|
|
Si quiere recibirla diariamente, por favor, apúntese aquí Si quiere recibirla mensualmente en formato epub, por favor, apúntese aquí
DESCARGAS EN FORMATO |
|
El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-
|
4º domingo del tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: Sofonías 2,3; 3,12-13 3 Buscad al Señor vosotros todos, humildes de la tierra, los que cumplís sus preceptos; buscad la justicia, buscad la humildad; quizá así encontraréis cobijo el día de la ira del Señor 12 Yo dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que buscaré refugio en el nombre del Senior 13 El resto de Israel no cometeré más iniquidad, no diré más mentiras, ni hablaré con falsedad. Se alimentarán y reposarán sin que nadie los inquiete.
i> El profeta había dirigido anteriormente un discurso cargado de amenazas contra los pecadores. Ahora cambia de registro y se dirige <<a los buenos" en un tono parecido al discurso de las bienaventuranzas de la actual liturgia de la Palabra. La exhortación, buscad al Señor, queda especificada posteriormente: <<buscad la justicia, buscad la humildad" (2,3). Esto significa evitar las exhibiciones de poder delante de los hombres y renunciar a <<considerarse buenos>> ante Dios. Si el pueblo cultiva esta doble actitud, tal vez logre evitar la amenaza del exilio que pesa dramáticamente sobre los principales responsables. <<Quizá", porque el profeta no quiere —ni puede- dar ninguna seguridad. Probablemente, el destierro es inevitable y el pueblo ha de sufrir esta triste experiencia. Pero el Señor tiene pensado algo consolador. Dejar <<un resto>>, una pequeña porción, que sea como el retoño de un pueblo nuevo, calificado como <<humilde y pobre" (3,12). Estos rasgos poseen sobre todo una connotación Espiritual y sirven para designar a la gente que confía en el Señor que lo pone en su mente y en su corazón como el único valor con el cual miden y hacen depender todos los demás. El camino para que pase el mensaje de las bienaventuranzas propuesto por Jesús esta abierto.
Salmo Responsorial R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Salmo 145,6c-7. 8-9a. 9bc-10 (R.: Mt 5, 3) El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos. R. Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sion, de edad en edad R.
Segunda lectura: 1 Corintios 1,26-31 26 Y si no, hermanos, considerad quiénes habéis sido llamados, pues no hay entre vosotros muchos sabios según los criterios del mundo, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. 27 Al contrario, Dios ha escogido lo que el mundo considera necio, para confundir a los sabios; ha elegido lo que el mundo considera débil, para confundir a los fuertes; 28 ha escogido lo vil, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo, para anular a quienes creen que son algo. 29 De este modo, nadie puede presumir delante de Dios. 30 A él debéis vuestra existencia cristiana, ya que Cristo se ha hecho para nosotros sabiduría divina, salvación, santificación y redención. 31 De esta manera, como esta escrito, el que quiera presumir que lo haga en el Señor.
•" A la comunidad de Corinto, <<gloria y suplicio" del apóstol Pablo, van dirigidas estas palabras sobre la verdadera sabiduría. Los griegos eran admiradores y estudiosos de la sabiduría, entendida como investigación, reflexión, meditación y elaboración sistemática del pensamiento. Pablo, sin despreciar la realidad humana, encuentra la sabiduría humana limitada e incapaz de transformar radicalmente al hombre. Por eso, propone una nueva sabiduría, la de Dios, aparentemente ilógica e ineficaz, aunque <<paradójica": esa sabiduría revela su originalidad revolucionaria al escoger <<lo que el mundo considera necio... vil, despreciable>>. La referencia a la cruz de Cristo es clara y explicita. Los miembros de la comunidad son personas sencillas, sin mayores letras, carentes de orígenes nobles. Dios no se fija en el pedigrí de las personas, sino en su condición de hijos, condición adquirida por la muerte y resurrección de Jesús. En él, crucificado y resucitado, esta la fuente de la auténtica nobleza. En él hay que fijarse, con él hay que estar, si queremos encaminamos por el sendero de la verdadera y fructuosa sabiduría. Esta lectura, como la anterior, ilustra y ofrece una valiosa aportación para comprender rectamente las bienaventuranzas, luz teológica y Espiritual que irradia el presente texto evangélico.
Evangelio: Mateo 5,1-12 1 Al ver a la gente, Jesús subió al monte, se sentó, y se le acercaron sus discípulos. 2 Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras: 3 Dichosos los pobres en el Espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos. 4 Dichosos los que estén tristes, porque Dios los consolará. 5 Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra. 6 Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios los saciará. 7 Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos. 8 Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios. 9 Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 11 Dichosos seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por causa mía. 12 Alegraos y regocijaos porque será grande vuestra recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
" En el contexto del famoso <<sermón de la montaña", y como abertura del mismo, resuenan las bienaventuranzas. Jesús ha pronunciado estas palabras para todos, y siguen siendo actuales. Palabras que, ante todo, las ha corvertido en vida. El discurso no prevé situaciones imposibles; no esta dirigido a una minoría selecta, ni a un grupo de perfectos, ni tampoco se limita a ofrecer una ética de orientación interior. El discurso es concreto, serio, expositivo, exigente y decididamente <<revolucionario". Por motivos de espacio, sólo presentaremos algunas bienaventuranzas. <<Dichosos los pobres en el Espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos" (v. 3). El primer anuncio de dicha se refiere a los pobres. Desde el principio se deduce el efecto que produce en el lector. Una ayuda, que facilite una mayor comprensión, nos la proporciona la especificación <<pobres en el Espíritu", exclusiva de Mateo, respecto al texto paralelo de Lucas. El <<pobre", en sentido bíblico, es quien se vacía de si mismo y renuncia a la pretensión de construir su vida de modo independiente, para dejarle cada vez mas espacio y mas cabida a Dios. Pobre se identifica con humilde (cf primera lectura): quien no se encierra en si mismo porque esta abierto a Dios y a los otros. Quien se libera de si mismo para abrirse a los proyectos divinos encuentra la plenitud de la riqueza, el Reino de los Cielos. <<Dichosos los que están tristes, porque Dios los consolará" (v. 4). La aflicción es un lacerante dolor que corroe interiormente. También se podría traducir por <<los que lloran>>. Al margen de una posible identificación, reconocemos en este grupo a todos los verdaderos discípulos de Cristo que viven de corazón los problemas del Reino y sufren por una Iglesia dividida y lacerada, no santa, como debería ser Sufren y lloran especialmente por sus pecados, que ralentizan, o impiden, una renovación profunda. <<Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el Reino de los Cielos" (v. 1o). El sujeto de este nuevo aspecto de la felicidad son <<los perseguidos por hacer la voluntad de Dios". La voluntad de Dios aparece en la cuarta bienaventuranza, donde se habla de aquellos que tienen hambre y sed de justicia (= voluntad de Dios). Ahora se ensancha el tema, con una variante. Si antes la cuestión de interés consistía en buscar la voluntad de Dios, ahora destaca la perseverancia, cuando la situación resulta difícil y humanamente insoportable. Jesús ha sido el primero en vivir esta bienaventuranza, demostrando y enseñando una fidelidad a toda prueba. Por amor al Padre y a los hombres, ha ido hasta el final, bebiendo el cáliz que el Padre le había preparado (cf Mt 2o,22). Los cristianos serán felices si saben imitarlo en la entrega total, sin retroceder cuando la prueba se hace molesta y la cruz pesada.
MEDITATIO Para el líder de un grupo religioso, que quiera ganarse la simpatía de los demás y conseguir partidarios, el manifiesto programático de las bienaventuranzas parece, a primera vista, un despropósito. Escuchar esta letanía, marcada por el inicial <<dichosos", puede suscitar sentimientos contradictorios y opuestos desde el cándido placer de sentirse acariciado por la felicidad, hasta el disgusto por una inversión de términos que trastocan la realidad. La promesa de beatitud o felicidad llega desde todas partes, y todos hacen gala de poseer la receta milagrosa. Hay quien invita a disfrutar de la vida, explotándola al máximo, porque es breve y fugaz: disfrutar del cuerpo, la mesa, la cama, el juego, la lectura, la naturaleza; en fin, una especie de insaciable carpe diem. Hay quien, en la vertiente opuesta, considera que el deseo es el instrumento infernal del dolor. De aquí la necesidad de controlar el potencial del deseo hasta reducirlo al mínimo y neutralizarlo. Hay quien piensa que la felicidad se consigue destruyendo el arsenal que la azota y propugna luchar contra la enfermedad, el sufrimiento, la marginación, la pobreza. Hay quien juzga con pesimismo la realidad y cree que nada puede proporcionar una felicidad verdadera y estable, porque el hombre esta achatado por el sufrimiento físico y moral; no hay que resignarse a una situación sin salida. Hay quien se refugia en el sueño, evadiéndose de este valle de lágrimas, y señala con el dedo un paraíso perdido, viviendo con la ilusión de encontrarlo un día, aunque sea después de la muerte. Este tipo también es un resignado que, en vez de <<preagónico", como el anterior responde al envite. Jesús no elude la tarea de ofrecer su fórmula, porque sabe muy bien que el deseo de felicidad esta arraigado en el hombre y pertenece a sus necesidades fundamentales, como el aire, el agua, la comida, la vivienda, los amigos. La propuesta evangélica es, a primera vista, arriesgada y aparentemente ilógica y utópica. En cambio, tiene a su favor dos razones concretas. La primera consiste en la experiencia directa de Jesús: esta proclamando aquello que vive; la segunda, está avalada por el tiempo; dos mil años de historia del evangelio no han empañado en nada el valor de esta página, que ha encontrado a lo largo de los siglos no solo convencidos defensores, sino también entusiastas practicantes. La historia verifica el resultado de la formula propuesta a cada uno de nosotros. Qué lugar ocupan las bienaventuranzas en nuestra vida?
ORATIO !Señor, tenemos tanta hambre y sed de alegría…! Queremos ser felices, siempre. Tus bienaventuranzas nos entusiasman y nos descorazonan. Nos entusiasman porque vemos en ti al intérprete de la felicidad, la persona que sabe dar las indicaciones precisas, acrisoladas por ti y experimentadas por millones de personas que se han fiado de ti y han confiado en ti. El tiempo no ha desgastado tu mensaje, ni lo ha superado, a pesar de los sobresaltos de las modas. También esto nos entusiasma. Estamos perplejos y un poco descorazonados, porque encontramos que es un programa valiente, con exigencias fuertes, para hombres firmes. Gracias, Señor, porque no nos menguas en el empeño, porque nos propones cumbres sublimes; gracias, sobre todo, porque te haces cercano para que nuestro sueño sea una realidad y ya hoy nos permites saborear tu gozo, como anticipo de aquel que no tiene fin contigo, con el Padre y con el Espíritu Santo.
CONTEMPLATIO Como podemos decir que las bienaventuranzas son el programa de la felicidad, si ensalzan a los pobres, los humildes, las personas que no cuentan o que están en el último peldaño de la escala social? Señalemos algunas características de la felicidad. Encarnada. Tiene que ser realista, concreta, si no quiere ser confundida con una ilusión o, aún peor, con una droga. Las bienaventuranzas proclamadas por Jesús tienen un marcado acento autobiográfico. Antes de proclamarlas, las vive. Realmente, la Buena Nueva es Cristo. Jesús es el pobre, el humilde, el misericordioso, el constructor de la paz... En Cristo se identifican mensaje y mensajero, el decir, el actuar y el ser Total e interior. La felicidad tiene que tocar las cuerdas íntimas del ser, involucrar a toda la persona. Una felicidad que solo fuese epidérmica se confundiría con la del payaso, obligado por profesión a hacer reír aunque por dentro le zarandee la zozobra. Cuando Jesús refiere situaciones de dolor y marginación quiere indicar que la felicidad no hunde sus raíces en el bienestar: cuando me encuentro bien, poseo seguridad económica y psicológica, soy respetado y honrado, mantengo una buena relación con los otros... Si fuese así, la condena a la infelicidad estaría asegurada, porque tal situación es utópica: antes o después, en un punto o en otro, se resquebraja y falla. Un bien a exportar. Se advierte que las bienaventuranzas estén abiertas al exterior: el hambriento de justicia, los misericordiosos, los constructores de paz... La alegría cristiana no es una casualidad; es una virtud. No es un bien para ser consumido, sino donado: <<Hay mas alegría en dar que en recibir" (Heh 2o,35). Un bien duradero. Con perspectivas de eternidad, Excepto la primera y la última, las bienaventuranzas están formuladas en futuro. Puede parecer una promesa cuya realización no esta garantizada o un modo elegante para evadirse del presente. Obviamente, no es así. Jesús vive la alegría y la comunica. El anuncio de Jesús contiene fecundas semillas de felicidad. El porvenir indicado, aunque presente en la vida cotidiana, alcanzará su plenitud solo al final. La idea de un bien perdurable se logra al final de la etapa. Dios es la verdadera alegría. La primera bienaventuranza lo afirma con una expresión preferida por el evangelista Mateo, <<Reino de los Cielos", en cuanto que es el propio Dios quien reina (cf también la ultima). Los pobres son declarados felices porque tienen a Dios y Dios esta con ellos. No se trata de posesión, sino de comunión: comunión en cuanto relación de intimidad. La verdadera alegría es una cuestión de relación personal (las cosas no dan la verdadera alegría) basada en el amor. Esta relación es con Dios mismo. Ya, y aquí, se da una relación de comunión con él, aunque la comunión plena sélo se realizara en la eternidad (anónimo).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Buscad al Señor todos vosotros, humildes de la tierra" (Sof 2,3).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Entre los diez grupos en que se pueden distribuir y agrupar las diferentes bienaventuranzas bíblicas, sélo una hace referencia a la posesión de bienes materiales. Es lo dicho de aquel padre que, por la fecundidad de su mujer, se encuentra rodeado de un determinado numero de hijos, sanos y robustos, y que, por ello, es honrado y respetado entre sus congéneres. Otras Bienaventuranzas de tipo material no existen. Ni los ricos, ni los poderosos, ni los prepotentes, ni los dominadores, ni mucho menos los vividores, tienen cabida, directamente, en las bienaventuranzas bíblicas, entre el número de los bienaventurados. Ni la riqueza, altamente estimada entre los bienes deseables de la vida del hombre en la mentalidad bíblica veterotestamentaria. Es verdad que pobreza e indigencia nunca tuvieron buena acogida. En cambio, a diferencia de las bienaventuranzas egipcias o griegas, las bienaventuranzas bíblicas nunca consideraron que la riqueza, por si sola, bastase para dar la felicidad. Ni tampoco la gloria, el honor o el prestigio. Ciertamente, todos estos bienes san altamente apreciados y estimadas. Pero nunca han sido considerados como constitutivos de la felicidad humana. Son bienes complementarios, pero no constitutivos. Sirviéndonos de esta distinción, bienes constitutivos y bienes complementarios, en realidad el mayor bien constitutivo, según nueve de los diez grupos de bienaventuranzas, no es otro que Dios. O dicho de otra forma, la posesión por parte del hombre de todas las actitudes mas genuinas y auténticas relacionadas can la realidad divina: fe en un único Dios (grupo I); plena confianza y esperanza en su acción salvífica (II); respeto profundo, temor y amor (III); confesión humilde de los pecados y deseo de perdón (IV); estima y anticipación activa en el culto y la liturgia del templo (IV); mirada vigilante y escucha atenta a la presencia de Dios en el mundo y en la historia (V); consideración de la Ley como reflejo y testimonio de la manifestación de la acción salvadora de Dios (VI); respetuoso comportamiento ante la justicia (VII) y, finalmente, aceptación humilde de algunas carencias físicas, de un estado de sufrimiento (VIII). Estamos, como se puede apreciar; ante un conjunto de actitudes religiosas, mediante las cuales las personas toman conciencia de sus incapacidades, limitaciones, y no se cierran orgullosamente en si mismas, sino que reconocen que solo en Dios encuentran su plenitud (A. Mattioli, Beatifudini e Felicita nella Bibbia d’IsraeIe, Prato I992, 542ss).
|
|
Presentación del Señor
Esta celebración, a la que sería más propio llamar "fiesta del encuentro" (del griego Hypapánte), se desarrollaba ya en Jerusalén en el siglo IV. Con Justiniano, en el año 534, se volvió obligatoria en Constantinopla, y con el papa Sergio I, de origen oriental, también en Occidente, con una procesión a la basílica de Santa María la Mayor que se celebraba en Roma. La bendición de las candelas (de donde proviene la denominación de "candelaria") se remonta al siglo X. Celebra el episodio que narra san Lucas. Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, a los 40 días del parto, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor y así cumplir su santa Ley. En el templo les salió al encuentro el anciano Simeón, hombre justo y que esperaba la consolación de Israel. El anciano anunció a María su participación en la Pasión de su Hijo, y proclamó a éste "luz para alumbrar a las naciones". De ahí que los fieles, en la liturgia de hoy, salgan al encuentro del Señor con velas en sus manos y aclamándolo con alegría. Es una fiesta fundamentalmente del Señor, pero también celebra a María, vinculada al protagonismo de Jesús en este acontecimiento por el que es reconocido como Salvador y Mesías
LECTIO Primera lectura: Malaquías 3,1-4 Así dice el Señor: 1 Mirad, yo envío mi mensajero a preparar el camino delante de mí, y de pronto vendrá a su templo el Señor, a quien vosotros buscáis; el ángel de la alianza, a quien tanto deseáis; he aquí que ya viene, dice el Señor todopoderoso. 2 Quién podrá soportar el día de su venida? Quién se mantendrá en pie en su presencia? Será como fuego de fundidor y como lejía de lavandera. 3 Se pondrá a fundir y a refinar la plata. Reinará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas. 4 Entonces agradarán al Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los tiempos pasados, como en los años remotos.
**• Dos son los mensajeros presentados por el profeta, y el uno introduce al otro: el que prepara el camino al Señor que viene y el de la alianza, el Esperado. Ángel significa "mensajero" en griego: es interesante que la traducción se refiera al primero como mensajero y reserve el término "ángel", atribuido por lo general a una criatura celeste, al segundo. Con ello se pretende ayudar a distinguir entre el que es sólo precursor y el Mesías suspirado, de origen divino. A través de la sombra elocuente de la figura se pretende señalar, en perspectiva, al Bautista y a Cristo. Uno realizará la tarea del Redentor, el otro la de su Precursor. Uno entrará en el templo, el otro sólo le preparará el acceso. Y Aquel que entrará en el templo santificará en sí mismo los ministros y el culto mediante la ofrenda pura de la nueva alianza.
O bien: Hebreos 2,14-18
14 Y, puesto que los hijos tenían en común la carne y la sangre, también Jesús las compartió, para poder destruir con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo, 15 y librar a aquellos a quienes el temor a la muerte tenía esclavizados de por vida. 16 Porque, ciertamente, no venía en auxilio de los ángeles, sino en auxilio de la raza de Abrahán. 17 Por eso tenía que hacerse en todo semejante a sus hermanos, para ser ante Dios sumo sacerdote misericordioso y digno de crédito, capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo. 18 Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba.
*" "Carne" y "sangre" fueron reducidos por el enemigo al poder de la "muerte". Carne y sangre vienen de Cristo, Dios hecho hombre, divinizados y liberados de tal esclavitud. La raza de Abrahán queda así restituida a la vida. Y no sólo eso, sino que, como alianza perenne del misterio de la fe, misterio de la redención y misterio de la resurrección de la carne para la vida eterna, he aquí que el divino Hijo unigénito se presenta no sólo como el primero entre muchos hermanos, sino que se hizo para ellos también sumo sacerdote, mediador en su ser humano-divino de la fidelidad de Dios, Padre de la vida. El sumo sacerdote es definido, en efecto, como "misericordioso", porque viene y lo hace "por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación".
Salmo 23. R. El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria. Salmo 23. 7. 8. 9. 10 (R.: 10bc)
¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. R.
¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso, el Señor valeroso en la batalla. R.
¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. R.
¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria. R.
Evangelio: Lucas 2,22-40 22 Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la Ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 como prescribe la Ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor. 24 Ofrecieron también en sacrificio, como dice la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones. 25 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él 26 y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor. 27 Vino, pues, al templo, movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el niño Jesús para cumplir lo que mandaba la ley, 28 Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: 29 Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz. 30 Mis ojos han visto a tu Salvador, 31 a quien has presentado ante todos los pueblos, 32 como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel. 33 Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían de él. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: -Mira, este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, 35 y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al descubierto las intenciones de todos. 36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya muy anciana. Había estado casada siete años, siendo aún muy joven; 37 después había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones. 38 Se presentó en aquel momento y se puso a dar gloria a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. 39 Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la Ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía; estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios.
**• Se presenta en el texto una secuencia interesante con el verbo "ver": ver la muerte, ver al Mesías, ver la salvación. El anciano Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, se convierte en testigo de que "todas las cosas se cumplieron" según la ley, para que surja el Evangelio. Un Niño "signo de contradicción", una Madre llamada a una maternidad mesiánica de dolor junto a su redentor, y un anciano temeroso de Dios son los protagonistas del resumen de todo el Evangelio. Antigua y nueva alianza, Navidad y Pascua: aquí se encuentran en figura todos los misterios de la salvación, aquí se recapitula la historia, se le da cumplimiento en el tiempo, respondiendo a la colaboración y a la expectativa de los justos de todos los tiempos: José y Ana.
MEDITATIO Podemos considerar la fiesta que hoy celebramos como un puente entre la Navidad y la Pascua. La Madre de Dios constituye el vínculo de unión entre dos acontecimientos de la salvación, tanto por las palabras de Simeón como por el gesto de ofrenda del Hijo, símbolo y profecía de su sacerdocio de amor y de dolor en el Gólgota. Esta fiesta mantiene en Oriente la riqueza bíblica del título "encuentro": encuentro "histórico" entre el Niño divino y el anciano Simeón, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la profecía y la realidad y, en la primera presentación oficial, entre Dios y su pueblo. En un sentido simbólico y en una dimensión escatológica, "encuentro" significa asimismo el abrazo de Dios con la humanidad redimida y la Iglesia (Ana y Simeón) o la Jerusalén celestial (el templo). En efecto, el templo y la Jerusalén antigua ya han pasado cuando el Rey divino entra en su casa llevado por María, verdadera puerta del cielo que introduce a Aquel que es el cielo, en el tiempo nuevo y espiritual de la humanidad redimida. A través de ella es como Simeón, experto y temeroso testigo de las divinas promesas y de las expectativas humanas, saluda en aquel Recién nacido la salvación de todos los pueblos y tiene entre sus brazos la "luz para iluminar a las naciones" y la "gloria de tu pueblo, Israel".
ORATIO Por qué, oh Virgen, miras a este Niño? Este Niño, con el secreto poder de su divinidad, ha extendido el cielo como una piel y ha mantenido suspendida la tierra sobre la nada; ha creado el agua a fin de que hiciera de soporte al mundo. Este Niño, oh Virgen purísima, rige al sol, gobierna a la luna, es el tesorero de los vientos y tiene poder y dominio, oh Virgen, sobre todas las cosas. Pero tú, oh Virgen, que oyes hablar del poder de este Niño, no esperes la realización de una alegría terrena, sino una alegría espiritual (Timoteo de Jerusalén, siglo VI).
CONTEMPLATIO Añadimos también el esplendor de los cirios, bien para mostrar el divino esplendor de Aquel que viene, por el que resplandecen todas las cosas y, expulsadas las horrendas tinieblas, quedan iluminadas de manera abundante por la luz eterna; bien para manifestar en grado máximo el esplendor del alma, con el que es necesario que nosotros vayamos al encuentro de Cristo. En efecto, del mismo modo que la integérrima Virgen y Madre de Dios llevó encerrada con los pañales a la verdadera luz y la mostró a los que yacían en las tinieblas, así también nosotros, iluminados por el esplendor de estos cirios y teniendo entre las manos la luz que se muestra a todos, apresurémonos a salir al encuentro de Aquel que es la verdadera luz (Sofronio de Jerusalén, f 638).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra del Señor: "Yo soy la luz del mundo" (Jn 8,12).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cómo se comporta Simeón ante la grandiosa perspectiva que ve abrirse para su pueblo, en el despuntar de los nuevos tiempos mesiánicos? Con pocas palabras, nos enseña el desprendimiento, la libertad de espíritu y la pureza de corazón. Nos enseña cómo afrontar con serenidad ese momento delicado de la vida que es la jubilación. Simeón mira su muerte con serenidad. No le importa tener una parte y un nombre en la incipiente era mesiánica; está contento de que se realice la obra de Dios; con él o sin él, es asunto que carece de importancia. El Nunc dimittis no nos sirve sólo para la hora de nuestra muerte o de nuestra jubilación. Nos incita ahora a vivir y a trabajar con este espíritu, a liberar la casa que construimos, pequeña o grande, de modo que podamos dejarla con la serenidad y la paz de Simeón. A vivir con el espíritu de la pascua: con la cintura ceñida, el bastón en la mano, puestas las sandalias, preparados para abrir al mismo Señor cuando llame a la puerta. Para poder hacer esto, es necesario que también nosotros, como el anciano Simeón, "estrechemos al niño Jesús en nuestros brazos". Con él estrechado contra nuestro corazón, todo es más fácil. Simeón mira con tanta serenidad su propia muerte porque sabe que ahora también volverá a encontrar, más allá de la muerte, al mismo Señor y que será un estar todavía con él, de otro modo (R. Cantalamessa, / misten di Cristo nella vita della Chiesa, Milán 1992, pp. 75-78, passim [edición española: Los misterios de Cristo en la vida de la Iglesia, Edicep, Valencia 1993]). |
|
Martes de la 4ª semana del Tiempo ordinario o,
San Blas fue obispo de Sebaste (Armenia, en la actual Turquía) en los comienzos del siglo IV. Aunque nos deja un tanto perplejos la incertidumbre histórica de lo que tiene que ver con su vida, nos habla de ella la fuerte densidad de la tradición relacionada con él. Su culto, en efecto, es popularísimo, y está ligado sobre todo a la tradicional bendición de la garganta. Se lee en su "pasión" que, mientras le conducían al martirio, salió una mujer entre la muchedumbre de los curiosos para poner a su hijito, que se estaba ahogando a causa de una espina de pescado que se le había clavado en la garganta, a los pies del obispo Blas. Éste oró poniendo sus manos en la garganta del niño, que, de inmediato, quedó curado. Por otra parte, han florecido otras amenas leyendas en torno a la figura del santo. Este, en efecto, tras haber encontrado refugio en una cueva antes de haber sido hecho prisionero y conducido al martirio, habría curado también la garganta de un león y de otros animales salvajes, expresando así esa benevolencia universal -incluso cósmica que brilla en el corazón de todo verdadero seguidor de Jesús. San Blas estaría incluido entre los mártires caídos bajo la persecución de Licinio. La fecha de su decapitación, el año 316, oscila entre la historia y la leyenda. Estamos al final de la era de los mártires.
LECTIO Primera lectura: 2 Samuel 18,9-10.14.24-25a.30-19,4 En aquellos días, 18,9 Absalón se encontró frente a frente con los hombres de David; iba montado en un mulo, y al pasar el mulo por debajo de las ramas de una gran encina, la cabeza de Absalón se enredó en las ramas de la encina y quedó colgando en el aire, mientras el mulo que montaba continuó adelante. 10 Le vio uno y se lo fue a decir a Joab: - He visto a Absalón colgando de una encina. 14 Dijo Joab: - No quiero perder el tiempo discutiendo contigo. Y tomando tres flechas, las clavó en el corazón de Absalón, que estaba aún vivo colgado de la encina. 24 David estaba sentado entre las dos puertas de entrada. El centinela, que estaba en la terraza que hay a la entrada, por encima de la muralla, miró, y al ver a un hombre que venía corriendo solo, 25 gritó para anunciárselo al rey. 30 El rey dijo: - Retírate y quédate aquí. Él se retiró a un lado y se quedó allí. 19,4 Entonces llegó el cusita y dijo: - Traigo buenas noticias para el rey, mi señor. El Señor te ha hecho justicia librándote de todos los que se habían sublevado contra ti. 32 El rey preguntó al cusita: - Está bien el joven Absalón? El cusita contestó: - !Que corran la suerte de ese joven los enemigos del rey, mi señor, y todos los que se han sublevado contra ti para hacerte daño! 19,1 El rey se estremeció y, subiendo a la habitación que hay encima de la entrada de la ciudad, se echó a llorar; decía sollozando: - !Hijo mío, Absalón! !Hijo mío, hijo mío, Absalón! !Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío! 2 Informaron a Joab de que el rey lloraba y se lamentaba por Absalón; 3 y aquel día la victoria se cambió en luto para toda la tropa, porque oyeron decir que el rey estaba afligido por su hijo. 4 Por eso aquel día la tropa entró a escondidas en la ciudad, como entran los que vuelven avergonzados por haber huido en la batalla.
*•• El reinado de David se vio afligido en su ocaso por la rebelión de su hijo Absalón, una rebelión en la que tuvo que intervenir el ejército. El rey ha ordenado respetar la vida de su hijo; sin embargo, el joven, en su huida, queda colgado entre las ramas de un árbol y lo mata Joab, que cree ganar de este modo el favor del rey por haber eliminado al usurpador. El relato, del que la liturgia sólo lee hoy algunos fragmentos, es intensamente dramático: el rey espera con ansias las noticias de la batalla, dividido entre el deseo de la victoria y la angustia por la suerte de su hijo (w. 24-27); los criados le comunican primero las buenas noticias, fingiendo ignorar el fin de Absalón (w. 28-31). El drama estalla cuando, ante la pregunta explícita de David, "Está bien el joven Absalón?", no queda escapatoria posible y es preciso revelarle que su hijo ha muerto. Estalla entonces el dolor del rey: el hijo muerto ya no es un enemigo y un rival, sino sólo un muchacho; la exultación por la victoria se transforma en luto, el pueblo siente vergüenza como por una derrota (19,1-4).
Salmo Responsorial R. Inclina tu oído, Señor, escúchame. Salmo 85.
1Inclina tu oído,
Señor, escúchame,
3Tú eres mi Dios,
piedad de mí, Señor,
5porque tú, Señor,
eres bueno y clemente,
Evangelio: Marcos 5,21-43 En aquel tiempo, 21 al regresar Jesús, mucha gente se aglomeró junto a él a la orilla del lago. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies 23 y le suplicaba con insistencia, diciendo: - Mi niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que se cure y viva. 24 Jesús se fue con él. Mucha gente lo seguía y lo estrujaba. 25 Una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años 26 y que había sufrido mucho con los médicos y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, yendo más bien a peor, 27 oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28 Pues se decía: "Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, quedaré curada". 29 Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y sintió que estaba curada del mal. 30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se volvió en medio de la gente y preguntó: - Quién ha tocado mi ropa? 31 Sus discípulos le replicaron: - Ves que la gente te está estrujando y preguntas quién te ha tocado? 32 Pero él miraba alrededor a ver si descubría a la que lo había hecho. 33 La mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: - Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu mal. 35 Todavía estaba hablando cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga diciendo: - Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro. 36 Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo al jefe de la sinagoga: - No temas; basta con que tengas fe. 37 Y sólo permitió que le acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y, al ver el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos, 39 entró y les dijo: Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida. 40 Pero ellos se burlaban de él. Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que le acompañaban, y entró donde estaba la niña. 41 La tomó de la mano y le dijo: - Talitha kum (que significa: "Niña, a ti te hablo, levántate"). 42 La niña se levantó al instante y echó a andar, pues tenía doce años. Ellos se quedaron atónitos. 43 Y él les insistió mucho en que nadie se enterase de aquello, y les dijo que dieran de comer a la niña.
**• El pasaje forma parte de la sección de los milagros, que va desde Mc 4,35 a 6,6a. Dos episodios, al parecer independientes, han sido encajados de tal modo que se resaltan con habilidad tanto las diferencias como los puntos de contacto. El versículo inicial (v. 21) conecta el relato con la sección de las parábolas: Jesús vuelve a la otra orilla del lago tras una excursión a territorio pagano. El episodio de la hija de Jairo (w. 22-24.35-43) presenta, en la primera parte, la súplica del padre y la pronta disponibilidad de Jesús. El relato queda, a continuación, bruscamente interrumpido por la inserción de un nuevo personaje y de su historia (w. 25-28). Resalta el contraste entre Jairo, hombre influyente que implora de manera insistente a Jesús delante de todos, y la mujer anónima que se le acerca de modo furtivo, escondida entre la gente. Sin embargo, son iguales su confianza en Jesús y la inmediata respuesta del mismo. El milagro de la hemorroísa tiene lugar en dos tiempos: primero en secreto, sólo la mujer y Jesús se dan cuenta del prodigio; a continuación, la pregunta de Jesús y el estupor de los discípulos provocan un nuevo prodigio: la mujer habla, sale de sí misma, entra en relación con Jesús. No ha sido curada simplemente de la enfermedad (v. 29), sino que ha sido salvada (v. 34). Sin solución de continuidad, reemprende el otro relato. Se precipita el drama: la niña ha muerto, la intervención del taumaturgo parece inútil (v. 35). Sin embargo, Jesús da un vuelco a la situación: no está muerta, duerme. La actitud del Maestro es completamente distinta: la mujer se le había acercado en secreto y él la había impulsado a mostrarse ante todos; Jairo le ha rogado en público y Jesús deja a la gente fuera de la estancia, ordenando no decir nada de lo sucedido.
MEDITATIO En esta época nuestra en la que se idolatra el cuerpo y se le hace objeto de una excesiva preocupación por su salud o es maltratado en el remolino de una vida superexcitada y de superempleo, la clara lección de san Blas traduce, en el orden concreto de los hechos, lo que dicen los dos fragmentos bíblicos. Sustancialmente, el espantajo, exorcizado continuamente de todas las maneras posibles en nuestros días, es la muerte. El mártir, por el contrario, no tiene miedo de esta ineludible "hermana nuestra muerte corporal", precisamente porque tiene en el corazón una "esperanza [...] llena de inmortalidad" y porque el "no temáis" de Jesús, unido a la persuasión de que "vosotros valéis más que todos los pájaros ", les infunde una fuerza y una audacia que no son temerarias, sino serenas. San Blas, que se esconde en una cueva para escapar de las persecuciones, subraya el hecho de que el verdadero cristiano no está por el exhibicionismo heroico de la resistencia al dolor físico. El mártir no es alguien que desprecia el cuerpo y esta vida terrena. Ahora bien, ante a las decisiones en las que se trata de escoger entre Dios, con las alegres pero exigentes propuestas del Evangelio de Cristo, y las seductoras pero equívocas e ilusorias propuestas del que tiene poder para perder a todo el hombre en la Gehena, el mártir (!testigo!) escoge a Dios. A un precio elevado, es cierto, pero sólo el alborear ya de un sol de ilimitada felicidad de amor para siempre, más allá del breve y fugaz padecimiento, puede decirnos cuánto vale la pena.
ORATIO Oh Señor, que nos has dado en el obispo san Blas no sólo un pastor, amigo de los hombres y ayuda benéfica incluso de los animales, sino un animoso testigo de la fe, ayúdame a vivir a lo largo de este día dando testimonio de tu amor. Hazme fuerte en las pruebas grandes y en las pequeñas, para que las afronte como este mártir, unido a Jesús, en virtud de su misterio pascual. Por la intercesión de san Blas, bendíceme y líbrame de todo mal.
