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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-
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Sábado de la III Semana del Tiempo Ordinario |
LECTIO
Primera lectura: Hebreos 11,1-2.8-19
Hermanos:
1 La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve.
2 Por ella obtuvieron nuestros antepasados la aprobación de Dios.
8 Por la fe, Abrahán, obediente a la llamada divina, salió hacia una tierra que iba a recibir en posesión, y salió sin saber a dónde iba.
9 Por la fe vivió como extranjero en la tierra que se le había prometido, habitando en tiendas. Y lo mismo hicieron Isaac y Jacob, herederos como él de la misma promesa.
10 Vivió así porque esperaba una ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
11 Por la fe, a pesar de que Sara era estéril y de que él mismo ya no tenía la edad apropiada, recibió fuerza para fundar un linaje, porque se fió del que se lo había prometido.
12 Por eso, de un solo hombre, sin vigor ya para engendrar, salió una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena de la orilla del mar.
13 Todos estos murieron sin haber alcanzado la realización de las promesas, pero a la luz de la fe las vieron y saludaron de lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
14 Los que así hablan ponen de manifiesto que buscan una patria.
15 Indudablemente, si la patria que añoraban era aquella de donde habían salido, oportunidad tenían para volverse a ella.
16 Pero a lo que aspiraban era a una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse su Dios, porque les ha preparado una ciudad.
17 Por la fe, Abrahán, sometido a prueba, estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac, y era su hijo único, a quien inmolaba, el depositario de las promesas,
18 aquel a quien se había dicho: De Isaac te nacerá una descendencia.
19 Pensaba Abrahán que Dios es capaz de resucitar a los muertos. Por eso el recobrar a su hijo fue para él como un símbolo.
**• Una vez concluido el discurso doctrinal, se abre ahora un capítulo totalmente dedicado a la fe: el autor, empleando un procedimiento de tipo sapiencial (cf. Sab 10-12; Eclo 44-50; Sal 68; 105; 106; 135; Hch 7), pasa revista a la historia sagrada, proponiendo una serie de ejemplos con la intención de suscitar en los lectores el deseo de seguirlos. Antes de comenzar el excursus, sintetiza en un versículo toda la enseñanza y proporciona la clave de lectura de todo el pasaje: la fe es el apoyo indispensable para el camino de la vida; la fe garantiza la existencia de los bienes deseados y da la certeza de poderlos alcanzar, porque se fundamenta en las promesas de un Dios fiel.
Con Abrahán encontramos el "modelo" del creyente. Al comienzo de su camino tuvo necesidad de la fe para obedecer a la llamada de Dios, que le ordenaba salir de su tierra hacia otra tierra misteriosa; a lo largo del camino, la fe, acompañada de la esperanza, le permitió aceptar una vida errante y precaria: viviendo con esperanza, Abrahán hacía frente a la fatiga de la vida nómada y esperaba con absoluta certeza la Jerusalén del cielo. Su fe fue evidente, sobre todo, en el sacrificio de Isaac, el hijo de la promesa. Ésta fue la "gran prueba" del patriarca: en ella, Dios mismo parecía contradecirse y quitarle precisamente lo que era don suyo y prenda de los bienes futuros.
"Esperando contra toda esperanza", Abrahán ofreció a Dios -antes incluso de que le hubiera pedido a Isaac- el sacrificio de una obediencia heroica, no debilitada por la "noche oscura" de la fe. Por ello recibió una doble recompensa: volvió a tener a su hijo y le fue revelado, en parábola, que ese hecho escondía una enseñanza respecto a la futura economía de la salvación.
Salmo: Lc 1, 69-75.
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.
Nos ha dado un poderoso Salvador
en la casa de David, su servidor,
como lo había anunciado mucho tiempo antes
por boca de sus santos profetas. R.
Para salvarnos de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos odian.
Así tuvo misericordia de nuestros padres
y se acordó de su santa Alianza. R.
Se acordó del juramento que hizo a nuestro padre Abraham
de concedernos que, libres de temor,
arrancados de las manos de nuestros enemigos,
lo sirvamos en santidad y justicia
bajo su mirada, durante toda nuestra vida. R.
Evangelio: Marcos 4,35-41
35 Aquel mismo día, al caer la tarde, les dijo: -Pasemos a la otra orilla.
36 Ellos dejaron a la gente y le llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas lo acompañaban.
37 Se levantó entonces una fuerte borrasca y las olas se abalanzaban sobre la barca, de suerte que la barca estaba ya a punto de hundirse.
38 Jesús estaba a popa, durmiendo sobre el cabezal, y le despertaron, diciéndole: -Maestro, no te importa que perezcamos?
39 Él se levantó, increpó al viento y dijo al lago: -!Cállate! !Enmudece! El viento amainó y sobrevino una gran calma.
40 Y a ellos les dijo: -Por qué sois tan cobardes? Todavía no tenéis fe?
41 Ellos se llenaron de un gran temor y se decían unos a otros:-Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?
*+• Tras los fatigosos trabajos de una jornada de predicación, Jesús, que no ha dejado la barca desde la que impartía su enseñanza, pide a los discípulos que le lleven a la orilla oriental del lago. De inmediato empiezan a navegar, mientras Jesús se adormece en el asiento posterior, reservado a los pasajeros importantes; detrás de él, el piloto gobierna el timón. De improviso, estalla una violenta tempestad y la barca corre el riesgo de hundirse. Presas del pánico, los discípulos despiertan a Jesús con una llamada mezclada con un velado reproche: "Maestro, no te importa que perezcamos?". Enseguida se levanta e increpa al viento: "!Cállate! !Enmudece!".
No se trata de dos órdenes iguales, sino de un incremento en la fuerza, puesto que el segundo término significa al pie de la letra: "Queda amordazado". "...Y sobrevino una gran calma". Un solo versículo para narrar un acontecimiento tan prodigioso: la misma sobriedad del relato es uno de los indicios más seguros de la historicidad del hecho.
Ahora que los discípulos se sienten seguros, puede dirigirles Jesús una pregunta: "Por qué tanto miedo, por qué esta falta de confianza?". Las enseñanzas que habían recibido durante la jornada hubieran debido convencerles de que, incluso durante el sueño, permanece vigilante el Señor (cf. la parábola de la simiente). A continuación, el evangelista anota con una gran precisión el sentimiento que surge en los apóstoles: no tanto la alegría por haber sido salvados, sino un temor sagrado, una admiración sorprendida. Ya habían asistido a milagros de curación, pero era la primera vez que se encontraban frente a una tamaña manifestación de poder: Jesús se les revela como Señor, como dueño de lo creado. Y el estupor se convierte en pregunta: "Quién es éste?". Todo el evangelio según san Marcos está acompasado por preguntas como ésta, preguntas que desembocarán en la profesión de fe del centurión en el Calvario: "Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios" (15,39).
MEDITATIO
Abrahán "salió": a partir de ese momento ya no se pertenece, sino que procede a la señal de Dios sin vacilar. Lleva una vida de nómada, pero no de desarraigado: hunde sus raíces en el cielo. Si no sentimos en el corazón su misma nostalgia del mundo futuro, algo le falta a nuestra fe. La llamada de Dios: "Sal de tu tierra..." está destinada a atravesar los siglos y se dirige hoy directamente a cada uno de nosotros. Es preciso saber estar en silencio para percibir, a través de los acontecimientos de la vida cotidiana, la llamada del Señor a que le sigamos por caminos inesperados. Con frecuencia, sentimos la tentación de proyectarlo todo; nada tiene que escaparnos, tenemos que definir los detalles: y, de este modo, nos encontramos encerrados en estrechas prisiones, tal vez con paredes de oro, pero, a pesar de todo, prisiones.
Ser capaces de confiar en Alguien es el camino de la libertad. En muchos casos no se tratará de abandonar, geográficamente, nuestra propia patria, nuestra propia familia, sino de hacer otra "salida", la más radical y fundamento de todas las otras: la salida de nosotros mismos; tal vez se trate sólo de volver a entrar cada mañana en la cocina para desarrollar las acostumbradas labores domésticas, o de volver a recorrer la calle que conduce a la oficina, o de permanecer inmóvil en nuestro propio lecho de enfermo ofreciendo cada instante al Señor, para que disponga de él como mejor le parezca.
Abrahán salió comprometiendo toda su vida y se convirtió en padre de los creyentes; todo consentimiento generoso a Dios es fecundo en bienes para muchos; toda resistencia o rechazo ralentiza para todos el camino hacia la consumación de la historia. Abrahán es alabado por su fe, aunque sólo viera de lejos; en el evangelio, los apóstoles son objeto de reproche por su falta de fe, siendo que Jesús está junto a ellos: increíble paradoja que nos hace reflexionar. La fe no tiene necesidad de unas condiciones particulares; para el que es capaz de dirigir la mirada hacia las profundidades del corazón, la tierra prometida está escondida ahí y se llega a ella a través de ese acto de obediencia y de entrega que el Espíritu nos sugerirá un instante tras otro.
ORATIO
Con corazón de peregrinos cansados a lo largo de los caminos del mundo, caminamos, Señor, impulsados por el deseo de ver sin velos tu rostro de Padre y de ser recibidos, como pecadores humillados y arrepentidos, en tu abrazo de misericordia. Procedemos paso a paso, pero las tempestades de la vida son muchas, dentro y fuera de nosotros; basta con poca cosa -una palabra inoportuna, un pensamiento que no sea bueno, una sospecha imprevista- e inmediatamente nuestro ánimo se vuelve como un mar en tempestad; el puerto de la paz parece un lejano espejismo, la tentación de detenerse es cada vez más penetrante...
Concédenos la fuerza para perseverar en la fe, guía nuestros pasos como ya acompañaste -con una presencia invisible, pero fuerte- el camino de nuestros antiguos padres, de aquellos que te vieron sólo de lejos y de aquellos que te siguieron de cerca: los apóstoles, los mártires, los confesores. Haz que en medio de las tinieblas del mundo, aunque estemos entre vientos contrarios, nunca se apague la antorcha de nuestra fe, sino que arda siempre para nosotros e ilumine a los demás, a fin de que entremos todos en tu Reino de esplendor eterno.
CONTEMPLATIO
La Biblia, el evangelio, Cristo, la Iglesia, la fe, son un grito de guerra contra el miedo. El miedo es el enemigo originario. Se instala en el corazón del hombre, cava en él, hasta que de improviso se encuentra privado de resistencia, sin fuerza y se hunde. De una manera furtiva, corroe todos los hilos que unen al hombre con Dios y con los otros.
Sin embargo, el hombre no debe tener miedo. Esto es lo que distingue al hombre de todas las demás criaturas: cuando falta toda vía de escape, en medio de la confusión y de la culpa le queda siempre una esperanza. Y esa esperanza podemos expresarla con estas palabras: "Que se haga tu voluntad"; más aún: "Tu voluntad se ha cumplido". "Todo pasa, sólo Dios permanece y no vacila; sus pensamientos, su Palabra, su voluntad, tienen fundamento para la eternidad". Y preguntaréis: cómo lo sabes? Y entonces pronunciaremos el Nombre de aquel que es el grito de victoria de la humanidad liberada del miedo: Jesucristo, el Crucificado, el Viviente. Así pues, cuando tengáis miedo, miradle a él, pensad en él, ponedle delante de vuestros ojos, invocadle, rezadle, creed que él está ahora a vuestro lado y os ayuda. Entonces palidecerá el miedo y retrocederá, y vosotros seréis libres en la fe en Jesucristo, el redentor fuerte y vivo (D. Bonhoeffer, Memoria e fedeltá, Magnano 1995, pp. 81-83, passim).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sostenme, Señor, según tu promesa y viviré" (Sal 118,116).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El amor irradia, es el origen primero y siempre nuevo de todo vivir. Por amor hemos nacido; por amor vivimos; ser amados es alegría de la vida; no serlo y no ser capaz de amar es infinita tristeza.
La comunidad es la casa del amor: ella traduce, en el orden concreto de los días, la verdad de la historia del amor. No es una, sino muchas las gratuidades que se requieren para hacer un camino común; a cada uno le incumbe la urgencia de comenzar a amar. Quien piense que no tiene necesidad de los otros se quedará en la soledad de una vida sin amor; quien se pone a aprender del otro y se hace mendigo de amor construye vínculos de paz y hace crecer a su alrededor la comunión con todos. Esto expresa ya de algún modo qué grande es la fatiga que supone amar: si tuviéramos que tener en cuenta el vasto mundo de las relaciones humanas, la evidencia del fracaso del amor aparecería hasta inquietante. Aunque ha sido hecho para amar, parece ser que el hombre no es capaz de hacerlo; aunque ha sido originado por el amor, parece ser que ya no es capaz de suscitar amor. Quién hará al hombre capaz de amar? Nos volvemos capaces de amar cuando nos descubrimos amados previamente, envueltos y conducidos por la ternura del Amor hacia un futuro, un futuro que el amor construye en nosotros y para nosotros: hacer este descubrimiento es creer y confesar la Trinidad del Dios cristiano.
La fe viene a escrutar en las profundidades del misterio, en la escuela del santo relato de la cruz y de la resurrección del Señor, el eterno manar del Amor en la figura del Padre, principio sin principio, gratuidad pura y absoluta, que da comienzo a todo en el amor y no se detiene ni siquiera ante el doloroso rechazo de la infidelidad y del pecado. Y !unto al eterno Amante, la fe cuenta del Hijo, el eternamente Amado, que con su vida en la carne, vivida en obediencia filial, nos hace capaces de pronunciar el "sí" de la fe a la iniciativa de la caridad de Dios.
Junto con el Amante y con el Amado contempla la fe la figura del Espíritu, que une a ambos con el vínculo del Amor eterno y, al mismo tiempo, les abre al don de sí, al generoso éxodo de la creación y de la salvación: el Espíritu Santo, éxtasis de Dios, viene a liberar el amor, a hacerlo siempre nuevo y radiante (B. Forte, Nella memoria del Salvatore, Gnisello B. 1992, pp. 175-182, passim).
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La Presentación del Señor
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Esta celebración, a la que sería más propio llamar "fiesta del encuentro" (del griego Hypapánte), se desarrollaba ya en Jerusalén en el siglo IV. Con Justiniano, en el año 534, se volvió obligatoria en Constantinopla, y con el papa Sergio I, de origen oriental, también en Occidente, con una procesión a la basílica de Santa María la Mayor que se celebraba en Roma. La bendición de las candelas (de donde proviene la denominación de "candelaria") se remonta al siglo X. Celebra el episodio que narra san Lucas. Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, a los 40 días del parto, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor y así cumplir su santa Ley. En el templo les salió al encuentro el anciano Simeón, hombre justo y que esperaba la consolación de Israel. El anciano anunció a María su participación en la Pasión de su Hijo, y proclamó a éste "luz para alumbrar a las naciones". De ahí que los fieles, en la liturgia de hoy, salgan al encuentro del Señor con velas en sus manos y aclamándolo con alegría. Es una fiesta fundamentalmente del Señor, pero también celebra a María, vinculada al protagonismo de Jesús en este acontecimiento por el que es reconocido como Salvador y Mesías
LECTIO
Primera lectura: Malaquías 3,1-4
Así dice el Señor:
1 Mirad, yo envío mi mensajero a preparar el camino delante de mí, y de pronto vendrá a su templo el Señor, a quien vosotros buscáis; el ángel de la alianza, a quien tanto deseáis; he aquí que ya viene, dice el Señor todopoderoso.
2 Quién podrá soportar el día de su venida? Quién se mantendrá en pie en su presencia? Será como fuego de fundidor y como lejía de lavandera.
3 Se pondrá a fundir y a refinar la plata. Reinará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas.
4 Entonces agradarán al Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los tiempos pasados, como en los años remotos.
**• Dos son los mensajeros presentados por el profeta, y el uno introduce al otro: el que prepara el camino al Señor que viene y el de la alianza, el Esperado. Ángel significa "mensajero" en griego: es interesante que la traducción se refiera al primero como mensajero y reserve el término "ángel", atribuido por lo general a una criatura celeste, al segundo. Con ello se pretende ayudar a distinguir entre el que es sólo precursor y el Mesías suspirado, de origen divino. A través de la sombra elocuente de la figura se pretende señalar, en perspectiva, al Bautista y a Cristo. Uno realizará la tarea del Redentor, el otro la de su Precursor. Uno entrará en el templo, el otro sólo le preparará el acceso. Y Aquel que entrará en el templo santificará en sí mismo los ministros y el culto mediante la ofrenda pura de la nueva alianza.
Salmo 23.
R. El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso,
el Señor valeroso en la batalla.
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria
Segunda lectura: Hebreos 2,14-18
14 Y, puesto que los hijos tenían en común la carne y la sangre, también Jesús las compartió, para poder destruir con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo,
15 y librar a aquellos a quienes el temor a la muerte tenía esclavizados de por vida.
16 Porque, ciertamente, no venía en auxilio de los ángeles, sino en auxilio de la raza de Abrahán.
17 Por eso tenía que hacerse en todo semejante a sus hermanos, para ser ante Dios sumo sacerdote misericordioso y digno de crédito, capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo.
18 Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba.
*" "Carne" y "sangre" fueron reducidos por el enemigo al poder de la "muerte". Carne y sangre vienen de Cristo, Dios hecho hombre, divinizados y liberados de tal esclavitud. La raza de Abrahán queda así restituida a la vida. Y no sólo eso, sino que, como alianza perenne del misterio de la fe, misterio de la redención y misterio de la resurrección de la carne para la vida eterna, he aquí que el divino Hijo unigénito se presenta no sólo como el primero entre muchos hermanos, sino que se hizo para ellos también sumo sacerdote, mediador en su ser humano-divino de la fidelidad de Dios, Padre de la vida. El sumo sacerdote es definido, en efecto, como "misericordioso", porque viene y lo hace "por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación".
Evangelio: Lucas 2,22-40
22 Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la Ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
23 como prescribe la Ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor.
24 Ofrecieron también en sacrificio, como dice la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.
25 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
26 y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor.
27 Vino, pues, al templo, movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el niño Jesús para cumplir lo que mandaba la ley,
28 Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz.
30 Mis ojos han visto a tu Salvador,
31 a quien has presentado ante todos los pueblos,
32 como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.
33 Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían de él.
34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: -Mira, este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción,
35 y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al descubierto las intenciones de todos.
36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya muy anciana. Había estado casada siete años, siendo aún muy joven;
37 después había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones.
38 Se presentó en aquel momento y se puso a dar gloria a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.
39 Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la Ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
40 El niño crecía y se fortalecía; estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios.
**• Se presenta en el texto una secuencia interesante con el verbo "ver": ver la muerte, ver al Mesías, ver la salvación. El anciano Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, se convierte en testigo de que "todas las cosas se cumplieron" según la ley, para que surja el Evangelio.
Un Niño "signo de contradicción", una Madre llamada a una maternidad mesiánica de dolor junto a su redentor, y un anciano temeroso de Dios son los protagonistas del resumen de todo el Evangelio. Antigua y nueva alianza, Navidad y Pascua: aquí se encuentran en figura todos los misterios de la salvación, aquí se recapitula la historia, se le da cumplimiento en el tiempo, respondiendo a la colaboración y a la expectativa de los justos de todos los tiempos: José y Ana.
MEDITATIO
Podemos considerar la fiesta que hoy celebramos como un puente entre la Navidad y la Pascua. La Madre de Dios constituye el vínculo de unión entre dos acontecimientos de la salvación, tanto por las palabras de Simeón como por el gesto de ofrenda del Hijo, símbolo y profecía de su sacerdocio de amor y de dolor en el Gólgota. Esta fiesta mantiene en Oriente la riqueza bíblica del título "encuentro": encuentro "histórico" entre el Niño divino y el anciano Simeón, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la profecía y la realidad y, en la primera presentación oficial, entre Dios y su pueblo.
En un sentido simbólico y en una dimensión escatológica, "encuentro" significa asimismo el abrazo de Dios con la humanidad redimida y la Iglesia (Ana y Simeón) o la Jerusalén celestial (el templo). En efecto, el templo y la Jerusalén antigua ya han pasado cuando el Rey divino entra en su casa llevado por María, verdadera puerta del cielo que introduce a Aquel que es el cielo, en el tiempo nuevo y espiritual de la humanidad redimida.
A través de ella es como Simeón, experto y temeroso testigo de las divinas promesas y de las expectativas humanas, saluda en aquel Recién nacido la salvación de todos los pueblos y tiene entre sus brazos la "luz para iluminar a las naciones" y la "gloria de tu pueblo, Israel".
ORATIO
Por qué, oh Virgen, miras a este Niño? Este Niño, con el secreto poder de su divinidad, ha extendido el cielo como una piel y ha mantenido suspendida la tierra sobre la nada; ha creado el agua a fin de que hiciera de soporte al mundo. Este Niño, oh Virgen purísima, rige al sol, gobierna a la luna, es el tesorero de los vientos y tiene poder y dominio, oh Virgen, sobre todas las cosas. Pero tú, oh Virgen, que oyes hablar del poder de este Niño, no esperes la realización de una alegría terrena, sino una alegría espiritual (Timoteo de Jerusalén, siglo VI).
CONTEMPLATIO
Añadimos también el esplendor de los cirios, bien para mostrar el divino esplendor de Aquel que viene, por el que resplandecen todas las cosas y, expulsadas las horrendas tinieblas, quedan iluminadas de manera abundante por la luz eterna; bien para manifestar en grado máximo el esplendor del alma, con el que es necesario que nosotros vayamos al encuentro de Cristo. En efecto, del mismo modo que la integérrima Virgen y Madre de Dios llevó encerrada con los pañales a la verdadera luz y la mostró a los que yacían en las tinieblas, así también nosotros, iluminados por el esplendor de estos cirios y teniendo entre las manos la luz que se muestra a todos, apresurémonos a salir al encuentro de Aquel que es la verdadera luz (Sofronio de Jerusalén, f 638).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra del Señor: "Yo soy la luz del mundo" (Jn 8,12).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Cómo se comporta Simeón ante la grandiosa perspectiva que ve abrirse para su pueblo, en el despuntar de los nuevos tiempos mesiánicos? Con pocas palabras, nos enseña el desprendimiento, la libertad de espíritu y la pureza de corazón.
Nos enseña cómo afrontar con serenidad ese momento delicado de la vida que es la jubilación. Simeón mira su muerte con serenidad. No le importa tener una parte y un nombre en la incipiente era mesiánica; está contento de que se realice la obra de Dios; con él o sin él, es asunto que carece de importancia.
El Nunc dimittis no nos sirve sólo para la hora de nuestra muerte o de nuestra jubilación. Nos incita ahora a vivir y a trabajar con este espíritu, a liberar la casa que construimos, pequeña o grande, de modo que podamos dejarla con la serenidad y la paz de Simeón. A vivir con el espíritu de la pascua: con la cintura ceñida, el bastón en la mano, puestas las sandalias, preparados para abrir al mismo Señor cuando llame a la puerta.
Para poder hacer esto, es necesario que también nosotros, como el anciano Simeón, "estrechemos al niño Jesús en nuestros brazos". Con él estrechado contra nuestro corazón, todo es más fácil. Simeón mira con tanta serenidad su propia muerte porque sabe que ahora también volverá a encontrar, más allá de la muerte, al mismo Señor y que será un estar todavía con él, de otro modo (R. Cantalamessa, / misten di Cristo nella vita della Chiesa, Milán 1992, pp. 75-78, passim [edición española: Los misterios de Cristo en la vida de la Iglesia, Edicep, Valencia 1993]).
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Lunes de la IV Semana del Tiempo Ordinario o San Blas, obispo y mártir San Blas fue obispo de Sebaste (Armenia, en la actual Turquía) en los comienzos del siglo IV. Aunque nos deja un tanto perplejos la incertidumbre histórica de lo que tiene que ver con su vida, nos habla de ella la fuerte densidad de la tradición relacionada con él. Su culto, en efecto, es popularísimo, y está ligado sobre todo a la tradicional bendición de la garganta. Se lee en su "pasión" que, mientras le conducían al martirio, salió una mujer entre la muchedumbre de los curiosos para poner a su hijito, que se estaba ahogando a causa de una espina de pescado que se le había clavado en la garganta, a los pies del obispo Blas. Éste oró poniendo sus manos en la garganta del niño, que, de inmediato, quedó curado. Por otra parte, han florecido otras amenas leyendas en torno a la figura del santo. Este, en efecto, tras haber encontrado refugio en una cueva antes de haber sido hecho prisionero y conducido al martirio, habría curado también la garganta de un león y de otros animales salvajes, expresando así esa benevolencia universal -incluso cósmica que brilla en el corazón de todo verdadero seguidor de Jesús. San Blas estaría incluido entre los mártires caídos bajo la persecución de Licinio. La fecha de su decapitación, el año 316, oscila entre la historia y la leyenda. Estamos al final de la era de los mártires.
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LECTIO
Primera lectura: Hebreos 11,32-40
Hermanos:
32 Qué más diré? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas,
33 que por la fe sometieron reinos, administraron justicia, alcanzaron las promesas, cerraron la boca de los leones,
34 apagaron la violencia del fuego, escaparon al filo de la espada, superaron la enfermedad, fueron valientes en la guerra, pusieron en fuga a los ejércitos enemigos,
35 y hasta hubo mujeres que recobraron resucitados a sus difuntos. Unos perecieron bajo las torturas, rechazando la liberación con la esperanza de una resurrección mejor;
36 otros soportaron burlas y azotes, cadenas y prisiones;
37 fueron apedreados, torturados, aserrados, pasados a cuchillo; llevaron una vida errante, cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, desprovistos de todo, perseguidos, maltratados.
38 Aquellos hombres, de los que el mundo no era digno, andaban errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y cavernas de la tierra.
39 Y, sin embargo, todos ellos, tan acreditados por su fe, no alcanzaron la promesa,
40 porque Dios, con una providencia más misericordiosa para con nosotros, no quiso que llegasen sin nosotros a la perfección final.
*" El autor sagrado canta, como en una rapsodia, la fe de los padres de Israel y los propone como modelo a los judíos cristianos que vacilan en la fidelidad a Cristo porque están siendo probados por l a persecución y asediados por la nostalgia de los r i t o s del templo. La fe les dio a sus padres la energía espiritual necesaria para realizar grandes empresas (w. 32-35a) y para soportar penosas tribulaciones (w. 35b-38), en particular el desprecio y la marginación, señal de que "el mundo no era digno" de ellos.
La ejemplar fortaleza de ánimo de los antiguos debe estimular a los destinatarios de l a carta, haciéndoles comprender que el ser extraños al mundo -cosa que padecen de una manera dolorosa— es la condición normal para quien quiere adherirse d e verdad a Dios. De la comparación con estos "gigantes en la fe" procede otro motivo de consuelo (w. 39ss): la gracia recibida por los creyentes en Cristo es mayor, puesto que Jesús es el cumplimiento de las promesas de Dios. Los justos de la antigua alianza vivieron con la mirada puesta en un futuro que no pudieron ver, y el buen testimonio de su fe debe sostener ahora a cuantos –habiendo tenido el don de conocer a Cristo- están llamados a perseverar firmes en la espera de su día glorioso, cuando se consume el designio de su salvación universal.
Salmo 30.
R. Sed valientes de corazón los que esperáis en el Señor.
A
ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú
que eres justo, ponme a salvo.
A
tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal,
me librarás.
Soy
la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis
vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y
escapan de mí.
Me
han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro
inútil.
Pero yo confío en ti, Señor,
te
digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están
mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen.
Haz
brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu
misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los
que esperáis en el Señor.
Evangelio: Marcos 5,1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos
1 llegaron a la otra orilla del lago, a la región de los gerasenos.
2 En cuanto saltó Jesús de la barca, le salió al encuentro de entre los sepulcros un hombre poseído por un espíritu inmundo.
3 Tenía su morada entre los sepulcros y ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo.
4 Muchas veces había sido atado con grilletes y cadenas, pero él había roto las cadenas y había hecho trizas los grilletes. Nadie podía dominarlo.
5 Continuamente, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras.
6 Al ver a Jesús desde lejos, echó a correr y se postró ante él,
7 gritando con todas sus fuerzas: -Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
8 Es que Jesús le estaba diciendo: -Espíritu inmundo, sal de este hombre.
9 Entonces le preguntó: -Cómo te llamas? Él le respondió: -Legión es mi nombre, porque somos muchos.
10 Y le rogaba insistentemente que no los echara fuera de la región.
11 Había allí cerca una gran piara de cerdos, que estaban hozando al pie del monte,
12 y los demonios rogaron a Jesús: -Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos.
13 Jesús se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron, entraron en los cerdos, y la piara se lanzó al lago desde lo alto del precipicio, y los cerdos, que eran unos dos mil, se ahogaron en el lago.
14 Los porquerizos huyeron y lo contaron por la ciudad y por los caseríos. La gente fue a ver lo que había sucedido.
15 Llegaron donde estaba Jesús y, al ver al endemoniado que había tenido la legión sentado, vestido y en su sano juicio, se llenaron de temor.
16 Los testigos les contaron lo ocurrido con el endemoniado y con los cerdos.
17 Entonces comenzaron a suplicarle que se alejara de su territorio.
18 Al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía que le dejase ir con él.
19 Pero no le dejó, sino que le dijo: -Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.
20 El se fue y se puso a publicar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él, y todos se quedaban maravillados.
**• Jesús ha salido vencedor sobre las fuerzas del mal: este tema, que aparece a lo largo de todo el evangelio de Marcos, encuentra en este episodio acaecido en tierra pagana su manifestación más evidente.
La narración, vivaz y particularizada, presupone el relato de un testigo directo del acontecimiento, que suscitó una impresión imborrable. Jesús tiene el poder de liberar a un hombre habitado por una multitud de demonios, un hombre cuya dramática condición se vuelve absolutamente evidente cuando es transferida a una piara de cerdos (w. 3-5.13). Jesús es "el más fuerte " (3,23-27) y viene a reducir al Maligno a la impotencia. El demonio sabe que no tiene escapatoria; sin embargo, se siente atraído por Jesús, hasta el punto de conjurarle "por Dios" (w. 6ss). Es una potencia de muerte (w. 3a.5b.13) que se arraiga a la vida, casi para chuparla (w. 10-12). Ahora bien, Jesús es el Señor de la vida y el vencedor de la muerte: su exorcismo libera al poseso y le restituye la salud física, psíquica y espiritual (v. 15). Sin embargo, la gente del lugar hubiera preferido convivir con el demonio antes que perder en sus propios intereses (w. 16ss) y tener que vérselas con aquel que ha venido a dar la vida en plenitud. Ahora bien, quien ha encontrado la salvación en Jesús no desea otra cosa que permanecer con él y cumplir su voluntad: el hombre liberado se hace misionero de la misericordia de Dios, que obra con poder en Jesús de Nazaret.
El evangelista invita a los que escuchan el anuncio a tomar posición: cuanto más se manifiesta la absoluta singularidad de Jesús, tanto menos es posible la indiferencia. Como indica con claridad este pasaje, o reconocemos en Jesús al Salvador y deseamos seguir con él, poniéndonos al servicio del evangelio, o bien tenemos miedo de él. No queremos que su presencia nos incomode demasiado y preferimos alejarle de nuestro territorio, de nuestra vida cotidiana. !Que no lleguemos a rechazar la Vida!
MEDITATIO
En esta época nuestra en la que se idolatra el cuerpo y se le hace objeto de una excesiva preocupación por su salud o es maltratado en el remolino de una vida superexcitada y de superempleo, la clara lección de san Blas traduce, en el orden concreto de los hechos, lo que dicen los dos fragmentos bíblicos. Sustancialmente, el espantajo, exorcizado continuamente de todas las maneras posibles en nuestros días, es la muerte. El mártir, por el contrario, no tiene miedo de esta ineludible "hermana nuestra muerte corporal", precisamente porque tiene en el corazón una "esperanza [...] llena de inmortalidad" y porque el "no temáis" de Jesús, unido a la persuasión de que "vosotros valéis más que todos los pájaros ", les infunde una fuerza y una audacia que no son temerarias, sino serenas.
San Blas, que se esconde en una cueva para escapar de las persecuciones, subraya el hecho de que el verdadero cristiano no está por el exhibicionismo heroico de la resistencia al dolor físico. El mártir no es alguien que desprecia el cuerpo y esta vida terrena. Ahora bien, ante a las decisiones en las que se trata de escoger entre Dios, con las alegres pero exigentes propuestas del Evangelio de Cristo, y las seductoras pero equívocas e ilusorias propuestas del que tiene poder para perder a todo el hombre en la Gehena, el mártir (!testigo!) escoge a Dios.
A un precio elevado, es cierto, pero sólo el alborear ya de un sol de ilimitada felicidad de amor para siempre, más allá del breve y fugaz padecimiento, puede decirnos cuánto vale la pena.
ORATIO
Oh Señor, que nos has dado en el obispo san Blas no sólo un pastor, amigo de los hombres y ayuda benéfica incluso de los animales, sino un animoso testigo de la fe, ayúdame a vivir a lo largo de este día dando testimonio de tu amor. Hazme fuerte en las pruebas grandes y en las pequeñas, para que las afronte como este mártir, unido a Jesús, en virtud de su misterio pascual. Por la intercesión de san Blas, bendíceme y líbrame de todo mal.
CONTEMPLATIO
El Señor ha dicho: "Seréis como corderos en medio de lobos". Respondió Pedro: "Y si los lobos devoran a los corderos?". Pero Jesús dijo a Pedro: "Los corderos, después de su muerte, ya no tienen nada que temer de los lobos. Tampoco vosotros, pues, debéis temer a los que os maten pero no puedan, a continuación, haceros ningún otro daño. Temed, por el contrario, al que, después de vuestra muerte, tiene poder para echar vuestra alma y vuestro cuerpo a la Gehena del fuego. Sabed también [...] que la promesa de Cristo es grande, tanto como la bienaventuranza del Reino (Evangelio apócrifo de Tomás).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra del Señor: "No temáis; vosotros valéis más que todos los pájaros" (Mt 10,31).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
En las Actas del martirio de san Justino se cuenta que el prefecto Rústico puso a Justino y a sus compañeros ante esta alternativa: hacer sacrificios a los dioses o ser torturados y decapitados. Justino fue el primero en negarse a hacer sacrificios. Lo mismo dijeron todos los demás mártires: "Haz lo que quieras; nosotros somos cristianos y no hacemos sacrificios a los ídolos". La condena fue la decapitación "con arreglo a la ley"
La decisión de los mártires de morir antes que renegar de su fe y de su amor a Cristo es locura a los ojos de los hombres. Así la consideraba un hombre de gran envergadura moral, el emperador Marco Aurelio. Pero también puede hacer reflexionar sobre el valor de la fe, tan grande que a ella se sacrifica la vida.
