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LECTIO DIVINA ENERO DE 2025

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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

Día 1

1 de enero: Santa María, Madre de Dios

        Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la Octava de la Natividad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como <<Theotokos>>, porque en Ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros el Hijo de Dios, Príncipe de la Paz, cuyo nombre está sobre todo otro nombre. (elog. del Martiriologio Romano)

 

Primera lectura: Números 6,22-27

22 El Señor dijo a Moisés:

23 -Di a Aarón y a sus hijos: Así bendeciréis a los israelitas:

24 El Señor te bendiga y te guarde;

25 el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor;

26 el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz.

27 Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.

        ** El primer día del año civil la Iglesia celebra la fiesta de María, Madre de Dios, y, a pesar de que las lecturas bíblicas, además de concentrarse sobre María, ponen de relieve a su Hijo y su nombre, lo cual, lejos de reducir la función de María en la vida de la Iglesia, la subrayan justamente al colocarla como madre junto al Hijo.

        Esta lectura recuerda la antigua bendición que los sacerdotes impartían al pueblo la víspera de las solemnidades litúrgicas, especialmente en la fiesta del año nuevo.

        Bendecir al pueblo era prerrogativa del rey (cf. 2 Sm 6,18; 1 Re 8,14-55) y del sacerdote (cf. Dt 10,8; 21,5), que actuaban en nombre de Dios. La fórmula recuerda los favores que Dios concederá al pueblo que está en su presencia.

        Particularmente significativos son los dos términos que abren y cierran la fórmula: bendición ("te bendiga": v. 4) y paz ("te conceda la paz": v. 26). El primero indica la acción de Dios hacia el pueblo, que es benevolencia, protección y favor (cf. Sal 4,7; 31,17) y significa invocar sobre ellos su nombre (v. 27), para que el Señor sea fuente de salvación. El segundo indica el contenido de los dones de Dios, y se resume en el don mesiánico de la paz, esto es, de la plenitud de la felicidad (cf. Sal 121,6- 7; Jn 14,27). La palabra shalom tiene un significado bastante amplio y comprende plenitud, integridad de la vida, pero sobre todo el estado del hombre que vive en armonía con Dios, consigo mismo y con la naturaleza.

        En realidad es el hombre nuevo, plenamente abierto a Dios, de quien Jesús es figura y modelo, porque en él se realiza el encuentro de las libertades humana y divina. Y Dios la concede a quien la busca en la solidaridad entre los hombres.

 

Salmo 66

Que Dios tenga piedad y nos bendiga.



Que Dios tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.



Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia

y gobiernas las naciones de la tierra



Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

Que Dios nos bendiga;

que le teman todos los confines de la tierra.





Segunda lectura: Gálatas 4,4-7

Hermanos:

4 Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su propio Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,

5 para liberarnos de la sujeción a la ley y hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios.

6 Y la prueba de que sois hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: "Abba", es decir, "Padre".

7 De suerte que ya no eres siervo, sino hijo, y como hijo, también heredero por gracia de Dios.

        *+ El célebre texto paulino es un fragmento cristológico que nos habla de Jesús, de María, terreno fecundo que ha acogido al Hijo de Dios, y de la experiencia cristiana.

        La venida de Jesús al mundo ha señalado la plenitud del tiempo y ha cumplido las antiguas promesas de un retorno del hombre a la vida de comunión con Dios: "Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para liberarnos de la sujeción de la ley" (w. 4-5).

        Dios tuvo la iniciativa de enviar a su Hijo y el hombre ha sido elevado de nuevo a la dignidad de hijo. Jesús entró históricamente así a formar parte de la humanidad a título pleno, sometiéndose a las leyes y a las condiciones humanas, y la humanidad, de algún modo, se ha identificado con Cristo formando con él una realidad única (cf. Rom 1,3). Y todo esto a través del vientre de una mujer, como un hombre cualquiera, en plena y normal humanidad.

        Pablo nos presenta aquí el esquema de toda acción liberadora: inmersión de Cristo en la pobreza humana, autoliberación con su fuerza divina y atracción a sí de la humanidad. Esta misión del Hijo ha tenido un único objetivo: revelar el auténtico sentido de la vida y posibilitarnos el llegar a ser realmente hijos adoptivos del mismo Padre (v. 7; cf. Rom 8,15-17). Y los signos que el Apóstol evidencia de esta real transformación son la plegaria confiada que el Espíritu Santo suscita en el corazón del creyente, haciéndole decir: "Abba, Padre" (v. 6) y haciéndolo sentirse ante Dios no siervo sino libre, con la libertad del Hijo de Dios. Y, en este divino proyecto, María ha sido el instrumento privilegiado.

        Llamar a María "Madre de Dios" significa, pues, conocer el corazón del misterio de la encarnación y de la misma historia de la salvación.

 

Evangelio: Lucas 2,16-21

16 Los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre.

17 Al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de este niño.

18 Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores, se quedaban admirados.

19 María, por su parte, guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón.

20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído correspondía a cuanto les habían dicho.

21 A los ocho días, cuando lo circuncidaron, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel ya antes de la concepción.

        **• De nuevo se proclama en la liturgia el evangelio de la misa de la aurora de Navidad, con el añadido del v. 21 referente a la circuncisión de Jesús. El tema de la lectura es una reflexión posterior sobre el misterio de la encarnación.

        Los pastores van a la gruta de Belén, encuentran al Niño en el pesebre y, luego de adorarlo, refieren el hecho y todos quedan maravillados (w. 16- 18). Después se vuelven a sus rebaños en la alegría y la alabanza por la extraordinaria experiencia vivida (v. 20). Pasados los ocho días del nacimiento del Niño, fue celebrado el rito de la circuncisión, mediante el cual él entró a formar parte del pueblo elegido (cf. Gn 17,2-17) y se le impuso el nombre "Jesús", que quiere decir: "Dios salva" (cf. Mt 1,21). Ante todos estos acontecimientos María conserva todo en su corazón y medita todas estas cosas, dándoles el justo sentido: "María guardaba todos esos recuerdos y los meditaba en su corazón" (v. 19). María aparece así como la Madre que sabe interpretar los hechos del Hijo.

        Hay, pues, diversas actitudes que se pueden asumir ante el Cristo: la búsqueda pronta y gozosa de los pastores, el asombro y la alabanza de aquellos que intervienen en el hecho, el relato a otros de la experiencia vivida. Para el evangelista sólo María adopta la postura del verdadero creyente, porque ella sabe guardar con sencillez lo que escucha y meditar con fe lo que ve, para ponerlo todo en su corazón y transformar en plegaria la salvación que Dios le ofrece.

 

MEDITATIO

        Desde hace varios años, el primer día del año civil se celebra en todo el mundo "la jornada de la paz" en nombre de María, madre de Dios y madre de la Iglesia. La paz (= Shalom) es el don mesiánico por excelencia que Jesús resucitado ha traído a sus discípulos (cf. Jn 20,19- 21); es la salvación de los hombres y la reconciliación definitiva con Dios. Pero la paz de Cristo es también la paz del hombre, rica en valores humanos, sociales y políticos, que encuentra su fundamento, para decirlo con la Pacem in terris de Juan XXIII, en las condiciones de verdad, de justicia, de amor y de libertad, que son los cuatro pilares sobre los que se erige el edificio de la paz.

        La constante bendición de Dios en la primera alianza, la acción de Cristo realizada en favor de toda la humanidad y de cada uno de sus componentes, el mismo nombre impuesto a Jesús, que evoca su misión de salvador, todos son hechos orientados en la línea de la paz, de la alianza, de la fraternidad. Dios no ha creado al hombre para la guerra, sino para la paz y la fraternidad.

        El mal en todas sus múltiples formas se contrarresta sólo con una constante educación en la paz. Aquella paz que la Virgen María, Reina de la paz, nos puede obtener del Padre: la shalom bíblica viene de Dios y está ligada a la justicia. La raíz de la paz, no obstante, reside en el corazón del hombre, esto es, en el rechazo de la idolatría, porque no hay paz sin verdadera conversión, no hay paz sin tensiones (cf. Mt 10,34). La paz de Cristo no es como la del mundo, porque la de Cristo exige que nos alejemos de la mentalidad mundana. Con la venida de Cristo la paz nos ha sido ofrecida a cada uno de nosotros, porque brota del corazón de Dios, que es amor.

 

ORATIO

        Al inicio de este nuevo año, Señor, te rezamos volviendo la mirada hacia María, a la que, siendo la madre de tu Hijo y madre nuestra, puede hacer posible la civilización del amor y de la paz para toda la humanidad. Primeramente te queremos agradecer el don precioso de María: tú la elegiste, como flor incomparable y preciosa de la humanidad, para que Jesús pudiera venir a nosotros a traernos tu Palabra de vida, a darnos el Espíritu Santo consolador de los corazones y para que nos pudiéramos dirigir a ti llamándote Padre. Haznos capaces de seguir los caminos del evangelio de la paz, como ha caminado María en su peregrinaje terreno, viviendo en el silencio y oculta en el hogar doméstico, permaneciendo abiertos al anuncio de la "alegre noticia" que nos ha traído tu Hijo, sabiendo afrontar las pruebas de la vida con humildad y fe profundas, y confiando en ti en la hora de nuestro retorno a la casa del Padre donde tú nos esperas.

        Te rogamos de modo especial por la paz del mundo, convencidos de que es un deber de todos conocer los problemas que están detrás de las graves divisiones actuales para compartir y sostener todo camino y toda propuesta de paz y de justicia. Suscita gobernantes y hombres de paz que sepan actuar de manera que el desarrollo sea posible a todas las gentes por igual, y que la solidaridad sea tal que los países ricos prevean intervenciones capaces de elevar económicamente incluso a los países más pobres. Pero haz capaz a cada hombre de comprender que la auténtica paz y la verdadera felicidad vienen de ti, que eres el Dios de la paz.

 

CONTEMPLATIO

        !Cantadlo a la espera del alba, cantadlo suave, en el duro oído del mundo! Cantadlo de rodillas, cantadlo como envueltos en un velo, como cantan las mujeres encinta: el Poderoso se ha hecho dócil, el Infinito pequeño, el Fuerte sereno, el Altísimo humilde (...). !Niño que vienes de la eternidad, quiero elevar un canto a tu Madre! !Mi canto debe ser bello como la nieve iluminada por el alba! !Alégrate, virgen María, hija de mi tierra, hermana de mi alma, alégrate, gozo de mi gozo! !Soy como un vagabundo en la noche, pero tú eres mi techo bajo el firmamento! !Soy una copa sedienta, pero tú eres el mar abierto del Señor!

        !Alégrate, virgen María! Dichosos los que te proclaman dichosa! !Ya ningún corazón humano temerá! Tengo un único deseo, quiero repetirlo a todos: !una de vosotras ha sido elegida por el Señor! !Dichosos aquellos que te proclaman dichosa! (Gertrud Von le Fort, Himnos a la Iglesia, Madrid 1995).

 

ACTIO

        Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "María guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón" (Lc 2,19).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        María Virgen, que por el anuncio del ángel acogió al Verbo de Dios en su corazón y en su vientre y entregó la vida al mundo, es conocida y honrada como verdadera Madre de Dios Redentor. Redimida de manera tan eminente, en atención a los futuros méritos de su Hijo y a El unida con estrecho e indisoluble vínculo, está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas. Al mismo tiempo ella está unida a la estirpe de Adán con todos los hombres que han de ser salvados; más aún, es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son "miembros de aquella cabeza", por lo que también es saludada como miembro sobreeminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y caridad y a quien la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como Madre amantísima (LG 53).

 

 

Día 2

Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno

 

        Basilio de Cesárea de Capadocia, su hermano Gregorio de Nisa y su amigo Gregorio de Nacianzo son conocidos como los "padres capadocios". Ellos llevaron a la práctica las enseñanzas del Concilio de Nicea sobre la doctrina trinitaria.

        Basilio (329-379) nació en una familia profundamente cristiana y recibió una esmerada preparación humanística. Hizo amistad en Atenas con Gregorio de Nacianzo y con él abandonó el mundo, dando origen a una nueva forma de vida comunitaria (monacato basiliano). Ordenado sacerdote y consagrado después obispo de Cesárea, se prodigó en obras caritativas y dio esplendor al culto divino. Ha dejado un rico patrimonio de obras teológicas, espirituales y homiléticas y un precioso epistolario.

        También Gregorio de Nacianzo (330-389/390), como Basilio, respiró el cristianismo desde su nacimiento, momento en el que su piadosísima madre lo ofreció al Señor. Fue educado en las mejores escuelas y se convirtió en un excelente retórico. Le esperaban los más altos cargos civiles cuando abandonó el mundo. Ordenado sacerdote y, después, obispo de Constantinopla, siguió siendo siempre, en primer lugar, un místico, cantor apasionado de la Santísima Trinidad; como  poeta y teólogo, revela en sus escritos la experiencia y la inteligencia de los misterios de Cristo.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 2,22-28

Hermanos:

22 Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Mesías? Ése es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.

23 Todo el que niega al Hijo, se queda sin el Padre; y todo el que acepta al Hijo, tiene también al Padre.

24 Vosotros debéis permanecer fíeles a lo que oísteis desde el principio. Si sois fieles a lo que oísteis desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.

25 Y ésta es la promesa que él nos ha hecho: la vida eterna.

26 Os he escrito estas cosas para poneros en guardia contra los que intentan seduciros.

27 En cuanto a vosotros, el Espíritu que habéis recibido de él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; antes bien, ese Espíritu, que es fuente de verdad y no de mentira, os enseña todas las cosas. Así pues, permaneced en él, conforme a lo que os enseñó.

28 Sí, hijos míos, permaneced en él, para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no nos veamos avergonzados ante él el día de su gloriosa venida.

 

** El fragmento revela las líneas esenciales de la falsa doctrina divulgada por los "anticristos" en una época atormentada del final del siglo primero: Jesús no es el Mesías, el Hijo de Dios. Esta herejía cristológica consideraba imposible que el Verbo se hubiese encarnado a la manera humana, auténtico escándalo para la mentalidad gnóstica. Pero para el apóstol Juan negar la divinidad de Jesús significaba no tener comunión con el Padre y la verdadera vida (w. 22-23); negar la unión de lo divino y lo humano en Jesús significaba ser "anticristo", porque lo humano en Jesús es el reflejo perfecto de lo divino, es el reflejo del Padre (cf. Jn 14,9).

El cristiano debe permanecer fiel a la Palabra oída desde el principio, es decir, al misterio pascual en su integridad (muerte-resurrección) enseñado por los apóstoles. Sólo esta Palabra acogida en la fe, interiorizada y vivida en el Espíritu permite conservar la auténtica comunión con el Hijo y con el Padre (v. 24). Así pues, vivir en comunión con Dios significa poseer la promesa que Cristo ha hecho, es decir, "la vida eterna" (v. 25; 3,15; Jn 3,36). Y el creyente puede resistir al, seductor que enseña el error, vivir las radicales exigencias del evangelio y permanecer en la Palabra a la espera de la venida de Cristo porque ha recibido "la unción" del Espíritu Santo en el bautismo (v. 27). El Espíritu, fuerza interior que da la sabiduría, hace invencible y fuerte en la tentación al discípulo de Jesús, lo impulsa a la evangelización y lo hace confiado en el retorno del Señor (v. 28).



 

Salmo 97. R. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.


Salmo 97

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

2 El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.

3 Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

4 Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

5 Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:

6 con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.

7 Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan;

8 aplaudan los ríos, aclamen los montes

9 al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.




Evangelio: Juan 1,19-28

19 Los judíos de Jerusalén enviaron una comisión de sacerdotes y levitas para preguntar a Juan: -Tú, quién eres?

20 Su testimonio fue éste: -Yo no soy el Mesías.

21 Ellos le preguntaron: -Entonces, qué? Eres tú, acaso, Elías? Juan respondió: -No soy Elías. Volvieron a preguntarle: -Eres el profeta que esperamos? Él contestó: -No.

22 De nuevo insistieron: -Pues, quién eres? Tenemos que dar una respuesta a los que nos han enviado. Qué dices de ti mismo?

23 Entonces él, aplicándose las palabras del profeta Isaías, se presentó así: -Yo soy la voz del que clama en el desierto: allanad el camino del Señor.

24 Algunos miembros de la comisión eran fariseos.

25 Éstos le preguntaron: -Si no eres ni el Mesías, ni Elías, ni el profeta esperado, por qué razón bautizas?

26 Juan afirmó: -Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis.

27 Él viene detrás de mí, aunque yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias.

28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

 

*" El texto es el testimonio del Bautista ante la delegación enviada por las autoridades de Jerusalén a Betania, al otro lado del Jordán (v. 28).

A la pregunta: "Tú, quién eres?" (v. 19), el Bautista confiesa, evitando cualquier malentendido acerca de su propia persona y de su propia misión, que no es el Cristo, el Salvador escatológico esperado. Este testimonio negativo en boca del Bautista es una auténtica confesión de fe en el mesianismo de Jesús. Siguen otras preguntas de los enviados a las que el Testigo responde diciendo no ser ni Elías (cf. Mal 3,1-3.23; Me 9,11; Mt 7,10) ni el profeta (cf. Dt 18,15; 1 Mac  14,41), personajes esperados para el tiempo mesiánico. El desconcierto de sus interlocutores es grande.

El Bautista continúa explicando su propia identidad, definiéndose a sí mismo con las palabras del Segundo Isaías: "Voz que clama en el desierto" (v. 23) y prepara el camino al Cristo (cf. Is 40,3). Él no es la luz, es sólo la lámpara que arde y que testimonia la luz verdadera. Él no es la Palabra encarnada, es sólo la voz que prepara el camino con la purificación de los pecados y la conversión del corazón. Y a la ulterior insistencia de los fariseos sobre el motivo de su bautismo, Juan replica: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis" (v. 26).

El bautismo de Juan no es el del tiempo de la salvación, sino un rito de iniciación para prepararse a la acogida del Mesías, que se encuentra ya entre el pueblo. El Bautista acerca su propia persona a la de Cristo para poner de relieve la dignidad y grandeza de Jesús, cuya vida tiene dimensiones de eternidad: Juan no es digno de prestarle el más humilde de los servicios: desatarle las sandalias. El testimonio del Bautista pretende, pues, suscitar la fe en todo hombre hacia el gran desconocido, el portador de la salvación, que vive entre los hombres.

 

MEDITATIO

La fe del Bautista está orientada al anuncio de Jesús. El Mesías, pues, tanto en su aparecer como en el curso sucesivo de la historia humana, por él atravesada y revolucionada, no revela inmediata ni completamente su origen ni su misión. Es preciso que quien recibe de Dios el don de tocar el misterio de Cristo, reflexionando sobre los misterios de su historia, lo anuncie con la vida y la palabra, como el Bautista junto al Jordán. En efecto, el hombre forjado en la soledad del desierto se esconde y casi desaparece a la sombra de aquel que él presenta al mundo. Ésta, justamente, fue su misión: dar testimonio del Esperado que vive en medio de su pueblo.

También el cristiano de hoy está llamado a ser anunciador del evangelio y la Palabra de Jesús, la voz que grita con la vida la verdad de Cristo, a pesar de la pobreza que experimenta y la fragilidad de sus palabras humanas. Cristiano es el hombre que se define en función de Cristo, de Aquel que viene siempre a los suyos para comunicar salvación y vida. Él da testimonio de Cristo, nos relaciona con él y le prepara su misión; es el heraldo que invita a volver al desierto para preparar espiritualmente el camino al Mesías; es el que reclama atención no para sí mismo, sino para el que está por llegar. Todo cristiano es un propagador de la Palabra de Dios en la aridez espiritual de nuestro mundo, el que allana el camino a los hermanos para que encuentren a Cristo, y es testigo del evangelio con la propia vida.

 

ORATIO

Señor Jesús, que has querido ser solidario con nosotros y solidario con el Padre, te pedimos nos enseñes a ser como el Bautista, auténticos testigos de tu amor a los hermanos. La tarea de tu testigo en el desierto fue la de empeñar su voz, sus fuerzas, su vida entera para que los hombres optasen por ti. Lo mismo nos ha dicho tu evangelista Juan, cuando ha recordado a su comunidad que el que no confiesa tu mesianismo no está en comunión contigo ni con el Padre (cf. 2,23).

Te rogamos, por eso, que refuerces nuestra fe en ti, único salvador de la humanidad, haciéndonos experimentar el poder de tu Espíritu, que nos ha sido dado en el bautismo, y que es nuestra fuerza y nuestro apoyo espiritual.

Jesús, el Bautista se declaró indigno de desatar las correas de tus sandalias, él, el más grande de los nacidos de mujer, y así dio de sí mismo un testimonio de extraordinaria humildad y de servicio. Enséñanos a no presumir nunca de nosotros mismos en ninguna circunstancia de la vida, a ser humildes incluso cuando nos son confiados cargos de prestigio y de éxito, conocedores de que todo nos viene de tu bondad y de los dones que tú nos has regalado.

Queremos ser sólo un instrumento en tus manos para que tu reino de justicia y de amor se extienda al mundo entero. Queremos ser testigos de tu Palabra, siempre antigua y siempre nueva, que nos dejaste como testamento antes de tu retorno al Padre, la de la fe confesada ante toda la humanidad y del amor fraterno practicado con todos, sin acepción de personas.

 

CONTEMPLATIO

Quién es Jesús? Nosotros que tenemos este grandísimo y dulcísimo Nombre para repetírnoslo a nosotros mismos, nosotros que somos fieles, nosotros que creemos en Cristo, nosotros sabemos bien quién es? Sabríamos decirle una palabra directa y exacta: llamarlo verdaderamente por su nombre, invocarlo como luz del alma y repetirle: Tú eres el Salvador? Sentir que nos es necesario y que no podemos estar sin él: es nuestro tesoro, nuestra alegría y felicidad, promesa y esperanza, nuestro camino, verdad y vida (...).

El Cristo que llevamos a la humanidad es el "Hijo del Hombre", como él mismo se ha llamado. Es el primogénito, el prototipo de la humanidad nueva, es el Hermano, el Compañero, el Amigo por excelencia. Sólo de Él se puede decir con plena verdad que "conocía al hombre por dentro" (Jn 2,25). Es el enviado de Dios, no para condenar al hombre sino para salvarlo (Pablo VI, Discurso del 14 de marzo de 1965).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia" (cf. Jn 1,27).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Narciso es el protagonista de un relato antiguo. Era un !oven bellísimo que un día contempló su propia imagen reflejada en un  espejo de agua. Se enamoró de ella ignorando que la imagen reflejada era él mismo. Se arrojó al agua y se ahogó.

Ningún relato !lustra mejor cuan engañosa es la felicidad fundada en el culto de sí, pero para mucha gente el alfa y la omega de la búsqueda de la felicidad reside en el propio "yo". Si el problema está en esto, en esto se encuentra también la respuesta. Se necesita una aportación externa? Sólo para enriquecerse con ella. Es la felicidad posesiva que descarta fríamente todo lo que podría atraer al hombre fuera del propio nido. El que padece esta enfermedad puede sentirse feliz exclusivamente de sí. Este "cerrarse en el propio capullo" se ha difundido de modo sorprendente en los últimos decenios. Se tiene la impresión de que todas las fronteras se cierran, que puertas y ventanas están atrancadas, que la calefacción central esté abierta al máximo. El lecho de plumas parece haberse convertido en el santuario de toda la familia.

La publicidad colabora a la inflación del yo, como podemos constatar sobre los muros de nuestras calles: mi banco (mímame, mis dineros, mi interés, mi porvenir, mi seguridad...). "Tú" o "él" casi han desaparecido.

La desaparición del espíritu de sacrificio produce una sociedad fría, que se hace también superconservadora. Se limita a preservar, no crea nada. !Y peor aún! Ante el sufrimiento, la búsqueda de la felicidad pierde su sentido: todo sufrimiento anula la felicidad. De este modo, el hombre se aleja de la verdad misteriosa para la cual la felicidad es bastante fuerte para integrar momentáneamente el sufrimiento y asumirlo. El sufrimiento contiene otra especie de felicidad, una felicidad de registro distinto, una felicidad que sólo conocen los que la han comprendido a la luz de la cruz, pero algo está claro para cada uno de nosotros: quien quiere ser feliz aquí abajo, debe estar dispuesto a dar cabida al sufrimiento (G. Danneels, Le stagioni della vita, Brescia 1998, 225-227).

 

 

Día 3

Santísimo Nombre de Jesús

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 2,29-3,6

29 Si sabéis que Él es justo, reconoced también que todo el que practica la justicia ha nacido de Él.

1 Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo ha conocido a Él.

2 Queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es.

3 Todo el que tiene en Él esta esperanza se purifica a sí mismo, como Él es puro.

4Todo el que peca, se hace culpable de la iniquidad, porque el pecado es la iniquidad.

5 Sabéis que Él se ha manifestado para borrar los pecados, y que en Él no hay pecado.

6 El que permanece en Él, no peca. Todo el que peca, ni lo ha visto ni lo ha conocido.

 

*•• El tema de la perícopa es Jesús justo, sin pecado, que ha sido obediente a la voluntad del Padre y es modelo para el cristiano (2,29; 3,3). También el fiel, que vive en la justicia, es hijo de Dios (3,1) y no comete pecado (3,9; 4,7; 5,1.4.18). El obrar cristiano demuestra el nuevo nacimiento. Para Juan las expresiones "hijo de Dios" (w. 1-2) y "haber nacido de Dios" (v. 29) significan ser hombre nuevo, llamado a caminar por una vida nueva, imitando al Padre en una progresiva asimilación y comunión con él, que se convertirá en identificación en la visión cara a cara (cf. 1 Cor 13,12).

El valor de nuestra fe reside y aumenta en el hecho de que somos hijos de Dios, salvados por un Padre que nos ama y que nos inspira confianza. El mundo que lo rechaza con el pecado, aliándose con el anticristo, desprecia y no comprende a Jesús, no ama a sus discípulos, actúa contra la ley de Dios (v. 4), pertenece a la esfera del maligno y se opone al reino mesiánico. El que, por el contrario, se adhiere al Señor, que se ha hecho pecado por nosotros, está libre de pecado, recibiendo de Cristo la fuerza para superar el mal y vencerlo (v. 6). Pero, cuándo puede decir el creyente que experimenta auténticamente el amor de Dios? La respuesta del Apóstol es clara: cuando no comete pecado, obra con justicia y se mantiene puro, siguiendo el camino que Cristo ha recorrido: el de la cruz, o sea el del amor llevado hasta amar al enemigo.



Salmo 97.

R. Los confines de la tierra han contemplado

la salvación de nuestro Dios.


Cantad al Señor un cántico nuevo,

ha hecho maravillas.

Su diestra le ha dado la victoria,

su santo brazo


El Señor da a conocer su salvación,

revela a las naciones su justicia.

Se acordó de su misericordia y su fidelidad

en favor de la casa de Israel.


Los confines de la tierra han contemplado l

a salvación de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera;

gritad, vitoread, tocad


Tañed la cítara para el Señor,

suenen los instrumentos:

con clarines y al son de trompetas,

aclamad al Rey y Señor.




 

Evangelio: Juan 1,29-34

29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo:

-Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

30  éste me refería yo cuando dije: "Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo".

31 Yo mismo no lo conocía; pero la razón de mi bautismo era que él se manifestara a Israel.

32 Juan prosiguió:

-Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él.

33 Lo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautizará con Espíritu Santo".

34 Y como lo he visto, doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.

 

*" La escena está caracterizada por el encuentro del Bautista con Jesús. La atención del fragmento se vuelca sobre el contenido de la solemne proclamación del Testigo, en un contexto de revelación mesiánica. Es el hombre de Dios que "ve" por primera vez a Jesús. Éste "viene" del Padre y camina desconocido entre la multitud, a la que le une su condición humana, y el Bautista exclama: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (v. 29b). El símbolo del cordero reclama varios textos: el cordero pascual (cf. Ex 12,1-28; 29,38-46), el Siervo doliente (cf. Is 42,1-4; 52,13-53,12). Jesús es el Cordero-Siervo obediente al Padre, el que cancela las culpas de los hombres y les comunica la vida nueva con sus sufrimientos y su muerte en la cruz. El testimonio del Bautista se refiere, además, al modo en que ha visto al Espíritu Santo bajar sobre el Mesías. Es el Testigo mismo el que ve al Espíritu sobre Jesús "bajar del cielo como una paloma" (v. 32).

La imagen de la paloma, en el ambiente judaico-antiguo, indicaba a Israel: el Espíritu que baja en forma de paloma es anuncio de la generación del nuevo Israel de Dios, que comienza con Jesús y constituye el fruto maduro de la venida del Espíritu. Ésta es la época de la purificación y del verdadero conocimiento de Dios a través del Espíritu. El Espíritu baja sobre Jesús y "permanece" en él de un modo pleno y estable (cf. Is 11,2-3). Él es la nueva morada de Dios, el templo del Espíritu, fuente perenne de salvación para todos. Es durante la teofanía del bautismo de Jesús cuando el Bautista reconoce al Mesías. Ahora puede testimoniar que Jesús es el Hijo de

Dios (v. 34), el que "bautiza con el Espíritu Santo" (v. 33), esto es, da el Espíritu a todo discípulo y lo llena de este don, prometido para la era de la salvación.

 

MEDITATIO

El testimonio del Bautista no tiene su finalidad en sí mismo. Tiene por objetivo suscitar la fe del discípulo en la persona de Jesús. El Bautista ha visto al Espíritu "permanecer" sobre Jesús. Esta certeza provoca el anuncio de que Jesús es verdaderamente el Mesías, el Elegido de Dios (cf. Is 42,1). El testimonio de Jesús "Hijo de Dios" se hace eco de las palabras pronunciadas por el Padre en el bautismo: "Éste es mi Hijo amado" (cf. Me 1,11; Mt 3,17; Le 3,22).

El testimonio de Juan ha caracterizado dos épocas: la del bautismo "con agua" (v. 31) y la del bautismo "en el Espíritu" (v. 33). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en las aguas del Jordán es el inicio de la salvación y de los tiempos nuevos: ha comenzado para la humanidad su camino de retorno al Padre, se ha puesto en marcha la creación del nuevo Israel. Hasta el evento del Jordán el Espíritu moraba en Jesús, escondido en el silencio y desconocido; sólo ahora, con la confirmación de lo alto, el Padre lo consagra en su misión profética y mesiánica. Cada creyente es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor y está llamado a dar testimonio de que el único camino de salvación para el hombre es el recorrido por Cristo y no las fáciles ilusiones prometidas por otros libertadores de movimientos políticos, sociales y religiosos. Quien nace del misterio de Cristo muerto y resucitado puede anunciar a los hermanos el camino de la salvación y proponerla con eficacia a través del signo del amor y de la entrega de sí.

 

ORATIO

Señor, enviándonos a tu Hijo como Salvador has hecho posible nuestra liberación del pecado y de la muerte y has restablecido nuestra comunión contigo. Con sólo nuestras fuerzas no nos hubiera sido posible obtener todo esto, y tú, sabiendo bien de qué pasta estamos hechos, nos has enviado a Cristo, tu Hijo unigénito, que nos ha hecho de nuevo hijos tuyos y sus hermanos. Has hecho bajar a tu Espíritu sobre Jesús para que él pudiese iniciar su misión en la tierra y borrar todas nuestras iniquidades.

Nosotros hoy somos conscientes de todos estos dones y, en especial, del don del bautismo con el que nos hemos convertido en verdaderos hijos tuyos. Señor, haznos comprender cada vez más este inmenso don y que lo hagamos crecer en nosotros con un camino espiritual que nos haga adultos en la fe, generosos en el amor a nuestros hermanos y testigos creíbles de tu evangelio entre aquellos que aún no han acogido tu salvación. Te pedimos en nombre de Jesús tu Hijo, el Cordero sin mancha, que los que viven en la indiferencia y en el ateísmo sean sacudidos de su aparente tranquilidad y reconozcan en Jesús el auténtico sentido de la vida y, hechos hijos tuyos por medio del Espíritu Santo, experimenten tu ternura de Padre.

Sabemos, Señor, que por la muerte de Jesús nos has dado la vida y que todos nosotros podemos continuar la misión de tu Hijo en el mundo para crear una humanidad nueva, más fraterna, sin divisiones ni guerras, unida en el signo del amor que nos ha enseñado Jesús.

 

CONTEMPLATIO

"Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos" (1 Cor 9,22). Por esto él quiere ser un niño pequeño: para que tú puedas llegar a ser un hombre perfecto. Él fue envuelto en pañales, para que tú fueses liberado de los lazos de la muerte; Él en el establo, para ponerte a ti sobre altares; Él en la tierra, para que tú alcanzases las estrellas; Él no encontró sitio en la posada, para que tú tuvieses en el cielo muchas moradas. "De rico que era", está escrito, "se hizo pobre por vosotros, para que vosotros fueseis ricos con su pobreza" (2 Cor 8,9). Aquella indigencia es, por tanto, mi riqueza y la debilidad del Señor es mi fuerza. Ha preferido para sí las privaciones, para tener qué dar en abundancia a todos. El llanto de su infancia en vagidos es un lavado para mí, aquellas lágrimas han lavado mis pecados.

Señor Jesús, me siento más en deuda contigo por tus ultrajes para mi redención, que por tu poder para mi creación. Nos hubiera sido inútil nacer, si no hubiera sido la ocasión para ser redimidos (San Ambrosio, Tratado sobre el evangelio de Lucas, II, 41).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos" (1 Jn 3,1).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Hemos sido bautizados. Dios no nos ha conquistado sólo  mediante ideas y teorías o mediante piadosas disposiciones de ánimo y sentimientos, sino mediante la acción corpórea realizada con su fuerza, mediante la acción realizada sobre nosotros a través de sus ministros en el bautismo. Este es nuestro consuelo y nuestra confianza: Dios se ha comprometido con nosotros solemne y públicamente y ha derramado su Espíritu de amor en nuestros corazones desde los primeros días de nuestra vida.

Este claro testimonio de Dios es más importante que el testimonio ambiguo de nuestro corazón cansado, débil y amargamente vacío. Dios nos ha dicho en el bautismo: Tú eres hijo mío y templo de mi Espíritu. Qué vale frente a semejantes palabras nuestra experiencia cotidiana, según la cual parecemos ser pobres criaturas abandonadas por Dios y por el Espíritu?

Creemos en Dios más que en nosotros mismos. Somos bautizados. Y el suave Espíritu del buen Dios reside en lo más profundo de nuestro ser, quizás allí donde no logramos penetrar con nuestra deficiente sicología. Allí, el Espíritu clama al Dios eterno: Abba, Padre. Allí, el Espíritu nos dice a nosotros: Hijo, hijo verdaderamente amado con amor infinito. !Somos bautizados! (K. Rahner, El año litúrgico, Barcelona 1968).

 

 

 

Día 4

 Sábado de la Semana I de Navidad

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 3,7-10

7 Hijos míos, que nadie os engañe. Quien practica la justicia es justo, como Él es justo.

8 Quien comete pecado procede del diablo, porque desde el principio el diablo peca. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras del diablo.

9 El que ha nacido de Dios no comete pecado, porque la semilla divina permanece en Él; no puede pecar, porque ha nacido de Dios.

10 La distinción entre los hijos de Dios y los del diablo es Ésta: quien no practica la justicia, y quien no ama a su hermano, no es de Dios.

 

**• Juan, frente a la herejía gnóstica, afirma que el criterio distintivo de los hijos de Dios es una conducta recta y justa: "Quien practica la justicia es justo" (v. 7), como Jesús, que acató la voluntad del Padre. Por el contrario, "quien comete pecado procede del diablo" (v. 8). El combate entre el bien y el mal, entre Cristo y Satán, implica también al cristiano. El pecado, en efecto, es contrario al mundo de Dios y el que peca no puede ser hijo de Dios, sino hijo del diablo, porque Cristo es el vencedor del mal. Él ha instaurado los tiempos de la salvación (cf. 1,7; 2,2; 3,5) y llama a sus seguidores a combatir el pecado (cf. Heb 12,1-4), a practicar la justicia (cf. 2,29; 3,10). Se puede, pues, poseer la filiación divina o la filiación humana: la primera procede de la acción de Dios en el corazón del creyente que se abre al Espíritu; la segunda nace en el corazón del que rechaza a Dios y vende el propio corazón al diablo. Así, "Quien ha nacido de Dios no comete pecado" (v. 9) porque "una semilla divina", esto es, la Palabra de Dios, rica por la fuerza del Espíritu, habita en el cristiano y lo colma (cf. Jn 3,5; Mc 4,3-8.14-20; Rom 8,14; Tit 3,5).

El hijo de Dios, que hace crecer y fructificar en sí la semilla de la Palabra, no podrá pecar jamás, porque ha hecho sitio a Dios, permaneciendo en Cristo, que actúa en su vida. La condición esencial, sin embargo, es la apertura constante al Espíritu de Dios viviendo una actitud de conversión continua. Entonces los signos concretos del cristiano serán la disponibilidad a la voluntad de Dios y el amor fraterno (v. 10).

 

Salmo 97.

R. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.


Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas.

Su diestra le ha dado la victoria,

su santo brazo.


El Señor da a conocer su salvación,

revela a las naciones su justicia.

Se acordó de su misericordia

y su fidelidad en favor de la casa de Israel


Los confines de la tierra

han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera;

gritad, vitoread, tocad.


Tañed la cítara para el Señor,

suenen los instrumentos:

con clarines y al son de trompetas,

aclamad al Rey y Señor



Evangelio: Juan 1,35-42


35 Al día siguiente, Juan se encontraba en aquel mismo lugar con dos de sus discípulos.

36 De pronto vio a Jesús que pasaba por allí, y dijo: -Éste es el Cordero de Dios.

37 Los dos discípulos le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús.

38 Jesús se volvió y, viendo que lo seguían, les preguntó: -Qué buscáis? Ellos contestaron: -Rabí (que quiere decir Maestro), dónde vives?

39 Él les respondió: -Venid y lo veréis. Se fueron con él, vieron dónde vivía y se quedaron aquel día con él. Eran como las cuatro de la tarde.

40 Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan era Andrés, el hermano de Simón Pedro.

41 Encontró Andrés en primer lugar a su propio hermano Simón y le dijo: -Hemos encontrado al Mesías (que quiere decir Cristo).

42 Y lo llevó a Jesús. Jesús, al verlo, le dijo: -Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas (es decir, Pedro).

*" Es el segundo testimonio público del Bautista sobre Jesús el que provoca el seguimiento de algunos de sus discípulos tras el Maestro (w. 35-37). El texto presenta, armónicamente fundidos, el hecho histórico de la llamada de los primeros discípulos, descrito como descubrimiento del misterio de Cristo, y el mensaje teológico sobre la fe y sobre el seguimiento de Jesús. En este fragmento el evangelista nos presenta los rasgos característicos del verdadero camino para poder convertirse en discípulos de Cristo. Todo comienza con el testimonio y el anuncio de un testigo cualificado, en este caso el del Bautista ("Éste es el Cordero de Dios": v. 36), al que sigue un camino de auténtico discipulado ("Siguieron a Jesús": v. 37). Este seguimiento florece más tarde en un encuentro hecho de experiencia personal y de comunión con el Maestro ("fueron... vieron... se quedaron con Él": w. 38-39). El coloquio entre Jesús y los discípulos versa sobre el sentido existencial de la identidad del Maestro que los invita a una experiencia de vida con él. Esta experiencia de intimidad termina con una profesión de fe ("hemos encontrado al Mesías": v. 41), que sucesivamente se hace apostolado y misión. En efecto, Andrés, después de haber hecho tal experiencia, conduce a su hermano hasta Jesús, que le cambia el nombre de Simón por Pedro, esto es, Cefas, para indicar la misión que desarrollará en la Iglesia.

El interés fundamental del fragmento se concentra, pues, sobre el origen de la fe y de su transmisión mediante el testimonio. Estamos ante un itinerario de fe y ante el descubrimiento del misterio de Jesús, a través del gradual conocimiento y adhesión de los discípulos, luego de la primera manifestación de Jesús como Mesías.

 

MEDITATIO

Leyendo el evangelio uno queda fascinado por el misterio de la persona de Jesús y por su gran humanidad, que colma y satisface las aspiraciones fundamentales del hombre. Buscar quién es Jesús es descubrirlo a través del comportamiento de las personas que se encuentran con Él. Penetrar en el misterio de Jesús significa observar el mundo que lo rodea y descubrir el modo en que él se relaciona con los otros. La llamada de discípulos tras el Maestro es un hecho que se repite en todo tiempo de la Iglesia. Es importante que un testigo sepa leer los acontecimientos de su vida y, penetrando por experiencia en lo íntimo del corazón de Jesús, sepa indicarlo a los otros. También la misión del Bautista, cuando Jesús se presentó en el Jordán, estaba para terminar: el amigo del esposo debe saber retirarse cuando llega el esposo (cf. Jn 3,29-30) para ceder el puesto a otro.

Jesús, que no es de este mundo sino que viene del Padre, debe tomar la iniciativa en la vida de todo hombre. Él pasa siempre entre nosotros, esperando que alguno recoja el testimonio de quien lo anuncia. En la vida de cada uno de nosotros hay un día, un encuentro que ha marcado un cambio radical de nuestra existencia: la llamada personal e imprevisible de Dios con vistas a nuestra misión. Con frecuencia Él, para llamarnos, se sirve de otros "Juan Bautista", que pueden ser los padres, un amigo, un sacerdote, un libro, un retiro espiritual u otra cosa, pero es Él quien nos llama a seguirlo para construir un mundo nuevo. El peligro es que pase en vano por nosotros, por no haberlo escuchado atentamente.

 

ORATIO

Señor, cada día somos llamados a optar por pertenecerte o rechazarte. Es absurdo, además de peligroso, intentar conciliar lo incompatible. Has puesto en nuestros corazones de creyentes una fuerza, un germen divino: tu Palabra vivificada por el Espíritu Santo. Ella nos posibilita resistir al antiguo tentador y vencer el mal.

Tú nos dijiste con palabras del evangelista Juan que "el que ha nacido de Dios no puede pecar" (1 Jn 3,9), porque somos tus hijos y para nosotros vivir es pertenecerte. Esta impecabilidad, sin embargo, no es una realidad ya adquirida sino, más bien, una conquista personal por realizar día a día con tu ayuda y con renuncias, sacrificios, mortificaciones, haciendo fructificar las semillas que son tu Palabra y tu gracia. Recibimos las dos en el bautismo y continuamente las alimentas con las innumerables gracias actuales que tú, Señor, das a quienes creen en ti. Nuestro compromiso quiere ser, pues, el de decirte "sí" en el "dejarnos hacer" por tu Espíritu, poniendo en práctica tu Palabra para "obrar en justicia", que es compromiso de amor fraterno y entrega de nuestra vida a quien tiene necesidad de nuestra ayuda.

Señor, haz que en nuestra existencia cotidiana te sepamos buscar siempre con el mismo deseo de los primeros discípulos. A veces te buscamos sin saber quién eres ni dónde podemos encontrarte. Haznos ver cuál es tu morada en nuestro mundo y haz que nuestras fuerzas estén siempre al servicio de los pequeños y de los pobres, entre los cuales has elegido vivir.

 

CONTEMPLATIO

Hijo de Dios, en tu amor has venido a nosotros para hacer nuevas todas las cosas. Dame tu amor para que yo hable de tu amor a quien me escucha. Dios Altísimo, tú bajaste de los cielos para habitar con nosotros, pecadores. Para que yo pueda contar la belleza de tu amor, concédeme subir donde tú habitas. En tu amor ardiente permite que mi boca anuncie con garra tu buena noticia, concédeme cantar a plena voz tu gloria entre las gentes de esta tierra.

Venid, hermanos amadísimos. Hemos nacido de un solo bautismo. Queremos amar: el amor es la riqueza grande de quien lo posee. Por el agua bautismal habéis llegado a ser hermanos del Hijo único. Venid, pues, y gustemos con sabiduría cuanto habla del amor. Hoy me conmuevo al hablaros del amor. El amor es delicia, venid y gustad su salvación. Sólo si el amor entra en tu corazón, tus pensamientos se harán luminosos como luz. Sí, tu inteligencia se abrirá a los misterios de Dios (Giacomo de Sarug, Cántico dell'Amor, en Fascicoli di meditazione 39, 3-5).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Lo acompañaron, vieron donde vivía y se quedaron aquel día con Él" (Jn 1,39).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

"Maestro, dónde vives?". Enséñame los caminos que conducen a mí mismo, revélame el refugio profundo que tu amor gratuito ha querido construirse en lo íntimo de mi ser. Haz que, recorriendo hacia atrás uno tras otro los senderos de mi vida consciente, reencuentre siempre en sus orígenes tu gracia misericordiosa que previene mis iniciativas y me ofrece mis verdaderos valores (...).