CONTEMPLATIO El Señor ha dicho: "Seréis como corderos en medio de lobos". Respondió Pedro: "Y si los lobos devoran a los corderos?". Pero Jesús dijo a Pedro: "Los corderos, después de su muerte, ya no tienen nada que temer de los lobos. Tampoco vosotros, pues, debéis temer a los que os maten pero no puedan, a continuación, haceros ningún otro daño. Temed, por el contrario, al que, después de vuestra muerte, tiene poder para echar vuestra alma y vuestro cuerpo a la Gehena del fuego. Sabed también [...] que la promesa de Cristo es grande, tanto como la bienaventuranza del Reino (Evangelio apócrifo de Tomás).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra del Señor: "No temáis; vosotros valéis más que todos los pájaros" (Mt 10,31).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL En las Actas del martirio de san Justino se cuenta que el prefecto Rústico puso a Justino y a sus compañeros ante esta alternativa: hacer sacrificios a los dioses o ser torturados y decapitados. Justino fue el primero en negarse a hacer sacrificios. Lo mismo dijeron todos los demás mártires: "Haz lo que quieras; nosotros somos cristianos y no hacemos sacrificios a los ídolos". La condena fue la decapitación "con arreglo a la ley" La decisión de los mártires de morir antes que renegar de su fe y de su amor a Cristo es locura a los ojos de los hombres. Así la consideraba un hombre de gran envergadura moral, el emperador Marco Aurelio. Pero también puede hacer reflexionar sobre el valor de la fe, tan grande que a ella se sacrifica la vida. Escribe Blaise Pascal en sus Pensamientos: "Creo sólo en las historias cuyos testigos se dejarían degollar" (n. 593). Dicho con otras palabras, si la fe es para los cristianos un valor tan grande que por ella están dispuestos a morir, es algo que no puede no hacer reflexionar sobre la verdad del cristianismo. No sacrifica la vida por una ilusión o por una fábula cuando lo que lo hacen no son unos !lusos o unos fanáticos, sino personas normales, razonables, de alta envergadura moral y, a menudo, incluso de elevada cultura y de sano juicio. El 7 de mayo de 2000, Juan Pablo II, en una ceremonia ecuménica desarrollada en el Coliseo, quiso que la Iglesia -no sólo la Iglesia católica, sino también las otras Iglesias y comuniones cristianas- recordara que el martirio es una realidad que forma parte de la naturaleza de la misma Iglesia y que el siglo XX ha sido, más que otras épocas, "el siglo de los mártires". De este modo, quiso dar un "signo" tanto a los cristianos como a los no cristianos y a los no creyentes, para invitarles a reflexionar no sólo sobre la trágica realidad del martirio -en lo que se refiere al siglo XX, se llegó a 12.692 mártires, de los que 2.351 eran laicos, 5.353 sacerdotes y seminaristas, 4.872 religiosos y religiosas y 126 obispos-, sino también sobre el significado que el martirio tiene para la vida de los cristianos e incluso para aquellos que no son cristianos pero dan culto a los valores que hacen la vida digna de ser vivida y, si fuere necesario, entregada (// senso del martirio cristiano, editorial de La Civiltá Cattolica del 15 de julio de 2000). |
|
Miércoles de la 4ª semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 2 Samuel 24,2.9-17 En aquellos días, 2 el rey dijo a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: - Recorred todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y haced el censo del pueblo para que sepa yo cuántos son. 9 Joab informó al rey sobre el resultado del censo del pueblo; había en Israel ochocientos mil hombres aptos para la guerra y diestros con la espada, y en Judá, quinientos mil. 10 Después de hacer el censo del pueblo, David sintió remordimientos de conciencia, y dijo al Señor: - !He cometido un gran pecado al hacer esto! Pero dígnate, oh Señor, perdonar el pecado de tu siervo, porque me he portado como un insensato. 11 Al día siguiente, cuando se levantó David, el Señor dirigió esta palabra al profeta Gad, vidente de David: 12 - Vete a decir a David: Así dice el Señor: tres castigos te pongo delante; elige uno de ellos y yo lo llevaré a cabo. 13 Gad se presentó a David y le dijo: - Qué prefieres? Que venga una carestía de tres años a tu tierra, que tengas que huir durante tres meses perseguido por tu enemigo o que haya tres días de peste en tu tierra? Piensa y decide la respuesta que debo dar al que me envía. 14 David dijo a Gad: - Me veo en un gran aprieto. Pero es preferible caer en manos de Dios, cuya misericordia es grande, a caer en manos de los hombres. 15 Y David eligió la peste. Era el tiempo de la siega del trigo. El Señor envió la peste desde la mañana hasta el tiempo fijado, y murieron desde Dan hasta Berseba setenta mil hombres del pueblo. 16 El ángel extendió su mano sobre Jerusalén para exterminarla. Entonces el Señor se retractó del mal y dijo al ángel que exterminaba al pueblo: - Basta; que cese el castigo. El ángel del Señor estaba junto a la era de Arauná, el jebuseo. 17 Cuando David vio al ángel que azotaba al pueblo, dijo al Señor: - Soy yo quien ha pecado y quien ha hecho el mal, pero el pueblo es inocente. Castígame a mí y a mi familia.
**• Los últimos capítulos del segundo libro de Samuel interrumpen la historia de la sucesión de David para insertar, como en apéndice, algunos episodios. El censo dispuesto por David (v. 2) va contra la Ley, según la cual sólo Dios puede cuantificar la consistencia de su pueblo. Por eso David siente remordimientos (v. 10) y el profeta Gad le preanuncia el castigo (v. 13). David sólo puede escoger entre la carestía, la derrota y la peste: son los castigos previstos por la Ley para la traición a la Alianza (cf. Dt 28,21-26). David prefiere la peste a la guerra, no sólo por su menor duración, sino porque un castigo de la mano de Dios permite confiar en la misericordia divina (v. 14), lo que no ocurre cuando el castigo lo aplica la mano del hombre. En efecto, el Señor siente piedad y perdona a Jerusalén (v. 16); también el rey siente compasión e intercede por el pueblo inocente, asumiendo la responsabilidad de lo sucedido (v. 17).
Salmo Responsorial R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Salmo 31,1-2. 5. 11
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
Había pecado, lo reconocí,
Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
Evangelio: Marcos 6,1-6 En aquel tiempo, Jesús 1 salió de allí y fue a su pueblo, acompañado de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La muchedumbre que lo escuchaba estaba admirada y decía: - De dónde le viene a éste todo esto? Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? Y esos milagros hechos por él? 3 No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? No están sus hermanas aquí entre nosotros? Y los tenía escandalizados. 4 Jesús les dijo: - Un profeta sólo es despreciado en su tierra, entre sus parientes y en su casa. 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo curó a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y estaba sorprendido de su falta de fe.
**• Esta breve perícopa concluye la sección de los milagros e introduce una serie de peregrinaciones de Jesús dentro y fuera de Galilea. La expresión genérica "pueblo" (v. 1) era suficiente para indicar Nazaret; es más precisa la determinación del tiempo: es importante que la manifestación de Jesús tenga lugar el sábado (v. 2). En Israel, cualquier hombre adulto podía comentar la Escritura en la sinagoga: sin embargo, la enseñanza de Jesús es diferente a la de todos los rabinos de aquel tiempo. Aunque sin citar (entre los sinópticos sólo lo hace Lucas [4,17ss]) los versículos de Isaías comentados en Nazaret, Marcos registra el estupor de los presentes. Tres son los motivos de admiración: el origen de las palabras pronunciadas por Jesús; la sabiduría que posee; los prodigios que realiza. Todo esto parece contrastar con la familiaridad que los nazarenos creían tener con él, dado que conocían a sus padres y hermanos. La verdadera identidad de Jesús se revela aquí a través de su ser signo de contradicción, piedra de tropiezo, motivo de escándalo (v. 3). Esto mismo constituía ya una característica de los profetas, perseguidos con mayor frecuencia precisamente por aquellos que hubieran debido comprenderles mejor (v. 4). Por esa desconfianza, no pudo realizar Jesús milagros entre sus paisanos: él mismo se muestra sorprendido de esta falta de fe, del mismo modo que los suyos estaban admirados de su autoridad.
MEDITATIO De este fragmento se desprende la ambigua relación que mantuvo Jesús con su ciudad: los nazarenos, asombrados por sus palabras, se escandalizan de él, y él se sorprende de su incredulidad. Entre líneas parece manifestarse el desconcierto del mismo evangelista: cómo es que los suyos, aquellos que hubieran debido serles más próximos, no creen en él? Cómo es que, precisamente en su ciudad, realiza poco prodigios? Sin embargo, esto no debía sorprender a los israelitas, que conocían bien la historia de los profetas, perseguidos y despreciados a menudo precisamente por su mismo pueblo. Y tampoco debe sorprendernos a nosotros, que nos encontramos, por así decirlo, en la condición de los nazarenos: por qué precisamente las comunidades cristianas se encuentran con frecuencia tan alejadas de la Palabra de Dios? Por qué sucede que los no creyentes conocen mejor la Biblia? Por qué tampoco en nuestros días son escuchadas las voces "proféticas" o, lo que es peor, son marginadas, ridiculizadas, acusadas de herejía? En el segundo libro de Samuel es el Señor quien sugiere a David el censo (2 Sm 24,1), mientras que el primer libro de las Crónicas atribuye la idea a Satanás (1 Cr 21,1). En realidad, se trata de una lectura teológica especular: Satanás no es más que un instrumento en manos de Dios (cf. Job 1,6), que pone a prueba la fe de los suyos. David cree seguir una sugerencia exterior, pero no hace más que obedecer a su sed de dominio, que quiere hacerle controlar al pueblo; olvida que es sólo el administrador, no el dueño, del pueblo de Dios. El problema, tanto en el caso de David como en el de los nazarenos, consiste en dejarse llevar por la Palabra de Dios sin pretender saber más que ella o juzgar si en el hijo de un carpintero puede manifestarse o no la sabiduría de Dios.
ORATIO Señor, perdona el orgullo que me impide leer las cosas por dentro. Pretendo siempre ser capaz de dominar los acontecimientos, y me escandalizo cuando no discurre todo según mis previsiones. Perdona, Señor, mi falta de confianza en ti. Te acuso de estar lejos, de no escucharme, de no acudir en mi ayuda; sin embargo, soy yo quien no es capaz de hacer el vacío en mi corazón para dejarte espacio. Señor, no sé rogarte. No sé dirigirte mis peticiones con sencillez y confianza. Sugiéreme tú las palabras, porque tengo necesidad de ellas: soy un ser humano, Señor, y no soy capaz de soportar el silencio. No haces prodigios para mí porque yo, como los nazarenos, no creo en ti. No tienes piedad de mí como tuviste piedad de Jerusalén porque no sé reconocer mis culpas como las reconoció David. Ayúdame, Señor. Tú no estás lejos de mí: soy yo el que estoy lejos de mí mismo y de ti.
CONTEMPLATIO Tiene albugo en el ojo aquel a quien la ceguera producto de su presunción de sabiduría y de justicia no le permite ver la luz de la verdad. En efecto, si la pupila del ojo está negra, ve, pero si tiene una mancha blanca, no ve nada. Está claro que si el hombre se reconoce necio y pecador en su meditación, llega a la experiencia de la claridad interior. Ahora bien, si se atribuye el candido brillo de la sabiduría y de la justicia, se excluye por sí mismo de la luz divina; y tanto menos consigue penetrar en la claridad de la verdadera luz cuanto más exalta su presunción a sus propios ojos (Gregorio Magno, La regola pastorale, Roma 31995, pp. 62ss [edición española: Obras, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1959).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Qué sabiduría es esa que le ha sido dada?" (Mc 6,2).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Al cabo de una inmensa preparación, llena de sangre y de luces, una preparación que orienta toda la historia y tiene su propio eje en el destino de Israel, Dios se ha hecho hombre para cambiar el sentido de la muerte y abrir de nuevo a los hombres la plenitud de su vocación. En Cristo, el hombre ha sido restablecido en su dignidad de persona "a imagen de Dios" y por eso, aunque supera infinitamente al mundo, ha sido llamado a transformarlo en "cuerpo de Dios" a través de la difusión de la eucaristía. La meditación de la Iglesia antigua -que fue sintetizada por la regla de fe elaborada por los siete grandes concilios ecuménicos- ha hecho posible el desarrollo de la ciencia y de la técnica "occidentales". Esta meditación está sellada por la sangre de los mártires y por la luz de los transfigurados. [...] La historia y el cosmos fueron arrancados así a los dioses y entregados al hombre, aunque sólo en la medida en que el hombre se reconoce criatura y sólo mientras su técnica permanezca al servicio de la celebración. [...] La rebelión moderna constata que "dios" se reduce a unas dimensiones muy determinadas de este mundo: proyección de la lucha de clases en Marx, de la debilidad y del resentimiento en Nietzsche, de una sexualidad reprimida en Freud. En la política, en la medicina o en la psicología se constituyen saberes y técnicas para sofocar la angustia fundamental: reducir las consecuencias destructoras del azar y de la necesidad. Si no hay nada fuera del mundo, el conocimiento de sus leyes, un conocimiento que se pretende total, justifica los regímenes totalitarios. Si no hay nada fuera del placer, es menester producir y consumir hasta la eutanasia final. No bromeaba Solzhenitsin cuando decía que la inflación no tiene otra causa que no sea el pecado. El más grande entre todos los concilios ecuménicos fue, sin duda, el de Calcedonia, celebrado el año 453 en la orilla oriental del Bósforo, ese río marino en el que se encuentran Europa y Asia. El concilio de Calcedonia celebró la unión de lo divino y de lo humano, sin separación ni confusión, en Cristo. Pues bien, parece ser que, en el siglo XIX, un cristianismo ampliamente pietista y moralista, y esto puede decirse tanto de Oriente como de Occidente, se olvidó del dogma de Calcedonia. Feuerbach, que en este punto sería seguido por Marx, consideraba que "dios" era la parte mejor del hombre y que éste, a causa de su impotencia, lo proyectaba en un cielo imaginario. De este modo, anunciaba oficialmente la carencia de la vocación a la deificación en el cristianismo de su tiempo. Los dos términos del adagio patrística, tan profundamente "calcedoniano", Dios hecho hombre, el hombre hecho Dios (es decir, plenamente hombre en la unión con Dios), están ahora el uno contra el otro. Es el duelo, descrito por Dostoievski, del hombre-Dios anticristiano contra el Dios-hombre crístico. Calcedonia ha caído en el olvido, Cristo vuelve a ser crucificado (O. Clément, La rívolta dello Spiríto, Milán 1980, pp. 18-23). |
|
Viernes de la 4ª semana del Tiempo ordinario o, SANTOS PABLO MIKI y compañeros, mártires,
LECTIO Primera lectura: Eclesiástico 47,2-11 2 Como se separa la grasa del sacrificio salvífico, así David fue separado de entre los hijos de Israel. 3 Jugaba con leones como con cabritos, con osos como con corderos. 4 Bien joven aún, no mató al gigante y quitó así el oprobio de su pueblo, lanzando con la honda la piedra que abatió la soberbia de Goliat? 5 Porque él invocó al Señor Altísimo, que hizo fuerte su diestra para matar a un guerrero potente y devolver el honor a su pueblo. 6 Por eso celebraron su triunfo sobre diez mil, y lo alabaron como bendito del Señor, ciñéndole una corona de gloria. 7 Porque él destruyó a los enemigos del contorno y aniquiló a los filisteos, sus adversarios, machacando para siempre su poder. 8 Por todas sus empresas daba gracias al Altísimo, con palabras de alabanza; con todo su corazón le cantó himnos, mostrando que amaba a su Creador. 9 Puso arpas para el servicio del altar, para que acompañaran con su música el canto. 10 Dio esplendor a las fiestas y ordenó perfectamente las solemnidades, haciendo que alabaran el santo nombre del Señor, llenando de cánticos el santuario desde el amanecer. 11 El Señor perdonó sus pecados y afianzó su poder para siempre, le otorgó una alianza real y un trono de gloria en Israel.
*" El libro del Eclesiástico o del Sirácida, compuesto probablemente a comienzos del siglo II antes de Cristo, era conocido hasta el siglo pasado sólo en su versión griega, realizada antes del año 132 antes de Cristo por un nieto del autor. Se trata de un libro sapiencial, y en su última parte muestra que la Sabiduría de Dios se ha manifestado en la historia de Israel. Entre otros, se habla también de David, presentado como el hombre elegido previamente por Dios para constituir el reino de Israel (v. 2). Las empresas de David están narradas de una forma poética y épica, como empresas de un héroe casi sobrehumano, un héroe que es tal sólo porque ha sido guiado por la mano de Dios. La grandeza de David consiste precisamente en someterse al Señor y en invocar su protección: "Porque él invocó al Señor Altísimo" (v. 5), "Por todas sus empresas daba gracias al Altísimo" (v. 8), "Puso arpas para el servicio del altar" (v. 9). Por esta fidelidad que mantuvo, y no por su fuerza de bandolero, le perdonó el Señor sus pecados y le concedió el reino, la victoria y, sobre todo, la descendencia mesiánica (v. 11).
Salmo Responsorial R. Bendito sea mi Dios y Salvador. Salmo 17. Perfecto es el camino de Dios, acendrada es la promesa del Señor; él es escudo para los que a él se acogen. R. Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Te daré gracias entre las naciones, Señor, y tañeré en honor de tu nombre. R. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu ungido, de David y su linaje por siempre. R.
Evangelio: Marcos 6,14-29 En aquel tiempo, 14 la fama de Jesús se había extendido, y el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían que era Juan el Bautista resucitado de entre los muertos y que por eso actuaban en él poderes milagrosos; 15 otros, por el contrario, sostenían que era Elías; y otros, que era un profeta como los antiguos profetas. 16 Herodes, al oírlo, decía: - Ha resucitado Juan, a quien yo mandé decapitar. 17 Y es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había condenado metiéndolo en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien él se había casado. 18 Pues Juan le decía a Herodes: - No te es lícito tener la mujer de tu hermano. 19 Herodías detestaba a Juan y quería matarlo, pero no podía, 20 porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre recto y santo, y lo protegía. Cuando le oía, quedaba muy perplejo, pero lo escuchaba con gusto. 21 La oportunidad se presentó cuando Herodes, en su cumpleaños, ofreció un banquete a sus magnates, a los tribunos y a la nobleza de Galilea. 22 Entró la hija de Herodías y danzó, gustando mucho a Herodes y a los comensales. El rey dijo entonces a la joven: - Pídeme lo que quieras y te lo daré. 23 Y le juró una y otra vez: - Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino. 24 Ella salió y preguntó a su madre: - Qué le pido? Su madre le contestó: - La cabeza de Juan el Bautista. 25 Ella entró en seguida y a toda prisa donde estaba el rey y le hizo esta petición: - Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. 26 El rey se entristeció mucho, pero a causa del juramento y de los comensales, no quiso desairarla. 27 Sin más dilación, envió a un guardia con la orden de traer la cabeza de Juan. Éste fue, le cortó la cabeza en la cárcel, 28 la trajo en una bandeja y se la entregó a la joven, y la joven se la dio a su madre. 29 Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
*•• La redacción que nos presenta Marcos del martirio de Juan el Bautista es la más extensa, comparada con las de Mateo y Lucas. Nos refiere primero las opiniones de la gente sobre la identidad de Jesús, en respuesta a las preguntas de Herodes (el tema se repite en Mc 8,27ss, donde es el mismo Jesús quien interroga a sus discípulos). Herodes, atormentado por los remordimientos, cree reconocer en el Nazareno al profeta que él había hecho matar (v. 16): así es como queda introducida la narración. Se habla, en primer lugar, del arresto de Juan a causa de Herodías: el relato entra de inmediato en el meollo, señalando la valiente acusación al rey como causa del martirio del profeta (w. 18-20). Sigue la narración dramática de las intrigas de Herodías, con la figura de Salomé reducida a instrumento por su pérfida madre (w. 21-25). Herodes aparece aquí más como un hombre débil que como un malvado, súcubo de su mujer, incapaz de resistir a su instinto. Víctima de su mismo imprudente juramento, debe ordenar contra su propia voluntad la decapitación del profeta (w. 26-28). Sin embargo, el remordimiento le perseguirá. El relato se cierra con un toque de piedad: se entrega el cuerpo del profeta a sus discípulos, que le dan sepultura (v. 29).
MEDITATIO La grandeza de un hombre, según los criterios de la Biblia, se mide por su fidelidad a la Ley del Señor. En esto, las figuras, por otra parte tan diferentes, de David y Juan el Bautista pueden ser asociadas. Fidelidad al Señor significa asimismo claridad de juicio y valor en el testimonio. David muestra su fuerza de ánimo cuando hace frente al gigante y cuando combate a los enemigos de Israel, pero sobre todo cuando reconoce, con humildad, su pecado. Se le recuerda no tanto por haber unificado las tribus de Israel bajo su trono, sino por haberse sometido a la palabra del profeta que le fue dirigida en nombre de Dios. Juan no tuvo miedo ante el poderoso Herodes y no vaciló en pronunciar el juicio que le sugería la inspiración del Señor. La fe es un don frágil y pesado al mismo tiempo. Frágil, porque basta con poco para ahogarla dentro de nosotros; pesado, porque implica un cambio radical en nuestros criterios y en toda nuestra vida. Ahora bien, la palabra pesado tiene en hebreo la misma raíz que la palabra gloría: la gloria del Señor, que acoge junto a sí a David y al Bautista, es la contrapartida de un "peso" llevado con alegría, porque es "un yugo suave y ligero" (cf. Mt 11,30).
ORATIO Líbrame, Señor, de la tentación de buscar la gloria humana y de creer en las lisonjas del poder terreno. Son demasiadas las veces que el deseo de sobresalir, de asegurarme privilegios, de entrar en familiaridad con las personas "importantes", me lleva a olvidar la coherencia y la fidelidad a tus enseñanzas. Señor, hazme firme en la fe. Concédeme el coraje que no tengo. Hazme superar el respeto humano que me impide dar testimonio de ti frente al mundo. Haz que no vacile ante el deber de elegir. El débil Herodes, la oportunista Herodías, la superficial Salomé, están muy cerca de mí: concédeme, Señor, la fuerza de ponerme de parte de Juan el Bautista, de parte de la verdadera vida. Haz que no tenga más que tu Palabra en mi cabeza.
CONTEMPLATIO El que se mira sólo a sí mismo vive con poco temor de Dios, no observa la justicia; más aún, la traspasa y comete muchas injusticias; se deja contaminar por las lisonjas de los hombres unas veces por dinero, otras por complacer a quienes le piden un favor que será una injusticia obtenerlo; otras veces, para huir del castigo por la falta que había cometido, será liberado, allá donde la vara de la justicia debía caerle encima. Ése ha obrado como hombre inicuo. [...] Cuál es el motivo? Tener amor propio, que es de donde brotan las injusticias. [...] Y, sin embargo, os digo que quisiera que fuerais justos, que reluciera en vuestro pecho la perla de la justicia (Catalina de Siena, Le lettere, Milán 1987, pp. 393ss [edición española: Obras de santa Catalina de Siena, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1996]).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Por todas sus empresas daba gracias al Altísimo" (Eclo 47,8).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Los periódicos están repletos de noticias alarmantes: corrupción, administradores que no respetan las leyes, juntas que caen, funcionarios envueltos en tormentas de escándalo, instituciones inoxidables corrompidas por la herrumbre de la sospecha. Dichosos vosotros si, en el asedio de los problemas comunitarios que os acosan, en el tráfico de las preocupaciones políticas que os angustian, en la encrucijada de los delicadísimos equilibrios que os mantienen como funámbulos suspendidos en el vacío, sois lo suficientemente testarudos para encontrar el espacio necesario para descongestionaros del afán de las cosas y para reconstruiros, en el interior de la familia, gruesas capas de humanidad. Lo sabéis: el pueblo os propone muchos problemas (la casa, el trabajo, la enseñanza, la salud) para que se los resolváis, y debéis hacerlo dando siempre prioridad a la parte más indefensa de vuestra gente. Con todo, existe la impresión de que, en ocasiones, el timonel de la barca sigue rumbos impuestos por los jeques locales, no por la gente pobre, y que las velas recogen sólo los vientos de quienes tienen más resuello en el cuerpo, y no los suspiros de quienes jadean porque carecen de todo. Tened el coraje de oponeros, pagando incluso con vuestra propia persona, cuando en la distribución de los cargos, en la asignación de las contratas de trabajo, en la elaboración de planes de fabricación, en la destinación de las áreas urbanas, se tienen presentes los intereses de los que están bien y se pisotean los derechos primarios de los que están sumidos en la desesperación o, en todo caso, se suplantan las exigencias de la comunidad. Frente [a la tragedia] que se consuma ante la indiferencia general, cuáles deben ser las actitudes de las personas civiles que apenas quieren comenzar a deletrear el alfabeto de la solidaridad? En primer lugar, es menester denunciar los daños ya ocasionados (A. Bello, Vegliare nella notte, Cinisello B. 1995, pp. 9, 32ss, 164 [edición española: Asoma la esperanza, Ediciones Sígueme, Salamanca 1997]). |
|
Sábado de la 4ª semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Reyes 3,4-13 En aquellos días, 4 el rey fue a sacrificar a Gabaón, el altozano más importante, y ofreció mil víctimas en holocausto sobre aquel altar. 5 Allí, el Señor se le apareció en sueños durante la noche y le dijo: - Pídeme lo que quieras, que yo te lo daré. 6 Salomón respondió: - Tú favoreciste mucho a mi padre, David, tu siervo, porque caminó en tu presencia con fidelidad, justicia y rectitud de corazón, y le has conservado tu favor dándole un hijo que se sienta en su trono, como hoy sucede. 7 Y ahora, Señor, Dios mío, tú me has hecho rey a mí, tu siervo, como sucesor de mi padre, David, pero yo soy muy joven y no sé cómo gobernar. 8 Tu siervo está en medio del pueblo que te has elegido, un pueblo numeroso, que no se puede contar y cuya multitud es incalculable. 9 Da, pues, a tu siervo un corazón sabio para gobernar a tu pueblo y poder discernir entre lo bueno y lo malo. Porque quién, si no, podrá gobernar a un pueblo tan grande? 10 Agradó mucho al Señor esta petición de Salomón, 11 y le dijo: - Ya que me has pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para obrar con justicia, 12 te concederé lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no ha habido antes de ti ni lo habrá después. 13 Pero además te añado lo que no has pedido: riquezas y gloria en tal grado que no habrá en tus días rey alguno como tú.
**• El fragmento narra el sueño de Salomón siguiendo la estructura de la fábula popular. El protagonista aparece como el héroe positivo que sigue la Ley y ofrece sacrificios al Señor, por lo cual puede pedir algo como don (w. 4ss). En este punto, aparece la grandeza de Salomón en el núcleo del fragmento (w. 6-9): tras haber recordado los beneficios concedidos por el Señor a David (v. 6), confiesa el rey su propia juventud e inexperiencia (v. 7) y pide sabiduría para gobernar al pueblo según la justicia (w. 8ss). Las expresiones usadas por Salomón son típicas del lenguaje sapiencial y profético: "un corazón sabio" para gobernar al pueblo y poder para "discernir entre lo bueno y lo malo". El "corazón", según la antropología bíblica, es la sede del pensamiento y el lugar donde se toman las decisiones profundas. Como en las fábulas, la petición complace a su destinatario y no sólo es escuchada, sino que éste añade también aquello que el joven no ha pedido: además de la sabiduría, la riqueza y la gloria en mayor medida que cualquier otro rey (vv. 11-13).
Salmo Responsorial R. Enséñame, Señor, tus decretos. Salmo 118. 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 (R.: 1b)
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. R.
Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos. R.
Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley R.
Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu ley y a guardarla de todo corazón. R.
Evangelio: Marcos 6,30-34 En aquel tiempo, 30 los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 31 Él les dijo: - Venid vosotros solos a un lugar solitario, para descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no tenían ni tiempo para comer. 32 Se fueron en la barca, ellos solos, a un lugar despoblado. 33 Pero los vieron marchar y muchos los reconocieron y corrieron allá, a pie, de todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos. 34 Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
**• Tras el paréntesis sobre el martirio del Bautista, el fragmento enlaza de nuevo con el envío en misión de los Doce (Mc 6,7-13). Se trata de un breve momento de intimidad entre Jesús y los suyos. A la vuelta de la misión, refieren los discípulos al Maestro cómo les ha ido. Éste les invita a descansar con él en un lugar solitario (v. 31). Es raro que el grupo de Jesús consiga separarse de la multitud, e incluso esta vez la soledad dura poco de hecho: el espacio que ocupa un versículo (v. 32), el más breve, que, de manera significativa, se encuentra en el centro del pasaje. Inmediatamente después, la gente, que había hecho a pie el trayecto a lo largo de la orilla del lago, alcanza a Jesús. Éste, compadecido de ella, la acoge. La perícopa tiene una estructura en quiasmo, esto es, en forma de "X". Al v. 30, acción y enseñanza de los discípulos, le corresponde el v. 34, la enseñanza de Jesús; al v. 31, propuesta de alejarse de la multitud, le corresponde el v. 33, donde la multitud vuelve a ser protagonista con un movimiento de nueva aproximación a Jesús. La atención se concentra en el v. 32, puesto en el centro, cuando el grupo se dirige en barca hacia un lugar apartado: la comunidad de los Doce se reagrupa y reanima, en vistas a la nueva y magna sección de los milagros con la doble multiplicación de los panes. El milagro de los panes, con su hondo significado, es anunciado previamente por la doble alusión a la necesidad insatisfecha de alimento, material y simbólico: los discípulos "no tenían ni tiempo para comer" (v. 31), las muchedumbres "eran como ovejas sin pastor" (v. 34).
MEDITATIO Lo esencial en la vida no es lo que parece más importante a los ojos de los hombres. El poder y la gloria del más grande entre los reyes de Israel es nada frente a la Palabra del Señor: Salomón no es grande, en la historia de la salvación, por sus riquezas, por sus relaciones con los imperios del tiempo, ni siquiera por la sensatez de sus juicios. Salomón es grande porque supo dirigir al Señor la oración justa. No se consideró a sí mismo como sabio, sino que imploró, como un don de lo alto, la sabiduría, y la obtuvo gracias a esta humildad suya. Cuando los discípulos vuelven con Jesús a contarle el éxito de su misión ("expulsaban a los demonios y curaban a los enfermos": Me 6,13), el Maestro no hace caso a lo que cuentan, sino que los llama para algo más esencial aún que el éxito: "Venid vosotros solos a un lugar solitario, para descansar un poco" (6,31). En el mundo convulso en el que nos hemos acostumbrado a vivir, hemos perdido la dimensión del reposo; nos creemos generosos y buenos porque nos dispensamos sin reserva, sin conservar ya espacio alguno para nosotros, sin casi tener tiempo para "comer". Jesús nos recuerda que no es posible vivir sin alimento. Nos recuerda la simple realidad de nuestra condición humana, donde mostrarse demasiado activo tal vez signifique presunción y orgullo. Pero nos recuerda, sobre todo, el alimento del que no podemos prescindir, so pena de la nulidad de todo lo demás: sin retirarnos aparte para la oración, sin acercarnos a la mesa de la Palabra y de la eucaristía, se seca nuestro corazón y se marchita nuestra fe.
ORATIO La oración, Señor, no resulta tan fácil. Es preciso hacer silencio dentro de nosotros, retirarnos aparte, si no físicamente, sí al menos con el pensamiento y en lo que atañe a las preocupaciones. Ayúdame, Señor, porque no sé buscar la soledad donde pueda estar solo contigo. No sé ni siquiera buscar el reposo, y el "tiempo libre" me dispersa en mil distracciones. Libérame tú, Señor, del apremio que supone tener siempre algo que hacer, del frenesí de estar siempre en medio de la gente, de la búsqueda extenuante de rumores y confusión. Ya no sabemos escuchar el silencio, y hasta en los templos, durante las celebraciones, llenamos todos los huecos de músicas y cantos. Concédeme la capacidad de descubrir tu voz en las cosas pequeñas: en el reposo, en el sueño, cuando todo lo demás está en silencio y sólo tú puedes entrar en lo íntimo de los corazones. Hazme atento, Señor, y haz que también yo, como Salomón, te pida sabiduría.
CONTEMPLATIO Si quisieres que te respondiese yo alguna palabra de consuelo, mira a mi Hijo, sujeto a mí y sujetado por mi amor y afligido y verás cuántas te responde. Si quisieres que te declare yo algunas cosas ocultas o casos, pon solos los ojos en él y hallarás ocultísimos misterios y sabiduría y maravillas de Dios, que están encerradas en él, según mi apóstol dice: In quo sunt omnes thesauri sapientiae et scientiae Dei absconditi; esto es: En el cual Hijo de Dios están escondidos todos los tesoros de sabiduría y ciencia de Dios (Col 2,3); los cuales tesoros de sabiduría serán para ti muy más altos y sabrosos y provechosos que las cosas que tú querías saber (san Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid l41994, libro 2, capítulo 22, nn. 3-4, p. 368).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Da, pues, a tu siervo un corazón sabio" (1 Re 3,9).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Día tras día tenemos que tomar gran cantidad de decisiones. Hablar o callar, optar por uno u otro extremo de una alternativa, elegir entre más posibilidades, aceptar o declinar una invitación o una llamada, hacer una cosa o simplemente omitirla: son algunos de los múltiples aspectos de esa experiencia elemental que es la capacidad de decidir, característica fundamental de nuestra condición humana. Son muchas las opciones que forman parte de cualquier hábito casi automático, de esos que no exigen ninguna atención especial; ahora bien, en la vida se presentan momentos fuertes que nos ponen frente a situaciones difíciles. Algunas veces la decisión es de gran alcance: sus consecuencias son tal vez irreversibles y afectan a lo profundo de nuestra vida o, en ocasiones, al destino de muchos [...] [La] dimensión central de la vida del Salvador, que es vivir en un contexto de oración la toma de sus decisiones, constituye un dato evangélico primario, al que debemos estar atentos en nuestro esfuerzo de autoevangelización y de crecimiento en la fe. Las grandes decisiones que debe tomar un cristiano en su vida no pueden perder de vista los ejes de referencia de su propia opción fundamental. Por eso no deben ser el resultado puro y simple de un proceso desvinculado, funcionalmente, de aquello que da alimento y significado existencial a la vocación cristiana. Para un cristiano, decidir es esforzarse por encontrar y hacer explícita por sí mismo la voluntad del Señor, y eso no es fácil. No lo es, sobre todo, cuando se amplía la gama de las posibles opciones o cuando gozamos de libertad plena para inclinar la balanza de un lado o de otro, por ser ambos buenos y recomendables. Y es que aquí estamos hablando precisamente de ese tipo de decisiones cuyo objeto es siempre bueno. No considero aquí el caso de la elección entre un bien y un mal: hablo de la opción entre bienes reales, eventualmente tan buenos que nos hacen difícil llegar a una conclusión límpida sobre la orientación que hemos de tomar. [...] Sólo una rectitud total, en presencia del Señor, nos permite localizar poco a poco el subsuelo profundo de nuestra voluntad y de nuestro obrar. Intentar hacerlo ya es, en parte, caminar hacia la libertad. Con la fuerza del Espíritu en nosotros, y a través de su acción sobre nosotros en la oración, empezaremos a comprender en lo más íntimo de nosotros mismos y llegaremos a percibir, en la verdad, cuan relativo es todo lo que no es Dios en nuestra vida. Las grandes decisiones que hemos de tomar en nuestra vida forman parte de la manifestación y del incremento del Reino de Dios: en consecuencia, deben ser tomadas en el ámbito de la conciencia cristiana, a saber: en el ámbito de la orientación y de la referencia de todo nuestro ser a Dios y a los hermanos, a la luz de los criterios y los valores fundamentales que nos explica Jesús en su vida y en su mensaje. Eso no es posible si no vivimos el discernimiento de la decisión en un contexto de oración; sólo ésta, en efecto, nos hace libres para referir nuestra verdad a la verdad de Dios, condición imprescindible de paz y de rectitud frente a la decisión. Discernir en la oración es abrirse sin reservas, en medio de la libertad y de la verdad, para buscar lo que Dios quiere. Decidir, practicando el discernimiento y la oración, es disponerse a expresar, en la vida y con la vida, la voluntad del Señor tal como la hemos reconocido y hecho nuestra (M. Azevedo, La preghiera nella vita, Milán 1989, pp. 219-228, passim [edición española: La oración en la vida, desafío y don, Editorial Verbo Divino, Estella 1990)]. |
|
5° domingo del tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: Isaías 58,7-10 Así dice el Señor 7 Comparte tu pan con el hambriento, da albergue a los pobres sin techo, proporciona vestido al desnudo y no te desentiendas de tus semejantes. 8 Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas sanarán en seguida, tu recto proceder caminará ante ti y te seguirá la gloria del Señor 9 Entonces clamarás y te responderá el Señor, pedirás auxilio y te diré: <<Aquí estoy". Si alejas de ti toda opresión, si dejas de acusar con el dedo y de levantar calumnias, 10 si repartes tu pan al hambriento y satisfaces al desfallecido, entonces surgiré tu luz en las tinieblas y tu oscuridad se volveré mediodía.
