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LD 2024-12- DICIEMBRE.epub LD 2024-12- DICIIEMBRE.doc LD 2024-11- DICIEMBRE.pdf
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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-
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Primer
domingo de adviento Ciclo C LECTIO Primera lectura: Jeremías 33,14-16 14 Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel. 15 Entonces, en aquellos días, suscitaré a David un germen de justicia, que practicará el derecho y la justicia en la tierra. 16 En aquellos días se salvará Judá, Jerusalén vivirá en paz, y le llamarán así: "Señor-nuestra-justicia".
**• La lectura es un breve extracto de los "oráculos de esperanza" de Jeremías (Jer 30-33) y contienen palabras de confianza para el futuro. Podemos pensar que fueron pronunciadas hacia el año 587 a.C, cuando la ciudad de Jerusalén estaba a punto de caer en manos del enemigo. "Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel" (v. 14): Jeremías había pronunciado palabras de amenaza sobre la ciudad de Jerusalén infiel, pero ahora que el castigo es inminente, proclama que Dios tiene en su mente "palabras buenas", es decir, la promesa y el proyecto de una ciudad nueva donde habite la justicia. Jeremías, a continuación, quiere indicar que no se tratan de palabras hueras o de ideales utópicos o nebulosos, sino de palabras que cobran consistencia en la historia de la ciudad y del pueblo. Para convertir en realidad esta promesa de bien enviará a un descendiente de David, un Mesías "germen de justicia" (v. 15), expresión que no se reduce al sentido de vástago legítimamente descendiente de David, sino como promesa de un rey que tendrá de verdad la justicia como programa. En el desarrollo de este programa se manifestará el rostro de Dios como "justo". A Jerusalén se le impondrá un nombre nuevo ideal: "Señor-nuestra-justicia", es decir, será el testimonio vivo de la justicia de Dios. El nombre quizás haga alusión al último rey, Sedecías, quien no supo estar a la altura del proyecto que manifiesta su nombre (en hebreo significa "justicia del Señor"). Dios, sin embargo, se manifestará precisamente en el momento en que aparecerá su fidelidad a la promesa de edificar un pueblo nuevo, fundado en la justicia.
Salmo ResponsorialA ti, Señor, levanto mi alma
Salmo
24
R/. A
ti, Señor, levanto mi alma
R/. A
ti, Señor, levanto mi alma R/. A ti, Señor, levanto mi alma
Segunda lectura: 1 Tesalonicenses 3,12-4,2 Hermanos: 12 !Que el Señor os haga crecer y sobreabundar en un amor de unos hacia otros y hacia todos, tan grande como el que nosotros sentimos por vosotros! 13 En fin, que cuando Jesús, nuestro Señor, se manifieste junto con todos sus santos, os encuentre interiormente fuertes e irreprochables como consagrados delante de Dios, nuestro Padre. 4.1 Por lo demás, hermanos, os rogamos y os exhortamos en el nombre de Jesús, el Señor, a que pongáis en práctica lo que aprendisteis de nosotros en lo que al comportaros y agradar al Señor se refiere, para que progreséis más y más cada día. 2 Sabéis qué normas os dimos de parte de Jesús, el Señor.
*"• La comunidad espera la parusía, cuando "Jesús, nuestro Señor, se manifieste junto con todos sus santos" (v. 13). Todas las exhortaciones de Pablo tiene sentido bajo esta luz. La iglesia de Tesalónica no es muy problemática para el Apóstol, por eso los consejos se dirigen al día a día de la vida del creyente. Exhorta a esos cristianos a seguir comportándose como ya lo hacen, pero tratando de mejorar constantemente su conducta. La exhortación fundamental es la de mantener viva la caridad (v. 12), ya que constituye el núcleo esencial de la santidad y es la auténtica "forma" de la tensión del cristiano por la venida de Jesús (v. 13). Otro principio de fondo que, según Pablo, debe configurar toda la vida cristiana es el deseo de "agradar al Señor" (4,1). No hay que tener como norma la aprobación de los hombres, sino lo que agrada a Dios. En el mismo versículo encontramos una invitación que puede pasar desapercibida, aunque sea bastante rara en Pablo: "Para que progreséis más y más cada día". El Apóstol piensa en una vida cristiana en continuo crecimiento y en constante profundización, ya que la hondura del amor de Dios que nos llama es inagotable.
Evangelio: Lucas 21,25-28.34-36 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 25 Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra la angustia se apoderará de los pueblos, asustados por el estruendo del mar y de sus olas. 26 Los hombres se morirán de miedo, al ver esa conmoción del universo; pues las potencias del cielo quedarán violentamente sacudidas. 27 Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y majestad. 28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación. 34 Procurad que vuestros corazones no se emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, porque entonces ese día caerá de improviso sobre vosotros. 35 Ese día será como una trampa en la que caerán atrapados todos los habitantes de la tierra. 36 Velad, pues, y orad en todo tiempo, para que os libréis de todo lo que ha de venir y podáis presentaros sin temor ante el Hijo del hombre.
*" El relato litúrgico del evangelio se compone de dos fragmentos del llamado "discurso apocalíptico" de Jesús en la versión de Lucas. En la primera parte (w. 25-28) el discurso se centra en la venida del Hijo del hombre. El Hijo del hombre es el que ha sido humillado y ha padecido por toda la humanidad y al que Dios ha resucitado de entre los muertos, reconociéndolo como Hijo, salvador universal. El cristiano espera el día de su manifestación "con gran poder y majestad" (v. 27), espera que aparezca, plenamente visible, su victoria sobre el mal y su señorío universal. Según Lucas, el día del Hijo del hombre se anuncia con ciertos signos: "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra la angustia se apoderará de los pueblos..." (v. 25). No se trata de manifestaciones que nos permitan calcular con anticipación el momento de la venida de Jesús. Se trata, por el contrario, de acontecimientos que se darán siempre, en cualquier tiempo. De hecho, siempre sucederán catástrofes naturales o desórdenes y acontecimientos dolorosos, lo cual indica que el hombre siempre debe estar a la espera de la venida de Jesús. Con todo, se darán dos modos de leer los signos: el del que espera con miedo el final de un mundo encaminado a la desaparición y la nada (de ahí la angustia, la locura, el miedo: w. 25-26); y la del que, creyendo, no infravalora el mal, pero a pesar de todo "levanta la cabeza" y abre el corazón a la esperanza porque está seguro de la liberación (v. 28). En la segunda parte el evangelista resalta dos imperativos: "Procurad" (v. 34), y "velad y orad" (v. 36). Es preciso tener cuidado con lo que embota el corazón y apaga la esperanza. Hay que vigilar -y aquí aparece la añadidura de la preciosa invitación a la oración- para evitar la perversa fascinación del mal y estar lúcidos para esperar al único que da sentido a nuestra historia: al Hijo del hombre.
MEDITATIO Sin duda, tenemos momentos en que nos centramos en los graves problemas que nos afectan directamente, o a nuestra familia o comunidad. La comunidad creyente con frecuencia precisa echar mano de los consejos más ordinarios, como los que da Pablo a los tesalonicenses. Todos necesitamos fortalecer nuestra fidelidad cotidiana al estilo que nos marca el evangelio, conscientes de que, aunque no tengamos problemas graves, no debemos vivir con una fe encogida ni debemos dar por supuesta la caridad. Las lecturas bíblicas son una invitación a esperar la venida del Señor con caridad y justicia. El amor del que habla Pablo es un amor "desbordante": "05 haga crecer y rebosar". Si ponemos límites o diques a nuestro amor, no es amor; nuestra caridad cristiana debe encontrar su mejor imagen en la de un río cuyas aguas no se pueden contener. Además se trata de un amor "recíproco", visible dentro de la Iglesia, y un amor "a todos", expresando así también amor hacia el exterior. No olvidemos que esta llamada a la caridad se da para una Iglesia donde las relaciones con la ciudad no son fáciles. Nuestra caridad con los más próximos y con los lejanos tiene una misma procedencia y una puede ser, hoy para nosotros, la medida de la autenticidad de la otra. Además es un amor que se debe manifestar más si se desempeña un ministerio en la comunidad; Pablo ha dado ejemplo: "Lo mismo que nosotros os amamos".Finalmente, aparece la caridad que nos lleva a una fe sólida y a la santidad, una solidez que resiste hasta la venida de Cristo: "Para que cuando Jesús nuestro Señor se manifieste, os encuentre interiormente fuertes e irreprochables" (1 Tes 3,13). Reconocemos y confesamos que Jesús es el Señor, sabiendo que su señorío se extiende ya ahora en el mundo donde nos encontramos viviendo su amor.
ORATIO "A ti, Señor, levanto mi alma": al comienzo del adviento renace en mí la esperanza de volver a caminar por tus sendas que con frecuencia he abandonado. Tu invitación a levantar la cabeza para ver la cercana liberación es lo que mueve mi esperanza. Por eso, a ti levanto mi alma. La promesa de tu venida sostenga de nuevo mi compromiso por obrar el bien. "Señor, enséñame tus caminos": al pedirte que endereces mi camino, comprendo que no puedo nada si tú mismo no me enseñas tus caminos. No sólo eso, tú mismo eres el Camino, tú eres el "germen de justicia" capaz de hacer justos nuestros caminos, tú eres el único por el que pueda decidir de nuevo gastar mis días en la caridad. "Enseñas el camino justo a los pecadores": Quiero ser sincero, Señor. Ante tu promesa siento todavía más fuerte el tirón de mis distracciones y los afanes que embotan el corazón, observo la capa opresora de males que afligen al mundo en el que vivo y que nos llevan con frecuencia a contentarnos con una vida ordinaria, sin relieve. Ábrenos a la esperanza, para que no dejemos de pensar noblemente y para que, en definitiva, podamos agradarte.
CONTEMPLATIO Esperamos el día del aniversario del nacimiento de Cristo: levántese nuestro espíritu rebosante de gozo, salga al encuentro de Cristo que viene, siempre adelante con ardor impaciente, casi incapaz de contenerse o de soportar la tardanza... Pido para vosotros, hermanos, que el Señor, antes de aparecer para todo el mundo, venga a visitar vuestro interior. Esta venida del Señor es oculta pero admirable y pone al alma que contempla en la admiración dulcísima de la adoración. Bien lo saben los que lo han experimentado; quiera Dios que quienes no lo han experimentado lo obtengan por el deseo (Guerrico de Igny, Sermones de Adviento, II).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No queda defraudado quien en ti espera" (Sal 24,3).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Tendrá lugar entonces, sin duda, la Parusía sobre una Creación llevada al paroxismo de sus aptitudes para la unión. Revelándose al cabo la acción única de asimilación y de síntesis que se proseguía desde el origen de los tiempos, el Cristo universal brotará como un rayo en el seno de las nubes del Mundo lentamente consagrado. Las trompetas angélicas no son más que un débil símbolo. Agitadas por la más poderosa atracción orgánica que pueda conocebirse (!la fuerza misma de cohesión del universo!), las mónadas se precipitarán al lugar en que la maduración total de las cosas y la implacable irreversibilidad de la Historia entera del Mundo las destinarán irrevocablemente; las unas, materia espiritualizada, en el perfeccionamiento sin límites de una eterna comunión; las otras, espíritu materializado, en las ansias conscientes de una interminable descomposición. De este modo se hallará constituido el complejo orgánico: Dios y Mundo, el Pleroma, realidad misteriosa que no podemos decir sea más bella que Dios solo, puesto que Dios podía prescindir del Mundo, pero que tampoco podemos pensar como absolutamente accesoria sin hacer con ello incomprensible la Creación, absurda la Pasión de Cristo y falto de interés nuestro esfuerzo. Entonces será el final. Como una marea inmensa, el Ser habrá dominado el temblor de los seres. En el seno de un Océano tranquilizado, pero que en cada gota tendrá conciencia de seguir siendo ella misma, terminará la extraordinaria aventura del mundo. El sueño de toda mística habrá hallado su manifestación plena y legítima. Dios será todo en todos (P. Teilhard de Chardin, El porvenir del hombre, Madrid 1965, 378- 379). |
Día 4
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Viernes
de la primera semana de adviento, Primera lectura: Isaías 29,17-24 Así dice el Señor: 17 Dentro de muy poco tiempo, el Líbano se convertirá en vergel, y el vergel se convertirá en bosque. 18 Aquel día, los sordos oirán las palabras del libro; los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni oscuridad; 19 volverán los humildes a alegrarse con el Señor y los más pobres exultarán con el Santo de Israel; 20 porque habrá desaparecido el tirano, y no quedará rastro del fanfarrón, y serán exterminados los que hacen el mal; 21 los que por una minucia acusan a otro, los que impiden al juez hacer justicia y hunden al inocente en la miseria. 22 Por eso, así dice el Señor, que rescató a Abrahán, a la estirpe de Jacob: "Ya no se avergonzará Jacob, ni su rostro se sonrojará, 23 pues cuando vea lo que he hecho por él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob, y respetará al Dios de Israel". 24 Los insensatos aprenderán sabiduría y los que murmuraban recibirán instrucción.
**• La obra de Dios y la gran transformación de la humanidad es el tema del presente himno isaiano que está unificado con la proclamación de un profundo cambio de situación, en oposición a la perversión que nos invade. La locución "aquel día" (v. 18) introduce, de hecho, una modificación profunda debida al Señor, que es quien ejecuta el paso de las tinieblas a la luz y cura una situación de ceguera profunda y de incomprensión, multiplicando sus maravillas ante el pueblo. Es fabulosa esta acción que destruirá los proyectos ocultos en los que el pueblo incrédulo basa su prudencia (cf. Is 29,15). Esta acción se lleva a cabo en tres ámbitos diversos: en la naturaleza (v. 17), en el campo de las enfermedades físicas (v. 18), y en el moral y religioso, en el que impera la justicia (w. 19-21). La salvación provoca ante todo el gozo de los "humildes" (v. 19). El término, cargado de valor teológico, no sólo sociológico, designa a los que en el momento de la angustia confían en el Señor perseverando en la espera de salvación que viene de él. Con el gozo de los necesitados y humildes y con la desaparición de los violentos, cínicos e impostores, la obra del Señor llega a su culmen, porque por ella se muestra a los ojos del pueblo creyente, que le reconoce como redentor de Abrahán y el santo de Jacob: "los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni oscuridad" (v. 18).
Salmo ResponsorialEl Señor es mi luz y mi salvación.
Salmo
26,1.4.13-14
R/. El
Señor es mi luz y mi salvación.
R/. El
Señor es mi luz y mi salvación. R/. El Señor es mi luz y mi salvación.
Evangelio: Mateo 9,27-31 27 Al salir Jesús de allí, lo siguieron dos ciegos gritando: -Ten piedad de nosotros, Hijo de David. 28 Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: -Creéis que puedo hacerlo? Ellos dijeron: -Sí, Señor. 29 Entonces tocó sus ojos diciendo: -Que os suceda según vuestra fe. 30 Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó terminantemente: -Tened cuidado de que nadie lo sepa. 31 Pero ellos, nada más salir, lo publicaron por toda aquella comarca.
*" Una de las obras del Mesías consiste en dar vista a los ciegos, como signo de la salvación definitiva, anunciada por los profetas (cf. Is 29,18ss; 35,10; etc.). La narración de Mateo acerca de la curación de dos ciegos es del estilo típico del evangelista que tiende a reducir el elemento descriptivo para poner de relieve el tema de la autoridad de Jesús y la fe del discípulo o del beneficiario del milagro. La fe de quien busca la curación en Jesús se expresa sobre todo con el seguimiento (v. 27) y se convierte en súplica insistente, confiada. Los dos ciegos deben entrar en casa y acercarse a Jesús, como para sugerir que sólo se logra la luz de la fe si se entra en la comunidad creyente y si nos acercamos a él para entrar en comunión con su persona escuchando su Palabra. En esta casa aparece una especie de examen sobre la fe, entendida como confianza en el poder salvador de Jesús (v. 28). La palabra de curación que dirige a los dos ciegos es muy parecida a la dirigida al centurión (Mt 8,13), y parece establecer cierta proporcionalidad entre fe y curación, pero ante todo nos brinda una enseñanza a la comunidad para que supere la prueba necesaria de la fe con la oración, reconociendo que el socorro concedido es la respuesta a una súplica que brota de un corazón sincero.
MEDITATIO En la narración evangélica de la curación de los dos ciegos encuentro la parábola de la profunda transformación que la Buena Noticia obra en mí si la acojo con fe: el paso de la ceguera a un ver con ojos nuevos, no ofuscados. La vida vieja, existencia marcada por el pecado, me llevaba a una visión desenfocada de mí mismo, de los otros y de las situaciones de mi vida. La Buena Noticia, por el contrario, me ha abierto los ojos para ver mi ceguera, la necesidad de curación y salvación, que estaban ocultas. Como recuerda el evangelio de Juan, si creo ver, quedaré siempre en mi ceguera, porque permanece mi pecado (Jn 9,41). Si, por el contrario, como los ciegos de la curación de Mateo, pido al Señor que sane mi ceguera, recibo de él el don de la vista. Así comienzo a ver, primero un tanto borroso y luego más claramente, la acción del Señor en mi historia, en la de mis hermanos y hermanas. La fe en el Evangelio me lleva a discernir los signos luminosos de la venida de Dios en mi vida, precisamente donde de otro modo sólo aparecen fragmentos disgregados. Como los ciegos del evangelio me veo revestido de la piedad de Cristo, acogido en su casa, tocado por su mano misericordiosa. El evangelio me pone de manifiesto con nueva luz a los demás y aprendo a estimar lo que el mundo espontáneamente no aprecia: a los humildes, los pobres, los oprimidos.
ORATIO !En tu luz veremos la luz! Padre de la luz, no permitas que el poder de las tinieblas se apodere de nuestro corazón; abre con la gracia de tu Espíritu nuestros ojos. Cristo Jesús, verdadera luz venida a nuestro mundo para iluminarlo, sana nuestra ceguera, vence la oscuridad que nos asedia, para que aprendamos a ver las maravillas del amor de Dios con nosotros. Espíritu Santo, luz de los corazones, renueva nuestros ojos para que podamos comprender que tú no miras como mira el hombre, sino lo que Dios ama. Bienaventurada y Santa Trinidad, ilumínanos hasta lo más hondo para que nosotros, que en otro tiempo éramos tinieblas, podamos hoy resplandecer en el mundo como verdaderos hijos de la luz manifestando su fruto de bondad, justicia y verdad.
CONTEMPLATIO Ven, tú que anhelas mi pobre alma y mi alma te desea. Ven, oh Solo, del que está solo; porque, como ves, estoy solo. Te doy gracias, porque eres para mí un día sin atardecer, un sol sin ocaso... La luz ha vuelto a resplandecer para mí. La contemplo en claridad. Abre una vez más el cielo, disipa una vez más la noche. Una vez más descubre todo. Una vez más es contemplada ella sola. Y el que está sobre todo cielo, al que ninguno de los hombres ha visto jamás, éste se concentra una vez más en mi espíritu, en mí, en el cogollo de mi corazón -!oh misterio sublime!- la luz desciende y me levanta sobre todo... En verdad, estoy aquí donde está la luz, sola y sencilla, y renazco a la inocencia contemplándola, sencillamente (Simeón el Nuevo Teólogo, Canti di amore, en M. Buber, Confessioni estatiche, Milán 1987, 74-75.82).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Hijo de David, ten compasión de nosotros" (Mt 9,27).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cuando los santos marchen cuando los santos marchen oh Señor, me iré yo con ellos cuando los santos marchen Cuando el sol no brille ya, cuando el son no brille ya, oh, Señor, me iré yo con ellos, cuando el sol no brille ya. Cuando la luna se extinga, cuando la luna se extinga, oh Señor, me iré yo con ellos, cuando la luna se extinga. Y las estrellas se borrarán, las estrellas se borrarán, oh Señor, me iré yo con ellos, y las estrellas se borrarán. Cuando el Señor los premie, cuando el Señor los premie, oh Señor, me iré yo con ellos. cuando el Señor los premie. Y un día tú los juzgarás, y un día tú los juzgarás, oh Señor, me iré yo con ellos, y un día tú los juzgarás. (Espiritual negro) |
Día 8
Segundo domingo de adviento Ciclo C.
Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
LECTIO
Primera lectura: Génesis 3,9-15.20
9 Pero el Señor Dios llamó al hombre diciendo: -Dónde estás? El hombre respondió:
10 -Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo. El Señor Dios replicó:
11 -Quién te hizo saber que estabas desnudo? Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?
12 Respondió el hombre: -La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí.
13 Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: -Qué es lo que has hecho? Y ella respondió: -La serpiente me engañó, y comí.
14 Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente: -Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida.
15 Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón.
20 El hombre puso a su mujer el nombre de Eva -es decir. Vitalidad-, porque ella sería madre de todos los vivientes.
**• En el capítulo tercero del Génesis se describe el drama más profundo de la humanidad: la caída original que introduce la muerte en la creación. Tras la consumación del pecado por Adán y Eva, hay un momento de silencio en el que se oye sólo a Dios acercarse por el jardín.
No es precisamente motivo de fiesta y encuentro. Ahora Adán se oculta. Pero la voz le interpela: "Dónde estás?" (v. 9b). Adán sale de su escondite, pero no responde a la pregunta, mostrando que no está a la altura, no está ya en Dios. Sus palabras dan testimonio de esta triste realidad. En primer lugar declara abiertamente que le domina el miedo y la vergüenza: la criatura hasta hace bien poco libre se siente ahora esclava. Luego, indirectamente, manifiesta el estado de soledad en el que vive: la relación con la mujer y la creación, antes fundada en la amistad y la ayuda recíproca, ahora está sujeta al engaño, la sospecha, la oposición. Frente al Creador, que había gozado con la belleza de la creación, aparece un universo hecho trizas, radicalmente afectado por el mal.
Después de escuchar a los tres culpables, Dios pronuncia la sentencia. El lector que ha seguido desde el comienzo el desarrollo del drama sagrado, esperaría la condena a muerte (de acuerdo con Gn 2,17). Por el contrario, se propone un castigo que aparece como un camino de purificación con vistas a una salvación prometida (v. 15). Dios, que comienza a revelarse como el Misericordioso, se ha puesto de parte del hombre contra la serpiente -símbolo del mal- que recibe la maldición.
La humanidad será ciertamente herida, pero sólo en el calcañar, es decir, en una parte no vital y fácil de curar; la serpiente, por el contrario, será herida en la cabeza, derrotada definitivamente. Por eso se ha definido al v. 15 como "protoevangelio", primer anuncio de la victoria del hombre sobre el pecado y la muerte.
La victoria se atribuye al "linaje de la mujer". La versión griega de los Setenta comprendió "linaje" en sentido individual y el primitivo cristianismo legó el texto en clave mesiánica, como profecía de la encarnación de Cristo. La Vulgata atribuye directamente la victoria a la mujer; de ahí la difundida representación de María aplastando con el pie la cabeza de la serpiente.
Notemos, finalmente, el nombre nuevo que el hombre da a la mujer: Eva, madre de los vivientes (no de los mortales). Podemos ver aquí la prefiguración de María, la nueva Eva que cooperará en la obra de la restauración de la humanidad pecadora y Jesús la consignará como madre de la Iglesia naciente, justo en el momento de su muerte en la cruz.
Salmo Responsorial
R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Salmo 97, 1-4
1Cantad
al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho
maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
2El
Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su
justicia:
3se acordó de su misericordia y su
fidelidad
en favor de la casa de Israel.
R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Los
confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro
Dios.
4Aclama al Señor, tierra entera;
gritad,
vitoread, tocad:
R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Segunda lectura: Filipenses 1,4-6.8-11
Hermanos:
4 Cuando ruego por vosotros lo hago siempre con alegría,
5 porque habéis colaborado en el anuncio del evangelio desde el primer día hasta hoy.
6 Estoy seguro de que Dios, que ha comenzado en vosotros una obra tan buena, la llevará a feliz término para el día en que Cristo Jesús se manifieste.
8 Dios es testigo de lo entrañablemente que os quiero a todos vosotros en Cristo Jesús.
9 Y le pido que vuestro amor crezca más y más en conocimiento y sensibilidad para todo.
10 Así sabréis discernir lo que más convenga, y el día en que Cristo se manifieste os hallará limpios e irreprensibles,
11 cargados del fruto de la salvación que se logra por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
*"• Se trata de la página de apertura de la carta a los Filipenses. Nos choca el tono afectivo de Pablo, manifestación de su solicitud pastoral. El tema dominante es el del progreso de los cristianos de Filipos. Dos veces menciona el "día de Cristo Jesús" (w. 6 y 10), prueba clara de que esta espera era muy viva en las primeras comunidades. Esta espera es un estímulo al compromiso, porque el tiempo presente es el tiempo en el que el cristiano puede "crecer", esperando el encuentro definitivo con el Señor.
En cuanto al crecimiento, Pablo recuerda ante todo que Dios mismo lo posibilitará y lo llevará a buen término (v. 6). Se trata sobre todo de un crecimiento en el "amor", que a su vez nos hace profundizar en el "conocimiento", mayor agudeza en el discernimiento, la tensión constante hacia lo mejor, la transparencia e integridad de costumbres: "ruego que vuestro amor siga creciendo más y más en conocimiento y en sensibilidad" (v. 9).
El fin último de toda esta gran tensión espiritual del cristiano es para Pablo: "la gloria y alabanza de Dios" (v. 11).
Evangelio: Lucas 1,26-38
26 Al sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,
27 a una joven prometida a un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la joven era María.
28 El ángel entró donde estaba María y le dijo: -Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
29 Al oír estas palabras, ella se turbó y se preguntaba qué significaba tal saludo.
30 El ángel le dijo: -No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor.
31 Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús.
32 Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
33 reinará sobre la estirpe de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin.
34 María dijo al ángel: -Cómo será esto, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?
35 El ángel le contestó -El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios.
36 Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían por estéril;
37 porque para Dios nada hay imposible.
38 María dijo: -Aquí está la esclava del Señor, que me suceda según dices. Y el ángel la dejó.
**• Leyendo la perícopa de la anunciación en la solemnidad de la Inmaculada concepción, merecen particular atención dos expresiones del saludo del ángel Gabriel a María. Entrando en su presencia, la llama: "Llena de gracia". El término griego, kecharitoméne, explica bien el significado de la palabra: literalmente significa "la agraciada", que ha sido colmada de gracia. María es la criatura humana redimida por Dios de modo radical, perfecto. Su inmaculada concepción es obra de la gracia del Redentor, que en ella ofrece a todos los hombres la imagen y modelo de la vocación de la humanidad.
Luego el ángel dice a María: "El Señor está contigo", usando la expresión tan frecuente en el Antiguo Testamento y que ha acompañado el caminar del pueblo elegido a lo largo de los siglos. El Señor siempre ha estado con su pueblo, aunque el pueblo no siempre ha estado con su Dios. Frecuentemente se alejó, dudó, se sintió abandonado, como en la ocasión emblemática de la rebelión en el desierto, llegando a su culmen en aquella pregunta: "Está Dios con nosotros, o no?" (Ex 17,7b).
Aquí estas palabras asumen un sentido pleno, como si el ángel dijera: "Tú estás siempre con el Señor; tú estas unida a él en la medida en que es posible a una criatura". No se trata de un momento de gracia particular, que lentamente se debilita; al contrario, es una unión que se va haciendo más y más íntima.
A las palabras del ángel -indica el evangelista- María "se turbó" (v. 29). No es el temor que tuvo Adán, consciente de su pecado; aquí se trata del sagrado temor ante la misteriosa realidad de Dios; es el sentimiento que invade tanto más a la criatura cuanto más pura es. En su perfecta humildad, María comprende la grandeza de la misión recibida, la gratuidad del don, la desproporción entre la propia debilidad y la omnipotencia divina.
El sí que María da como respuesta resuena como la alabanza perfecta de la criatura, eco fiel del "aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad" (Sal 39,8) con el que el mismo Jesús se adhiere a la voluntad salvífica de Dios.
En el encuentro de estas dos obediencias se cumple el plan de salvación.
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Martes de la segunda semana de adviento
LECTIO Primera lectura: Isaías 40,1-11 1 Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios, 2 hablad al corazón de Jerusalén, gritadle que se ha cumplido su condena y que está perdonada su culpa, pues ha recibido del Señor doble castigo por todos sus pecados. 3 Una voz grita: "Preparad en el desierto un camino al Señor, allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios". 4 Que se eleven los valles, y los montes y colinas se abajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane. 5 Entonces se revelará la gloria del Señor y la verán juntos todos los hombres -lo ha dicho la boca del Señor-. "Una voz dice: "!Grita!" Y yo pregunto: "Qué he de gritar?" "Toda carne es como hierba, todo su encanto como flor del campo". 7 Se seca la hierba, se marchita la flor, al pasar sobre ellas el soplo del Señor; 8 se seca la hierba, se marchita la flor, pero permanece para siempre la palabra de nuestro Dios. 9 Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión; alza tu voz con brío, mensajero de Jerusalén; álzala sin miedo y di a las ciudades de Judá: "Aquí está vuestro Dios, 10 aquí está el Señor; viene con poder y brazo dominador; viene con él su salario, le precede la paga. 11 Apacienta como un pastor a su rebaño y amorosamente lo reúne; lleva en brazos los corderos y conduce con delicadeza a las recién paridas".
**• Durante el destierro de Babilonia la desconfianza y la tristeza oprimen el corazón de los deportados. Se preguntan si el Señor se ha olvidado de su pueblo, si es válida todavía su Palabra, si subsiste un hilo de esperanza para Jerusalén. Es entonces cuando el Señor suscita un profeta anónimo, cuyos oráculos se añadieron al libro del profeta Isaías, porque de algún modo prolongan su mensaje. De estos oráculos (Is 40-55) la lectura de hoy es el pórtico, anticipando el tema de todo el contenido de su actividad profética. Dios pide al profeta y a sus discípulos que sean portadores de la buena noticia que les confía (v. 9). La consoladora noticia consiste en una relación renovada con el Señor, en una alianza restaurada. Y para el segundo Isaías un signo visible de esta renovada relación amorosa con el Señor es el regreso a la patria de los desterrados, que se llevará a cabo no en tono menor, sino de modo triunfal, en medio de una creación festiva, con el Señor que camina a la cabeza del pueblo, como triunfante guerrero y cariñoso pastor. El papel del profeta y de los que se adhieran a su mensaje será precisamente preparar esta venida del Señor (v. 3). El ánimo del pueblo -rendido como un terreno accidentado por las pruebas, sufrimientos, desilusiones e infidelidades- podrá ahora acoger la revelación de la gloria de Dios igual y más que la gloria manifestada en el camino del éxodo (v. 5). Y aunque el hombre sea frágil y sus promesas efímeras (w. 6-8), la Palabra del Señor es estable y su compromiso con la humanidad es eterno: el pueblo deportado deberá confiar en esta estabilidad de la promesa del Señor.
Salmo ResponsorialAquí está nuestro Dios, que llega con poder.
Salmo
95,1-2.3.10ac.11-12.13-14
R/. Aquí
está nuestro Dios, que llega con poder.
R/. Aquí
está nuestro Dios, que llega con poder.
R/. Aquí
está nuestro Dios, que llega con poder. R/. Aquí está nuestro Dios, que llega con poder.
Evangelio: Mateo 18,12-14 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 12 Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, no dejará en el monte las noventa y nueve e irá a buscar la descarriada? 13 Y si logra encontrarla, os aseguro que se alegrará por ella más que por las noventa y nueve que no se extraviaron. 14 Del mismo modo vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
**• La parábola de la oveja perdida en Lucas (15,3-7) es una exhortación a compartir la alegría del perdón que Dios otorga a los pecadores que se convierten y a la vez a disponernos al perdón. En el texto de Mateo, la misma parábola forma parte del discurso eclesial (cap. 18), en el que Jesús comunica a los discípulos algunas indicaciones preciosas acerca de la vida comunitaria: el esfuerzo por hacerse pequeños, disponibilidad a la acogida, atenciones para el que vacila en la fe... En coherencia con dicho contexto, para el primer evangelista la parábola de la oveja perdida no habla directamente de Dios que se pone a buscar la oveja, sino de la comunidad, que debe ser "signo del rostro de Dios", de Dios que va a la búsqueda de la oveja perdida con una solicitud pastoral por el "pequeño" y más aún por el que se ha extraviado, por el pecador. Dejar las noventa y nueve ovejas para buscar una es una locura; pero así es la locura de Jesús y debe ser la locura de la comunidad (v. 14). La comunidad no debe dejarse guiar por criterios de eficiencia, sino por el "cuidado" con el pequeño, con el insignificante, con el marginado o lejano, por el motivo que fuere. No se asegura automáticamente el éxito (v. 13: "Si logra encontrarla..."), pero se exhorta a la comunidad a no olvidar nunca el buscar la oveja perdida, porque será fuente de gran alegría: "05 aseguro que se alegrará por ella más que por las noventa y nueve que no se extraviaron" (v. 13).