El Señor está presente también en las pequeñas ocasiones en que nos ofrece hacer el bien o aceptar el sufrimiento; está presente en estas modestias moradas como en las hostias consagradas: bajo las especies de la contrariedad fortuita, del visitante inoportuno, de la enfermedad fastidiosa o del trabajo ingrato, de un sacrificio que se nos pide, de una obediencia mediocre. Bajo estas especies está presente moralmente, como está presente corporalmente bajo las especies eucarísticas. Y mi vida transcurre próxima a estas moradas; y el curso tortuoso de mis jornadas lo encuentra en cada momento. Pero yo soy demasiado ciego para advertirlo y descuido las ocasiones de hacer el bien o de aceptar el sufrimiento, como se descuidan las casas deshabitadas o los tugurios en ruinas junto a la carretera.

"Venid y ved". Señor, ábreme los ojos: que yo aprenda a conocerte en cada una de tus presencias humildes y aprenda a encontrarte en la prosa santificante de mi deber cotidiano. Porque tú habitas justo aquí. Y es en este deber humilde, sea cual sea, donde estoy seguro de encontrarte, no sólo de paso y como furtivamente, sino de modo estable y permanente... (P. Charles, La priére des hommes, París 1957).

 

 

 

Día 5

Segundo domingo después de Navidad

 

LECTIO

Primera lectura: Eclesiástico 24,1-4.8-12

1 La sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo;

2 en la asamblea del Altísimo abre su boca, se gloría en presencia del Poderoso:

3 "Yo salí de la boca del Altísimo, y como neblina recubría la tierra.

4 En las alturas puse mi morada, mi trono era columna de nube.

8 Entonces el Creador del universo me dio órdenes, mi Hacedor fijó el lugar de mi morada. Me dijo: Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel.

9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y nunca dejaré de existir.

10 Ante él, en la santa tienda, presté servicio; y así me he establecido en Sión,

11 en la ciudad amada he hallado descanso, y en Jerusalén he asentado mi poder.

12 En el pueblo glorioso he echado raíces, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.

 

**• El texto del Eclesiástico es una de las muestras más bellas de la literatura sapiencial y narra un gran elogio a la Sabiduría divina, fuente viva que renueva toda cosa en la vida que Dios comparte con los hombres. La sabiduría en persona canta sus propias alabanzas en la presencia del Dios altísimo. Se presenta unida a Dios, pero, al mismo tiempo, distinta de él. Se identifica como persona con la Palabra de Dios (con la Tora) y como símbolo con la niebla que cubre la tierra, semejante al Espíritu de Dios que se cernía sobre el caos primordial de la creación (w. 2-3; Gn 1,2). Preexistía junto a Dios, teniendo su morada junto a su trono, y es eterna (w. 4-9). Recorrió el mundo y recibió la orden de establecerse en Israel: "Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel" (v. 8), ejerce su ministerio en Sión, tomando a Jerusalén, la ciudad santa, por morada, y haciendo de Israel un pueblo glorioso, porción del Señor, su heredad (w. 10-11).

En el Nuevo Testamento tal sabiduría es Jesús. El evangelista Juan, cuando nos habla del "Verbo", tiene como trasfondo este texto y lo utiliza refiriéndose a la teología de la Palabra y de la Sabiduría, en el sentido de fuerza que crea, revelación que ilumina, persona que vivifica. Juan, además, lo aplica a Cristo en su relación con el Padre (cf. Prov 8; Sab 6-9). Jesús, en efecto, es la Palabra última y  definitiva de Dios, la auténtica Sabiduría hecha visible, la persona enviada por Dios como Hijo unigénito del Padre.

 

.Sal 147.

R. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sion.

Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.



Ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz



Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos





Segunda lectura: Efesios 1,3-6.15-18

3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Que desde lo alto del cielo Nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales.

4 Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. Llevado de su amor,

5 él nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo,

6 para que la gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo querido, se convierta en himno de alabanza a su gloria.

15 Por lo cual también yo, al conocer vuestra fe en Jesús, el Señor, y vuestro amor para con todos los creyentes,

16 no ceso de dar gracias a Dios por vosotros, recordándoos en mis oraciones.

17 Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda un espíritu de sabiduría y una revelación que os permita conocerlo plenamente.

18 Que ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados, cuál la inmensa gloria otorgada en herencia a su pueblo.

 

**• Esta lectura consta de dos partes distintas. La primera (w. 3-6) contiene los primeros versículos del himno cristológico: el tema hace referencia a la historia de la salvación, cuyos protagonistas son el Padre, Cristo y el Espíritu, y cuya ley es el amor gratuito de Dios.

El Padre es la fuente, el iniciador y el término de toda cosa. El Espíritu Santo es la garantía y la prenda de la heredad ofrecida al hombre. El Hijo, único mediador de la obra divina, es el que todo lo cumple y lleva a cabo con la entrega de sí hasta el don de la vida. El Padre, pues, que tiene la iniciativa de regalar la salvación, fruto de su obra, se sirve de "su Hijo querido" (v. 6) para actuarla. Así, la actividad de las tres personas divinas aspira a llevar la salvación al hombre, que está en el centro del designio de Dios, aunque el objetivo último de la historia de la salvación no sea el hombre, sino la gloria misma de Dios.

Es para alegrarse y para permanecer sin aliento ante este designio que ocupaba en la mente de Dios un puesto anterior a la creación misma: estamos insertos en el amor que Dios siente por su Hijo querido. También nosotros estamos en el circuito trinitario de un amor desbordante y sin fin, envueltos por el abrazo de Dios. Y todo esto a través de la Iglesia en la que "en Cristo" llegamos a ser hijos adoptivos de Dios (cf. Rom 9,4; Gal 3,1-7). Todo es don gratuito emanado del corazón de Dios que ama a la humanidad apasionadamente.

La segunda parte (w. 15-18) refleja los sentimientos de gratitud de Pablo hacia Dios por sus hermanos en la fe, sobre quienes invoca la sabiduría divina y los dones de la santidad plena y del amor verdadero.

 

Evangelio: Juan 1,1-18

1 Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

2 Ya al principio ella estaba junto a Dios.

3 Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir.

4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres;

5 la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron.

6 Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.

7 Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él.

8 No era él la luz, sino testigo de la luz.

9 La Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a todo hombre.

10 Estaba en el mundo, pero el mundo, aunque fue hecho por ella, no la reconoció.

11 Vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron.

12 A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre, les dio poder para ser hijos de Dios.

13 Éstos son los que no nacen por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios.

14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

15 Juan ha dado testimonio de él, proclamando:

-Éste es aquel de quien yo dije: "El que viene detrás de mí ha sido colocado por delante de mí, porque existía antes que yo".

16 En efecto, de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia.

17  Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por Cristo Jesús.

18 A Dios nadie lo vio jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer.

 

**• El prólogo de Juan, a diferencia de los relatos de los evangelios de la infancia, no narra las vivencias históricas del nacimiento y primera infancia de Jesús, sino que describe, en forma poética, el origen de la Palabra en la eternidad de Dios y su persona divina en el amplio horizonte bíblico del plan de salvación que Dios ha trazado para el hombre. Esta presentación de Jesús-Palabra se hace en tres momentos.

Primeramente la "preexistencia" de la Palabra (w. 1-5), real y en comunión de vida con Dios; él nos puede hablar del Padre porque posee la eternidad, la personalidad y la divinidad (v. 1). Después, la venida histórica de la Palabra entre los hombres (w. 6-13) de cuya luz fue testigo el Bautista (w. 6-8); esta luz pone al hombre ante una opción de vida: rechazo o acogida, incredulidad o fe (w. 9-11); sólo la acogida favorable permite la filiación divina, que no procede ni de la carne ni de la sangre, esto es, de la posibilidad humana (w. 12-13). Y finalmente la encamación de la Palabra (v. 14) como punto central del prólogo. Esta Palabra, que había entrado por primera vez en la historia humana con la creación, viene ahora a morar entre los hombres con su presencia activa: "Y el Verbo se hace carne", es decir, se ha hecho hombre en la debilidad, fragilidad e impotencia del rostro de Jesús de Nazaret para mostrar el amor infinito de Dios. En él la humanidad creyente puede contemplar la gloria del Señor (v. 16), no una gloria como la de Moisés, revelador imperfecto de la Ley que puede hacer esclavos, sino la de Jesús, el Revelador perfecto y escatológico de la Palabra que hace libres, el verdadero Mediador humano-divino entre el Padre y la humanidad, el único que nos manifiesta a Dios y nos lo hace conocer.

 

MEDITATIO

Las lecturas bíblicas de este domingo evidencian que Jesús es el icono visible de Dios Padre. El Hijo, en efecto, mira incesantemente al Padre, que es la fuente de su misión. Todo le viene del Padre: la enseñanza, la actividad, el poder sobre la vida y sobre la muerte. "Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me ha enviado" (Jn 7,16). "La Palabra que habéis escuchado no es mía, sino del Padre que me ha enviado" (Jn 14,24). El Hijo no hace nada por sí sólo, sino "como me ha enseñado el Padre, así hablo" (Jn 8,28). Jesús está a la escucha del Padre con mirada de contemplación interior y transmite sus palabras, es más, comunica tan bien la Palabra del Padre que Él mismo es, para el evangelista, la Palabra del Padre (Jn 1,1-2). Así Jesús es el perfecto revelador del amor del Padre, porque está siempre a la escucha de Dios, y es igualmente la Palabra misma del Padre.

El culmen, sin embargo, de la revelación que Jesús ha transmitido no está en lo que ha enseñado con palabras, sino en la obra que ha testimoniado con su vida. Ha cumplido hasta el fondo la obra que el Padre le había confiado. Y la obra que expresa el don de sí, la cumple Jesús entregando su vida sobre la cruz, haciéndonos así hijos adoptivos del mismo Padre. Es desde la colina en que se alza la cruz desde donde la humanidad toma conciencia de la calidad del amor que Jesús de Nazaret le revela: un amor que supera toda lógica humana y viola las fronteras de Dios.

 

ORATIO

Señor Jesús, el apóstol Juan nos dice al final de su prólogo: "A Dios nadie lo ha visto jamás; es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien lo ha revelado" (Jn 1,18). Así, ningún hombre sobre esta tierra ha visto nunca ni podrá ver el rostro de Dios. Pero tú, Jesús, que eres el Hijo amado del Padre, la Sabiduría misma de Dios, e impronta de su Ser, nos lo has manifestado y nos lo has hecho conocer. A través de ti, el Padre se ha revelado con palabras humanas y especialmente en la misión que tú has cumplido entre nosotros, hasta entregarte por amor nuestro sobre el madero de la cruz. Desde entonces en adelante acogerte o rechazarte a ti, es acoger o rechazar al Padre: y, en consecuencia, nuestra salvación.

Señor Jesús, te damos gracias por habernos hecho hijos verdaderos del mismo Padre y por habernos llamado amigos. Sabemos cuánto has sufrido por nosotros con la condena a la cruz, pero tú nos has enseñado que no hay "un amor más grande que éste: dar la vida por los amigos" (Jn 15,13). Te queremos pedir también que nos concedas un corazón grande y generoso para todos nuestros hermanos, a pesar de nuestros pecados, para amarlos como nos has amado tú. Tú te has revelado como Palabra viva del Padre y nosotros, por el contrario, somos a menudo palabras humanas y vacías que no dan cabida a tu evangelio de verdad. Enséñanos lo que verdaderamente vale en la vida, esto es, escuchar la voz secreta que habla en nuestro interior. Si escucháramos esta palabra interior, comprenderíamos lo que dice san Agustín: "He aquí el gran secreto: el sonido de la palabra golpea nuestros oídos, pero el maestro se encuentra en lo más íntimo".

 

CONTEMPLATIO

La morada de mi Dios está allí, está más allá de mi alma. Allí habita, desde allí me ve, desde allí me ha creado (...), desde allí me llama, me guía y me conduce al puerto.

El que tiene en lo más alto de los cielos una morada invisible, posee también una tienda sobre la tierra. Su tienda es la Iglesia aún itinerante. Es aquí donde hay que buscarlo, porque en la tienda se encuentra el camino que conduce a su morada. En la casa de Dios hay una fiesta perpetua (...). La armonía de esta fiesta encanta el oído del que camina en esta tienda y contempla las maravillas realizadas por Dios para la redención de sus fieles. Y así gustamos ya una secreta dulzura, podemos vislumbrar ya, con lo más alto de nuestro espíritu, la vida que no cambia (...). Por qué, pues, te turbas, alma mía? Y el alma responde en lo secreto: "Estoy, quizás, desde ahora, en seguro? Quizás el demonio, mi enemigo, no me espía? Y quieres que no me inquiete, estando todavía exiliada lejos de la casa de Dios?".

"Espera en Dios". En la espera, encuentra a tu Dios aquí abajo en la esperanza (...). Por qué esperar? Porque él es mi Dios, la salvación de mi rostro. La salvación no puede venirme de mí mismo. Lo diré, lo confesaré: mi Dios es la "salvación de mi rostro" (San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, 41,9).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo" (Ef 1,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Dios, después de haber hablado en múltiples ocasiones y de muchas maneras por los profetas, "ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por su Hijo" (Heb 1,1 -2). Envió, pues, a su Hijo, esto es, el Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que habitase entre ellos y les explicase los secretos de Dios (cf. Jn 1,1 -8). Jesucristo, pues, Verbo hecho carne, enviado como "hombre a los hombres" (Ad Diognetum), "habla las palabras de Dios" (Jn 3,34) y lleva a cumplimiento la obra de la salvación que le ha confiado el Padre (cf. Jn 5,36; 17,4). Por eso, viéndolo a él se ve también al Padre (cf. Jn 14,9) con toda su presencia y con su manifestación, con palabras y obras, con signos y milagros, y especialmente con su muerte y su gloriosa resurrección de entre los muertos y, finalmente, con el envío del Espíritu de la verdad, cumple y completa la revelación y la corrobora con el testimonio divino que Dios está con nosotros para liberarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos para la vida eterna.

La economía cristiana, pues, en cuanto es alianza nueva y  definitiva, no pasará, y no se debe esperar ninguna nueva revelación pública antes de la manifestación gloriosa del Señor Jesucristo (cf. 1 Tim 6,14;Tit2,13)(DV4).

 

 

Día 6

Epifanía del Señor

LECTIO

Primera lectura: Isaías 60,1-6

1 Levántate y brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti.

2 Es verdad que la tierra está cubierta de tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se manifiesta su gloria.

3 A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora.

4 Alza la vista y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.

5 Al verlo te pondrás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón porque volcarán sobre ti las riquezas del mar, y te traerán los tesoros de las naciones.

6 Te inundará un tropel de camellos, y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo oro e incienso y proclamando las alabanzas del Señor.

        **• La profecía, canto poético y glorioso, es una visión de universalismo y de unidad de todos los pueblos en camino hacia Jerusalén (cf. Jr 12,15-16; 16,19-21; Miq 4,1-3; Sof 3,9-10; Zac 8,20-23). El profeta ve una caravana que avanza hacia la ciudad santa en dos grupos bien diferenciados: uno formado por los hijos y las hijas de Israel que vuelven del exilio (v. 4), y el otro formado por las naciones extranjeras atraídas por la luz y la gloria de Dios, que ilumina la colina de Sión. Isaías, entonces, se dirige al pueblo que escucha diciendo: "Levántate, revístete de luz... alza los ojos en tomo y mira" (w. 1-4). Ha terminado el tiempo del cansancio y del lamento y ha comenzado el de la alegría y la esperanza. Es preciso que la humanidad salga del propio individualismo y pesimismo y entre en la certeza de una vida nueva, que se alcanza dejando las tinieblas y caminando hacia la ciudad luminosa, cuyo esplendor procede de Dios: "Sobre ti resplandece el Señor, su gloria aparece sobre ti. Caminarán los pueblos a tu luz" (w. 2-3; Ap 21,9-27).

        El plan de Dios concierne a todos los pueblos, llamados a ser envueltos por la luz de la Jerusalén celeste y por la transparencia de la presencia de Dios que habita en medio de su pueblo. Dios mismo será el faro que orienta y atrae los pasos de los pueblos, de las gentes y de los reyes hacia su Señor. Y en Jerusalén tendrá lugar la gran manifestación y será desvelado lo escondido. En el nacimiento de Jesús los evangelistas verán la revelación de Dios y el cumplimiento de la profecía.

 

Salmo 71.

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.



En sus días florezca la justicia y la paz

hasta que falte la luna;

domine de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra



Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.

Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;

póstrense ante él todos los reyes,

y sírvanle todos los pueblos.



Él librará al pobre que clamaba,

al afligido que no tenía protector;

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres.



Segunda lectura: Efesios 3,2-3a.5-6

Hermanos:

2 Os supongo enterados de la misión que Dios en su gracia me ha confiado con respecto a vosotros:

3 Se trata del misterio que se me dio a conocer por revelación .

5 Un misterio que no fue dado a conocer a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas;

6 un misterio que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del evangelio.

        **• Pablo reconoce que la misión que se le ha confiado es la de llevar el evangelio a los gentiles, y explica que el designio salvífico de Dios, concerniente a la humanidad entera llamada a caminar a la luz del único Dios y Padre, ha llegado ya a su plenitud. Y este secreto del misterio de Dios es la llamada a la universalidad y a la unidad de los pueblos: "los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo" (v. 6). Y el Apóstol se siente impulsado, como colaborador de esta misión de Jesús, a trabajar por la difusión del evangelio.

        El verdadero signo e instrumento de esta visión universal de la salvación querida por Dios es la Iglesia. Ésta tiene como tarea la unidad de los pueblos, sea llevando a todos a la fe en Jesús mediante el anuncio del evangelio, sea tratando de crear vínculos de comunión y de fraternidad, a pesar de las apariencias y de las múltiples diversidades.

        Ante un mundo todavía dividido, pero deseoso de comunión, se proclama con alegría y con fe que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la distinción, que él llama a todos a participar en la comunión trinitaria. En efecto, mediante la comunión con Jesús, cabeza de la Iglesia, es posible la comunión auténtica entre los hombres. Esta unidad y paz universal, que siempre ha buscado el hombre de todos los tiempos, está ahora al alcance de todos por el nacimiento del Hijo de Dios. Es él el que ha hecho realidad el misterio de Dios, esto es, reunir a todas las gentes.

        Porque a esto hemos sido llamados: a vivir en la paz como verdaderos hermanos y a permanecer unidos como hijos del mismo Padre.

 

Evangelio: Mateo 2,1-12

1 Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea, en tiempo del rey Herodes. Por entonces unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén,

2 preguntando: -Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo.

3 Al oír esto, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.

4 Entonces convocó a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

5 Ellos le respondieron: -En Belén de Judea, pues así está escrito en el profeta:

6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, ni mucho menos, la menor entre las ciudades principales de Judá; porque de ti saldrá un jefe, que será pastor de mi pueblo, Israel.

7 Entonces Herodes, llamando aparte a los sabios, hizo que le informaran con exactitud acerca del momento en que había aparecido la estrella,

8 y los envió a Belén con este encargo: -Id e informaos bien sobre ese niño; y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarlo.

9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se paró encima de donde estaba el niño.

10 Al ver la estrella, se llenaron de una inmensa alegría.

11 Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y lo adoraron postrados en tierra. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra.

12 Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su país por otro camino.

       

        **• La epifanía es la manifestación pública de la salvación traída por Jesús, Rey universal. Mateo ilumina el relato bíblico con algunos elementos históricos y con referencias del Antiguo Testamento (cf. Is 60,1-6; Nm 23-24; 1 Re 10,1-13; Miq 5,1), y nos habla de una revelación extraordinaria que conduce a los Magos o sabios a descubrir al Rey de los Judíos, como Rey del universo.

        Respecto a los Magos, sólo en el siglo V fue fijado su número (en base a los dones ofrecidos) y en el siglo VIII les fueron dados los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero para Mateo, los Magos son personajes ilustres, primicia de los paganos, que exaltan la dignidad de Jesús, protagonista del evangelio: ellos lo buscan ("Dónde está el rey de los Judíos, que acaba de nacer?": v. 2), reconocen al Mesías {"Postrándose en tierra lo adoraron ": v. 11) y apreciaron su sencillez y pobreza ("Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro (al rey), incienso (a Dios) y mirra (al hombre)": v. 1 lbc). Por el contrario, Herodes y Jerusalén se turban ante la noticia del nacimiento del Mesías (v. 3) y lo buscan para matarlo. El niño nacido en Belén es el portador de la buena nueva. Pero asume, sin embargo, el rostro de un prófugo, porque se ve obligado a huir a Egipto. Es el Mesías buscado y rechazado, porque su bandera será la cruz.

        Jesús es signo de contradicción: marginado por su pueblo y buscado con esperanza por los de lejos. Belén, entonces, será la nueva Sión, la ciudad universal de las naciones (w. 5-6.8), y Jerusalén será descartada. El nuevo pueblo de Dios, heredero de las antiguas promesas, es la continuación del antiguo, pero estará formado por todos aquellos que buscan y reconocen "la estrella de la mañana" (2 Pe 1,19) con disponibilidad interior.

MEDITATIO

        Epifanía quiere decir "manifestación" y la Palabra de Dios en esta solemnidad está centrada toda sobre Jesús Mesías, Rey y Salvador universal de las naciones. No ha venido sólo para Israel, sino también para los paganos, es decir, para toda la familia humana. La venida de los Magos es el inicio de la unidad de las naciones, que se realizará plenamente en la fe en Jesús, cuando todos los hombres se sientan hijos del mismo Padre y hermanos entre ellos. Los Magos, como primeros "escuchadores" y testigos de Cristo, son tipo y preludio de una más grande multitud de "verdaderos adoradores", que constituirá la mies espiritual de los tiempos mesiánicos. Jesús es el sembrador, que trae la buena semilla, de la Palabra para todos; el Espíritu ha hecho madurar la semilla y la Iglesia está invitada a recoger el abundante fruto sembrado con la revelación de Jesús y fecundado con su muerte.

        Como de la vida de comunión y de amor entre el Padre y el Hijo ha derivado la misión de Jesús, así de la intimidad entre Jesús y la Iglesia surge la misión de los discípulos: crear la unidad entre las razas, pueblos y lenguas. Es la Palabra la que crea la unidad en el amor entre los creyentes de todos los tiempos. A través de ella nace la fe y se establece en el corazón del hombre abierto a la verdad en una existencia vital en Dios, que hace al hombre contemporáneo pertenencia de Cristo. A quienes lo buscan con corazón sincero, Jesús les ofrece unidad en la fe y en el amor. En este ambiente vital todos se hacen "uno" en la medida en que acogen a Jesús y creen en su palabra: "Seremos una sola cosa no por poder creer sino porque habremos creído" (san Agustín).

        En Jesús todos pueden ser una sola cosa y descubrir que la plenitud de la vida consiste en entregarse a Cristo y a los hermanos, y esto es amar en la unidad.

 

ORATIO

        Padre santo, que nos has enviado a tu Hijo como salvador universal de los pueblos, te alabamos por la manifestación de Jesús, nuestro rey. Es un rey sin corona, o más aún, con corona de espinas, porque es en su pasión donde se puede comprender el auténtico significado de su soberanía, una realeza bastante distinta de la que buscan los hombres.

        Te bendecimos, Padre, por Jesús salvador universal. Vino para salvar a todos y para reunir a los hijos de Dios dispersos. No más ya una comunidad dividida y contrapuesta, sino una familia reunida, que camina en la luz y el esplendor de tu gloria. Todos, judíos y paganos, estamos "llamados en Cristo a participar de la misma herencia, a formar un mismo cuerpo" (Ef 3,6), y la venida de los Magos constituye el inicio de esta paz universal de las naciones.

        Señor, queremos comprender cada vez mejor que la solución de la tensión entre universalidad y elección que tantas veces nos ha puesto unos contra otros se resuelve en el entender que la elección es servicio a todo hombre.

        Haz, Señor, que la Iglesia entera sepa, como los Magos, caminar siempre hacia Belén para adorar al rey universal de las gentes pero, al mismo tiempo, sepa desde Belén dirigirse al mundo para desempeñar la misión que Jesús le ha confiado, esto es, la de ir al encuentro de todos. Para que la comunidad cristiana, mientras va en busca de los alejados y de quienes se sienten excluidos, sepa llamarlos a la esperanza y a la vida, sin olvidar que la violencia que pueda sufrir de parte de los hombres forma parte de la misma misión.

 

CONTEMPLATIO

        La estrella se detuvo sobre el lugar en que se encontraba el Niño. Al ver la estrella de nuevo, los Magos se llenaron de inmensa alegría. Acojamos también nosotros en nuestro corazón ese gran gozo. La misma alegría anuncian los ángeles a los pastores. Adorémosle junto con los Magos, démosle gloria con los pastores, exultemos con los ángeles, "porque nos ha nacido un Salvador: Cristo, el Señor" (Le 2,11). "Dios, el Señor, es nuestra luz" (Sal 118,27): no en la forma de Dios, para no aterrorizar nuestra debilidad, sino en forma de siervo, para traer la libertad a quien yacía en la esclavitud. Es fiesta para toda la creación: el cielo ha sido dado a la tierra, las estrellas miran desde el cielo, los Magos dejan su país, la tierra se concentra en una gruta. No hay uno que no lleve algún presente, ninguno que no vaya agradecido.

        Celebremos la salvación del mundo, la Navidad del género humano. Unámonos a cuantos acogieron festivos al Señor. Y sea concedido también a nosotros encontrarnos con ellos para contemplar con mirada pura, como reflejada en un espejo, la gloria del Señor, para ser transformados también nosotros de gloria en gloria, por gracia y bondad de nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria y la soberanía por los siglos de los siglos. Amén (San Basilio Magno, Homilías, 6).

 

ACTIO

        Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "!Levántate, brilla, porque viene tu luz!" (Is 60,1).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Tú que estás por encima de nosotros,

Tú que eres uno de nosotros,

Tú que estás también en nosotros,

puedan todos verte también en mí,

pueda yo prepararte el camino,

pueda yo darte gracias por cuanto me sucede.

Pueda yo no olvidar en ello las necesidades de los otros.

Móntenme en tu amor

como quieres que todos vivan en el mío.

Que todo en mi ser se encamine a tu gloria

y que yo no desespere jamás.

Porque estoy en tus manos,

y en ti todo es fuerza y bondad.

Dame sentidos puros, para verte...

Dame sentidos humildes, para oírte...

Dame sentidos de amor, para servirte...

Dame sentidos de fe, para morar en ti...

(Dag Hammarskjóld).

 



Día 7

San Raimundo de Peñafort

 

        Raimundo nació en torno a 1175. Pertenecía a la nobleza catalana. Recibió instrucción filosófica en Barcelona y jurídica en Bolonia. Fue ordenado sacerdote en 1220 y en 1222 decidió entrar en la orden de predicadores. Se convirtió en un célebre confesor y en un sabio canonista, hasta el punto de que, en 1230, Gregorio IX lo quiso como confesor propio en Roma. Fue el tercer sucesor de santo Domingo.

        Escribió obras de moral, de derecho y la Summa de casibus sobre el sacramento de la penitencia. Murió en Barcelona el ó de enero de 1275. Fue canonizado en 1601. Es patrón de los estudiosos de derecho canónico.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 3,22-4,6

Hermanos:

22 Lo que le pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

23 Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros según el mandamiento que él nos dio.

24 El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Por eso sabemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.

1 Queridos míos, no deis crédito a cualquiera que pretenda poseer el Espíritu. Haced, más bien, un discernimiento para ver si viene de Dios, porque han irrumpido en el mundo muchos falsos profetas.

2 En esto conoceréis que poseen el Espíritu de Dios: si reconocen que Jesucristo es verdaderamente hombre, son de Dios;

3 pero si no lo reconocen, no son de Dios. Son más bien del anticristo, del cual habéis oído que tiene que venir, y ahora ya está en el mundo.

4 Vosotros, hijos míos, sois de Dios y los habéis vencido, porque es más grande el que está en vosotros que el que está en el mundo.

5 Ellos son del mundo, por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha.

6 Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha. El que no conoce a Dios no nos escucha. En esto reconocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

 

**• El texto sintetiza el contenido de la voluntad de Dios y ofrece criterios para reconocer el espíritu de Dios y el espíritu del mundo. Criterios son, ante todo, la fe en Cristo {"que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo": v. 23a), después el amor fraterno ("que nos amemos los unos a los otros": v. 23b) y, finalmente, la fidelidad a los mandamientos de Dios (que hace posible la comunión con Dios: cf. v. 24). Por esto el Apóstol sugiere algunas actitudes fundamentales para conseguir este objetivo. Primeramente la oración, entendida no tanto como petición de gracias sino más bien como compromiso personal para cumplir lo que exige (v. 22), y, en segundo lugar, la profesión de fe auténtica en Cristo Jesús y de caridad efectiva hacia los hermanos.

En la comunidad cristiana el primer criterio para discernir los verdaderos de los falsos profetas es, pues, hacer una profunda profesión de fe en Cristo Señor "venido en carne mortal" (v. 2; cf. Hch 2,36). El Apóstol reconduce la actitud de fe al núcleo esencial: aceptar a Jesús. El que excluye a Cristo de su propia vida cotidiana tiene el espíritu del anticristo (cf. 2,18; 2 Jn 7). Los falsos profetas, que pretenden presentar un cristianismo distinto, vienen del mundo y, por eso, el mundo los escucha. Los creyentes, a su vez, son de Dios y Dios está en ellos, y su victoria es segura porque es don de la fe recibida de Cristo (Jn 16,33), que es más poderoso que el anticristo (v. 4; Jn 12,31; 14,30; 16,11). El segundo criterio es eclesial: quien se muestra dócil a la Iglesia viene de Dios (v. 6). La fe del cristiano es la adhesión a la enseñanza propuesta por los guías de la comunidad eclesial, donde está el Espíritu de Dios, al que hay que escuchar y del que hay que dar testimonio.

 Salmo 2.

R. Te daré en herencia las naciones.



8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones,

Y como posesión tuya los confines de la tierra.

9  Los quebrantarás con vara de hierro;

Como vasija de alfarero los desmenuzarás.

10 Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes;

Admitid amonestación, jueces de la tierra.

11 Servid a Jehová con temor,

Y alegraos con temblor.

12 Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino;

Pues se inflama de pronto su ira.








Evangelio: Mateo 4,12-17.23-25

12 Al oír Jesús que Juan había sido encarcelado, se volvió a Galilea.

13 Dejó Nazaret y se fue a vivir a Cafarnaún, junto al lago, en el término de Zabulón y Neftalí;

14 para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

15 Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos.

16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande, a los que habitaban en una región de sombra de muerte una luz les brilló.

17 Desde entonces empezó Jesús a predicar diciendo:

-Arrepentíos, porque está llegando el reino de los cielos.

23 Jesús corría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba las enfermedades y las dolencias del pueblo.

24 Su fama llegó a toda Siria; le trajeron todos los que se sentían mal, aquejados de enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y él los curó.

25 Y le siguió mucha gente de Galilea, la Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.

 

** El evangelista cuenta lo que ocurrió al principio de la predicación de Jesús después que el Bautista fuera encarcelado. Dejado Nazaret, fijó su morada en Cafarnaún, en el territorio de la Galilea de los gentiles, lugar de la antigua ocupación asiría (733 a.C): aquí comienza ahora a brillar la luz del evangelio de Jesús y el ejemplo de su vida (v. 16; cf. Is 8,23-9,1-2). Para Mateo, Jesús comienza su predicación del reino de Dios en la Galilea de los gentiles porque tiene ante los ojos la misión universal de la salvación. Su palabra es para los judíos, sí, pero también para los paganos: "Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios" (v. 17).

Jesús enseñó por todas partes en las sinagogas y predicó "la buena nueva del Reino" y realizó muchas curaciones milagrosas "curando toda clase de dolencias y enfermedades en el pueblo" (v. 23). Su predicación de la Palabra suscitó un gran entusiasmo, su fama se difundió por toda la Siria y produjo gran impresión en todo el contorno, tanto que muchos acudían a Él. Su enseñanza siempre era acompañada por muchas personas sanadas en su espíritu y por enfermos curados en su cuerpo, como endemoniados, epilépticos, paralíticos, etc. Jesús es el verdadero Siervo del Señor que toma sobre sí las enfermedades de toda la humanidad (cf. Is 53,4). Su anuncio es exhortación y súplica para acoger en la propia vida el don divino de la reconciliación y de la salvación que el Padre celestial ofrece gratuita y generosamente a todos los hombres.

 

MEDITATIO

        Con justicia dijo Torres y Bages que san Raimundo, más que escritor de libros, fue siempre un experto director de almas: "A él -escribe mosén Pons- acudían los espíritus atormentados por las dudas, los que dejaban el recto sendero y esperaban encontrar, en las conversaciones con aquel gran santo, una palabra de guía y el consejo iluminador que necesitaban".

    El glorioso san Raimundo no podía sustraerse a tantas peticiones, a tantas consultas, a tantos compromisos como se le presentaban constantemente, cansándole hasta en los últimos años de su larga vida, agravando su delicada salud. Extenuado, enfermo, casi ciego del todo, no cesaba, sin embargo, de atender con solícita benevolencia a las muchas cuestiones que le presentaban, de forma oficial, los pontífices o, a título privado, sus amistades y sus innumerables relaciones. Fue, pues, un magnífico ejemplo de abnegación y de auténtico heroísmo en el trabajo; fue un modelo admirable de caridad y de benévola entrega en favor de cuantos necesitaban sus consejos, sus decisiones y su apoyo (F. Valls i Taberner, San Raimondo di Peñafort, Bolonia 2000, pp. 198ss [edición española: San Ramón de Penyafort, Editorial Labor, Cerdanyola 1979]).

 

ORATIO

        Dios del amor y de la paz, da la paz, a nuestros corazones, apresura nuestro camino, escóndenos lejos de las intrigas de los hombres y en el refugio de tu rostro hasta que nos hayas introducido y trasplantado en aquella plenitud, donde residiremos para siempre en la belleza de la paz, en las tiendas de la confianza, en el reposo de la abundancia (Raimundo de Peñafort).

 

CONTEMPLATIO

        He aquí que se aparece la Templanza y me dijo: "Porqué has querido sobrepasar la altura de los hombros de los gigantes? Por qué no mides mejor tus fuerzas respecto al fin que te has propuesto?". Ante esto me quedé estupefacto y como avergonzado. Y cuando, finalmente, elevé los ojos al cielo, ví a un médico que quería darme cierto remedio y cuyo nombre era la Esperanza. Ésta, con la suavidad de sus palabras, hizo que se desvaneciera mi estupor y puso fin a mi vergüenza cuando me dijo: "Obedece a la sugerencia de la Templanza y no emprendas de manera presuntuosa cosas superiores a tus fuerzas; más aún, pon tu pensamiento en el Señor y él te alimentará" (Raimundo de Peñafort, del Prefacio a su Tratado de derecho canónico).

 

ACTIO

        Durante la jornada de hoy, reflexiona sobre la enseñanza de san Raimundo: "La guerra no ha de ser entendida sólo entre un rey y otro, entre dos ciudades o de un grupo contra otro; basta también con que exista un solo cristiano contra otro de la misma fe".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        San Raimundo, universitario, maestro de jurisprudencia, espíritu analítico y al mismo tiempo sistematizador, dotado de un sólido criterio de juicio, de aran experiencia de la vida y de un sentido natural del justo medio, afinado por su propia formación jurídica, tras haber entrado en la orden dominicana, recibió de su provincial, fray Suero Gómez, responsable de la España dominicana, la ocasión de poder ofrecer a sus hermanos y a los sacerdotes en general un conjunto de reglas y normas seguras para guiarles en el fuero penitencial y en la administración del sacramento de la reconciliación; reglas y normas que les sirvieron tanto para aconsejar como para emitir sentencias, y con las que pudieron resolver los casos de conciencia más difíciles y ambiguos, que con frecuencia se les presentaban en el confesionario.

    Como hombre de su propio tiempo, amante de su patria, magnánimo e iluminado, incansable en su actividad y perseverante en la práctica extraordinaria de toda virtud, san Raimundo presentó a lo largo de toda su prolongada existencia terrena una continuidad y una coherencia extraordinarias, un sentido constante de intrínseca armonía y de admirable unidad en su propio pensamiento y en su propia acción, en sus proyectos y en sus realizaciones (F. Valls i Taberner, Estudis d'Históría del dret internacional, Barcelona 1992, pp. 42.60).

 



Día 8  

Miércoles después de epifanía

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 4,7-10

7 Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

8 Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

9 Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él.

10 El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados.

 

**• Esta pequeña joya de san Juan es una reflexión posterior sobre el tema del amor fraterno del que el autor ha hablado ya en la carta desde un punto de vista negativo (cf. 3,11.15.22). Ahora el acento está puesto sobre el mandamiento del amor, pero en clave positiva: el amor es necesario porque "el amor procede de Dios" (v. 7) y porque "Dios es amor" (v. 8). Y precisamente porque la identidad de Dios es amor, él ama, perdona y se nos entrega. Todo auténtico amor humano encuentra su fundamento en el amor de Dios. El que ama ha nacido de Dios y "conoce a Dios" (v. 7).

Si ésta es la esencia de Dios, para llegar al amor auténtico hay un solo camino: amar. Sin embargo, no como pensaban los gnósticos o los enemigos de la comunidad de san Juan, que creían amar a Dios porque sentían la necesidad de conocerlo. La naturaleza del amor, para san Juan, se fundamenta sobre el hecho de que Dios nos ha amado "primero", por gratuita iniciativa suya. Este amor se ha manifestado en la encarnación del hijo de Dios, sin el cual los hombres hubieran continuado pobres e incapaces de conocer el verdadero amor y poseer la vida (w. 9-10); Rom 3,25; 5,8; 2 Cor 5,21). Jesús nos ha demostrado un amor concreto, desinteresado, de dedicación y de total liberación, hasta entregar la vida. El amor del hombre por Dios, por tanto, es siempre una respuesta al amor providente de un Padre. Y sólo conoce verdaderamente a Dios el que lo ama recorriendo el camino que conduce al amor al hermano (cf. Mc 12,29-31): "En esto reconocerán que sois discípulos míos, en que os amáis unos a otros" (Jn 13,35; cf. 1 Jn 4,12-20).

 

Salmo 71.

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.



En sus días florezca la justicia y la paz

hasta que falte la luna;

domine de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra.



Los reyes de Tarsis

y de las islas le paguen tributo.

Los reyes de Saba y de Arabia

le ofrezcan sus dones;

póstrense ante él todos los reyes,

y sírvanle todos los pueblos.



Él librará al pobre que clamaba,

al afligido que no tenía protector;

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres



Evangelio: Marcos 6,34-44

34 Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

35 Como se hacía tarde, los discípulos se acercaron a decirle: -El lugar está despoblado y ya es muy tarde.

36 Despídelos para que vayan a los caseríos y aldeas del contorno y se compren algo de comer.

37 Jesús les replicó: -Dadles vosotros de comer. Ellos le contestaron: -Cómo vamos a comprar nosotros pan por valor de doscientos denarios para darles de comer?

38 Él les preguntó: -Cuántos panes tenéis? Id a ver.Cuando lo averiguaron, le dijeron: -Cinco panes y dos peces.

39 Jesús mandó que se sentaran todos por grupos sobre la hierba verdad,

40 y se sentaron en corros de cien y de cincuenta.

41 Él tomó entonces los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los fue dando a los discípulos para que los distribuyeran. Y también repartió los dos peces entre todos.

42 Comieron todos hasta quedar saciados,

43 y recogieron doce canastos llenos de trozos de pan y de lo que sobró del pescado.

44 Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.

 

**• Jesús es presentado como el Buen Pastor que se compadece de la muchedumbre que lo sigue porque son "ovejas sin pastor" (v. 34), y, entonces, como un nuevo Moisés, primero instruye al pueblo (= la comunidad cristiana) con su palabra (= Palabra de Dios) y después la alimenta multiplicando los panes y los peces (= eucaristía). En este menester incluye también a sus discípulos (= la Iglesia): "Dadles vosotros mismos de comer" (v. 37). El tema teológico que está en el trasfondo de todo el relato es la llamada a la asamblea de los hijos de Israel en el desierto y a la celebración eucarística de los primeros discípulos de Jesús. Los detalles que se mencionan hacen referencia a estos hechos: el lugar desierto, la hierba verde, las personas sentadas en pequeños grupos (cf. Ex 18,25), y siguen el alzar los ojos al cielo, la bendición, la fracción del pan, la distribución de los panes con la ayuda de los discípulos (cf. Jn 6,1-13; 1 Cor 11,23-34; Mt 26,26-29; Me 14,22-25; Le 22,14-20).

Cinco mil hombres comen hasta saciarse y sobran "doce canastos llenos de trozos de pan y de pescado" (y. 43). Nada debe perderse de la mesa preparada por Jesús. Los discípulos no se maravillan tanto del poder milagroso de su Maestro, cuanto del poder que tiene para dar a los hombres lo necesario para vivir bien cada día. Las palabras que dice y los hechos que Jesús realiza a favor de la humanidad no son sólo hermosas palabras o cosas astrales o teóricas, sino realidades que inciden sobre la vida y la historia humanas y las transforman abriendo el horizonte ilimitado de la comunión con Dios.

 

MEDITATIO

El milagro de la multiplicación de los panes nos introduce simbólicamente en el gran y extraordinario misterio del pan de vida. El relato es importante y todos los evangelistas lo refieren y lo ponen en el centro de la actividad pública de Jesús. El Maestro realiza el milagro porque tiene compasión de la multitud (cf. Me 6,34), pero se trata también de un signo querido por el Cristo para revelarse a sí mismo. Estamos frente al nuevo milagro del maná (cf. Ex 16) realizado por Jesús, nuevo Moisés, revelador escatológico y mediador de los signos de Dios (cf. Ex 4,1-9), en un nuevo éxodo: es el símbolo de la eucaristía, verdadero alimento del pueblo de Dios. Se necesita comer el pan vivo bajado del cielo para sobrevivir y entrar en comunión íntima con Jesús

Es revelación divina que el pan posee la eficacia de comunicar una vida más allá de la muerte. Es Jesús, pan de vida, que da la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien en la fe interioriza su Palabra y asimila su vida. La escucha interior de Jesús es alimentarse con el pan celestial y saciar el hambre que todo hombre tiene en sí mismo. Como el Padre es la fuente de la vida del Hijo, y en él toda obra de salvación encuentra su origen en el Padre, así el que participa de la eucaristía encuentra en Cristo la vida divina. Jesús recibe la vida del Padre y la da al creyente no sólo en el tiempo presente, sino al final de la historia, con aquella vida eterna que es amor, participación en el misterio pascual de Cristo, en el misterio de una carne vivificada por el Espíritu, que permite establecer un vínculo profundo con Dios, como el que existe entre el Padre y el Hijo.

 

ORATIO

Señor, tú eres un Dios que nos ha dado infinitas pruebas de amor y de bondad, no sólo creando el universo y el pequeño mundo en el que vivimos, sino también dándonos la vida y la inteligencia, por medio de la cual podemos gustar las bellezas creadas para nosotros y puestas a nuestra disposición. Pero, por encima de todo, te has demostrado Padre, dándonos la mayor prueba de tu inmenso amor al enviarnos a tu Hijo amado como Salvador, don precioso y extraordinario que sólo tu inmensa bondad podía pensar.

Verdaderamente eres un Dios de amor. Has tomado la iniciativa en la vida humana y no has permitido que permaneciéramos alejados de ti para siempre, como enemigos tuyos. Has establecido una estrecha alianza con tu pueblo elegido, a pesar de las muchas traiciones, y además nos has dado definitivamente, por medio de tu Hijo, la Iglesia como madre y lugar de salvación. Te has mostrado grande de corazón ofreciéndonos el don renovado del maná, esto es, del pan de la Palabra y de la eucaristía, sacramentos de tu amor divino. Te has preocupado también de saciar el hambre del hombre en sus necesidades espirituales y materiales, demostrando una predilección especial por los pobres y los que sufren. Nunca has olvidado llamar a ti incluso a aquellos que se sienten suficientes y seguros, porque sólo tú eres la seguridad del hombre y la felicidad que llena el corazón. Gracias por tu amor generoso y sin recato que nos hace descubrir tu verdadera identidad.

 

CONTEMPLATIO

Amor que ardes sin extinguirte jamás, dulce Cristo, Jesús bueno, caridad, Dios mío, enciéndeme todo en el fuego de tu amor, de tu afecto, de tu deseo, de tu caridad, de tu júbilo y de tu gozo, de tu alegría y tu ternura, del ansia ardiente de ti, ansia santa y buena, casta y limpia; para que, colmado de la ternura de tu amor, consumido por la llama de tu caridad, yo te ame, dulce y bello Señor mío, de todo corazón, con toda el alma y con todas mis fuerzas. Tu amor, auténtico y santo, colma de ternura y de sosiego el alma que le pertenece, la ilumina con la luz límpida de la visión interior.

