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LECTIO DIVINA JUNIO DE 2026

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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

Día 1

San Justino, mártir

        Justino nació en Flavia Neapolis (actual Nablus, Jordania), hijo de colonos griegos. Era filósofo y se convirtió a los treinta años. En el año 150 escribió la Primera apología de la religión cristiana, a la que pronto le siguió la Segunda apología. Entre los años 152 y 153 fue atacado por el filósofo cínico Crescendo. En 160 compuso el Diálogo con Trifón, un judío con el que debate la hipótesis del establecimiento de un puente entre judaísmo y cristianismo. Fue decapitado en Roma en torno al año 165. Es patrono de los filósofos.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Pedro 1,1-7

1 Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a cuantos por la fuerza salvadora de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe de tanto valor como la nuestra.

2 Que la gracia y la paz abunden en vosotros por el conocimiento de Dios y de Jesús, Señor nuestro.

3 Dios, con su poder y mediante el conocimiento de aquel que nos llamó con su propia gloria y potencia, nos ha otorgado todo lo necesario para la vida y la religión.

4 Y también nos ha otorgado valiosas y sublimes promesas, para que, evitando la corrupción que las pasiones han introducido en el mundo, os hagáis partícipes de la naturaleza divina.

5 Por eso mismo, poned todo vuestro empeño en unir a vuestra fe una vida honrada; a la vida honrada, el conocimiento;

6 al conocimiento, el dominio de sí mismo; al dominio de sí mismo, la paciencia; a la paciencia, la religiosidad sincera;

7 a la religiosidad sincera, el aprecio fraterno, y al aprecio fraterno, el amor.

 

*"• La segunda Carta de Pedro refleja una situación crítica por la que pasó la Iglesia de los primeros decenios del siglo II, tensa entre la exigencia de profundización (también intelectual) en el mensaje cristiano, al amparo de falsos maestros y falsas doctrinas, y el replanteamiento de la doctrina tradicional sobre el retorno de Cristo, en una confrontación valiente con la historia.

El fragmento de hoy subraya, sobre todo, el primer aspecto. Es la comunidad la que habla a todos los creyentes en Cristo, "a cuantos por la fuerza salvadora de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe de tanto valor como la nuestra" (v. 1), y, por consiguiente, también la gracia y la paz junto con las "valiosas y sublimes promesas" (v. 4), que ahora -en Cristo resucitado- hacen a los creyentes "partícipes de la naturaleza divina" (v. 4). El cristiano es alguien que toma conciencia del don recibido con una inteligencia agradecida o un "conocimiento" pleno y agradecido (el término "conocimiento" aparece tres veces en estos pocos versículos), puesto que se siente amado por Dios con un amor de predilección y decide ser coherente con la gracia que actúa en él, una gracia más fuerte que "la corrupción que las pasiones han introducido en el mundo" (v. 4).

El pasaje presenta también las etapas intermedias y finales de este recorrido que conduce de la fe a la "vida honrada", como actitud constante que proporciona ánimo en las dificultades; desde la vida honrada al "conocimiento", como apertura de la mente al esplendor de la verdad; del conocimiento al "dominio de sí mismo", fruto de la participación en la vitalidad del Resucitado; del dominio de sí mismo a la "paciencia", que no es simple resignación, sino fuerza en las pruebas y resistencia a las oposiciones externas; de la paciencia a la "religiosidad sincera", es decir, a la relación con Dios, verdadero centro y corazón de la vida del creyente; de la religiosidad sincera al "aprecio fraterno", fruto natural de la intimidad afectiva con Dios, y de este aprecio a la "caridad", al agapé, al amor pleno e iluminado, síntesis y punto de llegada de todo camino creyente.

 

 

Salmo responsorial

Dios mío, confío en ti

Salmo 90


Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: <<Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.>>
R/. Dios mío, confío en ti

<<Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación.>>
R/. Dios mío, confío en ti

<<Lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación.>>
R/. 
Dios mío, confío en ti

 

 

Evangelio: Marcos 12,1-12

En aquel tiempo, Jesús les contó esta parábola: -Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar y edificó una torre. Después la arrendó a unos labradores y se ausentó.

2 A su debido tiempo envió un siervo a los labradores para que le dieran la parte correspondiente de los frutos de la viña.

3 Pero ellos le agarraron, le golpearon y le despidieron con las manos vacías.

4 Volvió a enviarles otro siervo. A éste lo descalabraron y lo ultrajaron.

5 Todavía les envió otro, y lo mataron. Y otros muchos, a los que golpearon o mataron.

6 Finalmente, cuando ya sólo le quedaba su hijo querido, se lo envió, pensando: "A mi hijo lo respetarán".

7 Pero aquellos labradores se dijeron: "Este es el heredero. Matémoslo y será nuestra la herencia".

8 Y echándole mano, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

9 Qué hará, pues, el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los labradores y dará la viña a otros.

10 No habéis leído este texto de la Escritura: La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular;

11 esto es obra del Señor, y es admirable ante nuestros ojos?

12 Sus adversarios estaban deseando echarle mano, porque se dieron cuenta de que Jesús había dicho la parábola por ellos. Sin embargo, le dejaron y se marcharon, porque tenían miedo de la gente.

 

*•• El sentido de esta parábola hemos de leerlo sobre un determinado fondo literario (el "Canto de la viña" de Is 5) e histórico (el rechazo de la salvación por parte de Israel, que mata a los profetas). También hemos de identificar a los personajes a partir del mismo doble esquema de referencia: el dueño-constructor es Dios; la viña y la torre simbolizan a Israel; los labradores representan a los jefes de los judíos a los que se quitará la viña; los siervos son los numerosos profetas y hombres de Dios enviados a lo largo de la historia del pueblo elegido; el hijo muerto, rechazado y convertido después en piedra angular, es Jesús.

La parábola une, por consiguiente, los dos extremos: el amor de Dios Padre, que llega a enviar a su Hijo, y el rechazo de los jefes de Israel, que llegan a matarlo. Su finalidad es contar no sólo el pasado, sino también la historia futura: la próxima (la muerte de Jesús) y la que continúa en el tiempo y en las opciones de cada hombre ante aquel a quien el Padre ha constituido como piedra angular, resucitándolo de la muerte.

En torno a su persona y al misterio de su muerte y resurrección es donde se decide para cada hombre la acogida o el rechazo de la salvación. Y ello sin derecho alguno de primogenitura ni de elección preferente, sino jugando hasta el final con nuestra propia libertad y responsabilidad, hasta escoger identificarnos con este mismo misterio. Dios, en su juicio, premiará el valor de esta libertad.

 

MEDITATIO

Justino pertenecía a la clase superior y cultivada del paganismo. Como filósofo cualificado, no sólo conocía las más importantes corrientes intelectuales de su tiempo, sino que, por ser también un incansable buscador de la verdad, en cierto modo las examinó de una manera sistemática y no encontró la paz interior hasta que reconoció en el cristianismo "la única filosofía segura y adecuada". Entonces se adhirió a ella por completo y consagró su vida a anunciarlo y a defenderlo.

El cristianismo de Justino tiene aún otro aspecto, menos influenciado por el intelectualismo filosófico, que se manifiesta sobre todo cuando habla de la vida cotidiana de los cristianos, de la que, como miembro de la Iglesia, forma parte. El elevado nivel moral de los cristianos es para él una prueba convincente de que poseen la verdad. Llevan una vida veraz y casta, aman a sus enemigos y, por sus convicciones, van con valor al encuentro con la muerte no porque las consideraciones filosóficas les hayan convencido de la importancia de estas virtudes, sino porque Jesucristo les ha pedido que lleven una vida de acuerdo con estos ideales (H. Jedin, Storia della Chiesa, Milán 1988, I, 229.231).

 

ORATIO

Instrúyeme en las Escrituras, oh Dios, para que podamos aceptar lo que tú dices. Sabemos que él "debe sufrir" y debe ser "conducido como mansa oveja al matadero "; demuéstranos que él debe ser crucificado y morir de una manera ignominiosa y de un modo no bello, en la maldición de la cruz. Nosotros ni siquiera logramos pensarlo... No digáis, pues, hermanos, ningún mal contra este crucificado; no os riáis de sus llagas, con las que todos pueden sanar, precisamente como hemos sido sanados nosotros (Justino, Diálogo con Trifón).

 

CONTEMPLATIO

Antes que nada, reza, para que se te abran las puertas de la luz.

Nosotros honramos a Dios y a su Cristo hasta la muerte, con nuestras obras, nuestra ciencia, nuestro corazón. Los que vivieron según el Verbo son cristianos, aunque pasaran por ateos.

Doce hombres se diseminaron desde Jerusalén por el mundo. Eran unos hombres sencillos, que no sabían hablar, pero en el nombre de Dios anunciaron a todos los hombres que habían sido enviados por Cristo para enseñar a todos la Palabra de Dios.

Nosotros no somos sólo un pueblo, sino un pueblo santo {de las obras de san Justino).

 

ACTIO

Repite con frecuencia la enseñanza del mártir Justino: "Empeño todas mis fuerzas para ser encontrado siempre cristiano".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El carácter de Justino, plenamente leal y de mentalidad abierta, se manifiesta con toda claridad en sus escritos. Su fe es ardiente e integral, y en el heroísmo se muestra sencillo, sin la mínima jactancia.

Con todo, hemos de señalar un defecto de Justino que se encuentra en su obra: tiene una seguridad sorprendente, y al mismo tiempo desconcertante, en el valor de su argumentación.

Es verdad que "dialoga" con Trifón, pero lo hace sin escuchar plenamente a su adversario. En nuestra época postconciliar, felizmente sensible a la cuestión judía, nos sorprenden ciertas posiciones de Justino, quien, sin embargo, nunca fue hostil, careció de orgullo e incluso se diría que estaba lleno de candor y de sencillez. Aunque cristiano, siguió siendo filósofo: "La filosofía pasa a Cristo", y le está subordinada. Antes que nada, es un hombre de fe, de una fe que dice ofrecer a los más humildes, a los ignorantes; de una fe a la que sacrifica su misma vida (G. Peters, / Padri della Chiesa, Roma 1984, I, p. 260).

 

 

 

Día 2

Martes de la IX Semana del Tiempo Ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Pedro 3,12-15a.l7-18

Hermanos:

12 Esperad y apresurad la venida del día de Dios, ese día en el que los cielos se desintegrarán presa del fuego y los elementos del mundo, abrasados, se derretirán.

13 Nosotros, sin embargo, según la promesa de Dios, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en la que habite la justicia.

14 Por tanto, queridos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad vivir en paz con Dios, limpios e irreprochables ante él,

15 considerando como salvación la paciencia de nuestro Señor.

17 En cuanto a vosotros, queridos, puesto que conocéis esto de antemano, manteneos en guardia para que no os arrastre el error de los malvados y se derrumbe vuestra fortaleza.

18 Creced en gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y por siempre. Amén.

 

*•• El fragmento de hoy es una reflexión sobre el estado del cristiano que "espera la venida del día de Dios" {cf. v. 12), día que pertenece a Dios por excelencia. El autor de la carta pretende recordar a los creyentes el objeto y el sentido de esta espera. En primer lugar, lo que esperamos son "unos cielos nuevos y una tierra nueva" (cf. Is 65,17; 66,22), en los que se manifestará Cristo y se manifestará en todos los ámbitos -en la "justicia"- el proyecto de Dios, que ahora es sólo un deseo. Ahora bien, esta espera es algo completamente distinto a una espera pasiva. Quien vive ya desde ahora en medio de la piedad y la santidad puede apresurar incluso la venida del día del Señor, puesto que realiza ya en esta tierra, en la pequeñez de su historia, lo que será la justicia típica del día de Dios. Por eso invita el autor de la carta a sus destinatarios "limpios", como las víctimas ofrecidas a Dios en el culto del Antiguo Testamento, e "irreprochables ante él", "en paz con Dios" (v. 14), como ocurrirá en el domingo sin ocaso de la vida futura.

En estas circunstancias, se vuelve secundario el problema del "cuándo" vendrá este "día de Dios". Lo que cuenta es la magnanimidad del Señor, que organiza los tiempos y la historia siguiendo una amorosa perspectiva de salvación. Ese designio es desconocido para los impíos, mientras que es objeto de conocimiento progresivo por parte del creyente. Este último sabe que aún tiene que seguir descubriendo a Cristo hasta la manifestación completa del día del Señor. A él sea la gloria, ahora y tal como aparecerá en aquel día. El "amén" final indica que el escrito debe ser leído en la asamblea dominical de los cristianos.

 

Salmo Responsorial

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Salmo 89


Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
R/. 
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó; una vela nocturna.
R/. 
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.
R/. 
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
R/. 
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
 

 

 

Evangelio: Marcos 12,13-17

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos

13 le enviaron unos fariseos y unos herodianos con el fin de cazarlo en alguna palabra.

14 Llegaron éstos y le dijeron: -Maestro, sabemos que eres sincero y que no te dejas influir por nadie, pues no miras la condición de las personas, sino que enseñas con verdad el camino de Dios. Estamos obligados a pagar tributo al cesar o no? Lo pagamos o no lo pagamos?

15 Jesús, dándose cuenta de su mala intención, les contestó: -Por qué me ponéis a prueba? Traedme una moneda para que la vea.

16 Se la llevaron, y les preguntó: -De quién es esta imagen y esta inscripción? Le contestaron: -Del cesar.

17 Jesús les dijo: -Pues dad al cesar lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios. Esta respuesta les dejó asombrados.

 

*•" En el centro del evangelio de hoy figura una pregunta hipócrita. Los herodianos y los fariseos no buscan ninguna respuesta; lo que quieren sobre todo es poner a Jesús en una situación embarazosa, haciéndolo odioso para la autoridad romana o para la muchedumbre. La respuesta de Jesús, sin embargo, evita la trampa de la rígida alternativa y aprovecha la pregunta para brindar un criterio decisivo para la vida cristiana.

Dios y el cesar no se contraponen entre sí, no se encuentran en el mismo plano: existe un primado de Dios, pero que no priva al Estado de sus derechos. En virtud de este principio, el cristiano aprende a obedecer no sólo a Dios, sino también a los hombres, porque la raíz de toda autoridad deriva en última instancia del Eterno. Precisamente de este principio dimana la libertad de conciencia, al amparo de toda idolatría del poder y acogiendo la respectiva soberanía de la Iglesia y el Estado.

"Esta respuesta les dejó asombrados" (v. 17b): los que antes querían cazarlo en alguna palabra quedan asombrados ahora por el mensaje de libertad contenido en las palabras de Jesús.

 

MEDITATIO

Esperar y apresurar el día del Señor. Dar a Dios y al cesar lo que le corresponde a cada uno. En estas imágenes encontramos descrita la vida del cristiano. Ésta es, antes que nada, acontecimiento de espera, anuncio de que el Esposo no ha llegado todavía, nostalgia de un amor más grande que todo afecto humano, como un deseo extinguido... Pero, al mismo tiempo, el creyente vive y celebra cada día como día del Señor, indica en él la presencia misteriosa del Esposo, expresa la alegría del encuentro con él, del deseo inextinguible. Algo así como una espera que se realiza y se vuelve cada vez más intensa y acelera en cierto modo la venida del Señor. Por eso el cristiano no se evade del mundo ni de la historia, sino que está bien implantado en ellos, precisamente para indicarle al mismo mundo lo que hay en él de Dios y debe volver a Él, o bien, lo que en el corazón humano pertenece al Altísimo y sólo en él encuentra la paz, y también lo que es corruptible y tiene que ser abandonado; lo que es bello, pero con una belleza que pasa; aquello que tal vez pueda atraer al corazón hecho de carne, pero no lo puede llenar del todo después. No por desprecio a lo humano, sino -al contrario- para darle a todas las realidades su justo peso y mantener viva la esperanza del "día de Dios", en el que todo lo terreno (afectos y esperanzas, debilidades y angustias...) se fundirá en el fuego del amor eterno. Y habrán "unos cielos nuevos y una tierra nueva"...

 

ORATIO

Señor, Dios de la historia, Eterno sin tiempo, te alabo porque has creado también nuestra historia y nuestro tiempo. Ambos te pertenecen y están repletos de ti. De ti proceden y a ti deben volver, del mismo modo que nuestra persona, con todo lo más humano que posee, como el deseo de vivir y de amar... Cuando llevamos a cabo tal recorrido y confesamos que, verdaderamente, tú eres la fuente y el término de lo que somos y tenemos, nuestro tiempo entra en tu eternidad y nuestra historia se convierte en historia de salvación, al tiempo que la vida celebra tu soberanía y la muerte es como una vuelta a casa.

Perdóname, Dios, que haces nuevas todas las cosas, por todas las veces que he pretendido apropiarme de mi tiempo y no he sabido esperar la novedad de tu día; por todas las veces que no he sabido reconocer tu imagen en las cosas y he dirigido hacia mí lo que hubiera debido "devolverte". En esas ocasiones, en vez de soñar con "unos cielos nuevos y una tierra nueva" y reconocer el alborear de tu día, he preferido ilusiones inmediatas y satisfacciones más seguras en apariencia, gustos y sabores ya conocidos y ya viejos, aunque sólo para encontrar al final aburrimiento y frustración, o ese regusto doloroso del placer que se repite por inercia, tristemente semejante a sí mismo.

"Maestro, tú que eres sincero", enséñame a esperar el día de Dios y, mientras lo espero, "a dar a Dios lo que es de Dios": todos los latidos de mi corazón, cada aliento de mi vida.

 

CONTEMPLATIO

También tú, si enciendes el candil, si recurres a la iluminación del Espíritu Santo y ves la luz en la luz, encontrarás la dracma en ti: ya que ha sido puesta en ti la imagen del Rey celestial.

Cuando Dios, al principio, hizo al hombre, lo hizo "a su imagen y semejanza", y puso esta imagen no en el exterior, sino dentro de él [...]. El Hijo de Dios es el pintor de esta imagen; y puesto que el pintor es tal y tan grande, su imagen puede ser oscurecida por la desidia aunque no puede ser cancelada por la maldad. En efecto, la imagen de Dios permanece siempre, aunque le sobrepongas la imagen de lo terreno (Orígenes, Homilías sobre el Génesis, XIII, 4).

 

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Nosotros esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva" (2 Pe 3,13).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

Que venga el alba, oh Dios, el día de tu sonrisa

Dios de todos los nombres y de todos los pueblos, Madre y Padre nuestro, Señor de la historia, Señor del amor, alfa y omega de los tiempos.

Te hablo en nombre de los perdedores, de parte de los que ya ni siquiera tienen nombre [...].

Te hablo de parte de aquellos que ni siquiera representan una cifra en las frías estadísticas.

Amo, oh Dios, las alegrías del fotón, del tiempo y del espacio; amo la lente que lanza su insistente mirada al universo; amo la magia sagrada que alivia el dolor y difiere la muerte; amo las manos de quien penetra en el misterio mismo de la vida.

Amo la forma, el sonido, el color.

Amo el don de la palabra que has puesto en mi boca.

Pero ya te hablarán otros de la alegría del Arte y de la magia de la Ciencia.

Yo te hablo del dolor. Te hablo del hambre, oh Dios, de la muerte.

Te hablo de parte de quienes sembraron sueños y han muerto con un bocado de esperanza amarga en la garganta.

Te hablo de parte del que resiste en medio de la noche.

Te hablo, oh Dios, de los que velan.

Desde aquí saludo los tiempos venideros.

Saludo el tiempo en el que por fin encuentre las manos que construyan contigo "un cielo nuevo y una tierra nueva".

Manos nuevas para poblar el mundo de colores.

(Micaela Najlis, poetisa nicaragüense).

 

 

Día 3

Santos Carlos Luanga y compañeros, mártires


 

Pocos años después de la llegada de los misioneros, los padres blancos, al reino de Buganda (hoy parte de Uganda), se desencadenó una sangrienta persecución contra los cristianos, tanto católicos como anglicanos, éstos últimos llegados poco después. El cristianismo había sido abrazado también por personas con cargos de responsabilidad en la corte del rey Mwanga.

Molesto con la moral cristiana, que prohibía tanto la trata de esclavos como la pederastia, e impulsado por un consejero que odiaba a los cristianos, el rey consideró que debía extirpar esta nueva religión.

El 29 de octubre de 1885, fueron matados cruelmente en una emboscada, por orden suya, los misioneros anglicanos, y ese mismo año hizo decapitar al mayordomo de la casa real y a un juez del reino por ser católicos y mostrarse críticos con estas decisiones.

El 3 de junio de 1886, fueron condenados a la hoguera los dieciséis pajes de su corte que habían resistido a sus demandas, apoyados e instruidos por Carlos Lwanga. Fueron matados en la colina de Namugongo. A los cristianos se les llamaba "los que rezan". Fueron veintidós los mártires ugandeses canonizados por Pablo VI en 1964.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 1.1-3-6-12

1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de la vida que está en Jesucristo,

2 a Timoteo, mi hijo querido; gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.

3 Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia, según me enseñaron mis mayores, y me acuerdo de ti constantemente, noche y día, en mis oraciones.

6 Por ello te aconsejo que reavives el don de Dios que te fue conferido cuando te impuse las manos.

7 Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de ponderación.

8 No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; antes bien, con la confianza puesta en el poder de Dios, sufre conmigo por el Evangelio.

9 Dios nos ha salvado y nos ha dado una vocación santa no por nuestras obras, sino por su propia voluntad y por la gracia que nos ha sido dada desde la eternidad en Jesucristo.

10 Esta gracia se ha manifestado ahora en la aparición de nuestro Salvador, Jesucristo, que ha destruido la muerte y ha hecho irradiar la vida y la inmortalidad gracias al anuncio del Evangelio,

11 del cual yo he sido constituido heraldo, apóstol y maestro.

12 Ésta es la razón de mis sufrimientos, pero yo no me avergüenzo, pues sé en quién he puesto mi confianza y estoy persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio.

 

*•• La segunda Carta a Timoteo parece ser que fue la última que escribió Pablo antes de morir. En consecuencia, tiene todo el sabor de un auténtico "testamento espiritual" en el que se respira una trémula, aunque también serenísima, espera del final inminente. Pablo está en la cárcel y escribe en unos términos apesadumbrados a Timoteo, su discípulo predilecto, por el que ora noche y día, y le aconseja que "reavive" (literalmente, "atice") el don de Dios.

En el pasaje de hoy, tras el saludo (w. 1-3), viene una primera parte (w. 6-12, aunque continúa hasta 2,13), en la que Pablo exhorta a Timoteo a luchar y a sufrir por el Evangelio. Para Pablo, la "Buena Noticia" es "la promesa de la vida que está en Jesucristo" (v. 1), "que ha destruido la muerte y ha hecho irradiar la vida y la inmortalidad" (v. 10). El apóstol es un hombre elegido por Dios para llevar al mundo este evangelio de la vida no con "un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de ponderación". A causa de este anuncio, debe esperarse la hostilidad del mundo, hasta el punto de verse privado de la misma libertad. Pablo no se avergüenza de ello e invita a Timoteo a no avergonzarse de sus cadenas; éstas son el precio del testimonio fiel, de la vocación santa, de la gracia otorgada en Cristo Jesús y revelada ahora en el misterio de su encarnación. Constituyen el signo paradójico de una libertad nueva, la que nace de la fe en él y de la certeza de su fidelidad hasta el último día, el día en el que la vida destruirá a la muerte para siempre.

 

Salmo Responsorial

A ti, Señor, levanto mis ojos

Salmo 122

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores.
R/. 
A ti, Señor, levanto mis ojos

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
R/. 
A ti, Señor, levanto mis ojos
 

 

 

Evangelio: Marcos 12,18-27

En aquel tiempo,

18 se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:

19 -Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si el hermano de uno muere y deja mujer, pero sin ningún hijo, que su hermano se case con la mujer para dar descendencia al hermano difunto.

20 Pues bien, había siete hermanos. El primero se casó y, al morir, no dejó descendencia.

21 El segundo se casó con la mujer y murió también sin descendencia. El tercero, lo mismo,

22 y así los siete, sin que ninguno dejara descendencia. Después de todos, murió la mujer.

23 Cuando resuciten los muertos, de quién de ellos será mujer? Porque los siete estuvieron casados con ella.

24 Jesús les dijo: -Estáis muy equivocados, porque no comprendéis las Escrituras ni el poder de Dios.

25 Cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos ni ellas se casarán, sino que serán como ángeles en los cielos.

26 Y en cuanto a que los muertos resucitan, no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?

27 No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

 

**• La cuestión planteada por los saduceos en el evangelio de hoy es, una vez más, tendenciosa; sin embargo, proporciona a Jesús la ocasión de presentar en sus justos términos el sentido de la vida más allá de la muerte.

En aquellos tiempos, además de los saduceos, que negaban la resurrección, estaban también los rabinosfariseos, que la afirmaban, aunque con cierta libertad interpretativa. Había entre ellos, en efecto, quienes consideraban que sólo resucitarían los justos, sólo los judíos o todos los hombres, mientras que otros creían que los difuntos resucitarían en su corporalidad originaria, incluidas las enfermedades. Más tarde, en los tiempos en que fue redactado el evangelio de Marcos, ejercía una gran influencia el pensamiento helenístico-pagano. Este último prefería hablar de inmortalidad del espíritu, capaz por su propia naturaleza de sobrevivir más allá del cuerpo, liberándose de la prisión que éste representaba.

La enseñanza de Jesús responde un poco a todos, poniendo en el centro la verdad del amor de Dios: si Dios ama al hombre, no puede abandonarle en poder de la muerte, sino que lo unirá consigo, fuente de la vida, para hacerlo inmortal.

Por lo que respecta a la modalidad de ese estado futuro, la respuesta de Cristo es que la vida de los muertos escapa de los esquemas del mundo presente: será una vida diferente, porque es divina, eterna, comparable a la de los ángeles, de suerte que el matrimonio y la reproducción carecen en ella de sentido. Tampoco podrá ser en modo alguno una especie de prolongación de la vida presente, sino una vida nueva, en la que entra todo el hombre, no sólo el espíritu, sino toda la realidad humana, que se verá transformada misteriosamente.

Con todo, hay una cosa absolutamente cierta: la razón fundamental hemos de buscarla en la fidelidad del Eterno: la promesa de la resurrección no es un derecho del hombre, sino la inevitable consecuencia o la medida ilimitada del amor divino, más fuerte que la muerte.

 

MEDITATIO

"Yo os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante" (Jn 12,24).

Es el misterio de la vida que continúa. Es el amor que alcanza a corazones y tierras para purificar, valorar, transformar, abrir nuevos horizontes de creatividad y de paz.

Sorprende constatar cómo el martirio acompaña al nacimiento de las comunidades cristianas y con qué fuerza y claridad cristianos de todas las edades dan la vida por Cristo y por su gente, seguros no sólo de recibir el bien prometido, sino de que con su muerte "a causa de Cristo" nace una nueva época para su pueblo. No nos corresponde a nosotros calcular los tiempos de maduración.

La semilla está sembrada y es de la misma naturaleza que el amor fecundo de la Trinidad.

Sorprende ver la juventud de esta Iglesia de África probada y nos sentimos atraídos por su fidelidad a Cristo Señor. Sacude la indiferencia y señala el camino.

La acción del Espíritu en los mártires no es sólo de consuelo, apoyo, custodia. El Espíritu de Cristo revela, en la kenosi del hombre nuevo, el designio de Dios y obra siguiendo la única lógica del amor. Amar con el corazón de Cristo no es sólo una ley espiritual o moral; es la nueva dignidad de la criatura partícipe, por don, del ágape divino y de la acción de Dios en la historia.

También los mártires de Uganda son para nosotros una imagen viviente. Son un desafío a construir, con claridad de identidad, como sarmientos unidos a la Vid, la sociedad contemporánea, y a "no dejar que falte en este mundo un rayo de la divina belleza para que ilumine el camino de la existencia humana" (Juan Pablo II).

 

ORATIO

Una vez que hemos conocido a Cristo, no es posible no darle todo. Es una alta dignidad compartir su vida y amar como él amó, hasta dar la vida. Esto lo he aprendido, Padre, fijando la mirada del corazón sobre estos jóvenes, cuyo valor revela tu presencia y muestra que es posible, incluso en las pruebas más duras, allí donde reina el odio y se humilla a la persona, dar a conocer a Cristo al mundo y sembrar la vida.

Su fuerza y su serenidad en el servicio en la corte del rey nacían de la oración, de la relación contigo, Padre, y con tu Hijo. No hay nombre más bello para definir a los cristianos: "Los que rezan". Por eso Carlos Lwanga y sus compañeros concluyeron su "santo viaje" (Sal 84) entrando en tu casa y en el corazón de muchos.

Con su muerte, la comunidad cristiana y su país dejaron de ser lo que eran antes, porque su sangre irrigaba y fecundaba todo desierto. Transforma, oh Padre, con el poder de tu Espíritu, a todos los que vivimos hoy en una sociedad compleja y contradictoria para convertirnos en verdaderos discípulos y testigos alegres de Cristo Señor, que es camino, verdad y vida.

 

CONTEMPLATIO

Estos mártires africanos vienen a añadir a este catálogo de vencedores que es el martirologio una página trágica y magnífica, verdaderamente digna de sumarse a aquellas maravillosas de la antigua África, que nosotros, modernos hombres de poca fe, creíamos que no podrían tener jamás adecuada continuación. Quién podría suponer, por ejemplo, que a las emocionantísimas historias de los mártires escilitanos, de los cartagineses, de los mártires de la "blanca multitud" de Utica, de quienes san Agustín y Prudencio nos han dejado el recuerdo, de los mártires de Egipto, cuyo elogio trazó san Juan Crisóstomo, de los mártires de la persecución de los vándalos, hubieran venido a añadirse nuevos episodios no menos heroicos, no menos espléndidos, en nuestros días? Quién podía prever que, a las grandes figuras históricas de los santos mártires y confesores africanos, como Cipriano, Felicidad y Perpetua, y al gran Agustín, habríamos de asociar un día los nombres queridos de Carlos Lwanga y de Matías Mulumba Kalemba, con sus veinte compañeros? Y no queremos olvidar tampoco a aquellos otros que, perteneciendo a la confesión anglicana, afrontaron la muerte por el nombre de Cristo.

Estos mártires africanos abren una nueva época, quiera Dios que no sea de persecuciones y de luchas religiosas, sino de regeneración cristiana y civil.

África, bañada por la sangre de estos mártires, los primeros de la nueva era -y Dios quiera que sean los últimos, pues tan precioso y tan grande fue su holocausto-, resurge libre y dueña de sí misma.

La tragedia que los devoró fue tan inaudita y expresiva que ofrece suficientes elementos representativos para la formación moral de un pueblo nuevo, para la fundación de una nueva tradición espiritual, para simbolizar y promover el paso desde una civilización primitiva -no desprovista de magníficos valores humanos, pero contaminada y enferma, como esclava de sí misma- hacia una civilización abierta a las expresiones superiores del espíritu y a las formas superiores de la vida social (Pablo VI, "Homilía de la canonización de los mártires de Uganda").

 

ACTIO

Repite con frecuencia y medita hoy la Palabra del Señor: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos" (Mt 5,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El 3 de junio de 1886, dieciséis pajes de la corte del rey Mwanga, todos ellos menores de veinte años e hijos de notables, subían a la colina de Namugongo. Cada uno de ello s llevaba cargado a la espalda un haz de leña. Todos habían sido condenados a muerte, pero, según una antigua tradición, en el último momento, tres de ellos, extraídos a suerte, eran agraciados, mientras que los otros eran atados y quemados vivos en una única gran hoguera. Los tres supervivientes se convirtieron en preciosos testigos del martirio de sus compañeros.

Los supervivientes de los pajes martirizados en Namugongo contaron así el proceso de la condena a la hoguera. "El rey hizo comparecer ante él a seis de los pajes y les dijo: "Todos aquellos de vosotros que ya no quieran rezar que se queden junto al trono, y los que deseen rezar que se pongan contra aquella pared". Carlos Lwanga fue el primero en moverse, seguido de inmediato por los otros quince cristianos. El rey les preguntó: "Pero vosotros rezáis de verdad?". "Sí, monseñor, nosotros rezamos de verdad", respondió en nombre de todos Carlos, que, con el presentimiento de lo que iba a suceder, se había pasado toda la noche en oración con sus compañeros. El rey preguntó aún: "Tenéis intención de seguir rezando?". "Sí, monseñor, siempre, hasta la muerte". El rey emitió la sentencia de muerte para todos los que no desistieran de su propósito. Fueron muchos los intentos encaminados a convencer a los jóvenes de que se sometieran a las órdenes del rey, pero todos ellos resultaron vanos".

Los mártires de Uganda canonizados por la Iglesia católica son veintidós: ocho ya habían sido muertos antes ae la matanza de Namugongo, y el último, Juan María Muzeyi, fue decapitado el 27 de enero de 1887 (E. Pepe, Martirí e santi del Calendario Romano, Roma 1999).

 

 

 

Día 4

Jueves de la IX Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 2,8-15

Querido hermano:

8 Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según el Evangelio que yo anuncio,

9 por el cual sufro hasta verme encadenado como malhechor, pero la Palabra de Dios no está encadenada.

10 Por eso todo lo soporto por amor a los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación de Jesucristo y la gloria eterna.

11 Es doctrina segura: Si con él morimos, viviremos con él;

12 si con él sufrimos, reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará;

13 si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

14 Recuerda estas cosas y ordena, en nombre de Dios, que nadie se enzarce en discusiones vanas, que no sirven para nada, si no es para la perdición de los que escuchan.

15 Cuida de presentarte ante Dios como un hombre probado, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, como fiel pregonero del mensaje de la verdad.

 

*•• La vida del cristiano es la vida de Cristo en él; es una participación siempre renovada en la muerte y en la vida gloriosa del Señor, que, en cierto modo, sufre y resurge a una vida nueva en aquel que cree en Él. Como Pablo, encadenado por el Evangelio "-como malhechor" (v. 9), aunque también seguro de reinar con él (v. 12). De ahí podemos extraer dos consecuencias.

En primer lugar, que los sufrimientos del cristiano participan del valor redentor de los sufrimientos de Cristo y son, de hecho, instrumento de salvación en la medida en que el cristiano -como le gusta decir a Pablo- sufre por Cristo y muere con él (cf. w. 11.12).

Desde el momento en que el Hijo del Eterno murió en la cruz, ya no hay sufrimiento terreno que sea inútil, ni creyente que no se sienta responsable de la salvación de los demás. Es la comunión de la cruz lo que da, a cada individuo, la fuerza para soportarlo todo por los hermanos, "para que ellos también alcancen la salvación de Jesucristo y la gloria eterna" (v. 10).

Entonces -segunda consecuencia-, la vida del cristiano se convierte en una existencia pascual, gracias a la memoria de la resurrección de Jesús (v. 8) y gracias a la profecía de su propia resurrección (v. 11); una existencia que proclama la fidelidad del Eterno, mayor que cualquier infidelidad humana (v. 13). Por eso el cristiano no se enzarza en "discusiones vanas" (v. 14), ni se avergüenza de la Palabra que debe anunciar, aunque deba sufrir por ella, porque es Palabra de la verdad y nunca podrá ser encadenada (v. 9).

 

Salmo Responsorial

Señor, enséñame tus caminos

Salmo 24

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas,
haz que camine con lealtad;
enséñame porque tú eres mi Dios y Salvador.
R/. 
Señor, enséñame tus caminos

El Señor es bueno y recto
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
R/. 
Señor, enséñame tus caminos

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía con los fieles
y les da a conocer su alianza.
R/. 
Señor, enséñame tus caminos

 

 

 

Evangelio: Marcos 12,28-34

En aquel tiempo,

28 un maestro de la Ley que había oído la discusión y había observado lo bien que les había respondido se acercó y le preguntó: -Cuál es el mandamiento más importante?

29 Jesús contestó: -El más importante es éste: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor.

30 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

31 El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos.

32 El maestro de la Ley le dijo: -Muy bien, Maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de él;

33 y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

34 Jesús, viendo que había hablado con sensatez, le dijo: -No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevía ya a seguir preguntándole.

 

*+• El tono de la pregunta del maestro de la Ley, a diferencia de Mateo y Lucas, no es aquí, en Marcos, ni polémico ni tendencioso, sino simplemente teórico y escolar, sin trampas más o menos escondidas. Al contrario, parece darse un reconocimiento recíproco de la exactitud y de carácter pertinente de la respuesta del otro por parte de cada uno de los interlocutores. Al mismo tiempo, la cuestión planteada era en aquellos tiempos una pregunta clásica y debatida con frecuencia; tampoco era nueva del todo la respuesta de Jesús. En realidad, se trata de la cuestión central para él y para todo creyente: es la pregunta a la que Jesús intentará responder con toda su vida.

De todos modos, el Maestro le brinda al maestro de la Ley, interlocutor leal, una respuesta precisa y rigurosamente bíblica, no sólo por los envíos a Dt 6,4ss y Lv 19,18, sino porque sólo es posible entenderla dentro de la revelación, según la cual nuestro amor a Dios y al prójimo supone un hecho precedente y fundador: el amor de Dios por nosotros. Éste es el dato que precede a cualquier otro, el origen y la medida del amor humano.

Si éste nace del amor divino, debe medirse sobre la base del mismo, amando a toda la humanidad, amando a cada hombre sin distinción y con toda nuestra propia humanidad: corazón-mente-voluntad. De todos modos, Marcos no se contenta con estas especificaciones, sino que introduce en su texto otras dos importantes notas particulares: una observación polémica sobre el culto (v. 32), que recupera la antigua batalla de los profetas contra el ritualismo embarazoso que separa la oración del amor, y la afirmación del monoteísmo (w. 29.32), en abierta polémica con el ambiente pagano en que vivía la comunidad de Marcos, afirmación destinada a dejar bien sentado que sólo de Dios -es decir, de haber puesto a Dios en el centro de su vida- puede venirle la libertad al hombre. Esa libertad es ya signo del Reino que viene.

 

MEDITATIO

Dios creó al hombre a su semejanza, le dio un corazón capaz de dejarse amar y de amar a su vez. Pero no sólo le hizo capaz de amar a su manera, divina, no se contentó con verter su benevolencia en el ser humano haciéndolo amable, sino que activó en él una capacidad afectiva que no es ya sólo humana. Éste es el signo más grande del amor de Dios hacia el hombre: el Creador no se ha guardado, celosamente, su poder de amar, sino que lo ha compartido con la criatura. En realidad, Dios no hubiera podido amar más al hombre. Ésa es también la razón de que éste sea asimismo el primer y más importante mandamiento: antes de ser mandamiento, es el don más grande. Y si vale más que todos los holocaustos y sacrificios, eso significa que el hombre lleva a cabo la mayor experiencia del amor divino cuando ama de hecho a la manera de Dios, más aún que cuando ora y adora, porque es entonces, y sólo entonces, cuando puede descubrir cómo ha sido amado por el Eterno, hasta el punto de haber sido hecho capaz de amar a su manera. Precisamente en esta línea invita Pablo a Timoteo y a todo creyente a sufrir y a morir con Cristo por la salvación de los hermanos. Pero, entonces, no se da aquí sólo la comunión redentora de la cruz; antes aún está el misterio sorprendente de la comunión de Dios con el hombre, del amor divino con el amor humano.

Gracias a esta comunión, el amor de Dios se hace ya presente y visible en esta tierra; más aún, Dios mismo es amado en un rostro humano y el corazón de carne produce ya desde ahora latidos eternos.

 

ORATIO

Dios del amor, tú eres el Señor y el Maestro, sólo tú tienes las palabras de la vida y puedes revelar al hombre su verdad y su dignidad. Todos quisiéramos saber qué es importante en la vida, para no correr en vano; y si te preguntamos es porque tú eres amor y sólo el amor conoce la verdad y no se la guarda para sí. Concédenos comprender también que la grandeza del hombre está en el amor: en la certeza de ser amado desde siempre por el Señor del cielo y de la tierra y en la certeza de poder amar al mismo Creador junto con sus criaturas.

En esto consiste la grandeza humana, y es humana y divina a la vez; es mandamiento, pero antes es don; es reposo y felicidad para el alma, pero también lucha contra el egoísmo y la desesperación; es la verdad de donde nace la libertad, la libertad de depender en todo de aquél a quien amamos y a quien estamos llamados a amar; por consiguiente, de ti, que eres el amor. Concédeme,

Padre, esta libertad: la libertad de entregarte mi vida, para que tú la conviertas en un evangelio, historia y providencia de amor para muchos hermanos; la libertad de amarte a ti y a todos con el corazón del Hijo, hasta la cruz.

 

CONTEMPLATIO

Si Cristo vino fue, sobre todo, para que el hombre supiera cuánto le ama Dios y lo aprendiera para encenderse más en el amor de quien lo amó antes, y para amar al prójimo según la voluntad y el ejemplo de quien se hizo próximo prefiriendo no a los que estaban cerca de él, sino a los que vagaban lejos; toda Escritura divina escrita antes fue escrita para preanunciar la venida del Señor; y cualquier cosa que haya sido transmitida después con las cartas y confirmada con la autoridad divina habla de Cristo e invita al amor: está claro que no sólo toda la Ley y los profetas, que hasta entonces eran toda la Sagrada Escritura, por haberlo dicho el Señor, se apoyan en estos dos preceptos del amor a Dios y al prójimo, sino también todo lo que, a continuación, ha sido consagrado para la salvación, así como los volúmenes de las divinas Escrituras confiados a la memoria. Por lo cual, en el Antiguo Testamento está oculto el Nuevo, y en el Nuevo está la revelación del Antiguo. Según esta ocultación, los hombres materiales que entienden sólo de modo material han estado sometidos, tanto entonces como ahora, por el temor al castigo. En cambio, según esta revelación, los hombres espirituales que entienden de manera espiritual, a quienes, por estar piadosamente palpitantes, fueron reveladas las cosas ocultas y piden ahora, sin soberbia, que no les queden ocultas las cosas reveladas, esos hombres han sido liberados por la caridad entregada. En consecuencia, ya que nada es más hostil a la caridad que la envidia, y la soberbia es madre de la envidia, el Señor Jesucristo, Dios hombre, es al mismo tiempo prueba del amor divino por nosotros y ejemplo de humana humildad entre nosotros, a fin de que nuestro mayor mal sea sanado por la medicina contraria, que es aún más grande. Gran miseria, en efecto, es el hombre soberbio, pero la misericordia del Dios humilde es aún mayor. Ponte, pues, como fin este amor, al que referirás todo lo que digas; cuenta todas las cosas de manera que la persona a la que hablas crea al escuchar, espere al creer y ame al esperar (Agustín, De catechizandis rudibus, 4,8-11).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Si con él morimos, viviremos con él" (2 Tim 2,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Al envejecer nos damos cuenta de inmediato de que todo se reduce a poquísimas certezas. Para mí, estas certezas son tres: a pesar de todo, el Eterno es Amor; a pesar de todo, somos amados; a pesar de todo, somos libres. Ojalá consiguiera comunicar estas tres certezas [...], en particular la certeza de que esta misteriosa libertad que hay en nosotros no tiene otra razón de ser que hacernos capaces de responder al Amor con el amor.

