Dedícate a la Contemplación.....y recibirás los dones del Espíritu Santo


 

 

 

LECTIO DIVINA ENERO DE 2026

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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

Día 1

Jueves. Octava de Navidad

Santa María, Madre de Dios

LECTIO

Primera lectura: Números 6,22-27

22 El Señor dijo a Moisés:

23 -Di a Aarón y a sus hijos: Así bendeciréis a los israelitas:

24 El Señor te bendiga y te guarde;

25 el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor;

26 el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz.

27 Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.

 

        ** El primer día del año civil la Iglesia celebra la fiesta de María, Madre de Dios, y, a pesar de que las lecturas bíblicas, además de concentrarse sobre María, ponen de relieve a su Hijo y su nombre, lo cual, lejos de reducir la función de María en la vida de la Iglesia, la subrayan justamente al colocarla como madre junto al Hijo.

        Esta lectura recuerda la antigua bendición que los sacerdotes impartían al pueblo la víspera de las solemnidades litúrgicas, especialmente en la fiesta del año nuevo.

        Bendecir al pueblo era prerrogativa del rey (cf. 2 Sm 6,18; 1 Re 8,14-55) y del sacerdote (cf. Dt 10,8; 21,5), que actuaban en nombre de Dios. La fórmula recuerda los favores que Dios concederá al pueblo que está en su presencia.

        Particularmente significativos son los dos términos que abren y cierran la fórmula: bendición ("te bendiga": v. 4) y paz ("te conceda la paz": v. 26). El primero indica la acción de Dios hacia el pueblo, que es benevolencia, protección y favor (cf. Sal 4,7; 31,17) y significa invocar sobre ellos su nombre (v. 27), para que el Señor sea fuente de salvación. El segundo indica el contenido de los dones de Dios, y se resume en el don mesiánico de la paz, esto es, de la plenitud de la felicidad (cf. Sal 121,6- 7; Jn 14,27). La palabra shalom tiene un significado bastante amplio y comprende plenitud, integridad de la vida, pero sobre todo el estado del hombre que vive en armonía con Dios, consigo mismo y con la naturaleza.

        En realidad es el hombre nuevo, plenamente abierto a Dios, de quien Jesús es figura y modelo, porque en él se realiza el encuentro de las libertades humana y divina. Y Dios la concede a quien la busca en la solidaridad entre los hombres.

 

Salmo responsorial
R.- Que Dios tenga piedad y nos bendiga

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra.
R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra.
R.

 

Segunda lectura: Gálatas 4,4-7

Hermanos:

4 Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su propio Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,

5 para liberarnos de la sujeción a la ley y hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios.

6 Y la prueba de que sois hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: "Abba", es decir, "Padre".

7 De suerte que ya no eres siervo, sino hijo, y como hijo, también heredero por gracia de Dios.

 

        *+ El célebre texto paulino es un fragmento cristológico que nos habla de Jesús, de María, terreno fecundo que ha acogido al Hijo de Dios, y de la experiencia cristiana.

        La venida de Jesús al mundo ha señalado la plenitud del tiempo y ha cumplido las antiguas promesas de un retorno del hombre a la vida de comunión con Dios: "Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para liberarnos de la sujeción de la ley" (w. 4-5).

        Dios tuvo la iniciativa de enviar a su Hijo y el hombre ha sido elevado de nuevo a la dignidad de hijo. Jesús entró históricamente así a formar parte de la humanidad a título pleno, sometiéndose a las leyes y a las condiciones humanas, y la humanidad, de algún modo, se ha identificado con Cristo formando con él una realidad única (cf. Rom 1,3). Y todo esto a través del vientre de una mujer, como un hombre cualquiera, en plena y normal humanidad.

        Pablo nos presenta aquí el esquema de toda acción liberadora: inmersión de Cristo en la pobreza humana, autoliberación con su fuerza divina y atracción a sí de la humanidad. Esta misión del Hijo ha tenido un único objetivo: revelar el auténtico sentido de la vida y posibilitarnos el llegar a ser realmente hijos adoptivos del mismo Padre (v. 7; cf. Rom 8,15-17). Y los signos que el Apóstol evidencia de esta real transformación son la plegaria confiada que el Espíritu Santo suscita en el corazón del creyente, haciéndole decir: "Abba, Padre" (v. 6) y haciéndolo sentirse ante Dios no siervo sino libre, con la libertad del Hijo de Dios. Y, en este divino proyecto, María ha sido el instrumento privilegiado.

        Llamar a María "Madre de Dios" significa, pues, conocer el corazón del misterio de la encarnación y de la misma historia de la salvación.

 

Evangelio: Lucas 2,16-21

16 Los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre.

17 Al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de este niño.

18 Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores, se quedaban admirados.

19 María, por su parte, guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón.

20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído correspondía a cuanto les habían dicho.

21 A los ocho días, cuando lo circuncidaron, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel ya antes de la concepción.

 

        **• De nuevo se proclama en la liturgia el evangelio de la misa de la aurora de Navidad, con el añadido del v. 21 referente a la circuncisión de Jesús. El tema de la lectura es una reflexión posterior sobre el misterio de la encarnación.

        Los pastores van a la gruta de Belén, encuentran al Niño en el pesebre y, luego de adorarlo, refieren el hecho y todos quedan maravillados (w. 16- 18). Después se vuelven a sus rebaños en la alegría y la alabanza por la extraordinaria experiencia vivida (v. 20). Pasados los ocho días del nacimiento del Niño, fue celebrado el rito de la circuncisión, mediante el cual él entró a formar parte del pueblo elegido (cf. Gn 17,2-17) y se le impuso el nombre "Jesús", que quiere decir: "Dios salva" (cf. Mt 1,21). Ante todos estos acontecimientos María conserva todo en su corazón y medita todas estas cosas, dándoles el justo sentido: "María guardaba todos esos recuerdos y los meditaba en su corazón" (v. 19). María aparece así como la Madre que sabe interpretar los hechos del Hijo.

        Hay, pues, diversas actitudes que se pueden asumir ante el Cristo: la búsqueda pronta y gozosa de los pastores, el asombro y la alabanza de aquellos que intervienen en el hecho, el relato a otros de la experiencia vivida. Para el evangelista sólo María adopta la postura del verdadero creyente, porque ella sabe guardar con sencillez lo que escucha y meditar con fe lo que ve, para ponerlo todo en su corazón y transformar en plegaria la salvación que Dios le ofrece.

 

MEDITATIO

        Desde hace varios años, el primer día del año civil se celebra en todo el mundo "la jornada de la paz" en nombre de María, madre de Dios y madre de la Iglesia. La paz (= Shalom) es el don mesiánico por excelencia que Jesús resucitado ha traído a sus discípulos (cf. Jn 20,19- 21); es la salvación de los hombres y la reconciliación definitiva con Dios. Pero la paz de Cristo es también la paz del hombre, rica en valores humanos, sociales y políticos, que encuentra su fundamento, para decirlo con la Pacem in terris de Juan XXIII, en las condiciones de verdad, de justicia, de amor y de libertad, que son los cuatro pilares sobre los que se erige el edificio de la paz.

        La constante bendición de Dios en la primera alianza, la acción de Cristo realizada en favor de toda la humanidad y de cada uno de sus componentes, el mismo nombre impuesto a Jesús, que evoca su misión de salvador, todos son hechos orientados en la línea de la paz, de la alianza, de la fraternidad. Dios no ha creado al hombre para la guerra, sino para la paz y la fraternidad.

        El mal en todas sus múltiples formas se contrarresta sólo con una constante educación en la paz. Aquella paz que la Virgen María, Reina de la paz, nos puede obtener del Padre: la shalom bíblica viene de Dios y está ligada a la justicia. La raíz de la paz, no obstante, reside en el corazón del hombre, esto es, en el rechazo de la idolatría, porque no hay paz sin verdadera conversión, no hay paz sin tensiones (cf. Mt 10,34). La paz de Cristo no es como la del mundo, porque la de Cristo exige que nos alejemos de la mentalidad mundana. Con la venida de Cristo la paz nos ha sido ofrecida a cada uno de nosotros, porque brota del corazón de Dios, que es amor.

 

ORATIO

        Al inicio de este nuevo año, Señor, te rezamos volviendo la mirada hacia María, a la que, siendo la madre de tu Hijo y madre nuestra, puede hacer posible la civilización del amor y de la paz para toda la humanidad. Primeramente te queremos agradecer el don precioso de María: tú la elegiste, como flor incomparable y preciosa de la humanidad, para que Jesús pudiera venir a nosotros a traernos tu Palabra de vida, a darnos el Espíritu Santo consolador de los corazones y para que nos pudiéramos dirigir a ti llamándote Padre. Haznos capaces de seguir los caminos del evangelio de la paz, como ha caminado María en su peregrinaje terreno, viviendo en el silencio y oculta en el hogar doméstico, permaneciendo abiertos al anuncio de la "alegre noticia" que nos ha traído tu Hijo, sabiendo afrontar las pruebas de la vida con humildad y fe profundas, y confiando en ti en la hora de nuestro retorno a la casa del Padre donde tú nos esperas.

        Te rogamos de modo especial por la paz del mundo, convencidos de que es un deber de todos conocer los problemas que están detrás de las graves divisiones actuales para compartir y sostener todo camino y toda propuesta de paz y de justicia. Suscita gobernantes y hombres de paz que sepan actuar de manera que el desarrollo sea posible a todas las gentes por igual, y que la solidaridad sea tal que los países ricos prevean intervenciones capaces de elevar económicamente incluso a los países más pobres. Pero haz capaz a cada hombre de comprender que la auténtica paz y la verdadera felicidad vienen de ti, que eres el Dios de la paz.

 

CONTEMPLATIO

        !Cantadlo a la espera del alba, cantadlo suave, en el duro oído del mundo! Cantadlo de rodillas, cantadlo como envueltos en un velo, como cantan las mujeres encinta: el Poderoso se ha hecho dócil, el Infinito pequeño, el Fuerte sereno, el Altísimo humilde (...). !Niño que vienes de la eternidad, quiero elevar un canto a tu Madre! !Mi canto debe ser bello como la nieve iluminada por el alba! !Alégrate, virgen María, hija de mi tierra, hermana de mi alma, alégrate, gozo de mi gozo! !Soy como un vagabundo en la noche, pero tú eres mi techo bajo el firmamento! !Soy una copa sedienta, pero tú eres el mar abierto del Señor!

        !Alégrate, virgen María! Dichosos los que te proclaman dichosa! !Ya ningún corazón humano temerá! Tengo un único deseo, quiero repetirlo a todos: !una de vosotras ha sido elegida por el Señor! !Dichosos aquellos que te proclaman dichosa! (Gertrud Von le Fort, Himnos a la Iglesia, Madrid 1995).

 

ACTIO

        Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "María guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón" (Lc 2,19).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        María Virgen, que por el anuncio del ángel acogió al Verbo de Dios en su corazón y en su vientre y entregó la vida al mundo, es conocida y honrada como verdadera Madre de Dios Redentor. Redimida de manera tan eminente, en atención a los futuros méritos de su Hijo y a El unida con estrecho e indisoluble vínculo, está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas. Al mismo tiempo ella está unida a la estirpe de Adán con todos los hombres que han de ser salvados; más aún, es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son "miembros de aquella cabeza", por lo que también es saludada como miembro sobreeminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y caridad y a quien la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como Madre amantísima (LG 53).

 

 

 

Día 2

Santos Basilio Magno y Gregorio de Nacianzo, obispos y doctores de la Iglesia

 

        Basilio de Cesárea de Capadocia, su hermano Gregorio de Nisa y su amigo Gregorio de Nacianzo son conocidos como los "padres capadocios". Ellos llevaron a la práctica las enseñanzas del Concilio de Nicea sobre la doctrina trinitaria.

        Basilio (329-379) nació en una familia profundamente cristiana y recibió una esmerada preparación humanística. Hizo amistad en Atenas con Gregorio de Nacianzo y con él abandonó el mundo, dando origen a una nueva forma de vida comunitaria (monacato basiliano). Ordenado sacerdote y consagrado después obispo de Cesárea, se prodigó en obras caritativas y dio esplendor al culto divino. Ha dejado un rico patrimonio de obras teológicas, espirituales y homiléticas y un precioso epistolario.

        También Gregorio de Nacianzo (330-389/390), como Basilio, respiró el cristianismo desde su nacimiento, momento en el que su piadosísima madre lo ofreció al Señor. Fue educado en las mejores escuelas y se convirtió en un excelente retórico. Le esperaban los más altos cargos civiles cuando abandonó el mundo. Ordenado sacerdote y, después, obispo de Constantinopla, siguió siendo siempre, en primer lugar, un místico, cantor apasionado de la Santísima Trinidad; como  poeta y teólogo, revela en sus escritos la experiencia y la inteligencia de los misterios de Cristo.

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 2,22-28

Hermanos:

22 Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Mesías? Ése es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.

23 Todo el que niega al Hijo, se queda sin el Padre; y todo el que acepta al Hijo, tiene también al Padre.

24 Vosotros debéis permanecer fíeles a lo que oísteis desde el principio. Si sois fieles a lo que oísteis desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.

25 Y ésta es la promesa que él nos ha hecho: la vida eterna.

26 Os he escrito estas cosas para poneros en guardia contra los que intentan seduciros.

27 En cuanto a vosotros, el Espíritu que habéis recibido de él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; antes bien, ese Espíritu, que es fuente de verdad y no de mentira, os enseña todas las cosas. Así pues, permaneced en él, conforme a lo que os enseñó.

28 Sí, hijos míos, permaneced en él, para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no nos veamos avergonzados ante él el día de su gloriosa venida.

 

** El fragmento revela las líneas esenciales de la falsa doctrina divulgada por los "anticristos" en una época atormentada del final del siglo primero: Jesús no es el Mesías, el Hijo de Dios. Esta herejía cristológica consideraba imposible que el Verbo se hubiese encarnado a la manera humana, auténtico escándalo para la mentalidad gnóstica. Pero para el apóstol Juan negar la divinidad de Jesús significaba no tener comunión con el Padre y la verdadera vida (w. 22-23); negar la unión de lo divino y lo humano en Jesús significaba ser "anticristo", porque lo humano en Jesús es el reflejo perfecto de lo divino, es el reflejo del Padre (cf. Jn 14,9).

El cristiano debe permanecer fiel a la Palabra oída desde el principio, es decir, al misterio pascual en su integridad (muerte-resurrección) enseñado por los apóstoles. Sólo esta Palabra acogida en la fe, interiorizada y vivida en el Espíritu permite conservar la auténtica comunión con el Hijo y con el Padre (v. 24). Así pues, vivir en comunión con Dios significa poseer la promesa que Cristo ha hecho, es decir, "la vida eterna" (v. 25; 3,15; Jn 3,36). Y el creyente puede resistir al, seductor que enseña el error, vivir las radicales exigencias del evangelio y permanecer en la Palabra a la espera de la venida de Cristo porque ha recibido "la unción" del Espíritu Santo en el bautismo (v. 27). El Espíritu, fuerza interior que da la sabiduría, hace invencible y fuerte en la tentación al discípulo de Jesús, lo impulsa a la evangelización y lo hace confiado en el retorno del Señor (v. 28).

 

Salmo responsorial
R.- Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Salmo 97 1-9

 

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

2 El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.

3 Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

4 Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

5 Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:

6 con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.

7 Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan;

8 aplaudan los ríos, aclamen los montes

9 al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.

 

 

Evangelio: Juan 1,19-28

19 Los judíos de Jerusalén enviaron una comisión de sacerdotes y levitas para preguntar a Juan: -Tú, quién eres?

20 Su testimonio fue éste: -Yo no soy el Mesías.

21 Ellos le preguntaron: -Entonces, qué? Eres tú, acaso, Elías? Juan respondió: -No soy Elías. Volvieron a preguntarle: -Eres el profeta que esperamos? Él contestó: -No.

22 De nuevo insistieron: -Pues, quién eres? Tenemos que dar una respuesta a los que nos han enviado. Qué dices de ti mismo?

23 Entonces él, aplicándose las palabras del profeta Isaías, se presentó así: -Yo soy la voz del que clama en el desierto: allanad el camino del Señor.

24 Algunos miembros de la comisión eran fariseos. 25 Éstos le preguntaron: -Si no eres ni el Mesías, ni Elías, ni el profeta esperado, por qué razón bautizas?

26 Juan afirmó: -Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis.

27 Él viene detrás de mí, aunque yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias.

28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

 

*" El texto es el testimonio del Bautista ante la delegación enviada por las autoridades de Jerusalén a Betania, al otro lado del Jordán (v. 28).

A la pregunta: "Tú, quién eres?" (v. 19), el Bautista confiesa, evitando cualquier malentendido acerca de su propia persona y de su propia misión, que no es el Cristo, el Salvador escatológico esperado. Este testimonio negativo en boca del Bautista es una auténtica confesión de fe en el mesianismo de Jesús. Siguen otras preguntas de los enviados a las que el Testigo responde diciendo no ser ni Elías (cf. Mal 3,1-3.23; Me 9,11; Mt 7,10) ni el profeta (cf. Dt 18,15; 1 Mac  14,41), personajes esperados para el tiempo mesiánico. El desconcierto de sus interlocutores es grande.

El Bautista continúa explicando su propia identidad, definiéndose a sí mismo con las palabras del Segundo Isaías: "Voz que clama en el desierto" (v. 23) y prepara el camino al Cristo (cf. Is 40,3). Él no es la luz, es sólo la lámpara que arde y que testimonia la luz verdadera. Él no es la Palabra encarnada, es sólo la voz que prepara el camino con la purificación de los pecados y la conversión del corazón. Y a la ulterior insistencia de los fariseos sobre el motivo de su bautismo, Juan replica: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis" (v. 26).

El bautismo de Juan no es el del tiempo de la salvación, sino un rito de iniciación para prepararse a la acogida del Mesías, que se encuentra ya entre el pueblo. El Bautista acerca su propia persona a la de Cristo para poner de relieve la dignidad y grandeza de Jesús, cuya vida tiene dimensiones de eternidad: Juan no es digno de prestarle el más humilde de los servicios: desatarle las sandalias. El testimonio del Bautista pretende, pues, suscitar la fe en todo hombre hacia el gran desconocido, el portador de la salvación, que vive entre los hombres.

 

MEDITATIO

        Si es verdad que cada santo es una ilustración viva del Evangelio, esto vale de modo particular en el caso de los amigos capadocios Basilio y Gregorio, testigos de la fidelidad y de la belleza del ideal cristiano vivido y realizado en plenitud.

    Basilio, con su fuerte personalidad de líder, de hombre de acción, y Gregorio, elevadísimo poeta y teólogo, nos muestran con su vida qué significa asistir a la escuela de la verdadera sabiduría y recibir como don el Espíritu, que escruta también las profundidades de Dios. "El mundo tiene necesidad de santos dotados de genio" (S. Weil): los dos grandes amigos, a los que veneramos en esta memoria como obispos y doctores de la Iglesia, han alcanzado por la caridad de Cristo lo que les ha hecho obradores del bien al servicio de los hermanos y cantores admirados de la belleza de Dios.

    Desde su juventud habían afirmado: "Para nosotros era una cosa grande y un gran nombre ser cristianos y ser llamados cristianos", y mantuvieron durante toda su vida la fe en su amistad porque vivieron "acrecentando el misterio santo y nuevo de Cristo, de quien habían recibido el nombre con que eran llamados". Esto les convirtió de verdad en sal y luz no sólo para su tiempo, sino para toda la Iglesia, en todos los tiempos.

 

ORATIO

"!Oh tú, el más allá de todo!, cómo llamarte con otro nombre?

No hay palabra que te exprese ni espíritu que te comprenda.

Ninguna inteligencia puede concebirte.

Sólo tú eres inefable, y cuanto se diga ha salido de ti.

Sólo tú eres incognoscible, y cuanto se piense ha salido de ti.

Todos los seres te celebran, los que hablan y los que son mudos.

Todos los seres te rinden homenaje, los que piensan y los que no piensan.

El deseo universal, el gemido de todos, suspira por ti.

Todo cuanto existe te ora, y hasta ti eleva un himno de silencio todo ser capaz de leer tu universo.

Cuanto permanece, en ti solo permanece.

En ti desemboca el movimiento del universo.

Eres el fin de todos los seres; eres único.

Eres todos y no eres nadie.

No eres un ser solo ni el conjunto de todos ellos.

Cómo puedo llamarte, si tienes todos los nombres?

!Oh tú, el único a quien no se puede nombrar!, qué espíritu celeste podrá penetrar las nubes que velan el mismo cielo?

Ten piedad, oh tú, el más allá de todo: cómo llamarte con otro nombre?".

 

CONTEMPLATIO

        Hacia el Espíritu Santo dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos como un riego que les ayuda en la consecución de su fin propio y natural.

    Por él los corazones se elevan a lo alto, por su mano son conducidos los débiles, por él los que caminan tras la virtud llegan a la perfección. Es él quien ilumina a los que se han purificado de sus culpas y quien, al comunicarse a ellos, los vuelve espirituales. Como los cuerpos limpios y transparentes se vuelven brillantes cuando reciben un rayo de sol y despiden de ellos mismos como una nueva luz, del mismo modo las almas portadoras del Espíritu Santo se vuelven plenamente espirituales y transmiten la gracia a los demás (Basilio Magno, Sobre el Espíritu Santo IX, 22ss, passim).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia hoy, orando con san Basilio: "Obremos fielmente la verdad en la caridad" (Basilio, Moraba, Reg. LXXX, 22).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Llevando en el corazón los interrogantes, las aspiraciones y las experiencias a las que he aludido, mi pensamiento se dirige al patrimonio cristiano de Oriente. No pretendo describirlo ni interpretarlo: me pongo a la escucha de las Iglesias de Oriente que sé que son intérpretes vivas del tesoro tradicional conservado por ellas. Al contemplarlo aparecen ante mis ojos elementos de gran significado para una comprensión más plena e íntegra de la experiencia cristiana y, por tanto, para dar una respuesta cristiana más completa a las expectativas de los hombres y mujeres de hoy. En efecto, con respecto a cualquier otra cultura, el Oriente cristiano desempeña un papel único y privilegiado, por ser el marco originario de la Iglesia primitiva. La tradición oriental cristiana implica un modo de acoger, comprender y vivir la fe en el Señor Jesús. En este sentido, está muy cerca de la tradición cristiana de Occidente que nace y se alimenta de la misma fe.

    Con todo, se diferencia también de ella, legítima y admirablemente, puesto que el cristiano oriental tiene un modo propio de sentir y de comprender, y, por tanto, también un modo original de vivir su relación con el Salvador. Quiero aquí acercarme con respeto y reverencia al acto de adoración que expresan esas Iglesias, sin tratar de detenerme en un punto teológico específico, surgido a lo largo de los siglos en oposición polémica durante el debate entre occidentales y orientales. Ya desde sus orígenes, el Oriente cristiano se muestra multiforme en su interior, capaz de asumir los rasgos característicos de cada cultura y con sumo respeto por cada comunidad particular. No podemos por menos de agradecer a Dios, con profunda emoción, la admirable variedad con la que nos ha permitido formar, con teselas diversas, un mosaico tan rico y hermoso.

    En la divinización y sobre todo en los sacramentos, la teología oriental atribuye un papel muy particular al Espíritu Santo: por el poder del Espíritu que habita en el hombre, la deificación comienza ya en la tierra, la criatura es transfigurada y se inaugura el Reino de Dios. La enseñanza de los padres capadocios sobre la divinización ha pasado a la tradición de todas las Iglesias orientales y constituye parte de su patrimonio común. Se puede resumir en el pensamiento ya expresado por san Ireneo al final del siglo II: Dios se ha hecho hijo del hombre para que el hombre llegue a ser hijo de Dios. Esta teología de la divinización sigue siendo uno de los logros más apreciados por el pensamiento cristiano oriental. En este camino de divinización nos preceden aquellos a quienes la gracia y el esfuerzo por la senda del bien hizo "muy semejantes" a Cristo: los mártires y los santos. Y entre éstos ocupa un lugar muy particular la Virgen María, de la que brotó el Vástago de Jesé (cf. Is 11, 1). Su figura no es sólo la Madre que nos espera, sino también la Purísima que como realización de tantas prefiguraciones veterotestamentarias es icono de la Iglesia, símbolo y anticipación de la humanidad transfigurada por la gracia, modelo y esperanza segura para cuantos avanzan hacia la Jerusalén del cielo (Juan Pablo II, Oriéntale lumen, nn. 5 y 6).

 

 

Día 3

Sábado de la II Semana de Navidad

El Santísimo Nombre de Jesús

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 2,29-3,6

29 Si sabéis que Él es justo, reconoced también que todo el que practica la justicia ha nacido de Él.

1 Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo ha conocido a Él.

2 Queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es.

3 Todo el que tiene en Él esta esperanza se purifica a sí mismo, como Él es puro.

4Todo el que peca, se hace culpable de la iniquidad, porque el pecado es la iniquidad.

5 Sabéis que Él se ha manifestado para borrar los pecados, y que en Él no hay pecado.

6 El que permanece en Él, no peca. Todo el que peca, ni lo ha visto ni lo ha conocido.

 

*•• El tema de la perícopa es Jesús justo, sin pecado, que ha sido obediente a la voluntad del Padre y es modelo para el cristiano (2,29; 3,3). También el fiel, que vive en la justicia, es hijo de Dios (3,1) y no comete pecado (3,9; 4,7; 5,1.4.18). El obrar cristiano demuestra el nuevo nacimiento. Para Juan las expresiones "hijo de Dios" (w. 1-2) y "haber nacido de Dios" (v. 29) significan ser hombre nuevo, llamado a caminar por una vida nueva, imitando al Padre en una progresiva asimilación y comunión con él, que se convertirá en identificación en la visión cara a cara (cf. 1 Cor 13,12).

El valor de nuestra fe reside y aumenta en el hecho de que somos hijos de Dios, salvados por un Padre que nos ama y que nos inspira confianza. El mundo que lo rechaza con el pecado, aliándose con el anticristo, desprecia y no comprende a Jesús, no ama a sus discípulos, actúa contra la ley de Dios (v. 4), pertenece a la esfera del maligno y se opone al reino mesiánico. El que, por el contrario, se adhiere al Señor, que se ha hecho pecado por nosotros, está libre de pecado, recibiendo de Cristo la fuerza para superar el mal y vencerlo (v. 6). Pero, cuándo puede decir el creyente que experimenta auténticamente el amor de Dios? La respuesta del Apóstol es clara: cuando no comete pecado, obra con justicia y se mantiene puro, siguiendo el camino que Cristo ha recorrido: el de la cruz, o sea el del amor llevado hasta amar al enemigo.

 

Salmo responsorial
Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Salmo 97 1-9

 

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

2 El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.

3 Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

4 Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

5 Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:

6 con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.

7 Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan;

8 aplaudan los ríos, aclamen los montes

9 al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.

 

 

Evangelio: Juan 1,29-34

29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo:

-Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

30  éste me refería yo cuando dije: "Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo".

31 Yo mismo no lo conocía; pero la razón de mi bautismo era que él se manifestara a Israel.

32 Juan prosiguió:

-Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él.

33 Lo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautizará con Espíritu Santo".

34 Y como lo he visto, doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.

 

*" La escena está caracterizada por el encuentro del Bautista con Jesús. La atención del fragmento se vuelca sobre el contenido de la solemne proclamación del Testigo, en un contexto de revelación mesiánica. Es el hombre de Dios que "ve" por primera vez a Jesús. Éste "viene" del Padre y camina desconocido entre la multitud, a la que le une su condición humana, y el Bautista exclama: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (v. 29b). El símbolo del cordero reclama varios textos: el cordero pascual (cf. Ex 12,1-28; 29,38-46), el Siervo doliente (cf. Is 42,1-4; 52,13-53,12). Jesús es el Cordero-Siervo obediente al Padre, el que cancela las culpas de los hombres y les comunica la vida nueva con sus sufrimientos y su muerte en la cruz. El testimonio del Bautista se refiere, además, al modo en que ha visto al Espíritu Santo bajar sobre el Mesías. Es el Testigo mismo el que ve al Espíritu sobre Jesús "bajar del cielo como una paloma" (v. 32).

La imagen de la paloma, en el ambiente judaico-antiguo, indicaba a Israel: el Espíritu que baja en forma de paloma es anuncio de la generación del nuevo Israel de Dios, que comienza con Jesús y constituye el fruto maduro de la venida del Espíritu. Ésta es la época de la purificación y del verdadero conocimiento de Dios a través del Espíritu. El Espíritu baja sobre Jesús y "permanece" en él de un modo pleno y estable (cf. Is 11,2-3). Él es la nueva morada de Dios, el templo del Espíritu, fuente perenne de salvación para todos. Es durante la teofanía del bautismo de Jesús cuando el Bautista reconoce al Mesías. Ahora puede testimoniar que Jesús es el Hijo de

Dios (v. 34), el que "bautiza con el Espíritu Santo" (v. 33), esto es, da el Espíritu a todo discípulo y lo llena de este don, prometido para la era de la salvación.

 

MEDITATIO

El testimonio del Bautista no tiene su finalidad en sí mismo. Tiene por objetivo suscitar la fe del discípulo en la persona de Jesús. El Bautista ha visto al Espíritu "permanecer" sobre Jesús. Esta certeza provoca el anuncio de que Jesús es verdaderamente el Mesías, el Elegido de Dios (cf. Is 42,1). El testimonio de Jesús "Hijo de Dios" se hace eco de las palabras pronunciadas por el Padre en el bautismo: "Éste es mi Hijo amado" (cf. Me 1,11; Mt 3,17; Le 3,22).

El testimonio de Juan ha caracterizado dos épocas: la del bautismo "con agua" (v. 31) y la del bautismo "en el Espíritu" (v. 33). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en las aguas del Jordán es el inicio de la salvación y de los tiempos nuevos: ha comenzado para la humanidad su camino de retorno al Padre, se ha puesto en marcha la creación del nuevo Israel. Hasta el evento del Jordán el Espíritu moraba en Jesús, escondido en el silencio y desconocido; sólo ahora, con la confirmación de lo alto, el Padre lo consagra en su misión profética y mesiánica. Cada creyente es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor y está llamado a dar testimonio de que el único camino de salvación para el hombre es el recorrido por Cristo y no las fáciles ilusiones prometidas por otros libertadores de movimientos políticos, sociales y religiosos. Quien nace del misterio de Cristo muerto y resucitado puede anunciar a los hermanos el camino de la salvación y proponerla con eficacia a través del signo del amor y de la entrega de sí.

 

ORATIO

Señor, enviándonos a tu Hijo como Salvador has hecho posible nuestra liberación del pecado y de la muerte y has restablecido nuestra comunión contigo. Con sólo nuestras fuerzas no nos hubiera sido posible obtener todo esto, y tú, sabiendo bien de qué pasta estamos hechos, nos has enviado a Cristo, tu Hijo unigénito, que nos ha hecho de nuevo hijos tuyos y sus hermanos. Has hecho bajar a tu Espíritu sobre Jesús para que él pudiese iniciar su misión en la tierra y borrar todas nuestras iniquidades.

Nosotros hoy somos conscientes de todos estos dones y, en especial, del don del bautismo con el que nos hemos convertido en verdaderos hijos tuyos. Señor, haznos comprender cada vez más este inmenso don y que lo hagamos crecer en nosotros con un camino espiritual que nos haga adultos en la fe, generosos en el amor a nuestros hermanos y testigos creíbles de tu evangelio entre aquellos que aún no han acogido tu salvación. Te pedimos en nombre de Jesús tu Hijo, el Cordero sin mancha, que los que viven en la indiferencia y en el ateísmo sean sacudidos de su aparente tranquilidad y reconozcan en Jesús el auténtico sentido de la vida y, hechos hijos tuyos por medio del Espíritu Santo, experimenten tu ternura de Padre.

Sabemos, Señor, que por la muerte de Jesús nos has dado la vida y que todos nosotros podemos continuar la misión de tu Hijo en el mundo para crear una humanidad nueva, más fraterna, sin divisiones ni guerras, unida en el signo del amor que nos ha enseñado Jesús.

 

CONTEMPLATIO

"Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos" (1 Cor 9,22). Por esto él quiere ser un niño pequeño: para que tú puedas llegar a ser un hombre perfecto. Él fue envuelto en pañales, para que tú fueses liberado de los lazos de la muerte; Él en el establo, para ponerte a ti sobre altares; Él en la tierra, para que tú alcanzases las estrellas; Él no encontró sitio en la posada, para que tú tuvieses en el cielo muchas moradas. "De rico que era", está escrito, "se hizo pobre por vosotros, para que vosotros fueseis ricos con su pobreza" (2 Cor 8,9). Aquella indigencia es, por tanto, mi riqueza y la debilidad del Señor es mi fuerza. Ha preferido para sí las privaciones, para tener qué dar en abundancia a todos. El llanto de su infancia en vagidos es un lavado para mí, aquellas lágrimas han lavado mis pecados.

Señor Jesús, me siento más en deuda contigo por tus ultrajes para mi redención, que por tu poder para mi creación. Nos hubiera sido inútil nacer, si no hubiera sido la ocasión para ser redimidos (San Ambrosio, Tratado sobre el evangelio de Lucas, II, 41).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos" (1 Jn 3,1).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Hemos sido bautizados. Dios no nos ha conquistado sólo  mediante ideas y teorías o mediante piadosas disposiciones de ánimo y sentimientos, sino mediante la acción corpórea realizada con su fuerza, mediante la acción realizada sobre nosotros a través de sus ministros en el bautismo. Este es nuestro consuelo y nuestra confianza: Dios se ha comprometido con nosotros solemne y públicamente y ha derramado su Espíritu de amor en nuestros corazones desde los primeros días de nuestra vida.

Este claro testimonio de Dios es más importante que el testimonio ambiguo de nuestro corazón cansado, débil y amargamente vacío. Dios nos ha dicho en el bautismo: Tú eres hijo mío y templo de mi Espíritu. Qué vale frente a semejantes palabras nuestra experiencia cotidiana, según la cual parecemos ser pobres criaturas abandonadas por Dios y por el Espíritu?

Creemos en Dios más que en nosotros mismos. Somos bautizados. Y el suave Espíritu del buen Dios reside en lo más profundo de nuestro ser, quizás allí donde no logramos penetrar con nuestra deficiente sicología. Allí, el Espíritu clama al Dios eterno: Abba, Padre. Allí, el Espíritu nos dice a nosotros: Hijo, hijo verdaderamente amado con amor infinito. !Somos bautizados! (K. Rahner, El año litúrgico, Barcelona 1968).

 

 

 

Día 4

II Domingo de Natividad

LECTIO

Primera lectura: Eclesiástico 24,1-4.8-12

1 La sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo;

2 en la asamblea del Altísimo abre su boca, se gloría en presencia del Poderoso:

3 "Yo salí de la boca del Altísimo, y como neblina recubría la tierra.

4 En las alturas puse mi morada, mi trono era columna de nube.

8 Entonces el Creador del universo me dio órdenes, mi Hacedor fijó el lugar de mi morada. Me dijo: Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel.

9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y nunca dejaré de existir.

10 Ante él, en la santa tienda, presté servicio; y así me he establecido en Sión,

11 en la ciudad amada he hallado descanso, y en Jerusalén he asentado mi poder.

12 En el pueblo glorioso he echado raíces, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.

 

**• El texto del Eclesiástico es una de las muestras más bellas de la literatura sapiencial y narra un gran elogio a la Sabiduría divina, fuente viva que renueva toda cosa en la vida que Dios comparte con los hombres. La sabiduría en persona canta sus propias alabanzas en la presencia del Dios altísimo. Se presenta unida a Dios, pero, al mismo tiempo, distinta de él. Se identifica como persona con la Palabra de Dios (con la Tora) y como símbolo con la niebla que cubre la tierra, semejante al Espíritu de Dios que se cernía sobre el caos primordial de la creación (w. 2-3; Gn 1,2). Preexistía junto a Dios, teniendo su morada junto a su trono, y es eterna (w. 4-9). Recorrió el mundo y recibió la orden de establecerse en Israel: "Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel" (v. 8), ejerce su ministerio en Sión, tomando a Jerusalén, la ciudad santa, por morada, y haciendo de Israel un pueblo glorioso, porción del Señor, su heredad (w. 10-11).

En el Nuevo Testamento tal sabiduría es Jesús. El evangelista Juan, cuando nos habla del "Verbo", tiene como trasfondo este texto y lo utiliza refiriéndose a la teología de la Palabra y de la Sabiduría, en el sentido de fuerza que crea, revelación que ilumina, persona que vivifica. Juan, además, lo aplica a Cristo en su relación con el Padre (cf. Prov 8; Sab 6-9). Jesús, en efecto, es la Palabra última y  definitiva de Dios, la auténtica Sabiduría hecha visible, la persona enviada por Dios como Hijo unigénito del Padre.

 

Salmo Responsorial

R. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Salmo 147. 12-13. 14-15. 19-20 (R.: Jn 1, 14)

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion.

Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

 

Ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz R.

 

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos. R.

 

 

Segunda lectura: Efesios 1,3-6.15-18

3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Que desde lo alto del cielo Nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales.

4 Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. Llevado de su amor,

5 él nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo,

6 para que la gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo querido, se convierta en himno de alabanza a su gloria.

15 Por lo cual también yo, al conocer vuestra fe en Jesús, el Señor, y vuestro amor para con todos los creyentes,

16 no ceso de dar gracias a Dios por vosotros, recordándoos en mis oraciones.

17 Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda un espíritu de sabiduría y una revelación que os permita conocerlo plenamente.

18 Que ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados, cuál la inmensa gloria otorgada en herencia a su pueblo.

 

**• Esta lectura consta de dos partes distintas. La primera (w. 3-6) contiene los primeros versículos del himno cristológico: el tema hace referencia a la historia de la salvación, cuyos protagonistas son el Padre, Cristo y el Espíritu, y cuya ley es el amor gratuito de Dios.

El Padre es la fuente, el iniciador y el término de toda cosa. El Espíritu Santo es la garantía y la prenda de la heredad ofrecida al hombre. El Hijo, único mediador de la obra divina, es el que todo lo cumple y lleva a cabo con la entrega de sí hasta el don de la vida. El Padre, pues, que tiene la iniciativa de regalar la salvación, fruto de su obra, se sirve de "su Hijo querido" (v. 6) para actuarla. Así, la actividad de las tres personas divinas aspira a llevar la salvación al hombre, que está en el centro del designio de Dios, aunque el objetivo último de la historia de la salvación no sea el hombre, sino la gloria misma de Dios.

Es para alegrarse y para permanecer sin aliento ante este designio que ocupaba en la mente de Dios un puesto anterior a la creación misma: estamos insertos en el amor que Dios siente por su Hijo querido. También nosotros estamos en el circuito trinitario de un amor desbordante y sin fin, envueltos por el abrazo de Dios. Y todo esto a través de la Iglesia en la que "en Cristo" llegamos a ser hijos adoptivos de Dios (cf. Rom 9,4; Gal 3,1-7). Todo es don gratuito emanado del corazón de Dios que ama a la humanidad apasionadamente.

La segunda parte (w. 15-18) refleja los sentimientos de gratitud de Pablo hacia Dios por sus hermanos en la fe, sobre quienes invoca la sabiduría divina y los dones de la santidad plena y del amor verdadero.

 

Evangelio: Juan 1,1-18

1 Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

2 Ya al principio ella estaba junto a Dios.

3 Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir.

4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres;

5 la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron.

6 Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.

7 Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él.

No era él la luz, sino testigo de la luz.

9 La Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a todo hombre.

10 Estaba en el mundo, pero el mundo, aunque fue hecho por ella, no la reconoció.

11 Vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron.

12 A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre, les dio poder para ser hijos de Dios.

13 Éstos son los que no nacen por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios.

14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

15 Juan ha dado testimonio de él, proclamando:

-Éste es aquel de quien yo dije: "El que viene detrás de mí ha sido colocado por delante de mí, porque existía antes que yo".

16 En efecto, de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia.

17  Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por Cristo Jesús.

18 A Dios nadie lo vio jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer.

 

**• El prólogo de Juan, a diferencia de los relatos de los evangelios de la infancia, no narra las vivencias históricas del nacimiento y primera infancia de Jesús, sino que describe, en forma poética, el origen de la Palabra en la eternidad de Dios y su persona divina en el amplio horizonte bíblico del plan de salvación que Dios ha trazado para el hombre. Esta presentación de Jesús-Palabra se hace en tres momentos.

Primeramente la "preexistencia" de la Palabra (w. 1-5), real y en comunión de vida con Dios; él nos puede hablar del Padre porque posee la eternidad, la personalidad y la divinidad (v. 1). Después, la venida histórica de la Palabra entre los hombres (w. 6-13) de cuya luz fue testigo el Bautista (w. 6-8); esta luz pone al hombre ante una opción de vida: rechazo o acogida, incredulidad o fe (w. 9-11); sólo la acogida favorable permite la filiación divina, que no procede ni de la carne ni de la sangre, esto es, de la posibilidad humana (w. 12-13). Y finalmente la encamación de la Palabra (v. 14) como punto central del prólogo. Esta Palabra, que había entrado por primera vez en la historia humana con la creación, viene ahora a morar entre los hombres con su presencia activa: "Y el Verbo se hace carne", es decir, se ha hecho hombre en la debilidad, fragilidad e impotencia del rostro de Jesús de Nazaret para mostrar el amor infinito de Dios. En él la humanidad creyente puede contemplar la gloria del Señor (v. 16), no una gloria como la de Moisés, revelador imperfecto de la Ley que puede hacer esclavos, sino la de Jesús, el Revelador perfecto y escatológico de la Palabra que hace libres, el verdadero Mediador humano-divino entre el Padre y la humanidad, el único que nos manifiesta a Dios y nos lo hace conocer.

 

MEDITATIO

Las lecturas bíblicas de este domingo evidencian que Jesús es el icono visible de Dios Padre. El Hijo, en efecto, mira incesantemente al Padre, que es la fuente de su misión. Todo le viene del Padre: la enseñanza, la actividad, el poder sobre la vida y sobre la muerte. "Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me ha enviado" (Jn 7,16). "La Palabra que habéis escuchado no es mía, sino del Padre que me ha enviado" (Jn 14,24). El Hijo no hace nada por sí sólo, sino "como me ha enseñado el Padre, así hablo" (Jn 8,28). Jesús está a la escucha del Padre con mirada de contemplación interior y transmite sus palabras, es más, comunica tan bien la Palabra del Padre que Él mismo es, para el evangelista, la Palabra del Padre (Jn 1,1-2). Así Jesús es el perfecto revelador del amor del Padre, porque está siempre a la escucha de Dios, y es igualmente la Palabra misma del Padre.

El culmen, sin embargo, de la revelación que Jesús ha transmitido no está en lo que ha enseñado con palabras, sino en la obra que ha testimoniado con su vida. Ha cumplido hasta el fondo la obra que el Padre le había confiado. Y la obra que expresa el don de sí, la cumple Jesús entregando su vida sobre la cruz, haciéndonos así hijos adoptivos del mismo Padre. Es desde la colina en que se alza la cruz desde donde la humanidad toma conciencia de la calidad del amor que Jesús de Nazaret le revela: un amor que supera toda lógica humana y viola las fronteras de Dios.

 

ORATIO

Señor Jesús, el apóstol Juan nos dice al final de su prólogo: "A Dios nadie lo ha visto jamás; es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien lo ha revelado" (Jn 1,18). Así, ningún hombre sobre esta tierra ha visto nunca ni podrá ver el rostro de Dios. Pero tú, Jesús, que eres el Hijo amado del Padre, la Sabiduría misma de Dios, e impronta de su Ser, nos lo has manifestado y nos lo has hecho conocer. A través de ti, el Padre se ha revelado con palabras humanas y especialmente en la misión que tú has cumplido entre nosotros, hasta entregarte por amor nuestro sobre el madero de la cruz. Desde entonces en adelante acogerte o rechazarte a ti, es acoger o rechazar al Padre: y, en consecuencia, nuestra salvación.