Oh pan suavísimo, sana el gusto de mi corazón, para que sienta la ternura de tu amor. Te suplico, por el misterio de tu santa encarnación y nacimiento, infundas en mi pecho tu inagotable ternura y caridad, para que yo no piense ya en nada terreno o carnal, sino que sólo te ame a ti, en ti sólo piense, a ti sólo desee, sólo a ti tenga en los labios y en el corazón (Juan de Fécamp, Confessio theologica).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn 4,7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Dios mío, bienaventurada Trinidad, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la santa Iglesia, salvando las almas que viven sobre la tierra y librando a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y llegar al grado de gloria que me habéis preparado en vuestro Reino; en una palabra: deseo ser santa, pero siento mi impotencia y os pido, Dios mío, que seáis vos mismo mi santidad.

Puesto que me habéis amado hasta darme vuestro único Hijo para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos: yo os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su corazón abrasado de amor. Siento en mi corazón inmensos deseos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. No quiero amontonar méritos para el cielo, sino trabajar sólo por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro corazón sagrado y de salvar almas que os amen eternamente.

En la tarde de esta vida compareceré ante vos con las manos vacías. No os pido, Señor, que contéis mis obras. Todas nuestras justicias son imperfectas a vuestros ojos. Quiero, por ello, revestirme de vuestra propia justicia y recibir de vuestro amor la posesión eterna de Vos mismo. No quiero otra cosa que Vos, mi Amado (Teresa de Jesús, La oración, Fuenlabrada 1972).




**• Jesús es presentado como el Buen Pastor que se compadece de la muchedumbre que lo sigue porque son "ovejas sin pastor" (v. 34), y, entonces, como un nuevo Moisés, primero instruye al pueblo (= la comunidad cristiana) con su palabra (= Palabra de Dios) y después la alimenta multiplicando los panes y los peces (= eucaristía). En este menester incluye también a sus discípulos (= la Iglesia): "Dadles vosotros mismos de comer" (v. 37). El tema teológico que está en el trasfondo de todo el relato es la llamada a la asamblea de los hijos de Israel en el desierto y a la celebración eucarística de los primeros discípulos de Jesús. Los detalles que se mencionan hacen referencia a estos hechos: el lugar desierto, la hierba verde, las personas sentadas en pequeños grupos (cf. Ex 18,25), y siguen el alzar los ojos al cielo, la bendición, la fracción del pan, la distribución de los panes con la ayuda de los discípulos (cf. Jn 6,1-13; 1 Cor 11,23-34; Mt 26,26-29; Me 14,22-25; Le 22,14-20).

Cinco mil hombres comen hasta saciarse y sobran "doce canastos llenos de trozos de pan y de pescado" (y. 43). Nada debe perderse de la mesa preparada por Jesús. Los discípulos no se maravillan tanto del poder milagroso de su Maestro, cuanto del poder que tiene para dar a los hombres lo necesario para vivir bien cada día. Las palabras que dice y los hechos que Jesús realiza a favor de la humanidad no son sólo hermosas palabras o cosas astrales o teóricas, sino realidades que inciden sobre la vida y la historia humanas y las transforman abriendo el horizonte ilimitado de la comunión con Dios.

 

MEDITATIO

El milagro de la multiplicación de los panes nos introduce simbólicamente en el gran y extraordinario misterio del pan de vida. El relato es importante y todos los evangelistas lo refieren y lo ponen en el centro de la actividad pública de Jesús. El Maestro realiza el milagro porque tiene compasión de la multitud (cf. Me 6,34), pero se trata también de un signo querido por el Cristo para revelarse a sí mismo. Estamos frente al nuevo milagro del maná (cf. Ex 16) realizado por Jesús, nuevo Moisés, revelador escatológico y mediador de los signos de Dios (cf. Ex 4,1-9), en un nuevo éxodo: es el símbolo de la eucaristía, verdadero alimento del pueblo de Dios. Se necesita comer el pan vivo bajado del cielo para sobrevivir y entrar en comunión íntima con Jesús

Es revelación divina que el pan posee la eficacia de comunicar una vida más allá de la muerte. Es Jesús, pan de vida, que da la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien en la fe interioriza su Palabra y asimila su vida. La escucha interior de Jesús es alimentarse con el pan celestial y saciar el hambre que todo hombre tiene en sí mismo. Como el Padre es la fuente de la vida del Hijo, y en él toda obra de salvación encuentra su origen en el Padre, así el que participa de la eucaristía encuentra en Cristo la vida divina. Jesús recibe la vida del Padre y la da al creyente no sólo en el tiempo presente, sino al final de la historia, con aquella vida eterna que es amor, participación en el misterio pascual de Cristo, en el misterio de una carne vivificada por el Espíritu, que permite establecer un vínculo profundo con Dios, como el que existe entre el Padre y el Hijo.

 

ORATIO

Señor, tú eres un Dios que nos ha dado infinitas pruebas de amor y de bondad, no sólo creando el universo y el pequeño mundo en el que vivimos, sino también dándonos la vida y la inteligencia, por medio de la cual podemos gustar las bellezas creadas para nosotros y puestas a nuestra disposición. Pero, por encima de todo, te has demostrado Padre, dándonos la mayor prueba de tu inmenso amor al enviarnos a tu Hijo amado como Salvador, don precioso y extraordinario que sólo tu inmensa bondad podía pensar.

Verdaderamente eres un Dios de amor. Has tomado la iniciativa en la vida humana y no has permitido que permaneciéramos alejados de ti para siempre, como enemigos tuyos. Has establecido una estrecha alianza con tu pueblo elegido, a pesar de las muchas traiciones, y además nos has dado definitivamente, por medio de tu Hijo, la Iglesia como madre y lugar de salvación. Te has mostrado grande de corazón ofreciéndonos el don renovado del maná, esto es, del pan de la Palabra y de la eucaristía, sacramentos de tu amor divino. Te has preocupado también de saciar el hambre del hombre en sus necesidades espirituales y materiales, demostrando una predilección especial por los pobres y los que sufren. Nunca has olvidado llamar a ti incluso a aquellos que se sienten suficientes y seguros, porque sólo tú eres la seguridad del hombre y la felicidad que llena el corazón. Gracias por tu amor generoso y sin recato que nos hace descubrir tu verdadera identidad.

 

CONTEMPLATIO

Amor que ardes sin extinguirte jamás, dulce Cristo, Jesús bueno, caridad, Dios mío, enciéndeme todo en el fuego de tu amor, de tu afecto, de tu deseo, de tu caridad, de tu júbilo y de tu gozo, de tu alegría y tu ternura, del ansia ardiente de ti, ansia santa y buena, casta y limpia; para que, colmado de la ternura de tu amor, consumido por la llama de tu caridad, yo te ame, dulce y bello Señor mío, de todo corazón, con toda el alma y con todas mis fuerzas. Tu amor, auténtico y santo, colma de ternura y de sosiego el alma que le pertenece, la ilumina con la luz límpida de la visión interior.

Oh pan suavísimo, sana el gusto de mi corazón, para que sienta la ternura de tu amor. Te suplico, por el misterio de tu santa encarnación y nacimiento, infundas en mi pecho tu inagotable ternura y caridad, para que yo no piense ya en nada terreno o carnal, sino que sólo te ame a ti, en ti sólo piense, a ti sólo desee, sólo a ti tenga en los labios y en el corazón (Juan de Fécamp, Confessio theologica).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn 4,7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Dios mío, bienaventurada Trinidad, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la santa Iglesia, salvando las almas que viven sobre la tierra y librando a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y llegar al grado de gloria que me habéis preparado en vuestro Reino; en una palabra: deseo ser santa, pero siento mi impotencia y os pido, Dios mío, que seáis vos mismo mi santidad.

Puesto que me habéis amado hasta darme vuestro único Hijo para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos: yo os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su corazón abrasado de amor. Siento en mi corazón inmensos deseos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. No quiero amontonar méritos para el cielo, sino trabajar sólo por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro corazón sagrado y de salvar almas que os amen eternamente.

En la tarde de esta vida compareceré ante vos con las manos vacías. No os pido, Señor, que contéis mis obras. Todas nuestras justicias son imperfectas a vuestros ojos. Quiero, por ello, revestirme de vuestra propia justicia y recibir de vuestro amor la posesión eterna de Vos mismo. No quiero otra cosa que Vos, mi Amado (Teresa de Jesús, La oración, Fuenlabrada 1972).


 



Día 9

Jueves después de epifanía

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 4,11-18

11 Queridos míos, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

12 Nadie ha visto jamás a Dios; si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección.

13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que él nos ha dado su Espíritu.

14 Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre ha enviado a su Hijo como Salvador del mundo.

15 Si uno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

16 Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene.

Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

17 Nuestro amor alcanza la plenitud cuando esperamos confiados el día del juicio, porque también nosotros compartimos en este mundo su condición.

18 En el amor no hay lugar para el temor. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no ha logrado la perfección en el amor.

 

*+• Después de habernos dicho que Dios es amor, Juan ilumina a la comunidad de fe acerca de las consecuencias prácticas de esta afirmación para la vida cristiana. Primero, para poseer a Dios la vía maestra es el amor mutuo. Este medio es la condición para que el amor de Dios habite en los creyentes como presencia experiencial y sea "perfecto" a imitación del amor vivido por Cristo (v. 12). Segundo, la posesión del Espíritu es el don que guía en el propio camino interior de vida espiritual (v. 13). Tercero, la fe en Jesús Salvador del mundo: Si alguno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios" (v. 15). Sólo quien cree en el Hijo de Dios hecho hombre, como testificaron los primeros discípulos del Señor, conoce y ama a Dios.

El amor a Dios debe crecer y será auténtico en el cristiano sólo cuando haya sustituido al temor y al miedo (w. 17-18). Por tanto, cuando el discípulo de Jesús se presente al juicio final tendrá una cierta familiaridad con su Maestro y tendrá "confianza en el día del juicio" (v. 17a), porque el amor con el que Jesús ha amado a los suyos será el mismo que habrá vivido cada miembro de la comunidad cristiana respecto a sus hermanos: "porque también nosotros compartimos en este mundo su condición" (v. 17b). Ésta es la perfección del amor: fiarse de Dios en el día del juicio, porque Él tratará a los creyentes no con el castigo, sino como a hijos amados. La confianza de los cristianos en Dios se convierte así en certeza de victoria porque su fe y la presencia de Cristo los ha acompañado en su crecimiento en el amor.

 

Salmo 71.

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.



En sus días florezca la justicia y la paz

hasta que falte la luna;

domine de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra.



Los reyes de Tarsis

y de las islas le paguen tributo.

Los reyes de Saba y de Arabia

le ofrezcan sus dones;

póstrense ante él todos los reyes,

y sírvanle todos los pueblos.



Él librará al pobre que clamaba,

al afligido que no tenía protector;

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres



Evangelio: Marcos 6,45-52

45 Luego mandó a sus discípulos que subieran a la barca y fueran delante de él a la otra orilla, en dirección a Betsaida, mientras él despedía a la gente.

46 Cuando los despidió, se fue al monte para orar.

47 Al anochecer, estaba la barca en medio del lago, y Jesús solo en tierra.

48 Viéndolos cansados de remar, ya que el viento les era contrario, se les acercó hacia el final  de la noche caminando sobre el lago. Hizo ademán de pasar de largo,

49 pero ellos, al verlo caminar sobre el lago, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar.

50 Porque todos lo habían visto y se habían asustado. Pero Jesús les habló  inmediatamente y les dijo:

-!Ánimo! Soy yo. No tengáis miedo.

51 Subió entonces con ellos a la barca y el viento se calmó. Ellos quedaron más asombrados todavía,

52 ya que no habían entendido lo de los panes y su mente seguía embotada.

 

>•• Tras la multiplicación de los panes Jesús ordena a sus discípulos partir solos con la barca, mientras él se retira al monte para orar en un silencioso encuentro con el Padre (v. 46). Si su oración es solitaria con el Padre por una parte, por otra es solidaria con sus discípulos. Éstos, en efecto, se encuentran en dificultades remando sobre el mar de las pruebas de sus vidas: la noche los sorprende, el viento contrario hace difícil su camino. Entonces Él va a su encuentro caminando sobre el mar (cf. Job 9,8; Sal 76,20; Is 43,16). Jesús no quiere imponérseles con su milagro e "hizo ademán de pasar de largo" (v. 48). Sin embargo, ante su turbación (creían ver un "fantasma") y su grito, se les acerca, calma el viento y les dice: ".!Animo, soy yo, no tengáis miedo!" (v. 50).

El estupor de los discípulos, unido a la falta de fe en Jesús, inunda sus corazones, porque no habían comprendido el signo de los panes ni la identidad misma de su Maestro, como Mesías e Hijo de Dios. Las perspectivas de Jesús y las de sus discípulos son diversas: "su mente seguía embotada" (v. 52), como en otro tiempo lo tuvo Israel en el desierto. Para reconocer el rostro del propio Maestro, la comunidad debe tener el coraje de acogerlo en la propia barca y confiar en él en el camino difícil de la experiencia cristiana, invocándolo con oración ardiente, convencida de que el mundo hostil a Dios pondrá a prueba su fe.

 

MEDITATIO

La vida cristiana tiene una doble dimensión: vertical y horizontal. La primera nos hace tomar conciencia del infinito amor del Padre, que es amor y "ha enviado a su Hijo como salvador del mundo" (cf. 1 Jn 4,14) y quiere vivir en comunión con nosotros, sus hijos queridos. La unión perfecta entre Dios y el creyente se realiza primero en el contacto con la Palabra de Dios y después participando en la mesa eucarística. Nuestra carne y nuestra sangre se mezclan, entonces, con la carne y la sangre de Dios. Y somos transformados y divinizados. "No somos nosotros quienes transformamos a Dios en nosotros ", afirma san Agustín, "somos nosotros los transformados en Dios". La eucaristía es, pues, el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo vivo, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, garantía de la comunión con el Cuerpo de Cristo y participación en la solidaridad, como expresión del mandato de Jesús: "Amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 13,34).

La segunda dimensión, el amor a los hermanos, es consecuencia y signo del amor a Dios (cf. 1 Jn 4,12). También este aspecto de la caridad fraterna tiene su plena realización en el misterio eucarístico: "Participando realmente del Cuerpo del Señor en el partir el pan, somos elevados a la comunión con Él entre nosotros" (LG 11). Este amor se hace en el cristiano una fuerza transformante y operativa, capaz de alejar todo temor, porque el que ama no tiene miedo y el que come y bebe el cuerpo y la sangre de Cristo tendrá la plenitud de la vida.

 

ORATIO

Padre santo, a ti, que eres la plenitud del amor, te agradecemos el don que nos has hecho de Jesús-Eucaristía, pan de vida partido para nosotros y alimento de nuestra vida espiritual, personal y comunitaria. No pudiste hacernos regalo más hermoso: dejarnos la persona misma de tu Hijo, perennemente presente entre nosotros, bajo las especies del pan y el vino eucarísticos en todos los ángulos de la tierra. Pero nosotros queremos corresponder a tu inmenso don procurando vivir en comunión constante contigo a través de los signos que el apóstol Juan nos ha presentado: el amor mutuo entre los hermanos, la fe en tu Hijo Jesucristo y la acogida de la presencia del Espíritu Santo en nosotros por el sacramento del bautismo. Sólo este camino de fe nos da la certeza de tu amor y de tu paz.

A veces nos sentimos fatigados y cansados al recorrer este camino y hasta tenemos miedo de confiar en ti y de mirarte, como los discípulos en la barca cuando tú andabas sobre las aguas, porque vemos que muchas de nuestras aspiraciones se frustran y un viento contrario dificulta nuestra marcha cotidiana. Padre bueno, intervén en nuestra vida cuando estamos inquietos y sin esperanza, y devuélvenos el coraje de subirte a nuestra barca para caminar hacia ti con renovada confianza, porque tú eres la única certeza segura y la verdad de la vida.

 

CONTEMPLATIO

Quiero daros una imagen del Padre (...). Imaginad que la tierra tuviera un cerco, esto es, un círculo trazado con un compás en el centro. Pensad que este círculo fuera el mundo, Dios el centro del círculo y los radios que van del cerco al centro las vidas, o sea los modos de vivir de los hombres. Así, en cuanto los santos (= radios del círculo) avanzan hacia el centro procurando acercarse a Dios, a medida que avanzan, se acercan a Dios y también los unos a los otros y, cuanto más se acercan a Dios más se aproximan unos a otros, y viceversa, cuanto más se aproximan unos a otros, más se acercan a Dios.

Ésta es la esencia del amor: cuando estamos lejos y no amamos a Dios, igualmente estamos distantes del prójimo. Si, por el contrario, amamos a Dios, cuanto más nos acercamos a Él por el amor, otro tanto nos unimos en el amor al prójimo, y en tanto nos unimos al prójimo, tanto estamos unidos a Dios. Dios nos haga dignos de escuchar lo que nos ayuda y cumplirlo. Pues cuanto más procuramos poner en práctica lo que escuchamos, tanto más Dios nos ilumina y nos muestra su voluntad (Doroteo de Gaza, Insegnamenti spirituali, Roma 1979, 124-126).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección" (1 Jn 4,12).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Sentirse amado es el origen y la plenitud de la vida del espíritu. Digo esto porque, apenas comprendemos un destello de esta verdad, nos ponemos a la búsqueda de su plenitud y no descansamos hasta haber logrado encontrarla. Desde el momento en que reivindicamos la verdad de sentirnos amados, afrontamos la llamada a llegar a ser lo que somos. Llegar a ser los amados: he aquí el itinerario espiritual que debemos hacer. Las palabras de san Agustín: "Mi alma está inquieta hasta reposar en tí, Dios mío", definen bien este itinerario. Sé que el hecho de estar a la búsqueda constante de Dios, en continua tensión por descubrir la plenitud del amor, con el deseo vehemente de llegar a la completa verdad, me dice que he saboreado ya algo de Dios, del amor y de la verdad. Puedo buscar sólo algo que, de alguna manera, he encontrado ya. Cómo puedo buscar la belleza y la verdad, sin que la belleza y la verdad me sean conocidas en lo íntimo de mi corazón?

Llegar a ser los amados significa dejar que la verdad de ser amados se encarne en toda cosa que pensamos, decimos o hacemos. Esto supone un largo y doloroso proceso de apropiación o, mejor, de encarnación. Mientras "sentirme amado" sea poco más de un bello pensamiento o una idea sublime suspendida sobre mi vida para evitar convertirme en un deprimido, nada cambia verdaderamente. Lo que se requiere es llegar al amor en la vida banal de cada día y, poco a poco, colmar el vacío que existe entre lo que sé que soy y las innumerables realidades específicas de la vida cotidiana. Llegar a ser el amado significa impregnar la normalidad de lo que soy y, por tanto, de lo que pienso, digo y hago hora tras hora, con la verdad que me ha sido revelada de lo alto (H. J. M. Nouwen, Tú eres mi amado: la vida espiritual en un mundo secular, Madrid s.f.).

 

 

Día 10

Viernes después de epifanía

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 4,19-5,4

Hermanos:

19 Nosotros debemos amarnos, porque él nos amó primero.

20 Si alguno dice: "Yo amo a Dios", y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.

21 Y nosotros hemos recibido de él este mandato: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.

5.1 El que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Y todo el que ama al que da el ser, debe amar también a quien lo recibe de él.

2 Por tanto, si amamos a los hijos de Dios, es señal de que amamos a Dios y de que cumplimos sus mandamientos.

3 Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos, y sus mandamientos no son pesados.

4 Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo: nuestra fe.

 

*" Dos argumentos se entrelazan en el texto: el amor cristiano (w. 19-21) y la fe en Jesús, componentes de un único mandamiento (w. 1-4; 4,21). Amor y odio son inconciliables.

El amor cristiano conoce tres relaciones: el amor de Dios a nosotros, nuestro amor a Dios y nuestro amor a los hermanos. El amor a Dios y a los hermanos están íntimamente ligados: "El que ama a Dios, ame también a su hermano" (v. 21); es más, el auténtico amor a Dios se manifiesta en el amor a los hermanos: "Quien no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios al que no ve" (v. 20; 2,7-11; 3,20-24; Jn 13,34). Se recuerda, pues, que el amor cristiano tiene su origen en Dios, porque "Él nos ha amado primero" (v. 19) como a verdaderos hijos y, en consecuencia, nos corresponde responder al amor y generar amor. No es el hombre el que ha alcanzado a Dios con su amor, sino a la inversa, es Dios quien nos ha conquistado con la venida histórica de Jesús a nosotros. Entonces podemos verificar si verdaderamente Dios ha penetrado en nosotros sólo si somos capaces de amar a los otros: ésta es la regla maestra para saber si Dios habita en nosotros de manera estable.

Tentación constante en la vida cristiana es la de refugiarse en el amor de Dios olvidando a los otros. Ésta era la conducta de vida de los gnósticos, que se refugiaban en la esfera de lo divino, pero se desinteresaban de la esfera de la ética humana. Es a través de la fe como conocemos que Dios nos ama. Entonces el fiel amado y "nacido de Dios" (v. 1) ama no sólo al Padre y al Hijo, sino también a todos sus hermanos, nacidos de Dios. Sólo la fe y el amor, fuerzas interiores que nacen de la filiación con Dios, permiten al cristiano vencer todo lo que se opone a Cristo, cuando vive sus mandamientos (w. 3-4).

 

Salmo 71.

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.



En sus días florezca la justicia y la paz

hasta que falte la luna;

domine de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra.



Los reyes de Tarsis

y de las islas le paguen tributo.

Los reyes de Saba y de Arabia

le ofrezcan sus dones;

póstrense ante él todos los reyes,

y sírvanle todos los pueblos.



Él librará al pobre que clamaba,

al afligido que no tenía protector;

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres

Evangelio: Lucas 4,14-22a

14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca.

15 Enseñaba en las sinagogas y todo el mundo hablaba bien de él.

16 Llegó a Nazaret, donde se había criado. Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para hacer la lectura.

17 Le entregaron el libro del profeta Isaías y, al desenrollarlo, encontró el pasaje donde está escrito:

18 El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos

19 y a proclamar un año de gracia del Señor.

20 Después enrolló el libro, se lo dio al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinogoga tenían sus ojos clavados en él.

21 Y comenzó a decirles:

-Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar.

22 Todos asentían y se admiraban de las palabras que acababa de pronunciar.

 

**• Estamos ante una escena extraordinaria de la vida de Jesús, que nos describe su actividad pública y de evangelización en Galilea, caracterizada por la potencia del Espíritu Santo, por el entusiasmo de la gente que lo rodea y por su fama, que se difunde por doquier. En la sinagoga de Nazaret precisamente, Jesús lee e interpreta la palabra de Isaías 61,1-2, aplicándola a su persona. Traduce en presente la profecía de Isaías, que se convierte en manifiesto programático de toda su actividad mesiánica. Con él inicia, en efecto, el año de gracia o año jubilar (cf. Lv 25,10); con él ha bajado a la tierra el Espíritu de Dios que traerá la salvación a la humanidad: "Hoy se ha cumplido ante vosotros el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar" (v. 21).

El Espíritu ha consagrado a Jesús Mesías y el Reino que él anuncia es la verdad, la libertad y la novedad del mundo que Jesús hace nacer en los que lo escuchan y lo siguen. La gente queda maravillada por las palabras que proclama y todos le rinden testimonio (v. 22). La liberación que Jesús trae está destinada de modo especial a los pobres, a los oprimidos, a los prisioneros y a los ciegos, porque éstos están más abiertos que los demás al anuncio de la salvación y a la acción del Espíritu.

La Palabra de Jesús es una "alegre noticia" de vida nueva para todos los hombres. Es una palabra exigente que comprende cruz y resurrección. En el misterio pascual el creyente encuentra la plenitud y la comunión con Dios. Éste es el éxodo que todo hombre debe realizar en su vida si quiere ser, también él, liberación para los hermanos oprimidos, vivir según el Espíritu de Dios y participar en la gloria de Cristo resucitado.

 

MEDITATIO

Todo el evangelio no es otra cosa que el anuncio del amor de Dios hecho visible en la persona de Jesús. Amar a Dios quiere decir colocarse en la perspectiva de Dios, que ama a todo ser creado y no vacila en sacrificar a su propio Hijo unigénito para la salvación de todos los hombres. Vivir para los otros, darse, sacrificarse por su bien es vivir como Dios, es hacer lo que Jesús quiere que hagamos. Por eso hoy es urgente para todos "el deber de hacernos generosamente prójimos de todo hombre y ayudar con hechos a quien nos pasa al lado, anciano abandonado por todos o trabajador extranjero injustamente despreciado, o emigrante, o niño nacido de una unión ilegítima..." (GS 27). No podemos creernos verdaderos hijos de Dios si no nos sentimos hermanos de todo hombre, especialmente del más pobre y desgraciado.

Esta fe no sólo anima nuestra caridad cristiana en su vasto campo de operaciones, sino que se convierte en una fuerza gigantesca para luchar contra todo pecado de abuso, intolerancia, injusticia, violencia, contra todo coletazo de egoísmo, de atropello, de odio, que dominan todavía hoy en el mundo. "Solamente se puede inducir a alguien a creer en el Dios cristiano haciéndoselo amar, y se educa en el amor solamente en la medida que se ama a la persona que se trata de educar y al Dios que se trata de proponer a su amor" (R. Guelluy). Pero la lección más hermosa que podemos dar del amor a Dios y a los hermanos es la de manifestar, no sólo con palabras sino con nuestro testimonio de vida coherente, que somos capaces de amar.

 

ORATIO

Seas bendito, Señor de cielo y tierra, que has abierto la vía del amor para el hombre sediento de felicidad. Seas alabado, Señor de los pequeños y de los pobres, que has elegido para tu Hijo este camino para enseñarnos que en la vida sencilla y pobre te revelas con tu amor providente y generoso. Gracias te sean dadas, Señor de la paz y de la vida, por habernos regalado tu perdón: nos has hecho experimentar la alegría de tu benevolencia con la misericordia que has derramado sobre nosotros, pecadores y rebeldes, cierto, pero siempre amados y predilectos tuyos.

Envíanos, Señor, tu Espíritu de luz y de verdad, para que podamos aprender a caminar a la luz de tu sol, que es vida y alegría. Enséñanos a mirar hacia delante y no hacia atrás, para que la esperanza que emana de tu Palabra guíe nuestros pasos vacilantes e inseguros, y sepamos coger, en el sendero de nuestra existencia, no las flores que se marchitan, sino las mejores y más perfumadas del amor a los hermanos para ofrecértelas a ti. Seas siempre amado, Señor, conservando el primer puesto en nuestro corazón, a menudo inquieto y en búsqueda de novedades y de satisfacciones. Sólo tú puedes saciar nuestra sed de felicidad y de vida. Haz, Señor, que nuestro camino vaya siempre acompañado por tu presencia amorosa, porque sin ti nada podemos y nuestro corazón sólo en ti puede encontrar su descanso.

 

CONTEMPLATIO

A quienes han sido juzgados dignos de llegar a ser hijos de Dios y de nacer de lo alto por el Espíritu Santo, sucede que lloran y se afligen por todo el género humano: ellos imploran con lágrimas por el Adán total, inflamados como están de amor espiritual por toda la humanidad. A veces, sin embargo, su espíritu se inunda de tanta alegría y tanto amor que, si fuera posible, meterían en su corazón a todos los hombres sin distinguir entre buenos y malos. Otras veces, también, con espíritu humilde, se rebajan de tal modo ante todo ser humano, que llegan a considerarse los últimos e ínfimos de todos. Luego de esta experiencia el Espíritu los hace vivir nuevamente un gozo inenarrable (Pseudo-Macario, Homilía 18).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "El que no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,21).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Tú me has mandado a los hombres. Has cargado sobre mis espaldas el grave peso de tus poderes y la fuerza de tu gracia, y me has ordenado avanzar. Dura y casi ruda tu palabra que me envía lejos de ti, a tus criaturas que quieres salvar, a los hombres. He tratado con ellos desde siempre, antes incluso de que tu palabra me consagrase para esta misión. He procurado amar y ser amado, he tratado de ser buen amigo y de tener buenos amigos. Es hermoso estar así con los hombres, y fácil también. Porque se va sólo a los que uno elige y se queda entre ellos mientras se está a gusto. Pero ahora no: los nombres a los que soy enviado los has escogido tú, no yo, y no debo ser su amigo, sino su servidor. Y el hecho de que me fastidien no es ya la señal para irme, como antes, sino tu orden de quedarme.

!Qué criaturas éstas, Dios mío, a las que me has mandado, lejos de ti! Los más no reciben en modo alguno a tu enviado, no aprecian en absoluto tus dones, tu gracia, tu verdad, con que me envías a ellos. Y yo debo, sin embargo, volver una y otra vez a sus puertas, importuno como un vendedor ambulante con su quincalla. Si, al menos, supiese con certeza que es a ti a quien rechazan cuando no me reciben, me consolaría. Pues quizás también yo cerraría la puerta de mi vida si uno como yo viniese a llamar diciéndose enviado por ti.

Y qué decir de los que me admiten en su vida? Oh Señor, éstos desean muy otra cosa que lo que yo les llevo de tu parte (...). Qué quieren de mí? Si no es dinero lo que buscan, o una ayuda material, o el pequeño alivio de la compasión, me miran como a una especie de agente de seguros con el que van a concertar una póliza para la vida del más allá (...).

Señor, enséñame a orar y a amarte. Entonces olvidaré en ti mi miseria, porque tendré conmigo lo que me hará olvidarla: el amor paciente, que presta tu riqueza a la pobreza de mis hermanos. Y sólo entonces seré un hermano para los hombres, alguien que les ayuda a encontrar al único que necesitan, a ti, Dios de mis hermanos (K. Rahner, Palabras al silencio. Oraciones cristianas, Estella ,1998).

 



Día 11

Sábado después de epifanía

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Juan 5,5-13

Hermanos:

5 Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

6 Éste es el que vino por agua y sangre, Jesucristo; no por agua únicamente, sino por agua y sangre; y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

7 Porque tres son los que dan testimonio:

8 el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo.

9 Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio acerca de su Hijo.

10 Si uno cree en el Hijo de Dios, tiene ya el testimonio de Dios. Si uno no cree a Dios, lo hace mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo.

11 Ahora bien, el testimonio consiste en que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo.

12 Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.

13 Os he escrito estas cosas a vosotros que creéis en el Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis la vida eterna.

 

*" El Apóstol subraya que la victoria del cristiano sobre el mundo es la fe. Para obtener tal victoria se requiere una lucha interna y externa contra todo lo que es obstáculo al cumplimiento de la voluntad de Dios. Y la certeza de la victoria del cristiano está asegurada por el hecho de que, en él, la vida divina y la unión con Dios son una fuerza superior a la vida mundana y a todo lo que es adhesión al reino del mal. Así pues, la fe en Cristo, Hijo de Dios, es el único medio para derrotar al mundo (v. 5; cf. Jn 20,30-31).

Jesús ha venido para darnos la vida y quien cree en Él tendrá "la vida eterna" (v. 11). Esta vida eterna que Jesús ha traído a la humanidad es cosa cierta, porque Él la ha ofrecido al comienzo de su vida pública mediante el bautismo ("agua": cf. Jn 1,31), y al final de su existencia terrena mediante la muerte en la cruz {"sangre": cf. Jn 6,51; 19,34), y es siempre actualizada en la eucaristía: eventos en los que palpablemente se ha manifestado la potencia y el testimonio del Espíritu (v. 6), que es el garante de la fe y de la verdad de Jesús.

Sobre este triple y concorde testimonio se funda la manifestación de Dios en Cristo su Hijo (w. 7-8). Aquí el Apóstol polemiza contra la falsa interpretación de los gnósticos, que afirman que la divinidad de Jesús se unió a su humanidad en el bautismo, pero que en su muerte la divinidad se separó de la humanidad, de manera que murió sólo el hombre Jesús. Pues bien, quien niega este testimonio del Espíritu, niega también la fe en Cristo, que es cuestión de vida y de muerte. Sobre la acción del Espíritu está tejida la vida sacramental (bautismo, confirmación, eucaristía), mediante la cual el creyente se injerta en Cristo y es capaz de dar testimonio de él y de vivir en comunión con Dios (w. 11-13).

 



Salmo 147.

R. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sion.

Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.



Ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz



Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos



Evangelio: Lucas 5,12-16

12 Estaba Jesús en un pueblo donde había un hombre cubierto de lepra. Éste, al ver a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicaba: -Señor, si quieres, puedes limpiarme.

13 Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: -Quiero; queda limpio. Y en el acto desapareció de él la lepra.

14 Jesús ordenó que no se lo dijera a nadie. Le dijo: -Anda, preséntate al sacerdote y presenta la ofrenda por tu purificación, como mandó Moisés, para que les conste a ellos.

15 Su fama se extendía cada vez más y se congregaban grandes muchedumbres para oírle y para que los curase de sus enfermedades. 16  Pero él se retiraba a lugares solitarios para orar.

 

*" Jesús encuentra un leproso y lo cura, enviándolo seguidamente al sacerdote no sólo para que haga la ofrenda por la purificación (cf. Lv 14), sino también para que sirva de testimonio a todos de su presencia mesiánica entre el pueblo. El judaísmo, en efecto, consideraba la curación de la lepra como uno de los signos de la venida del Mesías (cf. Le 7,22).

La curación realizada por Jesús es descrita con algunos elementos típicos: la súplica del enfermo ("Señor, si quieres, puedes limpiarme": v. 12); la respuesta positiva de Jesús, que tocando al leproso realiza la curación ("Quiero, queda limpio": v. 13); y el envío al sacerdote ("Ve, preséntate al sacerdote...": v. 14). El leproso, considerado un marginado por la comunidad de Israel, con la curación entra de nuevo a formar parte de ella. La curación realizada por el Nazareno es símbolo también del perdón y de la misericordia de Dios, y es fundamento de la vida de la Iglesia (cf. Jn 20,23).

El fragmento termina con una nota redaccional del evangelista, que presenta un aspecto particular de la persona de Jesús. Él no sólo cura a los que lo rodean, siendo así que su fama se difunde por doquier, sino que se retira a lugares solitarios para orar. En esto reside la fuerza de Jesús y su irresistible atractivo: en su coloquio filial con el Padre. La oración no sólo lo sostiene frente a las muchas incomprensiones que experimenta en su ministerio público, sino que le permite sobre todo verificar su misión en la lógica de la voluntad de Aquel que lo ha enviado al mundo.

 

MEDITATIO

La oración es uno de los componentes más vivos del mensaje evangélico. Jesús la ha practicado en su relación con el Padre y nos ha ofrecido un ejemplo extraordinario. Muchos piensan que orar es agarrar a Dios para ponerlo a su alcance o tratar de obtener beneficios y ventajas en provecho propio, y así satisfacer sus deseos y sus esperanzas. La verdad es muy diferente. La oración es entrar en la perspectiva de Dios partiendo de su amor. Es contemplar el rostro de un Padre que mira a sus hijos con ternura. Es encontrar una persona viva y dejarse tocar por su amor.

Orar es para todos una tarea de las más difíciles, es un trabajo exigente, no porque sea superior a nuestras fuerzas, sino porque es una experiencia que no se agota jamás y un camino en el que se permanece siempre discípulo.

La oración es acogida, terreno de adviento del amor de Dios; orar no es tanto amar a Dios, cuanto dejarse amar por Él. Orar es esperar y escuchar, recibir y acoger. Es permanecer en silencio ante el misterio para dejarse amar por Dios, como María que experimenta en su vientre la presencia de Dios. Pero la oración es también movimiento de respuesta a este don, un volver todo el corazón a Dios. La oración es alabanza, acción de gracias, ofrenda, intercesión, fiesta y liturgia de la vida. El núcleo de la oración cristiana es penetrar en el misterio de la filiación divina: estar con Dios en el Espíritu por el Hijo, como el Hijo está en el misterio del Padre. San Pablo nos lo recuerda bien. "Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que grita: !Abba! !Padre!" (Gal 4,6; cf. Rom 8,15-17; Ef 3,17ss).

 

ORATIO

Padre santo, sabemos que tú eres "la fuente de todo don perfecto" (Sant 1,17), el que toma la iniciativa en el amor, el que envía al Hijo y al Espíritu. Tú eres la primera gratuidad del amor, porque todo nos viene de ti. Tú eres el eterno amante, el que ama desde siempre. Nuestra oración quiere ser justamente el lugar en que experimentamos tu amor de Padre. Desgraciadamente, nuestro tiempo parece desorientado y confuso, parece que no conoce ya los confines entre el bien y el mal, y aparentemente, Tú eres rechazado y desconocido. Padre, tú puedes curarnos de nuestras miserias, como hiciste con el leproso del evangelio.

Por eso, te rogamos, conduce a todos tus hijos a redescubrir el don de la oración, llévanos al interior del cenáculo para revivir el misterio de Pentecostés y reavivar en nosotros el don del Espíritu. Colócanos dócilmente en su escuela para aprender la sabiduría que viene en el diálogo con él y que es la fuerza que sostiene nuestra vida de creyentes.

Padre santo, tu Hijo Jesús se dejó amar por ti, cumplió tu voluntad y se entregó hasta la cruz con docilidad total hasta enviarnos el don del Espíritu. También para nosotros orar es penetrar en este misterio de acogida y de docilidad para imitar a Cristo, entrar en el misterio de la cruz y conservar el coraje de orar, además de en la alegría de Pascua, en el silencio y en tu aparente ausencia. Es el silencio el que nos hace experimentar el estar solos ante Dios solo. En el silencio nos ejercitamos en conjugar la palabra con la escucha y adquirimos el recogimiento atento, que es el primer requisito para empeñarnos en el camino de la oración a ejemplo de Cristo.

 

CONTEMPLATIO

El Verbo se ha encarnado, y el hombre se ha hecho Dios, porque está unido a Dios y forma una sola cosa con Él. Fue envuelto en pañales, pero al levantarse de la tumba se quitó el sudario (...).

Como hombre, ha sido bautizado, pero como Dios ha cancelado nuestro pecado. Como hombre ha sido tentado, pero como Dios ha triunfado y nos exhorta a la confianza porque "ha vencido al mundo" (Jn 16,33). Tuvo hambre, pero sació a miles de personas, y es "el pan vivo bajado del cielo" (Jn 7,37). Conoció el cansancio, pero es el descanso de los "cansados y oprimidos" (Mt 11,28) (...). Reza, pero atiende la oración. Llora, pero enjuga las lágrimas. Pregunta dónde han puesto a Lázaro, porque es hombre; pero lo resucita, porque es Dios. Es vendido, y a bajo precio, pero rescata al mundo, y a gran precio: con su propia sangre (...). Ha sido traspasado y herido; pero ha curado toda enfermedad y toda herida. Ha sido elevado sobre el madero, y clavado en él además; pero nos levanta con el árbol de la vida (...). Muere, pero hace vivir y con su propia muerte destruye la muerte. Es sepultado, pero resucita. Desciende al infierno, pero rescata las almas de él (Gregorio Nazianceno, Tercer discurso teológico).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Dios nos ha dado vida eterna, vida que está en su Hijo" (1 Jn 5,11 ) .

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Nuestras mentes están siempre en actividad. Analizamos, reflexionamos o soñamos. No hay momento del día o de la noche en que no pensemos. Se podría decir que nuestro pensamiento es "incesante". Algunas veces querríamos dejar de pensar por un momento; esto nos ahorraría muchas ansiedades, muchos temores y muchos sentimientos de culpabilidad. Nuestra capacidad de pensar es nuestro mayor don, pero es también la fuente de nuestro mayor sufrimiento.

Debemos convertirnos en víctimas de nuestros incesantes pensamientos? No. Podemos transformar nuestro pensamiento en una oración incesante, haciendo de nuestro monólogo interior un diálogo continuo con nuestro Dios, fuente de todo amor.

Rompamos nuestro aislamiento y caigamos en la cuenta de que Alguien que mora en lo más íntimo de nuestro ser quiere escuchar con amor todo lo que ocupa y preocupa a nuestras mentes (H. J. M. Nouwen, Pane per !I viaggio, Brescia 1997, 23).

 



Día 12

Bautismo del Señor

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 42,1-4.6-7

Así dice el Señor:

1 Éste es mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco. He puesto sobre él mi espíritu, para que traiga la salvación a las naciones.

2 No gritará, no alzará la voz, no voceará por las calles;

3 no romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue. Proclamará fielmente la salvación,

4 y no desfallecerá ni desmayará hasta implantarla en la tierra. Los pueblos lejanos anhelan su enseñanza.

6 Yo, el Señor, te llamé según mi plan salvador; te tomé de la mano, te formé e hice de ti alianza del pueblo y luz de las naciones,

7 para abrir los ojos de los ciegos, sacar de la cárcel a los cautivos, y del calabozo a los que habitan las tinieblas.

 

*• El primero de los cuatro cánticos del "Siervo doliente" (cf. Is 42,1-7; 49,1-6; 50,4-9a; 52,13-53,12) es obra de un discípulo del Segundo Isaías, cuya descripción nos reporta a los tiempos del exilio o inmediatamente después. Se nos presenta, en efecto, un personaje misterioso, el Ungido del Señor, que por sus rasgos encarna al pueblo elegido, o bien a algunos personajes históricos de Israel. El Nuevo Testamento verá en las características de este personaje la historia y los acontecimientos trágicos de Jesús de Nazaret.

Aquí el Siervo es presentado en el acto de cumplir su misión, esto es, de restaurar la alianza con Dios y de reportar al pueblo del exilio a su patria. Por esto tal personaje ha sido formado desde el vientre materno, elegido por Dios y lleno del Espíritu, para llevar a todas las gentes la Palabra y la novedad de Dios (v. 1). Se presentará con una actitud llena de humildad y de benevolencia sin apagar ninguna tentativa de bien; tendrá coraje en las pruebas y en los sufrimientos que no le faltarán, y sus armas serán las de la paz (w. 2-4). Sus prerrogativas son las de rey, sacerdote y profeta. Como rey está llamado a proclamar "el derecho con firmeza" y a establecer la "justicia", es decir, a realizar la salvación que viene de Dios (v. 6a). Como sacerdote cumplirá su misión haciéndose "alianza del pueblo", y como profeta comunicará la voluntad de Dios y será "luz de las naciones" (v. 6b; cf. Le 1,79; 2,29-32; Jn 8,12).

Su misión, animada por el Espíritu, tendrá ante todo el objetivo de librar de todo mal al hombre en su ser más íntimo. Los ciegos que viven en las tinieblas, entonces, recuperarán la vista para reemprender el justo camino hacia la verdadera vida. Los prisioneros recobrarán su libertad, la de hijos de Dios redimidos y amados (v. 7).

 

Salmo 28.

R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

postraos ante el Señor en el atrio sagrado



La voz del Señor sobre las aguas,

el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente, l

a voz del Señor es magnífica



El Dios de la gloria ha tronado.

En su templo, un grito unánime: "¡Gloria!".

El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,

el Señor se sienta como rey eterno







Segunda lectura: Hechos 10,34-38

34 Pedro tomó entonces la palabra y dijo: -Verdaderamente ahora comprendo que Dios no hace acepción de personas,

35 sino que, en cualquier nación, el que respeta a Dios y obra rectamente le es grato.

36 Él envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la buena noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.

37 Ya conocéis lo que ha ocurrido en el país de los judíos, comenzando por Galilea, después del bautismo predicado por Juan.

38 Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con Espíritu Santo y poder. Él pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él.

 

**• Es la introducción del discurso de Pedro en Cesarea, en casa de Cornelio, que prepara el bautismo del Centurión, ejemplo del universalismo del evangelio. Pedro ha sido enviado por el Espíritu a Cesárea para dar inicio a la conversión de los paganos, comenzando por el hombre romano, piadoso y temeroso de Dios. La palabra de Pedro es introducida por una idea clara: "Dios no hace acepción de personas" (v. 34); ante Dios no existen preferencias de razas ni de posición social: todos son igualmente hijos amados e iguales en la dignidad, sean judíos que paganos, porque Jesús los ha unificado a todos en un solo pueblo de Dios, sin exclusión alguna (cf. Hch 15,7-9; Dt 10,7; Rom 2,11). Cristo ha traído la paz a la tierra por medio de su "alegre nueva". A cuantos se adhieren a su Palabra y lo reconocen Hijo de Dios les son perdonados sus pecados.

Su predicación, en efecto, desde el bautismo recibido en el Jordán y confirmado por la Palabra del Padre que lo ha reconocido "Hijo predilecto" (Lc 3,22), hasta el momento de su retorno al Padre con su muerte y resurrección, ha sido un anuncio de salvación para la humanidad entera. Toda la vida de Jesús, marcada por la unción del Espíritu de Dios, ha sido un paso entre los hombres para comunicarles el amor del Padre, hasta el don de su vida, para el perdón de los pecados y para la salvación de todos, incluidos los paganos, sobre los que se manifiesta el Espíritu con poder, como en la casa del centurión Cornelio.

 

Evangelio: Lucas 3,15-16.21-22

15 El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías.

16 Entonces Juan les dijo: -Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

21 Un día en que se bautizó mucha gente, también Jesús se bautizó. Y mientras Jesús oraba se abrió el cielo,

22 y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: -Tú eres mi Hijo el amado, en ti me complazco.

