablecer a la
persona ofendida.
!Señor
Jesús, cuántos muertos andantes por uno solo que
vive!
CONTEMPLATIO
Y
ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón
dónde y cómo buscarte, dónde y cómo
encontrarte.
Señor,
si no estás aquí, dónde te buscaré,
estando ausente? Si estás por doquier, cómo no
descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad
inaccesible.
Pero
dónde se halla esa inaccesible claridad? Cómo me
acercaré a ella? Quién me conducirá hasta ahí
para verte en ella? Y luego, con qué señales, bajo
qué rasgo te buscaré? Nunca te vi, Señor,
Dios mío; no conozco tu rostro.
Qué
hará, altísimo Señor, éste tu
desterrado tan lejos de ti? Qué hará tu servidor,
ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, pero
tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a
ti, pero tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de
encontrarte, pero ignora dónde vives. No suspira más
que por ti, pero jamás ha visto tu rostro.
Señor,
tú eres mi Dios, mi dueño, pero, con todo, nunca te
vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los
bienes que poseo, pero aún no te conozco. Me creaste, en
fin, para verte, pero todavía nada he hecho de aquello para
lo que fui creado.
Entonces,
Señor, hasta cuándo? Hasta cuándo te
olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro?
Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás?
Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás
tu rostro? Cuándo volverás a nosotros?
Míranos,
Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate
a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que
todo nos vaya bien; sin eso, todo será malo. Ten piedad de
nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada
podemos.
Enséñame
a buscarte y muéstrate a quien te busca, porque no puedo ir
en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo
encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré,
buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote
te amaré (Anselmo de Canterbury, Proslogion, capítulo
1).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Mira
que estoy llamando a la puerta"
(Ap
3,20).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Aunque
no siempre de una manera consciente y clara, en el corazón
del hombre existe una profunda nostalgia de Dios, que san Ignacio
de Antioquía expresó así, de una manera
elocuente: "Un agua viva susurra en mí y me dice por
dentro: "Ven al Padre"" [Ad Rom 7). "Señor,
muéstrame tu gloría", suplica Moisés
en la montaña (Ex 33,18).
"A
Dios nadie lo vio jamás; el Hijo único, que es Dios
y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer"
(Jn
1,18). Es, por tanto, suficiente con conocer al Hijo para conocer
al Padre? Felipe no se deja convencer fácilmente:
"Muéstranos
al Padre ", pide.
Su insistencia nos obtiene una respuesta que supera nuestras
expectativas: "Llevo
tanto tiempo con vosotros, y aún no me conoces, Felipe? El
que me ve a mí ve al Padre" (Jn
14,8-11).
Tras
la encarnación, existe un rostro de hombre en el que es
posible ver a Dios: "Debéis creerme cuando afirmo
que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí",
dice Jesús no sólo a Felipe, sino a todos los
que crean (Jn 14,1 1). Desde entonces, quien acoge al Hijo de Dios
acoge a aquel que le ha enviado (Juan Pablo II).
Día
20
Miércoles semana XXXIII
del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 4,1-11
Yo,
Juan,
1
después
de todo esto, tuve una visión. Vi una puerta abierta en el
cielo, y aquella voz semejante a una trompeta que me había
hablado al principio, decía: -Sube aquí y te
mostraré lo que va a suceder en adelante.
2
De
pronto caí en éxtasis y vi un trono colocado en el
cielo y alguien sentado en el trono.
3
El
que estaba sentado tenía un aspecto resplandeciente, como
piedra de jaspe o de sardonio, y un halo parecido a la esmeralda
rodeaba el trono.
4
Alrededor
del trono había otros veinticuatro tronos, en los que
estaban sentados veinticuatro ancianos vestidos de blanco y con
coronas de oro en la cabeza.
5
Relámpagos
y truenos retumbantes salían del trono: siete lámparas
de fuego -que son los siete espíritus de Dios- ardían
en presencia del trono,
6
y
delante había también un mar transparente como de
cristal. En medio del trono y a su alrededor había cuatro
seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás.
7
El
primero era como un león; el segundo como un toro; el
tercero tenía el rostro semejante al de un hombre, y el
cuarto se parecía a un águila en vuelo.
8
Cada
uno de los cuatro seres vivientes tenía seis alas, y
estaban llenos de ojos por fuera y por dentro. Y día y
noche proclamaban sin cesar:
Santo,
santo, santo,
Señor
Dios todopoderoso,
El
que era, el que es
y
el que está a punto de llegar.
9
Y
cada vez que los seres vivientes daban gloria, honor y acción
de gracias al que está sentado en el trono y vive por
siempre,
10
los
veinticuatro ancianos se postraban ante el que está sentado
en el trono, adoraban al que vive para siempre y arrojaban sus
coronas a los pies del trono diciendo:
11
Digno
eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor
y el poder. Tú has creado todas las cosas; en tu designio
existían y según él fueron creadas.
**•
Tras las siete cartas a las siete Iglesias, prosigue el libro del
Apocalipsis con dos visiones, la primera de las cuales constituye
la primera lectura de esta liturgia. Por medio de algunos
símbolos, bien conocidos por los que conocen el Antiguo
Testamento, construye el apóstol Juan un gran escenario que
tiene en su centro un trono de gloria. En este trono está
sentado el Eterno, el Creador de todas las cosas (v. 2). Ante el
Eterno se desarrolla una especie de procesión y se eleva
una especie de himno de alabanza y de acción de gracias.
Los elementos descriptivos sirven únicamente para
concentrar la atención de todos -también la nuestra-
sobre "aquel que está sentado en el trono",
porque es Dios y sólo a él se le debe todo acto
de adoración. De ahí que la visión descrita
por el apóstol Juan tenga una función eminentemente
práctica: la de introducirnos a cada uno de nosotros o,
mejor, a la asamblea litúrgica que celebra los santos
misterios, en esa liturgia celestial que constituye el modelo de
toda liturgia terrestre.
Las
distintas aclamaciones que suben hacia el Eterno, el "Señor
Dios todopoderoso" (v. 8), constituyen la expresión
de una piedad que conserva intacto su valor, tanto hoy como ayer.
En primer lugar, el trisagio, el "tres veces santo",
dirigido a "el que era, el que es y el que está a
punto de llegar". Es fácil advertir que en esta
triple indicación cronológica está
sintetizada, en cierto modo, toda la historia de la humanidad, la
cual, en cuanto visitada por Dios, se convierte en historia de la
salvación.
El
otro himno de alabanza, que cierra esta primera lectura (v. 11),
reconoce en aquel que está sentado en el trono al Creador
de todas las cosas y cuya voluntad está en el origen de la
creación. De manera implícita captamos una
invitación a no albergar temor alguno, en virtud de la
protección que nos viene del Eterno.
Salmo
Responsorial
Santo,
Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.
Salmo
150,1-2.3-4.5
R/.Santo, Santo, Santo es el
Señor Dios, el todopoderoso.
V/. Alabad al Señor
en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. Alabadlo por
sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.
R/.Santo,
Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.
V/.
Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y
cítaras; alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con
trompas y flautas.
R/.Santo,
Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.
V/.
Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos
vibrantes. Todo ser que alienta alabe al Señor.
R/.Santo,
Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.
Evangelio:
Lucas 19,11-28
En
aquel tiempo,
11
les
contó otra parábola, porque estaba cerca de
Jerusalén y ellos creían que el Reino de Dios iba a
manifestarse inmediatamente.
12
Les
dijo, pues: -Un hombre noble marchó a un país lejano
para ser coronado rey y regresar después.
13
Llamó
a diez criados suyos y a cada uno le dio una importante cantidad
de dinero diciéndoles: "Negociad con ello hasta que yo
vuelva".
14
Pero
sus conciudadanos le odiaban y enviaron tras él una
embajada a decir que no lo querían como rey.
15
Cuando
regresó, investido del poder real, mandó venir a sus
criados, a quienes había dado el dinero, para saber cómo
había negociado cada uno.
16
El
primero se presentó y dijo: "Señor, tu dinero
ha producido diez veces más".
17
Él
dijo: "Muy bien, has sido un buen criado; puesto que has sido
fiel en lo poco, recibe el gobierno de diez ciudades".
18
Vino
el segundo y dijo: "Tu dinero, señor, ha producido
cinco veces más". 19
Y
también a éste le dijo: "Tú recibirás
el mando sobre cinco ciudades".
20
Vino
el otro y dijo: "Señor, aquí tienes tu dinero;
lo he tenido guardado en un pañuelo
21
por
temor a ti, que eres un hombre severo, pues exiges lo que no diste
y quieres cosechar lo que no sembraste".
22
El
señor le replicó: "Eres un mal criado y tus
mismas palabras te condenan. Sabías que soy severo, que
exijo lo que no he dado y cosecho lo que no he sembrado?
23
Entonces,
por qué no pusiste mi dinero en el banco para que, al
volver, lo recobrase con los intereses?".
24
Y
dijo a los que estaban presentes: "Quitadle lo que le di y
dádselo al que lo hizo producir diez veces más
25
Le
dijeron: "Señor, !pero si ya tiene diez veces más!
26
Pues
yo os digo: "Al que tiene se le dará, y al que no
tiene se le quitará incluso lo que tiene.
27
En
cuanto a mis enemigos, esos que no me querían como rey,
traedlos aquí y degolladlos en mi presencia".
28
Y
dicho esto, Jesús siguió su camino, subiendo hacia
Jerusalén.
**•
Para comprender la parábola de los talentos es preciso
tener presentes dos motivos fundamentales que se entrelazan en
esta perícopa lucana: por un lado, Lucas quiere decir lo
que significa ser discípulo; por otro, introduce el hecho
del rey rechazado. El primer motivo prosigue y desarrolla el tema
de las páginas precedentes, mientras que el segundo
introduce el tema de las páginas que siguen. Pero es
preciso que nos fijemos también en el inicio de esta
parábola (v. 11), porque con ella Lucas pretende ilustrar
el tema de la inminencia escatológica, enlazando así
no sólo con el acontecimiento histórico de la
entrada de Jesús en Jerusalén, sino también
con la cuestión del "cuándo vendrá el
Reino de Dios" (cf. Le 17,20).
Del
enlace de todos estos motivos es obvio que resulta una
interpretación múltiple y diferenciada de la misma
parábola, en la que Lucas, por otra parte, introduce
algunos retoques personales. Por ejemplo, la alusión al
"país lejano" (v. 12) al que se marchó
el hombre noble: de este modo indica Lucas que queda todavía
una gran cantidad de tiempo antes de que vuelva el Señor.
Bueno será recordar que también en 21,8 pondrá
Lucas en guardia contra un posible error de valoración y de
perspectiva en la espera del retorno del Señor.
Otro
detalle lucano que merece ser puesto de relieve es el deber de
hacer fructificar las minas o talentos. En efecto, si bien el
Señor tarda en venir, no es menos cierto que vendrá
y que lo hará como juez; ante él es preciso
presentarse con frutos en las manos para que no nos diga que no
nos conoce (cf. también Le 12,47ss).
La
exhortación evangélica llega así a todo
verdadero discípulo de Jesús.
MEDITATIO
La
parábola de Lucas, con su casi inagotable riqueza, nos
invita a reflexionar sobre algunas actitudes típicas del
discípulo al que se le dice que ha sido un criado bueno y
fiel. Pero es preciso excavar en lo hondo de estos dos adjetivos
calificativos para entrar en el mensaje evangélico. En
efecto, Jesús no recomienda una fidelidad genérica o
una bondad común, sino una fidelidad que se concreta en la
obediencia a la voluntad del Señor y una bondad que
se manifiesta en la disponibilidad total.
Estas
dos actitudes revelan, por consiguiente, el ideal evangélico
que Jesús quiere presentar y, en consecuencia, la
espiritualidad propia de todo discípulo suyo. La fidelidad
y la bondad son como las dos caras de una medalla; son dos
aspectos de una sola personalidad que no se califica, ciertamente,
por las cualidades morales, sino por el don de la gracia recibida
y por el deseo constante de vivir según la voluntad del
Maestro.
A
diferencia de Mateo, que califica al siervo malo de "perezoso",
Lucas le califica de "desobediente": he aquí otra
pequeña diferencia que sólo puede poner de relieve
una comparación sinóptica entre los dos
evangelistas.
De
este modo, el lector podrá sentirse adiestrado para seguir
a cada evangelista por las pistas que le son propias y podrá
componer las diferentes teselas del único retrato de Jesús.
Ahora bien, si pasamos del ámbito de la redacción de
ambos evangelistas al ámbito del Jesús histórico,
es casi seguro que Jesús -frente al miedo de los fariseos,
que habían subvertido todo el sistema de los valores-
invita a sus discípulos, con esta parábola, a vencer
todo miedo respecto a Dios y a alimentar una confianza profunda y
total, que no teme a veces el riesgo y mantiene siempre abierto el
corazón del discípulo al abandono total en su Dios.
ORATIO
Santo,
santo, santo es el Señor.
Has
hecho el mundo para nosotros:
las
flores de mil colores para alegrarnos;
la
lluvia para refrescar la tierra;
los
pájaros para llenar el aire de cantos;
la
luna y las estrellas para hacernos soñar.
Santo,
santo, santo es el Señor.
Nos
has creado y nos has colmado de dones:
la
inteligencia para captar tus maravillas;
la
voluntad para amar el universo;
la
fantasía para alcanzar lo imposible;
la
sonrisa para difundir tu alegría.
Santo,
santo, santo es el Señor.
Haznos
comprender:
la
dimensión original e inefable de tus dones,
que
escapan a cualquier juicio trivial;
la
gravedad que encierra enterrar cualquier don
por
miedo o por envidia,
por
pereza o por favorecer nuestros planes;
la
responsabilidad de hacerlos fructificar,
porque
la esencia del don es ser entregado.
Santo,
santo, santo es el Señor.
CONTEMPLATIO
Siempre
resultará provechoso esforzarse en profundizar en el
contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe
de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la
entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la
conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está
fundamentada la Iglesia, de manera que todo el que se aparta de
esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal.
Existe,
pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es
Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene
mezclado ningún elemento extraño o externo, que no
se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda
ella es creadora, es consistente por naturaleza, y su actividad es
única. El Padre hace todas las cosas a través del
que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera,
queda a salvo la unidad de la Santa Trinidad. Así, en la
Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo
penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto
Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra;
lo invade todo, en el Espíritu Santo.
San
Pablo, hablando a los corintios acerca de los dones del Espíritu,
lo reduce todo al único Dios Padre, como al origen de todo,
así: hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu;
hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor, y hay
diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en
todos.
El
Padre es quien da, por mediación de aquel que es su
Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno. Porque
todo lo que es del Padre es también del Hijo; por esto,
todo lo q u e da el Hijo en el Espíritu es realmente don
del Padre. De manera semejante, cuando el Espíritu está
en nosotros, le está también la Palabra, de quien
recibimos el Espíritu, y en la Palabra está también
el Padre, realizándose así estas palabras: "El
Padre y yo vendremos a él y haremos monda en él".
Porque donde está la luz, allí está
también el resplandor, y donde está el resplandor,
allí están también ÍU eficiencia y su
gracia esplendorosa.
Es
lo que nos enseña el mismo Pablo en su segunda Carta a los
Corintios, cuando dice: "La gracia de Jesucristo, el
Señor, el amor de Dios y la comunión en los dones
del Espíritu Sant, estén con todos vosotros".
Porque toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos
da por el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu
Santo. Pues así como la gracia se nos da por el Padre, a
través del Hijo, así también no podemos
recibir ningún don si no es en el Espíritu Santo, ya
que, hechos partícipes del mismo, poseemos el amor del
Padre, la gracia del Hijo y la comunión de este Espíritu
(Atanasio de Alejandría).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Santo,
santo, santo, Señor Dios todopoderoso"
(Ap4,8).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
trabajo es el contenido característico de la que llamamos
jornada laboral o vida cotidiana. A buen seguro, es posible
sublimar el trabajo y engrandecer el noble y embriagador poder
creativo del hombre. También podemos abusar de él,
como se hace con tanta frecuencia, para huir de nosotros mismos,
del misterio y del enigma de la existencia, del ansia, que nos
hacen buscar sobre todo la verdadera seguridad.
El
trabajo auténtico se encuentra en medio. No es ni la cima
ni el analgésico de la existencia. Es, simplemente,
trabajo: duro y, sin embargo, soportable, ordinario y habitual,
monótono y siempre igual, inevitable y -si no se pervierte
en amarga esclavitud- prosaicamente amistoso. Él conserva
nuestra vida, mientras, al mismo tiempo, la consume lentamente.
El
trabajo no puede gustarnos nunca del todo. Incluso cuando empieza
como realización del supremo impulso creativo del hombre,
se convierte, de manera inevitable, en ritmo acelerado, en gris
repetición de la misma acción, en afirmación
frente a lo imprevisto y a la pesadez de lo que el hombre no obra
desde el interior, sino que lo sufre desde el exterior, como por
obra de un enemigo. Sin embargo, el trabajo es también
constantemente un tener que ponerse a disposición de los
otros siguiendo un ritmo preexistente, una contribución a
un fin común que ninguno de nosotros se ha buscado por sí
solo. Por eso es un acto de obediencia y un perderse en lo que es
general [...].
