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LECTIO DIVINA JULIO DE 2024

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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

Día 1

Lunes de la semana XIII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Amos 2,6-10.13-16

6 Así dice el Señor: A Israel, por tres pecados, y por el cuarto, no le perdonaré. Porque venden al inocente por dinero y al pobre por un par de sandalias;

7 porque aplastan contra el polvo de la tierra a los humildes y no hacen justicia a los indefensos; porque hijo y padre se acuestan con la misma muchacha, profanando así mi santo nombre;

8 porque se echan junto a cualquier altar sobre ropas tomadas en prenda y beben en la casa de su dios vino comprado con multas.

9 A pesar de todo, yo exterminé ante ellos a los amorreos, altos como los cedros y fuertes como las encinas; destruí su fruto por arriba y sus raíces por abajo.

10 Yo os saqué de Egipto y os conduje por el desierto  durante cuarenta años, hasta ocupar la tierra de los amorreos.

13 Pues yo haré que os atasquéis, como se atasca una carreta cargada de gavillas.

14 El veloz no podrá huir, ni el fuerte valerse de su fuerza, ni podrá salvarse el valiente;

15 el arquero no resistirá, el de ágiles piernas no conseguirá escapar, el jinete no logrará salvarse,

16 y el más intrépido entre los valientes huirá desnudo aquel día.

 

**• Con el más típico procedimiento de la sabiduría, es decir, mediante la sucesión numérica progresiva del tres y el cuatro, que sirve para indicar la medida colmada del delito, aparece solemnemente en Amos el "juicio contra la nación" de Israel. Un procedimiento que tuvo gran fortuna en la literatura profética posterior. Aquí, a la denuncia del pecado le sigue el recuerdo de los beneficios divinos y, por último, la amenaza del castigo. El pecado constituye la alteración de las relaciones de justicia y de respeto entre los hombres, la sustitución de las personas por cosas, la opresión del pobre, la pérdida de la dignidad en las relaciones. La profecía no puede dejar de recordar todo lo que Dios había garantizado a Israel, dándole este último la espalda. Ahora llama Dios la atención sobre la vanidad del cierre de Israel; nadie podrá resistir por sus propios méritos si se ha sustraído a la relación con Dios, una relación que se afianzará en el día establecido.

La petición de perdón por la infidelidad del pueblo atraviesa la denuncia del salmo conexo, que se cierra aludiendo a la feliz relación entre Dios (que muestra la salvación) y el hombre que honra a Dios (caminando por el camino recto).

 

Salmo Responsorial

Atención, los que olvidáis a Dios

Salmo 49


<<¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?>>
R/.
Atención, los que olvidáis a Dios

<<Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño.>>
R/.
Atención, los que olvidáis a Dios

<<Te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.>>
R/.
Atención, los que olvidáis a Dios

<<Atención, los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.>>
R/. Atención, los que olvidáis a Dios

 

 

Evangelio: Mateo 8,18-22

En aquel tiempo,

18 viendo Jesús que le rodeaba una multitud de gente, mandó que lo llevaran a la otra orilla.

19 Se le acercó un maestro de la Ley y le dijo: -Maestro, te seguiré dondequiera que vayas.

20 Jesús le dijo: -Las zorras tienen madrigueras y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.

21 Otro de sus discípulos le dijo: -Señor, deja primero que vaya a enterrar a mi padre.

22 Jesús le dijo: -Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.

 

**• El pasaje del evangelio de hoy se abre con la orden de Jesús de "que lo llevaran a la otra orilla". Sin embargo, la ejecución de la orden está interrumpida por dos episodios que faltan en el evangelio de Marcos y que están colocados en otro lugar en el de Lucas. Ambos ilustran las condiciones requeridas para seguir a Jesús, las exigencias de la fe. La posibilidad del seguimiento debe asumir el sufrimiento, las adversidades y la pasión como paso obligado. La frase "las zorras tienen madrigueras y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza" está construida siguiendo el uso oriental de hacer seguir una imagen negativa a dos positivas: el término "Hijo del hombre", que tampoco tiene un significado unívoco, indica aquí la precariedad de Jesús, su carecer de casa y de raíces, de referencia y de refugio. La contraposición entre Jesús y los "muertos" expresa de manera adecuada la ruptura que "el que vive" inserta en la trama de la experiencia del hombre.

Aquel que es la "Vida" indica el "Camino". No tener dónde reclinar la cabeza (para dormir o para morir) es la condición para restituir su verdad a la vida.

 

MEDITATIO

Profeta es quien deja un nuevo espacio a la Palabra de Dios, quien permite que Dios pueda volver a hablar, hacerse oír aún, llegar a ser de nuevo significativo. Esta palabra, que es palabra de libertad y de amor, es también, por necesidad, una palabra exigente. Puesto que el hombre olvida los beneficios de Dios, su liberación, los cuidados que le ha dispensado, y prefiere celebrar el odio, la injusticia, el abuso. Ante a la declaración: "Yo os saqué de Egipto", los hombres oscilan entre dos excesos: "Antes estábamos mejor", o bien: "Siempre hemos sido libres".

La infidelidad a la libertad recibida como don se parece mucho a la facilidad (casi a la manera "facilona") con que se piensa la posibilidad de la fidelidad. Seguir a nuestro Maestro por donde vaya -como pretendía el maestro de la Ley- significa alcanzar arduamente lo que se requiere para el Reino de Dios. Ahora bien, ese empeño, ofrecido de manera gratuita y asumido de manera responsable, es la libertad de la fe, la gratuidad de la obediencia, la resurrección a través de la cruz.

 

ORATIO

Oh Dios, que has liberado a tu pueblo y le has dado el gusto de la libertad, tú eres eterno porque nunca nos falta tu amor fiel. En el Espíritu de tu Hijo unigénito, Jesús, que nació, vivió y murió por nosotros, sancionaste tu fidelidad no sólo para todos los tiempos y para todos los hombres, sino que tomaste también sobre ti el compromiso de tu indefectible compañía en el trabajo de nuestra respuesta, haciendo ligera nuestra carga.

Oh Señor, tu gracia nos sorprende, esa gracia unida a la respuesta obediente de tu siervo Jesús, que, en el Espíritu, ha sido otorgada a todo cristiano: ambas, unidas, iluminan la oscuridad de nuestra infidelidad, convierten las angustias de nuestra insensibilidad y nos ponen tras los pasos del Resucitado, con el justo desprendimiento de todo aquello que ha podido distraernos de su seguimiento.

 

CONTEMPLATIO

!Ea!, pues, Señor Dios mío, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte. Señor, si tú no estás aquí, dónde te buscaré ausente? Si estás en todas partes, por qué nunca te veo presente? [...]. Mira, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros.

Vuelve a darte a nosotros para que estemos bien: sin ti estamos muy mal. Ten piedad de nuestras fatigas, de nuestros esfuerzos para contigo: sin ti no valemos nada. Enséñame a buscarte y muéstrate cuando te busco: no puedo buscarte si tú no me enseñas, ni encontrarte si tú no te muestras. Que yo te busque deseándote y te desee buscándote, que te encuentre amándote y te ame encontrándote (Anselmo de Canterbury, Proslogion, 1).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza." (Mt 8,20b).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Cómo podría llegar a darse cuenta el hombre del mal y cómo podría llegar a tomar en serio, con toda su gravedad, su pecado y el de los demás, por muy claro que pueda estar ante sus ojos? [...]. La respuesta está en la cruz. El peso del pecado, la atrocidad de la corrupción humana, la profundidad del abismo en que va a precipitarse el hombre que hace el mal, pueden medirse por el hecho de que el amor de Dios ha podido y querido responder al pecado, superarlo y eliminarlo, y salvar así al hombre, sólo entregándose a sí mismo en Jesucristo, sacrificándose para ejecutar el juicio sobre el hombre haciéndose juzgar en su lugar y dejando que muera en su persona el hombre viejo del pecado.

Sólo cuando se ha comprendido esto, es decir, cuando se ha comprendido que Dios nos ha reconciliado consigo al precio de sí mismo, en la persona del Hijo, sólo entonces deja de haber lugar para la confortable ligereza que quisiera ver nuestra maldad limitada por nuestra bondad (K. Barth, Dogmática ecclesiole, Bolonia 1980, pp. 140ss).

 

 

Día 2

Martes de la semana XIII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Amos 3,1-8; 4,1 lss

1 Escuchad esta palabra que el Señor pronuncia contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que yo saqué de Egipto:

2 De todas las familias de la tierra sólo a vosotros os elegí, por eso os castigaré por todas vuestras maldades.

3 Van juntos de camino dos que no se conocen?

4 Ruge el león en la selva sin haber hallado presa? Gruñe el leoncillo desde su guarida sin haber cazado nada?

5 Cae el pájaro en tierra si no le han tendido una trampa? Salta la trampa del suelo sin haber cazado nada?

6 Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? Sobreviene una desgracia a la ciudad sin que la envíe el Señor?

7 Nada hace el Señor sin revelárselo a sus siervos los profetas.

8 Ruge el león: quién no temblará? Habla el Señor: quién no profetizará?

4,11 Os desbaraté como hice con Sodoma y Gomorra; erais como un tizón sacado de un incendio; pero no habéis vuelto a mí. Oráculo del Señor.

12 Por eso te voy a tratar así, Israel, y porque así te voy a tratar, prepárate, Israel, a comparecer ante Dios.

 

**• La alianza entre el Señor e Israel, que es "salida" y "liberación" de Egipto, no puede ser motivo de exoneración de su compromiso para el pueblo de Israel, que no puede sentirse asegurado a ultranza por un Dios indiferente o cómplice. El Dios de Israel se preocupa de su pueblo y lo libera para que se vuelva semejante a él, a fin de que le imite y le siga. Es Padre, no padrino; es aliado, no protector; es madre, no suplente. Las siete preguntas retóricas del texto preparan la clarificación de la necesidad que tiene Dios de hablar y el profeta de profetizar. Lo que sale a flote es, sin embargo, la verdad de la relación de alianza entre el Señor y su pueblo. Este último está subordinado a la elección, y no viceversa: Dios es fiel a sí mismo, corresponde a sí mismo y, eligiendo a Israel, lo compromete a asumir una responsabilidad superior. Por todo ello, el encuentro con su propio Señor es para Israel -tanto para el antiguo como para el nuevo Israel- siempre maravilloso y siempre terrible, al mismo tiempo turbador y apasionante.

 

Salmo Responsorial

Señor, guíame con tu justicia

Salmo 5,5-8


Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
R/.
Señor, guíame con tu justicia

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
R/.
Señor, guíame con tu justicia

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.
R/.
Señor, guíame con tu justicia

 

 

Evangelio: Mateo 8,23-27

En aquel tiempo,

23 Jesús subió a una barca y sus discípulos lo siguieron.

24 De pronto, se alborotó el lago de tal manera que las olas cubrían la barca, pero Jesús estaba dormido.

25 Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciéndole: -Señor, sálvanos, que perecemos.

26 Él les dijo: -Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al lago, y sobrevino una gran calma.

27 Y aquellos hombres, maravillados, se preguntaban: Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?

 

<*• La Iglesia es una barca en medio de la tempestad, y Jesús duerme. La experiencia del abandono del Señor -de la Iglesia que abandona a su Jesús y de Jesús que deja a su Iglesia- marca hasta el fondo esta página evangélica. Rogar al Señor, acercarse a él y despertarlo "Despiértate, Señor, por qué duermes?": cf. Sal 44,24) e implorarle: "Señor, sálvanos, que perecemos", significa volver a encontrarnos a nosotros mismos como creyentes, como fíeles, como discípulos, y encontrar a Jesús como Señor y como Cristo. La tempestad de la pasión, el triunfo de la muerte, quedan dispersados por la presencia de quien recompone con autoridad el orden de la gracia.

De modo diferente a los paralelos de Marcos y de Lucas, sin embargo, aquí Jesús reprocha a los discípulos su poca fe antes de calmar las olas. El señorío de Jesús y la fe de los discípulos se reclaman recíprocamente, aunque no puede haber entre ellos una perfecta reciprocidad.

El hecho de que Jesús duerma indica, al mismo tiempo, el drama de la muerte del Hijo del hombre, que es un desafío para la fe de la Iglesia, y la serena confianza en el Padre por parte de aquel que "se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Flp 2,8).

 

MEDITATIO

Las espléndidas preguntas con que está tejido el pasaje tomado del libro de Amos conducen, idealmente, desde la sabiduría a la profecía, desde la observación atenta de la realidad natural a la irrupción de una palabra y de una acción que expresan su sentido y verdad.

Al final, la profecía, la necesidad de profetizar, aparece como una nueva evidencia, como una impelente necesidad para Israel: "Habla el Señor: quién no profetizará?".

La Palabra de Dios y la del hombre, la del Señor del cielo y la tierra y la del pastor-profeta, llegan de inmediato a un acuerdo: el mismo acuerdo que se ha vuelto accesible a cada hombre en Jesús.

El nuevo Israel, la Iglesia engendrada también por el Espíritu de Cristo, no puede dormir, no puede morir. Está confusa y desconcertada por el silencio profundo desde el que su Señor hace subir su Palabra autorizada y su gesto resolutorio. La fe que falta a la Iglesia es la confianza en su Señor, la misma confianza que el sueño de Jesús anuncia dramática y serenamente.

 

ORATIO

Oh Señor, tú fuiste capaz de dormir, fuiste capaz de morir. Enséñanos a descubrir en tu obediencia el secreto de nuestra libertad, en tu muerte el secreto de nuestra vida, en tu sueño el misterio de nuestra vigilancia.

Oh Espíritu del Resucitado, ayúdanos a prestar oído a la voz de la profecía que se eleva desde los lugares más inesperados de la tierra, desde el mar, desde el cielo; estos lugares repiten inconscientes las notas más profundas de tu indefectible solicitud.

Oh Padre de todos nosotros, concédenos una palabra firme en las incertidumbres y una mirada clarividente entre las olas, a fin de que la autoridad de tu Hijo pueda hacerse presente en el Espíritu, que visita y anima siempre a tu Iglesia.

 

CONTEMPLATIO

Por tanto, también el sueño de Cristo es signo de algún misterio. Los navegantes son las almas que pasan este mundo en un madero. También la nave aquella figuraba a la Iglesia. Cada uno, en efecto, es templo de Dios y cada uno navega en su corazón. Si sus pensamientos son rectos, no naufragará. Oíste una afrenta, he ahí el viento. Te airaste, he ahí el oleaje. Soplando el viento y encrespándose el oleaje, se halla en peligro la nave, peligra tu corazón, fluctúa tu corazón. Oída la afrenta, deseas vengarte. Te vengaste y, cediendo a la injuria ajena, naufragaste. Cuál es la causa? Porque duerme en ti Cristo. Qué significa: duerme en ti Cristo? Te olvidaste de Cristo. Despierta, pues, a Cristo, acuérdate de él, esté despierto en ti: piensa en él (Agustín, Sermón 63, lss [traducción española de Lope Cilleruelo y otros, BAC, Madrid 1983]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Habla el Señor: quién no profetizará?" (Am 3,8b).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Consideremos el insomnio [...]. El insomnio se caracteriza por la conciencia de que esta situación no acabará nunca, esto es, que no existe ya ningún medio para salir de la vigilancia a la que estamos obligados. Una vigilancia sin objeto [...]. Con todo, es preciso que nos preguntemos si la conciencia se deja definir por la vigilancia, si la conciencia no es, más bien, la posibilidad de sustraernos a la vigilancia; si el sentido propio de la conciencia no consiste tal vez en ser una vigilancia puesta al abrigo de una posibilidad de dormir; si el particular modo de ser del yo no consiste en el poder de salir de la situación de la vigilancia impersonal. La conciencia participa ya, en efecto, en la vigilancia.

Sin embargo, lo que la caracteriza de modo particular es el hecho de reservarse siempre la posibilidad de retirarse "detrás", para dormir. La conciencia es el poder de dormir. En esta fuga plena consiste, en cierto sentido, la paradoja misma de la conciencia (E. Lévinas, // Tempo e l'Altro, Genova 1997, pp. 22-25 [edición española: El tiempo y el otro, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona 1993]).

 

 

Día 3

Miércoles semana XIII del Tiempo ordinario o 3 de julio,

Santo Tomás, apóstol  

Lo que sabemos del apóstol santo Tomás se lo debemos sobre todo al  cuarto evangelista. Fue Tomás quien invitó a los otros apóstoles a marchar con Jesús a Judea, dispuesto a morir con él (Jn 11,16). Fue la pregunta de Tomás la que provocó a Jesús a que se definiera: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,5ss). Por último, fue Tomás quien con su incredulidad nos ayuda a consolidar nuestra adhesión a Jesús, con una profesión de fe muy clara: "!Señor mío y Dios mío!" (Jn 20,24-29).

El martirologio de san Jerónimo en el siglo VI recuerda la traslación del cuerpo de Tomás a Edesa (Siria, actualmente Turquía), el 3 de julio.

 

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 2,19-22

19 Por tanto, ya no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos dentro del pueblo de Dios; sois familia de Dios,

20 estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas; y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular

21 en quien todo el edificio, bien trabado, va creciendo hasta formar un templo consagrado al Señor

22 y en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del Espíritu, morada de Dios.

 

**• El misterio de Cristo y el de la Iglesia están íntimamente conectados para el apóstol Pablo. Cristo es nuestra paz: en él, todos, tanto los lejanos (los paganos) como los cercanos (los judíos), encuentran el camino de la reconciliación y de la unidad. Ya no hay dos pueblos, sino uno sólo; ya no hay separación entre gente diferente, sino unidad entre semejantes. Todo eso es don de Dios Padre, por medio de Cristo Señor, en el Espíritu Santo. En este contexto, el apóstol imagina la Iglesia como un gran edificio, un templo santo, la "morada de Dios".

Los "cimientos" de este edificio, en el que están todos y viven como "conciudadanos dentro del pueblo de Dios", como "familia de Dios", son los apóstoles y los profetas.

Sin embargo, la "piedra angular" es Cristo Jesús: él es la clave de bóveda que consolida el conjunto, y en él todo el edificio encuentra su trabazón y puede crecer de una manera ordenada.

Desde esta perspectiva cristológica, la doctrina eclesiológica de Pablo asume una claridad absolutamente particular. En ella la presencia, el papel y el ministerio de los apóstoles resaltan con toda su importancia. La Iglesia de Cristo es, por consiguiente, una, santa, católica y apostólica, y lo es en el sentido de que, en ella, los apóstoles, por voluntad de Dios y por elección histórica de Jesús, constituyen el fundamento de la comunidad de los creyentes.

 

 

Salmo Responsorial

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Salmo 116, 1. 2

 

Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos.

R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

 

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

 

 

Evangelio: Juan 20,24-29

24 Tomás, uno del grupo de los Doce, a quien llamaban "El Mellizo", no estaba con ellos cuando se les apareció Jesús.

25 Le dijeron, pues, los demás discípulos: -Hemos visto al Señor.

Tomás les contestó: -Si no veo las señales dejadas en sus manos por los clavos y meto mi dedo en ellas, si no meto mi mano en la herida abierta en su costado, no lo creeré.

26 Ocho días después, se hallaban de nuevo reunidos en casa todos los discípulos de Jesús. Estaba también Tomás. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: -La paz esté con vosotros.

27 Después dijo a Tomás: -Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.

28 Tomás contestó: -!Señor mío y Dios mío!

29 Jesús le dijo: -Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto.

 

*" Se ha afirmado con razón que, para nuestra fe, tal vez haya sido más importante la incredulidad de Tomás que la creencia de los otros apóstoles. Resulta paradójico, !pero es verdad!

Debemos considerar como cierto que si Tomás hubiera estado con los otros discípulos en el momento de la primera aparición de Jesús, es posible que no hubiera sucumbido en una crisis de fe. Sin embargo, al mismo tiempo, con este recuerdo, el evangelista Juan abre ante nosotros una nueva pista para llegar a la experiencia liberadora de la fe en Jesús resucitado. En efecto, cuando Jesús se aparece a sus discípulos por segunda vez, se dirige directamente a Tomás y le pide que realice el camino de búsqueda y de descubrimiento que antes habían realizado sus "colegas". Esta vez, Tomás se vuelve disponible y se vuelve dócil al mandamiento del Señor y llega a un acto de fe límpido y transparente: "!Señor mío y Dios mío!" (v. 28).

Jesús pronuncia la bienaventuranza que sigue (v. 29), no tanto por Tomás como por nosotros: la situación histórica cambia por completo, pero el itinerario es siempre el mismo. Llegamos a la fe mediante un acto de abandono total en Jesús muerto y resucitado.

 

MEDITATIO

El suceso acontecido a Tomás centra por completo nuestra atención, por el simple motivo de que esta página evangélica termina con una "bienaventuranza" que nos concierne personalmente a todos: "Dichosos los que creen sin haber visto".

A buen seguro, hablando humanamente, el acto de fe, para ser razonable -digo "razonable", no "racional"-, necesita algunos signos, y Tomás está dispuesto a pedirlos explícitamente. Desde este punto de vista, tal vez la suya no pueda ser definida como una crisis de fe, sino más bien como una apasionada y sufrida búsqueda de un acto de fe que sea, al mismo tiempo, respetuoso con el hombre y devoto con Dios. Y cuando al final Tomás accede al acto de fe, el apóstol se abandona por completo a Aquel que se ha manifestado claramente. Por consiguiente, no había en él ningún prejuicio o incertidumbre: se trataba sólo de cerciorarse del hecho histórico de la resurrección de Jesús con un método experimental, el único que está al alcance de todos, incluso de los más sencillos. Ver para creer fue la exigencia del apóstol Tomás. Ver, tocar y palpar fue el itinerario que recorrió para reconocer la plena identidad entre el Señor resucitado y Jesús de Nazaret. Creer sin ver, sin tocar, sin palpar, es la situación en la que nosotros nos encontramos, nuestra bienaventuranza.

 

ORATIO

"Vamos también nosotros a morir con él."

"Señor, no sabemos a dónde vas. Cómo podemos saber el camino?"

"Si no veo en sus manos la señal de los clavos... no creeré."

"!Señor mío y Dios mío!" "Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto".

 

CONTEMPLATIO

De la incredulidad al éxtasis: éste es el camino de Tomás y, también, el de esa parte de nosotros que todavía no se rinde a la resurrección y a lo invisible. Tomás quiere garantías porque ha comprendido algo: si Jesús está vivo, su vida cambia. Si Jesús está vivo, entonces el Evangelio es verdadero. Y el Evangelio toma toda la vida. Y Jesús no le hace ningún reproche, sino que le dice: "Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado", porque no es un fantasma. No es una proyección de mis deseos, no es un fruto imaginario de mi corazón, no es el hijo de una ilusión. Hay un agujero en sus manos, donde puede entrar el dedo de Tomás; hay una lanzada, en la que puede entrar una mano. Y le doy las gracias a Tomás porque también yo necesito que Jesús no sea un fantasma. Y en la mano de Tomás están todas nuestras manos. Las de los que creemos sin haber tocado porque otros lo han hecho. Lo dice Juan con orgullo: "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida, [...] lo que hemos visto y oído os lo anunciamos" (1 Jn 1,1-2).

Fe de manos que ha atravesado el corazón. Tomás no busca el camino para creer en ningún signo de poder, sino simplemente en las llagas: el agujero de las manos, el costado abierto, imágenes embriagadoras del amor de Dios. Y con Tomás empieza l a historia de los enamorados de las heridas de Cristo, como Francisco de Asís o Catalina de Siena u otros más cercanos a nosotros (Ermes M. Ronchi).

 

ACTIO

Repite y medita durante el día estas palabras de fe: "!Señor mío y Dios mío!".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Es uno de los principales capítulos de la doctrina católica, contenido en la Palabra de Dios y enseñado constantemente por los Padres, que el hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios y que, por tanto, nadie puede ser forzado a abrazar la fe contra su voluntad. Porque el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza, ya que el hombre, redimido por Cristo Salvador y llamado en Jesucristo a la filiación adoptiva, no puede adherirse a Dios, que a ellos se revela, a menos que, atraído por el Padre, rinda a Dios el obsequio racional y libre de la fe.

Está, por consiguiente, en total acuerdo con la índole de la fe el excluir cualquier género de imposición por parte de los hombres en materia religiosa. Por consiguiente, un régimen de libertad religiosa contribuye no poco a favorecer ese estado de cosas en el que los hombres puedan ser invitados fácilmente a la fe cristiana, a abrazarla por su propia determinación y a profesarla activamente en toda la ordenación de la vida (Concilio Vaticano II, Dignitatis humane, 10).

 

 

 

Día 4

Jueves de la semana XIII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Amos 7,10-17

En aquellos días,

10 Amasias, sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboán, rey de Israel: -Amos está conspirando contra ti en medio de Israel; el país no puede ya soportar todas sus palabras.

11 Porque Amos anda diciendo: "Jeroboán morirá a espada e Israel será deportado lejos de su tierra".

12 Y Amasias dijo a Amos: -Vete, vidente, márchate a Judá; gánate la vida profetizando allí.

13 Pero no sigas profetizando en Betel, porque es el santuario real y el templo del reino.

14 Amos le respondió: -Yo no soy un profeta profesional. Yo cuidaba bueyes y cultivaba higueras.

15 Pero el Señor me agarró y me hizo dejar el rebaño diciendo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel".

16 Y ahora escucha la Palabra del Señor. Tú dices: "No profetices contra Israel, no pronuncies oráculos contra la estirpe de Isaac".

17 Pues bien, así dice el Señor: Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos y tus hijas caerán a espada, y tu tierra será repartida a cordel; tú mismo morirás en tierra impura, e Israel será deportado lejos de su tierra.

 

*•• La persuasión de tener a Dios de su parte comporta inmediatamente, en el caso de Israel, una gran dificultad para tomar en serio las palabras del profeta.

El choque entre el sacerdote Amasias y el profeta Amos, que alcanza con gran probabilidad a la dura experiencia histórica de Amos, documenta también, no obstante, la reducción de la función profética de Amos en el "dossier" que Amasias presenta a Jeroboán: el profeta aparece en él sólo como alguien que "atenta" contra la casa real y la instalación del pueblo en su propia tierra. No dedica ni siquiera una palabra al verdadero fundamento de las amenazas, o sea: a la denuncia del pecado y a la exigencia de la conversión.

Frente a esta acción de deslegitimación y de intento de proscripción, responde Amos con el testimonio de una identidad transformada y querida por Dios. De boyero y cultivador de higueras, quiso Dios convertirlo en profeta, es decir, que pusiera voz a su Palabra. Por eso lo tomó y le "hizo dejar el rebaño" para que profetizara, del mismo modo que había hecho con David, "de detrás de las ovejas" (2 Sm 7,8).

La identidad del profeta deriva, por tanto, del señorío absoluto de Dios, de su poder, que ha transformado su vida e impuesto una tarea. Lo que el sacerdote había referido al rey como cargos contra el profeta lo repite éste como "castigo de Dios" y afirmación del señorío de Dios.

 

Salmo Responsorial

Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

Salmo 18


La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
R/.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
R/.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R/.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.
R/.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

 

 

Evangelio: Mateo 9,1-8

En aquel tiempo,

1 subió Jesús a la barca, cruzó el lago y fue a su propia ciudad.

2 Entonces le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Jesús, viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: -Ánimo, hijo, tus pecados te quedan perdonados.

3 Algunos maestros de la Ley decían para sí: "Éste blasfema".

4 Jesús, dándose cuenta de lo que pensaban, les dijo: -Por qué pensáis mal? 5 Qué es más fácil, decir: Tus pecados quedan perdonados; o decir: Levántate y anda?

6 Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados. Entonces se volvió al paralítico y le dijo: -Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

7 Él se levantó y se fue a su casa.

8 Al verlo, la gente se llenó de temor y daba gloria a Dios por haber dado tal poder a los hombres.

 

*• La admiración de la muchedumbre, que da gloria a Dios por haber "dado tal poder a los hombres", cierra de manera significativa este episodio de la curación del paralítico. En él, la acción de Jesús tiene que vérselas de modo radical con el pecado y con la curación del hombre, y en esta dimensión se encuentra la Iglesia a sí misma.

Ahora bien, la tensión entre la autoridad de Jesús y la reacción de los hombres sigue siendo muy aguda: como a lo largo de todo el evangelio, la incomprensión y el rechazo se vuelven tanto más profundos y obtusos cuanto mayor se presenta la divergencia entre Jesús y los hombres investidos de "autoridad".

La acusación de blasfemia, que empieza a filtrarse explícitamente en las reacciones de los maestros de la Ley, anticipa el juicio inapelable que llevará a Jesús a la cruz. La reconciliación y el perdón, en el choque entre el poder del pecado y la vida recuperada en su plenitud, son, al mismo tiempo, gloria de Dios y piedra de tropiezo para el hombre.

 

MEDITATIO

La palabra del juicio y la palabra de reconciliación y de perdón suenan hoy de una manera sorprendentemente disonante. Con todo, existe una incontestable continuidad entre la terrible profecía de Amos sobre Jeroboán y lo que dice Jesús al paralítico. En la lectura del libro de Amos se intercambian duras palabras el sacerdote, el rey y el profeta. Ahora bien, detrás de esas palabras se vislumbra el duro camino por el que se puede filtrar la Palabra de Dios. La reconciliación de Dios con su pueblo está asegurada por una Palabra que, como una espada de doble filo, divide y purifica. En Jesús, sacerdote, profeta y rey, se lleva a cabo la reconciliación de Israel, una reconciliación que se extiende a todos los hombres. El perdón del pecado, realizado de una manera plástica por el levantamiento del paralítico, expresa el poder del Hijo del hombre en la tierra, que inaugura una nueva criatura, un nuevo pueblo, unos cielos nuevos y una nueva tierra.

 

ORATIO

Tal vez, Señor, tu Palabra sea demasiado fuerte, demasiado pura, para que nuestro corazón pueda resistir frente a ella. Tal vez, oh Jesús, tu amor por el hombre sea demasiado grande para que podamos hacernos verdaderamente capaces de él. Tal vez, oh Padre, tu misericordia siga pareciéndonos sólo debilidad y tu juicio se presente a nuestros ojos como demasiado duro.

Oh Dios, envía tu Espíritu para que asista a nuestra escucha, a fin de que seamos capaces de darnos cuenta de la responsabilidad que tenemos en tu juicio y de nuestra fragilidad en tu perdón: así encontraremos siempre las palabras con las que darte gracias y alabarte por las bendiciones que continuamente nos reservas.

 

CONTEMPLATIO

Alma mía, bendice al Señor. Dile, dile al alma tuya: aún estás en esta vida, aún llevas sobre ti una carne frágil y un cuerpo corruptible que la trae hacia el suelo; aún, pese a la integridad de la remisión, recibiste la medicina de la oración; aún dices, no es verdad?, en tanto curan bien tus debilidades: Perdónanos nuestras deudas.

Dile, pues, a tu alma, valle humilde, no collado erguido; dile a tu alma: Bendice, alma mía, al Señor y no quieras olvidar ninguno de sus favores. Qué favores? Dilos, enuméralos y agradécelos. Él perdona todos tus pecados. Esto aconteció en el bautismo. Y ahora? Él sana todas tus enfermedades. Esto ahora lo reconozco (Agustín, Sermón 124, 4 [edición española de Amador del Fueyo, BAC, Madrid 1952]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ánimo, hijo, tus pecados te quedan perdonados" (Mt 9,2b).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El tiempo de Dios no es el nuestro. Tú no puedes contarle a Dios los años y los días; Dios es fiel. Puedo escrutar los signos de este día como los centinelas apostados durante la noche acechan los signos de la aurora [...]. Esta gracia tiene un precio muy elevado, no es una gracia barata. Requiere vaciamientos y abandonos, requiere la renuncia a sí mismo, requiere que respondamos de modo franco a la pregunta que ha emergido en la cultura más reciente: "No seré tal vez, por el hecho de ser, un asesino?". O sea, si me aislo en mi yo, convirtiendo mi propio ser en el bien absoluto y en el centro de todas las cosas, no suscito así el resentimiento del otro, que se planta ante mí como enemigo? Pensad en lo que dice fray Cristóbal a Lorenzo frente al jergón de Don Rodrigo, que está muriendo en la leprosería: "Tal vez la salvación de este hombre y la tuya dependan ahora de ti, de un sentimiento tuyo de perdón, de compasión... de amor". Comprendéis? Amar al que le había arruinado la vida (I. Mancini, Tre follie, Milán 1986, p. 24).

 

 

 

Día 5

Viernes de la semana XIII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Amos 8,4-6.9-12

4 Escuchad esto, los que aplastáis al pobre y tratáis de eliminar a la gente humilde,

5 vosotros, que decís: "Cuándo pasará la luna nueva, para poder vender el trigo; el sábado, para dar salida al grano? Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio y falsearemos las balanzas para robar;

6 compraremos al desvalido por dinero, y al pobre por un par de sandalias; venderemos hasta el salvado del trigo".

9 Aquel día, oráculo del Señor, haré que el sol se ponga a mediodía, y en pleno día cubriré la tierra de tinieblas.

10 Convertiré en duelo vuestras fiestas, y en lamentaciones vuestros cánticos; haré que os vistáis de sayal, y que toda cabeza sea rapada. Será un duelo como por el hijo único, y todo acabará en amargura.

11 Vienen días, oráculo del Señor, en que yo enviaré el hambre a este país, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la Palabra del Señor.

12 Irán tambaleándose de mar a mar, del norte al este andarán errantes, buscando la Palabra del Señor, y no la encontrarán.

 

**• La primera parte del fragmento del profeta dibuja el cuadro de las "prioridades" de aquellos que, pecando, aplastan al pobre y tratan de eliminar a los humildes.

Mediante un discurso directo -como para referir sus propios pensamientos- se retrata toda una mentalidad, toda una orientación de vida. Es central aquí la revuelta contra la medida mensual y semanal del tiempo, que obstaculiza su comercio y se convierte asimismo en oportunidad de fraude.

La segunda parte elabora la reacción del Señor a esta infidelidad con la alianza concluida con él. La puesta del sol a mediodía constituye el gran signo del "día del Señor", en que dominará el duelo y en el que, no obstante, la "pena" más grave será la "extinción de la profecía ", la de una insaciable hambre y sed de la Palabra de Dios. La retirada de Dios del mundo, como la luz de la tierra, será el desenlace de los que errarán sin meta, "buscando la Palabra del Señor, y no la encontrarán" (v. 12b).

 

Salmo Responsorial

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios

Salmo 118


Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.
R/.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios


Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.
R/.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios


Mi alma se consume, deseando
continuamente tus mandamientos.
R/.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios


Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
R/.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios


Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia.
R/. No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios


Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.
R/. No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios

 

 

Evangelio: Mateo 9,9-13

En aquel tiempo,

9 cuando se marchaba de allí, vio Jesús a un hombre que se llamaba Mateo, sentado en la oficina de impuestos, y le dijo: -Sígueme. El se levantó y le siguió.

10 Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Mateo, muchos publícanos y pecadores vinieron y se sentaron con él y sus discípulos.

11 Al verlo, los fariseos preguntaban a sus discípulos: -Por qué come vuestro maestro con los publícanos y los pecadores?

12 Les oyó Jesús y les dijo: -No necesitan médico los sanos, sino los enfermos.

13 Entended lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios; yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

 

**• La probable unificación de dos relatos originariamente diferentes asume en el evangelio de Mateo la fuerza de una catequesis sobre el pecado y sobre la reconciliación.

          El primero se centra en la vocación del pecador-recaudador Mateo, llamado por Jesús (esto es ya algo sorprendente), que se determina a seguirle (lo que es aún más inconcebible). El segundo confirma esta relación entre Jesús y los pecadores en la modalidad de la comida. Jesús anuncia la misericordia, que es el elemento eminente que se encuentra por encima incluso de algo que se observaba con mayor asiduidad en el plano religioso, precisamente el sacrificio. La interpretación de la cita de Oseas: "Misericordia quiero y no sacrificios" no debe ser exacerbada y radicalizada, puesto que corresponde asimismo, desde el punto de vista literario, a una superioridad que se expresa en forma de contraposición: para expresar el primado de la misericordia sobre el sacrificio, se niega el segundo con la primera.

 

MEDITATIO

Tener hambre y sed no de pan y agua, sino de la Palabra del Señor constituye la gran experiencia de los profetas, y también del profeta que hay en cada cristiano.

"No sólo de pan vive el hombre", dice Jesús cuando es tentado en el desierto. La verdadera tentación para el hombre es la pérdida de la percepción del hambre de la Palabra que le hace vivir, por encima del hambre del pan que lo alimenta. Sin embargo, el castigo sobre Israel procede de un pecado que podríamos definir como "reducción del tiempo" (el novilunio, el sábado) para cálculos oportunistas y personales, como ocasión para concluir negocios, para obtener beneficios inmediatos.

"Convertiré en duelo vuestras fiestas, y en lamentaciones vuestros cánticos": no tiene que hacer gran cosa el Señor para infligir este castigo. El hombre obtiene por sí mismo su propio castigo. Pierde el sentido del tiempo como amor y misericordia y lo recupera, sin embargo, en la "comida con los pecadores", en el compartir la necesidad de perdón que le abre a la salvación y a la dicha.

 

ORATIO

Haz, Señor, que, cuando nos acerquemos a tu mesa, nos acordemos siempre de nuestra doble vestimenta: nosotros te acogemos como huésped nuestro para que tú nos acojas como huéspedes tuyos. Sólo así, a través de este misterio de comunión, que es superación del pecado y don de salvación, podremos evitar que nuestro culto se trueque en lamento, en un cumplimiento vacío o en una repetición enajenadora.

Que tu Palabra y tu sangre, oh Jesús, nos vuelvan raudos al designio que has preparado para nosotros: tú has realizado ya lo que nosotros tenemos aún por delante como tarea, pero nos acompañas –eternamente solidario- también en nuestro trabajo cotidiano.

Haz que podamos descubrir siempre en nuestra tarea tu don.

 

CONTEMPLATIO

Si deseamos interpretar más a fondo este episodio, diremos que Mateo no sólo ofrece al Señor de la tierra un banquete material en su casa, sino que le prepara un banquete mucho más agradable en su morada interior gracias a la fe y al amor, según lo que el mismo Cristo ha dicho: "-Mira que estoy llamando a la puerta.

Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3,20). El Señor está en la puerta y llama cuando infunde en nuestro corazón la llamada de su voluntad, tanto a través de la palabra de un doctor como por inspiración directa [...].

Entra para sentarse a la mesa, él con nosotros y nosotros con él (Beda el Venerable, Homilías sobre el evangelio, I, 21).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Por qué come vuestro maestro con los publícanos y los pecadores?" (Mt 9,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El hambre es mi lugar nativo en la tierra de las pasiones. Hambre de comunión, hambre de rectitud; comunión basada en la rectitud, y rectitud alcanzada a través de la comunión.

Sólo la vida podrá responder a las preguntas planteadas por la vida. Esta hambre se sacia sólo plasmando la vida de modo que mi individualidad sea un puente hacia los otros, una piedra en el edificio de la rectitud. No nos hemos de temer a nosotros mismos, sino vivir nuestra propia individualidad de manera acabada, buscando el bien. No hemos de seguir a los otros para adquirir la comunión, no hemos de erigir las convenciones en leyes en vez de vivir la rectitud. Libre y responsable.

Sólo uno fue creado así, y si nos traiciona, su contribución faltará eternamente (D. Hammerskjold, Tracce di cammino, Milán 1997, p. 77).

 

 

Día 6

Sábado de la semana XIII del Tiempo ordinario o 6 de julio,

Santa María Goretti

 

María Goretti nació en Corinaldo (Italia), hija de Luigi Goretti y Assunta Carlini, el 16 de octubre de 1890. Fue bautizada el 17 de octubre en la iglesia de San Francisco, en Corinaldo, y recibió los nombres de María y Teresa. El 1 2 de diciembre de 1896, la familia Goretti se trasladó desde Corinaldo a Colle Granturco, en las proximidades de Paliano, y, más tarde, en febrero de 1 899, a Le Ferriere di Conca, en la Caseína Antica, hoy Borgo Montello (Latina).