Señor Jesús, te damos gracias por habernos hecho hijos verdaderos del mismo Padre y por habernos llamado amigos. Sabemos cuánto has sufrido por nosotros con la condena a la cruz, pero tú nos has enseñado que no hay "un amor más grande que éste: dar la vida por los amigos" (Jn 15,13). Te queremos pedir también que nos concedas un corazón grande y generoso para todos nuestros hermanos, a pesar de nuestros pecados, para amarlos como nos has amado tú. Tú te has revelado como Palabra viva del Padre y nosotros, por el contrario, somos a menudo palabras humanas y vacías que no dan cabida a tu evangelio de verdad. Enséñanos lo que verdaderamente vale en la vida, esto es, escuchar la voz secreta que habla en nuestro interior. Si escucháramos esta palabra interior, comprenderíamos lo que dice san Agustín: "He aquí el gran secreto: el sonido de la palabra golpea nuestros oídos, pero el maestro se encuentra en lo más íntimo".

 

CONTEMPLATIO

La morada de mi Dios está allí, está más allá de mi alma. Allí habita, desde allí me ve, desde allí me ha creado (...), desde allí me llama, me guía y me conduce al puerto.

El que tiene en lo más alto de los cielos una morada invisible, posee también una tienda sobre la tierra. Su tienda es la Iglesia aún itinerante. Es aquí donde hay que buscarlo, porque en la tienda se encuentra el camino que conduce a su morada. En la casa de Dios hay una fiesta perpetua (...). La armonía de esta fiesta encanta el oído del que camina en esta tienda y contempla las maravillas realizadas por Dios para la redención de sus fieles. Y así gustamos ya una secreta dulzura, podemos vislumbrar ya, con lo más alto de nuestro espíritu, la vida que no cambia (...). Por qué, pues, te turbas, alma mía? Y el alma responde en lo secreto: "Estoy, quizás, desde ahora, en seguro? Quizás el demonio, mi enemigo, no me espía? Y quieres que no me inquiete, estando todavía exiliada lejos de la casa de Dios?".

"Espera en Dios". En la espera, encuentra a tu Dios aquí abajo en la esperanza (...). Por qué esperar? Porque él es mi Dios, la salvación de mi rostro. La salvación no puede venirme de mí mismo. Lo diré, lo confesaré: mi Dios es la "salvación de mi rostro" (San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, 41,9).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo" (Ef 1,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Dios, después de haber hablado en múltiples ocasiones y de muchas maneras por los profetas, "ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por su Hijo" (Heb 1,1 -2). Envió, pues, a su Hijo, esto es, el Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que habitase entre ellos y les explicase los secretos de Dios (cf. Jn 1,1 -8). Jesucristo, pues, Verbo hecho carne, enviado como "hombre a los hombres" (Ad Diognetum), "habla las palabras de Dios" (Jn 3,34) y lleva a cumplimiento la obra de la salvación que le ha confiado el Padre (cf. Jn 5,36; 17,4). Por eso, viéndolo a él se ve también al Padre (cf. Jn 14,9) con toda su presencia y con su manifestación, con palabras y obras, con signos y milagros, y especialmente con su muerte y su gloriosa resurrección de entre los muertos y, finalmente, con el envío del Espíritu de la verdad, cumple y completa la revelación y la corrobora con el testimonio divino que Dios está con nosotros para liberarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos para la vida eterna.

La economía cristiana, pues, en cuanto es alianza nueva y  definitiva, no pasará, y no se debe esperar ninguna nueva revelación pública antes de la manifestación gloriosa del Señor Jesucristo (cf. 1 Tim 6,14;Tit2,13)(DV4).

 

 

 

Día 5

Lunes de la II Semana de Navidad

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 3,11-21

Hermanos:

11 Éste es el mensaje que habéis oído desde el principio es que debemos amarnos los unos a los otros.

12 No como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas.

13 No os extrañéis, hermanos, si el mundo os odia.

14 Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. 15Todo el que odia a su hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida posee vida eterna.

16 En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Él ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.

17 Si alguien que tiene bienes de este mundo ve a su hermano en necesidad y no se apiada de Él, cómo puede permanecer en Él el amor de Dios?

18 Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con hechos y de verdad.

19 En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos la conciencia tranquila ante Dios, aporque si ella nos condena, Dios es más grande que nuestra conciencia y conoce todas las cosas.

21 Queridos míos, si nuestra conciencia no nos condena, podemos acercarnos a Dios con confianza.

 

*+• El motivo fundamental de la buena noticia cristiana es el de la caridad fraterna y generosa desde el primer momento de la conversión (2,7-11). Sólo el amor auténtico a los hermanos salva y da vida, después de haber destruido la muerte (v. 14; Jn 5,24). El contrario del amor es el odio, el que impulsó a Caín a matar al justo Abel, el que movió a los incrédulos, enemigos de Dios, a matar a Cristo y a sus discípulos (cf. Jn 15,20). El odio es el signo de que este mundo está inmerso en la muerte y es la causa de su propia ruina con la práctica de la mentira y con una neta cerrazón a la verdad (w. 12,15). El amor a los hermanos, por el contrario, injerta al hombre en el reino de la vida (v. 14) y permite gestos concretos de amor ante las necesidades del prójimo (w. 17-18).

La práctica del verdadero amor es la vivida por Jesús, que dio su prueba suprema de bondad entregando la propia vida (Jn 10,11.15-18). Hacia este alto ideal toda comunidad cristiana debe crecer y fructificar como comunión de amor (cf. Jn 15,12-13; Hch 4,32). La plena disponibilidad que Cristo ha demostrado sobre la cruz debe animar al cristiano a vivir también la forma más alta del amor: el "amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 15,12), y debe tener presente que el amor sin obras está muerto. Entonces, dar y compartir los propios bienes (w. 17-18) será siempre una obligación para aquellos que con confianza se han comprometido en el seguimiento de Cristo (w. 19-21; Jn 21,17), seguros de que "Dios es más grande que nuestro corazón". Con esta condición el discípulo vivirá en la paz y el amor del Padre.

 

Salmo Responsorial

R. Aclama al Señor, tierra entera.

Salmo 99 1b-2. 3. 5 (R.: 3c)

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores. R.

El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades. R.

 

Evangelio: Juan 1,43-51

43 Al día siguiente, Jesús decidió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: -Sigúeme.

44 Felipe era de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro.

45 Felipe se encontró con Natanael y le dijo: -Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en el libro de la ley, y del que hablaron también los profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.

46 Exclamó Natanael: -Nazaret? Es que de Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: -Ven y lo verás.

47 Cuando Jesús vio a Natanael, que venía hacia él, comentó: -Éste es un verdadero israelita, en quien no hay doblez alguna.

48 Natanael le preguntó: -De qué me conoces? Jesús respondió: -Antes de que Felipe te llamara, te vi yo, cuando estabas debajo de la higuera.

49 Entonces Natanael exclamó: -Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

50 Jesús prosiguió: -Te basta para creer el haberte dicho que te vi debajo de la higuera? !Verás cosas mucho más grandes que ésa!

51 Y añadió Jesús: -Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del nombre.

 

**• La escena describe la vocación de Felipe y de Natanael, modelo de discipulado y de seguimiento, que tiene analogías con los relatos de llamada narrados en los sinópticos (cf. Me 2,14; Mt 8,22; 9,9; 19,21; Le 9,59). Los hechos no se desarrollan junto al Jordán, sino mientras Jesús camina hacia Galilea. Ha comenzado el tiempo de su misión.

Es un sucederse y un intercambiarse de miradas y de encuentros. Jesús se propone primero a Felipe en el marco de los acontecimientos cotidianos, llamándolo a su seguimiento. Después, Felipe invita a Natanael a encontrar a Jesús: "Ven y verás" (v. 46). Felipe no intenta aclarar o resolver la duda inicial del compañero, sino que prefiere invitarlo a una experiencia personal con el Maestro, la misma que ha vivido él anteriormente y que ha cambiado su vida. Sólo la fe ayuda a superar los motivos de escándalo y de autosuficiencia humana. Y Jesús la suscita realmente en Natanael, que consiente en acoger el misterio del Hijo del hombre. Jesús revela al futuro discípulo su conocimiento personal porque en él no hay doblez: él es el verdadero israelita piadoso y recto, apasionado por la Escritura, que sabe confesar su propia pobreza ante Dios (cf. Sal 22).

El hombre, tocado en lo íntimo de su ser, por la alabanza del Maestro y por el profundo conocimiento que este tiene de él, se rinde a la evidencia y reconoce en Jesús al Mesías, y confiesa: "Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el rey de Israel" (v. 49). Natanael, como los otros discípulos que lo han precedido en el encuentro con Cristo, se encuentra en el nivel de la fe auténtica y abierta a ulteriores revelaciones que Jesús hará inmediatamente (w. 50-51). Jesús es el Mesías prometido y esperado para el fin de los tiempos.

 

MEDITATIO

Muchas veces el evangelio se concentra en el misterio del Jesús terreno. Él es el hijo de José, de la pequeña aldea de Nazaret. Es de origen humilde pero tiene la fuerza y la autoridad para decir: "Sigúeme" (Jn 1,43). Jesús invita al hombre a buscarlo porque sólo se deja encontrar por los que lo buscan. Una serie de experiencias de los discípulos (cf. Jn 1,35-51) permite penetrar en el misterio. Este se abre con el "permanecer con" Jesús y se concluye con la exultante alegría de la confesión de fe en el Mesías, sobre quien suben y bajan los ángeles de Dios (cf. Jn 1,51).

En el testimonio de fe de los discípulos participa también el cielo. Jesús es verdaderamente el único revelador de Dios y el eslabón que liga al hombre con el cielo. También todo cristiano auténtico está ante la "casa de Dios" y a las "puertas del cielo", prefiguradas por la persona histórica de Jesús, donde se contempla el misterio del "Hijo del hombre" (cf. Dn 7,13). El hombre Jesús es el Hijo del hombre, es el Verbo encarnado y el hombre glorificado por la resurrección, que revela con autoridad al Padre. Es la gloria de Dios, es el nexo de unión de cielo y tierra, es el mediador entre Dios y los hombres, es la nueva escala de Jacob, de la que Dios se sirve para dialogar con el hombre. En Jesús encuentra el hombre el espacio ideal para experimentar la acción salvífica de Dios, cuya aceptación o rechazo por parte del hombre comporta un juicio de salvación o de condena (cf. Jn 3,14; 11,51; 12,32).

La progresión en la revelación del misterio tiene dos razones: una objetiva, que hace referencia al misterio mismo que conserva su zona de sombra, y otra subjetiva, en cuanto es necesario que todo hombre conquiste su madurez mediante la experiencia, que es nuestro modo de crecer. A todo creyente corresponde recorrer este itinerario experiencial.

 

ORATIO

Señor Jesús, brota espontánea una pregunta ante la palabra del apóstol Juan que nos interpela: cómo debemos comportarnos para vivir como verdaderos hijos de Dios? Por su mediación, Tú nos has indicado el camino a seguir, el del amor fraterno, practicado no sólo con palabras, sino "con hechos y en la verdad" (cf. 1 Jn 3,18). Es el camino de un amor llevado hasta dar la vida por los otros, de un amor sincero y desinteresado que incluye también al propio enemigo. No siempre resulta fácil practicar este exigente camino.

Pero Tú nos has indicado también el camino para practicar este precepto tuyo: empezar a buscarte y a responder a tus llamadas cotidianas, para llegar, poco a poco, a vivir la realidad más exigente del evangelio. De todos modos necesitamos, Señor, que Tú nos guíes y nos corrijas cuando nos desviamos del camino justo, porque solos no podemos hacer nada, sin tu ayuda y tu mano que nos guía. Toma siempre la iniciativa en nuestra vida y no te canses de llamarnos una y otra vez a Ti.

Llévanos gradualmente a descubrir que Tú eres el único Señor de nuestra vida y que a través de ti podemos alcanzar al Padre tuyo y Padre nuestro. Queremos vivir en el único amor divino que es rico en sorpresas continuas.

Señor Jesús, tu mirada, que revela tu humanidad y tu divinidad, nos ayude a acercarnos a ti con mirada sencilla y sincera, como la de tus primeros discípulos, para tener siempre confianza en cada hombre, nuestro hermano.

 

CONTEMPLATIO

Nuestro Padre celestial, desde la eternidad, nos ha llamado y nos ha elegido en su Hijo amado y, con su mano amorosa, ha escrito nuestros nombres en el libro viviente de la eterna Sabiduría: nosotros, pues, debemos corresponder a su amor con todas nuestras fuerzas. Justamente así comienzan todos los cantos de los ángeles y de los hombres, los cantos que nunca tendrán fin.

La primera melodía del canto celestial es el amor hacia Dios y hacia el prójimo: Dios Padre ha enviado a su Hijo para enseñárnosla. Jesucristo, el que nos ha amado desde siempre, desde el día de su concepción en el vientre santo de la Virgen, cantaba en su espíritu gloria y honor a su Padre del cielo, serenidad y paz a todos los hombres de buena voluntad.

Y, en efecto, todo cuanto de más sublime y más gozoso se puede cantar en el cielo y en la tierra es precisamente esto: amar a Dios y amar al prójimo por referencia a Dios, por Dios y en Dios. Cristo, que es nuestro cantor y maestro de coro, ha cantado desde el principio y entonará para nosotros eternamente el cántico de la fidelidad y del amor sin fin. Y también nosotros, con todas nuestras fuerzas, cantaremos tras él, sea aquí abajo en la tierra, sea en el coro de la gloria de Dios (beato Juan Ruysbroeck, Les sept degrés de l'amour spirituel, Bruselas 1922, 248-249).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Aunque nuestra conciencia nos condene, Dios es más grande que nuestra conciencia" (1 Jn 3,20).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Amad sobre todo a los pobres, los pequeños, los pecadores, los despreciados que son a su vez la más viva encarnación de Cristo, las ovejas más amadas y predilectas de su grey. Amadlos como son, con su aspecto de miseria y de pecado. Este es su mayor título para vuestro amor. El Salvador no ha venido por los justos, sino por los pecadores. "Hacerse uno de ellos" es enriquecerse con su contacto, despojándose de la ilusión de deber llevarles siempre alguna cosa. Esto requiere un alma totalmente abierta y disponible.

El amor, el auténtico amor, es muy exigente: amar como ama Cristo Jesús; estar dispuestos a dar la propia vida como Jesús por los pequeños, los más miserables de nuestros hermanos. Es por esto, y sólo por esto, que seréis reconocidos como sus discípulos y sus amigos.

Preferid siempre a los más pequeños de entre los pobres, los que el mundo rechaza, los que no encuentran otro lugar donde refugiarse que bajo los arcos del acueducto o los fosos de las ruinas romanas (...). Id en busca del miserable, del condenado, del culpable que se esconde y tiene vergüenza, preguntándose quién podrá amarlo aún como amigo. Por esto buscamos aproximarnos a los encarcelados en la miseria moral de sus prisiones (Magdalena de Jesús, 8ran/ di lettere alie Piccole Sorelle, inédito).

 

 

Día 6

La Epifanía del Señor

LECTIO

Primera lectura: Isaías 60,1-6

1 Levántate y brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti.

2 Es verdad que la tierra está cubierta de tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se manifiesta su gloria.

3 A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora.

4 Alza la vista y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.

5 Al verlo te pondrás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón porque volcarán sobre ti las riquezas del mar, y te traerán los tesoros de las naciones.

6 Te inundará un tropel de camellos, y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo oro e incienso y proclamando las alabanzas del Señor.

        **• La profecía, canto poético y glorioso, es una visión de universalismo y de unidad de todos los pueblos en camino hacia Jerusalén (cf. Jr 12,15-16; 16,19-21; Miq 4,1-3; Sof 3,9-10; Zac 8,20-23). El profeta ve una caravana que avanza hacia la ciudad santa en dos grupos bien diferenciados: uno formado por los hijos y las hijas de Israel que vuelven del exilio (v. 4), y el otro formado por las naciones extranjeras atraídas por la luz y la gloria de Dios, que ilumina la colina de Sión. Isaías, entonces, se dirige al pueblo que escucha diciendo: "Levántate, revístete de luz... alza los ojos en tomo y mira" (w. 1-4). Ha terminado el tiempo del cansancio y del lamento y ha comenzado el de la alegría y la esperanza. Es preciso que la humanidad salga del propio individualismo y pesimismo y entre en la certeza de una vida nueva, que se alcanza dejando las tinieblas y caminando hacia la ciudad luminosa, cuyo esplendor procede de Dios: "Sobre ti resplandece el Señor, su gloria aparece sobre ti. Caminarán los pueblos a tu luz" (w. 2-3; Ap 21,9-27).

        El plan de Dios concierne a todos los pueblos, llamados a ser envueltos por la luz de la Jerusalén celeste y por la transparencia de la presencia de Dios que habita en medio de su pueblo. Dios mismo será el faro que orienta y atrae los pasos de los pueblos, de las gentes y de los reyes hacia su Señor. Y en Jerusalén tendrá lugar la gran manifestación y será desvelado lo escondido. En el nacimiento de Jesús los evangelistas verán la revelación de Dios y el cumplimiento de la profecía.

 

Salmo responsorial
Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Salmo 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanle todos los pueblos.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

 

Segunda lectura: Efesios 3,2-3a.5-6

Hermanos:

2 Os supongo enterados de la misión que Dios en su gracia me ha confiado con respecto a vosotros:

3 Se trata del misterio que se me dio a conocer por revelación .

5 Un misterio que no fue dado a conocer a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas;

6 un misterio que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del evangelio.

 

        **• Pablo reconoce que la misión que se le ha confiado es la de llevar el evangelio a los gentiles, y explica que el designio salvífico de Dios, concerniente a la humanidad entera llamada a caminar a la luz del único Dios y Padre, ha llegado ya a su plenitud. Y este secreto del misterio de Dios es la llamada a la universalidad y a la unidad de los pueblos: "los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo" (v. 6). Y el Apóstol se siente impulsado, como colaborador de esta misión de Jesús, a trabajar por la difusión del evangelio.

        El verdadero signo e instrumento de esta visión universal de la salvación querida por Dios es la Iglesia. Ésta tiene como tarea la unidad de los pueblos, sea llevando a todos a la fe en Jesús mediante el anuncio del evangelio, sea tratando de crear vínculos de comunión y de fraternidad, a pesar de las apariencias y de las múltiples diversidades.

        Ante un mundo todavía dividido, pero deseoso de comunión, se proclama con alegría y con fe que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la distinción, que él llama a todos a participar en la comunión trinitaria. En efecto, mediante la comunión con Jesús, cabeza de la Iglesia, es posible la comunión auténtica entre los hombres. Esta unidad y paz universal, que siempre ha buscado el hombre de todos los tiempos, está ahora al alcance de todos por el nacimiento del Hijo de Dios. Es él el que ha hecho realidad el misterio de Dios, esto es, reunir a todas las gentes.

        Porque a esto hemos sido llamados: a vivir en la paz como verdaderos hermanos y a permanecer unidos como hijos del mismo Padre.

 

Evangelio: Mateo 2,1-12

1 Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea, en tiempo del rey Herodes. Por entonces unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén,

2 preguntando: -Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo.

3 Al oír esto, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.

4 Entonces convocó a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

5 Ellos le respondieron: -En Belén de Judea, pues así está escrito en el profeta:

6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, ni mucho menos, la menor entre las ciudades principales de Judá; porque de ti saldrá un jefe, que será pastor de mi pueblo, Israel.

7 Entonces Herodes, llamando aparte a los sabios, hizo que le informaran con exactitud acerca del momento en que había aparecido la estrella,

8 y los envió a Belén con este encargo: -Id e informaos bien sobre ese niño; y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarlo.

9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se paró encima de donde estaba el niño.

10 Al ver la estrella, se llenaron de una inmensa alegría.

11 Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y lo adoraron postrados en tierra. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra.

12 Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su país por otro camino.

       

        **• La epifanía es la manifestación pública de la salvación traída por Jesús, Rey universal. Mateo ilumina el relato bíblico con algunos elementos históricos y con referencias del Antiguo Testamento (cf. Is 60,1-6; Nm 23-24; 1 Re 10,1-13; Miq 5,1), y nos habla de una revelación extraordinaria que conduce a los Magos o sabios a descubrir al Rey de los Judíos, como Rey del universo.

        Respecto a los Magos, sólo en el siglo V fue fijado su número (en base a los dones ofrecidos) y en el siglo VIII les fueron dados los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero para Mateo, los Magos son personajes ilustres, primicia de los paganos, que exaltan la dignidad de Jesús, protagonista del evangelio: ellos lo buscan ("Dónde está el rey de los Judíos, que acaba de nacer?": v. 2), reconocen al Mesías {"Postrándose en tierra lo adoraron ": v. 11) y apreciaron su sencillez y pobreza ("Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro (al rey), incienso (a Dios) y mirra (al hombre)": v. 1 lbc). Por el contrario, Herodes y Jerusalén se turban ante la noticia del nacimiento del Mesías (v. 3) y lo buscan para matarlo. El niño nacido en Belén es el portador de la buena nueva. Pero asume, sin embargo, el rostro de un prófugo, porque se ve obligado a huir a Egipto. Es el Mesías buscado y rechazado, porque su bandera será la cruz.

        Jesús es signo de contradicción: marginado por su pueblo y buscado con esperanza por los de lejos. Belén, entonces, será la nueva Sión, la ciudad universal de las naciones (w. 5-6.8), y Jerusalén será descartada. El nuevo pueblo de Dios, heredero de las antiguas promesas, es la continuación del antiguo, pero estará formado por todos aquellos que buscan y reconocen "la estrella de la mañana" (2 Pe 1,19) con disponibilidad interior.

 

MEDITATIO

        Epifanía quiere decir "manifestación" y la Palabra de Dios en esta solemnidad está centrada toda sobre Jesús Mesías, Rey y Salvador universal de las naciones. No ha venido sólo para Israel, sino también para los paganos, es decir, para toda la familia humana. La venida de los Magos es el inicio de la unidad de las naciones, que se realizará plenamente en la fe en Jesús, cuando todos los hombres se sientan hijos del mismo Padre y hermanos entre ellos. Los Magos, como primeros "escuchadores" y testigos de Cristo, son tipo y preludio de una más grande multitud de "verdaderos adoradores", que constituirá la mies espiritual de los tiempos mesiánicos. Jesús es el sembrador, que trae la buena semilla, de la Palabra para todos; el Espíritu ha hecho madurar la semilla y la Iglesia está invitada a recoger el abundante fruto sembrado con la revelación de Jesús y fecundado con su muerte.

        Como de la vida de comunión y de amor entre el Padre y el Hijo ha derivado la misión de Jesús, así de la intimidad entre Jesús y la Iglesia surge la misión de los discípulos: crear la unidad entre las razas, pueblos y lenguas. Es la Palabra la que crea la unidad en el amor entre los creyentes de todos los tiempos. A través de ella nace la fe y se establece en el corazón del hombre abierto a la verdad en una existencia vital en Dios, que hace al hombre contemporáneo pertenencia de Cristo. A quienes lo buscan con corazón sincero, Jesús les ofrece unidad en la fe y en el amor. En este ambiente vital todos se hacen "uno" en la medida en que acogen a Jesús y creen en su palabra: "Seremos una sola cosa no por poder creer sino porque habremos creído" (san Agustín).

        En Jesús todos pueden ser una sola cosa y descubrir que la plenitud de la vida consiste en entregarse a Cristo y a los hermanos, y esto es amar en la unidad.

 

ORATIO

        Padre santo, que nos has enviado a tu Hijo como salvador universal de los pueblos, te alabamos por la manifestación de Jesús, nuestro rey. Es un rey sin corona, o más aún, con corona de espinas, porque es en su pasión donde se puede comprender el auténtico significado de su soberanía, una realeza bastante distinta de la que buscan los hombres.

        Te bendecimos, Padre, por Jesús salvador universal. Vino para salvar a todos y para reunir a los hijos de Dios dispersos. No más ya una comunidad dividida y contrapuesta, sino una familia reunida, que camina en la luz y el esplendor de tu gloria. Todos, judíos y paganos, estamos "llamados en Cristo a participar de la misma herencia, a formar un mismo cuerpo" (Ef 3,6), y la venida de los Magos constituye el inicio de esta paz universal de las naciones.

        Señor, queremos comprender cada vez mejor que la solución de la tensión entre universalidad y elección que tantas veces nos ha puesto unos contra otros se resuelve en el entender que la elección es servicio a todo hombre.

        Haz, Señor, que la Iglesia entera sepa, como los Magos, caminar siempre hacia Belén para adorar al rey universal de las gentes pero, al mismo tiempo, sepa desde Belén dirigirse al mundo para desempeñar la misión que Jesús le ha confiado, esto es, la de ir al encuentro de todos. Para que la comunidad cristiana, mientras va en busca de los alejados y de quienes se sienten excluidos, sepa llamarlos a la esperanza y a la vida, sin olvidar que la violencia que pueda sufrir de parte de los hombres forma parte de la misma misión.

 

CONTEMPLATIO

        La estrella se detuvo sobre el lugar en que se encontraba el Niño. Al ver la estrella de nuevo, los Magos se llenaron de inmensa alegría. Acojamos también nosotros en nuestro corazón ese gran gozo. La misma alegría anuncian los ángeles a los pastores. Adorémosle junto con los Magos, démosle gloria con los pastores, exultemos con los ángeles, "porque nos ha nacido un Salvador: Cristo, el Señor" (Le 2,11). "Dios, el Señor, es nuestra luz" (Sal 118,27): no en la forma de Dios, para no aterrorizar nuestra debilidad, sino en forma de siervo, para traer la libertad a quien yacía en la esclavitud. Es fiesta para toda la creación: el cielo ha sido dado a la tierra, las estrellas miran desde el cielo, los Magos dejan su país, la tierra se concentra en una gruta. No hay uno que no lleve algún presente, ninguno que no vaya agradecido.

        Celebremos la salvación del mundo, la Navidad del género humano. Unámonos a cuantos acogieron festivos al Señor. Y sea concedido también a nosotros encontrarnos con ellos para contemplar con mirada pura, como reflejada en un espejo, la gloria del Señor, para ser transformados también nosotros de gloria en gloria, por gracia y bondad de nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria y la soberanía por los siglos de los siglos. Amén (San Basilio Magno, Homilías, 6).

 

ACTIO

        Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "!Levántate, brilla, porque viene tu luz!" (Is 60,1).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Tú que estás por encima de nosotros,

Tú que eres uno de nosotros,

Tú que estás también en nosotros,

puedan todos verte también en mí,

pueda yo prepararte el camino,

pueda yo darte gracias por cuanto me sucede.

Pueda yo no olvidar en ello las necesidades de los otros.

Móntenme en tu amor

como quieres que todos vivan en el mío.

Que todo en mi ser se encamine a tu gloria

y que yo no desespere jamás.

Porque estoy en tus manos,

y en ti todo es fuerza y bondad.

Dame sentidos puros, para verte...

Dame sentidos humildes, para oírte...

Dame sentidos de amor, para servirte...

Dame sentidos de fe, para morar en ti...

(Dag Hammarskjóld).

 

Día 7

Miércoles después de la Epifanía

San Raimundo de Peñafort, presbítero

         Raimundo nació en torno a 1175. Pertenecía a la nobleza catalana. Recibió instrucción filosófica en Barcelona y jurídica en Bolonia. Fue ordenado sacerdote en 1220 y en 1222 decidió entrar en la orden de predicadores. Se convirtió en un célebre confesor y en un sabio canonista, hasta el punto de que, en 1230, Gregorio IX lo quiso como confesor propio en Roma. Fue el tercer sucesor de santo Domingo.

        Escribió obras de moral, de derecho y la Summa de casibus sobre el sacramento de la penitencia. Murió en Barcelona el ó de enero de 1275. Fue canonizado en 1601. Es patrón de los estudiosos de derecho canónico.

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 3,22-4,6

Hermanos:

22 Lo que le pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

23 Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros según el mandamiento que él nos dio.

24 El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Por eso sabemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.

1 Queridos míos, no deis crédito a cualquiera que pretenda poseer el Espíritu. Haced, más bien, un discernimiento para ver si viene de Dios, porque han irrumpido en el mundo muchos falsos profetas.

2 En esto conoceréis que poseen el Espíritu de Dios: si reconocen que Jesucristo es verdaderamente hombre, son de Dios;

3 pero si no lo reconocen, no son de Dios. Son más bien del anticristo, del cual habéis oído que tiene que venir, y ahora ya está en el mundo.

4 Vosotros, hijos míos, sois de Dios y los habéis vencido, porque es más grande el que está en vosotros que el que está en el mundo.

5 Ellos son del mundo, por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha.

6 Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha. El que no conoce a Dios no nos escucha. En esto reconocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

 

**• El texto sintetiza el contenido de la voluntad de Dios y ofrece criterios para reconocer el espíritu de Dios y el espíritu del mundo. Criterios son, ante todo, la fe en Cristo {"que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo": v. 23a), después el amor fraterno (" que nos amemos los unos a los otros": v. 23b) y, finalmente, la fidelidad a los mandamientos de Dios (que hace posible la comunión con Dios: cf. v. 24). Por esto el Apóstol sugiere algunas actitudes fundamentales para conseguir este objetivo.

Primeramente la oración, entendida no tanto como petición de gracias sino más bien como compromiso personal para cumplir lo que exige (v. 22), y, en segundo lugar, la profesión de fe auténtica en Cristo Jesús y de caridad efectiva hacia los hermanos.

En la comunidad cristiana el primer criterio para discernir los verdaderos de los falsos profetas es, pues, hacer una profunda profesión de fe en Cristo Señor "venido en carne mortal" (v. 2; cf. Hch 2,36). El Apóstol reconduce la actitud de fe al núcleo esencial: aceptar a Jesús. El que excluye a Cristo de su propia vida cotidiana tiene el espíritu del anticristo (cf. 2,18; 2 Jn 7). Los falsos profetas, que pretenden presentar un cristianismo distinto, vienen del mundo y, por  eso, el mundo los escucha. Los creyentes, a su vez, son de Dios y Dios está en ellos, y su victoria es segura porque es don de la fe recibida de Cristo (Jn 16,33), que es más poderoso que el anticristo (v. 4; Jn 12,31; 14,30; 16,11). El segundo criterio es eclesial: quien se muestra dócil a la Iglesia viene de Dios (v. 6). La fe del cristiano es la adhesión a la enseñanza propuesta por los guías de la comunidad eclesial, donde está el Espíritu de Dios, al que hay que escuchar y del que hay que dar testimonio.

 

Salmo Responsorial

R. Te daré en herencia las naciones.

Salmo 2. /7-8;10-11

1) Voy a proclamar el decreto del Señor:
El me ha dicho:
“ Tu eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy;
pídemelo: Te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra.- R

2) Y ahora, reyes, sed sensatos,
escarmentad, los que regís la tierra:
Servid al Señor con temor .- R

 

Evangelio: Mateo 4,12-17.23-25

12 Al oír Jesús que Juan había sido encarcelado, se volvió a Galilea.

13 Dejó Nazaret y se fue a vivir a Cafarnaún, junto al lago, en el término de Zabulón y Neftalí;

14 para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

15 Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí , camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos.

16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande, a los que habitaban en una región de sombra de muerte una luz les brilló.

17 Desde entonces empezó Jesús a predicar diciendo: -Arrepentíos, porque está llegando el reino de los cielos.

23 Jesús corría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba las enfermedades y las dolencias del pueblo.

24 Su fama llegó a toda Siria; le trajeron todos los que se sentían mal, aquejados de enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y él los curó.

25 Y le siguió mucha gente de Galilea, la Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.

 

** El evangelista cuenta lo que ocurrió al principio de la predicación de Jesús después que el Bautista fuera encarcelado. Dejado Nazaret, fijó su morada en Cafarnaún, en el territorio de la Galilea de los gentiles, lugar de la antigua ocupación asiría (733 a.C): aquí comienza ahora a brillar la luz del evangelio de Jesús y el ejemplo de su vida (v. 16; cf. Is 8,23-9,1-2). Para Mateo, Jesús comienza su predicación del reino de Dios en la Galilea de los gentiles porque tiene ante los ojos la misión universal de la salvación. Su palabra es para los judíos, sí, pero también para los paganos: "Convertios, porque está cerca el Reino de Dios" (v. 17).

Jesús enseñó por todas partes en las sinagogas y predicó "la buena nueva del Reino" y realizó muchas curaciones milagrosas "curando toda clase de dolencias y enfermedades en el pueblo" (v. 23). Su predicación de la Palabra suscitó un gran entusiasmo, su fama se difundió por toda la Siria y produjo gran impresión en todo el contorno, tanto que muchos acudían a Él. Su enseñanza siempre era acompañada por muchas personas sanadas en su espíritu y por enfermos curados en su cuerpo, como endemoniados, epilépticos, paralíticos, etc. Jesús es el verdadero Siervo del Señor que toma sobre sí las enfermedades de toda la humanidad (cf. Is 53,4). Su anuncio es exhortación y súplica para acoger en la propia vida el don divino de la reconciliación y de la salvación que el Padre celestial ofrece gratuita y generosamente a todos los hombres.

 

MEDITATIO

Muchas veces la Palabra de Dios en el Nuevo Testamento, y especialmente el evangelista Juan, nos presentan en estrecha relación la fe en Dios y el amor a los hermanos (cf. 1 Jn 4,19-21). Es siempre la fe la que se ensancha en el amor y genera la comunión de vida. Es en la vida de fe donde el creyente puede experimentar la doble dimensión del mandamiento del amor: hacia Dios y hacia el prójimo. Y Juan ve el núcleo vital de la fe en la persona de Jesús, el hombre lleno del Espíritu de Dios, y en la acogida de su Palabra, urgente por la venida del Reino, que con él está ya presente entre los hombres.

"El centro vivo de la fe es Jesús, el Cristo; sólo por medio de él los hombres pueden salvarse, de él reciben el fundamento y la síntesis de toda verdad" (RdC 57). Él es verdaderamente "la clave, el centro, el fin del hombre, y además de toda la historia humana" (GS 10). Creer en Jesús quiere decir fiarse de él, abrirse a él hasta dejarse transformar en él, aceptándolo como modelo de conducta: "Yo os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho lo hagáis también vosotros" (Jn 13,15). Esta fe en él se convierte en fuerza dinámica y creativa, enteramente encaminada a testimoniar y actuar para que Jesucristo y su mensaje sean conocidos y aceptados por los hombres. Los encuentros con Jesús contienen y manifiestan una fuerza transformadora extraordinaria, porque inician un verdadero proceso de conversión, de comunión y de solidaridad humana.

 

ORATIO

Señor, tú eres la luz que ha bajado a la tierra para iluminar a toda la humanidad, tú eres la verdad del Padre que trae esperanza y vida a los alejados que viven en las tinieblas del error, tú eres el fin de la historia humana porque por tu medio la salvación se ofrece a todos los hombres. Te damos gracias por tu Palabra, por el evangelio del amor del Padre con el que has venido a salvarnos a todos y por el ejemplo de vida que nos has dado con hechos concretos, que han afectado tu vida cuando estabas entre nosotros.

Desgraciadamente no te tratamos bien cuando viniste a nosotros, más aún, te rechazamos, colgándote de una cruz como a un malhechor. Perdónanos y danos un corazón arrepentido y capaz de conversión, para que no te reneguemos de nuevo sino, al contrario, resplandezcan en nuestra vida la luz y la alegría que nos trajiste.

Haz que nuestro testimonio cristiano se difunda en amor a los hermanos que no te conocen aún o viven en el error respecto a tu enseñanza, llena de sabiduría humana y divina. Te damos gracias, Señor, porque tu Palabra, proclamada hace tantos siglos, todavía hoy está viva y penetrante entre nosotros y siempre nos renueva el corazón. Aumenta nuestra fe en tu Palabra para que podamos penetrarla en el Espíritu y tomarla en serio como criterio de discernimiento en los sucesos y problemas que nos agobian en la vida.

Haznos capaces de contrarrestar nuestro individualismo (verdadera plaga de nuestro tiempo), con nuestra disponibilidad para ayudar a todo hombre, a fin de que podamos reencontrar la verdad de Dios y la alegría de servir a todo hermano que sufre o pasa necesidad.

 

CONTEMPLATIO

Sobre la Galilea de los gentiles, sobre el país de Zabulón, sobre la tierra de Neftalí -como dice el profeta brilló una luz grande: Cristo. Los que se encontraban en la oscuridad de la noche vieron al Señor nacido de María, el sol de justicia que irradió su luz sobre el mundo entero. Por esto, nosotros todos que estábamos desnudos, porque somos la descendencia de Adán, acudimos a revestirnos de él para calentarnos. Para vestir a los desnudos y para iluminar a cuantos viven en las tinieblas, viniste, te manifestaste, tú, luz inaccesible.

Dios no despreció a aquel que arrojó del Paraíso a causa del engaño, perdiendo así la vestidura que Él mismo les había tejido. De nuevo les viene al encuentro, llamando con su santa voz al inquieto: Dónde estás, Adán? Deja ya de esconderte: te quiero ver aunque estés desnudo, aunque seas pobre. No sientas más vergüenza ahora que yo mismo me he hecho semejante a ti. A pesar de tu gran deseo, no has sido capaz de hacerte Dios, mientras que yo ahora me he hecho voluntariamente hombre. Acércate, pues, y reconóceme para que puedas decir: "Has venido, te has manifestado, tú, luz inaccesible" (Romano il Melode, Inni, Cinisello Balsamo 1981, 213-214).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos" (Mt4,17).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Reino de Dios significa que Dios reina. Y cómo reina Dios? Preguntémonos:

En el fondo, qué es lo que impera realmente sobre nosotros? En primer lugar, los hombres. También las cosas señorean sobre mí. Las cosas que ambiciono, las cosas que me estorban, las cosas que encuentro en mi camino (...). Qué ocurriría si Dios reinase verdaderamente en mí? Mi corazón, mi voluntad lo experimentarían como Aquel que da a todo evento humano significado pleno {...). Yo percibiría con temor sagrado que mi persona humana es nada excepto por el modo en que Dios me llamó y en el que debo responder a su llamada. De aquí me vendría el don supremo: la santa comunidad de amor entre Dios y mi sola persona. Pero el nuestro es un reino del hombre, reino de cosas, reino de intereses terrenos que ocultan a Dios y sólo al margen le hacen sitio. Cómo es posible que el árbol a cuyo encuentro voy me sea más real que Él? Cómo es posible que Dios sea para mí sólo una mera palabra y no me invada, omnipotente, el corazón y la conciencia?

Y ahora Jesús proclama que después del reino de los hombres y de las cosas ha de venir el reino de Dios. El Poder de Dios irrumpe y quiere asumir el dominio; quiere perdonar, santificar, iluminar, no por la violencia física, sino por la fe. Los hombres deberían apartar su atención de las cosas y dirigirla hacia Dios, así como tener confianza en lo que Jesús les dice con su palabra y actitud: entonces llegaría el reino de Dios (Romano Guardini, El Señor, Madrid 1965).

 

Día 8

 

Jueves después de la Epifanía

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 4,7-10

7 Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

8 Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

9 Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él.

10 El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados.

 

**• Esta pequeña joya de san Juan es una reflexión posterior sobre el tema del amor fraterno del que el autor ha hablado ya en la carta desde un punto de vista negativo (cf. 3,11.15.22). Ahora el acento está puesto sobre el mandamiento del amor, pero en clave positiva: el amor es necesario porque "el amor procede de Dios" (v. 7) y porque "Dios es amor" (v. 8). Y precisamente porque la identidad de Dios es amor, él ama, perdona y se nos entrega. Todo auténtico amor humano encuentra su fundamento en el amor de Dios. El que ama ha nacido de Dios y "conoce a Dios" (v. 7).

Si ésta es la esencia de Dios, para llegar al amor auténtico hay un solo camino: amar. Sin embargo, no como pensaban los gnósticos o los enemigos de la comunidad de san Juan, que creían amar a Dios porque sentían la necesidad de conocerlo. La naturaleza del amor, para san Juan, se fundamenta sobre el hecho de que Dios nos ha amado "primero", por gratuita iniciativa suya. Este amor se ha manifestado en la encarnación del hijo de Dios, sin el cual los hombres hubieran continuado pobres e incapaces de conocer el verdadero amor y poseer la vida (w. 9-10); Rom 3,25; 5,8; 2 Cor 5,21). Jesús nos ha demostrado un amor concreto, desinteresado, de dedicación y de total liberación, hasta entregar la vida. El amor del hombre por Dios, por tanto, es siempre una respuesta al amor providente de un Padre. Y sólo conoce verdaderamente a Dios el que lo ama recorriendo el camino que conduce al amor al hermano (cf. Me 12,29-31): "En esto reconocerán que sois discípulos míos, en que os amáis unos a otros" (Jn 13,35; cf. 1 Jn 4,12-20).

 

Salmo Responsorial

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Salmo 71,1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanle todos los pueblos.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

 

 

Evangelio: Marcos 6,34-44

34 Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

35 Como se hacía tarde, los discípulos se acercaron a decirle: -El lugar está despoblado y ya es muy tarde.

36 Despídelos para que vayan a los caseríos y aldeas del contorno y se compren algo de comer.

37 Jesús les replicó: -Dadles vosotros de comer. Ellos le contestaron: -Cómo vamos a comprar nosotros pan por valor de doscientos denarios para darles de comer?

38 Él les preguntó: -Cuántos panes tenéis? Id a ver. Cuando lo averiguaron, le dijeron: -Cinco panes y dos peces.

39 Jesús mandó que se sentaran todos por grupos sobre la hierba verdad, 40 y se sentaron en corros de cien y de cincuenta.

41 Él tomó entonces los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los fue dando a los discípulos para que los distribuyeran. Y también repartió los dos peces entre todos.

42 Comieron todos hasta quedar saciados,

43 y recogieron doce canastos llenos de trozos de pan y de lo que sobró del pescado.

44 Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.

 

**• Jesús es presentado como el Buen Pastor que se compadece de la muchedumbre que lo sigue porque son "ovejas sin pastor" (v. 34), y, entonces, como un nuevo Moisés, primero instruye al pueblo (= la comunidad cristiana) con su palabra (= Palabra de Dios) y después la alimenta multiplicando los panes y los peces (= eucaristía).

En este menester incluye también a sus discípulos (= la Iglesia): "Dadles vosotros mismos de comer" (v. 37). El tema teológico que está en el trasfondo de todo el relato es la llamada a la asamblea de los hijos de Israel en el desierto y a la celebración eucarística de los primeros discípulos de Jesús. Los detalles que se mencionan hacen referencia a estos hechos: el lugar desierto, la hierba verde, las personas sentadas en pequeños grupos (cf. Ex 18,25), y siguen el alzar los ojos al cielo, la bendición, la fracción del pan, la distribución de los panes con la ayuda de los discípulos (cf. Jn 6,1-13; 1 Cor 11,23-34; Mt 26,26-29; Me 14,22-25; Le 22,14-20).

Cinco mil hombres comen hasta saciarse y sobran "doce canastos llenos de trozos de pan y de pescado" (v. 43). Nada debe perderse de la mesa preparada por Jesús. Los discípulos no se maravillan tanto del poder milagroso de su Maestro, cuanto del poder que tiene para dar a los hombres lo necesario para vivir bien cada día.

Las palabras que dice y los hechos que Jesús realiza a favor de la humanidad no son sólo hermosas palabras o cosas astrales o teóricas, sino realidades que inciden sobre la vida y la historia humanas y las transforman abriendo el horizonte ilimitado de la comunión con Dios.

 

MEDITATIO

El milagro de la multiplicación de los panes nos introduce simbólicamente en el gran y extraordinario misterio del pan de vida. El relato es importante y todos los evangelistas lo refieren y lo ponen en el centro de la actividad pública de Jesús. El Maestro realiza el milagro porque tiene compasión de la multitud (cf. Me 6,34), pero se trata también de un signo querido por el Cristo para revelarse a sí mismo. Estamos frente al nuevo milagro del maná (cf. Ex 16) realizado por Jesús, nuevo Moisés, revelador escatológico y mediador de los signos de Dios (cf. Ex 4,1-9), en un nuevo éxodo: es el símbolo de la eucaristía, verdadero alimento del pueblo de Dios.

