Oraciones por los difuntos

[Índice]

 

•   Recomendación del alma

•   Oraciones ante la capilla ardiente

•   Oraciones por algunos difuntos

•   Responso (I)

•   Responso (II)

•   Vigilia por el difunto

•   Preces y bendición del sepulcro

•   Responso final en el cementerio

•   Oraciones para el 2 de noviembre

•   Oración por los difuntos (bizantina)

•   Dies iræ (Himno de difuntos)

Recomendación del alma

[Latín]

 

En la vida y en la muerte somos del Señor (Rm 14,8).

Oración:

Oremos: Alma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió. Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con Santa María Virgen, Madre de Dios, con San José y todos los ángeles y santos.
R/. Amén.

Acoge, Señor, en tu reino a tu siervo para que alcance la salvación, que espera de tu misericordia.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo de todos sus sufrimientos.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Noé del diluvio.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Abrahám del país de los caldeos.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Job de sus padecimientos.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Moisés del poder del faraón.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Daniel de la fosa de los leones.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a los tres jóvenes del horno ardiente y del poder del rey inicuo.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Susana de la falsa acusación.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a David del rey Saúl y de las manos de Goliat.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Pedro y Pablo de la cárcel.
R/. Amén.

V/. Libra, Señor, a tu siervo, por Jesús, nuestro salvador, que por nosotros sufrió muerte cruel y nos obtuvo la vida eterna.
R/. Amén.

Señor Jesús, Salvador del mundo, te encomendamos a N. y te rogamos que lo recibas en el gozo de tu reino, pues por él bajaste a la tierra. Y aunque haya pecado en esta vida, nunca negó al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, sino que permaneció en la fe y adoró fielmente al Dios que hizo todas las cosas.

Se puede rezar la Salve.

Tras el fallecimiento (convenientemente de rodillas):

V/. Venid en su ayuda, santos de Dios; salid a su encuentro, ángeles del Señor.
R/. Recibid su alma y presentadla ante el altísimo.

V/. Cristo, que te llamó, te reciba, y los ángeles te conduzcan al regazo de Abrahám.
R/. Recibid su alma y presentadla ante el altísimo.

V/. Dale, Señor el descanso eterno, y brille para él la luz perpetua.
R/. Recibid su alma y presentadla ante el altísimo.

Oremos: Te pedimos, Señor, que tu siervo N., muerto ya para este mundo, viva para ti, y que tu amor misericordioso borre los pecados que cometió por fragilidad humana. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

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Oraciones por los difuntos

 

Oraciones ante la capilla ardiente (Formulario III)

Antífona: ¡Dichoso el que ha muerto en el Señor! Que descanse ya de sus fatigas y que sus obras lo acompañen.

Preces

Pidamos por nuestro hermano (nuestra hermana) a Jesucristo, que ha dicho: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre”.

Tú que resucitaste a los muertos, concede la vida eterna a nuestro hermano (nuestra hermana).
R/. Te lo pedimos, Señor.

Tú que desde la cruz prometiste el paraíso al buen ladrón, acoge a nuestro hermano (nuestra hermana).
R/. Te lo pedimos, Señor.

Tú que experimentaste el dolor de la muerte y resucitaste gloriosamente del sepulcro, concede a nuestro hermano (nuestra hermana) la vida feliz de la resurrección.
R/. Te lo pedimos, Señor.

Tú que lloraste ante la tumba de tu amigo Lázaro, dígnate enjugar las lágrimas de quienes lloramos la muerte de nuestro hermano (nuestra hermana).
R/. Te lo pedimos, Señor.

Oración: Señor, nuestra vida es corta y frágil; la muerte que contemplamos hoy nos lo recuerda. Pero tú vives eternamente, y tu amor es más fuerte que la muerte. Llenos, pues, de confianza, ponemos en tus manos a nuestro hermano (nuestra hermana) N., que acaba de dejarnos. Perdónale sus faltas y acógelo (acógela) en tu reino, para que viva feliz en tu presencia por los siglos de los siglos.
R/. Amen.

Se puede continuar con las siguientes oraciones:

V/. Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

V/. Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

V/. Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

Padrenuestro...

Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas y ten misericordia de tu siervo (sierva) N., para que no sufra castigo por sus pecados, pues deseó cumplir tu voluntad; y, ya que la verdadera fe lo (la) unió aquí, en la tierra, al pueblo fiel, que tu bondad ahora lo (la) una al coro de los ángeles y elegidos. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

V/. Señor, dale el descanso eterno.
R/. Y brille sobre él (ella) la luz eterna.

V/. Descanse en paz.
R/. Amén.

V/. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R/. Amén.

V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.

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Oraciones diversas por algunos difuntos

[Latín]

 

Por un difunto:

Suba nuestra oración a tu presencia, Señor, y que la alegría eterna acoja a nuestro hermano N. Tú que lo creaste a tu imagen y lo hiciste tu hijo de adopción por el bautismo, concédele ahora entrar en posesión de la herencia prometida. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

En el aniversario de la muerte:

Oh Señor, Dios del perdón, concede al alma de tu siervo(a) N., de quien conmemoramos el aniversario de la muerte, la morada de la paz, el reposo de la bienaventuranza y el esplendor de tu luz. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por el Papa:

Oh Dios, que, en tu providencia, elegiste para Sumo Pontífice a tu siervo nuestro Papa N., concede a quien fue Vicario de tu Hijo en la tierra ser recibido por Él mismo en la gloria eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por el obispo:

Dios Todopoderoso, te rogamos que tu siervo N., nuestro Obispo, a quien encomendaste el cuidado de tu familia, entre en el gozo eterno de su Señor con el abundante fruto de su labor pastoral. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por un sacerdote:

Te rogamos, Señor, que escuches bondadoso las oraciones que te presentamos por la salvación de tu servidor N., sacerdote, para que se alegre perpetuamente en la compañía de los santos, él que en la tierra desempeñó fielmente el ministerio sacerdotal en honor de tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por los padres (1):

¡Oh Dios, que nos has mandado honrar padre y madre!, ten misericordia de mi padre (madre//mis padres) y haz que nos reunamos un día en la claridad de tu gloria. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por los padres (2):

Oremos: Oh, Dios que nos mandaste honrar al padre y a la madre, apiádate clemente de las almas de nuestros padres, y perdónales sus pecados; y haz que los veamos en el gozo de la eterna caridad. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por un niño que ha muerto:

Dios de amor y de clemencia, que en los planes de tu sabiduría has querido llamar a Ti, desde el mismo umbral de la vida, a este niño, a quien hiciste hijo tuyo de adopción en el bautismo, escucha con bondad nuestra plegaria y reúnenos un día con él en tu gloria, donde creemos que vive ya contigo. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por un joven difunto:

Oh Dios, que riges el curso de la vida humana, te encomendamos a tu siervo N., cuya muerte prematura lloramos, para que le concedas vivir la perenne juventud de tu bienaventuranza. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por un difunto fallecido tras larga enfermedad:

Oh Dios, que permitiste que nuestro hermano N. te sirviera en los dolores de una larga enfermedad, te rogamos que este tu siervo, que imitó en la tierra el ejemplo de paciencia de tu Hijo, obtenga en el cielo el premio de tu gloria. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por un difunto muerto repentinamente:

Oh Señor, imploramos tu inmensa bondad, a fin de que quienes lloramos la muerte repentina de nuestro hermano N., tengamos confianza de que ha pasado a disfrutar de tu compañía en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por los hermanos, parientes, amigos y bienhechores:

Oremos: ¡Oh Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres!, por intercesión de Santa María la Virgen, y de todos los santos, concede a nuestros hermanos, parientes y bienhechores que han salido ya de este mundo alcanzar la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Por todos los fieles difuntos:

Oremos: Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, concede a las almas de tus siervos y siervas el perdón de todos los pecados, para que consigan por nuestras piadosas suplicas la indulgencia que siempre desearon. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

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Oraciones por los difuntos (Responso) (I)

[Latín]

 

V/. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.
R/. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.

V/. Señor, Dios mío, dirige mis pasos en tu presencia.
R/. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.

V/. Concédele(s), Señor, el descanso eterno, Y que le(s) alumbre la luz eterna.
R/. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.

Señor, ten piedad, Cristo, ten piedad, Señor, ten piedad.

Padre nuestro...

