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LECTIO DIVINA JUNIO DE 2024

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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

Día 1

Sábado de la semana VIII del Tiempo ordinario o

San Justino 

Justino nació en Flavia Neapolis (actual Nablus, Jordania), hijo de colonos griegos. Era filósofo y se convirtió a los treinta años. En el año 150 escribió la Primera apología de la religión cristiana, a la que pronto le siguió la Segunda apología. Entre los años 152 y 153 fue atacado por el filósofo cínico Crescendo. En 160 compuso el Diálogo con Trifón, un judío con el que debate la hipótesis del establecimiento de un puente entre judaísmo y cristianismo. Fue decapitado en Roma en torno al año 165. Es patrono de los filósofos.

 

LECTIO

Primera lectura: Judas 17.20-25

17 Pero vosotros, amados míos, acordaos de lo que os predijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo.

20 Edificad vuestra vida sobre la santidad de vuestra fe. Orad movidos por el Espíritu Santo

21 y conservaos en el amor de Dios aguardando que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os lleve a la vida eterna.

22 Tened compasión de los que vacilan;

23 a unos, salvadlos arrancándolos del fuego; a otros, compadecedlos, aunque con cautela, aborreciendo incluso el vestido contaminado por su cuerpo.

24 Al que tiene poder para manteneros sin pecado y presentaros alegres e intachables ante su gloria;

25 al Dios único que es nuestro Salvador, la gloria, la majestad, la soberanía y el poder, por medio de nuestro Señor Jesucristo, desde antes de todos los tiempos, ahora y por todos los siglos. Amén.

 

*•• Judas, el autor de este breve escrito recibido en el canon de las Escrituras por la mayor parte de las Iglesias y cuya conclusión vamos a meditar, se presenta como "siervo de Jesucristo, hermano de Santiago" (v. 1). Desea la misericordia y la paz abundante "a los elegidos que viven en el amor de Dios Padre y han sido preservados por Jesucristo" (w. lss). Su pretensión fundamental es salvaguardar la integridad y la belleza de "la fe que fue transmitida a los creyentes de una vez por todas" (v. 3), para exhortarles a recordar "las cosas que fueron predichas por los apóstoles de Jesucristo" y a construir sobre ellas su propio edificio espiritual (w. 17-20).

La perla preciosa de esta tradición es la exhortación sobre los dos polos de la vida recta: la santidad de la vida y la solicitud por las personas cuya fe está en peligro. La santidad va creciendo en la relación con las personas divinas, una relación cultivada con comportamientos específicos: la oración y la docilidad al Espíritu Santo, el amor a Dios Padre, la esperanza en la misericordia de Jesús para la vida eterna. Diferente es la actitud con los que se encuentran más o menos directamente en dificultades de fe. La petición de compadecer a las personas vacilantes, de comportarse con misericordia y firmeza con los que corren el riesgo de ser arrollados por el error, se empareja con la del rigor para no caer en compromisos con los que se muestran obstinados en su terquedad.

El autor, en una solemne doxología de matriz litúrgica (vv. 24ss), alaba a Dios, único Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, y concluye con esta afligida exhortación a la perseverancia: sólo Dios tiene el poder de preservarnos de las caídas y de hacernos comparecer ante su gloria sin defectos y llenos de alegría. A él, en Jesucristo nuestro Señor, gloria, majestad, soberanía y poder desde antes de todos los tiempos, ahora y por todos los siglos.

 

Salmo Responsorial

Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Sal 62,2.3-4.5-6


Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
R/.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

!Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
R/.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
R/.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

 

Evangelio: Marcos 11,27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos

11,27 llegaron de nuevo a Jerusalén y, mientras Jesús paseaba por el templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los ancianos

28 y le dijeron: - Con qué autoridad haces estas cosas? Quién te ha dado autoridad para actuar así?

29 Jesús les respondió: - También yo os voy a hacer una pregunta. Sí me contestáis, os diré con qué autoridad hago yo esto.

30 De dónde procedía el bautismo de Juan: de Dios o de los hombres? Contestadme.

31 Ellos discurrían entre sí y comentaban: - Si decimos que de Dios, dirá: "Entonces, por qué no le creísteis?".

32 Pero cómo vamos a responder que era de los hombres? Tenían miedo a la gente, porque todos consideraban a Juan como profeta.

33 Así que respondieron a Jesús: - No sabemos. Jesús les contestó: - Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.

 

** La misericordia que había inspirado la actitud de Jesús respecto a Bartimeo muestra otro rostro frente a personas que, aunque están en conflicto entre ellas, se encuentran unidas por la arrogancia, por la animosidad contra Jesús. Esta actitud las conduce a interpelarle bruscamente y a manifestar dudas en torno a su autoridad. Jesús pone en práctica una sagacidad que podría provocar su arrepentimiento o, por lo menos, inducirlas a reconocer que no buscan la verdad, sino sólo desembarazarse de él, poniéndolo en una situación incómoda.

La autoridad de Jesús se encuentra en la misma línea que la de Juan el Bautista y, aunque la trasciende, es tal que, si se reconoce esta última, sería menos grave la resistencia al Nazareno. Renegar de Jesús es traicionar asimismo al Bautista e ignorar la confianza del pueblo, para el que Juan era un verdadero profeta. El pueblo está más dispuesto a admitir la intervención de Dios en la historia humana y desenmascara también las resistencias de los poderosos. Éstos, para imponerse, deben recurrir a embustes y falsedades de todo tipo. El seguimiento de Jesús no es un acontecimiento emotivo, no madura en cada situación. Jesús nos invita a enriquecernos con su presencia, pero no se muestra connivente con los despotismos hipócritas.

 

MEDITATIO

Justino pertenecía a la clase superior y cultivada del paganismo. Como filósofo cualificado, no sólo conocía las más importantes corrientes intelectuales de su tiempo, sino que, por ser también un incansable buscador de la verdad, en cierto modo las examinó de una manera sistemática y no encontró la paz interior hasta que reconoció en el cristianismo "la única filosofía segura y adecuada". Entonces se adhirió a ella por completo y consagró su vida a anunciarlo y a defenderlo.

El cristianismo de Justino tiene aún otro aspecto, menos influenciado por el intelectualismo filosófico, que se manifiesta sobre todo cuando habla de la vida cotidiana de los cristianos, de la que, como miembro de la Iglesia, forma parte. El elevado nivel moral de los cristianos es para él una prueba convincente de que poseen la verdad. Llevan una vida veraz y casta, aman a sus enemigos y, por sus convicciones, van con valor al encuentro con la muerte no porque las consideraciones filosóficas les hayan convencido de la importancia de estas virtudes, sino porque Jesucristo les ha pedido que lleven una vida de acuerdo con estos ideales (H. Jedin, Storia della Chiesa, Milán 1988, I, 229.231).

 

ORATIO

Instrúyeme en las Escrituras, oh Dios, para que podamos aceptar lo que tú dices. Sabemos que él "debe sufrir" y debe ser "conducido como mansa oveja al matadero "; demuéstranos que él debe ser crucificado y morir de una manera ignominiosa y de un modo no bello, en la maldición de la cruz. Nosotros ni siquiera logramos pensarlo... No digáis, pues, hermanos, ningún mal contra este crucificado; no os riáis de sus llagas, con las que todos pueden sanar, precisamente como hemos sido sanados nosotros (Justino, Diálogo con Trifón).

 

CONTEMPLATIO

Antes que nada, reza, para que se te abran las puertas de la luz.

Nosotros honramos a Dios y a su Cristo hasta la muerte, con nuestras obras, nuestra ciencia, nuestro corazón. Los que vivieron según el Verbo son cristianos, aunque pasaran por ateos.

Doce hombres se diseminaron desde Jerusalén por el mundo. Eran unos hombres sencillos, que no sabían hablar, pero en el nombre de Dios anunciaron a todos los hombres que habían sido enviados por Cristo para enseñar a todos la Palabra de Dios.

Nosotros no somos sólo un pueblo, sino un pueblo santo {de las obras de san Justino).

 

ACTIO

Repite con frecuencia la enseñanza del mártir Justino: "Empeño todas mis fuerzas para ser encontrado siempre cristiano".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El carácter de Justino, plenamente leal y de mentalidad abierta, se manifiesta con toda claridad en sus escritos. Su fe es ardiente e integral, y en el heroísmo se muestra sencillo, sin la mínima jactancia.

Con todo, hemos de señalar un defecto de Justino que se encuentra en su obra: tiene una seguridad sorprendente, y al mismo tiempo desconcertante, en el valor de su argumentación.

Es verdad que "dialoga" con Trifón, pero lo hace sin escuchar plenamente a su adversario. En nuestra época postconciliar, felizmente sensible a la cuestión judía, nos sorprenden ciertas posiciones de Justino, quien, sin embargo, nunca fue hostil, careció de orgullo e incluso se diría que estaba lleno de candor y de sencillez. Aunque cristiano, siguió siendo filósofo: "La filosofía pasa a Cristo", y le está subordinada. Antes que nada, es un hombre de fe, de una fe que dice ofrecer a los más humildes, a los ignorantes; de una fe a la que sacrifica su misma vida (G. Peters, / Padri della Chiesa, Roma 1984, I, p. 260).

 

 

 

Día 2

Santísimos Cuerpo y Sangre de Cristo

(Domingo después de la Santísima Trinidad)

LECTIO

Primera lectura: Éxodo 24,3-8

En aquellos días:

3 Moisés vino y comunicó al pueblo todo lo que le había dicho el Señor y todas sus leyes. Y todo el pueblo respondió a una: -Cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor.

4 Moisés puso entonces por escrito todas las palabras del Señor. Al día siguiente se levantó temprano y construyó un altar al pie del monte; erigió doce piedras votivas, una por cada tribu de Israel.

5 Luego mandó a algunos jóvenes israelitas que ofrecieran holocaustos e inmolaran novillos como sacrificios de comunión en honor del Señor.

6 Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en unas vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar.

7 Tomó a continuación el código de la alianza y lo leyó en presencia del pueblo, el cual dijo: -Obedeceremos y cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor.

8 Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo diciendo: -Ésta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con vosotros según las cláusulas ya dichas.

 

**• Este pasaje marca la cima y la conclusión de la alianza entre Dios y su pueblo (cf. Ex 18-24). Es Dios quien toma la iniciativa, ofrece un pacto a los hijos de Israel y escoge a Moisés como intermediario entre él y el pueblo, que deberá comprometerse a observarlo (vv. 3.7). Como sello del pacto suscrito se erige un altar a los pies del monte, símbolo de la doce tribus de Israel, y, tras haber elegido a algunos jóvenes inocentes y puros, se sacrifican las víctimas tal como se hacía entre los antiguos, en recuerdo del acontecimiento (cf. Jos 4,2-9; Gn 28,10.28; 33,15). Se asperja además al pueblo con la sangre de las víctimas, que, en la mentalidad judía, era considerada como la sede de la vida; con ello, el pueblo, purificado, adquiría la fuerza vital que eliminaba el pecado y el mal, y podía contraer una alianza con el "Puro" por excelencia.

La expresión "sangre de la alianza" volverá en las palabras pronunciadas por Jesús en la institución de la eucaristía durante la última cena. "Esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos" (Mc 14,24; Mt 26,28). Este pacto de alianza garantiza al pueblo elegido autonomía nacional, protección y seguridad, porque Dios se ha vinculado a sus promesas. Es un vínculo que subsistirá mientras el pueblo se mantenga fiel y observe sus cláusulas. Por eso grita el pueblo dos veces con juramento: "Obedeceremos y cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor" (vv. 3.7). Esta alianza, infringida muchas veces y hecha ineficaz por Israel, será superada por la nueva alianza, no escrita ya en tablas de piedra, sino en el corazón del hombre.


Salmo responsorial
Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor

Salmo 115, 12-13. 15-16. 17-18

¿Cómo  pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

 

Segunda lectura: Hebreos 9,11-15

Hermanos:

11 Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Es la suya una tienda de la presencia más grande y más perfecta que la antigua, y no es hechura de hombres, es decir, no es de este mundo.

12 En ese santuario entró Cristo de una vez para siempre no con sangre de machos cabríos ni de toros, sino con su propia sangre, y así nos logró una redención eterna.

13 Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros y las cenizas de una ternera con las que se rocía a las personas en estado de impureza tienen poder para restaurar la pureza exterior,

14 !cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a Dios como víctima sin defecto, purificará nuestra conciencia de sus obras muertas para que podamos dar culto al Dios vivo!

15 Por eso, Cristo es el mediador de la nueva alianza, pues él ha borrado con su muerte las transgresiones de la antigua alianza, para que los elegidos reciban la herencia eterna que se les había prometido.

 

**• El nuevo pacto está concluido también mediante un intermediario: Jesucristo, "sumo sacerdote de los bienes definitivos" (v. 11) y "mediador de la nueva alianza" (v. 15). Y así como en el Sinaí la iniciativa era de Dios, gratuita y destinada a todos, también ocurre lo mismo en el Nuevo Testamento, aunque de un modo inmensamente superior y más excelente. En el ritual judío, concretamente en la "Fiesta de la expiación", el sumo sacerdote entraba solo en el "santo de los santos" y ofrecía a Dios el sacrificio, expiando las culpas de sus hermanos y permaneciendo al servicio del pueblo.

Del mismo modo, Cristo, sacerdote-víctima, aunque "una sola vez" (9,28; 10,12) y con un solo sacrificio (v. 14; cf. 10,14), ha reparado el pecado de toda la humanidad (9,14.28). Ha entrado en la esfera divina y, permaneciendo solidario con nosotros, nos ha vuelto a dar la vida, nos ha regenerado como humanidad nueva, haciéndonos dignos de ofrecer al Padre un culto espiritual muy superior al sacrificio de expiación, porque con la ofrenda de su sangre ha hecho posible un sacrificio-alianza; sin embargo, ese sacrificio no ha sido derramado sobre las partes de la víctima, sino que es ofrecido como alimento y bebida en el banquete eucarístico, asumiendo así, tal como afirma Ignacio de Antioquía, "el fármaco de la inmortalidad y el antídoto contra la muerte".

En efecto, Jesús se ofrece en el cenáculo a sus discípulos como la "nueva alianza" y quiere que todos participen de él para obtener la unidad indisoluble con él, con el Padre y con el Espíritu Santo, y con todos los hombres entre sí. De este modo ha llevado a cabo la reconciliación del hombre caído con Dios, ha restablecido el orden destruido por el pecado y ha vuelto a crear la posibilidad de que la humanidad vuelva a vivir de nuevo en contacto con Dios; más aún, nos ha proporcionado la alegría de poderle llamar "Abba-Padre".

 

Evangelio: Marcos 14,12-16.22-26

12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero pascual, sus discípulos preguntaron a Jesús: -Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de pascua?

13 Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: -Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle

14 y, allí donde entre, decid al dueño: El Maestro dice: "Dónde está la sala en la que he de celebrar la cena de pascua con mis discípulos?".

15 Él os mostrará en el piso de arriba una sala grande, alfombrada y dispuesta. Preparadlo todo allí para nosotros.

16 Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, encontraron todo tal como Jesús les había dicho y prepararon la cena de pascua.

22 Durante la cena, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió, se lo dio y dijo: -Tomad, esto es mi cuerpo.

23 Tomó luego una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y bebieron todos de ella.

24 Y les dijo: -Ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos.

25 Os aseguro que ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.

26 Después de cantar los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

 

**• En Marcos, la institución de la eucaristía, celebrada en el marco de la última cena del Señor con sus discípulos, está tan ligada a la muerte del Señor que es, además de una anticipación sacramental, también una profecía de la misma.

En efecto, Jesús, en la intimidad del cenáculo y antes de su pasión, tanto con la palabra como con los gestos, realiza lo que anuncia. El pan partido y la copa que ofrece a sus discípulos, como requería la costumbre de la pascua judía, constituyen el anuncio del nuevo pacto, sellado con su sangre, que, como "cordero sin mancha", ofrece por la salvación de todos. E impone a los suyos que renueven esta acción por todos hasta que él vuelva de nuevo (v. 25; cf. Le 22,19ss).

La Iglesia, obediente a este mandato, realiza este sacrificio y así "anuncia la muerte del Señor, proclama su resurrección y espera su venida en la gloria". Cristo, de modo admirable, sigue estando en medio de los suyos, les hace participar en el sacrificio de la redención y se hace alimento y bebida para su alimento espiritual. Alimentados con el cuerpo y la sangre de su Redentor, todos los redimidos se convierten en "un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo".

Todo esto tiene lugar a través del poder del Espíritu, que hace que todos los creyentes lleguen a ser, en Cristo, un sacrificio vivo para gloria de Dios Padre. La eucaristía es el preanuncio de la plena participación en la vida de Dios en la eternidad y la prenda de la vida eterna, porque quien come su cuerpo y bebe su sangre tiene ya en él la vida eterna y la tendrá plenamente en la eternidad.

  

MEDITATIO

"Tomad y comed; esto es mi cuerpo... Tomad y bebed; ésta es mi sangre... Mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida..." Estas palabras de Jesús sintetizan todo el misterio eucarístico. También Pablo dirá: "Prestad atención antes de acercaros a este alimento y a esta bebida: que no os ocurra la desgracia de comer y beber sin alimentaros y sin calmar vuestra sed". También la Iglesia nos recomienda precisamente esta toma de conciencia cuando nos dice "saber-pensar a quién se va a recibir". En realidad, si lo pensamos bien, el alimento es tal en la medida en que "se pierde-desaparece-muere para convertirse-llegar-a-ser" carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Para expresarlo con la imagen evangélica: si el grano de trigo se niega a morir enterrado, se vuelve imposible la espiga. Con la participación en el Pan eucarístico, el hombre viejo debe morir-dejarse asimilar por el Hombre nuevo, o el-alimento- ya-no-es-tal. La eucaristía es una "angostura" tremenda que no perdona. Jesús dirá: "Quien se alimenta de mí debe vivir-de-mí, por-mí". Tal vez sean éstas las palabras más graves, las palabras que implican mayor responsabilidad para quienes participan activamente en la eucaristía. Es la madre que vive-de/para-los-hijos, de/para-el-esposo porque está toda unifícada-gravitada-concentrada.

De este modo, los pensamientos-puntos de vista-centros de interés-mentalidad de quienes participan (= tomar parte) en la eucaristía "deben" convertirse en los de Cristo: para que podamos llamarnos "cristianos".

 

ORATIO

Jesús, me dices que tu cuerpo "es verdadero alimento" y tu sangre "verdadera bebida": cómo quisiera que estas palabras fueran verdaderamente creativas, es decir, que produjeran lo que significan. Cómo quisiera llegar a ser una humanidad añadida a la tuya: dejarme asimilar por ti de manera que pudiera decir con Pablo: "Ya no soy yo quien vivo, sino que es Cristo el que vive en mí". Ya no soy yo quien piensa-habla-actúa, sino que eres tú el que piensas-hablas-actúas en mí y conmigo. Comprendo bien que tú eres "el Verbo de la vida" y que, por eso, sólo en la medida en que me adhiera a ti será verdadera mi vida, porque estará llena de ti. Tú me dices: "Si alguien se alimenta de mí, yo estoy en él y él en mí": cómo quisiera trabajar-pensar-hablar permaneciendo en ti. Tú me dices: "Sin mí no podéis hacer nada": cómo quisiera no hacer verdaderamente "nada" sin estar inspirado-mandado- informado por ti.

Si todo en mí fuera "cristomandado", mi voz, con tanta frecuencia alterada y nerviosa, iría asumiendo poco a poco el timbre dulce y suave, dócil y apacible de la tuya, de la voz del buen pastor.

 

CONTEMPLATIO

Los evangelios nos recuerdan que de la humanidad de Jesús salía una "virtud mágica" que curaba a todos: dicen que los enfermos se le echaban encima para "tocar " al menos el borde de su manto; dicen que la mujer enferma estaba segura de que, si conseguía "tocar su ropa", se curaría; y Jesús dijo: "Quién me ha tocado? He notado que salía de mí una virtud". Quien comulga debe tener las mismas disposiciones que la mujer del evangelio. Aquella virtud curadora no ha cesado de irradiar, no ha cesado de curar, de hacer milagros: todavía está en activo, sólo que se exige aquella fe y aquel amor. La carne de Cristo -enseñan los maestros de la vida cristiana- es "verbizante", es "vivificadora", sigue ejerciendo todavía cierto influjo "cristificante" que cura todo, destruye todo, purifica todo, santifica todo, cristifica todo, edifica todo. La eucaristía es calmante, reconstituyente, relajante: hace bien no sólo al alma, sino también al  cuerpo. Es una doctrina común afirmada por todos los grandes de la educación cristiana.

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida" (cf. Jn 6,55).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Vivir la misa. La expresión se ha vuelto ya un lugar común. Pero nunca es suficiente: especialmente en un período como el nuestro, en el que cristianismo está sometido a un trabajo de esencialización, en el que se ve disminuida toda estructura y ayuda desde el exterior, se hace más urgente que nunca la insistencia en estas ideas "esenciales". Urge enseñar de qué modo concreto puede y debe ser introducida la eucaristía en la vida de cada día, de qué manera puede y debe convertirse verdaderamente en aquella luz que explica y da su significado a los acontecimientos humanos.

Quien no tiene nada para ofrecer-sufrir no puede "participar" en la eucaristía: Cristo sufre y se inmola; también nosotros debemos sufrir-inmolarnos con él. Y estos sentimientos de víctima constituyen el alma de la misa. Cómo se puede aplicar a la vida esta doctrina? Con un método muy sencillo: a menudo nuestras !ornadas laborales están llenas de cruces: el frío, el calor, el cansancio; contratiempos, fracasos, incomprensiones; enfermedades, fastidios, soledades; desánimos, depresiones, angustias: todo esto constituye un material preciosísimo para ofrecer durante la misa, que -para decirlo con el Concilio de Trento asume valor en virtud de los dolores de Cristo; es ofrecido por Cristo al Padre y por amor a la pasión de Cristo es aceptado por el Padre. Saber aceptar la vida con paciencia es vivir el sacrificio de la misa.

Vivir la comunión. Se trata de otro axioma clásico que implica convertir en "mística" la unión sacramental durante la jornada laboral: ésta debe llegar a ser un continuo "permanecer en Cristo". De este modo se prolonga "místicamente" la comunión: debemos adquirir la costumbre de trabajar, hablar, pensar por-con-en Cristo; se trata de adquirir la costumbre de hacerlo todo bajo el influjo, lo más actual-continuo que sea posible, de Cristo.

Es menester que nos ejercitemos en preguntarnos con frecuencia: "Cómo se comportaría Cristo si estuviera en mi lugar?". Es preciso que adquiramos la costumbre de "conmesurarnos" con él (A. Dagnino, La vita cristiana o il mistero pasquale del Cristo místico, Gnisello B. 19887, pp. 509-511; 534-539, passim).


 

 

Día 3

Lunes semana IX del Tiempo ordinario o 3 de junio,

San Carlos Lwanga y compañeros

 

Pocos años después de la llegada de los misioneros, los padres blancos, al reino de Buganda (hoy parte de Uganda), se desencadenó una sangrienta persecución contra los cristianos, tanto católicos como anglicanos, éstos últimos llegados poco después. El cristianismo había sido abrazado también por personas con cargos de responsabilidad en la corte del rey Mwanga.

Molesto con la moral cristiana, que prohibía tanto la trata de esclavos como la pederastia, e impulsado por un consejero que odiaba a los cristianos, el rey consideró que debía extirpar esta nueva religión.

El 29 de octubre de 1885, fueron matados cruelmente en una emboscada, por orden suya, los misioneros anglicanos, y ese mismo año hizo decapitar al mayordomo de la casa real y a un juez del reino por ser católicos y mostrarse críticos con estas decisiones.

El 3 de junio de 1886, fueron condenados a la hoguera los dieciséis pajes de su corte que habían resistido a sus demandas, apoyados e instruidos por Carlos Lwanga. Fueron matados en la colina de Namugongo. A los cristianos se les llamaba "los que rezan". Fueron veintidós los mártires ugandeses canonizados por Pablo VI en 1964.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Pedro 1,1-7

1 Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a cuantos por la fuerza salvadora de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe de tanto valor como la nuestra.

2 Que la gracia y la paz abunden en vosotros por el conocimiento de Dios y de Jesús, Señor nuestro.

3 Dios, con su poder y mediante el conocimiento de aquel que nos llamó con su propia gloria y potencia, nos ha otorgado todo lo necesario para la vida y la religión.

4 Y también nos ha otorgado valiosas y sublimes promesas, para que, evitando la corrupción que las pasiones han introducido en el mundo, os hagáis partícipes de la naturaleza divina.

5 Por eso mismo, poned todo vuestro empeño en unir a vuestra fe una vida honrada; a la vida honrada, el conocimiento;

6 al conocimiento, el dominio de sí mismo; al dominio de sí mismo, la paciencia; a la paciencia, la religiosidad sincera;

7 a la religiosidad sincera, el aprecio fraterno, y al aprecio fraterno, el amor.

 

*"• La segunda Carta de Pedro refleja una situación crítica por la que pasó la Iglesia de los primeros decenios del siglo II, tensa entre la exigencia de profundización (también intelectual) en el mensaje cristiano, al amparo de falsos maestros y falsas doctrinas, y el replanteamiento de la doctrina tradicional sobre el retorno de Cristo, en una confrontación valiente con la historia.

El fragmento de hoy subraya, sobre todo, el primer aspecto. Es la comunidad la que habla a todos los creyentes en Cristo, "a cuantos por la fuerza salvadora de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe de tanto valor como la nuestra" (v. 1), y, por consiguiente, también la gracia y la paz junto con las "valiosas y sublimes promesas" (v. 4), que ahora -en Cristo resucitado- hacen a los creyentes "partícipes de la naturaleza divina" (v. 4). El cristiano es alguien que toma conciencia del don recibido con una inteligencia agradecida o un "conocimiento" pleno y agradecido (el término "conocimiento" aparece tres veces en estos pocos versículos), puesto que se siente amado por Dios con un amor de predilección y decide ser coherente con la gracia que actúa en él, una gracia más fuerte que "la corrupción que las pasiones han introducido en el mundo" (v. 4).

El pasaje presenta también las etapas intermedias y finales de este recorrido que conduce de la fe a la "vida honrada", como actitud constante que proporciona ánimo en las dificultades; desde la vida honrada al "conocimiento", como apertura de la mente al esplendor de la verdad; del conocimiento al "dominio de sí mismo", fruto de la participación en la vitalidad del Resucitado; del dominio de sí mismo a la "paciencia", que no es simple resignación, sino fuerza en las pruebas y resistencia a las oposiciones externas; de la paciencia a la "religiosidad sincera", es decir, a la relación con Dios, verdadero centro y corazón de la vida del creyente; de la religiosidad sincera al "aprecio fraterno", fruto natural de la intimidad afectiva con Dios, y de este aprecio a la "caridad", al agapé, al amor pleno e iluminado, síntesis y punto de llegada de todo camino creyente.

 

Salmo responsorial

Dios mío, confío en ti

Sal 90


Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: <<Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.>>
R/. Dios mío, confío en ti

<<Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación.>>
R/. Dios mío, confío en ti

<<Lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación.>>
R/.
Dios mío, confío en ti

 

 

Evangelio: Marcos 12,1-12

En aquel tiempo, Jesús les contó esta parábola: -Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar y edificó una torre. Después la arrendó a unos labradores y se ausentó.

2 A su debido tiempo envió un siervo a los labradores para que le dieran la parte correspondiente de los frutos de la viña.

3 Pero ellos le agarraron, le golpearon y le despidieron con las manos vacías.

4 Volvió a enviarles otro siervo. A éste lo descalabraron y lo ultrajaron.

5 Todavía les envió otro, y lo mataron. Y otros muchos, a los que golpearon o mataron.

6 Finalmente, cuando ya sólo le quedaba su hijo querido, se lo envió, pensando: "A mi hijo lo respetarán".

7 Pero aquellos labradores se dijeron: "Este es el heredero. Matémoslo y será nuestra la herencia".

8 Y echándole mano, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

9 Qué hará, pues, el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los labradores y dará la viña a otros.

10 No habéis leído este texto de la Escritura: La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular;

11 esto es obra del Señor, y es admirable ante nuestros ojos?

12 Sus adversarios estaban deseando echarle mano, porque se dieron cuenta de que Jesús había dicho la parábola por ellos. Sin embargo, le dejaron y se marcharon, porque tenían miedo de la gente.

 

*•• El sentido de esta parábola hemos de leerlo sobre un determinado fondo literario (el "Canto de la viña" de Is 5) e histórico (el rechazo de la salvación por parte de Israel, que mata a los profetas). También hemos de identificar a los personajes a partir del mismo doble esquema de referencia: el dueño-constructor es Dios; la viña y la torre simbolizan a Israel; los labradores representan a los jefes de los judíos a los que se quitará la viña; los siervos son los numerosos profetas y hombres de Dios enviados a lo largo de la historia del pueblo elegido; el hijo muerto, rechazado y convertido después en piedra angular, es Jesús.

La parábola une, por consiguiente, los dos extremos: el amor de Dios Padre, que llega a enviar a su Hijo, y el rechazo de los jefes de Israel, que llegan a matarlo. Su finalidad es contar no sólo el pasado, sino también la historia futura: la próxima (la muerte de Jesús) y la que continúa en el tiempo y en las opciones de cada hombre ante aquel a quien el Padre ha constituido como piedra angular, resucitándolo de la muerte.

En torno a su persona y al misterio de su muerte y resurrección es donde se decide para cada hombre la acogida o el rechazo de la salvación. Y ello sin derecho alguno de primogenitura ni de elección preferente, sino jugando hasta el final con nuestra propia libertad y responsabilidad, hasta escoger identificarnos con este mismo misterio. Dios, en su juicio, premiará el valor de esta libertad.

 

 

MEDITATIO

"Yo os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante" (Jn 12,24).

Es el misterio de la vida que continúa. Es el amor que alcanza a corazones y tierras para purificar, valorar, transformar, abrir nuevos horizontes de creatividad y de paz.

Sorprende constatar cómo el martirio acompaña al nacimiento de las comunidades cristianas y con qué fuerza y claridad cristianos de todas las edades dan la vida por Cristo y por su gente, seguros no sólo de recibir el bien prometido, sino de que con su muerte "a causa de Cristo" nace una nueva época para su pueblo. No nos corresponde a nosotros calcular los tiempos de maduración.

La semilla está sembrada y es de la misma naturaleza que el amor fecundo de la Trinidad.

Sorprende ver la juventud de esta Iglesia de África probada y nos sentimos atraídos por su fidelidad a Cristo Señor. Sacude la indiferencia y señala el camino.

La acción del Espíritu en los mártires no es sólo de consuelo, apoyo, custodia. El Espíritu de Cristo revela, en la kenosi del hombre nuevo, el designio de Dios y obra siguiendo la única lógica del amor. Amar con el corazón de Cristo no es sólo una ley espiritual o moral; es la nueva dignidad de la criatura partícipe, por don, del ágape divino y de la acción de Dios en la historia.

También los mártires de Uganda son para nosotros una imagen viviente. Son un desafío a construir, con claridad de identidad, como sarmientos unidos a la Vid, la sociedad contemporánea, y a "no dejar que falte en este mundo un rayo de la divina belleza para que ilumine el camino de la existencia humana" (Juan Pablo II).

 

ORATIO

Una vez que hemos conocido a Cristo, no es posible no darle todo. Es una alta dignidad compartir su vida y amar como él amó, hasta dar la vida. Esto lo he aprendido, Padre, fijando la mirada del corazón sobre estos jóvenes, cuyo valor revela tu presencia y muestra que es posible, incluso en las pruebas más duras, allí donde reina el odio y se humilla a la persona, dar a conocer a Cristo al mundo y sembrar la vida.

Su fuerza y su serenidad en el servicio en la corte del rey nacían de la oración, de la relación contigo, Padre, y con tu Hijo. No hay nombre más bello para definir a los cristianos: "Los que rezan". Por eso Carlos Lwanga y sus compañeros concluyeron su "santo viaje" (Sal 84) entrando en tu casa y en el corazón de muchos.

Con su muerte, la comunidad cristiana y su país dejaron de ser lo que eran antes, porque su sangre irrigaba y fecundaba todo desierto. Transforma, oh Padre, con el poder de tu Espíritu, a todos los que vivimos hoy en una sociedad compleja y contradictoria para convertirnos en verdaderos discípulos y testigos alegres de Cristo Señor, que es camino, verdad y vida.

 

CONTEMPLATIO

Estos mártires africanos vienen a añadir a este catálogo de vencedores que es el martirologio una página trágica y magnífica, verdaderamente digna de sumarse a aquellas maravillosas de la antigua África, que nosotros, modernos hombres de poca fe, creíamos que no podrían tener jamás adecuada continuación. Quién podría suponer, por ejemplo, que a las emocionantísimas historias de los mártires escilitanos, de los cartagineses, de los mártires de la "blanca multitud" de Utica, de quienes san Agustín y Prudencio nos han dejado el recuerdo, de los mártires de Egipto, cuyo elogio trazó san Juan Crisóstomo, de los mártires de la persecución de los vándalos, hubieran venido a añadirse nuevos episodios no menos heroicos, no menos espléndidos, en nuestros días? Quién podía prever que, a las grandes figuras históricas de los santos mártires y confesores africanos, como Cipriano, Felicidad y Perpetua, y al gran Agustín, habríamos de asociar un día los nombres queridos de Carlos Lwanga y de Matías Mulumba Kalemba, con sus veinte compañeros? Y no queremos olvidar tampoco a aquellos otros que, perteneciendo a la confesión anglicana, afrontaron la muerte por el nombre de Cristo.

Estos mártires africanos abren una nueva época, quiera Dios que no sea de persecuciones y de luchas religiosas, sino de regeneración cristiana y civil.

África, bañada por la sangre de estos mártires, los primeros de la nueva era -y Dios quiera que sean los últimos, pues tan precioso y tan grande fue su holocausto-, resurge libre y dueña de sí misma.

La tragedia que los devoró fue tan inaudita y expresiva que ofrece suficientes elementos representativos para la formación moral de un pueblo nuevo, para la fundación de una nueva tradición espiritual, para simbolizar y promover el paso desde una civilización primitiva -no desprovista de magníficos valores humanos, pero contaminada y enferma, como esclava de sí misma- hacia una civilización abierta a las expresiones superiores del espíritu y a las formas superiores de la vida social (Pablo VI, "Homilía de la canonización de los mártires de Uganda").

 

ACTIO

Repite con frecuencia y medita hoy la Palabra del Señor: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos" (Mt 5,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El 3 de junio de 1886, dieciséis pajes de la corte del rey Mwanga, todos ellos menores de veinte años e hijos de notables, subían a la colina de Namugongo. Cada uno de ello s llevaba cargado a la espalda un haz de leña. Todos habían sido condenados a muerte, pero, según una antigua tradición, en el último momento, tres de ellos, extraídos a suerte, eran agraciados, mientras que los otros eran atados y quemados vivos en una única gran hoguera. Los tres supervivientes se convirtieron en preciosos testigos del martirio de sus compañeros.

Los supervivientes de los pajes martirizados en Namugongo contaron así el proceso de la condena a la hoguera. "El rey hizo comparecer ante él a seis de los pajes y les dijo: "Todos aquellos de vosotros que ya no quieran rezar que se queden junto al trono, y los que deseen rezar que se pongan contra aquella pared". Carlos Lwanga fue el primero en moverse, seguido de inmediato por los otros quince cristianos. El rey les preguntó: "Pero vosotros rezáis de verdad?". "Sí, monseñor, nosotros rezamos de verdad", respondió en nombre de todos Carlos, que, con el presentimiento de lo que iba a suceder, se había pasado toda la noche en oración con sus compañeros. El rey preguntó aún: "Tenéis intención de seguir rezando?". "Sí, monseñor, siempre, hasta la muerte". El rey emitió la sentencia de muerte para todos los que no desistieran de su propósito. Fueron muchos los intentos encaminados a convencer a los jóvenes de que se sometieran a las órdenes del rey, pero todos ellos resultaron vanos".

Los mártires de Uganda canonizados por la Iglesia católica son veintidós: ocho ya habían sido muertos antes ae la matanza de Namugongo, y el último, Juan María Muzeyi, fue decapitado el 27 de enero de 1887 (E. Pepe, Martirí e santi del Calendario Romano, Roma 1999).

 

 

 

Día 4

Martes semana IX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Pedro 3,12-15a.l7-18

Hermanos:

12 Esperad y apresurad la venida del día de Dios, ese día en el que los cielos se desintegrarán presa del fuego y los elementos del mundo, abrasados, se derretirán.

13 Nosotros, sin embargo, según la promesa de Dios, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en la que habite la justicia.

14 Por tanto, queridos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad vivir en paz con Dios, limpios e irreprochables ante él,

15 considerando como salvación la paciencia de nuestro Señor.

17 En cuanto a vosotros, queridos, puesto que conocéis esto de antemano, manteneos en guardia para que no os arrastre el error de los malvados y se derrumbe vuestra fortaleza.

18 Creced en gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y por siempre. Amén.

 

*•• El fragmento de hoy es una reflexión sobre el estado del cristiano que "espera la venida del día de Dios" {cf. v. 12), día que pertenece a Dios por excelencia. El autor de la carta pretende recordar a los creyentes el objeto y el sentido de esta espera. En primer lugar, lo que esperamos son "unos cielos nuevos y una tierra nueva" (cf. Is 65,17; 66,22), en los que se manifestará Cristo y se manifestará en todos los ámbitos -en la "justicia"- el proyecto de Dios, que ahora es sólo un deseo. Ahora bien, esta espera es algo completamente distinto a una espera pasiva. Quien vive ya desde ahora en medio de la piedad y la santidad puede apresurar incluso la venida del día del Señor, puesto que realiza ya en esta tierra, en la pequeñez de su historia, lo que será la justicia típica del día de Dios. Por eso invita el autor de la carta a sus destinatarios "limpios", como las víctimas ofrecidas a Dios en el culto del Antiguo Testamento, e "irreprochables ante él", "en paz con Dios" (v. 14), como ocurrirá en el domingo sin ocaso de la vida futura.

En estas circunstancias, se vuelve secundario el problema del "cuándo" vendrá este "día de Dios". Lo que cuenta es la magnanimidad del Señor, que organiza los tiempos y la historia siguiendo una amorosa perspectiva de salvación. Ese designio es desconocido para los impíos, mientras que es objeto de conocimiento progresivo por parte del creyente. Este último sabe que aún tiene que seguir descubriendo a Cristo hasta la manifestación completa del día del Señor. A él sea la gloria, ahora y tal como aparecerá en aquel día. El "amén" final indica que el escrito debe ser leído en la asamblea dominical de los cristianos.

 

Salmo Responsorial

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Salmo 89


Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
R/.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó; una vela nocturna.
R/.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.
R/.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
R/.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

 

 

Evangelio: Marcos 12,13-17

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos

13 le enviaron unos fariseos y unos herodianos con el fin de cazarlo en alguna palabra.

14 Llegaron éstos y le dijeron: -Maestro, sabemos que eres sincero y que no te dejas influir por nadie, pues no miras la condición de las personas, sino que enseñas con verdad el camino de Dios. Estamos obligados a pagar tributo al cesar o no? Lo pagamos o no lo pagamos?

15 Jesús, dándose cuenta de su mala intención, les contestó: -Por qué me ponéis a prueba? Traedme una moneda para que la vea.

16 Se la llevaron, y les preguntó: -De quién es esta imagen y esta inscripción? Le contestaron: -Del cesar.

17 Jesús les dijo: -Pues dad al cesar lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios. Esta respuesta les dejó asombrados.

 

*•" En el centro del evangelio de hoy figura una pregunta hipócrita. Los herodianos y los fariseos no buscan ninguna respuesta; lo que quieren sobre todo es poner a Jesús en una situación embarazosa, haciéndolo odioso para la autoridad romana o para la muchedumbre. La respuesta de Jesús, sin embargo, evita la trampa de la rígida alternativa y aprovecha la pregunta para brindar un criterio decisivo para la vida cristiana.

Dios y el cesar no se contraponen entre sí, no se encuentran en el mismo plano: existe un primado de Dios, pero que no priva al Estado de sus derechos. En virtud de este principio, el cristiano aprende a obedecer no sólo a Dios, sino también a los hombres, porque la raíz de toda autoridad deriva en última instancia del Eterno. Precisamente de este principio dimana la libertad de conciencia, al amparo de toda idolatría del poder y acogiendo la respectiva soberanía de la Iglesia y el Estado.

"Esta respuesta les dejó asombrados" (v. 17b): los que antes querían cazarlo en alguna palabra quedan asombrados ahora por el mensaje de libertad contenido en las palabras de Jesús.

 

MEDITATIO

Esperar y apresurar el día del Señor. Dar a Dios y al cesar lo que le corresponde a cada uno. En estas imágenes encontramos descrita la vida del cristiano. Ésta es, antes que nada, acontecimiento de espera, anuncio de que el Esposo no ha llegado todavía, nostalgia de un amor más grande que todo afecto humano, como un deseo extinguido... Pero, al mismo tiempo, el creyente vive y celebra cada día como día del Señor, indica en él la presencia misteriosa del Esposo, expresa la alegría del encuentro con él, del deseo inextinguible. Algo así como una espera que se realiza y se vuelve cada vez más intensa y acelera en cierto modo la venida del Señor. Por eso el cristiano no se evade del mundo ni de la historia, sino que está bien implantado en ellos, precisamente para indicarle al mismo mundo lo que hay en él de Dios y debe volver a Él, o bien, lo que en el corazón humano pertenece al Altísimo y sólo en él encuentra la paz, y también lo que es corruptible y tiene que ser abandonado; lo que es bello, pero con una belleza que pasa; aquello que tal vez pueda atraer al corazón hecho de carne, pero no lo puede llenar del todo después. No por desprecio a lo humano, sino -al contrario- para darle a todas las realidades su justo peso y mantener viva la esperanza del "día de Dios", en el que todo lo terreno (afectos y esperanzas, debilidades y angustias...) se fundirá en el fuego del amor eterno. Y habrán "unos cielos nuevos y una tierra nueva"...

 

ORATIO

Señor, Dios de la historia, Eterno sin tiempo, te alabo porque has creado también nuestra historia y nuestro tiempo. Ambos te pertenecen y están repletos de ti. De ti proceden y a ti deben volver, del mismo modo que nuestra persona, con todo lo más humano que posee, como el deseo de vivir y de amar... Cuando llevamos a cabo tal recorrido y confesamos que, verdaderamente, tú eres la fuente y el término de lo que somos y tenemos, nuestro tiempo entra en tu eternidad y nuestra historia se convierte en historia de salvación, al tiempo que la vida celebra tu soberanía y la muerte es como una vuelta a casa.

Perdóname, Dios, que haces nuevas todas las cosas, por todas las veces que he pretendido apropiarme de mi tiempo y no he sabido esperar la novedad de tu día; por todas las veces que no he sabido reconocer tu imagen en las cosas y he dirigido hacia mí lo que hubiera debido "devolverte". En esas ocasiones, en vez de soñar con "unos cielos nuevos y una tierra nueva" y reconocer el alborear de tu día, he preferido ilusiones inmediatas y satisfacciones más seguras en apariencia, gustos y sabores ya conocidos y ya viejos, aunque sólo para encontrar al final aburrimiento y frustración, o ese regusto doloroso del placer que se repite por inercia, tristemente semejante a sí mismo.

"Maestro, tú que eres sincero", enséñame a esperar el día de Dios y, mientras lo espero, "a dar a Dios lo que es de Dios": todos los latidos de mi corazón, cada aliento de mi vida.