Fue agredida y herida de muerte por Alessandro Serenelli el 5 de julio de 1902, a las tres y media de la tarde. Murió y fue sepultada en Nettuno, o la edad de once años, el 6 de julio de 1902, a las tres y medio de la tarde. El proceso informativo fue iniciado en Abano el 31 de mayo de 1935. Pío XII reconoció la autenticidad del martirio de María el 25 de marzo de 1945. La declaró beata el 27 de abril de 1947, y santa, el 24 de junio de 1950.

 

 

LECTIO

Primera lectura: Amos 9,11-15

Así dice el Señor:

11 Aquel día, levantaré la choza caída de David; repararé sus brechas, levantaré sus ruinas y la reconstruiré como en los tiempos antiguos,

12 para que conquisten el resto de Edom y todas las naciones en las que se invoca mi nombre. Oráculo del Señor, que cumplirá todo esto.

13 Vienen días, oráculo del Señor, en los cuales el que ara pisará los talones al segador, y el que vendimia al sembrador. Los montes harán correr el mosto, y destilarán todos los collados.

14 Yo cambiaré la suerte de mi pueblo Israel: reconstruirán las ciudades devastadas y vivirán en ellas, plantarán viñas y beberán su vino, cultivarán huertas y comerán sus frutos.

15 Yo los plantaré en su tierra, y nunca más serán arrancados de la tierra que yo les di, dice el Señor tu Dios.

 

**• El libro de Amos se cierra con estos versículos cargados de esperanza y de promesas, muy diferentes del tono áspero y severo que atraviesa el resto del libro.

Dios agracia, perdona y rescata a Israel; prepara un día que será de plena reconciliación, de verdadera paz, de profunda armonía. La restauración de Israel asume así rasgos indudablemente mesiánicos, con imágenes del mundo agrícola, de arraigo en la tierra y de permanente residencia en ella. Comer y beber en paz en la propia tierra: ésa es la imagen del futuro reconciliado de Israel; la idea del retorno y de la imposibilidad de cualquier "desarraigo" ulterior reafirman al final la gracia, la fidelidad y la misericordia infinita de Dios.

 

Salmo Responsorial

Dios anuncia la paz a su pueblo

Salmo 84


Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»
R/.
Dios anuncia la paz a su pueblo

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R/.
Dios anuncia la paz a su pueblo

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R/.
Dios anuncia la paz a su pueblo

 

 

Evangelio: Mateo 9,14-17

En aquel tiempo,

14 se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: -Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?

15 Jesús les contestó: -Es que pueden estar tristes los amigos del novio mientras él está con ellos? Llegará un día en que les quitarán al novio; entonces ayunarán.

16 Nadie pone un remiendo de paño nuevo a un vestido viejo, porque lo añadido tirará del vestido y el rasgón se hará mayor.

17 Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y se pierden los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos, y así se conservan los dos.

 

*•• También en este fragmento evangélico trata Mateo la relación de Jesús con el pecado y con la reconciliación. En el centro, como en el fragmento precedente, se encuentra el acto de la comida, no ya considerado como ámbito de relación, sino en cuanto tal, en cuanto posible acto de renuncia, de sacrificio y de tristeza.

En realidad, el eje del evangelio de hoy es la relación entre lo nuevo y lo viejo, que había caracterizado ya al evangelio de Mateo en el extenso "sermón del monte". El ayuno no cuadra con la presencia del esposo en medio de la comunidad. Jesús es el esposo, el resucitado, presente en medio de la Iglesia "hasta el fin del mundo". El ayuno experimenta así, para el cristiano, gracias también a estas expresiones, una gran transformación: de expresión de luto se convierte en manifestación de la expectativa confiada por el retorno del Señor.

El cristiano celebra realmente la muerte del propio Señor resucitado cada vez que come y bebe el pan y el vino: no es el ayuno, sino la comida lo que permite y simboliza la memoria de la cruz, victoria sobre el pecado y don de salvación.

 

MEDITATIO

En la historia de María Goretti resplandecen los textos bíblicos con una actualidad luminosa e iluminadora. María nació en el seno de una familia convencida de que la vida, aunque sea pobre y dura, es un don de Dios.

Día tras día, en medio de la humilde fe de los puros y de los sencillos, fue creciendo en ella una convicción. La respuesta más bella a la "vida como don" es vivirla como entrega a Dios y a aquellos a quienes Dios pone en nuestro camino. Con una peculiaridad esencial: el secreto de la entrega a los otros en plenitud está en dejar a Dios la posibilidad de "hacernos"- "recrearnos" como don. El "Don" por excelencia, en la tradición de la Iglesia, es el Espíritu Santo. María Goretti, de manera análoga a María de Nazaret, se dejó habitar por el Don y apareció como entrega.

La belleza interior de María Goretti se ha revelado en su testimonio de virgen y mártir. La gracia del Espíritu y la belleza de la santidad de Dios se expresan asimismo como inocencia respecto al mal y al pecado. De ahí que María Goretti prefiriera permanecer en la amistad con Dios, aun a costa de su propia vida. La confiada invocación a él como Padre, único aliado y refugio frente a la ciega violencia de los hombres, es el grito de la genuina fe bíblica. La convicción profunda de que el mal, en apariencia señor del mundo, no conseguirá la victoria definitiva sobre el bien es, en María Goretti, una visión clara de la historia de la salvación.

Estos pensamientos pueden parecer una reflexión piadosa. La fe y la fidelidad de María Goretti van, no obstante, mucho más allá. Iluminan no sólo su presente y su futuro de víctima sacrificial; le sugieren que la misericordia de Dios tiene siempre una última palabra que decir tanto al primero como al último de los hijos de Caín: que su sangre, unida misteriosamente a la sangre de Dios, recaiga como invitación a la conversión sobre el agresor. La víctima inocente y el verdugo arrepentido, juntos en el Reino.

En síntesis: también en nuestros días la Palabra de Jesús es espíritu y vida. El grano de trigo, al morir, da la vida. María Goretti es símbolo y garantía, aun en nuestros días, de la presencia de Cristo, salvador y redentor.

Le siguió por gracia, y por gracia fue su testigo fiel, en la plenitud del misterio pascual de muerte y de resurrección.

 

ORATIO

Niña de Dios, tú que conociste pronto la dureza y la fatiga y las breves alegrías de la vida, tú que fuiste pobre y huérfana, tú que amaste al prójimo incansablemente haciéndote sierva humilde y atenta, tú que fuiste buena sin enorgullecerse, que amaste el amor sobre cualquier otra cosa, tú que derramaste la sangre para no traicionar al Señor, tú que perdonaste a tu asesino, deseándole el paraíso, intercede por nosotros junto al Padre, a fin de que digamos "sí" al designio de Dios sobre nosotros.

Tú que eres amiga de Dios y le ves cara a cara, obtennos de él la gracia del testimonio evangélico, siempre y por doquier. Te agradecemos, Marietta, el amor a Dios y a los hermanos que sembraste en nuestro corazón (de la oración de Juan Pablo II).

 

CONTEMPLATIO

María Goretti no es "la santa de los cinco minutos". Lo fue durante toda su vida, breve, escondida y silenciosa, encerrada en el lapso de poco menos de doce años. Fue la suya una vida preciosa por estar modelada sobre la de Jesús, en el misterioso retiro de Nazaret.

Doce años de vida familiar acompasados por la oración y por el trabajo, y ofrecidos con la transparencia de las virtudes evangélicas, transfiguradas plenamente en la hora del martirio.

De ello son testigo sus palabras, nacidas de la vida cotidiana, fragantes de mansedumbre y de humildad del corazón. Palabras florecidas en sus labios, conservadas y referidas con admiración por quienes la vieron crecer, en la escuela del Espíritu Santo. Citemos algunas de sus expresiones, recordadas en el proceso de canonización.

A la muerte de su padre: "Ánimo, mamá, no tengas miedo, que ya nos hacemos mayores. Basta con que el Señor nos conceda salud. La Providencia nos ayudará. !Lucharemos y seguiremos luchando!". "Mamá, no te preocupes; Dios no nos abandonará". Y para animar a su madre: "Ahora pensaré yo en llevar adelante la casa". "Mamá, cuándo recibiré la comunión?". A su hermana Teresa: "Teresa, cuándo volveremos a recibir a Jesús?". A Alejandro: "Pero qué haces, Alejandro? Dios no está contento, vas a ir al infierno".

Apenas salida del quirófano, le susurra a su madre: "Mamá, querida mamá, ahora estoy bien... Cómo están mis hermanos y hermanas? Estarás aquí esta noche?". A María la devora la sed y le pide a su madre: "Mamá, dame una gota de agua". El capellán del hospital la asiste paternalmente y, en el momento de darle la sagrada comunión, la interroga: "María, perdonas de todo corazón a tu asesino?". Ella, reprimiendo una instintiva repulsión, le responde: "Sí, le perdono por el amor de Jesús, y quiero que él también venga conmigo al paraíso. Quiero que esté a mi lado... Que Dios le perdone, porque yo ya le he perdonado".

 

ACTIO

Repite y medita durante el día estas palabras: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey" (Le 23,42).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El símbolo más distintivo de la espiritualidad gorettiana es, ciertamente, el buen gobierno de la casa [...]. La enseñanza es evidente: el camino de la santidad es posible realizarlo en familia, en el servicio humilde y puntual, en la oración y en el respeto: un camino hacia Dios encontrado en la vida diaria. La "espiritualidad de la casa" nos recuerda la vida de la sagrada familia de Nazaret, y Marietta se convierte en imagen de este mensaje para nuestro tiempo.

Santa María Goretti nos deja precisamente como recuerdo de su paso por la tierra tres casas. En Corinaldo está su casa natal, en Le Ferriere, la casa del martirio: dos lugares que hablan por sí solos y que se han  convertido ahora en centros de oración y de meditación. Falta en la lista la casa de Paliano. Es el eslabón que falta en esta tríada gorettiana. María Goretti vivió tres años en la casa de Paliano. Allí encontró a Alessandro Serenelli, su futuro agresor, y a los padres pasionistas, beneméritos en el reconocimiento de la santidad de María (G. Alberti, Abaría Goretti, Roma 2000, p. 263).

 

 

Día 7

Domingo XIV del tiempo ordinario

 

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 2,2-5

En aquellos días,

2 el espíritu entró en mí, me hizo poner en pie y oí al que me hablaba.

3 Me dijo: -Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a ese pueblo rebelde, que se ha rebelado contra mí lo mismo que sus antepasados hasta el día de hoy.

4 Te envío a esos hijos obstinados y empedernidos.

5 Les hablarás de mi parte, te escuchen o no, pues son un pueblo rebelde, y sabrán que en medio de ellos hay un profeta.

 

*•• Se narra aquí la vocación ejemplar de un profeta. De Ezequiel sabemos que era "hijo de Buzí", sacerdote por nacimiento (1,1), pero la voz de Dios le llama aquí "hijo de 'adam"; ya no le llama sacerdote, sino simplemente "hombre", es decir, "hecho de tierra" (íadamah, "tierra" en hebreo), frágil, mortal. Sobre este hombre se derrama el Espíritu de Dios, que viene a poner de pie al que estaba postrado en tierra, confiriéndole el poder divino (dynamis en el Nuevo Testamento) para proclamar la Palabra de manera eficaz. A la acción de Dios corresponde, por parte de Ezequiel, permanecer a la escucha: a la Palabra le corresponde la escucha.

De repente, la misión del profeta aparece como algo extremadamente difícil, como algo que cuesta: es una misión que tiene que ver con el "endurecimiento del corazón", con la obstinación de unos hijos que se han rebelado contra su Padre, una rebelión que se manifiesta en el "no escuchar" (v. 5). Ni siquiera la Palabra y el poder del Espíritu pueden constreñir la libertad del hombre para acoger la revelación de Dios. El profeta se levanta entonces, solitario, como signo de contradicción, como piedra de tropiezo para los que corren hacia su propia ruina.



Salmo responsorial
Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia

Salmo 122, 1b-2b. 2cdefg. 3-4

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores.

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.



Segunda lectura: 2 Corintios 12,7-10

Hermanos:

7 Precisamente para que no me sobreestime a causa de tan sublimes revelaciones, tengo un aguijón clavado en mi carne, un agente de Satanás encargado de abofetearme para que no me enorgullezca.

8 He rogado tres veces al Señor para que apartase esto de mí,

9 y otras tantas me ha dicho: "Te basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad". Gustosamente, pues, seguiré presumiendo de mis debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo.

10 Y me complazco en soportar por Cristo flaquezas, oprobios, necesidades, persecuciones y angustias, porque cuando me siento débil es cuando soy fuerte.

 

**• Tras haber recordado a sus amados corintios (que, sin embargo, causan tantos sufrimientos al apóstol) la sublimidad de las revelaciones recibidas, y a fin de demostrar que su misión procede verdaderamente de Dios, Pablo se muestra ahora con toda su humana debilidad; más aún, "presume" de ella, del mismo modo que en otra ocasión había presumido de la cruz de Cristo (cf. 1 Cor 1,17-31). Al final de la carta tenemos la demostración de que Pablo entiende su propia debilidad exactamente siguiendo el modelo de la debilidad del Señor: "Es verdad que se dejó crucificar en su débil naturaleza humana, pero ahora vive por la fuerza de Dios. Así también nosotros, que compartimos con él su debilidad, compartiremos con él su poderosa vida divina a la hora de enfrentarme con vosotros" (2 Cor 13,4).

Del mismo modo que la cruz produce escándalo, también la fragilidad humana del apóstol (descrita en forma de persecuciones, insultos, divisiones en la comunidad, enfermedad, angustia) puede provocar una reacción de desconfianza y de miedo en los corintios, pero eso es precisamente el signo inconfundible de que su misión apostólica es de Dios, dado que lleva consigo la marca inconfundible de la cruz.

 

Evangelio: Marcos 6,1-6

En aquel tiempo,

1 salió Jesús de allí y fue a su pueblo, acompañado de sus discípulos.

2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La muchedumbre que lo escuchaba estaba admirada y decía: -De dónde le viene a éste todo esto? Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? Y esos milagros hechos por él?

3 No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? No están sus hermanas aquí entre nosotros? Y los tenía desconcertados.

4 Jesús les dijo: -Un profeta sólo es despreciado en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

5 Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo curó a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.

6 Y estaba sorprendido de su falta de fe. Jesús recorría las aldeas del contorno enseñando.

 

**• El episodio desarrollado en la sinagoga de Nazaret, situado al final del primer ciclo de milagros del evangelio de Marcos, representa el rechazo de Israel respecto a la revelación de Dios en Jesús. Aquí no se entiende propiamente por "Israel" el nombre de un pueblo, sino los que son más íntimos a Jesús, la gente de su tierra, de su casa.

La escena se desarrolla en el camino de regreso de la casa de Jairo, en el pueblo de Nazaret (tan pequeño e insignificante que ni siquiera aparece nombrado en el Antiguo Testamento), a donde sabemos que había llegado la noticia de los prodigios (dynámeis) realizados por él en toda la Galilea (cf. v. 2).

La primera reacción, después de haber escuchado su Palabra autorizada, es la de "admiración", una señal del evangelista para indicar el carácter de revelación de la predicación de Jesús. Las cinco preguntas que siguen indican, sin embargo, la duda de sus hermanos y conocidos: el problema tiene que ver, esencialmente, con el origen de Jesús ("De dónde..."), lo que equivale a decir que el conocimiento directo de su ambiente familiar les impide reconocer en él al enviado de Dios. Jesús sigue siendo para ellos únicamente "el carpintero" del pueblo, el "hijo de María". La imposibilidad de hacer milagros en la que se encuentra Jesús pretende significar que la incredulidad, en cuanto rechazo de la oferta salvífica de Dios, impide la manifestación de cualquier acontecimiento de salvación. Frente a ese rechazo, Jesús "estaba sorprendido" (única vez en Marcos), y toma sus distancias respecto a ellos, declara su "no-connivencia" con su falta de fe, para mostrar el contraste radical entre el plano de la salvación de Dios y la incredulidad de los hombres.

Lo que provoca el escándalo es la pretensión del hombre-Jesús de situarse como lugar de la revelación de Dios, escándalo que alcanzará su punto más elevado en la muerte del Hijo de Dios en la cruz.

 

MEDITATIO

El escándalo, o el "endurecimiento del corazón" (cf. Ez 2,4), la incredulidad de quien ha sido llamado a contemplar la revelación de Dios, constituye el hilo conductor de las perícopas bíblicas que acabamos de leer.

Está provocado esencialmente por la manifestación del poder de Dios en una forma frágil, débil: el profeta es rechazado por sus hermanos por ser también un simple 'adam; no se da crédito al apóstol porque se presenta de un modo completamente ordinario, casi sumiso. En el centro se encuentra el hombre-Jesús, capaz de dar un sentido definitivo a la historia de todos los pobres de la tierra, con su reafirmación de la necesidad de la lógica de la cruz. Ésta es necesaria porque ha sido querida por Dios, porque le ha complacido manifestarse así: en el devenir de un pueblo situado en un ínfimo rincón de la tierra y de la historia, en la pobre casa de una muchachita de un oscuro pueblo de Galilea, a través de la ejecución de una condena a muerte en un lívido día de abril, sobre el Gólgota.

En esta historia, casi loca, se produce siempre, no obstante, el mismo milagro: el 'adam es levantado de la tierra, el Espíritu se manifiesta en la acción irresistible del gesto y de la palabra de un hombre cualquiera, el sepulcro no se queda cerrado y habitado por la Muerte, sino que se abre de par en par para dejar salir la Vida para siempre. Así obra Dios, porque está decidido a salvar al hombre: a todo hombre, a todo el hombre.

 

ORATIO

Oh Padre, queremos darte gracias por habernos hecho precisamente así: criaturas frágiles y mortales, pero salidas de tus manos y portadoras de tu impronta. Frente a la Palabra que llama "bienaventurados" a quienes no se escandalizan de ti y de tu Hijo, te entregamos todas nuestras dudas, nuestra incredulidad, los miedos líenle a la manifestación de nuestra debilidad, que nos recuerda a renglón seguido que estamos hechos de tierra, aunque nuestro deseo sea infinito.

No queremos encontrarnos entre los que no han podido contemplar tus maravillas por estar demasiado replegados examinando nuestra propia humanidad, considerando nuestros propios límites y los de los otros: líbranos del miedo al hombre. Entréganos tu mirada de Padre y de Madre que ha engendrado su espléndida criatura, tu mirada tranquilizadora y fraterna de Salvador, solidaria con nosotros por obra del Espíritu, para acoger, en este mismo amor de perdón y compasión, a nosotros mismos y a cada hombre y mujer como inestimable don tuyo.

 

CONTEMPLATIO

Tienes arriba el Cristo dadivoso, tienes abajo el Cristo menesteroso. Aquí es pobre y está en los pobres. El ser aquí pobre Cristo no lo decimos nosotros; lo dijo él mismo: "Tuve hambre, tuve sed, estaba desnudo, carecí de hogar, estuve preso". Y a unos les dijo: "Me socorristeis"; a otros: "No me socorristeis". Queda probado ser pobre Cristo; que sea rico lo ignora alguien? Este mismo trocar el agua en vino habla de su riqueza, pues si es rico quien tiene vino, cuan rico no ha de ser quien hace el vino? Luego Cristo es a la vez rico y pobre: cuanto Dios, rico; cuanto hombre, pobre. Cierto, ese Hombre subió ya rico al cielo, donde se halla sentado a la diestra del Padre, mas aquí, entre nosotros, todavía padece hambre, sed y desnudez (Agustín, Homilía 123).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tu poder, Señor, se manifiesta plenamente en mi debilidad".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Quién es más frágil de los dos? El que recibo en la comunión? [...] El pequeño ser al que querían degollar para quitarlo de en medio, sin ninguna protección que no fuera la de María y la de José y, en la eucaristía, la de la Iglesia? Cuando encuentres a un emigrante, sentirás deseos de entrar en comunicación con él o le tendrás miedo?

El que recibo en la comunión? [...] El que carece de morada fija y para el que hasta una piedra hubiera sido una blanda almohada, que te pide alimento y cobijo en la eucaristía? Por qué no invitas a tu casa a esta o aquella familia de gitanos a la que se hace acampar desde hace ya mucho tiempo detrás de la empalizada? !O es que tienes miedo? [...].

El que recibo en la comunión? Un hombre que en la cruz no puede mover ni siquiera un dedo, que casi no puede hablar, que respira con esfuerzos sobrehumanos, herido por la misma impotencia como en la eucaristía? Y tú? Amas a este hombre ante un poliomielítico? O le tendrás miedo?

Pero si es a él a quien amas, no tendrás miedo de nada. Te atreverás a decirle: "Jesús, en su santa eucaristía, es más pobre que tú, más impotente que tú" (D. Ange, Le nozze di Dio aove !I povero é re, Milán 1985, pp. 241 ss).


 

 

Día 8

Lunes de la semana XIV del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Oseas 2,16-18.21ss

16 Pero yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y le hablaré al corazón.

17 Le devolveré sus viñedos, haré del valle de Acor una puerta de esperanza y ella me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que salió de Egipto.

18 Aquel día, oráculo del Señor, me llamarás "mi marido", y no me llamarás "mi baal".

21 Te desposaré conmigo para siempre, te desposaré en justicia y en derecho, en amor y en ternura;

22 te desposaré en fidelidad y tú conocerás al Señor.

 

*"• El profeta Oseas escribió en tiempos de Jeroboán III (713-743 a. de C. ), en un período bastante florido, desde el punto de vista social, para Israel, aunque amenazado por la prostitución del pueblo a los baales, ídolos cananeos de la sexualidad, de la fecundidad, de la vegetación. La misma mujer del profeta abandona a su marido y se convierte en prostituta sagrada en un templo de Baal. Oseas, con la pena del corazón traicionado, es introducido en un significado más amplio de ese adulterio: no sólo su mujer, sino todo Israel es adúltero respecto a Dios.

Y en el hecho de que el profeta, por voluntad del Señor, vuelva a tomar consigo a la mujer infiel comprende el autor sagrado que debe expresar, con su propia vida y con su escrito, el drama de un Dios hasta tal punto fiel a Israel que lo atrae de nuevo hacia sí para renovarlo en un encuentro de profunda intimidad. Los "viñedos", los bienes perdidos por Israel cuando abandonó al Señor, él mismo -el esposo- los devolverá otra vez a la amada que se convierte a él.

Israel, yendo aún más al fondo en la alianza nupcial con Dios, experimentará la transfiguración de las mismas  experiencias más dolorosas. Precisamente como el "valle de Acor", un estrecho y oscuro desfiladero que evocaba atroces recuerdos de estragos (cf. Jos 7,24ss), se convertirá en "puerta de esperanza". Y será muy bello -dice Oseas-, como en los tiempos de la liberación de Egipto, dirigir cantos de amor a un Dios que desea cada vez más apasionadamente unir a la creación consigo, renovándola con sus dones nupciales.

Éstos son la justicia, fuente de toda la acción de Dios que une consigo a la esposa fiel; el derecho, que es defenderla del mal; la ternura y ese amor intenso y tiernísimo -rahamim- que caracteriza las nuevas relaciones del Dios-Esposo con Israel-Esposa, convertida en lo más profundo de su ser. De este modo es como la esposa "conocerá" a su Dios: no de modo formal, exterior, sino en lo hondo del corazón.

 

Salmo Responsorial

El Señor es clemente y misericordioso

Salmo 144

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza.
R/.
El Señor es clemente y misericordioso

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas.
R/.
El Señor es clemente y misericordioso

Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.
R/.
El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R/.
El Señor es clemente y misericordioso

 

Evangelio: Mateo 9,18-26

En aquel tiempo,

18 mientras Jesús les decía esto, llegó un personaje importante y se postró ante él diciendo: -Mi hija acaba de morir, pero si tú vienes y pones tu mano sobre ella, vivirá.

19 Jesús se levantó y, acompañado de sus discípulos, le siguió.

20 Entonces, una mujer que tenía hemorragias desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto,

21 pues pensaba: "Con sólo tocar su vestido quedaré curada".

22 Jesús se volvió y, al verla, dijo: -Ánimo, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer quedó curada desde aquel momento.

23 Al llegar Jesús a casa del personaje y ver a los flautistas y a la gente alborotando,

24 dijo: -Marchaos, que la niña no ha muerto; está dormida. Pero ellos se burlaban de él.

25 Cuando echaron a la gente, entró, la tomó de la mano y la niña se levantó.

26 Y la noticia se divulgó por toda aquella comarca.

 

*•• Este relato presenta la típica estructura de encaje. Se trata, en efecto, de dos episodios tan insertados entre sí que se revelan como dos aspectos de una única realidad: la fe en Jesús, que, si es auténtica, hace pasar de la muerte a la vida. Jairo, jefe de la sinagoga de Cafarnaún, se postra ante Jesús en casa de Mateo precisamente cuando estaba hablando de bodas, de ropa nueva y de vino nuevo (cf. 9,16ss). En su discurso de vida se inserta la pena de quien acaba de ver morir a su hija de doce años (cf. Le 8,42), la edad de las nupcias para los judíos. Jesús se dirige hacia la casa de la difunta cuando una mujer, que sufría hemorragias desde hacía doce años, le toca la orla de su manto, persuadida, por la fe, de que "tocarle" significa salvarse. Y eso es precisamente lo que le oye decir al Señor: "Animo, hija, tu fe te ha salvado" (v. 22). Si perder sangre de continuo simboliza la amenaza de la muerte, la curación de la mujer es preludio de la victoria sobre la muerte que lleva a cabo Jesús enseguida en casa de Jairo. Dice Jesús: "La niña no ha muerto; está dormida" (v. 24).

En efecto, allí donde se hace sitio a Jesús, que vivió la muerte por nosotros en su persona y la "engulló" con su resurrección (cf. 1 Cor 15,55), la muerte corporal se convierte en "dormición", y dejarse "tocar" por Jesús se convierte en certeza de resurrección. La vida -como un caminar hacia la plenitud de las bodas de amor eterno, teniendo plena confianza en Jesús- encuentra en esta página una interpretación ejemplar. Vivir es caminar en la fe, en esa fe que, en concreto, es "tocar" y "dejarse tocar" por Cristo vivo en la Palabra, en la eucaristía y en el prójimo.

 

MEDITATIO

Los baales, los ídolos de muerte denunciados por Oseas, también nos seducen hoy. Son el dinero, la ropa, el culto a la imagen, el sexo, el hedonismo y también ese sutil, aunque obstinado, dominio del ego, mediante el cual, incluso cuando hacemos el bien, nos buscamos más a nosotros mismos y nuestras propias gratificaciones que la gloria del Señor y la venida del Reino. Sin embargo, nuestro corazón está profundamente insatisfecho e inquieto. Es preciso escucharlo mientras grita la desolación de su vacío, de ese adulterio que es dejar perder a Dios en el torbellino del activismo, en la carrera hacia la exageración para prostituirse con alguno de los ídolos que hemos citado más arriba. Y es preciso que nos dejemos conducir por el Señor "al desierto". Para ver con perspicacia que la idolatría del vivir comprometidos con las lógicas de este mundo no sólo es un insulto al Señor de la vida, sino también una progresiva pérdida de vida, como experimentaba la mujer antes de tocar la orla del manto de Jesús, para todo esto, decíamos, resultan preciosos algunos momentos de meditación. Poco a poco se pierde el gusto por la oración, la alegría de hacer el bien, la sensibilidad del "hacerse prójimo". Y, a la larga, se va apagando la vida espiritual. Hay muertos ambulantes con mucho activismo por dentro y apariencia -!puede darse!- de bien.

Con todo, es posible la salvación. Se llama Jesús. Éste sólo pide que le conozcamos, aunque en lo profundo del corazón: con ese conocimiento de la fe que es "tocarle" como la mujer del evangelio y "dejarse tocar " (coger por la mano) por él como la niña de doce años que se levanta. Jesús es el Esposo que libera a quien habita en las tinieblas (en el vacío) y en sombras de muerte (todo adulterio, prostitución a los ídolos).

Con todo, es preciso entrar en contacto con él con una fe orante.

 

ORATIO

Señor Jesús, me reconozco idólatra y, con frecuencia, adúltero. Tú me hablas con gran amor. Derrama tu espíritu para que me deje coger y conducir a ese desierto interior que, de lugar de horrible vacío y de muerte, se puede convertir en lugar de intimidad nupcial contigo, si busco momentos de silencio y de retirada al corazón habitado por ti. Es en el corazón donde llamo: aumenta en mí la fe que es precisamente la experiencia del "tocarte" y del "dejarme tocar" por ti.

Si el Espíritu suscita en mí la voluntad de tocarte y de ser tocado por ti, orando, recibiéndote eucarísticamente vivo en la comunión, entrando en contacto con el prójimo con la conciencia de entrar en contacto contigo, entonces vencerás en mí el sentido de pérdida de las energías espirituales, la muerte que advierto si me separo de ti. Gracias a esta fe, al tocarte, te conozco matrimonialmente y experimento que en mi vivir o todo se revela como muerte o todo -incluido el dolor- se transfigura y se convierte en ti.

 

CONTEMPLATIO

!Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y abráseme en tu paz (Agustín, Las confesiones, X, 27, 38, edición española de Ángel Custodio Vega, BAC, Madrid 51968).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Aumenta mi fe y sálvame, Señor".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

!Cómo quisiera, amigo de Dios, que estuvieras siempre lleno del Espíritu Santo en esta vida! "Os juzgaré en !a condición en que os encuentre", dice el Señor [cf. Mt 24,42; Me 13,33-37; Lc 19,12ss). !Ay de nosotros si nos encuentra cargados de preocupaciones y fatigas terrestres!

Es cierto que toda buena acción hecha en nombre de Cristo confiere la gracia del Espíritu Santo, pero la oración lo hace más que cualquier otra cosa, ya que siempre está a nuestra disposición.

Podrías sentir el deseo, por ejemplo, de ir a la iglesia, pero la iglesia está lejos o bien han acabado los oficios; podrías sentir deseos de hacer limosna, pero no encuentras a ningún pobre o bien no tienes monedas en el bolsillo; es posible que quisieras encontrar alguna otra buena acción para hacerla en nombre de Cristo, pero no tienes fuerza suficiente o bien no se te presenta la ocasión; nada de todo esto, sin embargo, afecta a la oración: todo el mundo tiene siempre la posibilidad de orar.

Es posible valorar la eficacia de la oración, hasta cuando es un pecador el que la hace, si la hace con un corazón sincero, a partir de este ejemplo que nos refiere la santa Tradición: al oír la imploración de una madre desgraciada que acababa de perder a su único hijo, una prostituta, que había encontrado por el camino y se sentía conmovida por la desesperación de aquella madre, se atrevió a gritar al Señor: "No por mí, indigna pecadora, sino a causa de las lágrimas de esta madre que llora a su hijo y sigue creyendo en tu misericordia y en tu omnipotencia, resucítalo, Señor". Y el Señor lo resucitó. Amigo de Dios, éste es el poder de la oración (I. Garainof, Serafino di Sarov, Milán 1995, p. 161).

 

 

 

Día 9

Martes de la semana XIV del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Oseas 8,4-7.11-13

Así dice el Señor:

4 Han puesto reyes sin mi aprobación, han establecido príncipes sin saberlo yo. Con su plata y su oro se han hecho ídolos, para su propia ruina.

5 Me repugna tu becerro, Samaría; mi cólera se enciende contra ellos. Hasta cuándo estarán sin purificarse?

6 Viene de Israel, lo ha hecho un artesano. !Eso no es Dios! Será, pues, hecho astillas el becerro de Samaría.

7 Siembran viento y cosechan tempestades; su grano no dará mies, ni la espiga, harina; y si la da, extranjeros la devorarán.

11 Efraín ha multiplicado los altares, pero sólo para pecar.

12 Aunque les escriba miles de leyes, las considerarán como de un extraño.

13 Les gusta ofrecerme sacrificios y comer la carne inmolada. Pero el Señor no los acepta, sino que recordará su iniquidad, les tomará cuenta de sus pecados y tendrán que volver a Egipto.

 

**• El profeta Oseas manifiesta el amor de un Dios que es grande en fidelidad y rico en misericordia. Sin embargo, proclama asimismo la plena desaprobación de Dios respecto a la conducta de un Israel corrupto, cuyo corazón ya no está con el Señor. Estamos en tiempos de Jeroboán II y de las intrigas que siguieron a su muerte: tiempos de egoísmos desencadenados y de una religiosidad insincera. Se trata de la alienación del querer gobernarse por sí mismos, volviendo a elegir jefes no designados por Dios. El mismo culto, al exteriorizarse cada vez más, se había contaminado hasta construir, en tierra de Samaría, un becerro, que, aunque no era al principio un ídolo, sino la expresión de la presencia invisible de YHWH, se deslizó después hacia la idolatría.

Oseas alude al estallido de la "cólera de Dios": una categoría bíblica que hemos de comprender de manera adecuada. No es Dios un personaje colérico y vengador, sino alguien que se expresa como Amor en todos los sentidos del término. Precisamente por haber creado al hombre libre y responsable de sus decisiones, lo deja a merced de las consecuencias de la idolatría.

Que experimenten los hombres lo que es un viento tempestuoso que destruye el grano, lo que es un tallo sin espiga, lo que es una cosecha presa de los extranjeros. El castigo -la "cólera- es, por tanto, consecuencia del pecado y no un juicio externo y arbitrario de Dios.

Cuando la vida no está en sintonía con el culto, multiplicar los altares es sinónimo de pecado. Se trata de una clara alusión a la Ley del Sinaí. La alianza nupcial  (beríth) es la relación de fondo establecida por Dios con su pueblo, aunque en las condiciones precisas expresadas por la Ley. Por consiguiente, sacrificar a Dios, olvidando lo que él quiere, es la insinceridad que condena Oseas en nombre del Señor. Precisamente esta insinceridad de la vida conducirá a Israel a la esclavitud del exilio babilónico en el nuevo Egipto.

 

Salmo Responsorial

Israel confía en el Señor

Salmo 113B,3-4.5-6.7ab-8.9-10

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas.
R/.
Israel confía en el Señor

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen.
R/. Israel confía en el Señor

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan.
Que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.
R/. Israel confía en el Señor

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
R/.
Israel confía en el Señor

 

Evangelio: Mateo 9,32-38

En aquel tiempo,

32 mientras los ciegos se iban, le presentaron un hombre mudo poseído por un demonio.

33 Jesús expulsó al demonio y el mudo recobró el habla. Y la gente decía maravillada: -Jamás se vio cosa igual en Israel.

34 Pero los fariseos decían: -Expulsa los demonios con el poder del príncipe de los demonios.

35 Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.

36 Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos como ovejas sin pastor.

37 Entonces dijo a sus discípulos: -La mies es abundante, pero los obreros son pocos.

38 Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

 

**• La perícopa está estructurada en dos partes. En la primera, tras el milagro de volver a dar la vista a dos ciegos (9,27-31), libera Jesús del demonio y restituye el uso de la palabra a un mudo. La reacción es doble: gente maravillada, inclinada a reconocer las maravillas de Dios y, en claro contraste, los fariseos insinuando que la obra de Jesús es una acción satánica. Inmediatamente después, introduce Mateo el tema de la misión, presentando el carácter itinerante de la predicación del Señor. Éste no es, en efecto, uno de los maestros al uso, que disponían de una morada fija a la que acudían los discípulos. En 4,23 lo describe Mateo recorriendo toda la Galilea, pero aquí se abre a una dimensión universal. Jesús va por todos los pueblos y ciudades proclamando el Evangelio y curando todas las enfermedades (cf. v. 35).

El punto focal del pasaje se encuentra allí donde el evangelista capta el corazón de Cristo compadeciéndose de la gente cansada, oprimida, sin pastor (cf. v. 36). Para comprender toda la intensidad que aquí se encierra basta con referirnos al texto original griego, donde la expresión "sintió compasión" traduce el verbo splanchnízomai , reservado sólo a Jesús y a alguna parábola que simboliza su "sentir" o el del Padre. El término correspondiente en hebreo es raham, que significa "útero", "vísceras".

Se trata, por consiguiente, de la cualidad materna del amor de Jesús por nosotros. Nuestro mal le conmueve hasta tal punto que se com-padece (= con-sufrir) hasta hacerse cargo de nosotros en su misterio de muerte y resurrección.

A continuación, compromete Jesús a los discípulos a que pidan al Padre que suscite otras personas dispuestas a seguirle en una evangelización que asemeja a la fatiga de quienes van a trabajar en la siega. La imagen de la mies se "mantiene" aún: una oración litúrgica actual nos asimila a Jesús y nos hace orar así: "Oh Dios, mira la magnitud de tu mies y envía obreros para que se anuncie el Evangelio a toda criatura".

 

MEDITATIO

Lo que seca el corazón y la vida es no estar centrados y unificados en Dios. Es relativamente fácil pagar el tributo de prácticas religiosas vividas como hábitos separados de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, esto se convierte en idolatría. "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí" (Mc 7,6), dice Jesús. Todas las crisis de fe e incluso las de identidad parten de esta "separación" entre religiosidad (formal) y vida. Por otra parte, cómo eludir este "peligro"?

No es el voluntarismo lo que nos salva. Si, con todo, debe haber compromiso y método en la vida espiritual, lo que importa es que todo brote de la conciencia del misterio más grande y consolador: el Señor se compadece de nuestras situaciones escabrosas, difíciles, de nuestra "sed" de él, que, con nuestras pobres fuerzas, no llega a su ser fuente. Es muy necesario que el corazón entre en contacto, a través de la fe, con aquel amor, no sólo materno, sino tiernísimamente materno de Dios que Jesús expresó en su "sentir compasión", en su sentirse conmovido por unas "entrañas de misericordia" respecto a nosotros.

Una vida que sea verdadero camino espiritual parte de una Palabra revelada, fulcro luminoso de nuestro creer, esperar y amar: "El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados " (1 Jn 4,10). Así las cosas, incluso en los momentos de tentación, cuando la carrera del activismo o la fascinación del aplauso o la decepción del fracaso nos turban, la fuerza del Dios-Amor, del Jesús-Presencia en nuestra vivencia nos sostendrá. Podrá suceder todo, pero nuestra unión con el Señor será cierta y será salvación.

 

ORATIO

Señor, derrama tu Espíritu en mí, para que mi vida, a menudo triturada y con facilidad idólatra, llegue a ser libre, unificada en ti. Crea en mí un corazón sincero para que me relacione contigo no de una manera ritualista y rutinaria, sino con toda la conciencia de que "tú eres mi dueño, mi único bien; nada hay comparable a ti" (Sal 16,2) y de que "me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha" (Sal 16,11).

Concédeme vivir la certeza de que eres la revelación del infinito amor del Padre, que se inclina hacia mí amándome, hasta com-padecer conmigo en tu misterio de pasión-muerte, para abrirme al poder de la resurrección.

Señor Jesús, que yo sufra contigo mis dificultades y dolores, y venza contigo todos mis males gracias a tu resurrección. Es dentro de este ritmo de vida pascual donde te ruego que me hagas partícipe de tu ansia de salvación.

Señor, envíame, envía a tantos otros hermanos mejores que yo al campo del Padre, donde ya se dora la mies del Reino.

 

CONTEMPLATIO

Que el alma, del mismo modo que se reúnen los hijos desviados, reúna sus pensamientos perversos, los vuelva a llevar a la casa del corazón y espere sin tregua, en medio de la sobriedad y el amor, el día en que el Señor venga a visitarla [...]. De este modo, el pecado no hará daño alguno a los que viven en medio de la esperanza y la fe esperando al Redentor.

