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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-
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Santísimo Nombre de Jesús
LECTIO Primera lectura: 1 Juan 2,29-3,6 29 Si sabéis que Él es justo, reconoced también que todo el que practica la justicia ha nacido de Él. 1 Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo ha conocido a Él. 2 Queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es. 3 Todo el que tiene en Él esta esperanza se purifica a sí mismo, como Él es puro. 4Todo el que peca, se hace culpable de la iniquidad, porque el pecado es la iniquidad. 5 Sabéis que Él se ha manifestado para borrar los pecados, y que en Él no hay pecado. 6 El que permanece en Él, no peca. Todo el que peca, ni lo ha visto ni lo ha conocido.
*•• El tema de la perícopa es Jesús justo, sin pecado, que ha sido obediente a la voluntad del Padre y es modelo para el cristiano (2,29; 3,3). También el fiel, que vive en la justicia, es hijo de Dios (3,1) y no comete pecado (3,9; 4,7; 5,1.4.18). El obrar cristiano demuestra el nuevo nacimiento. Para Juan las expresiones "hijo de Dios" (w. 1-2) y "haber nacido de Dios" (v. 29) significan ser hombre nuevo, llamado a caminar por una vida nueva, imitando al Padre en una progresiva asimilación y comunión con él, que se convertirá en identificación en la visión cara a cara (cf. 1 Cor 13,12). El valor de nuestra fe reside y aumenta en el hecho de que somos hijos de Dios, salvados por un Padre que nos ama y que nos inspira confianza. El mundo que lo rechaza con el pecado, aliándose con el anticristo, desprecia y no comprende a Jesús, no ama a sus discípulos, actúa contra la ley de Dios (v. 4), pertenece a la esfera del maligno y se opone al reino mesiánico. El que, por el contrario, se adhiere al Señor, que se ha hecho pecado por nosotros, está libre de pecado, recibiendo de Cristo la fuerza para superar el mal y vencerlo (v. 6). Pero, cuándo puede decir el creyente que experimenta auténticamente el amor de Dios? La respuesta del Apóstol es clara: cuando no comete pecado, obra con justicia y se mantiene puro, siguiendo el camino que Cristo ha recorrido: el de la cruz, o sea el del amor llevado hasta amar al enemigo.
Salmo 97. R. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
Cantad al Señor un cántico nuevo, ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo
El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado l a salvación de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad
Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.
Evangelio: Juan 1,29-34 29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo: -Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 éste me refería yo cuando dije: "Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo". 31 Yo mismo no lo conocía; pero la razón de mi bautismo era que él se manifestara a Israel. 32 Juan prosiguió: -Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él. 33 Lo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautizará con Espíritu Santo". 34 Y como lo he visto, doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.
*" La escena está caracterizada por el encuentro del Bautista con Jesús. La atención del fragmento se vuelca sobre el contenido de la solemne proclamación del Testigo, en un contexto de revelación mesiánica. Es el hombre de Dios que "ve" por primera vez a Jesús. Éste "viene" del Padre y camina desconocido entre la multitud, a la que le une su condición humana, y el Bautista exclama: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (v. 29b). El símbolo del cordero reclama varios textos: el cordero pascual (cf. Ex 12,1-28; 29,38-46), el Siervo doliente (cf. Is 42,1-4; 52,13-53,12). Jesús es el Cordero-Siervo obediente al Padre, el que cancela las culpas de los hombres y les comunica la vida nueva con sus sufrimientos y su muerte en la cruz. El testimonio del Bautista se refiere, además, al modo en que ha visto al Espíritu Santo bajar sobre el Mesías. Es el Testigo mismo el que ve al Espíritu sobre Jesús "bajar del cielo como una paloma" (v. 32). La imagen de la paloma, en el ambiente judaico-antiguo, indicaba a Israel: el Espíritu que baja en forma de paloma es anuncio de la generación del nuevo Israel de Dios, que comienza con Jesús y constituye el fruto maduro de la venida del Espíritu. Ésta es la época de la purificación y del verdadero conocimiento de Dios a través del Espíritu. El Espíritu baja sobre Jesús y "permanece" en él de un modo pleno y estable (cf. Is 11,2-3). Él es la nueva morada de Dios, el templo del Espíritu, fuente perenne de salvación para todos. Es durante la teofanía del bautismo de Jesús cuando el Bautista reconoce al Mesías. Ahora puede testimoniar que Jesús es el Hijo de Dios (v. 34), el que "bautiza con el Espíritu Santo" (v. 33), esto es, da el Espíritu a todo discípulo y lo llena de este don, prometido para la era de la salvación.
MEDITATIO El testimonio del Bautista no tiene su finalidad en sí mismo. Tiene por objetivo suscitar la fe del discípulo en la persona de Jesús. El Bautista ha visto al Espíritu "permanecer" sobre Jesús. Esta certeza provoca el anuncio de que Jesús es verdaderamente el Mesías, el Elegido de Dios (cf. Is 42,1). El testimonio de Jesús "Hijo de Dios" se hace eco de las palabras pronunciadas por el Padre en el bautismo: "Éste es mi Hijo amado" (cf. Me 1,11; Mt 3,17; Le 3,22). El testimonio de Juan ha caracterizado dos épocas: la del bautismo "con agua" (v. 31) y la del bautismo "en el Espíritu" (v. 33). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en las aguas del Jordán es el inicio de la salvación y de los tiempos nuevos: ha comenzado para la humanidad su camino de retorno al Padre, se ha puesto en marcha la creación del nuevo Israel. Hasta el evento del Jordán el Espíritu moraba en Jesús, escondido en el silencio y desconocido; sólo ahora, con la confirmación de lo alto, el Padre lo consagra en su misión profética y mesiánica. Cada creyente es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor y está llamado a dar testimonio de que el único camino de salvación para el hombre es el recorrido por Cristo y no las fáciles ilusiones prometidas por otros libertadores de movimientos políticos, sociales y religiosos. Quien nace del misterio de Cristo muerto y resucitado puede anunciar a los hermanos el camino de la salvación y proponerla con eficacia a través del signo del amor y de la entrega de sí.
ORATIO Señor, enviándonos a tu Hijo como Salvador has hecho posible nuestra liberación del pecado y de la muerte y has restablecido nuestra comunión contigo. Con sólo nuestras fuerzas no nos hubiera sido posible obtener todo esto, y tú, sabiendo bien de qué pasta estamos hechos, nos has enviado a Cristo, tu Hijo unigénito, que nos ha hecho de nuevo hijos tuyos y sus hermanos. Has hecho bajar a tu Espíritu sobre Jesús para que él pudiese iniciar su misión en la tierra y borrar todas nuestras iniquidades. Nosotros hoy somos conscientes de todos estos dones y, en especial, del don del bautismo con el que nos hemos convertido en verdaderos hijos tuyos. Señor, haznos comprender cada vez más este inmenso don y que lo hagamos crecer en nosotros con un camino espiritual que nos haga adultos en la fe, generosos en el amor a nuestros hermanos y testigos creíbles de tu evangelio entre aquellos que aún no han acogido tu salvación. Te pedimos en nombre de Jesús tu Hijo, el Cordero sin mancha, que los que viven en la indiferencia y en el ateísmo sean sacudidos de su aparente tranquilidad y reconozcan en Jesús el auténtico sentido de la vida y, hechos hijos tuyos por medio del Espíritu Santo, experimenten tu ternura de Padre. Sabemos, Señor, que por la muerte de Jesús nos has dado la vida y que todos nosotros podemos continuar la misión de tu Hijo en el mundo para crear una humanidad nueva, más fraterna, sin divisiones ni guerras, unida en el signo del amor que nos ha enseñado Jesús.
CONTEMPLATIO "Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos" (1 Cor 9,22). Por esto él quiere ser un niño pequeño: para que tú puedas llegar a ser un hombre perfecto. Él fue envuelto en pañales, para que tú fueses liberado de los lazos de la muerte; Él en el establo, para ponerte a ti sobre altares; Él en la tierra, para que tú alcanzases las estrellas; Él no encontró sitio en la posada, para que tú tuvieses en el cielo muchas moradas. "De rico que era", está escrito, "se hizo pobre por vosotros, para que vosotros fueseis ricos con su pobreza" (2 Cor 8,9). Aquella indigencia es, por tanto, mi riqueza y la debilidad del Señor es mi fuerza. Ha preferido para sí las privaciones, para tener qué dar en abundancia a todos. El llanto de su infancia en vagidos es un lavado para mí, aquellas lágrimas han lavado mis pecados. Señor Jesús, me siento más en deuda contigo por tus ultrajes para mi redención, que por tu poder para mi creación. Nos hubiera sido inútil nacer, si no hubiera sido la ocasión para ser redimidos (San Ambrosio, Tratado sobre el evangelio de Lucas, II, 41).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos" (1 Jn 3,1).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Hemos sido bautizados. Dios no nos ha conquistado sólo mediante ideas y teorías o mediante piadosas disposiciones de ánimo y sentimientos, sino mediante la acción corpórea realizada con su fuerza, mediante la acción realizada sobre nosotros a través de sus ministros en el bautismo. Este es nuestro consuelo y nuestra confianza: Dios se ha comprometido con nosotros solemne y públicamente y ha derramado su Espíritu de amor en nuestros corazones desde los primeros días de nuestra vida. Este claro testimonio de Dios es más importante que el testimonio ambiguo de nuestro corazón cansado, débil y amargamente vacío. Dios nos ha dicho en el bautismo: Tú eres hijo mío y templo de mi Espíritu. Qué vale frente a semejantes palabras nuestra experiencia cotidiana, según la cual parecemos ser pobres criaturas abandonadas por Dios y por el Espíritu? Creemos en Dios más que en nosotros mismos. Somos bautizados. Y el suave Espíritu del buen Dios reside en lo más profundo de nuestro ser, quizás allí donde no logramos penetrar con nuestra deficiente sicología. Allí, el Espíritu clama al Dios eterno: Abba, Padre. Allí, el Espíritu nos dice a nosotros: Hijo, hijo verdaderamente amado con amor infinito. !Somos bautizados! (K. Rahner, El año litúrgico, Barcelona 1968). |
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Sábado de la Semana I de Navidad LECTIO Primera lectura: 1 Juan 3,7-10 7 Hijos míos, que nadie os engañe. Quien practica la justicia es justo, como Él es justo. 8 Quien comete pecado procede del diablo, porque desde el principio el diablo peca. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras del diablo. 9 El que ha nacido de Dios no comete pecado, porque la semilla divina permanece en Él; no puede pecar, porque ha nacido de Dios. 10 La distinción entre los hijos de Dios y los del diablo es Ésta: quien no practica la justicia, y quien no ama a su hermano, no es de Dios.
**• Juan, frente a la herejía gnóstica, afirma que el criterio distintivo de los hijos de Dios es una conducta recta y justa: "Quien practica la justicia es justo" (v. 7), como Jesús, que acató la voluntad del Padre. Por el contrario, "quien comete pecado procede del diablo" (v. 8). El combate entre el bien y el mal, entre Cristo y Satán, implica también al cristiano. El pecado, en efecto, es contrario al mundo de Dios y el que peca no puede ser hijo de Dios, sino hijo del diablo, porque Cristo es el vencedor del mal. Él ha instaurado los tiempos de la salvación (cf. 1,7; 2,2; 3,5) y llama a sus seguidores a combatir el pecado (cf. Heb 12,1-4), a practicar la justicia (cf. 2,29; 3,10). Se puede, pues, poseer la filiación divina o la filiación humana: la primera procede de la acción de Dios en el corazón del creyente que se abre al Espíritu; la segunda nace en el corazón del que rechaza a Dios y vende el propio corazón al diablo. Así, "Quien ha nacido de Dios no comete pecado" (v. 9) porque "una semilla divina", esto es, la Palabra de Dios, rica por la fuerza del Espíritu, habita en el cristiano y lo colma (cf. Jn 3,5; Mc 4,3-8.14-20; Rom 8,14; Tit 3,5). El hijo de Dios, que hace crecer y fructificar en sí la semilla de la Palabra, no podrá pecar jamás, porque ha hecho sitio a Dios, permaneciendo en Cristo, que actúa en su vida. La condición esencial, sin embargo, es la apertura constante al Espíritu de Dios viviendo una actitud de conversión continua. Entonces los signos concretos del cristiano serán la disponibilidad a la voluntad de Dios y el amor fraterno (v. 10).
Salmo 97. R. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel
Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor
Evangelio: Juan 1,35-42
35 Al día siguiente, Juan se encontraba en aquel mismo lugar con dos de sus discípulos. 36 De pronto vio a Jesús que pasaba por allí, y dijo: -Éste es el Cordero de Dios. 37 Los dos discípulos le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió y, viendo que lo seguían, les preguntó: -Qué buscáis? Ellos contestaron: -Rabí (que quiere decir Maestro), dónde vives? 39 Él les respondió: -Venid y lo veréis. Se fueron con él, vieron dónde vivía y se quedaron aquel día con él. Eran como las cuatro de la tarde. 40 Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan era Andrés, el hermano de Simón Pedro. 41 Encontró Andrés en primer lugar a su propio hermano Simón y le dijo: -Hemos encontrado al Mesías (que quiere decir Cristo). 42 Y lo llevó a Jesús. Jesús, al verlo, le dijo: -Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas (es decir, Pedro). *" Es el segundo testimonio público del Bautista sobre Jesús el que provoca el seguimiento de algunos de sus discípulos tras el Maestro (w. 35-37). El texto presenta, armónicamente fundidos, el hecho histórico de la llamada de los primeros discípulos, descrito como descubrimiento del misterio de Cristo, y el mensaje teológico sobre la fe y sobre el seguimiento de Jesús. En este fragmento el evangelista nos presenta los rasgos característicos del verdadero camino para poder convertirse en discípulos de Cristo. Todo comienza con el testimonio y el anuncio de un testigo cualificado, en este caso el del Bautista ("Éste es el Cordero de Dios": v. 36), al que sigue un camino de auténtico discipulado ("Siguieron a Jesús": v. 37). Este seguimiento florece más tarde en un encuentro hecho de experiencia personal y de comunión con el Maestro ("fueron... vieron... se quedaron con Él": w. 38-39). El coloquio entre Jesús y los discípulos versa sobre el sentido existencial de la identidad del Maestro que los invita a una experiencia de vida con él. Esta experiencia de intimidad termina con una profesión de fe ("hemos encontrado al Mesías": v. 41), que sucesivamente se hace apostolado y misión. En efecto, Andrés, después de haber hecho tal experiencia, conduce a su hermano hasta Jesús, que le cambia el nombre de Simón por Pedro, esto es, Cefas, para indicar la misión que desarrollará en la Iglesia. El interés fundamental del fragmento se concentra, pues, sobre el origen de la fe y de su transmisión mediante el testimonio. Estamos ante un itinerario de fe y ante el descubrimiento del misterio de Jesús, a través del gradual conocimiento y adhesión de los discípulos, luego de la primera manifestación de Jesús como Mesías.
MEDITATIO Leyendo el evangelio uno queda fascinado por el misterio de la persona de Jesús y por su gran humanidad, que colma y satisface las aspiraciones fundamentales del hombre. Buscar quién es Jesús es descubrirlo a través del comportamiento de las personas que se encuentran con Él. Penetrar en el misterio de Jesús significa observar el mundo que lo rodea y descubrir el modo en que él se relaciona con los otros. La llamada de discípulos tras el Maestro es un hecho que se repite en todo tiempo de la Iglesia. Es importante que un testigo sepa leer los acontecimientos de su vida y, penetrando por experiencia en lo íntimo del corazón de Jesús, sepa indicarlo a los otros. También la misión del Bautista, cuando Jesús se presentó en el Jordán, estaba para terminar: el amigo del esposo debe saber retirarse cuando llega el esposo (cf. Jn 3,29-30) para ceder el puesto a otro. Jesús, que no es de este mundo sino que viene del Padre, debe tomar la iniciativa en la vida de todo hombre. Él pasa siempre entre nosotros, esperando que alguno recoja el testimonio de quien lo anuncia. En la vida de cada uno de nosotros hay un día, un encuentro que ha marcado un cambio radical de nuestra existencia: la llamada personal e imprevisible de Dios con vistas a nuestra misión. Con frecuencia Él, para llamarnos, se sirve de otros "Juan Bautista", que pueden ser los padres, un amigo, un sacerdote, un libro, un retiro espiritual u otra cosa, pero es Él quien nos llama a seguirlo para construir un mundo nuevo. El peligro es que pase en vano por nosotros, por no haberlo escuchado atentamente.
ORATIO Señor, cada día somos llamados a optar por pertenecerte o rechazarte. Es absurdo, además de peligroso, intentar conciliar lo incompatible. Has puesto en nuestros corazones de creyentes una fuerza, un germen divino: tu Palabra vivificada por el Espíritu Santo. Ella nos posibilita resistir al antiguo tentador y vencer el mal. Tú nos dijiste con palabras del evangelista Juan que "el que ha nacido de Dios no puede pecar" (1 Jn 3,9), porque somos tus hijos y para nosotros vivir es pertenecerte. Esta impecabilidad, sin embargo, no es una realidad ya adquirida sino, más bien, una conquista personal por realizar día a día con tu ayuda y con renuncias, sacrificios, mortificaciones, haciendo fructificar las semillas que son tu Palabra y tu gracia. Recibimos las dos en el bautismo y continuamente las alimentas con las innumerables gracias actuales que tú, Señor, das a quienes creen en ti. Nuestro compromiso quiere ser, pues, el de decirte "sí" en el "dejarnos hacer" por tu Espíritu, poniendo en práctica tu Palabra para "obrar en justicia", que es compromiso de amor fraterno y entrega de nuestra vida a quien tiene necesidad de nuestra ayuda. Señor, haz que en nuestra existencia cotidiana te sepamos buscar siempre con el mismo deseo de los primeros discípulos. A veces te buscamos sin saber quién eres ni dónde podemos encontrarte. Haznos ver cuál es tu morada en nuestro mundo y haz que nuestras fuerzas estén siempre al servicio de los pequeños y de los pobres, entre los cuales has elegido vivir.
CONTEMPLATIO Hijo de Dios, en tu amor has venido a nosotros para hacer nuevas todas las cosas. Dame tu amor para que yo hable de tu amor a quien me escucha. Dios Altísimo, tú bajaste de los cielos para habitar con nosotros, pecadores. Para que yo pueda contar la belleza de tu amor, concédeme subir donde tú habitas. En tu amor ardiente permite que mi boca anuncie con garra tu buena noticia, concédeme cantar a plena voz tu gloria entre las gentes de esta tierra. Venid, hermanos amadísimos. Hemos nacido de un solo bautismo. Queremos amar: el amor es la riqueza grande de quien lo posee. Por el agua bautismal habéis llegado a ser hermanos del Hijo único. Venid, pues, y gustemos con sabiduría cuanto habla del amor. Hoy me conmuevo al hablaros del amor. El amor es delicia, venid y gustad su salvación. Sólo si el amor entra en tu corazón, tus pensamientos se harán luminosos como luz. Sí, tu inteligencia se abrirá a los misterios de Dios (Giacomo de Sarug, Cántico dell'Amor, en Fascicoli di meditazione 39, 3-5).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Lo acompañaron, vieron donde vivía y se quedaron aquel día con Él" (Jn 1,39).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL "Maestro, dónde vives?". Enséñame los caminos que conducen a mí mismo, revélame el refugio profundo que tu amor gratuito ha querido construirse en lo íntimo de mi ser. Haz que, recorriendo hacia atrás uno tras otro los senderos de mi vida consciente, reencuentre siempre en sus orígenes tu gracia misericordiosa que previene mis iniciativas y me ofrece mis verdaderos valores (...). El Señor está presente también en las pequeñas ocasiones en que nos ofrece hacer el bien o aceptar el sufrimiento; está presente en estas modestias moradas como en las hostias consagradas: bajo las especies de la contrariedad fortuita, del visitante inoportuno, de la enfermedad fastidiosa o del trabajo ingrato, de un sacrificio que se nos pide, de una obediencia mediocre. Bajo estas especies está presente moralmente, como está presente corporalmente bajo las especies eucarísticas. Y mi vida transcurre próxima a estas moradas; y el curso tortuoso de mis jornadas lo encuentra en cada momento. Pero yo soy demasiado ciego para advertirlo y descuido las ocasiones de hacer el bien o de aceptar el sufrimiento, como se descuidan las casas deshabitadas o los tugurios en ruinas junto a la carretera. "Venid y ved". Señor, ábreme los ojos: que yo aprenda a conocerte en cada una de tus presencias humildes y aprenda a encontrarte en la prosa santificante de mi deber cotidiano. Porque tú habitas justo aquí. Y es en este deber humilde, sea cual sea, donde estoy seguro de encontrarte, no sólo de paso y como furtivamente, sino de modo estable y permanente... (P. Charles, La priére des hommes, París 1957). |
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Epifanía del Señor LECTIO Primera lectura: Isaías 60,1-6 1 Levántate y brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti. 2 Es verdad que la tierra está cubierta de tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se manifiesta su gloria. 3 A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora. 4 Alza la vista y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. 5 Al verlo te pondrás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón porque volcarán sobre ti las riquezas del mar, y te traerán los tesoros de las naciones. 6 Te inundará un tropel de camellos, y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo oro e incienso y proclamando las alabanzas del Señor. **• La profecía, canto poético y glorioso, es una visión de universalismo y de unidad de todos los pueblos en camino hacia Jerusalén (cf. Jr 12,15-16; 16,19-21; Miq 4,1-3; Sof 3,9-10; Zac 8,20-23). El profeta ve una caravana que avanza hacia la ciudad santa en dos grupos bien diferenciados: uno formado por los hijos y las hijas de Israel que vuelven del exilio (v. 4), y el otro formado por las naciones extranjeras atraídas por la luz y la gloria de Dios, que ilumina la colina de Sión. Isaías, entonces, se dirige al pueblo que escucha diciendo: "Levántate, revístete de luz... alza los ojos en tomo y mira" (w. 1-4). Ha terminado el tiempo del cansancio y del lamento y ha comenzado el de la alegría y la esperanza. Es preciso que la humanidad salga del propio individualismo y pesimismo y entre en la certeza de una vida nueva, que se alcanza dejando las tinieblas y caminando hacia la ciudad luminosa, cuyo esplendor procede de Dios: "Sobre ti resplandece el Señor, su gloria aparece sobre ti. Caminarán los pueblos a tu luz" (w. 2-3; Ap 21,9-27). El plan de Dios concierne a todos los pueblos, llamados a ser envueltos por la luz de la Jerusalén celeste y por la transparencia de la presencia de Dios que habita en medio de su pueblo. Dios mismo será el faro que orienta y atrae los pasos de los pueblos, de las gentes y de los reyes hacia su Señor. Y en Jerusalén tendrá lugar la gran manifestación y será desvelado lo escondido. En el nacimiento de Jesús los evangelistas verán la revelación de Dios y el cumplimiento de la profecía.