 

CONTEMPLATIO

También tú, si enciendes el candil, si recurres a la iluminación del Espíritu Santo y ves la luz en la luz, encontrarás la dracma en ti: ya que ha sido puesta en ti la imagen del Rey celestial.

Cuando Dios, al principio, hizo al hombre, lo hizo "a su imagen y semejanza", y puso esta imagen no en el exterior, sino dentro de él [...]. El Hijo de Dios es el pintor de esta imagen; y puesto que el pintor es tal y tan grande, su imagen puede ser oscurecida por la desidia aunque no puede ser cancelada por la maldad. En efecto, la imagen de Dios permanece siempre, aunque le sobrepongas la imagen de lo terreno (Orígenes, Homilías sobre el Génesis, XIII, 4).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Nosotros esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva" (2 Pe 3,13).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Que venga el alba, oh Dios, el día de tu sonrisa

Dios de todos los nombres y de todos los pueblos, Madre y Padre nuestro, Señor de la historia, Señor del amor, alfa y omega de los tiempos.

Te hablo en nombre de los perdedores, de parte de los que ya ni siquiera tienen nombre [...].

Te hablo de parte de aquellos que ni siquiera representan una cifra en las frías estadísticas.

Amo, oh Dios, las alegrías del fotón, del tiempo y del espacio; amo la lente que lanza su insistente mirada al universo; amo la magia sagrada que alivia el dolor y difiere la muerte; amo las manos de quien penetra en el misterio mismo de la vida.

Amo la forma, el sonido, el color.

Amo el don de la palabra que has puesto en mi boca.

Pero ya te hablarán otros de la alegría del Arte y de la magia de la Ciencia.

Yo te hablo del dolor. Te hablo del hambre, oh Dios, de la muerte.

Te hablo de parte de quienes sembraron sueños y han muerto con un bocado de esperanza amarga en la garganta.

Te hablo de parte del que resiste en medio de la noche.

Te hablo, oh Dios, de los que velan.

Desde aquí saludo los tiempos venideros.

Saludo el tiempo en el que por fin encuentre las manos que construyan contigo "un cielo nuevo y una tierra nueva".

Manos nuevas para poblar el mundo de colores.

(Micaela Najlis, poetisa nicaragüense).

 

 

 

Día 5

Miércoles semana IX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 1.1-3-6-12

1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de la vida que está en Jesucristo,

2 a Timoteo, mi hijo querido; gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.

3 Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia, según me enseñaron mis mayores, y me acuerdo de ti constantemente, noche y día, en mis oraciones.

6 Por ello te aconsejo que reavives el don de Dios que te fue conferido cuando te impuse las manos.

7 Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de ponderación.

8 No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; antes bien, con la confianza puesta en el poder de Dios, sufre conmigo por el Evangelio.

9 Dios nos ha salvado y nos ha dado una vocación santa no por nuestras obras, sino por su propia voluntad y por la gracia que nos ha sido dada desde la eternidad en Jesucristo.

10 Esta gracia se ha manifestado ahora en la aparición de nuestro Salvador, Jesucristo, que ha destruido la muerte y ha hecho irradiar la vida y la inmortalidad gracias al anuncio del Evangelio,

11 del cual yo he sido constituido heraldo, apóstol y maestro.

12 Ésta es la razón de mis sufrimientos, pero yo no me avergüenzo, pues sé en quién he puesto mi confianza y estoy persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio.

 

*•• La segunda Carta a Timoteo parece ser que fue la última que escribió Pablo antes de morir. En consecuencia, tiene todo el sabor de un auténtico "testamento espiritual" en el que se respira una trémula, aunque también serenísima, espera del final inminente. Pablo está en la cárcel y escribe en unos términos apesadumbrados a Timoteo, su discípulo predilecto, por el que ora noche y día, y le aconseja que "reavive" (literalmente, "atice") el don de Dios.

En el pasaje de hoy, tras el saludo (w. 1-3), viene una primera parte (w. 6-12, aunque continúa hasta 2,13), en la que Pablo exhorta a Timoteo a luchar y a sufrir por el Evangelio. Para Pablo, la "Buena Noticia" es "la promesa de la vida que está en Jesucristo" (v. 1), "que ha destruido la muerte y ha hecho irradiar la vida y la inmortalidad" (v. 10). El apóstol es un hombre elegido por Dios para llevar al mundo este evangelio de la vida no con "un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de ponderación". A causa de este anuncio, debe esperarse la hostilidad del mundo, hasta el punto de verse privado de la misma libertad. Pablo no se avergüenza de ello e invita a Timoteo a no avergonzarse de sus cadenas; éstas son el precio del testimonio fiel, de la vocación santa, de la gracia otorgada en Cristo Jesús y revelada ahora en el misterio de su encarnación. Constituyen el signo paradójico de una libertad nueva, la que nace de la fe en él y de la certeza de su fidelidad hasta el último día, el día en el que la vida destruirá a la muerte para siempre.

 

Salmo Responsorial

A ti, Señor, levanto mis ojos

Sal 122

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores.
R/.
A ti, Señor, levanto mis ojos

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
R/.
A ti, Señor, levanto mis ojos

 

 

Evangelio: Marcos 12,18-27

En aquel tiempo,

18 se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:

19 -Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si el hermano de uno muere y deja mujer, pero sin ningún hijo, que su hermano se case con la mujer para dar descendencia al hermano difunto.

20 Pues bien, había siete hermanos. El primero se casó y, al morir, no dejó descendencia.

21 El segundo se casó con la mujer y murió también sin descendencia. El tercero, lo mismo,

22 y así los siete, sin que ninguno dejara descendencia. Después de todos, murió la mujer.

23 Cuando resuciten los muertos, de quién de ellos será mujer? Porque los siete estuvieron casados con ella.

24 Jesús les dijo: -Estáis muy equivocados, porque no comprendéis las Escrituras ni el poder de Dios.

25 Cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos ni ellas se casarán, sino que serán como ángeles en los cielos.

26 Y en cuanto a que los muertos resucitan, no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?

27 No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

 

**• La cuestión planteada por los saduceos en el evangelio de hoy es, una vez más, tendenciosa; sin embargo, proporciona a Jesús la ocasión de presentar en sus justos términos el sentido de la vida más allá de la muerte.

En aquellos tiempos, además de los saduceos, que negaban la resurrección, estaban también los rabinosfariseos, que la afirmaban, aunque con cierta libertad interpretativa. Había entre ellos, en efecto, quienes consideraban que sólo resucitarían los justos, sólo los judíos o todos los hombres, mientras que otros creían que los difuntos resucitarían en su corporalidad originaria, incluidas las enfermedades. Más tarde, en los tiempos en que fue redactado el evangelio de Marcos, ejercía una gran influencia el pensamiento helenístico-pagano. Este último prefería hablar de inmortalidad del espíritu, capaz por su propia naturaleza de sobrevivir más allá del cuerpo, liberándose de la prisión que éste representaba.

La enseñanza de Jesús responde un poco a todos, poniendo en el centro la verdad del amor de Dios: si Dios ama al hombre, no puede abandonarle en poder de la muerte, sino que lo unirá consigo, fuente de la vida, para hacerlo inmortal.

Por lo que respecta a la modalidad de ese estado futuro, la respuesta de Cristo es que la vida de los muertos escapa de los esquemas del mundo presente: será una vida diferente, porque es divina, eterna, comparable a la de los ángeles, de suerte que el matrimonio y la reproducción carecen en ella de sentido. Tampoco podrá ser en modo alguno una especie de prolongación de la vida presente, sino una vida nueva, en la que entra todo el hombre, no sólo el espíritu, sino toda la realidad humana, que se verá transformada misteriosamente.

Con todo, hay una cosa absolutamente cierta: la razón fundamental hemos de buscarla en la fidelidad del Eterno: la promesa de la resurrección no es un derecho del hombre, sino la inevitable consecuencia o la medida ilimitada del amor divino, más fuerte que la muerte.

 

MEDITATIO

El cristianismo es el evangelio de la vida. La vida es la Buena Noticia que el cristiano anuncia a un mundo cada vez más inmerso en una cultura de muerte. Y, en verdad, se trata de una buena noticia, porque sólo quien cree en Cristo puede hablar de una vida "que ha destruido la muerte" y creer en la inmortalidad futura. Es más, no puede dejar de hacerlo, con el espíritu de fortaleza y de amor que se le ha dado, sin miedo ni timidez.

Del mismo modo que Pablo, en la cárcel y esperando el final, proclama con valor la promesa de la vida en Cristo Jesús, tampoco el cristiano pide que le dispensen del drama del sufrimiento o de la derrota de la muerte, sino que, precisamente en el interior de esta común experiencia o desde lo hondo del abismo, anuncia la esperanza de la vida que no muere.

Su testimonio se vuelve así creíble, porque es completamente humano y está abierto de par en par a la gracia, como si los dos abismos, el de la fragilidad terrena y el del poder celestial, se tocaran en él, como en un tiempo se encontraron (o se recapitularon) en la cruz de Jesús. Por eso, Dios Padre resucitó al Hijo, del mismo modo que librará de las cadenas de la muerte a todo creyente que no se avergüence del Evangelio de la vida. Nuestro Dios, en efecto, "no es un Dios de muertos, sino de vivos".

 

ORATIO

Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, Dios amante de la vida, en ti existe todo lo que es, de ti recibe toda criatura su aliento y su vida. Si tú no existieras, no existiría yo, pero si tú existes, vibra en mí un temblor de eternidad.

Te alabo, Padre, porque tú eres mi origen y, por consiguiente, también la razón de mi existencia, la certeza de mi vivir para siempre, mientras que yo, sólo por vivir, soy tu gloria. En efecto, "no alaban los muertos al Señor, ni los que bajan al silencio. Nosotros bendecimos al Señor ahora y por siempre" (Sal 115,17ss).

Sin embargo, muchas veces la vida que me has dado no ha sido capaz de cantar tu alabanza, como si me avergonzara de ti y de tu Evangelio o temiera la incomprensión y el rechazo a causa del mismo. O bien, tal vez estoy dispuesto a dar testimonio de tu Evangelio y de la misteriosa belleza de la vida humana, pero sólo cuando me van bien las cosas o cuando tu Palabra confirma lo que yo siento y las expectativas de los otros. Ando aún

lejos de comprender que también es posible anunciar tu nombre en medio de la prueba y del sufrimiento, incluso al que está pasando por la prueba, porque en todo caso la vida humana, don tuyo, es digna de ser vivida, y porque también a través de su muerte puede anunciar tu Reino el justo. Concédeme, Padre, el valor de Pablo, que incluso desde la cárcel, con cadenas, proclamó el Evangelio de la vida. Reaviva tu don en mí, para que opte por llegar a ser, como él, prisionero libre de Cristo, dejándome cautivar para siempre por las cadenas del amor divino, que ha vencido a la muerte para siempre.

 

CONTEMPLATIO

Por lo que a mí toca, escribo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco que yo estoy pronto a morir de buena gana por Dios, con tal de que vosotros no me lo impidáis.

Yo os lo suplico: no mostréis conmigo una benevolencia inoportuna. Permitidme ser pasto de las fieras, por las que me es dado alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios, y por los dientes de las fieras he de ser molido, a fin de ser presentado como limpio pan de Cristo. Halagad más bien a las fieras, para que se conviertan en sepulcro mío y no dejen rastro de mi cuerpo, con lo que, después de mi muerte, no seré molesto a nadie. Cuando el mundo no vea ya ni mi cuerpo, entonces seré verdadero discípulo de Jesucristo. Suplicad a Cristo por mí, para que por esos instrumentos logre ser sacrificio para Dios. No os doy yo mandatos como Pedro y Pablo. Ellos fueron apóstoles; yo no soy más que un condenado a muerte. Ellos fueron libres; yo, hasta el presente, soy un esclavo [...].

De nada me aprovecharán los confines del mundo ni los reinos todos de este siglo. Para mí, mejor es morir en Jesucristo que ser rey de los términos de la tierra. Quiero a aquel que murió por nosotros; quiero a aquel que por nosotros resucitó. Y mi parto es ya inminente. Perdonadme, hermanos, no me impidáis vivir; no os empeñéis en que yo muera; no entreguéis al mundo a quien no anhela sino ser de Dios; no me tratéis de engañar con lo terreno. Dejadme contemplar la luz pura. Llegado allí, seré de verdad hombre. Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios (Ignacio de Antioquía, Carta a los romanos, 4, 6ss).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No eres un Dios de muertos, sino de vivos" (cf. Mc 12,27).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Y, para terminar, me gustaría estar en la luz, quisiera tener, por último, una noción recopiladora y sabia sobre el mundo y sobre la vida: me parece que esa noción debería expresarse como agradecimiento. Esta vida mortal, a pesar de sus aflicciones, de sus oscuros misterios, de sus sufrimientos, de su fatal caducidad, es una realidad hermosísima, un prodigio siempre original y conmovedor, un acontecimiento digno de ser cantado con gozo y gloria: !la vida, la vida del hombre! No es menos digno de exaltación y de feliz estupor el marco que rodea la vida del hombre: este mundo inmenso, misterioso, magnífico, este universo de las mil fuerzas, de las mil leyes, de las mil bellezas, de las mil profundidades. Es un panorama encantador...

El teatro del mundo es el designio, hoy todavía incomprensible en su mayor parte, de un Dios creador, que se llama Padre nuestro y que está en el cielo. Gracias, oh Dios, gracias y gloria a ti, oh Padre. Esta escena fascinante y misteriosa es un reverbero de la primera y única Luz (del testamento espiritual de Pablo VI,  passim).

 

 

Día 6

Jueves semana IX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 2,8-15

Querido hermano:

8 Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según el Evangelio que yo anuncio,

9 por el cual sufro hasta verme encadenado como malhechor, pero la Palabra de Dios no está encadenada.

10 Por eso todo lo soporto por amor a los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación de Jesucristo y la gloria eterna.

11 Es doctrina segura: Si con él morimos, viviremos con él;

12 si con él sufrimos, reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará;

13 si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

14 Recuerda estas cosas y ordena, en nombre de Dios, que nadie se enzarce en discusiones vanas, que no sirven para nada, si no es para la perdición de los que escuchan.

15 Cuida de presentarte ante Dios como un hombre probado, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, como fiel pregonero del mensaje de la verdad.

 

*•• La vida del cristiano es la vida de Cristo en él; es una participación siempre renovada en la muerte y en la vida gloriosa del Señor, que, en cierto modo, sufre y resurge a una vida nueva en aquel que cree en Él. Como Pablo, encadenado por el Evangelio "-como malhechor" (v. 9), aunque también seguro de reinar con él (v. 12). De ahí podemos extraer dos consecuencias.

En primer lugar, que los sufrimientos del cristiano participan del valor redentor de los sufrimientos de Cristo y son, de hecho, instrumento de salvación en la medida en que el cristiano -como le gusta decir a Pablo- sufre por Cristo y muere con él (cf. w. 11.12).

Desde el momento en que el Hijo del Eterno murió en la cruz, ya no hay sufrimiento terreno que sea inútil, ni creyente que no se sienta responsable de la salvación de los demás. Es la comunión de la cruz lo que da, a cada individuo, la fuerza para soportarlo todo por los hermanos, "para que ellos también alcancen la salvación de Jesucristo y la gloria eterna" (v. 10).

Entonces -segunda consecuencia-, la vida del cristiano se convierte en una existencia pascual, gracias a la memoria de la resurrección de Jesús (v. 8) y gracias a la profecía de su propia resurrección (v. 11); una existencia que proclama la fidelidad del Eterno, mayor que cualquier infidelidad humana (v. 13). Por eso el cristiano no se enzarza en "discusiones vanas" (v. 14), ni se avergüenza de la Palabra que debe anunciar, aunque deba sufrir por ella, porque es Palabra de la verdad y nunca podrá ser encadenada (v. 9).

 

Salmo Responsorial

Señor, enséñame tus caminos

Salmo 24

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas,
haz que camine con lealtad;
enséñame porque tú eres mi Dios y Salvador.
R/.
Señor, enséñame tus caminos

El Señor es bueno y recto
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
R/.
Señor, enséñame tus caminos

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía con los fieles
y les da a conocer su alianza.
R/.
Señor, enséñame tus caminos

 

 

Evangelio: Marcos 12,28-34

En aquel tiempo,

28 un maestro de la Ley que había oído la discusión y había observado lo bien que les había respondido se acercó y le preguntó: -Cuál es el mandamiento más importante?

29 Jesús contestó: -El más importante es éste: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor.

30 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

31 El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos.

32 El maestro de la Ley le dijo: -Muy bien, Maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de él;

33 y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

34 Jesús, viendo que había hablado con sensatez, le dijo: -No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevía ya a seguir preguntándole.

 

*+• El tono de la pregunta del maestro de la Ley, a diferencia de Mateo y Lucas, no es aquí, en Marcos, ni polémico ni tendencioso, sino simplemente teórico y escolar, sin trampas más o menos escondidas. Al contrario, parece darse un reconocimiento recíproco de la exactitud y de carácter pertinente de la respuesta del otro por parte de cada uno de los interlocutores. Al mismo tiempo, la cuestión planteada era en aquellos tiempos una pregunta clásica y debatida con frecuencia; tampoco era nueva del todo la respuesta de Jesús. En realidad, se trata de la cuestión central para él y para todo creyente: es la pregunta a la que Jesús intentará responder con toda su vida.

De todos modos, el Maestro le brinda al maestro de la Ley, interlocutor leal, una respuesta precisa y rigurosamente bíblica, no sólo por los envíos a Dt 6,4ss y Lv 19,18, sino porque sólo es posible entenderla dentro de la revelación, según la cual nuestro amor a Dios y al prójimo supone un hecho precedente y fundador: el amor de Dios por nosotros. Éste es el dato que precede a cualquier otro, el origen y la medida del amor humano.

Si éste nace del amor divino, debe medirse sobre la base del mismo, amando a toda la humanidad, amando a cada hombre sin distinción y con toda nuestra propia humanidad: corazón-mente-voluntad. De todos modos, Marcos no se contenta con estas especificaciones, sino que introduce en su texto otras dos importantes notas particulares: una observación polémica sobre el culto (v. 32), que recupera la antigua batalla de los profetas contra el ritualismo embarazoso que separa la oración del amor, y la afirmación del monoteísmo (w. 29.32), en abierta polémica con el ambiente pagano en que vivía la comunidad de Marcos, afirmación destinada a dejar bien sentado que sólo de Dios -es decir, de haber puesto a Dios en el centro de su vida- puede venirle la libertad al hombre. Esa libertad es ya signo del Reino que viene.

 

MEDITATIO

Dios creó al hombre a su semejanza, le dio un corazón capaz de dejarse amar y de amar a su vez. Pero no sólo le hizo capaz de amar a su manera, divina, no se contentó con verter su benevolencia en el ser humano haciéndolo amable, sino que activó en él una capacidad afectiva que no es ya sólo humana. Éste es el signo más grande del amor de Dios hacia el hombre: el Creador no se ha guardado, celosamente, su poder de amar, sino que lo ha compartido con la criatura. En realidad, Dios no hubiera podido amar más al hombre. Ésa es también la razón de que éste sea asimismo el primer y más importante mandamiento: antes de ser mandamiento, es el don más grande. Y si vale más que todos los holocaustos y sacrificios, eso significa que el hombre lleva a cabo la mayor experiencia del amor divino cuando ama de hecho a la manera de Dios, más aún que cuando ora y adora, porque es entonces, y sólo entonces, cuando puede descubrir cómo ha sido amado por el Eterno, hasta el punto de haber sido hecho capaz de amar a su manera. Precisamente en esta línea invita Pablo a Timoteo y a todo creyente a sufrir y a morir con Cristo por la salvación de los hermanos. Pero, entonces, no se da aquí sólo la comunión redentora de la cruz; antes aún está el misterio sorprendente de la comunión de Dios con el hombre, del amor divino con el amor humano.

Gracias a esta comunión, el amor de Dios se hace ya presente y visible en esta tierra; más aún, Dios mismo es amado en un rostro humano y el corazón de carne produce ya desde ahora latidos eternos.

 

ORATIO

Dios del amor, tú eres el Señor y el Maestro, sólo tú tienes las palabras de la vida y puedes revelar al hombre su verdad y su dignidad. Todos quisiéramos saber qué es importante en la vida, para no correr en vano; y si te preguntamos es porque tú eres amor y sólo el amor conoce la verdad y no se la guarda para sí. Concédenos comprender también que la grandeza del hombre está en el amor: en la certeza de ser amado desde siempre por el Señor del cielo y de la tierra y en la certeza de poder amar al mismo Creador junto con sus criaturas.

En esto consiste la grandeza humana, y es humana y divina a la vez; es mandamiento, pero antes es don; es reposo y felicidad para el alma, pero también lucha contra el egoísmo y la desesperación; es la verdad de donde nace la libertad, la libertad de depender en todo de aquél a quien amamos y a quien estamos llamados a amar; por consiguiente, de ti, que eres el amor. Concédeme,

Padre, esta libertad: la libertad de entregarte mi vida, para que tú la conviertas en un evangelio, historia y providencia de amor para muchos hermanos; la libertad de amarte a ti y a todos con el corazón del Hijo, hasta la cruz.

 

CONTEMPLATIO

Si Cristo vino fue, sobre todo, para que el hombre supiera cuánto le ama Dios y lo aprendiera para encenderse más en el amor de quien lo amó antes, y para amar al prójimo según la voluntad y el ejemplo de quien se hizo próximo prefiriendo no a los que estaban cerca de él, sino a los que vagaban lejos; toda Escritura divina escrita antes fue escrita para preanunciar la venida del Señor; y cualquier cosa que haya sido transmitida después con las cartas y confirmada con la autoridad divina habla de Cristo e invita al amor: está claro que no sólo toda la Ley y los profetas, que hasta entonces eran toda la Sagrada Escritura, por haberlo dicho el Señor, se apoyan en estos dos preceptos del amor a Dios y al prójimo, sino también todo lo que, a continuación, ha sido consagrado para la salvación, así como los volúmenes de las divinas Escrituras confiados a la memoria. Por lo cual, en el Antiguo Testamento está oculto el Nuevo, y en el Nuevo está la revelación del Antiguo. Según esta ocultación, los hombres materiales que entienden sólo de modo material han estado sometidos, tanto entonces como ahora, por el temor al castigo. En cambio, según esta revelación, los hombres espirituales que entienden de manera espiritual, a quienes, por estar piadosamente palpitantes, fueron reveladas las cosas ocultas y piden ahora, sin soberbia, que no les queden ocultas las cosas reveladas, esos hombres han sido liberados por la caridad entregada. En consecuencia, ya que nada es más hostil a la caridad que la envidia, y la soberbia es madre de la envidia, el Señor Jesucristo, Dios hombre, es al mismo tiempo prueba del amor divino por nosotros y ejemplo de humana humildad entre nosotros, a fin de que nuestro mayor mal sea sanado por la medicina contraria, que es aún más grande. Gran miseria, en efecto, es el hombre soberbio, pero la misericordia del Dios humilde es aún mayor. Ponte, pues, como fin este amor, al que referirás todo lo que digas; cuenta todas las cosas de manera que la persona a la que hablas crea al escuchar, espere al creer y ame al esperar (Agustín, De catechizandis rudibus, 4,8-11).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Si con él morimos, viviremos con él" (2 Tim 2,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Al envejecer nos damos cuenta de inmediato de que todo se reduce a poquísimas certezas. Para mí, estas certezas son tres: a pesar de todo, el Eterno es Amor; a pesar de todo, somos amados; a pesar de todo, somos libres. Ojalá consiguiera comunicar estas tres certezas [...], en particular la certeza de que esta misteriosa libertad que hay en nosotros no tiene otra razón de ser que hacernos capaces de responder al Amor con el amor.

La estupenda belleza de la libertad no consiste en el hecho de hacernos libres de, sino libres para: para amar y para ser amados.

No, el infierno no son los otros; el infierno es la soledad de quien, absurdamente, ha pretendido ser autosuficiente.

Cuando alguien me pregunta: "Por qué venimos al mundo?", me limito a responder: "Para aprender a amar". Estamos destinados a encontrar el Amor, cuya hambre se hace sentir en forma de vacío dentro de nosotros [...]. Podemos plantearnos un montón de preguntas: por qué tantas imperfecciones, tantos sufrimientos? Si tenemos la certeza de que el Eterno es Amor, de que somos amados, de que somos libres para poder responder al Amor con el amor, todo lo demás no son más que "a pesar de todo".

Oh nubes, aunque os transforméis en crueles tempestades, no conseguiréis hacer negar la existencia del sol (Abbé Pierre, Testamento, Cásale Monf. 1994, 75ss).

 

 

Día 7

Viernes. Sagrado Corazón de Jesús

(Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés)

       Solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús, que, siendo manso y humilde de corazón, exaltado en la cruz fue hecho fuente de vida y de amor, del que se sacian todos los hombres (elog. del Martirologio Romano)

 

LECTIO

Primera lectura: Oseas 11,  1-3-4.8c-9
1 Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. 
3 Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos. 
4 Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer. 
8  Mi corazón está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas. 
9 No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no hombre; en medio de ti yo soy el Santo, y no vendré con ira.
 

        Concédenos, Señor Jesús, el poder tener una postura de atenta escucha a tu Palabra. Ayúdanos a no tener prisas, a no tener la mente inmersa en la superficialidad y en la distracción. Si somos capaces de meditar tu palabra, ciertamente tendremos la experiencia de estar inundados por el río de ternura, de compasión, de amor, que de tu Corazón traspasado fluye para la Humanidad. Haznos comprender el simbolismo de la sangre y del agua que brotan de tu Corazón. Haz que podamos recoger, también nosotros, aquella agua y aquella sangre para participar en tu infinita pasión de amor y de sufrimiento con la que has cargado con todo nuestro sufrimiento físico y moral. El meditar sobre estos símbolos de tu pasión rompa nuestros egoísmos, nuestra frialdad, nuestra tibieza. Que aquella agua y sangre de las cuáles nos habla el evangelio de hoy, mitigue nuestras ansias y angustias, lave nuestra vanagloria, purifique nuestros deseos, transforme nuestros miedos en esperanzas, nuestras tinieblas en luz. Mientras nos abrimos allá fuerza de tu Palabra te decimos con el corazón y la vida: “Jesús, tú eres verdaderamente la revelación del amor”.

 

Salmo Responsorial 

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Isaías 12, 2-6
 
2 He aquí a Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo,

pues Yahveh es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación,"

3 Sacaréis agua con gozo de los hontanares de salvación."

4 y diréis aquel día: "Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre,

divulgad entre los pueblos sus hazañas,

pregonad que es sublime su nombre.

5 Cantad a Yahveh, porque ha hecho algo sublime,

que es digno de saberse en toda la tierra.

6 Dad gritos de gozo y de júbilo, moradores de Sión,

que grande es en medio de ti el Santo de Israel."

 

Efesios 3, 8-12. 14-19

8 A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: la de anunciar a los gentiles la inescrutable riqueza de Cristo,

9 y esclarecer cómo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas,

10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora manifestada a los Principados y a las Potestades en los cielos, mediante la Iglesia,

11 conforme al previo designio eterno que realizó en Cristo Jesús, Señor nuestro,

12 quien, mediante la fe en él, nos da valor para llegarnos confiadamente a Dios.

14 Por eso doblo mis rodillas ante el Padre,

15 de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra,

16 para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior,

17 que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor,

18 podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad,

19 y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios.

        Aquellos a quienes Dios avanza a tareas honorables, se hace bajo sus propios ojos; y donde Dios da gracia a los humildes, no le da a todos los demás la gracia necesaria. Cómo altamente habla de Jesucristo; las inescrutables riquezas de Cristo! Aunque muchos no se enriquecen con estas riquezas; pero qué gran favor de tenerlos predicaron entre nosotros, y para tener una oferta de ellos! Y si no se enriquecen con ellos es nuestra propia culpa. La primera creación, cuando Dios hizo todas las cosas de la nada, y la nueva creación, mediante el cual los pecadores son hechos nuevas criaturas por la gracia de conversión, son de Dios por medio de Jesucristo. Sus riquezas son inescrutables, y tan seguro como siempre, sin embargo, mientras los ángeles adoran la sabiduría de Dios en la redención de su iglesia, la ignorancia de los hombres autónomos sabio y carnales considere la totalidad de ser una tontería.


Evangelio Juan 19,31-37

31 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado -porque aquel sábado era muy solemne- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.

32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.

33 Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas,

34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.

35 El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis.

36 Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno.

37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

        El pasaje del evangelio comienza con la mención de la Pascua demo lo vieron “que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas”. Es muy significativo que los soldados quiebren las piernas a los que están crucifica los “judíos” y con una pregunta de Pilatos (19,31) Tal episodio tiene para el evangelista una importancia extraordinaria. El corazón del pasaje evangélico es la herida del costado de la que mana sangre y agua. Se debe tener en cuenta en la narración el cúmulo de símbolos: la sangre que es figura de la muerte, símbolo del amor infinito; el agua, de la que viene la vida, símbolo del amor demostrado y comunicado. En el contexto de la Pascua tales símbolos indican la sangre del Cordero que vence la muerte y el agua, la fuente que purifica. La carga simbólica de la narración quiere evidenciar que este amor (sangre) salva dando la vida definitiva (agua-Espíritu). Cuanto el evangelista ha visto, es el fundamento de la fe. La narración está así articulada. Ante todo la obligación del descanso festivo del día después de la pascua provoca la pregunta hecha por Pilatos de que los cuerpos deben ser descolgados (19,31); sigue la escena que se desarrolla en la cruz, en la que un soldado atraviesa el costado de Jesús (19,32-34); finalmente el testimonio del evangelista, basado en la Ley y los profetas (19,35-37).

        Los dirigentes judíos, en fuerza de la pureza legal pedida por la Pascua ya cercana y preocupados porque la ejecución de la muerte de Jesús pudiese profanar el día de sábado o la misma fiesta de la Pascua, “rogaron a Pilatos que les rompiesen las piernas y los quitasen” . Ellos ni siquiera sospechaban que su Pascua había sido sustituida por la de Jesús. Es significativa la mención de los cuerpos. No sólo, el de Jesús, sino también el de los que estaban crucificados con Él. Como expresando la solidaridad de Jesús hacia los que estaban crucificados con Él y hacia todo hombre.
        El cuerpo de Jesús en la cruz que lo hace solidario con todos los hombres, es para el evangelista el santuario de Dios (2,21). Los cuerpos de los crucificados no podían permanecer en la cruz el día de sábado, estaba en juego la preparación de la fiesta más solemne de la tradición hebrea. Pero de la misma manera la fiesta quedará privada de su contenido tradicional y sustituido por el de la muerte y resurrección de Jesús.
“Los judíos” van a Pilatos con peticiones concretas: que se rompiesen las piernas de los cuerpos de los crucificados para acelerar su muerte y se quite el estorbo que ellos representan en este momento especial. Ninguna de estas peticiones se cumplen en cuanto se refiere a Cristo: los soldados no le quiebran las piernas; ni siquiera lo bajarán de la cruz.

        De hecho, los soldados rompen las piernas a los que están con Jesús, pero llegando a Jesús, codos con Jesús. Ellos que están vivos, ahora que Él ha muerto, también pueden ya morir. Es como decir, que Jesús precediéndoles con su muerte les ha abierto el camino hacia el Padre, y ellos lo pueden seguir. Cuando afirma que no le quebraron las piernas, el evangelista parece decir: Ninguno puede quitar la vida a Jesús, él la da por su propia iniciativa (10,17s; 19,30). “Uno de los soldados, con una lanza, le atravesó el costado y al instante salió sangre y agua”. El lector se queda sorprendido por el gesto del soldado, porque si ya estaba muerto qué necesidad había de atravesarlo? Evidentemente la hostilidad continúa después de la muerte: al atravesarlo con la punta de la lanza quiere destruirlo para siempre. Este gesto de odio permite a Jesús dar amor que produce vida. El hecho es de una importancia excepcional y posee una gran riqueza de significado. La sangre que sale del costado abierto de Jesús simboliza su muerte, que Él acepta para salvar la humanidad; es expresión de su gloria, de su amor hasta el extremo (1,14;13,1); es la entrega del pastor que se da por las ovejas (10,11) es el amor del amigo que da la vida por sus amigos (15,13). Esta extrema prueba de amor, que no se rinde ante el suplicio de la muerte en cruz, es objeto de contemplación para nosotros en este día de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. De su costado abierto fluye el amor, que al mismo tiempo es inseparablemente suyo y del Padre. También el agua que brota representa, a su vez, al Espíritu, principio de vida. La sangre y el agua evidencian su amor demostrado y su amor comunicado. La alusión a los símbolos del agua y del vino en las bodas de Caná es claro. Ha llegado la hora en la que Jesús ofrece el vino de su amor. Ahora empiezan las bodas definitivas. La ley del amor extremo y sincero (1,17) que Él manifiesta en la cruz, revalidado por su mandamiento “como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros" (13,34), viene infusa en el corazón de los creyentes con el Espíritu. El proyecto divino del amor se completa en Jesús en el brotar de la sangre y el agua (19,28-30); ahora se espera que se realice en los hombres. En esto el hombre será ayudado por el Espíritu que emerge del costado atravesado de Jesús que, transformándolo en un hombre nuevo, le dará la capacidad de amar y de llegar a ser hijos de Dios (1,12)

 

MEDITATIO

En las tres lecturas esta presente el tema del amor: Dios elige a Israel y lo consagra como pueblo de su heredad porque lo ama. Dios envía a su Hijo unigénito y dona el Espíritu Santo porque Dios es amor; nos ama enormemente y, a través del envío del Hijo y el don del Espíritu, se manifiesta como amor caridad, ágape. En el texto evangélico, Dios revela los misterios del Reino a los pequeños, y no a los sabios y entendidos, porque los ama. Jesús repone los ánimos de quienes acuden a él porque es sencillo y humilde de corazón, porque es amable y ama.

El centro y el vértice de la fiesta litúrgica del Corazón de Jesús esta en el culto al amor salvífico por nosotros; en él se encuentra la raíz de todas las gracias, de todos los favores, de todas las bondades que continuamente recibimos. Sobre todo, el don de la vida divina, de la filiación divina a través del bautismo, perfeccionada en la confirmación, nutrida en la eucaristía, recobrada en el perdón y vertida abundantemente en todos los sacramentos que derivan de la pasión y muerte de Cristo, el acto supremo de amor, ya que <<nadie tiene amor mas grande que quien da la vida por sus amigos" (Jn 15,13).

 

ORATIO

Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos, y a los afligidos el consuelo. Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida. Y porque no vivamos ya para nosotros, sino para él, que por nosotros murió y resucité, envié, Padre, al Espíritu Santo como primicia para los creyentes, a fin de santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo (plegaria eucarística IV).

 

CONTEMPLATIO

Así, pues, el Corazón de nuestro Salvador, en cierto modo, refleja la imagen de la divina Persona del Verbo y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y podemos considerar no solo el símbolo, sino también, en cierto modo, la síntesis de todo el misterio de nuestra Redención. Luego, cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en él y por él adoramos tanto el amor increado del Verbo divino como su amor humano, con todos sus demás afectos y virtudes, pues por un amor y por el otro nuestro Redentor se movió a inmolarse por nosotros y por toda la Iglesia, su Esposa, según el apóstol: Cristo ama a su Iglesia y se entregó a si mismo por ella, para santificarla, purificándola con el bautismo de agua por la Palabra de vida, a fin de hacerla comparecer ante sí llena de gloria, sin mancha ni arruga ni casa semejante, sino siendo santa e inmaculada (Ef 5,25-27).

Cristo ha amado a la Iglesia y la sigue amando intensamente (1 Jn 2,1) con ese amor que le mueve a hacerse nuestro abogado para proporcionarnos la gracia y la misericordia del Padre, siempre vivo para interceder por nosotros (Heb 7,25). La plegaria, que brota de su inagotable amor; dirigida al Padre, no sufre interrupción alguna (Pío XII, encíclica Haurietis aquas sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús, III, 6).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Aprended de mi que soy sencillo y humilde de corazón>> (Mt 11,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

!Oh Señor Jesús, [haciéndote hombre] nos has mostrado el inmenso amor de Aquél que te ha enviado, tu Padre celestial! A través de tu corazón humane vislumbramos tenuemente el amor divino con el que somos amados y con el cual tu nos amas, porque tu y el Padre sois uno.

!Es tan difícil para mí creer plenamente en el amor que surge de tu corazón...! Soy inseguro y timorato, estoy indeciso y desalentado. Mientras que de palabra digo que creo plena e incondicionalmente en tu amor, sigo buscando afecto, apoyo, aceptación y elogios entre los demás, esperando de los mortales aquello que solo tu me puedes dar. Oigo claramente tu voz: <<Venid a mi todos los que estéis fatigados y agobiados y yo os aliviaré... que soy sencillo y humilde de corazón" (Mt.11,28ss); sin embargo, corro en otras direcciones, como si no confiara en ti y, de alguna manera, me sintiera más seguro en compañía de personas que tienen el corazón dividido y, a menudo, confuso.

Oh Señor; por que deseo con ansia recibir halagos y cumplidos de las demás personas, incluso cuando la experiencia me enseña lo limitado y condicionado que es el amor que viene del corazón humano? Son tantos quienes me han demostrado su amor y su cariño, tantos los que me han dirigido palabras consoladoras y estimulantes, tantos los que han sido tan amables y me han manifestado su perdón..., pero nadie ha llegado al hondón, a ese lugar profundo y recóndito donde residen mis temores y esperanzas. Solo tú conoces aquel sitio, Señor [...]. Tu corazón esta tan deseoso de amarme, tan inflamado de fervor que me reaviva. Quieres darme un techo, un sentido de pertenencia, un lugar pora vivir, un cobijo donde resguardarme y un refugio donde me sienta seguro. Confío en ti, Señor, sigue ayudándome en los momentos de duda y desengaño (H. J. M. Nouwen, De cuore a cuore. Preghiere al Sacro Cuore di Gesu, Brescia *2000, 19—30).

Busquemos dentro de nosotros experiencias como éstas [...]. Si las encontramos, podemos decir que hemos tenido experiencias espirituales y que hemos acogido la acción del Espíritu de Dios que obra en nosotros [...]. Sólo entonces podremos decir que hemos experimentado lo sobrenatural, que hemos hecho la experiencia de Dios (K. Rahner, Theological Investigations, III: The Theology of the Spiritual Life, Londres 1974, pp. 86-90 [nuestra traducción es una síntesis de la inglesa] [edición española: Escritos teológicos: Teología de la vida espiritual (tomo 7) Taurus, Madrid 1969]).

 

 

Día 8

Inmaulado Corazón de la Bienaventurada
Virgen María

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 4,1-8

Querido hermano:

1 Ante Dios y ante Jesucristo, que manifestándose como rey ha de venir a juzgar a vivos y muertos, te ruego encarecidamente:

2 Predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, corrige, reprende y exhorta usando la paciencia y la doctrina.

3 Porque vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, llevados de sus propias concupiscencias, se rodearán de multitud de maestros que les dirán palabras halagadoras,

4 apartarán los oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.

5 Tú, sin embargo, procura ser prudente siempre, soporta el sufrimiento, predica el Evangelio y conságrate a tu ministerio.

6 Yo ya estoy a punto de ser derramado en libación, y el momento de mi partida es inminente.

7 He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he guardado la fe.

8 Sólo me queda recibir la corona de salvación que aquel día me dará el Señor, juez justo, y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

 

*" Si esta carta es considerada como el testamento espiritual de Pablo, la perícopa que hemos leído hoy representa su parte más apesadumbrada y conmovedora. El tono se vuelve más intenso, puesto que, por un lado, percibe el apóstol la peligrosidad del error doctrinal, que se hará más seductor en los últimos tiempos (w. 3ss), y, por otro, siente ahora próximo su propio fin (w. 6-8). Y llama como testigos al mismo Dios y a Cristo, en cuanto juez de vivos y muertos, para rogar encarecidamente a Timoteo que no recurra a todo para anunciar a todos el Evangelio de la salvación. Debe sentirse responsable de ese anuncio; de su escucha, en efecto, viene la salvación (cf. Rom 10,17). A buen seguro, los tiempos son difíciles: esa Palabra correrá siempre el riesgo de ser sofocada por las "fábulas" de los falsos maestros, mientras que el "prurito" de la novedad prevalecerá sobre la escucha de la verdad. Ahora bien, el apóstol nunca puede rendirse: deberá vigilar, ser capaz de soportar, llevar a cabo su obra de anunciador del Evangelio hasta el fondo (v. 5), hasta entregar la vida, como Pablo...

Sabe éste que será condenado y que su fin es inminente, pero eso no le entristece en absoluto. Es más, tiene el ánimo lleno de alegría, como el atleta que se acerca a la victoria (w. 7ss). Porque su sangre, es decir, su vida, está a punto de ser ofrecida como sacrificio de amor a Dios, como la vida del Hijo, y es muy bello vivir y morir entregándose uno mismo por la salvación de los otros. Además -segundo motivo de alegría profunda-, "el momento de mi partida es inminente" (y. 6), como una nave que zarpa para volver a su patria, y es también muy bello volver al Padre y Señor después de haber llevado a cabo con fidelidad la misión recibida, es como volver a casa. En todo caso, es la fidelidad de Pablo, que responde de los perjuicios que pueda ocasionar, lo que constituye la verdadera apelación a la fidelidad de Timoteo; fidelidad, sobre todo, en no traicionar el depósito de la verdad que le ha sido confiado por el Señor. Será entonces el mismo Señor el que le dará "la corona de justicia" no como premio debido estrictamente, sino como respuesta amorosa a todos aquellos que "esperan con amor su venida gloriosa" (v. 8).

 

Salmo Responsorial
Mi boca contará tu salvación, Señor.

Sal 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15 y 17 (R/. cf. 15)


A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre;

tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,

inclina a mí tu oído, y sálvame.

R/. Mi boca contará tu salvación, Señor.


Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve,

porque mi peña y mi alcázar eres tú.

Dios mío, líbrame de la mano perversa.

R/. Mi boca contará tu salvación, Señor.


Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza,

Señor, desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en ti,

en el seno tú me sostenías.

R/. Mi boca contará tu salvación, Señor.

 

Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación.

Dios mío, me instruiste desde mi juventud,

y hasta hoy relato tus maravillas.

R/. Mi boca contará tu salvación, Señor.

 

Evangelio: Lucas 2,41-51

41 Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén, por la fiesta de pascua.  Cuando el niño cumplió doce años, subieron a celebrar la fiesta, según la costumbre.

43 Terminada la fiesta, cuando regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres.

44 Éstos creían que iba en la comitiva, y al terminar la primera jornada lo buscaron entre los parientes y conocidos.

45 Al no hallarlo, volvieron a Jerusalén en su busca.

46 Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

47 Todos lo que le oían estaban sorprendidos de su inteligencia y de sus respuestas.

48 Al verlo, se quedaron perplejos, y su madre le dijo: -Hijo, por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados.

49 Él les contestó: -Por qué me buscabais? No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?

50 Pero ellos no comprendieron lo que les decía.

51 Bajó con ellos a Nazaret, y vivió bajo su tutela. Su madre guardaba todos estos recuerdos en su corazón.

52 Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante dios y ante los hombres.

        *" El relato de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo es una escena de vida familiar. El contexto está representado por dos breves descripciones de la vida de Nazaret: el viaje anual a Jerusalén para la Pascua (cf. Dt 16,16) y el retorno a casa de la familia de Jesús, donde él permanece sumiso a sus padres como un hijo cualquiera.