¤" El autor de los cc. 56-66 de Isaías, un profeta anónimo del siglo VI—V a. de C., dirigiéndose al pueblo que ha vuelto del exilio, profiere una serie de oráculos condenatorios y liberadores. El regreso a la tierra de Judá, después del entusiasmo inicial, alimentado por las expectativas de una inminente y definitiva liberación, ha conducido a Israel a un progresivo desaliento, causado, en buena medida, por una repatriación difícil y desilusionante. Como mensaje central del Tercer Isaías brota un renovado anuncio de salvación (cc. 6o-62), enmarcado en un cuadro temático - al que pertenece también este texto - del que emergen tonos de denuncia áspera ante un culto falso e hipócrita. Como en un pleito apasionado, Dios acusa a Israel de practicar un ayuno exterior desprovisto de autenticidad (ayuno/ayunar, en el c. 58, son palabras claves y aparecen siete veces). El pueblo esta convencido de que hasta con ayunar para ganarse la benevolencia divina y frente a la aparente lejanía de Dios (58,3), en lugar de poner en tela de juicio su ambigua actitud, le reprocha a Dios que no ve ni considera los sacrificios realizados. En este tipo de ayuno no tiene espacio lo auténticamente necesario: las obras de justicia y misericordia. En la relación de gestos requeridos (vv. 7.1o) para reemplazar una practica formal con una adhesión coherente del corazón, Dios apunta hacia un <<denominador común": la compasión. Solo quien sabe asumir el sufrimiento y las limitaciones del otro, quien sabe comprometerse luchando contra cualquier tipo de injusticia, sin hacer distinción de personas, descubrirá la verdadera luz de Dios y se convertirá en un manantial permanente. Las obras de misericordia que el creyente esta llamado a practicar implican dos opciones fundamentales: tienen que alcanzar a las victimas de las injusticias, sin distinguir entre paisanos y extranjeros (es la perspectiva universal de la obra del Tercer Isaías, y señalada aquí en el v. 7b), y tienen que comportar un empeño personal - compartir el pan (vv. 7 y 1o)- con quienes ayunan no por elección, sino porque estén hambrientos debido a las vejaciones de los ricos.
Salmo Responsorial R. El justo brilla en las tinieblas como una luz. Salmo 111. 4-5. 6-7. 8a y 9 (R.: cf. 4a) En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. R. Porque jamás vacilará. El recuerdo del justo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor.R. Su corazón está seguro, sin temor. Reparte limosna a los pobres; su caridad dura por siempre y alzará la frente con dignidad. R.
Segunda lectura: 1 Corintios 2,1-5 1 En lo que a mi toca, hermanos, cuando vine a vuestra ciudad para anunciaros el designio de Dios, no lo hice con alardes de elocuencia o de sabiduría. 2 Pues nunca entre vosotros me he preciado de conocer otra cosa sino a Jesucristo, y a este crucificado. 3 Me presenté ante vosotros débil, asustado y temblando de miedo. 4 Mi palabra y mi predicación no consistieron en sabios y persuasivos discursos; fue más bien una demostración del poder del Espíritu, 5 para que vuestra fe se fundara no en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios.
*• La acción salvífica de Dios es totalmente gratuita; en Jesucristo, el Padre ha ofrecido la salvación a todos. La lógica escandalosa de la cruz modifica los criterios de mérito y privilegio e invierte el horizonte de la sabiduría humana. Desde un primer momento, Pablo evidencia esta perspectiva hablando de la fuerza de la locura de la cruz (1,18-25); a continuación, pone como ejemplo a la comunidad de Corinto (1,26-31) y, por último, propone su propio comportamiento misionero (2,1-5). Pablo no se ha servido de raciocinios elocuentes o de hábiles argumentaciones (2,1): en el centro de su anuncio está únicamente Jesucristo, y éste crucificado. El apóstol funda y refuerza su proclamación en la fuerza del Espíritu. Sólo esta acción potente y el contenido del mensaje, despojado de cualquier estrategia persuasoria, conducen a una adhesión de fe auténtica, que no depende de las capacidades intelectivas y lógicas del predicador. Según este principio, anunciar el Evangelio significa confiar por entero en la obra de Dios.
Evangelio: Mateo 5,13-16 En aquel tiempo, dijo Jesús: 13 Vosotros sois la sal de la tierra, pero si la sal se desvirtúa, con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. 15 Tampoco se enciende una lámpara para taparla con una vasija de barro, sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre, que esta en los cielos.
¤" Mateo ensambla dos imágenes (en los otros dos evangelios sinópticos se encuentran separadas; cf Mc 9,49 y Lc 14,34ss para la <4sal"; Mc 4,21 y Lc 8,16; 11,33 para la <<luz") y las utiliza para crear, en el contexto del <<sermón de la montaña", una especie de engranaje entre el texto de las bienaventuranzas (5,1-12) y el de la Ley (5,17-46). Se quiere poner el acento en la tarea confiada a los discípulos, que deben vivir en referencia a tiempo-mundo, de modo no distinto y separado, sino como alternativa. El empleo del <<vosotros sois", al inicio del v. 13, resalta la unión entre las dos metáforas de nuestro texto y la ultima bienaventuranza precedente (5,1 1-12). La primera imagen, la de la sal, sugiere los diferentes modos conocidos de utilizar este elemento natural e indispensable: sazona las comidas, conserva y preserva los alimentos y, en el terreno específicamente religioso, esta relacionada con los sacrificios de oblación (Lv 2,13; Ez 43,24). Si la sal se desvirtúa (eventualidad posible, puesto que la sal se obtenía con técnicas rudimentarias e imperfectas, y sin mayor control de calidad), no sirve para nada, <<para tirarla fuera y que la pisen". En estas dos ultimas expresiones, es evidente que la referencia al juicio de Dios, bien sea con <<echar>>/"tirar", que Mateo también usa en otros contextos (3,10; 7,19; 5,25; 5,29; etc.), o <<pisotear", término utilizado por Isaías para describir la suerte reservada a los impíos (10,6; 25,10; etc.), esta dirigida al discípulo que no realiza debidamente su vocación y se vuelve <<insípido>> (el verbo moraino del v. 13 expresa tanto la pérdida de sabor como el ser necio>>; Mt 25,1-I3). La segunda indicación dada a los discípulos a través de la imagen de la luz, y relacionada con la de la ciudad, se enlaza con la idea profética de la peregrinación de los pueblos, quienes de ahora en adelante serán atraídos no por Jerusalén (cf Is 2,2-5), sino por la luz de Cristo irradiada mediante los discípulos. El horizonte de esta <<difusión" se expande para que alcance a todos los pueblos; no se puede circunscribir igual que no se puede ocultar el resplandor difundido por una lámpara colocada en el centro de la casa. Un imperativo, <<brille" (v 16), cierra la perícopa e invita al oyente a depurar su adhesión personal al Evangelio conforme a la facultad de realizar <<buenas obras" (no mencionadas aquí, aunque si explicitadas en Mt 25,35ss), que den gloria al Padre celestial. Sin esta praxis, el seguimiento resulta insípido, y el camino, incierto, envuelto en tinieblas.
MEDITATIO Para las personas que buscan el sentido que anime su vida, la Palabra de Jesús abre perspectivas siempre inéditas, añade colores sorprendentes e impensables y proporciona el deseo de un proyecto de vida radicalmente diferente del que pueden ofrecer las realidades del <<mundo", Una vez degustado el <<sabor" nuevo de una existencia iluminada por Cristo, no hay mas posibilidad para aquello que a menudo, y de modo mediocre, satisface fugazmente nuestros deseos de felicidad, dejándonos insatisfechos y decepcionados. Cuando permitimos que se avive el anhelo de una vida plena y <<en abundancia" (cf Jn 10,10), que de sentido auténtico a nuestro ser y a nuestro obrar permitimos que una fuerza, la del Espíritu, que trasciende nuestra valía, se manifieste al mundo a través de nosotros. <<Sal" y <<luz", tesoro valioso que llevamos en vasijas de barro, son dones no para retenerlos, sino para verterlos en los lugares donde se ha perdido el gusto y la esperanza de una vida digna de ser vivida o cuando alguien ha apagado la confianza. Ninguna ritualidad exterior puede reemplazar las implicaciones más que comprometedoras descritas por Isaías: los gestos de compartir, la opción en favor de quienes sufren la privación injusta y forzada de aquellos bienes necesarios para vivir y que hacen visible y creíble la fe. La misión, y con ella el discípulo del Evangelio, conoce los tiempos del mensaje gritado desde las azoteas y la difusión de la Palabra escandalosa de la cruz hasta los confines del mundo, y también sabe reconocer los momentos silenciosos, discretos, extraordinariamente potentes de una caridad solidaria de la que hablan las <<buenas obras" que dan gloria al Padre, que esta en los cielos. La comunidad cristiana no vive separada del mundo, sino inmersa en los acontecimientos de su tiempo, en los que esta llamada a obrar como la sal, que en si no es ninguna comida y solo unida, mezclada, deshecha en los alimentos, puede desarrollar su cometido de la misma forma, la Palabra que el creyente anuncia tiene que penetrar y vivificar desde dentro los ambientes en los que es sembrada. Es un quehacer fiel y constante que debe hacerse presente en un testimonio de vida sencillo y sobrio, a veces trémulo y <<débil", pero revestido de la fuerza de Dios, quien asegura su validez y eficacia.
ORATIO Padre, fuente de misericordia y de justicia, que cuidas de todos tus hijos, escucha el grito de los pobres, sé refugio del afligido y desconsolado. También en nuestros días hay desposeídos de bienes, privados de dignidad, hambrientos de pan y de amor Y hartos y satisfechos, con almacenes repletos y casas vacías, envanecidos con sus rezos y ayunos, que huelen a incienso y no perfuman la vida. En tu Hijo Jesús nos has revelado tu predilección por los pequeños, te has mostrado compasivo y misericordioso con quienes confían en ti. El, desnudo y crucificado, le indica a quien quiere seguirle un camino serio y arriesgado, una puerta estrecha por donde no se puede pasar si no nos liberamos de las ataduras que suponen el patrimonio, los bienes, la cultura, las estrategias pastorales. Padre, no queremos poseer mayor honor ni tener mayor gloria que el nombre de tu Hijo crucificado y resucitado, mas preciado y valioso que el oro y la plata, para levantar y hacer andar a quien tiene necesidad de esperanza. Su Palabra es la luz que nos confías para reavivar los lugares aprisionados por las tinieblas; el Evangelio es la lámpara que no se consume, el sabor incorruptible para incorporar a la existencia. Entonces brillarán nuestras buenas obras como un sol sin ocaso, porque ha prendido tu resplandor
CONTEMPLATIO No se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín. Qué beneficio se obtiene tapando la llama de la lámpara?. En realidad, Dios se ha servido del celemín como símil apropiado para la sinagoga, pues ésta acumuló para si los frutos producidos y mantuvo fija la medida a observar. No obstante, ahora, con la llegada del Señor, se encuentra vacía, sin frutos e incapaz de ocultar la luz. Desde este momento, la lámpara de Cristo no puede ponerse debajo de ninguna vasija, ni ocultarse bajo la tapadera de la sinagoga; al contrario, suspendida del leño de la pasión, tiene que irradiar la luz eterna a todos los que habitan en la Iglesia. Los apóstoles son exhortados a brillar con una luz semejante para que, viendo sus obras, alaben a Dios, de modo que nuestras obras, aunque no les prestemos atención, resplandezcan entre quienes vivimos (Hilario de Poitiers, Comentario a Mateo IV, 13).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Encomienda al Señor tu camino, confía en él, que él actuará" (Sal 37,5ss).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Y lo que le sucede a la Iglesia nos sucede también a cada uno de nosotros en particular. Sus peligros son nuestros peligros. Sus combates son nuestros combates. Si la Iglesia fuera en cada uno de nosotros más fiel a su misión, ella sería, sin duda ninguna, lo mismo que su mismo Señor, mucho más amada y mucho más escuchada; pero también, sin duda alguna, sería, como él, más despreciada y más perseguida <<Yo les he dado Tu Palabra y el mundo los aborreció>> (Jn 17,iA; ci i5,10-2] Si los corazones se manifestaran más claramente, el escándalo sería mucho más evidente, y este escándalo supondría un nuevo impulso para el cristianismo, porque <<adquiere un poder mayor cuando es aborrecido por el mundo>> (san Ignacio de Antioquía, Ad Ro- manos Ill, 3). El que el anticlericalismo esté <<en baja>>, cosa de lo que solemos felicitarnos, puede no ser siempre una señal feliz. Es verdad que este fenómeno puede ser debido o un cambio en la situación objetiva o a un mejoramiento tanto de una parte como de la otra, pero también podría significar que aquellos por quienes se conoce a la Iglesia, aun proponiendo todavía al mundo algunos valores dignos de estimación, se hubiesen acomodado a él, a sus ideales, a sus cláusulas y a sus costumbres. En ese caso, dejarían de ser embarazosos. Que la sal se puede desazonar es cosa que nos repite el Evangelio. Y si vivimos —me refiero a la mayor parte de los hombres - relativamente tranquilos en medio del mundo, esto quizá sea debido a que somos tibios (H. de Lubac, Meditación sobre la Iglesia, Ediciones Encuentro, Madrid °1988, 162; traducción, Luis Zorita). |
|
Lunes de la 5ª semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Reyes 8,1-7.9-13 En aquellos días, 1 Salomón convocó en Jerusalén a los ancianos de Israel y a todos los jefes de tribu y cabezas de familia de los israelitas, para trasladar el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David (es decir, Sión). 2 Se reunieron en torno al rey Salomón todos los israelitas el mes de Etanín, que es el mes séptimo, con motivo de la fiesta. 3 Cuando llegaron los ancianos de Israel, los sacerdotes tomaron el arca 4 y la subieron junto con la tienda del encuentro y todos los utensilios sagrados que había en ella. 5 La subieron los sacerdotes y los levitas. El rey Salomón y toda la asamblea de Israel con él inmolaron ante el arca ovejas y toros en gran cantidad. 6 Los sacerdotes dejaron el arca de la alianza del Señor en su lugar, en el camarín del templo, es decir, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines. 7 Los querubines tenían las alas extendidas sobre el lugar en el que se encontraba el arca, cubriendo el arca y sus varales. 9 En el arca no había más que las dos losas de piedra, depositadas en ella por Moisés en el Horeb, cuando el Señor hizo la alianza con los israelitas a su salida de Egipto. 10 Mientras los sacerdotes salían del lugar santo, una nube llenó el templo del Señor, 11 de modo que los sacerdotes no podían oficiar, por causa de la nube. La gloria del Señor llenaba el templo. 12 Entonces, Salomón exclamó: Tú, Señor, dijiste que habitarías en una nube oscura. 13 Pero yo te he construido una casa para que vivas en ella, un lugar donde habites para siempre.
*• Se trata de una etapa importante de la historia de la salvación, de esas que marcan el cumplimiento de una larga espera y prefiguran la venida de una realidad ulterior. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, y mientras relee la historia de Israel a la luz de Cristo, Esteban nos habla así: "Nuestros antepasados tenían en el desierto la tienda del testimonio, como había dispuesto el que mandó a Moisés hacerla según el modelo que había visto. Después de recibirla, nuestros antepasados la introdujeron, bajo la guía de Josué, en la tierra conquistada a los paganos, a quienes Dios expulsó delante de ellos. Así hasta los días de David. Esto agradó a Dios y suplicó el favor de encontrar un santuario para la estirpe de Jacob. Con todo, fue Salomón quien le edificó una casa" (Hch 7,44-47). La construcción del templo de Salomón representa, por consiguiente, la culminación de esta historia que parte de la promesa de Dios en el Sinaí: "Me harán un santuario y habitaré entre ellos" (Ex 25,8). Es la historia del éxodo: un pueblo que se va constituyendo en torno a la alianza, cuya memoria itinerante es el arca; un camino guiado por el Dios-Presente, el Dios a quien la nube oculta y revela; una relación cada vez más profunda y personal entre Dios y el hombre, una relación de la que la gloria del Señor es signo luminoso, esplendor consistente que brilla en el rostro de quien ha encontrado a Dios. Ésta es la historia que, como signo, encierra el templo.
Salmo Responsorial R. ¡Levántate, Señor, ven a tu mansión! Salmo 131.
7entremos en su
morada,
8Levántate, Señor,
ven a tu mansión,
Evangelio: Marcos 6,53-56 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, 53 terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. 54 Al desembarcar, lo reconocieron en seguida. 55 Se pusieron a recorrer toda aquella comarca y comenzaron a traer a los enfermos en camillas a donde oían decir que se encontraba Jesús. 56 Cuando llegaba a una aldea, pueblo o caserío, colocaban en la plaza a los enfermos y le pedían que les dejase tocar siquiera la orla de su manto, y todos los que lo tocaban quedaban curados.
*•• Encontramos a Jesús tras la enésima travesía del lago, casi ha cosido las dos orillas: la del este, orilla de los paganos; la del oeste, orilla de los judíos. Una vez llegado a Galilea -y la gente lo reconoce-, nos describe el evangelista Marcos una escena que, de modo figurativo, muestra el cumplimiento de las promesas de salvación mesiánica anunciadas por los profetas. Desde Isaías: "Al final de los tiempos estará firme el monte del templo del Señor; sobresaldrá sobre los montes, dominará sobre las colinas. Hacia él afluirán todas las naciones, vendrán pueblos numerosos. Dirán: "Venid, subamos al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob. Él nos enseñará sus caminos y marcharemos por sus sendas"" (Is 2,2-3), a Zacarías: "Todavía han de venir gentes y habitantes de ciudades populosas. Los habitantes de una ciudad irán a decir a los de la otra: "Vamos a invocar al Señor todopoderoso y a pedir su protección. Yo también voy contigo"" (Zac 8,21-22). Convergen a Jesús todos los que se reconocen menesterosos de salvación: "gente que tiene cualquier mal", todos los que estaban "enfermos". La enfermedad y la debilidad quedan expuestas "en la plaza", sin vergüenza, en presencia de Jesús y con la confianza de que bastará con tocarle, aunque sólo sea "siquiera la orla de su manto ", para quedar curado. Zacarías había profetizado: "En aquellos días, diez extranjeros agarrarán a un judío por el manto y le dirán: "Queremos ir con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros"" (Zac 8,23). El que acude a Jesús lo ha intuido: Dios está con él. Ahora bien, después de haberlo encontrado, puede comprender de veras que, en Jesús, Dios está con nosotros y para nosotros.
MEDITATIO Este evangelio, con el afán de tocar a Jesús y la carrera para alcanzar y estrechar algo de él, enciende en el corazón la intuición luminosa que un día abrasó a Pablo: "En Cristo habita corporalmente la plenitud de la divinidad". Es en Jesús donde habita, como en el verdadero y definitivo templo, la plenitud de Dios "somatizada". Y "habéis alcanzado vosotros [nosotros] su plenitud" (Col 2,10). Una lógica continua y discontinua respecto a la que había erigido el templo de Salomón. En efecto, el cuerpo de Cristo, su humanidad, es la realidad que prefiguraba el templo: Dios en medio de su pueblo. Ahora bien, con Jesús, el arca de la alianza ya no soporta quedar encerrada en el Santo de los Santos: Jesús circula por las calles, nos sale al encuentro. Y si alguien fue golpeado por la muerte al instante por haber tocado el arca (cf. 2 Sm 6,7), Jesús, por el contrario, vino precisamente para hacerse alcanzar, para hacerse "tocar". Para nosotros, hoy, el cuerpo de Cristo es la Iglesia, que prolonga su humanidad en la historia y en el tiempo, hasta que toda la familia humana se haya vuelto tienda, santuario del encuentro entre Dios y el hombre.
ORATIO Oh Cristo, único mediador nuestro, tú nos eres necesario para entrar en comunión con Dios Padre, para llegar a ser contigo, que eres el Hijo único y Señor nuestro, sus hijos adoptivos, a fin de ser regenerados en el Espíritu Santo. Tú nos eres necesario, oh único verdadero maestro de las verdades recónditas de la vida, para conocer nuestro ser y nuestro destino, el camino para conseguirlo. Tú nos eres necesario, o gran paciente de nuestros dolores, para conocer el sentido del sufrimiento y para dar a éste un valor de expiación y de redención. Tú nos eres necesario, oh Cristo, oh Señor, oh Dios con nosotros... (Pablo VI).
CONTEMPLATIO Entre la Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo- y la fragilidad e iniquidad de los seres humanos, se ha hecho mediador un Hombre. No inicuo, pero sí débil. Así, por el hecho de no ser inicuo, te une a Dios; y por el hecho de ser débil se hace próximo a ti. Ahora, para que hubiera un mediador entre el hombre y Dios, el Verbo se ha hecho carne, es decir, el Verbo se ha hecho hombre (Agustín de Hipona, Exposición sobre el salmo 29, II, 1).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Todos los que lo tocaban quedaban curados" (Mc 6,56).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL En un sentido verdadero, los cristianos son gente que ya no tiene templo: con la venida de Cristo, el templo material, el edificio, ya no es el signo por excelencia de la presencia de Dios entre nosotros. Nuestro modo de encontrarnos con Dios ya no será el "subir al templo"; por lo demás, también los israelitas podían ir a él y desarrollar ritos espléndidos, espectaculares, sugestivos, sin poner en ellos "el corazón" y, por consiguiente, sin llevar a cabo una verdadera comunión con Dios. El lugar de la presencia de Dios para nosotros, aquel en el que Dios se ha manifestado y en el que podemos encontrarle, es "el templo de la humanidad de Cristo". Y esto hemos de entenderlo en dos sentidos. En primer lugar, en el sentido de que el lugar de mi encuentro con Dios es el vínculo entre Jesucristo y yo. Llego a ser hijo de Dios como Jesucristo: eso es el encuentro con Dios. Y en segundo lugar, en el sentido de que "el templo de la humanidad de Cristo" es toda la humanidad, que es su esposa y su cuerpo. No es posible encontrar a Dios sin encontrar todo lo que Dios encuentra (G. Moioli, Temí cristiani maggiorí, Milán 1992, pp. 104ss, passim). |
|
Martes de la 5ª semana del Tiempo ordinario o SANTA ESCOLÁSTICA,
LECTIO Primera lectura: 1 Reyes 8,22-23.27-30 En aquellos días, 22 Salomón se colocó ante el altar del Señor a la vista de toda la asamblea de Israel y, levantando sus manos al cielo, 23 dijo: - Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú ni en los cielos ni en la tierra. Tú guardas fielmente la alianza hecha con tus siervos, si caminan en tu presencia de todo corazón. 27 Pero acaso puede habitar Dios en la tierra? Si el universo en toda su inmensidad no te puede contener, !cuánto menos este templo construido por mí! 28 No obstante, atiende, Señor, Dios mío, la oración y la súplica que tu siervo te dirige hoy; 29 ten tus ojos abiertos noche y día sobre este templo, al que te referiste diciendo: "Aquí se invocará mi nombre". Escucha la plegaria que tu siervo te hace en este lugar. 30 Escucha las súplicas que tu siervo y tu pueblo Israel te hagan en este lugar; escúchalas desde el cielo, lugar de tu morada, atiéndelas y perdona.
*•• Ahora que la construcción del templo de Jerusalén ha terminado y la gloria del Señor ha tomado posesión del mismo, presenta Salomón su plegaria. En el corazón de la misma, como la chispa de fuego de donde brotan la alabanza y la invocación, está el estupor que experimenta el hombre ante el Dios-presente, ante un Dios que quiere habitar en la tierra. "Pero acaso puede habitar Dios en la tierra?" (v. 27a). En efecto, la realidad más preciosa que custodia el templo -más que el oro con el que Salomón ha hecho revestir el altar y las puertas, más que las columnas de bronce y más que todos los adornos sagrados- es la presencia de Dios, es la alianza con la que el Señor ha elegido unirse a su pueblo. Una alianza de la que el templo es memoria estable, así como silencioso y elocuente relato. A continuación, la plegaria, tal como se presenta, descubre el fondo de la realidad: la "casa" que Salomón ha hecho construir para el Señor no es una morada que pueda contenerlo-capturarlo. La presencia de Dios no está condicionada a aquel lugar y a aquel espacio, porque Dios está presente allí donde se vive la alianza.
Salmo Responsorial R. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo! Salmo 83. 2-3. 5-6. 9-10 (R.: cf. 5a) ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo! Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. R. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichoso el que encuentra en ti su fuerza y tiene tus caminos en su corazón. R. Señor del universo, escucha mi súplica; atiéndeme, Dios de Jacob. Fíjate, oh Dios, escudo nuestro, mira el rostro de tu Ungido. R.
Evangelio: Marcos 7,1-13 En aquel tiempo, 1 los fariseos y algunos maestros de la Ley procedentes de Jerusalén se acercaron a Jesús 2 y observaron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavárselas 3 (es de saber que los fariseos y los judíos en general no comen sin antes haberse lavado las manos meticulosamente, aferrándose a la tradición de sus antepasados; 4 y al volver de la plaza, si no se lavan, no comen; y observan por tradición otras muchas costumbres, como la purificación de vasos, jarros y bandejas). 5 Así que los fariseos y los maestros de la Ley le preguntaron: - Por qué tus discípulos no proceden conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras? 6 Jesús les contestó: - Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me dan culto, enseñando doctrinas que son preceptos humanos. 8 Vosotros dejáis a un lado el mandamiento de Dios y os aferráis a la tradición de los hombres. 9 Y añadió: - !Qué bien anuláis el mandamiento de Dios para conservar vuestra tradición! 10 Pues Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a su padre o a su madre será reo de muerte". 11 Vosotros, en cambio, afirmáis que si uno dice a su padre o a su madre: "Declaro corbán, es decir, ofrenda sagrada, los bienes con los que te podía ayudar", 12 ya le permitís que deje de socorrer a su padre o a su madre, anulando así el mandamiento de Dios con esa tradición vuestra que os habéis transmitido. Y hacéis otras muchas cosas semejantes a ésta.
**• La progresiva revelación de la identidad de Jesús, en la que nos va introduciendo con su evangelio Marcos, incluye asimismo la revelación de una relación nueva entre los discípulos del Nazareno y las reglas que observan los hombres a fin de estar preparados para el encuentro con Dios (ser puros). "Porqué tus discípulos no proceden conforme a la tradición de los antepasados" (v. 5). Antes incluso de que Jesús pronuncie una respuesta, él mismo, su persona, se pone frente a nosotros como la respuesta. El "porqué", en efecto, es precisamente él. Jesús, al revelarse como el Hijo de Dios, como el mediador entre Dios y los hombres, relativiza de un golpe todas las reglas y preceptos humanos. No los anula, sino que nos muestra que son válidos si están en relación con él; con él, que es la norma, la encarnación del mandamiento de Dios, la Palabra viva. Aquí está en juego el contenido de la tradición, a saber: lo que se ha de transmitir de la fe; lo que cuenta de verdad y resulta indispensable para entrar en comunión con Dios, y lo que puede ser también bueno, pero siempre es relativo. Los preceptos de los fariseos son "tradición de los antiguos", "tradición de los hombres", "tradición vuestra". Que es como decir: vosotros os transmitís a vosotros mismos.
MEDITATIO Somos presa del estupor frente a algo que no nos esperamos, frente a algo mucho más bello y mucho más importante que lo que consideramos importante y bello. Y lo que mayor estupor puede despertar en la vida es darse cuenta de que Dios está con nosotros, reconocer que esta historia que estoy viviendo está toda ella dentro de la alianza: se desarrolla en su casa. Que el vínculo con Dios fundamenta el sentido y la dignidad de mi persona, incluso antes de que yo pueda hacer alguna cosa sensata y digna. La oración nace aquí: una mezcla entre el impacto que recibe quien se descubre amado antes, amado gratis, y la inconsciencia de quien por esto se encuentra libre, libre de darle largas a Dios. A quien se pregunte cómo se ha llevado a cabo este vínculo, cómo se vive la alianza, el evangelio de hoy le presenta la Palabra que va al corazón y desenmascara las poses de fachada. El tipo de relación que Dios nos ofrece en Jesucristo es vital: de vida a vida. Hasta tal punto que la acostumbrada pretensión humana de fijarla en rígidos esquemas se convierte en uno de los mayores obstáculos para que se lleve a cabo el encuentro. En tiempos de desorientación, como son los nuestros, puede sorprendernos la tentación de ir a la caza de seguridades y de adherirnos a prácticas, ceremonias y costumbres "antiguas", a "los nuestros", a "lo nuestro". Estamos convencidos -a hurtadillas-, como los fariseos y los maestros de la Ley, de que la fidelidad a Dios consiste enteramente en eso. Ahora bien, la Palabra de Dios no secunda este tipo de necesidades; al contrario, nos llama a asumir el riesgo de entablar nuevas relaciones, totales: con Dios y entre nosotros.
ORATIO Concédenos, Padre, asombrarnos siempre de nuevo ante al misterio que llevas a cabo para nosotros en Jesús, tu Hijo. Haz que siempre sepamos reconocer el carácter provisorio de todo lo que es menos que tú, para cantar en nuestra vida la invencible alegría de quien ha creído en la Palabra de tu Promesa. Amén. Aleluya. (B. Forte).
CONTEMPLATIO No es demasiado pequeño el corazón del creyente para aquel a quien no le bastó el templo de Salomón. Nosotros, en efecto, somos el templo del Dios vivo. Como está escrito: "Habitaré en medio de ellos". Si un personaje importante te dijera: "Voy a habitar en tu casa", qué harías? Si tu casa es pequeña, no hay duda de que te quedarías desconcertado, te espantarías, preferirías que el encuentro no tuviera lugar. Ahora bien, tú no temes la venida de Dios, no temes el deseo de tu Dios. Al venir, no te reduce el espacio; al contrario, cuando venga, será él quien te dilate (Agustín de Hipona, Sermón 23, 7).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Pero acaso puede habitar Dios en la tierra?" (1 Re 8,27).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Estamos aún en los bajos fondos, en los sótanos de la vida espiritual: también nosotros, que algunas veces nos mostramos un tanto burócratas, debemos ascender a la planta superior. Subir a la planta superior significa en nuestro caso superar la frialdad de un derecho sin caridad, de un silogismo sin fantasía y sin inspiración, de un cálculo sin pasión. Significa superar la frialdad de un logos sin sophia, de un discurso sin sabiduría y sin corazón. Significa no contentarnos con el acopio de nuestras pequeñas virtudes humanas, como si éstas pudieran comprarnos el Reino de Dios, cuando sabemos que es el Señor quien nos da la fuerza para ser buenos y humildes. En efecto, el Señor no nos ama porque seamos buenos, sino que nos hace ser buenos porque nos ama... María, inquilina acostumbrada a la planta superior, nos alivia de un estilo pastoral "atareado", sin inspiración, de una experiencia de oración requerida sólo por el guión, sin sobresaltos de fantasía, sin emoción. Nos rescata del achatamiento de nuestra vida interior en el ámbito de las trivialidades, del afán de las cosas por hacer que nos impiden elevarnos a ti (A. Bello, Cirenei della gioia, Cinisello B. 1995, pp. 44ss). |
|
Miércoles de la 5ª semana del Tiempo ordinario o BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DE LOURDES,
LECTIO Primera lectura: 1 Reyes 10,1-10 En aquellos días, 1 la reina de Sabá, al oír la fama de Salomón, vino para ponerle a prueba con enigmas. 2 Hizo su entrada en Jerusalén con un gran séquito y con camellos cargados de perfumes, oro y piedras preciosas en cantidad fabulosa. Se presentó a Salomón y le manifestó todo lo que tenía pensado decirle. 3 Salomón contestó a todas sus preguntas; no hubo ninguna cuestión tan oscura que el rey no pudiera resolver. 4 Cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón y el palacio que se había construido, 5 los manjares de su mesa, las casas de sus cortesanos, el porte de sus servidores y sus uniformes, sus provisiones de bebidas y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó maravillada, 6 y dijo al rey: - Era verdad lo que yo había oído en mi país acerca de ti y de tu sabiduría. 7 Yo no quería creerlo, hasta que he venido y lo he visto con mis propios ojos, pero veo que no me habían dicho ni la mitad. Tu sabiduría y tus riquezas superan la fama que había llegado a mis oídos. 8 !Feliz tu gente, felices tus servidores, que están siempre a tu lado y escuchan tu sabiduría! 9 !Bendito el Señor, tu Dios, que ha tenido a bien sentarte en el trono de Israel! Por su amor eterno a Israel, te ha constituido su rey, para administrar el derecho y la justicia. 10 La reina obsequió al rey con cuatro mil kilos de oro, perfumes y piedras preciosas en cantidad fabulosa. Jamás se vio tanta cantidad de perfumes como la ofrecida al rey Salomón por la reina de Sabá.
**• Este fragmento nos presenta el marco conclusivo de la primera parte del primer libro de los Reyes, en donde se narra la historia del rey Salomón. Se trata de la descripción del esplendor, de la riqueza y de la estabilidad que alcanzó el reino con Salomón, tal como se nos había anticipado algunos capítulos antes: "Salomón sucedió a su padre, David, en el trono, y su reino se consolidó firmemente" (1 Re 2,12). En estos versículos se pone de relieve la floreciente actividad comercial entre Israel y los pueblos del Oriente Próximo, y a este respecto resulta significativo que sea precisamente una "desconocida" reina de Sabá, probablemente la regente de alguna de las lejanas tribus sabeas que se habían establecido en el norte de Arabia, la que emprendiera un viaje tan largo, hasta Jerusalén, para conocer a Salomón. La sabiduría de la que habla el texto, según la mentalidad de todo el Oriente antiguo, es la del buen gobierno, de acuerdo al cual la primera cualidad que debe tener un rey es la de ser justo. Salomón la ha pedido y Dios se la ha concedido (cf. 3,5-15; 5,9-14), de suerte que la reina de Sabá puede exclamar: "!Feliz tu gente, felices tus servidores, que están siempre a tu lado y escuchan tu sabiduría!" (v. 8). La imagen del gran movimiento de las tribus sabeas hacia Jerusalén vuelve en los libros de los profetas (cf Is 60,6): Sabá representa a los pueblos que se convierten y vienen al verdadero Dios, tal como canta también el salmista: "Que los reyes de Tarsis y de los pueblos lejanos le traigan presentes; que los monarcas de Arabia y de Sabá le hagan regalos" (Sal 72,10). Por último, en el Nuevo Testamento, Mateo utiliza esta referencia como llamada a la fe en Jesucristo. Se trata de una llamada dirigida a todos: a las jóvenes comunidades cristianas, aunque de manera especial a los judíos. Estos últimos, al revés que los paganos, rechazan la salvación traída por Jesús y no reconocen que "aquí hay uno que es más importante que Salomón" (Mt 12,42).
Salmo Responsorial R. La boca del justo expone la sabiduría. Salmo 36.
La boca del justo expone la sabiduría,
Evangelio: Marcos 7,14-23 En aquel tiempo, 14 llamando Jesús de nuevo a la gente, les dijo: - Escuchadme todos y entended esto: 15 Nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo. Lo que sale de dentro es lo que contamina al hombre. 16 Quien tenga oídos para oír que oiga. 17 Cuando dejó a la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de la comparación. 18 Jesús les dijo: - De modo que tampoco vosotros entendéis? No comprendéis que nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo, 19 puesto que no entra en su corazón, sino en el vientre, y va a parar al estercolero? Así declaraba puros todos los alimentos. 20 Y añadió: - Lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre.Porque es de dentro, del corazón de los hombres, de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, soberbia e insensatez. 21 Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre.
**• Estamos en plena discusión con los fariseos sobre "la tradición de los antiguos". La palabra y la atención se dirigen ahora de nuevo a la gente común, al pueblo: volvemos a encontrar, en efecto, a Jesús adoctrinando a la gente y, en un segundo momento, se dirige aparte a los discípulos. Toda la argumentación gira en torno a cuestiones legales muy delicadas para la mentalidad del piadoso judío observante. El tema está relacionado con la cuestión de lo puro y de lo impuro, con una referencia particular a los alimentos. Se trata de una cuestión central para la tradición judía, hasta el punto que constituye uno de los problemas más candentes por los que habían pasado las primeras comunidades de los creyentes. Podemos subdividir el texto en tres escenas: la enseñanza de Jesús a la gente (w. 14-16); el dicho de Jesús (v. 15); la enseñanza a los discípulos (w. 17-23): la verdadera impureza, el corazón, el catálogo de vicios. El tema central de toda la perícopa es el comportamiento de los hombres respecto a las exigencias del Reino de Dios. Los fariseos reclaman la pureza a propósito de las abluciones, y Jesús responde tomando en consideración el problema más general de la impureza atribuida por la Ley a ciertos alimentos. Traslada el problema y lo sitúa en su centro: el corazón del hombre. Los últimos versículos, por último, constituyen un catálogo de vicios que podemos encontrar, ampliamente documentados, en toda la literatura paulina. Y es precisamente el eco de san Pablo lo que resuena entre líneas: "No os acomodéis a los criterios de este mundo; al contrario, transformaos, renovad vuestro interior" (Rom 12,2). "Renunciad a vuestra conducta anterior y al hombre viejo, corrompido por apetencias engañosas. De este modo, os renováis espiritualmente y os revestís del hombre nuevo creado a imagen de Dios, para llevar una vida verdaderamente recta y santa" (Ef 4,22-24).