Salmo 71. R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.
En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra
Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos.
Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.
Segunda lectura: Efesios 3,2-3a.5-6 Hermanos: 2 Os supongo enterados de la misión que Dios en su gracia me ha confiado con respecto a vosotros: 3 Se trata del misterio que se me dio a conocer por revelación . 5 Un misterio que no fue dado a conocer a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas; 6 un misterio que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del evangelio. **• Pablo reconoce que la misión que se le ha confiado es la de llevar el evangelio a los gentiles, y explica que el designio salvífico de Dios, concerniente a la humanidad entera llamada a caminar a la luz del único Dios y Padre, ha llegado ya a su plenitud. Y este secreto del misterio de Dios es la llamada a la universalidad y a la unidad de los pueblos: "los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo" (v. 6). Y el Apóstol se siente impulsado, como colaborador de esta misión de Jesús, a trabajar por la difusión del evangelio. El verdadero signo e instrumento de esta visión universal de la salvación querida por Dios es la Iglesia. Ésta tiene como tarea la unidad de los pueblos, sea llevando a todos a la fe en Jesús mediante el anuncio del evangelio, sea tratando de crear vínculos de comunión y de fraternidad, a pesar de las apariencias y de las múltiples diversidades. Ante un mundo todavía dividido, pero deseoso de comunión, se proclama con alegría y con fe que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la distinción, que él llama a todos a participar en la comunión trinitaria. En efecto, mediante la comunión con Jesús, cabeza de la Iglesia, es posible la comunión auténtica entre los hombres. Esta unidad y paz universal, que siempre ha buscado el hombre de todos los tiempos, está ahora al alcance de todos por el nacimiento del Hijo de Dios. Es él el que ha hecho realidad el misterio de Dios, esto es, reunir a todas las gentes. Porque a esto hemos sido llamados: a vivir en la paz como verdaderos hermanos y a permanecer unidos como hijos del mismo Padre.
Evangelio: Mateo 2,1-12 1 Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea, en tiempo del rey Herodes. Por entonces unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén, 2 preguntando: -Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo. 3 Al oír esto, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. 4 Entonces convocó a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 5 Ellos le respondieron: -En Belén de Judea, pues así está escrito en el profeta: 6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, ni mucho menos, la menor entre las ciudades principales de Judá; porque de ti saldrá un jefe, que será pastor de mi pueblo, Israel. 7 Entonces Herodes, llamando aparte a los sabios, hizo que le informaran con exactitud acerca del momento en que había aparecido la estrella, 8 y los envió a Belén con este encargo: -Id e informaos bien sobre ese niño; y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarlo. 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se paró encima de donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella, se llenaron de una inmensa alegría. 11 Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y lo adoraron postrados en tierra. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. 12 Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su país por otro camino.
**• La epifanía es la manifestación pública de la salvación traída por Jesús, Rey universal. Mateo ilumina el relato bíblico con algunos elementos históricos y con referencias del Antiguo Testamento (cf. Is 60,1-6; Nm 23-24; 1 Re 10,1-13; Miq 5,1), y nos habla de una revelación extraordinaria que conduce a los Magos o sabios a descubrir al Rey de los Judíos, como Rey del universo. Respecto a los Magos, sólo en el siglo V fue fijado su número (en base a los dones ofrecidos) y en el siglo VIII les fueron dados los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero para Mateo, los Magos son personajes ilustres, primicia de los paganos, que exaltan la dignidad de Jesús, protagonista del evangelio: ellos lo buscan ("Dónde está el rey de los Judíos, que acaba de nacer?": v. 2), reconocen al Mesías {"Postrándose en tierra lo adoraron ": v. 11) y apreciaron su sencillez y pobreza ("Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro (al rey), incienso (a Dios) y mirra (al hombre)": v. 1 lbc). Por el contrario, Herodes y Jerusalén se turban ante la noticia del nacimiento del Mesías (v. 3) y lo buscan para matarlo. El niño nacido en Belén es el portador de la buena nueva. Pero asume, sin embargo, el rostro de un prófugo, porque se ve obligado a huir a Egipto. Es el Mesías buscado y rechazado, porque su bandera será la cruz. Jesús es signo de contradicción: marginado por su pueblo y buscado con esperanza por los de lejos. Belén, entonces, será la nueva Sión, la ciudad universal de las naciones (w. 5-6.8), y Jerusalén será descartada. El nuevo pueblo de Dios, heredero de las antiguas promesas, es la continuación del antiguo, pero estará formado por todos aquellos que buscan y reconocen "la estrella de la mañana" (2 Pe 1,19) con disponibilidad interior. MEDITATIO Epifanía quiere decir "manifestación" y la Palabra de Dios en esta solemnidad está centrada toda sobre Jesús Mesías, Rey y Salvador universal de las naciones. No ha venido sólo para Israel, sino también para los paganos, es decir, para toda la familia humana. La venida de los Magos es el inicio de la unidad de las naciones, que se realizará plenamente en la fe en Jesús, cuando todos los hombres se sientan hijos del mismo Padre y hermanos entre ellos. Los Magos, como primeros "escuchadores" y testigos de Cristo, son tipo y preludio de una más grande multitud de "verdaderos adoradores", que constituirá la mies espiritual de los tiempos mesiánicos. Jesús es el sembrador, que trae la buena semilla, de la Palabra para todos; el Espíritu ha hecho madurar la semilla y la Iglesia está invitada a recoger el abundante fruto sembrado con la revelación de Jesús y fecundado con su muerte. Como de la vida de comunión y de amor entre el Padre y el Hijo ha derivado la misión de Jesús, así de la intimidad entre Jesús y la Iglesia surge la misión de los discípulos: crear la unidad entre las razas, pueblos y lenguas. Es la Palabra la que crea la unidad en el amor entre los creyentes de todos los tiempos. A través de ella nace la fe y se establece en el corazón del hombre abierto a la verdad en una existencia vital en Dios, que hace al hombre contemporáneo pertenencia de Cristo. A quienes lo buscan con corazón sincero, Jesús les ofrece unidad en la fe y en el amor. En este ambiente vital todos se hacen "uno" en la medida en que acogen a Jesús y creen en su palabra: "Seremos una sola cosa no por poder creer sino porque habremos creído" (san Agustín). En Jesús todos pueden ser una sola cosa y descubrir que la plenitud de la vida consiste en entregarse a Cristo y a los hermanos, y esto es amar en la unidad.
ORATIO Padre santo, que nos has enviado a tu Hijo como salvador universal de los pueblos, te alabamos por la manifestación de Jesús, nuestro rey. Es un rey sin corona, o más aún, con corona de espinas, porque es en su pasión donde se puede comprender el auténtico significado de su soberanía, una realeza bastante distinta de la que buscan los hombres. Te bendecimos, Padre, por Jesús salvador universal. Vino para salvar a todos y para reunir a los hijos de Dios dispersos. No más ya una comunidad dividida y contrapuesta, sino una familia reunida, que camina en la luz y el esplendor de tu gloria. Todos, judíos y paganos, estamos "llamados en Cristo a participar de la misma herencia, a formar un mismo cuerpo" (Ef 3,6), y la venida de los Magos constituye el inicio de esta paz universal de las naciones. Señor, queremos comprender cada vez mejor que la solución de la tensión entre universalidad y elección que tantas veces nos ha puesto unos contra otros se resuelve en el entender que la elección es servicio a todo hombre. Haz, Señor, que la Iglesia entera sepa, como los Magos, caminar siempre hacia Belén para adorar al rey universal de las gentes pero, al mismo tiempo, sepa desde Belén dirigirse al mundo para desempeñar la misión que Jesús le ha confiado, esto es, la de ir al encuentro de todos. Para que la comunidad cristiana, mientras va en busca de los alejados y de quienes se sienten excluidos, sepa llamarlos a la esperanza y a la vida, sin olvidar que la violencia que pueda sufrir de parte de los hombres forma parte de la misma misión.
CONTEMPLATIO La estrella se detuvo sobre el lugar en que se encontraba el Niño. Al ver la estrella de nuevo, los Magos se llenaron de inmensa alegría. Acojamos también nosotros en nuestro corazón ese gran gozo. La misma alegría anuncian los ángeles a los pastores. Adorémosle junto con los Magos, démosle gloria con los pastores, exultemos con los ángeles, "porque nos ha nacido un Salvador: Cristo, el Señor" (Le 2,11). "Dios, el Señor, es nuestra luz" (Sal 118,27): no en la forma de Dios, para no aterrorizar nuestra debilidad, sino en forma de siervo, para traer la libertad a quien yacía en la esclavitud. Es fiesta para toda la creación: el cielo ha sido dado a la tierra, las estrellas miran desde el cielo, los Magos dejan su país, la tierra se concentra en una gruta. No hay uno que no lleve algún presente, ninguno que no vaya agradecido. Celebremos la salvación del mundo, la Navidad del género humano. Unámonos a cuantos acogieron festivos al Señor. Y sea concedido también a nosotros encontrarnos con ellos para contemplar con mirada pura, como reflejada en un espejo, la gloria del Señor, para ser transformados también nosotros de gloria en gloria, por gracia y bondad de nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria y la soberanía por los siglos de los siglos. Amén (San Basilio Magno, Homilías, 6).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "!Levántate, brilla, porque viene tu luz!" (Is 60,1).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Tú que estás por encima de nosotros, Tú que eres uno de nosotros, Tú que estás también en nosotros, puedan todos verte también en mí, pueda yo prepararte el camino, pueda yo darte gracias por cuanto me sucede. Pueda yo no olvidar en ello las necesidades de los otros. Móntenme en tu amor como quieres que todos vivan en el mío. Que todo en mi ser se encamine a tu gloria y que yo no desespere jamás. Porque estoy en tus manos, y en ti todo es fuerza y bondad. Dame sentidos puros, para verte... Dame sentidos humildes, para oírte... Dame sentidos de amor, para servirte... Dame sentidos de fe, para morar en ti... (Dag Hammarskjóld). |
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Miércoles después de epifanía
LECTIO Primera lectura: 1 Juan 4,7-10 7 Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. 8 Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. 9 Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él. 10 El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados.
**• Esta pequeña joya de san Juan es una reflexión posterior sobre el tema del amor fraterno del que el autor ha hablado ya en la carta desde un punto de vista negativo (cf. 3,11.15.22). Ahora el acento está puesto sobre el mandamiento del amor, pero en clave positiva: el amor es necesario porque "el amor procede de Dios" (v. 7) y porque "Dios es amor" (v. 8). Y precisamente porque la identidad de Dios es amor, él ama, perdona y se nos entrega. Todo auténtico amor humano encuentra su fundamento en el amor de Dios. El que ama ha nacido de Dios y "conoce a Dios" (v. 7). Si ésta es la esencia de Dios, para llegar al amor auténtico hay un solo camino: amar. Sin embargo, no como pensaban los gnósticos o los enemigos de la comunidad de san Juan, que creían amar a Dios porque sentían la necesidad de conocerlo. La naturaleza del amor, para san Juan, se fundamenta sobre el hecho de que Dios nos ha amado "primero", por gratuita iniciativa suya. Este amor se ha manifestado en la encarnación del hijo de Dios, sin el cual los hombres hubieran continuado pobres e incapaces de conocer el verdadero amor y poseer la vida (w. 9-10); Rom 3,25; 5,8; 2 Cor 5,21). Jesús nos ha demostrado un amor concreto, desinteresado, de dedicación y de total liberación, hasta entregar la vida. El amor del hombre por Dios, por tanto, es siempre una respuesta al amor providente de un Padre. Y sólo conoce verdaderamente a Dios el que lo ama recorriendo el camino que conduce al amor al hermano (cf. Mc 12,29-31): "En esto reconocerán que sois discípulos míos, en que os amáis unos a otros" (Jn 13,35; cf. 1 Jn 4,12-20).
Salmo 71. R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.
En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.
Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos.
Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres
Evangelio: Marcos 6,34-44 34 Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. 35 Como se hacía tarde, los discípulos se acercaron a decirle: -El lugar está despoblado y ya es muy tarde. 36 Despídelos para que vayan a los caseríos y aldeas del contorno y se compren algo de comer. 37 Jesús les replicó: -Dadles vosotros de comer. Ellos le contestaron: -Cómo vamos a comprar nosotros pan por valor de doscientos denarios para darles de comer? 38 Él les preguntó: -Cuántos panes tenéis? Id a ver.Cuando lo averiguaron, le dijeron: -Cinco panes y dos peces. 39 Jesús mandó que se sentaran todos por grupos sobre la hierba verdad, 40 y se sentaron en corros de cien y de cincuenta. 41 Él tomó entonces los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los fue dando a los discípulos para que los distribuyeran. Y también repartió los dos peces entre todos. 42 Comieron todos hasta quedar saciados, 43 y recogieron doce canastos llenos de trozos de pan y de lo que sobró del pescado. 44 Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.
**• Jesús es presentado como el Buen Pastor que se compadece de la muchedumbre que lo sigue porque son "ovejas sin pastor" (v. 34), y, entonces, como un nuevo Moisés, primero instruye al pueblo (= la comunidad cristiana) con su palabra (= Palabra de Dios) y después la alimenta multiplicando los panes y los peces (= eucaristía). En este menester incluye también a sus discípulos (= la Iglesia): "Dadles vosotros mismos de comer" (v. 37). El tema teológico que está en el trasfondo de todo el relato es la llamada a la asamblea de los hijos de Israel en el desierto y a la celebración eucarística de los primeros discípulos de Jesús. Los detalles que se mencionan hacen referencia a estos hechos: el lugar desierto, la hierba verde, las personas sentadas en pequeños grupos (cf. Ex 18,25), y siguen el alzar los ojos al cielo, la bendición, la fracción del pan, la distribución de los panes con la ayuda de los discípulos (cf. Jn 6,1-13; 1 Cor 11,23-34; Mt 26,26-29; Me 14,22-25; Le 22,14-20). Cinco mil hombres comen hasta saciarse y sobran "doce canastos llenos de trozos de pan y de pescado" (y. 43). Nada debe perderse de la mesa preparada por Jesús. Los discípulos no se maravillan tanto del poder milagroso de su Maestro, cuanto del poder que tiene para dar a los hombres lo necesario para vivir bien cada día. Las palabras que dice y los hechos que Jesús realiza a favor de la humanidad no son sólo hermosas palabras o cosas astrales o teóricas, sino realidades que inciden sobre la vida y la historia humanas y las transforman abriendo el horizonte ilimitado de la comunión con Dios.
MEDITATIO El milagro de la multiplicación de los panes nos introduce simbólicamente en el gran y extraordinario misterio del pan de vida. El relato es importante y todos los evangelistas lo refieren y lo ponen en el centro de la actividad pública de Jesús. El Maestro realiza el milagro porque tiene compasión de la multitud (cf. Me 6,34), pero se trata también de un signo querido por el Cristo para revelarse a sí mismo. Estamos frente al nuevo milagro del maná (cf. Ex 16) realizado por Jesús, nuevo Moisés, revelador escatológico y mediador de los signos de Dios (cf. Ex 4,1-9), en un nuevo éxodo: es el símbolo de la eucaristía, verdadero alimento del pueblo de Dios. Se necesita comer el pan vivo bajado del cielo para sobrevivir y entrar en comunión íntima con Jesús Es revelación divina que el pan posee la eficacia de comunicar una vida más allá de la muerte. Es Jesús, pan de vida, que da la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien en la fe interioriza su Palabra y asimila su vida. La escucha interior de Jesús es alimentarse con el pan celestial y saciar el hambre que todo hombre tiene en sí mismo. Como el Padre es la fuente de la vida del Hijo, y en él toda obra de salvación encuentra su origen en el Padre, así el que participa de la eucaristía encuentra en Cristo la vida divina. Jesús recibe la vida del Padre y la da al creyente no sólo en el tiempo presente, sino al final de la historia, con aquella vida eterna que es amor, participación en el misterio pascual de Cristo, en el misterio de una carne vivificada por el Espíritu, que permite establecer un vínculo profundo con Dios, como el que existe entre el Padre y el Hijo.
ORATIO Señor, tú eres un Dios que nos ha dado infinitas pruebas de amor y de bondad, no sólo creando el universo y el pequeño mundo en el que vivimos, sino también dándonos la vida y la inteligencia, por medio de la cual podemos gustar las bellezas creadas para nosotros y puestas a nuestra disposición. Pero, por encima de todo, te has demostrado Padre, dándonos la mayor prueba de tu inmenso amor al enviarnos a tu Hijo amado como Salvador, don precioso y extraordinario que sólo tu inmensa bondad podía pensar. Verdaderamente eres un Dios de amor. Has tomado la iniciativa en la vida humana y no has permitido que permaneciéramos alejados de ti para siempre, como enemigos tuyos. Has establecido una estrecha alianza con tu pueblo elegido, a pesar de las muchas traiciones, y además nos has dado definitivamente, por medio de tu Hijo, la Iglesia como madre y lugar de salvación. Te has mostrado grande de corazón ofreciéndonos el don renovado del maná, esto es, del pan de la Palabra y de la eucaristía, sacramentos de tu amor divino. Te has preocupado también de saciar el hambre del hombre en sus necesidades espirituales y materiales, demostrando una predilección especial por los pobres y los que sufren. Nunca has olvidado llamar a ti incluso a aquellos que se sienten suficientes y seguros, porque sólo tú eres la seguridad del hombre y la felicidad que llena el corazón. Gracias por tu amor generoso y sin recato que nos hace descubrir tu verdadera identidad.
CONTEMPLATIO Amor que ardes sin extinguirte jamás, dulce Cristo, Jesús bueno, caridad, Dios mío, enciéndeme todo en el fuego de tu amor, de tu afecto, de tu deseo, de tu caridad, de tu júbilo y de tu gozo, de tu alegría y tu ternura, del ansia ardiente de ti, ansia santa y buena, casta y limpia; para que, colmado de la ternura de tu amor, consumido por la llama de tu caridad, yo te ame, dulce y bello Señor mío, de todo corazón, con toda el alma y con todas mis fuerzas. Tu amor, auténtico y santo, colma de ternura y de sosiego el alma que le pertenece, la ilumina con la luz límpida de la visión interior. Oh pan suavísimo, sana el gusto de mi corazón, para que sienta la ternura de tu amor. Te suplico, por el misterio de tu santa encarnación y nacimiento, infundas en mi pecho tu inagotable ternura y caridad, para que yo no piense ya en nada terreno o carnal, sino que sólo te ame a ti, en ti sólo piense, a ti sólo desee, sólo a ti tenga en los labios y en el corazón (Juan de Fécamp, Confessio theologica).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn 4,7).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Dios mío, bienaventurada Trinidad, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la santa Iglesia, salvando las almas que viven sobre la tierra y librando a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y llegar al grado de gloria que me habéis preparado en vuestro Reino; en una palabra: deseo ser santa, pero siento mi impotencia y os pido, Dios mío, que seáis vos mismo mi santidad. Puesto que me habéis amado hasta darme vuestro único Hijo para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos: yo os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su corazón abrasado de amor. Siento en mi corazón inmensos deseos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. No quiero amontonar méritos para el cielo, sino trabajar sólo por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro corazón sagrado y de salvar almas que os amen eternamente. En la tarde de esta vida compareceré ante vos con las manos vacías. No os pido, Señor, que contéis mis obras. Todas nuestras justicias son imperfectas a vuestros ojos. Quiero, por ello, revestirme de vuestra propia justicia y recibir de vuestro amor la posesión eterna de Vos mismo. No quiero otra cosa que Vos, mi Amado (Teresa de Jesús, La oración, Fuenlabrada 1972).
Cinco mil hombres comen hasta saciarse y sobran "doce canastos llenos de trozos de pan y de pescado" (y. 43). Nada debe perderse de la mesa preparada por Jesús. Los discípulos no se maravillan tanto del poder milagroso de su Maestro, cuanto del poder que tiene para dar a los hombres lo necesario para vivir bien cada día. Las palabras que dice y los hechos que Jesús realiza a favor de la humanidad no son sólo hermosas palabras o cosas astrales o teóricas, sino realidades que inciden sobre la vida y la historia humanas y las transforman abriendo el horizonte ilimitado de la comunión con Dios.
MEDITATIO El milagro de la multiplicación de los panes nos introduce simbólicamente en el gran y extraordinario misterio del pan de vida. El relato es importante y todos los evangelistas lo refieren y lo ponen en el centro de la actividad pública de Jesús. El Maestro realiza el milagro porque tiene compasión de la multitud (cf. Me 6,34), pero se trata también de un signo querido por el Cristo para revelarse a sí mismo. Estamos frente al nuevo milagro del maná (cf. Ex 16) realizado por Jesús, nuevo Moisés, revelador escatológico y mediador de los signos de Dios (cf. Ex 4,1-9), en un nuevo éxodo: es el símbolo de la eucaristía, verdadero alimento del pueblo de Dios. Se necesita comer el pan vivo bajado del cielo para sobrevivir y entrar en comunión íntima con Jesús Es revelación divina que el pan posee la eficacia de comunicar una vida más allá de la muerte. Es Jesús, pan de vida, que da la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien en la fe interioriza su Palabra y asimila su vida. La escucha interior de Jesús es alimentarse con el pan celestial y saciar el hambre que todo hombre tiene en sí mismo. Como el Padre es la fuente de la vida del Hijo, y en él toda obra de salvación encuentra su origen en el Padre, así el que participa de la eucaristía encuentra en Cristo la vida divina. Jesús recibe la vida del Padre y la da al creyente no sólo en el tiempo presente, sino al final de la historia, con aquella vida eterna que es amor, participación en el misterio pascual de Cristo, en el misterio de una carne vivificada por el Espíritu, que permite establecer un vínculo profundo con Dios, como el que existe entre el Padre y el Hijo.