La estupenda belleza de la libertad no consiste en el hecho de hacernos libres de, sino libres para: para amar y para ser amados.

No, el infierno no son los otros; el infierno es la soledad de quien, absurdamente, ha pretendido ser autosuficiente.

Cuando alguien me pregunta: "Por qué venimos al mundo?", me limito a responder: "Para aprender a amar". Estamos destinados a encontrar el Amor, cuya hambre se hace sentir en forma de vacío dentro de nosotros [...]. Podemos plantearnos un montón de preguntas: por qué tantas imperfecciones, tantos sufrimientos? Si tenemos la certeza de que el Eterno es Amor, de que somos amados, de que somos libres para poder responder al Amor con el amor, todo lo demás no son más que "a pesar de todo".

Oh nubes, aunque os transforméis en crueles tempestades, no conseguiréis hacer negar la existencia del sol (Abbé Pierre, Testamento, Cásale Monf. 1994, 75ss).

 

 

 

Día 5

San Bonifacio, obispo y mártir

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 3,10-16

Querido hermano:

10 Tú, en cambio, has seguido atentamente mis enseñanzas, mi conducta, mis planes, mi fe, mi paciencia, mi amor, mi constancia,

11 mis persecuciones y pruebas, como las que tuve que soportar en Antioquía, en Iconio, en Listra. !Cuántas persecuciones he sufrido, y de todas me ha librado el Señor!

12 Todos los que quieran llevar una vida digna de Jesucristo sufrirán persecuciones.

13 Pero los malvados y los impostores irán de mal en peor, extraviando a otros y extraviándose ellos mismos.

14 Tú, por tu parte, permanece fiel a lo que aprendiste y aceptaste, sabiendo de quién lo has aprendido,

15 y que desde la infancia conoces las Sagradas Escrituras, que te guiarán a la salvación por medio de la fe en Jesucristo.

16 Toda Escritura ha sido inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para persuadir, para reprender, para educar en la rectitud,

17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer el bien.

 

*• En los primeros versículos del capítulo 3, Pablo recuerda a Timoteo los dolorosos acontecimientos de su primer viaje misionero (cf. Hch 13,50; 14,5-6.1 ;2 Cor 11,23-33), de los que el mismo Timoteo (oriundo de Listra) fue testigo, y, probablemente, un testigo fuertemente impresionado. Pablo quiere recordar que el discípulo de Cristo debe saber ya desde el principio que, a ejemplo y según las palabras de su Maestro, tiene que sufrir persecuciones (v. 12), pero intenta sobre todo reconocer la fidelidad del Señor, que lo ha liberado de todas las adversidades. Por eso no debe temer Timoteo, sino permanecer "fiel" a lo que ha aprendido y le ha sido transmitido.

Pablo subraya aquí, en realidad, dos dimensiones vitales de la fe, a saber: el hecho de que la fe es antes que nada recibida o bien acogida de las Escrituras (del Antiguo Testamento), que introducen a la fe en Jesucristo, y, a continuación, del testimonio de otros creyentes, como nuestros mismos familiares (su madre y su abuela, en el caso de Timoteo) y otros "testigos" (Pablo sobre todo), para ser sometida, después, a un proceso de aprendizaje que lleva a la convicción personal (v. 14), esto es, a la fe como sabiduría cristiana, síntesis de conocimiento orante y de praxis coherente, que, de todos modos, pasa a través de la prueba: es la dimensión de la fe probada y vivida. En esta lógica, la Escritura desempeña un papel decisivo para "enseñar, para persuadir, para reprender, para educar en la rectitud" al "hombre de Dios" (v. 16), creyente y maestro de la fe: ésta, en efecto, "ha sido inspirada por Dios" o bien tiene su origen en Aquel que, sirviéndose de la inteligencia humana, se ha revelado al hombre y continúa comunicándosele, a través de la misma Palabra (cf. Dei Verbum, 11), y sosteniéndole en la prueba de la vida.

 

Salmo Responsorial

R. Mucha paz tienen los que aman tu ley, Señor.

Salmo 118. 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130

Mi porción es el Señor;

he resuelto guardar tus palabras.

Más estimo yo la ley de tu boca

que miles de monedas de oro y plata. R.

Que tu voluntad me consuele,

según la promesa hecha a tu siervo;

cuando me alcance tu compasión, viviré,

y tu ley será mi delicia. R.

Yo amo tus mandatos

más que el oro purísimo;

por eso aprecio tus decretos

y detesto el camino de la mentira. R.

Tus preceptos son admirables,

por eso los guarda mi alma;

la explicación de tus palabras ilumina,

da inteligencia a los ignorantes. R.

 

 

 

Evangelio: Marcos 12,35-37

En aquel tiempo,

35 Jesús tomó la palabra y enseñaba en el templo diciendo: -Cómo dicen los maestros de la Ley que el Mesías es hijo de David?

36 David mismo dijo, inspirado por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.

37 Si el mismo David le llama "Señor", cómo es posible que el Mesías sea hijo suyo? La multitud le escuchaba con agrado.

 

**• La sección precedente había terminado con la observación de que "nadie se atrevía ya a seguir preguntándole" (v. 34), y ahora es el mismo Jesús quien toma aquí la iniciativa, encaminada a brindar una enseñanza de la máxima importancia sobre el misterio de su persona y hacer más sutil el velo de su secreto mesiánico. Según la tradición judía común, basada en la promesa de Natán (2 Sm 7,14) y confirmada por los grandes profetas de la esperanza mesiánica, el Mesías debía ser un descendiente de David. Ahora bien, en el Sal 110,1 llama David "Señor" al Mesías: "cómo es posible que el Mesías sea hijo suyo? (v. 37). Con esta pregunta, dejada en suspenso, rompe Jesús una vez más ciertos esquemas previos dados por supuestos, que parecen eliminar la fatiga del creer o dar por descontada la experiencia espiritual, e invita a todos los oyentes y a todos nosotros a no dejar de buscar, de profundizar y reflexionar, a dejarnos escrutar por el misterio de esta persona y por las dudas e incertidumbres ligadas al misterio, a no presumir de saberlo ya todo y a interrogarnos por la calidad de nuestra presunta "experiencia de Dios"... Porque eso exige la fe.

En realidad, Jesús no rechaza en absoluto la ascendencia davídica del Mesías, sino que provoca a sus oyentes para que superen la lógica limitada de la continuidad histórica dinástica, puesto que la promesa de Dios va más allá de los criterios de la sucesión hereditaria; nos invita a no encerrarnos en una interpretación literal del dato bíblico, porque el don del Padre en el Hijo va mucho más allá de lo que nuestra mente puede comprender, y será siempre un don sorprendente e inédito. Por eso, si antes "nadie se atrevía ya a seguir preguntándole", ahora "la multitud le escuchaba con agrado" (v. 37).

 

MEDITATIO

Anunciar el Evangelio de Jesús significa, de manera inevitable, dirigirse al encuentro del rechazo, cuando no a la persecución: el Maestro no sólo lo había dicho, sino que incluso ligó una bienaventuranza a la persecución: "Dichosos seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por causa mía" (Mt 5,11). Pablo, y con él otros muchos testigos a lo largo de la historia, han experimentado esta bienaventuranza, han vivido la persecución como experiencia de la fuerza y de la presencia de Dios prometidas al apóstol fiel. Podríamos decir que esta bienaventuranza es el distintivo del auténtico cristiano, de aquel que "permanece fiel" en la prueba: fiel a la Palabra que ha escuchado y que continúa anunciando en cada ocasión; firme en su certeza de que ésa es su vocación y su misión, por la que vale la pena gastar la vida y arriesgarse a la impopularidad; firme en la búsqueda de Dios a la luz de la Palabra que él nos ha revelado, que trasciende toda pretensión humana y está envuelta por el misterio; firme en la esperanza de que la semilla de la Palabra dará fruto a su tiempo, tal vez gracias a su sacrificio y aunque él no lo vea; firme en unir la vida a la Palabra, para que no sólo las acciones, sino también los gustos y los deseos, los sentimientos y los proyectos queden plasmados por ella; firme en el valor de provocar y plantear las palabras justas, las que obligan en primer lugar a él, al creyente y maestro de la fe, a interrogarse sobre su misma experiencia espiritual, pero se muestra tenaz asimismo en la fuerza de anunciar una Palabra perennemente contra corriente, a un Mesías que no se presenta según las expectativas de la mayoría, un Evangelio que no confirma las previsiones y pide a todos la honestidad de convertirse...

Entonces, si el apóstol permanece firme en la Palabra, puede sucederle también algo que, con frecuencia, parece inesperado y le sucedió al mismo Jesús: que más allá del rechazo inicial y, a veces, sólo aparente, la gente "le escuchaba con agrado".

 

ORATIO

Te doy gracias, Señor, por tu Palabra, que cada día ilumina mi vida y da sentido a lo que hago, porque me enseña y convence, me corrige y va formando en mí el hombre nuevo. Te doy gracias porque tu Palabra me da fuerza y me sostiene en las pruebas, porque en ella resplandece la verdad como el sol y es dulce como la miel. Pero te doy gracias también por aquellas veces en las que tu Palabra es oscura y misteriosa, dura y amarga y penetra en mí como "espada de doble filo", poniendo al desnudo mis miedos y heridas, los monstruos y demonios que hay dentro de mí, o me provoca a buscar donde no quisiera, allí donde no me lleva el corazón, más allá de mis gustos.

Perdóname, Verbo del Padre, por todas las veces que he renunciado a la búsqueda y a dejarme guiar por la Palabra, perdóname porque otras veces he anunciado sin pasión tu Palabra y la he olvidado y confundido con otras palabras, y luego incluso la he hecho callar, por miedo o engorro, por vil complacencia o respeto humano, o porque sentía en mí su reproche antes que nada.

Perdóname si he buscado en otra parte la roca donde construir mi casa. Te ruego que me concedas el valor de Pablo en las pruebas. Haz que aprenda, como Timoteo, a "permanecer fiel" a la Palabra y a lo que la Iglesia me ha enseñado, para que mi fe sea una fe recibida de la Escritura y probada por la vida. Concédeme, Jesús, tu arte de saber plantear las preguntas justas, a mí y a los otros, aquellas que no dejan vías de escape, a fin de que la Palabra me conduzca cada día más al umbral del misterio, de tu Misterio, y tenga la fuerza necesaria para anunciarlo.

 

CONTEMPLATIO

Tú que escuchas prueba también a tener tu propio pozo y tu propia fuente, a fin de que también tú, cuando cojas en tus manos el libro de las Escrituras, puedas empezar a expresar asimismo por tu propia inteligencia una cierta comprensión. Según lo que has aprendido en la Iglesia, prueba tú también a beber de la fuente de tu espíritu, dentro de ti está la fuente de agua viva [...].

Así pues, purifica tu espíritu para beber tú también, finalmente, de tus fuentes y sacar agua viva de tus pozos.

Si has acogido, en efecto, en ti la Palabra de Dios, si has recibido de Jesús el agua viva y la has recibido con fe, se convertirá en ti en fuente de agua que brota para la vida eterna en el mismo Jesucristo nuestro Señor (Orígenes, Homilías sobre el Génesis, XII, 5).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Permanece fiel a lo que aprendiste y aceptaste" (2Tim 3,14).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Preguntémonos con valor: hemos experimentado alguna vez el elemento espiritual en la vida del hombre? [...]. Pero dónde habita, en qué consiste la experiencia real de lo espiritual? Veámoslo en concreto con algunos ejemplos tomados de nuestra vida cotidiana.

Hemos decidido alguna vez permanecer en calma, por ejemplo, cuando queríamos defendernos por haber sido tratados de manera injusta? Hemos perdonado alguna vez a alguien sin que nadie nos diera las gracias por un perdón que se daba por descontado? Hemos obedecido alguna vez no porque estuviéramos obligados a hacerlo o porque de no haberlo hecho se hubieran puesto las cosas mal para nosotros, sino simplemente en virtud del misterioso, silencioso e incomprensible ser que nosotros llamamos Dios y por su voluntad? Hemos sacrificado alguna vez cualquier cosa sin recibir ningún agradecimiento por ello, e incluso sin ningún sentimiento de satisfacción interior? Hemos estado alguna vez absolutamente solos? Hemos decidido hacer en alguna ocasión algo a partir exclusivamente del juicio de nuestra conciencia, por razones difíciles de explicar a los otros y evaluadas en la soledad personal más absoluta, con la conciencia de no poder delegar en nadie una decisión por la que deberemos responder durante toda la eternidad? Hemos intentado amar a Dios alguna vez incluso cuando no sentíamos el apoyo de grandes entusiasmos espirituales, y él parecía ausente y distante de nosotros, y sentíamos estar con él tristes como la muerte y la aniquilación absoluta? Hemos intentado en alguna ocasión amar a Dios incluso cuando nos parecía estar perdidos en el vacío, llamar a alguien que se obstina en permanecer sordo, o ser echados en un abismo aterrador sin fondo, donde todo parecía incomprensible y carente de sentido? Hemos realizado alguna vez un trabajo que, para ser ejecutado, nos pedía el coraje de olvidarnos de nosotros mismos e ignorarnos, casi traicionarnos, o con la sensación de pasar por estúpidos o de hacer algo terriblemente estúpido? Nos hemos mostrado alguna vez buenos y cordiales con alguien que ni nos ha mostrado ni nos muestra, sin embargo, el menor signo de gratitud y comprensión, e incluso cuando ni siquiera hemos tenido el consuelo interior de sentirnos buenos, desinteresados, generosos [...]?

Busquemos dentro de nosotros experiencias como éstas [...]. Si las encontramos, podemos decir que hemos tenido experiencias espirituales y que hemos acogido la acción del Espíritu de Dios que obra en nosotros [...]. Sólo entonces podremos decir que hemos experimentado lo sobrenatural, que hemos hecho la experiencia de Dios (K. Rahner, Theological Investigations, III: The Theology of the Spiritual Life, Londres 1974, pp. 86-90 [nuestra traducción es una síntesis de la inglesa] [edición española: Escritos teológicos: Teología de la vida espiritual (tomo 7), Taurus, Madrid 1969]).

 

 

Día 6

Sábado de la IX Semana del Tiempo Ordinario

San Norberto, obispo

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 4,1-8

Querido hermano:

1 Ante Dios y ante Jesucristo, que manifestándose como rey ha de venir a juzgar a vivos y muertos, te ruego encarecidamente:

2 Predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, corrige, reprende y exhorta usando la paciencia y la doctrina.

3 Porque vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, llevados de sus propias concupiscencias, se rodearán de multitud de maestros que les dirán palabras halagadoras,

4 apartarán los oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.

5 Tú, sin embargo, procura ser prudente siempre, soporta el sufrimiento, predica el Evangelio y conságrate a tu ministerio.

6 Yo ya estoy a punto de ser derramado en libación, y el momento de mi partida es inminente.

7 He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he guardado la fe.

8 Sólo me queda recibir la corona de salvación que aquel día me dará el Señor, juez justo, y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

 

*" Si esta carta es considerada como el testamento espiritual de Pablo, la perícopa que hemos leído hoy representa su parte más apesadumbrada y conmovedora. El tono se vuelve más intenso, puesto que, por un lado, percibe el apóstol la peligrosidad del error doctrinal, que se hará más seductor en los últimos tiempos (w. 3ss), y, por otro, siente ahora próximo su propio fin (w. 6-8). Y llama como testigos al mismo Dios y a Cristo, en cuanto juez de vivos y muertos, para rogar encarecidamente a Timoteo que no recurra a todo para anunciar a todos el Evangelio de la salvación. Debe sentirse responsable de ese anuncio; de su escucha, en efecto, viene la salvación (cf. Rom 10,17). A buen seguro, los tiempos son difíciles: esa Palabra correrá siempre el riesgo de ser sofocada por las "fábulas" de los falsos maestros, mientras que el "prurito" de la novedad prevalecerá sobre la escucha de la verdad. Ahora bien, el apóstol nunca puede rendirse: deberá vigilar, ser capaz de soportar, llevar a cabo su obra de anunciador del Evangelio hasta el fondo (v. 5), hasta entregar la vida, como Pablo...

Sabe éste que será condenado y que su fin es inminente, pero eso no le entristece en absoluto. Es más, tiene el ánimo lleno de alegría, como el atleta que se acerca a la victoria (w. 7ss). Porque su sangre, es decir, su vida, está a punto de ser ofrecida como sacrificio de amor a Dios, como la vida del Hijo, y es muy bello vivir y morir entregándose uno mismo por la salvación de los otros. Además -segundo motivo de alegría profunda-, "el momento de mi partida es inminente" (y. 6), como una nave que zarpa para volver a su patria, y es también muy bello volver al Padre y Señor después de haber llevado a cabo con fidelidad la misión recibida, es como volver a casa. En todo caso, es la fidelidad de Pablo, que responde de los perjuicios que pueda ocasionar, lo que constituye la verdadera apelación a la fidelidad de Timoteo; fidelidad, sobre todo, en no traicionar el depósito de la verdad que le ha sido confiado por el Señor. Será entonces el mismo Señor el que le dará "la corona de justicia" no como premio debido estrictamente, sino como respuesta amorosa a todos aquellos que "esperan con amor su venida gloriosa" (v. 8).

 

Salmo Responsorial

R. Mi boca contará tu salvación, Señor.

Salmo 70.  1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17

A ti, Señor, me acojo:

no quede yo derrotado para siempre.

Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,

inclina a mí tu oído y sálvame. R.

Sé tú mi roca de refugio,

el alcázar donde me salve,

porque mi peña y mi alcázar eres tú. Dios mío,

líbrame de la mano perversa. R.

Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza

y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en ti,

en el seno tú me sostenías. R.

Mi boca contará tu justicia,

y todo el día tu salvación,

Dios mío, me instruiste desde mi juventud,

y hasta hoy relato tus maravillas. R.

 

 

Evangelio: Marcos 12,38-44

En aquel tiempo,

38 decía Jesús también a las muchedumbres mientras enseñaba: -Tened cuidado con los maestros de la Ley, que gustan de pasearse lujosamente vestidos y de ser saludados por la calle.

39 Buscan los puestos de honor en las sinagogas y los primeros lugares en los banquetes.

40 Éstos, que devoran los bienes de las viudas con el pretexto de largas oraciones, tendrán un juicio muy riguroso.

41 Jesús estaba sentado frente al lugar de las ofrendas y observaba cómo la gente iba echando dinero en el cofre. Muchos ricos depositaban en cantidad.

42 Pero llegó una viuda pobre, que echó dos monedas de muy poco valor.

43 Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo: -Os aseguro que esa viuda pobre ha echado en el cofre más que todos los demás.

44 Pues todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir.

 

*•• Dos son, en sustancia, las actitudes que Jesús censura en los maestros de la Ley: la vanidad y la hipocresía. La primera se manifiesta en la ostentación de sus anchas capas, en la búsqueda de los saludos y de los primeros puestos en las asambleas litúrgicas; la segunda es la falsedad que revelan ostentando una gran devoción, al prolongar, por ejemplo, los tiempos de oración a la vista de todos, una falsedad que se vuelve desvergonzada a través de la contradicción evidente que existe entre esta religiosidad exhibida en público y el comportamiento opresor que tienen con los débiles y los indefensos. Los escribas o maestros de la Ley son personas de corazón impuro, incapaces de entregarse a Dios y al prójimo, y aunque hagan, como en este caso, ricas ofrendas al templo, en realidad sólo se aman a sí mismos y están convencidos de ser indispensables para la causa de Dios. A diferencia de la viuda pobre a la que Jesús vio echar en el tesoro del templo dos monedas de poco valor, prácticamente nada. Pero era todo lo que poseía; no piensa en grandes gestos, ni en "ayudar a Dios", pero tiene el corazón puro, le ama y se entrega a él por completo. Por eso la pone Jesús como ejemplo a sus discípulos: diríase que el Maestro ha encontrado lo que andaba buscando.

Una vez llegado el final de su labor de enseñanza en el templo, recupera el tema que había señalado al comienzo, cuando había desaprobado la seguridad y la jactancia de los maestros de la Ley y los fariseos y contestado el innoble mercado que allí (en el templo) se desarrollaba con el consentimiento de los sacerdotes.

Ahora concluye Jesús exaltando el auténtico valor religioso del gesto de una viuda, para anunciar que los pobres, en especial los pobres de sí mismos, no los poderosos en el plano cultual o institucional, son la tierra buena que hará fructificar la semilla evangélica, el lugar de encuentro con Dios.

 

MEDITATIO

Pablo, muriendo en la cárcel, y la viuda del templo: qué tienen en común estos dos personajes tan diferentes? El valor de amar y vivir lo que creen, llevando a sus últimas consecuencias, en el plano del comportamiento, su propia fe y sus propias convicciones. Por esa razón ha terminado Pablo en la cárcel, y va a encontrarse con la muerte anunciando aún el Evangelio, entregando en todo momento todo lo que es. Lo mismo ocurre con la viuda alabada por Jesús: no posee prácticamente nada, pero ofrece a Dios todo lo que tiene, incluso lo que necesita para vivir. No encontramos aquí sólo la exaltación de la fe de los apóstoles o de los mártires, ni la de los sencillos y los humildes; lo que se celebra aquí es la fuerza de la fe y su coherencia, fruto de una pasión interior que se desposa con la convicción de la mente y encuentra la consecuente actuación en la vida práctica.

Pablo está, literalmente, devorado por la pasión del Evangelio y de su anuncio, del mismo modo que la viuda está totalmente apresada por el carácter central y por el primado de Dios en su vida; y cuando la fe se vuelve pasión que cautiva la mente, el corazón, la voluntad, los sentidos, la emotividad, las manos, los pies, en suma, todo, entonces el creyente ya no teme entregar a Dios -por amor y sólo por amor- todo lo que tiene y es.

Aunque fueran sólo "dos monedas de muy poco valor"  ante Dios da siempre "más que todos los demás", más que el mundo entero...

 

ORATIO

Señor, qué rica es tu Palabra y qué clara tu enseñanza. En ellas encuentro mi vida, lo que soy y lo que me pides que llegue a ser. Cómo me reconozco, hoy, en la mezquindad de corazón de los maestros de la Ley, en esa autosuficiencia que nos hace presuntuosos frente a Dios y falsos ante la gente. Qué distante me siento y, al mismo tiempo, qué atraído por el ejemplo de Pablo y de la viuda. Concédeme, Señor, la coherencia de Pablo; esa coherencia que, primero, le lleva a la cárcel y, después, le da la fuerza -y la autoridad moral- para pedirle a Timoteo que tampoco él tenga miedo de anunciar el Evangelio.

Concédeme la fe animosa y lineal de la viuda, que se entrega por completo y no se guarda nada porque está segura de que tú la proveerás. Debe de ser muy bello vivir así, con esta coherencia y esta certeza. Pero debe de ser también muy bello prepararse para morir de este modo, sintiendo la propia muerte como el inevitable desenlace de una vida convertida en don de manera progresiva, eligiendo morir como sangre "derramada en libación".

Señor, cuando llegue "el momento de mi partida inminente", concédeme, en mi pequeñez, poder decir también: "He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he guardado la fe". Y la nada de la muerte se transformará en el todo de la vida contigo.

 

CONTEMPLATIO

Por consiguiente, la oblación de la Iglesia que dice el Señor se le ofrece por todo el mundo, es un sacrificio puro y acepto a Dios; no porque Él tenga necesidad de nuestro sacrificio, sino porque quien lo ofrece recibe

gloria al momento mismo de ofrecerlo, si su oblación es aceptada. Al ofrecer al Rey nuestra oblación, le rendimos honor y le mostramos afecto. Esto es lo que el Señor, queriendo que lo hiciésemos con toda simplicidad e inocencia, enseñó a ofrecer diciendo: "Si al presentar tu oblación ante el altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu oblación ante el altar, primero ve a reconciliarte con tu hermano y vuelve luego a presentar tu ofrenda" (Mt 5,23-24). Lo propio es, pues, ofrecer a Dios las primicias de su criatura, como dice Moisés: "No te presentarás con las manos vacías en la presencia del Señor tu Dios" (Dt 16,16). De este modo, en las mismas cosas en las cuales el ser humano muestra su gratitud, Dios reconoce su agradecimiento y recibe el honor divino.

No se condena, pues, el sacrificio en sí mismo: antes hubo oblación, y ahora la hay; el pueblo ofrecía sacrificios, y la Iglesia los ofrece, pero ha cambiado la especie, porque ya no los ofrecen siervos, sino libres. En efecto, el Señor es uno y el mismo, pero es diverso el carácter de la ofrenda: primero servil, ahora libre; de modo que en las mismas ofrendas reluce el signo de la libertad, pues ante él nada sucede sin sentido, sin signo o sin motivo.

Por esta razón, ellos consagraban el diezmo de sus bienes. En cambio, quienes han recibido la libertad han consagrado todo lo que tienen al servicio del Señor. Le entregan con gozo y libremente lo que es menos, a cambio de la esperanza de lo que es más, como aquella viuda pobre que echó en el tesoro de Dios todo lo que tenía para vivir (Lc 21,4) (Ireneo de Lyon, Contra las herejías, IV, 18, 1ss).

 

ACTIO

       Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo" (2 Tim 4,2).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Nuestro Dios es un Dios extraño, tiene gustos personalísimos y singulares; en particular, tiene una predilección decididamente paradójica e incluso evidente a lo largo de la historia de la salvación: una predilección que podríamos llamar predilección por la nada.

Acaso no ha creado Dios todo "de la nada"? Y desde entonces es precisamente desde la nada desde donde empieza toda su obra. Sus ojos parecen ponerse con predilección, dice L. Libby, sobre lo que está vacío para llenarlo de gracia. Es lo que vemos que sucede en muchos episodios del Antiguo y del Nuevo Testamento. Empezando por la viuda de Elías (2 Re 4,1 ss), que no tenía ya nada en casa: ni marido, ni renta, ni alimento, ni dinero, ni expectativas. Nada, aparte de la espera de la muerte inevitable, la nada por excelencia. Y así, cuando Elías le pide de comer, recoge toda la nada que tenía, lo que le había quedado para una vida ahora próxima a terminar y los cantaros vacíos que las vecinas le prestan...; y ahora tiene lugar el milagro, la nada se convierte en todo: promesa de una vida dada y garantizada por Dios, riqueza inesperada, vacío llenado misteriosamente por la generosidad divina.

Desde una viuda del Antiguo Testamento a una viuda del Nuevo Testamento. Una viuda propuesta además por Jesús a sus discípulos como ejemplo [cf. Me 12,38-44). Esta mujer no tiene nada, sólo le quedan dos monedas de poco valor, un par de monedas de las más pequeñas que circulaban por entonces; absolutamente nada frente a las ricas ofrendas que hacían muchos ricos al templo. Sin embargo, para Jesús, "esa viuda pobre ha echado en el cofre más que todos los demás. Pues todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenia para vivir" (Mc 12,43ss). Y, una vez más, la nada se convierte en el todo: lo es y llega a serlo en la realidad de aquello que la mujer (no) poseía; lo es sobre todo en sus intenciones y en el gesto hecho con "todo" el corazón; lo es, por último, para Jesús, que transforma aquella nada en una ofrenda agradable a Dios [...]. Se trata de una propuesta singular de santidad: "recoger nuestra nada", presentarla a él, ofrecérsela con todo el corazón y dejar aue descienda sobre ella su bendición y... multiplicación.

La santidad se vuelve entonces cada vez más, como la nada del hombre repleta por completo de Dios (A. Cencini, "... Come rugiada dell'Ermon...", Bolonia 1998, pp. 89-91, passim).

 

Día 7

El Cuerpo y la Sangre Santísimos de Cristo

(Domingo después de la Santísima Trinidad)

 

LECTIO

Primera lectura: Deuteronomio 8,2-3.14-16

Moisés habló al pueblo diciendo:

2 Acuérdate del camino que el Señor tu Dios, te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años a través del desierto, con el fin de humillarte y probarte, para ver si observas de corazón sus mandatos o no.

3 Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre; te ha alimentado con el maná, un alimento que no conocías ni habían conocido tus antepasados, para que aprendieras que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor

14   No te olvides del Señor tu Dios. Fue él quien te sacó de Egipto, de aquel lugar de esclavitud;

15 quien te ha conducido a través de ese inmenso y terrible desierto, lleno de serpientes venenosas y escorpiones, tierra sedienta y sin agua; fue él quien hizo brotar para ti agua de la roca de pedernal

16 y te ha alimentado en el desierto con el maná, un alimento que no conocieron tus antepasados.

 

*·> El trasfondo de la primera lectura nos introduce en la espantosa y asoladora aspereza del desierto sinaítico: el hambre atroz, la sed aterradora, la piedra pelada, los riesgos mortales, los estragos del camino, las alimañas, serpientes venenosas y alacranes temibles. En una palabra, un entorno de muerte donde el hombre no puede sobrevivir con sus solas fuerzas. De hecho, nadie, solo y por su cuenta, lo intenta. Se sentiría humillado en su altanería. Choca contra su propia debilidad y es incapaz de conseguirlo. Entonces advierte que la única confianza la puede encontrar exclusivamente en Dios. Uno solo no lo logra.

No en balde dice el texto: <<Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre" (v. 3) antes de darte el pan y el agua. Y, en efecto, solo Dios ha salvado a Israel. Le ha dado la <<Palabra que sale de la boca del Señor>>. La Palabra de Dios es el verdadero regalo del Señor. El maná es entendido como una demostración: <<No sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios ".

La Palabra de Dios es la protagonista principal de esta historia en el desierto. Sin ella, el maná no habría aparecido en el árido peñascal del desierto. Sólo así, en el páramo del desierto, donde el hombre no puede subsistir con sus propios medios, sino que tiene que rendirse y depender de Dios, el maná y la Palabra divina se convierten en la misma realidad.

 

Salmo Responsorial

R. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Salmo 147. 12-13. 14-15. 19-20

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sion.

Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

Ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz. R.

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos. R.

 

Segunda lectura: 1 Corintios 10,16-17

Hermanos:

16 El cáliz de bendición que bendecimos no nos hace entrar en comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos No nos hace entrar en comunión con el cuerpo de Cristo?

17 Pues si el pan es uno solo y todos participamos de ese único pan, todos formamos un solo cuerpo.

 

Pablo alude en los primeros versículos de la primera Carta a los Corintios a la misma experiencia de la primera lectura (vv. 16ss), aunque con un lenguaje distinto, el de la liturgia tradicional de la <<cena del Señor>>. Aquí, la humillación a la que es sometido el hombre por la falta de pan es vista según la dimensión personal y real de la <<comunión" (dos veces aparece en el texto). El hombre necesitado de pan y agua solo puede vivir de la relación con Dios y los hermanos. Para expresar este concepto, Pablo se vale de la experiencia eucarística que se vive en la comunidad de Corinto. La participación y la comunión del pan eucarístico, a través del cáliz y el pan del altar ayudan a entrar en una relación personal, profunda e intima, con <<el cuerpo de Cristo", es decir con su vida y su amor.

La lectura que nos propone la liturgia expresa la densa consecuencia que el apóstol deduce de esta unión, por medio de la fe, con <<el cuerpo de Cristo" (vv. 16ss). Puesto que el cuerpo de Cristo es <<un único pan>> para muchos, todos los que nos acercamos a la comunión formamos <<un solo cuerpo". Comiendo el cuerpo de Cristo nos convertimos en <<cuerpo de Cristo". O, dicho de otra forma, formamos entre nosotros, que nos comunicamos con Cristo, un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo: <<Incluso siendo muchos, somos un cuerpo solo".

    Puede parecer inverosímil, pero es verdad: <<Todos formamos un solo cuerpo>>

 

Evangelio: Juan 6,51-58

51 Jesús añadió: - Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo.

52 Ésto suscitó una fuerte discusión entre los judíos, los cuales se preguntaban: - Como puede éste damos a comer su carne?

53 Jesús les dijo: —Yo os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

55 Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

56 El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él.

57 El Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él. Así también, el que me coma vivirá por mí.

58 Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el pan que comieron vuestros antepasados. Ellos murieron, pero el que coma de este pan, vivirá para siempre.

 

*·• El evangelio se puede leer a la luz de la primera lectura, la dramática situación del pueblo en el desierto. Dios ha conducido a Israel a una situación horrorosa. No existe ningún camino, no tienen pan ni agua, no poseen mayor seguridad y nadie habla de una posible salvación. Solo mantienen una fe ciega en Dios y en su Palabra. La fe es suficiente. Es la premisa del milagro del maná.

El evangelio completa esta fusión entre la Palabra de Dios y el maná (pan) en la persona de Cristo, quien dándose a si mismo realiza la unidad de ambas. Solo aquel que lo recibe como alimento tiene en si la Palabra de Dios y a Dios mismo, en cierto sentido. Esto roza lo increíble. Jesús no explica como puede realizarse este milagro, superior al mana que comieron los antepasados en el desierto, que, después de comerlo y quedar saciados, <<murieron" (vi 58). Jesús quiere que, al participar en la eucaristía, pensemos que en el desierto de nuestra vida también podemos lanzarnos como hambrientos a los brazos de Dios.

Jesús no explica como tiene lugar el milagro. Sin embargo, si precisa como él es <<el pan de vida". Prepara a los discípulos, por medio de la fe, a una afirmación aun más asombrosa: el pan que le ofrece a los hombres para que realmente lo coman es él. Por esto dice: <<Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida" (v 55). Sorprendentes palabras, porque, de no ser así, comenta: <<No tendréis vida en vosotros" (xc 53). Se refiere a la muerte en cruz como ofrenda  sacrificial de su carne entregada por nosotros para que vivamos siempre con él. Jesús nos da a comer su propia carne inmolada en la cruz para que <<vivamos para siempre" (v. 58). Si nos tomamos en serio estas palabras, descubrimos que la carne de Jesús inmolada en la cruz se convierte en la comunión eucarística en la unión profunda de vida con él. Uniéndose a nosotros, a nuestra debilidad, Jesús se transforma en nuestro pan.

Todo esto es, efectivamente, una locura divina, y supera cualquier esfuerzo humano que intente captar su sentido insondable. Solo se comprende si concebimos que Dios es amor con sinceridad, preguntémonos si creemos real y verdaderamente en la vida eterna. La vida eterna no es otra que la vida de Dios. Y nuestra vida se encuentra en el amor de Dios, un amor tan grande que vence todas nuestras debilidades. Y precisamente porque somos débiles, Dios viene en nuestra ayuda.

 

MEDITATIO

Nos impresionan las palabras del Senior proclamadas en el evangelio de hoy. Significan que la <<muerte" no tiene ninguna posibilidad de acceso allí donde se come <<el pan de la vida". Sabemos que el pan de la vida es la carne de Jesús entregada para la vida del mundo. Quien come su carne vive en Cristo. Es transformado en una realidad eterna. Y desde ahora. Vive ya la vida eterna, que es propia de Dios.

Después, el futuro: <<Y yo lo resucitaré el último día". El horizonte de la eucaristía es la resurrección de los muertos: <<El que come mi carne y vive mi sangre tiene vida eterna". Nunca más el horror del desierto, la angustia de la noche y las insidias del camino, sino la vida eterna. Mejor aun, el misterio del amor que reina entre el Padre y el Hijo en la Santísima Trinidad. La vida eterna esta presente en quien come el cuerpo de Cristo. Es una realidad tangible. Es una vida que extiende y propaga el fuego inagotable de Dios y transforma al hombre, preparándolo para la <<boda eterna". Por cierto, siempre existe el riesgo de tropezar en las propias limitaciones. Pero el Señor es el <<pan vivo" que esta continuamente a nuestra disposición, El nos ayuda a vivir en la fe, esperanza y caridad y a gustar desde ahora, incluso sufriendo la soledad del desierto, la verdad de la resurrección. No por nada la vida eterna es la resurrección.

Ahora sólo nos queda corear el gozo y la alegría de haber encontrado en el corazón de nuestra vida un camino que no conocíamos. El camino que conduce a la resurrección. Desde ahora, y hasta el final, la resurrección esta aquí con nosotros: <<El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día" (Jn 6,54).

 

ORATIO

Te damos gracias, Dios de eterno amor por el regalo de la eucaristía, comuni6n y uni6n con Cristo y los hermanos. Cuando participamos en la eucaristía no sólo nos unimos a Cristo y formamos una sola cosa con el (<<un solo cuerpo"), sino que nos ponemos en común unión entre nosotros y nos convertimos en <<un solo cue1po" con Cristo y los demás. Te pedimos perdón porque no siempre hemos experimentado el misterioso e irresistible atractivo de la eucaristía, porque a veces hemos gastado el tiempo en conseguir seguridades personales, embaucados por nuestros egoísmos y atrapados por la desconfianza y la desesperaci6n.

Te rogamos, Padre, que nos concedas el don de la sabiduría para que comprendamos que la fatigosa peregrinación por el desierto de nuestra vida es ya una confortable estancia en la patria del cielo. Porque <<no sólo de pan viva el hombre", sino de ese <<pan" que es él, en cuanto Hijo de Dios, enviado al mundo para salvarlo. Te suplicamos que, comulgando del cuerpo de Cristo, nos convirtamos en lo que somos, como nos dice san Agustín: cuerpo de Cristo y miembros los unos de los otros. Este es el deseo profundo que queremos cultivar con la oración y en el corazón: dejar que tú, Señor, obres este milagro en nosotros. Tú eres el Señor; úu lo puedes todo. Amén.

 

CONTEMPLATIO

El unigénito Hijo de Dios, queriendo que participáramos de su divinidad, asumió nuestra naturaleza y se hizo hombre para hacer de nosotros, hombres, dioses. Todo lo que asumió lo estimó para nuestra salvación. De hecho, le ofreció a Dios Padre su cuerpo como víctima sobre el altar de la cruz para nuestra reconciliación. Derramó su sangre haciéndola valer como justiprecio y no como simple aspersión, para que —redimidos de la humillante esclavitud— fuésemos purificados de todos los pecados con el fin de que quedara en nosotros un recuerdo constante de tan gran beneficio, les dejo a sus fieles su cuerpo como comida y su sangre como bebida, bajo las especies del pan y el vino.

!Oh inapreciable y maravilloso banquete que a los comensales les da la salvación y la alegría sin fin! Qué puede haber más grande que esto? No se ofrecen suntuosas carnes de becerros y machos cabríos, como en la antigua ley, sino a Cristo, verdadero Dios, como alimento. Qué puede existir más sublime que este sacramento? En realidad, ningún sacramento es tan saludable como éste: por su virtud son borrados los pecados, crecen las buenas disposiciones, y la mente es enriquecida con todos los carismas espirituales. En la Iglesia, la eucaristía, habiendo sido instituida para la salvación de todos, es ofrecida por los vivos y por los muertos, para provecho de todos.

Nadie puede expresar la suavidad de este sacramento. Se gusta la dulzura espiritual en la misma Fuente y se hace memoria de la altísima caridad, que Cristo ha demostrado en su pasión (Santo Tomas de Aquino, Opusc. 57, en la fiesta del Corpus Christi, lect. 1-4).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<El que come de este pan vivirá siempre" (Jn 6,51).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Cuando en 1975 me metieron en la cárcel, se abrió camino dentro de mi una pregunta angustiosa: <<Podré seguir celebrando la eucaristía?". Fue la misma pregunta que más tarde me hicieron los fieles. En cuanto me vieron, me preguntaron: <<Ha podido celebrar la santa misa?>>.

En el momento en que vino a faltar todo, la eucaristía estuvo en la cumbre de nuestros pensamientos: el pan de vida. <<El que come de este pan viviré siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo>> (Jn 6,51).

!Cuántas veces me acordé de la frase de los mártires de Abitene (siglo IV), que decían: <<!Sine Dominica nón possumus!" (<<No podemos vivir sin la celebración de la eucaristía>>).

En todo tiempo, y especialmente en época de persecución, la eucaristía ha sido el secreto de la vida de los cristianos: la comida de los testigos, el pan de la esperanza.

Eusebio de Cesarea recuerda que los cristianos no dejaban de celebrar la eucaristía ni siquiera en medio de las persecuciones: <<Cada lugar donde se sufría era para nosotros un sitio para celebrar…., ya fuese un campo, un desierto, un barco, una posada, una prisi6n...". El martiriológico del siglo XX está lleno de narraciones conmovedoras de celebraciones clandestinas de la eucaristía en campos de concentración. !Porque sin la eucaristía no podemos vivir la vida de Dios! [...].

Cuando me arrestaron, tuve que marcharme en seguida, con las manas vacías. Al día siguiente me permitieran escribir a los míos para pedir lo más necesaria: ropa, pasta de dientes... Les puse: <<Por Favor, enviadme un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago>>. Los fieles comprendieron en seguida. Me enviaron una botellita de vino de misa, con esta etiqueta: <<Medicina contra el dolor de estómago>>, y hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.