V/. Libra, Señor, su(s) alma(s).
R/. De las penas del infierno.

V/. Descanse(n) en paz.
R/. Amén.

V/. Señor, escucha mi oración.
R/. Y llegue a ti mi clamor.

Los sacerdotes añaden:

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

Oración: Te rogamos, Señor, que absuelvas el alma de tu siervo/a N. de todo vínculo de pecado, para que viva en la gloria de la resurrección, entre tus santos y elegidos. Por Cristo nuestro Señor.
R/. Amén.

V/. Concédele(s) Señor, el descanso eterno.
R/. Y brille para él (ella//ellos) la luz eterna.

V/. Descanse(n) en paz.
R/. Amén.

V/. Su(s) alma(s) y las de todos los fieles difuntos descansen en paz, por la misericordia del Señor.
R/. Amén.

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Oraciones por los difuntos (Responso) (II)

[Latín]

 

V/. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.
R/. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.

V/. Señor, Dios mío, dirige mis pasos en tu presencia.
R/. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.

V/. Concédele(s), Señor, el descanso eterno, Y que le(s) alumbre la luz eterna.
R/. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.

V/. Señor, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad, Señor, ten piedad.

Padre nuestro…

V/. Libra, Señor, su alma (sus almas).
R/. De las penas del infierno.

V/. Descanse (descansen) en paz.
R/. Amén.

V/. Señor, escucha mi oración.
R/. Y llegue a ti mi clamor.

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

Oremos: Te rogamos, Señor, que absuelvas el alma de tu siervo (de tu sierva) N. de todo vínculo de pecado, para que viva en la gloria de la resurrección, entre tus santos y elegidos. Por Cristo nuestro Señor.

[Otras oraciones por los difuntos--->]

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Vigilia por el difunto

 

Es muy aconsejable que, según las costumbres y posibilidades de cada lugar, los amigos y familiares del difunto se reúnan en la casa del difunto o en la funeraria para celebrar una vigilia de oración.

Esta vigilia la preside un sacerdote o un diácono o, en su defecto, un laico.

Hermanos: Es lógico vuestro dolor, pues siempre duele la separación de los seres que amamos. Pero en este momento tengamos confianza en el Señor, que nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré”. Por eso, vamos a escuchar su palabra de consuelo y a orar con la confianza de los hijos de Dios.

V/. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R/. Amén.

V/. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo, que nos alienta en todas nuestras tribulaciones.
R/. Amén.

Salmo Responsorial

Salmo 23

V/. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. R/.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R/.

O bien (Salmo 129):

V/. Mi alma espera en el Señor.
R/. Mi alma espera en el Señor.

Desde el hondo a Ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi suplica. R/.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. R/.

Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra, mi alma aguarda al Señor mucho más que a la aurora el centinela. R/.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. Y Él redimirá a Israel de todos sus delitos. R/.

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

Se añade la siguiente oración:

Oremos: Señor nuestro, que eres amor, recibe en tu presencia a tu hijo(a) N., a quien has llamado de esta vida. Perdónale todos sus pecados, bendícelo(a) con tu luz y paz eternas, levántalo(a) para que viva para siempre con todos tus santos en la gloria de la resurrección. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

O bien:

Oremos: Presta oídos, Señor, a las oraciones con que, suplicantes, imploramos tu misericordia, para que el alma de tu siervo(a) N., que has hecho salir de este mundo, alcance de ti el lugar de la luz y de la paz, y viva para siempre en la compañía de los santos. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Otras oraciones por el Difunto

El ministro saluda a los presentes, les demuestra su simpatía les ofrece el consuelo de la fe, utilizando la siguiente fórmula u otras parecidas:

Hermanos, en estos momentos de dolor el Señor está con nosotros y nos conforta con sus palabras: “Felices los que lloran, porque serán consolados”.

El ministro dice a continuación una de las siguientes oraciones para encomendar a la persona recién muerta a la misericordia y bondad de Dios.