 

        **• El relato del bautismo de Jesús en Lucas consta de dos partes. En la primera (w. 15-16) se subraya la diferencia entre el bautismo de Juan, con agua, para la purificación según el uso judaico antiguo, y el de Jesús, con Espíritu Santo, que transforma el corazón dando vida nueva. En la segunda parte (w. 21-22) se afirma la superioridad y la riqueza del bautismo de Jesús, donde él se revela Mesías e Hijo de Dios y, en consecuencia, la superioridad del bautismo del cristiano, que es don del Espíritu y en el que se convierte en hijo de Dios por medio del Hijo. El bautismo es un momento extraordinario de manifestación del Espíritu de Dios en la persona de Jesús. Y él lo recibe mientras está en oración, otro don del Espíritu Santo, típico en la teología lucana.

        La tarea de Jesús en el mundo, por tanto, es doble: él es el Mesías, enviado por el Padre, y por esto recibe la fuerza del Espíritu para su misión de Salvador de los hombres, sacándola del misterio mismo de Dios, de quien proviene. Pero al mismo tiempo él es también el Hijo predilecto del Padre, el rostro visible de Dios, el revelador de la Palabra escuchada del Padre y transmitida a los hombres. De la misión de Jesús nace la vocación de la Iglesia y la de todo creyente: acoger el mensaje de amor que el Padre nos dirige con el Hijo para, a nuestra vez, darlo a los hermanos. Nace, además, la llamada a vivir el propio bautismo sabiéndonos poseedores del Espíritu y de la vida nueva que se nos ha dado, comportándonos como hijos de Dios para testimoniar la vida divina, única verdad que hace libre al hombre (cf. Jn 8,31).



 

MEDITATIO

Cuál es la diferencia entre el bautismo de Jesús y nuestro bautismo? El bautismo recibido por Jesús en el Jordán es un rito de penitencia para la remisión de los pecados y, en cuanto tal, Jesús no tenía propiamente necesidad de él. La manifestación del Padre con la bajada del Espíritu Santo, durante la cual es proclamado "Hijo predilecto" (cf. Mt 3,27) y es investido de la misión profética, real y sacerdotal, es la que lo lleva a tomar sobre sí nuestros pecados y los del mundo entero. Es el inicio del bautismo de la Iglesia, del nuevo pueblo de Dios que, con Jesús, sale del agua, sale de la esclavitud del pecado para entrar en la libertad de la vida del Espíritu.

Por su parte el bautismo que nosotros hemos recibido de niños en el nombre de Cristo es la revelación en nosotros del amor de la Trinidad, es el éxodo del pecado a la nueva vida divina, es entrar a formar parte de la comunidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y así convertirnos en hijos de Dios a todos los efectos.

Todo bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor. Y así nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y lo conduce a la comunión con Dios. Se trata de vivir un nuevo estilo de vida, que es identificación con una vida en Cristo y en el Espíritu, a la que se accede en la fe, que se experimenta en el amor y llena de esperanza, se hace visible en la cotidianidad de la vida eclesial. Por tanto, una vida de auténtica conversión a Dios y a los hermanos, que nos lleva a vivir una existencia guiada por el Espíritu Santo.

 

ORATIO

Señor y Padre nuestro, te damos gracias por el bautismo de Jesús, que nos ha manifestado la plenitud del Espíritu sobre él. Es durante la teofanía que tuvo lugar en el bautismo donde fue reconocido como Mesías. Según una tradición rabínica, el Mesías debía permanecer desconocido hasta que lo revelase un hecho extraordinario operado por ti (cf. Mt 24,23-27). Este hecho extraordinario ha sido la obra del bautista. Así él ha podido manifestar que Jesús es aquel que posee el Espíritu y puede hacer este don, prometido para la era mesiánica, a todos los hombres.

Espíritu Santo, te damos gracias porque has consagrado a Jesús profeta y Mesías y te has manifestado en él con plenitud, para que él pudiera derramar tus dones sobre nosotros. Te pedimos nos hagas redescubrir el significado de nuestro bautismo como don tuyo y del amor del Padre, para responder con coherencia de vida a los compromisos que hemos asumido el día de nuestro renacer como hijos de Dios. Haznos capaces de ser auténticos testimonios tuyos, sin manipulaciones y sin compromisos de ningún género, para anunciar en nuestro mundo la liberación, la justicia y la salvación que tú nos has dado a manos llenas. Haz que tu Iglesia sea en el mundo signo de tu presencia, y forme una verdadera familia de hermanos, unidos en la fe y la caridad evangélicas, con una vida dedicada a tu servicio y al de los más pobres y necesitados.

 

CONTEMPLATIO

Vuelve mi Jesús y vuelve el misterio, un misterio sublime y divino. En los días pasados hemos celebrado, como convenía, el nacimiento de Cristo; lo hemos glorificado junto con los ángeles: lo hemos tenido en nuestros brazos con Simeón y lo hemos confesado con Ana.

Ahora, sin embargo, hay otra acción de Cristo y otro misterio: Cristo es iluminado, Cristo es bautizado. Meditemos un poco sobre las distintas formas de bautismo. Bautiza Juan con el propósito de suscitar la penitencia; bautiza también Jesús y Él, sí, bautiza en el Espíritu. Éste es el bautismo perfecto. Conozco también otro bautismo, el del testimonio de sangre, que fue impartido también a Cristo mismo y es un bautismo mucho más venerable que los otros, porque después no será ensuciado por otras manchas. Conozco aún otro que es el de las lágrimas: pero éste es un bautismo más arduo: es el del enfermo, es el bautismo del que pronuncia las palabras del publicano en el templo (...). Al hombre ha sido dada toda palabra y para él se ha instituido todo misterio, a fin de que vosotros lleguéis a ser como lámparas en el mundo, potencia vivificadora para los demás hombres (Gregorio Nacianceno, Homilías sobre la natividad, discurso 39, Madrid 21992).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto, en el que me complazco" (Mt 3,17).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Fred, lo que quiero decirte es que eres amado, y lo que espero es que tú puedas escuchar estas palabras como te fueron dichas, con toda la ternura y la fuerza que el amor puede darles. Mi único deseo es que estas palabras puedan resonar en cada parte de tu ser: tú eres amado.

El máximo regalo que mi amistad pueda hacerte es el don de hacerte reconocer tu condición de "ser amado". Puedo hacerte este don sólo en la medida en que lo quiero para mí mismo. No es ésta la amistad: darnos uno al otro el don de "ser amados"? Sí, es la voz, la voz que habla desde lo alto y desde dentro de nuestros corazones, que susurra dulcemente y declara con fuerza: "Tú eres el amado, en tí me complazco". No es ciertamente fácil escuchar esta voz en un mundo lleno de otras voces que gritan: "No eres bueno, eres feo, eres indigno; eres despreciable, no eres nadie... y no puedes demostrar lo contrario".

Estas voces negativas son tan fuertes y tan insistentes que es fácil creerlas. Ésta es la gran trampa. Es la trampa del rechazo de nosotros mismos. En el curso de los años, he llegado a darme cuenta de que, en la vida, la mayor trampa no es el éxito, la popularidad o el poder, sino el rechazo de nosotros mismos. Naturalmente, el éxito, la popularidad o el poder pueden ser una tentación grande, pero su fuerza de seducción deriva a menudo del hecho de que forman parte de una tentación mayor, la del rechazo de nosotros mismos. Cuando se presta oídos a las voces que nos llaman indignos y no amables, entonces el éxito, la popularidad o el poder son fácilmente percibidos como soluciones atractivas. Pero la verdadera trampa, repito, es el rechazo de nosotros mismos (H. J. M. Nouwen, Tú eres mi amado: la vida espiritual en un mundo secular, Madrid s.f.).

 



Día 13

Lunes de la 1ª semana del Tiempo ordinario

 

 

Primera lectura: Hebreos 1,1-6

1 Muchas veces y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros antepasados por medio de los profetas;

2 ahora, en este momento final nos ha hablado por medio del Hijo, a  quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el universo.

3 El Hijo que, siendo resplandor de su gloria e imagen perfecta de su ser, sostiene todas las cosas con su Palabra poderosa y que, una vez realizada la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de Dios en las alturas

4 y ha venido a ser tanto mayor que los ángeles cuanto más excelente es el título que ha heredado.

5 En efecto, a qué ángel dijo Dios alguna vez: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. Y también: Yo seré padre para él y él será hijo para mí?

6 Y, de nuevo, cuando introduce a su Hijo primogénito en el mundo, dice: Que lo adoren todos los ángeles de Dios.


 

**• Los cristianos procedentes del judaísmo, a quienes va dirigida la carta a los Hebreos, están acechados por dos pruebas que podrían inducirles a la apostasía: la nostalgia de los ritos del templo de Jerusalén, de los que han sido excluidos, y el presagio de nuevas e inminentes persecuciones. El autor, a fin de confirmarlos en la fe, les presenta la belleza y la profundidad del misterio de Cristo, haciendo una continua referencia al culto judío; por otra parte, alterna la exposición doctrinal con exhortaciones a la perseverancia y a la fidelidad.

El exordio (w. 1-4), donde presenta el esbozo de los temas que va a desarrollar en la carta, tiene casi el tono de una doxología. Está centrado en la novedad cristiana fundamental: el Dios de los Padres es único, pero no un solitario; en la perfecta comunión de las personas es, eternamente, Padre de un Hijo cuyo misterio se ha hecho presente entre nosotros "ahora". El autor traza, de una manera sintética, sus rasgos: el Hijo es creador junto con el Padre, le revela plenamente y participa de su soberanía (w. lss). En él mora todo el resplandor de Dios, que se hace así perceptible al hombre (v. 3a): el templo era un símbolo de esta realidad que se cumple en Jesús. Éste, que es el verdadero templo, es asimismo el verdadero sacerdote que ha llevado a cabo "la purificación de los pecados" con la ofrenda sacrificial de sí mismo: éste es el culto definitivo que nos abre el acceso a Dios, a cuya diestra está sentado ahora el Hijo (v. 3b). Aunque ha asumido nuestra naturaleza (v. 6a), Cristo es muy superior a los ángeles: tiene, en efecto, una relación de origen absolutamente única con Dios (v. 5), que le ha constituido primogénito de toda criatura (v. 6; cf. Col 1,15-18) y le ha dado su mismo "nombre": Señor, Kyrios (v. 4; Flp 2,9-11).



 

Salmo 96.

R. Adorad a Dios todos sus ángeles.

El Señor reina, la tierra goza,

se alegran las islas innumerables.

Justicia y derecho sostienen su trono.



Los cielos pregonan su justicia,

y todos los pueblos contemplan su gloria.

Adoradlo todos sus ángeles.



Porque tú eres, Señor,

Altísimo sobre toda la tierra,

encumbrado sobre todos los dioses.

 

Evangelio: Marcos 1,14-20

14 Después de que Juan fue arrestado, marchó Jesús a Galilea, proclamando la Buena Noticia de Dios.

15 Decía: - Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.

16 Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que estaban echando las redes en el lago, pues eran pescadores.

17 Jesús les dijo: - Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres.

18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron.

19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes.

20 Jesús los llamó también, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

 

 

        *•• Estos versículos muestran de manera concreta lo que significa la llamada de Jesús: "Creed en el Evangelio" (v. 15). Muestran la actitud nueva y radical del cristiano.

        Las dos escenas de vocación están estructuradas del mismo modo. Señalemos el dinamismo de la llamada: el Jesús que llama está siempre en movimiento. Se trata, en efecto, de la llamada a un nuevo éxodo, hacia el camino inaudito y nuevo del Evangelio: "Venid detrás de mí" (v. 17). "Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron." Todo este dinamismo se desprende de la mirada y de la llamada de Jesús. No se trata de una iniciativa que parte del hombre, no se trata de un camino del hombre, sino del camino de Dios entre los hombres. La confianza y la entrega a la persona de Jesús hacen posible el seguimiento. Está claro que ir con Jesús es una perspectiva que reclama las opciones indicadas aquí de modo vago con el verbo "dejar": se trata de un dejar con la mirada puesta en una realización; de un dejar que no empobrece. Es posible dejar? Sí, porque él nos precede con una mirada penetrante que realiza y devana una identidad: es la mirada con la que Jesús nos invita, creando una relación personal con cada uno. El Jesús que pasa y ve, dice una palabra en este momento presente, pero es una palabra cargada con una promesa futura, que se convierte en la estructura de todo abandono y de todo seguimiento. Jesús va al encuentro del hombre en su vida cotidiana para cambiar su destino. Jesús proyecta, mediante su ver y su fijarse, una especie de energía.

        Se trata de una mirada que elige, que transmite una fuerza, que revela una identidad y la hace posible. Jesús no ve a pescadores, sino a personas que tienen un nombre y desarrollan una profesión; una mirada que los hace despegar de las arenas movedizas en las que habían caído.

 

 

MEDITATIO

        Ana conoce por propia experiencia la dureza de las relaciones humanas. Es una persona que, como otras muchas, junto al dolor agudo de la propia pobreza personal, debe experimentar la aflicción de la humillación que le infligen los otros. Y a esto le añade aún una nota ulterior de tristeza el hecho de que todo esto lo produzca una persona implicada en la práctica religiosa.

        Esto mismo puede pasar también en nuestros días. A las normas cultuales, observadas de modo sereno, no les acompaña una obligada atención para instaurar relaciones marcadas por la fraternidad. El culto a Dios no prosigue, tras la obligada preocupación por nosotros mismos, en la escrupulosa atención a las pasiones que se agitan en nosotros y pueden causar heridas a nuestro hermano, sino que se eclipsa con la explosión de sentimientos espontáneos que son vividos hasta alcanzar una brutalidad lacerante.

        Particularmente preciosa se presenta la actitud benévola de Elcaná, que pone todo su empeño en consolar y pacificar a la mujer amada. Se muestra como un hombre que, al encontrar en el templo la misericordia y la ternura de Dios, es capaz de reproducirla en el ámbito familiar. El tiempo nuevo que se está gestando, inaugurado por el Señor, tiene como característica dominante la creación de nuevas relaciones marcadas por la misericordia.

Por otra parte, por haberla manifestado de una manera radical en su existencia terrena, el Verbo que nos habló ha sido definido como "irradiación de la gloria de Dios e impronta de su sustancia".

 

 

ORATIO

        Te invoco, Señor de mi vida; a ti dirijo mis deseos y mis palabras. Haz que yo escuche tu voz. Ella me llama, desde el mar en que nos debatimos para no ahogarnos, a ti, orilla por la que suspiramos. Que tu Palabra nos encuentre dispuestos a dejar y cortar las redes de las que tú nos liberas, redes que nos mantienen atados a lo que está destinado a morir.

        Haz que nuestra mirada pueda reconocerte en los acontecimientos cotidianos, que nuestro corazón vuelva a pensar en ti y que encuentren paz los pensamientos.

        Que nuestro afecto permanezca estrechamente ligado a ti y florezcan la amistad y la fraternidad en nuestra tierra.

        Que la justicia, la paz y la alegría vuelvan a reinar entre los hombres.

 

 

CONTEMPLATIO

        No quieras buscar ninguna cosa fuera del Señor; busca al Señor y él te escuchará; y mientras todavía estés hablando, te dirá: "Estoy aquí". Qué significa "Estoy aquí"? Estoy presente. Qué quieres, qué esperas de mí? Todo lo que puedo darte es nada en comparación conmigo. Tómame a mí mismo, goza de mí, acércate a mí. Aún no puedes hacerlo del todo, pero tócame con la fe y quedarás inseparablemente unido a mí, y yo te libraré de todos tus fardos, para que puedas adherirte a mí por completo (Agustín de Hipona, Exposición sobre el salmo 33, 9ss).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Está llegando el Reino de Dios" (Mc 1,15).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Tú caminas a mi lado Tú caminas a mi lado, Señor. No deja huellas en la tierra tu paso. No te veo: siento y respiro tu presencia en cada tallo de hierba, en cada átomo de aire que me nutre.

        Por el sendero oscuro que discurre entre los prados me llevas a la iglesia de la aldea, mientras arde la puesta del sol detrás del campanario. Todo en mi vida ardió y se consumió como la hoguera que ahora prende a occidente y dentro de poco será cenizas y sombra: sólo me queda salva esta pureza de infancia que remonta, intacta, el curso de los años por la alegría de volver a encontrarte. No me abandones más. Hasta que no caiga mi última noche -aunque sea esta misma-, colma sólo de ti desde los rocíos a los astros, y transfórmame en gota de rocío para tu sed y en luz de astro para tu gloria (A.           Negri, Fons Ámoris, Milán 1946).


 



Día 14

Martes de la 1ª semana del Tiempo ordinario

 

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 2,5-12

5 Porque no fue a los ángeles a quienes sometió el mundo futuro del que hablamos.

6 Así lo ha testimoniado alguien en algún lugar de la Escritura: Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que te preocupes por él?

7 Lo hiciste un poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y honor;

8 todo lo sometiste bajo sus pies Al someterle todas las cosas, no dejó nada sin someter. Es cierto que ahora no vemos que le estén sometidas todas las cosas,

9 pero a aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos coronado de gloria y honor por haber padecido y muerto. Así, por disposición divina, gustó él la muerte en beneficio de todos.

10 Pues era conveniente que Dios, que es origen y meta de todas las cosas, y que quiere conducir a la gloria a muchos hijos, elevara por los sufrimientos al más alto grado de perfección al cabeza-de fila que los iba a llevar a la salvación.

11 Porque, santificador y santificados, todos proceden de uno mismo. Por eso Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos

12 cuando dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.


 

*+• El primer tema desarrollado en la carta a los Hebreos es el de la superioridad de Cristo sobre los ángeles, una superioridad afirmada a partir de la filiación divina de Jesús (1,5-14) y puesta de manifiesto, en esta perícopa, considerando asimismo su condición humana.

Sin embargo, esta demostración doctrinal se dilata a través de la contemplación y del anuncio del designio redentor de Dios (vv. 9-11). Esto pasa a través de la humillación del Hijo, que, por amor, se hace partícipe de la naturaleza humana -interior a la angélica, aunque objeto también de la bendición divina (cf. w. 5-8)- hasta las consecuencias extremas del sufrimiento y de la muerte, experimentadas en beneficio de todos.

Aquí se revela la maravillosa "justicia" de Dios (v. 10): el que es creador y fin de todas las cosas ha considerado tan importante al hombre que ha querido atraerlo a la comunión filial consigo. Con tal objeto, se ha hecho solidario hasta el fondo con nosotros en su Unigénito, enviado para llevarnos a la "salvación", a la "gloria", al "mundo futuro" (vv. 5.10). Dios, en su infinita gratuidad, lleva a cabo nuestra santificación a través del humilde amor de Jesús, que se entrega a sí mismo para poder llamarnos "hermanos" y anunciarnos el nombre -la realidad- del Padre (w. 1 lss).



Salmo 8.

R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos



2Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
3 De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

4 Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
5 ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

6 Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
7 le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:





Evangelio: Marcos 1,21-28

En aquel tiempo,

21 llegaron a Cafarnaún y, cuando llegó el sábado, entró en la sinagoga y se puso a enseñar a la gente

22 que estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los maestros de la Ley.

23 Había en la sinagoga un hombre con espíritu inmundo, que se puso a gritar:

24 - Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? Has venido a destruirnos? !Sé quien eres: el Santo de Dios!

25 Jesús le increpó diciendo: - !Cállate y sal de ese hombre!

26 El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él

27 Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: - Qué es esto? !Una doctrina nueva llena de autoridad! !Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos le obedecen!

28 Pronto se extendió su fama por todas partes en toda la región de Galilea.

 

        *+ En este fragmento de Marcos encontramos dos temas entrelazados: la enseñanza de Jesús, repleta de autoridad, y su poder de expulsar a los demonios. El evangelista quiere mostrar, en primer lugar, que la enseñanza de Jesús posee una eficacia extraordinaria.

        Su autoridad consiste en realizar lo que dice, en hacerse obedecer y liberar del mal. Jesús no enseña como los maestros de la Ley, sino como alguien que está investido del Espíritu Santo (Mc 1,9-11). Marcos se complace en poner el acento en la figura de Jesús como Maestro: ya desde el comienzo de su evangelio, en nuestro fragmento, aparece Jesús como alguien que enseña. La Palabra de Jesús nos pone frente a frente con el poder mismo de Dios. Tiene lugar, a continuación, el choque con el "espíritu inmundo". En el grito del hombre poseído resuena la cita de una frase de la Escritura: "Qué tienes contra mí, hombre de Dios? Has venido...?" (1 Re 17,18). Esta frase del libro de los Reyes está dirigida al profeta Elias por una mujer cuyo hijo se encuentra enfermo de gravedad y al que cura el profeta.

        Cambiando "hombre de Dios" por "Jesús de Nazaret", nos presenta Marcos a Jesús como el verdadero profeta que cura. Jesús es el Santo de Dios, sus palabras están dotadas del poder divino. La Palabra de Jesús es una palabra que renueva, transforma y rehace al hombre.

 

 

MEDITATIO

        Jesús experimentó la muerte "por la gracia de Dios". Eso nos dice de modo paradójico el autor de la Carta a los Hebreos. Por nuestra parte, no nos sentimos inclinados a unir la gracia con el sufrimiento. Solemos considerar como una gracia que se nos dispense del mismo, mientras que interpretamos el dolor como un signo de la privación de la gracia. Ahora bien, dado que esta última es, más que un don, Dios mismo que se acerca a nosotros con benevolencia, interpretamos la presunta falta de gracia como ausencia o muerte de Dios. Sin embargo, el caso de Ana parece confirmar esta convicción: esta mujer advierte como un don de Dios la liberación de la aflicción de su esterilidad.

        También el hombre que es liberado de la esclavitud del diablo en el evangelio recibe la curación y el don de una vida serena. Todo esto nos recuerda que el fin último del proyecto de Dios consiste en liberar al hombre de todo mal. La nueva creación, llevada a cabo por Dios mismo, no prevé la presencia del dolor. Sin embargo, en la situación presente, dado que el hombre no se encuentra aún en la realidad ideal del mundo futuro, sino que debe participar en la dramática lucha contra el mal, y no algunas veces o en ciertas circunstancias excepcionales, sino como una situación ordinaria, el amor que se asigna a Dios como puro don gratuito no sólo soporta, no sólo acepta, sino que desea la travesía del desierto del dolor. Esto no vale para esbozar los rasgos de una filosofía universal del dolor (cf. Heb 2,9).

        Vale para comprender la calidad del amor de Cristo por los hombres y, por consiguiente, el amor de Dios. No presenta argumentos indiscutibles para la "defensa de Dios", pero puede poner en marcha al creyente para revivir la misma gracia. Bastará con esta convicción para crear la resignación o el consuelo? En el fondo, el elemento decisivo no consiste en este buen resultado de carácter psicológico. A quien ama le basta con saber amar y con saber que Dios puede apreciar como acontecimiento providencial precisamente la "estupidez" de mi incomprensible sufrimiento.

 

 

ORATIO

        Oh Dios, te invoco a la puesta del sol: ayúdame a orar y a concentrar en ti mis pensamientos, porque por mí mismo no sé hacerlo. Hay oscuridad dentro de mí, pero junto a ti está la luz; estoy solo, pero sé que tú no me abandonas; estoy asustado, pero junto a ti está la ayuda; estoy inquieto, pero junto a ti está la paz; en mí está la amargura, pero junto a ti está la paciencia; no comprendo tus caminos, pero tú conoces el mío (D. Bonhoeffer).

 

 

CONTEMPLATIO

        Tu deseo es tu oración; si tu deseo es continuo, continua será tu oración. No en vano dijo el apóstol: "Orad sin cesar". Acaso doblamos las rodillas, postramos el cuerpo o levantamos las manos sin interrupción para que pueda afirmar: Orad sin cesar? Si decimos que sólo podemos orar así, creo que no podemos orar sin cesar. Ahora bien, hay otra oración interior y continua, y es el deseo. Hagas lo que hagas, si deseas aquel reposo sabático, no interrumpas nunca la oración. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo. Tu continuo deseo será tu voz, es decir, tu oración continua. Callarás si dejas de amar. [...] La frialdad en la caridad es el silencio del corazón; el fervor de la caridad es el clamor del corazón. Si la caridad permanece constante, clamarás siempre; si clamas siempre, siempre desearás (Agustín de Hipona, Exposición sobre el salmo 37, 14).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ana se presentó al Señor y elevó a él su oración" (cf. 1 Sm 1,9ss).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        A modo de imagen, voy a partir de la experiencia de ciertos monjes de los primeros tiempos de la Iglesia, allá por los siglos III y IV. De noche se mantenían de pie, en posición de espera. Se erguían allí, al aire libre, derechos como árboles, con las manos levantadas hacia el cielo, vueltos hacia el lugar del horizonte por el que debía salir el sol de la mañana. Su cuerpo, habitado por el deseo, esperaba durante toda la noche la llegada del día. Esa era su oración. No pronunciaban palabras. Qué necesidad tenían de ellas? Su Palabra era su mismo cuerpo en actitud de trabajo y de espera. Este trabajo del deseo era su oración silenciosa. Estaban allí, nada más. Y cuando llegaban por la mañana los primeros rayos del sol a las palmas de sus manos, podían detenerse y reposar. Había llegado el sol.

        Esta espera, de la que es imposible decir si es más corporal o espiritual, si es más específicamente conceptual o afectiva, se encuentra en la experiencia espiritual. Siempre será para nosotros una tentación constante pretender identificar a Dios con algo de orden afectivo o bien de orden racional, de orden físico o bien de orden cerebral. La espera afecta a todo nuestro ser. Y lo que llega a nosotros es, precisamente, el rayo que, iluminando las palmas de nuestras manos y cambiando poco a poco el paisaje, nos anuncia que viene el sol, diferente a lo que la noche nos permite conocer (M. de Certeau, Ma! senza l'altro Magnano 1993).

 



Día 15

Miércoles de la 1ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 2,14-18

Hermanos:

14 puesto que los hijos tenían en común la carne y la sangre, también Jesús las compartió, para poder destruir con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo,

15 y librar a aquellos a quienes el temor a la muerte tenía esclavizados de por vida.

16 Porque ciertamente no venía en auxilio de los ángeles, sino en auxilio de la raza de Abrahán.

17  Por eso tenía que hacerse en todo semejante a sus hermanos, para ser ante Dios sumo sacerdote misericordioso y digno de crédito, capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo.

18 Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba.


 

**• El autor de la carta, profundizando en el significado de la solidaridad de Cristo con nosotros, explora, por así decirlo, los confines de la misericordia divina. Jesús ha asumido plenamente la realidad del hombre, marcada por la fragilidad y la muerte a causa del pecado. Aunque no conoció el pecado (cf. 4,5), cargó sobre sí las consecuencias del mismo. De este modo, pudo liberar a la humanidad -sometida al dominio del diablo, artífice del pecado y de la muerte- no desde fuera y desde arriba, sino desde el interior: una liberación "impuesta" no habría sido ni auténtica ni eficaz. El Hijo, sin embargo, se hizo partícipe de nuestra condición, a fin de que nosotros pudiéramos participar de la suya. Como buen samaritano, se inclinó sobre aquel que más necesidad tenía de sus curas: no los ángeles, sino la raza de Abrahán (v. 16); a saber, todos los peregrinos de la fe en este valle de lágrimas.

Puesto que esta asimilación total con nosotros por parte de Cristo nos rescata del pecado, Cristo cumple perfectamente la función sacerdotal: él es el verdadero sumo sacerdote, "misericordioso" con los hombres –cuyos sufrimientos conoce por experiencia personal- y "digno de crédito" en las cosas relacionadas con Dios, puesto que ha sido enviado por el Padre para nuestra salvación.



 Salmo 104.

R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.



 

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,

dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo,

que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder,

buscad continuamente su rostro.

Recordad las maravillas que hizo,

sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;

hijos de Jacob, su elegido!

Se acuerda de su alianza eternamente,

de la palabra dada, por mil generaciones;

de la alianza sellada con Abrahán,

del juramento hecho a Isaac.



Evangelio: Marcos 1,29-39

En aquel tiempo,

29 al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan.

30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Le hablaron en seguida de ella,

31 y él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. La fiebre le desapareció y se puso a servirles.

32 Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados.

33 La población entera se agolpaba a la puerta.

34 Él curó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era.

35 Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar.

36 Simón y sus compañeros fueron a buscarle.

37 Cuando lo encontraron, le dijeron: - Todos te buscan.

38 Jesús les contestó: - Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido.

39 Y se fue a predicar en sus sinagogas por toda Galilea, expulsando los demonios.

 

 

        *• Con este fragmento concluye Marcos la primera jornada mesiánica de Jesús. Ésta representa un poco la actividad de la jornada típica seguida por sus discípulos y por los que leen el evangelio con tal sorpresa y admiración que les hace preguntarse: "Quién es éste?" (Mc 1,27). El primer milagro que el evangelio nos ofrece parece de tan poca monta que corre el riesgo de pasar desapercibido: el milagro sigue siendo un signo que remite a otra cosa; así, la simple curación de una fiebre, que ciertamente no llama la atención, lleva en sí un significado fundamental.

        La suegra de Pedro vuelve a estar en condiciones de "servir". Este "servir", con el que se cierra este primer milagro, encierra el programa mesiánico de Jesús, que está entre nosotros "como el que sirve" (Lc 22, 27). Esa es la característica fundamental dejada por Jesús en herencia a sus discípulos antes de morir; en este sentido, la suegra de Pedro se convierte en el prototipo del creyente liberado que puede ofrecer su servicio a los hermanos.

        Igualmente significativa es la salida nocturna de Jesús a orar en un lugar desierto, colocada al término de una dura jornada de evangelización. Podemos considerar esta oración de Jesús como su éxodo de la fatiga cotidiana para encontrarse con el Padre. Y gracias a esta oración podrá responder a Pedro: "Vamos a otra parte", superando la fácil tentación que supone un fácil mesianismo ligado al "todos te buscan". Toda la población está agolpada en la plaza, todos le buscan, pero Jesús no vuelve atrás y se va a "otra parte", para que llegue allí también su salvación.

 

 

MEDITATIO

        Las lecturas de hoy ponen de relieve, en diferentes planos, el papel principal que debe ejercer Dios en la vida de todo creyente. Jesús, ante las invitaciones de la gente de su medio, elige dar prioridad a la misión recibida del Padre; y Samuel, con la disponibilidad conquistada tras cierto trabajo, se vuelve disponible para seguir la voluntad de Dios en su vida. En todo caso, la propensión a abrirnos a la voluntad de Dios y, a continuación, la actuación práctica de éste suscitan al mismo tiempo la adquisición de dos estados de ánimo diferentes y complementarios entre sí. Ser elegidos por Dios como colaboradores suyos suscita un sentimiento de alegría desconcertante, de maravilla inesperada y de reverente aprensión.

        Afirmar, como María, "hágase en mí según tu Palabra " no significa aprender a resignarse, sino que implica, en primer lugar, abrirse, con una admiración empapada de alegría, a un proyecto seductor. Pero, la correspondencia a tanto don exige atravesar y superar las pruebas. Esto no implica siempre la necesidad de asumir un compromiso doloroso (aunque sea necesaria la disponibilidad para el mismo), pero sí requiere, en todo caso, la capacidad de discernimiento.

        No respondemos a Dios con la verdad si la obediencia vivida no nos habilita para adquirir cierta sintonía con él, de modo que advirtamos intuitivamente, mediante un sexto sentido espiritual, lo que se nos pide de vez en cuando. Una condición ulterior para esta correspondencia natural cotidiana es la oración prolongada y perseverante, ésa de la que nos da testimonio Jesús, dispuesto a buscar a su Dios hasta la llegada de la aurora.

 

 

ORATIO

        Qué soy yo para ti, Señor? Por qué deseas ser amado por mí hasta el punto de que te inquietas si no lo hago? !Como si no fuera ya una gran desventura no amarte...! Dime, te lo ruego, Señor, Dios misericordioso, qué eres tú para mí? Dilo, que yo lo oiga. Los oídos de mi corazón, Señor, están ante ti; ábrelos y dile a mi alma: "Yo soy tu salvación". Perseguiré esta voz y así te alcanzaré (Agustín de Hipona).

 

 

CONTEMPLATIO

        Intentamos comprender la vocación con la que nacen los elegidos: no han sido elegidos por haber creído, sino que han sido elegidos a fin de que crean. El mismo Señor nos revela bastante bien el sentido cuando dice: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que os elegí yo a vosotros". En efecto, si hubieran sido elegidos por haber creído, evidentemente habrían sido ellos los primeros en elegirlo al creer en él, y por eso habrían merecido ser elegidos. Ahora bien, el que dice: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que os elegí yo a vosotros", excluye por completo esta hipótesis. Sin embargo, está fuera de duda que también ellos le han elegido cuando creyeron en él. Cuando dice: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que os elegí yo a vosotros", quiere dar a entender esto: no fueron ellos quienes le eligieron para poder ser elegidos, sino que fue él quien les eligió a fin de que lo eligieran (Agustín de Hipona, La predestinación de los santos 17,34).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "!Habla, Señor!" (cf. 1 Sm 3,9-10).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El magno e inefable diálogo entre Dios y el hombre que constituye nuestra religión supone, en el hombre mismo, una actitud receptiva particular. Si el hombre busca y escucha la Palabra de Dios, la Verdad salvadora entra en el alma y engendra nuevas relaciones entre Dios y el hombre: la fe, la vida sobrenatural. Pero si el hombre no escucha, Dios habla en vano; se abre un drama tremendo.

        En la Biblia aparece por doquier esta alternativa decisiva, la escucha del hombre es, por excelencia, un acto racional y voluntario, pleno y consciente del obsequio tributado al Dios que revela, pero supone la maduración interior, trabajada por la gracia, de una disposición innata y honesta para el encuentro con Dios. Como edad de la crisis y edad de la elección, la juventud está más expuesta a padecer el influjo arreligioso y antirreligioso de nuestro tiempo. Ahora bien, en cuanto edad del pensamiento y edad del amor, la juventud es la más capaz de comprender el valor religioso de la vida y de dar a su piedad un profundo significado personal, que adquiere a menudo una dramática expresión moral, una especie de fidelidad inmolada y total, plena de impulso apasionado, si bien todavía poco segura, como un vuelo, aunque espléndida y generosa, precisamente como un vuelo milagroso realizado en los cielos del heroísmo y de la poesía. Esto tiene lugar cuando el sentido religioso se pronuncia -como tormento, como atractivo, como alegría, poco importa- de un modo tan vigoroso que constituye un juego íntimo y sublime de libertad y de obligación, y se vuelve determinante desde el punto de vista moral.

        Es entonces, por lo general, cuando la voz interior se revela, no ya como propia, sino como eco de otra voz, lejana y próxima, la de Dios (G. B. Montini, Sul senso religioso, 1957 [edición española: El sentido religioso, Ediciones Sígueme, Salamanca 1964]).

 



Día 16

Jueves de la 1ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 3,7-14

Hermanos:

7 Por eso, como dice el Espíritu Santo: Si escucháis hoy su voz,

8 no endurezcáis vuestros corazones, como sucedió en el lugar de la rebelión el día de la prueba en el desierto,

9 cuando vuestros antepasados me pusieron a prueba después de haber visto mi actuación durante cuarenta años.

10 Por eso me enojé contra aquella generación y dije: Su corazón anda siempre extraviado; jamás han conocido mis caminos.

11 Por eso juré airado: !No entrarán en mi descanso!

12 Mirad, hermanos, que no se halle en alguno de vosotros un corazón malo e incrédulo que le aleje del Dios vivo.

13 Al contrario, exhortaos mutuamente cada día, mientras dura este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca por la seducción del pecado.

14 Porque participamos de la suerte de Cristo siempre y cuando mantengamos firme hasta el final la confianza del principio.


 

*+• El Espíritu Santo habla siempre en el "hoy" del hombre para ayudarle a vivir el presente según la voluntad de Dios. Sin embargo, el hombre se encuentra siempre tentado de endurecer el corazón a esta voz y seguir sus propios caminos torcidos, imposibilitándose la alegría de la comunión con Dios (es decir, su "descanso", w. 7-11). El autor de la carta a los Hebreos, alternando las exhortaciones con la exposición doctrinal, amonesta a los destinatarios a permanecer vigilantes sobre esa actitud interior. En efecto, "los padres" del antiguo Israel cayeron en la obstinación y en la incredulidad aunque habían "visto" las maravillas obradas por el Señor. Si se enojó con aquella generación, que había recibido por medio de Moisés la Ley de la alianza, cuánto más grave será la responsabilidad de quien endurece su corazón después de haber encontrado a Cristo, muy superior a Moisés (3,1-6), en cuanto Hijo de Dios.

Por consiguiente, es preciso renovar continuamente nuestra propia adhesión de fe: cada día se nos llama a decidir entre la docilidad a la voz del Señor o el hundimiento en el pecado que nos acecha (12,1). En esta buena batalla (cf. 1 Tim 1,18) por la fidelidad a Dios, los creyentes están invitados a apoyarse recíprocamente: es grande el consuelo que procede del testimonio recíproco, de la fe común en Jesús, cumplimiento supremo de las promesas de Dios y de las expectativas del hombre (w. 13ss).



 Salmo 94.  1-2. 6-7c. 7d-9

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras».



Evangelio: Marcos 1,40-45

En aquel tiempo,

40 se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: - Si quieres, puedes limpiarme.

41 Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: - Quiero, queda limpio.

42 Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.

43 Entonces lo despidió, advirtiéndole severamente:

44 - No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les conste a ellos.

45 Él, sin embargo, tan pronto como se fue, se puso a divulgar a voces lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él desde todas partes.

 

 

        **• Con este nuevo milagro hace estallar Jesús una auténtica revolución: no se aleja del leproso, como quería la Ley; no rechaza el contacto con él, no teme ninguna amenaza. Su propuesta no consiste ya en separarse del inmundo, sino en la transformación por contagio vital que va del puro al inmundo. Jesús encarna al hombre puro y sagrado que "contagia" y atrae a su propia esfera al hombre inmundo y no sagrado. El leproso "se le acercó" (v. 40): no se trata sólo de un movimiento espacial, sino también de un movimiento del espíritu, porque le dice a Jesús: "Si quieres, puedes limpiarme" (v. 40). Con la venida de Jesús cayó el muro de la Ley (cf. Ef 2,14ss), porque Dios, el Santo, el Justo, se hizo en todo solidario con nosotros, enseñándonos el acceso a él. El gesto de extender la mano indica el poder de Jesús, que se manifiesta también por medio de su Palabra imperiosa: "Quiero, queda limpio" (v. 41). La salvación no está ya en la separación y en la marginación, sino en la reintegración, porque con Jesús ha entrado en el mundo el poder salvífico mismo de Dios. En el acontecimiento histórico de Jesús se ha hecho "visible" el poder sanador de Dios, que se pone de parte de los pobres, de los últimos de la sociedad de los hombres. Jesús inaugura una sociedad nueva, una sociedad que no margina a nadie, que no separa, que no excluye, sino que es consciente de poseer el poder mismo de Dios que le ha sido dado por Jesús. Precisamente porque Jesús ha abolido el sistema que separaba lo puro de lo inmundo tal como se entendía en el mundo judío, queda libre el cristiano para Dios y para el prójimo.

 

 

MEDITATIO

        Hoy se nos vuelve a proponer la cuestión decisiva para la vida de la fe: "!Escuchad al Señor!". La Carta a los Hebreos la plantea como actitud válida para cada día. Decía un antiguo eremita: "Una voz invoca desde el fondo de tu corazón: !Conviértete hoy!". Allí donde no permanece con suficiente vigor este propósito, se abre camino el riesgo del endurecimiento del corazón. En efecto, la escucha obediente o el rechazo desobediente no es una simple cuestión de audición física, ni siquiera una cuestión de buena voluntad. El creyente debe desarrollar una "sensibilidad" propia al respecto. Sólo con un empeño permanente se adquiere la sensibilidad suficiente para percibir la voz del Señor o para advertir sus inspiraciones.De rebote, se corre el peligro atestiguado por el pueblo de Israel, tal como aparece en la lectura de hoy.

        Éste intenta construir una relación religiosa con Dios totalmente aparente, porque, a pesar de todo el aparato cultual desplegado y a pesar de las intenciones declaradas, no tiene ninguna seria intención de someterse a la decisión de Dios ni de respetar su voluntad, tal como se encuentra expresada en sus mandamientos. Los textos bíblicos nos recuerdan así una verdad que es bastante obvia: el primer paso hacia una relación auténtica con Dios consiste en la recuperación de una honestidad que aborrece toda ficción.

        El Señor, por su parte, se compromete a destruir, aun aceptando el riesgo de desfigurar y de provocar una crisis de fe en los hombres, todo aparato religioso que no parta de él y sea expresión de su auténtica voluntad. A veces, el desacralizador más radical es el mismo Señor. Frente a su santidad no resiste ninguna ambigüedad. Antes o después, queda el hombre al desnudo y debe elegir con autenticidad (o bien rechazar sin fingir).

 

 

ORATIO

        Concédeme, Señor Jesús, entrar contigo en la voluntad del Padre: que yo quiera lo que quiere él, que yo crea que él quiere siempre la salvación.

        Concédeme, con la fuerza del Espíritu, desear y pedir la verdadera curación.

 

 

CONTEMPLATIO

        Los malvados llevan a cabo muchas acciones contra la voluntad de Dios, pero éste posee tanta sabiduría y poder que todos los acontecimientos que parecen contrarios a su voluntad tienden a los objetivos y fines que él mismo ha previsto como buenos y justos. Por eso, cuando se dice que Dios ha cambiado de voluntad, de suerte que se muestra, por ejemplo, indignado con aquellos con quienes se mostraba indulgente, son ellos los que han cambiado, no Él, y en cierto sentido lo encuentran cambiado en las adversidades que padecen.  Del mismo modo cambia el sol para los ojos enfermos y, en cierto modo, se convierte de apacible en irritante, de agradable en inoportuno (Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, XXII, 2).

        En todo caso, por muy fuertes que puedan ser las voluntades de los ángeles o de los hombres, buenos o malos, favorables o contrarios a lo que quiere Dios, la voluntad del Omnipotente es siempre invencible; no puede ser nunca mala, puesto que, incluso cuando inflige males, es justa, y si es justa, a buen seguro, no es mala. El Dios omnipotente, ya sea que por misericordia experimente misericordia por quien quiere, ya sea que por el juicio endurezca a quien quiere, no lleva a cabo injusticia alguna, no realiza nada contra su propia voluntad y todo lo que quiere lo hace (Agustín de Hipona, Manual XXVI, 102).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Quiero, queda limpio" (Mc 1,41).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

No te pido que me cures:

sería ofensiva la demanda

que no puedes escuchar.

Lo que pido es que me salves,

que no me dejes para siempre

sometido a esta

muerte cotidiana.

Pido que la Nada no venza

y no vuelva yo a necesitar

encenderme de deseos,

y viva infeliz allí

como ahora aquí,

solo y alejado.

Tú sabes lo que me cuestas en remordimientos

y lo que yo te cuesto a ti por gracia:

que no se interrumpa la competición.

Yo, arrepintiéndome,

y tú, teniendo piedad de mí,

pues es necesidad para mí fallar

y para ti continuar perdiendo.

Así te pienso: un Dios

siempre expuesto a locuras,

a contentarse por cómo somos,

a perder siempre:

oh Luz incandescente

y piadosa.

(D. M. Turoldo, Canil ultimi, Milán 1991).

 



Día 17

Viernes de la 1ª semana del Tiempo ordinario o San Antonio abad

        Antonio nació el año 252 en Qeman, en el Medio Egipto, hijo de hacendados cristianos acomodados. Hacia los veinte años escuchó la proclamación del Evangelio: "Si quieres ser perfecto...". Fulminado por la invitación de Jesús, vendió los fértiles terrenos que recibió en herencia tras la muerte de sus padres y emprendió la vida ascética, primero, junto a su pueblo y, después, encerrándose en una necrópolis durante casi trece años. Tras diversos ataques demoníacos, se comprometió todavía más en la lucha ascética y se estableció en un fortín abandonado, donde se quedó durante otros veinte años.

    El año 306 dejó su retiro y aceptó tener discípulos. Para huir de la notoriedad, se retiró a la "montaña interior" (el monte Kolzum). Murió el 17 de enero del año 356, a los ciento cinco años muchos de los cuales transcurrieron enseñando a los solitarios, curando a los enfermos, refutando a los herejes con un ministerio carismático y autorizado que le ha convertido para siempre en el padre de los monjes.

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 4,1-5.11

Hermanos:

1 Temamos, pues, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros quede sin entrar.

2 Porque también nosotros hemos recibido la Buena Nueva como ellos, sólo que a ellos el mensaje no les sirvió de nada, porque no estaban unidos mediante la fe a aquellos que lo escucharon.

3 Pero nosotros, si tenemos fe, podemos entrar en este descanso del que ha dicho: Por eso juré airado: !No entrarán en mi descanso! En realidad, sus trabajos terminaron cuando dio fin a la creación del mundo,

4 porque en cierto pasaje se dice acerca del día séptimo: Y Dios descansó de toda su obra el día séptimo.