La policía me preguntó:

- Le duele el estómago?

- Si.

- Aquí tiene una medicina para usted.

Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. !Este era mi altar y ésta era mi catedral! Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo: <<Medicina de inmortalidad, remedio para no morir; sino para vivir siempre en Jesucristo>>, como dice Ignacio de Antioquia.

A cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con Jesús, de beber con él el cáliz más amago. Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. !Han sido las misas más hermosas de mi vida! (F.X. Nguyen Van Thuan, Testigos de esperanza. Ejercicios espirituales dados en el Vaticano en presencia de S. S. Juan Pablo II, Ciudad Nueva, Roma 72000, 143-146; traducción, Juan Gil Aguilar).

 

Día 8

 

Lunes de la X Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 17,1-6

1 Elías, natural de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: -!Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo, que en los próximos dos años no habrá lluvia ni rocío si yo no lo ordeno!

2 Luego el Señor le dirigió su palabra:

3 -Márchate de aquí en dirección a oriente y ve a esconderte en el torrente Querit, al este del Jordán.

4 Beberás el agua del torrente y yo enviaré a los cuervos para que te alimenten allí.

5 Marchó Elías y, siguiendo las órdenes del Señor, se fue al torrente Querit, al este del Jordán.

6 Los cuervos le traían pan y carne por la mañana y por la tarde, y bebía el agua del torrente.

 

        **• Reemprendemos hoy la lectura del libro Primero de los Reyes, que habíamos iniciado la cuarta semana del tiempo ordinario. En él se habla de la sucesión davídica, del reino de Salomón y del cisma político-religioso (931 a. de C.) entre las diez tribus del Norte (Israel, con capital en Samaría) y Judá y Benjamín (con capital en Jenisalén). El reino del Norte conoció la alternancia de una decena de casas reinantes, mientras que el del Sur fue regido siempre por la estirpe de David.

        Las lecturas de los libros de los Reyes siguen con el "ciclo de Elías". Procedía éste de Galaad (Transjordania), donde estaba vigente un yahvismo vigoroso. El profeta había sido enviado al rey Ajab (874-853), esposo de la fenicia Jezabel, hija del rey de Tiro y Sidón. Ésta había introducido en Samaría el culto de Baal, el dios de Tiro propiciador de la lluvia (1 Re 18,19), que, sin embargo, no está en condiciones de asegurarla a sus devotos.

        Elías, cuyo nombre significa "el Señor es mi Dios", es puesto a salvo y protegido directamente por el cielo. Como los judíos en el desierto, se alimenta de manera milagrosa con pan y carne. Los "profetas anteriores" (nuestros "libros históricos"), así llamados por la tradición judía, nos presentan una historia que se hace teología. En efecto, los libros de los Reyes constituyen una sección de la historia sagrada escrita con la intención de mostrar que la alianza entre Dios y su pueblo se rige por el principio de la retribución: si el pueblo es fiel, Dios lo bendice; si es infiel, lo abandona a un destino de muerte.

        El lector de estas páginas está invitado, no obstante, a ver en las calamidades que se abaten sobre el pueblo infiel "castigos" divinos destinados a la conversión. En nuestro caso, la sequía es signo de la reprobación divina de los cultos cananeos patrocinados por Jezabel, que se convirtió en símbolo del sincretismo religioso (Ap 2,20). De hecho, Israel estuvo siempre amenazado por los cultos paganos arraigados en la tierra de la que tomó posesión bajo la guía de Moisés y de Josué.

 

Salmo Responsorial

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra

Sal 120

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
R/. 
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra


No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.
R/. 
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra


El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
R/. 
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra


El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
R/. 
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra

 

 

Evangelio: Mateo 5,1-12

En aquel tiempo,

1 al ver a la gente, Jesús subió al monte, se sentó, y se le acercaron sus discípulos.

2 Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras:

3 Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos.

4 Dichosos los que están tristes, porque Dios los consolará.

5 Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra.

6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque Dios los saciará.

7 Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.

8 Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios.

9 Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

11 Dichosos seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por causa mía.

12 Alegraos y regocijaos, porque será grande vuestra recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

 

        *+• Los capítulos 5-9 de Mateo constituyen una sección compacta, como se desprende de las dos frases, sustancialmente idénticas, que les sirven de marco (4,23 y 9,35). La sección abarca el "sermón del monte", verdadera carta magna del Reino (capítulos 5-7), y la narración de diez milagros (capítulos 8-9), presentándonos, por consiguiente, a Cristo maestro, cuya divina Palabra no sólo está dotada de autoridad, sino que es también eficaz.

        El evangelista Mateo considera a Cristo como el nuevo Moisés, como aquel que comunica la "nueva Ley" en el monte de las bienaventuranzas -el monte-, cuya imagen anticipadora era el Sinaí. El que estamos examinando es el primero de los cinco grandes discursos pronunciados por el Señor y comienza con la proclamación de las ocho bienaventuranzas del "Reino" (palabra que se repite en la primera y en la última), a las que se añade otra más. La inminencia del Reino apela a la conversión; la perspectiva escatológica que parece dominar la proclamación de las bienaventuranzas se traduce en un mensaje de salvación y se resuelve como imperativo moral, puesto que traza "un modo perfecto de vida cristiana" (Agustín).

        La expresión "pobres en el espíritu", si bien no se encuentra en el Antiguo Testamento (aunque aparece en los textos de Qumrán), refleja un aspecto fundamental: la espera del Reino por parte de los últimos. A ellos está

reservada la posesión de la tierra prometida (Sal 37,11) y, por consiguiente, del Reino, cuya instauración, según la esperanza bíblica, está destinada a registrar por lo menos un arranque ya desde aquí abajo: "... suyo es el Reino de los Cielos".

        El consuelo está presentado como un rasgo característico de Dios y como don mesiánico por excelencia (Is 61,2; cf. Le 2,25). El mismo Cristo se considera un Consolador, y con este título anuncia el don del Espíritu Santo (Jn 14,26; 15,26; 16,7). La "justicia" (término que se repite cinco veces en el sermón del monte) indica el recto cumplimiento de la voluntad divina, perseguido con impulso y determinación (hambre sed), y, por consiguiente, connota el acceso a la salvación y constituirá la razón misma de la encarnación del Verbo: su nombre será "Señor-nuestra-Justicia" (Jr 23,6). De ahí se sigue el imperativo: "Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia(Mt 6,33). La misericordia pasa a ser, de prerrogativa divina, aspecto cualificativo del discípulo: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6,36). La misericordia, en efecto, prevalecerá sobre el juicio (cf. Sant 2,23).

        "Corazón puro" es una expresión que se repite en las Escrituras (Sal 24,3ss; 51,12; 73,13; Prov 22,11, etc.) y es sinónimo de "corazón sencillo" (cf. Sab 1,1; Ef 6,5), que no tiene doblez (Sant 4,8). Ésta es la condición que hace posible la visión de Dios, visión que no se concede al hombre en esta tierra (Ex 33,20), sino que está preparada para el cielo, cuando "lo veremos tal cual es" (1 Jn 3,2), "cara a cara" (1 Cor 13,12). "Constructor de la paz" es Dios mismo (Col 1,20), definido repetidamente por Pablo como "el Dios de la paz". A Cristo, su Enviado, se le anuncia como el rey mesiánico pacífico (Zac 9,9), "Príncipe de la paz" (Is 9,15), una paz que da a sus discípulos (Jn 14,27; 16,33; cf. Le 2,14). La paz constituye, por último, un "fruto del Espíritu" (Gal 5,22; Rom 14,17). Los "hijos de la paz" (cf. Le 10,6) no podrán dejar de ser, por consiguiente, "hijos de Dios".

        La persecución "a causa de la justicia" (Lc 6,22 precisa:

"a causa del Hijo del hombre") no es otra cosa que el precio que hay que pagar por la coherencia y por el testimonio evangélico. La invitación a alegrarse en medio de la tribulación y en medio de las pruebas ha sido ampliamente recibida en la experiencia apostólica (Hch 5,41; 2 Cor 1,5; 12,10; Sant 1,2-4; 1 Pe 1,6; 4,12-16, etc.). La participación en los sufrimientos de Cristo, acogidos en beneficio de su Iglesia (Col 1,24), nos asocia a la gloria de la resurrección (Flp 3,10ss).

 

MEDITATIO

        El Verbo no nos habla ya a través de intermediarios, sino en persona ("abriendo su boca"), y con su enseñanza restituye el hombre a sí mismo, lo hace más humano. La Ley nueva empieza sustituyendo el orgullo, triste herencia del pecado original, por la humildad, que es "principio de la bienaventuranza" (Glosa). Aquí reside la paradoja que atraviesa todo el sermón del monte, verdadero código de liberación, rechazado por el "hombre natural incapaz de percibir las cosas de Dios" (cf. 1 Cor 2,14). En efecto, "la bienaventuranza empieza allí donde para los hombres comienza la desventura" (Ambrosio). Las bienaventuranzas evangélicas abarcan el obrar y el padecer del creyente, que, por eso mismo, recibe el título real de "hijo de Dios".

        Me planteo algunas preguntas. Me reconozco como un "mendigo" respecto al Señor? Me considero antes que nada a mí mismo "tierra prometida", de la que debo "tomar posesión" a través de un camino de interioridad y de dominio de mí mismo? Y con respecto a la humanidad, "hago duelo" por los males que la afligen? Dejo aflorar esta triple actitud del espíritu que caracteriza al pueblo de las bienaventuranzas...?

 

ORATIO

        Señor Jesucristo, tú subiste al monte con tus discípulos para enseñar las cimas más altas de las virtudes, y desde allí, al transmitirnos las bienaventuranzas, nos enseñaste a llevar una vida virtuosa a la que prometiste el premio. Concédeme a mí, frágil criatura, escuchar tu voz, así como ejercitarme en la práctica de las virtudes, conseguir su mérito y, por tu misericordia, recibir el premio.

        Haz que pensando en la recompensa celestial no rechace su precio, sino que la esperanza de la salvación eterna mitigue en mí el dolor de la medicina terrena e inflame mi ánimo con el luminoso cumplimiento de obras buenas. Concédeme a mí, miserable criatura, la bienaventuranza fruto de la gracia en esta vida, para poder gozar de la bienaventuranza de la gloria en la patria celestial (Landulfo de Sajonia, Vita Jesu Christi).

 

CONTEMPLATIO

        Escuchemos con extrema atención las palabras del Señor. Fueron dichas, entonces, para todos los que estaban presentes, pero está claro que fueron escritas para todos aquellos que vendrían a continuación. Por eso se dirige Jesús en su sermón a los discípulos, pero no restringe lo que dice a sus personas; hablando en general y de modo indeterminado, declara "bienaventuradosa todos (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 15, 1).

        "Dichosos los pobres en el espíritu." Jesús precisa: "en el espíritu". Quiere hacernos comprender que aquí se trata de la humildad, no de la pobreza material. Dichosos aquellos que, gracias a un don del Espíritu Santo, han perdido su propia voluntad. Es a este tipo de pobres a quienes se dirige el Salvador, hablando por la boca de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Nueva a los pobres" (Is 61,1) (Jerónimo, Comentario al evangelio de Mateo).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosos los pobres en el espíritu" (Mt 5,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        También el mundo, Señor, proclama sus bienaventuranzas, diametralmente opuestas a las tuyas: dichosos los ricos que no se fijan en la miseria de los otros, sino que acumulan riquezas sólo para sí mismos.

        Hazme comprender, Señor, dónde está la verdadera riqueza esa que prometes a quienes te siguen.

        También el mundo, Señor, alardea sus promesas, diametralmente opuestas a las tuyas: dichosos los poderosos que no piensan en el débil necesitado de ayuda, sino que avanzan seguros por su camino.

        Hazme comprender, Señor, cuál es la fuerza invencible que das a tus fieles.

        También el mundo, Señor, ostenta su justicia, diametralmente opuesta a la tuya: dichosos los listos que no piensan en los otros, sino que los explotan para su propio éxito.

        Hazme comprender, Señor, dónde puedo encontrar la sensatez que tú garantizas a quien la busca.

También el mundo, Señor, presenta su manifiesto, diametralmente opuesto al tuyo: dichosos los vividores que no se preocupan del mañana, sino que buscan arrebatar el momento fugaz.

        Hazme comprender, Señor, cuáles son las verdaderas alegrías, esas que no permites que falten a tus hijos. (C. Ghidelli, Beatitudine evangeliche e spirítualitá laicale, Brescia 1996, pp. 21 ss).

 

Día 9

Martes de la X Semana del Tiempo Ordinario

San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 17,7-16

En aquellos días,

7 al cabo de algún tiempo se secó el torrente a causa de la pertinaz sequía.

8 Entonces, el Señor le dijo:

9 -Levántate y vete a vivir a Sarepta de Sidón; yo ordenaré a una viuda de allí que te alimente.

10 Elías se levantó y se fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad, vio a una viuda recogiendo leña. La llamó y le dijo: -Por favor, tráeme un vaso de agua para beber.

11 Cuando ella iba por el agua, Elías le gritó: -Tráeme también un poco de pan.

12 Ella le dijo: -!Vive el Señor, tu Dios, que no tengo una sola hogaza; sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la orza! Precisamente, estaba recogiendo estos palos para preparar algo para mi hijo y para mí; lo comeremos y luego moriremos.

13 Elías le dijo: -No temas; ve a casa y haz lo que has dicho, pero antes hazme a mí una hogaza pequeña y tráemela. Para ti y para tu hijo la harás después.

14 Porque así dice el Señor, Dios de Israel: No faltará harina en la tinaja ni aceite en la orza hasta el día en que el Señor haga caer la lluvia sobre la tierra.

15 Ella fue e hizo lo que le había dicho Elías, y tuvieron comida para él, para ella y para toda su familia durante mucho tiempo.

16 No faltó harina en la tinaja ni aceite en la orza, según la palabra que el Señor pronunció por medio de Elías.

 

**• La mano del Dios de Israel obra también en tierra pagana y guía a Elías hacia una localidad costera del Líbano, donde tendrá asegurado el alimento. El prodigio que realiza es el signo que da autenticidad a su misión. No es, por tanto, Jezabel y sus falsos dioses, sino una viuda inerme quien puede dar testimonio de la intervención de YHWH en favor de los que en él confían. Y, puesto que se trata de una extranjera, el episodio abre una perspectiva universalista que tomará cuerpo con el Nuevo Testamento: la viuda de Sarepta se convierte en el tipo de los paganos llamados a la mesa del Reino.

El sentido del episodio podemos tomarlo de la cita del mismo por Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,24-26): el profeta a quien no escuchan los suyos tiene más crédito en tierras paganas. Por otra parte, podemos establecer una comparación entre la viuda de Sarepta y la del evangelio (Mc 12,41-44; Le 21,1-4), para subrayar su gran generosidad. Pero no sólo esto: la viuda se contrapone asimismo a Jezabel, cuya insaciable avidez condena el autor sagrado (cf. 1 Re 21,1 ss).

 

 

Salmo Responsorial

Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

Salmo 4

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
R/. 
Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho.
R/. 
Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
R/. 
Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

 

 

 

Evangelio: Mateo 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

13 Vosotros sois la sal de la tierra, pero si la sal se desvirtúa, con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres.

14 Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.

15 Tampoco se enciende una lámpara para taparla con una vasija de barro, sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.

16 Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos.

 

**• Quien sigue el nuevo código de vida encerrado en las bienaventuranzas será sal de la tierra y luz del mundo.

El "vosotros" enfático parece diferenciar la conducta cristiana de la conducta de los fariseos y los paganos, a quienes el sermón del monte hace referencia en más ocasiones. La responsabilidad del cristiano, por otra parte, tiene un valor cósmico, planetario.

La sal encierra una pluralidad de significados. Es un condimento insustituible. Posee propiedades conservantes. Se usaba en la realización de sacrificios (Lv 2,13) y, por consiguiente, asumía un carácter "consagratorio", y en caso de que hubiera perdido el poder de salar, era "pisoteada" con un gesto desacralizador. Por último, la sal alude a la sabiduría (Mc 9,50) y con ella debemos condimentar nuestras palabras (Col 4,6).

Los discípulos son "luz del mundo" no de modo diferente a Cristo, que es la fuente de la misma (Jn 8,12). "Acaso se trae la lámpara para taparla...", suena al pie de la letra el paralelo de Mc 4,21. Si la luz se pone bajo esa vasija de barro, bajo el moyo, un recipiente con el que se medía el grano, se apaga inevitablemente (eso es lo que se hacía en aquel tiempo para apagar una luz sin que hiciera humo). El evangelista volverá, a continuación, sobre la imagen de la luz (Mt 6,22ss).

 

MEDITATIO

        El hombre "ha sido creado para realizar obras buenas" (Ef 2,10), para irradiar la luz que Cristo derrama sobre él (cf. Ef 5,14). El Señor, que es la lumen illuminans, la luz que ilumina, nos transforma en lumen illuminatiuu, la luz que se refleja sobre nosotros (Gregorio Magno). La comunidad de los "iluminados" (Heb 6,4; 10,32) viene a constituir aquel candelabro de oro, imagen de la Iglesia, donde Cristo establece su morada (Ap 1,13). El candelabro de los siete brazos remite, en la tradición judía, a la totalidad del tiempo (la primera semana del Génesis) y a la totalidad de la persona, resumida, de manera simbólica, en los sentidos superiores con sus siete orificios (dos ojos, dos orejas, dos narices y la boca).

Meditaré reflexionando en qué medida irradian luz mis sentidos, a través de los que interactúo con la humanidad y con el cosmos. En qué medida mis sentidos, encendidos por el fuego del Espíritu, se comunican con Dios?

 

ORATIO

        Señor, tú que has dicho: "Venid a mí y seréis iluminados" (cf. Sal 34,6), difunde tu luz en mi corazón. Enciende mis sentidos con el fuego del Espíritu de Pentecostés, para que pueda yo "caminar a la luz de tu rostro" (Sal 90,16). Concédeme irradiar tu luz en medio de los hombres, para hacer desaparecer las tinieblas de la ignorancia y del pecado.

 

CONTEMPLATIO

Después de haber exhortado, oportunamente, a sus apóstoles, los consuela Jesús de nuevo con sus alabanzas. Dado que los preceptos que les había dado eran muy elevados y estaban infinitamente por encima de la Ley antigua, para evitar que se quedaran asombrados y turbados y dijeran: "Cómo podremos cumplir estas grandes cosas?", afirma a renglón seguido esto: "Vosotros sois la sal de la tierra". Con estas palabras les muestra que era necesario darles aquellos grandes preceptos.

Dice, en sustancia, que esa enseñanza les será confiada a ellos no sólo para su vida personal, sino también para la salvación de todos los hombres. No os envío –parece decir- como fueron enviados los profetas en otros tiempos a dos ciudades, o a diez, o a veinte, o a un pueblo en particular, sino que os envío a la tierra, al mar, al mundo entero, a este mundo que vive en la corrupción. Al decir "Vosotros sois la sal de la tierra", da a entender que la sustancia de los hombres se ha vuelto insípida y se ha corrompido por los pecados. Por eso les exige sobre todo a sus apóstoles aquellas virtudes que son necesarias y útiles para convertir a muchos.

Cuando un hombre es sencillo, humilde, misericordioso y justo, no mantiene encerradas en sí mismo esas virtudes; hace que esas fuentes excelentes broten de su alma, se difundan en beneficio de los otros hombres.

Por otra parte, quien tiene un corazón puro, quien es pacífico, quien sufre persecuciones a causa de la verdad, pone su vida al servicio de todos [...]. Pues bien, si vosotros no tenéis suficiente virtud para comunicarla a los otros, parece concluir Jesús, tampoco tendréis bastante para vosotros mismos (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 15, 6).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Vosotros sois sal, sois luz" {cf. Mt 5,13ss).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Se impone la pregunta sobre cómo debemos entender hoy estas afirmaciones [de Jesús transmitidas por Mateo]. Más concretamente: a quién se refiere: "Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo, vosotros sois una ciudad situada en la cima de un monte"? Personalmente, me costaría mucho aplicarme a mí estas expresiones. Pero también se me plantean muchas dificultades a la hora de referirlas a la Iglesia de hoy. Pienso más bien en esas personas y comunidades que, dentro de la Iglesia - y fuera de la misma-, viven las bienaventuranzas o se esfuerzan en hacerlo: pienso en los pobres, en aquellos que se muestran solidarios con los oprimidos, en cuantos se comprometen con un mundo más justo sin recurrir a la violencia, y en otros más. Podría suceder que también yo forme parte de ésos. Lo espero. Podría ser que toda la Iglesia fuera un día sal de la tierra y luz del mundo. Lo espero. Ahora bien, si no pertenezco ya a esta categoría de bienaventurados, es importante que sepa que los destinatarios de las bienaventuranzas, los discípulos de Jesús hoy, podrían ser para mí luz, podrían ayudarme a descubrir el sentido de la solidaridad. Una cosa es cierta: quien quiera ser hoy sal de la tierra y luz del mundo no puede volverse él mismo mundo. Debe seguir unas huellas diferentes, las huellas dejadas por Jesús, aun cuando choque con el modo de ver y de juzgar de la sociedad y de la Iglesia (H. J. Venetz, // discorso aella montagna, Brescia 1990, p. 44)

 

 

Día 10

Miércoles de la X Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 18,20-39

En aquellos días,

20 Ajab convocó a todos los israelitas y a todos los profetas en el monte Carmelo.

21 Elías se adelantó hasta el pueblo y dijo: -Hasta cuándo vais a andar cojeando de las dos piernas? Si el Señor es Dios, seguid al Señor, y si lo es Baal, seguid a Baal. El pueblo no dijo nada.

22 Entonces Elías continuó: -Sólo he quedado yo de los profetas del Señor, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta.

23 Pues bien, dadnos dos novillos. Que ellos elijan uno, lo descuarticen y lo coloquen sobre la leña, sin encenderla. De igual manera prepararé yo el otro.

24 Que ellos invoquen el nombre de sus dioses; yo invocaré el nombre del Señor. El que responda con el fuego, ése será el verdadero Dios. Respondió el pueblo: -De acuerdo.

25 Elías dijo a los profetas de Baal: -Elegid vosotros el novillo y comenzad, porque sois más. Invocad el nombre de vuestro dios, pero sin prender fuego.

26 Les entregaron el novillo, lo prepararon y se pusieron a invocar el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, gritando: -!Baal, respóndenos! Pero no se oía voz alguna, ni respondía nadie. Ellos seguían danzando en torno al altar que habían hecho.

27 Al mediodía, Elías se puso a burlarse de ellos y les decía: -!Gritad más fuerte! Baal es dios, pero quizás esté ocupado con negocios y problemas o esté de viaje; tal vez esté dormido y se despertará.

28 Ellos gritaban más fuerte y, según su costumbre, se hacían cortes con espadas y lanzas, hasta hacer correr la sangre por su cuerpo.

29 Después del mediodía, se pusieron en trance hasta la ofrenda del sacrificio vespertino. Pero no se oía voz alguna, nadie respondía ni hacía caso.

30 Entonces Elías dijo a todo el pueblo: -Acercaos a mí. Y todo el pueblo se acercó. Elías rehizo el altar del Señor, que había sido destruido.

31 Tomó doce piedras, una por cada tribu de los hijos de Jacob, a quien el Señor había dicho: "Israel será tu nombre",

32 y con ellas levantó un altar en honor del Señor. Lo rodeó de una zanja con cabida para dos medidas de simiente;

33 dispuso la leña, descuartizó el novillo, lo puso sobre la leña

34 y ordenó: -Llenad cuatro cántaros de agua, y echadla sobre el holocausto y sobre la leña. Luego dijo: -Hacedlo otra vez. Y lo hicieron. El añadió: -Hacedlo una vez más. Y por tercera vez la echaron.

35 El agua corría en torno al altar, hasta llenar la zanja.

36 A la hora de la ofrenda del sacrificio, se adelantó el profeta Elías, y dijo: -Señor, Dios de Abrahán, de Isaac y de Israel, que se sepa hoy que tú eres Dios de Israel, que yo soy tu siervo y que por orden tuya hago todo esto.

37 Respóndeme, Señor, respóndeme, para que sepa este pueblo que tú eres el Señor, el verdadero Dios, y que eres tú el que hará volver el corazón de tu pueblo hacia ti.

38 Entonces bajó el fuego del Señor, consumió el holocausto y la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja.

39 Al ver esto, el pueblo se postró en tierra y exclamó: -!El Señor es Dios! !El Señor es Dios!

 

*" La sequía continuaba -estamos ya en el "tercer año" (1 Re 18,1)- y Elías se encuentra escondido para huir del exterminio de los profetas de YHWH, O sea, de los más fervientes seguidores del yahvismo, llevado a cabo por Jezabel. Elías desvía contra el rey Ajab la acusación de introducir el desorden en Israel e invoca el "juicio de Dios", desafiando a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal en el monte Carmelo, donde había un venerado altar de YHWH destruido por orden de Jezabel.

El griterío para invocar al dios de Tiro y la puesta en trance de sus profetas hasta el paroxismo no consiguieron obtener el milagro, que sí se produjo, sin embargo, a la hora en la que los israelitas ofrecían el sacrificio vespertino. Al reconocimiento del verdadero Dios le sigue la venganza en la persona de los falsos profetas (v. 40, omitido en el texto litúrgico).

 

Salmo Responsorial

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Salmo 15

Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti;
yo digo al Señor:
<<Tú eres mi bien.>>
R/. 
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Multiplican las estatuas de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
R/. 
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R/. 
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
R/. 
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

 

 

Evangelio: Mateo 5,17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

17 No penséis que he venido a abolir las enseñanzas de la Ley y los profetas; no he venido a abolirías, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias.

18 Porque os aseguro que, mientras duren el cielo y la tierra, la más pequeña letra de la Ley estará vigente hasta que todo se cumpla.

19 Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Pero el que los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.

 

**• Después de haberse referido a su propia enseñanza, Cristo toma posición respecto a la enseñanza tradicional e introduce, de un modo solemne y con autoridad, su propia enseñanza con el "amén" ("Pero yo..."), que significa: "Es verdadero, es digno de fe" lo que os voy a decir. Esta expresión es un motivo que se repite en el sermón del monte (5,18.26; 6,2.5.16). "Jesús anunció, en un primer momento, todas las bienaventuranzas, con el fin de allanar y preparar el ánimo de sus oyentes y hacerlo así más dispuesto y sensible para recibir toda la nueva ley" (Juan Crisóstomo). La Ley y los profetas eran toda la Escritura (eran, en efecto, las dos fuentes de las que bebía la liturgia sinagogal; podríamos citar Jn 6.31.45 con el doble envío al Éxodo y a Isaías). Jesús, antes de sintetizar su enseñanza en una frase lapidaria y programática (Mt 7,12), precisa su actitud y la de sus discípulos respecto a la Ley antigua.

No se trata de abolir (término que, en Mt 24,2; 26,61, se aplica al templo; la Ley y el templo tienen su cumplimiento y, por consiguiente, su consumación en Cristo), sino de llevar a la plenitud de su perfección, como señala repetidamente el evangelista (Mt 1,22; 2,15.17; 3,15; 4,14, etc.). Se puede decir que todo el sermón del monte constituye la ejemplificación de este axioma. Sin embargo, dado su carácter "provocador", se acusará a Cristo de pretender destruir la Ley y los profetas (variante de Lc 23,2).

El Maestro se opone a una visión formal y legalista del cumplimiento de los preceptos de Moisés, recordando la importancia que tiene la intención. La actitud interior es equiparada a la acción exterior. La intención cualifica a la acción, y ésta da cuerpo a la intención. Así pues, el Maestro apunta a la interiorización de los preceptos, hasta el punto que el cumplimiento de la voluntad divina deberá superar el practicado por los escribas y los fariseos (v. 20, que la liturgia ha situado en la lectura siguiente). Refiriéndose a los escribas, Cristo actualiza la enseñanza de los padres recogiendo su alcance profundo (5,21-48). En cuanto a los fariseos, condena la no autenticidad de su conducta religiosa, lanzando una vigorosa llamada a la interioridad (6,1-18).

 

MEDITATIO

En la ley divina "hasta las cosas consideradas como menos importantes están colmadas de misterios espirituales y todas se encuentran recapituladas en el evangelio" (Jerónimo). Por consiguiente, Cristo "ha cumplido con la doctrina, y con el ejemplo ha llevado a cabo la verdad interior" de la Ley antigua (Ruperto de Deutz).

Al meditar las enseñanzas del Señor, me detengo antes que nada en la autoridad con la que fueron pronunciadas.

Tomo conciencia de cómo nos urge Cristo para que interioricemos la Ley y cómo considera la conciencia como medida de la moralidad y, en consecuencia, la convierte en una bienaventuranza: "Al ver a uno trabajando en sábado, le dijo: Amigo, dichoso tú, si sabes lo que haces..." (variante de Lc 6,5). Me pregunto, por tanto, si vivo de manera consciente el instante presente.

 

ORATIO

Señor, "todas las obras de justicia" realizadas por mí "son como un trapo inmundo" (cf. Is 64,5) a causa de los fines segundos que las inspiran. Las hacen impuras el orgullo, la hipocresía, el cálculo, el interés.

Me reconozco incapaz de ser un fiel cumplidor en las cosas grandes, porque olvido y minimizo las pequeñas.

Libérame de la tentación farisaica de contar con mi justicia o de querer parecer justo a los ojos de los hombres y concédeme conseguir tu justicia.

 

CONTEMPLATIO

Ahora bien, me preguntaréis vosotros, de qué modo no abrogó Cristo la Ley? De qué modo dio cumplimiento a la Ley y a los profetas? Por lo que se refiere a los profetas, confirmó con sus obras todo cuanto éstos habían predicho sobre él; por eso dice siempre el evangelista: "A fin de que se cumpliera todo lo que habían dicho los profetas". Cuando nació, cuando los niños le cantaron un himno maravilloso, cuando se montó en una burra, y en una infinidad de circunstancias, cumplió las profecías, unas profecías que nunca se hubieran cumplido si él no hubiera venido al mundo.

Por lo que se refiere, sin embargo, a la Ley, la cumple antes que nada porque no transgredió ninguno de los preceptos legales. Sus palabras, recogidas por Juan, atestiguan, en efecto, que los cumplió todos: "Es conveniente que cumplamos así con toda justicia"; dijo también a los judíos: "Quién de vosotros podrá acusarme de pecado?", y, por último, a los discípulos: "Se acerca el príncipe de este mundo. Y aunque no tiene ningún poder sobre mí". El profeta ya había previsto esto cuando dijo: "No cometió pecado". [Por otra parte, cumplió la Ley] mediante los preceptos que iba a dar. En efecto, nada de cuanto dice Jesucristo en el evangelio tiene que ver en absoluto con abrogar, sino más bien con extender y completar la Ley antigua (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 16, 2).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que se cumpla todo".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Pero los únicos que pueden tener esa justicia mejor [que la de los escribas y los fariseos; cf. 2.20] son aquellos a quienes Cristo habla, los que él ha llamado. La condición de esta justicia mejor es el llamamiento de Cristo, es Cristo mismo. Resulta así comprensible que Jesús, en este momento del sermón del monte, hable por primera vez de sí mismo. Entre la justicia mejor y los discípulos, a los que se la exige, se encuentra él. Ha venido para cumplir la Ley de la antigua alianza. Este es el presupuesto de todo lo demás; Jesús da a conocer su unión plena con la voluntad de Dios en el Antiguo Testamento, en la Ley y los profetas.

De hecho, no tiene nada que añadir a los preceptos de Dios; los guarda, y esto es lo único que añade. Dice de sí mismo que cumple la Ley. Y es verdad. La cumple hasta lo más mínimo. Y al cumplirla, se "consuma todo" lo que ha de suceder para el cumplimiento de la Ley [...]. La justicia de los discípulos es justicia bajo la cruz. Es la justicia de los pobres, de los combatidos, hambrientos, mansos, pacíficos, perseguidos por amor a Cristo; la justicia visible de los que son luz del mundo y ciudad sobre el monte, por la llamada de Cristo. Si la justicia de los discípulos es "mejor" que la de los fariseos se debe a que sólo se apoya en la comunidad de aquel que ha cumplido la Ley; la justicia de los discípulos es auténtica justicia porque ahora cumplen la voluntad de Dios observando la Ley (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 76-79).

 

Día 11

San Bernabé, apóstol

          José, apodado Bernabé, que significa "hijo de la consolación", recibe el nombre de apóstol, aunque no fue uno de los Doce. Y recibe este nombre precisamente porque desarrolló un papel decisivo en la difusión del Evangelio. Como se dice en los Hechos de los apóstoles, fue un hombre de gran fe, y, al entrar en la comunidad cristiana, vendió todos sus bienes y los puso a disposición de los apóstoles (4,36ss). Colaboró con Pablo en la evangelización de los paganos. Desarrolló su actividad misionera sobre todo en la ciudad de Antioquía, desde donde partió con Pablo para el primer viaje misionero. Murió mártir en la tierra donde había nacido, en la isla de Chipre.

 

LECTIO

Primera lectura: Hechos 11,21b-26; 13,1-3

En aquellos días,

11,21 fue grande el número de los que creyeron y se convirtieron al Señor.

22 La noticia llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía.

23 Cuando éste llegó y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró y se puso a exhortar a todos para que se mantuvieran fieles al Señor,

24 pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se adhirió al Señor.

25 Después fue a Tarso a buscar a Saulo.

26 Cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía, y estuvieron juntos un año entero en aquella iglesia, instruyendo a muchos. En Antioquía fue donde se empezó a llamar a los discípulos "cristianos".

13,1 En la iglesia de Antioquía había profetas y doctores: Bernabé, Simón el Moreno, Lucio el de Cirene, Manaén, hermano de leche del tetiarca Herodes, y Saulo.

2 Un día, mientras celebraban la liturgia del Señor y ayunaban, el Espíritu

Santo dijo: -Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión que les he encomendado.

3 Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron.

 

*+• Incluso desde el punto de vista histórico, son más que preciosas las noticias que Lucas nos ofrece en esta primera lectura. En primer lugar, tienen que ver con las relaciones entre la Iglesia madre de Jerusalén y la comunidad cristiana de Antioquía. Bernabé, "hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe", puede ser considerado muy bien como el trait d'union entre Jerusalén y Antioquía. De este modo, colaboró no sólo en la evangelización, sino también en la edificación de la Iglesia.

En segundo lugar, Bernabé fue también importante en la vida de la Iglesia naciente porque fue él quien tomó a Pablo como colaborador, aunque Pablo le superara después en su intento de inculturar la fe. Ambos, conjuntamente, constituyen una pareja de misioneros, a cuya iniciativa y genialidad debe mucho la comunidad cristiana de todos los tiempos.

Pero son sobre todo las noticias históricas relativas a la ciudad de Antioquía y a la presencia en ella de los primeros cristianos las que tienen una importancia de primer orden. Antioquía constituye, en efecto, el punto de partida y el punto de llegada de los viajes misioneros de Pablo, después de que éste pudiera formarse en ella, compartiendo su vida con Bernabé y con muchos otros "profetas y doctores" que hacían extremadamente interesante aquella experiencia de fe. En Antioquía, además, se empezó a llamar por vez primera "cristianos" (11,26) a los discípulos de Jesús. Esta noticia, en su descarnada sencillez, nos dice qué viva y vivaz era la fe que los primeros creyentes vivían en aquella ciudad que se asomaba al Mediterráneo.

 

Salmo responsorial
R.- El Señor revela a las naciones su justicia

Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
R.

El Señor  da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.
R.

 

 

Evangelio: Mateo 10,7-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

7 Id anunciando que está llegando el Reino de los Cielos.

8 Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios; gratis lo recibisteis, dadlo gratis.

9 No llevéis oro, ni plata ni dinero en el bolsillo;

10 ni zurrón para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni cayado, porque el obrero tiene derecho a su sustento.

11 Cuando lleguéis a un pueblo o aldea, averiguad quién hay en ella digno de recibiros y quedaos en su casa hasta que marchéis.

12 Al entrar en la casa, saludad,

13 y si lo merecen, la paz de vuestro saludo se quedará con ellos; si no, volverá a vosotros.

 

**• Esta página evangélica pertenece al llamado "discurso misionero" que, según Mateo, Jesús dirigió a sus apóstoles durante su ministerio público.

Vale la pena recordar, en primer lugar, el contexto en el que el evangelista sitúa este discurso: Jesús está recorriendo las ciudades y los pueblos de su tierra, anuncia el Evangelio del Reino y cura a los enfermos. Al mismo tiempo, constata que las muchedumbres están abatidas y abandonadas a sí mismas, "como ovejas sin pastor" (Mt 9,35-38). Entonces llama a sus doce discípulos, les da poder para expulsar a los espíritus inmundos y les envía en misión. Según la perspectiva de Mateo, esta misión está dirigida sólo a las ovejas dispersas de la casa de Israel: como Jesús, también sus discípulos –por ahora- deben concentrar sus energías en el interior de un horizonte muy limitado, en espera de aperturas mucho más grandes, requeridas por la Pascua del Señor.

Tras el contexto, vale la pena señalar el método que recomienda Jesús a sus misioneros. Éste se caracteriza por dos notas típicas. Los misioneros del Reino deben continuar propagando lo que Jesús ha dicho y lo que Jesús ha hecho, nada más. Pero, sobre todo, deben imprimir la más absoluta gratuidad al ministerio que están emprendiendo: no es el oro o la plata lo que debe constituir el centro de su atención, sino sólo el deseo de bendecir y beneficiar. Eso es exactamente lo que afirmará san Pedro en uno de sus famosos discursos: "No tengo plata ni oro; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar" (Hch 3,6).

 

MEDITATIO

La invitación a la gratuidad que caracteriza, en primer lugar, al método misionero recomendado por Jesús a sus discípulos y apóstoles constituye el objeto de nuestra meditación. Es incluso demasiado fácil trivializar el tema de la gratuidad, considerándolo sólo desde el punto de vista material, aunque esta dimensión no debe ser en absoluto desatendida, ya que es muy apreciada en el ambiente social en el que viven hoy los cristianos. La gratuidad, sin embargo, expresa algo bien diferente, impulsa mucho más allá: requiere una claridad interior y un coraje que no es ciertamente patrimonio de la mayoría.

La gratuidad es, antes que nada, fruto de un corazón educado evangélicamente, de un corazón que late en plena sintonía con el de Jesús. Por eso, sólo puede decir que tiene una actitud gratuita quien, honestamente, pueda decir que tiene un corazón "manso y humilde" (cf. Mt 11,29). Gratuita, también, es la actitud de quien  está dispuesto a dar, tanto material como espiritualmente, sin esperar nada a cambio. El verdadero discípulo de Jesús se contenta y goza con dar, sin esperar nada a cambio, recordando la enseñanza de Jesús: "Hay más felicidad en dar que en recibir" (Hch 20,35). Gratuita es, por último, la acción de quien abre la mano para dar y no la cierra nunca, incluso ante quien rechaza el don y no manifiesta ninguna gratitud. Esa mano permanece siempre abierta porque su corazón se ha dejado educar en la escuela del Evangelio.

 

ORATIO

Pertenece al hambriento el pan que guardas en tu cocina. Al hombre desnudo, el manto que está en tu armario. Al que no tiene zapatos, el par que se estropea en tu casa. Al hombre que no tiene dinero, el que tienes escondido. Los juguetes que rompes son los juguetes de los niños desheredados; el alimento que malgastas es el alimento del que está desnutrido; los utensilios que tiras son los utensilios de quien no tiene casa; las obras de caridad que no haces son otras tantas injusticias que cometes (Basilio de Cesárea, "Cuando el rico es un ladrón", en El buen uso del dinero, Desclée de Brouwer, Bilbao 1995, p. 59).

 

CONTEMPLATIO

Comoquiera, pues, que estoy convencido y siento íntimamente que, habiéndoos dirigido muchas veces mi palabra, sé que anduvo conmigo el Señor en el camino de la justicia, y me veo también yo de todo punto forzado a amaros más que a mi propia vida, pues grande es la fe y la caridad que habita en vosotros por la esperanza de su vida (Tit 3,6); considerando, digo, que de tomarme yo algún cuidado sobre vosotros para comunicaros alguna parte de lo mismo que yo he recibido, no ha de faltarme la recompensa por el servicio prestado a espíritus como los vuestros, me he apresurado a escribiros brevemente, a fin de que, juntamente con vuestra fe, tengáis perfecto conocimiento.

Ahora bien, tres son los decretos del Señor: la esperanza de la vida, que es principio y fin del juicio; el amor de la alegría y regocijo, que son el testimonio de las obras de la justicia. En efecto, el Dueño, por medio de sus profetas, nos dio a conocer lo pasado y lo presente y nos anticipó las primicias del goce de lo por venir.

Y pues vemos que una tras otra se cumplen las cosas como él les dijo, deber nuestro es adelantar, con más generoso y levantado espíritu, en su temor ("Carta de Bernabé", I, 4-7, en Padres apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 21967, pp. 771-772).

 

ACTIO

Repite con frecuencia durante la jornada estas palabras del Señor: "Gratis lo recibisteis, dadlo gratis(Mt 10,8).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La salvación, por parte de Cristo, es pura gracia. Si esto valía para los judíos que se dirigían a Cristo, tanto más evidente era esto en los paganos. Bernabé se dio cuenta de ello enseguida, en cuanto admiró la Iglesia surgida en Antioquía como por encanto. Comprendemos muy bien que pudiera sentirse lleno de alegría y que, frente a la acción de la gracia, no le quedara otra cosa que hacer que "amonestar a todos a perseverar en el Señor" [...]. Flota, sin duda, en el aire cierto aire de tragedia en el hecho de que Pedro -dado su particular temperamento-, junto San Bernabé 343 con Bernabé, precisamente en Antioquía, se pusiera en una situación difícil, haciéndose merecedor de la censura de Pablo, como este último nos dice en su Carta a los Gálatas (cf. 2,11 ss).