Cuando él viene, transforma los pensamientos del corazón [...], nos enseña la verdadera oración que permanece estable e inquebrantable. "Caminaré delante de ti, derribaré las fortalezas; romperé las puertas de bronce, quebraré los barrotes de hierro" (Is 45,2) (Seudomacario, Homilía 31,1).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Confío en ti, Señor. Hazme alegre anuncio de tu salvación".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Estos días no he podido leer mucho la Sagrada Escritura. Pero he meditado con atención la Carta de Santiago. Los cinco capítulos que la componen constituyen un resumen admirable de vida cristiana. La doctrina sobre el ejercicio de la caridad (Sant 1,27), el uso de la lengua (Sant 1,19-26), la dinámica del hombre de fe (Sant 2), la colaboración en la paz (Sant 4), el respeto al prójimo, las amenazas al rico injusto y avaro, y, por último, la invitación a la confianza, al optimismo, a la oración (Sant 5): todo esto y otras cosas constituyen un tesoro incomparable de signos, de exhortaciones, para los eclesiásticos y para los laicos, según la necesidad de todos los tiempos. Convendría aprenderla toda de memoria y gustar y regustar punto por punto la doctrina celestial. Ahora, metido ya en los sesenta y ocho años, no me queda más que envejecer. Ahora bien, la sensatez, que siempre es joven, está ahí, en el Libro divino (Juan XXIII, // giornale dell'anima, Ed. de F. Capovilla, Turín 1991, p. 98 [edición española: Diario del alma, Cristiandad, Madrid 1964]).

 

 

Día 10

Miércoles de la semana XIV del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Oseas 10,1-3; 7-8.12

1 Vid frondosa era Israel, que daba fruto abundante. Cuantos más eran sus frutos, más multiplicaba sus altares; cuanto más prosperaba su tierra, más embellecía las estelas.

2 Tiene dividido el corazón, y ahora lo van a pagar: el Señor romperá sus altares y derribará sus estelas.

3 Ahora dicen: "Ya no tenemos rey, porque no hemos respetado al Señor; además, qué puede hacer el rey por nosotros?".

7 Ha desaparecido Samaría: su rey es una brizna en la superficie del agua.

8 Serán devastados los altos de Aven, pecado de Israel; espinas y zarzas treparán por sus altares. Dirán a los montes: !Cubridnos! y a las colinas: !Caed sobre nosotros!

12 Sembrad justicia y cosecharéis amor. Roturad un campo nuevo, que ya es tiempo de buscar al Señor, para que venga y derrame sobre vosotros la justicia.

 

        *• Oseas compara a Israel con una vid (o viña), una imagen entrañable para los autores bíblicos (cf. Is 3,14; 5,1-7; 27,2; Jr 3,21; 12,10; Ez 15,1; 17,6-10; Sal 80,9-19; Mt 20,lss). Efectivamente, Israel se ha vuelto cultivador, se ha enriquecido, pero, justamente con el bienestar material, ha tomado impulso para abandonarse a un culto materialista y, al cabo, idólatra. "Tiene dividido el corazón". El profeta subraya con vigor la insinceridad que el formalismo religioso ha producido, en concomitancia con la erección de estelas ("massebe", es decir, columnas talladas con ambiciones artísticas), aunque con una depravación idólatra.

El pueblo se lamenta, a continuación, de no tener un rey como las otras naciones. El comentario del profeta constituye, sin embargo, una verdadera desaprobación: sin YHWH, Israel está perdido, tenga o no tenga rey. La destrucción de Samaría, dividida e idólatra, está predicha con vigor junto con el fin de su rey, arrastrado como "una brizna" en las trágicas aguas del asedio. "Espinas y zarzas" (cf. Gn 3,18) treparán por las ruinas de sus altares, y el pueblo, consciente al final de su propio daño, deseará que los montes le caigan encima para ocultar su propia vergüenza. Cómo no sentir aquí algo así como un anticipo del anuncio lucano (Lc 23,30).

En el v. 12 invita Oseas al pueblo a cambiar de vida: "Sembrad justicia", entendida ésta como obediencia a la voluntad de Dios; entonces cosecharán en un clima de "amor". Todavía una imagen agrícola, un campo, "nuevo" como el corazón del pueblo invitado a realizar esta justicia, una justicia en la que lo que cuenta de modo fundamental es buscar a Dios, es decir, lo que él quiere.

 

Salmo Responsorial

Buscad continuamente el rostro del Señor

Salmo 104

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
R/.
Buscad continuamente el rostro del Señor

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
R/.
Buscad continuamente el rostro del Señor

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
R/.
Buscad continuamente el rostro del Señor

 

 

Evangelio: Mateo 10,1-7

En aquel tiempo,

1 Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar espíritus inmundos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias.

2 Los nombres de los doce apóstoles son: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; luego Santiago el hijo de Zebedeo y su hermano Juan;

3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo;

4 Simón el cananeo, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

5 A estos Doce los envió Jesús con las siguientes instrucciones: -No vayáis a regiones de paganos ni entréis en los pueblos de Samaría.

6 Id más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.

7 Id anunciando que está llegando el Reino de los Cielos.

 

*" Es interesante señalar que al discurso sobre la necesidad de la misión (v. 38: "Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies") le sigue la llamada de los Doce, que son enviados de inmediato. Existe, en efecto, un vínculo profundo entre el ser llamado a "estar" con el Señor y el ser "enviados" con él a los hermanos.

Y se trata de una llamada por el propio nombre, es decir, dentro de la propia identidad pensada desde siempre por un Dios que nos ha llamado antes que nada a la vida, por amor. Como en Le 9,1, Jesús confiere de inmediato su mismo "poder" a sus discípulos, un poder que se concreta en vencer a las fuerzas demoníacas y en curar el mal parcial (la enfermedad), como anticipo y signo de la liberación total del mal.

Mateo se toma un gran interés en la lista de los nombres, que -hacemos hincapié en ello- siguen el mismo orden que en Me 3,16-19; Le 6,14-16 y Hch 1,13. No es casualidad que el primero de la lista sea "Simón, llamado Pedro", el primero en dignidad. Los otros nombres aparecen emparejados. El autor del evangelio, el mismo que se llama Mateo, no se avergüenza de añadir a su nombre el poco honorable oficio de publicano. Por último, se recoge el nombre de Judas Iscariote, que pasará tristemente a la historia tal como aquí se dice: "el que lo entregó".

Veamos las primeras instrucciones de Jesús a los enviados: la invitación a consagrar su propia "misión" antes que nada a los israelitas "perdidos" y a anunciar, por el camino, la gran proximidad del Reino de Dios. El significado hemos de buscarlo en el hecho de que Jesús, judío entre los judíos, conoce las posibilidades latentes en su pueblo, que, oprimido por tanta religiosidad, una religiosidad que se había vuelto legalista y formal, carecía de guías espirituales. Toda la Iglesia primitiva –según dicen los Hechos- se movió después con este mismo estilo: anunciando a los judíos antes que a los otros el cumplimiento de las promesas hechas a Abrahán ("A través de tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra": Hch 3,25). Y la realización de la bendición de la que el mismo Israel es portador, si se convierte, es "el Reino de Dios", es decir, la presencia del Dios-Amor que, en Jesús, libera y salva.

 

MEDITATIO

Puede suceder que nuestras jornadas estén marcadas, a veces, por el sello de la eficiencia a cualquier precio. Se parecen a la vid de Oseas, que da fruto, pero no por el Señor ni para el Señor. Dentro de esta búsqueda "dividida", se resquebraja el corazón y se entorpece.

Las consecuencias de esto son nefastas: "espinas" de descontento profundo y "zarzas" de preocupaciones y de falta de sentido. Ahora bien, si el corazón vuelve a buscar al Señor dentro de la "justicia", que es santidad de vida con Dios y para Dios, podrá cosechar "amor" para sí y para los demás. Eso es lo que subraya asimismo el evangelio que presenta Jesús mientras llama a los Doce y los envía, dándoles el poder de liberar del mal y de anunciar que el Reino de Dios (el amor misericordioso del Padre) está cerca de quien, con recto corazón, busca al Señor y su voluntad.

En nuestros días, es importante que el corazón entre en esta dinámica de llamada. Jesús nos llama por nuestro nombre. Para él, yo también soy único e irrepetible.

Me conoce y me ama desde siempre. Su proyecto de salvación no consiste sólo en sacarme fuera de la falsedad de una vida centrada en intereses de corto alcance, sino que quiere hacer de mí nada menos que un instrumento de su salvación. Lo que importa es creer que él me da su poder y, en su nombre, puedo llegar a ser luz para los hermanos con tal de que permanezca en contacto con él mediante una fuerte oración y mi corazón esté orientado a él y a los intereses del Reino.

 

ORATIO

No permitas, Señor, que sea yo como la viña de tu pueblo cuando mi corazón se aleja de ti y se convierte en mentiroso recorriendo caminos de falsa lozanía. Haz que no mire la eficiencia a cualquier precio, la búsqueda de lo que me agrada en el interior de las categorías mundanas: éxito, ropa, dinero, aplauso, imagen, interés personal.

Ayúdame a "sembrar justicia": la santidad evangélica del responder a tu llamada a realizar, momento a momento, junto a ti, con el poder del Espíritu Santo que me has dado, todo lo que el Padre quiere de mí. Concédeme "roturar el campo nuevo", que consiste en vivir y anunciar el Reino de Dios: reino de paz, de amor, de paciencia, de mansedumbre y de una esperanza que va más allá de cualquier dificultad. Continúa llamándome por mi nombre, Señor. Y, de viña idólatra, hazme sarmiento vivo de tu ser Vid verdadera. Concédeme dar fruto para el Reino, en ti y por ti.

 

CONTEMPLATIO

En lo más profundo de sí misma, advierte el alma un movimiento que la atrae hacia Dios. Éste le dice, de manera imperceptible, que todo irá bien con tal de que le deje hacer y no viva de otra cosa que de su fe auténtica en medio de un abandono total.

"Ciertamente -dice Jacob- el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía" (Gn 28,16). Buscas a Dios, querida alma? Has de saber que está en todas partes. Todo te lo anuncia, todo te lo da. Incluso ahora ha pasado junto a ti, a tu alrededor, dentro, a través. Mora en ti y tú lo buscas.

!Cuidado! Buscas la idea de Dios en su sustancia, buscas la perfección, y ésta se encuentra en todo lo que te sale al encuentro. Tus mismas acciones -si las haces por Dios y con Dios-, tus sufrimientos, tus atracciones: todo es enigma bajo el que Dios elige entregarse a ti. Él no necesita tus ideas sublimes para habitar en ti (J. Pierre de Caussade, L'abbandono alia Providenza divina, Milán 1919, p. 35).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Recobrad el ánimo, los que buscáis a Dios" (Sal 69,33).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El amor a lo bello sigue siendo un anhelo fundamental no sólo de la vida monástica, sino de la vida cristiana en general. Dostoievski decía incluso que la belleza podría salvar el mundo, y yo estoy convencido de ello. Ahora bien, dónde se encuentra esta belleza? Dónde puede germinar?

La condición esencial para que florezca la belleza y connote las obras creadas por los cristianos es la pobreza: allí donde está la pobreza, no la miseria, allí donde está la sencillez, esto es, la capacidad de reconducir las cosas a lo esencial, forzosamente acabamos por reconducir las cosas a su armonía, y, entonces, todas las criaturas manifiestan su fuerza sinfónica, su consonancia natural, y crean por sí solas el ambiente que es la obra de arte. Dionisio el Areopagita recuerda que ninguna de las cosas que existen están privadas por completo de belleza, puesto que dice la Escritura que todas las cosas eran muy bellas cuando fueron creadas. De ahí que sea preciso descubrir de nuevo y hacer resaltar esta belleza, convirtiéndonos y convirtiendo las cosas a la unidad y la simplicidad deificante (E. Bianchi, Ricominciare, Genova 1991, p. 58).

 

 

Día 11

Jueves de la semana XIV del Tiempo ordinario o 11 de julio,

San Benito  

Benito (Nursia, c. 480 - Montecassino, c. 547) fue el "fundador" del monacato occidental. Cautivado e impulsado por el Espíritu, abrazó en su edad juvenil un período de absoluta soledad en una cueva de Subiaco; su fama le atrajo algunos discípulos, para los que organizó la vida cenobítica. Primero, en pequeños monasterios y, después, en el célebre cenobio de Montecassino.

Su Regla reasume sabiamente la tradición monástica oriental y la adapta con discreción al mundo latino. Esta "escuela de servicio al Señor" se construye en torno a la lectura amorosa de la Palabra de Dios [lectio divina), a la liturgia de alabanza desarrollada de manera coral y al trabajo realizado en un clima de caridad fraterna, de humilde y obediente servicio.  

 

LECTIO

Primera lectura: Proverbios 2,1-9

1 Hijo mío, si acoges mis palabras y almacenas mis mandatos,

2 prestando atención a la sabiduría y abriendo tu mente a la prudencia;

3 si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia,

4 si la buscas como al dinero y la desentierras como un tesoro,

5 entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios.

6 Porque el Señor concede la sabiduría y de su boca brotan saber y prudencia.

7 Él almacena sensatez para el hombre recto, es escudo para el de conducta cabal.

8 Cuida las sendas del derecho y guarda el camino de los fieles.

9 Entonces comprenderás el derecho, la justicia y la rectitud, todos los caminos del bien.

 

**• El texto bíblico presenta una lista de instrucciones dirigidas por un padre a su hijo a fin de exhortarle a adquirir ese bien precioso que es la sabiduría. Sólo una búsqueda apasionada de ésta permite establecer una recta relación con YHWH {"el temor del Señor"), que proporciona la sabiduría y protege al sabio.

A estas palabras hacen eco las del prólogo de la Regla benedictina, que empieza precisamente así: "Escucha, hijo, los preceptos del Maestro e inclina el oído de tu corazón; recibe con gusto el consejo de un padre piadoso...". Acoger la Palabra de Dios es, por consiguiente, el camino seguro para configurarse con Cristo, Sabiduría del Padre.

 

Salmo Responsorial

Buscad continuamente el rostro del Señor.

Salmo 104. 1-2.3-4.6-7

1 Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
2 Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

3 Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
4 Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

6 !Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
7 El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

 

Evangelio: Mateo 19, 27-29

27 Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: "Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; qué recibiremos, pues?"

28 Jesús les dijo: "Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

29 Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna.

 

            En el Evangelio encontramos la pregunta de Pedro a Jesús sobre el futuro, sobre la recompensa que recibirán por haber seguido a Jesús: Qué nos va tocar? Es una pregunta que todos nos podemos hacer tras haber hecho algo bueno: Y cuál es la recompensa? Qué conseguiremos? La recompensa de la que habla Jesús para aquellos que lo han seguido tiene dos rasgos: sentarse en uno de los 12 tronos para regir la tribus de Israel; y por otro, la vida eterna. Así pues, sabemos ya la recompensa, de antemano; no es secreta, no está oculta... Qué significa sentarse en uno de los tronos para gobernar las tribus de Israel? Significar sentarse como Dios se sienta en su trono. El trono de Dios es la cruz. La cruz es el trono despreciable por poderosos de este mundo; pero es el trono que Dios asume, que Dios acepta. Es el trono del Amor, es el trono de la caridad, del servicio. Es el trono de la Vida Eterna. Sentarse en uno de los tronos de las tribus de Israel es sentarse en el trono de Dios, en el trono del servicio cuya recompensa es la Vida Eterna.

Esta es una sabiduría oculta a los poderosos del mundo, a los arrogantes… Esta es la sabiduría que sale de la boca de Dios, esta es la sabiduría del servicio, del Amor. Esta es la sabiduría de la justicia, del derecho, de toda buena obra.

 

MEDITATIO

Los pastores que, guiados por el Espíritu, tropiezan con el joven Benito -que ya ha pasado largos años en una austera soledad- encuentran en él a un hombre "nuevo", renacido del silencio y de la profunda escucha de la Palabra, capaz de convertirse ahora en guía de otros buscadores de Dios.

En los textos propuestos por la liturgia encontramos los elementos característicos, más aún, fundadores, de la espiritualidad que ha animado a las comunidades monásticas engendradas por Benito. Antes que nada, la búsqueda apasionada de Dios, que se revela al corazón dispuesto a escuchar y custodiar la Palabra. De este modo se llega a conocer a Jesús como la verdadera Sabiduría del Padre, como el verdadero y único tesoro al que nada se debe anteponer. Sólo permaneciendo unidos a él de manera estable podremos llegar a ser verdaderamente sus discípulos y dar fruto. La belleza y la fecundidad de la vida cristiana se pueden desplegar así en oración de alabanza y de intercesión, en paz laboriosa que se convierte en generosa hospitalidad con los hermanos y da testimonio de la alegría de cuantos viven juntos en el amor, sin preferir nada a Cristo.

 

ORATIO

Aquí estamos, oh Dios, con el oído del corazón arrimado a tu corazón a fin de asentir a todas tus palabras como hijos que se sienten amados por su Padre bueno y quieren corresponder a su amor. Aquí estamos, como te decimos, pero tú ves cuan inestables nos mostramos aún en la fe y cuan frágiles en la caridad. Haz que los unos seamos para los otros signo y sacramento de tu mansedumbre y de tu bondad, a fin de dar testimonio a este mundo, dividido portantes odios y discordias, de la dulce fuente de alegría que supone amarse como hijos del único Padre, servirse y honrarse mutuamente en tu santo Nombre. Amén.

 

CONTEMPLATIO

Y el Señor, que busca su obrero entre la muchedumbre del pueblo al que dirige esta llamada, dice de nuevo: "Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?" (Sal 33,13). Si tú, al oírlo, respondes "yo", Dios te dice: "Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela" (Sal 33,14-15). Y si hacéis esto, pondré mis ojos sobre vosotros, y mis oídos oirán vuestras preces, y antes de que me invoquéis os diré: "Aquí estoy". Qué cosa más dulce para nosotros, carísimos hermanos, que esta voz del Señor, que nos invita? Ved cómo el Señor nos muestra piadosamente el camino de la vida. Ciñamos, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, y sigamos sus caminos guiados por el Evangelio, para merecer ver en su Reino a Aquel que nos llamó (Benito, Regla, prólogo 14-21).

 

ACTIO

Repite y medita frecuentemente durante el día esta frase de san Benito: "No anteponer nada al amor de Cristo" (Benito, Regla, 4,21).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La Iglesia y el mundo, por diferentes pero convergentes razones, tienen necesidad de que san Benito salga de la comunidad eclesial y social y se rodee de su recinto de soledad y de silencio, y desde allí nos haga escuchar el encantador acento de su sosegada oración, desde allí casi nos alabe y nos llame a sus umbrales claustrales, para ofrecernos el cuadro de un taller del "divino servicio", de una pequeña sociedad ideal, donde finalmente reina el amor, la obediencia, la inocencia, la libertad de las cosas y el arte de usarlas bien, la preponderancia del espíritu, de la paz; en una palabra, el Evangelio. Que vuelva san Benito para ayudarnos a recuperar la vida personal,; esa vida personal de la que hoy tenemos tanto ansia y afán, y que el desarrollo de la vida moderna, a la que se debe el deseo exasperado de ser nosotros mismos, sofoca al mismo tiempo que lo despierta, decepciona al mismo tiempo que lo hace consciente.

Corría el hombre en un tiempo, en los siglos remotos, al silencio del claustro, como corría a ellos Benito de Nursia, para encontrarse a sí mismo. Hoy no es la carencia de la convivencia social lo que impulsa al mismo refugio, sino la exuberancia. La excitación, el estruendo, el carácter febril, la exterioridad, la multitud, amenazan la interioridad del hombre; le falta el silencio con su genuino palabra interior, le falta el orden, le falta la oración, le falta la paz, le falta él mismo. Para volver a tener el dominio y el gozo espiritual de nosotros mismos, tenemos necesidad de volver a asomarnos al claustro benedictino. Y una vez recuperado el hombre para sí mismo en la vida monástica, está recuperado para la Iglesia. El monje tiene un sitio escogido en el cuerpo místico de Cristo, una función preparada y urgente como nunca (Pablo VI, alocución del 24 de octubre de 1964, en AAS 56 [1964] 983-989, passim).

 

 

 

Día 12

Viernes de la semana XIV del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Oseas 14,2-10

Así dice el Señor:

2 Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho caer.

3 Buscad las palabras apropiadas y volved al Señor; decidle: "Perdona todos nuestros pecados y acepta el pacto; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios.

4 Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos más dios nuestro a la obra de nuestras manos, pues en ti encuentra compasión el huérfano".

5 Yo sanaré su infidelidad, los amaré gratuitamente, pues ha cesado mi ira.

6 Seré como rocío para Israel; él crecerá como el lirio y echará raíces como los árboles del Líbano.

7 Se desplegarán sus ramas, tendrá el esplendor del olivo y como el del Líbano será su perfume.

8 Volverán a sentarse a mi sombra, de nuevo crecerá el trigo, como la vid florecerán, y serán famosos como el vino del Líbano.

9 Efraín no tendrá ya nada que ver con los ídolos. Yo escucho su plegaria y velo por él; yo soy como un ciprés lozano y de mí proceden todos tus frutos.

10 Quién es tan sabio como para entender esto? Quién tan inteligente como para comprenderlo? Los caminos del Señor son rectos, por ellos caminan los inocentes y en ellos tropiezan los culpables.

 

*•"• Es el último vaticinio de Oseas, admirable tanto por el contenido como por el arrebato lírico-afectivo. El profeta proclama una vez más el amor apasionado de Dios por Israel, expresando, en primer lugar, la invitación a volver al Señor con conciencia del propio pecado (w. 2ss). Se trata, en sustancia, de la llamada repetida por otros profetas para que Israel se muestre, esencialmente, cónsone con el espíritu de la alianza (cf. Am 5,21-24; Is 1,10-17; Miq 6,6-8; Sal 50,8-21; 51,18ss). En respuesta al compromiso penitencial del pueblo, que se entrega a YHWH persuadido ahora de la inutilidad y del daño de cualquier recurso a las potencias extranjeras (Asiria) y de toda confianza ilusoria en las propias iniciativas al margen de Dios (v. 4), en respuesta a esto, decíamos, el Señor mismo saldrá garante de un futuro de esperanza para el pueblo (v. 5).

El punto decisivo de la perícopa reside en el despliegue de unas imágenes bellísimas de la naturaleza: Dios se compara con el rocío, que vivifica lo que era árido. De esta suerte, el pueblo vuelve a tener la lozanía de la flor del lirio. Se parte de la magnificencia del próvido olivo y de la fragancia del Líbano, cuyos cedros difunden perfume, para expresar el reflorecimiento de Israel en cuanto acepta volver al Señor (w. 6ss). Pero, a continuación, se compara al Señor mismo con un árbol a cuya sombra descansará la gente, sacando nuevas fuerzas para hacer florecer, como la vid, toda la nación (v. 8). Dios es, para un Israel renovado por completo, alguien que vigila y escucha. Es como el ciprés, el árbol firme, fuerte, perennemente verde: metáfora de la omnipotencia de Dios, que permite a Israel dar frutos todavía (v. 9). El v. 10 cierra la perícopa confiando a los sabios la comprensión de todos los vaticinios. Para el autor de esta expresión conclusiva (que tal vez no es Oseas), la sabiduría es caminar con rectitud por los caminos del Señor.

 

Salmo Responsorial

Mi boca proclamará tu alabanza, Señor

Salmo 50

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
R/.
Mi boca proclamará tu alabanza, Señor

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
R/.
Mi boca proclamará tu alabanza, Señor

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R/.
Mi boca proclamará tu alabanza, Señor

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
R/.
Mi boca proclamará tu alabanza, Señor

 

 

Evangelio: Mateo 10,16-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

16 He aquí que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas.

17 Tened cuidado, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas.

18 Seréis llevados por mi causa ante los gobernadores y reyes para que deis testimonio ante ellos y ante los paganos.

19 Cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo hablaréis, ni de qué diréis. Dios mismo os sugerirá en ese momento lo que tenéis que decir,

20 pues no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará a través de vosotros.

21 El hermano entregará a su hermano a la muerte y el padre a su hijo. Se levantarán hijos contra padres y los matarán.

22 Todos os odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

23 Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra; os aseguro que no recorreréis todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre.

 

**• La perícopa está penetrada toda ella por la fuerza dramática, aunque salvífica, de la pertenencia a Cristo. El "he aquí" inicial introduce esta nueva enseñanza sobre la misión. Se trata de trillar los caminos de la mansedumbre y de la no violencia, aun siendo conscientes de estar rodeados por un mundo feroz y agresivo.

La imagen de las ovejas asimila al evangelizador con el Cordero "que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29): aquel que cargó con nuestras iniquidades y nuestros dolores (cf. Is 59,11), para realizar el proyecto de un Dios que quiere que todos los hombres se salven (cf. 1 Tim 2,4).

La mansedumbre y la no violencia del evangelizador no son nunca, sin embargo, debilidad, ni simpleza ni, menos aún, masoquismo. Se trata de vivir dos virtudes que parecen, aunque no lo son, opuestas: la prudencia de la serpiente, como ejercicio de una inteligencia vigilante, realista y crítica, que se sustrae al engaño, y la sencillez de la paloma, como ejercicio del proceder limpio y confiado, propio de quien sabe que está en las manos de un Padre omnipotente y bueno.

La exhortación a llevar cuidado con los hombres (cuando se trate de "lobos" dispuestos a tramar perfidias) cae, por tanto, de la parte de la prudencia; la exhortación a no preocuparse por lo que haya que decir, poniendo más bien toda la confianza en el Espíritu del Padre, que se ocupará de inspirar lo que haya que decir, cae, en cambio, de la parte de la sencillez. La perspectiva de lo que tendrá lugar antes del triunfo definitivo de Cristo no es una perspectiva rosa: el mal es engendrador de mal y agita las mismas relaciones familiares, llegando hasta las raíces de la vida (v. 21), pero quien soporte ser odiado (no a causa de sus propias fechorías, sino de Cristo soberanamente amado y seguido: v. 22) será salvo.

Se trata, en definitiva, de perseverar en el obrar contra el mal, aunque intentando huir de los perseguidores (v. 23), con la certeza en el corazón de que, dentro del  discurrir de los días, sigue siendo inminente la venida del Hijo del hombre, con su victoria definitiva sobre el mal y sobre la muerte (v. 23b).

 

MEDITATIO

Vivir las jornadas espiritualmente significa experimentar que ninguna potencia humana nos salva y que no es "elaborando" proyectos de autosuficiencia, ni poniendo nuestra confianza en nuestras obras como realizamos el Reino de Dios en nosotros y a nuestro alrededor.

El secreto de una vida verdadera es, en primer lugar, el continuo retorno al corazón habitado por Dios. Decían los Padres que hacer memoria continuamente de Dios a lo largo de nuestras propias jornadas es lo que, en concreto, nos hace caminar con el Señor, dando frutos en él. La estrategia consiste, por consiguiente, en una interioridad activa: desde la dispersión que supone hacer muchas cosas, hemos de tomar de nuevo, lo más a menudo que podamos, conciencia de que el Señor "mora" en nosotros, y volver a él con rápidos, pero igualmente frecuentes, contactos de amor. Verdaderamente, será como "sentarse a su sombra" (Os 14,8) y encontrar reposo; será un florecer y un dar fruto también en el campo apostólico.

Lo sabemos: no se trata de una aventura fácil, pero el Señor será "rocío" de Espíritu Santo, que nos sugerirá cómo relacionarnos con el mundo en que vivimos para que podamos ser sencillos en la búsqueda de Dios y de todo lo que es verdad de amor, prudentes en el discernimiento de los caminos que no nos alejen de esta verdad.

La elección de un estilo de vida marcado por la mansedumbre del Cordero en una sociedad penetrada por grandes y sutiles y, aparentemente, triunfantes violencias nos asemeja al Señor Jesús: el Cordero que quita el pecado del mundo, nuestros mismos pecados. En él y por él, dentro de una fe que lo envuelve todo, es como discurren los días serenos incluso en medio de las dificultades, a veces en medio de persecuciones. Porque lo sabemos: "Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe" (1 Jn 5,4).

 

ORATIO

Señor, hazme volver a ti: a cada hora, en cada momento.

Que dentro del torbellino de cosas que debo hacer, sea tu recuerdo, el de tu presencia gloriosa en mí, lo que me permita dar "fruto" en todas las obras buenas que has proyectado para mí.

Sé para mí rocío del Espíritu Santo: tanto para mi continuo "florecer" en la relación de amor vital y nupcial contigo como para el modo de relacionarme con los hermanos. No permitas que la violencia, típica de este mundo, me envenene o se mezcle conmigo. Que no me debilite en los miedos.

Hazme apacible con la fuerza de tu amor. Que el perdonar con facilidad sea el estilo con que discurren mis días y que la humilde aceptación y comprensión del otro, incluso cuando no pueda y no deba compartir su credo y sus ideas, se convierta en mi participación en tu ser amor que salva.

 

CONTEMPLATIO

Libéranos de todas las acciones impuras, repugnantes a tu inhabitación en nosotros. Que no apaguemos los esplendores de tu gracia que ilumina la vista de los ojos interiores. Que sepamos que tú te unes a nosotros gracias a la oración y a una vida irreprensible y santa

Y puesto que Uno de la Trinidad se ha ofrecido en sacrificio y Otro lo recibe y se muestra propicio con nosotros, acepta, oh Señor, nuestra súplica. Dispón en nosotros santas moradas, a fin de que saboreemos al Cordero celestial y recibamos el maná que da la vida inmortal y una salvación nueva a través de un camino de amor (Gregorio de Norek, Liber orationum, 33, 5).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sé rocío para mí, Señor. Floreceré en ti".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En el ejercicio de su propia actividad laboral se esforzará el cristiano por tener siempre la intención de hacerlo todo para gloria de Dios y para el mayor bien del prójimo: por eso se comparará a menudo con aquellos de la comunidad o de su lugar de trabajo que puedan ayudarle y, sobre todo, con el Señor, a través de la escucha de la Palabra y de la oración, a fin de que el trabajo sea ámbito de gracia y de santificación para sí y para aquellos con quienes se encuentra y queden superados las contradicciones, los sufrimientos y las pobrezas que pesan sobre la experiencia del trabajo humano.

Esta espiritualidad del trabajo se convierte en un modo concreto de dar gracias a Dios por sus dones y vivir la vuelta a él de todo lo que, de manera gratuita, nos ha dado al llamarnos a la vida y a la fe.

Educar significa asimismo dar gratis a otros lo que nos ha sido dado gratuitamente: la educación es una forma elevada de restitución de los bienes recibidos, por eso la Iglesia se sien te llamada a ser comunidad educadora en la gratitud a Dios, dador de dones, y en el compromiso prioritario del servicio a las nuevas generaciones (Cario Maria Martini, Parlo al tuo cuore. leñera pastorale per l'anno 1996-1997, Milán 1996, pp. 44ss).

 

 

Día 13

Sábado de la semana XIV del Tiempo ordinario,

san Enrique

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 6,1-8

1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono alto y excelso. La orla de su manto llenaba el templo.

2 De pie, junto a él, había serafines con seis alas cada uno: dos para cubrirse el rostro, dos para ocultar su desnudez y dos para volar.

3 Y se gritaban el uno al otro: "Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso, toda la tierra está llena de su gloria".

4 Los quicios y dinteles temblaban a su voz, y el templo estaba lleno de humo.

5 Yo dije: "!Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en un pueblo de labios impuros, he visto con mis propios ojos al Rey y Señor todopoderoso".

6 Uno de los serafines voló hacia mí, trayendo un ascua que había tomado del altar con las tenazas;

7 me lo aplicó en la boca y me dijo: "Al tocar esto tus labios, desaparece tu culpa y se perdona tu pecado".

8 Entonces oí la voz del Señor, que decía: "A quién enviaré?, quién irá por nosotros?" Respondí: "Aquí estoy yo, envíame".

 

**• Esta perícopa del profeta Isaías es importantísima para comprender su mensaje. Fue escrita en torno al año 724 a. de C, año de la muerte del rey Ozías. Marca la conclusión de un período de prosperidad y de autonomía para Israel y le sirve al profeta para destacar un tema que le es propio: la santidad y la gloría eterna de un Dios que trasciende con mucho toda grandeza humana y es "el Santo de Israel" por excelencia. Es por este Dios por quien se siente llamado Isaías. El escenario es el templo de Jerusalén y la antropomórfica descripción del Señor sobre el trono, rodeado por los serafines (criaturas con semejanza humana, pero dotadas de seis alas), refleja las representaciones del Oriente próximo, si bien la solemnidad y el arrebato de Isaías dicen mucho más.

La triple repetición del "Santo, santo, santo" intenta expresar la infinita santidad de Dios, su trascendencia, su absoluta diferencia respecto a aquello que, por ser terreno, se corrompe o sólo es limitado. El sentido de la presencia de Dios lo proporciona tanto el temblor de las puertas del templo como el humo (v. 4), semejante, en la función de significar la gloria de Dios, a la nube que cubría el tabernáculo durante el tiempo que permaneció Israel en el desierto. En este punto queda Isaías como turbado, abrumado por el sentido de su indignidad, ligada a su pecado y al del pueblo, frente a la infinita pureza y santidad de Dios. Nos viene a la mente Ex 33,20: "No podrás ver mi cara, porque quien la ve no sigue vivo".

Sin embargo, Dios no quiere la muerte del hombre e interviene a través de un acto simbólico de purificación, con el que expresa que se trata siempre, ante todo, de una iniciativa de Dios y no del hombre (w. 7ss).

El Señor se dirige aún a la asamblea de los serafines, que son consultados sobre el gobierno del mundo (v. 8a); sin embargo, de manera indirecta, la voz del Señor interpela y llama a Isaías para que, investido por la gloria y por la santidad de Dios, vaya a profetizar en su nombre: "Aquí estoy yo, envíame" (v. 8b). Es la plena disponibilidad de quien se deja invadir por un Dios que salva.

 

Salmo Responsorial

El Señor reina, vestido de majestad

Salmo 92

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
R/.
El Señor reina, vestido de majestad

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
R/.
El Señor reina, vestido de majestad

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
R/.
El Señor reina, vestido de majestad

 

 

Evangelio: Mateo 10,24-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

24 El discípulo no es más que su maestro; ni el siervo más que su señor.

25 Basta con que el discípulo sea como su maestro, y el siervo como su señor. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebú, !más aún a los de su familia!

26 Así pues, no les tengáis miedo; porque no hay nada oculto que no haya de manifestarse, ni nada secreto que no haya de saberse.

27 Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo a la luz; lo que escucháis al oído, proclamadlo desde las azoteas.

28 No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden quitar la vida; temed más bien al que puede destruir al hombre entero en el fuego eterno.

29 No se vende un par de pájaros por muy poco dinero? Y sin embargo, ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre.

30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.

31 No temáis, vosotros valéis más que todos los pájaros.

32 Si alguno se declara a mi favor delante de los hombres, yo también me declararé a su favor delante de mi Padre celestial,

33 pero a quien me niegue delante de los hombres yo también lo negaré delante de mi Padre celestial.

 

*•• Lo que leímos ayer nos ponía vigorosamente frente a las exigencias de la misión, incluidas sus extremas consecuencias de la persecución y la muerte. Hoy introduce Jesús en su discurso el tema, típicamente bíblico, del "no tener miedo", que aparece en la Sagrada Escritura 366 veces. El pasaje está estructurado precisamente por la repetición, a modo de imperativo, de la invitación a no tener miedo (w. 26.28.31), a la que en cada ocasión siguen los motivos por los que la confianza debe poner en jaque mate al temor. El primer motivo es éste: aunque el bien está ahora como velado y la astucia y la virulencia del mal parecen ocultarlo, se producirá una inversión total y veremos, en el triunfo de Cristo, el triunfo de todos los que han elegido hacer el bien.

Ésa es la razón de que se anime a los discípulos a la audacia del anuncio. Lo que se nos entrega es pequeño como un pábilo en las tinieblas, como un susurro al oído, pero ha de ser entregado a plena luz del día, gritado (con todos los medios, incluidos los que emplean antenas y repetidores) incluso desde los techos. Aunque el precio sea la muerte, ha de saber el discípulo que la muerte del cuerpo será siempre un hecho natural que hemos de afrontar con paz, sobre todo cuando estamos seguros de que nada ni nadie, si vivimos y anunciamos el Evangelio, podrá matar la vida en nosotros, puesto que el verdadero mal destructor de esta vida y de la otra es el pecado.

La argumentación de Jesús sobre las razones para no tener miedo se une, a continuación, a dos imágenes tiernísimas: la de los "pájaros", que, aunque tienen un precio irrisorio, son objeto del amor providente del Padre, y la de los "cabellos" de nuestra cabeza, contados todos ellos. En verdad, dice el Señor, es preciso que no dejemos que el miedo ocupe lugar alguno en nosotros y nos decidamos, en cambio, a llevar una vida consagrada a dar testimonio de Cristo y del Evangelio.

 

MEDITATIO

La sociedad del "tener más" margina cada vez más a Dios mediante una serie de mecanismos que tienen que ver con el placer a cualquier precio, por cualquier medio.

Ropa, dinero, servicios, experiencias: todo se ofrece en el gran supermercado del mundo. Sin embargo, el hombre, antes que perseguir la paz del corazón, experimenta un gran vacío, amplificado precisamente por estar abrumado por bienes de fortuna. Si no quiere morir de asfixia espiritual, ha llegado el tiempo de invertir por completo su marcha.

"Buscad a Dios y viviréis", advierte el profeta Amos. Y los ángeles de la natividad cantan: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor". Lo que el corazón (mucho más que la mente) debe comprender es el hecho de que, si busco la gloria del Señor en mi obrar, si mi ojo interior se abre a contemplarle, a querer obrar por amor a él, llego también a la paz. Si, en cambio, busco mi paz adhiriéndome a este mercado de propuestas consumistas apoyadas por el psicologismo, me pierdo en callejones sin salida, donde se encuentran dispuestos a sofocarme miedos cada vez más insurrectos.

Ahora bien, para que busque yo la gloria del Señor y sepa descubrirla por doquier -en la flor apenas entreabierta, en el cielo poblado de estrellas, en el rostro amigo, en el día alegre y en el cansado- necesito dejarme purificar.

El Señor sabe de quién y de qué servirse para que yo no esté bajo el dominio del egoísmo, sino de la gloria de Dios. El otro elemento fundamental es que reciba el repetido: "No tengáis miedo". En un mundo profundamente turbado, absorber el "no tengáis miedo" en los ámbitos más profundos del ser me hace adquirir confianza, solidez, soltura, incluso en orden al apostolado. Diré con Isaías: "Aquí estoy yo, envíame".

 

ORATIO

Señor, sabes que me atrae el placer y que tiendo a cambiarlo por la alegría y por la paz que necesito. Te suplico, en medio de la corrupción del gran mercado en que vivo, que me hagas dejarme purificar por ti no sólo los labios, como Isaías, sino en lo profundo del corazón.

Ayúdame a aceptar aquello de que tú quieres servirte para realizar esta necesaria purificación. Espabílame en el combate espiritual contra las pasiones, para que desee y anhele, en todo, tu gloria y no las mezquinas satisfacciones de mi egoísmo. Y que tu "no tengáis miedo" sostenga esta voluntad mía un día tras otro.

Si tú me persuades de que buscar tu gloria significa obtener asimismo la paz del corazón, viviré mejor estos mis breves días y los viviré en plenitud: no replegado en mí mismo, sino entregado al anuncio de esta paz, de esta alegría, también a mis hermanos. Purifícame, Señor, fortifícame y, después... "aquí estoy yo, envíame".

 

CONTEMPLATIO

Ahora sólo te amo a ti, sólo a ti te sigo, sólo a ti te busco y estoy dispuesto a pertenecerte del todo, para que sólo tú ejerzas la soberanía, Señor mío, sólo deseo ser tuyo. Manda y ordena lo que quieras, te lo ruego, pero cura y abre mis oídos, a fin de que pueda oír tu voz. Cura y abre mis ojos, a fin de que pueda ver tus señas. Aleja de mí lo que me impide reconocerte. Muéstrame tú el camino y dame lo que necesito para el viaje (Agustín, Soliloquios, Libro primero).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: ".Toda la tierra está llena de tu gloria" (cf. Is 6,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Nuestra carne está hecha para morar en Dios, para convertirse en templo de Dios.

La carne de Jesús es el templo de Dios. De este templo correrán ríos de agua viva para alimentar, curar, revelar el amor y la compasión.

