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LECTIO DIVINA AGOSTO DE 2024

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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

Día 1

Jueves de la semana XVII del Tiempo ordinario o 1 de agosto,

San Alfonso María de Ligorio

 

Alfonso nació en Nápoles el año 1696 y murió en Nocera dei Pagani (Salerno) el 1 de agosto de 1787. Era abogado del foro de Nápoles, pero dejó la toga para abrazar la vida eclesiástica.

Fue obispo de S. Ágata dei Goti (entre 1762 y 1775) y fundador de los redentoristas (1732); atendió con gran celo a las misiones populares y se dedicó a los pobres y a los enfermos. Es maestro de las ciencias morales, a las que inspira criterios de prudencia pastoral, basada en la búsqueda sincera y objetiva de la verdad, aunque también se muestra sensible a las necesidades y a las situaciones de la conciencia. Compuso escritos ascéticos de gran resonancia. Como apóstol del culto a la eucaristía y a la Virgen, guió a los fieles a la meditación de los novísimos, a la oración y a la vida sacramental.

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 18,1-6

1 El Señor dirigió esta palabra a Jeremías:

2 -Baja en seguida a casa del alfarero; allí te comunicaré mi palabra.

3 Bajé a casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno.

4 Si se estropeaba la vasija que estaba haciendo mientras moldeaba la arcilla con sus manos, volvía a hacer otra a su gusto.

5 Entonces el Señor me dijo:

6 -Acaso no puedo yo hacer con vosotros, pueblo de Israel, igual que hace el alfarero? Oráculo del Señor. Como está la arcilla en manos del alfarero, así estáis vosotros en mis manos, pueblo de Israel.

 

*•• La Palabra del Señor cita a Jeremías en casa del alfarero. La actividad cotidiana del artesano aparece como símbolo del modo de obrar de Dios. El profeta, instruido por la Palabra del Señor, comprende el mensaje que deberá anunciar al pueblo, verdadero destinatario de esta acción simbólica. Como el alfarero, al modelar los utensilios, deshace los que no salen bien y amasa de nuevo la arcilla para hacer otros, así YHWH, que es el Creador y Señor de todos los pueblos, puede eliminar al que no vive según su voluntad. Su juicio es inapelable y no se trata de un gesto autoritario, sino pedagógico: el castigo es una ayuda para comprender el propio error y convertirse. Como la arcilla está en manos del alfarero, así está Israel en manos de Dios. La imagen, además de evocar la idea de la potestad absoluta de Dios respecto al pueblo, sugiere la de su atento cuidado, a fin de que el pueblo viva con rectitud, de modo semejante al del artista, que, al modelar un objeto, pone todo su cuidado para que salga bien.

 

Salmo Responsorial

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Salmo 145


Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
R/.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.
R/.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él.
R/.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

 

 

Evangelio: Mateo 13,47-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

47 También sucede con el Reino de los Cielos lo que con una red que echan al mar y recoge toda clase de peces;

48 una vez llena, los pescadores la sacan a la playa, se sientan, seleccionan los buenos en cestos y tiran los malos.

49 Así será el fin del mundo. Saldrán los ángeles a separar a los malos de los buenos

50 y los echarán al horno de fuego; allí llorarán y les rechinarán los dientes.

51 Jesús preguntó a sus discípulos: -Habéis entendido todo esto? Ellos le contestaron: -Sí.

52 Y Jesús les dijo: -Todo maestro de la Ley que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es como un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.

53 Cuando Jesús acabó de contar estas parábolas, se marchó de allí.

 

"" La parábola de la red que, echada al mar, recoge peces comestibles y no comestibles ahonda en el significado de la parábola de la cizaña. Así como en la red se encuentran peces buenos y malos, también en la comunidad de los discípulos de Jesús hay quien acoge y vive su Palabra, primicia del Reino, y quien la rechaza o se muestra indiferente. La distinción tendrá lugar al fin de los tiempos y corresponde a Dios realizarla (w. 47-50).