Se necesita comer el pan vivo bajado del cielo para sobrevivir y entrar en comunión íntima con Jesús Es revelación divina que el pan posee la eficacia de comunicar una vida más allá de la muerte. Es Jesús, pan de vida, que da la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien en la fe interioriza su Palabra y asimila su vida. La escucha interior de Jesús es alimentarse con el pan celestial y saciar el hambre que todo hombre tiene en sí mismo. Como el Padre es la fuente de la vida del Hijo, y en él toda obra de salvación encuentra su origen en el Padre, así el que participa de la eucaristía encuentra en Cristo la vida divina. Jesús recibe la vida del Padre

y la da al creyente no sólo en el tiempo presente, sino al final de la historia, con aquella vida eterna que es amor, participación en el misterio pascual de Cristo, en el misterio de una carne vivificada por el Espíritu, que permite establecer un vínculo profundo con Dios, como el que existe entre el Padre y el Hijo.

 

ORATIO

Señor, tú eres un Dios que nos ha dado infinitas pruebas de amor y de bondad, no sólo creando el universo y el pequeño mundo en el que vivimos, sino también dándonos la vida y la inteligencia, por medio de la cual podemos gustar las bellezas creadas para nosotros y puestas a nuestra disposición. Pero, por encima de todo, te has demostrado Padre, dándonos la mayor prueba de tu inmenso amor al enviarnos a tu Hijo amado como Salvador, don precioso y extraordinario que sólo tu inmensa bondad podía pensar.

Verdaderamente eres un Dios de amor. Has tomado la iniciativa en la vida humana y no has permitido que permaneciéramos alejados de ti para siempre, como enemigos tuyos. Has establecido una estrecha alianza con tu pueblo elegido, a pesar de las muchas traiciones, y además nos has dado definitivamente, por medio de tu Hijo, la Iglesia como madre y lugar de salvación. Te has mostrado grande de corazón ofreciéndonos el don renovado del maná, esto es, del pan de la Palabra y de la eucaristía, sacramentos de tu amor divino. Te has preocupado también de saciar el hambre del hombre en sus necesidades espirituales y materiales, demostrando una predilección especial por los pobres y los que sufren.

Nunca has olvidado llamar a ti incluso a aquellos que se sienten suficientes y seguros, porque sólo tú eres la seguridad del hombre y la felicidad que llena el corazón. Gracias por tu amor generoso y sin recato que nos hace descubrir tu verdadera identidad.

 

CONTEMPLATIO

Amor que ardes sin extinguirte jamás, dulce Cristo, Jesús bueno, caridad, Dios mío, enciéndeme todo en el fuego de tu amor, de tu afecto, de tu deseo, de tu caridad, de tu júbilo y de tu gozo, de tu alegría y tu ternura, del ansia ardiente de ti, ansia santa y buena, casta y limpia; para que, colmado de la ternura de tu amor, consumido por la llama de tu caridad, yo te ame, dulce y bello Señor mío, de todo corazón, con toda el alma y con todas mis fuerzas. Tu amor, auténtico y santo, colma de ternura y de sosiego el alma que le pertenece, la ilumina con la luz límpida de la visión interior.

Oh pan suavísimo, sana el gusto de mi corazón, para que sienta la ternura de tu amor. Te suplico, por el misterio de tu santa encarnación y nacimiento, infundas en mi pecho tu inagotable ternura y caridad, para que yo no piense ya en nada terreno o carnal, sino que sólo te ame a ti, en ti sólo piense, a ti sólo desee, sólo a ti tenga en los labios y en el corazón (Juan de Fécamp, Confessio theologica).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn 4,7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Dios mío, bienaventurada Trinidad, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la santa Iglesia, salvando las almas que viven sobre la tierra y librando a las que sufren en el purgatorio.

Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y llegar al grado de gloria que me habéis preparado en vuestro Reino; en una palabra: deseo ser santa, pero siento mi impotencia y os pido, Dios mío, que seáis vos mismo mi santidad. Puesto que me habéis amado hasta darme vuestro único Hijo para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos: yo os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su corazón abrasado de amor. Siento en mi corazón inmensos deseos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. No quiero amontonar méritos para el cielo, sino trabajar sólo por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro corazón sagrado y de salvar almas que os amen eternamente.

En la tarde de esta vida compareceré ante vos con las manos vacías. No os pido, Señor, que contéis mis obras. Todas nuestras justicias son imperfectas a vuestros ojos. Quiero, por ello, revestirme de vuestra propia justicia y recibir de vuestro amor la posesión eterna de Vos mismo. No quiero otra cosa que Vos, mi Amado (Teresa de Jesús, La oración, Fuenlabrada 1972).

 

 

Día 9

Viernes después de la Epifanía

San Eulogio de Córdoba, presbítero y mártir

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 4,11-18

11 Queridos míos, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

12 Nadie ha visto jamás a Dios; si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección.

13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que él nos ha dado su Espíritu.

14 Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre ha enviado a su Hijo como Salvador del mundo.

15 Si uno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

16 Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

17 Nuestro amor alcanza la plenitud cuando esperamos confiados el día del juicio, porque también nosotros compartimos en este mundo su condición.

18 En el amor no hay lugar para el temor. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no ha logrado la perfección en el amor.

 

*+• Después de habernos dicho que Dios es amor, Juan ilumina a la comunidad de fe acerca de las consecuencias prácticas de esta afirmación para la vida cristiana.

Primero, para poseer a Dios la vía maestra es el amor mutuo. Este medio es la condición para que el amor de Dios habite en los creyentes como presencia experiencial y sea "perfecto" a imitación del amor vivido por Cristo (v. 12). Segundo, la posesión del Espíritu es el don que guía en el propio camino interior de vida espiritual (v. 13). Tercero, la fe en Jesús Salvador del mundo: Si alguno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios" (v. 15). Sólo quien cree en el Hijo de Dios hecho hombre, como testificaron los primeros discípulos del Señor, conoce y ama a Dios.

El amor a Dios debe crecer y será auténtico en el cristiano sólo cuando haya sustituido al temor y al miedo (w. 17-18). Por tanto, cuando el discípulo de Jesús se presente al juicio final tendrá una cierta familiaridad con su Maestro y tendrá "confianza en el día del juicio" (v. 17a), porque el amor con el que Jesús ha amado a los suyos será el mismo que habrá vivido cada miembro de la comunidad cristiana respecto a sus hermanos: "porque también nosotros compartimos en este mundo su condición" (v. 17b). Ésta es la perfección del amor: fiarse de Dios en el día del juicio, porque Él tratará a los creyentes no con el castigo, sino como a hijos amados.

La confianza de los cristianos en Dios se convierte así en certeza de victoria porque su fe y la presencia de Cristo los ha acompañado en su crecimiento en el amor.

 

Salmo Responsorial

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Salmo 71

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanle todos los pueblos.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

 

 

 

Evangelio: Marcos 6,45-52

45 Luego mandó a sus discípulos que subieran a la barca y fueran delante de él a la otra orilla, en dirección a Betsaida, mientras él despedía a la gente.

46 Cuando los despidió, se fue al monte para orar.

47 Al anochecer, estaba la barca en medio del lago, y Jesús solo en tierra.

48 Viéndolos cansados de remar, ya que el viento les era contrario, se les acercó hacia el final de la noche caminando sobre el lago. Hizo ademán de pasar de largo,

49 pero ellos, al verlo caminar sobre el lago, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar.

50 Porque todos lo habían visto y se habían asustado. Pero Jesús les habló inmediatamente y les dijo:

-!Ánimo! Soy yo. No tengáis miedo.

51 Subió entonces con ellos a la barca y el viento se calmó. Ellos quedaron más asombrados todavía,

52 ya que no habían entendido lo de los panes y su mente seguía embotada.

 

>•• Tras la multiplicación de los panes Jesús ordena a sus discípulos partir solos con la barca, mientras él se retira al monte para orar en un silencioso encuentro con el Padre (v. 46). Si su oración es solitaria con el Padre por una parte, por otra es solidaria con sus discípulos.

Éstos, en efecto, se encuentran en dificultades remando sobre el mar de las pruebas de sus vidas: la noche los sorprende, el viento contrario hace difícil su camino. Entonces Él va a su encuentro caminando sobre el mar (cf. Job 9,8; Sal 76,20; Is 43,16). Jesús no quiere imponérseles con su milagro e "hizo ademán de pasar de largo" (v. 48). Sin embargo, ante su turbación (creían ver un "fantasma") y su grito, se les acerca, calma el viento y les dice: ".!Animo, soy yo, no tengáis miedo!" (v. 50).

El estupor de los discípulos, unido a la falta de fe en Jesús, inunda sus corazones, porque no habían comprendido el signo de los panes ni la identidad misma de su Maestro, como Mesías e Hijo de Dios. Las perspectivas de Jesús y las de sus discípulos son diversas: "su mente seguía embotada" (v. 52), como en otro tiempo lo tuvo Israel en el desierto. Para reconocer el rostro del propio Maestro, la comunidad debe tener el coraje de acogerlo en la propia barca y confiar en él en el camino difícil de la experiencia cristiana, invocándolo con oración ardiente, convencida de que el mundo hostil a Dios pondrá a prueba su fe.

 

MEDITATIO

La vida cristiana tiene una doble dimensión: vertical y horizontal. La primera nos hace tomar conciencia del infinito amor del Padre, que es amor y "ha enviado a su Hijo como salvador del mundo" (cf. 1 Jn 4,14) y quiere vivir en comunión con nosotros, sus hijos queridos. La unión perfecta entre Dios y el creyente se realiza primero en el contacto con la Palabra de Dios y después participando en la mesa eucarística. Nuestra carne y nuestra sangre se mezclan, entonces, con la carne y la sangre de Dios. Y somos transformados y divinizados. "No somos nosotros quienes transformamos a Dios en nosotros", afirma san Agustín, "somos nosotros los transformados en Dios". La eucaristía es, pues, el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo vivo, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, garantía de la comunión con el Cuerpo de Cristo y participación en la solidaridad, como expresión del mandato de Jesús: "Amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 13,34).

La segunda dimensión, el amor a los hermanos, es consecuencia y signo del amor a Dios (cf. 1 Jn 4,12). También este aspecto de la caridad fraterna tiene su plena realización en el misterio eucarístico: "Participando realmente del Cuerpo del Señor en el partir el pan, somos elevados a la comunión con Él entre nosotros" (LG 11). Este amor se hace en el cristiano una fuerza transformante y operativa, capaz de alejar todo temor, porque el que ama no tiene miedo y el que come y bebe el cuerpo y la sangre de Cristo tendrá la plenitud de la vida.

 

ORATIO

Padre santo, a ti, que eres la plenitud del amor, te agradecemos el don que nos has hecho de Jesús-Eucaristía, pan de vida partido para nosotros y alimento de nuestra vida espiritual, personal y comunitaria. No pudiste hacernos regalo más hermoso: dejarnos la persona misma de tu Hijo, perennemente presente entre nosotros, bajo las especies del pan y el vino eucarísticos en todos los ángulos de la tierra. Pero nosotros queremos corresponder a tu inmenso don procurando vivir en comunión constante contigo a través de los signos que el apóstol Juan nos ha presentado: el amor mutuo entre los hermanos, la fe en tu Hijo Jesucristo y la acogida de la presencia del Espíritu Santo en nosotros por el sacramento del bautismo. Sólo este camino de fe nos da la certeza de tu amor y de tu paz.

A veces nos sentimos fatigados y cansados al recorrer este camino y hasta tenemos miedo de confiar en ti y de mirarte, como los discípulos en la barca cuando tú andabas sobre las aguas, porque vemos que muchas de nuestras aspiraciones se frustran y un viento contrario dificulta nuestra marcha cotidiana. Padre bueno, intervén en nuestra vida cuando estamos inquietos y sin esperanza, y devuélvenos el coraje de subirte a nuestra barca para caminar hacia ti con renovada confianza, porque tú eres la única certeza segura y la verdad de la vida.

 

CONTEMPLATIO

Quiero daros una imagen del Padre (...). Imaginad que la tierra tuviera un cerco, esto es, un círculo trazado con un compás en el centro. Pensad que este círculo fuera el mundo, Dios el centro del círculo y los radios que van del cerco al centro las vidas, o sea los modos de vivir de los hombres. Así, en cuanto los santos (= radios del círculo) avanzan hacia el centro procurando acercarse a Dios, a medida que avanzan, se acercan a Dios y también los unos a los otros y, cuanto más se acercan a Dios más se aproximan unos a otros, y viceversa, cuanto más se aproximan unos a otros, más se acercan a Dios.

Ésta es la esencia del amor: cuando estamos lejos y no amamos a Dios, igualmente estamos distantes del prójimo. Si, por el contrario, amamos a Dios, cuanto más nos acercamos a Él por el amor, otro tanto nos unimos en el amor al prójimo, y en tanto nos unimos al prójimo, tanto estamos unidos a Dios. Dios nos haga dignos de escuchar lo que nos ayuda y cumplirlo. Pues cuanto más procuramos poner en práctica lo que escuchamos, tanto más Dios nos ilumina y nos muestra su voluntad (Doroteo de Gaza, Insegnamenti spirituali, Roma 1979, 124-126).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección" (1 Jn 4,12).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Sentirse amado es el origen y la plenitud de la vida del espíritu. Digo esto porque, apenas comprendemos un destello de esta verdad, nos ponemos a la búsqueda de su plenitud y no descansamos hasta haber logrado encontrarla. Desde el momento en que reivindicamos la verdad de sentirnos amados, afrontamos la llamada a llegar a ser lo que somos. Llegar a ser los amados: he aquí el itinerario espiritual que debemos hacer. Las palabras de san Agustín: "Mi alma está inquieta hasta reposar en tí, Dios mío", definen bien este itinerario. Sé que el hecho de estar a la búsqueda constante de Dios, en continua tensión por descubrir la plenitud del amor, con el deseo vehemente de llegar a la completa verdad, me dice que he saboreado ya algo de Dios, del amor y de la verdad. Puedo buscar sólo algo que, de alguna manera, he encontrado ya. Cómo puedo buscar la belleza y la verdad, sin que la belleza y la verdad me sean conocidas en lo íntimo de mi corazón? Llegar a ser los amados significa dejar que la verdad de ser amados se encarne en toda cosa que pensamos, decimos o hacemos.

Esto supone un largo y doloroso proceso de apropiación o, mejor, de encarnación. Mientras "sentirme amado" sea poco más de un bello pensamiento o una idea sublime suspendida sobre mi vida para evitar convertirme en un deprimido, nada cambia verdaderamente. Lo que se requiere es llegar al amor en la vida banal de cada día y, poco a poco, colmar el vacío que existe entre lo que sé que soy y las innumerables realidades específicas de la vida cotidiana. Llegar a ser el amado significa impregnar la normalidad de lo que soy y, por tanto, de lo que pienso, digo y hago hora tras hora, con la verdad que me ha sido revelada de lo alto (H. J. M. Nouwen, Tú eres mi amado: la vida espiritual en un mundo secular, Madrid s.f.).

 

 

Día 10

Sábado después de la Epifanía

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 4,19-5,4

Hermanos:

19 Nosotros debemos amarnos, porque él nos amó primero.

20 Si alguno dice: "Yo amo a Dios", y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.

21 Y nosotros hemos recibido de él este mandato: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.

5.1 El que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Y todo el que ama al que da el ser, debe amar también a quien lo recibe de él.

2 Por tanto, si amamos a los hijos de Dios, es señal de que amamos a Dios y de que cumplimos sus mandamientos.

3 Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos, y sus mandamientos no son pesados.

4 Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo: nuestra fe.

 

*" Dos argumentos se entrelazan en el texto: el amor cristiano (w. 19-21) y la fe en Jesús, componentes de un único mandamiento (w. 1-4; 4,21). Amor y odio son inconciliables.

El amor cristiano conoce tres relaciones: el amor de Dios a nosotros, nuestro amor a Dios y nuestro amor a los hermanos. El amor a Dios y a los hermanos están íntimamente ligados: "El que ama a Dios, ame también a su hermano" (v. 21); es más, el auténtico amor a Dios se manifiesta en el amor a los hermanos: "Quien no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios al que no ve" (v. 20; 2,7-11; 3,20-24; Jn 13,34). Se recuerda, pues, que el amor cristiano tiene su origen en Dios, porque "Él nos ha amado primero" (v. 19) como a verdaderos hijos y, en consecuencia, nos corresponde responder al amor y generar amor. No es el hombre el que ha alcanzado a Dios con su amor, sino a la inversa, es Dios quien nos ha conquistado con la venida histórica de Jesús a nosotros. Entonces podemos verificar si verdaderamente Dios ha penetrado en nosotros sólo si somos capaces de amar a los otros: ésta es la regla maestra para saber si Dios habita en nosotros de manera estable.

Tentación constante en la vida cristiana es la de refugiarse en el amor de Dios olvidando a los otros. Ésta era la conducta de vida de los gnósticos, que se refugiaban en la esfera de lo divino, pero se desinteresaban de la esfera de la ética humana. Es a través de la fe como conocemos que Dios nos ama. Entonces el fiel amado y "nacido de Dios" (v. 1) ama no sólo al Padre y al Hijo, sino también a todos sus hermanos, nacidos de Dios. Sólo la fe y el amor, fuerzas interiores que nacen de la filiación con Dios, permiten al cristiano vencer todo lo que se opone a Cristo, cuando vive sus mandamientos (w. 3-4).

 

Salmo Responsorial

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Salmo 71 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanle todos los pueblos.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

 

Evangelio: Lucas 4,14-22a

14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca.

15 Enseñaba en las sinagogas y todo el mundo hablaba bien de él.

16 Llegó a Nazaret, donde se había criado. Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para hacer la lectura.

17 Le entregaron el libro del profeta Isaías y, al desenrollarlo, encontró el pasaje donde está escrito:

18 El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos

19 y a proclamar un año de gracia del Señor.

20 Después enrolló el libro, se lo dio al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinogoga tenían sus ojos clavados en él.

21 Y comenzó a decirles:

-Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar.

22 Todos asentían y se admiraban de las palabras que acababa de pronunciar.

 

**• Estamos ante una escena extraordinaria de la vida de Jesús, que nos describe su actividad pública y de evangelización en Galilea, caracterizada por la potencia del Espíritu Santo, por el entusiasmo de la gente que lo rodea y por su fama, que se difunde por doquier. En la sinagoga de Nazaret precisamente, Jesús lee e interpreta la palabra de Isaías 61,1-2, aplicándola a su persona. Traduce en presente la profecía de Isaías, que se convierte en manifiesto programático de toda su actividad mesiánica. Con él inicia, en efecto, el año de gracia o año jubilar (cf. Lv 25,10); con él ha bajado a la tierra el Espíritu de Dios que traerá la salvación a la humanidad: "Hoy se ha cumplido ante vosotros el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar" (v. 21).

El Espíritu ha consagrado a Jesús Mesías y el Reino que él anuncia es la verdad, la libertad y la novedad del mundo que Jesús hace nacer en los que lo escuchan y lo siguen. La gente queda maravillada por las palabras que proclama y todos le rinden testimonio (v. 22). La liberación que Jesús trae está destinada de modo especial a los pobres, a los oprimidos, a los prisioneros y a los ciegos, porque éstos están más abiertos que los demás al anuncio de la salvación y a la acción del Espíritu.

La Palabra de Jesús es una "alegre noticia" de vida nueva para todos los hombres. Es una palabra exigente que comprende cruz y resurrección. En el misterio pascual el creyente encuentra la plenitud y la comunión con Dios. Éste es el éxodo que todo hombre debe realizar en su vida si quiere ser, también él, liberación para los hermanos oprimidos, vivir según el Espíritu de Dios y participar en la gloria de Cristo resucitado.

 

MEDITATIO

Todo el evangelio no es otra cosa que el anuncio del amor de Dios hecho visible en la persona de Jesús. Amar a Dios quiere decir colocarse en la perspectiva de Dios, que ama a todo ser creado y no vacila en sacrificar a su propio Hijo unigénito para la salvación de todos los hombres. Vivir para los otros, darse, sacrificarse por su bien es vivir como Dios, es hacer lo que Jesús quiere que hagamos. Por eso hoy es urgente para todos "el deber de hacernos generosamente prójimos de todo hombre y ayudar con hechos a quien nos pasa al lado, anciano abandonado por todos o trabajador extranjero injustamente despreciado, o emigrante, o niño nacido de una unión ilegítima..." (GS 27). No podemos creernos verdaderos hijos de Dios si no nos sentimos hermanos de todo hombre, especialmente del más pobre y desgraciado.

Esta fe no sólo anima nuestra caridad cristiana en su vasto campo de operaciones, sino que se convierte en una fuerza gigantesca para luchar contra todo pecado de abuso, intolerancia, injusticia, violencia, contra todo coletazo de egoísmo, de atropello, de odio, que dominan todavía hoy en el mundo. "Solamente se puede inducir a alguien a creer en el Dios cristiano haciéndoselo amar, y se educa en el amor solamente en la medida que se ama a la persona que se trata de educar y al Dios que se trata de proponer a su amor" (R. Guelluy). Pero la lección más hermosa que podemos dar del amor a Dios y a los hermanos es la de manifestar, no sólo con palabras sino con nuestro testimonio de vida coherente, que somos capaces de amar.

 

ORATIO

Seas bendito, Señor de cielo y tierra, que has abierto la vía del amor para el hombre sediento de felicidad. Seas alabado, Señor de los pequeños y de los pobres, que has elegido para tu Hijo este camino para enseñarnos que en la vida sencilla y pobre te revelas con tu amor providente y generoso. Gracias te sean dadas, Señor de la paz y de la vida, por habernos regalado tu perdón: nos has hecho experimentar la alegría de tu benevolencia con la misericordia que has derramado sobre nosotros, pecadores y rebeldes, cierto, pero siempre amados y predilectos tuyos.

Envíanos, Señor, tu Espíritu de luz y de verdad, para que podamos aprender a caminar a la luz de tu sol, que es vida y alegría. Enséñanos a mirar hacia delante y no hacia atrás, para que la esperanza que emana de tu Palabra guíe nuestros pasos vacilantes e inseguros, y sepamos coger, en el sendero de nuestra existencia, no las flores que se marchitan, sino las mejores y más perfumadas del amor a los hermanos para ofrecértelas a ti. Seas siempre amado, Señor, conservando el primer puesto en nuestro corazón, a menudo inquieto y en búsqueda de novedades y de satisfacciones. Sólo tú puedes saciar nuestra sed de felicidad y de vida. Haz, Señor, que nuestro camino vaya siempre acompañado por tu presencia amorosa, porque sin ti nada podemos y nuestro corazón sólo en ti puede encontrar su descanso.

 

CONTEMPLATIO

A quienes han sido juzgados dignos de llegar a ser hijos de Dios y de nacer de lo alto por el Espíritu Santo, sucede que lloran y se afligen por todo el género humano: ellos imploran con lágrimas por el Adán total, inflamados como están de amor espiritual por toda la humanidad. A veces, sin embargo, su espíritu se inunda de tanta alegría y tanto amor que, si fuera posible, meterían en su corazón a todos los hombres sin distinguir entre buenos y malos. Otras veces, también, con espíritu humilde, se rebajan de tal modo ante todo ser humano, que llegan a considerarse los últimos e ínfimos de todos. Luego de esta experiencia el Espíritu los hace vivir nuevamente un gozo inenarrable (Pseudo-Macario, Homilía 18).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,21).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Tú me has mandado a los hombres. Has cargado sobre mis espaldas el grave peso de tus poderes y la fuerza de tu gracia, y me has ordenado avanzar. Dura y casi ruda tu palabra que me envía lejos de ti, a tus criaturas que quieres salvar, a los hombres. He tratado con ellos desde siempre, antes incluso de que tu palabra me consagrase para esta misión. He procurado amar y ser amado, he tratado de ser buen amigo y de tener buenos amigos. Es hermoso estar así con los hombres, y fácil también. Porque se va sólo a los que uno elige y se queda entre ellos mientras se está a gusto. Pero ahora no: los nombres a los que soy enviado los has escogido tú, no yo, y no debo ser su amigo, sino su servidor. Y el hecho de que me fastidien no es ya la señal para irme, como antes, sino tu orden de quedarme.

!Qué criaturas éstas, Dios mío, a las que me has mandado, lejos de ti! Los más no reciben en modo alguno a tu enviado, no aprecian en absoluto tus dones, tu gracia, tu verdad, con que me envías a ellos. Y yo debo, sin embargo, volver una y otra vez a sus puertas, importuno como un vendedor ambulante con su quincalla. Si, al menos, supiese con certeza que es a ti a quien rechazan cuando no me reciben, me consolaría. Pues quizás también yo cerraría la puerta de mi vida si uno como yo viniese a llamar diciéndose enviado por ti.

Y qué decir de los que me admiten en su vida? Oh Señor, éstos desean muy otra cosa que lo que yo les llevo de tu parte (...). Qué quieren de mí? Si no es dinero lo que buscan, o una ayuda material, o el pequeño alivio de la compasión, me miran como a una especie de agente de seguros con el que van a concertar una póliza para la vida del más allá (...).

Señor, enséñame a orar y a amarte. Entonces olvidaré en ti mi miseria, porque tendré conmigo lo que me hará olvidarla: el amor paciente, que presta tu riqueza a la pobreza de mis hermanos. Y sólo entonces seré un hermano para los hombres, alguien que les ayuda a encontrar al único que necesitan, a ti, Dios de mis hermanos (K. Rahner, Palabras al silencio. Oraciones cristianas, Estella ,1998).

 

Día 11

 El Bautismo del Señor

LECTIO

Primera lectura: Isaías 42,1-4.6-7

Así dice el Señor:

1 Éste es mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco. He puesto sobre él mi espíritu, para que traiga la salvación a las naciones.

2 No gritará, no alzará la voz, no voceará por las calles;

3 no romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue. Proclamará fielmente la salvación,

4 y no desfallecerá ni desmayará hasta implantarla en la tierra. Los pueblos lejanos anhelan su enseñanza.

6 Yo, el Señor, te llamé según mi plan salvador; te tomé de la mano, te formé e hice de ti alianza del pueblo y luz de las naciones,

7 para abrir los ojos de los ciegos, sacar de la cárcel a los cautivos, y del calabozo a los que habitan las tinieblas.

 

*• El primero de los cuatro cánticos del "Siervo doliente" (cf. Is 42,1-7; 49,1-6; 50,4-9a; 52,13-53,12) es obra de un discípulo del Segundo Isaías, cuya descripción nos reporta a los tiempos del exilio o inmediatamente después. Se nos presenta, en efecto, un personaje misterioso, el Ungido del Señor, que por sus rasgos encarna al pueblo elegido, o bien a algunos personajes históricos de Israel. El Nuevo Testamento verá en las características de este personaje la historia y los acontecimientos trágicos de Jesús de Nazaret.

Aquí el Siervo es presentado en el acto de cumplir su misión, esto es, de restaurar la alianza con Dios y de reportar al pueblo del exilio a su patria. Por esto tal personaje ha sido formado desde el vientre materno, elegido por Dios y lleno del Espíritu, para llevar a todas las gentes la Palabra y la novedad de Dios (v. 1). Se presentará con una actitud llena de humildad y de benevolencia sin apagar ninguna tentativa de bien; tendrá coraje en las pruebas y en los sufrimientos que no le faltarán, y sus armas serán las de la paz (w. 2-4). Sus prerrogativas son las de rey, sacerdote y profeta. Como rey está llamado a proclamar "el derecho con firmeza" y a establecer la "justicia", es decir, a realizar la salvación que viene de Dios (v. 6a). Como sacerdote cumplirá su misión haciéndose "alianza del pueblo", y como profeta comunicará la voluntad de Dios y será "luz de las naciones" (v. 6b; cf. Le 1,79; 2,29-32; Jn 8,12).

Su misión, animada por el Espíritu, tendrá ante todo el objetivo de librar de todo mal al hombre en su ser más íntimo. Los ciegos que viven en las tinieblas, entonces, recuperarán la vista para reemprender el justo camino hacia la verdadera vida. Los prisioneros recobrarán su libertad, la de hijos de Dios redimidos y amados (v. 7).

 

Salmo Responsorial

R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Salmo 28. 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R.: 11b)

Hijos de Dios, aclamad al Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.

La voz del Señor sobre las aguas,

el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es magnífica. R.

El Dios de la gloria ha tronado.

En su templo, un grito unánime: "¡Gloria!".

El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,

el Señor se sienta como rey eterno. R.

 

Segunda lectura: Hechos 10,34-38

34 Pedro tomó entonces la palabra y dijo: -Verdaderamente ahora comprendo que Dios no hace acepción de personas,

35 sino que, en cualquier nación, el que respeta a Dios y obra rectamente le es grato.

36 Él envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la buena noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.

37 Ya conocéis lo que ha ocurrido en el país de los judíos, comenzando por Galilea, después del bautismo predicado por Juan.

38 Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con Espíritu Santo y poder. Él pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él.

 

**• Es la introducción del discurso de Pedro en Cesarea, en casa de Cornelio, que prepara el bautismo del Centurión, ejemplo del universalismo del evangelio. Pedro ha sido enviado por el Espíritu a Cesárea para dar inicio a la conversión de los paganos, comenzando por el hombre romano, piadoso y temeroso de Dios. La palabra de Pedro es introducida por una idea clara: "Dios no hace acepción de personas" (v. 34); ante Dios no existen preferencias de razas ni de posición social: todos son igualmente hijos amados e iguales en la dignidad, sean judíos que paganos, porque Jesús los ha unificado a todos en un solo pueblo de Dios, sin exclusión alguna (cf. Hch 15,7-9; Dt 10,7; Rom 2,11). Cristo ha traído la paz a la tierra por medio de su "alegre nueva". A cuantos se adhieren a su Palabra y lo reconocen Hijo de Dios les son perdonados sus pecados.

Su predicación, en efecto, desde el bautismo recibido en el Jordán y confirmado por la Palabra del Padre que lo ha reconocido "Hijo predilecto" (Lc 3,22), hasta el momento de su retorno al Padre con su muerte y resurrección, ha sido un anuncio de salvación para la humanidad entera. Toda la vida de Jesús, marcada por la unción del Espíritu de Dios, ha sido un paso entre los hombres para comunicarles el amor del Padre, hasta el don de su vida, para el perdón de los pecados y para la salvación de todos, incluidos los paganos, sobre los que se manifiesta el Espíritu con poder, como en la casa del centurión Cornelio.

 

Evangelio: Mateo 3,13-17

13 Entonces llegó Jesús desde Galilea al Jordán y se dirigió a Juan para que lo bautizara.

14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: -Soy yo el que necesito que tú me bautices, y eres tú el que vienes a mí?

15 Jesús le respondió: -Deja eso ahora; pues conviene que cumplamos lo que Dios ha dispuesto. Entonces Juan accedió.

16 Nada más ser bautizado, Jesús salió del agua y, mientras salía, se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él.

17 Y una voz del cielo decía: -Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco.

 

*" El pasaje narra el bautismo de Jesús en el Jordán por obra del Bautista. Tal gesto ritual de penitencia para la remisión de los pecados suscitó una vivaz polémica entre los primeros cristianos, que pensaban que Jesús no tenía necesidad de semejante bautismo y además podía parecer que Juan Bautista fuese superior a Jesús. Pero el plan de Dios preveía también esto, y Jesús, Hijo obediente, se somete dócilmente a la voluntad del Padre, haciéndose solidario con los hombres y cargando con sus pecados (v. 15; cf. Mt 26,42; Jn 1,29; 2 Cor 5,21).

Al mismo tiempo, en el gesto de recibir el bautismo, Cristo se revela "Siervo" manso y humilde, que se entrega en adhesión total a la condición de debilidad humana, sin reservas ni privilegios de clase (cf. Is 42,1-3). La teofanía del bautismo, además, evidencia algunos rasgos característicos de la misión de Jesús: la participación celeste en el mundo humano, la bajada del Espíritu sobre Jesús en forma de "paloma" y la proclamación del Padre, que se complace en el Hijo y lo inviste como Mesías (w. 16-17). La imagen de la paloma, símbolo de Israel, se convierte también en símbolo de la generación del nuevo pueblo de Dios, al que Jesús da comienzo y que constituye el fruto maduro de la venida del Espíritu a los hombres. Con Jesús se inicia la época de la purificación, del verdadero conocimiento de Dios por el Espíritu Santo, de la definitiva unión entre Dios y el hombre.

 

MEDITATIO

Cuál es la diferencia entre el bautismo de Jesús y nuestro bautismo? El bautismo recibido por Jesús en el Jordán es un rito de penitencia para la remisión de los pecados y, en cuanto tal, Jesús no tenía propiamente necesidad de él. La manifestación del Padre con la bajada del Espíritu Santo, durante la cual es proclamado "Hijo predilecto" (cf. Mt 3,27) y es investido de la misión profética, real y sacerdotal, es la que lo lleva a tomar sobre sí nuestros pecados y los del mundo entero. Es el inicio del bautismo de la Iglesia, del nuevo pueblo de Dios que, con Jesús, sale del agua, sale de la esclavitud del pecado para entrar en la libertad de la vida del Espíritu.

Por su parte el bautismo que nosotros hemos recibido de niños en el nombre de Cristo es la revelación en nosotros del amor de la Trinidad, es el éxodo del pecado a la nueva vida divina, es entrar a formar parte de la comunidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y así convertirnos en hijos de Dios a todos los efectos.

Todo bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor. Y así nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y lo conduce a la comunión con Dios. Se trata de vivir un nuevo estilo de vida, que es identificación con una vida en Cristo y en el Espíritu, a la que se accede en la fe, que se experimenta en el amor y llena de esperanza, se hace visible en la cotidianidad de la vida eclesial. Por tanto, una vida de auténtica conversión a Dios y a los hermanos, que nos lleva a vivir una existencia guiada por el Espíritu Santo.

 

ORATIO

Señor y Padre nuestro, te damos gracias por el bautismo de Jesús, que nos ha manifestado la plenitud del Espíritu sobre él. Es durante la teofanía que tuvo lugar en el bautismo donde fue reconocido como Mesías. Según una tradición rabínica, el Mesías debía permanecer desconocido hasta que lo revelase un hecho extraordinario operado por ti (cf. Mt 24,23-27). Este hecho extraordinario ha sido la obra del bautista. Así él ha podido manifestar que Jesús es aquel que posee el Espíritu y puede hacer este don, prometido para la era mesiánica, a todos los hombres.

Espíritu Santo, te damos gracias porque has consagrado a Jesús profeta y Mesías y te has manifestado en él con plenitud, para que él pudiera derramar tus dones sobre nosotros. Te pedimos nos hagas redescubrir el significado de nuestro bautismo como don tuyo y del amor del Padre, para responder con coherencia de vida a los compromisos que hemos asumido el día de nuestro renacer como hijos de Dios. Haznos capaces de ser auténticos testimonios tuyos, sin manipulaciones y sin compromisos de ningún género, para anunciar en nuestro mundo la liberación, la justicia y la salvación que tú nos has dado a manos llenas. Haz que tu Iglesia sea en el mundo signo de tu presencia, y forme una verdadera familia de hermanos, unidos en la fe y la caridad evangélicas, con una vida dedicada a tu servicio y al de los más pobres y necesitados.

 

CONTEMPLATIO

Vuelve mi Jesús y vuelve el misterio, un misterio sublime y divino. En los días pasados hemos celebrado, como convenía, el nacimiento de Cristo; lo hemos glorificado junto con los ángeles: lo hemos tenido en nuestros brazos con Simeón y lo hemos confesado con Ana.

Ahora, sin embargo, hay otra acción de Cristo y otro misterio: Cristo es iluminado, Cristo es bautizado. Meditemos un poco sobre las distintas formas de bautismo. Bautiza Juan con el propósito de suscitar la penitencia; bautiza también Jesús y Él, sí, bautiza en el Espíritu. Éste es el bautismo perfecto. Conozco también otro bautismo, el del testimonio de sangre, que fue impartido también a Cristo mismo y es un bautismo mucho más venerable que los otros, porque después no será ensuciado por otras manchas. Conozco aún otro que es el de las lágrimas: pero éste es un bautismo más arduo: es el del enfermo, es el bautismo del que pronuncia las palabras del publicano en el templo (...). Al hombre ha sido dada toda palabra y para él se ha instituido todo misterio, a fin de que vosotros lleguéis a ser como lámparas en el mundo, potencia vivificadora para los demás hombres (Gregorio Nacianceno, Homilías sobre la natividad, discurso 39, Madrid 21992).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto, en el que me complazco" (Mt 3,17).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Fred, lo que quiero decirte es que eres amado, y lo que espero es que tú puedas escuchar estas palabras como te fueron dichas, con toda la ternura y la fuerza que el amor puede darles. Mi único deseo es que estas palabras puedan resonar en cada parte de tu ser: tú eres amado.

El máximo regalo que mi amistad pueda hacerte es el don de hacerte reconocer tu condición de "ser amado". Puedo hacerte este don sólo en la medida en que lo quiero para mí mismo. No es ésta la amistad: darnos uno al otro el don de "ser amados"? Sí, es la voz, la voz que habla desde lo alto y desde dentro de nuestros corazones, que susurra dulcemente y declara con fuerza: "Tú eres el amado, en tí me complazco". No es ciertamente fácil escuchar esta voz en un mundo lleno de otras voces que gritan: "No eres bueno, eres feo, eres indigno; eres despreciable, no eres nadie... y no puedes demostrar lo contrario".

Estas voces negativas son tan fuertes y tan insistentes que es fácil creerlas. Ésta es la gran trampa. Es la trampa del rechazo de nosotros mismos. En el curso de los años, he llegado a darme cuenta de que, en la vida, la mayor trampa no es el éxito, la popularidad o el poder, sino el rechazo de nosotros mismos. Naturalmente, el éxito, la popularidad o el poder pueden ser una tentación grande, pero su fuerza de seducción deriva a menudo del hecho de que forman parte de una tentación mayor, la del rechazo de nosotros mismos. Cuando se presta oídos a las voces que nos llaman indignos y no amables, entonces el éxito, la popularidad o el poder son fácilmente percibidos como soluciones atractivas. Pero la verdadera trampa, repito, es el rechazo de nosotros mismos (H. J. M. Nouwen, Tú eres mi amado: la vida espiritual en un mundo secular, Madrid s.f.).

 

Día 12

Lunes de la I Semana del Tiempo Ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 1,1-8

Había un hombre, natural de Rama, un sufita de los montes de Efraín, que se llamaba Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Eliú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita.

2 Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Feniná. Feniná tenía hijos, pero Ana no los tenía.

3 Este hombre subía todos los años desde su pueblo a adorar y ofrecer sacrificios al Señor todopoderoso en Silo, donde los hijos de Eli, Jofní y Pinjas, eran sacerdotes del Señor.

4 Llegado el día, Elcaná ofrecía el sacrificio y daba a su mujer Feniná y a todos sus hijos e hijas sus raciones;

5 mientras que a Ana le daba sólo una, y eso que él prefería a Ana; pero el Señor la había hecho estéril.

6 Su rival la insultaba para humillarla porque el Señor la había hecho estéril.

7 Y así, año tras año; cada vez que subían al templo del Señor, le insultaba de este modo. Una vez Ana se puso a llorar y no quería comer.

8 Entonces su marido Elcaná le dijo: - Ana, por qué lloras y no comes? Por qué estás triste? No valgo yo para ti más que diez hijos?

 

        **• Según algunos investigadores, los libros de Samuel son los más modernos de toda la Biblia. Dios se hace presente en el hombre, y el hombre es un hombre "verdadero", un hombre que es pecador, aunque también generoso y con todas las contradicciones propias del ser humano. Dios ya no se manifiesta. Está presente en la piedad de David, en su generosidad, en el arrepentimiento por su pecado. El hombre es el sacramento de Dios. El carácter propio de los libros de Samuel es este humanismo, cuya figura más prestigiosa es David.

        Sin embargo, hay una multitud de personajes vivos que forman su corona: Samuel, Saúl, Jonatán... Lo primero que debemos destacar es esto: da la impresión de que Dios interviene cuando parece que todo ha llegado al final. Y así sucede en todo el desarrollo del libro: Israel está derrotado; parece excluida cualquier posibilidad de salvación; todo parece acabado. Pero en lo oculto, en medio del silencio, prepara Dios la resurrección de la nación. A un niño, llevado por su madre a servir en el templo, se le va a confiar el mensaje de la derrota, pero con este mismo mensaje se le concederá también el comienzo de una nueva era para el pueblo de Dios. Va a ser Samuel quien consagre al primer rey de Israel. Ana concibe y da a luz un hijo. Tras el llanto, la oración. Hay un cierto vínculo entre la oración y la concesión de lo que se pide. Samuel será una de las más grandes "figuras" veterotestamentarias de Jesús, en quien se cumplirán las promesas de Dios.

 

 

Salmo Responsorial

R. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

Salmo 115., 10 y 15. 16-17. 18-19

Tenía fe, aun cuando dije:
<<Qué desgraciado soy!>>.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
R.

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
R.

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
R.

 

 

Evangelio: Marcos 1,14-20

14 Después de que Juan fue arrestado, marchó Jesús a Galilea, proclamando la Buena Noticia de Dios.

15 Decía: - Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.

16 Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que estaban echando las redes en el lago, pues eran pescadores.

17 Jesús les dijo: - Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres.

18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron.

19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes.

20 Jesús los llamó también, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

 

 

        *•• Estos versículos muestran de manera concreta lo que significa la llamada de Jesús: "Creed en el Evangelio" (v. 15). Muestran la actitud nueva y radical del cristiano.

        Las dos escenas de vocación están estructuradas del mismo modo. Señalemos el dinamismo de la llamada: el Jesús que llama está siempre en movimiento. Se trata, en efecto, de la llamada a un nuevo éxodo, hacia el camino inaudito y nuevo del Evangelio: "Venid detrás de mí" (v. 17). "Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron." Todo este dinamismo se desprende de la mirada y de la llamada de Jesús. No se trata de una iniciativa que parte del hombre, no se trata de un camino del hombre, sino del camino de Dios entre los hombres. La confianza y la entrega a la persona de Jesús hacen posible el seguimiento. Está claro que ir con Jesús es una perspectiva que reclama las opciones indicadas aquí de modo vago con el verbo "dejar": se trata de un dejar con la mirada puesta en una realización; de un dejar que no empobrece. Es posible dejar? Sí, porque él nos precede con una mirada penetrante que realiza y devana una identidad: es la mirada con la que Jesús nos invita, creando una relación personal con cada uno. El Jesús que pasa y ve, dice una palabra en este momento presente, pero es una palabra cargada con una promesa futura, que se convierte en la estructura de todo abandono y de todo seguimiento. Jesús va al encuentro del hombre en su vida cotidiana para cambiar su destino. Jesús proyecta, mediante su ver y su fijarse, una especie de energía.

        Se trata de una mirada que elige, que transmite una fuerza, que revela una identidad y la hace posible. Jesús no ve a pescadores, sino a personas que tienen un nombre y desarrollan una profesión; una mirada que los hace despegar de las arenas movedizas en las que habían caído.

 

 

MEDITATIO

        Ana conoce por propia experiencia la dureza de las relaciones humanas. Es una persona que, como otras muchas, junto al dolor agudo de la propia pobreza personal, debe experimentar la aflicción de la humillación que le infligen los otros. Y a esto le añade aún una nota ulterior de tristeza el hecho de que todo esto lo produzca una persona implicada en la práctica religiosa.

        Esto mismo puede pasar también en nuestros días. A las normas cultuales, observadas de modo sereno, no les acompaña una obligada atención para instaurar relaciones marcadas por la fraternidad. El culto a Dios no prosigue, tras la obligada preocupación por nosotros mismos, en la escrupulosa atención a las pasiones que se agitan en nosotros y pueden causar heridas a nuestro hermano, sino que se eclipsa con la explosión de sentimientos espontáneos que son vividos hasta alcanzar una brutalidad lacerante.

        Particularmente preciosa se presenta la actitud benévola de Elcaná, que pone todo su empeño en consolar y pacificar a la mujer amada. Se muestra como un hombre que, al encontrar en el templo la misericordia y la ternura de Dios, es capaz de reproducirla en el ámbito familiar. El tiempo nuevo que se está gestando, inaugurado por el Señor, tiene como característica dominante la creación de nuevas relaciones marcadas por la misericordia.