Escribe Blaise Pascal en sus Pensamientos: "Creo sólo en las historias cuyos testigos se dejarían degollar" (n. 593). Dicho con otras palabras, si la fe es para los cristianos un valor tan grande que por ella están dispuestos a morir, es algo que no puede no hacer reflexionar sobre la verdad del cristianismo. No sacrifica la vida por una ilusión o por una fábula cuando lo que lo hacen no son unos !lusos o unos fanáticos, sino personas normales, razonables, de alta envergadura moral y, a menudo, incluso de elevada cultura y de sano juicio.
El 7 de mayo de 2000, Juan Pablo II, en una ceremonia ecuménica desarrollada en el Coliseo, quiso que la Iglesia -no sólo la Iglesia católica, sino también las otras Iglesias y comuniones cristianas- recordara que el martirio es una realidad que forma parte de la naturaleza de la misma Iglesia y que el siglo XX ha sido, más que otras épocas, "el siglo de los mártires". De este modo, quiso dar un "signo" tanto a los cristianos como a los no cristianos y a los no creyentes, para invitarles a reflexionar no sólo sobre la trágica realidad del martirio -en lo que se refiere al siglo XX, se llegó a 12.692 mártires, de los que 2.351 eran laicos, 5.353 sacerdotes y seminaristas, 4.872 religiosos y religiosas y 126 obispos-, sino también sobre el significado que el martirio tiene para la vida de los cristianos e incluso para aquellos que no son cristianos pero dan culto a los valores que hacen la vida digna de ser vivida y, si fuere necesario, entregada (// senso del martirio cristiano, editorial de La Civiltá Cattolica del 15 de julio de 2000).
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Martes de la IV Semana del Tiempo Ordinario |
LECTIO
Primera lectura: Hebreos 12,1-4
Hermanos:
1 También nosotros, ya que estamos rodeados de tal nube de testigos, liberémonos de todo impedimento y del pecado que continuamente nos asedia y corramos con constancia en la carrera que se abre ante nosotros,
2 fijos los ojos en Jesús, autor y perfeccionador de la fe, el cual, animado por el gozo que le esperaba, soportó sin acobardarse la cruz y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
3 Pensad, pues, en aquel que soportó en su persona tal contradicción de parte de los pecadores, a fin de que no os dejéis abatir por el desaliento.
4 No habéis llegado todavía a derramar la sangre en vuestro combate contra el pecado.
*•• La exhortación a perseverar en la fe no está hecha a partir de conceptos, sino de modelos. El autor ha animado a los destinatarios de la carta con el ejemplo de los antiguos, de una verdadera "nube" de testigos (v. 1), y ahora les presenta a su contemplación al modelo supremo, a Jesús, que es el principio y el guía (archegós) de la fe y, al mismo tiempo, su cumplimiento (teleiotés), su perfeccionador (v. 2). Él nos precede en la "carrera" hacia Dios, que -como un certamen competitivo- tiene que ser afrontada en las debidas condiciones.
En primer lugar, es necesario prescindir de todo "estorbo" superfluo (a lo esencial hay que tender con lo esencial) y del obstáculo del pecado, que siempre acecha al cristiano e intenta enredarle; a continuación, es preciso tener muy presente la meta. Puesto que el mismo Jesús es la meta (v. 2), el camino y el que nos lo abre, debemos considerar atentamente su recorrido y seguir sus pasos con fidelidad. Y sus pasos pasan por la humillación, el sufrimiento, la sumisión al odio y a la maldad, para llevar su peso aplastante con amor redentor.
Éste es el itinerario que Jesús aceptó realizar para llegar a la alegría y a la gloria a la diestra del Padre (v. 2b). Quien le sigue por el camino o, mejor aún, en la carrera, no debe apartar nunca la mirada de él, para poder tener la fuerza de la perseverancia y de una fidelidad radical (w. 3b-4).
Salmo 21.
R. Te alabarán, Señor, los que te buscan.
Cumpliré
mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán
hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo
buscan:
viva su corazón por siempre. R.
Lo
recordarán y volverán al Señor
hasta de los
confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las
familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las
cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que
bajan al polvo. R.
Me
hará vivir para él, mi descendencia le
servirá,
hablarán del Señor a la generación
futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de
nacer:
todo lo que hizo el Señor. R.
Evangelio: Marcos 5,21-43
En aquel tiempo,
21 al regresar Jesús, mucha gente se aglomeró junto a él a la orilla del lago.
22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies
23 y le suplicaba con insistencia, diciendo: -Mi niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que se cure y viva.
24 Jesús se fue con él. Mucha gente lo seguía y lo estrujaba.
25 Una mujer que, padecía hemorragias desde hacía doce años
26 y que había sufrido mucho con los médicos y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, yendo más bien a peor,
27 oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.
28 Pues se decía: "Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, quedaré curada".
29 Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y sintió que estaba curada del mal.
30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se volvió en medio de la gente y preguntó: -Quién ha tocado mi ropa?
31 Sus discípulos le replicaron: -Ves que la gente te está estrujando y preguntas quién te ha tocado?
32 Pero él miraba alrededor para ver si descubría a la que lo había hecho.
33 La mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 Jesús le dijo: -Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu mal.
35 Todavía estaba hablando cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga diciendo: -Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro.
36 Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta con que tengas fe.
37 Y sólo permitió que lo acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y, al ver el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos,
39 entró y les dijo: -Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.
40 Pero ellos se burlaban de él. Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que lo acompañaban y entró donde estaba la niña.
41 La tomó de la mano y le dijo: -Talitha kum (que significa: "Niña, a ti te hablo, levántate").
42 La niña se levantó al instante y echó a andar, pues tenía doce años.
Ellos se quedaron atónitos.
43 Y él les insistió mucho en que nadie se enterase de aquello y les dijo que dieran de comer a la niña.
**• Jesús, que se ha revelado como Señor sobre las fuerzas de la naturaleza y sobre los demonios (4,35-41; 5,1-20), tiene asimismo poder sobre la enfermedad y sobre la muerte. Ese señorío se manifiesta plenamente cuando alguien se acerca a él con una fe abierta, como en los dos milagros narrados aquí. Jairo y la hemorroísa creen en el poder taumatúrgico de Jesús (w. 22-23.28), aunque esta fe deba madurar hasta llegar a un profundo conocimiento de él (Ef 1,17): Jesús supera toda expectativa, es mucho más que un curandero.
La mujer, a quien su mal hace impura y portadora de impureza (Lv 15,25), sabe que no puede acercarse a Jesús para pedirle un milagro: según la ley, le contaminaría a la vista de todos. Sin embargo, creyendo que la persona del Maestro está íntimamente penetrada de poder, se atreve a esperar un milagro involuntario. Jesús percibe la intencionalidad de la fe de quien le ha tocado, aun en medio de una muchedumbre que se apiña alrededor; sin preocuparse por los tabúes de la ley, le pide a la hemorroísa que salga al descubierto (w. 30-32). La mujer, con mucho temor, confiesa la verdad y experimenta así que Jesús no sólo cura, sino que hace mucho más: salva (v. 34). Su fe ha recorrido un camino: desde una creencia casi supersticiosa (w. 15-28) al santo temor (v. 33), a la adhesión amorosa, cuando el poder del Rabí se revela como ternura, salvación y paz (v. 34).
También la fe de Jairo crece en la prueba. Él está convencido de que Jesús puede curar a su hija, que se encuentra agonizando (v. 23), pero también recibe una invitación a perseverar en la fe en un momento en el que, desde el punto de vista humano, todo está perdido. Y con un asombro inexpresable experimentará –junto con tres testigos privilegiados de entre los apóstoles que Jesús es el Señor de la vida, el vencedor de la muerte; no es casualidad que los dos verbos empleados en los w. 41b-42 sean los mismos que se emplean para la resurrección de Cristo.
Jesús se nos revela aquí como el Salvador, soberanamente libre de prejuicios y decisiones (w. 30.33-40) y poderoso sobre la enfermedad y sobre la muerte. Con todo, tiene necesidad de la fe del hombre para manifestarse plenamente; de ahí que esta fe conduzca siempre a nuevas superaciones.
MEDITATIO
Nuestra fe es siempre frágil y está encerrada constantemente dentro de los estrechos confines de nuestro temor a enfrentarnos con situaciones que nos superan. El Señor lo sabe, y precisamente por eso viene a "educarnos", es decir, a sacarnos fuera.
La confianza que hemos puesto en él es un comienzo, y él mismo es su "autor". Ahora bien, nos separa aún de la meta un largo trecho de camino que la Palabra nos invita a recorrer a la carrera: no podemos quedarnos en el punto de partida. Los acontecimientos personales y sociales nos interpelan, y alguien -tal vez mucha gente nos mira para orientarse. Partamos, pues, con impulso, confiándonos a Jesús, perfeccionador de la fe; también d e la nuestra, si lo queremos... Mantengamos fija la mirada del corazón en la espléndida carrera a través de la ignominia de la cruz, del sufrimiento, del humano fracaso.
Así aparece su camino a los ojos del mundo, aunque desemboca en la gloria y en la alegría sin fin, puesto que es el camino del Amor. Ésta es "la carrera que se abre ante nosotros" y que las situaciones concretas de cada d í a predisponen para nosotros. Sería absurdo pensar q u e podemos partir cargados con lo superfluo o atados, c o n lazos más o menos sutiles, al pecado. Jesús mismo, como un experto entrenador, nos despojará de todo eso, h a s t a de una fe casi supersticiosa, como la de la hemorroísa, o todavía excesivamente limitada, como la de Jairo. Estas dos personas probadas por la vida han sido hechas por Jesús "campeonas" en la fe y, una vez llegadas a la meta de su carrera, nos atestiguan a nosotros, hoy, que Jesús es el Salvador del hombre, el Señor de la vida. En consecuencia, vale la pena correr por su camino con una fe indefectible.
ORATIO
Jesús, Señor nuestro, manteniendo fija la mirada en ti nos atrevemos a partir para la carrera que se abre ante nosotros, pero ayúdanos tú a perseverar. Ven a liberarnos de la mentalidad del mundo, que nos haría pedir perspectivas seguras y recompensas atractivas.
Ven a soltarnos de los lazos multiformes del pecado, que quisieran retenernos a toda costa. Ven a sacarnos, cogiéndonos de la mano, porque vacilamos a la hora de seguir tus huellas por el camino de la humillación y del sufrimiento. Tú, que eres "el autor y el perfeccionador" de la fe, concédenos la fuerza del Espíritu para llegar a la meta superando el obstáculo de nuestra incredulidad que siempre se repite. Tú, que estás sentado ahora a la diestra del Padre, concédenos acoger toda situación como ocasión propicia para crecer en la fe. Esperando en ti, nunca nos veremos decepcionados, puesto que tú eres el Salvador del hombre, el Señor de la vida.
CONTEMPLATIO
La Escritura nos enseña que el temor de Dios dispone al alma a observar los mandamientos, y a través de los mandamientos se construye la casa del alma. Y voy a decir cómo. En primer lugar hay que echar los cimientos, que son la fe: sin fe es imposible agradar a Dios (Heb 11,6); sobre este cimiento se construye, a continuación, el edificio. Aparece una ocasión de obedecer? Hemos de poner una piedra de obediencia. Se irrita un hermano? Debemos poner una piedra de paciencia. Así debemos poner una piedra de cada una de las virtudes en la construcción, y ponerla encima poco a poco con una piedra de compasión, una piedra de renuncia a la propia voluntad, una piedra de mansedumbre, etc. En todo esto debemos llevar buen cuidado con la perseverancia y con el valor: éstos son los ángulos, y gracias a ellos se mantiene la casa bien unida.
En efecto, sin valor y perseverancia nos falta la energía para llevar a su perfección ninguna virtud: si carecemos del coraje del alma, no perseveramos, y si carecemos de la perseverancia, no podremos tener un éxito completo. Porque se ha dicho: "Si perseveráis, conseguiréis salvaros" (Le 21,19). Así también, quien construye debe poner cada piedra sobre argamasa, pues de otro modo se separan y se hunde la casa. La argamasa es la humildad, porque procede de la tierra y está bajo los pies de todos. Toda virtud que no vaya acompañada de la humildad no es virtud. El bien que hagamos hemos de hacerlo con humildad. El techo, a continuación, es el amor, que es la consumación de las virtudes, como el techo lo es de la casa. Más tarde, después del techo, viene el parapeto del edificio. Qué es? Es la humildad. Es ella, en efecto, la que ciñe y custodia a todas las virtudes.
Y así como todas virtudes deben realizarse con humildad, así también para llevar a su perfección la virtud necesitamos la humildad; es lo mismo que os digo siempre: cuanto más se acerca alguien a Dios, tanto más pecador se ve (Doroteo de Gaza, Insegnamenti spirituali XIV, pp. 149-151, passim).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Corramos con constancia en la carrera que se abre ante nosotros, fijos los ojos en Jesús" (Heb 12,lb-2a).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Vivir como cristianos significa creer que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre y crucificado por nuestros pecados. Aunque conoció la muerte, no fue retenido por sus lazos, sino que se levantó de entre los muertos y resucitó, y vive ahora para siempre de la vida del Dios vivo. Al ofrecer su vida al Padre por nosotros, recibió el poder de recuperarla. La cruz de Jesús se ha convertido así, por la omnipotencia del amor divino, en la cruz gloriosa, victoriosa y vivificante. Ella es ahora para nosotros la fuente de todo bien, de toda alegría y de toda curación. Es el camino de la libertad, así como el único secreto de la verdadera esperanza. Es para nosotros la fuente de la vida.
Sólo si dirigimos una mirada apaciguada y renovada a Jesús en la cruz empezaremos a aprender el amor de nuestro Dios. Sí, la cruz de Jesús nos revela la misericordia infinita de Dios: Jesús, dando su vida por nosotros, nos muestra que Dios es amor (cf. 1 J n 4,8b).
Mantener fija la mirada sobre Jesús en la cruz, con la sencillez de una oración contemplativa, significa estar en relación viva con el Hombre-Dios entregado por nosotros, por amor a nosotros. N o se trata de un problema para debatir: es el fuego del amor divino que quiere purificar, iluminar, incendiar nuestro corazón de creyentes. A este respecto, nada nos prueba la realidad de este amor ofrecido como la sangre derramada de Jesús.
Al derramar toda su sangre por nosotros, nos muestra Jesús que su muerte es verdaderamente la muerte de un hombre, una muerte que tuvo lugar al término de los sufrimientos que le infligió la violencia de los hombres y que fueron aceptados por él. Meditar sobre la sangre de Jesús significa descifrar la prueba de su amor, de su amor que se entregó libremente y sin resistencia alguna en manos de los pecadores (J.-P. van Schoote - J.-C. Sagne, Miseria e misericordia, Magnano 1992, pp. 46-48, pass/'m).
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Santa Águeda, virgen y mártir Águeda nació en Catania alrededor del año 225. Su belleza atrajo la atención del cónsul pagano Quinciano, que la quiso como esposa. Águeda, prometida ya a Cristo, se negó. Entonces fue encarcelada y torturada: le cortaron los senos. Murió en torno al año 251. Un año después, durante una violenta erupción del Etna, los habitantes de Catania la invocaron para detener la lava exponiendo su velo. Su nombre figura en el canon romano.
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LECTIO
Primera lectura: Hebreos 12,4-7.11-15
Hermanos:
4 No habéis llegado todavía a derramar la sangre en vuestro combate contra el pecado
5 y, además, habéis olvidado aquella exhortación que se os dirige como a hijos: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor ni te desalientes cuando él te reprenda,
6 porque el Señor corrige a quien ama y castiga a aquel a quien recibe como hijo.
7 Dios os trata como a hijos y os hace soportar todo esto para que aprendáis. Pues qué hijo hay a quien su padre no corrija?
11 Es cierto que toda corrección, en el momento en que se recibe, es más un motivo de pena que de alegría, pero después aporta a los que la han sufrido frutos de paz y salvación.
12 Robusteced, pues, vuestras manos decaídas y vuestras rodillas vacilantes
13 y caminad por sendas llanas, a fin de que el pie cojo no vuelva a dislocarse, sino que, más bien, pueda curarse.
14 Fomentad la paz con todos y la santidad, sin la cual ninguno verá al Señor.
15 Cuidad que nadie quede privado de la gracia de Dios. Que ninguna planta venenosa crezca entre vosotros, os dañe y contamine a toda una multitud.
**• El autor de la carta no pierde de vista el fin que se había propuesto: animar a los destinatarios de su escrito. Ahora, tras haber ilustrado la dimensión teológica del problema del sufrimiento, pasa a tratarlo en su aspecto más inmediato, que es el pedagógico. Efectivamente, la prueba puede parecer dura, pesada, pero hay una clave que permite leerla de una manera positiva: sólo es fruto del amor. Si el Señor, en efecto, nos castiga, lo hace sólo para hacernos crecer en la dimensión filial.
Jesús ha venido expresamente a hablarnos del corazón de Dios, a revelarnos su rostro de Padre. Él no actúa nunca respecto a nosotros sino como Padre bueno; por eso, también la corrección no es otra cosa que una intervención educativa por su parte, signo de un amor particular que se inclina sobre quienes se muestran vacilantes para hacerlos firmes y fuertes. En efecto, sólo quien ama de verdad tiene el valor necesario para intervenir también haciendo sufrir con tal de alcanzar el verdadero bien del otro. El sufrimiento momentáneo es sólo preludio de una mayor alegría, por eso los cristianos deben proseguir, valerosamente, su vida de fe buscando la paz, la santificación. !Ay! si en la tierra buena arraiga alguna planta venenosa. Hay una única simiente que puede -más aún, debe- sepultarse en la tierra para no quedarse sola. El grano de trigo está llamado a convertirse en pan de vida para todos.
Salmo102.
R. La misericordia del Señor dura por siempre,
para aquellos que lo temen.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel
Evangelio: Marcos 6,1-6
En aquel tiempo, Jesús
1 salió de allí y fue a su pueblo, acompañado de sus discípulos.
2 Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga. La muchedumbre que lo escuchaba estaba admirada y decía: -De dónde le viene a éste todo esto? Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? Y esos milagros hechos por él?
3 No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? No están sus hermanas aquí entre nosotros? Y los tenía escandalizados.
4 Jesús les dijo: -Un profeta sólo es despreciado en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
5 Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo curó a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
6 Y estaba sorprendido de su falta de fe.
^ El fragmento se abre y se cierra con dos indicaciones de asombro en sentido opuesto (w. 2b.6a). Jesús, que ha vuelto a Nazaret -su patria- con sus discípulos, entra en la sinagoga que ya conocía y enseña en ella. Su figura, dotada de autoridad, y su sabiduría suscitan una escucha que se convierte pronto en abierta hostilidad.
Sus paisanos no consiguen explicarse el misterio que le rodea: "De dónde le viene a éste todo esto?" (y. 2). Hay algo que no cuadra con el esquema habitual de lo que conocían de él, "el carpintero", "el hijo de María", del que conocían -o creían conocer- todo. En verdad, este conocimiento según la carne no ayuda para nada (2 Cor 5,16). Así pues, en vez de abrirse a la novedad de que Jesús es portador se apodera de los habitantes de Nazaret una actitud de rechazo y de oposición.
Nadie es profeta en su tierra. !Quién sabría mejor que Jesús que su gente no le recibiría? Y, sin embargo, también él queda dolorosamente sorprendido y asombrado por la dureza de corazón que se cierra ante el don de Dios. Precisamente su carne -caro cardo salutis, como dice Tertuliano- es la revelación desconcertante de Dios, la expresión más grande y plena de aquel amor que le llevó a no avergonzarse de llamarse hermano nuestro (Heb 2,11).
MEDITATIO
Se ha transmitido que la mártir Águeda dijo al verdugo que hacía estragos en su cuerpo: "Cruel tirano no te avergüenza torturar en una mujer el mismo seno del que de niño succionaste la vida?". El respeto a la dignidad de la mujer educa al hombre en la humildad que estima los valores superiores de la vida y que le manifiestan el amor del que goza en Dios.
Es estupenda esta reflexión del cardenal Wyszynski "Por voluntad de Dios estoy de nuevo en medio de un grupo de mujeres. Me repito: cada vez que una mujer entre en tu habitación, levántate siempre, aunque estés ocupadísimo. Levántate tanto si ha entrado la madre superiora o sor Cleofasa para encender la estufa. Acuérdate de que ella te recuerda siempre a la Esclava del Señor, a cuyo nombre toda la Iglesia se pone en pie. Acuérdate de que de este modo honras a tu Inmaculada Madre, a la que esta mujer está más estrechamente unida que tú. De este modo pagas la deuda que tienes contraída con tu madre natural, que te ha servido con su propia sangre y con su propio cuerpo. Ponte en pie y no vaciles; vence tu presunción masculina y tu autoritarismo.
Levántate aunque haya entrado la más desamparada de las magdalenas. Sólo entonces habrás imitado hasta el fondo a tu maestro, que se levantó del trono a la diestra del Padre para salir al encuentro de la Esclava del Señor. Sólo entonces habrás imitado al Padre Creador, que envió a María en ayuda de Eva. Levántate sin vacilar: te hará bien" (S. Wyszynski, Appunti dalla prigione, Bolonia 1983, p. 240 [edición española: Diario de la cárcel, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1984]).
ORATIO
Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz [...]. Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta "esponsal", que expresa maravillosamente la comunión que Él quiere establecer con su criatura [...]. Te doy gracias, mujer, por el hecho mismo de ser mujer. Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas (Juan Pablo II, Carta a las mujeres, Roma 1995, passim).
CONTEMPLATIO
Esta mujer virgen, que hoy os ha invitado a nuestro convite sagrado, es la mujer desposada con un solo esposo, Cristo, para decirlo con el mismo simbolismo nupcial que emplea el apóstol Pablo.
Una virgen que, con la sangre siempre encendida, enrojecía y embellecía sus labios, mejillas y lengua con la púrpura de la sangre del verdadero y divino Cordero, y que no dejaba de recordar y meditar continuamente la muerte de su ardiente enamorado, como si la tuviera presente ante sus ojos.
De este modo, su mística vestidura es un testimonio que habla por sí mismo a todas las generaciones futuras, ya que lleva en sí la marca indeleble de la sangre de Cristo, de la que está impregnada, como también la blancura resplandeciente de su virginidad.
Águeda hizo honor a su nombre, que significa "buena". Ella fue en verdad buena por su identificación con el mismo Dios; fue buena para su divino Esposo y lo es también para nosotros, ya que su bondad provenía del mismo Dios, fuente de todo bien (Metodio de Sicilia, "Sermón sobre santa Águeda",t en Analecta Bollandiana, 68, 76-78).
ACTIO
Durante esta jornada, medita y repite la exclamación de santa Águeda: "Mi coraje está arraigado en Cristo".
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
En el Espíritu de Cristo, la mujer puede descubrir el significado pleno de su femineidad y, de esta manera, disponerse al don sincero de sí misma a los demás y encontrarse también a sí misma.
En el año mariano, la Iglesia desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el misterio de la mujer y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las maravillas de Dios que en la historia de la humanidad se han cumplido en ella y por medio de ella. En definitiva, no se ha obrado en ella y por medio de ella lo más grande que existe en la historia del hombre sobre la tierra, es decir, el acontecimiento de que Dios mismo se ha hecho hombre?
La Iglesia, por consiguiente, da gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios en la virginidad; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es el signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan profesionalmente, mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social; por las mujeres "perfectas" y por las mujeres "débiles".
Por todas ellas, tal como salieron del corazón de Dios en toda la belleza y riqueza de su femineidad, tal como han sido abrazadas por su amor eterno; tal como, junto con los hombres, peregrinan en esta tierra que es la patria de la familia humana, que a veces se transforma en "un valle de lágrimas"; tal como asumen, juntamente con el hombre, la responsabilidad común por el destino de la humanidad en las necesidades de cada día y según aquel destino definitivo que los seres humanos tienen en Dios mismo, en el seno de la Trinidad inefable.
La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del "genio" femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina (Juan Pablo II, Carta apostólica Mulieris dignitatem, n. 31).
Jueves 4ª semana del Tiempo ordinario
Santos Pablo Miki y compañeros, mártires
Pablo
Miki, jesuita japonés, fue uno de los veintiséis
mártires que, el 5 de febrero de 1597, murieron crucificados
en la colina de Tateyama -llamada después "colina
santa"-, cerca de Nagasaki, a causa de su fe católica. La
evangelización de Japón había empezado con san
Francisco Javier (1549-1551) y se había desarrollado gracias a
la acción de sus hermanos de religión, hasta el punto
de que, en 1587, los cristianos formaban ya una Iglesia numerosa de
250.000 miembros.
Pocos años después empezaron graves dificultades, y el emperador, que al principio había favorecido a los misioneros, decretó la expulsión de los misioneros jesuitas, encarceló a seis franciscanos españoles -llegados entretanto- y a tres jesuitas japoneses. La represión fue dura.
Pablo Miki era hijo de un oficial. Había sido educado en el colegio jesuita de Anziquaiama y en 1580 entró en la compañía de Jesús. Era conocido por la calidad de su vida y por su capacidad de comunicar el Evangelio. Todavía no era sacerdote. Murió crucificado junto a otros veinticinco cristianos: seis misioneros franciscanos españoles, un escolástico y un hermano !esuita japonés y diecisiete laicos también de esta nacionalidad. Fueron los primeros mártires del Extremo Oriente inscritos en el martirologio. Fueron canonizados por Pío IX el 8 de junio de 1862.
LECTIO
Primera lectura: Hebreos 12,18-19.21-24
Hermanos:
19 No os habéis acercado vosotros a algo tangible, ni a un fuego ardiente, ni a la oscura nube, ni a las tinieblas, ni a la tempestad,
20 ni a la trompeta vibrante, ni al resonar de aquellas palabras que oyeron los israelitas y pidieron que no se les hablara más.
21 El espectáculo era, en efecto, tan terrible que Moisés dijo: Estoy atemorizado y estremecido.
22 Vosotros os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, que es la Jerusalén celestial, al coro de millares de ángeles,
23 a la asamblea de los primogénitos que están inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a los espíritus de los que viviendo rectamente han alcanzado la meta,
24 a Jesús, el mediador de la nueva alianza, que nos ha rociado con una sangre que habla más elocuentemente que la de Abel.
*• La lectura de hoy nos propone, en unos cuantos versículos, una última comparación entre la antigua y la nueva alianza. Esta comparación se lleva a cabo mediante el acercamiento a dos lugares-símbolo, el monte Sinaí y el monte Sión, expresión de dos modos diferentes de acercarse a Dios.
La primera gran teofanía, acaecida en un escenario natural impresionante, se grabó profundamente en la memoria de Israel. Como pueblo acostumbrado a las tierras bajas de Egipto, se quedó ciertamente pasmado ante el lugar elegido por Dios para establecer la alianza.
Los granitos rojos de la montaña, las nubes tempestuosas, el estruendo de los rayos, el resplandor de los relámpagos y el fragor de los truenos (v. 19) tuvieron el efecto de llenar a todos, incluido Moisés, de miedo y de temblor. A estos acontecimientos se hace referencia aquí combinando, al mismo tiempo, pasajes del Deuteronomio (4,11 y 5,22 LXX) y del Éxodo (19,16; 20,18).
La experiencia espiritual de los cristianos es, sin embargo, muy diferente. Ellos se han acercado a otro monte, el monte Sión, alegría de toda la tierra (cf. Sal 48,2-4), a la Jerusalén santa (cf. Sal 122), a la que desde siempre quería Dios conducir a su pueblo para llevar a cabo la comunión con él en la asamblea festiva de los ángeles y los santos. Este lugar es "celestial" y los cristianos pueden ser admitidos en él mediante la conversión y el bautismo, que se insertan en el misterio de muerte y resurrección del único "mediador de la nueva alianza": Cristo Jesús. En efecto, su sangre inocente nos hace también a nosotros "perfectos", es decir, agradables al Padre a través de la obediencia y el amor.
Salmo 47.
R. Oh, Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo.
Oh
Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como
tu renombre, oh Dios, tu alabanza
llega al confín de
la tierra; R.
tu
diestra está llena de justicia:
el monte Sión
se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con
tus sentencias. R.
Dad
la vuelta en torno a Sión
contando sus
torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus
palacios, R.
para
poder decirle a la próxima generación:
“Este
es el Señor, nuestro Dios.”
Él nos
guiará por siempre jamás. R.
Evangelio: Marcos 6,7-13
En aquel tiempo,
7 llamó Jesús a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.
8 Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja.
9 Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas.
10 Les dijo además: -Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar.
11 Si en algún sitio no os reciben ni os escuchan, salid de allí y sacudid el polvo de la planta de vuestros pies como testimonio contra ellos.
12 Ellos marcharon y predicaban la conversión.
13 Expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
^ Jesús había elegido a los Doce para que "estuvieran con él" (3,14), pero también para enviarles a predicar. Marcos nos muestra ahora que ha llegado el momento de la misión. Jesús les da indicaciones concretas al respecto. Irán juntos, como testigos del amor que les ha llamado, para vencer, con el poder que les ha sido conferido, a los espíritus inmundos. "Les ordenó...": es la primera vez que Jesús manda explícitamente algo, y está relacionado con la pobreza. Quiere que los suyos evangelicen dando testimonio del rostro de quien les envía, el cual "de rico como era se hizo pobre por nosotros" (2 Cor 8,9) y demuestra que el Padre escoge siempre lo pequeño y lo impotente para obrar sus grandes maravillas. Por eso, no deben tomar nada consigo y tienen que apoyarse únicamente en la confianza en aquel que les envía. Aceptarán la hospitalidad y aceptarán también que los rechacen, separando, no obstante, su responsabilidad de quienes no acojan el don de la salvación. Los discípulos, por consiguiente, van a dar testimonio de que el Reino de Dios ha llegado y es la hora de convertirse; su anuncio va acompañado de la victoria sobre el antiguo adversario y de las curaciones que prosiguen la obra de Jesús, que pasó haciendo el bien. Con la humildad y la predicación queda abierto el acceso a la Jerusalén de arriba, que es nuestra madre.
MEDITATIO
No resulta hoy fácil tener en cuenta que nosotros nos hemos acercado a la asamblea festiva, a la asamblea de los primogénitos y, sobre todo, al "mediador de la nueva alianza", a Cristo Jesús. Sin embargo, !cuánta falta nos hace repetirnos estas realidades santas y verdaderas que abren de par en par los auténticos horizontes para los que hemos sido hechos! Sentimos una especie de pudor y casi vergüenza de hablar del cielo, de la Jerusalén santa de la que somos ciudadanos con todos los títulos.
Será que tenemos miedo de ser considerados locos, gente que vive fuera de la realidad? Seremos acaso los custodios retrasados de esa alienación que tiende a arrancar a la gente de la dureza del orden cotidiano para hacerla soñar?
Basta, a continuación, con reflexionar un momento sobre el pulular salvaje de todas las sectas más extrañas y sobre todo lo que, por ser verdaderamente alienante, estorba a la mente y a los corazones de nuestros hermanos, para preguntarnos si no habrá que volver a tomar más en serio la Palabra de Dios, sin omisiones ni cortes inoportunos, para convertirla en la trama y en la consistencia de nuestro vivir. Por qué no abrimos el corazón a la alegría del mundo invisible que nos rodea y del que -por gracia- participamos mediante el bautismo y los sacramentos? Acaso tenemos necesidad de que algún discípulo fervoroso venga a sacudirse delante de nuestra puerta el polvo de sus sandalias, para ir a llevar su anuncio de alegría, olvidado por nosotros, a quien sea más capaz de acogerlo?
ORATIO
Padre, fuente de todo bien, con ánimo lleno de emoción nos dirigimos a ti por la belleza de nuestra vocación de hijos, por el atrevimiento y el amor de estos hermanos nuestros cuya vida es consuelo, sostén y luz gracias a la presencia operante del Espíritu, que transforma la debilidad humana en cátedra de amor y camino que conduce a ti. El ánimo calla ante estos mártires crucificados como tu Hijo y por él. Pausa sedienta, en la larga peregrinación de la vida, a fin de alcanzar la fuente pura y proseguir el camino con valor, movidos por el amor y por la pasión por el Reino. Infunde en nosotros la sabiduría de la cruz que iluminó el corazón de estos hermanos nuestros y de los mártires de todos los tiempos. Ven en ayuda de nuestra debilidad para que podamos adherirnos plenamente a Cristo, tu Hijo, y cooperemos con él en la redención del mundo.
CONTEMPLATIO
"He sido condenado a muerte por haber difundido la noble enseñanza de Jesucristo. No tengo pecado alguno excepto éste. No tengo miedo de decir que he difundido la enseñanza de Cristo. Doy gracias de corazón con inmensa alegría por poder morir crucificado por este motivo. Declaro la verdad ante la muerte: creedme, no hay ningún camino mejor de salvación que el seguido por los cristianos. Soy siervo de Cristo, y le sigo; por eso, imitando a Cristo, perdono a todos los que me han perseguido. No odio a nadie. Dios tenga misericordia de todos.
Deseo que mi sangre se convierta en una lluvia de gracias que dé fruto abundante en todos vosotros". Así habló Pablo Miki desde la cruz.