        El significado teológico del episodio, sin embargo, es mesiánico y el gesto de Jesús es profético. Jesús afirma conocer bien su misión y anuncia la separación futura de sus padres. Cuando la madre lo encuentra en el templo lo interpela: "Tu padre y yo te buscábamos angustiados " (y. 48); y Jesús responde con convicción: "porqué me buscabais? No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" (v. 49). Al decir "tu padre", María entendía referirse a José; pero cuando Jesús dice "mi Padre " está refiriéndose a Dios. Hay un contraste neto y significativo en esto, porque Jesús trasciende a sus padres.

        Jesús reivindica el primado de la pertenencia al Señor y la prioridad de la propia vocación. Sin embargo, inmediatamente después, Jesús regresa a Nazaret y permanece sumiso y obediente a los suyos. La obediencia de los hijos a los padres es un deber y florece donde existe un clima de crecimiento y maduración de la persona, donde se reconoce el primado de Dios y de la propia vocación. Los hijos, pues, no pertenecen a los padres, sino a Dios y a su proyecto vocacional, valores más importantes que la familia misma. Por esto Jesús abandonará su hogar para cumplir la voluntad del Padre, es decir, para ocuparse de las cosas de Dios.

 

MEDITATIO

        Jesús, si bien ha nacido en una familia humana, la trasciende, porque proviene al mismo tiempo de las profundidades del misterio de Dios. Él, creciendo obediente a sus padres, presenta un rasgo particular: esconde el misterio de unidad con su Padre y pone de relieve un mensaje especial que lo hace ser más sencillamente humano. María y José debieron intuirlo y aceptarlo con humildad en su corazón. Todo cristiano es ante todo hijo de Dios, pertenece a la familia de Dios.

        El mayor don de Dios, escribe Juan, es que seamos sus hijos: "Mirad que magnífico regalo nos ha hecho el Padre: que nos llamemos hijos de Dios" (1 Jn 3,1-2).

        No se trata de una exhortación piadosa ni de dejar "con la boca abierta" a la comunidad cristiana. Somos verdaderamente hijos de un Padre que nos ama y todavía no comprendemos a fondo la grandeza de este don. La filiación divina es un germen y un don en devenir que llegará a plenitud en la visión del Señor. Es preciso vivirla, gozarla día tras día en la fe y en la perseverancia amorosa para poder encaminarnos con alegría al ideal que es certeza para el cristiano: seremos semejantes a Dios. La seguridad de nuestra semejanza con Dios no se apoya sobre nuestra conquista o sobre nuestros esfuerzos, sino sobre la bondad de un Padre, sobre el don gratuito que nos ha concedido haciéndonos hijos suyos y pidiéndonos que la hagamos crecer en nosotros con la acogida y el cumplimiento de su Palabra.

 

ORATIO

        Señor Jesús, la plegaria de la madre de Samuel y el silencio mismo de María ante tus palabras en el templo de Jerusalén cuando tenías doce años, nos ayudan a reflexionar y a orar mirando la situación actual de tantos padres que tienen una mentalidad posesiva respecto de sus hijos. Sabemos que hasta la plena adolescencia y primera juventud los hijos son considerados, aunque con mentalidades diversas, como pertenencia de la familia.

        Cuando estos se apropian de su libertad con vistas a elecciones decisivas, profesionales, vocacionales, comienzan los dramas, las tensiones y los fuertes conflictos familiares.

        Señor, tú que has vivido esta experiencia de obediencia y autonomía en el seno de tu familia de Nazaret, ayúdanos a comprender que la familia tiene una función educadora incluso en el responsable distanciamiento e inserción de los hijos en una sociedad humana más amplia.

        Haznos comprender, Señor, que los hijos no son propiedad exclusiva de los padres, sino que son tus hijos y que cada uno tiene una específica misión que desempeñar en el mundo, especialmente si es creyente. Haznos capaces, además, de establecer relaciones nuevas en la familia y en la comunidad, que encuentren su modelo en ti. Pero, si es verdad que los hijos deben abrirse a una realidad más amplia que la familia, es también verdad que los padres no deben confinarse en el horizonte formado por los hijos, porque los hijos no son el valor supremo: el valor supremo reside sólo en ti que eres el autor de la vida y nuestro único bien.

 

CONTEMPLATIO

        Para que un hijo pueda amar a su madre, es preciso que esta llore con él, comparta sus sufrimientos; para atraerme a ti, Madre amada, !cuántas lágrimas has derramado! No me es difícil creerme hija tuya, porque te veo mortal y sufriente como yo (...).

        En Egipto, María, imagino que tu corazón en la permanece gozoso en la pobreza: Jesús es la más hermosa de las patrias. Pero en Jerusalén una tristeza amarga, vasta como un océano, te inunda el corazón: durante tres días Jesús se esconde a tu afecto (...). Al fin lo ves y exultas de alegría, y exclamas: " Hijo mío, por qué te has comportado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados ". Y el niño Dios responde (!profundo misterio!) a la madre amada que le tiende los brazos: "Por qué me buscabais? Es necesario que yo me ocupe en las obras de mi Padre; no lo sabéis?

        El evangelio me enseña que Jesús, creciendo en sabiduría, permanece sumiso a María y a José. Y el corazón me dice con qué ternura obedece siempre a sus queridos padres. Ahora comprendo el misterio del templo, Madre: tu dulce Hijo quiere que tú seas ejemplo para el alma que lo busca en la noche de la fe. Sí, sufrir amando es la alegría más pura (Teresa de Jesús, Últimas conversaciones, Burgos 1973).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "debo ocuparme de las cosas de mi Padre" (Le 2,49).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Esta página de Lucas es la única en todo el evangelio en la que contemplamos a los tres miembros de la Sagrada Familia actuando como personas responsables y libres. En los episodios que preceden, Jesús es un niño, que no tiene aún ninguna autonomía; en las que siguen, José ha vuelto a la sombra -probablemente la sombra de la muerte- y no aparece más.

        Y bien, en esta narración los tres personajes aparecen como "buscadores de Dios". Son apasionados y angustiados buscadores de Dios María y José, que pensaban buscar un niño perdido mientras iban tras uno en el que reside corporalmente la plenitud de la divinidad, como dice san Pablo (cf. Col 2,9); uno que, desde la eternidad, es el Verbo, que en el principio estaba !unto a Dios y era Dios (cf. Jn 1,1); uno que es el Señor del cielo y de la tierra (Mt 28,18).

        Es un buscador del Padre Jesús que, fascinado por el templo, no sabe marcharse: se queda nada menos que tres días, encantado, interrogando y escuchando insaciablemente a los rabinos que hablaban del Dios de Israel.

        Es una verdad difícil de comprender para los hombres, pero el significado más auténtico y profundo de sus casas es el de ser lugares donde, en la dulzura de afectos serenos e intensos, se debe ante todo buscar a Dios, al Dios que es la sede eterna y la fuente originaria de todo amor (G. Biffi, Homilía sobre la Sagrada Familia).

 

 

 

Día 9

Domingo X del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Génesis 3,9-15

Después de que Adán hubiera comido del árbol,

9 el Señor Dios llamó al hombre diciendo: -Dónde estás? El hombre respondió:

10 -Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo.

11 El Señor Dios replicó: -Quién te hizo saber que estabas desnudo? Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?

12 Respondió el hombre: -La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí.

13 Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: -Qué es lo que has hecho? Y ella respondió: -La serpiente me engañó, y comí.

14 Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente: Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida.

15 Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón.

 

        *" Quién es el hombre? La visión religiosa de los "comienzos" lo presenta ya como un ser "dividido", en sí mismo y fuera de sí, respecto al otro-mujer y al Otro Dios. Su historia aparece desde los orígenes como historia de engaño y de hostilidad. Y aquí aparece tratada de nuevo la condición de "pecado" en la que cada persona se encuentra desde su nacimiento y que marca su experiencia de la vida. Frente a la llamada de Dios (Dónde estás?), surge en el hombre el miedo ("Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y..."), la debilidad ("estaba desnudo"), que le lleva a esconderse de los ojos del Señor ("me escondí"). El desconcierto producido entre el hombre y la mujer por el pecado es evidente: ambos se acusan recíprocamente, descargan la responsabilidad de sus propias acciones en el otro.

        La presencia misteriosa del "tentador" (satanás, el adversario), de "aquel que divide" (diábolos), en la historia de los hombres y de cada persona es, para el texto del Génesis, una experiencia real y constante: de nuestra historia forma parte un misterio de iniquidad; sin embargo, la lectura bíblica no concluye en el pesimismo trágico o en la desesperación, sino en una visión abierta a la esperanza: las palabras pronunciadas por Dios, que condenan el mal y dejan entrever que a este mal se le "herirá en la cabeza", SL pesar de su continua asechanza, provocan al hombre a la confesión, o sea, al reconocimiento  simultáneo del "poder" de Dios y del propio "pecado". Ésta es la premisa necesaria para pedir y acoger el perdón que salva.


Salmo responsorial
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa

Salmo 129, 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi Voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes temor.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora.

Porque espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora.

 

Segunda lectura: 2 Corintios 4,13-5,1

Hermanos:

13 Pero como tenemos aquel mismo espíritu de fe del que dice la Escritura: Creí y por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos,

14 sabiendo que el que ha resucitado a Jesús, el Señor, nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos dará un puesto junto a él en compañía de vosotros.

15 Porque todo esto es para vuestro bien, para que la gracia, difundida abundantemente en muchos, haga crecer la acción de gracias para gloria de Dios.

16 Por eso no desfallecemos; al contrario, aunque nuestra condición física se vaya deteriorando, nuestro ser interior se renueva de día en día.

17 Porque momentáneas y ligeras son las tribulaciones que, a cambio, nos preparan un caudal eterno e inconmensurable de gloria;

18 a nosotros, que hemos puesto la esperanza no en las cosas que se ven, sino en las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

5,1 Sabemos, en efecto, que aunque se desmorone esta tienda que nos sirve de morada terrenal, tenemos una casa hecha por Dios, una morada eterna en los cielos, que no ha sido construida por mano de hombres.

 

        **• Pablo prosigue y ahonda en esta lectura el desarrollo del motivo por el que quien se pone a seguir a Jesucristo acepta con alegría la lógica de la cruz: Cristo nos salva a través de su muerte.

        La victoria sobre el mal es, para el cristiano, una obra exclusiva de Dios: el hombre, por sí solo, sería herido inevitablemente por el misterio de iniquidad que marca su historia. Es el amor de Dios Padre el único que está en condiciones de "destruir con su muerte [Cristo] al que tenía poder para matar, es decir, al diablo" (Heb 2,14). La lectura recuerda desde el comienzo el centro de la fe y de la esperanza de los cristianos: "Sabiendo que el que ha resucitado a Jesús, el Señor, nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos dará un puesto junto a él en compañía de vosotros" (v. 14). Cómo no pensar aquí en la certeza que el apóstol Juan pretende transmitir de manera vigorosa en su evangelio cuando, al describir el momento en el que el mal parece llevar las de ganar, es decir, en el momento de la muerte de Jesús, afirma que precisamente en ese momento "el que tiraniza a este mundo va a ser arrojado fuera" (Jn 12,31)?

        La presente lectura comunica esta confiada certeza a todos los creyentes: aunque nuestro hombre exterior, o sea, nuestra condición física, frágil y provisional, "se vaya deteriorando" inevitablemente, el "interior" se puede renovar de día en día; sin embargo, es preciso no fijar la mirada en las "cosas que se ven", sino orientarla hacia "las que no se ven", que "son eternas". En efecto, la asimilación a Cristo nos hace esperar recibir "una casa hecha por Dios, una morada eterna en los cielos, que no ha sido construida por mano de hombres".

 

Evangelio: Marcos 3,20-35

En aquel tiempo,

20 volvió a casa y de nuevo se reunió tanta gente que no podían ni comer. 21 Sus parientes, al enterarse, fueron para llevárselo, pues decían que estaba trastornado.

22 Los maestros de la Ley que habían bajado de Jerusalén decían: -Tiene dentro a Belzebú. Y añadían: -Con el poder del príncipe de los demonios expulsa a los demonios.

23 Jesús los llamó y les propuso estas comparaciones: -Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?

24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.

25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no puede subsistir.

26 Si Satanás se ha rebelado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, sino que está llegando a su fin.

27 Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear su ajuar si primero no ata al fuerte; sólo entonces podrá saquear su casa.

28 Os aseguro que todo se les podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan,

29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás; será reo de pecado eterno.

30 Decía esto porque le acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

31 Llegaron su madre y sus hermanos y, desde fuera, le mandaron llamar.

32 La gente estaba sentada a su alrededor, y le dijeron: -!Oye! Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.

33 Jesús les respondió: -Quiénes son mi madre y mis hermanos?

34 Y mirando entonces a los que estaban sentados a su alrededor, añadió: -Éstos son mi madre y mis hermanos.

35 El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

 

        **• Cristo, quién eres? El evangelio cuenta la vida de Jesús como una lucha continua contra el mal que tiende a dominar al hombre. El "Hijo del hombre" se encuentra frente a frente con el poder destructor del mal, al que contrapone la promesa y la experiencia del Reino de Dios, que ha llegado a nosotros con él. El motivo central del evangelio de hoy es, precisamente, la pregunta sobre quién es Jesús para el hombre.

        La primera parte del texto se concentra en la negación de los que se oponen a reconocer en Jesús la presencia de Dios. La acusación de ser un "endemoniado" ("Con el poder del príncipe de los demonios expulsa a los demonios ": v. 22) provoca una respuesta reveladora por parte de Jesús: el poder del mal está en dividir, en disgregar, mientras que toda la vida y las acciones de Jesús manifiestan la fuerza sanadora de Dios. Jesús revela esta "verdad" religiosa -dice el texto- "en parábolas", o sea, a través de gestos y signos confiados a la libre acogida, a una decisión a favor o en contra de él. Ésa es la razón de que la acogida o el rechazo de Jesús resulten determinantes para la lucha contra el poder del mal sobre los hombres. Éste es asimismo el sentido de esta enigmática afirmación del evangelio: "Os aseguro que todo se les podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás; será reo de pecado eterno".

        El rechazo a ver en Jesús el signo de Dios presente entre nosotros constituye asimismo la clave de la respuesta a la pregunta con la que termina el evangelio de hoy: "Quiénes son mi madre y mis hermanos?". Mirando a los que estaban junto a él, Jesús respondió de una manera espontánea y provocadora al mismo tiempo: "El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".

 

MEDITATIO

        Es posible esperar una victoria sobre el mal? Es posible, sobre todo, esperar una victoria sobre el inmenso sufrimiento causado por los hombres con sus acciones injustas? El cristiano da una respuesta positiva a estas preguntas, y no porque disponga de respuestas "racionales " al problema del mal -que es y sigue siendo algo carente de sentido- o de recetas fáciles para eliminarlo, sino porque puede referirse como modelo a Cristo y a su respuesta: sólo es posible vencer al mal contraponiéndole el bien. Dicho con otras palabras: el poder destructor del mal puede ser vencido sustituyéndolo por el "Reino de Dios". Quien en Jesús y a través de Jesús haya reconocido en acción la fuerza del amor de Dios a los hombres será también capaz de disponer de ánimo abierto, de sentir pasión por el hombre y de realizar obras -tal vez pequeñas en apariencia- que dejan entrever, no obstante, la posibilidad de una tierra más justa.

        El anuncio del Reino de Dios, que implica una conversión por parte del hombre, hace aflorar toda la dimensión interpersonal de la vida cristiana: hoy se usa con frecuencia la palabra reconciliación, y, en efecto, ésta es la realidad misteriosa que constituye la Iglesia. La historia de los hombres se presenta por doquier como historia de rupturas, de clausuras, como negación de la comunión y, por ende, como ausencia de salvación. Y en su esfuerzo por encontrar sentido a su propia vida, cada uno de nosotros se debate con esta tentación, y las relaciones que construye están marcadas frecuentemente por el odio, por la violencia, por las divisiones.

        Ahora bien, referirse a Jesús de Nazaret como "salvador", como alguien que revela el sentido último de la vida humana, implica que el hombre creyente encuentre en él la fuerza para salir de este misterio del mal. Muchos textos del Nuevo Testamento presentan a Jesús como alguien que ha sido invitado por Dios para reconciliar, para establecer la paz. Aceptar a Jesús en nuestra propia vida (eso es, en definitiva, lo que quiere decir creer) significa asimismo aceptar su acción reconciliadora: así se convierte Jesús no sólo en palabra reveladora de sentido, sino en Dios con nosotros, que une a los hombres entre ellos y con el Padre.

 

ORATIO

        Desde lo hondo gritamos a ti, oh Padre: escucha nuestra voz. Si consideras nuestras culpas, quién podrá esperar la salvación? No nos escondas tu rostro, sino manifiéstanos tu misericordia.

        Líbranos del egoísmo, del odio y de la violencia. Haz que nuestro corazón no se endurezca, sino que se abra a la palabra liberadora y a la acción reconciliadora de tu Cristo. Haz que él venga entre nosotros como el agua que lava y apaga la sed, que purifica y da vida.

        Danos tu Espíritu, que renueva la faz de la tierra: que haga de nosotros personas libres y capaces de liberar a los otros, que reavive en nosotros el recuerdo de tu amor perenne, a fin de que alimente nuestra fe y nuestra esperanza, hasta el día en que podamos verte en tu gloria.

 

CONTEMPLATIO

        Después de que el hombre fuera corregido inicialmente de muchos modos a causa de sus muchos pecados, que habían crecido desde la raíz del mal por diferentes causas y en diferentes circunstancias; después de que fuera amonestado por la Palabra de Dios, por la ley, por los profetas, por los beneficios, por las amenazas, por los golpes, por el diluvio, por los incendios, por las guerras, por las victorias, por las derrotas, por los signos enviados desde el cielo, por el aire, por la tierra, por el mar, por los trastornos imprevistos de hombres, ciudades y pueblos (y el fin de todo esto era extirpar el mal con todos estos signos), al final fue menester recurrir a un remedio más eficaz para sus enfermedades, que eran cada vez más graves: homicidios, adulterios, perjurios, pederastia, idolatría, que es el peor y el primero de todos los males, y por el que no se adora al Creador, sino a la criatura (cf. Rom 1,25). Puesto que estos vicios necesitaban un remedio más eficaz, lo obtuvieron. Este remedio fue el mismo Logos de Dios, el que era antes de los siglos, el invisible, incomprensible, incorpóreo, el Principio que procede del principio, la luz que procede de la luz (cf. Jn 8,1), la fuente de la vida (cf. Jn 1,4) y de la inmortalidad, la impronta (cf. Heb 1,3) de la belleza del arquetipo, el sello inmutable (cf. Jn 6,27), la imagen inmóvil, el término y la Palabra del Padre (Gregorio Nacianceno, Sobre la Pascua, 45,9).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Señor es mi roca y mi fortaleza, mi libertador" (cf. Sal 18,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El ser humano puede llegar a ser y se hace, de hecho, culpable. Esta es una convicción cristiana fundamental de fe. La encontramos expresada de manera clara o implícita en todos los escritos de la Biblia. "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (1 Jn 1,8). La convicción de la posibilidad de la realidad de la culpa humana no brota sólo de la revelación divina de la antigua y de la nueva alianza. Se basa asimismo en la experiencia humana cotidiana, en cuyo interior conocemos nuestro fracaso personal, la libertad, la responsabilidad y la culpa [...].

        La libertad es una realidad que se nos da en virtud de que el hombre es persona, aunque no es plenamente comprensible de un modo analítico. La libertad podemos experimentarla, pero no comprenderla. De este carácter incomprensible participa asimismo la culpa, en cuanto abuso de la libertad. En el fondo, no es posible explicar ni las decisiones libres ni el fracaso culpable. Sólo es posible explicar los procesos que pueden estar motivados y pueden ser esclarecidos sobre la base de la regularidad, en cuanto desarrollos necesarios. La libertad o, mejor aún, la libertad de elección atestigua en realidad precisamente lo contrario de la regularidad y de la necesidad.

        En la esencial incapacidad en que nos encontramos de "llevar las bridas" de nuestras propias decisiones libres y de nuestra propia culpabilidad, de comprender del todo y de demostrarlas de una manera convincente, ahí precisamente, en esa incapacidad, es donde se fundamenta la posibilidad de negarlas. Si queremos escapar del peligro que supone semejante desconocimiento de nosotros mismos, debemos mantenernos abiertos al testimonio de la revelación y a la experiencia de nosotros mismos que aparece en la conciencia (D- Grothues, Schuld und Vergebung, Munich 1972, pp. 7ss; existe trad. italiana: Amare !I prossimo, Brescia 1991, pp. 139ss).

 

 

 

Día 10

Lunes  de la semana X del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 17,1-6

1 Elías, natural de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: -!Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo, que en los próximos dos años no habrá lluvia ni rocío si yo no lo ordeno!

2 Luego el Señor le dirigió su palabra:

3 -Márchate de aquí en dirección a oriente y ve a esconderte en el torrente Querit, al este del Jordán.

4 Beberás el agua del torrente y yo enviaré a los cuervos para que te alimenten allí.

5 Marchó Elías y, siguiendo las órdenes del Señor, se fue al torrente Querit, al este del Jordán.

6 Los cuervos le traían pan y carne por la mañana y por la tarde, y bebía el agua del torrente.

 

        **• Reemprendemos hoy la lectura del libro Primero de los Reyes, que habíamos iniciado la cuarta semana del tiempo ordinario. En él se habla de la sucesión davídica, del reino de Salomón y del cisma político-religioso (931 a. de C.) entre las diez tribus del Norte (Israel, con capital en Samaría) y Judá y Benjamín (con capital en Jenisalén). El reino del Norte conoció la alternancia de una decena de casas reinantes, mientras que el del Sur fue regido siempre por la estirpe de David.

        Las lecturas de los libros de los Reyes siguen con el "ciclo de Elías". Procedía éste de Galaad (Transjordania), donde estaba vigente un yahvismo vigoroso. El profeta había sido enviado al rey Ajab (874-853), esposo de la fenicia Jezabel, hija del rey de Tiro y Sidón. Ésta había introducido en Samaría el culto de Baal, el dios de Tiro propiciador de la lluvia (1 Re 18,19), que, sin embargo, no está en condiciones de asegurarla a sus devotos.

        Elías, cuyo nombre significa "el Señor es mi Dios", es puesto a salvo y protegido directamente por el cielo. Como los judíos en el desierto, se alimenta de manera milagrosa con pan y carne. Los "profetas anteriores" (nuestros "libros históricos"), así llamados por la tradición judía, nos presentan una historia que se hace teología. En efecto, los libros de los Reyes constituyen una sección de la historia sagrada escrita con la intención de mostrar que la alianza entre Dios y su pueblo se rige por el principio de la retribución: si el pueblo es fiel, Dios lo bendice; si es infiel, lo abandona a un destino de muerte.

        El lector de estas páginas está invitado, no obstante, a ver en las calamidades que se abaten sobre el pueblo infiel "castigos" divinos destinados a la conversión. En nuestro caso, la sequía es signo de la reprobación divina de los cultos cananeos patrocinados por Jezabel, que se convirtió en símbolo del sincretismo religioso (Ap 2,20). De hecho, Israel estuvo siempre amenazado por los cultos paganos arraigados en la tierra de la que tomó posesión bajo la guía de Moisés y de Josué.

 

Salmo Responsorial

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra

Sal 120

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
R/.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra


No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.
R/.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra


El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
R/.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra


El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
R/.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra

 

 

Evangelio: Mateo 5,1-12

En aquel tiempo,

1 al ver a la gente, Jesús subió al monte, se sentó, y se le acercaron sus discípulos.

2 Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras:

3 Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos.

4 Dichosos los que están tristes, porque Dios los consolará.

5 Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra.

6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque Dios los saciará.

7 Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.

8 Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios.

9 Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

11 Dichosos seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por causa mía.

12 Alegraos y regocijaos, porque será grande vuestra recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

 

        *+• Los capítulos 5-9 de Mateo constituyen una sección compacta, como se desprende de las dos frases, sustancialmente idénticas, que les sirven de marco (4,23 y 9,35). La sección abarca el "sermón del monte", verdadera carta magna del Reino (capítulos 5-7), y la narración de diez milagros (capítulos 8-9), presentándonos, por consiguiente, a Cristo maestro, cuya divina Palabra no sólo está dotada de autoridad, sino que es también eficaz.

        El evangelista Mateo considera a Cristo como el nuevo Moisés, como aquel que comunica la "nueva Ley" en el monte de las bienaventuranzas -el monte-, cuya imagen anticipadora era el Sinaí. El que estamos examinando es el primero de los cinco grandes discursos pronunciados por el Señor y comienza con la proclamación de las ocho bienaventuranzas del "Reino" (palabra que se repite en la primera y en la última), a las que se añade otra más. La inminencia del Reino apela a la conversión; la perspectiva escatológica que parece dominar la proclamación de las bienaventuranzas se traduce en un mensaje de salvación y se resuelve como imperativo moral, puesto que traza "un modo perfecto de vida cristiana" (Agustín).

        La expresión "pobres en el espíritu", si bien no se encuentra en el Antiguo Testamento (aunque aparece en los textos de Qumrán), refleja un aspecto fundamental: la espera del Reino por parte de los últimos. A ellos está

reservada la posesión de la tierra prometida (Sal 37,11) y, por consiguiente, del Reino, cuya instauración, según la esperanza bíblica, está destinada a registrar por lo menos un arranque ya desde aquí abajo: "... suyo es el Reino de los Cielos".

        El consuelo está presentado como un rasgo característico de Dios y como don mesiánico por excelencia (Is 61,2; cf. Le 2,25). El mismo Cristo se considera un Consolador, y con este título anuncia el don del Espíritu Santo (Jn 14,26; 15,26; 16,7). La "justicia" (término que se repite cinco veces en el sermón del monte) indica el recto cumplimiento de la voluntad divina, perseguido con impulso y determinación (hambre y sed), y, por consiguiente, connota el acceso a la salvación y constituirá la razón misma de la encarnación del Verbo: su nombre será "Señor-nuestra-Justicia" (Jr 23,6). De ahí se sigue el imperativo: "Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia" (Mt 6,33). La misericordia pasa a ser, de prerrogativa divina, aspecto cualificativo del discípulo: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6,36). La misericordia, en efecto, prevalecerá sobre el juicio (cf. Sant 2,23).

        "Corazón puro" es una expresión que se repite en las Escrituras (Sal 24,3ss; 51,12; 73,13; Prov 22,11, etc.) y es sinónimo de "corazón sencillo" (cf. Sab 1,1; Ef 6,5), que no tiene doblez (Sant 4,8). Ésta es la condición que hace posible la visión de Dios, visión que no se concede al hombre en esta tierra (Ex 33,20), sino que está preparada para el cielo, cuando "lo veremos tal cual es" (1 Jn 3,2), "cara a cara" (1 Cor 13,12). "Constructor de la paz" es Dios mismo (Col 1,20), definido repetidamente por Pablo como "el Dios de la paz". A Cristo, su Enviado, se le anuncia como el rey mesiánico pacífico (Zac 9,9), "Príncipe de la paz" (Is 9,15), una paz que da a sus discípulos (Jn 14,27; 16,33; cf. Le 2,14). La paz constituye, por último, un "fruto del Espíritu" (Gal 5,22; Rom 14,17). Los "hijos de la paz" (cf. Le 10,6) no podrán dejar de ser, por consiguiente, "hijos de Dios".

        La persecución "a causa de la justicia" (Lc 6,22 precisa:

"a causa del Hijo del hombre") no es otra cosa que el precio que hay que pagar por la coherencia y por el testimonio evangélico. La invitación a alegrarse en medio de la tribulación y en medio de las pruebas ha sido ampliamente recibida en la experiencia apostólica (Hch 5,41; 2 Cor 1,5; 12,10; Sant 1,2-4; 1 Pe 1,6; 4,12-16, etc.). La participación en los sufrimientos de Cristo, acogidos en beneficio de su Iglesia (Col 1,24), nos asocia a la gloria de la resurrección (Flp 3,10ss).

 

MEDITATIO

        El Verbo no nos habla ya a través de intermediarios, sino en persona ("abriendo su boca"), y con su enseñanza restituye el hombre a sí mismo, lo hace más humano. La Ley nueva empieza sustituyendo el orgullo, triste herencia del pecado original, por la humildad, que es "principio de la bienaventuranza" (Glosa). Aquí reside la paradoja que atraviesa todo el sermón del monte, verdadero código de liberación, rechazado por el "hombre natural incapaz de percibir las cosas de Dios" (cf. 1 Cor 2,14). En efecto, "la bienaventuranza empieza allí donde para los hombres comienza la desventura" (Ambrosio). Las bienaventuranzas evangélicas abarcan el obrar y el padecer del creyente, que, por eso mismo, recibe el título real de "hijo de Dios".

        Me planteo algunas preguntas. Me reconozco como un "mendigo" respecto al Señor? Me considero antes que nada a mí mismo "tierra prometida", de la que debo "tomar posesión" a través de un camino de interioridad y de dominio de mí mismo? Y con respecto a la humanidad, "hago duelo" por los males que la afligen? Dejo aflorar esta triple actitud del espíritu que caracteriza al pueblo de las bienaventuranzas...?

 

ORATIO

        Señor Jesucristo, tú subiste al monte con tus discípulos para enseñar las cimas más altas de las virtudes, y desde allí, al transmitirnos las bienaventuranzas, nos enseñaste a llevar una vida virtuosa a la que prometiste el premio. Concédeme a mí, frágil criatura, escuchar tu voz, así como ejercitarme en la práctica de las virtudes, conseguir su mérito y, por tu misericordia, recibir el premio.

        Haz que pensando en la recompensa celestial no rechace su precio, sino que la esperanza de la salvación eterna mitigue en mí el dolor de la medicina terrena e inflame mi ánimo con el luminoso cumplimiento de obras buenas. Concédeme a mí, miserable criatura, la bienaventuranza fruto de la gracia en esta vida, para poder gozar de la bienaventuranza de la gloria en la patria celestial (Landulfo de Sajonia, Vita Jesu Christi).

 

CONTEMPLATIO

        Escuchemos con extrema atención las palabras del Señor. Fueron dichas, entonces, para todos los que estaban presentes, pero está claro que fueron escritas para todos aquellos que vendrían a continuación. Por eso se dirige Jesús en su sermón a los discípulos, pero no restringe lo que dice a sus personas; hablando en general y de modo indeterminado, declara "bienaventurados" a todos (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 15, 1).

        "Dichosos los pobres en el espíritu." Jesús precisa: "en el espíritu". Quiere hacernos comprender que aquí se trata de la humildad, no de la pobreza material. Dichosos aquellos que, gracias a un don del Espíritu Santo, han perdido su propia voluntad. Es a este tipo de pobres a quienes se dirige el Salvador, hablando por la boca de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Nueva a los pobres" (Is 61,1) (Jerónimo, Comentario al evangelio de Mateo).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosos los pobres en el espíritu" (Mt 5,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        También el mundo, Señor, proclama sus bienaventuranzas, diametralmente opuestas a las tuyas: dichosos los ricos que no se fijan en la miseria de los otros, sino que acumulan riquezas sólo para sí mismos.

        Hazme comprender, Señor, dónde está la verdadera riqueza esa que prometes a quienes te siguen.

        También el mundo, Señor, alardea sus promesas, diametralmente opuestas a las tuyas: dichosos los poderosos que no piensan en el débil necesitado de ayuda, sino que avanzan seguros por su camino.

        Hazme comprender, Señor, cuál es la fuerza invencible que das a tus fieles.

        También el mundo, Señor, ostenta su justicia, diametralmente opuesta a la tuya: dichosos los listos que no piensan en los otros, sino que los explotan para su propio éxito.

        Hazme comprender, Señor, dónde puedo encontrar la sensatez que tú garantizas a quien la busca.

También el mundo, Señor, presenta su manifiesto, diametralmente opuesto al tuyo: dichosos los vividores que no se preocupan del mañana, sino que buscan arrebatar el momento fugaz.

        Hazme comprender, Señor, cuáles son las verdaderas alegrías, esas que no permites que falten a tus hijos. (C. Ghidelli, Beatitudine evangeliche e spirítualitá laicale, Brescia 1996, pp. 21 ss).

 

 

Día 11

Martes de la semana X del Tiempo ordinario o 11 de junio,

San Bernabé

 

José, apodado Bernabé, que significa "hijo de la consolación", recibe el nombre de apóstol, aunque no fue uno de los Doce. Y recibe este nombre precisamente porque desarrolló un papel decisivo en la difusión del Evangelio. Como se dice en los Hechos de los apóstoles, fue un hombre de gran fe, y, al entrar en la comunidad cristiana, vendió todos sus bienes y los puso a disposición de los apóstoles (4,36ss). Colaboró con Pablo en la evangelización de los paganos. Desarrolló su actividad misionera sobre todo en la ciudad de Antioquía, desde donde partió con Pablo para el primer viaje misionero. Murió mártir en la tierra donde había nacido, en la isla de Chipre.  

 

LECTIO

Primera lectura: Hechos 11,21b-26; 13,1-3

En aquellos días,

11,21 fue grande el número de los que creyeron y se convirtieron al Señor.

22 La noticia llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía.

23 Cuando éste llegó y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró y se puso a exhortar a todos para que se mantuvieran fieles al Señor,

24 pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se adhirió al Señor.

25 Después fue a Tarso a buscar a Saulo.

26 Cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía, y estuvieron juntos un año entero en aquella iglesia, instruyendo a muchos. En Antioquía fue donde se empezó a llamar a los discípulos "cristianos".

13,1 En la iglesia de Antioquía había profetas y doctores: Bernabé, Simón el Moreno, Lucio el de Cirene, Manaén, hermano de leche del tetiarca Herodes, y Saulo.

2 Un día, mientras celebraban la liturgia del Señor y ayunaban, el Espíritu

Santo dijo: -Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión que les he encomendado.

3 Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron.

 

*+• Incluso desde el punto de vista histórico, son más que preciosas las noticias que Lucas nos ofrece en esta primera lectura. En primer lugar, tienen que ver con las relaciones entre la Iglesia madre de Jerusalén y la comunidad cristiana de Antioquía. Bernabé, "hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe", puede ser considerado muy bien como el trait d'union entre Jerusalén y Antioquía. De este modo, colaboró no sólo en la evangelización, sino también en la edificación de la Iglesia.

En segundo lugar, Bernabé fue también importante en la vida de la Iglesia naciente porque fue él quien tomó a Pablo como colaborador, aunque Pablo le superara después en su intento de inculturar la fe. Ambos, conjuntamente, constituyen una pareja de misioneros, a cuya iniciativa y genialidad debe mucho la comunidad cristiana de todos los tiempos.

Pero son sobre todo las noticias históricas relativas a la ciudad de Antioquía y a la presencia en ella de los primeros cristianos las que tienen una importancia de primer orden. Antioquía constituye, en efecto, el punto de partida y el punto de llegada de los viajes misioneros de Pablo, después de que éste pudiera formarse en ella, compartiendo su vida con Bernabé y con muchos otros "profetas y doctores" que hacían extremadamente interesante aquella experiencia de fe. En Antioquía, además, se empezó a llamar por vez primera "cristianos" (11,26) a los discípulos de Jesús. Esta noticia, en su descarnada sencillez, nos dice qué viva y vivaz era la fe que los primeros creyentes vivían en aquella ciudad que se asomaba al Mediterráneo.

 

 

Salmo Responsorial

Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

Sal 4

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
R/.
Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho.
R/.
Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
R/.
Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro

Evangelio: Mateo 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

13 Vosotros sois la sal de la tierra, pero si la sal se desvirtúa, con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres.

14 Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.

15 Tampoco se enciende una lámpara para taparla con una vasija de barro, sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.

16 Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos.

 

**• Quien sigue el nuevo código de vida encerrado en las bienaventuranzas será sal de la tierra y luz del mundo.

El "vosotros" enfático parece diferenciar la conducta cristiana de la conducta de los fariseos y los paganos, a quienes el sermón del monte hace referencia en más ocasiones. La responsabilidad del cristiano, por otra parte, tiene un valor cósmico, planetario.

La sal encierra una pluralidad de significados. Es un condimento insustituible. Posee propiedades conservantes. Se usaba en la realización de sacrificios (Lv 2,13) y, por consiguiente, asumía un carácter "consagratorio", y en caso de que hubiera perdido el poder de salar, era "pisoteada" con un gesto desacralizador. Por último, la sal alude a la sabiduría (Mc 9,50) y con ella debemos condimentar nuestras palabras (Col 4,6).

Los discípulos son "luz del mundo" no de modo diferente a Cristo, que es la fuente de la misma (Jn 8,12). "Acaso se trae la lámpara para taparla...", suena al pie de la letra el paralelo de Mc 4,21. Si la luz se pone bajo esa vasija de barro, bajo el moyo, un recipiente con el que se medía el grano, se apaga inevitablemente (eso es lo que se hacía en aquel tiempo para apagar una luz sin que hiciera humo). El evangelista volverá, a continuación, sobre la imagen de la luz (Mt 6,22ss).

 

MEDITATIO

La invitación a la gratuidad que caracteriza, en primer lugar, al método misionero recomendado por Jesús a sus discípulos y apóstoles constituye el objeto de nuestra meditación. Es incluso demasiado fácil trivializar el tema de la gratuidad, considerándolo sólo desde el punto de vista material, aunque esta dimensión no debe ser en absoluto desatendida, ya que es muy apreciada en el ambiente social en el que viven hoy los cristianos. La gratuidad, sin embargo, expresa algo bien diferente, impulsa mucho más allá: requiere una claridad interior y un coraje que no es ciertamente patrimonio de la mayoría.

La gratuidad es, antes que nada, fruto de un corazón educado evangélicamente, de un corazón que late en plena sintonía con el de Jesús. Por eso, sólo puede decir que tiene una actitud gratuita quien, honestamente, pueda decir que tiene un corazón "manso y humilde" (cf. Mt 11,29). Gratuita, también, es la actitud de quien  está dispuesto a dar, tanto material como espiritualmente, sin esperar nada a cambio. El verdadero discípulo de Jesús se contenta y goza con dar, sin esperar nada a cambio, recordando la enseñanza de Jesús: "Hay más felicidad en dar que en recibir" (Hch 20,35). Gratuita es, por último, la acción de quien abre la mano para dar y no la cierra nunca, incluso ante quien rechaza el don y no manifiesta ninguna gratitud. Esa mano permanece siempre abierta porque su corazón se ha dejado educar en la escuela del Evangelio.

 

ORATIO

Pertenece al hambriento el pan que guardas en tu cocina. Al hombre desnudo, el manto que está en tu armario. Al que no tiene zapatos, el par que se estropea en tu casa. Al hombre que no tiene dinero, el que tienes escondido. Los juguetes que rompes son los juguetes de los niños desheredados; el alimento que malgastas es el alimento del que está desnutrido; los utensilios que tiras son los utensilios de quien no tiene casa; las obras de caridad que no haces son otras tantas injusticias que cometes (Basilio de Cesárea, "Cuando el rico es un ladrón", en El buen uso del dinero, Desclée de Brouwer, Bilbao 1995, p. 59).

 

CONTEMPLATIO

Comoquiera, pues, que estoy convencido y siento íntimamente que, habiéndoos dirigido muchas veces mi palabra, sé que anduvo conmigo el Señor en el camino de la justicia, y me veo también yo de todo punto forzado a amaros más que a mi propia vida, pues grande es la fe y la caridad que habita en vosotros por la esperanza de su vida (Tit 3,6); considerando, digo, que de tomarme yo algún cuidado sobre vosotros para comunicaros alguna parte de lo mismo que yo he recibido, no ha de faltarme la recompensa por el servicio prestado a espíritus como los vuestros, me he apresurado a escribiros brevemente, a fin de que, juntamente con vuestra fe, tengáis perfecto conocimiento.

Ahora bien, tres son los decretos del Señor: la esperanza de la vida, que es principio y fin del juicio; el amor de la alegría y regocijo, que son el testimonio de las obras de la justicia. En efecto, el Dueño, por medio de sus profetas, nos dio a conocer lo pasado y lo presente y nos anticipó las primicias del goce de lo por venir.

Y pues vemos que una tras otra se cumplen las cosas como él les dijo, deber nuestro es adelantar, con más generoso y levantado espíritu, en su temor ("Carta de Bernabé", I, 4-7, en Padres apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 21967, pp. 771-772).

 

ACTIO

Repite con frecuencia durante la jornada estas palabras del Señor: "Gratis lo recibisteis, dadlo gratis" (Mt 10,8).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La salvación, por parte de Cristo, es pura gracia. Si esto valía para los judíos que se dirigían a Cristo, tanto más evidente era esto en los paganos. Bernabé se dio cuenta de ello enseguida, en cuanto admiró la Iglesia surgida en Antioquía como por encanto. Comprendemos muy bien que pudiera sentirse lleno de alegría y que, frente a la acción de la gracia, no le quedara otra cosa que hacer que "amonestar a todos a perseverar en el Señor" [...]. Flota, sin duda, en el aire cierto aire de tragedia en el hecho de que Pedro -dado su particular temperamento-, junto San Bernabé 343 con Bernabé, precisamente en Antioquía, se pusiera en una situación difícil, haciéndose merecedor de la censura de Pablo, como este último nos dice en su Carta a los Gálatas (cf. 2,11 ss).

La gracia de Dios no excluye la libertad humana, pero engendra a menudo un estado de tensión entre lo humano y lo divino, del que se sirve para despejar el camino de la Iglesia y guiarla hasta su meta.

Bernabé no había perdido de vista a Saulo. "Fue a Tarso a buscar a Saulo". Experimentamos una extraña sensación al leer estas palabras. Ahora bien, dónde estaba Saulo? Había tenido que dejar Jerusalén como fugitivo después de su primer encuentro con la comunidad: los hermanos le habían hecho partir para Tarso (9,23-30). No sabemos lo que hizo Pablo durante estos años de ausencia. Estuvo inactivo por completo? Pero Bernabé no ha olvidado a Pablo. Fue él quien hizo en su momento de intermediario, en Jerusalén, de aquel hombre cuando acababa de llegar de Damasco, y había intentado granjearle la confianza de la comunidad madre, atestiguando el encuentro de Saulo con el Señor (9,27).

Los Hechos de los apóstoles no nos dicen cómo Bernabé estaba tan bien informado respecto a Pablo. Fue una disposición providencial, y como tal siguió la amistad de estos dos hombres.

El Espíritu que guía a la Iglesia se sirve de vínculos humanos personales para el bien de la sociedad. Volvemos a preguntarnos qué habría pasado si Bernabé, durante su estancia en Antioquía, no se hubiera acordado de Saulo. Por qué fue a buscarle? A buen seguro, no por su propio interés. Pensaba ya en Pablo desde hacía tiempo, como podemos presumir, y sabía que su amigo sufría por estar tan alejado de aquella obra a la que parecía llamado. No sin motivo nos dice nuestro texto que Bernabé era "un hombre de bien" (J. Kürzinger, Commenti spirítuali del Nuovo Testamento. Att! degli Apostoli, Roma 21969, I, pp. 304ss).

 

 

 

Día 12

Miércoles de la semana X del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 18,20-39

En aquellos días,

20 Ajab convocó a todos los israelitas y a todos los profetas en el monte Carmelo.

21 Elías se adelantó hasta el pueblo y dijo: -Hasta cuándo vais a andar cojeando de las dos piernas? Si el Señor es Dios, seguid al Señor, y si lo es Baal, seguid a Baal. El pueblo no dijo nada.