Nuestra carne, transfigurada por el Verbo encarnado, se vuelve un instrumento para difundir el amor de Dios.

Igual que para María, también para nosotros la carne de Cristo, su humanidad, son el medio a través del cual y en el cual nos encontramos con Dios.

La llamada que hemos recibido no es a dejar la humanidad de Cristo para ir al encuentro de Dios, que trasciende la carne, sino a descubrir y a vivir la carne de Jesús como carne de Dios, su cuerpo como un sacramento que da un sentido nuevo a nuestra carne humana, que nos revela el amor eterno de la Trinidad donde el Padre y el Hijo, en la unidad del Espíritu Santo, se aman desde toda la eternidad.

Nuestros cuerpos han sido concebidos en el silencio y en el amor.

Nuestra primera relación, con nuestra madre, ha sido una relación de comunión, a través del tacto y de la fragilidad de la carne.

Hemos sido llamados a crecer, a desarrollarnos, a volvernos competentes y a luchar por la justicia y por la paz; pero, en definitiva, todo está destinado a la entrega de nosotros mismos, al reposo y a la celebración de la comunión.

Todo empieza en la comunión, todo culmina en la comunión.

Todo empieza en la fiesta de las bodas y todo se consuma en la fiesta de las bodas, en la que nos entregamos con amor. (Jean Vanier, Gesú: !I dono dell'amore, Bolonia 1995, pp. 173ss [edición catalana: Jesús, el do de l'amor, Editorial Claret, Barcelona 1994]).

 

 

Día 14

Domingo XV del tiempo ordinario

 

 

LECTIO

Primera lectura: Amos 7,12-15

En aquellos días,

12 el sacerdote de Betel Amasias dijo a Amos: -Vete, vidente, márchate a Judá; gánate la vida profetizando allí.

13 Pero no sigas profetizando en Betel, porque es el santuario real y el templo del Reino.

14 Amos le respondió: -Yo no soy un profeta profesional. Yo cuidaba bueyes y cultivaba higueras.

15 Pero el Señor me agarró y me hizo dejar el rebaño diciendo: "Ve a profetizar a mi pueblo, Israel".

 

*" El fragmento litúrgico, tomado del libro de Amos, proyecta un rayo de luz sobre la vocación del profeta, en el contexto de su conflicto con Amasias, sacerdote del Reino del Norte. Amos, pequeño propietario de tierras y de ganado en un pueblo cercano a Jerusalén (v. 14; cf. 1,1), dejó su propio trabajo y su propia tierra para irse a anunciar la Palabra de YHWH en el norte, en el Reino de Israel, precisamente junto al santuario cismático de Betel (7,10).

La palabra que Dios le confía denuncia las graves injusticias que se estaban perpetrando durante el reinado de Jeroboán en perjuicio de los más pobres: la riqueza y el bienestar de los que gozaban algunos eran fruto de la explotación de muchos.

La amenaza de la destrucción de la casa real anunciada por Amos (cf. 7,9.11) provoca que sea deferido ante el rey por parte del profeta oficial Amasias, que invita firmemente al profeta a que vuelva a su territorio.

En Betel, Amos es un extranjero indeseado porque su palabra pone en peligro las instituciones del Reino. Ésa es la razón de que sea expulsado (v. 13).

El profeta se marcha de allí, pero no antes de haber afirmado con vigor el origen divino de su propia actividad profética: él no es profeta ni por descendencia ni por necesidad económica, sino sólo a causa de la llamada recibida de Dios (v. 15), cuyo mandato sigue fielmente con fuerza y claridad.

 

Salmo responsorial
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación

Salmo 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está cerca de los que le temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.

El Señor  nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino.

 

Segunda lectura: Efesios 1,3-14

3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales.

4 Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. Llevado de su amor,

5 Él nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo,

6 para que la gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo querido, se convierta en himno de alabanza a su gloria.

7 Con su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención y el perdón de los pecados, en virtud de la riqueza de gracia

8 que Dios derramó abundantemente sobre nosotros en un alarde de sabiduría e inteligencia.

9 Él nos ha dado a conocer sus planes más secretos, los que había decidido realizar en Cristo,

10 llevando la historia a su plenitud al constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.

11 En ese mismo Cristo también nosotros hemos sido elegidos y destinados de antemano, según el designio de quien todo lo hace conforme al deseo de su voluntad.

12 Así nosotros, los que tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, seremos un himno de alabanza a su gloria.

13 Y vosotros también, los que acogisteis la Palabra de la verdad, que es la Buena Noticia que os salva, al creer en Cristo habéis sido sellados por él con el Espíritu Santo prometido,

14 prenda de nuestra herencia, para la redención del pueblo de Dios y para ser un himno de alabanza a su gloria.

 

**• El grandioso himno de bendición que abre la carta a los Efesios celebra el misterio que Dios Padre ha manifestado en Jesucristo: el proyecto salvífico del que todos los hombres están llamados a beneficiarse. La alabanza de la gloria de Dios, que, como un estribillo, marca el ritmo de la celebración (vv. 6b. 12a. 14c), es el objetivo al que tiende toda la obra. Jesucristo es el arquetipo y el artífice del plan eterno de Dios. Todo tiene lugar en él y por medio de él: el don gratuito de la elección y de la adopción filial (vv. 4-6), la redención llevada a cabo a través del perdón de los pecados (v. 7), la revelación de la sabia voluntad de Dios y su actuación en la plenitud de los tiempos (vv. 8-10).

Este proyecto, impensable para la antigua alianza, implica a todos los hombres: tanto a los cristianos procedentes del judaísmo como a los cristianos procedentes del paganismo. Ambos grupos se han convertido, por libre decisión divina, en propiedad de Dios, y están llamados a compartir su vida eterna en los cielos. Pablo, imitando la práctica litúrgica bautismal, recuerda los pasos por los que se accede a esa riqueza de vida: escucha del anuncio del Evangelio, adhesión de fe, recepción del Espíritu Santo, que, a modo de "sello", garantiza y acredita la pertenencia a Cristo (vv. 11-13).

De este modo, los creyentes se encuentran insertados en una realidad dinámica, no estática: Dios tomará la plena posesión del cristiano sólo cuando llegue el momento de su plena manifestación. La vida del creyente en Cristo está ahora en continuo devenir: en ella se va realizando de una manera progresiva la liberación llevada a cabo por Jesús, a quien ya pertenece el cristiano en virtud de los sacramentos.

 

Evangelio: Marcos 6,7-13

En aquel tiempo,

7 Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.

8 Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja.

9 Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas.

10 Les dijo además: -Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar.

11 Si en algún sitio no os reciben ni os escuchan, salid de allí y sacudid el polvo de la planta de vuestros pies, como testimonio contra ellos.

12 Ellos marcharon y predicaban la conversión.

13 Expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

 

*• Tras la resistencia que había encontrado en Nazaret a causa de la incredulidad de sus habitantes, prosigue Jesús su actividad de anunciador del Reino de Dios (cf. Me 1,15); más aún, la prolonga asociando también a los Doce a esta misión. El evangelista ya había señalado que, entre los discípulos, Jesús "designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios" (3,14-15).

Éste es el segundo aspecto de la vida del discípulo: el de misionero, que ahora cuenta Marcos. Es Jesús quien toma la iniciativa y quien dicta las condiciones en que deben desarrollar la misión. Hace partícipes a los enviados de su mismo poder para que prosigan su obra. Ésta consiste, esencialmente, en anunciar el alegre mensaje (el Reino de Dios está presente y es urgente convertirse), en luchar contra el maligno, en realizar curaciones como signos probatorios de la Palabra proclamada y como primicias del mismo Reino (vv. 7 y 12ss).

La sobriedad que caracteriza el estilo de vida del misionero en el vestido y en el alimento forma parte integrante del anuncio (vv. 8ss): proclama la confianza en la Palabra que le ha enviado, cuyo valor está por encima de cualquier tipo de riqueza. A ella debe consagrarse enteramente el misionero, y es algo que debe ser evidente a simple vista. Esta misma Palabra hará que encuentren hostilidad y rechazo: lo mismo le sucedió al Maestro (cf. 6,1-6a) y a su precursor (cf. 6,17-28).

Por otra parte, Jesús envía a los discípulos confiándoles el cumplimiento de una misión, sin garantizar su éxito inmediato. El compañero que tiene cada uno (v. 7b) se convierte al mismo tiempo en garante de la verdad del anuncio y apoyo en las dificultades.

 

MEDITATIO

Se es misionero por mandato del Señor, y se trata de un mandato dirigido no sólo a algunos, sino a todos los bautizados. Cuando se habla de misión se piensa fácilmente en tierras lejanas, en los pueblos llamados "subdesarrollados"... Se piensa en los que, con sacrificio, ponen en peligro sus vidas para anunciar el Evangelio a quienes todavía no lo conocen. En verdad todo esto es misión. Pero el riesgo consiste en pensar que eso se dirige a otros, no a mí, eludiendo así con ello mi responsabilidad respecto a una llamada, la que me invita a ser "en Cristo" y "de Cristo" y provoca a la respuesta coherente de la vida. Y es que el cristiano es misionero por naturaleza. La iniciativa es de Dios. Siempre. Y en Jesús me ha dado también el ejemplo.

La misión que me confía es la de proseguir, allí donde me encuentre, lo que él mismo hizo, dando testimonio de él sin oropeles, sin superestructuras, sin máscaras, de suerte que quien me vea pueda comprender algo de él y de su amor. No hay sitio ni para lo "privado " ni para el protagonismo. El bautismo me ha convertido en un miembro del cuerpo de Cristo, en hijo del Padre. Por obra del Espíritu Santo, corre en mis venas la misma vida divina. Cómo puedo ser auténtico, cómo puedo saborear la vida en plenitud, sino entrando activamente en el dinamismo de esta vida que es difusiva? Cómo, sino abriéndome al don del testimonio

 

ORATIO

Hoy, Señor, me resulta fatigoso acoger la Palabra que me diriges: me estás diciendo que salga de mi pequeño mundo, me estás repitiendo que estar contigo no es una cuestión privada e intimista, sino camino, riesgo, apertura, comunicación, conflicto, encuentro.

Porque éstas son las consecuencias del amor con el que desde siempre me has amado y del que me has hecho testigo.

Si me miro a mí mismo y a mis fatigas, me espanto y te pido perdón por las flaquezas de mi respuesta a tu llamada. Si miro hacia ti, te bendigo, Señor, porque en tu grandioso proyecto de salvación has querido contar también conmigo. !A ti gloria y alabanza, oh Dios mío!

 

CONTEMPLATIO

No anunciamos nuestra gloria, de suerte que nadie puede decir que evangelizamos en provecho nuestro. Anunciamos a Jesús, nuestro Señor, sometiéndonos a su poder y majestad.

[El apóstol Pablo] afirma que él es tan siervo de Cristo que por orden suya atestigua ser siervo de ésos en la predicación. Así, se encuentra sometido en el ministerio del Evangelio para utilidad de ésos. No predicaba el Evangelio para gloria suya, sino para gloria de Cristo, el Señor, a quien obedece y sirve, como dice también el mismo Señor: " Yo estoy en medio de vosotros no para ser servido, sino para servir". Pablo no sirve por mérito de aquellos a quienes sirve, sino por mandato del Señor (Ambrosiaster, Commento alia seconda lettera ai Corinzi, Roma 1989, pp. 55ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Bendito seas, Padre, por habernos querido hijos tuyos" (cf. Ef 1,3.5).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El mensaje y la actividad de los mensajeros no se distinguen en nada de la de Jesucristo. Han participado de su poder. Jesús ordena la predicación de la cercanía del Reino de los Cielos y dispone las señales que confirmarán este mensaje. Jesús manda curar a los heridos, limpiar a los leprosos, resucitar a los muertos, expulsar los demonios. La predicación se convierte en acontecimiento, y el acontecimiento da testimonio de la predicación.

Reino de Dios, Jesucristo, perdón de los pecados, justificación del pecador por la fe, todo esto no significa sino aniquilamiento del poder diabólico, curación, resurrección de los muertos. La Palabra del Dios todopoderoso es acción, suceso, milagro. El único Cristo marcha en sus doce mensajeros a través del país y hace su obra. La gracia real que se ha concedido a los discípulos es la Palabra creadora y redentora de Dios.

        Puesto que la misión y la fuerza de los mensajeros sólo radican en la Palabra de Jesús, no debe observarse en ellos nada que oscurezca o reste crédito a la misión regia. Con su grandiosa pobreza, los mensajeros deben dar testimonio de la riqueza de su Señor. Lo que han recibido de Jesús no constituye algo propio con lo que pueden ganarse otros beneficios. "Gratuitamente lo habéis recibido". Ser mensajeros de Jesús no proporciona ningún derecho personal, ningún fundamento de honra o poder. Aunque el mensajero libre de Jesús se haya convertido en párroco, esto no cambia las cosas. Los derechos de un hombre de estudios, las reivindicaciones de una clase social, no tienen valor para el que se ha convertido en mensajero de Jesús. "Gratuitamente lo habéis recibido". No fue sólo el llamamiento de Jesús el que nos atrajo a su servicio sin que nosotros lo mereciéramos? "Dadlo gratuitamente". Dejad claro que con toda la riqueza que habéis recibido no buscáis nada para  vosotros mismos, ni posesiones, ni apariencia, ni reconocimiento, ni siquiera que os den las gracias. Además, cómo podríais exigirlo? Toda la honra que recaiga sobre nosotros se la robamos al que en verdad le pertenece, al Señor que nos ha enviado. La libertad de los mensajeros de Jesús debe mostrarse en su pobreza.

El que Marcos y Lucas se diferencien de Mateo en la enumeración de las cosas que están prohibidas o permitidas llevar a los discípulos no permite sacar distintas conclusiones.

Jesús manda pobreza a los que parten confiados en el poder pleno de su Palabra. Conviene no olvidar que aquí se trata de un precepto. Las cosas que deben poseer los discípulos son reguladas hasta lo más concreto. No deben presentarse como mendigos, con los trajes destrozados, ni ser unos parásitos que constituyan una carga para los demás. Pero deben andar con el vestido de la pobreza. Deben tener tan pocas cosas como el que marcha por el campo y está cierto de que al anochecer encontrará una casa amiga, donde le proporcionarán techo y el alimento necesario.

Naturalmente, esta confianza no deben ponerla en los hombres, sino en el que los ha enviado y en el Padre celestial, que cuidará de ellos. De este modo conseguirán hacer digno de crédito el mensaje que predican sobre la inminencia del dominio de Dios en la tierra. Con la misma libertad con que realizan su servicio deben aceptar también el aposento y la comida, no como un pan que se mendiga, sino como el alimento que merece un obrero. Jesús llama "obreros" a sus apóstoles. El perezoso no merece ser alimentado. Pero qué es el trabajo sino la lucha contra el poderío de Satanás, la lucha por conquistar los corazones de los hombres, la renuncia a la propia gloria, a los bienes y alegrías del mundo, para poder servir con amor a los pobres, los maltratados y los miserables? Dios mismo ha trabajado y se ha cansado con los hombres (Is 43, 24), el alma de Jesús trabajó hasta la muerte en la cruz por nuestra salvación (Is 53,11).

Los mensajeros participan de este trabajo en la predicación, en la superación de Satanás y en !a oración suplicante. Quien no acepta este trabajo, no ha comprendido aún el servicio del mensajero fiel de Jesús. Pueden aceptar sin avergonzarse la recompensa diaria de su trabajo, pero también sin avergonzarse deben permanecer pobres, por amor a su servicio (D. Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento, Sígueme, Salamanca 1999, pp. 136-138).


 

 

Día 15

Lunes de la semana XV del Tiempo ordinario o 15 de julio,

San Buenaventura  

Buenaventura nació en Bagnoregio, en el Lazio, entre 1217 y 1221. Siendo niño, fue curado por san Francisco de una grave enfermedad. Estudió en la Universidad de París, donde enseñó más tarde. Allí encontró a los frailes menores, y en 1243 entró en la orden. Convertido en ministro general, la dirigió durante diecisiete años con sabiduría y equilibrio, en medio de fuertes tensiones. Además de una biografía de san Francisco, escribió muchas obras de teología y de mística, armonizando de una manera profunda la ciencia con la fe. Estas obras le merecieron el título de "doctor seráfico". Tras ser nombrado cardenal y obispo de Albano, contribuyó al acercamiento entre latinos y griegos en el segundo Concilio Ecuménico de Lyon, durante cuya celebración murió, el 15 de julio de 1274.

LECTIO

Primera lectura: Isaías 1,10-17

10 Escuchad la Palabra del Señor, jefes de Sodoma; atiende a la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:

11 De qué me sirven todos vuestros sacrificios? -dice el Señor-. Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasa de becerros; detesto la sangre de novillos, corderos y machos cabríos.

12 Nadie os pide que vengáis ante mí, a pisar los atrios de mi templo,

13 trayendo ofrendas vacías, cuya humareda me resulta insoportable. !Dejad de convocar asambleas, novilunios y sábados! No aguanto fiestas mezcladas con delitos.

14 Aborrezco con toda el alma vuestros novilunios y celebraciones, se me han vuelto una carga inaguantable.

15 Cuando extendéis las manos para orar, aparto mi vista; aunque hagáis muchas oraciones, no las escucho, pues tenéis las manos manchadas de sangre.

16 Lavaos, purificaos; apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal,

17 aprended a hacer el bien. Buscad el derecho, proteged al oprimido, socorred al huérfano, defended a la viuda.

 

** El pasaje presenta uno de los oráculos introductorios del libro de Isaías. El profeta, que desarrolla su misión en el Reino de Judá durante la segunda mitad del siglo VIII a. de C, en un período de prosperidad económica y de relajamiento moral, condena en especial el formalismo religioso de las clases más ricas. Los que a ellas pertenecen, cerrados en el egoísmo de su riqueza e insensibles a las necesidades de los cada vez más numerosos indigentes, practican un culto que es inútil porque está separado de la vida.

Empleando la forma literaria de un juicio emprendido por YHWH contra su pueblo -al que de manera significativa se llama "Sodoma y Gomorra", las ciudades pecadoras por antonomasia (v. 10)-, reivindica Isaías a Dios sus derechos y recuerda al pueblo los deberes sancionados por la alianza sinaítica. Dios confiesa que le disgusta la ofrenda de los sacrificios cruentos e incruentos, la observancia de las fiestas y de las prescripciones rituales (w. 11-14), dado que a eso no le corresponde un corazón dócil, atento a las necesidades del prójimo. Dios no mira ni escucha a quien cree rendirle honores y luego pisotea a los débiles y a los pobres (v. 15ab).

Entre el culto y la vida no puede haber contradicción: no es posible ofrecer la sangre de una víctima sacrificial con manos manchadas por la sangre de los homicidios cometidos (v. 15c). La conversión del corazón ("Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien": w. 16d-17a) es la condición fundamental para que la alianza de Dios con su pueblo sea real y eficaz. Dios renueva la invitación a una purificación tanto interior, del corazón, como exterior, del comportamiento, para restituir la verdad al culto practicado y poner las bases de la justicia social.

 

Salmo Responsorial

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

Salmo 49

<<No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.>>
R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

<<¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?>>
R/.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

<<Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.>>
R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

 

 

Evangelio: Mateo 10,34-11,1

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

10'34 No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino discordia.

35 Porque he venido a separar al hijo de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra;

36 los enemigos de cada uno serán los de su casa.

37 El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí.

38 El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí.

39 El que quiera conservar la vida la perderá, y el que la pierda por mí la conservará.

40 El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me envió.

41 El que recibe a un profeta por ser profeta recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo recibirá recompensa de justo;

42 y quien dé un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser discípulo mío os aseguro que no se quedará sin recompensa.

11,1 Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue a enseñar y a proclamar el mensaje en los pueblos de la región.

 

*•• Mateo prosigue bosquejando el estilo de vida del discípulo-misionero, poniendo de relieve las exigencias radicales de la misión. Nada puede ser impedimento para seguir a Jesús, aunque eso pueda causar sufrimientos y hasta provocar rupturas, incluso en el interior de una misma familia. El cristiano ha de contar con malentendidos y con la incomprensión de sus allegados y de quienes le están unidos por lazos afectivos. El discípulo -Jesús ya lo había declarado- no puede tener una suerte diferente a la de su maestro, desconocido y rechazado precisamente por los suyos (cf. Me 3,21; Jn 1,11).

No se trata de que no pueda vivir el discípulo con entrega y fidelidad las relaciones familiares, sino de dar prioridad a las exigencias del seguimiento de Jesús y al amor "con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas" (Mc 12, 30) que debemos al Señor. Ahora bien, eso sería humanamente imposible si él no nos hubiera amado antes hasta dar la vida por nosotros. Haciendo como Jesús, tomando sobre nosotros la carga crucificante del mal que se opone al amor y realizando gestos sencillos, pero auténticos, dirigidos al otro, al que reconocemos como hermano (el ofrecimiento de un vaso de agua), viviremos la misma dignidad de hijos del Padre misericordioso.

 

MEDITATIO

Dios, luz inaccesible, nos sale continuamente al encuentro y desea revelarse a nosotros. Nos alcanza en lo concreto de nuestra historia en Jesús, fuente de una existencia luminosa y fecunda. Como cristianos, hemos sido llamados a comunicar a los que se nos acercan y a toda la humanidad el sentido y el gusto que asume la vida en relación con él y a hacer visible la fuerza transformadora del Evangelio. De este modo, nos volvemos profetas, punto de referencia, imagen evidente de la posibilidad de vivir el amor nuevo, el que Jesús nos enseñó e hizo conocer.

El Señor nos dice: "Vosotros sois la sal de la tierra; [...] Vosotros sois la luz del mundo". Se trata de la declaración de una identidad, y nosotros la creemos por su palabra, aunque a menudo nos parezca que la contradice la experiencia de nuestra poquedad y nos resulte fácil ceder a la desconfianza frente a nuestra realidad, que se presenta oscura e insignificante.

Estas dos afirmaciones de Jesús nos revelan lo que somos, pero, al mismo tiempo, constituyen la indicación de un camino que debemos recorrer, de un testimonio que se acredita y se renueva a lo largo del curso de toda nuestra vida. Buenaventura fue un maestro en esto, trazando un itinerario a través del cual se nos ayuda a caminar hacia Dios, y lo hizo con la autoridad de quien no sólo ha indagado y discutido, sino también probado y experimentado.

Se situó delante de todo con una mirada sapiencial, capaz de captar toda criatura como parte de un único canto armonioso que manifiesta a Dios y en el que también las realidades aparentemente distantes entre sí encuentran su unidad en una profundidad diferente. Supo reconocerlas como expresión de una luz no originariamente propia, sino recogida, recibida y reflejada, y así comprendió plenamente su valor.

 

ORATIO

"Yo soy la vid verdadera" (Jn 15,1). !Oh Jesús, vid benigna, ven! !Oh Señor Jesucristo, árbol de la vida situado en el centro del paraíso, tus hojas son medicinales, tus frutos son para la vida eterna! !Oh flor y fruto bendito de la bendita rama -que es la purísima Virgen María-, sin ti nadie es sabio, porque tú eres la sabiduría del Padre eterno. Dígnate alimentar con el pan del intelecto y con el agua de la sabiduría mi débil y árida mente. Abre, oh llave de David, y se me entreabrirán las oscuridades.

Irrígame, oh luz verdadera, y se despejarán mis tinieblas. Manifestándote e ilustrándote en ti mismo, por medio de mí, concédenos, a mí, que hablo, y a los que me oyen, poseer la vida eterna. Así sea (Buenaventura de Bagnoregio, Opusculi mistici, Milán 1956, p. 259).

 

CONTEMPLATIO

La soberana sabiduría está escrita en el libro de la vida, que es Jesucristo, en quien Dios Padre escondió todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Por eso, el Unigénito de Dios como Verbo increado es el libro de la sabiduría, es la luz de la mente del sumo Artista, llena de razones vivas y eternas; como Verbo inspirado, ilumina los intelectos de los ángeles y de los santos; como Verbo encarnado, irradia las mentes racionales unidas a la carne. De este modo, la multiforme sabiduría de Dios desde él y en él reverbera por todo el Reino, como a través de un espejo de belleza que incluye todas las especies y toda luz, y como libro donde, según el misterio de Dios, están descritos todos los misterios.

!Oh! Si yo pudiera encontrar este volumen del origen eterno, y de la esencia incorruptible, de la sabiduría que es vida y de la escritura imposible de cancelar! Este libro cuya meditación es deseable, fácil su doctrina, dulce su ciencia, inescrutable su profundidad, inexpresables sus palabras, este libro cuyas palabras son en el fondo un solo verbo. En verdad, "quien me encuentra, encuentra la vida y alcanza el favor del Señor" (Prov 8,35) (Buenaventura de Bagnoregio, Opusculi mistici, Milán 1956, p. 121ss).

 

ACTIO

Repite y medita durante el día con frecuencia: "Vosotros sois la sal de la tierra; [...] Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5,13ss).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Si no queremos ser como las "tinieblas [que] no le recibieron", debemos recuperar nuestra unidad, redescubrir la fe como plenitud del existir, del obrar y del pensar. Éste es el testimonio cíe san Buenaventura, éste es el camino que él ha completado, recibiendo en su vida al Verbo divino. La inhabitación es lo que hace posible todavía hoy esa experiencia cristiana. Al apóstol Tomás, que le pregunta adonde va y cómo puede conocer el camino, Cristo le dice : "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). No es posible reducir la búsqueda de la Verdad a un mero ejercicio mental, porque por su propia naturaleza es más; la razón, para ser verdadera, no puede negar la fe. Más aún, debe constituir para ella la posibilidad de una mayor conciencia, y, viceversa, la fe no puede renunciar a la razón si no quiere caer en el fideísmo.

Cada uno de nosotros debe realizar su propio itinerario hacia el Absoluto, pero en el trayecto nos ayudan los que han llegado a la meta antes que nosotros.

Hoy más que nunca necesitamos acercarnos a los que han demostrado estar en la luz, porque a menudo "el ojo de nuestra mente, ante las cosas más claras de la naturaleza, es como el ojo del murciélago ante la luz". En efecto, acostumbrado a las tinieblas de los seres y a las imágenes sensibles, cuando contempla la luz radiante del Sumo Ser le parece que no ve nada, sin comprender que la oscuridad es, sin embargo, la máxima luz para nuestra mente, como cuando el ojo queda cegado ante una luz demasiado viva" (Buenaventura, Itinerarium mentís in Deum). San Buenaventura va por delante de nosotros como testigo de la posibilidad que tiene el hombre de pensar la Verdad, de obrar el Bien, y nos invita a caminar hacia la Luz; en esto consiste la actualidad de su experiencia como hombre y como creyente (F. Gambetti, "L'esperienza umana e cristiana di san Bonaventura", en Vita Minorum 1 [1993] 60ss).

 

 

 

Día 16

Martes de la semana XV del Tiempo ordinario o 16 de julio.

Nuestra Señora del Carmen  

La devoción a la Virgen del Carmen hunde sus raíces en un lugar y en un tiempo bien precisos. El lugar es el monte Carmelo, cadena montañosa de Galilea, que se asoma al mar por un alto promontorio y por el otro lado da a la llanura de Esdrelón.

Karme/significa "jardín" en hebreo. Es el monte santo, lugar de la oración y donde moró Elías, cantado en la Escritura por su belleza. En este monte - y más precisamente en uno de sus valles-, algunos de los cruzados venidos de Occidente dedicaron, a comienzos del siglo XIII, una iglesia a la Virgen María, poniendo bajo su protección la Regla de vida que les había dado Alberto, patriarca de Jerusalén y tomando el título de Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

Desde aquel momento, la figura de la Virgen, Madre y Hermana, acompaña a la historia del Carmelo, de sus santos y de sus santas. Se trata de una historia de favores de la Virgen y de santidad de los miembros de su orden. El Carmelo ha contemplado en María a la Virgen purísima, a la Madre espiritual, a la Estrella del mar. Ha recibido como don, para extenderlo a todos los devotos, el escapulario, signo de protección y de alianza, prenda de salvación eterna.

Se eligió la fecha del 16 de julio porque el 17 de julio del año 1274, el segundo Concilio de Lyon sancionó la permanencia de la orden (que debía ser suprimida). La conmemoración fue extendida a toda la Iglesia por Benedicto XIII en 1726.

 LECTIO

Primera lectura: Isaías 7,1-9

1 Reinando en Judá Ajaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías, subieron a atacar Jerusalén el rey de Siria, Rasín, y el rey de Israel, Pécaj, hijo de Romelías, aunque no lograron conquistarla.

2 Comunicaron al heredero de David: "Los sirios acampan en Efraín". Temblaron el rey y su pueblo, como tiemblan los árboles del bosque sacudidos por el viento.

3 El Señor dijo a Isaías: -Sal con tu hijo Sear Yasub al encuentro de Ajaz. Cuando te encuentres con él al final del canal de la piscina de arriba, junto al camino del campo del batanero,

4 dile: Pon atención, pero estáte tranquilo. No tengas miedo, ni te acobardes ante estos dos tizones humeantes (ante la ira ardiente de Rasín, el sirio, y del hijo de Romelías).

5 Cierto que Siria y Efraín, con el hijo de Romelías al frente, han tramado tu ruina diciendo:

6 "Subamos contra Judá, se asustará de nosotros, la conquistaremos y pondremos por rey al hijo de Tabel".

7 Pero esto dice el Señor Dios: eso no pasará, no se llevará a cabo:

8a la capital de Siria es Damasco y a la cabeza de Damasco está Rasín;

9a la capital de Efraín es Samaría y a la cabeza de Samaría está el hijo de Romelías.

8b Dentro de sesenta y cinco años, Efraín será aniquilado, y dejará de ser pueblo.

9b Si no creéis, no subsistiréis.

 

**• Sobre el fondo de la guerra siro-efraimita, que opuso a los reyes de Israel y de Siria contra el rey de Judá, se abre con el capítulo 7 de Isaías el así llamado "libro del Enmanuel". "Enmanuel", Dios-con-nosotros, es el nombre del hijo anunciado a Ajaz, rey de Judá, como signo que garantiza la intervención salvífica de YHWH, a pesar de la incredulidad del soberano y de los grandes del reino.

En torno a esta figura se agrupan los oráculos de los capítulos. 7-11, en los que se atribuye al hijo que ha de nacer prerrogativas que superan los confines de su historia contemporánea y lo elevan a símbolo e imagen del mesías que había de venir. Dios cumplirá su promesa y asegurará el futuro de la dinastía davídica. Al rey y al pueblo les corresponde esta adhesión de fe, condición indispensable para participar de la promesa misma.

Frente a la inminente amenaza de Israel y de Siria, que no perdonan a Judá su no participación en la coalición antiasiria, el rey Ajaz, por un lado, dota a Jerusalén de defensas que puedan asegurarle la supervivencia en caso de asedio y, por otro, intenta aliarse con el más fuerte, esto es, precisamente Asiria. El profeta va al encuentro del rey para recordarle que lo que cuenta y marca la diferencia no es tanto la estrategia política y militar como la fe en Dios (v. 9b), único auténtico soberano de Judá, a quien el profeta representa. El Señor garantiza la victoria sobre los dos reyes, cuyo poder es comparable al de "dos tizones humeantes " (v. 4).

 

Salmo Responsorial

Dios ha fundado su ciudad para siempre

Salmo 47

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra.
R/.
Dios ha fundado su ciudad para siempre

El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.
R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos.
R/.
Dios ha fundado su ciudad para siempre

Allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
R/.
Dios ha fundado su ciudad para siempre

 

 

Evangelio: Mateo 11,20-24

En aquel tiempo,

20 Jesús se puso a increpar a las ciudades en las que había hecho la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido:

21 -!Ay de ti, Corozaín! !Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en vosotras, hace tiempo que, vestidas de saco y sentadas sobre ceniza, se habrían convertido.

22 Por eso os digo que el día del juicio será más llevadero para Tiro y Sidón que para vosotras.

23 Y tú, Cafarnaún, te elevarás hasta el cielo? !Hasta el abismo te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros realizados en ti, hoy seguiría en pie.

24 Por eso os digo que el día del juicio será más llevadero para Sodoma que para ti.

 

*•• El pasaje presenta tres invectivas, de sello profético, dirigidas por Jesús a algunas ciudades de Galilea. Corozaín, Betsaida y Cafarnaún constituyeron el primer espacio operativo de Cristo, fueron espectadoras y beneficiarias de su actividad taumatúrgica y de su primer anuncio del Reino (w. 21-23). Sin embargo, se las cita como prototipos de la "generación caprichosa" que se parece a los niños en las plazas. Estos últimos, en vez de participar en el juego, se quedan sentados, como dice la parábola que precede al pasaje de hoy (cf. Mt 11,16-19).

Los milagros que realiza Jesús no son fines en sí mismos, sino signos que levantan el velo sobre la verdadera identidad de aquel que los realiza. Son como acciones pedagógicas cuyo objetivo es la acogida de Jesús y de su mensaje en la fe: "Convertios y creed en el Evangelio" (Mc 1,15b). Eso supone una disponibilidad radical que germina en la conciencia de nuestra propia necesidad de ser salvados, de ser liberados del mal. Por eso a las ciudades paganas y pecadoras, emblema de las cuales son Tiro, Sidón y Sodoma, se las considera, potencialmente, más dóciles para abrirse al anuncio del Evangelio y a la consiguiente conversión.

 

MEDITATIO

La búsqueda de la sabiduría, la escucha de la Palabra y el cumplimiento de la voluntad d e Dios son temas que iluminan el sentido más verdadero de la devoción a la Virgen del Carmelo, según la más p u r a y genuina tradición de la orden.

Antes incluso de ser Santa María del Monte Carmelo para el pueblo fiel, o sea, la imagen familiar que presenta el escapulario a las almas del purgatorio para llevarlas al cielo, María es, en la espiritualidad del Carmelo, la custodia de la Palabra, la Virgen del silencio y de la oración, la Madre de la contemplación y de la vida mística.

Es la que lleva a los fieles, como guía sabia, por los senderos de la santa montaña, conduciéndolos hasta la cumbre que es Cristo. Como Madre espiritual, engendra a sus hijos a la vida de gracia en la Iglesia, pero los acompaña asimismo con el ejemplo y la intercesión, y con una delicadeza absolutamente materna, en cada etapa de la vida espiritual, a través de las noches oscuras y los días luminosos de la vida. Y, siempre en la línea del Evangelio, marca más profundamente, en aquellos que se dejan plasmar por su presencia y acción materna, una santidad completamente mariana, interior en la contemplación, generosa en el servicio.

María, sede de la sabiduría, nos conduce a Cristo, sabiduría viva, y forma discípulos y discípulas de la divina sabiduría. María, discípula del Señor, reúne y forma discípulos y discípulas de la divina Palabra, nueva savia vital que nos hace, con y como la eucaristía, miembros consanguíneos del mismo cuerpo de Cristo.

 

ORATIO

Oh, Virgen santísima, Madre del Creador y Salvador del mundo, abogada de los pecadores. Es justo que, después de haber dado gracias a Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor mío, por haberse entregado con amor por mí, pecador, y por haberme entregado su santísimo cuerpo, también te dé gracias a ti, Reina celestial, porque de ti tomó la humanidad este Verbo divino, tu Hijo y mi Dios y Creador. Con humildad suplico tu clemencia, porque eres Reina del cielo y Madre de l a misericordia y de este misericordioso Señor, y -puesto que de la plenitud de tu gracia reciben de ti redención los prisioneros, consuelo los afligidos, perdón de sus pecados los pecadores; obtienen gracia y gloria los justos, salud los enfermos y grande gloria los ángeles- te suplico que me comuniques tu benevolencia, oh Señora y Madre de la misma gracia y misericordia. Tú, oh Señora, eres la escala del cielo, la estrella del mar, la puerta del paraíso, la esposa del Padre eterno, la madre del Hijo y el tabernáculo del Espíritu Santo, sellada por el Padre con su poder, por el Hijo con su sabiduría y por el Espíritu Santo con su bondad (Jaime Montañés, carmelita español del siglo XVII, citado en E. Boaga, Con Maria nelle vie di Dio. Antología della mañanita carmelitana, Roma 2000, p. 100).

 

CONTEMPLATIO

Tras Jesucristo, y sin duda a la distancia que media entre lo infinito y lo finito, hubo también una criatura que fue una magna alabanza de gloria a la Santísima Trinidad, que respondió plenamente a la elección divina de la que habla el apóstol. Ésta fue siempre "pura, inmaculada, irreprensible" a los ojos del Padre tres veces santo. Su alma es tan sencilla y los movimientos de su espíritu tan profundos que no podían ser advertidos.

Parece reproducir en la tierra la vida propia del ser divino, del Ser simple. Al mismo tiempo, es tan transparente y luminosa que podría ser comparada con la luz.

Con todo, no es más que el "Espejo" del Sol de justicia, Speculum iustitiae. "La Virgen conservaba estas cosas en su corazón". Toda su vida puede resumirse en estas pocas palabras.

Vivía en su corazón. A tal profundidad, que la mirada humana no puede seguirla. Cuando leo en el evangelio que María "recorrió a toda prisa las montañas de Judea" para ir a cumplir su ministerio de caridad junto a su prima Isabel, la veo pasar enormemente bella, con gran calma y majestuosa, recogida por completo en sí misma con el Verbo de Dios.

Su oración, como la de él, también fue siempre ésta: "Ecce - Aquí estoy". Quién? "La esclava del Señor, la última de las criaturas", ella misma, su Madre. Se mostró tan verdadera en su humildad porque se olvidó siempre de sí misma y fue siempre libre de sí misma, y por eso podía cantar: "El Poderoso ha hecho obras grandes por mí. En adelante, las naciones me proclamarán bienaventurada " (Isabel de la Trinidad, "Ultimo ritiro", 15, en id., Scritti, Roma 1988, p. 659 [existe edición española de sus Obras completas en Editorial de Espiritualidad, Madrid 1986]).

 

ACTIO

Que la Virgen María esté presente en nuestro pensamiento y en nuestro corazón: "Salve, Madre, llena de la santa alegría".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Las distintas generaciones del Carmelo, desde los orígenes hasta hoy, han intentado plasmar su propia vida siguiendo el ejemplo de María: por eso, en el Carmelo, y en toda alma movida por el tierno afecto a la Virgen y Madre santísima, florece la contemplación de ella, que ya vive en sí lo que todo fiel desea y espera realizar en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Por eso, los carmelitas y las carmelitas han elegido justamente a María como propia patrono y madre espiritual. Ella es la Virgen purísima que guía a todos al perfecto conocimiento e imitación de Cristo. Florece así una intimidad de relaciones espirituales que incrementan cada vez más la comunión con Cristo y con María [...]. Ella no es sólo modelo para imitar, sino también una dulce presencia de Madre y Hermana en quien confiar [...].

Este rico patrimonio mariano del Carmelo se ha convertido con el tiempo, a través de la difusión del escapulario, en un tesoro para toda la Iglesia [...]. Éste se convierte en signo de "alianza" y de comunión recíproca entre María y los fieles: traduce, en erecto, de una manera concreta la entrega de su Madre que Jesús, en la cruz, hizo a Juan, y en él a todos nosotros, y la entrega del apóstol predilecto y de nosotros a ella, constituida en nuestra Madre espiritual.

De esta espiritualidad mariana, que plasma interiormente a las personas y las configura con Cristo, primogénito entre muchos hermanos, constituyen un espléndido ejemplo los testimonios de santidad y de sabiduría de tantos santos y santas del Carmelo, todos ellos criados a la sombra y bajo la tutela de la Madre (Juan Pablo II, Carta a los padres generales de la familia del Carmelo, 25 de marzo de 2001, con ocasión del 750° aniversario de la entrega del escapulario).

 

 

Día 17

Miércoles de la semana XV del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 10,5-7.13-16

Así dice el Señor:

5 !Ay de Asiria, vara de mi ira, bastón de mi furor!

6 La envío contra una nación impía, la mando contra el pueblo que provoca mi furor; para robarlo y saquearlo, para pisotearlo como el barro de las calles.