ORATIO Señor, tú eres un Dios que nos ha dado infinitas pruebas de amor y de bondad, no sólo creando el universo y el pequeño mundo en el que vivimos, sino también dándonos la vida y la inteligencia, por medio de la cual podemos gustar las bellezas creadas para nosotros y puestas a nuestra disposición. Pero, por encima de todo, te has demostrado Padre, dándonos la mayor prueba de tu inmenso amor al enviarnos a tu Hijo amado como Salvador, don precioso y extraordinario que sólo tu inmensa bondad podía pensar. Verdaderamente eres un Dios de amor. Has tomado la iniciativa en la vida humana y no has permitido que permaneciéramos alejados de ti para siempre, como enemigos tuyos. Has establecido una estrecha alianza con tu pueblo elegido, a pesar de las muchas traiciones, y además nos has dado definitivamente, por medio de tu Hijo, la Iglesia como madre y lugar de salvación. Te has mostrado grande de corazón ofreciéndonos el don renovado del maná, esto es, del pan de la Palabra y de la eucaristía, sacramentos de tu amor divino. Te has preocupado también de saciar el hambre del hombre en sus necesidades espirituales y materiales, demostrando una predilección especial por los pobres y los que sufren. Nunca has olvidado llamar a ti incluso a aquellos que se sienten suficientes y seguros, porque sólo tú eres la seguridad del hombre y la felicidad que llena el corazón. Gracias por tu amor generoso y sin recato que nos hace descubrir tu verdadera identidad.
CONTEMPLATIO Amor que ardes sin extinguirte jamás, dulce Cristo, Jesús bueno, caridad, Dios mío, enciéndeme todo en el fuego de tu amor, de tu afecto, de tu deseo, de tu caridad, de tu júbilo y de tu gozo, de tu alegría y tu ternura, del ansia ardiente de ti, ansia santa y buena, casta y limpia; para que, colmado de la ternura de tu amor, consumido por la llama de tu caridad, yo te ame, dulce y bello Señor mío, de todo corazón, con toda el alma y con todas mis fuerzas. Tu amor, auténtico y santo, colma de ternura y de sosiego el alma que le pertenece, la ilumina con la luz límpida de la visión interior. Oh pan suavísimo, sana el gusto de mi corazón, para que sienta la ternura de tu amor. Te suplico, por el misterio de tu santa encarnación y nacimiento, infundas en mi pecho tu inagotable ternura y caridad, para que yo no piense ya en nada terreno o carnal, sino que sólo te ame a ti, en ti sólo piense, a ti sólo desee, sólo a ti tenga en los labios y en el corazón (Juan de Fécamp, Confessio theologica).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn 4,7).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Dios mío, bienaventurada Trinidad, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la santa Iglesia, salvando las almas que viven sobre la tierra y librando a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y llegar al grado de gloria que me habéis preparado en vuestro Reino; en una palabra: deseo ser santa, pero siento mi impotencia y os pido, Dios mío, que seáis vos mismo mi santidad. Puesto que me habéis amado hasta darme vuestro único Hijo para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos: yo os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su corazón abrasado de amor. Siento en mi corazón inmensos deseos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. No quiero amontonar méritos para el cielo, sino trabajar sólo por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro corazón sagrado y de salvar almas que os amen eternamente. En la tarde de esta vida compareceré ante vos con las manos vacías. No os pido, Señor, que contéis mis obras. Todas nuestras justicias son imperfectas a vuestros ojos. Quiero, por ello, revestirme de vuestra propia justicia y recibir de vuestro amor la posesión eterna de Vos mismo. No quiero otra cosa que Vos, mi Amado (Teresa de Jesús, La oración, Fuenlabrada 1972).
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LECTIO Primera lectura: 1 Juan 4,11-18 11 Queridos míos, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros. 12 Nadie ha visto jamás a Dios; si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección. 13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que él nos ha dado su Espíritu. 14 Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre ha enviado a su Hijo como Salvador del mundo. 15 Si uno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 16 Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. 17 Nuestro amor alcanza la plenitud cuando esperamos confiados el día del juicio, porque también nosotros compartimos en este mundo su condición. 18 En el amor no hay lugar para el temor. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no ha logrado la perfección en el amor.
*+• Después de habernos dicho que Dios es amor, Juan ilumina a la comunidad de fe acerca de las consecuencias prácticas de esta afirmación para la vida cristiana. Primero, para poseer a Dios la vía maestra es el amor mutuo. Este medio es la condición para que el amor de Dios habite en los creyentes como presencia experiencial y sea "perfecto" a imitación del amor vivido por Cristo (v. 12). Segundo, la posesión del Espíritu es el don que guía en el propio camino interior de vida espiritual (v. 13). Tercero, la fe en Jesús Salvador del mundo: Si alguno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios" (v. 15). Sólo quien cree en el Hijo de Dios hecho hombre, como testificaron los primeros discípulos del Señor, conoce y ama a Dios. El amor a Dios debe crecer y será auténtico en el cristiano sólo cuando haya sustituido al temor y al miedo (w. 17-18). Por tanto, cuando el discípulo de Jesús se presente al juicio final tendrá una cierta familiaridad con su Maestro y tendrá "confianza en el día del juicio" (v. 17a), porque el amor con el que Jesús ha amado a los suyos será el mismo que habrá vivido cada miembro de la comunidad cristiana respecto a sus hermanos: "porque también nosotros compartimos en este mundo su condición" (v. 17b). Ésta es la perfección del amor: fiarse de Dios en el día del juicio, porque Él tratará a los creyentes no con el castigo, sino como a hijos amados. La confianza de los cristianos en Dios se convierte así en certeza de victoria porque su fe y la presencia de Cristo los ha acompañado en su crecimiento en el amor.
Salmo 71. R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.
En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.
Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos.
Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres
Evangelio: Marcos 6,45-52 45 Luego mandó a sus discípulos que subieran a la barca y fueran delante de él a la otra orilla, en dirección a Betsaida, mientras él despedía a la gente. 46 Cuando los despidió, se fue al monte para orar. 47 Al anochecer, estaba la barca en medio del lago, y Jesús solo en tierra. 48 Viéndolos cansados de remar, ya que el viento les era contrario, se les acercó hacia el final de la noche caminando sobre el lago. Hizo ademán de pasar de largo, 49 pero ellos, al verlo caminar sobre el lago, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar. 50 Porque todos lo habían visto y se habían asustado. Pero Jesús les habló inmediatamente y les dijo: -!Ánimo! Soy yo. No tengáis miedo. 51 Subió entonces con ellos a la barca y el viento se calmó. Ellos quedaron más asombrados todavía, 52 ya que no habían entendido lo de los panes y su mente seguía embotada.
>•• Tras la multiplicación de los panes Jesús ordena a sus discípulos partir solos con la barca, mientras él se retira al monte para orar en un silencioso encuentro con el Padre (v. 46). Si su oración es solitaria con el Padre por una parte, por otra es solidaria con sus discípulos. Éstos, en efecto, se encuentran en dificultades remando sobre el mar de las pruebas de sus vidas: la noche los sorprende, el viento contrario hace difícil su camino. Entonces Él va a su encuentro caminando sobre el mar (cf. Job 9,8; Sal 76,20; Is 43,16). Jesús no quiere imponérseles con su milagro e "hizo ademán de pasar de largo" (v. 48). Sin embargo, ante su turbación (creían ver un "fantasma") y su grito, se les acerca, calma el viento y les dice: ".!Animo, soy yo, no tengáis miedo!" (v. 50). El estupor de los discípulos, unido a la falta de fe en Jesús, inunda sus corazones, porque no habían comprendido el signo de los panes ni la identidad misma de su Maestro, como Mesías e Hijo de Dios. Las perspectivas de Jesús y las de sus discípulos son diversas: "su mente seguía embotada" (v. 52), como en otro tiempo lo tuvo Israel en el desierto. Para reconocer el rostro del propio Maestro, la comunidad debe tener el coraje de acogerlo en la propia barca y confiar en él en el camino difícil de la experiencia cristiana, invocándolo con oración ardiente, convencida de que el mundo hostil a Dios pondrá a prueba su fe.
MEDITATIO La vida cristiana tiene una doble dimensión: vertical y horizontal. La primera nos hace tomar conciencia del infinito amor del Padre, que es amor y "ha enviado a su Hijo como salvador del mundo" (cf. 1 Jn 4,14) y quiere vivir en comunión con nosotros, sus hijos queridos. La unión perfecta entre Dios y el creyente se realiza primero en el contacto con la Palabra de Dios y después participando en la mesa eucarística. Nuestra carne y nuestra sangre se mezclan, entonces, con la carne y la sangre de Dios. Y somos transformados y divinizados. "No somos nosotros quienes transformamos a Dios en nosotros ", afirma san Agustín, "somos nosotros los transformados en Dios". La eucaristía es, pues, el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo vivo, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, garantía de la comunión con el Cuerpo de Cristo y participación en la solidaridad, como expresión del mandato de Jesús: "Amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 13,34). La segunda dimensión, el amor a los hermanos, es consecuencia y signo del amor a Dios (cf. 1 Jn 4,12). También este aspecto de la caridad fraterna tiene su plena realización en el misterio eucarístico: "Participando realmente del Cuerpo del Señor en el partir el pan, somos elevados a la comunión con Él entre nosotros" (LG 11). Este amor se hace en el cristiano una fuerza transformante y operativa, capaz de alejar todo temor, porque el que ama no tiene miedo y el que come y bebe el cuerpo y la sangre de Cristo tendrá la plenitud de la vida.
ORATIO Padre santo, a ti, que eres la plenitud del amor, te agradecemos el don que nos has hecho de Jesús-Eucaristía, pan de vida partido para nosotros y alimento de nuestra vida espiritual, personal y comunitaria. No pudiste hacernos regalo más hermoso: dejarnos la persona misma de tu Hijo, perennemente presente entre nosotros, bajo las especies del pan y el vino eucarísticos en todos los ángulos de la tierra. Pero nosotros queremos corresponder a tu inmenso don procurando vivir en comunión constante contigo a través de los signos que el apóstol Juan nos ha presentado: el amor mutuo entre los hermanos, la fe en tu Hijo Jesucristo y la acogida de la presencia del Espíritu Santo en nosotros por el sacramento del bautismo. Sólo este camino de fe nos da la certeza de tu amor y de tu paz. A veces nos sentimos fatigados y cansados al recorrer este camino y hasta tenemos miedo de confiar en ti y de mirarte, como los discípulos en la barca cuando tú andabas sobre las aguas, porque vemos que muchas de nuestras aspiraciones se frustran y un viento contrario dificulta nuestra marcha cotidiana. Padre bueno, intervén en nuestra vida cuando estamos inquietos y sin esperanza, y devuélvenos el coraje de subirte a nuestra barca para caminar hacia ti con renovada confianza, porque tú eres la única certeza segura y la verdad de la vida.
CONTEMPLATIO Quiero daros una imagen del Padre (...). Imaginad que la tierra tuviera un cerco, esto es, un círculo trazado con un compás en el centro. Pensad que este círculo fuera el mundo, Dios el centro del círculo y los radios que van del cerco al centro las vidas, o sea los modos de vivir de los hombres. Así, en cuanto los santos (= radios del círculo) avanzan hacia el centro procurando acercarse a Dios, a medida que avanzan, se acercan a Dios y también los unos a los otros y, cuanto más se acercan a Dios más se aproximan unos a otros, y viceversa, cuanto más se aproximan unos a otros, más se acercan a Dios. Ésta es la esencia del amor: cuando estamos lejos y no amamos a Dios, igualmente estamos distantes del prójimo. Si, por el contrario, amamos a Dios, cuanto más nos acercamos a Él por el amor, otro tanto nos unimos en el amor al prójimo, y en tanto nos unimos al prójimo, tanto estamos unidos a Dios. Dios nos haga dignos de escuchar lo que nos ayuda y cumplirlo. Pues cuanto más procuramos poner en práctica lo que escuchamos, tanto más Dios nos ilumina y nos muestra su voluntad (Doroteo de Gaza, Insegnamenti spirituali, Roma 1979, 124-126).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección" (1 Jn 4,12).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Sentirse amado es el origen y la plenitud de la vida del espíritu. Digo esto porque, apenas comprendemos un destello de esta verdad, nos ponemos a la búsqueda de su plenitud y no descansamos hasta haber logrado encontrarla. Desde el momento en que reivindicamos la verdad de sentirnos amados, afrontamos la llamada a llegar a ser lo que somos. Llegar a ser los amados: he aquí el itinerario espiritual que debemos hacer. Las palabras de san Agustín: "Mi alma está inquieta hasta reposar en tí, Dios mío", definen bien este itinerario. Sé que el hecho de estar a la búsqueda constante de Dios, en continua tensión por descubrir la plenitud del amor, con el deseo vehemente de llegar a la completa verdad, me dice que he saboreado ya algo de Dios, del amor y de la verdad. Puedo buscar sólo algo que, de alguna manera, he encontrado ya. Cómo puedo buscar la belleza y la verdad, sin que la belleza y la verdad me sean conocidas en lo íntimo de mi corazón? Llegar a ser los amados significa dejar que la verdad de ser amados se encarne en toda cosa que pensamos, decimos o hacemos. Esto supone un largo y doloroso proceso de apropiación o, mejor, de encarnación. Mientras "sentirme amado" sea poco más de un bello pensamiento o una idea sublime suspendida sobre mi vida para evitar convertirme en un deprimido, nada cambia verdaderamente. Lo que se requiere es llegar al amor en la vida banal de cada día y, poco a poco, colmar el vacío que existe entre lo que sé que soy y las innumerables realidades específicas de la vida cotidiana. Llegar a ser el amado significa impregnar la normalidad de lo que soy y, por tanto, de lo que pienso, digo y hago hora tras hora, con la verdad que me ha sido revelada de lo alto (H. J. M. Nouwen, Tú eres mi amado: la vida espiritual en un mundo secular, Madrid s.f.). |
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LECTIO Primera lectura: 1 Juan 4,19-5,4 Hermanos: 19 Nosotros debemos amarnos, porque él nos amó primero. 20 Si alguno dice: "Yo amo a Dios", y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. 21 Y nosotros hemos recibido de él este mandato: que el que ama a Dios, ame también a su hermano. 5.1 El que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Y todo el que ama al que da el ser, debe amar también a quien lo recibe de él. 2 Por tanto, si amamos a los hijos de Dios, es señal de que amamos a Dios y de que cumplimos sus mandamientos. 3 Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos, y sus mandamientos no son pesados. 4 Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo: nuestra fe.
*" Dos argumentos se entrelazan en el texto: el amor cristiano (w. 19-21) y la fe en Jesús, componentes de un único mandamiento (w. 1-4; 4,21). Amor y odio son inconciliables. El amor cristiano conoce tres relaciones: el amor de Dios a nosotros, nuestro amor a Dios y nuestro amor a los hermanos. El amor a Dios y a los hermanos están íntimamente ligados: "El que ama a Dios, ame también a su hermano" (v. 21); es más, el auténtico amor a Dios se manifiesta en el amor a los hermanos: "Quien no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios al que no ve" (v. 20; 2,7-11; 3,20-24; Jn 13,34). Se recuerda, pues, que el amor cristiano tiene su origen en Dios, porque "Él nos ha amado primero" (v. 19) como a verdaderos hijos y, en consecuencia, nos corresponde responder al amor y generar amor. No es el hombre el que ha alcanzado a Dios con su amor, sino a la inversa, es Dios quien nos ha conquistado con la venida histórica de Jesús a nosotros. Entonces podemos verificar si verdaderamente Dios ha penetrado en nosotros sólo si somos capaces de amar a los otros: ésta es la regla maestra para saber si Dios habita en nosotros de manera estable. Tentación constante en la vida cristiana es la de refugiarse en el amor de Dios olvidando a los otros. Ésta era la conducta de vida de los gnósticos, que se refugiaban en la esfera de lo divino, pero se desinteresaban de la esfera de la ética humana. Es a través de la fe como conocemos que Dios nos ama. Entonces el fiel amado y "nacido de Dios" (v. 1) ama no sólo al Padre y al Hijo, sino también a todos sus hermanos, nacidos de Dios. Sólo la fe y el amor, fuerzas interiores que nacen de la filiación con Dios, permiten al cristiano vencer todo lo que se opone a Cristo, cuando vive sus mandamientos (w. 3-4).
Salmo 71. R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.
En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.
Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos.
Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres Evangelio: Lucas 4,14-22a 14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca. 15 Enseñaba en las sinagogas y todo el mundo hablaba bien de él. 16 Llegó a Nazaret, donde se había criado. Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para hacer la lectura. 17 Le entregaron el libro del profeta Isaías y, al desenrollarlo, encontró el pasaje donde está escrito: 18 El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos 19 y a proclamar un año de gracia del Señor. 20 Después enrolló el libro, se lo dio al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinogoga tenían sus ojos clavados en él. 21 Y comenzó a decirles: -Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar. 22 Todos asentían y se admiraban de las palabras que acababa de pronunciar.
**• Estamos ante una escena extraordinaria de la vida de Jesús, que nos describe su actividad pública y de evangelización en Galilea, caracterizada por la potencia del Espíritu Santo, por el entusiasmo de la gente que lo rodea y por su fama, que se difunde por doquier. En la sinagoga de Nazaret precisamente, Jesús lee e interpreta la palabra de Isaías 61,1-2, aplicándola a su persona. Traduce en presente la profecía de Isaías, que se convierte en manifiesto programático de toda su actividad mesiánica. Con él inicia, en efecto, el año de gracia o año jubilar (cf. Lv 25,10); con él ha bajado a la tierra el Espíritu de Dios que traerá la salvación a la humanidad: "Hoy se ha cumplido ante vosotros el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar" (v. 21). El Espíritu ha consagrado a Jesús Mesías y el Reino que él anuncia es la verdad, la libertad y la novedad del mundo que Jesús hace nacer en los que lo escuchan y lo siguen. La gente queda maravillada por las palabras que proclama y todos le rinden testimonio (v. 22). La liberación que Jesús trae está destinada de modo especial a los pobres, a los oprimidos, a los prisioneros y a los ciegos, porque éstos están más abiertos que los demás al anuncio de la salvación y a la acción del Espíritu. La Palabra de Jesús es una "alegre noticia" de vida nueva para todos los hombres. Es una palabra exigente que comprende cruz y resurrección. En el misterio pascual el creyente encuentra la plenitud y la comunión con Dios. Éste es el éxodo que todo hombre debe realizar en su vida si quiere ser, también él, liberación para los hermanos oprimidos, vivir según el Espíritu de Dios y participar en la gloria de Cristo resucitado.
MEDITATIO Todo el evangelio no es otra cosa que el anuncio del amor de Dios hecho visible en la persona de Jesús. Amar a Dios quiere decir colocarse en la perspectiva de Dios, que ama a todo ser creado y no vacila en sacrificar a su propio Hijo unigénito para la salvación de todos los hombres. Vivir para los otros, darse, sacrificarse por su bien es vivir como Dios, es hacer lo que Jesús quiere que hagamos. Por eso hoy es urgente para todos "el deber de hacernos generosamente prójimos de todo hombre y ayudar con hechos a quien nos pasa al lado, anciano abandonado por todos o trabajador extranjero injustamente despreciado, o emigrante, o niño nacido de una unión ilegítima..." (GS 27). No podemos creernos verdaderos hijos de Dios si no nos sentimos hermanos de todo hombre, especialmente del más pobre y desgraciado. Esta fe no sólo anima nuestra caridad cristiana en su vasto campo de operaciones, sino que se convierte en una fuerza gigantesca para luchar contra todo pecado de abuso, intolerancia, injusticia, violencia, contra todo coletazo de egoísmo, de atropello, de odio, que dominan todavía hoy en el mundo. "Solamente se puede inducir a alguien a creer en el Dios cristiano haciéndoselo amar, y se educa en el amor solamente en la medida que se ama a la persona que se trata de educar y al Dios que se trata de proponer a su amor" (R. Guelluy). Pero la lección más hermosa que podemos dar del amor a Dios y a los hermanos es la de manifestar, no sólo con palabras sino con nuestro testimonio de vida coherente, que somos capaces de amar.
ORATIO Seas bendito, Señor de cielo y tierra, que has abierto la vía del amor para el hombre sediento de felicidad. Seas alabado, Señor de los pequeños y de los pobres, que has elegido para tu Hijo este camino para enseñarnos que en la vida sencilla y pobre te revelas con tu amor providente y generoso. Gracias te sean dadas, Señor de la paz y de la vida, por habernos regalado tu perdón: nos has hecho experimentar la alegría de tu benevolencia con la misericordia que has derramado sobre nosotros, pecadores y rebeldes, cierto, pero siempre amados y predilectos tuyos. Envíanos, Señor, tu Espíritu de luz y de verdad, para que podamos aprender a caminar a la luz de tu sol, que es vida y alegría. Enséñanos a mirar hacia delante y no hacia atrás, para que la esperanza que emana de tu Palabra guíe nuestros pasos vacilantes e inseguros, y sepamos coger, en el sendero de nuestra existencia, no las flores que se marchitan, sino las mejores y más perfumadas del amor a los hermanos para ofrecértelas a ti. Seas siempre amado, Señor, conservando el primer puesto en nuestro corazón, a menudo inquieto y en búsqueda de novedades y de satisfacciones. Sólo tú puedes saciar nuestra sed de felicidad y de vida. Haz, Señor, que nuestro camino vaya siempre acompañado por tu presencia amorosa, porque sin ti nada podemos y nuestro corazón sólo en ti puede encontrar su descanso.