22 Entonces Elías continuó: -Sólo he quedado yo de los profetas del Señor, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta.

23 Pues bien, dadnos dos novillos. Que ellos elijan uno, lo descuarticen y lo coloquen sobre la leña, sin encenderla. De igual manera prepararé yo el otro.

24 Que ellos invoquen el nombre de sus dioses; yo invocaré el nombre del Señor. El que responda con el fuego, ése será el verdadero Dios. Respondió el pueblo: -De acuerdo.

25 Elías dijo a los profetas de Baal: -Elegid vosotros el novillo y comenzad, porque sois más. Invocad el nombre de vuestro dios, pero sin prender fuego.

26 Les entregaron el novillo, lo prepararon y se pusieron a invocar el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, gritando: -!Baal, respóndenos! Pero no se oía voz alguna, ni respondía nadie. Ellos seguían danzando en torno al altar que habían hecho.

27 Al mediodía, Elías se puso a burlarse de ellos y les decía: -!Gritad más fuerte! Baal es dios, pero quizás esté ocupado con negocios y problemas o esté de viaje; tal vez esté dormido y se despertará.

28 Ellos gritaban más fuerte y, según su costumbre, se hacían cortes con espadas y lanzas, hasta hacer correr la sangre por su cuerpo.

29 Después del mediodía, se pusieron en trance hasta la ofrenda del sacrificio vespertino. Pero no se oía voz alguna, nadie respondía ni hacía caso.

30 Entonces Elías dijo a todo el pueblo: -Acercaos a mí. Y todo el pueblo se acercó. Elías rehizo el altar del Señor, que había sido destruido.

31 Tomó doce piedras, una por cada tribu de los hijos de Jacob, a quien el Señor había dicho: "Israel será tu nombre",

32 y con ellas levantó un altar en honor del Señor. Lo rodeó de una zanja con cabida para dos medidas de simiente;

33 dispuso la leña, descuartizó el novillo, lo puso sobre la leña

34 y ordenó: -Llenad cuatro cántaros de agua, y echadla sobre el holocausto y sobre la leña. Luego dijo: -Hacedlo otra vez. Y lo hicieron. El añadió: -Hacedlo una vez más. Y por tercera vez la echaron.

35 El agua corría en torno al altar, hasta llenar la zanja.

36 A la hora de la ofrenda del sacrificio, se adelantó el profeta Elías, y dijo: -Señor, Dios de Abrahán, de Isaac y de Israel, que se sepa hoy que tú eres Dios de Israel, que yo soy tu siervo y que por orden tuya hago todo esto.

37 Respóndeme, Señor, respóndeme, para que sepa este pueblo que tú eres el Señor, el verdadero Dios, y que eres tú el que hará volver el corazón de tu pueblo hacia ti.

38 Entonces bajó el fuego del Señor, consumió el holocausto y la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja.

39 Al ver esto, el pueblo se postró en tierra y exclamó: -!El Señor es Dios! !El Señor es Dios!

 

*" La sequía continuaba -estamos ya en el "tercer año" (1 Re 18,1)- y Elías se encuentra escondido para huir del exterminio de los profetas de YHWH, O sea, de los más fervientes seguidores del yahvismo, llevado a cabo por Jezabel. Elías desvía contra el rey Ajab la acusación de introducir el desorden en Israel e invoca el "juicio de Dios", desafiando a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal en el monte Carmelo, donde había un venerado altar de YHWH destruido por orden de Jezabel.

El griterío para invocar al dios de Tiro y la puesta en trance de sus profetas hasta el paroxismo no consiguieron obtener el milagro, que sí se produjo, sin embargo, a la hora en la que los israelitas ofrecían el sacrificio vespertino. Al reconocimiento del verdadero Dios le sigue la venganza en la persona de los falsos profetas (v. 40, omitido en el texto litúrgico).

 

Salmo Responsorial

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Salmo 15

Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti;
yo digo al Señor:
<<Tú eres mi bien.>>
R/.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Multiplican las estatuas de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
R/.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R/.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
R/.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

 

 

Evangelio: Mateo 5,17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

17 No penséis que he venido a abolir las enseñanzas de la Ley y los profetas; no he venido a abolirías, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias.

18 Porque os aseguro que, mientras duren el cielo y la tierra, la más pequeña letra de la Ley estará vigente hasta que todo se cumpla.

19 Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Pero el que los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.

 

**• Después de haberse referido a su propia enseñanza, Cristo toma posición respecto a la enseñanza tradicional e introduce, de un modo solemne y con autoridad, su propia enseñanza con el "amén" ("Pero yo..."), que significa: "Es verdadero, es digno de fe" lo que os voy a decir. Esta expresión es un motivo que se repite en el sermón del monte (5,18.26; 6,2.5.16). "Jesús anunció, en un primer momento, todas las bienaventuranzas, con el fin de allanar y preparar el ánimo de sus oyentes y hacerlo así más dispuesto y sensible para recibir toda la nueva ley" (Juan Crisóstomo). La Ley y los profetas eran toda la Escritura (eran, en efecto, las dos fuentes de las que bebía la liturgia sinagogal; podríamos citar Jn 6.31.45 con el doble envío al Éxodo y a Isaías). Jesús, antes de sintetizar su enseñanza en una frase lapidaria y programática (Mt 7,12), precisa su actitud y la de sus discípulos respecto a la Ley antigua.

No se trata de abolir (término que, en Mt 24,2; 26,61, se aplica al templo; la Ley y el templo tienen su cumplimiento y, por consiguiente, su consumación en Cristo), sino de llevar a la plenitud de su perfección, como señala repetidamente el evangelista (Mt 1,22; 2,15.17; 3,15; 4,14, etc.). Se puede decir que todo el sermón del monte constituye la ejemplificación de este axioma. Sin embargo, dado su carácter "provocador", se acusará a Cristo de pretender destruir la Ley y los profetas (variante de Lc 23,2).

El Maestro se opone a una visión formal y legalista del cumplimiento de los preceptos de Moisés, recordando la importancia que tiene la intención. La actitud interior es equiparada a la acción exterior. La intención cualifica a la acción, y ésta da cuerpo a la intención. Así pues, el Maestro apunta a la interiorización de los preceptos, hasta el punto que el cumplimiento de la voluntad divina deberá superar el practicado por los escribas y los fariseos (v. 20, que la liturgia ha situado en la lectura siguiente). Refiriéndose a los escribas, Cristo actualiza la enseñanza de los padres recogiendo su alcance profundo (5,21-48). En cuanto a los fariseos, condena la no autenticidad de su conducta religiosa, lanzando una vigorosa llamada a la interioridad (6,1-18).

 

MEDITATIO

En la ley divina "hasta las cosas consideradas como menos importantes están colmadas de misterios espirituales y todas se encuentran recapituladas en el evangelio" (Jerónimo). Por consiguiente, Cristo "ha cumplido con la doctrina, y con el ejemplo ha llevado a cabo la verdad interior" de la Ley antigua (Ruperto de Deutz).

Al meditar las enseñanzas del Señor, me detengo antes que nada en la autoridad con la que fueron pronunciadas.

Tomo conciencia de cómo nos urge Cristo para que interioricemos la Ley y cómo considera la conciencia como medida de la moralidad y, en consecuencia, la convierte en una bienaventuranza: "Al ver a uno trabajando en sábado, le dijo: Amigo, dichoso tú, si sabes lo que haces..." (variante de Lc 6,5). Me pregunto, por tanto, si vivo de manera consciente el instante presente.

 

ORATIO

Señor, "todas las obras de justicia" realizadas por mí "son como un trapo inmundo" (cf. Is 64,5) a causa de los fines segundos que las inspiran. Las hacen impuras el orgullo, la hipocresía, el cálculo, el interés.

Me reconozco incapaz de ser un fiel cumplidor en las cosas grandes, porque olvido y minimizo las pequeñas.

Libérame de la tentación farisaica de contar con mi justicia o de querer parecer justo a los ojos de los hombres y concédeme conseguir tu justicia.

 

CONTEMPLATIO

Ahora bien, me preguntaréis vosotros, de qué modo no abrogó Cristo la Ley? De qué modo dio cumplimiento a la Ley y a los profetas? Por lo que se refiere a los profetas, confirmó con sus obras todo cuanto éstos habían predicho sobre él; por eso dice siempre el evangelista: "A fin de que se cumpliera todo lo que habían dicho los profetas". Cuando nació, cuando los niños le cantaron un himno maravilloso, cuando se montó en una burra, y en una infinidad de circunstancias, cumplió las profecías, unas profecías que nunca se hubieran cumplido si él no hubiera venido al mundo.

Por lo que se refiere, sin embargo, a la Ley, la cumple antes que nada porque no transgredió ninguno de los preceptos legales. Sus palabras, recogidas por Juan, atestiguan, en efecto, que los cumplió todos: "Es conveniente que cumplamos así con toda justicia"; dijo también a los judíos: "Quién de vosotros podrá acusarme de pecado?", y, por último, a los discípulos: "Se acerca el príncipe de este mundo. Y aunque no tiene ningún poder sobre mí". El profeta ya había previsto esto cuando dijo: "No cometió pecado". [Por otra parte, cumplió la Ley] mediante los preceptos que iba a dar. En efecto, nada de cuanto dice Jesucristo en el evangelio tiene que ver en absoluto con abrogar, sino más bien con extender y completar la Ley antigua (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 16, 2).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que se cumpla todo".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Pero los únicos que pueden tener esa justicia mejor [que la de los escribas y los fariseos; cf. 2.20] son aquellos a quienes Cristo habla, los que él ha llamado. La condición de esta justicia mejor es el llamamiento de Cristo, es Cristo mismo. Resulta así comprensible que Jesús, en este momento del sermón del monte, hable por primera vez de sí mismo. Entre la justicia mejor y los discípulos, a los que se la exige, se encuentra él. Ha venido para cumplir la Ley de la antigua alianza. Este es el presupuesto de todo lo demás; Jesús da a conocer su unión plena con la voluntad de Dios en el Antiguo Testamento, en la Ley y los profetas.

De hecho, no tiene nada que añadir a los preceptos de Dios; los guarda, y esto es lo único que añade. Dice de sí mismo que cumple la Ley. Y es verdad. La cumple hasta lo más mínimo. Y al cumplirla, se "consuma todo" lo que ha de suceder para el cumplimiento de la Ley [...]. La justicia de los discípulos es justicia bajo la cruz. Es la justicia de los pobres, de los combatidos, hambrientos, mansos, pacíficos, perseguidos por amor a Cristo; la justicia visible de los que son luz del mundo y ciudad sobre el monte, por la llamada de Cristo. Si la justicia de los discípulos es "mejor" que la de los fariseos se debe a que sólo se apoya en la comunidad de aquel que ha cumplido la Ley; la justicia de los discípulos es auténtica justicia porque ahora cumplen la voluntad de Dios observando la Ley (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 76-79).

 

 

Día 13

Jueves de la semana X del Tiempo ordinario o 13 de junio,

San Antonio de Padua

 

Se le llama "de Padua" por la ciudad en la que murió y en la que reposan sus reliquias, pero nació en Portugal en el año 1195 y fue bautizado con el nombre de Fernando. En 1210 entró en los canónigos regulares de san Agustín en el monasterio de San Vicente, cerca de Lisboa, y, dos años después, el deseo de llevar una vida más recogida le llevó a Santa Cruz de Coimbra.

Poco después de su ordenación sacerdotal, en el año 1220, tras haber visto los cuerpos de los primeros mártires franciscanos en Marruecos, manifestó su nueva vocación, y así fue como entró en los frailes menores con el nombre de Antonio.

En 1221, participó en el "capítulo de las Esteras" en la Porciúncula, y vio a Francisco. Tras pasar algunos años de vida retirada y oración, empezó por obediencia el apostolado de la predicación. Predicó, dirigiéndose al pueblo, contra los herejes en Italia y en Francia y obtuvo el fruto de conversiones.

San Antonio murió a los treinta y seis años de edad, en el lugar que hoy se llama Arcella, en Padua. Fue canonizado cuando todavía no había pasado un año de su muerte, el día de Pentecostés de 1232, en Spoleto, por el papa Gregorio IX.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 18,41-46

En aquellos días,

41 Elías dijo a Ajab: -Vete a tu casa tranquilo, porque ya se oye el ruido de lluvia torrencial.

42 Elías subió a la cima del Carmelo y se postró en tierra con el rostro entre las rodillas.

43 Y dijo a su criado: -Sube y mira hacia el mar. El criado subió, miró y dijo: -No veo nada. Elías insistió: -Sube hasta siete veces.

44 A la séptima, dijo el criado: -Sube del mar una nube pequeña como la palma de una mano. Elías le dijo: -Corre y di a Ajab: Engancha y márchate antes de que la lluvia te lo impida.

45 Y en un momento el cielo se oscureció con nubes, sopló viento y cayó agua en abundancia. Ajab montó en su carro y marchó a Jezrael.

46 Elías se ciñó y, con la fuerza del Señor, fue corriendo hasta Jezrael y llegó antes que Ajab.

 

**• Tras haber invitado a Ajab a poner fin al ayuno que había realizado para impetrar la lluvia, sube Elías al Carmelo y entra, probablemente, en la cueva (todavía se conserva el testimonio) donde solía recogerse para orar.

La posición que toma, atestiguada asimismo en las antiguas tradiciones egipcias y mesopotámicas, indica una profunda concentración, aunque también el despertar de energías interiores capaces de influir sobre los mismos elementos naturales. Ésa es la relectura que realiza Santiago en los versículos 16-18 del capítulo 5 de su carta (al pie de la letra): "Mucho puede la oración energética [en griego, energumene] del justo. Elías, que era un hombre de nuestra misma condición, oró intensamente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses; oró de nuevo, y el cielo dio la lluvia". Y comenta Ambrosio: "La voz salida de la boca ayuna de Elías cierra el cielo". La lluvia, traída por el viento de poniente, tras una súplica insistente -siete veces-, no tardó en llegar. Jezrael, situada a una docena de kilómetros al norte de la actual Genin, era la segunda capital de los reyes de Israel.

 

Salmo Responsorial

Oh Dios, tú mereces un himno en Sión

Sal 64,10.11.12-13

Tú cuidas de la tierra,
la riegas y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales.
R/.
Oh Dios, tú mereces un himno en Sión

Riegas los surcos,
igualas los terrenos,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes.
R/.
Oh Dios, tú mereces un himno en Sión

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría.
R/.
Oh Dios, tú mereces un himno en Sión

 

Evangelio: Mateo 5,20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

20 Os digo que si no sois mejores que los maestros de la Ley y los fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

21 Habéis oído que se dijo a nuestros antepasados: No matarás, y el que mate será llevado a juicio.

22 Pero yo os digo que todo el que se enfade con su hermano será llevado a juicio; el que le llame estúpido será llevado a juicio ante el sanedrín, y el que le llame impío será condenado al fuego eterno.

23 Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti,

24 deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego, vuelve y presenta tu ofrenda.

25 Trata de ponerte a buenas con tu adversario mientras vas de camino con él, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel.

26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

 

*•• Se inicia la serie de seis antítesis con las que Jesús "pone al día" la antigua Ley con la misma "autoridad" (Mt 7,29) con la que fue promulgada por Dios {"se dijo" es un pasivo divino que equivale a decir: "Dios dijo"). "Quién entre los profetas o entre los justos o entre los patriarcas se expresó alguna vez de este modo?", se pregunta Juan Crisóstomo. "Ninguno; ellos solían empezar sus discursos con las palabras "esto dice el Señor". Pero no obra así el Hijo de Dios."

Conocemos ya la premisa de esta relectura de los mandamientos, cuyo antiguo orden respeta Cristo a fin de mostrar su continuidad con el nuevo: el cumplimiento {"justicia") de la voluntad divina debe "superar la medida" practicada por los escribas y los fariseos, es decir, por los comentadores autorizados de las Escrituras y por los escrupulosos observantes de la Palabra divina. La "justicia", esto es, la vida recta, incluye un aspecto civil: el cumplimiento de la Ley, y un aspecto religioso, el cultivo de la piedad.

La primera antítesis tiene que ver con el quinto mandamiento (Ex 20,13; Dt 5,17). Jesús compara el homicidio material con el intencional, que puede conocer diferentes modalidades: la ira, el desprecio {rhaká, traducido por "estúpido", indica cabeza vacía, sin cerebro y, según Agustín, se trata más bien de una interjección que expresa un impulso negativo del ánimo) y la ofensa, para los que está previsto el "juicio" del tribunal local, la sentencia del sanedrín (el tribunal supremo con sede en Jerusalén) y, por último, el fuego de la Gehena, la proverbial hondonada situada al sudoeste de la Ciudad Santa, considerada, a partir del Nuevo Testamento, como lugar de eterna maldición. El mandamiento de no irritarse, señala Juan Crisóstomo, "es el cumplimiento y el perfeccionamiento del que prohibía matar. Quien se abstiene de la ira se abstendrá con mucha más facilidad del homicidio, y quien refrena su propia indignación con mayor facilidad conseguirá detener sus manos. La ira es la raíz del homicidio. Quien corte esta raíz cortará con menor dificultad todas sus ramas o, mejor aún, incluso impedirá que broten".

En ese estado de ánimo no tiene sentido la ofrenda de sacrificios de acción de gracias o de expiación, que incluso han de ser interrumpidos a pesar del carácter sagrado del culto, para ocuparse enseguida (!de inmediato!) de recomponer el orden social. Cristo equipara una situación de índole moral y puramente interior con una grave impureza legal que implicaba la suspensión del rito, según la enseñanza profética: "Misericordia quiero y no sacrificios" (cf. Mt 9,13; 12,7). Y no menos contraproducente sería presentarse al juicio divino en estado de litigio, pensando que Dios condonará nuestra deuda sin que nosotros la hayamos condonado antes a nuestro hermano (cf. Mt 6,12). En ese caso, deberemos pagar hasta el último "céntimo".

 

MEDITATIO

San Antonio, que estaba dotado de una extraordinaria preparación intelectual y de una gran capacidad de comunicación, había maravillado con su sabiduría evangélica, sorprendido a los herejes, convertido a los pecadores y fascinado al pueblo con sus virtudes y sus milagros. San Antonio, predicador itinerante, encarnó el Evangelio de Cristo, llevando de un sitio a otro su paz, con el estilo de una vida obediente a la voluntad de Dios, disponible a las incomodidades y a las fatigas de la misión y compasivo con toda realidad humana probada por el sufrimiento en todas sus formas. Lo atribuía todo al poder de la oración.

El testimonio de vida de san Antonio refleja la comprometedora belleza y profundidad de quien vive constantemente en íntima comunión con Dios, con el único deseo de cumplir su voluntad y manifestar su infinito amor a toda criatura. San Antonio, precisamente por ser humilde y pobre -y en esto se muestra como digno hijo de san Francisco-, deja aparecer los grandes prodigios de Dios: los milagros físicos y espirituales que el Altísimo realiza en los que confían sólo en él, en virtud de una fe cotidiana, auténtica e inquebrantable.

La luz y la creatividad de la Palabra escuchada, meditada y orada obraron en san Antonio los frutos de una caridad incansable, paciente, sin prejuicios de ningún tipo y, además, tenaz frente a las imprevisibles dificultades.

Lo que se tomó más a pecho fue anunciar la ternura de Dios, su bondad y la infinita misericordia con la que nos revela su corazón de Padre. San Antonio nos llama a lo esencial, a la amistad con Dios, fuente de todo bien; fuente de esa paz y alegría que nada ni nadie podrá quitarnos nunca. Meditando sobre su vida descubrimos las maravillas de la fidelidad de Dios, que sigue con amor el camino de quien busca su rostro, haciéndole participar de todos sus dones y colaborador de su proyecto de vida sobre la humanidad.

 

ORATIO

No temáis, no os alejéis, no abandonéis la Palabra de Dios; os aseguro que aquel en quien ponemos nuestra esperanzano permitirá que nada os turbe. (A. F. Pavanello, S. Antonio di Padova, Padua 1976, p. 86).

 

CONTEMPLATIO

La contemplación no está en poder del contemplativo,  sino que depende de la voluntad del Creador, que otorga la dulzura de la contemplación a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Hay dos tipos de contemplativos: unos se ocupan de los otros, se entregan a ellos; otros, en cambio, no se ocupan de los otros ni de ellos mismos y se sustraen incluso de las cosas necesarias.

Oh hermano, cuando sirves al prójimo, entrégate por completo a él; en cambio, cuando te unas a Dios, olvidando todo lo del pasado, sumérgete en la oración y deja de pensar en los servicios y beneficios que has ofrecido o vas a ofrecer. Los que no se ocupan de los otros ni de sí mismos, aíslen en la mente afectos breves y cortos, recójanse enteramente en sí mismos, de suerte que la mente, atenta a una sola cosa, pueda levantar el vuelo con mayor facilidad y fijar los ojos en el áureo fulgor del sol, sin quedar deslumbrada ("Antonio di Padova", en Dizionario francescano, Internet Mistici, Secólo XIII, Asís 1995, I, 993).

 

ACTIO

Repite hoy con frecuencia la invocación de san Antonio de Padua: "Que no se haga mi voluntad, sino la tuya".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Todos los ojos en el refectorio estaban fijos en el orador. El que hablaba lo hacía con una gran desenvoltura y sencillez unidas al fervor. Las citas del evangelio se sucedían copiosas, como si el orador tuviera el misal abierto delante de él.

Acaso no consiste nuestra tarea en seguir el ejemplo de nuestro Señor, en llevar paz y esperanza a los que caen en la tristeza y en la desesperación? Jesús ha venido para salvar a todos, pero nos ha llamado a nosotros para que le ayudemos en esta obra. Cuando multiplicó los panes y los peces, puso en las palmas de las manos de los apóstoles pequeñas porciones partidas, para que ellos, a su vez, las partieran y las pasaran a la gente. Dijo: "Alimentadlos". Se comportó así para mostrar que aunque él es el creador de la obra, ésta tiene que ser llevada a su culminación por medio de los hombres. Quiere que le imitemos.

Y cuando le imitamos, recibimos un poder que las acciones humanas comunes no tendrán nunca. Fijaos: sin él, todo parece hundirse en el mundo e ir a la ruina. En el mundo se desarrolla una lucha fratricida. Los hombres sufren y perecen, son como "ovejas sin pastor". Cuando nos apoyamos en él, todo crece y se multiplica. Basta con partir el pan recibido de Jesús para alimentar con él a multitudes enteras... (J. Dobraczynski, Gli uccelli cantono, i pesa ascoltano..., Padua 1987, p. 142).

 

 

 

Día 14

Viernes de la semana X del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 19,9a--16

En aquellos días,

9 cuando Elías llegó al monte, entró en una gruta.

11 El Señor le dirigió su palabra: -Sal y quédate de pie ante mí en la montaña. !El Señor va a pasar! Pasó primero un viento fuerte e impetuoso, que removía los montes y quebraba las peñas, pero el Señor no estaba en el viento. Al viento siguió un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto.

12 Al terremoto siguió un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Al fuego siguió un ligero susurro.

13 Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con su manto y, saliendo afuera, se quedó de pie a la entrada de la gruta. Y una voz le preguntó: -Qué haces aquí, Elías?

14 Respondió: -Me consume el celo por el Señor todopoderoso, porque los israelitas han roto tu alianza, han destruido tus altares y han matado a tus profetas. Sólo he quedado yo, y me buscan para matarme.

15 El Señor le dijo: -Anda, regresa por el camino del desierto a Damasco, y a tu llegada unge a Jazael como rey de Siria;

16 a Jehú, hijo de Namsí, como rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abelmejolá, como profeta sucesor tuyo.

 

••*• A pesar del prodigio que había realizado, Elías sigue estando amenazado de muerte por Jezabel y de ahí que se aleje por el desierto al sur de Judá, deseándose la muerte por inanición. Pero el ángel del Señor le hace encontrar dos veces una hogaza de pan y una jarra de agua, y le dice que se alimente en vistas al largo camino que le llevaría al Horeb, es decir, al monte Sinaí, lugar tradicional de las revelaciones divinas. Una vez llegado, entra Elías en la gruta (la misma de Moisés, que todavía era venerada?) para pasar allí la noche.

Elías manifiesta la angustia que siente frente a la perversión de su pueblo; se ha quedado solo (w. 10 y 14) en la defensa de la religión de los padres. Pero Dios confirma su vocación por medio de una teofanía. Ahora bien, no se trata de una teofanía que se sitúe en la línea de las clásicas {cf. Ex 19; Hch 2), que implicaban una serie de fenómenos atmosféricos y telúricos excepcionales, sino que Dios se manifiesta en el "tenue murmullo del silencio" (así dice, al pie de la letra, el texto hebreo), como para volver a llevar a Elías a su propia interioridad, para que encuentre en la "gruta del corazón" al Señor en el que habría de encontrar la fuerza para reemprender el camino. El profeta se cubre el rostro en señal de respeto y con la conciencia de que nadie puede ver el rostro de Dios y seguir con vida.

La experiencia de Dios está destinada a que Elías reemprenda su propia misión. Y, en efecto, Elías ya no estará solo: le esperan "siete mil hombres", aquellos cuyas rodillas no se han doblado ante Baal y cuyos labios no lo han besado (v. 18). Por otra parte, deberá ocuparse de realizar algunas cosas importantes: la unción del

rey de Damasco {cf 2 Re 8,7-15), la de Jehú, rey de Israel (2 Re 9,1-13), que ordenará la muerte de Jezabel y de toda la familia real, así como la investidura profética de Eliseo. Estos hechos forman parte, sin embargo, del "ciclo de Eliseo".

 

Salmo Responsorial

Tu rostro buscaré, Señor

Sal 26,7-8a.8b-9abc.13-14

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón:
«Buscad mi rostro.»
R/.
Tu rostro buscaré, Señor

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches.
R/.
Tu rostro buscaré, Señor

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor,
sé valiente, ten ánimo,
espera en el Señor.
R/.
Tu rostro buscaré, Señor

 

Evangelio: Mateo 5,27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

27 Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio.

28 Pero yo os digo que todo el que mira con malos deseos a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

29 Por tanto, si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros que ser echado todo entero al fuego eterno.

30 Y si tu mano derecha es ocasión de pecado para ti, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros que ser arrojado todo entero al fuego eterno.

31 También se dijo: El que se separe de su mujer que le dé un acta de divorcio.

32 Pero yo os digo que todo el que se separa de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una separada comete adulterio.

 

*+• Cristo, señala Juan Crisóstomo, "combatía los vicios con la gran autoridad de un legislador, empezando por los que son más comunes en nosotros, a saber: la ira y la concupiscencia (las pasiones que más nos tiranizan y son más inherentes a la naturaleza humana), reprimiéndolas con todo esmero". De ahí se sigue que la segunda y la tercera antítesis tienen que ver con el sexto y con el noveno mandamientos (Ex 20,14.17 y Dt 5,18.21).

Cristo asocia el adulterio del cuerpo al del corazón. Decir ojo derecho y mano derecha significa referirse a toda la persona a través de las funciones primarias del ver y del obrar. Prescindiendo además de que el lado derecho es considerado, por definición, como el más importante, está el hecho de que quien era minusválido de este lado era considerado inhábil. La doble amputación sirve para indicar el radicalismo con el que estamos  llamados a seguir los mandamientos divinos. Ese radicalismo se aplica asimismo en el caso del divorcio, consentido por la Ley antigua (Dt 24,lss), pero al que Cristo considera igualmente como adulterio legalizado {cf Mt 19,3ss). El único motivo que puede legitimar el repudio es el "caso de unión ilegítima" (aquí y en Mt 19,9). Esta cláusula, exclusiva de Mateo, es posible que indique simplemente el adulterio, con el que se infringe el carácter sagrado del vínculo matrimonial en el ámbito judeo-cristiano o las uniones consideradas como ilegítimas en el ámbito judío {cf Hch 15,20.29).

Debemos señalar que la toma de posición de Cristo tiene puesta la mirada en la defensa de las categorías más débiles y en el restablecimiento del orden social. No en vano la enseñanza impartida aquí en relación con las mujeres será recogida también respecto a los niños (Mt 18,1-10).

 

MEDITATIO

Jesús no sólo confirma el principio de la intencionalidad en el obrar humano, sino que indica también su precio: amputar y eliminar cuanto es ocasión de mal. Lo que quiere el Señor no es, qué duda cabe, la minusvalía del cuerpo, sino la "circuncisión del corazón" (Jr 4, 4), o sea, acabar con la "esclerocardia" -"fue por la dureza de vuestros corazones...": Mt 19,8- que rompe el vínculo sagrado del amor.

En este punto se me impone una auténtica ecografía del corazón, bajo la guía del implacable diagnóstico propuesto por Cristo en el evangelio de Marcos (7,2lss): "Porque es de dentro, del corazón de los hombres, de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, soberbia e insensatez". Haré seguir la toma de conciencia de una sincera y resuelta "toma de distancia".

 

ORATIO

Señor, aun cuando mi conciencia no me reprochara el adulterio del cuerpo, me reconozco adúltero en la mirada, en la imaginación, en el sentimiento, en el pensamiento. Y aun cuando mi corazón no me reprochara nada de todo esto, cómo podría considerarme inmune del adulterio espiritual que cometo cada vez que tú, oh Señor, no ocupas el primer lugar en la jerarquía de mis afectos, de mis intereses, de mi deseo de amor?

Confieso ante ti, Señor, que, mientras me preocupo de la integridad del cuerpo, atento a que ninguno de mis miembros tenga que sufrir, no me preocupo de la integridad del espíritu, sino que lo dejo a merced de las pasiones y prisionero de los instintos.

 

CONTEMPLATIO

Cristo no vino sólo a impedirnos deshonrar nuestro cuerpo con actos culpables, sino a restablecer también la pureza del alma, incluso antes que la del cuerpo.

Dado que es en el corazón donde recibimos la gracia del Espíritu Santo, éste se preocupa, antes que nada, de purificar nuestro corazón así como todo lo que es interior en nosotros. No cometas adulterio con los ojos y no lo cometerás con el corazón: puesto que el Señor ha condenado la ira de manera absoluta, prohibiendo no sólo el homicidio, sino excluyendo asimismo el mínimo sentimiento en este sentido, ahora le resulta más fácil establecer esta ley.

Ahora bien, si todo esto os parece demasiado duro, acordaos de lo que dijo el Señor antes en las bienaventuranzas y veréis que es posible y fácil observar sin más estos mandatos. En efecto, cómo podrá un hombre sencillo y amigo de la paz, un hombre pobre de espíritu y misericordioso, llegar a repudiar a su mujer? Cómo podrá el que está dispuesto a reconciliarse con los otros estar en lucha con su esposa? Pero Jesús no facilita el cumplimiento de la Ley sólo de este modo, sino también de otro; en efecto, deja al hombre una posibilidad legítima de separarse de su mujer: "en caso de fornicación" (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 17, 1-4, passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Arroja lejos de ti lo que te sea un obstáculo" (cf. Mt 5,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La vinculación a Jesucristo no abre paso al placer que carece de amor, sino que lo prohíbe a los discípulos. Puesto que el seguimiento es negación de sí y unión a Jesús, en ningún momento puede tener curso libre la voluntad propia, dominada por el placer, del discípulo. Tal concupiscencia, aunque sólo radicase en una simple mirada, separa del seguimiento y lleva todo el cuerpo al infierno.

Con ella, el hombre vende su origen celestial por un momento placentero. No cree en el que puede devolverle una alegría centuplicada por el placer al que renuncia. No confía en lo invisible, sino que se aferra al fruto visible del placer. De este modo se aleja del camino del seguimiento y queda separado de Cristo.

La impureza de la concupiscencia es incredulidad. Por eso hay que rechazarla. Ningún sacrificio que libere a los discípulos de este placer que separa de Jesús es demasiado grande. El ojo es menos que Cristo y la mano es menos que Cristo. Si el ojo y la mano sirven al placer e impiden a todo el cuerpo la pureza del seguimiento, es preferible renunciar a ellos a renunciar a Jesús.

Las alegrías que proporciona el placer son menores que sus inconvenientes; se consigue el placer del ojo y de la mano por un instante, y se pierde el cuerpo por toda la eternidad. Tu ojo, que sirve a la impura concupiscencia, no puede contemplar a Dios (Dietrich Bonnoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, p. 83).

 

 

 

Día 15

Sábado de la semana X del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 19,19-21

En aquellos días,

19 Elías marchó de allí y fue en busca de Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando; tenía doce yuntas de bueyes, y él llevaba la última. Elías pasó junto a él y le echó encima su manto.

20 Eliseo dejó la yunta, corrió detrás de Elías y le dijo: -Deja que me despida de mi padre y de mi madre; luego te seguiré. Respondió Elías: -Despídete, pero vuelve, porque te he elegido para que me sigas.

21 Eliseo se apartó de Elías, tomó la yunta de bueyes y la sacrificó. Coció luego la carne, sirviéndose de los aperos de los bueyes, y la distribuyó entre su gente, que comió de ella. Luego se fue tras Elías y se consagró a su servicio.

 

**- Comienza el "ciclo de Eliseo", rico propietario de tierras. La indumentaria es la expresión de quien la lleva y de sus prerrogativas. Eso explica la "investidura" de Eliseo por medio del manto de Elías, que constituye el signo de la vocación profética. El radicalismo de las elecciones de Dios está atestiguado por la despedida de Eliseo, que se deshace de los bueyes y del arado, dejando padres y oficio. Cristo será aún más exigente cuando advierta al que pretendía despedirse de los suyos antes de seguirle: "El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios" (Lc 9,62).

 

Salmo

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Sal 15,1-2a.5.7-8.9-10


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
R/.
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R/.
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R/.
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

 

Evangelio: Mateo 5,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

33 También habéis oído que se dijo a nuestros antepasados: No jurarás en falso, sino que cumplirás lo que prometiste al Señor con juramento.

34 Pero yo os digo que no juréis en modo alguno; ni por el cielo, que es el trono de Dios;

35 ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey.

36 Ni siquiera jures por tu cabeza, porque ni un cabello puedes volver blanco o negro.

37 Que vuestra palabra sea sí cuando es sí, y no cuando es no. Lo que pasa de ahí viene del maligno.

 

**• La cuarta antítesis tiene que ver con el segundo y el octavo mandamientos (Ex 20,7.16; Nm 30,3ss; Dt 23,22-24). En la sociedad judía se abusaba del recurso, con frecuencia en falso, al juramento (Mt 23,16-22).

Y dado que el nombre divino era sagrado e impronunciable, se eludía el obstáculo refiriéndose al cielo, a la tierra, a Jerusalén, a la propia cabeza del que juraba. Jesús exige la sinceridad más total, subrayando que las palabras que pronunciamos de más para falsificar la verdad proceden del maligno, de aquel que es "mentiroso por naturaleza y padre de la mentira" (Jn 8,44). No son pocas las páginas bíblicas que denuncian el daño de la palabra ociosa: Mt 12,36; Ef 4,29; 5,3-5.12; Sant 3,1-3.

La Carta de Santiago se hace eco de la enseñanza de Cristo: "Pero sobre todo, hermanos, no juréis ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis ningún otro tipo de juramento. Que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para no incurrir en condenación" (Sant 5,12). "La verdad evangélica -señala Jerónimo- acepta el juramento, dado que la simple palabra del fiel equivale al juramento mismo".

 

MEDITATIO

"La boca dice lo que brota del corazón" (Mt 12,34). "Si uno piensa que se comporta como un hombre religioso y no sólo no refrena su lengua, sino que conserva pervertido su corazón, su religiosidad es vana" (Sant 1,26). De ningún otro comportamiento humano se dice que "hace vana" la religión (aquí, "vano" recuerda a los ídolos, considerados igualmente una nulidad total) como del hablar inútil y falso, cuya expresión más desconcertante es el recurso desconsiderado al juramento. Investigaré sobre las patologías de los dichos de mi boca, dado que "antes de oírle hablar no alabes a nadie, porque ahí es donde se prueba un hombre" (Eclo 27,7). Son vacías, ociosas, insignificantes, embusteras, inexpresivas, estúpidas, expeditivas, vulgares mis palabras?

La asimilación vital de la Palabra divina me permitirá "hablar con las palabras de Dios" (1 Pe 4,11), "hablar con gracia" (Col 4,6), o sea, hablar bajo la inspiración del Espíritu Santo: "Pues no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará a través de vosotros" (Mt 10,20).

 

ORATIO

Purifica, Señor, mis labios con el fuego de tu Espíritu. Que las palabras salidas de mi boca puedan ser el reflejo de tu eterna Palabra, viva y eficaz hasta el punto de penetrar en el alma de los hermanos como espada que revela los pensamientos del corazón y como bálsamo que alivia sus llagas.

 

CONTEMPLATIO

Lo que está más allá del "sí" y del "no" es el juramento, no el perjurio. Este último es tan claramente de origen diabólico, y no sólo superfluo, sino contrario y malvado, que no hace falta que nadie nos lo diga. "Lo que pasa de ahí" es, sin embargo, lo superfluo, lo que va más allá de lo necesario y se añade por redundancia: eso, precisamente, es el juramento. Pero por qué dice Jesús, podréis preguntarme, que el juramento procede del maligno?

Y, si tiene tal origen, por qué era admitido en la Ley antigua? Podríais preguntarme lo mismo a propósito del repudio de la mujer. Por qué se considera ahora adulterio lo que en un tiempo estuvo permitido? Qué podríamos responder a estas preguntas, a no ser que las leyes de entonces estaban adecuadas a la fragilidad y a la debilidad de aquellos que las habían recibido [...]? Pero ahora el repudio es considerado como adulterio y el juramento está prohibido porque proviene del maligno, puesto que Cristo nos ha proporcionado los medios para vivir con una mayor perfección la virtud (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 17, 5).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que vuestra palabra sea sí cuando es sí, y no cuando es no" (Mt 5,37).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El juramento es la prueba de la mentira que reina en el mundo. Si el hombre no pudiese mentir, el juramento sería innecesario. Por eso el juramento es un dique contra la mentira. Pero al mismo tiempo la fomenta, porque allí donde sólo el juramento reivindica la veracidad última, se concede, simultáneamente, un ámbito vital a la mentira, se le admite un cierto derecho a la existencia. La ley veterotestamentaria rechaza la mentira con el juramento. Jesús rechaza la mentira prohibiendo jurar. Tanto aquí como allí sólo se pretende una cosa: aniquilar la falsedad en la vida de los creyentes. El juramento que la antigua alianza colocaba contra la mentira quedó en manos de la mentira misma y fue puesto a su servicio. Quería asegurarse mediante él y crearse un derecho. Por eso Jesús debe atrapar la mentira en el mismo sitio donde se refugia, en el juramento. Este debe desaparecer porque se ha convertido en refugio de la mentira [...].

El precepto de la veracidad plena es sólo una nueva palabra en la totalidad del seguimiento. Sólo el que está ligado a Jesús en el seguimiento se encuentra en la verdad total. No tiene que ocultar nada ante su Señor. Vive descubierto en su presencia. Es reconocido por Jesús y situado en la verdad. Está patente ante Jesús como pecador. No es que él se haya manifestado a Jesús, sino que cuando Jesús se le reveló en su llamada se conoció a sí mismo en su pecado. La veracidad plena sólo existe al quedar descubiertos los pecados que también son perdonados por Jesús. Quien confesando sus pecados se encuentra ante Jesús en la verdad, es el único que no se avergüenza de ella, sea cual sea el lugar donde haya que proclamarla (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 87-88).

 

 

Día 16

Domingo XI del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 17,22-24

22 Esto dice el Señor: También yo tomaré la copa de un cedro, de sus ramas cimeras tomaré un tallo, y lo plantaré en un monte muy alto;

23 lo plantaré en un monte alto de Israel; y echará ramas y dará frutos, y se hará un cedro magnífico. Toda clase de pájaros anidarán en él, y habitarán a la sombra de sus ramas.

24 Y sabrán todos los árboles del bosque que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol pequeño, hago secarse el árbol verde y reverdecer el árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.

 

**• El texto de Ezequiel aparece como anticipación profética del evangelio de hoy: son idénticas las imágenes que aparecen en ambos textos (imágenes que hablan de crecimiento) e idéntico el tema que se desarrolla: la extensión sin límites del Reino de Dios. La perícopa tiene un evidente sentido mesiánico: se trata del anuncio de la "restauración" del reino de Israel tras la experiencia de la deportación de muchos a Babilonia (por obra de Nabucodonosor, el año 597), aunque también después de la experiencia del alejamiento de Dios y de su alianza por parte de otros que se habían quedado en la patria.

Con todo, nada de eso impide a Dios permanecer fiel a su alianza. La alegoría del cedro expresa con imágenes la promesa de un renacimiento y de un nuevo crecimiento maravilloso: como hace el agricultor, Dios tomará un "tallo" (un descendiente de David) de "la copa de un cedro" (la casa de David), para plantarlo en un monte alto de Israel, de suerte que pueda convertirse en "un cedro magnífico" (vv. 22ss). Esto equivale a decir que Dios es el gran protagonista de la historia, el que, a pesar del pecado, es capaz de ofrecer al hombre un futuro diferente y nuevo. La iniciativa del renacimiento y del crecimiento no corresponde a los hombres, sino que es de Dios, que se presenta como alguien que no disminuye en su amor.

Éste es el núcleo central del texto alegórico, que se completa con la afirmación final: "Y sabrán todos los árboles del bosque que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol pequeño" (v. 24). Cómo no recordar la imagen evangélica, evocada por Lucas en el Magníficat, del Dios que "derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes" (Lc 1,52) o este dicho de Jesús: "El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado" (Lc 14,11).

Ésta es la lógica del Reino de Dios en la historia de los hombres. Por eso, el justo se puede reconocer en el hecho de "proclamar por la mañana tu misericordia y por la noche tu fidelidad" (Sal 91, empleado en la liturgia de hoy como salmo responsorial).


Salmo responsorial
Es bueno darte gracias, Señor

Salmo 91, 2-3. 13-14. 15-16

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios.

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
mi Roca, en quien no existe la maldad.



Segunda lectura: 2 Corintios 5,6-10

Hermanos:

6 Así pues, en todo momento tenemos confianza. Sabemos que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos lejos del Señor,

7 y caminamos a la luz de la fe y no de lo que vemos.

8 Pero estamos llenos de confianza y preferimos dejar el cuerpo para ir a habitar junto al Señor.  

9 Sea como sea, en este cuerpo o fuera de él, nos esforzamos en serle gratos,

10 ya que todos nosotros hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba el premio o castigo que le corresponda por lo que hizo durante su existencia corporal.

 

         *" El texto de la segunda lectura prosigue con los estímulos (presentes ya en la segunda lectura del domingo precedente) dirigidos a los cristianos para que mantengan firme la mirada en los bienes "invisibles", que son "eternos". La perspectiva del que ha optado por ponerse a seguir a Cristo no es, en efecto, de este mundo: la fe y la esperanza en Cristo resucitado llevan a mirar hacia un horizonte que está "más allá" de la dimensión terrena.

Esta conciencia se traduce, en el pasaje que acabamos de leer, en tres tipos de pensamientos: en primer lugar, tenemos una comprensión de nuestro "habitar en el cuerpo" como si viviéramos en un exilio "lejos del Señor" (v. 6). Lo que caracteriza la existencia terrena del cristiano es la fe, no aún la visión. De esta dialéctica fe-visión brota la actitud propia del creyente: la confianza.