MEDITATIO Una de las imágenes más bucólicas y profundas del Dios bíblico es la del "buen Pastor". Nos sugiere su solicitud y la fuerza de su intervención para vencer a los enemigos de la libertad y dignidad de su pueblo; nos dice que es un guía seguro para el difícil y espinoso camino de nuestra vida. En nuestro vivir como comunidad de discípulos experimentamos directamente el consuelo de nuestro Dios, el ser llevados delicadamente sobre los brazos de su tierna solicitud pastoral. Ésta es la razón última para espolearnos a buscar constantemente al que se ha perdido. De hecho, nosotros somos los primeros en sentir el consuelo del Señor, y experimentamos la fidelidad del Padre con el pequeño y descarriado. En cuanto comunidad de discípulos, estamos llamados a manifestar a todos el rostro del Padre misericordioso, buscando a quien en las vicisitudes de la vida ha perdido la fe y la esperanza. Somos consolados que deben ser consoladores, haciéndonos compañeros de viaje de quien tiene el corazón abatido, fatigado por el dolor o la culpa. Lo podemos hacer en la conciencia de que el consuelo no procede de nosotros, que somos carne, frágiles como hierba y flor del campo, sino que proviene de la Palabra de Dios, que es la única que permanece para siempre (Is 40,8).
ORATIO Tu anuncio, Señor, es "evangelio" porque nos trae el consuelo, a nosotros débiles, descarriados, esclavos de tantos otros señores. "Súbete a lo alto de un monte, tú que llevas buenas noticias a Sión" (Is 40,9). También hoy diriges este mensaje de amor al corazón de tu pueblo, porque eres el Dios de la alianza. Eres el divino Amante que nos dirige su invitación amorosa y nos habla a lo profundo de nuestro corazón. Tú, Señor, eres el Padre de todo consuelo, que a nosotros, peregrinos en la tierra, nos prometes el cielo y la tierra nueva. Haz que también nosotros podamos consolar a los demás con el mismo consuelo con que tú nos consuelas. Espolea nuestros corazones para que nos pongamos contigo a la búsqueda de lo que estaba perdido: tú eres el Pastor que quiere salvar a la oveja perdida, infinitamente amada por tu corazón. Y si estamos perdidos, si estamos lejos de ti, concédenos escuchar las llamadas de la voz de tu Hijo, manso y humilde de corazón, que nos exhorta a volver a tu redil, a la verdadera vida que sólo es posible contigo.
CONTEMPLATIO Ven, Señor Jesús, busca a tu siervo, busca a tu oveja inválida, se ha ido errando tu oveja para que tú anduvieras recorriendo los montes. Deja las noventa y nueve y ven a buscar a esa que está perdida. Ven sin perros, ven que ya hace tiempo que espero tu venida. Ya sé que estás para llegar. Ven sin bastón, pero con amor y actitud clemente. Ven a mí que he estado vagando, lejos de tu rebaño, por los montes. Búscame, porque yo te busco. Rodéame, encuéntrame, levántame, llévame. Tú puedes encontrar lo que buscas. Tú aceptas llevar sobre ti lo que has encontrado. No te da fastidio un peso de amor. Ven, pues, Señor, porque tú eres el único que puedes hacer volver a una oveja vagabunda sin contristar a las que has dejado, porque también ellas se alegran del retorno del pecador. Ven a ejecutar la salvación a la tierra, la gloria en el cielo (San Ambrosio, Comentario al Salmo 118, XXII, 27-29).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños" (Mt 18,14).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Gracias, Señor. Si me hubiese contentado con el deseo que me llevaba a buscarte, sin saber dónde te hubiera podido encontrar, estaría todavía caminando con mi deseo insatisfecho o con la ilusión de haber encontrado. Te he encontrado de verdad porque tú has salido a mi encuentro en mis caminos de pecado: nombre entre los hombres, cuerpo bendito al que yo mismo ayudaba a despojar o flagelar: rostro santo, al que mis labios como los de Judas besaron: corazón que atravesé... Ninguna
sed creó nunca las fuentes ni hizo brotar agua de la arena.
Tu sed, por el contrario, me ha saciado, porque si tú no
hubieras venido por mis caminos, si tú no te hubieras
dejado crucificar por mí, te habría quizás
buscado, pero no te habría encontrado nunca (Primo
Mazzolari). |
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Miércoles
de la segunda semana de adviento, LECTIO Primera lectura: Isaías 40,25-31 25 Con quién podréis compararme? -dice el Santo-. Quién es semejante a mí? 26 Alzad los ojos allá arriba y mirad: Quién ha creado todo esto? El que despliega en orden su ejército y llama a todos por su nombre. Tanta es su fuerza, tan grande es su poder, que no falta ni uno solo. 27 Por qué, Jacob, andas diciendo, y tú, Israel, te andas quejando: "El Señor se desentiende de mí, Dios no se preocupa de hacerme justicia"? 28 Es que no lo sabes? Nunca lo has oído?: El Señor es un Dios eterno y ha creado los confines de la tierra. No se cansa, no se fatiga, y su inteligencia es insondable; 29 fortalece al cansado, da energías al que desfallece. 30 Se cansan los jóvenes y se fatigan, los muchachos tropiezan y vacilan; 31 pero los que esperan en el Señor verán sus fuerzas renovadas: les salen alas de águila, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan.
**• El segundo Isaías es el primer testimonio bíblico que afirma claramente un monoteísmo teórico y práctico. El profeta no ha llegado a esta conclusión con raciocinios filosóficos o lógicos, sino meditando la historia de salvación y la experiencia de fe de Israel. Este monoteísmo se expresa frecuentemente con el lenguaje de la incomparabilidad, es decir, con preguntas retóricas que subrayan la incuestionable unidad del poder salvador del Señor y su recorrido por caminos vírgenes e inéditos para socorrer a sus fieles (cf. v. 25). El discurso sobre Dios en el Segundo Isaías se guía siempre por la necesidad pragmática de convencer a sus oyentes de que Dios puede y quiere salvarlos, mejor aún "consolarlos", demostrando que cuida eficazmente de sus fieles. Si así es el Dios de Israel, no hay motivo para que el pueblo elegido dude y se sienta abandonado por el Señor, aunque se encuentre en la dura situación del destierro. Pero lleva consigo la renuncia a todo tipo de autosuficiencia, ilustrada con la metáfora de las fuerzas que llegan a faltar incluso a jóvenes y adultos (v. 30), y el reconocimiento de la propia debilidad y fragilidad ante el Señor. Sólo así Israel se dará cuenta de que su fuerza le viene del mismo Dios (v. 31) y podrá revivir la experiencia del éxodo, cuando el socorro divino le haga sentir como aupado y llevado "en alas de águila" en el tiempo del duro caminar por el desierto (cf. Ex 19,4).
Salmo ResponsorialBendice, alma mía, al Señor
Salmo
102,1-2.3-4.8.10
R/. Bendice,
alma mía, al Señor
R/. Bendice,
alma mía, al Señor R/. Bendice, alma mía, al Señor
Evangelio: Mateo 11,28-30 En aquel tiempo, exclamó Jesús: 28 Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. 29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.
**• En el pasaje precedente, estrechamente vinculado con nuestro texto evangélico (Mt 11,25-27), Jesús aclara que el verdadero conocimiento de Dios como Padre es posible porque el Hijo es quien introduce en esta familiaridad a sus propios discípulos. Pero éstos, para acoger de verdad esta paternidad divina y la amistad del Hijo, deben hacerse "pequeños". Y Jesús nos indica quién es el verdaderamente "pequeño": sólo el que crea que el estilo de Jesús, "sencillo y humilde de corazón", es el único camino para introducirnos en los secretos de Dios, y que para aprender este estilo se acerque a él iniciando un camino de seguimiento ("Venite a me..."). Como la Sabiduría en el Antiguo Testamento (cf. Eclo 51,26-27; 6,24ss) invita a su escuela prometiendo "descanso", es decir, esa plenitud capaz de sosegar el corazón inquieto de la humanidad, así Jesús, capaz de sosegar el corazón inquieto de la humanidad, invita a su apasionante escuela en la que descubrimos que somos hijos de Dios. Por consiguiente, es necesario entrar en su escuela, acercándonos a él que habla del Padre a los propios amigos y descubrir que la familiaridad con Jesús es una escuela exigente y continua, pero también capaz de sanar, de dar paz al corazón. Ciertamente Jesús no exime al discípulo del compromiso pleno y perseverante en la observancia de la ley de Dios, como aparece cuando nos habla de "yugo" y de "carga". Pero promete que será un peso proporcionado, adecuado a quien lo debe llevar y que a la postre se manifestará como una experiencia de libertad.
MEDITATIO Siento la necesidad de repetir a mi corazón la verdad de mi filiación porque me queda la sospecha del amor de Dios. Es la sospecha que la serpiente envidiosa de nuestra dignidad sembró en nuestros corazones humanos desde el comienzo. Se trata de una sospecha que se alimenta continuamente al presentarme un rostro de Dios enemigo de nuestra libertad, celoso de nuestra felicidad, juez duro y severo, incapaz de comprender nuestra flaqueza. Escuchando la invitación de Jesús de ir a él, se me exhorta a volver al gran amor con que Dios me ha amado para poder considerarme tal y como soy en realidad, es decir, su amigo e hijo del Padre. Para comprender mi filiación y la paternidad de Dios en mis relaciones, debo acercarme al corazón de Jesús. Así podré escuchar esas palabras suyas que desbordan la plenitud de su corazón (cf. Mt 12,34). De lo contrario, mi religiosidad será mercenaria, un cansancio ímprobo y estéril de prácticas y observancias incapaces de pacificar mi corazón. En la contemplación y escucha de Jesús "sencillo y humilde de corazón" es donde me libero del peso de una religión tejida únicamente de méritos, obras, deberes, porque en Jesús se manifiesta el rostro amable de Dios, capaz de saciar mis más profundos deseos. La fe se convierte entonces en experiencia de ser revestido de la fuerza de lo alto, de un correr sin fatigarse, porque soy como aupado sobre las alas de un águila al encuentro de un amor preexistente y, precediéndome, me enseña a desear tu promesa.
ORATIO Señor Jesús, tú nos invitar a ir a ti. Qué hermoso es descubrir que nos quieres cercanos, alumnos de tu escuela, que deseas hacernos partícipes del misterio de tu Padre, reconociéndonos amados y hermanos tuyos. !Ir a ti! Ir a tu escuela exigente y fascinante. Ir a ti para aprender de ti que eres manso y humilde de corazón. !Ir a ti! No con nuestros méritos sino con nuestros cansancios y opresiones. Ir a ti sin fingimientos, sin ocultar nuestras miserias y debilidades. Ir a ti para poder abrirte nuestro corazón y contarte nuestras fatigas y nuestras culpas. !Ir a ti! Y en ti recobrar las fuerzas y encontrar la paz tan ansiada. Tu querer no nos aplasta porque tu yugo es suave y tu carga ligera. Realmente es espléndida tu promesa, por la que te alabamos y bendecimos.
CONTEMPLATIO "!Venid!" Jesús, invitando, sabe que el verdadero padecimiento tiende a encerrarse en soledad y a recomerse en muda desolación. En su invitación, Jesús no puede esperar que los infelices oprimidos por el peso de sus males vayan a él; los llama amorosamente. De hecho, diciendo: "Venid a mí" es él quien va a ellos. !Oh si aceptases su invitación! Supone que los desgraciados estén tan fatigados, desalentados, agotados, que olvidan hasta la existencia de un consuelo. Jesús lo sabe muy bien: no existe consuelo ni ayuda fuera de él. Por eso nos dirige su invitación: "!Venid!" No importa que estés exhausto de andar el camino, tan largo y tan vano, que has recorrido hasta ahora buscando ayuda. Aunque te parezca que no puedes ya más, ni siquiera sostenerte ya por un solo instante sin desmayar: da un pasito más y lograrás el descanso. "!Venid!" Y si alguno se encontrase tan fastidiado que ni siquiera pueda moverse, bastaría un suspiro, pues si suspiras por Él, significa ya venir a Él (S. Kierkegaard, Ejercitación del cristianismo, Madrid 1961, 53-55).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Venid a mí, todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré" (Mt 11,28).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Guíame, luz benigna, en medio de las tinieblas: guíame hacia delante. La noche está oscura y estoy lejos de casa. Por favor, te ruego: guíame. Vela mi camino. No te pido que pueda ver un horizonte lejano, un solo paso me basta. No
siempre fue así, ni rogaba que me guiases. Me gustaba
elegir por mí mismo y recorrer por mi cuenta la vida. Pero
ahora, te ruego: guíame. Me gustaba el sol radiante y, a
pesar de los temores, me guiaba el orgullo. No recuerdes los días
pasados. Tu poder me ha bendecido ampliamente, y estoy seguro de
que me seguirás guiando por páramos y cenagales,
rocas y torrentes hasta que vuelva el día. Reaparecerán
en la mañana los rostros de los ángeles, tan amados
pero que aún no veo (J. H. Newman, MéditaHons et
Frieres, París 1906). |
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Jueves de la segunda semana de adviento o 12 de diciembre, Nuestra Señora de Guadalupe
En 1531, una Señora del Cielo se apareció a un pobre indio en un cerro al noroeste de la actual ciudad de México; se identificó como la Madre del verdadero Dios, le encargó que hiciera que el obispo construyera un templo en ese lugar y dejó una imagen de sí misma milagrosamente impresa en su tilma, un tejido de cactus. En 1999, el papa Juan Pablo II, en su homilía durante la misa solemne en la basílica de Guadalupe, en su tercera visita al santuario, declaró la fecha del 12 de diciembre con el rango litúrgico de fiesta para todo el continente de las Américas.
LECTIO Primera lectura: Isaías 41,13-20 13 Yo, el Señor tu Dios, sostengo tu diestra y te digo: "No temas, yo mismo te auxilio". 14 No temas, gusanillo de Jacob, pobre oruga de Israel; yo te auxilio, oráculo del Señor; tu redentor es el Santo de Israel. 15 Te convertiré en trillo afilado, trillo con piedras y sierras; trillarás los montes hasta molerlos, reducirás a paja las colinas. 16 Los aventarás y el viento se los llevará, el vendaval los esparcirá. Y tú podrás alegrarte gracias al Señor, gracias al Santo de Israel te gloriarás. 17 Los desvalidos y los pobres buscan agua y no la encuentran; su lengua está reseca por la sed. Pero yo, el Señor, los atenderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. 18 Haré brotar ríos en las cumbres peladas y fuentes en medio de los valles, transformaré el desierto en estanque, la tierra árida en manantiales de agua. 19 Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivares; plantaré en la estepa abetos, y también cipreses y olmos, 20 para que vean y sepan, para que reflexionen y aprendan que lo ha hecho la mano del Señor, que lo ha creado el Santo de Israel.
**• El tema de la redención tiene especial relieve en la profecía del Segundo Isaías. Nos lleva al contexto social del antiguo Israel e indica la persona y la acción del "redentor", o sea, del pariente que, por la afinidad de la sangre, tiene la función de rescatar a su pariente (o también la persona vinculada por un pacto) cuando éste ha sido hecho esclavo o tiene una propiedad enajenada para pagar deudas. El Señor rescata a Israel porque se ha vinculado a él con una "familiaridad" o solidaridad de parentesco fundada en la creación y más aún en el acontecimiento del éxodo. Por eso el profeta recuerda al pueblo que puede y debe contar con el Señor, que puede y quiere salvarlo de los enemigos y desea colmarlo de gozo y de favores. El pueblo debe reconocerse entre los míseros sedientos, que buscan en vano agua para calmar la sed y hacia los cuales se dirige la iniciativa amorosa del Señor. Por su pueblo va a ejecutar un nuevo éxodo teniendo como escenario un desierto cubierto de abundante vegetación y regado con ríos como el Edén (v. 18). En este jardín encantador, el pueblo de Israel encontrará de nuevo a su Dios: verá, sabrá, reflexionará y finalmente comprenderá la obra del Señor (v. 20). Con tan abundante recurso al tema de la creación, el profeta Isaías recuerda a los oyentes que, si la acción salvífica de Dios a favor de su pueblo se sitúa en el grandioso escenario de su actividad creadora, la salvación obrada por él no está reservada exclusivamente al pueblo elegido, sino abierta a todos y a todo.
Salmo Responsorial
El
Señor es clemente y misericordioso,
Sal
144,1.9.10-11.12-13ab
R/. El
Señor es clemente y misericordioso,
R/. El
Señor es clemente y misericordioso,
R/. El
Señor es clemente y misericordioso,
Evangelio: Mateo 11,11-15 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: 11 Os aseguro que entre los hijos de mujer no ha habido uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 12 Desde que apareció Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos pretenden apoderarse de él. 13 Pues todos los profetas y la ley anunciaron esto hasta que vino Juan. 14Y es que, queráis aceptarlo o no, él es Elias, el que tenía que venir. 15 El que tenga oídos, que oiga.
*•• Mateo, después de la narración del envío a Jesús de algunos discípulos por parte del Bautista y la respuesta que llevan al profeta encarcelado, refiere también las palabras de Jesús a la multitud sobre Juan. Jesús formula el mayor elogio exaltando su firmeza de fe y su grandeza moral hasta el punto de definirlo como el más grande entre los mortales (v. 11), el culmen de toda la historia de fe de Israel (v. 13). Y, sin embargo, el que se pone a seguir a Jesús entra en un orden nuevo de salvación, en la economía del reino donde el más pequeño goza de la incomparable dignidad de hijo de Dios (v. 11), dignidad que sobrepasa incluso la enorme estatura moral de Juan y su altísimo papel de Precursor. Su misión no se agota con anunciar al Mesías, prevé también una anticipación, en su persona, del destino doloroso del Mesías. De hecho, lo que sucederá a Juan demostrará lo agresivas que son las tentativas de los enemigos del Reino para que éste no cale en la vida humana (v. 12). Jesús, finalmente, invita a una comprensión profunda del papel y persona del Bautista a la luz de la Ley y los profetas, es decir, del plan de Dios testimoniado en las Escrituras. Una lectura atenta y dispuesta a un serio discernimiento de fe ("El que tenga oídos que oiga": v. 15) nos hará comprender que el Bautista es como el gozne entre las dos economías, la de la expectativa y la del cumplimiento, y que en él se realiza esa espera de la tradición bíblico-judaica del retorno de Elias, como precursor inmediato del Mesías (v. 14).
MEDITATIO El elogio de Isabel a María nos invita a reflexionar sobre nuestra fe. La fe de María se caracteriza por su adhesión al proyecto de Dios. Ella quiere lo que quiere Dios. El misterio de Dios se oculta en aquel niño de la promesa. Fiándose, ha comenzado a constatar cómo Dios es fiel en realizar su promesa. También esto es cierto para nosotros: si no creemos, no experimentaremos nunca cómo el don de Dios, misteriosamente, puede ir formándose en nosotros. La fe de María se manifiesta también en el hecho de ir a visitar a Isabel; no tanto por si necesita ayuda en su embarazo, sino, sobre todo, para contemplar lo que Dios está haciendo en los otros. !Cuánto debemos asimilar nosotros de esta actitud! Debemos abrir más los ojos y mirar en lo profundo de los demás para ver y reconocer lo que Dios hace en la historia de los demás. Si acudimos a Tepeyac, que no sea por mera curiosidad, sino para contemplar la bondad de Dios realizada en el encuentro de Juan Dieguito y la Señora del Cielo. María y su prima Isabel tienen esto en común: saben dialogar sobre lo que Dios hace en ellas. Ninguna habla de sí misma, sino de lo que Dios ha hecho en la otra. Ese reconocimiento las lleva al grandioso himno del Magníficat. La fe de María nos exhorta a insertarnos en el clima propio de los pobres de Yavé, es decir de las personas humildes y sencillas que se fían de Dios, aceptan su voluntad y cumplen su Palabra.
ORATIO Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
CONTEMPLATIO La misión maternal de María hacia los hombres no oscurece ni disminuye de ninguna manera la única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia. Porque todo el influjo salvífico de la bienaventurada Virgen en favor de los hombres nace del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo. La bienaventurada Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la divina providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor. Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación y lo mantuvo sin vacilación al pie de la cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora. La Iglesia no duda en atribuir a María ese oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador (Del Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 60-62).
ACTIO Repite hoy con frecuencia: !María, bendita eres entre todas las mujeres!
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cómo sucedió la aparición de la Virgen en Guadalupe (escrito del indio Nican Mopohua, del siglo XVI): Un sábado de 1531, a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego iba muy de madrugada del pueblo en el que residía a la ciudad de México a asistir a clase de catecismo y a oír la santa misa. Al llegar !unto al cerro llamado Tepeyac amanecía, y escuchó que le llamaban desde arriba del cerro diciendo: "Juanito, Juan Dieguito". El subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual, con palabras muy amables y atentas, le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. !Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los amadores míos que me invoquen y en mí confíen. Vas donde el señor obispo y le manifiestas que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo". El se arrodilló y le dijo: "Señora mía, voy corriendo a cumplir lo que me has mandado. Yo soy tu humilde siervo". Y se fue de prisa a la ciudad y en derechura al palacio del obispo, que era fray Juan de Zumárraga, religioso franciscano. Cuando el obispo oyó lo que le decía el indiecito Juan Diego, no le creyó. Solamente le dijo: "Vienes otro día y te oiré despacio". Juan Diego se volvió muy triste, porque no había logrado que se realizara su mensaje. Se fue derecho a la cumbre del cerro y encontró allí a la Señora del Cielo, que le estaba aguardando. Al verla, se arrodilló delante de ella y le dijo: "Señora, la más pequeña de mis hijas, niña mía, expuse tu mensaje al señor obispo, pero parece que no lo tuvo por cierto. Comprendí por la respuesta que me dio que pensó que quizás es una invención mía que tú quieres que te hagan aquí un templo, y que eso no es una orden tuya. Por lo cual te ruego que le encargues a alguno de los principales que le lleve tu mensaje, para que le crean, porque yo soy un pobre hombrecillo, el último de todos. Perdóname que te cause esta gran pesadumbre, señora y dueña mía". Ella le respondió: "Oye, hijo mío, el más pequeñito, es preciso que tú mismo solicites y ayudes a que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío, y aún te mando, que otra vez vayas mañana a ver al señor obispo. Dile que yo en persona, la siempre Virgen María, Madre de Dios, te envía, para hacerle saber mi voluntad: que deben hacer aquí el templo que les pido". Pero, al día siguiente, el obispo tampoco le creyó a Juan Diego y le dijo que era necesaria alguna señal maravillosa para que se pudiera creer que era cierto que lo enviaba la misma Señora del Cielo. Y lo despidió. El lunes, Juan Diego no volvió al sitio donde se le aparecía nuestra Señora, porque su tío Bernardino se puso muy grave y le rogó que fuera a la capital y le llevara un sacerdote para confesarse. El dio la vuelta por otro lado del Tepeyac, para que no lo detuviera la Señora del Cielo y así pudiera llegar más pronto a la capital. Mas ella le salió al encuentro en el camino por donde iba y le dijo: "Ten entendido, hijo mío, el más pequeño, que no es tan importante lo que te asusta y aflige. No se entristezca tu corazón ni te llenes de angustia. Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre? Acaso no soy tu ayuda y protección? No te aflijas por la enfermedad de tu tío, que en ese momento ha quedado sano. Sube ahora a la cumbre del cerro y hallarás distintas flores. Córtalas y tráelas". Juan Diego subió a la cumbre del cerro y se asombró muchísimo al ver tantas y exquisitas rosas de Castilla, pues era aquel un tiempo de mucho hielo, en el que no aparece rosa alguna por allí, y menos en esos pedregales. Llenó su poncho o larga ruana blanca con todas aquellas bellísimas rosas y se presentó a la Señora del Cielo. Ella le dijo: "Hijo mío, ésta es la prueba que llevarás de parte mía al señor obispo. Te considero mi embajador, muy digno de mi confianza. Ahora te ordeno que sólo delante del señor obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas. Contarás todo lo que viste y admiraste, para que puedas inducir al prelado, con objeto de que se construya el templo que he pedido". Juan Diego se puso en camino, ya contento y seguro de salir bien. Al llegar a la presencia del obispo, le dijo: "Señor, hice lo que me mandaste hacer: pedí a la Señora del Cielo una señal. Ella aceptó. Me despachó a la cumbre del cerro y me mandó cortar allá unas rosas y me dijo que te las trajera. Así lo hago, para que en ellas veas la señal que pides y cumplas su voluntad. Helas aquí". Desenvolvió
luego su blanca manta y, así que se esparcieron por el
suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en
ella y apareció de repente la preciosa imagen de la Virgen
María, Madre de Dios, tal cual se venera hoy en el templo
de Guadalupe en Tepeyac.
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Viernes de la segunda semana de adviento o 13 de diciembre, Santa Lucía
Santa Lucía, originaria de Siracusa, vivió entre finales del siglo III (nació alrededor del año 286) y comienzos del IV. El descubrimiento, en 1894, de una inscripción griega en la catacumba de San Juan de la misma ciudad demuestra que la devoción por la santa y su fiesta litúrgica estaban difundidas ya a finales del siglo IV. Su martirio, acaecido durante la persecución de Diocleciano, ha sido cantado en la célebre Pasión, que, siguiendo los estereotipos propios de la tradición hagiográfica, reconstruye la vida de Lucía, una virgen testigo de lo absoluto de Dios. Su nombre fue introducido, tal vez por obra de san Gregorio Magno, en el canon romano.
LECTIO Primera lectura: Isaías 48,17-19 17 Así dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel: Yo, el Señor tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. 18 !Ojalá hubieras atendido mis mandatos! Tu bienestar sería como un río; tu prosperidad, como las olas del mar; 19 tu descendencia sería como la arena; como sus granos, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido borrado ni apartado de mi presencia.
**• En su anuncio, el Segundo Isaías se concentra en la revelación del Señor como Dios de Israel ofreciendo una especie de "rosario" de los nombres de Dios. Además de "redentor", aparece aquí el título "Santo de Israel", expresión que cita siete veces (41,14; 43,3.14; 47,4; 48,17; 49,7; 54,5), siempre para definir al Dios de Israel que rescata a su pueblo. La acción salvífica que manifiesta la santidad divina se realiza también en adoctrinar íntimamente el corazón del pueblo, para que pueda seguir el camino de la alianza y para que logre conocer el designio amoroso, salvador, gratuito de Dios con la humanidad, con vistas a su realización creó el mundo (v. 17). Esta realidad lleva al profeta a hacer una especie de balance de la historia pasada de la alianza, como tiempo en el que la falta de escucha de la Palabra divina y la transgresión de su ley de vida han arrastrado a Israel lejos de la prosperidad de las promesas incluidas en la alianza. Pero ahora Dios da nuevamente su Palabra eficaz para que obedeciéndola produzca efectos profundos y duraderos, llevando a Israel a vivir en la justicia derramada por Dios al pueblo (v. 18), garantizando el cumplimiento de la promesa hecha a los Padres (v. 19; cf. Gn 12,2-3; 22,17).
Salmo ResponsorialEl que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.
Salmo
1,1-2.3.4.6
R/. El
que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.
R/. El
que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida. R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.
Evangelio: Mateo 11,16-19 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: 16 Con quién compararé a esta generación? Es como esos muchachos que, sentados en la plaza, cantan a los otros esta copla: 17 "Os hemos tocado la flauta y no habéis danzado, hemos entonado lamentos y no habéis hecho duelo". 18 Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: "Está endemoniado". 19 Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publícanos y pecadores". Pero la sabiduría ha quedado acreditada por sus obras.
**• El evangelista nos transmite un dicho de Jesús acerca de la radical incapacidad de sus contemporáneos a aceptar la bondad del tiempo presente, porque no están dispuestos a desear nada que sea realmente diverso. Son como niños que no entran en el juego, que ni saben lamentarse ni divertirse. La parábola presenta dos grupos de niños en conflicto entre ellos, porque el segundo grupo ha perdido interés en el juego, incluso antes de haberlo comenzado (w. 16-17). La doble reacción de los contemporáneos con el Bautista y con Jesús (v. 18), su mala voluntad manifiesta, les asemeja a los niños caprichosos de la parábola. En Mateo la sentencia final ofrece una respuesta a esa reacción contrapuesta de los estilos de devoción: el estilo sabio de Dios ha sido reconocido justamente por os que se toman seriamente en consideración su modo de actuar. Jesús es la sabiduría de Dios, la cual se manifiesta en sus obras (v. 19). En definitiva, pretende sacudir las conciencias de sus oyentes para disponerlos a acoger la "hora desconocida de Dios". Sus palabras sobre el Bautista concluyen con una llamada a la comprensión de fe, equivalente a una decisión del proyecto salvífico de Dios, en sintonía con su modo de actuar y de revelarse en la historia.
MEDITATIO Reconocer la hora de Dios, el tiempo oportuno, es un signo de sabiduría (cf. Ecl 3,lss). Como a los contemporáneos de Jesús, también a mí me invita la figura de Juan a hacer sinceras obras de penitencia. Reconocer la hora de Dios es para mí, ante todo, renunciar a atrincherarme en mis diversas excusas, que enmascaran mi desinterés y mi resistencia a la invitación a la conversión que la Palabra de Dios incesantemente me dirige. Las reiteradas admoniciones proféticas me exhortan a caminar por la justicia y por la fe operativa y sincera. Pero la hora de Dios no es sólo la de la penitencia y cambio de vida, es también la del gozo que nos trae el evangelio de Jesús. El gozo evangélico nacerá en mí al reconocer que él no se avergonzó de ser llamado "amigo de publícanos y pecadores". El perdón que me anuncia no se reduce a una mera palabra o una noticia genérica de Dios en mis confrontaciones, sino que es acontecimiento desconcertante de venir a celebrar una fiesta conmigo que soy pecador. No se trata de una fiesta que puedo dejar para mañana (como quisieran los niños caprichosos de la parábola evangélica); ! para mí es hoy !
ORATIO Señor, tu Palabra me hace hoy pensar y reflexionar sobre mí mismo. Sé que hay un tiempo para cada cosa bajo el sol: tiempo de llorar y tiempo de bailar. Pero descubro que, con frecuencia, soy poco sabio, distraído e incapaz de reconocer tu hora en mi vida. Querría hacer todo a mi estilo, decidir los tiempos a mi gusto, y por desgracia me debo reconocer entre los niños caprichosos que no han entrado en el juego. Temo llegar a ser yo también víctima de una terca obstinación que me impida juzgar rectamente. Te ruego, pues, que no dejes de dirigir tu Palabra a mi corazón obstinado y duro, así podré comprender tu designio sobre mí y lograr la verdadera sabiduría. Repréndeme, incluso con dureza, cuando quieras que escuche los llamamientos del Bautista a la penitencia y a la conversión. Ayúdame a saber reconocer que éste es el tiempo de tu gracia, porque eres: "El Señor mi Dios que me enseña para mi bien y me guía por el camino que debo seguir".