5 Pero volvamos a nuestro pasaje: No entrarán en mi descanso.

11 Apresurémonos, por tanto, a entrar en este descanso, para que nadie caiga en aquella misma desobediencia.

 

*+• La Palabra nos exhorta hoy a vivir con santo temor el tiempo presente, tendidos hacia el futuro que Dios nos ofrece: la comunión con él, su "descanso" (v. 1).

Esta promesa hecha a Israel es, no obstante, válida para los creyentes en Cristo, pero la "Buena Nueva" anunciada por Dios debe ser acogida con fe. El antiguo pueblo de la alianza se cerró el descanso del Señor precisamente por la incredulidad. Este riesgo amenaza también al nuevo pueblo de Dios: adherirse a Cristo no significa, efectivamente, asumir un conjunto de nociones teóricas, ni estipular de una vez para siempre un contrato ventajoso...

Es, más bien, una opción dinámica que requiere un compromiso perseverante, tanto en el ámbito personal, dado que la fe en la Palabra ha de ser constantemente innovada y llevada a la vida (v. 3), como en el ámbito eclesial, puesto que es en la comunidad de los creyentes donde ha de ser transmitida la Palabra. Ésta ha de ser acogida, además, obedeciendo con fe a cuantos la comunican (v. 2b).

Entonces podrá caminar el nuevo pueblo de Dios en la unidad, hacia la meta indicada por el Señor. Todos los que deseen entrar en su descanso, deberán vigilar constantemente para dar, con solicitud, los pasos que conducen a este descanso (v. 11).



Salmo 77.

R. ¡No olvidéis las acciones de Dios! 

Lo que oímos y aprendimos,

lo que nuestros padres nos contaron,

lo contaremos a la futura generación:

las alabanzas del Señor, su poder.



Pero dio orden a las altas nubes,

abrió las compuertas del cielo:

hizo llover sobre ellos maná,

les dio pan del cielo.



El hombre comió pan de ángeles,

les mandó provisiones hasta la hartura.

Los hizo entrar por las santas fronteras,

hasta el monte que su diestra había adquirido.







Evangelio: Marcos 2,1-12

1 Después de algunos días entró de nuevo en Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa.

2 Acudieron tantos que no cabían ni delante de la puerta. Jesús se puso a anunciarles el Mensaje.

3 Le llevaron entonces un paralítico entre cuatro,

4 Pero, como no podían llegar hasta él a causa del gentío, levantaron la techumbre por encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico.

5 Jesús, viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: - Hijo, tus pecados te son perdonados.

6 Unos maestros de la Ley que estaban allí sentados comenzaron a pensar para sus adentros:

7 - Cómo habla éste así? !Blasfema! Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?

8 Jesús, percatándose en seguida de lo que estaban pensando, les dijo:

- Por qué pensáis eso en vuestro interior?

9 Qué es más fácil? Decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decirle: "Levántate, carga con tu camilla y vete"?

10 Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados. Entonces se volvió hacia el paralítico y le dijo:

11 - Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

12 El paralítico se puso en pie, cargó en seguida con la camilla y salió a la vista de todos, de modo que todos se quedaron maravillados y daban gloria a Dios diciendo: - Nunca hemos visto cosa igual.

 

 

        *"• Con el fragmento evangélico de hoy comienzan una serie de controversias sobre la Ley (2,1-3,6). Éstas conducen a Jesús, desde el principio de su actividad, al choque con el poder religioso y civil. En el presente fragmento aparece la narración de un milagro. El punto focal se encuentra en el v. 10, en donde se declara el núcleo de la controversia y, junto con él, el objetivo del milagro: "Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados". El milagro mismo no es más que la demostración de este poder de reconciliación con Dios que reivindica Jesús. La atención se traslada de un mal físico a un mal más profundo, el pecado, que mantiene al hombre "paralizado" en sí mismo y en unas formas rígidas, incapaz de "caminar" y de avanzar según el plan de Dios.

        El significado quebrantador de tal afirmación es captado de inmediato por los maestros de la Ley; sin embargo, éstos no están dispuestos a aceptar la "blasfemia" que supone que este hombre pueda perdonar los pecados, porque "quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (v. 7). Pero Jesús responde aumentando la dosis sin equívocos: "Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados. Entonces se volvió hacia el paralítico y le dijo: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa"" (w. 10-11). El milagro es, por consiguiente, signo de su poder de reconciliación con Dios, y eso implica la superación de la ley que separa al hombre de Dios. Este poder, reservado sólo a Dios, se le entrega ahora al hombre en el Hijo del hombre, Jesús. Ésa es la blasfemia del Evangelio que será motivo de la condena de Jesús. Quien acoge, es decir, quien tiene fe en esta "blasfemia", puede levantarse, como el paralítico, y ponerse a caminar. La muchedumbre que ha estado presente, y que ha entrevisto algo del misterio de Jesús, expresa su propia admiración y prorrumpe en una exclamación que es una profundísima entrada en la fe: "Nunca hemos visto cosa igual" (v. 12).

 

MEDITATIO

        "Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres" (Mt 19,21). Antonio escuchó estas palabras como pronunciadas por el Señor. Su generosa respuesta procuró vigor en la Iglesia a la maravillosa realidad del movimiento monástico. No podemos, pues, volver a escuchar sin conmovernos las lecturas que nos propone hoy la liturgia. Éstas contienen claramente el itinerario que debemos recorrer si queremos agradar a Dios. Lo esencial, por consiguiente, consiste precisamente en el radicalismo de este deseo. Antonio se dejó conducir dócilmente por el Espíritu... Su vigor aumentó a lo largo del camino. La primera respuesta que le liberó de los bienes terrenos le abrió el camino a un compromiso evangélico cada vez, más enérgico, que le permitió caminar humildemente con su Dios, lejos de las miradas de los hombres.

    Sólo después de la gran lucha contra las pasiones, Antonio estuvo en condiciones de servir verdaderamente a los otros, convirtiéndose en amigo, hermano y padre de todos. Con una gran audacia, su itinerario pasó de la victoria sobre la tentación a la enseñanza y al cuidado de los hermanos, "inventando" -por así decirlo- un nuevo modelo de vida cristiana, que le convirtió en un maravilloso ejemplo de libertad, de ascesis viril, de fidelidad a la Palabra, de amor a Cristo y al prójimo. No en balde, la tradición ha reconocido siempre en él no sólo al padre de los monjes, sino, sobre todo, al "modelo" del cristiano.

 

ORATIO

        Ruego por vosotros, noche y día, a mi Dios que os conceda los mismos dones que me ha concedido a mí por su gracia, no porque yo fuera digno de ellos [...]: el gran Espíritu de fuego que yo mismo he recibido. !Recibidlo, pues, también vosotros!

    Y si queréis obtener que more en vosotros, presentad antes las fatigas del cuerpo y la humildad del corazón, elevando noche y día vuestros pensamientos al cielo.

    Pedid con corazón sincero este Espíritu de fuego, y os será dado [...]; cuando lo hayáis recibido, os revelará todos los misterios más altos [...]. Os ruego que abandonéis vuestra voluntad carnal y mantengáis la serenidad en cada cosa, a fin de que, con el apoyo del Espíritu Santo, moren en vosotros las potencias celestes y os ayuden a cumplir la voluntad de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien sea la alabanza eterna por los siglos de los siglos. Amén (Antonio Abad, Carta 8,1.3, passim).

 

 

CONTEMPLATIO

        Les aconsejaba, sobre todo, recordar siempre estas palabras del apóstol: "Que el sol no se ponga sobre tu ira" (Ef 4,26), y considerar estas palabras como dichas de todos los mandamientos: el sol no debe ponerse no sólo sobre la ira, sino sobre ningún otro pecado. Es enteramente necesario que el sol no condene por ningún pecado de día, ni la luna por ninguna falta o incluso pensamiento nocturno. Para asegurarnos de esto, es bueno escuchar y guardar lo que dice el apóstol: "Júzguense y pruébense ustedes mismos" (2 Cor 13,5). Por eso, cada uno debe hacer diariamente un examen de lo que ha hecho de día y de noche; si ha pecado, deje de pecar; si no ha pecado, no se jacte por ello. Persevere más bien en la practica de lo bueno y no deje de estar en guardia.

    No juzgue a su prójimo ni se declare justo él mismo, como dice el santo apóstol Pablo, "hasta que venga el Señor y saque a luz lo que está escondido" (1 Cor 4,5; Rom 2,16). A menudo no tenemos conciencia de lo que hacemos; nosotros no lo sabemos, pero el Señor conoce todo. Por eso, dejémosle el juicio a él, compadezcámonos mutuamente y "llevemos los unos las cargas de los otros" (Gal 6,2). Juzguémonos a nosotros mismos y, si vemos que hemos disminuido, esforcémonos con toda seriedad para reparar nuestra deficiencia (Atanasio, Vita Antonii, 55).

 

ACTIO

        Durante la jornada de hoy, repite y medita con frecuencia estas palabras de san Antonio: "Comenzando de nuevo cada día, aumentemos nuestro celo" (Atanasio, Vita Antonii, 16).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El acontecimiento que supuso Antonio en la historia de la Iglesia tiene una función -casi de matriz- análoga al ciclo de Abrahán en la historia del pueblo judío. Aunque vivida por uno solo, a título de ejemplo, simboliza a la humanidad en camino hacia Dios, una humanidad cuya vanguardia puede decirse que está compuesta por los monjes.

    En la vida de Antonio podemos divisar la actitud apasionada hacia la persona de Jesús. Antonio nos recuerda que el Reino de Dios está dentro de nosotros, es el tesoro escondido en el campo de nuestro corazón. Lo ha encontrado un hombre? Se va de allí, ebrio de alegría, y vende todo lo que posee. La búsqueda de lo absoluto impulsa al monje al desierto y se esconde en él periódicamente para encontrar ahí recursos: es aquí donde se forma como en un crisol el hombre interior. El desierto, a pesar de esto, no es más que un lugar de paso, y, a menudo, el espíritu que conduce a los monjes a él los lleva de nuevo -transfigurados- a la ciudad de los hombres: revestidos de su poder, se hacen humildes servidores de sus hermanos. Se trata de una dialéctica fecunda, cuyo prototipo nos presenta la vida de Antonio, movimiento de sístole y de diástole que constituye el latido mismo del corazón humano.

    No se trata de imitar materialmente esta vida, sino de dejarse penetrar por la luz que emana de ella (E. Bianchi, en N. Devilles, Antonio !I Grande, Milán 1973, pp. 1 lss).

 



Día 18

Sábado de la 1ª semana del Tiempo ordinario

 

 LECTIO

Primera lectura: Hebreos 4,12-16

Hermanos:

12 La Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que una espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

13 Así que no hay criatura que esté oculta a Dios. Todo está al desnudo y al descubierto a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuentas.

14 Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos.

15 Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que las ha experimentado todas, excepto el pecado.

16 Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia de un socorro oportuno.


 

*•*• Este fragmento presenta dos consideraciones, que concluyen y sintetizan una sección de la carta a los Hebreos y abren desarrollos ulteriores. La primera (w. 12ss) está unida a las exhortaciones precedentes (3,7-4,11), que se apoyan en las promesas y en las amenazas contenidas en algunos pasajes de la Escritura. Tras haber mostrado su cumplimiento, el autor puede afirmar la incoercible energía de la Palabra de Dios. Ésta es "viva, eficaz" y discierne la verdad incluso en esas profundidades interiores que el hombre es incapaz de sondear.

Aunque intentemos engañarnos a nosotros mismos y a los demás, no es posible mentir a Dios. Su Palabra tiene, por tanto, el poder de llegar a lo más íntimo de nosotros mismos para desenmascararnos e iluminarnos, a fin de que, "al vernos" con la mirada misma del Señor, podamos "enmendarnos", puesto que a él "hemos de rendir cuentas". La segunda consideración recupera el tema de Jesús "sumo sacerdote misericordioso" (señalado en 2,17ss): hasta ahora se ha explicado el alcance del adjetivo "misericordioso"; esta alusión prepara ahora otros desarrollos que van a seguir sobre el sacerdocio de Cristo.

Estas dos breves reflexiones son dos aspectos de un único mensaje: estamos invitados a caminar con santo temor bajo la guía verdadera de la Palabra de Dios y, al mismo tiempo, con plena confianza, puesto que Cristo, constituido en sumo sacerdote en favor de nosotros, ha experimentado nuestra debilidad y puede compartirla plenamente. Por consiguiente, si a la luz de la Palabra nos reconocemos frágiles y pecadores, no por ello ha de disminuir nuestra confianza: el trono de Dios es "trono de gracia", su realeza es misericordiosa, y Cristo mismo, sentado a la diestra del Padre, pide por nosotros la ayuda necesaria en la hora de la prueba (v. 15).



Salmo 18.

R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel e instruye a los ignorantes.



Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

El temor del Señor es puro y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos



Que te agraden las palabras de mi boca,

y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,

Señor, Roca mía, Redentor mío.





Evangelio: Marcos 2,13-17

En aquel tiempo,

13 Jesús volvió a la orilla del lago. Toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.

14 Al pasar, vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: - Sígueme. El se levantó y le siguió.

15 Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, pues eran ya muchos los que le seguían.

16 Los maestros de la Ley del partido de los fariseos, al ver que Jesús comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: - Por qué come con publicanos y pecadores?

17 Jesús lo oyó y les dijo: - No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

 

 

        **• En el pasaje de hoy se entiende la fe como seguimiento de Cristo. Se cuenta que Jesús "al pasar vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y le siguió" (v. 14). Leví se encuentra con Jesús y se hace cristiano en pleno ejercicio de su profesión "mundana". En todas las profesiones se puede "seguir" a Jesús, hacer lo que él hace. No pensaban así los fariseos, que reprocharon a Jesús que comiera "con publicanos y pecadores" (v. 16). Para los fariseos, ciertas profesiones eran incompatibles con la religiosidad judía, porque impedían observar el sábado y otras leyes.

        Para Jesús, en cambio, no hay profesiones que excluyan del discipulado cristiano. Lo que impide ser discípulo de Cristo es creerse "justo" y "sano", esto es, no sentirse necesitado de salvación. "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (v. 17). La cura que les aplica es estar con ellos, no excluirlos, no condenarlos, no juzgarlos. Ésa es la cura del mal interior del hombre. Esta paciencia, esta misericordia, esta longanimidad, es lo que constituye su cura. Es hermoso contemplar esta imagen de Jesús como médico; su terapia puede durar toda una vida, es decir, no puede ser excluida nunca, porque la terapia es su presencia, su estar con nosotros. El Señor parece querer decirnos que la conversión más difícil es la del justo o la de los que se consideran como tales.

 

 

MEDITATIO

        La Palabra del Señor actúa de manera eficaz. Penetra en nuestro corazón, lo pone al desnudo, lo juzga. Esta Palabra corresponde, sin embargo, al Hijo, que es capaz de compadecerse de nuestras debilidades y quiere presentarse como nuestro intercesor.

        La eficacia y la misericordia aparecen en el obrar de Dios en la vida de Saúl. El texto pone de relieve el proyecto gratuito de Dios, que precede a toda iniciativa por parte de Saúl. Pone de manifiesto cómo se despliega su acción utilizando situaciones normales, casi triviales, en la vida de las personas. Saúl no recibe un cargo honorífico, sino la habilitación para un servicio. La gracia sólo nos hace sentir su acción en nosotros cuando nos habilita en concreto para algún ministerio. Todo tiene lugar en lo escondido, sin clamor alguno. La eficacia de la Palabra no tiene nada que ver con el clamor mundano. Esto mismo aparece con más fuerza aún en el episodio narrado por el evangelio. La llamada de Leví anuncia la fuerza de la Palabra. También en este caso se despliega la total gratuidad del amor divino que llama: no hay ningún mérito, ninguna preparación por parte del elegido.

        También él se encuentra inmerso en el laborío de la vida, un laborío marcado, además, por la negatividad.  Esta vez, no obstante, el signo de la misericordia suscita clamor. Este tipo de fama no ayuda al Señor, que debe dar cuentas de su misericordia.

 

 

ORATIO

        Dame, Señor, un corazón atento y límpido; un corazón deseoso de encontrarte allí donde me encuentre, y de seguirte, es decir, de imitarte, desde el lugar en el que me encuentre. Un corazón atento para poder reconocer tus pasos en mi historia; en la pequeña, en la de todos los días, y en la grande, la que lleva los colores fuertes de la alegría o del dolor, de la esperanza que nos hace volar o de la desesperación que nos aplasta. Un corazón límpido, porque sólo la mirada de quien es profundamente puro y libre es capaz de ver..., de verte. Un corazón deseoso de encontrarte, porque ése es el camino seguro para descubrirte ya presente... Un corazón que quiera seguirte, porque sólo el camino del Evangelio, que eres tú, conduce a la vida plena y verdadera.

 

 

CONTEMPLATIO

        Pasa el Señor... En qué sentido pasa Jesús? Jesús realiza acciones temporales. En qué sentido pasa Jesús? Jesús realiza acciones transitorias. Considerad con mucha atención cuántas acciones suyas han pasado. Nació de la Virgen María, pero acaso nace continuamente? Fue amamantado cuando era niño, pero acaso está chupando la leche continuamente? Fue pasando por las distintas edades hasta la juventud, pero acaso creció de continuo físicamente? También los mismos milagros por él realizados pasaron: nosotros los leemos y los creemos. Tales hechos fueron escritos para que puedan ser leídos y, en consecuencia, pasaban una vez realizados. Por último, y para no detenernos en muchos otros hechos, fue crucificado, pero acaso está colgado de continuo en la cruz? Fue sepultado, resucitó, ascendió al cielo; ahora ya no muere más... su divinidad es permanente y la inmortalidad de su cuerpo ya no tendrá fin. Sin embargo, y a pesar de ello, todas las acciones que llevó a cabo Jesús en el tiempo pasaron, pero fueron escritas para ser leídas y son anunciadas para ser creídas.

        Por consiguiente, Jesús pasó a través de todas esas acciones... Jesús pasa también ahora... Me explicaré: cuando se leen los hechos que llevó a cabo el Señor mientras pasaba, siempre se nos presenta al Jesús que pasa... Comprendéis, hermanos, lo que digo? No sé, efectivamente, cómo expresarme, pero todavía sé menos cómo callar.  Pues bien, esto es lo que digo, y lo digo de manera abierta. Porque temo no sólo al Jesús que pasa, sino también al Jesús que permanece, por eso no puedo callar (Agustín de Hipona, Sermón 88, 10.9 y 14.13).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, el rey se alegra por tu fuerza" (de la liturgia).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Jesús "pasa": en el carácter opaco y al mismo tiempo transparente de las cosas que acaecen. Pasa: en la superposición de las inspiraciones, que iluminan el corazón. Pasa: en la pobreza y en la desesperación del hombre. "Pasa": por la rendija del egoísmo humano encerrado en sí mismo. Pasa: en la decepción de las cosas que se prometen y no se cumplen. Pasa: en la seguridad del bienestar y en la fatua satisfacción del llamado "nuevo rico".

        Pasa y vuelve: como la lanzadera de un telar. Como el amante encarnizado que no se resigna a la renuncia de su propio amor. Pasa cuando menos te lo esperas: así atraviesa el Señor tu vida. Pasa y se va; pasa y se queda, al mismo tiempo. De todos modos, deja huellas visibles y sensibles de su paso: la atracción de una invitación persistente, el clamor de una Palabra que no es posible callar, el tormento de un deseo que renace, la alegría de un compromiso que agita las fuerzas del hombre...

        Jesús pasa. Es uno de los muchos transeúntes con los que nos cruzamos en la calle. Son incontables los que nos "pasan" a derecha e izquierda, los que saltan, obstaculizan, cortan la calle, nos observan con una perfecta indiferencia. Muchos, demasiados, no se dan cuenta de nada. Pasan y no ven. Jesús pasa y "ve"... Se da cuenta de nosotros. De mí. Ve: en el corazón. A través de los deseos y las aspiraciones profundas. Ve: no tanto los rasgos de nuestra fisonomía y las actitudes de nuestro comportamiento.

        Ve: la dimensión interior del hombre: pensamientos, deseos, afectos, intenciones, disponibilidad, propósitos. La dureza del corazón ve y hace ver. Ve: la verdad entera que hay en el hombre. Me ve a mí... Jesús necesita encontrar en nosotros al hombre. Al hombre es a quien dirige su Palabra divina (F. Berra, lo ho scelto voi, Roma 1990, pp. 41-43).


 

 

Día 19

2° domingo del tiempo ordinario



LECTIO

Primera lectura: Isaías 62,1-5

1 Por amor a Sión no callaré, por amor a Jerusalén no descansaré hasta que su liberación brille como luz y su salvación llamee como antorcha.

2 Los pueblos verán tu liberación y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo pronunciado por la boca del Señor.

3 Serás corona espléndida en manos del Señor, corona real en la palma de tu Dios.

4 Ya no te llamarán "Abandonada", ni a tu tierra "Desolada", sino que te llamarán "Mi preferida", y a tu tierra, "Desposada", porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá un esposo.

5 Como un joven se casa con su novia, así se casará contigo tu constructor; como goza el esposo con la esposa, así gozará contigo tu Dios.

 

*"• Estamos en tiempos del edicto de Ciro. En él se concede a los exiliados judíos la vuelta a su patria y la reconstrucción de la  ciudad de Jerusalén (538 a. de C).

El texto recoge la visión del profeta sobre la ciudad santa, envuelta por el amor de Dios. Está descrita con una terminología tomada de una fiesta de bodas. Se trata de un anuncio salvífico de consolación y de esperanza: Dios es fiel, perdona y vuelve a acoger a su pueblo, aun cuando sea pecador y se haya alejado del pacto de la alianza.

El encuentro del Señor con Jerusalén es "liberación", esto es, signo de la acción salvífica de Dios; es "gloria", signo de su presencia amorosa en medio de su pueblo; es "salvación", puesto que Dios se ha acordado del "resto de Israel" y ha manifestado la fidelidad de su amor (cf. Os 2,15-25).

El pasaje de Isaías tiene cierta sintonía con el evangelio (Jn 2,1-12). Primero viene el motivo de la alianza, descrita con la imagen de unos esponsales: "Serás corona espléndida en manos del Señor, corona real en la palma de tu Dios" (v. 3); a continuación está el motivo de la gloria: "Los pueblos verán tu liberación y los reyes tu gloria" (v. 2). Estos dos motivos, presentes asimismo en el texto de Juan, los aplica la liturgia a Cristo.

 



Salmo 95.

R. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre.



Proclamad día tras día su victoria.

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones



Familias de los pueblos,

aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor;

aclamad la gloria del nombre del Señor.



Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda.

Decid a los pueblos: "El Señor es rey:

él gobierna a los pueblos rectamente"



Segunda lectura: 1 Corintios 12,4-11

Hermanos:

4 Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo.

5 Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

6 Hay diversidad de actividades, pero uno mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos.

7 A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien de todos.

8 Porque a uno el Espíritu le capacita para hablar con sabiduría, mientras a otro el mismo Espíritu le otorga un profundo conocimiento.

9 Este mismo Espíritu concede a uno el don de la fe, a otro el carisma de curar enfermedades,

10 a otro el poder de realizar milagros, a otro el hablar en nombre de Dios, a otro el distinguir entre espíritus falsos y verdaderos, a otro el hablar un lenguaje misterioso, y a otro, en fin, el don de interpretar ese lenguaje.

11 Todo esto lo hace el mismo y único Espíritu, que reparte a cada uno sus dones como él quiere.

 

*•• La Iglesia de Corinto era una comunidad vivaz y carismática, pero la acechaban dos peligros: el de hacerse la ilusión de que la presencia del Espíritu era suficiente para garantizar la fidelidad a la tradición, la corrección moral, la unión comunitaria; y el de sobrevalorar, de una manera indebida, algunos carismas -como el de las lenguas- a costa de otros -como los carismas del servicio-.

Pablo, al intervenir en esta situación, comunica a la comunidad de Corinto una afirmación fundamental, válida para todas las comunidades cristianas: la variedad de los dones procede del Espíritu. Éste es rico y no puede manifestarse de un solo modo. A renglón seguido realiza una segunda afirmación fundamental. La variedad de los dones, para que sea signo del Espíritu, debe cumplir una condición: la edificación común. Detrás de la variedad del don de cada uno está la caridad, el carisma mejor y común. Sólo con esta condición se puede hablar de la presencia del Espíritu en la comunidad. La caridad es capacidad de colaboración entre creyentes, es amor a Cristo, antes que entre nosotros, y conduce a acuerdos dinámicos, de conversión, y no simplemente estáticos, de sistematización.

 

Evangelio: Juan 2,1-12

En aquel tiempo,

1 hubo una boda en Cana de Galilea. La madre de Jesús estaba invitada.

2 También lo estaban Jesús y sus discípulos.

3 Se les acabó el vino y, entonces, la madre de Jesús le dijo: -No les queda vino.

4 Jesús le respondió: -Mujer, no intervengas en mi vida; mi hora aún no ha llegado.

5 La madre de Jesús dijo entonces a los que estaban sirviendo: -Haced lo que él os diga.

6 Había allí seis tinajas de piedra, de las que utilizaban los judíos para sus ritos de purificación, de unos ochenta o cien litros cada una.

7 Jesús dijo a los que servían: -Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.

8 Una vez llenas, Jesús les dijo: -Sacad ahora un poco y llevádselo al maestresala. Ellos cumplieron sus órdenes.

9 Cuando el maestresala degustó el vino nuevo sin saber su procedencia (sólo lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio

10 y le dijo: -Todo el mundo sirve al principio el vino de mejor calidad y, cuando los invitados ya han bebido bastante, saca el más corriente. Tú, en cambio, has reservado el de mejor calidad para última hora.

11 Esto sucedió en Cana de Galilea. Fue el primer signo realizado por Jesús. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

12 Después, Jesús bajó a Cafarnaún, acompañado de su madre, sus hermanos y sus discípulos, y se quedaron allí unos cuantos días.

 

*•• El gesto realizado por Jesús en Cana es una manifestación mesiánica, una epifanía en la que el mismo Jesús se manifiesta, a diferencia del bautismo en el Jordán, donde es el Padre quien revela el significado profundo de Cristo. El episodio tiene una gran importancia en Juan, porque es el primero y el modelo de todos los "signos", el que encierra el sentido de los distintos gestos de Jesús. El doble significado del "signo" está indicado al final del relato: revela la gloria de Cristo y conduce a la fe (v. 11).

Algunos detalles de la manifestación de Jesús en Cana, como la abundancia del vino, su óptima calidad y el hecho de que sustituye al agua preparada para las abluciones rituales, son rasgos mesiánicos que sacan a la luz a Jesús como Mesías, que inaugura la nueva alianza y la nueva ley. También el marco de la fiesta nupcial, en el que tiene lugar el milagro, pone de manifiesto a Jesús como esposo mesiánico, que celebra las bodas mesiánicas con la Iglesia, su esposa, simbolizada por María, la mujer de la verdadera fe.

Estas bodas mesiánicas, por otra parte, tienden absolutamente hacia la "hora" de la cruz y la resurrección. Desde esta perspectiva es como se comprende la naturaleza de la "gloria" que se manifiesta en Cana. Para Juan, es en la cruz donde se manifiesta la gloria. Esta última no es otra cosa que el esplendor y el poder del amor de Dios, que se entrega. En consecuencia, para el discípulo, abandonarse a Jesús significa abandonarse a la lógica del amor hasta sus consecuencias más radicales, como la fe de María, que acepta la aparente negativa y se deja llevar hacia una expectativa superior.

 

MEDITATIO

Todos los textos de hoy nos hablan de la extraordinaria novedad que nos ha traído Jesús con su presencia y su acción mesiánica. En el "signo" de Cana nos entrega el mejor vino e inaugura, de manera simbólica, los tiempos nuevos queridos por Dios y anunciados por los profetas (cf. Is 62,1-5). La gran novedad que ha traído Jesús al mundo, tal como atestiguan los evangelios, es la entrega de su Espíritu, del que cada uno tiene una manifestación en la comunidad para el servicio del bien común, como nos recuerda Pablo. El Espíritu de Jesús es la fuente viva del amor filial a Dios y del amor fraterno a los otros. Y este amor es la antítesis del egoísmo que nos encierra en nosotros mismos y nos lleva a considerarnos el centro del universo. Ésta es la convicción evangélica confirmada por la experiencia: sin el Espíritu que nos comunica Jesús somos incapaces de salir de nosotros mismos y de abrirnos a Dios y a los olios. En consecuencia, somos viejos, en el sentido evangélico del término, y permanecemos anclados en el petado y en la muerte. Como nos recuerda la Gaudium el sprs, el que nos hace "nuevos" -es decir, capaces de amar de una manera desinteresada a los otros- es el Espíritu que Dios infunde, por medio de Cristo resucitado, en el corazón de cada hombre de buena voluntad (CS 22 y 38). Él nos hace nuevos en el corazón, el centro mas profundo de nuestro ser, cumpliendo así las antiguas profecías (cf. Ez 11,19; 36,26).

 

ORATIO

Oh Padre, que has querido hacer de tu Hijo el hombre nuevo, colmado de tu Espíritu, y por medio de él lo derramas en los corazones de los hombres, renovándolos de una manera radical, te pedimos con confianza e insistencia, tal como él mismo nos ha enseñado a hacerlo, que te dignes llenar nuestros corazones de su presencia y de su fuerza. Si tú nos lo otorgas, podremos salir de la condición de hombres viejos, movidos por el egoísmo que nos encierra en nosotros mismos, y podremos llegar a ser de verdad hombres nuevos. Seremos capaces de amarte a ti como hijos y a los otros hombres y mujeres como hermanos y hermanas. Y la alegría profunda que nos proporcionará nuestra nueva condición llenará cada momento de nuestra jornada. No dejes que entren en nuestros corazones otros espíritus: el espíritu del orgullo, de la vanidad, de la envidia, de la avidez... Estos espíritus pertenecen al mundo viejo y llevan a la muerte, pero nosotros queremos vivir. Tú, que "amas la vida", arranca de nosotros esos espíritus, para que el Espíritu vivificante, que viene de ti a través de tu Hijo amado, pueda ocupar todo nuestro espacio interior.

 

CONTEMPLATIO

El corazón de María es un tesoro inmenso; su boca es su canal; sin embargo, no se abre con frecuencia: por eso es menester dilatar nuestro propio ánimo, a fin de recibir con avidez algunas palabras y considerarlas bien. En este momento María ruega a su Hijo en cuanto madre.

Es preciso que prestemos atención a esto: desde que María dijo: "He aquí la esclava del Señor", ya no ora como esclava, sino como madre. Tenemos que contemplar los ojos de María cuando mira con humilde modestia a su amado Hijo para hacerle esta petición. Es preciso que consideremos su corazón y sus sentimientos. En esta circunstancia quiere dos cosas: la manifestación de la gloria del Hijo, y el bien y el consuelo de los convidados; dos deseos y dos voluntades dignos del amor perfecto del corazón de María. La caridad perfecta intenta procurar también los bienes temporales no por lo que son en sí, sino para el consuelo espiritual de las almas. María es omnipotencia suplicante: "No tienen vino", dice. La segunda cosa que debemos observar es ésta: la vida de María es una vida de silencio. Cuando tenía necesidad de hablar, lo hacía con el menor número de palabras posible; también con su Hijo hablaba sólo en el silencio. La conversación de Jesús con María era absolutamente interior: sus palabras exteriores se pueden contar con los dedos de las manos. Aquí María está obligada a hablar, y lo hace empleando sólo tres palabras. En tercer lugar, María demuestra que conoce el gran mandamiento de nuestro Señor sobre la oración; a saber: que ésta no consiste en hablar mucho. Indicando lo que era necesario, nos enseña un modo extraordinario de orar, y Jesús ha visto su deseo en su corazón y en sus ojos. He aquí una manera más que perfecta de orar: abrir los pliegues del corazón ante nuestro dulcísimo Maestro y reposar, después, nuestro ánimo en él, abandonándonos a su gran amor y a su infinita misericordia y esperando, en una contemplación de amor, el efecto de su ternura con nosotros (F.-M. Libermann, Commentaire de Saint Jean, Brujas 1958, pp. 118ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero" (Ap 19,9).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

No conseguiremos nunca agotar la riqueza de significados de los "signos" del evangelista Juan. En el primero de ellos se nos revela Jesús como alguien que da vino a los esposos de Cana. Las bodas necesitan alegría: "Acaso pueden ayunar los invitados a la boda cuando el esposo está con ellos?", dice Jesús.

El vino está en su sitio en una fiesta de bodas, porque el vino simboliza todo lo que la vida puede tener de agradable: la amistad, el amor humano y, en general, toda la alegría que puede ofrecer la tierra, aunque con su ambigüedad. Quisiéramos que este vino, que es la alegría de vivir, "el vino que alegra el corazón del hombre", no faltara nunca. Se lo deseamos a todos los esposos. Pero falta en algunas ocasiones. Les faltó a los esposos de Cana: "No tienen vino". Jesús hubiera podido responder: si no tienen, que lo compren. El hecho es que el vino es la alegría de vivir, algo que no se puede comprar ni fabricar, y es difícil estar sin ella. Y este vino, del que los esposos tienen necesidad, pero que nunca podrían darse a sí mismos, este vino –decíamoslo "crea" Jesús del agua, porque se trata de un vino nuevo. Juan quiere decirnos que el vino nuevo es bueno, nunca probado hasta entonces: es Jesús mismo. El vino se muestra significativo como don de Jesús: está al final, es bueno, es abundante. Es signo del tiempo de la salvación. El vino es así "la sangre derramada" de Cristo por nosotros, es el sino de la caridad, de la entrega de sí, algo tan importante para poder vivir como cristianos.

El vino de las bodas de Cana, ese esperado vino bueno, es el don de la caridad de Cristo, el signo de la alegría que trae la venida del Mesías. Las fiestas de los hombres acaban de esa forma que tan bien describe el maestresala: la tristeza del lunes.

Jesús, en cambio, es "el sábado sin noche", como decía san Agustín: cuando pensamos que la fiesta se acaba -"No tienen vino"-, aparece el vino bueno, conservado hasta ese momento, el vino nuevo jamás probado antes (A. S. Bessone, Prediche Della domenica. Ánno C, Biella 1992, pp. 185-190, passim).


 

Día 20

Lunes de la 2ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 5,1-10

Hermanos:

1 Todo sumo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres y puesto al servicio de Dios en favor de los hombres, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

2 Es capaz de ser comprensivo con los ignorantes y los extraviados, ya que él también está lleno de flaquezas,

3 y a causa de ellas debe ofrecer sacrificios por los pecados propios, a la vez que por los del pueblo.

4 Nadie puede arrogarse esta dignidad, sino aquel a quien Dios llama, como ocurrió en el caso de Aarón.

5 Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy

6 O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.

7 El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente,

8 y precisamente porque era Hijo aprendió a obedecer a través del sufrimiento.

9 Alcanzada así la perfección, se hizo causa de salvación eterna para todos los que le obedecen

10 y ha sido proclamado por Dios sumo sacerdote a la manera de Melquisedec.



 

*•• El pasaje cuya lectura se nos propone hoy está construido con un gran esmero. En primer lugar, señala las características del sumo sacerdote del Antiguo Testamento. De él sabemos que estaba llamado a intervenir en favor de los hombres en sus relaciones con Dios (v. 1); los comprende profundamente porque es uno de ellos (v. 2); debe recibir este encargo de parte de Dios. A continuación, empezando por la última y ascendiendo hasta la primera, aplica el autor estas características a Jesús, mostrando que él es verdaderamente el único y sumo sacerdote. En cuanto elegido por Dios, es también el Hijo, depositario de un sacerdocio que dura para siempre; es misericordioso con los hombres hasta el punto de ofrecer, aunque no tenía pecado, no sacrificios externos, sino a sí mismo, abriendo así el camino a todos los hombres a la salvación eterna. Nos encontramos en el punto central de la carta a los Hebreos, que nos muestra a Cristo en el momento en que ofrece al Padre su voluntad de compartir el sufrimiento humano hasta la muerte en la cruz. Cristo, con "oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas" (v. 7a), presentó su ofrenda y agradó al Padre por su respetuosa sumisión a su divina voluntad. Así alcanzó "la perfección" (v. 9) y pudo obtener la salvación para todos los que acogen su Palabra.



Salmo 109.

R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor:

"Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos estrado de tus pies".



Desde Sion extenderá el Señor el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos



"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré,

desde el seno, antes de la aurora"



El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

"Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec".





Evangelio: Marcos 2,18-22

18 Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decir a Jesús: - Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y los tuyos no?

19 Jesús les contestó: - Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no tiene sentido que ayunen.

20 Llegará un día en el que el novio les será arrebatado. Entonces ayunarán.

21 Nadie cose un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo, porque lo añadido tirará de él, lo nuevo de lo viejo, y el rasgón se hará mayor.

22 Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos, porque el vino reventará los odres y se perderán vino y odres. El vino nuevo en odres nuevos.

 

        **• El ayuno no está valorado como una práctica en sí misma, sino en relación con el significado que puede adquirir dentro del contexto de referencia en que se practica.

        Los discípulos de Juan el Bautista ayunaban para prepararse para la llegada inminente del juicio divino; el pueblo se abstenía de tomar alimento en el "Día de la Expiación" (Kippur) o en el día en que se recordaba la destrucción del templo. Esa práctica devota subraya una actitud interior y ayuda a conservarla. El espíritu religioso que inducía a practicar el ayuno, en ocasiones con cierta frecuencia, como es el caso de los fariseos, impulsa a Jesús a suspenderlo, realizando así un signo profético voluntariamente provocador. Dado que él mismo introduce en el mundo el tiempo glorioso de las nupcias entre Dios, el esposo, y su pueblo, la esposa, no tiene sentido reiterar un signo que recuerda el luto.

        El signo que conviene aquí, por el contrario, es el del banquete alegre. El ayuno, estrictamente ligado a poner de relieve la fortuna de la presencia de Jesús, ha sido restablecido en el tiempo de la Iglesia. La razón de ello es que la expectativa del Reino exige durante su curso la confrontación dolorosa con las fuerzas del mal, una confrontación que estalló ya, además, en el momento en el que el Esposo fue arrebatado. Las afirmaciones posteriores sobre el vestido y sobre el vino nos invitan a comprender la novedad introducida por el Evangelio y confirman el signo de la suspensión del ayuno.

 

MEDITATIO

        La Palabra del Señor nos pone hoy en guardia: !cuidado con administrar la relación "religiosa" según nuestra necesidad particular de seguridad! Podríamos darnos cuenta de que interpretamos la Escritura con el criterio de la racionalidad para protegernos de su propuesta de radicalismo, que nos descoloca. O bien podríamos descubrir que "usamos" el culto como mampara para poner a cubierto una presunta santidad construida a nuestra propia medida.

        El Señor nos recuerda hoy, de manera inequívoca, que la relación con él sólo es auténtica cuando se modula sobre la obediencia. Ésa es la única seguridad. Obedecer a Dios significa estar con el corazón y la mente abiertos, dispuestos a vibrar con todo soplo del Espíritu, prefiriéndolo a nuestro "sentido común"; disponibles para comprobar la consistencia de nuestras formas exteriores habituales de expresar la fe y para convertirnos a una mayor autenticidad, comprometiendo en ella nuestra vida. Dios se entrega del todo, de modo imprevisible, sorprendente. Somos capaces de mostrarnos acogedores y dispuestos a adherirnos a su Novedad?

 

ORATIO

        Señor Jesús, tú que fuiste obediente en todo al Padre, enséñame a no buscar mi voluntad, sino la suya. Hazme comprender que eso no significa abdicar de mi capacidad de elección, sino vivir con libertad y gratuidad el don que soy. Me resulta fácil, Señor, encontrarme a mis anchas en la lógica, incluso religiosa, que me he construido y considerar como "hereje" a quien no la sigue...

        Que yo madure, Señor, al calor de tu Espíritu, la inteligencia de mi corazón, para no encerrarme en mis razonables certezas y permanecer abierto a las exigencias de tu Palabra, novedad inagotable.

 

CONTEMPLATIO

        Los hombres sabios y de gran ánimo ponen su cabeza, con humildad, bajo el yugo de la obediencia, pero los tontos se lo sacuden y no se adaptan a obedecer. Considero más importante obedecer por amor de Dios a quien está por encima de mí que obedecer al Creador mismo, aunque anunciara directamente a alguien su voluntad. Los que han puesto la cabeza bajo el yugo de la obediencia y, a continuación, diciendo que pretenden seguir la vía de la perfección, se lo sacuden, dan signos de que en el fondo de su alma se esconde una gran soberbia (Egidio di Assisi, / detti, Milán 1964, pp. 128ss).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "La obediencia vale más que el sacrificio" (1 Sm 15,22).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El Señor no viene a limitarnos, a despojarnos; es más, hace que, adhiriéndonos a él, podamos crecer. Revelándose como el Dios-amor, invita a nuestra libre voluntad para que dé una respuesta que sea obediencia de fe y de amor. [...]

        El espíritu filial que anida en nosotros nos hace verdaderamente capaces de llamar al Padre y obedecerle. Si en algunas ocasiones nos mostramos como niños caprichosos, no ha de asaltarnos ningún temor: el Padre sabe mostrarse paciente y corregir con amor. Acepta como una gran cosa cualquier pizca de buena voluntad y de santo deseo que vea en el fondo de nuestro corazón, bajo la áspera corteza de nuestra naturaleza indisciplinada y esquiva. A través de los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, se entreteje la voluntad de Dios como una tela. Es preciso que esta tela no tenga desgarros. Si los hay -ningún hombre es justo ante Dios-, éste es el remedio: la penitencia, el sacramento de la reconciliación. [...]

        Ahora bien, cómo distinguir de manera adecuada la voluntad de Dios de la nuestra? No siempre resulta fácil. La experiencia de los que nos han precedido en el camino de la fe y de la obediencia nos enseña que, a menudo, la voluntad de Dios requiere un impregnado de renuncia y sufrimiento, la superación de nuestras propias inclinaciones y un confiado abandono que, para la lógica humana, puede parecer deserción del uso de nuestra propia razón y de nuestras propias capacidades. El paso se da en la oscuridad e incluso en la aridez o la repulsa, aunque podemos estar seguros, por la fe, de que en ese caso cumplimos de manera más libre la voluntad de Dios antes que la nuestra (A. M. Cánopi, Sí, Padre, Milán 1999, pp. 69 y 77ss).


 

Día 21

Santa Inés

 

        La Depositio martyrum es el primer documento donde se menciona el culto a santa Inés en Roma, en la vía Nomentana, el 21 de enero. Impaciente por sacrificarse a Cristo, la niña murió mártir cuando apenas tenía doce años de edad, en ía segunda mitad del siglo (ti o, más probablemente, a comienzos del IV. Su nombre, Inés, que viene de Agnes ("agnella", "corderita") y es la transcripción latina del adjetivo griego hagné ("pura", "casta"), fue presagio de su mismo martirio. San Ambrosio en el De Virginibus y en el carmen, el papa Dámaso en el célebre epígrafe y Prudencio en el XIV himno del Perístéphanon presentan versiones que contrastan sobre el suplicio que se le infligió, aunque están de acuerdo en la edad y en el doble mérito de la joven santa.

 

 LECTIO

Primera lectura: Hebreos 6,10-20

Hermanos:

10 Porque no es Dios injusto para olvidar vuestras obras y el amor que habéis mostrado a su nombre, a través de los servicios que habéis prestado y que aún prestáis a los creyentes.

11 Sólo deseamos que cada uno de vosotros dé hasta el fin muestras del mismo celo en orden a la plena realización de vuestra esperanza,

12 de modo que, en lugar de descuidaros, sigáis el ejemplo de aquellos que, por su fe y su perseverancia, son ya herederos de las promesas divinas.

13 Así, Dios, en la promesa que hizo a Abrahán, no teniendo otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo,

14 diciendo: Te colmaré de bendiciones y haré innumerable tu descendencia.

15 Y así, gracias a su tenaz esperanza, alcanzó Abrahán la realización de la promesa.

16 Los hombres juran por alguien que es mayor que ellos, y el juramento es una garantía que pone fin a toda discusión.

17 Por eso también Dios, queriendo mostrar más solemnemente a los herederos de la promesa que su resolución no cambiaría, interpuso el juramento

18 para que, mediante dos cosas inmutables por las cuales es imposible que Dios mienta, nos veamos más poderosamente animados los que hemos buscado un refugio asiéndonos a la esperanza propuesta;

19 esperanza a la que nos acogemos como áncora segura y firme para nuestra vida y que penetra hasta el interior del santuario,

20 adonde ya ha entrado Jesús como precursor nuestro, en calidad de sumo sacerdote para siempre igual que Melquisedec.


 

**• Se nos ha ofrecido una gran esperanza, una esperanza segura y firme que nos hace penetrar en los cielos con Jesús, que es para nosotros el Camino al Padre. Él es, en efecto, el sumo sacerdote -de quien era una prefiguración el misterioso Melquisedec en el Antiguo Testamento- que ha entrado en el interior del velo del santuario, es decir, en los cielos, y ahora permanece a la diestra del Padre como intercesor nuestro para siempre.