MEDITATIO "Nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo. Lo que sale de dentro es lo que contamina al hombre." Estamos frente a un nuevo principio de la moral cristiana: todo lo que hago es puro en la medida en que está en relación con la persona del Señor Jesús. San Pablo habría dicho: "Lo que hagáis, hacedlo con el mayor empeño, buscando agradar al Señor y no a los hombres" (Col 3,23ss). Se trata de una invitación explícita: "Escuchadme todos y entended esto". El hombre, de una manera casi subversiva, queda puesto frente a sí mismo, frente a las actitudes y deseos de su corazón; en una palabra, frente a las intenciones profundas que motivan sus opciones y sus decisiones. Queda colocado de nuevo en la posición justa: bajo la mirada de Dios. Frente a su Señor no puede esconderse, aunque puede no conocerse a fondo. Por eso hay aquí, ante todo, una invitación a "comprender ", una invitación que tiene que ver, principalmente, con el conocimiento de nosotros mismos. Una invitación a recibir como don de Dios una comprensión más profunda de la realidad. Es la invitación a derribar la pretensión farisaica presente en nosotros y que nos lleva a intentar poseer y administrar el misterio de Dios; la invitación a dejarnos más bien investir y transformar por la desconcertante novedad que es Dios cuanto entra en nuestra vida. La Palabra de Dios que nos alcanza nos sitúa en un principio nuevo de obediencia: "Escuchadme todos", poniendo así el principio de la escucha como criterio de juicio y de discernimiento. Escucha de la historia contemporánea y de la Iglesia; escucha de los más débiles e indefensos en la sociedad y en la comunidad; escucha de las verdaderas necesidades del hombre; escucha del grito de los que sufren y de los oprimidos; escucha de la Palabra de Dios que es Cristo, presencia resucitada y viva en medio de nosotros; escucha como raíz del seguimiento de Cristo-Verdad, que supera los esquemas que cada uno de nosotros es muy capaz de construir y justificar y que nos llama a ser sus verdaderos discípulos en la escuela de la Verdad por el camino de la interioridad.
ORATIO !Oh Verdad, lumbre de mi corazón, no me hablen mis tinieblas! Me incliné a éstas y me quedé a oscuras, pero desde ellas, sí, desde ellas te amé con pasión. Erré y me acordé de ti. Oí tu voz detrás de mí, que volviese; pero apenas la oí por el tumulto de los sin-paz. Mas he aquí que ahora, abrasado y anhelante, vuelvo a tu fuente. Nadie me lo prohiba: que beba de ella y viva de ella. No sea yo mi vida; mal viví de mí; muerte fui para mí. En ti comienzo a vivir; habíame tú, sermonéame tú. He dado fe a tus libros, pero sus palabras son arcanos profundos (Agustín de Hipona, Las confesiones, XII, 10, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1968, pp. 515-516).
CONTEMPLATIO No salgas fuera de ti, vuelve a ti mismo: la verdad habita en el hombre interior. Y si encontraras que tu naturaleza es mutable, pasa también por encima de ti mismo. [...] Obremos de manera que nuestra religión no consista en vacías representaciones. Cualquier cosa, en efecto, con tal de que sea verdadera, es mejor que todo lo que pueda ser imaginado por el albedrío. Obremos de suerte que nuestra religión no consista en el culto a las obras humanas, que no consista en el culto a animales, que no consista en el culto a los muertos, ni a los demonios, ni a los cuerpos etéreos y celestes, ni siquiera a la misma perfecta y sabia alma racional. La religión, por consiguiente, nos une al Dios único y omnipotente. Él es el principio al que volvemos, la forma que seguimos y la gracia por la que somos reconciliados (cf Agustín de Hipona, La verdadera religión).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Escuchadme" (cf. Me 7,14).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Desde que el Señor insertó en el mundo como fermento "incomodador " el principio del amor fraterno, se ha introducido en las estructuras sociales una levadura de permanente revolución. Ahora, en ocasiones -incluso a menudo-, sucede esto: hasta los cristianos nos adherimos a ciertos valores relativos como si fueran absolutos y no nos damos cuenta de que esos valores, que eran considerados como absolutos antes de Cristo, no pueden ser considerados ya como tales después de la venida de Cristo. Bajo la acción fermentadora -aunque invisible- del amor, han sido purificados de una manera gradual; se ha resquebrajado la corteza que esconde su núcleo sustancial; de un modo lento, aunque indefectible, han sido colocados en su verdadero sitio en la jerarquía de los valores. Aparece aquel incómodo precepto del amor fraterno: esclavos y libres son !guales; el orden está subordinado al amor; la patria está ordenada a la amplia familia humana y sus intereses han de ser subordinados a los de la familia colectiva de las naciones; la potestad familiar ha de ser transformada en su raíz; la personalidad de cada uno –hombre y mujer, adulto o pequeño, esclavo o libre- ha de ser respetada como sagrada, como reflejo de la misma personalidad divina. Todo se desbarajusta, todo se revoluciona, todo se tambalea: los perezosos y los temerosos hacen sonar la alarma, pero el amor procede de manera inexorable en su obra "corrosiva": donde es posible se corrige, donde no lo es se abate. !Qué extraño es este Cristo! Cuáles son los límites de la autoridad? Cuáles los del amor familiar y los del amor patrio? Cuáles los del orden? Cuál es la única dirección en la que es lícito decir que alguien puede inmolarse por un ideal? Cuándo puede decirse de verdad que una acción es heroica y virtuosa? Entre qué límites tiene fundamento la propiedad? La respuesta de Cristo es inflexiblemente sencilla: todo define y califica el amor al otro: al otro en cuanto tal, prescindiendo de cualquier esquema en el que este pueda encontrarse encasillado. Libre o esclavo, bárbaro o escita, rico o pobre, etc. (G. La Pira, "Sull'ottimismo cristiano", en L'Osservatore Romano, 1941). |
|
Jueves de la 5ª semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Reyes 11,4-13 4 Cuando Salomón se hizo viejo, desviaron hacia otros dioses su corazón, que ya no perteneció al Señor, como el de su padre, David. 5 Dio culto a Astarté, diosa de los sidonios, y a Moloc, el ídolo de los amonitas. 6 De este modo, Salomón ofendió con su conducta al Señor y no fue tan fiel como su padre, David. 7 En el monte que hay frente a Jerusalén erigió un altar a Camós, ídolo de Moab, y otro a Moloc, ídolo de Amón. 8 Otro tanto hizo para los dioses de todas sus mujeres extranjeras, que quemaban en ellos perfumes y ofrecían sacrificios a sus dioses. 9 El Señor se irritó contra Salomón porque apartó su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, 10 ordenándole que no fuese tras otros dioses, pero él no cumplió esta orden. 11 Entonces, el Señor dijo a Salomón: - Por tu mal comportamiento, porque has roto mi alianza y no has guardado mis mandamientos, te quitaré el reino y lo daré a uno de tus servidores. 12 Pero, en atención a tu padre, David, no lo haré mientras tú vivas, sino que se lo quitaré a tu hijo. 13 Sin embargo, no le quitaré todo el reino; le dejaré una tribu, en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que yo elegí.
**• El motivo por el que en tiempos de Salomón estaban prohibidos en Israel los matrimonios con mujeres extranjeras era evitar el pecado de la idolatría. En él cayó Salomón. En la vejez, subraya el texto, y siguiendo a los ídolos de sus numerosas mujeres, construyó altares para adorar a todas las divinidades de los pueblos vecinos. Se menciona incluso el monte donde construyó estos altozanos, el monte situado frente a Jerusalén, llamado "de los escándalos". Salomón había apartado su corazón del Señor, Dios de Israel, y el Señor se indignó contra él. La consecuencia de la infidelidad al Dios único fue la división del reino. Es útil tener en cuenta el hecho de que estos pasajes del primer libro de los Reyes son textos tardíos, pues fueron escritos en la época del exilio o después, cuando la situación de gran sufrimiento en que se encontraba hacía vivir a Israel un replanteamiento en clave teológica de toda la historia del pueblo. Era acuciadora la pregunta sobre el porqué del exilio, de la dispersión del reino y de la vejación que sufría, acuciadora como el deseo de revivir la unidad y la paz del reino davídico. Este deseo se funda en la certeza de que, a pesar de la infidelidad del hombre -la Biblia no esconde, en efecto, los defectos y pecados de Salomón, como tampoco escondió los de David, su padre-, Dios permanece fiel a su alianza y a su promesa de paz.
Salmo Responsorial R. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo. Salmo 105.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
Evangelio: Marcos 7,24-30 En aquel tiempo, Jesús 24 salió de allí y se fue a la región de Tiro y Sidón. Entró en una casa, y no quería que nadie lo supiera, pero no logró pasar inadvertido. 25 Una mujer, cuya hija estaba poseída por un espíritu inmundo, oyó hablar de él e inmediatamente vino y se postró a sus pies. 26 La mujer era pagana, sirofenicia de origen, y le suplicaba que expulsara de su hija al demonio. 27 Jesús le dijo:- Deja que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. 28 Ella le replicó: - Es cierto, Señor, pero también los perrillos, debajo de la mesa, comen las migajas de los niños. 29 Entonces Jesús le contestó: - Por haber hablado así, vete, que el demonio ha salido de tu hija. 30 Al llegar a su casa, encontró a la niña echada en la cama, y el demonio había salido de ella.
**• Una vez que se fue de la llanura de Genesaret, donde había curado a muchos y donde se había desarrollado la disputa con los fariseos, prosigue Jesús su viaje fuera de Galilea, en territorio pagano, y allí realiza dos curaciones: la de la hija de una mujer pagana y la de un sordomudo. Estamos en la región de Tiro, en la costa mediterránea. Se adelanta una mujer. Es una cananea, sinónimo de idólatra, y, por si fuera poco, de origen griego, es decir, pagana. !Un verdadero golpe de escena! Pero Jesús no se esconde de esta mujer. En el diálogo que ambos mantienen aflora toda la tensión entre el papel preeminente de Israel en la historia de la salvación, una tensión que se expresa con la metáfora de los "hijo" y de los "perros", y el universalismo de la salvación, anunciado en la respuesta de la mujer, que con una confesión de fe, única en Marcos, reconoce a Jesús como "Señor-Kynos". La tensión se resuelve con la liberación de la hija de esta mujer del espíritu inmundo. El contexto en el que nos encontramos todavía es el de la magna "sección de los panes", que abarca los capítulos 6,30-8,10. Volvemos a encontrar, en efecto, una referencia explícita al tema del "pan" en las réplicas (w. 27 y 28) entre Jesús y la mujer, donde se habla del "pan de los hijos" y de las migajas que comen los perrillos. Por otra parte, el episodio está en estricta continuidad con la disputa con el legalismo judío, pero aquí se dirige la atención hacia el mundo y la cultura paganos (hemos de tener en cuenta que Marcos escribe para una comunidad cristiana griega). No se trata de un relato de milagros ni de un apotegma, sino de un fragmento que se inserta en el ardor de la controversia mantenida con los judíos y destinada a confirmar el hecho de que, en Cristo, el concepto de puro-impuro ha quedado anulado, que la Buena Noticia, la salvación obrada por él, es para todos los hombres.
MEDITATIO Precisamente con esta mujer, extranjera en tierra extranjera, es con quien se identifica la Iglesia, misionera y católica. En una palabra, universal. Frente a este evangelio se descubre que la catolicidad de la Iglesia no es un hecho institucional, como estamos acostumbrados a pensar, sino que tiene que ver profundamente con su esencia, con su llamada y con su misión. En efecto, la Iglesia, extranjera entre los extranjeros, pobre entre los pobres, prosigue la obra de la encarnación a través de los cristianos. De igual modo que Cristo ha asumido en sí mismo toda la humanidad, así también la Iglesia se inserta y se somete profundamente, casi suplicante, al esfuerzo de la humanidad que tiende a su plenitud, al movimiento del espíritu humano que tiende a Cristo. Se trata de una inversión o conversión que constituye la catolicidad de la Iglesia, para que todo el esfuerzo humano converja en ella hacia su punto de atracción y de comprensión. Y lo haga con un movimiento de inclusión, de integración, de asimilación de la humanidad a la humanidad de Cristo. La "católica" es esa mujer extranjera del evangelio que busca a Cristo en tierra extranjera, que no permite que siga siendo desconocido, que se sitúa frente a la verdad de sí misma, humilde entre los humildes, no se defiende, hasta ser capaz de reírse de ella misma, y descubre al mundo la verdad que Cristo le revela sobre sí misma: "Sí, Señor". Implora para todos que las migajas, los elementos parciales de la humanidad, su hija -herida, enferma, desconcertada, confusa-, sean reorientadas, recompuestas, asumidas, integradas, curadas, ensalzadas, entregadas de nuevo a la plenitud de Cristo.
ORATIO Oh Dios, todo está invadido por tu aliento y lleno de tu misterio. De ahí derivan las imágenes y los pensamientos sobre lo divino que se encuentran en los pueblos y en los individuos. Esas imágenes y esos pensamientos contienen con frecuencia un profundo significado que toca el corazón y promete salvación, aunque también algo confuso y malo que conduce al error. Por eso, te lo ruego, abre mi corazón al misterio que por doquier da testimonio de sí, protégelo contra los descarríos que nos desvían de él. Da seguridad a mi conocimiento, de suerte que siempre llame bueno al bien y malo al mal. Ilumina mi espíritu, a fin de que pueda distinguir entre lo que conduce a ti, entre lo que es santo de verdad y lo que de ti desvía, a través del error y del engaño. Amén (R. Guardini, Preghiere teologiche, Brescia 1986 [edición española: Oraciones teológicas, Ediciones Cristiandad, Madrid 1966]).
CONTEMPLATIO [...] en cierto lugar, dice [el Señor]: Otras ovejas tengo fuera del redil este; conviene traerlas a mí, para que sea uno solo el rebaño, y el pastor uno solo. Al número de estas últimas pertenecía la cananea; por ello no se la despreciaba: se la dejaba para más adelante. La cosa parece evidente en la respuesta dada a la mujer: No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perros. Tú eres un perro, una gentil; adoras a los ídolos, y hay causa más ordinaria en los perros que lamer las piedras? No está, pues, bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perros. Si ella, oyendo estas palabras, se hubiera retirado, perro habría venido y perro se habría ido; pero siguió llamando y fue trocada de perro en hombre. Insistió en pedir y aun tomó pie de aquella especie de ultraje para sacar a la luz su gran humildad y seguir implorando misericordia. Ni se turbó ni se quemó de oírse llamar perro cuando pedía un favor e imploraba misericordia; antes bien, dijo: Es verdad, Señor; llamásteme perro, y lo soy de cuerpo entero; tal es mi nombre, lo dice la misma Verdad; mas no por ello se me debe rechazar el beneficio. Perra soy de arriba abajo, mas también los perros comen las migajas caídas de la mesa de su dueño. Lo que yo deseo es una gracia insignificante, poquita cosa: no me subo a la mesa; me contento con las migas (Agustín de Hipona, Sermón 77, 8.9.10 [edición española de Amador del Fueyo, BAC, Madrid 1952]).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "!Mujer, qué grande es tu fe!" (Mt 15,28).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Lo que dijeron Justino y Clemente de Grecia puede ser aplicado muy bien a la India. El Logos preparaba de una manera misteriosa el camino para su propia venida, y el Espíritu Santo estimulaba desde el interior la búsqueda de los más puros entre los sabios griegos. El Logos y el Espíritu Santo siguen obrando aún, de un modo análogo, en las profundidades del alma india. Por desdicha, la sabiduría india está contaminada (afectada) por errores y no parece que haya encontrado su propio equilibrio. Algo así ocurría con la sabiduría griega antes de que Grecia hubiera encontrado humildemente el mensaje pascual de Cristo resucitado. El hombre, fuera de la única revelación y de la única Iglesia, se muestra siempre y en todas partes incapaz de discernir entre la verdad y el error, entre el bien y el mal. Ahora bien, una vez cristianizada, Grecia rechaza sus ancestrales errores y, bautizada en la sangre de sus mártires, se vuelve maestra del mundo en filosofía, teología y mística. Del mismo modo, nosotros, confiando en la indefectible dirección de la Iglesia, esperamos que la India, una vez bautizada en la profundidad de su "búsqueda del Brahmán", que dura ya muchos siglos, rechazará sus propias tendencias panteístas y, descubriendo en el esplendor del Espíritu la verdadera mística, engendrará para bien de la humanidad y de la Iglesia, y, en definitiva, para gloria de Dios, galaxias incomparables de santos y de doctores (J. Monchanin, Eremitti del Saccidananda, cit. en H. de Lubac, Paradosso e mistero della Chiesa, Milán 1979, p. 172 [edición española: Paradoja y misterio de la Iglesia, Ediciones Sígueme, Salamanca 1967]). |
|
Viernes de la 5ª semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: 1 Reyes 11,29-32; 12,19 11,29 Un día que Jeroboán salía de Jerusalén, se encontró en el camino con el profeta Ajías de Silo. Llevaba éste un manto nuevo y estaban los dos solos en el campo. 30 Ajías se quitó el manto nuevo y lo rasgó en doce trozos. Y dijo a Jeroboán: - Toma para ti diez trozos, porque así dice el Señor, Dios de Israel: "Voy a arrancar el reino de manos de Salomón y a ti te daré diez tribus. 32 A él le dejaré una tribu en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel". 12,19 Así se consumó la separación entre Israel y la dinastía de David hasta el día de hoy.
**• El desenlace final de la infidelidad a Dios por parte de Salomón es la división del reino. La causa del cisma se explica en el capítulo siguiente, aunque -no hace falta una gran fantasía para intuirlo-, como de costumbre, se trata de una cuestión de impuestos. Jeroboán, uno de los funcionarios de Salomón, a la muerte del rey, le pide a Roboán, hijo suyo y heredero del trono, que alivie la presión fiscal, pero la respuesta es desconcertante: "Mi padre puso sobre vosotros un yugo pesado, pero yo lo haré más pesado; mi padre os azotó con látigo, pero yo lo haré con escorpiones" (1 Re 12,11.14). Roboán rechaza la petición del pueblo y abre la puerta a la división política. El episodio del profeta Ajías de Silo, que precede inmediatamente a estos hechos, tiene un doble significado: por una parte, el gesto profético de rasgar el manto en doce trozos es una advertencia y una denuncia, representada de una manera eficaz, de las consecuencias de la injusticia social que hereda Roboán de su padre junto con el reino; por otra, nos orienta para considerar la figura del profeta en cuanto tal. Éste es signo de la presencia de Dios y anuncio de su intervención en la historia del pueblo. Se trata de una intervención salvífica: Dios no es alguien que se divierte estropeando los "mantos nuevos" de los profetas, sino alguien que quiere hacer nuevas todas las cosas.
Salmo Responsorial R. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz. Salmo 80.
8Clamaste en la
aflicción, y te libré,
9Escucha, pueblo mío,
doy testimonio contra ti;
10No tendrás un dios
extraño,
Evangelio: Marcos 7,31-37 En aquel tiempo, 31 dejó el territorio de Tiro y marchó de nuevo, por Sidón, hacia el lago de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. 32 Le llevaron un hombre que era sordo y apenas podía hablar, y le suplicaron que le impusiera la mano. 33 Jesús lo apartó de la gente y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. 34 Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: - Effatha (que significa "ábrete"). 35 Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente. 36 Él les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, más lo pregonaban. 37 Y en el colmo de la admiración, decían: - Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
**• Jesús cura aquí al hombre entero. La palabra aramea effatha no se dirige, en efecto, a los órganos enfermos, sino al enfermo: "!Ábrete!" (v. 34). Es el segundo milagro obrado por Jesús en territorio pagano, y este texto, propio de Marcos, pretende continuar la descripción de la actividad misionera de la primera comunidad cristiana e indicar la apertura de los paganos a la fe en Jesucristo. Todo está descrito con sus mínimos detalles, y la acción simbólica de Jesús, que mete los dedos en los oídos del hombre y le toca la lengua, ha pasado después a formar parte del rito del bautismo. En cuanto al grito de admiración sorprendida de los que habían llevado al sordomudo a Jesús, recuerda, por una parte, el estribillo de Gn 1: "Yvio Dios que era bueno", y, por otra, la profecía de Isaías: "La lengua del mudo cantará" (Is 35,6). Aunque en Marcos el hombre sanado habla sólo "correctamente" (v. 35), en realidad el anuncio contenido en el episodio es el cumplimiento de la promesa de salvación.
MEDITATIO El milagro es la relación: una auténtica "noticia alegre" para nuestros días. No sólo porque todos intuyamos que la salvación tiene que ver con relaciones nuevas, por fin liberadas, sino sobre todo porque Jesús nos sale aquí al encuentro como alguien que puede llevar a cabo todo esto. Si lo ha hecho con un hombre sordo y mudo -y además extranjero-, es para dar a entender que puede hacerlo con cualquier hombre. Si participamos en el dolor de la humanidad que padece, no nos resultará difícil darnos cuenta de que, hoy, las heridas más graves de la gente tienen que ver precisamente con las relaciones. Con los endurecimientos, con las atrofias, verdaderas y auténticas parálisis de la relación. De ahí procede el aislamiento, la sospecha y el miedo al otro, que nos hace encerrarnos en nosotros mismos y nos condena a la pérdida del sentido. Ahora bien, Jesús busca, toca los sentidos del hombre -parece hurgarnos en la vida-, para llegar finalmente al corazón y tocarlo. "!Effatha!": es la condición para volver a lanzar puentes con la Vida. Abrirse a Dios, a su Palabra, al encuentro con él, para ser devueltos -abiertos- al encuentro con el mundo, al diálogo con los hombres, a la relación verdadera con todos.
ORATIO No tengáis miedo de acoger a Cristo ni de aceptar su poder. No tengáis miedo. Abrid de par en par las puertas a Cristo. Abrid a su poder salvador las fronteras de los estados, los sistemas económicos y también los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización, del desarrollo. No tengáis miedo. Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. Sólo él lo sabe. Con gran frecuencia, el hombre no sabe hoy lo que lleva dentro, en el fondo de su ánimo, en su corazón. Con gran frecuencia, no está seguro del sentido de su vida en esta tierra. Está invadido por la duda, que se transforma en desesperación. Permitid a Cristo hablar al hombre. Sólo él tiene palabras de vida, sí, de vida eterna (Juan Pablo II).
CONTEMPLATIO Qué es este Verbo? Verbo sin tiempo, por medio del cual fueron hechos los tiempos; Verbo que no empezó cuando alguien abrió los labios, ni terminó cuando los cerró. Verbo que no tiene su comienzo en la boca de quien lo pronuncia y, sin embargo, abre la boca de los mudos; Verbo que no se produce en las lenguas locuaces de las gentes y, sin embargo, hace elocuentes las lenguas de los niños (Agustín de Hipona, Sermón 369, lss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Haz, Señor, que escuchemos tu voz" (de la liturgia).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cree de verdad que uno de mis chicos de la montaña posee muchos menos conocimientos que otro de la ciudad de su misma edad? [...] Estoy seguro de que la diferencia entre mi hijo y el suyo no está en la cantidad ni en la calidad del tesoro encerrado en la mente y en el corazón, sino en algo que está en el umbral entre dentro y fuera; más aún, es el mismo umbral: la Palabra. Los tesoros de sus hijos se difunden libremente desde la ventana abierta de par en par. Los tesoros de los míos están tapiados dentro para siempre y esterilizados. Así pues, lo que les falta a los míos es sólo esto: el dominio de la palabra. De la palabra ajena para aferrar su esencia íntima y los límites precisos, de la palabra propia para que exprese sin esfuerzo y sin traición las infinitas riquezas que encierra la mente. Hace siete años que enseño a los campesinos y a los obreros, y he dejado ahora casi todas las otras materias. No enseño más que lengua e idiomas. Me retiro diez, veinte veces por noche a las etimologías. Me detengo en las palabras, se las secciono, se las hago vivir como personas que tienen un nacimiento, un desarrollo, una transformación, una deformación. En los primeros años, los jóvenes no querían saber nada de esto; después, poco a poco, experimentan las primeras alearías (L Milani, Carta al director del "dómale del Mattino", Barbiana, 28 de marzo de 1956). |
|
Santos Cirilo y Metodio (14 de febrero)
Los santos Cirilo y Metodio eran de formación bizantina. Ambos nacieron en Salónica (Cirilo, en el año 827 o en el 828; Metodio, entre los años 812 y 820) y se convirtieron en los apóstoles de los pueblos eslavos. Fueron enviados por el emperador de Constantinopla Miguel III a Moravia. Allí llevaron a cabo un maravilloso trabajo apostólico, emprendiendo las traducciones de las Escrituras y de los libros litúrgicos a la lengua paleoeslava y formando discípulos. Llamados a Roma para justificarse por esta novedad, fueron recibidos con honor por el papa Adriano II, que aprobó su método misionero. Sin embargo, Cirilo, enfermo, falleció allí mismo el 14 de febrero del año 869 y fue sepultado en la iglesia de San Clemente. Metodio, ordenado arzobispo en Roma, volvió a Moravia, y allí murió el 6 de abril del año 885. Sus discípulos, expulsados de este país, se refugiaron en Bulgaria. Desde allí pasaron la liturgia y la literatura eslava al reino de Kiev, a Rusia y a todos los países eslavos de rito bizantino.
LECTIO Primera lectura: Hechos 13, 46-49 46 Entonces dijeron con valentía Pablo y Bernabé: "Era necesario anunciaros a vosotros en primer lugar la Palabra de Dios; pero ya que la rechazáis y vosotros mismos no os juzgáis dignos de la vida eterna, mirad que nos volvemos a los gentiles. 47 Pues así nos lo ordenó el Señor: " Te he puesto como la luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra." " 48 Al oír esto los gentiles se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban destinados a una vida eterna. 49 Y la Palabra del Señor se difundía por toda la región.
*> Casi toda la ciudad de Antioquía se reunió para oír la Palabra de Dios (el Evangelio). Al ver la muchedumbre se llenaron de celos los judíos y comenzaron a hablar contra lo que Pablo decía. Hasta blasfemaron (no de Dios, sino de Pablo). Es decir: usaron un lenguaje abusivo contra él. Esto quiere decir que estaban temerosos de perder su influencia sobre aquellos gentiles que habían estado buscando sus enseñanzas. También podría significar que tenían un celo por el judaísmo en el que no había lugar de bendición para los gentiles que no se hicieran judíos primero. La reacción de Pablo y Bernabé fue hablar valiente y libremente, diciendo que era necesario (esto es, necesario para cumplir con el plan de Dios) que la Palabra de Dios les fuera hablada primero a "vosotros, judíos". Pero, ya que los judíos la habían desechado con burla (rechazado) y por tanto, se habían juzgado a ellos mismos indignos de vida eterna (con su conducta), "he aquí" que los dos apóstoles se volvían (en aquel momento) a los gentiles. ("He aquí" señala que esta vuelta hacia los gentiles era algo inesperado y sorprendente para los judíos.) La vuelta hacia los gentiles no era en realidad una idea original de los apóstoles. Era más bien un gesto obediente a la Palabra profética dada en Isaías 49:6; con respecto al Mesías, el siervo de Dios. (Vea también Isaías 42:6; Lucas 2:30-32. Cristo y su Cuerpo, la Iglesia, los creyentes, participan en la obra de llevar la luz del Evangelio al mundo.) Al oír esto, los gentiles se regocijaron y glorificaron la Palabra del Señor. "Y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna." Esto podría sonar como si la Biblia estuviera enseñando una predestinación arbitraria en este momento. No obstante, no se dice que fuera Dios quien los "ordenara". La palabra "ordenados" puede significar aquí "decididos". Esto es, aquellos gentiles aceptaron la verdad de vida eterna por medio de Jesús, y no permitieron que la contradicción de los judíos los apartara de ella. La consecuencia fue que la Palabra del Señor se difundió por toda aquella provincia.
Salmo 116. R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Salmo 116. Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos. R/. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R/.
Evangelio: Lucas 10,1-9 En aquel tiempo, 1 el Señor designó a otros setenta [y dos] y los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares que él pensaba visitar. 2 Y les dio estas instrucciones: -La mies es abundante, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. 3 !En marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. 4 No llevéis bolsa, ni alforjas ni sandalias, ni saludéis a nadie por el camino. 5 Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa. 6 Si hay allí gente de paz, vuestra paz recaerá sobre ellos; si no, se volverá a vosotros. 7 Quedaos en esa casa y comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa. 8 Si al entrar en un pueblo os reciben bien, comed lo que os pongan. 9 Curad a los enfermos que haya en él y decidles: Está llegando a vosotros el Reino de Dios.
**• El fragmento del evangelista Lucas comienza con Jesús enviando a los discípulos como el Padre le envió a él. Esta misión pone tal vez más de relieve, en todo caso más que la de los Doce, la universalidad de la evangelización. Su destinatario no es sólo el pueblo israelita, sino todas las naciones del mundo, puesto que toda la humanidad es esa mies madura para recibir la salvación. Por otra parte, en la vocación de estos primeros misioneros están representados todos los cristianos que, a lo largo de toda la historia de la Iglesia, han sido y son enviados por Cristo a ejercer el apostolado. El estilo debe ser el itinerante, basado en la pobreza y en la gratuidad. El contenido esencial del anuncio es el Reino de Dios y su paz. La oración es la actitud del discípulo que reconoce la gratuidad y la iniciativa divinas. La perspectiva que se abre ante los misioneros no es demasiado alegre y reconfortante. No pueden contar con la fuerza, ni con el poder, ni con la violencia. Es la pobreza la que se convierte en fundamento y signo de su libertad y de su plena entrega a la única tarea. El misionero está expuesto por completo, incluso por lo que se refiere a su sustento, a los riesgos de la misión: acogida o rechazo, éxito o fracaso; pero nada puede detener o impedir la prosecución de su mandato. Nuestro misión, hoy como ayer, es ser mensajeros de la paz y de la bendición de Cristo.
MEDITATIO San Cirilo eligió desde joven como esposa mística a la sabiduría divina, que se le apareció en sueños, y, como Salomón, la consideró más preciosa que los otros dones. Meditemos, pues, iluminados por las lecturas bíblicas y por el ejemplo vivo de estos santos, sobre quién puede ser considerado verdaderamente "sabio". Acostumbramos a llamar "docto" a quien conoce muchas cosas, consideramos "inteligente" al hombre que comprende lo que son las cosas; el sabio, sin embargo, es el que comprende el significado que las cosas y los acontecimientos deben tener para su vida. Ahora bien, las cosas y los acontecimientos pueden tener diferentes significados en la vida. Un comerciante adivina cuánto dinero puede ganar con ellas. Quien tiene como fin supremo su carrera busca cómo explotarlas para alcanzar el éxito en el trabajo. El sabio, por su parte, sabe aprovecharlo todo para ganar la amistad de Dios. "El comienzo de la sabiduría es el temor de Dios" (Sal 110,10). Todos observamos el mundo que nos rodea. Para un curioso, esto es ocasión de distracción, porque ve muchas cosas diferentes. El hombre de ciencia está obligado a elegir en su "campo visual" lo que tiene que ver con su especialización. El sabio consigue ver todo como la única imagen de la sabiduría de Dios, como un grandioso mosaico en el que cada piedrecita es preciosa, y, por consiguiente, todo lo que ve y aprende adquiere un valor inmenso y se vuelve fuente de alegría.
ORATIO Haz que resplandezca en nuestros corazones, oh Señor, que amas a los hombres, la luz incorruptible de tu sabiduría: te lo pedimos en nombre de los santos hermanos Cirilo y Metodio. Abre los ojos de nuestra mente para que podamos entender tus preceptos evangélicos. A fin de que, aplastados los deseos carnales, podamos llevar una vida espiritual, pensando y realizando todo lo que es de tu agrado, e invoquemos la fuerza de tu Espíritu de la sabiduría.
CONTEMPLATIO San Cirilo escogió como patrono especial de su vida a san Gregorio Nacianceno, llamado "el Teólogo", quien abandonó sus cargos en el mundo para dedicarse a escribir sermones y poesías, a fin de que Cristo, a través de él, pudiera "hablar en griego".Por eso recibió el sobrenombre de "Boca de Cristo". San Cirilo, que le imitó, decidió ofrecer al Salvador su conocimiento de las lenguas, a fin de que Dios, por medio de él, hablara en el idioma de los pueblos eslavos. Ambos santos se daban cuenta de que la capacidad de hablar constituye un gran privilegio humano. El hombre, que expresa su pensamiento con las palabras, es imagen de Dios Padre, el cual -precisamente por la Palabra, que es su Hijo- crea y gobierna el universo. En consecuencia, constituyen una gran responsabilidad para nosotros las palabras que salen de nuestra boca. Con ellas podemos hacer un enorme bien, pero, desgraciadamente, en ocasiones causan también mal. Crean las amistades o las destruyen. Con la palabra somos capaces de dirigirnos en la oración a Dios, el cual nos escucha y a menudo se digna acceder a lo que le pedimos. Por otra parte, también Dios se dirige a nosotros por medio de su Palabra, contenida en la Sagrada Escritura y en la predicación de la Iglesia. Escuchemos, pues, a Dios y Dios nos escuchará a nosotros.
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra de la Escritura: "Dame la sabiduría que comparte tu trono" (Sab 9,4).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Cuando el niño [Cirilo] tenía siete años, tuvo un sueño, que le contó a su padre y a su madre de este modo: "El alcalde de la ciudad, después de haber convocado a todas las muchachas de la ciudad, me dijo: "Elige entre ellas a la que quieres como esposa y como ayuda que te convenga" (Gn 2,18). Entonces, tras mirarlas bien a todas, ví una que era más bella que las demás: tenía un rostro luminoso y estaba toda ella adornada de collares de oro y de gemas, y revestida de toda belleza; se llamaba Sofía, es decir, Sabiduría. La elegí a ella". Tras oír estas palabras, dijeron los generosos padres: "Dice la Sagrada Escritura: "Di a la sabiduría: 'Tú eres mi hermana'" (Prov 7,4), y si la llevas !unto a ti, para tenerla como esposa, por medio de ella serás liberado de muchos males". Le enviaron a la escuela y progresaba más que todos sus condiscípulos. Pero muy pronto tuvo el muchacho otra experiencia. Un buen día, según la costumbre de los hijos ricos de divertirse saliendo de caza, se fue con ellos al campo, llevando un halcón con él. Ya le había hecho emprender el vuelo cuando un viento levantado por la Providencia divina hizo que el halcón se perdiera por completo. Al muchacho le entró tal disgusto y tal tristeza que, durante dos días, no tocó alimento alguno. Pero después se arrepintió, diciendo: "Acaso no es esta vida de tal género que a la alegría le sucede la tristeza? Desde hoy en adelante, tomaré un camino mejor que éste". Se aplicó al estudio de las letras y aprendió de memoria los escritos de san Gregorio, el Teólogo. Y escribió sobre él la siguiente poesía: "Oh Gregorio, hombre en el cuerpo, te has mostrado ángel, porque tu boca glorifica a Dios como uno de los serafines e ilumina el mundo entero al explicar la fe. Acógeme también a mí, que a ti me acerco con amor y fe, y sé para mí maestro y fuente de luz" (de la Vida eslava de Constantino Cirilo). |
|
6° domingo del tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: Eclesiástico 15,15-21 15 Si quieres, guardarás los mandamientos; de ti depende el permanecer fiel. 16 Fuego y agua he puesto ante ti, alarga tu mano a lo que quieras. 17 Ante el hombre están vida y muerte; lo que él quiera se le dará. 18 Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo. 19 Sus ojos miran a los que lo temen, él conoce las acciones de los hombres. 20 A ninguno obligo a ser impío, a ninguno ha dado permiso para pecar
¤> El autor escribe en Jerusalén alrededor del año 180 a. de C. Se siente heredero de la fecunda tradición teológica sapiencial y quiere ofrecer, como testigo, una actualización de la nueva y compleja situación. Su enseñanza sobre la sabiduría, sobre Dios y sobre el mundo hunde sus raíces en los surcos de la tradición patriarcal; el profeta se autodefine como un <<rebuscador tras los vendimiadores>> (33,16) y al mismo tiempo, se presenta como un <<conservador iluminado", abierto al desafío que suponen los influjos procedentes de los nuevos escenarios culturales de estilo helenístico. El presente texto pertenece a la primera colección del libro, los cc. 1-23. Los vv. 11 y 12 del c. 15 recogen dos críticas que Ben Sira utiliza para introducir su reflexión sobre la libertad del hombre: <<No digas: "El Señor me incitó a pecar”>>; <<no digas: “el Señor me ha extraviado"". La fuerza del mensaje del texto propuesto hoy por la liturgia de la Palabra gira en torno al tema de los dos caminos, el del pecado y el de la muerte, formulado en Dt 3o,15-2o; Jr 21,8 y, en ámbito sapiencial, Prov 2,8-9,12-2o. Según este sabio maestro, Dios no puede ser el origen del pecado, puesto que <<él no hace lo que detesta" (v. 1 1, ni quiere violentar la libertad del hombre. Solo desde la libertad es como el creyente puede afianzar su fidelidad a la Ley. Dios manifiesta su omnipotencia y su profunda sabiduría sin coaccionar la elección que el hombre realiza responsablemente.