Por otra parte, por haberla manifestado de una manera radical en su existencia terrena, el Verbo que nos habló ha sido definido como "irradiación de la gloria de Dios e impronta de su sustancia".

 

 

ORATIO

        Te invoco, Señor de mi vida; a ti dirijo mis deseos y mis palabras. Haz que yo escuche tu voz. Ella me llama, desde el mar en que nos debatimos para no ahogarnos, a ti, orilla por la que suspiramos. Que tu Palabra nos encuentre dispuestos a dejar y cortar las redes de las que tú nos liberas, redes que nos mantienen atados a lo que está destinado a morir.

        Haz que nuestra mirada pueda reconocerte en los acontecimientos cotidianos, que nuestro corazón vuelva a pensar en ti y que encuentren paz los pensamientos.

        Que nuestro afecto permanezca estrechamente ligado a ti y florezcan la amistad y la fraternidad en nuestra tierra.

        Que la justicia, la paz y la alegría vuelvan a reinar entre los hombres.

 

 

CONTEMPLATIO

        No quieras buscar ninguna cosa fuera del Señor; busca al Señor y él te escuchará; y mientras todavía estés hablando, te dirá: "Estoy aquí". Qué significa "Estoy aquí"? Estoy presente. Qué quieres, qué esperas de mí? Todo lo que puedo darte es nada en comparación conmigo. Tómame a mí mismo, goza de mí, acércate a mí. Aún no puedes hacerlo del todo, pero tócame con la fe y quedarás inseparablemente unido a mí, y yo te libraré de todos tus fardos, para que puedas adherirte a mí por completo (Agustín de Hipona, Exposición sobre el salmo 33, 9ss).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Está llegando el Reino de Dios" (Mc 1,15).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Tú caminas a mi lado Tú caminas a mi lado, Señor. No deja huellas en la tierra tu paso. No te veo: siento y respiro tu presencia en cada tallo de hierba, en cada átomo de aire que me nutre.

        Por el sendero oscuro que discurre entre los prados me llevas a la iglesia de la aldea, mientras arde la puesta del sol detrás del campanario. Todo en mi vida ardió y se consumió como la hoguera que ahora prende a occidente y dentro de poco será cenizas y sombra: sólo me queda salva esta pureza de infancia que remonta, intacta, el curso de los años por la alegría de volver a encontrarte. No me abandones más. Hasta que no caiga mi última noche -aunque sea esta misma-, colma sólo de ti desde los rocíos a los astros, y transfórmame en gota de rocío para tu sed y en luz de astro para tu gloria (A.           Negri, Fons Ámoris, Milán 1946).

 

Día 13

Martes de la I Semana del Tiempo Ordinario

San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 1,9-20

En aquellos días,

9 después de comer y beber en Silo, Ana se levantó. El sacerdote Elí estaba sentado en su silla, junto a la puerta del santuario del Señor.

10 Ella, llena de amargura, estuvo suplicando al Señor, bañada en lágrimas,

11 y le hizo esta promesa: - Señor todopoderoso, si te dignas mirar la aflicción de tu sierva y te acuerdas de mí, si no olvidas a tu sierva y le das un hijo varón, yo lo consagraré al Señor por todos los días de su vida y la navaja no pasará por su cabeza.

12 Como ella prolongaba su oración ante el Señor, Elí se puso a observar sus labios,

13 pero Ana hablaba para sí; sus labios se movían, pero no se oía su voz. Entonces Elí pensó que estaba borracha

14 y le dijo: - Hasta cuándo seguirás borracha? A ver si se te pasa el efecto del vino.

15 Ana respondió: - No, señor mío; es que soy una mujer desgraciada. No he bebido vino ni licor; estoy desahogando mi corazón ante el Señor.

16 No tomes a tu sierva por una mujer perdida, pues por el exceso de mi pena y mi dolor he estado hablando hasta ahora.

17 Elí le dijo: - Vete en paz y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.

18 Ella dijo: - Que tu sierva alcance tu favor. Y se fue por su camino. Después comió y ya no parecía la misma.

19 Se levantaron de madrugada, adoraron al Señor y se volvieron a su casa, a Rama. Elcaná se acostó con Ana, su mujer, y el Señor se acordó de ella.

20 Ana concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Samuel, pues dijo: - !Al Señor se lo pedí!

 

        **• Ana reza para que el Señor le conceda el don de los hijos. Su oración es personal. No la hace en voz alta,  pues Dios está en lo más íntimo del hombre y le escucha, conoce sus sentimientos más secretos, más escondidos.

        Elí se equivoca al juzgar a la mujer. Ve que mueve los labios, pero no oye ninguna voz. Piensa que está borracha, pero Ana reza con intensidad y su oración manifiesta una oración del corazón. Ana vive en esta oración una auténtica relación con Dios; no ve a Elí, todo se vuelve extraño, se olvida del mundo que le rodea, habla al Señor, sólo se abre a él. La oración verdadera es la oración en la que el hombre se encuentra con Dios en la intimidad de su corazón. Así fue la oración de Ana. Esto nos dice que, en la oración, el corazón del hombre debe unirse al corazón de Dios.

        Elí parece no comprender la oración de Ana; ahora bien, en su oración silenciosa, esta mujer habla con Dios, está en comunión con él y Dios la escucha. Dice el texto que Ana, tras el augurio del sacerdote, cambia de rostro: antes estaba triste, amargada, lloraba; ahora se serena al acoger el deseo de Elí como una promesa de Dios. Para Ana, la palabra del sacerdote es eficaz, como si Dios hubiera escuchado su oración: "Vete en paz y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido". Ana ya está segura; aún no se ha unido con su esposo, pero le ha bastado la palabra de Elí para estar segura de que Dios ha escuchado ya su oración.

        Dios prepara los acontecimientos más importantes de la historia de la salvación con medios muy pobres, escondido y con humildad. Cuando Dios calla, es señal de que actúa en lo más hondo, pero el hombre no se da cuenta; y eso que, en realidad, lo que Dios ha preparado se realiza para la salvación del hombre.

 

 

Salmo Responsorial

R. Mi corazón se regocija en el Señor, mi Salvador.

Sam 2, 1. 4-8.

1 Entonces Ana dijo esta oración:

 "Mi corazón exulta en Yahveh,  mi cuerpo se levanta en Dios,

 mi boca se dilata contra mis enemigos,  porque me he gozado en tu socorro. R.


4 El Señor quiebra los arcos de los poderosos,  y reviste de poder a los débiles. R.


5 Los que eran ricos, ahora mendigan trabajo;  los que sufrían de hambre han sido saciados.

Aun la estéril ha dado a luz siete hijos,  y la mujer fecunda ahora desfallece. R.


6 El Señor da la vida, y la quita; nos lleva al sepulcro, y nos rescata de él. R.


7 El Señor da pobreza y riqueza; el Señor nos humilla y nos enaltece.


8 Al pobre lo levanta de la nada, y saca de la inmundicia al mendigo para sentarlo entre los príncipes. R.

 

 

 

Evangelio: Marcos 1,21-28

En aquel tiempo,

21 llegaron a Cafarnaún y, cuando llegó el sábado, entró en la sinagoga y se puso a enseñar a la gente

22 que estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los maestros de la Ley.

23 Había en la sinagoga un hombre con espíritu inmundo, que se puso a gritar:

24 - Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? Has venido a destruirnos? !Sé quien eres: el Santo de Dios!

25 Jesús le increpó diciendo: - !Cállate y sal de ese hombre!

26 El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él

27 Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: - Qué es esto? !Una doctrina nueva llena de autoridad! !Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos le obedecen!

28 Pronto se extendió su fama por todas partes en toda la región de Galilea.

 

        *+ En este fragmento de Marcos encontramos dos temas entrelazados: la enseñanza de Jesús, repleta de autoridad, y su poder de expulsar a los demonios. El evangelista quiere mostrar, en primer lugar, que la enseñanza de Jesús posee una eficacia extraordinaria.

        Su autoridad consiste en realizar lo que dice, en hacerse obedecer y liberar del mal. Jesús no enseña como los maestros de la Ley, sino como alguien que está investido del Espíritu Santo (Mc 1,9-11). Marcos se complace en poner el acento en la figura de Jesús como Maestro: ya desde el comienzo de su evangelio, en nuestro fragmento, aparece Jesús como alguien que enseña. La Palabra de Jesús nos pone frente a frente con el poder mismo de Dios. Tiene lugar, a continuación, el choque con el "espíritu inmundo". En el grito del hombre poseído resuena la cita de una frase de la Escritura: "Qué tienes contra mí, hombre de Dios? Has venido...?" (1 Re 17,18). Esta frase del libro de los Reyes está dirigida al profeta Elias por una mujer cuyo hijo se encuentra enfermo de gravedad y al que cura el profeta.

        Cambiando "hombre de Dios" por "Jesús de Nazaret", nos presenta Marcos a Jesús como el verdadero profeta que cura. Jesús es el Santo de Dios, sus palabras están dotadas del poder divino. La Palabra de Jesús es una palabra que renueva, transforma y rehace al hombre.

 

 

MEDITATIO

        Jesús experimentó la muerte "por la gracia de Dios". Eso nos dice de modo paradójico el autor de la Carta a los Hebreos. Por nuestra parte, no nos sentimos inclinados a unir la gracia con el sufrimiento. Solemos considerar como una gracia que se nos dispense del mismo, mientras que interpretamos el dolor como un signo de la privación de la gracia. Ahora bien, dado que esta última es, más que un don, Dios mismo que se acerca a nosotros con benevolencia, interpretamos la presunta falta de gracia como ausencia o muerte de Dios. Sin embargo, el caso de Ana parece confirmar esta convicción: esta mujer advierte como un don de Dios la liberación de la aflicción de su esterilidad.

        También el hombre que es liberado de la esclavitud del diablo en el evangelio recibe la curación y el don de una vida serena. Todo esto nos recuerda que el fin último del proyecto de Dios consiste en liberar al hombre de todo mal. La nueva creación, llevada a cabo por Dios mismo, no prevé la presencia del dolor. Sin embargo, en la situación presente, dado que el hombre no se encuentra aún en la realidad ideal del mundo futuro, sino que debe participar en la dramática lucha contra el mal, y no algunas veces o en ciertas circunstancias excepcionales, sino como una situación ordinaria, el amor que se asigna a Dios como puro don gratuito no sólo soporta, no sólo acepta, sino que desea la travesía del desierto del dolor. Esto no vale para esbozar los rasgos de una filosofía universal del dolor (cf. Heb 2,9).

        Vale para comprender la calidad del amor de Cristo por los hombres y, por consiguiente, el amor de Dios. No presenta argumentos indiscutibles para la "defensa de Dios", pero puede poner en marcha al creyente para revivir la misma gracia. Bastará con esta convicción para crear la resignación o el consuelo? En el fondo, el elemento decisivo no consiste en este buen resultado de carácter psicológico. A quien ama le basta con saber amar y con saber que Dios puede apreciar como acontecimiento providencial precisamente la "estupidez" de mi incomprensible sufrimiento.

 

 

ORATIO

        Oh Dios, te invoco a la puesta del sol: ayúdame a orar y a concentrar en ti mis pensamientos, porque por mí mismo no sé hacerlo. Hay oscuridad dentro de mí, pero junto a ti está la luz; estoy solo, pero sé que tú no me abandonas; estoy asustado, pero junto a ti está la ayuda; estoy inquieto, pero junto a ti está la paz; en mí está la amargura, pero junto a ti está la paciencia; no comprendo tus caminos, pero tú conoces el mío (D. Bonhoeffer).

 

 

CONTEMPLATIO

        Tu deseo es tu oración; si tu deseo es continuo, continua será tu oración. No en vano dijo el apóstol: "Orad sin cesar". Acaso doblamos las rodillas, postramos el cuerpo o levantamos las manos sin interrupción para que pueda afirmar: Orad sin cesar? Si decimos que sólo podemos orar así, creo que no podemos orar sin cesar. Ahora bien, hay otra oración interior y continua, y es el deseo. Hagas lo que hagas, si deseas aquel reposo sabático, no interrumpas nunca la oración. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo. Tu continuo deseo será tu voz, es decir, tu oración continua. Callarás si dejas de amar. [...] La frialdad en la caridad es el silencio del corazón; el fervor de la caridad es el clamor del corazón. Si la caridad permanece constante, clamarás siempre; si clamas siempre, siempre desearás (Agustín de Hipona, Exposición sobre el salmo 37, 14).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ana se presentó al Señor y elevó a él su oración" (cf. 1 Sm 1,9ss).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        A modo de imagen, voy a partir de la experiencia de ciertos monjes de los primeros tiempos de la Iglesia, allá por los siglos III y IV. De noche se mantenían de pie, en posición de espera. Se erguían allí, al aire libre, derechos como árboles, con las manos levantadas hacia el cielo, vueltos hacia el lugar del horizonte por el que debía salir el sol de la mañana. Su cuerpo, habitado por el deseo, esperaba durante toda la noche la llegada del día. Esa era su oración. No pronunciaban palabras. Qué necesidad tenían de ellas? Su Palabra era su mismo cuerpo en actitud de trabajo y de espera. Este trabajo del deseo era su oración silenciosa. Estaban allí, nada más. Y cuando llegaban por la mañana los primeros rayos del sol a las palmas de sus manos, podían detenerse y reposar. Había llegado el sol.

        Esta espera, de la que es imposible decir si es más corporal o espiritual, si es más específicamente conceptual o afectiva, se encuentra en la experiencia espiritual. Siempre será para nosotros una tentación constante pretender identificar a Dios con algo de orden afectivo o bien de orden racional, de orden físico o bien de orden cerebral. La espera afecta a todo nuestro ser. Y lo que llega a nosotros es, precisamente, el rayo que, iluminando las palmas de nuestras manos y cambiando poco a poco el paisaje, nos anuncia que viene el sol, diferente a lo que la noche nos permite conocer (M. de Certeau, Ma! senza l'altro Magnano 1993).

 

Día 14

Miércoles de la I Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 3,1-10.19ss

En aquellos días,

1 el joven Samuel estaba al servicio del Señor con Elí. La Palabra del Señor era rara en aquel tiempo, y no eran frecuentes las visiones.

2 Un día estaba Elí acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse y no podía ver.

3 La lámpara de Dios todavía no se había apagado. Samuel estaba durmiendo en el santuario del Señor, donde estaba el arca de Dios.

4 El Señor llamó a Samuel: - !Samuel, Samuel! Él respondió: - Aquí estoy.

5 Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: - Aquí estoy, porque me has llamado. Elí respondió: - No te he llamado, vuelve a acostarte. Y Samuel fue a acostarse.

6 Pero el Señor lo llamó otra vez: - !Samuel! Samuel se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: - Aquí estoy, porque me has llamado. Respondió Elí: No te he llamado, hijo mío, vuelve a acostarte.

7 (Samuel no conocía todavía al Señor. No se le había revelado aún la Palabra del Señor.)

8 Por tercera vez llamó el Señor a Samuel: - !Samuel! Él se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: - Aquí estoy, porque me has llamado. Comprendió entonces Elí que era el Señor quien llamaba al joven,

9 y le dijo: - Vete a acostarte y, si te llaman, dices: Habla, Señor, que tu siervo escucha. Samuel fue y se acostó en su sitio.

10 Vino el Señor, se acercó y lo llamó como las otras veces: - !Samuel, Samuel! Samuel respondió: - Habla, que tu siervo escucha.

19 Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

20 Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel estaba acreditado como profeta del Señor.

 

 

        **• Samuel había sido entregado al Señor para el servicio del templo. En éste había permanecido durante años en silencio, conocido sólo por Dios. Ahora le llama el Señor. Para qué le llama el Señor? En la vocación de Samuel podemos intuir de inmediato el estilo de la llamada de Dios. Llama a cada uno por su nombre: "!Samuel, Samuel!". Esto significa que su llamada es siempre una llamada personal y no anónima; que es una llamada original dirigida a cada uno; que quien nos llama nos conoce por medio de un verdadero conocimiento de amor. Sin embargo, Samuel no está en condiciones de conocer de inmediato la voz de Dios. Si bien, por una parte, afloran objetivamente dificultades para reconocer la voz de Dios (su trascendencia y su carácter imprevisible), meditando el pasaje podemos descubrir en él, no obstante, la paciente pedagogía de Dios encaminada a insertarse en el corazón del hombre. Dios se adapta; llama de manera gradual; le da tiempo al hombre; le renueva su llamada.

        Samuel recibe la llamada por primera, por segunda, por tercera vez... En este punto intervienen los intermediarios que pueden servir para ayudar a la voz del Dios que llama; en el caso de Samuel, es el anciano sacerdote Eli, que con su sensatez le sugiere al joven Samuel cómodebe comportarse (v. 9).

        Esto nos hace ver que en la llamada interviene, casi estructuralmente, la presencia de mediaciones humanas; a menudo resulta indispensable la ayuda de alguien para salir de la duda, de la inseguridad. Pero eso no es todo: hemos de subrayar la absoluta disponibilidad de Samuel: "Habla, Señor, que tu siervo escucha" (w. 9ss).

        Sólo una atenta vigilancia y disponibilidad para "no dejar escapar vacía ni una sola de sus palabras" puede llevar al llamado, antes o después, a reconocer la voz de Dios, a acogerla y a dejarse guiar por ella.

 

Salmo Responsorial

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito:
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
R.

Tu no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios.
R.

Entonces yo digo: <<Aquí estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas>>.
R.

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.
R.

 

Evangelio: Marcos 1,29-39

En aquel tiempo,

29 al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan.

30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Le hablaron en seguida de ella,

31 y él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. La fiebre le desapareció y se puso a servirles.

32 Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados.

33 La población entera se agolpaba a la puerta.

34 Él curó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era.

35 Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar.

36 Simón y sus compañeros fueron a buscarle.

37 Cuando lo encontraron, le dijeron: Todos te buscan.

38 Jesús les contestó: - Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido.

39 Y se fue a predicar en sus sinagogas por toda Galilea, expulsando los demonios.

 

 

        *• Con este fragmento concluye Marcos la primera jornada mesiánica de Jesús. Ésta representa un poco la actividad de la jornada típica seguida por sus discípulos y por los que leen el evangelio con tal sorpresa y admiración que les hace preguntarse: "Quién es éste?" (Mc 1,27). El primer milagro que el evangelio nos ofrece parece de tan poca monta que corre el riesgo de pasar desapercibido: el milagro sigue siendo un signo que remite a otra cosa; así, la simple curación de una fiebre, que ciertamente no llama la atención, lleva en sí un significado fundamental.

        La suegra de Pedro vuelve a estar en condiciones de "servir". Este "servir", con el que se cierra este primer milagro, encierra el programa mesiánico de Jesús, que está entre nosotros "como el que sirve" (Lc 22, 27). Esa es la característica fundamental dejada por Jesús en herencia a sus discípulos antes de morir; en este sentido, la suegra de Pedro se convierte en el prototipo del creyente liberado que puede ofrecer su servicio a los hermanos.

        Igualmente significativa es la salida nocturna de Jesús a orar en un lugar desierto, colocada al término de una dura jornada de evangelización. Podemos considerar esta oración de Jesús como su éxodo de la fatiga cotidiana para encontrarse con el Padre. Y gracias a esta oración podrá responder a Pedro: "Vamos a otra parte", superando la fácil tentación que supone un fácil mesianismo ligado al "todos te buscan". Toda la población está agolpada en la plaza, todos le buscan, pero Jesús no vuelve atrás y se va a "otra parte", para que llegue allí también su salvación.

 

 

MEDITATIO

        Las lecturas de hoy ponen de relieve, en diferentes planos, el papel principal que debe ejercer Dios en la vida de todo creyente. Jesús, ante las invitaciones de la gente de su medio, elige dar prioridad a la misión recibida del Padre; y Samuel, con la disponibilidad conquistada tras cierto trabajo, se vuelve disponible para seguir la voluntad de Dios en su vida. En todo caso, la propensión a abrirnos a la voluntad de Dios y, a continuación, la actuación práctica de éste suscitan al mismo tiempo la adquisición de dos estados de ánimo diferentes y complementarios entre sí. Ser elegidos por Dios como colaboradores suyos suscita un sentimiento de alegría desconcertante, de maravilla inesperada y de reverente aprensión.

        Afirmar, como María, "hágase en mí según tu Palabra " no significa aprender a resignarse, sino que implica, en primer lugar, abrirse, con una admiración empapada de alegría, a un proyecto seductor. Pero, la correspondencia a tanto don exige atravesar y superar las pruebas. Esto no implica siempre la necesidad de asumir un compromiso doloroso (aunque sea necesaria la disponibilidad para el mismo), pero sí requiere, en todo caso, la capacidad de discernimiento.

        No respondemos a Dios con la verdad si la obediencia vivida no nos habilita para adquirir cierta sintonía con él, de modo que advirtamos intuitivamente, mediante un sexto sentido espiritual, lo que se nos pide de vez en cuando. Una condición ulterior para esta correspondencia natural cotidiana es la oración prolongada y perseverante, ésa de la que nos da testimonio Jesús, dispuesto a buscar a su Dios hasta la llegada de la aurora.

 

 

ORATIO

        Qué soy yo para ti, Señor? Por qué deseas ser amado por mí hasta el punto de que te inquietas si no lo hago? !Como si no fuera ya una gran desventura no amarte...! Dime, te lo ruego, Señor, Dios misericordioso, qué eres tú para mí? Dilo, que yo lo oiga. Los oídos de mi corazón, Señor, están ante ti; ábrelos y dile a mi alma: "Yo soy tu salvación". Perseguiré esta voz y así te alcanzaré (Agustín de Hipona).

 

 

CONTEMPLATIO

        Intentamos comprender la vocación con la que nacen los elegidos: no han sido elegidos por haber creído, sino que han sido elegidos a fin de que crean. El mismo Señor nos revela bastante bien el sentido cuando dice: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que os elegí yo a vosotros". En efecto, si hubieran sido elegidos por haber creído, evidentemente habrían sido ellos los primeros en elegirlo al creer en él, y por eso habrían merecido ser elegidos. Ahora bien, el que dice: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que os elegí yo a vosotros", excluye por completo esta hipótesis. Sin embargo, está fuera de duda que también ellos le han elegido cuando creyeron en él. Cuando dice: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que os elegí yo a vosotros", quiere dar a entender esto: no fueron ellos quienes le eligieron para poder ser elegidos, sino que fue él quien les eligió a fin de que lo eligieran (Agustín de Hipona, La predestinación de los santos 17,34).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "!Habla, Señor!" (cf. 1 Sm 3,9-10).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El magno e inefable diálogo entre Dios y el hombre que constituye nuestra religión supone, en el hombre mismo, una actitud receptiva particular. Si el hombre busca y escucha la Palabra de Dios, la Verdad salvadora entra en el alma y engendra nuevas relaciones entre Dios y el hombre: la fe, la vida sobrenatural. Pero si el hombre no escucha, Dios habla en vano; se abre un drama tremendo.

        En la Biblia aparece por doquier esta alternativa decisiva, la escucha del hombre es, por excelencia, un acto racional y voluntario, pleno y consciente del obsequio tributado al Dios que revela, pero supone la maduración interior, trabajada por la gracia, de una disposición innata y honesta para el encuentro con Dios. Como edad de la crisis y edad de la elección, la juventud está más expuesta a padecer el influjo arreligioso y antirreligioso de nuestro tiempo. Ahora bien, en cuanto edad del pensamiento y edad del amor, la juventud es la más capaz de comprender el valor religioso de la vida y de dar a su piedad un profundo significado personal, que adquiere a menudo una dramática expresión moral, una especie de fidelidad inmolada y total, plena de impulso apasionado, si bien todavía poco segura, como un vuelo, aunque espléndida y generosa, precisamente como un vuelo milagroso realizado en los cielos del heroísmo y de la poesía. Esto tiene lugar cuando el sentido religioso se pronuncia -como tormento, como atractivo, como alegría, poco importa- de un modo tan vigoroso que constituye un juego íntimo y sublime de libertad y de obligación, y se vuelve determinante desde el punto de vista moral.

        Es entonces, por lo general, cuando la voz interior se revela, no ya como propia, sino como eco de otra voz, lejana y próxima, la de Dios (G. B. Montini, Sul senso religioso, 1957 [edición española: El sentido religioso, Ediciones Sígueme, Salamanca 1964]).

 

Día 15

Jueves de la I Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 4,1-11

1 En aquellos días, los filisteos se reunieron para atacar a Israel. Los israelitas acamparon en Eben Ezer, mientras que los filisteos estaban acampados en Afee.

2 Puestos los filisteos en orden de batalla, se entabló el combate e Israel fue batido por los filisteos, que mataron en el campo de batalla a unos cuatro mil hombres.

3 El pueblo volvió al campamento y los ancianos dijeron: - Por qué nos ha hecho sufrir hoy el Señor esta derrota frente a los filisteos? Vayamos a Silo a buscar el arca de la alianza del Señor, para que venga con nosotros y nos libre de nuestros enemigos.

4 El pueblo mandó gente a Silo para que trajeran el arca de la alianza del Señor todopoderoso, que se sienta sobre los querubines. Los dos hijos de Eli, Jofní y Pinjas, venían con el arca de la alianza de Dios.

5 Cuando el arca de la alianza del Señor llegó al campamento, los israelitas lanzaron el grito de guerra y la tierra retemblaba.

6 Al oír los filisteos el griterío, dijeron: - A qué se debe ese clamor tan grande en el campamento de los hebreos? Y cayeron en la cuenta de que el arca del Señor había llegado al campamento.

7 A los filisteos les entró miedo, y decían: - Ha venido Dios al campamento. !Ay de nosotros! Esto no había sucedido nunca.

8 !Ay de nosotros! Quién nos salvará de la mano de esa divinidad tan poderosa? Es la que castigó a Egipto con toda clase de plagas y epidemias.

9 Cobrad ánimo y sed fuertes, filisteos, para no servir a los hebreos como ellos os han servido a vosotros. Sed hombres y luchad.

10 Los filisteos fueron al combate. Israel fue batido y huyó cada uno a su tienda. Fue una gran derrota; cayeron de Israel treinta mil hombres de infantería,

11 el arca de Dios fue capturada y los dos hijos de Eli, Jofní y Pinjas, murieron.

 

 

        *"• La protagonista de este fragmento es el arca. Los hebreos consideraban el arca de la alianza como el "signo" visible de la presencia invisible de Dios, y con este signo alimentaban su fe. He aquí que ahora los filisteos se disponen en orden de batalla contra Israel, e Israel sucumbe. Tiene lugar una gran derrota, y caen cuatro mil muertos; Israel se vuelve esclavo de los vencedores, pero antes de darse por vencido, Israel cree disponer aún de un arma invencible: el arca. Dios se ha ligado a Israel con el pacto de la alianza, e Israel llevará el arca santa al campo de batalla. Ahora los mismos filisteos ya no se sienten seguros de la victoria.

        Se inicia de nuevo la batalla y, desastre terrible para Israel, les arrebatan la misma arca de Dios. Capturada ésta, Israel queda como abandonado de Dios; Israel queda sin su Dios. Haber llevado el arca de Dios al campo de batalla supone haber provocado aún más el castigo de Dios, que permite que el arca, signo de la alianza, sea arrebatada a Israel. Es la derrota total.

        Eli, por medio de sus hijos, habría continuado guiando a Israel, pero también éstos han muerto en la batalla, y hasta el mismo Eli, al recibir la noticia de la derrota, cae en el umbral del santuario y muere (4,13.18). Es el final. Sin embargo, no es así: Dios ha llamado a Samuel, su vocación es ya el comienzo de una nueva historia. A pesar de todo, Dios permanece fiel a la alianza. Samuel vive aún a la sombra del santuario, pero el Señor le conoce. En su misma vocación, Dios le hace partícipe de su designio: desde ese mismo momento se convierte Samuel en alguien que representa ahora al pueblo santo y lleva consigo el destino de la nación.

 

 

Salmo Responsorial

R. Redímenos, Señor, por tu misericordia.

Salmo 43

16 Tengo siempre delante mi deshonra,

y la vergüenza me cubre la cara

24 Despierta, Señor, ¿por qué duermes?

Levántate, no nos rechaces más. R.

25 ¿Por qué nos escondes tu rostro

y olvidas nuestra desgracia y opresión?

26 Nuestra alma se hunde en el polvo,

nuestro vientre está pegado al suelo. R.

 27 Levántate a socorrernos,

redímenos por tu misericordia.R.

 

 

 

Evangelio: Marcos 1,40-45

En aquel tiempo,

40 se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: - Si quieres, puedes limpiarme.

41 Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: - Quiero, queda limpio.

42 Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.

43 Entonces lo despidió, advirtiéndole severamente:

44 - No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les conste a ellos.

45 Él, sin embargo, tan pronto como se fue, se puso a divulgar a voces lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él desde todas partes.

 

 

        **• Con este nuevo milagro hace estallar Jesús una auténtica revolución: no se aleja del leproso, como quería la Ley; no rechaza el contacto con él, no teme ninguna amenaza. Su propuesta no consiste ya en separarse del inmundo, sino en la transformación por contagio vital que va del puro al inmundo. Jesús encarna al hombre puro y sagrado que "contagia" y atrae a su propia esfera al hombre inmundo y no sagrado. El leproso "se le acercó" (v. 40): no se trata sólo de un movimiento espacial, sino también de un movimiento del espíritu, porque le dice a Jesús: "Si quieres, puedes limpiarme" (v. 40). Con la venida de Jesús cayó el muro de la Ley (cf. Ef 2,14ss), porque Dios, el Santo, el Justo, se hizo en todo solidario con nosotros, enseñándonos el acceso a él. El gesto de extender la mano indica el poder de Jesús, que se manifiesta también por medio de su Palabra imperiosa: "Quiero, queda limpio" (v. 41). La salvación no está ya en la separación y en la marginación, sino en la reintegración, porque con Jesús ha entrado en el mundo el poder salvífico mismo de Dios. En el acontecimiento histórico de Jesús se ha hecho "visible" el poder sanador de Dios, que se pone de parte de los pobres, de los últimos de la sociedad de los hombres. Jesús inaugura una sociedad nueva, una sociedad que no margina a nadie, que no separa, que no excluye, sino que es consciente de poseer el poder mismo de Dios que le ha sido dado por Jesús. Precisamente porque Jesús ha abolido el sistema que separaba lo puro de lo inmundo tal como se entendía en el mundo judío, queda libre el cristiano para Dios y para el prójimo.

 

 

MEDITATIO

        Hoy se nos vuelve a proponer la cuestión decisiva para la vida de la fe: "!Escuchad al Señor!". La Carta a los Hebreos la plantea como actitud válida para cada día. Decía un antiguo eremita: "Una voz invoca desde el fondo de tu corazón: !Conviértete hoy!". Allí donde no permanece con suficiente vigor este propósito, se abre camino el riesgo del endurecimiento del corazón. En efecto, la escucha obediente o el rechazo desobediente no es una simple cuestión de audición física, ni siquiera una cuestión de buena voluntad. El creyente debe desarrollar una "sensibilidad" propia al respecto. Sólo con un empeño permanente se adquiere la sensibilidad suficiente para percibir la voz del Señor o para advertir sus inspiraciones.De rebote, se corre el peligro atestiguado por el pueblo de Israel, tal como aparece en la lectura de hoy.

        Éste intenta construir una relación religiosa con Dios totalmente aparente, porque, a pesar de todo el aparato cultual desplegado y a pesar de las intenciones declaradas, no tiene ninguna seria intención de someterse a la decisión de Dios ni de respetar su voluntad, tal como se encuentra expresada en sus mandamientos. Los textos bíblicos nos recuerdan así una verdad que es bastante obvia: el primer paso hacia una relación auténtica con Dios consiste en la recuperación de una honestidad que aborrece toda ficción.

        El Señor, por su parte, se compromete a destruir, aun aceptando el riesgo de desfigurar y de provocar una crisis de fe en los hombres, todo aparato religioso que no parta de él y sea expresión de su auténtica voluntad. A veces, el desacralizador más radical es el mismo Señor. Frente a su santidad no resiste ninguna ambigüedad. Antes o después, queda el hombre al desnudo y debe elegir con autenticidad (o bien rechazar sin fingir).

 

 

ORATIO

        Concédeme, Señor Jesús, entrar contigo en la voluntad del Padre: que yo quiera lo que quiere él, que yo crea que él quiere siempre la salvación.

        Concédeme, con la fuerza del Espíritu, desear y pedir la verdadera curación.

 

 

CONTEMPLATIO

        Los malvados llevan a cabo muchas acciones contra la voluntad de Dios, pero éste posee tanta sabiduría y poder que todos los acontecimientos que parecen contrarios a su voluntad tienden a los objetivos y fines que él mismo ha previsto como buenos y justos. Por eso, cuando se dice que Dios ha cambiado de voluntad, de suerte que se muestra, por ejemplo, indignado con aquellos con quienes se mostraba indulgente, son ellos los que han cambiado, no Él, y en cierto sentido lo encuentran cambiado en las adversidades que padecen.  Del mismo modo cambia el sol para los ojos enfermos y, en cierto modo, se convierte de apacible en irritante, de agradable en inoportuno (Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, XXII, 2).

        En todo caso, por muy fuertes que puedan ser las voluntades de los ángeles o de los hombres, buenos o malos, favorables o contrarios a lo que quiere Dios, la voluntad del Omnipotente es siempre invencible; no puede ser nunca mala, puesto que, incluso cuando inflige males, es justa, y si es justa, a buen seguro, no es mala. El Dios omnipotente, ya sea que por misericordia experimente misericordia por quien quiere, ya sea que por el juicio endurezca a quien quiere, no lleva a cabo injusticia alguna, no realiza nada contra su propia voluntad y todo lo que quiere lo hace (Agustín de Hipona, Manual XXVI, 102).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Quiero, queda limpio" (Mc 1,41).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

No te pido que me cures:

sería ofensiva la demanda

que no puedes escuchar.

Lo que pido es que me salves,

que no me dejes para siempre

sometido a esta

muerte cotidiana.

Pido que la Nada no venza

y no vuelva yo a necesitar

encenderme de deseos,

y viva infeliz allí

como ahora aquí,

solo y alejado.

Tú sabes lo que me cuestas en remordimientos

y lo que yo te cuesto a ti por gracia:

que no se interrumpa la competición.

Yo, arrepintiéndome,

y tú, teniendo piedad de mí,

pues es necesidad para mí fallar

y para ti continuar perdiendo.

Así te pienso: un Dios

siempre expuesto a locuras,

a contentarse por cómo somos,

a perder siempre:

oh Luz incandescente

y piadosa.

(D. M. Turoldo, Canil ultimi, Milán 1991).

 

Día 16

Viernes de la I Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 8,4-7.10-22a

En aquellos días,

4 todos los ancianos de Israel se reunieron, fueron a ver a Samuel a Rama

5 y le dijeron: - Mira, tú ya eres viejo y tus hijos no se comportan como tú. Así que nómbranos un rey para que nos gobierne, como se hace en todas las naciones.

6 A Samuel le desagradó que le pidiesen un rey para que les gobernara, y se puso a invocar al Señor.

7 Pero el Señor le dijo: - Haz caso al pueblo en todo lo que te diga, porque no te rechazan a ti; es a mí a quien rechazan; no me quieren como rey.

10 Samuel transmitió lo que le había dicho el Señor al pueblo, que le pedía un rey.

11 Y les dijo: - Así gobernará el rey que va a regiros: tomará a vuestros hijos y los pondrá al servicio de sus carros y sus caballos, haciéndoles correr ante su carroza;

12 los empleará como jefes y capataces; les hará trabajar sus campos, segar sus mieses, fabricar sus armas de guerra y los arreos de sus carros.

13 A vuestras hijas las tomará para perfumeras, cocineras y panaderas.

14 Os quitará vuestros mejores campos, viñas y olivares para dárselos a sus servidores.

15 Os exigirá los diezmos de vuestras mieses y vuestras viñas para dárselos a sus cortesanos y ministros.

16 Se adueñará de vuestros siervos y siervas, de vuestros mejores bueyes y asnos, para emplearlos en sus trabajos.

17 Os exigirá el diezmo de vuestros rebaños, y vosotros mismos seréis sus esclavos.

18 Entonces gritaréis contra el rey que vosotros mismos habéis elegido, pero el Señor no os responderá.

19 El pueblo no quiso escuchar a Samuel, e insistió: - No; queremos tener un rey.

20 Así seremos como las demás naciones. Nuestro rey nos gobernará y marchará al frente de nosotros para luchar en la guerra.

21 Samuel escuchó las palabras del pueblo y se las transmitió al Señor.

22 El Señor le respondió: - Atiende a su ruego y nómbrales un rey.

 

 

        *"• Con este texto nos encontramos en un momento crucial de la historia de la salvación: la institución de la monarquía. Como en todas las demás etapas de esta historia, la Biblia sitúa en un primerísimo plano la causa primera: Dios. El pueblo pide un rey. Qué significa que Samuel no quiera dar un rey al pueblo? Dios mismo parece de acuerdo con Samuel y no acepta la petición del pueblo. Dios quiere que el hombre se abandone a él sin más garantía que la fe. La garantía es él mismo, que permanece fiel a su pacto.

        Lo que le falta a Israel es la fe. El hombre no es capaz de abandonarse nunca hasta el fondo. Por eso se adapta el Señor y sale al encuentro de la debilidad del hombre. El pueblo de Israel debe fiarse de Dios. El pueblo quiere un rey como las otras naciones, quiere tener seguridad, una garantía humana más clara y continua.

        Pedir garantías es, en el fondo, no fiarse por completo de Dios. "No te rechazan a ti; es a mí a quien rechazan; no me quieren como rey" (v. 7), dice el Señor. Samuel avisa al pueblo: estáis pidiendo un rey, pero si lo obtenéis seréis sus siervos, vuestras cabezas serán propiedad suya y, sin embargo, pedís un rey. El pueblo insiste: sólo un jefe podría llevar a cabo la unidad de las tribus.

        Hasta Samuel, Israel no era una nación; de vez en cuando se reunía en el santuario, pero la unión entre las tribus era pobre. Tener un rey supuso para Israel tener conciencia al fin de ser una nación. Para Samuel, era difícil aceptar la novedad, pero el pueblo está en condiciones de insistir: "Tus hijos no se comportan como tú" (v. 5). Al final interviene el mismo Dios y exhorta a Samuel a que dé un rey al pueblo.

 

Salmo Responsorial

R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Salmo 88 4-5. 16-17. 27 y 29 (R.: 2a)

"Sellé una alianza con mi elegido,

jurando a David, mi siervo:

Te fundaré un linaje perpetuo,

edificaré tu trono para todas las edades". R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:

caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;

tu nombre es su gozo cada día,

tu justicia es su orgullo R.

Él me invocará: "Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora".

Le mantendré eternamente mi favor,

y mi alianza con él será estable. R.

 

 

Evangelio: Marcos 2,1-12

1 Después de algunos días entró de nuevo en Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa.

2 Acudieron tantos que no cabían ni delante de la puerta. Jesús se puso a anunciarles el Mensaje.

3 Le llevaron entonces un paralítico entre cuatro,

4 Pero, como no podían llegar hasta él a causa del gentío, levantaron la techumbre por encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico.

5 Jesús, viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: - Hijo, tus pecados te son perdonados.

6 Unos maestros de la Ley que estaban allí sentados comenzaron a pensar para sus adentros:

7 - Cómo habla éste así? !Blasfema! Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?

8 Jesús, percatándose en seguida de lo que estaban pensando, les dijo:

- Por qué pensáis eso en vuestro interior?

9 Qué es más fácil? Decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decirle: "Levántate, carga con tu camilla y vete"?

10 Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados. Entonces se volvió hacia el paralítico y le dijo:

11 - Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

12 El paralítico se puso en pie, cargó en seguida con la camilla y salió a la vista de todos, de modo que todos se quedaron maravillados y daban gloria a Dios diciendo: - Nunca hemos visto cosa igual.

 

 

        *"• Con el fragmento evangélico de hoy comienzan una serie de controversias sobre la Ley (2,1-3,6). Éstas conducen a Jesús, desde el principio de su actividad, al choque con el poder religioso y civil. En el presente fragmento aparece la narración de un milagro. El punto focal se encuentra en el v. 10, en donde se declara el núcleo de la controversia y, junto con él, el objetivo del milagro: "Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados". El milagro mismo no es más que la demostración de este poder de reconciliación con Dios que reivindica Jesús. La atención se traslada de un mal físico a un mal más profundo, el pecado, que mantiene al hombre "paralizado" en sí mismo y en unas formas rígidas, incapaz de "caminar" y de avanzar según el plan de Dios.

        El significado quebrantador de tal afirmación es captado de inmediato por los maestros de la Ley; sin embargo, éstos no están dispuestos a aceptar la "blasfemia" que supone que este hombre pueda perdonar los pecados, porque "quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (v. 7). Pero Jesús responde aumentando la dosis sin equívocos: "Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados. Entonces se volvió hacia el paralítico y le dijo: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa"" (w. 10-11). El milagro es, por consiguiente, signo de su poder de reconciliación con Dios, y eso implica la superación de la ley que separa al hombre de Dios. Este poder, reservado sólo a Dios, se le entrega ahora al hombre en el Hijo del hombre, Jesús. Ésa es la blasfemia del Evangelio que será motivo de la condena de Jesús. Quien acoge, es decir, quien tiene fe en esta "blasfemia", puede levantarse, como el paralítico, y ponerse a caminar. La muchedumbre que ha estado presente, y que ha entrevisto algo del misterio de Jesús, expresa su propia admiración y prorrumpe en una exclamación que es una profundísima entrada en la fe: "Nunca hemos visto cosa igual" (v. 12).

 

 

MEDITATIO

        Dios se adecúa a menudo a la inmadurez del hombre y lo acompaña a través de sus circunlocuciones desviadas. El Señor no comunica de inmediato su voluntad de manera radical y plena, porque no somos capaces de recibirla. La elección que está llevando a cabo Israel, la de querer un rey, es una de esas circunlocuciones. El pueblo deberá esperar el fracaso de su iniciativa para darse cuenta de que el único verdadero rey es el Señor. Sólo entonces encontrará reposo. Entre tanto, Dios mismo tiene paciencia y acompaña al pueblo para que la complicación que ellos mismos se han buscado no les resulte fatal. No son, en efecto, las estructuras jerárquicas ni los expedientes los que salvan, sino YHWH, única fuente de vida para el pueblo elegido: él le propone incesantemente su voluntad por medio de los profetas, y llama a todos para que vuelvan a poner en él toda la confianza a través de una relación personal y vital.

        A esta misma relación de confianza plena, cuyos confines son rebasados cada vez por la Palabra eficaz de Jesús, nos llama el Evangelio: perdonar los pecados va más allá del simple gesto "mecánico" y "utilitarista" de la curación. El Nazareno, con su atrevida afirmación, pide a los maestros de la Ley que superen la imagen de Dios que se han creado ("Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?": v. 7), para poder recibir el anuncio de la fuerza liberadora del Reino. También a nosotros se nos pide hoy que no nos dejemos condicionar por la rigidez de las estructuras mentales y de las instituciones humanas, y que seamos capaces de darnos cuenta –con ojo avizor- de la presencia activa de un Dios que, con gestos gratuitos e inesperados, se hace encontrar en nuestros límites.

 

 

ORATIO

        Concédenos, Padre, una fe capaz de abrir los techos, una fe capaz de deslizar nuestras camillas -ésas en las que yacemos con el corazón encogido-, para deslizarnos dentro, en lo vivo de la vida, en el corazón de la historia; para que nos encontremos frente a Jesús. Una vez perdonados por él, curados por él -de las mil pretensiones sobre la vida y sobre la historia-, podremos volver a nuestra casa y con nuestros seres queridos, ya sanos y agradecidos. Como quienes saben que todo lo reciben como don: el ser en el mundo, el ser guiados tras los acontecimientos del mundo.