Juan Soán, al ver a su padre junto a la cruz en la que había sido atado, se dirigió a él con estas palabras: "Estás viendo, padre, que hemos de preferir la salvación del alma a todo lo demás. Lleva cuidado en no descuidar nada para asegurártela". Y su padre le respondió: "Hijo mío, te agradezco tu exhortación. Y soporta tú también ahora con alegría la muerte, porque la padeces por nuestra santa fe. En cuanto a mí y a tu madre, estamos dispuestos a morir por la misma causa". Juan le dio a su padre su rosario y, haciendo que le quitaran la faja que le cubría la frente, pidió que se la dieran a su madre. Tenía diecinueve años.
ACTIO
Repite con frecuencia con el corazón y con alegría a lo largo de la jornada: "Ahora, en mi vida mortal, vivo creyendo en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20b).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
"Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere da mucho fruto" (Jn 12, 24). Con estas palabras, Jesús, la víspera de su pasión, anuncia su glorificación a través de la muerte [...]. Cristo es el grano de trigo que muriendo ha dado frutos de vida inmortal. Y sobre las huellas del rey crucificado han caminado sus discípulos, convertidos a lo largo de los siglos en legiones innumerables "de toda lengua, raza, pueblo y nación": apóstoles y confesores de la fe, vírgenes y mártires, audaces heraldos del Evangelio y silenciosos servidores del Reino [...].
"Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo" (Mt 5,11 -12). Qué bien se aplican estas palabras de Cristo a los innumerables testigos de la fe del siglo pasado, insultados y perseguidos, pero nunca vencidos por la fuerza del mal. Allí donde el odio parecía arruinar toda la vida, sin posibilidad de huir de su lógica, ellos manifestaron que "el amor es más fuerte que la muerte". Bajo terribles sistemas opresivos que desfiguraban al hombre, en los lugares de dolor, entre durísimas privaciones, a lo largo de marchas insensatas, expuestos al frío, al hambre, torturados, sufriendo de tantos modos, ellos manifestaron admirablemente su adhesión a Cristo muerto y resucitado [...].
"El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna" (Jn 12,25). Hemos escuchado hace poco estas palabras de Cristo. Se trata de una verdad que frecuentemente el mundo contemporáneo rechaza y desprecia, haciendo del amor hacia sí mismo el criterio supremo de la existencia. Pero los testigos de la fe, que también esta tarde nos hablan con su ejemplo, no buscaron su propio interés, su propio bienestar y la propia supervivencia como valores mayores que la fidelidad al Evangelio. Incluso en su debilidad, ellos opusieron una firme resistencia al mal. En su fragilidad resplandeció la fuerza de la fe y de la gracia del Señor.
Queridos hermanos y hermanas, la preciosa herencia que estos valientes testigos nos han legado es un patrimonio común de todas las Iglesias y de todas las comunidades eclesiales. Es una herencia que habla con una voz más fuerte que la de los factores de división. El ecumenismo de los mártires y de los testigos de la fe es el más convincente: indica el camino de la unidad a los cristianos del siglo XXI. Es la herencia de la cruz vivida a la luz de la Pascua: herencia que enriquece y sostiene a los cristianos mientras se dirigen al nuevo milenio [...].
Que permanezca viva la memoria de estos hermanos y hermanas nuestros a lo largo del siglo y del milenio recién comenzados. Más aún, !que crezca! Que se transmita de generación en generación para que de ella brote una profunda renovación cristiana. Que se custodie como un tesoro de gran valor para los cristianos del nuevo milenio y sea la levadura para alcanzar la plena comunión de todos los discípulos de Cristo.
Expreso este deseo con el espíritu lleno de íntima emoción.
Elevo mi oración al Señor para que la nube de testigos que nos rodea nos ayude a todos nosotros, creyentes, a expresar con el mismo valor nuestro amor por Cristo, por Él, que está vivo siempre en su Iglesia: como ayer, así hoy, mañana y siempre (Juan Pablo II, Conmemoración ecuménica de los testigos de la fe del siglo XX, homilía del santo padre, tercer domingo de pascua, 7 de mayo de 2000, passim).
Sábado de la IV Semana del Tiempo Ordinario
Santa Josefina Bakhita, virgen
LECTIO
Primera lectura: Hebreos 13,15-17.20ss
Hermanos:
15 Así pues, ofrezcamos a Dios sin cesar por medio de él un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que bendicen su nombre.
16 No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente, porque en tales sacrificios se complace Dios.
17 Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, pues tienen que cuidar de vosotros y rendir cuentas a Dios. Procurad que puedan cumplir este deber con alegría y no con lágrimas, ya que otra cosa nada os beneficiaría.
20 El Dios de la paz, que resucitó a aquel que por la sangre de la alianza eterna vino a ser el gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús,
21 os haga aptos para el cumplimiento de su voluntad con toda clase de obras buenas. Que él mismo realice en nosotros lo que le agrada, por medio de Jesucristo, a quien corresponde la gloria por siempre. Amén.
*• El autor de la carta a los Hebreos alterna, en la conclusión, la catequesis (w. 12-15) con la exhortación (w. 16ss) y la oración (w. 20ss). Sin embargo, el centro vivificador de estos versículos es uno solo: el misterio pascual de Cristo. Él es "el gran pastor de las ovejas" (v. 20); es el Mesías esperado que, en virtud de su propia sangre, se ha convertido en mediador de una alianza eterna de vida y de paz entre nosotros y Dios.
De aquí brota la novedad fundamental del culto cristiano, del que ha tratado la carta: por medio de Jesús, toda la vida del creyente puede llegar a ser ofrenda agradable a Dios. El sacrificio de alabanza se prolonga y se acredita a través del sacrificio cotidiano de la caridad activa y de la dócil sumisión a quien guía a la comunidad por los caminos del Señor. Esta existencia pascual es don que hemos de pedir y, al mismo tiempo, compromiso que hemos de asumir con responsabilidad; por eso, el autor confía al Padre a los destinatarios de su carta.
Sólo él, en efecto, puede disponer los corazones para acoger el don de manera conveniente, es decir, en colaboración laboriosa con la gracia. La alianza establecida en la muerte y resurrección de Cristo es premisa y garantía de que el Padre escuchará esta oración (w. 20ss).
Salmo 22.
R. El Señor es mi pastor,
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo
, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Evangelio: Marcos 6,30-34
En aquel tiempo,
30 los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
31 Él les dijo: -Venid vosotros solos a un lugar solitario, para descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían que no tenían ni tiempo para comer.
32 Se fueron en la barca, ellos solos, a un lugar despoblado.
33 Pero los vieron marchar y muchos los reconocieron y corrieron allá, a pie, de todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos.
34 Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
*•• En este fragmento se transparenta la ternura humana y divina de Jesús. Con ella envuelve a los apóstoles, que regresan entusiasmados de su primera misión: el Maestro comprende su alegría, pero intuye también la necesidad de revigorizar el cuerpo y el alma en la intimidad con él (v. 31a). Por eso les propone una pausa para reposar lejos de la gente, que les apremia constantemente. Sin embargo, también esa gente, que les sigue por todas partes con su propio fardo de penas y de esperanzas, suscita en Jesús una com-pasión todavía mayor (cf. v. 34). Detrás de aquella multitud de rostros y de historias hay una única necesidad: encontrar el camino de la Vida, el sentido y la meta de la existencia.
Las muchedumbres no tienen quien las guíe con seguridad por este camino. De ahí que Jesús -Camino, Verdad y Vida- tenga piedad de ellos: "Y se puso a enseñarles muchas cosas", saciando su hambre más profunda con la verdad de Dios, un Dios de ternura infinita.
MEDITATIO
La ternura de Jesús se dirige, hoy, a nosotros. Tal vez nos hayamos comprometido a dar testimonio del Evangelio en nuestro ambiente habitual y tenemos necesidad de reposar el espíritu en su Presencia, o tal vez nos reconozcamos en aquellas "ovejas sin pastor", sin meta ni seguridad. Ahora bien, Jesús es "el gran pastor de las ovejas", guía de los pastores y de las ovejas sin pastor: ha entregado su vida para abrir a cada uno - a mí también- un camino seguro al redil del Padre. Él mismo es "el Camino, la Verdad y la Vida".
No siempre resulta fácil caminar siguiendo su enseñanza, ni siempre resulta agradable que los responsables de la comunidad cristiana nos lo recuerden en las circunstancias concretas de la vida. Con todo, si acogemos con sincera disponibilidad las indicaciones del Señor, nuestra vida se convertirá en una pascua continua, esto es, en un paso desde la falta de significación del orden cotidiano a la plenitud de significado que éste adquiere cuando la caridad con los otros transfigura cualquier gesto.
Paso desde la inestabilidad de las vicisitudes humanas -pequeñas o grandes- al abandono confiado en Dios que se convierte en obediencia a quien nos guía en su nombre. Paso de una oración formal y bien delimitada a una vida que se transforma en incesante sacrificio de alabanza por medio de Cristo. Es posible todo esto?
Sí, la resurrección de Jesús nos atesta la omnipotencia del Padre. Es posible para mí? Sí, si se lo pido y si quiero corresponder sinceramente al don, Dios mismo lo realizará en mí. La ternura de Jesús se dirige, hoy, a nosotros...
ORATIO
Jesús, ternura infinita que nos descubres el rostro de amor del Padre, venimos a ti como ovejas sin pastor: guíanos tú con tu fuerza y tu dulzura a descubrir el camino de la vida a través de la ofrenda total de nosotros mismos a Dios. Transforma hoy nuestra jornada en un incesante sacrificio de alabanza a él y de caridad con los hermanos.
Haz que participemos en tu pascua, muriendo a todo egoísmo y presunción, para vivir en ti como hijos obedientes que cumplen en todo la voluntad del Padre.
A él, fuente de la misericordia, le confiamos por tu mediación nuestra miseria y nuestros deseos: oh Dios, haz de nosotros lo que te plazca, para gloria tuya y bien de todos los hermanos. Amén.
CONTEMPLATIO
El sacramento de la eucaristía purifica de los peca, dos. Por consiguiente, cuando te sientas manchado y cubierto de fango, frío e indolente, no te alejes de Jesucristo, no intentes abstenerte de este alimento saludable y lanza un grito hacia él, porque no puede dejar de moverse a piedad con los pobres que le invocan. Dile; "Señor, vengo a ti, porque soy un pobre pecador. Sana oh mi piísimo Salvador, mi alma". Este sacramento robustece el corazón del hombre para obrar grandes cosas, precisamente como el alimento terreno da fuerza para aguantar los trabajos fatigosos. Puesto que no eres nada sin Dios y tienes una extrema necesidad de su gracia, invítale a cenar no por ti, sino por él en favor tuyo.
Intenta estrechar una amistad y una verdadera familiaridad con él. Aprende a hablarle: cuéntale tus debilidades, aflicciones y oscuridades.
Intenta recuperar con este alimento divino las fuerzas del espíritu, la devoción, la fortaleza y las otras virtudes. En este sacramento se traslada al hombre del temor a la esperanza, de la condición de siervo a la de hijo, del torpor al amor, de la tristeza a la alegría. La eucaristía, a continuación, mitiga, es decir, comunica suavidad y dulzura espiritual a quien la recibe; caldea, es decir, enciende en nosotros la divina caridad. Este alimentó saludable une al alma con Dios. Así como el alimento terreno se transforma en la sustancia de quien lo recibe y se convierte en un solo cuerpo con él, así también, aunque de modo opuesto, el alimento eucarístico convierte en él a quien lo recibe, de modo que le hace deiforme. Nunca se admirará bastante la inefable condescendencia divina, que quiere darse a nosotros como alimento y sostener nuestro cuerpo con el suyo
El, dándose como alimento a nosotros, quiso procurar nuestra más estrecha unión con él. No podía encontrar un modo de acercar más al alma a sí mismo que este sacramento, en el que precisamente ésta no sólo se une con Dios, sino que llega a hacerse una misma cosa con él (Lanspergio, Sermo III, In solemnitate venerabili Sacramenti, en Opera omnia, t. III, pp. 433-436, passim).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Señor es mi pastor; su vara y su cayado me dan seguridad" (cf. Sal 22).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
"La pasión del Señor", escribió León Magno, "se prolonga hasta el fin del mundo". Dónde "está agonizando" hoy Jesús? En muchísimos lugares y situaciones. Pero fijemos nuestra atención en una sola de ellas: la pobreza. Cristo está clavado en la cruz en los pobres. La primera cosa que hemos de hacer, por tanto, es echar fuera nuestras defensas y dejarnos invadir por una sana inquietud. Hacer que entren los pobres en nuestra carne. Darnos cuenta de ellos indica una imprevista apertura de los ojos, un sobresalto de la conciencia [...].
Con la venida de Jesucristo el problema de los pobres ha tomado una dimensión nueva. Aquel que pronunció sobre el pan las palabras: "Esto es mi cuerpo", las dijo también de los pobres cuando declaró solemnemente: "Conmigo lo hicisteis". Hay un nexo bastante estrecho entre la eucaristía y los pobres. Lo que debemos hacer concretamente por los pobres podemos resumirlo en tres palabras: evangelizarlos, amarlos, socorrerlos
Evangelizarlos: hoy también tienen derecho a oír la Buena Noticia: "Bienaventurados los pobres". Porque ante vosotros se abre una posibilidad inmensa, cerrada, o bastante difícil, a los ricos: el Reino. Amar a los pobres: significa antes que nada respetarlos y reconocer su dignidad. En ellos brilla –precisamente por la falta de otros títulos y distinciones- con una luz más viva la dignidad radical del ser humano. Los pobres no merecen sólo nuestra compasión; merecen también nuestra admiración. Por último, socorrer a los pobres: aunque hoy ya no basta con la simple limosna; haría falta una movilización coral de toda la cristiandad para liberar a los millones de personas que mueren de hambre, de enfermedades y de miseria. Esta sería una cruzada digna de tal nombre, es decir, de la cruz de Cristo (R. Cantalamessa, ll potere della croce, Milán 1999, pp. 181 -189 passim [edición española: La fuerza de la cruz, Monte Carmelo, Burgos 2001]).
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V Domingo del Tiempo Ordinario
LECTIO Primera lectura: Isaías 6,1-2a.3-8 1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono alto y excelso. La orla de su manto llenaba el templo. 2 De pie, junto a él, había serafines con seis alas cada uno. 3 Y se gritaban el uno al otro: "Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso, toda la tierra está llena de su gloria". 4 Los quicios y dinteles temblaban a su voz, y el templo estaba lleno de humo. 5 Yo dije: "!Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en un pueblo de labios impuros, he visto con mis propios ojos al Rey y Señor todopoderoso". 6 Uno de los serafines voló hacia mí, trayendo un ascua que había tomado del altar con las tenazas; 7 me lo aplicó en la boca y me dijo: "Al tocar esto tus labios, desaparece tu culpa y se perdona tu pecado". 8 Entonces oí la voz del Señor, que decía: "A quién enviaré?, quién irá por nosotros?". Respondí: "Aquí estoy yo, envíame".
*•• El texto nos habla de la vocación de Isaías, ejemplo de la profunda experiencia religiosa del profeta. Fue escrito en torno al año 742 a. de C, que fue el de la muerte de Ozías, fin de un período de prosperidad y autonomía para Israel. El tema de fondo sigue siendo la santidad y la gloria de Dios, que trasciende toda grandeza y poder humanos. El escenario es el templo de Jerusalén, y la descripción nos presenta con rasgos antropomórficos al Señor en el trono, rodeado de serafines. La primera parte (w. 1-4) nos presenta la teofanía de Dios y su trascendencia con diferentes términos simbólicos y litúrgicos: "Trono alto y excelso", "la orla de su manto llenaba el templo. De pie, junto a él, había serafines con seis alas cada uno. Y se gritaban el uno al otro: "Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso"". En la segunda parte (w. 5-8), la visión del profeta describe al hombre frente al trono de la divinidad. Ante la grandeza de Dios nace de improviso en el profeta la conciencia de su indignidad y de su propio pecado. En ese momento, interviene Dios: purifica al hombre y le infunde una nueva vida al tocar sus labios. El Señor se dirige después a la asamblea de los serafines y les consulta sobre el gobierno del mundo (v. 8a). Sin embargo, de una manera indirecta, la voz de Dios interpela y llama a Isaías para que, investido de la gloria y de la santidad de Dios, vaya a profetizar en su nombre. El profeta se declara dispuesto para su misión y responde a la petición que Dios le dirige: "Aquí estoy yo, envíame" (y. 8). Es la plena disponibilidad de quien se deja invadir por un Dios que salva.
Salmo 137. R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti; me postraré hacia tu santuario. R.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R.
Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.
Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu supera tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.promesa R.
Segunda lectura: 1 Corintios 15,1-11 1 Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié, que recibisteis y en el que habéis perseverado. 2 Es el Evangelio que os está salvando, si lo retenéis tal y como os lo anuncié; de no ser así, habríais creído en vano. 3 Porque yo os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; 4 que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; 5 que se apareció a Pedro y luego a los Doce. 6 Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que la mayor parte viven todavía, si bien algunos han muerto. 7 Luego se apareció a Santiago y, más tarde, a todos los apóstoles. 8 Y después de todos se me apareció a mí, como si de un hijo nacido a destiempo se tratara. 9 Yo, que soy el menor de los apóstoles, indigno de llamarme apóstol por haber perseguido a la Iglesia de Dios. 10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Al contrario, he trabajado más que todos los demás; bueno, no yo, sino la gracia de Dios conmigo. 11 En cualquier caso, tanto ellos como yo esto es lo que anunciamos y esto es lo que habéis creído.
**• El texto paulino está motivado por las objeciones de los corintios: la duda sobre la verdad de la resurrección de Cristo, en detrimento no sólo de la integridad de la fe, sino también de la unidad de la misma Iglesia. Pablo responde con argumentos de fe y con el "Credo" que él les ha transmitido. El acontecimiento de la resurrección de Cristo es objeto del testimonio apostólico: son muchos, y todos dignos de fe, los que constataron el sepulcro vacío y vieron resucitado al Señor. Entre ellos estoy también yo -afirma Pablo-, que "por la gracia de Dios soy lo que soy" (v. 10). El acontecimiento de la resurrección de Jesús ha entrado también en la predicación apostólica. A partir de ella, los apóstoles no sólo se adhirieron a la novedad de Cristo con todas sus fuerzas, sino que invistieron también con ella su tarea misionera. Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra predicación -afirma todavía Pablo- y nosotros habríamos trabajado en vano. El mismo acontecimiento de la resurrección de Cristo es objeto directo e inmediato de la fe de los primeros cristianos: si Cristo no hubiera resucitado, vana sería también vuestra fe -remacha el apóstol- y todos nosotros seríamos las personas más infelices del mundo. Infelices por haber sido engañadas y decepcionadas. Está claro, por consiguiente, que al servicio de este acontecimiento fundador del cristianismo está no sólo la tradición apostólica, sino también el testimonio de la comunidad creyente y de todo auténtico discípulo de Jesús.
Evangelio: Lucas 5,1-11 En aquel tiempo, 1 estaba Jesús junto al lago de Genesaret y la gente se agolpaba para oír la Palabra de Dios. 2 Vio entonces dos barcas a la orilla del lago; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. 3 Subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la separase un poco de tierra. Se sentó y estuvo enseñando a la gente desde la barca. 4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: -Remad lago adentro y echad vuestras redes para pescar. 5 Simón respondió: -Maestro, hemos estado toda la noche faenando sin pescar nada, pero, puesto que tú lo dices, echaré las redes. 6 Lo hicieron y capturaron una gran cantidad de peces. Como las redes se rompían, 7 hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 8 Al verlo, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. 9 Pues tanto él como sus hombres estaban sobrecogidos de estupor ante la cantidad de peces que habían capturado; 10 e igualmente Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: -No temas; desde ahora serás pescador de hombres. 11 Y después de llevar las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron.
**• El evangelista nos presenta la vocación de los discípulos con una simple nota final, después de la enseñanza a las muchedumbres (w. 1-3) y de una serie de milagros a través de los cuales Jesús manifiesta el poder de Dios en Cafarnaún (4,33-41). Lucas nos recuerda en la vocación de los primeros discípulos, como también hace Marcos, las estructuras esenciales del discipulado -la iniciativa de Cristo y la urgencia de la llamada-, pero subraya sobre todo el desprendimiento y el seguimiento. El abandono debe ser radical por parte del discípulo: "Dejaron todo y lo siguieron" (v. 11), y el seguimiento es consecuencia de una toma de conciencia respecto a Jesús de una manera consciente y libre. Con todo, el tema principal del relato no es ni el desprendimiento ni el seguimiento, sino brindarnos unas palabras seguras del Maestro: "Desde ahora serás pescador de hombres" (v. 10). Existe una estrecha relación entre el milagro de la pesca milagrosa y la vocación del discípulo, y esa relación está afirmada en el hecho de que la acción del hombre sin Cristo es estéril, mientras que con Cristo se vuelve fecunda. Es la Palabra de Jesús la que ha llenado las redes y es la misma Palabra la que hace eficaz el trabajo apostólico del discípulo. Éste se siente llamado así, como el apóstol Pedro, a abandonarse con confianza a la Palabra de Jesús, a reconocer su propia situación de pecador y a responder a su invitación obedeciendo incluso cuando un mandato pueda parecerle absurdo o inútil. La respuesta de la fe es así fruto de la acogida de una revelación y de un encuentro personal con el Señor.
MEDITATIO Los dos relatos que nos han referido la primera lectura y el evangelio de hoy siguen el esquema bíblico clásico de las llamadas a colaborar con Dios en la salvación del pueblo. En ese esquema está previsto siempre un primer movimiento, "centrípeto", en el que Dios (o Jesús) atrae de una manera irresistible al llamado hacia él, haciéndole pasar por una intensa experiencia religiosa; y, después, viene un segundo movimiento, "centrífugo", en el que el llamado es vuelto a enviar a su pueblo, repleto de fuerza y de valor para obrar a favor del mismo: "A quién enviaré?, quién irá por nosotros?" (...) "Vete a decir a este pueblo" (Is 6,8.9). "No temas; desde ahora serás pescador de hombres" (Lc 5,10). La llamada de Dios no se dirige a unos de manera exclusiva (sacerdotes, religiosos, religiosas), sino que, como ha confirmado en sus documentos el Concilio Vaticano II, se dirige a todos y cada uno de los bautizados. Cada uno de nosotros está invitado a "trabajar" por la salvación de los hermanos, según las hermosas palabras de Pablo que aparecen en el fragmento de la primera Carta a los Corintios que acabamos de leer: "La gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Al contrario, he trabajado más que todos los demás; bueno, no yo, sino la gracia de Dios conmigo" (1 Cor 15,10). En consecuencia, deberemos preguntarnos si nuestro "trabajo" se encuadra en la visión evangélica de las cosas. Habremos de preguntarnos, entre otras cosas, si es consecuencia de habernos dejado fascinar, como los discípulos y Pedro, por Jesucristo y por su preocupación central. Porque ésa es la raíz de toda auténtica actividad eclesial. El resto puede ser activismo, mera búsqueda de nuestra propia satisfacción e incluso exhibicionismo: un "pescar hombres" no para aquella vida abundante que Jesús ha venido a traernos (Jn 10,10), sino para nosotros mismos, o sea, para la muerte. Sólo volviendo a reavivar con frecuencia el fuego en nuestro contacto con él podremos también nosotros ir a los otros, como Pablo, llevándoles el gran anuncio de la resurrección, que es victoria de la vida sobre la muerte.
ORATIO Has querido asociarnos, Señor, a tu espléndida obra de salvación de la humanidad. Has puesto en nuestras manos la red para pescar hombres en el gran mar del mundo. Nos has elegido para la realización de tu ilimitado deseo de vida, de una vida abundante para tus hermanos y hermanas. Te estamos agradecidos por ello, Señor. En tu generosidad nos has hecho un gran don, porque de este modo nos hemos convertido, en cierto modo, en las manos con las que sigues actuando hoy en el mundo. Quisiéramos ser fieles en la respuesta a tu llamada. Quisiéramos volver a dejarnos fascinar frecuentemente de nuevo por tu Palabra y por tu invitación, de tal modo que toda nuestra acción esté siempre llena de sentido evangélico. Toca nuestra boca con el carbón ardiente que purifica, como hizo aquel serafín con Isaías, y entonces sólo saldrán de ella palabras de vida para nuestros hermanos. Sostennos constantemente con tu gracia, del mismo modo que sostuviste a Pablo en medio de tantas dificultades. Si lo haces, podremos estar seguros de nuestra fidelidad y de nuestro valor indomable.
CONTEMPLATIO Llamar amado al Verbo y proclamarlo "bello" significa atestiguar sin ficción y sin fraude que ama y que es amado, admirar su condescendencia y estar llenos de estupor frente a su gracia. Su belleza es, verdaderamente, su amor, y ese amor es tanto más grande en cuanto previene siempre [...]. !Qué bello eres. Señor Jesús, en presencia de tus ángeles, en forma de Dios, en tu eternidad! !Qué bello eres para mí, Señor mío, en tu eternidad! !Qué bello eres para mí, Señor mío, en tu mismo despojarte de esta belleza tuya! En efecto, desde el momento en que te anonadaste, en que te despojaste -tú, luz perenne- de los rayos naturales, refulgió aún más tu piedad, resaltó aún más tu caridad, más espléndida irradió tu gracia. !Qué bella eres para mí en tu nacimiento, oh estrella de Jacob!, !qué espléndida brotas, flor, de la raíz de Jesé!; al nacer de lo alto, me visitaste como luz de alegría a mí, que yacía en las tinieblas. !Qué admirable y estupendo fuiste también por las eternas virtudes cuando fuiste concebido por obra del Espíritu Santo, cuando naciste de la Virgen, en la inocencia de tu vida! Y, después, en la riqueza de tu enseñanza, en el esplendor de los milagros, en la revelación de los misterios. !Qué espléndido resurgiste, después del ocaso, como Sol de justicia, del corazón de la tierra! !Qué bello, por último, en tu vestido, oh Rey de la gloria, te volviste a lo más alto de los cielos! Cómo no dirán mis huesos por todas estas cosas: "Quién como tú, Señor?" (Bernardo de Claraval, Sermones sobre el Cantar de los cantares 45, 8ss, passim)
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Poderoso ha hecho cosas grandes por mí, su nombre es santo" (Lc 1,49).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El encuentro con Dios me hace entrever continuamente nuevos espacios de amor y no me hace pensar lo más mínimo en haber hecho bastante, porque el amor me impulsa y me hace entrar en la ecología de Dios, donde el sufrimiento del mundo se convierte en mi alforja de peregrino. En esta alforja hay un deseo continuo: "Señor, si quieres, envíame. Aquí estoy, dispuesto a liberar al hermano, a calmar su hambre, a socorrerle. Si quieres, envíame". En un mundo tan poco humano, donde la gente llora por las guerras, por el hambre, el encuentro con Dios nos transforma, nos hace tener impresos en el rostro los rasgos de Dios, nos hace tener en el rostro el amor que hemos encontrado, junto con un poco de tristeza por no ver realizado este amor. Yo he encontrado al Señor, pero he encontrado asimismo nuestras miserias y, ante las más grandes injusticias - y muchas de ellas las he visto de manera directa-, nunca he podido ni he querido decir: "Dios, no eres Padre". Sólo me he visto obligado a decir justamente: "Hombre, hombre, no eres hermano". Y he vuelto a prometer a mi corazón el deseo de llegar a ser yo más fraterno, más hombre de Dios, más santo, a fin de propagar más el amor concreto que nos lleva a socorrer a los hambrientos, a las víctimas de la violencia, a los que no conocen ni siquiera sus derechos, a los que ya no se preguntan de dónde vienen ni a dónde se dirigen. Es preciso vivir el carácter cotidiano del encuentro con él, cambiando nosotros mismos. He visto realizarse muchos sueños inesperados. Pero el acontecimiento más extraordinario, que todavía me sorprende, empezó cuando niños, jóvenes, personas de todas las edades, me eligieron como padre, como consejero y como cabeza de cordada. No me esperaba precisamente esto, y cada vez que un alma, un corazón, se confía a mí para que le aconseje, dentro de mí caigo de rodillas y me repito: "Quién soy yo, quién soy yo para ser digno de guiar a personas más buenas que yo? No, no soy digno, pero, Señor, por tu Palabra, también yo "me volveré red" para tu pesca milagrosa" (E. Olivero, Amare con !l cuore di Dio, Turín 1993, pp. 7-9).
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Lunes 5ª semana del Tiempo ordinario Santa Escolástica, virgen Era hermana de san Benito, nació en Umbría a finales del siglo V y se consagró a Dios ya en la niñez. Su vida, envuelta de humildad y silencio, sería desconocida por completo si san Gregorio Magno no hubiera narrado en sus Diálogos el episodio que la hizo ser estimada por los místicos. Una vez al año iba al monasterio de Montecassino a visitar a su hermano y, en esta circunstancia, obtuvo con la fuerza de la oración prolongar el diálogo sobre las realidades celestiales durante toda la noche. Tres días después, Benito vio volar su alma al cielo desde su celda en forma de candida paloma y comprendió así que había entrado en la gloria eterna.
LECTIO Primera lectura: Génesis 1,1-19 1 Al principio creó Dios el cielo y la tierra. 2 La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas. 3 Y dijo Dios: -Que exista la luz. Y la luz existió. 4 Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas. 5 A la luz la llamó día y a las tinieblas noche. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero. 6 Y dijo Dios: -Que haya una bóveda entre las aguas para separar unas aguas de otras. Y así fue. 7 Hizo Dios la bóveda y separó las aguas que hay debajo de las que hay encima de ella. 8 A la bóveda Dios la llamó cielo. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. 9 Y dijo Dios: -Que las aguas que están bajo los cielos se reúnan en un solo lugar y aparezca lo seco. Y así fue. 10 A lo seco lo llamó Dios tierra y al cúmulo de las aguas lo llamó mares. Y vio Dios que era bueno. 11 Y dijo Dios: -Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla y árboles frutales que den en la tierra frutos con semillas de su especie. Y así fue. 12 Brotó de la tierra vegetación: plantas con semilla de su especie y árboles frutales que dan fruto con semillas de su especie. Y vio Dios que era bueno. 13 Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero. 14 Y dijo Dios: -Que haya lumbreras en la bóveda celeste para separar el día de la noche y sirvan de señales para distinguir las estaciones, los días y los años; 15 que luzcan en la bóveda del cielo para alumbrar la tierra. Y así fue. 16 Hizo Dios dos lumbreras grandes, la mayor para regir el día y la menor para regir la noche, y también las estrellas; 17 y las puso en la bóveda del cielo para alumbrar la tierra, 18 regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 19 Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
**• Los relatos de la creación presentan un lenguaje que puede ser calificado de "mítico", puesto que describen una acción divina que no podemos situar en la historia, sino en un "principio" que nadie ha podido conocer. En efecto, quién ha podido asistir al origen del mundo para poder contarlo? "Quién eres tú?", le recordará el Señor a Job: "Dónde estabas tú cuando afiancé la tierra?" (Job 38,4). El primer relato de la creación nos ofrece por eso algunas indicaciones que no son controlables científicamente, pero que tienen una gran importancia teológica. Estas indicaciones son dos, sobre todo: la primera tiene que ver con el modo como Dios ha creado, es decir, mediante la palabra; la segunda está relacionada, en cambio, con la estructura narrativa, que es la de los siete días semanales. Por ahora nos limitaremos a este último aspecto. El narrador de Gn 1 ha presentado toda la obra de la creación en un marco semanal. Se trata de un hecho claramente querido, tanto más porque las obras de la creación son más de siete, por lo menos diez: la luz, la bóveda (lámina) celeste, lo seco, la vegetación, las lámparas, los peces, los pájaros, el ganado, los reptiles, el hombre (varón y hembra). Ahora bien, la estructura semanal tiene un sentido concreto, una organización interna propia; a saber, la de seis días laborables más uno de descanso, el "día séptimo" hacia el que converge toda la obra semanal y en el que encuentra su consumación. A qué pregunta responde, pues, el relato de Gn 1, con su organización semanal? A una pregunta sobre el origen o sobre el fin? Pretende decirnos cuándo fue creado el mundo o bien para qué fue creado? El esquema semanal nos permite responder sin demora que el mundo -mejor sería decir la creación- está organizado en vistas a un fin preciso, y este fin se resume en el sábado, que es el día del descanso del hombre y de la alabanza al Creador. Al final de esta página, leemos la sorprendente afirmación de que "cuando llegó el día séptimo Dios había terminado su obra" (Gn 2,2). Cómo podía haberla "terminado", si en el mismo día cesó toda actividad? Sin embargo, a la máquina del mundo le faltaba precisamente el elemento esencial, hasta que no conoció el tiempo y el espacio de la oración.
Salmo 103. R. Goce el Señor con sus obras. Gloria
a Dios para siempre,
Evangelio: Marcos 6,53-56 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, 53 terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. 54 Al desembarcar, lo reconocieron en seguida. 55 Se pusieron a recorrer toda aquella comarca y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían decir que se encontraba Jesús. 56 Cuando llegaba a una aldea, pueblo o caserío, colocaban en la plaza a los enfermos y le pedían que les dejase tocar siquiera la orla de su manto, y todos los que lo tocaban quedaban curados.