La gracia de Dios no excluye la libertad humana, pero engendra a menudo un estado de tensión entre lo humano y lo divino, del que se sirve para despejar el camino de la Iglesia y guiarla hasta su meta.

Bernabé no había perdido de vista a Saulo. "Fue a Tarso a buscar a Saulo". Experimentamos una extraña sensación al leer estas palabras. Ahora bien, dónde estaba Saulo? Había tenido que dejar Jerusalén como fugitivo después de su primer encuentro con la comunidad: los hermanos le habían hecho partir para Tarso (9,23-30). No sabemos lo que hizo Pablo durante estos años de ausencia. Estuvo inactivo por completo? Pero Bernabé no ha olvidado a Pablo. Fue él quien hizo en su momento de intermediario, en Jerusalén, de aquel hombre cuando acababa de llegar de Damasco, y había intentado granjearle la confianza de la comunidad madre, atestiguando el encuentro de Saulo con el Señor (9,27).

Los Hechos de los apóstoles no nos dicen cómo Bernabé estaba tan bien informado respecto a Pablo. Fue una disposición providencial, y como tal siguió la amistad de estos dos hombres.

El Espíritu que guía a la Iglesia se sirve de vínculos humanos personales para el bien de la sociedad. Volvemos a preguntarnos qué habría pasado si Bernabé, durante su estancia en Antioquía, no se hubiera acordado de Saulo. Por qué fue a buscarle? A buen seguro, no por su propio interés. Pensaba ya en Pablo desde hacía tiempo, como podemos presumir, y sabía que su amigo sufría por estar tan alejado de aquella obra a la que parecía llamado. No sin motivo nos dice nuestro texto que Bernabé era "un hombre de bien" (J. Kürzinger, Commenti spirítuali del Nuovo Testamento. Att! degli Apostoli, Roma 21969, I, pp. 304ss).

 

 

 

Día 12

El Sagrado Corazón de Jesús

(Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés)

 

LECTIO

Primera lectura: Deuteronomio 7,6-1 1

Moisés habló al pueblo diciendo:

6 Tu eres un pueblo consagrado al Señor tu Dios, y a tí te ha elegido el Señor tu Dios, para que seas el pueblo de su propiedad entre todos los pueblos que hay sobre la superficie de la tierra.

7 El Señor se fijó en vosotros y os eligió no porque fuerais mas numerosos que los demás pueblos, pues sois el más pequeño de todos,

8 sino por el amor que os tiene y para cumplir el juramento hecho a vuestros antepasados. Por eso os ha sacado de Egipto con mano fuerte y os ha librado de la esclavitud, del poder del faraón, rey de Egipto.

9 Reconoce, pues, que el Señor tu Dios, es un Dios fiel, que cumple sus pactos y tiene misericordia por mil generaciones con quienes le aman y cumplen sus mandamientos,

10 pero castiga a los que le odian y al punto los hace perecer; a quien le odia, él le castiga.

11 Guarda, pues, los mandamientos, las leyes y los preceptos que yo te prescribo hoy.

 

El libro del Deuteronomio consta de tres partes y la primera está formada por dos discursos de Moisés. El texto de esta lectura pertenece al segundo discurso, un relato histórico que se fija en los acontecimientos del Horeb, el Decálogo y el código legal deuteronomista. La perícopa tiene como tema central la elección del pueblo de Israel y la predilección de Dios, libre, gratuita y amorosa, por este pueblo. Las palabras iniciales del texto (v. 6) revelan la elección, la consagración y la santidad del pueblo. E, inmediatamente, destaca la motivación profunda de este privilegio: el amor libre y gratuito de Dios. El pueblo ha sido elegido y consiguientemente, ha sido santificado; ha sido consagrado al Señor para que sea su propiedad. No se trata de una cualidad intrínseca que posea en si mismo, sino de una condición particular de su existencia que deriva de la elección de Dios, es decir de la decisión de Dios de separarlo y consagrarlo a su servicio. Esta elección ha sido ratificada por la alianza. La teología de la elección es un tema característico del Deuteronomio y la revelación veterotestamentaria: Israel es, esencialmente, el pueblo de Dios, el pueblo separado, el pueblo consagrado a Dios; es el pueblo de la alianza.

La continuación del texto refiere las consecuencias que comporta la revelación del amor gratuito de Dios: pertenecer a Dios requiere una conducta digna, obliga a ser conscientes de la propia pequeñez y tomar conciencia de la elección, y exige reconocer a Dios como el único y verdadero Señor a quien hay que darle culto auténtico, observando los mandamientos, y corresponderle fielmente a su amor Al pueblo, ante el amor gratuito de Dios, le toca responden con admiración y entusiasmo, con gratitud laboriosa y cumplida lealtad.

 

Salmo Responsorial

R. La misericordia del Señor dura por siempre para aquellos que lo temen.

Salmo 102.1bc-2. 3-4. 6-7. 8 y 10 

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

El perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa,

y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia

y defiende a todos los oprimidos;

enseñó sus caminos a Moisés

y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia.

No nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R.

 

Segunda lectura: 1 Juan 4,7-16

7 Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

8 Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor

9 Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él.

10 El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados.

11 Queridos míos, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

12 Nadie ha visto jamás a Dios; si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección.

13 En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que él nos ha dado su Espíritu.

14 Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre ha enviado a su Hijo como Salvador del mundo.

15 Si uno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios.

16 Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

 

¤• El tema central de la primera carta de Juan es la comunión con Dios, y lo desarrolla siguiendo un movimiento en espiral. El autor parte de una convicción: los creyentes participan de la vida divina. Y, acto seguido, les indica a los destinatarios las condiciones para conseguir la vida eterna y los criterios para reconocerla.

La caridad, considerada anteriormente en la epístola en su aspecto parenético y cristológico, ahora es vista específicamente en su vertiente divina y teológica: <<Dios es amor>> (vv. 8.16). Dios es <<agàpe". No es ni una teoría sobre Dios ni una definición filosófica o metafísica de su naturaleza; es una descripción operativa y salvadora: <<Dios es amor" significa que Dios nos ama. Dios ama a Israel y le manifiesta su amor eligiéndolo; a nosotros nos ha manifestado de modo supremo su amor a través de su Hijo unigénito (<<Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él", v 9) y del Espíritu Santo (<<él nos ha dado su Espíritu", v. 13), dos dones inmensos.

El envío del Hijo y del Espíritu, a nosotros, marca la total y absoluta autodonación de Dios, la suprema revelación. Dios nos manifiesta el amor, la caridad, el agàpe. El Hijo, por su parte, manifiesta el amor haciéndose víctima sacrificial de expiación por nuestros pecados. Dios, siendo amor y donándose a través del Hijo y del Espíritu Santo, nos comunica la capacidad de amar con su mismo amor

 

Evangelio: Mateo 11,25-30

25 Entonces Jesús dijo:

-Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos.

26 Sí, Padre, así te ha parecido bien.

27 Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y al Padre no lo conoce más que el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar

28 Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré.

29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas.

30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

 

•• El texto del evangelio de Mateo pertenece a la sección narrativa y presenta el rechazo que encontrará el Reino entre los hombres según la voluntad y el designio divinos.

El texto de la lectura se articula en tres partes. La primera (vv. 25ss) es el himno de bendición y alabanza que Jesús dirige al Padre por el designio de salvación elegido, consistente en revelar <<a los sencillos" los misterios del Reino y en escondérselos <<a los sabios y prudentes>>, es decir a los fariseos y a los escribas. El motivo profundo de esta elección es porque así le ha parecido bien (la eudokía, la complacencia). Dicho de otra forma, por su libertad para amar y elegir.

La segunda parte es la revelación de la relación íntima entre el Padre y el Hijo (v. 27). Esta relación la presenta como un <<conocimiento", entendido no solo como comunicación intelectual, sino como total intimidad de vida, con las siguientes características: exclusivo (nadie.,. sino... "), recíproco, permanente e idéntico. A la hora de revelarse, el Padre y el Hijo ostentan la mismísima condición divina, recíprocamente íntimos el uno al otro e inaccesibles para todos los demás. El Padre y el Hijo son iguales en dignidad. Es la revelación de la clara conciencia que tiene Jesús de ser semejante al Padre.

En la tercera parte (vv. 28-30), Jesús se presenta como <<sencillo y humilde de corazón>>, los mismos términos empleados para definir y calificar a los pobres. Jesús asume la actitud religiosa del <<sencillo y pobre de corazón>> y se ofrece como maestro de sabiduría y consuelo. Invita a los fatigados y agobiados por las penalidades y las angustias de la vida a encontrarse con él, que los aliviaré. La presencia del vocablo <<corazón", precisamente en este día de fiesta, ofrece un claro mensaje evangélico: en el corazón de Jesús reside la plenitud no solo de la humanidad, sino también de la divinidad.

 

MEDITATIO

En las tres lecturas esta presente el tema del amor: Dios elige a Israel y lo consagra como pueblo de su heredad porque lo ama. Dios envía a su Hijo unigénito y dona el Espíritu Santo porque Dios es amor; nos ama enormemente y, a través del envío del Hijo y el don del Espíritu, se manifiesta como amor caridad, agàpe. En el texto evangélico, Dios revela los misterios del Reino a los pequeños, y no a los sabios y entendidos, porque los ama. Jesús repone los ánimos de quienes acuden a él porque es sencillo y humilde de corazón, porque es amable y ama.

El centro y el vértice de la fiesta litúrgica del Corazón de Jesús esta en el culto al amor salvífico por nosotros; en él se encuentra la raíz de todas las gracias, de todos los favores, de todas las bondades que continuamente recibimos. Sobre todo, el don de la vida divina, de la filiación divina a través del bautismo, perfeccionada en la confirmación, nutrida en la eucaristía, recobrada en el perdón y vertida abundantemente en todos los sacramentos que derivan de la pasión y muerte de Cristo, el acto supremo de amor, ya que <<nadie tiene amor mas grande que quien da la vida por sus amigos" (Jn 15,13).

 

ORATIO

Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos, y a los afligidos el consuelo. Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida. Y porque no vivamos ya para nosotros, sino para él, que por nosotros murió y resucité, envié, Padre, al Espíritu Santo como primicia para los creyentes, a fin de santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo (plegaria eucarística IV).

 

CONTEMPLATIO

Así, pues, el Corazón de nuestro Salvador, en cierto modo, refleja la imagen de la divina Persona del Verbo y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y podemos considerar no solo el símbolo, sino también, en cierto modo, la síntesis de todo el misterio de nuestra Redención. Luego, cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en él y por él adoramos tanto el amor increado del Verbo divino como su amor humano, con todos sus demás afectos y virtudes, pues por un amor y por el otro nuestro Redentor se movió a inmolarse por nosotros y por toda la Iglesia, su Esposa, según el apóstol: Cristo ama a su Iglesia y se entregó a si mismo por ella, para santificarla, purificándola con el bautismo de agua por la Palabra de vida, a fin de hacerla comparecer ante sí llena de gloria, sin mancha ni arruga ni casa semejante, sino siendo santa e inmaculada (Ef 5,25-27).

Cristo ha amado a la Iglesia y la sigue amando intensamente (1 Jn 2,1) con ese amor que le mueve a hacerse nuestro abogado para proporcionarnos la gracia y la misericordia del Padre, siempre vivo para interceder por nosotros (Heb 7,25). La plegaria, que brota de su inagotable amor; dirigida al Padre, no sufre interrupción alguna (Pío XII, encíclica Haurietis aquas sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús, III, 6).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Aprended de mi que soy sencillo y humilde de corazón>> (Mt 11,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

!Oh Señor Jesús, [haciéndote hombre] nos has mostrado el inmenso amor de Aquél que te ha enviado, tu Padre celestial! A través de tu corazón humane vislumbramos tenuemente el amor divino con el que somos amados y con el cual tu nos amas, porque tu y el Padre sois uno.

!Es tan difícil para mí creer plenamente en el amor que surge de tu corazón...! Soy inseguro y timorato, estoy indeciso y desalentado. Mientras que de palabra digo que creo plena e incondicionalmente en tu amor, sigo buscando afecto, apoyo, aceptación y elogios entre los demás, esperando de los mortales aquello que solo tu me puedes dar. Oigo claramente tu voz: <<Venid a mi todos los que estéis fatigados y agobiados y yo os aliviaré... que soy sencillo y humilde de corazón" (Mt.11,28ss); sin embargo, corro en otras direcciones, como si no confiara en ti y, de alguna manera, me sintiera más seguro en compañía de personas que tienen el corazón dividido y, a menudo, confuso.

Oh Señor; por que deseo con ansia recibir halagos y cumplidos de las demás personas, incluso cuando la experiencia me enseña lo limitado y condicionado que es el amor que viene del corazón humano? Son tantos quienes me han demostrado su amor y su cariño, tantos los que me han dirigido palabras consoladoras y estimulantes, tantos los que han sido tan amables y me han manifestado su perdón..., pero nadie ha llegado al hondón, a ese lugar profundo y recóndito donde residen mis temores y esperanzas. Solo tú conoces aquel sitio, Señor [...]. Tu corazón esta tan deseoso de amarme, tan inflamado de fervor que me reaviva. Quieres darme un techo, un sentido de pertenencia, un lugar pora vivir, un cobijo donde resguardarme y un refugio donde me sienta seguro. Confío en ti, Señor, sigue ayudándome en los momentos de duda y desengaño (H. J. M. Nouwen, De cuore a cuore. Preghiere al Sacro Cuore di Gesu, Brescia *2000, i9—30).

 

Día 13

Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María

        María, Madre de Jesús y nuestra, nos señala hoy su Inmaculado Corazón. Un corazón que arde de amor divino, que rodeado de rosas blancas nos muestra su pureza total y que atravesado por una espada nos invita a vivir el sendero del dolor-alegría.

          La Fiesta de su Inmaculado Corazón nos remite de manera directa y misteriosa al Sagrado Corazón de Jesús. Y es que en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad...

 

Primera lectura: 2 Cor 5, 14-21.

14 Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron.

15 Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

16 Así que, en adelante, ya no conocemos a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no le conocemos así.

17 Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo.

18 Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.

19 Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación.

20 Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: !reconciliaos con Dios!

21 A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él.

 

             **• Hoy leemos un texto ardiente como lava en fusión. Pablo nos confía su secreto: por qué vive. Su tarea de apóstol es exaltante: construir un mundo nuevo con Dios. Bastaría leer lentamente cada una de esas frases y dejar que resonasen en nosotros.

             -Hermanos, el amor de Cristo nos apremia, cuando pensamos que uno solo murió por todos.

             Todo empieza y termina aquí: amar a alguien, amar apasionadamente a Cristo. La imagen es fuerte: Pablo se acuerda a menudo del camino de Damasco, donde fue literalmente "atrapado".

             !Cuán lejos estoy, yo, de esta pasión! !Cuán fría es mi fe! !Haznos descubrirte, Señor! !Apodérate de nosotros! Que comprenda al fin que "has muerto por mí", que has "dado tu vida" porque nos amas.

             -Cristo murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

             Estas palabras han sido incluidas en una de las nuevas "plegarias eucarísticas" de la misa. Es una de las verdades esenciales de nuestra Fe. Es uno de los sentidos esenciales de la misa y cada vez, una de sus funciones en nosotros.

             El hombre no es un ser para vivir "para sí"... el hombre es un ser "para los demás". Así lo hizo Cristo. Muerto por amor. Muerto para todos. Cristo murió para liberarnos de "vivir para nosotros mismos": para que "no vivan para sí los que viven"... a fin de permitirnos que nosotros amemos así y entreguemos nuestra vida.

             Qué haré HOY en ese sentido?

             El hombre no fue hecho solamente para amar a sus hermanos de la tierra, fue hecho también para amar a Dios, para amar "a aquel que murió y resucitó por él".

             Has muerto por mí, Señor? Cómo permanecería yo indiferente?

 

Salmo Responsorial

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

Salmo 102. 1bc-2. 3-4. 9-10. 11-12

Bendice, alma mia, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa,

y te colma de gracia y de ternura. R.

No está siempre acusando

ni guarda rencor perpetuo;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,

se levanta su bondad sobre los que lo temen;

como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos. R.

 

 

Evangelio: Lc 2, 41-51

41 Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén, por la fiesta de pascua.  Cuando el niño cumplió doce años, subieron a celebrar la fiesta, según la costumbre.

43 Terminada la fiesta, cuando regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres.

44 Éstos creían que iba en la comitiva, y al terminar la primera jornada lo buscaron entre los parientes y conocidos.

45 Al no hallarlo, volvieron a Jerusalén en su busca.

46 Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

47 Todos lo que le oían estaban sorprendidos de su inteligencia y de sus respuestas.

48 Al verlo, se quedaron perplejos, y su madre le dijo: -Hijo, por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados.

49 Él les contestó: -Por qué me buscabais? No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?

50 Pero ellos no comprendieron lo que les decía.

51 Bajó con ellos a Nazaret, y vivió bajo su tutela. Su madre guardaba todos estos recuerdos en su corazón.

52 Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante dios y ante los hombres.

        *" El relato de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo es una escena de vida familiar. El contexto está representado por dos breves descripciones de la vida de Nazaret: el viaje anual a Jerusalén para la Pascua (cf. Dt 16,16) y el retorno a casa de la familia de Jesús, donde él permanece sumiso a sus padres como un hijo cualquiera.

        El significado teológico del episodio, sin embargo, es mesiánico y el gesto de Jesús es profético. Jesús afirma conocer bien su misión y anuncia la separación futura de sus padres. Cuando la madre lo encuentra en el templo lo interpela: "Tu padre y yo te buscábamos angustiados " (y. 48); y Jesús responde con convicción: "porqué me buscabais? No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" (v. 49). Al decir "tu padre", María entendía referirse a José; pero cuando Jesús dice "mi Padre " está refiriéndose a Dios. Hay un contraste neto y significativo en esto, porque Jesús trasciende a sus padres.

        Jesús reivindica el primado de la pertenencia al Señor y la prioridad de la propia vocación. Sin embargo, inmediatamente después, Jesús regresa a Nazaret y permanece sumiso y obediente a los suyos. La obediencia de los hijos a los padres es un deber y florece donde existe un clima de crecimiento y maduración de la persona, donde se reconoce el primado de Dios y de la propia vocación. Los hijos, pues, no pertenecen a los padres, sino a Dios y a su proyecto vocacional, valores más importantes que la familia misma. Por esto Jesús abandonará su hogar para cumplir la voluntad del Padre, es decir, para ocuparse de las cosas de Dios.

 

MEDITATIO

        Jesús, si bien ha nacido en una familia humana, la trasciende, porque proviene al mismo tiempo de las profundidades del misterio de Dios. Él, creciendo obediente a sus padres, presenta un rasgo particular: esconde el misterio de unidad con su Padre y pone de relieve un mensaje especial que lo hace ser más sencillamente humano. María y José debieron intuirlo y aceptarlo con humildad en su corazón. Todo cristiano es ante todo hijo de Dios, pertenece a la familia de Dios.

        El mayor don de Dios, escribe Juan, es que seamos sus hijos: "Mirad que magnífico regalo nos ha hecho el Padre: que nos llamemos hijos de Dios" (1 Jn 3,1-2).

        No se trata de una exhortación piadosa ni de dejar "con la boca abierta" a la comunidad cristiana. Somos verdaderamente hijos de un Padre que nos ama y todavía no comprendemos a fondo la grandeza de este don. La filiación divina es un germen y un don en devenir que llegará a plenitud en la visión del Señor. Es preciso vivirla, gozarla día tras día en la fe y en la perseverancia amorosa para poder encaminarnos con alegría al ideal que es certeza para el cristiano: seremos semejantes a Dios. La seguridad de nuestra semejanza con Dios no se apoya sobre nuestra conquista o sobre nuestros esfuerzos, sino sobre la bondad de un Padre, sobre el don gratuito que nos ha concedido haciéndonos hijos suyos y pidiéndonos que la hagamos crecer en nosotros con la acogida y el cumplimiento de su Palabra.

 

ORATIO

        Señor Jesús, la plegaria de la madre de Samuel y el silencio mismo de María ante tus palabras en el templo de Jerusalén cuando tenías doce años, nos ayudan a reflexionar y a orar mirando la situación actual de tantos padres que tienen una mentalidad posesiva respecto de sus hijos. Sabemos que hasta la plena adolescencia y primera juventud los hijos son considerados, aunque con mentalidades diversas, como pertenencia de la familia.

        Cuando estos se apropian de su libertad con vistas a elecciones decisivas, profesionales, vocacionales, comienzan los dramas, las tensiones y los fuertes conflictos familiares.

        Señor, tú que has vivido esta experiencia de obediencia y autonomía en el seno de tu familia de Nazaret, ayúdanos a comprender que la familia tiene una función educadora incluso en el responsable distanciamiento e inserción de los hijos en una sociedad humana más amplia.

        Haznos comprender, Señor, que los hijos no son propiedad exclusiva de los padres, sino que son tus hijos y que cada uno tiene una específica misión que desempeñar en el mundo, especialmente si es creyente. Haznos capaces, además, de establecer relaciones nuevas en la familia y en la comunidad, que encuentren su modelo en ti. Pero, si es verdad que los hijos deben abrirse a una realidad más amplia que la familia, es también verdad que los padres no deben confinarse en el horizonte formado por los hijos, porque los hijos no son el valor supremo: el valor supremo reside sólo en ti que eres el autor de la vida y nuestro único bien.

 

CONTEMPLATIO

        Para que un hijo pueda amar a su madre, es preciso que esta llore con él, comparta sus sufrimientos; para atraerme a ti, Madre amada, !cuántas lágrimas has derramado! No me es difícil creerme hija tuya, porque te veo mortal y sufriente como yo (...).

        En Egipto, María, imagino que tu corazón en la permanece gozoso en la pobreza: Jesús es la más hermosa de las patrias. Pero en Jerusalén una tristeza amarga, vasta como un océano, te inunda el corazón: durante tres días Jesús se esconde a tu afecto (...). Al fin lo ves y exultas de alegría, y exclamas: " Hijo mío, por qué te has comportado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados ". Y el niño Dios responde (!profundo misterio!) a la madre amada que le tiende los brazos: "Por qué me buscabais? Es necesario que yo me ocupe en las obras de mi Padre; no lo sabéis?

        El evangelio me enseña que Jesús, creciendo en sabiduría, permanece sumiso a María y a José. Y el corazón me dice con qué ternura obedece siempre a sus queridos padres. Ahora comprendo el misterio del templo, Madre: tu dulce Hijo quiere que tú seas ejemplo para el alma que lo busca en la noche de la fe. Sí, sufrir amando es la alegría más pura (Teresa de Jesús, Últimas conversaciones, Burgos 1973).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "debo ocuparme de las cosas de mi Padre" (Le 2,49).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Esta página de Lucas es la única en todo el evangelio en la que contemplamos a los tres miembros de la Sagrada Familia actuando como personas responsables y libres. En los episodios que preceden, Jesús es un niño, que no tiene aún ninguna autonomía; en las que siguen, José ha vuelto a la sombra -probablemente la sombra de la muerte- y no aparece más.

        Y bien, en esta narración los tres personajes aparecen como "buscadores de Dios". Son apasionados y angustiados buscadores de Dios María y José, que pensaban buscar un niño perdido mientras iban tras uno en el que reside corporalmente la plenitud de la divinidad, como dice san Pablo (cf. Col 2,9); uno que, desde la eternidad, es el Verbo, que en el principio estaba junto a Dios y era Dios (cf. Jn 1,1); uno que es el Señor del cielo y de la tierra (Mt 28,18).

        Es un buscador del Padre Jesús que, fascinado por el templo, no sabe marcharse: se queda nada menos que tres días, encantado, interrogando y escuchando insaciablemente a los rabinos que hablaban del Dios de Israel.

        Es una verdad difícil de comprender para los hombres, pero el significado más auténtico y profundo de sus casas es el de ser lugares donde, en la dulzura de afectos serenos e intensos, se debe ante todo buscar a Dios, al Dios que es la sede eterna y la fuente originaria de todo amor (G. Biffi, Homilía sobre la Sagrada Familia).

 

San Antonio de Padua, presbítero y doctor 

Se le llama "de Padua" por la ciudad en la que murió y en la que reposan sus reliquias, pero nació en Portugal en el año 1195 y fue bautizado con el nombre de Fernando. En 1210 entró en los canónigos regulares de san Agustín en el monasterio de San Vicente, cerca de Lisboa, y, dos años después, el deseo de llevar una vida más recogida le llevó a Santa Cruz de Coimbra.

Poco después de su ordenación sacerdotal, en el año 1220, tras haber visto los cuerpos de los primeros mártires franciscanos en Marruecos, manifestó su nueva vocación, y así fue como entró en los frailes menores con el nombre de Antonio.

En 1221, participó en el "capítulo de las Esteras" en la Porciúncula, y vio a Francisco. Tras pasar algunos años de vida retirada y oración, empezó por obediencia el apostolado de la predicación. Predicó, dirigiéndose al pueblo, contra los herejes en Italia y en Francia y obtuvo el fruto de conversiones.

San Antonio murió a los treinta y seis años de edad, en el lugar que hoy se llama Arcella, en Padua. Fue canonizado cuando todavía no había pasado un año de su muerte, el día de Pentecostés de 1232, en Spoleto, por el papa Gregorio IX.

 

 

Día 14

XI Domingo del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: Excdo 19,2-6a

En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí

2 y allí acamparon, frente a la montaña.

3 Moisés subió al encuentro de Dios y el Señor lo llamó desde el monte y le dijo: —Así hablarás a la estirpe de Jacob, así dirás a los hijos de Israel:

4 Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios y como a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí.

5 Ahora bien, si me obedecéis y guardáis mi alianza, vosotros seréis el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos, porque toda la tierra es mía;

6 seréis para mí un reino de sacerdotes, una nación santa.

 

i• El relato litúrgico actual abre la parte central del libro del Éxodo (19,1-24,11), marco del acontecimiento fundador de Israel: la alianza sinaítica. El solemne ritual del don de la Ley, entregada por YHWH al pueblo, su acogida y la proclamación del Decálogo, tienen como escenario la montaña del Sinaí (in 2), lugar de la gran teofanía (cf Ex 19,1oss) y punto referencial de la experiencia religiosa de Israel (cf 1 Re 19). La iniciativa de la alianza es de YHWH y se fundamenta en su amor fiel (cf Dt 1o,15), El pueblo ha experimentado la liberación de la esclavitud egipcia y la andadura por el desierto (v. 4; cf Dt 4,37; 7,7-8). Moisés es el mediador entre Dios y el pueblo (v. 3). La adhesión a la alianza se efectúa mediante la escucha obediente de la Palabra de YHWH, estableciendo Israel una relación personal y amorosa con Dios, y YHWH manteniendo su fidelidad (v 5; cf Ex 19,8a). No solo algunos privilegiados acceden a Dios, sino que Dios mismo les posibilita a todos comunicarse con él, todo Israel es pueblo sacerdotal (<<reino de sacerdotes": v. 6a). Mediante la alianza, Israel establece una relación única con Dios y participa de su misma vida <<nación santa"; v. 6a).

 

Salmo 99.

R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Salmo 99.  1b-2. 3. 5

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades. R.

 

 

Segunda lectura: Romanos 5,6-11

Hermanos:

6 Estábamos nosotros incapacitados para salvamos, pero Cristo murió por los impíos en el tiempo señalado.

7 Es difícil dar la vida incluso por un hombre de bien, aunque por una persona buena quizá alguien esté dispuesto a morir

8 Pues bien, Dios nos ha mostrado su amor haciendo morir a Cristo por nosotros cuando aun éramos pecadores.

9 con mayor razón, pues, a quienes ha puesto en camino de salvación por medio de su sangre los salvará definitivamente del castigo.

10 Porque si, siendo enemigos, Dios nos reconcilió consigo por la muerte de su Hijo, mucho mas, reconciliados ya, nos salvará para hacemos participes de su vida.

11 Y no solo esto, sino que nos sentimos también orgullosos de un Dios que ya desde ahora nos ha concedido la reconciliación por medio de nuestro Señor Jesucristo.

 

•·• En los primeros capítulos de la Carta a los Romanos (cf 1,18-4,25), Pablo desarrolla un argumento sobre la situación de judíos y paganos ante Dios y concluye que, por la fe, todos son justos (es decir, salvados) en virtud de la redención de Jesús en la cruz (cf especialmente Rom 4,24-5,1).

En este texto, la reflexión teológica se colorea con una nueva tonalidad: el amor inimaginable de Cristo. En efecto, cuando llego ala plenitud de los tiempos" (cf Gal 4,4), Cristo murió por nosotros, que éramos pecadores (v. 6).

Pablo compara este gesto con la experiencia humana común y constata que, a lo sumo, se puede estar dispuesto a dar la vida por alguien que sea digno, pero no por quien sea culpable (v, 7). Sin embargo, cuando la humanidad se encontraba justamente en esta situación, Dios entrego a su Hijo, a Jesús, que murió por todos (v 8). En esta acción, que manifiesta un amor ilimitado, se asienta la esperanza cristiana (cf Rom 5,2.5); el momento en que Dios, por medio de Cristo, justificó a los hombres, a pesar de ser pecadores. Ciertamente, ahora, convertidos en nuevas criaturas, Dios no descuidará la obra de la salvación (cf 2 Cor 2,17). El creyente, muy a gusto, puede gloriarse de esta obra de reconciliación de la humanidad realizada por Dios en Jesucristo (vv. 10ss; cf 2 Cor 5,18; Col l,2lss).

 

Evangelio: Mateo 9,36-10,8

9.36 Al ver Jesús a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos como ovejas sin pastor

37 Entonces dijo a sus discípulos: -La mies es abundante, pero los obreros son pocos.

38 Rogad, por tanto, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

10.1 Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar espíritus inmundos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias.

2 Los nombres de los doce apóstoles son: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; luego Santiago, el hijo de Zebedeo, y su hermano Juan;

3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo;

4 Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

5 A estos doce los envié Jesús con las siguientes instrucciones: —No vayáis a regiones de paganos ni entréis en los pueblos de Samaria.

6 Id más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.

7 Id anunciando que esta llegando el Reino de los Cielos.

8 Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios; gratis lo recibisteis, dadlo gratis.

 

" La perícopa del evangelio de Mateo propuesta por la liturgia nos introduce en el llamado <<discurso misionero" (Mt 1o,5-42). Jesús es el enviado del Padre para anunciar la presencia del Reino de Dios, realizar signos eficaces y proclamar una buena noticia (cf Mt 3,2; 4,23; 9,35; Jn 5,36). El anuncio de Jesús reúne a los hombres y les lleva a descubrir la grandeza de ser hijos de Dios y hermanos entre ellos (cf Mt 23,8-9); es un discurso reparador de cansancios y abatimientos (9,36). Llama a los discípulos y los envía (1o,1.5; cf Jn 15,16).

Mateo inserta aquí la lista con el nombre de los Doce (10,2-4), los primeros discípulos de Jesús, y los presenta como <<apóstoles>>, es decir, <<enviados>>, <<mandados>>. El origen del mandato está en el Padre (v 38); Jesús es el mediador y les otorga a los enviados el poder de realizar los signos que él mismo realiza (10,1.8a). !Donde está presente el Reino de Dios no hay espacio para el demonio! (10,7). Es el anuncio de la salvación en acción, manifestado y realizado en la persona de Jesús. El discípulo que descubre la gratuidad de este don vive la exigencia de corresponder con gratitud, comunicándolo con la misma gratuidad que lo ha recibido (10,8b).

    El evangelista Mateo describe una misión restringida únicamente a Israel (10,6). Sin embargo, tal misión, limitada a un radio, alcanzara una perspectiva universal (cf Mt 28,18-20).

 

MEDITATIO

Dios ha creado y ha amado a cada uno de forma personal, individual, única e insustituible. Pero no nos ha creado aislados: somos pueblo, somos familia. La vida que Dios nos da se comunica y fluye como don. Dios ha querido, y quiere, tener necesidad de la voz del hombre para que sea su voz ante los otros. Jesús es el mediador por excelencia, es la misma Palabra de Dios, que se ha hecho carne, visible y tangible. Y también Jesús quiere tener necesidad de quien, en comunión con él, muestre a los otros el don de Dios.

Esta tarea no es privativa de ningún colectivo, sacerdotes o <<entendidos>>; todos somos misioneros del amor, todos estamos llamados a suscitar esperanza en este mundo, a sacudir expectativas adormecidas de un bien que ya esta aquí. Es fácil retirarse y decir <<no es asunto mío" o <<no soy capaz". Quizá no nos quema bastante en el corazón el ardor del amor —absoluta gratuidad— con el que Dios nos ha envuelto, y para siempre, en su abrazo de perdón?

Sí, es asunto nuestro, porque hemos recibido gratuitamente el don de la fe. Si, somos capaces, porque el Espíritu del Señor nos anima, nos da fuerza e inteligencia.

 

ORATIO

!Grande es tu amor, Dios!. Quieres tener necesidad de los hombres para darte a conocer a ellos, y así unes tu acción y tu Palabra divina a las acciones y palabras de personas que no son ni perfectas ni mejores que otras.

!Grande es tu amor Dios!. No te asusta ni nuestra fragilidad ni nuestro pecado: así lo dispusiste, para que tu vida curase nuestros males.

!Grande es tu amor Dios!. Renuevas tu alianza gracias a quien parte el pan de vida, a quien pronuncia las palabras del perdón, a quien vocea buenas nuevas, a quien sirve a los hermanos, testigos de tu amor infinito que hacen visible el Reino. Te pedimos, Dios: haz que estas personas no falten nunca.

 

CONTEMPLATIO

Porque si ahora mandaba a segar a sus discípulos, claro esta que no los mandaba a campo ajeno, sino a lo que él mismo había sembrado por medio de los profetas. Mas no se contenta el Señor con animar a sus discípulos por el hecho de llamar cosecha a su ministerio, sino haciéndolos aptos para ese mismo ministerio [...].

Mas considerad ahora, os ruego, la oportunidad del momento de su misión. Porque no los envió desde el principio, no. Cuando ya habían por bastante tiempo gozado de su compañía, cuando habían ya visto resucitado a un muerto, apaciguado por su intimación el mar, arrojados los demonios, curado un paralítico y perdonados sus pecados; cuando ya el poder del Señor estaba suficientemente demostrado por obras y palabras, entonces es cuando él los envía (Juan Crisóstomo, <<Homilías sobre el evangelio de san Mateo" 32,3, en Obras de san Juan Crisóstomo, I, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1955, 638-639).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Gratis lo recibisteis, dadlo gratis" (Mt 10,8).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Quien posee tu Espíritu irá. Nos imaginamos que para ir hacen falta calles, paradas y paisajes que cambien. Mas tu camino no va por ahí. Es la vida, sencillamente. La vida que corre y en la que nos movemos si hemos levantado anclas [...]. <<Id...>>, repite abundantemente el evangelio. Para estar contigo en la misma senda hace falta andar, aun cuando la pereza nos empuje a pararnos. Nos has elegido para mantener un equilibrio extraño. Un equilibrio que no puede establecerse ni mantenerse si no es en movilidad, en ejercicio. Un poco como una bicicleta sin cruceta, que no rueda; una bicicleta que queda abandonada contra un muro hasta que alguien la ensambla y la hace rodar velozmente por la calle. Nuestra condición es de una inseguridad vertiginosa, universal. En cuanto que somos conscientes, nuestra vida se hace oscilante y huidiza. No podemos estar erguidos, a no ser para caminar y zambullirnos de un salto en la caridad. Comienza otro día. Jesús quiere vivirlo conmigo. El no se ha retirado. Camina entre los hombres de hoy. Jesús, por todas partes, no ha dejado de ser enviado. No podemos eximirnos de ser en cada instante, los enviados de Dios en el mundo. Jesús, por medio de nosotros, no deja de ser enviado, durante este día que empieza, a toda la humanidad, de nuestro tiempo, de cualquier tiempo, de mi ciudad y del mundo. A través de los hermanos mas próximos, él nos hará servir; amar, salvar; las ondas de su caridad llegarán hasta el final del mundo, llegaran hasta el final de los tiempos (M. Delbrél, II piccoio monaco. Un taccuino spirituale, Turin i99o, 73.7787.88).

 

Día 15

Lunes de la XI Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 21,1-16

En aquel tiempo,

1 después de esto, sucedió que Nabot, el jezraelita, tenía una viña en Jezrael, junto al palacio de Ajab, rey de Samaría.

2 Y Ajab dijo a Nabot: -Cédeme tu viña para hacer una huerta, pues está contigua a mi palacio. En su lugar te daré un huerto mejor o, si lo prefieres, su valor en dinero.

3 Nabot dijo a Ajab: -!Líbreme el Señor de darte la heredad de mis antepasados!

4 Ajab regresó a palacio triste e irritado por la respuesta negativa de Nabot, el jezraelita. Se acostó, se volvió contra la pared y no quiso comer.

5 Su esposa Jezabel se acercó a la cama y le dijo: -Por qué estás de mal humor y no quieres comer?

6 Él respondió: -Es que he hablado con Nabot el jezraelita y le he dicho: "Véndeme tu viña o, si lo prefieres, te daré un huerto a cambio". Y él ha respondido: "No te la cederé".

7 Su mujer le dijo: -Eres tú realmente rey de Israel? Levántate, come y no te preocupes. Yo te daré la viña de Nabot, el jezraelita.

8 Ella escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello real y se las envió a los ancianos y notables de la ciudad de Nabot.

9 En las cartas decía: Proclamad un ayuno y haced que Nabot se siente delante de la asamblea.

10 Poned ante él dos hombres perversos que declaren contra él diciendo: "Ha maldecido a Dios y al rey". Sacadlo fuera y matadlo a pedradas.

11 Los ancianos y notables de la ciudad de Nabot procedieron como les había mandado Jezabel en las cartas.

12 Proclamaron un ayuno y llevaron a Nabot ante la asamblea.

13 Llegaron los dos hombres perversos, se sentaron frente a él y acusaron a Nabot ante el pueblo diciendo: -Nabot ha maldecido a Dios y al rey. Lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas.

14 Y mandaron a decir a Jezabel: -Nabot ha muerto apedreado.

15 En cuanto lo supo Jezabel, dijo a Ajab: -Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, el jezraelita, el que se negó a vendértela, pues ya no vive; ha muerto.

16 Al oír esto, Ajab se levantó, bajó a la viña de Nabot, el jezraelita, y tomó posesión de ella.

 

**• El rey Ajab no sólo confía más en los manejos políticos que en la protección divina (capítulo 20), sino que se mancha también con un doble y grave crimen por instigación de su mujer, Jezabel, ávida de extender las posesiones de la casa real. El hurto y el homicidio perpetrados a espaldas de Nabot, el campesino israelita atacado en su propia tierra, indican la degradación moral de la monarquía, a pesar del montaje que parece conferir legalidad a lo obrado por el rey: proclamación del ayuno y convocación de la comunidad, como se acostumbraba a hacer en estado de catástrofe nacional.

La maldición del rey, en no menor medida que la de Dios, implicaba la lapidación (Ex 22,27; Lv 24,16) siempre que estuviera acreditada por dos testigos (Nm 35,30; 1)1 17,6), que aquí resultan falsos.

 

Salmo Responsorial

R/. Atiende a mis gemidos, Señor

Sal 5,2-3.5-6.7

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
R/. Atiende a mis gemidos, Señor

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
R/. Atiende a mis gemidos, Señor

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario
y traicionero lo aborrece el Señor.
R/. Atiende a mis gemidos, Señor

 

 

Evangelio: Mateo 5,38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

38 Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.

39 Pero yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal; al contrario, a quien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra;

40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, dale también el manto;

41 y al que te exija ir cargado mil pasos, ve con él dos mil.

42 Da a quien te pida, y no vuelvas la espalda al que te pide prestado.

 

 

*<"• La quinta antítesis consiste en la así llamada "ley del talión" (Ex 21,24; Lv 14,19ss; Dt 19,21), atestiguada en toda la Antigüedad (cf. el Código de Hammurabi, del siglo XVIII a. de C). Se basa esta ley en el principio de la retribución y en la exigencia de la reparación, poniendo un freno con ello a la retorsión (cf. Gn 4,23ss).

"Nuestro Señor, al abolir esta reciprocidad, corta de raíz el pecado. En la Ley está la pena; en el Evangelio, la gracia. Allí se castiga la culpa; aquí, en cambio, se desarraiga la fuente misma del pecado" (Jerónimo). Por eso nos enseña Jesús a ser tolerantes, a no oponernos con espíritu de venganza e intolerancia a quien nos pone en una situación de prueba, sabiendo que de ese modo se corta la espiral de la violencia y de la prepotencia. Y eso incluso cuando anda de por medio la integridad de nuestra propia persona y de nuestros propios bienes, empezando por el tiempo. La referencia al manto sirve para indicar la ropa con que la gente se protegía de la intemperie y se cubría en las horas de descanso. Los mil pasos era la distancia que se permitía recorrer en sábado.

Pablo recoge también la enseñanza de Cristo: "No devolváis a nadie mal por mal [...]. No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal a fuerza de bien" (Rom 12,17.21). "Esto es lo más excelente de estos preceptos", comenta Juan Crisóstomo, "que mientras que nos persuaden a nosotros de que soportemos el mal, al mismo tiempo enseñan a quien ofende al amor mediante la virtud y la sabiduría", viendo nuestro comportamiento desprendido y tolerante. "Cristo quiere que sus discípulos sean como la sal, que se conserva a sí misma y mantiene también los otros elementos con los que se mezcla."

 

 

MEDITATIO

El antiguo precepto "ojo por ojo, diente por diente" ponía ya un límite a la propagación de la venganza.