Es importante para los discípulos comprender el misterio del Reino que Jesús les ha revelado mediante las parábolas, o bien entender con la mente y con el corazón la Palabra y vivirla a través de la obediencia de la fe.

Es preciso el asentimiento personal del discípulo (v. 51), a fin de que siguiendo a Jesús y a ejemplo suyo pueda ser un comunicador y un testigo de toda la voluntad salvífica del Padre, tal como la manifestó en la antigua y en la nueva alianza (v. 52).

 

MEDITATIO

La Palabra de Dios encontró una respuesta decidida en san Alfonso. Éste se sintió elegido, llamado, y siguió su vocación humana y cristiana con una disponibilidad plena y constante. Disponibilidad que expresaba con las frases típicas de su ascética: "Hacer la voluntad de Dios"; "Concordancia con la voluntad de Dios". La voluntad de Dios, "el mandamiento nuevo", es el amor al prójimo. Aquí se encuentra el secreto de todas las opciones de Alfonso: fue abogado para defender a los otros, se hizo sacerdote para salvar a las almas, fundó la Congregación de los Redentoristas para anunciar el Evangelio a los abandonados; como obispo, sintió la solicitud pastoral por su Iglesia local y por todas las Iglesias.

Hizo una amplia exposición del mandamiento nuevo en su mejor libro: Práctica del amor a Jesucristo. Del amor brotaba su alegría, una cualidad característica de Alfonso; es la alegría de sentirse amado por Dios, con lo que se vencen todas las adversidades. "Alegremente" es la palabra que se repite en su epistolario. Existe en Alfonso un humor a lo Tomás Moro, templado por el sentido común del napolitano. La alegría procede asimismo de la certeza de que no hay condena alguna para los que han sido salvados por Jesucristo. Aquí se pone de relieve el compromiso fundamental de Alfonso, teólogo y moralista: se sintió llamado a defender el amor misericordioso de Dios contra las nefastas teorías de los jansenistas y de los rigoristas, los cuales, negando la universalidad de la redención y acentuando las exigencias de la justicia de Dios, sumergían a los hombres en la angustia y la desesperación. A ellos opuso Ligorio el mensaje salvífico del Evangelio y la presencia activa del Espíritu Santo, que nos arranca de la esclavitud de la Ley y nos lleva a la libertad de los hijos de Dios.

 

ORATIO

Cristiano, levanta los ojos y mira a Jesús muerto sobre ese patíbulo, con el cuerpo lleno de llagas que todavía manan sangre. La fe te enseña que él es el Creador, tu salvador, tu vida, tu liberador. Es alguien que te ama más que nadie, es alguien que sólo puede hacerte feliz.

Sí, Jesús mío, lo creo: tú eres alguien que me ha amado desde la eternidad, sin ningún mérito por mi parte; es más, previendo mi ingratitud, sólo por tu bondad me diste el ser. Tú eres mi salvador, y con tu muerte me has liberado del infierno que tantas veces he merecido. Tú eres mi vida por la gracia que me has dado, sin la cual yo estaría muerto para siempre. Tú eres mi padre y mi padre amoroso; perdonándome con tanta misericordia las injurias que te he hecho. Tú eres mi tesoro y me enriqueces con muchas luces y favores en vez de los castigos que he merecido. Tú eres mi esperanza, pues fuera de ti no puedo esperar ningún bien de otros. Tú eres mi verdadero y único amador; basta con decir que has llegado a morir por mí. Tú, en suma, eres mi Dios, mi sumo bien, mi todo (Alfonso María de Ligorio, Meditaciones sobre la pasión).