**• Jesús realizó muchas curaciones, mediante la palabra y también mediante gestos, tanto en días laborables como también y sobre todo en sábado. Estas curaciones son pequeños signos de re-creación, de restitución del hombre no tanto a su salud originaria, que tal vez no haya existido nunca, como a la integridad final a la que está destinado en el sabio designio creador de Dios. En el compendio evangélico de hoy se habla de una "travesía" del lago de Galilea que, en realidad, no tuvo lugar. En efecto, Jesús y los discípulos se encuentran en Genesaret, en la misma orilla occidental desde la que habían partido. La intención de Jesús, al partir con los discípulos, era irse a un lugar aparte para descansar un poco {cf. Me 6,31). El proyecto no pudo llevarse a cabo, porque la gente le asediaba constantemente, llevándole a los enfermos "adonde oían decir que se encontraba Jesús". Éste no consigue tomar un poco de descanso, pero en compensación se lo da a manos llenas a la muchedumbre de menesterosos que recurre a él. Así pues, Jesús actúa, no consigue descansar. Sin embargo, el elemento más importante de este breve compendio de curaciones es que Jesús permanece completamente inactivo. Cura, sí, pero sin hacer nada, sin decir ni una palabra, sin aludir al mínimo gesto. Diríase que cura con su descanso, con la más perfecta inactividad, como si fuera su descanso el que cura, como si la paz que irradia de él sanara los tormentos de los hombres. En efecto, Jesús no hace otra cosa que "dejarse tocar", dejarse alcanzar, contactar. Son los otros quienes tienen que ingeniárselas para tocarle "siquiera la orla de su manto". Este manto es el tallit que se usaba para la oración y que, según la Tora (Nm 15,38), debía estar provisto de mechones de lana azul en las cuatro puntas. Jesús es un hombre en oración, un hombre "hecho oración", y es este cuerpo suyo en oración el que sana, el que cura, el que lleva a su consumación la creación.
MEDITATIO Escolástica es una figura en la que se pone de manifiesto al máximo el primado de la contemplación y del amor. Su hermano Benito la vio entrar en las alturas del cielo en forma de paloma, símbolo de inocencia y de sencillez. En este paso suyo deja en quien la contempla desde la tierra una estela para seguirla: la nostalgia del Cielo, que se alcanza únicamente con las alas del amor. En efecto, sólo quien ama conoce a Dios, porque el verdadero conocimiento es comunión. El amor que brota de Dios nos hace partícipes de su misma vida. Por nosotros mismos nunca hubiéramos sido capaces de conocerlo, pero el Padre, en su gran amor, envió a su Hijo, que, entregándose hasta el extremo, nos hizo capaces de entregarnos y de amar. Escolástica vivió completamente de cara al cielo, esperando el encuentro definitivo con su Señor. Todos los creyentes están llamados a hacer cada día este itinerario, separándose de las orillas del río del tiempo, para entrar en el día sin fin, en la comunión de los santos. Que su ejemplo nos ayude a creer que el amor lo puede todo, incluso lo que parece imposible.
ORATIO Oh santa Escolástica, resplandeces cual estupenda flor de gracia e inocencia; seguiste fielmente las huellas de tu santo hermano Benito: os unió en vida la comunión espiritual, os unen ahora el sepulcro y la gloria. Cristo estipuló contigo, desde la tierna infancia, una alianza eterna, seguro de que habrías de corresponder al don de tanta predilección. Herida en el corazón, ardes de celo por la vida monástica y brillas por un amor más ardiente. Paloma purísima, con rápido vuelo llegaste a las alturas del cielo, tú que con ánimo, mente y palabras anhelaste las eternas moradas. Obtennos también a nosotros llegar a la alegría de las bodas del Cordero y cantarle gloria. Amén.
CONTEMPLATIO Oh Dios amor, que me has creado, recréame en tu amor. Oh Dios amor, que me adquiriste para ti con la sangre de tu Hijo, santifícame en la verdad. Oh Dios amor, que me has adoptado como hija, haz que crezca según tu corazón. Oh Dios amor, que me has amado gratuitamente, concédeme amarte con todo el corazón, con toda el alma, con todas mis fuerzas. Oh Dios, amor infinitamente poderoso, confírmame en tu amor. Oh Amor sumamente sabio, concédeme amarte con sabiduría. Oh Amor infinitamente querido, concédeme vivir sólo para ti. Oh Amor eternamente fiel, consuélame en todas mis tribulaciones. Oh Amor siempre maravillosamente victorioso, concédeme perseverar en ti hasta el final. En la hora de la muerte, acógeme, llámame a ti diciendo: "Hoy estarás conmigo; sal ahora del exilio para entrar en el solemne mañana de la eternidad; allí me encontrarás, verdadero hoy del divino esplendor" (Gertrudis de Helfta, Exertitia V, 363ss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy estas palabras referidas a santa Escolástica: "Obtuvo más de su amado Señor porque amó más" (del responsorio del oficio de lecturas).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El rostro de santa Escolástica ha sido esculpido para siempre por estas últimas palabras del relato de san Gregorio: "Obtuvo más de su amado Señor, porque amó más". Amor, oración y deseo del Cielo constituyen el encanto espiritual de esta mujer. En el relato de los Diálogos, sorprende la personalidad de Escolástica. Es verdaderamente mujer, con todas las características de la feminidad: dulzura y afectividad, constancia y hasta audacia en el intento de obtener lo que desea. Pero presenta también una vena de simpática hilaridad, cuando del río de lágrimas pasa a la radiante sonrisa por el milagro acaecido. Dios, en efecto, obedece con prontitud a los qEscolástica consumó su existencia en absoluta fidelidad a la vocación que le había brotado en el corazón desde la infancia. Ahora, llegada a la plena madurez, demuestra que ha conservado la misma fe sencilla y segura con un ánimo fresco como el manantial de agua de donde surgía. En ella se encarna espléndidamente la tensión escatológica que recorre toda la Regla benedictina. Decir Escolástica es sumergir la mirada en las misteriosas profundidades azules del cielo donde su alma, bajo la candida apariencia de paloma, ha penetrado, atraída por la fuerza del Amor eterno. La vida de Escolástica concluye con el "milagro" signo de la "perfecta caridad" alcanzada. Caridad con Dios, ardientemente deseado, y caridad con los hermanos, tiernamente amados. La oración -escuchada de inmediato por el Señor- aparece como el puro y eficaz lenguaje del Amor. No es acaso éste el mensaje esencial que nos viene, todavía hoy, de la santa hermana del patriarca de los monjes de Occidente? (A. M. Cánopi, Monachesimo benedettino femminile, Seregno 1994, pp. 21-27, passim).
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Martes de la V Semana del Tiempo Ordinario Nuestra Señora de Lourdes La memoria facultativa en el misal romano denominada Nuestra Señora de Lourdes forma parte de las celebraciones "ligadas a razones de culto local y que han adquirido un ámbito más extenso y un interés más vivo" [Maríalis cultus, 8). Es la única memoria incorporada al calendario universal que hace referencia a una "aparición" mariana, la que recibió, en 1858, Bernadette Soubirous (1844-1879), en la que oyó este mensaje: "Yo soy la Inmaculada Concepción". La memoria litúrgica fue extendida, en 1907, a toda la Iglesia latina. La introducción en la liturgia no equivale a una declaración magisterial que le comprometa sobre la verdad histórica de la aparición con la presencia real de la Inmaculada.
LECTIO Primera lectura: Génesis 1,20-2,4a 1.20 Y dijo Dios: -Rebosen las aguas de seres vivos y que las aves aleteen sobre la tierra a lo ancho de la bóveda celeste. 21 Y creó Dios por especies los cetáceos y todos los seres vivientes que se deslizan y pululan en las aguas; y creó también las aves por especies. Vio Dios que era bueno. 22 Y los bendijo diciendo: -Creced, multiplicaos y llenad las aguas del mar; y que también las aves se multipliquen en la tierra. 23 Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. 24 Y dijo Dios: -Produzca la tierra seres vivientes por especies: ganados, reptiles y bestias salvajes por especies. Y así fue. 25 Hizo Dios las bestias salvajes, los ganados y los reptiles del campo según sus especies. Y vio Dios que era bueno. 26 Entonces dijo Dios: -Hagamos a los hombres a nuestra imagen, según nuestra semejanza, para que dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las bestias salvajes y los reptiles de la tierra. 27 Y creó Dios a los hombres a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios diciéndoles: -Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra. 29 Y añadió: -Os entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tienen semilla para sembrar; y todos los árboles que producen fruto con semilla dentro os servirán de alimento; 30 y a todos los animales del campo, a las aves del cielo y a todos los seres vivos que se mueven por la tierra les doy como alimento toda clase de hierba verde. Y así fue. 31 Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. 2.1 Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todo su ornato. 2.2 Cuando llegó el día séptimo Dios, había terminado su obra, y descansó el día séptimo de todo lo que había hecho. 2.3 Bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él había descansado de toda su obra creadora. 2.4 Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.
**• El hombre varón y hembra, el hombre-mujer, ha sido creado "a imagen de Dios". Pero quién es ese hombre hecho "a imagen", según la cultura del tiempo en el que fue escrito el texto bíblico? No es cualquiera, sino un hombre que está por encima de cualquier otro, es decir, el rey. Un breve texto babilónico (Gn 1 fue escrito precisamente en Babilonia) es bastante elocuente: "La sombra de Dios es el hombre / y los hombres son la sombra del Hombre; / el Hombre es el Rey, igual a la imagen de la divinidad". Es cierto que el autor de Gn 1 ha democratizado esta idea real, extendiendo a todo hombre-mujer la prerrogativa real de ser la imagen de Dios. En efecto, el mandato de someter la tierra y dominar sobre todos los seres vivos fue dado a todos los hombres indistintamente. Ahora bien, volvemos a preguntarnos: quién es el hombre que realiza plenamente esta misión real en el interior de lo creado? Acaso podemos responder que la realizamos todos, sin importar en qué condiciones? Los Padres, sobre todo los orientales, intentaron resolver este problema introduciendo una distinción entre la "imagen" y la "semejanza". A buen seguro, todos los hombres llevan en sí mismos la imagen divina, sea cual sea su condición histórica y su opción de vida. Ésta es indeleble en el hombre. Con todo, para reinar verdaderamente, tiene que conseguir asimismo una cierta semejanza con el verdadero rey del mundo, que es el Hijo, perfecta "imagen del Dios invisible" (Col 1,15): tiene que hacer suyas sus opciones, entrar en sus pensamientos. Esta perspectiva patrística, desde el territorio interior bíblico, corresponde a la afirmación paulina: "Y así como llevamos la imagen del [hombre] terrestre, llevaremos también la imagen del celestial [el Cristo resucitado]" (1 Cor 15,49).
Salmo 8. R. ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él? R.
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies. R.
Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar que trazan sendas por el mar. R.
Evangelio: Marcos 7,1-13 En aquel tiempo, 1 los fariseos y algunos maestros de la Ley procedentes de Jerusalén se acercaron a Jesús 2 y observaron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavárselas 3 -es de saber que los fariseos y los judíos en general no comen sin antes haberse lavado las manos meticulosamente, aferrándose a la tradición de sus antepasados; 4 y al volver de la plaza, si no se lavan, no comen; y observan por tradición otras muchas costumbres, como la purificación de vasos, jarros y bandejas-. 5 Así que los fariseos y los maestros de la Ley le preguntaron: -Por qué tus discípulos no proceden conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras? 6 Jesús les contestó: -Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me dan culto, enseñando doctrinas que son preceptos humanos. 8 Vosotros dejáis a un lado el mandamiento de Dios y os aferráis a la tradición de los hombres. 9 Y añadió: -!Qué bien anuláis el mandamiento de Dios para conservar vuestra tradición! 10 Pues Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a su padre o a su madre será reo de muerte. 11 Vosotros, en cambio, afirmáis que si uno dice a su padre o a su madre: "Declaro corbán, es decir, ofrenda sagrada, los bienes con los que te podía ayudar", 12 ya le permitís que deje de socorrer a su padre o a su madre, 13 anulando así el mandamiento de Dios con esa tradición vuestra que os habéis transmitido. Y hacéis otras muchas cosas semejantes a ésta.
*"• La disputa entre Jesús y los fariseos sobre el lavarse las manos antes de comer (estrechamente conectada con la siguiente, sobre la pureza de los alimentos) está situada en el centro de una sección del evangelio de Marcos que lleva como título "Sección de los panes " y que va desde 6,6b hasta 8,30. Está claro que el tema principal de esta sección es el del alimento, el del pan. Más exactamente, como vamos a ver, se trata del problema de la comunión de mesa entre hebreos y gentiles. Y es que los judíos siguen unas prescripciones tan minuciosas en el comer que tienen prohibido, de hecho, su participación en una mesa que no sea rigurosamente "pura" (kasher) desde el punto de vista alimentario. Los problemas verdaderamente grandes son siempre muy concretos, nunca especulaciones abstractas. Para la Iglesia primitiva, compuesta de judíos y gentiles, el poder sentarse juntos a la misma mesa era un hecho de suma importancia, que no podía ser obstaculizado por ninguna otra consideración (recuérdese el episodio de Antioquía y la reprensión de Pablo dirigida a Pedro: Gal 2,1 lss). La polémica evangélica sobre el hecho de lavarse las manos se comprende adecuadamente sólo sobre este trasfondo. Que sea preciso lavarse las manos antes de las comidas no está escrito, en efecto, en ninguna parte de la Ley. Se trata de una tradición no escrita, de una "tora oral", como enseñan los fariseos. Ahora bien, eso no significa que Jesús sea contrario a este uso, que cuenta con óptimas razones higiénicas y que también nosotros practicamos normalmente. Jesús se limita simplemente a afirmar que no se trata de la cosa más importante y establece una jerarquía, una escala de valores: lo primero es el hecho de comer juntos. De modo que el haberse lavado o no las manos no debe convertirse en un impedimento para la comunión de mesa con cuantos no observan esta tradición judía, y que pueden ser los mismos discípulos de Jesús.
MEDITATIO A fin de que Israel correspondiera a la elección divina y realizara plenamente la "semejanza" con Dios, que más tarde será la santidad ("Sed santos, como Yo soy santo": Lv 19,2), Dios le dio su Ley, la Tora. Esta ley consiste, precisamente, en una serie de pequeñas intuiciones sagaces, casi de "estratagemas", destinadas a imitar la santidad de Dios en los más pequeños gestos de la vida cotidiana. Lavarse las manos antes de comer o comer siguiendo ciertas reglas de pureza alimentaria son pequeños "trucos" que le recuerdan a Israel que es el pueblo elegido de Dios, santificado precisamente a través de estos preceptos. Jesús no ha venido a arramblar con todo esto. Contrariamente a una opinión muy difundida en el ámbito cristiano, Jesús no vino a "liberar" a Israel del yugo de los preceptos, no vino a abrogar la Tora (cf. Mt 5,17). Bien al contrario, la radicalizó aún más, la recondujo a sus intenciones originarias, al dato escrito que precede a toda reelaboración doctrinal posterior. Obrando así, nos recuerda a todos, judíos y cristianos, que la práctica de la Tora (para los primeros) y la obediencia a la Palabra escrita (para los segundos) es una imitatio Dei que restablece en el hombre, hecho a imagen de Dios, la plena semejanza con su Creador. En ambos casos se ve claro que el honor que el hombre tributa a Dios consiste, esencialmente, en vivir su propia vocación originaria: ser "imagen y semejanza" del Creador. Seremos capaces de recoger este desafío, de realizar una opción y vivir sus consecuencias?
ORATIO Salve, santa María, mujer humilde y pobre, bendita del Altísimo. Virgen de la esperanza, profecía de los tiempos nuevos, asocia a tu canto nuestras voces y acompáñanos en nuestro camino para anunciar la venida del Reino y la liberación total del hombre; para llevar a Cristo a los hermanos y alcanzar una comunión de vida más intensa con ellos; para engrandecer contigo la misericordia del Señor y cantar la alegría de la vida y la salvación. Virgen, arca de la nueva alianza, primicia de la Iglesia, acoge la oración de tus siervos.
CONTEMPLATIO Las imágenes y el lenguaje de las dos lecturas bíblicas, asociadas en la memoria litúrgica de nuestra Señora de Lourdes, nos elevan a la contemplación de la figura de María y sugieren interpretaciones de su iconografía. El retrato mariano que se eleva ante los ojos de la fe y de la devoción hace visible una efigie exterior aludida en la imagen de una exuberante maternidad y una representación de su identidad interior o espiritual iluminada por las palabras evangélicas o por la efigie de la visión de Lourdes. La abundancia del seno de María no es otra cosa que la maternidad del Hijo de Dios redentor; la imagen de los niños llevados en brazos repite la imagen tradicional de María que sostiene a su hijo, Jesús, y abre un escorzo sobre la contemplación de María madre de la Iglesia. Las palabras de bendición, de bienaventuranza, de una humildad visitada por el Omnipotente, de las grandes cosas realizadas por el Señor, perfilan la personalidad interior de la santa virgen y madre, que aparece en la visión de Lourdes como inmaculada, palabra que resuena en la catequesis en que se insistía en tiempos de este acontecimiento y confirmada en la oración litúrgica de la memoria de nuestra Señora de Lourdes, "María, madre inmaculada del Hijo de Dios Padre".
ACTIO Repite con frecuencia y vive el cántico de la Virgen María: "Es misericordioso siempre con aquellos que le honran" (Le 1,50).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El Magníficat se nos presenta como modelo de oración por sus contenidos y sus aspectos formales: es un cántico de acción de gracias y de alabanza; es memoria de las maravillas llevadas a cabo por Dios; expresión de concreción y de arraigo en la hora presente; mirada proyectada hacia el futuro. Es ejemplo de cómo, al dirigirnos a Dios, debemos conjugar el sentido de la trascendencia absoluta de Dios (él es el Señor, el Omnipotente, el Santo) con el de su sorprendente proximidad (dirige la mirada a los humildes, extiende su misericordia a los que fe temen, se acuerda de sus promesas). En el Magníficat, aquel a quien los teólogos llaman el "Totalmente Otro" se manifiesta muy próximo al hombre: el Dios inaccesible de la zarza ardiente se ha convertido ya en el Enmanuel, en el Dios-con-nosotros, en el seno de la virgen de Nazaret (Capítulo general de los hermanos Siervos de María, Serví di Magníficat, Roma 1996, n. 65 [edición española: Siervos del Magníficat: el cántico de la Virgen a la vida consagrada, Publicaciones Claretianas, Madrid 1997]).
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Jueves de la V Semana del Tiempo Ordinario LECTIO Primera lectura: Génesis 2,18-25 18 Después el Señor Dios pensó: No es bueno que el hombre esté solo; voy a proporcionarle una ayuda adecuada. 19 Entonces el Señor Dios formó de la tierra toda clase de animales del campo y aves del cielo y se los presentó al hombre para ver cómo los iba a llamar, porque todos los seres vivos llevarían el nombre que él les diera. 20 Y el hombre fue poniendo nombre a todos los ganados, a todas las aves del cielo y a todas las bestias salvajes, pero no encontró una ayuda adecuada para sí. 21 Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un letargo y, mientras dormía, le sacó una costilla y llenó el hueco con carne. 22 Después, de la costilla que había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. 23 Entonces éste exclamó: Ahora sí; esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne; por eso se llamará mujer, porque del varón ha sido sacada. 24 Por esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo. 25 Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza el uno del otro.
*+• "No es bueno que el hombre esté solo" (v. 18): es como si Dios, después de haber creado a Adán, se diera cuenta de que no lo había hecho bien. El hombre, por sí solo, es una criatura no lograda, incompleta. En el relato de Gn 1, después de haber creado al hombre varón y hembra, "vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno". Aquí, en cambio, el hombre macho, por sí solo, "no es bueno". Por qué es tan mala esta soledad de Adán? Precisamente porque el hombre no es Dios. El hombre es imagen de Dios, es "poco menos" que Dios (Sal 8), pero no es Dios. Sólo Dios es grande. La soledad va acompañada de una idea de grandeza, de autosuficiencia. El hombre, en cambio, es pequeño, debe crecer, debe multiplicarse. Debe recorrer un camino, no puede permanecer solo. El hombre, para tener una historia, necesita a alguien como él que le acompañe. La mujer es "una ayuda adecuada" a él (w. 18-20), como traduce nuestra Biblia. Pero, dicho con mayor precisión, es una ayuda contra él, una ayuda que se le resiste, que se le opone, que rompe su soledad. Es una ayuda precisamente porque le limita en su deseo de omnipotencia o porque le fuerza a salir de su aislamiento. Así pues, el autor del Génesis se muestra muy realista en el tema de la relación hombre y mujer, no proyecta sobre ella una mirada ideal. Esta relación puede llegar a ser conflictiva, como se dirá también a continuación (cf. 3,16). Sin embargo, está bendecida, precisamente porque sustrae al hombre, sustrae a la mujer, de la soledad. De ahí que el primer encuentro entre un hombre y una mujer tenga siempre algo de fascinante. Es la percepción de una pertenencia recíproca, de un destino común. La atracción ejercida por la mujer sobre el hombre, "hueso de mis huesos y carne de mi carne" (y. 23), es una fuerza misteriosa que le libera de una soledad que no es buena.
Salmo 127. R. Dichosos los que temen al Señor.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. R.
Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sion, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida R.
Evangelio: Marcos 7,24-30 En aquel tiempo, Jesús 24 salió de allí y se fue a la región de Tiro y Sidón. Entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no logró pasar inadvertido. 25 Una mujer, cuya hija estaba poseída por un espíritu inmundo, oyó hablar de él e inmediatamente vino y se postró a sus pies. 26 La mujer era pagana, sirofenicia de origen, y le suplicaba que expulsara de su hija al demonio. 27 Jesús le dijo: -Deja que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. 28 Ella le replicó: -Es cierto, Señor, pero también los perrillos, debajo de la mesa, comen las migajas de los niños. 29 Entonces Jesús le contestó: -Por haber hablado así, vete, que el demonio ha salido de tu hija. 30 Al llegar a su casa, encontró a la niña echada en la cama, y el demonio había salido de ella.
**• Jesús salió pocas veces de los límites de Israel. Como confiesa en otro lugar (en el paralelo de este episodio evangélico en Mt 15,24), no se sentía enviado más que "a las ovejas perdidas" de su pueblo Israel. Pero hizo algunas excepciones: fue a Fenicia, hizo una breve escapada "a la región de Tiro y Sidón" (v. 24). Aquí le salió al encuentro una mujer cuyo origen pagano subraya el evangelista: "Era pagana, sirofenicia de origen" (v. 26). No hace falta decir que Jesús, para encontrar a gente no judía, no necesitaba salir de la tierra de Israel. En sus tiempos, aunque aún no se llamara Palestina, su tierra era ya una provincia romana. Y, como tal, tenía a la cabeza un gobernador con sede en Cesárea, Poncio Pilato. Un poco por todas partes, iban surgiendo en el país centros ciudadanos con una fuerte presencia extranjera, sobre todo en Galilea, desde Tiberíades a Séforis. Para encontrarse con gentiles no era necesario, por tanto, que Jesús se aventurase en tierra extranjera; sin embargo, lo hace y, evidentemente, lo hace a propósito. Eso significa que su misión está destinada a atravesar las fronteras de su tierra, de su pueblo, de su nación. Sin embargo, no inmediatamente, no ahora. Jesús mantiene inicialmente una actitud de extrema reserva (rente a la mujer sirofenicia. Antes que nada le recuerda que la distinción entre judíos y gentiles ha sido querida por Dios y, en cuanto tal, ha de ser respetada, al menos en lo que se refiere a la precedencia: en el banquete mesiánico tienen que saciarse primero los invitados, los que tienen derecho, después también los otros, con lo que quede. Para expresar esta distinción imposible de suprimir, emplea Jesús unos términos casi antipáticos: los judíos son los "hijos", los gentiles son sólo "perrillos". No se puede poner en el mismo plano a los unos y a los otros: "No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos" (v. 27).
MEDITATIO
"No es bueno que el hombre esté solo". "No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos". A estas dos situaciones de falta de bondad, a la soledad de Adán y a la exclusión de los gentiles del banquete mesiánico, les pone remedio la mujer. Nótese que Jesús no habla, con desprecio, de "perros", sino de "perrillos", diminutivo cariñoso que expresa afecto, simpatía. Jesús conserva la distinción histórico- salvífica entre judíos y gentiles, pero al mismo tiempo la atenúa, porque sabe que está destinada a ser trascendida por la realidad definitiva del Reino de Dios. La mujer sirofenicia, con una gran intuición de lo que hay en el corazón de Jesús, de lo que piensa por dentro, tiene el valor de ofrecerle resistencia, de contradecirle: reconoce que los perrillos no tienen el mismo derecho que los hijos a sentarse a la mesa. Pero está dispuesta a contentarse con las migajas que caen debajo de la mesa. Acepta la discriminación, pero está convencida de que, en la mesa del Reino, una sola migaja es más que suficiente. Y con estas palabras vence al corazón de Jesús, le obliga a atenuar su rigor inicial: la mujer sirofenicia rompe la soledad de Jesús -su alimentar pensamientos tan profundos que difícilmente encuentran comprensión en los otros- y hace posible el milagro.
ORATIO
Sí, Señor, somos pecadores, no somos dignos de ser llamados hijos tuyos. Trátanos también como perrillos que mueven el rabo bajo la mesa, pero no nos expulses de la sala del banquete. El último sitio es bueno para nosotros, lo aceptamos con gratitud. Qué otra cosa necesitamos sino un sorbo, una migaja? Señor, en la mesa del Reino una sola migaja puede bastar.
CONTEMPLATIO
Dios, desde el principio, no confió todo a los hombres, ni les concedió que todas las cosas referentes a la vida dependieran exclusivamente de ellos. De ser así, la mujer sería despreciable si, durante la vida, no proporcionara alguna contribución. Sin embargo, Dios, que preveía esa discriminación, le asignó una tarea no inferior y lo mostró desde el principio cuando dijo: "Voy a proporcionarle una ayuda adecuada" (Gn 2,18). Y para evitar que el hombre, por haber sido creado en primer lugar y haber sido formadas las mujeres por medio de él, asumiera una actitud de superioridad respecto a ellas, Dios contuvo su presunción con estas palabras, demostrando que las cosas del mundo necesitan de la mujer no menos que del hombre (Juan Crisóstomo, L'unitá delle nozze, Roma 1984, p. 37).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El que consigue una mujer tiene el comienzo de la fortuna; una ayuda semejante a él y columna de apoyo" (Eclo 36,24).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Me parece que es necesaria una nueva cultura en la que la dimensión litúrgica ocupe el puesto central y, tal vez, determine el principio ético. Si tuviera que dar un título general a este esfuerzo, una noción clave para lo que quiero expresar, ésta podría ser: "El hombre, sacerdote de lo creado". Siento que nuestra cultura necesita revivificar el reconocimiento formal de que la superioridad de los seres humanos respecto al resto de las criaturas no consiste en la razón que poseen, sino en su capacidad de ponerse en relación de tal modo que creen acontecimientos de comunión, a partir de los cuales los seres individuales sean liberados de su estar centrados sobre sí mismos y, por consiguiente, de sus límites, y se vean referidos a algo más general que ellos mismos, a "otro". A Dios, si se quiere hacer uso de esta terminología tradicional. Un hombre así puede obrar no como agente pensante, sino como persona. La noción de "sacerdocio" debe ser liberada de sus connotaciones peyorativas y debe ser pensada como portadora en sí de la característica del ofrecer, en el sentido de abrir seres particulares a una relación trascendente con el otro –una idea que corresponde más o menos a la de amor en su sentido más radical (I. Zizioulas, // creato come eucaristía, Magnano 1994, p. 9).
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Viernes 5ª semana del Tiempo ordinario o 14 de febrero,
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Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo
Los santos Cirilo y Metodio eran de formación bizantina. Ambos nacieron en Salónica (Cirilo, en el año 827 o en el 828; Metodio, entre los años 812 y 820) y se convirtieron en los apóstoles de los pueblos eslavos. Fueron enviados por el emperador de Constantinopla Miguel III a Moravia. Allí llevaron a cabo un maravilloso trabajo apostólico, emprendiendo las traducciones de las Escrituras y de los libros litúrgicos a la lengua paleoeslava y formando discípulos. Llamados a Roma para justificarse por esta novedad, fueron recibidos con honor por el papa Adriano II, que aprobó su método misionero. Sin embargo, Cirilo, enfermo, falleció allí mismo el 14 de febrero del año 869 y fue sepultado en la iglesia de San Clemente. Metodio, ordenado arzobispo en Roma, volvió a Moravia, y allí murió el 6 de abril del año 885. Sus discípulos, expulsados de este país, se refugiaron en Bulgaria. Desde allí pasaron la liturgia y la literatura eslava al reino de Kiev, a Rusia y a todos Tos países eslavos de rito bizantino.
LECTIO Primera lectura: Hechos 13, 46-49 46 Entonces dijeron con valentía Pablo y Bernabé: "Era necesario anunciaros a vosotros en primer lugar la Palabra de Dios; pero ya que la rechazáis y vosotros mismos no os juzgáis dignos de la vida eterna, mirad que nos volvemos a los gentiles. 47 Pues así nos lo ordenó el Señor: " Te he puesto como la luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra." " 48 Al oír esto los gentiles se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban destinados a una vida eterna. 49 Y la Palabra del Señor se difundía por toda la región.
*> Casi toda la ciudad de Antioquía se reunió para oír la Palabra de Dios (el Evangelio). Al ver la muchedumbre se llenaron de celos los judíos y comenzaron a hablar contra lo que Pablo decía. Hasta blasfemaron (no de Dios, sino de Pablo). Es decir: usaron un lenguaje abusivo contra él. Esto quiere decir que estaban temerosos de perder su influencia sobre aquellos gentiles que habían estado buscando sus enseñanzas. También podría significar que tenían un celo por el judaísmo en el que no había lugar de bendición para los gentiles que no se hicieran judíos primero. La reacción de Pablo y Bernabé fue hablar valiente y libremente, diciendo que era necesario (esto es, necesario para cumplir con el plan de Dios) que la Palabra de Dios les fuera hablada primero a "vosotros, judíos". Pero, ya que los judíos la habían desechado con burla (rechazado) y por tanto, se habían juzgado a ellos mismos indignos de vida eterna (con su conducta), "he aquí" que los dos apóstoles se volvían (en aquel momento) a los gentiles. ("He aquí" señala que esta vuelta hacia los gentiles era algo inesperado y sorprendente para los judíos.) La vuelta hacia los gentiles no era en realidad una idea original de los apóstoles. Era más bien un gesto obediente a la Palabra profética dada en Isaías 49:6; con respecto al Mesías, el siervo de Dios. (Vea también Isaías 42:6; Lucas 2:30-32. Cristo y su Cuerpo, la Iglesia, los creyentes, participan en la obra de llevar la luz del Evangelio al mundo.) Al oír esto, los gentiles se regocijaron y glorificaron la Palabra del Señor. "Y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna." Esto podría sonar como si la Biblia estuviera enseñando una predestinación arbitraria en este momento. No obstante, no se dice que fuera Dios quien los "ordenara". La palabra "ordenados" puede significar aquí "decididos". Esto es, aquellos gentiles aceptaron la verdad de vida eterna por medio de Jesús, y no permitieron que la contradicción de los judíos los apartara de ella. La consecuencia fue que la Palabra del Señor se difundió por toda aquella provincia.
Salmo 116. R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos. R. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R.
Evangelio: Lucas 10,1-9 En aquel tiempo, 1 el Señor designó a otros setenta [y dos] y los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares que él pensaba visitar. 2 Y les dio estas instrucciones: -La mies es abundante, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. 3 !En marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. 4 No llevéis bolsa, ni alforjas ni sandalias, ni saludéis a nadie por el camino. 5 Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa. 6 Si hay allí gente de paz, vuestra paz recaerá sobre ellos; si no, se volverá a vosotros. 7 Quedaos en esa casa y comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa. 8 Si al entrar en un pueblo os reciben bien, comed lo que os pongan. 9 Curad a los enfermos que haya en él y decidles: Está llegando a vosotros el Reino de Dios.
**• El fragmento del evangelista Lucas comienza con Jesús enviando a los discípulos como el Padre le envió a él. Esta misión pone tal vez más de relieve, en todo caso más que la de los Doce, la universalidad de la evangelización. Su destinatario no es sólo el pueblo israelita, sino todas las naciones del mundo, puesto que toda la humanidad es esa mies madura para recibir la salvación. Por otra parte, en la vocación de estos primeros misioneros están representados todos los cristianos que, a lo largo de toda la historia de la Iglesia, han sido y son enviados por Cristo a ejercer el apostolado. El estilo debe ser el itinerante, basado en la pobreza y en la gratuidad. El contenido esencial del anuncio es el Reino de Dios y su paz. La oración es la actitud del discípulo que reconoce la gratuidad y la iniciativa divinas. La perspectiva que se abre ante los misioneros no es demasiado alegre y reconfortante. No pueden contar con la fuerza, ni con el poder, ni con la violencia. Es la pobreza la que se convierte en fundamento y signo de su libertad y de su plena entrega a la única tarea. El misionero está expuesto por completo, incluso por lo que se refiere a su sustento, a los riesgos de la misión: acogida o rechazo, éxito o fracaso; pero nada puede detener o impedir la prosecución de su mandato. Nuestro misión, hoy como ayer, es ser mensajeros de la paz y de la bendición de Cristo.
MEDITATIO San Cirilo eligió desde joven como esposa mística a la sabiduría divina, que se le apareció en sueños, y, como Salomón, la consideró más preciosa que los otros dones. Meditemos, pues, iluminados por las lecturas bíblicas y por el ejemplo vivo de estos santos, sobre quién puede ser considerado verdaderamente "sabio". Acostumbramos a llamar "docto" a quien conoce muchas cosas, consideramos "inteligente" al hombre que comprende lo que son las cosas; el sabio, sin embargo, es el que comprende el significado que las cosas y los acontecimientos deben tener para su vida. Ahora bien, las cosas y los acontecimientos pueden tener diferentes significados en la vida. Un comerciante adivina cuánto dinero puede ganar con ellas. Quien tiene como fin supremo su carrera busca cómo explotarlas para alcanzar el éxito en el trabajo. El sabio, por su parte, sabe aprovecharlo todo para ganar la amistad de Dios. "El comienzo de la sabiduría es el temor de Dios" (Sal 110,10). Todos observamos el mundo que nos rodea. Para un curioso, esto es ocasión de distracción, porque ve muchas cosas diferentes. El hombre de ciencia está obligado a elegir en su "campo visual" lo que tiene que ver con su especialización. El sabio consigue ver todo como la única imagen de la sabiduría de Dios, como un grandioso mosaico en el que cada piedrecita es preciosa, y, por consiguiente, todo lo que ve y aprende adquiere un valor inmenso y se vuelve fuente de alegría.