Ahora bien, Cristo pide un comportamiento que extirpa su misma raíz. Se trata del principio de la no-violencia, que neutraliza la "reacción en cadena" destinada a provocar un mal cada vez mayor. Me pregunto sobre la práctica de la tolerancia, que la Biblia latina registra como uno de los frutos del Espíritu (Gal 5,22), y, por consiguiente, de la magnanimidad, que nos recuerda que "Dios ama a quien da con alegría" (2 Cor 9,7).

 

 

ORATIO

Qué difícil me resulta, Señor, saber perder en la vida. Qué celoso soy de mi tiempo, de mis cosas, de mi salud, de mis ideas, como si fuera su dueño absoluto y pudiera disponer de ellos según mi talento. Soy incapaz de ceder, de condescender, de adaptarme al juego del otro.

Estoy siempre a la defensiva y tutelo mis derechos (reales o presuntos) con la ilusión de tener siempre razón, de no cometer nunca errores, de conseguir imponerme siempre. Pero tú me pides que viva desarmado, que me mida con la impotencia, con la precariedad, con el fracaso, con la pérdida. Me pides que me mida con la cruz. Hazme comprender, Señor, que "encuentra lo mejor de sí mismo quien decide perder" (B. Háring).

 

 

CONTEMPLATIO

La historia de Nabot sucedió hace muchos siglos y, sin embargo, se sigue repitiendo todos los días. En efecto, todos los días los ricos siguen codiciando los bienes de los otros, siempre están insatisfechos con lo que ya poseen. Ajab no nació una sola vez. Sigue renaciendo continuamente y no desaparece nunca del mundo. Por un Ajab que muere, nacen mil. Tampoco Nabot es el único pobre que ha sido asesinado. Cada día aparece un Nabot apedreado, un pobre aniquilado.

Hasta dónde, ricos, os dejaréis llevar por vuestro loco egoísmo? Queréis poseer vosotros todo el planeta? Los bienes del mundo pertenecen a todos: quién os autoriza a monopolizar para vosotros el derecho de propiedad? La naturaleza nada sabe de ricos; ella nos hace a todos pobres. Cuando salimos del vientre materno estamos desnudos, no tenemos nada. Y cuando bajamos a la fosa es imposible que nos podamos llevar a ella nuestras propiedades. Sobre el ataúd del rico hay el mismo montón de tierra que sobre el ataúd del pobre. Aquel trozo de tierra, que antes no bastaba para la codicia del rico, ahora es incluso demasiado para albergar su cuerpo.

Todos nacemos iguales, todos morimos iguales. Ve y cava en el cementerio. Sólo esqueletos verás. Y te desafío a distinguir a los ricos de los pobres. En ocasiones, es cierto, son envueltos los cuerpos de los ricos con lujosos vestidos. Mas eso en nada ayuda a los muertos: únicamente complace a los vivos. Te vistan como te vistan, rico, cuando mueres pierdes la belleza externa sin adquirir la interior. No sólo eso; juegas también una mala pasada a tus herederos. Éstos, primero, pleitearán entre ellos; después, una vez hechas las partes, si son ahorradores conservarán con ansias y preocupaciones tu herencia, mientras que si son derrochadores la dilapidarán en poco tiempo. Ésa será tu culpa póstuma: inducir a tus herederos a repetir los pecados que le condenaron (Ambrosio de Milán, "Nabot, I", lss, en El buen uso del dinero, DDB, Bilbao 1995, pp. 87-88).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No vuelvas la espalda al que te necesita" (cf. Mt 5,42).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El triunfo sobre el otro sólo se consigue haciendo que su mal termine muriendo, haciendo que no encuentre lo que busca, es decir, la oposición, y con esto un nuevo mal con el que pueda inflamarse aún más. El mal se debilita si, en vez de encontrar oposición, resistencia, es soportado y sufrido voluntariamente. El mal encuentra aquí un adversario para el que no está preparado.

Naturalmente, esto sólo se da donde ha desaparecido el último resto de resistencia, donde es plena la renuncia a vengar el mal con el mal. En este caso, el mal no puede conseguir su fin de crear un nuevo mal y queda solo.

El sufrimiento desaparece cuando es sobrellevado. El mal muere cuando dejamos que venga sobre nosotros sin ofrecerle resistencia. La deshonra y el oprobio se revelan como pecado cuando el que sigue a Cristo no cae en el mismo defecto, sino que los soporta sin atacar. El abuso del poder queda condenado cuando no encuentra otro poder que se le oponga. La pretensión injusta de conseguir mi túnica se ve comprometida cuando yo entrego también el manto, el abuso de mi servicialidad resulta visible cuando no pongo límites. La disposición a dar todo lo que me pidan muestra que Jesucristo me basta y sólo quiero seguirle a él. En la renuncia voluntaria a defenderse se confirma y proclama la vinculación incondicionada del seguidor a Jesús, la libertad y ausencia de ataduras con respecto al propio yo. Sólo en la exclusividad de esta vinculación puede ser superado el mal (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la arada. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 89-90).

 

Día 16

Martes de la XI Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 21,17-29

Después de que Nabot hubiera muerto,

17 el Señor dirigió su Palabra a Elías, el tesbita:

18 -Ve al encuentro de Ajab, rey de Israel, en Samaría. Está en la viña de Nabot y ha bajado para tomar posesión de ella. Le dirás: Esto dice el Señor: Has asesinado y, encima, expropias.

19 Y añadirás: Así dice el Señor: En el mismo lugar en el que los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán también la tuya.

20 Ajab dijo a Elías: -Otra vez me has sorprendido, enemigo mío? Elías respondió: -Te he sorprendido porque te has vendido y has ofendido con tu conducta al Señor.

21 Haré venir sobre ti la desgracia; barreré tu posteridad y no quedará un varón, ni esclavo ni libre, en Israel.

22 Trataré a tu familia como a la familia de Jeroboán, hijo de Nabat, y a la de Basa, hijo de Ajías, por haberme irritado y por haber arrastrado a Israel a pecar.

23 También contra Jezabel dice el Señor: Los perros comerán a Jezabel en la heredad de Jezrael.

24 Cualquier pariente de Ajab que muera en la ciudad será devorado por los perros, y el que muera en el campo será comido por las aves del cielo.

25 (Ciertamente, no hubo nadie que se vendiera como Ajab para ofender al Señor con su conducta, impulsado por su esposa Jezabel.

26 Se comportó de manera abominable, yendo tras los ídolos, como los amorreos que el Señor había expulsado de delante de los israelitas.)

27 Cuando Ajab oyó esto, rasgó sus vestiduras, se vistió de sayal y ayunó. Dormía con el sayal y andaba abatido.

28 El Señor dijo a Elías, el tesbita:

29 -Has visto cómo Ajab se ha humillado ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva, sino que castigaré a su familia en vida de su hijo.

 

 

**• Elías desarrolla con Ajab, por encargo del Señor, el mismo papel de Natán con David. Dios venga -y lo hace a través de los profetas- de la injusticia y defiende al oprimido. El orden quebrantado tiene que ser reparado y Jezabel será la primera en pagar las consecuencias (2 Re 9,30ss). Por muy férreo que pueda ser, el principio de la retribución admite atenuantes en virtud del arrepentimiento del culpable y de la misericordia divina.

Con todo, eso no es obstáculo para que, siguiendo la lógica del Antiguo Testamento, se imponga de todos modos la reparación (cf. 2 Re 9ss).

El Libro primero de los Reyes dedica los dos últimos capítulos a ilustrar las nuevas y desdichadas empresas bélicas de Ajab, a pesar de la opinión contraria del profeta Miqueas, así como la sórdida muerte del desventurado soberano, cuyas llagas fueron lamidas por los perros.

 

Salmo Responsorial

Misericordia, Señor: hemos pecado

Sal 50,3-4.5-6a.11.16


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
R/. 
Misericordia, Señor: hemos pecado

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

 

 

 

Evangelio: Mateo 5,43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

43 Habéis oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.

44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.

45 De este modo seréis dignos hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos.

46 Porque, si amáis a los que os aman, qué recompensa merecéis? No hacen también eso los publícanos?

47 Y si saludáis sólo a vuestros hermanos qué hacéis de más? No hacen lo mismo los paganos?

48 Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

 

 

**• La sexta antítesis tiene que ver con el mandamiento principal: el amor al prójimo (Lv 19,18). Cristo habla también del odio a los enemigos -expresión que no aparece en la Biblia, aunque sí en los últimos flecos del judaísmo: en Qumrán se mandaba odiar a todos los hijos de las tinieblas- para extender también a ellos el amor y la oración. Y esto a imitación del Padre celestial, de quien son hijos todos los hombres, que deben reconocerse como hermanos. De este modo se convertirán en imitadores del

Padre, imitando su perfección y, por consiguiente, su santidad (cf. Lv 19,2). El pasaje paralelo de Lc 6,36 nos dice en qué consiste la naturaleza de la perfección divina: en la misericordia. También aquí es preciso rebasar la medida (cf. Mt 5,20), que, esta vez, hace referencia a los tristemente famosos publícanos, los recaudadores de las tasas por cuenta de los romanos (Mt 18,17; 21,32), y a los paganos, ligados también ellos a un código que, no obstante, resulta absolutamente formal e interesado.

Sabemos asimismo que, en el mundo oriental, el saludo comporta mucho más que un simple intercambio de cumplidos; es considerado como intercambio de paz.

Mateo recupera (cf. 5,12) el término "recompensa" o mérito, que aparece más veces en el capítulo siguiente (6,1.2.5.16), donde se afirma que el Padre mismo nos premiará abiertamente (cf. variante de 6,4). Como es evidente, el comportamiento moral no va ligado a una visión retributiva: hago el bien cada día para tener un premio por ello. Más aún, esta visión está desmentida por el hecho de que el verbo está en presente ("qué recompensa merecéis?). El comportamiento del cristiano no es otra cosa que la libre respuesta a un don de la gracia, y en esa respuesta está incluido ya el "premio", el don de la salvación.

 

 

MEDITATIO

Si lo que afirma Jerónimo -estos preceptos han de ser juzgados "con la inteligencia de los santos" y no "con nuestra estupidez"- vale para todo el sermón del monte, con mayor razón se aplica al mandamiento del amor. Un amor a ultranza, podríamos decir. Porque "si amar a los amigos es cosa de todos, amar a los enemigos es cosa sólo de los cristianos" (Tertuliano). "Jesús hubiera vivido y muerto en vano", sostiene Gandhi, "si no hubiéramos aprendido de él a regular nuestras vidas por la ley eterna del amor". Él nos quiere perfectos en el amor (una perfección moral, no metafísica, por tanto) que debemos practicar con Dios y con el prójimo, aunque sea enemigo nuestro o nos persiga, tal como nos enseñó Jesús cuando perdonó a los mismos que le estaban crucificando. Por eso pudo Pablo escribir a sus fieles: "Sobre el amor fraterno no tenéis necesidad de que os diga nada por escrito, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios a amaros los unos a los otros" (1 Tes 4,9).

Me pregunto en qué medida se manifiesta en mi amor el amor de Dios. Realizo un acto de amor hacia algún enemigo mío, depositando en su corazón el bálsamo de mi oración?

 

 

ORATIO

Señor Jesucristo, dulcísimo maestro de humildad y de paciencia, concédeme a mí, que soy el último de tus siervos, arraigarme en la humildad, considerarme inferior a los otros y merecedor de desprecio. Concédeme soportar con paciencia las aflicciones físicas y las dificultades materiales; que esté dispuesto a afrontar males todavía mayores y que sea capaz de salir al encuentro de quien me pide ayuda ya sea para el cuerpo o para el alma. Concédeme amar con el corazón, los labios y las obras no sólo a los amigos y a los enemigos, sino también a todos los que me persiguen, hacerles el bien y rezar por ellos. De este modo, por tu gracia, podré ser incluido entre tus hijos y figurar entre los elegidos. Señor Jesucristo, mientras que a los antiguos les prometiste bienes materiales, a nosotros nos aseguras bienes eternos para que sobreabunde nuestra justicia.

Concédeme irradiar en tu presencia y en la de los otros la luz de la Palabra y de las obras, así como no abolir, sino cumplir de manera sobreabundante, tu Ley. Guárdame de la ira y de ofender al prójimo, de modo que sea agradable ante ti la ofrenda del corazón, de los labios y de las buenas obras. Concédeme, oh Dios clementísimo, huir de la concupiscencia, de la mirada mala, y evitar todo juramento. Y que al abstenerme de injuriar al prójimo, no tenga que provocar tus castigos, sino que siempre pueda complacerte en todo (Landulfo de Sajonia).

 

 

CONTEMPLATIO

Amad a vuestros enemigos... !He aquí cómo pone el Señor el coronamiento de todos los bienes! Porque, si nos enseña no sólo a sufrir pacientemente una bofetada, sino a volver la otra mejilla; no sólo a soltar el manto, sino a añadir la túnica; no sólo a andar la milla a que nos fuerzan, sino otra más por nuestra cuenta, todo ello es porque quiere que recibas como la cosa más fácil algo muy superior a todo eso. -Y qué hay -me dices superior a eso? -Que a quien todos esos desafueros cometa con nosotros no le tengamos ni por enemigo. Y todavía algo más que eso. Porque no dijo: No le aborrecerás, sino: Le amarás. Ni dijo: No le hagas daño, sino: Hazle bien.

Mas, si atentamente examinamos las palabras del Señor, aún descubriremos algo más subido que todo lo dicho. Porque no nos mandó simplemente amar a quienes nos aborrecen, sino también rogar por ellos. !Mirad por cuántos escalones ha ido subiendo y cómo ha terminado por colocarnos en la cúspide de la virtud! Contémoslos de abajo arriba. El primer escalón es que no hagamos por nuestra cuenta mal a nadie. El segundo, que, si a nosotros se nos hace, no volvamos mal por mal. El tercero, no hacer a quien nos haya perjudicado lo mismo que a nosotros se nos hizo. El cuarto, ofrecerse uno mismo para sufrir. El quinto, dar más de lo que el ofensor pide de nosotros. El sexto, no aborrecer a quien todo eso hace. El séptimo, amarle. El octavo, hacerle beneficios. El noveno, rogar a Dios por él. !He aquí una cima filosófica! De ahí también el espléndido premio que se le promete. Como el precepto es tan grande y pide un alma tan generosa y un esfuerzo tan levantado, también el galardón es tal como a ninguno de sus anteriores mandatos lo propuso el Señor. Porque aquí ya no habla de poseer la tierra, como se promete a los mansos; no de alcanzar consuelo y misericordia, como los que lloran y los misericordiosos; ni siquiera se nos habla del Reino de los Cielos, sino de algo más sublime que todo eso y que bien puede hacernos estremecer: se nos promete ser semejantes a Dios, cuanto cabe que lo sean los hombres: A fin -dice- de que seáis semejantes a vuestro Padre, que está en los cielos (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 18,3ss [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sed perfectos en el amor, como vuestro Padre celestial" (cf. Mt 5,48).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Para amar a los que nos aman, para saludar a los que nos saludan, no tenemos necesidad de creer en ninguna religión. No tenemos necesidad de poner a Dios en medio. Es algo que hacen todos. Es "humano".

Precisamente porque el amor a los enemigos es tan "poco humano", precisamente porque supera la medida del hombre "normal", precisamente por eso, muestra, como ninguna otra exigencia del Nuevo Testamento, que aquí tenemos delante no algo humano, sino, en un sentido más profundo, algo divino. Se trata de algo que se encuentra también en las restantes antítesis [del sermón del monte], pero que aquí -en la antítesis del amor al enemigo- podemos captar del mejor modo posible: la soberanía de Dios, el Reino de Dios. No es que con el amor a los enemigos consigamos realizar el Reino de Dios. En efecto, con nuestras fuerzas no somos capaces de amar al enemigo. Es un "regalo" de la soberanía de Dios, antes de cualquier iniciativa nuestra, que nos libera y nos hace capaces de amar al enemigo.

Ahora bien, si la soberanía de Dios nos libera para que amemos al enemigo, para que le amemos de verdad, con todo lo que esto significa y comporta, entonces resulta verdaderamente claro que la soberanía de Dios ha irrumpido en efecto entre nosotros, entonces resulta claro lo que significa de verdad la soberanía de Dios, entonces resulta claro qué comporta ser hijos e hijas de aquél a quien llamamos, y es, nuestro Padre celestial y nuestra Madre celestial.

Amad a vuestros enemigos, jugaos el todo por el todo, amadlos con corazón indiviso, tratadlos con amor creativo (H. J. Venetz, // c/íscorso delta montagna, Brescia 1990, pp. 90ss).

 

Día 17

Miércoles de la XI Semana del Tiempo Ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 2,1.6-14

En aquellos días,

1 cuando el Señor se disponía a arrebatar a Elías en un torbellino al cielo, Elías y Eliseo se marcharon de Guilgal.

6 Elías dijo a Eliseo: -Quédate aquí; yo tengo que ir por orden del Señor hasta el Jordán. Eliseo de nuevo le dijo: -!Por el Señor y por tu vida, que no te dejaré! Y se fueron los dos.

7 Cincuenta hombres del grupo de los profetas vinieron y se detuvieron enfrente, a cierta distancia, mientras Elías y Eliseo se detuvieron a la orilla del Jordán.

8 Elías se quitó el manto y, plegándolo, golpeó con él las aguas; éstas se dividieron y los dos pasaron a pie enjuto.

9 Y cuando pasaron a la otra orilla, Elías dijo a Eliseo: -Pídeme lo que quieras antes de que sea arrebatado de tu presencia. Eliseo le dijo: -Dame como herencia dos tercios de tu espíritu.

10 Elías le contestó: -!Mucho pides! Si me ves cuando sea arrebatado, te será concedido; si no me ves, no se te concederá.

11 Mientras iban caminando y hablando, un carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre los dos, y Elías fue arrebatado en un torbellino hacia el cielo.

12 Eliseo lo seguía con la vista y gritaba: -!Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel! Cuando dejó de verlo, se quitó sus vestidos y los partió en dos.

13 Recogió el manto de Elías, que se le había desprendido, y se volvió a la orilla del Jordán.

14 Tomó el manto de Elías y golpeó con él las aguas, al tiempo que decía: -Dónde está el Señor, Dios de Elías, dónde está? Golpeó las aguas, que se dividieron, y Eliseo pasó el río.

 

 

**• Después de haber hablado de los sucesores inmediatos de Ajab y de los últimos acontecimientos de Elías, el Libro segundo de los Reyes pasa a ilustrar el "ciclo de Eliseo", cuya vocación fue anticipada en 1 Re 19,19-21.

Eliseo, en un sentido no diferente al de Elías, estará revestido de un considerable papel político (2 Re 3,1 lss; 6,8ss; 8,7ss; 9,lss; 13,14ss) y se revelará como el mayor taumaturgo del Antiguo Testamento (2 Re 2,14-7,20 y 13,20ss recogen una decena de acciones milagrosas, incluso después de muerto). Eso explica la importancia de una investidura profética que Eliseo parece pagar al precio de una obstinada fidelidad al maestro. Eso le sitúa en primera línea entre los "hijos de profetas" (léanse también los w. 3-5, omitidos por la liturgia como si fueran pleonásticos). Según la ley de la primogenitura (cf. Dt 21,17), Eliseo reivindica dos tercios del espíritu de Elías, que le son concedidos al precio de su clarividencia ("Si me ves cuando sea arrebatado, te será concedido": v. 10).

El cambio de sus propios vestidos por el manto de Elías expresa la investidura que ha tenido lugar y la adquisición de las facultades a ella ligadas. Por eso peregrina Eliseo hasta el Jordán, dejando detrás a todos los otros "hijos de profetas". El recuerdo del Jordán, cuyas aguas había dividido Elías con el manto plegado a modo de bastón, remite a la experiencia del Éxodo, ligada a las figuras de Moisés (Ex 14,21) y de Josué (Jos 3,13).

En cuanto al rapto de Elías, no diferente al de Enoc (Gn 5,24), expresa el beneplácito divino hacia su persona, pero sobre todo la referencia a una misión futura.

En todo caso, Elías desapareció de la vista de Eliseo en cuanto una llama de fuego ("un carro de fuego con caballos de fuego") se interpuso entre ambos profetas.

 

 

Salmo Responsorial

Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor

Sal 30,20.21.24

Qué bondad tan grande,
Señor, reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos.
R/. Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor


En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras.
R/. Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor


Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces.
R/. Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor

 

 

Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

1 No hagáis el bien para que os vean los hombres, porque entonces vuestro Padre celestial no os recompensará.

2 Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que les alaben los hombres. Os aseguro que ya han recibido su recompensa.

3 Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha.

4 Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

5 Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que les vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su recompensa.

6 Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

16 Cuando ayunéis, no andéis cariacontecidos como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea  que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su recompensa.

17 Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara,

18 de modo que nadie note tu ayuno, excepto tu Padre, que está en lo secreto. Y tu Padre, que ve hasta lo más secreto, te premiará.

 

 

**• El principio de la interiorización (el "secreto": w. 4.6.18), en no menor medida que el de lo extraordinario (Mt 5,20.47: superar la medida), recibe una amplia aplicación respecto a la práctica religiosa, resumida tradicionalmente en la oración, el ayuno y la limosna (Tob 12,8ss). Se contrapone aquí la conducta cristiana a la farisea ("los hipócritas": w. 2.5.16), aunque las buenas obras no han de ser mantenidas secretas (Mt 5,14), sino que deben suscitar en los hombres el reconocimiento del señorío divino. Comenta Jerónimo: "Quien toca la trompeta cuando hace limosna es un hipócrita; quien, al ayunar, desfigura tristemente su rostro para poder mostrar así que tiene el vientre vacío, es asimismo un hipócrita; quien reza en las sinagogas o en las esquinas de las plazas para que le vean los hombres, es un hipócrita. De todo esto se deduce que son unos hipócritas todos aquellos que hacen lo que hacen para ser glorificados por los hombres".

El valor de la limosna (Eclo 3,29; 29,12; Tob 4,9-11) podía quedar comprometido por la ostentación con la que se hacía pública. Lo mismo vale para la oración ostentada con frecuencia "en las esquinas de las plazas". En cuanto al ayuno, es conocida la toma de posición de los profetas (Is 58,5-7), compartida por Cristo.

La Ley prescribía el ayuno en el gran día de la purificación (elyóm kippur: Lv 16,29ss), que se celebraba al comienzo del año según el calendario judío. En este día estaba prohibido hasta lavarse. De ahí la invitación del Señor a evitar los signos externos de una práctica que, para los israelitas devotos, se volvía a proponer dos veces a la semana (Lc 18,12). Quien ayuna debe asumir el mismo semblante alegre de los días de fiesta, cuando se unge la cabeza con perfume.

La oración incluye, por último, interioridad y secreto, bien expresados por el lugar donde ha de ser llevada a cabo: al pie de la letra en la "alacena", donde se ponían las provisiones para que estuvieran seguras, en un lugar sin ventanas y con una puerta provista de cerradura.

 

 

MEDITATIO

Quién puede considerarse cristiano sin estas tres cosas: limosna, oración y ayuno?" (Tertuliano). El ayuno allana el camino al paraíso, perdido a causa del "hambre orgullosa" de nuestros primeros padres. La limosna, a su vez, "hace que el ayuno no se resuelva en aflicción de la carne, sino en purificación del alma" (León Magno). De ahí se sigue que es "bienaventurado quien ayuna para alimentar al pobre" (Orígenes). El ayuno y la limosna han de estar inspirados y sostenidos por la oración, que nos permite obrar con rectitud de corazón y "ante Dios". San Bernardo se preguntaba si "era más impío el que practica la impiedad o quien simula la santidad".

Me examinaré sobre cómo vivo esta triple modalidad de toda auténtica experiencia religiosa. Acepto la invitación de Cristo a esparcir el corazón con la unción del Espíritu Santo, para que dé fragancia no sólo al ayuno, sino también a la limosna y a la oración.

 

 

ORATIO

Señor, tú desenmascaras la insidia farisaica que vuelve espuria e ilusoria mi práctica espiritual. Tú quieres que gane en interioridad y profundidad y exiges que el único punto de referencia sea el Padre, que ve en lo secreto y cuya recompensa es la única que debo esperar.

Señor Jesucristo, tú nos has dado ejemplo de humildad en todas tus acciones y nos has enseñado a rehuir de la vanagloria. Defiéndeme, interior y exteriormente, de las insidias de la soberbia, de modo que no dé ningún agarradero al enemigo de mi alma. Que no busque en la práctica de la limosna, de la oración y del ayuno, ni en ninguna obra buena, la alabanza de los hombres y el favor del mundo, sino que obre con pureza de corazón, por la gloria de Dios y la edificación del prójimo, y no busque nunca la inútil gloria terrena. Al no buscar la recompensa aquí abajo, podré obtener la verdadera recompensa en el mundo futuro y no seré víctima en absoluto de las penas eternas (Ludovico de Sajonia).

 

 

CONTEMPLATIO

Si la puerta está abierta a los desvergonzados, a través de ella irrumpen dentro las cosas externas en bandadas y molestan a nuestra interioridad. Todas las cosas situadas en el tiempo y en el espacio se introducen a través de la puerta, es decir, a través del sentido exterior, en nuestros pensamientos y con la confusión de las distintas imaginaciones nos molestan mientras oramos. En consecuencia, es preciso cerrar la puerta, esto es, resistir al sentido exterior, a fin de que la oración procedente del espíritu se eleve al Padre, porque ésta se desarrolla en lo profundo del corazón, cuando oramos al Padre en lo secreto. "Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará." La enseñanza [del Señor] debía terminar con una conclusión como ésta. En efecto, [Cristo] no nos exhorta a orar, sino a cómo debemos orar; y, antes, no a que hagamos limosna, sino que nos habla de la intención con la que debemos hacerla. De hecho, ordena purificar el corazón, y sólo lo purifica el único y sincero anhelo de la vida eterna con un amor único y puro de la sabiduría (Agustín, El sermón del Señor en el monte, 2, 3, 11).

 

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará" (Mt 6,4).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Esta justicia mejor de los discípulos no debe ser un fin en sí mismo. Es preciso que esto se manifieste, es preciso que lo extraordinario se produzca, pero... cuidad de no hacerlo para que sea visto.

Es verdad que el carácter visible del seguimiento tiene un fundamento necesario: la llamada de Jesucristo, pero nunca es un fin en sí misma; porque entonces se perdería de vista el mismo seguimiento, intervendría un instante de reposo, se interrumpiría el seguimiento y sería totalmente imposible continuarlo a partir del mismo lugar donde nos hemos detenido a descansar, viéndonos obligados a comenzar de nuevo desde el principio. Tendríamos que caer en la cuenta de que ya no seguimos a Cristo.

Por consiguiente, es preciso que algo se haga visible, pero de forma paradójica: cuidad de no hacerlo para ser vistos por los hombres. "Brille vuestra luz ante los hombres... " (5, 16), pero tened en cuenta el carácter oculto. Los capítulos 5 y ó chocan violentamente entre sí. Lo visible debe ser, al mismo tiempo, oculto; lo visible debe, al mismo tiempo, no poder ser visto.

Sin embargo, quién puede vivir haciendo lo extraordinario en secreto? Actuando de tal forma que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha? Qué amor es el que no se conoce a sí mismo, el que puede permanecer oculto a sí mismo hasta el último día? Es claro: por ser un amor oculto, no puede ser una virtud visible, un hábito del hombre.

Esto significa: cuidad de no confundir el verdadero amor con una virtud amable, con una "cualidad" humana. En el verdadero sentido de la palabra, es el amor que se olvida de sí mismo.

Pero, en este amor olvidado de sí mismo, es preciso que el hombre viejo muera con todas sus virtudes y cualidades. En el amor olvidado de sí, vinculado sólo a Cristo, del discípulo, muere el viejo Adán. En la frase "que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha", se anuncia la muerte del hombre viejo (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 101 -103).

 

 

Día 18

Jueves de la XI Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: Eclesiástico 48,1-14

1 Entonces surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha.

2 Él hizo venir sobre ellos el hambre, y en su celo los diezmó.

3 Por la Palabra del Señor cerró los cielos e hizo también bajar fuego tres veces.

4 !Qué glorioso fuiste, Elías, con tus prodigios! Quién pretenderá parecerse a ti?

5 Tú que arrancaste a un muerto de la muerte y del abismo por la Palabra del Altísimo.

6 Tú que llevaste reyes a la ruina y arrojaste de sus lechos a hombres ilustres;

7 que escuchaste censuras en el Sinaí, decretos de venganza en el Horeb;

8 que ungiste reyes como vengadores y profetas que te sucedieron;

9 que fuiste arrebatado en torbellino ardiente en un carro con caballos de fuego.

10 De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para reconciliar a los padres con los hijos y restaurar las tribus de Jacob.

11 Felices los que te vieron y murieron fieles al amor, porque también nosotros viviremos.

12 Cuando Elías fue arrebatado en el torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún príncipe le hizo temblar y nadie fue capaz de subyugarlo.

13 Nada fue demasiado difícil para él, e incluso muerto profetizó su cuerpo.

14 Durante su vida hizo prodigios y, una vez muerto, fueron admirables sus obras.

 

 

**• El texto del Eclesiástico constituye algo así como el elogio fúnebre de los profetas Elías y Eliseo, que desarrollaron su ministerio en el reino del Norte (siglo IX a. de C), en un momento crítico para el yahvismo. De Elías, el profeta de fuego, se recuerda el papel que desarrolló en la carestía y en la sequía, la llama encendida por tres veces en el Carmelo, la ayuda que prestó a la viuda de Sarepta, la oposición que ejerció respecto a Ajab, Ocacías (853-852) y Jorán (852-841), su frecuentación de la montaña santa (cf. 1 Re 19,9-14), la unción y el repudio del rey, la investidura de profetas y, por último, su ascensión al cielo. Una alusión al futuro papel mesiánico del profeta, como se recuerda también en Mal 3,23ss.

De Eliseo, cuyo nombre significa "Dios salva", se recuerda el papel político y taumatúrgico que desempeñó (con una alusión al prodigio póstumo del que se habla en 2 Re 13,20ss). Este último aspecto ha sido repetido en diferentes circunstancias, incluso por la liturgia: la sunamita y el doble nacimiento del hijo (2 Re 4,8-37); la multiplicación de los panes (2 Re 4,42-44); la curación de Naamán (2 Re 5).

 

 

Salmo Responsorial

R/. Alegraos, justos, con el Señor

Sal 96,1-2.3-4.5-6.7


El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
R/. 
Alegraos, justos, con el Señor

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.
R/. Alegraos, justos, con el Señor

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
R/. Alegraos, justos, con el Señor

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
R/. Alegraos, justos, con el Señor

 

 

Evangelio: Mateo 6,7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

7 Y al orar, no os perdáis en palabras, como hacen los paganos, creyendo que Dios les va a escuchar por hablar mucho.

8 No seáis como ellos, pues ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis.

9 Vosotros orad así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre;

10 venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

11 danos hoy el pan que necesitamos;

12 perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

13 no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

14 Porque si vosotros perdonáis a los demás sus culpas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial.

15 Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.

 

 

••" La referencia a la oración brinda a Mateo la oportunidad de insertar en este sitio la enseñanza del Padre nuestro. Todo guía espiritual y todo grupo de discípulos tenían sus propias modalidades de oración (cf. Le 11,1).

La oración del cristiano debe evitar la ostentación farisaica, pero también la "polilogía" de los paganos, ese multiplicar palabras que resuena en los oídos del Señor como un desagradable bla-bla-bla. "Si el pagano habla mucho en la oración -observa Jerónimo-, de ahí se sigue que el cristiano debe hablar poco". Juan Casiano señala que la succinta brevitas en la oración vence las distracciones.

Algunos podrían objetar que "si Dios conoce el objeto de nuestra oración, y si conoce, antes de que formulemos nuestra oración, aquello de lo que tenemos necesidad, es inútil que dirijamos nuestra palabra a quien ya lo sabe todo. A esos -apremia Jerónimo- se les puede responder de manera breve como sigue: nosotros no somos gente que cuenta, sino hombres que suplican. Una cosa es expresar nuestras necesidades a quien no las conoce, y otra pedir ayuda a quien las conoce. Allí se da la comunicación; aquí, el homenaje. Allí contamos de modo fiel nuestras desgracias; aquí, por lo míseros que somos, imploramos". En la Glosa se lee que "Dios quiere que le pidan, a fin de dar sus dones a quienes los desean, de suerte que no envilezcan".

La oración del Señor, que Agustín define como "regla de la oración" (orationis forma), contiene "una inmensidad de misterios" (inmensa continet sacramenta) (Landulfo de Sajonia). Está introducida con la doble puesta en guardia respecto a la oración farisaica (w. 5ss) y a la pagana. Esta última estaba destinada a forzar la voluntad de la divinidad para que atendiera a las peticiones de sus devotos. Por eso era prolija y ruidosa. La oración enseñada por Jesús, más que intentar hacernos oír por Dios, nos compromete a escuchar a Dios, es decir, a entrar en su plan de salvación.

El Padre nuestro puede ser leído como "el compendio de todo el Evangelio" (Tertuliano), y, en efecto, resulta fácil encontrar no pocas citas en el texto sagrado donde se confirma que, antes de darla a los discípulos, fue la oración del mismo Cristo.

El Padre nuestro se presenta, antes que nada, como la fórmula de alianza en la que están recogidos todos los compromisos que el hombre está llamado a asumir (santificación del nombre, edificación del Reino y cumplimiento de la voluntad divina) y los dones que recibe (pan de vida, remisión de los pecados, liberación del maligno). En segundo lugar, los modos verbales típicos, intraducibies a las lenguas modernas, indican que los designios divinos ensalzan un cumplimiento absoluto e incondicional, aunque su traducción a la vida real de los hombres a lo largo de la historia puede sufrir desmentidos y retrasos.

 

 

MEDITATIO

Dado que el Padre nuestro es la regla de la oración cristiana, estudiaré las posibilidades de profundizar en las modalidades con las que "recitarlo"; mejor aún, "vivirlo ". En primer lugar, pensando en la triple señal de la cruz que hago sobre la frente, sobre los labios y sobre el pecho antes de la proclamación del Evangelio, intentaré activar la mente y el corazón con la boca, a fin de que las palabras del Señor puedan morar en mí. Si ninguna de ellas debe caer en el vacío, sino que todas han de cumplirse, eso vale en especial para el Padre nuestro.

Eso reviste un carácter sacramental, en la medida en que me hace hijo de Dios y constituye la renovación cotidiana de la alianza, con los compromisos que incluye (primera parte del Padre nuestro) y los beneficios que otorga (segunda parte). Así pues, tomando conciencia de que me estoy dirigiendo al Padre, me identifico con la mente y con los sentimientos de Cristo y acojo el "grito" del Espíritu de adopción. Al pronunciar las palabras "con una atención total" (Simone Weil), me detendré en cada frase hasta que "encuentre significados, comparaciones [con otros textos evangélicos], gustos y consuelos" (Ignacio de Loyola).

 

 

ORATIO

"Padre nuestro", excelso en la creación, suave en el amor, rico en la herencia, tú habitas "en el cielo" y eres espejo de eternidad, corona de júbilo, tesoro de felicidad.

"Santificado sea tu nombre", de suerte que se vuelva miel en la boca, melodía en el oído, devoción en el corazón. "Venga a nosotros tu Reino", alegre sin contrariedad, tranquilo sin turbación, seguro sin pérdidas.

"Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo", de suerte que rechacemos lo que tú abominas, que amemos lo que tú amas, de modo que cumplamos lo que te es grato. "Danos hoy nuestro pan de cada día", el pan de la doctrina, de la penitencia, de la virtud. "Perdona nuestras deudas", contraídas contigo, con el prójimo y con nosotros mismos. "Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores", que nos han ofendido con palabras o en nuestra persona o en las cosas. "No nos dejes caer en la tentación" que procede del mundo, de la carne y del demonio. "Y líbranos del mal" presente, pasado y futuro. Amén (Landulfo de Sajonia).

 

 

CONTEMPLATIO

Porque quien da a Dios el nombre de Padre, por ese solo nombre confiesa ya que se le perdonan los pecados, que se le remite el castigo, que se le justifica, que se le santifica, que se le redime, que se le adopta por hijo, que se le hace heredero, que se le admite a la hermandad con el Hijo unigénito, que se le da el Espíritu Santo. No es, en efecto, posible darle a Dios el nombre de Padre y no alcanzar todos esos bienes [...]. Y con este solo golpe, mata el Señor el odio, reprime la soberbia, destierra la envidia, trae la caridad, madre de todos los bienes; elimina la desigualdad de las cosas humanas y nos muestra que el mismo honor merece el emperador que el mendigo, comoquiera que, en las cosas más grandes y necesarias, todos somos iguales (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 19,4 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

 

ACTIO

        Como Palabra para repetir y vivir hoy con frecuencia, elíjase alguna de las invocaciones del Padre nuestro, la que produzca en nosotros una resonancia interior más intensa.

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La primera parte del Padre nuestro va, de una manera atrevida, del tú al Dios que se ha revelado como amor. Se trata de una oración de agradecimiento llena de júbilo por el hecho de que podamos llamar, amar y alabar de manera confiada al Santísimo como Nuestro Padre y como nuestro tú. Expresa el compromiso de verificar nuestras aspiraciones y nuestras acciones, a fin de ver si y hasta qué punto se toman en serio y honran el nombre del Padre y nuestra vocación de hijos a hijas suyos. Y, no por último, nos pone sobre todo frente a nuestra misión de promover, para honor del único Dios y Padre, la paz y la solidaridad salvífica entre todos los hombres [...].

Recitar el Padre nuestro significa preguntarse por la seriedad con la que tomamos, intentamos comprender y confesamos con actos concretos el plan salvífico de Dios. Un rasgo fundamental e imprescindible del compromiso que hemos asumido en virtud del Espíritu Santo y con la mirada puesta en el Hijo predilecto es el de amar a Dios en todo y por encima de todo y cumplir su voluntad santa y amorosa.

La segunda parte del Padre nuestro habla del amor al prójimo en unión con Jesús. Se trata del "Nosotros", de vivir de manera radical la solidaridad salvífica de Jesús con todos los hombres y en todos los campos de la vida. La conciencia adquirida de que la recitación del Padre nuestro nos introduce, de manera semejante al bautismo de Jesús en el Jordán, en la vida trinitaria de Dios, así como nuestra opción fundamental en favor de la solidaridad salvífica en todos los campos, nos ayudarán, sin la menor duda, a conferir un perfil cada vez más claro y convincente a nuestro programa de vida (B. Háring, // Padre nostro. Lode, preghiera, programma di vita, Brescia 1995, pp. 1 óss [edición española: El padrenuestro, Promoción Popular Cristiana, Madrid 1996]).

 

 

Día 19

Viernes de la XI Semana del Tiempo Ordinario

San Romualdo, abad

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 11,1-4.9-18.20a

En aquellos días,

1 Atalía, madre de Ocozías, al ver que su hijo había muerto, fue y exterminó a toda la familia real.

2 Pero cuando los hijos del rey iban a ser asesinados, Josebá, hija de Jorán y hermana de Ocozías, se llevó furtivamente a Joás, hijo de Ocozías, y a su nodriza y los escondió en el dormitorio, ocultándolo de Atalía. Así evitó que lo asesinaran.

3 Joás estuvo escondido con ellas en el templo del Señor durante seis años, mientras Atalía gobernaba el país.

4 El año séptimo, Yoyadá convocó a los jefes de centuria de los carios y de la guardia real y les hizo venir al templo del Señor. Hizo con ellos un pacto y, previo juramento en el templo del Señor, les mostró al hijo del rey.

9 Los jefes de centuria cumplieron al detalle las órdenes del sacerdote Yoyadá; cada uno reunió a sus hombres, que se turnaban en el servicio de guardia el sábado, y se presentaron al sacerdote Yoyadá.

10 Éste les entregó las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo del Señor.

11 Los de la escolta real, con sus armas en la mano, se apostaron de sur a norte rodeando el altar y el templo para proteger al rey.

12 Entonces Yoyadá sacó al hijo del rey y le puso la corona y las insignias reales; después lo ungió y lo proclamó rey. Y todos entre grandes aplausos gritaron: -!Viva el rey!

13 Cuando Atalía oyó el tumulto de los guardias y de la gente, fue al templo del Señor

14 y vio al rey de pie sobre el estrado, según la costumbre. Los oficiales y los que tocaban las trompetas estaban a su lado, mientras la gente gritaba jubilosa y resonaban las trompetas. Atalía se rasgó las vestiduras y gritó: -!Traición, traición!

15 El sacerdote Yoyadá ordenó a los jefes de centuria que estaban al mando del ejército: -Sacadla fuera del recinto del templo y matad a todo el que la siga. Como el sacerdote había dicho que no la mataran en el templo del Señor,

16 la prendieron y, pasada la puerta de las caballerizas del palacio real, la mataron.

17 Yoyadá selló un pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, por el cual éste se comprometía a ser el pueblo del Señor.

18 Inmediatamente, todo el pueblo irrumpió en el templo de Baal y lo demolió. Hicieron astillas sus altares e imágenes y degollaron a Matan, sacerdote de Baal, delante de los altares. Después, el sacerdote Yoyadá dejó guardias en el templo del Señor.

20 Todo el pueblo se llenó de júbilo y la ciudad recobró la calma.

 

 

**• La liturgia, omitiendo una amplia sección (2 Re 3-10) donde se habla de los reinados de Jorán (852-841) y de Jehú (841-814), que desarraigó el culto a Baal en Israel y cuya unción real ya había sido anunciada por Elías (1 Re 19,16), y donde se ilustra la actividad de Eliseo, la liturgia, decíamos, nos propone algunos pasajes adecuados para llevar a cabo una lectura teológica de la historia de Israel.