Salmo Responsorial R. Dichoso el que camina en la ley del Señor. Salmo 118 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 (R.: 1b) Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. R. Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos. R. Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley. R. Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu ley y a guardarla de todo corazón. R.
Segunda lectura: 1 Corintios 2,6-10 Hermanos: 6También nosotros tenemos una sabiduría para adultos en la fe, aunque no es una sabiduría de este mundo, ni de los poderes que gobiernan este mundo y estén abocados a la destrucción. 7 De lo que hablamos es de una sabiduría divina, misteriosa, escondida; una sabiduría que Dios destino para nuestra gloria antes de los siglos 8 y que ninguno de los poderosos de este mundo ha conocido, pues, de haberla conocido, no habrían crucificado al Señor de la gloria. 9 A nosotros, en cambio, como dice la Escritura: lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni al hombre se le ocurrió pensar que Dios podía tenerlo preparado para los que lo aman, 10 eso es lo que nos ha revelado Dios por medio de su Espíritu. El Espíritu, en efecto, lo escudriña todo, incluso las profundidades de Dios.
El segundo capitulo de la primera Carta a los Corintios presenta una reflexión sobre el tema de la sabiduría articulada en dos panes, ofreciendo antitéticamente un cuadro doctrinal unitario, Si en la primera sección (vv 1-5) Pablo hablaba de la necedad de la cruz oponiéndola a la sabiduría autosuficiente del hombre, en la segunda (vv 6-16) traza los rasgos que caracterizan la verdadera sabiduría cristiana, ya sea por los destinatarios que están en actitud de acogerla o por el contenido especifico que encierra. Así, Pablo habla de cristianos <<perfectos", <<adultos en la fe" (cf 14,2o; Flp 3,15; Col 1,28), a quienes Dios les ha manifestado una sabiduría <<misteriosa>>, <<escondida" y eterna, como Dios que es, destinada <<para nuestra gloria antes de los siglos" y distinta de la sabiduría <<de este mundo", descrita por Pablo en un lenguaje de carácter apocalíptico (v. 7ss). Por este motivo, frente a aquellos corintios que se tenían por <<Espirituales" porque poseían una gnosis o conocimiento superior los creyentes que han recibido el anuncio del apóstol no tienen que considerarse inferiores. Al revés, gozan de un don inmenso y gratuito: haber conocido en Cristo el plan de Dios para la salvación del mundo. Y quien anuncia esta sabiduría a los <<adultos en la fe" no entrega un don obtenido por méritos propios, sino que hace participe a otros de cuanto le ha sido revelado <<por medio del Espíritu" (v. 1o), lo que Dios <<tenía preparado para los que lo aman" (v. 9). La puerta de acceso que conduce a las <<profundidades de Dios" (v. 1o) no es un conocimiento—gnosis fundado en presuntas capacidades humanas, sino en el amor
Evangelio: Mateo 5,17-37 17 No penséis que he venido a abolir las enseñanzas de la Ley y los profetas; no he venido a abolirlas, sino a llevarlas hasta sus ultimas consecuencias. 18 Porque os aseguro que, mientras duren el cielo y la tierra, la más pequeña letra de la Ley estará vigente hasta que todo se cumpla. 19 Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos mas pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás será el mas pequeño en el Reino de los Cielos. Pero el que los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos. 20 Os digo que, si no sois mejores que los maestros de la Ley y los fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 21 Habéis oído que se dijo a nuestros antepasados: No matarás, y el que mate será llevado a juicio. 22 Pero yo os digo que todo el que se enfade con su hermano será llevado a juicio; el que le llame estúpido será llevado a juicio ante el sanedrín, y el que le llame impío será condenado al fuego eterno. 23 Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. 25 Trata de ponerte a buenas con tu adversario mientras vas de camino con el, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. 27 Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que todo el que mira con malos deseos a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; te conviene mas perder uno de tus miembros que ser echado todo entero al fuego eterno. 30 Y si tu mano derecha es ocasión de pecado para ti, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene mas perder uno de tus miembros que ser arrojado todo entero al fuego eterno. 31 También se dijo: El que se separe de su mujer que le dé un acta de divorcio. 32 Pero yo os digo que todo el que se separa de su mujer salvo en caso de unión ilegitima, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una separada comete adulterio. 33 También habéis oído que se dijo a nuestros antepasados <<No jurarás en falso, sino que cumplirás lo que prometiste al Señor con juramento 34 Pero yo os digo que no juréis en modo alguno; ni por el cielo, que es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey 36 Ni siquiera jures por tu cabeza, porque ni un cabello puedes volver blanco o negro. 37 Que vuestra palabra Sea <<sí" cuando es Sí, y <<No>> cuando es No. Lo que pasa de ahí viene del maligno.
• El v. 17 introduce un nuevo argumento que será expuesto hasta la conclusión del c. 5. Tenemos la presentación del tema (vm 17-2o), o la relación de Jesús con la Ley y los profetas, y seis lógia (vv. 21-48) con el mismo esquema, donde Jesús es el intérprete de las prescripciones del Antiguo Testamento. Dos afirmaciones negativas abren el pasaje evangélico (v 17a) y acentúan el contenido del anuncio: Jesús ha venido a dar cumplimiento, a llevar hasta sus últimas consecuencias la Ley y la profecía bíblica, ya que nada ha sido abrogado (el verbo “plérosai” indica, aquí, dar cumplimiento a través de la enseñanza): su misión tiene como objetivo no abolir lo que ya ha sido revelado, sino promulgar definitivamente la voluntad de Dios. La nueva justicia no se volverá a medir mas en términos <<cuantitativos", como observancia externa de unos preceptos; sera valorada en virtud de la adhesión del corazón a las exigencias del Reino. Jesús enumera seis ejemplos y los presenta de manera antitética (en este domingo leemos los cuatro primeros, vv. 21-37). Los dichos comienzan con la fórmula estereotipada <<Habéis oído que se dijo [a nuestros antepasados]", seguidos de una cita del Pentateuco, y concluyen con esta expresión de Jesús: <<Pero yo os digo... ". El procedimiento utilizado, por el estilo, es el de las escuelas rabínicas, que contraponían las distintas interpretaciones de la Ley. La primera antítesis (vv. 21-26) se refiere al mandato de <<No matar", presente en el <<decálogo" (cf Ex 2o,13; Dt 5,17) y reinterpretado por Jesús: también la ira y el insulto manifiestan un conflicto y un juicio que amenazan y trastornan la vida de la comunidad. Las penas son presentadas gradualmente - tribunal, sanedrín y Geenna -, pasando de una perspectiva jurídica a una religioso-escatológica: la autenticidad del culto se verificara según la capacidad de vivir reconciliados (vv. 23ss). El adulterio (vv. 26-3o) también es sometido a consideración: la unión con la mujer de otro hombre, incluso antes de quebrantar el derecho a la propiedad del marido, tiene su raíz <<en el corazón", sede de los sentimientos profundos y de la personalidad moral del individuo. Quien <<desea", en la acepción del verbo hebreo correspondiente (hamad), quiere adueñarse con violencia de lo que no le pertenece, y, para evitar un destino mortal, tiene que estar dispuesto a sacrificar una parte de si mismo (vv. 29ss). La tercera antitesis es sobre el matrimonio (vv. 31ss) y nos remite al texto de Dt 24,1. Comete adulterio, según el dicho de Jesús, tanto quien se separa de su mujer como quien se casa con una separada. La excepción del v. 32, salvo en el caso de “poméia”, ha sido objeto de una pluralidad de interpretaciones: una solución apropiada es la que atribuye la cláusula de Mateo a los casos de uniones ilegitimas entre consanguíneos, algo no infrecuente dentro de su comunidad. La exclusión de cualquier tipo de juramento (vv 33-37), que volverá a aparecer en 23,16-22, pretende desenmascarar la costumbre de abusar de la autoridad de Dios: es una llamada a la verdad y a la sinceridad (véase la sentencia del v. 37) y un rechazo de cualquier forma de hipocresía.
MEDITATIO <<Pondré mi Ley en su interior, la escribiré en su corazón" (Jr 31,33), Si escudriñamos qué esconde la profundidad de nuestro corazón, si nos empleamos a fondo para descifrar lo escrito por una mano sabia y discreta, descubrimos que <<lo que el ojo no vio", a veces misterioso hasta para nosotros, Dios lo ha preparado, lo ha diseñado, como un proyecto viable para nuestra vida; un proyecto que nos invita a vivir la única ley que nos hace libres, la del amor Guiados por el Espíritu vivimos en el mundo anunciando una <<Buena Noticia" que nos anima a vivir como cristianos adultos, a superar esas faltas de madurez que podrían llevarnos a una fe construida sobre una obediencia estéril y formal: <<Cuando yo era niño, hablaba como niño, razonaba como niño; al hacerme hambre, he dejado las cosas de niño>> (1 Cor 13,11). Para entrar en el Reino de los Cielos, Jesús pide una justicia superior a la observancia mecánica y desencarnada; solicita una adhesión capaz de interiorizar la norma y manifestar las verdaderas intenciones del corazón. Esta nueva justicia transforma las dimensiones más profundas y personales de la relación con Dios en la cualidad de las relaciones que el discípulo establece con los hermanos. Dios <<conoce las acciones de los hombres" y sabe que en una ofensa también se puede ocultar la voluntad de destruir al otro, que en una mirada, a veces, esta latente el deseo de poseer, incluso con prepotencia, lo que no nos pertenece. Dios, que lo <<ve todo", no acepta que el hombre reemplace con prácticas cultuales la exigencia de construir caminos de reconciliación, porque la misericordia vale mas que los sacrificios. Vivir según este estilo de vida nuevo, que Jesús ha inaugurado y que el Espíritu mantiene vivo, significa comprender la voluntad de Dios inmersos en la lógica del mundo, una lógica que parece sobrepasar la sabiduría oculta en nuestro interior. Entre el <<si" al camino evangélico y el <<no" pronunciado a los <<dominadores de este mundo", entre la vida y la muerte, pidamos que nuestra elección sea sin titubeos, inclinada al compromiso y no confusa o tibia.
ORATIO Padre, Dios del cielo y de la tierra, te alabamos por el misterio escondido en tu Hijo, Jesús. El se ha hecho uno de nosotros, ha compartido nuestra vida, se ha mostrado atento a nuestras necesidades y ha cargado con nuestros pecados. Dios misericordioso, quieres que seamos un pueblo libre, libre para aman y por eso -en Cristo- nos entregas una nueva Ley escrita en el corazón del hombre. Tu lo ves todo, sondeas y conoces nuestros pensamientos y sabes leer nuestras mas secretas intenciones en los gestos que realizamos. No queremos sentirte como un huésped indeseado que viola nuestra intimidad, sino como el amigo que nos brinda la mano para llevarnos hasta la vida eterna con la libertad de los hijos de Dios zarparemos mar adentro y, guiados con tu Palabra y el Espíritu, marcaremos la ruta de la verdadera paz,
CONTEMPLATIO Por todas partes, pues, resulta que, si Cristo no mantiene la antigua Ley, no es porque sea mala, sino porque había llegado el momento de preceptos superiores. El hecho de que sea más imperfecta que la nueva no prueba tampoco que sea de suyo mala, pues, en ese caso, lo mismo habría que decir de la nueva. El conocimiento que ésta nos procura, comparado con el de la otra vida, es también parcial e imperfecto y, venido el otro, desaparecerá. Porque <<cuando venga lo perfecto -dice el apóstol— desaparecerá lo imperfecto" (1 Cor 13,1o), lo mismo que sucedió con la antigua Ley al venir la nueva. Mas no por eso despreciaremos la nueva Ley, aunque también haya de ceder el paso y retirarse cuando alcancemos el Reino de los Cielos. Porque entonces —dice— <<desaparecerá lo imperfecto". Y sin embargo, decimos que es grande. Ahora bien, como son mayores los premios que se nos prometen y mayor la gracia del Espíritu Santo, también se nos exigen combates mayores. Ya no se nos promete una tierra que mana leche y miel, ni pingue vejez, ni muchedumbre de hijos, ni trigo y vino, ni rebaños mayores y menores, sino el cielo y los bienes del cielo: la filiación divina y la hermandad con el Unigénito y tener parte en su herencia y ser juntamente con El glorificados y reinar a par suyo, y los infinitos galardones que allí nos esperan. Ahora que también gozamos de mayor ayuda, oye como lo dice Pablo; <<Ya no pesa, par tanto, condenación alguna sabre las que viven en Cristo Jesús. La ley del Espíritu vivificador me ha liberado por medio de Cristo Jesús de la ley del pecado y de la muerte>> (Rom 8,1ss) (Juan Crisóstomo, <<Homilías sobre el evangelio de san Mateo", 16,5, en Obras de san Juan Crisóstomo, I, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1955, 3 19-32o).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hay la Palabra: <<El Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad" (2 Cor 3,17).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Respecto a la totalidad que nos manifiesta la sabiduría, las formas provisionales necesariamente se encuentran ligadas al principio de la coacción, de la constricción, y la constricción no es la ley del corazón. Esta condición de la existencia es una condición dura y ha que vivirla con la esperanza de que un día pasará este mundo, anclado en el pecado. Tenemos que preparar aquel mundo y, dentro de lo posible, anticiparlo ahora entre nosotras, sabiendo que se trata de una breve lluvia benéfica, de un fugaz rayo solar, ya que la verdadera estación esta por llegar Debemos, de alguna manera insertar la levadura futuro dentro del presente. Esta es nuestra tarea, en lo pequeño y en lo grande. Estas son las nuevas formas propuestas clara y límpidamente, can la maravillosa y misteriosa música de las palabras evangélicas: <<Habéis oído que se dijo, pero yo os digo". Nos encontramos en esta oscilación y es muy importante vivirla conscientemente, sin bandazos, sin fanatismos místicos que destruyen la antinomia de este mundo provisional, y sin mundanalidad —enorme en numerosos cristianos—, sino integrando las dos dimensiones y convirtiendo las palabras de la sabiduría en principio normativo de la saciedad, en regla de vida social. Ninguna sociedad responderá jamás, hasta que salgamos de este mundo transitorio, a las esperas y esperanzas que brotan de lo profundo. La respuesta que nos viene del Espíritu es una respuesta que brilla en el futuro, y sólo llega a nuestros días el reflejo de la luz (E. Balducci, Gli ulfimi Iempi, Roma 1998, 1 15). |
|
Lunes de la 6ª semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: Santiago 1,1-11 1 Santiago, siervo de Dios y de Jesucristo, el Señor, saluda a todos los miembros del pueblo de Dios dispersos por el mundo. 2 Considerad como gozo colmado, hermanos míos, el estar rodeados de pruebas de todo género. 3 Tened en cuenta que, al pasar por el crisol de la prueba, vuestra fe produce paciencia, 4 y la paciencia alcanzará su objetivo, de manera que seáis perfectos y cabales, sin deficiencia alguna. 5 Si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, y Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, se la concederá. 6 Pero que pida con fe, sin dudar, pues el que duda se parece a una ola del mar agitada por el viento y zarandeada con fuerza. 7 Un hombre así no recibirá nada del Señor; 8 es un hombre de doble vida, un inconstante en todo cuanto hace. 9 Que el hermano de humilde condición se sienta orgulloso de su dignidad 10 y que el rico se haga humilde, porque pasará como flor de heno: 11 salió el sol con su ardor y secó el heno, y su flor cayó y se desvaneció su bella apariencia. Así también se marchitarán los proyectos del rico.
**• Empieza hoy la proclamación de la Carta de Santiago. Este documento puede ser considerado como un conjunto de exhortaciones dominadas por dos preocupaciones principales: por una parte, revelar a los pobres el valor de prueba que tiene la angustia por la que están pasando y, de modo paralelo, revelar a los acomodados el sentido del peligro que se encuentra en sus riquezas, y, por otra parte, poner en guardia a todos contra una fe que no se traduzca en obras prácticas de misericordia. El clima de sabiduría veterotestamentaria y las perspectivas típicamente judías están iluminados, aunque no de un modo demasiado directo, por la luz proyectada por Cristo. Este género literario encuentra dificultades para plegarse al estilo epistolar, aunque comienza con el encabezamiento clásico de las cartas apostólicas; la Carta de Santiago se comprende mejor como una homilía de estilo sinagogal típica de las asambleas judeocristianas del siglo I. El pasaje de hoy recoge el encabezamiento (v. 1) y el comienzo de la exhortación introductoria (w. 2-18), que será retomada de distintos modos en el cuerpo de la carta. Los temas señalados son el carácter providencial de la prueba (w. 2-4), la necesidad de la oración para alcanzar la sabiduría y para saber moverse en medio de las dificultades de la vida (w. 5-8), así como el carácter ilusorio de la riqueza (w. 9-11).
Salmo Responsorial R. Cuando me alcance tu compasión, Señor, viviré. Salmo 118. 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130 (R.: 97a)
Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo la ley de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R. Que tu voluntad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y tu ley será mi delicia. R. Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira. R. Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes. R.
Evangelio: Marcos 8,11-13 En aquel tiempo, 11 se presentaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con la intención de tenderle una trampa. 12 Jesús, dando un profundo suspiro, dijo: - Por qué pide esta generación una señal? Os aseguro que a esta generación no se le dará señal alguna. 13 Y dejándolos, embarcó de nuevo y se dirigió a la otra orilla.
** El contexto más general en el que se inserta esta breve perícopa es el constituido por la "sección de los panes" (Mc 6,30-8,26) y, más en particular, el marco de la reacción a la revelación cristológica de todo el conjunto por parte de los fariseos (8,11-13) y de los discípulos (8,14-21). La petición de "una señal del cielo", situada en este contexto, tiene el significado provocador de no reconocer el valor del milagro del maná renovado por el "profeta" de Nazaret. La intención de los fariseos, destacada por el autor sagrado, es también la de "tenderle una trampa". Eso permite comprender la respuesta categórica de Jesús, con la que se niega a conceder "serial" alguna. Marcos emplea, por lo general, el término dynamis ("prodigio") para designar el milagro; aquí emplea el término sémeion ("señal"). Por eso podemos situar la petición de una señal en el contexto más amplio de los portentos prodigiosos de Marcos, que llevan a percibir el poder y la capacidad de compartir de Jesús de Nazaret y a invadir la problemática de los criterios de credibilidad, nunca suficientes para quienes no quieren creer. "Esta generación" (v. 12) es una expresión que va acompañada, a veces, por adjetivos como "adúltera y pecadora" (8,38; cf. Mt 12,39.45; 16,4) o, bien, "infiel y perversa" (9,19; cf. Mt 17,17) y designa en la literatura profética al pueblo de Israel infiel a la alianza, que pone continuamente a prueba a su Dios y reclama siempre nuevas manifestaciones de su poder {cf Dt 32,5-20; Is 1,2; Sal 78,8; 95,10); aquí parece dirigirse Jesús no sólo a los fariseos con los que habla, sino también a todos aquellos que nunca encuentran suficientes signos de credibilidad.
MEDITATIO Cualquier tipo de prueba o de dificultad pone en juego nuestra fe, manifestando de una manera evidente de quién nos fiamos de verdad: de Dios o de nosotros mismos. Para considerar la prueba como perfecta alegría se requiere la sabiduría, la sabiduría que viene de Dios, la sabiduría de la cruz, que es necedad para el mundo. De ahí que sólo podamos y debamos pedirla a Dios - a él, "que da a todos generosamente y sin echarlo en cara"- y pedirla con la seguridad de que nos será concedida. Con una seguridad basada en la fe, la fe que no vacila, la fe que se manifiesta en las obras. La sabiduría nos es concedida para que podamos ver en las pruebas la mano paterna de Dios -"Dios os trata corno a hijos y os hace soportar todo esto para que aprendáis. Pues qué hijo hay a quien su padre no corrija?" (Heb 12,7)- y para que pasemos nuestra vida cotidiana, con sus opciones y valoraciones, a través de este filtro. Quien busca la sabiduría, en el Antiguo Testamento, lo hace por lo general bajo el nombre de Salomón, pero "aquí hay uno que es más importante que Salomón" (Mt 12,42): tenemos a Jesús, sabiduría encarnada. A Jesús, que acaba de realizar la multiplicación de los panes, se dirigen en tono polémico los fariseos para pedirle una señal del cielo": se trata de una petición desenvuelta y, en apariencia, inocua, pero Jesús ve aquí algo que plantea problemas. En los fariseos prosigue la incredulidad y la dureza de corazón reprochada por los profetas en todo el Antiguo Testamento al pueblo de Israel, nunca saciado de señales y de pruebas del amor de Dios. Es posible que tampoco nosotros andemos muy lejos de esta miopía religiosa, que pide una señal del cielo: es Jesús mismo la señal dada a los hombres para que crean.
ORATIO Señor, reconozco que ante las pruebas, aunque no sean grandes ni requieran un particular "heroísmo", mi fe se muestra como una llama temblorosa que amenaza con apagarse a cada ráfaga de viento; con todo, aunque me descubro débil, y eso es algo que no me sorprende, deseo estar estrechamente unido a ti, como la llama que no se despega de la mecha de la candela. No me quites nunca esta conciencia y concédeme la sabiduría para que, en todos los momentos de mi vida, me acuerde de en quién he puesto mi confianza.
CONTEMPLATIO En verdad no le llega nunca al hombre un gran sufrimiento sin que sea, naturalmente, contrario a Dios, y él no lo permitiría si no fuera fecundo para el hombre. El sufrimiento en cuanto tal no agrada a Dios, excepto por el gran bien que ha preordenado en él para el hombre. Y puesto que Dios lleva el peso con el hombre que se ha entregado por completo a él, y el sufrimiento viene al hombre a través de Dios, se le vuelve en verdad dulce y divino, y entonces el hombre recibe el desprecio de modo tan voluntario como el honor, la amargura como la dulzura. Estas cosas, en efecto, toman todo su sabor de Dios y se vuelven deiformes y divinas. En efecto, el hombre recibe también de mejor gana la amargura que la dulzura, porque piensa que le conviene más y la ha merecido más. Ahora bien, puesto que se ha abandonado a Dios, le es grato todo lo que le acaece y acepta todo de manos de Dios. Puesto que no ama, no busca y no le complace otra cosa que no sea Dios, lo encuentra tanto en la amargura y en la contrariedad como en la mayor dulzura. Aquí brilla la luz en las tinieblas y se ve. Es imposible que alguien pueda sufrir por la gloria de Dios y no saboree también a Dios en ese sufrimiento (Juan Tauler, Opere, Milán 1977, pp. 727ss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "La paciencia alcanzará su objetivo, de manera que seáis perfectos y cabales, sin deficiencia alguna" (Sant 1,4).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Es ya un don de la sabiduría conocer que todo viene de Dios. De ahí que, teniendo la gracia de conocer que todo viene y no puede venir más que de Dios, no podamos hacer nada y no nos quede más que abrirnos a Dios en la oración. La vida religiosa nace de la oración. Es cierto que la misma oración supone la gracia, pero esta última aparece, en primer lugar, ante la conciencia de la miseria, de la impotencia absoluta, a fin de que podamos orar. Por consiguiente, el hombre debe vivir con la sabiduría para poseer todo bien, para tener capacidad de trabajar, ejercitar la virtud y contemplar a Dios; debe saber también que, antes que nada, se le impone la oración. Al principio, la oración es una exigencia fundamental e insustituible, porque todo depende de Dios, pero Dios no interviene si no se le invoca. La oración está en el origen de todos los bienes espirituales. Es ésta también una de las verdades más formalmente afirmadas, más solemnemente establecidas por el libro inspirado. El hombre no vive una relación personal con Dios más que en tanto lo invoca y lo espera. Ahora bien, el hombre no puede orar si no siente que le falta algo, si no siente que le falta Dios en lo alto de la sabiduría, en su unión y convivencia con ella (D. Barsotti, Meditazioni sul libro delta sapienza, Brescia 51992, p. 135). |
|
Martes de la 6ª semana del Tiempo ordinario o LOS SIETE FUNDADORES DE LA ORDEN DE LOS SIERVOS DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA LECTIO Primera lectura: Santiago 1,12-18 12 Dichoso el hombre que aguanta en la prueba, porque, una vez acrisolado, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que le aman. 13 Ninguno, al verse incitado a pecar, diga: "Es Dios quien me está incitando a pecar", pues nadie puede incitar a Dios para que haga el mal, y él no incita a nadie a pecar. 14 Cada uno es incitado a pecar por su propia pasión, que lo arrastra y lo seduce. 15 Después, la pasión concibe y da a luz al pecado, y el pecado, una vez consumado, origina la muerte. 16 No os engañéis, mis queridos hermanos. 17 Toda dádiva buena, todo don perfecto, viene de arriba, del Padre de las luces, en quien no hay cambios ni períodos de sombra. 18 Por su libre voluntad nos engendró, mediante la Palabra de la verdad, para que seamos los primeros frutos entre sus criaturas.
*•• Esta perícopa puede constituir la parte final de la exhortación introductoria con un tema en el que insistirá el cuerpo de la carta: "Dichoso el hombre que aguanta en la prueba" (v. 12). El tema de la prueba o tentación está recogido en este versículo con el mismo carácter positivo de los w. lss; allí se subrayaba la necesidad de que las cosas preciosas sean probadas y la importancia que tiene para los cristianos la oportunidad de ser incitados a alcanzar la perfección de la obra. La proclamación de un "macarismo" o de una bienaventuranza está destinada a los que entran en un camino que, al comienzo, requiere esfuerzo y paciencia, y sólo en un segundo momento conduce a algo grande. No carece de finura psicológica la descripción de la labor lenta y continua de la concupiscencia, que lleva adelante la "prueba" mediante el halago y la seducción. El mal, que ha conseguido entrar en el hombre a través de la seducción y el halago, da a luz el pecado, y éste, a su vez, engendra la muerte. La finalidad de estas consideraciones no parece ser llevar a cabo una meditación sobre la naturaleza de Dios, sino más bien una revelación de lo que la pureza divina engendra en nosotros. En efecto, como es propio de la fuente luminosa comunicarse, nosotros somos partícipes de la irrigación divina, rica no sólo de luz iluminadora, sino determinada por la voluntad, capaz de engendrar "mediante la Palabra de la verdad" (que es el Evangelio, según Col 1,5).
Salmo Responsorial R. Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor. Salmo 93.
Señor, dichoso aquel a quien tú educas y enseñas a cumplir tus mandamientos; cuando lleguen las horas de desgracia,
no perderá el sosiego. R. ni dejará a los suyos sin amparo. Hará justicia al justo y
dará un porvenir al hombre honrado. R. ya estaría yo habitando en el silencio. Cuando me hallaba al borde del sepulcro, tu amor, Señor, me conservó la vida. R.
Evangelio: Marcos 8,14-21 En aquel tiempo, 14 los discípulos se habían olvidado de llevar pan y sólo tenían un pan en la barca. 15 Jesús, entonces, se puso a advertirles, diciendo: - Abrid los ojos y tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la levadura de Herodes. 16 Ellos comentaban entre sí, pensando que les había dicho aquello porque no tenían pan. 17 Jesús se dio cuenta y les dijo: - Por qué comentáis que no tenéis pan? Aún no entendéis ni comprendéis? Es que tenéis embotada vuestra mente? 18 Tenéis ojos y no veis; tenéis oídos y no oís. Es que ya no os acordáis? 19 Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis cuando repartí los cinco panes entre los cinco mil? Le contestaron: - Doce. 20 Jesús insistió: - Y cuántos cestos llenos de trozos recogisteis cuando repartí los siete entre los cuatro mil? Le respondieron: - Siete. 21 Jesús añadió: - Y aún no entendéis?
**• El marco literario de esta perícopa es también el de la "sección de los panes" (Mc 6,30-8,26) y, más en particular, la reacción a la revelación cristológica por parte de los fariseos (8,11-13) y, ahora, por parte de los discípulos (8,14-21). El endurecimiento del corazón es un tema profético y veterotestamentario, dramático y complejo. Aparece en los evangelios a propósito de la comprensión-aceptación del misterio del Reino propuesto en parábolas (Mc 4,10-12; Mt 13,10-14; Le 8,9ss; cf. Jn 12,37-41). La insistencia en el tema por parte de Marcos pretende subrayar la novedad y la profundidad del mensaje propuesto; los fariseos lo han intuido, pero han preferido provocar al Mesías a tomar una opción diferente; la dificultad para entrar en él, en el caso de los discípulos, indica la opción radical a la que está llamada su fe. Esa dificultad, para decirlo con los términos de nuestro pasaje, consiste en no alinearse con la levadura de los fariseos y en comprender, en cambio, la lógica de la multiplicación repetida de los panes. Es ésta un misterio de reparto; el pan que se parte para ser multiplicado, la carne que debe ser "masticada" a fin de que se convierta en fuente de vida eterna para los que participan en el banquete, trae a colación el misterio de la necesidad de pasar a través de la muerte para ser fuente de vida. Esto por lo que respecta a Jesús, por lo que respecta a la cristología en sí misma y también por lo que se refiere a los discípulos, en virtud de una lógica eclesial que sea conforme con la enseñanza del Maestro.
MEDITATIO En el pasaje de ayer, Santiago nos hacía pedir a Dios la sabiduría, a fin de ver las pruebas desde su justa perspectiva. El libro de los Proverbios se refiere al valor de la sabiduría cuando recuerda que "la necedad del hombre tuerce su camino e irrita su corazón contra el Señor" (19,3). Santiago se muestra categórico: "Nadie puede incitar a Dios para que haga el mal, y él no incita a nadie a pecar" (1,13). En consecuencia, nuestra atención debe detenerse en otro punto: el hombre-criatura. En él está presente la concupiscencia y, si la sigue, se encamina a la muerte. Ahora bien, el hombre dispone también de la posibilidad real de ser "los primeros frutos entre las criaturas de Dios" (1,18), engendradas por su voluntad "mediante la Palabra de la verdad". Ante la "fijación" de los discípulos en una preocupación superficial y material, Jesús no sólo los amonesta, sino que les hace practicar una anamnesis por medio de una serie de preguntas - "Aún no entendéis ni comprendéis? Es que tenéis embotada vuestra mente? Tenéis ojos y no veis; tenéis oídos y no oís"- y los lleva a releer la "señal" de la multiplicación de los panes. Jesús se muestra provocador en el empleo que hace de la terminología de los antiguos profetas. De este modo revela también que "la levadura de los fariseos y de Hewdes", esto es, la falta de disponibilidad para acoger lo que han visto, está presente asimismo en sus discípulos, que permanecen ligados al "pan" y no llegan a él, "Palabra de la verdad". En nuestro caso, tampoco nos hará daño una anamnesis de este tipo, puesto que abriendo los "ojos" y los "oídos" también llegaremos nosotros a reconocer que "todo don perfecto viene de arriba, del Padre de las luces".
ORATIO Piadosísimo Dios mío, te ruego que me libres del embarazo excesivo de las preocupaciones de esta vida; de que las varias necesidades corporales me hagan prisionero de los placeres; de que todos los impedimentos del alma quebranten mi ánimo con sus molestias y llegue a desmayar. No quiero decir que me libres de esas cosas que la mundanal vanidad ambiciona con toda su alma. No, Señor, me refiero a esas miserias que al alma de tu siervo molestan y embarazan, por castigo, por esa maldición común a todos los mortales, para no poseer la libertad de espíritu siempre que quieren (Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, III, 26, Apostolado Mariano, Sevilla, s i . , p. 152).
CONTEMPLATIO Sí, ví además que nuestro Señor se alegra de la tribulación de los suyos con piedad y compasión; y a toda persona que quiere llevar con amor a su felicidad le envía algo que, a sus ojos, no constituye un defecto, pero a causa del cual esas personas son humilladas y despreciadas en este mundo, ultrajadas, sometidas a burlas, puestas aparte. Y hace esto para impedir el daño que les produciría el fasto, el orgullo y la vanagloria de esta mísera vida, y hacer más expedito el camino que les llevará al cielo, a la alegría infinita y eterna. Por eso dice: "Yo os arrancaré por completo de vuestros afectos vanos y de vuestro orgullo malvado, y os reuniré después y os haré humildes y apacibles, puros y santos, uniéndoos a mí". Y entonces vi que toda compasión natural que tiene el hombre por sus hermanos cristianos, unida a la caridad, es Cristo en él. Por otra parte, todo tipo de anonadamiento mostrado por Jesús en su pasión revela dos aspectos de la intención de nuestro Señor: uno es la felicidad a la que seremos llevados y en la que quiere que nos alegremos; el otro es el consuelo en nuestro dolor, porque quiere que sepamos que todo se transformará en gloria y ganancia para nosotros en virtud de su pasión, y que sepamos también que nosotros no sufrimos solos, sino con él, y que lo veamos como nuestro apoyo. Y desea que veamos que todos sus sufrimientos y tribulaciones superan con mucho todo cuanto nosotros podamos sufrir, hasta tal punto que no podemos tener una comprensión cabal del mismo. Y si consideramos bien esta voluntad suya nos salvaremos de lamentarnos y de la desesperación cuando experimentemos dolor; y si pensamos correctamente que nuestro pecado nos merece las penas, su amor nos excusa aún. Y por su gran cortesía elimina todo reproche y nos mira con compasión y piedad, como niños inocentes y sin culpa (Juliana de Norwich, Libro delle rivelazioni, Milán 1984, p. 168).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Toda dádiva buena, todo don perfecto, viene de arriba, del Padre de las luces" (Sant 1,17).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La historia de la salvación no está marcada sólo por las repetidas llamadas de Dios, sino también por los repetidos rechazos por parte del hombre a tomar el camino de la vida. El mismo Verbo de Dios, nos recuerda el evangelista Juan, "vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron" (Jn 1,11). Jesús, en el evangelio de Juan, nos indica la raíz profunda del rechazo, de la incredulidad, y lo hace empleando un lenguaje duro, que requiere ser descifrado: "Yo hablo de lo que he visto estando junto a mi Padre; vuestras acciones manifiestan lo que habéis oído a vuestro padre. [...] El que es de Dios acepta las palabras de Dios, pero vosotros no sois de Dios, y por eso no las aceptáis" (Jn 8,38-47). La raíz de la fe bíblica está en la escucha, actividad vital, aunque también exigente. Y es que escuchar significa dejarse transformar, poco a poco, hasta ser conducidos por caminos a menudo diferentes de aquellos que hubiéramos podido imaginar encerrándonos en nosotros mismos. Los caminos que nos indica Jesús están marcados por la belleza –porque la vida de comunión es bella, bello el intercambio de dones y de misericordia-, pero son caminos que comprometen. De ahí la tentación de no abrirle la puerta, de dejarlo fuera de nuestra existencia real. La historia del pecado, en efecto, echa siempre sus raíces en la historia de la falta de escucha. Aunque -y hay que decirlo con fuerza- ninguno de nosotros pueda juzgar la escucha de los otros, ni siquiera la de los que se declaran alejados de la fe (Comunicar el Evangelio en un mundo que cambia, n. 13, Roma 2001). |
|
Miércoles de ceniza
LECTIO Primera lectura: Joel 2,12-18 Así dice el Señor: 12 Pero ahora, oráculo del Señor, volved a mí de todo corazón, con ayunos, lágrimas y llantos; 13 rasgad vuestro corazón, no vuestras vestiduras, volved al Señor vuestro Dios. Él es clemente y misericordioso, lento a la ira, rico en amor y siempre dispuesto a perdonar. 14 !Quién sabe si no perdonará una vez más y os bendecirá de nuevo, permitiendo que presentéis ofrendas y libaciones al Señor vuestro Dios! 15 !Tocad la trompeta en Sión, promulgad un ayuno, convocad la asamblea, 16 reunid al pueblo, purificad la comunidad, congregad a los ancianos, reunid a los pequeños y a los niños de pecho! Deje el esposo su lecho y la esposa su alcoba. 17 Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: "Perdona, Señor, a tu pueblo y no entregues tu heredad al oprobio, a la burla de las naciones. Por qué han de decir los paganos: "Dónde está su Dios?". 18 El Señor se apiadó de su tierra y perdonó a su pueblo.