CONTEMPLATIO Se cuenta que su madre la prometió a un joven apuesto de la ciudad, sin el consentimiento de ella. Su madre, Eutiquia, enfermó gravemente y la joven se dedicó rápidamente al cuidado de ella. Gracias al impulso de Lucía, las dos se dirigieron a un pequeño santuario donde se veneraba a santa Águeda, en la población de Catania, con la esperanza de que, por la intercesión de dicha santa, Eutiquia recuperase la salud. Postradas ante el sepulcro de santa Águeda, empezaron a suplicarle y rezarle durante varias horas hasta que, presa de fatiga, Lucía cayó en un profundo sueño, en el cual se le apareció santa Águeda, que le dijo: "Lucía, queridísima hermana, por qué pides por intercesión de otra lo que tú misma, por la fe que tienes en Jesucristo, puedes obtener para tu madre? Has de saber que tu fe le ha dado la salud y que, así como Jesucristo ha hecho célebre a la ciudad de Catania por consideración a mí, de la misma manera hará célebre y gloriosa a la ciudad de Siracusa por tu causa, porque le has preparado una agradable morada en tu corazón virginal". Al oír estas palabras, Lucía se despertó y vio llena de júbilo cómo su madre se recuperaba de la enfermedad que padecía. Eutiquia comprendió cuál era el camino que deseaba el Señor para su hija, y las dos regresaron a Siracusa con la intención de consagrarse a él y de distribuir sus bienes entre los pobres. Denunciada como cristiana por su novio pagano, el cónsul Pascasio, fue condenada a permanecer en un prostíbulo. -Tus palabras se acabarán cuando pasemos a los tormentos. -A los siervos de Dios -respondió Lucía- no les pueden faltar las palabras, ya que les tiene dicho nuestro Señor Jesucristo: "No os preocupe cómo hablaréis cuando seáis llevados ante los gobernadores y reyes, porque se os dará en esa hora lo que habéis de decir. No seréis vosotros los que habléis, sino que será el Espíritu Santo quien hable en vosotros". -Crees, pues, que el Espíritu Santo está en ti y que es él quien te inspira lo que dices? -Lo que yo creo es que los que viven piadosa y castamente son templos del Espíritu Santo. Pascasio, sin comprender todo el alcance de estas palabras, le dijo: -Pues yo te haré conducir a un lugar infame, para que te abandone el Espíritu Santo. -Si por fuerza mandas que mi cuerpo sea profanado -respondió Lucía-, mi castidad será honrada con doble corona. Dicen las actas del martirio que, cuando los soldados quisieron arrastrar a la santa para llevarla a un prostíbulo y de esta manera deshonrar su castidad, no pudieron, ya que una fuerza superior la retuvo inmóvil. Un potente tiro de cuatro bueyes no consiguió hacerla avanzar ni un paso hacia allí. Esto es lo que evoca un himno en el que se califica a la santa de "columna inamovible". Ante tal fracaso, ensayaron un nuevo tormento y mandaron que allí mismo fuera cubierta de resina y rodeada de una gran hoguera. Ante tal bestialidad, a Lucía aún le sobraron fuerzas para decir: -He rogado a mi Señor para que no me domine este fuego y he conseguido un aplazamiento a mi martirio. Y, efectivamente, cuando las llamas desaparecieron, se pudo comprobar que Dios había realizado lo que Lucía predijo: el fuego no le había causado el menor daño. La conmoción de las gentes fue enorme. Y al prefecto aún le entró más odio. Se acercaba el final de su combate. El prefecto mandó que su garganta fuera atravesada por una espada. Era el 13 de diciembre del año 300, día que se celebra su onomástica (De la leyenda de santa Lucía, en iglesiaendaimiel.com).
ACTIO Repite a menudo durante el día esta Palabra: "Si alguno se declara a mi favor delante de los hombres, yo también me declararé a su favor delante de mi Padre celestial" (Mt 10,32).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La virginidad que resplandece, junto con el martirio, en santa Lucía (como en Águeda, Cecilia, Inés, celebradas en las pasiones legendarias de los siglos V-VI) nos invita a captar el significado teológico de este tema, que, con Orígenes, ya se volvió relevante en el siglo III: la virginidad está puesta en el tercer lugar (después de los apóstoles y los mártires). En efecto, con la aparición y la expansión del monacato en el siglo IV, tras haber cesado la persecución, la virginidad, convirtiéndose en la forma más elevada posible de la vida cristiana, asume el reflejo de la luz heroica y competitiva atribuida al martirio. Si, para el cristiano, el martirio asume el valor cristológico de revelación del poder de Dios, que vence a través de la cruz de Cristo contra las potencias satánicas desencadenadas contra él y con la resurrección muestra la gloria de Dios, la virginidad, asociada al martirio, asume el significado de una réplica de la dinámica de la persecución que corresponde a la negación de la fe, y las torturas físicas forman una sola cosa con las tentaciones contra la castidad; hasta el punto de que a los dos tipos de pasión corresponden de manera idéntica resistencias prodigiosas, castigo de tentadores, maravilla de presentes. En la conjunción de la virginidad con el martirio en una mujer joven como Lucía, la comunidad cristiana, a través de la pasión, ha conseguido superar la concepción de la mujer como criatura débil y frágil; es esta fuerza misteriosa del Espíritu la que impide el desplazamiento de Lucía, a pesar de ser arrastrada por una yunta de bueyes, y supera la fortaleza de los hombres más
poderosos. Esto hace pensar a los verdugos que se trata de
maleficios misteriosos. "Cuál es la causa por la que
una débil muchacha no puede ser desplazada cuando es tirada
por mil hombres?", pregunta Pascasio a Lucía. Ella le
respondió con estas palabras inspiradas: "Y si me
enviaras a otros diez mil, que escuchen por mi voz al Espíritu
Santo, que dice: "Caerán a tu lado mil, y diez mil a
tu derecha" (Sal 90,7)" (E. Lodi, / santi del
Calendario romano, Milán 1990, 669s. [edición
española: Los santos del calendario romano, San
Pablo, Madrid 1999).
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Sábado de la segunda semana de adviento o 14 de diciembre, San Juan de la Cruz
Juan de Yepes, hijo de Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez, nació en Fontiveros (Ávila) en el año 1542. Tras una niñez llena de miseria, entró en 1563 en el Carmelo. En 1567, año de su ordenación sacerdotal, conoció a Teresa de Jesús en Medina del Campo y decidió seguirla en la fundación de la nueva familia del Carmelo. Fue primero carmelita descalzo en Duruelo, en 1568, y ocupó a continuación el cargo de maestro y formador. En 1572 lo reclamó Teresa para confesor del monasterio de la Encarnación del que era priora. Fue perseguido y encerrado, entre diciembre de 1577 y agosto de 1578, en la cárcel conventual de Toledo, donde realizó una fuerte experiencia del sufrimiento y de la "noche oscura". Tras salir de la cárcel, se incorporó a la vida de la naciente Reforma y ocupó el cargo de superior en Segovia. Murió en Ubeda el 14 de diciembre de 1591. Fue canonizado por Benedicto XIII en 1726 y proclamado doctor de la Iglesia por Pío XI el 24 de agosto de 1926.
LECTIO Primera lectura: Eclesiástico 48,1-4.9-11 1 Entonces surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha. 2 Él hizo venir sobre ellos el hambre, y en su celo los diezmó. 3 Por la palabra del Señor cerró los cielos e hizo también bajar fuego tres veces. 4 !Qué glorioso fuiste, Elías, con tus prodigios! Quién pretenderá parecerse a ti? 9 Fuiste arrebatado en torbellino ardiente, en un carro con caballos de fuego. 10 De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para reconciliar a los padres con los hijos y restaurar las tribus de Jacob. 11 Felices los que te vieron y murieron fíeles al amor, porque también nosotros viviremos.
*" El elogio de los padres es la sección más original de toda la obra del Sirácida. El autor relee el pasado con una función didáctica para el presente y nos pinta una galería de "medallones" de los grandes personajes, buenos y malos, de la historia bíblica. Entre estos héroes, recoge la figura del profeta Elías. A Elías se le parangona al fuego por su celo, por su pasión ardiente por la causa del Señor, el Dios de Israel. Su vida, de hecho, la dedicó totalmente al servicio del Dios de Israel, en cuya presencia Elías vivía continuamente (cf. 1 Re 18,15). Además de su ardiente predicación para llevar al pueblo al único Dios, los rasgos trazados por el Sirácida subrayan los aspectos taumatúrgicos, de acuerdo con las tradiciones populares de su época (w. 2-4). Pero el culmen del elogio de Elías está en la consideración de su destino singular (el rapto en el carro de fuego: v. 9), visto como una victoria sobre la muerte por obra del amor de Dios. Su figura es, pues, acicate para esperar una vida más allá de la muerte, una bienaventuranza plena que espera a los que, como Elías, "mueren fieles al amor". Al motivo de su arrebato al cielo en la tradición judía (cf. Mal 3,24) se asocia el de la espera de su regreso, preparando a los hijos de Israel a la llegada de los tiempos mesiánicos (v. 10). El Nuevo Testamento heredará esta tradición judía del regreso de Elías viendo su cumplimiento en la persona de Juan Bautista.
Salmo Responsorial
Oh
Dios, restáuranos,
Sal
79,2ac.3b.15-16.18-19
R/. Oh
Dios, restáuranos,
R/. Oh
Dios, restáuranos,
R/. Oh
Dios, restáuranos,
Evangelio: Mateo 17,10-13 10 Los discípulos le preguntaron: -Por qué dicen los maestros de la ley que primero tiene que venir Elías? 11 Jesús les respondió: -Sí, Elías tenía que venir a disponerlo todo. 12 Pero os digo que Elías ha venido ya y no lo han reconocido, sino que han hecho con él lo que han querido. Del mismo modo van a hacer padecer al Hijo del hombre. 13 Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.
** Después de la transfiguración, Jesús, bajando del monte, mantiene con sus discípulos una conversación que trata de uno de los personajes de la visión: Elías. Refiriéndose a las discusiones rabínicas del papel de Elías, sobre la verdad y el significado de su regreso anunciado por Malaquías (3,23-24), Jesús declara aceptar la tesis de los que afirman la necesidad de una venida de Elías antes del juicio. Por otra parte, Jesús niega cualquier visión fantástica, comúnmente difundida, de un regreso de Elías e invita a los discípulos a discernir el plan de Dios que está manifestándose ante sus propios ojos. Por consiguiente, afirma que Elías ya ha venido, pero no lo han conocido, y que la suerte de Elías anuncia la del Hijo del hombre (v. 12). Para llevar a los discípulos a la comprensión de la urgencia de la conversión, de la sanación de las relaciones intrapersonales y de la relación con Dios, Jesús identifica expresamente a Elías con el Bautista. Los discípulos comprenden tal identificación (v. 13). Resulta así claro que tal identificación no se desprende automáticamente de las Escrituras, sino que se revela a quien, desde la docilidad de la fe, está dispuesto a acoger la predicación de Juan con su invitación a convertirse y prepararse al encuentro del que viene. Por un momento, los discípulos parecen, pues, comprender; aunque muy pronto caerán de nuevo en la incomprensión, en su obstinada incredulidad (cf. Mt 15,20).
MEDITATIO El nombre de Juan de la Cruz, tomado por el santo cuando optó por seguir el ideal de Teresa de Jesús, conviene bien a su experiencia y a su carisma. Estuvo marcado por la cruz desde niño, sufrió hambre y orfandad por la muerte prematura de su padre, junto a su madre, Catalina, que se vio obligada a dejar la casa de Fontiyeros para trasladarse a Medina del Campo. Aquí, nuestro santo, abierto a la vida y a la acción con su inteligencia y su capacidad práctica, ejerció muy pronto muchos oficios, y conoció el dolor de los enfermos trabajando de enfermero en el hospital local de las enfermedades infecciosas. La cruz siguió a Juan en su opción por el Carmelo, en los primeros pasos de la incipiente reforma, forjando su carácter austero y decidido, aunque abriéndolo constantemente a lo esencial: la contemplación de Cristo crucificado, palabra definitiva del Padre, como el todo de la existencia. La contemplación de la cruz y del Crucificado abre de par en par su inteligencia y su corazón a la sabiduría, la poesía, el conocimiento sublime del misterio. Encerrado durante nueve meses en la cárcel conventual de Toledo, en unas condiciones humanas absolutamente precarias, privado de los sacramentos, conoció el abandono de Cristo en la cruz y participó de la "noche oscura" del dolor espiritual. Pero su corazón se abre aún a la luz de la sabiduría. Muchas de sus poesías más sublimes nacieron como rayos de luz en medio de la oscuridad de esta prueba. La cruz le acompañará hasta el final de sus días, incluso en la persecución y el desprecio de sus hermanos. Ante una imagen de Cristo cargado con la cruz, expresa su deseo de "sufrir y ser despreciado" por el Señor. Sin embargo, la cruz abre horizontes infinitos de luz, permite recorrer al místico los senderos de la noche bienaventurada, como la noche de pascua en la que se unió con Cristo, y le prepara para la fiesta del Espíritu y para la sublime experiencia de la comunión trinitaria.
ORATIO !Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos. Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar, y hágase [...] No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero. Por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero. Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal hiera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón (san Juan de la Cruz, "Oración del alma enamorada", en Dichos de luz y amor).
CONTEMPLATIO Decía san Juan de la Cruz que san Dionisio Areopagita escribió esa sentencia maravillosa que afirma: "La más divina de todas las obras divinas es cooperar con Dios en el bien de las almas", es decir, que la suprema perfección de cualquier ser en s u jerarquía y en su grado es ascender y crecer, según su propio talento y sus propias capacidades, en la imitación de Dios y - l o que es más admirable y divino- en ser cooperadores d e él en la conversión y en la redención de las almas. En efecto, en esto brillan las obras propias de Dios, que es gran gloria imitar, y por eso Cristo nuestro Señor las llamó obras del Padre, cuidados de su Padre [...]. Añadía que es una verdad evidente que la compasión con el prójimo crece más cuanto más se une el alma a Dios por amor. En efecto, cuanto más ama, más desea que este mismo amor sea amado y honrado por todos. Y cuanto más lo desea, más trabaja para ello, tanto en la oración corno en todos los otros ejercicios necesarios que a ella le son posibles. Tanto es el fervor y la fuerza de su caridad que estos tales, poseídos por Dios, no se pueden restringir o contentar con su propia y sola ganancia; más aún, al parecerles poca cosa ir al cielo solos, buscan con ansias, afectos celestiales y diligencias exquisitas, conducir con ellos a muchos. Eso nace del gran amor que tienen por Dios y es fruto y efecto propio de la oración y la contemplación perfectas ("Insegnamenti spirituali de san Giovanni della Croce", n. 10, en Opere, Roma 1963, pp. 1.152ss).
ACTIO Repite y medita a menudo durante el día estas palabras de san Juan de la Cruz: "Y donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor..." (carta n. 27 a la M. María de la Encarnación).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Juan de la Cruz es un enamorado de Dios. Trataba familiarmente con él, hablaba constantemente de él. Lo llevaba en el corazón y en los labios, porque constituía su verdadero tesoro, su mundo más real. Antes de proclamar y cantar el misterio de Dios, es su testigo; por eso habla de él con pasión y con dotes de persuasión no comunes: "Ponderaban los que le oían, que así hablaba de las cosas de Dios y de los misterios de nuestra fe, como si los viera con los ojos corporales". Gracias al don de la fe, los contenidos del misterio llegan a formar para el creyente un mundo vivo y real. El testigo anuncia lo que ha visto y oído, lo que ha contemplado, a semejanza de los profetas y de los apóstoles (cf. 1 Jn 1,1-2). Como ellos, el santo posee el don de la palabra eficaz y penetrante; no sólo por la capacidad de expresar y comunicar su experiencia en símbolos y poesías transidos de belleza y lirismo, sino por la exquisitez sapiencial de sus dichos de luz y amor, por su propensión a hablar "palabras al corazón, bañadas en dulzor y amor", "de luz para el camino y de amor en el caminar". La viveza y el realismo de la fe del doctor místico estriban en la referencia a los misterios centrales del cristianismo. Una persona contemporánea del santo afirma: "Entre los misterios que me parece tenía grande amor era al de la Santísima Trinidad y también al del Hijo de Dios humanado". Su fuente preferida para la contemplación de estos misterios era la Escritura, como tantas veces atestigua; en particular, el capítulo 17 del evangelio de san Juan, de cuyas palabras se hace eco: "Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17,3). Teólogo y místico, hizo del misterio trinitario y de los misterios del Verbo Encarnado el eje de la vida espiritual y el cántico de su poesía. Descubre a Dios en las obras de la creación y en los hechos de la historia, porque lo busca y acoge con fe desde lo más íntimo de su ser: "El Verbo Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, esencial y presencialmente está escondido en el íntimo ser del alma... Gózate y alégrate en tu interior recogimiento con él, pues le tienes tan cerca. Ahí le desea, ahí le adora". Cómo consigue el místico español extraer de la fe cristiana toda esa riqueza de contenidos y de vida? Sencillamente, dejando que la fe evangélica despliegue todas sus capacidades de conversión, amor, confianza, entrega. El secreto de su riqueza y eficacia estriba en que la fe es la fuente de la vida teologal: fe, caridad, esperanza. "Estas tres virtudes teologales andan en uno". Una de las aportaciones más valiosas de san Juan de la Cruz a la espiritualidad cristiana es la doctrina acerca del desarrollo de la vida teologal. En su magisterio escrito y oral centra su atención en la trilogía de la fe, la esperanza y el amor, que constituyen las actitudes originales de la existencia cristiana. En todas las fases del camino espiritual son siempre las virtudes teologales el eje de la comunicación de Dios con el hombre y de la respuesta del hombre a Dios. La fe, unida a la caridad y a la esperanza, produce ese conocimiento íntimo y sabroso que llamamos experiencia o sentido de Dios, vida de fe, contemplación cristiana. Es algo que va más allá de la reflexión teológica o filosófica. Y la reciben de Dios, mediante el Espíritu, muchas almas sencillas y entregadas. Al
dedicar el Cántico espiritual a Ana de Jesús,
anota el autor: "Aunque a Vuestra Reverencia le falte el
ejercicio de teología escolástica con que se
entienden las verdades divinas, no le falta el de la mística
que se sabe por amor en que no solamente se saben, mas juntamente
se gustan". Cristo se les revela como el Amado; aún
más, como el que ama con anterioridad, como canta el poema
de "El pastorcico" (carta apostólica Maestro
en la fe, en el IV centenario de la muerte de san Juan de la
Cruz, 8-10).
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Tercer
domingo de adviento Ciclo C. LECTIO Primera lectura: Sofonías 3,14-18a 14 !Da gritos de alegría, hija de Sión, exulta de júbilo, Israel, alégrate de todo corazón, Jerusalén! 15 El Señor ha anulado la sentencia que pesaba sobre ti, ha barrido a tus enemigos; el Señor es rey de Israel en medio de ti, no tendrás que temer ya ningún mal. 16 Aquel día dirán a Jerusalén: "No tengas miedo, Sión, que tus brazos no flaqueen; 17 el Señor tu Dios en medio de ti, es un salvador poderoso. Él se goza y se complace en ti, su amor te renovará, por tu causa danzará y se regocijará, 18 como en los días de fiesta".
*" El profeta Sofonías, que precede algunos años al profeta Jeremías, interpreta con estas palabras el deseo de renacer de la ciudad de Jerusalén tras el período del rey Manases, idólatra y violento. Se trata de un renacer a la vez espiritual y civil. La destinataria de las palabras es la "hija de Sión" o "hija de Jerusalén", que de ambos modos se designa a la misma ciudad de Jerusalén, pero que tal vez aluden también a algo nuevo que va a hacer el Señor. En el texto profético se cruzan diversos temas, todos se repiten al menos dos veces, y es que la repetición subraya la urgencia de la exhortación a fiarse de esta palabra de esperanza. La invitación a la alegría da el tono fundamental. El profeta recurre a todos los vocablos posibles para manifestarlo: gozo, alegría, regocijo, fiesta, danza... es ese gozo interior que se manifiesta exteriormente con la participación de toda la comunidad. Pero el aspecto más interesante de este sentimiento es que no sólo se trata de un gozo humano, sino también del de Dios (v. 17 "Él se goza y se complace en ti"). El fragmento se abre con el gozo del pueblo y se cierra con el gozo de Dios. El motivo del gozo es la venida de Dios, que, cancelada toda condena, habita ahora en medio de la ciudad como salvador: "El Señor tu Dios en medio de ti" (w. 15.17). La salvación a su vez se realiza como una renovación en el amor ("su amor te renovará": v. 17). Para Sofonías la salvación está en el reafirmar el amor originario de Dios, en volver a encontrar el amor perdido. Es un amor que expulsa al temor, porque ya no hay motivo para temer cuando Dios manifiesta su amor. Precisamente en este texto se inspirará la escena de la anunciación en Lucas: "Alégrate... El Señor está contigo... No temas...".
Salmo Responsorial Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel. Salmo: Is 12, 2-6.
2Él
es mi Dios y salvador: R.- Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
4Aquel
día diréis: R.- Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
5Tañed
para el Señor, que hizo proezas, R.- Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
Segunda lectura: Filipenses 4,4-7 Hermanos: 4 Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. 5 Que todo el mundo os conozca por vuestra bondad. El Señor está cerca. 6 Que nada os angustie; al contrario, en cualquier situación presentad vuestros deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias. 7 Y la paz de Dios, que supera cualquier razonamiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos por medio de Cristo Jesús.
*" La invitación a la alegría, como la recomendación a no temer ("Que nada os angustie": v. 6), encuentran, para Pablo, su fundamento en el hecho de que: "El Señor está cerca". "Señor" indica aquí no sólo a Dios, sino a Jesús, porque en él Dios se acerca a la humanidad. La carta a los Filipenses muestra cómo la esperanza del cristiano es diferente de la esperanza del que quiere ser optimista a toda costa. Ésta no se basa en un sentimiento de voluntad personal, en una disposición interior al optimismo, sino en la persona de Jesús, que es garantía de la espera para el futuro. Tres palabras resumen los aspectos personales y comunitarios de la esperanza: gozo, confianza, paz. El gozo: brota del hecho de vivir en comunión con Jesús y los demás. El que afirma esto no es un vividor, sino un apóstol que sufre, prisionero, que invita reiteradamente a los filipenses al gozo. La confianza: "Que nada os angustie; al contrario, en cualquier situación presentad vuestros deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias" (v. 6). Abandonarse en Dios no es indigno del hombre, no es un refugiarse en un mundo irreal, sino que forma parte de la verdadera sabiduría, porque "el Señor protege el camino de los justos" (1 Sm 2,9). La paz - resultado de cuanto precede. De las escasas palabras de Pablo se deduce que la paz no es ausencia de preocupaciones, sino fruto del poder de Dios, que guarda el corazón y pensamientos de los creyentes en Cristo Jesús (v. 7), lo cual es muy distinto del simple "no tener pensamientos". La verdadera paz no es superficial, sino que se afianza en el hombre ahí donde decide por sí mismo, en la mente y el corazón, y, de este modo, también sus acciones y relaciones serán acciones y relaciones de paz.
Evangelio: Lucas 3,10-18 10 La gente preguntaba a Juan: -Qué debemos hacer? 11 Y les contestaba: -El que tenga dos túnicas, que le dé una al que no tiene ninguna, y el que tenga comida que haga lo mismo. 12 Vinieron también unos publícanos a bautizarse y le dijeron: -Maestro, qué tenemos que hacer? 13 Él les respondió: -No exijáis nada fuera de lo fijado. 14 También los soldados le preguntaban: -Y nosotros qué tenemos que hacer? Juan les contestó: -No uséis la violencia, no hagáis extorsión a nadie, y contentaos con vuestra paga. 15 El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. 16 Entonces Juan les dijo: -Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 17 En su mano tiene el bieldo para aventar su parva y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará en un fuego que no se apaga. 18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena noticia.
**• Después del acontecimiento de la Palabra sobre el Bautista que anuncia la salvación (Lc 3,2), Lucas relata los temas éticos de la predicación de Juan en los que precisa los caminos que hay que enderezar y ajustar según los caminos de Dios. Se presentan al Bautista diversas categorías de personas. Por tres veces (w. 10.12.14) la gente pregunta al Bautista: "Qué debemos hacer?". En la respuesta no pide cosas desorbitadas, sino que recomienda modos de atención con el otro, respeto a todos en la justicia. El Bautista, hombre del desierto, a quien le pregunta sobre qué debe hacer no le pide imitarle en la vida eremítica o ascética del desierto. Les da unas respuestas para que las realice cada uno en su vida normal, ya que es precisamente en ese ámbito donde todos debemos enderezar los caminos de Dios. A algunos interlocutores les sugiere el compromiso del compartir: "El que tenga dos túnicas, que le dé una al que no tiene ninguna" (v. 11). Luego se acercan los publicanos y los soldados, dos categorías "sospechosas". Pero también pueden abrirse a la salvación viviendo una vida honesta y renunciando a algunos fraudes. Cuando venga Jesús, precisamente los publicanos y los soldados (cf. el centurión) serán los testigos de una salvación que se les ofrece sin condiciones previas, salvación recibida gratuitamente, capaz de cambiar la vida. Finalmente el evangelista indica que "el pueblo estaba a la expectativa" (v. 15), y se preguntaban si no sería Juan el Cristo. De la pregunta del "hacer" se pasa a la del "Mesías", es decir, a la pregunta de "Quién nos puede salvar?". El Bautista remite -más allá de sí mismo- a "aquel que viene", el único que podrá cambiar la vida vieja, quemando la paja y regalando el Espíritu.
MEDITATIO La Palabra de Dios me invita a la alegría como nota cualificada de mi testimonio cristiano. "Alegrarse en el Señor": en el lenguaje cotidiano nunca decimos "alegrarse en una persona", sino más bien "alegrarse con una persona", o "por una persona". La Escritura, sin embargo, me dice: "Alegrarse en el Señor". Estoy llamado a esta singular alegría: puedo alegrarme en cuando vivo unido a otro, al Señor. Mi alegría verdadera sólo brotará de una experiencia de relación, de comunión con el Señor Jesús. La alegría arraigada en la esperanza de la venida de Jesús se expresa en la afabilidad con los otros, en la mansedumbre en las relaciones con mis hermanos, en el buscar siempre lo conveniente, lo adaptado a cada situación, en el esfuerzo por lograr la medida justa con cada hermano que encuentro. Mi alegría debe manifestarse también en las obras de justicia, en las obras de una vida "salvada". Para poder encontrar hoy paz, el evangelio no me deja sólo con la pregunta: "Qué debo hacer?". Quiere ayudarme además a plantearme una pregunta más profunda: "A quién debo dar mi corazón? Quién puede decirme una palabra verdadera que suscite y refuerce en mí el querer el bien?". El Bautista, maestro de moral y de justicia, me amonesta a no abandonar esta pregunta y me indica también la respuesta, es decir, me orienta hacia el Único que vale la pena mirar, para apostar por él todo el sentido de mi existencia.
ORATIO Te miramos a ti, Señor Jesús, aquel que Juan llama "más fuerte": y tú lo eres porque haces presente y operante la potencia de Dios Padre, para nuestra salvación; lo eres también porque sabes vencer todas nuestras debilidades, todas nuestras resistencias; lo eres porque nos libras del mal y das la paz a nuestro corazón. Te miramos a ti, Señor Jesús, que bautizas en el Espíritu Santo: tú nos sumerges en la vida misma de Dios, nos comunicas el Espíritu que habita en ti, el Espíritu cuyo fruto es la caridad, el gozo, la paz, la paciencia, la benevolencia, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre, el dominio de sí. Te miramos a ti, Señor Jesús, que vienes a juzgar el mundo. Actúa también hoy con "fuego": danos a conocer la santidad de Dios, su amor exigente que nos purifica y que es insostenible para nosotros que tenemos la fragilidad de la paja. Mientras, dispersos entre la gente del Jordán, reconocemos nuestro pecado y nuestras ligerezas, acércate a nosotros y danos fuerza para volver a Dios. Te miramos a ti, Señor Jesús: mientras buscamos la alegría en otra parte, te acercas y nos repites: "Tu Dios se alegra y exulta por ti".
CONTEMPLATIO Abriendo nuestros ojos a la luz de Dios, escuchemos atónitos lo que cada día nos advierte la voz divina que clama: "Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones". Y, buscándose el Señor un obrero entre la multitud ala que lanza su grito de llamamiento, vuelve a decir:"Hay alguien que quiera vivir y desee pasar días prósperos?". Si tú, al oírle, respondes: "Yo", otra vez te dice Dios: "Si quieres gozar de una vida verdadera y perpetua, guarda tu lengua del mal; tus labios de la falsedad; apártate del mal y obra el bien, busca la paz y corre tras ella". Y, cuando cumpláis todo esto, tendré mis ojos fijos sobre vosotros, mis oídos atenderán vuestras súplicas, y antes de que me interroguéis os diré yo: "Aquí estoy". Hermanos amadísimos, puede haber algo más dulce para nosotros que esta voz del Señor, que nos invita? Mirad cómo el Señor, en su bondad, nos indica el camino de la vida. Si se considera necesario algo un poco más severo con el fin de corregir los vicios o mantener la caridad, no abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios (Benito de Nursia, Prólogo a la Regla).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres" (Fil 4,4).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La alegría es oración. La alegría es fuerza. Es como una red de amor que coge a las almas. Dios ama al que da con alegría. El que da con alegría, da más. No hay mejor manera de manifestar nuestra gratitud a Dios y a los hombres que aceptar todo con alegría. Un corazón ardiente de amor es necesariamente un corazón alegre. No dejéis nunca que la tristeza se apodere de vosotros hasta el punto de olvidar la alegría de Cristo resucitado. Continuad dando Jesús a los demás, no con palabras sino con el ejemplo, por el amor que os une a él, irradiando su santidad y difundiendo su amor profundo, id por todas partes. Que vuestra fuerza no sea otra que la alegría de Jesús. Vivid felices y en paz. Aceptad todo lo que él da y dad todo lo que él toma con una gran sonrisa (Madre Teresa). |
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Lunes
de la tercera semana de adviento LECTIO Primera lectura: Números 24,2-7.15-17a 2 En aquellos días, Baloán levantó los ojos y vio a Israel acampado por tribus, el espíritu de Dios vino sobre él, 3 y pronunció este oráculo: Oráculo de Balaán, hijo de Beor; oráculo del varón clarividente; 4 oráculo del que escucha palabras de Dios, del que ve la visión del Poderoso, y cae en éxtasis con los ojos abiertos. 5 !Qué bellas son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, Israel! 6 Son como torrentes que se alargan, como jardines junto al río, como áloes plantados por el Señor, como cedros junto a la corriente. 7 Los cántaros rebosan de agua, y aguas abundantes riegan su semilla. Su rey es más alto que Agag y su reinado crece en poderío. 15 Y pronunció este oráculo: Oráculo de Balaán, hijo de Beor; oráculo del varón clarividente; 16 oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los designios del Altísimo; que ve la visión del Poderoso, y cae en éxtasis con los ojos abiertos. 17 Lo veo, pero no para ahora; lo contemplo, pero no de cerca: una estrella sale de Jacob, un cetro surge de Israel.
**• En una larga y compleja narración acerca del tiempo del camino por el desierto, el libro de los Números cuenta cómo Balaak, rey de Moab, para oponerse al paso de Israel, alquiló a un potente adivino pagano, Balaán, para que soltase sus sortilegios contra Israel y lo maldijera. Éste, sin embargo, en vez de aniquilar al pueblo, como indica su nombre "devorador", es confundido por el Señor y obligado a profetizar en favor de Israel. La presente lectura propone algunos versículos del tercer y cuarto oráculos que pronunció. El primero anuncia la prosperidad y fecundidad de Israel, con la imagen de un campamento enorme de hermosas y ricas tiendas y la de un paisaje con plantas frondosas y abundancia de agua que indican la vitalidad (w. 5-7). El cuarto añade a los precedentes (w. 16-17) la descripción de una realeza ideal, que es una visión idealizada de la monarquía davídica, en cuanto destinataria de la promesa divina comunicada por el profeta Natán (cf. 2 Sm 7), y constituye el origen del mesianismo real. Balaán, en sustancia, debe profetizar el gran futuro de Israel, signo concreto de la fidelidad divina a la promesa dada a David. "Una estrella sale de Jacob, un centro surge de Israel" (v. 17). El cetro es claramente símbolo de la realeza; la estrella, sin embargo, hay que vincularla a una idea difusa de la antigüedad: la aparición de un nuevo astro significaría o el nacimiento de un rey o un gran acontecimiento de la historia. Comienza aquí en el Antiguo Testamento el motivo difundido en el mundo judaico intertestamentario de la estrella como símbolo del Mesías, el "hijo de la estrella". Salmo ResponsorialSeñor, instrúyeme en tus sendas
Sal
24,4-5ab.6-7bc.8-9
R/. Señor,
instrúyeme en tus sendas
R/. Señor,
instrúyeme en tus sendas R/. Señor, instrúyeme en tus sendas
Evangelio: Mateo 21,23-27 23 Jesús entró en el templo, y mientras enseñaba, se le acercaron los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo y le dijeron: -Con qué autoridad haces estas cosas? Quién te ha dado esa autoridad? 24 Jesús les respondió: -También yo os voy a hacer una pregunta. Si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto. 25 El bautismo de Juan, de dónde venía, de Dios o de los hombres? Ellos discutían entre sí y comentaban: "Si decimos que de Dios, nos dirá: Por qué no le creísteis? 26 Y si decimos que de los hombres, hay que temer a la gente, porque todos piensan que Juan era un profeta". 27 Así que respondieron a Jesús: -No sabemos. Entonces Jesús les dijo: -Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
*"• El evangelista muestra a los adversarios de Jesús que protestan, por considerarla pretensión ilegítima, su juicio sobre el templo y la expulsión de los vendedores. Preguntan en nombre de qué autoridad ha actuado de tal modo y sentenciado sobre la relación del pueblo con Dios. Jesús, por su parte, contraataca, pidiéndoles que se decidan en su postura sobre el bautismo de Juan (v. 25), y es que el bautizar había sido la acción más llamativa del Bautista. El Nazareno exige una alternativa clara y decidida. A través de la pregunta se ven obligados a hacer una seria reflexión de su propia actitud equivocada frente a Dios. La pregunta de Jesús no es, como podría parecer al lector, una escapatoria táctica, un modo de desplazar el campo de atención evitando así dar una respuesta comprometedora. Se trata más bien de hacer una seria invitación a la conversión; pide tomar partido respecto a la predicación de Juan el Bautista, que había sido precisamente una llamada a la conversión. Su predicación ponía a los jefes religiosos en una situación análoga a la deseada por Jesús. Su negativa a responder manifiesta su mala voluntad, su actuar con cálculos políticos de conveniencia (w. 25-26), olvidando que la primera obligación de los jefes, como de cualquier fiel, es la conversión. De lo contrario Dios puede callar ante el incrédulo, como sugiere la perentoria afirmación final de Jesús: "Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas" (v. 27).