Desde el reino del Norte nos trasladamos al reino del Sur. Aquí Atalía, descendiente de Jezabel y mujer del rey Jorán (muertos ambos por Jehú a causa de sus perversiones), muerto su hijo Ocozías (841), heredero legítimo al trono, se apodera del Reino de Judá y elimina a la dinastía real superviviente. Ahora bien, Josebá, hija del rey Jorán y esposa del sumo sacerdote Yoyadá (2 Cr 22,11), cogió furtivamente a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió en el templo, de suerte que siete años después, y gracias a una estudiada conjura (w. 5-8, omitidos por la liturgia), éste fue proclamado rey (835-796) e instalado en el trono (v. 19, omitido por la liturgia).

La oposición a Atalía se debió a la línea baalista mantenida por la reina, en flagrante contradicción con la alianza yahvista, mientras que la iniciativa de la casta sacerdotal desbarata el peligro, destruye el templo de Baal levantando en el corazón de Jerusalén, elimina de la escena Atalía y permite la renovación de la alianza. Se trata de un acontecimiento que se repetirá en los momentos cruciales de la historia de Israel {cf. 2 Re 23).

 

Salmo Responsorial

R/. El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella

Sal 131,11.12.13-14.17-18


El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
"A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono."
R/. El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella


<<Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.>>
R/. El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella


Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
<<Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré porque la deseo.>>
R/. El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella


<<Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.>>
R/. El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella

 

 

Evangelio: Mateo 6,19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

19 No acumuléis tesoros en esta tierra, donde la polilla y la carcoma echan a perder las cosas y donde los ladrones socavan y roban.

20 Acumulad mejor tesoros en el cielo, dónde ni la polilla ni la carcoma echan a perder las cosas y donde los ladrones no socavan ni roban.

21 Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

22 El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado;

21 pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tiniebla, !qué grande será la oscuridad!

 

 

*• "La totalidad de la enseñanza [de Cristo]", afirma el místico alemán Jakob Bohme, "no es otra cosa que la explicación del modo en que el hombre podría encender en él el divino mundo luminoso. Dado que éste se enciende de modo que la luz de Dios brille en el espíritu de las almas, todo el cuerpo posee la luz".

El principio de la recompensa evoca el "tesoro en el cielo" (cf. Tob 4,9; Eclo 29,11), "la mejor parte" que se asegura María (Lc 10,42), "las cosas de arriba" (Col 3,1) y las "riquezas mejores y más duraderas" (Heb 10,34) de que hablan los escritos paulinos, y brinda una regla infalible para el discernimiento: pregunta a tu corazón para saber cuál es tu tesoro. La continuidad del discurso es interrumpida por el dicho del Señor sobre la lámpara (cf. Lc 11,34-36).

La lámpara es el símbolo del ojo interior o espiritual, del que se transparenta la luz de la fe que esclarece la mente y suscita el impulso del amor en la voluntad. De modo más general, la lámpara es el símbolo del alma que irradia su luz a través del cuerpo. La antítesis se produce entre el ojo sano (Prov 22,9) y el enfermo -al pie de la letra entre el ojo "sencillo" y el "malo". El Nuevo Testamento (2 Cor 1,2; 11,3; Ef 6,5; Col 3,22; Sant 1,5) vuelve con frecuencia sobre la sencillez (que es falta de duplicidad, según el significado literal del término).

También condena con frecuencia al "ojo malo" (Mc 7,22; cf. Mt 20,15). Por último, para la antítesis luz-tinieblas, véase Jn 1,9; 3,19-21; 8,12; 12,46; Rom 13,12; 2 Cor 6,14; Ef 5,8ss; 1 Tes 5,5. La contraposición entre "hijos de la luz" "hijos de las tinieblas" era uno de los aspectos cualificativos de la enseñanza en la comunidad de Qumrán.

 

 

MEDITATIO

El "sermón del monte" está atravesado por una continua y martilleante referencia al Reino. Debemos buscar el Reino de Dios (Mt 6,10.33), las cosas buenas (Mt 7,11), "tesoros en el cielo" (Mt 6,20) que consisten en los bienes eternos e incorruptibles. Para saber discernir de qué bienes se trata, necesitamos ese "ojo interior dotado de recta intención que dirige las acciones humanas" (Nicolás de Lira). Es indispensable el ojo sencillo: "unus et purus", unificado y puro, como se lee en la Glosa medieval. "La lámpara" que hace desaparecer las tinieblas "es la fe" (Cromacio de Aquileya).

Profundizo en esta palabra por medio de la meditación del símbolo cristiano por excelencia de la luz: el cirio pascual y las velas encendidas sobre el altar para la misa. Por encima de los significados más inmediatos, siguiendo la estela de la mística judía le asocio una llamada a mi persona y a sus dimensiones destinadas a "jerarquizarse". El cuerpo es comparable al cirio, desde el cual brota "la luz inferior, oscura, en contacto con la mecha de la que depende su misma existencia: se trata de los sentidos que son afectados por la dimensión física.

Cuando la luz oscura está bien consolidada en la mecha, se convierte en asiento para la luz blanca, superior", la esfera intelectivo-volitiva. "Cuando ambas están bien consolidadas, entonces es la luz blanca la que se convierte en asiento para la luz inaprensible, invisible e incognoscible irradiada por la luz blanca. Sólo entonces se vuelve la luz completa y perfecta": se trata de la luz del Espíritu Santo (Zohar).

 

 

ORATIO

        Señor, dame un corazón sencillo que sepa discernir el verdadero bien y no se deje sugestionar por los bienes aparentes, ilusorios y pasajeros.

Dame, Señor, un corazón unificado que no alimente odios, que no se pliegue al mal, que no esté sometido a la sensualidad y al capricho. Hazme comprender que sólo tú eres el tesoro de mi corazón. Concédeme esta experiencia viva cuando te recibo en la eucaristía.

 

 

CONTEMPLATIO

Quien tiene los ojos enfermos ve muchas luces de manera confusa; el ojo sencillo y puro ve las cosas nítidas y puras. Interpretemos todo esto en sentido espiritual.

Pues bien, del mismo modo que el cuerpo está todo él en tinieblas cuando el ojo no es puro y sencillo, también el alma, cuando ha perdido su luminosidad, mantendrá en las tinieblas todas sus facultades.

Por consiguiente, si la luz que hay en ti se vuelve tinieblas, !qué grandes serán esas tinieblas! Si la inteligencia, que es luz, se oscurece por la oscuridad del alma, piensa un poco cuan densas serán las tinieblas que la rodean (Jerónimo, Comentario al evangelio de Mateo).

El ojo purificado y que se ha vuelto sereno se mostrará hábil e idóneo para percibir y para expresar, lógicamente, su luz interior. Éste es el ojo del corazón. Y tiene un ojo semejante quien establece el fin de sus propias obras buenas, a fin de que sean buenas de verdad no para intentar que sean agradables a los hombres, sino que, aunque se dé cuenta de que son agradables, las referirá más bien a su salvación y a la gloria de Dios, no a su propia ostentación (Agustín, El sermón del Señor en el monte, 2, 22, 76).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Donde está tu tesoro, allí está también tu corazón" (Mt6,21).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La vida del discípulo se acredita en el hecho de que nada se interponga entre Cristo y él, ni la ley, ni la piedad personal, ni el mundo. El seguidor no mira más que a Cristo. No ve a Cristo y al mundo. No entra en este género de reflexiones, sino que sigue sólo a Cristo en todo. Su ojo es sencillo. Descansa completamente en la luz que le viene de Cristo; en él no hay ni tinieblas ni equívocos. Igual que el ojo debe ser simple, claro y puro, para que el cuerpo permanezca en la luz, igual que el pie y la mano sólo reciben la luz del ojo, igual que el pie vacila y la mano se equivoca cuando el ojo está enfermo, igual que el cuerpo entero se sumerge en las tinieblas cuando el ojo se apaga, lo mismo le ocurre al discípulo, que sólo se encuentra en la luz cuando mira simplemente a Cristo, y no a esto o aquello; es preciso, pues, que el corazón del discípulo sólo se dirija a Cristo. Si el ojo ve algo distinto de lo real, se engaña todo el cuerpo. Si el corazón se apega a las apariencias del mundo, a la criatura más que al Creador, el discípulo está perdido. Son los bienes de este mundo los que quieren apartar de Jesús al corazón del discípulo (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 111 -112).

 

Día 20

Sábado de la XI Semana del Tiempo Ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Crónicas 24,17-25

17 Muerto Yoyadá, los jefes de Judá vinieron a rendir homenaje al rey, que esta vez siguió sus consejos.

18 Abandonaron el templo del Señor, Dios de sus antepasados, y se pasaron al culto idolátrico. Esto provocó la ira divina sobre Judá y Jerusalén.

19 El Señor les envió profetas para ver si se volvían a él, pero no hicieron caso a sus advertencias.

20 Zacarías, hijo de Yoyadá, sacerdote, movido por el espíritu de Dios, se presentó al pueblo y le dijo: -Esto dice Dios: Por qué transgredís los mandamientos del Señor? Nada conseguiréis. Habéis abandonado al Señor, y él os abandonará a vosotros.

21 Pero ellos se conjuraron contra Zacarías y, por orden del rey, le apedrearon en el atrio del templo del Señor.

22 Así pues, el rey Joás olvidó la lealtad de Yoyadá, padre de Zacarías, y mandó matar a su hijo, que dijo al morir: -Que el Señor lo vea y te pida cuentas.

23 Pasado un año, el ejército de Siria atacó a Joás, penetró en Judá y Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y llevó todo su botín al rey de Damasco.

24 El ejército invasor era poco numeroso, pero el Señor entregó en sus manos un ejército mucho mayor, porque habían abandonado al Señor, el Dios de sus antepasados. Así dieron su merecido a Joás,

25 que, al retirarse el ejército sirio, quedó gravemente herido. Sus súbditos conspiraron contra él para vengar la muerte del hijo del sacerdote Yoyadá y lo mataron en su lecho. Murió y lo enterraron en la ciudad de David, pero no en el panteón real.

 

*•• Las vicisitudes de los dos reinos hasta la caída de Samaría (721), preludio de la caída de Jerusalén, narrada en 2 Re 12-16, son recuperadas y completadas en clave teológica llegando a las páginas paralelas de 2 Cr (se trata de la única lectura de este libro en la liturgia ferial). Muerto el sumo sacerdote Yoyadá, vengador del yahvismo, el rey Joás, consagrado por él, cede a las tendencias sincretistas de los "jefes de Judá", de suerte que recae en la idolatría. La requisitoria del profeta Zacarías fue en vano, y lo mataron para vengarse. Esto trajo consigo el castigo divino, siempre siguiendo el riguroso principio de la retribución, que se expresa en la invasión siria y en la muerte del rey.

 

Salmo Responsorial

R.- Le mantendré eternamente mi favor

Sal 88,4-5.29-30.31-32.33-34


Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
<<Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.>>
R.-   Le mantendré eternamente mi favor

<<Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.>>
R.-  Le mantendré eternamente mi favor

<<Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos.>>
R.-  Le mantendré eternamente mi favor

<<Castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad.>>
R.-  Le mantendré eternamente mi favor

 

 

Evangelio: Mateo 6,24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

24 Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero.

25 Por eso os digo: No andéis preocupados pensando qué vais a comer o a beber para sustentaros o con qué vestido vais a cubrir vuestro cuerpo. No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido?

26 Fijaos en las aves del cielo; ni siembran ni siegan ni recogen en graneros, y sin embargo vuestro Padre celestial las alimenta. No valéis vosotros mucho más que ellas?

27 Quién de vosotros, por más que se preocupe, puede añadir una sola hora a su vida?

28 Y del vestido, por qué os preocupáis? Fijaos cómo crecen los lirios del campo; no se afanan ni hilan,

29 y sin embargo os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos.

30 Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno Dios la viste así, qué no hará con vosotros, hombres de poca fe?

31 Así que no os inquietéis diciendo: Qué comeremos? Qué beberemos? Con qué nos vestiremos?

32 Ésas son las cosas por las que se preocupan los paganos. Ya sabe vuestro Padre celestial que las necesitáis.

33 Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia, y Dios os dará lo demás.

34 No andéis preocupados por el día de mañana, que el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su propio afán.

 

 

**• La última sección del capítulo 6 pone de relieve la alternativa frente a la que se encuentra el cristiano, una alternativa que implica la elección de su propio "amo": Dios o el dinero (el original cita la palabra aramea mammona). La palabra mammona incluye la idea de ganancia, dinero y, por consiguiente, los bienes del hombre, aunque también "la codicia" con la que el hombre los busca y los posee (Ireneo de Lyon). Afanarse o andar preocupado (término que se repite seis veces en el original griego) por los bienes materiales es señal de "poca fe", una denuncia que se repite con frecuencia en la pluma de Mateo (8,26; 14,31; 16,8; 17,20), para indicar la escasa confianza en el poder y en la providencia divinos. La martilleante invitación a que no andemos preocupados es justificada con una serie de alusiones a las criaturas animales y vegetales. "Debemos entender estas palabras en su sentido más sencillo", observa Jerónimo, "a saber: que si las aves del cielo, que hoy son y mañana dejan de existir, son alimentadas por la providencia de Dios, sin que deban preocuparse por ello, con mayor razón los hombres, a quienes ha sido prometida la eternidad, deben dejarse guiar por la voluntad de Dios".

La expresión "Reino y su justicia" constituye un endíadis; ambos términos están al servicio del cumplimiento de la voluntad divina, que constituye el fundamento del Reino. El "buscad ante todo" parece sugerir el principio de la jerarquización de las necesidades y, por consiguiente, de los bienes: en el primer puesto deben estar los espirituales, que dan el sentido y su justo valor a los materiales. Estos últimos nos serán dados por añadidura.

"Esta promesa se cumple en la comunidad de los hermanos, que multiplica los bienes (milagro moral bosquejado en la multiplicación de los panes), puesto que todos renuncian a todo y no les falta nada; más aún, buscando ante todo el Reino y la justicia de Dios, se dan cuenta de que están puestos en una condición de vida que, por ser conforme a la voluntad del Padre, incluye también las promesas; y todos juntos anticipan el tiempo en el que se extenderá el Reino de Dios sobre toda la tierra renovada y el hombre gozará de la paz sobre el monte del Eterno. Ésa es la perspectiva, no ascética, sino supremamente humana, del Evangelio, con la que coexiste, como es natural, mientras dure el tiempo presente y la victoria del Reino sólo sea virtual, la posibilidad de que quienes buscan apasionadamente el Reino y la justicia de Dios acaben siendo mártires por el Reino (Mc 10,30). Ahora bien, esta perspectiva no debe proyectar sombra sobre la magna y confiada verdad aquí anunciada: "Dios os dará lo demás"" (G. Miegge).

 

 

MEDITATIO

"Una cosa es poseer riquezas y otra ser siervo de las mismas", señala Juan Crisóstomo. "Quien es siervo de las riquezas queda prisionero de ellas; quien se ha sacudido el yugo de esta servidumbre las distribuye como hace un dueño" (Jerónimo). El Señor quiere que nos abandonemos confiados a su providencia y "si bien nos prohíbe pensar en el futuro" al precio del afán, "nos permite, ciertamente, pensar en el presente", y "si nos promete los grandes bienes, no dejará de asegurarnos los inferiores" (Jerónimo). Más aún, Jesús nos garantiza que estos últimos nos serán dados por añadidura, con tal que dediquemos todas nuestras fuerzas a la consecución del Reino. Por eso se nos ha dicho que lo busquemos ante todo. El Reino, a continuación, es el mismo Cristo, a quien acogemos en la eucaristía, en la que "se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia" (Presbyterorum ordinis, 5). "Desde el mismo momento en que se dice "Dios os dará lo demás", se distingue entre lo que se da y lo que se añade. Nuestra aspiración debe dirigirse, en efecto, hacia las realidades eternas, mientras que las temporales nos son dadas para nuestras necesidades. Estas últimas nos son dadas, mientras que las primeras serán añadidas de manera sobreabundante. Sin embargo, se da con frecuencia que los hombres piden bienes temporales y no buscan los premios eternos. Piden muchas cosas añadidas, pero no las buscan allí donde nos serán dadas" (Gregorio Magno).

Hago emerger los afanes y solicitudes que se agitan en mi ánimo. Cuáles son sus motivaciones (siempre pueden ser reducidas al orgullo)? Cuáles resultan devastadoras para mí y para los otros?

 

 

ORATIO

Señor Jesucristo, concédeme no atesorar en la tierra recompensas terrenas, sino hazme buscar en el cielo los merecidos premios. Y puesto que nadie puede servir a dos amos, dado que ambos servicios se excluirían recíprocamente, libérame del dominio y de la servidumbre del mundo, de la carne y del demonio, de suerte que pueda dirigir la mirada a la contemplación de las cosas celestiales. Añade a mi "estatura" natural un "codo" de gracia en la vida presente y de gloria en la futura. Haz que atienda a los lirios del campo, los fieles de la Iglesia revestidos con el candor de las virtudes, en vez de mirar a la maleza de los ricos del mundo que será echada al horno de la Gehena. Concédeme buscar ante todo el Reino de Dios y su justicia, de modo que, a través de una práctica virtuosa en el mundo presente, alcance el Reino celestial. Amén (Landulfo de Sajonia).

 

 

CONTEMPLATIO

Mirad, si no, cómo nuevamente nos pone ante los ojos este provecho y cómo nos insinúa la conveniencia de desprendernos de lo que pudiera serle contrario. Porque no os daña sólo la riqueza -parece decirnos- porque arma a los ladrones contra vosotros; no sólo porque entenebrece de todo en todo vuestra inteligencia, sino también porque os aparta del servicio de Dios y os hace esclavos de las cosas insensibles. De doble manera os perjudica: haciéndoos esclavos de lo que debierais ser señores y apartándoos del servicio de Dios, a quien por encima de todo es menester que sirváis. Lo mismo que anteriormente nos había el Señor indicado un doble daño: primero, poner nuestros tesoros donde la polilla los destruye, y, luego, no ponerlos donde la custodia sería inviolable; así nos señala también aquí el doble perjuicio que de la riqueza nos viene: apartarnos de Dios y someternos a Mammón [...].

Una vez, pues, que por todos estos caminos nos ha mostrado el Señor la conveniencia de despreciar la riqueza -para la guarda de la riqueza misma, para la dicha del alma, para la adquisición de la filosofía y para seguridad de la piedad-, pasa ahora a demostrarnos que es posible aquello mismo a lo que nos exhorta. Porque éste es señaladamente oficio del buen legislador: no sólo ordenar lo conveniente, sino hacerlo también posible.

Por eso prosigue el Señor diciendo: No os preocupéis..." (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio deMateo, 21, lss [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC,Madrid 1955]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Buscad ante todo el Reino de Dios" (Mt 6,33).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La inquietud es cosa de los paganos, que no creen, que confían en su fuerza y su trabajo, y no en Dios. Todo el que se preocupa es pagano, porque no sabe que el Padre conoce todo lo que necesita. Por eso quiere hacer por sí mismo lo que no espera de Dios. Más, para el que sigue a Jesús, la frase válida es: "Buscad primero el Reino y su justicia, que todo lo demás se os dará por añadidura". Con esto queda claro que la inquietud por el alimento y el vestido está lejos de ser inquietud por el Reino de Dios, tal como nos gustaría pensar, como si el cumplimiento de nuestro trabajo por nosotros y nuestra familia, como si nuestra inquietud por el pan y la vivienda, constituyesen la búsqueda del Reino de Dios, como si esta búsqueda sólo se realizase en medio de tales inquietudes.

El seguidor de Jesús, después de una larga vida de discípulo, responderá a la pregunta: "Os ha faltado algo alguna vez?" diciendo: "Nunca, Señor". Cómo podría faltarle algo a quien, en el hambre y la desnudez, la persecución y el peligro, está seguro de la comunión con Jesucristo? (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 117-118).

 

Día 21

XII Domingo del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 20,10-13

Dice Jeremías:

10 He escuchado las calumnias de la gente: <<!Terror por todas partes! <<!Denunciadlo, vamos a denunciarlo!". Todos mis familiares espiaban mi traspié: <<Quizá se deje seducir, lo podremos y nos vengaremos de él!"

11 Pero el Señor está conmigo como un héroe poderoso; mis perseguidores caerán y no me podrán, probarán la vergüenza de su derrota, sufrirán una ignominia eterna e inolvidable.

12 !Oh Señor todopoderoso, que pruebas al justo, que sondeas los pensamientos y las intenciones, haz que yo vea cómo te vengas de ellos, porque a ti he confiado mi causa !

13 Cantad al Señor alabad al Señor que libró al pobre del poder de los perversos.

 

• Este texto, sacado de las Confesiones de Jeremías (cf 11,18-12,5; 15,1o-21; 17,14-18; 18,18-23; 20,7-18), transparenta el estado de ánimo del profeta, sometido a escarnio y afrenta. Advierte un ambiente de conjura: falsos amigos aguardando la ocasión propicia para deshacerse de él y estrujarlo por las duras palabras proféticas pronunciadas (v. 1o; cf Jr 19,15-2o,6). Situaciones similares son una constante en la vida de Jeremías (cf Jr 1,18ss), quien le confiesa a Dios su tormento, su injusta persecución (cf Jr 12,1; 15,11.15; Sal 31,12-19); a Dios, fuerte y valeroso (cf Is 42,13), le confía el desenlace final de su estado según la ley del talión (vv, 11.12b; cf Ex 21,23-25; Dt 19,21; Jr 12,1; 15,15).

YHWH es el juez justo, quien conoce la verdad del hombre (v. 12a). El pasaje termina con una invitación a alabar a YHWH, que se hace cargo de la suerte del que se encomienda a él.

 

Salmo 68.

R. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Salmo 68. 8-10. 14 y 17. 33-35

Por ti he aguantado afrentas,

la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos,

un extranjero para los hijos de mi madre.

Porque me devora el celo de tu templo,

y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí R.

Pero mi oración se dirige a ti,

Señor, el día de tu favor;

que me escuche tu gran bondad,

que tu fidelidad me ayude.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;

por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos;

buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

no desprecia a sus cautivos.

Alábenlo el cielo y la tierra,

las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

 

 

Segunda lectura: Romanos 5,12-15

Hermanos:

12 Por un hombre entró el pecado en el mundo y, con el pecado, la muerte. Y como todos los hombres pecaron, a todos alcanzó la muerte.

13 Cierto que ya antes de la Ley había pecado en el mundo; ahora bien, el pecado no se imputa al no haber ley.

14 Y sin embargo, la muerte reinó sobre todos desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que había de venir.

15 Pero no hay comparación entre el delito y el don. Porque si por el delito de uno todos murieron, mucho mas la gracia de Dios, hecha don gratuito en otro hombre, Jesucristo, sobreabundó para todos.

 

Pablo, utilizando la figura literaria semítica del paralelismo, reflexiona sobre la condición del hombre liberado del pecado por Cristo. Primero habla de Adán, el primogénito de la humanidad pecadora, ya que con un acto de desobediencia -a Dios- ha introducido en el mundo el pecado y la consiguiente separación de Dios, cuya señal es la muerte. Todos los hombres quedan incorporados de alguna manera al pecado de Adán, bien sea por desobediencias análogas o porque de él heredan una naturaleza herida propensa al pecado (v. 12). Esto también es válido para los hombres que vivieron antes de que Moisés recibiese la Ley, y que no pudieron infringirla culpablemente (vv. 13-14a).

A continuación, Pablo introduce el segundo elemento del paralelismo: Cristo, el primogénito de toda criatura (cf Col 1,15), prefigurado antitéticamente en Adán (v. 14b). También con Cristo los hombres quedan incorporados, pero con una adhesión infinitamente superior al daño ocasionado por el pecado de Adán, y no a la muerte, sino a la vida. En efecto, gracias a la obediencia de Jesús, todos los hombres reciben abundantemente el don de la salvación (v. 15).

 

Evangelio: Mateo 10,26-33

Dijo Jesús a sus discípulos:

26 Así pues, no les tengáis miedo, porque no hay nada oculto que no haya de manifestarse, ni nada secreto que no haya de saberse.

27 Lo que yo os digo en la oscuridad decidlo a la luz; lo que escuchéis al oído proclamadlo desde las azoteas.

28 No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden quitar la vida; temed más bien al que puede destruir al hombre entero en el fuego eterno.

29 No se vende un par de pájaros por muy poco dinero? Y sin embargo, ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre.

30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.

31 No temáis, vosotros valéis más que todos los pájaros,

32 Si alguno se declara a mi favor delante de los hombres, yo también me declararé a su favor delante de mi Padre celestial;

33 pero a quien me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre celestial.

 

Jesús sabe que la misión de los discípulos estará marcada por la persecución; por otra parte, <<el discípulo no es más que su maestro" (Mt 10,24) y el Maestro será rechazado y lo matarán (cf Mt 16,21; 17,22ss; 2o,17-19). Jesús exhorta a los Doce a ser valientes, a no tener miedo (vv 26.28.31), confiando en el Padre, que los cuida y los protege, que los conoce y los ama personalmente (vv. 3oss). La persecución se desencadenará contra los discípulos de Jesús porque la palabra que anuncian es palabra de verdad que desenmascara mentiras, coartadas y componendas, muy preciadas para quienes no quieren convertirse al amor. Sin embargo, tienen que proclamarla a todos, y la verdad prevalecerá, como la luz sobre las tinieblas (vv. 26ss). La misión de dar testimonio de Jesús y anunciar su Palabra no está reservada a un círculo restringido de personas, sino que, de hecho, cada discípulo —uniendo su suerte a la del Maestro- es constituido en testigo y apóstol. Propio del testimonio, y así lo establece Jesús, es la comunión real y la pertenencia reciproca con él (v. 32). Si alguien no da testimonio de Jesús siempre, no será reconocido como discípulo suyo delante del Padre (v. 33).

 

MEDITATIO

Si somos cristianos, actuemos a cara descubierta. Acaso se puede parar la fuerza de la Palabra que quiere transmitirse a través de nosotros?

Es inevitable que el cristiano, fiel a la Palabra, entre en conflicto por una serie de gestos que van a contracorriente del estilo opulento de vida de nuestro mundo; gestos incomprensibles, aparentemente, y que en realidad denuncian un modo de vivir egoísta e injusto. Los cristianos -si realmente lo son- molestan y procuran eliminarlos: atrayéndolos a una vida tranquila, marginándolos, poniéndolos en el punto de mira. Nos sorprende?. Si realmente buscamos vivir el amor experimentaremos el temor de acogerlo y tropezaremos con el rechazo. !Antiguo pecado, que anida en nuestro corazón y en el de nuestros semejantes!

Jesús nos ha liberado del pecado. Somos libres si permanecemos en comunión con él, Lo que se opone a la Palabra (la raíz del pecado) esta dentro de nosotros. Procuremos que todo nuestro ser -el cuerpo, el afecto, el pensamiento, la historia— esté reconciliado. Entonces seremos fuertes en la verdad, que es Jesús. Allí donde suframos desprecios y oposiciones llevaremos la Palabra del amor, fiándonos del Padre que a todos protege y salva.

 

ORATIO

!Hazme testigo de tu Evangelio, Señor!

Dame ánimo para no negar que te conozco cuando se burlen de ti hablando como de un mito y de tus seguidores como de gente alienada.

Dame fuerza para no acobardarme cuando me percato de que ser coherente con tu enseñanza puede significar pérdidas y obstáculos en la sociedad.

Dame la alegría de saber que estoy contigo cuando dejo a los amigos que consideran una pérdida de tiempo la oración y la eucaristía.

Dame el valor de superar los respetos humanos y no avergonzarme del Evangelio cuando ser fiel comporta sentirme <<diferente" de la gente que crea opinión y costumbre.

    !Hazme testigo de tu amor Señor!

 

CONTEMPLATIO

[Habla Jesús:] Es normal que as acechen las persecuciones. Si me imitáis predicando el Evangelio y siguiendo la verdad, las persecuciones que me cercan os aguardan: recibidlas con alegría, como preciados distintivos de identidad conmigo, como imitación del Bienaventurados. Soportadlas con calma, sabiendo que si os dominan, yo lo he permitido, y solo os golpearán en la medida que yo lo permita, sin mi permiso ni uno solo de vuestros cabellos cae... Aceptad pacientemente la voluntad de Dios, dándole la bienvenida a todo lo que suceda.

Sufrid con coraje vuestros padecimientos, ofreciéndoselos a Dios como un sacrificio, sufridlos rogando por vuestros perseguidores, ya que son hijos de Dios y yo mismo os he dado el ejemplo de rezar por todos los hombres: perseguidores y enemigos (Ch. de Foucauld, All’ultimo pasta. Ritiri in terra santa (1897-1900), Roma 1974, 40ss).

 

ACTIO

Repite can frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Tú eres, Señor; mi salvador" (cf Jr 2o,13).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

<<La cruz de la Madre Teresa ha sido el primer signo cristiano que se ha vista en la televisión estatal, al menos desde 1967", declaraba un refugiado albanés a su llegada a Italia en l990. La cruz de la que hablaba era aquella cruz negra que la Madre Teresa llevaba en su sarga blanca.

Si a partir de 1944 el régimen marxista había perseguida a los creyentes (católicas, ortodoxos y musulmanes), la situación empeoró en I967. Fue entonces cuando Albania se declaré oficialmente como la única nación atea de la Tierra. La religión fue atacada ferozmente. El modo como fueron tratados los católicos recordaba las persecuciones de los emperadores romanos mas crueles. En los tiempos modernos, la iglesia ha sido reducida como en los años de las catacumbas.

Un hecho sorprendente: mientras los albaneses no tenían derecho a pronunciar públicamente el nombre de Jesús, la Madre Teresa recorría el mundo con el nombre de Jesús en los labios y prodigando obras de misericordia. A un párroco que se encontraba en prisión le pidió un detenido que bautizase a su hijo, en secreto. Cuando las autoridades descubrieron esta desobediencia, el sacerdote fue condenado a muerte. Fue uno de los sesenta sacerdotes que murieron, ahorcados, fusilados o agotados por el rigor de los campos de trabajos forzados. Las persecuciones, como sabemos, se han cebado con el cristianismo. Los perseguidos son llamados <<dichosos>> porque defienden y enseñan la justicia.

La promesa que acompaña a esta bienaventuranza es asombrosa: nada memos que poseer el Reino de los Cielos. Señor Jesús, sabemos que para imitarte tenemos que hacer el bien a todos. Nos has dicho que sufriríamos trabajando por los otros contra la opresión, contra la degradación, contra la guerra.

Cada día encontramos la oposición, la contradicción. Ayúdanos a aceptar nuestros pequeños sufrimientos, porque conocemos su valor redentor. Transforma nuestra tristeza en gozo, mientras nos esforzamos en cumplir tu voluntad (E. Egan — K. Egan, Madre Teresa e le Beafifudini, Brescia 2ooo, 129-131).

 

Día 22

Lunes de la XII Semana del Tiempo Ordinario

Santos Juan Fisher, obispo, y Tomás Moro, mártires

Tomás Moro nació en Londres en 1477. Recibió una excelente educación clásica y se graduó en Derecho en la Universidad de Oxford. Su carrera en leyes le llevó al parlamento.  En 1505 se casó con Jane Colt, con quien tuvo cuatro hijos. Jane murió joven, y Tomás contrajo nuevamente nupcias con una viuda, Alice Middleton.

Fue un hombre de gran sabiduría, reformador, amigo de varios obispos. En 1516 escribió su famoso libro Utopía. Su saber y su persona atrajeron la atención del rey de Inglaterra, Enrique VIII, quién lo nombró para importantes puestos en el reino y, finalmente, Lord Chancellor, canciller, en 1529. Pero Tomás renunció a sus cargos en 1532, cuando el rey Enrique persistió en repudiar a su esposa, Catalina de Aragón, para casarse con otra mujer, Ana Bolena, con lo cual el monarca se disponía a romper la unidad de la Iglesia y formar la Iglesia anglicana bajo su autoridad. Esto hizo que Tomás pasara el resto de su vida escribiendo, sobre todo, en defensa de la Iglesia. En 1534, con su buen amigo el obispo, después santo, Juan Fisher, rehusó rendir obediencia al rey como cabeza de la nueva Iglesia. Estaba dispuesto a obedecer al rey dentro de su campo de autoridad, lo civil, pero no aceptaba su usurpación de la autoridad sobre la Iglesia.

Cuando iba a ser martirizado, ya en el cadalso para la ejecución, Tomás dijo a la gente allí congregada que él moría como "buen servidor del rey, pero primero de Dios". Fue decapitado el 6 de julio de 1535.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 17,5-8.13-15a.l8

En aquellos días,

5 el rey de Asiria invadió todo el país y cercó Samaría por espacio de tres años.

6 El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaría y se llevó cautivos a los israelitas, estableciéndolos en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozan, y en las ciudades de Media.

7 Esto sucedió porque los israelitas pecaron contra el Señor, su Dios, que les había sacado de Egipto y les había librado del poder del faraón, rey de Egipto. Adoraron a otros dioses

8 y siguieron las costumbres de las gentes que el Señor había expulsado ante ellos, costumbres que habían introducido los reyes de Israel.

13 El Señor repetía insistentemente a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y videntes: "Convertíos de vuestra mala conducta y guardad mis preceptos y mandamientos, siguiendo en todo la Ley que di a vuestros antepasados y que os comuniqué por mis siervos, los profetas".

14 Pero ellos la desobedecieron, mostrándose más obstinados que sus antepasados. No creyeron en el Señor, su Dios,

15 menospreciaron sus leyes y la alianza que había hecho con sus antepasados, así como las instrucciones que les había dado.

18 El Señor, muy irritado contra Israel, lo arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.

 

**• Tras la muerte de Eliseo (2 Re 13,14ss), los reinos del Norte y del Sur conocieron una sucesión de acontecimientos alternos, con un ritmo creciente de dificultades que culminaron con la deportación en Babilonia (2 Re 12-16). La toma de Samaría, capital de Israel (722), por parte del rey de Asiria, después de tres años de asedio, suscita inmediatamente en el autor sagrado una reflexión sapiencial. El texto litúrgico ha sido resumido por razones de brevedad (además de los versículos intermedios, se han suprimido los w. 15b-17), pero muestra bien la gravedad del cisma religioso y del sincretismo que revolvieron Israel como una turbina. La alianza es un hecho bilateral: a la infidelidad del pueblo no puede dejar de corresponder el rechazo de Dios.

En el año noveno de Oseas (732-724), Salmanasar V (726-722) puso asedio a Samaría, que se había mostrado como vasalla indigna de confianza, preparando la conquista de la capital, que fue llevada a cabo por su sucesor Sargón II.

 

Salmo 59.

R. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.

Salmo 59. 3. 4-5. 12-13

Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas
estabas airado, pero restáuranos. R/.

Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo. R/.

Oh, Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil. R/.

 

 

Evangelio: Mateo 7,1-5

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

1 No juzguéis, para que Dios no os juzgue;

2 porque Dios os juzgará del mismo modo que vosotros hayáis juzgado y os medirá con la medida con que hayáis medido a los demás.

3 Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo?

4 O cómo dices a tu hermano: "Deja que te saque la mota del ojo" si tienes una viga en el tuyo?

5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la mota del ojo de tu hermano.

 

 

*•• Según Agustín, todo el "sermón del monte" es un desarrollo de las bienaventuranzas. Este dato aparece, de modo particular, en la invitación a no juzgar. El juicio se entiende aquí en sentido fuerte, como condena, e incluye, por parte del hombre, la asunción de un papel que sólo compete a Dios. Por otra parte, Cristo "no nos prohíbe juzgar, sino que nos enseña cómo hacerlo" (Jerónimo).

En efecto, Jesús nos enseña que la medida del juicio divino se conformará con la que hayamos usado en nuestros juicios humanos. En la Antigüedad, la medida con que se medía la cesión de un bien era la misma con la que se aseguraba su restitución. Más tarde, los rabinos enseñaban que Dios se servía de un doble criterio para juzgar: la justicia y la bondad. "Aquel que juzga antes de la venida de Dios", afirma Atanasio Sinaíta, "es un anticristo, porque se apodera de lo que pertenece a Cristo".

La invitación a no juzgar se repite como un motivo martilleante en el Nuevo Testamento. Cristo mismo, según el testimonio que dio en su comportamiento con la adúltera (Jn 8,11) y con los que le crucificaban (Lc 23,34), se presenta no como alguien que viene a juzgar, sino a salvar (Jn 3,17). San Pablo, a su vez, nos pone en guardia contra el riesgo que comporta el juicio: "juzgando a otros tú mismo te condenas" (Rom 2,lss). En consecuencia, nos invita a remitirnos al juicio de Dios, que tendrá lugar al final de la vida (cf. 1 Cor 4,5).

No menos perentorio se muestra Santiago: "No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano y se erige en su juez está criticando y juzgando la Ley. Y si te eriges en juez de la Ley, ya no eres cumplidor de la Ley, sino su juez. Pero uno solo es el legislador y el juez: el que puede salvar y condenar. Quién eres tú para juzgar al prójimo?" (Sant 4,1 lss).

 

 

MEDITATIO

Tomás y el obispo Fisher se ayudaron mutuamente a mantenerse fieles a Cristo en un momento en el que la gran mayoría de conciudadanos cedía ante la presión del rey Enrique VIII por miedo a perder la vida.

Ellos demostraron lo que es ser de verdad discípulos de Cristo y el significado de la verdadera amistad. Ambos pagaron el máximo precio, ya que fueron encerrados en la Torre de Londres.

Catorce meses más tarde, nueve días después de la ejecución de Juan Fisher, Tomás Moro fue juzgado y condenado como traidor. Él manifestó ante la corte que le condenaba que no podía ir en contra de su conciencia y les dijo a los jueces: "Ojalá podamos después, en el cielo, reunimos todos felizmente para la salvación eterna".

 

 

ORATIO

Dios Glorioso, dame gracia para enmendar mi vida y tener presente mi fin sin eludir la muerte, pues para quienes mueren en ti, buen Señor, la muerte es la puerta a una vida de riqueza. Y dame, buen Señor, una mente humilde, modesta, calma, pacífica, paciente, caritativa, amable, tierna y compasiva en todas mis obras, en todas mis palabras y en todos mis pensamientos, para tener el sabor de tu santo y bendito espíritu. Dame, buen Señor, una fe plena, una esperanza firme y una caridad ferviente, un amor a ti muy por encima de mi amor por mí.

Dame, buen Señor, el deseo de estar contigo, de no evitar las calamidades de este mundo, no tanto por alcanzar las alegrías del cielo como simplemente por amor a ti. Y dame, buen Señor, tu amor y tu favor; que mi amor a ti, por grande que pueda ser, no podría merecerlo si no fuera por tu gran bondad. Buen Señor, dame tu gracia para trabajar por estas cosas que te pido (oración de Tomás Moro antes de su muerte).

 

 

CONTEMPLATIO

Qué gran modelo es santo Tomás Moro para todos, especialmente para los políticos, gobernantes y abogados. Su decidida voluntad de ser fiel a sus principios cristianos y de fidelidad a la Iglesia de Cristo hemos de contemplarla en nuestra vida. Supo renunciar conscientemente a cargos importantes para ser consecuente con sus creencias. Pidámosle que su valentía nos inspire a todos a mantenernos firmes e íntegros en la verdad, sin guardar odios ni venganzas.

Señor, que has querido que el testimonio del martirio sea perfecta expresión de la fe, te rogamos que, por la intercesión de santo Tomás Moro, nos concedas ratificar con una vida santa la fe que profesamos de palabra.

 

 

ACTIO

Repite frecuentemente: "En mi vida, en todos mis actos, Señor, "hágase tu voluntad"".

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Aunque estoy muy convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad. Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes que prestar juramento en contra de mi conciencia; hasta ahora, ha inspirado al mismo rey la suficiente benignidad para que no pasara de privarme de la libertad (y, ciertamente, sólo con esto su majestad me ha hecho un favor más grande, por el provecho espiritual que de ello espero sacar para mi alma, que con todos aquellos honores y bienes con los que antes me había colmado). Por esto, espero confiadamente que la misma gracia divina continuará favoreciéndome, no permitiendo que el rey vaya más allá o, bien, dándome la fuerza necesaria para sufrir lo que sea con paciencia, con fortaleza y de buen grado.

Mi paciencia, unida a los méritos de la dolorosísima pasión del Señor (infinitamente superior en todos los aspectos a todo lo que yo pueda sufrir), mitigará la pena que tenga que sufrir en el purgatorio y, gracias a la divina bondad, me conseguirá más tarde un aumento de premio en el cielo.

No quiero, mi querida Margarita, desconfiar de la bondad de Dios, por más débil y frágil que me sienta. Más aún, si a causa del terror y el espanto viera que estoy ya a punto de ceder, me acordaré de san Pedro cuando, por su poca fe, empezaba a hundirse por un solo golpe de viento, y haré lo que él hizo.

Gritaré a Cristo: Señor, sálvame. Espero que entonces él, tendiéndome la mano, me sujetará y no dejará que me hunda. Y si permitiera que mi semejanza con Pedro fuera aún más allá, de tal modo que llegara a la caída total y a jurar y perjurar (lo que Dios, por su misericordia, aparte lejos de mí, y haga que una caída así redunde más bien en perjuicio que en provecho mío), aun en este caso espero que el Señor me dirija, como a Pedro, una mirada llena de misericordia y me levante de nuevo, para que vuelva a salir en defensa de la verdad y descargue así mi conciencia y soporte con fortaleza el castigo y la vergüenza de mi anterior negación.

Finalmente, mi querida Margarita, de lo que estoy seguro es de que Dios no me abandonará sin culpa mía. Por esto, me pongo totalmente en manos de Dios con absoluta esperanza y confianza. Si por mis pecados permite mi perdición, por lo menos su justicia será alabada a causa de mi persona. Espero, sin embargo, y lo espero con toda certeza, que su bondad clementísima guardará fielmente mi alma y hará que sea su misericordia, más que su justicia, lo que se ponga en mí de relieve.

Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor (Tomás Moro, carta escrita en la cárcel a su hija Margarita. The english works of sir Thomas More, Londres 1557).