7 Pero ella no piensa así, no es eso lo que planea su mente: sólo piensa en destruir, en arrasar muchas naciones.

13 Porque dice: Con la fuerza de mi mano lo hice, y con mi ingenio, pues soy inteligente. He cambiado fronteras de naciones, he saqueado sus tesoros, he destronado, como héroe, a sus reyes.

14 Me he apoderado, como de un nido, de las riquezas de las naciones; como se recogen huevos abandonados he recogido toda la tierra: nadie ha batido las alas, nadie ha abierto el pico para piar.

15 Se pavonea el hacha contra el que la maneja? Se engríe la sierra contra el que la mueve? !Como si el palo pudiera mover a quien lo lleva o el bastón manejar a quien no es de madera!

16 Por eso, el Señor todopoderoso dejará raquíticos a quienes presumen de fuerza y, debajo de su opulencia, encenderá un fuego abrasador, que todo lo devorará.

 

**• El oráculo contra Asiria que nos presenta este fragmento debe ser colocado en el contexto de la inminente amenaza de la invasión Asiria, que marca la época de la profecía de Isaías. Los reyes de Judá, primero Ajaz y, después, su hijo Ezequías, adoptan una política diferente respecto a la potencia extranjera: de alianza-vasallaje el primero, de oposición el segundo. Sin embargo, ninguno de los dos sigue los consejos del profeta, que exhorta a buscar en la fe en Dios y no en las alianzas políticas la estabilidad y la seguridad del Reino. De este modo, Isaías considera a Asiria unas veces como enemiga que ha de ser castigada, y otras, como instrumento del que se sirve Dios para amonestar a su pueblo e incitarle al arrepentimiento.

En este oráculo se llama a Asiria "vara" y "bastón" de la cólera de Dios (v. 5), instrumento eficaz destinado a que el pueblo tome conciencia de la impiedad en que vive. Sin embargo, Asiria trueca en ventaja suya la tarea que le ha sido confiada: el castigo que debe infligir a Israel y a Judá se está transformando en su propia destrucción.

Se ha puesto a sí misma como arbitro de sus propias opciones. De este modo, el "bastón del furor" de  YHWH (V. 5b) pretende "mover a quien lo lleva" (v. 15c).  El destino que le está reservado, siguiendo la lógica de la retribución temporal, será un castigo ejemplar (v. 16).

 

Salmo Responsorial

El Señor no rechaza a su pueblo

Salmo 93

Trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos.
R/.
El Señor no rechaza a su pueblo

Y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera.»
Enteraos, los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis?
R/.
El Señor no rechaza a su pueblo

El que plantó el oído ¿no va a oír?;
el que formó el ojo ¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos ¿no va a castigar?;
el que instruye al hombre ¿no va a saber?
R/. El Señor no rechaza a su pueblo

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón.
R/.
El Señor no rechaza a su pueblo

 

Evangelio: Mateo 11,25-27

25 En aquel tiempo, dijo Jesús: -Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos.

26 Sí, Padre, así te ha parecido bien.

27 Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y al Padre no lo conoce más que el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.

 

*" Jesús alaba al Padre y le da gracias por su obrar, tan diverso y sorprendente con respecto a la lógica humana, que exalta el poder y la fuerza en todos los ámbitos de la existencia. No son los que cuentan exclusivamente con su propia sabiduría, no son los que ponen el fundamento de su propia seguridad sobre las capacidades en continuo devenir de la inteligencia, sino que son los "pequeños" los beneficiarios de la revelación del Padre (v. 25). Así, el grito de dolor de Corozaín, Betsaida, Cafarnaún, refractarias o indiferentes con respecto a su palabra (cf. Mt 11,20-24), va seguido del grito de alegría de Jesús por aquellos que, por el contrario, han abierto su corazón a la Palabra. A las ciudades galileas, que conocían bien al "hijo del carpintero" (Mt 13,55) porque eran su patria, les resulta incomprensible la novedad del Evangelio, que se revela, en cambio, a quienes, privados de títulos de méritos y sin estar en condiciones de apoyarse en prerrogativas humanas, son capaces de confiar en Dios, seguros de su fidelidad. Jesús constata con alegría la elección preferencial del Padre, jamás desmentida a lo largo de toda la revelación, por los que son pequeños, pobres, sencillos. Así le parece bien al Padre (v. 26) y así le parece a Jesús.

El evangelista aprovecha esta ocasión para declarar la conciencia de Jesús y la fe de la Iglesia en el misterio de las relaciones trinitarias. El Padre da al Hijo todo por amor, el Hijo lo acoge todo y lo restituye al Padre por amor. El movimiento eterno de entrega recíproca entre el Padre y el Hijo sigue siendo incognoscible para la criatura.

Sin embargo, por obra del Espíritu, perenne efusión de amor, el Padre se hace accesible en el Hijo y se revela a sí mismo (v. 27). Tal manifestación es incomprensible para la sabiduría racional humana. Sólo quien se hace "pequeño" en el corazón, en toda su existencia, sólo quien se vuelve disponible para entrar en la lógica del don gratuito de Dios, puede comprenderla. El apóstol Pablo dirá con otras palabras: "Lo que en Dios parece debilidad es más fuerte que los hombres" (1 Cor 1, 25a).

 

MEDITATIO

La tentación originaria del hombre es la de excluir a Dios de su propia existencia. Homo faber fortunae suae se convierte en el lema que marca las raíces de la voluntad humana y sella sus opciones. La conciencia de vivir en la edad adulta no puede tolerar la dependencia ni la sumisión a ningún Dios.

El hombre que rechaza a Dios -tanto si lo reconoce como si no- se cierra en el gueto de sus propios instintos, de sus propias opiniones, de una inteligencia que, por mucho que pueda recorrer los espacios siderales o adentrarse en las partículas infinitesimales de la materia, no sabe encontrar el camino de la alegría, de la paz, de la plenitud interior. De esta suerte, paradójicamente, el hombre que se siente señor del mundo así como de su propia existencia y de la ajena no consigue hacerse con el corazón del vivir, con su significado último, que es lo único que le da consistencia. Eso es, sin embargo, lo que se revela a quien acepta la realidad de ser criatura pequeña frente al Creador, aunque tan preciosa para él que la llama a participar de su misma vida. Es "pequeño" quien se muestra contento con lo que es, quien sabe que no es omnipotente y, por eso, se abre a la relación con Dios. Es "pequeño" quien reconoce haber recibido todo como don y lo usa no como dueño o como predador, sino como siervo, con gratitud. Quien es "pequeño" de este modo conoce algo del amor del Padre y del Hijo.

 

ORATIO

Bendito seas, Padre, que nos has dado a Jesús, tu Hijo, y en él nos has dicho y mostrado lo mucho que nos quieres. Nunca hubiéramos podido imaginarlo. Si tú no hubieras decidido manifestarte a nosotros, no hubiera sido posible que yo estuviera ahora aquí, hablando contigo con la confianza de un hijo.

Te lo ruego, Padre: renueva también en mi corazón la certeza de la presencia de tu Espíritu. Que él me dé la certeza de que tú eres mi Padre, de que Jesús es el Señor, de que estoy llamado a la comunión contigo para la eternidad.

Que él me haga gustar la belleza de ser criatura, pequeña pero preciosa, y me libere de la presunción de la autosuficiencia, de la sabihondez de quien quiere darte consejos, considerándolos como los mejores.

Espíritu de sabiduría y de piedad, enciende en mí el gusto por la pequeñez, por la sencillez que me dispone a acoger tu manifestación.

 

CONTEMPLATIO

Los grandes discursos no nos hacen santos y justos, sino que es la vida virtuosa la que nos vuelve agradables a Dios. Es mucho mejor experimentar compunción que conocer su definición. Ésta es, por consiguiente, la suprema sabiduría: tender al Reino de los Cielos mediante el desprendimiento del mundo. Qué ventajas nos procura el saber sin el temor de Dios? No te engrías por el arte o la ciencia que posees: que estos dones sean para ti más bien motivo de temor. Feliz aquel que es adoctrinado directamente por la Verdad tal como ella es. Del único Verbo proceden todas las cosas, sólo de él nos hablan todas, y éste es el Principio que nos habla también a nosotros. Cuanta más capacidad de recogimiento y de sencillez interior hayamos alcanzado tanto más seremos capaces de comprender con amplitud y profundidad, y sin fatiga, por qué recibimos de lo alto la luz de la inteligencia (La imitación de Cristo, 3, 7, 9).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sólo tú, Señor, eres Dios" (cf. Is 10,15).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El modelo al que hemos de adecuarnos en el cristianismo no es el "adulto", sino, al contrario, el "niño"; no es el "intelectual" -que, en la perspectiva ilustrada, es el "adulto" por definición-, sino, al contrario, el "sencillo", el "ignorante". Este, en la perspectiva evangélica, está simbolizado precisamente por el "pequeño", por el "niño". Pablo VI, papa "intelectual", hombre cultísimo, elevó en 1970 al rango de "doctor de la Iglesia" -el más elevado en la jerarquía espiritual- a santa Catalina de Siena, que a duras penas era capaz de leer y sólo al final de su vida aprendió a escribir.

No sin razón esta biblioteca mía en la que estamos hablando, compuesta por demasiados libros, a menudo arduos y escritos en muchas lenguas modernas y antiguas, está presidida (como puede ver) por la imagen de una muchacha de catorce años que aún no era mujer, asmática, desnutrida, hija de la familia más despreciada de su pueblo y, como es natural, analfabeta.

La Madre de Cristo, para confiar su mensaje de llamada a la fe, no eligió ni a profesores, ni a notables, ni a periodistas, ni a otros cristianos ya "adultos", "ya mayores de edad". Dieciocho veces, hablando su dialecto, se le apareció, en la gruta donde se guarecía la piara de cerdos de propiedad comunal, a esta pobre ignorante para el mundo, a esta maravillosa sabia según el Evangelio que es santa Bernadette Soubirous, la hija de un molinero fracasado de la oscura Lourdes.

No es una sorpresa; es sólo la enésima confirmación de una estrategia divina (V. Messori - M. Brambilla, Qualche racione per credere, Milán 1997).

 

 

Día 18

Jueves de la semana XV del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 26,7-9.12.16-19

7 La senda del justo es recta, tú allanas el sendero del justo;

8 caminamos por la senda que marcan tus leyes, hemos puesto en ti, Señor, nuestra esperanza; ansiamos tu nombre y tu recuerdo.

9 Mi alma te ansia de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, pues cuando tú gobiernas la tierra aprenden justicia los habitantes del orbe.

12 Señor, tú nos concederás la paz, pues todo lo que hacemos eres tú quien lo realiza.

16 Señor, en la angustia acudieron a ti, cuando los castigaste susurraban una oración.

17 Como la embarazada al acercarse el parto se retuerce y grita de dolor, así nosotros ante ti, Señor.

18 Habíamos concebido, nos retorcimos de dolor y dimos a luz, pero sólo era viento; no trajimos salvación a la tierra, no nacieron habitantes al mundo.

19 Pero revivirán tus muertos, los cadáveres se levantarán; se despertarán jubilosos los habitantes del polvo, pues rocío de luz es tu rocío, y los muertos resurgirán de la tierra.

 

**• La plegaria de Is 26,7-19, de la que están tomados los versículos que constituyen el texto litúrgico de hoy, forma parte del así llamado "Apocalipsis de Isaías", considerado como posterior a la profecía del Isaías histórico.

Se trata de un bloque de capítulos (24-27) formado por liturgias proféticas, anuncios apocalípticos, cantos y plegarias de lamento y de acción de gracias. El centro de atención está constituido por la ruina de la ciudad excelsa, cuya identificación resulta problemática, y por el juicio que pronuncia Dios sobre ella y sobre toda la tierra, un juicio en el que están implicadas asimismo todas las fuerzas de la naturaleza. Entre los trastornos cósmicos y las perspectivas de la paz definitiva, se invita al pueblo a que confíe en el Señor, que mantiene su promesa y cuida de los pobres y de los oprimidos.

Del mismo modo que devasta las ciudades paganas, haciendo impracticables sus caminos, allana la senda de quien conforma la vida a sus preceptos (w. 7ss). Dios realiza sus grandes obras entre las naciones, a fin de que todos puedan conocerle y vivir según su voluntad.

La esperanza que el orante pone en YHWH alimenta el deseo de estar en comunión con aquel que le concederá -está seguro de ello- la plenitud de todos los bienes y llevará a buen puerto las iniciativas emprendidas (w. 9.12). Eso mostrará, no obstante, la débil fe del pueblo, cuya oración está exenta de contenido y de fuerza vital (w. 16-18). La intervención de Dios volverá a dar energía vivificadora a un pueblo de "muertos", para una nueva existencia jubilosa (v. 19). La que proclama el orante es una esperanza cierta, expresión de la fe en aquél a quien sabe pertenecer.

 

Salmo Responsorial

El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra

Salmo 101

Tú permaneces para siempre,
y tu nombre de generación en generación.
Levántate y ten misericordia de Sión,
que ya es hora y tiempo de misericordia.
Tus siervos aman sus piedras,
se compadecen de sus ruinas.
R/. El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones.
R/. El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.
R/.
El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra

 

 

Evangelio: Mateo 11,28-30

En aquel tiempo, dijo Jesús:

28 Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré.

29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas.

30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

 

*" El canto de alabanza de Jesús anuncia la salvación para quienes acogen con estupor y admiración el amor del Padre. Jesús acaba de hablar de la imposibilidad de conocer al Padre si no es por la revelación del Hijo. Y ahora él, el Hijo, invita a todos a ir a él, a entrar en comunión de vida con él acogiendo su amor y el del Padre, fuente de reposo, satisfacción de todo deseo en el goce, en la paz. Él, el único y verdadero Maestro, dirige a todos la invitación a hacerse discípulos, y se trata de una invitación que lleva en sí misma los caracteres de la urgencia y de la alegría. Jesús, Sabiduría del Padre que se revela a los sencillos, a todos los que experimentan y reconocen la fatiga opresora de la observancia de la Ley en sí misma, manifiesta el misterio del Reino de Dios en cuanto anuncia que el amor es la plenitud de la Ley (cf. Rom 13,10; Gal 5,14) y convierte el amor en la norma, en el mandamiento supremo (cf. Jn 13,34; Mt 22,36-40).

El discípulo está invitado a ponerse junto a Jesús, a tomar su mismo yugo. Aprende del Maestro a llevarlo haciendo suyo el mismo estilo de vida: el de los sencillos y el de los humildes, el de los pobres y los pequeños, que han comprendido el mandamiento nuevo de la obediencia a Dios y del servicio a los hermanos. El yugo en sí sigue siendo pesado, pero llevarlo con Cristo es causa de suavidad: el amor reclama la fatigosa renuncia a nuestro propio instinto egoísta, pero abre de par en par los horizontes de la vida verdadera, la vida misma de Dios.

 

MEDITATIO

Dios cuida de su pueblo. Quiere el bien para cada uno de sus hijos creados, amados y custodiados por él. La última palabra de Dios es "vida", no "muerte", como nos mostró al resucitar a Jesús. Nuestra experiencia terrena es con frecuencia una experiencia de fatiga, de tener que cargar con pesos bajo los cuales nos abatimos: pesos físicos, pesos interiores. Cada uno de nosotros se reconoce con facilidad entre los "fatigados y agobiados" a quienes Jesús invita a ir con él. O bien entre quienes gritan en la prueba, como los judíos de la profecía de Isaías. Vale la pena preguntarse cómo vivimos las situaciones difíciles que llamamos "pruebas", cómo reaccionamos frente a lo que nos parece demasiado pesado para nuestras fuerzas o nos espanta, nos desorienta.

Tal vez nos limitamos a enfadarnos (contra los otros, contra el destino, contra Dios)? Se trata de una reacción comprensible, pero corremos el riesgo de que nos haga sentir los dolores, para, a continuación, dar a luz "sólo viento", usando la imagen del profeta Isaías.

Si queremos caminar con el Señor por las sendas que él en su bondad no deja de allanar, podremos cargar con su yugo, un yugo ligero, porque lo llevamos con él, y él mismo nos enseña a llevarlo con amor. De todos modos, las pruebas, las contrariedades, los sufrimientos provocados, nos hacen mal y continúan haciéndolo, pero tienen un significado: si vivimos sin cesar de amar, de dar alegría y paz a los que están junto a nosotros, venceremos, como Jesús, el mal con el bien: primero en nosotros mismos y, a continuación, en nuestro entorno. Nos convertiremos en sembradores de esperanza.

 

ORATIO

Vengo a ti, Señor, cargado con la fatiga de mi jornada y con los pesos de los sufrimientos de los que viven junto a mí. Te encuentro cargado con la cruz y con todas las cruces construidas, tanto ayer como hoy, por la mezquindad y por el egoísmo de tantos.

Mírame, Señor: mira cómo, a pesar de las apariencias y de cierto perfeccionismo religioso, y aun llenándome a menudo la boca con hermosas palabras, ni siquiera soy capaz de llevar con amor mi propio peso. A la invitación que hoy me diriges: "Venid a mí todos los que...", responde tu oración en la cruz: "Padre, perdónalos... ". Gracias, Jesús, por atraerme a ti con tanta suavidad. A mi vez, quisiera, con tu ayuda, entregar suavidad: tal vez descubriría que con el amor todo peso se vuelve ligero.

 

CONTEMPLATIO

Tened una gran humildad, porque es la virtud de las virtudes, pero una humildad generosa y tranquila. Os recomiendo, más que las otras, las dos queridas virtudes que tanto desea nuestro Señor que aprendamos de él: la humildad y la sencillez de corazón, pero llevad buen cuidado en que sean verdaderas virtudes del corazón.

Animad de continuo vuestro valor con la humildad, y vuestra humildad, esto es, vuestra miseria y vuestro deseo de ser humildes, animadla con vuestra confianza en Dios, de suerte que vuestro valor sea humilde y vuestra humildad sea animosa. Permaneced alegremente humildes ante Dios, pero sed alegremente humildes también ante el mundo (Francisco de Sales, Lettere di amicizia spirituale, Roma 1984, pp. 967ss [edición española: Cartas a religiosas, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1988]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Jesús, sencillo y humilde de corazón, concédeme un corazón semejante al tuyo" (cf. Mt 11,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Se ha llegado a decir que Jesús habría crecido frágil, que se habría vuelto delicado y sencillo: a partir de ahí se habría inclinado por la vida decadente, se habría puesto de parte de los pobres, de los perseguidos, de los oprimidos, de los candidatos al sufrimiento y a la miseria. Quien piense así basta con que abra los ojos y mire bien a Jesús. Que no juzgue debilidad y fuerza, exclusivamente, según alguien se abra camino con ardor y con los puños, sino pensando que hay también una fortaleza superior que tal vez tiene que ver con los estratos inferiores del ser.

"Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas" (Mt 11,28ss). Se trata del mismo misterio que las bienaventuranzas.

La conciencia de dar la vuelta a lo que tiene valor en el mundo, para edificar lo que realmente cuenta. Jesús no viene por el gusto de añadir un nuevo elemento a la serie de experiencias humanas realizadas hasta aquí; no, Jesús aporta, desde la plenitud del cielo, reservada a Dios, una realidad santa. Trae al mundo sediento una corriente de vida desde el corazón de Dios. Para tener parte en ella es necesario que el hombre se abra, deje el apego a la vida terrena y salga al encuentro de aquel que viene. Es preciso superar la rancia y arraigada pretensión según la cual el mundo es la única realidad que cuenta y se basta de verdad a sí misma. Se comprende, no obstante, de inmediato a quién le debe resultar particularmente difícil semejante renuncia: a aquellos que están bien situados en el mundo, a los poderosos, a aquellos que tienen parte en la grandeza y en la riqueza de la tierra. Los pobres, en cambio, son felices no porque su estado, en sí, sea feliz, sino porque reconocen con mayor facilidad que hay algo además del mundo e, iluminados por su miseria, aspiran de una manera más expedita a eso otro (R. Guardini, ll Signore, Milán 1977 [edición española: El Señor, Ediciones Rialp, Madrid 1965]).

 

 

 

Día 19

Viernes de la semana XV del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 38,1-6.21-22.7ss

1 Por aquel tiempo, Ezequías enfermó de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amos, acudió a él y le dijo: -Así dice el Señor: "Arregla los asuntos de tu casa, porque vas a morir inmediatamente".

2 Entonces Ezequías se volvió contra la pared y oró al Señor así:

3 -Acuérdate, Señor, de que he caminado fielmente en tu presencia y de que te he agradado con mi conducta, actuando con rectitud. Y rompió a llorar amargamente.

4 El Señor dijo a Isaías:

5 -Ve y di a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de tu antepasado David: "He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Dentro de tres días subirás al templo del Señor. Alargaré tu vida quince años,   

6 te libraré a ti y a esta ciudad del rey de Asiria y protegeré a esta ciudad".

21 Isaías dijo: -Traed una cataplasma de higos secos y aplicádsela a la llaga; así sanará.

22 Ezequías preguntó:  -Cuál es la señal de que subiré al templo del Señor?

7 Isaías respondió: -Ésta es la señal que el Señor te da como prueba de que cumplirá su palabra:

8 Haré retroceder diez grados las marcas del reloj de Ajaz, la sombra que ya ha avanzado. Y el sol retrocedió diez grados que ya había avanzado.

 

**• Los capítulos 36-39, que cierran el libro atribuido  al primer Isaías, son un añadido posterior llevado a cabo por el redactor después del exilio de Babilonia. Los hechos que allí se narran se remontan a los últimos años  del siglo VIII a. de C, durante el reinado de Ezequías, y están documentados desde el punto de vista histórico tanto por el segundo libro de los Reyes como por textos asirios. El pasaje que examinamos se sitúa en el contexto precedente al asedio que el rey asirio Senaquerib puso a Jerusalén, unos quince años antes de la muerte del rey Ezequías. El relato de la gravísima enfermedad que aqueja al rey y de su curación milagrosa, mediante la intervención de Isaías, pone de relieve la actitud de confianza de Ezequías con Dios y con el profeta, que es reconocido por lo que es: portavoz de YHWH. Por otra parte, emerge el prestigio de Isaías y se exalta el poder que le viene de su fidelidad al mandato profético.

Ezequías reacciona al anuncio de su muerte inminente con una oración que, siguiendo el estilo de los salmos de súplica, apela a la misericordia de Dios. A él le presenta el rey su propia vida, una vida vivida con rectitud, rica en buenas obras; por consiguiente, siguiendo la doctrina de la retribución temporal, cómo es posible que esta vida sea tan breve? La bondad de la oración del rey queda demostrada por el hecho de que es escuchada. Esa escucha se le hace saber por medio del profeta: Ezequías se curará y Jerusalén será liberada.

 

Salmo Responsorial

Tú, Señor, detuviste mi alma para que no pereciese.

Is 38, 10-16.


Yo pensé: <<En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.>>

R/. Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía

Yo pensé: <<Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.>>

R/. Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía

<<Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.>>

R/. Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía

Los que Dios protege viven,
y entre ellos vivirá mi espíritu;
me has curado, me has hecho revivir.

R/. Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía



Evangelio: Mateo 12,1-8

1 En una ocasión, iba Jesús caminando por los sembrados. Era sábado. Sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas.

2 Los fariseos, al verlo, le dijeron: -Te das cuenta de que tus discípulos hacen algo que no está permitido en sábado?

3 Jesús les respondió: -No habéis leído lo que hizo David cuando sintieron hambre él y sus compañeros:

4 cómo entró en el templo de Dios y comió los panes de la ofrenda que ni a él ni a los suyos les estaba permitido comer, sino sólo a los sacerdotes?

5 Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes del templo pueden incumplir el precepto del sábado sin incurrir en culpa?

6 Pues yo os digo que hay aquí alguien más importante que el templo.

7 Si supierais lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios, no condenaríais a los inocentes.

8 Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.

 

**• El evangelista Mateo cuenta en este pasaje una de las numerosas controversias entre Jesús y los fariseos respecto a la observancia del precepto sabático. La Ley mosaica prescribía abstenerse de todo trabajo el día del sábado, aunque fuera particularmente urgente, como las labores del campo en tiempos de aradura y de cosecha (cf. Ex 20,8-11; 31,12-17; 34,21; Lv 23,3; Dt 5,12-15).

La antigua institución del sábado como día de reposo dedicado a Dios, que "descansó el día séptimo de todo lo que había hecho" (Gn 2,2), había tomado una gran importancia durante el exilio de Babilonia y en el período posterior, convirtiéndose, por tanto, en una ley férrea en el judaísmo hasta los tiempos de Jesús. El precepto del sábado, vivido al principio como día de alegría para todos (hombres, libres o esclavos, y animales), en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, y como anticipación del reposo escatológico, en el que toda criatura participará del reposo del mismo Dios {cf. Hb 4,9-11), el precepto del sábado, decíamos, se había transformado en una casuística opresora y vinculante de lo que estaba permitido y lo que estaba prohibido, una casuística en torno a la cual divergían las diferentes escuelas rabínicas.

La afirmación de Jesús "el Hijo del hombre es señor del sábado" (v. 8) tiene un alcance desconcertante. Afirma, en primer lugar, que tiene una autoridad superior a la de Moisés, en virtud de su relación especial con el Dios a quien se quiere honrar observando el precepto del sábado. Él y sólo él  puede establecer lo que es lícito y lo que no lo es. Jesús, revelador del amor del Padre, vuelve a situar al hombre en el centro del verdadero culto: rendir honor a Dios no puede ser separado del estar atentos al hombre, a quien Dios ha creado y ama. En consecuencia, no puede haber conflicto entre la ley religiosa y las exigencias del amor. La historia de Israel, dado que el carácter sagrado de los panes de la ofrenda no impidió a David y a sus hambrientos hombres alimentarse con ellos (w. 3ss), lo confirma.

El Dios misericordioso busca la misericordia y no el sacrificio, como mostrará Jesús poco después curando al hombre de la mano atrofiada (Mt 12,9-13). Si los mismos sacerdotes deben infringir las normas del sábado

para ejercer su ministerio (v. 5), tanto más pasarán éstas a segundo plano frente a las exigencias del amor al hombre, signo imprescindible del amor y de la obediencia al Dios del amor.

 

MEDITATIO

Es fácil intentar encerrar a Dios en un conjunto de reglas religiosas prácticas, que nos pongan en paz la conciencia aquí en la tierra y nos aseguren la vida eterna en el más allá. Es fácil porque da seguridad y ofrece un criterio de juicio inmediato entre lo que es justo y lo que no lo es. Facilita también, por tanto, la aproximación a los otros, que pueden ser etiquetados "objetivamente " como "justos" e "injustos" o como "buenos" y "malos". Como en tiempos de Jesús, se trata de una operación que tiene mucho éxito también hoy, en una época en la que tenemos tanta necesidad de puntos de referencia ciertos, controlables, pero en la que no estamos dispuestos a trabajar para formarnos una conciencia ilustrada, capaz de discernimiento, para aprender a acoger a cada persona en su inconfundible unicidad.

Jesús recuerda a los fariseos de ayer y de hoy que Dios es misericordia y que todo lo que se le ha atribuido o tiene los signos característicos de la misericordia o se le ha atribuido en falso. La Palabra de Dios, que siempre nos interpela de una manera personal, nos incita a proceder a una verificación: es Jesús mi Señor? O me construyo una religión propia, con ídolos y fetiches que -tal vez- tienen una apariencia devota, pero expresan el carácter pagano de mi corazón? Si nos las damos de señores de Dios y de su gracia, si planteamos la relación con él y con el prójimo sobre la base de la medida, siempre mínima, de la ley y del deber, terminaremos por excluir a Dios de la vida, declarándonos, de hecho, señores de nosotros mismos y de los otros, y nos encontraremos en la desnudez y en la necesidad de escondernos como Adán y Eva {cf. Gn 3,8-10). El grito lleno de confianza del rey Ezequías nos sirve de ejemplo: Dios no se deja vencer en generosidad; su misericordia rebosa sobre aquellos que confían en él y están dispuestos a dilatar su corazón a la medida del corazón de Dios.

 

ORATIO

Me confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel. Tú me has creado libre porque deseas mi amor, no mi sometimiento pasivo. Tú ves qué difícil me resulta vivir el don que me has dado: la libertad del amor me da miedo y muchas veces prefiero encerrarme en los angostos espacios de una ley sin corazón, desde cuyo interior emito graves sentencias sobre mis hermanos y me siento poderoso.

Me confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel. Enséñame a olvidar mi despiadada "justicia" para hacerme un poco más semejante a ti y ser "sacramento" de tu misericordia, para los hermanos y hermanas que me des.

 

CONTEMPLATIO

El pueblo infiel, que abandonó los preceptos divinos porque se consideraba rico con aquella ley que no era más que sombra de los bienes futuros, y que hizo un mal uso de las riquezas adquiridas, fue arrancado de la tierra de los seres vivos, desarraigado y expulsado del sagrado tabernáculo. Se consideraba demasiado fuerte, puesto que confiaba en las vanidades humanas, a saber: en la gloria de su poder, en el oro del templo, en los preceptos de los hombres, según lo que había dicho el profeta: "-Me veneran sin razón, enseñando doctrinas y preceptos humanos", y sustituyeron la Ley de Dios por la regla de la costumbre terrena, que ultraja a Dios (Hilario de Poitiers, Tractatus in Psalmum 51, citado en Riccheza e povertá nel cristianesimo primitivo, Roma 1998, p. 159).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Quieres misericordia, oh Señor" (cf Mt 12,7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Jesús, a causa de su amor por los hombres, está en lucha con los fariseos. Qué quieren los fariseos en vez de los beneficios de todo tipo? Prodigios. Más que buenas acciones quisieran obras estrepitosas, obras que impresionen a su inteligencia, sin tender a la conversión de sus corazones. Intentan sustituir el amor de Jesús, que apela a sus posibilidades de generosidad y de amor, por un compromiso entre dos egoísmos, a saber: que Jesús acepte, por una parte, emprender una carrera gloriosa y, por otra, que renuncie a acechar sus comodidades.

Notemos que la vivacidad de las reacciones del Maestro se debe al hecho de que las malas intenciones de sus adversarios tienden a impedirle hacer el bien v a causar daño a aquellos a quienes profesa un afecto particular: los inválidos y menos favorecidos por la vida. Cuando algunos fariseos reprochan a los discípulos que arrancan espigas en día de sábado, interviene Jesús para justificar su acción: "El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Porque el Hijo del hombre también es señor del sábado".

Al dar esta respuesta a los sofismas que le planteaban, Jesús afirma no sólo su propia soberanía, que le permite hacer el bien en sábado, sino también el significado de esta soberanía. El sábado ha sido hecho para el hombre, y, puesto que el Mesías ha recibido todo poder sobre la humanidad, es señor de todo lo que ha sido puesto al servicio de los hombres, en especial del sábado. Es el amor a los hombres lo que rige todo, y a causa de este amor se enfrenta a los fariseos: Jesús quiere que el sábado, que había sido convertido en una institución importuna destinada a provocar oposiciones, sirva para testimoniar la bondad divina (J. Galot, // cuore di Cristo, Milán 1992).

 

 

Día 20

Sábado de la semana XV del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Miqueas 2,1-5

1 !Ay de aquellos que planean maldad, que traman el mal en sus lechos y en cuanto es de día lo ejecutan porque tienen poder para ello!

2 Codician campos y los roban; casas, y se apoderan de ellas; oprimen al cabeza de familia y a todos los suyos, al dueño y a su heredad.

3 Por eso, así dice el Señor: También yo planeo un mal contra esa gente despreciable, un mal del que no podréis apartar vuestro cuello; no podréis ir más con la cabeza erguida, porque serán tiempos de desgracia.

4 Ese día os dedicarán este proverbio y os entonarán esta elegía: "Estamos totalmente arruinados: se reparten la heredad de mi pueblo, cómo es que se me quita? Los que nos han conquistado han sorteado nuestros campos".

5 Así que no tendrás a nadie que sortee los lotes en la asamblea del Señor.

 

*• La actividad del profeta Miqueas se sitúa en el contexto social y religioso del Reino de Judá, en la segunda mitad del siglo VIII a. de C. Miqueas, casi contemporáneo del primer Isaías, denuncia la idolatría y las injusticias sociales cometidas por los jefes del pueblo (corte real, sacerdotes, profetas), a las que se ha visto sometida toda la población. El justo juicio de Dios no tardará y el castigo será inevitable, puesto que han abandonado la fidelidad a la alianza. Con todo, al castigo le seguirá la rehabilitación, y a la destrucción la promesa de una nueva fecundidad a partir del pequeño grupo de aquellos que, en medio de tanta iniquidad, han conservado íntegra la fe en YHWH.

El oráculo que constituye el presente texto litúrgico es una invectiva contra aquellos que, ya ricos, recurren a todo para acaparar cada vez más, usurpando casas y terrenos a sus legítimos propietarios y reduciendo a esclavitud a estos últimos. Se presenta a los acaparadores enteramente ocupados en sus lechos en tramar proyectos perversos que ejecutan en cuanto amanece el día, gracias a su poder económico (v. 1). En este estado de cosas, en el que unos pocos ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres son cada vez más numerosos e indigentes, se levanta la voz del profeta, que proclama el juicio de Dios: del mismo modo que los poderosos traman sus acciones inicuas (v. la), así también trama el Señor el castigo (v. 3b), del que no podrán huir y que será justo sobre la base de la ley del talión (cf. Dt 19,21). Aquellos que, privando a los otros de sus legítimas posesiones y reduciéndolos a esclavitud, los excluyen de hecho de la participación en la promesa de la tierra dada por Dios para siempre, serán hechos esclavos y dejarán de tener tierra. Miqueas expresa ese grave castigo con la metáfora del yugo: del mismo modo que el yugo impide a los hombres esclavos o prisioneros y a los animales levantar la cabeza, así también el grave castigo de Dios sólo permitirá caminar a los malvados con la cabeza inclinada.

En el v. 4 el profeta pone en boca de los acaparadores castigados un canto que explica su destino: despojados de los bienes por los enemigos, que en este contexto son casi seguro los asidos, ven repartidas entre los invasores aquellas tierras cuya propiedad ya no pueden volver a adquirir. Ironías del destino: a ellos, que tramaban todos los modos posibles para enriquecerse, no les tocará ni siquiera un pedazo de la Tierra prometida.

 

 

Salmo Responsorial

No te olvides de los humildes, Señor

Salmo 9,22-23.24-25.28-29.35

¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado.
R/.
No te olvides de los humildes, Señor

El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas.»
R/. No te olvides de los humildes, Señor

Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al acecho
para matar a escondidas al inocente.
R/.
No te olvides de los humildes, Señor

Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al huérfano.
R/.
No te olvides de los humildes, Señor

 

 

Evangelio: Mateo 12,14-21

En aquel tiempo,

12 los fariseos, al salir, se pusieron a planear el modo de acabar con él.

15 Jesús lo supo y se alejó de allí. Le siguieron muchos y los curó a todos,

16 advirtiéndoles que no dijeran que había sido él.

17 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías:

18 Éste es mi siervo, a quien elegí; mi amado, en quien me complazco; derramaré mi espíritu sobre él y anunciará el derecho a las naciones.

19 No disputará, ni gritará; no se oirá en las plazas su voz.

20 No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que apenas arde, hasta que haga triunfar la justicia.

21 En él pondrán las naciones su esperanza.

 

**• El hecho de haber contravenido la ley sobre el reposo sabático acarrea a Jesús el complot de los fariseos.

Éstos formulan el propósito (por vez primera, según la narración de Mateo) de matarlo. Jesús reacciona continuando en otro lugar su actividad taumatúrgica y cura a todos los que le siguen, sin excepción. Estas curaciones, en el contexto del milagro que acaba de realizar (cf. Mt 12,10-13), dan razón del amor misericordioso de Dios, que Jesús ha venido a anunciar y que constituye el centro y el sentido de su ministerio. Mateo ve realizada aquí la profecía de Is 42,1-4, en la que se presenta la figura del Siervo de YHWH. Este, elegido y enviado por Dios, que lo ha colmado de su Espíritu, llevará a cabo la misión de hacer conocer a todos los pueblos la verdadera relación entre Dios y los hombres. El estilo del Siervo, sencillo y discreto, ajeno al conflicto y al clamor, atento a valorar toda posibilidad de vida, ha sido plenamente realizado por Jesús, que se acaba de declarar "sencillo y humilde de corazón" (Mt 11,29) y pide que se guarde silencio sobre su obrar {cf. Mt 12,16).

Una vez más, el evangelista Mateo, comentando los acontecimientos de la vida de Jesús a la luz del Antiguo Testamento, recuerda que éste representa el cumplimiento de la revelación veterotestamentaria; ayuda a interpretar el acontecimiento-Jesús y a comprender su significado; presenta en Jesús el modelo de obediencia a la Palabra del Padre.

 

MEDITATIO

Quien más tiene, más quisiera tener. Se trata de un viejo dicho acuñado por la constatación de lo insaciable que se muestra el instinto de posesión. Es de una trágica actualidad el imperio de la ley de la prepotencia de los que son más fuertes desde el punto de vista económico.

Los estragos que la codicia de unos pocos realiza a expensas de muchos se perpetran cada día, en todos los puntos del globo. El dinero se muestra como un arma aún más letal que los mecanismos explosivos, cuando se usa exclusivamente en provecho nuestro. Hiere al hombre en su existencia física, aunque también en la psíquica y espiritual. Por dinero la gente está dispuesta a todo, y pisotea afectos y valores éticos. Y es que el dinero, si se convierte en el fin de la vida, no admite rivales.

Quien le dedica su misma persona no puede conocer ningún tú, sólo el yo. Por eso dijo Jesús que o escogemos a Dios o escogemos la lógica del dinero, no hay posibilidad de compromiso. Jesús, como vemos, se decidió por el primer miembro de la alternativa y está en relación constante con el del Padre y con el de los hermanos. Lo demuestra mostrando su preferencia sólo por los abandonados, a los que socorre con una atención especial. Sin estrépito ni clamores en la plaza, sin campañas publicitarias ni sofisticados medios de persuasión; más aún, con tono distendido, aunque seguro, y con palabras verdaderas y coherentes, se va difundiendo el anuncio evangélico del amor de Dios gracias a cualquiera que renuncie a la lógica del atropello, por poco o muy explícita que sea. La esperanza abre en quien la acoge unos horizontes luminosos.

 

ORATIO

Oh Dios, que has otorgado privilegio a los medios humildes, perdóname cuando sonrío de manera irónica a quien intenta seguirte en tu misma opción y cuando, por mi parte, no desdeño la violencia. Oh Dios, que te hiciste pobre, perdóname cuando pienso y digo que, de todos modos, es preciso arreglárselas y cualquier medio es bueno. Oh Dios, que te has inclinado sobre todo germen de vida y le has dado valor, perdóname cuando, sin remordimiento, pisoteo los derechos de mi hermano, de quien sé que no he de temer reacciones de venganza. Oh Dios, que te has mostrado atento a todos, perdóname cuando busco sólo lo que me conviene, sin preocuparme de los otros.

 

CONTEMPLATIO

Dice el avaro: "A quién hago mal reteniendo los bienes que me pertenecen?". Mas qué bienes son los que te pertenecen? De dónde te han venido?

Te pareces a un hombre que entró en un teatro y quería impedir la entrada a los otros para gozar él solo del espectáculo al que todos tienen derecho.

Así son los ricos: acaparan los bienes de la sociedad y después sostienen que son ellos los dueños de los mismos por el simple motivo de haber sido los primeros en cogerlos.

Si cada uno retuviera únicamente lo que le sirve para las necesidades normales y dejase lo restante a los indigentes, desaparecerían la riqueza y la pobreza.

No saliste desnudo del vientre de tu madre? No estarás de nuevo desnudo cuando vuelvas al polvo? De dónde crees que te han venido estos bienes?

Quizás me respondas: "Del azar". Entonces careces de fe, porque no piensas en tu Creador, y te muestras ingrato con aquel que ha llenado tus manos de dinero. O bien admitas que son dones de Dios. Entonces explícame por qué ha sido cautivada tanta riqueza precisamente por ti.