El
trabajo, no por sí mismo, sino por efecto de la gracia de
Cristo, puede ser "realizado en el Señor" y
convertirse en ejercicio de esa actitud y de esa disposición
a las que Dios puede conferir el premio de la vida eterna:
ejercicio de la paciencia -que es la forma asumida por la vida
cotidiana-, de la fidelidad, de la objetividad, del sentido de la
responsabilidad, del desinterés que alienta el amor (K.
Rahner
Día
21
Presentación de la Santísima
Virgen María
Sólo
los apócrifos imaginan y se extienden en la descripción
de la presentación de María en el templo de
Jerusalén. Junto a este templo decretó construir el
emperador Justiniano una iglesia mariana, que fue dedicada el 21
de noviembre del año 543 y destruida setenta años
después.
Esta
memoria se instauró como celebración litúrgica
en Constantinopla en el siglo VIII. Su difusión en
Occidente fue lenta y tuvo lugar primero en el ámbito
local; en 1472, fue extendida a toda la Iglesia latina. Ésta
figura entre las memorias que, "prescindiendo del aspecto
apócrifo, proponen contenidos de alto valor ejemplar,
continuando venerables tradiciones" (Marialis cultus, 8).
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 5,1-10
Yo,
Juan,
1
en
la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un libro
escrito por dentro y por fuera y sellado con siete sellos.
2
Y
vi también un ángel pleno de vigor que clamaba con
voz potente: -Quién es digno de abrir el libro y romper sus
sellos?
3
Y
nadie en el cielo, ni en la tierra ni debajo de la tierra podía
abrir el libro y ver su contenido.
4
Entonces
yo me eché a llorar desconsoladamente, porque nadie era
digno de abrir el libro y ver su contenido.
5
Y
uno de los ancianos me dijo: -No llores, pues ha vencido el
león de la tribu de Judá, el retoño de David,
y él abrirá el libro rompiendo sus siete sellos.
6
Vi
entonces en medio del trono, de los cuatro seres vivientes y de
los ancianos, un Cordero en pie con señales de haber sido
degollado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los
siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
7
Se
acercó el Cordero y tomó el libro de la mano derecha
del que estaba sentado en el trono;
8
y
cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los
veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero. Tenía
cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que
son las oraciones de los santos.
9
Cantaban
un cántico nuevo que decía:
Eres
digno de recibir el libro
y
romper sus sellos,
porque
has sido degollado
y
con tu sangre has adquirido para Dios
hombres
de toda raza,
lengua,
pueblo y nación,
10
y
los has constituido en reino para nuestro Dios y en sacerdotes que
reinarán sobre la tierra.
*••
También este capítulo del libro del Apocalipsis se
caracteriza por una visión grandiosa y sencilla al mismo
tiempo. Esta visión nos aporta un mensaje claro: la
historia humana es, ciertamente, un misterio, porque en ella está
la presencia de Dios, pero es un misterio, al menos en parte,
comprensible, porque Dios mismo nos ofrece la clave de lectura de
la misma.
El
símbolo del libro "sellado con siete sellos"
(v. 1) se puede interpretar con bastante facilidad: todo queda
envuelto en el misterio si no hay alguien que venga a "romper
sus sellos" (v. 2). Éste es Jesús, el
Cordero inmolado, el único "digno de recibir el
libro y romper sus sellos, porque has sido degollado y con tu
sangre has adquirido para Dios hombres de toda raza, lengua,
pueblo y nación" (v. 9). También el símbolo
del llanto tiene un significado evidente: mientras no venga Jesús
a romper los sellos de ese libro, cada uno de nosotros está
como condenado a vivir en medio de la tristeza y de la amargura
más profundas. Se alude así al drama de todos
aquellos que, por diferentes motivos, tienen los ojos cerrados
para el gran acontecimiento de salvación que se sitúa
en el centro de la historia humana y la ilumina con la luz del
día.
En
contraste con el llanto de los que no pueden leer su contenido, se
eleva el "cántico nuevo" (v. 9) de los que
siguen al Cordero y son introducidos por él en la
comprensión del misterio. Ésos forman el reino de
sacerdotes (v. 10) que Jesús ha constituido para su Dios y
nuestro Dios, salvándolos del pecado. Se trata de ese
sacerdocio universal del que participan todos los que, por medio
del bautismo, han sido lavados con la sangre del Cordero y
revestidos con sus vestiduras blancas.
Salmo
Responsorial
Has
hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.
Salmo
149,1-2.3-4.5-6a.9b
V/.
Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su
alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por
su Creador, los hijos de Sión por su Rey.
R/
Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de
sacerdotes.
V/.
Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y
cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y
adorna con la victoria a los humildes.
R/
Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de
sacerdotes.
V/. Que
los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con
vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus
fieles.
R/
Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.
Evangelio:
Lucas 19,41-44
En
aquel tiempo,
41
cuando
Jesús se fue acercando, al ver la ciudad, lloró por
ella
42
y
dijo: -!Si en este día comprendieras tú también
los caminos de la paz! Pero tus ojos siguen cerrados.
43
Llegará
un día en el que tus enemigos te rodearán con
trincheras, te cercarán y te acosarán por todas
partes;
44
te
pisotearán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No
dejarán piedra sobre piedra en tu recinto, por no haber
reconocido el momento en el que Dios ha venido a visitarte.
*•• El lamento
de Jesús por Jerusalén, muy arcaico en el tono y en
la lengua, parece remontarse a una fuente muy próxima al
Jesús histórico. Es uno de los poquísimos
episodios en los que Jesús llora, mostrando la profunda
humanidad de sus sentimientos. El destino de la ciudad santa, que
simboliza el destino de todo el pueblo, es considerado como el
cumplimiento de una voluntad superior, de un juicio divino
ineluctable ("tus
ojos siguen cerrados" para
el camino de la paz: en la pasiva del lenguaje bíblico se
sobreentiende que Dios es el sujeto activo de la acción).
El lenguaje escatológico
de Jesús, que recuerda las invectivas proféticas,
contrapone "este
día", el
de la posible salvación, a los "días"
del
juicio que vendrán. Salvación y juicio se conjugan
en la expresión "el
momento en el que Dios ha venido a visitarte" (v.
44): la "visita", en efecto (episcopé)
puede
significar en su raíz hebrea paqadh
"castigo",
pero también "gracia".
La destrucción de
Jerusalén es claramente una profecía ex
eventu: Lucas
escribe después del año 70. Sin embargo, eso no
disminuye su valor: Jesús fue ejecutado, como ya lo habían
sido muchos profetas, también a causa de sus palabras sobre
la suerte del templo y del pueblo (cf.
Mt
26,61). El episodio tiene valor no como demostración de una
capacidad adivinatoria, sino como clave de lectura para
interpretar el significado de la historia vivida por la comunidad
a la que se dirige el evangelista.
MEDITATIO
El
acontecimiento de la "presentación" no aparece en
ningún texto neotestamentario, y, además, es
improbable lo que cierta tradición le atribuye, a saber:
confiar una niña al clero de Jerusalén, en un templo
inaccesible, por otra parte, a las mujeres. Ahora bien, el
leccionario litúrgico ofrece una propuesta unitaria para
dar verosimilitud a la interpretación del acontecimiento:
es la tipología de la presencia. Ambas lecturas se
detienen en torno a esa modalidad relacional.
El
oráculo de Zacarías proclama la presencia de Dios en
el templo y transmite la palabra del mismo Dios, que se presenta
desplegando el sentido y el significado de esa deliberación
suya.
El
evangelio según Marcos refiere una presencia de María
en el lugar en el que se encuentra Jesús, y las palabras de
éste hacen las veces de presentación de la identidad
de quien él considera su auténtica familia. El
mensaje se presenta bastante claro: el Señor está
presente ante la persona humana, y a ésta se le abre la vía
para presentarse ante el Señor. El templo asume la función
de hacer visible el encuentro entre dos presencias. Sobre el fondo
de un símbolo delicado como es la presencia de una niña
en la solemnidad de un templo, o sea, precisamente la susodicha
"presentación", la liturgia nos invita hoy a
meditar sobre el sentido de una presentación de nosotros
mismos ante el Señor. Nuestra propia presencia ante el
Señor se convierte en presentación cada vez que ésta
es iluminada, explicada, motivada, cultivada por una conciencia.
El
símbolo de la presentación de María en el
templo, por consiguiente, equivaldría a la conciencia de la
identidad de María y de su función junto al Mesías,
que va creciendo poco a poco: primero, por parte de sus familiares
-o sea, la de los otros-; a continuación, por parte de la
misma María y, por último, por parte de los
posteriores creyentes. El sentido sustancial es éste: María
está siempre en presencia del Señor, totalmente
dedicada a servir, peregrina en el conocimiento.
ORATIO
Santa
María, hija del Israel y guardiana del Evangelio, salve.
Mujer casta, florecida a la luz del amor del Señor,
socórrenos e n el trabajo de apartar los velos que
obstaculizan la pureza de nuestro corazón para ver a
Dios;
mujer humilde, crecida a la sobra del Omnipotente, guíanos
a la alegría del testimonio de que hemos encontrado al
Señor.
Virgen
orante en las liturgias de tu pueblo, peregrina ante Dios en su
templo santo, presencia materna en la Iglesia en oración,
acompáñanos cuando nos presentemos ante la Santísima
Trinidad para implorar misericordia y contemplar su rostro.
Templo
santificado por el Espíritu, custodia en los santos
braseros los granos de incienso de nuestros sacrificios y las
luces encendidas de nuestras esperanzas mediante tu caridad
agradable a Dios. Sierva presente en toda fiesta de fraternidad,
acoge la oración de tus siervos.
CONTEMPLATIO
Preocupaos
más, hermanos míos, preocupaos más, por
favor, de lo que dijo el Señor, extendiendo la mano sobre
sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos, y
quien hiciere la voluntad de mi Padre, que me envió, es
para mí un hermano, hermana y madre (Mt 12,49-50).
Acaso
no hacía la voluntad del Padre la Virgen María, que
en la fe creyó, en la fe concibió, elegida para que
de ella nos naciera la salvación entre los hombres, creada
por Cristo antes de que Cristo fuese en ella creado? Hizo sin duda
Santa María la voluntad del Padre; por eso, es más
para María ser discípula de Cristo que haber sido
madre de Cristo. Más dicha le aporta el haber sido
discípula de Cristo que el haber sido su madre. Por eso era
María bienaventurada, pues antes de dar a luz llevó
en su seno al Maestro. Mira si no es cierto lo que digo.
Mientras
caminaba el Señor con las turbas que le seguían,
haciendo divinos milagros, una mujer gritó: !Bienaventurado
el vientre que te llevó! Más, para que no se
buscase la felicidad en la carne, qué replicó el
Señor?
Más
bien, bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan
(Le
11,27-28). Por eso era bienaventurada María, porque oyó
la Palabra de Dios y la guardó: guardó la verdad en
la mente mejor que la carne en su seno. Verdad es Cristo, carne es
Cristo; Cristo Verdad estaba en la mente de María, Cristo
carne estaba en el seno de María: más es lo que está
en la mente que lo que es llevado en el vientre. Santa es María,
bienaventurada es María, pero mejor es la Iglesia que la
Virgen María. Por qué? Porque María es una
porción de Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente,
un miembro supereminente, pero al fin miembro de un cuerpo entero.
Si
es parte del cuerpo entero, más es el cuerpo que uno de sus
miembros. El Señor es cabeza y el Cristo total es cabeza y
cuerpo. Qué diré? Tenemos una cabeza divina, tenemos
a Dios como cabeza (Agustín de Hipona, Sermón
72/A, 7).
ACTIO
Permanece
largo tiempo en la iglesia ante una imagen de María y
repite hoy: "Bienaventurado
el que cumple la voluntad de Dios".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Y
cuando la niña llegó a la edad de tres años,
Joaquín dijo: "Llamad a las hijas de los hebreos que
estén sin mancilla y que tome cada cual una lámpara,
y que estas lámparas se enciendan, para que la niña
no vuelva atrás y para que su corazón no se fije en
nada que esté fuera del templo del Señor". Y
ellas hicieron lo que se les mandaba, hasta el momento en que
subieron al templo del Señor. Y el gran sacerdote recibió
a la niña y, abrazándola, la bendijo y exclamó:
"El Señor ha glorificado tu nombre en todas las
generaciones. Y en ti, hasta el último día, el Señor
hará ver la redención por él concedida a los
hijos de Israel". E hizo sentarse a la niña en la
tercera grada del altar, y el Señor envió su gracia
sobre ella, y ella danzó sobre sus pies y toda la casa de
Israel la amó. Y sus padres salieron del templo llenos de
admiración y glorificando al Omnipotente, porque la niña
no se había vuelto atrás. Y María permaneció
en el templo del Señor, nutriéndose como una paloma,
y recibía su alimento de manos de un ángel
(Protoevangelio de Santiago Vil, 2-VIII, 1).
Día
22
Viernes semana XXXIII del
tiempo ordinario o 22 de noviembre,
Santa Cecilia
Al
igual que la de otros mártires de los primeros siglos
cristianos, la vida de santa Cecilia nos es casi desconocida. Las
Actas del martirio (siglos V-VI), aunque no tienen un
carácter histórico y calcan esquemas hagiográficos
típicos, reciben, no obstante, la confirmación de la
historicidad de la mártir por el culto que se le atribuía
ya antes del año 313, atestiguado por la inserción
del nombre de Cecilia en los antiguos martirologios y en el canon
romano, por la dedicación de la basílica homónima
en el Trastevere y por la dotación del sarcófago que
inicialmente contuvo sus restos (siglo III).
A
Cecilia se la considera patrona de la música y del canto a
causa de la interpretación que la piedad popular dio a la
expresión de las Actas: "Actibus organis Caecilia
decantabat !n corde suo".
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 10,8-11
Yo,
Juan, oí una voz del cielo:
8
Vete
y toma el libro que tiene abierto en su mano el ángel que
está de pie sobre el mar y sobre la tierra.
9
Me
acerqué al ángel y le pedí que me diera el
libro. Y me respondió: -Toma, cómetelo; te amargará
las entrañas, pero en tu boca será dulce como la
miel.
10
Tomé
el libro de la mano del ángel y lo comí. Y resultó
dulce como la miel en mi boca, pero, cuando lo hube comido, se
llenaron mis entrañas de amargor.
11
Y
alguien me dijo: -Tienes aún que profetizar sobre
muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.
**•
El autor del libro del Apocalipsis está implicado
personalmente en el acontecimiento profético. Oye, en
efecto, una voz del cielo que le invita a tomar el libro y
devorarlo (w. 8ss). Sigue la orden con prontitud y, apenas lo ha
engullido, siente al mismo tiempo dulzura y amargura (v. 10).
Tenemos aquí un símbolo muy claro de la misión
profética a la que está llamado no sóloJuan,
sino cualquier miembro del pueblo de Dios. La Palabra, que, aunque
está sellada en el gran libro, quiere convertirse en una
voz que llega a cada uno de nosotros, nos interpela y nos
responsabiliza en nuestra tarea de oyentes y de testigos de la
misma. A nadie le es lícito desatenderla o desconocerla: el
bautismo fundamenta en cada uno de nosotros el derecho-deber al
apostolado entendido como "servicio" a la Palabra.
Dulzura
en la boca y amargura en las vísceras: en este contraste
advertimos el drama de quien, en relación con la Palabra,
siente no sólo el derecho a la escucha, sino también
el deber del testimonio. En efecto, el verdadero profeta no puede
dejar de compartir el destino de la Palabra, más
precisamente de aquel que es la Palabra.
Un
destino pascual, como bien sabemos, es decir, abierto al
sufrimiento y a la alegría, a las tinieblas y a la luz, a
la muerte y a la vida. El mandamiento final: "Tienes aún
que profetizar" (v. 11), tiene la función de
atestiguar que la misión profética para el creyente
no es algo opcional, sino -al contrario- objeto de un
camino divino y la expresión más genuina de su ser.
Salmo
Responsorial
¡Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
Salmo
118,14.24.72.103.111.131
V/. Mi alegría es el
camino de tus preceptos, más que todas las riquezas.
R/.!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
V/. Tus
preceptos son mi delicia, tus enseñanzas son mis
consejeros.
R/.!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
V/. Más
estimo yo la ley de tu boca que miles de monedas de oro y
plata.
R/.!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
V/. ¡Qué
dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca!
R/.!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
V/. Tus
preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi
corazón.
R/.!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
V/. Abro la
boca y respiro, ansiando tus mandamientos.
R/.!Qué
dulce al paladar tu promesa, Señor!
Evangelio:
Lucas 19,45-48
En
aquel tiempo,
45
Jesús
entró en el templo e inmediatamente se puso a expulsar a
los vendedores,
46
diciéndoles:
-Está escrito: Mi
casa ha de ser casa de oración, pero
vosotros la habéis convertido en cueva
de ladrones.
47
Jesús
enseñaba todos los días en el templo. Los jefes de
los sacerdotes, los maestros de la Ley y los principales del
pueblo trataban de acabar con él.
48
Pero
no encontraban el modo de hacerlo, porque el pueblo entero estaba
escuchándolo, pendiente de su Palabra.