CONTEMPLATIO A quienes han sido juzgados dignos de llegar a ser hijos de Dios y de nacer de lo alto por el Espíritu Santo, sucede que lloran y se afligen por todo el género humano: ellos imploran con lágrimas por el Adán total, inflamados como están de amor espiritual por toda la humanidad. A veces, sin embargo, su espíritu se inunda de tanta alegría y tanto amor que, si fuera posible, meterían en su corazón a todos los hombres sin distinguir entre buenos y malos. Otras veces, también, con espíritu humilde, se rebajan de tal modo ante todo ser humano, que llegan a considerarse los últimos e ínfimos de todos. Luego de esta experiencia el Espíritu los hace vivir nuevamente un gozo inenarrable (Pseudo-Macario, Homilía 18).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,21).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Tú me has mandado a los hombres. Has cargado sobre mis espaldas el grave peso de tus poderes y la fuerza de tu gracia, y me has ordenado avanzar. Dura y casi ruda tu palabra que me envía lejos de ti, a tus criaturas que quieres salvar, a los hombres. He tratado con ellos desde siempre, antes incluso de que tu palabra me consagrase para esta misión. He procurado amar y ser amado, he tratado de ser buen amigo y de tener buenos amigos. Es hermoso estar así con los hombres, y fácil también. Porque se va sólo a los que uno elige y se queda entre ellos mientras se está a gusto. Pero ahora no: los nombres a los que soy enviado los has escogido tú, no yo, y no debo ser su amigo, sino su servidor. Y el hecho de que me fastidien no es ya la señal para irme, como antes, sino tu orden de quedarme. !Qué criaturas éstas, Dios mío, a las que me has mandado, lejos de ti! Los más no reciben en modo alguno a tu enviado, no aprecian en absoluto tus dones, tu gracia, tu verdad, con que me envías a ellos. Y yo debo, sin embargo, volver una y otra vez a sus puertas, importuno como un vendedor ambulante con su quincalla. Si, al menos, supiese con certeza que es a ti a quien rechazan cuando no me reciben, me consolaría. Pues quizás también yo cerraría la puerta de mi vida si uno como yo viniese a llamar diciéndose enviado por ti. Y qué decir de los que me admiten en su vida? Oh Señor, éstos desean muy otra cosa que lo que yo les llevo de tu parte (...). Qué quieren de mí? Si no es dinero lo que buscan, o una ayuda material, o el pequeño alivio de la compasión, me miran como a una especie de agente de seguros con el que van a concertar una póliza para la vida del más allá (...). Señor, enséñame a orar y a amarte. Entonces olvidaré en ti mi miseria, porque tendré conmigo lo que me hará olvidarla: el amor paciente, que presta tu riqueza a la pobreza de mis hermanos. Y sólo entonces seré un hermano para los hombres, alguien que les ayuda a encontrar al único que necesitan, a ti, Dios de mis hermanos (K. Rahner, Palabras al silencio. Oraciones cristianas, Estella ,1998). |
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LECTIO Primera lectura: 1 Juan 5,5-13 Hermanos: 5 Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 6 Éste es el que vino por agua y sangre, Jesucristo; no por agua únicamente, sino por agua y sangre; y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. 7 Porque tres son los que dan testimonio: 8 el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo. 9 Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio acerca de su Hijo. 10 Si uno cree en el Hijo de Dios, tiene ya el testimonio de Dios. Si uno no cree a Dios, lo hace mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo. 11 Ahora bien, el testimonio consiste en que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. 12 Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. 13 Os he escrito estas cosas a vosotros que creéis en el Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis la vida eterna.
*" El Apóstol subraya que la victoria del cristiano sobre el mundo es la fe. Para obtener tal victoria se requiere una lucha interna y externa contra todo lo que es obstáculo al cumplimiento de la voluntad de Dios. Y la certeza de la victoria del cristiano está asegurada por el hecho de que, en él, la vida divina y la unión con Dios son una fuerza superior a la vida mundana y a todo lo que es adhesión al reino del mal. Así pues, la fe en Cristo, Hijo de Dios, es el único medio para derrotar al mundo (v. 5; cf. Jn 20,30-31). Jesús ha venido para darnos la vida y quien cree en Él tendrá "la vida eterna" (v. 11). Esta vida eterna que Jesús ha traído a la humanidad es cosa cierta, porque Él la ha ofrecido al comienzo de su vida pública mediante el bautismo ("agua": cf. Jn 1,31), y al final de su existencia terrena mediante la muerte en la cruz {"sangre": cf. Jn 6,51; 19,34), y es siempre actualizada en la eucaristía: eventos en los que palpablemente se ha manifestado la potencia y el testimonio del Espíritu (v. 6), que es el garante de la fe y de la verdad de Jesús. Sobre este triple y concorde testimonio se funda la manifestación de Dios en Cristo su Hijo (w. 7-8). Aquí el Apóstol polemiza contra la falsa interpretación de los gnósticos, que afirman que la divinidad de Jesús se unió a su humanidad en el bautismo, pero que en su muerte la divinidad se separó de la humanidad, de manera que murió sólo el hombre Jesús. Pues bien, quien niega este testimonio del Espíritu, niega también la fe en Cristo, que es cuestión de vida y de muerte. Sobre la acción del Espíritu está tejida la vida sacramental (bautismo, confirmación, eucaristía), mediante la cual el creyente se injerta en Cristo y es capaz de dar testimonio de él y de vivir en comunión con Dios (w. 11-13).
Salmo 147. R. Glorifica al Señor, Jerusalén Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos
Evangelio: Lucas 5,12-16 12 Estaba Jesús en un pueblo donde había un hombre cubierto de lepra. Éste, al ver a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicaba: -Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13 Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: -Quiero; queda limpio. Y en el acto desapareció de él la lepra. 14 Jesús ordenó que no se lo dijera a nadie. Le dijo: -Anda, preséntate al sacerdote y presenta la ofrenda por tu purificación, como mandó Moisés, para que les conste a ellos. 15 Su fama se extendía cada vez más y se congregaban grandes muchedumbres para oírle y para que los curase de sus enfermedades. 16 Pero él se retiraba a lugares solitarios para orar.
*" Jesús encuentra un leproso y lo cura, enviándolo seguidamente al sacerdote no sólo para que haga la ofrenda por la purificación (cf. Lv 14), sino también para que sirva de testimonio a todos de su presencia mesiánica entre el pueblo. El judaísmo, en efecto, consideraba la curación de la lepra como uno de los signos de la venida del Mesías (cf. Le 7,22). La curación realizada por Jesús es descrita con algunos elementos típicos: la súplica del enfermo ("Señor, si quieres, puedes limpiarme": v. 12); la respuesta positiva de Jesús, que tocando al leproso realiza la curación ("Quiero, queda limpio": v. 13); y el envío al sacerdote ("Ve, preséntate al sacerdote...": v. 14). El leproso, considerado un marginado por la comunidad de Israel, con la curación entra de nuevo a formar parte de ella. La curación realizada por el Nazareno es símbolo también del perdón y de la misericordia de Dios, y es fundamento de la vida de la Iglesia (cf. Jn 20,23). El fragmento termina con una nota redaccional del evangelista, que presenta un aspecto particular de la persona de Jesús. Él no sólo cura a los que lo rodean, siendo así que su fama se difunde por doquier, sino que se retira a lugares solitarios para orar. En esto reside la fuerza de Jesús y su irresistible atractivo: en su coloquio filial con el Padre. La oración no sólo lo sostiene frente a las muchas incomprensiones que experimenta en su ministerio público, sino que le permite sobre todo verificar su misión en la lógica de la voluntad de Aquel que lo ha enviado al mundo.
MEDITATIO La oración es uno de los componentes más vivos del mensaje evangélico. Jesús la ha practicado en su relación con el Padre y nos ha ofrecido un ejemplo extraordinario. Muchos piensan que orar es agarrar a Dios para ponerlo a su alcance o tratar de obtener beneficios y ventajas en provecho propio, y así satisfacer sus deseos y sus esperanzas. La verdad es muy diferente. La oración es entrar en la perspectiva de Dios partiendo de su amor. Es contemplar el rostro de un Padre que mira a sus hijos con ternura. Es encontrar una persona viva y dejarse tocar por su amor. Orar es para todos una tarea de las más difíciles, es un trabajo exigente, no porque sea superior a nuestras fuerzas, sino porque es una experiencia que no se agota jamás y un camino en el que se permanece siempre discípulo. La oración es acogida, terreno de adviento del amor de Dios; orar no es tanto amar a Dios, cuanto dejarse amar por Él. Orar es esperar y escuchar, recibir y acoger. Es permanecer en silencio ante el misterio para dejarse amar por Dios, como María que experimenta en su vientre la presencia de Dios. Pero la oración es también movimiento de respuesta a este don, un volver todo el corazón a Dios. La oración es alabanza, acción de gracias, ofrenda, intercesión, fiesta y liturgia de la vida. El núcleo de la oración cristiana es penetrar en el misterio de la filiación divina: estar con Dios en el Espíritu por el Hijo, como el Hijo está en el misterio del Padre. San Pablo nos lo recuerda bien. "Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que grita: !Abba! !Padre!" (Gal 4,6; cf. Rom 8,15-17; Ef 3,17ss).
ORATIO Padre santo, sabemos que tú eres "la fuente de todo don perfecto" (Sant 1,17), el que toma la iniciativa en el amor, el que envía al Hijo y al Espíritu. Tú eres la primera gratuidad del amor, porque todo nos viene de ti. Tú eres el eterno amante, el que ama desde siempre. Nuestra oración quiere ser justamente el lugar en que experimentamos tu amor de Padre. Desgraciadamente, nuestro tiempo parece desorientado y confuso, parece que no conoce ya los confines entre el bien y el mal, y aparentemente, Tú eres rechazado y desconocido. Padre, tú puedes curarnos de nuestras miserias, como hiciste con el leproso del evangelio. Por eso, te rogamos, conduce a todos tus hijos a redescubrir el don de la oración, llévanos al interior del cenáculo para revivir el misterio de Pentecostés y reavivar en nosotros el don del Espíritu. Colócanos dócilmente en su escuela para aprender la sabiduría que viene en el diálogo con él y que es la fuerza que sostiene nuestra vida de creyentes. Padre santo, tu Hijo Jesús se dejó amar por ti, cumplió tu voluntad y se entregó hasta la cruz con docilidad total hasta enviarnos el don del Espíritu. También para nosotros orar es penetrar en este misterio de acogida y de docilidad para imitar a Cristo, entrar en el misterio de la cruz y conservar el coraje de orar, además de en la alegría de Pascua, en el silencio y en tu aparente ausencia. Es el silencio el que nos hace experimentar el estar solos ante Dios solo. En el silencio nos ejercitamos en conjugar la palabra con la escucha y adquirimos el recogimiento atento, que es el primer requisito para empeñarnos en el camino de la oración a ejemplo de Cristo.
CONTEMPLATIO El Verbo se ha encarnado, y el hombre se ha hecho Dios, porque está unido a Dios y forma una sola cosa con Él. Fue envuelto en pañales, pero al levantarse de la tumba se quitó el sudario (...). Como hombre, ha sido bautizado, pero como Dios ha cancelado nuestro pecado. Como hombre ha sido tentado, pero como Dios ha triunfado y nos exhorta a la confianza porque "ha vencido al mundo" (Jn 16,33). Tuvo hambre, pero sació a miles de personas, y es "el pan vivo bajado del cielo" (Jn 7,37). Conoció el cansancio, pero es el descanso de los "cansados y oprimidos" (Mt 11,28) (...). Reza, pero atiende la oración. Llora, pero enjuga las lágrimas. Pregunta dónde han puesto a Lázaro, porque es hombre; pero lo resucita, porque es Dios. Es vendido, y a bajo precio, pero rescata al mundo, y a gran precio: con su propia sangre (...). Ha sido traspasado y herido; pero ha curado toda enfermedad y toda herida. Ha sido elevado sobre el madero, y clavado en él además; pero nos levanta con el árbol de la vida (...). Muere, pero hace vivir y con su propia muerte destruye la muerte. Es sepultado, pero resucita. Desciende al infierno, pero rescata las almas de él (Gregorio Nazianceno, Tercer discurso teológico).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Dios nos ha dado vida eterna, vida que está en su Hijo" (1 Jn 5,11 ) .
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Nuestras mentes están siempre en actividad. Analizamos, reflexionamos o soñamos. No hay momento del día o de la noche en que no pensemos. Se podría decir que nuestro pensamiento es "incesante". Algunas veces querríamos dejar de pensar por un momento; esto nos ahorraría muchas ansiedades, muchos temores y muchos sentimientos de culpabilidad. Nuestra capacidad de pensar es nuestro mayor don, pero es también la fuente de nuestro mayor sufrimiento. Debemos convertirnos en víctimas de nuestros incesantes pensamientos? No. Podemos transformar nuestro pensamiento en una oración incesante, haciendo de nuestro monólogo interior un diálogo continuo con nuestro Dios, fuente de todo amor. Rompamos nuestro aislamiento y caigamos en la cuenta de que Alguien que mora en lo más íntimo de nuestro ser quiere escuchar con amor todo lo que ocupa y preocupa a nuestras mentes (H. J. M. Nouwen, Pane per !I viaggio, Brescia 1997, 23). |
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LECTIO Primera lectura: Isaías 42,1-4.6-7 Así dice el Señor: 1 Éste es mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco. He puesto sobre él mi espíritu, para que traiga la salvación a las naciones. 2 No gritará, no alzará la voz, no voceará por las calles; 3 no romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue. Proclamará fielmente la salvación, 4 y no desfallecerá ni desmayará hasta implantarla en la tierra. Los pueblos lejanos anhelan su enseñanza. 6 Yo, el Señor, te llamé según mi plan salvador; te tomé de la mano, te formé e hice de ti alianza del pueblo y luz de las naciones, 7 para abrir los ojos de los ciegos, sacar de la cárcel a los cautivos, y del calabozo a los que habitan las tinieblas.
*• El primero de los cuatro cánticos del "Siervo doliente" (cf. Is 42,1-7; 49,1-6; 50,4-9a; 52,13-53,12) es obra de un discípulo del Segundo Isaías, cuya descripción nos reporta a los tiempos del exilio o inmediatamente después. Se nos presenta, en efecto, un personaje misterioso, el Ungido del Señor, que por sus rasgos encarna al pueblo elegido, o bien a algunos personajes históricos de Israel. El Nuevo Testamento verá en las características de este personaje la historia y los acontecimientos trágicos de Jesús de Nazaret. Aquí el Siervo es presentado en el acto de cumplir su misión, esto es, de restaurar la alianza con Dios y de reportar al pueblo del exilio a su patria. Por esto tal personaje ha sido formado desde el vientre materno, elegido por Dios y lleno del Espíritu, para llevar a todas las gentes la Palabra y la novedad de Dios (v. 1). Se presentará con una actitud llena de humildad y de benevolencia sin apagar ninguna tentativa de bien; tendrá coraje en las pruebas y en los sufrimientos que no le faltarán, y sus armas serán las de la paz (w. 2-4). Sus prerrogativas son las de rey, sacerdote y profeta. Como rey está llamado a proclamar "el derecho con firmeza" y a establecer la "justicia", es decir, a realizar la salvación que viene de Dios (v. 6a). Como sacerdote cumplirá su misión haciéndose "alianza del pueblo", y como profeta comunicará la voluntad de Dios y será "luz de las naciones" (v. 6b; cf. Le 1,79; 2,29-32; Jn 8,12). Su misión, animada por el Espíritu, tendrá ante todo el objetivo de librar de todo mal al hombre en su ser más íntimo. Los ciegos que viven en las tinieblas, entonces, recuperarán la vista para reemprender el justo camino hacia la verdadera vida. Los prisioneros recobrarán su libertad, la de hijos de Dios redimidos y amados (v. 7).
Salmo 28. R. El Señor bendice a su pueblo con la paz. Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado
La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, l a voz del Señor es magnífica
El Dios de la gloria ha tronado. En su templo, un grito unánime: "¡Gloria!". El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio, el Señor se sienta como rey eterno
Segunda lectura: Hechos 10,34-38 34 Pedro tomó entonces la palabra y dijo: -Verdaderamente ahora comprendo que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que, en cualquier nación, el que respeta a Dios y obra rectamente le es grato. 36 Él envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la buena noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. 37 Ya conocéis lo que ha ocurrido en el país de los judíos, comenzando por Galilea, después del bautismo predicado por Juan. 38 Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con Espíritu Santo y poder. Él pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él.
**• Es la introducción del discurso de Pedro en Cesarea, en casa de Cornelio, que prepara el bautismo del Centurión, ejemplo del universalismo del evangelio. Pedro ha sido enviado por el Espíritu a Cesárea para dar inicio a la conversión de los paganos, comenzando por el hombre romano, piadoso y temeroso de Dios. La palabra de Pedro es introducida por una idea clara: "Dios no hace acepción de personas" (v. 34); ante Dios no existen preferencias de razas ni de posición social: todos son igualmente hijos amados e iguales en la dignidad, sean judíos que paganos, porque Jesús los ha unificado a todos en un solo pueblo de Dios, sin exclusión alguna (cf. Hch 15,7-9; Dt 10,7; Rom 2,11). Cristo ha traído la paz a la tierra por medio de su "alegre nueva". A cuantos se adhieren a su Palabra y lo reconocen Hijo de Dios les son perdonados sus pecados. Su predicación, en efecto, desde el bautismo recibido en el Jordán y confirmado por la Palabra del Padre que lo ha reconocido "Hijo predilecto" (Lc 3,22), hasta el momento de su retorno al Padre con su muerte y resurrección, ha sido un anuncio de salvación para la humanidad entera. Toda la vida de Jesús, marcada por la unción del Espíritu de Dios, ha sido un paso entre los hombres para comunicarles el amor del Padre, hasta el don de su vida, para el perdón de los pecados y para la salvación de todos, incluidos los paganos, sobre los que se manifiesta el Espíritu con poder, como en la casa del centurión Cornelio.
Evangelio: Lucas 3,15-16.21-22 15 El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. 16 Entonces Juan les dijo: -Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 21 Un día en que se bautizó mucha gente, también Jesús se bautizó. Y mientras Jesús oraba se abrió el cielo, 22 y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: -Tú eres mi Hijo el amado, en ti me complazco.
**• El relato del bautismo de Jesús en Lucas consta de dos partes. En la primera (w. 15-16) se subraya la diferencia entre el bautismo de Juan, con agua, para la purificación según el uso judaico antiguo, y el de Jesús, con Espíritu Santo, que transforma el corazón dando vida nueva. En la segunda parte (w. 21-22) se afirma la superioridad y la riqueza del bautismo de Jesús, donde él se revela Mesías e Hijo de Dios y, en consecuencia, la superioridad del bautismo del cristiano, que es don del Espíritu y en el que se convierte en hijo de Dios por medio del Hijo. El bautismo es un momento extraordinario de manifestación del Espíritu de Dios en la persona de Jesús. Y él lo recibe mientras está en oración, otro don del Espíritu Santo, típico en la teología lucana. La tarea de Jesús en el mundo, por tanto, es doble: él es el Mesías, enviado por el Padre, y por esto recibe la fuerza del Espíritu para su misión de Salvador de los hombres, sacándola del misterio mismo de Dios, de quien proviene. Pero al mismo tiempo él es también el Hijo predilecto del Padre, el rostro visible de Dios, el revelador de la Palabra escuchada del Padre y transmitida a los hombres. De la misión de Jesús nace la vocación de la Iglesia y la de todo creyente: acoger el mensaje de amor que el Padre nos dirige con el Hijo para, a nuestra vez, darlo a los hermanos. Nace, además, la llamada a vivir el propio bautismo sabiéndonos poseedores del Espíritu y de la vida nueva que se nos ha dado, comportándonos como hijos de Dios para testimoniar la vida divina, única verdad que hace libre al hombre (cf. Jn 8,31).
MEDITATIO Cuál es la diferencia entre el bautismo de Jesús y nuestro bautismo? El bautismo recibido por Jesús en el Jordán es un rito de penitencia para la remisión de los pecados y, en cuanto tal, Jesús no tenía propiamente necesidad de él. La manifestación del Padre con la bajada del Espíritu Santo, durante la cual es proclamado "Hijo predilecto" (cf. Mt 3,27) y es investido de la misión profética, real y sacerdotal, es la que lo lleva a tomar sobre sí nuestros pecados y los del mundo entero. Es el inicio del bautismo de la Iglesia, del nuevo pueblo de Dios que, con Jesús, sale del agua, sale de la esclavitud del pecado para entrar en la libertad de la vida del Espíritu. Por su parte el bautismo que nosotros hemos recibido de niños en el nombre de Cristo es la revelación en nosotros del amor de la Trinidad, es el éxodo del pecado a la nueva vida divina, es entrar a formar parte de la comunidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y así convertirnos en hijos de Dios a todos los efectos. Todo bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor. Y así nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y lo conduce a la comunión con Dios. Se trata de vivir un nuevo estilo de vida, que es identificación con una vida en Cristo y en el Espíritu, a la que se accede en la fe, que se experimenta en el amor y llena de esperanza, se hace visible en la cotidianidad de la vida eclesial. Por tanto, una vida de auténtica conversión a Dios y a los hermanos, que nos lleva a vivir una existencia guiada por el Espíritu Santo.
ORATIO Señor y Padre nuestro, te damos gracias por el bautismo de Jesús, que nos ha manifestado la plenitud del Espíritu sobre él. Es durante la teofanía que tuvo lugar en el bautismo donde fue reconocido como Mesías. Según una tradición rabínica, el Mesías debía permanecer desconocido hasta que lo revelase un hecho extraordinario operado por ti (cf. Mt 24,23-27). Este hecho extraordinario ha sido la obra del bautista. Así él ha podido manifestar que Jesús es aquel que posee el Espíritu y puede hacer este don, prometido para la era mesiánica, a todos los hombres. Espíritu Santo, te damos gracias porque has consagrado a Jesús profeta y Mesías y te has manifestado en él con plenitud, para que él pudiera derramar tus dones sobre nosotros. Te pedimos nos hagas redescubrir el significado de nuestro bautismo como don tuyo y del amor del Padre, para responder con coherencia de vida a los compromisos que hemos asumido el día de nuestro renacer como hijos de Dios. Haznos capaces de ser auténticos testimonios tuyos, sin manipulaciones y sin compromisos de ningún género, para anunciar en nuestro mundo la liberación, la justicia y la salvación que tú nos has dado a manos llenas. Haz que tu Iglesia sea en el mundo signo de tu presencia, y forme una verdadera familia de hermanos, unidos en la fe y la caridad evangélicas, con una vida dedicada a tu servicio y al de los más pobres y necesitados.
CONTEMPLATIO Vuelve mi Jesús y vuelve el misterio, un misterio sublime y divino. En los días pasados hemos celebrado, como convenía, el nacimiento de Cristo; lo hemos glorificado junto con los ángeles: lo hemos tenido en nuestros brazos con Simeón y lo hemos confesado con Ana. Ahora, sin embargo, hay otra acción de Cristo y otro misterio: Cristo es iluminado, Cristo es bautizado. Meditemos un poco sobre las distintas formas de bautismo. Bautiza Juan con el propósito de suscitar la penitencia; bautiza también Jesús y Él, sí, bautiza en el Espíritu. Éste es el bautismo perfecto. Conozco también otro bautismo, el del testimonio de sangre, que fue impartido también a Cristo mismo y es un bautismo mucho más venerable que los otros, porque después no será ensuciado por otras manchas. Conozco aún otro que es el de las lágrimas: pero éste es un bautismo más arduo: es el del enfermo, es el bautismo del que pronuncia las palabras del publicano en el templo (...). Al hombre ha sido dada toda palabra y para él se ha instituido todo misterio, a fin de que vosotros lleguéis a ser como lámparas en el mundo, potencia vivificadora para los demás hombres (Gregorio Nacianceno, Homilías sobre la natividad, discurso 39, Madrid 21992).