MEDITATIO La promesa mesiánica de la primera lectura nos invita a meditar en la fidelidad de Dios, en las promesas y en el poder del Señor que desbarata cualquier poder que se oponga a su proyecto de liberación, ya se trate de fuerzas humanas o suprahumanas. De hecho, en Balaán, obligado a profetizar en favor de Israel, descubro el ejemplo eficaz y alentador del irresistible triunfo del plan de Dios. La lectura del evangelio me exige confrontar mis opciones con las exigencias evangélicas, preguntándome si no podré reconocerme a veces en la actitud de los adversarios de Jesús y si su reacción incrédula no será también el retrato de mi condición interior a la no disponibilidad. No soy, tal vez, como los adversarios de Jesús que rechazan la invitación a tomar una decisión responsable frente a Dios? Seré como ellos si no me formo seriamente un juicio personal de fe sobre las vicisitudes de la vida, prefiriendo quedarme en términos de conveniencia y en otras consideraciones. El evangelio desenmascara muchas de mis preocupaciones demasiado humanas, dictadas no por el temor de Dios, sino por el deseo de conservar el poder o, sencillamente porque se cumplan mis apetencias. Mis deseos, si no buscan la voluntad del Señor, tienen la misma consistencia que los proyectos de Balaak y de Balaán confundidos y desbaratados por Dios en un instante.
ORATIO Como hiciste con Balaán, oh Padre, descorre el velo de nuestros ojos, para que podamos admirar las maravillas que haces en medio de tu pueblo y para que se alegre nuestro corazón con y por tu pueblo, que adquiriste y formaste en tu Hijo. Como hiciste con Balaán, oh Padre, descorre el velo de nuestros ojos para que podamos acoger en la fe a tu Hijo que viene. Que sea él la estrella que nos guía en el camino y que nos colma de gozo. Que su luz disipe las tinieblas de nuestro corazón, cuando damos vueltas a nuestros cálculos y lógicas que ignoran tu soberanía sobre nosotros. Que su luz ponga en claro la calidad de tantas de nuestras preocupaciones que se mueven no por tu santo temor, sino por el deseo miope de conservar nuestros ridículos tesoros y de que se ejecuten nuestros proyectos. Ahora, como hiciste antaño con Balaán, obligándole a profetizar en favor de tu pueblo, Padre, ayúdanos a recordar que sólo tus planes tienen éxito y que nada se puede oponer a tu querer soberano.
CONTEMPLATIO Lo que les pasa a los que desde la cumbre de una montaña alta miran hacia abajo un mar profundo e insondable, es lo que me pasa a mí cuando bajo los ojos desde la altura de la misteriosa frase del Señor: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". La promesa de Dios es tan grande que supera los últimos límites de la felicidad. Existe otro bien que se pueda desear? El que ve a Dios ha obtenido todos los bienes, una vida sin ocaso, la bienaventuranza inmortal, un gozo perenne, la verdadera luz, una paz espiritual y dulce, una perpetua alegría. Pero acaso la pureza de corazón no es una de esas virtudes inalcanzables porque supera nuestra naturaleza? Las cosas no son así (...). Me parece que Dios desea mostrarse cara a cara al que tenga el ojo del alma bien purificado. Si, por consiguiente, remueves las malezas que han cubierto tu corazón, resplandecerá en ti la belleza divina. Este sublime espectáculo en qué consiste? En la santidad, en la simplicidad y en todos los resplandores radiantes de la naturaleza divina por los cuales se ve a Dios (Gregorio de Nisa, Homilías, 6, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "[Dichoso] el que escucha la Palabra de Dios y conoce la ciencia del Altísimo" (Nm 24,4.16).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL De verdad quieres convertirte? Quieres ser transformado? O bien mantienes fuertemente con una mano tus viejos modos, mientras con la otra suplicas a la gente que te ayude a cambiar? La conversión es algo que no puedes regalarte a ti mismo. No es cuestión de fuerza de voluntad. Tienes que confiar en la voz interior que te muestra el camino. Conoces esa voz. Te miras en ella a menudo. Pero
después de haber oído con claridad lo que se te pide
que hagas, empiezas a poner pegas y a buscar la opinión de
los demás. De esa forma te ves atrapado en una incontable
variedad de opiniones, sentimientos e !deas contradictorios, y
pierdes el contacto con Dios que está contigo. Así
terminas por depender de las personas que te has buscado para que
estén a tu alrededor. Sólo con una atención
constante a la voz interior te convertirás a una nueva vida
libre y gozosa (H. J. M. Nouwen, La voz interior del amor,
Madrid 1997, 20). |
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Martes de la tercera semana de adviento LECTIO Primera lectura: Génesis 49,1-2.8-10 1 En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo: 2 Reuníos y escuchad, hijos de Jacob; escuchad a vuestro padre Israel: 8 A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, someterás a tus enemigos, los hijos de tu padre se inclinarán ante ti. 9 Cachorro de león es Judá. De hacer presa vuelves, hijo mío. Se encorva, se echa como un león, como leona; quién lo hará levantarse? 10 No se apartará de Judá el cetro ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien pertenece, y a quien los pueblos obedecerán.
**• En el poema de Gn 49 se describe la despedida de Jacob moribundo rodeado de sus seres queridos. Las palabras que el patriarca dirige a sus doce hijos se consideran sagradas y proféticas, y hablan del futuro de sus hijos y sus descendientes. Los w. 8-10 se dirigen a Judá en particular, padre de la tribu homónima, de la que nacería el Mesías. La profecía, que se remonta al tiempo de Isaías (siglos VIII-VII), es misteriosa, exalta la superioridad de Judá sobre sus hermanos por su fuerza real, similar a la de un león. Y por el "cetro" y el "bastón de mando" (v. 10a) que ejercitará sobre las tribus de Israel y sobre todos sus enemigos. El fragmento alude a la monarquía davídica, en la que reside el cetro del Ungido del Señor, que llevará la salvación ansiada cuando el verdadero rey anunciado, a quien pertenecen el poder y el reino, domine sobre todos los pueblos. Este rey ideal y definitivo aparecerá en la figura del Mesías, del que dice el libro del Apocalipsis: "Ha vencido el león de la tribu de Judá" (Ap 5,5). El es el único poseedor del cetro de Dios, cuyo reino no es de dominio y poder, sino de servicio y amor para con todos los pueblos, que le rendirán filial obediencia.
Salmo Responsorial
En
sus días florezca la justicia,
Salmo
71,1-2.3-4ab.7-8.17
R/. En
sus días florezca la justicia,
R/. En
sus días florezca la justicia,
R/. En
sus días florezca la justicia,
R/. En
sus días florezca la justicia,
Evangelio: Mateo 1,1-17 1 Genealogía de Jesús, Mesías, Hijo de David, Hijo de Abrahán: 2Abrahán engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. 3 Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara; Farés engendro a Esrón; Esrón engendró a Aran; 4 Aran engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón; Naasón engendró a Salmón. 5 Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé; 6 Jesé engendró al rey David. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón. 7 Salomón engendró a Roboán; Roboán engendró a Abías; Abías engendró a Asá; 8 Asá engendró a Josafat; Josafat engendró a Jorán; Jorán engendró a Ozías; 9 Ozías engendró a Joatán; Joatán engendró a Acaz; Acaz engendró a Ezequías; 10 Ezequías engendró a Manases; Manases engendró a Amón; Amón engendró a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la cautividad de Babilonia. 12 Después de la cautividad de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel engendró a Zorobabel; 13 Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliaquín; Eliaquín engendró a Azor; 14 Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Ajín; Ajín engedró a Eliud; 15 Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matan; Matan engendró a Jacob. 16 Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. 17 Así pues, son catorce las generaciones desde Abrahán hasta David, catorce desde David hasta la cautividad de Babilonia, y catorce desde la cautividad de Babilonia hasta el Mesías.
**• Mateo comienza su evangelio con el "libro de las generaciones de Jesús" (literalmente), y narra los orígenes humanos del segundo Adán. Comienzan con Abrahán y concluyen con "José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo" (v. 16). El evangelista al presentarnos una síntesis de la historia de la salvación, cuya meta es la figura de Jesús-Mesías, divide la historia en tres grandes períodos: Abrahán, David, el destierro. A pesar de la monotonía del texto y el carácter artificial y rígido de los nombres que se suceden, el texto presenta un valor teológico relevante, ofreciéndonos la genealogía del que será protagonista del evangelio. Se afirma, confirmando las promesas proféticas (cf. Gn 12,3; 2 Sm 7,1-17), que Jesús desciende de Abrahán de David y, por consiguiente, posee las bendiciones y la gloria de los antepasados. Además, puesto que sus raíces se hunden en la historia humana y en el pueblo hebreo, goza de las condiciones necesarias para ser el Mesías esperado por las naciones, que anuncia e inaugura el reino de Dios. Este reino posee, sobre todo, la universalidad de la salvación en la persona de Cristo, que Mateo quiere resaltar con la presencia de cuatro mujeres, o extranjeras o pecadoras: Tamar, Rajab, Rut y Betsabé. El Mesías, de hecho, al venir a los hombres, no dudó en asumir la fragilidad humana, cubierta de oscuridad, para revestirla de su luz inmortal. La salvación se brinda no sólo a los justos, también a los pecadores.
MEDITATIO Hoy iniciamos los últimos días de preparación a la Navidad. La liturgia nos plantea una pregunta: Cómo nos estamos preparando para acoger al que viene a nosotros? Jesús es el Mesías, el verdadero descendiente de Judá, heredero de las promesas que Dios había hecho a Abrahán, renovado a David y todos sus descendientes. En realidad la figura de Judá es el eslabón que une la primera lectura del Génesis y el evangelio de Mateo. Cristo, el segundo Adán, ha entrado en nuestra vida humana, marcada por el pecado, el dolor y la muerte, por la desobediencia de nuestros primeros padres, no para castigar a la humanidad, sino para transformarla y reconducirla a la amistad con Dios, tal como era su proyecto original. Toda la historia de Israel es el testimonio del anuncio de la venida de un redentor, esperado por los hombres como cumplimiento de la promesa: toda la ley está preñada de Cristo. En Jesús, Dios se ha hecho hombre, el sueño se hace realidad. El Dios con nosotros se ha hecho el Dios por nosotros, a pesar de nuestra infidelidad y el ser remisos a acogerle. Nosotros formamos parte de esta historia que nos vincula estrechamente con Abrahán y David, hilo de oro que con frecuencia hemos roto con nuestro pecado y que Dios reanuda en Jesús, acercándonos cada vez más a su corazón. Él, conocedor de la fragilidad del espíritu humano, sabe comprender y perdonar siempre nuestra debilidad, espera la conversión continua del corazón y el reconocimiento de aquel a quien pertenece toda realeza y a quien todos los pueblos deben acatamiento, fidelidad y amor.
ORATIO Oh Señor, tú que eres el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de Jesucristo y nuestro Dios, tú has prometido a Judá un reino sin ocaso y una realeza sobre todos los pueblos. Haz que reconozcamos sinceramente que toda la historia humana, a través del pueblo elegido, y luego por la Iglesia, heredera de las bendiciones de Israel, esté orientada a Cristo, el esperado de los pueblos, y haz que cada uno de nosotros sea instrumento apto para anunciarlo a los hermanos y hermanas que encontremos en la vida. Haz que los hombres, de cualquier raza y color, sepamos superar divisiones y diversidades para unirnos en una renovada esperanza en la venida del Salvador y con la confianza de que su mensaje de salvación y de vida es válido para todos sin distinción. Que nuestros pecados, que tantas veces experimentamos, no nos alejen de ti, que eres la luz que ilumina nuestro camino; haznos más bien conscientes de nuestras limitaciones y abiertos a una sincera conversión de corazón. Señor de la historia y de los pueblos, tú que comprendes nuestra miseria, llénanos de tu poder y haz que vivamos vigilantes para reconocer los signos de los tiempos y tu paso silencioso a través de las vicisitudes cotidianas de nuestra historia. Pero sobre todo haz que reconozcamos a tu Hijo Jesús, descendiente de una estirpe humana, el Mesías esperado, al que pertenecen el poder y la gloria y al que todos los pueblos obedecerán con amor.
CONTEMPLATIO Hoy en el evangelio se lee: "Libro de la genealogía de Jesucristo". En estas genealogías, nace todavía en nosotros, según el espíritu, la Sabiduría. Si deseas, pues, que Cristo nazca en ti, ten en ti y llénate de las genealogías de la Sabiduría, esto es, de Cristo. Ten en ti a Abrahán, Isaac y los demás mencionados en la genealogía de Cristo. Abrahán fue perfecto en la fe, Isaac fue el hijo de la promesa, Jacob vio cara a cara al Señor. Tened por tanto en vosotros una fe perfecta y tendréis espiritualmente a Abrahán. Esperad en las promesas de los bienes futuros, despreciad los placeres de los bienes presentes, y tendréis a Isaac. Apresuraos cuanto podáis a la visión de Dios y tendréis a Jacob. Del mismo modo, si sois fervorosos de espíritu, tendréis a Abrahán, si permanecéis gozosos en la esperanza, tendréis a Isaac, si aguantáis pacientes en la tribulación, tendréis a Jacob (...). De este modo, si tenemos espiritualmente todos estos padres, de los que hoy habla el evangelio, entonces se cumplirá lo que dice la Escritura: "Seréis colmados de mis generaciones" (Elredo De Rieval, Sermones inéditos; XXII, 16-18, Roma 1952).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Oh Sabiduría, ven a enseñarnos el camino de la vida" (de la liturgia).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Los largos y prodigiosos siglos que preceden al primer nacimiento no están vacíos de Cristo, sino penetrados por su potente influjo. Es la agitación de su concepción la que mueve las masas cósmicas y dirige las primeras corrientes biosféricas. La preparación de su nacimiento es la que acelera el progreso del instinto y hace que el pensamiento desemboque en la tierra. No nos escandalicemos ingenuamente de la interminable espera que nos ha impuesto el Mesías. Se requería nada menos que las espantosas y anónimas fatigas del hombre primitivo, la durable belleza egipcia, la espera inquieta de Israel, el perfume destilado del misticismo oriental, la sabiduría cien veces refinada de los griegos, para que del tronco de Jesé y de la humanidad germinase un retoño y pudiese abrirse la Flor. Todas estas preparaciones eran cósmicamente, biológicamente necesarias para que Cristo entrase en la escena humana. Y toda esta agitación se movía por el desvelo activo y creador de su alma en cuanto que esta alma era elegida para animar al Universo. Cuando Cristo aparece en brazos de María, en él se elevaba todo el mundo. No,
yo no me escandalizo de estas esperas interminables y de estos
largos preparativos. Todavía lo contemplo en el corazón
de los hombres de hoy, que, de luz en luz, caminan lentamente
hacia aquel que es la luz. Caminan hacia esta Palabra que ha sido
pronunciada, pero todavía no escuchada, algo así
como el esplendor de las estrellas que emplean tantos años
para llegar a nuestros ojos (P. Teilhard de Chardin, El medio
divino, Madrid 1998).
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Miércoles de la tercera semana de adviento LECTIO Primera lectura: Jeremías 23,5-8 5 He aquí que vienen días, oráculo del Señor, en que yo suscitaré a David un descendiente legítimo, que reinará con sabiduría, que practicará el derecho y la justicia en esta tierra. 6 En sus días se salvará Judá, e Israel vivirá en paz. Y le llamarán así: "El Señor nuestra justicia". 7 Sí, vienen días, oráculo del Señor, en que no se dirá ya: "Vive el Señor que sacó a los israelitas de Egipto". 8 Sino que se dirá: "Vive el Señor, que sacó a la estirpe de Israel del país del norte de todos los lugares por donde los había dispersado, y los trajo a su tierra".
*• El libro de Jeremías es uno de los textos bíblicos más dramáticos, que comprende los momentos más trágicos de la historia de Israel. Sin embargo, el profeta en este fragmento nos presenta una profecía cargada de esperanza y recoge dos oráculos: el primero es el anuncio de un rey sabio, descendiente de David, que, como "descendiente legítimo", guiará a los suyos cual verdadero pastor (w. 5-6); el segundo es la declaración del fin del exilio y de la dispersión del pueblo, que volverá a "habitar en su propia tierra" (w. 7-8). La profecía nos pone ante una intervención de Dios que, manteniendo la promesa hecha a David (cf. 2 Sm 7,12-16), reagrupa al pueblo y lo guía un verdadero rey (cf. Is 11,1-9; Zac 3,8), construyendo un reino de paz y justicia; por esta razón llevará el nombre "El-Señor-nuestra-justicia" (v. 6). Las características de este sucesor de David se atribuyen al Mesías, que gobernará al pueblo con "el derecho" de su Palabra y "la justicia" de su amor misericordioso (v. 5). En cuanto al anuncio de la liberación del destierro y el volver a la tierra, se describe como un nuevo éxodo, prefigurando la verdadera liberación mesiánico-escatológica, ejecutada por el Mesías, quien conducirá a todo desterrado para introducirle en la tierra de la paz sabática.
Salmo ResponsorialEn sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Salmo
71,1-2.12-13.18-19
R/. En
sus días florezca la justicia, y la paz abunde
eternamente.
R/. En
sus días florezca la justicia, y la paz abunde
eternamente. R/. En sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Evangelio: Mateo 1,18-24 18 El nacimiento de Jesús, el Mesías, fue así: su madre María estaba prometida a José y, antes de vivir juntos, resultó que había concebido por la acción del Espíritu Santo. 19 José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió separarse de ella en secreto. 20 Después de tomar esta decisión, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: -José, hijo de David, no tengas reparo en recibir a María como esposa tuya, pues el hijo que espera viene del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. 22 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había anunciado el Señor por el profeta: 23 La virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel. (que significa: Dios con nosotros) 24 Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y se llevó a casa a su mujer.
*•• El evangelista nos describe el anuncio del nacimiento de Jesús, por el ángel del Señor a José, hijo de David. María, prometida de José, se halla encinta por obra del Espíritu Santo. Mientras José piensa abandonarla en secreto, respetando con veneración silenciosa un hecho misterioso, el ángel le revela en sueños el plan de Dios: María dará a luz al Salvador esperado. José, que es "justo" (v. 19), acoge con fe y sencillez el designio de Dios, lleva consigo a María, reconoce legalmente al hijo, le transmite todos los derechos como descendiente davídico e imponiendo a Jesús el nombre que califica su misión, cumple la voluntad divina. Aunque no por línea de sangre, Jesús es descendiente de David, como demuestra Mateo citando el texto de Is 7,14: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel" (v. 23). Dios, para realizar su designio de amor y salvación se sirve de hombres que veneran su voluntad, con frecuencia misteriosa. José es uno de estos que, con fe y humilde obediencia, vive una vida escondida, pero colabora con Dios para llevar adelante la historia de salvación. En el hijo de María y José a punto de nacer Dios se manifiesta como el Emmanuel, es decir "Dios con nosotros".
MEDITATIO La unión existente entre el texto de Jeremías y el evangelio de Mateo aparece en el "vástago legítimo" que florece del tronco de David y "reinará como rey prudente (Jer 23,5). Este rey misterioso, que nace por obra del Espíritu, es el Mesías que "salvará a su pueblo de los pecados" (Mt 1,21). Pero Dios se sirve de José, hombre sencillo y de profunda fe, para sacar adelante su historia de salvación centrada en Jesús. José no obstaculiza el designio divino, entra en el misterio sin comprenderlo a fondo, se fía de su creador y colabora con docilidad y confianza. El hombre justo es el hombre de la Palabra de Dios, que no se defiende ni se queda en teorías, sino que lee los acontecimientos de su vida y los comprende, en la medida en que interioriza la Palabra y la vive en su día a día. Sin embargo, se da una condición previa para entrar en diálogo con Dios: estar dispuesto a obedecerle sin dilación, porque sólo el que se pone en actitud de escucha devota es "utilizado" por el Señor para llevar adelante sus planes en favor de los hombres, como lo fueron María y José, los verdaderos pobres, que tienen a Dios por rey. La realeza de Cristo sólo se revela a los que tienen un corazón de pobre como los 'anawím de Israel y de todos los tiempos. Como creyentes estamos llamados a la escuela de estos justos que, como José, creen plenamente en el amor de Dios y han experimentado su don.
ORATIO Señor Jesús, hijo de David, tú que has escogido el camino de la encarnación para salvarnos, apareciendo entre los hombres como todos nosotros, por medio de una madre, la virgen María, y has crecido bajo la mirada vigilante de José, hombre justo, ayuda a tu pueblo para que reconozca en tu venida el anuncio gozoso de la salvación y la vida nueva. Tú que eres el "vástago justo", que florece en el corazón de todo hombre, haz que tu reino de justicia y paz, con la riqueza de sus valores humanos, se extienda como luz a todos los pueblos. Quisiste tener a tu lado la figura sencilla y trabajadora de José para hacernos comprender que, más allá de los vínculos de la sangre, aprecias cualquier paternidad, como reflejo de la verdadera paternidad de tu Padre que está en los cielos. También nos enseñas que el hombre humilde y rico de fe, disponible a la voluntad de Dios, siempre es agradable a tus ojos y por eso le haces colaborador de tu designio de amor. Te pedimos que nosotros también estemos dispuestos, como José, a dar nuestro sincero y gozoso asentimiento a lo que nos pidas, aun a través de los caminos misteriosos de tu amor. Pero sobre todo deseamos que seas siempre nuestro Emmanuel, el "Dios con nosotros", para saberte llevar en el corazón con el mismo amor que José, tu padre adoptivo, de modo que estemos disponibles a servirte en todos nuestros hermanos, especialmente en los pobres y necesitados, porque estás con ellos.
CONTEMPLATIO No cabe concebir mayor alegría, comprendo yo, que nuestro Señor Jesucristo, Aquel que es el Altísimo, el Omnipotente, noble por excelencia y digno de todo honor, sea también el que más se humille y más se abaje; sea el más cariñoso y el más atento; y en realidad, esta alegría maravillosa nos será dada a todos sentirla cuando nos sea otorgado poder contemplarle. Y esto quiere nuestro Señor que andemos buscando llenos de confianza en Él, mediante su gracia y su ayuda, que esta búsqueda nos alegre y nos complazca, en cuando nos sea dado, en tanto esperamos el tiempo en que veremos su realización. Porque la plenitud de la alegría que nos espera en el cielo consistirá, según pienso, en la admirable consideración y cariño de nuestro Padre celestial, nuestro Creador, en nuestro Señor Jesucristo, nuestro hermano y nuestro salvador (...). Nuestra vida se basa en la fe, justo con la esperanza y la caridad. La manifestación, hecha a aquel a quien Dios dispone, enseña completamente lo mismo, de modo manifiesto y asegurado, además de otros puntos especiales pertenecientes a la fe, cuyo conocimiento es digno de la mayor veneración (Juliana de Norwich, Revelaciones del amor de Dios, Barcelona 1959, 45-46).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, ven a librarnos con tu poder" (de la liturgia).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Frente al misterio divino, José ha sabido mantener el tono justo. No se dejó llevar por sentimientos humanos. No puede comprender lo que percibe en María y no quiere penetrar el misterio. Más bien se retira aparte, con tímida y respetuosa veneración, abandonándose a la voluntad de Dios y dejando en sus manos todo lo demás. Pero en cuanto comprende cuál es la voluntad divina, no duda un instante ni opone dificultades, en seguida lleva a la práctica lo que el ángel le había mandado. Sólo él, totalmente dispuesto a obedecer al Señor, podrá escuchar su Palabra y colaborar en su obra, porque sólo sabe obedecer quien sabe escuchar. Y José obedece a la Palabra, la pone en práctica, declarándose con sus obras dócil instrumento en manos del Altísimo. José no quiere nada para sí, sólo pretende estar sencillamente a disposición de Dios. Toma consigo a María, su esposa, pero no para poseerla como esposa, sino para cumplir la voluntad de Dios, para que ella pueda dar a luz a su Hijo. Pero será él, José, también por obediencia, quien imponga el nombre al hijo. Ese nombre en torno al cual gira el universo y por cuya voluntad todo ha sido creado: Jesús, el Mesías. El Antiguo y el Nuevo Testamento, las palabras de los profetas y las de Dios, el nombre y su significado, lo divino y lo humano confluyen en aquel que une todo y a todos: Jesús, el Mesías Salvador (R. Grotzwiller, Meditationen über Matfháus, Einsiedeln 1957). |
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Jueves
de la tercera semana de adviento LECTIO Primera lectura: Jueces 13,2-7.24-25a 2 Había un hombre de Sorá, de la tribu de Dan, llamado Manoaj. Su mujer era estéril y no había tenido hijos. 3 El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: -Tú eres estéril y no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz un hijo; 4 procura no beber vino ni bebidas alcohólicas, ni comas nada impuro, 5 porque vas a concebir y darás a luz un hijo. No pasará la navaja sobre su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde el vientre de su madre. Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos. 6 La mujer fue a su casa y dijo a su marido: -Ha venido a verme un hombre de Dios; su aspecto era terrible, como el de un ángel de Dios. No le he preguntado de dónde venía, ni él me ha dicho su nombre. 7 Pero me dijo: "Vas a concebir y darás a luz un hijo. No bebas vino ni bebidas alcohólicas, ni comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte". 24 La mujer dio a luz un hijo y le puso el nombre de Sansón. El niño creció y el Señor lo bendecía. 25a El espíritu del Señor comenzó a actuar en él.
**• El episodio del anuncio del nacimiento de Sansón se ajusta al género literario clásico de las anunciaciones bíblicas para celebrar el origen de los grandes personajes de la historia (cf. Gn 11,30; 18,10-11; 1 Sm 5,20). El modelo tiene las características esenciales siguientes, que siempre se repiten: la elección divina recae en personas humildes de corazón y "débiles" como en el caso de la esterilidad de la madre de Sansón y la edad avanzada del padre; el niño anunciado, como don de Dios, desempeñará una misión salvadora a favor del pueblo ("Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos " v. 5); las condiciones requeridas al elegido por parte de Dios son la plena colaboración con él en la gozosa sencillez y la total fidelidad a su proyecto amoroso: "No bebas vino ni bebidas alcohólicas, ni comas nada impuro" (w. 4.7). Estos elementos presentes en la mujer de Sorá "que no había tenido hijos" (v. 2), de su marido Manoaj y del hijo Sansón, "nazir consagrado a Dios" (w. 5.7), bendito del Señor y lleno del Espíritu, serán los mismos elementos que se realizarán plenamente en el acontecimiento salvífico del futuro redentor. Así, el texto de Jueces se convierte en profecía del nacimiento del Bautista y del nacimiento del Mesías.
Salmo Responsorial
Que
se llene mi boca de tu alabanza,
Salmo
70,3-4a.5-6ab.16-17
R/. Que
se llene mi boca de tu alabanza,
R/. Que
se llene mi boca de tu alabanza,
R/. Que
se llene mi boca de tu alabanza,
Evangelio: Lucas 1,5-25 5 En tiempos de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote, llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una mujer de la descendencia de Aarón, llamada Isabel. 6 Ambos eran irreprochables ante Dios y seguían escrupulosamente todos los mandamientos y preceptos del Señor. 7 Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran ya de edad avanzada. 8 Estaba un día Zacarías ejerciendo el servicio sacerdotal tal como le correspondía por turno a su grupo. 9 Según el rito sacerdotal, le tocó en suerte entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso. 10 Todo el pueblo estaba orando fuera mientras se ofrecía el incienso. 11 Y el ángel del Señor se le apareció, de pie, a la derecha del altar del incienso. 12 Al verlo, Zacarías se sobresaltó y se llenó de miedo. 13 Pero el ángel le dijo: -No temas, Zacarías, tu petición ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo al que pondrás por nombre Juan. 14Te llenarás de gozo y alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, 15 porque será grande ante el Señor. No beberá vino ni licor, quedará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre 16 y convertirá a muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. 17 Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos, para inculcar a los rebeldes la sabiduría de los justos, y para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. 18 Zacarías dijo al ángel: -Cómo sabré que va a suceder así? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en años. 19 El ángel le contestó: -Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y darte esta buena noticia. 20 Pero tú te quedarás mudo y no podrás hablar hasta que se verifiquen estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo. 21 El pueblo, entre tanto, estaba esperando a Zacarías y se extrañaba de que tardase tanto en salir del santuario. 22 Cuando salió, no podía hablarles; y comprendieron que había quedado mudo. 23 Cumplidos los días de su ministerio, marchó a su casa. 24 Algún tiempo después, su mujer Isabel concibió, y no salió de casa durante cinco meses. Y decía: 25 -Al hacer esto conmigo, el Señor ha borrado mi vergüenza ante los hombres.
*" El anuncio del nacimiento de Juan Bautista que nos ofrece el evangelista Lucas es rico en detalles significativos a nivel teológico y aparecen múltiples contactos con escenas similares del Antiguo Testamento, donde se narra el nacimiento de personajes que ocupan un puesto importante en el designio del Señor: aparición del ángel del Señor, turbación y temor de la persona visitada; comunicación del mensaje celeste y signo de reconocimiento (cf. Jue 13,2-7.24-25; 1 Sm 1,4-23). La presente narración de la visión de Zacarías, con el anuncio prodigioso del nacimiento del hijo, está construido en contraste simétrico con el anuncio del nacimiento de Jesús que el ángel Gabriel hará a María. Aquí tenemos la aparición en el marco grandioso del templo de Jerusalén, en el de Jesús en la sencilla casa de Nazaret; en nuestro texto aparece la incredulidad de Zacarías, allí la fe de María; aquí el nacimiento del Precursor de una mujer casada pero estéril, allí el nacimiento del Mesías de una Virgen; aquí el Bautista "se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre de su madre" (v. 15) y "muchos se alegrarán de su nacimiento" (v. 14), allí Jesús será concebido por obra del Espíritu (cf. Le 1,35) y no todos se alegrarán de su nacimiento (cf. Mt 2,13); aquí Zacarías como signo quedará mudo, allí María, por el contrario, escuchará el anuncio gozoso de la maternidad de la boca de su pariente Isabel. Al llegar la plenitud de los tiempos de la salvación sólo queda espacio para la fe sencilla y la acogida de la Palabra de Dios.
MEDITATIO El anuncio del nacimiento de personajes excepcionales de la historia bíblica nos ayuda a reflexionar en la continua y extraordinaria acción que Dios realiza con los hombres, y en los múltiples dones que concede a cuantos acogen su Palabra con corazón humilde y confiado. En las narraciones de anunciaciones, Dios está presente en la vida de Sansón, como en la del Bautista, concediendo dones especiales en orden a una participación total del hombre en su proyecto de salvación, aunque exige una respuesta generosa y concreta. También nuestra humilde historia, desde el día del nacimiento, está marcada por la mano providente y paternal de Dios, que busca por todos los medios la comunión con nosotros. Con frecuencia nuestros acontecimientos cotidianos de salvación se esfuman y no sabemos adherirnos a la oferta divina por falta de escucha y de fe, lo mismo que no logramos leer su presencia en el misterio de la encarnación, que se manifiesta en situaciones con frecuencia humildes o con fallos. Lo que vale es percibir y adherirnos siempre a su invitación amorosa y venerar dócilmente su voluntad, aun cuando escape a nuestro control. Sólo la escucha silenciosa y la actitud de adoración de la Palabra de Dios es el camino para comprender el proyecto divino con nosotros. El silencio interior, tan necesario en nuestra vida, nos distancia de nosotros mismos para llevarnos al mundo del Espíritu, donde se da el verdadero discernimiento y la gozosa comunión de vida. Sólo entonces se conoce a Dios con la experiencia del corazón.