Oremos: Dios todopoderoso y eterno, escucha nuestras oraciones en favor de tu hijo(a) N., a quien has llamado de esta vida a tu presencia. Concédele gozar de la luz, la felicidad y la paz. Hazlo(a) pasar con seguridad las puertas de la muerte y vivir para siempre con todos tus santos, iluminado(a) por la luz que prometiste a Abraham y a todos sus descendientes en la fe. Líbralo(a) de todo mal y en el gran día de la resurrección y la recompensa, resucítalo(a) junto con todos tus santos. Perdónale sus pecados y concédele la vida eterna en tu Reino. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

O bien:

Dios de misericordia y de amor, ponemos en tus manos amorosas a nuestro(a) hermano(a) N. En esta vida tú le demostraste tu gran amor; y ahora que ya está libre de toda preocupación, concédele la felicidad y la paz eterna. Su vida terrena ha terminado ya; recíbelo(a) ahora en el paraíso, en donde ya no habrá dolores, ni lágrimas ni penas, sino únicamente paz y alegría con Jesús, tu Hijo, y con el Espíritu Santo, para siempre.
R/. Amén.

Lectura Bíblica

Lc 23, 44-46

Uno de los presentes o el ministro proclaman la palabra de Dios:

Lectura del santo Evangelio según San Lucas

Como al mediodía, se ocultó el sol y todo el país quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. En ese momento la cortina del Templo se rasgó por la mitad, y Jesús gritó muy fuerte: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», y al decir estas palabras, expiró.

Palabra del Señor.
R/. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Letanía

Uno de los presentes puede ir guiando a los demás al rezar una breve forma de letanía a los santos. Se pueden incluir otros santos, especialmente los santos patronos de la persona difunta, de la familia, de la parroquia y otros santos a quienes la persona difunta haya tenido devoción particular.

Santos de Dios, ¡vengan en su ayuda!

¡Salgan a encontrarlo(a), ángeles de Dios!

Santa María, Madre de Dios / ruega por él (ella).

San José / ruega por él (ella).

San Pedro y san Pablo / rogad por él (ella).

Se puede añadir la siguiente oración:

Oremos

Señor Dios de misericordia, escucha nuestras oraciones y compadécete de tu hijo(a) N., a quien has llamado de esta vida. Recíbelo(a), junto con todos tus santos en tu Reino de luz y de paz. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

El ministro introduce el padrenuestro con estas u otras palabras semejantes:

Dios es infinitamente misericordioso para redimirnos; oremos como Jesús nos enseñó:

Todos dicen: Padre nuestro...

El ministro termina con la siguiente oración:

Señor Jesús, redentor nuestro, tú te entregaste voluntariamente a la muerte para que todos pudiéramos salvarnos y pasar de la muerte a una vida nueva. Escucha, Señor, nuestras oraciones y mira con amor a tu pueblo, que ora entristecido por la muerte de su hermano(a) N. Señor Jesús, santo y compasivo: perdónale sus pecados. Con tu muerte nos has abierto las puertas de la vida a aquellos que creemos en ti. No permitas que nuestro(a) hermano(a) se aparte de ti; al contrario, con tu supremo poder concédele gozar de la luz, la alegría y la paz en el cielo, en donde vives tú para siempre.
R/. Amén.

Para descanso de los presentes, el ministro puede concluir estas oraciones con una simple bendición o con un gesto simbólico, por ejemplo, haciendo la señal de la cruz en la frente del difunto. El sacerdote o el diácono pueden rociar el cuerpo con agua bendita.

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Preces y bendición del sepulcro

 

Si el sepulcro no está bendecido, se bendice antes de depositar el cuerpo en él.

Oremos: Señor Jesucristo, tú permaneciste tres días en el sepulcro, dando así a toda sepultura un carácter de espera en la esperanza de la resurrección.

Concede a tu siervo reposar en la paz de este sepulcro hasta que tú, resurrección y vida de los hombres, le resucites y le lleves a contemplar la luz de tu rostro. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Dicha la oración, si existe la costumbre, el sacerdote rocía con agua bendita e inciensa el sepulcro y el cuerpo del difunto, a no ser que esto se haga dentro del rito de la última recomendación.