Éste es el término fundamental (aparece dos veces en las líneas iniciales del texto), y resume la identidad del creyente: éste es alguien que se "confía" plenamente; mejor aún, alguien que se "confía" al único que considera digno de confianza. La vida del creyente está orientada así hacia su destino de consumación en Dios.

En segundo lugar, se levanta acta de que lo que cuenta en el hoy terreno, vivido a la luz de la fe, es el esfuerzo por "serle gratos" (v. 9b). No se trata de una simple lógica de prestaciones o de confianza en nuestros méritos: no son éstos, en efecto, los que nos procuran la salvación. La expresión remite más bien al compromiso activo de llevar nuestra propia vida siempre bajo la mirada de Dios.

Y por último, en tercer lugar, está el pensamiento de tener que "comparecer ante el tribunal de Cristo" (v. 10). Pero ésta ya no es una perspectiva que engendre ansia o miedo; es sólo la expectativa de la consumación esperada y la conclusión de una vida vivida en el abandono en Dios.

 

Evangelio: Marcos 4,26-34

En aquel tiempo,

26 decía también Jesús a la gente: -Sucede con el Reino de Dios lo que con el grano que un hombre echa en la tierra.

27 Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece, sin que él sepa cómo.

28 La tierra da fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.

29 Y cuando el fruto está a punto, en seguida se mete la hoz, porque ha llegado la siega.

30 Proseguía diciendo: -Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?

31 Sucede con él lo que con un grano de mostaza. Cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas.

32 Pero, una vez sembrada, crece, se hace mayor que cualquier hortaliza y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar a su sombra.

33 Con muchas parábolas como éstas Jesús les anunciaba el mensaje, acomodándose a su capacidad de entender.

34 No les decía nada sin parábolas. A sus propios discípulos, sin embargo, se lo explicaba todo en privado.

 

        *•• El discurso sobre el Reino de Dios, propuesto por Jesús en parábolas a los hombres de todos los tiempos, responde a una doble pregunta: qué lógica rige el funcionamiento del Reino de Dios? Alcanzará éste su objetivo?

        Las dos parábolas que recoge el texto de hoy hablan de un "grano" echado en tierra: en la primera parábola el crecimiento del grano no depende del trabajo del hombre {"Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece": v. 27), sino únicamente de la fertilidad del suelo.

        La primera lectura se mostraba todavía más explícita: no es el hombre el que trabaja para edificar el Reino de Dios, sino sólo Dios. En la segunda parábola aparece una idea ulterior: el minúsculo grano de mostaza –que carece de toda vistosidad- "se hace mayor que cualquier hortaliza" (v. 32). Se trata de una grandiosa visión plena de esperanza, que anima a los creyentes a mantener una actitud de paciencia. Dios obra en la historia, a pesar de que las apariencias digan lo contrario. La realización de su Reino no depende de la eficiencia, ni de las instituciones, ni de los individuos; no es cuestión de programas o de obras, sino de una escucha atenta de la Palabra de Dios y de la disponibilidad para dejarla crecer en nosotros. El mensaje central de la parábola no es, a pesar de todo, una invitación al quietismo o a la falta de compromiso. Al contrario, presenta al creyente una mentalidad nueva, la de no escuchar tanto sus deseos y sus ganas de hacer y mantenerse disponible, con paciencia y humildad, para crear las condiciones en las que la Palabra de Dios pueda dar fruto libremente.

 

MEDITATIO

        La Iglesia, en cuanto comunidad de creyentes, tiene la misión de ser "sacramento" del Reino de Dios aquí, en la tierra: ha sido convocada para ser, con sus palabras y sus acciones, "signo eficaz" de este Reino que, como la pequeña simiente echada en tierra, puede crecer sin límites.

        En efecto, esta experiencia, en cuanto experiencia de comunión y de justicia, no es algo individual, sino que liga a las personas entre sí y, uniéndolas en torno a la persona de Cristo, constituye su Iglesia: así, la realidad histórica de la Iglesia se convierte en manifestación de la reconciliación querida y otorgada por Dios en Jesús, el gran acontecimiento de reconciliación que marca la historia de los hombres a partir de Jesús y hasta su consumación final. Por eso la Iglesia no se identifica nunca con el Reino de Dios, ni puede considerarse nunca, de una manera triunfalista, como el Reino de Dios realizado en el mundo, sino que es siempre y únicamente un signo, un camino a través de la historia humana, que gradualmente se vuelve, en Jesús, por Jesús y con Jesús, "historia de salvación".

        Esta experiencia interesa a toda la humanidad: "por nosotros los hombres y por nuestra salvación...", profesamos en el credo. Toda persona, en el presente de su existencia, se siente interpelada por esta exigencia, se siente llamada a entrar en el Reino de Dios, en el sentido de que mediante una continua "conversión" (originariamente, "seguir a Jesús" significaba unirse a él, vivir con él) se ofrece realmente esta posibilidad: en todo momento en que el hombre intenta dar un sentido a su propia vida, comprometiendo de manera concreta su libertad en la historia, le es posible comprometerse por un camino que no es manifestación del mal, sino manifestación del Reino de Dios. En esta dimensión "sacramental" de la vida cristiana se resuelve la tensión entre el ya y el todavía-no de la esperanza: este continuo tender es el signo y la actitud que distingue al cristiano.

 

ORATIO

        Padre, de quien procede todo don, que sigues sembrando y haciendo crecer tu Reino de paz y amor entre nosotros, haznos colaboradores de esta obra tuya a través de la fe que suscitas en nosotros.

        Haz que seamos siempre conscientes de que no son nuestros medios ni nuestras fatigas los que difunden en el mundo el Evangelio de tu Cristo, que lleva al hombre a la salvación.

        Mantennos unidos a él, que nos ha hecho sus testigos, y concédenos la fuerza de su santo Espíritu para que seamos capaces de asumir compromisos animosos en tu santa Iglesia, a fin de renovarla con humildad y paciencia.

 

CONTEMPLATIO

        Como Jesús había dicho que las tres cuartas partes de la semilla se perderían, que sólo una parte se salvaría y que en el resto se producirían tan graves daños, era bastante lógico que sus discípulos le preguntaran quiénes y cuántos serán los fieles. Jesús les quita el temor induciéndoles a la fe mediante la parábola del grano de mostaza y mostrándoles que la predicación de la Buena Nueva se difundirá por toda la tierra.

        Escoge para este fin una imagen que representa bien esa verdad. "Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece es mayor que las hortalizas y se hace como un árbol, hasta el punto de que las aves del cielo pueden anidar en sus ramas". Cristo quería presentar el signo, la prueba de su grandeza. Así -explica- ocurrirá también con la predicación de la Buena Nueva. En realidad, los discípulos eran los más humildes y débiles entre los hombres, inferiores a todos, pero, dado que en ellos había una gran fuerza, su predicación se difundió por todo el mundo (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 46,2).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Habitaré en la casa del Señor todos los días de mi vida" (cf. Sal 26,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        La Iglesia es el "sacramento originario" de la salvación preparada para los hombres según el eterno consejo de Dios. Una salvación que, por otra parte, no es monopolio de la Iglesia, sino que, en virtud de la redención obrada por el Señor, que murió y resucitó "para la salvación de todo el mundo", está ya de hecho presente de una manera eficaz en todo este mundo [...].

        Esto equivale a decir que, en ella, se hace audible y se vuelve visible lo que está presente "fuera de la Iglesia", allí donde hombres de buena voluntad se adhieren de hecho, personalmente, al ofrecimiento divino de la gracia y la hacen suya, aunque no de un modo reflexivo o temático.

        Precisamente en cuanto sacramento de salvación, ofrecido a todos los hombres, la Iglesia es el "sacramento del mundo": es la esperanza no sólo para los que se han adherido a ella, sino que es, simplemente, la spes mundi, la esperanza para todo el mundo. En ella aparece plenamente y está presente, como en una profecía, el misterio de la salvación que Dios lleva a cabo a lo largo de toda la historia humana, y que en ella -gracias al dato imperecedero de la viviente profecía de la Iglesia- no cesará nunca de realizarse. Podríamos decir que la Iglesia es la manifestación de la salvación existencial del mundo; revela el mundo a sí mismo; le muestra al mundo lo que es y lo que aún puede llegar a ser en virtud del don de la gracia de Dios. Por eso la Iglesia espera no sólo por sí misma, sino por el mundo entero, a cuyo servicio está (E. Schillebeeckx, Cott-Kirche-Welt, Mainz 1970, vol. II).

 

Día 17

Lunes de la semana XI del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 21,1-16

En aquel tiempo,

1 después de esto, sucedió que Nabot, el jezraelita, tenía una viña en Jezrael, junto al palacio de Ajab, rey de Samaría.

2 Y Ajab dijo a Nabot: -Cédeme tu viña para hacer una huerta, pues está contigua a mi palacio. En su lugar te daré un huerto mejor o, si lo prefieres, su valor en dinero.

3 Nabot dijo a Ajab: -!Líbreme el Señor de darte la heredad de mis antepasados!

4 Ajab regresó a palacio triste e irritado por la respuesta negativa de Nabot, el jezraelita. Se acostó, se volvió contra la pared y no quiso comer.

5 Su esposa Jezabel se acercó a la cama y le dijo: -Por qué estás de mal humor y no quieres comer?

6 Él respondió: -Es que he hablado con Nabot el jezraelita y le he dicho: "Véndeme tu viña o, si lo prefieres, te daré un huerto a cambio". Y él ha respondido: "No te la cederé".

7 Su mujer le dijo: -Eres tú realmente rey de Israel? Levántate, come y no te preocupes. Yo te daré la viña de Nabot, el jezraelita.

8 Ella escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello real y se las envió a los ancianos y notables de la ciudad de Nabot.

9 En las cartas decía: Proclamad un ayuno y haced que Nabot se siente delante de la asamblea.

10 Poned ante él dos hombres perversos que declaren contra él diciendo: "Ha maldecido a Dios y al rey". Sacadlo fuera y matadlo a pedradas.

11 Los ancianos y notables de la ciudad de Nabot procedieron como les había mandado Jezabel en las cartas.

12 Proclamaron un ayuno y llevaron a Nabot ante la asamblea.

13 Llegaron los dos hombres perversos, se sentaron frente a él y acusaron a Nabot ante el pueblo diciendo: -Nabot ha maldecido a Dios y al rey. Lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas.

14 Y mandaron a decir a Jezabel: -Nabot ha muerto apedreado.

15 En cuanto lo supo Jezabel, dijo a Ajab: -Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, el jezraelita, el que se negó a vendértela, pues ya no vive; ha muerto.

16 Al oír esto, Ajab se levantó, bajó a la viña de Nabot, el jezraelita, y tomó posesión de ella.

 

**• El rey Ajab no sólo confía más en los manejos políticos que en la protección divina (capítulo 20), sino que se mancha también con un doble y grave crimen por instigación de su mujer, Jezabel, ávida de extender las posesiones de la casa real. El hurto y el homicidio perpetrados a espaldas de Nabot, el campesino israelita atacado en su propia tierra, indican la degradación moral de la monarquía, a pesar del montaje que parece conferir legalidad a lo obrado por el rey: proclamación del ayuno y convocación de la comunidad, como se acostumbraba a hacer en estado de catástrofe nacional.

La maldición del rey, en no menor medida que la de Dios, implicaba la lapidación (Ex 22,27; Lv 24,16) siempre que estuviera acreditada por dos testigos (Nm 35,30; 1)1 17,6), que aquí resultan falsos.

 

Salmo Responsorial

Atiende a mis gemidos, Señor

Sal 5,2-3.5-6.7

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
R/.
Atiende a mis gemidos, Señor

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
R/. Atiende a mis gemidos, Señor

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario
y traicionero lo aborrece el Señor.
R/.
Atiende a mis gemidos, Señor

 

 

Evangelio: Mateo 5,38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

38 Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.

39 Pero yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal; al contrario, a quien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra;

40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, dale también el manto;

41 y al que te exija ir cargado mil pasos, ve con él dos mil.

42 Da a quien te pida, y no vuelvas la espalda al que te pide prestado.

 

*<"• La quinta antítesis consiste en la así llamada "ley del talión" (Ex 21,24; Lv 14,19ss; Dt 19,21), atestiguada en toda la Antigüedad (cf. el Código de Hammurabi, del siglo XVIII a. de C). Se basa esta ley en el principio de la retribución y en la exigencia de la reparación, poniendo un freno con ello a la retorsión (cf. Gn 4,23ss).

"Nuestro Señor, al abolir esta reciprocidad, corta de raíz el pecado. En la Ley está la pena; en el Evangelio, la gracia. Allí se castiga la culpa; aquí, en cambio, se desarraiga la fuente misma del pecado" (Jerónimo). Por eso nos enseña Jesús a ser tolerantes, a no oponernos con espíritu de venganza e intolerancia a quien nos pone en una situación de prueba, sabiendo que de ese modo se corta la espiral de la violencia y de la prepotencia. Y eso incluso cuando anda de por medio la integridad de nuestra propia persona y de nuestros propios bienes, empezando por el tiempo. La referencia al manto sirve para indicar la ropa con que la gente se protegía de la intemperie y se cubría en las horas de descanso. Los mil pasos era la distancia que se permitía recorrer en sábado.

Pablo recoge también la enseñanza de Cristo: "No devolváis a nadie mal por mal [...]. No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal a fuerza de bien" (Rom 12,17.21). "Esto es lo más excelente de estos preceptos", comenta Juan Crisóstomo, "que mientras que nos persuaden a nosotros de que soportemos el mal, al mismo tiempo enseñan a quien ofende al amor mediante la virtud y la sabiduría", viendo nuestro comportamiento desprendido y tolerante. "Cristo quiere que sus discípulos sean como la sal, que se conserva a sí misma y mantiene también los otros elementos con los que se mezcla."

 

MEDITATIO

El antiguo precepto "ojo por ojo, diente por diente" ponía ya un límite a la propagación de la venganza.

Ahora bien, Cristo pide un comportamiento que extirpa su misma raíz. Se trata del principio de la no-violencia, que neutraliza la "reacción en cadena" destinada a provocar un mal cada vez mayor. Me pregunto sobre la práctica de la tolerancia, que la Biblia latina registra como uno de los frutos del Espíritu (Gal 5,22), y, por consiguiente, de la magnanimidad, que nos recuerda que "Dios ama a quien da con alegría" (2 Cor 9,7).

 

ORATIO

Qué difícil me resulta, Señor, saber perder en la vida. Qué celoso soy de mi tiempo, de mis cosas, de mi salud, de mis ideas, como si fuera su dueño absoluto y pudiera disponer de ellos según mi talento. Soy incapaz de ceder, de condescender, de adaptarme al juego del otro.

Estoy siempre a la defensiva y tutelo mis derechos (reales o presuntos) con la ilusión de tener siempre razón, de no cometer nunca errores, de conseguir imponerme siempre. Pero tú me pides que viva desarmado, que me mida con la impotencia, con la precariedad, con el fracaso, con la pérdida. Me pides que me mida con la cruz. Hazme comprender, Señor, que "encuentra lo mejor de sí mismo quien decide perder" (B. Háring).

 

CONTEMPLATIO

La historia de Nabot sucedió hace muchos siglos y, sin embargo, se sigue repitiendo todos los días. En efecto, todos los días los ricos siguen codiciando los bienes de los otros, siempre están insatisfechos con lo que ya poseen. Ajab no nació una sola vez. Sigue renaciendo continuamente y no desaparece nunca del mundo. Por un Ajab que muere, nacen mil. Tampoco Nabot es el único pobre que ha sido asesinado. Cada día aparece un Nabot apedreado, un pobre aniquilado.

Hasta dónde, ricos, os dejaréis llevar por vuestro loco egoísmo? Queréis poseer vosotros todo el planeta? Los bienes del mundo pertenecen a todos: quién os autoriza a monopolizar para vosotros el derecho de propiedad? La naturaleza nada sabe de ricos; ella nos hace a todos pobres. Cuando salimos del vientre materno estamos desnudos, no tenemos nada. Y cuando bajamos a la fosa es imposible que nos podamos llevar a ella nuestras propiedades. Sobre el ataúd del rico hay el mismo montón de tierra que sobre el ataúd del pobre. Aquel trozo de tierra, que antes no bastaba para la codicia del rico, ahora es incluso demasiado para albergar su cuerpo.

Todos nacemos iguales, todos morimos iguales. Ve y cava en el cementerio. Sólo esqueletos verás. Y te desafío a distinguir a los ricos de los pobres. En ocasiones, es cierto, son envueltos los cuerpos de los ricos con lujosos vestidos. Mas eso en nada ayuda a los muertos: únicamente complace a los vivos. Te vistan como te vistan, rico, cuando mueres pierdes la belleza externa sin adquirir la interior. No sólo eso; juegas también una mala pasada a tus herederos. Éstos, primero, pleitearán entre ellos; después, una vez hechas las partes, si son ahorradores conservarán con ansias y preocupaciones tu herencia, mientras que si son derrochadores la dilapidarán en poco tiempo. Ésa será tu culpa póstuma: inducir a tus herederos a repetir los pecados que le condenaron (Ambrosio de Milán, "Nabot, I", lss, en El buen uso del dinero, DDB, Bilbao 1995, pp. 87-88).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "No vuelvas la espalda al que te necesita" (cf. Mt 5,42).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El triunfo sobre el otro sólo se consigue haciendo que su mal termine muriendo, haciendo que no encuentre lo que busca, es decir, la oposición, y con esto un nuevo mal con el que pueda inflamarse aún más. El mal se debilita si, en vez de encontrar oposición, resistencia, es soportado y sufrido voluntariamente. El mal encuentra aquí un adversario para el que no está preparado.

Naturalmente, esto sólo se da donde ha desaparecido el último resto de resistencia, donde es plena la renuncia a vengar el mal con el mal. En este caso, el mal no puede conseguir su fin de crear un nuevo mal y queda solo.

El sufrimiento desaparece cuando es sobrellevado. El mal muere cuando dejamos que venga sobre nosotros sin ofrecerle resistencia. La deshonra y el oprobio se revelan como pecado cuando el que sigue a Cristo no cae en el mismo defecto, sino que los soporta sin atacar. El abuso del poder queda condenado cuando no encuentra otro poder que se le oponga. La pretensión injusta de conseguir mi túnica se ve comprometida cuando yo entrego también el manto, el abuso de mi servicialidad resulta visible cuando no pongo límites. La disposición a dar todo lo que me pidan muestra que Jesucristo me basta y sólo quiero seguirle a él. En la renuncia voluntaria a defenderse se confirma y proclama la vinculación incondicionada del seguidor a Jesús, la libertad y ausencia de ataduras con respecto al propio yo. Sólo en la exclusividad de esta vinculación puede ser superado el mal (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la arada. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 89-90).

 

 

Día 18

Martes de la semana XI del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 21,17-29

Después de que Nabot hubiera muerto,

17 el Señor dirigió su Palabra a Elías, el tesbita:

18 -Ve al encuentro de Ajab, rey de Israel, en Samaría. Está en la viña de Nabot y ha bajado para tomar posesión de ella. Le dirás: Esto dice el Señor: Has asesinado y, encima, expropias.

19 Y añadirás: Así dice el Señor: En el mismo lugar en el que los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán también la tuya.

20 Ajab dijo a Elías: -Otra vez me has sorprendido, enemigo mío? Elías respondió: -Te he sorprendido porque te has vendido y has ofendido con tu conducta al Señor.

21 Haré venir sobre ti la desgracia; barreré tu posteridad y no quedará un varón, ni esclavo ni libre, en Israel.

22 Trataré a tu familia como a la familia de Jeroboán, hijo de Nabat, y a la de Basa, hijo de Ajías, por haberme irritado y por haber arrastrado a Israel a pecar.

23 También contra Jezabel dice el Señor: Los perros comerán a Jezabel en la heredad de Jezrael.

24 Cualquier pariente de Ajab que muera en la ciudad será devorado por los perros, y el que muera en el campo será comido por las aves del cielo.

25 (Ciertamente, no hubo nadie que se vendiera como Ajab para ofender al Señor con su conducta, impulsado por su esposa Jezabel.

26 Se comportó de manera abominable, yendo tras los ídolos, como los amorreos que el Señor había expulsado de delante de los israelitas.)

27 Cuando Ajab oyó esto, rasgó sus vestiduras, se vistió de sayal y ayunó. Dormía con el sayal y andaba abatido.

28 El Señor dijo a Elías, el tesbita:

29 -Has visto cómo Ajab se ha humillado ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva, sino que castigaré a su familia en vida de su hijo.

 

**• Elías desarrolla con Ajab, por encargo del Señor, el mismo papel de Natán con David. Dios venga -y lo hace a través de los profetas- de la injusticia y defiende al oprimido. El orden quebrantado tiene que ser reparado y Jezabel será la primera en pagar las consecuencias (2 Re 9,30ss). Por muy férreo que pueda ser, el principio de la retribución admite atenuantes en virtud del arrepentimiento del culpable y de la misericordia divina.

Con todo, eso no es obstáculo para que, siguiendo la lógica del Antiguo Testamento, se imponga de todos modos la reparación (cf. 2 Re 9ss).

El Libro primero de los Reyes dedica los dos últimos capítulos a ilustrar las nuevas y desdichadas empresas bélicas de Ajab, a pesar de la opinión contraria del profeta Miqueas, así como la sórdida muerte del desventurado soberano, cuyas llagas fueron lamidas por los perros.

 

Salmo Responsorial

Misericordia, Señor: hemos pecado

Sal 50,3-4.5-6a.11.16


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
R/.
Misericordia, Señor: hemos pecado

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
R/.
Misericordia, Señor: hemos pecado

 

 

Evangelio: Mateo 5,43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

43 Habéis oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.

44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.

45 De este modo seréis dignos hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos.

46 Porque, si amáis a los que os aman, qué recompensa merecéis? No hacen también eso los publícanos?

47 Y si saludáis sólo a vuestros hermanos qué hacéis de más? No hacen lo mismo los paganos?

48 Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

 

**• La sexta antítesis tiene que ver con el mandamiento principal: el amor al prójimo (Lv 19,18). Cristo habla también del odio a los enemigos -expresión que no aparece en la Biblia, aunque sí en los últimos flecos del judaísmo: en Qumrán se mandaba odiar a todos los hijos de las tinieblas- para extender también a ellos el amor y la oración. Y esto a imitación del Padre celestial, de quien son hijos todos los hombres, que deben reconocerse como hermanos. De este modo se convertirán en imitadores del

Padre, imitando su perfección y, por consiguiente, su santidad (cf. Lv 19,2). El pasaje paralelo de Lc 6,36 nos dice en qué consiste la naturaleza de la perfección divina: en la misericordia. También aquí es preciso rebasar la medida (cf. Mt 5,20), que, esta vez, hace referencia a los tristemente famosos publícanos, los recaudadores de las tasas por cuenta de los romanos (Mt 18,17; 21,32), y a los paganos, ligados también ellos a un código que, no obstante, resulta absolutamente formal e interesado.

Sabemos asimismo que, en el mundo oriental, el saludo comporta mucho más que un simple intercambio de cumplidos; es considerado como intercambio de paz.

Mateo recupera (cf. 5,12) el término "recompensa" o mérito, que aparece más veces en el capítulo siguiente (6,1.2.5.16), donde se afirma que el Padre mismo nos premiará abiertamente (cf. variante de 6,4). Como es evidente, el comportamiento moral no va ligado a una visión retributiva: hago el bien cada día para tener un premio por ello. Más aún, esta visión está desmentida por el hecho de que el verbo está en presente ("qué recompensa merecéis?). El comportamiento del cristiano no es otra cosa que la libre respuesta a un don de la gracia, y en esa respuesta está incluido ya el "premio", el don de la salvación.

 

MEDITATIO

Si lo que afirma Jerónimo -estos preceptos han de ser juzgados "con la inteligencia de los santos" y no "con nuestra estupidez"- vale para todo el sermón del monte, con mayor razón se aplica al mandamiento del amor. Un amor a ultranza, podríamos decir. Porque "si amar a los amigos es cosa de todos, amar a los enemigos es cosa sólo de los cristianos" (Tertuliano). "Jesús hubiera vivido y muerto en vano", sostiene Gandhi, "si no hubiéramos aprendido de él a regular nuestras vidas por la ley eterna del amor". Él nos quiere perfectos en el amor (una perfección moral, no metafísica, por tanto) que debemos practicar con Dios y con el prójimo, aunque sea enemigo nuestro o nos persiga, tal como nos enseñó Jesús cuando perdonó a los mismos que le estaban crucificando. Por eso pudo Pablo escribir a sus fieles: "Sobre el amor fraterno no tenéis necesidad de que os diga nada por escrito, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios a amaros los unos a los otros" (1 Tes 4,9).

Me pregunto en qué medida se manifiesta en mi amor el amor de Dios. Realizo un acto de amor hacia algún enemigo mío, depositando en su corazón el bálsamo de mi oración?

 

ORATIO

Señor Jesucristo, dulcísimo maestro de humildad y de paciencia, concédeme a mí, que soy el último de tus siervos, arraigarme en la humildad, considerarme inferior a los otros y merecedor de desprecio. Concédeme soportar con paciencia las aflicciones físicas y las dificultades materiales; que esté dispuesto a afrontar males todavía mayores y que sea capaz de salir al encuentro de quien me pide ayuda ya sea para el cuerpo o para el alma. Concédeme amar con el corazón, los labios y las obras no sólo a los amigos y a los enemigos, sino también a todos los que me persiguen, hacerles el bien y rezar por ellos. De este modo, por tu gracia, podré ser incluido entre tus hijos y figurar entre los elegidos. Señor Jesucristo, mientras que a los antiguos les prometiste bienes materiales, a nosotros nos aseguras bienes eternos para que sobreabunde nuestra justicia.

Concédeme irradiar en tu presencia y en la de los otros la luz de la Palabra y de las obras, así como no abolir, sino cumplir de manera sobreabundante, tu Ley. Guárdame de la ira y de ofender al prójimo, de modo que sea agradable ante ti la ofrenda del corazón, de los labios y de las buenas obras. Concédeme, oh Dios clementísimo, huir de la concupiscencia, de la mirada mala, y evitar todo juramento. Y que al abstenerme de injuriar al prójimo, no tenga que provocar tus castigos, sino que siempre pueda complacerte en todo (Landulfo de Sajonia).

 

CONTEMPLATIO

Amad a vuestros enemigos... !He aquí cómo pone el Señor el coronamiento de todos los bienes! Porque, si nos enseña no sólo a sufrir pacientemente una bofetada, sino a volver la otra mejilla; no sólo a soltar el manto, sino a añadir la túnica; no sólo a andar la milla a que nos fuerzan, sino otra más por nuestra cuenta, todo ello es porque quiere que recibas como la cosa más fácil algo muy superior a todo eso. -Y qué hay -me dices superior a eso? -Que a quien todos esos desafueros cometa con nosotros no le tengamos ni por enemigo. Y todavía algo más que eso. Porque no dijo: No le aborrecerás, sino: Le amarás. Ni dijo: No le hagas daño, sino: Hazle bien.

Mas, si atentamente examinamos las palabras del Señor, aún descubriremos algo más subido que todo lo dicho. Porque no nos mandó simplemente amar a quienes nos aborrecen, sino también rogar por ellos. !Mirad por cuántos escalones ha ido subiendo y cómo ha terminado por colocarnos en la cúspide de la virtud! Contémoslos de abajo arriba. El primer escalón es que no hagamos por nuestra cuenta mal a nadie. El segundo, que, si a nosotros se nos hace, no volvamos mal por mal. El tercero, no hacer a quien nos haya perjudicado lo mismo que a nosotros se nos hizo. El cuarto, ofrecerse uno mismo para sufrir. El quinto, dar más de lo que el ofensor pide de nosotros. El sexto, no aborrecer a quien todo eso hace. El séptimo, amarle. El octavo, hacerle beneficios. El noveno, rogar a Dios por él. !He aquí una cima filosófica! De ahí también el espléndido premio que se le promete. Como el precepto es tan grande y pide un alma tan generosa y un esfuerzo tan levantado, también el galardón es tal como a ninguno de sus anteriores mandatos lo propuso el Señor. Porque aquí ya no habla de poseer la tierra, como se promete a los mansos; no de alcanzar consuelo y misericordia, como los que lloran y los misericordiosos; ni siquiera se nos habla del Reino de los Cielos, sino de algo más sublime que todo eso y que bien puede hacernos estremecer: se nos promete ser semejantes a Dios, cuanto cabe que lo sean los hombres: A fin -dice- de que seáis semejantes a vuestro Padre, que está en los cielos (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 18,3ss [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sed perfectos en el amor, como vuestro Padre celestial" (cf. Mt 5,48).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Para amar a los que nos aman, para saludar a los que nos saludan, no tenemos necesidad de creer en ninguna religión. No tenemos necesidad de poner a Dios en medio. Es algo que hacen todos. Es "humano".

Precisamente porque el amor a los enemigos es tan "poco humano", precisamente porque supera la medida del hombre "normal", precisamente por eso, muestra, como ninguna otra exigencia del Nuevo Testamento, que aquí tenemos delante no algo humano, sino, en un sentido más profundo, algo divino. Se trata de algo que se encuentra también en las restantes antítesis [del sermón del monte], pero que aquí -en la antítesis del amor al enemigo- podemos captar del mejor modo posible: la soberanía de Dios, el Reino de Dios. No es que con el amor a los enemigos consigamos realizar el Reino de Dios. En efecto, con nuestras fuerzas no somos capaces de amar al enemigo. Es un "regalo" de la soberanía de Dios, antes de cualquier iniciativa nuestra, que nos libera y nos hace capaces de amar al enemigo.

Ahora bien, si la soberanía de Dios nos libera para que amemos al enemigo, para que le amemos de verdad, con todo lo que esto significa y comporta, entonces resulta verdaderamente claro que la soberanía de Dios ha irrumpido en efecto entre nosotros, entonces resulta claro lo que significa de verdad la soberanía de Dios, entonces resulta claro qué comporta ser hijos e hijas de aquél a quien llamamos, y es, nuestro Padre celestial y nuestra Madre celestial.

Amad a vuestros enemigos, jugaos el todo por el todo, amadlos con corazón indiviso, tratadlos con amor creativo (H. J. Venetz, // c/íscorso delta montagna, Brescia 1990, pp. 90ss).

 

 

Día 19

Miércoles de la semana XI del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 2,1.6-14

En aquellos días,

1 cuando el Señor se disponía a arrebatar a Elías en un torbellino al cielo, Elías y Eliseo se marcharon de Guilgal.

6 Elías dijo a Eliseo: -Quédate aquí; yo tengo que ir por orden del Señor hasta el Jordán. Eliseo de nuevo le dijo: -!Por el Señor y por tu vida, que no te dejaré! Y se fueron los dos.

7 Cincuenta hombres del grupo de los profetas vinieron y se detuvieron enfrente, a cierta distancia, mientras Elías y Eliseo se detuvieron a la orilla del Jordán.

8 Elías se quitó el manto y, plegándolo, golpeó con él las aguas; éstas se dividieron y los dos pasaron a pie enjuto.

9 Y cuando pasaron a la otra orilla, Elías dijo a Eliseo: -Pídeme lo que quieras antes de que sea arrebatado de tu presencia. Eliseo le dijo: -Dame como herencia dos tercios de tu espíritu.

10 Elías le contestó: -!Mucho pides! Si me ves cuando sea arrebatado, te será concedido; si no me ves, no se te concederá.

11 Mientras iban caminando y hablando, un carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre los dos, y Elías fue arrebatado en un torbellino hacia el cielo.

12 Eliseo lo seguía con la vista y gritaba: -!Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel! Cuando dejó de verlo, se quitó sus vestidos y los partió en dos.

13 Recogió el manto de Elías, que se le había desprendido, y se volvió a la orilla del Jordán.

14 Tomó el manto de Elías y golpeó con él las aguas, al tiempo que decía: -Dónde está el Señor, Dios de Elías, dónde está? Golpeó las aguas, que se dividieron, y Eliseo pasó el río.

 

**• Después de haber hablado de los sucesores inmediatos de Ajab y de los últimos acontecimientos de Elías, el Libro segundo de los Reyes pasa a ilustrar el "ciclo de Eliseo", cuya vocación fue anticipada en 1 Re 19,19-21.

Eliseo, en un sentido no diferente al de Elías, estará revestido de un considerable papel político (2 Re 3,1 lss; 6,8ss; 8,7ss; 9,lss; 13,14ss) y se revelará como el mayor taumaturgo del Antiguo Testamento (2 Re 2,14-7,20 y 13,20ss recogen una decena de acciones milagrosas, incluso después de muerto). Eso explica la importancia de una investidura profética que Eliseo parece pagar al precio de una obstinada fidelidad al maestro. Eso le sitúa en primera línea entre los "hijos de profetas" (léanse también los w. 3-5, omitidos por la liturgia como si fueran pleonásticos). Según la ley de la primogenitura (cf. Dt 21,17), Eliseo reivindica dos tercios del espíritu de Elías, que le son concedidos al precio de su clarividencia ("Si me ves cuando sea arrebatado, te será concedido": v. 10).

El cambio de sus propios vestidos por el manto de Elías expresa la investidura que ha tenido lugar y la adquisición de las facultades a ella ligadas. Por eso peregrina Eliseo hasta el Jordán, dejando detrás a todos los otros "hijos de profetas". El recuerdo del Jordán, cuyas aguas había dividido Elías con el manto plegado a modo de bastón, remite a la experiencia del Éxodo, ligada a las figuras de Moisés (Ex 14,21) y de Josué (Jos 3,13).

En cuanto al rapto de Elías, no diferente al de Enoc (Gn 5,24), expresa el beneplácito divino hacia su persona, pero sobre todo la referencia a una misión futura. En todo caso, Elías desapareció de la vista de Eliseo en cuanto una llama de fuego ("un carro de fuego con caballos de fuego") se interpuso entre ambos profetas.

 

Salmo Responsorial

Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor

Sal 30,20.21.24

Qué bondad tan grande,
Señor,reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos.
R/. Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor


En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras.
R/.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor


Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces.
R/.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor

 

 

Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

1 No hagáis el bien para que os vean los hombres, porque entonces vuestro Padre celestial no os recompensará.

2 Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que les alaben los hombres. Os aseguro que ya han recibido su recompensa.

3 Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha.

4 Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

5 Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que les vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su recompensa.

6 Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

16 Cuando ayunéis, no andéis cariacontecidos como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea  que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su recompensa.

17 Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara,

18 de modo que nadie note tu ayuno, excepto tu Padre, que está en lo secreto. Y tu Padre, que ve hasta lo más secreto, te premiará.

 

**• El principio de la interiorización (el "secreto": w. 4.6.18), en no menor medida que el de lo extraordinario (Mt 5,20.47: superar la medida), recibe una amplia aplicación respecto a la práctica religiosa, resumida tradicionalmente en la oración, el ayuno y la limosna (Tob 12,8ss). Se contrapone aquí la conducta cristiana a la farisea ("los hipócritas": w. 2.5.16), aunque las buenas obras no han de ser mantenidas secretas (Mt 5,14), sino que deben suscitar en los hombres el reconocimiento del señorío divino. Comenta Jerónimo: "Quien toca la trompeta cuando hace limosna es un hipócrita; quien, al ayunar, desfigura tristemente su rostro para poder mostrar así que tiene el vientre vacío, es asimismo un hipócrita; quien reza en las sinagogas o en las esquinas de las plazas para que le vean los hombres, es un hipócrita. De todo esto se deduce que son unos hipócritas todos aquellos que hacen lo que hacen para ser glorificados por los hombres".

El valor de la limosna (Eclo 3,29; 29,12; Tob 4,9-11) podía quedar comprometido por la ostentación con la que se hacía pública. Lo mismo vale para la oración ostentada con frecuencia "en las esquinas de las plazas". En cuanto al ayuno, es conocida la toma de posición de los profetas (Is 58,5-7), compartida por Cristo.

La Ley prescribía el ayuno en el gran día de la purificación (elyóm kippur: Lv 16,29ss), que se celebraba al comienzo del año según el calendario judío. En este día estaba prohibido hasta lavarse. De ahí la invitación del Señor a evitar los signos externos de una práctica que, para los israelitas devotos, se volvía a proponer dos veces a la semana (Lc 18,12). Quien ayuna debe asumir el mismo semblante alegre de los días de fiesta, cuando se unge la cabeza con perfume.

La oración incluye, por último, interioridad y secreto, bien expresados por el lugar donde ha de ser llevada a cabo: al pie de la letra en la "alacena", donde se ponían las provisiones para que estuvieran seguras, en un lugar sin ventanas y con una puerta provista de cerradura.

 

MEDITATIO

Quién puede considerarse cristiano sin estas tres cosas: limosna, oración y ayuno?" (Tertuliano). El ayuno allana el camino al paraíso, perdido a causa del "hambre orgullosa" de nuestros primeros padres. La limosna, a su vez, "hace que el ayuno no se resuelva en aflicción de la carne, sino en purificación del alma" (León Magno). De ahí se sigue que es "bienaventurado quien ayuna para alimentar al pobre" (Orígenes). El ayuno y la limosna han de estar inspirados y sostenidos por la oración, que nos permite obrar con rectitud de corazón y "ante Dios". San Bernardo se preguntaba si "era más impío el que practica la impiedad o quien simula la santidad".

Me examinaré sobre cómo vivo esta triple modalidad de toda auténtica experiencia religiosa. Acepto la invitación de Cristo a esparcir el corazón con la unción del Espíritu Santo, para que dé fragancia no sólo al ayuno, sino también a la limosna y a la oración.

 

ORATIO

Señor, tú desenmascaras la insidia farisaica que vuelve espuria e ilusoria mi práctica espiritual. Tú quieres que gane en interioridad y profundidad y exiges que el único punto de referencia sea el Padre, que ve en lo secreto y cuya recompensa es la única que debo esperar.

Señor Jesucristo, tú nos has dado ejemplo de humildad en todas tus acciones y nos has enseñado a rehuir de la vanagloria. Defiéndeme, interior y exteriormente, de las insidias de la soberbia, de modo que no dé ningún agarradero al enemigo de mi alma. Que no busque en la práctica de la limosna, de la oración y del ayuno, ni en ninguna obra buena, la alabanza de los hombres y el favor del mundo, sino que obre con pureza de corazón, por la gloria de Dios y la edificación del prójimo, y no busque nunca la inútil gloria terrena. Al no buscar la recompensa aquí abajo, podré obtener la verdadera recompensa en el mundo futuro y no seré víctima en absoluto de las penas eternas (Ludovico de Sajonia).

 

CONTEMPLATIO

Si la puerta está abierta a los desvergonzados, a través de ella irrumpen dentro las cosas externas en bandadas y molestan a nuestra interioridad. Todas las cosas situadas en el tiempo y en el espacio se introducen a través de la puerta, es decir, a través del sentido exterior, en nuestros pensamientos y con la confusión de las distintas imaginaciones nos molestan mientras oramos. En consecuencia, es preciso cerrar la puerta, esto es, resistir al sentido exterior, a fin de que la oración procedente del espíritu se eleve al Padre, porque ésta se desarrolla en lo profundo del corazón, cuando oramos al Padre en lo secreto. "Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará." La enseñanza [del Señor] debía terminar con una conclusión como ésta. En efecto, [Cristo] no nos exhorta a orar, sino a cómo debemos orar; y, antes, no a que hagamos limosna, sino que nos habla de la intención con la que debemos hacerla. De hecho, ordena purificar el corazón, y sólo lo purifica el único y sincero anhelo de la vida eterna con un amor único y puro de la sabiduría (Agustín, El sermón del Señor en el monte, 2, 3, 11).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará" (Mt 6,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Esta justicia mejor de los discípulos no debe ser un fin en sí mismo. Es preciso que esto se manifieste, es preciso que lo extraordinario se produzca, pero... cuidad de no hacerlo para que sea visto.

Es verdad que el carácter visible del seguimiento tiene un fundamento necesario: la llamada de Jesucristo, pero nunca es un fin en sí misma; porque entonces se perdería de vista el mismo seguimiento, intervendría un instante de reposo, se interrumpiría el seguimiento y sería totalmente imposible continuarlo a partir del mismo lugar donde nos hemos detenido a descansar, viéndonos obligados a comenzar de nuevo desde el principio. Tendríamos que caer en la cuenta de que ya no seguimos a Cristo.

Por consiguiente, es preciso que algo se haga visible, pero de forma paradójica: cuidad de no hacerlo para ser vistos por los hombres. "Brille vuestra luz ante los hombres... " (5, 16), pero tened en cuenta el carácter oculto. Los capítulos 5 y ó chocan violentamente entre sí. Lo visible debe ser, al mismo tiempo, oculto; lo visible debe, al mismo tiempo, no poder ser visto.

Sin embargo, quién puede vivir haciendo lo extraordinario en secreto? Actuando de tal forma que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha? Qué amor es el que no se conoce a sí mismo, el que puede permanecer oculto a sí mismo hasta el último día? Es claro: por ser un amor oculto, no puede ser una virtud visible, un hábito del hombre.

Esto significa: cuidad de no confundir el verdadero amor con una virtud amable, con una "cualidad" humana. En el verdadero sentido de la palabra, es el amor que se olvida de sí mismo.

Pero, en este amor olvidado de sí mismo, es preciso que el hombre viejo muera con todas sus virtudes y cualidades. En el amor olvidado de sí, vinculado sólo a Cristo, del discípulo, muere el viejo Adán. En la frase "que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha", se anuncia la muerte del hombre viejo (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 101 -103).

 

 

Día 20

Jueves de la semana XI del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Eclesiástico 48,1-14

1 Entonces surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha.

2 Él hizo venir sobre ellos el hambre, y en su celo los diezmó.

3 Por la Palabra del Señor cerró los cielos e hizo también bajar fuego tres veces.

4 !Qué glorioso fuiste, Elías, con tus prodigios! Quién pretenderá parecerse a ti?

5 Tú que arrancaste a un muerto de la muerte y del abismo por la Palabra del Altísimo.

6 Tú que llevaste reyes a la ruina y arrojaste de sus lechos a hombres ilustres;

7 que escuchaste censuras en el Sinaí, decretos de venganza en el Horeb;

8 que ungiste reyes como vengadores y profetas que te sucedieron;

9 que fuiste arrebatado en torbellino ardiente en un carro con caballos de fuego.

10 De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para reconciliar a los padres con los hijos y restaurar las tribus de Jacob.

11 Felices los que te vieron y murieron fieles al amor, porque también nosotros viviremos.

12 Cuando Elías fue arrebatado en el torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún príncipe le hizo temblar y nadie fue capaz de subyugarlo.

13 Nada fue demasiado difícil para él, e incluso muerto profetizó su cuerpo.

14 Durante su vida hizo prodigios y, una vez muerto, fueron admirables sus obras.

 

**• El texto del Eclesiástico constituye algo así como el elogio fúnebre de los profetas Elías y Eliseo, que desarrollaron su ministerio en el reino del Norte (siglo IX a. de C), en un momento crítico para el yahvismo. De Elías, el profeta de fuego, se recuerda el papel que desarrolló en la carestía y en la sequía, la llama encendida por tres veces en el Carmelo, la ayuda que prestó a la viuda de Sarepta, la oposición que ejerció respecto a Ajab, Ocacías (853-852) y Jorán (852-841), su frecuentación de la montaña santa (cf. 1 Re 19,9-14), la unción y el repudio del rey, la investidura de profetas y, por último, su ascensión al cielo. Una alusión al futuro papel mesiánico del profeta, como se recuerda también en Mal 3,23ss.