 

CONTEMPLATIO

Ésta es, por tanto, la meta a la que deben tender nuestros deseos, nuestros suspiros, todos los pensamientos y todas nuestras esperanzas: ir a gozar de Dios en el paraíso para amarlo con todas las fuerzas y gozar del gozo de Dios. Gozan, a buen seguro, de su felicidad los bienaventurados en aquel Reino de delicias, mas su gozo principal, el que absorbe todos los otros defectos, será el de conocer la felicidad infinita de que goza su amado Señor, mientras ellos aman a Dios inmensamente más que a sí mismos. Todo bienaventurado, en virtud del amor que tiene a Dios, seguiría estando contento aunque perdiera todos sus goces, y padecería toda pena con tal de que no le faltara a Dios -si es que pudiera faltarle- una mínima parte de la felicidad de que goza. Por eso, en ver que Dios es infinitamente feliz y que esta felicidad nunca puede faltarle, en esto consiste su paraíso. Así se entiende lo que dice el Señor a toda alma al darle posesión de la gloria: "Toma parte en la alegría de tu señor" (Mt 25,21).

No es ya el gozo el que entra en el bienaventurado, sino que éste entra en el gozo de Dios, mientras que el gozo de Dios es objeto del gozo del bienaventurado. De modo que el bien de Dios será el bien del bienaventurado, la riqueza de Dios será la riqueza del bienaventurado y la felicidad de Dios será la felicidad del bienaventurado (Alfonso María de Ligorio, Práctica del amor a Jesucristo).

 

ACTIO

Repite y medita a menudo durante el día este pensamiento de san Alfonso: "Quien ora se salva ciertamente, quien no ora ciertamente se condena".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

San Alfonso es un napolitano maravilloso, y tanto en su vida como en su ingenio aflora más de una vez, e incluso con gran frecuencia, su llaneza con una frescura y una jovialidad increíbles.

Quien le convierte en un santo pedante, petulante, aburrido, cruel, no le conoce ni de vista. Quien le convierte, en virtud de su moral, en una especie de casuista monomaniaco y sin aliento, no conoce a san Alfonso.

       Fue músico, pintor, poeta, un hombre de espíritu y de garbo, capaz de resolver una cuestión con una salida y de enderezar un mundo invertido con una sonrisa; tuvo algo de la dolorida profundidad de Vico y algo de la vivacidad profunda de Galian!.

En sus acciones y en sus obras aparece siempre superior a lo que hace y a lo que dice, dueño de sí y de lo que trata. Entre las muchas vías abiertas que se presentan a quien actúa y escribe, toma siempre la suya propia, una que se abre a él por vez primera. Despierto, despejado, resuelto y resolutivo, sigue su camino sin la mínima vacilación, y este camino se abre a muchos.

Por lo que respecta a la moral, sabido es que la Iglesia camina justamente por el camino abierto por san Alfonso. Por lo que respecta a la devoción, durante ciento cincuenta años cientos de miles de almas se han puesto a caminar por el camino trazado por Alfonso.

Esta agilidad, gracia y sencillez hacen de él alguien cordialísimo, alguien al que se trata con placer. Habría que verlo. Habría que saber verlo y hacerlo ver entre los recuerdos que de él nos quedan, entre sus libros, en su correspondencia: hallaríamos gestos bellísimos y originales, reflexiones agudas y divertidas, fragmentos cálidos y brillantes, salidas de una milagrosa bonhomía y profundidad, tomaduras de pelo caritativas pero tremendas, réplicas vivaces y repentinas, como se da una bofetada a un bribón.

 

 

 

Día 2

Viernes de la semana XVII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 26,1-9

1 Al comienzo del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, el Señor me dirigió esta palabra:

2 "Así dice el Señor: Ponte en el atrio del templo del Señor y proclama, sin omitir nada, todo lo que yo te mando decir a los que vienen de las ciudades de Judá para dar culto en el templo.

3 Tal vez te hagan caso y se conviertan de su mala conducta. Si lo hacen, yo me arrepentiré del mal que pensaba hacerles para castigar sus malas acciones.