Se la debes acaso a la "injusticia" de un Dios que reparte de manera desigual los bienes de la vida? Por qué eres tú rico mientras otro es pobre? En lo que a ti respecta, eres rico sólo para que con amor y desinterés administres esos bienes para los otros.

Resulta inconcebible que tú tengas el dinero bajo la campana de vidrio de una insaciable avaricia y pienses que no haces daño a nadie excluyendo de él a una multitud de desdichados.

Quién es el avaro? El que no se contenta con lo necesario. Y quién es el ladrón? El que priva a los demás de sus bienes. No eres tú un avaro? No eres tú un ladrón?

Aquellos bienes, cuya administración únicamente te había sido confiada, los has cogido para ti.

A quien asalta a un hombre en el camino y le quita los vestidos le llaman salteador. Y quien no cubre la desnudez del pordiosero, siendo que podía hacerlo, no merece un nombre diferente.

Pertenece al hambriento el pan que guardas en tu cocina. Al hombre desnudo, el manto que está en tu armario. Al que no tiene zapatos, el par que se estropea en tu casa. Al hombre que no tiene dinero, el que tienes escondido. Por eso, en vez de ayudar a la gente, eres un explotador. (Basilio de Cesárea, "Cuando el rico es un ladrón", citado en El buen uso del dinero, DDB, Bilbao 1995, pp. 57-59).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú eres justo, Señor" (cf. Miq 2,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La Iglesia no es un organismo político. Ahora bien, el rechazo de una función específicamente política no puede hacer olvidar el ansia de justicia y de fraternidad y el estímulo encaminado a actuar de manera concreta: no podemos invocar a Dios como Padre si no intentamos construir de modo eficaz la fraternidad en medio de los hombres.

El discurso religioso se hace inevitablemente social. Y fue precisamente esta experiencia eclesial la que puso en marcha en mí la reflexión crítica sobre la situación social. que reina en el mundo y, de modo particular, en nuestro sistema democrático occidental, por lo menos tal como se ha venido realizando hasta ahora. Las enormes ciudades del Tercer Mundo, donde, en torno a una zona central de riqueza y dinamismo, crecen cinturones de miseria y de subdesarrollo, la situación de colonialismo económico (no menos grave quizás que el colonialismo político de otros tiempos) en el que son mantenidos los países en vías de desarrollo, hacen dudar de la sinceridad del interés y de la contribución que los pueblos más desarrollados desde el punto de vista industrial ofrecen a los otros pueblos. Y por encima de todo esto, las naciones de las grandes democracias que se sostienen sobre la explotación de otros pueblos son cristianas. Aparece así la paradoja de un cristianismo que parece alimentar la discriminación y la explotación de los pueblos, mientras que el anticristianismo se convierte en la bandera de las legítimas aspiraciones a la igualdad y a la participación. La realidad del mundo pobre, subdesarrollado, explotado, es una crítica viviente a la parcialidad y al egoísmo de nuestros proyectos de desarrollo y se convierte en una contestación dramática de nuestro cristianismo abstracto e individualista (L. Bettazzi, Farsi uomo. Confesshn! di un vescovo, Turín 1977).

 

 

Día 21

Domingo XVI del tiempo ordinario

 

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 23,1-6

1 !Ay de los pastores que extravían y dispersan el rebaño de mi pasto! Oráculo del Señor.

2 Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mi rebaño, lo habéis ahuyentado sin ocuparos de él. Pero yo me voy a ocupar ahora de vosotros, oráculo del Señor, y castigaré vuestras malas acciones.

3 Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países por donde las dispersé y las traeré a sus praderas, donde crecerán y se multiplicarán.

4 Pondré sobre ellas pastores que las apacentarán; no temerán ni se amedrentarán, ni volverá a faltar ninguna. Oráculo del Señor.

5 He aquí que vienen días, oráculo del Señor, en que yo suscitaré a David un descendiente legítimo, que reinará con sabiduría, que practicará el derecho y la justicia en esta tierra.

6 En sus días se salvará Judá, e Israel vivirá en paz. Y le llamarán así: "El Señor, nuestra salvación".

 

**• El presente oráculo forma parte de una colección de denuncias y amenazas dirigidas a los últimos reyes de Juda (cf. Jr 21ss) y a los falsos profetas (cf. Jr 23,9-40).

Tanto el rey como sus ministros, a quienes incumbía el deber de guiar al pueblo y ayudarle a vivir en fidelidad a la alianza, se han desinteresado de las personas a ellos confiadas, las han hecho alejarse, desorientándolas, y, en consecuencia, les han causado la muerte.

Esas acciones malvadas no quedarán sin castigo, declara Jeremías (vv. 1). De ahí que el profeta anuncie un cambio radical de situación: YHWH mismo asumirá la guía del pueblo. Lo reunirá y le dará seguridad y tranquilidad, que son las condiciones para su desarrollo (v. 3); pondrá a su cabeza a quien lo cuide y lo protegerá de las insidias (v. 4).

El oráculo se abre, por consiguiente, a perspectivas mesiánicas, con la presentación del personaje indicado como "descendiente de David", un soberano cuya suprema sabiduría y justicia constituyen los atributos principales del descendiente davídico vaticinado (cf. Is 9,5ss) y esperado como verdadero rey del pueblo reunido (cf. Ez 37,15-28).

La salvación que se llevará a cabo por su mediación está compendiada en el nombre con el que será aclamado: "El Señor, nuestra salvación" (vv. 5ss). Por tanto, pondrá en práctica la salvación de Dios o bien obrará de manera conforme a su voluntad.



Salmo responsorial
El Señor es mi pastor, nada me falta

Salmo 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas  una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.



Segunda lectura: Efesios 2,13-18

Hermanos:

13 Ahora, en cambio, por Cristo Jesús y gracias a su muerte, los que antes estabais lejos os habéis acercado.

14 Porque Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba.

15 Él ha anulado en su propia carne la ley, con sus preceptos y sus normas. Él ha creado en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad, restableciendo la paz.

16 Él ha reconciliado a los dos pueblos con Dios, uniéndolos en un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad.

17 Su venida ha traído la buena noticia de la paz: paz para vosotros, los que estabais lejos, y paz también para los que estaban cerca,

18 porque gracias a él unos y otros, unidos en un solo Espíritu, tenemos acceso al Padre.

 

**• El apóstol Pablo, tras haber hablado del designio salvífico establecido por el Padre en Cristo (cf. Ef 1,3-14), invita a los destinatarios de la carta -cristianos procedentes del paganismo- a que tomen conciencia de que también ellos están llamados a participar en él, y eso por puro don de Dios (cf. 2,4-5.8). Por tanto, les exhorta a recordar su situación inicial (2,1 lss) y, siendo conscientes de lo que les ha acaecido (2,13-18: el fragmento de hoy), a que caigan en la cuenta de su nueva condición (2,19-22).

El fragmento litúrgico de hoy presenta precisamente la consecuencia del acontecimiento salvífico para los creyentes: la muerte de Jesús les ha permitido acercarse a Dios (v. 13), de quien estaban alejados, dado que por ser paganos no le conocían (cf. v. 12). Éste es el acontecimiento fundamental, gracias al cual judíos y paganos, separados de hecho por la mentalidad y por el culto, excluyéndose recíprocamente y desconfiando los unos de los otros, se han convertido en un solo pueblo por ser miembros del único cuerpo de Cristo, prototipo de la humanidad nueva (v. 14). Jesús, con su encarnación-muerte-glorificación, ha reconciliado a todos con el Padre, ha eliminado la pesada casuística de la ley judía que señalaba la línea de aislamiento de los judíos con respecto a todos los demás pueblos, ha proclamado a todos la paz, la plenitud de todo bien que es él mismo, y lo puede gozar todo el que acoja su don (vv. 15-17).

Judíos y paganos, no ya divididos, sino formando parte del mismo pueblo de Dios que es la Iglesia, han accedido al Padre y están animados por el único y misino Espíritu (v. 18).

 

Evangelio: Marcos 6,30-34

En aquel tiempo,

30 los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

31 Él les dijo: -Venid vosotros solos a un lugar solitario, para descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían que no tenían ni tiempo para comer.

32 Se fueron en la barca, ellos solos, a un lugar despoblado.

33 Pero los vieron marchar y muchos los reconocieron y corrieron allá, a pie, de todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos.

34 Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

 

**• De vuelta de la misión, los discípulos se reúnen en torno a Jesús y le informan sobre la actividad que han desarrollado. A ejemplo suyo han realizado obras (curaciones, exorcismos) y han enseñado (v. 30). La invitación que les dirige Jesús a retirarse a un lugar solitario,  alejado de la muchedumbre, calca las retiradas nocturnas del Maestro después de sus intensas jornadas (cf. Me 1,35), pero introduce asimismo el contexto del episodio que viene a continuación: la multiplicación de los panes (6,35-44). La muchedumbre llega incluso antes que la barca de los discípulos a la orilla a donde se dirigía y se presenta a la mirada de Jesús como un rebaño perdido por carecer de pastor (v. 34a).

Esta imagen, que ya es clásica en la Biblia para designar al pueblo de Dios, sugiere que él, Jesús, es el verdadero pastor: él es quien asume directamente la guía del rebaño descuidado por los que estaban encargados de apacentarlo. Su conmoción es la misma de YHWH, bueno y piadoso (Ex 34,6), cuyas vísceras se estremecen de ternura por Israel. Jesús es guía del pueblo antes que nada por la Palabra que introduce en la comprensión del misterio del Reino: "Se puso a enseñarles muchas cosas" (v. 34b).

 

MEDITATIO

En nuestro tiempo rechazamos, como si de una esclavitud se tratara, la adhesión a la Verdad revelada, pero estamos dispuestos a hacernos servidores del "mito" de turno. Sentimos como algo opresivo la obediencia a la autoridad, pero nos hacemos servilmente súbditos del líder de moda. Invocamos la libertad individual y a continuación, paradójicamente, no conseguimos vivir sin formar parte de un rebaño. Qué es lo que persiguen estos líderes en realidad? A favor de quién juega su situación de preeminencia?

Es preciso que nos lo preguntemos para no acabar dispersados, desbandados, explotados, instrumentalizados, sometidos al deseo personal de poder de alguien.

Hoy como ayer, el verdadero ejercicio del poder es servicio, y quien lo posee es guía auténtico para los otros, en la medida en que está dispuesto a dar la vida por ellos, a "padecer-con" ellos.

 

ORATIO

Hoy te pido, Señor, por los poderosos de este mundo, por los hombres de gobierno, por todos los que con títulos distintos tienen la responsabilidad de guiar a otras personas. Ayúdales a vivir su tarea como servicio a los demás: que no les engañen con discursos demagógicos, que no les decepcionen con promesas imposibles de cumplir, que no les exploten haciéndoles creer que obran por el bien de todos.

Concédeles tu Espíritu para que aprendan de ti el respeto, la atención, la participación en las verdaderas necesidades de la gente.

Ayuda también a los que no están comprometidos a plena jornada en una tarea directa, política o social, a no quedarse tranquilos, a no asumir actitudes de delegación pasiva, sino a brindar su propia contribución competente y solidaria.

 

CONTEMPLATIO

Yo soy el buen Pastor. Es evidente que el oficio de pastor compete a Cristo, pues, de la misma manera que el rebaño es guiado y alimentado por el pastor, así Cristo alimenta a los fieles espiritualmente y también con su cuerpo y su sangre. Andabais descarriados como ovejas -dice el apóstol-, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas. Pero ya que Cristo, por una parte, afirma que el pastor entra por la puerta, ya que en otro lugar dice que él es la puerta y aquí añade que él es el pastor, debe concluirse de todo ello que Cristo entra por sí mismo. Y es cierto que Cristo entra por sí mismo, pues él se manifiesta a sí mismo y por sí mismo conoce al Padre.

Nosotros, en cambio, entramos por él, pues es por él que alcanzamos la felicidad. Pero fíjate bien: nadie que no sea él es puerta, porque nadie sino él es luz verdadera, a no ser por participación: No era él - e s decir, Juan Bautista- la luz, sino testigo de la luz. De Cristo, en cambio, se dice: Era la luz  verdadera, que alumbra a todo hombre. Por ello, de nadie puede decirse que sea puerta; esta cualidad Cristo se la reservó para sí; el oficio, en cambio, de pastor lo dio también a otros y quiso que lo tuvieran sus miembros: por ello, Pedro fue pastor, y pastores fueron también los otros apóstoles, y son pastores todos los buenos obispos. Os daré -dice la Escritura- pastores a mi gusto. Pero aunque los prelados de la Iglesia, que también son hijos, sean todos llamados pastores, sin embargo, el Señor dice en singular: Yo soy el buen Pastor. Con ello quiere estimularlos a la caridad, insinuándoles que nadie puede ser buen pastor si no llega a ser una sola cosa con Cristo por la caridad y se convierte en miembro del verdadero pastor.

El deber del buen pastor es la caridad; por eso dice: El buen pastor da la vida por las ovejas. Conviene, pues, distinguir entre el buen pastor y el mal pastor: el buen pastor es aquel que busca el bien de sus ovejas; en cambio, el mal pastor es el que persigue su propio bien. A los pastores que apacientan rebaños de ovejas no se les exige exponer su propia vida a la muerte por el bien de su rebaño, pero, en cambio, el pastor espiritual sí que debe renunciar a su vida corporal ante el peligro de sus ovejas, porque la salvación espiritual del rebaño es de más precio que la vida corporal del pastor. Es esto precisamente lo que afirma el Señor: El buen pastor da la vida - la vida del cuerpo- por las ovejas, es decir, por las que son suyas por razón de su autoridad y de su amor. Ambas cosas se requieren: que las ovejas le pertenezcan y que las ame, pues lo primero sin lo segundo no sería suficiente.

De este proceder Cristo nos dio ejemplo: Si Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos (Tomás de Aquino, Comentario sobre el evangelio de san Juan, 10).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú eres, Señor, el guía de tu pueblo" (cf. Jr 23,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Queridos pastores:

El Señor os pedirá un día cuentas de si el espíritu que ha animado vuestro compromiso político ha sido el del servicio o el del selfservice. Comprended lo que significa todo esto. "Haz camino a los pobres sin hacerte camino", escribía don Milani a su amigo Fabbrini. Pero cuántas veces dais la impresión de que, si no precisamente vuestro cálculo personal, sí al menos el de una parte prevalece sobre el de la comunidad. De otro modo, no se explicarían tantas luchas hasta la última gota de sangre. Cuando esas luchas tienen en su origen la carcoma del beneficio y el virus del interés, merecen un solo nombre: sacrilegio. Y es entonces cuando debería resonaros como una condena el lamento del Señor: "Sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor" (Mc 6,34)

    Queridos amigos, creo que las cosas cambiarían mucho en nuestras ciudades si cada uno se aplicara a sí mismo las palabras que Jesús atribuía a su persona: "Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; no como el asalariado, que ni es verdadero pastor ni propietario de las ovejas. Este, cuando ve venir al lobo, las abandona y huye. Y el lobo hace presa en ellas y las dispersa. El asalariado se porta así porque trabaja únicamente por la paga y no tiene interés por las ovejas" (Jn 10, 11-13). !Ánimo!

Escuchad lo que decía el alcalde La Pira a los concejales de Florencia el 24 de septiembre de 1954: "Tenéis respecto a mí un solo derecho: el de negarme la confianza. Pero no tenéis derecho a decirme: Señor alcalde, no se interese por las criaturas que no tienen trabajo (despedidos o desocupados), ni casa (desahuciados), ni asistencia (viejos, enfermos, niños)... Ése es mi deber fundamental. Si hay alguien que sufre, tengo yo un deber concreto: intervenir como sea, con toda la sagacidad que sugiere el amor y suministra la ley, a fin de que ese sufrimiento sea disminuido o aliviado. No existe otra norma de conducta para un alcalde en general y para un alcalde cristiano en particular (A. Bello, Vegliare nella notte, Milán 1995).

 

Día 22

Lunes de la semana XVI del Tiempo ordinario o 22 de julio,

Santa María Magdalena  

María, tal vez natural de Magdala, una pequeña aldea situada a orillas del lago de Genesaret, es una de las mujeres de las que atestigua el evangelio que sirvieron y siguieron a Jesús durante su vida pública. De ella se dice asimismo que, liberada de la opresión demoníaca, fue fiel al Maestro hasta los pies de la cruz y más allá... Mientras permanecía llorando ante el  sepulcro vacío de su Señor, oyó que el Resucitado la llamaba por su nombre, y se convirtió en su primer testigo; fue enviada, en efecto, por él a anunciar a los hermanos la victoria pascual de Cristo.

LECTIO

Primera lectura: Cantar de los cantares 3,1-4a

1 En mi lecho, por la noche, busqué al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré.

2 Me levanté, recorrí la ciudad, las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré.

3 Me encontraron los centinelas que rondaban por la ciudad: "Habéis visto al amor de mi alna?".

4 Pero apenas los había dejado, encontré al amor de mi alma.

 

**• Al asumir el Cantar de los cantares en el canon de los libros inspirados, Israel -y después la Iglesia- reconoció no sólo la consagración del amor entre el hombre y la mujer, sino mucho más: la expresión simbólica del amor de Dios por su pueblo. También el alma sedienta de Dios conoce las largas noches de su silencio, de su incomprensible ausencia, que la purifican de aquello que daba ahora por descontado, de toda satisfacción reductora (v. 1).

En la inquietud se despierta el deseo del Señor y se vuelve búsqueda apasionada, vital (2a). Es menester perseverar en esta tensión (v. 2b), pedir humildemente ayuda y consejo (v. 3) y, después, ir más allá, en la conciencia de que Dios puede orientarnos a él. Entonces, él mismo se hará presente a quien no se canse de buscarlo en la noche con corazón ardiente (v. 4).

 

 

Salmo Responsorial

Mi alma está sedienta de ti, Dios mío.

Salmo 62

 

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

!Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

 

 

Evangelio: Juan 20,1-11-18

1 El domingo por la mañana, muy temprano, antes de salir el sol, María Magdalena se presentó en el sepulcro. Cuando vio que había sido rodada la piedra que tapaba la entrada.

11 María, en cambio, se quedó allí, junto al sepulcro, llorando. Sin dejar de llorar, volvió a asomarse al sepulcro.

12 Entonces vio dos ángeles, vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, u n o a la cabecera y otro a los pies.

13 Los ángeles le preguntaron: -Mujer, por qué lloras? Ella contestó: -Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.

14 Dicho esto, se volvió hacia atrás y entonces vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

15 Jesús le preguntó: -Mujer, por qué lloras? A quién estás buscando? Ella, creyendo que era el jardinero, le contestó: -Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo misma iré a recogerlo.

16 Entonces Jesús la llamó por su nombre: -!María! Ella se acercó a él y exclamó en arameo: -\Rabbonü (que quiere decir "Maestro").

17 Jesús le dijo: -No me retengas más, porque todavía no he subido a mi

Padre; anda, vete y diles a mis hermanos que voy a mi Padre, que es vuestro Padre; a mi Dios, que es vuestro Dios.

18 María Magdalena se fue corriendo adonde estaban los discípulos y les anunció: -He visto al Señor. Y les contó lo que Jesús le había dicho.

 

*" El amor de María de Magdala no muere bajo la cruz. Jesús le había devuelto la vida en plenitud y desde aquel momento ella había vivido para él (cf. Lc 8,2).

Tras la hora trágica del Viernes Santo, María permanece fiel a aquella entrega absoluta, obstinadamente consagrada a la búsqueda de Aquel a quien ama. Nada puede apartarla de su objetivo: ni siquiera el  descubrimiento de la tumba vacía.

Esta mujer es figura de la Iglesia-esposa y de toda alma que busca a Cristo y no tiene otra cosa para ofrecer que las lágrimas del amor. El Señor se deja encontrar por quien le busca de este modo. Resucitado y vivo, se acerca a quien sabe permanecer en la soledad junto al misterio incomprensible (v. 1 la). Sin embargo, sólo podemos reconocerle cuando nos llama por nuestro nombre y nos hace sentir que nos conoce hasta el fondo.

Este mismo conocimiento de amor no está destinado a una satisfacción personal, sino que es un don que nos hace testigos ante los hermanos a fin de llevar a todos el anuncio pascual (v. 17ss), la alegría verdadera, una vida nueva transfigurada por el encuentro con el Señor.

 

MEDITATIO

Como toda figura evangélica, también María Magdalena es tipo del discípulo de Cristo. En ella vemos el luminoso testimonio de quien, perseverando en la búsqueda de Dios, aunque sea en la oscuridad  de la fe y en la prueba de la esperanza, encuentra por fin a Aquel a quien ama o, mejor aún, es encontrado por él.

En efecto, Cristo, el buen pastor, es desde siempre el primero en buscarnos y permanece esperándonos. Espera que el deseo del corazón se purifique, se vuelva ardiente y consuma con su fuego toda la escoria que hay en nosotros. Espera que nuestros ojos se vuelvan capaces de reconocerle en quien nos rodea, y nos vuelva atentos a su voz, una voz que siempre nos llama por nuestro nombre. También nosotros, como María Magdalena, exultaremos de alegría ante su presencia, que nunca es asible, sino poseída o prevista. Sólo quien ha conocido la larga noche de la espera y del deseo puede convertirse en testigo creíble entre los hermanos de una fe que no es vana.

 

ORATIO

Santa María Magdalena, viniste a Cristo, fuente de misericordia, derramando muchas lágrimas: tenías una sed ardiente de él y fuiste abundantemente saciada. Fue él quien, siendo pecadora, te justificó; fue él quien, en tu dolor tan amargo, te consoló dulcemente. Ardiente enamorada de Dios, en mi timidez, vengo a implorarte a ti, que eres bienaventurada; yo, que vivo en mi oscuridad, a ti, que eres luminosa; yo, que soy pecador, a ti, que has sido justificada: acuérdate, en tu bondad, de lo que fuiste y de la necesidad de misericordia que tuviste. Obtenme la compunción del ánimo puro, las lágrimas de la humildad, el deseo de la patria celestial. Me sirve de ayuda la familiaridad de vida que tuviste y sigues teniendo aún con la fuente de la misericordia. Hazme llegar a ella, a fin de que pueda lavar mis pecados; dame de beber de ella, para que quede saciada mi sed (Anselmo de Canterbury, Orazioni e meditazioni, Milán 1997, pp. 381-383, passim).

 

CONTEMPLATIO

María ha buscado, aunque en vano. Sin embargo, no se da por vencida y acaba encontrando: su esfuerzo se ve coronado al fin por el éxito.

En qué momentos buscamos al Amado? Le buscamos en las noches [...]. Por qué llega Dios así, con retraso? Para permitirnos estrecharlo con más fuerza en el momento de su venida. El deseo no es auténtico si el tiempo consigue debilitarlo. Demuestra poseer un amor ardiente quien desiste del compromiso sólo cuando ha obtenido la victoria.

El ser que no busca el rostro del Creador permanece insensible, triste y frío. Quien desea ardientemente buscar a aquel a quien ama vive de u n ardiente amor; la falta de su Señor le vuelve inquieto, y las alegrías que ayer encantaban a su espíritu, hoy le parecen odiosas. La herrumbre del pecado se disuelve y su espíritu, encendido como oro, recupera en la llama el esplendor que el tiempo había ofuscado (Gregorio Magno, Homilías sobre el Evangelio XXV, 2-5, passim).

 

ACTIO

Repite y vive a menudo hoy estas palabras: "Si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura" (2 Cor 5,17).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

"A quién buscas?" La pregunta de Jesús resucitado a María de Magdala puede sorprendernos también a nosotros cada mañana y a cada hora de nuestra vida. Eres capaz de decir a quién buscas de verdad? En efecto, no siempre está claro que buscamos a Jesús, al Señor. No siempre aquel a quien queremos encontrar es precisamente aquel que quiere entregarse a nosotros.

María buscaba al hombre Jesús, buscaba al Maestro crucificado, por eso no veía a Jesús el Viviente delante de ella. Si tenemos una idea de Jesús a la medida de nuestra pequeña mente humana, nuestra búsqueda acaba en un callejón sin salida. Jesús es siempre inmensamente más que lo que nosotros conseguimos pensar y desear. Dónde, pues, y cómo buscar al Señor para salir del túnel de nuestros extravíos y de nuestros miedos, para no engañarnos dando vueltas alrededor de nosotros mismos en vez de correr derechos hacia él? Sólo sí antes tenemos una verdadera y justa valoración de nosotros mismos como criaturas pobres podremos descubrir la presencia de aquel que lo sostiene todo. Aquel a quien buscamos debe ser verdaderamente el todo al que anhela adherirse nuestra alma. Buscar a Cristo es signo de que, en cierto modo, ya le hemos encontrado, pero encontrar a Cristo es un estímulo para continuar buscándolo.

Esta actitud no se plantea sólo al comienzo del camino espiritual, sino que lo acompaña hasta la última meta, puesto que la búsqueda del rostro del Señor es su dato esencial. Conocer a aquel por quien somos conocidos: eso es lo indispensable. El itinerario del conocimiento de Cristo coincide con el mismo itinerario de la fe y del amor. El yo debe aprender a callar y a escuchar; el corazón debe aprender el camino del exilio para alejarse de todo cuanto lo mantiene apegado a sus viejos / tristes amores (A. M. Cánopi, Nel mistero della gratuita, Milán 1998, p. 21 ss).

 

 

Día 23

Martes de la semana XVI del Tiempo ordinario,

Santa Brígida

          Patrona de Europa. Santa Brígida, religiosa, nacida en Suecia, que contrajo matrimonio con el noble Ulfo, del que tuvo ocho hijos, a los cuales educó piadosamente, consiguiendo al mismo tiempo con sus consejos y con su ejemplo que su esposo llevase una vida de piedad. Muerto éste, peregrinó a muchos santuarios y dejó varios escritos, en los que habla de la necesidad de reforma tanto de la cabeza como de los miembros de la Iglesia. Puestos los fundamentos de la Orden del Santísimo Salvador, en Roma pasó de este mundo al cielo.

LECTIO

Primera lectura: Gal 2, 19-20

19 En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado:

20 y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

            En el capítulo 2 de la carta a los Gálatas, Pablo vuelve a insistir en la importancia del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y la forma en que somos justificados delante de Dios. Repite que la justificación viene por la fe en Cristo, y no por cumplir las obras de la ley, ya que no hay nadie que pueda cumplir por si solo las obras de la ley.

            Pablo enfatiza que una vez que somos justificados por la fe en Cristo, creyendo en El, en lo que hizo en la cruz, debemos morir también a nosotros mismos hasta poder declarar: “Ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mi”. Y ahora la vida que tenemos en la carne lo hacemos por la fe en el Hijo de Dios, reconociendo su gran amor, por el cual se entregó por nosotros. Fuimos comprados a precio de sangre, ahora le pertenecemos y debemos vivir por El y para El.

            Pablo reconoce que es por gracia que hemos sido salvados, porque si fuera por cumplir la ley pues entonces Cristo murió en vano.

 

Salmo Responsorial

Gustad y ved qué bueno es el Señor

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9:

    

Bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloria en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren.  

  R.  Gustad y ved qué bueno es el Señor

Proclamad conmigo la misericordia del Señor,

ensalcemos juntos su nombre.

Yo consulté al Señor y me respondió,

me libró de todas mis ansias.

  R.  Gustad y ved qué bueno es el Señor

Contempladlo y quedaréis radiantes,

vuestro rostro no se avergonzará.

Si el afligido invoca al Señor,

él lo escucha y lo salva de sus angustias.  

  R.  Gustad y ved qué bueno es el Señor

El ángel del Señor acampa  en torno a sus fieles y los protege.

Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.  

  R.  Gustad y ved qué bueno es el Señor

 

 

Evangelio: Juan 15,1-8

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre, el viñador.

2 Él corta todos los sarmientos que no dan fruto en mí y limpia los que dan fruto para que den más.

3 Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he dicho.

4 Seguid unidos a mí, que yo lo seguiré estando con vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos a mí.

5 Yo soy la vid; vosotros, los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo en él, da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.

6 Al que no está unido a mí se le echa fuera, como a los sarmientos, que se amontonan, se secan y se les prende fuego para que se quemen.

7 Si estáis unidos a mí y mis enseñanzas permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y se os concederá.

8 Mi Padre es glorificado si dais mucho fruto y sois mis discípulos.

 

**• La imagen de la viña/vid está muy presente en la Biblia para designar a Israel en cuanto pueblo elegido y cuidado amorosamente por Dios. Con esta alegoría, Jesús afirma que él es la verdadera vid, es decir, que el verdadero pueblo de Dios ya no es Israel, sino la nueva comunidad que él funda en medio del mundo para expandirse.

La pertenencia a ese pueblo de Dios ya no depende de una herencia, sino de la participación de la vida de Jesús. Los sarmientos no tienen vida propia ni pueden dar fruto sin savia. El discípulo y la comunidad carecen de vitalidad, y serán estériles si no están unidos a Jesús y reciben de él su Espíritu vivificador.

 

MEDITATIO

No es difícil ver, si miramos alrededor, cuántas relaciones superficiales existen. Y no sólo las de "conveniencia", en las que apenas se intercambian el saludo o dos palabras sobre el tiempo o sobre el partido de fútbol, sino también en otras que son fundamentales: entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre personas que comparten una misma opción religiosa, existencia!...

Vemos relaciones sin raíces profundas, que terminan. Y estaría bien que nos preguntáramos por qué resulta tan difícil embarcarse en un compromiso que dure toda la vida. La Palabra del Señor nos propone hoy que miremos dentro de nuestro corazón, que lo toquemos, que verifiquemos la disponibilidad que tiene para hacer un esfuerzo e ir más allá de la superficialidad; también en nuestra relación con el Señor. De manera diferente, nos escapa el sentido de lo que vivimos, y puede pasarnos que seamos como los judíos, que, por no mostrarse disponibles a comprometerse a fondo con el Señor, rechazaban su amor vivificante por cultos de muerte.

Resulta paradójico, pero tal vez no alejado de nuestra experiencia, que -estando hambrientos de amor- no veamos a Dios, que es amor, y no escuchemos en serio su Palabra; que -estando desorientados por el vacío y la falta de sentido del vivir- cerremos los ojos y los oídos frente a quien nos da testimonio de Dios como verdad y como vida. Toquemos nuestro corazón: todavía estamos a tiempo de convertirnos.

 

ORATIO

Es verdad, Señor, a veces soy precisamente un holgazán. El empleo de productos de todo tipo "listos para usar" me ha acostumbrado al "todo fácil", al "todo enseguida", y me he convencido de que también en las cosas del espíritu funcionan las cosas así. Confieso, Señor, que he preferido las muchas palabras brillantes, aunque inconsistentes, proclamadas por el charlatán de turno, a tus palabras, duras de comprender, pero vivificantes.

También yo he pensado que la fe en ti era una baratija infantil, una baratija que hemos de conservar en el desván, metida en el baúl de los viejos recuerdos...

Perdóname, Señor, no he comprendido nada. Sostén en mí el deseo de convertirme a ti: necesito unos ojos limpiados por la fe y unos oídos que no se confundan entre tantos sonidos, sino que sepan distinguir tu voz.

Necesito sobre todo, Señor, un corazón disponible para acoger la verdad sobre ti y la verdad sobre mí, dispuesto a amar y suficientemente humilde para dejarse amar como tú quieres amarlo. Lo necesito y sé que tú estás dispuesto desde hace mucho tiempo a darme todo esto: sólo estás esperando mi "sí". Entonces podré correr y calmar mi sed ardiente no en los "aljibes" de la moda y del mercado, sino en la "fuente de agua viva" de tu Palabra y de tus sacramentos. Y tal vez, si yo voy, también otros vendrán conmigo.

 

CONTEMPLATIO

Oh, si tú, Dios misericordioso y Señor piadoso, te dignaras llamarme a la fuente para que también yo, junto con todos los que tienen sed de ti, pudiera beber del agua viva que mana de ti, fuente de agua viva. Oh Señor, tú mismo eres esa fuente eternamente deseable, en la que continuamente debemos beber y de la que siempre tendremos sed. Danos siempre, oh Cristo Señor, esta agua viva que brota para la vida eterna. Tú lo eres todo para nosotros: nuestra vida, nuestra luz, nuestra salvación, nuestro alimento, nuestra bebida, nuestro Dios. Te ruego, oh Jesús nuestro, que inspires nuestros corazones con el soplo de tu Espíritu y que traspases con tu amor nuestras almas, para que cada uno de nosotros pueda decir con toda verdad: "Hazme conocer a aquel que ama mi alma" (cf. Cant 1,6); estoy herido, en efecto, por tu amor (Columbano, Instrucción XIII sobre Cristo fuente de vida, 2ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que mis ojos vean, y que oigan mis oídos".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

"Volviéndose después a los discípulos, les dijo en privado: "Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis"" (Lc 10,23).

Una bienaventuranza que, sin embargo, ni siquiera a los discípulos les sirvió de mucho. Y es que, aunque fueron testigos oculares de las maravillas del Reino, y fueron compañeros de Cristo y compartieron con él los días y fueron comensales suyos, a pesar de todo se ha escrito de ellos que -todos- al final le abandonaron y le traicionaron. Con eso está dicho lo difícil que resulta ser coherente y creer de verdad y aceptar a Cristo. Una bienaventuranza que yo, por ejemplo, pienso que me podría ser atribuida con gran dificultad.

Es cierto, la pregunta es sólo una: Ha sido creído Jesús alguna vez en serio? Quién le ha acogido?

"Dichosos los ojos que ven...". No, esos ojos no eran dichosos, porque "no veían". !Si al menos fueran bienaventurados nuestros ojos! !Y decir que nosotros vemos, que sabemos! Estamos convencidos de que no hay otras respuestas a estas benditas cuestiones eternas: por qué sufrir, por qué morir, cómo salvarnos, qué hacer para tener la vida. Estamos convencidos de que él es la respuesta que todos buscan, la razón por la que vale la pena luchar. No, nuestros ojos no son dichosos. Ni siquiera vemos el mal mortal que nos causamos con nuestras propias manos.

Está escrito que no es con la dialéctica como Dios quiere salvar al hombre. Puedo hacer el más bello discurso religioso, pero si no tengo fe no me ayuda en nada. Más aún, si no tengo ni fe ni amor tampoco sirve de nada: dado que el amor es el signo supremo de la fe, el signo verdadero en el que creo (D. M. Turoldo, Anche Dios é inte/ice, Cásale M. 1991).

 

 

Día 24

Miércoles de la semana XVI del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 1,1.4-10

1 Palabras de Jeremías, hijo de Jelcías, uno de los sacerdotes residentes en Anatot, en tierra de Benjamín.

4 El Señor me habló así:

5 Antes de formarte en el vientre te conocí; antes de que salieras del seno te consagré, te constituí profeta de las naciones.

6 Yo dije: !Ah, Señor, mira, que no sé hablar, pues soy un niño!

7 Y el Señor me respondió: No digas: "Soy un niño", porque irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene.

8 No les tengas miedo, pues yo estoy contigo para librarte, oráculo del Señor.

9 Entonces el Señor alargó su mano, tocó mi boca y me dijo: "Mira, pongo mis palabras en tu boca:

10 en este día te doy autoridad sobre naciones y reinos, para arrancar y arrasar, para destruir y derribar, para edificar y plantar".

 

**• Comienza la lectura de los pasajes tomados del libro del profeta Jeremías. Éste, de una familia sacerdotal que moraba no lejos de Jerusalén, desarrolló su ministerio profético durante el período más dramático de la historia del Reino de Judá: el que va desde el intento reformador del rey Josías a la toma de Jerusalén, con la consiguiente deportación a Babilonia (aproximadamente, 526-587 a. de C).

Si bien no es posible la reconstrucción cronológica exacta de la vida de Jeremías, conocemos, no obstante, mucho de su trabajo interior y de su conciencia del ministerio profético que le había sido confiado, gracias a las páginas autobiográficas e introspectivas que se alternan, en el libro, con los oráculos y las narraciones.

La vida misma del profeta tiene valor de oráculo: es palabra viva dirigida por Dios a su pueblo, a fin de que se enmiende y vuelva a caminar por sus sendas. El relato de la vocación del profeta, que abre el libro y constituye el fragmento litúrgico de hoy, presenta elementos fundamentales característicos de su ministerio.

La Palabra del Señor -central en la experiencia religiosa y profética- llega a Jeremías y lo llama a una profunda y comprometida relación con ella (w. 4-9), habilitándolo para ser servidor autorizado de la misma, más allá de sus propias capacidades reconocidas (v. 6).

Jeremías no deberá temer ni la dura oposición ni la lucha que sostendrá para anunciar la Palabra de Dios: el Señor, que lo ama desde siempre, lo custodia, lo ha elegido (v. 5), lo sostendrá siempre y lo protegerá en su ardua misión (w. 7ss). Se trata de una misión que no puede contar con el favor de los destinatarios, puesto que Jeremías estará obligado a anunciar, sobre todo, amenazas y castigos (v. lOcd; cf. capítulos 2-25; 46-51), tras los cuales será posible la reconstrucción (v. lOe; cf. capítulos 30-33).

 

Salmo Responsorial

Mi boca contará tu salvación, Señor

Salmo 70

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame.
R/. Mi boca contará tu salvación, Señor

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa.
R/.
Mi boca contará tu salvación, Señor

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías.
R/.
Mi boca contará tu salvación, Señor

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.
R/.
Mi boca contará tu salvación, Señor

 

 

Evangelio: Mateo 13,1-9

1 Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago.

2 Se reunió en torno a él mucha gente, tanta que subió a una barca y se sentó, mientras la gente estaba de pie en la orilla.

3 Y les expuso muchas cosas por medio de parábolas. Decía: -Salió el sembrador a sembrar.

4 Al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino, pero vinieron las aves y se la comieron.

5 Parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó en seguida porque la tierra era poco profunda,

6 pero cuando salió el sol se agostó y se secó porque no tenía raíz.

7 Parte cayó entre cardos, pero éstos crecieron y la ahogaron.

8 Finalmente, otra parte cayó en tierra buena y dio fruto: un grano dio cien, otro sesenta, otro treinta.

9 El que tenga oídos para oír que oiga.

 

**- En el capítulo 13 de Mateo encontramos siete parábolas que tienen como objeto el misterio del Reino de Dios. El evangelista sitúa este discurso -el tercero de los cinco con que estructura la predicación de Jesús- detrás de la crisis originada por el conflicto que, poco a poco, se ha ido agudizando entre Jesús, por una parte, y los fariseos y los maestros de la Ley, por otra. Un conflicto condensado en torno a las cuestiones de la observancia del sábado y del origen del poder taumatúrgico de Jesús (cf. Mt 12,1-14.22-32).

Con la primera parábola propuesta en el fragmento litúrgico de hoy, llama Jesús la atención sobre una imagen bien conocida de la gente a la que está hablando, y que revela algo de su misma persona en relación con la Palabra que es él y que ha venido a anunciar. Así como el "sembrador" palestino esparce la semilla en la tierra sin escatimar, así también proclama Jesús la Palabra del Padre a todos, sin distinciones y sin reservas. Es Palabra de vida y ha sido enviado por el Padre para que todos "tengan la vida en abundancia" (cf. Jn 10,10). Ahora bien, del mismo modo que la semilla corre una suerte distinta según el terreno en el que cae, así también la Palabra recibe una acogida diferente según la disponibilidad del corazón de quien la escucha: la experiencia de la predicación realizada por Jesús hasta ahora lo confirma.

El relato de la parábola presenta una conclusión sorprendente, que es, a continuación, su mensaje central: el terreno fértil produce una cosecha abundantísima, más allá de cualquier expectativa razonable. De modo semejante ocurre con la Palabra anunciada por Jesús, que, aunque no despierta el interés esperado e incluso encuentra oposición, tendrá una fecundidad extraordinaria, cosa comprensible sólo por quien tiene fe, por quien reconoce en el Evangelio de Jesús la voluntad del Padre y está dispuesto a acogerla y ponerla en práctica (cf. Mt 12,50).