ORATIO Haz que resplandezca en nuestros corazones, oh Señor, que amas a los hombres, la luz incorruptible de tu sabiduría: te lo pedimos en nombre de los santos hermanos Cirilo y Metodio. Abre los ojos de nuestra mente para que podamos entender tus preceptos evangélicos. A fin de que, aplastados los deseos carnales, podamos llevar una vida espiritual, pensando y realizando todo lo que es de tu agrado, e invoquemos la fuerza de tu Espíritu de la sabiduría.
CONTEMPLATIO San Cirilo escogió como patrono especial de su vida a san Gregorio Nacianceno, llamado "el Teólogo", quien abandonó sus cargos en el mundo para dedicarse a escribir sermones y poesías, a fin de que Cristo, a través de él, pudiera "hablar en griego".Por eso recibió el sobrenombre de "Boca de Cristo". San Cirilo, que le imitó, decidió ofrecer al Salvador su conocimiento de las lenguas, a fin de que Dios, por medio de él, hablara en el idioma de los pueblos eslavos. Ambos santos se daban cuenta de que la capacidad de hablar constituye un gran privilegio humano. El hombre, que expresa su pensamiento con las palabras, es imagen de Dios Padre, el cual -precisamente por la Palabra, que es su Hijo- crea y gobierna el universo. En consecuencia, constituyen una gran responsabilidad para nosotros las palabras que salen de nuestra boca. Con ellas podemos hacer un enorme bien, pero, desgraciadamente, en ocasiones causan también mal. Crean las amistades o las destruyen. Con la palabra somos capaces de dirigirnos en la oración a Dios, el cual nos escucha y a menudo se digna acceder a lo que le pedimos. Por otra parte, también Dios se dirige a nosotros por medio de su Palabra, contenida en la Sagrada Escritura y en la predicación de la Iglesia. Escuchemos, pues, a Dios y Dios nos escuchará a nosotros.
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra de la Escritura: "Dame la sabiduría que comparte tu trono" (Sab 9,4).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cuando el niño [Cirilo] tenía siete años, tuvo un sueño, que le contó a su padre y a su madre de este modo: "El alcalde de la ciudad, después de haber convocado a todas las muchachas de la ciudad, me dijo: "Elige entre ellas a la que quieres como esposa y como ayuda que te convenga" (Gn 2,18). Entonces, tras mirarlas bien a todas, ví una que era más bella que las demás: tenía un rostro luminoso y estaba toda ella adornada de collares de oro y de gemas, y revestida de toda belleza; se llamaba Sofía, es decir, Sabiduría. La elegí a ella". Tras oír estas palabras, dijeron los generosos padres: "Dice la Sagrada Escritura: "Di a la sabiduría: 'Tú eres mi hermana'" (Prov 7,4), y si la llevas !unto a ti, para tenerla como esposa, por medio de ella serás liberado de muchos males". Le enviaron a la escuela y progresaba más que todos sus condiscípulos. Pero muy pronto tuvo el muchacho otra experiencia. Un buen día, según la costumbre de los hijos ricos de divertirse saliendo de caza, se fue con ellos al campo, llevando un halcón con él. Ya le había hecho emprender el vuelo cuando un viento levantado por la Providencia divina hizo que el halcón se perdiera por completo. Al muchacho le entró tal disgusto y tal tristeza que, durante dos días, no tocó alimento alguno. Pero después se arrepintió, diciendo: "Acaso no es esta vida de tal género que a la alegría le sucede la tristeza? Desde hoy en adelante, tomaré un camino mejor que éste". Se aplicó al estudio de las letras y aprendió de memoria los escritos de san Gregorio, el Teólogo. Y escribió sobre él la siguiente poesía: "Oh Gregorio, hombre en el cuerpo, te has mostrado ángel, porque tu boca glorifica a Dios como uno de los serafines e ilumina el mundo entero al explicar la fe. Acógeme también a mí, que a ti me acerco con amor y fe, y sé para mí maestro y fuente de luz" (de la Vida eslava de Constantino Cirilo).
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Sábado de la V Semana del Tiempo Ordinario LECTIO Primera lectura: Génesis 3,9-24 9 Pero el Señor Dios llamó al hombre diciendo: -Dónde estás? El hombre respondió: 10 -Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo. 11 El Señor Dios replicó: -Quién te hizo saber que estabas desnudo? Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer? 12 Respondió el hombre: -La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí. 13 Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: -Qué es lo que has hecho? Y ella respondió: -La serpiente me engañó, y comí. 14 Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente: -Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. 15 Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón. 16 A la mujer le dijo: -Multiplicaré los dolores de tu preñez, parirás a tus hijos con dolor; desearás a tu marido y él te dominará. 17 Al hombre le dijo: -Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol prohibido, maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga comerás sus frutos todos los días de tu vida. 18 Ella te dará espinas y cardos, y comerás la hierba de los campos. 19 Con el sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, de la que fuiste formado, porque eres polvo y al polvo volverás. 20 El hombre puso a su mujer el nombre de Eva -es decir, Vitalidad-, porque ella sería madre de todos los vivientes. 21 El Señor Dios hizo para Adán y su mujer unas túnicas de piel y los vistió. 22 Después el Señor Dios pensó: "Ahora que el hombre es como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal, sólo le falta echar mano al árbol de la vida, comer su fruto y vivir para siempre". 23 Así que el Señor Dios lo expulsó del huerto de Edén, para que trabajase la tierra de la que había sido sacado. 24 Expulsó al hombre y, en la parte oriental del huerto de Edén, puso a los querubines y la espada de fuego para guardar el camino del árbol de la vida.
*• Así pues, Dios había dicho al hombre: "No comas del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque si comes de él morirás sin remedio" (Gn 2,17). Esto, a decir verdad, no es un mandamiento, y mucho menos una amenaza, sino una advertencia. Dios no quiere la muerte del pecador. Lo que hace más bien es ponerle en guardia: has de saber que si haces esto, te pasará esto y esto. Dios revela un nexo de causa-efecto: el pecado produce muerte (cf. Sant 1,15). Sin embargo, la mujer, cuando le refiere a la serpiente las palabras de Dios, introduce en ellas algunas ligeras modificaciones que las trastornan: "Ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, a fin de que no muráis" (3,3). La conjunción final "a fin de que" no denota una simple relación causa-efecto, sino que revela el temor a un castigo. La Palabra de Dios no es ya la puesta en guardia paterna de que algo puede hacernos mal: se convierte en el castigo del amo que infunde temor en el siervo. Y este temor agiganta la puesta en guardia, y hasta tal punto es verdad que la mujer considera ese árbol nada menos que intocable, una especie de tabú. Es bastante significativo que nosotros, intérpretes de hoy, llamemos "interrogatorio" al diálogo entre Dios y el hombre tras el pecado, como si se tratara de un acto judicial o intimatorio. De hecho, nos ponemos también nosotros en el lugar de Adán, que se esconde porque tiene miedo de un castigo. En realidad, se trata de un puro acto de misericordia. Dios busca al hombre ("Dónde estás?") precisamente para salirle al encuentro, para decirle que no le ha abandonado, a pesar del pecado. Las mismas preguntas que Dios dirige al hombre y a la mujer no son en absoluto intimatorias, sino pedagógicas. Dios se dirige a ellos como si él mismo no supiera nada; por consiguiente, sin hacer valer nada, sin poner en una situación embarazosa, sino ayudando a tomar conciencia de un pecado que nosotros siempre estamos tentados a remover, a esconder, a descargar sobre los otros. A buen seguro, las consecuencias negativas del pecado no pueden dejar de manifestarse, aunque se ven atemperadas por una gran misericordia. Hemos de señalar, en primer lugar, que el hombre no muere como estaba previsto, no cae fulminado allí mismo. Su vida bajo el sol se volverá penosa, trabajosa, mortal, tal como la seguimos experimentando nosotros mismos, pero no se encuentra bajo el signo del castigo ni de la maldición: la serpiente sí es maldecida, pero el hombre y la mujer no.
Salmo 89. R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: "Retornad, hijos de Adán". Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; una vela nocturna. R.
Si tú los retiras son como un sueño, como hierba que se renueva que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R.
Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R.
Evangelio: Marcos 8,1-10 1 Por aquellos días se congregó de nuevo mucha gente y, como no tenían nada que comer, llamó Jesús a los discípulos y les dijo: 2 -Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen nada que comer. 3 Si los envío a sus casas en ayunas, desfallecerán por el camino, pues algunos han venido de lejos. 4 Sus discípulos le replicaron: -De dónde vamos a sacar pan para todos estos aquí en despoblado? 5 Jesús les preguntó: -Cuántos panes tenéis? Ellos respondieron: -Siete. 6 Mandó entonces a la gente que se sentara en el suelo. Tomó luego los siete panes, dio gracias, los partió y se los iba dando a sus discípulos para que los repartieran. Ellos los repartieron a la gente. 7 Tenían además unos pocos pececillos. Jesús los bendijo y mandó que los repartieran también. 8 Comieron hasta saciarse, y llenaron siete cestos con los trozos sobrantes. 9 Eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, 10 subió en seguida a la barca con sus discípulos y se marchó hacia la región de Dalmanuta.
*• La segunda multiplicación de los panes realizada por Jesús en favor de la muchedumbre hambrienta está ambientada en la misma localidad del episodio precedente: en la Decápolis, territorio pagano. Ésta es la segunda multiplicación, porque ya hubo una antes (Me 6,30-44), que se desarrolló, sin duda, al otro lado del lago; por tanto, en tierra de Israel. Ambos relatos son muy semejantes entre sí, si prescindimos de cierta diferencia de cifras respecto a los panes multiplicados, a los cestos con los trozos sobrantes y a las personas que comieron, sobre lo que ahora no vale la pena detenernos, aunque puedan constituir detalles significativos. Lo que importa, por encima de todo, es que Jesús se preocupa -de manera sucesiva- tanto de su pueblo como de los extranjeros, prepara un banquete mesiánico tanto para Israel como para los gentiles. En este sentido, la diferencia más significativa entre los dos relatos es que en el primero son los mismos discípulos los que toman la iniciativa, los que se preocupan del hambre de la gente que les sigue, aunque después no sepan cómo saciarla y piensen simplemente en despedir a la muchedumbre para que se vaya a sus casas. En el presente relato, en cambio, que precisamente está relacionado con los no judíos, todo tiene su nacimiento en la compasión de Jesús. Mientras se trate de próximos, de gente cercana, son los discípulos, somos nosotros mismos quienes nos preocupamos de ellos, de sentir compasión. Pero cuando se trata de gente lejana, de pecadores, se requiere una compasión más grande, y sólo Jesús es capaz de revelar la misericordia del Padre.
MEDITATIO En el relato genesíaco del pecado de Adán y Eva el asunto que está en juego, sobre todo, es el hecho de comer. "Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?", es la pregunta que dirige Dios al primer hombre. El árbol, en efecto, había parecido a la mujer "bueno para comer" (3,6). Comer, como alguien ha dicho, es un sinónimo de vivir. Qué comemos? De qué vivimos? De nuestro conocimiento o de la misericordia de Dios? De lo que nosotros mismos nos procuramos con nuestro esfuerzo, con el robo, o de lo que el Señor nos da gratuitamente? El hombre y la mujer pueden comer de todos los árboles en el huerto del Edén: todo les ha sido dado. Sólo un árbol les está prohibido (lo que no representa nada con respecto al todo), pero la dinámica del pecado hace aparecer la única cosa secundaria y desdeñable como si fuera la principal, como si, a falta de ella, lo demás no fuera nada. Se olvida la misericordia de Dios en nombre de algo que queremos conquistar nosotros, que queremos procurarnos sólo nosotros, poco importa de qué se trate (el árbol prohibido tiene un nombre distinto para cada uno). El problema que aparece en la sección evangélica de los panes es también el de comer, pero la perspectiva está invertida. No se trata de procurarse el pan, no se puede saciar el hambre en un desierto. Sólo es posible acoger un don, producto de la misericordia y la compasión, que se multiplica en partes iguales para todos. La situación del desierto, el estar desprovistos de todo, se convierte en la ocasión para volver a lo esencial, para comprender de qué vivimos verdaderamente. Tampoco Adán y Eva, expulsados del huerto, padecen una medida punitiva; simplemente, vuelven a darse cuenta de qué viven: de la misericordia. A fin de cuentas, es Dios, y sólo él, quien "sacia el hambre de todo ser vivo" {cf Sal 145,16). Es maravilloso experimentar que es sólo Dios quien calma nuestra hambre, de una manera sorprendente. También lo es experimentar que ni siquiera teníamos el coraje de admitirlo y que eso lancinaba nuestro corazón. Por otra parte, el alimento que él nos da es sobreabundante; es puro don, es fruto de un gesto gratuito que expresa la gratuidad de su amor por nosotros. Nosotros sólo tenemos que aceptar y comer su alimento.
ORATIO Que tu misericordia, Padre, nos acompañe siempre y en todas partes, en el huerto y en el desierto, porque sólo de ella tenemos necesidad. Haz que nunca sintamos la tentación de pensar que algo es más importante que tu misericordia: ni nuestra necesidad de conocer, ni nuestro deseo de triunfar, ni nuestras ganas de sobresalir. En el huerto, cuando es posible todo sueño, nos resulta fácil dejarnos seducir. Llévanos al desierto, tierra sin refugio, para comprender de qué vive el hombre. Padre nuestro, precisamente en el pecado aprendemos tu compasión.
CONTEMPLATIO Muévase nuestra razón a la búsqueda de Dios y la potencia concupiscible al deseo de él, y luche la potencia irascible para custodiarle. De este modo, si conforme a nuestros deseos vivimos esa ciudadanía, recibiremos, como pan supersustancial y vital para alimento de nuestras almas y para el mantenimiento del buen estado de los bienes que nos han sido otorgados, al Verbo mismo, que ha dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo y que da la vida al mundo" {cf. Jn 6,51-53). Él se convierte así para nosotros en todo, en la medida en que, mediante la virtud y la sabiduría, nos nutrimos de él. Y, a través de cada uno de los que se salvan, él tomara cuerpo de modo diverso -él sabe cómo- mientras todavía vivimos en este siglo [...]. Y el alimento que es este pan de vida y de conocimiento vencerá la muerte del pecado: este pan del que el primer hombre no pudo ser partícipe a causa de la transgresión del mandamiento divino. En efecto, si se hubiera llenado de este alimento divino, no habría sido presa de la muerte, consecuencia del pecado (Máximo el Confesor, "Sul Padre nostro", en La Filocalia, Turín 1983, pp. 305ss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (cf. Dt 8,3; Mt 4,4).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La comprensión de nuestro cuerpo como enfermo, pobre, débil, necesitado de ser inhabitado por el poder recreador del Espíritu, nos pone en la condición de la muchedumbre que seguía a Jesús por el desierto en torno a Betsaida. Y en el desierto de este mundo [...] prepara Jesús un banquete, adereza una mesa, nos sacia en ella. Aquel que en la última cena se entregará como alimento por las multitudes, acoge y reúne en el episodio de la multiplicación de los panes a una muchedumbre que no sabe adonde ir, y la transforma en la comunidad de los pobres saciados del verdadero pan de vida. La eucaristía es el pan del desierto, es el viático de los peregrinos, es la ofrenda, la entrega de un cuerpo [...]. El camino por el desierto es un viaje largo, impracticable, extenuativo a veces: a las fatigas del recorrido se añaden las heridas dejadas por quienes se han perdido en este camino. Pero también es verdad que el Señor no nos deja sin la eucaristía, el único pan que nos permite caminar hasta la visión del Señor, hasta el cara a cara con Dios. Debemos estar seguros de que si también nosotros llegamos a tocar el abismo de la desesperación como Elias, también veremos a un ángel que nos traerá el pan del desierto y nos dirá: "Come, y sigue caminando" [cf. 1 Re 19,1-8) (E. Bianchi, // mantello di E\ia, Magnano 1985/ p. 119 [edición catalana: El mantell d'Elies, Publicacions dé l'Abadia de Montserrat, Barcelona 1987]).
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VI Domingo del Tiempo Ordinario
LECTIO Primera lectura: Jeremías 17,5-8 5 Así dice el Señor: !Maldito quien confía en el hombre y se apoya en los mortales, apartando su corazón del Señor! 6 Será como un cardo en la estepa, que no ve venir la lluvia, pues habita en un desierto abrasado, en tierra salobre y despoblada. 7 Bendito el hombre que confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. 8 Será como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor, su follaje se conserva verde; en año de sequía no se inquieta ni deja de dar fruto.
*•• El profeta Jeremías nos ofrece en el texto que hemos leído una sentencia sapiencial insertada en un contexto profético (w. 5-8). Contraponiendo los extremos, con un estilo típicamente semítico, primero de modo negativo (w. 5ss) y a continuación positivo (w. 7ss), indica con claridad dónde se encuentra para el hombre la maldición que tiene como desenlace la muerte y dónde está la bendición que trae consigo la vida. El impío no está caracterizado, de una manera inmediata, como alguien que obra el mal, sino como un hombre que confía en sí mismo y en las cosas humanas ("se apoya en los mortales") y encuentra su seguridad en ellas (cf. Sal 145,3ss). Es alguien que se aleja interiormente del Señor: de esta actitud del corazón no pueden proceder más que acciones malas. Eso en lo que el hombre pone su confianza es como el terreno del que un árbol toma su alimento y su lozanía. De ahí que se compare al impío con un cardo que echa sus raíces en la estepa, lugar árido e inhóspito (v. 6): no podrá dar fruto ni durar mucho. También el hombre piadoso está caracterizado a partir de la intimidad: confía en el Señor, y por eso se parece a un árbol que hunde sus raíces junto al agua (cf. Sal 1), que no teme las estaciones ni las vicisitudes: ni desaparecerá ni se volverá estéril (w. 7ss), porque pone su fundamento en el Señor y en él encuentra su protección.
Salmo 1. R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.
Segunda lectura: 1 Corintios 15,12.16-20 Hermanos: 12 si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, por qué algunos de vosotros andan diciendo que no hay resurrección de los muertos? 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. 17 Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe carece de sentido y seguís aún hundidos en vuestros pecados. 18 Y, por supuesto, también habremos de dar por perdidos a los que han muerto en Cristo. 19 Si nuestra esperanza en Cristo no va más allá de esta vida, somos los más miserables de todos los hombres. 20 Pero no; Cristo ha resucitado de entre los muertos, como anticipo de quienes duermen el sueño de la muerte.
^ Si bien la resurrección de Jesús constituye el fundamento de nuestra fe, por otro lado constituye la base de nuestra esperanza: por esa verdad está dispuesto Pablo a jugarse su credibilidad personal, y lo hace con las "cartas boca arriba". Existe una relación estrecha entre la resurrección de Cristo de entre los muertos y nuestra resurrección. Es lo que intuyó el apóstol en el camino de Damasco y lo que le ha sostenido siempre a lo largo de su vida apostólica: ha encontrado a un Ser Vivo que ha vencido a la muerte. No tiene la menor duda de que de esa victoria brota para cada creyente el don que le permite esperar más allá de todas las humanas posibilidades. Una esperanza no sólo terrena, sino ultraterrena: por eso no somos los cristianos gente que tenga que ser compadecida; al contrario, tenemos recursos para consolar y confortar a los otros. Cristo resucitado es, en efecto, "como anticipo de quienes duermen el sueño de la muerte " (v. 20), es "el primogénito entre muchos hermanos" (Rom 8,29). Detrás de él, y en virtud de él, el alegre acontecimiento de la resurrección es y será experiencia de todos los que acojan a Jesús como Salvador. La esperanza cristiana se expresa asimismo en estos términos: la muerte ha sido vencida; la vida nueva en Cristo ya ha sido inaugurada; en Cristo viviremos para siempre la plenitud de la vida, en la totalidad de nuestro ser humano: cuerpo, alma y espíritu. No se trata, por consiguiente, de una esperanza atribuible a criterios humanos, sino de una esperanza-don, prenda de un bien futuro, que superará todas las previsiones humanas.
Evangelio: Lucas 6,17.20-26 En aquel tiempo, Jesús, 17 bajando después con los Doce, se detuvo en un llano donde estaban muchos de sus discípulos y un gran gentío, de toda Judea y Jerusalén, y de la región costera de Tiro y Sidón. 20 Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, se puso a decir: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. 21 Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque Dios os saciará. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. 22 Dichosos seréis cuando los hombres os odien, y cuando os excluyan, os injurien y maldigan vuestro nombre a causa del Hijo del hombre. 23 Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo; que lo mismo hacían sus antepasados con los profetas. 24 En cambio, !ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! 25 !Ay de los que ahora estáis satisfechos, porque tendréis hambre! !Ay de los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis! 26 !Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, que lo mismo hacían sus antepasados con los falsos profetas!
*"• Comienza aquí -y continúa hasta Le 8,3- la llamada "pequeña inserción" de Lucas respecto a Marcos, su fuente. Lucas, a diferencia de Mateo, reduce las bienaventuranzas de ocho a cuatro, pero a las cuatro bienaventuranzas añade cuatro amenazas. Según la opinión de los exégetas, Lucas nos presentaría una versión de las palabras de Jesús más cercana a la verdad histórica, y esto tiene su particular relevancia. Con todo, bueno será recordar que la mediación de los diferentes evangelistas a la hora de referir las enseñanzas de Jesús no traiciona la verdad del mensaje; al contrario, la centran y la releen para el bien de sus comunidades. Tanto las ocho bienaventuranzas de Mateo como las cuatro de Lucas pueden ser reducidas a una sola: la bienaventuranza -es decir, la fortuna y la felicidad- de quien acoge la Palabra de Dios en la predicación de Jesús e intenta adecuar a ella su vida. El verdadero discípulo de Jesús es, al mismo tiempo, pobre, dócil, misericordioso, obrador de paz, puro de corazón... Por el contrario, quien no acoge la novedad del Evangelio sólo merece amenazas, que, en la boca de Jesús, corresponden a otras tantas profecías de tristeza y de infelicidad. La edición lucana de las bienaventuranzas-amenazas se caracteriza asimismo por una contraposición entre el "ya" y el "todavía no", entre el presente histórico y el futuro escatológico. Como es obvio, la comunidad para la que escribía Lucas tenía necesidad de ser invitada no sólo a expresar su fe con gestos de caridad evangélica, sino también a mantener viva la esperanza mediante la plena adhesión a la enseñanza, radical, de las bienaventuranzas evangélicas.
MEDITATIO Existe una confianza que es falaz: esa que, según el dicho de Jesús, se apoya en la arena (Mt 7,26), no resiste las sacudidas del viento y de la lluvia y se hunde de una manera ruinosa. En última instancia, sólo Dios es la roca. Él ha demostrado su firmeza resucitando a Jesús de entre los muertos, "como anticipo de quienes duermen el sueño de la muerte" (1 Cor 15,20). Sobre esta verdad fundamental de nuestra fe meditan los textos de hoy. El texto de las bienaventuranzas-amenazas lucanas refleja una realidad ampliamente atestiguada por la experiencia: quien es rico tiende a poner su confianza en sus propias riquezas; quien es pobre tiende, en cambio, a ponerla en aquel que puede venir en su ayuda. Es el tema de los "pobres de YHWH", ampliamente presente en la Biblia (Sof 3,12). Un tema que alcanza en María, la Virgen-madre del Magníficat (Lc 1,46-48), su punto más elevado antes de la venida de Jesús, el "pobre de YHWH" por excelencia. Él vivió en la confianza más radical en su Padre, "como niño en brazos de su madre" (Sal 130,2). Hasta en los momentos más duros y difíciles de su vida permaneció apoyado firmemente en la roca de su amor. Antes de morir en la cruz, "gritando con fuerte voz, dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"" (Lc 23,46), dando así testimonio de una inquebrantable confianza en Dios (cf. Rom 4,17). Y el Padre le rescató del sepulcro y le hizo participar de la plenitud de vida para siempre. Como es sabido, este mensaje, profundamente evangélico, fue la base de la extraordinaria aventura espiritual vivida a finales del siglo XIX por santa Teresa de Lisieux, que relanzó en el mundo la "pequeña vía" de la infancia espiritual. Una aventura que nos invita también a nosotros a verificar sobre qué construimos nuestra vida, a verificar si, como Jesús, ponemos verdaderamente nuestra confianza en el Padre que está en el cielo. Sólo entonces, en efecto, seremos "como un árbol plantado junto al agua, que (...) no se inquieta ni deja de dar fruto" (Jr 17,8).
ORATIO Queremos ser pobres como tú, Jesús. No queremos depositar nuestra confianza en nosotros mismos, en nuestros recursos, en nuestras cualidades, en ningún tipo de riquezas, porque entonces cimentaremos nuestra vida sobre la arena y mereceremos aquella terrible amenaza que lanzaste un día contra los ricos: "!Ay de vosotros!". Preferimos seguir tus pasos y poner toda nuestra confianza en el amor de tu Padre y nuestro Padre, viviendo como niños en sus brazos, seguros de su fidelidad indefectible. Como María, su tiernísima madre, queremos apoyarnos en la omnipotencia de Aquel que te hizo resucitar de entre los muertos porque ama de una manera apasionada la vida de todos. Habrá momentos difíciles en nuestra vida. Son inevitables. A veces nos parecerá incluso que todo ha acabado para nosotros, que ya no podemos esperar nada. Pero hasta en esos momentos queremos decir, como tú en la cruz, con el corazón lleno de confianza filial: "Padre, en tus manos pongo mi vida".
CONTEMPLATIO "Jesús, al ver a las muchedumbres, subió al monte" (Mt 5,1). Ojalá, hermanos, nos suceda también a nosotros ver a las muchedumbres y, dejándolas, preparemos nuestro corazón para las subidas. Así pues, también tú, hermano mío, sube y sigue a Jesús. Si él bajó a ti fue para que, siguiéndole y por medio de él, tú te elevaras por encima de ti y también en ti hasta él. No temamos, hermanos: como pobres, escuchemos al Pobre recomendar la pobreza a los pobres. Es menester creer en su experiencia. Pobre nació, pobre vivió, pobre murió. Quiso morir, sí; no quiso enriquecerse. Creamos, pues, en la verdad, que nos indica el camino hacia la vida. Es arduo, pero breve; y la bienaventuranza es eterna. Es estrecho, pero conduce a la vida, nos pone en alta mar y nos hará caminar por lugares espaciosos. Pero es escarpado, porque se eleva y se camina por él hacia el cielo. Por eso nos resulta útil aligerarnos, no estar cargados en nuestro camino. Qué es lo que queremos? Buscamos la bienaventuranza? La verdad nos muestra la verdadera bienaventuranza. Queremos la riqueza? El Rey distribuye los reinos y hace reyes. Los hombres se han dejado atrapar en la red de esta peste desastrosa que es la búsqueda en vano: lo que es insuficiente cuesta poco esfuerzo; nos agotamos por lo superfluo. Cinco pares de bueyes, ése es el pretexto que les priva de las bodas del cielo, de las bodas que hacen pasar de la pobreza a la abundancia, del último sitio al primero, de la abyección a la dignidad, de la fatiga al reposo. Eliseo sacrificó los bueyes para seguir a Elías con mayor facilidad, y nosotros hacemos lo mismo y seguimos a Cristo (Isaac de Stella, Sermón I, 1.5.19, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichoso el que espera en el Señor, su Dios" (Sal 145,5).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Las bienaventuranzas nos indican el camino de la felicidad. Con todo, su mensaje suscita con frecuencia perplejidad. Los Hechos de los apóstoles (20,35) refieren una frase de Jesús que no se encuentra en los evangelios. Pablo recomienda a los ancianos de Efeso: "Tened presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: "Mayor felicidad hay en dar que en recibir"". Debemos concluir de ahí que la abnegación sea el secreto de la felicidad? Cuando evoca Jesús "la felicidad del dar", habla apoyándose en lo que él mismo hace. Es precisamente esta alegría -esta felicidad sentida con exultación- lo que Cristo ofrece experimentar a los que le siguen. El secreto de la felicidad del hombre se encuentra, pues, en tomar parte en la alegría de Dios. Asociándonos a su "misericordia", dando sin esperar nada a cambio, olvidándonos a nosotros mismos hasta perdernos es como somos asociados a la "alegría del cielo". El hombre no "se encuentra a sí mismo" más que perdiéndose "por causa de Cristo". Esta entrega sin retorno constituye la clave de todas las bienaventuranzas. Cristo las vive en plenitud para permitirnos vivirlas a nuestra vez y recibir de ellas la felicidad. Con todo, para quien escucha estas bienaventuranzas, queda todavía el hecho de que debe aclarar una duda: qué felicidad real, concreta, tangible, es la que se ofrece? Ya los apóstoles le preguntaban a Jesús: "Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos sequido; qué recibiremos, pues?" (Mt 19,27). El Reino de los Cielos, la tierra prometida, la consolación, la plenitud de la justicia, la misericordia, ver a Dios, ser hijos de Dios. En todos estos dones prometidos, en todos estos dones que constituyen nuestra felicidad, brilla una luz deslumbrante, la de Cristo resucitado, en el cual resucitaremos. Si bien ya desde ahora, en efecto, somos hijos de Dios, lo que seremos todavía no nos ha sido manifestado. Sabemos que, cuando esta manifestación tenga lugar, seremos semejantes a él "porque le veremos tal cual es" (1 Jn 3,2) (J.-M. Lustiger, Siate felici, Genova 1998, pp. 111-117, passim [edición española: Sed felices, San Pablo, Madrid 1998]).
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Lunes de la VI Semana del Tiempo Ordinario Los Santos Siete Fundadores de la Orden de los Servitas La orden de los hermanos Siervos de María nació en Florencia en 1233 y fue aprobada en 1304. Su comienzo fue singular: los fundadores fueron siete laicos florentinos, conocidos por los nombres de Bonfiglio (Monaldi), Bonagiunta (Manetti), Manetto (de ios Ante(ía), Amadio (de (os Amidei), Uguccione (de los Uguccioni), Sostegno (de los Sostegni) y Alessio (Falconieri). Su canonización tuvo lugar en 1888 -578 años después de la muerte del último de ellos- con la fórmula "a modo de uno solo", como ratificación del valor de la puesta en marcha y de la prosecución de un proyecto de vicia en comunión fraterna. Su inspiración originaria fue el seguimiento penitencial del Evangelio, la fraternidad, el servicio y la consagración de cada uno y de la orden a santa María, la gloriosa Domina.
LECTIO Primera lectura: Génesis 4,1-15.25 1 El hombre se unió a su mujer, Eva; ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: -!He tenido un hombre gracias al Señor! 2 Después tuvo a Abel, hermano de Caín. Abel se hizo pastor, y Caín agricultor. 3 Pasado algún tiempo, Caín presentó al Señor una ofrenda de los frutos de la tierra. 4 Abel le ofreció también los primogénitos de su rebaño y hasta su grasa. El Señor se fijó en Abel y su ofrenda, 5 más que en Caín y la suya. Entonces Caín se enfureció mucho y andaba cabizbajo. 6 El Señor le dijo: -Por qué te enfureces? Por qué andas cabizbajo? 7 Si obraras bien, llevarías bien alta la cabeza; pero si obras mal, el pecado acecha a tu puerta y te acosa, aunque tú puedes dominarlo. 8 Caín propuso a su hermano Abel que fueran al campo y, cuando estaban allí, se lanzó contra su hermano Abel y lo mató. 9 El Señor preguntó a Caín: -Dónde está tu hermano? Él respondió: -No lo sé; soy yo acaso el guardián de mi hermano? 10 Entonces el Señor replicó: -Qué es lo que has hecho? La sangre de tu hermano me grita desde la tierra. 11 Por eso te maldice esa tierra, que ha abierto sus fauces para beber la sangre de tu hermano que acabas de derramar. 12 Cuando cultives el campo, no te dará ya sus frutos. Y serás un forajido que huye por la tierra. 13 Caín contestó al Señor: -Mi culpa es demasiado grande para soportarla. 14 Tú me echas de este suelo, y tengo que ocultarme de tu vista; seré un forajido que huye por la tierra y el que me encuentre me matará. 15 El Señor le dijo: -El que mate a Caín será castigado siete veces. Y el Señor puso una marca a Caín, para que no lo matara quien lo encontrase. 25 Adán volvió a unirse a su mujer, y ésta dio a luz un hijo a quien puso por nombre Set, pues se dijo: -Dios me ha dado otro vástago en lugar de Abel, a quien mató Caín.
**• "El Señor se fijó en Abel y su ofrenda, más que en Caín y la suya" (w. 4b-5). El texto no dice ni una palabra de los motivos de este fijarse o, mejor aún, de esta preferencia por la ofrenda de Abel con respecto a la de Caín. Es cierto que podemos hacer suposiciones: Caín era el hermano mayor, Abel el menor, y la Escritura manifiesta casi siempre una preferencia por el hijo menor, más débil, menos aventajado (véase Isaac, Jacob, José, Benjamín). Otra: Caín, el agricultor, "presentó al Señor una ofrenda de los frutos de la tierra" (v. 3), mientras que Abel, el pastor, "ofreció también los primogénitos de su rebaño" (v. 4). Choque de culturas, conflicto entre pastores y agricultores: también esto es posible, aunque no se dice de un modo muy claro. Lo que sí está claro, en cambio, es que Dios puede tener preferencias, es libre de escoger a uno en vez de a otro. El amor tiene preferencias que probablemente sea difícil motivar. El choque entre Caín y Abel, que conduce al primer homicidio de la historia, pretende explicar el odio fratricida precisamente como efecto de los celos, de la envidia por la predilección divina. Por qué él sí y yo no? Por qué él más que yo? También José será odiado y vendido por sus hermanos a causa de sus celos. Hasta Pilato se dará cuenta de que los jefes de los judíos le habían entregado a Jesús "por envidia" (Me 15,10). En consecuencia, no nos es posible, excepto de un modo muy aproximativo, remontarnos a los motivos de la predilección divina. La elección de Dios es gratuita e incontrolable. A pesar de todo, es posible diagnosticar cuál es la causa, el resorte que hace estallar la aversión entre los hermanos, y esa causa es precisamente los celos por los dones del otro que no encontramos en nosotros y que consideramos una injusticia. La historia del primer fratricidio tiene, por consiguiente, un valor paradigmático. Cada vez que sintamos crecer en nosotros la aversión hacia alguien deberemos repetirnos la pregunta del Señor a Caín: "Por qué te enfureces? Por qué andas cabizbajo? Si obraras bien, llevarías bien alta la cabeza" (w. 6ss). Los dones del otro no están en contra de nosotros, sino que son para nosotros. Todo depende de la rectitud de nuestro corazón.