*" El mensaje del profeta Joel se pronunció probablemente después del destierro, en el templo de Jerusalén: una plaga de langostas devastó los campos, ocasionando carestía y hambre (1,2-2,10); como consecuencia, cesó el culto sacrificial del templo (1,13-16). El profeta debe leer los signos de los tiempos; por eso anuncia la proximidad del "día del Señor" invitando a todo el pueblo al ayuno, a la oración, a la penitencia (2,12.15-17a). La palabra clave de este fragmento, repetida tres veces en los primeros versículos, es volver (shüb en hebreo): verbo clásico de la conversión. En el v. 12 manifiesta la invitación al pueblo, indicando las modalidades de esta conversión, es decir, con el corazón y con los ritos litúrgicos, que serán auténticos y agradables a Dios si manifiestan la renovación interior. En el v. 13 la invitación a volver aparece de nuevo y la motivación es: porque el Señor siempre es misericordioso. En el v. 14 el mismo verbo se refiere a Dios abriendo una puerta a la esperanza: "perdonará una vez más". Un amor sincero a Dios, una fe más sólida, una esperanza que se hace oración coral y penitente, a la que ninguno debe sustraerse: con estas promesas el profeta y los sacerdotes podrán pedir al Señor que se muestre "celoso" con su tierra, compasivo con su heredad (vv. 17s).
Segunda lectura: 2 Corintios 5,20-6,2 Hermanos, 5,20 somos, pues, embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos que os dejéis reconciliar con Dios. - A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de pecado para que, por medio de él, nosotros nos transformemos en salvación de Dios. 6 Ya que somos sus colaboradores, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. 2 Porque Dios mismo dice: En el tiempo favorable te escuché; en el día de la salvación te ayudé. Pues mirad, éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación.
**• Pablo, como un embajador en nombre de Cristo, es portador de un mensaje de exhortación de parte de Dios (v. 20). Lo esencial del anuncio se centra en una palabra: reconciliación. Dicha palabra manifiesta la voluntad salvífica del Padre, la obra redentora del Hijo y el poder del Espíritu que mantiene la diakonía (servicio) de los apóstoles (vv. 18-20). El culmen del fragmento es el v. 21, en el que se proclama el juicio de Dios sobre el pecado y su inconmensurable amor por los pecadores, por los que no perdonó a su propio Hijo (cf. Rom 5,8; 8,32). Cristo ha asumido como propio el pecado del mundo, expiándolo en su propia carne para que nosotros pudiésemos apropiarnos de su justicia-santidad. El apóstol utiliza un lenguaje radical. La asunción del pecado por parte de Jesús para darnos su justicia no es para que el hombre pueda tener algo de lo que carecía, sino para convertirse en algo que no podría ser por naturaleza: el Inocente se ha hecho pecado, maldición (cf. Gal 3,13), para que nosotros lleguemos a ser justicia de Dios. Esta extraordinaria gracia de Dios, concedida al mundo (v. 19) mediante la kénosis de Cristo, no debe acogerse en vano. El anuncio apasionado de sus ministros os hace presente aquí, para nosotros, el tiempo favorable: dejémonos reconciliar (katallássein) con Dios. Este verbo indica una transformación de la relación del hombre con Dios y, consiguientemente, de los hombres entre sí. Por iniciativa de Dios se brinda a la libertad de cada uno la posibilidad de llegar a ser criaturas nuevas en Cristo (5,18), a condición de rendirse a su amor, que nos impulsa a vivir no ya para nosotros mismos, sino para aquel que ha muerto y resucitado por nosotros (vv. 14s).
Salmo Responsorial R. Misericordia, Señor, hemos pecado. Salmo 50. 3-4.12-13. 14-15
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
Devuélveme la alegría de tu salvación,
Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 1 Cuidad de no practicar vuestra "justicia" para que os vean los hombres, porque entonces vuestro Padre celestial no os recompensará. 2 Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. 3 Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha. 4 Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. 5 Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. 6 Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. 16 Cuando ayunéis, no andéis cariacontecidos como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. 17 Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, 18 de modo que nadie note tu ayuno, excepto tu Padre, que ve en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te premiará.
*• "Cuidad de no practicar vuestra 'justicia'..." (así, literalmente, en el v. 1): Jesús pide a sus discípulos una justicia superior a la de los escribas y fariseos (cf. Mt 5,20) aun cuando las prácticas exteriores sean las mismas; reclama la vigilancia sobre las intenciones que nos mueven a actuar. Tras el enunciado introductorio siguen las tres típicas "obras buenas", en las que se indica, en concreto, en qué consiste la justicia nueva: la limosna (6,2-4), la oración (6,5-15) y el ayuno (6,16-18). Dos elementos se repiten como un estribillo a lo largo de toda la perícopa: "recompensa" (o más literalmente salario: vv. 2.5.16) y "tu Padre que ve en lo escondido" (vv. 16.18). Nos enseñan que la piedad es una gran ganancia (cf. 1 Tim 6,6) si no se fija en el aplauso de los hombres ni busca satisfacer la vanidad, sino que busca la complacencia del Padre en una relación íntima y personal y si el salario esperado no es de este mundo ni del tiempo presente, sino para la comunión eterna con Dios, que será nuestra recompensa. De lo contrario, al practicar la justicia nos haríamos hypokritoí, que significa "comediantes" y, también, en el uso judaico del término "impíos" .
MEDITATIO La liturgia de la Palabra de hoy nos lleva de la mano por el camino de la verdadera alegría, viniendo a buscarnos en los callejones sin salida donde nos metemos y donde no podemos avanzar. Penitencia y arrepentimiento no son sinónimos de abatimiento, tristeza o frustración; por el contrario, constituyen una modalidad de apertura a la luz que puede disipar las oscuridades interiores, hacernos conscientes de nosotros mismos en la verdad y hacernos gustar la experiencia de la misericordia de Dios. Él siempre ve y conoce nuestras mezquindades y suciedades interiores y, sin embargo, !qué diferente es su juicio del nuestro! "En tu luz veremos la luz" (Sal 35,10b): admirados notamos que desde el momento en que nos ponemos en camino, él nos envuelve con un amor más grande, nos despoja de nuestro mal y nos reviste de una inocencia nueva. El Señor había asignado al profeta la misión de convocar al pueblo para suscitar nueva esperanza a través de un camino penitencial; a los apóstoles les confía el ministerio de la reconciliación; a la Iglesia hoy, le encarga proclamar que !ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación! Volvamos al camino del Señor con todo su pueblo, dejémonos reconciliar con Dios permitiendo a Cristo que asuma nuestro pecado: sólo él puede conocerlo y expiarlo plenamente. Renovados por el amor aprenderemos a vivir bajo la mirada del Padre, contentos de poder cumplir humildemente lo que le agrada y ayuda a nuestros hermanos. Su presencia en el secreto de nuestro corazón será la verdadera alegría, la única recompensa esperada y ya desde ahora pregustada.
ORATIO Padre mío, tú que ves en lo escondido, sabes cómo rehuyo de lo escondido del corazón y cómo busco la admiración de los hombres, pobre recompensa al orgullo de mi "yo" que recita su papel en la comedia de la piedad humana. Muy distinto, mucho más desconcertante, es el misterio de tu piedad, pero cómo lo ignoro todavía, vagando lejos... Hazme volver, te suplico, a la hondura de mi ser donde tú moras: en la luz nueva del arrepentimiento exultaré de gozo en tu presencia. Padre nuestro, que estás en los cielos, tú conoces el mal del mundo y cómo yo lo aumento cada día. Ayúdame hoy a acoger el día de salvación; concédeme ahora el mirar a tu Hijo, tratado como pecador por nosotros, crucificado por nosotros, por mí. Reconciliado por el Amor infinito, viviré en el humilde amor que no busca otra recompensa fuera de ti.
CONTEMPLATIO Conviértete y vuelve al temor de tu Dios: ayuna, ora, llora, invoca con insistencia [...]. Vuelve, alma, al Señor con la penitencia que te acerca a él, que es bueno [...]. Busca el amor de los pobres, porque para Dios es mejor que ofrecerle un sacrificio; aleja la molicie de tu cuerpo y, por el contrario, da satisfacción al alma; purifica tus manchas para conocer la dulzura del Señor, y su luz descenderá sobre ti y te librarás de las tentaciones del enemigo, porque el Señor ha prometido acoger a los que recurren a él concediéndoles su misericordia. Presta mucha atención: abandona las reuniones mundanas, el comer y beber en demasía, para no perder lo que el Señor ha prometido a los buenos y justos. Así, alma, construirás tu habitación con obras buenas, y tu lámpara lucirá en los cielos con el aceite de su misericordia. Acércate a su perdón y misericordia, y él hará resplandecer sobre ti su Espíritu. Lava con lágrimas tus pecados y descenderá sobre ti la bondad (Giovanni Mosco, Sentenze dei padri, "Paterikon" 196, en Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium, Lovaina).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Venid, volvamos al Señor" (Os 6,1a).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser [...]. El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia. La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la "ausencia de pasiones", un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor (K. Ware, Diré Dio ogg'i. Il cammino del cristiano, Magnano 1998, 182-185 passim). |
|
Jueves después de ceniza
LECTIO Primera lectura: Deuteronomio 30,15-20 Moisés habló al pueblo y dijo: Esto dice el Señor: 15 Mira, hoy pongo delante de ti vida y felicidad, muerte y desgracia. 16 Si escuchas los mandamientos del Señor tu Dios que yo te prescribo hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos y observando sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, vivirás y serás fecundo, y el Señor tu Dios te bendecirá en a tierra a la que vas a entrar para tomar posesión de ella. 17 Pero si tu corazón se desvía, si no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les das culto, 18 yo declaro hoy que pereceréis sin remedio; no viviréis mucho tiempo en la tierra a la que vas a entrar para tomar posesión de ella después de pasar el Jordán. 19 Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: ante ti están la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida y viviréis tú y tu descendencia, 20 amando al Señor tu Dios, escuchando su voz y uniéndote a él, pues él es tu vida y el que garantiza tu permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus antepasados, a Abrahán, Isaac y Jacob".
*"• Este fragmento con el que se concluye la proclamación de la ley deuteronómica tiene como destinatarios los desterrados de Israel. Privados de su tierra, se les exhorta a reflexionar en las causas de su situación, a acoger de nuevo la alianza del Señor con todas sus exigencias, a abrirse a la esperanza. El autor inspirado expresa todo esto contraponiendo vida y muerte, bien y mal, bendición y maldición, que se proponen a nuestra libre elección (v. 15: "delante de ti"). Al individuo y a todo el pueblo les pide una opción responsable, de graves consecuencias. Cielo y tierra son testigos (v. 19). El cosmos creado por Dios es llamado a estar presente y a ser vengador del pacto. La vida no es sólo don de Dios, sino también participación de su ser (v. 20). Él es el viviente que hace vivir. Hay que adherirse a él por el amor y la obediencia a sus mandamientos: Dios está deseando comunicarnos la vida y la bendición. Para ello da normas y preceptos: para indicarnos claramente cómo caminar por sus sendas (v. 16) y conseguir sus promesas.
Salmo Responsorial R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Salmo 1. 1-2. 3. 4 y 6 (R.: Sal 39, 5ab) Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.
Evangelio: Lucas 9,22-25 22 Dijo Jesús: - Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley, que lo maten y que resucite al tercer día. 23 Entonces se puso a decir a todo el pueblo: - El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga. 24 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. 25 Pues de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde o se arruina a sí mismo?
**• A los discípulos que, después de haberles manifestado las opiniones de la gente, le declaran la propia fe, Jesús, por primera vez, les anuncia la necesidad de su pasión (9,18-22). Es una enseñanza impartida a unos pocos, aparte. Sin embargo, a todos (v. 23) el Maestro les indica claramente qué camino se debe seguir, si se quiere ser de sus discípulos. Según la costumbre de la época, los que entraban a formar parte de la escuela de un rabbí le seguían detrás, siguiendo sus huellas. Es el camino de la abnegación cotidiana, superando el miedo a la ignominia, al sufrimiento y a la muerte. Jesús lo indica hablando de la cruz. En la época de la dominación romana era frecuente el espectáculo de los condenados a muerte que transportaban el patibulum -o sea, el brazo transversal de la cruz- por las calles, desde el lugar de la condena al de la ejecución. Se trata, pues, de una imagen terriblemente realista: seguir a Cristo como discípulos es vivir como condenados a muerte por el mundo (2 Cor 4,1 Os; Rom 8,36), dispuestos cada día a afrontar el desprecio de todos. Pero lo característico de esta muerte concreta (su cruz, aceptada y llevada "cada día") es conducirnos a la verdadera vida. De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo? v. 25).
MEDITATIO El Señor pone ante nosotros la vida y la muerte, pidiéndonos tomar una decisión y ratificarla día tras día. Se trata de una opción que no es evidente, ya que Jesús lo indica con una paradoja: a la vida según Dios, a la vida que es Dios, se llega negándonos a nosotros mismos, llevando nuestra cruz cada día tras el Maestro, aceptando perder por él la vida presente. El cristianismo es una disposición radical a seguir a Cristo hasta el final, no un esfuerzo moral por mejorar el propio carácter o las propias costumbres. No es fácil responder: "Sí, yo" a la invitación, que no deja lugar a ilusiones: "El que quiera seguirme...". Sin embargo, si aparece clara la perspectiva de sufrimiento incluida en el seguimiento, no aparece menos clara la meta final: la resurrección, salvar la vida, una vida en plenitud, sin parangón con ganar el mundo entero. Optamos, pues, por la vida amando al Señor, obedeciendo su voz y manteniéndonos unidos a él: si con él logramos atravesar la muerte a nosotros mismos cada día, con él experimentaremos desde ahora el inefable gozo de la resurrección, de la vida con él.
ORATIO Jesús, tú eres el Camino, el único que conduce al Padre: tu camino no es de gloria, oh Varón de dolores, que sabes bien lo que es padecer; me invitas a seguirte, a optar en todo momento en dar mis pasos vacilantes siguiendo tus huellas seguras... Jesús, tú eres la Verdad, la única que lleva a conocer el rostro de Dios: no infunde mucho entusiasmo verlo en el tuyo, oh Siervo doliente; está tan desfigurado que no parece rostro humano. Pero me invitas a creerlo; el que te ve a ti, ve al Padre; éste es el gozo perenne... Jesús, tú eres la Vida, la eterna, que comienza ahora y desemboca en el seno de Dios. No es fácil aceptar perderla aquí y ahora, negando lo que satisface inmediatamente porque sacia mis deseos orgullosos y egoístas, pero tú me repites: "Quien pierda su vida por mí, la salvará". Señor, tú eres el único que puedes darme fuerza, la gracia de dar un paso adelante, un pasito cada vez; de abrazar mi cruz diciendo: "Sí, quiero" a tu invitación, y seguirte caminando contigo hasta la meta, sin retroceder, por el camino de la vida en plenitud.
CONTEMPLATIO Vivimos para Aquel que, muriendo por nosotros, es la Vida; morimos a nosotros mismos para vivir para Cristo; pues no podemos vivir para él si antes no morimos a nosotros mismos, a nuestra propia voluntad. Somos de Cristo, no de nosotros [...]. Morimos, pero morimos en favor de la vida, porque la Vida muere en favor de los que están muertos. Ninguno puede morir a sí mismo si Cristo no vive el él. Si Cristo vive en él, ninguno puede vivir para sí. !Vive en Cristo como Cristo vive en ti! Se ama a sí mismo rectamente quien se odia a sí mismo para su bien; esto es, se mortifica [...]. Debemos dirigir nuestros ataques contra todo vicio, sensualidad, contra la atracción del mal. Al que lucha le basta con vencer a los adversarios: venciéndote a ti mismo, habrás vencido a todos. Si te vences a ti mismo, das muerte a ti mismo, serás juzgado vivo por Dios. Tratemos de no ser soberbios, malvados, sensuales, sino humildes, dóciles, afables, sencillos, para que Cristo reine en nosotros; él que es un rey humilde y, sin embargo, excelso (san Columbano, Instrucciones X, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Si morimos con él, viviremos con él" (2 Tim 2,11).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Por encima de la finitud, del espacio y del tiempo, el amor infinitamente infinito de Dios viene y nos toma. Llega justo a su hora. Tenemos la posibilidad de aceptarlo o rechazarlo. Si permanecemos sordos, volverá una y otra vez como un mendigo, pero también como un mendigo llegará el día en que ya no vuelva. Si aceptamos, Dios depositará en nosotros una semillita y se irá. A partir de ese momento, Dios no tiene que hacer nada más, ni tampoco nosotros, sino esperar. Pero sin lamentarnos del consentimiento dado, del "sí" nupcial. Esto no es tan fácil como parece, pues el crecimiento de la semilla en nosotros es doloroso. Además, por el hecho mismo de aceptarlo, no podemos dejar de destruir lo que le molesta; tenemos que arrancar las malas hierbas, cortar la grama. Y, desgraciadamente, esta grama forma parte de nuestra propia carne, de modo que esos cuidados de jardinero son una operación cruenta. Sin embargo, en cualquier caso la semilla crece sola. Llega un día en que el alma pertenece a Dios, en que no solamente da su consentimiento al amor, sino en que, de forma verdadera y afectiva, ama. Debe entonces, a su vez, atravesar el universo para llegar hasta Dios. El alma no ama como una criatura, con amor creado. El amor que hay en ella es divino, increado, pues es el amor de Dios hacia Dios que pasa por ella. Sólo Dios es capaz de amar a Dios. Lo único que nosotros podemos hacer es renunciar a nuestros propios sentimientos para dejar paso a ese amor en nuestra alma. Esto significa negarse a sí mismo. Sólo para este consentimiento hemos sido creados (S. Weil, A la espera de Dios, Madrid 1993, 84). |
|
Viernes después de ceniza
LECTIO Primera lectura: Isaías 58,1-9a Así dice el Señor: 1 Grita a pleno pulmón, no te contengas, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus rebeldías, a la casa de Jacob sus pecados. 2 Me buscan a diario, desean conocer mi voluntad, como si fueran un pueblo que se comporta rectamente, que no quisiera apartarse de lo que Dios estima justo. Me piden sentencias justas, desean estar cerca de Dios. 3 Y, sin embargo, dicen: "Para qué ayunar, si tú no te das cuenta? Para qué mortificarnos, si tú no te enteras?". En realidad utilizáis el día de ayuno para hacer lo que os viene en gana y explotar a vuestros obreros. 4 Ayunáis entre disputas y riñas golpeando criminalmente con el puño. No ayunéis de esa manera si queréis que vuestra voz se escuche en el cielo. 5 Es acaso ése el ayuno que yo quiero cuando alguien decide mortificarse? Inclináis la cabeza como un junco y os acostáis sobre saco y ceniza. A eso lo llamáis ayuno, día grato al Señor? 6 El ayuno que yo quiero es éste: que abras las prisiones injustas, que desates las correas del yugo, que dejes libres a los oprimidos, que acabes con todas las tiranías, 7 que compartas tu pan con el hambriento, que albergues a los pobres sin techo, que proporciones vestido al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes. 8 Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas sanarán en seguida, tu recto proceder caminará ante ti y te seguirá la gloria del Señor. 9 Entonces clamarás y te responderá el Señor, pedirás auxilio y te dirá: "Aquí estoy". Porque yo, el Señor, tu dios, soy misericordioso.
**• La presente predicación de Isaías pertenece, con toda probabilidad, a los primeros años de la vuelta de Israel del destierro y se desarrolla en tres movimientos: intervención del profeta para que el pueblo sea consciente de la falsa autenticidad en que vive (vv. l-3a); proclamación del verdadero ayuno (vv. 3b-7); consecuencias positivas para el que une ayuno con la práctica de la justicia (vv. 8-12). El pueblo, vuelto a la patria, estaba lleno de entusiasmo y esperanza, pero la situación es deprimente. Las dificultades superan toda previsión. Y YHWH parece sordo e indiferente ante las plegarias y el culto de su pueblo. El profeta condena en realidad un ayuno falso, que esconde graves situaciones sociales. Ante Dios, es estéril un culto exterior sin solidaridad con los pobres y sin justicia. Las auténticas manifestaciones exteriores de la conversión se resumen en la caridad con el necesitado y en la misericordia con el oprimido, que conducen al cambio de corazón. En el texto de Isaías, nos parece leer las palabras de Jesús en Mt 25,31-46: "Tuve hambre y me disteis de comer...". Afirmar que el ayuno y el verdadero culto están en la práctica de la caridad no significa negar la práctica del ayuno. Significa recordar que el ayuno y el culto tienen que tener como objetivo la caridad. Es decir, el ayuno debe ser una renuncia que se hace amor a Dios y al prójimo, y el verdadero culto es relación con Dios sin individualismos y falsedad.
Salmo Responsorial R. Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, tú no lo desprecias. Salmo 50. 14 Devuélveme la alegría de tu salvación,afiánzame con espíritu generoso: 15enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. R.
16Líbrame de la
sangre, oh Dios,
18Los sacrificios no
te satisfacen:
Evangelio: Mateo 9,14-15 En aquel tiempo 14 se le acercaron entonces los discípulos de Juan y le preguntaron: - Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan? 15 Jesús les contestó: -Es que pueden estar tristes los amigos del novio mientras él está con ellos? Llegará un día en que les quitarán al novio; entonces ayunarán.
**• Los discípulos de Juan acusan a los de Jesús de no ayunar. La respuesta de Cristo es muy significativa: él inaugura el tiempo mesiánico, el de las bodas, el tiempo escatológico anunciado por los profetas y el tiempo de alegría en el que no se ayuna por la presencia del esposo. Muchos no saben ver en Jesús al Mesías. No saben reconocer que el Reino de Dios es gozo, que es la perla por la que se está dispuesto a venderlo todo con alegría. Siempre hay quien piensa que la renuncia por Dios es un peso y siempre hay quien tiene miedo del rostro gozoso de Dios: como si el Reino fuese únicamente sufrimiento. El ayuno cristiano no se limita a abstenerse de alimentos, sino a desear el encuentro con Jesús que salva con su Palabra. Para comprender esta breve lectura, es preciso ubicarla en el contexto de los versículos siguientes. Cristo se sirve de dos comparaciones: no se pone un trozo de tela nueva en un vestido viejo y no se echa vino nuevo en odres viejos. Ambas comparaciones aducen otro motivo a favor del comportamiento de los discípulos de Jesús. Ha llegado el Reino de Dios, y los discípulos que lo han comprendido se sienten libres de ayuno y de las prácticas judaicas. Los viejos esquemas ya no son la medida adecuada para juzgar la "nueva justicia". No hay que esperar que la novedad de Cristo se encierre en los límites de las viejas formas: el Reino desgarra el tejido viejo, revienta los viejos odres y renueva los cimientos.
MEDITATIO Parece como si la Iglesia se divirtiera poniéndonos en aprieto: por una parte recomienda el ayuno; por otra, atendiendo a los dos textos que nos presenta hoy, lo redimensiona. Aunque más que redimensionarlo, lo explica, le da el verdadero sentido. Parece bastante oportuno, especialmente hoy, cuando se redescubre el ayuno por motivos dietéticos y estéticos: guardar la línea, vigilar el peso. Añadamos la difusión de las prácticas orientales, en las que el ayuno tiene su importancia, con vistas a descubrir el "yo" profundo. El ayuno no es, pues, extraño a nuestra civilización pluralista y abierta a todas las corrientes. Pero hoy la Iglesia subraya dos dimensiones esenciales del ayuno: su referencia cristológica y su dimensión de solidaridad. La referencia a Cristo: se ayuna porque Cristo, el Esposo, todavía no está del todo presente en mí, en la sociedad en la que vivo. El Esposo está preparado, pero yo no: su amor no ocupa todo mi ser, su causa no se ha cogido verdaderamente por entero. Ayuno para dejarle sitio en mi vida, para crear un vacío en mí, de suerte que él pueda acaparar toda mi existencia? La referencia a la solidaridad: mi ayuno debe sensibilizarme con el que pasa hambre y sed, creando en mi el sentido de responsabilidad con los pobres y necesitados. No has notado que hoy día, después del Concilio, la Iglesia ha redimensionado el ayuno exterior y ha movido a que los cristianos asuman "las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres"? (Gaudium et spes 1). Qué lugar ocupa en mi vida el ayuno cristiano?
ORATIO Señor, apiádate de mí, que me preocupo más de la mentalidad corriente que de tu crecimiento en mí. Por la salud, si un médico me prescribe una dieta, aunque sea severa, estoy dispuesto a hacer grandes sacrificios, pero para hacer que crezcas en mí, para sentirte "íntimo" como Esposo muy ansiado, para eso no me entusiasmo mucho, ni me preocupo por sacrificarme en demasía. Señor, apiádate de mí, porque me preocupo más del aspecto exterior que del interior, estoy más atento para agradar a los hombres que para agradarte a ti: con frecuencia soy materialista. "Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias, Señor". Y hoy me siento humillado y confundido por mi doblez de corazón y mis equívocos. Acrecienta, Señor, el sentido esponsal de mi vida cristiana, que me aclara tantas cosas de la tradición de la santidad, que de otro modo resultarían inexplicables. Te pido, en este cuaresma, aprender a ayunar de lo que me distrae inútilmente de ti, de todo aquello que me aleja de la contemplación de tu Palabra, de lo que me arrastra a "otros amantes", a otros amores que, poco a poco, pueden llevarme a ser un adúltero e infiel.
CONTEMPLATIO Señor, no me has dejado en tierra ensuciándome en el fango, sino que, con entrañas de misericordia, me has buscado, me has sacado de los bajos fondos [...]. Me has arrancado con fuerza y me has alejado de allí hecho una lástima, con los ojos, orejas y boca obstruidos de fango. Tú estabas cerca, me lavaste en el agua, me inundaste y me sumergiste reiteradamente; cuando vi destellos de luz que brillaban en torno a mí y los rayos de tu rostro mezclados con las aguas, me llené de asombro, viéndome asperjado por un agua luminosa. Así tú te has dejado ver después de haber purificado totalmente mi inteligencia con la claridad, con la luz de tu Espíritu Santo (Simeón el nuevo teólogo).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, suelta mis cadenas de iniquidad" (Is 58,6).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Un ayuno proporcionado a tus fuerzas favorecerá tu vigilancia espiritual. No se pueden meditar las cosas de Dios con el estómago lleno, dicen los maestros del espíritu. Cristo nos dio ejemplo con su prolongado ayuno; cuando triunfó sobre el demonio, había ayunado cuarenta días. Cuando el estómago está vacío, el corazón es humilde. El que ayuna ora con un corazón sobrio, mientras que el espíritu del intemperante se disipa en imaginaciones y pensamientos impuros. El ayuno es un modo de expresar nuestro amor y generosidad; se sacrifican los placeres terrenos para lograr los del cielo. Cuando ayunamos sentimos crecer en nosotros el reconocimiento de Dios, que ha dado al hombre el poder de ayunar. Todos los detalles de tu vida, todo lo que te sucede y lo que pasa a tu alrededor, se ilumina con nueva luz. El tiempo que discurre se utiliza de modo nuevo, rico y fecundo. A lo largo de las vigilias, la modorra y la confusión de pensamiento ceden su espacio a una gran lucidez de espíritu; en vez de irritarnos contra lo que nos fastidia, lo aceptamos tranquilamente, con humildad y acción de gracias [...]. La oración, el ayuno y las vigilias son el modo de llamar a la puerta que deseamos que se nos abra. Los santos padres reflexionaron sobre el ayuno considerándolo como una medida de capacidad. Si se ayuna mucho es porque se ama mucho, y si se ama mucho es porque se ha perdonado mucho. El que mucho ayuna, mucho recibirá. Sin embargo, los santos Padres recomiendan ayunar con medida: no se debe imponer al cuerpo un cansancio excesivo, so pena de que el alma sufra detrimento. Eliminar algunos alimentos sería perjudicial: todo alimento es don de Dios (T. Colliander, // cammino dell'asceta. Iniziazione alia vita spirituale, Brescia 1987, 75s) |
|
Sábado después de ceniza o SAN PEDRO DAMIANI, obispo y doctor de la Iglesia, LECTIO Primera lectura: Isaías 58,9b-14 Dice el Señor: 9 Si alejas de ti toda opresión, si dejas de acusar con el dedo y de levantar calumnias, 10 si repartes tu pan al hambriento y satisfaces al desfallecido, entonces surgirá tu luz en las tinieblas y tu oscuridad se volverá mediodía. 11 El Señor te guiará siempre, te saciará en el desierto y te fortalecerá. Serás como un huerto regado, como un manantial inagotable; 12 reconstruirás viejas ruinas, edificarás sobre los antiguos cimientos; te llamarán "reparador de brechas" y "restaurador de viviendas en ruinas". 13 Si observas el descanso del sábado y no haces negocios en mi día santo; si consideras al sábado tu delicia y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de viajes y evitas hacer negocios y contratos, 14 entonces el Señor será tu delicia. Te encumbraré en medio del país y disfrutarás de la herencia de tu antepasado, Jacob. Es el Señor quien lo dice.
**• El texto de hoy es continuación del que escuchamos ayer: el Señor había pedido al profeta dirigir al pueblo una acusación, una denuncia "sin miramientos" (58,1); ahora el tono es más sereno y exhortativo. Cuatro son los puntos que se pueden resaltar en el texto: en los vv. 9-10a se indican ámbitos de conversión interior de lo que hoy llamaríamos caridad fraterna. Con estas condiciones sigue la promesa de comunión con el Señor y de restauración del país (vv. 10b-12). A continuación reaparece el tema del primer punto, pero el contexto es ahora el de los derechos de Dios, el respeto al sábado (v. 13), y el v. 14 indica la promesa consiguiente. El Señor pide en primer lugar quitar de en medio lo que divide al pueblo (opresión, falsas acusaciones en los tribunales, difamación), para luego construir la comunión nivelando las diferencias sociales (el v. 10 dice: "Si das al hambriento tu alma/vida y sacias el alma/vida del oprimido"). Con estas condiciones Dios promete la comunión con él y la prosperidad: si sacias "de ti mismo" a tu hermano en dificultad, el Señor te saciará. Y, además, si reconstruyes con justicia la trama social, el Señor te concederá reconstruir viejas ruinas. La añadidura respecto al sábado (vv. 13s) sigue de nuevo la estructura de los versículos precedentes (si... entonces...): si sabes refrenar la avidez de la eficiencia comprendiendo el sentido del reposo sabático, entonces el Señor te hará gustar su gozo y sus bienes, y te dará esa soberanía que buscas en vano con tus múltiples ocupaciones.
Salmo Responsorial Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Salmo 85: 1-6 1 Oración. De David. Tiende tu oído, Yahveh, respóndeme, que soy desventurado y pobre, 2 guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios, 3 tenme piedad, Señor, pues a ti clamo todo el día; 4 recrea el alma de tu siervo, cuando hacia ti, Señor, levanto mi alma. 5 Pues tú eres, Señor, bueno, indulgente, rico en amor para todos los que te invocan; 6 Yahveh, presta oído a mi plegaria, atiende a la voz de mis súplicas.
Evangelio: Lucas 5,27-32 27 Después de esto, salió Jesús y vio a un publicano, llamado Leví, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: - Sígueme. 28 Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. 29 Leví le obsequió después con un gran banquete en su casa, al que también había invitado a muchos publicanos y a otras personas. 30 Los fariseos y sus maestros de la Ley murmuraban contra los discípulos de Jesús y decían: - Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? 31 Jesús les contestó: - No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. 32 Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.
*" Jesús no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan: el versículo final de esta perícopa resume y constituye el culmen de lo que precede. La llamada de los primeros discípulos, gente ruda y sencilla; la curación del leproso, sin temer la impureza legal; el perdón de los pecados y la curación del paralítico: todo esto va revelando el rostro desconcertante del Maestro. Ahora invita a su seguimiento a un hombre doblemente despreciable por su oficio de recaudador y por ser colaboracionista con el odiado ocupante romano. Jesús muestra la libertad soberana de sus elecciones, una libertad liberadora porque brota del amor, y por eso tiene poder de elegir del mundo del pecado a cuantos se dejen interpelar. En el brevísimo v. 28 aparecen tres verbos significativos: "dejándolo todo", toda atadura, toda cadena o peso, "se levantó" (Anástás: en griego es el mismo verbo usado para la resurrección de Jesús) "y lo siguió". La liberación y la resurrección a una nueva vida se orientan a seguir a Jesús, a la misión. Leví no desaprovecha la ocasión del paso de la misericordia en su vida, en su casa, y quiere compartir con los demás la alegría de este encuentro desconcertante, para que se convierta en acontecimiento de gracia para muchos: por eso prepara "un gran banquete", reúne a una multitud (v. 29).
MEDITATIO El hombre pecador es llamado por la Misericordia a la conversión para gustar la comunión con Dios. Enfermo en lo hondo del corazón, languidece buscando en el atolondramiento de los sentidos o de la superactividad el paliativo a la angustia que le devora interiormente, quizás sin saberlo. Si no me reconozco a mí mismo en ese hombre pecador, herido, no es para mí la fiesta del perdón, la alegría de la curación. Continuaré sentándome en la mesa de la gente "de bien", sin contaminarme con la suciedad moral y material de los otros, sin dejar que me inquiete el Amor que va en busca de quien está llagado interiormente para sanarlo. Por medio del profeta Isaías, Dios nos ha pedido compartir. En el Evangelio lo vemos encarnado: Jesús mismo ha compartido hasta el extremo, saciando con la propia vida al hambriento de justicia-santidad. La comunión que el Señor nos invita a construir entre nosotros tiene un precio elevado, que él ha pagado totalmente solo: asume todo el dolor del otro, aun el sufrimiento más desolador y que menos se nota, el del pecado. Si reconozco ser yo el pecador sanado de sus heridas, no buscaré más -tanto para mí como para los míos- que el abrazo infinitamente misericordioso de esas manos crucificadas.
ORATIO Padre misericordioso, tú cuidas de todos los pequeños de la tierra y quieres que cada uno sea signo e instrumento de tu bondad con los demás. Tú brindas tu amor a todo hijo herido por el pecado y quieres unirnos a unos con otros con vínculos de fraternidad. Perdóname, Señor, si he cerrado las manos y el corazón al indigente que vive a mi lado, pobre de bienes o privado del Bien. Todavía no he comprendido que tu Hijo ha venido a sentarse a la mesa de los pecadores; me he creído mejor que los demás. Por esta razón soy yo el pecador Haz que resuene tu voz en mi corazón, llámame ahora y siempre, oh Dios. Abandonando las falsas seguridades, quiero levantarme para seguir a Cristo en una vida nueva. Y será fiesta.