4 Les dirás: Así dice el Señor: Si no me obedecéis; si no cumplís la Ley que os he prescrito;

5 si no escucháis las palabras de mis siervos los profetas, a quienes yo os envío sin cesar y vosotros no hacéis caso,

6 trataré a este templo como al santuario de Silo, y todas las naciones citarán el nombre de esta ciudad en sus maldiciones.

7 Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor.

8 Y cuando Jeremías acabó de decir lo que el Señor le había mandado decir a todo el pueblo, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo le apresaron, diciendo: -Morirás por esto.

9 Por qué profetizas en nombre del Señor diciendo que este templo correrá la suerte del santuario de Silo y que esta ciudad será devastada y despoblada? Entonces todo el pueblo se abalanzó sobre Jeremías en el templo del Señor.

 

*+• Este fragmento abre una nueva sección del libro de Jeremías (capítulos 26-29), que se distingue de la precedente (capítulos 1-25). En la que ahora comienza, se narran en prosa las circunstancias relativas a los mensajes del profeta. Concretamente, el capítulo 26 presenta el contexto de las palabras pronunciadas por el profeta en la entrada del templo y recogidas en el capítulo 7. Durante el reinado del impío Joaquín, que había frustrado las esperanzas de reforma religiosa suscitadas por su padre, Josías, pronuncia Jeremías el duro discurso del que aquí se nos ofrece una síntesis. El Señor envía al profeta al templo, presumiblemente con ocasión de una fiesta religiosa que atrae a muchas personas a Jerusalén (v. 2), a proclamar unas palabras importantes, unas palabras que deberá pronunciar sin omitir nada: está en juego la conversión del pueblo o su castigo (v. 3). Jeremías llama a todos a la responsabilidad respecto a la Palabra del Señor, cuya escucha constituye el punto de partida para convertirse. Precisamente con este fin ha ido enviando Dios, a lo largo de toda la historia de Israel, a los profetas, hombres de la Palabra (v. 5).

Ahora bien, quien no sigue las advertencias de los profetas y no se comporta en conformidad con la Palabra del Señor no puede pretender encontrar la salvación sólo por el hecho de frecuentar el templo. La actitud asumida respecto a la Palabra es discriminadora: si escucharla y obedecerla es vivir, no escucharla y no obedecerla es morir. En este caso, el pueblo depositario de la bendición será maldito en virtud de su elección (v. 6).

 

Salmo Responsorial

Escúchame, Señor, el día de tu favor

Salmo 68


Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
R/. Escúchame, Señor, el día de tu favor

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
R/.
Escúchame, Señor, el día de tu favor

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
R/.
Escúchame, Señor, el día de tu favor

 

 

Evangelio: Mateo 13,54-58

En aquel tiempo,

54 fue Jesús a su pueblo y se puso a enseñarles en su sinagoga. La gente, admirada, decía: -De dónde le vienen a éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos?

55 No es éste el hijo del carpintero? No se llama su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? 56 No están todas sus hermanas entre nosotros? De dónde, pues, le viene todo esto?

57 Y los tenía desconcertados. Pero Jesús les dijo: -Un profeta sólo es despreciado en su pueblo y en su casa.

58 Y no hizo allí muchos milagros por su falta de fe.

 

*•• Terminado el "sermón en parábolas", recoge Mateo otro material narrativo, cuyo variado contenido marca la progresiva separación entre Jesús e Israel y manifiesta la formación específica dada al grupo de los discípulos {cf. Mt 13,54-17,27).

El episodio que abre la sección, y que constituye el fragmento litúrgico de hoy, narra el rechazo que opusieron a Jesús sus paisanos. Del estupor inicial producido por su enseñanza (v. 54) se pasa a la pregunta fundamental sobre la identidad del Nazareno. Los fariseos habían respondido a ella declarándolo afiliado al bando del príncipe de los demonios, por cuya autoridad habría hecho los milagros {cf 12,24). Los habitantes de Nazaret, sin embargo, no dan respuesta alguna. El conocimiento que tienen de su paisano y de su familia se convierte en un obstáculo para creer que sea él el Mesías: no es posible que un hombre de la condición de Jesús tenga "esa sabiduría y esos poderes milagrosos" (v. 55ss).