*••
Esta perícopa evangélica está subdivida
claramente en dos partes: en primer lugar aparecen unas palabras
de Jesús contra los vendedores del templo; en segundo
lugar, un apunte recopilador con el que el evangelista Lucas
quiere caracterizar los últimos días de la vida
terrena de Jesús. "Está
escrito: Mi casa ha de ser casa de oración" (v.
45).
Sabemos
bien que, para Jesús, el templo de Jerusalén no es
el único lugar en el que se puede orar; más aún,
en algunas ocasiones ha expresado una valoración crítica
con respecto a una concepción demasiado materialista de las
instituciones religiosas. Ahora bien, sabemos asimismo que el
templo, en cuanto casa de Dios, no puede ser desnaturalizado ni
destinado a otras funciones que no sean las litúrgicas:
Está prohibido, por tanto, para cualquier intercambio
comercial, que transformaría la casa de Dios en una "cueva
de ladrones" (v. 46; cfls56,7; Jr 7,11).
"Está
escrito": esta
frase indica en labios de Jesús no que las profecías
determinen el comportamiento de Jesús, sino que el
comportamiento de Jesús da pleno cumplimiento a las
profecías. Para Jesús, la luz plena, que ilumina sus
gestos y nos permite reconocerlo por lo que es, proviene
ciertamente del mensaje profético, pero sobre todo de su
conciencia mesiánica.
La
noticia final de Lucas (w. 47ss) viene a confirmar un hecho bien
conocido: los que ejercen el poder siguen estando ciegos ante
Jesús y ante la claridad de sus palabras, mientras que el
pueblo en su sencillez, reconociendo que tiene necesidad de un
Salvador y de un Maestro, está pendiente de sus labios.
MEDITATIO
El
amor con el que Dios nos ama es personal, intenso, profundo; no
tiene límites ni condiciones. Es un amor fiel, que nunca
desaparece, que siempre ofrece la posibilidad de nuevos inicios.
La iniciativa es constantemente de Dios, que, sin embargo, nos
deja a cada uno la responsabilidad y la alegría de
adherirnos.
Santa
Cecilia, con su vida personal, nos muestra la disponibilidad de
una creyente para dejarse amar y para responder con todo su ser a
tanto amor. Es tan precioso para Cecilia el don recibido del Señor
que no se olvida de nada a fin de estar preparada para el
encuentro con él. Cecilia, que a través de la fe ha
conocido al Señor, invita a otros -y en primer lugar a su
esposo- a la comunión con él, animándole a la
perseverancia en las dificultades.
La
oración, que alimenta su relación con el Señor,
la mantiene vigilante en la espera de la venida de él,
fuerte y alegre cuando ésta tenga lugar a través de
una muerte cruenta.
Cecilia,
que se nos da a nosotros como testigo de una fidelidad a toda
prueba, nos recuerda que la fe es un don que se refuerza
compartiéndolo. El Señor lo otorga a todos, pero nos
corresponde a nosotros animarnos los unos a los otros para
acogerlo. Cecilia nos invita a hacer todo para no ajar este don en
la Trivialidad y en el "dado por descontado", sino a
vivirlo con firmeza y con alegría, convirtiendo nuestra
existencia en un canto de alabanza al Señor.
ORATIO
Señor
Jesús, tú fuiste enviado por el Padre a este mundo
para hablar a los hombres de su amor, de suerte que volvieran a
vivir la amistad con él.
Confirma
en la fe a los que ya han recibido el bautismo: sé su
fuerza en la adversidad, y sostenlos y confórmalos en la
certeza de la vida bienaventurada y sin fin.
Haz
que la espera de tu venida gloriosa fortalezca su don de amor en
el presente, seguros de que quien pierde su propia vida la
recobrará para siempre.
CONTEMPLATIO
Una
cosa es decir "no" a alguien que adelanta propuestas
hábiles y lisonjeras y permanecer así en la verdad y
mantener los votos pronunciados; otra es permanecer firmes también
frente a los tormentos y las heridas. Son éstos los
recursos que se esconden en la intimidad del alma y de sus
facultades: la tentación los descubre, la prueba concreta
los da a conocer.
Adelante,
santos de Dios, niños y jovencitos, hombres y mujeres,
solteros y solteras. Proseguid con perseverancia hasta el fin.
Alabad al Señor tanto más dulcemente cuanto más
intensamente penséis en él. Esperad en él con
tanta más felicidad cuanto mayor sea el celo con el que le
servís. Que tanto más ardiente sea vuestro amor por
él cuanto mayor sea el cuidado en complacerle. Con los
lomos ceñidos y las lámparas encendidas, esperad al
Señor a su regreso de las bodas. En las bodas del Cordero
cantad un cántico nuevo, acompañándoos con
vuestras cítaras. A buen seguro, no será ese canto
el mismo que cantará la tierra entera, a quien se dice:
"Cantad al Señor un cántico nuevo; cantad al
Señor toda la tierra" (Sal 95,1). Será un
canto que nadie podrá cantar, sino vosotros.
(Agustín
de Hipona, La verginitá consacrata, Roma 1982,
152.117.)
ACTIO
Repite
a menudo y vive hoy la Palabra: "Ya
está ahí el esposo, salid a su encuentro"
(Mt
25,6b).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
El
creyente está siempre colocado frente a la elección
entre los ídolos y Dios, para lo que tiene que pagar el
precio del martirio, del exilio y hasta el de la huida al
desierto, la persecución. [...]. Toda criatura a la que se
le dé un valor absoluto, perdiendo su referencia al
Creador, se convierte en un ídolo, puesto que se separa de
Dios, se insinúa entre el hombre y su único Señor
usurpándole su señorío. En realidad, todo
puede convertirse en nuestra vida y en nuestro mundo en un ídolo:
las cosas que son y las que nosotros elaboramos a través
del trabajo (a. Sab 13,1 -7.10-19), si se convierten en absoluto,
si capturan nuestra libertad, si concentran sobre sí
nuestras atenciones produciéndonos vértigo, no son
sino nuevos Baaltm, "amos", "ídolos".
No queda más que desenmascararlos y abatirlos no con
nuestras fuerzas, sino en nombre de quien los venció en la
cruz: Jesús el Mesías, cueste lo que cueste, aunque
sea incluso el martirio. [...]
Ahora
bien, existe en la eucaristía una realidad muy exigente,
que es unir nuestra comida de ofrenda y sacrificio a la de Cristo:
en la eucaristía no es posible detenerse antes de la
ofrenda de toda nuestra vida al Padre, una ofrenda total,
completa, hasta el martirio. Si nuestra celebración
eucarística diaria significa realizar "el culto
espiritual en la ofrenda de nuestros cuerpos vivos" (cf. Rom
12,1), también es cierto que el télos al que
debemos tender es el martirio, porque en el martirio no está
sólo la res, es más la res tantum. Es
temible acercarse a la eucaristía con esta conciencia, pero
si no queremos ofrecer un "sacrificio cadavérico",
es decir, la ofrenda de nuestra vida real y sólo más
allá de nuestro muerte natural, debemos estar dispuestos a
ser destrozados, entregados, muertos violentamente como el Señor.
El
cristiano, asociado a la pascua de Cristo, ya está muerto y
sepultado con Cristo en el bautismo; por eso, no le queda más
que ser glorificado, en el sentido joáneo del término,
a través de una participación en la muerte del Señor
en la realidad de su carne. Así, la eucaristía es el
martirio, acto supremo de unión total y definitiva con
Cristo (E. Bianchi, // radicalismo cristiano, Turín
21980, pp. 23.24.123.124.130ss. 133.134).
Día
23
Sábado semana XXXIII
del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 11,4-12
A
mí, Juan, se me dijo: Aquí están mis dos
testigos.
4
Me
refiero a los dos olivos y a los dos candelabros que están
de pie en presencia del Señor de la tierra.
5
Si
alguno intenta hacerles daño, de su boca saldrá
fuego que devorará a sus enemigos; sin remedio morirá
quien intente hacerles daño.
6
Tienen
poder de cerrar el cielo para que no llueva durante el tiempo de
su ministerio profético; tienen poder para convertir en
sangre las aguas y para herir la tierra cuantas veces quieran con
toda clase de calamidades.
7
Cuando
hayan terminado de dar su testimonio, la bestia que sube del
abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.
8
Sus
cadáveres quedarán sobre la plaza de la gran ciudad,
que es llamada alegóricamente Sodoma y Egipto, y en la que
fue también crucificado su Señor.
9
Durante
tres días y medio contemplan sus cadáveres gentes de
todo pueblo, raza, lengua y nación, sin que a nadie se
permita darles sepultura.
10
Los
habitantes de la tierra se alegran y se felicitan por su muerte y
hasta se hacen regalos unos a otros, porque estos dos profetas
constituían un tormento para ellos.
11
Pero
después de tres días y medio, un espíritu
divino entró en ellos, se pusieron en pie y un gran temor
se apoderó de quienes los contemplaban.
12
Oyeron
entonces una voz potente que les decía desde el cielo:
-Subid aquí. Y subieron al cielo en una nube, a la vista de
sus enemigos.
**•
Este fragmento del Apocalipsis nos presenta la figura de "dos
testigos" (v. 3a), símbolo de todos aquellos que
han recibido la misión profética y, por eso, están
dispuestos a anunciar el Evangelio. No es difícil intuir
que, en cierto modo, también nosotros nos convertimos en
actores de este magnífico drama. Los dos testigos gozan de
la protección de Dios; de él reciben poderes
extraordinarios; sobre todo, el Espíritu Santo, que hace
fecunda su acción evangelizadora. Son, por consiguiente,
instrumentos en las manos de Dios al servicio de toda la
humanidad; son dignos de la veneración común y
tendrán como premio la participación en la gloria de
Dios.
Pero
con una condición: que sigan el mismo camino que recorrió
su maestro, Jesús. Deberán pasar por la terrible
experiencia de la persecución y de la muerte.
"La
bestia que sube del abismo" (v.
7) podrá cantar victoria, aunque sea de una manera
provisional. "Sodoma
y Egipto" (v.
8) exultarán por la muerte de estos dos testigos: será
el triunfo momentáneo de las fuerzas del mal contra los
testigos del Cordero. Pero "después
de tres días y medio" cambiará
la situación: los testigos resucitarán gracias a "un
espíritu divino" (v.
11) y será grande el terror de todos.
El
misterio pascual se realiza, por consiguiente, también en
su vida: el camino del Maestro es también el suyo; su
victoria es participación en la victoria de Jesús.
Resucitaron y "subieron al cielo" (v. 12), allí
donde subió Jesús: el triunfo de los testigos debe
llegar a su última meta: la comunión eterna con el
Padre, tras haber vivido la comunión terrena con Jesús.
Salmo
Responsorial
¡Bendito
el Señor, mi alcázar!
Salmo
143,1.2.9-10
R/.¡Bendito el Señor,
mi alcázar!
V/. Bendito el Señor, mi
Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para
la pelea.
R/.¡Bendito
el Señor, mi alcázar!
V/. Mi bienhechor,
mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi
escudo y refugio, que me somete los pueblos.
R/.¡Bendito
el Señor, mi alcázar!
V/. Dios mío,
te cantaré un cántico nuevo, tocaré para
ti el arpa de diez cuerdas: para ti que das la victoria a los
reyes, y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna.
R/.¡Bendito
el Señor, mi alcázar!
Evangelio:
Lucas 20,27-40
En
aquel tiempo,
27
se
acercaron unos saduceos, que niegan la resurrección, y le
preguntaron:
28
-Maestro,
Moisés nos dejó escrito: Si
el hermano de uno muere dejando mujer sin hijos, su hermano debe
casarse con la mujer para dar descendencia a su hermano.
29
Pues
bien, había siete hermanos. El primero se casó y
murió sin hijos.
30
El
segundo
31
y
el tercero se casaron con la viuda, y así hasta los siete.
Todos murieron sin dejar hijos.
32
Por
fin murió también la mujer.
33
Así
pues, en la resurrección, de quién de ellos será
mujer? Porque los siete estuvieron casados con ella.
34
Jesús
les dijo: -En la vida presente existe el matrimonio entre hombres
y mujeres,
35
pero
los que logren alcanzar la vida futura, cuando los muertos
resuciten, no se casarán.
36
Y
es que ya no pueden morir, pues son como los ángeles; son
hijos de Dios, porque han resucitado.
37
Y
el mismo Moisés da a entender, en el episodio de la zarza,
que los muertos resucitan, cuando llama al Señor el
Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
38
No
es un Dios de muertos, sino de vivos, porque todos viven por él.
39
Entonces
unos maestros de la Ley intervinieron diciendo: -Maestro, has
respondido muy bien.
40
Y
ya nadie se atrevía a preguntarle nada.
*••
Esta perícopa evangélica comienza con una
pregunta-trampa planteada a Jesús por los fariseos (w.
28-33), una pregunta que presupone una mentalidad materialista y
un cierre total a la lógica del cielo. No se trata, en
efecto, de llevar consigo a una mujer o cualquier otra cosa al
cielo en la resurrección. Según el modo de ver de
Jesús, la perspectiva que se abre más allá de
la muerte es una realidad totalmente nueva, algo que no
puede ser encerrado dentro de la lógica de la tierra.
Pero
de qué novedad se trata? Jesús habla, en primer
lugar, de inmortalidad, una realidad que a nosotros, los
hombres de la tierra, no nos ha sido dado experimentar y que, por
consiguiente, debe ser considerada como un don exquisito de la
divina bondad. En segundo lugar, Jesús deja entrever el
hecho de que las relaciones interpersonales en la vida eterna
serán de otra especie y naturaleza: no de tal tipo
que encierren a una persona en otra, sino de naturaleza que nos
abran a Dios y entre nosotros. Por último, Jesús
define a los resucitados como iguales a los ángeles (cf.
v. 36) para indicar una situación de vida diferente a
la actual y, de todos modos, más cercana a la vida de Dios.
Hemos de señalar también que hay modos y modos de
hacer referencia a las Escrituras: para ponerlas de nuestra parte,
como hacen los saduceos, o bien para entrar en su mensaje genuino,
como hace Jesús. El Maestro nos ofrece de este modo las
divinas Escrituras como tesoro de verdad, de esperanza y de
liberación.
Es
útil señalar el detalle final (v. 39): hay también
entre los maestros de la Ley algunos bien dispuestos hacia Jesús,
que reconocen la validez de su ministerio, pero sin tener, no
obstante, el valor de llegar hasta el final de su discurso. En
efecto, no se atreven a hacerle ninguna pregunta más, tal
vez porque su corazón es tímido y no quieren
comprometerse con Jesús.
MEDITATIO
De
las dos lecturas que la liturgia de la Palabra nos presenta hoy
brota la perspectiva de la vida eterna: es una ocasión
óptima para reflexionar sobre este momento de nuestra vida
que la caracterizará de modo pleno y definitivo.
Por
un lado, se nos invita a purificar nuestras ideas sobre el
modo como viviremos eternamente. Lo que afirma el evangelio a este
respecto debe ser recibido como una invitación a callar más
que a chacharear sobre lo que nos espera. Es incluso demasiado
fácil trivializar el discurso sobre el paraíso,
tanto en un sentido negativo como en un sentido positivo. En
ciertas ocasiones, además, como los saduceos del evangelio,
nos sentiremos tentados a reducir la vida eterna a las
proporciones –engrandecidas de la vida terrena, no
permitiendo ni siquiera a Dios hacer "cosas nuevas"
o, mejor, "unos cielos nuevos y una tierra nueva".
Sabemos, sin embargo, con seguridad que la vida eterna será
una pascua plena y definitiva, participación en la de
Jesús. También nosotros, como los "dos
testigos" de los que nos habla el libro del Apocalipsis,
sabemos que la pascua es un acontecimiento extraordinario cuyas
características abren la tierra al cielo y por eso marcarán
nuestra vida para siempre.
A
la vida eterna se accede mediante la resurrección,
participación en el gran acontecimiento de la
resurrección de Jesús. Tanto para nosotros como para
él, se trata de una victoria de la vida sobre la muerte: es
Dios quien triunfará definitivamente en nuestra vida: "El
Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, un Dios de vivos y no
de muertos". Es ésta una expresión
extremadamente lúcida para hacernos comprender que, aunque
hayan muerto, también Abrahán, Isaac y Jacob viven
en Dios, y como ellos cada uno de nosotros, porque "todos
viven por él".
ORATIO
Te
doy gracias, Señor,
-
por
los apóstoles de todas las naciones que, obedeciendo tu
invitación, ofrecen al mundo tu Evangelio;
-
por los misioneros conocidos o no que, incluso a riesgo de su
propia vida, llevan tu mensaje de salvación allí
donde todavía no eres conocido;
-
por todos aquellos que en cualquier momento histórico han
recordado a tu Iglesia el gran mandato de la evangelización.
Te
doy gracias, Señor,
-
por
los misioneros y fíeles que, con el testimonio e su vida,
se han unido al ejército de los mártires;
-
por todos aquellos que glorifican tu nombre en cada lengua y en
cada nación, en cada pueblo y en cada cultura, en todas las
partes del mundo;
-
por los obreros que vendrán a trabajar en tu mies, porque,
al responder con fidelidad y firmeza a su llamada, saborean la
alegría del servicio.
Oh
Señor, asiste con tu presencia, guía con tu consejo
y sostén con tu fuerza a todos aquellos a quienes has
enviado a las naciones.