ORATIO Señor de la vida y de la historia grande y humilde, que haces maravillas ante nuestros ojos, enviándonos mensajeros de alegres noticias y que te alzas como signo de esperanza y luz para la salvación de todos, ven pronto a nosotros, una vez más, para manifestarnos tu rostro y hacernos comprender que toda vida es un proyecto de amor. Nosotros no tenemos ángeles que nos revelen claramente lo que quieres de nosotros y cuál sea nuestro puesto en los misteriosos caminos de tu providencia. Tú has vivificado a mujeres estériles, como las madres de Sansón y del Bautista, has hecho prodigios por tu Espíritu en los que han creído en ti; te suplicamos: regenera nuestro corazón, cansado y desconfiado, para que se adhiera a tu voluntad, haz que nazca en nosotros un renovado deseo de amor hacia cualquier persona que encontremos en el camino. Haznos experimentar lo que haces hoy como en el pasado, para que también nosotros podamos contar tus maravillas y tus intervenciones transformando nuestras debilidades y pobreza con tu poder. Pero, sobre todo, haznos gustar el saber que estás en nosotros y con nosotros y que nos trasciendes en tu misterio, porque tu camino se dirige al corazón, cuando escuchamos tu Palabra de vida en el silencio y la acogemos humildemente, como hizo la virgen de Nazaret, la mujer del silencio y la interioridad.
CONTEMPLATIO "Hubo un hombre". Cómo podía este hombre dar testimonio de la verdad sobre Dios? Es que era un "enviado de Dios". Cuál es su nombre? Juan. Cuál es el fin de su misión? "Vino como testigo, con la misión de dar fe acerca de la luz, con el fin de que por él creyeran todos en ella". Quién es este que da testimonio de la luz? Algo grande es este Juan, inmensa excelencia, gracia insigne, altísima cumbre. Admíralo, sí, admíralo, pero como se admira una montaña. Una montaña está en tinieblas si no se la viste de la luz. Admira a Juan, pero oye lo que sigue: "No es él la luz". Porque si crees que el monte es la luz, ese mismo monte es tu ruina en vez de ser tu consuelo. Es la montaña, como montaña, lo único que debes admirar. Levanta el vuelo hasta Aquel que ilumina el monte, hasta Aquel que subió a tanta altura para recibir primero los rayos que él envía a tus ojos. Pues Juan "no era la luz" (San Agustín, Sobre el evangelio de san Juan, 2,5).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No temas, tu ruego ha sido escuchado" (Le 1,13).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL No te imagines que el Señor en su sublimidad esté lejos: aunque es infinitamente sublime, está cercano a ti, más cercano que los hombres que se aproximan cada día (...) más cercano a ti que tú mismo. Vigila tus pasos, cuando entren en la casa del Señor. Por qué? Pues porque en la casa del Señor se ofrece lo único que puede salvar, el consuelo más dichoso (...). Pero, !atención! Ten cuidado sobre todo de hacer buen uso de cuanto se te ofrece. Usarlo con fe. No existe una certeza tan interior, tan fuerte y tan dichosa como la fe. Sin embargo, la fe no nos viene por nacimiento, no es la confianza de un ánimo juvenil y rebosante del gozo de la vida. Menos aún: la fe no es vivir en las nubes. La fe es certeza, certeza dichosa que se posee con temor y temblor. Vista la fe desde este ángulo, es decir ef celeste, aparece como un reflejo de la bienaventuranza (S. Kierkegaard, Pensieri che fenscono alie spalle, Padua 1982, 33ss). |
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Viernes de la tercera semana de adviento LECTIO Primera lectura: Isaías 7,10-14 10 El Señor volvió a hablar a Acaz y le dijo: 11 -Pide al Señor tu Dios una señal, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo. 12 Respondió Acaz: -No la pido, pues no quiero poner a prueba al Señor. 13 Isaías dijo: -Escucha, heredero de David, os parece poco cansar a los hombres, que queréis también cansar a mi Dios? 14 Pues el Señor mismo os dará una señal: Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa "Dios con nosotros".
**• Estamos hacia el año 735 a.C. cuando Acaz, joven rey de Jerusalén, débil, mundano y sin hijos, ve peligrar su trono ante la presencia de los ejércitos enemigos que oprimen los confines del reino de Judá. Qué hacer? El rey pretende resolver el angustioso problema pactando alianzas humanas. Isaías, por el contrario, propone fiarse totalmente de Dios. Incluso el profeta invita al rey, en su apuro, a pedir un "signo" que confirme la protección divina. Pero Acaz lo rechaza aduciendo motivos de falsa religiosidad: "No quiero tentar al Señor" (v. 12). Isaías desenmascara la hipocresía del rey, pero añade que, a pesar del rechazo, Dios mismo dará un signo: "La virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: Dios con nosotros" (v. 14). Las palabras del profeta se refieren a Ezequías, el hijo de Acaz, al que la reina madre está a punto de dar a luz y cuyo nacimiento, en aquel momento histórico singular, se verá como presencia salvífica de Dios a favor del pueblo en apuros. Pero, en realidad, las palabras que Isaías dirige a Acaz son profecía de un rey salvador, y toda la tradición cristiana, basándose en la traducción de los Setenta, ha visto el anuncio profético del nacimiento virginal de Jesús, hijo de María.
Salmo ResponsorialVa a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria.
Salmo
23,1-2.3-4ab.5-6
R/. Va
a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria.
R/. Va
a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria. R/. Va a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria.
Evangelio: Lucas 1,26-38 26 Al sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una joven prometida a un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la joven era María. 28 El ángel entró donde estaba María y le dijo: -Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo. 29 Al oír estas palabras, ella se turbó y se preguntaba qué significaba tal saludo. 30 El ángel le dijo: -No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. 31 Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. 32 Él será grande, se llamará Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 reinará sobre la casa de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin. 34 María dijo al ángel: -Cómo será esto, si yo no tengo relaciones con ningún hombre? 35 El ángel le contestó: -El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios. 36 Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían por estéril; 37 porque para Dios nada hay imposible. 38 María dijo: -Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel la dejó.
**• La narración de la anunciación del ángel Gabriel a la virgen María constituye la aurora del mayor acontecimiento que la historia humana haya visto jamás: la encarnación del Hijo de Dios. El texto bíblico es rico en reminiscencias veterotestamentarias y de gran valor doctrinal: se trata nada menos que del cumplimiento de las promesas hechas por Dios a los patriarcas y renovadas a David (cf. 2 Sm 7,14.16; 1 Cr 17,12-14; Is 7,10-14), y contiene una profunda teología del misterio de Cristo. De hecho Jesús aparece como rey e hijo de David ("El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre": w. 32-33) y a la vez como santo e hijo de Dios ("Será grande, se llamará Hijo del Altísimo": v. 32). Las palabras del ángel a María, además de ser un anuncio de gozo por la venida del Mesías a la tierra, constituyen el testimonio de la amorosa predilección de Dios con la humilde joven de Nazaret que, como esclava del Señor, ha merecido ser Madre de Dios por su fe incondicional. La confirmación de la intervención celeste, por obra del Espíritu Santo, en su condición virginal, abre el corazón de María a la voluntad de Dios y a adherirse plenamente al proyecto universal de salvación con las sencillas palabras que han cambiado la historia humana: "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (v. 38). El sí de María franquea el camino de nuestra salvación y es una invitación a leer en los acontecimientos de nuestra vida la presencia del que es nuestro Salvador.
MEDITATIO El anuncio del oráculo de Isaías está vinculado al texto evangélico de Lucas por la interpretación profética que la Iglesia le ha dado refiriéndolo al nacimiento del Hijo de Dios, Salvador de todos los hombres. Su venida ha cambiado la historia profana en historia de salvación, y la vida de cada ser humano está destinada a la comunión con Dios, por la obra mediadora de Jesús de Nazaret. Dios se revela y manifiesta no tanto en la contemplación de la creación, en la investigación filosófica o en la experiencia religiosa universal, sino en la historia de Jesús, hijo de María, de un hombre que se proclama "Hijo", enviado por el Padre en total dependencia amorosa de él y que la Virgen Madre ha acogido y dado al mundo. En esta historia es donde irrumpe Dios trascendente y misericordioso para insertarse en la historia de los humanos y salvarlos, elevándolos al nivel superior del Espíritu, en la fe y el amor. Nosotros creyentes, convertidos en amigos de Jesús, somos introducidos a la comunión con Dios Padre, a través de la profundización de la vida de fe y amor vivida en fidelidad al evangelio. Esta vida de unión con el Señor se logra con la interiorización de la Palabra de Dios, como hizo la virgen María. La vida contemporánea, desgraciadamente, atenta flagrantemente contra la vida interior. Todo invita a la dispersión. Si no logramos recoger nuestras almas, reflejar a Cristo a fondo, no tendremos la más mínima posibilidad de alcanzar la verdad y la fe. En este camino tenemos a María como guía y ejemplo.
ORATIO Oh Padre misericordioso y amante con las situaciones humanas, tú que has enviado al mundo a tu Hijo, hecho hombre por medio de la Virgen, como signo de tu ternura paternal, haz que también en nuestros días experimentemos la venida del Salvador, para que, una vez más, cambie nuestras vidas y le reconozcamos presente en todos nuestros acontecimientos cotidianos. Siguiendo el modelo de María, madre de Jesús y madre nuestra, que se ha adherido generosamente a tu voluntad con su "aquí estoy" y ha abierto nuevamente a la humanidad el camino de una vida de comunión contigo, queremos que aumentes en nosotros el deseo de buscarte cada día por la escucha de la Palabra y la oración silenciosa, para que nuestra vida se vaya conformando a tu Palabra y dé frutos de gozo, paz, bondad, para cuantos nos rodean. Haz que la comunidad cristiana, tentada con tanta frecuencia de racionalismo, de vida materialista y cómoda, comprenda cada vez más que evangelizar al hombre de hoy es ante todo estar en la presencia de Dios y dar espacio, siguiendo el ejemplo de María de Nazaret, a la importancia de la Palabra de Dios y a la vida contemplativa, para que surjan guías espirituales y testimonios de la verdadera libertad del evangelio. Todo esto es importante para comprender mejor que la Iglesia no es sólo una organización social, sino el signo auténtico de la encarnación de tu Hijo con los hombres.
CONTEMPLATIO "Hágase en mí según tu palabra". Hágase en mí por el Verbo según tu palabra. Hágase carne de mi carne según tu palabra, el Verbo que ya existía desde el principio en Dios. No sea una palabra proferida, porque pasa; sino concebida, para que permanezca. Revestida, pero no de aire, sino de carne. Hágase en mí tu palabra, no sólo por que pueda escucharla con los oídos, sino tocarla con mis manos, contemplarla con los ojos y llevarla a cuestas. No se haga en mí la palabra escrita y muda, sino encarnada y viva. No trazada con caracteres sin voz sobre pergaminos resecos, sino impresa vivamente en forma humana en mis castas entrañas; no por los rasgos de una pluma, sino por obra del Espíritu Santo. En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Nos dicen las Escrituras que unos escucharon la Palabra, otros la proclamaron y otros la cumplieron, pero yo te pido que se haga en mi vientre según tu Palabra. No quiero una palabra que predique o que declame. Quiero una Palabra que se dé silenciosamente. Hágase que se encarne personalmente y descienda a mí corporalmente. Hágase universalmente para todo el mundo y en particular hágase para mí según tu palabra (Bernardo de Claraval, En alabanza de la Virgen Madre, 4,11).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Le 1,38).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La Virgen santa es la madre del género humano, la nueva Eva. Pero, al mismo tiempo, es también su hija. El mundo antiguo y doloroso, el mundo anterior a la gracia la acunó largo tiempo en su corazón desolado -siglos y más siglos- en la espera oscura, incomprensible de una virgo genitríx (...). Durante siglos y siglos protegió con sus viejas manos cargadas de crímenes, con sus manos pesadas, a la pequeña doncella maravillosa cuyo nombre ni siquiera sabía. !Una pequeña doncella reina de los ángeles! Y no hay que olvidar que lo sigue siendo aún (...). La Virgen santa no ha tenido ni triunfos ni milagros. Su Hijo no permitió que la gloria humana la rozara siquiera. Nadie ha vivido, ha sufrido y ha muerto con tanta sencillez y en una ignorancia tan profunda de su propia dignidad, de una dignidad que, sin embargo, la pone muy por encima de los ángeles. Ella nació también sin pecado, !qué extraña soledad! Un arroyuelo tan puro, tan límpido y tan puro, que Ella no pudo ver reflejada en él su propia imagen, hecha para la sola alegría del Padre Santo, !Oh soledad sagrada! Los antiguos demonios familiares del hombre, dueños y servidores al mismo tiempo, los terribles patriarcas que guiaron los primeros pasos de Adán en el umbral del mundo maldito, la Astucia y el Orgullo, contemplan desde lejos a esa criatura milagrosa que está fuera de su alcance, invulnerable y desarmada. Es verdad que nuestra pobre especie no vale mucho, pero la infancia emociona siempre sus entrañas y la ignorancia de los pequeños le hace bajar los ojos, esos ojos que han visto tantas cosas. !Pero no es más que la ignorancia al fin y al cabo! La Virgen es la inocencia. Date cuenta de lo que nosotros somos para Ella, nosotros, la raza humana. Ella detesta el pecado, naturalmente, pero no tiene de él experiencia alguna, esa experiencia que ni siquiera les ha faltado a los más grandes santos, hasta al propio santo de Asís, con lo seráfico que fue. La
mirada de la Virgen es la única verdaderamente infantil, la
única de niño que se ha dignado fijarse jamás
en nuestra vergüenza y nuestra desgracia. Para rezar bien las
oraciones que a Ella dirigimos tenemos que sentir sobre nosotros
esa mirada que no es del todo la de la indulgencia, pues la
indulgencia va siempre acompañada de alguna amarga
experiencia, sino de tierna compasión, de sorpresa
doloroso, de no sabemos qué sentimientos, una mirada
inconcebible, inexpresable, que nos la muestra más !oven
que el pecado, más joven que la raza de que Ella es
originaria (G. Bernanos, Diario de un cura rural, Barcelona
1985, 164-165).
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Sábado
de la tercera semana de adviento LECTIO Primera lectura: Cantar de los Cantares 2,8-14 8 !La voz de mi amado! Miradlo cómo viene saltando por los montes, brincando por las colinas. 9 Parece mi amado una gacela, parece un cervatillo. Se ha parado detrás de nuestra tapia. Mira por las ventanas, atisba por las rejas. 10 Habla mi amado, ya me dice: "Levántate, amada mía, preciosa mía, ven. 11 Que ya ha pasado el invierno, han cesado las lluvias y se han ido. 12 Las flores aparecen en el campo, ha llegado el tiempo de la poda; y se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola. 13 Apuntan los brotes de la higuera, las viñas en flor exhalan su fragancia. !Levántate, amada mía, preciosa mía, ven! 14 Paloma mía, que anidas en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, déjame ver tu rostro, déjame oír tu voz. !Es tan dulce tu voz, tan hermoso tu rostro!"
*• El texto del Cantar de los Cantares, poema lírico, de autor desconocido, escrito en los siglos VI-V a.C. utilizando material antiguo que pudiera remontarse hasta Salomón (siglo X), exalta con delicadeza el amor humano entre esposo y esposa. Tal amor, descrito de modo espontáneo e inspirado, describe la vuelta del esposo a casa tras el largo invierno en busca de pastos para su rebaño. La alegría de la esposa por la venida de su amado, unida al tierno afecto, es tan intensa, que las palabras utilizadas de densa inspiración poética y las imágenes primaverales, aun las más elevadas, parecen insuficientes para manifestar la emoción interior de la persona amada. En la tradición de la Iglesia la imagen "esposo"-"esposa" siempre se ha entendido como símbolo de la relación nupcial entre Dios y el pueblo (cf. Os 1-3; Is 62,4-5; Jer 3,1-39) y entre Cristo y la Iglesia (cf. Me 2,19-20; Ef 5,25-26; 2 Cor 11,2; Ap 21,9). Dios, de hecho, es el esposo del poema e Israel la esposa. Y como el amor de Dios por su pueblo elegido se prolonga en el amor de Cristo por su Iglesia, el esposo es Cristo y la esposa es la Iglesia. La liturgia utiliza este simbolismo entre Cristo y María y entre Cristo y el creyente: la Virgen es figura de la Iglesia que sale al encuentro con gozo de Cristoesposo que viene, y así también cada miembro de la comunidad cristiana, que vive esperando acoger al Señor para que le hable directamente al corazón.
O bien: Primera lectura: Sofonías 3,14- 18a 14 !Da gritos de alegría, Sión, exulta de júbilo, Israel, alégrate de todo corazón, Jerusalén! 15 El Señor ha anulado la sentencia que pesaba sobre ti, ha barrido a tus enemigos; el Señor es rey de Israel en medio de ti, no tendrás que temer ya ningún mal. 16 Aquel día dirán a Jerusalén: "No tengas miedo, Sión, que tus brazos no flaqueen; 17 el Señor tu Dios en medio de ti, es un salvador poderoso. Dará saltos de alegría por ti, su amor te renovará, por tu causa danzará y se regocijará, 18 como en los días de fiesta".
*" El breve fragmento de Sofonías es un himno de gozo que brota del corazón del profeta, el cual, en nombre de Dios y abriendo horizontes de futuro, le hace experimentar a Israel, casi tangiblemente, la salvación y el amor que el Señor tiene con su pueblo. De hecho, a la amenaza que el profeta ve cernirse sobre Jerusalén, por el comportamiento perverso de las clases dominantes, sigue el juicio de Dios dirigido no a aniquilar al pueblo, sino a purificarlo y convertirlo. La salvación divina pasará por el "resto de Israel", la gente pobre y humilde de la que se sirve el Señor después de hacer desaparecer a los arrogantes. La salvación viene favorecida por: no cometer iniquidad ni decir falsedades. Los beneficios consiguientes a esta obra del Señor son: cancelación de la condena, expulsión de los enemigos (v. 15; Le 1,71.77; 1 Tim 1,15) y la presencia de Dios en el pueblo como "guerrero que salva" (v. 17) que renueva su amor por una vida de comunión perenne. La invitación a la alegría que se dirige a la "hija de Sión" y a la "hija de Jerusalén" (v. 14) se puede aplicar también a María, santificada por la presencia de Jesús, salvador del mundo, llevado con gozo en su seno en espera de entregarlo al mundo.
Salmo Responsorial
Aclamad,
justos, al Señor;
Sal
32,2-3.11-12.20-21
R/. Aclamad,
justos, al Señor;
R/. Aclamad,
justos, al Señor;
R/. Aclamad,
justos, al Señor;
Evangelio: Lucas 1,39-45 39 Por aquellos días, María se puso en camino y se fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño empezó a dar saltos en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó a grandes voces: -Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 43 Pero cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Porque en cuanto oí tu saludo, el niño empezó a dar saltos de alegría en mi seno. 45 !Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
*" La visita de María a su pariente Isabel en el pueblecito de Ain Karin en las colinas de Judá es una página rica de reminiscencias bíblicas, de humanidad y espiritualidad. María recorre el mismo camino que hizo el arca, cuando David la transportó a Jerusalén (cf. 2 Sm 6,2-11), y es el camino que hará Jesús cuando decididamente se dirigió a Jerusalén a cumplir su misión (cf. Le 9,51). Se trata siempre de Dios, que, en diversos momentos de la historia de la salvación, se dirige al hombre para invitarlo a la salvación. La narración de la visitación está estrechamente vinculada con la de la anunciación, no sólo por su clima tan humano, manifestado en actos de servicio, sino también porque la visitación es la verificación del "signo" que el ángel dio a María (cf. Le 1,36-37). Los saltos del Bautista en el seno de su madre representa la alegría desbordante de todo Israel por la venida del Salvador (w. 41.44). Las palabras de bendición, inspiradas por el Espíritu, que Isabel dirige a María, son la confirmación de la especial complacencia de Dios con la Virgen. La salvación que lleva en el secreto de su propia maternidad es el fruto de su fe en la Palabra del Señor: "Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá" (v. 45; Le 8,19-21). Siempre María se anticipa y con solicitud se da a todos y en todo: la más grande se hace donación a la más pequeña, como Jesús con el Bautista.
MEDITATIO El encuentro de las dos madres y el del Mesías con su Precursor constituyen la expresión de un único cántico de alabanza y acción de gracias a Dios por su presencia salvadora en medio de los hombres. Ahora nos toca a nosotros, siguiendo el ejemplo de María y de su pariente Isabel, abrir el corazón a la acción gozosa y fecunda del Espíritu y responder al don de Dios. La Navidad es tiempo de gozo porque Dios se ha hecho uno de nosotros dándonos a su Hijo y porque nos hemos convertido todos en hermanos e hijos del mismo Padre. No es posible hacer lugar a la tristeza cuando celebramos el nacimiento de la vida, vida que destruye el temor de la muerte y nos aporta la alegría por la promesa de la eternidad: nadie queda excluido de esta alegría: la causa de la alegría es común a todos. Alégrese el justo, porque se acerca el premio; alégrese el pecador, porque es invitado al perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida (san León Magno). María es el modelo de apertura de corazón a la acción del Espíritu. Ella con el don de la maternidad no se aisló en una autocomplacencia, sino que, cual verdadera "arca de la alianza" que encierra en sí la fuente de la vida, se pone con gozo en marcha para servir a los demás con una caridad traducida en humilde servicio. "La esposa no engendra obras de arte en la euforia y en la soledad, sino hijos de Adán que debe convertir en hijos de Dios con su carne y su alma" (M. Delbrel). El anuncio de salvación y alegría que Dios nos aporta con su Palabra esta Navidad no está quizás disfrazado en gestos de amor hacia los hermanos, especialmente con aquellos que carecen de motivos para alegrarse?
ORATIO Señor, que te has hecho nuestro hermano y desde el vientre virginal de María comunicaste con alegría la salvación a tu Precursor en el encuentro de la visitación de María a Isabel, haz que también nosotros, siguiendo el ejemplo de tantas personas dispuestas a acoger tus dones, podamos alegrarnos en el Espíritu siempre que acojamos tu Palabra de vida. Con frecuencia no sabemos escuchar tu voz ni sabemos orar, pero nos has dado el Espíritu que silenciosamente ora en nosotros. Haz que nos impliquemos en su poderosa acción para ejecutar en nosotros la verdad y, de este modo, con corazón renovado, sepamos darte con alegría a nuestros hermanos, especialmente los más necesitados. Concédenos que la Palabra que da vida y que nos regalas podamos vivirla con fe y testimoniarla con un compromiso concreto en nuestro trabajo de cada día, en nuestras familias y comunidad, para que siempre resplandezca esta alegre noticia de salvación para todos, santos y pecadores. Como María, deseamos ver a Jesús, nuestro salvador, que nos revela el verdadero rostro del Padre y del hombre, y meditar continuamente como la Virgen de Nazaret los grandes acontecimientos de la historia de salvación de modo nuevo y actual. Señor, que cada uno de nosotros esté siempre abierto a la acción del Espíritu para llevar al mundo la novedad del amor.
CONTEMPLATIO Suene, oh Jesús, tu voz en mis oídos, para que mi corazón aprenda a amarte, para que te ame mi mente, para que te amen las mismas entrañas de mi alma. Adhiérase a ti en apretado abrazo lo más íntimo de mi corazón; a ti mi único y solo verdadero bien, mi dulce y deleitable alegría. Pero qué es el amor, Dios mío? Si no me engaño, es una admirable delectación del alma, tanto más dulce cuanto más puro, tanto más suave cuanto más sincero, tanto más alegre o gozoso cuanto más extenso y duradero. El paladar del corazón te saborea porque eres dulce; su ojo te contempla porque eres bueno; el corazón puede contenerte a pesar de que eres inmenso. Quien te ama, te goza, y tanto más te goza cuanto más te ama, porque tú mismo eres amor, caridad. Te suplico, Señor, que descienda a mi alma una partecita siquiera de esa tu gran suavidad, para que con ella se torne dulce el pan de su desolada amargura. Guste de antemano algún pequeño sorbo de aquello que anhela, de aquello que ansia, de aquello por lo que suspira en esta peregrinación. Mientras tanto, Señor, te buscaré, y te buscaré amándote (Elredo de Rieval, El espejo de la Caridad, Buenos Aires 1981, 61-62).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre" (Le 1,42).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Ordinariamente, vemos en el misterio de la visitación sobre todo una acción a imitar, como si María hubiese hecho sólo esta visita y la hubiese hecho para darnos un ejemplo, olvidando que lo propio de la naturaleza de la Virgen es nacer visitas: el visitar a los nombres es para ella una función. María viene a visitarnos con frecuencia, como si fuésemos sus amigos, sus parientes próximos. La visitación siempre será la fiesta de esta actitud de total donación de sí, propia de María desde que supo que era la madre de Jesús. Ahora comienza esta serie innumerable de "visitas" que no terminará mientras haya un hombre en la tierra. Su glorificación y la misteriosa extensión de su maternidad a todos los que nacerán de su Hijo, darán a María un número infinito de parientes por visitar, sencillamente para ayudarles con esa presencia humilde y discreta que le caracteriza. María
viene a visitarnos llevando a Jesús escondido en ella, para
ayudarnos en nuestras necesidades más urgentes, más
cotidianas, más banales: necesidad de trabajo, las
obligaciones, el estado, las relaciones, María viene a
visitarnos, quizás nunca lo habíamos pensado. Nos
visita frecuentemente, todos los días. Éste es el
sentido más profundo, más auténtico de este
misterio: el hecho de las visitas innumerables, sencillísimas,
personalísimas, todas por nosotros, que María
multiplica en nuestra vida en todo momento, en cualquier
dificultad (R. Voillaume, Al servicio de los hombres, Madrid
2 1973).
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Cuarto
domingo de adviento Ciclo C LECTIO Primera lectura: Miqueas 5,1-4 Así dice el Señor: 1 En cuanto a ti, Belén Errata, la más pequeña entre los clanes de Judá, de ti sacaré al que ha de ser soberano de Israel: sus orígenes se remontan a los tiempos antiguos, a los días de antaño. 2 Por eso el Señor abandonará a los suyos hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces los que aún queden volverán a reunirse con sus hermanos israelitas. 3 Se mantendrá firme y pastoreará con la fuerza del Señor, y con la majestad del nombre del Señor su Dios. Ellos vivirán seguros, porque extenderá su poder hasta los confines de la tierra. 4 Él mismo será la paz. Cuando Asiría invada nuestra tierra y entre en nuestros palacios, nos enfrentaremos a ella con siete pastores y ocho príncipes, 5 que pastorearán a Asiría con la espada, y al país de Nemrod con el acero. Porque cuando Asiria invada nuestras fronteras, él será quien nos libre.
*•• Miqueas, contemporáneo de Isaías, vive en un período dramático para el reino de Judá, amenazado por el poder asirio y gobernado por descendientes de David, dedicados más a sus propios intereses que a los de sus súbditos. En este contexto aparece el presente oráculo de renacimiento. Para el profeta hay que volver a comenzar desde el principio. Dios hará renacer a su pueblo por medio de un rey justo, pero provendrá no de Jerusalén, sino del pequeño Belén (v. 1), patria chica de David. Es necesario recuperar la humildad de los orígenes, de "los días remotos", cuando David fue elegido el último, después de pasar sus siete hermanos, que -a los ojos de los hombres parecían más adecuados que él; no habrá nuevo nacimiento si no se comienza desde abajo, desde los últimos. De momento es necesario un tiempo de purificación (v. 2), un tiempo en el que Israel será sometido a otras potencias y terminará con el nacimiento del nuevo rey. El profeta no da el nombre pero enumera las características esenciales (v. 3): gobernará con firmeza y a la vez con el cariño con que un pastor sigue a su propio rebaño; sobre todo actuará en nombre del "Señor su Dios". El "nombre" (YHWH) nos recuerda el relato de la revelación en el Sinaí a Moisés; así pues, el rey actuará con el espíritu de la alianza de Dios con su pueblo; de este modo el pueblo recobrará la paz (v. 4). Esta profecía se ha conservado en Israel pero nunca se ha realizado en ninguno de los reyes que se sucedieron en el trono de Jerusalén. En el Nuevo Testamento, Mateo la ve realizada en Jesús, nacido en Belén (cf. Mt 2,6), verdadero pastor que se preocupa por su rebaño disperso y agotado.
Salmo Responsorial
Oh
Dios, restáuranos,
Salmo
79,2ac.3c.15-16.18-19
R/. Oh
Dios, restáuranos,
R/. Oh
Dios, restáuranos,
R/. Oh
Dios, restáuranos,
Segunda lectura: Hebreos 10,5-10 Hermanos: 5 Por eso, al entrar en este mundo, dice Cristo: No has querido sacrificio ni ofrenda, pero me has formado un cuerpo; no has aceptado holocaustos ni sacrificios expiatorios. 7 Entonces yo dije: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad. Así está escrito de mí en un capítulo del libro. 8 En primer lugar dice: No has querido ni te agradan los sacrificios, ofrendas, holocaustos ni víctimas por el pecado, que se ofrecen según la ley. 9 Después añade: Aquí estoy para hacer tu voluntad. De este modo anula la primera disposición y establece la segunda. 10 Por haber cumplido la voluntad de Dios, y gracias a la ofrenda que Jesucristo ha hecho de su cuerpo una vez para siempre, nosotros hemos quedado consagrados a Dios.
*+• Se trata de uno de los pasajes más densos de la carta a los Hebreos en el que se presenta a Jesús como el que viene a cumplir en todo la voluntad de Dios, como el rey-Mesías que se somete completamente a la voluntad de Dios. El autor de la carta nos propone una meditación sobre el misterio de la encarnación. Jesús viene, asume un cuerpo humano, para poder santificar la vida de los hombres: "Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados" (y. 10). Para santificarnos, Cristo no ofreció a Dios un sacrificio ritual, sino que ha querido que su cuerpo, su condición humana fuese el lugar donde se realizase plena y cabalmente la voluntad de Dios: "No quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has formado un cuerpo...; entonces yo dije: Aquí estoy, !Oh Dios!, para hacer tu voluntad" (w. 5-7). Es el sentido profundo de la encarnación: Cristo ha elegido para sí la condición humana para someterla totalmente al servicio de la voluntad de Dios. Su corazón ha estado enteramente orientado a Dios, su voluntad, su cuerpo, sus acciones perfectamente armonizadas en el cumplir la voluntad del Padre. En su obediencia también el hombre es capaz de obedecer.
Evangelio: Lucas 1,39-48a 39 Por aquellos días, María se puso en camino y se fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño empezó a dar saltos en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó a grandes voces: -Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 43 Pero cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Porque en cuanto oí tu saludo, el niño empezó a dar saltos de alegría en mi seno. 45 !Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. 46 Entonces María dijo: 47 Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, 48 porque ha mirado la humildad de su sierva.]
*" Uno de los temas principales de la página de Lucas sobre la visitación es la alegría del encuentro entre las dos madres y la del Bautista al oír la voz de la "madre del Señor" que lleva en su seno al Hijo. En la alegría del Bautista se percibe una alusión a la alegría de David bailando por la llegada del arca de la alianza, signo de la presencia de Dios (cf. 2 Sm 6). El Bautista goza –incluso "da saltos" (v. 41)- porque María, como arca santa, lleva en su seno al Señor. En el Bautista que goza por la presencia de María y Jesús está representado el Antiguo Testamento que espera y acoge la manifestación del Nuevo. Isabel, por su parte, es la mujer anciana y estéril que ve las maravillas de Dios, el cual acoge los sufrimientos y deseos de la humanidad. En esta escena está retratada la humanidad entera que espera a Cristo y saluda su llegada porque, encontrándolo, comprende que era él al que esperaba sin saberlo. El Hijo de Dios que se hace carne es la fuente de la alegría porque dice la verdad a la que todo humano está llamado: ser hijo como él. En cuanto a María, ella recibe el saludo de Isabel que la proclama "bendita" (v. 42) y el elogio que la declara "dichosa" (v. 45) por haber creído en la promesa de Dios. Mientras da a la humanidad al Hijo de Dios, María nos enseña también a responder con fe a la oferta divina. Fe y humildad: "Ha mirado la humillación de su esclava" (v. 48). En María se ejecuta el programa de Dios (anunciado por Miqueas) que comienza por los últimos.