 

Día 23

Martes de la XII Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 19,9b-11.14-21.31-35a.36

En aquellos días,

9 Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías para decirle:

10 -Así diréis a Ezequías, rey de Judá: "Que tu Dios, en quien confías, no te engañe diciéndote: "Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria".

11 Sabes bien que los reyes de Asiria han exterminado a todos los países, y vas a librarte tú?".

14 Ezequías tomó la carta que traían los mensajeros y la leyó; después, subió al templo, la desenrolló ante el Señor

15 y oró así: -Señor, Dios de Israel, que te sientas sobre los querubines, tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra.

16 Inclina, Señor, tu oído y escucha; abre, Señor, tus ojos y mira. Escucha las palabras con que Senaquerib ha ultrajado al Dios vivo.

17 Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han asolado otros pueblos y otras tierras,

18 y han quemado a sus dioses, porque no eran dioses, sino madera o piedra modeladas por el hombre; por eso los han destruido.

19 Te suplico, Señor, Dios nuestro, que nos libres de su poder, para que todos los reinos de la tierra sepan que tú, Señor, eres el único Dios.

20 Entonces Isaías, hijo de Amos, mandó a decir a Ezequías: -Así dice el Señor, Dios de Israel: "He escuchado tu plegaria ante la amenaza de Senaquerib, rey de Asiria".

21 Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: "Te desprecia y se burla de ti, la doncella de Sión; Jerusalén a tus espaldas menea la cabeza".

31 Porque quedará un resto en Jerusalén y supervivientes en el monte Sión. Así lo realizará el Señor.

32 Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: "No entrará en esta ciudad ni la alcanzará con sus flechas, no la cercará con sus escudos ni levantará terraplenes contra ella.

33 Se volverá por donde vino y no entrará en esta ciudad. Oráculo del Señor.

34 Yo la protegeré y la salvaré, en atención a mí mismo y a mi siervo David".

35 Aquella misma noche, el ángel del Señor vino al campamento asirio e hirió a ciento ochenta y cinco mil hombres.

36 Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se fue a Nínive y se quedó allí.

 

**• La narración bíblica prosigue hablando de la masiva inmigración de cinco estirpes extranjeras e idolátricas (los famosos "cinco maridos" de Jn 4,18) en tierras de los samaritanos, inmigración que provocó un auténtico sincretismo: "aquellas gentes daban culto al mismo tiempo al Señor y a sus ídolos. Y sus descendientes siguen haciendo lo mismo hasta el día de hoy" (2 Re 17,41). A Judá le aguardaba un destino que no era diferente. Reinaba

allí el piadoso rey yahvista Ezequías (716-687), que logró salvar Jerusalén entrando en una relación de vasallaje con Asiria (2 Re 18,13ss). A pesar de ello, la reacción antiasiria, con el apoyo egipcio, era viva.

El fragmento que hoy nos ofrece la liturgia nos presenta la carta del rey de Asiria Senaquerib (704-681) en la que amenaza a Ezequías con ponerse en contra de él.

Al mismo tiempo, Isaías, en un extenso canto que incluye el oráculo divino (w. 21-34, reducidos en el texto litúrgico), anuncia la derrota, por obra del mismo Señor, del ejército de Senaquerib, diezmado probablemente

por la peste.

 

Salmo Responsorial

Dios ha fundado su ciudad para siempre

Salmo 47,2-3a.3b-4.10-11


Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra.
R/. 
Dios ha fundado su ciudad para siempre

El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey.
Entre sus palacios, Dios
descuella como un alcázar.
R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios,
tu alabanza llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia.
R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre

 

 

Evangelio: Mateo 7,6.12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los puercos, no sea que las pisoteen, se vuelvan contra vosotros y os destrocen.

12 Así pues, tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros, porque en esto consisten la Ley y los profetas.

13 Entrad por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por él.

14 En cambio, es estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que lo encuentran.

 

*" Hallamos aquí algunos dichos del Señor reunidos por el evangelista en el magno "sermón del monte". El texto litúrgico omite los versículos relativos a las "cosas buenas" que los hombres intercambian entre ellos y que el Padre celestial concede a quienes se las piden.

El primero de los dichos referidos tiene que ver con el uso de lo "santo". El sentido de esta expresión no está claro, aunque podemos sobreentender con ella la Palabra evangélica y, en último extremo, la eucaristía (Didajé 9,5). Parece que se bosqueja aquí lo que será definido como "la disciplina del arcano". Consiste esta en no revelar los santos misterios a los extraños y menos aún a las personas indignas. "Si cerramos nuestras puertas antes de celebrar los misterios y excluimos a los no iniciados", precisa Juan Crisóstomo, "es porque hay todavía muchos que están demasiado poco preparados para poder participar en estos sacramentos".

Con el término "perros" se designaba de modo despreciativo a los paganos, considerados idólatras por definición (cf. Mt 15,26ss, donde apenas se atenúa la palabra poniéndola en diminutivo, "perrillos"). A los cerdos, considerados proverbialmente como animales impuros, eran equiparados los que mantenían una conducta contraria a la Ley (ambas categorías de animales se encuentran en 2 Pe 2,21ss). Según Jerónimo, "algunos quieren ver en los perros a aquellos que, tras haber creído en Cristo, vuelven al vómito de sus pecados; y en los cerdos, a los que no han creído aún en el Evangelio y siguen revolcándose en sus vicios y en el fango de la incredulidad. En consecuencia, no conviene confiar demasiado pronto a hombres de tal condición la perla del Evangelio, por miedo a que la pisoteen y, revolviéndose contra nosotros, intenten destrozarnos".

Frente a la bondad divina, los hombres son "malos"; sin embargo, son capaces de dar pan y pescado. Pues bien, qué "pan" y qué "pescado" no nos dará el Padre con el don de su Hijo? Estas "cosas buenas" son "ciertamente, ante todo, los bienes superiores, el Reino y la justicia de Dios. Le 11,13 dice "dará el Espíritu Santo" a los que se lo pidan. El Espíritu Santo es el don por excelencia, siempre conforme a la voluntad de Dios, y se concede siempre a los que lo piden: espíritu de vida y de regeneración, inteligencia de las Escrituras, discernimiento espiritual, carismas varios en la comunidad.

Pero hay muchas otras cosas que pueden ser "buenas" en el marco y desde la perspectiva del Reino y de su justicia: también una buena salud y el pan de cada día, así como la paz eterna y la tranquilidad favorable al buen trabajo. Debemos abstenernos, pues, de una excesiva timidez, de un orgullo espiritualista, de un estoicismo cristiano, o como se quiera decir, que venga a detener la espontaneidad natural de la oración de los hijos al Padre" (G. Miegge).

El v. 12 constituye la "regla de oro" del obrar cristiano. La encontramos, aunque formulada de manera negativa, en Tob 4,15 y no falta tampoco en las antiguas tradiciones espirituales. Hemos de señalar aún la insistencia en el hacer, que se repite más veces en este último capítulo del sermón del monte (w. 12; 17; 19; 21; 24; 26).

Por último, están las dos puertas y los correspondientes caminos a los que dan acceso. La doctrina de los dos caminos estaba formulada ya en el Antiguo Testamento (Dt 30,15-20) y fue recuperada en la primera catequesis cristiana (Didajé 1,1). La imagen de la puerta y del camino remite al mismo Cristo (cf. Mt 22,16), que se atribuye a sí mismo esta doble realidad (Jn 10,7; 14,6), así como a los Hechos de los apóstoles, donde aparece con bastante frecuencia.

 

 

MEDITATIO

Las "perlas", según Juan Crisóstomo, son "los misterios de la verdad", o sea, la totalidad del patrimonio revelado. En consecuencia, dejaré aparecer en qué consideración tengo la Palabra divina. El fragmento litúrgico omite los w. 7-11, relacionados con la eficacia de la oración. Los leemos directamente en la Biblia, a fin de convertirlos en objeto de meditación. La Glosa medieval explícita el trinomio "pedir, buscar y llamar", diciendo que "nosotros pedimos con la oración, buscamos con la rectitud de la vida y llamamos por medio de la perseverancia ". El texto evangélico nos invita, por otra parte, a preguntarnos si somos capaces de dar cosas buenas a los hermanos, cosas que se convierten de este modo en la medida de nuestras acciones. Por último, tomo conciencia de si voy por el camino estrecho que es Cristo mismo o si intento hacerme el recorrido cómodo y gratificador al precio de compromisos y mediocridad.

 

 

ORATIO

Clementísimo Señor Jesucristo, hazme entrar por la puerta de la salvación y en la vida de la gloria después de haber recorrido el camino estrecho de la justicia y haber entrado por la estrecha puerta de la penitencia.

Enséñame a evitar las sugerencias de los engañadores y concédeme evitar la sencillez y la inocencia de los hombres espirituales. Que mi corazón eche sus raíces no en la tierra, sino en el cielo, de modo que sea encontrado fiel en los frutos de las buenas obras más bien que en el follaje de las solas palabras.

Concédeme cumplir la voluntad del Padre celestial y traducir en obras las palabras que escucho de ti, de suerte que, arraigado en ti, no haya tentación que me separe de ti. Amén (Landulfo de Sajonia).

 

 

CONTEMPLATIO

El camino ancho es el apego a los bienes del mundo que los hombres desean ardientemente. Estrecho es el que se recorre al precio de fatigosas renuncias. Observa también cómo insiste en los individuos que marchan por ambos caminos: son muchos los que caminan por el camino ancho, mientras que sólo pocos encuentran el estrecho.

No es preciso ir a buscar el camino ancho, ni resulta difícil encontrarlo: se presenta espontáneamente a nosotros, porque es el camino de los que se equivocan; el estrecho, en cambio, no todos lo encuentran, y los que lo hallan no siempre entran en él de inmediato. Muchos, en efecto, aunque han encontrado el camino de la verdad, se vuelven atrás a medio camino, presos de las seducciones del mundo (Jerónimo, Comentario al evangelio de Mateo).

 

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "!Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!" (Mt 7,11).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El camino de los seguidores es angosto. Resulta fácil no advertirlo, resulta fácil falsearlo, resulta fácil perderlo, incluso cuando uno ya está en marcha por él. Es difícil encontrarlo. El camino es realmente estrecho y el abismo amenaza por ambas partes: ser llamado a lo extraordinario, hacerlo y, sin embargo, no ver ni saber que se hace..., es un camino estrecho. Dar testimonio de la verdad de Jesús, confesarla y, sin embargo, amar al enemigo de esta verdad, enemigo suyo y nuestro, con el amor incondicional de Jesucristo..., es un camino estrecho. Creer en la promesa de Jesucristo de que los seguidores poseerán la tierra y, sin embargo, salir indefensos al encuentro del enemigo, sufrir la injusticia antes que cometerla..., es un camino estrecho. Ver y reconocer al otro hombre en su debilidad, en su injusticia, y nunca juzgarlo, sentirse obligado a comunicarle el mensaje y, sin embargo; no echar las perlas a los puercos..., es un camino estrecho. Es un camino insoportable.

En cualquier instante podemos caer. Mientras reconozco este camino como el que me es ordenado seguir, y lo sigo con miedo a mí mismo, este camino me resulta efectivamente imposible.

Pero si veo a Jesucristo precediéndome paso a paso, si sólo le miro a él y le sigo paso a paso, me siento protegido. Si me fijo en lo peligroso de lo que hago, si miro al camino en vez de a aquel que me precede, mi pie comienza a vacilar. Porque él mismo es el camino. Es el camino angosto, la puerta estrecha.

Sólo interesa encontrarle a él (Dietrich Bonhoerfer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, p. 125).

 

Día 24

El Nacimiento de San Juan Bautista


 

Juan el Bautista, es decir, el que bautiza, es ese a quien el evangelio nos da a conocer como el "precursor" de Jesús.

Era hijo de Zacarías y de Isabel, y su venida al mundo no fue fruto de una iniciativa humana, sino un don concedido por Dios a una pareja de avanzada edad destinada a quedarse sin hijos. Juan, como precursor de Jesús, ha sido considerado con pleno derecho profeta, tanto si lo consideramos perteneciente al Antiguo Testamento como al Nuevo.

La liturgia, inspirándose en el estrecho paralelismo establecido por Lucas en el evangelio de la infancia entre Jesús y Juan el Bautista, celebra dos nacimientos: el del Mesías en el solsticio de invierno y el de su precursor en el solsticio de verano.

 

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 49,1-6

1 Escuchadme, habitantes de las islas; atended, pueblos lejanos: El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre.

2 Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de su mano; me transformó en flecha aguda y me guardó en su aljaba.

3 Me dijo: "Tú eres mi siervo, Israel, y estoy orgulloso de ti".

4 Aunque yo pensaba que me había cansado en vano y había gastado mis fuerzas para nada; sin embargo, el Señor defendía mi causa, Dios guardaba mi recompensa.

5 Escuchad ahora lo que dice el Señor, que ya en el vientre me formó como siervo suyo, para que le trajese a Jacob y le congregase a Israel. Yo soy valioso para el Señor, y en Dios se halla mi fuerza.

6 Él dice: "No sólo eres mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer a los supervivientes de Israel, sino que te convierto en luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra".

 

 

**• Entre los "cantos del siervo de YHWH", el que hemos leído se caracteriza porque pone muy de manifiesto el sentido y la naturaleza de la misión que se le confió a éste desde el día en que fue concebido en el seno de su madre: una circunstancia que corresponde bien a san Juan Bautista. El siervo de YHWH recibe del Señor un nombre, una llamada, una revelación. Se le reserva un trato especial en consideración a la misión -igualmente especial- que le espera. A él se le revela esa gloria que él deberá hacer resplandecer ante los que escucharán su palabra.

La misión del siervo de YHWH conocerá también, no obstante, las dificultades y las asperezas de la crisis, justamente como le sucederá a Juan el Bautista. El verdadero profeta, sin embargo, sólo espera de Dios su recompensa, y confía en la "defensa" que sólo Dios puede asegurarle. Por último, sorprende en esta lectura la apertura universalista de la misión del siervo de YHWH: será "luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra" (v. 6).

 

 

Salmo Responsorial

Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.

Salmo 138, 1-3. 13-14. 15

1Señor, tú me sondeas y me conoces;
2me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
3distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

13Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
14Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
15no desconocías mis huesos.

 

 

 

Segunda lectura: Hechos 13,22-26

En aquellos días, decía Pablo:

22 Depuesto Saúl, les puso como rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, el cual hará siempre mi voluntad.

23 De su posteridad, Dios, según su promesa, suscitó a Israel un Salvador, Jesús.

24 Antes de su venida, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia.

25 El mismo Juan, a punto ya de terminar su carrera, decía: "Yo no soy el que pensáis. Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar las sandalias".

26 Hermanos, hijos de la estirpe de Abrahán, y los que, sin serlo, teméis a Dios, es a vosotros a quienes se dirige este mensaje de salvación.

 

 

**• En su discurso de la sinagoga de Antioquía, Pablo hace una referencia explícita a la figura y a la misión de Juan el Bautista, lo que es señal de la gran importancia que la gigantesca imagen de este profeta tenía en el seno de la primitiva comunidad cristiana.

En este texto sobresalen dos grandes figuras: la de David y, precisamente, la de Juan el Bautista. Son dos profetas que, de modos diferentes y en tiempos distintos, prepararon la venida del Mesías. A David se le había entregado una promesa, mientras que Juan debía predicar un bautismo de penitencia. Ambos miraban al futuro Mesías, ambos eran testigos de Otro que debía venir y debía ser reconocido como Mesías.

Lo que sorprende en esta página es la claridad con la que Juan el Bautista identifica a Jesús y, en consecuencia, se define a sí mismo. Ésta es la primera e insustituible tarea de todo auténtico profeta.

 

Evangelio: Lucas 1,57-66.80

57 Se le cumplió a Isabel el tiempo y dio a luz un hijo.

58 Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella.

59 Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre.

60 Pero su madre dijo: -No, se llamará Juan.

61 Le dijeron: -No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.

62 Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamase.

63 El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos se llevaron una sorpresa.

64 De pronto, recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios.

65 Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido.

66 Cuantos lo oían pensaban en su interior: "Qué va a ser este niño?". Porque, efectivamente, el Señor estaba con él-

80 El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.

 

 

**• El evangelista Lucas se preocupa de contar, al comienzo de su evangelio, la infancia de Juan el Bautista junto a la infancia de Jesús: un paralelismo literariamente bello y rico desde el punto de vista teológico.

Cuando "se le cumplió a Isabel el tiempo" (v. 57) dio a luz a Juan: este nacimiento es preludio del de Jesús. Un niño que anuncia la presencia de otro niño. Un nombre -el de Juan- que es preludio de otro nombre: el de Jesús.

Una presencia absolutamente relativa a la de otro. Un acontecimiento extraordinario (la maternidad de Isabel) que prepara otro (la maternidad virginal de María).

Una misión que deja pregustar la de Jesús. No viene al caso contraponer de una manera drástica la misión de Juan el Bautista a la de Jesús, como si la primera se caracterizara totalmente y de manera exclusiva por la penitencia y la segunda por la alegría mesiánica. Se trata más bien de una única misión en dos tiempos, según el proyecto salvífico de Dios: dos tiempos de una única historia, que se desarrolla siguiendo ritmos alternos, aunque sincronizados.

 

 

MEDITATIO

Sabemos que la misión de Juan el Bautista fue sobre todo preparar el camino a Jesús. De ahí que valga la perra meditar sobre el deber de preparar la servida de Jesús tanto en las almas como en la historia. Es éste un deber que incumbe a cada verdadero creyente. Preparar es más que anunciar. Es preciso poner al servicio de Jesús y de su proyecto salvífico no sólo las palabras, sino toda la vida. Desde esta perspectiva podemos captar el sentido de la presencia de Juan el Bautista en los comienzos de la historia evangélica: con su comportamiento penitencial, Juan quiso hacer comprender a sus contemporáneos que había llegado el tiempo de la gran decisión; a saber, la de estar del lado de Jesús o en contra de él.

Con el bautismo de penitencia, Juan quería hacer comprender que había llegado el tiempo de cambiar de ruta, de invertir el sentido de la marcha, precisa y exclusivamente a causa de la inminente llegada del Mesías-Salvador. Con su predicación, Juan el Bautista quería sacudir la pereza y la inedia de demasiada gente de su tiempo, que de otro modo ni siquiera se habría dado cuenta de la presencia de una novedad desconcertante, como fue la de Jesús. Ahora bien, fue sobre todo con su "pasión" como Juan el Bautista preparó a sus contemporáneos para recibir a Jesús: precisamente para decirnos también a nosotros que no hay preparación auténtica para la acogida de Jesús si ésta no pasa a través de la entrega de nosotros mismos, a través de la Pascua.

 

 

ORATIO

Oh Dios de nuestros padres, tú nos llamas a ser "voz": concédenos reconocer tu Palabra, reconocer la única Palabra de vida eterna, para que anunciemos esta sola Verdad a los hermanos. Oh Dios de nuestros padres,

tú nos llamas a ser "el amigo del Esposo"; hazme solícito a preparar los corazones de los hombres, para que estén bien dispuestos a acogerlo.

Oh Dios de nuestros padres, tú nos llamas a señalar el Cordero de Dios a los hombres: haz que nunca me ponga sobre él, sino que él crezca y yo mengüe.

 

 

CONTEMPLATIO

Grita, oh Bautista, todavía en medio de nosotros, como en un tiempo en el desierto [...]. Grita todavía entre nosotros con voz más alta: nosotros gritaremos si tú gritas, callaremos si tú te callas [...]. Te rogamos que sueltes nuestra lengua, incapaz de hablar, como en un tiempo soltaste, al nacer, la de tu padre, Zacarías (cf. Le 1,64). Te conjuramos a que nos des voz para proclamar tu gloria, como al nacer se la diste a él para decir públicamente tu nombre (Sofronio de Jerusalén, Le omelie, Roma 1991, pp. 159ss).

 

 

ACTIO

Repite con frecuencia hoy estas palabras referidas al Bautista: "Serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos" (Le 1,76).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El primer testigo cualificado de la luz de Cristo fue Juan el Bautista. En su figura captamos la esencia de toda misión y testimonio. Por eso ocupa una posición tan importante en el prólogo y emerge con su misión antes incluso de que la Palabra aparezca en la carne. Es testigo con las vestiduras de precursor.

Eso significa sobre todo que él es el final y la conclusión de la antigua alianza y que es el primero en cruzar, viniendo de la antigua, el umbral de la nueva. En este sentido, es la consumación de la antigua alianza, cuya misión se agota aludiendo a Cristo. Por otra parte, Juan es el primero en dar testimonio realmente de la misma luz, por lo que su misión está claramente del otro lado del umbral y es una misión neotestamentaria. La tarea veterotestamentaria confiada por Dios a Moisés o a un profeta era siempre limitada y circunscrita en el interior de la justicia.

Esta tarea era confiada y podía ser ejecutada de tal modo que mandato y ejecución se correspondieran con precisión. La tarea veterotestamentaria confiada a Juan contiene la exigencia !limitada de atestiguar la luz en general. Es confiada con amor y -por muy dura que pueda ser- con alegría, porque es confiada en el interior de la misión del Hijo (A. von Speyr, // Verbo si fa carne, Milán 1982, I, pp. 64ss).

 

 

Día 25

Jueves de la XII Semana del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 24,8-17

8 Jeconías comenzó a reinar a los dieciocho años y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre, Nejustá, era hija de Elnatán, natural de Jerusalén.

9 Ofendió con su conducta al Señor, como su padre.

10 En su tiempo, el ejército de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra Jerusalén y sitió la ciudad.

11 El mismo Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó mientras su ejército sitiaba la ciudad.

12 Jeconías salió a su encuentro con su madre, sus cortesanos, sus jefes y sus criados. El rey de Babilonia los hizo prisioneros el año octavo de su reinado.

13 Como había dicho el Señor, se llevó todos los tesoros del templo del Señor y los del palacio real y machacó todos los objetos de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo del Señor.

14 Deportó a toda Jerusalén, a todos los grandes y poderosos, en número de diez mil, y a todos los herreros y cerrajeros. Sólo dejó a la población más pobre del país.

15 Deportó a Jeconías y a su madre, a sus mujeres, a sus criados y a los nobles del país y los llevó cautivos de Jerusalén a Babilonia.

16 También se llevó a todos los ricos, que eran unos siete mil, a los herreros y cerrajeros, que eran unos mil, y a todos los hombres aptos para la guerra.

17 El rey de Babilonia puso en lugar de Jeconías a su tío Matanías, a quien puso el nombre de Sedecías.

 

 

*+• A la amenaza de Asiria (que mientras tanto se había apoyado en Egipto para contener el expansionismo babilónico) subintró el de Babilonia. Una vez caída Nínive (612), Nabucodonosor se convirtió en rey de Babilonia (605) y se apoderó del frágil reino de Jeconías.

Conquistó Jerusalén en la primavera del año 598 y procedió a una primera deportación en la que se vio implicado el profeta Daniel. En sustitución de Jeconías, un inepto para las armas, fue nombrado Sedecías (598-587) como rey de Judá. En esta situación se desarrolló la labor del profeta Jeremías (Jr 22,13-17).

El autor sagrado relaciona siempre los dramas de su pueblo con la infidelidad al Señor (v. 9, que recuerda los funestos acontecimientos acaecidos bajo Joaquín, padre de Jeconías, narrados al comienzo del capítulo 24).

 

 

Salmo Responsorial

R/.Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Salmo 78,1-2.3-5.8.9

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo, 
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.
R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera?
R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre.
R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

 

 

 

 

Evangelio: Mateo 7,21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

21 No todo el que me dice: !Señor, Señor! entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

22 Muchos me dirán ese día: -!Señor, Señor! No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

23 Pero yo les responderé: -No os conozco de nada. !Apartaos de mí, malvados!

24 El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica es como aquel hombre sensato que edificó su casa sobre roca.

25 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa, pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca.

26 Sin embargo, el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica es como aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena.

27 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, se abatieron sobre la casa y ésta se derrumbó. Y su ruina fue grande.

28 Cuando Jesús terminó este discurso, la gente se quedó admirada de su enseñanza,

29 porque les enseñaba con autoridad, y no como sus maestros de la Ley.

 

 

**• La conclusión del "sermón del monte" incluye una puesta en guardia contra la presunción de salvarse en virtud de la invocación del nombre divino, sin que esta invocación vaya acompañada de un comportamiento coherente, o en virtud de acciones carismáticas que no van acompañadas por la caridad (cf. 1 Cor 13), aun cuando puedan ser signos de la propia fe, como nos enseña Me 16,17. "Profetizar, realizar milagros y expulsar demonios", sostiene Jerónimo, "no revela en ocasiones los méritos de quien realiza tales acciones: es la invocación del nombre de Cristo lo que hace posibles semejantes hechos, que son concedidos para condena de aquellos que invocan a Cristo y en beneficio de cuantos son testigos suyos. Los que realizan milagros, aunque desprecien a los hombres, honran, no obstante, a Dios, en cuyo nombre se llevan a cabo los prodigios". La alternativa frente a la que se nos pone está contenida entre los términos "decir" y "hacer".

Hay que señalar, a continuación, que Cristo se pone a sí mismo como referencia (Mc dirán...; estas palabras mías...) en el juicio final (cf. Mt 25). También resulta indicativo el subrayado del muchos: "Muchos me dirán...". En el texto original se lee un "entonces yo declararé" que es una clara alusión al "día del Señor", al día del juicio.

El hecho de que Cristo declare no conocer (como en la parábola de las vírgenes necias: Mt 25,12) a tales "obradores de iniquidad" (cf. Mt 13,41; 24,12, donde se repite el mismo término) recuerda la fórmula judía de excomunión pronunciada por el maestro, fórmula que comportaba la suspensión temporal del discípulo.

El sermón del monte vuelve a proponer el gran esquema de las bendiciones y de las maldiciones frente a las que se ponía al pueblo de la alianza (Lv 26; Dt 28) y termina con la expresión "su ruina fue grande", que establece un contraste singular con las palabras del comienzo: "Dichosos...". Hemos de señalar aún el simbolismo escondido en los términos "roca" (Cristo) y "casa" (Iglesia).

Por último, presenta Cristo una doble escucha: la superficial y no comprometida y la activa, así como el diferente desenlace de una y otra. No sin razón nos pone en guardia el Señor en el evangelio de Lucas, diciendo: "Prestad atención a cómo escucháis" (Lc 8,18). También Santiago vuelve en su Carta (1,22-25) sobre la doble escucha. "Por consiguiente, el hombre no teme de palabra las nubladas supersticiones, porque no se puede entender de manera diferente la lluvia cuando se usa como símbolo de un mal; no teme las charlas de los hombres que supongo en analogía con los vientos, o bien el río de esta vida que discurre, por así decir, sobre la tierra con los estímulos carnales. Quien se deja conducir por el curso favorable de estas tres eventualidades se ve arrollado por la inversión del curso. En cambio, no teme nada de la lluvia ni del viento quien ha construido su casa sobre la roca, o sea, quien no sólo escucha, sino que pone en práctica la Palabra del Señor. Y quien la escucha y no la pone en práctica se arriesga a todo esto; en efecto, carece de un fundamento firme; al escuchar y no practicar construye su caída" (Agustín).

 

 

MEDITATIO

        "Si alguien vive la Palabra de Dios, se convierte en hijo de Dios" (Jerónimo) y como tal será reconocido a su entrada en el Reino. Jesús censura a cuantos "enseñan bien y viven mal" {Glosa), a cuantos reconocen su señorío pero no cumplen sus leyes, a cuantos olvidan que "la santidad sólo es perfecta en quien cumple con las obras lo que enseña con la palabra" (Jerónimo). Cristo, con la intención de resumir su mensaje, nos presenta la parábola de la casa y de los dos terrenos sobre los que ha sido construida. San Atanasio escribe que la roca es el mismo Cristo; la casa construida sobre él es el edificio de nuestra fe; los vientos que la agitan son las fuerzas del mal; las aguas representan el conjunto de las tentaciones que amenazan con arrollar la vida de los justos.

No tengo más que preguntarme, en la meditación, sobre qué fundamento estoy construyendo mi edificio espiritual: "El día del Señor pondrá de manifiesto la obra de cada cual, porque ese día vendrá con fuego, y el fuego pondrá a prueba la obra de cada uno. Aquel cuyo edificio resista recibirá premio" (1 Cor 3,13-14).

 

 

ORATIO

Señor, estaré entre aquellos a quienes alejarás de ti in remisión en el día del juicio? !Cuántas veces he invocado tu nombre! !Cuántas obras estruendosas he realizado en tu nombre! Sin embargo, la solidez de mi edificio espiritual no ha estado a la altura. La superficialidad, la incoherencia y la inconstancia me impiden construir una casa digna de convertirse en tu morada estable.

 

 

CONTEMPLATIO

        Cierto, insufribles son el infierno y el castigo que allí se padece. Sin embargo, aun cuando me pongas mil infiernos delante, nada me dirás comparable con la pérdida de aquella gloria bienaventurada, con la desgracia de ser aborrecido de Cristo, de tener que oír de su boca: No te conozco; de que nos acuse de que le vimos hambriento y no le dimos de comer. Cierto, más valiera que mil rayos nos abrasaran que no ver que aquel manso rostro nos rechaza y que aquellos ojos serenos no pueden soportar el mirarnos. Porque si, cuando yo era enemigo suyo y le aborrecía y le rechazaba, de tal modo me amó que no se perdonó a sí mismo y se entregó a la muerte por mí, con qué ojos podré mirarle si después de todos esos beneficios, cuando le vi hambriento, no le di un pedazo de pan?

Mas considerad aún aquí su mansedumbre, pues no nos hace la enumeración de sus beneficios ni nos echa en cara que, después de tantos recibidos, le hemos despreciado.

No nos dice el Señor: "Yo soy el que te saqué del no ser al ser, yo te inspiré el alma, yo te constituí sobre todas las cosas de la naturaleza. Por ti hice la tierra y el cielo y el mar y el aire y cuanto existe, y tú me despreciaste y me tuviste en menos que al diablo. Y, sin embargo, ni aun así te abandoné, sino que, después de todo eso, inventé mil invenciones de amor y quise hacerme esclavo y fui abofeteado y escupido y crucificado, y morí con la más afrentosa de las muertes. Y por ti intercedo también en el cielo, y te hice gracia del Espíritu Santo, y te concedí por mi dignación mi propio Reino, y quise ser cabeza tuya; tu esposo, y tu vestido, y tu casa, y tu raíz, y tu alimento, y tu bebida, y tu pastor, y tu rey, y tu hermano, y tu heredero, y coheredero, y te saqué de las tinieblas al poder de la luz" (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 23, 8 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El hombre sensato edifica su casa sobre roca" (cf. MI 7,24).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Pero la separación provocada por la llamada de Jesús al seguimiento es aún más profunda. Tras la separación del mundo y de la Iglesia, de los cristianos falsos y verdaderos, la separación se sitúa ahora en medio del grupo de los discípulos que confiesan su fe. Pablo afirma: "Nadie puede decir "Jesús es señor" sino por influjo del Espíritu Santo" (1 Cor 12, 3). Con la propia razón, con las propias fuerzas, con la propia decisión, nadie puede entregar su vida a Jesús ni llamarle su señor. Pero aquí se tiene en cuenta la posibilidad de que alguno llame a Jesús su señor sin el Espíritu Santo, es decir sin haber escuchado la llamada de Jesús.

Esto resulta tanto más incomprensible cuanto que en aquella época no significaba ninguna ventaja terrena llamar a Jesús su señor; al contrario, se trataba de una confesión que implicaba un gran peligro. "No todo el que me dice: "Señor, Señor" entrará en el Reino de los Cielos...". Decir "Señor, Señor" es la confesión de fe de la comunidad. Pero no todo el que pronuncia esta confesión entrará en el Reino de los Cielos.

La separación se producirá en medio de la Iglesia que confiesa su fe. Esta confesión no confiere ningún derecho sobre Jesús. Nadie podrá apelar nunca a su confesión. El hecho de que seamos miembros de la Iglesia de la confesión verdadera no constituye un derecho ante Dios. No nos salvaremos por esta confesión.

Jesús revela aquí a sus discípulos la posibilidad de una fe demoníaca, que le invoca a él, que realiza hechos milagrosos, idénticos a las obras de los verdaderos discípulos de Jesús, hasta el punto de no poder distinguirlos, actos de amor, milagros, quizás incluso la propia santificación, una fe que, sin embargo, niega a Jesús y se niega a seguirle. Es lo mismo que dice Pablo en el c. 13 de la primera carta a los corintios sobre la posibilidad de predicar, de profetizar, de conocerlo todo, de tener incluso una fe capaz de trasladar las montañas... pero sin amor, es decir, sin Cristo, sin el Espíritu Santo (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 127-129).

 

 

Día 26

Viernes de la XII Semana del Tiempo Ordinario

San Pelayo, mártir

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 25,1-12

1 El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, se presentó con todo su ejército ante Jerusalén y la sitió, levantando alrededor una empalizada.

2 El asedio se prolongó hasta el año undécimo de Sedecías.

3 El día nueve del cuarto mes, cuando el hambre se hizo insoportable en la ciudad y la gente no tenía nada que comer,

4 abrieron una brecha en la ciudad; todo el ejército huyó de noche por la puerta entre los dos muros, cerca del jardín real, y escaparon por el camino del Araba, mientras los caldeos estrechaban el cerco de la ciudad.

5 Pero el ejército caldeo persiguió al rey y le dio alcance en la llanura de Jericó; entonces todas sus tropas se dispersaron.

6 Apresaron al rey Sedecías y lo llevaron a Riblá, ante el rey de Babilonia, y allí le comunicaron la sentencia.

7 El rey de Babilonia mandó degollar a sus hijos en su presencia y a él le sacó los ojos, lo encadenó y lo llevó cautivo a Babilonia.

8 El día siete del quinto mes -era el año decimonoveno de Nabucodonosor, rey de Babilonia-, Nabuzardán, jefe de la escolta y ministro del rey de Babilonia,

9 llegó a Jerusalén e incendió el templo del Señor, el palacio real y todas las casas de Jerusalén.

10 El ejército de los caldeos que estaba a su mando demolió las murallas de Jerusalén.

11 Nabuzardán, jefe de la escolta, llevó cautivos a los supervivientes que quedaban en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y a todos los demás.

12 Sólo dejó alguna gente del pueblo para el cultivo del campo y de los viñedos.

 

**• Sedéelas pensaba que podría contener la amenaza babilónica aliándose con Egipto, a pesar de la predicación contraria de Jeremías. La reacción de Nabucodonosor no se hizo esperar y Jerusalén padeció un asedio de dieciocho meses, tras el que capituló (587) y fue sometida, primero, a saqueo y, después, a una destrucción total, templo incluido (la descripción se encuentra en los w. 13-17, omitidos en el texto litúrgico).

Comienza para Israel el exilio en Babilonia, un exilio que se prolongó durante medio siglo: hasta el año 538, en el que Ciro decretó su fin.

Al profeta Jeremías se le asocia Ezequiel en la predicción de la ruina de Jerusalén, mientras que el Segundo Isaías acompañó a los exiliados para infundirles valor en la prueba. Estos tres grandes profetas anuncian un nuevo éxodo para el ".resto de Israel", una nueva alianza y un nuevo templo, reavivando la esperanza mesiánica.

Es un hecho que, tras el hundimiento del reino del Norte (722) y la derrota del reino del Sur (587), la nación israelita perdió, definitivamente, su propia independencia, pasando, de manera sucesiva, bajo la dominación babilónica, persa, griega y, por último, romana.

 

 

Salmo Responsorial

Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Sal 136,1-2.3.4-5.6


Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»
R/. Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.
R/. 
Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

 

 

 

Evangelio: Mateo 8,1-4

1 Cuando Jesús bajó del monte, le siguió mucha gente.

2 Entonces se le acercó un leproso y se postró ante él, diciendo: -Señor, si quieres, puedes limpiarme.

3 Jesús extendió la mano, le tocó y le dijo: -Quiero, queda limpio. Y al instante quedó limpio de la lepra.

4 Jesús le dijo: -No se lo digas a nadie, pero ve, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés, para que tengan constancia de tu curación.

 

**• Con el capítulo 8 se abre una nueva sección dedicada a los dieciocho milagros, entendidos como "evangelio en acto": contraprueba de la verdad de la Palabra divina dispensada por Cristo y signos anticipadores del Reino. La lectura de hoy nos presenta el primero de los tres milagros, que tienen como marco la primera salida de Cristo en misión (Cafarnaún y alrededores), realizados en beneficio de personas golpeadas por la desgracia y en abierta violación de las normas de precaución y de defensa previstas por la ley: Jesús toca al leproso, está dispuesto a entrar en la casa de un pagano, coge la mano de una mujer enferma. Como se intuye de inmediato, se trata de tres categorías "marginales" o, mejor aún, marginadas en la sociedad judía de aquel tiempo.

El leproso le pide a Jesús que lo "purifique" (así dice el texto original al pie de la letra), consciente de que su enfermedad es considerada como fruto del pecado y expresión de impureza legal. Por eso Jesús, que ha venido a cumplir la ley, envía al leproso al sacerdote, para que verifique la curación que ha tenido lugar. El gesto, absolutamente tradicional (cf. 1 Re 19,18), que realiza el leproso con el Señor indica, al mismo tiempo, postración ante la divinidad y beso de su imagen. Lo volvemos a encontrar en otras ocasiones en el evangelio de Mateo (2,2.8; 9,18; 14,33; 15,25; 20,20; 28,9.17).

 

MEDITATIO

Jesús acompaña su enseñanza con la acción. Es preciso cumplir la ley -de ahí la orden dada al leproso de presentarse a los sacerdotes-, pero la gracia supera a la ley. Por eso Cristo no duda en extender la mano y transmitir al enfermo la energía recreadora. El leproso representa a todo el género humano afectado por el morbo del pecado y, junto con el centurión y la suegra de Pedro (de los que habla el evangelio de mañana), constituye una trilogía representativa de los estrados sociales considerados al margen de mundo judío: los enfermos incurables, los paganos y las mujeres.

El primer acto del leproso es la postración ante el Taumaturgo. Se trata de la misma actitud que realizaba un adepto ante la imagen de la divinidad, inclinándose con veneración y besándola (que es el significado literal del término griego "postrarse"). En segundo lugar, realiza, no de modo diferente a como hará el centurión, un acto de fe. Un acto en el que encontramos una absoluta confianza en la acción del "Señor" (ese es, precisamente, el título que le dirige) y una disposición de ánimo para recibir la intervención sanadora que favorece al máximo su eficacia.

Me identifico con el leproso: cuál es la "lepra" que me afecta? Cuáles son las llagas crónicas que me privan del estado de salud en el que fui creado (cf. Sab 1,14)? Noto el toque taumatúrgico del Señor, toque que alcanza su cima cuando recibo la eucaristía, "el medicamento de la inmortalidad" (Ireneo de Lyon).

 

ORATIO

Te contemplo presente y operante en mí, oh Señor, ahora que te he recibido en la comunión. Me postro en adoración ante ti y te doy, huésped divino, aquel beso que esperaste en vano de Simón el fariseo, que te había invitado a comer en su casa (cf. Le 7,45). Pienso en  mis llagas y digo, con todo el arrebato de mi fe: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Secundo tu acción, dado que el contacto que has establecido con mi cuerpo en la comunión va mucho más allá que el de un simple toque, aunque sea taumatúrgico. Tú que vives en mí haz pasar a mis miembros el fruto de tu pasión y de tu resurrección.

 

CONTEMPLATIO

Algo de esto, sin duda, quiso dar a entender el evangelista al decir que le seguían grandes muchedumbres. Es decir, no de magistrados y escribas, sino de gentes que se hallaban libres de malicia y tenían alma insobornable.

Por todo el evangelio veréis que éstos son los que se adhieren al Señor. Cuando hablaba, éstos le oían en silencio, sin ponerle objeciones, sin cortarle el hilo de su razonamiento, sin ponerle a prueba, sin buscar asidero en sus palabras, como hacían los fariseos. Ellos son ahora los que, después del discurso sobre el monte, le siguen llenos de admiración.

Mas tú considera, te ruego, la prudencia del Señor y cómo sabe variar para utilidad de sus oyentes, pasando de los milagros a los discursos y de éstos nuevamente a los milagros. Porque fue así que, antes de subir al monte, había curado a muchos, como abriendo camino a sus palabras, y ahora, después de todo aquel largo razonamiento, otra vez vuelve a los milagros, confirmando los dichos con los hechos. Enseñaba él como quien tiene autoridad.

Pues bien, por que nadie pudiera pensar que aquel modo de enseñanza era pura altanería y arrogancia, eso mismo hacía en sus obras, curando como quien tiene autoridad. Así, ya no tenían derecho a escandalizarse de oírle enseñar con autoridad, pues con autoridad también obraba los milagros (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 25, 1 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Si quieres, puedes pacificarme" (cf. Mt 8,2).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Estás buscando el modo de encontrar a Jesús. Intentas encontrarlo no sólo en tu mente, sino también en tu cuerpo. Buscas su afecto y sabes que este afecto implica tanto su cuerpo como el tuyo. El se ha convertido en carne para ti, a fin de que puedas encontrarlo en la carne y recibir su amor en la misma.

Sin embargo, queda algo en ti que impide este encuentro. Queda aún mucha vergüenza y mucha culpa incrustadas en tu cuerpo, y bloquean la presencia de Jesús. No te sientes plenamente a gusto en tu cuerpo; lo consideras como si no fuera un lugar suficientemente bueno, suficientemente bello o suficientemente puro para encontrar a Jesús.