CONTEMPLATIO En su infinita misericordia, el Señor se da a sí mismo y no recuerda nuestros pecados, como no recordó los del ladrón en la cruz. Grande es tu misericordia, Señor. Quién podrá darte gracias como mereces por haber derramado en la tierra tu Espíritu Santo? Grande es tu justicia, Señor. Prometiste a los apóstoles: "No os dejaré huérfanos"' (Jn 14,18). Ahora nosotros vivimos de esta misericordia y nuestra alma experimenta que el Señor nos ama. Quien no lo experimente, que se arrepienta: el Señor le concederá la gracia que guíe su alma. Pero si ves un pecador y no sientes compasión, la gracia te abandonará. Hemos recibido el mandamiento del amor, y el amor de Cristo se compadece de todos y el Espíritu Santo nos infunde la fuerza de hacer el bien. El Señor perdona los pecados de quien se compadece del hermano. El hombre misericordioso no recuerda el mal recibido: aunque le hayan maltratado y ofendido, su corazón no se turba, porque conoce la misericordia de Dios. Nadie puede apropiarse de la misericordia del Señor: es inviolable porque habita en lo alto de los cielos, con Dios (Silvano del Monte Athos, Non disperare, Magnano 1994, 9l-93passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sus llagas nos han curado" (Is 53,5c).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La ascesis de los padres del desierto imponía un tiempo de ayuno agotador y privaciones rigurosas: hoy la lucha ataca otro frente. El hombre no necesita un suplemento dolorosísimo; cilicios, cadenas y flagelaciones correrían el riesgo de destrozarlo inútilmente. La ascesis consistiría más bien en imponerse un reposo, la disciplina de la calma y el silencio, en la que el hombre encuentre su capacidad de concentrarse en la oración y contemplación, aun en medio de la barahúnda del mundo; y sobre todo, recobrar la capacidad de percibir la presencia de los demás, de saber acoger a los amigos siempre. La ascesis se convierte así en atención a la invitación del Evangelio, a las bienaventuranzas: búsqueda de la humildad y la pureza de corazón, para liberar al prójimo y devolverlo a Dios. En un mundo cansado, asfixiado por las preocupaciones y ritmos de vida cada vez más agobiantes, el esfuerzo se dirigirá a encontrar y vivir "la infancia espiritual", la frescura y la espiritualidad evangélica del "caminito" que nos lleva a sentarnos a la mesa con los pecadores y a compartir el pan !untos. La ascesis no tiene nada que ver con el moralismo. Estamos llamados a ser activos, viriles, heroicos, pero estas "virtudes" son dones de los que el Espíritu puede privarnos en cualquier comento; nada es nuestro. En las alturas de la santidad está la humildad, que consiste en vivir en una actitud constante del alma en presencia de Dios. La humildad nos impide sentirnos "salvados", pero suscita una alegría permanente y desinteresada, sencillamente porque Dios existe. El alma reconoce a Dios confesando su impotencia radical; renunciando a pertenecerse. La ofrenda, el don de sí, es la humildad en acción. El hombre desnudo sigue a Cristo desnudo; permanece vigilante en su espíritu y espera la venida del Señor. Pero su alma lleva el mundo de todos los hombres; al atardecer de su vida, el hombre será juzgado de su amor (P. Evdokimov, La novitá dello Spirito, Milán 1980, Ó4-Ó5.78s, passim). |
|
Primer domingo de cuaresma Ciclo A
LECTIO Primera lectura: Génesis 2,7-9;3,1-7 2,7 Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz un hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente. 8 El Señor Dios plantó un huerto en Edén, al oriente, y en él puso al hombre que había formado. 9 El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos para comer: así como el árbol de la vida en medio del huerto y el árbol del conocimiento del bien y del mal. 3,1 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que había hecho el Señor Dios. Fue y elijo a la mujer: - Así que Dios os ha dicho que no comáis de ninguno de los árboles del huerto? 2 La mujer respondió a la serpiente: - !No! Podemos comer del fruto de los árboles del huerto; 3 sólo nos ha prohibido, bajo pena de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del huerto. 4 Replicó la serpiente a la mujer: - !No moriréis! 5 Lo que pasa es que Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal. 6 La mujer se dio cuenta entonces de que el árbol era bueno para comer, hermoso de ver y deseable para adquirir sabiduría. Así que tomó de su fruto y comió; se lo dio también a su marido, que estaba junto a ella, y él también comió. 7 Entonces se les abrieron los ojos, se dieron cuenta de que estaba desnudos, entrelazaron hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores.
**• El plan de Dios y el problema del mal constituyen, en síntesis, los temas propuestos por la liturgia en este fragmento. De la tierra ('"damah), de la materia, Dios plasma al hombre ('adam), pero insufla en él su misma respiración; lo rodea de bien y de belleza (v. 9), le coloca en un ambiente preparado con esmero y le confía una (área, una misión (v. 15); le da amplia libertad para determinar y transformar la realidad cine le rodea mediante el trabajo y la autoridad personal (vv. 9s). Pero el hombre no debe establecer su norma del bien y el mal: esta norma la impone Dios; no debe conocer por experiencia el mal, so pena de llevarle a la ruina (vv. 16s). "Coiiofimiciiio" es para los semitas un hecho de experiencia más, antes que algo intelectual o moral. Dios da, pues, su mandamiento para la vida y la felicidad. Al hombre se le propone la elección de una libre obediencia, reconociendo la relación particular que el Creador le ofrece de vivir con él. Allí está el árbol, en medio del jardín, guardado únicamente por la advertencia de Dios. En este punto se insinúa la presencia del mal: el texto bíblico nos dice que el mal no es primariamente una opción errónea, sino más bien una entidad creatural que induce a esa opción astutamente. El término para indicar la serpiente significa también "adivinación", dejando entrever los cultos idolátricos, en los que el símbolo de la serpiente tenía mucho que ver y que no dejaban de atraer a Israel. En efecto, la serpiente trata de que parezca una mentira el mandato de Dios por una especie de falso oráculo (vv. 4s). La narración de la transgresión es una obra maestra de psicología, una secuencia de sensaciones perfectamente estudiadas (v. 6) en un deseo creciente; pero el éxito del pecado consiste en comprobar la propia desnudez -es decir, nuestra fragilidad, el estar inermes, derrotados-, que lleva a avergonzarse de sí mismo y a no poder soportar la mirada de Dios.
Segunda lectura: Romanos 5,12-19 12 Así pues, por un hombre entró el pecado en el mundo y, con el pecado, la muerte. Y como todos los hombres pecaron, a todos alcanzó la muerte. 13 Cierto que ya antes de la Ley había pecado en el mundo; ahora bien, el pecado no se imputa al no haber ley. 14 Y sin embargo, la muerte reinó sobre todos desde Adán hasta Moisés incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que había de venir. 15 Pero no hay comparación entre el delito y el don. Porque si por el delito de uno todos murieron, mucho más la gracia de Dios, hecha don gratuito en otro hombre, Jesucristo, sobreabundó para todos 16, y hay otra diferencia entre el pecado del uno y el don del otro, pues mientras el proceso a partir de un solo delito terminó en condenación, el don, a partir de muchos delitos, terminó en absolución. 17 Y si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado universal, mucho más por obra de uno solo, Jesucristo, vivirán y reinarán los que acogen la sobreabundancia de la gracia y del don de la salvación. 18 Por tanto, así como por el delito de uno solo la condenación alcanzó a todos los hombres, así también la fidelidad de uno solo es para todos los hombres fuente de salvación y de vida. 19 Y como por la desobediencia de uno solo todos fueron hechos pecadores, así también, por la obediencia de uno solo, todos alcanzarán la salvación.
*•• Es un texto un tanto difícil por su gran densidad teológica, pero de capital importancia para comprender cómo Cristo es el punto central tic la historia de la salvación. Por el paralelo entre Adán y Cristo -los dos "prototipos" de la historia humana , tenemos una nueva explicación del misterio de la cruz. El primer padre de la humanidad, el viejo Adán, con un solo pecado ha arrastrado a todos al pecado y a la muerte (v. 12). Cristo, nuevo Adán, con un solo acto de justicia, o sea, con su muerte en cruz por amor, abre a todos el camino de la justicia, del amor y de la vida sobreabundante. Esta visión nos permite intuir que los acontecimientos de la historia no son casuales o independientes unos de otros, sino que están íntimamente vinculados, sea para el bien o para el mal: todo lo que hacemos tiene una repercusión fuera de nosotros, repercute en lodos los demás. Se trata del tema del "pecado social" . La transgresión del primer hombre introduce a toda la humanidad en una deformidad respecto a la imagen de Cristo: todo hombre llevará grabada en su corazón, como una tara hereditaria, la culpa de los orígenes. Creado para vivir en comunión con Dios en santidad perfecta, sentirá siempre la tentación de hacer el mal. La Ley viene a ser como una terapia de urgencia ofrecida por Dios al hombre herido; en la Ley se indica lo que debe cumplir y lo que hay que evitar para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios (vv. 13-14.20a). Pero la Ley por sí sola es insuficiente para restablecer la comunión con Dios: el hombre por sí mismo no puede levantarse de la caída. Por esta razón, Pablo, comparando el alcance de la acción de Adán y la eficacia de la obra de Cristo, muestra la sobreabundancia del don de Dios. El paralelo entre Adán y Cristo lleva a un superávit de gracia, fruto de la obediencia del Hijo amado: cumpliendo la voluntad del Padre hasta la muerte de cruz, Jesús nos ha obtenido el retorno a Dios, el acceso a la vida eterna (v. 21).
Salmo Responsorial R. Misericordia, Señor, hemos pecado. Salmo 50, 3-4.12-13. 14-15
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
Devuélveme la alegría de tu salvación,
Evangelio: Mateo 4,1-11 1 Entonces el Espíritu llevó a Jesús al desierto, para que el diablo lo pusiera a prueba. 2 Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre. 3 El tentador se acercó entonces y le dijo: - Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes. 4 Jesús le respondió: - Está escrito: No sólo de pan vive el hambre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. 5 Después el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6 y le dijo: - Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dará órdenes a sus ángeles para que te lleven en brazos, de modo que tu pie no tropiece en piedra alguna. 7 Jesús le dijo: - También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios. 8 De nuevo lo llevó consigo el diablo a un monte muy alto, le mostró todos los reinos del mundo con su gloria 9 y le dijo: - Todo esto te daré si te postras y me adoras. 10 Entonces Jesús le dijo: - Márchate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él le darás culto. 11 Entonces el diablo se alejó de él, y unos ángeles se acercaron y le servían.
**• Jesús, proclamado por el Padre Hijo de sus complacencias, inmediatamente después del bautismo es conducido al desierto "por el Espíritu" para ser "tentado por el diablo": por consiguiente, esta prueba es querida por Dios. Jesús, que vino para recapitular toda la humanidad dando al Padre esa total adhesión que debía haber ofrecido Israel, es sometido a las mismas tentaciones del pueblo del Éxodo, como indican las citas del Deuteronomio con las que responde a Satanás (Dt 8,3; 6,16; 6,13). Pero donde Israel falló, Jesús vence. La insidia diabólica comienza presentando a Jesús las esperanzas mesiánicas y pidiéndole que demuestre si es verdad que, como había afirmado la voz del cielo, es Hijo de Dios. A la propuesta de un mesianismo que satisfaga con facilidad las necesidades materiales del hombre, Jesús responde contraponiendo al alimento material el alimento espiritual de la Palabra vivificante de Dios (vv. 3s). A la imagen de una misión milagrera y espectacular que le propone el diablo, Jesús opone una sumisión incondicional a los designios de Dios (vv. 5-7). A la tentación del éxito sigue finalmente la del dominio -convertirse en señor de la tierra, ceder a la idolatría del poder-, pero el camino mesiánico que Cristo intuyó en el desierto es muy distinto. Con la autoridad que le viene de su dedicación plena a Dios, él, el perfecto adorador del Padre, expulsa al demonio (vv. 8-11). Mateo nos presenta a Jesús no sólo como el verdadero Israel, sino también como el nuevo Moisés, al citar el ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, y la mención del "monte altísimo" desde donde el diablo le muestra todos los reinos de la tierra, aludiendo a Dt 34,1-4. Estos cuarenta días en el desierto preparan a Jesús para que asuma la guía del nuevo pueblo de Dios, a quien ofrece la Ley nueva.
MEDITATIO El Señor Dios prepara para el hombre un jardín delicioso y fértil: tierra de comunión y de encuentro entre el Creador y el "adán", tierra de libertad donde el amor es la consciente adhesión a la voluntad de Dios, con la certeza confiada de que quiere el bien de sus criaturas. Aunque queda abierta la posibilidad del rechazo, aunque la serpiente puede hacerse notar en el jardín, el Espíritu de Dios conduce a Jesús al desierto: tierra de soledad donde todo calla y el silencio amplifica las voces que percibe el corazón; tierra de libertad donde Dios puede hablar o callar. También el diablo, el Divisor, puede encontrarnos en el desierto. Por eso fue conducido al desierto por el Espíritu. El hombre engañado por el Maligno buscó una gloria que pensaba que un Dios envidioso le negaba: ser como Dios, autodeterminar lo que es el bien y el mal, la insidia de siempre. Y Adán se encontró desnudo, desterrado del jardín original, errante en una tierra que exige fatigas para producir pan. Jesús, por eso, bajó al abismo de la caída del primer hombre del orgullo y la autosuficiencia de cada uno de nosotros. Como cualquier hombre, oyó la atractiva voz del que en la soledad absoluta se le acerca y le incita a probar sus propias posibilidades: someter a su servicio las leyes de la materia, instrumentalizar la protección divina, dominar el mundo comprometiéndose "sólo un poco" con el Príncipe de este mundo. Acaso no son los medios más adecuados para llevar a cabo con éxito la misión confiada? Son tentaciones que cada uno conoce bien, aunque nos limitemos al ámbito del propio trabajo.
ORATIO Oh Padre, tú que has ofrecido al hombre vivir en comunión contigo y que, cuando Adán, el progenitor soberbio, pecó no lo abandonaste en el abismo de su caída: mírame también a mí, sácame de la angustia en la que me precipita el deseo de ser un dios que encuentra en sí mismo la norma del bien y el mal. Oh Cristo, tú que nos has rescatado del pecado de Adán y has seguido el camino de la obediencia indicado por tu Padre hasta la cruz: sálvame también a mí, que deseo saciarme de cosas, de gloria y de poder, aunque quedo desilusionado y hambriento porque la Vida está en otra parte. Oh Espíritu, tú que condujiste a Jesús al desierto para que, victorioso del mal, pudiese restituir al Padre la sumisión amorosa que cada uno de nosotros le hemos negado: ilumíname y fortalece mi corazón, para que aprenda a discernir tu voluntad y la cumpla sin temer fracasos o burlas, con humildad obediente, en la libertad del amor.
CONTEMPLATIO El Señor Jesucristo fue tentado por el diablo en el desierto. Cristo ciertamente fue tentado por el diablo, pero en él eras tentado tú. Pues tuya era la carne que Cristo asumió para que recibieses de él la salvación. Asumió la muerte, que era tuya, para darte la vida; tomó de ti las humillaciones para que tu recibieses de él la gloria. He puesto en Cristo mi torre-fortaleza. Él, por nosotros, se ha hecho torre frente al enemigo, él es también piedra sobre la que está edificada la Iglesia. Buscas remedio para no ser herido por el diablo?. !Refúgiate en la torre! Tienes ante ti la torre. Acuérdate de Cristo y habrás entrado en la torre. Cómo te acordarás de Cristo? Cuando tengas algo por lo que sufrir, piensa que él ha sufrido antes y reflexiona por quién ha sufrido. Él murió para resucitar. Espera tú también lograr la meta en la que nos ha precedido y habrás entrado en la torre sin ceder ante el enemigo (Agustín, Exposición del salmo 60, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Estemos firmes en la prueba: nuestra fuerza es el amor de Cristo" (de la liturgia).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La tentación más grave es la de la desesperación; es la que nos hace dudar de poder ser todavía perdonados y amados por el Padre. Ahí nos quiere llevar la astucia del diablo: a la desesperación. Si desconfiamos de Dios, nosotros mismos nos separamos de él. Es tremenda esta tentación. La tentación de la desconfianza está en el origen de la trágica caída de los primeros padres y aparece a lo largo de todas las etapas de la historia de salvación. La encontramos desde el primer libro de la Biblia (Gn 3), donde la serpiente tentadora induce a Adán y Eva a desconfiar de Dios, hasta el Apocalipsis (ce. 3 y 12), donde el dragón se encona contra la Iglesia, dispuesto a devorar a los santos, los hijos engendrados en la gracia. La envidia empuja continuamente al maligno, aunque ya vencido por Cristo, a la tentativa desesperada de hacer caer a los hijos de Dios. Por eso el cristiano debe estar siempre alerta, dispuesto al combate que tiene que mantener con la armadura que Dios le procura (cf. Ef 6,12-18). La Iglesia está sometida a la tentación lo mismo que todo cristiano; pero si perseveramos en la fe y en la oración, el Señor nos promete el auxilio para que no sucumbamos a la tentación (cf. Ap 3,10-12). La tentación es necesaria porque, después de la primera caída, todos deben someterse a la prueba. Nuestro corazón adolece de inconstancia y necesita robustecerse mediante una terapia intensiva y estimulante: la tentación libera nuevas y prodigiosas energías espirituales. El amor, en la prueba, se purifica y fortalece. El Señor nos promete su ayuda: no seremos tentados por encima de nuestras fuerzas; el apóstol nos dice: "Dios es fiel, no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la prueba os proporcionará fuerzas suficientes para superarla" (1 Cor 10,1 3). El ancla de salvación es la cruz, a la que debemos estar fuertemente abrazados. Cristo padeció por nosotros la tentación y ha vencido (A. M. Cánopi, Si, Padre. Meditazioni sul Padre nostro, Milán 1 999, 114-116, passim). |
|
Lunes de la primera semana de cuaresma o SAN POLICARPO, obispo y mártir, LECTIO Primera lectura: Levítico 19,1-2.11-18 El Señor dijo a Moisés: 2 - Di a toda la comunidad de los israelitas: Sed santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo. 11 No robaréis, no mentiréis, ni os engañaréis unos a otros. 12 No juréis en falso por mi nombre, pues sería profanar el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor. 13 No oprimas ni explotes a tu prójimo; no retengas el sueldo del jornalero hasta la mañana siguiente. 14 No te burlarás del mudo ni pondrás tropiezo al ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor. 15 No procederás injustamente en los juicios; ni favorecerás al pobre, ni tendrás miramientos con el poderoso, sino que juzgarás con Justicia a tu prójimo. 16 No andes calumniando a los de tu pueblo ni declares en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor. 17 No odiarás a tu hermano, sino que lo corregirás para no hacerle culpable por su causa. 18 No tomarás venganza ni guardarás rencor a los hijos de mi pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
**• La perícopa de hoy pertenece al llamado "Código de santidad" (Lv 17-26), comienza con el mandato de la santidad dirigido a toda la comunidad de Israel y su motivación no es otra que la santidad misma de Dios (vv. ls). El es el totalmente otro, radicalmente diverso de lo que el hombre puede imaginar, "separado" (según la etimología del término "santo"). Y, sin embargo, desea que el pueblo elegido participe de su santidad en cualquier circunstancia, que la transparente en los detalles de la vida. Las normas que signen regulan la ética personal y social. La inserción rítmica de la fórmula "Yo soy el Señor" revela la interdependencia entre el respeto por la santidad de Dios y el respeto por el prójimo. El temor de Dios debe inspirar de modo especial el comportamiento con los más débiles, los minusválidos (v. 14). A los preceptos en forma negativa ("No harás esto") se añaden exhortaciones dirigidas a construir en la sociedad humana relaciones de fraternidad (vv. 16b.17b), y culminan en el mandamiento del amor al prójimo (v. 18b). Quien conoce la severa ley del talión se queda sorprendido por estos mandatos que limitan no sólo los actos referentes a la muelle del prójimo (vv. 16b.18a), sino también esos sentimientos que matan al prójimo (vv. 17a. 18b). El amor al otro basado en el nombre de Dios edifica la comunidad humana en la santidad según la voluntad divina.
Salmo Responsorial R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Salmo 18.8. 9. 10. 15 (R.: cf. Jn 6, 63c) La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye a los ignorantes R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R. El temor del Señor es puro y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R. Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, Roca mía, Redentor mío. R.
Evangelio: Mateo 25,31-46 31 Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. 32 Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, 33 y pondrá las ovejas a un lado y los cabritos al otro. 34 Entonces el rey dirá a los de un lado: "Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me alojasteis; 36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y fuisteis a verme". 37 Entonces le responderán los justos: "Señor, cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber?, 38 Cuándo te vimos forastero y te alojamos, o desnudo y te vestimos? 39 Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?". 40 Y el rey les responderá: "Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis". 41 Después dirá a los del otro lado: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me alojasteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis". 44 Entonces responderán también éstos diciendo: "Señor, cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?". 45 Y él les responderá: "Os aseguro que cuando dejasteis de hacerlo con uno de estos pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo". 46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.
>•*• Esta perícopa que Mateo pone como conclusión a su "discurso escatológico" está emparentada con la tradición apocalíptica bíblica (en particular con Daniel) y judaica: se trata de una revelación de los últimos acontecimientos, del juicio universal. En estas tradiciones aparece la figura del Hijo del hombre con rasgos a la vez humanos y celestes, con un papel fundamental en la instauración del Reino de Dios y en llevar a Dios a todos los elegidos. Jesús se identifica con este personaje glorioso. Vendrá a concluir la historia asumiendo de modo definitivo y manifiesto la realeza oculta en el tiempo a los hijos de todos. Todas las naciones se reunirán delante de él (v. 32). Y como los pastores palestinos por la tarde dividían el rebaño según la especie, este Rey-Pastor (cf. Ez 34, 17.32s) separará unos de otros dictando así un juicio. El único criterio distintivo será la caridad (vv. 34-40 y 41-55: construidos simétricamente según la misericordia practicada o dejada de practicar). Jesús, que nos permite identificarlo con este Hijo del hombre, cumplimiento de las profecías, indica cómo esta figura regia quiere identificarse con cada uno de sus hermanos más pequeños. Nadie ha podido reconocerlo con los ojos carnales (vv. 37-39.44), y ni siquiera se habla de la luz de la fe, de la fidelidad a los preceptos de la Ley. Se trata sencillamente de amor con hechos, de honrar a los hombres en los encuentros de cada día: ahí es donde se juega nuestro destino eterno según la medida del amor.
MEDITATIO "Yo soy el Señor", repite Dios en el Antiguo Testamento como rúbrica a los preceptos sobre el amor práctico y cotidiano con el prójimo. Yo soy el Señor que ve vuestra conducta, que cuida de la vida de todos exigiendo que se respete y se socorra, de suerte que seáis santos con mi misma santidad. "Conmigo lo hicisteis", repite Jesús en el Evangelio. Soy el Rey que no veis en cada uno de mis hermanos más pequeños, pero en ellos me podéis socorrer, servirme o quizás ignorarme. Quién cómo el Señor, que yace como cualquier desvalido al borde del camino y se deja mirar con indiferencia o con misericordia (cf. Sal 112)? El se sentará en el trono de su gloria y a su lado colocará a cada uno de sus hermanos más pequeños y a cuantos la actitud gratuita de compartir el pan, el agua y los bienes les haga sentirse importantes en su corazón y en el corazón de Dios. Hoy comienza mi vida eterna, si te amo como a mí mismo, hermano en Cristo, hermano Cristo.
ORATIO Oh misericordioso, que lloras con nosotros desde las primeras lágrimas de Adán y Eva, rompe con tu mirada la dureza de nuestro corazón. Haznos capaces de recibir y dar tu divina compasión. No permitas que juzguemos a los demás con nuestra medida tacaña y falsa, sino con la tuya, tan longánima y abundante, hasta que nos sintamos deudores de todos, deudores de una caridad cada vez mayor, de una ternura sin límites. Sí, oh Misericordioso, que lloras por nosotros y con nosotros, tú has venido a nuestra humanidad desnudo y humillado, pobre y enfermo, solo y rechazado. No permitas que pasemos a tu lado sin mirarte, no dejes que vivamos a tu lado sin reconocerte y amarte. Tú, oh Misericordioso, eres el que carga con nuestro pecado desde la primera caída que nos hizo miserables y desgraciados; tú enjugarás nuestras lágrimas, tiernamente, hasta la última lágrima, hasta cambiar en gozo de salvación el llanto de la humanidad entera.
CONTEMPLATIO La misericordia es la imagen de Dios, y el hombre misericordioso es, de verdad, un Dios que vive en la tierra. Como Dios es misericordioso con todos, sin ninguna distinción, así el hombre misericordioso difunde sus actos de amor y generosidad con todos, con la misma medida. La misericordia no merece alabarse teniendo en cuenta exclusivamente la cantidad de actos de bondad y generosidad, sino mucho más cuando procede de un pensar recto y misericordioso. Los hay que dan y distribuyen mucho y no son misericordiosos ante Dios. Los hay también que no tienen nada, que no poseen nada, pero tienen un corazón piadoso con todos: pues bien, éstos son ante Dios unos perfectos misericordiosos y lo son de verdad. No digas, pues: "No tengo nada para dar a los pobres", no te aflijas en tu interior por no poder ser misericordioso de este modo. Si tienes algo, da lo que tienes. Si no tienes nada, da también, aunque no sea más que un mendrugo de pan seco, con una intención misericordiosa: Dios lo considerará misericordia perfecta. "Dios es amor" (1 Jn 4,8). El hombre que posee el amor es verdaderamente Dios en medio de los hombres (Youssel Bousnaya, cit. en P. Descule, L'Évangile au desoí, París 1965, 244-246, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Quien no ama al hermano al que ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,20).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Los que se acercan al pobre lo hacen movidos por un deseo de generosidad, para ayudarle y socorrerle; se consideran salvadores y con frecuencia se ponen sobre un pedestal. Pero tocando al pobre, llegándose a él, estableciendo una relación de amor y confianza con él, es como se revela el misterio. Ellos descubren el sacramento del pobre y logran llegar al misterio de la compasión. El pobre parece romper la barrera del poder, de la riqueza, de la capacidad y del orgullo; quitan la cáscara con que se rodea el corazón humano para protegerse. El pobre revela a Jesucristo. Hace que el que ha venido para "ayudarle" descubra su propia pobreza y vulnerabilidad; le hace descubrir también su capacidad de amar, la potencia de amor de su corazón. El pobre tiene un poder misterioso; en su debilidad, es capaz de tocar los corazones endurecidos y de sacar a la luz las fuentes de agua viva ocultas en su interior. Es la manita del niño de la que no se tiene miedo pero que se desliza entre los barrotes de nuestra prisión de egoísmo. Y logra abrir la cerradura. El pobre libera. Y Dios se oculta en el niño. Los pobres evangelizan. Por eso son los tesoros de la Iglesia (J. Vanier, Comunidad, lugar de perdón y de fiesta, Madrid 1981, 115s). |
|
Martes de la primera semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Isaías 55,10-11 Así dice el Señor: 10 “Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo vuelven allí después de haber empapado la tierra, de haberla fecundado y hecho germinar para que dé simiente al que siembra y pan al que come, 11 así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío". Sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo.
*•• Is 55 concluye la serie de oráculos del Segundo Isaías (ce. 40-55) y recoge en síntesis los temas que contiene, como el perdón, la vuelta a la patria, la participación de la naturaleza en la salvación, el poder de la Palabra de Dios. Esta última es mediadora entre Dios y el hombre; permite encontrarlo en su "cercanía" (v. 6) y no sentirlo ausente en su aparente "lejanía", porque "sus caminos no son nuestros caminos" (v. 9), como recordaban los versículos inmediatamente precedentes. La Palabra no es letra muerta; es una realidad viva, enviada del cielo para revelar y llevar a cabo la salvación. Es, pues, "eficaz ', capaz de lograr su finalidad, como la lluvia y la nieve que riegan y fecundan la tierra. Puede darse una imagen más alentadora para un pueblo desterrado, al que se le ha anunciado con certeza el retorno a la patria, pero que experimenta la propia fragilidad para mantener viva la esperanza? Lo profetizado encuentra en Cristo su cumplimiento. Él es la Palabra omnipotente hecha carne, enviada por el Padre de los cielos para que nuestra tierra dé su fruto. Él es el Verbo eterno venido a la tierra, muerto en cruz y resucitado, para abrirnos a nosotros, hijos rebeldes, el camino inesperado del retorno a la morada de Dios, su Padre y nuestro Padre.
Salmo Responsorial R. Dios libra a los justos de sus angustias. Salmo 33. 4-5. 6-7. 16-17. 18-19
Proclamemos la grandeza del Señor,
Evangelio: Mateo 6,7-15 Dijo Jesús: 7 Y al orar, no os perdáis en palabras como hacen los paganos, creyendo que Dios los va a escuchar por hablar mucho. 8 No seáis como ellos, pues ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis. 10 Vosotros orad así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; 11 danos hay el pan que necesitamos; 12 perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; 13 no nos dejes caer en tentación; y líbranos del mal. 14 Porque si vosotros perdonáis a los demás sus culpas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. 15 Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.
** En la versión mateana, la oración del Padre nuestro, insertada en el "Discurso de la montaña", va precedida por una especie de catequesis sobre el modo de orar. Mientras los paganos piensan que hay que multiplicar las palabras para atraer la atención de la divinidad y doblegarla a los propios fines (v. 7), Jesús revela que Dios es Padre, siempre presente para cada uno de sus hijos, que conoce bien sus necesidades reales (v. 8). No sirven por eso largos discursos, sino más bien redescubrirse como hijos. Jesús, que osa dirigirse al Altísimo llamándolo abba, "padre", quiere también introducir a los hombres en esa intimidad y profunda comunión. Por esta razón confía a sus discípulos el Pater, la oración por excelencia del cristiano. Ciertamente tiene una forma típicamente hebrea: siete peticiones divididas en dos grupos que recuerdan las dos tablas de la Lev. Las tres primeras peticiones se refieren a Dios y a su designio salvífico; las otras dirigen su atención a las verdaderas necesidades del hombre. El nombre -es decir, la misma persona de Dios- ya es santo, pero quiere que se reconozca como tal, esto es, santificado por todos mediante una vida de adoración, alabanza y conformación con él. El Reino de Dios ya está presente, pero para que llegue a su plenitud es preciso que cada uno acepte el señorío de Dios en la propia vida. La voluntad de Dios se cumple ciertamente en el cielo y en la tierra, pero se pide que cada uno se adhiera a esta voluntad con amor, como Jesús. Se pide a continuación al Padre que nos provea lo necesario hoy, día tras día: siempre somos hijos pobres que todo lo recibimos de él. El alimento que nos ofrece no sacia únicamente el hambre corporal; es el "pan" de la vida futura, el mismo Jesús, Pan vivo (cf. Jn 6). Tenemos necesidad del perdón de Dios para entrar en el Reino, pero no podemos pedir que nos perdone si negamos el perdón a nuestros hermanos. El v. 13 ("No nos dejes caer en la tentación") hay que entenderlo así: "Haz que no entremos en la tentación", "Haz que, frente a las grandes pruebas de la vida, la fe no dude de tu bondad de Padre y no reniegue, cediendo a las insidias del diablo". La última petición de la oración pide ser librados del Maligno, causa e instigador de todo mal. Como conclusión, los vv. 14s vuelven y subrayan la necesidad del perdón recíproco enunciado en el v. 12: no podemos llamar a Dios "Padre" si no vivimos entre nosotros como hermanos, si no queremos conformar nuestro rostro al suyo, que es infinita misericordia.
MEDITATIO Orar es hoy, para muchos cristianos, una empresa difícil. Hay quien la escamotea aduciendo que no sirve o que "trabajar es orar"; hay quienes la arrinconan excusándose por no encontrar tiempo para orar, y hay quienes reconocen la dificultad real pero no oran porque no saben qué decir. Tampoco faltan, entre los más devotos, los que "usan muchas palabras como los paganos", pidiendo sólo cosas buenas en apariencia. Para todos estos, Jesús desplaza la clave del problema: no se trata de orar para satisfacer determinadas necesidades, sino para descubrir que Dios es Padre y llama a todos los hombres a la comunión de amor con él y en él. Por consiguiente, orar no es una cuestión de decir cosas, sino una cuestión de amor, que puede expresarse con palabras, pero también en silencio, y que progresivamente va acaparando toda la vida convirtiéndola en una sola e incesante oración. La Palabra eficaz que envía Dios a la atierra vuelve a el después de haber cumplido su designio; se ha hecho carne, es Jesús: cualquier palabra suya encierra un poder extraordinario. Es él quien nos dice: "Vosotros orad así: 'Padre nuestro'". Pidamos, pues, a Cristo que nos enseñe a repetir la oración con su mismo corazón, para que crezca en nosotros, día tras día, el amor filial y confiado con nuestro Padre celestial y con la oración crezca la caridad, que se traduce en perdón con los hermanos. Entonces nuestra tierra fecundada con la Palabra producirá frutos de vida nueva, dará pan de misericordia para saciar el hambre de toda la humanidad.
ORATIO Oh Dios, que en Jesús, tu Hijo amado, nos concedes el privilegio de poder llamarte "Padre", perdona si nuestro corazón no salta de júbilo cada vez que nos atrevemos a pronunciar tu dulcísimo nombre. Perdona las veces que nos dirigimos a ti distraídamente, como si fuese la cosa más obvia, mientras millones de hombres viven atenazados por la angustia y el sinsentido sencillamente porque ninguno les ha dicho nunca que tú les amas con ternura de padre y de madre. Concédenos a nosotros la pureza de corazón que permita a los rectos y a los "pequeños" quedarse atónitos y asombrados con el sólo recuerdo de tu nombre. No permitas que desperdiciemos tontamente el don tan grande de poder invocarte seguros de que nos escuchas porque somos tuyos y tú eres nuestro Padre.
CONTEMPLATIO "Padre nuestro, que estás en los cielos": ésta es la frase de los íntimos de Dios como un hijo sobre el pecho de su padre. "Santificado sea tu nombre": es decir, que sea glorificado entre nosotros mediante el testimonio ante los hombres, que dirán: éstos son verdaderos siervos de Dios. "Venga tu reino": el Reino de Dios es el Espíritu Santo: oramos para que lo envíe a nosotros. "Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo": la voluntad de Dios es la salvación de todas las almas. Lo que ya es realidad en las potencias del cielo, lo pedimos que se realice en nosotros aquí en la tierra. "Nuestro pan del mañana" es la heredad de Dios. Oramos para que nos dé un anticipo ya hoy, es decir, para que sintamos su dulzura en el tiempo presente, avivando en nosotros una sed ardiente (Evagrio Pontico, Catene sui Vangeli, documenti copti, cit. en O. Clément, Alie fonti con i Padri, Roma 1987, 196).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "!Abba, Padre! No se haga como yo quiero, sino como quieres tú" (Me 14,36).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL "Líbranos del mal..." El mundo yace en el mal, y mal no es sólo el caos, ausencia de ser: manifiesta una inteligencia perversa que, a fuerza de honores sistemáticamente absurdos, quiere hacernos dudar de Dios y su bondad. En realidad, se trata no de la simple "privación del bien", sino del Maligno, del Malvado; no la materia, ni el cuerpo, sino la más sublime inteligencia encerrada en su propia luz... Es necesario afirmar que Dios no ha creado el mal, y menos aún lo permite. "El rostro de Dios gotea sangre en la sombra", decía Léon Bloy. Dios siente el mal en su propio rostro, como Jesús recibió las bofetadas teniendo los ojos vendados. El grito de Job no deja de clamar, y Raquel sigue llorando sus hijos. Pero la respuesta a Job está ahi: es la cruz. Es Dios crucificado sobre todo el mal del mundo, pero capaz de hacer estallar en las tinieblas una inmensa fuerza de resurrección. Pascua es la transfiguración en el abismo. Y "líbranos del mal" a nosotros, que nos avergonzamos de ser cristianos o, por el contrario, hacemos del cristianismo, de nuestra confesión, un estandarte de superioridad y de desprecio. Y "libranos del mal" a nosotros, que hablamos de la deificación y con frecuencia somos poco humanos. Y "líbranos del mal" a nosotros, que nos apresuramos a hablar de amor y ni siquiera sabemos respetarnos mutuamente. Y "líbrame del mal" a mí, hombre de angustia y tormento, tan a menudo dividido, tan poco seguro de existir, hombre que se atreve a hablar -junto a la Iglesia: es mi única excusa del Reino y de su gozo (O. Clément, // Padre nostro, en O. Clément y B. Stanaaert, Pregare !I Padre nostro, Magnano 1 988, 116-119, passim). |
|
Miércoles de la primera semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Jonás 3,1-10 En aquel tiempo, 1 por segunda vez el Señor se dirigió a Jonás y le dijo: -- Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama allí lo que yo te diré. 2 Jonás se levantó y partió para Nínive, según la orden del Señor. Nínive era una ciudad grandísima; se necesitaban tres días para recorrerla. 3 Jonás se fue adentrando en la ciudad y proclamó durante un día entero: 4 Dentro de cuarenta días Nínive será destruida. 5 Los ninivitas creyeron en Dios: promulgaron un ayuno y todos, grandes y pequeños, se vistieron de sayal. 6 También el rey de Nínive, al enterarse, se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió de sayal y se sentó en el suelo. Luego mandó pregonar en Nínive este bando: 7 Por orden del rey y sus ministros, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado, ni pasten ni beban agua. 8 Que se vistan de sayal, clamen a Dios con fuerza y que todos se conviertan de su mala conducta y de sus violentas acciones. 9 Quizás Dios se retracte, se arrepienta y se calme el ardor de su ira, de suerte que no perezcamos". 10 Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido, se arrepintió y no llevó a cabo el castigo con que los había amenazado.