CONTEMPLATIO
Qué
debe hacer, por tanto, el cristiano? Servirse del mundo, no
hacerse esclavo del mundo. Qué significa eso? Significa
tener, pero como si no tuviera. Así dice, en efecto, el
apóstol: "Os digo, pues, hermanos, que el tiempo se
acaba. En lo que resta, los que tienen mujer vivan como si no la
tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran,
como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran;
los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la
apariencia de este mundo está a punto de acabar. Quiero que
estéis libres de preocupaciones" (1 Cor 7,29-32).
Quien
no tiene preocupaciones espera tranquilo la llegada de su Señor.
En efecto, qué clase de amor por Cristo sería temer
su llegada? Hermanos, no nos avergonzamos? !Le amamos y tememos
que venga! Pero le amamos de verdad o amamos más nuestros
pecados?
Se
nos impone una elección de manera perentoria. Si queremos
amar de verdad al que debe venir para castigar los pecados,
debemos odiar con el corazón todo lo que tenga que ver con
el mundo del pecado. Lo queramos o no, él vendrá.
Más tarde, no ahora; lo que, como es obvio, no excluye que
vendrá. Vendrá, y cuando menos lo esperes. Si te
encuentra preparado, no te perjudicará el hecho de no haber
conocido por anticipado el momento exacto (Agustín de
Hipona).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Se
siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible"(cf.
1
Cor 15,43).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Los
cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por el
lugar en el que viven, ni por su lenguaje, ni por su modo de vida.
Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un
hablar insólito, ni llevan un género de vida
distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al
talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan,
como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.
Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo
en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país
tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo,
dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos,
increíble.
Habitan
en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo
como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda
tierra extraña es patria para ellos, pero están en
toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se
casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que
conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho. Viven
en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra,
pero su ciudadanía está en el cielo (Carta a
Diogneto).
Día
24
domingo XXXIV del tiempo
ordinario:
Jesucristo, rey del universo
LECTIO
Primera
lectura: Daniel 7,13ss
13
Seguía
yo contemplando estas visiones nocturnas y ví venir sobre
las nubes alguien semejante a un hijo de hombre; se dirigió
hacia el anciano y fue conducido por él.
14
Se
le dio poder, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y
lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará,
y su Reino jamás será destruido.
**• El significado
profundo de este fragmento aparece cuando lo consideramos en el
contexto del capítulo 7 de Daniel. Al profeta se le ha
revelado el misterio de la historia. Ve la sucesión de
diferentes reinos, representados simbólicamente por cuatro
fieras espantosas, pero su prepotencia está destinada a
desaparecer. Mientras los acontecimientos se suceden en el tiempo,
en la dimensión copresente al mismo de la eternidad, la
historia es juzgada por Dios sobre la base de las acciones de los
hombres (vv. 9ss).
Las
potencias de este mundo han sido condenadas y algunas ya sufren la
pena (v. 11); otras, en cambio, la ven diferida "sólo
hasta un determinado momento" (v. 12). Y he aquí que
aparece en la trascendencia divina ("sobre las nubes")
"un hijo de hombre", a quien Dios le da un poder eterno
y un reino invencible, que abarcará a todos los pueblos.
Eso significa que su persona y su señorío son
celestiales y terrenos, divinos y humanos al mismo tiempo. Contra
su reino, que coincide con el Reino de los santos del Altísimo
(vv. 17.32), se levantará aún la violencia de los
poderosos de este mundo y parecerá victoriosa (vv. 24ss).
Ahora bien, cuando el juicio de Dios se haga definitivo, el Reino
del Hijo del hombre, o bien de los santos del Altísimo,
triunfará para siempre (v. 26). Para expresar de manera
eficaz esta realidad, Pablo adoptará la imagen del cuerpo
místico, cuya cabeza es Cristo y los fieles sus miembros.
El
Reino de Cristo es, por consiguiente, también nuestro;
nosotros también estamos llamados a participar en su
realeza venciendo al pecado que nos asedia. Sumergidos como
estamos en la historia, se nos pide que juzguemos los
acontecimientos con el sentido de la fe y que vivamos en
conformidad con la ley fundamental del amor, para que todo hombre
pueda entrar por fin en el Reino de Dios.
Salmo
responsorial El Señor
reina, vestido de majestad
Salmo
92, 1ab. 1c-2. 5
El
Señor reina, vestido de majestad; el Señor,
vestido y ceñido de poder:
Así
está firme el orbe y no vacila. Tu trono está
firme desde siempre, y tú eres eterno.
Tus
mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu
casa, Señor, por días sin término.
Segunda
lectura: Apocalipsis 1,5-8
5
Jesucristo
es el testigo fidedigno, el primero en resucitar de entre los
muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y
nos liberó de nuestros pecados con su propia sangre,
6
al
que nos ha constituido en reino y nos ha hecho sacerdotes para
Dios, su Padre, a él la gloria y el poder para siempre.
Amén.
7
!Mirad
cómo viene entre las nubes! Todos lo verán, incluso
quienes lo traspasaron, y las razas todas de la tierra Jesucristo,
rey del universo tendrán que lamentarse por su causa. Así
será. Amén.
8
"Yo
soy el alfa y la omega -dice el Señor Dios- el que es, el
que era y el que está a punto de llegar, el todopoderoso".
**•
En estos versículos, tomados del prólogo del
Apocalipsis, se presenta esencialmente la realeza de Jesucristo
como la realeza del Hijo del hombre ("viene entre las nubes":
v. 7a). Aludiendo a la profecía de Daniel, el vidente puede
afirmar, por tanto, que Jesús es el revelador del Padre
digno de fe ("testigo fidedigno"), puesto que procede de
Dios mismo. En cuanto Resucitado, es el arquetipo de una nueva
estirpe destinada a la vida eterna. Por último, es
"soberano de los reyes de la tierra", porque ha venido a
traer a la tierra el Reino de Dios al que todos estarán
sometidos al final.
El
Hijo del hombre, Jesús, es el crucificado, "traspasado
" por la incredulidad y por la violencia de muchos. Y
precisamente de este modo ha manifestado su amor por nosotros y
nos ha liberado de los pecados 0-(v. 5), dándonos la
posibilidad de que se cumpla la antigua promesa: "Si me
obedecéis y guardáis mi alianza, vosotros seréis
el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos, porque toda la
tierra es mía; seréis para mí un reino de
sacerdotes, una nación santa" (Ex 19,6).
Cuando
llegue la hora, siempre inminente de su venida gloriosa, hasta los
que le han rechazado deberán reconocerle y comprender el
mal que han cometido. Ahora bien, los que desde ahora acogen el
señorío de Cristo en su vida participan de su
función real y sacerdotal.
De
este modo entran en comunión con Dios, principio y fin de
todo lo que existe, origen eterno del tiempo, que, sin embargo,
viene a la historia para asumir la fatiga de todas las criaturas y
llevarlas con el poder del amor a la libertad y a la salvación
(v. 8).
Evangelio:
Juan 18,33b-37
En
aquel tiempo,
33
dijo
Pilato a Jesús -Eres tú el rey de los judíos?
34
Jesús
le contestó: -Dices eso por ti mismo o te lo han dicho
otros de mí?
35
Pilato
replicó: -Acaso soy yo judío? Son los de tu propia
nación y los jefes de los sacerdotes los que te han
entregado a mí. Qué es lo que has hecho?
36
Jesús
le explicó: -Mi Reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis
seguidores hubieran luchado para impedir que yo cayese en manos de
los judíos. Pero no, mi Reino no es de este mundo.
37
Pilato
insistió: -Entonces, eres rey? Jesús le respondió:
-Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar
testimonio De la verdad. Precisamente para eso nací y para
eso vine al mundo. Todo el que pertenece a la verdad escucha la
voz.
*••
El relato del proceso de Jesús ante Pilato tiene un gran
relieve en el evangelio de Juan. La reflexión sobre el tema
de la realeza está presente en todo el episodio, incluso en
la declaración de Pilato: "!Aquí tenéis
a vuestro rey!" (19,14). Ahora bien, la "pretensión"
de ser Hijo de Dios (19,7) es demasiado elevada para los judíos;
ellos prefieren que este Mesías sea crucificado, y, obrando
de este modo, reniegan de la historia de Israel y de sus mismas
expectativas: "No tenemos otro rey que el César"
(19,15).
Esta
perícopa representa el centro teológico del relato
joáneo. Se confrontan aquí conceptos muy diferentes
de realeza: Pilato tenía el concepto político-militar
que se podía hacer un romano (v. 37), pero aparece también
el teocrático y a la vez político de los judíos
(vv. 33ss);
Sin
embargo, la realeza de Jesús pertenece a otra esfera:
Jesucristo, rey del universo "no es de este mundo"; más
aún, puede dejarse aplastar por éste y resultar, de
todos modos, vencedora (v. 36). Jesús es verdaderamente
rey, pero no "de aquí abajo". Ha venido a este
mundo a traer su Reino sobrenatural sin imponer su absoluta
superioridad, asumiendo nuestra condición ("para eso
nací y para eso vine al mundo") para iluminarla con la
luz de la verdad y hacer al hombre capaz de elegir el Reino de
Dios.
La
venida de Cristo obra, por consiguiente, una discriminación
entre los que acogen su testimonio y los que lo rechazan. Es un
testimonio verdadero sobre Dios -cuyo rostro revela Jesús
en sí mismo- y, al mismo tiempo, sobre el hombre, tal como
es según el designio del Padre ("!Ecce homo!":
19,5): acogerlo significa entrar ya desde ahora en su Reino. En
cambio, el que lo rechaza se somete al príncipe de este
mundo (12,31): no
es
posible mantenerse en un escepticismo neutral como intenta hacer
Pilato (18,38). Quien reconoce a Jesus como rey no se preocupa de
triunfar en este mundo, sino más bien de escuchar la voz de
su Señor y de seguirle (v. 37b), para extender aquí
abajo su Reino de verdad y de amor.
MEDITATIO
La
liturgia de hoy nos invita a reavivar en nosotros el deseo de que
Cristo reine verdaderamente en nuestra vida. Para que esto tenga
lugar, es menester renovar nuestra adhesión a él,
que nos amó primero y libró por nosotros la gran
batalla hasta dejarse herir de muerte para destruir en su cuerpo
clavado en la cruz nuestro pecado. Cristo venció así.
Su triunfo es el triunfo del amor sobre el odio, sobre el mal,
sobre la ingratitud.
Cristo
es un rey crucificado; sin embargo, su poder está
precisamente en la entrega de sí mismo hasta el extremo: es
un rey coronado de espinas, colgado en la cruz, y sigue como tal
para siempre, incluso ahora que está en la presencia del
Padre, a donde ha vuelto después de la resurrección.
Se trata de una realeza difícil de comprender desde el
punto de vista humano, a no ser que emprendamos el camino del amor
humilde, de la vida que se hace servicio y entrega. Si emprendemos
ese camino, el mismo Espíritu nos hará capaces de
configurarnos con el humilde rey de la gloria, de quien todo
cristiano está llamado a ser discípulo enamorado.
Esto
traerá consigo, necesariamente, una sombra de muerte, de
muerte a todo un mundo de egoísmos, de pasiones, de vanos
deseos y de arrogancias indebidas: una muerte que, sin embargo, se
traduce en libertad para nosotros mismos y en crecimiento para los
otros, en vida verdadera y en plenitud de alegría. Nuestro
camino en la historia prosigue con sus cansancios, pero nuestro
corazón puede saborear de manera anticipada la dulzura de
este Reino de luz infinita en el que sólo se entra por la
puerta estrecha de la cruz.
ORATIO
Señor
Jesús, tú te escondiste a los ojos de todos para
orar al Padre en secreto, cuando la muchedumbre, maravillada y
admirada por los milagros que realizabas, te buscaba para
proclamarte, Sólo en la hora de la pasión, cuando
todos te habían abandonado y ser proclamado rey ya no era
motivo de jactancia, sino que se había vuelto para ti causa
de condena, sólo entonces declaraste tu señorío
universal. Obrando de este modo nos enseñaste con tu misma
muerte que reinar es servir amando hasta la entrega total de
nosotros mismos.
Concédenos
también reconocer tu realeza no de palabra, sino dejando
crecer y dilatarse en nosotros tu Reino, para que seamos, en la
historia, irradiación de tu presencia de paz y motivo de
consuelo y esperanza para todos nuestros hermanos.
CONTEMPLATIO
Tú,
oh Cristo, eres el Reino de los Cielos la tierra prometida a los
humildes; tú, eres el pasto del paraíso, el cenáculo
para el banquete divino; tú, la sala de las nupcias
inefables, la mesa suntuosamente preparada para todos.
Oh
Cristo, no me abandones en medio de este mundo, puesto que sólo
te amo a ti, aunque todavía no te he conocido; yo, que
estoy completamente a merced de las pasiones; yo, que no te
conozco, pues acaso tiene necesidad de los placeres del mundo
quien te ha conocido? Quién, que te haya amado, irá
en busca de cualquier otro placer? O se sentirá apremiado a
ir en busca de cualquier otro amigo?
Dios,
creador del universo, que me has dado lo que tengo de bueno, ten
benévola compasión de mi pobre alma; concédeme
un correcto discernimiento para que me deje atraer por tus bienes
eternos y sólo por ellos.
Te
amaré con todo el corazón, persiguiendo sólo
tu gloria sin preocuparme en absoluto de la gloria de los hombres,
a fin de llegar a ser uno contigo ya ahora y después de la
muerte, obteniendo así, oh Cristo, reinar contigo, que
aceptaste por mi amor la más infamante de las muertes.
Entonces seré el más feliz entre todos los hombres.
Amén, así sea, oh Señor, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos (Simeón el Nuevo Teólogo,
en C. Berselli [ed.], Inni a Cristo nel primo millennio delta
Chiesa,
Roma 1981, pp. 168-170).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Venga
a nosotros, Señor, tu Reino de luz".
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Jesús,
que está a punto de subir al patíbulo, sin que se
intente un solo gesto, de la tierra o del cielo, para defenderle,
este mismo Jesús afirma con una calma suprema: "Yo soy
rey".
Rey,
es decir, no sólo libre (y está atado), sino también
Señor (y están a punto de matarle).
Aquel
instante exigía la fe más firme, porque era el de la
oscuridad más profunda, era el momento en que daba la
impresión de que del Dios-nombre ya no quedaba nada de Dios
y, dentro de muy poco, tampoco quedaría nada del hombre. No
era difícil creer en el poder de Jesús cuando
mandaba sobre las enfermedades, sobre la tempestad, sobre la
muerte. Ahora bien, para pensar como Rey y como Dios a uno que ha
sido vencido, aplastado, reducido a nada, es preciso recurrir a
una lógica que invierta cualquier pensamiento humano, es
preciso dejar que se hunda nuestra propia inteligencia en las
tinieblas más densas; en una palabra, renunciar a cualquier
otra luz que no sea la de la confianza ciega, propia del amor
[...].
En
aquel momento era menester el amor mismo de Dios para comprender
que el despojo total podría constituir la ofrenda suprema
del amor, para descubrir en la aniquilación de la cruz la
manifestación más sublime de la omnipotencia de
Dios.
Jesús
manifiesta su propia realeza y su soberano señorío
sirviéndose de la mala voluntad de los hombres para cumplir
su voluntad de salvación, utilizando su odio para su obra
de amor.
Le
crucificaban para quitarle de en medio, y he aquí que lo
vuelven a zambullir en la eternidad de donde había venido y
que, con su retorno, volverá a abrirla a todos los hombres
(I. Riviére, A chaqué jour suffit sa joie, París
1949, pp. 171 ss).
Día
25
Lunes
semana XXXIV del tiempo ordinario,
santa
Catalina de Alejandría
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 14,1-3-4b-5
Yo,
Juan,
1
volví
a mirar y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el monte
Sión. Estaban con él los ciento cuarenta y cuatro mil
que tenían su nombre y el nombre de su Padre escrito en la
frente.
2
Y
oí una voz que venía del cielo, voz como de aguas
caudalosas y truenos fragorosos. Sin embargo, la voz que oí
era como el sonido de citaristas tocando sus cítaras.
3
Cantaban
un cántico nuevo delante del trono, de los cuatro seres
vivientes y de los ancianos. Un cántico que nadie podía
aprender, excepto aquellos ciento cuarenta y cuatro mil rescatados de
la tierra.
4
Éstos
son los que siguen al Cordero a dondequiera que va, los rescatados de
entre los hombres como primeros frutos para Dios y para el Cordero,
5
los
de labios sinceros y conducta irreprochable.
*"
El libro del Apocalipsis, a medida que se desarrolla el drama,
compromete con su mensaje a un número cada vez mayor de
personas: el pueblo de los elegidos entra en una relación
maravillosa con Dios y con Jesús, el Cordero inmolado. La
perspectiva eclesial caracteriza, por consiguiente, el mensaje del
evangelista Juan; más aún, si la consideramos bien, la
perspectiva se vuelve universal. El símbolo numérico
empleado en este texto bíblico es muy claro: ".Ciento
cuarenta y cuatro mil" (w. 1.3b) corresponde, en efecto, a
12 x 12 x 1.000, producto de tres números que -cada uno de
ellos- significan perfección. Es como decir que éste no
ha de ser considerado un número cerrado, sino un número
abierto que encontrará su perfección sólo cuando
todos los llamados sean también elegidos.