 

MEDITATIO

En virtud de nuestra propia experiencia sabemos la gran importancia que tiene la palabra: a través de ella tomamos conciencia de ser personas humanas, comunicamos lo que pensamos y sentimos, recibimos, a nuestra vez, la comunicación del otro, entramos en contacto con el patrimonio cultural del pasado, conocemos mundos alejados del nuestro... Nuestra misma experiencia de la fe pone en el centro la palabra, desde el mismo momento en que Dios, el inefable, se ha hecho Palabra para que nosotros pudiéramos entrar en relación con él. Ha aceptado los límites de la palabra humana a fin de "decirse" y revelarse de un modo comprensible para nosotros. Se ha hecho tan cercano a nuestra experiencia cotidiana que podemos terminar por confundir su voz con el rumor de la charla confusa y bulliciosa o con el estruendo de decenas de decibelios que marca nuestra "cultura" del ruido. El Señor sigue viniendo hoy a nuestro encuentro dirigiéndonos la Palabra a cada uno de nosotros de manera personal. Y es que incluso cuando Dios habla a la muchedumbre tiene presente a la persona, con su verdad individual.

Todos y cada uno de nosotros somos conocidos, amados, elegidos -de modo semejante a Jeremías-. Cada uno de nosotros es objeto de confianza, como el campo en el que el sembrador esparce la semilla sin parsimonia.

A todos y a cada uno de nosotros le repite la invitación a la amistad, a la familiaridad confidente con él. Tal vez prefiramos considerar todo esto como algo imposible porque intuimos que acoger la propuesta de Dios es comprometedor: exige que nos dejemos transformar por esa misma Palabra y nos convirtamos en "palabra" para los otros. Dios se compromete el primero y nos dice: "No temas, yo estaré contigo". Su presencia garantiza la abundancia del fruto.

 

ORATIO

Me conmueve, Señor, tu ternura conmigo, la confianza que me demuestras y con la que me acompañas desde el primer momento en que empecé a existir. Me vienen a la mente las palabras del salmista: "Tú conoces lo profundo de mi ser, nada mío te era desconocido cuando me iba formando en lo oculto y tejiendo en las honduras de la tierra" (Sal 139,14-15). Gracias, Señor, por tanta atención: ése es tu estilo, tu modo de obrar. Ayúdame a no olvidarlo cuando, frente a ciertos acontecimientos de la vida, reacciono denunciando tu ausencia o incluso sintiéndote hostil.

Me tienes en tanta estima que me has llamado para colaborar contigo. Me confías lo más precioso que tienes, la Palabra, que está al comienzo de todo: de la creación, de la redención, de la santificación. Perdóname, te lo ruego, la superficialidad con que me pongo ante tu don y ante la misión que me propones. Perdóname las incertidumbres y las resistencias. Éstas expresan que vivo más replegado en mí mismo que "capturado" en mi corazón por la gran benevolencia que me muestras.

 

CONTEMPLATIO

Imita a la tierra, oh hombre, y produce también tú tus frutos para no ser inferior a las cosas materiales. La tierra produce frutos, pero no puede gozarlos y los produce para tu beneficio. Tú, en cambio, puedes recoger para tu propio beneficio todo lo que vas produciendo. Si has dado al hambriento, se vuelve tuyo todo lo que le has dado; más aún: vuelve a ti incrementado. En efecto, del mismo modo que el trigo que cae en tierra actúa en beneficio de aquel que lo ha sembrado, así también el pan dado al hambriento reporta muchos beneficios.

Que lo que constituye su fin para la agricultura sea, pues, para ti el criterio de la siembra espiritual. Tú no conoces más que una frase: "No tengo nada y no puedo dar nada, porque no tengo bienes". En efecto, eres verdaderamente pobre; es más, estás privado de todo verdadero bien. Eres pobre de amor, pobre de humanidad, pobre de fe en Dios, pobre de esperanza en las realidades eternas. Muéstrate activo en el bien. Entonces te aprobará Dios, te alabarán los ángeles, te proclamarán bienaventurado todos los hombres que han existido desde la creación del mundo en adelante (Basilio Magno, Homilía sobre la caridad 3, 6, en PG 266-267.275).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú me conoces, oh Dios, y me amas desde siempre" (cf. Jr 1,5).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

"Entré en aquella capilla por casualidad, sin angustias metafísicas, sin inquietudes, sin problemas personales, sin disgustos amorosos: no era yo más que un ateo tranquilo, marxista, un !oven despreocupado y un poco superficial que tenía en su programa aquella noche un encuentro galante", me contó también a mí. "Salí de allí diez minutos después, tan sorprendido de encontrarme de repente católico como lo hubiera estado si me hubiera descubierto jirafa o cebra a la salida del zoo. Precisamente porque sabía que nadie me habría creído, callé durante más de treinta años, trabajé duro para hacerme un nombre como periodista y escritor y poder esperar así no ser tomado por loco cuando hubiera pagado mi deuda: contar lo que me había sucedido". Para algunos, este hombre [André Frossard] es un problema; para otros, un enigma: un periodista de éxito, uno de los más conocidos y temidos de Francia, que sale con un libro en el que anuncia, con una seguridad inexpugnable, que Dios es una evidencia, un hecho, una Persona encontrada de manera inesperada por el camino [...].

"La Cosa" tuvo lugar en Sudamérica, en un congreso: una caída sobre el borde de cemento de una piscina, una fractura, la larguísima espera de socorro. [Louis Pawels] añade: "Estaba solo, todos habían vuelto al albergue para la comida. Mientras me desplomaba en tierra, sentí que no estaba cayendo por casualidad: advertí con claridad que "Alguien" me había empujado. Y lo había hecho para decirme "algo". Yacía abandonado sobre el cemento, fracturado. El dolor era lancinante; sin embargo, me invadió una inmensa, una inexplicable alegría.

Cuando, por fin, acudió alguien y me llevaron en camilla, mi cuerpo estaba herido, pero mi alma exultaba. Era como si aconteciera el nacimiento de Cristo para mí, en aquel mismo momento: era mi Navidad, una Navidad en septiembre. Por vez primera en mi vida, conocí la alegría" (V. Messori, Inchiesta sul crístianesimo, Turín 1987).

 

 

Día 25

Jueves de la semana XVI del Tiempo ordinario o 25 de julio,

Santiago apóstol   

Santiago, llamado "el mayor", era hijo de Zebedeo y de Salomé (Mc 15,40; Mt 27,56) y hermano mayor de Juan el evangelista. Junto con él fue llamado entre los primeros discípulos de Jesús, y siempre se le cita entre los tres primeros apóstoles en el Nuevo Testamento.

Fue testigo privilegiado de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,37), de la transfiguración de Jesús (Mt 17,1) y de la agonía de Jesús en Getsemaní (Mt 26,37). Fue decapitado hacia el año 44, en tiempos de Herodes Agripa, en los días de la Pascua (Hch 12,1-3). 

 

LECTIO

Primera lectura: Hechos de los apóstoles 4,33.5.12.27b-33; 12,1b

En aquellos días, los apóstoles datan testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los trajeron y los condujeron a presencia del consejo, y el sumo sacerdote los interrogó: -No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.

         Pedro y los apóstoles replicaron: -Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. "El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero". "La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el perdón de los pecados". Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen. Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos, y el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan.  

 

*+• La primera lectura de la solemnidad de Santiago, patrón de España, presenta a nuestra consideración la idea del testimonio de la resurrección de Jesús por parte de los apóstoles. Este testimonio, mandato expreso del Señor, no puede ser encadenado por ninguna instancia humana, porque el testigo debe obedecer a Dios antes que a los hombres. Y puede hacerlo gracias al Espíritu Santo, "que Dios da a los que le obedecen". Esta obediencia llevó a Santiago a derramar su sangre, corroborando con ello su testimonio, su "martirio".

 

Salmo Responsorial

Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Salmo 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.


Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.


Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.


Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.


La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.



 

Segunda lectura: 2 Corintios 4,7-15

Hermanos:

7 este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros.

8 Nos acosan por todas partes, pero no estamos abatidos; nos encontramos en apuros, pero no desesperados;

9 somos perseguidos, pero no quedamos a merced del peligro; nos derriban, pero no llegan a rematarnos.

10 Por todas partes vamos llevando en el cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

11 Porque nosotros, mientras vivimos, estamos siempre expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

12 Así que en nosotros actúa la muerte, y en vosotros, en cambio, la vida.

13 Pero como tenemos aquel mismo espíritu de fe del que dice la Escritura: Creí y por eso hablé, también nosotros creemos, y por eso hablamos,

14 sabiendo que el que ha resucitado a Jesús, el Señor, nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos dará un puesto junto a él en compañía de vosotros.

15 Porque todo esto es para vuestro bien; para que la gracia, difundida abundantemente en muchos, haga crecer la acción de gracias para gloria de Dios.

 

*" El mensaje central de esta segunda lectura podríamos resumirlo de este modo: "Por todas partes vamos llevando en el cuerpo la muerte de Jesús" (v. 10a). Lo que Pablo dice por experiencia directa, lo aplica literalmente la liturgia al apóstol cuya solemnidad celebramos hoy: de Jesús a Pablo y de Pablo a Santiago, y así sucesivamente, se va creando, a lo largo de la historia, la cadena de los testigos o, mejor aún, de los "mártires" en sentido propio.

Puede decir que lleva la muerte de Jesús en su propio cuerpo no sólo quien recibe la gracia excepcional de derramar la sangre por amor a Cristo y a los hermanos, sino también quien, día tras día, vive con seriedad y serenidad la radicalidad evangélica. Quien realiza esta experiencia puede hablar en nombre de Jesús, puede decir que es siervo del Evangelio por lo que anuncia, pero sobre todo por lo que hace y por cómo vive: "Creí y por eso hablé" (v. 13).

La palabra de los testigos no sólo es significativa, sino también eficaz: precisamente porque tiene la elocuencia de la experiencia vivida, de la sangre derramada, del martirio padecido.

 

Evangelio: Mateo 20,20-28

En aquel tiempo,

20 la madre de los Zebedeos se acercó a Jesús con sus hijos y se arrodilló para pedirle un favor.

21 Él le preguntó: -Qué quieres? Ella contestó: -Manda que estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando tú reines.

22 Jesús respondió: -No sabéis lo que pedís. Podéis beber la copa de amargura que yo he de beber? Ellos dijeron: -Sí, podemos.

23 Jesús les respondió: -Beberéis mi copa, pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes lo ha reservado mi Padre.

24 Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.

25 Pero Jesús los llamó y les dijo: -Sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que los magnates las oprimen.

26 No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser importante entre vosotros, sea vuestro servidor,

27 y el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo.

28 De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos.

 

*•• Mateo nos refiere en esta página de su evangelio, tal vez con una sutil ironía, la petición que la madre de los Zebedeos -Juan y Santiago- presentó a Jesús. Si bien estamos dispuestos a mostrarnos un tanto indulgentes con la madre, lo estamos ciertamente un poco menos con los dos hermanos, que con una excesiva rapidez se declaran dispuestos a compartir con Jesús el cáliz, la copa, que ha de beber. Afortunadamente, Jesús sabe cambiar en bien lo que, humanamente hablando, podría parecer fruto de la intemperancia y de la precipitación.

El discurso se convierte de hipotético en profético: Jesús predice la muerte que Santiago padecerá por su fidelidad radical al Maestro y al Evangelio.

Y no sólo esto, sino que de este diálogo -que, por otra parte, suscita el desdén de los otros apóstoles- extrae Jesús también una lección de humildad para todos los que quieran seguirle por el camino del Evangelio. La grandeza de los discípulos de Jesús puede y debe ser valorada con unidades de medida bastante diferentes a las que conoce el mundo. En la escuela de Jesús se aprende a subvertir la escala de valores y a considerar válido sólo lo que lo es a los ojos de Dios. Precisamente, según

el ejemplo que nos dejó Jesús: siendo rico, se hizo pobre; aun siendo Señor, se hizo siervo-esclavo; siendo maestro, aprendió a obedecer al Padre; siendo sacerdote, se hizo víctima por amor.

 

MEDITATIO

"El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos" (Mt 20,28). Es más que lícito que nos preguntemos qué psicología brota de una afirmación autobiográfica como ésta, y la respuesta no puede ser equívoca. Estamos frente a un gran don que Jesús ha hecho a sus discípulos de ayer y de hoy, ofreciéndoles la posibilidad de penetrar en su corazón de Hijo inmolado por amor, en su espiritualidad de Cordero inmolado en rescate de los hermanos.

Todo esto es lo que se expresa mediante la metáfora del "servicio", un término que ha de ser bien entendido: hemos de rescatarlo de todo tipo de servilismo, de toda abdicación pasiva a la propia libertad, y hemos de inscribirlo en el horizonte de una total expropiación personal y de una entrega completa de nosotros mismos al Padre. La luz de esta afirmación de Jesús se difunde, obviamente, por todo el Evangelio.

Jesús, sin embargo, se presenta también como siervo "de muchos", a saber: de todos los que el Padre le ha confiado como hermanos, oprimidos por el pecado, pero abiertos al don de la liberación. El cáliz de la pasión, que Jesús acepta libremente de manos del Padre, sólo espera ser saboreado también por aquellos por los que el Maestro de Nazaret lo bebió hasta las heces.

 

ORATIO

Tu ley, Señor Jesús, es el signo de tu realeza: tú nos quieres obedientes porque sólo a través de la obediencia -como tú mismo demostraste- se llega a rey.

Tu ejemplo, Señor Jesús, manifiesta tu profunda identidad de Hijo: Hijo de Dios Padre que vive y expresa siempre su propia sumisión en su plena disponibilidad.

Tu Palabra, Señor Jesús, ilumina nuestro camino: el que tú nos muestras no vale sólo para ti, sino también para todos los que, libremente, te han elegido como maestro y te siguen con alegría por el camino del Evangelio.

Tu martirio, Señor Jesús, lo fuiste viviendo en cada momento de tu vida: quien ha aprendido a conocerte a través de las páginas evangélicas sabe que, para ti, ser siervo significaba vivir del todo para Dios y del todo para los hermanos. Ésta es la "ley real" de la que habla el apóstol Santiago en su carta.

 

CONTEMPLATIO

El objetivo de los dos discípulos [Juan y Santiago] es obtener el primado respecto a los otros apóstoles. [...] Os dais cuenta de cómo todos los apóstoles son aún imperfectos? Tanto los dos que quieren elevarse sobre los diez como los diez que tienen envidia de ellos. Ahora bien, fijémonos en cómo se comportan a continuación y les veremos exentos de todas estas pasiones. [...]

Santiago no sobrevivirá mucho tiempo. En efecto, poco después del descenso del Espíritu Santo, llegará su fervor a tal extremo que, dejando de lado todo interés terreno, llegará a una virtud tan elevada que morirá inmediatamente (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, Roma 1967, pp. 98 y 99ss).

 

ACTIO

Repite y medita a menudo durante el día estas palabras: "El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir" (Mt 20,28).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Las fiestas de los santos proponen ejemplos oportunos a la imitación de los fieles. A esta función de ejemplaridad ha querido unir siempre la Iglesia el reconocimiento de la intercesión de los santos en favor de sus hermanos los hombres. Éste es el motivo por el que, desde siempre, ha aceptado y fomentado gustosa la designación de determinados santos como patronos para los diversos pueblos.

La liturgia de la misa de Santiago, patrono de España, no hace sino corroborar esta misma idea. Santiago, que "bebió el cáliz del Señor y se hizo amigo de Dios", fue siempre, junto con su hermano Juan y con Pedro, uno de los apóstoles que gozó de las mayores intimidades de Jesús. Y si bien su acción en el evangelio no adquiere el relieve de la de los otros dos predilectos, fue él quien primero selló con su propia sangre la entrega al Señor y a la predicación de su doctrina. Esta misma acción, tras su muerte, es reconocida por nosotros en favor de "los pueblos de España", precisamente como respuesta a su elección como patrono. Pero, al mismo tiempo que reconocemos gustosos su acción en el pasado, pedimos de cara al futuro que, así como  él mantuvo su entrega plena a Jesús hasta el sacrificio de su propia vida, así también, "por el patrocinio de Santiago, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos" (http://sagradaramiliadevigo.net).

 

 

 

 

Día 26

Viernes de la semana XVI del Tiempo ordinario o 26 de julio,

San Joaquín y santa Ana  

El evangelio apócrifo de Santiago (siglo II) reconstruye, siguiendo la filigrana bíblica de la historia de Ana, madre de Samuel (cf. 1 Sm 1,1 -28), el acontecer de los padres de la Virgen María: Joaquín, anciano sacerdote del Templo de Jerusalén, y su mujer, Ana. Estos, después de una aparición angélica, concibieron a la futura Madre del Redentor, a la que ofrecerán más tarde en el Templo (cf. 21 de noviembre). De ninguno de ellos se dice nada en los evangelios canónicos.

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 3,14-17

14 Volved, hijos apóstatas, oráculo del Señor, porque yo soy vuestro dueño. Tomaré uno por ciudad y dos por familia y os conduciré a Sión.

15 Os daré pastores que sean fíeles a mí, y os pastorearán con inteligencia y sabiduría.

16 Y cuando hayáis crecido y os hayáis multiplicado en esta tierra, oráculo del Señor, no se hablará más del arca de la alianza del Señor. No se pensará más en ella ni se la mencionará, no se echará de menos ni se hará otra.

17 Entonces llamarán a Jerusalén "Trono del Señor", todas las naciones se reunirán en ella, en el nombre del Señor, y abandonarán los proyectos de su corazón obstinado.

 

*•• Después de las palabras de reprensión por el pecado de idolatría, he aquí la exhortación a convertirse dirigida por el profeta a sus contemporáneos. "Volved": es la palabra-clave de la invitación al cambio de vida. Este último implicará, antes que nada, el reconocimiento de YHWH como único Señor, como verdadero guía del pueblo.

Los reyes y los jefes, sus representantes, actuarán entonces de manera responsable, de acuerdo con su voluntad manifestada en la ley sinaítica (w. 14ss). A la exhortación le sigue la promesa de un futuro aún más espléndido que el pasado antes anhelado (cf. Jr 2,2ss), en el que Dios será el único rey de Jerusalén. Su presencia hará superflua la del arca de la alianza, cuya desaparición nadie echará de menos. El reconocimiento de la soberanía de Dios unirá a todos los pueblos, que, perdida la dureza de corazón, seguirán su voluntad y no sus propios proyectos (w. 16ss).

 

Salmo Responsorial

El  Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

Jer 31, 10-13.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño.»

R/. El  Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

«Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.

R/. El  Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas.

R/. El  Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

 

Evangelio: Mateo 13,18-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

18 Así pues, escuchad vosotros lo que significa la parábola del sembrador.

19 Hay quien oye el mensaje del Reino, pero no lo entiende; viene el maligno y le arrebata lo sembrado en su corazón. Éste es como la semilla que cayó al borde del camino.

20 La semilla que cayó en terreno pedregoso es como el que oye el mensaje y lo recibe en seguida con alegría,

21 pero no tiene raíz en sí mismo, es inconstante y, al llegar la tribulación o la persecución a causa del mensaje, en seguida sucumbe.

22 La semilla que cayó entre cardos es como el que oye el mensaje, pero las preocupaciones del mundo y la seducción del dinero asfixian el mensaje y queda sin fruto.

23 En fin, la semilla que cayó en tierra buena es como el que oye el mensaje y lo entiende; éste da fruto, sea ciento, sesenta o treinta.

 

**• La explicación de la parábola del sembrador desplaza la atención desde aquel que esparce la semilla a las causas de su diferente recepción. Al explicitar la comparación, se pasa de la constatación del resultado, combatido aunque a fin de cuentas sorprendente, de la predicación del Reino de Dios por parte de Jesús y de los continuadores de su obra, a la consideración de los motivos que llevan a los oyentes a cerrarse o abrirse al anuncio y, por consiguiente, a la conversión.

El evangelista, releyendo la parábola de manera alegórica, pone de manifiesto que el fondo de la dureza de corazón es obra del maligno, del que es mentiroso desde el principio (cf. 1 Jn 2,22; 3,8). El hombre secunda esa obra cuando vive de modo que no permite a la Palabra de Jesús arraigar en su vida. De esta forma, distrae fácilmente su atención de ella y deja que los sufrimientos, las incomprensiones, las riquezas, ocupen todo el espacio de su corazón y de su mente. Da frutos abundantes, por el contrario, quien es dócil a la Palabra de Jesús: figura entre los "bienaventurados" (Mt 13,16) a los que ha sido revelado el misterio del Reino; figura entre los "pequeños" en los que se complace el Padre y a los que introduce en la comunión trinitaria (cf. Mt 11,25-27).

 

MEDITATIO

Joaquín y Ana eran justos y estaban limpios de toda mancha de pecado; llevaban una vida piadosa; llevaban, por consiguiente, ante Dios y ante los hombres, una conducta inocente, inmune de calumnia y llena de piedad.

Se mostraban celosos en la oración, en el ayuno y en la abstinencia, devotos a la ley; formaban una familia asidua al Templo, llena de caridad, incansable en el trabajo y, en consecuencia, muy rica en bienes. Dividían en tres partes el rendimiento anual de sus fatigas: destinaban la primera parte al Templo de Dios, a los sacerdotes ministros del Templo; la segunda parte la dividían entre los pobres y los indigentes; la tercera parte era para ellos, para la familia y para los huéspedes. Habían regulado su vida de este modo en todo, y habían vivido juntos piadosamente, dedicándose a las buenas obras durante veinte años. No tenían hijos, puesto que el seno de Ana estaba cerrado por la esterilidad. Convenía, en efecto, a la madre, y a aquella que fue el inicio de los prodigios, nacer prodigiosamente de un seno estéril, como la misma María debía traer al mundo, de una manera prodigiosa y virginal, al Verbo de Dios, y elevarse desde el escalón inferior de la esterilidad al superior del parto virginal (Sinaxario di Ter Israel, texto de la Iglesia armenia que se remonta al siglo XIII, en Testi mariani del primo millennio, Roma 1991, IV, pp. 636ss).

 

ORATIO

Y Ana entonó un cántico al Señor Dios, diciendo: Elevaré un himno al Señor, mi Dios, porque me ha visitado (cf. Gn 21,1), y ha alejado de mí los ultrajes de mis enemigos, y me ha dado un fruto de su justicia (Prov 11,30) a la vez uno y múltiple ante Él.

Quién anunciará a los hijos de Rubén que Ana amamanta a un hijo? Sabed, sabed, vosotras, las doce tribus de Israel, que Ana amamanta a un hijo (Cántico de Ana, del Protoevangelio de Santiago).

 

CONTEMPLATIO

Sobre los padres de la Virgen María se posaron la bendición y la gracia celestial. Éstas salieron de los justos y fueron transmitidas a través de las generaciones hasta posarse en María, la cual recibió el misterio.

El justo Joaquín y Ana, su mujer, estaban tristes porque no habían tenido hijos. Sin embargo, Dios se mostró benévolo con ellos, acogió su súplica y les dio una hija amada y bendita.

Joaquín oraba ante Dios, pidiéndole una prole que consolara su vejez: "Señor, que diste esperanza a Abrahán y después de cien años le concediste un heredero de la promesa, no prives mi vejez de un fruto, sino bendíceme con la bendición de Abrahán; todo es fácil, en efecto, a tu voluntad" (de un texto antiguo de la Iglesia siro-oriental).

 

ACTIO

Repite y medita durante el día este proverbio bíblico: "El fruto del justo es un árbol de vida" (Prov 11,30).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La figura de santa Ana nos recuerda la casa paterna de María, Madre de Cristo. Allí vino María al mundo, llevando en ella el misterio extraordinario de la inmaculada concepción. Allí estaba rodeada del amor y de la solicitud de sus padres: Joaquín y Ana. Allí "aprendía" de su madre, precisamente de santa Ana, cómo ser madre. Y aunque, desde el punto de vista humano,

María había renunciado a la maternidad, el Padre celestial, aceptando su entrega total, la agració con la maternidad más perfecta y más santa. Cristo, desde lo alto de la cruz, transfirió en cierto sentido la maternidad de su madre a su discípulo predilecto, e igualmente a toda la Iglesia, a todos los hombres.

Cuando, como "herederos de la promesa divina" [cf. Gal 4,28.31), nos encontremos en el radio de la maternidad de María, y cuando experimentemos su santa profundidad y plenitud, pensemos que fue precisamente santa Ana la primera en enseñar a María, su hija, cómo ser madre. "Ana" significa en hebreo: Dios "ha mostrado su gracia". Reflexionando sobre este significado del nombre de santa Ana, exclamaba así san Juan Damasceno: "Ya que estaba determinado que la Virgen María, Madre de Dios, nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación" (Juan Pablo II, Discursos, diciembre de 1978).

 

 

Día 27

Sábado de la semana XVI del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 7,1-11

1 El Señor dirigió esta palabra a Jeremías:

2 -Ponte a la puerta del templo y proclama esta palabra: Escuchad la Palabra del Señor, vosotros todos, hombres de Judá, que entráis por estas puertas para adorar al Señor.

3 Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones y os permitiré habitar en este lugar.

4 No os fiéis de palabras engañosas repitiendo: "!El templo del Señor! !El templo del Señor! !El templo del Señor!"

5 Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si practicáis la justicia unos con otros,

6 si no oprimís al emigrante, al huérfano y a la viuda; si no derramáis en este lugar sangre inocente, si no seguís a otros dioses para vuestra desgracia,

7 entonces yo os dejaré vivir en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde antiguo y para siempre.

8 Pero vosotros os fiáis de palabras engañosas que no sirven para nada.

9 No podéis robar, matar, cometer adulterio, jurar en falso, incensar a Baal, correr tras otros dioses que no conocéis,

10 y luego venir a presentaros ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: "Estamos seguros", y seguir cometiendo las mismas abominaciones.

11 Acaso tomáis este templo consagrado a mi nombre por una cueva de ladrones? !Muy bien, pues yo también lo miraré así! Oráculo del Señor.

 

*+ La Palabra del Señor manda a Jeremías a la entrada del templo, lugar santo por excelencia, por ser morada de Dios. El profeta condena la hipocresía de los que se acercan por allí queriendo dar culto a Dios, mientras transgreden sus mandamientos.

Nadie puede considerarse a salvo del castigo divino sólo porque entra en el templo y ofrece sacrificios, cuando, a renglón seguido, es injusto, mata, roba, comete adulterio, jura en falso y mantiene una práctica sincretista de la fe (w. 5-10). Ya es absurdo sólo pensar que Dios pueda mostrar connivencia con tales acciones abominables. Él ve las obras que realiza cada uno. El templo es el lugar santo porque Dios está presente: quien entre en él debe vivir de manera conforme a esa santidad. Pero si alguien es malo, hace malo el lugar más santo, y eso no puede dejar de merecer el castigo de Dios (v. 11).

Suena de nuevo la llamada a la conversión. Consiste ésta en mejorar la propia conducta y las propias acciones, es decir, en vivir según los mandamientos de Dios: juzgar según la justicia, establecer relaciones sociales equitativas y respetuosas con cada uno, abandonar todo compromiso con la idolatría (w. 3-5).

 

Salmo Responsorial

 !Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Salmo 83,3.4.5-6a.8a.11

Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor, mi corazón
y mi carne retozan por el Dios vivo.
R/.
!Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
y la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
R/.
!Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza;
caminan de baluarte en baluarte.
R/. !Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa, y prefiero
el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
R/.
!Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

 

 

Evangelio: Mateo 13,24-30

En aquel tiempo,

24 Jesús les propuso esta otra parábola: -Con el Reino de los Cielos sucede lo que con un hombre que sembró buena semilla en su campo.

25 Mientras todos dormían, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.

26 Y cuando creció la hierba y se formó la espiga, apareció también la cizaña.

27 Entonces los siervos vinieron a decir al amo: "Señor, no sembraste buena semilla en tu campo? Cómo es posible que tenga cizaña?".

28 Él les respondió: "Lo ha hecho un enemigo". Le dijeron: "Quieres que vayamos a arrancarla?".

29 Él les dijo: "No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis con ella el trigo.

30 Dejad que crezcan juntos ambos hasta el tiempo de la siega; entonces diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, pero el trigo amontonadlo en mi granero".

 

*•• La segunda parábola propuesta por Jesús presenta también una siembra llevada a cabo por dos sembradores.

El primero siembra buena semilla, el otro siembra semilla de plantas nocivas que se mezclarán con el trigo. Jesús compara el Reino de Dios -por consiguiente, la Iglesia (que es su inicio) y, en sentido lato, toda la humanidad- con este campo en el que conviven el trigo y la cizaña. Si el instinto de los criados les lleva a eliminar de inmediato el elemento nocivo, la lógica del dueño es diametralmente opuesta. Jesús nos presenta de este modo el corazón del Padre: así como el dueño del campo deja que crezcan juntas las plantas nuevas y las nocivas, que sólo serán separadas en el tiempo de la siega para seguir una suerte diferente, así Dios tampoco interviene para desarraigar el mal que está presente en la Iglesia y en el mundo -en última instancia en el corazón del hombre-, y sólo en el momento del juicio se hará evidente quién ha obrado el bien y quién ha obrado el mal. La acción del maligno, puesta ya de manifiesto en la explicación de la parábola del sembrador (cf. Mt 13,19), es acogida aquí en el despliegue de la historia.

Al exceso de celo de quien quisiera ver triunfar el bien y está dispuesto por ello a eliminar violentamente en nombre de Dios tanto el mal como al que lo hace, se contrapone la tolerancia del Padre, que, lejos de ser mero pacifismo o indiferencia, conoce los tiempos de crecimiento y el corazón de cada uno. Como cantaba ya estupefacto el autor del libro de la Sabiduría (11,23): "Tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes, y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan".

A la mentalidad de los "puros", que no quieren entrar en contacto con los "impuros", se contrapone la del Dios tres veces Santo que ama al pecador, come con él, lo abraza y celebra una fiesta por el retorno a casa (cf. Le 15,11-24).

 

MEDITATIO

El mal es tan evidente y sus consecuencias nefastas nos afectan del tal modo que nace en nosotros de una manera espontánea la rebelión. Constatar la imposibilidad de defendernos de él nos hace gritar: no podría Dios erradicar el mal de una vez por todas, eliminando el sufrimiento provocado por las enfermedades, y también por la prepotencia, por el egoísmo de tantos...? No podría morir el que hace tanto daño y siembra dolor, evitando la muerte injusta de tantos? Estas preguntas brotan del dolor y del sentido de impotencia que nos hace experimentar el mal. Dios no parece responder, del mismo modo que tampoco dio una respuesta inmediata al grito de Jesús crucificado, sino "tres días después" con la resurrección. El misterio del mal nos hace reflexionar sobre la paciencia de Dios, una paciencia incómoda asimismo para el que padece viendo sufrir a sus hijos, aunque tampoco puede disminuir el don más grande que nos ha hecho: la libertad.

Por nuestra parte, hemos de preguntarnos cómo usamos esa libertad: si la ponemos al servicio del bien o del mal. No es posible llegar a un compromiso, y cuando llegue el momento de encontrarnos cara a cara con Dios se hará manifiesto a todos la opción que hayamos tomado.

No ha de servirnos de máscara una religiosidad que se limita a prácticas exteriores, pero sin que el corazón se implique en ella. La pregunta que más tiene que ver con nosotros, entonces, no es tanto: "Por qué existe el mal?"; sino: "Qué hago yo para desarrollar el bien?".

 

ORATIO

Tu paciencia, Dios mío, tiene algo de escandaloso. Me resulta incomprensible. Va contra tus mismos intereses, en especial cuando tolera que el mal marque a tu Iglesia de manera llamativa: acaso no la has constituido para que sea testigo de tu santidad? Con el corazón siempre dispuesto a señalar la viga en el ojo ajeno, aunque incapaz de aceptar tener que quitar la paja del propio, no comprendo tu modo de actuar, tal vez porque intuyo, y con razón, que me propones hacer lo mismo.

Estoy aquí, hoy, rezándote, porque sé que no soy capaz, instintivamente, de tener esta paciencia si no te pido lo que dijiste que nunca negarías: el Espíritu Santo, uno de cuyos frutos es precisamente la paciencia.

Haz, Señor, por medio de tu Espíritu, que yo comprenda lo que cuenta de verdad, a saber: que el bien se difunda, crezca, se vigorice. Hazme comprender que el mal no se arranca a fuerza de juicios, que, en el fondo, no me cuesta nada pronunciar, sino empezando yo mismo a no darle cobijo en mi corazón. "Hacer el bien" es algo más que una intención piadosa: ayúdame, Señor, a mejorar la calidad de mis relaciones con los otros, a hacer transparentes mis acciones y sincera mi profesión de fe. Junto a ti, Señor, que yo te alabe con mi misma vida.

 

CONTEMPLATIO

Volved al Señor, vuestro Dios, de quien os alejasteis por el mal que hicisteis, y no desesperéis nunca del perdón por la gravedad de las culpas, porque la infinita misericordia las cancelará todas, por muy graves que sean.

El Señor es, en efecto, bueno y misericordioso. Prefiere la penitencia a la muerte del pecador. Es paciente y rico en compasión y no imita la impaciencia de los hombres; más aún, espera durante mucho tiempo nuestra conversión.

Está plenamente dispuesto a perdonar y a arrepentirse de la sentencia condenatoria que había preparado para nuestros pecados. Si nos arrepentimos del mal que hayamos hecho, también él se arrepentirá de la decisión de castigo que había adoptado y del mal con el que nos había amenazado. Si cambiamos de vida, también él cambiará la sentencia que había predispuesto.

Cuando decíamos que nos había amenazado con el mal, no nos referíamos, a buen seguro, a un mal moral, sino a una pena debida justamente a quien ha faltado. Después de que el Señor nos haya concedido su bendición y haya perdonado nuestros pecados, podremos ofrecer nuestros sacrificios a Dios (Jerónimo, Comentario a Joel, en PL 25, 967ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú lo ves todo, Señor" (cf. Jr 7,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La cualidad esencial para vivir en comunidad es la paciencia: reconocer que nosotros mismos, los otros y toda la comunidad necesitamos tiempo para crecer. Nada se hace en un solo día.

Para vivir en comunidad es preciso saber aceptar el tiempo y amarlo como a un amigo. Es terrible ver a algunos jóvenes, entusiastas, que tenían como un gran ideal compartir con los otros y llevar una vida comunitaria, perder en unos cuantos años las ilusiones, sentirse heridos, volverse irónicos, después de perder todo el gusto por entregarse, y quedar encerrados en movimientos políticos o en las ilusiones del psicoanálisis. Eso no quiere decir que la política o el psicoanálisis carezcan de importancia.

Ahora bien, resulta triste que algunas personas se cierren porque se han sentido desilusionadas o porque no han podido aceptar sus límites. Hay falsos profetas entre los que viven en comunidad. Esos tales atraen y estimulan los entusiasmos, pero por falta de sensatez o por orgullo llevan a los jóvenes a la desilusión. El mundo comunitario está lleno de ilusiones, y no siempre resulta fácil distinguir lo verdadero de lo falso, sentir si crecerá el buen grano o si vencerán las malas hierbas.

Si pensáis fundar comunidades, rodeaos de mujeres y de hombres sensatos, que sepan discernir. Pido perdón a todos aquellos que han venido a mi comunidad o a nuestras comunidades del Arca llenos de entusiasmo y se han sentido desilusionados por nuestra falta de apertura, por nuestros bloqueos, por nuestra falta de verdad y por nuestro orgullo (J. Vanier, La comunitá, luogo del perdono e della festa, Milán 1980 [edición española: La comunidad, lugar del perdón y de la fiesta, Promoción Popular Cristiana, Madrid 1998]).

 

 

Día 28

Domingo XVI del tiempo ordinario

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Reyes 4,42-44

En aquellos días,

42  llegó un hombre de Baalsalisá trayendo al hombre de Dios el fruto de las primicias: veinte panes de cebada y espigas nuevas en su alforja. Eliseo ordenó: -Dáselo a la gente para que coma.

43 Su criado le contestó: -Cómo voy a dar de comer con esto a cien hombres? Replicó Eliseo: -Dáselo, porque el Señor dice: "Comerán y sobrará".

44 Él se lo sirvió, comieron y sobró, según la Palabra del Señor.

 

*•• Este pasaje pertenece al llamado "ciclo de Eliseo" (2 Re 4, 1-8.15; 9,1-13; 13,14-25), cuya primera parte recoge el relato de unos milagros realizados por el profeta en favor de algunos grupos de profetas, de personas extranjeras o israelitas, y hasta de todo el pueblo.

El milagro narrado en la perícopa litúrgica consiste en la multiplicación de veinte panes de cebada -que le habían sido ofrecidos a Eliseo en razón de su ministerio en una cantidad más que necesaria para saciar el hambre de cien personas.

A la objeción planteada por el criado sobre la evidente imposibilidad de distribuir aquella poca cantidad de pan entre toda la gente que estaba presente, el profeta responde con la confianza firme en la Palabra del Señor que le ha sido comunicada, y que le ordena realizar esa acción. El milagro que se produce es la confirmación de la autoridad de Eliseo, una autoridad que le viene de la fe y de su obediencia a YHWH.



Salmo responsorial
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias

Salmo 144, 10-11. 15-16. 17-18

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

 

Segunda lectura: Efesios 4,1-6

Hermanos:

1 Así pues, yo, el prisionero por amor al Señor, os ruego que os comportéis como corresponde a la vocación con que habéis sido llamados. 2 Sed humildes, amables y pacientes. Soportaos los unos a los otros con amor.

3 Mostraos solícitos en conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu.

4 Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como también es una la esperanza que encierra la vocación a la que habéis sido llamados;

5 un solo Señor, una fe, un bautismo;

6 un Dios que es Padre de todos, que está sobre todos, actúa en todos y habita en todos.

 

*•• El fragmento que nos presenta hoy la liturgia abre la segunda parte de la carta a los Efesios (4,1-6,20), en donde se deducen los principios morales que se desprenden de las afirmaciones doctrinales expuestas en la primera parte. La exhortación que Pablo, prisionero a causa de su servicio apostólico (v. 1), dirige a los creyentes tiene el propósito de confirmarlos en su vocación.

Han creído en el único Dios, en el único Creador y Señor, y en virtud de la misma fe han recibido el único bautismo; forman así un mismo cuerpo (vv. 4-6). La unidad entre ellos es, por consiguiente, consecuencia directa de su nueva identidad cristiana.

Las actitudes que, coherentemente, deben marcar su relación con Dios y con el prójimo, manifiestan, por consiguiente, la verdad de lo que ellos son, siguiendo el ejemplo que tienen en Jesús. Humildad, amabilidad, paciencia, amor que se hace cargo de la debilidad de los otros, solicitud por la construcción de la paz: éstas son las virtudes que hacen visible y realizable la unidad de la comunidad y dan testimonio de que el Espíritu la anima, dado que son los frutos del Espíritu (cf. Gal 5,22).

 

Evangelio: Juan 6,1-15

1 Algún tiempo después, Jesús pasó al otro lado del lago de Tiberíades.

2 Le seguía mucha gente, porque veían los signos que hacía con los enfermos.

3 Jesús subió a un monte y se sentó allí con sus discípulos.

4 Estaba próxima la fiesta judía de la pascua.

5 Al ver aquella muchedumbre, Jesús dijo a Felipe: -Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?

6 Dijo esto para ver su reacción, pues él ya sabía lo que iba a hacer.

7 Felipe le contestó: -Con doscientos denarios no compraríamos bastante para que a cada uno de ellos le alcanzase un poco.

8 Entonces intervino otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, diciendo:

9 -Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero qué es esto para tanta gente?

10 Jesús mandó que se sentaran todos, pues había mucha hierba en aquel lugar. Eran unos cinco mil hombres.

11 Luego tomó los panes y, después de haber dado gracias a Dios, los distribuyó entre todos. Hizo lo mismo con los peces y les dio todo lo que quisieron.

12 Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: -Recoged lo que ha sobrado, para que no se pierda nada.