 

 

CONTEMPLATIO

        Puede pasar que un hombre se diga a sí mismo: "Las Escrituras nos engañan", y todos sus miembros desistan de hacer el bien; y que, entregando por dentro hasta los miembros del hombre interior -lo que constituye una cosa muy grave- deje de hacer el bien y se diga a sí mismo: "De qué sirve hacer el bien?". Podemos, hermanos, levantar al que piensa así y ha perdido la facultad de hacer obras buenas en todos sus miembros interiores, como si fuera paralítico, abrir el techo de esta Escritura y presentarlo al Señor? Ved, en efecto, que estas palabras son oscuras, están encubiertas; y yo entreveo a alguien con el alma paralítica. Veo este techo, y bajo el techo veo a Cristo escondido. Haré, en lo que pueda, lo que se alaba en aquellos que, una vez abierto el techo, presentaron el paralítico a Cristo, a fin de que éste le dijera: "Hijo, tus pecados te son perdonados". Porque de este modo salvó al hombre interior de la parálisis, perdonándole los pecados y reforzando su fe. Pero había allí hombres que no disponían de ojos capaces de ver que el paralítico interior estaba ya curado, y creyeron que el Médico que lo curaba blasfemaba. Ese Médico realizó entonces algo también en el cuerpo del paralítico, algo que sirviera para sanar la parálisis interior de los que habían dicho tales cosas. Realizó cosas que ellos pudieran ver, y dichas a su modo de creer.

        Quienquiera que seas, tan enfermo y débil de corazón que quieres renunciar a las obras buenas, y estás preso de una parálisis interior, haz fuerza para ver si, una vez abierto este techo, podemos presentarte al Señor (Agustín de Hipona, Exposición sobre el salmo 36, 3,3).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Levantaron la techumbre y descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico" (Mc 2,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Qué piden estos hombres, hoy, en la presente "maduración" histórica? Qué piden en este punto tan elevado - a pesar de todo- del proceso histórico de la civilización humana? Todo está puesto en tela de juicio: las bases de todo el edificio humano -bases económicas, bases sociales, bases políticas, bases culturales, bases religiosas- están o bien quebrantadas o bien sacudidas; todos los valores están sometidos a crítica y a revisión, como si todas las cosas, todas las !deas, todas las normas, tuvieran que ser introducidas otra vez en un crisol nuevo para ser recuperadas, para ser sometidas a una nueva forma y a una nueva medida.

        Entonces? Nos retiraremos desanimados de la "contemplación ", ciertamente no consoladora, del espectáculo del mundo presente? Esta "invasión de las aguas" que ha roto los diques más firmes, que ha puesto todo en tela de juicio, que lo ha mezclado todo, que ha roto todos los moldes precisos de cuerpo social, acabará asustándonos o apagará en nosotros, o debilitará al menos, la osadía constructiva de la esperanza? Bien al contrario, la esperanza verdadera -la esperanza teologal- florece lozana precisamente en los momentos más críticos de la "fractura": cuando todo está destrozado, cuando todo parece acabado, cuando los límites de la ruptura más áspera han sido alcanzados, entonces nace, de improviso, como por milagro, el arco iris de la esperanza.

        Cuando el invierno se encuentra en el punto álgido de sus rigores, ya está firmemente construida la primavera: termina la nieve y apuntan las flores. Es el misterio siempre renovado de la divina creación, tanto en el cosmos como, más aún, en la historia. Es casi una ley -por así decirlo- del comportamiento de Dios con respecto a la historia de los hombres. La "dialéctica histórica" de Dios no se encuadra en el esquema de la "dialéctica histórica" del hombre; tiene una andadura diferente: procede a menudo a través de paradojas, por inversiones: vence a la prudencia con la estupidez, a la grandeza con el oprobio (G. La Pira, Lettere alie claustral! Vil, Milán 1978).

 

Día 17

Sábado de la 1ª semana del Tiempo ordinario

San Antonio, abad

        Antonio nació el año 252 en Qeman, en el Medio Egipto, hijo de hacendados cristianos acomodados. Hacia los veinte años escuchó la proclamación del Evangelio: "Si quieres ser perfecto...". Fulminado por la invitación de Jesús, vendió los fértiles terrenos que recibió en herencia tras la muerte de sus padres y emprendió la vida ascética, primero, junto a su pueblo y, después, encerrándose en una necrópolis durante casi trece años. Tras diversos ataques demoníacos, se comprometió todavía más en la lucha ascética y se estableció en un fortín abandonado, donde se quedó durante otros veinte años.

    El año 306 dejó su retiro y aceptó tener discípulos. Para huir de la notoriedad, se retiró a la "montaña interior" (el monte Kolzum). Murió el 17 de enero del año 356, a los ciento cinco años muchos de los cuales transcurrieron enseñando a los solitarios, curando a los enfermos, refutando a los herejes con un ministerio carismático y autorizado que le ha convertido para siempre en el padre de los monjes.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 9,1-4.10.17-19;10,1

9,1 Había un hombre de la tribu de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afíaj, benjaminita; un hombre de buena posición.

2 Tenía un hijo llamado Saúl. Era un buen mozo; no había entre los israelitas ninguno más esbelto que él, pues sobrepasaba a todos de los hombros para arriba.

3 Un día que se le perdieron las asnas a Quis, éste dijo a su hijo Saúl: - Llévate a uno de los criados y vete a buscar las asnas.

4 Recorrieron las montañas de Efraín y la región de Salisá, pero no las encontraron; recorrieron la región de Salín, y nada; luego la de Benjamín, y tampoco las encontraron.

10 Entonces fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios.

17 Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le avisó: - Mira, es el hombre del que te hablé; éste es el que regirá a mi pueblo.

18 Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta de la ciudad y le dijo: - Indícame, por favor, dónde está la casa del vidente.

19 Samuel le respondió: - Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano; hoy comeréis conmigo y mañana por la mañana te despediré y te descubriré todo lo que tienes en tu corazón.

10,1 Entonces Samuel tomó la vasija de aceite, derramó el aceite sobre la cabeza de Saúl y le besó diciendo: - En verdad, el Señor te unge como jefe de su heredad. Tendrás poder sobre el pueblo del Señor y le librarás de las manos de los enemigos que lo rodean.

 

 

        **• En el centro de la perícopa de hoy encontramos a Saúl. Con el capítulo 9 comienza para Israel una nueva historia. La historia de la monarquía comienza con la aparición de Saúl, hijo de Quis. Por qué se presenta su genealogía? Qué puede significar? Por qué tantos nombres que nada nos dicen a nosotros? Qué importancia puede tener la genealogía de Saúl? Sin embargo, las genealogías tienen siempre una gran importancia en los libros del Antiguo Testamento. El personaje del que nos habla el libro es el término de toda una historia, que, aunque sea privada, es siempre historia de Israel. La historia empieza con la búsqueda de las asnas perdidas. Quis, el padre de Saúl, ha perdido sus asnas, y su hijo va a buscarlas. Así actúa el Señor. Los comienzos de la historia son de una humanidad que desconcierta, aunque nos parezca que no dicen nada. Dios convierte la vida del hombre en una continua sorpresa. Saúl va en busca de las asnas y regresa siendo rey de Israel. No tiene nada que llevar al vidente. Saúl va a casa del vidente para saber si alguien ha encontrado las asnas. Encuentra a Samuel y éste le consagra rey. Así actúa Dios. Su vida tiene la dimensión del amor gratuito de Dios. Saúl vivirá la tragedia de tener que vivir una realeza que el pueblo de Dios no estaba preparado para recibir, a pesar de haberla reclamado. El pueblo querrá volverse atrás, pero no podrá hacerlo. Dios debe realizar su plan en contra de la voluntad de los que ahora se le resisten. Abandonarse a la voluntad de Dios no es fácil. Queremos que Dios actúe, pero cuando lo hace y nos pide sumisión y obediencia, nos rebelamos; pretendemos que Dios siga nuestra voluntad, no que nosotros sigamos la suya.

 

Salmo esponsorial

R. Señor, el rey se alegra por tu fuerza.

Salmo 20, 2-8

2 Señor, el rey se alegra por tu fuerza,

¡y cuánto goza con tu victoria!

3 Le has concedido el deseo de su corazón,

no le has negado lo que pedían sus labios.

4 Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,

y has puesto en su cabeza una corona de oro fino. R.

5 Te pidió vida, y se la has concedido,

años que se prolongan sin término.

6 Tu victoria ha engrandecido su fama,

lo has vestido de honor y majestad. R.

7 Le concedes bendiciones incesantes,

lo colmas de gozo en tu presencia.

8 Porque el rey confía en el Señor,

y con la gracia del Altísimo no fracasará. R.

 

 

Evangelio: Marcos 2,13-17

En aquel tiempo,

13 Jesús volvió a la orilla del lago. Toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.

14 Al pasar, vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: - Sígueme. El se levantó y le siguió.

15 Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, pues eran ya muchos los que le seguían.

16 Los maestros de la Ley del partido de los fariseos, al ver que Jesús comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: - Por qué come con publicanos y pecadores?

17 Jesús lo oyó y les dijo: - No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

 

 

        **• En el pasaje de hoy se entiende la fe como seguimiento de Cristo. Se cuenta que Jesús "al pasar vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y le siguió" (v. 14). Leví se encuentra con Jesús y se hace cristiano en pleno ejercicio de su profesión "mundana". En todas las profesiones se puede "seguir" a Jesús, hacer lo que él hace. No pensaban así los fariseos, que reprocharon a Jesús que comiera "con publicanos y pecadores" (v. 16). Para los fariseos, ciertas profesiones eran incompatibles con la religiosidad judía, porque impedían observar el sábado y otras leyes.

        Para Jesús, en cambio, no hay profesiones que excluyan del discipulado cristiano. Lo que impide ser discípulo de Cristo es creerse "justo" y "sano", esto es, no sentirse necesitado de salvación. "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (v. 17). La cura que les aplica es estar con ellos, no excluirlos, no condenarlos, no juzgarlos. Ésa es la cura del mal interior del hombre. Esta paciencia, esta misericordia, esta longanimidad, es lo que constituye su cura. Es hermoso contemplar esta imagen de Jesús como médico; su terapia puede durar toda una vida, es decir, no puede ser excluida nunca, porque la terapia es su presencia, su estar con nosotros. El Señor parece querer decirnos que la conversión más difícil es la del justo o la de los que se consideran como tales.

 

 

MEDITATIO

        La Palabra del Señor actúa de manera eficaz. Penetra en nuestro corazón, lo pone al desnudo, lo juzga. Esta Palabra corresponde, sin embargo, al Hijo, que es capaz de compadecerse de nuestras debilidades y quiere presentarse como nuestro intercesor.

        La eficacia y la misericordia aparecen en el obrar de Dios en la vida de Saúl. El texto pone de relieve el proyecto gratuito de Dios, que precede a toda iniciativa por parte de Saúl. Pone de manifiesto cómo se despliega su acción utilizando situaciones normales, casi triviales, en la vida de las personas. Saúl no recibe un cargo honorífico, sino la habilitación para un servicio. La gracia sólo nos hace sentir su acción en nosotros cuando nos habilita en concreto para algún ministerio. Todo tiene lugar en lo escondido, sin clamor alguno. La eficacia de la Palabra no tiene nada que ver con el clamor mundano. Esto mismo aparece con más fuerza aún en el episodio narrado por el evangelio. La llamada de Leví anuncia la fuerza de la Palabra. También en este caso se despliega la total gratuidad del amor divino que llama: no hay ningún mérito, ninguna preparación por parte del elegido.

        También él se encuentra inmerso en el laborío de la vida, un laborío marcado, además, por la negatividad.  Esta vez, no obstante, el signo de la misericordia suscita clamor. Este tipo de fama no ayuda al Señor, que debe dar cuentas de su misericordia.

 

 

MEDITATIO

        "Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres" (Mt 19,21). Antonio escuchó estas palabras como pronunciadas por el Señor. Su generosa respuesta procuró vigor en la Iglesia a la maravillosa realidad del movimiento monástico. No podemos, pues, volver a escuchar sin conmovernos las lecturas que nos propone hoy la liturgia. Éstas contienen claramente el itinerario que debemos recorrer si queremos agradar a Dios. Lo esencial, por consiguiente, consiste precisamente en el radicalismo de este deseo. Antonio se dejó conducir dócilmente por el Espíritu... Su vigor aumentó a lo largo del camino. La primera respuesta que le liberó de los bienes terrenos le abrió el camino a un compromiso evangélico cada vez, más enérgico, que le permitió caminar humildemente con su Dios, lejos de las miradas de los hombres.

    Sólo después de la gran lucha contra las pasiones, Antonio estuvo en condiciones de servir verdaderamente a los otros, convirtiéndose en amigo, hermano y padre de todos. Con una gran audacia, su itinerario pasó de la victoria sobre la tentación a la enseñanza y al cuidado de los hermanos, "inventando" -por así decirlo- un nuevo modelo de vida cristiana, que le convirtió en un maravilloso ejemplo de libertad, de ascesis viril, de fidelidad a la Palabra, de amor a Cristo y al prójimo. No en balde, la tradición ha reconocido siempre en él no sólo al padre de los monjes, sino, sobre todo, al "modelo" del cristiano.

 

ORATIO

        Ruego por vosotros, noche y día, a mi Dios que os conceda los mismos dones que me ha concedido a mí por su gracia, no porque yo fuera digno de ellos [...]: el gran Espíritu de fuego que yo mismo he recibido. !Recibidlo, pues, también vosotros!

    Y si queréis obtener que more en vosotros, presentad antes las fatigas del cuerpo y la humildad del corazón, elevando noche y día vuestros pensamientos al cielo.

    Pedid con corazón sincero este Espíritu de fuego, y os será dado [...]; cuando lo hayáis recibido, os revelará todos los misterios más altos [...]. Os ruego que abandonéis vuestra voluntad carnal y mantengáis la serenidad en cada cosa, a fin de que, con el apoyo del Espíritu Santo, moren en vosotros las potencias celestes y os ayuden a cumplir la voluntad de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien sea la alabanza eterna por los siglos de los siglos. Amén (Antonio Abad, Carta 8,1.3, passim).

 

 

CONTEMPLATIO

        Les aconsejaba, sobre todo, recordar siempre estas palabras del apóstol: "Que el sol no se ponga sobre tu ira" (Ef 4,26), y considerar estas palabras como dichas de todos los mandamientos: el sol no debe ponerse no sólo sobre la ira, sino sobre ningún otro pecado. Es enteramente necesario que el sol no condene por ningún pecado de día, ni la luna por ninguna falta o incluso pensamiento nocturno. Para asegurarnos de esto, es bueno escuchar y guardar lo que dice el apóstol: "Júzguense y pruébense ustedes mismos" (2 Cor 13,5). Por eso, cada uno debe hacer diariamente un examen de lo que ha hecho de día y de noche; si ha pecado, deje de pecar; si no ha pecado, no se jacte por ello. Persevere más bien en la practica de lo bueno y no deje de estar en guardia.

    No juzgue a su prójimo ni se declare justo él mismo, como dice el santo apóstol Pablo, "hasta que venga el Señor y saque a luz lo que está escondido" (1 Cor 4,5; Rom 2,16). A menudo no tenemos conciencia de lo que hacemos; nosotros no lo sabemos, pero el Señor conoce todo. Por eso, dejémosle el juicio a él, compadezcámonos mutuamente y "llevemos los unos las cargas de los otros" (Gal 6,2). Juzguémonos a nosotros mismos y, si vemos que hemos disminuido, esforcémonos con toda seriedad para reparar nuestra deficiencia (Atanasio, Vita Antonii, 55).

 

ACTIO

        Durante la jornada de hoy, repite y medita con frecuencia estas palabras de san Antonio: "Comenzando de nuevo cada día, aumentemos nuestro celo" (Atanasio, Vita Antonii, 16).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El acontecimiento que supuso Antonio en la historia de la Iglesia tiene una función -casi de matriz- análoga al ciclo de Abrahán en la historia del pueblo judío. Aunque vivida por uno solo, a título de ejemplo, simboliza a la humanidad en camino hacia Dios, una humanidad cuya vanguardia puede decirse que está compuesta por los monjes.

    En la vida de Antonio podemos divisar la actitud apasionada hacia la persona de Jesús. Antonio nos recuerda que el Reino de Dios está dentro de nosotros, es el tesoro escondido en el campo de nuestro corazón. Lo ha encontrado un hombre? Se va de allí, ebrio de alegría, y vende todo lo que posee. La búsqueda de lo absoluto impulsa al monje al desierto y se esconde en él periódicamente para encontrar ahí recursos: es aquí donde se forma como en un crisol el hombre interior. El desierto, a pesar de esto, no es más que un lugar de paso, y, a menudo, el espíritu que conduce a los monjes a él los lleva de nuevo -transfigurados- a la ciudad de los hombres: revestidos de su poder, se hacen humildes servidores de sus hermanos. Se trata de una dialéctica fecunda, cuyo prototipo nos presenta la vida de Antonio, movimiento de sístole y de diástole que constituye el latido mismo del corazón humano.

    No se trata de imitar materialmente esta vida, sino de dejarse penetrar por la luz que emana de ella (E. Bianchi, en N. Devilles, Antonio !I Grande, Milán 1973, pp. 1 lss).

 

Día 18

II Domingo del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: Isaías 49,3.5-6

3 El Señor me dijo <<Tú eres mi siervo, Israel, y estoy orgulloso de ti".

4 Aunque yo pensaba que me había cansado en vano y había gastado mis fuerzas para nada; sin embargo, el Señor defendía mi causa, Dios guardaba mi recompensa.

5 El dice: << No solo eres mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer a los supervivientes de Israel, sino que te convierto en luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra".

  

•·• La primera lectura recoge parte del segundo cántico del <<Siervo de YHWH". En total, cuatro composiciones poéticas referidas a un  personaje llamado <<Siervo del Señor" (Is 42,1-9; 49,1-7; 5o,4-11; 52,13-53,12). La  identificación del siervo resulta, al menos, misteriosa.

        Reiterados intentos han querido fijar un nombre y un rostro para este personaje. Entre otros, han sugerido que se trata del pueblo de Israel, del mismo profeta, de Ciro, en cuanto libertador de los judíos desterrados en Babilonia. Sin embargo, ninguno de los <<candidatos" se corresponde plenamente con los requisitos necesarios para ser  identificado como <<Siervo de YHWH", hombre elegido por Dios, integro en su fe, al que se le ha confiado una misión universal. Es necesario esperar a Jesucristo para encontrar la respuesta satisfactoria y definitiva.

El texto actual, en efecto, ha sido elegido para crear una conexión entre el <<Siervo de YHWH>> y el <<Cordero de Dios" (del evangelio). Las dos expresiones denotan en el lenguaje y la teología de Juan el Bautista la misma realidad. La lectura litúrgica selecciona algunas frases del segundo canto del siervo para subrayar su misión universal. La frase  central, puesta en los labios de Dios, suena así: <<Te convierto en luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra" (v. 6). El peso teológico descansa en la idea de salvación que llega desde Dios a los hombres por la mediación del siervo; además, tal salvación alcanza a todos.

La figura del siervo encuentra pleno cumplimiento en Jesús, la luz venida al mundo para alumbrar a todos los hombres, el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La humanidad no tiene que seguir esperando; por fin, la esperanza se llena con un contenido preciso.

 

Salmo Responsorial

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito:
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
R.

Tu no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios.
R.

Entonces yo digo: <<Aquí estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas>>.
R.

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.
R.

 

Segunda lectura: 1 Corintios 1,1-3

1 Yo Pablo, llamado por voluntad de Dios a ser apóstol de Cristo Jesús, y el hermano Sóstenes,

2 a la Iglesia de Dios que esta en Corinto. A vosotros, que, consagrados por Cristo Jesús, habéis sido llamados a ser pueblo de Dios en unión con todos los que invocan en cualquier lugar el nombre de Jesucristo, que es Señor suyo y nuestro,

3 gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.

 

¤" Hoy comienza la primera carta de Pablo a la comunidad de Corinto. Encontramos, como de costumbre, el saludo y sus elementos tradicionales: el remitente, el destinatario y el anuncio inicial. En seguida aparece una profusión de títulos y concreciones que acompañan tanto al remitente como a los destinatarios.

El nombre de Pablo, engrandecido con el titulo de <<apóstol",  certifica el origen de su misión. Y si no fuese suficiente, el doble añadido - <<apóstol de Cristo Jesús" y <<por voluntad de Dios" (v. 1)- insiste en la sacralidad y oficialidad de su cometido. Lejos de ser un titulo vanidoso, la conciencia apostólica de Pablo sirve para revalorizar su modo de hablar y actuar Pablo no actúa en nombre propio, ni decide según criterios puramente humanos. El es fundamentalmente un <<llamado" que responde a la solicitud divina. Pablo asocia consigo a Sóstenes, designándolo <<hermano>". Existe una delicada voluntad de asociarlo como colaborador al trabajo apostólico. El apóstol nunca actúa como un marinero solitario; su vocación divina lo pone en comunión con todos aquellos que Dios llama a su servicio.

Los destinatarios de la carta són todos los creyentes, << la Iglesia de Dios", expresión preferida de Pablo. El término ekklesia indica la asamblea litúrgica convocada por Dios para ser su pueblo santo mediante una vocación especial. Esta nueva comunidad, con respecto de Israel, está marcada con el sello pascual y tiene en Jesús al verdadero cordero inmolado. Se encuentra mencionada en referencia a una ciudad; <<en Corinto". Y la especificación consiste en indicar una iglesia local. La iglesia, sin embargo, es la realidad nacida de la confluencia entre el amor trinitario y la aceptación del hombre. La concepción paulina de iglesia ha sido asumida y suscrita por el Concilio Vaticano II, que hizo suya esta cita de san Cipriano: <<La Iglesia universal se manifiesta como "una muchedumbre reunida por la unidad del Padre, del Hijo y Espíritu Santo"" (LG 4).

El anuncio inicial esta compuesto por un binomio que permanecerá invariable en todas las cartas <<gracia y paz", dones que tienen en el Padre y en Cristo su manantial; expresan la comunión con Dios, en cuanto dón gratuito, que viene de lo alto (<<gracia") y perdura, gracias a la colaboración humana (<<paz"). El inicio de la carta ofrece una entonación teológica que presagia la sinfonía que se desarrollara a continuación.

 

Evangelio: Juan 1,29-34

29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo: - Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

30 A éste me refería yo cuando dije: <<Detrás de mi viene uno que ha sido colocado delante de mi porque existía antes que yo".

31 Yo mismo no lo conocía, pero la razón de mi bautismo era que él se manifestara a Israel.

32 Juan prosiguió: - Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él.

33 Yo mismo no lo conocía, pero el que me envióé a bautizar con agua me dijo: <<Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautizará con Espíritu Santo".

34 Y como lo he visto, doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.

 

*·> La solemne apertura del evangelio había presentado a la Palabra eterna del Padre entrando en la historia de los hombres y convirtiéndose en Jesús de Nazaret. Era necesario encontrar un nexo para que Jesús pudiera vincularse concretamente en la historia. Todos los profetas habían hablado de él. El último, dotado de un carisma particular el <<precursor>>, se llama Juan: el portavoz del actual texto evangélico. En un estupendo primer plano, el Bautista es presentado como el testigo leal. Ese que empeña todo su ser en hablar de Jesús, reconociéndolo como el Mesías y proporcionando las credenciales fundamentales. Su testimonio se expresa con tres frases de recia teología: Jesús es <<el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (v. 29); el Espíritu se ha posado sobre el y permanece de forma estable (v. 32);

Jesús es el elegido de Dios, es decir, el <<Hijo de Dios" (v. 34). Són tres afirmaciones, ligadas entre si, que desvelan la idea que tiene Juan sobre el Mesías. Las tres imágenes encuentran correspondencia parcial en los cantos del <<Siervo de YHWH" y el porque de su elección como primera lectura.

La obra principal de Jesús consiste en << quitar el pecado del mundo". Para Juan, el evangelista, existe un único pecado: rechazar la Luz que ha venido al mundo para iluminar a todos los hombres (Jn 1,9). Rechazar a Cristo es el mayor y único pecado; las demás transgresiones (pecados) son manifestaciones incompletas. Jesús cumplirá esta colosal obra de reconciliación entre Dios y el hombre porque él mismo es Dios. El texto lo dice claramente. La escena del bautismo sirve para mostrar la presencia del Espíritu, que desciende sobre Jesús y permanece sobre él.

 

MEDITATIO

Aunque hay pluralidad de funciones o diversidad de llamadas, el fin debe ser común: la realización de si mismos y la gloria de Dios. Puesto que la vocación viene de Dios, él, que es unidad y amor convoca a todos a la plena realización. El siervo de la primera lectura ha sido enviado para llevar la luz a todos los pueblos. Ya no existen barreras, ni muros divisorios, sino un único y gran proyecto: construir la familia humana, ligada por la misma ley que le une con Dios, dador de todo bien.

Pablo, en la segunda lectura, se dirige a la comunidad - y a nosotros actualmente - presentándose como apóstol que ha recibido una misión que cumplir. Toma consigo al hermano Sóstenes - idealmente, a todo hermano en la fe- recordando que todos tienen como encargo un servicio apostólico. Desde la pluralidad de papeles, es común el empeño de dar a conocer y amar a Jesucristo. A través de ellos, la comunidad de Corinto tiene la <<gracia" de descubrir a Jesucristo y, en él, encontrar la novedad de vida que adquiere el nombre teológico de <<salvación" o <<redención". Pablo es el instrumento elegido por la Providencia para hacer llegar a numerosos pueblos el mensaje del Evangelio.

El texto evangélico muestra la peculiar vocación de Juan, ser el precursor y mensajero que anuncia la presencia de Jesús. El Bautista no se limita a una atestación física (<<esta aquí, es aquél de allí"). Ofrece un cuadro teológico de hondo espesor. Esto significa que toda verdadera vocación, incluida la nuestra, antes de ser testimonio externo, es descubrimiento interior de la realidad de Cristo. El es <<el Cordero que quita el pecado del mundo". El carga con nuestras miserias y transforma la iniquidad en santidad. En él, todos podemos esperar un nuevo nacimiento, del agua y del Espíritu, para construir una sociedad donde la fraternidad sea el estatuto y el amor la única regla de convivencia.

En Cristo, con Cristo y por Cristo, tiene hueco y sentido nuestra vocación; conservamos la propia originalidad, que debe desarrollarse autónoma y completamente; encontrarnos el tiempo y el modo apropiado para relacionarnos con Dios. Insertados en Cristo, el bautizado se realiza en la singularidad exclusiva de su ser y en la comunión de una humanidad que, con Cristo, camina al encuentro del Padre para rendirle eterna alabanza.

 

ORATIO

Para que tuviéramos la luz, te hiciste ciego.

Para que obtuviéramos la unión, experimentaste la separación del Padre.

Para que poseyéramos la sabiduría, te hiciste <<ignorancia".

Para que nos revistiéramos de la inocencia, te convertirte en <<pecado>>.

Para que esperáramos, casi te desesperaste.

Para que estuviera Dios en nosotros, lo sentiste lejos de ti.

Para que fuera nuestro el cielo, sentiste el infierno.

Para darnos una apacible morada en la tierra entre cientos de hermanos, fuiste excluido del cielo y de la tierra, de los hombres y de la naturaleza.

Eres Dios, eres mi Dios, nuestro Dios de amor infinito.

(Chiara Lubich, <<Perché fosse nostro il cielo", en Cimi Nuova, 1975/3, p. 35).

 

CONTEMPLATIO

Tu eres en verdad el único Señor; tu, cuyo dominio sobre nosotros es nuestra salvación, y nuestro servicio a ti no es otra cosa que ser salvados por ti. Cual es tu salvación, Señor origen de la salvación, y cual tu bendición sobre tu pueblo, sino el hecho de que hemos recibido de ti el don de amarte y de ser por ti amados? Por esto has querido que el Hijo de tu diestra, el hombre que has confirmado para ti, sea llamado Jesús, es decir Salvador, porque <<él salvará a su puebla de los pecados" (Mt 1,21) y << ningún otro puede salvar" (Hch 4,12). El nos ha enseñado a amarlo cuando, antes que nadie, nos ha amado hasta la muerte en la cruz. Por su amor y afecto suscita en nosotros el amor hacia él, que fue el primero en amarnos hasta el extremo.

Así es, desde luego. Tú nos amaste primero para que nosotros te amáramos. No es que tengas necesidad de ser amado por nosotros, pero nos habías hecho para algo que no podíamos ser sin amarte [...], Tal es la Palabra que tu nos dirigiste, Señor: el Verbo todopoderoso que, en medio del silencio que mantenían todos los seres - es decir el abismo del error - vino desde el trono real de los cielos a destruir enérgicamente los errores y a hacer prevalecer dulcemente el amor Y todo lo que hizo, todo lo que dijo sobre la tierra, desde los oprobios, los salivazos y las bofetadas, hasta la cruz y el sepulcro, no fue otra cosa que la Palabra que tu nos dirigías por medio de tu Hijo, provocando y suscitando, con tu amor nuestro amor hacia ti. Sabias, en efecto, Dios creador de las almas, que las almas de los hombres no pueden ser constreñidas a ese afecto, sino que conviene estimularlas, porque donde hay coacción no hay libertad, y donde no hay libertad no existe justicia tampoco.

Quisiste, pues, que te amaramos los que no podíamos ser salvados por la justicia, sino por el amor pero no podíamos tampoco amarte sin que este amor procediera de ti. Así pues, Señor como dice tu apóstol predilecto, y como también aquí hemos dicho, tu nos amaste primero, y te adelantas en el amor a todos los que te aman. Nosotros, en cambio, te amamos con el afecto amoroso que tu has depositado en nuestro interior Por el contrario, tu, el mas bueno y el sumo bien, amas con un amor que es tu bondad misma, el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo, el cual, desde el comienzo de la creación, se cierne sobre las aguas, es decir sobre las mentes fluctuantes de los hombres, ofreciéndose a todos, atrayendo hacia si todas las cosas, inspirando, aspirando, protegiendo de lo dañino, favoreciendo lo beneficioso, uniendo a Dios con nosotros y a nosotros con Dios (del tratado de Guillermo, abad del monasterio de San Teodorico, Sobre la contemplación de Dios 9-11; SC 61, 90-96).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Está escrito en el libro que cumpla tu voluntad>> (Sal 39,8b-9a).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Con cada hombre viene al mundo un ser nuevo que no ha existido nunca, alguien original y único. <<Cada israelita esta obligado a reconocer y considerar que es único en el mundo, que jamás ha existido nunca ningún hombre idéntico a él: si ya hubiera existido un hombre idéntico, no tendría sentido su existencia. Cada persona es diferente y debe realizar su propio ser. Que esto no suceda es lo que retrasa la llegada del <<Mesías". Todos están llamados a desarrollar y realizar personalmente esta unicidad e irrepetibilidad, y a no volver a repetir mas lo ya realizado por otro, por muy grande que fuese ésta persona.

Ya viejo, el sabio Rabí Bunam dijo un día: <<No me cambiaría por el padre Abrahán Qué le reportaría a Dios si el patriarca Abrahán se convirtiera en el ciego Bunam y el ciego Bunam en Abrahán?>>. La misma idea ha sido expresada con mayor agudeza por el Rabí Sussja, quien a punto de morir exclamó: <<En la vida Futura no me preguntaran: ”Por qué no has sido Moisés?”; me preguntarán; "Porque no has sido Sussia?”>>.

Estamos ante una enseñanza basada en la inigualdad natural de las personas y la imposibilidad, por tanto, de hacerlos iguales. Todos los hombres tienen acceso a Dios, pero cada uno tiene una senda diferente. La diversidad humana, la diferenciación de sus cualidades y tendencias, es la grandeza del género humano. La universalidad de Dios consiste en la multiplicidad infinita de caminos que conducen hasta él, y cada uno de ellos está reservado a un hombre [,..]. Así, el camino a través del cual cada hombre tiene acceso a Dios le viene indicado únicamente por la conciencia de su propio sen; por el conocimiento de su especificidad y la singularidad de su existencia. <<En cada persona hay algo único que no existe en ninguna otra>> (M, Buber, Il cammino del huomo, Magnano 199o, 27-29).

 

 

Día 19

Lunes de la II Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 15,16-23

En aquellos días,

16 Samuel dijo a Saúl: - Deja que te diga lo que el Señor me ha dicho esta noche. Él le dijo: - Habla.

17 Continuó Samuel: - No es cierto que, a pesar de considerarte a ti mismo insignificante, eres el jefe de todas las tribus de Israel y que el Señor te ungió como rey de Israel?

18 El Señor te mandó a esta expedición diciéndote: "Vete y consagra al exterminio a esos pecadores amalecitas, y hazles la guerra hasta acabar con ellos".

19 Por qué no has obedecido la orden del Señor? Por qué te has lanzado sobre el botín, haciendo lo que desagrada al Señor?

20 Respondió Saúl: - !Yo he obedecido la orden del Señor! Fui a la expedición a la que él me mandó, traje a Agag, rey de Amalee, y consagré al exterminio a los amalecitas.

21 Sólo que la gente reservó del botín ovejas y vacas, las primicias de lo consagrado al exterminio, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guigal.

22 Samuel respondió: Acaso no se complace más el Señor en la obediencia a su Palabra que en holocaustos y sacrificios? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carnero.

23 La rebeldía es como un pecado de superstición, y la arrogancia, como un crimen de idolatría. Por haber rechazado la Palabra del Señor, él te rechaza a ti como rey.

 

        *" El episodio aquí narrado revela la orientación última del corazón de Saúl: busca conservar el reino siguiendo la lógica de las conveniencias políticas, antes que obedecer al Señor y hacer depender su vida de su elección. Saúl, reprendido por el profeta, disimula la culpa cometida levantando una polvareda de pretextos; justo lo contrario de lo que hará David. Éste, por el contrario, confesará abiertamente su pecado. El elemento más digno de destacar en el relato figura en la declaración de Samuel: la obediencia tiene más valor que el sacrificio. Se trata de una conquista relevante del pensamiento religioso: se pasa a valorar más la experiencia vivida que los actos de culto -que pueden estar disociados de la práctica de la fe-; se da más relieve a la actitud interior de la persona que a los actos externos. La obediencia vivida con amor será el elemento que caracterice la ofrenda sacerdotal y existencial de Jesús.

 

 

Salmo Responsorial

R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

Salmo 49, 7,14,15,22 y 23

7 <<Escucha, pueblo mío, voy a hablarte;

—yo soy Dios, tu Dios—.

14 Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,

 cumple tus votos al Altísimo

15 e invócame el día del peligro:

 yo te libraré, y tú me darás gloria.

22 Atención los que olvidáis a Dios,

 no sea que os destroce sin remedio.

23 El que me ofrece acción de gracias, ese me honra;

 al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios>>.

 

 

Evangelio: Marcos 2,18-22

18 Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decir a Jesús: - Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y los tuyos no?

19 Jesús les contestó: - Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no tiene sentido que ayunen.

20 Llegará un día en el que el novio les será arrebatado. Entonces ayunarán.

21 Nadie cose un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo, porque lo añadido tirará de él, lo nuevo de lo viejo, y el rasgón se hará mayor.

22 Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos, porque el vino reventará los odres y se perderán vino y odres. El vino nuevo en odres nuevos.

 

 

        **• El ayuno no está valorado como una práctica en sí misma, sino en relación con el significado que puede adquirir dentro del contexto de referencia en que se practica.

        Los discípulos de Juan el Bautista ayunaban para prepararse para la llegada inminente del juicio divino; el pueblo se abstenía de tomar alimento en el "Día de la Expiación" (Kippur) o en el día en que se recordaba la destrucción del templo. Esa práctica devota subraya una actitud interior y ayuda a conservarla. El espíritu religioso que inducía a practicar el ayuno, en ocasiones con cierta frecuencia, como es el caso de los fariseos, impulsa a Jesús a suspenderlo, realizando así un signo profético voluntariamente provocador. Dado que él mismo introduce en el mundo el tiempo glorioso de las nupcias entre Dios, el esposo, y su pueblo, la esposa, no tiene sentido reiterar un signo que recuerda el luto.

        El signo que conviene aquí, por el contrario, es el del banquete alegre. El ayuno, estrictamente ligado a poner de relieve la fortuna de la presencia de Jesús, ha sido restablecido en el tiempo de la Iglesia. La razón de ello es que la expectativa del Reino exige durante su curso la confrontación dolorosa con las fuerzas del mal, una confrontación que estalló ya, además, en el momento en el que el Esposo fue arrebatado. Las afirmaciones posteriores sobre el vestido y sobre el vino nos invitan a comprender la novedad introducida por el Evangelio y confirman el signo de la suspensión del ayuno.

 

MEDITATIO

        La Palabra del Señor nos pone hoy en guardia: !cuidado con administrar la relación "religiosa" según nuestra necesidad particular de seguridad! Podríamos darnos cuenta de que interpretamos la Escritura con el criterio de la racionalidad para protegernos de su propuesta de radicalismo, que nos descoloca. O bien podríamos descubrir que "usamos" el culto como mampara para poner a cubierto una presunta santidad construida a nuestra propia medida.

        El Señor nos recuerda hoy, de manera inequívoca, que la relación con él sólo es auténtica cuando se modula sobre la obediencia. Ésa es la única seguridad. Obedecer a Dios significa estar con el corazón y la mente abiertos, dispuestos a vibrar con todo soplo del Espíritu, prefiriéndolo a nuestro "sentido común"; disponibles para comprobar la consistencia de nuestras formas exteriores habituales de expresar la fe y para convertirnos a una mayor autenticidad, comprometiendo en ella nuestra vida. Dios se entrega del todo, de modo imprevisible, sorprendente. Somos capaces de mostrarnos acogedores y dispuestos a adherirnos a su Novedad?

 

 

ORATIO

        Señor Jesús, tú que fuiste obediente en todo al Padre, enséñame a no buscar mi voluntad, sino la suya. Hazme comprender que eso no significa abdicar de mi capacidad de elección, sino vivir con libertad y gratuidad el don que soy. Me resulta fácil, Señor, encontrarme a mis anchas en la lógica, incluso religiosa, que me he construido y considerar como "hereje" a quien no la sigue...

        Que yo madure, Señor, al calor de tu Espíritu, la inteligencia de mi corazón, para no encerrarme en mis razonables certezas y permanecer abierto a las exigencias de tu Palabra, novedad inagotable.

 

 

CONTEMPLATIO

        Los hombres sabios y de gran ánimo ponen su cabeza, con humildad, bajo el yugo de la obediencia, pero los tontos se lo sacuden y no se adaptan a obedecer. Considero más importante obedecer por amor de Dios a quien está por encima de mí que obedecer al Creador mismo, aunque anunciara directamente a alguien su voluntad. Los que han puesto la cabeza bajo el yugo de la obediencia y, a continuación, diciendo que pretenden seguir la vía de la perfección, se lo sacuden, dan signos de que en el fondo de su alma se esconde una gran soberbia (Egidio di Assisi, / detti, Milán 1964, pp. 128ss).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "La obediencia vale más que el sacrificio" (1 Sm 15,22).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El Señor no viene a limitarnos, a despojarnos; es más, hace que, adhiriéndonos a él, podamos crecer. Revelándose como el Dios-amor, invita a nuestra libre voluntad para que dé una respuesta que sea obediencia de fe y de amor. [...]

        El espíritu filial que anida en nosotros nos hace verdaderamente capaces de llamar al Padre y obedecerle. Si en algunas ocasiones nos mostramos como niños caprichosos, no ha de asaltarnos ningún temor: el Padre sabe mostrarse paciente y corregir con amor. Acepta como una gran cosa cualquier pizca de buena voluntad y de santo deseo que vea en el fondo de nuestro corazón, bajo la áspera corteza de nuestra naturaleza indisciplinada y esquiva. A través de los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, se entreteje la voluntad de Dios como una tela. Es preciso que esta tela no tenga desgarros. Si los hay -ningún hombre es justo ante Dios-, éste es el remedio: la penitencia, el sacramento de la reconciliación. [...]

        Ahora bien, cómo distinguir de manera adecuada la voluntad de Dios de la nuestra? No siempre resulta fácil. La experiencia de los que nos han precedido en el camino de la fe y de la obediencia nos enseña que, a menudo, la voluntad de Dios requiere un sí impregnado de renuncia y sufrimiento, la superación de nuestras propias inclinaciones y un confiado abandono que, para la lógica humana, puede parecer deserción del uso de nuestra propia razón y de nuestras propias capacidades. El paso se da en la oscuridad e incluso en la aridez o la repulsa, aunque podemos estar seguros, por la fe, de que en ese caso cumplimos de manera más libre la voluntad de Dios antes que la nuestra (A. M. Cánopi, Sí, Padre, Milán 1999, pp. 69 y 77ss).

 

Día 20

Martes de la II Semana del Tiempo Ordinario

San Sebastián, mártir

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 16,1-13

En aquellos días,

1 el Señor dijo a Samuel: - Hasta cuándo vas a estar llorando por Saúl, si yo lo he rechazado como rey de Israel? Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Yo te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque me he elegido un rey entre sus hijos.

2 Samuel preguntó: - Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me mata. El Señor le contestó: - Llevarás contigo una ternera y dirás: "He venido para ofrecer un sacrificio al Señor".

3 Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que tienes que hacer; me ungirás al que yo te diga.

4 Samuel hizo lo que le había dicho el Señor. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron preocupados a su encuentro y le dijeron: - Es para bien tu venida?

5 Respondió: - Sí, he venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio. Él purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrifico.

6 Al entrar ellos, vio a Eliab y se dijo: "Seguramente, éste es el ungido del Señor".

7 Pero el Señor dijo a Samuel: - No te fijes en su aspecto ni en su gran estatura, que yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como la del hombre: el hombre ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón.

8 Después, Jesé llamó a Abinadab y le hizo pasar delante de Samuel, que dijo: - Tampoco es éste el elegido del Señor.

9 Jesé hizo pasar a Sama, pero Samuel dijo lo mismo: - Tampoco es éste el elegido del Señor.

10 Jesé hizo pasar a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel le dijo:

- A ninguno de éstos ha elegido el Señor.

11 Entonces, Samuel preguntó a Jesé: - Son éstos todos tus muchachos? Él contestó: - Falta el más pequeño, que está guardando el rebaño. Samuel le dijo: - Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que haya venido.

12 Jesé mandó a por él. Era rubio, de hermosos ojos y de buena presencia. El Señor dijo: - Levántate y úngelo, porque es éste.

13 Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en presencia de sus hermanos. El espíritu del Señor entró en David a partir de aquel día. Samuel se puso en camino y volvió a Rama.

 

 

        **• Samuel, afligido por el fin miserable de Saúl, representa al hombre desalentado que añora el pasado y se deja dominar por el abatimiento. Dios le anima y emprende con él una nueva historia. El profeta, de manera semejante a Abrahán, debe partir sin saber a dónde  va, mostrándose disponible a las indicaciones de la voluntad de Dios que se le manifiesten. El Señor no nos rechaza ni nos vuelve la espalda. Dios actúa con absoluta libertad, suscitando la sorpresa. Sólo Él conoce el corazón de los hombres y los valora con verdad. Y no sólo esto: también puede actuar a través de personas desaventajadas, por motivos sociales, culturales e incluso por motivos morales (como hará con san Pablo).

 

Salmo Responsorial

R. Encontré a David, mi siervo.

Salmo 88

21 Encontré a David, mi siervo,

 y lo he ungido con óleo sagrado;

22 para que mi mano esté siempre con él

y mi brazo lo haga valeroso.

27 Él me invocará: “Tú eres mi padre,

 mi Dios, mi Roca salvadora”;

28 y lo nombraré mi primogénito,

 excelso entre los reyes de la tierra.

29 Le mantendré eternamente mi favor,

y mi alianza con él será estable.

30 Le daré una posteridad perpetua

y un trono duradero como el cielo.

 

 

 

Evangelio: Marcos 2,23-28

Sucedió que

23 un sábado pasaba Jesús por entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas según pasaban.

24 Los fariseos le dijeron: - Te das cuenta de que hacen en sábado lo que no está permitido?

25 Jesús les respondió: - No habéis leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los que lo acompañaban?

26 Cómo entró en la casa de Dios en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la ofrenda, que sólo a los sacerdotes les era permitido comer, y se los dio además a los que iban con él?