ACTIO Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto, en el que me complazco" (Mt 3,17).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Fred, lo que quiero decirte es que eres amado, y lo que espero es que tú puedas escuchar estas palabras como te fueron dichas, con toda la ternura y la fuerza que el amor puede darles. Mi único deseo es que estas palabras puedan resonar en cada parte de tu ser: tú eres amado. El máximo regalo que mi amistad pueda hacerte es el don de hacerte reconocer tu condición de "ser amado". Puedo hacerte este don sólo en la medida en que lo quiero para mí mismo. No es ésta la amistad: darnos uno al otro el don de "ser amados"? Sí, es la voz, la voz que habla desde lo alto y desde dentro de nuestros corazones, que susurra dulcemente y declara con fuerza: "Tú eres el amado, en tí me complazco". No es ciertamente fácil escuchar esta voz en un mundo lleno de otras voces que gritan: "No eres bueno, eres feo, eres indigno; eres despreciable, no eres nadie... y no puedes demostrar lo contrario". Estas voces negativas son tan fuertes y tan insistentes que es fácil creerlas. Ésta es la gran trampa. Es la trampa del rechazo de nosotros mismos. En el curso de los años, he llegado a darme cuenta de que, en la vida, la mayor trampa no es el éxito, la popularidad o el poder, sino el rechazo de nosotros mismos. Naturalmente, el éxito, la popularidad o el poder pueden ser una tentación grande, pero su fuerza de seducción deriva a menudo del hecho de que forman parte de una tentación mayor, la del rechazo de nosotros mismos. Cuando se presta oídos a las voces que nos llaman indignos y no amables, entonces el éxito, la popularidad o el poder son fácilmente percibidos como soluciones atractivas. Pero la verdadera trampa, repito, es el rechazo de nosotros mismos (H. J. M. Nouwen, Tú eres mi amado: la vida espiritual en un mundo secular, Madrid s.f.). |
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Sábado de la 1ª semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: Hebreos 4,12-16 Hermanos: 12 La Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que una espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. 13 Así que no hay criatura que esté oculta a Dios. Todo está al desnudo y al descubierto a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuentas. 14 Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos. 15 Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que las ha experimentado todas, excepto el pecado. 16 Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia de un socorro oportuno.
*•*• Este fragmento presenta dos consideraciones, que concluyen y sintetizan una sección de la carta a los Hebreos y abren desarrollos ulteriores. La primera (w. 12ss) está unida a las exhortaciones precedentes (3,7-4,11), que se apoyan en las promesas y en las amenazas contenidas en algunos pasajes de la Escritura. Tras haber mostrado su cumplimiento, el autor puede afirmar la incoercible energía de la Palabra de Dios. Ésta es "viva, eficaz" y discierne la verdad incluso en esas profundidades interiores que el hombre es incapaz de sondear. Aunque intentemos engañarnos a nosotros mismos y a los demás, no es posible mentir a Dios. Su Palabra tiene, por tanto, el poder de llegar a lo más íntimo de nosotros mismos para desenmascararnos e iluminarnos, a fin de que, "al vernos" con la mirada misma del Señor, podamos "enmendarnos", puesto que a él "hemos de rendir cuentas". La segunda consideración recupera el tema de Jesús "sumo sacerdote misericordioso" (señalado en 2,17ss): hasta ahora se ha explicado el alcance del adjetivo "misericordioso"; esta alusión prepara ahora otros desarrollos que van a seguir sobre el sacerdocio de Cristo. Estas dos breves reflexiones son dos aspectos de un único mensaje: estamos invitados a caminar con santo temor bajo la guía verdadera de la Palabra de Dios y, al mismo tiempo, con plena confianza, puesto que Cristo, constituido en sumo sacerdote en favor de nosotros, ha experimentado nuestra debilidad y puede compartirla plenamente. Por consiguiente, si a la luz de la Palabra nos reconocemos frágiles y pecadores, no por ello ha de disminuir nuestra confianza: el trono de Dios es "trono de gracia", su realeza es misericordiosa, y Cristo mismo, sentado a la diestra del Padre, pide por nosotros la ayuda necesaria en la hora de la prueba (v. 15).
Salmo 18. R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye a los ignorantes.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. El temor del Señor es puro y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos
Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, Roca mía, Redentor mío.
Evangelio: Marcos 2,13-17 En aquel tiempo, 13 Jesús volvió a la orilla del lago. Toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. 14 Al pasar, vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: - Sígueme. El se levantó y le siguió. 15 Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, pues eran ya muchos los que le seguían. 16 Los maestros de la Ley del partido de los fariseos, al ver que Jesús comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: - Por qué come con publicanos y pecadores? 17 Jesús lo oyó y les dijo: - No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
**• En el pasaje de hoy se entiende la fe como seguimiento de Cristo. Se cuenta que Jesús "al pasar vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y le siguió" (v. 14). Leví se encuentra con Jesús y se hace cristiano en pleno ejercicio de su profesión "mundana". En todas las profesiones se puede "seguir" a Jesús, hacer lo que él hace. No pensaban así los fariseos, que reprocharon a Jesús que comiera "con publicanos y pecadores" (v. 16). Para los fariseos, ciertas profesiones eran incompatibles con la religiosidad judía, porque impedían observar el sábado y otras leyes. Para Jesús, en cambio, no hay profesiones que excluyan del discipulado cristiano. Lo que impide ser discípulo de Cristo es creerse "justo" y "sano", esto es, no sentirse necesitado de salvación. "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (v. 17). La cura que les aplica es estar con ellos, no excluirlos, no condenarlos, no juzgarlos. Ésa es la cura del mal interior del hombre. Esta paciencia, esta misericordia, esta longanimidad, es lo que constituye su cura. Es hermoso contemplar esta imagen de Jesús como médico; su terapia puede durar toda una vida, es decir, no puede ser excluida nunca, porque la terapia es su presencia, su estar con nosotros. El Señor parece querer decirnos que la conversión más difícil es la del justo o la de los que se consideran como tales.
MEDITATIO La Palabra del Señor actúa de manera eficaz. Penetra en nuestro corazón, lo pone al desnudo, lo juzga. Esta Palabra corresponde, sin embargo, al Hijo, que es capaz de compadecerse de nuestras debilidades y quiere presentarse como nuestro intercesor. La eficacia y la misericordia aparecen en el obrar de Dios en la vida de Saúl. El texto pone de relieve el proyecto gratuito de Dios, que precede a toda iniciativa por parte de Saúl. Pone de manifiesto cómo se despliega su acción utilizando situaciones normales, casi triviales, en la vida de las personas. Saúl no recibe un cargo honorífico, sino la habilitación para un servicio. La gracia sólo nos hace sentir su acción en nosotros cuando nos habilita en concreto para algún ministerio. Todo tiene lugar en lo escondido, sin clamor alguno. La eficacia de la Palabra no tiene nada que ver con el clamor mundano. Esto mismo aparece con más fuerza aún en el episodio narrado por el evangelio. La llamada de Leví anuncia la fuerza de la Palabra. También en este caso se despliega la total gratuidad del amor divino que llama: no hay ningún mérito, ninguna preparación por parte del elegido. También él se encuentra inmerso en el laborío de la vida, un laborío marcado, además, por la negatividad. Esta vez, no obstante, el signo de la misericordia suscita clamor. Este tipo de fama no ayuda al Señor, que debe dar cuentas de su misericordia.
ORATIO Dame, Señor, un corazón atento y límpido; un corazón deseoso de encontrarte allí donde me encuentre, y de seguirte, es decir, de imitarte, desde el lugar en el que me encuentre. Un corazón atento para poder reconocer tus pasos en mi historia; en la pequeña, en la de todos los días, y en la grande, la que lleva los colores fuertes de la alegría o del dolor, de la esperanza que nos hace volar o de la desesperación que nos aplasta. Un corazón límpido, porque sólo la mirada de quien es profundamente puro y libre es capaz de ver..., de verte. Un corazón deseoso de encontrarte, porque ése es el camino seguro para descubrirte ya presente... Un corazón que quiera seguirte, porque sólo el camino del Evangelio, que eres tú, conduce a la vida plena y verdadera.
CONTEMPLATIO Pasa el Señor... En qué sentido pasa Jesús? Jesús realiza acciones temporales. En qué sentido pasa Jesús? Jesús realiza acciones transitorias. Considerad con mucha atención cuántas acciones suyas han pasado. Nació de la Virgen María, pero acaso nace continuamente? Fue amamantado cuando era niño, pero acaso está chupando la leche continuamente? Fue pasando por las distintas edades hasta la juventud, pero acaso creció de continuo físicamente? También los mismos milagros por él realizados pasaron: nosotros los leemos y los creemos. Tales hechos fueron escritos para que puedan ser leídos y, en consecuencia, pasaban una vez realizados. Por último, y para no detenernos en muchos otros hechos, fue crucificado, pero acaso está colgado de continuo en la cruz? Fue sepultado, resucitó, ascendió al cielo; ahora ya no muere más... su divinidad es permanente y la inmortalidad de su cuerpo ya no tendrá fin. Sin embargo, y a pesar de ello, todas las acciones que llevó a cabo Jesús en el tiempo pasaron, pero fueron escritas para ser leídas y son anunciadas para ser creídas. Por consiguiente, Jesús pasó a través de todas esas acciones... Jesús pasa también ahora... Me explicaré: cuando se leen los hechos que llevó a cabo el Señor mientras pasaba, siempre se nos presenta al Jesús que pasa... Comprendéis, hermanos, lo que digo? No sé, efectivamente, cómo expresarme, pero todavía sé menos cómo callar. Pues bien, esto es lo que digo, y lo digo de manera abierta. Porque temo no sólo al Jesús que pasa, sino también al Jesús que permanece, por eso no puedo callar (Agustín de Hipona, Sermón 88, 10.9 y 14.13).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, el rey se alegra por tu fuerza" (de la liturgia).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Jesús "pasa": en el carácter opaco y al mismo tiempo transparente de las cosas que acaecen. Pasa: en la superposición de las inspiraciones, que iluminan el corazón. Pasa: en la pobreza y en la desesperación del hombre. "Pasa": por la rendija del egoísmo humano encerrado en sí mismo. Pasa: en la decepción de las cosas que se prometen y no se cumplen. Pasa: en la seguridad del bienestar y en la fatua satisfacción del llamado "nuevo rico". Pasa y vuelve: como la lanzadera de un telar. Como el amante encarnizado que no se resigna a la renuncia de su propio amor. Pasa cuando menos te lo esperas: así atraviesa el Señor tu vida. Pasa y se va; pasa y se queda, al mismo tiempo. De todos modos, deja huellas visibles y sensibles de su paso: la atracción de una invitación persistente, el clamor de una Palabra que no es posible callar, el tormento de un deseo que renace, la alegría de un compromiso que agita las fuerzas del hombre... Jesús pasa. Es uno de los muchos transeúntes con los que nos cruzamos en la calle. Son incontables los que nos "pasan" a derecha e izquierda, los que saltan, obstaculizan, cortan la calle, nos observan con una perfecta indiferencia. Muchos, demasiados, no se dan cuenta de nada. Pasan y no ven. Jesús pasa y "ve"... Se da cuenta de nosotros. De mí. Ve: en el corazón. A través de los deseos y las aspiraciones profundas. Ve: no tanto los rasgos de nuestra fisonomía y las actitudes de nuestro comportamiento. Ve: la dimensión interior del hombre: pensamientos, deseos, afectos, intenciones, disponibilidad, propósitos. La dureza del corazón ve y hace ver. Ve: la verdad entera que hay en el hombre. Me ve a mí... Jesús necesita encontrar en nosotros al hombre. Al hombre es a quien dirige su Palabra divina (F. Berra, lo ho scelto voi, Roma 1990, pp. 41-43). |
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Lunes de la 2ª semana del Tiempo ordinario
LECTIO Primera lectura: Hebreos 5,1-10 Hermanos: 1 Todo sumo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres y puesto al servicio de Dios en favor de los hombres, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. 2 Es capaz de ser comprensivo con los ignorantes y los extraviados, ya que él también está lleno de flaquezas, 3 y a causa de ellas debe ofrecer sacrificios por los pecados propios, a la vez que por los del pueblo. 4 Nadie puede arrogarse esta dignidad, sino aquel a quien Dios llama, como ocurrió en el caso de Aarón. 5 Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy 6 O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec. 7 El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente, 8 y precisamente porque era Hijo aprendió a obedecer a través del sufrimiento. 9 Alcanzada así la perfección, se hizo causa de salvación eterna para todos los que le obedecen 10 y ha sido proclamado por Dios sumo sacerdote a la manera de Melquisedec.
*•• El pasaje cuya lectura se nos propone hoy está construido con un gran esmero. En primer lugar, señala las características del sumo sacerdote del Antiguo Testamento. De él sabemos que estaba llamado a intervenir en favor de los hombres en sus relaciones con Dios (v. 1); los comprende profundamente porque es uno de ellos (v. 2); debe recibir este encargo de parte de Dios. A continuación, empezando por la última y ascendiendo hasta la primera, aplica el autor estas características a Jesús, mostrando que él es verdaderamente el único y sumo sacerdote. En cuanto elegido por Dios, es también el Hijo, depositario de un sacerdocio que dura para siempre; es misericordioso con los hombres hasta el punto de ofrecer, aunque no tenía pecado, no sacrificios externos, sino a sí mismo, abriendo así el camino a todos los hombres a la salvación eterna. Nos encontramos en el punto central de la carta a los Hebreos, que nos muestra a Cristo en el momento en que ofrece al Padre su voluntad de compartir el sufrimiento humano hasta la muerte en la cruz. Cristo, con "oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas" (v. 7a), presentó su ofrenda y agradó al Padre por su respetuosa sumisión a su divina voluntad. Así alcanzó "la perfección" (v. 9) y pudo obtener la salvación para todos los que acogen su Palabra.
Salmo 109. R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies".
Desde Sion extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos
"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, desde el seno, antes de la aurora"
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec".
Evangelio: Marcos 2,18-22 18 Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decir a Jesús: - Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y los tuyos no? 19 Jesús les contestó: - Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no tiene sentido que ayunen. 20 Llegará un día en el que el novio les será arrebatado. Entonces ayunarán. 21 Nadie cose un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo, porque lo añadido tirará de él, lo nuevo de lo viejo, y el rasgón se hará mayor. 22 Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos, porque el vino reventará los odres y se perderán vino y odres. El vino nuevo en odres nuevos.
**• El ayuno no está valorado como una práctica en sí misma, sino en relación con el significado que puede adquirir dentro del contexto de referencia en que se practica. Los discípulos de Juan el Bautista ayunaban para prepararse para la llegada inminente del juicio divino; el pueblo se abstenía de tomar alimento en el "Día de la Expiación" (Kippur) o en el día en que se recordaba la destrucción del templo. Esa práctica devota subraya una actitud interior y ayuda a conservarla. El espíritu religioso que inducía a practicar el ayuno, en ocasiones con cierta frecuencia, como es el caso de los fariseos, impulsa a Jesús a suspenderlo, realizando así un signo profético voluntariamente provocador. Dado que él mismo introduce en el mundo el tiempo glorioso de las nupcias entre Dios, el esposo, y su pueblo, la esposa, no tiene sentido reiterar un signo que recuerda el luto. El signo que conviene aquí, por el contrario, es el del banquete alegre. El ayuno, estrictamente ligado a poner de relieve la fortuna de la presencia de Jesús, ha sido restablecido en el tiempo de la Iglesia. La razón de ello es que la expectativa del Reino exige durante su curso la confrontación dolorosa con las fuerzas del mal, una confrontación que estalló ya, además, en el momento en el que el Esposo fue arrebatado. Las afirmaciones posteriores sobre el vestido y sobre el vino nos invitan a comprender la novedad introducida por el Evangelio y confirman el signo de la suspensión del ayuno.
MEDITATIO La Palabra del Señor nos pone hoy en guardia: !cuidado con administrar la relación "religiosa" según nuestra necesidad particular de seguridad! Podríamos darnos cuenta de que interpretamos la Escritura con el criterio de la racionalidad para protegernos de su propuesta de radicalismo, que nos descoloca. O bien podríamos descubrir que "usamos" el culto como mampara para poner a cubierto una presunta santidad construida a nuestra propia medida. El Señor nos recuerda hoy, de manera inequívoca, que la relación con él sólo es auténtica cuando se modula sobre la obediencia. Ésa es la única seguridad. Obedecer a Dios significa estar con el corazón y la mente abiertos, dispuestos a vibrar con todo soplo del Espíritu, prefiriéndolo a nuestro "sentido común"; disponibles para comprobar la consistencia de nuestras formas exteriores habituales de expresar la fe y para convertirnos a una mayor autenticidad, comprometiendo en ella nuestra vida. Dios se entrega del todo, de modo imprevisible, sorprendente. Somos capaces de mostrarnos acogedores y dispuestos a adherirnos a su Novedad?
ORATIO Señor Jesús, tú que fuiste obediente en todo al Padre, enséñame a no buscar mi voluntad, sino la suya. Hazme comprender que eso no significa abdicar de mi capacidad de elección, sino vivir con libertad y gratuidad el don que soy. Me resulta fácil, Señor, encontrarme a mis anchas en la lógica, incluso religiosa, que me he construido y considerar como "hereje" a quien no la sigue... Que yo madure, Señor, al calor de tu Espíritu, la inteligencia de mi corazón, para no encerrarme en mis razonables certezas y permanecer abierto a las exigencias de tu Palabra, novedad inagotable.
CONTEMPLATIO Los hombres sabios y de gran ánimo ponen su cabeza, con humildad, bajo el yugo de la obediencia, pero los tontos se lo sacuden y no se adaptan a obedecer. Considero más importante obedecer por amor de Dios a quien está por encima de mí que obedecer al Creador mismo, aunque anunciara directamente a alguien su voluntad. Los que han puesto la cabeza bajo el yugo de la obediencia y, a continuación, diciendo que pretenden seguir la vía de la perfección, se lo sacuden, dan signos de que en el fondo de su alma se esconde una gran soberbia (Egidio di Assisi, / detti, Milán 1964, pp. 128ss).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "La obediencia vale más que el sacrificio" (1 Sm 15,22).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El Señor no viene a limitarnos, a despojarnos; es más, hace que, adhiriéndonos a él, podamos crecer. Revelándose como el Dios-amor, invita a nuestra libre voluntad para que dé una respuesta que sea obediencia de fe y de amor. [...] El espíritu filial que anida en nosotros nos hace verdaderamente capaces de llamar al Padre y obedecerle. Si en algunas ocasiones nos mostramos como niños caprichosos, no ha de asaltarnos ningún temor: el Padre sabe mostrarse paciente y corregir con amor. Acepta como una gran cosa cualquier pizca de buena voluntad y de santo deseo que vea en el fondo de nuestro corazón, bajo la áspera corteza de nuestra naturaleza indisciplinada y esquiva. A través de los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, se entreteje la voluntad de Dios como una tela. Es preciso que esta tela no tenga desgarros. Si los hay -ningún hombre es justo ante Dios-, éste es el remedio: la penitencia, el sacramento de la reconciliación. [...] Ahora bien, cómo distinguir de manera adecuada la voluntad de Dios de la nuestra? No siempre resulta fácil. La experiencia de los que nos han precedido en el camino de la fe y de la obediencia nos enseña que, a menudo, la voluntad de Dios requiere un sí impregnado de renuncia y sufrimiento, la superación de nuestras propias inclinaciones y un confiado abandono que, para la lógica humana, puede parecer deserción del uso de nuestra propia razón y de nuestras propias capacidades. El paso se da en la oscuridad e incluso en la aridez o la repulsa, aunque podemos estar seguros, por la fe, de que en ese caso cumplimos de manera más libre la voluntad de Dios antes que la nuestra (A. M. Cánopi, Sí, Padre, Milán 1999, pp. 69 y 77ss). |
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Santa Inés
La Depositio martyrum es el primer documento donde se menciona el culto a santa Inés en Roma, en la vía Nomentana, el 21 de enero. Impaciente por sacrificarse a Cristo, la niña murió mártir cuando apenas tenía doce años de edad, en ía segunda mitad del siglo (ti o, más probablemente, a comienzos del IV. Su nombre, Inés, que viene de Agnes ("agnella", "corderita") y es la transcripción latina del adjetivo griego hagné ("pura", "casta"), fue presagio de su mismo martirio. San Ambrosio en el De Virginibus y en el carmen, el papa Dámaso en el célebre epígrafe y Prudencio en el XIV himno del Perístéphanon presentan versiones que contrastan sobre el suplicio que se le infligió, aunque están de acuerdo en la edad y en el doble mérito de la joven santa.
LECTIO Primera lectura: Hebreos 6,10-20 Hermanos: 10 Porque no es Dios injusto para olvidar vuestras obras y el amor que habéis mostrado a su nombre, a través de los servicios que habéis prestado y que aún prestáis a los creyentes. 11 Sólo deseamos que cada uno de vosotros dé hasta el fin muestras del mismo celo en orden a la plena realización de vuestra esperanza, 12 de modo que, en lugar de descuidaros, sigáis el ejemplo de aquellos que, por su fe y su perseverancia, son ya herederos de las promesas divinas. 13 Así, Dios, en la promesa que hizo a Abrahán, no teniendo otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo, 14 diciendo: Te colmaré de bendiciones y haré innumerable tu descendencia. 15 Y así, gracias a su tenaz esperanza, alcanzó Abrahán la realización de la promesa. 16 Los hombres juran por alguien que es mayor que ellos, y el juramento es una garantía que pone fin a toda discusión. 17 Por eso también Dios, queriendo mostrar más solemnemente a los herederos de la promesa que su resolución no cambiaría, interpuso el juramento 18 para que, mediante dos cosas inmutables por las cuales es imposible que Dios mienta, nos veamos más poderosamente animados los que hemos buscado un refugio asiéndonos a la esperanza propuesta; 19 esperanza a la que nos acogemos como áncora segura y firme para nuestra vida y que penetra hasta el interior del santuario, 20 adonde ya ha entrado Jesús como precursor nuestro, en calidad de sumo sacerdote para siempre igual que Melquisedec.