El
otro símbolo empleado por Juan es el del monte, "el
monte Sión", en el que se reúnen todos los que
llevan en la frente el nombre del Cordero y el de su Padre (v. 1).
Tener el nombre significa entrar en una relación muy especial
con la persona: en este caso, el pueblo de los elegidos se
caracteriza por su especial relación con Dios y con Jesús.
Mediante la fe es como se entra a formar parte de este pueblo que es
la comunidad de los que invocan el Nombre y reconocen en él la
fuente de su salvación. Es un pueblo que cree, y por eso
canta: "Cantaban un cántico nuevo delante del trono,
de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Un cántico
que nadie podía aprender, excepto aquellos ciento cuarenta y
cuatro mil rescatados de la tierra" (v. 3). No es difícil
reconocer en este cántico el aleluya pascual que se
transforma en un aleluya eterno.
Salmo
Responsorial
Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor.
Sal
23,1-2.3-4ab.5-6
R/.Esta es la generación
que busca tu rostro, Señor.
V/. Del Señor es
la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él
la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre
los ríos.
R/.Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor.
V/.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién
puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y
puro corazón, que no confía en los ídolos.
R/.Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor.
V/.
Ese recibirá la bendición del Señor, le hará
justicia el Dios de salvación. Esta es la generación
que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob.
R/.Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor.
Evangelio:
Lucas 21,1-4
En
aquel tiempo,
1
estaba
Jesús en el templo y veía cómo los ricos iban
echando dinero en el cofre de las ofrendas.
2
Vio
también a una viuda pobre que echaba dos monedas de poco
valor.
3
Y
dijo: -Os aseguro que esa viuda pobre ha echado más que todos
los demás,
4
porque
ésos han echado de lo que les sobra, mientras que ésta
ha echado, de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir.
*"
Advertimos dos grandes contrastes en esta página evangélica:
el que existe entre los "ricos" y la "viuda",
y el que existe entre "lo que sobra" y "lo
necesario para vivir". De este modo, Lucas nos hace entrar
de inmediato en una situación de vida que -tanto hoy como
ayer- nos interpela con todo su dramatismo. El evangelio no nos
ofrece exhortaciones piadosas, casi sedantes, sino que nos ilumina
con una luz nueva para que podamos leer a fondo y con perspectiva las
situaciones históricas en las que vivimos.
Jesús
ve y elogia a la viuda pobre; ve y no puede dejar de censurar la
acción de los ricos. La mirada de Jesús es como un
juicio emitido sobre aquellos que tienen una relación distinta
con los bienes, con el dinero. Un juicio que siempre resulta difícil
de aceptar, pero que, no obstante, ilumina perfectamente no sólo
el gesto, sino también el corazón de las personas.
En
primer lugar, Jesús elogia a la viuda pobre por "las
dos monedas de poco valor" que ha ofrecido al templo.
También aquí se da un fuerte contraste en las palabras
de Jesús: dos monedas de poco valor son siempre dos monedas de
poco valor, pero Jesús las considera más preciosas que
las ricas ofrendas de los acomodados.
Cómo
pensar en este gesto de la viuda sin compararlo con el de la mujer
anónima que, la víspera de la pasión de Jesús,
perfumó su cabeza con un perfume precioso? Se trata en ambos
casos de una "buena acción", que como tal complace a
Jesús bastante más que cualquier otra ofrenda. El poco
de la viuda pobre es todo a los ojos de Dios, mientras que el mucho
de los ricos es simplemente lo superfluo. También aquí
captamos un juicio bastante claro: en efecto, Dios sopesa el valor
cualitativo y no sólo el cuantitativo de nuestras acciones. Es
sólo él quien lee en nuestros corazones y nos conoce a
fondo.
MEDITATIO
La
perícopa evangélica nos pone ante una situación
que, en su sencillez, nos empuja a una reflexión sobre el
valor del don, del don de nosotros mismos. Es evidente que la
viuda pobre ha realizado un gesto extremadamente elocuente, mientras
que el gesto de los ricos se revela, por lo menos, opaco y mezquino.
El gesto del que da con generosidad, pero sobre todo con confianza,
revela, por un lado, el corazón del que da y, por otro, el
valor de aquel a quien se ofrece el don. En consecuencia, es el
corazón lo que da valor y otorga importancia al don. La viuda
pobre manifiesta un corazón totalmente abierto a Dios, lleno
de una extrema confianza en él, y, al mismo tiempo, manifiesta
el valor sumo que tiene Dios para ella.
Ese
gesto asume, por consiguiente, un valor religioso: es un acto de fe,
un acto de abandono en la divina providencia; en último
extremo, un acto de adoración.
El
don, por tanto, tiene la capacidad de unir y conectar a dos personas:
no tanto por el valor de lo que se da como por el valor del corazón
del donante y por el valor del corazón de aquel a quien se
ofrece el don, sea quien sea. Más aún, desde una
perspectiva religiosa, la fe es capaz de llevar a cabo una especie de
inversión de los valores, de suerte que el poco de la viuda se
convierte en todo, mientras que el mucho de los ricos se convierte en
poco.
Por
último, lo que embellece al don es la intención que lo
acompaña, lo orienta y lo consuma: si la finalidad del gesto
oblativo es Dios, entonces el don asume un valor excepcionalmente
grande. Es Dios quien lo recibe, lo aprecia y lo acepta.
ORATIO
"Dios
ama a quien da con alegría" (2
Cor 9,7).
Señor,
qué sería nuestra vida si fuera tocada por dones con
las mismas características y bienaventuranzas que los tuyos?
Dones
desinteresados que permitan crecer: conoceríamos la avidez y
el engaño?
Dones
duraderos basados en promesas fieles y veraces: conoceríamos
el divorcio?
Dones
generativos que produzcan vida al darse a sí mismos:
conoceríamos el aborto?
Dones
que se multiplican al ser distribuidos: conoceríamos la
indigencia?
Dones
que consuelan al que sufre: conoceríamos la soledad?
Dones
que perdonan al que se ha equivocado: conoceríamos la venganza
o el rencor?
Dones
que acogen sin distinción de cultura, de fe, de lengua, de
color: conoceríamos la discriminación?
Dones
de paz y de fraternidad: conoceríamos la violencia, la guerra,
el atropello?
Dones
de reconocimiento por las dos moneditas de la viuda: conoceríamos
la ingratitud?
Oh
Señor, nuestra naturaleza herida y corrupta, so pretexto de
acciones nobles, transmite a menudo dones enmascarados por su propio
egoísmo y por su propia vanidad. Haz que nuestros dones
encarnen sólo las intenciones del amor.
CONTEMPLATIO
Todos
los que participamos de la sangre sagrada de Cristo alcanzamos la
unión corporal con él, como atestigua san Pablo cuando
dice, refiriéndose al misterio del amor misericordioso del
Señor: No había sido manifestado a los hombres en
otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a
sus santos apóstoles y profetas: que también los
gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes
de la promesa en Jesucristo.
Si,
pues, todos nosotros formamos un mismo cuerpo en Cristo, y no sólo
unos con otros, sino también en relación con aquel que
se halla en nosotros gracias a su carne, cómo no mostramos
abiertamente todos esa unidad entre nosotros y en Cristo? Pues
Cristo, que es Dios y hombre a la vez, es el vínculo de la
unidad.
Y,
si seguimos por el camino de la unión espiritual, habremos de
decir que todos nosotros, una vez recibido el único y mismo
Espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos fundimos
entre nosotros y con Dios. Pues aunque seamos muchos por separado, y
Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada
uno de nosotros, ese Espíritu, único e indivisible,
reduce por sí mismo a la unidad a quienes son distintos entre
sí en cuanto subsisten en su respectiva singularidad, y hace
que todos aparezcan como una sola cosa en sí mismo.
Y
así como la virtud de la santa humanidad de Cristo hace que
formen un mismo cuerpo todos aquellos en quienes ella se encuentra,
pienso que de la misma manera el Espíritu de Dios que habita
en todos, único e indivisible, los reduce a todos a la unidad
espiritual.
Por
esto nos exhorta también san Pablo: Sobrellevaos mutuamente
con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el
vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu,
como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis
sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre
de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
Pues siendo uno solo el Espíritu que habita en nosotros,
Dios será en nosotros el único Padre de todos por medio
de su Hijo, con lo que reducirá a una unidad mutua y consigo a
cuantos participan del Espíritu (Cirilo de Alejandría,
Comentario sobre el evangelio de san Juan, XI, 11).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Éstos
son los que siguen al Cordero a dondequiera que va"
(Ap
14,4).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Cuál
será mi sitio en la casa de Dios? Sé que no me pondrá
mala cara, que no me hará sentirme una criatura que no sirve
para nada, porque eres, Dios, así: cuando una piedra te sirve
para tu construcción, coges el primer guijarro que encuentras,
lo miras con una infinita ternura y lo conviertes en esa piedra que
necesitas, unas veces con un brillo como el del diamante, otras opaca
y sólida como una roca, pero siempre apta para la finalidad
que persigues.
Qué
harás de este guijarro que soy yo, de esta piedrecilla que tú
has creado y trabajas cada día con el poder de tu paciencia,
con la fuerza invencible de transfiguración que encierra tu
amor? Tú haces cosas inesperadas, gloriosas. Arrojas las
bagatelas y te pones a cincelar mi vida. Poco importa que me pongas
bajo un pavimento que nadie ve, pero que sostiene el esplendor del
zafiro, o en la cima de una cúpula que todos miran y quedan
deslumbrados. Lo importante es encontrarme cada día allí
donde tú me pongas, sin retrasos. Y yo, por más que sea
piedra, siento que tengo una voz: quiero gritarte, oh Dios, la
felicidad que me produce sentirme maleable en tus manos, para
servirte, para ser templo de tu gloria (A. A. Ballestrero).
Día
26
Martes semana XXXIV del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 14,14-19
Yo,
Juan,
14
volví
a mirar y vi una nube blanca. Sentado sobre la nube estaba un ser
de aspecto humano con una corona de oro sobre la cabeza y una hoz
afilada en la mano.
15
Salió
del templo otro ángel y gritó con voz potente al que
estaba sentado en la nube: -Mete tu hoz y comienza a segar. Es el
tiempo de la siega, pues está ya seca la mies.
16
El
que estaba sentado sobre la nube acercó su hoz a la tierra
y la segó.
17
Y
salió otro ángel del templo celeste llevando también
una hoz afilada.
18
Y
todavía
un ángel más -el que tiene poder sobre el fuego—
salió del altar y gritó con voz potente al que tenía
la hoz afilada: -Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la
viña de la tierra, pues están ya las uvas en sazón.
19
Acercó
el ángel su hoz a la tierra, vendimió la viña
de la tierra y arrojó las uvas al gran lagar de la ira de
Dios.
*"
En este fragmento del libro de Apocalipsis encontramos algunos
símbolos cuya interpretación nos introduce en la
comprensión del mensaje. En primer lugar, el símbolo
de la nube (v. 14), que, según la tradición bíblica,
expresa una teofanía, es decir, una aparición
divina.
En
este caso es el Hijo del hombre el que aparece para pronunciar el
juicio y ofrecer la salvación. De ahí que este
fragmento tenga un valor exquisitamente cristológico: el
evangelista Juan quiere completar su mensaje sobre la persona y
sobre la misión de Jesús.
Los
símbolos de la siega (w. 15b. 16) y de la vendimia (w. 18b.
19) pretenden ilustrar el juicio que Jesús ha venido y
vendrá a pronunciar sobre la humanidad. Se trata de un
juicio abierto a la salvación, que es precisamente don de
aquel cuyo nombre es Salvador. Justamente porque será Jesús
quien pronuncie el juicio, no es lícito considerarlo sólo
en su valor negativo: eso sería desconocer el don de Dios y
sustraerse así a la voluntad salvífica universal del
Señor. A buen seguro, el juicio manifiesta también
un momento negativo: aquellos que hayan rechazado la salvación
se encontrarán separados de Dios, como objeto de su justa
cólera (v. 19), pero precisamente porque ellos mismos se
han sustraído libremente a la divina misericordia.
El
fragmento de Juan nos ofrece otro mensaje: existe una estrecha
relación entre la vida presente y la futura, entre la vida
terrena y la eterna. Todo dependerá de Dios y de su divina
bondad, pero todo dependerá también de nuestras
opciones personales y de las obras que realicemos.
Salmo
Responsorial
Llega
el Señor a regir la tierra.
Salmo
95,10.11-12.13
V/. Decid a los pueblos: <<El
Señor es rey: él afianzó el orbe, y no se
moverá; él gobierna a los pueblos rectamente>>
R/.Llega
el Señor a regir la tierra.
V/. Alégrese
el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo
llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen
los árboles del bosque.
R/.Llega
el Señor a regir la tierra.
V/. Delante del
Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá
el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.
R/.Llega
el Señor a regir la tierra.
Evangelio:
Lucas 21,5-11
En
aquel tiempo,
5
al
oír a algunos que hablaban sobre la belleza de las piedras
y exvotos que adornaban el templo, dijo:
6
-Vendrá
un día en que todo eso que veis quedará totalmente
destruido; no quedará piedra sobre piedra.
7
Entonces
le preguntaron: -Maestro, cuándo será eso? Cuál
será la señal de que esas cosas están a punto
de suceder?
8
Él
contestó: -Estad atentos, para que no os engañen.
Porque muchos vendrán usurpando mi nombre y diciendo: "Yo
soy, ha llegado la hora". No vayáis detrás de
ellos.
9
Y
cuando oigáis hablar de guerras y de revueltas, no os
asustéis, porque es preciso que eso suceda antes, pero el
fin no vendrá inmediatamente.
10
Les
dijo además: -Se levantará nación contra
nación y reino contra reino.
11
Habrá
grandes terremotos y, en diversos lugares, hambres, pestes,
apariciones terroríficas y grandes portentos en el cielo.
**•
Estamos ante el segundo "discurso escatológico"
(cf. Lc 17,20-37) del evangelio de Lucas: es señal
de que para este evangelista la perspectiva del fin del mundo y de
la vida futura caracteriza de una manera profunda la
espiritualidad cristiana. Las preguntas iniciales, "Cuándo
será eso? Cuál será la señal de que
esas cosas están a punto de suceder?" (v. 7), son
como dos pistas de búsqueda para comprender el mensaje que
Jesús quiere transmitir.
Por
otra parte, el hecho de que este discurso haya sido pronunciado
ante el templo, con la belleza de la piedras y exvotos, crea
un fuerte contraste entre el presente, que amenaza con clausurar
la religiosidad de los contemporáneos de Jesús, y el
futuro hacia el que, no obstante, quiere orientar Jesús su
fe. Jesús predice en su respuesta el final del templo de
Jerusalén y, en cierto modo, de todo lo que éste
simboliza (v. 6). Anuncia el final de un mundo que se concreta en
esta catástrofe, del mismo modo que se concretará en
muchas otras. No pretende decir que el fin del mundo esté
cerca, pero sí desea recordar que todo lo que pertenece a
este mundo tendrá, a buen seguro, un fin y que ante este
fin debemos reflexionar con plena conciencia, dejándonos
iluminar por su enseñanza.
Lo
que debemos hacer mientras esperamos su retorno está
expresado con claridad en lo que afirma Jesús con respecto
a los falsos profetas y a los falsos mesías (v. 8). Jesús
nos invita al discernimiento de las personas y de los
acontecimientos, a tener el valor de tomar o dejar, a asumir el
riesgo de optar siempre y de todos modos por los valores que él
nos ha entregado en su Evangelio. Son muchos los que, tanto hoy
como ayer, pretenden abrir nuevos caminos de salvación
delante de nosotros; son muchos los que anuncian el fin como algo
inminente, más para intimidar y aterrorizar que para
iluminar e infundir valor. Las palabras de Jesús van en un
sentido diametralmente opuesto: incluso cuando anuncia el fin, se
preocupa por iluminar y confortar a sus discípulos.
MEDITATIO
Los
símbolos del libro del Apocalipsis y el lenguaje
escatológico suponen, qué duda cabe, cierta
dificultad para la comprensión del mensaje bíblico.
Este hecho nos confirma en la certeza de que el nuestro es un
camino de fe: los símbolos tienen que ser interpretados y
las palabras comprendidas.
Para
el que camina por los senderos de este mundo, existe siempre la
posibilidad de ser engañado y desviado. Por algo insiste
Lucas, en este discurso, en señalar que la seducción
será sobre todo doctrinal: los falsos profetas tienen la
pretensión de atribuirse la importancia y la autoridad de
Jesús y, sobre todo, se atreven a anunciar el fin como
inminente. Lucas aclara que estos hechos pertenecen aún a
la historia y no al "fin de los tiempos": en
efecto, deben suceder antes estas cosas, pero eso no
significa que inmediatamente después venga el fin.
Es
como decir que el discernimiento no puede ser fruto únicamente
de una intuición personal o de cierta capacidad crítica.
Al contrario, es fruto de la vida de fe y debe caracterizar la
vida y la actitud de una comunidad de fe que, con la luz de la
Palabra y la fuerza del Espíritu, aprende día tras
día a leer los signos de los tiempos, a discernir entre el
bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso.