**• El libro de Jonás es una especie de larga parábola cuyo mensaje central es la universalidad de la salvación: la misericordia de Dios no se limita al pueblo elegido, sino que se ensancha a todos los hombres. Por segunda vez, el profeta es enviado por el Señor a la capital del reino asirio, Nínive, proverbial por su grandeza, para anunciar la destrucción de la ciudad a causa de la perversión de sus habitantes (1,2). A la primera llamada, Jonás respondió fugándose: cómo puede un hombrecillo inerme profetizar la ruina de la "superpotencia" enemiga en su mismo territorio? Obligado a obedecer por las peripecias que experimentó (ce. 1-2), ahora comienza a cumplir la misión que se le confió. Como profeta, Jonás anuncia un oráculo de amenaza y reprobación en nombre del Señor (v. 4), y su predicación llega al corazón de los ninivitas y de su mismo rey: ellos "creyeron en Dios" (utilizando el mismo verbo que en Gn 15,6 para indicar la fe de Abrahán) y se impusieron una durísima penitencia acompañada con una oración ferviente y una profunda conversión (v. 8). Son muy importantes los versículos 9-10: el cambio de vida espera que los decretos de Dios no sean irrevocables, sino que al arrepentimiento sincero del hombre siga el "arrepentimiento" de Dios y el castigo anunciado se cambie en perdón. Un pueblo pagano demuestra así conocer el verdadero rostro del Dios de Israel, un Dios lento a la ira y rico en misericordia, un Dios que "no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva" (Ez 33,11).
Salmo Responsorial R. Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, tú no lo desprecias. Salmo 50. 12-19
12Oh Dios, crea en mí
un corazón puro,
14Devuélveme la
alegría de tu salvación,
16Líbrame de la
sangre, oh Dios,
18Los sacrificios no
te satisfacen:
Evangelio: Lucas 11,29-32 29 La gente se apiñaba en torno a Jesús y él se puso a decir: - Ésta es una generación malvada, pide una señal, pero no se le dará una señal distinta de la de Jonás. 30 Pues así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para esta generación. 31 La reina del sur se levantará en el juicio junto con los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino desde el extremo de la tierra a escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más importante que Salomón. 32 Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos hicieron penitencia por la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.
**• Mientras la gente se apiñaba en torno a Jesús, él responde a los que "para ponerle a prueba le pedían un signo del cielo" (v. 16). Rechaza un signo que sacie la curiosidad y la sed por lo maravilloso (v. 29) y en su respuesta Jesús deja entrever su propia identidad divina: "Aquí hay uno que es más que Jonás" (v. 32). En concreto, declara que él es el signo del cielo, el Mesías prometido y largamente deseado por Israel, pero ahora no es reconocido porque se presenta de modo muy diferente al esperado por la gente. El Hijo del hombre es "para esta generación" una llamada viviente a la conversión, como lo fue Jonás para los ninivitas; y, como él, no busca medios espectaculares para afirmarse, sino que ofrece sencillamente la Palabra y la misericordia de Dios. El recuerdo de los habitantes de Nínive y de la reina de Saba subraya la universalidad de la llamada a la salvación. Pero mientras algunos pueblos paganos supieron reconocer como "enviados" de Dios a hombres que proclamaban la conversión y escuchando su voz encontraron el camino de una conversión radical, la "generación malvada", ante la cual Jesús ejerce históricamente su ministerio, es ciega y dura de corazón. Por esa razón serán los mismos ninivitas y la reina de Saba quienes la condenen en el día del juicio (vv. 31s), porque, cegada por el orgullo, no ha reconocido, bajo las humildes apariencias humanas de Jesús, al Cristo.
MEDITATIO En este tiempo litúrgico resuena constantemente la invitación a la conversión. Cómo la acogemos? Puede ser una palabra que se pierde o encontrar en nosotros un corazón abierto que, herido e iluminado por la Palabra, reconoce el propio pacto con el pecado y decide un camino de vuelta a Dios. O puede que esta invitación nos deje indecisos: quisiéramos una gracia "barata", pero con "efectos espectaculares", y preferimos buscar confirmaciones convincentes, milagros y signos extraordinarios... Jesús mismo es el "gran signo" del amor divino que no teme asumir el pecado para conceder la gracia al pecador. Signo del cielo es un Dios con las manos clavadas en la cruz, rendido impotente para otorgarnos la libertad. Mirarlo es el comienzo de la conversión. Ante su rostro doliente, todos -los "paganos" como los ninivitas o "creyentes", como los contemporáneos de Jesús- están llamados a decidir si cierran el corazón o se abren a una nueva vida. Muchos vendrán de remotas lejanías -desde el pecado, desde otras mentalidades, desde otras culturas- para aprender sabiduría del crucificado: aquí hay alguien que es más que Salomón. Muchos se convertirán al anuncio, creyendo al Profeta hecho Siervo doliente por amor: aquí hay uno que es más que Jonás.
ORATIO Padre justo y misericordioso, tú nunca te cansas de llamar a todos a la conversión, para que tus hijos gusten del gozo de la comunión contigo. Perdóname, Padre: he cerrado el corazón en la indiferencia egoísta y satisfecha y no me he abierto a tu invitación. Señor Jesús, tú manifestaste la llamada extrema del amor, ese amor que vence la muerte ofreciendo la vida. Perdóname, oh Cristo: he dudado confiar en ti y he preferido pedir signos espectaculares, garantías absurdas, a un Dios que ha perdido todo, en la cruz, para salvarme. Espíritu Santo, fuego de amor, inflama mi corazón consumiendo toda la escoria de temor, mezquindad y dureza. Luz santísima, haz que experimente la medida ilimitada de la misericordia de Dios, la profundidad insondable de su sabiduría. Líbrame de la frialdad de mi endurecimiento, de la ceguera de mi lógica humana.
CONTEMPLATIO El poder arrepentirse se concede a todos los que están enfermos del alma. Venga, apresurémonos a obtener fuerza para nuestras almas. En el arrepentimiento la pecadora encontró la salvación y Pedro anuló su traición; David canceló la pasión del corazón; los ninivitas encontraron la curación. Sin dudarlo un momento, levantémonos y mostremos nuestras heridas al Salvador, dejémonos curar. Él acoge nuestra conversión más allá de nuestros deseos. Nada se debe al que Va a salvarte, porque nadie podría ofrecer una compensación adecuada a la curación, todos han encontrado en el arrepentimiento la salud como regalo y han pagado en cambio lo que podían dar: más que regalos, lágrimas, que constituyen para el salvador objetos preciosos de amor y esperanza. Tenemos de ello buenos testimonios: la pecadora, Pedro, David y los ninivitas: sólo ofrecen el don de sus gemidos, se arrojaron a los pies del Salvador, y él acogió su conversión (Romano il Melode, Himno IX, ls).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El plazo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Creer en Jesús es escuchar su Palabra, que nos revela su amor infinito por nosotros pecadores. Ser creyentes significa estar seguros de que el amor existe y que tiene el rostro de la misericordia. Creer en Jesús quiere decir adherirse a su amor absolutamente gratuito con los pobres como nosotros. Seguir a Jesús es entregarse totalmente a su misericordia y confiar únicamente en su misericordia. Amar a Jesús es sencillo. Para lograrlo debemos ante todo creer que él nos ama de verdad, tal como somos, hoy. En este acto de fe es posible que rebose la alabanza de nuestro corazón y descansar en este amor infinito. La alabanza, la acción de gracias y la adoración abren nuestro corazón al don que Dios nos concede de su amor misericordioso. El amor divino no se queda inactivo si encuentra en nosotros su espacio y su libertad. Pero para acoger la misericordia de Dios debemos tener misericordia con nuestros hermanos. Por la dulzura de su corazón compasivo, Jesús nos da un corazón misericordioso. Nada más concreto, nada más práctico que el verdadero amor. Vivir del amor de Jesús es ponernos al servicio de nuestros hermanos más cercanos y nos hace mansos y humildes. Nada hay tan exigente como seguir a Jesús por este camino del amor, pues es el camino de la cruz. Pero no se trata de una carga demasiado pesada; basta con que no nos empeñemos en llevarla solos y con dejar que Jesús la lleve con nosotros. Para descubrir por lo menos un poco la misericordia infinita, único secreto del corazón de Jesús, hay un lugar preferido donde morar: delante de la cruz de Jesús, a sus pies (J.-P. van Schoote, // sacramento delta penitenza, en J.-P. van Schoote y J.-C. Sagne, Miseria e misericordia, Magnano 1992, 46s). |
|
Jueves de la primera semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Ester 4,17j-17m-17p-17s 17j La reina Ester, angustiada porque la muerte se le echaba encima, recurrió al Señor [...]. Y oró así al Señor, Dios de Israel: 17k Señor mío, tú eres nuestro único rey; ayúdame, porque estoy sola, no tengo más protector que a ti y el peligro me amenaza. 17l Desde niña he oído en mi familia que tú, Señor, escogiste a Israel entre todas las naciones, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, como heredad perpetua cumpliendo todas tus promesas. 17m Ahora nosotros hemos pecado contra ti, y nos has entregado a nuestros enemigos, porque hemos adorado a sus dioses. !Eres justo, Señor! 17p Acuérdate de nosotros, Señor, y hazte presente en medio de nuestra tribulación. Dame valor, Rey de los dioses y dominador de todo poder; 17q pon en mi boca palabras oportunas cuando tenga que hablar al león, cambia su corazón; haz que aborrezca a nuestro adversario, para que muera con sus cómplices. 17r Líbrame, Señor, con tu poder y ayúdame a mí, que estoy sola y no tengo a nadie más que a ti, Señor. 17s Tú lo sabes todo.
** Ester, joven hebrea, esposa del rey persa, llega a saber que, por intrigas palaciegas, se ha decretado el exterminio de todos los hebreos deportados en el reino de Persia. Entonces la reina decide exponerse al peligro y afrontar al esposo para interceder a favor de su pueblo. Antes de acudir a la presencia del rey, en su angustia suplica al Señor, acompañando la oración con la penitencia. Firme en su fe, la reina reconoce que el verdadero Rey es Dios y profesa que él es el Único: sólo de él puede venir la salvación. Invocando su ayuda manifiesta la propia soledad (v. 17k). La inaccesible trascendencia de Dios parece mayor en contraste con la pequeñez y debilidad de una mujer. La realidad, sin embargo, es otra: el Solo es el único auxilio de quien está sola. De manera muy significativa, el texto griego utiliza el mismo adjetivo aplicado primero a Dios y luego a la reina (monos / móne). La lejanía se convierte en máxima cercanía. En su súplica, Ester, por una parte, recuerda al Señor la elección de Israel, las promesas hechas a los padres y su cumplimiento (v. 17'); por otra parte, con Mesa el pecado del pueblo. Por el favor manifestado en el pasado y el arrepentimiento presente, la reina osa pedir al Señor, que lo sabe todo (v. 17s), la salvación para su pueblo, y para ella, valentía, sabiduría y auxilio para poder desempeñar eficazmente su misión de intercesora.
Salmo Responsorial R. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor. Salmo 137. 1bcd-2a. 2bcd-3. 6-7ab. 7c-8 (R.: 3a)Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti; me postraré hacia tu santuario. R. Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R. El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu mano contra la ira de mi enemigo. R. Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.
Evangelio: Mateo 7,7-12 Dijo Jesús: 7 Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis! llamad, y os abrirán. 8 Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren. 9 Acaso si a alguno de vosotros su hijo le pide pan le da una piedra 10 o si le pide un pez le da una serpiente? 11 Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, !cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! 12 Así pues, tratad a los domas como queráis que ellos os traten a vosotros, porque en esto consisten la Ley y los profetas.
**• Con una argumentación seria que, desde el punto de vista formal, se asemeja a la de los rabinos de su tiempo, Jesús enseña la necesidad de la oración de petición, declarando la certeza de ser escuchada. Se da una contradicción con lo indicado poco antes (Mt 6,7s) Ciertamente, no; en la oración no es preciso ser palabrero, porque el Padre "conoce", pero es necesario asumir la actitud interior del mendigo, es decir, saber ubicarse en la verdad de la propia condición humana. Dios mismo da al que pide y abre al que llama: de hecho, los verbos usados -"se os dará", "se os abrirá"- tienen la forma de lo que se llama "pasivo divino", expresión semántica para evocar el nombre de Dios -impronunciable- sin nombrarlo de modo explícito (vv. 7s). Si a un hijo que pide alimento su padre no le dará cualquier cosa que se le parezca en su aspecto externo pero que en sustancia sea muy diferente (vv. 9s), mucho más Dios, el único bueno, el padre más solícito, dará "cosas buenas" a todos los que le piden. El Padre escucha siempre las súplicas de sus hijos y da lo que realmente es mejor al que lo invoca. El v. 12 recuerda un dicho rabínico: "Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu prójimo. En esto está toda la ley, el resto sólo es una explicación". Jesús lo relata en forma positiva, y esto es mucho más exigente: no se trata de un "no hacer", sino de algo concreto que nos exige estar siempre atentos por el bien de los demás; por esta razón, cambia completamente la vida del que lo toma en serio, le lleva a la verdadera conversión: descentrarse de nosotros mismos para que nuestro centro sean los demás.
MEDITATIO Jesús nos enseña a orar con perseverancia confiada, revelándonos al mismo tiempo cómo es el corazón de Dios y cómo debe ser el corazón del orante. Se nos va conduciendo a la verdad más sencilla y más profunda: Dios es nuestro Padre y nos ama con amor eterno, sin arrepentirse, sin reservas. Quizás no creemos de veras en este amor, o tal vez estamos ya tan acostumbrados a decir y oír que Dios nos ama, que apenas prestamos atención a esta realidad desconcertante. Jesús hoy nos invita a entrar en comunión viva con Dios Padre, y ésta es una experiencia que nos puede cambiar interiormente: pedid..., buscad..., llamad..., no quedaréis defraudados. El Padre, fuente inagotable de bondad, dará sólo cosas buenas a los que se las pidan. Hemos orado ya de veras, dirigiéndonos a él o, tal vez, hemos manifestado nuestros deseos en voz alta, haciéndolos girar en torno a nosotros mismos? Además, eran de verdad "cosas buenas" las que hemos pedido? La oración humilde y sencilla, la oración de un corazón amante, comienza con un acto de contemplación gratuita, teniendo fija la mirada interior en el rostro del Padre bueno. Olvidemos nuestras muchas peticiones y, poco a poco, sentiremos nacer en nosotros una única súplica que brota de una exigencia realmente necesaria. Después de haber contemplado en la fe el rostro de Dios, ya no podremos dudar ni ignorar que somos hijos de Padre, impulsados por su amor a todo ser humano, nuestro hermano, para brindar esa bondad que sin cesar mana de la fuente y viene a saciar nuestra indigencia para que rebose hacia todos y llegue a cada uno.
ORATIO Oh Padre, tú que eres el único bueno y das cosas buenas a los que te las piden, escucha nuestra oración. Antes de nada danos un corazón sencillo, humilde, confiado, que sepa abandonarse sin pretensiones y sin reservas a tu amor. Haznos pobres de espíritu y ven, tú que eres el Rey, a ensanchar en nosotros tu reino de paz. Ayúdanos a suplicarte incesantemente para que, siendo portavoces de toda criatura, podamos llevar a todos el auxilio de tu amor. Tú das al que pide: danos tu Espíritu bueno. Tú concedes que encuentre el que busca: que busquemos siempre tu rostro. Tú abres al que llama: ábrenos la puerta de tu corazón a nosotros y a todos los hombres. Estrechados en tu eterno abrazo, no pediremos más. Oh Padre, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
CONTEMPLATIO El Evangelio nos asegura que son muchas las causas por las que somos escuchados. Una condición: que dos almas se unan en su oración; otra una fe firme; también la limosna, la enmienda de vida [...]. Convencido estoy de nuestras miserias, y quiero, incluso, admitir que estamos completamente desprovistos de las virtudes de las que hemos hablado antes. Y, sin embargo, el Señor promete concedernos los bienes celestiales y eternos; nos exhorta a una dulce violencia con nuestra insistencia. Nada más lejos de él que el desprecio de los importunos: los invita, los alaba, les promete concederles con gusto todo. Que nos anime la insistencia de los importunos. Sin exigir un gran mérito ni grandes fatigas, está en nuestra mano. No dudemos de la Palabra del Señor, que dice: "Todo lo que pidáis con fe lo obtendréis" (Juan Casiano, Colaciones, IX, 34, passim).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él le escucha" (Sal 33,6s).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Antes de saber cómo hay que orar, importa mucho más saber cómo "no cansarse nunca", no desanimarse nunca, ni deponer las armas ante el silencio aparente de Dios: "Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer" (Le 18,1). Que la intrepidez se adueñe de ti como de la viuda ante el juez. Vete a encontrar a Dios en plena noche, llama a la puerta, grita, suplica e intercede. Y si la puerta parece cerrada, vuelve a la cara, pide, pide hasta romperle los oídos. Será sensible a tu llamada desmesurada, pues ésta grita tu confianza total en él. Déjate llevar por la fuerza de tu angustia y el asalto de tu impetuosidad. En algunos momentos, el Espíritu Santo formulará él mismo las peticiones en lo más íntimo de tu corazón con gemidos inefables. Has oído gemir a un enfermo presa de un intenso sufrimiento? Nadie puede permanecer insensible a esta queja, a menos que tenga un corazón de piedra. En la oración, Dios espera que pongas esta nota de violencia, de vehemencia y de súplica para volcarse sobre ti, y escuchará tu petición. En el fondo, no haces más que dar alcance al amor infinito comprimido en su corazón, que espera tu oración para desencadenarse en respuesta de ternura y misericordia. Si supieses lo atento que está Dios al menor de tus clamores, no dejarías de suplicarle por tus hermanos y por ti. El se levantaría entonces y colmaría tu espera mucho más allá de tu Oración. Se puede esperar todo de una persona que ora sin cansarse y que ama a sus hermanos con la ternura misma de Dios (J, Lufrance, Ora a tu Padre, Madrid 1981, 173-174). |
|
Viernes de la primera semana de cuaresma o SAN GREGORIO DE NAREK, abad y doctor de la Iglesia,
LECTIO Primera lectura: Ezequiel 18,21-28 Así dice el Señor Dios: 21 "Ahora bien, si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos, guarda todos mis mandamientos y se comporta recta y honradamente, ciertamente vivirá, no morirá. 22 Ninguno de los pecados cometidos le será recordado, sino que vivirá por haberse comportado honradamente. 23 Acaso deseo yo la muerte del malvado, oráculo del Señor, y no que se convierta de su conducta y viva? 24 Si el honrado se aparta de su honradez y comete maldades, imitando las abominaciones del malvado, ninguna de las obras buenas que hizo le será recordada. Por el mal que hizo y por el pecado cometido morirá. 25 Vosotros decís: 'No es justo el proceder del Señor'. Escucha pueblo de Israel: Acaso no es justo mi proceder? No es más bien vuestro proceder el que es injusto? 26 Si el honrado se aparta de su honradez, comete la maldad y muere, muere por la maldad que ha cometido. 27 Y si el malvado se aparta de la maldad cometida y se comporta recta y honradamente, vivirá. 28 Si recapacita y se convierte de los pecados cometidos, vivirá, no morirá".
*• El capítulo 18 de Ezequiel marca un paso decisivo en el progreso de la revelación. Consciente de que la verdadera dignidad depende de ser "pueblo elegido", Israel tiene muy vivo el sentido de la responsabilidad colectiva del pecado (cf. por ejemplo Dt 5,9s). Pero ya el profeta Jeremías comenzó a indicar que existe también un "pecado personal", es decir, que cada uno es responsable de sus acciones en primera persona (cf. Jr 31,29s). Ezequiel prosigue en esta misma línea superando las afirmaciones de Jeremías. A los desterrados, sin esperanza y desalentados bajo el peso de un castigo que piensan que es inmerecido por tratarse de las culpas de sus padres, Ezequiel les profetiza indicándoles que cada uno decide con su comportamiento su propio destino (18,1-20); y prosigue anunciando que el destino personal no es inmutable (vv. 21-31): el Dios de la vida no se complace en la destrucción de los hombres, sino que espera y, en cierto sentido, suscita la conversión de cada uno. El Señor brinda a cada uno la posibilidad de una vida nueva e indica el camino de la salvación, que, como cualquier camino, exige esfuerzo y perseverancia. Si el "pecador" debe cambiar radicalmente, también el "justo" debe optar continuamente por obrar de acuerdo con la voluntad de Dios; de otro modo, se olvidará el valor de sus obras justas (v. 24): nadie es "justo" de una vez por todas, sino que uno se va haciendo "justo" día tras día adhiriéndose al Señor.
Salmo Responsorial R. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Salmo 129.1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
Mi alma espera en el Señor,
Porque espera en el Señor,
Evangelio: Mateo 5,20-26 Dijo Jesús: 20 Os digo que si no sois mejores que los maestros de la Ley y los fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 21 Habéis oído que se dijo a nuestros antepasados: No matarás, y el que mate será llevado a juicio. 22 Pero yo os digo que lodo el que se enoja contra su hermano será llevado a juicio, el que lo llame estúpido será llevado a juicio ante el sanedrín, y el que lo llame impío será condenado al fuego eterno. 23'Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. 25 Trata de ponerte a buenas con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
**• Con la autoridad propia de quien es el cumplimiento de la Ley (vv. 17s), Jesús exige a los suyos, como condición para entrar en el Reino de los Cielos, una justicia que "supere" la de los escribas y fariseos. Jesús pide más porque da lo que pide: ésta es la novedad radical. Ya no se trata de limitarse a observar minuciosamente preceptos y evitar prohibiciones, sino comenzar desde el corazón, donde nacen las motivaciones profundas de nuestro actuar. Con el v. 21 comienza una serie de formulaciones concretas de esta justicia superior, introducidas por el pasivo divino "se dijo", que significa "Dios dijo". Por un homicidio hay que someterse a un proceso, pero el gesto violento brota del corazón: por eso el airarse contra el hermano merece idéntico castigo. Una palabra injuriosa exige una pena más grave: el juicio ante el sanedrín. Un insulto más ofensivo es condenado por el Supremo Juez con el fuego eterno (v. 22). También el culto exige no sólo condiciones externas de pureza, sino la pureza de un corazón pacífico y pacificador, que no tolera las divisiones en las relaciones fraternas y, por consiguiente, debe dar el primer paso: la reconciliación con el hermano como premisa para la comunión con el Señor (vv. 23s). En los vv. 25s se subraya no sólo la necesidad, sino también la urgencia de la reconciliación en una perspectiva escatológica: el otro ya no es el hermano, sino el adversario, el acusador que podemos encontrar en el camino de la vida: también con él debemos tratar de buscar un acuerdo, porque al final de la vida nos espera el Justo Juez, y debemos estar preparados para el juicio.
MEDITATIO Jesús propone una justicia superior a la de los escribas y fariseos; la primera está basada en el conocimiento profundo de la Ley, la segunda, en la observancia escrupulosa de los preceptos. Es superior, pues, la justicia que no se fundamenta sólo en el saber y el hacer, sino sobre todo en el ser: esa justicia es santidad porque es participación en la bondad infinita de Dios. Jesús dirige cualquier acto a su origen, el corazón. "El que se enoja contra su hermano..." Notemos la insistencia: !hermano! Se mata al hermano en el corazón con pensamientos o sentimientos hostiles e incluso, sencillamente, con la indiferencia. Se le mata también con palabras injuriosas o despectivas. Hoy está de moda hablar violentamente, vulgarmente. Contagiados por el clima de la sociedad en que vivimos, esta costumbre puede penetrar también en ambientes considerados cristianos, pero es totalmente antievangélica. Se suele decir: "Mata más la lengua que la espada", pero el pensamiento mata aún más que la lengua, porque no todos los pensamientos malos afloran en palabras... !Qué delicado es el sentido de la justicia que Jesús nos inspira! Se trata de la pureza de corazón, de santidad, y sólo se puede lograr con un constante deseo y compromiso de conversión. La justicia verdadera es la que Jesús ha proclamado e inaugurado en la cruz con su acto de perdón y de amor desmesurado. Estamos llamados continuamente a este misterio de muerte por amor. Los hermanos necesitan ver en nosotros los rasgos del rostro del amor que perdona y hace vivir.
ORATIO Señor, tú que eres justo en todos tus caminos y santo en todas tus obras: hoy tu mandato nos desconcierta porque remueve el abismo de nuestro corazón. Nos pides una justicia mayor -la pureza interior, cumplimiento de la Ley- y nosotros nos descubrimos siempre demasiado injustos. Perdona, Señor, los pensamientos y sentimientos malos que no desarraigamos en cuanto surgen en nuestro interior y que, tal vez, irritados por la envidia, se traducen en malas palabras, en juicios negativos. A cuántos habremos matado de este modo sin darnos cuenta, nosotros, que tan fácilmente juzgamos cualquier infracción de la Ley, que tan fácilmente condenamos al que se equivoca en la vida e incluso reprobamos el exceso de indulgencia con el arrepentido. Ten piedad de nosotros, Señor, ven cada día a purificarnos el corazón del pecado, que siempre aflora infectando nuestras intenciones y acciones.
CONTEMPLATIO Para amar a los enemigos, que es en lo que consiste la perfección de la caridad fraterna, nada nos anima tanto como la agradable consideración de la portentosa paciencia del "más bello entre los hijos de los hombres" (Sal 44,3). Para aprender a amar, el hombre no se debe dejar llevar por los impulsos carnales, y para no sucumbir a estos deseos, debe dirigir todo su afecto a la dulce paciencia de la carne de Dios. Descansando así, más suave y perfectamente en el deleite de la caridad fraterna, también abrazará a sus enemigos con los brazos del verdadero amor. Y para que este fuego divino no se apague por la condición de las injurias, contemple continuamente con los ojos del alma la serena paciencia de su amado Señor y Salvador {JElredo de Rieval, El espejo de la caridad, III, 5).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El perdón no debe ser ocasional, algo excepcional, sino que debe integrarse sólidamente en la existencia y ser la expresión habitual de las disposiciones de unos hacia otros. Deberás empezar por dominar la reacción de tu corazón ante la ofensa recibida -tu rencor, tu obstinación en tener razón- y deberás sentirte verdaderamente libre. Pero el perdón da el paso decisivo al renunciar al castigo del otro. Con ello abandona el principio de equivalencia, en el cual se contrapone el dolor al dolor, el perjuicio al perjuicio, la expiación a la falta, para entrar en el de la libertad interior. Aquí también se restablece un orden, no con pasos y medidas rígidas, sino con una victoria creadora. El corazón se ensancha [...]. Jesucristo relaciona el perdón de los hombres con el de Dios. Este es el primero en perdonar, y el hombre no es más que su criatura. Por tanto, el perdón humano surge del perdón divino del Padre. El que perdona se asemeja al Padre. Actuando así, persuades al otro para que comprenda su error; creando con él la armonía del perdón, "habrás ganado a tu hermano". Entonces vuelve a florecer leí fraternidad. El que así piensa aprecia al prójimo. Le duele saber que su hermano está en falta, como a Dios le duele el pecado, porque aleja de él al hombre. Y de la misma manera que Dios desea redimir al hombre caído, así el hombre instruido por Jesucristo sólo anhela que la persona que le ha ofendido reconozca su falta y vuelva así a la comunidad de la vida santa. Jesucristo es el modelo de esta actitud. Él es el perdón viviente. que no sólo ha perdonado la culpa, sino que ha restaurado la verdadera "justicia". Ha destruido cuanto de lo más terrible se había acumulado, cargado sobre sus espaldas la deuda que había de pesar sobre el pecador [...]. Vivimos de la obra redentora de Jesucristo, pero no podemos disfrutar de la redención sin contribuir a ella (R. Guardini, El Señor I, Madrid 31958, 531-540, passim). |
|
Sábado de la primera semana de cuaresma
LECTIO Primera lectura: Deuteronomio 26,16-19 Moisés habló al pueblo y dijo: 16 Hoy te manda el Señor tu Dios poner en práctica estas leyes y preceptos. Guárdalos y ponlos en práctica con todo tu corazón y toda tu alma. 17 Hoy has aceptado lo que el Señor te propone: que él será tu Dios y que tú seguirás sus caminos, cumplirás sus leyes, sus mandamientos y sus preceptos, y escucharás su voz. 18 Y el Señor ha aceptado lo que tú le propones: que tú serás el pueblo de su propiedad, como te ha prometido, y que cumplirás todos sus mandamientos. 19 Él te encumbrará por encima de todas las naciones que él ha creado, dándote gloria, fama y honor, para que seas un pueblo consagrado al Señor tu Dios, como te ha prometido".
*" En el contexto del Deuteronomio, el presente fragmento revela su carácter jurídico: es una fórmula de tratado, una ratificación formal de la alianza. Por eso es significativa su ubicación después del cuerpo legislativo (ce. 11-26) y las bendiciones y maldiciones consiguientes a la observancia o transgresión de los decretos del Señor. En el plano jurídico, en el antiguo Israel, el pacto representa la forma más radical para construir una comunión entre personas; consiste en crear una situación en la que los contrayentes se intercambian lo que tienen de más personal y propio (cf. 1 Sam 18,3; 20,8; 23,18). Con presencia de testigos -y con un documento público- cada una de las partes propone y acepta un doble compromiso recíproco. El fragmento que nos propone hoy la liturgia presenta un particularísimo tipo de "pacto": no se trata de un pacto entre dos hombres, sino entre un Dios y un pueblo, entre el Dios fiel e Israel. Es un pacto "teológico" en el que los contrayentes están en distinto plano. En su sencillez, la perícopa tiene un claro significado didáctico, y manifiesta la experiencia que Israel tiene de Dios: Dios no es un ser absoluto, lejano, inaccesible; Dios es comunión, es voluntad de salvación para el pueblo que él ha elegido. Es él quien toma la iniciativa de la elección por puro amor gratuito con el pueblo (cf. Dt 4,37). El es quien da a Israel leyes y mandatos que constituyen un camino de vida y un modelo de sabiduría para los individuos (cf. Bar 4,1-4). Acoger la gracia y corresponder por medio de la obediencia a la voz del Señor es la respuesta fiel que Dios pide a Israel.
Salmo Responsorial R. Dichoso el que camina en la ley del Señor. Salmo 118. 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 (R.: 1b)Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. R. Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos. R. Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley. R. Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu ley y a guardarla de todo corazón R.
Evangelio: Mateo 5,43-48 Jesús dijo: 43 Habéis oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. 45 De este modo seréis dignos hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, qué recompensa merecéis? No hacen también eso los publicanos? 47 Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, qué hacéis de más? No hacen lo mismo los paganos? 48 Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
**• Nos encontramos ante la última antítesis en la que Jesús, con su enseñanza de la Ley, indica su cumplimiento. El libro del Levítico manda el amor al prójimo y prohíbe la venganza y el rencor "contra los hijos de tu pueblo" (Lv 19,18): por "prójimo" probablemente hay que entender aquel con el que se vive y pertenece a la misma etnia. Lo añadido, "odiarás a tu enemigo", no proviene del Antiguo Testamento ni de las enseñanzas rabínicas, pero expresa en concreto el modo con que el hombre de a pie recibía el mándalo: incluso los esenios y los zelotas contemporáneos a Jesús aceptaban esta interpretación. Jesús, por el contrario, pide una calidad sin restricciones, una oración que abarque a lodos, también a los que nos hacen sufrir. Cómo puede exigir tanto? El fundamento es el amor gratuito e incondicionado que nosotros recibimos de un Dios que es Padre y nos quiere hijos semejantes a él en el obrar el bien y en procurar el gozo a los demás (vv. 44s). Todos los demás: no se trata de una universalidad ideal, sino muy concreta; propone amar a aquel que no nos ama, saludar al que nos niega el saludo... Es lo que distingue al discípulo de Cristo de los paganos y pecadores (vv. 46s); y superando la tendencia humana natural y limitada, nos hace tender a la perfección con la misma medida inconmesurable del Padre, que es amor (v. 48). Llegados a este punto, carece de sentido pedir una recompensa a Dios por la observancia tan minuciosa y estricta de las normas de justicia: la gratuidad del amor se convierte en ley reguladora de las relaciones con Dios y con los hombres. En esto consiste la "justicia superior" que Jesús pone como condición para entrar en el Reino de los Cielos (5,20).
MEDITATIO Dios ha sellado con su pueblo un pacto de alianza recíproca, pidiéndole observar sus leyes y normas con todo el corazón. Jesús nos muestra la meta de esta obediencia: llegar a ser hijos semejantes al Padre, perfectos como él es perfecto. Pero la perfección de Dios no es una inalterable serenidad, una pureza aséptica. Cristo nos revela que es misericordia con todos, gratuidad universal, bondad que supera cualquier medida humana. Por consiguiente, tender a la perfección significa conformar nuestro corazón con el del Padre, que derrama bienes sobre todos, sin hacer distinción entre buenos y malos, justos e injustos, agradecidos e ingratos. Jesús nos manifiesta un amor similar con todos, pero no de una manera genérica, como una benevolencia seráfica con la humanidad. Nos dice: "Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen"; actuar con caridad con el que nos está haciendo el mal. Esto es amar de modo perfecto, ofreciendo el don más grande, el perdón. Así nos ha amado Cristo desde la cruz, dejándonos no sólo ejemplo, sino también la gracia necesaria para conformarnos a él. No nos limitemos a lo que nos es connatural, siendo benevolentes con los que nos manifiestan benevolencia: esto lo hacen también de modo natural quienes todavía no conocen el rostro del Padre. A nosotros se nos ha manifestado; se nos ha concedido una gracia sobreabundante: no nos quedemos en cuestiones de mérito, no busquemos recompensas. El amor de Dios derramado sobre nuestros corazones es la más espléndida e inmerecida recompensa.
ORATIO Jesús, Hijo de Dios vivo, tú nos has mostrado en tu rostro el rostro del Padre: haz que mirándote a ti, que no te avergüenzas de llamarnos "hermanos", aprendamos a vivir como verdaderos hijos, obedientes a la voluntad de Dios. Señor, tú nos has revelado que el Padre derrama su amor a todos: haz que llegando a la fuente de toda bondad podamos llevar al inundo el agua viva del Espíritu, que todo lo renueva. Oh Cristo, que pediste desde la cruz perdón para todos nosotros: ha/ que acogiendo la gracia divina aprendamos a amar ton a !razón gratuito a todos los hombres, y más que a nadie al hermano que nos ha hecho mal. Entonces, al mirarnos, el Padre nos podrá reconocer verdaderamente como hijos suyos. Sea este nuestro único deseo: tender a la comunión plena, tener un solo corazón y una sola alma.
CONTEMPLATIO Quien ama a todos se salvará, sin duda. Quien es amado por todos no se salvará por eso. "Dios es amor." Quien se relaciona con alguien sin amor, vende a Dios, vende su felicidad. Sólo se da felicidad amando. Cuál es la belleza natural del alma? Amar a Dios. Y cuánto? "Con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas" (Le 10,27). En el mismo orden de belleza hay que poner el amor al prójimo. Cuánto? Hasta la muerte. Si no lo haces, quién sufrirá el daño? No Dios, sino quizás un poco el prójimo, pero tú serás quien sufra un daño enorme. De hecho, el ser privado de una belleza o perfección natural no es igualmente dañino a las criaturas. Si la rosa deja de tener su color natural o la azucena su aroma, el daño que yo recibiría sería de menor importancia aunque me gusten estas sensaciones; mas para la rosa y la azucena sería un daño terrible, porque se ven privadas de su propia y natural belleza (Guigo I., Meditationes, II, 23,89,465).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6,36).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Seas bendito, oh eterno Dios. Que cesen toda venganza, la incitación al castigo o a la recompensa. Los delitos han superado toda medida, todo entendimiento. Ya hay demasiados mártires. No peses sus sufrimientos en la balanza de tu justicia, Señor, y no dejes que estos carniceros se ceben con nosotros. Que se venguen de otro modo. Da a los verdugos, a los delatores, a los traidores y a todos los hombres malvados el valor, la fuerza espiritual de los otros, su humildad, su dignidad, su continua lucha interior y su esperanza invencible, la sonrisa capaz de borrar las lágrimas, su amor, sus corazones destrozados pero firmes y confiados ante la muerte, sí, hasta el momento de la más extrema debilidad [...]. Que todo esto se deposite ante ti, Señor, para el perdón de los pecados como rescate para que triunfe la justicia; que se lleve cuenta del bien y no del mal. Que permanezcamos en el recuerdo de nuestros enemigos no como sus víctimas, ni como una pesadilla, ni como espectros que siguen sus pasos, sino como apoyo en su lucha por destruir el furor de sus pasiones criminales. No les pediremos nada más. Y cuando todo esto acabe, concédenos vivir como hombres entre los hombres y que la paz reine sobre nuestra pobre tierra. Paz para los hombres de buena voluntad y para todos los demás (Oración anónima, escrita en yiddish, encontrada en Auschwitz-Birkenau, cit. en B. Ducruet, Con la pace nel cuore, Milán 1998, 42s). |