En él vemos realizadas todas nuestras aspiraciones por parte de aquel Dios en quien "hemos buscado un refugio" (v. 18), un Dios verdadero y bueno que ha prometido recompensar toda obra buena, como nos ha revelado Jesús, asegurándonos que tendrá su recompensa hasta un solo vaso de agua.

Dios, en efecto, "no es injusto" (v. 10) y no olvida lo que hemos hecho a los hermanos en la fe (a los "santos") por amor a él (a su "nombre"). Lo único necesario es no ceder a la pereza e, imitando a los patriarcas –especialmente a Abrahán, nuestro padre en la fe-, perseverar hasta la consecución de las promesas; más aún, de la única gran promesa, la de alcanzar a nuestro Señor Jesús en la gloria.



 Salmo 110,1-2.7-8.9.10c

R. El Señor recuerda siempre su alianza.

El Señor recuerda siempre su alianza

Grandes son las obras del Señor,

dignas de estudio para los que las aman.


Justicia y verdad son las obras de sus manos,

todos sus preceptos merecen confianza:

son estables para siempre jamás,

se han de cumplir con verdad y rectitud.


Envió la redención a su pueblo,

ratificó para siempre su alianza,

su nombre es sagrado y temible.

La alabanza del Señor dura por siempre.





Evangelio: Marcos 2,23-28

Sucedió que

23 un sábado pasaba Jesús por entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas según pasaban.

24 Los fariseos le dijeron: - Te das cuenta de que hacen en sábado lo que no está permitido?

25 Jesús les respondió: - No habéis leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los que lo acompañaban?

26 Cómo entró en la casa de Dios en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la ofrenda, que sólo a los sacerdotes les era permitido comer, y se los dio además a los que iban con él?

27 Y añadió: - El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.

28 Así que el Hijo del hombre también es señor del sábado.

 

        **• Este breve relato pretende resaltar la autoridad definitiva de Jesús. Marcos no se muestra claro en absoluto al establecer el objeto de la transgresión de los discípulos. Quizás no hubieran debido trabajar en sábado para prepararse la comida, sino haber previsto ya esto el día anterior. De todos modos, es a Jesús, más que a los discípulos, a quien se pone en tela de juicio. Por otra parte, aparece una comparación entre él y David.

        Si, por motivos superiores, el antiguo rey podía pasar por encima de la Ley, mucho más puede hacerlo Jesús. Más aún, Jesús posee una autoridad tal que puede abrogar el sábado y sustituirlo por otro día de fiesta. Todo esto no está precisado con claridad, aunque se capte con claridad en los pliegues del discurso.

 

MEDITATIO

        Las lecturas que nos ofrece la memoria litúrgica de hoy pueden ser consideradas con toda justicia como los "fundamentos" sobre los que se injertó el breve eje cronológico de la vida de quien sigue siendo hoy la más célebre y popular de las mártires romanas: santa Inés.

    Devotio supra aetatem, virtus supra natura, dice de ella el obispo Ambrosio en el De Virginibus: su consagración fue muy superior a la edad, su virtud fue muy superior a la naturaleza. Es ineluctable, pues, que aparezca la pregunta: cómo es posible apresurarse a tan tierna edad, con seguridad, libertad, coraje y celo ardiente, a comprar el "campo del cielo" sin temer "la persecución, el peligro y la espada"? Pero quien no tenía sitio en su pequeño cuerpo para recibir un golpe de la espada tuvo fuerza para vencer a la espada. La alegría de haber encontrado a Jesús como su tesoro, el descubrimiento de su inefable belleza, suscitó en ella una poderosa proyección que se tradujo en su total entrega con la efusión de la sangre hasta la muerte cruenta. En alguna ocasión, las pruebas pueden alejar de Dios; sin embargo, Inés nos enseña que no es así, que no puede ser así: a quien ha saboreado a Cristo, Señor y Salvador, nada puede separarle de él, ni siquiera la muerte.

    La mirada pura, sencilla y plena de fe permitió a Inés descubrir la Verdad y abandonarse a ella con plena entrega: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios" (Mt 5,8). Qué otro testimonio de amor parecerá tan grande y podrá igualar en una comparación la sublimidad de semejante entrega? En esta pequeña gran santa encontramos una especie de fermento, de método, de camino, que nos llevan más allá de la frontera de toda condición de muerte y nos dan la ocasión de volver a escoger al Señor haciéndonos desear, buscar y pedir que venga el Reino de los Cielos al mundo y a nosotros.

 

ORATIO

        Padre, gracias por haber dado a tu Iglesia a la virgen Inés. Ella, que no se dejó atraer por las fatuas luces de la idolatría, segura de conquistar la "perla preciosa" de la gloria del cielo, hizo frente con coraje a la prueba del martirio y se entregó espontáneamente a sus verdugos.

    Haz que nosotros, sostenidos por su ejemplo, no desfallezcamos en las tentaciones, en las fatigas y en cualquier género de tribulaciones de la vida. Haz firme y cierta en nosotros la fe de que nada ni nadie podrá separarnos de  tu amor, a no ser nosotros mismos. Tú, que para nuestra justificación no perdonaste a tu Hijo, sino que lo entregaste por nosotros, nos lo darás todo en él. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor, muerto y resucitado, en quien has manifestado tu realeza sobre todas las cosas.

 

CONTEMPLATIO

        Hoy es el día del nacimiento de la bienaventurada virgen Inés en el que, consagrada por su sangre, entregó el espíritu al cielo al que pertenecía. Se mostró dispuesta para el martirio cuando todavía no lo estaba para las nupcias. Vacilaba en los adultos la fe y se plegaba también el viejo cansado.

    Aterrorizados por el temor, los padres aumentaron la vigilancia del pudor; mas la fe, que no puede ser contenida, abrió las puertas de la custodia. Podría creerse que se encamina a las nupcias, al ver su rostro sonriente, llevando al esposo una singular riqueza dotada del tributo de la sangre. Quieren obligarla a encender las lámparas ante los altares de la nefanda divinidad. Ella responde: "!Ah! No son ésas las lámparas que presentaron las vírgenes de Cristo". "Este fuego apaga la fe, esta llama quita la luz; aquí, herid aquí, a fin de que con la sangre que corra pueda yo apagar los fuegos".

    Y, herida, !qué decoro mostró! En efecto, cubriéndose toda con el vestido, aseguró el cuidado del pudor a fin de que nadie la viera descubierta. En la muerte estaba vivo el pudor: se había cubierto el rostro con la mano, hincó la rodilla en tierra, cayendo pudorosa. (Ambrosio de Milán, "Inno per il natale di Agnese", en Inni, Milán 1992, pp. 211ss).

 

ACTIO

        Repite hoy con frecuencia, orando con santa Inés: "Si Dios está por nosotros, quién estará contra nosotros? " (Rom 8,31).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        La serenidad con la que Inés afronta el martirio [en el himno ambrosiano], como si fuera al encuentro de Cristo, deja intuir su profunda interioridad y el amor al esposo celestial [...]. De la joven mártir encaminada al encuentro con Cristo, su esposo, se exalta la dote constituida no por bienes patrimoniales, sino por riquezas espirituales, así como las virtudes y los valores evangélicos ligados al "tributo de la sangre", la sangre de los mártires, considerada como la herencia más preciosa que pueda ofrecerse a Dios.

    La jovencita "es obligada a encender lámparas ante los altares". Y como respuesta a las absurdas pretensiones idólatras, Inés, apoyándose en sus convicciones personales, se niega a realizar el rito sacrílego y se refiere a las lámparas nupciales de las vírgenes cristianas (cf. Mt 25,1-13). Su resistencia a dejarse conducir ante los altares profanos está atestiguada igualmente en el tratado La vírgenes: "Arrastrada contra su voluntad a los altares, tiende entre las llamas las manos a Cristo e incluso en medio de aquel fuego sacrílego traza el signo del Señor glorioso".

    Al fuego en honor de la divinidad pagana, Inés contrapone la luz de la fe. "La fe es una lámpara -afirma Ambrosio-, una lámpara [que] no puede dar luz si no toma la luz de otra fuente", la Palabra de Dios, que es el mismo Verbum Dei lux [...].

    Inés apaga con la sangre los fuegos del culto pagano; una actitud semejante anima a la virgen antioquena Pelagia. Sigue, a continuación, la escena de la adolescente dispuesta a desafiar a sus verdugos: "Aquí, herid aquí...", exclama indicando el pecho donde herir [...]. Se exalta, por último, la intrépida confesión de fe de la niña. Dada su joven edad, el testimonio de Inés en el proceso no habría podido obtener reconocimiento jurídico; lo pudo su heroico coraje, que la impulsó a afrontar el martirio. Antes de caer bajo los golpes del verdugo, Inés se cubre con el vestido las partes descubiertas y, nada preocupada por los tormentos y por la muerte inminente, se muestra solícitaa recogerse la cabellera y a tapar los miembros desnudos a las miradas indiscretas [...].

    Inés encuentra en la oración la fuerza para no retroceder frente a la prueba suprema, conservando la dignidad y la compostura propias de una verdadera mártir. La heroína muere de modo ejemplar, como las grandes figuras que la han precedido; apoyadas por la ayuda del Espíritu, no fueron vencidas, sino que se entregaron voluntariamente a los perseguidores, ofreciendo un gran ejemplo de libertad cristiana incluso ante la muerte. La virgen Inés cae casta y reservada. En ella triunfa el casto pudor, y su martirio lleva en sí el germen de la vida nueva (A. Bonato en S. Ambrogio, Inni, Milán 1992, pp. 216-221, passim).


 

Día 22

San Vicente, diácono y mártir

            (+304) San Vicente era un diácono español, y su martirio se hizo tan famoso que San Agustín le dedicó cuatro sermones. Era diácono o ayudante del Obispo de Zaragoza, España, San Valerio. Como el Obispo tenía dificultades para hablar bien, encargaba a Vicente la predicación de la doctrina cristiana.

            El Emperador Diocleciano decretó la persecución contra los cristianos y el gobernador Daciano hizo poner presos al Obispo Valerio y a su secretario Vicente. Les ofrecieron muchos regalos y premios si dejaban la religión de Cristo. Vicente dijo: "Estamos dispuestos a padecer todos los sufrimientos posibles, con tal de permanecer fieles a la religión de Nuestro Señor Jesucristo". Entonces Daciano desterró al Obispo y se dedicó a hacer sufrir a Vicente las más espantosas torturas. El primer martirio fue un tormento llamado: "el potro", que consistía en amarrarle cables a los pies y a las manos y tirar en cuatro direcciones distintas al mismo tiempo. Vicente, fiel a su nombre que significa "valeroso", aguantó este terrible suplicio rezando y sin dejar de proclamar su amor a Jesucristo.El segundo tormento fue apalearlo. El cuerpo de Vicente quedó masacrado y envuelto en sangre. Pero siguió declarando que no admitía más dioses que el Dios verdadero, ni más religión sino la de Cristo. Y vino el tercer tormento: la parrilla al rojo vivo. Lo extendieron sobre una parrilla calientísima erizada de picos al rojo vivo. Los verdugos echaban sal a sus heridas. Vicente no hacía sino alabar y bendecir a Dios. San Agustín dice: "El que sufría era Vicente, pero el que le daba tan grande valor era Dios". Dios cuando manda una pena, concede también el valor para sobrellevarla.

            El tirano mandó que lo llevaran a un oscuro calabozo cuyo piso estaba lleno de vidrios cortantes y que lo dejaran amarrado y de pie hasta el día siguiente para seguirlo atormentando. El poeta Prudencio dice: "El calabozo era un lugar más negro que las mismas tinieblas; era una noche eterna donde nunca penetraba la luz". Pero a medianoche el calabozo se llenó de luz. A Vicente se le soltaron las cadenas. El piso se cubrió de flores. Se oyeron músicas celestiales. Y una voz le dijo: "Ven valeroso mártir a unirte en el Cielo con el grupo de los que aman a Nuestro Señor". Al oír este hermoso mensaje, San Vicente murió de emoción. El carcelero se convirtió al Cristianismo, y el perseguidor lloró de rabia al día siguiente, al sentirse vencido por este valeroso diácono.

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 7,1-3.15-17

Hermanos:

1 Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo. Cuando Abrahán volvía de vencer a los reyes, Melquisedec le salió al encuentro y lo bendijo.

2 Abrahán, por su parte, le dio el diezmo de todo. Melquisedec, cuyo nombre significa en primer lugar rey de justicia y luego rey de Salen, es decir, rey de paz,

3 se presenta sin padre, ni madre, ni antepasados; no se conoce el comienzo ni el fin de su vida, y así, a semejanza del Hijo de Dios, es sacerdote para siempre.

15 Esto es aún más evidente si surge otro sacerdote que, a semejanza de Melquisedec,

16 no lo es en virtud de un sistema de leyes terrenas, sino por la fuerza de una vida indestructible,

17 pues así está testificado: Tú eres sacerdote para siempre, igual que Melquisedec.


 

*•• En el pasaje que nos propone la liturgia de hoy sobresale un personaje misterioso: Melquisedec. Su nombre significa "rey de justicia" y se le califica de "sacerdote del Dios altísimo". A diferencia de los protagonistas del Antiguo Testamento, cuya ascendencia siempre se detalla de una manera minuciosa, Melquisedec "se presenta sin padre, ni madre, ni antepasados". Quién es, pues, este rey de paz {Salem), superior incluso a Abrahán, a cuyo encuentro sale en el valle del Rey y a quien bendice ofreciendo pan y vino, y al que Abrahán paga el diezmo? Es "figura", es decir, casi un esbozo y una anticipación, que perfila los rasgos de Jesús, nuestro único, sumo y santo sacerdote, constituido como tal para siempre no según una descendencia carnal, sino porque es Hijo de Dios. Su sacerdocio le hará para siempre único auténtico mediador entre la humanidad y su Creador; como verdadero hombre y verdadero Dios, le habla al Padre con palabras de hombre y le es acepto porque es el único santo e inmaculado. Su sacerdocio, en efecto, y su culto al Padre son tan nuevos que llevan a su consumación, de un modo inesperado, tanto la realeza de David - a cuya descendencia pertenece Jesús según la carne- como el más antiguo sacerdocio del Antiguo Testamento, representado por Melquisedec.

Ahora, en Cristo, todo el pueblo de Dios puede acceder al culto nuevo y perfecto inaugurado por Jesús en su cuerpo inmolado en la cruz.



 Salmo 109.

R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor:

"Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies".

Desde Sion extenderá el Señor el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, desde el seno, antes de la aurora"

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

"Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec"






Evangelio: Marcos 3,1-6

En aquel tiempo,

1 entró de nuevo Jesús en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano atrofiada.

2 Le estaban espiando para ver si lo curaba en sábado y tener así un motivo para acusarle.

3 Jesús dijo entonces al hombre de la mano atrofiada: - Levántate y ponte ahí en medio.

4 Y a ellos les preguntó: - Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla? Ellos permanecieron callados.

5 Mirándoles con indignación y apenado por la dureza de su corazón, dijo al hombre: - Extiende la mano. Él la extendió, y su mano quedó restablecida.

6 En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para planear el modo de acabar con él.

 

 

        **• Se nos da a conocer en este texto la quinta y última controversia de Jesús con sus adversarios. El clima ha degenerado: el Maestro parece indignado y amargado; sus interlocutores se muestran obstinados y rencorosos, hasta proyectar la eliminación física de su adversario.

        Por una parte, Jesús lleva a cabo con una fidelidad extrema su ministerio profético, haciendo frente de manera valiente a la situación (vuelve a entrar en la sinagoga, pone al enfermo en el centro de la sala, continúa proponiendo una institución sabática que esté al servicio del hombre); por otra, se rechaza toda incitación a reconsiderar su figura y a plantear la posibilidad de la autenticidad de su mensaje. El drama vivido en esta ocasión se repetirá más veces hasta el final. Hacer bien al hombre le cuesta a Dios la eliminación de su propio Hijo.

 

 

MEDITATIO

        La Palabra de Dios nos habla hoy de victoria: la victoria de David sobre el filisteo; la de Jesús sobre la parálisis del hombre y sobre la interpretación opresiva de la Ley por parte de los fariseos. La victoria es el desenlace positivo de una lucha: en los episodios que nos ha presentado la Escritura podemos leer nuestras experiencias personales de lucha.

        Es posible que en alguna ocasión nos hayamos encontrado en situaciones que hemos sentido como superiores a nosotros; tal vez, hemos sentido que nos encontrábamos en dificultades que se presentaban como superiores a nuestras fuerzas, frente a las que considerábamos inadecuados los medios que estaban a nuestra disposición. O bien nos hemos sentido en alguna ocasión bloqueados, incapaces de actuar, condenados a la impotencia, reducidos a objetos de la fría conmiseración de los otros.

        La Palabra del Señor nos alcanza, precisamente, en situaciones de este tipo y nos invita a atrevernos a lo que a nosotros nos parece imposible: a atrevernos en el nombre del Señor, esto es, contando con su fuerza, con la capacidad que él nos comunica con su Espíritu.

        Es preciso que nos expongamos tal como somos, con nuestros escasos medios, con nuestros límites, con nuestras parálisis; es preciso que entremos en juego sin esperar ser idóneos para hacerlo. Y pase lo que pase.

        Y contra toda previsión razonable, la lucha se convierte en victoria, una victoria que, para nosotros –y tal vez también para los que tenemos cerca-, tiene la forma de la liberación de las presuntas o reales esclavitudes interiores.

 

ORATIO

        Te alabo, Señor, porque me invitas continuamente a crecer, a dar un paso adelante y, a continuación, otro más. No hay impedimentos de talla: tú me has creado para que fuera una persona viva, y nada puede ser obstáculo para tu proyecto.

        Te alabo porque me liberas de todo miedo que me bloquee, de todo sentido de inferioridad que me paralice: cuando acojo tu Palabra dispuesto a darle cuerpo en mi vida, sin reservas, me doy cuenta de que sales victorioso en mí.

        Te alabo porque también en mí y a través de mí continúas obrando tus maravillas de amor, de bien, de vida, y llevas la liberación a otros hermanos.

 

 

CONTEMPLATIO

        Te muestro un camino espiritual que no necesita fatiga o lucha del cuerpo, aunque exige fatiga del alma, atención del intelecto y pensamiento vigilante, y se sirve del auxilio del temor y del amor de Dios. Con este método podrás poner en fuga fácilmente a toda la falange de los enemigos, como el bienaventurado David –uno solo- mató al gigante de los filisteos mediante la fe y la confianza en Dios. [...] Si quieres conseguir la victoria y poner en fuga fácilmente a la falange de los filisteos espirituales, entra en ti mismo mediante la oración y la sinergia de Dios, sumérgete en las profundidades del corazón, localiza a estos tres poderosos gigantes del diablo, a saber: el olvido, el descuido y la ignorancia, apoyo de los filisteos espirituales. (Marcos el Asceta, Lettera al Monaco Nicola, en La Filocalia, Turín 1982,1, pp. 225ss [edición española: La filocalia de la oración de Jesús, Sígueme, Salamanca, '1998]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Yo voy contra ti en nombre del Señor" (1 Sm 17,45).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        En mi clase -cuenta en una carta [su autora es Rose, una muchacha ugandesa de diecinueve años, estudiante de una escuela media superior]- se sentaban conmigo en el mismo banco cinco muchachas bagando [la tribu más importante del sur del país, situada en la región de Kampala]. Un día decidieron echarme. Llamaron a sus amigas bagando y ocuparon mi sitio. Cuando llegué, empezaron a insultarme diciendo que era buciga y que toaos los buciga, los batolo y los balongo [todas ellas tribus del norte] debían volverse a su tierra. Entonces intervino una muchacha del norte: "Si es así, cómo es posible que estemos en el poder? No veis que no habéis conseguido ni siquiera gobernar vuestro propio territorio? Salvo prueba en contrario, el presidente no es bagando" [Obote, que gobernaba por entonces en Uganda, pertenecía, en efecto, a la tribu de los lango, tribu del norte].

        Inmediatamente después -prosigue el relato de Rose-, se produjo una agitación en la clase. La muchacha del norte estaba decidida a llegar a las manos y me invitó a que la acompañara. "!Vamos a pegarles!", me dijo. Yo la retuve. "No, no debemos comportarnos como ellas. "Perdónales, porque no saben lo que hacen". Acaso somos diferentes nosotras de ellas? Es posible que alguna tenga tres ojos y las otras dos? Acaso no somos hijas del mismo Creador?". La invité a que rezara conmigo, a fin de que el Señor cambiara sus corazones. Pasado este episodio, busqué otro sitio, pero después me pregunté: "Por qué no escapó Jesucristo cuando fue insultado por la gente, sino que se quedó con ellos? Yo, sin embargo, estoy huyendo de estas muchachas porque me insultan. Cómo podrán darse cuenta de que las quiero bien?".

        Regresé y volví a sentarme detrás de ellas. Dirigí una plegaria en silencio a María y también las muchachas permanecieron tranquilas. Durante el recreo, intenté saludar y hablar con una de ellas. Cuando llegué a casa, le pedí a la Virgen María que cambiara el corazón de mis condiscípulos. Al volver a la escuela, una de ellas, llamada Angela, se levantó y me preguntó: "Cómo estás, Rose?". Respondí a su saludo de manera cordial. Las otras estudiantes se quedaron estupefactas al ver que Angela me saludaba, y me dijeron: "Es posible que esa muchacha quiera darte veneno. No vayas con ella". Yo recé con el corazón y empecé a conversar y a jugar con ellas. Una muchacha se les acercó y dijo: "Por qué jugáis con ella? No sabéis que es una guerrillera?". Yo le respondí que todos éramos criaturas de Dios. Toda la clase se quedó sorprendida al verme jugar con ellas y vernos amigas. Si alguna trae dulces o avellanas, las comparte con las otras, y yo hago lo mismo. Cuando otras estudiantes preguntan el porqué, mis amigas responden: "Lo pasado, pasado. Rose nos ha dicho que todos somos criaturas de Dios, y es verdad" (E. Castelli, La difficile speranza, Milán 1986, pp. 49ss [edición española: Uganda: la difícil esperanza, Encuentro, Madrid 1987]).



 

Día 23

San Ildefonso

           Nació en Toledo, España. Su tío era Eugenio, también de Toledo. Estudió en Sevilla bajo San Isidoro. Entró a la vida monástica y fue elegido abad de Agalia, en el río Tajo, cerca de Toledo.  En el 657 fue elegido arzobispo de esa ciudad. Unificó la liturgia en España; escribió muchas obras importantes, particularmente sobre la Virgen María. San Ildefonso tenía una profunda devoción a la Inmaculada Concepción XII siglos antes de que se proclamara dogmáticamente. Ella le favoreció con grandes milagros.

            Una noche de diciembre, él, junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Alfonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba María, La Inmaculada Concepción, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María hízole seña con la cabeza para que se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor. 

           Esta aparición y la casulla, fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición. En la catedral los peregrinos pueden aun observar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 7,25-8,6

Hermanos: Cristo

7.25 puede perpetuamente salvar a los que por su medio se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos.

26 Tal es el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y más sublime que los cielos.

27 Él no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo.

28 Y es que la ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, hace al Hijo perfecto para siempre.

8.1 Esto es lo más importante de lo que venimos diciendo: que tenemos un sumo sacerdote que está sentado en los cielos a la derecha del trono de Dios,

2 como ministro del santuario y de la verdadera tienda de la presencia erigida por el Señor, y no por el hombre.

3 Todo sumo sacerdote, por haber sido instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios, necesariamente debe tener algo que ofrecer.

4 Si sólo fuera para la tierra, Jesús no sería ni siquiera sacerdote, pues ya existen sacerdotes encargados por la ley de ofrecer oblaciones.

5 Estos sacerdotes celebran un culto que es sólo una imagen, una sombra de las realidades celestes, según la advertencia divina hecha a Moisés cuando se disponía a construir la tienda de la presencia: Mira -le dijo- hazlo todo conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.

6 Por eso, Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en promesas mejores.



 

**• Ocupándose de un tema aparentemente lejano y obsoleto, el autor de la carta a los Hebreos nos presenta un pasaje repleto de contenidos que nos afectan de cerca. Jesús es el sumo sacerdote que necesitamos, "santo, inocente, inmaculado" (7,26). En efecto, a diferencia de los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento, Jesús no tiene que ofrecer, antes, nada por sus propios pecados y, después, por los nuestros, porque se ha ofrecido a sí mismo, de una manera perfecta y cumplida, de una vez por todas, inmolándose en la cruz. Estamos en el punto capital de lo que se va diciendo en la carta: Jesús, que ha asumido en plenitud la naturaleza humana, es y sigue siendo para siempre el Hijo sentado a la diestra del Padre, siempre vivo para interceder a favor nuestro. Todo lo que en el Antiguo Testamento era sólo sombra y figura ha encontrado, finalmente, una realización inesperada, porque, en Jesús, Dios mismo nos ha salido al encuentro para acercarnos a él. En Cristo coinciden el que ofrece el sacrificio y lo que se ofrece como tal, y con ello realiza una mediación única y extraordinaria entre Dios y el hombre.



 Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.



Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito:
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.

Tu no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios.

Entonces yo digo: «Aquí estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas».

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.



Evangelio: Marcos 3,7-12

En aquel tiempo,

7 Jesús se retiró con sus discípulos hacia el lago y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea,

8 de Jerusalén, de Idumea, de TransJordania y de la región de Tiro y Sidón acudió a él una gran multitud, al oír hablar de lo que hacía.

9 Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le preparasen una barca, para que no lo estrujaran,

10 pues había curado a muchos, y cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle.

11 Los espíritus inmundos, cuando le veían, se postraban ante él y gritaban:

- Tú eres el Hijo de Dios.

12 Pero él les prohibía enérgicamente que lo descubriesen.

 

         *•• Con el pasaje de hoy se abre una nueva sección narrativa (Mc 3,7-6,6) que tiene como escenario de fondo el espacio abierto, mientras que en la precedente se desarrollaban los hechos en la sinagoga o en zonas relacionadas con ella. La actividad de Jesús se propaga; ya no es en absoluto un desconocido, y suscita sensación.

A pesar de este ensanchamiento del horizonte, el entusiasmo acogedor, aunque bastante poco arraigado y profundo, se irá amortiguando hasta convertirse en una actitud de estupor incrédulo (6,6). Entre tanto, Jesús se está preparando una nueva familia compuesta por personas que muestran una disponibilidad más auténtica respecto a él, e inicia una enseñanza particular dirigida a los discípulos.

        La lectura de hoy presenta un eco de la resonancia obtenida por Jesús, que ahora se ha convertido en el centro de la atención. Tiene que defenderse de su misma fama y, por otra parte, no quiere ponerse al servicio de intereses personales, sino al servicio de Dios. Por eso ordena a los demonios que se callen: no tiene que ser considerado como un curandero, sino como el enviado del Padre, que cuenta, recurriendo a todo tipo de experiencias, lo que Dios da a conocer de sí mismo y lo que pide a los hombres, más dispuestos a buscarse a sí mismos que a Dios, incluso en sus actos más clamorosamente religiosos.

 

MEDITATIO

        Pasamos con frecuencia por la experiencia de la incomprensión, del equívoco, de los malentendidos. Alguien dice una palabra, hace un gesto atribuyéndole un significado y el interlocutor percibe otro. Sobre esta base se forma una opinión, emite un juicio, elabora unos criterios de valoración. !Cuánto sufrimiento se sigue de ahí en ocasiones! Nos sentimos interpretados, no nos sentimos reconocidos ni acogidos en nuestra propia verdad, y eso duele. Y todavía más cuando nos damos cuenta de que nos convertimos en objeto de envidia o celos por el simple hecho de ser como somos. La experiencia de David nos muestra la oportunidad, por lo que a nosotros respecta, de buscar un camino adecuado para proyectar luz en los meandros del corazón, allí donde los celos generan incomprensión.

        El ejemplo de Jesús nos sugiere que no hemos de replegarnos en nosotros mismos, que no hemos de encerrarnos en actitudes de resentimiento y un tanto victimistas. Nos invita, más bien, a continuar recorriendo nuestro camino, sin pretender aclaraciones a toda costa, creyendo que, de todos modos, la verdad acabará triunfando y, antes o después, se impondrá por sí misma. Ahora bien, la Palabra del Señor nos invita también hoy a proyectar luz en nuestro propio corazón; tal vez también nosotros, como Saúl, nos encontremos desviados por el temor de perder prestigio y poder; como la muchedumbre, busquemos a Jesús sólo por obtener ventajas materiales de su presencia. Éste es el momento oportuno para que aparezca la verdad.

 

ORATIO

        Hoy no sé cómo dirigirme a ti, Dios mío, y es que me reconozco en el celoso Saúl, aunque también en el ignorante David. Por eso te pido un corazón grande, te invoco para que seas en mí luz de verdad. Sí, Dios mío, tal vez precisamente por eso tengo una gran necesidad de ser como esos discípulos tuyos que van detrás de ti sin otro motivo que aprender a ser como tú eres.

        Oh luz verdadera, que vea yo el camino justo que he de recorrer y no me desvíe, aunque eso pueda atraerme enemistades. Oh amor de todo amor, que no se me endurezca el corazón, sino que sepa acoger el bien y el éxito de los otros, celebrar su alegría, reconocer en ellos la belleza de tu presencia activa.

 

CONTEMPLATIO

        Amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo que se abstengan las hermanas de toda soberbia, vanagloria, envidia, avaricia, preocupación y solicitud por este mundo, de la difamación y la murmuración, de la discordia y de la división. Sean, en cambio, solícitas para conservar siempre, recíprocamente, la unidad de la caridad mutua, que es el vínculo de la perfección (Clara de Asís, Regola, en Fonti Francescane, Padua 31982, 2.262 [edición española: Escritos de Santa Clara y documentos complementarios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1999]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Enséñame, Señor, a alegrarme del bien" (cf. 1 Sm 19,5).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El temor y la hostilidad no se limitan a los encuentros con los desvalijadores, con los drogadictos o con los anormales. En un mundo invadido por la competición, incluso aquellos que se encuentran muy cerca los unos de los otros, como los compañeros de escuela o de equipo, los actores de una misma compañía, los colegas de trabajo, están infectados por el miedo y por la hostilidad si se sienten, recíprocamente, como una amenaza a la seguridad intelectual o profesional. Muchos de los espacios creados para acercar a la gente y ayudarla a formar una comunidad pacífica degeneran en campos de batalla mental. Los estudiantes en las aulas, los profesores en las reuniones, el personal en los hospitales y los miembros de proyectos comunes se sienten a menudo paralizados por una mutua hostilidad, incapaces de llevar a cabo sus objetivos a causa del miedo, de la sospecha e incluso de una agresión abierta. En ocasiones, las instituciones creadas expresamente para dar vida a un espacio y a un tiempo libres -donde desarrollar las preciosas potencialidades humanas- han terminado siendo tan dominadas por el espíritu de defensa que las mejores ideas y las opiniones más válidas no llegan a expresarse. [...]

        Una gran parte de nuestro mundo se asemeja a un escenario donde la paz, la justicia y el amor son recitados por actores dispuestos, a continuación, a mutilarse unos a otros con una hostilidad recíproca. No hay acaso médicos, sacerdotes, abogados, asistentes sociales, psicólogos y consejeros espirituales que han empezado su actividad con un profundo deseo de servir y, muy pronto, se han convertido en víctimas de una intensa rivalidad y hostilidad tanto en el ámbito personal como en el social? Ministros del culto y sacerdotes que proclaman la paz y el amor desde el pulpito son, después, incapaces de encontrarse cuando se sientan a la mesa en la casa parroquial. Asistentes sociales que intentan resolver litigios familiares se enfrentan con los mismos conflictos en su propia casa. Cuántos de nosotros no estamos agitados por una aprensión interna porque nos sentimos afligidos por los mismos dolores que quienes piden nuestra ayuda?

        Sin embargo, precisamente esta paradoja podría proporcionarnos la facultad que nos permitiría curar. Tras haber visto y reconocido, sin posibilidad de duda, nuestras hostilidades y nuestros  miedos en los otros, podremos estar en condiciones de sentir, desde dentro, el polo hacia el que nos queremos conducir no sólo a nosotros mismos, sino también al prójimo. [...] Apenas hayamos adquirido la sensibilidad necesaria para entrever los dolorosos contornos de nuestra hostilidad, estaremos en condiciones de identificar lo opuesto, hacia lo que estamos llamados a desplazarnos: la hospitalidad. [...] Hospitalidad significa, principalmente, creación de un espacio libre donde pueda entrar el extraño para convertirse en amigo en vez de en enemigo. Hospitalidad no significa cambiar a las personas, sino ofrecerles un espacio donde pueda tener lugar el cambio (H. J. M. Nouwen, Viaggio spirituale per l'uomo contemporáneo, Brescia 1998, pp. 63-65).

 



Día 24

San Francisco de Sales

 

        Nació en Thorans, un pueblecito de Saboya, en 1567, en el castillo de los señores de Sales. Educado en las virtudes cristianas por su madre, estudió, primero, con los jesuitas de París y, después, en Padua, donde se licenció en Derecho.

    Contrariamente a las expectativas de su padre, que soñaba con que fuera abogado y senador, abrazó el estado eclesiástico y se dedicó, con éxito, a la difícil evangelización de la región de Chablais. Tras ser nombrado obispo de Ginebra, vivió en Annecy, donde, además de una iluminada acción pastoral y de la dirección espiritual de muchas almas, escribió, entre otras, la muy afortunada obra Filotea y también el Teotimo o tratado sobre el amor de Dios, convirtiéndose en uno de los grandes maestros de la espiritualidad cristiana tanto para los laicos como para las personas consagradas. Junto con santa Juana de Chantal, fundó la Visitación. Murió en 1622 y fue proclamado doctor de la Iglesia en 1877.



LECTIO

Primera lectura: Hebreos 8,6-13

Hermanos:

6 Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en promesas mejores.

7 En efecto, si la primera alianza hubiera sido perfecta, no habría sido necesario buscar una segunda.

8 Pero es un reproche el que Dios les hace cuando dice: Vienen días, dice el Señor, en que yo concluiré con el pueblo de Israel y de Judá una alianza nueva;

9 no como la alianza que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto Ellos no fueron fieles a mi alianza, y por eso los deseché, dice el Señor.

10 Pero ésta es la alianza que yo haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

11 Nadie tendrá ya que instruir a su conciudadano ni a su hermano diciendo: "Conoce al Señor", porque todos me conocerán, del menor al mayor.

12 Pues yo perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus pecados.

13 Al decir alianza nueva, Dios ha declarado vieja a la primera; ahora bien, lo que se vuelve viejo y anticuado está a punto de desaparecer.


 

*•• "...éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados". En toda celebración eucarística, en el momento de la consagración, revivimos con estupor conmovido y adorador el misterio de la "alianza superior", cuyo mediador, como dice la carta a los Hebreos, es Jesús.

El pasaje describe detenidamente con una extensa cita, tomada del capítulo 31 del libro del profeta Jeremías, la "nueva" alianza con la que Dios sustituye –declarándola superada- la precedente, estipulada mediante ritos y prácticas exteriores. El vínculo que había establecido con los padres, cuando liberó a su pueblo de Egipto, ha quedado roto a causa de la infidelidad de Israel; sin embargo, Dios no se detiene ante ello y estipula otra alianza, destinada a penetrar en lo íntimo del hombre, en su mente, en su corazón. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que el progresivo cumplimiento del deseo apasionado de Dios de hacerse reconocer y amar por el hombre, criatura pensada y querida en la libertad. El prodigio de esta "alianza nueva" consistirá en que, por fin, cada uno "conocerá" -esto es, amará- al Señor, que, una vez más, se manifiesta como Aquel que es misericordia, perdón (Ex 34,6ss). El lugar en que se consumará tal manifestación será la cruz del Hijo amado, Jesús.



 Salmo 84.

R. La misericordia y la fidelidad se encuentran.

10La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra;
11la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;

12la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo;
13el Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.

14La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.



 

Evangelio: Marcos 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús

13 subió al monte, llamó a los que quiso y se acercaron a él.

14 Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar

15 con poder de expulsar a los demonios.

16 Designó a estos doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro;

17 a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno;

18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo

19 y Judas Iscariote, el que lo entregó.

 

        *+• Jesús se constituye una nueva familia (como se sugerirá en 3,35), es decir, según su mensaje, intenta formar un grupo de personas que estén dispuestas a acogerlo, aunque también deba realizar en ellos el milagro de la conversión. Sin embargo, aun cuando al hablar de familia se quiere acentuar la relación personal y afectiva que deberá reinar entre Jesús y sus discípulos, uno a uno, el grupo recibe también de inmediato un valor estructural más amplio: son el nuevo Israel, los que constituirán los fundamentos de la futura Iglesia.

        El evangelista carga de solemnidad el hecho. Tiene lugar sobre el monte, esto es, sobre el lugar típico de la proximidad con Dios. Todo depende de la gracia, y nada de la buena voluntad de los discípulos: Cristo los llama, los elige con una soberanía absoluta, y también es él quien los "constituye" en comunidad. El grupo es convocado para que sus componentes se dirijan a él (v. 13) y, antes que nada, para estar con él (v. 14). El nuevo pueblo se constituye en torno a la persona del Señor, que se sitúa, de manera escandalosa para un judío, como referencia absoluta, asumiendo la función que debería corresponder a la Ley. Sus discípulos reciben su mismo poder de expulsar los demonios, señal de que podrán ser realmente los ejecutores plenipotenciarios en el ejercicio de la fuerza del Evangelio. Aparece, por tanto, el motivo de la misión como prioridad concomitante a la relación personal.

 

MEDITATIO

        El misterio del proyecto de Dios - a saber: que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tim 1,4)- se concreta en el bello y buen pastor Jesús, el pastor auténtico, que pone en peligro su vida y su persona por todas sus ovejas, no sólo por las del redil de Israel. Él, el pastor auténtico, piensa sólo en ofrecer la vida, al contrario que los mercenarios, que piensan únicamente en sus propios intereses. Pues bien, es precisamente este dar la vida lo que abre los ojos y el corazón de las ovejas. Ellas, en efecto, conocen el latido del corazón del pastor que las busca, una a una, y se las carga sobre los hombros.

        Este pastor hace conocer a sus ovejas el amor de Dios, modelo de todo servicio pastoral, de toda autoridad, y ésta se vuelve la medida del mutuo conocimiento y de la recíproca pertenencia. El Señor se ha ofrecido porque quiso él, en conformidad con el mandamiento del amor gratuito y universal vivido en plenitud de libertad.

        San Francisco de Sales prolonga y encarna, a caballo entre los siglos XVI y XVII, esta realidad del pastor auténtico, preocupado exclusivamente por dar la vida, arriesgándola una vez y otra, en la difícil situación misionera en que se encontraba la región de Chablais y en su servicio episcopal, a fin de volver a fundar la vida de la Iglesia en la diócesis de Ginebra y Annecy. Es el principio del amor puro, como disponibilidad incondicionada al proyecto de Dios con plena confianza. Un proyecto de Dios que quiere pastores según su corazón, capaces y preocupados únicamente por ofrecer la vida por el rebaño, contra todo tipo de mercenarismo, tan difundido en aquel tiempo tanto entre los católicos como entre los calvinistas. Elegido prepósito del cabildo de los canónigos de la catedral de Ginebra, exiliado en Annecy, propone la reconquista de su propia sede oficial: pero con qué armas? "No os propongo ni hierro, ni pólvora, ni azufre, sino que sólo con la caridad hemos de sacudir las murallas de la ciudad; es preciso invadirla sólo con la caridad, es preciso recuperarla con la caridad" (Opere, ed. Annecy, VII, 107). La contraprueba del discurso es la dificilísima misión de la región de Chablais: poner la vida en peligro durante cuatro años (1594-1598) para volver a traer a 25.000 personas al aprisco de Cristo. Qué miedos bloquean con frecuencia o ralentizan al menos la entrega de mi vida?

 

ORATIO

        Señor, pastor de los pastores, forma y modelo de la caridad pastoral para todos los tiempos, deseamos contemplar la belleza de tu entrega de la vida con plena y absoluta gratuidad, sin ningún interés, a no ser el de la salvación de todos. Todos hemos pasado por la experiencia de lo fácil que es ir a menos en nuestras responsabilidades pastorales hasta caer en el cierre mercenario por la fragilidad de nuestras personas y por los miedos que nos asaltan. Sin embargo, la contemplación de la belleza de tu vida entregada y sacrificada, oh Cristo, nos implica en el don, sin perezas ni acaparamientos personales, sin volvernos atrás y sin huir. Que tu Espíritu Santo nos abra los ojos sobre las raíces mercenarias que llevamos dentro y nos llene de valor y nos guíe, como hizo con el dulcísimo y al mismo tiempo firmísimo pastor Francisco de Sales, a quien hoy recordamos.

        Como él, te pedimos el don de la paciencia, para aceptar las largas demoras de la respuesta del corazón rebelde y complicado del hombre de hoy; el don de la humildad, para ser suficientemente realistas y no ceder a ninguna presunción o ambición en la misión evangelizadora que tú nos confías; el don del amor verdadero, constante y desinteresado, ese amor puro que tanto fascinaba al obispo de Ginebra. Haz que dejemos en el mundo la huella profunda de pastores generosos según tu corazón. Nos confiamos a la intercesión de san Francisco de Sales. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

CONTEMPLATIO

        Piensa en el amor con el que Jesucristo, nuestro Señor, tanto sufrió en este mundo, de modo particular en el huerto de los Olivos y en el monte Calvario: !ese amor te miraba a ti! !Dios mío, con qué profundidad deberíamos imprimir en nosotros todo esto! Acaso es posible que yo haya sido amado con tanta dulzura por el Salvador, hasta el punto de que él haya pensado en mí personalmente, incluso en todas las pequeñas circunstancias a través de las cuales me ha atraído a él? Es verdaderamente maravilloso: el corazón repleto de amor de mi Dios pensaba en mí, me amaba y me procuraba mil medios de salvación, como si no hubiera tenido otra persona en el mundo en la que pensar. Pero cuándo empezó a amarte? Desde que empezó a ser Dios, es decir, desde siempre... (Francisco de Sales, Filotea V, 13ss).

 

ACTIO

        Contemplar, saborear y actuar. Es el amor puro contemplado y descubierto como causa primera y determinante de nuestro existir el que nos impulsa hacia lo que Francisco llamaba éxtasis de la acción. Cuál es el paso que me es posible dar hoy?

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Venerables hermanos: os sugiero y os pido que tengáis el propósito de recuperar Ginebra.

        Por medio de la caridad es como debemos desmantelar las murallas de Ginebra, por medio de la caridad invadirla, recuperarla.

        No os propongo ni el hierro, ni esa pólvora cuyo olor y sabor recuerdan el horno infernal. Queréis un método fácil para conquistar al asalto una ciudad? Os ruego que aprendáis del ejemplo de Holofernes. Al asediar Betulia, cortó el acueducto y puso bajo guardia todas las fuentes. También nosotros –os conjuro a ello- debemos usar el método del que él dio ejemplo.

        Hay un acueducto que alimenta y reanima a todos los tipos de herejes: son los ejemplos, las palabras, la iniquidad de todo, pero en particular de los eclesiásticos. Por nuestra causa se blasfema el nombre del Señor día tras día entre las naciones.

        Es preciso derribar las murallas de Ginebra por medio de oraciones ardientes, y asediarla con la caridad fraterna. Por medio de esta caridad es como deben hacer fuerza nuestras tropas de asalto.

        El jefe supremo de esta fortaleza, Cristo, nuestro Señor, cederá sus riquezas a quien la haya conquistado por medio de esas armas. En efecto, el Reino de los Cielos sufre violencia, y son los violentos quienes lo arrebatan... Adelante, pues, y ánimo, óptimos hermanos: todo cede a la caridad; el amor es fuerte como la muerte, y al que ama nada le es difícil (Francisco de Sales, "Discorso ai canonici di Ginevra", en G. Papasogli, Come piace a Dios, Roma 1981, pp. 143-147, passim).

 

 

Día 25

Conversión de san Pablo

         Saulo de Tarso, antes de su conversión, era un judío convencido de su religión y totalmente contrario a la nueva fe que empezaba a difundirse por Palestina y sus alrededores.

        Tuvo alguna responsabilidad también en el martirio de san Esteban, protomártir, del que se habla en los Hechos de los apóstoles. Saulo encontró a Jesús resucitado en el camino de Damasco y este acontecimiento cambió de manera radical su modo de creer y de pensar. El Señor resucitado se convirtió en el centro de su espiritualidad y de su teología. Una vez apóstol del Evangelio, Pablo estableció en Antioquía de Siria el punto de partida de sus viajes misioneros, donde aparece como testigo infatigable de la fe en Jesús resucitado. Estos viajes le incitaron a escribir diversas cartas a las distintas comunidades cristianas que había fundado. Pablo, verdadero y auténtico apóstol, siempre llevó buen cuidado en "volver" a Jerusalén, con el deseo de confrontarse con los apóstoles de Jesús a fin de no correr en vano.