Salmo 49. R. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
<<Escucha,
pueblo mío, que voy a hablarte;
Evangelio: Marcos 8,11-13 En aquel tiempo, 11 se presentaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con la intención de tenderle una trampa. 12 Jesús, dando un profundo suspiro, dijo: -Por qué pide esta generación una señal? Os aseguro que a esta generación no se le dará señal alguna. 13 Y dejándolos, embarcó de nuevo y se dirigió a la otra orilla.
*" También los fariseos que discuten con Jesús están, en realidad, celosos de él. Le piden "una señal del cielo" (v. 11), una atestación divina, para demostrar que tampoco él es capaz de proporcionarla. Una señal del cielo: algo inequívoco, que atestigüe sin medias tintas la realidad de la elección de Jesús, de la predilección divina por él. Eres o no el elegido de Dios? Danos la prueba irrefutable de ello con una señal procedente "del cielo", es decir, de Dios mismo. Jesús no entra en este juego, no se deja coger en la trampa. Se niega a pedir al Padre una señal que ya le ha dado una vez, en el bautismo, y le volverá a dar aún en la transfiguración: "Tú eres mi Hijo amado". Jesús da un profundo suspiro, que es casi un gemido de su espíritu. Este suspiro, este gemido, expresa todo el sufrimiento de Dios por la incomprensión a la que son sometidos sus caminos, infinitamente misericordiosos, en este mundo. "Por qué pide esta generación una señal?" (v. 12). Es una pregunta semejante a la dirigida a Caín: por qué estás envidioso? Y no les dará la señal. Mejor aún: tienen la señal ante sus ojos. Jesús mismo es la señal del cielo, una señal dada a todas las generaciones humanas. Jesús mismo, a través de su gemido, a través del rechazo que ha debido padecer, a través de la muerte que tuvo que sufrir: aquí está la señal de la predilección divina por él, como ya ocurrió con Abel.
MEDITATIO En el calendario litúrgico propio de la orden, la celebración de los siete santos fundadores se eleva a la categoría de solemnidad, y, por consiguiente, las lecturas, colocadas en dos series, son seis, todas ellas tendentes a interpretar las experiencias, los acontecimientos y las inspiraciones de los orígenes a la luz de la Palabra de Dios. La primera serie se dirige a los componentes de la orden -hermanos, monjas, hermanas, institutos seculares, laicos-, hermanados en una identidad de inspiración a través de la diversidad de la institución. A través de Si 44,1-2.10-15 se teje el elogio de los padres fundadores, hombres ilustres, sensatos y virtuosos, dignos de posteridad. Mediante Ef 4,1-6.15-16 se estimula a los seguidores de los siete santos fundadores a continuar las convicciones y la visibilidad de la unidad en la fe y en la caridad en el nombre de un único Señor, Jesucristo, y de un único Padre. En la perícopa de Jn 17,20-24, el proyecto de unión y de unidad se hace oración con las palabras de Jesús al Padre: el estar unidos es signo de que Cristo es el enviado y el testigo del amor paterno de Dios. En la segunda serie, más adaptada a las celebraciones fuera de los confines de la orden, se proponen otras tres lecturas, o sea, las dos que hemos comentado más arriba, a las que se añade Is 2,2-5: esta última es una perícopa que recuerda la ascensión de los siete santos al monte Senario, en torno a 1245, donde maduró su conciencia obediencial a la inspiración mariana de la prosecución de una comunidad dedicada al servicio del Señor y de la santísima Virgen María, Madre de Dios, y de donde bajaron y se hicieron también siervos de paz. La abundancia de lecturas bíblicas cubre el ámbito de una experiencia evangélica múltiple. Como un estribillo se manifiesta la centralidad de la unión y de la unidad, de la comunidad en la fraternidad y en el servicio a Dios y al prójimo: hasta tal punto que los siete santos fundadores figurarían óptimamente como protectores de toda empresa de unidad y de cuantos llevan a cabo juntos intentos de construir unidades benéficas en la Iglesia y en la ciudad secular.
ORATIO A vosotros acudimos, santos hermanos y padres antiguos, para aprender de vosotros, vivas imágenes de Cristo, cómo cantar juntos las alabanzas de Dios y romper el pan de vida, como hermanos reunidos en torno a la mesa del Padre; cómo se anuncia el Evangelio de la paz y cómo se vive, se sufre y se muere por la Iglesia. A vosotros acudimos para aprender cómo se ama a Dios por encima de todo y se da la vida por los hermanos; cómo el perdón vence a la ofensa y cómo se devuelve el bien por el mal; cómo se tiende la mano al necesitado, cómo se alivia la pena al afligido, cómo se abre el corazón al amigo. A vosotros acudimos para aprender cómo se sirve a Dios en la alegría, con manos inocentes y corazón puro, día y noche, con amor vigilante; cómo servir a Cristo es seguirle: subir con él a la cruz para reinar con él en la gloria; cómo es una ley para nosotros llevar los unos el peso de los otros y prestarnos recíprocamente un libre servicio; cómo se repite el gesto de la humilde Sierva: convertir la vida en un servicio de amor al Hijo de Dios y a todos los hermanos.
CONTEMPLATIO [Los siete fundadores], dado el temor que sentían por su imperfección, tomaron una sabia decisión: se fueron humildemente a los pies de la Reina del cielo, la gloriosísima Virgen María, con todo el amor de su corazón, para que ella, que es mediadora y abogada, les reconciliara y les recomendara a su Hijo y, supliendo con su generosísima caridad sus imperfecciones, obtuviera, piadosa, abundancia de méritos. Por eso, en honor de Dios, se pusieron al servicio de la Virgen, su Madre, y desde aquel momento quisieron llamarse Siervos de Santa María, con un estilo de vida sugerido por personas sabias (Legenda de origine Ordinis fratrum Servorum Virginis Mariae [año 1317], n. 18).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la palabra de la liturgia: "Concédenos, Señor, la caridad ardiente de los siete santos fundadores".
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Bonfiglio te llamaron en la fuente bautismal, profetizando que te convertirías en el mejor de todos los hijos. Por eso te eligieron como primer guía de aquella familia religiosa de la que fuiste el primer siervo [...]. Vuestro programa era sencillo: "Ante todo y sobre todo, amar a Dios y, a continuación, al prójimo: éste es el mandamiento principal dado a cada uno". Primero Dios, porque Dios está dentro. Es él quien te lleva, el que te mantiene en pie, el que te hace caminar. A continuación, el prójimo, el otro, cada uno, que debe convertirse en otro "tú mismo". Pero se trata de un solo mandamiento, y tampoco en dos tiempos, sino en un solo tiempo [...]. Sencillo, pero sustancial, es vuestro mandamiento: "Id y predicad a todas las gentes la pasión de mi Hijo y mi dolor, de suerte que convirtáis al mundo". Era el mandamiento de la Madre que os había llamado, precisamente, en un día de viernes santo, el gran día en el que "se oscureció toda la tierra". Ésta era la razón de que os hubierais convertido en hermanos "Siervos de María": el mandato de Cristo y la consigna de la Madre; a saber: el Evangelio (como ya lo fuera para Francisco) según la interpretación de la Madre; de ella, que había dado carne a la Palabra, convirtiéndose en imagen viva de la Iglesia. Evangelio y piedad: ésta es vuestra única regla. Como san Pablo, que no sabía más que de Cristo, "y éste crucificado" (D. M. Turoldo, Come i primi Trovadori, Liscate-Milán 1988, pp. 15 y 16ss).
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Martes de la VI Semana del Tiempo Ordinario |
LECTIO
Primera lectura: Génesis 6,5-8; 7,1-5.10
6.5 Al ver el Señor que crecía en la tierra la maldad del hombre y que todos sus proyectos tendían siempre al mal,
6 se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra. Y, profundamente afligido,
7 dijo: -Borraré de la superficie de la tierra a los hombres que he creado: a los hombres, a los animales, reptiles y aves del cielo, pues me arrepiento de haberlos creado.
8 Pero Noé alcanzó el favor del Señor.
7,1 El Señor dijo a Noé: -Entra en el arca tú con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en esta generación.
2 De todos los animales puros toma siete parejas, macho y hembra;
3 también de las aves del cielo toma siete parejas, macho y hembra, para que se conserven sobre la tierra.
4 Porque dentro de siete días haré que llueva sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches y borraré de ella a todos los seres que he creado.
5 Noé hizo todo lo que Dios le había ordenado.
10 Y al cabo de siete días cayeron sobre la tierra las aguas del diluvio.
**• Tras el pecado de Adán y Eva, tras el de Caín, tras el de los "hijos de Dios" (que probablemente no son ángeles, sino también seres humanos), llega Dios a la inevitable conclusión de que la maldad de los hombres es un hecho irremediable. Dios se da cuenta de que el pecado humano es tal que compromete la bondad de la creación llevada a cabo por él: y el Señor "se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra" y se sintió profundamente afligido (6,6).
!Vaya un Dios sorprendente, que se arrepiente de lo que apenas acaba de hacer! Sin embargo, Dios no se arrepiente justamente de la creación en sí, que sigue siendo buena; le disgusta el pecado de los hombres, que la contamina, que la corrompe. En realidad, correspondería a los hombres "arrepentirse" de sus pecados: Dios hace lo que los hombres no son capaces de hacer. Y su arrepentimiento (si así podemos llamarlo) inventa el único remedio posible, dada la gravedad de la situación. El remedio es radical: destruir para reconstruir, des-crear para re-crear, recomenzar todo desde el principio.
El mito del diluvio, de una inundación total de la tierra por las aguas, es tan viejo como el mundo. Tenemos paralelos literarios en la antigua Mesopotamia y versiones orales en casi todas las culturas primitivas. El autor bíblico lo reelabora como el único remedio posible a la maldad del corazón humano. Ahora bien, nada sería más erróneo que tomarlo, al pie de la letra, como un castigo que golpea de una manera indiscriminada a justos e injustos, a inocentes y a culpables.
La intención divina es más bien recrear el mundo, renovar la faz de la tierra. Alguien sobrevive, por gracia, al flagelo, y éste representa a toda la humanidad salvada de las aguas, el fundador de una nueva familia humana. Tanto es así que, en la tradición cristiana, Noé se convertirá en una figura de Jesús; las aguas del diluvio pasarán a ser emblema del bautismo que ahora nos salva, y el arca de la supervivencia de hombres y animales llegará a ser una imagen de la "barca" eclesial (sin llegar a decir, no obstante, que fuera de la Iglesia no hay salvación).
Salmo 28.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R.
El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime: "¡Gloria!".
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R.
Evangelio: Marcos 8,14-21
En aquel tiempo,
14 los discípulos se habían olvidado de llevar pan y sólo tenían un pan en la barca.
15 Jesús entonces se puso a advertirles, diciendo: -Abrid los ojos y tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la levadura de Herodes.
16 Ellos comentaban entre sí que pensaban que les había dicho aquello porque no tenían pan.
17 Jesús se dio cuenta y les dijo: -Por qué comentáis que no tenéis pan? Aún no entendéis ni comprendéis? Es que tenéis embotada vuestra mente?
18 Tenéis ojos y no veis; tenéis oídos y no oís. Es que ya no os acordáis? 19 Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis cuando repartí los cinco panes entre los cinco mil? Le contestaron: -Doce.
20 Jesús insistió: -Y cuántos cestos llenos de trozos recogisteis cuando repartí los siete entre los cuatro mil? Le respondieron: -Siete.
21 Jesús añadió: -Y aún no entendéis?
**• Inmediatamente antes habíamos leído la respuesta, casi cortante, que da Jesús a los fariseos que le pedían una señal del cielo: "Por qué pide esta generación una señal? Os aseguro que a esta generación no se le dará señal alguna" (8,12b). En realidad, Jesús acaba de dar una señal: es la señal del pan partido y multiplicado en ambas orillas del lago, para Israel y para los gentiles. No se dará ninguna otra señal a esta generación, ni a todas las generaciones, a no ser la pequeñísima señal del pan partido por todos, de la eucaristía.
Qué comentan ahora los discípulos en la barca? Dicen que no tienen pan, que se han olvidado de comprar. !Increíble! Han sido no sólo espectadores, sino protagonistas de las dos multiplicaciones y, pese a todo, aún tienen miedo de quedarse sin pan. Ahora bien, de qué pan se está hablando en realidad? Del pan fermentado de las personas religiosas (los fariseos) y de los ambientes políticos (los herodianos). Cómo se obtiene este pan? Sobre la base de ciertas opciones ideológicas, de ciertos cálculos económicos.
En la barca no hay más que un solo pan. Es el único pan necesario y suficiente. Es el pan ázimo de la eucaristía. Es Jesús este pan, es su cuerpo entregado, su sangre derramada, su corazón partido. Éste es el pan multiplicado en las dos orillas del lago, pero los discípulos no comprenden aún.
MEDITATIO
"Al ver el Señor que crecía en la tierra la maldad del hombre y que todos sus proyectos tendían siempre al mal, se arrepintió...". El texto de Gn 6,5 dice esto: "Todos los pensamientos que formaba en su corazón durante todo el día eran sólo mal". El corazón es el lugar en el que se forman los pensamientos, en el que se conciben las acciones: pues bien, este corazón no hace otra cosa más que concebir el mal, meditar delitos, idear malos pensamientos.
Ya lo había dicho claramente Jesús en la disputa sobre lo puro y lo impuro, reprendiendo a los mismos discípulos por su escasa comprensión: De modo que tampoco vosotros entendéis? No comprendéis que nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo, puesto que no entra en su corazón, sino en el vientre, y va a parar al estercolero? [...] Lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre. Porque es de dentro, del corazón de los hombres, de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, soberbia e insensatez. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre" (Me 7,18-23). Son los mismos malos pensamientos que encontró Dios en el corazón del hombre, y a causa de los cuales vino el diluvio sobre la tierra. Pero es también la situación en la que nos encontramos hoy. Todavía hoy sigue endurecido nuestro corazón como el de los discípulos, a pesar de la amistad de Dios, a pesar de la señal del pan multiplicado. Tenemos ojos y no vemos, tenemos oídos y no oímos. Buscamos constantemente otro pan, un pan que no sacia, y, al hacer esto, nuestro corazón no cesa de formar pensamientos inútiles, de concebir designios impuros. Sólo podremos poner límite a esta proliferación de pensamientos si comprendemos que el único pan que hay en la barca es el que nos basta. El pan único es el corazón del Hijo que ha entregado su vida por nosotros.
ORATIO
Señor, tú has visto nuestro corazón: en él no hay más que mal todo el día. Has sumergido en el bautismo todo el mal que llevamos dentro, pero nuestro corazón vuelve a empezar desde el principio, a elaborar designios malvados.
En el arca de antaño, en la barca de hoy, no tenemos otro dique contra el diluvio de los pensamientos que el corazón de Jesús, único pan necesario.
CONTEMPLATIO
Dios, por ser creador de lo que existe y no de lo que no existe, es extraño a la causa responsable del mal: Dios ha creado la vista, no la ceguera; ha suscitado la virtud, no la privación de la misma; ha otorgado como premio a la buena voluntad el don de sus bienes a quien regula virtuosamente su propia vida, sin someter a su propia voluntad la naturaleza humana con violenta necesidad, arrastrándola de manera forzada al bien como un objeto inanimado. Si ante la luz, que se difunde pura desde el ciclo sereno, cerramos los ojos bajando los párpados, el que no ve no puede considerar al sol culpable (Gregorio de Nisa, La grande catechesi, Roma 21990, p. 67 [edición española: La gran catcquesis, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1993]).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Él da alimento a todos los vivientes, porque es eterna su misericordia" (Sal 135,25).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
"El buen Dios, que nos ama tanto, ya tiene bastante pena con estar obligado a dejarnos cumplir nuestro tiempo de prueba en la tierra, sin que vengamos constantemente a decirle que estamos mal en ella; no tenemos que adoptar el aspecto de que nos damos cuenta de ello" (CSG, 58).
Este pasaje de santa Teresa, cuando lo comparamos con la idea generalmente difundida, tiene un carácter singular. Se ha empleado tanto el vocabulario del sufrimiento en la teología occidental que parece que Dios, sin complacerse propiamente en el sufrimiento del hombre, lo desea en sí mismo. Recordemos, por ejemplo, a Pascal diciendo que la enfermedad es el estado natural del cristiano, que debe asombrarse de estar sano: !qué horrible proposición!
Ahora bien, el pasaje de santa Teresa que acabamos de citar implica una sensibilidad nueva en relación con el sufrimiento. No se trata de que santa Teresa quiera una vida sembrada de facilidades: es sabido que siempre tomó en la religión su dimensión de austeridad y de esfuerzo, que siempre tuvo una devoción particular al rostro crucificado del Señor, hasta el punto de llevar su nombre. En efecto, se llama Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se puede decir que su corta vida fue una sucesión de pruebas, la más doloroso de las cuales fue la parálisis de su padre, antes de que llegara su consunción.
Pero no atribuye a este sufrimiento un valor de salvación en cuanto es sufrimiento, como a menudo hacen los cristianos, y, sobre todo, como los adversarios del cristianismo les reprochan.
El sufrimiento, para Teresa, es un medio en vistas a un fin. Eso supone unirse a la idea profunda de la epístola a los Filipenses y de la epístola a los Hebreos: el sufrimiento de Cristo es una consecuencia de su obediencia al Padre. No le fue impuesto a causa de ningún valor del sufrimiento en sí mismo. Ahora bien, tras la caída, el sufrimiento (por el que podemos brindar a Dios una adhesión desinteresada y redimir el mal uso de la libertad), el sufrimiento, decía, es un medio corto de acercarnos a nuestro fin. Dios, que lo ve y lo quiere, lo ve y lo quiere a la manera de un remedio o de una operación de cirugía. Y este medio violento es tan pasajero, y sobre todo es tan ínfimo, cuando lo comparamos con lo que obtiene, que es de otro orden: eterno, dichoso, inmutable. Por eso, se comprende que la hermana de Teresa haya condensado su pensamiento sobre el mal en esta imagen atrevida y virgiliana: Dios sufre por nuestro sufrimiento, Él nos lo envía volviendo la cabeza.
Desde esta perspectiva, el Dios de los cristianos no es un Dios "vengador", sino un Amor eterno, educador, prudente y sabio, que, lejos de multiplicar las penas, se las ingenia para abreviarlas, suspenderlas y reducirlas, en la medida en que ello es divinamente posible, para satisfacer su justicia, que, por lo demás, es idéntica a la gloria que desea para las almas.
Estamos lejos de la idea del valle de lágrimas. Tampoco se trata de la lluvia de rosas que el lector superficial de santa Teresa se imagina que la santa quería que cayera continuamente sobre sus amigos. Estamos más allá de ambas imágenes, comprendemos el sufrimiento en su finalidad profunda: lo trasladamos a su medida divina.
Volvemos a encontrar aquí, bajo una forma muy sencilla, la enseñanza de san Pedro y san Pablo cuando decían, sin haberse puesto de acuerdo y partiendo de puntos de vista bastante diferentes, que los sufrimientos de este tiempo no tienen ninguna comparación con el peso eterno de la gloria, o que estamos tristes durante un breve lapso de tiempo por diversas pruebas, puesto que es necesario. Modicum, leve, momentaneum.
Y podríamos decir que ése es también, en san Lucas, el pensamiento de Jesús resucitado, cuando conversa con los discípulos por el camino de Emaús: Jesús no hace alusión a la rapidez de la cruz, pero los tres compañeros sabían que la cosa había sido rápida, puesto que el jueves precedente ya no se hablaba de ella. Y Jesús recuerda la ley de toda carne y de todo espíritu: "No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?" (Le 24,26).
Cuando se piensa en la objeción del racionalismo, del humanismo y del comunismo contra la doctrina cristiana como enemiga de la felicidad, se puede calibrar qué oportuna es esta dirección de la mística teresiana.
El sufrimiento no es obra de Dios, del Dios bueno, del Padre de quien viene todo bien; es obra del pecado, fruto de la desgracia original: pero la adorable misericordia divina transforma ese fruto amargo en un remedio "ennoblecedor". Goza ya de nosotros. "!Oh, cuánto bien hace este pensamiento a mi alma -escribe Teresa-, comprendo entonces por qué Él nos deja sufrir!" (J. Guitton, El genio de Teresa de Lisieux, Edicep, Valencia 1996, pp. 33-35).
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Viernes de la VI Semana del Tiempo Ordinario San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia
LECTIO Primera lectura: Génesis 11,1-9 1 Toda la tierra hablaba una misma lengua y usaba las mismas palabras. 2 Al emigrar los hombres desde oriente, encontraron una llanura en la región de Senaar y se establecieron allí. 3 Y se dijeron unos a otros: -Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego. Emplearon ladrillos en lugar de piedras y alquitrán en lugar de argamasa. 4 Y dijeron: -Vamos a edificar una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo; así nos haremos famosos y no nos dispersaremos sobre la faz de la tierra. 5 Pero el Señor bajó para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban edificando 6 y se dijo: "Todos forman un solo pueblo y hablan una misma lengua, y éste es sólo el principio de sus empresas; nada de lo que se propongan les resultará imposible. 7 Voy a bajar a confundir su idioma, para que no se entiendan más los unos con los otros". 8 De este modo, el Señor los dispersó de allí por toda la tierra y dejaron de construir la ciudad. 9 Por eso se llamó Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de todos los habitantes de la tierra y desde allí los dispersó por toda su superficie.
*+• La llamada "tabla de los pueblos", que se encuentra en el capítulo precedente del Génesis, ha descrito la dispersión étnica, lingüística, política y territorial como un designio preciso ordenado a la edificación del Reino de Dios en la historia. La diáspora de los pueblos sobre la faz de la tierra es necesaria, es querida por Dios. El episodio de la construcción de la ciudad y de la torre en la tierra de Senaar representa, en cambio, la tentación humana, siempre repetida, de sustraerse a este designio originario, creacional. Los hombres tienen miedo a verse dispersados. En este sentido, la ciudad y la torre, el nombre y la fama, la unidad lingüística y también política (ya que tener "una misma lengua y [...] las mismas palabras" no tiene el valor de una unidad exclusivamente lingüística, sino también el de un proyecto político común), constituyen todos los ingredientes de un programa antidiáspora y, por tanto, intrínsecamente imperialista. A la inversa, el acto con el que Dios "baja" para confundir su lengua (v. 7) no ha de ser entendido como un gesto punitivo, destinado a vengar una ofensa que le haya sido hecha. La diversidad de la gente en la tierra no es una condena. El Señor no hace otra cosa, con su intervención, que restablecer su designio originario: su bajada, en realidad, es un acto de pura condescendencia. Para citar a un escritor moderno, Erri de Luca: "Los hombres cultivan con obstinación residual el sueño de una única fábrica que llegue al origen de la infinita variedad. Dios demolió en Senaar la pretensión de aferrar, gracias a la técnica, a la ingeniería, el universo. No hemos quedado persuadidos. La dispersión de las lenguas y de las creencias que allí tuvo lugar por parte de Dios constituye la prueba de una providencia que todavía no ha sido apreciada".
Salmo 32. R. Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad.
La
palabra del Señor es sincera,
La palabra
del Señor hizo el cielo; Los ojos
del Señor están puestos en quien lo teme, Nosotros
aguardamos al Señor:
Evangelio: Marcos 8,34-9,1 En aquel tiempo, 8.34 Jesús reunió a la gente y a sus discípulos y les dijo: -Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. 35 Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia la salvará. 36 Pues de qué le sirve a uno ganar todo el mundo si pierde su vida? 37 Qué puede dar uno a cambio de su vida? 38 Pues si uno se avergüenza de mí y de mi mensaje en medio de esta generación infiel y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. 9.1 Y añadió: -Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto antes que el Reino de Dios ha llegado ya con fuerza.
**• Pedro, como ya hemos visto, ha confesado el mesiazgo de Jesús, aunque sin saber muy bien lo que decía. La prueba es que inmediatamente después, cuando Jesús habla de la necesidad de que el Hijo del hombre sufra mucho, Pedro lo coge aparte y le reprueba, del mismo modo que se haría con un escolar (8,32). Entonces Jesús considera que ha llegado el momento de decir con toda claridad a sus discípulos que su destino doloroso, el rechazo de los hombres, son realidades que ellos mismos deben asumir, realidades que deben llevar junto con él: "Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga" (8,34). Se trata de renunciar a sí mismo, a los propios puntos de vista, a la propia voluntad, a los propios sueños de grandeza. Más aún, Jesús lleva a cabo un cambio radical de perspectiva que nos recuerda este dicho isaiano: "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, vuestros caminos no son mis caminos, oráculo del Señor" (Is 55,8). En la práctica, es siempre lo contrario lo que resulta verdadero: si nosotros pensamos una cosa, es que Dios piensa otra; si nosotros recorremos un camino, es que Dios nos pide que recorramos otros. Hay un dicho de Jesús que aparece varias veces en los cuatro evangelios, un dicho que posiblemente presente más posibilidades que ningún otro de ser una ipsissima vox Jesu, un dicho históricamente auténtico de Jesús. Este dicho, que no tiene paralelos en toda la literatura rabínica, suena precisamente así: "El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia la salvará" (8,35). Queremos salvar nuestra vida? En realidad, ya la hemos perdido. Hemos perdido nuestra vida? En realidad, la hemos salvado.
MEDITATIO Cuando los hombres, reunidos en el valle de Senaar, se dijeron unos a otros: "Vamos a edificar una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo; así nos haremos famosos y no nos dispersaremos sobre la faz de la tierra" (Gn 11,4), es probable que su intención no fuera la de desafiar a Dios. No querían escalar el cielo con su torre. El verdadero motivo de su acción era precisamente el miedo a dispersarse: la ansiedad que experimenta el hombre ante lo nuevo, ante lo diferente, ante lo original; su refugio instintivo en lo que le es familiar, siempre igual, tranquilizador. Este miedo a la dispersión es un miedo mortal, y el "hacerse un nombre" es un modo de intentar escapar a la muerte, de intentar salvar la propia vida. Sin embargo, lo verdadero es exactamente lo contrario: precisamente la dispersión, el dar la vida, forman parte del proyecto salvífico de Dios, mientras que la grandeza del nombre, de la fama, del poder, es un miserable antídoto contra la muerte. No sólo es incapaz de evitarla, sino que no hace más que agigantarla, otorgarle unas dimensiones cada vez más temerosas, vertiginosas: la grandeza del "nombre" no hace más que multiplicar el poder de la muerte. Jesús enseña a sus discípulos precisamente esta verdad paradójica, que da la vuelta a las ideas corrientes, estandarizadas, de los hombres de todos los tiempos y de todas las naciones, desde los que estaban recogidos en la llanura de Senaar hasta los de nuestros días. "De qué le sirve a uno ganar todo el mundo si pierde su vida?" (Me 8,36). De qué le sirven al hombre las grandes realizaciones, las empresas gigantescas, las torres de Babel de todas las generaciones, si el precio que tiene que pagar por ello es la pérdida de su propia integridad personal, su extravío total frente a la muerte? La vocación originaria del hombre consiste en la comunión de las diversidades, en el fecundo abandonarse al proyecto originario de Dios.
ORATIO Señor Dios, la torre de Babel sigue siendo aún nuestro mito cotidiano: le dedicamos todas las fuerzas a causa del miedo que tenemos a la muerte. Las torres de Babel son muchas, y cada vez más altas a medida que avanza el progreso, erguidas para alcanzar un trozo de eternidad y hacernos un nombre que no se olvide. Señor Dios, nuestra vida es otra, mucho más sencilla, mucho más profunda. Es una vida sin nombre en este mundo, pero custodiada por tu mano como algo precioso: el Hijo del hombre que tanto padeció, Jesús, nuestro nombre y nuestra paz.
CONTEMPLATIO Esta palabra parece dura a muchos: "Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sigue a Jesús" (Le 9,23). Pero mucho más duro será oír aquella postrera palabra: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno" (Mt 25,41). Pues los que ahora oyen y siguen de buena gana la Palabra de la cruz no temerán entonces oír la Palabra de la eterna condenación. Esta señal de la cruz estará en el cielo cuando el Señor viniere a juzgar. Entonces todos los siervos de la cruz, que se conformaron en la vida con el Crucificado, se llegarán a Cristo juez con gran confianza. Por qué, pues, temes tomar la cruz por la cual se va al Reino? En la cruz está la salud, en la cruz la vida, en la cruz está la defensa contra los enemigos, en la cruz está la infusión de la suavidad soberana, en la cruz está la fortaleza del corazón, en la cruz está el gozo del espíritu, en la cruz está la suma virtud, en la cruz está la perfección de la santidad. No está la salud del alma ni la esperanza de la vida eterna sino en la cruz. Toma, pues, tu cruz y sigue a Jesús e irás a la vida eterna. El fue delante "llevando su cruz" (Jn 197), y murió en la cruz por ti, para que tú también lleves tu cruz y desees morir en ella. Porque si murieres juntamente con él, vivirás con él. Y si le fueres compañero de la pena, lo serás también de la gloria. Mira que todo consiste en la cruz y todo está en morir en ella. Y no hay otro camino para la vida y para la verdadera entrañable paz sino el de la santa cruz y la continua mortificación. Ve donde quisieres, busca lo que quisieres y no hallarás más alto camino en lo alto, ni más seguro en lo bajo, sino la vía de la santa cruz. Dispon y ordena todas las cosas según tu querer y parecer y no hallarás sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza, y así siempre hallarás la cruz. Pues o sentirás dolor en el cuerpo o padecerás la tribulación en el espíritu (T. de Kempis, La imitación de Cristo, 1, II, cap. 12, 1-3, San Pablo, Madrid 1977, pp. 118-119).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Si alguno se declara a mi favor delante de los hombres, yo también me declararé a su favor delante de mi Padre celestial" (Mt 10,32).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La presuntuosa autosuficiencia que constituye la clave del episodio de la torre de Babel es desde siempre la tentación más insidiosa, pero en la cultura contemporánea se ha vuelto todavía más densa y temible. La consecuencia de todo esto es el carácter fragmentario: el hombre, en su cultura actual, se ha fragmentado, roto, atomizado y dividido de una manera tremenda, porque no resiste a la fatiga y a la responsabilidad de ser el centro de todo. [Nos hace falta] el coraje de no dejarse hipnotizar por el barullo cultural que, en virtud de la actual configuración de la sociedad, de los medios de comunicación social, de las modas, de los poderes, de las mediaciones del poder, no puede ser detenido tan fácilmente. Se trata del coraje de rehacernos, también en medio de esta confusión, unos puntos fundamentales de referencia, no para recortarnos una cultura cerrada, sino para tener y proyectar unos puntos de referencia fundamentales que ayuden a los otros a asumirlos. Se trata de una clara operación de orientación cultural, religiosa, espiritual, que no sea sólo intelectualista, sino que forme parte de la vida misma y que nos permita a nosotros tener unos puntos de referencia, ayudar a los otros a tenerlos y enlazar poco a poco, cada vez más, a todos aquellos que los reconocen para la constitución de una unidad viviente, cuyo signo fundamental es la eucaristía (C. M. Martini, Popólo mió esa dali'Egitto, Milán pp. 32ss y 35ss).
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La Cátedra de San Pedro, apóstol
Un antiquísimo martirologio sitúa el nacimiento de la cátedra de Pedro exactamente el 22 de febrero. Esta fiesta litúrgica ha sido señalada por la Iglesia como una maravillosa oportunidad para hacer una memoria viva y actualizadora del primero entre los apóstoles, Simón Pedro. Simón, natural de Cafarnaún y pescador de oficio, se encontró con Jesús en el ejercicio de su profesión: lo abandonó todo, casa y padres, para seguir al Maestro de por vida. Su personalidad, tan sencilla como simpática, emerge de manera espontánea y clara en todo el relato evangélico. Jesús lo eligió, más allá de sus méritos, !unto con los Doce, y entre éstos lo eligió como el primero. La celebración de hoy, con el símbolo de la cátedra, da un gran relieve a la misión de maestro y pastor que Cristo confirió a Pedro: sobre él, como sobre una piedra, fundó Cristo su Iglesia.
LECTIO Primera lectura: 1 Pedro 5,1-4 Queridos hermanos: 1 Para vuestros responsables, yo, que comparto con ellos ese mismo ministerio y soy testigo de los padecimientos de Cristo y partícipe ya de la gloria que está " punto de revelarse, ésta es mi exhortación: 2 Apacentad el rebaño que Dios os ha confiado no a la fuerza, sino de buen grado, como Dios quiere, y no por los beneficios que pueda reportaros, sino con ánimo generoso; 3 no como déspotas con quienes os han sido confiados, sino como modelos del rebaño. 4 Así, cuando aparezca el supremo pastor, recibiréis la corona de la gloría que no se marchita.
*" El carácter autobiográfico de esta primera lectura es evidente: el apóstol habla en primera persona y se presenta como "responsable", "testigo de los padecimientos de Cristo", "partícipe ya de la gloria que está a punto de revelarse" (v. 1). De esta autopresentación podemos deducir la plena y perfecta identidad del discípulo-apóstol. Vienen, a continuación, algunas recomendaciones, con las que Pedro desea compartir con los responsables a los que dirige la palabra el peso y el honor de las responsabilidades que Jesús ha puesto sobre sus hombros. Las invitaciones a apacentar, a vigilar y a ser modelos para el rebaño (vv. 2ss) se suceden con machacona insistencia: señal de que el apóstol no transmite algo de su propia cosecha, sino una misión que le ha sido confiada para ser compartida y participada. No es el interés, sino el amor, lo que debe animar y sostener a los "responsables", es decir, a los que han sido llamados en la Iglesia a ejercer un ministerio de guía. Su espiritualidad es la del servicio total, la plena entrega y la fidelidad incondicionada. Las últimas palabras de esta lectura contienen una promesa: a los que permanezcan fieles hasta el final se les asegura "la corona de la gloria" (v. 4), y será el Pastor supremo quien corone a los pastores de la Iglesia.