27 Y añadió: - El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.

28 Así que el Hijo del hombre también es señor del sábado.

 

 

        **• Este breve relato pretende resaltar la autoridad definitiva de Jesús. Marcos no se muestra claro en absoluto al establecer el objeto de la transgresión de los discípulos. Quizás no hubieran debido trabajar en sábado para prepararse la comida, sino haber previsto ya esto el día anterior. De todos modos, es a Jesús, más que a los discípulos, a quien se pone en tela de juicio. Por otra parte, aparece una comparación entre él y David.

        Si, por motivos superiores, el antiguo rey podía pasar por encima de la Ley, mucho más puede hacerlo Jesús. Más aún, Jesús posee una autoridad tal que puede abrogar el sábado y sustituirlo por otro día de fiesta. Todo esto no está precisado con claridad, aunque se capte con claridad en los pliegues del discurso.

 

 

MEDITATIO

        Dios se revela como el Señor del tiempo y de la historia: es libertad absoluta, no reducible a ninguna medida humana, ni siquiera religiosa. La libertad soberana de Dios coincide con su amor, un amor que se manifiesta en la predilección por los más pequeños, en mirar más allá de las apariencias, en el reconocimiento del primado de la persona humana afirmado en la creación y nunca desmentido. Me pregunto si me muestro en mi vida realmente como hijo de este Dios, si acojo su libertad esclava del amor y la hago mía.

        Las decisiones de Dios me desorientan cuando infringen -o por lo menos ponen en crisis- el statu quo. Es más sencillo referirme a reglas claras y precisas que poner en el centro a la persona, a toda persona, cada una con sus exigencias, con sus características, que pueden resultarme instintivamente desagradables, que puedo considerar inadecuadas... La Palabra de Dios me invita y me provoca hoy a ser capaz de discernir la verdad de las cosas, recordándome que Dios es Señor de todo.

 

 

ORATIO

        Ven, Espíritu Santo. Me confío a tu soplo: enséñame a moverme en los espacios de Dios, donde los pequeños son los mayores, donde la atención al otro vale más que la Ley escrita. Ayúdame a discernir lo que cuenta, más allá de cualquier apariencia, bajo cualquier resplandor inmediato, más allá de cualquier voz seductora o convincente.

        Espíritu Santo, Espíritu de la verdad, que no me quede prisionero de mis ideas sobre el hombre o sobre Dios, hasta el punto de que, por miedo a tener que modificarlas, pueda dejar de encontrar al hombre, de encontrar a Dios...

 

 

CONTEMPLATIO

        Comprendo que los más pequeños acontecimientos de nuestra vida están dirigidos por Dios. [...] Cuando nuestra buena Madre me propuso convertirme en su ayudante, lo confieso, hermano, me quedé vacilante.

        Considerando las virtudes de las santas carmelitas que me rodean, me parecía que la Madre habría servido mejor a sus intereses espirituales escogiendo a otra hermana en vez de a mí; sólo el pensamiento de que Jesús no se habría fijado tanto en mis obras imperfectas como en mi buena voluntad me hizo aceptar el honor de participar en sus trabajos apostólicos. No sabía entonces que había sido él mismo, nuestro Señor, que se sirve de los instrumentos más ineptos para llevar a cabo sus maravillas, quien me escogió (Teresa de Lisieux, Lettere, en Gli scritti, Roma 1970, p. 693 [edición española: Cartas, Editorial Monte Carmelo, Burgos 1954]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El hombre ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón" (1 Sm 16,7).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Todos los movimientos naturales están regidos por leyes análogas a las de la gravedad material. Sólo la gracia constituye una excepción. Es preciso esperar siempre que las cosas sucedan en conformidad con la gravedad, salvo intervención de lo sobrenatural.

        Gravedad. En general, lo que esperamos de los otros está determinado por los efectos de la gravedad en nosotros; lo que recibimos de ellos está determinado por los efectos de la gravedad en ellos. En algunas ocasiones (por casualidad), ambos hechos coinciden; con frecuencia, no. [...] El hombre tiene la fuente de su energía moral, así como la de su energía física (alimento, respiración) en el exterior. Por lo general, la encuentra, y eso le crea la ilusión -incluso respecto a su propio físico- de que su ser lleva en sí mismo el principio de su propia conservación. Sólo la privación hace sentir la necesidad. Y, en caso de privación, no se le puede impedir dirigirse hacia cualquier objeto comestible.

        Existe un solo remedio: una clorofila que le permita alimentarse de luz. No juzgar. Todas las culpas son iguales. Existe una sola culpa: no tener la capacidad de alimentarse de luz. Porque, una vez abolida esta capacidad, son posibles todas las culpas. Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envía. No existe el bien fuera de esta capacidad (S. Weil, L'ombra e la grazia, Milán 31 996, pp. 15-17 [edición española: La gravedad y la gracia, Editorial Trotta, Madrid 1994]).

 

Día 21

Santa Inés, virgen y mártir

        La Depositio martyrum es el primer documento donde se menciona el culto a santa Inés en Roma, en la vía Nomentana, el 21 de enero. Impaciente por sacrificarse a Cristo, la niña murió mártir cuando apenas tenía doce años de edad, en ía segunda mitad del siglo (ti o, más probablemente, a comienzos del IV. Su nombre, Inés, que viene de Agnes ("agnella", "corderita") y es la transcripción latina del adjetivo griego hagné ("pura", "casta"), fue presagio de su mismo martirio. San Ambrosio en el De Virginibus y en el carmen, el papa Dámaso en el célebre epígrafe y Prudencio en el XIV himno del Perístéphanon presentan versiones que contrastan sobre el suplicio que se le infligió, aunque están de acuerdo en la edad y en el doble mérito de la joven santa.

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 17,32-33.37.40-51

En aquellos días,

32 David dijo a Saúl: - Que nadie se desanime a causa de ese filisteo. Tu siervo irá a batirse con él.

33 Saúl le respondió: - Tú no puedes ir a batirte con ese filisteo, porque eres un muchacho, mientras que él es un guerrero desde su juventud.

37 Pero David le replicó: - El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las zarpas del oso, me librará de las manos de ese filisteo. Entonces Saúl le dijo: - !Vete, y que el Señor te ayude!

40 Tomó su cayado, escogió en el torrente cinco cantos bien lisos y los metió en su zurrón, y con la honda en la mano se dirigió hacia el filisteo.

41 El filisteo se iba acercando poco a poco a David, precedido de su escudero.

42 Al ver a David, se burló de él, porque era joven, rubio y de buena presencia.

42 El filisteo dijo a David: - Es que soy un perro, para que vengas contra mí con un cayado?

43 Y maldijo a David invocando a sus dioses.

44 Después, le dijo: - Acércate, que yo daré tus carnes a las aves del cielo y a las bestias del campo.

45 David le respondió: - Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien tú has desafiado.

46 Hoy mismo te entregará el Señor en mi poder, te mataré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo daré tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo como pasto a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. Toda la tierra sabrá que Israel tiene un Dios.

47 Y toda esa multitud aprenderá que el Señor no salva con espada ni con lanza; él es el Señor de la guerra y os entregará en nuestro poder.

48 Cuando el filisteo se dispuso a avanzar contra David, éste salió corriendo a su encuentro,

49 metió la mano en el zurrón y cogió una piedra; la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra.

50 Así, con la honda y la piedra, venció David al filisteo. Lo mató de un golpe, sin empuñar la espada.

51 David fue corriendo hasta donde estaba el filisteo, le sacó la espada de la vaina, lo remató y le cortó la cabeza. Los filisteos, al ver muerto a su héroe, se dieron a la fuga.

 

 

        **• El choque entre los que se desafían es interpretado como una confrontación entre el Dios vivo y los dioses impotentes, de suerte que se pueda reconocer con claridad la presencia activa de Dios e invitar a todos al reconocimiento de su esplendor. La perícopa pone de relieve tres elementos: la fe de David, que hace frente a una situación ignominiosa para el pueblo y para la fe en Dios; la impotencia del muchacho, pero también su fe en la Providencia (experimentada ya en muchas ocasiones); el contenido religioso del desafío que se basa en la confrontación entre los dioses y el único Dios verdadero. De este modo, aparece con toda nitidez que una fe auténtica puede hacer frente y solucionar las dificultades más erizadas.

 

 

Salmo Responsorial

R. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!

Salmo 143

1 Bendito el Señor, mi Roca,

 que adiestra mis manos para el combate,

 mis dedos para la pelea;

2 mi bienhechor, mi alcázar,

 baluarte donde me pongo a salvo,

 mi escudo y refugio,

 que me somete los pueblos.

3 Señor, ¿qué es el hombre

para que te fijes en él?

¿Qué los hijos de Adán

para que pienses en ellos?

4 El hombre es igual que un soplo;

 sus días, una sombra que pasa.

 

 

Evangelio: Marcos 3,1-6

En aquel tiempo,

1 entró de nuevo Jesús en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano atrofiada.

2 Le estaban espiando para ver si lo curaba en sábado y tener así un motivo para acusarle.

3 Jesús dijo entonces al hombre de la mano atrofiada: - Levántate y ponte ahí en medio.

4 Y a ellos les preguntó: - Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla? Ellos permanecieron callados.

5 Mirándoles con indignación y apenado por la dureza de su corazón, dijo al hombre: - Extiende la mano. Él la extendió, y su mano quedó restablecida.

6 En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para planear el modo de acabar con él.

 

 

        **• Se nos da a conocer en este texto la quinta y última controversia de Jesús con sus adversarios. El clima ha degenerado: el Maestro parece indignado y amargado; sus interlocutores se muestran obstinados y rencorosos, hasta proyectar la eliminación física de su adversario.

        Por una parte, Jesús lleva a cabo con una fidelidad extrema su ministerio profético, haciendo frente de manera valiente a la situación (vuelve a entrar en la sinagoga, pone al enfermo en el centro de la sala, continúa proponiendo una institución sabática que esté al servicio del hombre); por otra, se rechaza toda incitación a reconsiderar su figura y a plantear la posibilidad de la autenticidad de su mensaje. El drama vivido en esta ocasión se repetirá más veces hasta el final. Hacer bien al hombre le cuesta a Dios la eliminación de su propio Hijo.

 

 

MEDITATIO

        La Palabra de Dios nos habla hoy de victoria: la victoria de David sobre el filisteo; la de Jesús sobre la parálisis del hombre y sobre la interpretación opresiva de la Ley por parte de los fariseos. La victoria es el desenlace positivo de una lucha: en los episodios que nos ha presentado la Escritura podemos leer nuestras experiencias personales de lucha.

        Es posible que en alguna ocasión nos hayamos encontrado en situaciones que hemos sentido como superiores a nosotros; tal vez, hemos sentido que nos encontrábamos en dificultades que se presentaban como superiores a nuestras fuerzas, frente a las que considerábamos inadecuados los medios que estaban a nuestra disposición. O bien nos hemos sentido en alguna ocasión bloqueados, incapaces de actuar, condenados a la impotencia, reducidos a objetos de la fría conmiseración de los otros.

        La Palabra del Señor nos alcanza, precisamente, en situaciones de este tipo y nos invita a atrevernos a lo que a nosotros nos parece imposible: a atrevernos en el nombre del Señor, esto es, contando con su fuerza, con la capacidad que él nos comunica con su Espíritu.

        Es preciso que nos expongamos tal como somos, con nuestros escasos medios, con nuestros límites, con nuestras parálisis; es preciso que entremos en juego sin esperar ser idóneos para hacerlo. Y pase lo que pase.

        Y contra toda previsión razonable, la lucha se convierte en victoria, una victoria que, para nosotros –y tal vez también para los que tenemos cerca-, tiene la forma de la liberación de las presuntas o reales esclavitudes interiores.

 

ORATIO

        Te alabo, Señor, porque me invitas continuamente a crecer, a dar un paso adelante y, a continuación, otro más. No hay impedimentos de talla: tú me has creado para que fuera una persona viva, y nada puede ser obstáculo para tu proyecto.

        Te alabo porque me liberas de todo miedo que me bloquee, de todo sentido de inferioridad que me paralice: cuando acojo tu Palabra dispuesto a darle cuerpo en mi vida, sin reservas, me doy cuenta de que sales victorioso en mí.

        Te alabo porque también en mí y a través de mí continúas obrando tus maravillas de amor, de bien, de vida, y llevas la liberación a otros hermanos.

 

 

CONTEMPLATIO

        Te muestro un camino espiritual que no necesita fatiga o lucha del cuerpo, aunque exige fatiga del alma, atención del intelecto y pensamiento vigilante, y se sirve del auxilio del temor y del amor de Dios. Con este método podrás poner en fuga fácilmente a toda la falange de los enemigos, como el bienaventurado David –uno solo- mató al gigante de los filisteos mediante la fe y la confianza en Dios. [...] Si quieres conseguir la victoria y poner en fuga fácilmente a la falange de los filisteos espirituales, entra en ti mismo mediante la oración y la sinergia de Dios, sumérgete en las profundidades del corazón, localiza a estos tres poderosos gigantes del diablo, a saber: el olvido, el descuido y la ignorancia, apoyo de los filisteos espirituales. (Marcos el Asceta, Lettera al Monaco Nicola, en La Filocalia, Turín 1982,1, pp. 225ss [edición española: La filocalia de la oración de Jesús, Sígueme, Salamanca, '1998]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Yo voy contra ti en nombre del Señor" (1 Sm 17,45).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        En mi clase -cuenta en una carta [su autora es Rose, una muchacha ugandesa de diecinueve años, estudiante de una escuela media superior]- se sentaban conmigo en el mismo banco cinco muchachas bagando [la tribu más importante del sur del país, situada en la región de Kampala]. Un día decidieron echarme. Llamaron a sus amigas bagando y ocuparon mi sitio. Cuando llegué, empezaron a insultarme diciendo que era buciga y que toaos los buciga, los batolo y los balongo [todas ellas tribus del norte] debían volverse a su tierra. Entonces intervino una muchacha del norte: "Si es así, cómo es posible que estemos en el poder? No veis que no habéis conseguido ni siquiera gobernar vuestro propio territorio? Salvo prueba en contrario, el presidente no es bagando" [Obote, que gobernaba por entonces en Uganda, pertenecía, en efecto, a la tribu de los lango, tribu del norte].

        Inmediatamente después -prosigue el relato de Rose-, se produjo una agitación en la clase. La muchacha del norte estaba decidida a llegar a las manos y me invitó a que la acompañara. "!Vamos a pegarles!", me dijo. Yo la retuve. "No, no debemos comportarnos como ellas. "Perdónales, poraue no saben lo aue hacen". Acaso somos diferentes nosotras de ellas? Es posible que alguna tenga tres ojos y las otras dos? Acaso no somos hijas del mismo Creador?". La invité a que rezara conmigo, a fin de que el Señor cambiara sus corazones. Pasado este episodio, busqué otro sitio, pero después me pregunté: "Por qué no escapó Jesucristo cuando fue insultado por la gente, sino que se quedó con ellos? Yo, sin embargo, estoy huyendo de estas muchachas porque me insultan. Cómo podrán darse cuenta de que las quiero bien?".

        Regresé y volví a sentarme detrás de ellas. Dirigí una plegaria en silencio a María y también las muchachas permanecieron tranquilas. Durante el recreo, intenté saludar y hablar con una de ellas. Cuando llegué a casa, le pedí a la Virgen María que cambiara el corazón de mis condiscípulos. Al volver a la escuela, una de ellas, llamada Angela, se levantó y me preguntó: "Cómo estás, Rose?". Respondí a su saludo de manera cordial. Las otras estudiantes se quedaron estupefactas al ver que Angela me saludaba, y me dijeron: "Es posible que esa muchacha quiera darte veneno. No vayas con ella". Yo recé con el corazón y empecé a conversar y a jugar con ellas. Una muchacha se les acercó y dijo: "Por qué jugáis con ella? No sabéis que es una guerrillera?". Yo le respondí que todos éramos criaturas de Dios. Toda la clase se quedó sorprendida al verme jugar con ellas y vernos amigas. Si alguna trae dulces o avellanas, las comparte con las otras, y yo hago lo mismo. Cuando otras estudiantes preguntan el porqué, mis amigas responden: "Lo pasado, pasado. Rose nos ha dicho que todos somos criaturas de Dios, y es verdad" (E. Castelli, La difficile speranza, Milán 1986, pp. 49ss [edición española: Uganda: la difícil esperanza, Encuentro, Madrid 1987]).

 

Día 22

San Vicente, diácono y mártir

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 18,6-9;19,1-7

En aquellos días,

18,6 cuando volvían, después de haber matado David al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían cantando y danzando al encuentro del rey Saúl al son alegre de panderos y arpas.

7 Y las mujeres cantaban a coro: "Saúl mató a mil, David a diez mil".

8 Saúl se irritó mucho y, muy airado por estas palabras, decía:

- A David le dan diez mil y a mí me dan mil; ya sólo le falta ser rey.

9 Y a partir de aquel día, Saúl miró a David con malos ojos.

19,1 Saúl comunicó a su hijo Jonatán y a todos sus servidores su intención de matar a David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, que quería mucho a David,

2 se lo fue a decir: - Saúl, mi padre, trata de matarte. Así que estáte alerta mañana por la mañana; vete a un lugar oculto y escóndete.

3 Yo saldré y estaré al lado de mi padre en el campo donde tú estés. Hablaré de ti a mi padre para ver lo que piensa, y te informaré.

4 Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo: - !Que el rey no ofenda a su siervo David! El no te ha ofendido; al contrario, sus acciones te han sido muy útiles.

5 Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor dio una gran victoria a todo Israel. Tú mismo lo viste y te alegraste. Por qué has de hacerte responsable de la muerte de un inocente matando a David sin motivo?

6 Saúl escuchó las palabras de Jonatán e hizo este juramento: - !Juro por el Señor que no morirá!

7 Jonatán llamó a David y le contó todo esto; después, le llevó ante Saúl, y David estuvo a su servicio como antes.

 

 

        *•• Los versículos de la primera parte de la lectura, extrapolados del capítulo 18, narran la irrupción de un agudo sentimiento de celos por parte del rey Saúl contra David. En compensación, surge la gracia divina, que actúa ahora de modo claro en la vida de David; gracias a su valor, se está afirmando como el elegido del Señor. Saúl, por el contrario, se muestra más interesado por su prestigio personal que por el beneficio de la nación a la que debería servir.

        Los versículos tomados del capítulo 19 presentan, sin embargo, la mediación llevada a cabo por Jonatán ante Saúl. Impulsado por la gran amistad que ha entablado con David, Jonatán consigue superar el espíritu de servilismo y de autodefensa que reina ahora en la corte. Una pasión movida por la envidia arremete al consagrado del Señor y una pasión movida por la amistad lo salva. A través de nuestras pasiones pasan grandes males y grandes bienes. El Señor puede obrar también a través de ellas. Por nuestra parte, es necesario que no las dejemos abandonadas a sí mismas, sino que las pongamos al servicio de un proyecto de amor.

 

 

Salmo Responsorial

R. En Dios confío y no temo.

Salmo 55

4 En el día terrible, yo confío en ti.

5 En Dios, cuya promesa alabo,

en Dios confío y no temo:

¿qué podrá hacerme un mortal?

11 En Dios, cuya promesa alabo,

en el Señor, cuya promesa alabo,

12 en Dios confío y no temo;

¿qué podrá hacerme un hombre?

13 Te debo, Dios mío, los votos que hice,

los cumpliré con acción de gracias;

14 porque libraste mi alma de la muerte,

mis pies de la caída;

para que camine en presencia de Dios

a la luz de la vida.

 

 

Evangelio: Marcos 3,7-12

En aquel tiempo,

7 Jesús se retiró con sus discípulos hacia el lago y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea,

8 de Jerusalén, de Idumea, de TransJordania y de la región de Tiro y Sidón acudió a él una gran multitud, al oír hablar de lo que hacía.

9 Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le preparasen una barca, para que no lo estrujaran,

10 pues había curado a muchos, y cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle.

11 Los espíritus inmundos, cuando le veían, se postraban ante él y gritaban:

- Tú eres el Hijo de Dios.

12 Pero él les prohibía enérgicamente que lo descubriesen.

 

 

        *•• Con el pasaje de hoy se abre una nueva sección narrativa (Mc 3,7-6,6) que tiene como escenario de fondo el espacio abierto, mientras que en la precedente se desarrollaban los hechos en la sinagoga o en zonas relacionadas con ella. La actividad de Jesús se propaga; ya no es en absoluto un desconocido, y suscita sensación.

A pesar de este ensanchamiento del horizonte, el entusiasmo acogedor, aunque bastante poco arraigado y profundo, se irá amortiguando hasta convertirse en una actitud de estupor incrédulo (6,6). Entre tanto, Jesús se está preparando una nueva familia compuesta por personas que muestran una disponibilidad más auténtica respecto a él, e inicia una enseñanza particular dirigida a los discípulos.

        La lectura de hoy presenta un eco de la resonancia obtenida por Jesús, que ahora se ha convertido en el centro de la atención. Tiene que defenderse de su misma fama y, por otra parte, no quiere ponerse al servicio de intereses personales, sino al servicio de Dios. Por eso ordena a los demonios que se callen: no tiene que ser considerado como un curandero, sino como el enviado del Padre, que cuenta, recurriendo a todo tipo de experiencias, lo que Dios da a conocer de sí mismo y lo que pide a los hombres, más dispuestos a buscarse a sí mismos que a Dios, incluso en sus actos más clamorosamente religiosos.

 

 

MEDITATIO

        Pasamos con frecuencia por la experiencia de la incomprensión, del equívoco, de los malentendidos. Alguien dice una palabra, hace un gesto atribuyéndole un significado y el interlocutor percibe otro. Sobre esta base se forma una opinión, emite un juicio, elabora unos criterios de valoración. !Cuánto sufrimiento se sigue de ahí en ocasiones! Nos sentimos interpretados, no nos sentimos reconocidos ni acogidos en nuestra propia verdad, y eso duele. Y todavía más cuando nos damos cuenta de que nos convertimos en objeto de envidia o celos por el simple hecho de ser como somos. La experiencia de David nos muestra la oportunidad, por lo que a nosotros respecta, de buscar un camino adecuado para proyectar luz en los meandros del corazón, allí donde los celos generan incomprensión.

        El ejemplo de Jesús nos sugiere que no hemos de replegarnos en nosotros mismos, que no hemos de encerrarnos en actitudes de resentimiento y un tanto victimistas. Nos invita, más bien, a continuar recorriendo nuestro camino, sin pretender aclaraciones a toda costa, creyendo que, de todos modos, la verdad acabará triunfando y, antes o después, se impondrá por sí misma. Ahora bien, la Palabra del Señor nos invita también hoy a proyectar luz en nuestro propio corazón; tal vez también nosotros, como Saúl, nos encontremos desviados por el temor de perder prestigio y poder; como la muchedumbre, busquemos a Jesús sólo por obtener ventajas materiales de su presencia. Éste es el momento oportuno para que aparezca la verdad.

 

ORATIO

        Hoy no sé cómo dirigirme a ti, Dios mío, y es que me reconozco en el celoso Saúl, aunque también en el ignorante David. Por eso te pido un corazón grande, te invoco para que seas en mí luz de verdad. Sí, Dios mío, tal vez precisamente por eso tengo una gran necesidad de ser como esos discípulos tuyos que van detrás de ti sin otro motivo que aprender a ser como tú eres.

        Oh luz verdadera, que vea yo el camino justo que he de recorrer y no me desvíe, aunque eso pueda atraerme enemistades. Oh amor de todo amor, que no se me endurezca el corazón, sino que sepa acoger el bien y el éxito de los otros, celebrar su alegría, reconocer en ellos la belleza de tu presencia activa.

 

 

CONTEMPLATIO

        Amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo que se abstengan las hermanas de toda soberbia, vanagloria, envidia, avaricia, preocupación y solicitud por este mundo, de la difamación y la murmuración, de la discordia y de la división. Sean, en cambio, solícitas para conservar siempre, recíprocamente, la unidad de la caridad mutua, que es el vínculo de la perfección (Clara de Asís, Regola, en Fonti Francescane, Padua 31982, 2.262 [edición española: Escritos de Santa Clara y documentos complementarios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1999]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Enséñame, Señor, a alegrarme del bien" (cf. 1 Sm 19,5).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El temor y la hostilidad no se limitan a los encuentros con los desvalijadores, con los drogadictos o con los anormales. En un mundo invadido por la competición, incluso aquellos que se encuentran muy cerca los unos de los otros, como los compañeros de escuela o de equipo, los actores de una misma compañía, los colegas de trabajo, están infectados por el miedo y por la hostilidad si se sienten, recíprocamente, como una amenaza a la seguridad intelectual o profesional. Muchos de los espacios creados para acercar a la gente y ayudarla a formar una comunidad pacífica degeneran en campos de batalla mental. Los estudiantes en las aulas, los profesores en las reuniones, el personal en los hospitales y los miembros de proyectos comunes se sienten a menudo paralizados por una mutua hostilidad, incapaces de llevar a cabo sus objetivos a causa del miedo, de la sospecha e incluso de una agresión abierta. En ocasiones, las instituciones creadas expresamente para dar vida a un espacio y a un tiempo libres -donde desarrollar las preciosas potencialidades humanas- han terminado siendo tan dominadas por el espíritu de defensa que las mejores ideas y las opiniones más válidas no llegan a expresarse. [...]

        Una gran parte de nuestro mundo se asemeja a un escenario donde la paz, la justicia y el amor son recitados por actores dispuestos, a continuación, a mutilarse unos a otros con una hostilidad recíproca. No hay acaso médicos, sacerdotes, abogados, asistentes sociales, psicólogos y consejeros espirituales que han empezado su actividad con un profundo deseo de servir y, muy pronto, se han convertido en víctimas de una intensa rivalidad y hostilidad tanto en el ámbito personal como en el social? Ministros del culto y sacerdotes que proclaman la paz y el amor desde el pulpito son, después, incapaces de encontrarse cuando se sientan a la mesa en la casa parroquial. Asistentes sociales que intentan resolver litigios familiares se enfrentan con los mismos conflictos en su propia casa. Cuántos de nosotros no estamos agitados por una aprensión interna porque nos sentimos afligidos por los mismos dolores que quienes piden nuestra ayuda?

        Sin embargo, precisamente esta paradoja podría proporcionarnos la facultad que nos permitiría curar. Tras haber visto y reconocido, sin posibilidad de duda, nuestras hostilidades y nuestros  miedos en los otros, podremos estar en condiciones de sentir, desde dentro, el polo hacia el que nos queremos conducir no sólo a nosotros mismos, sino también al prójimo. [...] Apenas hayamos adquirido la sensibilidad necesaria para entrever los dolorosos contornos de nuestra hostilidad, estaremos en condiciones de identificar lo opuesto, hacia lo que estamos llamados a desplazarnos: la hospitalidad. [...] Hospitalidad significa, principalmente, creación de un espacio libre donde pueda entrar el extraño para convertirse en amigo en vez de en enemigo. Hospitalidad no significa cambiar a las personas, sino ofrecerles un espacio donde pueda tener lugar el cambio (H. J. M. Nouwen, Viaggio spirituale per l'uomo contemporáneo, Brescia 1998, pp. 63-65).

 

Día 23

San Ildefonso, obispo

LECTIO

Primera lectura: 1 Samuel 24,3-21

En aquellos días,

3 Saúl tomó consigo tres mil hombres escogidos en todo Israel y marchó en busca de David y de su gente hasta las Rocas de las Gamuzas.

4 Cuando llegó a los rediles de las ovejas que hay junto al camino, Saúl entró para hacer sus necesidades en una cueva que hay allí. David y sus hombres estaban en el fondo de la cueva.

5 Los hombres de David le dijeron: - Mira, éste es el día al que se refería el Señor cuando te dijo: "Yo entrego a tu enemigo en tu poder; trátale como te parezca". David se levantó y cortó sigilosamente la orla del manto

de Saúl.

6 Después empezó a latirle fuertemente el corazón por haber cortado la orla del manto de Saúl.

7 Y dijo a sus hombres: - Dios me libre de hacerle daño alguno, porque él es el ungido del Señor.

8 Con estas palabras, David reprimió a sus hombres y no les permitió lanzarse sobre Saúl. Saúl salió de la cueva y prosiguió su camino.

9 Después se levantó David, salió de la cueva y se puso a gritar detrás de él: !Mi señor! !Majestad! Saúl miró hacia atrás y David cayó rostro en tierra y se postró.

10 Después dijo a Saúl: - Por qué haces caso a la gente que dice que David busca tu ruina?

11 Hoy mismo puedes ver con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos en la cueva. Me incitaron a matarte, pero yo te he respetado, pues me dije: "No haré daño alguno a mi señor, porque él es el ungido del Señor".

12 Mira, padre mío, mira la orla de tu manto en mi mano. Puesto que he cortado la orla de tu manto y no te he matado, reconoce y comprueba que no hay en mí maldad ni rebeldía y que no he pecado contra ti. Tú, en cambio, intentas a toda costa quitarme la vida.

13 Que el Señor sea nuestro juez y que Él me vengue de ti, pero yo no te tocaré.

14 Como dice el viejo proverbio: "De los malos, la malicia". Pero yo no te tocaré.

15 Contra quién ha salido el rey de Israel? A quién persigues? !A un perro muerto, a una pulga!

16 Que el Señor juzgue y pronuncie sentencia entre nosotros dos. Él examinará, defenderá mi causa y me librará de tu poder.

17 Cuando David terminó de decir estas palabras a Saúl, éste dijo: - Es ésa tu voz, David, hijo mío? Saúl se puso a llorar

18 y dijo a David: - Tú eres inocente y yo no, porque tú me has hecho el bien y yo te hecho el mal.

19 Hoy has demostrado que te portas bien conmigo, pues el Señor me puso en tus manos y no me mataste.

20 Cuando alguien encuentra a su enemigo, lo deja continuar tranquilo su camino? Que el Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo.

21 Ahora reconozco que tú serás rey y que la realeza de Israel será estable en tus manos.

 

 

        **• El acto de benevolencia ejercido por David respecto a su adversario, más que un gesto de perdón, es un acto de fe en la acción providencial de Dios, justo juez, que intervendrá para defender, a su tiempo y a su modo, a su "pobre" que es ahora perseguido. La comparación entre ambos pone de relieve, con una enorme claridad, la diversa calidad de los personajes y hace aún más evidente el motivo del repudio de uno y de la elección de otro.

        David, como guerrero y político, ha sentido la tentación de eliminar a su adversario, que ha caído a merced de sus manos, pero se retiene, sabiendo que su vida está guiada por el Señor; no es él quien debe garantizarse su propio futuro a toda costa, incluso cediendo al mal, sino esperarlo pacientemente de Dios. Saúl, por el contrario, quiere tomar las riendas él mismo, hasta el punto de pretender forzar los acontecimientos y planear incluso un crimen, en caso de que le parezca conveniente. Ahora Saúl, observando la diferente calidad de la perspectiva de vida elegida por David con respecto a la suya, puede intuir que es precisamente David alguien con el que Dios puede contar y que la gracia presente en la vida del muchacho héroe le hace capaz de realizar una mejor "justicia" también en las relaciones solidarias entre los hombres.

 

Salmo Responsorial

R. Misericordia, Dios mío, misericordia.

Salmo 56

2 Misericordia, Dios mío, misericordia,

 que mi alma se refugia en ti;

 me refugio a la sombra de tus alas

mientras pasa la calamidad.

3 Invoco al Dios altísimo,

 al Dios que hace tanto por mí.

4 Desde el cielo me enviará la salvación,

confundirá a los que ansían matarme;

enviará Dios su gracia y su lealtad.

6 Elévate sobre el cielo, Dios mío,

 y llene la tierra tu gloria.

 

 

Evangelio: Marcos 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús

13 subió al monte, llamó a los que quiso y se acercaron a él.

14 Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar

15 con poder de expulsar a los demonios.

16 Designó a estos doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro;

17 a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno;

18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo

19 y Judas Iscariote, el que lo entregó.

 

        *+• Jesús se constituye una nueva familia (como se sugerirá en 3,35), es decir, según su mensaje, intenta formar un grupo de personas que estén dispuestas a acogerlo, aunque también deba realizar en ellos el milagro de la conversión. Sin embargo, aun cuando al hablar de familia se quiere acentuar la relación personal y afectiva que deberá reinar entre Jesús y sus discípulos, uno a uno, el grupo recibe también de inmediato un valor estructural más amplio: son el nuevo Israel, los que constituirán los fundamentos de la futura Iglesia.

        El evangelista carga de solemnidad el hecho. Tiene lugar sobre el monte, esto es, sobre el lugar típico de la proximidad con Dios. Todo depende de la gracia, y nada de la buena voluntad de los discípulos: Cristo los llama, los elige con una soberanía absoluta, y también es él quien los "constituye" en comunidad. El grupo es convocado para que sus componentes se dirijan a él (v. 13) y, antes que nada, para estar con él (v. 14). El nuevo pueblo se constituye en torno a la persona del Señor, que se sitúa, de manera escandalosa para un judío, como referencia absoluta, asumiendo la función que debería corresponder a la Ley. Sus discípulos reciben su mismo poder de expulsar los demonios, señal de que podrán ser realmente los ejecutores plenipotenciarios en el ejercicio de la fuerza del Evangelio. Aparece, por tanto, el motivo de la misión como prioridad concomitante a la relación personal.

 

 

MEDITATIO

        No sorprenden ya las faltas de fidelidad, por lo frecuentes que son: se falta a una promesa hecha, se traiciona la confianza y la amistad, y todo ello con desenvoltura, como si formara parte de la naturaleza misma de las cosas. La sospecha casi parece obligada en las relaciones humanas, hasta el punto de qué son noticia los gestos de lealtad, que sorprenden las relaciones que se mantienen a lo largo del tiempo y que despierta admiración quien, aun a costa de sacrificios, no falta a la palabra dada.

        Si he sido creado a semejanza del Dios fiel a sus promesas, puedo acaso ser diferente de él? Hoy se me pone a David como ejemplo a quien mirar. Los apóstoles, llamados a vivir con Jesús y a compartir su misión, aprendieron que la lealtad y la fidelidad implican la entrega de sí. No son éstas prerrogativas exclusivas del cristiano; son cualidades humanas que hacen al hombre persona libre, no esclavo de los instintos caprichosos, de las emociones pasajeras y fluctuantes.

        La fe me ayuda en mi formación para la fidelidad precisamente porque me hace conocer al Dios fiel, me hace echar raíces profundas en la roca de los valores que no pasan. Y, de este modo, puedo hacer promesas que duren para siempre. Y así, como los apóstoles, en virtud de la fidelidad de Jesús, puedo comprometerme a permanecer con él para siempre. !Palabras duras en este tiempo de la cultura del instante y de lo provisional! El Señor me invita boy a redescubrir la belleza de quien compromete toda su vida por valores que ha reconocido como esenciales. No haré yo lo mismo?

 

 

ORATIO

        Señor, yo soy de los que están contigo desde hace tiempo, pero me doy cuenta de que mi corazón no late aún en sintonía con el tuyo. Tal vez, repito a veces tus palabras, pero con frecuencia no las pongo en práctica.

        Hoy quiero reconocer ante ti la lentitud -quizás también la pereza- con la que procedo para vencer al mal con el bien. Los pensamientos y los deseos de venganza me ocupan, tal vez, de una manera sutil y les doy seguimiento "golpeando" con palabras duras y gestos bruscos a aquellos por quienes me siento herido. Si no pongo en marcha la venganza es porque, a veces, no se me presenta la ocasión propicia...

        Quiero tomar conciencia, Señor, de los proyectos de revancha que formulo de manera silenciosa y convertirlos en magnanimidad. Sé muy bien, Señor, que no los llevaré a buen puerto gracias a mi destreza, sino a tu fuerza, al poder del amor que tú me comunicas y que vence al mal de cualquier modo que se manifieste.

 

 

CONTEMPLATIO

        La opción que hice de sufrir sólo por amor debes hacerla tú también si quieres ser semejante a mí. Así le complace a mi Padre. Fíjate, cuando en Getsemaní salí de la oración tan inflamado de amor, yo mismo fui al encuentro de mis enemigos. Así has de hacer tú también: sal a su encuentro, no temas. Yo fui entregado con un beso de mi amado discípulo. Así tú también debes alegrarte si eres engañada y añigida por quien te quiere bien. [...] Reconoce que tienes que estar mucho más agradecida a los te hacen el mal que a los que te hacen el bien. Aquéllos purifican tu alma, la hacen bella, graciosa, agradable en mi presencia (Camilla Battista da Varano, / ricordi di Gesú, Milán 1985, pp. 59ss).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, haz que seamos capaces de hacer el bien a quien nos hace el mal" (cf. 1 Sm 24,18).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Excelencia:

        Al enviarle el Impegno con Cristo no me esperaba ni un consentimiento ni un cumplido. [...] No pretendo imponer a otros mis puntos de vista personales; es más, gozo con las divergencias de opiniones que encaminan a la discusión y la provocan, si fuera necesario, exponiendo y defendiendo mis ideas con ese calor que sabe a "categórico", dada la poca costumbre, arraigada también entre nosotros, del hablar un tanto franco. Por otra parte, los motivos del libro no son intocables, especialmente ahora que todo es sometido a revisión con tal desconfianza en nuestras consideraciones y con tal radicalismo que nos debería preocupar más seriamente. [...]

        Su Excelencia sabe bien que no soy ni un desilusionado ni un defraudado y aue mi carrera termina con la misa. Acaso le he pedido algo a lo largo de treinta años? Acaso me he quejado de las tareas que me ha confiado? No sería más lógico pensar que si alguien habla de tal modo que pierde la benevolencia de los de fuera y de los de dentro o es un loco o está obligado a decir, con una voz  más fuerte que la que marcan las conveniencias, lo que muchos piensan y no se atreven a decir? [...] No me parece dar mala fama ni a mi diócesis ni a mi obispo; sin embargo, y no una sola vez, he oído decir de mí que "ni siquiera su obispo está contento de usted". Ahora bien, mi obispo no habrá oído que don Mazzolari haya dicho una palabra que no sea afectuosa y de admiración respecto a los suyos y a la diócesis.

        No tengo tiempo para las murmuraciones y las habladurías. Discuto las opiniones, no a las personas, y a rostro descubierto, en voz alta y con tal pasión que puede parecer "una pretensión de infalibilidad". [...] La pena que me produce no contar con su confianza es grande, pero no por eso disminuye mi veneración, y pidiéndole perdón de rodillas por mi audacia, le beso el anillo con el mismo afecto filial. Su sacerdote Primo Mazzolari (P. Mazzolari, Obedientísimo !n Cristo... Lettere al Vescovo 7077-1959, Cinisello B. 21996, pp. 153ss y 157).

 

Día 24

San Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia

 

        Nació en Thorans, un pueblecito de Saboya, en 1567, en el castillo de los señores de Sales. Educado en las virtudes cristianas por su madre, estudió, primero, con los jesuitas de París y, después, en Padua, donde se licenció en Derecho.

    Contrariamente a las expectativas de su padre, que soñaba con que fuera abogado y senador, abrazó el estado eclesiástico y se dedicó, con éxito, a la difícil evangelización de la región de Chablais. Tras ser nombrado obispo de Ginebra, vivió en Annecy, donde, además de una iluminada acción pastoral y de la dirección espiritual de muchas almas, escribió, entre otras, la muy afortunada obra Filotea y también el Teotimo o tratado sobre el amor de Dios, convirtiéndose en uno de los grandes maestros de la espiritualidad cristiana tanto para los laicos como para las personas consagradas. Junto con santa Juana de Chantal, fundó la Visitación. Murió en 1622 y fue proclamado doctor de la Iglesia en 1877.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Samuel 1,1-4.11-12.17.19.23-27

1 En aquellos días, David, que había vuelto de batir a los amalecitas, estuvo dos días en Sicelag.

2 Al tercer día, llegó un hombre del campamento de Saúl con la ropa desgarrada y la cabeza cubierta de polvo. Al llegar junto a David, se postró rostro en tierra.

3 David le preguntó: - De dónde vienes? Él respondió: - Vengo huyendo del campamento de Israel.

4 David insistió: - Qué ha pasado? Cuéntamelo. Y él contestó: - Los que luchaban se dieron a la fuga; muchos cayeron y murieron. Murieron también Saúl y su hijo Jonatán.

11 Entonces David se rasgó las vestiduras, y todos los que estaban con él hicieron lo mismo.

12 Hicieron duelo, llorando y ayunando hasta la tarde por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, que habían caído a espada.

17 David entonó esta lamentación por Saúl y por su hijo Jonatán:

19 !Ay, Israel! !Tu gloria ha sido herida sobre tus montes! !Cómo han caído los héroes!

23 !Saúl y Jonatán, tan amados y queridos! No se separaron ni en vida ni en muerte, más raudos eran que águilas, más fuertes que leones.

24 Hijas de Israel, llorad por Saúl, que tan lujosamente os vestía de púrpura y recubría con adornos de oro vuestros vestidos.

25 !Cómo han caído los héroes en medio del combate! !Jonatán, sobre tus montes herido!

26 !Qué angustia me ahoga, hermano mío, Jonatán! !Cómo te quería! Tu amor era para mí más dulce que el amor de las mujeres.

27 !Cómo han caído los héroes, cómo han perecido los guerreros!

 

        **• Emprendemos hoy la lectura del segundo libro de Samuel, tras haber leído, de una manera un tanto sumaria, el primero. El texto presenta la derrota de Saúl o, mejor, el sincero lamento de David por este triste acontecimiento.

        El canto fúnebre parece una elegía guerrera desprovista de elementos religiosos. En realidad, el acontecimiento tiene que ver, en primer lugar, con las vicisitudes del pueblo del Señor, el pueblo liberado de Egipto, constituido por una relación de alianza con Dios y suspendido siempre del hilo de su gracia y su juicio. Todos los hechos que acaecen a este pueblo influyen en su relación con Dios y con su misterio. El lamento de David es la toma de conciencia de la situación irredenta en la que vive Israel en ese momento, dependiente aún del filisteo.

        Por otra parte, el canto revela la nobleza de ánimo del elegido del Señor: preocupado por el pueblo, capaz de admitir la relativa grandeza de su adversario, capaz de sentir ternura fiel hacia su amigo Jonatán. Toda lamentación del pueblo es releída por el Señor como invocación en una dura prueba de fe.

 

Salmo Responsorial

R. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.

Salmo 79

4 Oh Dios, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

5 Señor, Dios del universo,

¿hasta cuándo estarás airado

mientras tu pueblo te suplica?

6 Les diste a comer llanto,

a beber lágrimas a tragos;

18 Que tu mano proteja a tu escogido,

al hombre que tú fortaleciste.

19 No nos alejaremos de ti:

danos vida, para que invoquemos tu nombre.

20 Señor, Dios del universo, restáuranos,

 que brille tu rostro y nos salve.

 

 

 

Evangelio: Marcos 3,20ss

En aquel tiempo,

20 volvió Jesús a casa, y de nuevo se reunió tanta gente que no podían ni comer.

21 Sus parientes, al enterarse, fueron para llevárselo, pues decían: "Está fuera de sí.".

 

        *" La presencia y la actividad del Señor, después de las primeras escaramuzas descritas en las secciones precedentes, adquieren una resonancia notable. Con todo, el clamor y la atención de la gente no conducen necesariamente a la fe. Ahora debe hacer frente Jesús a los primeros rechazos serios. En primera fila aparecen los mismos familiares y parientes, que, preocupados por el buen nombre de la familia, emprenden medidas drásticas para resolver una situación que resulta, por lo menos, embarazosa. No basta la consanguinidad para crear una simpatía con el Evangelio; es preciso formar parte de la consanguinidad por la gracia. El amigo de Dios deberá encontrar, necesariamente, aislamiento y hostilidad; a veces, le vendrá la desconfianza de donde menos podía esperarla.

 

 

MEDITATIO

        !Qué doloroso es sentirse juzgados mal por nuestros propios seres allegados! Se hacen añicos las expectativas de los familiares o de los amigos porque somos diferentes de como ellos nos habrían querido y se nos "marca" como personas extrañas, como afectadas por alguna perturbación psíquica... No es raro ser "víctimas" -o "artífices"- de un amor posesivo que no soporta que el amado sea él mismo. Se trata de una experiencia de esclavitud: somos prisioneros de nuestros propios sentimientos infantiles o de los sentimientos infantiles de los otros.