 

LECTIO

Primera lectura: Hechos de los apóstoles 22,3-16

En aquellos días, Pablo dijo al pueblo:

3 -Yo soy judío. Nací en Tarso de Cilicia, pero me eduqué en esta ciudad. Mi maestro fue Gamaliel; él me instruyó en la fiel observancia de la Ley de nuestros antepasados. Siempre he mostrado un gran celo por Dios, como vosotros hoy.

4 Yo perseguí a muerte este camino, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres.

5 Y de ello pueden dar testimonio el mismo sumo sacerdote y todos los miembros del consejo. Después de recibir de ellos mismos cartas para los hermanos, me dirigía a Damasco, con ánimo de traer a Jerusalén encadenados a los creyentes que allí hubiera, para que fueran castigados.

6 Iba, pues, camino de Damasco y, cuando estaba ya cerca de la ciudad, hacia el mediodía, de repente brilló a mi alrededor una luz cegadora venida del cielo.

7 Caí al suelo y oí una voz que me decía: "Saúl, Saúl, por qué me persigues?".

8 Yo respondí: "Quién eres, Señor?". Y me dijo: "!Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues!".

9 Los que venían conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.

10 Yo dije: "Qué debo hacer, Señor?". Y el Señor me dijo: "Levántate y vete a Damasco; allí te dirán \o que debes hacer".

11 Como no veía nada, debido al resplandor de aquella luz, entré en Damasco de la mano de mis compañeros.

2 Un cierto Ananías, hombre piadoso según la ley, bien acreditado ante todos los judíos que allí vivían,

13 vino a verme y me dijo: "Hermano Saúl, recobra la vista". Y en aquel mismo instante pude verlo.

14 El añadió: "El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que conozcas su voluntad, para que veas al Justo y oigas su voz.

15 Porque has de ser testigo suyo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.

16 No pierdas tiempo, ahora; levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre".

 

        *•• Estamos ante uno de los tres relatos de la conversión de Pablo (cf. también Hch 9 y 26) con los que Lucas adorna la historia de la primitiva comunidad cristiana.

        En su carácter extraordinario, el acontecimiento de Damasco se articula en tres momentos. En primer lugar, el diálogo entre el Señor resucitado y Saulo de Tarso. Ambos personajes se comunican su identidad y se reconocen recíprocamente. Es un primer paso hacia el acuerdo posterior. Viene después el acontecimiento extraordinario de la conversión, que Lucas resume simplemente en una pregunta: "Qué debo hacer, Señor?" (v. 10). Saulo está ahora subyugado por el poder de Jesús, su salvador y maestro. Y sólo desea configurar por completo su vida según la voluntad y el proyecto del Resucitado.

        Al final, se encuentra la misión: el que ha conocido la voluntad de Dios y ha visto al Justo percibiendo la palabra de su misma boca, se vuelve ahora testigo de las cosas que ha visto y oído ante todos los hombres. Ser misionero es ahora el único modo de vivir para Pablo.

 

Salmo 116.

R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor todas las naciones,

aclamadlo todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.





Evangelio: Marcos 16,15-18

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once

15 y les dijo: -Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura.

16 El que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará.

17 A los que crean, les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas,

18 agarrarán serpientes con sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán.

 

        ** La liturgia aplica también a Pablo el mandato misionero que Jesús resucitado dirigió a los Once. Aunque Pablo no pertenece a los Doce, es verdadero y auténtico apóstol de Jesús: estas palabras también se dirigen a él.

El Jesús resucitado enuncia, en primer lugar, un mandato: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura" (v. 15). La orden no deja sitio a ninguna tergiversación. Pide sumisión y espera obediencia. Dios ha querido salvar a la humanidad por medio de unos colaboradores y Jesús tiene necesidad de misioneros testigos.

        El acontecimiento de la salvación -éste es el segundo dato- es fruto de la predicación y se lleva a cabo mediante el acto de fe del que escucha: "El que crea y se bautice se salvará" (v. 16a). Sin la escucha de la fe no hay ninguna posibilidad de salvarse (v. 16b). Dios, que nos ha creado sin nuestro consentimiento, no quiere salvarnos sin nosotros. Las últimas palabras del Resucitado contienen, por último, una promesa, formulada en futuro (vv. 17ss): los beneficios que recibirán los creyentes, múltiples y extraordinarios, serán los signos a través de los cuales cada ser humano podrá reconocer la presencia consoladora de Dios en medio de nosotros.

 

MEDITATIO

        No acabamos nunca de ahondar en el conocimiento de Saulo-Paulo, incluso después de haber meditado una y otra vez sobre las páginas que hablan de él y las que escribió él mismo. Sin embargo, hay algo que aparece de inmediato con una gran evidencia: su itinerario de fe es símbolo del nuestro.

        Creer implica, ante todo, encontrar personalmente a una persona, al Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret. No se cree en una doctrina, en una fórmula, en un sistema, sino en una persona, la única digna de ser creída.

La fe es un encuentro que no se agota en un momento determinado de nuestra propia vida, sino que continúa siempre, hasta la muerte. Quien encuentra a Jesús se da cuenta de que ya no puede vivir sin él y debe profundizar en su conocimiento personal.

        Del encuentro se pasa al diálogo: la fe es, precisamente, un encuentro entre personas inteligentes y libres. Por un lado, Dios se da a conocer en lo que es, revela su voluntad, da a conocer sus proyectos. De este modo, entabla el diálogo con todo el que está dispuesto a escuchar y a reaccionar. Por otro, el creyente, en la medida en que presta una escucha sincera y auténtica a la Palabra de Dios, se siente implicado en un diálogo que no se desarrolla sólo en torno a conceptos y verdades, sino que se entrelaza con experiencias, confidencias, comunión de vida. Se trata de un diálogo vital que implica a dos seres vivos y llega a una forma de vida cada vez más elevada.

        Ahora bien, la fe cristiana es también obediencia, sumisión, abandono total de la criatura al Creador, del hombre a Dios, del pecador al Justo. Para el creyente, obedecer no significa en absoluto abdicar de su propia libertad, ni siquiera de sus propios derechos; significa captar la infinita distancia que media entre él y su propio interlocutor y, al mismo tiempo, intuir que la adhesión a la voluntad de éste conduce a la plena y más satisfactoria realización de sí mismo. Semejante acto de abandono está sostenido por una promesa que no deja ningún espacio a la duda: cuando Dios promete, se compromete por completo en beneficio de su interlocutor, le llena el corazón de certezas sobrenaturales y abre ante él unos horizontes ilimitados.

        Por último, la fe cristiana se traduce en misión: el ejemplo de Pablo es claro y decisivo. No puede privatizarse un bien que, por su propia naturaleza, es comunitario. Quien ha recibido el don de la salvación en Cristo se siente impulsado íntimamente a darlo a los otros.

 

ORATIO

        Oh Padre, Dios de infinita bondad y misericordia, concédenos caminar fielmente, a ejemplo de san Pablo, por el camino que nos has abierto en Cristo Jesús. Haz, oh Dios, que nuestros caminos -como el de Saulo- se crucen con el tuyo, el que nos has indicado en Cristo, tu Hijo, y en el cristianismo. Que, como el apóstol Pablo, queramos caminar con Jesús y seguir sus pasos hasta que lleguemos a ti, meta última de nuestra vida, meta suspirada y esperada.

        Concédenos, oh Padre, andar juntos por este camino bendecido por ti, a fin de que ninguno de nosotros se pierda y nuestra comunión eclesial pueda ser, en el tiempo, signo manifestativo de aquella comunión que gozaremos junto a ti en la denudad bienaventurada.

 

CONTEMPLATIO

        "Y me llamó por su gracia" (Gal 1,15). Dios, quiere decir, le llamó por su virtud. Decía [el Señor] a Ananías: "íiste es un instrumento elegido para llevar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes" (Hch 9,15), es decir, es idóneo para ejercer el ministerio y para manifestar una obra tan grande. [El Señor] indica este motivo para la llamada, mientras que el apóstol afirma por doquier que todo deriva de la gracia y de la inefable bondad divina, expresándose en estos términos: "Y si encontré misericordia -no porque fuera digno de ella y la mereciera- fue para que en mí, el primero, manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener vida eterna" (1 Tim 1,16). !Fíjate en su inmensa humildad! Por eso, dice, obtuvo misericordia, a fin de que nadie desesperara, dado que el peor entre todos los hombres había obtenido beneficio de la bondad divina (Juan Crisóstomo, Commento alia lettera ai Galati, Roma 21996, pp. 55ss [edición española: Comentario a la Carta a los Gálatas, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1996]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy estas palabras de san Pablo: "Para mí, la vida es Cristo, y el morir, una ganancia" (Flp 1,22).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El edificio espiritual construido por san Pablo, con su profundidad profética y sus escarpadas ascensiones, emerge alto sobre el plano de nuestra apacible piedad cristiana. Quién fue este grande, que obró a la sombra de Uno inmensamente más grande que él? Quién fue este atrevido pionero, este "errante entre dos mundos"?

        Dos ciudades ejercieron una influencia decisiva en el ciclo de su formación: Tarso y Jerusalén. "Soy un judío de Tarso de Cilicio...": así se calificó Pablo ante el comandante romano cuando fue encarcelado. Dos corrientes de antigua civilización afluían, pues, y se fundían en él: la educación judía en familia y la formación griega que absorbía en la capital de su provincia natal, dotada de universidad. Está escrito, ciertamente, en los designios de la Providencia que este hombre, destinado a que en su vida actuara como misionero en medio de los paganos, debería recibir su primera educación en un centro mundial del paganismo.

        Aquel para quien ya no debería existir diferencia alguna entre judíos y paganos, entre griegos y bárbaros, entre libres y esclavos [cf. Col 3,11; 1 Cor 12,13), no debía nacer entre las idílicas colinas de Galilea, sino en el tumulto de un rico emporio comercial donde afluían y se mezclaban gentes de todas las naciones sometidas al Imperio romano.

        "Soy de Tarso, una ciudad no oscura de Cilicio". Parece que se refleja en esta respuesta un sentimiento de genuino orgullo griego por su propia ciudad de nacimiento. Tarso competía, en efecto, con Alejandría y Atenas por la conquista del primado en el campo de la cultura; en ella se elegían los maestros para los príncipes imperiales de Roma, y es natural que un centro de cultura tan eminente influyera en la formación de la personalidad del futuro apóstol... En Tarso dominaban la espiritualidad y la lengua griega junto a las leyes romanas y a la austeridad de la sinagoga judía (J. Holzner, ['Apostólo Pao/o, Brescia 21987 [edición española: San Pablo, Editorial Herder, Barcelona 1989]).

 

 

Día 26

3° domingo del tiempo ordinario

 LECTIO

Primera lectura: Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10

2 El día primero del séptimo mes, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley y, ante la asamblea compuesta por hombres, mujeres y cuantos tenían uso de razón,

3 lo estuvo leyendo en la plaza de la Puerta de las Aguas desde la mañana hasta el mediodía. Todo el pueblo, hombres, mujeres y cuantos tenían uso de razón, escuchaban con atención la lectura del libro de la ley.

4 Esdras, el escriba, estaba de pie sobre un estrado de madera levantado al efecto.

5 Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, pues estaba más alto que todos, y, al abrirlo, todo el pueblo se puso en pie.

6 Esdras bendijo al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: -Amén, amén. Después se postraron y, rostro en tierra, adoraron al Señor.

8 Leían el libro de la ley de Dios clara y distintamente, explicando el sentido, para que pudieran entender lo que se leía.

9 El gobernador Nehemías, el sacerdote escriba Esdras y los levitas que instruían al pueblo dijeron a todos: -Este día está consagrado al Señor, nuestro Dios: no estéis tristes ni lloréis. Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley.

10 Nehemías añadió: -Id a casa y comed manjares apetitosos, bebed licores dulces y mandad su porción a los que no han preparado nada, pues este día ha sido consagrado a nuestro Señor. !No os aflijáis, pues el Señor se alegra al veros fuertes!

 

        *• Corre el año 444 a. de C. y en Jerusalén, por vez primera después del exilio, se ha reunido el pueblo en asamblea festiva para celebrar la liturgia de la Palabra, a la que sigue una comida en común. En el texto, que habla de la promulgación de la ley realizada por el sacerdote y escriba Esdras, tenemos la estructura tradicional de la asamblea litúrgica. La alianza se celebra con alegría, pero con la mirada dirigida hacia el futuro: el pueblo eleva su alabanza a Dios (v. 6); a continuación, el escriba, desde arriba del estrado de madera, abre el libro de la ley, y algunos lectores elegidos proclaman fragmentos del Deuteronomio frente a toda la asamblea, en escucha silenciosa. Sigue la explicación del texto con unas palabras de actualización sobre la observancia religiosa del pacto (w. 4ss). El pueblo - a la escucha de la Palabra de Dios, una palabra que compromete- entra en un proceso de conversión, llora su propio pecado y la traición infligida a la alianza (v. 9). Esdras interviene entonces y, reconociendo el sincero arrepentimiento del pueblo, invita a todos a la alegría, a la fiesta y al banquete en honor del Señor: "Este día está consagrado al Señor, nuestro Dios" (v. 10). Hay que desterrar todo duelo o lamento entre el pueblo, porque Dios ha condonado todas las deudas y se ha mostrado misericordioso con su pueblo.

 

Salmo 18.

R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye  al ignorante. R.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y eternamente justos. R.

que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R.






Segunda lectura: 1 Corintios 12,12-3la

Hermanos:

12 Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, por muchos que sean, no forman más que un cuerpo, así también Cristo.

13 Porque todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar un solo cuerpo, y todos hemos bebido también del mismo Espíritu.

14 Por su parte, el cuerpo no está compuesto de un solo miembro, sino de muchos.

15 Si el pie dijera: "Como no soy mano, no soy del cuerpo", dejaría por esto de pertenecer al cuerpo?

16 Y si el oído dijera: "Como no soy ojo, no soy del cuerpo", dejaría por esto de pertenecer al cuerpo?

17 Si todo el cuerpo fuera ojo, cómo podría oír? Y si todo fuera oído, cómo podría oler?

18 Con razón Dios ha dispuesto cada uno de los miembros en el cuerpo como le pareció conveniente.

19 Pues si todo se redujese a un miembro, dónde estaría el cuerpo?

20 Por eso, aunque hay muchos miembros, el cuerpo es uno.

21 Y el ojo no puede decir a la mano: "No te necesito", ni la cabeza puede decir a los pies: "No os necesito".

22 Al contrario, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles son los más necesarios,

23 y a los que consideramos menos nobles los rodeamos de especial cuidado. Asimismo, tratamos con mayor decoro a los que consideramos más indecorosos,

24 mientras que los que son presentables no lo necesitan. Dios mismo distribuyó el cuerpo dando mayor honor a lo que era menos noble,

25 para que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen los unos de los otros.

26 Que un miembro sufre? Todos los miembros sufren con él. Que un miembro es agasajado? Todos los miembros comparten su alegría.

27 Ahora bien, vosotros formáis el cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es un miembro.

28 Y Dios ha asignado a cada uno un puesto en la Iglesia: primero están los apóstoles, después los que hablan en nombre de Dios, a continuación los encargados de enseñar, luego vienen los que tienen el don de hacer milagros, de curar enfermedades, de asistir a los necesitados, de dirigir la comunidad, de hablar un lenguaje misterioso.

29 Son todos apóstoles? Hablan todos en nombre de Dios? Enseñan todos? Tienen todos el poder de hacer milagros

30 o el don de curar enfermedades? Hablan todos un lenguaje misterioso o pueden todos interpretar ese lenguaje?

31 En todo caso, aspirad a los carismas más valiosos.

 

*" Este texto de Pablo presenta a la comunidad cristiana como el "cuerpo" de Cristo. Su densidad eclesiológica es sorprendente. Veamos algunos de sus rasgos característicos.

El cuerpo es "uno", pero hay en él una rica pluralidad diversidad de miembros. El fundamento del cuerpo se encuentra únicamente en Cristo: "Así también Cristo" (v. 12). De este modo, el apóstol nos conduce de golpe a la raíz: la comunidad no es simplemente como un cuerpo; es el cuerpo de Cristo. Antes de desarrollar la comparación, Pablo indica también la razón que nos convierte en cuerpo de Cristo: el bautismo y el don del I espíritu (v. 13). Por consiguiente, en primer lugar está la comunión con el Señor: ésta es la raíz que da razón tanto de la diversidad como de la variedad.

En tercer lugar, Pablo nos dice que las diferencias sociológicas (ser esclavo o libre) e incluso las religiosas (ser judío o pagano) pierden importancia y quedan abolidas. A continuación, afirma que surgen otras diferencias sobre distintas bases: las nuevas diferencias presentes en la comunidad son funciones y servicios, no dignidades y división.

De esta suerte, la originalidad de cada uno de los creyentes no actúa en ventaja propia, sino de toda la comunidad. Las diferencias son necesarias. El cuerpo ya no sería tal si no fuera resultado de miembros diferentes. Así ocurre también con la comunidad: cada uno ejerce en la Iglesia una función insustituible, como cada célula en el organismo humano. En consecuencia, la verdadera amenaza contra la unidad de la Iglesia no procede de la variedad de los dones del Espíritu, sino que, en caso de que la hubiera, provendría del intento de erigirse por encima de los otros por parte de alguno de los dones, o de la negativa a servir, o de la pretensión de prescindir de los demás: "Y el ojo no puede decir a la mano: "No te necesito", ni la cabeza puede decir a los pies: "No os necesito"" (v. 21).

 

Evangelio: Lucas 1,1-4; 4,14-21

1.1 Ya que muchos se han propuesto componer un relato de los acontecimientos que se han cumplido entre nosotros,

2 según nos lo transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la Palabra,

3 me ha parecido también a mí, después de haber investigado cuidadosamente todo lo sucedido desde el principio, escribirte una exposición ordenada, ilustre Teófilo,

4 para que llegues a comprender la autenticidad de las enseñanzas que has recibido.

14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca.

15 Enseñaba en las sinagogas y todo el mundo hablaba bien de él.

16 Llegó a Nazaret, donde se había criado. Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para hacer la lectura.

17 Le entregaron el libro del profeta Isaías y, al desenrollarlo, encontró el pasaje donde está escrito:

18 El Espíritu del Señor está sobre mí,

porque me ha ungido para anunciar

la Buena Noticia a los pobres;

me ha enviado a proclamar

la liberación a los cautivos

y dar vista a los ciegos,

a libertar a los oprimidos

"ya proclamar

un año de gracia del Señor.

20 Después enrolló el libro, se lo dio al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga tenían sus ojos clavados en él.

21 Y comenzó a decirles: -Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar.

 

*"• Tras haber expuesto el objetivo de su evangelio, Lucas, como escritor serio y digno de fe, cuenta el episodio de Nazaret. El evangelista sitúa el discurso en la sinagoga al comienzo de la actividad pública de Jesús y lo convierte en el discurso inaugural y programático del Mesías. Cristo lee el pasaje de Is 61,lss, pero modifica su significado. Hace una lectura actualizadora del texto profético, una lectura que acentúa la obra de liberación y la universalidad de la salvación: "Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar" (v. 21). Jesús, sin realizar aplicaciones morales, atrae la atención sobre el acontecimiento que se está desarrollando: su venida da cumplimiento a la expectativa del profeta. De este modo se proclama Mesías, se identifica con su expectativa, que se cumple "hoy" en su persona.

El "hoy" es, precisamente, la novedad de Jesús. Con él han empezado los últimos tiempos, que se prolongan en el tiempo de la Iglesia y en nuestro tiempo. Por otra parte, la misión que Jesús ha inaugurado está dirigida de un modo particular a los pobres y a los últimos. Como dice Isaías, Jesús dirige la "alegre noticia" a los pecadores, a los oprimidos y a los marginados de toda condición, porque Dios ama a cada hombre, sin diferencias.

Para Cristo, cada hombre vale y es precioso a sus ojos. Frente a Dios no hay marginados; más aún, para él, los últimos serán los primeros que poseerán el Reino y la vida verdadera. Sólo la "noticia" de Jesús es capaz de sacudir e infundir dignidad y esperanza a todo hombre marginado.

 

MEDITATIO

El evangelio de hoy nos pone ante los ojos una puesta en práctica del modelo de celebración litúrgica trazado por la primera lectura. En ella es el mismo Jesús el protagonista principal. Es él quien da su sentido acabado a las palabras proféticas que le entregan como texto para proclamar. Lucas pone así de relieve una de las dimensiones más características de la actividad de Jesús en el cumplimiento de su misión mesiánica: la opción en favor de los más menesterosos.

Basta con echar una mirada, incluso superficial, a los evangelios para darse cuenta de que esta opción preside enteramente su acción. Allí donde Jesús encuentra a un pobre, a un excluido, a un marginado, a un oprimido -tanto por las enfermedades o los malos espíritus como por los otros hombres-, toma posición a favor de él. Así lo hizo con los pecadores, los enfermos, las mujeres, los extranjeros, los niños... Y se explica fácilmente que obrara así, si tenemos presente que su corazón, como el de su Padre del cielo, está lleno de pasión por la vida de todos y, antes que nada, por los que viven peor.

Como el Padre y con él, también Jesús se enternece ante aquellos que han sido dejados "medio muertos" por los caminos de la vida, como le ocurrió al hombre de la parábola del "buen samaritano" (cf. Le 10,30-35), o ante el hijo que, tras haberse alejado con insolencia de su casa, vuelve a ella cansado y extenuado (Lc 15,11-24). Y de la conmoción pasa a la acción de una tierna y solícita acogida.

Este modo de comportarse por parte de Jesús nos interpela seriamente. Nos invita a revisar el modo como nosotros mismos nos comportamos en cuanto personas y en cuanto comunidades que declaran ser sus seguidores. Desde hace algunos años, una ola de pauperismo evangélico está sacudiendo a la Iglesia. Se ha desarrollado en muchos -individuos y grupos, comunidades pequeñas o Iglesias continentales enteras- la conciencia de la llamada al servicio de los más pobres, de los últimos. Estamos llamados a nivel universal, como Iglesia, a hacer nuestra la opción de Jesús por los más menesterosos (cf. Sollicitudo rei socialis). Se ha vuelto esto una realidad en nuestra vida personal y comunitaria? Desemboca todo esto, verdaderamente, en un compromiso serio y concreto, como el de Jesús? Sus palabras deben sacudirnos siempre: "No todo el que me dice: !Señor, Señor! entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos" (Mt 7,21).

 

ORATIO

Tu ejemplo, Señor, nos impresiona. Al leer los evangelios te vemos realizar, con coherencia y firmeza, las palabras que resumen tu misión, preanunciada desde hacía siglos en la profecía mesiánica de Isaías: te acercas sobre todo a los más pobres y pequeños, a los que encuentras más menesterosos, porque son los más débiles y los más indefensos, porque son despreciados, marginados o excluidos por los otros. Tu amor se muestra universal precisamente porque, como tu Padre, te ocupas preferentemente de ellos. Y te ocupas de ellos no sólo de palabra, sino con hechos concretos y con el ejemplo de tu misma vida. Danos también a nosotros tu Espíritu, el Espíritu con el que el Padre te ungió y el que te impulsa a llevar adelante tu misión en este mundo.

Si él nos impulsa también a nosotros, haremos las obras que tú has hecho e incluso otras más grandes aún (cf. Jn 14,12), al servicio de los pobres y de los pequeños de la humanidad.

 

CONTEMPLATIO

En verdad, hermanos míos, cuando la turbación interior o las angustias nos abatan, encontraremos en las Sagradas Escrituras el consuelo que necesitamos. "Y sabemos que cuanto fue escrito en el pasado lo fue para enseñanza nuestra, a fin de que, a través de la perseverancia y el consuelo que proporcionan las Escrituras, tengamos esperanza" (Rom 15,4). Os lo aseguro: no nos puede sobrevenir ninguna contrariedad, ninguna tristeza, ninguna amargura que, desde el mismo momento en que se abre el texto sagrado, no desaparezca enseguida o no se vuelva soportable. Se trata del campo al que se acerca Isaac al ponerse el sol para meditar; y Rebeca, que ha venido a su encuentro, calma con su dulzura el dolor que había hecho presa en él (Gn 24,64). !Cuántas veces, oh Jesús, declina el día y llega la noche! !Cuántas veces todo me resulta amargo y todo lo que veo se me convierte en un peso! Si alguien me habla, le escucho con pena. Mi corazón se ha endurecido como una piedra.

Qué hacer en momentos semejantes? Salgo para meditar en el campo, abro el libro sagrado, leo e imprimo en esta cera mis pensamientos. Y he aquí que Rebeca –es decir, tu gracia, Señor- viene de inmediato hacia mí y con su luz disipa mis tinieblas, expulsa el dolor, rompe mi dureza. !Cuan dignos de compasión son aquellos que, afligidos por la tristeza, no entran en este campo donde se encuentra la alegría! (Elredo de Rievaulx, Omelie su Isaia, 26).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6,68ss).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El anuncio del Mesías va dirigido antes que nada a los afligidos. En primer lugar, dispone a los humildes por estar humillados; después, a los abatidos, a los que tienen roto el corazón por las penas; a continuación, se dirige a las cárceles para gritar a los prisioneros la libertad, para abrir los cepos de los atados. El Mesías no distingue entre culpables e inocentes, sino que proclama en su tiempo una amnistía general, que afecta, naturalmente, a los siervos, a los esclavos vendidos.

A Jesús le correspondió leer un sábado estos versículos de Isaías en la sinagoga. Fue en Nazaret, como nos cuenta el evangelio de Lucas. Leyó ante su gente estos versículos plenos de poder y anunciadores de la llegada de grandes cambios. Cuando acabó la lectura declaró que aquellas palabras de Isaías se habían vuelto urgentes, actuales, a través de él, Jesús. Él era el ungido de Dios, el Mesías venido a cumplir en el presente las profecías pendientes. Los presentes se quedaron estupefactos y, después, reaccionaron con hostilidad, expulsándole. Para ellos, era una blasfemia que un hombre se pudiera declarar mesías.

Ahora bien, por encima de esto, estaban espantados por el anuncio de que los versículos de Isaías pudieran cumplirse verdaderamente en su tiempo. Aunque una persona de fe pueda pedir a Dios que venga su Reino y se haga su voluntad, no por ello estará dispuesta a acoger el primero y la segunda. Aquí está el Mesías que consuela a los humildes y a los abatidos y libera a los prisioneros y a los siervos de sus cepos.

Estos versículos de Isaías, como muchos otros, ponen a prueba a las personas de fe: están dispuestas a resistir la venida, el cumplimiento de los tiempos anunciados? Al final, pocos están dispuestos a creer que los versículos de Isaías son actuales. Pocos se comportarían de una manera diferente a los habitantes de Nazaret. Sin embargo, cada generación pasa rozando al Mesías, y corresponde sólo a los creyentes allanar su llegada (E. de Luca, Ora prima, Magnano 1997, pp. 75-77, passim).


 

Día 27

Lunes de la 3ª semana del Tiempo ordinario o Santa Ángela de Mérici

 

        Nació en Desenzano dal Garda hacia 1474. Fundó en Brescia, el 25 de noviembre de 1535, una compañía de vírgenes a la que puso bajo la protección de santa Úrsula y a la que llamó "Compañía de santa Úrsula".

        Animada por el espíritu de sabiduría y de profecía, ofreció a las mujeres de su tiempo (a las que sólo se les ofrecía dos caminos: el matrimonio o el monasterio de clausura) la posibilidad de consagrarse a Dios elegida libremente y vivida como "esposas del Hijo de Dios", abiertas a la maternidad espiritual, a pesar de seguir viviendo en su propio ambiente, sin estar ligadas a una actividad común, sino unidas "conjuntamente" como miembros de una familia espiritual.

        Angela, Sur Anzola, dejó a sus "hijas" una Regla, Recuerdos y Legados impregnados de la Palabra de Dios y de sabiduría humana. Murió el 27 de enero de 1540 en Brescia; fue sepultada en la iglesia de S. Afra (iglesia que será dedicada después a ella) y canonizada el 24 de mayo de 1807.

        En nuestros días, Angela Mérici es conocida y venerada en todo el mundo gracias a la difusión de la Compañía de santa Úrsula en su forma secular y de los diferentes institutos de hermanas ursulinas que se remontan a ella.

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 9,2-3.11-14

Hermanos:

2 La tienda de la presencia tenía una estancia anterior en la que se hallaban el candelabro, la mesa y los panes ofrecidos: se le llama el Santo.

3 Detrás del segundo velo estaba la parte de la tienda de la presencia llamada el Santo de los santos.

11 Cristo, en cambio, ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Es la suya una tienda de la presencia más grande y más perfecta que la antigua, y no es hechura de hombres, es decir, no es de este mundo.

12 En ese santuario entró Cristo de una vez para siempre no con sangre de machos cabríos ni de toros, sino con su propia sangre, y así nos logró una redención eterna.

13 Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros y las cenizas de una ternera con las que se rocía a las personas en estado de impureza tienen poder para restaurar la pureza exterior,

14 !cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a Dios como víctima sin defecto, purificará nuestra conciencia de sus obras muertas para que podamos dar culto al Dios vivo!


 

>•* El autor de la carta continúa sus propias reflexiones sobre el sacerdocio de Jesús, esto es, sobre su facultad para hacer de camino entre la humanidad y Dios.

Eso no se ha realizado, como en el Antiguo Testamento, penetrando en un lugar material, la tienda del templo de Jerusalén, en cuyo interior había otro ámbito, el Santo de los santos, en el que sólo se permitía entrar al sumo sacerdote una vez al año. Con Jesús, el culto cambia radicalmente: de exterior se convierte en interior, porque Cristo entra una sola vez y para siempre en el santuario del cielo, ofreciendo su cuerpo santísimo como ofrenda viva y agradable a Dios, obteniéndonos la salvación con su preciosa sangre. Éste es precisamente el precio del culto perfecto del que también nosotros hemos sido hechos partícipes. En efecto, el sacrificio de Jesús, que se ha ofrecido en el Espíritu al Padre como víctima pura, nos abre también a nosotros la posibilidad de entrar en la fiesta trinitaria del don recíproco entre Padre, Hijo y Espíritu Santo. El culto ya no es un cúmulo de ritos externos, sino un movimiento festivo de honor rendido y recibido entre las personas de la Santísima Trinidad.



Salmo 97.

R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas.

Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.



El Señor da a conocer su salvación,

revela a las naciones su justicia.

Se acordó de su misericordia y su fidelidad

en favor de la casa de Israel.



Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.




Evangelio: Marcos 3,22-30

En aquel tiempo,

22 los maestros de la Ley que habían bajado de Jerusalén decían: - Tiene dentro a Belzebú. Y añadían: - Con el poder del príncipe de los demonios expulsa a los demonios.

23 Jesús los llamó y les propuso estas comparaciones: - Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?

24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.

25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no puede subsistir.

26 Si Satanás se ha rebelado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, sino que está llegando a su fin.

27 Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear su ajuar si primero no ata al fuerte; sólo entonces podrá saquear su casa.

28 Os aseguro que todo se les podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan,

29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás; será reo de pecado eterno.

30 Decía esto porque le acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

 

        *"• El pasaje refiere una de las disputas entre Jesús y los que se le oponen. Al no poder negar la evidencia de los prodigios realizados por Jesús, sus adversarios atacanla naturaleza misma de su poder, insinuando que expulsa a los demonios en nombre de Belzebú (v. 22).

        Jesús hace frente de manera abierta a los que lecalumnian: conoce su pensamiento (cf. Mt 12,25) y los llama para rebatir directamente sus acusaciones o, bien, hablando por medio de "comparaciones" (v. 23).

        Su respuesta, extensa y articulada, es una argumentación típica de escuela que pone de relieve la contradicción en la que incurren sus adversarios. Si fuera Satanás el que expulsa a Satanás, eso querría decir que su poder está llegando a su fin. Con una sutil ironía, Jesús pliega el argumento adverso transformándolo en una profecía inconsciente: el reino de Satanás llega, efectivamente, a su fin porque el Reino de los cielos está cerca; es más, está aquí (w. 24-26). Atar al hombre fuerte y saquear su casa -esto es, liberar al endemoniado del poder de Satanás y a los pecadores de la esclavitud del pecado- constituye, precisamente, el signo del reconocimiento de que obra en nombre de Dios. Confundir, de modo artero, las cosas y atribuir al "espíritu inmundo" (v. 30), en vez de al Espíritu de Dios, la acción liberadora de Jesús es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Una blasfemia que no puede ser perdonada, porque es la negación consciente y voluntaria del amor de Dios.

 

MEDITATIO

        Actualidad del Evangelio y de las Escrituras; actualidad de santa Ángela, cuyos escritos son la encarnación de la Palabra de Dios en su vida. "Considerad, hermanos, vuestra vocación" (1 Cor 1,26).

        "Por eso, hermanas mías [...], os ruego y suplico a todas, a fin de que, habiendo sido elegidas para ser verdaderas e intactas esposas del Hijo de Dios, queráis conocer antes qué comporta tal elección" {Regla, Prol.). Es una elección que tiene su raíz en el servicio de Dios por el Reino, una elección nupcial tan a la escucha del Espíritu del Esposo que Ángela en sus "escritos" sobreabunda en invocaciones a la Palabra de Dios.

        El poder de esta Palabra, que hace de ella la Esposa del Hijo del Altísimo, la convierte también en madre de una compañía de vírgenes y de cuantos recurran a su ayuda espiritual. La dimensión nupcial y la maternidad de Ángela están destinadas a una concreta misión de unidad y comunión entre las "hijas", por las cuales suplica "liasla con sangre" (Recuerdo último), y a una misión de paz y comunión entre los hermanos.

        "Sor Angela", peregrina en los Santos Lugares y en su tierra, es sobre todo peregrina de la Palabra cuando anuncia y cuando recompone la paz en las familias. Fue peregrina de paz también para gente noble, como Francesco Sforza; fue luz especialmente para el clero, que se remite a la sabiduría de Ángela respecto a la Escritura.

        Hoy, como en tiempos de Ángela, el maligno, que "no duerme nunca" (Legados X), siembra odio y división, egoísmo. Consagrados "en la verdad" que es El, elegidos en Jesús, muerto y resucitado, queremos, como Ángela,

que la última oración de Cristo al Padre se convierta en la realidad de nuestra vida, para que el mundo crea que el Padre ha enviado a su Hijo para acogernos, ya en esta tierra, en la infinita alegría de vida de la comunión trinitaria. Éste es el servicio por el Reino en la Iglesia. Que de cada uno de nosotros los cristianos pueda decirse lo que su secretario Gabriele Cozzano escribió de ella: "Quien no conozca la realidad de las virtudes, de los caminos de la santa Iglesia, así como de su verdadero sentir y de su espíritu, que dirija su mirada al espíritu de la madre sor Ángela y a su comportamiento y se configure con ella. Y será un verdadero y fiel católico".

 

ORATIO

        Señor mío, ilumina las tinieblas de mi corazón y concédeme la gracia de morir antes que ofender hoy mismo a tu divina Majestad. Asegura mis afectos y mis sentidos, de suerte que no se desvíen ni a la derecha ni a la izquierda, ni me distraigan de tu luminosísimo rostro, que pone contento a cualquier corazón afligido.

        !Ay! Miserable de mí, que, al entrar en el secreto de mi corazón, no me atrevo a levantar los ojos al cielo de vergüenza [...]. Dígnate, oh benignísimo Señor, perdonarme tantas ofensas y todas las faltas que haya cometido desde el día de mi santo bautismo hasta hoy. Dígnate perdonar también, !ay de mí!, los pecados de mi padre y de mi madre, y los de mis parientes y amigos, y los de todo el mundo. Te lo pido por tu sacratísima pasión y por tu sangre preciosa derramada por amor nuestro; por tu santo nombre: sea éste bendito sobre la arena del mar, sobre las gotas de las aguas, sobre la multitud de las estrellas.

        Señor, en lugar de esas miserables criaturas que no te conocen ni se preocupan de participar en los méritos de tu sacratísima pasión, se me rompe el corazón, y voluntariamente daría -si pudiera- yo misma mi sangre para abrir la ceguera de sus mentes (cf. Ángela de Mérici, Regla V).

 

CONTEMPLATIO

        La última recomendación que os hago, y con la cual os ruego hasta con la sangre, es que seáis concordes, que estéis todas unidas con un corazón y una sola voluntad.

        Permaneced ligadas una con otra con el vínculo de la caridad, apreciándoos, ayudándoos, soportándoos en Jesucristo [...]. Porque Dios lo ha predispuesto ab aeterno así: que aquellos que son concordes en el bien por su honor, tengan toda prosperidad, y lo que hagan vaya a buen fin teniendo a su favor a Dios mismo y todas sus criaturas.

        Considerad, por tanto, cuan importante es tal unión y concordia, así que deseadla, buscadla. Abrazadla, conservadla con todas las fuerzas. Y yo os digo que, estando todas vosotras unidas así de corazón, seréis como una roca fortísima o una torre inexpugnable contra todas las adversidades, persecuciones y engaños diabólicos. Y os doy aún la certeza de que toda gracia que pidáis a Dios os será concedida infaliblemente. Y estaré siempre en medio de vosotros, ayudando a vuestras oraciones (Ángela de Mérici, Recuerdo último).

 

ACTIO

        Durante la jornada de hoy, medita con frecuencia la enseñanza de santa Ángela: "Señor mío, única vida y esperanza mía" (Regla V).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Aquí está el núcleo del mensaje de Angela de Mérici: Cristo la ha prevenido con una iniciativa de amor: él es el "amador". Angela le llamará así tres veces en sus escritos. Nota específica de la espiritualidad de Angela será la contemplación de este misterio de Cristo esposo en la tensión amorosa del ser y del obrar tendente hacia él.

        Hacer presente en la Iglesia este misterio del Cristo-esposo y dar testimonio de él en el mundo, con la vida y con la palabra, será el carisma entregado a las herederas de Angela de Mérici a fin de que lo continúen a lo largo de los siglos. Aquí dejamos la palabra al padre Valentino Macea, teólogo de,Brescia: "En el clima de renovación de la Iglesia de su tiempo, Angela vivió en sí misma, de una manera excepcional, el misterio de la Iglesia "esposa". Esto es lo que constituye el eje de su pensamiento y de su acción, es la nota más vigorosa de su experiencia, de su espiritualidad, de su maternidad de fundadora. Esto es, al menos, lo que resulta de cuanto con mayor seguridad nos revelan la Regla, los Recuerdos y los Legados, auténtico espejo de su alma y revelación de su modo de "sentir" a Cristo, de "acoger" a Cristo, de "responder" a Cristo, a "nuestro dulce y benigno esposo Jesús" {Regla XII)".

        La espiritualidad "nupcial", en la línea de la vocación virginal, parte de la convicción teológica de una iniciativa del "Amador " (Recuerdos 9; Legados 11) en el "elegir" y "llamar" "a ser verdaderas e intactas esposas" del Señor (Regla I, Proi). Se trata de una magna gracia y dignidad (cf. ibíd.), que pide la correspondencia del amor. Las exigencias de la Regla, en un clima de animosa y alegre ascesis, se proyectan hacia una mística que, abandonando a la virgen a la acción del Espíritu, quiere ayudarle a "agradar lo más posible a Jesucristo esposo" (Legados 4). Así es como él se convierte en el todo de la esposa, según un texto notable de la Regla (cf. XI). Puesto que sólo de este modo se vuelve "Cristo [para la virgen] el único tesoro, de modo que él sea también el Amor" (cf. Recuerdos 5). Sólo así, en la óptica de Angela, vive la virgen la plena fidelidad nupcial y "nace honor a Jesucristo, al que ha prometido su virginidad y a sí misma" (cf. Recuerdos 5).

        Se trata de la fidelidad del amor unitivo, con el que la virgen, como la Iglesia y con la Iglesia, es "santa, sin mancha o arruga o cosa semejante", y tiende de manera perenne al coloquio-comunión, cuyo eco es transmitido por las últimas palabras de la revelación, con el diálogo entre el Espíritu de Jesús y la Esposa: "Ven" (L. Mariani - E. Tarolli - M. Seynaéve, Angela Mérici. Contributo per una biografía, Milán 1986, pp. 233ss).

 



Día 28

Martes de la 3ª semana del Tiempo ordinario o Santo Tomás de Aquino

   

Nació en el seno de la noble familia de Aquino en torno a 1225 y pasó los primeros años de su formación religiosa junto a los benedictinos de Montecassino. Siendo estudiante en la Universidad de Napóles, entró en contacto con los dominicos, que acababan de ser fundados hacía pocos años. Fascinado por el estilo de éstos en Napóles, quiso abrazar este tipo de vida, pero tuvo que hacer frente a resistencias familiares.

En Colonia (Alemania) fue alumno predilecto de san Alberto Magno (1248-1252). Cuando apenas contaba treinta años se le concedió el grado de maestro en Teología por la Universidad de París. Su actividad de rofesor, predicador, consultor de obispos y papas y defensor de la fe fue enorme. Escribió muchas obras comentando la Sagrada Escritura, obras de teología -las más famosas son la Summa teológica y la Summa contra  entiles- y obras comentando los principales escritos de Aristóteles y de otros grandes estudiosos del pensamiento filosófico. Estas obras, maravillosa síntesis de armonía entre las conquistas más arduas del pensamiento humano y de la traducción genuino de la fe católica, continúan

orientando todavía hoy el estudio de la teología. Murió el 7 de marzo de 1274 en la abadía de Fossanova mientras iba de viaje para el Concilio de Lyon, en el que iba a tomar parte junto con san Buenaventura, de quien era muy amigo. Fue canonizado el 18 de julio de 1323 por Juan XXII. San Pío V lo proclamó "doctor de la Iglesia" en 1567, y León XIII, patrono de las escuelas católicas en 1879.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Samuel 6,12b-15.17-19

12b En aquellos días, David se puso en camino e hizo traer el arca de Dios de casa de Obededón a la ciudad de David entre gran alborozo.

13 Cuando los que llevaban el arca dieron seis pasos, se sacrificó un toro y un ternero cebado.

14 David danzaba ante el Señor frenéticamente; llevaba ceñido un efod de lino.

15 Así David y todo Israel trajeron el arca del Señor entre gritos de júbilo y al son de trompetas.

17 Introdujeron el arca del Señor y la colocaron en su lugar, en medio de la tienda que David había hecho levantar para ella, y David ofreció al Señor holocaustos y sacrificios de comunión.

18 Al acabar de ofrecerlos, David bendijo al pueblo en el nombre del Señor todopoderoso;

19 luego distribuyó a todo el pueblo, a los hombres y mujeres de aquella multitud israelita, una torta de pan a cada uno, un pedazo de carne y un pastel de uvas pasas. Después, cada uno se marchó a su casa.

 

 

        **• Este fragmento forma parte de los relatos que dedican al arca de Dios los libros de Samuel. El arca, símbolo de la presencia del Señor, contenía las tablas de la Ley  entregadas a Moisés en el Sinaí. Había seguido la peregrinación del pueblo desde el éxodo a la conquista de la Tierra, y siguió las vicisitudes alternas de la guerra contra los filisteos. Una vez consolidado el reino, establecida la capital en Jerusalén y vencidos los filisteos, David dudó primero en llevar el arca a la ciudad santa, retenido por el temor sagrado que ésta difunde a su alrededor. Decide hacerlo cuando consigue saber que ha descendido la bendición del Señor sobre la casa que custodia el arca (v. 12), signo que transforma el temor en confianza.

        El traslado del arca es ocasión de fiesta para el pueblo y para el rey: David muestra abiertamente su alegría danzando, ceñido con un efod de lino, vestidura sagrada de los sacerdotes. Todavía no hay ningún templo en la ciudad (será construido por Salomón), y colocan el arca en una tienda (v. 17): ésta, signo de la movilidad del pueblo y del mismo Dios, recuerda a los israelitas que no pueden apoderarse de la presencia del Señor, como si lo hicieran prisionero. Los holocaustos, los sacrificios de comunión y la comida sagrada -el pan, la carne, la uva- distribuida por David a todos sellan la ceremonia. El arca, instrumento de batalla durante la guerra contra los filisteos, se convierte ahora en signo de paz y de prosperidad.

 

Salmo 39.

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito:
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.

Tu no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios.

Entonces yo digo: «Aquí estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas».

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.



 

Evangelio: Marcos 3,31-35

En aquel tiempo,

31 llegaron su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.