De Eliseo, cuyo nombre significa "Dios salva", se recuerda el papel político y taumatúrgico que desempeñó (con una alusión al prodigio póstumo del que se habla en 2 Re 13,20ss). Este último aspecto ha sido repetido en diferentes circunstancias, incluso por la liturgia: la sunamita y el doble nacimiento del hijo (2 Re 4,8-37); la multiplicación de los panes (2 Re 4,42-44); la curación de Naamán (2 Re 5).

 

Salmo Responsorial

Alegraos, justos, con el Señor

Sal 96,1-2.3-4.5-6.7


El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
R/.
Alegraos, justos, con el Señor

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.
R/.
Alegraos, justos, con el Señor

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
R/. Alegraos, justos, con el Señor

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
R/.
Alegraos, justos, con el Señor

 

 

Evangelio: Mateo 6,7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

7 Y al orar, no os perdáis en palabras, como hacen los paganos, creyendo que Dios les va a escuchar por hablar mucho.

8 No seáis como ellos, pues ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis.

9 Vosotros orad así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre;

10 venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

11 danos hoy el pan que necesitamos;

12 perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

13 no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

14 Porque si vosotros perdonáis a los demás sus culpas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial.

15 Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.

 

••" La referencia a la oración brinda a Mateo la oportunidad de insertar en este sitio la enseñanza del Padre nuestro. Todo guía espiritual y todo grupo de discípulos tenían sus propias modalidades de oración (cf. Le 11,1).

La oración del cristiano debe evitar la ostentación farisaica, pero también la "polilogía" de los paganos, ese multiplicar palabras que resuena en los oídos del Señor como un desagradable bla-bla-bla. "Si el pagano habla mucho en la oración -observa Jerónimo-, de ahí se sigue que el cristiano debe hablar poco". Juan Casiano señala que la succinta brevitas en la oración vence las distracciones.

Algunos podrían objetar que "si Dios conoce el objeto de nuestra oración, y si conoce, antes de que formulemos nuestra oración, aquello de lo que tenemos necesidad, es inútil que dirijamos nuestra palabra a quien ya lo sabe todo. A esos -apremia Jerónimo- se les puede responder de manera breve como sigue: nosotros no somos gente que cuenta, sino hombres que suplican. Una cosa es expresar nuestras necesidades a quien no las conoce, y otra pedir ayuda a quien las conoce. Allí se da la comunicación; aquí, el homenaje. Allí contamos de modo fiel nuestras desgracias; aquí, por lo míseros que somos, imploramos". En la Glosa se lee que "Dios quiere que le pidan, a fin de dar sus dones a quienes los desean, de suerte que no envilezcan".

La oración del Señor, que Agustín define como "regla de la oración" (orationis forma), contiene "una inmensidad de misterios" (inmensa continet sacramenta) (Landulfo de Sajonia). Está introducida con la doble puesta en guardia respecto a la oración farisaica (w. 5ss) y a la pagana. Esta última estaba destinada a forzar la voluntad de la divinidad para que atendiera a las peticiones de sus devotos. Por eso era prolija y ruidosa. La oración enseñada por Jesús, más que intentar hacernos oír por Dios, nos compromete a escuchar a Dios, es decir, a entrar en su plan de salvación.

El Padre nuestro puede ser leído como "el compendio de todo el Evangelio" (Tertuliano), y, en efecto, resulta fácil encontrar no pocas citas en el texto sagrado donde se confirma que, antes de darla a los discípulos, fue la oración del mismo Cristo.

El Padre nuestro se presenta, antes que nada, como la fórmula de alianza en la que están recogidos todos los compromisos que el hombre está llamado a asumir (santificación del nombre, edificación del Reino y cumplimiento de la voluntad divina) y los dones que recibe (pan de vida, remisión de los pecados, liberación del maligno). En segundo lugar, los modos verbales típicos, intraducibies a las lenguas modernas, indican que los designios divinos ensalzan un cumplimiento absoluto e incondicional, aunque su traducción a la vida real de los hombres a lo largo de la historia puede sufrir desmentidos y retrasos.

 

MEDITATIO

Dado que el Padre nuestro es la regla de la oración cristiana, estudiaré las posibilidades de profundizar en las modalidades con las que "recitarlo"; mejor aún, "vivirlo ". En primer lugar, pensando en la triple señal de la cruz que hago sobre la frente, sobre los labios y sobre el pecho antes de la proclamación del Evangelio, intentaré activar la mente y el corazón con la boca, a fin de que las palabras del Señor puedan morar en mí. Si ninguna de ellas debe caer en el vacío, sino que todas han de cumplirse, eso vale en especial para el Padre nuestro.

Eso reviste un carácter sacramental, en la medida en que me hace hijo de Dios y constituye la renovación cotidiana de la alianza, con los compromisos que incluye (primera parte del Padre nuestro) y los beneficios que otorga (segunda parte). Así pues, tomando conciencia de que me estoy dirigiendo al Padre, me identifico con la mente y con los sentimientos de Cristo y acojo el "grito" del Espíritu de adopción. Al pronunciar las palabras "con una atención total" (Simone Weil), me detendré en cada frase hasta que "encuentre significados, comparaciones [con otros textos evangélicos], gustos y consuelos" (Ignacio de Loyola).

 

ORATIO

"Padre nuestro", excelso en la creación, suave en el amor, rico en la herencia, tú habitas "en el cielo" y eres espejo de eternidad, corona de júbilo, tesoro de felicidad.

"Santificado sea tu nombre", de suerte que se vuelva miel en la boca, melodía en el oído, devoción en el corazón. "Venga a nosotros tu Reino", alegre sin contrariedad, tranquilo sin turbación, seguro sin pérdidas.

"Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo", de suerte que rechacemos lo que tú abominas, que amemos lo que tú amas, de modo que cumplamos lo que te es grato. "Danos hoy nuestro pan de cada día", el pan de la doctrina, de la penitencia, de la virtud. "Perdona nuestras deudas", contraídas contigo, con el prójimo y con nosotros mismos. "Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores", que nos han ofendido con palabras o en nuestra persona o en las cosas. "No nos dejes caer en la tentación" que procede del mundo, de la carne y del demonio. "Y líbranos del mal" presente, pasado y futuro. Amén (Landulfo de Sajonia).

 

CONTEMPLATIO

Porque quien da a Dios el nombre de Padre, por ese solo nombre confiesa ya que se le perdonan los pecados, que se le remite el castigo, que se le justifica, que se le santifica, que se le redime, que se le adopta por hijo, que se le hace heredero, que se le admite a la hermandad con el Hijo unigénito, que se le da el Espíritu Santo. No es, en efecto, posible darle a Dios el nombre de Padre y no alcanzar todos esos bienes [...]. Y con este solo golpe, mata el Señor el odio, reprime la soberbia, destierra la envidia, trae la caridad, madre de todos los bienes; elimina la desigualdad de las cosas humanas y nos muestra que el mismo honor merece el emperador que el mendigo, comoquiera que, en las cosas más grandes y necesarias, todos somos iguales (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 19,4 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

ACTIO

        Como Palabra para repetir y vivir hoy con frecuencia, elíjase alguna de las invocaciones del Padre nuestro, la que produzca en nosotros una resonancia interior más intensa.

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La primera parte del Padre nuestro va, de una manera atrevida, del tú al Dios que se ha revelado como amor. Se trata de una oración de agradecimiento llena de júbilo por el hecho de que podamos llamar, amar y alabar de manera confiada al Santísimo como Nuestro Padre y como nuestro tú. Expresa el compromiso de verificar nuestras aspiraciones y nuestras acciones, a fin de ver si y hasta qué punto se toman en serio y honran el nombre del Padre y nuestra vocación de hijos a hijas suyos. Y, no por último, nos pone sobre todo frente a nuestra misión de promover, para honor del único Dios y Padre, la paz y la solidaridad salvífica entre todos los hombres [...].

Recitar el Padre nuestro significa preguntarse por la seriedad con la que tomamos, intentamos comprender y confesamos con actos concretos el plan salvífico de Dios. Un rasgo fundamental e imprescindible del compromiso que hemos asumido en virtud del Espíritu Santo y con la mirada puesta en el Hijo predilecto es el de amar a Dios en todo y por encima de todo y cumplir su voluntad santa y amorosa.

La segunda parte del Padre nuestro habla del amor al prójimo en unión con Jesús. Se trata del "Nosotros", de vivir de manera radical la solidaridad salvífica de Jesús con todos los hombres y en todos los campos de la vida. La conciencia adquirida de que la recitación del Padre nuestro nos introduce, de manera semejante al bautismo de Jesús en el Jordán, en la vida trinitaria de Dios, así como nuestra opción fundamental en favor de la solidaridad salvífica en todos los campos, nos ayudarán, sin la menor duda, a conferir un perfil cada vez más claro y convincente a nuestro programa de vida (B. Háring, // Padre nostro. Lode, preghiera, programma di vita, Brescia 1995, pp. 1 óss [edición española: El padrenuestro, Promoción Popular Cristiana, Madrid 1996]).

 

 

Día 21

Viernes de la semana XI del Tiempo ordinario o 21 de junio,

San Luis Gonzaga

 

Luis nació el 9 de marzo de 1568 en Castiglione delle Stiviere (Mantua). Fue el primogénito del marqués Don Ferrante, almirante del rey de España, y de Doña Marta, de los condes de Sántena (Turín). Después de pasar más de dos años en la corte de los Médici en Florencia y un año en la de los Gonzaga en Mantua, Luis permaneció durante mucho tiempo en la corte de Felipe II, en Madrid.

Sin embargo, al mismo tiempo, la gracia iba obrando en él proyectos muy diferentes, de modo que, vuelto a Castiglione en 1584, el prometedor condotiero soñado por Don Ferrante libró durante más de un año una batalla "completamente distinta": contra su padre (aunque apoyado por su madre), a fin de realizar un sueño "completamente distinto", en la corte de un Rey crucificado.

Una vez vencida la oposición paterna, el 2 de noviembre del año 1585, y renunciado al marquesado en favor de su hermano Rodolfo, Luis entró en el noviciado romano de los jesuitas.

Estaba a punto de recibir la ordenación sacerdotal cuando, al estallar una epidemia de tifus petequial, fue contagiado mientras curaba a los "apestados" y, con sólo veintitrés años, murió el 21 de junio de 1591, en la octava del Corpus Christ!, como había predicho.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 11,1-4.9-18.20a

En aquellos días,

1 Atalía, madre de Ocozías, al ver que su hijo había muerto, fue y exterminó a toda la familia real.

2 Pero cuando los hijos del rey iban a ser asesinados, Josebá, hija de Jorán y hermana de Ocozías, se llevó furtivamente a Joás, hijo de Ocozías, y a su nodriza y los escondió en el dormitorio, ocultándolo de Atalía. Así evitó que lo asesinaran.

3 Joás estuvo escondido con ellas en el templo del Señor durante seis años, mientras Atalía gobernaba el país.

4 El año séptimo, Yoyadá convocó a los jefes de centuria de los carros y de la guardia real y les hizo venir al templo del Señor. Hizo con ellos un pacto y, previo juramento en el templo del Señor, les mostró al hijo del rey.

9 Los jefes de centuria cumplieron al detalle las órdenes del sacerdote Yoyadá; cada uno reunió a sus hombres, que se turnaban en el servicio de guardia el sábado, y se presentaron al sacerdote Yoyadá.

10 Éste les entregó las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo del Señor.

11 Los de la escolta real, con sus armas en la mano, se apostaron de sur a norte rodeando el altar y el templo para proteger al rey.

12 Entonces Yoyadá sacó al hijo del rey y le puso la corona y las insignias reales; después lo ungió y lo proclamó rey. Y todos entre grandes aplausos gritaron: -!Viva el rey!

13 Cuando Atalía oyó el tumulto de los guardias y de la gente, fue al templo del Señor

14 y vio al rey de pie sobre el estrado, según la costumbre. Los oficiales y los que tocaban las trompetas estaban a su lado, mientras la gente gritaba jubilosa y resonaban las trompetas. Atalía se rasgó las vestiduras y gritó: -!Traición, traición!

15 El sacerdote Yoyadá ordenó a los jefes de centuria que estaban al mando del ejército: -Sacadla fuera del recinto del templo y matad a todo el que la siga. Como el sacerdote había dicho que no la mataran en el templo del Señor,

16 la prendieron y, pasada la puerta de las caballerizas del palacio real, la mataron.

17 Yoyadá selló un pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, por el cual éste se comprometía a ser el pueblo del Señor.

18 Inmediatamente, todo el pueblo irrumpió en el templo de Baal y lo demolió. Hicieron astillas sus altares e imágenes y degollaron a Matan, sacerdote de Baal, delante de los altares. Después, el sacerdote Yoyadá dejó guardias en el templo del Señor.

20 Todo el pueblo se llenó de júbilo y la ciudad recobró la calma.

 

**• La liturgia, omitiendo una amplia sección (2 Re 3-10) donde se habla de los reinados de Jorán (852-841) y de Jehú (841-814), que desarraigó el culto a Baal en Israel y cuya unción real ya había sido anunciada por Elías (1 Re 19,16), y donde se ilustra la actividad de Eliseo, la liturgia, decíamos, nos propone algunos pasajes adecuados para llevar a cabo una lectura teológica de la historia de Israel.

Desde el reino del Norte nos trasladamos al reino del Sur. Aquí Atalía, descendiente de Jezabel y mujer del rey Jorán (muertos ambos por Jehú a causa de sus perversiones), muerto su hijo Ocozías (841), heredero legítimo al trono, se apodera del Reino de Judá y elimina a la dinastía real superviviente. Ahora bien, Josebá, hija del rey Jorán y esposa del sumo sacerdote Yoyadá (2 Cr 22,11), cogió furtivamente a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió en el templo, de suerte que siete años después, y gracias a una estudiada conjura (w. 5-8, omitidos por la liturgia), éste fue proclamado rey (835-796) e instalado en el trono (v. 19, omitido por la liturgia).

La oposición a Atalía se debió a la línea baalista mantenida por la reina, en flagrante contradicción con la alianza yahvista, mientras que la iniciativa de la casta sacerdotal desbarata el peligro, destruye el templo de Baal levantando en el corazón de Jerusalén, elimina de la escena Atalía y permite la renovación de la alianza. Se trata de un acontecimiento que se repetirá en los momentos cruciales de la historia de Israel {cf. 2 Re 23).

 

Salmo Responsorial

El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella

Sal 131,11.12.13-14.17-18


El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
<<A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.>>
R/.
El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella


<<Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.>>
R/.
El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella


Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
<<Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré porque la deseo.>>
R/.
El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella


<<Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.>>
R/.
El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella

 

Evangelio: Mateo 6,19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

19 No acumuléis tesoros en esta tierra, donde la polilla y la carcoma echan a perder las cosas y donde los ladrones socavan y roban.

20 Acumulad mejor tesoros en el cielo, dónde ni la polilla ni la carcoma echan a perder las cosas y donde los ladrones no socavan ni roban.

21 Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

22 El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado;

21 pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tiniebla, !qué grande será la oscuridad!

 

*• "La totalidad de la enseñanza [de Cristo]", afirma el místico alemán Jakob Bohme, "no es otra cosa que la explicación del modo en que el hombre podría encender en él el divino mundo luminoso. Dado que éste se enciende de modo que la luz de Dios brille en el espíritu de las almas, todo el cuerpo posee la luz".

El principio de la recompensa evoca el "tesoro en el cielo" (cf. Tob 4,9; Eclo 29,11), "la mejor parte" que se asegura María (Lc 10,42), "las cosas de arriba" (Col 3,1) y las "riquezas mejores y más duraderas" (Heb 10,34) de que hablan los escritos paulinos, y brinda una regla infalible para el discernimiento: pregunta a tu corazón para saber cuál es tu tesoro. La continuidad del discurso es interrumpida por el dicho del Señor sobre la lámpara (cf. Lc 11,34-36).

La lámpara es el símbolo del ojo interior o espiritual, del que se transparenta la luz de la fe que esclarece la mente y suscita el impulso del amor en la voluntad. De modo más general, la lámpara es el símbolo del alma que irradia su luz a través del cuerpo. La antítesis se produce entre el ojo sano (Prov 22,9) y el enfermo -al pie de la letra entre el ojo "sencillo" y el "malo". El Nuevo Testamento (2 Cor 1,2; 11,3; Ef 6,5; Col 3,22; Sant 1,5) vuelve con frecuencia sobre la sencillez (que es falta de duplicidad, según el significado literal del término).

También condena con frecuencia al "ojo malo" (Mc 7,22; cf. Mt 20,15). Por último, para la antítesis luz-tinieblas, véase Jn 1,9; 3,19-21; 8,12; 12,46; Rom 13,12; 2 Cor 6,14; Ef 5,8ss; 1 Tes 5,5. La contraposición entre "hijos de la luz" e "hijos de las tinieblas" era uno de los aspectos cualificativos de la enseñanza en la comunidad de Qumrán.

 

MEDITATIO

Ya en 1926, bicentenario de la canonización de san Luis Gonzaga, Pío XI señaló al santo como "verdadero lirio de pureza y verdadero mártir de la caridad", mientras que, en 1968, Pablo VI deseaba que el cuarto centenario de san Luis hiciera "justicia a tantos preconceptos sobre la genuina fisionomía de su personalidad" y fuera capaz de "ofrecer un modelo válido a la juventud de hoy, asediada por el materialismo y por el hedonismo, pero abierta también y disponible a los grandes ideales".

Pablo VI consideraba muy actual este mensaje de san Luis: "Concebir la existencia como entrega a Dios" (= la consagración, en diferentes formas), "que debemos gastar por los otros" (= el servicio de caridad con los hermanos).

Es un proyecto de vida exaltador, que Luis realizó sin demoras, aunque no a bajo precio, dado que debió superar, por gracia, notables dificultades externas e internas (de naturaleza y ambientales). Por eso es lícito decir que, en la medida en que Dios nos da la posibilidad de merecer -haciéndonos desear cuanto quiere concedernos-,

Luis mereció los dones recibidos, correspondiendo a ellos a lo grande. Sobre las dificultades y batallas externas, recordemos que la vocación de Luis es, paradójicamente, "cortesana", en cuanto que nació durante el bienio que pasó en la corte de los Médici –donde hacían estragos ciertas pasiones muy poco nobles, a las que Luis contrapuso el voto de castidad, emitido a los pies de la Santísima Anunciación-, se consolidó en el año transcurrido en la corte de los Gonzaga de Mantua -famosa por las trampas y violencias- y tomó su forma definitiva en la corte de Madrid, que destacaba por la arrogante presunción de sus vistosos personajes y la

adulación de los sometidos, mientras que todos estaban convencidos de servir a la Iglesia.

Precisamente en este ambiente perfeccionó Luis su respuesta vocacional, yendo a contracorriente de una manera decidida: no sólo confirmando su renuncia al matrimonio, hecha con el voto de castidad formulado en Florencia, sino renunciando asimismo tanto a las carreras y a los honores mundanos -como prometía aquella corte- y optando por la vida religiosa, como a los mismos cargos honoríficos de la propia Iglesia, entrando en la recién nacida "mínima Compañía de Jesús", que, por sus estatutos, los rechazaba.

Éste es el "desprecio", para obtener una "ganancia" muy diferente que hemos visto en la lectio, añadiéndole, no obstante, el típico sens of humour de Luis, registrado de este modo por su primer biógrafo: "Cuando veía en los palacios de los príncipes, incluso eclesiásticos, los oros, los adornos, los obsequios de los cortesanos, apenas podía contener la risa, por lo viles que le parecían tales cosas".

Hay un dicho que sintetiza igualmente bien las mirabilia Dei en Luis: fue casto, a pesar de ser Gonzaga; pobre, a pesar de ser marqués; humilde, a pesar de ser jesuíta.

No por casualidad, María Magdalena de Pazzi -que probablemente rezó en Florencia, el año 1578, junto a Luis en la pequeña iglesia de S. Giovannino- exclamó en un éxtasis el 4 de abril de 1600: "Yo nunca me había imaginado que Luis Gonzaga tuviera un grado tan alto de gloria en el paraíso. Quisiera ir por todo el mundo y decir que Luis es un gran santo".

 

ORATIO

Los deseos que tienes debes encomendarlos a Dios no como están en ti, sino como son en el pecho de Cristo [recinto del Corazón de Jesús, al que Luis (como Magdalena de Pazzi) tuvo gran devoción], puesto que, si son buenos, estarán antes en Jesús que en ti y serán expuestos por él incomparablemente con mayor afecto al Padre eterno. Si tienes, a continuación, deseo de cualquier virtud [en particular], debes recurrir a los santos que más destacaron en ella: por ejemplo, para la humildad, a san Francisco; para la caridad a los santos Pedro y Pablo, etc. Porque así como el que quiere obtener una gracia relacionada con la milicia de un príncipe terreno la consigue con mayor facilidad si recurre al general o a sus coroneles, qué no haría si recurriera al mayordomo de aquel príncipe? Así, si queremos obtener de Dios la fortaleza, debemos recurrir a los mártires; si queremos la penitencia, a los confesores, y así con cada una de las virtudes (Luis Gonzaga, Affetti di devozione, escritos en torno a 1589).

 

CONTEMPLATIO

Hagiógrafos y pintores nos muestran a Luis casi en éxtasis ante el Santísimo Sacramento, y, en verdad, desde su primera comunión (el 22 de junio de 1580, de manos de san Carlos Borromeo), su fervor eucarístico nunca se debilitó. Su primer biógrafo habla de la fuerza irresistible que le impulsaba -olvidando la habitual gravedad de su caminar- a correr por los corredores hacia la capilla. Y cuando, por el empeoramiento de su salud, se le prohibió permanecer durante mucho tiempo en la capilla, solía entrar repetidas veces en el ábside y, tras hacer la genuflexión, se retiraba deprisa: casi temiendo la atracción del tabernáculo. No menos contemplativa era su devoción a María: recordemos que en Florencia, cuando estaba en aquella corte, Luis entró definitivamente (con voto) en la más sublime Corte del Cielo, donde María es la Reina y los ángeles sus pajes.

 

ACTIO

        Repite hoy con frecuencia esta máxima entrañable a san Luis: "Quid hoc ad aeternitatem?" [Qué y cuánto ayuda esto para la eternidad?].

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Luis había adquirido en la corte de España una característica a contracorriente. No quería, ciertamente, ostentar su propia mortificación, como tantas señoras y señores a su alrededor, empinados y atrevidos, ostentaban su oficiosa piedad. Si se atrevía a hacer lo que hacía, a pesar de las quejas de su padre y a los ojos de los más feroces conformistas del siglo, lo hacía para romper la sugestión de aquel mismo conformismo ruinoso, y abrir la tenaza del lujo y de la etiqueta. No imaginaba dar, a los catorce años, una lección tan grande al mundo. Había en su modo de actuar algo más profundo que una reacción personal todo lo justificada y oportuna que se quiera, pero siempre fruto de un "yo" indignado. La realidad íntima que había en él era diferente: era un ingenuo poder de amor. Amor a Dios y amor al prójimo. Luis actuaba por el simple, lineal y amoroso deseo de compensar a la gloria divina ofendida por tanto derroche del mundo. En esta reparación no admitía demoras ni subterfugios: era preciso reparar. En este sentido, Luis, que era, probablemente, el muchacho más dócil y sometido de Madrid, se convertía en un rebelde contra el mundo y en un revolucionario contra una sociedad adulterada y abusiva. Sólo Dios puede saber lo que le costó aquella "voluntad de llevar la contraria" [el agüere contra ignaciano] en un ambiente que, en el rondo, le atraía y le infundía respeto, como el de la corte de España (G. Papasogli, Ribelle di Dio. San Luigi Conzaga, Milán 1968, pp. 176ss [edición española: Joven, rebelde y santo, Salamanca 1977]).

 

 

 

Día 22

Sábado de la semana XI del Tiempo ordinario o 22 de junio

Santo Tomás Moro

 

Tomás Moro nació en Londres en 1477. Recibió una excelente educación clásica y se graduó en Derecho en la Universidad de Oxford. Su carrera en leyes le llevó al parlamento.  En 1505 se casó con Jane Colt, con quien tuvo cuatro hijos. Jane murió joven, y Tomás contrajo nuevamente nupcias con una viuda, Alice Middleton.

Fue un hombre de gran sabiduría, reformador, amigo de varios obispos. En 1516 escribió su famoso libro Utopía. Su saber y su persona atrajeron la atención del rey de Inglaterra, Enrique VIII, quién lo nombró para importantes puestos en el reino y, finalmente, Lord Chancellor, canciller, en 1529. Pero Tomás renunció a sus cargos en 1532, cuando el rey Enrique persistió en repudiar a su esposa, Catalina de Aragón, para casarse con otra mujer, Ana Bolena, con lo cual el monarca se disponía a romper la unidad de la Iglesia y formar la Iglesia anglicana bajo su autoridad. Esto hizo que Tomás pasara el resto de su vida escribiendo, sobre todo, en defensa de la Iglesia. En 1534, con su buen amigo el obispo, después santo, Juan Fisher, rehusó rendir obediencia al rey como cabeza de la nueva Iglesia. Estaba dispuesto a obedecer al rey dentro de su campo de autoridad, lo civil, pero no aceptaba su usurpación de la autoridad sobre la Iglesia.

Cuando iba a ser martirizado, ya en el cadalso para la ejecución, Tomás dijo a la gente allí congregada que él moría como "buen servidor del rey, pero primero de Dios". Fue decapitado el 6 de julio de 1535.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Crónicas 24,17-25

17 Muerto Yoyadá, los jefes de Judá vinieron a rendir homenaje al rey, que esta vez siguió sus consejos.

18 Abandonaron el templo del Señor, Dios de sus antepasados, y se pasaron al culto idolátrico. Esto provocó la ira divina sobre Judá y Jerusalén.

19 El Señor les envió profetas para ver si se volvían a él, pero no hicieron caso a sus advertencias.

20 Zacarías, hijo de Yoyadá, sacerdote, movido por el espíritu de Dios, se presentó al pueblo y le dijo: -Esto dice Dios: Por qué transgredís los mandamientos del Señor? Nada conseguiréis. Habéis abandonado al Señor, y él os abandonará a vosotros.

21 Pero ellos se conjuraron contra Zacarías y, por orden del rey, le apedrearon en el atrio del templo del Señor.

22 Así pues, el rey Joás olvidó la lealtad de Yoyadá, padre de Zacarías, y mandó matar a su hijo, que dijo al morir: -Que el Señor lo vea y te pida cuentas.

23 Pasado un año, el ejército de Siria atacó a Joás, penetró en Judá y Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y llevó todo su botín al rey de Damasco.

24 El ejército invasor era poco numeroso, pero el Señor entregó en sus manos un ejército mucho mayor, porque habían abandonado al Señor, el Dios de sus antepasados. Así dieron su merecido a Joás,

25 que, al retirarse el ejército sirio, quedó gravemente herido. Sus súbditos conspiraron contra él para vengar la muerte del hijo del sacerdote Yoyadá y lo mataron en su lecho. Murió y lo enterraron en la ciudad de David, pero no en el panteón real.

 

*•• Las vicisitudes de los dos reinos hasta la caída de Samaría (721), preludio de la caída de Jerusalén, narrada en 2 Re 12-16, son recuperadas y completadas en clave teológica llegando a las páginas paralelas de 2 Cr (se trata de la única lectura de este libro en la liturgia ferial). Muerto el sumo sacerdote Yoyadá, vengador del yahvismo, el rey Joás, consagrado por él, cede a las tendencias sincretistas de los "jefes de Judá", de suerte que recae en la idolatría. La requisitoria del profeta Zacarías fue en vano, y lo mataron para vengarse. Esto trajo consigo el castigo divino, siempre siguiendo el riguroso principio de la retribución, que se expresa en la invasión siria y en la muerte del rey.

 

Salmo Responsorial

Le mantendré eternamente mi favor

Sal 88,4-5.29-30.31-32.33-34


Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
<<Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.>>
R/. Le mantendré eternamente mi favor

<<Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.>>
R/. Le mantendré eternamente mi favor

<<Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos.>>
R/.
Le mantendré eternamente mi favor

<<Castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad.>>
R/.
Le mantendré eternamente mi favor

 

 

Evangelio: Mateo 6,24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

24 Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero.

25 Por eso os digo: No andéis preocupados pensando qué vais a comer o a beber para sustentaros o con qué vestido vais a cubrir vuestro cuerpo. No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido?

26 Fijaos en las aves del cielo; ni siembran ni siegan ni recogen en graneros, y sin embargo vuestro Padre celestial las alimenta. No valéis vosotros mucho más que ellas?

27 Quién de vosotros, por más que se preocupe, puede añadir una sola hora a su vida?

28 Y del vestido, por qué os preocupáis? Fijaos cómo crecen los lirios del campo; no se afanan ni hilan,

29 y sin embargo os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos.

30 Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno Dios la viste así, qué no hará con vosotros, hombres de poca fe?

31 Así que no os inquietéis diciendo: Qué comeremos? Qué beberemos? Con qué nos vestiremos?

32 Ésas son las cosas por las que se preocupan los paganos. Ya sabe vuestro Padre celestial que las necesitáis.

33 Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia, y Dios os dará lo demás.

34 No andéis preocupados por el día de mañana, que el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su propio afán.

 

**• La última sección del capítulo 6 pone de relieve la alternativa frente a la que se encuentra el cristiano, una alternativa que implica la elección de su propio "amo": Dios o el dinero (el original cita la palabra aramea mammona). La palabra mammona incluye la idea de ganancia, dinero y, por consiguiente, los bienes del hombre, aunque también "la codicia" con la que el hombre los busca y los posee (Ireneo de Lyon). Afanarse o andar preocupado (término que se repite seis veces en el original griego) por los bienes materiales es señal de "poca fe", una denuncia que se repite con frecuencia en la pluma de Mateo (8,26; 14,31; 16,8; 17,20), para indicar la escasa confianza en el poder y en la providencia divinos. La martilleante invitación a que no andemos preocupados es justificada con una serie de alusiones a las criaturas animales y vegetales. "Debemos entender estas palabras en su sentido más sencillo", observa Jerónimo, "a saber: que si las aves del cielo, que hoy son y mañana dejan de existir, son alimentadas por la providencia de Dios, sin que deban preocuparse por ello, con mayor razón los hombres, a quienes ha sido prometida la eternidad, deben dejarse guiar por la voluntad de Dios".

La expresión "Reino y su justicia" constituye un endíadis; ambos términos están al servicio del cumplimiento de la voluntad divina, que constituye el fundamento del Reino. El "buscad ante todo" parece sugerir el principio de la jerarquización de las necesidades y, por consiguiente, de los bienes: en el primer puesto deben estar los espirituales, que dan el sentido y su justo valor a los materiales. Estos últimos nos serán dados por añadidura.

"Esta promesa se cumple en la comunidad de los hermanos, que multiplica los bienes (milagro moral bosquejado en la multiplicación de los panes), puesto que todos renuncian a todo y no les falta nada; más aún, buscando ante todo el Reino y la justicia de Dios, se dan cuenta de que están puestos en una condición de vida que, por ser conforme a la voluntad del Padre, incluye también las promesas; y todos juntos anticipan el tiempo en el que se extenderá el Reino de Dios sobre toda la tierra renovada y el hombre gozará de la paz sobre el monte del Eterno. Ésa es la perspectiva, no ascética, sino supremamente humana, del Evangelio, con la que coexiste, como es natural, mientras dure el tiempo presente y la victoria del Reino sólo sea virtual, la posibilidad de que quienes buscan apasionadamente el Reino y la justicia de Dios acaben siendo mártires por el Reino (Mc 10,30). Ahora bien, esta perspectiva no debe proyectar sombra sobre la magna y confiada verdad aquí anunciada: "Dios os dará lo demás"" (G. Miegge).

 

MEDITATIO

Tomás y el obispo Fisher se ayudaron mutuamente a mantenerse fieles a Cristo en un momento en el que la gran mayoría de conciudadanos cedía ante la presión del rey Enrique VIII por miedo a perder la vida.

Ellos demostraron lo que es ser de verdad discípulos de Cristo y el significado de la verdadera amistad. Ambos pagaron el máximo precio, ya que fueron encerrados en la Torre de Londres.

Catorce meses más tarde, nueve días después de la ejecución de Juan Fisher, Tomás Moro fue juzgado y condenado como traidor. Él manifestó ante la corte que le condenaba que no podía ir en contra de su conciencia y les dijo a los jueces: "Ojalá podamos después, en el cielo, reunimos todos felizmente para la salvación eterna".

 

ORATIO

Dios Glorioso, dame gracia para enmendar mi vida y tener presente mi fin sin eludir la muerte, pues para quienes mueren en ti, buen Señor, la muerte es la puerta a una vida de riqueza. Y dame, buen Señor, una mente humilde, modesta, calma, pacífica, paciente, caritativa, amable, tierna y compasiva en todas mis obras, en todas mis palabras y en todos mis pensamientos, para tener el sabor de tu santo y bendito espíritu. Dame, buen Señor, una fe plena, una esperanza firme y una caridad ferviente, un amor a ti muy por encima de mi amor por mí.

Dame, buen Señor, el deseo de estar contigo, de no evitar las calamidades de este mundo, no tanto por alcanzar las alegrías del cielo como simplemente por amor a ti. Y dame, buen Señor, tu amor y tu favor; que mi amor a ti, por grande que pueda ser, no podría merecerlo si no fuera por tu gran bondad. Buen Señor, dame tu gracia para trabajar por estas cosas que te pido (oración de Tomás Moro antes de su muerte).

 

CONTEMPLATIO

Qué gran modelo es santo Tomás Moro para todos, especialmente para los políticos, gobernantes y abogados. Su decidida voluntad de ser fiel a sus principios cristianos y de fidelidad a la Iglesia de Cristo hemos de contemplarla en nuestra vida. Supo renunciar conscientemente a cargos importantes para ser consecuente con sus creencias. Pidámosle que su valentía nos inspire a todos a mantenernos firmes e íntegros en la verdad, sin guardar odios ni venganzas.

Señor, que has querido que el testimonio del martirio sea perfecta expresión de la fe, te rogamos que, por la intercesión de santo Tomás Moro, nos concedas ratificar con una vida santa la fe que profesamos de palabra.

 

ACTIO

Repite frecuentemente: "En mi vida, en todos mis actos, Señor, "hágase tu voluntad"".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Aunque estoy muy convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad. Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes que prestar juramento en contra de mi conciencia; hasta ahora, ha inspirado al mismo rey la suficiente benignidad para que no pasara de privarme de la libertad (y, ciertamente, sólo con esto su majestad me ha hecho un favor más grande, por el provecho espiritual que de ello espero sacar para mi alma, que con todos aquellos honores y bienes con los que antes me había colmado). Por esto, espero confiadamente que la misma gracia divina continuará favoreciéndome, no permitiendo que el rey vaya más allá o, bien, dándome la fuerza necesaria para sufrir lo que sea con paciencia, con fortaleza y de buen grado.

Mi paciencia, unida a los méritos de la dolorosísima pasión del Señor (infinitamente superior en todos los aspectos a todo lo que yo pueda sufrir), mitigará la pena que tenga que sufrir en el purgatorio y, gracias a la divina bondad, me conseguirá más tarde un aumento de premio en el cielo.

No quiero, mi querida Margarita, desconfiar de la bondad de Dios, por más débil y frágil que me sienta. Más aún, si a causa del terror y el espanto viera que estoy ya a punto de ceder, me acordaré de san Pedro cuando, por su poca fe, empezaba a hundirse por un solo golpe de viento, y haré lo que él hizo.

Gritaré a Cristo: Señor, sálvame. Espero que entonces él, tendiéndome la mano, me sujetará y no dejará que me hunda. Y si permitiera que mi semejanza con Pedro fuera aún más allá, de tal modo que llegara a la caída total y a jurar y perjurar (lo que Dios, por su misericordia, aparte lejos de mí, y haga que una caída así redunde más bien en perjuicio que en provecho mío), aun en este caso espero que el Señor me dirija, como a Pedro, una mirada llena de misericordia y me levante de nuevo, para que vuelva a salir en defensa de la verdad y descargue así mi conciencia y soporte con fortaleza el castigo y la vergüenza de mi anterior negación.

Finalmente, mi querida Margarita, de lo que estoy seguro es de que Dios no me abandonará sin culpa mía. Por esto, me pongo totalmente en manos de Dios con absoluta esperanza y confianza. Si por mis pecados permite mi perdición, por lo menos su justicia será alabada a causa de mi persona. Espero, sin embargo, y lo espero con toda certeza, que su bondad clementísima guardará fielmente mi alma y hará que sea su misericordia, más que su justicia, lo que se ponga en mí de relieve.

Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor (Tomás Moro, carta escrita en la cárcel a su hija Margarita. The english works of sir Thomas More, Londres 1557).

 

 

 

Día 23

Domingo XII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Job 38,1-8-11

1 El Señor respondió a Job desde la tormenta y dijo:

8 Quién encerró con doble puerta el mar cuando salía a borbotones del seno de la tierra,

9 cuando le puse las nubes por vestido y los nubarrones por pañales;

10 cuando le señalé un límite, le fijé puertas y cerrojos

11 y le dije: "No pasarás de aquí, aquí se romperá la soberbia de tus olas"?

 

**• En este breve fragmento, tomado del libro de Job, domina la imagen del mar: éste, en la antigüedad, era símbolo del enorme poder de la naturaleza, que suscitaba estupor e infundía terror cuando se desencadenaba; el mar era símbolo, por consiguiente, de un misterio profundo e impenetrable, aunque también de un mundo amenazador y destructivo.

Leído desde la perspectiva del evangelio de hoy (Jesús calmando la tempestad), este texto conduce a reconocer y a confesar el señorío de Dios sobre la naturaleza: Dios estaba presente cuando "salía a borbotones" el mar del "seno de la tierra" y le puso "nubarrones por pañales", del mismo modo que se protege a un niño sin defensas (vv. 8ss). Así Dios, ejerciendo su señorío, puede liberar al hombre del miedo que conduce a la idolatría (que implica sumisión) de las fuerzas naturales. El creyente puede invocar al Señor y abandonarse con confianza a su señorío protector: ésa es la actitud central que aparece en el evangelio, puesta asimismo de relieve por el salmo responsorial propuesto por la liturgia de hoy: "Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación" (Sal 106,6). De aquí brota también la oración agradecida: "Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres" (Sal 106,21).

Leído, en cambio, a partir de su contexto originario (el libro de Job), el pasaje pretende hacer reflexionar sobre el "sentido" del sufrimiento y del mal entre los hombres: está Dios alejado y se muestra indiferente a los males de los hombres? La respuesta de Dios a Job orienta en la dirección contraria: Job, en cuanto criatura llena de límites, no puede pretender comprender el misterio del mal. Éste sigue siendo algo absurdo y un gran enigma para la razón del hombre. Pero esta misma conclusión remite también en otra dirección: el creyente no ha de esperar la posible respuesta de la "ciencia" del hombre, sino de la mirada religiosa. Los cristianos, en particular, han de buscar la respuesta en la muerte y resurrección -por tanto, en la vida- de Jesucristo.


Salmo responsorial
¡Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia!

Salmo 106, 23-24. 25-26. 28-29. 30-31

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios, 
sus maravillas en el océano.

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto;
subían al cielo, bajaban al abismo,
se sentían sin fuerzas en el peligro.

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar.

Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.


Segunda lectura: 2 Corintios 5,14-17

Hermanos:

14 nos apremia el amor de Cristo al pensar que, si uno ha muerto por todos, todos por consiguiente han muerto.

15 Y Cristo ha muerto por todos para que los que viven no vivan ya para ellos, sino para el que ha muerto y resucitado por ellos.

16 Así que ahora no valoramos a nadie con criterios humanos. Y si en algún momento valoramos así a Cristo, ahora ya no.

17 De modo que si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha aparecido algo nuevo.

 

*+• Los cristianos buscan en Cristo y, precisamente, en el hecho de que "Cristo ha muerto por todos para que los que viven no vivan ya para ellos..." (v. 15), la respuesta al problema del "sufrimiento" y del "mal" en el mundo.

La lectura pone así de manifiesto la primera gran consecuencia del vivir sub specie aetemitatis (cf. el motivo dominante del domingo precedente): mantener fija la mirada en las "cosas eternas" nos libera, en primer lugar, del egoísmo. Vivir para Cristo, "para el que ha muerto y resucitado por todos" (v. 15), implica en los cristianos capacidad de entrega a los otros: sólo de este modo se puede difundir en el mundo la vida del Resucitado. Hay dos afirmaciones en la lectura que nos ayudan a comprender el sentido cristiano de esta "entrega" a los otros: la primera nos dice que "ahora no valoramos a nadie con criterios humanos" (v. 16), o sea, según la lógica y los intereses terrenos. Es menester cambiar de "mirada" y pasar de las relaciones instrumentales, guiadas por la consideración de los otros sólo como medios para nuestros fines, a unas relaciones basadas en el ser, en la acogida a los otros como valores, como personas que tienen una dignidad inalienable.

La segunda habla de ser "una nueva criatura" (v. 17): ésa es la novedad radical introducida en el mundo por la fe en Cristo resucitado. La fe es principio de renovación en el sentido de que nos compromete a cambiarnos ante todo a nosotros mismos para cambiar después también el mundo. La acogida del Evangelio, que nos hace "uno en Cristo", no nos aísla de los otros ni de los problemas cotidianos, sino que nos da unos ojos diferentes y valor para luchar contra el mal difundido a través del bien que queremos reemplazar.

 

Evangelio: Marcos 4,35-41

35 Aquel mismo día, al caer la tarde, les dijo: -Pasemos a la otra orilla.

36 Ellos dejaron a la gente y le llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas le acompañaban.

37 Se levantó entonces una fuerte borrasca y las olas se abalanzaban sobre la barca, de suerte que la barca estaba ya a punto de hundirse.

38 Jesús estaba a popa, durmiendo sobre el cabezal, y le despertaron, diciéndole: -Maestro, no te importa que perezcamos?

39 Él se levantó, increpó al viento y dijo al lago: -!Cállate! !Enmudece!. El viento amainó y sobrevino una gran calma.

40 Y a ellos les dijo: -Por qué sois tan cobardes? Todavía no tenéis fe?

41 Ellos se llenaron de un gran temor y se decían unos a otros: -Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?

 

*•• El esquema literario del evangelio (semejante desde el punto de vista temático al fragmento de Job) parte de una situación de peligro (la tempestad), pasa a través de la invocación confiada de los discípulos asustados ("Maestro, no te importa que perezcamos?" v. 38b) y concluye con la intervención "señorial" de Jesús sobre la naturaleza y con la doble pregunta sobre la fe: primero la de Jesús ("Todavía no tenéis fe": v. 40) y después la de los discípulos ("Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?": v. 41). La pregunta fundamental a la que conduce el relato es precisamente la última: quién es Jesús?

El señorío de Jesús sobre las aguas que se agitan y muestran amenazadoras remite a buen seguro, en el lenguaje y en el simbolismo bíblico, a las aguas del éxodo, cuando Dios se reveló a su pueblo, a través de Moisés, como "liberador". En efecto, el evangelista Mateo, en su redacción del mismo episodio (Mt 8,25), recoge bien este paralelismo y emplea, a propósito de Jesús, el verbo "salvar": Jesús se revela ahora como el verdadero "salvador". Marcos, sin embargo, deja en la penumbra esta conexión, para poner de relieve la "reacción " de los hombres: pone en el centro de la atención el tema de la fe. "Todavía no tenéis fe", pregunta Jesús a sus discípulos. Éstos se encuentran dominados aún por el miedo ("Por qué sois tan cobardes?": v. 40).