La
invitación de Jesús, "No vayáis
detrás de ellos", nos pone en guardia contra un
falso seguimiento que podría reemplazar al que nos mantiene
encaminados tras los pasos de Jesús. Por eso, el verdadero
discernimiento se manifiesta también y sobre todo en
algunas opciones de vida que pueden tener también un precio
elevado, frente a las ilusiones y fáciles promesas de los
falsos profetas.
ORATIO
Oh
Señor, ayúdame a establecer una sabia relación
con el tiempo: no una relación atrincherada en el pasado,
que ya no es, ni una relación perdida en el futuro, que
todavía no es. Haz que toda mi energía se dirija al
presente para dar significado a toda acción y para valorar
cada acontecimiento, de suerte que esté en sintonía
con tu designio y sea capaz de transformar en novedad lo que puede
correr el riesgo de ser rutina. Hazme comprender cuan
discreto es el que sabe "perder el tiempo" en admirar
una puesta de sol, en escuchar el mensaje de una hoja caída,
en observar un hormiguero en acción, en contemplar un
rostro bello, en consolar a quien lo necesita... En suma, en estar
receptivo a todo lo que existe.
Sé
que la vida es una misión de la que deberé rendir
cuentas: haz que permanezca vigilante para que –como decía
Pascal- no me haga culpable de dejar correr el tiempo como un niño
deja correr la arena entre sus dedos.
Oh
Señor, haz que tus palabras, "Estad preparados para
cuando venga", caminen siempre delante de mí.
CONTEMPLATIO
Entonces
será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo
completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la
esperanza, sino el manjar sólido de la posesión.
Con
todo, también ahora, antes de que esta posesión
llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta
posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor, pues
no es poca la alegría de la esperanza, que ha de
convertirse luego en posesión.
Ahora
amamos en esperanza. Por eso, dice el salmo que el justo se
alegra con el Señor. Y añade, en seguida, porque
no posee aún la clara visión: y espera en él.
Sin embargo, poseemos ya desde ahora las primicias del
Espíritu, que son como un acercamiento a aquel a quien
amamos, como una previa gustación, aunque tenue, de lo que
más tarde hemos de comer y beber ávidamente.
Cuál
es la explicación de que nos alegremos con el Señor,
si él está lejos? Pero en realidad no está
lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo
y se te acercará; ámalo y habitará en ti. El
Señor está cerca. Nada os preocupe. Quieres
saber en qué medida está en ti, si lo amas? Dios
es amor. Me dirás: "Qué es el amor?".
El amor es el hecho mismo de amar. Ahora bien, qué es lo
que amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien
creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que de él
has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el
pecado, ya que el pecado es lo único que no has recibido de
él. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo
has recibido de él (Agustín de Hipona, Sermón
21, 1-4).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Mete
tu hoz y comienza a segar. Es el tiempo de la siega"
(Ap
14,15).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
He
constatado, por consiguiente, con horror que mi impaciencia por
ver restablecida la democracia tenía algo de comunista; o
también, en un sentido más general, algo de
racionalista: la unidad de las Luces. Quería hacer
progresar la historia un poco como un niño que se pone a
estirar de una planta para hacerla crecer más deprisa. Me
parece que es preciso aprender a esperar del mismo modo que se
aprende a crear. Sembrar con paciencia, regar con asiduidad la
tierra que cubre la semilla y dar a las plantas su tiempo. No se
puede engañar a una planta, como tampoco se puede engañar
a la historia, pero sí es posible regarla: con paciencia,
todos los días. Con comprensión, con humildad y,
también, con amor.
Si
los políticos y los ciudadanos aprendieran a esperar en el
mejor sentido del término, manifestando así su
respeto al orden intrínseco de las cosas y su insondable
profundidad, si comprendieran que todas las cosas tienen sus
tiempos en este mundo y que, más allá de lo que
esperamos del mundo y de la historia, es importante saber lo que
esperan el mundo y la historia, entonces no podría acabar
la humanidad tan mal como a veces imaginamos. No hay razón
alguna para mostrarnos impacientes, si hemos sembrado y regado
bien. Basta con comprender que nuestra espera no carece de
sentido. Es una espera que tiene sentido porque nace de la
esperanza y no de la desesperación, de la fe y no de la
desconfianza, de la humildad ante los tiempos de este mundo y no
del miedo. Su serenidad no lleva la huella del aburrimiento, sino
de la tensión. Una espera de este tipo es algo más
que un simple estar a la espera. Es la vida, la vida en cuanto
participación gozosa en el milagro del Ser (V. Have
Día
27
Miércoles semana XXXIV
del tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 15,1-4
Yo,
Juan,
1
vi
en el cielo otra señal grande y maravillosa: siete ángeles
que llevaban las siete últimas plagas con las que había
de consumarse la ira de Dios.
2
Vi
también algo semejante a un mar, mezcla de fuego y de
cristal; sobre este mar de cristal estaban, con las cítaras
que Dios les había dado, los vencedores de la bestia, de su
estatua y de su nombre cifrado.
3
Cantaban
el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico
del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios todopoderoso; justo y fiel tu proceder, rey de
las naciones.
4
Cómo
no respetarte, Señor? Cómo no glorificarte? Sólo
tú eres santo, y todas las naciones vendrán a
postrarse ante ti, porque se han hecho patentes tus designios de
salvación.
**•
La referencia de este fragmento a los grandes hechos del Éxodo
es más que evidente: debemos establecer un puente entre el
fin y el principio, entre lo que profetiza el apóstol Juan
y lo que Dios, al principio de la historia de la salvación,
llevó a cabo en favor de su pueblo. Jesús, el
Cordero inmolado, para introducir a los elegidos en el Reino del
Padre, los hará pasar a través del "mar",
que es el símbolo del mundo sumergido en el pecado.
Este
paso será, por tanto, una pascua auténtica, una
liberación de todo lo que es malo para alcanzar la
salvación. El don de Dios tiene una eficacia particular:
hace salir de Egipto, tierra de la esclavitud, y hace entrar en la
tierra prometida, "una tierra que mana leche y miel"
(Ex 3,8); libera del pecado e introduce en la comunión
de vida con él. Este pueblo, precisamente por haber sido
liberado, expresa su alegría mediante el canto; más
exactamente, con "el cántico de Moisés,
siervo de Dios, y el cántico del Cordero" (v. 3).
La referencia a Ex 15,1 ss es clara y resulta iluminadora. También
el salmo responsorial de esta liturgia de la Palabra evoca el gran
acontecimiento, y por eso corresponde muy bien a la alegría
de un pueblo de salvados. Este don de la salvación asume
una dimensión universal: el paso del Antiguo al Nuevo
Testamento lo atestigua. "Todas las naciones vendrán
a postrarse ante ti" (v. 4b): el don de Dios pasa a
través de Israel, pero se abre a toda la humanidad. Dios no
reserva sus dones sólo para algunos, sino que los ofrece a
todos. De este modo alcanza su meta el mensaje del Apocalipsis.
Salmo
Responsorial
Grandes
y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
Salmo
97,1.2-3ab.7-8.9
V/. Cantad al Señor un cántico
nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la
victoria, su santo brazo.
R/.Grandes
y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
V/.
El Señor da a conocer su salvación, revela a las
naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su
fidelidad en favor de la casa de Israel.
R/.Grandes
y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
V/.
Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la
habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes.
R/.Grandes
y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
V/.
Al Señor, que llega para regir la tierra. Regirá
el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.
R/.Grandes
y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
Evangelio:
Lucas 21,12-19
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
12
os
echarán mano y os perseguirán, os arrastrarán
a las sinagogas y a las cárceles, y os harán
comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre.
13
Esto
os servirá para dar testimonio.
14
Haceos
el propósito de no preocuparos por vuestra defensa,
15
porque
yo os daré un lenguaje y una sabiduría a los que no
podrá resistir ni contradecir ninguno de vuestros
adversarios.
16
Seréis
entregados incluso por vuestros padres, hermanos, parientes y
amigos, y a algunos de vosotros os matarán.
17
Todos
os odiarán por mi causa.
18
Pero
ni un cabello de vuestra cabeza se perderá.
19
Si
os mantenéis firmes, conseguiréis salvaros.
**•
El "discurso escatológico" prosigue con un
lenguaje profético que dibuja el futuro de la vida de los
creyentes y de la historia de la primera comunidad cristiana.
Ahora bien, con una perspectiva más dilatada, las profecías
de Jesús tienen que ver con los creyentes y con la
comunidad creyente de todos los tiempos.
En
estas expresiones de Jesús podemos reconocer,
prácticamente, una síntesis de los primeros
capítulos de los Hechos de los Apóstoles, casi un
preludio a la historia de la Iglesia naciente, en la que la
persecución es signo de segura pertenencia a Jesús
en la fe y de plena participación en su destino pascual; es
un signo del acercamiento del Reino de Dios y es un estímulo
para mantener vivo el deseo del retorno del Señor.
Ahora
bien, por qué tiene que caracterizar la persecución
la vida de los discípulos de Jesús y de la comunidad
creyente? A buen seguro, no por una finalidad puramente negativa,
ni sólo para poner a prueba la fidelidad de los seguidores
de Jesús, sino para que éstos tengan la oportunidad
de "dar testimonio" (v. 13) del Señor
resucitado y de su Evangelio.
El
don de la fe implica el deber de la misión y no puede dejar
de expresar la alegría de la evangelización. Jesús
no sólo se preocupa de confiar una misión, sino de
indicar asimismo su método y su estilo. El testimonio de
los discípulos, en efecto, será eficaz únicamente
si es capaz de proseguir en el mundo el estilo pascual del
testimonio de Jesús. No les hará falta preparar su
propia defensa (v. 14); no se les permitirá recurrir a
métodos de defensa puramente humanos; no se les permitirá
recurrir a estrategias terrenas. En cambio, sí necesitarán
vivir de pura fe, abandonarse por completo al poder de Dios,
confiar únicamente en la divina providencia, con la certeza
de que lo que es humanamente imposible será divinamente
seguro. El Señor resucitado no dejará ciertamente a
sus testigos fieles sin una elocuencia extraordinaria y un coraje
indómito (v. 15). Todo esto, en términos bíblicos,
recibe el nombre de perseverancia, que es el distintivo de los
mártires.
MEDITATIO
En
el fragmento evangélico que acabamos de leer hemos oído
dos veces la expresión "por causa de mi nombre".
Más adelante, hemos oído afirmar a Jesús:
"Yo os daré un lenguaje y una sabiduría".
Las exhortaciones de Jesús, que tienen un pronunciado
carácter profético, tienden a liberar a los testigos
de preocupaciones excesivamente humanas, personales, para
concentrar su atención en su nombre, esto es, en su persona
y en lo que él está dispuesto a hacer en su favor.
Es
así como podemos captar el valor específico del
testimonio cristiano: éste vale no tanto por lo que las
personas sepan o puedan expresar como por el don divino que, a
través de su Palabra, se manifiesta. El testigo se
convierte entonces en signo concreto y manifestador de una
presencia superior; sus palabras transmiten un mensaje divino; su
martirio es prolongación del martirio de Jesús.
Para
esta prueba extrema que es el martirio, se les asegura a los
testigos la presencia consoladora de Jesús, que no sólo
los hace extraordinariamente elocuentes, sino, en cierto modo,
también invulnerables: "Niun cabello de
vuestra cabeza se perderá". Esta divina seguridad
encontrará amplia confirmación en el martirologio
cristiano: no sólo en el que aparece en los Hechos de los
Apóstoles, sino también en el que caracterizará
de modo particular la historia de la Iglesia de los primeros
siglos.
Podemos
constatar, por tanto, que el martirio, en el marco de la historia
bíblica y cristiana, caracteriza a la comunidad de los
creyentes tanto del Antiguo (basta con pensar en el martirio de
los siete hermanos Macabeos y en el de su madre) como del Nuevo
Testamento.
ORATIO
Oh
Señor, tú que eres "el Sufridor" por
excelencia, ayúdanos a comprender que de la fidelidad a
nuestra misión brota la disponibilidad al sufrimiento:
sufrir para ser fieles a nuestra propia vocación o, mejor
aún, a ti, que nos has llamado por nuestro nombre. Sufrir
no como masoquistas, sino para llevar a cabo un designio de
liberación en favor de los hermanos y para tu gloria.
Sufrir
para ser coherentes con un plan de valores, pagando con la
rebelión de nuestras pasiones y con el rechazo de quienes
no piensan como nosotros. Sufrir convencidos de que podemos y
debemos eliminar el sufrimiento inútil sustituyéndolo
por un sufrimiento consciente y paciente.
Sólo
así tendremos esa paz que simboliza el mar de cristal y se
ofrece a quien, tras haber pasado por el fuego de la prueba, sale
de él purificado y renovado. Oh Señor, da vigor a
tus promesas, haznos perseverantes en tu amor, tú que eres
el Dios fiel.
CONTEMPLATIO
Es
la intención lo que hace buena la obra, y la intención
está dirigida por la fe. No hay que prestar demasiada
atención a lo que hace el hombre, sino a lo que pretende al
obrar, al fin hacia el que dirige el brazo de su guía
óptima.
Supón
que un hombre gobierna de manera óptima su nave, pero se ha
olvidado de la meta hacia la que se dirige. Aquí lo
tenemos: sabe dirigir de modo experto el timón, sabe
moverlo de manera óptima, sabe embestir de proa a las olas,
sabe protegerse para que éstas no le embistan por los
costados; está dotado de tanta fuerza que puede hacer virar
la nave hacia donde quiere y desde donde quiere, pero de qué
le vale todo esto si cuando le preguntan a dónde va
contesta que no lo sabe; o bien, aunque no diga que no lo sabe,
sino que va a tal puerto, no se dirige en absoluto hacia ese
puerto, sino hacia los escollos?
Ésta
es también la condición de quien corre de manera
óptima pero fuera del camino. No habría sido mejor y
menos peligroso que ese timonel hubiera sido bastante menos capaz,
de modo que llevara el timón con trabajo y dificultad, pero
mantuviera, sin embargo, el rumbo justo y debido; y, por otra
parte, que ese otro hubiera sido tal vez incluso más
perezoso y más lento, pero, sin embargo, hubiera marchado
por el camino, antes que correr velozmente fuera del mismo? Es
óptimo, por tanto, aquel que mantiene el camino y lo sigue
expedito; y siempre se puede esperar también a quien,
cojeando un poco, no se sale del camino totalmente, no se detiene,
sino que progresa, aunque sea poco a poco. Cabe esperar, en
efecto, que este último llegará, quizás más
tarde, a su meta (Agustín de Hipona).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sólo
tú eres santo"
(Ap
15,4).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Siguiendo
la misma lógica de su propósito de historiador,
Lucas dirige más su atención a los efectos
exteriores y visibles de la acción del Espíritu que
a la transformación interior por la que se interesa el
teólogo Pablo. Este último permanece en la línea
dominante de la Biblia, en la que el Espíritu se manifiesta
sobre todo como Espíritu profético, que impulsa a
hablar y da fuerza al testimonio de aquel a quien inspira. Lucas
prefiere ver en el Espíritu el principio del dinamismo que
asegura la difusión del mensaje evangélico y la
expansión cíe la Iglesia. La fe que lleva al
bautismo y procura la remisión de los pecados es un
preliminar para la acogida de esta fuerza que impulsa al cristiano
y a la Iglesia hacia el exterior. A buen seguro, no sin
proporcionar un fortalecimiento interior; aunque no es éste
el aspecto que interesa a Lucas: el tercer evangelista no piensa
nunca, por ejemplo, en considerar el don del Espíritu como
un anticipo de la vida eterna.
El
Espíritu aparece, pues, en Lucas menos como una realidad
constitutiva de la Iglesia que como la fuerza motriz de su
crecimiento. No es la pneumatología de Lucas la que nos
proporcionará la clave de su eclesiología (J.
Dupont).
Día
28
Jueves semana XXXIV del tiempo
ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 18,1-2.21-23; 19,l-3.9a
Yo,
Juan,
18,1
vi
a otro ángel que bajaba del cielo con gran poder. La tierra
quedó iluminada con su resplandor,
2
y
el ángel gritó con voz potente, diciendo: !Cayó,
cayó al fin la orgullosa Babilonia! Se ha convertido en
mansión de demonios, en guarida de espíritus
inmundos y de toda clase de aves inmundas y detestables.
21
Un
ángel pleno de vigor levantó entonces un peñasco
grande como una gigantesca rueda de molino y lo arrojó al
mar, diciendo:
Así,
de golpe, será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y
desaparecerá para siempre.
22
Ya
no se volverá a oír en ti el son de los citaristas y
los músicos, de los que tocan la flauta y la trompeta. Ya
no habrá en ti artesanos ni se oirá la rueda del
molino.
23
La
luz del candil ya no alumbrará más en ti, ni el
canto del novio y de la novia se oirá más en tus
calles. Porque tus negociantes llegaron a ser los señores
de la tierra y con tus maleficios embaucaste a todas las naciones.
19,1
Después
de esto, oí en el cielo algo así como la voz potente
de una inmensa muchedumbre que cantaba: !Aleluya! La salvación,
la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios,
2
que
juzga con verdad y con justicia. Él ha condenado a la gran
prostituta, la que corrompía la tierra con sus
prostituciones, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos.