MEDITATIO La bienaventuranza de la fe: el elogio dirigido por Isabel a María nos lleva a reflexionar, en este tiempo de espera, sobre nuestra fe. La fe de María se caracteriza como una adhesión a la promesa de Dios. María está totalmente segura de que Dios quiere y sabe ser fiel a la palabra dada. El misterio de Dios se oculta en aquel niño que, como todos los niños, se va formando en el seno de su madre. Creyendo, ha comenzado a constatar cómo Dios es fiel en realizar su promesa. También esto es cierto para nosotros: si no creemos, no experimentaremos nunca cómo el don de Dios, misteriosamente, puede ir formándose en nosotros. La fe de María se manifiesta también en el hecho de ir a visitar a Isabel: un viaje inspirado por la premura de su prima que necesita ayuda -como suele decirse comúnmente y con razón-, pero también un viaje para ir a contemplar lo que Dios está haciendo en los otros. También nuestra fe tiene mucho que aprender de esta actitud, ya que debemos tratar de darnos cuenta de lo que Dios hace en la historia de los demás. María e Isabel tienen esto en común, de lo que nos podemos aprovechar nosotros hoy: saben dialogar sobre lo que Dios hace en ellas. Ninguna de las dos habla de sí, sino de la otra, o de lo que Dios ha hecho, hasta el culmen del Magníficat. La fe de María nos exhorta a insertarnos en el clima propio de los "pobres del Señor", es decir, de las personas humildes y sencillas que confían en Dios sabiendo reconocer su obra. Se nos invita a vivir en una actitud general de disponibilidad al plan de Dios que nos invita a volver a las palabras del salmo (39,8) que el autor de la carta a los Hebreos pone en boca de Cristo: "Aquí estoy para hacer tu voluntad" (Heb 10,7).
ORATIO Has salido a mi encuentro, Señor Jesús, y me has concedido la gracia de conocerte. Llevado por la Iglesia, como por María tu madre, me has visitado y me has dado la fe. Gracias, Señor. Concédeme que, como el Bautista, pueda alegrarme, porque sigues viniendo a mí, porque continúa la gracia de tu visitación e incesantemente se renueva la sorpresa del encuentro. Renueva en mí el don de tu Espíritu, para que, como Isabel, esté dispuesto a acoger al que habla de ti y, sobre todo, ser constante en buscarte donde te dejas encontrar, en la Iglesia. Visitada por ti, Señor, también mi pequeña historia se convierte en una historia donde el Padre sigue hablando. Como María, que te llevó en el seno y te engendró, te pido que te formes en mí; engendrado como hijo de Dios a tu imagen, hazme de veras cada vez más ese hombre nuevo que eres tú. "Mi alma glorifica al Señor": mientras vamos preparándonos a celebrar tu nacimiento, concédenos reconocernos todos en las palabras de María, contar lo que el Padre sigue haciendo hoy con los humildes que le temen.
CONTEMPLATIO Llevando en su seno al Señor, la Virgen corre a Isabel, y de repente el niño de ésta gozó reconociendo el saludo y con saltos de gozo aclamaba a la madre de Dios: Alégrate, germen de una cepa llena de vida. Alégrate, tierra fecunda de un fruto inmortal. Alégrate, tú que cultivas al cultivador amigo de los hombres. Alégrate, tú que das vida al autor de la vida. Alégrate, campo donde florece el gozo de todas las gracias. Alégrate, mesa que ofreces abundancia de manjares. Alégrate, porque haces florecer un pasto de felicidad. Alégrate, porque preparas un puerto seguro a las almas. Alégrate, incienso agradable de oración. Alégrate, expiación de todo el universo. Alégrate, benevolencia de Dios con los mortales. Alégrate, seguridad de los mortales ante Dios. Alégrate, virgen esposa. (Himno Akathistos, estrofa quinta).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá" (Lc 1,45).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Si la vida espiritual es una vida en la que esperamos, cómo podemos esperar? Esperar es antes que nada esperar !untos. Uno de los pasajes más bellos de la Escritura es el de la visitación de María a Isabel. Qué sucede cuando María recibe las palabras de la promesa? Se pone en camino a casa de Isabel. Algo le estaba pasando a Isabel, lo mismo que a María. Cómo podrían vivirlo hasta el final? Se me antoja el encuentro de estas dos mujeres muy importante, porque Isabel y María se encontraron ayudando una la espera de la otra. La visita de María hizo más consciente a Isabel de lo que estaba esperando. El niño suscitó su alegría. María confirmó la espera de Isabel. Entonces Isabel dijo a María: "Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá". Y María responde: "Proclama mi alma la grandeza del Señor". Rebosa exultante de gozo. Estas dos mujeres se han creado recíprocamente el espacio para esperar. Se han confirmado mutuamente de que algo estaba pasando que merecía la pena esperar. Aquí
tenemos un modelo de la comunidad cristiana. Es una comunidad de
apoyo mutuo, de celebración y proclamación, de
crecimiento de lo comenzado en nosotros. La visita de María
a Isabel es una de las expresiones más hermosas de lo que
significa formar comunidad, estar !untos, reunidos en torno a una
promesa, proclamando lo que acontece en nosotros (H. J. M. Nouwen,
The Pafh of Waiting, Nueva York 1995). |
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Lunes de la cuarta semana de Adviento LECTIO Primera lectura: Malaquías 3,1-4.23-24 Así dice el Señor: 1 Mirad, yo envío mi mensajero a preparar el camino delante de mí, y de pronto vendrá a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza, a quien tanto deseáis; he aquí que ya viene, dice el Señor todopoderoso. 2 Quién podrá soportar el día de su venida? Quién se mantendrá en pie en su presencia? Será como fuego de fundidor y como lejía de lavandera. 3 Se pondrá a fundir y a refinar la plata. Refinará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas. 4 Entonces agradarán al Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los tiempos pasados, como en los años remotos. 23 Mirad, yo os enviaré al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, grande y terrible; 24 él hará que padres e hijos se reconcilien, de manera que, cuando yo venga, no tenga que entregar esta tierra al exterminio.
**• En el contexto de la reconstrucción del segundo templo (segunda mitad del siglo V a.C), el culto y la pureza religiosa del pueblo están en decadencia a causa de los matrimonios mixtos de los que volvieron a Jerusalén del destierro de Babilonia y viven impunes y tranquilos. Los observantes se preguntan: dónde está la justicia de Dios? En nombre del Señor, el profeta responde denunciando el pecado de los sacerdotes y la violación de la ley del culto por p a r t e de pueblo y anunciando como inminente "el día grande y terrible" (v. 23) de la venida del Señor en persona. Él purificará el templo y sus sacerdotes y juzgará a los malvados. Pero al Señor le precederá un mensajero, identificado con el profeta Elías (v. 23; Eclo 48,10-11), cuya misión será la de preparar el camino, purificar al pueblo de sus pecados y dirigirlo, mediante la reconciliación del corazón, a las sanas tradiciones de los padres. La profecía de Malaquías, leída en el contexto del Nuevo Testamento, se refiere a la venida de Cristo, precedida por su mensajero: Juan Bautista, cuya misión de Precursor será llamar al pueblo a la conversión y prepararlo al encuentro con el Mesías, "el mensajero de la alianza" (v. 1), por todos esperado.
Salmo Responsorial
Levantaos,
alzad la cabeza;
Salmo
24,4-5ab.8-9.10.14
R/. Levantaos,
alzad la cabeza;
R/. Levantaos,
alzad la cabeza;
R/. Levantaos,
alzad la cabeza;
Evangelio: Lucas 1,57-66 57 Se le cumplió a Isabel el tiempo y dio a luz un hijo. 58 Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella. 59 Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. 60 Pero su madre dijo: -No, se llamará Juan. 61 Le dijeron: -No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre. 62 Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamase. 63 Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Entonces, todos se llevaron una sorpresa. 64 De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. 65 Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. 66 Cuantos lo oían pensaban en su interior: "Qué va a ser este niño?". Porque efectivamente el Señor estaba con él.
**• El evangelio de Lucas, realizando la profecía de Malaquías en la figura del Bautista, nos describe dos episodios de su nacimiento: la participación de los parientes y vecinos que se alegran con Isabel por su parto (w. 57-58) y la circuncisión del niño al octavo día con la imposición del nombre (w. 59-66). El evangelista, subrayando algunos elementos, advierte en el acontecimiento del nacimiento y de la imposición del nombre la intervención prodigiosa y misericordiosa del Señor actuando en la vida del pequeño de modo extraordinario: la alegría de todos por el acontecimiento inesperado (v. 58); el significado del nombre "Juan" (w. 60-63), que quiere decir: "Dios favorece y actúa con misericordia", nombre rico en promesas futuras; el asombro de los presentes mezclado con un temor respetuoso, y la divulgación de la noticia por toda Judea (v. 65); Zacarías que recobra el habla y bendice y alaba a Dios, como signo de que todo lo dicho por el Señor se ha cumplido (v. 64); finalmente, la reacción de aquellos que iban conociendo el nacimiento del niño, que se preguntaban: "Qué va a ser este niño?", y el mismo evangelista en una nota redaccional concluye diciendo: "El Señor estaba con él" (v. 66). La narración del nacimiento del Bautista anuncia ya maduros los tiempos nuevos de la venida del Mesías. Lo importante es acogerlo como hizo el Bautista y saber reconocer en la historia la novedad radical de la relación entre Dios y el hombre.
MEDITATIO En todas las épocas de la historia humana el Señor envía siempre mensajeros como Elías y el Bautista, para recordar que es él quien tiene en sus manos las riendas de los avatares humanos y, a pesar de que el hombre rechace sus llamadas y huya de sus caminos, él siempre reanuda los vínculos con gestos de amor. Tampoco hoy faltan entre nosotros signos concretos y modos elocuentes de su Palabra, personas como la Madre Teresa y acontecimientos extraordinarios como un concilio ecuménico o un sínodo eclesial; personas y acontecimientos que, siendo instrumentos del Espíritu, elevan las propias "antenas" para captar la onda del mundo nuevo que se perfila en el horizonte. Lo nuevo ya está y está vivo, hay que saberlo ver y respetar sin ceder a nostalgias del pasado o a sueños de futuro, que son auténticas evasiones de la realidad. Dios nos va educando con largos períodos de ascesis y silencio para que aprendamos a descubrirlo en la historia y en lo íntimo del corazón, donde mora el Espíritu de Cristo que nos guía e ilumina en nuestro camino de fe. Todo esto lleva consigo el romper nuestras seguridades para que nos fiemos de un Dios-Amor, como Jesús nos enseñó (cf. 1 Jn 4,16). Aceptar a Dios-Amor significa entrar en los caminos de Dios, fiarnos de su paternidad divina, que nos hace libres y nos restituye la dignidad de auténticos hijos; significa dejarse conducir por su Espíritu sin poner obstáculos a la acción interior y gratuita de Dios.
ORATIO Padre santo, que guías la historia y que por medio de tu Hijo Jesús la conduces por los caminos de amor, haz que la Iglesia en su peregrinación terrena hacia el Señor viva plenamente la tensión de la salvación entre el ya cumplido en Jesús y el todavía no actualizado en nosotros y manifestado en Cristo glorioso. En los albores de la Iglesia los cristianos decían: "La salvación está más cerca que cuando comenzamos a creer" (Rom 13,11). Con frecuencia hoy vivimos sin pensar en tu venida, distraídos por mil luces fatuas que nos deslumbran, ignorando el grito que la Iglesia dirige a su esposo al final del Apocalipsis: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22,17.20). Concédenos, Padre bueno, no olvidar que estás entre nosotros, aunque oculto en tantos rostros de hermanos, y guías nuestros pasos por la presencia de tus mensajeros de luz y de paz, que nos interpelan y sacuden nuestra superficialidad espiritual con su fe coherente y su fecundo testimonio de vida. Queremos estar vigilantes en nuestro caminar para reconocer tus mensajeros que nos invitan a tu amistad. Pero, ante todo, te pedimos que nos hagas capaces de mantener purificado el corazón, libre y sensible a la acción del Espíritu, para que actuemos como deseas, te encontremos en esta Navidad y podamos estar preparados en el día de tu última visita para confesar en alabanza que has sido padre y amigo.
CONTEMPLATIO El nombre de Juan significa: "aquel en el cual está la gracia". Ahora bien, donde debe nacer la gracia, se tiene que caminar por caminos de conversión. Si se lograse seguir este camino, sería una cosa deliciosa. Si se aprendiese bien este camino, nacería en él de verdad la gracia de Dios. El hombre no tiene nada por sí mismo; todo proviene de Dios y por Dios: tanto lo grande como lo pequeño. El hombre debiera tener siempre presente este pensamiento en su corazón (...). En esto el hombre debe humillarse y arrojarse a los pies de Dios para que se compadezca de él. Debe además esperar plenamente en Dios. Entonces, de pronto, Juan -esto es, la gracia- nace en ese humus de humildad. En el valle de la humildad crece la dulzura, la confianza, la calma, la paciencia, la bondad (...). Cuando tiene lugar este nacimiento, se experimenta un gozo en el espíritu tan grande que nadie puede expresarlo (...). En estas personas descansa la santa Iglesia y, si no existieran, la cristiandad no subsistiría ni una hora. El hecho de que existan es mucho más importante que toda la actividad del mundo. Que Dios nos conceda a todos nosotros lograr todo esto del modo más rápido y glorioso. Amén (Taulero, Sermón por la natividad de san Juan Bautista, en Obras, Alba 1984).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Hablaba bendiciendo a Dios" (Le 1,64).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL "Era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo". Si, pues, alumbra a todo hombre que viene al mundo, iluminó también al mismo Juan. Alumbraba a aquel por quien quería darse a conocer. Entended,
pues, hermanos míos: venía a espíritus
apocados, a corazones débiles, para vigorizar los ojos
enfermizos de las almas. Para éstos venía. Cómo
es posible que un alma de éstas vea al Señor por
excelencia? De manera parecida a como suele casi siempre darse uno
cuenta de que ha salido el sol, que los ojos no ven, por los
cuerpos que reflejan sus rayos. Quienes tienen enfermos los ojos
pueden fácilmente ver un muro, una montaña, un árbol
y otros objetos cualesquiera que el sol ilumina y dora con sus
rayos, y estos objetos iluminados muestran la salida del sol a los
ojos, que aún no pueden fijarse directamente en él.
Así son aquellos hombres a quienes viene Cristo y que son
ineptos para verlo. Irradia sobre Juan, quien confiesa no ser él
el que irradia y alumbra, sino quien recibe la irradiación
y la luz, y por él se ve a Aquel que ilumina y esclarece y
lo llena todo, Quién es éste? Este es, dice
el evangelista, el que alumbra ar todo hombre que viene a este
mundo. Si no se hubiese alejado de El, no tendría
necesidad de ser iluminado. Pero le es necesaria esta iluminación,
porque se alejó del que podía envolverlos en sus
resplandores (San Agustín, Sobre el evangelio de san
Juan, Madrid 1968, 95-96).
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Martes de la cuarta semana de Adviento
Navidad del Señor: Misa vespertina en la vigilia Navidad del Señor: Misa de medianoche
Martes de la cuarta semana de Adviento
LECTIO
Primera lectura: 2 Samuel 7,1-5.8b-12.14a.l6
1 Cuando David se estableció en su palacio y el Señor le dio paz con todos sus enemigos de alrededor,
2 dijo al profeta Natán: -Yo vivo en una casa de cedro, mientras que el arca del Señor está en una tienda.
3 Natán le dijo: -Haz lo que te propones, porque el Señor está contigo.
4 Pero aquella misma noche el Señor dirigió esta palabra a Natán:
5 -Ve a decir a mi siervo David: Esto dice el Señor: Eres tú quien me va a construir una casa para que viva en ella?
8b Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueras caudillo de mi pueblo, Israel.
9 He estado contigo en todas tus empresas, he exterminado delante de ti a todos tus enemigos; y yo haré que tu nombre sea como el de los grandes de la tierra.
10 Asignaré un lugar a mi pueblo Israel y en él lo plantaré, para que lo habite y no vuelva a ser perturbado, ni los malvados lo opriman como antes,
11 como en el tiempo en que yo establecí jueces sobre mi pueblo Israel; te daré paz con todos tus enemigos. Además, el Señor te anuncia que te dará una dinastía.
12 Cuando hayas llegado al final de tu vida y descanses con tus antepasados, mantendré después de ti el linaje salido de tus entrañas, y consolidaré su reino.
14a Seré para él un padre y él será para mí un hijo.
16 Tu casa y tu reino subsistirán para siempre ante mí, y tu trono se afirmará para siempre.
*• La profecía de Natán a David es esclarecedora y abre un nuevo horizonte en la historia de salvación. El reino de Judá goza de un período de tranquilidad y el mismo rey mora en un magnífico palacio. Pero sus planes son construir también una "casa" al Señor donde poder acoger el arca de Dios. El profeta le impide realizarlo porque Dios tiene otro proyecto mayor para David y su descendencia. El Señor tomará la iniciativa para dar una casa no de piedra, sino estable y duradera: la estirpe real de David: "El Señor te anuncia que te dará una dinastía. Tu casa y tu reino subsistirán para siempre ante mí" (w. 11.16).
El Señor, de hecho, recuerda a David su historia, lo que ha hecho por él, y promete a su dinastía una duración perenne: lo eligió como pastor del pueblo sacándolo de los campos (cf. 1 Sm 16,11-13); le concedió la victoria sobre todos sus enemigos y en el futuro continuará estando con él; su gloria y la de su descendencia será grande porque gozará de una filiación divina; el rey y su pueblo serán benditos del Señor y poseerán una "casa" estable y tranquila, es decir, una dinastía que durará por los siglos.
El mensaje de la Palabra de Dios está claro: la salvación no viene de un templo de piedra obra de manos humanas, sino de la alianza con Dios, al que pertenece todo, el hombre y la historia.
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Salmo
88
V/. Cantaré eternamente las misericordias del
Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las
edades.
Porque dijiste: <<La misericordia es un edificio
eterno>>,
más que el cielo has afianzado tu
fidelidad.
R/. Cantaré
eternamente tus misericordias, Señor
V/. <<Sellé
una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te
fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para
todas las edades>>.
R/. Cantaré
eternamente tus misericordias, Señor
V/. <<Él
me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi
Roca salvadora”;
Le mantendré eternamente mi favor,
y
mí alianza con él será estable>>.
R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Evangelio: Lucas 1,67-79
67 Zacarías, su padre, se llenó del Espíritu Santo y profetizó:
68 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.
69 Nos ha suscitado una fuerza salvadora en la familia de David su siervo,
70 como lo había prometido desde antiguo por medio de sus santos profetas,
71 para salvarnos de nuestros enemigos y del poder de todos los que nos odian.
72 De este modo mostró el Señor su misericordia a nuestros antepasados y se acordó de su santa alianza,
73 del juramento que hizo a nuestro antepasado Abrahán, para concedernos
74 que, libres de nuestros enemigos, podamos servirle sin temor,
75 con santidad y justicia en su presencia toda nuestra vida.
76 Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos,
77 para anunciar a su pueblo la salvación, por medio del perdón de sus pecados.
78 Por la misericordia entrañable de nuestro Dios, nos visitará un sol que nace de lo alto,
79 para iluminar a los que están en tinieblas y en sombras de muerte, y para dirigir nuestros pasos hacia el camino de la paz.
*•• El cántico de Zacarías es un tejido de reminiscencias bíblicas que exalta el cumplimiento de las promesas de salvación hechas por Dios en las antiguas profecías.
Zacarías, sacerdote de la antigua ley, pero lleno del Espíritu Santo, en el presente cántico de bendición por la visita del Señor a su pueblo, inaugura la nueva alianza, cuyo precursor será su hijo Juan, en el que la larga espera de siglos llega a su cumplimiento.
El texto bíblico se divide en dos partes: la primera resume la historia de salvación, resaltando la misericordia de Dios con los padres y su inquebrantable fidelidad a la alianza, que se realizará en la figura del Mesías (w. 68-75); la segunda mira al Bautista, "profeta del Altísimo" (v. 76), destinado a preparar los caminos del Señor con la predicación de la redención y salvación universal, efectiva en la persona de Jesús, por el perdón de los pecados, fruto de su inmensa bondad.
El cántico ensalza a Cristo, el sol de la resurrección, engendrado antes de la aurora, que con sus rayos ilumina a los que viven en tinieblas y en espera, vivifica a los que carecen de vida y la imploran. Él es la paz, plenitud de los dones mesiánicos, destinada a los que alaban y dan gloria a Dios. Él, el Verbo del Padre, es luz y vida de los hombres, en el cual ven a Dios y al cual obedecen.
MEDITATIO
Estamos en la vigilia de la Navidad del Señor, y la Palabra de Dios que resuena en la Iglesia es una actualización de las profecías mesiánicas, invitación a dar gracias y a la alabanza por la inminente venida del Salvador, que ha derramado sus bendiciones sobre el pueblo, manteniendo la fe en sus promesas con el don de la reconciliación y de la salvación universal.
Cómo vivimos personalmente esta vigilia y qué compromiso de vida nos exige? La venida histórica del Mesías nos confirma que Dios ha elegido su "casa" entre nosotros, en el cuerpo de Jesús, su Hijo (cf. Jn 1,14). Él mora con su pueblo, no de modo pasajero, sino de modo estable (cf. Ap 7,15; 12,2; 13,6; 21,3). Si en el Antiguo Testamento el lugar ideal de la presencia de Dios era el templo o la tienda (cf. Ex 25,8; 40,35; Ez 37,27; Jn 4,17), ahora su presencia está en la misma vida del hombre y en la carne visible de Jesús, que tocó y contempló en la fe la primera comunidad de los discípulos (cf. 1 Jn 1,1-4).
Cristo es la revelación y la luz del Padre, pero de modo oculto y humilde; algo interior que sólo los hombres de fe, como los profetas, los santos y María pueden comprender. Su gloria se manifestará en toda su potencia después, cuando desde la cruz a atraiga todos a sí (cf. Jn 12,32). Puede parecer una paradoja que la cruz sea glorificación, pero todo se hace luminoso si pensamos que "Dios es amor" (1 Jn 4,10) y se manifiesta donde aparece el amor.
Es también para nosotros Jesús el centro de la historia, nuestra morada y la plenitud de todas nuestras aspiraciones humanas?
ORATIO
Señor Jesús, Verbo del Padre y luz de los hombres, te adoramos en esta vigilia de Navidad y esperamos gozosos tu venida, que una vez más lleva a cumplimiento las promesas de Dios. Iluminados por tu luz, creemos que eres Aquel que ama al hombre y que la única finalidad de tu vida es la salvación de todo hombre. La fe nos introduce en este misterio de vida, la experiencia nos lo enseña y tu Palabra de verdad nos guía en este camino de luz.
Verbo eterno del Padre, queremos ser tus primeros adoradores, adictos a la bondad y al bien, testigos de tu misericordia. Tú que no te ocultas a nadie, sino que a todos concedes tu divina luz, seas por siempre nuestra verdadera luz que alumbre a toda la humanidad. Apresuramos nuestro camino hacia la salvación, hacia el nuevo nacimiento, porque deseamos, a pesar de ser multiplicidad, reunimos en un solo amor siguiendo el modelo de unidad del misterio trinitario en el que nos sumerges y renovar de este modo la alianza contigo.
Como la virgen María, lugar de la encarnación, concédenos saber interiorizar tu Palabra para descubrir cada vez más la hondura de este misterio dentro de nosotros mismos, misterio en el que "vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17,28), y llegar a ser contemplativos como María para no confundir esta Palabra con nuestro mismo ser, sino identificarnos con la que lleva al Verbo en sus entrañas y lo engendra como hijo suyo.
CONTEMPLATIO
Feliz día, feliz hora, feliz tiempo: es el que con inefable anhelo todos los santos desde el origen del mundo esperaron (...). Dios está con nosotros. Hasta ahora Dios estaba sobre nosotros, pero hoy es el Emmanuel, hoy Dios está con nosotros en nuestra naturaleza, con nosotros con su gracia. Con nosotros en nuestra pobreza, con nosotros en su benignidad. Con nosotros en nuestra miseria, con nosotros en su misericordia. Con nosotros en la caridad, con nosotros en la piedad, con nosotros en la compasión. !Oh Emmanuel! !Oh Dios con nosotros!
Qué hacéis, hijos de Adán? Dios está con nosotros. Con nosotros. No pudisteis, hijos de Adán, subir al cielo para estar con Dios, y ahora Dios ha bajado del cielo para ser el Emmanuel, el "Dios con nosotros" (...). Dichoso el que te abre la puerta del corazón, oh buen Jesús: pues entrarás. Tu adviento, Señor, lleva al corazón puro el mediodía de la luz celeste (Elredo de Rieval, Sermones inéditos, cit. en Cristo desiderio del moñaco, Milán 1988, 157-158).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Bendito sea el Señor que ha visitado y redimido a su pueblo" (Lc 1,68).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Cerremos la puerta detrás de nosotros. Escuchemos con oído atento la inefable melodía que resuena en el silencio de esta noche. El alma silenciosa y solitaria canta al Dios del corazón su canto más suave y afectuoso. Y puede confiar que él le escucha. De hecho, este canto no debe ya buscar al Dios amado más allá de las estrellas, en una luz inaccesible, donde habita y ninguno puede verle.
Como es Navidad, como la Palabra se ha hecho carne, Dios está cerca, y la dulcísima palabra, la palabra del amor, encuentra su oído y su corazón en la sala más silenciosa del corazón. Y quien se ha detenido cerca de sí, aunque es de noche, en esta paz nocturna, en las honduras del corazón de Dios, percibe la dulce palabra del amor. Es preciso estar tranquilos, no temer la noche, hay que callar. De otro modo no se escucha nada.
De hecho, la última cosa se dice solamente en el silencio de la noche, cuando, por la llegada llena de gracia de la Palabra en la noche de nuestra vida, se ha hecho Navidad, noche santa, noche de silencio (K. Rahner, Dio se é fatto uomo, Brescia 31990, 72-73).
LECTIO
Primera lectura: Isaías 62,1-5
1 Por amor a Sión no callaré, por amor a Jerusalén no descansaré hasta que su liberación brille como luz y su salvación llamee como antorcha.
2 Los pueblos verán tu liberación y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo pronunciado por la boca del Señor.
3 Serás corona espléndida en manos del Señor, corona real en la palma de tu Dios.
4 Ya no te llamarán "Abandonada", ni a tu tierra "Devastada", sino que te llamarán "Mi favorita", y a tu tierra "Desposada", porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá un esposo.
5 Como un joven se casa con su novia, así se casará contigo tu constructor; La alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.
*" La visión entusiasta del Tercer Isaías se refiere a la ciudad de Jerusalén, la colina santa de Sión, que el profeta contempla ya reconstruida y objeto de la ternura y del amor de Dios. Tras el providencial edicto del rey Ciro (538 a.C), el "resto de Israel" ha regresado a la patria, ha reedificado el templo al Señor y la ciudad ha vuelto a ser el centro propulsor de la historia religiosa de la nación y el lugar de la salvación del pueblo.
El profeta describe este renovado contrato de alianza entre Dios y Jerusalén con imágenes y símbolos típicamente nupciales: "Serás corona espléndida en manos de Señor, corona real en la palma de tu Dios" (v. 3), porque la ciudad será sede de la "justicia", lugar de la acción salvífica de Dios y faro luminoso de paz y liberación entre las gentes que reconozcan su "gloria" por la renovada presencia de Dios entre su pueblo (v. 2; 1 Re 8,10-11).
El Señor mismo dará a Jerusalén un nombre nuevo, por el cual no se hablará más de tierra "Abandonada" y "Devastada", sino que se la llamará "mi favorita" y tierra "Desposada" (v. 4; Os 2,15-25; Ez 16,58-62). Esta grandiosa visión del profeta, en el contexto de la fiesta de Navidad se refiere a la nueva alianza y a la salvación perenne que Dios, a través del nacimiento de Jesús, establece con la humanidad en un matrimonio de verdadero amor.
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Salmo
88
V/. Cantaré eternamente las misericordias del
Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las
edades.
Porque dijiste: <<La misericordia es un edificio
eterno>>,
más que el cielo has afianzado tu
fidelidad.
R/. Cantaré
eternamente tus misericordias, Señor
V/. <<Sellé
una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te
fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para
todas las edades>>.
R/. Cantaré
eternamente tus misericordias, Señor
V/. <<Él
me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi
Roca salvadora”;
Le mantendré eternamente mi favor,
y
mí alianza con él será estable>>.
R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Segunda lectura: Hechos 13,16-17.22-25
Habiendo llegado a Antioquía de Pisidia,
16 Pablo se levantó, impuso silencio con la mano y dijo: -Israelitas y los que teméis a Dios,
17 escuchad. El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros antepasados, y engrandeció al pueblo durante su permanencia en Egipto; después los sacó de allí con brazo fuerte.
22 Depuesto Saúl, les puso como rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, el cual hará siempre mi voluntad.
23 De su posteridad, Dios, según su promesa, suscitó a Israel un Salvador, Jesús.
24 Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión;
25 y, cuando estaba para acabar su vida, decía: "Yo no soy el que pensáis. Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar las sandalias".
**• La predicación de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia es rica en golpes de escena: primero, la acogida entusiasta de la Palabra, cuando el Apóstol recorre las etapas principales de la historia de la salvación que desde los patriarcas presenta la esclavitud y la liberación de Egipto con la experiencia del desierto, la conquista de la Tierra Prometida, Saúl, el rey David, hasta el "bautismo de conversión" de Juan ofrecido al pueblo (v. 24), y de éstos a Jesús el Salvador; luego, el rechazo opuesto a la Palabra y la persecución del anunciante, cuando falta un corazón abierto a la conversión y a la novedad del Espíritu. Pero tal rechazo fue providencial para la conversión del mundo pagano y de aquellos que no se escandalizaron de la cruz. El Precursor del Mesías fue el primero en acoger su venida: "Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar las sandalias" (v. 25), y detrás de él una multitud de hombres y mujeres se abrieron al don del Espíritu y a la conversión.
En todo tiempo de la historia de la Iglesia el anuncio de la "buena noticia" está siempre unido a la persecución. El niño que nace en Belén, envuelto en la gloria celeste, es Aquel que trae consigo los emblemas reales de la pasión. También el discípulo de Jesús está llamado a dar pruebas de fidelidad y amor, en la paz pero sobre todo en el sufrimiento, porque el mundo lo rechaza cuando su anuncio se hace incómodo por la denuncia de una vida incoherente y materialista.
Evangelio: Mateo 1,1-25
1 Genealogía de Jesús, Mesías, Hijo de David, Hijo de Abrahán:
2 Abrahán engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos.
3 Judá engendró de Tamar, a Farés y a Zara; Farés engendró a Esrón; Esrón engendró a Aran;
4 Aran engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón; Naasón engendró a Salmón.
5 Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé;
6 Jesé engendró al rey David. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón.
7 Salomón engendró a Roboán; Roboán engendró a Abías; Abías engendró a Asá;
8 Asá engendró a Josafat; Josafat engendró a Jorán; Jorán engendró a Ozías;
9 Ozías engendró a Joatán; Joatán engendró a Acaz; Acaz engendró a Ezequías;
10 Ezequías engendró a Manases; Manases engendró a Amón; Amón engendró a Josías.
11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la cautividad de Babilonia.
12 Después de la cautividad de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel engendró a Zorobabel;
13 Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliaquín; Eliaquín engendró a Azor;
14 Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Ajín; Ajín engendró a Eliud;
15 Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matan; Matan engendró a Jacob.
16 Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Mesías.
17 Así pues, son catorce las generaciones desde Abrahán hasta David, catorce desde David hasta la cautividad de Babilonia, y catorce desde la cautividad de Babilonia hasta el Mesías.
18 El nacimiento de Jesús, el Mesías, fue así: su madre María estaba prometida a José y, antes de vivir juntos, resultó que había concebido por la acción del Espíritu Santo.
19 José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió separarse de ella en secreto.
20 Después de tomar esta decisión, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:
-José, hijo de David, no tengas reparo en recibir a María como esposa tuya, pues el hijo que espera viene del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jsús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
22 Todo esto suedió para que se cumpliera lo que había anunciado el Señor por el profeta:
23 "La virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel. (que significa: Dios con nosotros)
24 Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado: recibió a su esposa
25 y, sin tener relaciones conyugales, ella dio a luz un hijo, al que José puso por nombre Jesús.