32  La gente estaba sentada a su alrededor y le dijeron: - !Oye! Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.

33 Jesús les respondió: - Quiénes son mi madre y mis hermanos?

34 Y mirando entonces a los que estaban sentados a su alrededor, añadió: - Éstos son mi madre y mis hermanos.

35 El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

 

 

        *• En el capítulo 3 del evangelio de Marcos se agrupa en torno a Jesús un movimiento en cuyo interior, con la elección de los Doce, se va caracterizando cada vez más el grupo de los discípulos. Nuestra perícopa va precedida por una clara distinción entre aquellos a quienes elige Jesús y aquellos que se le oponen: sus enemigos, que "le acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo" (Mc 3,30). En los w. 31-35 vienen a buscarlo "su madre y sus hermanos": éste es el único pasaje de Marcos en el que aparece la madre del Señor, a la que ni siquiera se cita de una manera explícita entre las mujeres que estaban presentes en la crucifixión y en el sepulcro. Se habla asimismo, de manera genérica, de "hermanos", un término más bien vago que puede designar simplemente a personas de la misma parentela. La indeterminación de la expresión parece atribuirle un valor especialmente simbólico: poco importa la identificación de los personajes y la historicidad o no historicidad del hecho de que algunos miembros de la familia de Jesús hubieran venido en un determinado momento a buscarlo, no sabemos bien por qué motivo; en cambio, sí importa, y mucho, establecer en virtud de qué características se entra a formar parte de su verdadera familia. Bajo esta luz, la dureza de la respuesta de Jesús (v. 33) se suaviza mucho: no se trata de una ingratitud con su madre, ni de un despego respecto a los afectos humanos. Marcos no se ocupa de estos afectos; se apoya simplemente en ellos para crear una situación paradójica que proporciona mayor relieve a los w. 34ss, cima del episodio.

        Madre y hermanos de Jesús son todos lo que le rodean; ahora bien, entre ellos hay simples curiosos, discípulos titubeantes, apóstoles que se esforzarán por comprender hasta el final, traidores... Ser hermano de Jesús no es una cuestión de sangre ni de mérito, sino de gracia: "cumplir la voluntad de Dios" es algo que está al alcance de todos y que habilita para convertirse en "hijos de Dios".

 

MEDITATIO

La Palabra escuchada ilumina con una luz cálida y transparente la misión que, en virtud del bautismo, consagra a todo cristiano a la Verdad persona que es Jesús y a la misión que él perpetúa en su Iglesia, misionera de paz y de unidad en el mundo. La vida cristiana es fruto de la participación en el amor que une a Jesús y al Padre, que tiende a hacer crecer injertados en él y a hacer brotar de él pensamientos, palabras y obras a fin de que cada persona se reconozca sumergida en la misma misericordia y quiera ser asociada a la comunión entre las Personas divinas, fuente y vértice de toda iniciativa sacramental y de todo compromiso apostólico.

La consagración a la Verdad, o sea, a Jesús, Verdad del Padre, es la expresión más sublime de la dignidad humana y cristiana. Las personas humanas, que no han sido hechas para vivir una vida bruta, sino "para seguir la virtud y el conocimiento" (Dante), entran en Cristo en los horizontes en los que esta vocación-misión se sitúa y se expande: cultivar nuestra inteligencia y querer estar disponibles para la Verdad, sustraernos a toda mentira y doblez, liberar nuestra mente y nuestro corazón para que la Palabra de la Verdad no se contamine y no deba morar con el error. La virtud en la inteligencia es preparación y nostalgia de ver a Dios, es fuerza de consentimiento a la oración de Jesús al Padre, compromiso de no hacer vano el anuncio del "misterio escondido desde el principio de los siglos", nuestra unión con Cristo, que ha resucitado como primicia de todos aquellos que en él viven, esperan y obran. Querer entender la Verdad, ser habitados por ella, liberados y libres por ella, ser ministros dóciles de la luz que ella es y que de ella irradia, no es ni un hobby ni una pretensión soberbia; es docilidad humilde, sencilla, perseverante, orante y amorosa ante el designio del Padre, que, en su Espíritu, capacita para conocerle, reconocerle y amarle en esta vida, para ser inundados de la plenitud de su luz en la gloria.

 

ORATIO

!Oh, Santísimo Jesús, que aquí sois verdaderamente Dios escondido, concededme desear ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente en alabanza y gloria de vuestro nombre todo lo que os agrada.

Ordenad, !oh Dios mío!, el estado de mi vida; Concededme que conozca lo que de mí queréis y que lo cumpla como es menester y conviene a mi alma. Concededme, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquéllas me ensalce, ni en éstas me abata.

De ninguna cosa tenga gozo ni pena, sino de lo que lleva a vos o aparta de vos.

A nadie desee agradar o tema desagradar, sino a vos.

Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias y preciosas todas las eternas.

Disgústeme, Señor, todo gozo sin vos, y no ambicione cosa ninguna fuera de vos. Séame deleitoso, Señor, cualquier trabajo por vos y enojoso el descanso sin vos.

Concededme, oh Dios mío, levantar a vos mi corazón frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a vuestro servicio, hacer mis obras no por rutina, sino refiriéndolas a vos con devoción.

Hacedme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, temeroso de vos sin desesperación, veraz sin doblez; haced que practique el bien sin presunción, que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos.

Dadme, oh Señor Dios mío, un corazón vigilante que por ningún pensamiento curioso se aparte de vos; dadme un corazón noble que por ninguna intención siniestra se desvíe; dadme un corazón firme que por ninguna tribulación se quebrante; dadme un corazón libre al que ninguna pasión violenta le domine.

Otorgadme, oh Señor Dios mío, entendimiento que os conozca, diligencia que os busque, sabiduría que os halle, comportamiento que os agrade, perseverancia que confiadamente os espere, y esperanza que, finalmente, os abrace.

Concededme que me aflija con vuestras penas aquí por la penitencia, que en el camino de mi vida use de vuestros beneficios por la gracia y que en la patria goce de vuestras alegrías por la gloria.

Señor, que vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

(Oración al Santísimo Sacramento de santo Tomas de Aquino).

 

CONTEMPLATIO

Es claro que no todos pueden dedicarse a la ciencia con esfuerzo, y por eso Cristo ha dado una ley sencilla que todos puedan conocer y nadie pueda excusarse por ignorancia de su cumplimiento. Ésta es la ley del amor divino: porque pronta y perfectamente cumplirá el Señor su palabra sobre la tierra (Rom 9,28; Is 10,23).

Esta ley debe ser la regla de todos los actos humanos. Del mismo modo que sucede en las cosas artificiales, donde una cosa se dice buena y recta cuando se adecúa a la regla, de la misma manera, pues, cualquier acción del hombre se llama recta y virtuosa cuando concuerda con la regla divina del amor, mientras que cuando está en desacuerdo con ella no es ni recta, ni buena, ni perfecta. Esta ley, la del amor divino, realiza en el hombre cuatro cosas muy deseables.

En primer lugar, es causa en él de la vida espiritual; es claro que ya en el orden natural el que ama está en el amado, y, del mismo modo, también el que ama a Dios lo tiene al mismo dentro de sí: Quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4,16). Es propio también naturalmente en el amor que el que ama se transforme en el amado; así, si amamos a Dios nos hacemos divinos: El que se une al Señor es un espíritu con él (1 Cor 6,15). Y como afirma san Agustín, "como el alma es la vida del cuerpo, así Dios es la vida del alma". Paralelamente, el alma obrará virtuosamente y perfectamente sólo cuando actúe por la caridad, mediante la cual Dios habita en ella; en cambio, sin caridad, no podrá actuar: El que no ama permanece en la muerte (1 Jn 3,14). Si alguien tuviera todos los dones del Espíritu Santo, pero no la caridad, no tiene la vida. Sea el don de lenguas, sea la gracia de la fe o cualquier otro, como el don de profecía, si no hay caridad, no dan la vida (1 Cor 3). Aunque al cuerpo muerto se lo revista de oro y piedras preciosas, no obstante siempre estará muerto.

En segundo lugar, es causa del cumplimiento de los mandamientos divinos. Dice san Gregorio que la caridad no es ociosa: si se da, actuará cosas grandes, pero si no se actúa es que no hay allí caridad. Comprobamos cómo el que ama es capaz de hacer cosas grandes y difíciles por el amado, por ello dice el Señor: El que me ama guardará mi palabra (Jn 4,23). El que guarda el mandamiento y ley del amor divino cumple toda la ley.

Lo que hace la caridad en tercer lugar es ser una defensa en la adversidad. Al que posee la caridad ninguna cosa adversa le dañará; es más, se convertirá en utilidad: A los que aman a Dios todo les sirve para el bien (Rom 8,28); aún más, incluso al que ama le parecen suaves las cosas adversas y difíciles, como entre nosotros mismos vemos tan manifiestamente.

        En cuarto lugar, la caridad lleva a la felicidad; únicamente a los que tienen caridad se les promete efectivamente la bienaventuranza. Todas las demás cosas, si no van acompañadas de la caridad, son insuficientes. Además, es de saber que la diferencia de bienaventuranza se deberá únicamente a la diferencia de caridad y no en comparación con otras virtudes ("De los opúsculos teológicos de santo Tomás de Aquino, presbítero [In dúo praecenta...", Ed. J. P. Torrel, en Revue des Se. Phil. El Théol. 69, 1985, pp. 26-29]).

 

ACTIO

Durante la jornada de hoy, repite con frecuencia y ora con santo Tomás: "Sagrado banquete en el que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la vida futura".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Puesto que me preguntaste, Juan carísimo en Cristo, de qué modo debes aplicarte para adquirir el tesoro de la ciencia, éste es el consejo que te doy:

1º que por los riachuelos y no de golpe al mar procures introducirte, ya que conviene ir a las cosas difíciles a través de las más fáciles;

2º por tanto, este es mi consejo y tu instrucción. Sé tardo para hablar e incorpórate tarde a los coloquios;

3° depura tu conciencia;

4º no abandones el tiempo dedicado a orar;

5º ama permanecer en tu celda, si quieres ser introducido donde está el vino añejo;

6º muéstrate amable con todos;

7º no pretendas conocer con todo detalle las acciones de los demás;

8º con nadie te muestres muy familiar, porque las familiaridades originan desprecios y suministran materia para sustraerse al estudio;

9º en lo que dicen o hacen los mundanos no te impliques de ninguna manera;

10º apártate del discurso que pretende explicarlo todo;

11º no dejes de imitar los ejemplos de los santos y hombres buenos;

12º encomienda a la memoria lo que se diga de bueno, sin importarte a quién oigas;

13º esfuérzate en entender lo que leas y oigas;

14º cerciórate acerca de los asuntos dudosos;

15º y preocúpate de guardar cuanto puedas en el cofre de la mente, como quien ansia llenar un recipiente;

16º no pretendas lo que es más alto que tú.

Siguiendo esas indicaciones, echarás ramas y darás frutos útiles en la viña del Señor Altísimo mientras vivas. Si sigues estos consejos, podrás alcanzar aquello a lo que aspiras (santo Tomás de Aquino, Consejos para estudiar bien y plantear rectamente la vida.)

 





Día 29

Miércoles 3ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 10,11-18

Hermanos:

11 Cualquier otro sacerdote se presenta cada día para desempeñar su ministerio y ofrecer continuamente los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los pecados.

12 Cristo, por el contrario, no ofreció más que un sacrificio por el pecado, y está sentado para siempre a la derecha de Dios.

13 Únicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies.

14 Con esta única oblación ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios.

15 Es lo que también nos atestigua el Espíritu Santo, pues después de haber dicho:

16 Esta es la alianza que yo haré con ellos, después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes, añade:

17 Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.

18 Ahora bien, donde los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de oblación por el pecado.


 

*•• El tema central del pasaje es el sacerdocio de Cristo, considerado bajo el aspecto de su eficacia salvífíca. También desde este punto de vista el sacrificio realizado por él es, con mucho, superior a los sacrificios de la antigua alianza. El autor de la carta se dirige a una comunidad judeocristiana. Ésta -como veremos en los capítulos siguientes- pasa por un momento de crisis y siente nostalgia por el culto antiguo. El autor establece una comparación directa entre los sacerdotes del templo y el mismo Cristo. Los primeros aparecen sometidos a una continua y vana repetición de ritos que no llegan nunca a purificar las conciencias ni a liberarlas del pecado: son, efectivamente, sacrificios externos, sólo figura del verdadero sacrificio. Frente a ellos se yergue la figura majestuosa de Cristo: éste, tras ofrecer "una sola vez" su propia vida en obediencia al Padre, "está" ahora en su presencia y "está sentado" a su derecha, esperando que lleguen a su madurez todos los frutos de la obra de salvación que ya ha realizado.

El camino de acceso al cielo -el verdadero "Santo de los santos"- está ahora abierto, y así queda para siempre. Este carácter definitivo es considerado por el autor como la realización de la profecía de Jeremías (31,33ss) referente a la "nueva alianza": Dios ha escrito su ley en el corazón del hombre y ha perdonado todos sus pecados. En el Hijo amado, cada hombre es ahora, potencialmente, hijo de Dios. La Iglesia, al ofrecer cada día el sacrificio eucarístico, no repite el acontecimiento de la pasión-muerte de Jesús, sino que renueva para cada hombre, cada día, aquel único sacrificio, ofreciendo así a cada uno la posibilidad de entrar libremente en comunión vital con Cristo y convertirse en miembro vivo de su cuerpo místico.



Salmo 109.

R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

 Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies». 
R.

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora». R.

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec». R.



Evangelio: Marcos 4,1-20

En aquel tiempo, Jesús

1 se puso a enseñar de nuevo junto al lago. Acudió a él tanta gente que tuvo que subir a una barca que había en el lago y se sentó en ella, mientras toda la gente permanecía en tierra, a la orilla del lago.

2 Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía:

3 - !Escuchad! Salió el sembrador a sembrar.

4 Y sucedió que, al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino. Vinieron las aves y se la comieron.

5 Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó en seguida, porque la tierra era poco profunda,

6 pero, en cuanto salió el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz.

7 Otra parte cayó entre cardos, pero los cardos crecieron, la sofocaron y no dio fruto.

8 Otra parte cayó en tierra buena y creció, se desarrolló y dio fruto: el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.

9 Y añadió: - !Quien tenga oídos para oír que oiga!

10 Cuando quedó a solas, los que le seguían y los Doce le preguntaron sobre las parábolas.

11 Jesús les dijo: - A vosotros se os ha comunicado el misterio del Reino de Dios, pero a los de fuera todo les resulta enigmático,

12 de modo que: por más que miran, no ven, y, por más que oyen, no entienden; a no ser que se conviertan y Dios los perdone.

13 Y añadió: - No entendéis esta parábola? Cómo vais a comprender entonces todas las demás?

14 El sembrador siembra el mensaje.

15 La semilla sembrada al borde del camino se parece a aquellos en quienes se siembra el mensaje, pero en cuanto lo oyen viene Satanás y les quita el mensaje sembrado en ellos.

16 Lo sembrado en terreno pedregoso se parece a aquellos que, al oír el mensaje, lo reciben en seguida con alegría,

17 pero no tienen raíz en sí mismos: son inconstantes y, en cuanto sobreviene una tribulación o persecución por causa del mensaje, sucumben.

18 Otros se parecen a lo sembrado entre cardos. Son esos que oyen el mensaje,

19 pero a quienes las preocupaciones del mundo, la seducción del dinero y la codicia de todo lo demás les invaden, ahogan el mensaje y éste queda sin fruto.

20 Lo sembrado en la tierra buena se parece a aquellos que oyen el mensaje, lo acogen y dan fruto: uno treinta, otro sesenta y otro ciento.

 

        *+• Este fragmento inaugura la sección de las "parábolas del Reino". El auditorio es muy amplio, hasta tal punto que Jesús debe subir a una barca para que lo vean todos. Los judíos estaban acostumbrados a las parábolas, pues también las empleaban los rabinos. Eran relatos de apariencia sencilla, aunque con un elemento de sorpresa o una conclusión inesperada que inducen a buscar un significado ulterior por debajo del inmediato.

        La parábola se orienta sin demora a la figura del sembrador (v. 3), pero la atención se traslada de inmediato a la semilla (v. 4). Del sembrador queda sólo el gesto generoso y amplio con que la esparce sin llevar cuidado y de manera abundante. Aquí encontramos ya una cosa extraña. Sigue, a continuación, la tipología de los terrenos en los que cae la semilla, hasta la exageración evidente de la cosecha en el terreno bueno (v. 8): tenemos aquí el punto culminante, el punto en el que la prodigalidad fuera de lo común del sembrador es recompensada por un rendimiento desproporcionado. La imagen de la cosecha remite al fin de los tiempos: el significado originario de la parábola, reconducible al mismo Jesús y comprensible a sus oyentes, dice que la venida del Mesías está cerca y describe la abundancia de gracia del Reino mesiánico.

        Viene, después, un breve diálogo en torno a la comprensión de las parábolas. Es probable que esta parte sea más tardía; aparece, en efecto, de repente, una antítesis entre los miembros de la comunidad y los demás: "vosotros" y "los de fuera" (v. 11), con una cita de Isaías. Es probable que Marcos quiera subrayar aquí un tema que le resulta entrañable: el "secreto mesiánico". La explicación (w. 14-20), en clave alegórica, se resiente de la experiencia de la comunidad primitiva en la predicación del Evangelio. La semilla se identifica claramente con la Palabra, y los terrenos corresponden a las diferentes reacciones suscitadas por la predicación de los discípulos. La antítesis que aparece aquí no es tanto entre los discípulos y los otros como entre los distintos oyentes, según su actitud hacia la Palabra.

 

 

MEDITATIO

        Estamos acostumbrados a razonar según nuestros esquemas, a calcular por anticipado los resultados de nuestro trabajo, a proyectar nuestra actividad. Los criterios de juicio del Evangelio son, sin embargo, muy distintos y, con frecuencia, el Señor subvierte nuestros planes de manera inesperada, a veces difícil de comprender y aceptar. Como David, pensamos hacer bien proyectando atrevidas construcciones, y cuando salimos a los campos para "sembrar" -una metáfora que se aplica muy bien al compromiso eclesial- no estamos, a buen seguro, tan despistados que echemos la semilla en el camino y entre las piedras. El mismo profeta, en un primer momento, aprueba la intención de David (2 Sm 7,3), e incluso los apóstoles tienen dificultades para comprender la lógica de una siembra tan extraña (Mc 4,13).

        Debemos acostumbrarnos a darle la vuelta a nuestra mentalidad, a cambiar radicalmente de dirección: ése es el primer significado de la palabra conversión. No nos hagamos la ilusión de que cumplimos nuestro deber sólo porque "construimos" algo visible, incluso grandioso a los ojos de los hombres. No pretendamos que el fruto de nuestra "siembra" dependa exclusivamente de la prudencia de nuestros programas. Todo lo que hagamos está en manos del Señor: Él será quien dé estabilidad a nuestra "casa" y haga fértil nuestro "terreno".

        Confiémonos con humildad y con sencillez a su guía, sin desvivirnos detrás de tantas preocupaciones tal vez secundarias: como David, "descansaremos con nuestros antepasados" (2 Sm 7,12) y el Señor guiará a su pueblo en la paz.

 

 

ORATIO

        Perdona, Señor, nuestra superficialidad: somos, con frecuencia, el terreno pedregoso en el que tu Palabra no puede echar raíces. Perdona, Señor, nuestra inconstancia, que seca enseguida en nuestro corazón el entusiasmo suscitado por tu Palabra. Perdona, Señor, nuestra fragilidad: las preocupaciones cotidianas nos distraen y corremos detrás de muchas cosas superfluas. Perdona, Señor, nuestra presunción: creemos poder predisponerlo todo y hacerlo todo con nuestras fuerzas.

        Ayúdanos a confiarnos con la seguridad del niño a tu guía: sólo tú puedes hacer estable nuestra fe para siempre. Convierte nuestro corazón y manténnos cerca de ti hasta el momento en el que, como a David, nos lleves de la mano a "descansar con nuestros antepasados".

 

 

CONTEMPLATIO

        Cuando las pavas reales incuban en lugares muy blancos, también los polluelos son completamente blancos; así, cuando nuestras acciones se encuentran en el amor de Dios, si proyectamos alguna obra buena o tomamos alguna iniciativa, todas las acciones que de ahí se siguen toman el valor y llevan la nobleza del amor de donde han tomado su origen: en efecto, quién no ve que las acciones propias de su vocación o necesarias para la realización de su proyecto dependen de la primera opción y de la primera decisión que tomó?

        Ahora bien, Teótimo, no hemos de detenernos en este punto; más aún, para realizar un excelente progreso en la devoción, es preciso orientar toda nuestra vida y todas nuestras acciones a Dios no sólo al comienzo de nuestra conversión y, después, de año en año, sino que hemos de ofrecerlas también todos los días; [...] en efecto, en la renovación diaria de nuestra ofrenda, pongamos en nuestras acciones la energía y la virtud de la dilección, mediante una renovada aplicación del corazón a la gloria divina, por cuyo medio se ve santificado cada vez más (Francisco de Sales, Trattato dell'amor di Dio, Milán 1989, pp. 885ss [edición española: Tratado del amor de Dios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995]).

 

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Los que oyen el mensaje, lo acogen y dan fruto" (Mc 4,20).

 

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Entremos en las sencillas y cotidianas realidades del vivir de cada persona. Hay un proyecto, una expectativa, un compromiso: está el deseo ae alcanzar cierta posición social, de realizar algunos sueños cultivados largamente en la adolescencia y en la primera juventud; hay un conjunto de ideales que forman casi la plataforma de las opciones más inmediatas. Mirando por todas partes, escuchando todas las voces, dejando que desde dentro de sí irrumpa el grito espontáneo, puede decirse que todo va repitiendo: "!La vida es tuya!". La vida es la bella invención que cada día brota de la mente y de los sentimientos del hombre, es la hermosa aventura que cada hombre realiza de manera personal, es la incógnita que cada día es descifrada y explotada para nuestra propia felicidad. La vida es tuya. Ahora bien, si miras alrededor, te darás cuenta de que la vida no está para nada en tus manos: no puedes hacer con ella lo que quieras.

        La vida te ha sido dada: no la has pedido tú, no la has programado, no la has diseñado como un proyecto que debes seguir. La vida me ha sido dada para que pueda gozarla de una manera tan plena que agote el proyecto de Dios, de suerte que pueda convertirla en un momento, en un paso, en un elemento palpitante de todo el universo, en un punto importante en el camino de la civilización humana. Desde esta perspectiva, todo hombre tiene ante sí campos !limitados de acción, modos inagotables de elección, posibilidades continuas para "inventar su propia vida", para administrar esta inmensa riqueza y hacer de él mismo y de toda la humanidad una aventura nunca acabada y cada vez más fascinante.

        La primera regla para inventar la vida, para dar consistencia y garantía de crecimiento y de solidez a nuestra personalidad, es la de echar raíces. Echar raíces significa adherirse a una realidad concreta, pertenecer a un territorio, a una experiencia, a un contexto: todo eso equivale a reconocer una realidad que nos precede y a declarar de manera positiva nuestro carácter concreto. Equivale a aceptar el ambiente en el que estamos, sentir que pertenecemos a ese pedazo de tierra, a ese segmento de la sociedad, al círculo de personas con las cuales, queramos o no, vivimos: equivale a aceptar como propia la realidad cotidiana.  Echar raíces supone siempre una actitud libre y responsable que compromete a una presencia inteligente e invita a la fantasía a encontrar nuevas posibilidades y nuevas soluciones destinadas a cambiar y mejorar todo lo que encontramos (G. Basadonna,Inventare la vita, Milán 31990, pp. 28-42, passim).


 

Día 30

Jueves de la 3ª semana del Tiempo ordinario

 

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 10,19-25

19 Así pues, hermanos, ya que tenemos libre entrada en el santuario gracias a la sangre de Jesús,

20 que ha inaugurado para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo de su carne,

21 y ya que tenemos un gran sacerdote en la casa de Dios,

22 acerquémonos con corazón sincero, con una fe plena, purificado el corazón de todo mal de que tuviéramos conciencia y lavado el cuerpo con agua pura.

23 Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, pues quien nos ha hecho la promesa es digno de fe.

24 Procuremos estimularnos unos a otros para poner en práctica el amor y las buenas obras;

25 no abandonemos nuestra asamblea, como algunos tienen por costumbre, sino animémonos mutuamente, tanto más cuanto que ya veis que el día se acerca.

 

**• Una vez concluida la exposición dogmático-teológica sobre el sacerdocio de Cristo, comienza ahora la segunda parte de la carta a los Hebreos, en donde se extraen las consecuencias prácticas de los principios afirmados antes. En este punto, el autor se dirige a sus interlocutores llamándoles "hermanos", denominación cuyo significado específicamente cristiano comprendemos ahora mejor: "hermanos" porque todos hemos sido redimidos por la sangre de Cristo y todos estamos llamados a entrar en comunión vital con él y, en consecuencia, los unos con los otros.

Gracias al sacrificio de Cristo, el hombre, que era esclavo de la muerte, es libre de regresar a la casa del Padre; de exiliado -más aún, de condenado- se convierte en peregrino. Delante de él se abre un camino "nuevo" "vivo", un camino que es la persona misma de Jesús. El camino que hemos de recorrer es, por tanto, el de la conversión, el de la configuración con Cristo. Por eso, el autor nos invita a acercarnos a él con las debidas disposiciones interiores. En primer lugar, está la llamada a la pureza del cuerpo y del espíritu: esta pureza, conferida por el bautismo, ha de ser custodiada celosamente con la santidad de vida, y recuperada con el arrepentimiento y la petición de perdón; en segundo lugar, aparecen la "fe" y la "esperanza": en medio de los trabajos de su vida, el cristiano, lejos de retroceder, está llamado a dar testimonio de que se apoya sin vacilar en un Dios cuyo nombre es "Fiel y Veraz" (cf. Ap 3,14).

Ahora bien, todo esto no debe ser vivido como búsqueda de una perfección individual. De ahí, pues, que la auténtica verificación la proporcione la urgencia de la caridad: es preciso que los unos sean para los otros ejemplo, estímulo y apoyo. El hombre está llamado a preparar y, en cierto sentido, anticipar en la historia la vida de comunión que será también la meta de su peregrinación.



Salmo 23.

R. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos.



¿Quien puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes y puro corazón,

que no confía en los ídolos



¿Quien puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes y puro corazón,

que no confía en los ídolos

 

Evangelio: Marcos 4,21-25

En aquel tiempo,

21 decía también a la gente: - Acaso se trae la lámpara para taparla con una vasija de barro o ponerla debajo de la cama? No es para ponerla sobre el candelero?

22 Pues nada hay oculto que no haya de ser descubierto, nada secreto que no haya de ponerse en claro.

23 !Quien tenga oídos para oír que oiga!

24 Les decía, además: - Prestad atención a lo que escucháis. Con la medida con que vosotros midáis, Dios os medirá, y con creces.

25 Pues al que tenga se le dará, y al que no tenga se le quitará incluso lo que tiene.

 

        **• A la parábola del sembrador le siguen, casi como un comentario, dos pares de sentencias breves. Parecen afirmaciones contradictorias e incluso en contraste con lo dicho antes: hablan de manifestar y de esconder, de dar y de quitar; están conectadas en el centro por una doble invitación a estar atentos (w. 23ss).

        En la primera pareja, la imagen de la lámpara que debe estar puesta en el candelero está desarrollada por dos antítesis paralelas: lo que está oculto será descubierto, lo secreto será puesto en claro. Por consiguiente, si bien el Reino, de momento, es anunciado a través del velo de las parábolas, pronto saldrá a la luz en su gloria y habrá que anunciar el Evangelio a todo el mundo.

        En la segunda pareja se traslada el contraste desde el tema del anuncio al exterior a la condición interna vivida en la comunidad. La imagen de la medida remite a la humildad y a la prohibición de juzgar a los demás; la segunda imagen, más paradójica, se refiere de un modo más abierto a la parábola del sembrador. "El que tenga" corresponde, en efecto, al terreno bueno, al que acoge con fe la Palabra y se compromete a ponerla en práctica.

 

MEDITATIO

        La estabilidad en el tiempo es fruto de la bendición y objeto de la promesa hecha por el Señor a la casa de David. Mantenerse estable para siempre no significa la gloria terrena o el éxito político de la dinastía reinante; indica más bien la firmeza en la fe y la correspondencia al designio de Dios sobre el destino de su pueblo, y eso es fruto de la gracia.

        El pueblo de Israel y el rey, que es a la vez su representante y su guía, no son más que un instrumento en las manos del Señor; sin embargo, el Señor hace de este humilde instrumento el canal de la salvación para todos los seres humanos. Esta será la misión confiada al Mesías, descendiente de David: cumplir la promesa hecha ya al patriarca Abrahán: "Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra" (Gn 12,3). "Haré que tu nombre sea como el de los grandes de la tierra" (2 Sm 7,9), dice el Señor a Israel, su siervo, que se vuelve así "luz para alumbrar a las naciones", lámpara que no es colocada debajo de una vasija de barro, sino en el candelero, para iluminar a todas las naciones de la tierra.

 

ORATIO

        Ayúdanos, Señor, a esperarlo todo de ti. Ayúdanos a no tener la presunción de ser los únicos artífices de nuestro destino o de atribuirnos todo el mérito del éxito de nuestras buenas acciones. Danos ánimo para que no seamos tímidos anunciadores de tu Palabra, para que nuestras preocupaciones no hagan sombra a la luz, para que nuestra pereza no nos lleve a mantener escondido el anuncio de salvación que nos has confiado.

        Haznos confiados, porque poner en ti nuestra esperanza nos libera del ansia de hacerlo todo y de la angustia de no estar a la altura. Señor, haz que reconozcamos la grandeza de tu Nombre sin enorgullecemos por las bendiciones que nos has concedido.

 

CONTEMPLATIO

        Dios es autor de todos los bienes, por eso debemos decirle: "Tú das éxito, oh Señor, a todas nuestras empresas" (Is 26,12). Y así es en verdad. Por eso debes atribuirle a Él todo bien y nada a ti, considerando que no es "tu fortaleza o el vigor de tus manos" (Dt 8,17) lo que ha obrado lo que tienes, porque es el Señor quien nos ha hecho y no hemos sido nosotros quienes nos hemos hecho (cf. Sal 99,3). Una consideración como ésta destruye la soberbia de todos los que dicen: "Somos nosotros los que hemos vencido, no es el Señor el que ha hecho todo esto" (Dt 32,17). [...] Dice el bienaventurado Bernardo: "Me atrevo a decir que, sin humildad, ni siquiera la virginidad de María hubiera complacido a Dios; por eso es una virtud grande, sin cuya adquisición no hay virtud; más aún, se acaba en la soberbia" (Buenaventura de Bagnoregio, Della perfetta vita religiosa, La Verna 1974, pp. 71-73 [edición española: Obras de san Buenaventura, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1949-1972]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dígnate bendecir su dinastía para que permanezca siempre en tu presencia" (2 Sm 7,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Conocerás, atento lector, que el corazón de nuestro padre, el stárets Isidoro, albergaba un sentido de gran modestia y de profunda sumisión. Hablaba rara vez de sus actos consagrados a la causa divina, y si lo hacía era sólo para la edificación; en general, tendía a mantenerlos escondidos. No se ponía nunca como ejemplo, no hablaba nunca de sí mismo de modo que se pusiera por encima de su interlocutor. Ocultaba su bondad no sólo a los otros, sino también a sí mismo: hacía el bien y era como si no se acordara de ello. En verdad, según las palabras del Señor Jesucristo nuestro Salvador, su mano derecha no sabía lo que hacía la izquierda. Por eso no se tenía nunca en ninguna consideración; más aún, se consideraba una nulidad y estaba convencido, con toda sinceridad, de que no había un hombre peor que él. A veces, el interlocutor de Isidoro, al estar con él, sentía que se le dilataba el corazón de alegría al contemplar esta belleza celestial bajo unos despojos corpóreos; ocurría alguna vez que se escapaba de los labios del interlocutor esta exclamación: "Batiuska, !qué bello eres!". Pero el stárets con aire embarazado negaba: "Cómo bello? Soy feo, el último de los hombres".

        Isidoro no alimentaba ningún sentido de orgullo. Podía suplicar ante cualquiera, podía incluso estar de rodillas ante cualquiera, a todo el mundo podía besarle la mano, si esto servía para medicar el espíritu. Se sometía sin esfuerzo ni resquebradura. [...] Para Isidoro, no había hombre alguno ante el que pudiera enorgullecerse, por muy insignificante, vil y pecador que fuera. Del mismo modo, por el contrario, no había para él hombre alguno que pudiera inducirle a cambiar, por muy influyente o de rango que éste fuera. Decía todo lo que pensaba ante todos los padres y, sobre todo, ante los hombres importantes. Conocerás, además, lector, que Isidoro no temía a nadie, no buscaba  acerse con los favores de nadie ni nunca olvidaba con nadie su dignidad de hombre; se sentía siempre dueño de sí, libre, sometiéndose únicamente a la voluntad divina (P. A. Florenskij, // sale della térra. Vita dello starec Isodoro, Magnano 1992, pp. 57ss).

 

Día 31

 

San Juan Bosco

 

        Nació en Castelnuovo d'Asti en el año 1815, en el seno de una familia pobre. Dio muestras de poseer grandes dotes. Fue educado por su madre en la fe y en la práctica de las virtudes cristianas. A los nueve años intuyó por un sueño que debería dedicarse a la educación de la juventud. Siendo todavía un muchacho, fundó entre sus compañeros la "Sociedad de la alegría" para hacer la guerra al pecado. Ordenado sacerdote en 1841, escogió como programa de vida: Da mihi animas, cetera tolle (Gn 14,21) y dio origen al oratorio bajo la protección de san Francisco de Sales. Su estilo educativo y pastoral se basaba en el sistema preventivo y en la educación en la fe. Fundó la "Sociedad de san Francisco de Sales" (salesianos) y, con santa María Domenica Mazzarello, el "Instituto de las Hijas de María Auxiliadora". Creó también con laicos los cooperadores salesianos. El "padre y maestro de la juventud" murió en Turín el 31 de enero de 1888.

 

LECTIO

Primera lectura: Hebreos 10,32-39

Hermanos:

32 Acordaos de los días primeros en los que, después de haber sido iluminados, sostuvisteis un combate tan grande y doloroso.

33 Algunos fuisteis públicamente escarnecidos y tuvisteis que sufrir tormentos; otros os hicisteis solidarios con los que tales cosas soportaban.

34 Tuvisteis, en efecto, compasión de los encarcelados, soportasteis con alegría que os despojaran de vuestros bienes, sabiendo que teníais riquezas mejores y más duraderas.

35 No perdáis, pues, esta confianza, que os proporcionará una gran recompensa.

36 Pues tenéis necesidad de perseverar, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, alcancéis la promesa.

37 Porque, dentro de poco, de muy poco, el que ha de venir vendrá sin retraso;

38 y mi justo vivirá por la fe; mas, si se echa atrás cobardemente, ya no me agradará.

39 Pero nosotros no somos de los que se echan atrás cobardemente y terminan sucumbiendo, sino de los que buscan salvarse por medio de la fe.


 

       *• Ya desde los orígenes se propagó en la Iglesia el peligro de la tibieza, un peligro que degeneró con frecuencia en abierta apostasía o en vida pecaminosa contraria a la fe. Son varios los pasajes de los escritos apostólicos que atestiguan esta situación (cf. Gal 3,2; 2 Cor 2; Ap 2-3).

Consciente del delicado momento que está atravesando la comunidad judeocristiana a la que se dirige, el autor de la carta a los Hebreos se enfrenta al mal en sus raíces. Revelándose como un profundo conocedor del corazón humano y repleto de discernimiento en la guía de las almas, nos ofrece una página que sigue siendo un precioso documento de sabiduría pastoral. Aunque denuncia el mal, no usa palabras de abierta condena ni de duro reproche, sino que sigue la vía de la exhortación.

"Acordaos": un imperativo preciso que remite al tiempo del primitivo fervor y pretende crear una separación clara con el presente para volver a la frescura original. En dos breves versículos se representa al vivo ante nuestros ojos a una comunidad que ha dado pruebas de gran fortaleza y de gran caridad: una comunidad capaz de hacer frente a toda persecución y a las más graves humillaciones sin echarse atrás; pero eso no basta: ha mostrado asimismo ser solidaria con los que están sometidos a prueba. Una comunidad, por consiguiente, plenamente cristiana, animada por un auténtico amor fraterno.

Cuál fue la fuente de tal impulso? La fe firme en los bienes futuros. Pues bien, precisamente esa fe tiene que ser reavivada ahora. Y es la Palabra de Dios la que puede alimentarla. El autor de la carta, citando pasajes del Antiguo Testamento que han encontrado su pleno cumplimiento en Jesús, quiere sostener en los cristianos la esperanza y la tensión hacia los bienes futuros.



Salmo 36.

R. El Señor es quien salva a los justos. 

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. R.

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía. R.

El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano. R.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él. R.






Evangelio: Marcos 4,26-34

En aquel tiempo,

26 decía Jesús a la gente: - Sucede con el Reino de Dios lo que con el grano que un hombre echa en la tierra.

27 Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece, sin que él sepa cómo.

28 La tierra da fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.

29 Y cuando el fruto está a punto,en seguida se mete la hoz, porque ha llegado la siega.

30 Proseguía diciendo: - Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?

31 Sucede con él lo que con un grano de mostaza. Cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas.

32 Pero, una vez sembrada, crece, se hace mayor que cualquier hortaliza y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar a su sombra.

33 Con muchas parábolas como éstas, Jesús les anunciaba el mensaje, acomodándose a su capacidad de entender.

34 No les decía nada sin parábolas. A sus propios discípulos, sin embargo, se lo explicaba todo en privado.

 

        **• El pasaje incluye dos comparaciones destinadas a ilustrar la idea del Reino. La primera (w. 26-29), que recuerda la parábola del sembrador, compara el Reino con el campesino que, tras la siembra, espera inactivo el crecimiento de la semilla hasta el momento de la siega. Dos son al menos los niveles de lectura de esta breve parábola. La siembra puede representar la predicación del Evangelio, una predicación confiada a los discípulos: Jesús les invita a que tengan paciencia, porque la semilla de la Palabra actúa por su propia virtud y da fruto según modos y tiempos que el hombre no puede conocer ni acelerar a su gusto.

        La semilla se desarrolla sin que el campesino sepa cómo, y la tierra produce por sí misma el grano: sólo "cuando el fruto está a punto" (v. 29), esto es, cuando el Reino se haya manifestado en su gloria, será necesario volver a ponerse a la obra. Ahora bien, podemos ver también en el sembrador la acción de Dios: ha enviado al mundo su Palabra, ahora espera que dé fruto (cf. Is 55,10ss), y, en el tiempo de la siega, metáfora del juicio final, empuñará la hoz.

        La segunda comparación (w. 30-32) representa el Reino como el grano de mostaza del que nace un gran árbol. También aquí se trata de un mensaje de confianza, un mensaje importante para la comunidad primitiva, que hubiera podido caer en el desánimo. No importa que sus miembros sean pocos y pequeños; es más, la Palabra de Dios dará frutos inconmensurables, aunque no por nuestros méritos, sino por la gracia. La conclusión (w. 33ss) retoma el tema del doble lenguaje de Jesús: parábolas para el gran público, explicación en privado sólo para los discípulos.

 

MEDITATIO

        La sociedad en la que vivimos ha creado barreras entre ricos y pobres, entre blancos y negros, entre el norte y el sur del mundo, entre grandes y pequeños. Cómo hacer para romper esta barrera de la desconfianza? Considerando a cada hombre hermano nuestro, creando una familiaridad con él.

        Este principio es igualmente válido con los jóvenes. Decía don Bosco: "Sin familiaridad no se demuestra el amor, y sin esta demostración no puede haber confianza. Quien quiera ser amado necesita hacer ver que ama. Jesucristo se hizo pequeño con los pequeños y cargó con nuestras flaquezas. !He aquí el maestro de la familiaridad! El maestro al que se ve sólo en la cátedra es maestro, y no más, pero si va al recreo con los jóvenes se vuelve como hermano [...]. Quien sabe que es amado, ama, y quien es amado lo obtiene todo, especialmente de los jóvenes. Esta confianza establece una corriente eléctrica entre los jóvenes y los superiores. Los corazones se abren y dan a conocer sus necesidades y manifiestan sus defectos. Este amor hace soportar a los superiores las fatigas, las molestias, las ingratitudes, los estorbos, las carencias, la negligencias de los jovencitos. Jesucristo no rompió la caña quebrada ni apagó el pábilo vacilante. Éste es vuestro modelo" (de la Carta de Roma, 1884).

 

ORATIO

Oh María, Virgen poderosa;

tú, magna e ilustre defensa de la Iglesia;

tú, ayuda admirable de los cristianos;

tú, terrible como ejército en orden de batalla;

tú, que has destruido por ti sola todos los errores del mundo, defiéndenos del enemigo en las angustias, en las luchas, en las necesidades, y, en la hora de la muerte, acógenos en los goces eternos. Amén.

(Invocación de san Juan Bosco a María Auxiliadora).

 

CONTEMPLATIO

        Dos son los engaños principales con los que el demonio intenta alejar a los jóvenes de la virtud. El primero es hacerles pensar que servir al Señor consiste en una vida melancólica y alejada de toda diversión y placer.

        No es así, queridos jóvenes. Deseo enseñaros un método de vida cristiana que puede poneros al mismo tiempo alegres y contentos, señalándoos cuáles son las verdaderas diversiones y los verdaderos placeres, a fin de que podáis decir con el santo profeta David: "Sirvamos al Señor con santa alegría (Servite Domino in laetitia).Ése es precisamente el objetivo de este librito, servir al Señor y estar alegres.

        El otro engaño es la esperanza de vivir una larga vida con la comodidad de convertirse en la vejez o en la hora de la muerte. Llevad cuidado, hijos míos, pues muchos fueron engañados de este modo. Quién nos asegura que llegaremos a viejos? Sería preciso llegar a pactos con la muerte para que nos espere hasta ese tiempo: ahora bien, la vida y la muerte están en manos del Señor, que puede disponer de ellas como le plazca. Y si Dios os concediera larga vida, oíd la gran advertencia que os da: el camino que el hombre empieza en la juventud, continúa en la vejez hasta la muerte. Y eso significa: que si empezamos una buena vida ahora que somos jóvenes, buenos seremos en los años de la vejez, buena será nuestra muerte y principio de una felicidad eterna [...].

        Queridos míos, os amo de todo corazón, y basta con que seáis jóvenes para que os ame más. Puedo aseguraros que podéis encontrar muchos libros aconsejados por personas mucho más virtuosas y más doctas que yo, pero difícilmente podréis encontrar a alguien que os ame más que yo en Jesucristo y desee más vuestra felicidad.

        Así pues, que el Señor esté siempre con vosotros y haga que, practicando estas pocas sugerencias, podáis llegar a salvar vuestras almas y aumentar así la gloria de Dios (Juan Bosco, "Prologo al Giovane Proweduto", en J. Aubry [ed.], Giovanni Bosco. Scritti spirituali I 1, Roma 1976, pp. 111-113).

 

ACTIO

        Durante la jornada de hoy, repite con frecuencia y ora con san Juan Bosco: "Dame las almas y coge todo lo demás" (Gn 14,21).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        La Iglesia ama intensamente a los jóvenes: siempre, pero sobre todo en este período del 2000, se siente invitada por su Señor a mirarlos con especial amor y esperanza, considerando su educación como una de sus principales responsabilidades pastorales [...]. La situación juvenil en el mundo de hoy - a un siglo de la muerte del santo, a quien mi predecesor Pío XI no dudó en definir como “ príncipe de educadores” - ha cambiado mucho y presenta condiciones y aspectos multiformes, como bien saben los educadores y pastores. Sin embargo, también hoy subsisten las mismas preguntas sobre las que ef sacerdote Juan Bosco meditaba desde el comienzo de su ministerio, deseoso de comprender y determinado a obrar. Quiénes son los jóvenes? Qué quieren? A qué tienden? De qué tienen necesidad? Estas, tanto entonces como hoy, son preguntas difíciles, aunque inevitables, a las que todo educador debe hacer frente.

        No faltan hoy entre los jóvenes de todo el mundo grupos genuinamente sensibles a los valores del Espíritu, deseosos de ayuda y apoyo en la maduración de su personalidad. Por otra parte, es evidente que la juventud está sometida a impulsos y condicionamientos negativos, fruto de visiones ideológicas diferentes.

        El educador atento sabrá darse cuenta de la concreta condición juvenil e intervenir con segura competencia y clarividente sabiduría [...]. Tal vez, hoy como nunca educar se ha convertido en un imperativo vital y social al mismo tiempo, que implica una toma de posición y una voluntad decidida de formar personalidades maduras. Tal vez, hoy como nunca el mundo necesita individuos, familias y comunidades que hagan de la educación su propia razón de ser y se dediquen a ella como finalidad prioritaria, a la que entreguen sin reservas sus energías, buscando colaboración y ayuda, a fin de experimentar y renovar con creatividad y sentido de la responsabilidad nuevos procesos educativos. Ser educadores hoy comporta una verdadera y propia opción de vida, a la que es una obligación dar reconocimiento y ayuda por parte de cuantos tienen autoridad en las comunidades eclesiales y civiles (Juan Pablo II, carta Juvenum Patris, passim).