**• Se nos ha ofrecido una gran esperanza, una esperanza segura y firme que nos hace penetrar en los cielos con Jesús, que es para nosotros el Camino al Padre. Él es, en efecto, el sumo sacerdote -de quien era una prefiguración el misterioso Melquisedec en el Antiguo Testamento- que ha entrado en el interior del velo del santuario, es decir, en los cielos, y ahora permanece a la diestra del Padre como intercesor nuestro para siempre. En él vemos realizadas todas nuestras aspiraciones por parte de aquel Dios en quien "hemos buscado un refugio" (v. 18), un Dios verdadero y bueno que ha prometido recompensar toda obra buena, como nos ha revelado Jesús, asegurándonos que tendrá su recompensa hasta un solo vaso de agua. Dios, en efecto, "no es injusto" (v. 10) y no olvida lo que hemos hecho a los hermanos en la fe (a los "santos") por amor a él (a su "nombre"). Lo único necesario es no ceder a la pereza e, imitando a los patriarcas –especialmente a Abrahán, nuestro padre en la fe-, perseverar hasta la consecución de las promesas; más aún, de la única gran promesa, la de alcanzar a nuestro Señor Jesús en la gloria.
Salmo 110,1-2.7-8.9.10c R. El Señor recuerda siempre su alianza. El Señor recuerda siempre su alianzaGrandes son las obras del Señor,dignas de estudio para los que las aman.
Justicia y verdad son las obras de sus manos,todos sus preceptos merecen confianza:son estables para siempre jamás,se han de cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo,ratificó para siempre su alianza,su nombre es sagrado y temible.La alabanza del Señor dura por siempre.
Evangelio: Marcos 2,23-28 Sucedió que 23 un sábado pasaba Jesús por entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas según pasaban. 24 Los fariseos le dijeron: - Te das cuenta de que hacen en sábado lo que no está permitido? 25 Jesús les respondió: - No habéis leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los que lo acompañaban? 26 Cómo entró en la casa de Dios en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la ofrenda, que sólo a los sacerdotes les era permitido comer, y se los dio además a los que iban con él? 27 Y añadió: - El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. 28 Así que el Hijo del hombre también es señor del sábado.
**• Este breve relato pretende resaltar la autoridad definitiva de Jesús. Marcos no se muestra claro en absoluto al establecer el objeto de la transgresión de los discípulos. Quizás no hubieran debido trabajar en sábado para prepararse la comida, sino haber previsto ya esto el día anterior. De todos modos, es a Jesús, más que a los discípulos, a quien se pone en tela de juicio. Por otra parte, aparece una comparación entre él y David. Si, por motivos superiores, el antiguo rey podía pasar por encima de la Ley, mucho más puede hacerlo Jesús. Más aún, Jesús posee una autoridad tal que puede abrogar el sábado y sustituirlo por otro día de fiesta. Todo esto no está precisado con claridad, aunque se capte con claridad en los pliegues del discurso.
MEDITATIO Las lecturas que nos ofrece la memoria litúrgica de hoy pueden ser consideradas con toda justicia como los "fundamentos" sobre los que se injertó el breve eje cronológico de la vida de quien sigue siendo hoy la más célebre y popular de las mártires romanas: santa Inés. Devotio supra aetatem, virtus supra natura, dice de ella el obispo Ambrosio en el De Virginibus: su consagración fue muy superior a la edad, su virtud fue muy superior a la naturaleza. Es ineluctable, pues, que aparezca la pregunta: cómo es posible apresurarse a tan tierna edad, con seguridad, libertad, coraje y celo ardiente, a comprar el "campo del cielo" sin temer "la persecución, el peligro y la espada"? Pero quien no tenía sitio en su pequeño cuerpo para recibir un golpe de la espada tuvo fuerza para vencer a la espada. La alegría de haber encontrado a Jesús como su tesoro, el descubrimiento de su inefable belleza, suscitó en ella una poderosa proyección que se tradujo en su total entrega con la efusión de la sangre hasta la muerte cruenta. En alguna ocasión, las pruebas pueden alejar de Dios; sin embargo, Inés nos enseña que no es así, que no puede ser así: a quien ha saboreado a Cristo, Señor y Salvador, nada puede separarle de él, ni siquiera la muerte. La mirada pura, sencilla y plena de fe permitió a Inés descubrir la Verdad y abandonarse a ella con plena entrega: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios" (Mt 5,8). Qué otro testimonio de amor parecerá tan grande y podrá igualar en una comparación la sublimidad de semejante entrega? En esta pequeña gran santa encontramos una especie de fermento, de método, de camino, que nos llevan más allá de la frontera de toda condición de muerte y nos dan la ocasión de volver a escoger al Señor haciéndonos desear, buscar y pedir que venga el Reino de los Cielos al mundo y a nosotros.
ORATIO Padre, gracias por haber dado a tu Iglesia a la virgen Inés. Ella, que no se dejó atraer por las fatuas luces de la idolatría, segura de conquistar la "perla preciosa" de la gloria del cielo, hizo frente con coraje a la prueba del martirio y se entregó espontáneamente a sus verdugos. Haz que nosotros, sostenidos por su ejemplo, no desfallezcamos en las tentaciones, en las fatigas y en cualquier género de tribulaciones de la vida. Haz firme y cierta en nosotros la fe de que nada ni nadie podrá separarnos de tu amor, a no ser nosotros mismos. Tú, que para nuestra justificación no perdonaste a tu Hijo, sino que lo entregaste por nosotros, nos lo darás todo en él. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor, muerto y resucitado, en quien has manifestado tu realeza sobre todas las cosas.
CONTEMPLATIO Hoy es el día del nacimiento de la bienaventurada virgen Inés en el que, consagrada por su sangre, entregó el espíritu al cielo al que pertenecía. Se mostró dispuesta para el martirio cuando todavía no lo estaba para las nupcias. Vacilaba en los adultos la fe y se plegaba también el viejo cansado. Aterrorizados por el temor, los padres aumentaron la vigilancia del pudor; mas la fe, que no puede ser contenida, abrió las puertas de la custodia. Podría creerse que se encamina a las nupcias, al ver su rostro sonriente, llevando al esposo una singular riqueza dotada del tributo de la sangre. Quieren obligarla a encender las lámparas ante los altares de la nefanda divinidad. Ella responde: "!Ah! No son ésas las lámparas que presentaron las vírgenes de Cristo". "Este fuego apaga la fe, esta llama quita la luz; aquí, herid aquí, a fin de que con la sangre que corra pueda yo apagar los fuegos". Y, herida, !qué decoro mostró! En efecto, cubriéndose toda con el vestido, aseguró el cuidado del pudor a fin de que nadie la viera descubierta. En la muerte estaba vivo el pudor: se había cubierto el rostro con la mano, hincó la rodilla en tierra, cayendo pudorosa. (Ambrosio de Milán, "Inno per il natale di Agnese", en Inni, Milán 1992, pp. 211ss).
ACTIO Repite hoy con frecuencia, orando con santa Inés: "Si Dios está por nosotros, quién estará contra nosotros? " (Rom 8,31).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La serenidad con la que Inés afronta el martirio [en el himno ambrosiano], como si fuera al encuentro de Cristo, deja intuir su profunda interioridad y el amor al esposo celestial [...]. De la joven mártir encaminada al encuentro con Cristo, su esposo, se exalta la dote constituida no por bienes patrimoniales, sino por riquezas espirituales, así como las virtudes y los valores evangélicos ligados al "tributo de la sangre", la sangre de los mártires, considerada como la herencia más preciosa que pueda ofrecerse a Dios. La jovencita "es obligada a encender lámparas ante los altares". Y como respuesta a las absurdas pretensiones idólatras, Inés, apoyándose en sus convicciones personales, se niega a realizar el rito sacrílego y se refiere a las lámparas nupciales de las vírgenes cristianas (cf. Mt 25,1-13). Su resistencia a dejarse conducir ante los altares profanos está atestiguada igualmente en el tratado La vírgenes: "Arrastrada contra su voluntad a los altares, tiende entre las llamas las manos a Cristo e incluso en medio de aquel fuego sacrílego traza el signo del Señor glorioso". Al fuego en honor de la divinidad pagana, Inés contrapone la luz de la fe. "La fe es una lámpara -afirma Ambrosio-, una lámpara [que] no puede dar luz si no toma la luz de otra fuente", la Palabra de Dios, que es el mismo Verbum Dei lux [...]. Inés apaga con la sangre los fuegos del culto pagano; una actitud semejante anima a la virgen antioquena Pelagia. Sigue, a continuación, la escena de la adolescente dispuesta a desafiar a sus verdugos: "Aquí, herid aquí...", exclama indicando el pecho donde herir [...]. Se exalta, por último, la intrépida confesión de fe de la niña. Dada su joven edad, el testimonio de Inés en el proceso no habría podido obtener reconocimiento jurídico; lo pudo su heroico coraje, que la impulsó a afrontar el martirio. Antes de caer bajo los golpes del verdugo, Inés se cubre con el vestido las partes descubiertas y, nada preocupada por los tormentos y por la muerte inminente, se muestra solícitaa recogerse la cabellera y a tapar los miembros desnudos a las miradas indiscretas [...]. Inés encuentra en la oración la fuerza para no retroceder frente a la prueba suprema, conservando la dignidad y la compostura propias de una verdadera mártir. La heroína muere de modo ejemplar, como las grandes figuras que la han precedido; apoyadas por la ayuda del Espíritu, no fueron vencidas, sino que se entregaron voluntariamente a los perseguidores, ofreciendo un gran ejemplo de libertad cristiana incluso ante la muerte. La virgen Inés cae casta y reservada. En ella triunfa el casto pudor, y su martirio lleva en sí el germen de la vida nueva (A. Bonato en S. Ambrogio, Inni, Milán 1992, pp. 216-221, passim). |
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San Vicente, diácono y mártir (+304) San Vicente era un diácono español, y su martirio se hizo tan famoso que San Agustín le dedicó cuatro sermones. Era diácono o ayudante del Obispo de Zaragoza, España, San Valerio. Como el Obispo tenía dificultades para hablar bien, encargaba a Vicente la predicación de la doctrina cristiana. El Emperador Diocleciano decretó la persecución contra los cristianos y el gobernador Daciano hizo poner presos al Obispo Valerio y a su secretario Vicente. Les ofrecieron muchos regalos y premios si dejaban la religión de Cristo. Vicente dijo: "Estamos dispuestos a padecer todos los sufrimientos posibles, con tal de permanecer fieles a la religión de Nuestro Señor Jesucristo". Entonces Daciano desterró al Obispo y se dedicó a hacer sufrir a Vicente las más espantosas torturas. El primer martirio fue un tormento llamado: "el potro", que consistía en amarrarle cables a los pies y a las manos y tirar en cuatro direcciones distintas al mismo tiempo. Vicente, fiel a su nombre que significa "valeroso", aguantó este terrible suplicio rezando y sin dejar de proclamar su amor a Jesucristo.El segundo tormento fue apalearlo. El cuerpo de Vicente quedó masacrado y envuelto en sangre. Pero siguió declarando que no admitía más dioses que el Dios verdadero, ni más religión sino la de Cristo. Y vino el tercer tormento: la parrilla al rojo vivo. Lo extendieron sobre una parrilla calientísima erizada de picos al rojo vivo. Los verdugos echaban sal a sus heridas. Vicente no hacía sino alabar y bendecir a Dios. San Agustín dice: "El que sufría era Vicente, pero el que le daba tan grande valor era Dios". Dios cuando manda una pena, concede también el valor para sobrellevarla. El tirano mandó que lo llevaran a un oscuro calabozo cuyo piso estaba lleno de vidrios cortantes y que lo dejaran amarrado y de pie hasta el día siguiente para seguirlo atormentando. El poeta Prudencio dice: "El calabozo era un lugar más negro que las mismas tinieblas; era una noche eterna donde nunca penetraba la luz". Pero a medianoche el calabozo se llenó de luz. A Vicente se le soltaron las cadenas. El piso se cubrió de flores. Se oyeron músicas celestiales. Y una voz le dijo: "Ven valeroso mártir a unirte en el Cielo con el grupo de los que aman a Nuestro Señor". Al oír este hermoso mensaje, San Vicente murió de emoción. El carcelero se convirtió al Cristianismo, y el perseguidor lloró de rabia al día siguiente, al sentirse vencido por este valeroso diácono.
LECTIO Primera lectura: Hebreos 7,1-3.15-17 Hermanos: 1 Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo. Cuando Abrahán volvía de vencer a los reyes, Melquisedec le salió al encuentro y lo bendijo. 2 Abrahán, por su parte, le dio el diezmo de todo. Melquisedec, cuyo nombre significa en primer lugar rey de justicia y luego rey de Salen, es decir, rey de paz, 3 se presenta sin padre, ni madre, ni antepasados; no se conoce el comienzo ni el fin de su vida, y así, a semejanza del Hijo de Dios, es sacerdote para siempre. 15 Esto es aún más evidente si surge otro sacerdote que, a semejanza de Melquisedec, 16 no lo es en virtud de un sistema de leyes terrenas, sino por la fuerza de una vida indestructible, 17 pues así está testificado: Tú eres sacerdote para siempre, igual que Melquisedec.
*•• En el pasaje que nos propone la liturgia de hoy sobresale un personaje misterioso: Melquisedec. Su nombre significa "rey de justicia" y se le califica de "sacerdote del Dios altísimo". A diferencia de los protagonistas del Antiguo Testamento, cuya ascendencia siempre se detalla de una manera minuciosa, Melquisedec "se presenta sin padre, ni madre, ni antepasados". Quién es, pues, este rey de paz {Salem), superior incluso a Abrahán, a cuyo encuentro sale en el valle del Rey y a quien bendice ofreciendo pan y vino, y al que Abrahán paga el diezmo? Es "figura", es decir, casi un esbozo y una anticipación, que perfila los rasgos de Jesús, nuestro único, sumo y santo sacerdote, constituido como tal para siempre no según una descendencia carnal, sino porque es Hijo de Dios. Su sacerdocio le hará para siempre único auténtico mediador entre la humanidad y su Creador; como verdadero hombre y verdadero Dios, le habla al Padre con palabras de hombre y le es acepto porque es el único santo e inmaculado. Su sacerdocio, en efecto, y su culto al Padre son tan nuevos que llevan a su consumación, de un modo inesperado, tanto la realeza de David - a cuya descendencia pertenece Jesús según la carne- como el más antiguo sacerdocio del Antiguo Testamento, representado por Melquisedec. Ahora, en Cristo, todo el pueblo de Dios puede acceder al culto nuevo y perfecto inaugurado por Jesús en su cuerpo inmolado en la cruz.
Salmo 109. R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies". Desde Sion extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. "Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, desde el seno, antes de la aurora" El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: "Tú
eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec"
Evangelio: Marcos 3,1-6 En aquel tiempo, 1 entró de nuevo Jesús en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano atrofiada. 2 Le estaban espiando para ver si lo curaba en sábado y tener así un motivo para acusarle. 3 Jesús dijo entonces al hombre de la mano atrofiada: - Levántate y ponte ahí en medio. 4 Y a ellos les preguntó: - Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla? Ellos permanecieron callados. 5 Mirándoles con indignación y apenado por la dureza de su corazón, dijo al hombre: - Extiende la mano. Él la extendió, y su mano quedó restablecida. 6 En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para planear el modo de acabar con él.
**• Se nos da a conocer en este texto la quinta y última controversia de Jesús con sus adversarios. El clima ha degenerado: el Maestro parece indignado y amargado; sus interlocutores se muestran obstinados y rencorosos, hasta proyectar la eliminación física de su adversario. Por una parte, Jesús lleva a cabo con una fidelidad extrema su ministerio profético, haciendo frente de manera valiente a la situación (vuelve a entrar en la sinagoga, pone al enfermo en el centro de la sala, continúa proponiendo una institución sabática que esté al servicio del hombre); por otra, se rechaza toda incitación a reconsiderar su figura y a plantear la posibilidad de la autenticidad de su mensaje. El drama vivido en esta ocasión se repetirá más veces hasta el final. Hacer bien al hombre le cuesta a Dios la eliminación de su propio Hijo.
MEDITATIO La Palabra de Dios nos habla hoy de victoria: la victoria de David sobre el filisteo; la de Jesús sobre la parálisis del hombre y sobre la interpretación opresiva de la Ley por parte de los fariseos. La victoria es el desenlace positivo de una lucha: en los episodios que nos ha presentado la Escritura podemos leer nuestras experiencias personales de lucha. Es posible que en alguna ocasión nos hayamos encontrado en situaciones que hemos sentido como superiores a nosotros; tal vez, hemos sentido que nos encontrábamos en dificultades que se presentaban como superiores a nuestras fuerzas, frente a las que considerábamos inadecuados los medios que estaban a nuestra disposición. O bien nos hemos sentido en alguna ocasión bloqueados, incapaces de actuar, condenados a la impotencia, reducidos a objetos de la fría conmiseración de los otros. La Palabra del Señor nos alcanza, precisamente, en situaciones de este tipo y nos invita a atrevernos a lo que a nosotros nos parece imposible: a atrevernos en el nombre del Señor, esto es, contando con su fuerza, con la capacidad que él nos comunica con su Espíritu. Es preciso que nos expongamos tal como somos, con nuestros escasos medios, con nuestros límites, con nuestras parálisis; es preciso que entremos en juego sin esperar ser idóneos para hacerlo. Y pase lo que pase. Y contra toda previsión razonable, la lucha se convierte en victoria, una victoria que, para nosotros –y tal vez también para los que tenemos cerca-, tiene la forma de la liberación de las presuntas o reales esclavitudes interiores.
ORATIO Te alabo, Señor, porque me invitas continuamente a crecer, a dar un paso adelante y, a continuación, otro más. No hay impedimentos de talla: tú me has creado para que fuera una persona viva, y nada puede ser obstáculo para tu proyecto. Te alabo porque me liberas de todo miedo que me bloquee, de todo sentido de inferioridad que me paralice: cuando acojo tu Palabra dispuesto a darle cuerpo en mi vida, sin reservas, me doy cuenta de que sales victorioso en mí. Te alabo porque también en mí y a través de mí continúas obrando tus maravillas de amor, de bien, de vida, y llevas la liberación a otros hermanos.
CONTEMPLATIO Te muestro un camino espiritual que no necesita fatiga o lucha del cuerpo, aunque exige fatiga del alma, atención del intelecto y pensamiento vigilante, y se sirve del auxilio del temor y del amor de Dios. Con este método podrás poner en fuga fácilmente a toda la falange de los enemigos, como el bienaventurado David –uno solo- mató al gigante de los filisteos mediante la fe y la confianza en Dios. [...] Si quieres conseguir la victoria y poner en fuga fácilmente a la falange de los filisteos espirituales, entra en ti mismo mediante la oración y la sinergia de Dios, sumérgete en las profundidades del corazón, localiza a estos tres poderosos gigantes del diablo, a saber: el olvido, el descuido y la ignorancia, apoyo de los filisteos espirituales. (Marcos el Asceta, Lettera al Monaco Nicola, en La Filocalia, Turín 1982,1, pp. 225ss [edición española: La filocalia de la oración de Jesús, Sígueme, Salamanca, '1998]).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Yo voy contra ti en nombre del Señor" (1 Sm 17,45).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL En mi clase -cuenta en una carta [su autora es Rose, una muchacha ugandesa de diecinueve años, estudiante de una escuela media superior]- se sentaban conmigo en el mismo banco cinco muchachas bagando [la tribu más importante del sur del país, situada en la región de Kampala]. Un día decidieron echarme. Llamaron a sus amigas bagando y ocuparon mi sitio. Cuando llegué, empezaron a insultarme diciendo que era buciga y que toaos los buciga, los batolo y los balongo [todas ellas tribus del norte] debían volverse a su tierra. Entonces intervino una muchacha del norte: "Si es así, cómo es posible que estemos en el poder? No veis que no habéis conseguido ni siquiera gobernar vuestro propio territorio? Salvo prueba en contrario, el presidente no es bagando" [Obote, que gobernaba por entonces en Uganda, pertenecía, en efecto, a la tribu de los lango, tribu del norte]. Inmediatamente después -prosigue el relato de Rose-, se produjo una agitación en la clase. La muchacha del norte estaba decidida a llegar a las manos y me invitó a que la acompañara. "!Vamos a pegarles!", me dijo. Yo la retuve. "No, no debemos comportarnos como ellas. "Perdónales, porque no saben lo que hacen". Acaso somos diferentes nosotras de ellas? Es posible que alguna tenga tres ojos y las otras dos? Acaso no somos hijas del mismo Creador?". La invité a que rezara conmigo, a fin de que el Señor cambiara sus corazones. Pasado este episodio, busqué otro sitio, pero después me pregunté: "Por qué no escapó Jesucristo cuando fue insultado por la gente, sino que se quedó con ellos? Yo, sin embargo, estoy huyendo de estas muchachas porque me insultan. Cómo podrán darse cuenta de que las quiero bien?". Regresé y volví a sentarme detrás de ellas. Dirigí una plegaria en silencio a María y también las muchachas permanecieron tranquilas. Durante el recreo, intenté saludar y hablar con una de ellas. Cuando llegué a casa, le pedí a la Virgen María que cambiara el corazón de mis condiscípulos. Al volver a la escuela, una de ellas, llamada Angela, se levantó y me preguntó: "Cómo estás, Rose?". Respondí a su saludo de manera cordial. Las otras estudiantes se quedaron estupefactas al ver que Angela me saludaba, y me dijeron: "Es posible que esa muchacha quiera darte veneno. No vayas con ella". Yo recé con el corazón y empecé a conversar y a jugar con ellas. Una muchacha se les acercó y dijo: "Por qué jugáis con ella? No sabéis que es una guerrillera?". Yo le respondí que todos éramos criaturas de Dios. Toda la clase se quedó sorprendida al verme jugar con ellas y vernos amigas. Si alguna trae dulces o avellanas, las comparte con las otras, y yo hago lo mismo. Cuando otras estudiantes preguntan el porqué, mis amigas responden: "Lo pasado, pasado. Rose nos ha dicho que todos somos criaturas de Dios, y es verdad" (E. Castelli, La difficile speranza, Milán 1986, pp. 49ss [edición española: Uganda: la difícil esperanza, Encuentro, Madrid 1987]). |
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San Ildefonso Nació en Toledo, España. Su tío era Eugenio, también de Toledo. Estudió en Sevilla bajo San Isidoro. Entró a la vida monástica y fue elegido abad de Agalia, en el río Tajo, cerca de Toledo. En el 657 fue elegido arzobispo de esa ciudad. Unificó la liturgia en España; escribió muchas obras importantes, particularmente sobre la Virgen María. San Ildefonso tenía una profunda devoción a la Inmaculada Concepción XII siglos antes de que se proclamara dogmáticamente. Ella le favoreció con grandes milagros. Una noche de diciembre, él, junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Alfonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba María, La Inmaculada Concepción, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María hízole seña con la cabeza para que se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor. Esta aparición y la casulla, fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición. En la catedral los peregrinos pueden aun observar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.