Rito de Inhumación

El acto de sepultar al difunto se hace inmediatamente o al final del rito, según la costumbre del lugar. Mientras se coloca el cuerpo en el sepulcro, o en otro momento oportuno, el sacerdote puede decir:

Dios todopoderoso ha llamado a nuestro(a) hermano(a) y nosotros ahora enterramos su cuerpo, para que vuelva a la tierra de donde fue sacado. Con la fe puesta en la resurrección de Cristo, primogénito de los muertos, creemos que él transformará nuestro cuerpo humillado y lo hará semejante a su cuerpo glorioso. Por eso encomendamos nuestro hermano(a) al Señor, para que lo(a) resucite en el último día y lo(a) admita en la paz de su Reino.

Si hay homilía junto al sepulcro, téngase en este momento. Si también se hace junto al sepulcro la última recomendación y despedida, téngase en lugar de las siguientes preces finales. En este caso el rito de última recomendación y despedida concluye las exequias.

Preces Finales

Seguidamente el sacerdote puede decir las siguientes preces:

V/. Pidamos por nuestro hermano(a) N. a Jesucristo, que ha dicho: «Yo soy; la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá, y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre».

V/. Señor, tú que lloraste en la tumba de Lázaro, dígnate enjugar nuestras lágrimas.
R/. Te lo pedimos, Señor.

V/. Tú que resucitaste a los muertos, dígnate dar la vida eterna a nuestro hermano(a).
R/. Te lo pedimos, Señor.

V/. Tú que perdonaste en la cruz al buen ladrón y le prometiste el paraíso, dígnate perdonar y llevar al cielo a nuestro hermano(a).
R/. Te lo pedimos, Señor.

V/. Tú que has purificado a nuestro hermano en el agua del Bautismo y lo ungiste con el óleo de la confirmación, dígnate admitirlo entre tus santos y elegidos.
R/. Te lo pedimos, Señor.

V/. Tú que alimentaste a nuestro hermano con tu Cuerpo y tu Sangre, dígnate también admitirlo en la mesa de tu Reino.
R/. Te lo pedimos, Señor.

V/. Y a nosotros, que lloramos su muerte, dígnate confortarnos con la fe y la esperanza de la vida eterna.
R/. Te lo pedimos Señor.

Después todos pueden recitar el Padrenuestro, o el celebrante puede decir esta oración:

Señor, ten misericordia de tu siervo(a), para que no sufra castigo por sus faltas, pues deseó cumplir tu voluntad. La verdadera fe lo(a) unió aquí, en la tierra, al pueblo fiel, que tu bondad lo(a) una ahora al coro de los ángeles y elegidos. Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

V/. Dale, Señor, el descanso eterno.
R/. Brille para él (ella) la luz perpetua.

Como conclusión del rito puede entonarse algún canto apropiado. Después el sacerdote bendice y despide al pueblo.

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

V/. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R/. Amén.

V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.

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Responso final en el cementerio

 

Oremos: A tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro/a hermano/a, con la firme esperanza de que resucitará en el último día, con todos los que han muerto en Cristo. Te damos gracias por todos los dones con que le (la) enriqueciste a lo largo de su vida; en ellos reconocemos un signo de amor y de la comunión de los santos. Dios de misericordia, acoge las oraciones que te presentamos por este/a hermano/a nuestro/a que acaba de dejarnos y ábrele las puertas de tu mansión. Y a sus familiares y amigos, y a todos nosotros, los que hemos quedado en este mundo, concédenos consolarnos con palabras de fe, hasta que también nos llegue el momento de volver a reunirnos con él (ella), junto a ti, en el gozo de tu reino eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

V/. El Dios de todo consuelo, que con amor inefable creó al hombre y, en la resurrección de su Hijo, ha dado a los creyentes la esperanza de resucitar, derrame sobre vosotros su bendición.
R/. Amén.

V/. Él conceda el perdón de toda culpa a los que vivís aún en este mundo y otorgue a los que han muerto el lugar de la luz y de la paz.
R/. Amén.

V/. Y a todos conceda vivir eternamente felices con Cristo, al que proclamamos resucitado de entre los muertos.
R/. Amén.

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R/. Amén.

V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.