Salmo 22. R. El Señor es mi pastor, nada me falta. Salmo 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6 El Señor
es mi pastor, nada me falta: Me guía
por el sendero justo, Preparas
una mesa ante mí, Tu bondad
y tu misericordia me acompañan
Evangelio: Mateo 16,13-19 En aquel tiempo, 13 de camino hacia la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: -Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? 14 Ellos le contestaron: -Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas. 15 Jesús les preguntó: -Y vosotros quién decís que soy yo? 16 Simón Pedro respondió: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. 17 Jesús le dijo: -Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos. 18 Yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del abismo no la hará perecer. 19 Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
**• Esta página evangélica se subdivide en dos partes: en primer lugar, es Jesús quien quiere saber lo que la gente dice de él, y se lo pregunta a los discípulos (vv. 13ss). Conocemos bien las diferentes respuestas que le dan: todas ellas son válidas en parte, pero ninguna es exacta. De este modo, Jesús ha abierto el paso a una pregunta ulterior (v. 15), pero esta vez la respuesta viene personalmente de Pedro (v. 16). La de Pedro es una profesión de fe plena, completa, que tiene todo el sabor de una fe pascual. Al mismo tiempo que define quién es Jesús, Pedro manifiesta plenamente también su propia identidad de creyente, y en esto nos representa a todos. La segunda parte de esta página evangélica contiene una serie de enunciados con los que Jesús define su relación personal con Pedro y el ministerio de Pedro respecto a la Iglesia (vv. 17-19). La bienaventuranza de Pedro, solemnemente pronunciada por Jesús, está motivada por el hecho de que Pedro ha hablado bajo la inspiración de Dios: la profesión de fe de Pedro corresponde a una plena revelación divina. El nuevo nombre que Jesús da a Simón ya no es Simón, sino "piedra", firme y sólida, sobre la que el mismo Cristo pretende edificar su Iglesia, la comunidad de los salvados. Por último, Jesús dirige a Pedro una promesa absolutamente especial: a él se le entregarán las llaves del Reino de los Cielos, las llaves que sólo Cristo puede usar y con las que él mismo abre y cierra, ata y desata, entra y sale. Con Pedro y por medio de Pedro, es Cristo mismo el que lleva a cabo la salvación para todos.
MEDITATIO El apóstol Pedro, desde el primer gran discurso que pronunció el día de Pentecostés (Hch 2,14-41), se presenta en el escenario de la historia como testigo, intérprete y exhortador. Así es como ejerce su ministerio de guía de la primitiva comunidad cristiana. Ante todo, es testigo del gran acontecimiento pentecostal, en el que el Padre, por medio del Hijo, envió el don del Espíritu Santo sobre los primeros creyentes. Pedro tiene el derecho-deber de presentarse como testigo ocular de este acontecimiento, precisamente porque él, junto con otros, fue enriquecido con este don. El testimonio cristiano brota siempre de la abundancia del don recibido y se manifiesta como correspondencia generosa al mismo don. Pedro, en su predicación, se presenta también como intérprete del acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret, especialmente de lo que Jesús hizo durante su ministerio público y de los grandes acontecimientos pascuales que consumaron su misión. A la luz de la Pascua-Pentecostés, Pedro se encarga de interpretar el valor salvífico de la Pascua de Jesús, explicitando para sus oyentes el significado actual, que no permite fugas ni evasiones. La tercera tarea de la que se encarga el apóstol es la de exhortar a todos los que le escuchan, a fin de que cada uno se dé cuenta de la necesidad de responder el mensaje revelado y de corresponder a él con la vida. De este modo, el apóstol Pedro se presenta a nosotros como el "evangelista ideal", con una predicación completa y paradigmática, a la que todos estamos llamados a configurarnos.
ORATIO Señor, aléjate de mí, que soy un pecador, pero por tu palabra echaré las redes; porque sólo tú, Jesús, eres el Hijo del Dios vivo; sólo tú, Jesús, tienes palabras de vida eterna; sólo tú, Jesús, eres la roca y yo sólo la piedra; sólo tú, Jesús, eres el Señor y el Maestro. Soy débil, Jesús, mas por tu gracia daré mi vida por ti, porque tú lo sabes todo, tú sabes que te amo.
CONTEMPLATIO En Pedro vemos la piedra elegida [...]. En Pedro hemos de reconocer a la Iglesia. En efecto, Cristo edificó la Iglesia no sobre un hombre, sino sobre la confesión de Pedro. Cuál fue la confesión de Pedro? "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16,16). Ésta es la piedra, éste es el fundamento, y es aquí donde fue edificada la Iglesia, a la que no vencerán las puertas del infierno (Mt 16,18) [...]. He aquí aquel Pedro negador y amante negador por debilidad humana, amante por gracia divina [...]. Fue interrogado sobre el amor y le fueron confiadas las ovejas de Cristo [...]. Cuando el Señor confiaba sus ovejas a Pedro, nos confiaba a nosotros. Cuando confiaba a Pedro, confiaba a la Iglesia sus miembros. Señor, encomienda, pues, tu Iglesia a tu Iglesia y tu Iglesia se encomienda a ti (Agustín de Hipona, Sermoni per i tempi liturgici, Milán 1994, pp. 371ss). ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy estas palabras del apóstol Pedro: "Dad gloria a Cristo, el Señor, y estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida explicaciones" (1 Pe 3,15).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Viene con facilidad a la mente de todos esta pregunta: Quién era san Pedro? A esta fácil pregunta no resulta fácil darle una pronta y completa respuesta. La respuesta que parece dispuesta -era el discípulo, el primero que fue llamado "apóstol" con los otros once- se complica con el recuerdo de las imágenes, las figuras y las metáforas de las que se sirvió el Señor para hacernos comprender quién debía ser y llegar a ser este elegido suyo. !Fijaos! La imagen más obvia es la de la piedra, la de la roca: el nombre de Pedro la proclama. Y qué significa este término aplicado a un hombre sencillo y sensible, voluble y débil?, podríamos decir. La piedra es dura, es estable, es duradera; se encuentra en la base del edificio, lo sostiene todo, y el edificio se llama Iglesia: "Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Pero hay otras imágenes referidas a san Pedro, que merecen explicaciones y meditaciones: imágenes usadas por el mismo Cristo, llenas de un profundo significado. Las llaves, por ejemplo - o sea, los poderes-, dadas únicamente a Pedro entre todos los apóstoles, para significar una plenitud de facultades que se ejercen no sólo en la tierra, sino también en el cielo. Y la red, la red de Pedro, lanzada dos veces en el evangelio para una pesca milagrosa? "Te haré pescador de hombres", dice el evangelio de Lucas (5,10). También aquí la humilde imagen de la pesca asume el inmenso y majestuoso significado de la misión histórica y universal confiada a aquel sencillo pescador del lago de Genesaret. Y la figura del pastor? "Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas" (Jn 21,1 óss), dijo Jesús a san Pedro, para hacernos pensar a nosotros que el designio de nuestra salvación implica una relación necesaria entre nosotros y él, el sumo Pastor. Y así otras. Aunque -mirando mejor en las páginas de la Escritura- encontraremos otras imágenes significativas, como la de la moneda (Mt 17,25) [...], como la d é la barca de Pedro (Le 5,3), como la del lienzo bajado del cielo (Hch 10,3), y la de las cadenas que caen de las manos de Pedro (Hch 12,7), y la del canto del gallo para recordarle a Pedro su humana fragilidad (Me 14,72), y la de la cintura que un día -el último, para significar el martirio del apóstol- ceñirá a Pedro (Jn 21,18). Todas las imágenes, características del lenguaje bíblico y del evangélico, esconden significados grandes y precisos. Bajo el símbolo hay una verdad, hay una realidad que nuestra mente puede explorar y puede ver inmensa y próxima (Pablo VI).
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VII Domingo del Tiempo Ordinario
Primera lectura: 1 Samuel 26,2.7-9.12-13.22ss En aquellos días, 2 Saúl salió y bajó al desierto de Zif con tres mil hombres elegidos de Israel, para buscar allí a David 7 David y Abisay fueron, pues, de noche hacia la tropa. Saúl estaba acostado, durmiendo en el centro del campamento, con su lanza clavada en tierra, junto a la cabecera. Abner y la tropa estaban acostados a su alrededor. 8 Abisay dijo a David: - Dios pone hoy en tus manos a tu enemigo. Así que déjame que le clave en tierra con la lanza de un solo golpe; no tendré que rematarle. 9 Pero David le dijo: - No lo mates, porque no quedará impune quien atente contra el ungido del Señor. 12 David tomó la lanza y la cantimplora de la cabecera de Saúl y se fueron. Nadie los vio, ni se dio cuenta, ni se despertó, pues todos dormían, ya que el Señor había hecho caer sobre ellos un sueño profundo. 13 David pasó al lado opuesto y se detuvo a lo lejos en la cumbre del monte; había entre ellos un gran trecho. 22 David dijo: - Aquí está la lanza del rey. Que uno de los muchachos venga a recogerla. 23 El Señor retribuirá a cada uno conforme a sus méritos y a su lealtad; él te puso hoy en mis manos, pero yo no he querido hacer daño al ungido del Señor.
** Estamos frente a la narración de un hecho expuesto ya antes en el primer libro de Samuel (cf. capítulos 24 y 26) la nobleza y la magnanimidad de David son idénticas en ambos episodios, de rara belleza literaria y de una exquisita psicología narrativa. El joven David está siendo buscado por el rey Saúl, que atenta contra su vida. Pero cuando a David se le presenta una ocasión para deshacerse de su enemigo, él rechaza semejante tentación, a la que le empujan también los suyos, porque respeta el carácter sagrado de Saúl, en virtud de su unción real (vv. 7-9). David, en efecto, únicamente se limita a demostrar la realidad de la posibilidad de eliminar a su adversario sin mancharse las manos de sangre (vv. 12ss), y a confiar en el Señor, que se muestra fiel y justo con quienes obran el bien. Ese gesto de bondad conquista el ánimo celoso y de poco fiar de Saúl, que llora, grita y maldice a los que le han impulsado a albergar sentimientos hostiles contra David. Sin embargo, el rey no consigue liberarse de la envidia y de la venganza, y abrir de este modo su corazón a la conversión. La actitud de reconciliación que le faltó a Saúl fue vivida, sin embargo, de una manera heroica por David, futuro rey de Jerusalén. David demuestra grandeza de ánimo, control de sus propias pasiones y confianza en el Dios justo y remunerador. El amor, llevado hasta amar a los enemigos, recuerda la actitud de Jesús, que presenta esta regla de vida a todo verdadero discípulo suyo.
Salmo 102. R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mia, al Señor, y no olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura. R.
El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel. R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre los que lo temen. R.
Segunda lectura: 1 Corintios 15,45-49 Hermanos: 45 Como dice la Escritura: Adán, el primer hombre, fue creado como un ser con vida. El nuevo Adán, en cambio, es espíritu que da vida. 46 Y no apareció primero lo espiritual, sino lo animal, y después lo espiritual. 47 El primer hombre procede de la tierra y es terrestre; el segundo procede del cielo. 48 El terrestre es prototipo de los terrestres; el celestial, de los celestiales. 49 Y así como llevamos la imagen del terrestre, llevaremos también la imagen del celestial.
**• Pablo, llevando a su final la enseñanza sobre la resurrección de Cristo y sobre la nuestra, y tras haberse interrogado sobre "cómo" resucitan los muertos y con "qué" cuerpo (v. 35), responde, primero, con imágenes aproximativas (w. 36-44), que nos hacen comprender la resurrección como una auténtica transformación, y, después, añade motivos de fe. Se intuye el tono triste y desconsolado del apóstol al constatar que los cristianos de aquella comunidad estaban sometidos a una mentalidad materialista, que tiende a disociar el cuerpo del espíritu. Esa necedad no le parece soportable a Pablo, sobre todo, porque no tiene presente el misterio pascual de muerte y resurrección. Los cristianos no pueden renunciar a esta verdad. La resurrección inaugura para Pablo una novedad absoluta en la vida de Cristo y de los cristianos: el paso de un cuerpo animal a un cuerpo espiritual está inscrito en el designio salvífico de Dios. En consecuencia, no es posible reflexionar sobre el cuerpo espiritual siguiendo el modelo de nuestras experiencias relativas al cuerpo animal. La relación entre el primer hombre, Adán, y Cristo, el último Adán, es también bastante iluminadora: Pablo establece una clara relación entre la economía de la creación y la economía de la redención para afirmar que la novedad de Cristo no consiste en tener la vida, sino en dar la vida nueva a todos. Será un don integral, en el sentido de que afectará a todo el hombre -cuerpo, alma y espíritu- para una experiencia de vida nueva y eterna, de suerte que, tras haber sido hermanos del primer hombre, Adán, y haber llevado la imagen del hombre terrenal, seremos también hermanos del último Adán, Cristo, llevando la imagen del hombre celestial.
Evangelio: Lucas 6,27-38 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 27 Pero a vosotros que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, 28 bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. 29 Al que te hiera en una mejilla ofrécele también la otra, y a quien te quite el manto no le niegues la túnica. 30 Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames. 31 Tratad a los demás como queréis que ellos os traten a vosotros. 32 Si amáis a los que os aman, qué mérito tenéis? También los pecadores aman a quienes les aman. 33 Si hacéis el bien a quien os lo hace a vosotros, qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, qué mérito tenéis? También los pecadores se prestan entre ellos para recibir lo equivalente. 35 Vosotros amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperar nada a cambio; así, vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo. Porque él es bueno para los ingratos y malos. 36 Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. 37 No juzguéis, y Dios no os juzgará; no condenéis, y Dios no os condenará; perdonad, y Dios os perdonará. 38 Dad, y Dios os dará. Os verterán una buena medida, apretada, rellena, rebosante; porque con la medida con que midáis, Dios os medirá a vosotros.
**• El texto evangélico de Lucas se presenta como una resonancia de las bienaventuranzas evangélicas y nos ayuda a descubrir el fundamento primero y último de toda bienaventuranza cristiana. "Amad a vuestros enemigos" (w. 27.35): el discurso no puede ser más claro. De este modo, Jesús, como maestro y guía, se destaca frente a todos los demás rabinos de su tiempo: no sólo contrapone el amor al odio, sino que exige que el amor de sus discípulos se concrete precisamente en quienes les odian. Un ideal de vida tan exigente y tan sublime no ha sido requerido ni lo será nunca por ningún maestro. No se trata, obviamente, de un amor abstracto, sino de un amor que se traduce en un montón de pequeños gestos que, día a día, interpelan y verifican la autenticidad de ese mismo amor. Sería ridículo, para Jesús, amar sólo a los que nos aman: no tendríamos mérito alguno y, sobre todo, nuestro amor no sería signo distintivo de nuestra exclusiva e inequívoca pertenencia a Cristo, porque "también los pecadores aman a quienes los aman" (v. 32). La enseñanza de Jesús termina con la conocida expresión en la que Lucas emplea "misericordia" donde Mateo pone "perfección": "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (v. 36). En la lógica de la espiritualidad evangélica no se da otra perfección que la de un amor fraterno que revela nuestra identidad filial respecto a Dios. No hay otra meta a la que tender más que la de un amor que es capaz de perdonar porque ha experimentado el don del perdón. No hay otro mandamiento que tengamos que observar más que el de tender a la imitación de Dios, que es amor misericordioso, mediante gestos de bondad y de misericordia.
MEDITATIO Tienen los cristianos a menudo una idea de Dios que no es la que Jesús vivió y propuso con un entusiasmo incontenible. En realidad, muchos de ellos piensan todavía en un Dios "simétrico", o sea, en un Dios que ama a quien es bueno y detesta a quien es malo, que excluye de su amor a quien no le honra o le ofende. Todavía no han superado cierta fase de la revelación del rostro de Dios, una fase que Jesús superó ampliamente, purificándola y confiriéndole su plenitud. Para él, en efecto, Dios -su Padre y nuestro Padre- es el Dios "bueno con los desagradecidos y los perversos" (Lc 6,35), "que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos" (Mt 5,45). Un Dios "asimétrico", por consiguiente, como "asimétrico" es el amor verdadero, que quiere siempre, y de una manera incondicionada, el bien de la persona amada. El Padre que nos ha revelado Jesús, por tanto, no nos ama porque seamos buenos, porque hagamos su voluntad y practiquemos la virtud, ni deja de amarnos porque seamos malos y desobedezcamos su voluntad. Simplemente, nos ama porque nos ama, porque no puede hacer otra cosa, dado que es Amor (1 Jn 4,8.16), y Amor gratuito, incondicionado. Para nuestra fe resulta decisivo cultivar esta imagen de Dios. Antes que nada porque es ella la que debe orientar nuestro modo de relacionarnos personalmente con él, ayudándonos a vivir con la conciencia de su amor inmotivado e inmutable; y, a continuación, porque esa imagen es la que debe inspirar la "perfección" de nuestra conducta en nuestras relaciones con los otros. Sólo si nos hacemos imitadores suyos seremos también capaces de amar "asimétricamente" a nuestro prójimo. Sólo así podremos llegar a ser de verdad "misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso" y estaremos en condiciones de llegar a aquel "exceso" que nos propone Jesús: querer el bien de nuestros enemigos, como hemos visto que hacía David con Saúl en la primera lectura y, sobre todo, como hizo él mismo en la cruz (Lc 23,34). Éste será también el modo en que viviremos la "novedad absoluta" de la que, como efecto de la resurrección, nos habla Pablo en la Carta a los Corintios.
ORATIO Haciendo nuestra la súplica de muchos textos bíblicos, te decimos: "Revélanos tu rostro, Señor". Nosotros lo deformamos a menudo. Te conocemos mal porque no escuchamos la voz de tu Hijo, Jesús, que vino al mundo a revelárnoslo. Si te conociéramos bien, intentaríamos también nosotros ser como tú, bueno con los perversos y los desagradecidos. No amaríamos sólo a los que nos aman, a los que nos parecen dignos de nuestro amor, excluyendo a los otros, sino que amaríamos gratuitamente, como tú. Te confesamos que nos parecen duras y difíciles de realizar las palabras que, poniéndote a ti como modelo, nos dijo un día Jesús: "Amad a vuestros enemigos". Nuestra reacción espontánea y frecuente es la de responder al bien con el bien, pero también al mal con el mal. Necesitamos tu fuerza para realizarlas. Si tú nos das un poco de tu amor, haremos que este imposible se vuelva posible. Y seremos de verdad dignos discípulos tuyos.
CONTEMPLATIO Hermanos, si recordamos bien los dichos de los santos Ancianos y los meditamos sin cesar, nos será difícil pecar, nos será difícil descuidarnos. Si como ellos nos dicen, no menospreciamos lo pequeño, aquello que juzgamos insignificante, no caeremos en faltas graves. Se dan cuenta de qué pecado tan grande cometemos cuando juzgamos al prójimo? En efecto, qué puede haber más grave? Existe algo que Dios deteste más y ante lo cual se aparte con más horror? Los Padres han dicho: "No existe nada peor que el juzgar". Y, sin embargo, es por aquellas cosas que llamamos de poca importancia por lo que llegamos a un mal tan grande. Porque criticar, juzgar y despreciar son cosas diferentes. Criticar es decir de alguien: tal ha mentido o se ha encolerizado, o ha fornicado u otra cosa semejante. Se le ha criticado, es decir, se ha hablado en contra suyo, se ha revelado su pecado, bajo el dominio de la pasión. Juzgar es decir: tal es mentiroso, colérico o fornicador. Aquí juzgamos la disposición misma de su alma y nos pronunciamos sobre su vida entera al decir que es así y lo juzgamos como tal. Y es cosa grave. [...] Por qué más bien no nos juzgamos a nosotros mismos, ya que conocemos nuestros defectos, de los cuales deberemos rendir cuenta a Dios? Por qué usurpar el juicio de Dios? Cómo nos permitimos exigir a su creatura? [...] Si él llegara a caer, cómo podrías saber cuántos combates ha librado y cuántas veces ha derramado su sangre antes de cometer el mal? A veces no solamente juzgamos, sino que además despreciamos. En efecto, como ya lo he dicho, una cosa es juzgar y otra despreciar. Hay desprecio cuando, no contentos con juzgar al prójimo, lo execramos, le tenemos horror como a algo abominable, lo que es peor y mucho más funesto. De dónde proviene esta desdicha, sino de nuestra falta de caridad? Si tuviéramos caridad acompañada de compasión y pena, no prestaríamos atención a los defectos del prójimo, según esta palabra: "La caridad cubre una multitud de defectos" (1 Pe 4, 8), y "La caridad no se detiene ante el mal, disculpa todo..." (1 Cor 13, 5-6). Luego, si tuviéramos caridad, ella misma cubriría cualquier falta y seríamos como los santos cuando ven los defectos de los hombres. Los santos acaso son ciegos por no ver los pecados? Quién detesta más el pecado que los santos? Sin embargo, no odian al pecador, no lo juzgan, no le rehuyen. Por el contrario, lo compadecen, lo exhortan, lo consuelan, lo cuidan como a un miembro enfermo: hacen todo para salvarlo (Doroteo de Gaza, Conferencias VI, 69-71.74-7'6, passim [texto tomado de la Biblioteca Electrónica Cristiana].
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Muéstranos, Señor, tu rostro" (cf. Sal 27,9; 31,17; 80,4.8.20).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Mirad por qué camino va Dios hacia los hombres, hacia sus enemigos. Es el camino que la misma Escritura llama necedad, el camino del amor hasta la cruz. Reconocer la cruz de Jesucristo como el invencible amor de Dios a todos los hombres, tanto a nosotros como a nuestros enemigos: ésta es la mayor sabiduría. O creemos que Dios nos ama a nosotros más que a nuestros enemigos? Acaso nos creemos los benjamines de Dios? La cruz no es propiedad privada de nadie: pertenece a todos los hombres, tiene valor para todos. Dios ama a nuestros enemigos -eso es lo que significa la cruz-, por ellos sufre, por ellos conoce la miseria y eldolor, por ellos ha dado a su Hijo amado. Por eso tiene una importancia capital que ante cualquier enemigo que nos encontremos, pensemos de inmediato: Dios le ama, lo ha dado todo por él. También tú, ahora, dale lo que tengas: pan, si tiene hambre; agua, si tiene sed; ayuda, si está débil; bendición, misericordia, amor. Pero lo merece? Sí. En efecto, quién merece ser amado, quién necesita nuestro amor más que aquel que odia? Quién es más pobre que él? Quién está más necesitado de ayuda, quién está más necesitado de amor que tu enemigo? Has probado alguna vez a considerar a tu enemigo como alguien que, en el fondo, está delante de ti en su extrema pobreza y te ruega, sin poder dar voz a su ruego: "Ayúdame, dame lo único que todavía me puede ayudar a liberarme de mi odio, dame el amor, el amor de Dios, el amor del Salvador crucificado"? Todas las amenazas, todos los puños tendidos son, en definitiva, mendigar el amor de Dios, la paz, la fraternidad. Cuando rechazas a tu enemigo, rechazas al más pobre de los pobres, le echas a la calle [...]. La brasa de carbón quema y hace daño cuando te toca. También el amor puede quemar y hacer daño. Nos enseña a reconocer qué miserables somos. Es el dolor ardiente del arrepentimiento el que se hace sentir en aquel que, a pesar del odio y de las amenazas, encuentra sólo amor, nada más que amor. Dios nos ha hecho conocer este dolor. Cuando lo hayamos experimentado, ya está, ha sonado la hora de la conversión (D. Bonhoeffer, Memoria e fedeltá, Magnano 1979, pp. 117ss y 123ss, passim).
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Martes de la VII Semana del Tiempo Ordinario
LECTIO Primera lectura: Eclesiástico 2,1-11 1 Hijo, si te acercas a servir al Señor, prepárate para la tentación; 2 orienta bien tu corazón, mantente firme y, en tiempo de infortunio, no te turbes. 3 Pégate a él y no te alejes, para que al final te veas enaltecido. 4 Acepta lo que te venga y sé paciente en dolores y humillaciones. 5 Porque en el fuego se prueba el oro y los que agradan a Dios en el horno de la humillación. 6 Pon en él tu confianza, que él vendrá en tu ayuda, procede con rectitud y espera en él. 7 Los que teméis al Señor, poned en su amor vuestra esperanza, no os desviéis, no sea que caigáis. 8 Los que teméis al Señor tened confianza en él y no quedaréis sin recompensa. 9 Los que teméis al Señor, esperad sus bienes, la alegría eterna y el amor. 10 Pensad en las generaciones pasadas y ved: Quién confió en el Señor y quedó confundido? Quién perseveró en su temor y fue desamparado? Quién lo invocó y no fue escuchado? 11 Porque el Señor es compasivo y misericordioso, él perdona los pecados y salva en tiempo de angustia.
**• El texto recoge una serie de máximas sobre un tema clásico que vuelve en otras ocasiones en el Antiguo Testamento, especialmente en los salmos. Se trata del tema de la tentación. El término evoca de inmediato el espectro del pecado, porque la experiencia nos ha mostrado muchas veces -tal vez demasiadas- que la tentación es la antesala del pecado. Retomemos y revisemos esta idea a la luz del fragmento que se nos propone. La frase inicial: "Hijo, si te acercas a servir al Señor, prepárate para la tentación" (v. 1), nos permite comprender enseguida que "tentación" equivale aquí a "test", "prueba". A continuación, se nos suministra un pequeño manual del comportamiento para superar la prueba: "Orienta bien tu corazón, mantente firme y, en tiempo de infortunio, no te turbes. Pégate a él y no te alejes, para que al final te veas enaltecido. Acepta lo que te venga..." (w. 2-4). El sabio maestro no agita el espantajo del miedo, ni se limita a hacer una exhortación genérica, sino que propone medios concretos y accesibles para hacer frente y superar la prueba. Ésta es fatigosa, pero tiene la función de verificar la autenticidad del compromiso, del mismo modo que el oro se prueba en el fuego (cf v. 5). Más adelante cambia el registro y "temor/temer" se convierte en el léxico recurrente. También éste es un punto sobresaliente de la literatura sapiencial. El maestro prosigue su exhortación recomendando temer a Dios. También este término necesita ser purificado del significado lúgubre de "miedo". Indica más bien el estado de abandono confiado, la serena conciencia de estar sostenidos por manos seguras, como dice el v. 6 con un lenguaje claro y esencial: "Pon en él tu confianza, que él vendrá en tu ayuda, procede con rectitud y espera en él". El abandono en Dios, el santo temor, es un modo excelente de superar la prueba. Al final del itinerario de verificación se encuentra esta consoladora afirmación: "Porque el Señor es compasivo y misericordioso, él perdona los pecados y salva en tiempo de angustia" (v. 11). Es como reconocer que superamos la prueba por medio de un pellizco de nuestro compromiso y una cantidad desmesurada de amor divino.
Salmo 36. R. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Confía
en el Señor y haz el bien,
Evangelio: Marcos 9,30-37 En aquel tiempo, 30 se fueron de allí y atravesaron Galilea. Jesús no quería que nadie lo supiera, 31 porque estaba dedicado a instruir a sus discípulos. Les decía: -El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, le darán muerte y, después de morir, a los tres días, resucitará. 32 Ellos no entendían lo que quería decir, pero les daba miedo preguntarle. 33 Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntó: -De qué discutíais por el camino? 34 Ellos callaban, pues por el camino habían discutido sobre quién era el más importante. 35 Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: -El que quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos. 36 Luego tomó a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: 37 -El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge; y el que me acoge a mí no es a mí a quien acoge, sino al que me ha enviado.
*•• El camino a Jerusalén implica una plena conciencia por parte de Jesús y una irresponsabilidad total por parte de los Doce. Son las dos partes que componen el fragmento de hoy. Jesús es consciente de lo que significa para él Jerusalén. Se prepara y prepara a los suyos. Anuncia tres veces lo que va a suceder en Jerusalén: padecerá la pasión, morirá y resucitará. El suyo es un anuncio pascual, es decir, un anuncio completo de muerte y resurrección (y no "anuncio de la pasión", como se dice con frecuencia). En 8,31 ya había hecho el primer anuncio y ahora añade el segundo (cf. el tercero en 10,33ss). Con esas palabras expresa Jesús la conciencia que tiene de lo que le espera, pero también el deseo de consumar la entrega de su vida como expresión de amor. El anuncio de Jesús no es información: es catequesis y formación. El hecho de que anuncie también la resurrección significa que será el bien, la vida, el que triunfe, aunque antes sea preciso atravesar el túnel estrecho y oscuro del sufrimiento y de la muerte. Instruye a sus discípulos para que sepan leer su vida como misterio pascual. Mientras los prepara para el choque con la "hora de las tinieblas", les pide que orienten también su propia vida en esta dirección pascual. Jesús es el Maestro que se aventura el primero por el camino que, después, deberán seguir todos los discípulos; él es el primogénito de muchos hermanos. A la conciencia y seriedad con que Jesús se dirige hacia Jerusalén les corresponde, en igual medida y sentido contrario, la irresponsabilidad de los discípulos. Cada vez que Jesús anuncia el misterio pascual, ellos están "distraídos" con otras cosas, como si Jesús se limitara a suministrar una simple información. No le piden aclaraciones al Maestro, no se esfuerzan en profundizar en el sentido, bastante enigmático, de sus palabras, porque todos ellos están pendientes de sus intereses. Mientras Jesús presenta su vida como un "ser entregado en manos de los hombres" (v. 31), ellos andan preocupados por establecer quién es el más importante entre ellos (v. 34). Chirría mucho el contraste entre la entrega de la vida por parte de Jesús y la búsqueda de la supremacía (y del poder) por parte de los Doce. Jesús no les reprende por su incomprensión; tiene paciencia porque todavía están "verdes" para la comprensión del misterio pascual. Les prepara señalándoles el camino justo que deben seguir, el del servicio humilde y desinteresado: "El que quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos" (v. 35). Con esta actitud podemos prepararnos para hacer frente a la pasión y a sus consecuencias. Jesús, para hacer más expresiva su catequesis, acompaña sus palabras, como los antiguos profetas, con un gesto. Pone a un niño en el centro y le abraza. La colocación en el centro es un primer mensaje de atención dirigida al niño, que, por lo general, no tenía ningún valor (como las mujeres, los niños tampoco entraban en el cómputo cuando se calculaba la población: cf. Me 6,44). El tierno gesto de abrazarle revela con claridad hasta qué punto los niños fueron objeto del amor de Jesús. Por eso, las palabras completan y aclaran el mensaje: "El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge; y el que me acoge a mí no es a mí a quien acoge, sino al que me ha enviado" (v. 37). Estar bien dispuestos hacia un niño, signo de quien no cuenta, significa dejar sitio en nuestra propia vida a Jesús y, a través de él, al Padre. No hemos de buscar, por consiguiente, la supremacía con la idea implícita de hacernos servir, de ser reverenciados, sino con la disponibilidad de ponernos al servicio de todos, de mostrarnos acogedores con todos, incluso con los últimos. Éste es el modo correcto y fructífero de ir a Jerusalén para compartir el misterio pascual con Jesús.
MEDITATIO El verbo que emplea la Biblia para expresar el viaje hacia Jerusalén es "subir". Su significado obvio es el geográfico: la ciudad se encuentra a 750 metros de altitud, que se convierten en más de 1.000 si la comparamos con Jericó, asentada en la depresión del mar Muerto. Pero está también el significado espiritual: se "sube" a Jerusalén porque se va al encuentro de Dios, que tiene su trono en el templo. Los peregrinos judíos, para prepararse dignamente, subían a Jerusalén cantando unos salmos (desde el 120 al 134) llamados precisamente "canto de subidas" o "cantos de peregrinación". A Jerusalén no se va de turista, sino como peregrinos. También Jesús se prepara para subir a Jerusalén y prepara asimismo a sus discípulos. No quiere que sean simples espectadores de cuanto él se prepara a vivir con una fuerte intensidad. Consciente de la dificultad, los va educando de una manera progresiva en diferentes valores: la elección del último lugar, la renuncia a puntos de mira demagógicos, la acogida de los que no cuentan, como los niños. Les está ayudando a no rehuir la cruz, entendida sólo en negativo, uniéndola siempre a la resurrección. Sólo de la combinación pasión-muerte-resurrección nace el misterio pascual. Les está sensibilizando con el misterio pascual, aun cuando su humanidad rebelde tiende a mostrarse recalcitrante ante un discurso comprometedor. Es mejor escabullirse y quedarse en el campo restringido del interés personal, instintivamente comprensible y gozable de inmediato: "Quién es el más importante?". La verdadera grandeza se mide con los parámetros de Dios, no con los de los hombres, que son medidas inestables y fluctuantes. Siempre anda al acecho la tentación de detenerse antes de llegar a Jerusalén, de cambiar de camino, de buscar atajos o caminos anchos... Aquí está la gran prueba de los discípulos y de todos los creyentes. Hagamos resonar tanto para los discípulos como para nosotros mismos la sugerencia del libro del Eclesiástico: "Pon en él tu confianza, que él vendrá en tu ayuda". Así es, Jesús nos ayudará a superar la prueba y a "subir" con él a Jerusalén para celebrar su pascua y la nuestra.