LECTIO Primera lectura: Hebreos 7,25-8,6 Hermanos: Cristo 7.25 puede perpetuamente salvar a los que por su medio se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos. 26 Tal es el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y más sublime que los cielos. 27 Él no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo. 28 Y es que la ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, hace al Hijo perfecto para siempre. 8.1 Esto es lo más importante de lo que venimos diciendo: que tenemos un sumo sacerdote que está sentado en los cielos a la derecha del trono de Dios, 2 como ministro del santuario y de la verdadera tienda de la presencia erigida por el Señor, y no por el hombre. 3 Todo sumo sacerdote, por haber sido instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios, necesariamente debe tener algo que ofrecer. 4 Si sólo fuera para la tierra, Jesús no sería ni siquiera sacerdote, pues ya existen sacerdotes encargados por la ley de ofrecer oblaciones. 5 Estos sacerdotes celebran un culto que es sólo una imagen, una sombra de las realidades celestes, según la advertencia divina hecha a Moisés cuando se disponía a construir la tienda de la presencia: Mira -le dijo- hazlo todo conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. 6 Por eso, Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en promesas mejores.
**• Ocupándose de un tema aparentemente lejano y obsoleto, el autor de la carta a los Hebreos nos presenta un pasaje repleto de contenidos que nos afectan de cerca. Jesús es el sumo sacerdote que necesitamos, "santo, inocente, inmaculado" (7,26). En efecto, a diferencia de los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento, Jesús no tiene que ofrecer, antes, nada por sus propios pecados y, después, por los nuestros, porque se ha ofrecido a sí mismo, de una manera perfecta y cumplida, de una vez por todas, inmolándose en la cruz. Estamos en el punto capital de lo que se va diciendo en la carta: Jesús, que ha asumido en plenitud la naturaleza humana, es y sigue siendo para siempre el Hijo sentado a la diestra del Padre, siempre vivo para interceder a favor nuestro. Todo lo que en el Antiguo Testamento era sólo sombra y figura ha encontrado, finalmente, una realización inesperada, porque, en Jesús, Dios mismo nos ha salido al encuentro para acercarnos a él. En Cristo coinciden el que ofrece el sacrificio y lo que se ofrece como tal, y con ello realiza una mediación única y extraordinaria entre Dios y el hombre.
Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10 R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo
esperaba con ansia al Señor; Tu
no quieres sacrificios ni ofrendas, Entonces
yo digo: «Aquí estoy He
proclamado tu justicia
Evangelio: Marcos 3,7-12 En aquel tiempo, 7 Jesús se retiró con sus discípulos hacia el lago y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, 8 de Jerusalén, de Idumea, de TransJordania y de la región de Tiro y Sidón acudió a él una gran multitud, al oír hablar de lo que hacía. 9 Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le preparasen una barca, para que no lo estrujaran, 10 pues había curado a muchos, y cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. 11 Los espíritus inmundos, cuando le veían, se postraban ante él y gritaban: - Tú eres el Hijo de Dios. 12 Pero él les prohibía enérgicamente que lo descubriesen.
*•• Con el pasaje de hoy se abre una nueva sección narrativa (Mc 3,7-6,6) que tiene como escenario de fondo el espacio abierto, mientras que en la precedente se desarrollaban los hechos en la sinagoga o en zonas relacionadas con ella. La actividad de Jesús se propaga; ya no es en absoluto un desconocido, y suscita sensación. A pesar de este ensanchamiento del horizonte, el entusiasmo acogedor, aunque bastante poco arraigado y profundo, se irá amortiguando hasta convertirse en una actitud de estupor incrédulo (6,6). Entre tanto, Jesús se está preparando una nueva familia compuesta por personas que muestran una disponibilidad más auténtica respecto a él, e inicia una enseñanza particular dirigida a los discípulos. La lectura de hoy presenta un eco de la resonancia obtenida por Jesús, que ahora se ha convertido en el centro de la atención. Tiene que defenderse de su misma fama y, por otra parte, no quiere ponerse al servicio de intereses personales, sino al servicio de Dios. Por eso ordena a los demonios que se callen: no tiene que ser considerado como un curandero, sino como el enviado del Padre, que cuenta, recurriendo a todo tipo de experiencias, lo que Dios da a conocer de sí mismo y lo que pide a los hombres, más dispuestos a buscarse a sí mismos que a Dios, incluso en sus actos más clamorosamente religiosos.
MEDITATIO Pasamos con frecuencia por la experiencia de la incomprensión, del equívoco, de los malentendidos. Alguien dice una palabra, hace un gesto atribuyéndole un significado y el interlocutor percibe otro. Sobre esta base se forma una opinión, emite un juicio, elabora unos criterios de valoración. !Cuánto sufrimiento se sigue de ahí en ocasiones! Nos sentimos interpretados, no nos sentimos reconocidos ni acogidos en nuestra propia verdad, y eso duele. Y todavía más cuando nos damos cuenta de que nos convertimos en objeto de envidia o celos por el simple hecho de ser como somos. La experiencia de David nos muestra la oportunidad, por lo que a nosotros respecta, de buscar un camino adecuado para proyectar luz en los meandros del corazón, allí donde los celos generan incomprensión. El ejemplo de Jesús nos sugiere que no hemos de replegarnos en nosotros mismos, que no hemos de encerrarnos en actitudes de resentimiento y un tanto victimistas. Nos invita, más bien, a continuar recorriendo nuestro camino, sin pretender aclaraciones a toda costa, creyendo que, de todos modos, la verdad acabará triunfando y, antes o después, se impondrá por sí misma. Ahora bien, la Palabra del Señor nos invita también hoy a proyectar luz en nuestro propio corazón; tal vez también nosotros, como Saúl, nos encontremos desviados por el temor de perder prestigio y poder; como la muchedumbre, busquemos a Jesús sólo por obtener ventajas materiales de su presencia. Éste es el momento oportuno para que aparezca la verdad.
ORATIO Hoy no sé cómo dirigirme a ti, Dios mío, y es que me reconozco en el celoso Saúl, aunque también en el ignorante David. Por eso te pido un corazón grande, te invoco para que seas en mí luz de verdad. Sí, Dios mío, tal vez precisamente por eso tengo una gran necesidad de ser como esos discípulos tuyos que van detrás de ti sin otro motivo que aprender a ser como tú eres. Oh luz verdadera, que vea yo el camino justo que he de recorrer y no me desvíe, aunque eso pueda atraerme enemistades. Oh amor de todo amor, que no se me endurezca el corazón, sino que sepa acoger el bien y el éxito de los otros, celebrar su alegría, reconocer en ellos la belleza de tu presencia activa.
CONTEMPLATIO Amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo que se abstengan las hermanas de toda soberbia, vanagloria, envidia, avaricia, preocupación y solicitud por este mundo, de la difamación y la murmuración, de la discordia y de la división. Sean, en cambio, solícitas para conservar siempre, recíprocamente, la unidad de la caridad mutua, que es el vínculo de la perfección (Clara de Asís, Regola, en Fonti Francescane, Padua 31982, 2.262 [edición española: Escritos de Santa Clara y documentos complementarios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1999]).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Enséñame, Señor, a alegrarme del bien" (cf. 1 Sm 19,5).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El temor y la hostilidad no se limitan a los encuentros con los desvalijadores, con los drogadictos o con los anormales. En un mundo invadido por la competición, incluso aquellos que se encuentran muy cerca los unos de los otros, como los compañeros de escuela o de equipo, los actores de una misma compañía, los colegas de trabajo, están infectados por el miedo y por la hostilidad si se sienten, recíprocamente, como una amenaza a la seguridad intelectual o profesional. Muchos de los espacios creados para acercar a la gente y ayudarla a formar una comunidad pacífica degeneran en campos de batalla mental. Los estudiantes en las aulas, los profesores en las reuniones, el personal en los hospitales y los miembros de proyectos comunes se sienten a menudo paralizados por una mutua hostilidad, incapaces de llevar a cabo sus objetivos a causa del miedo, de la sospecha e incluso de una agresión abierta. En ocasiones, las instituciones creadas expresamente para dar vida a un espacio y a un tiempo libres -donde desarrollar las preciosas potencialidades humanas- han terminado siendo tan dominadas por el espíritu de defensa que las mejores ideas y las opiniones más válidas no llegan a expresarse. [...] Una gran parte de nuestro mundo se asemeja a un escenario donde la paz, la justicia y el amor son recitados por actores dispuestos, a continuación, a mutilarse unos a otros con una hostilidad recíproca. No hay acaso médicos, sacerdotes, abogados, asistentes sociales, psicólogos y consejeros espirituales que han empezado su actividad con un profundo deseo de servir y, muy pronto, se han convertido en víctimas de una intensa rivalidad y hostilidad tanto en el ámbito personal como en el social? Ministros del culto y sacerdotes que proclaman la paz y el amor desde el pulpito son, después, incapaces de encontrarse cuando se sientan a la mesa en la casa parroquial. Asistentes sociales que intentan resolver litigios familiares se enfrentan con los mismos conflictos en su propia casa. Cuántos de nosotros no estamos agitados por una aprensión interna porque nos sentimos afligidos por los mismos dolores que quienes piden nuestra ayuda? Sin embargo, precisamente esta paradoja podría proporcionarnos la facultad que nos permitiría curar. Tras haber visto y reconocido, sin posibilidad de duda, nuestras hostilidades y nuestros miedos en los otros, podremos estar en condiciones de sentir, desde dentro, el polo hacia el que nos queremos conducir no sólo a nosotros mismos, sino también al prójimo. [...] Apenas hayamos adquirido la sensibilidad necesaria para entrever los dolorosos contornos de nuestra hostilidad, estaremos en condiciones de identificar lo opuesto, hacia lo que estamos llamados a desplazarnos: la hospitalidad. [...] Hospitalidad significa, principalmente, creación de un espacio libre donde pueda entrar el extraño para convertirse en amigo en vez de en enemigo. Hospitalidad no significa cambiar a las personas, sino ofrecerles un espacio donde pueda tener lugar el cambio (H. J. M. Nouwen, Viaggio spirituale per l'uomo contemporáneo, Brescia 1998, pp. 63-65). |
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Nació en Thorans, un pueblecito de Saboya, en 1567, en el castillo de los señores de Sales. Educado en las virtudes cristianas por su madre, estudió, primero, con los jesuitas de París y, después, en Padua, donde se licenció en Derecho. Contrariamente a las expectativas de su padre, que soñaba con que fuera abogado y senador, abrazó el estado eclesiástico y se dedicó, con éxito, a la difícil evangelización de la región de Chablais. Tras ser nombrado obispo de Ginebra, vivió en Annecy, donde, además de una iluminada acción pastoral y de la dirección espiritual de muchas almas, escribió, entre otras, la muy afortunada obra Filotea y también el Teotimo o tratado sobre el amor de Dios, convirtiéndose en uno de los grandes maestros de la espiritualidad cristiana tanto para los laicos como para las personas consagradas. Junto con santa Juana de Chantal, fundó la Visitación. Murió en 1622 y fue proclamado doctor de la Iglesia en 1877.
LECTIO Primera lectura: Hebreos 8,6-13 Hermanos: 6 Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en promesas mejores. 7 En efecto, si la primera alianza hubiera sido perfecta, no habría sido necesario buscar una segunda. 8 Pero es un reproche el que Dios les hace cuando dice: Vienen días, dice el Señor, en que yo concluiré con el pueblo de Israel y de Judá una alianza nueva; 9 no como la alianza que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto Ellos no fueron fieles a mi alianza, y por eso los deseché, dice el Señor. 10 Pero ésta es la alianza que yo haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 11 Nadie tendrá ya que instruir a su conciudadano ni a su hermano diciendo: "Conoce al Señor", porque todos me conocerán, del menor al mayor. 12 Pues yo perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus pecados. 13 Al decir alianza nueva, Dios ha declarado vieja a la primera; ahora bien, lo que se vuelve viejo y anticuado está a punto de desaparecer.
*•• "...éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados". En toda celebración eucarística, en el momento de la consagración, revivimos con estupor conmovido y adorador el misterio de la "alianza superior", cuyo mediador, como dice la carta a los Hebreos, es Jesús. El pasaje describe detenidamente con una extensa cita, tomada del capítulo 31 del libro del profeta Jeremías, la "nueva" alianza con la que Dios sustituye –declarándola superada- la precedente, estipulada mediante ritos y prácticas exteriores. El vínculo que había establecido con los padres, cuando liberó a su pueblo de Egipto, ha quedado roto a causa de la infidelidad de Israel; sin embargo, Dios no se detiene ante ello y estipula otra alianza, destinada a penetrar en lo íntimo del hombre, en su mente, en su corazón. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que el progresivo cumplimiento del deseo apasionado de Dios de hacerse reconocer y amar por el hombre, criatura pensada y querida en la libertad. El prodigio de esta "alianza nueva" consistirá en que, por fin, cada uno "conocerá" -esto es, amará- al Señor, que, una vez más, se manifiesta como Aquel que es misericordia, perdón (Ex 34,6ss). El lugar en que se consumará tal manifestación será la cruz del Hijo amado, Jesús.
Salmo 84. R. La misericordia y la fidelidad se encuentran. 10La
salvación está ya cerca de sus fieles,
12la
fidelidad brota de la tierra,
14La
justicia marchará ante él,
Evangelio: Marcos 3,13-19 En aquel tiempo, Jesús 13 subió al monte, llamó a los que quiso y se acercaron a él. 14 Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar 15 con poder de expulsar a los demonios. 16 Designó a estos doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; 17 a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo 19 y Judas Iscariote, el que lo entregó.
*+• Jesús se constituye una nueva familia (como se sugerirá en 3,35), es decir, según su mensaje, intenta formar un grupo de personas que estén dispuestas a acogerlo, aunque también deba realizar en ellos el milagro de la conversión. Sin embargo, aun cuando al hablar de familia se quiere acentuar la relación personal y afectiva que deberá reinar entre Jesús y sus discípulos, uno a uno, el grupo recibe también de inmediato un valor estructural más amplio: son el nuevo Israel, los que constituirán los fundamentos de la futura Iglesia. El evangelista carga de solemnidad el hecho. Tiene lugar sobre el monte, esto es, sobre el lugar típico de la proximidad con Dios. Todo depende de la gracia, y nada de la buena voluntad de los discípulos: Cristo los llama, los elige con una soberanía absoluta, y también es él quien los "constituye" en comunidad. El grupo es convocado para que sus componentes se dirijan a él (v. 13) y, antes que nada, para estar con él (v. 14). El nuevo pueblo se constituye en torno a la persona del Señor, que se sitúa, de manera escandalosa para un judío, como referencia absoluta, asumiendo la función que debería corresponder a la Ley. Sus discípulos reciben su mismo poder de expulsar los demonios, señal de que podrán ser realmente los ejecutores plenipotenciarios en el ejercicio de la fuerza del Evangelio. Aparece, por tanto, el motivo de la misión como prioridad concomitante a la relación personal.
MEDITATIO El misterio del proyecto de Dios - a saber: que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tim 1,4)- se concreta en el bello y buen pastor Jesús, el pastor auténtico, que pone en peligro su vida y su persona por todas sus ovejas, no sólo por las del redil de Israel. Él, el pastor auténtico, piensa sólo en ofrecer la vida, al contrario que los mercenarios, que piensan únicamente en sus propios intereses. Pues bien, es precisamente este dar la vida lo que abre los ojos y el corazón de las ovejas. Ellas, en efecto, conocen el latido del corazón del pastor que las busca, una a una, y se las carga sobre los hombros. Este pastor hace conocer a sus ovejas el amor de Dios, modelo de todo servicio pastoral, de toda autoridad, y ésta se vuelve la medida del mutuo conocimiento y de la recíproca pertenencia. El Señor se ha ofrecido porque quiso él, en conformidad con el mandamiento del amor gratuito y universal vivido en plenitud de libertad. San Francisco de Sales prolonga y encarna, a caballo entre los siglos XVI y XVII, esta realidad del pastor auténtico, preocupado exclusivamente por dar la vida, arriesgándola una vez y otra, en la difícil situación misionera en que se encontraba la región de Chablais y en su servicio episcopal, a fin de volver a fundar la vida de la Iglesia en la diócesis de Ginebra y Annecy. Es el principio del amor puro, como disponibilidad incondicionada al proyecto de Dios con plena confianza. Un proyecto de Dios que quiere pastores según su corazón, capaces y preocupados únicamente por ofrecer la vida por el rebaño, contra todo tipo de mercenarismo, tan difundido en aquel tiempo tanto entre los católicos como entre los calvinistas. Elegido prepósito del cabildo de los canónigos de la catedral de Ginebra, exiliado en Annecy, propone la reconquista de su propia sede oficial: pero con qué armas? "No os propongo ni hierro, ni pólvora, ni azufre, sino que sólo con la caridad hemos de sacudir las murallas de la ciudad; es preciso invadirla sólo con la caridad, es preciso recuperarla con la caridad" (Opere, ed. Annecy, VII, 107). La contraprueba del discurso es la dificilísima misión de la región de Chablais: poner la vida en peligro durante cuatro años (1594-1598) para volver a traer a 25.000 personas al aprisco de Cristo. Qué miedos bloquean con frecuencia o ralentizan al menos la entrega de mi vida?
ORATIO Señor, pastor de los pastores, forma y modelo de la caridad pastoral para todos los tiempos, deseamos contemplar la belleza de tu entrega de la vida con plena y absoluta gratuidad, sin ningún interés, a no ser el de la salvación de todos. Todos hemos pasado por la experiencia de lo fácil que es ir a menos en nuestras responsabilidades pastorales hasta caer en el cierre mercenario por la fragilidad de nuestras personas y por los miedos que nos asaltan. Sin embargo, la contemplación de la belleza de tu vida entregada y sacrificada, oh Cristo, nos implica en el don, sin perezas ni acaparamientos personales, sin volvernos atrás y sin huir. Que tu Espíritu Santo nos abra los ojos sobre las raíces mercenarias que llevamos dentro y nos llene de valor y nos guíe, como hizo con el dulcísimo y al mismo tiempo firmísimo pastor Francisco de Sales, a quien hoy recordamos. Como él, te pedimos el don de la paciencia, para aceptar las largas demoras de la respuesta del corazón rebelde y complicado del hombre de hoy; el don de la humildad, para ser suficientemente realistas y no ceder a ninguna presunción o ambición en la misión evangelizadora que tú nos confías; el don del amor verdadero, constante y desinteresado, ese amor puro que tanto fascinaba al obispo de Ginebra. Haz que dejemos en el mundo la huella profunda de pastores generosos según tu corazón. Nos confiamos a la intercesión de san Francisco de Sales. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
CONTEMPLATIO Piensa en el amor con el que Jesucristo, nuestro Señor, tanto sufrió en este mundo, de modo particular en el huerto de los Olivos y en el monte Calvario: !ese amor te miraba a ti! !Dios mío, con qué profundidad deberíamos imprimir en nosotros todo esto! Acaso es posible que yo haya sido amado con tanta dulzura por el Salvador, hasta el punto de que él haya pensado en mí personalmente, incluso en todas las pequeñas circunstancias a través de las cuales me ha atraído a él? Es verdaderamente maravilloso: el corazón repleto de amor de mi Dios pensaba en mí, me amaba y me procuraba mil medios de salvación, como si no hubiera tenido otra persona en el mundo en la que pensar. Pero cuándo empezó a amarte? Desde que empezó a ser Dios, es decir, desde siempre... (Francisco de Sales, Filotea V, 13ss).
ACTIO Contemplar, saborear y actuar. Es el amor puro contemplado y descubierto como causa primera y determinante de nuestro existir el que nos impulsa hacia lo que Francisco llamaba éxtasis de la acción. Cuál es el paso que me es posible dar hoy?
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL Venerables hermanos: os sugiero y os pido que tengáis el propósito de recuperar Ginebra. Por medio de la caridad es como debemos desmantelar las murallas de Ginebra, por medio de la caridad invadirla, recuperarla. No os propongo ni el hierro, ni esa pólvora cuyo olor y sabor recuerdan el horno infernal. Queréis un método fácil para conquistar al asalto una ciudad? Os ruego que aprendáis del ejemplo de Holofernes. Al asediar Betulia, cortó el acueducto y puso bajo guardia todas las fuentes. También nosotros –os conjuro a ello- debemos usar el método del que él dio ejemplo. Hay un acueducto que alimenta y reanima a todos los tipos de herejes: son los ejemplos, las palabras, la iniquidad de todo, pero en particular de los eclesiásticos. Por nuestra causa se blasfema el nombre del Señor día tras día entre las naciones. Es preciso derribar las murallas de Ginebra por medio de oraciones ardientes, y asediarla con la caridad fraterna. Por medio de esta caridad es como deben hacer fuerza nuestras tropas de asalto. El jefe supremo de esta fortaleza, Cristo, nuestro Señor, cederá sus riquezas a quien la haya conquistado por medio de esas armas. En efecto, el Reino de los Cielos sufre violencia, y son los violentos quienes lo arrebatan... Adelante, pues, y ánimo, óptimos hermanos: todo cede a la caridad; el amor es fuerte como la muerte, y al que ama nada le es difícil (Francisco de Sales, "Discorso ai canonici di Ginevra", en G. Papasogli, Come piace a Dios, Roma 1981, pp. 143-147, passim). |
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Saulo de Tarso, antes de su conversión, era un judío convencido de su religión y totalmente contrario a la nueva fe que empezaba a difundirse por Palestina y sus alrededores. Tuvo alguna responsabilidad también en el martirio de san Esteban, protomártir, del que se habla en los Hechos de los apóstoles. Saulo encontró a Jesús resucitado en el camino de Damasco y este acontecimiento cambió de manera radical su modo de creer y de pensar. El Señor resucitado se convirtió en el centro de su espiritualidad y de su teología. Una vez apóstol del Evangelio, Pablo estableció en Antioquía de Siria el punto de partida de sus viajes misioneros, donde aparece como testigo infatigable de la fe en Jesús resucitado. Estos viajes le incitaron a escribir diversas cartas a las distintas comunidades cristianas que había fundado. Pablo, verdadero y auténtico apóstol, siempre llevó buen cuidado en "volver" a Jerusalén, con el deseo de confrontarse con los apóstoles de Jesús a fin de no correr en vano.