13 Lo hicieron así, y con lo que sobró de los cinco panes llenaron doce cestos.

14 Cuando la gente vio aquel signo, exclamó: -Este hombre tiene que ser el profeta que debía venir al mundo.

15 Jesús se dio cuenta de que pretendían proclamarle rey. Entonces se retiró de nuevo al monte, él solo.

 

MEDITATIO

En nuestro opulento mundo occidental difícilmente llegamos a comprender lo que significa tener hambre y, a continuación, de modo sorprendente, vernos saciados de una manera abundante. En nuestro mundo presuntuoso estamos convencidos de disponer de respuestas técnicas y eficaces para cada problema, y por eso resulta más arduo saber apreciar los gestos gratuitos.

Estoy dispuesto a poner en juego mis "cinco panes y mis dos peces" en la lucha contra las realidades macroscópicas que, a pesar de tanto progreso, mantiene la gente que sufre bajo el umbral de la supervivencia física y de otros tipos -incluso (sobre todo?) en el mundo "rico"-, que jadea por falta de valores, de sentido, de una calidad de vida humana? Tengo el valor necesario para perder mis panes y mis peces y entregárselos al Señor, para que puedan vivir muchos?

Se tratará de un gesto imposible mientras piense que tengo derecho a mantenerme bien atado a lo que poseo. Sólo conseguiré compartir si cambio de mentalidad y, por consiguiente, de mirada: si no veo en el otro a un rival, sino a un hijo como yo del único Padre; si comprendo que, juntos, formamos parte de un único cuerpo. Entonces comprenderé que lo que tengo -más aún, lo que soy- no me ha sido dado para que sólo yo lo goce, sino que me ha sido confiado para que muchos otros puedan participar. Alguien ha dicho que sólo poseemos verdaderamente lo que damos. El milagro de la "multiplicación de los panes" puede proseguir, si yo lo permito...

 

ORATIO

Jesús, con tus signos quieres hacerme conocer tu identidad de Hijo de Dios e introducirme en el misterio de tu persona y de tu misión.

Perdona mi pragmatismo, que se detiene en el interés inmediato, en la superficie de la realidad. No sé darte lo poco que poseo, pero, después, cuando con ese poco obras grandes cosas, me quedo arraigado en ello y no voy más al fondo, allí donde tú me quieres llevar. Un Dios que resuelve los problemas contingentes de la vida me va bien, pero un Dios que me propone ser siempre don total y gratuito para los otros me escandaliza. Tú me repites, Jesús, que, sin embargo, es precisamente ésa mi vocación de hijo del Padre. Te pido, Señor, una vez más, aprender a amar en tu escuela.

 

CONTEMPLATIO

Para nosotros, el pan es el Verbo de Dios. Después de su resurrección ha saciado de pan a los creyentes, porque nos ha dado los libros de la Ley y de los profetas, antes ignorados y desconocidos, y ha concedido estos instrumentos a la Iglesia para nuestra enseñanza, para ser él mismo pan en el Evangelio.

El gusto, una vez que haya probado la bondad del Verbo de Dios, su carne y el pan que baja del cielo, no tolerará después probar otra cosa; cualquier otro sabor le parecerá al alma áspero y amargo, y por eso se alimentará sólo de él, puesto que encontrará todas las dulzuras que pueda desear en aquel que se hace apto e idóneo para todo (Orígenes, Omelie sull'Esodo, Roma 1991, p. 143 [edición española: Homilías sobre el Éxodo, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1992]; id., Commento al Cántico dei cantici, Roma 1997, pp. 93ss [edición española: Comentario al Cantar de los cantares, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1994]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Hazme comprender, Señor, los signos que realizas".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Pienso en ti, muchachito de Galilea, de quien Juan no nos ha transmitido palabra alguna, pero ha inmortalizado tu gesto. Caía ya poco a poco la noche sobre la colina. Había allí una muchedumbre rumorosa y festiva a la que te habías unido para escuchar a aquel !oven rabí llamado Jesús. Un rabí que no hablaba como los otros y que parecía incapaz de decir "no" a quien le pidiera que le curara. Estabais lejos de todos los pueblos. Y de repente te encontraste con Andrés, completamente inquieto y agitado, que parecía andar buscando algo. Tú te diste cuenta en seguida de que debía tratarse de comida. Tu alforja contenía aún cinco panecillos que tu madre te había cocido la víspera y dos pescados que había cogido tu hermano de noche.

Y diste, a tu vez, todo lo que habías recibido. No diste de lo que te sobraba, sino todo lo que te hacía falta para alimentarte aquel día. Te diste cuenta, después, de la relación que había entre los panecillos que diste a Andrés y aquellas cestas llenas de pan sobre las que se precipitó la multitud exuberante? Notaste cómo se parecían extrañamente aquellos panecillos que no se agotaban nunca a los que tu madre te había preparado? Quién se acuerda de ti hoy? Pero yo te bendigo, muchachito de Galilea. Tú eres para mí como una pequeña imagen del mismo Señor.

En esa otra pascua ahora cercana, será él el niño que ofrecerá "en su miseria cuanto tenía para vivir", su misma vida, para saciar el hambre de una multitud. Lo dará todo, sin cálculos, en la hora en que caerá la noche sobre un mundo desierto. Y el Espíritu, a través de las manos de  otros Andrés y de otros Felipe, multiplicará el pan a lo largo de la noche de los tiempos. Ya no se morirá de hambre sobre las colinas desiertas y pobladas de muchedumbres hambrientas (D. Ange, Le nozze> di Dio dove !I povero é re, Milán 1985).


 

Día 29

Lunes de la semana XVII del Tiempo ordinario, 29 de julio

Santos Marta, María y Lázaro

Marta es la hermana de María y de Lázaro de Betania. En el evangelio sólo se la nombra en tres episodios (cf. Lc 10,38-42; Jn 11,1-44; Jn 12,1-11), y en todos ellos se resalta su actitud dinámica, su acogida afectuosa a Jesús y su esmero en servirle. Por otra parte, se dice que Marta, María y Lázaro eran muy amigos de Jesús, el cual, a su vez, también les quería mucho.

Entre los personajes del evangelio, Marta -junto con Pedro- es la única en confesar de manera explícita y completa su fe en Jesús como Mesías enviado por el Padre. Santa Marta es modelo de mujer laboriosa y patrona de los hosteleros.

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 13,1-11

1 El Señor me dijo: -Vete a comprar una faja de lino y póntela en la cintura, pero no la laves.

2 Yo compré la faja, como me había dicho el Señor, y me la puse en la cintura.

3 De nuevo el Señor me dijo:

4 -Toma la faja que has comprado y que llevas puesta, vete al Eufrates y escóndela allí en la grieta de una roca.

5 Fui y la escondí junto al Eufrates, como el Señor me había mandado.6 Mucho tiempo después, el Señor me dijo: -Vete al Eufrates a buscar la faja que yo te mandé esconder allí.

7 Fui al Eufrates y tomé la faja del lugar donde la había escondido; la faja estaba ya podrida y no servía para nada.

8 Entonces el Señor me habló así:

9 -Así dice el Señor: De la misma manera voy a deshacer el orgullo de Judá, la gran soberbia de Jerusalén.

10 Este pueblo malvado, que se niega a obedecer mis mandatos, que hace caso a su corazón obstinado y va tras otros dioses para darles culto y postrarse ante ellos, quedará como esa faja, que ya no sirve para nada.

11 Pues como la faja se ciñe a la cintura del hombre, así me había ceñido yo a Israel y a Judá, oráculo del Señor, para que fuesen mi pueblo, mi renombre, mi alabanza y mi adorno, pero no me han hecho caso.

 

**• La Palabra del Señor conduce a Jeremías a realizar una acción simbólica. Las acciones del profeta, típicas del profetismo, e incluso su misma vida, se convierten en mensaje dirigido a los presentes, a cada uno en particular o, en ocasiones, al mismo profeta. La reacción que tales acciones suscitan son, por lo general, de escarnio, de desprecio y, en cualquier caso, de incomprensión. El profeta interviene entonces explicitando el mensaje o interpretando el acontecimiento, que contiene, según los casos, un aviso, una amenaza, un deseo.

En este pasaje se le pide a Jeremías que compre una faja de lino, que se la ponga varios días y la esconda después en la grieta de una roca del río (w. 1-5). El mensaje queda ilustrado por medio de una doble comparación: del mismo modo que la faja se ciñe al cuerpo de quien se la pone, así también Israel estaba llamado a adherirse al Señor, respondiendo de manera positiva a la alianza con la que el Señor se había ligado antes a él. Puesto que el pueblo ha contravenido la alianza no escuchando la Palabra del Señor, siguiendo sus propias ideas y hasta dedicándose a la idolatría, ha faltado a su vocación, ha dejado de cumplir el servicio para el que Dios lo había elegido, convirtiéndose, como una faja podrida, en algo que ya no sirve para nada (w. lOss).



 

Salmo Responsorial

Despreciaste al Dios que te engendró.

Dt 32, 18-21.

 

18 !Desertaste de la Roca que te engendró!
    !Olvidaste al Dios que te dio vida!

19 Al ver esto, el Señor los rechazó
    porque sus hijos y sus hijas lo irritaron.

20 Les voy a dar la espalda —dijo—,
    y a ver en qué terminan;
son una generación perversa,
    !son unos hijos infieles!

21 Me provocaron celos con lo que no es Dios como yo,
    y me enojaron con sus ídolos inútiles.
Pues yo haré que sientan envidia de los que no son pueblo;
    voy a irritaros con una nación insensata.

 

Evangelio: Juan 11,19-27

En aquel tiempo,

19 muchos judíos habían ido a Betania para consolar a Marta y María por la muerte de su hermano.

20 Tan pronto como llegó a oídos de Marta que llegaba Jesús, salió a su encuentro; María se quedó en casa.

21 Marta dijo a Jesús: -Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.

22 Pero, aun así, yo sé que todo lo que pidas a Dios él te lo concederá.

23 Jesús le respondió: -Tu hermano resucitará.

24 Marta replicó: -Ya sé que resucitará cuando tenga lugar la resurrección de los muertos, al fin de los tiempos.

25 Entonces Jesús afirmó: -Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;

26 y todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá. Crees esto?

27 Ella contestó: -Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir a este mundo.

 

*+• El diálogo entre Jesús y Marta referido en este fragmento del evangelio forma parte del episodio de la llamada "resurrección de Lázaro" (cf. Jn 11,lss). Como en Le 10,38-42 y en Jn 12,lss, destacan las actitudes opuestas de Marta y de María: la primera muestra un carácter más dinámico y concreto, que se manifiesta en salir de inmediato al encuentro del Señor; la segunda, a la que siempre se describe sentada y escuchando al Maestro, permanece en casa (v. 20).

Marta asocia, en cierto modo, la muerte de su hermano a la ausencia de Jesús en aquel momento, pero confirma asimismo su firme confianza en él como mediador infalible ante Dios (vv. 2lss). Empieza así un itinerario interior que la conducirá a una profesión de fe plenamente cristiana (v. 27), pasando a través de la declaración de su fe en la resurrección del último día (v. 24), en conformidad con la tradición judía (cf 2 Mac 7,9.23; 12,42b-44; Dn 12,1-3). Es el mismo Jesús quien la guía en este recorrido: con una expresión típica de las autorrevelaciones divinas ("Yo soy": v. 25a; cf. Ex 3,14; Lv 19,lss; Jn 6,35; 14,6; passim), el Señor hace comprender a Marta que la vida que él da supera también a la muerte. Jesús, resurrección y vida, crea en quien le recibe una condición nueva y definitiva (cf Jn 5,24; 8,51).

Como hace en todo su evangelio, también aquí Juan recurre a términos antitéticos y juega con su doble significado: cuando alguien da su plena adhesión a Jesús, pasa de la muerte física a la vida definitiva, eterna (v. 25b), porque quien en vida haya creído en él no padecerá la condena a la eterna separación de Dios (v. 26a).

Con estas palabras se refiere el Señor al destino último y, al mismo tiempo, pone de manifiesto que, a través de él, está ya presente en el creyente el germen de la vida eterna. Jesús no se limita a revelar a Marta estas verdades, sino que le pregunta de una manera explícita su posición ante ellas (v. 26b), brindándole la oportunidad de manifestar plenamente su adhesión a la persona del Maestro, reconocido ahora como el Mesías esperado por Israel y como el Hijo de Dios (v. 27).

 

MEDITATIO

Los evangelios presentan a santa Marta siempre en movimiento, como una mujer eficiente y segura de sí. Tal vez esto la conducía a dejarse atrapar demasiado por las cosas que debía hacer y a perder de vista el sentido de su trajín. Sin embargo, ante Jesús, comprende que la eficiencia no es el valor más elevado, sino que importa sólo en la medida en que está equilibrada por la acogida, por la atención al otro y por el "temor al Señor", o sea, movida por el amor; si no es así, hace correr el riesgo de separar de lo esencial, convirtiéndose en una fuente de ansiedad y de fragmentación.

Santa Marta no se relaciona con el Señor sólo haciendo algo por él, sino que se presenta ante él con una actitud de verdad y de diálogo: se le muestra tal como es, dolida por la muerte de su hermano, decepcionada por no haber sido escuchada (cf. Jn 11,3.21), pero también firme en la fe. Aunque no ha visto satisfecha su oración,  no la emprende con Dios, no se cierra a su misterio, no duda de su bondad; más bien, se pone a la escucha del Señor y se hace disponible a caminar con él, revisando su modo de concebir la vida y la fe. Marta se deja conducir por Jesús a través de la experiencia del dolor en un recorrido de conocimiento más profundo de sí misma, de la realidad, del mismo Señor. A quien le acoge de verdad, todo se le presenta bajo una luz nueva: vivir significa entonces habitar en el amor de Dios, en la amistad sincera y confiada con él. La vida eterna empieza ya desde ahora, y atraviesa y vivifica todas las vicisitudes humanas, incluso las marcadas por el sufrimiento.

Eso significa ponerse a la escucha de Dios y de su Palabra, como Marta, también en los momentos de incertidumbre y de duda (cf. Jn 11,39-41). También a nosotros nos pide el Señor una adhesión personal: "Crees esto?". Marta dio su respuesta; cada uno de nosotros está llamado a dar la suya.

 

ORATIO

Señor, son muchas las veces que, frente a las dificultades  de la vida, mi fe vacila y me dejo absorber por las mil cosas que debo hacer para huir de la desilusión y del vacío interior; o bien siento la tentación de esconder mis miedos construyéndome una fe a mi medida, adherido rígidamente a principios que considero indiscutibles y que quisiera resguardar de cualquier turbación.

Enséñame a abrir mi fe a tu imprevisibilidad, a estar disponible para el encuentro auténtico contigo, al encuentro en el que mis falsas seguridades cedan su sitio a la confianza en tus promesas. No permitas que el ritmo frenético de mis jornadas me atropelle hasta el punto de dejar de estar inspirado por el amor. Y, sobre todo, no dejes que la experiencia del dolor me aleje de ti: conviértela, más bien, en una experiencia fecunda de resurrección y de vida.

 

CONTEMPLATIO

Marta, más comprometida con el desarrollo de las tareas necesarias, llega la primera [a Jesús]. María, más fina y con un ánimo más sensible, espera en casa para recibir el pésame. Marta, más sencilla, corre al encuentro de Jesús, embriagada por el dolor, que, sin embargo, soportaba con entereza. "Mi hermano -dice- ha muerto porque no estabas aquí, pues tú, con una sola orden, puedes vencer a la muerte." [Jesús le] dice: "El que crea en mí no estará inmune de la muerte de la carne; con todo, Dios puede dar fácilmente la vida a quien quiera".

Cuando dice después a Marta: "Crees?", exige la confesión de la fe como madre y protectora de la vida. Y ella le dice de inmediato que sí, y confiesa su fe con sutileza [...]: al usar el artículo -el Cristo y el Hijo de Dios- ha confesado claramente al único, excelente y verdadero Hijo de Dios. [El Señor] exige comprensión de la fe: ésta es un gran don cuando nace de un ánimo ardiente, y tiene tanto poder que salva no sólo a quien cree, sino también a los otros. De este modo, también Lázaro fue resucitado por la fe de su hermana, a la que el Señor dijo: "No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?", como si quisiera decirle: "Ya que Lázaro ha muerto, suple tú la fe del muerto. En efecto, es preciso creer firmemente a fin de ver las cosas que están por encima de la esperanza" (Cirilo de Alejandría, Cornmento al vangelo ii Giovanni, Roma 1994, II, pp. 313ss, passim).

 

ACTIO

Repite y medita a menudo durante el día estas palabras: "Sé que todo lo que pidas a Dios él te !o concederá" ( Jn 11,22).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La fiesta de Santa Marta que celebra hoy la liturgia nos pone ante este personaje del evangelio íntimamente ligado a la persona y a la misión de Jesús. Suele representar a Marta como la persona siempre atareada, la que se afana, y ello por amor a ese inefable amigo que es Cristo, que se hospeda en su casa, amigo de su hermano y de su hermana. Marta es una mujer siempre atareada y molesta, algunas veces, por las actitudes contemplativas de su hermana; de todos modos, se trata de una atareada entregada por completo a su Señor. Pero, si nos fijamos bien, esta visión y esta imagen de santa Marta están un tanto reajustadas por este fragmento del evangelio de Juan.

Es Marta quien se dirige a Jesús, con el corazón lleno de amor y de dolor por la muerte de su hermano Lázaro; es ella la que con aquella hermosa amistad, valiente y espontánea, casi reprocha al amigo: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano". Esta actitud de auténtica amistad por parte de Marta respecto a Jesús nos revela algo mucho más precioso en su ánimo que la laboriosidad atareada de una acogida puramente exterior. Existe entre Marta y Jesús una misteriosa camaradería. Marta sabe que Jesús es poderoso; se da cuenta de que el Señor lo puede todo [...]. La afectuosa amistad, la valiente libertad de Marta, nos dice mucho sobre el conocimiento que tenía de Cristo y sobre la confianza que el Señor Jesús le otorgaba. Hemos de señalar, por otra parte, que Jesús no corrige a Marta por su observación. Sí lo hizo cuando se lamentaba de la "inercia" de María. Pero en esta ocasión no. Comprende su dolor, lo comparte. El evangelio dice que Jesús mezcló sus lágrimas con las de Marta.

!Qué misteriosa y sublime amistad! [...] El misterio de la muerte vivido en comunión de amistad conduce a Jesús a realizar una afirmación, podríamos decir, desconcertante: "Tu hermano vivirá". Marta comprende y no comprende. Tal vez guarde en el corazón la esperanza de un prodigio clamoroso; tal vez se refugie en la confianza en la resurrección final de los muertos.

Y dice a Jesús: "Sé que resucitará, porque tú eres el Cristo, el Señor de la vida". Aquí tenemos la profesión de fe de santa Marta. María, la contemplativa, nunca dijo a Jesús: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo"; Marta, la atareada, sí lo hizo. Y Jesús le dejó que se lo dijera. Es posible que precisamente esta declaración de fe sobre su verdadera identidad fuera lo que provocó en él la decisión última del prodigio clamoroso (A. Ballestero, consacrati nella Chiesa e nel mondo. Meditazioni sull'essenziale, Milán 1994, pp. 147ss).

 

 

Día 30

Martes de la semana XVII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 14,17-22

17 Mis ojos se deshacen en lágrimas noche y día sin cesar, porque un gran desastre alcanza a la doncella de mi pueblo y su herida es incurable.

18 Si salgo al campo, no hay más que muertos a espada; si entro en la ciudad, sólo las angustias del hambre. Profetas y sacerdotes andan errantes y desorientados por el país.

19 Has desechado totalmente a Judá? Has dejado de amar a Sión? Por qué nos hieres sin remedio? Esperábamos la paz, pero no hay mejoría; el tiempo de la salvación, pero sólo hay espanto.

20 Reconocemos, Señor, nuestra maldad y la culpa de nuestros antepasados. Hemos pecado contra ti.

21 Por el honor de tu nombre, no nos rechaces, no profanes el trono de tu gloria; acuérdate, no rompas tu alianza con nosotros.

22 Acaso hay algún ídolo de los gentiles que haga llover? Dan los cielos la lluvia por sí solos? No eres sólo tú, Señor, Dios nuestro? Nosotros esperamos en ti, porque eres tú quien hace todo eso.

 

*" El contexto en el que fueron confiadas a Jeremías estas palabras corresponde a una grave calamidad nacional: la sequía {cf. Jr 14,lss) y la guerra (cf. v. 18). A la descripción del deplorable estado en que se encuentra el país, herido de muerte y sin nadie que pueda guiarlo (w. 17ss), le sigue una oración de súplica. En ella intercede Jeremías ante Dios en favor del pueblo. Apela al compromiso asumido por YHWH en el momento de la alianza, en virtud de la cual no es posible que se haya alejado del pueblo de manera definitiva. Le recuerda la promesa de la salvación y de la paz, que no reinan sin embargo (v. 19); le invita de manera acongojada a no hacer desaparecer el pacto, a no abandonar al pueblo, que, por supuesto, le ha disgustado con su infidelidad, pero ahora reconoce sus propios pecados. Israel no tiene méritos para jactarse, pero el profeta implora a Dios apelando a su fidelidad: el Señor fiel (cf. Ex 34,6) no puede faltar a sí mismo (Jr 14,21). Él es el creador de Israel y de todo lo que existe (v. 22). Sólo él es digno de confianza (v. 22d), y por eso se confía a él el profeta, intercesor solidario con el pueblo por cuya suerte llora de manera incesante (v. 17).

 

Salmo Responsorial

Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Salmo 78


No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
R/.
Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Socórrenos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu nombre.
R/.
Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas de generación en generación.
R/.
Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

 

 

Evangelio: Mateo 13,36-43

En aquel tiempo,

36 dejó Jesús a la gente y se fue a la casa. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron: -Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

37 Jesús les dijo: -El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;

38 el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña, los hijos del maligno;

39 el enemigo que la siembra es el diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores, los ángeles.

40 Así como se recoge la cizaña y se hace una hoguera con ella, así también sucederá en el fin del mundo.

41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su reino a todos los que fueron causa de tropiezo y a los malvados

42 y los echarán al horno de fuego. Allí llorarán y les rechinarán los dientes. 43 Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga.

 

*• La explicación alegórica de la parábola de la buena semilla y de la cizaña presenta la antítesis entre "los hijos del Reino" y "los hijos del maligno". Cada hombre pertenece a la familia de aquel cuya palabra ha recibido y puesto en práctica. La vida terrena es el tiempo durante el que es posible escoger. A su término tendrá lugar el juicio, representado con la imagen escatológica -clásica en la Biblia- de la siega (v. 39). En ese momento se pondrá de manifiesto la diferente suerte merecida, respectivamente, por los "malvados" y por los "justos": llanto y rechinar de dientes eterno para unos y brillo eterno para los otros (w. 42ss).

La invitación dirigida de nuevo a escuchar y entender la Palabra (v. 43b) hace comprender la urgencia y el carácter dramático de la decisión que hemos de tomar. Al mismo tiempo, la explicación de la parábola, explicación que tiene lugar en casa sólo para los discípulos (v. 36), pretende aliviar la turbación de las primeras comunidades cristianas, que constataban la presencia del mal en su interior, y frenar la impaciencia de los que pretendían arrogarse el poder de hacer justicia.

La potestad de juzgar -repite Jesús- corresponde al "Hijo del hombre" y la ejercerá cuando llegue "el fin del mundo", tal como pone de manifiesto el evangelista Mateo en su evangelio (cf. 25,31-46).

 

MEDITATIO

El mal está presente por doquier, incluso en aquellas realidades que son signo de la santidad y que, por consiguiente, quisiéramos inmunes de tal herencia humana.

Agustín, cuando habla de la Iglesia "santa y pecadora ", levanta acta de la presencia del mal en la comunidad de los cristianos, que es sacramento de la presencia de Dios en el mundo.

El apóstol Pablo toma en su raíz esta realidad cuando observa que desearía hacer el bien y, sin embargo, hace el mal. La comunidad de los "puros", de los intocables por el mal, no es la comunidad de los discípulos de Jesús, una comunidad formada por pecadores que han pasado incluso por la experiencia del amor misericordioso que perdona y salva. De ahí surge en el corazón esa humildad que atrae la complacencia de Dios y también la simpatía de los otros. Entonces podremos descubrir una cierta solidaridad con aquellos que hacen el mal, porque no somos mejores que ellos.

La oración se convierte en el instrumento eficaz para ayudarles e incluso para confirmarnos a nosotros mismos en la opción de pertenecer al Señor, prenda de la verdadera vida en el tiempo y de plenitud en la eternidad.

Si tenemos una conciencia más iluminada que la suya respecto al bien y al mal, no ha de servirnos para autorizarnos a proceder a hacer juicios sumarios, sino de compromiso para hacer el bien con las acciones y las palabras. El ejemplo arrastra.

 

ORATIO

Cuántas veces, Señor, soy uno de esos que lanzan imprecaciones porque las cosas van mal y se precipitan sobre el primer chivo expiatorio con el que se topan, encontrando con frecuencia poderosos aliados en los medios de comunicación. Hoy, sin embargo, quiero pedirte por este mundo y por esta Iglesia de la que formo parte. Hay muchas cosas que no funcionan, es cierto: veo el pecado y la injusticia, veo tomar decisiones poco respetuosas con la dignidad y la unicidad de la persona, veo que prevalecen los intereses de una parte... Veo el mal fuera de mí y antes que nada dentro de mí.

Te ruego, Señor, que no te canses de perdonar. Envíanos la luz de tu Espíritu a todos nosotros, para que realicemos el bien y no el mal, para que cada uno aporte su contribución a fin de hacer más bello este mundo y esta Iglesia.

 

CONTEMPLATIO

Debemos, por ende, hermanos, andar con toda diligencia en lo que atañe a nuestra salvación, no sea que el maligno, logrando infiltrársenos por el error, nos arroje, como la piedra de una honda, lejos de nuestra vida [...].

Huyamos de toda vanidad, odiemos absolutamente las obras del mal camino. No viváis solitarios, replegados en vosotros mismos, como si ya estuvierais justificados, sino, reuniéndoos en un mismo lugar, inquirid juntos lo que a todos en común conviene [...]. Hagámonos espirituales, hagámonos templo perfecto para Dios.

En cuanto esté en nuestra mano, meditemos el temor de Dios y luchemos por guardar sus mandamientos, a fin de regocijarnos en sus justificaciones.

El Señor juzgará al mundo sin acepción de personas: cada uno recibirá conforme obró. Si el hombre fue bueno, su justicia marchará delante de él; si fue malvado, la paga de su maldad irá también delante de él ("Carta de Bernabé", II, 9; IV, 10-12, en Padres apostólicos, BAC, Madrid 21968, pp. 774-778).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Reconocemos, Señor, nuestra maldad" (Jr 14,20).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Se dice: o bien Dios puede impedir el mal y entonces no es bueno porque no lo hace; o bien Dios no puede impedir el mal y entonces no es omnipotente. En ambos casos le falta a Dios un atributo esencial: o la bondad o la omnipotencia. La realidad nos advierte que no nos es lícito volcar en Dios (o sólo en Dios) nuestras responsabilidades. Hablo, como es natural, del Dios cristiano. Un Dios en cuyo plan, lo sabemos, era prioritaria la libertad para sus criaturas. No quiso un lager (campo de concentración) para reclusos ni una ruda guardería para eternos niños, sino un mundo poblado de hijos responsables. Libres, por tanto, de elegir entre el bien y el mal. Libres de comportarse como santos o como bribones. Su "ocultación", la discreción del claroscuro en que se ha envuelto a sí mismo y en que ha envuelto su Ley, su negativa a comportarse como un gendarme, son valores fuera de duda. En consecuencia, tienen un coste: a veces terrible.

Somos cristianos -y no podremos ser otra cosa- porque logramos creer sólo en el Dios que se manifestó en aquel judío de Galilea. Sólo este tipo de omnipotencia en el fracaso y en el sufrimiento escapa a la pregunta sobre la presencia invencible del mal, que, mucho antes de ser un elegante problema para la filosofía, es un drama para nosotros, hombres de carne y hueso.

Es un hecho objetivo que sólo el Dios de Jesús, el Dios en quien cree el cristiano, es el único que no puede ser implicado en la blasfemia del hombre por la marea de dolor que asciende a menudo y le ahoga. "No hay otra respuesta radical y definitiva al problema del mal que la cruz de Jesús, en la cual sufrió Dios el mal supremo, y lo hizo de manera triunfal, porque lo padeció hasta el final. Esta respuesta elimina el escándalo de un Dios tirano que se complace en los sufrimientos de sus criaturas, proponiendo, sin embargo, un escándalo aún mayor (Jacques Natanson) (V. Messori - M. Brambilla, Qualche ragione per credere, Milán 1997).

 

 

Día 31

Miércoles semana XVII del Tiempo ordinario o 31 de julio,

San Ignacio de Loyola

 

Iñigo López de Loyola nació en Azpeitia (Guipúzcoa, España), en el año 1491, en el seno de una familia noble en decadencia. Su deseo de alcanzar gloria le llevó a dedicarse a la carrera militar. Fue herido gravemente en una pierna durante la defensa del castillo de Pamplona, atacado por los franceses.

Durante su convalecencia, la simple lectura de algunos libros sobre la vida de los santos y de Jesús le impulsó a la práctica de una dura ascesis, durante la cual escribió la mayor parte de sus famosos Ejercicios espirituales.

Tras abandonar la vida de mendicante solitario, estudió primero en España y después en París; en esta última ciudad conoció a Francisco Javier y a algunos otros, con los cuales reunió el primer núcleo de la Compañía de Jesús, grupo que dará vida a un nuevo tipo de vida religiosa, basada en la práctica de la caridad y centrada en la misión, un nuevo tipo de vida que servirá de ejemplo a innumerables congregaciones modernas. Ignacio murió en Roma, el 31 de julio de 1556. Fue canonizado en el año 1622 junto con san Francisco Javier, su compañero de la primera hora.

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 15,10.16-21

10 !Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de pleitos y contiendas con todo el mundo! No he prestado, ni he pedido préstamos y, sin embargo, todos me maldicen.

16 Cuando encontraba tus palabras, yo las devoraba; tus palabras eran mi delicia y la alegría de mi corazón, porque he sido consagrado a tu nombre, Señor, Dios todopoderoso.

17 No me senté a disfrutar con los que se divertían; agarrado por tu mano me senté solo, pues tú me llenaste de indignación.

18 Por qué es continuo mi dolor, y mi herida, incurable y sin remedio? Te has vuelto para mí arroyo engañoso de aguas caprichosas.

19 Entonces el Señor me respondió así: Si vuelves a mí, haré que vuelvas y estés a mi servicio; si separas el metal de la escoria, tú serás mi portavoz; que vuelvan ellos a ti, no tú a ellos.

20 Te pondré frente a este pueblo como sólida muralla de bronce: lucharán contra ti, pero no te vencerán, pues yo estaré contigo para salvarte y librarte. Oráculo del Señor.

21 Te libraré de la mano de los malvados, te salvaré del puño de los violentos.

 

>*• El texto litúrgico forma parte de una de las llamadas "Confesiones de Jeremías", fragmentos escritos en primera persona en los que vierte el profeta sus propios sentimientos y deja aflorar su ánimo, desahogándose con Dios por la dureza de la misión que le ha confiado y hasta por su misma existencia, cuyo fracaso percibe. Jeremías, que tanto hubiera deseado la paz, y que, sin embargo, a causa de la Palabra, es objeto de contiendas y de pleitos (v. 10), deplora haber nacido. Recuerda el entusiasmo y la alegría del primer encuentro con la Palabra del Señor, convertida después en el centro y el sentido de toda su vida. A la iniciativa de Dios le había seguido la disponibilidad total de Jeremías, el compromiso de toda su persona en la decisión consciente de estar consagrado a Dios (v. 16). La soledad, el distanciamiento de las compañías festivas, fueron la consecuencia de esta dedicación absoluta a una Palabra que va contra corriente y que sus contemporáneos rechazan e incluso combaten (v. 17).

De ahí procede el agudo sufrimiento que siente Jeremías sin posibilidad de curación y el grito de denuncia de su propia situación frente a Dios, que se le ha vuelto engañoso como un arroyo de aguas caprichosas.

Por toda respuesta (w. 19-21), el Señor le confirma al profeta su arduo mandato, pidiéndole de nuevo su entera disponibilidad, renovándole la promesa del éxito final de su misión, garantizado por su misma presencia. La Palabra que le había seducido en un tiempo deberá "encarnarse" aún más en Jeremías. Fiel a ella, el profeta recibirá la fuerza necesaria para resistir a todos los adversarios.

 

Salmo Responsorial

Dios es mi refugio en el peligro

Salmo 58,2-18


Líbrame de mi enemigo, Dios mío,
protégeme de mis agresores;
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres sanguinarios.
R/.
Dios es mi refugio en el peligro

Mira que me están acechando
y me acosan los poderosos.
Sin que yo haya pecado ni faltado, Señor,
sin culpa mía, avanzan para acometerme.
R/.
Dios es mi refugio en el peligro

Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar;
que tu favor se adelante, oh Dios,
y me haga ver la derrota del enemigo.
R/.
Dios es mi refugio en el peligro

Yo cantaré tu fuerza,
por la mañana aclamaré tu misericordia:
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el peligro.
R/.
Dios es mi refugio en el peligro

Y tañeré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar.
R/.
Dios es mi refugio en el peligro

 

Evangelio: Mateo 13,44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

44 Sucede con el Reino de los Cielos lo que con un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo deja oculto y, lleno de alegría, va, vende todo lo que tiene y compra ese campo.

45 También sucede con el Reino de los Cielos lo que con un mercader que busca ricas perlas y que,

46 al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

 

**• En el marco del sermón dirigido a los discípulos en casa icf. Mt 13,36), las parábolas del tesoro encontrado por casualidad en el campo y de la perla largo tiempo buscada y por fin encontrada ponen el acento en la alegría de quien ha comprendido el valor del Reino de Dios.

Se trata de una alegría tan penetrante y profunda que hace posible la venta de cualquier otro bien para comprar el campo donde está escondido el tesoro o adquirir la perla preciosa. Acoger la Palabra de Jesús y tener acceso al misterio del Reino de Dios no es, por tanto, únicamente una experiencia de contraste y de paciente tenacidad, como sugerían las parábolas del sembrador y de la cizaña, sino que es también y sobre todo una experiencia de alegría.

Junto a esta enseñanza principal, las parábolas plantean la exigencia del radicalismo en la opción por el Reino: no es posible llegar a soluciones de compromiso; es preciso darlo todo si queremos gozar del amor de Dios. El hombre experimenta esto como don inesperado y como fruto del empeño: Dios se ofrece en virtud de su libre iniciativa, más allá de cualquier posible mérito del hombre. Haciéndose buscar, dilata en él el espacio del deseo.

 

MEDITATIO

Ignacio vivió en un tiempo de grandes transformaciones que afectan al modo de concebir la vida (el humanismo), la visión de la Iglesia (la Reforma protestante) y la sorpresa producida por el descubrimiento de nuevas tierras para evangelizar (los descubrimientos geográficos). Advierte que es preciso encontrar algo nuevo como respuesta a las grandes novedades de su tiempo. Sobre todo, es menester encontrar hombres nuevos, preparados, consagrados por completo a la misión.

Es preciso encontrar, asimismo, un nuevo modo de vida para estar en condiciones de hacer frente a la nueva misión. De ahí su magna síntesis: todo el hombre está al servicio de la misión, a fin de hacer progresar el

Reino de Dios: un hombre desprendido de todo, que intenta descubrir y cumplir la voluntad de Dios, a través del discernimiento y de la obediencia. Un hombre ligado a otros "compañeros de Jesús" que hacen frente a los nuevos desafíos, dispuestos a estar presentes en todos los frentes, "para mayor gloría de Dios".  Ignacio está en el origen de la Compañía de Jesús, inicio de un considerable número de congregaciones religiosas que ponen la misión en el centro de su ser.

Hoy puede resultar fácil admirar su modelo "activo" e inspirarse en él. Sin embargo, el secreto está en la capacidad de vivir como "contemplativos en acción", en el "sentir con la Iglesia", en el "buscar la gloria de Dios" más que nuestra propia afirmación personal.

Ignacio fue un gran maestro de espíritus, antes de ser un gran organizador. Es más, pudo organizar la misión de una manera soberbia porque supo formar hombres humildes, competentes y desprendidos de todo. Una fórmula que no ha perdido nada de su actualidad.

 

ORATIO

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

Oh buen Jesús, escúchame.

En tus llagas escóndeme.

No permitas que me separe de ti.

Del maligno enemigo defiéndeme.

En la hora de mi muerte llámame

y mándame que vaya a ti

para alabarte con tus santos

por los siglos de los siglos. Amén.

 

CONTEMPLATIO

Principio y fundamento: El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, nuestro Señor, y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar dellas quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas quanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados (Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales 23).

 

ACTIO

Repite y medita durante el día estas palabras evangélicas: "Aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío" (Le 14,33).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Yo, Ignacio de Loyola, pretendo en estas líneas decir algo acerca de mí y de la tarea de los jesuitas de hoy, supuesto que aún hoy sigan sintiéndose comprometidos con aquel espíritu que en otro tiempo determinó, en mí y en mis primeros compañeros, los comienzos de esta orden.

Ya sabes que, tal como entonces lo expresaba, mi deseo era "ayudar a las almas", es decir, comunicar a los hombres algo acerca de Dios y de su gracia, de Jesucristo crucificado y resucitado, que les hiciera recuperar su libertad integrándola dentro de la libertad de Dios. Yo deseaba expresarlo tal como siempre se había expresado en la Iglesia, y realmente creía (y era una creencia cierta) que eso tan antiguo podía yo decirlo de una manera nueva. Por qué? Porque estaba convencido de que, primero de un modo incipiente durante mi enfermedad de Loyola y luego de manera decisiva durante mis días de soledad en Manresa, me había encontrado directamente con Dios. Y debía participara los demás, en la medida de lo posible, dicha experiencia.

Cuando afirmo haber tenido una experiencia inmediata de Dios, lo único que digo es que experimenté a Dios, al innombrable e insondable, al silencioso y, sin embargo, cercano. Experimenté a Dios, también y sobre todo, más allá de toda imaginación plástica. A El que, cuando por su propia iniciativa se aproxima por la gracia, no puede ser confundido con ninguna otra cosa.

Semejante convicción puede sonar como algo muy ingenuo, pero en el fondo se trato de algo tremendo. Yo había encontrado realmente a Dios, al Dios vivo y verdadero, al Dios que merece ese nombre superior a cualquier otro nombre.

Pero, por de pronto, repito que me he encontrado con Dios, que he experimentado al mismo Dios. Dios mismo. Era Dios mismo a quien yo experimenté; no palabras humanas sobre El. Dios y la sorprendente libertad que le caracteriza. Lo que digo es que sucedió así.

Una cosa sigue en pie: que Dios puede y quiere tratar de modo directo con su criatura; que el ser humano puede realmente experimentar cómo tal cosa sucede; que puede captar el soberano designio de la libertad de Dios sobre su vida.

Se trata de algo nuevo o de algo viejo? Es algo obvio o resulta sorprendente? Se trata de algo que haya que relegar a un segundo plano en la Iglesia de hoy y de mañana, debido a que el hombre ya casi no soporta la callada soledad ante Dios y trata de refugiarse en una especie de colectividad eclesial, cuando en realidad dicha colectividad ha de edificarse sobre la base de hombres y mujeres espirituales que hayan tenido un encuentro directo con Dios, y no sobre la base de quienes, a fin de cuentas, utilizan a la Iglesia para evitar tener que vérselas con Dios y su libre incomprensibilidad?

Una cosa, sin embargo, sigue siendo cierta: que el ser humano puede experimentar personalmente a Dios.

El verdadero precio que hay que pagar por la experiencia a la que me refiero es el precio del corazón que se entrega con creyente esperanza al amor del prójimo (K. Rahner, Palabras de Ignacio de Loyola a un jesuíta de hoy, Sal Terrae, Santander 1978; pp. 4-8).