Cuando mires con atención tu vida, fíjate cómo ha sido afligida por el miedo, un miedo en especial a las personas con autoridad: tus padres, tus profesores, tus obispos, tus guías espirituales, incluso tus amigos. Nunca te has sentido igual a ellos y has seguido infravalorándote frente a ellos. Durante la mayor parte de tu vida te has sentido como si tuvieras necesidad

de su permiso para ser tú mismo. No conseguirás encontrar a Jesús en tu cuerpo mientras éste siga estando lleno de dudas y de miedos. Jesús ha venido a liberarle de estos vínculos y a crear en ti un espacio en el que puedas estar con él. Quiere que vivas la libertad de los hijos de Dios.

No desesperes pensando que no puedes cambiarte a ti mismo después de tantos años. Entra simplemente tal como eres en la presencia de Jesús y pídele que te conceda un corazón libre de miedo, donde él pueda estar contigo. Tú no puedes hacerte distinto. Jesús ha venido a darte un corazón nuevo, un espíritu nuevo, una nueva mente y un nuevo cuerpo. Deja que él te transforme con su amor y te haga así capaz de recibir su afecto en la totalidad de tu ser (H. J. M. Nouwen, La voce dell'amore, Brescia 21997, pp. 62-64, passim [edición española: La voz interior del amor, Promoción Popular Cristiana, Madrid 1997]).

 

Día 27

Sábado de la XII Semana del Tiempo Ordinario

San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia

LECTIO

Primera lectura: Lamentaciones 2,2.10-14.18ss

2 El Señor ha arrasado sin piedad todos los campos de Jacob; ha derribado en su furor las fortalezas de la capital de Judá; ha humillado y deshonrado al reino y a sus príncipes.

10 Están sentados silenciosos en el suelo los ancianos de Sión; han echado ceniza en su cabeza, se han vestido de sayal, humillan su cabeza hasta la tierra las doncellas de Jerusalén.

11 Mis ojos se consumen en lágrimas, mis entrañas se estremecen; mi rabia se desborda, por la ruina de la capital de mi pueblo; niños y lactantes desfallecen en las calles de la ciudad.

12 "Dónde hay pan y vino?", preguntan a sus madres, mientras desfallecen moribundos en las calles de la ciudad, y exhalan el último suspiro en el regazo de sus madres.

13 A quién te asemejas, a quién te pareces, ciudad de Jerusalén? A quién te compararé para consolarte, doncella de Sión? Tu herida es como el mar. Quién te podrá curar?

14 Tus profetas te transmitieron visiones vacías y engañosas. No te desvelaron tu maldad para que cambiara tu suerte. Te transmitieron oráculos falaces y seductores.

18 Claman los israelitas al Señor con todo el corazón. Muralla de Sión, deja correr como un río tus lágrimas, no des tregua a tus ojos ni de día ni de noche; que no descansen.

19 Levántate, lanza gritos en la noche al comenzar cada vigilia, desahoga tu corazón ante el Señor, alza tus manos hacia él y ruega por la vida de tus niños, que desfallecen de hambre por las plazas.

 

        **• Una vez terminada la lectura de los libros de los Reyes, la mejor reflexión sobre el sentido que tienen los acontecimientos narrados es esta página de las Lamentaciones atribuidas a Jeremías (es la única lectura de este libro que se realiza durante el tiempo ordinario). El texto, resumido en la versión litúrgica -texto alfabético de 22 versículos en el original-, está constituido por la totalidad del capítulo 2 de las Lamentaciones y representa una sufrida meditación sobre el exilio, sobre la responsabilidad de los falsos profetas y de las prácticas idolátricas, sobre el inevitable hundimiento de Jerusalén y de su templo. Este conjunto de acontecimientos conduce al arrepentimiento y a la súplica. La lejanía de la patria es la imagen palpable de la lejanía de Dios. Es el Dios que domina sobre los acontecimientos de la historia  revela su significado íntimo y providencial por medio de sus mensajeros. Tras haber hablado de la infausta suerte corrida por el rey, por los sacerdotes y los profetas, los ancianos y los jóvenes, el canto se dirige a Sión, le recuerda los engaños de los que fue víctima y la invita a llorar sobre su propia suerte.

 

Salmo Responsorial

R. No olvides sin remedio la vida de los pobres.

Salmo 73. 1b-2. 3-4. 5-7. 20-21

 

¿Por qué, oh, Dios, nos rechazas para siempre
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sion donde pusiste tu morada.
R.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus propios estandartes.
R..

Como quien se abre paso
entre la espesa arboleda,
todos juntos derribaron sus puertas,
las abatieron con hachas y mazas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron
la morada de tu nombre.
R.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos alaben tu nombre.
R.

 

 

Evangelio: Mateo 8,5-17

En aquel tiempo,

5 al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión suplicándole:

6 -Señor, tengo en casa un criado paralítico que sufre terriblemente.

7 Jesús le respondió: -Yo iré a curarlo.

8 Replicó el centurión: -Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra y mi criado quedará sano.

9 Porque yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a uno: !ve! y va; y a otro: !ven! y viene; y a mi criado: !haz esto! y lo hace.

10 Al oírlo, Jesús se quedó admirado y dijo a los que le seguían: -Os aseguro que jamás he encontrado en Israel una fe tan grande.

11 Por eso os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el banquete del Reino de los Cielos,

12 mientras que los hijos del reino serán echados fuera a las tinieblas; allí llorarán y les rechinarán los dientes.

13 Luego dijo al centurión: -Vete y que suceda según tu fe. Y en aquel momento el criado quedó sano.

14 Al llegar Jesús a la casa de Pedro, encontró a la suegra de éste acostada con fiebre.

15 Jesús tomó su mano y la fiebre desapareció. Ella se levantó y se puso a servirle.

16 Al atardecer le trajeron muchos endemoniados; expulsó a los espíritus con su palabra y curó a todos los enfermos.

17 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.

 

 

*" El milagro del centurión aparece también en Lc 7,1-10 y en Jn 4,46-54. Mateo nos habla de un hijo-criado ipdis), Lucas de un criado {dülos) y Juan de un hijo {huios). De hecho, se trata de un prodigio en el que confluyen el poder taumatúrgico de Cristo, que obra de inmediato {"en aquel momento") incluso a distancia, y la fe del funcionario, elogiada por el Maestro.

Esto brinda a Cristo la ocasión de condenar el rechazo de sus paisanos y describir su triste desenlace. El "llanto" y el "rechinar de dientes" es una expresión idiomática que indica una gran desesperación con plena conciencia del mal realizado.

Cristo se hospeda en Cafarnaún en la casa de Pedro, cuya suegra tiene fiebre. Aquí -único caso en Mateo- es Jesús quien toma la iniciativa y realiza el milagro, con el mismo toque reservado al leproso. Es interesante señalar los diferentes rasgos con que narran el episodio los sinópticos (el realismo de Mc 1,33 y los matices de Lc 4,39). Los tres concuerdan en el hecho de que, inmediatamente después de ser curada, la mujer se puso a servir, es la primera "diaconisa" de la historia cristiana.

Los w. 16ss resumen la obra desplegada por Cristo hasta aquí en favor de los endemoniados (de los que, sin embargo, no ha hablado Mateo todavía) y de los enfermos. Y puesto que Cristo ha venido a cumplir las Escrituras, se cita al profeta Isaías (53,4), adaptándolo, no obstante, al nuevo contexto: en vez de los sufrimientos y dolores con los que habría de cargar el Siervo de YHWH, se habla aquí de flaquezas y enfermedades. Se trata de una expiación liberadora.

 

 

MEDITATIO

Entrar en contacto con leprosos, paganos y mujeres no era conveniente para un rabí y, en todo caso, podía producir un estado de impureza legal. A pesar de todo, Jesús no se sustrae a las peticiones de curación (según Lucas, también le pidieron que curara a la suegra de Pedro) e infringe los tabúes que habrían contradicho la lógica misma de la encarnación. Si Dios asume un cuerpo humano es para comunicarse con el cuerpo del hombre: "El cuerpo es para el Señor y el Señor para el cuerpo", dirá Pablo (1 Cor 6,13). Jesús interviene en consideración a la fe del enfermo (el leproso) o de la comunidad (en el caso de la suegra de Pedro), pero tiene palabras de elogio sobre todo para la fe que un pagano ha manifestado en su palabra. Una fe de la que dice Jesús: "Jamás he encontrado en Israel una fe tan grande", una fe que nadie había sido capaz de igualar hasta entonces.

Hoy no es ya el toque taumatúrgico que el Señor despliega en la eucaristía lo que pretendo experimentar, sino la "simple" fuerza de su palabra. Traigo a mi mente las palabras de vida que me ha transmitido el Señor, y me interrogo sobre el impacto curador que estas han producido y siguen produciendo todavía en mi persona.

 

 

ORATIO

Tú, oh Señor, nos has enseñado que "se redime sólo aquello que se asume" (cf. Ad gentes, 3). Por eso "tomaste nuestras flaquezas y cargaste con nuestras enfermedades", y no buscaste un "chivo expiatorio" sobre el que cargar el mal que aflige el corazón del hombre, sino que cargaste tú mismo con él.

Reavivo en mí la certeza de que tú pretendes restituir el género humano a la condición originaria de belleza y sanidad con que salió de las manos del Creador. Y, mientras pretendo secundar en mí tu obra taumatúrgica, acojo las penas y los sufrimientos que la vida me reserva, a fin de asociarme a tu pasión redentora a favor de la santa Iglesia y de toda la humanidad (cf. Col 1,24).

 

 

CONTEMPLATIO

        Qué dice, pues, el centurión? Señor, no soy digno de que entres en mi casa... Oigámosle cuantos hemos aún de recibir a Cristo, porque es posible recibirle también ahora. Oigámosle e imitémosle y recibamos al Señor con el mismo fervor que el centurión; porque cuando a  un pobre recibes hambriento y desnudo a Cristo recibes y alimentas. Pero di una sola palabra y mi criado quedará sano. Mira cómo este centurión, a la par que el leproso, tiene de Cristo la opinión conveniente. Porque tampoco el centurión dijo: "Suplícalo a Dios", ni: "Haz oración y ruega", sino: Mándalo solamente.

El centurión no busca, en efecto, la presencia física de Jesús para salvar a su siervo, ni lleva el enfermo al médico: su comportamiento atestigua que no tiene una idea limitada de Cristo. Como le tiene, efectivamente, una estima digna de su divinidad, le pide: Di una sola palabra. Y, al comienzo, ni siquiera le manifiesta su petición, sino que se limita a exponer la enfermedad del criado. Su gran humildad le impide pensar que Cristo consentirá concederle de inmediato la curación y accederá a visitar su casa.

Sin embargo, con tener una fe tan grande, todavía se consideraba indigno a sí mismo. Cristo, empero, para mostrar que era digno de que él entrara en su casa, hizo mucho más que entrar: admirarle y proclamarle y darle más de lo que había venido a pedir. Porque había venido a pedir la salud corporal para su criado y se fue con el Reino de Dios en las manos. Mirad cómo ya aquí se cumple lo de "buscad el Reino de los Cielos y todo eso se os dará por añadidura". Pues por haber dado muestras de una fe y una humildad tan grandes, no sólo le dio el Señor el cielo, sino la salud de su criado por añadidura (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 26, 1-4 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Di una sola palabra y quedaré sano" (cf. Mt 8,8).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Preguntas qué has de hacer cuando sientes que te asaltan por todas partes fuerzas aparentemente irresistibles, por oleadas que te cubren y pretenden arrancarte del suelo. En ocasiones, estas oleadas proceden del sentimiento de ser rechazado, olvidado, mal entendido. Algunas veces proceden de la rabia, del resentimiento o incluso de un deseo de venganza; otras veces, de la autocompasión o del desprecio a nosotros mismos. Estas oleadas te hacen sentirte como un niño impotente, abandonado por sus padres.

Qué debes hacer? Toma la opción consciente de desplazar la atención desde tu corazón ansioso por estas oleadas para dirigirlo hacia aquel que camina sobre las olas y dice: "Soy yo. No tengáis miedo" (Mt 14,27; Me 6,50; Jn 6,20). Continúa teniendo tu mirada fija en él, con la confianza de que él llevará la paz a tu corazón. Míralo y dile: "Señor, ten piedad". Dilo una vez y otra, pero no con ansiedad, sino con la confianza en que él está muy cerca de ti y llevará tu alma al reposo (H. J. M. Nouwen, La voce dell'amore, Brescia 21 997, pp. 131 ss [edición española: La voz interior del amor, Promoción Popular Cristiana, Madrid 1997]).

 

Día 28

XIII Domingo del Tiempo Ordinario

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 4.8-11.14-16a

8 Un día Eliseo pasaba por Sunam. Vivía allí una mujer distinguida, la cual le invitó con insistencia a comer. Y en adelante, siempre que pasaba, se detenía a comer en su casa.

9 La mujer dijo a su marido: -Creo que ése que viene a comer con nosotros es un hombre de Dios, un santo.

10 Vamos a prepararle arriba una habitación con una cama, una mesa, una silla y un candelabro, para que cuando venga a nuestra casa pueda instalarse en ella.

11 Un día, llegó allí Eliseo, se retiró a la habitación y se acostó.

12 Eliseo seguía pensando qué podría hacer por la mujer cuando Guejazí le sugirió: -Mira, no tiene hijos y su marido es ya viejo.

13 Eliseo le ordenó: -Llámala. La llamó, y ella se presentó a la puerta.

14 Eliseo le dijo: -El año próximo, por estas fechas, tendrás un hijo.

 

El relato de la hospitalidad ofrecida a Eliseo por una rica sunamita (u 8) se encuentra en una sección que agrupa una serie de milagros realizados por el profeta (2 Re 4,1-6,7). En este texto se subraya la generosidad con la que una mujer y su marido acogen a Eliseo, conocido como <<un hombre de Dios", (vv 9ss).

Abriéndole las puertas de la casa al profeta y asegurándole hospedaje en sus viajes desde el monte Carmelo (cf 2 Re 4,25), la mujer practica la fe en YHWH, de quien Eliseo es mediador con un gesto desinteresado (cf 4,13). El nacimiento de un hijo será para esta mujer la inesperada recompensa, signo de la bendición divina (vv. 14-16a).

 

Salmo Responsorial

R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor

Salmo 88. 2,6-7, 12, 16-17

 

 

2 Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

6 El cielo proclama tus maravillas, Señor,

y tu fidelidad en la asamblea de los santos. R.

9 Señor del universo, ¿quién como tú?

El poder y la fidelidad te rodean.

12 Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;

tú cimentaste el orbe y cuanto contiene; R.

16 Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:

caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;

17 tu nombre es su gozo cada día,

tu justicia es su orgullo. R.

 

 

Segunda lectura: Romanos 6,3-4.8-11

Hermanos:

3 Ignoráis acaso que todos a quienes el bautismo ha vinculado a Cristo hemos sido vinculados a su muerte?

4 En efecto, por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo, quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

8 Por tanto, si hemos muerto con Cristo, confiemos en que también viviremos con él.

9 Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, no vuelve a morir, que la muerte no tiene ya dominio sobre él.

10 Porque cuando murió, murió al pecado de una vez para siempre; su vivir, en cambio es un vivir para Dios.

11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios, en unión con Cristo Jesús.

 

El cristiano, mediante el bautismo, se une a Jesucristo muerto y resucitado. Pablo expresa esta verdad con la imagen del rito bautismal de la inmersión. Sumergido en el agua, el catecúmeno participa de la muerte y la sepultura de Jesús: pone fin a la antigua vida de pecado que aúna a todos los hombres (cf Rom 5, 12 . 1 5).

Jesús no solo ha muerto, sino que el Padre lo ha resucitado, y en él ha manifestado definitivamente su amor salvador. Los bautizados, unidos a Jesús resucitado, viven ya en la fe una <<vida r1ueva" y <<definitiva" (v 4b.8-9). Jesús ha compartido la naturaleza humana: ha padecido la muerte y resucitando, ha derrotado para siempre a la muerte y al pecado. También la naturaleza humana en Cristo vive ahora la plena comunión con Dios (v. 1o). Los cristianos, estando íntimamente unidos a Jesucristo, deben coherentemente abandonar cualquier comportamiento pecaminoso y vivir para Dios (v 11).

 

Evangelio: Mateo 10,37-42

Dijo Jesús a los discípulos:

37 El que ama a su padre o a su madre mas que a mi no es digno de mi; y el que ama a su hijo o a su hija mas que a mi no es digno de mi.

38 El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mi.

39 El que quiera conservar la vida, la perderé, y el que la pierda por mi, la conservará.

40 El que os recibe a vosotros me recibe a mi, y el que me recibe a mi recibe al que me envié.

41 El que recibe a un profeta por ser profeta recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo recibirá recompensa de justo;

42 y quien dé un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser discípulo mío, os aseguro que no se quedaré sin recompensa.

 

*" El discípulo, el misionero, esta llamado a ser sin equívocos un hombre de fe y un hombre libre; la Palabra que anuncia exige que nada pueda ensombrecer su claridad, su transparencia. Por eso, su estilo de vida es sobrio (cf Mt 10,9-10) y sus vínculos afectivos están jerarquizadas por el amor a Jesús (v 37). Jesús es el valor absoluto para el discípulo, quien le hace capaz de afrontar los sufrimientos e incluso la muerte (vv 38ss). Quien acoge al misionero también vive un vinculo de comunión intenso con Jesús y con el Padre, ya que, según la concepción común del judaísmo, el enviado es igual al que envía; quien acoge al misionero acoge a Jesús y en él al Padre que lo ha mandado (v. 4o). Actuando así manifiesta fe concreta, amor humilde y servicial. También quien abre la casa y el corazón al misionero coopera en la extensión del Reino de Dios y participa de la misma dicha que el misionero (vv. 4lss).

 

MEDITATIO

En nuestro tiempo, en distintos ámbitos de la vida personal y social, experimentamos las dificultades de acoger <<al otro": al extraño o al vecino; al padre anciano o al hijo concebido; al enfermo crónico o al terminal, a quien sencillamente sus opciones son diferentes a las nuestras. Advertimos que acoger es correr un riesgo, el de renunciar a algo nuestro en favor del otro, y nos asustamos. Y además, el otro qué hará con la acogida que le ofrezco?

Sin embargo, correr el riesgo puede significar un descubrimiento: el del amor que crece. El otro no es primariamente un desconocido del que defenderse; es sobre todo un misterio enriquecedor por descubrir. El Señor nos recuerda que en la persona que acogemos se hace visible su presencia, Renunciar a un poco de espacio y a un poco de tiempo, ampliar los círculos de amistad para abrazar nuevas amistades, compartir lo que somos, sabemos y tenemos no es privación, sino potenciación fecunda.

Lógica absurda, desde las exigencias urgentes de una rígida contabilidad de dar/tener. Lógica de un amor que ha dado la propia vida para hacer vivir a todos: el amor del Señor, Jesucristo. Es la lógica que cada bautizado hace suya. ,Cual es la mía?

 

ORATIO

Perdóname, Señor: he cerrado la puerta de mi corazón y la puerta de mi casa; a veces por miedo, otras por pereza. Perdóname, Señor También tengo que decir: perdóname, hermano; perdóname, hermana, porque no has encontrado en mi lugar donde descansar, estar a gusto, sentirte <<en casa". Si, perdóname. Sé que es posible vivir de otra manera, desplegar el amor y ayudar a otros.

Y todavía te suplico, mi Dios: haz que camine contigo en la vida nueva, sin temores infundados, sin sospechar de nadie, sin levantar barricadas. Que haga de la confianza y del compartir no la cantinela de buenos propósitos o eslóganes espirituales momentáneos, sino Ia repetida experiencia de todos los días. Que corra por mis venas tu vida resucitada y florezca en expresiones de verdadero amor

 

CONTEMPLATIO

Y por eso dijo [el Señor]: <<El que acoge a este niño en mi nombre, a mi me acoge; y el que me acoge a mi acoge al que me ha enviado" (Lc 9,48). En efecto, quien acoge a un imitador de Cristo acoge al mismo Cristo, y el que acoge la imagen de Dios acoge a Dios. Pero precisamente porque no podíamos ver la imagen de Dios, El se nos ha hecho presente por medio de la encarnación de su Verbo, para así acercarnos la divinidad, realidad que esta tan por encima de nosotros (Ambrosio de Milaán, <<Comentario al evangelio de san Lucas", VII, 24, en Obras de san Ambrosia, I, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1966, 357).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Llevemos una vida nueva>> (Rom 6,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Dios, que me entrega tesoros para que los guarde, me permite que los custodie y los administre bien   Me agrada relacionarme con los demás. Mi intensa participación, me parece, irradia lo mejor y más sincero de mí; las personas se muestran sinceras conmigo, cada uno es una historia, y todos me cuentan su vida. Y mis ojos encantados no tienen que leer. [...]. Soy un enfermo, no puedo hacer nada. Mas tarde enjugaré lágrimas y replegaré miedos, allá abajo. En el fondo, ya lo hago en esta cama. Quizá sea por esto que tengo fiebre y mareos?. No quiero ser cronista de horrores. Ni tampoco de sucesos sensacionales.

Esta mañana le he dicho a Jopie: siempre llego a la misma conclusión, la vida es bella. Y creo en Dios. Quiero estar entre los  <<horrores" y decir igualmente que la vida es bella. Ahora, con fiebre y mareos, acostado en un rincón, no puedo hacer nada. Hace poco me he despertado con la garganta seca, he aferrado mi vaso y he agradecido los sorbos de agua; he pensado: si pudiese andar entre los millares de hombres amontonadas por ahí y pudiese ofrecerles un trago... Me digo: no es nada, tranquilo, no es nada, tranquilo.

Cuando una mujer o un niño hambriento se ponía a llorar detrás de nuestras mesas de grabación, me arrimaba, le abrazaba sobre mi pecho, le apretaba, le sonreía y suavemente le decía a quien se encontraba acurrucado y aturdido: no es nada, no es nada. Me quedaba allí y, si podía, hacía algo. A veces me sentaba cerca de alguien, le ponía el brazo encima del hombro, guardaba silencio y le miraba a la cara. Nada resultaba nuevo, ninguna de aquellas expresiones de dolor humano. Todo me parecía familiar; como si ya hubiera vivido cada casa. Algunos me decían: tienes nervios de acero para resistir. No creo que tenga nervios de acero; mas bien, nervios sensibles, capaces de <<resistir>>. Tengo el coraje de mirar de frente al dolor. Al final de coda día me decía: !quiero tanto a los hombres! (E. Hillesum, Diario 794i-7943, Milán 5i 992, 232ss).

 

Día 29

Santos Pedro y Pablo, apóstoles


 

Pedro y Pablo, dos columnas de la Iglesia, maestros inseparables de fe y de inspiración cristiana por su autoridad, son sinónimo de todo el colegio apostólico. A Simón Pedro, pescador de Betsaida (cf. Le 5,3; Jn 1,44), Jesús le llamó Kefas- Piedra y le dio el encargo de guiar y confirmar a los hermanos, a pesar de su frágil temperamento. Su característica distintiva es la confesión de la fe. Es uno de los primeros testigos del Jesús resucitado y, como testigo del Evangelio, toma conciencia de la necesidad de abrir la Iglesia a los gentiles (Hch 10-11).

Pablo de Tarso, perseguidor de la Iglesia y convertido en el camino de Damasco, es un hombre de espíritu vivaz y brillante formación, que recibió de los mejores maestros. Animado por una gran pasión por Cristo, recorrió con su dinamismo el Mediterráneo anunciando el Evangelio de la salvación.

Ambos recibieron en Roma la palma del martirio y la unidad en la caridad, convirtiéndose en ejemplo de diálogo entre institución y carisma.

 

LECTIO

Primera lectura: Hechos 12,1-11

1 Por entonces, el rey Herodes inició una persecución contra algunos miembros de la Iglesia.

2 Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan,

3 y, viendo que este proceder agradaba a los judíos, se propuso apresar también a Pedro. En aquellos días se celebraba la fiesta de pascua.

4 Así que lo prendió, lo metió en la cárcel y encomendó su custodia a cuatro escuadras de soldados, con intención de hacerle comparecer ante el pueblo después de la pascua.

5 Mientras Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia oraba por él a Dios sin cesar.

6 La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerle comparecer, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas, mientras dos guardias vigilaban la puerta de la cárcel.

7 En esto, el ángel del Señor se presentó y un resplandor inundó la estancia. El ángel tocó a Pedro en el costado y le despertó diciendo: -!Deprisa, levántate! Y las cadenas se le cayeron de las manos.

8 El ángel le dijo: -Abróchate el cinturón y ponte las sandalias. Pedro lo hizo así, y el ángel le dijo: -Échate el manto y sígueme.

9 Pedro salió tras él, sin darse cuenta de que era verdad lo que el ángel hacía, pues pensaba que se trataba de una visión.

10 Después de pasar la primera y la segunda guardias, llegaron a la puerta de hierro que da a la calle, y se les abrió sola. Salieron y llegaron al final de la calle; de pronto, el ángel desapareció de su lado.

11 Y Pedro, volviendo en sí, dijo: -Ahora me doy cuenta de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de Herodes y de las maquinaciones que los judíos habían tramado contra mí.

 

*• Estamos en tiempos de la persecución contra la Iglesia por obra de Herodes Agripa, en los años 41-44. Pedro, como Jesús, fue arrestado durante los días de la pascua judía y encarcelado (cf. Le 22,7). Lucas nos hace comprender la suerte que habría correspondido a Pedro si el Señor no hubiera intervenido con un milagro (vv. 1-4). Éste tiene lugar con la liberación de la muerte cierta por medio de un ángel. El evangelista pone de relieve, a continuación, la grandeza de la liberación de Pedro, toda ella obra de Dios, hasta tal punto que los cristianos no podían dar crédito a sus ojos. Dios manifiesta así su benevolencia con los primeros cristianos de un modo extraordinario. El relato de la liberación del apóstol se divide en dos partes. La primera nos cuenta lo que sucede en la prisión, donde duerme Pedro encerrado, y el procedimiento de su liberación por medio del ángel (vv. 7ss).

En la segunda parte se describe cómo el ángel y Pedro recorren los caminos de la ciudad, mientras las puertas se abren fácilmente a su paso. Después de esto, desaparece el ángel liberador (vv. 9ss). Una vez salvado, dice Pedro: "Ahora me doy cuenta de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de Herodes y de las maquinaciones que los judíos habían tramado contra mí", y se reúne con su Iglesia, que estaba orando por él (cf. v. 5).

Para Lucas, ésta es la pascua de Pedro, es decir, la liberación definitiva del mundo judío, y la liberación del cabeza de los apóstoles se convierte en un signo concreto de la salvación que deben llevar también a los gentiles.

 

 

Salmo Responsorial

R.- El Señor me libró de todas mis ansias

Salmo 34 (33),2-3.4-5.6-7.8-9

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

R.- El Señor me libró de todas mis ansias

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su Nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

R.-  El Señor me libró de todas mis ansias

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
Él lo escucha y lo salva de sus angustias.

R.-  El Señor me libró de todas mis ansias

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a Él.

R.-  El Señor me libró de todas mis ansias

 

 

Segunda lectura: 2 Timoteo 4,6-8.17ss

Querido hermano:

6 Yo ya estoy a punto de ser derramado en libación, y el momento de mi partida es inminente.

7 He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he guardado la fe.

8 Sólo me queda recibir la corona de salvación que aquel día me dará el Señor, juez justo, y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

17 El Señor me asistió y me confortó, para que el mensaje fuera plenamente anunciado por mí y lo escucharan todos los paganos. Fui librado de la boca del león.

18 El Señor me librará de todo mal y me dará la salvación en su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

**• El fragmento nos presenta el testamento de Pablo, que siente ahora próxima su muerte. Tras hacer algunas recomendaciones a Timoteo, el apóstol nos hace conocer su estado de ánimo: se siente solo y abandonado por los hermanos, pero no víctima, porque tiene la conciencia tranquila y el Señor está con él. Ha conservado la fe y la vocación misionera, en fidelidad al mandato recibido. Es consciente de que ha "combatido el buen combate, [ha] concluido [su] carrera" (v. 7).

Se compara, entonces, con la "libación" que se derramaba sobre las víctimas en los sacrificios antiguos: quiere morir como un verdadero luchador, tal como ha vivido, consciente de haberse entregado por completo a Dios y a los hermanos. Es consciente de que ahora le espera la victoria prometida al siervo fiel y también a todos los que "esperan con amor su venida gloriosa" (v. 8).

La conclusión del fragmento subraya los sentimientos personales del apóstol de los gentiles, su amor por la causa del Evangelio, su imitación de la persona de Cristo, y su conciencia de haber llevado a cabo la obra de salvación con los gentiles, a la que había sido llamado por el Señor (v. 17).

 

 

Evangelio: Mateo 16,13-19

En aquel tiempo,

13 de camino hacia la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: -Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

14 Ellos le contestaron: -Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.

15 Jesús les preguntó: -Y vosotros quién decís que soy yo?

16 Simón Pedro respondió: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

17 Jesús le dijo: -Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos.

18 Yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del abismo no la hará perecer.

19 Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

 

 

*•• La confesión de Pedro es un texto de gran importancia para la vida del cristianismo y se compone de dos partes: la respuesta de Pedro sobre el mesiazgo de Jesús, Hijo de Dios (vv. 13-16), y la promesa del primado que Jesús confiere a Pedro (vv. 17-19). Por lo que respecta a la pregunta que dirige Jesús a sus discípulos, podemos subrayar dos puntos de vista: el de los hombres (v. 13: "Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"), con su apreciación humana, y el de Dios (v. 15: "Y vosotros quién decís que soy yo?", con el correspondiente conocimiento sobrenatural.

La opinión de la gente del tiempo de Jesús reconocía en él a un profeta y a una personalidad extraordinaria (v. 14). La opinión de los Doce, en cambio, es la expresada por la confesión de fe de Pedro: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (cf. v. 16). Ahora bien, esa revelación es fruto exclusivo de la acción del Espíritu Santo, "porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos" (v. 17).

A causa de esta confesión, Pedro será la roca sobre la que edificará Jesús su Iglesia. A Pedro y a sus sucesores les ha sido confiada una misión única en la Iglesia: son el fundamento visible de esa realidad invisible que es Cristo resucitado. Ambos constituyen la garantía de la indefectibilidad de la Iglesia a lo largo de los siglos.

Por otra parte, el poder especial otorgado por Jesús a Pedro, expresado por las metáforas de las llaves, del "atar" y del "desatar" (v. 19), indica que tendrá autoridad para prohibir y permitir en la Iglesia.

 

 

MEDITATIO

La Iglesia celebra a través de estos dos apóstoles su fundamento apostólico, mediante el cual se apoya directamente en la piedra angular que es Cristo (cf. Ef 2,19ss).

Pedro y Pablo son los "fundadores" de nuestra fe; a partir de ellos se entabla el diálogo entre institución y carisma, a fin de hacer progresar el camino de la vida cristiana.

El pescador de Galilea empezó su extraordinaria aventura siguiendo al Maestro de Nazaret, primero, en Judea y, a continuación, tras su muerte, hasta Roma. Y aquí se quedó no sólo con su tumba, sino con su mandato, es decir, en aquellos que han subido a la "cátedra de Pedro". Pedro continúa siendo, en los obispos de Roma, la "roca" y el centro de unidad sobre el que Cristo edifica su Iglesia.

Pablo de Tarso, el apóstol de los gentiles, se convirtió de perseguidor de Cristo en celoso misionero de su Evangelio. Cogido por el amor al Señor, Cristo llegó a ser para él su mayor pasión (2 Cor 5,14), hasta el punto de decir: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gal 2,20). Su martirio revelará la sustancia de su fe.

La evangelización de estas dos columnas de la Iglesia no se apoya en un mensaje intelectual, sino en una praxis profunda, sufrida y atestiguada con la palabra de Jesús.

 

 

ORATIO

Dios omnipotente y eterno, que con inefable sacramento quisiste poner en la sede de Roma la potestad del principado apostólico, para que a través de ella la verdad evangélica se difundiera por todos los reinos del mundo, concede que lo que se ha difundido por su predicación en todo el orbe sea seguido por toda la devoción cristiana (Sacramentarium Veronense, ed. L. C. Mohlberg, Roma 1978, n. 292).

 

 

CONTEMPLATIO

[...] en los apóstoles Pedro y Pablo has querido dar a tu Iglesia un motivo de alegría: Pedro fue el primero en confesar la fe; Pablo, el maestro insigne que la interpretó; aquel fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel, éste la extendió a todas las gentes. De esta forma, Señor, por caminos diversos, ambos congregaron la única Iglesia de Cristo, y a ambos, coronados por el martirio, celebra hoy tu pueblo con una misma veneración (Misal romano, prefacio propio de la misa de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo).

 

 

ACTIO

Repite hoy con frecuencia orando con san Pedro y san Pablo: "El Señor me asistió y me confortó" (2 Tim 4,17).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La liturgia fija hoy algunos momentos en la rica y agitada vida de los dos apóstoles. Domina sobre todos la escena de Cesárea de Filipo, descrita en el fragmento evangélico. Qué retendremos, en particular, de este episodio tan célebre? Estas palabras: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". La Iglesia, pues, no es una sociedad de librepensadores, sino que es la sociedad -o mejor aún, la comunidad- de los que se unen a Pedro en la proclamación de la fe en Jesucristo. Quien edifica la Iglesia es Cristo. Es él quien elige libremente a un hombre y lo pone en la base. Pedro no es más que un instrumento, la primera piedra del edificio, mientras que Cristo es quien pone la primera piedra. Sin embargo, desde ahora en adelante no se podrá estar verdadera y plenamente en la Iglesia, como piedra viva, si no se está en comunión con la fe de Pedro y con su autoridad, o, al menos, si no se tiende a estarlo. San Ambrosio ha escrito unas palabras vigorosas: "Ubi Petrus, ib! Ecclesia", "Donde está Pedro, allí está la Iglesia". Lo que no significa que Pedro sea por sí solo toda la Iglesia, sino que no se puede ser Iglesia sin Pedro (R. Cantalamessa, La Parola e la vita, Roma 1978, p. 307).

 

Día 30

Martes de la XIII Semana del Tiempo Ordinario

Santos Protomártires de la Iglesia Romana

LECTIO

Primera lectura: Amos 3,1-8; 4,1 lss

1 Escuchad esta palabra que el Señor pronuncia contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que yo saqué de Egipto:

2 De todas las familias de la tierra sólo a vosotros os elegí, por eso os castigaré por todas vuestras maldades.

3 Van juntos de camino dos que no se conocen?

4 Ruge el león en la selva sin haber hallado presa? Gruñe el leoncillo desde su guarida sin haber cazado nada?

5 Cae el pájaro en tierra si no le han tendido una trampa? Salta la trampa del suelo sin haber cazado nada?

6 Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? Sobreviene una desgracia a la ciudad sin que la envíe el Señor?

7 Nada hace el Señor sin revelárselo a sus siervos los profetas.

8 Ruge el león: quién no temblará? Habla el Señor: quién no profetizará?

4,11 Os desbaraté como hice con Sodoma y Gomorra; erais como un tizón sacado de un incendio; pero no habéis vuelto a mí. Oráculo del Señor.

12 Por eso te voy a tratar así, Israel, y porque así te voy a tratar, prepárate, Israel, a comparecer ante Dios.

 

 

**• La alianza entre el Señor e Israel, que es "salida" y "liberación" de Egipto, no puede ser motivo de exoneración de su compromiso para el pueblo de Israel, que no puede sentirse asegurado a ultranza por un Dios indiferente o cómplice. El Dios de Israel se preocupa de su pueblo y lo libera para que se vuelva semejante a él, a fin de que le imite y le siga. Es Padre, no padrino; es aliado, no protector; es madre, no suplente. Las siete preguntas retóricas del texto preparan la clarificación de la necesidad que tiene Dios de hablar y el profeta de profetizar. Lo que sale a flote es, sin embargo, la verdad de la relación de alianza entre el Señor y su pueblo. Este último está subordinado a la elección, y no viceversa: Dios es fiel a sí mismo, corresponde a sí mismo y, eligiendo a Israel, lo compromete a asumir una responsabilidad superior. Por todo ello, el encuentro con su propio Señor es para Israel -tanto para el antiguo como para el nuevo Israel- siempre maravilloso y siempre terrible, al mismo tiempo turbador y apasionante.

 

 

Salmo Responsorial

R/. Señor, guíame con tu justicia

Salmo 5,5-8


Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
R/. Señor, guíame con tu justicia

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
R/. Señor, guíame con tu justicia

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.
R/. Señor, guíame con tu justicia

 

 

Evangelio: Mateo 8,23-27

En aquel tiempo,

23 Jesús subió a una barca y sus discípulos lo siguieron.

24 De pronto, se alborotó el lago de tal manera que las olas cubrían la barca, pero Jesús estaba dormido.

25 Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciéndole: -Señor, sálvanos, que perecemos.

26 Él les dijo: -Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al lago, y sobrevino una gran calma.

27 Y aquellos hombres, maravillados, se preguntaban: Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?

 

 

<*• La Iglesia es una barca en medio de la tempestad, y Jesús duerme. La experiencia del abandono del Señor -de la Iglesia que abandona a su Jesús y de Jesús que deja a su Iglesia- marca hasta el fondo esta página evangélica. Rogar al Señor, acercarse a él y despertarlo "Despiértate, Señor, por qué duermes?": cf. Sal 44,24) e implorarle: "Señor, sálvanos, que perecemos", significa volver a encontrarnos a nosotros mismos como creyentes, como fíeles, como discípulos, y encontrar a Jesús como Señor y como Cristo. La tempestad de la pasión, el triunfo de la muerte, quedan dispersados por la presencia de quien recompone con autoridad el orden de la gracia.

De modo diferente a los paralelos de Marcos y de Lucas, sin embargo, aquí Jesús reprocha a los discípulos su poca fe antes de calmar las olas. El señorío de Jesús y la fe de los discípulos se reclaman recíprocamente, aunque no puede haber entre ellos una perfecta reciprocidad.

El hecho de que Jesús duerma indica, al mismo tiempo, el drama de la muerte del Hijo del hombre, que es un desafío para la fe de la Iglesia, y la serena confianza en el Padre por parte de aquel que "se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Flp 2,8).

 

 

MEDITATIO

Las espléndidas preguntas con que está tejido el pasaje tomado del libro de Amos conducen, idealmente, desde la sabiduría a la profecía, desde la observación atenta de la realidad natural a la irrupción de una palabra y de una acción que expresan su sentido y verdad.

Al final, la profecía, la necesidad de profetizar, aparece como una nueva evidencia, como una impelente necesidad para Israel: "Habla el Señor: quién no profetizará?".

La Palabra de Dios y la del hombre, la del Señor del cielo y la tierra y la del pastor-profeta, llegan de inmediato a un acuerdo: el mismo acuerdo que se ha vuelto accesible a cada hombre en Jesús.

El nuevo Israel, la Iglesia engendrada también por el Espíritu de Cristo, no puede dormir, no puede morir. Está confusa y desconcertada por el silencio profundo desde el que su Señor hace subir su Palabra autorizada y su gesto resolutorio. La fe que falta a la Iglesia es la confianza en su Señor, la misma confianza que el sueño de Jesús anuncia dramática y serenamente.

 

 

ORATIO

Oh Señor, tú fuiste capaz de dormir, fuiste capaz de morir. Enséñanos a descubrir en tu obediencia el secreto de nuestra libertad, en tu muerte el secreto de nuestra vida, en tu sueño el misterio de nuestra vigilancia.

Oh Espíritu del Resucitado, ayúdanos a prestar oído a la voz de la profecía que se eleva desde los lugares más inesperados de la tierra, desde el mar, desde el cielo; estos lugares repiten inconscientes las notas más profundas de tu indefectible solicitud.

Oh Padre de todos nosotros, concédenos una palabra firme en las incertidumbres y una mirada clarividente entre las olas, a fin de que la autoridad de tu Hijo pueda hacerse presente en el Espíritu, que visita y anima siempre a tu Iglesia.

 

 

CONTEMPLATIO

Por tanto, también el sueño de Cristo es signo de algún misterio. Los navegantes son las almas que pasan este mundo en un madero. También la nave aquella figuraba a la Iglesia. Cada uno, en efecto, es templo de Dios y cada uno navega en su corazón. Si sus pensamientos son rectos, no naufragará. Oíste una afrenta, he ahí el viento. Te airaste, he ahí el oleaje. Soplando el viento y encrespándose el oleaje, se halla en peligro la nave, peligra tu corazón, fluctúa tu corazón. Oída la afrenta, deseas vengarte. Te vengaste y, cediendo a la injuria ajena, naufragaste. Cuál es la causa? Porque duerme en ti Cristo. Qué significa: duerme en ti Cristo? Te olvidaste de Cristo. Despierta, pues, a Cristo, acuérdate de él, esté despierto en ti: piensa en él (Agustín, Sermón 63, lss [traducción española de Lope Cilleruelo y otros, BAC, Madrid 1983]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Habla el Señor: quién no profetizará?" (Am 3,8b).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Consideremos el insomnio [...]. El insomnio se caracteriza por la conciencia de que esta situación no acabará nunca, esto es, que no existe ya ningún medio para salir de la vigilancia a la que estamos obligados. Una vigilancia sin objeto [...]. Con todo, es preciso que nos preguntemos si la conciencia se deja definir por la vigilancia, si la conciencia no es, más bien, la posibilidad de sustraernos a la vigilancia; si el sentido propio de la conciencia no consiste tal vez en ser una vigilancia puesta al abrigo de una posibilidad de dormir; si el particular modo de ser del yo no consiste en el poder de salir de la situación de la vigilancia impersonal. La conciencia participa ya, en efecto, en la vigilancia.

Sin embargo, lo que la caracteriza de modo particular es el hecho de reservarse siempre la posibilidad de retirarse "detrás", para dormir. La conciencia es el poder de dormir. En esta fuga plena consiste, en cierto sentido, la paradoja misma de la conciencia (E. Lévinas, // Tempo e l'Altro, Genova 1997, pp. 22-25 [edición española: El tiempo y el otro, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona 1993]).