        !Qué liberadora resulta, en cambio, una verdadera relación de amistad! El amigo se muestra disponible y abierto a hacer suyos las alegrías y los sufrimientos del otro, sin segundas intenciones, sin intereses egoístas. El amigo sabe ver al otro en su verdad y no pretende plegarlo, forzarlo, asimilarlo a sí mismo. El amigo exalta la calidad del otro. El dolor de David por la muerte de Saúl y de Jonatán nos muestra la intensidad del vínculo de amistad que vivía, un vínculo que se había fortalecido a través de las dolorosas o exaltadoras vicisitudes por las que aceptó pasar. La amistad tiene como precio la entrega de nosotros mismos, una entrega continua, reafirmada en cada momento crucial de la existencia. Y tiene una ganancia inconmensurable: la experiencia del amor.

 

 

ORATIO

        Te doy gracias, oh Dios, por todos aquellos que me has dado como amigos y por todos aquellos de quienes me has hecho amigo: hombres y mujeres que, con su presencia fiel, me han hecho conocer algo de mí mismo y algo de ti.

        Te doy gracias por la alegría que han proporcionado a mis días y también por el dolor que hemos soportado juntos. Con ellos he aprendido que todo lo que comparto resulta multiplicado y que "dar" sin esperar nada a cambio se transforma en un "recibir" rebosante. Te doy gracias por todos y cada uno de mis amigos, cada uno con su particular modo de ser luz de amor y de esperanza en mi historia. Y quisiera pedirte por quienes no han conocido la amistad o ya no consiguen fiarse después de una experiencia de amistad traicionada. Hazte reconocer -siempre- a cada amigo herido tal como eres: como el Amigo. Jesús, haz resonar en el corazón de todos aquellas palabras que dijiste un día a los discípulos: "Os he llamado amigos".

 

 

CONTEMPLATIO

        [Los signos] que brotan de los corazones que aman y se sienten amados, y se expresan con la conducta, con las palabras, con la mirada y con mil gratísimos gestos, funden juntos como una llama los ánimos y de muchos hacen uno solo. Éstas son las cosas que amamos en los amigos, y las amamos de tal modo que nos sentimos culpables en conciencia si al amor no le respondemos siempre con el amor. De ahí el luto cuando muere un amigo, las tinieblas del dolor, la dulzura que se transforma en amargura, el corazón henchido de llanto y el sentido de muerte que arrebata a los vivos por la pérdida de la vida del que muere.

        Bienaventurado quien te ama y en ti ama al amigo y al enemigo en tu nombre. Sólo él, en efecto, es quien no pierde nunca a ninguna persona querida, porque quiere a todos en aquel a quien no perdemos nunca, a saber: nuestro Dios (Agustín de Hipona, Le confessione, Milán 61993, p. 132 [edición española: Las confesiones, Ediciones Palabra, Madrid 1988]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Concédeme, Señor, el bien precioso que es un amigo" (cf. 2 Sm 1,26).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        ...Después está la gracia de la amistad, el don, o el drama, de la amistad; el sufrimiento, la cruz, la búsqueda, la necesidad biológica de la amistad. [...] Fijaos en el riesgo de las soledades más pavorosas y sórdidas de los hombres que están en el poder: la soledad que sienten, a veces, los obispos, los sacerdotes... !Dios mío, qué desiertos! Todos los que están en torno al poder son amigos inútiles y enemigos terribles. No hay ni uno que sepa en quién puede confiar y en quién no; ni tú sabes distinguir cuándo son amigos verdaderos. Pensad en la soledad de un pontífice, en la soledad de un emperador... Nadie es verdadero hermano hasta que no se convierte en amigo del hermano. Y es que la amistad pertenece al orden del Espíritu, mientras que la fraternidad, la paternidad, la maternidad, la filiación y cualquier tipo de parentesco pertenecen al orden de la sangre o, al menos, también al orden de la sangre.

        Nada, nada resulta más insidioso que la sangre, nada resulta más interesado, ambiguo e incierto (al contrario que la amistad). Desconfiad de la sangre, de la familia de la sangre; desconfiad de los instintos, y también de la razón (no desconfiéis nunca de la inteligencia, ni de la sabiduría, ni de la intuición).

        Los santos son todos amigos: amigos de Dios y amigos del hombre. "!Aquél es un amigo!" "Nadie es más amigo que quien da la vida por el hermano." Lo supo David -para seguir dentro de la corriente de la Biblia- cuando perdió a Jonatán: "Jonatán... tu amistad era para mí más dulce que el amor de las mujeres. Oh montes de Gelboé, que ni el rocío ni la lluvia os bañe ni os riegue..." porque ha muerto el amigo. Lo supo Cristo, que buscó un amigo durante toda su vida y no lo encontró... (D. M. Turoldo, Amare, Cinisello B. 1990, pp. 75-77).

 

 

Día 25

III Domingo del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: Isaías 8,23-9,3

8-23b En un primer momento humilló el Señor al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero luego ha cubierto de gloria el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles.

9,1 El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierra de sombras una luz les ha brillado.

2 Has multiplicado su alborozo, has acrecentado su alegría: se alegran ante ti con la alegría de la siega, como se regocijan al repartirse un botín.

3 Porque, como hiciste el día de Madién. has roto el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el bastón opresor que los hería.

 

•• El presente anuncio de liberación se lee en el contexto histérico de la victoriosa campaña militar de Teglatfalasar, rey asirio. El texto proyecta una luz esperanzadora. Se abre con un llamativo contraste entre un pasado humillante y un futuro glorioso. <<Zabulón y Neftalí" (8,23) son dos tribus del norte con una frontera común, el monte Tabor Su territorio fue conquistado por Teglatfalasar en el año 732. Y su elite, deportada, <<humillada>> (cf Sal 136,23, donde <<humillación" se corresponde con <<exilio"), ahora es rescatada mediante un anuncio triunfal. La gloria viene representada con dos imágenes: la luz que ilumina el camino del pueblo en marcha y el gozo que se experimenta, como durante la siega o al repartirse un botín (9,2).

Al final se da el verdadero motivo de la gloria futura: una experiencia liberadora, la raíz concreta de dicha alegría. Se alude a la liberación del pesado yugo de los asirios, aun mas insoportable debido a una actitud persecutoria (<<el bastón opresor>>, 9,3). La victoria se remonta directamente a Dios (<<tú has roto"), que ha intervenido de modo inesperado y espléndido, igual que en otras ocasiones; como en el caso de Gedeón, que con la ayuda de Dios venció a los Madianitas (cf Jue 7,15-25). Un acontecimiento que hizo historia (cf Sal 83,1o; Is 1o,26) y simboliza los prodigios realizados por Dios a favor de su pueblo. La gloria de Dios se revela, convirtiéndose en gloria para su pueblo. El profeta es el gozoso heraldo de una primavera de vida que tiene su origen en Dios.

El texto prepara la comprensión del Evangelio, donde Jesús anuncia la irrupción de la soberanía de Dios (su Reino) en la historia de los hombres.

 

Salmo Responsorial

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

Salmo 26,1bcde. 7-8. 9abcd. 13-14 (R.: 1a)

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar? R.

Escúchame, Señor, que te llamo;

ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro".

tu rostro buscaré, Señor.R.

No me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,

que tú eres mi auxilio; no me deseches. R.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo,

espera en el Señor. R.

 

Segunda lectura: 1 Corintios 1,10-13.17

1.10 Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os pongáis de acuerdo para que no haya divisiones entre vosotros, sino que conservéis la armonía en el pensar y en el sentir

11 Os digo esto, hermanos míos, porque los de Cloe me han informado de que hay discordias entre vosotros.

12 Me refiero a eso que unos y otros andáis diciendo: <<Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Pedro, yo de Cristo".

13 Pero es que está dividido Cristo? Ha sido crucificado Pablo por vosotros o habéis sido bautizados en su nombre?

17 Porque Cristo no me ha enviado a bautizar sino a evangelizar y esto sin hacer ostentación de elocuencia, para que no se desvirtúe la cruz de Cristo.

 

iv Pablo exhorta a la unidad porque la ve amenazada (v. 10). Después pasa a exponer la situación, tal como la conoce por algunos empleados de la familia de Cloe: en la comunidad han surgido varios grupos religiosos que están minando la comunión (vv. llss). Y a continuación expone el pensamiento teológico dominante: Cristo es el único que congrega, en cuanto que solo él ha dado la vida por los hombres (v. 13). El discurso se enlaza con el v. 17, donde Pablo refiere que su ministerio es principalmente el de la Palabra, y no un anuncio cualquiera, sino esencial: presentar a Cristo crucificado.

El tono de Pablo es pesaroso (<<os ruego": v. 10) porque la comunión está seriamente amenazada por una comunidad pendenciera, lacerada por cuatro grupos: el de Pablo, el de Apolo, el de Pedro y el de Cristo (v. 12). No es que estas personas hayan creado la división; se trata de la utilización instrumental de su nombre por parte de algunos cristianos de Corinto. La intervención del apóstol es seria, sin llegar a ser áspera. Se dirige a los <<hermanos" y los exhorta <<en el nombre de nuestro Señor Jesucristo" (v. 1o). Pablo reivindica su misión de apóstol del Evangelio. Lo dice con fuerza, refiriéndose al mismo Cristo: <<Cristo no me ha enviado a bautizar sino a evangelizar [= anunciar el Evangelio]". Pablo apunta directamente a Cristo: de él procede totalmente la nueva realidad. En él convergen todos los hombres, porque con su muerte ha reunido a quienes estaban dispersos. Embrollos seudoteológicos y reclamos de pertenencia que dañan la unidad son un atentado contra Cristo, antes que contra la concordia de la comunidad.

 

Evangelio: Mateo 4,12-23

4-12 Al oír Jesús que Juan había sido encarcelado, se volvió a Galilea.

13 Dejó Nazaret y se fue a vivir a Cafarnaun, junto al lago, en el término de Zabulón y Neftali,

14 para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

15 Tierra de Zabulon, tierra de Neftali camino del mar al otro lado del Jordán, Galilea de los pagunos.

16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande,

17 los que habitaban en una región de sombra de muerte una luz les brilló.

18 Desde entonces empezó Jesús a predicar diciendo: - Arrepentíos, porque esta llegando el Reino de los Cielos.

19 Paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simon, llamado Pedro, y su hermano Andrés, que estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores.

20 Les dijo: -Veníos detrás de mí y os haré pescadores de hombres.

21 Ellos dejaron al instante las redes y lo siguieron.

22 Mas adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre, Zebedeo, reparando las redes. Los llamó también, y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, le siguieron.

23 Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas. Anunciaba la Buena Noticia del Reino y curaba las enfermedades y las dolencias del pueblo.

 

i> El texto litúrgico está tejido con cuatro unidades pequeñas: el sentido teológico del regreso de Jesús a Galilea (vv. 12-16); el comienzo y el contenido esencial de su predicación (v. 17); la llamada de los primeros cuatro discípulos (vv. 18-22); y el resumen de la predicación, que está acompañado de signos prodigiosos (v. 23).

Texto común con Marcos y Lucas, la indicación geográfica - estamos en Galilea (v. 12)- encuentra amplia resonancia en Mateo: la asocia con una preciosa cita y le otorga una orientación particular (vv. 15ss) con la cita de Isaías, algo adaptada (cf primera lectura), el evangelista apunta que Jesús fija su residencia en Cafarnaun. La luz brilla en <<Galilea de los paganos" (v 15), es decir entre los gentiles, superando un mezquino nacionalismo que pretendía confinar los beneficios de Dios a los estrechos limites de Israel.

El primer anuncio de Jesús es parco, pero esencial: <<Arrepentíos, porque está llegando el Reino de los Cielos" (v. 17). La conversión, entendida como una adaptación continua a la voluntad de Dios, es condición y requisito para divisar el Reino de los Cielos. Antes de enunciar el programa detallado de la predicación (cf 5,1ss) y antes de hacer milagros, Jesús elige a algunas personas para que lo sigan. La prioridad de tal acción se comprende: es necesaria la presencia de testigos que experimenten cuanto Jesús ha dicho y ha hecho, para que un día puedan comunicárselo a otros y entren ellos también en comunión con Jesús. Galilea, territorio de paganos, es terreno fértil de vocaciones.

El v. 23 cierra el presente texto litúrgico y recoge de modo sintético la actividad de Jesús: las palabras y hechos milagrosos. Palabras y hechos portentosos, en efecto, son el armazón del evangelio. La predicación se desarrolla en las sinagogas. Esta dirigida a los judíos, quienes necesitan ayuda para comprender la situación de absoluta novedad que están viviendo: Jesús se presenta no sólo como el enviado de Dios anunciado por los profetas, sino aun mas: como el propio Dios. Todo el evangelio se volcará en desvelar la identidad de Jesús.

 

MEDITATIO

Las lecturas actuales facilitan una reflexión profunda sobre la Iglesia, pues presentan sus elementos constitutivos: una, santa, católica y apostólica.

Una. La Iglesia es una porque tiene en Cristo a su Señor. Todas las comunidades cristianas se reconocen como parte de la única Iglesia fundada por Cristo. Existe un solo bautismo, una sola fe, que une a los creyentes con Cristo. Por eso Pablo combate vigorosamente a los Espíritus sectarios y las manipulaciones grupales. Es una tentación reiterada pensar que un grupo sea la mediación exclusiva o privativa de la salvación. Los grupos son instrumentos, medios, no mas, y deben resistirse al sutil engaño de la monopolización.

Santa. La Iglesia o comunidad es santa porque <<está bautizada" en Cristo. La santidad es ante todo don gracioso, absolutamente gratuito. Después, es respuesta generosa que toma el nombre de conversión, en continua armonía con la voluntad del Padre, como Cristo la ha dado a conocer y como el Espíritu continuamente la propone.

Católica. La llamada a las tribus del norte, Zabulón y Neftali; la incesante llamada a Galilea, zona poblada o transitada por paganos, le recuerda a la Iglesia su vocación de estar abierta al mundo. Jesús ha elegido vivir e iniciar su vida publica en Galilea para evidenciar la proximidad geográfica con los últimos y los excluidos, preludio de cercanía moral, para que todos se reconozcan como hermanos. <<En la Iglesia, ningún hombre es extranjero", recordaba Juan Pablo II en el Día del Emigrante, el 5 de septiembre de 1995.

Apostólica. El único fundamento, Cristo, toma forma histórica en los apóstoles y en sus sucesores (los obispos), en comunión con el obispo de Roma, el papa. La explícita llamada de los apóstoles (los primeros cuatro del evangelio de hoy) expresa la voluntad concreta de Jesús de organizar la Iglesia de este modo. Llamados a seguirlo para ser testigos de la Palabra y los milagros del Maestro. La apostolicidad de la Iglesia esta en estrecha relación con su catolicidad; entre las tareas principales de los apóstoles y sus sucesores destaca la de anunciar a Cristo a todos los pueblos.

 

ORATIO

Señor; ilumina tu rostro sobre nosotros, para que gocemos del bienestar en la paz, para que seamos protegidos con tu mano poderosa y tu brazo extendido nos libre de todo pecado y de todos los que nos aborrecen sin motivo.

Danos la concordia y la paz a nosotros y a todos los habitantes del mundo, como la diste a nuestros padres, que piadosamente te invocaron con fe y con verdad. A ti, el único que puedes concedemos estos bienes y muchos mas, te ofrecemos nuestra alabanza por Jesucristo, pontífice y abogado de nuestras almas, por quien sea a ti la gloria y la majestad, ahora y por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén (san Clemente de Roma, <<Carta a los Corintios", 60, en Padres apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 195o, 234).

 

CONTEMPLATIO

La Iglesia, diseminada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, recibió de los apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios, Padre todopoderoso, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen (cf Heh 4,24); y en un solo Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó por nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, que por los profetas anuncio los planes de Dios, el advenimiento de Cristo, nuestro Señor [...] La Iglesia, pues, diseminada, como hemos dicho, por el mundo entero, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa, y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. [...] Pues, aunque en el mundo haya muchas lenguas distintas, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos. Las Iglesias de Germania creen y transmiten lo mismo que las otras de los iberos o de los celtas, de Oriente, Egipto, Libia o del centro del mundo. Al igual que el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la predicación de la verdad resplandece por doquier e ilumina a todos aquellos que quieren llegar al conocimiento de la verdad. En las Iglesias no dirán cosas distintas los que son buenos oradores, entre los dirigentes de la comunidad (pues nadie esté por encima del Maestro), ni la escasa oratoria de otros debilitaré la fuerza de la tradición, pues siendo la fe una y la misma, ni la agranda el que habla mucho ni la empequeñece el que habla poco (san Ireneo, <<Contra las herejías>> I, 1o, 1-3, en PG 7, 55o-554).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<El Señor es la defensa de mi vida, quién me hará temblar?" (Sal 26).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Hay que conseguir desarmarse.

Yo me afané en esa guerra. Durante años y años.

Ha sido terrible. Pero ahora estoy desarmado,

Yo no le tengo miedo a nada, porque <<el amor ahuyenta el miedo>>.

Aplaqué la pretensión de imponerme, de justificarme a costa de los demás,

Yo no estoy en alerta, celosamente aferrado a mis riquezas.

Acojo y comparto.

No me aferro o mis ideas, a mis proyectos.

Si me proponen otros mejores, los acepto con buen ánimo.

O no mejores, más buenos.

Lo sobéis, he renunciado al comparativo...

Lo que es bueno, verdadero, real, dondequiera que sea, es lo mejor para mi.

Por eso, ya no tengo miedo.

Cuando no se posee nada, ya no se tiene miedo.

<<Quién nos separará del amor de Cristo?>> 

Pero si nos desarmamos, si nos despojamos, si nos abrimos al Dios-hombre que hace nuevas todas las cosas, entonces él transforma nuestro pasado ruin y nos restituye a un tiempo nuevo donde todo es posible.

(Atenágoras, Chiesa Ortodossa e Fufuro ecumenico. Dialoghi con Olivier C/émenf, Brescia 1995, 209-211)

 

 

Día 26

Santos Timoteo y Tito, obispos

        Tanto los Hechos de los apóstoles como las cartas de san Pablo, en algunas de las cuales figura como remitente junto a Pablo, nos proporcionan noticias sobre Timoteo; en otras cartas se mencionan encargos que le habían sido confiados, entre ellos la responsabilidad de la Iglesia de Éfeso. Timoteo, nacido en Listra, hijo de madre judía convertida al cristianismo y de padre griego, fue un estrecho colaborador de Pablo en la evangelización. Estuvo unido a él por un profundo y afectuoso vínculo filial y por los mismos propósitos, según el testimonio del propio apóstol.

        De Tito, sólo habla Pablo en sus cartas. El perfil que de ellas resulta es el de un cristiano procedente del paganismo, firme en la fe, activo y generoso en la evangelización, hombre de paz que ama y se hace amar, dotado de buenas aptitudes de organización. La carta a él dirigida le presenta como responsable de la comunidad de Creta.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 1,1-8

1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de la vida que está en Jesucristo,

2 a Timoteo, mi hijo querido; gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.

3 Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia, según me enseñaron mis mayores, y me acuerdo de ti constantemente, noche y día, en mis oraciones.

4 Al recordar tus lágrimas, siento un gran deseo de verte para llenarme de alegrías pues guardo el recuerdo de la sinceridad de tu fe,

5 esa fe que tuvo primero tu abuela Loida y tu madre Eunice y que, estoy seguro, tienes tú también.

6 Por ello te aconsejo que reavives el don de Dios que te fue conferido cuando te impuse las manos.

7 Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de ponderación.

8 No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; antes bien, con la confianza puesta en el poder de Dios, sufre conmigo por el Evangelio.

 

       **• La segunda Carta a Timoteo, que puede ser fechada a finales del siglo I y pertenece a la escuela paulina, se presenta como el testamento espiritual del apóstol en vísperas del martirio. El autor conoce bien tanto las cartas auténticas de Pablo como las llamadas "deuteropaulinas", y sentimos el eco de las mismas desde el saludo inicial (v. 1) hasta la repetición de motivos entrañables al apóstol: el "espíritu de temor" (v. 7) recuerda el "espíritu de esclavos" de Rom 8,15; se exhorta a Timoteo a no avergonzarse de dar testimonio del Señor (v. 8), del mismo modo que Pablo no se avergüenza del Evangelio (Rom 1,16).

       La carta se abre con expresiones de afecto y de estima, pero, sobre todo, de gratitud al Señor. Pablo reivindica para sí el título de "apóstol", que es consciente de merecer porque se ha hecho anunciador del Evangelio y porque ha sido fiel desde siempre al servicio de Dios "según me enseñaron mis mayores" (v. 3), subrayando la continuidad entre el seguimiento de Jesús y la fidelidad a la Ley judía. Es la misma continuidad señalada y aprobada con vigor en la experiencia de Timoteo, encaminado a la fe por su abuela y su madre judías, antes de ser cristiano.

       También es característico de las cartas pastorales poner el acento en el carisma del pastor de almas, personificado idealmente por Timoteo y transmitido por el apóstol a través de la imposición de las manos (v. 6). Domina sobre el conjunto el tema del testimonio, dado por Pablo en las tribulaciones y en la cárcel, hasta el martirio, y confiado al discípulo Timoteo para que continúe el servicio "con la confianza puesta en el poder de Dios" (v. 8).

 

 

Salmo Responsorial

R. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10ac (R.: 7b)

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra.

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones. R.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses.

Pues los dioses de los gentiles no son nada,

mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor;

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda.

Decid a los pueblos: "el Señor es rey:

él gobierna a los pueblos rectamente" R.

 

 

 

Evangelio: Marcos 3,22-30

En aquel tiempo,

22 los maestros de la Ley que habían bajado de Jerusalén decían: - Tiene dentro a Belzebú. Y añadían: - Con el poder del príncipe de los demonios expulsa a los demonios.

23 Jesús los llamó y les propuso estas comparaciones: - Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?

24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.

25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no puede subsistir.

26 Si Satanás se ha rebelado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, sino que está llegando a su fin.

27 Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear su ajuar si primero no ata al fuerte; sólo entonces podrá saquear su casa.

28 Os aseguro que todo se les podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan,

29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás; será reo de pecado eterno.

30 Decía esto porque le acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

 

        *"• El pasaje refiere una de las disputas entre Jesús y los que se le oponen. Al no poder negar la evidencia de los prodigios realizados por Jesús, sus adversarios atacanla naturaleza misma de su poder, insinuando que expulsa a los demonios en nombre de Belzebú (v. 22).

        Jesús hace frente de manera abierta a los que lecalumnian: conoce su pensamiento (cf. Mt 12,25) y los llama para rebatir directamente sus acusaciones o, bien, hablando por medio de "comparaciones" (v. 23).

        Su respuesta, extensa y articulada, es una argumentación típica de escuela que pone de relieve la contradicción en la que incurren sus adversarios. Si fuera Satanás el que expulsa a Satanás, eso querría decir que su poder está llegando a su fin. Con una sutil ironía, Jesús pliega el argumento adverso transformándolo en una profecía inconsciente: el reino de Satanás llega, efectivamente, a su fin porque el Reino de los cielos está cerca; es más, está aquí (w. 24-26). Atar al hombre fuerte y saquear su casa -esto es, liberar al endemoniado del poder de Satanás y a los pecadores de la esclavitud del pecado- constituye, precisamente, el signo del reconocimiento de que obra en nombre de Dios. Confundir, de modo artero, las cosas y atribuir al "espíritu inmundo" (v. 30), en vez de al Espíritu de Dios, la acción liberadora de Jesús es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Una blasfemia que no puede ser perdonada, porque es la negación consciente y voluntaria del amor de Dios.

 

 

MEDITATIO

        La primera lectura subraya la acción unificadora de David, que, asumiendo el poder sobre las tribus del norte y del sur y conquistando Jerusalén, construyó el reino de Israel. En la perícopa del evangelio describe Jesús el "reino dividido" de Satanás, a fin de mostrar el poder del Espíritu. La figura del reino dividido y rebelde, del hombre fuerte atado y desautorizado, se contrapone a la imagen del Reino eterno del perdón, contra el que nadie podrá oponerse con éxito y en el que todos encuentran acogida y salvación: "Os aseguro que todo se les podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan" (Mc 3,28). De esta misericordia sin fin sólo podrá excluirnos el misterio terrible de nuestra libertad: sólo quien "blasfema contra el Espíritu Santo", confundiendo al Hijo del hombre con Satanás, "divide" el Reino de Dios y lo hace en sí mismo insignificante e ineficaz.

 

 

ORATIO

        Tu Palabra resulta hoy, Señor, dura. Nos gustaría encontrar siempre en el evangelio dulzura y perdón, nos gustaría sentirnos comprendidos, aceptados, excusados.

        Sentimos fuertemente la tentación de cubrir las páginas terribles de la Escritura, de imaginar un dualismo entre un "Dios vengador" que rechazamos y un "Dios misericordioso" que sería el tuyo, Señor Jesús, y que quisiéramos transformar de Padre en "abuelo".

        Sin embargo, están -también en tu Evangelio, Señor- las palabras de condena. Y es que la conversión que nos propones es seria; no basta con un movimiento superficial del sentimiento. Por eso te invoco: tú, Padre, que te llamas Misericordia, tú que no consideras a nadie un "granuja", sino siempre un hijo amado, encuentra caminos para llegar a nosotros en nuestro escondite y hacernos partícipes de tu mirada sobre nosotros. Tu mirada es una mirada de bondad, una mirada de clemencia, una mirada de comprensión: la única capaz de volver a lanzarnos hacia ti y hacia los hermanos.

 

 

CONTEMPLATIO

        Los fariseos, considerados como especialistas de la Ley, [...] ofrecían sacrificios a los demonios y no a Dios (cf Dt 32,17), diciendo que el Señor tenía un demonio y atribuyendo las obras de Dios a los demonios. [...] Era más bien Belzebú el que hablaba en ellos, haciendo que por los aspectos humanos lo llamaran simplemente hombre, y por las obras que eran propias de Dios no lo reconocieran como tal, sino que en su lugar divinizaron al Belzebú que tenían en ellos, mereciendo así ser atormentados eternamente en el fuego con él. [...]

        Si tal es la pena que les está reservada, está claro que los verdaderos creyentes en Cristo, esto es, aquellos que lo adoran, ya sea según la carne, ya sea según el Espíritu (cf. Rom 1,3), [...] reinarán para siempre en los cielos (Atanasio, Lettere a Serapione. Lo Spiritu Santo, Roma 1986, pp. 163-170).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Satanás no puede subsistir, sino que está llegando a su fin" (Mc 3,26).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        La "buena noticia" del Evangelio es el anuncio de un perdón otorgado de manera indistinta a todos, un perdón gratuito, alegre, preveniente, sin condiciones ni "penitencias", salvo la de abrirse a él y dejarle cambiar nuestros corazones. Pero he aquí que Jesús nos habla de pecados irremisibles y eternos. Existe, pues, un pecado que no puede ser perdonado? ••] El Antiguo Testamento era el reino del Padre, que se revelaba a través de la naturaleza y la historia del pueblo judío; ahora bien, esta revelación era provisional y progresiva y convenció a pocos. [...] El Nuevo Testamento es el reino del Hijo, pero su gloria estuvo velada durante los días de la encarnación e irradió sólo después de la ascensión. Decepcionó, desanimó, produjo descontento entre sus conciudadanos, sus seguidores, su familia, sus discípulos. [...]

        Ahora bien, el tiempo de la Iglesia es el reino del Espíritu Santo. Se trata del esfuerzo supremo, definitivo, de Dios para manifestarse a nosotros. Ya no es preciso esperar otros, porque no hay una cuarta persona de la Trinidad. A quienes no convenza el testimonio del Espíritu Santo no les queda más esperanza de salvación. En efecto, por continuar esperando, a pesar de todo, una nueva revelación de Dios, terminan por caer en las trampas del Anticristo. Este recogerá a cuantos piensan que Dios no hubiera debido hacerse reconocer a través del amor, sino a través de signos más eficaces, como la fuerza, el prestigio, el miedo, el dinero, la disciplina, la eficiencia. [...] Nuestras iglesias, frías e impersonales, son, con frecuencia, lugares en los que circula poco el Espíritu de amor incluso cuando están llenas de cristianos. Estos se encuentran más yuxtapuestos que reunidos.

        La indiferencia recíproca que reina entre los presentes desanima el intento de un encuentro fraterno. Por eso el Espíritu de amor no se hace visible, y nadie se convierte asistiendo a ciertas misas dominicales. [...] Nuestro mundo dividido, desfigurado por el odio, por el racismo, por la droga, por la violencia, se convertirá ante comunidades cristianas en que valga la pena vivir, creer, comprometerse. Es fácil convertir al mundo: basta con hacer visible al Espíritu Santo (L. Evely, Meditazioni sul Vangelo, Asís 1975, pp. 154-156).

 

Día 27

Martes de la III Semana del Tiempo Ordinario

Santa Ángela Merici, virgen

        Nació en Desenzano dal Garda hacia 1474. Fundó en Brescia, el 25 de noviembre de 1535, una compañía de vírgenes a la que puso bajo la protección de santa Úrsula y a la que llamó "Compañía de santa Úrsula".

        Animada por el espíritu de sabiduría y de profecía, ofreció a las mujeres de su tiempo (a las que sólo se les ofrecía dos caminos: el matrimonio o el monasterio de clausura) la posibilidad de consagrarse a Dios elegida libremente y vivida como "esposas del Hijo de Dios", abiertas a la maternidad espiritual, a pesar de seguir viviendo en su propio ambiente, sin estar ligadas a una actividad común, sino unidas "conjuntamente" como miembros de una familia espiritual.

        Angela, Sur Anzola, dejó a sus "hijas" una Regla, Recuerdos y Legados impregnados de la Palabra de Dios y de sabiduría humana. Murió el 27 de enero de 1540 en Brescia; fue sepultada en la iglesia de S. Afra (iglesia que será dedicada después a ella) y canonizada el 24 de mayo de 1807.

        En nuestros días, Angela Mérici es conocida y venerada en todo el mundo gracias a la difusión de la Compañía de santa Úrsula en su forma secular y de los diferentes institutos de hermanas ursulinas que se remontan a ella.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Samuel 6,12b-15.17-19

12b En aquellos días, David se puso en camino e hizo traer el arca de Dios de casa de Obededón a la ciudad de David entre gran alborozo.

13 Cuando los que llevaban el arca dieron seis pasos, se sacrificó un toro y un ternero cebado.

14 David danzaba ante el Señor frenéticamente; llevaba ceñido un efod de lino.

15 Así David y todo Israel trajeron el arca del Señor entre gritos de júbilo y al son de trompetas.

17 Introdujeron el arca del Señor y la colocaron en su lugar, en medio de la tienda que David había hecho levantar para ella, y David ofreció al Señor holocaustos y sacrificios de comunión.

18 Al acabar de ofrecerlos, David bendijo al pueblo en el nombre del Señor todopoderoso;

19 luego distribuyó a todo el pueblo, a los hombres y mujeres de aquella multitud israelita, una torta de pan a cada uno, un pedazo de carne y un pastel de uvas pasas. Después, cada uno se marchó a su casa.

 

 

        **• Este fragmento forma parte de los relatos que dedican al arca de Dios los libros de Samuel. El arca, símbolo de la presencia del Señor, contenía las tablas de la Ley  entregadas a Moisés en el Sinaí. Había seguido la peregrinación del pueblo desde el éxodo a la conquista de la Tierra, y siguió las vicisitudes alternas de la guerra contra los filisteos. Una vez consolidado el reino, establecida la capital en Jerusalén y vencidos los filisteos, David dudó primero en llevar el arca a la ciudad santa, retenido por el temor sagrado que ésta difunde a su alrededor. Decide hacerlo cuando consigue saber que ha descendido la bendición del Señor sobre la casa que custodia el arca (v. 12), signo que transforma el temor en confianza.

        El traslado del arca es ocasión de fiesta para el pueblo y para el rey: David muestra abiertamente su alegría danzando, ceñido con un efod de lino, vestidura sagrada de los sacerdotes. Todavía no hay ningún templo en la ciudad (será construido por Salomón), y colocan el arca en una tienda (v. 17): ésta, signo de la movilidad del pueblo y del mismo Dios, recuerda a los israelitas que no pueden apoderarse de la presencia del Señor, como si lo hicieran prisionero. Los holocaustos, los sacrificios de comunión y la comida sagrada -el pan, la carne, la uva- distribuida por David a todos sellan la ceremonia. El arca, instrumento de batalla durante la guerra contra los filisteos, se convierte ahora en signo de paz y de prosperidad.

 

 

Salmo Responsorial

R. ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor.

Salmo 23 7. 8. 9. 10 (R.: 10bc)

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las puertas antiguas:

va a entrar el Rey de la gloria. R.

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, héroe valeroso,

el Señor valeroso en la batalla. R.

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las puertas antiguas:

va a entrar el Rey de la gloria. R.

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios del universo,

él es el Rey de la gloria. R.

 

 

 

 

Evangelio: Marcos 3,31-35

En aquel tiempo,

31 llegaron su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.

32  La gente estaba sentada a su alrededor y le dijeron: - !Oye! Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.

33 Jesús les respondió: - Quiénes son mi madre y mis hermanos?

34 Y mirando entonces a los que estaban sentados a su alrededor, añadió: - Éstos son mi madre y mis hermanos.

35 El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

 

 

        *• En el capítulo 3 del evangelio de Marcos se agrupa en torno a Jesús un movimiento en cuyo interior, con la elección de los Doce, se va caracterizando cada vez más el grupo de los discípulos. Nuestra perícopa va precedida por una clara distinción entre aquellos a quienes elige Jesús y aquellos que se le oponen: sus enemigos, que "le acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo" (Mc 3,30). En los w. 31-35 vienen a buscarlo "su madre y sus hermanos": éste es el único pasaje de Marcos en el que aparece la madre del Señor, a la que ni siquiera se cita de una manera explícita entre las mujeres que estaban presentes en la crucifixión y en el sepulcro. Se habla asimismo, de manera genérica, de "hermanos", un término más bien vago que puede designar simplemente a personas de la misma parentela. La indeterminación de la expresión parece atribuirle un valor especialmente simbólico: poco importa la identificación de los personajes y la historicidad o no historicidad del hecho de que algunos miembros de la familia de Jesús hubieran venido en un determinado momento a buscarlo, no sabemos bien por qué motivo; en cambio, sí importa, y mucho, establecer en virtud de qué características se entra a formar parte de su verdadera familia. Bajo esta luz, la dureza de la respuesta de Jesús (v. 33) se suaviza mucho: no se trata de una ingratitud con su madre, ni de un despego respecto a los afectos humanos. Marcos no se ocupa de estos afectos; se apoya simplemente en ellos para crear una situación paradójica que proporciona mayor relieve a los w. 34ss, cima del episodio.

        Madre y hermanos de Jesús son todos lo que le rodean; ahora bien, entre ellos hay simples curiosos, discípulos titubeantes, apóstoles que se esforzarán por comprender hasta el final, traidores... Ser hermano de Jesús no es una cuestión de sangre ni de mérito, sino de gracia: "cumplir la voluntad de Dios" es algo que está al alcance de todos y que habilita para convertirse en "hijos de Dios".

 

MEDITATIO

        En la primera lectura, la acogida del arca atrae la bendición divina sobre la casa de Obededón, un extranjero, alguien que no es israelita; en la segunda lectura, la acogida obediente y activa del Evangelio da lugar a una familiaridad con Jesús más fuerte que cualquier vínculo de sangre (cf. Jn 1,13). No podemos tener a Jesús encadenado a nuestras categorías. "Oye, tu madre y tus hermanos te buscan": bajo estas sencillas palabras se esconde una visión mezquina y estrecha del anuncio evangélico. Es como si le dijéramos: "Mira, Señor, nosotros somos buenos cristianos, estamos comprometidos con nuestra Iglesia, seguimos los preceptos. Ven, por tanto, a poner un sello de calidad a nuestras iniciativas, autorízanos a poner la etiqueta de denominación de origen sobre nuestros productos".

        Los papeles que ejercemos en la sociedad y en la Iglesia tienden a endurecerse y a prevalecer sobre todo lo demás. Hemos construido estructuras, necesarias ciertamente para la humanidad, pero corremos el riesgo de olvidar que el Espíritu sopla donde quiere, incluso fuera de las estructuras. La sencillez de corazón de David, que sabe reconocer sin celos el signo de la gracia del Señor descendida sobre la casa de Obededón, y la claridad con que define Jesús a sus familiares, deben hacer que estemos atentos a lo esencial y también disponibles a subvertir los papeles: el rey danza en la calle como un hombre cualquiera, cualquier persona puede ser "hermana, hermano y madre" de Jesús.

 

 

ORATIO

        Señor, líbranos de la presunción de considerarnos siempre justos. Tú nos has convertido en tu familia: que esto no sea motivo de orgullo y de discriminación respecto a los otros. Concédenos un corazón acogedor y una mente limpia de prejuicios, a fin de que seamos capaces de reconocer tu presencia y tu voz incluso fuera del círculo de los "nuestros".

        Haznos capaces de abrirnos con alegría a la escucha de tu Palabra y de reservar en nosotros el sitio de honor al Evangelio, del mismo modo que David y toda la ciudad festejaron con música, danzas y banquetes la llegada del arca.

        Ayúdanos, Señor, a reconocer como hermanas y hermanos a todos los que cumplen la voluntad de Dios, sin detenernos en las apariencias exteriores, en los nombres, en los vínculos construidos por el hombre. Los confines de tu familia, de tu Iglesia, están verdaderamente exterminados y no podemos delimitarlos nosotros: enséñanos a ser compañeros de camino hacia la unidad de tu amor.

 

 

CONTEMPLATIO

        !Hijos! !Hermanos! !Amigos! Hombres desconocidos y ya amados por nosotros como ligados recíprocamente -vosotros a nosotros y nosotros a vosotros- por un parentesco superior al de la sangre, al del territorio, al de la cultura; un parentesco que es una solidaridad de destinos, una comunión de fe -ya existente o que debemos suscitar-, una unidad misteriosa que nos hace cristianos, una sola cosa en Cristo.

        Todas las distancias están superadas, caen las diferencias, se disuelven las desconfianzas y las reservas; estamos juntos, como si no fuéramos extraños los unos a los otros (Insegnamenti di Paolo VI, Ciudad del Vaticano 1968, VI, p. 693).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mc 3,35).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Cristo, enviado por el Padre, concede al hombre -de manera individual o en grupos, por categorías de edades, según las distintas épocas, etc.- citas de amor. Ahora bien, para estas citas, es éí quien elige, por medio del Espíritu Santo, lugares y momentos diferentes. Es preciso respetarlos. No le corresponde al hombre elegir, ni siquiera a los teólogos. Si bien es preciso querer con todas nuestras fuerzas encontrar al Cristo total, para llegar a una vida de fe equilibrada y firme, también es preciso respetar los itinerarios de cada uno. [...]

        Desde hace varias decenas de años estamos admirando a muchos jóvenes y adultos que se han ido poniendo, de manera progresiva, al servicio de sus hermanos, en especial al de los más pobres. Comprometidos en su ambiente social, en su profesión, en su barrio, en los grupos humanos en que estaban insertos de una manera natural, han descubierto poco a poco en el curso de su vida militante al Cristo vivo. Aunque han empleado mucho tiempo en identificarlo, los que han sido testigos de su lucha generosa y de su ascenso espiritual no han tenido la menor duda de que, desde el principio de su actividad y en el corazón de la misma, estaba Cristo misteriosamente presente. Hace falta tener mala fe para no admitirlo, para no arrodillarse delante de ciertas vidas militantes que arden de amor por sus hermanos.

        "Ahora bien, se trata de verdadera caridad?", se preguntan inquietos algunos, desconcertados al ver florecer rosas fuera de los parterres bien rastrillados. Es cierto que hemos encontrado militantes que no "practicaban" de una manera regular o no practicaban en absoluto al comienzo de su vida militante. Por qué sorprenderse? Debemos cortar el amor a rebanadas? No hay más que un solo amor. Amar es siempre abandonarse, olvidarse, por el otro, por los otros, "Dios está presente en todo amor auténtico" (1 Jn 4).

        Los teólogos discuten también y estudian la naturaleza de esta presencia: es tarea suya. Pero que se abstengan ellos, y también nosotros, de asignar o negar a sus hermanos carnets de identidad cristiana. El Evangelio nos enseña que es preciso desconfiar de las categorías demasiado definidas. El Amor no sabe qué hacer con ellas (M. Quoist, Cristo é vivo, Turín 91980, pp. 155-157).

 

Día 28

Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

Nació en el seno de la noble familia de Aquino en torno a 1225 y pasó los primeros años de su formación religiosa junto a los benedictinos de Montecassino. Siendo estudiante en la Universidad de Napóles, entró en contacto con los dominicos, que acababan de ser fundados hacía pocos años. Fascinado por el estilo de éstos en Napóles, quiso abrazar este tipo de vida, pero tuvo que hacer frente a resistencias familiares.

En Colonia (Alemania) fue alumno predilecto de san Alberto Magno (1248-1252). Cuando apenas contaba treinta años se le concedió el grado de maestro en Teología por la Universidad de París. Su actividad de rofesor, predicador, consultor de obispos y papas y defensor de la fe fue enorme. Escribió muchas obras comentando la Sagrada Escritura, obras de teología -las más famosas son la Summa teológica y la Summa contra  entiles- y obras comentando los principales escritos de Aristóteles y de otros grandes estudiosos del pensamiento filosófico. Estas obras, maravillosa síntesis de armonía entre las conquistas más arduas del pensamiento humano y de la traducción genuino de la fe católica, continúan

orientando todavía hoy el estudio de la teología. Murió el 7 de marzo de 1274 en la abadía de Fossanova mientras iba de viaje para el Concilio de Lyon, en el que iba a tomar parte junto con san Buenaventura, de quien era muy amigo. Fue canonizado el 18 de julio de 1323 por Juan XXII. San Pío V lo proclamó "doctor de la Iglesia" en 1567, y León XIII, patrono de las escuelas católicas en 1879.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Samuel 7,4-17

En aquellos días, el Señor dirigió esta palabra a Natán:

4 - Ve a decir a mi siervo David: Esto dice el Señor: Eres tú quien me va a construir una casa para que viva en ella?

5 Yo no he habitado en una casa desde el día en que saqué de Egipto a los israelitas hasta hoy.

6 He estado peregrinando de un sitio a otro en una tienda que me servía de santuario.

7 Durante todo el tiempo que he caminado con ellos, pedí yo acaso a uno solo de los jueces de Israel, a quienes mandé pastorear-a mi pueblo Israel, que me edificaran una casa de cedro?

8 Por tanto, di a mi siervo David: Así dice el Señor todopoderoso: Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueras caudillo de mi pueblo, Israel.

9 He estado contigo en todas tus empresas, he exterminado delante de ti a todos tus enemigos, y yo haré que tu nombre sea como el de los grandes de la tierra.

10 Asignaré un lugar a mi pueblo Israel y en él lo plantaré, para que lo habite y no vuelva a ser perturbado, ni los malvados lo opriman como antes,

11 como en el tiempo en que yo establecí jueces sobre mi pueblo Israel; te daré paz con todos tus enemigos. Además, el Señor te anuncia que te dará una casa.

12 Cuando hayas llegado al final de tu vida y descanses con tus antepasados, mantendré después de ti el linaje salido de tus entrañas y consolidaré su reino.

13 Él edificará una casa en mi honor y yo mantendré para siempre su trono real.

14 Seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si hace el mal, yo le castigaré con varas y con golpes, como hacen los hombres.