3
Y
por segunda vez cantaban: !Aleluya! El humo de su incendio sigue
subiendo por los siglos de los siglos.
9,a
Entonces
alguien me dijo: -Escribe: Dichosos los invitados al banquete de
bodas del Cordero.
**•
Esta visión que se ofrece al evangelista Juan tiene también
la finalidad de iluminar la historia del pueblo de Dios en marcha.
El cielo y el resplandor que de él se difunde (cf. 18,1)
indican, de una manera clara, la procedencia divina de la Palabra
que va a ser proclamada. Sólo quien escucha y recibe el
mensaje podrá caminar seguro hacia la meta final. Por
un lado, se proclama el final de Babilonia, símbolo de las
potencias adversas al Reino de Dios y tendentes a arrancar un
culto idolátrico a los hombres. Se trata de una auténtica
derrota de Babilonia, aunque de momento en su historia pueda
parecer vencedora. La atina de la ciudad, según el juicio
expresado por esta profecía, no es otra cosa que el mentís
de cualquier intentó humano de oponerse al designio divino.
La ausencia total de alegría en ella -faltarán el
son de los citaristas, la luz del candil y el canto del novio y de
la novias signo de la ausencia de Dios y de la sordera total de
sus habitantes a la voz del Señor, que llama a la
conversión (18,2.22ss).
Por
el contrario, el aleluya proclamado inmediatamente después
(19,1-3) expresa, con un contraste vigoroso e iluminador, la
victoria de Dios sobre sus adversarios, la victoria del Cordero
sobre sus enemigos y la alegría de los salvados con el
poder de la pascua. El símbolo final de esta gozosa
victoria es el "banquete de bodas" (19,9) que
ofrece el Cordero a todos los invitados.
Se
trata de un símbolo bíblico bien conocido, que nos
invita a compartir el gran misterio de salvación de Dios,
nuestro salvador, en la fe y en la esperanza.
Salmo
Responsorial
Bienaventurados
los invitados al banquete de bodas del Cordero.
Salmo
99,2.3.4.5
V/. Aclama al Señor, tierra
entera, servid al Señor con alegría, entrad en
su presencia con vítores.
R/.Bienaventurados
los invitados al banquete de bodas del Cordero.
V/.
Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y
somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
R/.Bienaventurados
los invitados al banquete de bodas del Cordero.
V/.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus
atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su
nombre.
R/.Bienaventurados
los invitados al banquete de bodas del Cordero.
V/. El
Señor es bueno, su misericordia es eterna, su
fidelidad por todas las edades.
R/.Bienaventurados
los invitados al banquete de bodas del Cordero.
Evangelio:
Lucas 21,20-28
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
20
Cuando
veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed
que se acerca su devastación.
21
Entonces,
los que estén en Judea que huyan a los montes; los que
estén dentro de la ciudad que se alejen, y los que estén
en el campo que no entren en la ciudad.
22
Porque
son días de venganza en los que se cumplirá todo lo
que está escrito.
23
!Ay
de las que estén encintas y criando en aquellos días!
Porque habrá gran tribulación en la tierra y el
castigo vendrá sobre este pueblo.
24
Caerán
al filo de la espada e irán cautivos a todas las naciones,
y Jerusalén será pisoteada por los paganos hasta que
llegue el tiempo señalado.
25
Habrá
señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la
tierra la angustia se apoderará de los pueblos, asustados
por el estruendo del mar y de sus olas.
26
Los
hombres se morirán de miedo al ver esa conmoción del
universo, pues las potencias del cielo quedarán
violentamente sacudidas.
27
Entonces
verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y
gloria.
28
Cuando
empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la
cabeza, porque se acerca vuestra liberación.
**•
Esta sección del "discurso escatológico"
se subdivide claramente en dos partes: en la primera se describe
la ruina de Jerusalén (w. 20-24), en la segunda se describe
el fin del mundo (w. 25-28). La primera parte es la más
característica de Lucas, ya que le gusta volver de la
apocalíptica a la historia: "Cuando veáis a
Jerusalén rodeada de ejércitos... son días de
venganza" (cf. vv. 20-22).
Queda
claro, por consiguiente, que Lucas considera la destrucción
de Jerusalén como un juicio de Dios dirigido contra el
comportamiento precedente de sus habitantes.
De
ahí que la perspectiva mire más al pasado que al
futuro. Hay, no obstante, un matiz particular que merece ser
destacado: lo que le ocurre a Jerusalén tiene una finalidad
que abre la perspectiva al universalismo: "Jerusalén
será pisoteada por los paganos hasta que llegue el tiempo
señalado" (v. 24), es decir, el tiempo del
testimonio o, bien, el tiempo de los mártires (cf.
Hechos de los Apóstoles).
Es
sabido que a Lucas le gusta distinguir con claridad los tiempos de
la historia de la salvación: el tiempo del antiguo Israel,
la plenitud de los tiempos caracterizada por la presencia de Jesús
y el tiempo de la Iglesia. Los tiempos de los paganos se insertan
en esta última sección de la historia. En el paso de
la primera a la segunda parte de este fragmento, Lucas deja
entender que al tiempo de los paganos le sucederá el tiempo
del juicio universal.
Los
w. 25-28 se caracterizan por la venida del Hijo del hombre para el
juicio: el creyente no tiene ningún motivo para temer,
aunque la descripción de ese momento induzca sentimientos
que suscitan el temor de Dios. El regreso del Señor se
caracteriza, en efecto, por el "gran poder y gloria"
(v. 27): él traerá consigo el don de la
liberación total y definitiva, una "redención"
que sólo puede ser un exquisito don divino.
MEDITATIO
Como
hemos indicado un poco más arriba, Lucas señala en
este fragmento de su evangelio las etapas principales de la
historia de la salvación: el tiempo de la antigua alianza,
el carácter central de la nueva y el momento de la parusía
final. Con razón, por tanto, se ha calificado al tercer
evangelista de teólogo de la historia de la salvación.
Si, además de esto, recordamos que Lucas es el único
de los evangelistas que ha sentido la necesidad de escribir los
Hechos de los Apóstoles como continuación del tercer
evangelio, comprenderemos cuál ha sido el designio unitario
que ha concebido y llevado a cabo; para él, evangelista, ha
significado ponerse al servicio de una obra evangelizadora que
parte, ciertamente, de la historia de Jesús, pero que no
puede dejar de abarcar también la historia de sus testigos
de la comunidad cristiana de los primeros y de todos los tiempos.
También
hoy se habla mucho de "evangelización", en
ocasiones incluso de "nueva evangelización":
términos todos ellos apropiados y más que legítimos,
a condición, no obstante, de que la obra de la
evangelización sea reconducida a su centro neurálgico,
que es el gran acontecimiento de la pascua de Jesús, y
de que sea concebida como simple y lógica continuación
de ese evangelio viviente que ha sido la persona misma de
Jesús. Sólo así podrá la
evangelización anunciar, prometer y dar la
liberación-redención de la que habla el fragmento
evangélico de hoy y que corresponde a una nueva creación.
Jesús,
en efecto, ha venido para liberar al hombre del pecado y para
hacerle recuperar la frescura de la imagen-primitiva de Dios;
volverá al final para crear unos "cielos nuevos y
una nueva tierra", pero, sobre todo, para perfeccionar en
el hombre la imagen divina originaria.
ORATIO
"No
temáis las amenazas ni os dejéis amedrentar. Dad
gloria a Cristo, el Señor, y estad siempre dispuestos a dar
razón de vuestra esperanza a todo el que os pida
explicaciones " (1
Pe 3,14-15).
Es
la esperanza lo que me proporciona el valor para buscar mundos
nuevos y para remover capas de escombros y de hábitos que
me incrustan y me entierran en seguridades precarias. La esperanza
de alcanzarte me hace que no desista nunca y me infunde el coraje
necesario para seguir adelante a pesar de mis debilidades.
Es
la esperanza lo que moviliza todos mis recursos para alcanzar la
meta que tú me has reservado, para luchar contra una
existencia incolora que, poco a poco, nos va achatando y
paralizando. La esperanza de reconocerte, porque la vida se
renueva y no se repite nunca cuando se abre a ti y se inspira en
el Evangelio.
Es
la esperanza lo que me da la fuerza necesaria para mantener viva
mi luz, para no "rehacerme" como otros me quieren,
vagando sin identidad y cerrado a la gracia.
La
esperanza de verte y quedar maravillado.
CONTEMPLATIO
"En
un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última
trompeta, porque resonará, y los muertos despertarán
incorruptibles, y nosotros nos veremos transformados". Al
decir "nosotros", Pablo enseña que han de gozar
junto con él del don de la transformación futura
todos aquellos que, en el tiempo presente, se asemejan a él
y a sus compañeros por la comunión con la Iglesia y
por una conducta recta. Nos insinúa también el modo
de esta transformación cuando dice: "Esto
corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto
mortal tiene que vestirse de inmortalidad". Pero
a esta transformación, objeto de una justa retribución,
debe preceder otra transformación que es puro don gratuito.
La
retribución de la transformación futura se promete a
los que en la vida presente realicen la transformación del
mal al bien.
La
primera transformación gratuita consiste en la
justificación, que es una resurrección espiritual,
don divino que es una incoación de la transformación
perfecta que tendrá lugar en la resurrección de los
cuerpos de los justificados, cuya gloria será entonces
perfecta, inmutable y para siempre. Esta gloria inmutable y eterna
es, en efecto, el objetivo al que tienden, primero, la gracia de
la justificación y, después, la transformación
gloriosa.
En
esta vida somos transformados por la primera resurrección,
que es la iluminación destinada a la conversión; por
ella, pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la justicia, de
la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una conducta
santa. Sobre los que así obran no tiene poder alguno la
segunda muerte. De ellos, dice el Apocalipsis: "Dichoso
aquel a quien le toca en suerte la primera resurrección;
sobre ellos la segunda muerte no tiene poder". Y leemos
en el mismo libro: "El que salga vencedor no será
víctima de la muerte segunda". Así como hay
una primera resurrección, que consiste en la conversión
del corazón, así hay también una segunda
muerte, que consiste en el castigo eterno.
Que
se apresure, pues, a tomar parte ahora en la primera resurrección
el que no quiera ser condenado con el castigo eterno de la segunda
muerte. Los que en la vida presente, transformados por el temor de
Dios, pasan de la mala a la buena conducta pasan de la muerte a la
vida y, más tarde, serán transformados de su humilde
condición a una condición gloriosa (Fulgencio de
Ruspe, Sobre el perdón de los pecados, Libro 2, 11,
2-12, 1.3-4).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosos
los invitados al banquete de bodas del Cordero"
(Ap
19,9).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
Ruego
al Señor que me conceda la gracia de convertir mi muerte
próxima en don de amor a la Iglesia. Podría decir
que siempre la he amado; fue su amor el que me sacó de mi
mezquino y selvático egoísmo y me encaminó a
su servicio; y que por ella, y por nada más, me parece
haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo sepa; y desearía
tener la fuerza necesaria para decírselo como una
confidencia del corazón que sólo en el último
momento de la vida se tiene el valor de hacer. Quisiera, por
último, comprenderla en su historia, en su designio
salvífico, en su destino final, en su compleja, total y
unitaria composición, en su humana e imperfecta
consistencia, en sus desgracias y en sus sufrimientos, en las
debilidades y miserias de tantos hijos suyos, en sus aspectos
menos simpáticos y en su perenne esfuerzo de fidelidad, de
amor, de perfección y de caridad. Cuerpo místico de
Cristo.
Quisiera
abrazarla, saludarla, amarla, en cada ser que la compone, en cada
obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada alma
que la vive y la ilustra; bendecirla. También porque no la
dejo, no salgo de ella, sino que me uno y me confundo más y
mejor con ella; la muerte es un progreso en la comunión de
los santos (Pablo VI).
Día
29
Viernes semana del XXXIV
tiempo ordinario
LECTIO
Primera
lectura: Apocalipsis 20,1-4.11-21,2
Yo,
Juan,
20,1
vi
un ángel que bajaba del cielo llevando en la mano la llave
del abismo y una gran cadena.
2
Apresó
al dragón, la antigua serpiente -que es el Diablo y
Satanás-, y lo encadenó por mil años.
3
Lo
arrojó al abismo, cerró y selló la entrada,
para que no pueda seducir más a las naciones hasta que
hayan pasado los mil años. Pasados los mil años,
tendrá libertad por breve tiempo.
4
Después
vi unos tronos, y a los que se sentaron en ellos se les dio poder
para juzgar. Y vi a los que habían sido degollados por dar
testimonio de Jesús y por anunciar la Palabra de Dios: los
que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, los que
no se habían dejado marcar ni en su frente ni en sus manos.
Todos
ellos revivieron y reinaron con Cristo mil años.
11
Vi
luego un trono grande y resplandeciente. Tierra y cielo se
desvanecieron ante la presencia del que estaba sentado sobre el
trono y desaparecieron sin dejar rastro.
12
Vi
también a los muertos, tanto poderosos como humildes, que
estaban de pie ante el trono. Se abrieron entonces los libros; se
abrió otro libro -el libro de la vida-, y los muertos
fueron juzgados según sus obras, conforme a lo que estaba
escrito en los libros.
13
El
mar devolvió sus muertos, la tierra y el abismo devolvieron
sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras.
14
Muerte
y abismo fueron arrojados después al estanque de fuego; he
aquí la segunda muerte: el estanque de fuego,
15
al
que fueron también arrojados todos los que no estaban
inscritos en el libro de la vida.
2,1
Y
vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Habían desaparecido
el primer cielo y la primera tierra, y el mar ya no existía.
2
Vi
también bajar del cielo, de junto a Dios, a la ciudad
santa, la nueva Jerusalén, ataviada como una novia que se
adorna para su esposo.
*••
El tema de que se ocupa este fragmento es la nueva creación:
Juan, encaminándose hacia el final de su magna visión,
contempla una gran lucha entre la antigua serpiente y el Cordero
inmolado. Como siempre, la lucha tendrá un final feliz: la
victoria de Dios sobre Satanás es cierta y traerá
con ella una novedad de vida y alegría a todos los
creyentes. Todo esto se llevará a cabo en la ciudad de
Dios, patria de todos aquellos que han sido "degollados
por dar testimonio de Jesús y por anunciar la Palabra de
Dios" (20,4) y lugar en el que todos los que no han
adorado a la bestia ni a su estatua recuperan la vida y reinan con
Cristo.
Es,
por consiguiente, la ciudad de la alegría, la ciudad de la
vida, que triunfa sobre la muerte; la ciudad de Dios, que elimina
cualquier otra ciudad alternativa. En el centro de esta ciudad se
erige un trono blanco y, sentado en él, aquel en cuyas
manos está "el libro de la vida" (v. 12).
Es una imagen estupenda y sencilla al mismo tiempo para hacernos
comprender que todas nuestras decisiones y nuestras obras son
conocidas por Dios y serán sopesadas por él en su
divina sabiduría y bondad.
Junto
al libro de la vida encontramos el "estanque de fuego"
(v. 14), que también recibe el nombre de "segunda
muerte", destino tremendo de todos los que no están
inscritos en el libro de la vida.
Con
todo, la perspectiva final es absolutamente positiva: al final de
la historia ya no tendrá la muerte ningún poder
sobre los que siguieron al Cordero en su camino pascual. Serán
admitidos a la plena y eterna comunión con Dios,
simbolizada aquí por la Jerusalén celestial, que,
"como una novia que se adorna para su esposo" (21,2),
será la ciudad santa.
Salmo
Responsorial
He
aquí la morada de Dios entre los hombres.
Salmo
83
V/. Mi alma se consume y anhela los atrios del
Señor, mi corazón y mi carne retozan por el
Dios vivo.
R/.He
aquí la morada de Dios entre los hombres.
V/.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina,
un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor
del universo, Rey mío y Dios mío.
R/.He
aquí la morada de Dios entre los hombres.
V/.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote
siempre. Dichoso el que encuentra en ti su fuerza. Caminan
de baluarte en baluarte.
R/.He
aquí la morada de Dios entre los hombres.
Evangelio:
Lucas 21,29-33
En
aquel tiempo,
29
les
puso también Jesús esta comparación: -Mirad
la higuera y los demás árboles.
30
Cuando
veis que echan brotes, os dais cuenta de que está próximo
el verano.
31
Así
también vosotros, cuando veáis realizarse estas
cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca.
32
Os
aseguro que no pasará esta generación antes de que
todo esto suceda. 33
El
cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
**•
Por último, en esta parte del "discurso escatológico",
responde Jesús a la pregunta inicial: "Maestro,
cuándo será eso? Cuál será la señal
de que esas cosas están a punto de suceder?" (21,7).
La respuesta viene de la mano de una parábola: la de la
higuera. El v. 28 de este discurso había introducido ya el
tema de la vigilancia: "Cobrad ánimo y levantad la
cabeza". Ahora se retoma y desarrolla ampliamente el
mismo tema. Aparece así la preocupación parenética
del evangelista Lucas, que, en cuanto se le presenta la ocasión,
exhorta a los destinatarios de su evangelio a extraer las debidas
consecuencias del mensaje que les está entregando.