ORATIO Señor Jesús, !qué bien comprendo la falta de comprensión de tus apóstoles! Me siento en gran medida uno de ellos en lo referente a la lejanía de la cruz y el rechazo instintivo de todo lo que lleva el amargo sabor del sufrimiento. Me parece más fácil oír hablar de la cruz, y mejor aún si el discurso es elegante o soy yo mismo quien habla de ella. Sin embargo, el discurso se queda en la periferia de la vida: hablo de ella como si se tratara de un objeto de estudio. O bien me gusta ver la cruz, y tanto mejor si es artística o, al menos, de una factura apreciable. Hay muchas, de todas las dimensiones, de todos los colores, de todos los materiales y de todos los precios. Sí, porque las cruces también se pueden comprar. Sin embargo, por muy preciosas que sean, no valen gran cosa. A lo máximo, consigo llevar la cruz... en el cuello o colgada en la solapa de la chaqueta. Ahora bien, la cruz no está hecha para ponerla en un collar ni para colgarla en la solapa de una chaqueta, sino para llevarla en el corazón. La cruz debe estar dentro, clavada en el corazón y en el cerebro. Esto me resulta difícil, e incomprensible desde el punto de vista racional. Figurémonos, además, tener que llevar la cruz de los demás. Muchas veces ni siquiera la veo y, cuando la descubro, me parece más cómodo escabullirme, fingir que no la he visto. En algunas ocasiones consigo decir una palabra de circunstancias, pero llevar "los unos los pesos de los otros" me parece tan poco común que me alineo fácilmente y de buena gana con la mayoría. Simplemente, me oculto como un forajido. Señor, perdona esta huida mía de la cruz, y recuérdame siempre que, sin las tinieblas del Viernes santo, no surgirá nunca la mañana del Domingo de resurrección.
CONTEMPLATIO Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en el que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos. Por esto, la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo representan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo. La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante del que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará. Y también: Padre, glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti antes que el mundo existiese. Y asimismo dice: "Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: "Lo he glorificado y volveré a glorificarlo"", palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz (Andrés de Creta, Sermón X sobre la exaltación de la santa cruz, en PG 97, cois. 1022ss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El que quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos" (Me 9,35).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Ellas, las seis pobrecitas [las hermanas infectadas por el virus ébola], se contentaban con entregarse a la crónica cotidiana del Reino, recitada -más que escrita- en voz baja, toda con letras minúsculas. Satisfechas por tener sus nombres escritos en el cielo (Le 10,20) y no en las páginas de los periódicos. Satisfechas por el hecho de pertenecer a la categoría de los pequeños, de los "nadie", privilegiada por el Evangelio, y, por consiguiente, inmunizadas contra la necesidad de mendigar popularidad, consensos, notoriedad. Queremos desempolvar de nuevo, en su caso, una palabra, una virtud que hoy está frecuentemente confinada entre las antiguallas? Pues entonces hablaríamos también de la humildad [...]. Son seis hermanas normales, que no forman parte de la categoría de lo excepcional. Normales en el servicio, normales en la fidelidad, normales en el "perder la vida", normales en el olvido de sí mismas. Normales en el valor, aunque también en el miedo. Normales en los impulsos, aunque también en sus debilidades. Normales en un amor "sin medida". Su vida era la suma de muchas cosas normales, de muchas ocupaciones ordinarias, muchas labores comunes, muchas tareas en absoluto exaltadoras. Hoy, el escenario está totalmente ocupado por protagonistas, primeros actores, que se abren paso a codazos para estar en primer plano. Ya no es posible reclutar a individuos dispuestos a recitar la parte modesta -aunque siempre exaltadora- de hombres sencillos, de cristianos y religiosos "normales" [...]. Ellas eran criaturas normales [...]. El amor era su norma. Y también el sacrificio, la renuncia, la fidelidad más costosa, la caridad sonriente, el servicio gozoso como norma (A. Pronzato, Un'esagoruz. iont> di amore, Milán 1997, pp. 154-158).
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Jueves de la VII Semana del Tiempo Ordinario, San Gregorio de Narek, abad y doctor de la Iglesia
LECTIO Primera lectura: Eclesiástico 5,1-8 1 No pongas la confianza en tus riquezas, ni digas: "Con esto me basta". 2 No dejes que tus instintos y tu fuerza vayan tras las pasiones de tu corazón. 3 No digas: "Quién puede dominarme?", porque el Señor no dejará de castigarte. 4 No digas: "Pequé, y qué me ha sucedido?", porque el Señor sabe esperar. 5 No vivas tan seguro del perdón mientras pecas sin cesar. 6 No digas: "Grande es su misericordia, él perdonará mis muchos pecados", porque tiene piedad, pero también ira, y descarga su furor sobre los pecadores. 7 No tardes en convertirte al Señor, no lo dejes de un día para otro, porque la ira del Señor estalla de repente y en el día del castigo serás aniquilado. 8 No te fíes de riquezas mal ganadas, de nada te servirán en el día de la desgracia.
*+• El hombre sabio, rico en experiencia, ha detectado muchas actitudes ilusorias que minan la vida y contaminan la existencia. Lanza su mensaje de peligro para ayudar a los ingenuos a no caer en trampas mortales. Alguno hasta se atreve a jactarse de decisiones que, a la larga, se convierten en una autocondena. Es mejor estar informados, seriamente avisados antes de que sea demasiado tarde. Aquí tenemos, pues, un "decálogo en forma negativa": son diez "noes" que pretenden cerrar el paso a decisiones ruinosas. No son leyes para imponer, sino señales de peligros graves enviadas al oyente/lector. A él corresponde, a continuación, apropiarse del mensaje y orientar con él su vida. Obrando de este modo se vuelve sabio; de lo contrario, sigue siendo un estúpido. Las prohibiciones pueden ser reagrupadas temáticamente en torno a los temas de la riqueza, la fuerza y la presunción ante Dios. El esquema se repite: la primera parte se abre con el "no" y el comportamiento errado (en forma de prohibición; por ejemplo, "no te fíes"); la segunda recuerda la intervención de Dios, que no deja sin castigo una decisión equivocada. El castigo es un modo de hacer triunfar la sabiduría, a fin de reintroducir el orden necesario. La primera y la última prohibiciones forman una especie de marco de todo el decálogo y tratan de la riqueza. El peligro está en darle excesivo valor, como si fuera la única cosa indispensable {"Con esto me basta": v. 1), o en hacerse la ilusión de que una riqueza deshonesta puede garantizar el mañana (cf. v. 8). Los w. 2ss tienen que ver con la fuerza o el poder del que muchas veces se jacta la gente. El ejercicio de esa fuerza, con frecuencia pura prepotencia, está bloqueado por el amenazador "el Señor no dejará de castigarte" (v. 3b). El punto álgido de la desfachatez se alcanza en los w. 4-7, donde el hombre peca y con desvergonzada arrogancia se pregunta: "Pequé, y qué me ha sucedido?", o bien se apoya de un modo desconsiderado en el perdón de Dios como si fuera un derecho, olvidándose del deber del arrepentimiento y de la conversión. Son éstas actitudes de ruinosa presunción, contra las que el sabio hace resonar su decálogo. Urge que nos demos cuenta de la gravedad de la situación y corramos a los refugios. Las sugerencias del sabio y la misericordia de Dios son unos instrumentos preciosos para renovar la existencia.
Salmo 1. R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.
Evangelio: Marcos 9,41-50 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 41 Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua en mi nombre porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. 42 Al que sea ocasión de escándalo para uno de estos pequeños que creen en mí más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. 43 Y si tu mano es ocasión de escándalo para ti, córtatela. 44 Más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. 45 Y si tu pie es ocasión de escándalo para ti, córtatelo. 46 Más te vale entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la Gehenna. 47 Y si tu ojo es ocasión de escándalo para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos a la Gehenna, 48 donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue. 49 Todos van a ser salados con fuego. 50 Buena es la sal. Pero si la sal se vuelve insípida, con qué le daréis sabor? Tened sal entre vosotros y convivid en paz.
*• Se abre este fragmento, cargado de advertencias amenazadoras, con una sentencia positiva. El v. 41 refiere un gesto de bondad motivado, es decir, no simplemente instintivo o automático. Se trata de una acción modesta, como el ofrecimiento de un vaso de agua, pero se agiganta si pensamos que estamos en zonas desérticas, donde el agua es un bien precioso. Lo que cuenta sobre todo es la motivación, exquisitamente teológica: el agua se da "en mi nombre porque sois del Mesías" (v. 41). Quien así obra piensa en Jesús y ve en el otro a un hermano. Con esta condición, la acción no será olvidada y obtendrá su recompensa. Con ello no se pretende excluir el valor de una bondad natural: el bien siempre es el bien. Lo que aquí se quiere sugerir es el gran valor que lleva anexo una acción rica en motivación interior. Sigue una serie amenazadora de dichos, catalizados en torno a la expresión "ser ocasión de escándalo" (que se repite cuatro veces). El discurso se vuelve duro y sin posibilidad de apelación. Esta severidad explica la gravedad de la situación, que el lector debe percibir con toda su urgencia. El "escándalo" era, originariamente, una piedra de tropiezo que bloqueaba el normal proceder hacia la meta. Más tarde pasó a indicar un obstáculo puesto voluntariamente para impedir el camino del crecimiento y de la fe. El ámbito religioso del escándalo se comprende mediante el añadido "pequeños que creen en mí" o bien por el hecho de que la meta es "entrar en la vida" (la eterna, como es obvio). Son los miembros de la comunidad, llamados precisamente "pequeños", los afectados por el escándalo. Quiénes son los pequeños? Son las personas sencillas, dotadas de un corazón libre, que han llevado a cabo una opción de fe. En consecuencia, la amenaza se dirige en particular a aquellos que bloquean la actividad espiritual de cuantos quieren ponerse a seguir a Cristo. La gravedad del escándalo se deja ver en la pena que le espera al culpable, una pena muy grave, pero que debe preferirse a pesar de todo ("sería mejor"). La pena consiste en colgarle al cuello una piedra de molino (literalmente, "de asno", porque era grande y la hacía girar este animal) y ser echado al mar. A continuación, se ponen tres ejemplos -mano, pie y ojo- simétricos, porque están construidos del mismo modo y llevan una misma idea. Se parte de la hipótesis ele un miembro o de un órgano humano que causa escándalo, después se sugiere privarse de él voluntariamente con una extirpación radical. Por último, se presenta el hecho de que es mejor gozar de la vida, la eterna, privados de ese órgano que poseerlo e ir a la perdición. Esta última se concretiza en la Gehenna (w. 45.47), un pequeño valle situado al sur de Jerusalén, imagen popular del infierno a causa de las basuras que ardían allí continuamente. Era una especie de vertedero de basura de la ciudad, donde el fuego incineraba todos los desechos. En este punto es lícito preguntarse por el significado de las palabras de Jesús. Pide verdaderamente una mutilación cuando una parte del cuerpo es causa de escándalo? Para responder a la pregunta hemos de tener en cuenta tanto el género literario como el comportamiento de Jesús. Como en otros casos, las palabras son fuertes y despiadadas, a fin de indicar la gravedad de la situación. Estamos ante expresiones hiperbólicas, paradójicas, que han de ser comprendidas en su significado y no aceptadas en su sentido literal, porque llevarían a un contrasentido. La petición de Jesús está relacionada con la conversión, y ésta "infecta" toda la vida. La mano o el pie o el ojo que pecan están dirigidos por un cerebro y por una voluntad enfermos. De nada serviría privarse de un miembro sin intervenir sobre las causas. La conversión tiene que ver con todo el hombre y no con una de sus partes. Marcos recuerda que la maldad viene del interior del hombre y no del exterior (cf. 7,20-23). La conducta de Jesús durante su vida pública refuerza esta interpretación. Jesús nunca le pidió a un pecador que se privara de alguna parte del cuerpo que hubiera sido ocasión de pecado. En definitiva, nos encontramos frente a unas palabras fuertes que deben ser comprendidas y acogidas con toda su severidad, sin someterse a una interpretación literal que estaría en contradicción tanto como el texto como con el comportamiento de Jesús.
MEDITATIO Nos quedamos un poco sorprendidos por las palabras fuertes que vibran en los pasajes de hoy. Se trata de mensajes vigorosos, sin apelación, destinados a concientizar a las personas y ponerlas ante el carácter trágico del mal. No es raro encontrar una complaciente connivencia con el mal, cubierta de una pátina de mistificantes justificaciones de este tipo: "Qué tiene de malo?", "Lo hacen todos"..., que rebajan el umbral de la conciencia moral, de modo que los valores quedan aguados y degradados, y el indiferentismo reina como soberano. El sabio de la primera lectura advierte con una serie de prohibiciones que son un grito de alarma. La vida no es para jugársela: tenemos una sola y no podemos confiar en la "rueda de recambio" que tiene el automóvil. Es mejor estar avisados sobre las consecuencias de ciertos comportamientos y decir en voz alta que son caminos sin retorno. Ben Sira no se limita a gritar: "!El lobo, el lobo!", porque desarrolla una verdadera educación preventiva: descubre el engaño de ciertas decisiones y señala, indirectamente, el camino que hemos de seguir. La riqueza, por ejemplo, no es un baluarte que nos proteja hasta el infinito; por consiguiente, es mejor no poner en ella una confianza ciega y absoluta. No es menos severo el discurso de Jesús sobre el escándalo. Podemos practicar una rebaja en lo que corresponde a la forma (evitar una aplicación literal rigurosa, porque de lo contrario seríamos fundamentalistas), pero no en lo que se refiere al contenido. El escándalo es un bloque puesto en el sendero de quien desea caminar en fidelidad al Señor. Es obligatorio remover las causas del escándalo, aunque cueste un gran empeño. La fatiga que nos produzca quedará ampliamente recompensada con la vida. Debemos hacer resonar en nuestra conciencia y hacer rebotar después en toda la sociedad las palabras del evangelio de hoy. Y también tenemos que levantar la voz para que la vida quede libre de tantos escándalos que contaminan todos los sectores y resultan ruinosos para los pequeños que creen y para todos los seres humanos. Un remedio saludable será llevar a cabo una continua obra de conversión y la capacidad de ser portadores de una ráfaga de aire puro.
ORATIO Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que donde haya odio, ponga yo amor. Que donde haya ofensa, ponga yo perdón. Que donde haya discordia, ponga yo unión. Que donde haya duda, ponga yo la fe. Que donde haya error, ponga yo la verdad. Que donde haya desesperación, ponga yo la esperanza. Que donde haya tinieblas, ponga yo tu luz. Que donde haya tristeza, ponga yo la alegría. Oh Maestro, haz que no busque tanto ser consolado como consolar, ser comprendido como comprender, ser amado como amar. Porque es dando como se recibe, es olvidándose como uno se encuentra, es perdonando como se es perdonado, es muriendo como se resucita a la vida eterna. (Francisco de Asís).
CONTEMPLATIO Queréis que os recuerde los diversos caminos de penitencia? Hay ciertamente muchos, distintos y diferentes, y todos ellos conducen al cielo. El primer camino de penitencia consiste en la acusación de los pecados: "Confiesa primero tus pecados, y serás justificado". Por eso dice el salmista: "Propuse: "Confesaré al Señor mi culpa", y tú perdonaste mi culpa y mi pecado". Condena, pues, tú mismo aquello en lo que pecaste y esta confesión te obtendrá el perdón ante el Señor, pues quien condena aquello en lo que faltó, con más dificultad volverá a cometerlo; haz que tu conciencia esté siempre despierta y sea como tu acusador doméstico y así no tendrás quién te acuse ante el tribunal de Dios. Éste es un primer y óptimo camino de penitencia; hay también otro, no inferior al primero, que consiste en perdonar las ofensas que hemos recibido de nuestros enemigos, de tal forma que, poniendo a raya nuestra ira, olvidemos las faltas de nuestros hermanos; obrando así, obtendremos que Dios perdone aquellas deudas que ante él hemos contraído; he aquí, pues, un segundo modo de expiar nuestras culpas. "Porque si perdonáis a los demás sus culpas -dice el Señor-, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros." Quieres conocer un tercer camino de penitencia? Lo tienes en la oración ferviente y continuada, que brota de lo íntimo del corazón. Si deseas que te hable aún de un cuarto camino, te diré que lo tienes en la limosna: ella posee una grande y extraordinaria virtualidad. También, si eres humilde y obras con modestia, en este proceder encontrarás no menos que en cuanto hemos dicho hasta aquí, un modo de destruir el pecado. De ello tienes un ejemplo en aquel publicano que, si bien no pudo recordar ante Dios su buena conducta, en lugar de buenas obras presentó su humildad y se vio descargado del gran peso de sus muchos pecados. Te he recordado, pues, cinco caminos de penitencia: primero, la acusación de los pecados; segundo, el perdonar las ofensas de nuestro prójimo; tercero, la oración; cuarto, la limosna; quinto, la humildad. No te quedes, por tanto, ocioso; antes, procura caminar cada día por la senda de estos caminos: ello, en efecto, resulta fácil, y no te puedes excusar aduciendo tu pobreza, pues, aunque vivieres en gran penuria, podrías deponer tu ira y mostrarte humilde, podrías orar asiduamente y confesar tus pecados; la pobreza no es obstáculo para dedicarte a estas prácticas. Pero qué estoy diciendo? La pobreza no impide de ninguna manera el andar por aquel camino de penitencia que consiste en seguir el mandato del Señor, distribuyendo los propios bienes -hablo de la limosna-, pues esto lo realizó incluso aquella viuda pobre que dio sus dos pequeñas monedas. Ya que has aprendido con estas palabras a sanar tus heridas, decídete a usar de estas medicinas y así, recuperada ya tu salud, podrás acercarte confiado a la mesa santa y salir con gran gloria al encuentro del Señor, rey de la gloria, y alcanzar los bienes eternos por la gracia, la misericordia y la benignidad de nuestro Señor Jesucristo (Juan Crisóstomo, Sermones II, 6, en PG 49, cois. 263ss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los malvados conduce a la perdición" (Sal 1,6).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Quién piensa aquí en el pecado? Un hombre justamente embrutecido por el pecado, rebosante de pecados y abrumado por eso [...]. Yo soy el nido mismo del mal y del pecado, y no consigo nunca liberarme de él. Ni siquiera intento salir de esta red infernal, de esta trampa venenosa. Oh pecado, qué gravemente pesas sobre el arco de mis hombros vellosos. Oh pecado, cómo doblas violentamente, hasta deformarlo, el arco, dentro de poco destrozado, de mis frágiles hombros. El peso, el peso cortante del pecado -!el pecado!-, hace brotar una sangre negra sobre este arco sobre el que un tiempo pasaba la mano de Dios. Sacerdote, perdonas demasiado pronto. Alivias demasiado pronto la herida sangrante del pecado [...]. Quien piensa aquí en el pecado es un hombre embrutecido por el pecado y abrumado por él. Este hombre le pregunta a Dios: "Oh tú, bondad infinita, qué es el pecado?". Y Dios no responde; el diablo dice: "Soy yo". !Tú!, repugnante príncipe de la materia inmunda. Tú, ser ridículo, eres tú el pecado. Tú, el contrario de Dios. Entonces, es contra ti, enemigo, contra quien voy constantemente; contra ti voy yo, un ser creado por Dios... Soy entonces un insensato? !Cómo! Acaso imploro la amistad de Dios por la mañana y me asocio a su adversario por la noche? !Ah! Dejadme llorar ante el espectáculo de mi locura o reír ante el espectáculo de irracionalidad: de blanco por la mañana, de rojo por la noche. !Oh! Siento vergüenza por mí y por mi brújula rota [...]. Todavía estoy a tiempo de cerrar las puertas de mi alma. Soy yo, soy yo, soy yo el vencedor de la serpiente. Dios mío, repréndeme por mi sentido de victoria sobre el mal. Restitúyeme la limpieza de los sentimientos divinos (M. Jakob, Meditazioni religiose, Brescia 1952).
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Viernes de la VII Semana del Tiempo Ordinario
LECTIO Primera lectura: Eclesiástico 6,5-17 5 Una palabra dulce multiplica los amigos, la lengua afable multiplica los saludos. 6 Puedes relacionarte con muchos, pero amigo de verdad, uno entre mil. 7 Si te echas un amigo, hazlo con tiento y no tengas prisa en confiarte a él. 8 Porque hay amigos de conveniencias, que te abandonan cuando llega la adversidad. 9 Hay amigos que se vuelven enemigos y para avergonzarte revelarán vuestra disputa. 10 Hay amigos que se sientan a tu mesa y te abandonan cuando llega la adversidad. 11 Mientras van bien las cosas, estarán unidos a ti y se mostrarán afables con los de tu casa. 12 Pero si eres humillado, se volverán contra ti y evitarán hasta mirarte. 13 Aléjate de tus enemigos y sé precavido con tus amigos. 14 Un amigo fiel es apoyo seguro, el que lo encuentra, encuentra un tesoro. 15 Un amigo fiel no tiene precio, no se puede ponderar su valor. 16 Un amigo fiel es bálsamo de vida, los que temen al Señor lo encontrarán. 17 El que honra al Señor cuida su amistad, porque su amigo será como sea él.
*+• El sabio continúa su enseñanza tocando ahora un tema electrizante, el de la amistad. Puesto que "nadie es una isla" (Th. Merton), necesitamos relacionarnos con los otros. La amistad expresa un vínculo agradable y constructivo con los otros. El autor recurre una vez más al rico depósito de la experiencia humana y nos ofrece preciosas sugerencias, algunas de las cuales han llegado a convertirse en proverbios populares, como el que dice "quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro" (cf. v. 14). Al final concluye con un arranque teológico, confirmando que lo que persigue la literatura sapiencial bíblica es un "encuentro reconciliado" con Dios. La primera sugerencia nos invita a hablar bien para conseguir amigos: todos sabemos que una persona irascible, huraña, criticona, no dispondrá de un amplio círculo de amigos. Viene, a continuación, una extensa recomendación sobre el modo de seleccionar a los amigos y sobre el justo discernimiento que debemos practicar para reconocer quién es verdaderamente digno de ese nombre. "Amigotes" hay muchos ("Puedes relacionarte con muchos": v. 6a), pero a los verdaderos amigos hemos de seleccionarlos ("pero amigo de verdad, uno entre mil": (v. 6b) y comprobarlos ("Si te echas un amigo, hazlo con tiento y no tengas prisa en confiarte a él": v. 7). Tras el principio general, vienen una serie de minuciosas sugerencias, una especie de test selectivo. Quien sólo es amigo de nombre estará a tu lado en las ocasiones que a él le convengan, como la de sentarse a tu mesa, o en situaciones de tranquila normalidad. En cuanto cambia el viento y estalla un litigio entre vosotros dos, o tú tienes un problema, enseguida vuelve la cara, te deja plantado o, peor aún, se transforma en enemigo. Por consiguiente, hay que tener cuidado a la hora de elegir y definir a alguien como "amigo": hay que probarlo sobre todo en la fidelidad, que es la capacidad de permanecer al lado de alguien, siempre y de cualquier modo. Una vez que has encontrado al verdadero amigo, entonces posees de verdad un tesoro, y "no se puede ponderar su valor" (v. 15). Al final, la experiencia humana conecta con la religiosa: la persona amiga de Dios ("El que honra al Señor") también "cuida su amistad" con su amigo (v. 17); por consiguiente, podemos concluir diciendo: ama a Dios y busca a tus amigos entre aquellos que también le aman.
Salmo 118. R. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Muéstrame,
Señor, el camino de tus leyes,
Evangelio: Marcos 10,1-12 En aquel tiempo, 1 Jesús partió de aquel lugar y se fue a la región de Judea, a la otra orilla del Jordán. De nuevo la gente se fue congregando a su alrededor, y él, como tenía por costumbre, se puso también entonces a enseñarles. 2 Se acercaron unos fariseos y, para ponerle a prueba, le preguntaron si era lícito al marido separarse de su mujer. 3 Jesús les respondió: -Qué os mandó Moisés? 4 Ellos contestaron: -Moisés permitió escribir un certificado de divorcio y separarse de ella. 5 Jesús les dijo: -Moisés os dejó escrito ese precepto por vuestra incapacidad para entender. 6 Pero desde el principio Dios los creó varón y hembra. 7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer 8 y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino uno solo. 9 Por tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre. 10 Cuando regresaron a la casa, los discípulos le preguntaron sobre esto. 11 Él les dijo: -Si uno se separa de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, 12 y si ella se separa de su marido y se casa con otro, comete adulterio.
*" La muchedumbre está deseosa de escuchar la Palabra de Jesús y él "calma su hambre" con un discurso que llega al centro de la verdad y de la voluntad de Dios. No todos le siguen con el corazón libre y sediento de verdad. Hay quien le provoca con preguntas capciosas: "Le preguntaron si era lícito al marido separarse de su mujer" (v. 2). Se le hace una pregunta que no es positiva y, además, de sentido único: el comportamiento del hombre con la mujer, y no viceversa. El problema existe y, por consiguiente, es preciso afrontarlo. Ahora bien, todo problema tiene que ser iluminado a la luz de la Palabra, elemento primordial y fuente para conocer la voluntad de Dios y, en consecuencia, el plan de vida. Jesús se erige en intérprete autorizado de esa voluntad. Acepta la provocación y responde con una contrapregunta: "Qué os mandó Moisés?", el mediador de la voluntad divina (v. 3). Jesús pregunta sobre algo que también ellos consideran obligatorio. La respuesta se aparta de la pregunta porque los fariseos declaran lo que Moisés "permitió" (v. 4). Están desencaminados, no están respondiendo de manera correcta. Jesús explica la razón de la concesión de Moisés, la sklérokardía de los hombres, es decir, la "dureza de corazón" o "incapacidad para entender", que es la falta de elasticidad a la hora de acoger la voluntad de Dios. El corazón es el centro de la persona, el conjunto armónico formado por la inteligencia, la voluntad y la afectividad. La máquina se ha atascado. La de Moisés fue una norma dada por la dureza de corazón. Por consiguiente, es una norma condicionada, ligada al tiempo y dependiente de una situación particular. No se trata de lo que es obligatorio, sino de lo que está permitido. Es preciso remontarse a los orígenes, a la pureza primitiva, a la auténtica voluntad divina. Ésta había establecido una distinción entre varón y hembra, en vistas a una comunión plena entre ambos. El v. 8 {"De manera que ya no son dos, sino uno solo") recoge la cita de Gn 1,27 (cf. v. 7) y confirma que estamos en presencia de una nueva realidad, única e irrepetible. Una vez establecido esto, se desprende como consecuencia el v. 9: si tal unidad es expresión de la voluntad divina, nadie está autorizado a deshacerla. Llega perentorio el mandamiento, sin añadidos: "Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre". La explicación de Jesús, lógica y esencial, no les parece fácil de comprender ni siquiera a los discípulos, que piden explicaciones en privado, una vez en casa. La dificultad se encuentra en el hecho de que es preciso cambiar de mentalidad, invertir la tendencia machista y posibilista alimentada por la praxis. Jesús no hace descuentos, no suaviza para nadie las severas exigencias de un amor verdadero. Confirma y clarifica, en los w. 1 lss, su pensamiento. La ruptura de aquella unidad querida por Dios es adulterio. El verbo griego moicháomai no deja lugar ni siquiera a la más tenue duda: es adulterio, ruptura grave de una relación nacida para permanecer inoxidable en el tiempo. Jesús, al añadir que el compromiso de fidelidad vale para ambos, hombre y mujer, introduce una paridad de derechos y deberes desconocida en el mundo judío. El verdadero feminismo está dando sus primeros y sustanciales pasos.
MEDITATIO Un fresco estupendo sobre la amistad, podría ser un título para las lecturas de hoy. La primera nos proporciona consejos prácticos al recordar que los verdaderos amigos no son tantos. Es preciso echar mano a un sano discernimiento para detectarlos. Son muchos los que se presentan y camuflan como tales, tejen relaciones, unas relaciones que en muchos casos son superficiales: amigos de viaje, amigos de mesa, amigos de juego, amigos de deporte... El verdadero amigo se manifiesta en las situaciones difíciles, cuando estás en crisis, cuando tienes una dificultad, cuando te sientes solo y abandonado, cuando no dispones de medios económicos ni de peso social. Cuando alguien se mantiene junto a ti incluso en esas situaciones en las que, hablando desde el punto de vista humano, no puede sacar ninguna ventaja, entonces merece el nombre de amigo. Puedes fiarte de él, puedes apoyarte en su persona. Debemos achacar la fragilidad de muchas amistades al hecho de que no están construidas sobre bases sólidas, sino que están confiadas al carácter improvisado de un sentimiento o a la gracia de un momento. Otro criterio de verificación y de estabilidad lo tenemos en la dimensión de la fe. Una persona que ama a Dios se esfuerza en alimentar su vida con valores contrastados por la voluntad divina; por consiguiente, es de presumir que sea capaz de custodiar y cultivar también el valor de la amistad. Podemos interpretar aquí el dato de la experiencia de muchas amistades nacidas "a la sombra del campanario" o en el marco de grupos eclesiales. Sin llegar a realizar un discurso de "gueto", es verdad de todos modos que un sentimiento religioso común ayuda también a cimentar, construir y defender el valor de la amistad. El evangelio nos ofrece en un primer momento una imagen de "enemigos": son los que se acercan a Jesús para plantearle una pregunta envenenada, a fin de enredarle. A continuación, Jesús, al hablar del matrimonio indisoluble, nos proporciona una hermosa idea de la amistad, aunque específicamente en el marco matrimonial. El marido y la mujer constituyen un bello ejemplo de amigos: al unir sus inteligencias, voluntades y cuerpos, tienden a construir una unidad de vida. Contra el intento disgregador de construir una amistad matrimonial ad tempus ("mientras dura, dura"), como hoy sostienen algunos, Jesús reacciona indicando la precisa e inequívoca voluntad divina. Él la proclama y la vive. Jesús es alguien que "llama amigos" a sus discípulos (cf. Jn 15,15). Es el Esposo que está dispuesto a dar la vida por su Esposa (cf. Ef 5,25). Un amigo verdadero, un amigo para siempre.
ORATIO La verdadera amistad con los hombres y las mujeres se funda en el terreno del amor de Dios: concédenos, oh Señor, ser leales contigo, para que yo sea sincero y desinteresado también con mis semejantes. La amistad, oh Señor, condimenta con su suavidad todas las virtudes, sepulta los vicios con su fuerza, suaviza las adversidades, modera la prosperidad, de suerte que sin un amigo casi nada entre las criaturas humanas puede ser fuente de alegría": haz que mis relaciones de amistad lleven la impronta de la caridad, como camino que tiende a tu perfección. Concede, por último, Señor, a la amistad aspirar a la compleción de la entrega de sí mismo, que encuentra una imagen incomparable en el amor matrimonial: "El Amigo es el esposo de tu alma, y tú unes tu espíritu al suyo, comprometiéndote hasta el punto de tener que llegar a ser con él una sola cosa; te confías a él como a ti mismo, nada le ocultas ni nada tienes que temer de él. Si consideras que alguien es idóneo para todo esto, primero debes escogerle, después ponerle a prueba y, por último, acogerle. La amistad, en efecto, debe ser estable, casi una imagen de la eternidad, y permanecer constante en laentrega del afecto" (Aelredo de Rievaulx).
CONTEMPLATIO Nos habíamos encontrado en Atenas como la corriente de un mismo río que, desde el manantial patrio, nos había dispersado por las diversas regiones, arrastrados por el afán de aprender, y de nuevo, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, volvió a unirnos, sin duda porque así lo dispuso Dios. En aquellas circunstancias, yo no me contentaba sólo con venerar y seguir a mi gran amigo Basilio, al advertir en él la gravedad de sus costumbres y la madurez y seriedad de sus palabras, sino que trataba de persuadir a los demás, que aún no le conocían, para que le tuviesen esta misma admiración. En seguida empezó a ser tenido en gran estima por quienes conocían su fama y le habían oído. En consecuencia, qué sucedió? Que fue casi el único, entre todos los estudiantes que se encontraban en Atenas, que sobrepasaba el nivel común, y el único que había conseguido un honor mayor que el que parece corresponder a un principiante. Éste fue el preludio de nuestra amistad; ésta la chispa de nuestra intimidad, así fue como el mutuo amor prendió en nosotros. Con el paso del tiempo, nos confesamos mutuamente nuestras ilusiones y que nuestro más profundo deseo era alcanzar la filosofía, y, ya para entonces, éramos el uno para el otro todo lo compañeros y amigos que nos era posible ser, de acuerdo siempre, aspirando a idénticos bienes y cultivando cada día más ferviente y más íntimamente nuestro recíproco deseo. Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y, sin embargo, carecíamos de envidia; en cambio, teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía; cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia. Parecía que teníamos una misma alma que sustentaba dos cuerpos. Y si no hay que dar crédito en absoluto a quienes dicen que todo se encuentra en todas las cosas, a nosotros hay que hacernos caso si decimos que cada uno se encontraba en el otro y junto al otro. Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ése fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño por la virtud. Y aunque decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido. Y así como otros tienen sobrenombres, recibidos de sus padres o bien suyos propios, o sea, adquiridos con los esfuerzos y la orientación de su misma vida, para nosotros era maravilloso ser cristianos y glorioso recibir este nombre (Gregorio Nacianceno, Sermón 43, 15-21 passim, en PG 36, cois. 514-523).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Quien encuentra un amigo encuentra un tesoro" (cf. Eclo6,14).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cuando amor te llama, sigue la señal, aunque suba empinado el sendero. Y cuando sus alas te envuelvan, abandónate, aunque entre las plumas te hiera una cuchilla. Y cuando el amor te hable, no tardes en creerle, aunque su voz turbe tus sueños como el viento del norte barre el jardín. Porque el amor corona y el amor clava en una cruz [...]. Con sus manos te trabaja hasta tu extrema ternura, después te expone a su sagrada llama, para que seas pan sagrado en la sagrada fiesta de Dios. Todo eso hará para que puedas conocer los secretos de tu corazón y, así iluminado, llegues a ser un fragmento del corazón de la vida. Mas si tienes miedo y buscas sólo paz y placer en el amor, será mejor para ti que te cubras y te vayas de la era al mundo desolado de las estaciones: allí reirás, aunque no con toda tu risa; allí llorarás, aunque no la última lágrima. El amor no da otra cosa que a sí mismo, y sólo de sí mismo toma. El amor no posee ni quiere dejarse poseer: porque al amor sólo le basta el amor (K. Gibran, L'amore, Cinisello B. 1997).
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