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Tres Oraciones para el día dos de noviembre

[Latín]

Oremos:

Por los fieles del Opus Dei y los socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz fallecidos y por los bienhechores difuntos:

Oh Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres, por intercesión de Santa María, la Virgen, y de San José, de San Josemaría y de todos los Santos, concede a los fieles del Opus Dei y a los socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz fallecidos, así como a los bienhechores que han salido ya de este mundo, alcanzar la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Por los Abuelos y por los padres y familiares fallecidos de los fieles del Opus Dei y de los socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz:

Oremos. Oh Dios, que nos has mandado honrar padre y madre y amar a nuestros allegados; ten misericordia de los padres de nuestro Fundador, así como de nuestros propios padres y parientes, perdona sus pecados y haz que nos reunamos un día con ellos en la claridad de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Por todos los fieles difuntos:

Oremos. Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, concede a tus siervos el perdón de sus pecados, para que consigan, por medio de nuestras súplicas, la misericordia que siempre desearon. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

V/. Dales, Señor, el descanso eterno.
R/. Y brille para ellos la luz eterna.

V/. Descansen en paz.
R/. Amén.

V/. Sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R/. Amén.

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Oración por los difuntos

 

Tradición bizantina.

Dios de los espíritus y de toda carne, que sepultaste la muerte, venciste al demonio y diste la vida al mundo.

Tú, Señor, concede al alma de tu difunto siervo N., el descanso en un lugar luminoso, en un oasis, en un lugar de frescura, lejos de todo sufrimiento, dolor o lamento.

Perdona las culpas por él cometidas de pensamiento, palabra y obra, Dios de bondad y misericordia; puesto que no hay hombre que viva y no peque, ya que Tú sólo eres Perfecto y tu Justicia es justicia eterna y tu Palabra es la Verdad.

Tú eres la Resurrección, la Vida y el descanso del difunto, tu siervo N.

Oh Cristo Dios nuestro. Te glorificamos junto con el Padre no engendrado y con tu santísimo, bueno y vivificante Espíritu.

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Himno Dies iræ

[Latín]

 

Dies iræ –“Día de la ira”– es un famoso himno latino del siglo XIII atribuido al franciscano Tomás de Celano (1200-1260), amigo y biógrafo de San Francisco de Asís. Este himno se usó como secuencia en la Misa de Réquiem Católico romana hasta la revisión del Misal Romano de 1970).

Día de la ira; día aquél
en que los siglos se reduzcan a cenizas;
como testigos el rey David y la Sibila.

¡Cuánto terror habrá en el futuro
cuando el juez haya de venir
a juzgar todo estrictamente!

La trompeta, esparciendo un sonido admirable
por los sepulcros de todos los reinos
reunirá a todos los hombres ante el trono.

La muerte y la Naturaleza se asombrarán,
cuando resucite la criatura
para que responda ante su juez.

Aparecerá el libro escrito
en que se contiene todo
y con el que se juzgará al mundo.

Así, cuando el juez se siente
lo escondido se mostrará
y no habrá nada sin castigo.

¿Qué diré yo entonces, pobre de mí?
¿A qué protector rogaré
cuando ni los justos estén seguros?

Rey de tremenda majestad
tú que, al salvar, lo haces gratuitamente,
sálvame, fuente de piedad.

Acuérdate, piadoso Jesús
de que soy la causa de tu calvario;
no me pierdas en este día.

Buscándome, te sentaste agotado
me redimiste sufriendo en la cruz
no sean vanos tantos trabajos.

Justo juez de venganza
concédeme el regalo del perdón
antes del día del juicio.

Grito, como un reo;
la culpa enrojece mi rostro.
Perdona, señor, a este suplicante.

Tú, que absolviste a Magdalena
y escuchaste la súplica del ladrón,
me diste a mí también esperanza.

Mis plegarias no son dignas,
pero tú, al ser bueno, actúa con bondad
para que no arda en el fuego eterno.

Colócame entre tu rebaño
y sepárame de los machos cabríos
situándome a tu derecha.

Tras confundir a los malditos
arrojados a las llamas voraces
hazme llamar entre los benditos.

Te lo ruego, suplicante y de rodillas,
el corazón acongojado, casi hecho cenizas:
hazte cargo de mi destino.

Día de lágrimas será aquel día
en que resucitará, del polvo
para el juicio, el hombre culpable.

A ese, pues, perdónalo, oh Dios.
Señor de piedad, Jesús,
concédeles el descanso. Amén.

[Índice]