Es interesante señalar que parece haber en este texto una contradicción: Jesús pregunta a sus discípulos a propósito de su "fe" precisamente cuando se han dirigido a él aparentemente con fe ("Maestro, no te importa que perezcamos?"). La aparente contradicción desaparece en cuanto reflexionamos sobre aquello que mueve la "fe" de los discípulos: éstos piden una intervención "interesada"; lo que les mueve es la preocupación por su propia piel, están dominados todavía por el interés en obtener "algo". Así son también muchas de nuestras oraciones de petición, expresión de una fe todavía muy imperfecta que pide "milagros". Casi se diría que Jesús, en el texto de Marcos, impulsa a los discípulos de todos los tiempos a proceder a una purificación de su fe y de la imagen de Dios que la fundamenta: el Dios del verdadero creyente está más allá del mundo de los intereses terrenos y de sus "leyes" y, por consiguiente, no puede ser alcanzado sólo a partir de este mundo.

 

MEDITATIO

Dios no es el "tapagujeros" de nuestras necesidades, no es alguien que podamos utilizar para colmar nuestras insuficiencias. Es propio de una religiosidad primitiva e "infantil" pretender plegar a Dios a nuestras necesidades del momento. Es propio de la religiosidad "madura" "dejar que Dios sea Dios" (K. Barth).

Ciertamente, Dios es el señor de la naturaleza, en el sentido de que, para el creyente, Dios es el principio del que todo toma su origen, en el que todo vive y al que todo tiende. Dios es la fuente de sentido para todo lo que es. El poder del hombre sobre la naturaleza ha aumentado mucho en nuestros días: hoy conocemos muchas de sus "leyes", sabemos transformarla, aunque en parte aún escapa a nuestro control. El Dios de la fe ha sido "liberado" de la imagen de un simple garante del "orden natural". Con todo, esto no es suficiente para "dejar que Dios sea Dios". El punto de partida de todo itinerario de fe auténtica es una experiencia de apertura a la Trascendencia.

Qué es lo que eso significa? En una visión dualista del mundo, que ha imaginado a Dios y al mundo, el cielo y la tierra, como realidades opuestas en términos espaciales, Dios ha sido pensado sólo como "exterior" al mundo, ha sido colocado fuera y lejos de él. Una de las consecuencias de esta imagen de Dios ha sido impulsar al hombre a mostrarse con mayor frecuencia pasivo, o bien le ha impulsado a experimentar "miedo" frente a Dios y frente a los fenómenos de la naturaleza o incluso a pretender someterlo a sus propios deseos (magia).

Ahora bien, el misterio de la encarnación, según el cual el hombre Jesús de Nazaret se ha mostrado como el rostro visible del Dios invisible, ha abierto una perspectiva diferente: la trascendencia de Dios es algo cualitativamente "diferente" en el interior de nuestra cotidianidad mundana. No se trata de un "fuera" espacial, sino de la experiencia de la proximidad de Dios y, por consiguiente, de la posibilidad de la aparición de "algo nuevo" en la historia misma.

La experiencia de la resurrección de Jesús es la revelación de esta trascendencia: una experiencia que compromete también al hombre a construir un orden diferente de relaciones, liberadas de todo tipo de miedo, en el interior del propio mundo.

 

ORATIO

Padre, fuente de la vida y fin último de toda criatura, manifiéstanos tu rostro de bondad y libéranos de nuestros miedos. Concédenos una fe sólida incluso en los momentos de tempestad, a fin de que seamos capaces de poner nuestra confianza no en los medios del poder humano, sino en ti, que estás presente junto a nosotros.

Haznos verdaderos discípulos de Jesucristo, que nos ha revelado tu rostro de padre, y haz que estemos atentos a los signos de su camino continuo en nuestra historia.

Haz que sepamos reconocerle en el amor y en el testimonio de muchos hermanos. Envíanos tu Espíritu, para que nos asista en la tarea de discernir tu proyecto sobre nosotros, nos ayude a cumplir tu voluntad, a fin de construir con confianza y paciencia ese mundo nuevo que tú nos dejas entrever en la resurrección de Jesús.

 

CONTEMPLATIO

Estamos sometidos, pues, a las tempestades desencadenadas por el espíritu del mal, pero, como bravos marineros vigilantes, llamamos al piloto adormecido.

Ahora bien, también los pilotos se encuentran normalmente en peligro. A qué piloto deberemos dirigirnos entonces? A aquel a quien no superan los vientos, sino que los manda, a aquel de quien está escrito: "Él se despertó, increpó al viento y a las olas". Qué quiere decir que "se despertó""? Quiere decir que descansaba, pero descansaba con su cuerpo, mientras que su espíritu estaba inmerso en el misterio de la divinidad. Pues bien, allí donde se encuentra la Sabiduría y la Palabra, no se hace nada sin la Palabra, no se hace nada sin la prudencia.

Has leído antes que Jesús había pasado la noche en oración: de qué modo podía dormir ahora durante la tempestad? Este sueño revela la conciencia de su poder: todos tenían miedo, mientras que sólo él descansaba sin temor. No participa, por tanto, [únicamente] de nuestra naturaleza quien no está expuesto a los peligros. Aunque duerme su cuerpo, su divinidad vigila y actúa la fe.

Por eso dice: "Por qué habéis dudado, hombres de poca fe?". Se merecen el reproche, por haber tenido miedo aun estando junto a Cristo, siendo que nadie puede perecer si está unido a él. De este modo corrobora la fe y vuelve a hacer reinar la calma (Ambrosio, Comentario al evangelio de Lucas, VI, 40-43).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, apaciéntalos y guíalos por siempre" (Sal 27,9).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La fe es estar cogidos por aquello que tiene que ver con nosotros de una manera incondicional. El hombre, como cualquier otro ser vivo, se encuentra turbado porque le preocupan muchas cosas, sobre todo por aquellas cosas que condicionan su vida, como el alimento y la casa. Y, a diferencia de los otros seres vivos, el hombre tiene también necesidades sociales y políticas.

Muchas de ellas son urgentes, algunas muy urgentes, y cada una de ellas puede estar relacionada con las cosas cotidianas de importancia esencial tanto para la vida de cada hombre particular como para la de una comunidad. Cuando esto sucede, se requiere la entrega total de aquel que responde afirmativamente a esta pretensión, y eso promete una realización total, aun cuando todas las otras exigencias debieran quedar sometidas a ella o abandonadas por amor a ella.

La fe, en cuanto estar cogidos por aquello que tiene que ver con nosotros de una manera incondicional, es un acto de toda la persona. Tiene lugar en el centro de la vida personal y abarca todas sus estructuras. La fe es el acto más profundo y más completo de todo el espíritu humano [...]. Tocias las funciones del hombre están reunidas en el acto de fe (P. Tillich, Wessen und Wandel des Glaubens, Francfort 1961, pp. 9.12 [edición española: La razón y la revelación, Ediciones Sígueme, Salamanca 1982]).

 

 

Día 24

Natividad de san Juan Bautista (24 de junio)

 

Juan el Bautista, es decir, el que bautiza, es ese a quien el evangelio nos da a conocer como el "precursor" de Jesús. Era hijo de Zacarías y de Isabel, y su venida al mundo no fue fruto de una iniciativa humana, sino un don concedido por Dios a una pareja de avanzada edad destinada a quedarse sin hijos. Juan, como precursor de Jesús, ha sido considerado con pleno derecho profeta, tanto si lo consideramos perteneciente al Antiguo Testamento como al Nuevo.

La liturgia, inspirándose en el estrecho paralelismo establecido por Lucas en el evangelio de la infancia entre Jesús y Juan el Bautista, celebra dos nacimientos: el del Mesías en el solsticio de invierno y el de su precursor en el solsticio de verano.

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 49,1-6

1 Escuchadme, habitantes de las islas; atended, pueblos lejanos: El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre.

2 Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de su mano; me transformó en flecha aguda y me guardó en su aljaba.

3 Me dijo: "Tú eres mi siervo, Israel, y estoy orgulloso de ti".

4 Aunque yo pensaba que me había cansado en vano y había gastado mis fuerzas para nada; sin embargo, el Señor defendía mi causa, Dios guardaba mi recompensa.

5 Escuchad ahora lo que dice el Señor, que ya en el vientre me formó como siervo suyo, para que le trajese a Jacob y le congregase a Israel. Yo soy valioso para el Señor, y en Dios se halla mi fuerza.

6 Él dice: "No sólo eres mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer a los supervivientes de Israel, sino que te convierto en luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra".

 

**• Entre los "cantos del siervo de YHWH", el que hemos leído se caracteriza porque pone muy de manifiesto el sentido y la naturaleza de la misión que se le confió a éste desde el día en que fue concebido en el seno de su madre: una circunstancia que corresponde bien a san Juan Bautista. El siervo de YHWH recibe del Señor un nombre, una llamada, una revelación. Se le reserva un trato especial en consideración a la misión -igualmente especial- que le espera. A él se le revela esa gloria que él deberá hacer resplandecer ante los que escucharán su palabra.

La misión del siervo de YHWH conocerá también, no obstante, las dificultades y las asperezas de la crisis, justamente como le sucederá a Juan el Bautista. El verdadero profeta, sin embargo, sólo espera de Dios su recompensa, y confía en la "defensa" que sólo Dios puede asegurarle. Por último, sorprende en esta lectura la apertura universalista de la misión del siervo de YHWH: será "luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra" (v. 6).

 

Salmo Responsorial

Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.

Salmo 138, 1-3. 13-14. 15

1Señor, tú me sondeas y me conoces;
2me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
3distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

13Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
14Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
15no desconocías mis huesos.

 

Segunda lectura: Hechos 13,22-26

En aquellos días, decía Pablo:

22 Depuesto Saúl, les puso como rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, el cual hará siempre mi voluntad.

23 De su posteridad, Dios, según su promesa, suscitó a Israel un Salvador, Jesús.

24 Antes de su venida, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia.

25 El mismo Juan, a punto ya de terminar su carrera, decía: "Yo no soy el que pensáis. Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar las sandalias".

26 Hermanos, hijos de la estirpe de Abrahán, y los que, sin serlo, teméis a Dios, es a vosotros a quienes se dirige este mensaje de salvación.

 

**• En su discurso de la sinagoga de Antioquía, Pablo hace una referencia explícita a la figura y a la misión de Juan el Bautista, lo que es señal de la gran importancia que la gigantesca imagen de este profeta tenía en el seno de la primitiva comunidad cristiana.

En este texto sobresalen dos grandes figuras: la de David y, precisamente, la de Juan el Bautista. Son dos profetas que, de modos diferentes y en tiempos distintos, prepararon la venida del Mesías. A David se le había entregado una promesa, mientras que Juan debía predicar un bautismo de penitencia. Ambos miraban al futuro Mesías, ambos eran testigos de Otro que debía venir y debía ser reconocido como Mesías.

Lo que sorprende en esta página es la claridad con la que Juan el Bautista identifica a Jesús y, en consecuencia, se define a sí mismo. Ésta es la primera e insustituible tarea de todo auténtico profeta.

 

Evangelio: Lucas 1,57-66.80

57 Se le cumplió a Isabel el tiempo y dio a luz un hijo.

58 Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella.

59 Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre.

60 Pero su madre dijo: -No, se llamará Juan.

61 Le dijeron: -No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.

62 Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamase.

63 El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos se llevaron una sorpresa.

64 De pronto, recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios.

65 Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido.

66 Cuantos lo oían pensaban en su interior: "Qué va a ser este niño?". Porque, efectivamente, el Señor estaba con él-

80 El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.

 

**• El evangelista Lucas se preocupa de contar, al comienzo de su evangelio, la infancia de Juan el Bautista junto a la infancia de Jesús: un paralelismo literariamente bello y rico desde el punto de vista teológico.

Cuando "se le cumplió a Isabel el tiempo" (v. 57) dio a luz a Juan: este nacimiento es preludio del de Jesús. Un niño que anuncia la presencia de otro niño. Un nombre -el de Juan- que es preludio de otro nombre: el de Jesús.

Una presencia absolutamente relativa a la de otro. Un acontecimiento extraordinario (la maternidad de Isabel) que prepara otro (la maternidad virginal de María).

Una misión que deja pregustar la de Jesús. No viene al caso contraponer de una manera drástica la misión de Juan el Bautista a la de Jesús, como si la primera se caracterizara totalmente y de manera exclusiva por la penitencia y la segunda por la alegría mesiánica. Se trata más bien de una única misión en dos tiempos, según el proyecto salvífico de Dios: dos tiempos de una única historia, que se desarrolla siguiendo ritmos alternos, aunque sincronizados.

 

MEDITATIO

Sabemos que la misión de Juan el Bautista fue sobre todo preparar el camino a Jesús. De ahí que valga la perra meditar sobre el deber de preparar la servida de Jesús tanto en las almas como en la historia. Es éste un deber que incumbe a cada verdadero creyente. Preparar es más que anunciar. Es preciso poner al servicio de Jesús y de su proyecto salvífico no sólo las palabras, sino toda la vida. Desde esta perspectiva podemos captar el sentido de la presencia de Juan el Bautista en los comienzos de la historia evangélica: con su comportamiento penitencial, Juan quiso hacer comprender a sus contemporáneos que había llegado el tiempo de la gran decisión; a saber, la de estar del lado de Jesús o en contra de él.

Con el bautismo de penitencia, Juan quería hacer comprender que había llegado el tiempo de cambiar de ruta, de invertir el sentido de la marcha, precisa y exclusivamente a causa de la inminente llegada del Mesías-Salvador. Con su predicación, Juan el Bautista quería sacudir la pereza y la inedia de demasiada gente de su tiempo, que de otro modo ni siquiera se habría dado cuenta de la presencia de una novedad desconcertante, como fue la de Jesús. Ahora bien, fue sobre todo con su "pasión" como Juan el Bautista preparó a sus contemporáneos para recibir a Jesús: precisamente para decirnos también a nosotros que no hay preparación auténtica para la acogida de Jesús si ésta no pasa a través de la entrega de nosotros mismos, a través de la Pascua.

 

ORATIO

Oh Dios de nuestros padres, tú nos llamas a ser "voz": concédenos reconocer tu Palabra, reconocer la única Palabra de vida eterna, para que anunciemos esta sola Verdad a los hermanos. Oh Dios de nuestros padres,

tú nos llamas a ser "el amigo del Esposo"; hazme solícito a preparar los corazones de los hombres, para que estén bien dispuestos a acogerlo.

Oh Dios de nuestros padres, tú nos llamas a señalar el Cordero de Dios a los hombres: haz que nunca me ponga sobre él, sino que él crezca y yo mengüe.

 

CONTEMPLATIO

Grita, oh Bautista, todavía en medio de nosotros, como en un tiempo en el desierto [...]. Grita todavía entre nosotros con voz más alta: nosotros gritaremos si tú gritas, callaremos si tú te callas [...]. Te rogamos que sueltes nuestra lengua, incapaz de hablar, como en un tiempo soltaste, al nacer, la de tu padre, Zacarías (cf. Le 1,64). Te conjuramos a que nos des voz para proclamar tu gloria, como al nacer se la diste a él para decir públicamente tu nombre (Sofronio de Jerusalén, Le omelie, Roma 1991, pp. 159ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia hoy estas palabras referidas al Bautista: "Serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos" (Le 1,76).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El primer testigo cualificado de la luz de Cristo fue Juan el Bautista. En su figura captamos la esencia de toda misión y testimonio. Por eso ocupa una posición tan importante en el prólogo y emerge con su misión antes incluso de que la Palabra aparezca en la carne. Es testigo con las vestiduras de precursor.

Eso significa sobre todo que él es el final y la conclusión de la antigua alianza y que es el primero en cruzar, viniendo de la antigua, el umbral de la nueva. En este sentido, es la consumación de la antigua alianza, cuya misión se agota aludiendo a Cristo. Por otra parte, Juan es el primero en dar testimonio realmente de la misma luz, por lo que su misión está claramente del otro lado del umbral y es una misión neotestamentaria. La tarea veterotestamentaria confiada por Dios a Moisés o a un profeta era siempre limitada y circunscrita en el interior de la justicia.

Esta tarea era confiada y podía ser ejecutada de tal modo que mandato y ejecución se correspondieran con precisión. La tarea veterotestamentaria confiada a Juan contiene la exigencia !limitada de atestiguar la luz en general. Es confiada con amor y -por muy dura que pueda ser- con alegría, porque es confiada en el interior de la misión del Hijo (A. von Speyr, // Verbo si fa carne, Milán 1982, I, pp. 64ss).

 

 

Día 25

Martes de la semana XII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 19,9b-11.14-21.31-35a.36

En aquellos días,

9 Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías para decirle:

10 -Así diréis a Ezequías, rey de Judá: "Que tu Dios, en quien confías, no te engañe diciéndote: "Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria".

11 Sabes bien que los reyes de Asiria han exterminado a todos los países, y vas a librarte tú?".

14 Ezequías tomó la carta que traían los mensajeros y la leyó; después, subió al templo, la desenrolló ante el Señor

15 y oró así: -Señor, Dios de Israel, que te sientas sobre los querubines, tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra.

16 Inclina, Señor, tu oído y escucha; abre, Señor, tus ojos y mira. Escucha las palabras con que Senaquerib ha ultrajado al Dios vivo.

17 Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han asolado otros pueblos y otras tierras,

18 y han quemado a sus dioses, porque no eran dioses, sino madera o piedra modeladas por el hombre; por eso los han destruido.

19 Te suplico, Señor, Dios nuestro, que nos libres de su poder, para que todos los reinos de la tierra sepan que tú, Señor, eres el único Dios.

20 Entonces Isaías, hijo de Amos, mandó a decir a Ezequías: -Así dice el Señor, Dios de Israel: "He escuchado tu plegaria ante la amenaza de Senaquerib, rey de Asiria".

21 Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: "Te desprecia y se burla de ti, la doncella de Sión; Jerusalén a tus espaldas menea la cabeza".

31 Porque quedará un resto en Jerusalén y supervivientes en el monte Sión. Así lo realizará el Señor.

32 Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: "No entrará en esta ciudad ni la alcanzará con sus flechas, no la cercará con sus escudos ni levantará terraplenes contra ella.

33 Se volverá por donde vino y no entrará en esta ciudad. Oráculo del Señor.

34 Yo la protegeré y la salvaré, en atención a mí mismo y a mi siervo David".

35 Aquella misma noche, el ángel del Señor vino al campamento asirio e hirió a ciento ochenta y cinco mil hombres.

36 Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se fue a Nínive y se quedó allí.

 

**• La narración bíblica prosigue hablando de la masiva inmigración de cinco estirpes extranjeras e idolátricas (los famosos "cinco maridos" de Jn 4,18) en tierras de los samaritanos, inmigración que provocó un auténtico sincretismo: "aquellas gentes daban culto al mismo tiempo al Señor y a sus ídolos. Y sus descendientes siguen haciendo lo mismo hasta el día de hoy" (2 Re 17,41). A Judá le aguardaba un destino que no era diferente. Reinaba

allí el piadoso rey yahvista Ezequías (716-687), que logró salvar Jerusalén entrando en una relación de vasallaje con Asiria (2 Re 18,13ss). A pesar de ello, la reacción antiasiria, con el apoyo egipcio, era viva.

El fragmento que hoy nos ofrece la liturgia nos presenta la carta del rey de Asiria Senaquerib (704-681) en la que amenaza a Ezequías con ponerse en contra de él.

Al mismo tiempo, Isaías, en un extenso canto que incluye el oráculo divino (w. 21-34, reducidos en el texto litúrgico), anuncia la derrota, por obra del mismo Señor, del ejército de Senaquerib, diezmado probablemente por la peste.

 

Salmo Responsorial

Dios ha fundado su ciudad para siempre

Salmo 47,2-3a.3b-4.10-11


Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra.
R/.
Dios ha fundado su ciudad para siempre

El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey.
Entre sus palacios, Dios
descuella como un alcázar.
R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios,
tu alabanza llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia.
R/.
Dios ha fundado su ciudad para siempre

 

 

Evangelio: Mateo 7,6.12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los puercos, no sea que las pisoteen, se vuelvan contra vosotros y os destrocen.

12 Así pues, tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros, porque en esto consisten la Ley y los profetas.

13 Entrad por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por él.

14 En cambio, es estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que lo encuentran.

 

*" Hallamos aquí algunos dichos del Señor reunidos por el evangelista en el magno "sermón del monte". El texto litúrgico omite los versículos relativos a las "cosas buenas" que los hombres intercambian entre ellos y que el Padre celestial concede a quienes se las piden.

El primero de los dichos referidos tiene que ver con el uso de lo "santo". El sentido de esta expresión no está claro, aunque podemos sobreentender con ella la Palabra evangélica y, en último extremo, la eucaristía (Didajé 9,5). Parece que se bosqueja aquí lo que será definido como "la disciplina del arcano". Consiste esta en no revelar los santos misterios a los extraños y menos aún a las personas indignas. "Si cerramos nuestras puertas antes de celebrar los misterios y excluimos a los no iniciados", precisa Juan Crisóstomo, "es porque hay todavía muchos que están demasiado poco preparados para poder participar en estos sacramentos".

Con el término "perros" se designaba de modo despreciativo a los paganos, considerados idólatras por definición (cf. Mt 15,26ss, donde apenas se atenúa la palabra poniéndola en diminutivo, "perrillos"). A los cerdos, considerados proverbialmente como animales impuros, eran equiparados los que mantenían una conducta contraria a la Ley (ambas categorías de animales se encuentran en 2 Pe 2,21ss). Según Jerónimo, "algunos quieren ver en los perros a aquellos que, tras haber creído en Cristo, vuelven al vómito de sus pecados; y en los cerdos, a los que no han creído aún en el Evangelio y siguen revolcándose en sus vicios y en el fango de la incredulidad. En consecuencia, no conviene confiar demasiado pronto a hombres de tal condición la perla del Evangelio, por miedo a que la pisoteen y, revolviéndose contra nosotros, intenten destrozarnos".

Frente a la bondad divina, los hombres son "malos"; sin embargo, son capaces de dar pan y pescado. Pues bien, qué "pan" y qué "pescado" no nos dará el Padre con el don de su Hijo? Estas "cosas buenas" son "ciertamente, ante todo, los bienes superiores, el Reino y la justicia de Dios. Le 11,13 dice "dará el Espíritu Santo" a los que se lo pidan. El Espíritu Santo es el don por excelencia, siempre conforme a la voluntad de Dios, y se concede siempre a los que lo piden: espíritu de vida y de regeneración, inteligencia de las Escrituras, discernimiento espiritual, carismas varios en la comunidad.

Pero hay muchas otras cosas que pueden ser "buenas" en el marco y desde la perspectiva del Reino y de su justicia: también una buena salud y el pan de cada día, así como la paz eterna y la tranquilidad favorable al buen trabajo. Debemos abstenernos, pues, de una excesiva timidez, de un orgullo espiritualista, de un estoicismo cristiano, o como se quiera decir, que venga a detener la espontaneidad natural de la oración de los hijos al Padre" (G. Miegge).

El v. 12 constituye la "regla de oro" del obrar cristiano. La encontramos, aunque formulada de manera negativa, en Tob 4,15 y no falta tampoco en las antiguas tradiciones espirituales. Hemos de señalar aún la insistencia en el hacer, que se repite más veces en este último capítulo del sermón del monte (w. 12; 17; 19; 21; 24; 26).

Por último, están las dos puertas y los correspondientes caminos a los que dan acceso. La doctrina de los dos caminos estaba formulada ya en el Antiguo Testamento (Dt 30,15-20) y fue recuperada en la primera catequesis cristiana (Didajé 1,1). La imagen de la puerta y del camino remite al mismo Cristo (cf. Mt 22,16), que se atribuye a sí mismo esta doble realidad (Jn 10,7; 14,6), así como a los Hechos de los apóstoles, donde aparece con bastante frecuencia.

 

MEDITATIO

Las "perlas", según Juan Crisóstomo, son "los misterios de la verdad", o sea, la totalidad del patrimonio revelado. En consecuencia, dejaré aparecer en qué consideración tengo la Palabra divina. El fragmento litúrgico omite los w. 7-11, relacionados con la eficacia de la oración. Los leemos directamente en la Biblia, a fin de convertirlos en objeto de meditación. La Glosa medieval explícita el trinomio "pedir, buscar y llamar", diciendo que "nosotros pedimos con la oración, buscamos con la rectitud de la vida y llamamos por medio de la perseverancia ". El texto evangélico nos invita, por otra parte, a preguntarnos si somos capaces de dar cosas buenas a los hermanos, cosas que se convierten de este modo en la medida de nuestras acciones. Por último, tomo conciencia de si voy por el camino estrecho que es Cristo mismo o si intento hacerme el recorrido cómodo y gratificador al precio de compromisos y mediocridad.

 

ORATIO

Clementísimo Señor Jesucristo, hazme entrar por la puerta de la salvación y en la vida de la gloria después de haber recorrido el camino estrecho de la justicia y haber entrado por la estrecha puerta de la penitencia.

Enséñame a evitar las sugerencias de los engañadores y concédeme evitar la sencillez y la inocencia de los hombres espirituales. Que mi corazón eche sus raíces no en la tierra, sino en el cielo, de modo que sea encontrado fiel en los frutos de las buenas obras más bien que en el follaje de las solas palabras.

Concédeme cumplir la voluntad del Padre celestial y traducir en obras las palabras que escucho de ti, de suerte que, arraigado en ti, no haya tentación que me separe de ti. Amén (Landulfo de Sajonia).

 

CONTEMPLATIO

El camino ancho es el apego a los bienes del mundo que los hombres desean ardientemente. Estrecho es el que se recorre al precio de fatigosas renuncias. Observa también cómo insiste en los individuos que marchan por ambos caminos: son muchos los que caminan por el camino ancho, mientras que sólo pocos encuentran el estrecho.

No es preciso ir a buscar el camino ancho, ni resulta difícil encontrarlo: se presenta espontáneamente a nosotros, porque es el camino de los que se equivocan; el estrecho, en cambio, no todos lo encuentran, y los que lo hallan no siempre entran en él de inmediato. Muchos, en efecto, aunque han encontrado el camino de la verdad, se vuelven atrás a medio camino, presos de las seducciones del mundo (Jerónimo, Comentario al evangelio de Mateo).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "!Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!" (Mt 7,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El camino de los seguidores es angosto. Resulta fácil no advertirlo, resulta fácil falsearlo, resulta fácil perderlo, incluso cuando uno ya está en marcha por él. Es difícil encontrarlo. El camino es realmente estrecho y el abismo amenaza por ambas partes: ser llamado a lo extraordinario, hacerlo y, sin embargo, no ver ni saber que se hace..., es un camino estrecho. Dar testimonio de la verdad de Jesús, confesarla y, sin embargo, amar al enemigo de esta verdad, enemigo suyo y nuestro, con el amor incondicional de Jesucristo..., es un camino estrecho. Creer en la promesa de Jesucristo de que los seguidores poseerán la tierra y, sin embargo, salir indefensos al encuentro del enemigo, sufrir la injusticia antes que cometerla..., es un camino estrecho. Ver y reconocer al otro hombre en su debilidad, en su injusticia, y nunca juzgarlo, sentirse obligado a comunicarle el mensaje y, sin embargo; no echar las perlas a los puercos..., es un camino estrecho. Es un camino insoportable.

En cualquier instante podemos caer. Mientras reconozco este camino como el que me es ordenado seguir, y lo sigo con miedo a mí mismo, este camino me resulta efectivamente imposible.

Pero si veo a Jesucristo precediéndome paso a paso, si sólo le miro a él y le sigo paso a paso, me siento protegido. Si me fijo en lo peligroso de lo que hago, si miro al camino en vez de a aquel que me precede, mi pie comienza a vacilar. Porque él mismo es el camino. Es el camino angosto, la puerta estrecha.

Sólo interesa encontrarle a él (Dietrich Bonhoerfer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, p. 125).

 

 

 

Día 26

Miércoles de la semana XII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 22,8-13; 23,1-3

En aquellos días,

8 el sumo sacerdote Jelcías dijo al secretario Safan: -He encontrado el libro de la Ley en el templo del Señor. Se lo entregó a Safan, y él lo leyó.

9 Luego, fue a informar al rey y le dijo: -Tus siervos han recogido el dinero del templo y se lo han dado a los que dirigen las obras, a los responsables del templo del Señor.

10 Después le dio la noticia: -El sacerdote Jelcías me ha dado este libro. Y Safan lo leyó ante el rey.

11 Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras

12 y dio esta orden al sacerdote Jelcías, a Ajicán, hijo de Safan, a Acbor, hijo de Miqueas, al secretario Safan y a Asayá, ministro real:

13 -Id a consultar al Señor por mí, por el pueblo y por todo Judá sobre las palabras del libro que acaba de ser encontrado. Tiene que ser grande la ira del Señor contra nosotros, porque nuestros antepasados no han obedecido las palabras de este libro ni han cumplido lo que está escrito en él.

23,1 El rey mandó convocar a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.

2 Después subió al templo del Señor con toda la gente de Judá y todos los habitantes de Jerusalén: sacerdotes, profetas y todo el pueblo, chicos y grandes. Leyó ante ellos todas las palabras del libro de la alianza encontrado en el templo del Señor

3 y, puesto de pie junto a la columna, selló ante el Señor una alianza, comprometiéndose a seguirlo, a guardar sus preceptos, mandamientos y leyes con todo su corazón y toda su alma, y a practicar las cláusulas de la alianza escritas en aquel libro. Y todo el pueblo ratificó esta alianza.

 

*•• A Ezequías, curado milagrosamente por Isaías (2 Re 1,11; cf. Is 36-38), le sucedió el largo reinado de Manases (687-642), durante el que la apostasía llegó hasta el punto de que se perdieron las huellas del mismo libro de la alianza (2 Re 23,2.21): probablemente se trata de la sección legislativa del Deuteronomio, donde se reivindicaba un solo Dios y un solo templo. El "impío Manases", comparable a Ajab por su ferocidad, según la tradición hizo cortar en dos al profeta Isaías. Después de él vino Josías (640-609), tataranieto de Ezequías, bajo cuyo gobierno fue encontrado el libro de la Ley, y esto sonó a reproche por la conducta infiel del pueblo de Dios, de cuya parte la profetisa Juldá anunciaba un indefectible castigo (2 Re 22,14-20). Eso impulsó al rey a dar lectura de la Ley y a renovar la alianza, como ya sucedió en el Sinaí (Ex 24,7ss) y en Siquén (Jos 24,25-27), y también a convocar una celebración solemne de la pascua. Por otra parte, Josías continuó esperando la deseada reforma, aprovechando asimismo una menor presión Asiria (2 Re 23,4-30).

 

Salmo Responsorial

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes

Salmo 118,33.34.35.36.37.40


Muéstrame, Señor,
el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente.
R/.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes

Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.
R/. Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes

Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo.
R/.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes

Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés.
R/.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes

Aparta mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra.
R/.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes

Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia.
R/.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes

 

 

Evangelio: Mateo 7,15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

15 Tened cuidado con los falsos profetas; vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

16 Por sus frutos los conoceréis. Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de las zarzas?

17 Del mismo modo, todo árbol bueno da frutos buenos, mientras que el árbol malo da frutos malos.

18 No puede un árbol bueno dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos.

19 Todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa al fuego.

20 Así que por sus frutos los conoceréis.

 

*•• Jesús pone en guardia a sus discípulos contra los "falsos profetas" y les indica el criterio de la verdad de la conducta cristiana. Consiste éste en los "frutos" que se esté en condiciones de producir. Mateo denunciará de manera repetida, en el discurso escatológico del Señor, la insidia que constituyen los falsos profetas (Mt 24,11.24). La enseñanza de la Didajé no difiere de ésta (11, 4-8).

La imagen del árbol -y en particular del árbol de la vid- tiene aquí la función de indicar al pueblo de Dios y era una imagen que resultaba familiar a los oyentes de Jesús (cf. Is 5,lss; Jr 2,21; Mt 15,13; Jn 15,1-8). Por el fruto se reconoce el árbol, del mismo modo que también el árbol produce frutos conformes a su naturaleza: puede tratarse de un árbol bueno o de un árbol enfermo, viciado.

 

MEDITATIO

Jerónimo nos hace caer en la cuenta de que Jesús nos invita a no detenernos en el "vestido", en las apariencias, y a tomar como criterio de valoración de la conducta humana los "frutos" que produce. Puedo detenerme en la meditación sobre los frutos que acompañan a la vida del cristiano. Los encuentro en las cartas paulinas (Gal 5,22; Rom 14,17; Ef 5,9) y los dispongo siguiendo la triple referencia con la que presenta al ser humano la Escritura, referencia que gravita sobre el corazón, los labios y la mano. El corazón constituye el centro profundo de nuestro ser; la boca preside la comunicación, y la mano, verdadera prolongación de la conciencia, preside la acción.

Realizo un travelín introspectivo, deteniéndome en la meditación sobre los tres centros de gravedad: Corazón: caridad, magnanimidad, fidelidad, justicia. Boca: alegría, benevolencia, mansedumbre, verdad. Mano: paz, bondad, dominio de sí mismo, "dedo de la diestra de Dios".

 

ORATIO

Señor, soy un sarmiento injertado en ti, árbol de la verdadera vida. De ti me llega la linfa de la Palabra y de la eucaristía. Sólo en ti puedo dar frutos para la vida eterna. Concédeme aceptar las podas que el Padre obra en mí, para que pueda fructificar más.

 

CONTEMPLATIO

Por lo demás, al decir el Señor que pocos son los que lo encuentran, una vez más puso patente la desidia del vulgo, a la par que enseñó a sus oyentes a seguir no las comodidades de los más, sino los trabajos de los menos.

Porque los más -nos dice- no sólo no caminan por ese camino, sino que no quieren caminar, lo que es locura suma. Pero no hay que mirar a los más ni hay que dejarse impresionar por su número, sino imitar a los menos y, pertrechándonos bien por todas partes, emprender así decididamente la marcha. Porque, aparte de ser camino estrecho, hay muchos que quieren echarnos la zancadilla para que no entremos por él. Por eso añade el Señor: !Cuidado con los falsos profetas! Porque vendrán a vosotros vestidos con piel de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. He aquí, a la par de los perros y de los cerdos, otro linaje de celada y asechanza, éste más peligroso que el otro, pues unos atacan franca y descubiertamente y otros entre sombras (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 23, 6 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

"Todo árbol bueno da frutos buenos, mientras que el árbol malo da frutos malos." Estas palabras podemos referirlas a todos aquellos hombres que hablan y se las dan de comportarse de un modo, y luego obran de un modo completamente distinto. Pero, en particular, se refieren a los herejes, que presumen de continencia, castidad y ayuno, pero en su interior tienen un alma enferma que les lleva a engañar a los corazones simples de los hermanos. Por los frutos de su alma, con los que arrastran a los simples a la ruina, son comparados con los lobos rapaces [...].

Ésta es la verdad: mientras el árbol bueno no dé frutos malos da a entender que persevera en la práctica de la bondad; por su parte, el árbol malo continúa dando los frutos del pecado hasta que no se convierte a la penitencia.

En efecto, nadie que continúe siendo lo que ha sido puede empezar a ser lo que aún no es (Jerónimo, Comentario al evangelio de Mateo).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Por sus frutos los conoceréis" (Mt 7,20).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La separación entre el mundo y la comunidad se ha realizado. Pero la Palabra de Jesús penetra ahora en la comunidad misma, juzgando y separando. La separación debe realizarse, de forma incesantemente nueva, en medio de los discípulos de Jesús. Los discípulos no deben pensar que pueden huir del mundo y permanecer sin peligro alguno en el pequeño grupo que se halla en el camino angosto. Surgirán entre ellos falsos profetas, aumentando la confusión y la soledad.

Junto a nosotros se encuentra alguien que externamente es un miembro de la comunidad, un profeta, un predicador; su apariencia, su palabra, sus obras, son las de un cristiano, pero interiormente han sido motivos oscuros los que le han impulsado hacia nosotros; interiormente es un lobo rapaz, su palabra es mentira y su obra engaño. Sabe guardar muy bien su secreto, pero en la sombra sigue su obra tenebrosa. Se halla entre nosotros no impulsado por la fe en Jesucristo, sino porque el diablo le ha conducido hasta la comunidad. Busca, quizás, el poder, la influencia, el dinero, la gloria que saca de sus propias ideas y profecías. Busca al mundo, no al Señor Jesús. Disimula sus sombrías intenciones bajo un vestido de cristianismo, sabe que los cristianos forman un pueblo crédulo. Cuenta con no ser desenmascarado en su hábito inocente. Porque sabe que a los cristianos les está prohibido juzgar, cosa que está dispuesto a recordarles en cuanto sea necesario. Efectivamente, nadie puede ver en el corazón del otro. Así desvía a muchos del buen camino. Quizás él mismo no sabe nada de todo esto; quizás el demonio que le impulsa le impide ver con claridad su propia situación.

Ahora bien, tal declaración de Jesús podría inspirar a los suyos un gran terror. Quién conoce al otro? Quién sabe si detrás de la apariencia cristiana no se oculta la mentira, no acecha la seducción? Una desconfianza profunda, una vigilancia sospechosa, un espíritu angustiado de crítica podrían introducirse en la Iglesia. Esta palabra de Jesús podría incitarles a juzgar sin amor a todo hermano caído en el pecado. Pero Jesús libera a los suyos de esta desconfianza que destruiría a la comunidad. Dice: el árbol malo da frutos malos. A su tiempo se dará a conocer por sí mismo. No necesitamos ver en el corazón de nadie. Lo que debemos hacer es esperar hasta que el árbol dé sus frutos Cuando llegue su tiempo, distinguiréis los árboles por sus frutos.

Y el fruto no puede hacerse esperar mucho. Lo que se trata aquí no es la diferencia entre la Palabra y la obra, sino entre la apariencia y la realidad. Jesús nos dice que un hombre no puede vivir mucho tiempo de apariencias. Llega el momento de dar los frutos, llega el tiempo de la diferenciación. Tarde o temprano se revelará lo que realmente es. Poco importa que el árbol no quiera dar fruto. El fruto viene por sí mismo. Cuando llegue el momento de distinguir un árbol de otro, el tiempo de los frutos lo revelará todo. Cuando llegue el momento de la decisión entre el mundo y la Iglesia, lo que puede ocurrir cualquier día, no sólo en las grandes decisiones, sino también en las decisiones ínfimas, vulgares, entonces se revelará lo que es malo y lo que es bueno. En ese instante sólo subsistirá la realidad, no la apariencia (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 126-127).

 

 

Día 27

Jueves de la semana XII del Tiempo ordinario,

san Cirilo de Alejandría

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 24,8-17

8 Jeconías comenzó a reinar a los dieciocho años y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre, Nejustá, era hija de Elnatán, natural de Jerusalén.

9 Ofendió con su conducta al Señor, como su padre.

10 En su tiempo, el ejército de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra Jerusalén y sitió la ciudad.

11 El mismo Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó mientras su ejército sitiaba la ciudad.

12 Jeconías salió a su encuentro con su madre, sus cortesanos, sus jefes y sus criados. El rey de Babilonia los hizo prisioneros el año octavo de su reinado.

13 Como había dicho el Señor, se llevó todos los tesoros del templo del Señor y los del palacio real y machacó todos los objetos de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo del Señor.

14 Deportó a toda Jerusalén, a todos los grandes y poderosos, en número de diez mil, y a todos los herreros y cerrajeros. Sólo dejó a la población más pobre del país.

15 Deportó a Jeconías y a su madre, a sus mujeres, a sus criados y a los nobles del país y los llevó cautivos de Jerusalén a Babilonia.

16 También se llevó a todos los ricos, que eran unos siete mil, a los herreros y cerrajeros, que eran unos mil, y a todos los hombres aptos para la guerra.

17 El rey de Babilonia puso en lugar de Jeconías a su tío Matanías, a quien puso el nombre de Sedecías.

 

*+• A la amenaza de Asiria (que mientras tanto se había apoyado en Egipto para contener el expansionismo babilónico) subintró el de Babilonia. Una vez caída Nínive (612), Nabucodonosor se convirtió en rey de Babilonia (605) y se apoderó del frágil reino de Jeconías.

Conquistó Jerusalén en la primavera del año 598 y procedió a una primera deportación en la que se vio implicado el profeta Daniel. En sustitución de Jeconías, un inepto para las armas, fue nombrado Sedecías (598-587) como rey de Judá. En esta situación se desarrolló la labor del profeta Jeremías (Jr 22,13-17).

El autor sagrado relaciona siempre los dramas de su pueblo con la infidelidad al Señor (v. 9, que recuerda los funestos acontecimientos acaecidos bajo Joaquín, padre de Jeconías, narrados al comienzo del capítulo 24).

 

Salmo Responsorial

Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Sal 78,1-2.3-5.8.9

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo, 
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.
R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera?
R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
R/.
Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre.
R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

 

Evangelio: Mateo 7,21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

21 No todo el que me dice: !Señor, Señor! entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

22 Muchos me dirán ese día: -!Señor, Señor! No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

23 Pero yo les responderé: -No os conozco de nada. !Apartaos de mí, malvados!

24 El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica es como aquel hombre sensato que edificó su casa sobre roca.

25 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa, pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca.

26 Sin embargo, el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica es como aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena.

27 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, se abatieron sobre la casa y ésta se derrumbó. Y su ruina fue grande.

28 Cuando Jesús terminó este discurso, la gente se quedó admirada de su enseñanza,

29 porque les enseñaba con autoridad, y no como sus maestros de la Ley.

 

**• La conclusión del "sermón del monte" incluye una puesta en guardia contra la presunción de salvarse en virtud de la invocación del nombre divino, sin que esta invocación vaya acompañada de un comportamiento coherente, o en virtud de acciones carismáticas que no van acompañadas por la caridad (cf. 1 Cor 13), aun cuando puedan ser signos de la propia fe, como nos enseña Me 16,17. "Profetizar, realizar milagros y expulsar demonios", sostiene Jerónimo, "no revela en ocasiones los méritos de quien realiza tales acciones: es la invocación del nombre de Cristo lo que hace posibles semejantes hechos, que son concedidos para condena de aquellos que invocan a Cristo y en beneficio de cuantos son testigos suyos. Los que realizan milagros, aunque desprecien a los hombres, honran, no obstante, a Dios, en cuyo nombre se llevan a cabo los prodigios". La alternativa frente a la que se nos pone está contenida entre los términos "decir" y "hacer".

Hay que señalar, a continuación, que Cristo se pone a sí mismo como referencia (Mc dirán...; estas palabras mías...) en el juicio final (cf. Mt 25). También resulta indicativo el subrayado del muchos: "Muchos me dirán...". En el texto original se lee un "entonces yo declararé" que es una clara alusión al "día del Señor", al día del juicio.

El hecho de que Cristo declare no conocer (como en la parábola de las vírgenes necias: Mt 25,12) a tales "obradores de iniquidad" (cf. Mt 13,41; 24,12, donde se repite el mismo término) recuerda la fórmula judía de excomunión pronunciada por el maestro, fórmula que comportaba la suspensión temporal del discípulo.

El sermón del monte vuelve a proponer el gran esquema de las bendiciones y de las maldiciones frente a las que se ponía al pueblo de la alianza (Lv 26; Dt 28) y termina con la expresión "su ruina fue grande", que establece un contraste singular con las palabras del comienzo: "Dichosos...". Hemos de señalar aún el simbolismo escondido en los términos "roca" (Cristo) y "casa" (Iglesia).