LECTIO Primera lectura: Hechos de los apóstoles 22,3-16 En aquellos días, Pablo dijo al pueblo: 3 -Yo soy judío. Nací en Tarso de Cilicia, pero me eduqué en esta ciudad. Mi maestro fue Gamaliel; él me instruyó en la fiel observancia de la Ley de nuestros antepasados. Siempre he mostrado un gran celo por Dios, como vosotros hoy. 4 Yo perseguí a muerte este camino, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres. 5 Y de ello pueden dar testimonio el mismo sumo sacerdote y todos los miembros del consejo. Después de recibir de ellos mismos cartas para los hermanos, me dirigía a Damasco, con ánimo de traer a Jerusalén encadenados a los creyentes que allí hubiera, para que fueran castigados. 6 Iba, pues, camino de Damasco y, cuando estaba ya cerca de la ciudad, hacia el mediodía, de repente brilló a mi alrededor una luz cegadora venida del cielo. 7 Caí al suelo y oí una voz que me decía: "Saúl, Saúl, por qué me persigues?". 8 Yo respondí: "Quién eres, Señor?". Y me dijo: "!Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues!". 9 Los que venían conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. 10 Yo dije: "Qué debo hacer, Señor?". Y el Señor me dijo: "Levántate y vete a Damasco; allí te dirán \o que debes hacer". 11 Como no veía nada, debido al resplandor de aquella luz, entré en Damasco de la mano de mis compañeros. 2 Un cierto Ananías, hombre piadoso según la ley, bien acreditado ante todos los judíos que allí vivían, 13 vino a verme y me dijo: "Hermano Saúl, recobra la vista". Y en aquel mismo instante pude verlo. 14 El añadió: "El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que conozcas su voluntad, para que veas al Justo y oigas su voz. 15 Porque has de ser testigo suyo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. 16 No pierdas tiempo, ahora; levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre".
*•• Estamos ante uno de los tres relatos de la conversión de Pablo (cf. también Hch 9 y 26) con los que Lucas adorna la historia de la primitiva comunidad cristiana. En su carácter extraordinario, el acontecimiento de Damasco se articula en tres momentos. En primer lugar, el diálogo entre el Señor resucitado y Saulo de Tarso. Ambos personajes se comunican su identidad y se reconocen recíprocamente. Es un primer paso hacia el acuerdo posterior. Viene después el acontecimiento extraordinario de la conversión, que Lucas resume simplemente en una pregunta: "Qué debo hacer, Señor?" (v. 10). Saulo está ahora subyugado por el poder de Jesús, su salvador y maestro. Y sólo desea configurar por completo su vida según la voluntad y el proyecto del Resucitado. Al final, se encuentra la misión: el que ha conocido la voluntad de Dios y ha visto al Justo percibiendo la palabra de su misma boca, se vuelve ahora testigo de las cosas que ha visto y oído ante todos los hombres. Ser misionero es ahora el único modo de vivir para Pablo.
Salmo 116. R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.
Evangelio: Marcos 16,15-18 En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once 15 y les dijo: -Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura. 16 El que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará. 17 A los que crean, les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes con sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán.
** La liturgia aplica también a Pablo el mandato misionero que Jesús resucitado dirigió a los Once. Aunque Pablo no pertenece a los Doce, es verdadero y auténtico apóstol de Jesús: estas palabras también se dirigen a él. El Jesús resucitado enuncia, en primer lugar, un mandato: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura" (v. 15). La orden no deja sitio a ninguna tergiversación. Pide sumisión y espera obediencia. Dios ha querido salvar a la humanidad por medio de unos colaboradores y Jesús tiene necesidad de misioneros testigos. El acontecimiento de la salvación -éste es el segundo dato- es fruto de la predicación y se lleva a cabo mediante el acto de fe del que escucha: "El que crea y se bautice se salvará" (v. 16a). Sin la escucha de la fe no hay ninguna posibilidad de salvarse (v. 16b). Dios, que nos ha creado sin nuestro consentimiento, no quiere salvarnos sin nosotros. Las últimas palabras del Resucitado contienen, por último, una promesa, formulada en futuro (vv. 17ss): los beneficios que recibirán los creyentes, múltiples y extraordinarios, serán los signos a través de los cuales cada ser humano podrá reconocer la presencia consoladora de Dios en medio de nosotros.
MEDITATIO No acabamos nunca de ahondar en el conocimiento de Saulo-Paulo, incluso después de haber meditado una y otra vez sobre las páginas que hablan de él y las que escribió él mismo. Sin embargo, hay algo que aparece de inmediato con una gran evidencia: su itinerario de fe es símbolo del nuestro. Creer implica, ante todo, encontrar personalmente a una persona, al Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret. No se cree en una doctrina, en una fórmula, en un sistema, sino en una persona, la única digna de ser creída. La fe es un encuentro que no se agota en un momento determinado de nuestra propia vida, sino que continúa siempre, hasta la muerte. Quien encuentra a Jesús se da cuenta de que ya no puede vivir sin él y debe profundizar en su conocimiento personal. Del encuentro se pasa al diálogo: la fe es, precisamente, un encuentro entre personas inteligentes y libres. Por un lado, Dios se da a conocer en lo que es, revela su voluntad, da a conocer sus proyectos. De este modo, entabla el diálogo con todo el que está dispuesto a escuchar y a reaccionar. Por otro, el creyente, en la medida en que presta una escucha sincera y auténtica a la Palabra de Dios, se siente implicado en un diálogo que no se desarrolla sólo en torno a conceptos y verdades, sino que se entrelaza con experiencias, confidencias, comunión de vida. Se trata de un diálogo vital que implica a dos seres vivos y llega a una forma de vida cada vez más elevada. Ahora bien, la fe cristiana es también obediencia, sumisión, abandono total de la criatura al Creador, del hombre a Dios, del pecador al Justo. Para el creyente, obedecer no significa en absoluto abdicar de su propia libertad, ni siquiera de sus propios derechos; significa captar la infinita distancia que media entre él y su propio interlocutor y, al mismo tiempo, intuir que la adhesión a la voluntad de éste conduce a la plena y más satisfactoria realización de sí mismo. Semejante acto de abandono está sostenido por una promesa que no deja ningún espacio a la duda: cuando Dios promete, se compromete por completo en beneficio de su interlocutor, le llena el corazón de certezas sobrenaturales y abre ante él unos horizontes ilimitados. Por último, la fe cristiana se traduce en misión: el ejemplo de Pablo es claro y decisivo. No puede privatizarse un bien que, por su propia naturaleza, es comunitario. Quien ha recibido el don de la salvación en Cristo se siente impulsado íntimamente a darlo a los otros.
ORATIO Oh Padre, Dios de infinita bondad y misericordia, concédenos caminar fielmente, a ejemplo de san Pablo, por el camino que nos has abierto en Cristo Jesús. Haz, oh Dios, que nuestros caminos -como el de Saulo- se crucen con el tuyo, el que nos has indicado en Cristo, tu Hijo, y en el cristianismo. Que, como el apóstol Pablo, queramos caminar con Jesús y seguir sus pasos hasta que lleguemos a ti, meta última de nuestra vida, meta suspirada y esperada. Concédenos, oh Padre, andar juntos por este camino bendecido por ti, a fin de que ninguno de nosotros se pierda y nuestra comunión eclesial pueda ser, en el tiempo, signo manifestativo de aquella comunión que gozaremos junto a ti en la denudad bienaventurada.
CONTEMPLATIO "Y me llamó por su gracia" (Gal 1,15). Dios, quiere decir, le llamó por su virtud. Decía [el Señor] a Ananías: "íiste es un instrumento elegido para llevar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes" (Hch 9,15), es decir, es idóneo para ejercer el ministerio y para manifestar una obra tan grande. [El Señor] indica este motivo para la llamada, mientras que el apóstol afirma por doquier que todo deriva de la gracia y de la inefable bondad divina, expresándose en estos términos: "Y si encontré misericordia -no porque fuera digno de ella y la mereciera- fue para que en mí, el primero, manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener vida eterna" (1 Tim 1,16). !Fíjate en su inmensa humildad! Por eso, dice, obtuvo misericordia, a fin de que nadie desesperara, dado que el peor entre todos los hombres había obtenido beneficio de la bondad divina (Juan Crisóstomo, Commento alia lettera ai Galati, Roma 21996, pp. 55ss [edición española: Comentario a la Carta a los Gálatas, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1996]).
ACTIO Repite con frecuencia y vive hoy estas palabras de san Pablo: "Para mí, la vida es Cristo, y el morir, una ganancia" (Flp 1,22).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL El edificio espiritual construido por san Pablo, con su profundidad profética y sus escarpadas ascensiones, emerge alto sobre el plano de nuestra apacible piedad cristiana. Quién fue este grande, que obró a la sombra de Uno inmensamente más grande que él? Quién fue este atrevido pionero, este "errante entre dos mundos"? Dos ciudades ejercieron una influencia decisiva en el ciclo de su formación: Tarso y Jerusalén. "Soy un judío de Tarso de Cilicio...": así se calificó Pablo ante el comandante romano cuando fue encarcelado. Dos corrientes de antigua civilización afluían, pues, y se fundían en él: la educación judía en familia y la formación griega que absorbía en la capital de su provincia natal, dotada de universidad. Está escrito, ciertamente, en los designios de la Providencia que este hombre, destinado a que en su vida actuara como misionero en medio de los paganos, debería recibir su primera educación en un centro mundial del paganismo. Aquel para quien ya no debería existir diferencia alguna entre judíos y paganos, entre griegos y bárbaros, entre libres y esclavos [cf. Col 3,11; 1 Cor 12,13), no debía nacer entre las idílicas colinas de Galilea, sino en el tumulto de un rico emporio comercial donde afluían y se mezclaban gentes de todas las naciones sometidas al Imperio romano. "Soy de Tarso, una ciudad no oscura de Cilicio". Parece que se refleja en esta respuesta un sentimiento de genuino orgullo griego por su propia ciudad de nacimiento. Tarso competía, en efecto, con Alejandría y Atenas por la conquista del primado en el campo de la cultura; en ella se elegían los maestros para los príncipes imperiales de Roma, y es natural que un centro de cultura tan eminente influyera en la formación de la personalidad del futuro apóstol... En Tarso dominaban la espiritualidad y la lengua griega junto a las leyes romanas y a la austeridad de la sinagoga judía (J. Holzner, ['Apostólo Pao/o, Brescia 21987 [edición española: San Pablo, Editorial Herder, Barcelona 1989]). |
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Nació en Castelnuovo d'Asti en el año 1815, en el seno de una familia pobre. Dio muestras de poseer grandes dotes. Fue educado por su madre en la fe y en la práctica de las virtudes cristianas. A los nueve años intuyó por un sueño que debería dedicarse a la educación de la juventud. Siendo todavía un muchacho, fundó entre sus compañeros la "Sociedad de la alegría" para hacer la guerra al pecado. Ordenado sacerdote en 1841, escogió como programa de vida: Da mihi animas, cetera tolle (Gn 14,21) y dio origen al oratorio bajo la protección de san Francisco de Sales. Su estilo educativo y pastoral se basaba en el sistema preventivo y en la educación en la fe. Fundó la "Sociedad de san Francisco de Sales" (salesianos) y, con santa María Domenica Mazzarello, el "Instituto de las Hijas de María Auxiliadora". Creó también con laicos los cooperadores salesianos. El "padre y maestro de la juventud" murió en Turín el 31 de enero de 1888.
LECTIO Primera lectura: Hebreos 10,32-39 Hermanos: 32 Acordaos de los días primeros en los que, después de haber sido iluminados, sostuvisteis un combate tan grande y doloroso. 33 Algunos fuisteis públicamente escarnecidos y tuvisteis que sufrir tormentos; otros os hicisteis solidarios con los que tales cosas soportaban. 34 Tuvisteis, en efecto, compasión de los encarcelados, soportasteis con alegría que os despojaran de vuestros bienes, sabiendo que teníais riquezas mejores y más duraderas. 35 No perdáis, pues, esta confianza, que os proporcionará una gran recompensa. 36 Pues tenéis necesidad de perseverar, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, alcancéis la promesa. 37 Porque, dentro de poco, de muy poco, el que ha de venir vendrá sin retraso; 38 y mi justo vivirá por la fe; mas, si se echa atrás cobardemente, ya no me agradará. 39 Pero nosotros no somos de los que se echan atrás cobardemente y terminan sucumbiendo, sino de los que buscan salvarse por medio de la fe.
*• Ya desde los orígenes se propagó en la Iglesia el peligro de la tibieza, un peligro que degeneró con frecuencia en abierta apostasía o en vida pecaminosa contraria a la fe. Son varios los pasajes de los escritos apostólicos que atestiguan esta situación (cf. Gal 3,2; 2 Cor 2; Ap 2-3). Consciente del delicado momento que está atravesando la comunidad judeocristiana a la que se dirige, el autor de la carta a los Hebreos se enfrenta al mal en sus raíces. Revelándose como un profundo conocedor del corazón humano y repleto de discernimiento en la guía de las almas, nos ofrece una página que sigue siendo un precioso documento de sabiduría pastoral. Aunque denuncia el mal, no usa palabras de abierta condena ni de duro reproche, sino que sigue la vía de la exhortación. "Acordaos": un imperativo preciso que remite al tiempo del primitivo fervor y pretende crear una separación clara con el presente para volver a la frescura original. En dos breves versículos se representa al vivo ante nuestros ojos a una comunidad que ha dado pruebas de gran fortaleza y de gran caridad: una comunidad capaz de hacer frente a toda persecución y a las más graves humillaciones sin echarse atrás; pero eso no basta: ha mostrado asimismo ser solidaria con los que están sometidos a prueba. Una comunidad, por consiguiente, plenamente cristiana, animada por un auténtico amor fraterno. Cuál fue la fuente de tal impulso? La fe firme en los bienes futuros. Pues bien, precisamente esa fe tiene que ser reavivada ahora. Y es la Palabra de Dios la que puede alimentarla. El autor de la carta, citando pasajes del Antiguo Testamento que han encontrado su pleno cumplimiento en Jesús, quiere sostener en los cristianos la esperanza y la tensión hacia los bienes futuros.
Salmo 36. R. El Señor es quien salva a los justos. Confía
en el Señor y haz el bien,
Encomienda
tu camino al Señor,
El
Señor asegura los pasos del hombre,
El
Señor es quien salva a los justos,
Evangelio: Marcos 4,26-34 En aquel tiempo, 26 decía Jesús a la gente: - Sucede con el Reino de Dios lo que con el grano que un hombre echa en la tierra. 27 Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece, sin que él sepa cómo. 28 La tierra da fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. 29 Y cuando el fruto está a punto,en seguida se mete la hoz, porque ha llegado la siega. 30 Proseguía diciendo: - Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? 31 Sucede con él lo que con un grano de mostaza. Cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas. 32 Pero, una vez sembrada, crece, se hace mayor que cualquier hortaliza y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar a su sombra. 33 Con muchas parábolas como éstas, Jesús les anunciaba el mensaje, acomodándose a su capacidad de entender. 34 No les decía nada sin parábolas. A sus propios discípulos, sin embargo, se lo explicaba todo en privado.
**• El pasaje incluye dos comparaciones destinadas a ilustrar la idea del Reino. La primera (w. 26-29), que recuerda la parábola del sembrador, compara el Reino con el campesino que, tras la siembra, espera inactivo el crecimiento de la semilla hasta el momento de la siega. Dos son al menos los niveles de lectura de esta breve parábola. La siembra puede representar la predicación del Evangelio, una predicación confiada a los discípulos: Jesús les invita a que tengan paciencia, porque la semilla de la Palabra actúa por su propia virtud y da fruto según modos y tiempos que el hombre no puede conocer ni acelerar a su gusto. La semilla se desarrolla sin que el campesino sepa cómo, y la tierra produce por sí misma el grano: sólo "cuando el fruto está a punto" (v. 29), esto es, cuando el Reino se haya manifestado en su gloria, será necesario volver a ponerse a la obra. Ahora bien, podemos ver también en el sembrador la acción de Dios: ha enviado al mundo su Palabra, ahora espera que dé fruto (cf. Is 55,10ss), y, en el tiempo de la siega, metáfora del juicio final, empuñará la hoz. La segunda comparación (w. 30-32) representa el Reino como el grano de mostaza del que nace un gran árbol. También aquí se trata de un mensaje de confianza, un mensaje importante para la comunidad primitiva, que hubiera podido caer en el desánimo. No importa que sus miembros sean pocos y pequeños; es más, la Palabra de Dios dará frutos inconmensurables, aunque no por nuestros méritos, sino por la gracia. La conclusión (w. 33ss) retoma el tema del doble lenguaje de Jesús: parábolas para el gran público, explicación en privado sólo para los discípulos.
MEDITATIO La sociedad en la que vivimos ha creado barreras entre ricos y pobres, entre blancos y negros, entre el norte y el sur del mundo, entre grandes y pequeños. Cómo hacer para romper esta barrera de la desconfianza? Considerando a cada hombre hermano nuestro, creando una familiaridad con él. Este principio es igualmente válido con los jóvenes. Decía don Bosco: "Sin familiaridad no se demuestra el amor, y sin esta demostración no puede haber confianza. Quien quiera ser amado necesita hacer ver que ama. Jesucristo se hizo pequeño con los pequeños y cargó con nuestras flaquezas. !He aquí el maestro de la familiaridad! El maestro al que se ve sólo en la cátedra es maestro, y no más, pero si va al recreo con los jóvenes se vuelve como hermano [...]. Quien sabe que es amado, ama, y quien es amado lo obtiene todo, especialmente de los jóvenes. Esta confianza establece una corriente eléctrica entre los jóvenes y los superiores. Los corazones se abren y dan a conocer sus necesidades y manifiestan sus defectos. Este amor hace soportar a los superiores las fatigas, las molestias, las ingratitudes, los estorbos, las carencias, la negligencias de los jovencitos. Jesucristo no rompió la caña quebrada ni apagó el pábilo vacilante. Éste es vuestro modelo" (de la Carta de Roma, 1884).
ORATIO Oh María, Virgen poderosa; tú, magna e ilustre defensa de la Iglesia; tú, ayuda admirable de los cristianos; tú, terrible como ejército en orden de batalla; tú, que has destruido por ti sola todos los errores del mundo, defiéndenos del enemigo en las angustias, en las luchas, en las necesidades, y, en la hora de la muerte, acógenos en los goces eternos. Amén. (Invocación de san Juan Bosco a María Auxiliadora).
CONTEMPLATIO Dos son los engaños principales con los que el demonio intenta alejar a los jóvenes de la virtud. El primero es hacerles pensar que servir al Señor consiste en una vida melancólica y alejada de toda diversión y placer. No es así, queridos jóvenes. Deseo enseñaros un método de vida cristiana que puede poneros al mismo tiempo alegres y contentos, señalándoos cuáles son las verdaderas diversiones y los verdaderos placeres, a fin de que podáis decir con el santo profeta David: "Sirvamos al Señor con santa alegría (Servite Domino in laetitia).Ése es precisamente el objetivo de este librito, servir al Señor y estar alegres. El otro engaño es la esperanza de vivir una larga vida con la comodidad de convertirse en la vejez o en la hora de la muerte. Llevad cuidado, hijos míos, pues muchos fueron engañados de este modo. Quién nos asegura que llegaremos a viejos? Sería preciso llegar a pactos con la muerte para que nos espere hasta ese tiempo: ahora bien, la vida y la muerte están en manos del Señor, que puede disponer de ellas como le plazca. Y si Dios os concediera larga vida, oíd la gran advertencia que os da: el camino que el hombre empieza en la juventud, continúa en la vejez hasta la muerte. Y eso significa: que si empezamos una buena vida ahora que somos jóvenes, buenos seremos en los años de la vejez, buena será nuestra muerte y principio de una felicidad eterna [...]. Queridos míos, os amo de todo corazón, y basta con que seáis jóvenes para que os ame más. Puedo aseguraros que podéis encontrar muchos libros aconsejados por personas mucho más virtuosas y más doctas que yo, pero difícilmente podréis encontrar a alguien que os ame más que yo en Jesucristo y desee más vuestra felicidad. Así pues, que el Señor esté siempre con vosotros y haga que, practicando estas pocas sugerencias, podáis llegar a salvar vuestras almas y aumentar así la gloria de Dios (Juan Bosco, "Prologo al Giovane Proweduto", en J. Aubry [ed.], Giovanni Bosco. Scritti spirituali I 1, Roma 1976, pp. 111-113).
ACTIO Durante la jornada de hoy, repite con frecuencia y ora con san Juan Bosco: "Dame las almas y coge todo lo demás" (Gn 14,21).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL La Iglesia ama intensamente a los jóvenes: siempre, pero sobre todo en este período del 2000, se siente invitada por su Señor a mirarlos con especial amor y esperanza, considerando su educación como una de sus principales responsabilidades pastorales [...]. La situación juvenil en el mundo de hoy - a un siglo de la muerte del santo, a quien mi predecesor Pío XI no dudó en definir como “ príncipe de educadores” - ha cambiado mucho y presenta condiciones y aspectos multiformes, como bien saben los educadores y pastores. Sin embargo, también hoy subsisten las mismas preguntas sobre las que ef sacerdote Juan Bosco meditaba desde el comienzo de su ministerio, deseoso de comprender y determinado a obrar. Quiénes son los jóvenes? Qué quieren? A qué tienden? De qué tienen necesidad? Estas, tanto entonces como hoy, son preguntas difíciles, aunque inevitables, a las que todo educador debe hacer frente. No faltan hoy entre los jóvenes de todo el mundo grupos genuinamente sensibles a los valores del Espíritu, deseosos de ayuda y apoyo en la maduración de su personalidad. Por otra parte, es evidente que la juventud está sometida a impulsos y condicionamientos negativos, fruto de visiones ideológicas diferentes. El educador atento sabrá darse cuenta de la concreta condición juvenil e intervenir con segura competencia y clarividente sabiduría [...]. Tal vez, hoy como nunca educar se ha convertido en un imperativo vital y social al mismo tiempo, que implica una toma de posición y una voluntad decidida de formar personalidades maduras. Tal vez, hoy como nunca el mundo necesita individuos, familias y comunidades que hagan de la educación su propia razón de ser y se dediquen a ella como finalidad prioritaria, a la que entreguen sin reservas sus energías, buscando colaboración y ayuda, a fin de experimentar y renovar con creatividad y sentido de la responsabilidad nuevos procesos educativos. Ser educadores hoy comporta una verdadera y propia opción de vida, a la que es una obligación dar reconocimiento y ayuda por parte de cuantos tienen autoridad en las comunidades eclesiales y civiles (Juan Pablo II, carta Juvenum Patris, passim). |