**• A primera vista, la genealogía con que Mateo abre su evangelio crea un cierto disgusto por el relato árido y sin sentido, pero, en realidad, esconde una gran riqueza de enseñanzas teológicas, expresadas en un lenguaje lleno de artificios exegéticos. El evangelista, injertando a Jesús en un árbol genealógico, pretende decirnos que viene de Israel y es Hijo de David, pero que, al mismo tiempo, es mucho más. Observando, pues, la genealogía, se advierte que está construida de modo simétrico con tres períodos de catorce nombres.
Por qué este modo de proceder? La apocalíptica judía nos enseña que el actuar de Dios, como el camino de la historia, es misterioso y numéricamente fijo en la periodicidad; esto es: la venida de Jesús a nosotros tiene lugar en el tiempo fijado por Dios, cuando la historia llega a su plenitud. Pero el centro sobre el que converge el texto bíblico es el v. 16: "Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús llamado Mesías". Este versículo, si se observa bien, constituye una ruptura en la genealogía: la generación, de hecho, es quitada a José, porque el verbo no está en forma activa: "engendró", sino en pasiva: "fue engendrado". Es evidente, pues, como afirman los w. 18-25, que Jesús no es sólo hijo de David, sino que procede de Dios. Éste es el misterio de Jesús; sorpresa para algunos y escándalo para otros. Jesús está ciertamente injertado en la historia humana y en la hebrea, pero la supera, porque viene de lo alto, su origen está en el Padre.
MEDITATIO
Acoger en nuestra existencia el mensaje bíblico de la Navidad significa dejar que nuestra vida se convierta, en el sentido más verdadero y amplio de la palabra, en una vida referida a Dios, una vida de relación nupcial con él. Dios ha establecido un vínculo esponsal con la humanidad, un matrimonio de verdadero amor. "La alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo" (Is 62,5). La revelación fundamental de la Biblia es la presencia dominante y arrolladora de Dios, es la invitación a encontrarlo para una vida de comunión con él. Y sólo se le encuentra en el silencio.
Encontrarlo quiere decir encontrar la soledad, porque "la auténtica soledad es espíritu y todas nuestras soledades humanas son solamente un modo de encaminarnos hacia la fe, que es la perfección de la soledad. La verdadera soledad no es la ausencia de los hombres, es la presencia de Dios" (M. Delbrel). Dios, de hecho, ha venido a nosotros revestido de niño, con un vagido que fácilmente puede ser sofocado por nuestro excesivo y estéril activismo. Hoy, la escucha silenciosa de este Dios hecho hombre parece ser negada a nuestra sociedad de consumo y de derroche. El frenesí de los regalos, para que nada falte sobre la mesa dispuesta con luces y con rojo estrellado, nos ha hecho olvidar la única Palabra de vida que nos permite crecer en un camino de fe y de sentirnos felices.
El misterio de la encarnación nos desvela un Dios que se hace uno de nosotros por amor; pero que para cumplir sus designios se sirve también de la colaboración de los hombres. Cuál es nuestra parte en esta Navidad para que él nazca de verdad en el corazón de nuestros hermanos?
ORATIO
Jesús, tú te has hecho nuestro hermano y amigo y no has vacilado en hacerte hombre como nosotros para restablecer la amistad entre Dios y la humanidad. Nosotros queremos, ante todo, agradecer al Padre tuyo y Padre nuestro (cf. Jn 20,17) porque no ha vacilado en mandarte a ti, que eres el mayor don que hemos recibido, eligiendo así el camino más bello para llevar a cabo nuestra salvación.
Tú eres la transparencia personal del amor del Padre y lo eres sólo en virtud de tu unión con Dios y de tu ser Hijo: y nosotros te damos gracias por la obediencia con que has respondido a su proyecto de amor y por el modo con que nos lo has hecho conocer desvelándonos su rostro interior. Pero es tu ejemplo de vida quien nos ha conquistado, porque es una página abierta sobre la que se puede leer cómo nos ha amado Dios. Todo ha partido del amor y a través del amor torna al amor.
Jesús, tú estás siempre a la escucha del Padre con mirada de contemplación interior y transmites sus palabras, más aún, comunicas tan bien la palabra del Padre que tú mismo eres la Palabra. Queremos en esta Navidad entrar en el silencio y en el estupor de la gruta de Belén. Ésta es muy distinta de aquella en la que tú naciste hace tantos años, pero todavía nos dice que para venir a nosotros no escogiste el camino del poder sino el de la humildad y el ocultamiento; no escogiste la riqueza sino la pobreza, privilegiando a los pobres y a los últimos; no escogiste el camino del éxito y de los honores sino el de la humillación y la cruz. Que esta Navidad sea una nueva visita tuya a nuestro corazón para vivir con todos nuestros hermanos el amor, que tú nos has enseñado.
CONTEMPLATIO
Ninguna lengua humana podrá jamás glorificar bastante a aquella de la que tomó carne "el mediador entre Dios y los hombres" (1 Tim 2,5). Ningún elogio humano puede estar a la altura de aquella cuyo vientre purísimo dio el fruto que es el alimento de nuestra alma.
Es prerrogativa de la Virgen María haber concebido a Cristo en su seno, pero es patrimonio universal de todos los elegidos llevarlo con amor en el propio corazón. Dichosa, pues, dichosísima, la mujer que llevó en su vientre a Jesús durante nueve meses. Pero dichosos también nosotros si nos tomamos el cuidado de llevarlo constantemente en nuestro corazón. Maravilló de modo grandioso la concepción de Cristo en el seno de María, pero no debe maravillar menos verlo hacerse huésped de nuestro corazón.
En este punto, hermanos míos, reconsideremos cuál es nuestra dignidad y nuestra semejanza con María. La Virgen concibió a Cristo en sus vísceras de carne, y nosotros lo llevamos en las de nuestro corazón. María alimentó
a Cristo dando a sus labios la leche de su pecho, y nosotros podemos ofrecerle el alimento siempre variado de las buenas acciones que son sus delicias (Pier Damiani, Sermón 45).
ACTIO
Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Será llamado Emmanuel, Dios-con-nosotros" (Mt 1,23).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Oh Señor, nuestro Dios y nuestro Padre, concede a muchos, a todos y, por supuesto, también a nosotros, poder celebrar la Navidad caminando con reconocimiento, humildad, alegría y confianza hacia tu enviado en el que tú mismo has venido a nosotros. En el momento en que llega la hora, ven a despejar en nosotros, apartando todo lo que se ha hecho imposible, todo lo que no puede tener ya interés, todo lo que está llamado a desaparecer cuando tu amado Hijo, nuestro Señor y Salvador, haga su entrada en nosotros y nos ponga en orden.
!Ten piedad de todos aquellos que aún no conocen o te conocen mal a ti y a tu Reino, de aquellos que quizás un día supieron todo, pero luego lo han olvidado, mal interpretado o incluso renegado! !Ten piedad de esta humanidad hoy tan atormentada y tan amenazada, entristecida por tanta insensatez! !Ilumina los pensamientos de aquellos que en oriente y en occidente detentan el poder y que, según parece, no saben dónde tienen la cabeza! !Concede a los hombres de gobierno, a los representantes de los pueblos, a los jueces, a los profesores y a los funcionarios, a los periodistas de nuestro país, el discernimiento y la imparcialidad que necesitan para una acción responsable! !Ponte tú mismo en los labios de los que en este Tiempo de Navidad deberán predicar las palabras justas, las palabras necesarias, las palabras que ayudan, y abre también los oídos y los corazones de quienes los escucharán!
!Consuela y anima a cuantos en los hospitales sufren en el cuerpo y en el alma, a los prisioneros, a los afligidos, a los abandonados y a los desesperados. Socórrelos con lo único que puede ayudarnos a todos: con la claridad de tu Palabra y con la acción silenciosa de tu Santo Espíritu!
Te damos gracias, porque sabemos que no te suplicamos ni te surcaremos en vano jamás. Te damos gracias, porque has hecho rotar tu luz, porque tu luz brilla en las tinieblas y porque las tinieblas nunca podrán apagarla. Te damos gracias, porque eres nuestro Dios y porque nos has concedido ser fu pueblo. Amén (K. Barth, Oración).
Navidad del Señor: Misa de medianoche
LECTIO
Primera lectura: Isaías 9,1-3.5-6
1 El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierra de sombras una luz les ha brillado.
2 Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se alegran ante ti con la alegría de la siega, como se regocijan al repartirse un botín.
3 Porque, como hiciste el día de Madián, has roto el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el bastón opresor que los hería.
5 Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado.
Sobre sus hombros descansa el poder, Y es su nombre: "Consejero prudente, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz".
6 Dilatará su soberanía en medio de una paz sin límites, asentará y afianzará el trono y el reino de David sobre el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.
*•• Todas las lecturas bíblicas de las misas de Navidad, si bien con perspectivas diversas, intentan responder a una pregunta: cuál es el sentido de la Navidad? Iniciamos el recorrido desde los antiguos profetas. El oráculo de Isaías presupone una situación dramática para el país de Israel, porque el estrépito de las armas resuena por doquier. La invasión asiría (siglo VIII a.C.) comenzada en Galilea amenaza ya la misma Judea y Jerusalén, y el pueblo, bajo el terror enemigo, camina en la oscuridad y no sabe adonde dirigirse. A esta gente sin esperanza anuncia el profeta: "El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz". Luego, dirigiéndose a Dios, exclama: "Acreciste la alegría, aumentaste el gozo" (v. 2).
Qué es lo que permite a los hombres pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría? La alusión de Isaías se refiere a la huida de los Asirios, pero el profeta de Dios habla también de fuga de todo enemigo.
Anuncia la alegría por el que será: "Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz" (v. 5), el que, verdadero héroe de Israel, cumplirá todo esto. Pero cómo será posible todo esto? Isaías responde: "El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará" (v. 6). He aquí, pues, el sentido y el mensaje más antiguo de la Navidad: el fin del miedo, la liberación de la dominación enemiga y todo ello gracias a que: "un niño nos ha nacido" (v. 5: cf. Is 7,14; Miq 5,1- 3; 2 Sm 7,12-16), un descendiente de David que dará vida a una sociedad en la que habrá justicia, paz, alegría y que dará a todos el coraje de vivir.
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre.
R/. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor
Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
R/. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque.
R/. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor
Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.
R/. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor
Segunda lectura: Tito 2,11-14
11 Porque se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.
12 Ella nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad,
13 aguardando la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,
14 el cual se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de que seamos su pueblo escogido, siempre deseoso de practicar el bien.
*" Pablo escribe a Tito, su discípulo convertido del paganismo y ahora obispo de Creta, explicándole el sentido de la venida de Jesús a nosotros con palabras llenas de esperanza: "Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres" (v. 11). La universalidad de la salvación es una dimensión esencial de la Navidad, y su verdadero mensaje es el anuncio de salvación y de vida nueva para toda la humanidad sin distinciones de razas ni colores, de clases sociales, ni de dotes intelectuales ni ninguna otra cosa. El Salvador que nos ha sido dado no es sólo un niño que ha elegido nacer en un pobre establo, entre incomodidades y queridos silencios, es sobre todo la sonrisa de Dios que se ha hecho visible, porque no ha perdido su esperanza en los hombres.
Ha venido para enseñarnos el camino del bien, de la sobriedad y de la justicia, el desprecio de los atractivos malos e ilusorios del mundo, a la espera del retorno glorioso del Señor (v. 13). Libremente, dirá Pablo, "se entregó a sí mismo por nosotros" (v. 14), primero habiéndonos del Padre y llamándonos amigos, y después, al final, muriendo en la cruz por amor, nos ha liberado de toda esclavitud para reconducir al Padre, de una vez para siempre, a la humanidad reconciliada con él. Sólo la fe ayuda a descubrir el poder de Dios en la vivencia de un pobre. Desde que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, quiere ser acogido y reconocido como hombre: aquí es posible la búsqueda de Dios, porque él se ha quedado entre nosotros.
Evangelio: Lucas 2,1-14
1 En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio.
2 Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria.
3 Todos iban a inscribirse a su ciudad.
4También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén,
5 para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.
6 Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto,
7 y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
8 Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños.
9 Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo,
10 pero el ángel les dijo: -No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo:
11 Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
12 Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
13 Y de repente se juntó al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:
14 "!Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!".
*" Sobre el fondo de los anuncios proféticos (cf. Miq 5,1-4; 1 Sm 16,1-3), Lucas en el evangelio nos habla del nacimiento histórico de Jesús. El relato es simple, pero sugestivo, lleno de matices teológicos y construido sobre el modelo del anuncio misionero, que comprende tres momentos. Primero la narración del acontecimiento: el edicto de César Augusto en tiempos de Quirino, gobernador de Siria, y el nacimiento de Jesús en Belén, en la pobreza, en un país sometido a una potencia extranjera (w. 1-7); después el anuncio hecho por los ángeles a los pastores, primeros testigos del evento de la salvación (w. 8-14); y, por último, la acogida del anuncio, con los pastores que van a la gruta, encuentran a Jesús, y sucesivamente el relato de su experiencia a otros (w. 15-20).
El punto central del relato, sin embargo, son las palabras de los ángeles a los pastores, que consideran con respeto el sentido gozoso del acontecimiento y la fe en Jesús Salvador en la figura de un niño pobre, "envuelto en pañales, acostado en un pesebre" (v. 12). Dos motivos, pues, se iluminan uno a otro en el texto: la visible pobreza en la vivencia humana de Jesús y la gloria de Dios escondida en su presencia entre los hombres. Sólo unos cuantos pastores, representantes de gente pobre y humilde, reconocen al Mesías esperado: éste es el signo divino extraordinario del inicio de una época nueva en la historia de los hombres.
MEDITATIO
Para contemplar el misterio de Navidad necesitamos, sobre todo, simplicidad para asombrarnos ante su mensaje. Capacidad de asombro y mirada de niño son los medios necesarios para gustar el anuncio lleno de alegría de esta noche santa. Y esta alegría tiene una motivación clara: el nacimiento de un niño, Salvador universal, que trae motivos de esperanza para todos, que son paz, justicia y salvación. Y qué signos cualifican a este niño? La debilidad, la pobreza, la impotencia y la humildad, cosas que el mundo ha rechazado siempre y que, por el contrario, ha hecho propias el Hijo de Dios.
Con la venida de Jesús las falsas seguridades de los hombres han zozobrado, porque Dios ha elegido no a los fuertes ni a los sabios, ni a los poderosos de este mundo, sino a los débiles, a los pequeños, a los necios, a los últimos: ha elegido "un niño acostado en un pesebre" (Le 2,7.12.16; cf. 1 Cor 1,27; Mt 11,26), pobre, marginado y desestimado. Precisamente sobre esta pobreza se despliega el esplendor del mundo del Espíritu, mientras nosotros estamos complicados en dramas de conciencia, porque nos tienta seguir principios de fuerza, de poder, de violencia. El niño de Belén nos dice que el milagro de la paz de la Navidad es posible para aquellos que acogen sus dones.
A esta luz el acontecimiento de esta noche no es sólo una fecha para conmemorar, sino evento capaz, también hoy, de contagio y de transformación. Cuatro son las noches históricas de la humanidad, según una antigua tradición rabínica: la noche de la creación (Gn 1,3), la de Abraham (Gn 15,1-6), la del Éxodo (Ex 12,1-13) y la de Belén, es decir, esta noche, que es la más importante, porque el Hijo de Dios ha traído su paz, distinta de la pax augusta, y es el fundamento de la "civilización del amor" (Pablo VI). Somos capaces de vivir el misterio?
ORATIO
Te damos gracias, Señor del universo y de los hombres, porque en Jesús niño, que vino a la tierra portador de tus dones -la paz, la alegría, la justicia y la salvación-, se ha manifestado tu amor a todos. Queremos comprender, si bien con la pequeñez de nuestra mente, algo del misterio del Verbo encarnado, porque con ello se iluminará nuestro misterio humano.
Para los judíos era absurdo pensar que la Palabra definitiva de Dios apareciese en la debilidad del hombre Jesús. Para los paganos era escándalo aceptar la plena humanidad del Hijo de Dios, lugar indigno de la divinidad.
Nosotros, por el contrario, creemos que la Palabra, en un momento histórico muy preciso, "se hizo carne" en la fragilidad e impotencia como toda criatura, naciendo de una mujer, María (cf. 1 Jn 4,2-3), y creemos que en Cristo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, reside la revelación definitiva del Padre y el anuncio de la fe que nos salva.
El hombre del tercer milenio tiene necesidad de Jesús, revelador de tu amor de Padre, para escapar de su individualismo y de su superficialidad, que lo privan de los verdaderos valores en que se puede encontrar la esperanza de vivir. Señor, el nacimiento de tu Hijo nos revela que también nosotros en Jesús hemos sido hechos hijos tuyos y te podemos conocer. Haz que toda nuestra vida, sobre el modelo de la de Cristo, se vuelva en actitud de docilidad filial hacia ti y, para ello, en la noche de Navidad nos ponemos de rodillas, en adoración ante el rostro humano del Jesús-Niño, tu Hijo unigénito, en el que resplandece e irradia tu rostro invisible de Padre, para ver nuestro rostro divino.
CONTEMPLATIO
Pero quién soy yo? Podré decir algo digno de lo que se ve? Me faltan las palabras: la lengua y la boca no son capaces de describir las maravillas de esta solemnidad divina. Por eso yo con los coros angélicos grito y gritaré siempre: "!Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!".
Dios está en la tierra; quién no será celeste? Dios viene a nosotros, nacido de una Virgen; quién no se hará divino hoy y anhelará la santidad de la Virgen, y no buscará con celo la sabiduría, para hacerse más cercano a Dios? Dios está envuelto en pobres pañales; quién no se hará rico de la divinidad de Dios si acoge algo humilde? Exulto como los pastores y me sobresalto escuchando estas voces divinas: ansío ir al pesebre que acoge a Dios y deseo llegar a la celestial gruta: anhelo ver el misterio manifestado en ella y allí, en presencia del Engendrado, levantar la voz cantando: "!Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!" (Sofronio de Jerusalén, Le Omelie, Roma 1991, 55-57).
ACTIO
Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado" (Is 9,5).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
En aquella noche de Navidad una multitud del ejército celeste se apareció en Belén a los pastores, diciendo: "!Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!"; en este mismo momento nosotros celebramos !untos el nacimiento de nuestro Señor y su pasión y muerte. Según el mundo, este modo de comportarse es extraño. Porque quién en el mundo puede llorar y alegrarse al mismo tiempo y por el mismo motivo? En efecto, o la alegría será dominada por la aflicción, o la aflicción será aniquilada por la alegría; solamente en nuestros misterios cristianos podemos alegrarnos y llorar al mismo tiempo y por la misma razón. Pero pensad un poco en el significado de la palabra "paz". No os parece extraño que los ángeles hayan anunciado la paz mientras el mundo está incesantemente azotado por la guerra o por el miedo de la guerra? No os parece que las voces angélicas se hayan equivocado y que la promesa fue una desilusión y un engaño?
Reflexionad ahora sobre cómo habló de la paz nuestro Señor mismo. Dijo a sus discípulos: "Mi paz os dejo, mi paz os doy". Entendía Él la paz como nosotros la entendemos: el reino de Inglaterra está en paz con sus vecinos, los barones están en paz con el rey, el jefe de familia que cuenta sus pacíficas ganancias, la casa bien limpia, su mejor vino sobre la mesa para el amigo, su mujer que canta a sus hijos? Aquellos hombres que eran sus discípulos no conocían nada de esto: ellos salieron a hacer un largo viaje, a sufrir por tierra y por mar, a encontrar la tortura, la desilusión, a sufrir la muerte con el martirio. Qué cosa quería, pues, decir Él? Si queréis saberlo, recordad que dijo también: "No os la doy como la da el mundo". Así pues, Él dio la paz a sus discípulos, pero no como la da el mundo (T. S. Eliot, Asesinato en la catedral Madrid 1996).
Navidad del Señor: Misa de la aurora
Navidad del Señor: Misa del día
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LECTIO Primera lectura: Isaías 62,11-12 11 Esto es lo que proclama el Señor hasta el confín de la tierra: Decid a la ciudad de Sión: "Mira, ya viene tu salvador; viene con él su recompensa, le precede el premio". 12 Se los llamará "pueblo santo" y "rescatados del Señor" y a ti te llamarán "Buscada", "Ciudad no abandonada". **• Isaías pronunció estas alentadoras palabras a los ancianos de Israel reunidos en Jerusalén a la espera del retorno a la patria de sus hermanos israelitas, "el resto de Israel" deportado en Babilonia. El texto profético se compone de dos versículos: el primero contiene un anuncio dirigido a Jerusalén, "la hija de Sión" y, por tanto, a toda la nación, de la inminente liberación de los exiliados por parte de Dios, que vendrá como "Salvador " del pueblo, trayendo consigo el don precioso y tantas veces invocado de la libertad (v. 11); el segundo versículo, por su parte, contiene los nuevos títulos de gloria de estos hermanos, que serán llamados "pueblo santo", y también de los otros pueblos "rescatados del Señor", así como de Jerusalén, que, como joven esposa, será llamada "Buscada" y "Ciudad no abandonada" (v. 12). Es siempre el Señor el primero que toma la iniciativa, busca a su pueblo, lo rescata y lo liga a Sí con su amor renovado y fiel. El texto de Isaías es utilizado por la liturgia navideña porque es leído como profecía de otro gran encuentro, el que el Señor realiza, a través de su Hijo unigénito, con la humanidad en Belén junto a la cuna de Jesús-niño, verdadero salvador y libertador de los hombres. Por Él también nosotros somos llamados "pueblo santo" de Dios y por los pueblos "rescatados del Señor": a nosotros nos ha manifestado su ternura.
Salmo responsorial
Hoy
brillará una luz sobre nosotros, (Salmo 96, 1 y 6. 11-12)
V/.
El Señor reina, la tierra goza,
R/.
Hoy brillará una luz sobre nosotros,
V/.
Amanece la luz para el justo,
R/.
Hoy brillará una luz sobre nosotros,
Segunda lectura: Tito 3,4-7 4 Pero ahora ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres. 5 Él nos salvó, no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia, por medio del bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo, 6 que derramó abundantemente sobre nosotros por Jesucristo nuestro Salvador. 7 De este modo, salvados por su gracia, Dios nos hace herederos conforme a la esperanza que tenemos de heredar la vida eterna. *" También esta lectura de la Palabra de Dios, como la de Isaías, es más simple y breve de lo acostumbrado, justo para decirnos que el misterio que contemplamos en este día es tan grande que no podemos encerrarlo en palabras humanas. Todo cuanto el Señor ha hecho por la humanidad entera es exclusivamente obra de su providente bondad. El apóstol Pablo, en efecto, dirigiéndose a su discípulo Tito afirma, con palabras fruto de su personal experiencia pastoral, que somos salvados no por las buenas acciones que hayamos realizado (v. 5a; cf. Rom 9,30-32; 10,3.5; Flp 3,9), sino porque el Espíritu de Dios ha sido rico en dones en nuestro favor; (v. 5b; Rom 3,24; Jn 3,16-18). Especialmente, cuando ha venido a nosotros el Salvador por libre iniciativa de su amor misericordioso, Él de enemigos nos ha hecho amigos, haciéndonos sus hijos mediante el sacramento del bautismo (cf. 1 Pe 1,3). Si en Navidad Dios nos ha hecho el don de su Hijo, podemos decir que en el bautismo nos trae el don de su Espíritu, que nos da, además, la certeza de que hemos sido hechos herederos de algo que no se corrompe y no tendrá fin: la "vida eterna" (v. 7), esto es, la experiencia del conocimiento personal de Dios. Tantos y tan grandes dones del Señor abren nuestro corazón a la admiración por cuanto ha hecho por nosotros y a la gratitud filial por tanta generosidad gratuita.
Evangelio: Lucas 2,15-20 15 Cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: -Vamos a Belén a ver eso que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado. 16 Fueron deprisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de este niño. 18 Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores, se quedaban admirados. 19 María, por su parte, guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón. 20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído correspondía a cuanto les habían dicho. *" Este evangelio de la "misa de la aurora" es la continuación del de la noche, que Lucas nos ha presentado con los tres momentos del esquema del anuncio misionero: narración del hecho, anuncio a los pastores y acogida del acontecimiento. El evangelista, en efecto, se detiene sobre este último momento en que los pastores se dirigen inmediatamente a Belén y encuentran en la gruta, como les había sido anunciado por los ángeles, al niño Jesús con María y José. Estamos ante un verdadero itinerario de fe con sus etapas, en las que aparece claro que la decisión interior se traduce inmediatamente en gestos concretos de vida: primero la búsqueda ("fueron deprisa": v. 16a), después el hallazgo y la experiencia humana y espiritual ("encontraron al Niño": v. 16b), por último el testimonio de vida ("contaron lo que del Niño se les había dicho": v. 17). Del testimonio nace, pues, la reacción de asombro y de fe en los que habían escuchado el relato ("se quedaban admirados de lo que decían los pastores": v. 18), y así la fe comienza a propagarse. El texto termina con una preciosa referencia a María: ("ella conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón": v. 19), lo que significa que la Virgen permanece pensativa en la contemplación de los hechos narrados y de las palabras de los pastores sobre el pequeño Jesús. Ya la historia del Hijo, que va del vientre materno al vientre-tumba de la resurrección, forma un todo con la historia de María, porque, desde el fiat de la anunciación, ella ha aceptado en la fe servir dócilmente los caminos de Dios.
MEDITATIO Toda la Palabra de Dios de este día de Navidad es una invitación a no detenerse en las explicaciones, sino a abandonarse a la contemplación de las palabras: "Hoy ha nacido para nosotros el Señor" (antífona de entrada) y del misterio de un Dios hecho hombre. Jesús ha traído a la humanidad el don más precioso, como dice san Ireneo: "Ha traído todo lo nuevo al traerse a Sí mismo". Cómo robustecer nuestra fe ante este Niño silencioso? Tomando la decisión de "ir a Belén" también nosotros, como los pastores, porque esta tierra es el icono de la simplicidad y de la transparencia, de la alegría y de la vida, del silencio y de la contemplación. Necesitamos volvernos niños de corazón para descubrir las raíces de nuestra fe; necesitamos la alegría festiva que nos haga creer que la vida es un gran don de Dios que no debe ser malgastado; tenemos necesidad de silencio contemplativo. Cuando queremos expresar nuestro amor a los otros, qué otra cosa podemos dar, en efecto, sino nuestro silencio? "El silencio ilumina nuestras almas, susurra en nuestros corazones y los une. El silencio nos separa de nosotros mismos, nos hace volar por el firmamento del Espíritu y nos acerca al cielo" (M. Dellbrel). Esta experiencia nos permitirá volver a nuestras casas y a nuestro trabajo alabando a Dios por la Palabra contemplada, como María, seguros de conservarla en el corazón para anunciar a los demás lo que significa para nosotros.
ORATIO Acepta, Señor, nuestra oración silenciosa y adorante porque en este día queremos hacerla con los labios y el corazón de María, tu Madre, que largamente en el silencio ha contemplado tu rostro y ha escuchado antes que nadie tus palabras: "Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen" (Le 11,28). Te damos gracias, Señor, por tu persona que se ha hecho Palabra, por tu Espíritu que ora en nosotros, por las pocas y tantas cosas que nos has dicho desde tu pesebre de Belén con tu silencio. También nosotros quisiéramos callar y únicamente contemplar tu rostro, porque él nos habla y eso nos basta. Contemplar y callar, conservando y meditando en el corazón. Te pedimos sólo que cada uno de nosotros busque, hoy y en el futuro, no las cosas que se ha propuesto hacer, sino aquellas que tú quieres que haga, lo que tú, amorosamente, nos invitas a hacer. Ayúdanos, por un momento, a acallar nuestras preocupaciones inmediatas para dejarnos llevar por ti hacia las preocupaciones verdaderas y así, olvidando las cosas "urgentes", nos ocuparemos, por fin, de lo auténticamente importante. Y tú, María, que meditabas en tu corazón las palabras y los hechos de Jesús, haz que te imitemos con sencillez, con tranquilidad, con paz. Aparta de nosotros todo afán, preocupación y esfuerzo, y haznos atentos escuchadores de la Palabra, como has hecho tú, para que nazca en nosotros el fruto del evangelio, tu Hijo Jesús, que llevaste en tu seno.
CONTEMPLATIO Cristo nace: !glorificadlo! Cristo baja de los cielos: !salid a su encuentro! Cristo está en la tierra: !levantaos! Cristo se ha encarnado: !exultad! De nuevo las tinieblas se disuelven, nuevamente se alza la luz. Ésta es nuestra fiesta, esto celebramos hoy: la venida de Dios a los hombres, para que, a nuestra vez, nosotros vayamos a Dios; para que nos despojemos del hombre viejo y nos vistamos el nuevo. Salta de gozo; honra a la pequeña Belén, que te ha hecho remontar al paraíso; adora el pesebre, por medio del cual tú eres alimentado por el Verbo. Conoce, como el buey, al que es tu Señor; conoce, como el asno, el pesebre de tu Amo. Corre, junto a la estrella, lleva dones junto con los Magos, oro, incienso y mirra, al que es el Rey y Dios y ha muerto por ti. Glorifícalo con los pastores, cántalo con los ángeles, haz coro con los arcángeles. Sea común la fiesta en el cielo y en la tierra. Estoy convencido, en efecto, de que también las potencias celestiales exultarán y celebrarán hoy la fiesta con nosotros, porque aman a Dios, pero aman también a los hombres (Gregorio Nazianceno, Homilías sobre la natividad, Madrid 21992; Discurso 38, passim).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón" (Lc 1,19).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Al aproximarse la Navidad el año 1223, Francisco de Asís llamó a si a su amigo Ser Giovanni Vellita y le dijo: "Hay en los bosques de Greccio una gruta que me recuerda la de Belén. He pensado celebrar allí la santa noche". Entiende Ser Giovanni y lo organiza todo según el deseo del santo. Cuando llegó la noche, los fieles acudieron en masa desde los alrededores cantando salmos adentrándose en la floresta. A la luz de las antorchas llegaron a la gruta, donde estaba para celebrarse la misa. El altar estaba dispuesto sobre un pesebre y junto a él yacían un asno y un buey. Cuando el sacerdote se disponía a repartir el Cuerpo de Cristo a los fieles se vio una luz deslumbrante en torno al Santo. En sus descarnados brazos, que salían de las mangas del sayal, sostenía un niñito frágil y adormecido; pero como Francisco, en un acto de amor, atrajo contra su pecho el cuerpo tembloroso del pequeño, este se despertó, le sonrió y le acarició la descarnada mejilla. Los que lo vieron comprendieron que aquel niño era Jesús que, adormecido en el corazón de muchos, Francisco, con el ejemplo de su vida, había despertado (De la tradición franciscana).
Navidad del Señor: Misa del día
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San Esteban, Protomártir
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San Juan Evangelista, el discípulo amado
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Santos Inocentes
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Domingo de la Sagrada Familia; Jesús, María y José
LECTIO
Primera lectura: Eclesiástico 3,2-6.12-14
2 Porque el Señor da más honor al padre que a los hijos, y confirma el derecho de la madre sobre ellos.
3 El que honra a su padre alcanza el perdón de sus pecados,
4 el que respeta a su madre amontona tesoros.
5 El que honra a su padre recibirá alegría de sus hijos, y cuando ore será escuchado.
6 El que respeta a su padre tendrá una larga vida, quien obedece al Señor complace a su madre
12 Hijo, sé el apoyo de tu padre en su vejez, y durante su vida no le causes disgustos.
13 Aunque se debilite su mente, sé indulgente con él, no lo desprecies, tú que estás en pleno vigor.
14 La ayuda prestada al padre no quedará en el olvido, te servirá de reparación por tus pecados.
*•• Este fragmento del Eclesiástico es sapiencial y presenta una escena llena de fe y de simple humanidad acerca de las relaciones familiares, camino seguro también a la observancia del amor a Dios. El mensaje es una invitación a los hijos adultos para que amen de corazón a sus padres ancianos con un comportamiento verdaderamente filial. El pasaje, además, comenta el cuarto mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre; así prolongarás tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar" (Ex 20,12), precepto bastante practicado en el judaísmo antiguo (cf. Prov 19,26; Rut 1,16- 17; Tob 4,3-4). El texto, pues, pone de relieve la estrecha relación entre el honrar a Dios y el honrar a los padres: respetarlos y cuidarlos es obedecer a Dios; no apiadarse de ellos y abandonarlos en el momento de la prueba es despreciar al Señor (w. 6.14).