Por último, presenta Cristo una doble escucha: la superficial y no comprometida y la activa, así como el diferente desenlace de una y otra. No sin razón nos pone en guardia el Señor en el evangelio de Lucas, diciendo: "Prestad atención a cómo escucháis" (Lc 8,18). También Santiago vuelve en su Carta (1,22-25) sobre la doble escucha. "Por consiguiente, el hombre no teme de palabra las nubladas supersticiones, porque no se puede entender de manera diferente la lluvia cuando se usa como símbolo de un mal; no teme las charlas de los hombres que supongo en analogía con los vientos, o bien el río de esta vida que discurre, por así decir, sobre la tierra con los estímulos carnales. Quien se deja conducir por el curso favorable de estas tres eventualidades se ve arrollado por la inversión del curso. En cambio, no teme nada de la lluvia ni del viento quien ha construido su casa sobre la roca, o sea, quien no sólo escucha, sino que pone en práctica la Palabra del Señor. Y quien la escucha y no la pone en práctica se arriesga a todo esto; en efecto, carece de un fundamento firme; al escuchar y no practicar construye su caída" (Agustín).

 

MEDITATIO

        "Si alguien vive la Palabra de Dios, se convierte en hijo de Dios" (Jerónimo) y como tal será reconocido a su entrada en el Reino. Jesús censura a cuantos "enseñan bien y viven mal" {Glosa), a cuantos reconocen su señorío pero no cumplen sus leyes, a cuantos olvidan que "la santidad sólo es perfecta en quien cumple con las obras lo que enseña con la palabra" (Jerónimo). Cristo, con la intención de resumir su mensaje, nos presenta la parábola de la casa y de los dos terrenos sobre los que ha sido construida. San Atanasio escribe que la roca es el mismo Cristo; la casa construida sobre él es el edificio de nuestra fe; los vientos que la agitan son las fuerzas del mal; las aguas representan el conjunto de las tentaciones que amenazan con arrollar la vida de los justos.

No tengo más que preguntarme, en la meditación, sobre qué fundamento estoy construyendo mi edificio espiritual: "El día del Señor pondrá de manifiesto la obra de cada cual, porque ese día vendrá con fuego, y el fuego pondrá a prueba la obra de cada uno. Aquel cuyo edificio resista recibirá premio" (1 Cor 3,13-14).

 

ORATIO

Señor, estaré entre aquellos a quienes alejarás de ti in remisión en el día del juicio? !Cuántas veces he invocado tu nombre! !Cuántas obras estruendosas he realizado en tu nombre! Sin embargo, la solidez de mi edificio espiritual no ha estado a la altura. La superficialidad, la incoherencia y la inconstancia me impiden construir una casa digna de convertirse en tu morada estable.

 

CONTEMPLATIO

        Cierto, insufribles son el infierno y el castigo que allí se padece. Sin embargo, aun cuando me pongas mil infiernos delante, nada me dirás comparable con la pérdida de aquella gloria bienaventurada, con la desgracia de ser aborrecido de Cristo, de tener que oír de su boca: No te conozco; de que nos acuse de que le vimos hambriento y no le dimos de comer. Cierto, más valiera que mil rayos nos abrasaran que no ver que aquel manso rostro nos rechaza y que aquellos ojos serenos no pueden soportar el mirarnos. Porque si, cuando yo era enemigo suyo y le aborrecía y le rechazaba, de tal modo me amó que no se perdonó a sí mismo y se entregó a la muerte por mí, con qué ojos podré mirarle si después de todos esos beneficios, cuando le vi hambriento, no le di un pedazo de pan?

Mas considerad aún aquí su mansedumbre, pues no nos hace la enumeración de sus beneficios ni nos echa en cara que, después de tantos recibidos, le hemos despreciado.

No nos dice el Señor: "Yo soy el que te saqué del no ser al ser, yo te inspiré el alma, yo te constituí sobre todas las cosas de la naturaleza. Por ti hice la tierra y el cielo y el mar y el aire y cuanto existe, y tú me despreciaste y me tuviste en menos que al diablo. Y, sin embargo, ni aun así te abandoné, sino que, después de todo eso, inventé mil invenciones de amor y quise hacerme esclavo y fui abofeteado y escupido y crucificado, y morí con la más afrentosa de las muertes. Y por ti intercedo también en el cielo, y te hice gracia del Espíritu Santo, y te concedí por mi dignación mi propio Reino, y quise ser cabeza tuya; tu esposo, y tu vestido, y tu casa, y tu raíz, y tu alimento, y tu bebida, y tu pastor, y tu rey, y tu hermano, y tu heredero, y coheredero, y te saqué de las tinieblas al poder de la luz" (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 23, 8 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El hombre sensato edifica su casa sobre roca" (cf. MI 7,24).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Pero la separación provocada por la llamada de Jesús al seguimiento es aún más profunda. Tras la separación del mundo y de la Iglesia, de los cristianos falsos y verdaderos, la separación se sitúa ahora en medio del grupo de los discípulos que confiesan su fe. Pablo afirma: "Nadie puede decir "Jesús es señor" sino por influjo del Espíritu Santo" (1 Cor 12, 3). Con la propia razón, con las propias fuerzas, con la propia decisión, nadie puede entregar su vida a Jesús ni llamarle su señor. Pero aquí se tiene en cuenta la posibilidad de que alguno llame a Jesús su señor sin el Espíritu Santo, es decir sin haber escuchado la llamada de Jesús.

Esto resulta tanto más incomprensible cuanto que en aquella época no significaba ninguna ventaja terrena llamar a Jesús su señor; al contrario, se trataba de una confesión que implicaba un gran peligro. "No todo el que me dice: "Señor, Señor" entrará en el Reino de los Cielos...". Decir "Señor, Señor" es la confesión de fe de la comunidad. Pero no todo el que pronuncia esta confesión entrará en el Reino de los Cielos.

La separación se producirá en medio de la Iglesia que confiesa su fe. Esta confesión no confiere ningún derecho sobre Jesús. Nadie podrá apelar nunca a su confesión. El hecho de que seamos miembros de la Iglesia de la confesión verdadera no constituye un derecho ante Dios. No nos salvaremos por esta confesión.

Jesús revela aquí a sus discípulos la posibilidad de una fe demoníaca, que le invoca a él, que realiza hechos milagrosos, idénticos a las obras de los verdaderos discípulos de Jesús, hasta el punto de no poder distinguirlos, actos de amor, milagros, quizás incluso la propia santificación, una fe que, sin embargo, niega a Jesús y se niega a seguirle. Es lo mismo que dice Pablo en el c. 13 de la primera carta a los corintios sobre la posibilidad de predicar, de profetizar, de conocerlo todo, de tener incluso una fe capaz de trasladar las montañas... pero sin amor, es decir, sin Cristo, sin el Espíritu Santo (Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 51999, pp. 127-129).

 

 

Día 28

Viernes de la semana XII del Tiempo ordinario o 28 de junio,

San Ireneo de Lyon

 

Ireneo, originario de Asia Menor, fue discípulo del obispo Policarpo de Esmirna, de donde se deduce que debió de nacer hacia el año 130 en esta ciudad o en los alrededores. Siguiendo una ruta de emigración común en aquellos tiempos, Ireneo se trasladó de Asia Menor a la Galia, y el año 177 fue enviado por la comunidad de Lyon a Roma, para llevar una carta de recomendación al papa Eleuterio a favor de los montañistas. A su vuelta, fue elegido obispo de Lyon en lugar del anciano Potino, que murió mártir en la persecución de Marco Aurelio. Debemos situar su muerte entre los años 202 y 203. Ireneo, último varón apostólico y primer teólogo de la tradición, es un eslabón de unión entre los padres del siglo II y los del siglo III. Contra los herejes (Adversus haereses) es su obra maestra en defensa de la verdad de la Iglesia contra los ataques del gnosticismo.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 25,1-12

1 El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, se presentó con todo su ejército ante Jerusalén y la sitió, levantando alrededor una empalizada.

2 El asedio se prolongó hasta el año undécimo de Sedecías.

3 El día nueve del cuarto mes, cuando el hambre se hizo insoportable en la ciudad y la gente no tenía nada que comer,

4 abrieron una brecha en la ciudad; todo el ejército huyó de noche por la puerta entre los dos muros, cerca del jardín real, y escaparon por el camino del Araba, mientras los caldeos estrechaban el cerco de la ciudad.

5 Pero el ejército caldeo persiguió al rey y le dio alcance en la llanura de Jericó; entonces todas sus tropas se dispersaron.

6 Apresaron al rey Sedecías y lo llevaron a Riblá, ante el rey de Babilonia, y allí le comunicaron la sentencia.

7 El rey de Babilonia mandó degollar a sus hijos en su presencia y a él le sacó los ojos, lo encadenó y lo llevó cautivo a Babilonia.

8 El día siete del quinto mes -era el año decimonoveno de Nabucodonosor, rey de Babilonia-, Nabuzardán, jefe de la escolta y ministro del rey de Babilonia,

9 llegó a Jerusalén e incendió el templo del Señor, el palacio real y todas las casas de Jerusalén.

10 El ejército de los caldeos que estaba a su mando demolió las murallas de Jerusalén.

11 Nabuzardán, jefe de la escolta, llevó cautivos a los supervivientes que quedaban en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y a todos los demás.

12 Sólo dejó alguna gente del pueblo para el cultivo del campo y de los viñedos.

 

**• Sedéelas pensaba que podría contener la amenaza babilónica aliándose con Egipto, a pesar de la predicación contraria de Jeremías. La reacción de Nabucodonosor no se hizo esperar y Jerusalén padeció un asedio de dieciocho meses, tras el que capituló (587) y fue sometida, primero, a saqueo y, después, a una destrucción total, templo incluido (la descripción se encuentra en los w. 13-17, omitidos en el texto litúrgico). Comienza para Israel el exilio en Babilonia, un exilio que se prolongó durante medio siglo: hasta el año 538, en el que Ciro decretó su fin.

         Al profeta Jeremías se le asocia Ezequiel en la predicción de la ruina de Jerusalén, mientras que el Segundo Isaías acompañó a los exiliados para infundirles valor en la prueba. Estos tres grandes profetas anuncian un nuevo éxodo para el ".resto de Israel", una nueva alianza y un nuevo templo, reavivando la esperanza mesiánica.

Es un hecho que, tras el hundimiento del reino del Norte (722) y la derrota del reino del Sur (587), la nación israelita perdió, definitivamente, su propia independencia, pasando, de manera sucesiva, bajo la dominación babilónica, persa, griega y, por último, romana.

 

 

Salmo Responsorial

Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Sal 136,1-2.3.4-5.6


Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.
R/.
Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»
R/. Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha.
R/.
Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.
R/.
Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

 

Evangelio: Mateo 8,1-4

1 Cuando Jesús bajó del monte, le siguió mucha gente.

2 Entonces se le acercó un leproso y se postró ante él, diciendo: -Señor, si quieres, puedes limpiarme.

3 Jesús extendió la mano, le tocó y le dijo: -Quiero, queda limpio. Y al instante quedó limpio de la lepra.

4 Jesús le dijo: -No se lo digas a nadie, pero ve, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés, para que tengan constancia de tu curación.

 

        **• Con el capítulo 8 se abre una nueva sección dedicada a los dieciocho milagros, entendidos como "evangelio en acto": contraprueba de la verdad de la Palabra divina dispensada por Cristo y signos anticipadores del Reino. La lectura de hoy nos presenta el primero de los tres milagros, que tienen como marco la primera salida de Cristo en misión (Cafarnaún y alrededores), realizados en beneficio de personas golpeadas por la desgracia y en abierta violación de las normas de precaución y de defensa previstas por la ley: Jesús toca al leproso, está dispuesto a entrar en la casa de un pagano, coge la mano de una mujer enferma. Como se intuye de inmediato, se trata de tres categorías "marginales" o, mejor aún, marginadas en la sociedad judía de aquel tiempo.

El leproso le pide a Jesús que lo "purifique" (así dice el texto original al pie de la letra), consciente de que su enfermedad es considerada como fruto del pecado y expresión de impureza legal. Por eso Jesús, que ha venido a cumplir la ley, envía al leproso al sacerdote, para que verifique la curación que ha tenido lugar. El gesto, absolutamente tradicional (cf. 1 Re 19,18), que realiza el leproso con el Señor indica, al mismo tiempo, postración ante la divinidad y beso de su imagen. Lo volvemos a encontrar en otras ocasiones en el evangelio de Mateo (2,2.8; 9,18; 14,33; 15,25; 20,20; 28,9.17).

 

MEDITATIO

Por eso el Verbo fue hecho dispensador de la gracia del Padre para utilidad de los hombres, por los cuales ordenó toda esta economía, para mostrar a Dios a los hombres y presentar el hombre a Dios. De esta manera custodió la invisibilidad del Padre, por una parte para que el hombre nunca despreciase a Dios y para que siempre tuviese en qué progresar, y, por otra parte, para revelar a Dios a los hombres mediante una rica economía, a fin de que el hombre no cesase de existir faltándole Dios enteramente. Porque la gloria de Dios es el hombre viviente, y la vida del hombre es la visión de Dios. Si la manifestación de Dios por la creación da vida en la tierra a todos los vivientes, mucho más la manifestación por el Verbo del Padre da vida a los que contemplan a Dios [...].

Es, pues, necesario que primero observes tu orden humano, para que en seguida participes de la gloria de Dios. Porque tú no hiciste a Dios, sino que él te hizo. Y si eres obra de Dios, contempla la mano de tu artífice, que hace todas las cosas en el tiempo oportuno y, de igual manera, obrará oportunamente en cuanto a ti respecta. Pon en sus manos un corazón blando y moldeable y conserva la imagen según la cual el Artista te plasmó; guarda en ti la humedad, no vaya a ser que, si te endureces, pierdas las huellas de sus dedos.

Conservando tu forma subirás a lo perfecto, pues el arte de Dios esconde el lodo que hay en ti. Su mano plasmó tu ser; te reviste por dentro y por fuera con plata y oro puro (Ex 25,11), y te adornará tanto que el Rey deseará tu belleza (Sal 45[44],12). Mas si, endureciéndote, rechazas su arte y te muestras ingrato con aquel que te hizo un ser humano, al hacerte ingrato con Dios pierdes al mismo tiempo el arte con el que te hizo y la vida que te dio: hacer es propio de la bondad de Dios, ser hecho es propio de la naturaleza humana. Y por este motivo, si le entregas lo que es tuyo, es decir, tu fe y obediencia, entonces recibirás de él su arte, que te convertirá en obra perfecta de Dios.

Mas si rehúsas creer y huyes de sus manos, la culpa de tu imperfección recaerá en tu desobediencia y no en aquel que te llamó: él mandó convocar a su boda, y quienes no obedecieron se privaron, por su culpa, de su cena regia (Mt 22,3). A Dios no le falta el arte, y es capaz de sacar de las piedras hijos de Abrahán (Mt 3,9; Le 3,8), pero el que no se somete a tal arte es causa de su propia imperfección. Es como la luz: no falta porque algunos se hayan cegado, sino que la luz sigue brillando y los que se han cegado viven en la oscuridad por su culpa.

Ni la luz obliga por la fuerza a nadie, ni Dios a nadie somete por imposición a su arte (Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 20,7 y 39,2ss).

 

ORATIO

Yo también te invoco, "Señor Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob y de Israel", que eres el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Dios que por la multitud de tu misericordia te has complacido en nosotros para que te conozcamos; que hiciste el cielo y la tierra, que dominas sobre todas las cosas, que eres el único Dios verdadero, sobre quien no hay Dios alguno; por nuestro Señor Jesucristo, danos el Reino del Espíritu Santo; concede a todos los que leyeren este escrito conocer que tú eres el único Dios, que en ti están seguros, y defiéndelos de toda doctrina herética, sin fe y sin Dios (Ireneo de Lyon, Contra los herejes III, 6,4).

 

CONTEMPLATIO

Pues como del trigo seco no puede hacerse ni una sola masa ni un solo pan sin algo de humedad, tampoco nosotros, siendo muchos, podíamos hacernos uno en Cristo Jesús sin el agua que proviene del cielo. Y como si el agua no cae la tierra árida no fructifica, tampoco nosotros, siendo un leño seco, nunca daríamos fruto para la vida si no se nos enviase de los cielos la lluvia gratuita [...].

Conservamos esta fe, que hemos recibido de la Iglesia, como un precioso perfume custodiado en su frescura en buen frasco por el Espíritu de Dios, y que mantiene siempre joven el mismo vaso en que se guarda [...].

En consecuencia, si el cáliz mezclado y el pan fabricado reciben la Palabra de Dios para convertirse en eucaristía de la sangre y el cuerpo de Cristo, y por medio de éstos crece y se desarrolla la carne de nuestro ser, cómo pueden ellos negar que la carne sea capaz de recibir el don de Dios que es la vida eterna? [...] Cuando una rama desgajada de la vid se planta en la tierra, se pudre, crece y se multiplica por obra del Espíritu de Dios, que todo lo contiene. Luego, por la sabiduría divina, se hace útil a los hombres y, recibiendo la Palabra de Dios, se convierte en eucaristía, que es el cuerpo y la sangre de Cristo. De modo semejante, también nuestros cuerpos, alimentados con ella y sepultados en la tierra, se pudren en ésta para resucitar en el tiempo oportuno: es el Verbo de Dios quien les concede la resurrección, para la gloria de Dios Padre (Flp 2,11) (Ireneo de Lyon, Contra los herejes III, 17,2 y 24,1; V, 2,3).

 

ACTIO

Repite hoy con frecuencia esta célebre máxima de san Ireneo: "La gloria de Dios es el hombre viviente".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

San Ireneo retorna hoy a la actualidad. Y se lo merece. Hay pocos escritores cristianos de los primeros siglos que hayan envejecido menos y cuya calidad haga apreciar mejor el tiempo.

Acaso no es él mismo semejante al vaso del que hablaba, que se vuelve oloroso por el perfume que contenía? Pocos teólogos iluminan mejor algunos de los problemas fundamentales que nuestro tiempo somete a nuestra reflexión. No es que tuviera la preocupación de responder a nuestras cuestiones, sino que su pensamiento estimula nuestra reflexión y marca una estela para nosotros. Las ideas que defendió se han impuesto a toda la Iglesia. Sus puntos de vista sobre la historia se presentan como anticipaciones. Ireneo es el profeta de la historia. Es, al mismo tiempo, profeta del pasado y profeta del futuro. El arraigo en la verdad recibida le permite todas las audacias y produce las intuiciones teológicas de las que vivimos todavía. Para nuestro tiempo, que vuelve a ponerlo todo en discusión, sensible a lo que es auténtico y tiene sabor de verdad, san Ireneo es posiblemente, sobre todo, el profeta del presente (A. G. Hamman, Breve dizionario dei Padri Della Chiesa, Brescia 1983, 33-35 [edición española: Guía práctica de los padres de la Iglesia, Desclée de Brouwer,Bilbao 1969]).

 

 

 

Día 29

San Pedro y san Pablo

 

Pedro y Pablo, dos columnas de la Iglesia, maestros inseparables de fe y de inspiración cristiana por su autoridad, son sinónimo de todo el colegio apostólico. A Simón Pedro, pescador de Betsaida (cf. Le 5,3; Jn 1,44), Jesús le llamó Kefas- Piedra y le dio el encargo de guiar y confirmar a los hermanos, a pesar de su frágil temperamento. Su característica distintiva es la confesión de la fe. Es uno de los primeros testigos del Jesús resucitado y, como testigo del Evangelio, toma conciencia de la necesidad de abrir la Iglesia a los gentiles (Hch 10-11).

Pablo de Tarso, perseguidor de la Iglesia y convertido en el camino de Damasco, es un hombre de espíritu vivaz y brillante formación, que recibió de los mejores maestros. Animado por una gran pasión por Cristo, recorrió con su dinamismo el Mediterráneo anunciando el Evangelio de la salvación.

Ambos recibieron en Roma la palma del martirio y la unidad en la caridad, convirtiéndose en ejemplo de diálogo entre institución y carisma.

 

LECTIO

Primera lectura: Hechos 12,1-11

1 Por entonces, el rey Herodes inició una persecución contra algunos miembros de la Iglesia.

2 Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan,

3 y, viendo que este proceder agradaba a los judíos, se propuso apresar también a Pedro. En aquellos días se celebraba la fiesta de pascua.

4 Así que lo prendió, lo metió en la cárcel y encomendó su custodia a cuatro escuadras de soldados, con intención de hacerle comparecer ante el pueblo después de la pascua.

5 Mientras Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia oraba por él a Dios sin cesar.

6 La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerle comparecer, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas, mientras dos guardias vigilaban la puerta de la cárcel.

7 En esto, el ángel del Señor se presentó y un resplandor inundó la estancia. El ángel tocó a Pedro en el costado y le despertó diciendo: -!Deprisa, levántate! Y las cadenas se le cayeron de las manos.

8 El ángel le dijo: -Abróchate el cinturón y ponte las sandalias. Pedro lo hizo así, y el ángel le dijo: -Échate el manto y sígueme.

9 Pedro salió tras él, sin darse cuenta de que era verdad lo que el ángel hacía, pues pensaba que se trataba de una visión.

10 Después de pasar la primera y la segunda guardias, llegaron a la puerta de hierro que da a la calle, y se les abrió sola. Salieron y llegaron al final de la calle; de pronto, el ángel desapareció de su lado.

11 Y Pedro, volviendo en sí, dijo: -Ahora me doy cuenta de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de Herodes y de las maquinaciones que los judíos habían tramado contra mí.

 

*• Estamos en tiempos de la persecución contra la Iglesia por obra de Herodes Agripa, en los años 41-44. Pedro, como Jesús, fue arrestado durante los días de la pascua judía y encarcelado (cf. Le 22,7). Lucas nos hace comprender la suerte que habría correspondido a Pedro si el Señor no hubiera intervenido con un milagro (vv. 1-4). Éste tiene lugar con la liberación de la muerte cierta por medio de un ángel. El evangelista pone de relieve, a continuación, la grandeza de la liberación de Pedro, toda ella obra de Dios, hasta tal punto que los cristianos no podían dar crédito a sus ojos. Dios manifiesta así su benevolencia con los primeros cristianos de un modo extraordinario. El relato de la liberación del apóstol se divide en dos partes. La primera nos cuenta lo que sucede en la prisión, donde duerme Pedro encerrado, y el procedimiento de su liberación por medio del ángel (vv. 7ss).

En la segunda parte se describe cómo el ángel y Pedro recorren los caminos de la ciudad, mientras las puertas se abren fácilmente a su paso. Después de esto, desaparece el ángel liberador (vv. 9ss). Una vez salvado, dice Pedro: "Ahora me doy cuenta de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de Herodes y de las maquinaciones que los judíos habían tramado contra mí", y se reúne con su Iglesia, que estaba orando por él (cf. v. 5).

Para Lucas, ésta es la pascua de Pedro, es decir, la liberación definitiva del mundo judío, y la liberación del cabeza de los apóstoles se convierte en un signo concreto de la salvación que deben llevar también a los gentiles.

 

Salmo Responsorial

El Señor me libró de todas mis ansias

Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

R/. El Señor me libró de todas mis ansias

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su Nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

R/. El Señor me libró de todas mis ansias

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
Él lo escucha y lo salva de sus angustias.

R/. El Señor me libró de todas mis ansias

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a Él.

R/. El Señor me libró de todas mis ansias

 

 

Segunda lectura: 2 Timoteo 4,6-8.17ss

Querido hermano:

6 Yo ya estoy a punto de ser derramado en libación, y el momento de mi partida es inminente.

7 He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he guardado la fe.

8 Sólo me queda recibir la corona de salvación que aquel día me dará el Señor, juez justo, y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

17 El Señor me asistió y me confortó, para que el mensaje fuera plenamente anunciado por mí y lo escucharan todos los paganos. Fui librado de la boca del león.

18 El Señor me librará de todo mal y me dará la salvación en su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

**• El fragmento nos presenta el testamento de Pablo, que siente ahora próxima su muerte. Tras hacer algunas recomendaciones a Timoteo, el apóstol nos hace conocer su estado de ánimo: se siente solo y abandonado por los hermanos, pero no víctima, porque tiene la conciencia tranquila y el Señor está con él. Ha conservado la fe y la vocación misionera, en fidelidad al mandato recibido. Es consciente de que ha "combatido el buen combate, [ha] concluido [su] carrera" (v. 7).

Se compara, entonces, con la "libación" que se derramaba sobre las víctimas en los sacrificios antiguos: quiere morir como un verdadero luchador, tal como ha vivido, consciente de haberse entregado por completo a Dios y a los hermanos. Es consciente de que ahora le espera la victoria prometida al siervo fiel y también a todos los que "esperan con amor su venida gloriosa" (v. 8).

La conclusión del fragmento subraya los sentimientos personales del apóstol de los gentiles, su amor por la causa del Evangelio, su imitación de la persona de Cristo, y su conciencia de haber llevado a cabo la obra de salvación con los gentiles, a la que había sido llamado por el Señor (v. 17).

 

Evangelio: Mateo 16,13-19

En aquel tiempo,

13 de camino hacia la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: -Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

14 Ellos le contestaron: -Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.

15 Jesús les preguntó: -Y vosotros quién decís que soy yo?

16 Simón Pedro respondió: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

17 Jesús le dijo: -Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos.

18 Yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del abismo no la hará perecer.

19 Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

 

*•• La confesión de Pedro es un texto de gran importancia para la vida del cristianismo y se compone de dos partes: la respuesta de Pedro sobre el mesiazgo de Jesús, Hijo de Dios (vv. 13-16), y la promesa del primado que Jesús confiere a Pedro (vv. 17-19). Por lo que respecta a la pregunta que dirige Jesús a sus discípulos, podemos subrayar dos puntos de vista: el de los hombres (v. 13: "Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"), con su apreciación humana, y el de Dios (v. 15: "Y vosotros quién decís que soy yo?", con el correspondiente conocimiento sobrenatural.

La opinión de la gente del tiempo de Jesús reconocía en él a un profeta y a una personalidad extraordinaria (v. 14). La opinión de los Doce, en cambio, es la expresada por la confesión de fe de Pedro: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (cf. v. 16). Ahora bien, esa revelación es fruto exclusivo de la acción del Espíritu Santo, "porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos" (v. 17).

A causa de esta confesión, Pedro será la roca sobre la que edificará Jesús su Iglesia. A Pedro y a sus sucesores les ha sido confiada una misión única en la Iglesia: son el fundamento visible de esa realidad invisible que es Cristo resucitado. Ambos constituyen la garantía de la indefectibilidad de la Iglesia a lo largo de los siglos.

Por otra parte, el poder especial otorgado por Jesús a Pedro, expresado por las metáforas de las llaves, del "atar" y del "desatar" (v. 19), indica que tendrá autoridad para prohibir y permitir en la Iglesia.

 

MEDITATIO

La Iglesia celebra a través de estos dos apóstoles su fundamento apostólico, mediante el cual se apoya directamente en la piedra angular que es Cristo (cf. Ef 2,19ss).

Pedro y Pablo son los "fundadores" de nuestra fe; a partir de ellos se entabla el diálogo entre institución y carisma, a fin de hacer progresar el camino de la vida cristiana.

El pescador de Galilea empezó su extraordinaria aventura siguiendo al Maestro de Nazaret, primero, en Judea y, a continuación, tras su muerte, hasta Roma. Y aquí se quedó no sólo con su tumba, sino con su mandato, es decir, en aquellos que han subido a la "cátedra de Pedro". Pedro continúa siendo, en los obispos de Roma, la "roca" y el centro de unidad sobre el que Cristo edifica su Iglesia.

Pablo de Tarso, el apóstol de los gentiles, se convirtió de perseguidor de Cristo en celoso misionero de su Evangelio. Cogido por el amor al Señor, Cristo llegó a ser para él su mayor pasión (2 Cor 5,14), hasta el punto de decir: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gal 2,20). Su martirio revelará la sustancia de su fe.

La evangelización de estas dos columnas de la Iglesia no se apoya en un mensaje intelectual, sino en una praxis profunda, sufrida y atestiguada con la palabra de Jesús.

 

ORATIO

Dios omnipotente y eterno, que con inefable sacramento quisiste poner en la sede de Roma la potestad del principado apostólico, para que a través de ella la verdad evangélica se difundiera por todos los reinos del mundo, concede que lo que se ha difundido por su predicación en todo el orbe sea seguido por toda la devoción cristiana (Sacramentarium Veronense, ed. L. C. Mohlberg, Roma 1978, n. 292).

 

CONTEMPLATIO

[...] en los apóstoles Pedro y Pablo has querido dar a tu Iglesia un motivo de alegría: Pedro fue el primero en confesar la fe; Pablo, el maestro insigne que la interpretó; aquel fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel, éste la extendió a todas las gentes. De esta forma, Señor, por caminos diversos, ambos congregaron la única Iglesia de Cristo, y a ambos, coronados por el martirio, celebra hoy tu pueblo con una misma veneración (Misal romano, prefacio propio de la misa de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo).

 

ACTIO

Repite hoy con frecuencia orando con san Pedro y san Pablo: "El Señor me asistió y me confortó" (2 Tim 4,17).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La liturgia fija hoy algunos momentos en la rica y agitada vida de los dos apóstoles. Domina sobre todos la escena de Cesárea de Filipo, descrita en el fragmento evangélico. Qué retendremos, en particular, de este episodio tan célebre? Estas palabras: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". La Iglesia, pues, no es una sociedad de librepensadores, sino que es la sociedad -o mejor aún, la comunidad- de los que se unen a Pedro en la proclamación de la fe en Jesucristo. Quien edifica la Iglesia es Cristo. Es él quien elige libremente a un hombre y lo pone en la base. Pedro no es más que un instrumento, la primera piedra del edificio, mientras que Cristo es quien pone la primera piedra. Sin embargo, desde ahora en adelante no se podrá estar verdadera y plenamente en la Iglesia, como piedra viva, si no se está en comunión con la fe de Pedro y con su autoridad, o, al menos, si no se tiende a estarlo. San Ambrosio ha escrito unas palabras vigorosas: "Ubi Petrus, ib! Ecclesia", "Donde está Pedro, allí está la Iglesia". Lo que no significa que Pedro sea por sí solo toda la Iglesia, sino que no se puede ser Iglesia sin Pedro (R. Cantalamessa, La Parola e la vita, Roma 1978, p. 307).

 

 

Día 30

Domingo XIII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Sabiduría 1,13-15; 2,23-24

1,13 Dios no ha hecho la muerte, ni se complace en el exterminio de los vivos.

14 Él lo creó todo para que subsistiese, y las criaturas del mundo son saludables; no hay en ellas veneno de muerte, ni el imperio del abismo reina sobre la tierra.

15 Porque la justicia es inmortal.

2,23 Dios creó al hombre para la inmortalidad, y lo hizo a imagen de su propio ser;

24 mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y tienen que sufrirla los que le pertenecen.

 

**• El contexto literario en el que se encuentran estos versículos es el típicamente sapiencial de la comparación entre el justo y el impío. En particular en el capítulo 2 describe el autor bíblico la actitud de los malvados de una manera maravillosa. Les hace hablar en primera persona, dejando que sus mismas "vanidades" les condenen: "Discurriendo equivocadamente, dicen: "Corta y triste es nuestra vida, no hay remedio para el hombre cuando llega su fin; de nadie sabemos que haya vuelto del abismo. Vinimos al mundo por obra del azar, y después será como si no hubiéramos existido"" (vv. lss).

Así pues, la existencia que no tendrá fin de la que se habla en la lectura de hoy (l,14ss: la vida con Dios que se contrapone a la muerte espiritual) es algo que depende directamente de la "justicia" del hombre, es decir, de su actitud hacia la vida entendida como don de Dios: el justo, o bien el sabio, es el que se reconoce como criatura salida de las manos del Señor y necesita siempre de su ayuda, el que le "busca con corazón sincero" (1,1) y no razona de manera ambigua (cf. 1,3), buscando pretextos para hacer prevalecer su propia fuerza y su propio derecho sobre todo y sobre todos (cf. 2,10ss). Los que así piensan y actúan pertenecen al diablo (cf. v. 23), término con el que por vez primera en la Biblia se alude a la serpiente tentadora de Gn 3. El recurso a la imagen genesíaca proyecta el discurso sapiencial sobre el fondo de lo que fue en el origen, o bien forma parte constitutiva de la naturaleza humana, de la lucha entre la vida y la muerte que se desarrolla, en primer lugar, en el corazón de cada hombre.


Salmo responsorial
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Salmo 29, 2 y 4. 5 6. 11 y 12a y 13b

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Escucha,  Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.


Segunda lectura: 2 Corintios 8,7.9.13-15

Hermanos:

7 Puesto que sobresalís en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud y hasta en el cariño que os profesamos, sed también los primeros en esta obra de caridad.

9 Pues ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza.

13 Y tampoco se trata de que, para alimentar a otros, vosotros paséis estrecheces, sino de que, según un principio de igualdad,

14 vuestra abundancia remedie en este momento su pobreza, para que un día su abundancia remedie vuestra pobreza. De este modo reinará la igualdad,

15 como dice la Escritura: A quien recogía mucho, no le sobraba, y al que recogía poco, no le faltaba.

 

**• Los capítulos 8 y 9 de la segunda carta a los Corintios están dedicados a desarrollar el motivo de la colecta en favor de los hermanos necesitados de la Iglesia de Jerusalén. Pablo alterna el estilo exhortativo, destinado a animar y estimular a los corintios para que lleven a cabo esta obra buena, con el demostrativo, que es el adecuado para fundamentar su petición en el ser mismo de Dios en Cristo Jesús.

De ahí que, en el interior de nuestro pasaje, resulte central la afirmación del v. 9, que hace las veces de motivo cristológico sobre el que reposa toda la argumentación: el acontecer terreno de Jesús enseña a cada cristiano que la vida es fruto del expolio de sí mismo y que la resurrección se da a través de la muerte. Ahora bien, los cristianos de la Iglesia de Corinto experimentan en propia persona la gracia de vida que nace de ese amor a los hermanos que no se alimenta sólo de palabras o de buenas intenciones (Pablo alude otras veces a la intención expresada por los corintios hace más de un año, pero que nunca se había llevado a cabo: cf. 8,10; 9,2-4), sino que se vuelve activo pasando a través de la renuncia a algo que pertenezca a nosotros mismos, un amor que obra a causa de la necesidad que ve en el hermano.

 

Evangelio: Marcos 5,21-43

En aquel tiempo,

21 al regresar Jesús, mucha gente se aglomeró junto a él a la orilla del lago.

22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies

23 y le suplicaba con insistencia, diciendo: -Mi niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que se cure y viva.

24 Jesús se fue con él. Mucha gente le seguía y le estrujaba.

25 Una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años

26 y que había sufrido mucho con los médicos y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, yendo más bien a peor,

27 oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.

28 Pues se decía: "Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, quedaré curada".

29 Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y sintió que estaba curada del mal.

30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se volvió en medio de la gente y preguntó: -Quién ha tocado mi ropa?

31 Sus discípulos le replicaron: -Ves que la gente te está estrujando y preguntas quién te ha tocado?

32 Pero él miraba alrededor a ver si descubría a la que lo había hecho.

33 La mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad.

34 Jesús le dijo: -Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu mal.

35 Todavía estaba hablando cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga diciendo: -Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro.

36 Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta con que tengas fe.

37 Y sólo permitió que le acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

38 Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y, al ver el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos,

39 entró y les dijo: -Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.

40 Pero ellos se burlaban de él. Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que le acompañaban y entró donde estaba la niña.

41 La tomó de la mano y le dijo: -Talitha kum (que significa: Niña, a ti te hablo, levántate).

42 La niña se levantó al instante y echó a andar, pues tenía doce años. Ellos se quedaron atónitos.

43 Y él les insistió mucho en que nadie se enterase de aquello y les dijo que dieran de comer a la niña.

 

*+• El evangelio de hoy, tanto si se lee en la versión breve (vv. 21-24.35-43) como en la integral, se articula esencialmente en torno a los motivos de la salvación/ vida y de la fe. La situación inicial, en los dos casos que se narran, es la de una imposibilidad reconocida para salvar por parte de los hombres: tanto la niña como la mujer han sido tratadas inútilmente por la ciencia médica, hasta el punto de que la primera "está agonizando" y la segunda sólo ha conseguido empeorar. Para una persona razonable sólo queda una posibilidad: recurrir a Dios, que es el Señor de la vida, el Dios de los vivos (cf. 12,27).

En el caso de la mujer que llevaba enferma doce años, Jesús realiza una doble liberación. Por un lado, la curación física completa e inmediata y, al mismo tiempo, la liberación de un estado de subordinación social y religiosa en el que se encontraba obligada a vivir, dada su condición de mujer "impura", según la ley del Antiguo Testamento. La cosa tiene lugar en el mismo momento en el que Jesús plantea una pregunta que parece absurda: "Quién ha tocado mi ropa?" (v. 30), moviendo interiormente a la mujer a la que acaba de curar a salir al descubierto o bien a realizar un ulterior acto de fe en un Dios que no condena, que cura para dar la vida en plenitud. Así pues, la "fe que salva" (v. 34) no es sólo la que se manifiesta en el hecho de tocar el manto del Señor, sino también la que hace una abierta proclamación de la justicia de un Dios que socorre a los humildes y a los oprimidos, sea cual sea el nombre que la ley o la costumbre de los hombres les impone. Jesús ha restituido ahora a la mujer no sólo la salud, sino la dignidad de persona y la vuelve portadora de la verdad de Dios.

También la curación de la hija de Jairo se convierte en ocasión para la superación de una serie de obstáculos: la muerte, que se presenta en el camino de Jesús y sus discípulos hacia la casa del jefe de la sinagoga, y sobre todo la oposición de los que dicen: "Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro" (v. 35), que es como decir: "No hay nada que hacer...". Serán los mismos que celebren el funeral judío, con gran alboroto de flautas y lamentos, en torno al cuerpo de la niña, que para ellos ya es sólo un cuerpo de muerte. Frente a esta acendrada convicción (qué hay en este mundo más seguro que la muerte?), las palabras de Jesús aparecen como algo absurdo, como una trágica burla (cf. vv. 39ss), a menos que estemos dispuestos a confiar en él, como Jairo, a poner toda la confianza en su amor que no decepciona.

 

MEDITATIO

Las tres lecturas de hoy presentan como en un díptico la doble actitud del hombre frente a la revelación de Dios, una revelación que tiene que ver con la Vida, con la Vida que no pasa, plenitud de la comunión con él. El retrato de los necios/impíos hecho por los dos primeros capítulos del libro de la Sabiduría goza de una actualidad impresionante. En sus palabras se refleja plenamente la convicción de los que consideran la vida del hombre como algo absurdo, como algo que carece de todo sentido: "El hombre aparece echado en medio de la existencia como un par de dados. Todo en la vida parece obra de la casualidad: he sido elegido por casualidad, debo comportarme al azar, desapareceré al azar..." (G. Prezzolini). La vida no es otra cosa que un camino hacia la muerte, la única meta cierta de nuestro humano andar.

Las posibilidades frente al anuncio de que aquí no hay muerte, sino sólo un sueño que espera la resurrección, parecen ser también sólo dos en el Evangelio, y se manifiestan como dos movimientos opuestos (uno en dirección a la casa, para salvar; el otro es el de los que !Dientan bloquear la venida de Jesús): está la decisión del que tiene fe en la Palabra del Señor y es admitido a contemplar el milagro de la vida, y está el juicio del que considera esta Palabra como algo absurdo, quedándose a su vez prisionero de la muerte, de esa muerte para la que no hay resurrección.

En la carta de Pablo, el apóstol proyecta una luz nueva sobre el tema de la plena participación en la vida de Dios: el amor compartido en la solidaridad concreta es lo que nos permite participar en el don de la resurrección.

 

ORATIO

Oh Padre, reconocemos que tú has creado todo para la vida: has puesto en nosotros el germen divino de tu creación fecunda. A nosotros, los esposos, nos has concedido experimentarlo en el engendramiento de los hijos; a quienes se consagran a tu amor les has entregado la bendición para los pobres de la tierra; a los sacerdotes, el poder del cuerpo roto y de la sangre derramada de tu Hijo. Te pedimos hoy, Señor, que nos hagas una sola cosa en el amor, para que podamos alimentar en la mesa de la eucaristía todo lo que somos: nuestra mente, con el recuerdo de tu vida entregada en la cruz; nuestro corazón, dilatado por tu amor por cada hombre; nuestro cuerpo, consumido por la impaciencia de la caridad activa. Y, transformados de este modo, día tras día, a la medida de tu Hijo sacrificado, podremos saborear la bondad infinita de la vida.

 

CONTEMPLATIO

"Qué acuerdo puede haber entre Cristo y Beliar? Qué relación entre el creyente y el incrédulo?" (2 Cor 6,15). Los mismos paganos, que tampoco creen en la resurrección, acaban por encontrar argumentos de consolación y dicen: "Soporta con coraje; no es posible eliminar cuanto ha sucedido, y con las lágrimas no ganas nada". Y tú, que escuchas palabras tanto más sublimes y consoladoras que éstas, no te avergüenzas de comportarte de un modo más inconveniente que los paganos?

Nosotros no te exhortamos a soportar la muerte con firmeza, dado que ésta es inevitable e irremediable; al contrario, te decimos: "Ánimo, es absolutamente cierto que existe la resurrección: la niña duerme, no está muerta; reposa, no está perdida para siempre". Están dispuestas, efectivamente, para acogerla la resurrección, la vida eterna, la inmortalidad y la heredad misma de los ángeles. No oyes el salmo que dice: "Alma mía, recobra la calma, que el Señor te ha agraciado " (Sal 116,7)? Llama Dios "gracia" a la muerte y te lamentas? (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 31,2).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú cambiaste mi luto en danzas" (Sal 30,12).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Si tuviera que vivir sesenta, setenta, noventa años como máximo, de qué me aprovecharía? Cuando la vida es dura, ya es demasiado larga. Cuando es agradable, resulta demasiado corta. No he sido hecho para esto. Estoy hecho para la Vida, la Vida sin más ni menos. Y la vida no es la Vida si tiene que verse truncada un día. No, la Vida dura para siempre; de otro modo, no es la Vida. Justamente porque la muerte se ha infiltrado en mi cuerpo y tiende continuamente trampas a mi vida, ha decidido Dios venir él mismo entre nosotros para poner fin a esta intolerable injerencia en su obra, para hacer frente al asesino y eliminarlo de una vez por todas, en un implacable cuerpo a cuerpo [...]. Desde aquel día la muerte ya no es la muerte. Un perro puede morir, un árbol también, incluso una estrella. Pero el corazón del hombre no puede morir. Es imposible [...].

El embrión crece, alimentado de continuo por su madre. La sangre de Cristo alimenta en ti la Vida eterna, como afirma el sacerdote mientras introduce en el cáliz un fragmento de la hostia.

Así crece esta vida en ti por sí sola, como la semilla, sin que ni siquiera te des cuenta, con la sola condición de que sea continuamente alimentada. Qué dice Jesús después de haber despertado a la pequeña de doce años y de haberla puesto en los brazos de su madre, que la creía muerta? "Dadle un pedazo de pan para comer". Es él mismo quien le da ese pedazo de pan para que morir sea sólo un dormirse. !Que ría también el mundo! Acaso tiene un niño miedo de dormirse? Es triste dormirse? (D. Ange, Le nozze di Dio dove il povero é re, Milán 1985, pp. 251 ss).