15 Pero no le retiraré mi favor, como se lo retiré a Saúl, a quien rechacé de mi presencia.

16 Tu casa y tu reino subsistirán para siempre ante mí y tu trono se afirmará para siempre.

17 Natán comunicó a David estas palabras y esta visión.

 

 

        **• La profecía de Natán, uno de los textos fundamentales del mesianismo real, derriba por completo el proyecto de David. Pretendía éste construir un templo que fuera digno del arca de Dios en la ciudad santa (2 Sm 7,1-3). El oráculo se abre con una pregunta retórica, "Eres tú quien me va a construir una casa para que viva en ella?" (v. 5), que forma inclusión con la afirmación antitética del v. 11: "Además, el Señor te anuncia que te dará una casa". Viene, a continuación, la referencia al éxodo, como ocurre cada vez que se hace mención de la alianza, insistiendo en la tienda y en las peregrinaciones del desierto: la presencia del Señor no puede quedar aprisionada en un lugar y en un edificio.

        A la mención del éxodo va unido el recuerdo de las acciones en favor del rey. El poder de David depende únicamente de la intervención de Dios: él lo tomó de los pastos, le dio la victoria (la "paz con todos tus enemigos", se repite en esta perícopa tres veces), dará estabilidad al pueblo en la Tierra y engrandecerá el nombre del rey. No será David quien construya el templo, sino, al contrario, es el Señor quien le dará una casa: la contraposición queda subrayada con la repetición del mismo vocablo, "casa", para designar tanto al templo como a la dinastía davídica.

        Sólo después de la muerte de David, suscitará el Señor su linaje (cf. v. 12). Como sucede a menudo en los oráculos proféticos, hay dos posibles niveles de lectura: la referencia inmediata iría dirigida a Salomón, que será quien construya el templo; en segunda instancia, la profecía se refiere al Mesías futuro. El Mesías construirá "una casa" al Nombre de Dios, su reino durará para siempre, y es a él a quien se aplica la fórmula de adopción: "Seré para él un padre y él será para mí un hijo" (v. 14).

 

Salmo Responsorial

R. Le mantendré eternamente mi favor.

Salmo 88

21 Encontré a David, mi siervo,

 y lo he ungido con óleo sagrado;

22 para que mi mano esté siempre con él

y mi brazo lo haga valeroso.

27 Él me invocará: “Tú eres mi padre,

 mi Dios, mi Roca salvadora”;

28 y lo nombraré mi primogénito,

 excelso entre los reyes de la tierra.

29 Le mantendré eternamente mi favor,

y mi alianza con él será estable.

30 Le daré una posteridad perpetua

y un trono duradero como el cielo.

 

 

 

Evangelio: Marcos 4,1-20

En aquel tiempo, Jesús

1 se puso a enseñar de nuevo junto al lago. Acudió a él tanta gente que tuvo que subir a una barca que había en el lago y se sentó en ella, mientras toda la gente permanecía en tierra, a la orilla del lago.

2 Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía:

3 - !Escuchad! Salió el sembrador a sembrar.

4 Y sucedió que, al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino. Vinieron las aves y se la comieron.

5 Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó en seguida, porque la tierra era poco profunda,

6 pero, en cuanto salió el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz.

7 Otra parte cayó entre cardos, pero los cardos crecieron, la sofocaron y no dio fruto.

8 Otra parte cayó en tierra buena y creció, se desarrolló y dio fruto: el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.

9 Y añadió: - !Quien tenga oídos para oír que oiga!

10 Cuando quedó a solas, los que le seguían y los Doce le preguntaron sobre las parábolas.

11 Jesús les dijo: - A vosotros se os ha comunicado el misterio del Reino de Dios, pero a los de fuera todo les resulta enigmático,

12 de modo que: por más que miran, no ven, y, por más que oyen, no entienden; a no ser que se conviertan y Dios los perdone.

13 Y añadió: - No entendéis esta parábola? Cómo vais a comprender entonces todas las demás?

14 El sembrador siembra el mensaje.

15 La semilla sembrada al borde del camino se parece a aquellos en quienes se siembra el mensaje, pero en cuanto lo oyen viene Satanás y les quita el mensaje sembrado en ellos.

16 Lo sembrado en terreno pedregoso se parece a aquellos que, al oír el mensaje, lo reciben en seguida con alegría,

17 pero no tienen raíz en sí mismos: son inconstantes y, en cuanto sobreviene una tribulación o persecución por causa del mensaje, sucumben.

18 Otros se parecen a lo sembrado entre cardos. Son esos que oyen el mensaje,

19 pero a quienes las preocupaciones del mundo, la seducción del dinero y la codicia de todo lo demás les invaden, ahogan el mensaje y éste queda sin fruto.

20 Lo sembrado en la tierra buena se parece a aquellos que oyen el mensaje, lo acogen y dan fruto: uno treinta, otro sesenta y otro ciento.

 

        *+• Este fragmento inaugura la sección de las "parábolas del Reino". El auditorio es muy amplio, hasta tal punto que Jesús debe subir a una barca para que lo vean todos. Los judíos estaban acostumbrados a las parábolas, pues también las empleaban los rabinos. Eran relatos de apariencia sencilla, aunque con un elemento de sorpresa o una conclusión inesperada que inducen a buscar un significado ulterior por debajo del inmediato.

        La parábola se orienta sin demora a la figura del sembrador (v. 3), pero la atención se traslada de inmediato a la semilla (v. 4). Del sembrador queda sólo el gesto generoso y amplio con que la esparce sin llevar cuidado y de manera abundante. Aquí encontramos ya una cosa extraña. Sigue, a continuación, la tipología de los terrenos en los que cae la semilla, hasta la exageración evidente de la cosecha en el terreno bueno (v. 8): tenemos aquí el punto culminante, el punto en el que la prodigalidad fuera de lo común del sembrador es recompensada por un rendimiento desproporcionado. La imagen de la cosecha remite al fin de los tiempos: el significado originario de la parábola, reconducible al mismo Jesús y comprensible a sus oyentes, dice que la venida del Mesías está cerca y describe la abundancia de gracia del Reino mesiánico.

        Viene, después, un breve diálogo en torno a la comprensión de las parábolas. Es probable que esta parte sea más tardía; aparece, en efecto, de repente, una antítesis entre los miembros de la comunidad y los demás: "vosotros" "los de fuera" (v. 11), con una cita de Isaías. Es probable que Marcos quiera subrayar aquí un tema que le resulta entrañable: el "secreto mesiánico". La explicación (w. 14-20), en clave alegórica, se resiente de la experiencia de la comunidad primitiva en la predicación del Evangelio. La semilla se identifica claramente con la Palabra, y los terrenos corresponden a las diferentes reacciones suscitadas por la predicación de los discípulos. La antítesis que aparece aquí no es tanto entre los discípulos y los otros como entre los distintos oyentes, según su actitud hacia la Palabra.

 

 

MEDITATIO

        Estamos acostumbrados a razonar según nuestros esquemas, a calcular por anticipado los resultados de nuestro trabajo, a proyectar nuestra actividad. Los criterios de juicio del Evangelio son, sin embargo, muy distintos y, con frecuencia, el Señor subvierte nuestros planes de manera inesperada, a veces difícil de comprender y aceptar. Como David, pensamos hacer bien proyectando atrevidas construcciones, y cuando salimos a los campos para "sembrar" -una metáfora que se aplica muy bien al compromiso eclesial- no estamos, a buen seguro, tan despistados que echemos la semilla en el camino y entre las piedras. El mismo profeta, en un primer momento, aprueba la intención de David (2 Sm 7,3), e incluso los apóstoles tienen dificultades para comprender la lógica de una siembra tan extraña (Mc 4,13).

        Debemos acostumbrarnos a darle la vuelta a nuestra mentalidad, a cambiar radicalmente de dirección: ése es el primer significado de la palabra conversión. No nos hagamos la ilusión de que cumplimos nuestro deber sólo porque "construimos" algo visible, incluso grandioso a los ojos de los hombres. No pretendamos que el fruto de nuestra "siembra" dependa exclusivamente de la prudencia de nuestros programas. Todo lo que hagamos está en manos del Señor: Él será quien dé estabilidad a nuestra "casa" y haga fértil nuestro "terreno".

        Confiémonos con humildad y con sencillez a su guía, sin desvivirnos detrás de tantas preocupaciones tal vez secundarias: como David, "descansaremos con nuestros antepasados" (2 Sm 7,12) y el Señor guiará a su pueblo en la paz.

 

 

ORATIO

        Perdona, Señor, nuestra superficialidad: somos, con frecuencia, el terreno pedregoso en el que tu Palabra no puede echar raíces. Perdona, Señor, nuestra inconstancia, que seca enseguida en nuestro corazón el entusiasmo suscitado por tu Palabra. Perdona, Señor, nuestra fragilidad: las preocupaciones cotidianas nos distraen y corremos detrás de muchas cosas superfluas. Perdona, Señor, nuestra presunción: creemos poder predisponerlo todo y hacerlo todo con nuestras fuerzas.

        Ayúdanos a confiarnos con la seguridad del niño a tu guía: sólo tú puedes hacer estable nuestra fe para siempre. Convierte nuestro corazón y manténnos cerca de ti hasta el momento en el que, como a David, nos lleves de la mano a "descansar con nuestros antepasados".

 

 

CONTEMPLATIO

        Cuando las pavas reales incuban en lugares muy blancos, también los polluelos son completamente blancos; así, cuando nuestras acciones se encuentran en el amor de Dios, si proyectamos alguna obra buena o tomamos alguna iniciativa, todas las acciones que de ahí se siguen toman el valor y llevan la nobleza del amor de donde han tomado su origen: en efecto, quién no ve que las acciones propias de su vocación o necesarias para la realización de su proyecto dependen de la primera opción y de la primera decisión que tomó?

        Ahora bien, Teótimo, no hemos de detenernos en este punto; más aún, para realizar un excelente progreso en la devoción, es preciso orientar toda nuestra vida y todas nuestras acciones a Dios no sólo al comienzo de nuestra conversión y, después, de año en año, sino que hemos de ofrecerlas también todos los días; [...] en efecto, en la renovación diaria de nuestra ofrenda, pongamos en nuestras acciones la energía y la virtud de la dilección, mediante una renovada aplicación del corazón a la gloria divina, por cuyo medio se ve santificado cada vez más (Francisco de Sales, Trattato dell'amor di Dio, Milán 1989, pp. 885ss [edición española: Tratado del amor de Dios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Los que oyen el mensaje, lo acogen y dan fruto" (Mc 4,20).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Entremos en las sencillas y cotidianas realidades del vivir de cada persona. Hay un proyecto, una expectativa, un compromiso: está el deseo ae alcanzar cierta posición social, de realizar algunos sueños cultivados largamente en la adolescencia y en la primera juventud; hay un conjunto de ideales que forman casi la plataforma de las opciones más inmediatas. Mirando por todas partes, escuchando todas las voces, dejando que desde dentro de sí irrumpa el grito espontáneo, puede decirse que todo va repitiendo: "!La vida es tuya!". La vida es la bella invención que cada día brota de la mente y de los sentimientos del hombre, es la hermosa aventura que cada hombre realiza de manera personal, es la incógnita que cada día es descifrada y explotada para nuestra propia felicidad. La vida es tuya. Ahora bien, si miras alrededor, te darás cuenta de que la vida no está para nada en tus manos: no puedes hacer con ella lo que quieras.

        La vida te ha sido dada: no la has pedido tú, no la has programado, no la has diseñado como un proyecto que debes seguir. La vida me ha sido dada para que pueda gozarla de una manera tan plena que agote el proyecto de Dios, de suerte que pueda convertirla en un momento, en un paso, en un elemento palpitante de todo el universo, en un punto importante en el camino de la civilización humana. Desde esta perspectiva, todo hombre tiene ante sí campos !limitados de acción, modos inagotables de elección, posibilidades continuas para "inventar su propia vida", para administrar esta inmensa riqueza y hacer de él mismo y de toda la humanidad una aventura nunca acabada y cada vez más fascinante.

        La primera regla para inventar la vida, para dar consistencia y garantía de crecimiento y de solidez a nuestra personalidad, es la de echar raíces. Echar raíces significa adherirse a una realidad concreta, pertenecer a un territorio, a una experiencia, a un contexto: todo eso equivale a reconocer una realidad que nos precede y a declarar de manera positiva nuestro carácter concreto. Equivale a aceptar el ambiente en el que estamos, sentir que pertenecemos a ese pedazo de tierra, a ese segmento de la sociedad, al círculo de personas con las cuales, queramos o no, vivimos: equivale a aceptar como propia la realidad cotidiana.  Echar raíces supone siempre una actitud libre y responsable que compromete a una presencia inteligente e invita a la fantasía a encontrar nuevas posibilidades y nuevas soluciones destinadas a cambiar y mejorar todo lo que encontramos (G. Basadonna,Inventare la vita, Milán 31990, pp. 28-42, passim).

 

Día 29

Jueves de la III Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 2 Samuel 7,18-19.24-29

18 Después de que Natán hubiera hablado a David, el rey se presentó ante el Señor y le dijo: - Quién soy yo, mi Dios y Señor, y qué méritos tiene mi familia para que me hayas hecho llegar hasta aquí?

19 Y por si fuera poco, mi Dios y Señor, también te has referido a la descendencia de tu siervo para un futuro lejano, mientras dure la humanidad, mi Dios y Señor.

24 Has consolidado a tu pueblo Israel y lo has hecho tu pueblo para siempre, y tú, Señor, te has convertido en su Dios.

25 Y ahora, mi Dios y Señor, mantén firme para siempre la promesa que has hecho a tu siervo y a su dinastía, cumpliendo lo que has dicho.

26 Que tu nombre sea glorificado por siempre, que siempre se diga: "El Señor todopoderoso es el Dios de Israel". Y que la dinastía de tu siervo David se mantenga estable ante ti,

27 ya que tú, Señor todopoderoso, Dios de Israel, has hecho esta revelación a tu siervo: "Yo te daré una dinastía". Por eso tu siervo se ha atrevido a hacerte esta súplica.

28 Sí, mi Dios y Señor, tú eres Dios y tus palabras son verdaderas. Ya que has hecho a tu siervo esta gran promesa,

29 dígnate bendecir su dinastía para que permanezca siempre en tu presencia. Porque eres tú, mi Dios y Señor, el que has hablado, y gracias a tu bendición será bendita para siempre la dinastía de tu siervo.

 

        **• Después de haber escuchado el oráculo, David pronuncia ante el arca una sencilla plegaria de alabanza. Los motivos por los que Dios rechaza, al menos de momento, la construcción del templo no están del todo claros; sin embargo, David los acepta de buen grado. Sus planes han sido anulados por la voluntad del Señor, pero eso no es negativo a los ojos de David; más aún, es una demostración de benevolencia: el Señor sabe lo que es bueno para el hombre (v. 19).

        La confianza de David se apoya en la memoria de todo lo que ha hecho Dios en la historia en favor de su pueblo: el texto, siguiendo el estilo del Deuteronomio, recuerda que Dios había ido preparando desde siempre a su pueblo, rescatándolo de la esclavitud de Egipto (w. 23ss). La plegaria de David está en sintonía con la Palabra del Señor, pidiéndole que actúe: mantén firme para siempre la promesa que has hecho (v. 25). La grandeza del Señor se revela plenamente en la demostración de su fidelidad: la estabilidad de la descendencia de Dios es importante no por razones de vanagloria humana, sino porque corresponde a la promesa de Dios (cf. v. 27).

        De este modo, la fidelidad del Señor, la verdad de su Palabra, la estabilidad de su voluntad, corresponden a la bendición que desciende para siempre sobre la casa de David (w. 28ss).

 

Salmo Responsorial

R. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.

Salmo 131, 11,13-14.17-18

El Señor hizo un juramento a David,

una firme promesa, de la que no se retractará:

“Yo pondré sobre tu trono a uno de tus descendientes”. R.

Porque el Señor eligió a Sión,

y la deseó para que fuera su Morada.

“Éste es mi Reposo para siempre;

aquí habitaré, porque lo he deseado”.  R.

“Allí haré germinar el poder de David:

Yo preparé una lámpara para mi Ungido.

Cubriré de vergüenza a sus enemigos,

y su insignia real florecerá sobre él”.  R.

 

 

Evangelio: Marcos 4,21-25

En aquel tiempo,

21 decía también a la gente: - Acaso se trae la lámpara para taparla con una vasija de barro o ponerla debajo de la cama? No es para ponerla sobre el candelero?

22 Pues nada hay oculto que no haya de ser descubierto, nada secreto que no haya de ponerse en claro.

23 !Quien tenga oídos para oír que oiga!

24 Les decía, además: - Prestad atención a lo que escucháis. Con la medida con que vosotros midáis, Dios os medirá, y con creces.

25 Pues al que tenga se le dará, y al que no tenga se le quitará incluso lo que tiene.

 

        **• A la parábola del sembrador le siguen, casi como un comentario, dos pares de sentencias breves. Parecen afirmaciones contradictorias e incluso en contraste con lo dicho antes: hablan de manifestar y de esconder, de dar y de quitar; están conectadas en el centro por una doble invitación a estar atentos (w. 23ss).

        En la primera pareja, la imagen de la lámpara que debe estar puesta en el candelero está desarrollada por dos antítesis paralelas: lo que está oculto será descubierto, lo secreto será puesto en claro. Por consiguiente, si bien el Reino, de momento, es anunciado a través del velo de las parábolas, pronto saldrá a la luz en su gloria y habrá que anunciar el Evangelio a todo el mundo.

        En la segunda pareja se traslada el contraste desde el tema del anuncio al exterior a la condición interna vivida en la comunidad. La imagen de la medida remite a la humildad y a la prohibición de juzgar a los demás; la segunda imagen, más paradójica, se refiere de un modo más abierto a la parábola del sembrador. "El que tenga" corresponde, en efecto, al terreno bueno, al que acoge con fe la Palabra y se compromete a ponerla en práctica.

 

MEDITATIO

        La estabilidad en el tiempo es fruto de la bendición y objeto de la promesa hecha por el Señor a la casa de David. Mantenerse estable para siempre no significa la gloria terrena o el éxito político de la dinastía reinante; indica más bien la firmeza en la fe y la correspondencia al designio de Dios sobre el destino de su pueblo, y eso es fruto de la gracia.

        El pueblo de Israel y el rey, que es a la vez su representante y su guía, no son más que un instrumento en las manos del Señor; sin embargo, el Señor hace de este humilde instrumento el canal de la salvación para todos los seres humanos. Esta será la misión confiada al Mesías, descendiente de David: cumplir la promesa hecha ya al patriarca Abrahán: "Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra" (Gn 12,3). "Haré que tu nombre sea como el de los grandes de la tierra" (2 Sm 7,9), dice el Señor a Israel, su siervo, que se vuelve así "luz para alumbrar a las naciones", lámpara que no es colocada debajo de una vasija de barro, sino en el candelero, para iluminar a todas las naciones de la tierra.

 

ORATIO

        Ayúdanos, Señor, a esperarlo todo de ti. Ayúdanos a no tener la presunción de ser los únicos artífices de nuestro destino o de atribuirnos todo el mérito del éxito de nuestras buenas acciones. Danos ánimo para que no seamos tímidos anunciadores de tu Palabra, para que nuestras preocupaciones no hagan sombra a la luz, para que nuestra pereza no nos lleve a mantener escondido el anuncio de salvación que nos has confiado.

        Haznos confiados, porque poner en ti nuestra esperanza nos libera del ansia de hacerlo todo y de la angustia de no estar a la altura. Señor, haz que reconozcamos la grandeza de tu Nombre sin enorgullecemos por las bendiciones que nos has concedido.

 

CONTEMPLATIO

        Dios es autor de todos los bienes, por eso debemos decirle: "Tú das éxito, oh Señor, a todas nuestras empresas" (Is 26,12). Y así es en verdad. Por eso debes atribuirle a Él todo bien y nada a ti, considerando que no es "tu fortaleza o el vigor de tus manos" (Dt 8,17) lo que ha obrado lo que tienes, porque es el Señor quien nos ha hecho y no hemos sido nosotros quienes nos hemos hecho (cf. Sal 99,3). Una consideración como ésta destruye la soberbia de todos los que dicen: "Somos nosotros los que hemos vencido, no es el Señor el que ha hecho todo esto" (Dt 32,17). [...] Dice el bienaventurado Bernardo: "Me atrevo a decir que, sin humildad, ni siquiera la virginidad de María hubiera complacido a Dios; por eso es una virtud grande, sin cuya adquisición no hay virtud; más aún, se acaba en la soberbia" (Buenaventura de Bagnoregio, Della perfetta vita religiosa, La Verna 1974, pp. 71-73 [edición española: Obras de san Buenaventura, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1949-1972]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dígnate bendecir su dinastía para que permanezca siempre en tu presencia" (2 Sm 7,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Conocerás, atento lector, que el corazón de nuestro padre, el stárets Isidoro, albergaba un sentido de gran modestia y de profunda sumisión. Hablaba rara vez de sus actos consagrados a la causa divina, y si lo hacía era sólo para la edificación; en general, tendía a mantenerlos escondidos. No se ponía nunca como ejemplo, no hablaba nunca de sí mismo de modo que se pusiera por encima de su interlocutor. Ocultaba su bondad no sólo a los otros, sino también a sí mismo: hacía el bien y era como si no se acordara de ello. En verdad, según las palabras del Señor Jesucristo nuestro Salvador, su mano derecha no sabía lo que hacía la izquierda. Por eso no se tenía nunca en ninguna consideración; más aún, se consideraba una nulidad y estaba convencido, con toda sinceridad, de que no había un hombre peor que él. A veces, el interlocutor de Isidoro, al estar con él, sentía que se le dilataba el corazón de alegría al contemplar esta belleza celestial bajo unos despojos corpóreos; ocurría alguna vez que se escapaba de los labios del interlocutor esta exclamación: "Batiuska, !qué bello eres!". Pero el stárets con aire embarazado negaba: "Cómo bello? Soy feo, el último de los hombres".

        Isidoro no alimentaba ningún sentido de orgullo. Podía suplicar ante cualquiera, podía incluso estar de rodillas ante cualquiera, a todo el mundo podía besarle la mano, si esto servía para medicar el espíritu. Se sometía sin esfuerzo ni resquebradura. [...] Para Isidoro, no había hombre alguno ante el que pudiera enorgullecerse, por muy insignificante, vil y pecador que fuera. Del mismo modo, por el contrario, no había para él hombre alguno que pudiera inducirle a cambiar, por muy influyente o de rango que éste fuera. Decía todo lo que pensaba ante todos los padres y, sobre todo, ante los hombres importantes. Conocerás, además, lector, que Isidoro no temía a nadie, no buscaba  hacerse con los favores de nadie ni nunca olvidaba con nadie su dignidad de hombre; se sentía siempre dueño de sí, libre, sometiéndose únicamente a la voluntad divina (P. A. Florenskij, // sale della térra. Vita dello starec Isodoro, Magnano 1992, pp. 57ss).

 

Día 30

Viernes de la III Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 2 Samuel 11,1-4a.5-10a.l3-17

1 Al año siguiente, en la época en que los reyes suelen ir a la guerra, David envió a Joab, a sus oficiales y a todo Israel, los cuales asolaron el país de los amonitas y sitiaron Raba. David se quedó en Jerusalén.

2 Una tarde, paseando después de la siesta por la terraza del palacio, vio a una mujer bañándose. Era muy bella.

3 David mandó que se informasen acerca de ella, y le dijeron: - Es Betsabé, hija de Alian, mujer de Urías, el hitita.

4 Entonces David envió unos a que se la trajeran.

5 La mujer concibió y mandó decir a David: - Estoy embarazada.

6 Entonces David envió este mensaje a Joab: - Mándame a Urías, el hitita. Joab se lo envió.

7 Cuando llegó Urías, David, le pidió noticias sobre Joab, el ejército y la marcha de la guerra.

8 Después le dijo: - Baja a tu casa y lávate los pies. Cuando Urías salió de palacio, se le mandó detrás un obsequio de la mesa real para él.

9 Pero Urías durmió a la puerta del palacio con los guardias de su señor y no bajó a su casa.

10 Comunicaron a David que Urías no había bajado a su casa.

11 Al día siguiente, David le invitó a comer y beber con él y Urías se emborrachó. Al anochecer salió para acostarse junto a los guardias de su señor, pero no bajó a su casa.

14 A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio del propio Urías.

15 Decía en ella: "Poned a Urías en primera línea, en el punto más duro de la batalla, y dejadlo solo para que lo hieran y muera".

16 Joab, que estaba sitiando la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes.

17 Los habitantes de la ciudad hicieron una salida y atacaron a Joab; cayeron muchos oficiales del ejército de David, y murió también Urías, el hitita.

 

        **• El fragmento narra el famoso episodio del pecado de David: la primera parte relata el adulterio (w. 2-5); la  segunda (w. 6ss), el homicidio. La introducción (v. 1), que nos muestra el contexto de la guerra contra los amonitas, subraya que, mientras el ejército pone sitio a la ciudad enemiga, David se queda ocioso en Jerusalén: es posible que se encuentre en esta dejadez la raíz del pecado?

        En la segunda parte, el pecado se va apoderando cada vez más del corazón del rey y lo arrastra con un ritmo creciente de perfidia. David intenta primero engañar a Urías y ocultar el adulterio (v. 8), pero no tiene éxito en su intento. En efecto, Urías, cumpliendo las leyes de pureza que impedían las relaciones conyugales en el curso de las acciones de guerra, no va a casa de su mujer (w. 9.13). Ahora no le queda al rey más que el delito: tras ser enviado a primera línea, Urías pierde la vida a mano de los enemigos (w. 15-17).

        El relato, en su sencillez, es preciso y no muestra ninguna reticencia a la hora de acusar al rey; el libro de las Crónicas, que se muestra más obsequioso con David, calla el episodio.

 

Salmo Responsorial

R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Salmo 50 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito, limpia mi pecado R.

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad en tu presencia.R.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme.

No me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza R.

 

Evangelio: Marcos 4,26-34

En aquel tiempo,

26 decía Jesús a la gente: - Sucede con el Reino de Dios lo que con el grano que un hombre echa en la tierra.

27 Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece, sin que él sepa cómo.

28 La tierra da fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.

29 Y cuando el fruto está a punto,en seguida se mete la hoz, porque ha llegado la siega.

30 Proseguía diciendo: - Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?

31 Sucede con él lo que con un grano de mostaza. Cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas.

32 Pero, una vez sembrada, crece, se hace mayor que cualquier hortaliza y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar a su sombra.

33 Con muchas parábolas como éstas, Jesús les anunciaba el mensaje, acomodándose a su capacidad de entender.

34 No les decía nada sin parábolas. A sus propios discípulos, sin embargo, se lo explicaba todo en privado.

 

        **• El pasaje incluye dos comparaciones destinadas a ilustrar la idea del Reino. La primera (w. 26-29), que recuerda la parábola del sembrador, compara el Reino con el campesino que, tras la siembra, espera inactivo el crecimiento de la semilla hasta el momento de la siega. Dos son al menos los niveles de lectura de esta breve parábola. La siembra puede representar la predicación del Evangelio, una predicación confiada a los discípulos: Jesús les invita a que tengan paciencia, porque la semilla de la Palabra actúa por su propia virtud y da fruto según modos y tiempos que el hombre no puede conocer ni acelerar a su gusto.

        La semilla se desarrolla sin que el campesino sepa cómo, y la tierra produce por sí misma el grano: sólo "cuando el fruto está a punto" (v. 29), esto es, cuando el Reino se haya manifestado en su gloria, será necesario volver a ponerse a la obra. Ahora bien, podemos ver también en el sembrador la acción de Dios: ha enviado al mundo su Palabra, ahora espera que dé fruto (cf. Is 55,10ss), y, en el tiempo de la siega, metáfora del juicio final, empuñará la hoz.

        La segunda comparación (w. 30-32) representa el Reino como el grano de mostaza del que nace un gran árbol. También aquí se trata de un mensaje de confianza, un mensaje importante para la comunidad primitiva, que hubiera podido caer en el desánimo. No importa que sus miembros sean pocos y pequeños; es más, la Palabra de Dios dará frutos inconmensurables, aunque no por nuestros méritos, sino por la gracia. La conclusión (w. 33ss) retoma el tema del doble lenguaje de Jesús: parábolas para el gran público, explicación en privado sólo para los discípulos.

 

MEDITATIO

        El Señor realiza su designio de salvación, y los hombres son simples instrumentos en sus manos. No nos corresponde a nosotros decidir cuándo y en qué medida dará fruto la semilla: el crecimiento tiene lugar en secreto, mientras nosotros nos ocupamos de otras cosas, y es un crecimiento desproporcionado en comparación con nuestras expectativas. No podemos influir de ninguna manera: ni de modo positivo, acelerando los tiempos; ni de modo negativo, frenando con nuestro pecado la eficacia de la Palabra.

        Sin embargo, esto no debe desanimarnos, ni disminuir nuestro compromiso. En realidad, las lecturas de hoy nos envían un gran mensaje de esperanza y de confianza: nos ha sido confiada una tarea para la que somos inadecuados, aunque, a pesar de todo, nuestra colaboración es importante. Sólo debemos abstenernos de sentirnos atosigados por la expectativa del resultado: éste no se encuentra en nuestras manos, no nos corresponde a nosotros medir el efecto, y, tal vez, no veamos nunca los resultados. Sólo al final empuñaremos la hoz: al final de nuestra vida recogeremos el fruto de nuestro trabajo, y la siega será una fiesta alegre si hemos sabido esperar con serenidad, confiados en la obra del Padre.

        Confiar en Él, ése es el secreto: sin huir de las responsabilidades y sin maquinar engaños para encubrir nuestras culpas. David creyó haber obrado con astucia y haber enmascarado la traición, pero el Señor ve en lo secreto de los corazones y sabrá intervenir.

 

ORATIO

        Haznos pacientes, Señor, confiados en tu Palabra. A nosotros nos resulta difícil esperar a que llegue el tiempo de la cosecha: quisiéramos ver enseguida el resultado de nuestras acciones, programamos todo de manera detallada y creemos tener bajo control todo el proceso.

        Ahora bien, sólo tú sabes el momento en el que tu Palabra mostrará su poder. Sólo tú sabes cuándo llegará el momento de empuñar la hoz. La semilla crece, no por nuestros méritos, sino sólo por tu gracia. Haznos dóciles, Señor, respetuosos con los tiempos de maduración, respetuosos con los hermanos a quienes hablamos en tu Nombre. Quisiéramos que todos nos siguieran cuando hablamos de ti: tal vez confundamos el testimonio en favor del Evangelio con el éxito de nuestras iniciativas.

        Haznos capaces de esperar tu venida, aunque en ocasiones nos parezca que está muy lejana. Atráenos a ti: estamos ansiosos de participar en la gran fiesta de la cosecha en tu Reino.

 

CONTEMPLATIO

        "Plantar" significa evangelizar y atraer a la fe; "irrigar" significa bautizar con palabras solemnes. [...] Si Dios da efecto a la salvación, no hay en ello gloria alguna para el hombre. [...] "Ahora bien, ni el que planta ni el que riega son nada;Dios, que hace crecer, es el que cuenta" (1 Cor 3,7). O bien lo plantado puede morir, o bien lo regado acostumbra [a veces] a no llegar a la fecundidad si Dios no le otorga una vida sana. En consecuencia, por lo que respecta al honor divino, nada corresponde al hombre. Sin embargo, en lo que respecta al ministerio, es preciso que reciba el honor como siervo, no como si se esperara algo de él, produciendo ofensa a Dios (Ambrosiaster, Comentario a la primera carta a los Corintios, Roma 1989, pp. 60ss).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ni el que planta ni el que riega son nada; Dios, que hace crecer, es el que cuenta" (1 Cor 3,7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Era el tiempo en el que se procedía a una violenta persecución contra todas las religiones en China. Tuve noticias de que muchos obispos, sacerdotes, hermanas y simples fieles estaban en la cárcel o en campos de trabajos forzados. Habían sido condenados por su fe en Cristo. Recuerdo las santas misas que celebré en la habitación de mi albergue. Sólo el jefe de la delegación de la que formaba parte conocía mi identidad sacerdotal. !Ay de mí si los chinos la hubieran descubierto! Sin embargo, me había traído de Hong Kong una botellita de vino, hostias y algunas hojas de papel con las partes móviles de la misa. Me levantaba a las dos o a las tres de la noche y celebraba la misa en la habitación del albergue, con el mínimo de luz, para no levantar sospechas. Ofrecía yo el divino sacrificio por todos los hermanos cristianos chinos que sabía que estaban en la cárcel, en campos de trabajos forzados o en la clandestinidad.

        Aquellas misas nocturnas me conmovían. Estaba llevando a cabo un gesto misionero en China. Dice el Concilio que la eucaristía es "la fuente y la cima de la evangelización" (PO 5).

        Es Dios, en efecto, quien evangeliza y convierte los corazones, a través de la obra del misionero, aunque también de modos misteriosos que sólo él conoce. Qué gesto misionero más auténtico puede haber, por consiguiente, que celebrar la misa en la China de la "revolución cultural", cuando estaba prohibido cualquier gesto público de culto? (P Gheddo, // Vangelo delle 7.7 9, Bolonia 1991, pp. 162ss).

 

Día 31

San Juan Bosco, presbítero


        Nació en Castelnuovo d'Asti en el año 1815, en el seno de una familia pobre. Dio muestras de poseer grandes dotes. Fue educado por su madre en la fe y en la práctica de las virtudes cristianas. A los nueve años intuyó por un sueño que debería dedicarse a la educación de la juventud. Siendo todavía un muchacho, fundó entre sus compañeros la "Sociedad de la alegría" para hacer la guerra al pecado. Ordenado sacerdote en 1841, escogió como programa de vida: Da mihi animas, cetera tolle (Gn 14,21) y dio origen al oratorio bajo la protección de san Francisco de Sales. Su estilo educativo y pastoral se basaba en el sistema preventivo y en la educación en la fe. Fundó la "Sociedad de san Francisco de Sales" (salesianos) y, con santa María Domenica Mazzarello, el "Instituto de las Hijas de María Auxiliadora". Creó también con laicos los cooperadores salesianos. El "padre y maestro de la juventud" murió en Turín el 31 de enero de 1888.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Samuel 12,1 -7a. 10-17

En aquellos días,

1 el Señor envió al profeta Natán, que se presentó a David, y le dijo: - Había en una ciudad dos hombres, uno rico y otro pobre.

2 El rico tenía muchas ovejas y vacas.

3 El pobre no tenía nada más que una corderilla que había comprado. La había criado, y había crecido con él y con sus hijos; comía de su bocado, bebía de su vaso y dormía en su seno; era como una hija para él.

4 Un día llegó un huésped a casa del rico y éste no quiso tomar de sus ovejas ni de sus vacas para servir al viajero, sino que robó al pobre la corderilla y se la sirvió al huésped.

5 David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: - Vive el Señor que el que ha hecho tal cosa merece la muerte,

6 y pagará cuatro veces el valor de la corderilla por haber hecho esto y haber obrado sin piedad.

7 Entonces Natán dijo a David: - !Ese hombre eres tú! Así dice el Señor, Dios de Israel: la espada no se apartará nunca de tu casa, por haberme despreciado y haber tomado a la mujer de Urías, el hitita.

8 Así dice el Señor: Yo haré que el mal te venga de tu propia familia; a tus propios ojos tomaré a tus mujeres y se las daré a tu prójimo para que se acueste con ellas a la luz del sol que nos alumbra.

12 Tú lo has hecho en secreto, pero yo lo haré a la vista de todo Israel y a la luz del sol que nos alumbra.

11 David dijo a Natán: - He pecado contra el Señor. Entonces Natán le respondió: - El Señor perdona tu pecado. No morirás.

14 Pero, por haber ultrajado al Señor de este modo, morirá el niño que te ha nacido. Y Natán se marchó a su casa.

15 El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y se puso muy malo.

16 David rogó a Dios por el niño: ayunó, se retiró y pasó la noche acostado en el suelo.

17 Los ancianos de su casa le insistieron para que se levantara del suelo, pero él no quiso ni tomó alimento alguno con ellos.

 

        **• Tras haber hecho morir a Urías, David tomó a Betsabé como mujer. Pero el Señor no deja impune el delito y envía al profeta Natán para que mueva el corazón del rey a la conversión. Natán le cuenta la célebre parábola del hombre rico que toma para sí la única corderilla del vecino (w. 1-4). David es un rey justo y pronuncia con indignación la inmediata condena del hombre: debe morir (v. 5). Pero se produce entonces el giro dramático del relato: Natán no se demora más en relatos simbólicos, sino que habla con dura claridad: "!Ese hombre eres tú!" (v. 7). La palabra del profeta obtiene el efecto para el que ha sido pronunciada: David reconoce su pecado y la plegaria de arrepentimiento que brota de su corazón encuentra su expresión en el salmo 50.

        Con todo, el drama no ha concluido. David no es rechazado por el Señor, que se mantiene fiel a la promesa de no alejarse de él como se había alejado de Saúl; sin embargo, llega el castigo, un castigo terrible que David

padece impotente y postrado por el dolor: el niño, fruto del adulterio, enferma y muere.

 

Salmo Responsorial

R. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

Salmo 50 3-4.12-13. 14-15

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
R.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
R.

 

 

Evangelio: Marcos 4,35-41

35 Aquel mismo día, al caer la tarde, les dijo: - Pasemos a la otra orilla.

36 Ellos dejaron a la gente y lo llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas lo acompañaban.

37 Se levantó entonces una fuerte borrasca y las olas se abalanzaban sobre la barca, de suerte que la barca estaba ya a punto de hundirse.

38 Jesús estaba a popa, durmiendo sobre el cabezal, y le despertaron, diciéndole: - Maestro, no te importa que perezcamos?

39 Él se levantó, increpó al viento y dijo al lago: - !Cállate! !Enmudece! El viento amainó y sobrevino una gran calma.

40 Y a ellos les dijo: - Por qué sois tan cobardes? Todavía no tenéis te?

41 Ellos se llenaron de un gran temor y se decían unos a otros: - Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?

 

        *• La tempestad calmada sigue al discurso sobre las parábolas (Mc 4,1-34) e inaugura una sección que incluye cuatro milagros (4,35-5,43). El arranque (w. 35ss) inserta el episodio en la situación espacio-temporal precedente: es el mismo día, estamos aún en el lago. La iniciativa parte de Jesús, que decide "pasar a la otra orilla". Sin embargo, los discípulos son sujetos activos. Éstos "lo llevaron en la barca" y se quedaron después solos luchando contra la tempestad, mientras Jesús dormía.

        La primera parte del relato (w. 35-37) contempla un ritmo creciente de los acontecimientos hasta el drama. El v. 38 es central, y subraya el contraste entre la serenidad de Jesús y el ansia de los discípulos.

        Casi se han invertido las relaciones: Jesús se confía, tranquilo, a la pericia de los marineros, pero los angustiados discípulos no confían en la presencia de Jesús, incluso le lanzan reproches: "No te importa que perezcamos? " (v. 38). En la segunda parte (w. 39ss), la decidida intervención de Jesús resuelve el drama. Basta una orden y callan tanto el fragor de la tempestad como el vocear aterrorizado de los discípulos: la pregunta de Jesús (v. 40) queda sin respuesta. El miedo que se ha apoderado de los discípulos es síntoma de falta de fe.

        La manifestación del poder de Jesús sobre los elementos transforma el miedo en temor de Dios: los discípulos no tienen todavía claro quién es Jesús y sólo intuyen que hay en él algo que les llena de espanto.

 

MEDITATIO

        La pregunta sobre la identidad de Jesús es una constante en el evangelio de Marcos (cf. Me 1,27). La familiaridad con él no facilita mucho las cosas a los discípulos; más aún, habituarse a tenerlo como compañero de camino, tomarlo con ellos en su propia barca, puede engendrar la ilusión de haberse apoderado de él. Pero la inesperada tempestad supone para ellos un brusco despertar, un despertar que pone en crisis la confianza en el Maestro, y casi oímos la decepción en sus voces: "No te importa que perezcamos?".

        Cuántas veces nos sentimos tranquilos, al amparo de nuestras comunidades bien organizadas, protegidos por la asiduidad a los ritos y tranquilizados por lecturas edificantes. Incluso cuando nos aventuramos a salir al exterior, creemos seguir teniendo con nosotros al Señor, aunque, en realidad, no nos fiamos hasta el fondo de él: a la primera adversidad, a los primeros fracasos, le reprochamos habernos abandonado.

        La fragilidad, la incertidumbre, la duda, nos parece que son sólo de los otros: nosotros conocemos bien el catecismo, !qué diantre! Sin embargo, también temblamos apenas se levanta el viento: somos nosotros los discípulos desconcertados y temerosos, somos nosotros David el pecador. "!Ese hombre eres tú!", nos dice también a nosotros el profeta.

 

ORATIO

        Socorre nuestra fragilidad, Señor, y humilla nuestro orgullo. Abre nuestros ojos para que reconozcamos nuestro pecado. Nos jactamos ante los otros, como si el don de formar parte de tu rebaño fuera una garantía y no una gracia inmerecida. Ayúdanos a comprender que el conocimiento de tu Evangelio es un don que debemos comunicar a los otros, y no una posesión que debemos guardar celosamente.

        Sostennos en las pruebas, para que no caigamos en la tentación de considerar el mal como un desmentido de tu bondad. Te acusamos a menudo de estar lejos, de no ver ni oír nuestros lamentos; merecemos tus reproches mucho más que tus discípulos: "Por qué sois tan cobardes? Todavía no tenéis fe?".

        No eres tú el que duerme, Señor. Somos nosotros los que no conseguimos verte. Perdónanos y ten piedad de nuestra poca fe.

 

CONTEMPLATIO

        Es bueno no caer, o bien caer y volver a levantarse. Y si llegamos a caer, es bueno no desesperar y no volvernos extraños al amor que tiene el Soberano por el hombre.

        Si lo quiere, puede tener, en efecto, misericordia de nuestra debilidad. Tan solo hemos de limitarnos a no alejarnos de él, a no sentirnos angustiados si nos sentimos forzados por los mandamientos, y no hemos de sentirnos abatidos si no llegamos a nada. [...] No debemos tener prisa ni replegarnos, sino volver a empezar siempre de nuevo. [...] Espéralo, y él tendrá misericordia de ti, bien con la conversión, bien con pruebas, bien con cualquier otra providencia que ignoras (Pedro Damasceno, Libro secondo. Ottavo discorso, en La filocalia, Turín 1982, I, p. 94 [edición española: La filocalia de la oración de Jesús, Sígueme, Salamanca 51998]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "David dijo: "He pecado contra el Señor"" (2 Sm 12,13).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        [La historia de David] llena de sensatez, no es lejana para nosotros, porque David es un gran modelo para todos los tiempos. Nos enseña cómo a partir de pequeñas desatenciones puede entrar el hombre en graves dificultades, y si no mantiene la mirada fija en Dios cae en errores cada vez más grandes para cubrir los precedentes. Dios, sin embargo, es rico en misericordia e interviene para ayudarnos a volver a encontrar lo mejor de nosotros, a volver a encontrar lo que el Espíritu ha puesto como don en nuestro corazón: el amor a la verdad, a la justicia, a la lealtad.

        Nos reconocemos en David porque en cada uno de nosotros está el corazón malvado del que procede el desorden. Por eso nos invitan el salmo 50 y el relato [del segundo libro de Samuel] a reflexionar en serio: no podemos presumir de estar exentos de la culpa sólo porque no seamos reyes o no tengamos el poder de David. Es nuestra condición humana la que se encuentra en un destino de desorden y, por eso, corre el riesgo de convertirnos, al menos en las pequeñas circunstancias, en prisioneros de nosotros mismos, incapaces de reconocernos y de confesarnos pecadores. Sólo la gracia de Dios, continuamente invocada y acogida, vuelve a ponernos cada día en la verdad.

         [Reflexionemos] sobre todo el contexto de la historia de Betsabé y de Urías, preguntándonos en la oración por qué los libros sagrados han querido contar tales acontecimientos y otorgar tanto espacio a la descripción de este pecado de David y tanta importancia a la sucesión (cf. 1 Reyes). Sólo así nos será posible comprender la figura de David en todo su significado y, en consecuencia, comprender la historia de la salvación, comprender que en el rostro de Cristo resplandecen la luz de Dios y la esperanza de los hombres (C. M. Martini, David peccatore e creciente, Milán - Cásale Monf. 1989, pp. 75-78, passim [edición española: David, pecador y creyente, Editorial Salterrae, Santander 1996]).