El honor que el hijo debe a sus padres contiene toda una gama de actitudes y de sensibilidad, que se traduce no sólo en respeto, sino en la ayuda concreta, en las muestras de afecto, obediencia, estima y atención, porque todo esto es hacer la voluntad de Dios. Otro aspecto, sin embargo, considera también el texto: la práctica de tal mandamiento es fuente de recompensa y acarrea dones extraordinarios del Señor, como una vida larga (v. 69), la remisión de los pecados (w. 3.14), la alegría y la satisfacción de parte de los propios hijos (v. 5a), ser escuchados en la oración (v. 5 b), y la seguridad de la acogida en el futuro por parte de Dios.
Salmo Responsorial
Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
Salmo 127, 1-2.3; 4-5
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
Serás dichoso, te irá bien.
R/. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
V/. Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa;
tus hijos como renuevos de olivo alrededor de tu mesa.
R/. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
V/. Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión.
Que veas la prosperidad de Jerusalén, todos los días de tu vida.
R/. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
Segunda lectura: Colosenses 3,12-21
Hermanos:
12 Sois elegidos de Dios, pueblo suyo y objeto de su amor; revestíos, pues, de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia.
13 Soportaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga motivos de queja contra otro. Del mismo modo que el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros.
14 Y por encima de todo, revestíos del amor que es el vínculo de la perfección.
15 Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones; a ella os ha llamado Dios para formar un solo cuerpo. Y ser agradecidos.
16 Que la palabra de Cristo habite en vosotros con toda riqueza; enseñaos y exhortaos unos a otros con toda sabiduría, y cantad a Dios con un corazón agradecido salmos, himnos y cánticos inspirados.
17 Y todo cuanto hagáis o digáis, hacedlo en nombre de Jesús, el Señor, dando gracias a Dios, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
18 Esposas, respetad a vuestros maridos, como corresponde a cristianas.
19 Maridos, amad a vuestras esposas y no seáis duros con ellas.
20 Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, pues es lo que agrada ver entre cristianos.
21 Padres, no irritéis a vuestros hijos, no sea que se desalienten.
**• Estamos ante un código familiar que san Pablo presenta a la comunidad cristiana de Colosas para responder a problemas concretos de la vida cotidiana (cf. Ef 5,22-6,9; Tit 2,1-10; 1 Pe 3,1-7).
El Apóstol, después de haber enumerado los vicios del hombre viejo, presenta las virtudes que deben adornar la vida de los creyentes "elegidos de Dios, pueblo suyo y objeto de su amor" (v. 12), como la misericordia, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia, la comprensión y el perdón (w. 12-13); pero, entre estas, el principal medio de unión es la caridad "que es el vínculo de la perfección" (v. 14), es decir, el amor de la comunidad a Dios y a los hermanos (cf. Mt 18,21-35; Rom 12; Ef 5,19-33).
Para vivir este proyecto evangélico es necesario, sin embargo, construir la comunidad cristiana en torno a la eucaristía y a la Palabra de Dios (v. 16). Después Pablo recomienda a las esposas que respeten a sus maridos "como corresponde a cristianas" (v. 18), a los maridos amar a sus mujeres y no exasperar a sus hijos, a los hijos obedecer a los padres porque "eso agrada al Señor" (v. 20). Por estas exhortaciones se puede constatar que el Apóstol permanece ligado a las leyes de su tiempo, pero por otra parte las supera perfeccionándolas con un criterio evangélico nuevo: hacedlo todo "en el Señor" (w. 18-20).
Así pues, los valores familiares fundamentales, como la obediencia, el respeto, el amor en el núcleo familiar y la educación de los hijos, son salvaguardados, pero se releen a la luz de un constante punto de referencia: el modo de vida del Señor, libre y obediente al Padre. Jesús es el verdadero lazo de unión de toda familia cristiana.
Evangelio: Lucas 2,41-52
41 Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén, por la fiesta de pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron a celebrar la fiesta, según la costumbre.
43 Terminada la fiesta, cuando regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres.
44 Éstos creían que iba en la comitiva, y al terminar la primera jornada lo buscaron entre los parientes y conocidos.
45 Al no hallarlo, volvieron a Jerusalén en su busca.
46 Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
47 Todos lo que le oían estaban sorprendidos de su inteligencia y de sus respuestas.
48 Al verlo, se quedaron perplejos, y su madre le dijo: -Hijo, por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados.
49 Él les contestó: -Por qué me buscabais? No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?
50 Pero ellos no comprendieron lo que les decía.
51 Bajó con ellos a Nazaret, y vivió bajo su tutela. Su madre guardaba todos estos recuerdos en su corazón.
52 Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante dios y ante los hombres.
*" El relato de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo es una escena de vida familiar. El contexto está representado por dos breves descripciones de la vida de Nazaret: el viaje anual a Jerusalén para la Pascua (cf. Dt 16,16) y el retorno a casa de la familia de Jesús, donde él permanece sumiso a sus padres como un hijo cualquiera.
El significado teológico del episodio, sin embargo, es mesiánico y el gesto de Jesús es profético. Jesús afirma conocer bien su misión y anuncia la separación futura de sus padres. Cuando la madre lo encuentra en el templo lo interpela: "Tu padre y yo te buscábamos angustiados " (y. 48); y Jesús responde con convicción: "porqué me buscabais? No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" (v. 49). Al decir "tu padre", María entendía referirse a José; pero cuando Jesús dice "mi Padre " está refiriéndose a Dios. Hay un contraste neto y significativo en esto, porque Jesús trasciende a sus padres.
Jesús reivindica el primado de la pertenencia al Señor y la prioridad de la propia vocación. Sin embargo, inmediatamente después, Jesús regresa a Nazaret y permanece sumiso y obediente a los suyos. La obediencia de los hijos a los padres es un deber y florece donde existe un clima de crecimiento y maduración de la persona, donde se reconoce el primado de Dios y de la propia vocación. Los hijos, pues, no pertenecen a los padres, sino a Dios y a su proyecto vocacional, valores más importantes que la familia misma. Por esto Jesús abandonará su hogar para cumplir la voluntad del Padre, es decir, para ocuparse de las cosas de Dios.
MEDITATIO
Uno de los temas más candentes de la sociedad actual es el de la familia, en el que emergen problemas y dificultades considerables, debidos a la falta de valores y de ideales, unidos, por ejemplo, al materialismo y al hedonismo de la vida, a la permisividad de los responsables en campos educativo y moral, y a la carencia de auténticos guías y formadores en este sector. También la Iglesia siente vivo el problema y se interroga acerca del designio que Dios tiene sobre la familia, animando a todos a vivir según el evangelio en el respeto de las culturas y empeñándose en aliviar las condiciones de pobreza y necesidad de muchos núcleos familiares, a ejemplo de la familia de Nazaret plenamente inserta en la vivencia humana y especialmente en la vida de los pobres y de los que sufren.
La experiencia actual de la familia cristiana presenta, también ella, notables problemas, porque no todo es pacífico o está resuelto, más bien se ven a menudo familias que portan cruces de distinto género y, a veces, pesadas: las de los exiliados de su propia tierra, las divididas por disensiones familiares o por motivos de trabajo, las que han perdido algún miembro por el empeño puesto en defensa de los derechos humanos y de la promoción humana, las laceradas por la inmigración, las que viven socialmente desahuciadas, incomprendidas, marginadas o en ambientes indignos y depravados que devalúan la condición humana.
La sagrada familia no era una familia sin problemas, pero la presencia de Dios le comunicó fuerza, serenidad y paz interior. Jesús es el lazo de unión de toda familia cristiana.
ORATIO
Señor Dios, nuestro mundo y también nuestra Iglesia tienen necesidad de reencontrar la unidad y la armonía en muchas familias a ejemplo de la santa familia de Nazaret, para que la paz de Dios se manifieste en ellas, superando discordias, rupturas, incomprensiones y dificultades de todo tipo. Especialmente los padres y los educadores de jóvenes, hoy, sienten vivo, lleno de responsabilidad y pesado su deber educativo en el crecimiento, en la formación y maduración de las nuevas generaciones que, a menudo, les hace experimentar un sentimiento de incapacidad e impotencia, los desanima y los mortifica frente a las dificultades y problemas siempre nuevos que asoman al horizonte de la sociedad.
Te rogamos que las familias cristianas no se cierren en sí mismas, en su aislamiento egoísta o en su orgullo herido, sino que todas estén abiertas al interés por los problemas de todos, sean animosas en ofrecer su colaboración para resolverlos en sentido evangélico. Que todas las familias tengan el espacio vital necesario para vivir en una casa, tengan una mesa donde no falte el pan y, sobre todo, la alegría de la comunión entre padres e hijos y la esperanza en un futuro mejor que nace de la fe. Señor y Padre de todos los hombres, el apóstol Pablo ha enseñado a los cristianos a vivir la vida familiar "en el Señor": nosotros te pedimos que la persona de Jesús sea el hilo de oro que una toda nuestra familia cristiana.
CONTEMPLATIO
La casa de Nazaret es la escuela donde se ha empezado a conocer la vida de Jesús, esto es, la escuela del evangelio. Aquí se aprende a observar, a escuchar, a meditar a penetrar el significado tan profundo y tan misterioso de esta manifestación del Hijo de Dios, tan simple, humilde y bella. Quizás también aprendamos, casi sin percatarnos, a imitar.
Aquí comprendemos el modo de vivir en familia. Nazaret nos recuerda lo que es la familia, qué cosa es la comunión de amor, su belleza austera y simple, su carácter sagrado e inviolable. Nos haga percibir como dulce e insustituible la educación en familia, nos enseñe su función natural en el orden social. Aprendamos también las lecciones sobre trabajo. !Oh Casa de Nazaret, casa del Hijo del Carpintero! Aquí, sobre todo, deseamos comprender y celebrar la ley, severa cierto, pero redentora de la fatiga humana; aquí deseamos comprender y ennoblecer la dignidad del trabajo de modo que sea entendida por todos (Pablo VI, Discurso de Nazaret, 5 de enero de 1964).
ACTIO
Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Tomó consigo al Niño y a su Madre" (Mt 2,14)
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
La familia de Nazaret, en cuanto realidad humana asumida y renovada por la encarnación del Verbo, se transforma no sólo en un lugar donde se hace presente de modo único y especial el misterio de la Trinidad, sino también en un símbolo, en la representación más perfecta, en un icono, que hace presente, vivos y operantes el amor y la fecundidad de Dios.
Jesús, María, José, la santa familia de Nazaret, son el centro del designio salvífico de Dios, el centro de la Nueva Alianza. Pertenecen a la plenitud de los tiempos. En esta familia de Jesús, donde se refleja admirablemente la vida de comunión, de amor de la Trinidad divina, los hombres reanudan el diálogo primitivo con Dios, retoman la armonía conyugal y familiar y de hermandad.
En
la familia
Dei y
en la ecclesia
Dei que
es la sagrada familia de Nazaret, primera y perfecta comunidad de la
Nueva Alianza, se está ante el Padre, unidos a Jesús y
penetrados del Espíritu Santo y se vive, se celebra y se
anuncia el evangelio de la familia (J. M. Blanquet, La
Sagrada Familia !cono de la Trinidad, Barcelona
1996, 713).
Lunes. Día VI dentro de la Octava de la Natividad del Señor
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LECTIO Primera lectura: 1 Juan 2,12-17 12 Os escribo a vosotros, hijos, porque os han sido perdonados vuestros pecados por el poder de su nombre. 13 Os escribo a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. 14 Os escribo a vosotros, hijos, porque habéis conocido al Padre. Os escribo a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno. 15 No améis al mundo ni lo que hay en Él. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en Él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo -los apetitos desordenados, la codicia de los ojos y el afán de grandeza humana- no viene del Padre, sino del mundo. 17 El mundo y todos sus atractivos pasan. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
**• Cómo vivir el amor hacia el Padre? El texto es una exhortación afectuosa a la comunidad cristiana para que sea coherente con el plan de salvación y con las opciones hechas respecto a Dios y al mundo. El Apóstol, dirigiéndose a los hijos en general, los invita a reflexionar sobre su situación actual de salvación cristiana en la que viven, porque han obtenido el perdón de sus pecados (v. 12) y han conocido al Padre (v. 14a). Escribiendo a los padres les recuerda que han conocido a Jesús, "el que es desde el principio" (w. 13a. 14b; cf. 1,1; Jn 1,1) a través de su Palabra, por lo que se les exige una fe madura para no dejarse seducir por el mundo. A los jóvenes les recuerda que se han adherido a Jesús y han vencido al mal (v. 13b) y que su fuerza espiritual, reforzada por la Palabra de Dios los excluye de los compromisos con los fáciles atractivos del mundo (v. 14c). Este proyecto de vida espiritual se resume en la práctica en una vida apartada de la lógica del mundo, entendido este como reino del mal que se opone a Dios. Dios y el mundo son dos realidades opuestas. Del mundo, enemigo de Dios, Juan menciona algunos aspectos que pertenecen a la transitoriedad: "Los apetitos desordenados" es decir, las malas tendencias que viven en el hombre viejo e inclinado al pecado; "la codicia de los ojos", esto es, los deseos que pueden venir a través de los ojos, como el ansia de los bienes terrenos; "el afán de grandeza humana", es decir, el orgullo basado en la concepción materialista de la vida (w. 15-16). Esta separación del mundo tiene su razón de ser: el cristiano vive en el mundo, pero sabe que Dios permanece mientras el mundo pasa (v. 17; cf. 1 Cor 7,31).
Salmo Responsorial Alégrese el cielo, goce la tierra. Salmo 95 ç
Cantad al Señor un
cántico nuevo, R. Alégrese el cielo, goce la tierra. 11
Alégrese el cielo,
goce la tierra, R. Alégrese el cielo, goce la tierra.
13
delante del Señor, que ya llega, R. Alégrese el cielo, goce la tierra.
Evangelio: Lucas 2,36-40 36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya muy anciana. Había estado casada siete años, siendo aún muy joven; 37 después había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones. 38 Se presentó en aquel momento y se puso a dar gloria a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. 39 Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño iba creciendo en saber, en estatura y el favor de Dios lo acompañaba.
**• El texto es la conclusión de la escena de la presentación de Jesús en el templo y consta de dos partes. El testimonio de la profetisa Ana (w. 36-38) y el retorno de la familia de Jesús a Nazaret (w. 39-40). Según la ley hebraica para garantizar la veracidad de un hecho se requería la declaración de dos testigos. Tras el anciano Simeón he aquí a la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, viuda, rica en años, mujer de oración y de penitencia (w. 36-37). Es otra persona pobre según Dios, genuina representante de aquellos que esperaban la salvación de Israel. Ana alaba al Señor por haber reconocido en Jesús-Niño, presentado en el templo, al esperado Mesías, y difunde la noticia sobre él a cuantos vivían abiertos al evento de la salvación (v. 38) Después el evangelista concluye la escena bíblica con la observación sobre el crecimiento de Jesús en Nazaret: iba creciendo en saber, en estatura y el favor de Dios lo acompañaba" (v. 40). De la vida oculta de Jesús se dice bien poco, pero este poco es suficiente para captar el espíritu y apreciar el ambiente en que vivía el Salvador: sus padres eran obedientes y fieles a la ley y Jesús crecía en sabiduría, lleno como estaba de los dones de gracia con que el Padre lo colmaba (cf. v. 52; 1 Sm 2,26). Una comunidad que se abre al reino de Dios en el respeto a la voluntad del Padre.
MEDITATIO La vocación cristiana es compromiso de vivir en el mundo al servicio del hombre, para dar testimonio de Cristo y llevar a los hermanos su mensaje de salvación, pero sin confundirse con el mundo, sin aceptar sus compromisos y sus modelos de comportamiento, negación del espíritu de humildad, de pobreza, de caridad que debe animar la vida del creyente. Sólo el corazón que se vacía del mundo, de sus propuestas de vida transitoria y del afán de poseer sus bienes efímeros, puede ser colmado por el amor del Padre (1 Jn 2,15). El discípulo de Jesús, confirma el Apóstol, no será nunca aceptado por el mundo, y el rechazo que las fuerzas del mal alimentan contra los creyentes es consecuencia lógica de una opción de vida: ellos no pertenecen al mundo y el mundo no puede aceptar a quien se opone a sus criterios. Los creyentes, con motivo de su opción de vida hecha a favor de Cristo, son considerados extraños o enemigos. Su existencia es una continua acusación de las obras perversas del mundo y un reproche elocuente al malvado. Por esto el hombre de fe es odiado y rechazado. El mundo rechaza a los discípulos porque no son de los suyos, y él no ama sino lo que es suyo, lo que no turba su paz, no desenmascara su altanería y no lo somete a acusación por su conformismo. Pero, si para quien sigue la lógica del amor, Cristo es signo de contradicción, es verdad, sin embargo, que tanta oposición llega a ser criterio de autenticidad y de firmeza para los discípulos de Cristo.
ORATIO Señor Jesús, tú escogiste la opción de vivir con nosotros la experiencia humana en el seno de una familia sin apariencias, ni prestigio, ni riqueza; has querido que tu infancia como la de todo niño estuviese marcada por la debilidad y por el crecimiento normal antes de conocer nuestro mundo y la misma vida de los hombres; has querido experimentar la fatiga del trabajo cotidiano para tener un pan sobre tu mesa; has vivido tu preparación a la vida pública en el ocultamiento y la reflexión silenciosa para poder contrastar el orgullo del mundo que se opone al Padre. Queremos pedirte nos concedas la gracia de saber aceptar nuestras debilidades humanas y nuestra pobreza espiritual, sin renunciar, sin embargo, a la búsqueda permanente de tu sabiduría y de tu Palabra. No queremos confundirnos con la parte del mundo que te rechaza o te persigue, aunque sabemos que esto exigirá de nosotros no pactar con compromisos, incluso al precio del sufrimiento y la persecución. "La Iglesia no se debilita por las persecuciones, al contrario, sale de ellas reforzada", escribía san León Magno. "La Iglesia es el campo del Señor que se viste de mies abundante siempre rica porque los granos que caen uno a uno renacen multiplicados". Sabemos que la suerte de los discípulos, en el fondo, es idéntica a la tuya. Pero sabemos también que la ceguera y la falta de fe al proyecto del Padre son la verdadera causa de esta oposición del mundo. Señor, no nos dejes caer en la tibieza y en la superficialidad de la fe, sino haznos fuertes con tu Palabra.
CONTEMPLATIO El amor es un bien grande, el más importante de los bienes. El noble amor que se tiene a Jesús impulsa a realizar grandes cosas y lleva a desear una perfección cada vez mayor. El que ama, vuela, corre, exulta, es libre y nada puede detenerlo: da siempre todo y en toda cosa reencuentra al Todo, porque reposa en el único Bien Supremo del que emana y nace todo bien. A menudo el amor no conoce medida, pero se inflama sobre toda medida; a menudo no siente el peso, no se preocupa de fatigas, querría hacer más de lo que puede, porque piensa que todo le es fácil. Por eso está dispuesto a todo (...). El amor vela; si está cansado, no pierde su afán. Como llama viva, como antorcha ardiente se lanza a lo alto y actúa seguro. Quien ama profundamente comprende bien este lenguaje. Señor, abre mi corazón al amor: que yo sea presa del Amor, alzado sobre mí mismo por exceso de fervor y de estupor. Que yo cante el himno del amor; que yo te siga, mi Amado, cada vez más alto, y mi alma se consuma en alabarte, exultando de santo amor (Imitación de Cristo, III, V, 3-6).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que cumple la voluntad de Dios permanece para siempre" (1 Jn2,17).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Ser hijo de Dios no te hace libre de las tentaciones. Podrás tener momentos en que te sientas tan bendecido por Dios, tan en Dios, tan amado, como para olvidar que vives aún en un mundo de potencias y de principados. Pero tu inocencia de hijo de Dios tiene necesidad de ser protegida. De otro modo serás fácilmente catapultado fuera de tu verdadero yo y experimentarás la fuerza devastadora de las tinieblas que te rodean. Este salir de ti mismo puede sobrevenirte como una gran sorpresa. Antes que seas plenamente consciente podrás encontrarte derrotado por la concupiscencia, por la ira, por el resentimiento o por la avidez. Un cuadro, una persona, un gesto, pueden desencadenar estas emociones fuertes y destructivas y seducir tu yo !nocente. Como hijo de Dios, debes ser prudente. No puedes andar sencillamente por el mundo como si nada o nadie pudiese hacerte daño. Continúas siendo extremadamente vulnerable: La mismas pasiones que te hacen amar a Dios pueden ser utilizadas por las potencias del mal. Los hijos de Dios necesitan apoyo, protección, ayudarse unos a otros cercanos al corazón de Dios. Tú perteneces a una minoría en un mundo grande y hostil. Haciéndote más consciente de tu verdadera identidad de hijo de Dios, distinguirás también más claramente las muchas fuerzas que tratan de convencerte de que todas las realidades espirituales son un falso sustituto de las cosas reales de la vida (...). No te fíes de tus pensamientos ni de tus sentimientos cuando te encuentras fuera de ti mismo. Vuelve rápidamente a tu centro verdadero y no prestes atención a lo que te ha llevado a engaño. Gradualmente llegarás a estar mejor preparado para estas tentaciones y ellas tendrán cada vez menos poder sobre ti. Protege tu inocencia ateniéndote a la verdad: eres hijo de Dios y eres profundamente amado (H. J. M. Nouwen, La voz interior del amor, Madrid 1998). |
Día VII dentro de la Octava de Navidad
LECTIO
Primera lectura: 1 Juan 2,18-21
18 Hijos míos, estamos en la última hora. Habéis oído que iba a venir un anticristo; pues bien, han surgido muchos anticristos. Ésta es la prueba de que ha llegado la última hora.
19 Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Porque si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero así ha quedado claro que no todos son de los nuestros.
20 Vosotros, en cambio, tenéis el Espíritu que viene de Dios y lo sabéis todo.
21 No os he escrito porque no conozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.
**• Este breve fragmento de Juan debe ser comprendido a la luz de la mentalidad del tiempo en que el Apóstol escribe. Juan exhorta a la comunidad cristiana a la vigilancia por la inminente "última hora" de la historia, (v. 8), marcada por un violento ataque del enemigo del pueblo de Dios llamado "anticristo", símbolo de todas las fuerzas hostiles a Dios y personificado en la figura de los herejes. El tiempo final de la historia, cierto, no debe ser entendido en sentido cronológico sino teológico, es decir, como tiempo decisivo y último de la venida de Cristo, tiempo especialmente de lucha, de persecuciones y de prueba para la fe de la comunidad. Cuando las dificultades se hacen más opresoras, advierte el Apóstol, el fin está cerca, el mundo nuevo se perfila en el horizonte y la señal es dada justamente por los herejes que difunden el error (cf. Mt 24,23-24). Éstos, si bien pertenecieron un tiempo a la comunidad, se han mostrado sus enemigos al abandonar la Iglesia y obstaculizando su camino.
Es una experiencia dolorosa conocer que la voluntad de Dios permite que Satán encuentre a menudo sus instrumentos precisamente dentro de la comunidad eclesial. A éstos, sin embargo, se contraponen los auténticos discípulos de Jesús, aquellos que han recibido la "unción del Espíritu Santo" (v. 20), es decir, la Palabra de Cristo y su Espíritu que, a través del bautismo, les enseña la verdad completa (cf. Jn 14,26). Tal verdad se refiere a la persona de Jesús, el Verbo de Dios hecho carne, como aclara el Apóstol y no a un Jesús aparentemente humano, figura de una realidad sólo espiritual, como dicen los herejes.
Salmo responsorial
Alégrese el cielo, goce la tierra.
Salmo 95, 7-8a. 8b-9. 10
Familias
de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el
poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor.
R. Alégrese el cielo, goce la tierra.
Entrad
en sus atrios trayéndole ofrendas,
postraos ante el Señor
en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
R. Alégrese el cielo, goce la tierra.
Decid
a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó
el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos
rectamente».
R. Alégrese el cielo, goce la tierra.
Nos
ha amanecido un día sagrado;
venid, naciones, adorad al
Señor,
porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra.
R. Alégrese el cielo, goce la tierra.
Evangelio: Juan 1,1-18
1 Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
2 Ya al principio ella estaba junto a Dios.
3 Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir.
4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres;
5 la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron.
6 Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.
7 Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él.
8 No era él la luz, sino testigo de la luz.
9 La Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a todo hombre.
10 Estaba en el mundo, pero el mundo, aunque fue hecho por ella, no la reconoció.
11 Vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron.
12 A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre, les dio poder para ser hijos de Dios.
13 Éstos son los que no nacen por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios.
14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
15 Juan ha dado testimonio de él, proclamando: -Éste es aquel de quien yo dije: "El que viene detrás de mí ha sido colocado por delante de mí, porque existía antes que yo".
16 En efecto, de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
18 A Dios nadie lo vio jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer.
**• El prólogo de Juan, a diferencia de los relatos de los evangelios de la infancia, no narra las vivencias históricas del nacimiento y primera infancia de Jesús, sino que describe, en forma poética, el origen de la Palabra en la eternidad de Dios y su persona divina en el amplio horizonte bíblico del plan de salvación que Dios ha trazado para el hombre. Esta presentación de Jesús- Palabra se hace en tres momentos.
Primeramente la "preexistencia" de la Palabra (w. 1- 5), real y en comunión de vida con Dios; él nos puede hablar del Padre porque posee la eternidad, la personalidad y la divinidad (v. 1). Después, la venida histórica de la Palabra entre los hombres (w. 6-13) de cuya luz fue testigo el Bautista (w. 6-8); esta luz pone al hombre ante una opción de vida: rechazo o acogida, incredulidad o fe (w. 9-11); sólo la acogida favorable permite la filiación divina, que no procede ni de la carne ni de la sangre, esto es, de la posibilidad humana (w. 12-13). Y finalmente la encarnación de la Palabra (v. 14) como punto central del prólogo. Esta Palabra, que había entrado por primera vez en la historia humana con la creación, viene ahora a morar entre los hombres con su presencia activa: "Y el Verbo se hace carne", es decir, se ha hecho hombre en la debilidad, fragilidad e impotencia del rostro de Jesús de Nazaret para mostrar el amor infinito de Dios. En él la humanidad creyente puede contemplar la gloria del Señor (v. 16), no una gloria como la de Moisés, revelador imperfecto de la Ley que puede hacer esclavos, sino la de Jesús, el Revelador perfecto y escatológico de la Palabra que hace libres, el verdadero Mediador humano-divino entre el Padre y la humanidad, el único que nos manifiesta a Dios y nos lo hace conocer.
MEDITATIO
En su historia bimilenaria, la Iglesia ha encontrado siempre falsos profetas y maestros de falsedad, que se han servido del nombre de Cristo para propagar sus propias ideas y doctrinas. Y, muy a menudo, tales adversarios del evangelio han salido de las filas de los creyentes. También hoy la historia se repite porque no faltan doctores de la mentira, que hacen brillar ante muchos las tinieblas como luz, desconociendo la verdadera luz de Cristo, portadora de gozo y paz interior.
Pertenecer a la Iglesia es un don y un misterio que ningún vínculo externo puede garantizar, sino sólo la fidelidad a la Palabra de Cristo en la humilde y constante búsqueda de la verdad. Rechazar a la Iglesia es rechazar a Cristo, la verdad y la vida (cf. Jn 14,6). Rechazar a la Iglesia es no creer en el evangelio y en la Palabra de Jesús, es vivir en las tinieblas y en el absurdo. Por el contrario, el verdadero discípulo de Jesús, habiendo recibido la unción del Espíritu Santo, se deja conducir suavemente por su acción y por su verdad, reconociendo los caminos de Dios y esperando su venida sin alarmismos ni fantasías milenaristas. La encarnación de Cristo ha impregnado toda la historia y la vida de los hombres, porque sólo en él reside toda plenitud de vida y toda aspiración a la felicidad, y el hombre ha entrado a pleno derecho entre los familiares de Dios.
El final de un año civil recuerda al cristiano que la historia humana está guiada por Dios y a él dirigimos nuestro reconocimiento por los dones recibidos y nuestra súplica por la vida nueva que siempre nos ofrece.
ORATIO
Padre, Señor omnipotente que gobiernas con infinito amor la historia y la vida de los hombres, te damos gracias por tu Hijo Jesús que nos has enviado como Palabra de verdad a nuestro pobre mundo, hecho de fragilidad, de debilidad y de pecado. Nosotros sólo queremos acoger esta Palabra tuya hecha carne, pero queremos tenerla constantemente ante los ojos como inmutable y único punto de referencia en nuestro peregrinar terreno.
Tú has amado tanto al mundo que nos hablas a través del don de tu Hijo para que el que cree en él tenga la vida (cf. Jn 3,16). Continúa, Padre, todavía hoy, manifestándote a través de él, para que nos sintamos hijos tuyos y la vida divina que has sembrado en nuestro corazón con el bautismo se refuerce con un camino de fe que nos haga experimentar siempre tus favores y contemplar tu gloria.
Toda la vida de Jesús se ha desarrollado como vida filial en una actitud de escucha y de obediencia a ti, Padre, en una relación de amor y como expresión del amor. Ésta es la razón por la que Jesús no se ha buscado nunca a sí mismo ni su propia gloria, sino sólo escucharte a ti para revelarnos tu rostro. Por esto la vida de Jesús es para nosotros la revelación completa, la plenitud de la verdad.
También nosotros, como el apóstol Juan, queremos experimentar que la auténtica identidad de tu Hijo se comprende sólo cuando en la contemplación nos situamos fuera del tiempo y de la historia y encontramos la raíz de la existencia de Jesús en tu intimidad. Sobre esta plenitud queremos fundamentar nuestra fe.
CONTEMPLATIO
Señor Dios mío, hazme digna de conocer el altísimo misterio de tu ardiente caridad, el misterio profundísimo de tu encarnación. Tú te has hecho carne por nosotros. Por esta carne comienza la vida de nuestra eternidad (...). !Oh amor que se da entero! Te has alienado a ti mismo, te has anulado a ti mismo para hacerme, has tomado los despojos de siervo vilísimo para darme a mí un manto real y un vestido divino (...). !Por esto que entiendo, que comprendo con todo mi ser -que tú has nacido en mí-, seas bendito, Señor! !Oh abismo de luz! Toda la luz está en mí, si veo esto, si comprendo esto, si sé esto: que tú has nacido en mí. En verdad entender esto es una cumbre: la cumbre de la alegría (...). !Oh Dios increado, hazme digna de profundizar en este abismo de amor, de mantener en mí el ardor de tu caridad. Hazme digna de comprender la inefable caridad que tú nos comunicaste cuando, por medio de la encarnación, nos manifestaste a Jesucristo como Hijo tuyo, cuando Jesús te nos reveló a ti como Padre.
!Oh abismo de amor! El alma que te contempla se eleva admirablemente más allá de la tierra, se eleva más allá de sí misma y navega, pacificada, en el mar de la serenidad (Ángela de Foligno, Experiencia de Dios amor, Sevilla 1991).
ACTIO
Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Ninguna mentira viene de la verdad" (1 Jn 2,21).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Al ver más claro que tu vocación es la de ser testigo del amor de Dios al mundo, y al crecer tu determinación de vivir esta vocación, aumentarán los asaltos del enemigo. Oirás voces que te dirán: "No eres digno, no tienes nada que ofrecer, no tienes atractivo, no suscitas ni deseo ni amor". Cuanto más sientas la llamada de Dios, más descubrirás en tu propia alma la batalla cósmica entre Dios y Satán. No tengas miedo. Continúa profundizando en la convicción de que el amor de Dios te basta, que estás en manos seguras, y que eres guiado en cada paso de tu camino. No te dejes sorprender por los asaltos del demonio. Aumentarán pero, si los enfrentas sin miedo, descubrirás que son impotentes.
Lo que importa es aferrarse al verdadero, constante e inequívoco amor de Jesús. Cada vez que dudes de este amor, vuelve a tu morada interior y escucha allí la voz del amor. Solamente cuando sabes en tu ser más profundo que eres íntimamente amado, puedes afrontar las oscuras voces del enemigo sin ser seducido por ellas.
El amor de Jesús te
dará una visión cada vez más clara de tu
vocación, así como de las muchas tentativas de
arrancarte de aquella llamada. Cuanto más sientas la llamada a
hablar del amor de Dios, más necesidad tendrás de
profundizar en el conocimiento de este amor en tu mismo corazón.
Cuanto más lejos te lleve el camino exterior, más
profundo debe ser tu camino interior. Sólo cuando tus raíces
sean profundas, tus frutos podrán ser abundantes, pero tú
puedes afrontar sin miedo al enemigo cuando te sabes seguro del amor
de Jesús (H. J. M. Nouwen, La
voz interior del amor, Madrid
1998).