Mediante
un pequeño retoque - a saber: añadiendo "y
los demás árboles" (v. 29)- Lucas ha
querido hacer inteligible la parábola de la higuera también
a los de fuera de Palestina. Con todo, no es preciso aplicar a las
realidades del Reino de Dios el ritmo de las estaciones: por
consiguiente, el retorno del Señor no debe ser considerado,
como lo es el verano, como el tiempo de los frutos y la cosecha.
Lo único que se pretende afirmar es que, cuando aparezcan
los signos premonitorios descritos en los w. 20-28, entonces
tendrá lugar la plena manifestación del poder del
Dios que salva, esto es, el momento de la manifestación
definitiva del Señor. En efecto, para Lucas -y esto es algo
que conocemos bien-, el Reino de Dios está "ya"
en medio de nosotros (cf. 12,20; 17,21): por eso intenta
expresar aquí no el comienzo, sino la difusión del
Reino de Dios hasta su última fase. "Se acerca
vuestra liberación" (v. 28): es como decir que
Cristo, el liberador, tras haber inaugurado ya entre nosotros el
Reino de su Padre, está perfeccionando su misión de
salvador.
MEDITATIO
Ya hemos hecho alusión
al estilo parenético-exhortatorio de Lucas, signo que
manifiesta una intención equivalente por parte de Jesús.
Los verbos que se suceden indican claramente esta tendencia:
"Mirad...
cuando veis... os dais cuenta... sabed...". Ningún
creyente se puede sustraer a esta invitación: tenemos el
deber concreto no sólo de mirar y ver, sino también
de darnos cuenta y comprender. No, a buen seguro, con la
pretensión de sondear el misterio, sino con la plena
confianza de poder apropiarnos del mensaje de consuelo y
liberación que Jesús ha venido a traernos. Con otras
palabras, Jesús lanza una llamada a la inteligencia de sus
discípulos, sin ofrecerles una solución preparada y
clara.
De
este modo expresa asimismo su calidad de maestro, que tiende a
implicar a sus discípulos en la comprensión del
misterio que él mismo ha recibido de su Padre. Aquí
se capta no sólo el trabajo, sino también la belleza
de ese camino de búsqueda que el gran pedagogo Jesús
indicó a la gente de su tiempo y sigue indicando todavía
a cada hombre y a cada mujer de buena voluntad. Para comprender,
es decir, para leer en el fondo de los acontecimientos históricos
que nos implican y nos esperan, nos ofrece Jesús una clave
interpretativa: la luz de sus palabras y, sobre todo, la de su
ejemplo. En efecto, el cristiano no pretende comprender sólo
desde el punto de vista intelectual, sino también y sobre
todo desde un punto de vista vital: lo que sucede en la historia
individual y comunitaria puede ser comprendido como signo de una
presencia divina, puede ser acogido como don del Señor,
puede ser interpretado como estímulo para reemprender el
camino del Evangelio, en perfecta fidelidad al mandamiento de Dios
y al ejemplo de Jesús.
ORATIO
La
muerte es la gran cita que nos espera a todos y que nuestra
sociedad materialista ha convertido en un tabú insuperable,
difundiendo su terror.
Oh
Señor Jesús, tú que venciste a la muerte,
abre nuestros corazones y nuestras mentes para comprender que la
muerte es un proceso humano como el nacimiento: es nacer a una
existencia diferente. La muerte es el punto de llegada tras la
agotadora marcha de la vida, durante la cual caemos, nos cansamos,
nos sentimos solos, sedientos, dudando de si podremos llegar a la
meta. Oh Señor, libéranos del miedo a la muerte y
haz que su pensamiento nos ayude a vivir mejor, para poder habitar
un día en tu casa. La muerte es asimismo el punto de
partida para quien ha vivido bien, intentando conocerte cada vez
mejor, amarte cada vez más y servirte en los hermanos.
Oh
Señor, concédenos experimentar en nuestro morir
cotidiano el poder de tu resurrección, de suerte que
podamos vivir cada acontecimiento a la luz radiante de la vida que
nos espera.
CONTEMPLATIO
Tres
son las enseñanzas del Señor: la esperanza de la
vida, principio y término de nuestra fe; la justicia,
comienzo y fin del juicio; el amor en la alegría y el
regocijo, testimonio de las obras de la justicia.
El
Señor, en efecto, nos ha manifestado, por medio de sus
profetas, el pasado y el presente y nos ha hecho gustar por
anticipado las primicias de lo porvenir.
Viendo,
pues, que estas cosas se van cumpliendo en el orden en el que él
las había predicho, debemos llevar una vida más
generosa y más excelsa en el temor del Señor. Por lo
que respecta a mí, no como maestro, sino como uno de
vosotros, os manifestaré algunas enseñanzas que os
puedan alegrar en las presentes circunstancias.
Ya
que los días son malos y que el Altivo mismo posee poder,
debemos, estando vigilantes sobre nosotros mismos, buscar las
justificaciones del Señor. Nuestra fe tiene como ayuda el
temor y la paciencia, y como aliados la longanimidad y el dominio
de nosotros mismos. Si estas virtudes permanecen santamente en
nosotros, en todo lo que atañe al Señor, tendrán
la gozosa compañía de la sabiduría, la
inteligencia, la ciencia y el conocimiento. El Señor nos ha
dicho claramente, por medio de los profetas, que no tiene
necesidad ni de sacrificios ni de holocaustos ni de ofrendas,
cuando dice: Qué me importa el número de vuestros
sacrificios? -dice el Señor- Estoy harto de holocaustos de
carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y
machos cabríos no me agrada. Por qué entráis
a visitarme? Quién pide algo de vuestras manos cuando
pisáis mis atrios? No me traigáis más dones
vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados,
asambleas, no los aguanto (Carta de Bernabé).
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Vi
a la ciudad santa ataviada como una novia que se adorna para su
esposo"(cf.
Ap
21,2).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
La
Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras, al igual que
el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y
de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra ele
Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la sagrada liturgia.
Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la sagrada
tradición, como la regía suprema de su
fe,
puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para
siempre, comunican inmutablemente la Palabra del mismo Dios
y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras
de los profetas y de los apóstoles. [...]
La
esposa del Verbo encarnado, es decir, la Iglesia, enseñada
por
el Espíritu Santo, se esfuerza en acercarse, de día
en día, a la más profunda inteligencia de las
Sagradas Escrituras, para alimentar sin desfallecimiento a sus
hijos con la divina enseñanza; por lo cual fomenta también
convenientemente el estudio de los santos Padres, tanto del
Oriente como del Occidente, y de las sagradas liturgias. [...]
Así
pues, con la lectura y el estudio de los libros sagrados "la
Palabra de Dios se difunda y resplandezca" (2 Tes 3,1) y
el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, llene
más y más los corazones de los hombres. Como la vida
de la Iglesia recibe su incremento de la renovación
constante del misterio eucarístico, así es de
esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la acrecida
veneración de la Palabra de Dios, que "permanece
para siempre" (Is 40,8; cf. 1 Pe 1,23-25) [Dei
Verbum 2 1 , 23, 26).
Día
30
Sábado semana XXXIV del
tiempo ordinario o 30 de noviembre,
San Andrés
Andrés,
que ya era discípulo de Juan el Bautista, se puso a seguir
a Jesús cuando el precursor le señaló como
"Cordero de Dios" {cf. Jn 1,35-40). Le comunicó
a Pedro, su hermano, que había descubierto al Mesías
[cf. Jn l,41ss). Ambos fueron llamados por Jesús a
orillas del lago de Genesaret para ser "pescadores de
hombres" (Mt 4,18ss). Fue Andrés el que, en la
multiplicación de los panes, indicó a Jesús
al niño que tenía los cinco panes y los dos peces
(Jn ó,8ss). Junto con Felipe, Andrés le dijo al
Nazareno que algunos griegos querían verle (Jn 12,20ss).
Según la tradición, Andrés murió
crucificado en Patras; por eso se venera su memoria de un modo
absolutamente especial en la Iglesia griega.
LECTIO
Primera
lectura: Romanos 10,9-18
Hermano:
9
si
proclamas con tu boca que Jesús es el Señor y
crees con tu corazón que Dios lo ha resucitado de entre
los muertos, te salvarás.
10
En
efecto, cuando se cree con el corazón actúa la
fuerza salvadora de Dios, y cuando se proclama con la boca se
alcanza la salvación.
11
Pues
dice la Escritura: Quienquiera
que ponga en él su confianza no quedará
defraudado.
12
Y
no hay distinción entre judío y no judío,
pues uno mismo es el Señor de todos, rico para todos los
que lo invocan.
13
En
una palabra, todo
el que invoque el nombre del Señor se salvará.
14
Ahora
bien, cómo van a invocar a aquél en quien no
creen? Y cómo van a creer en él si no les ha sido
anunciado?
15
Y
cómo va a ser anunciado si nadie es enviado? Por eso
dice la Escritura: !Qué
hermosos son los pies de los que anuncian buenas noticias!
16
Pero
no todos han aceptado la Buena Nueva. Isaías lo dice:
Señor,
quién ha dado crédito a nuestro mensaje?
17
En
definitiva, la fe surge de la proclamación, y la
proclamación se verifica mediante la palabra de Cristo.
18
Y
digo yo: es que no han oído? !Todo lo contrario! A
toda la tierra ha llegado la voz de los mensajeros y hasta los
confines del mundo sus palabras.
**•
Según el mensaje paulino, es la fe lo que conduce a la
salvación, por el simple hecho de que con ella nos
abandonamos libre y totalmente a Dios (cf. Dei Verbum 5),
reconociéndole como Salvador. Ahora bien, a la fe se
llega mediante la escucha de la predicación.
El
objeto de ambas, de la fe y de la predicación, es el
misterio de Jesús-Señor, muerto y resucitado por
el poder de Dios Padre. Por eso, al creer, todo hombre y toda
mujer de buena voluntad- se expropia de sí mismo y se
convierte en propiedad de Dios, garantía y fundamento de
toda posible confianza humana en él. Con todo, y siempre
según la enseñanza de Pablo, también la
predicación presupone un acontecimiento de gran
importancia: un acontecimiento de carácter histórico,
que aparece como absolutamente necesario. El que predica debe
poder decir que ha sido enviado: la predicación
presupone la misión, y ésta constituye el punto
de amarre entre el que predica y el que es predicado, entre el
enviado y el que envía.
El
destino universal del mensaje evangélico pasa, por
consiguiente, a través de un hecho histórico
completamente particular: la elección que hizo Jesús
de sus testigos y el envío de los mismos en misión.
Salmo
Responsorial
A
toda la tierra alcanza su pregón
Salmo
18. 2-5
2El
cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la
obra de sus manos: 3el día al día
le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
R.-
A toda la tierra alcanza su pregón
4Sin
que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, 5a
toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites
del orbe su lenguaje.
R.-
A toda la tierra alcanza su pregón
Evangelio:
Mateo 4,18-22
En
aquel tiempo,
18
paseando
junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simón,
llamado Pedro, y su hermano Andrés, que estaban echando
la red en el lago, pues eran pescadores.
19
Les
dijo: -Venid detrás de mí y os haré
pescadores de hombres.
20
Ellos
dejaron al instante las redes y lo siguieron.
21
Más
adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y
su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo,
reparando las redes. Los llamó también,
22
y
ellos, dejando al punto la barca y a su padre, lo siguieron.
*••
Jesús se apresura, al comienzo de su ministerio público,
a reunir a su alrededor algunos discípulos, a los que
dirige una enseñanza completamente particular, porque
quiere que sean sus seguidores y sus testigos. A su tiempo,
después de la resurrección de Jesús, serán
enviados a todo el mundo, a fin de que el Evangelio pueda
seguir su curso hasta el final. Los Doce, de pescadores de
peces, se convertirán en pescadores de hombres.
No
se trata de un simple juego de palabras, sino de lo que el
mismo Jesús les dice: "Ellos dejaron al instante
las redes y lo siguieron" (v. 19). Andrés,
junto con su hermano Simón, fue uno de los primeros que
escuchó la llamada de Jesús y le siguió
con prontitud. Mateo otorga un relieve particular a la
prontitud con la que Pedro y Andrés respondieron a la
llamada de Jesús: "Y ellos, dejando al punto la
barca y a su padre, lo siguieron" (v. 20).
Un
poco más adelante (v. 22), el mismo evangelista Mateo
afirma que, en realidad, los primeros discípulos de
Jesús no dejaron sólo las redes, la barca y su
profesión, sino también a su padre. El
seguimiento de Jesús, el auténtico que transforma
la vida, no deja lugar a tergiversaciones ni concede descuento
alguno: es, por propia naturaleza, radical y totalitario.
MEDITATIO
Nuestra
reflexión se va a detener en un par de detalles que nos
ofrece la página evangélica. En primer lugar, el
hecho histórico según el cual los primeros
discípulos siguieron a Jesús de dos en dos. No
parece que haya que desatender esta información que nos
ofrecen los evangelistas.
También
hoy el seguimiento de Jesús mediante la experiencia de
una compañía, de una auténtica amistad
humana, es extremadamente positivo; puede favorecer la
decisión, la adhesión y la perseverancia. Tal vez
el mundo contemporáneo tenga también necesidad de
este testimonio, un testimonio con el que los seguidores de
Jesús muestran que son capaces de valorar todo lo que
hay de bueno y santo en las relaciones amistosas.
La
prontitud con la que los primeros discípulos de
Jesús siguen a su maestro merece asimismo una atención
especial. Decir prontitud significa desprendimiento de todo lo
que puede lentificar el paso hacia Jesús, sobre todo de
aquello que, en cierto modo, podría despistarnos del
camino emprendido. Decir prontitud significa también la
voluntad de establecer un atraque fuerte y decisivo en Jesús,
único fin de nuestra propia vida, único
destinatario de nuestro propio amor. Por eso, decir prontitud
significa radicalidad evangélica; con ella, todo resulta
bello y ligero al final; sin ella, todo resultaría
fatigoso e insoportable en cada instante.
ORATIO
Por
qué, Señor, son tan pocos los que prestan hoy
oído a tu voz? Por qué disminuye cada vez más
el número de los que están dispuestos a seguirte
por el camino de la radicalidad evangélica? Acaso se ha
apagado tu voz entre nosotros? O tal vez es menos perceptible
tu presencia entre los jóvenes de hoy? Acaso estás
tan escondido que es casi imposible reconocerte presente y
cercano a cada uno de nosotros?
Sin
embargo, oh Señor, tú estás en medio de
nosotros, vives a nuestro lado, nos acompañas de una
manera discreta, pero real, por los caminos que recorremos.
Haz,
oh Señor, que tu Palabra resuene más eficaz que
nunca hoy para todos nosotros. Haz, oh Señor, que tu
presencia sea advertida y reconocida hoy más que nunca,
sobre todo por los jóvenes. De este modo, el espinoso
problema de la falta de vocaciones dejará de
angustiarnos, porque todos nos abandonaremos a tu solicitud de
pastor bueno.
CONTEMPLATIO
Ponerse
en camino significa exteriorizarse, romper la costra del
egoísmo, que intenta encerrarnos en nuestro propio "yo".
Ponerse
en camino significa dejar de girar sobre uno mismo como si
fuéramos el ombligo del mundo y de la vida.
Ponerse
en camino significa no dejarse encerrar en el círculo de
problemas del pequeño mundo al que pertenecemos. Por muy
importantes que sean, la humanidad es más grande y es
precisamente a esta humanidad a la que servimos.
Ponerse
en camino no significa devorar kilómetros, atravesar
océanos o alcanzar la velocidad supersónica.
Significa, ante todo, abrirse a los demás, descubrirles,
encontrarse con ellos (Dom Helder Cámara).
ACTIO
Repite
a menudo y vive durante la jornada la Palabra: "Venid
detrás de mí y os haré pescadores de
hombres"
(Mt4,19).
PARA
LA LECTURA ESPIRITUAL
En
el hombre actúan múltiples fuerzas:
conociéndolas, puede abarcar todas las cosas que hay a
su alrededor -estrellas y montañas, mares y ríos,
plantas y animales, y toda la humanidad que está cerca
de él, y de este modo puede enriquecer su mundo
interior. Puede amarlas, puede odiarlas y rechazarlas; puede
ponerse contra ellas o bien tender a ellas y atraerlas hacia
sí.
Puede
actuar sobre el mundo que le rodea y modificarlo según
su propia voluntad. Un variado fluctuar de alegría y de
codicia, de aflicción y de amor, de calma y de
excitación acompaña el ritmo del corazón.
Sin
embargo, su fuerza más noble es ésta: reconocer
que hay algo más elevado por encima de él,
venerar este algo más elevado e insertarse en él.
El hombre puede conocer a Dios por encima de él, puede
adorarle y puede ofrecerse a sí mismo "a fin de que
Dios sea glorificado". Ésta es la ofrenda: que la
sublimidad de Dios brille en el espíritu; que el hombre
adore esta sublimidad; que no se detenga de una manera egoísta
en sus propias posesiones, sino que las trascienda, que se
comprometa a sí mismo a fin de que sea glorificado el
excelso Dios. La fuerza más profunda del alma es su
capacidad de ofrenda. Es en lo íntimo del hombre donde
tienen su sede la calma y la limpidez de donde sube la ofrenda
a Dios (Romano Guardini).