Jesús constata a través de su propia experiencia la verdad del dicho proverbial que reza: "Nadie es profeta en su tierra" {cf v. 57). La suerte de su mensaje y de su misma persona no es diferente a la reservada a los profetas del Antiguo Testamento y de todos los tiempos: rechazo, burla, desprecio, persecución; a menudo, también muerte violenta. Y dado que los milagros suponen la fe, que es lo único que permite comprender su verdadero significado, la incredulidad de los habitantes de Nazaret se convierte en un impedimento para que Jesús pueda hacerlos (v. 58).

 

MEDITATIO

La fe es acogida y adhesión total a la persona de Jesús. No es posible aceptar a Jesús en parte, sólo en aquellos aspectos que puedan parecemos más agradables y comprensibles. Si aceptar a Jesús y la Palabra del Padre que él nos comunica lanza por los aires nuestras ideas y proyectos, incluso religiosos, si descubrimos que Jesús es diferente de la imagen que nos habíamos hecho de él, entonces se nos presenta la ocasión de convertirnos, es decir, de abandonar nuestros puntos de vista y dirigir nuestra mirada sobre Jesús tal como es, disuadiéndonos de nuestros razonamientos. Si esto nos incomoda demasiado y nos mofamos de quien nos invita a no camuflar el rostro de Dios, difícilmente podremos ver los signos de su presencia vivificante entre nosotros.

La invitación a escuchar a los profetas va rebotando a lo largo de los siglos y llega hasta nosotros. En Jesús se ha pronunciado la Palabra de Dios de manera total, y desde hace dos mil años nunca han faltado en la Iglesia hombres y mujeres que con su vida, sus escritos y su predicación han reavivado entre sus contemporáneos la conciencia de la belleza y las exigencias del Evangelio. También hoy están presentes entre nosotros, pero los escuchamos?

 

ORATIO

!Haz Que te conozca, Señor! No quiero quedar encerrado en las angustias de mis ideas sobre ti, unas ideas tan mezquinas, tan limitadas... Haz que te conozca como eres, en tu belleza, en tu verdad, en tu sencillez.

Haz que te conozca. Y para ello, Señor, libérame de los sucedáneos de los que me rodeo, de las falsas certezas en las que me apoyo. Deseo, quiero declarar mi fe en ti,

Señor siempre sorprendente, que remueves mis certezas construidas a la medida de mi tranquilo vivir. Oh Dios, a quien tengo miedo de entregarme y cuya falta me consume; Dios de mi mediocridad y de mi nostalgia del absoluto; Dios que caminaste en Jesús entre nosotros y exaltaste nuestra vida, haz que te conozca, porque, oh Señor de mi vida, creo en ti.

 

CONTEMPLATIO

Bajó de los cielos a la tierra por causa de la humanidad que sufre; se revistió de nuestra humanidad en el seno de la Virgen y nació como hombre. Él fue quien nos sacó de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al Reino eterno.

Fue perseguido en David y deshonrado en los profetas. Fue él quien se encarnó en el seno de la Virgen, fue colgado en la cruz, sepultado en la tierra y, resucitado de entre los muertos, subió a las alturas de los cielos (Melitón de Sardes, "Homilía sobre la Pascua" 65-67, en SC 123,95-101).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que yo te escuche, Señor, y me convierta a ti" (cf. Jr 26,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Decir en veinte renglones quién es Jesucristo? Para los cristianos, Jesús es Dios. -Aunque no para todos: la divinidad de Cristo ha dividido desde siempre a la cristiandad. - Pocos dogmas como éste han sido defendidos o combatidos con tanta fogosidad. - La imagen de Cristo se refleja siempre en la conciencia de cada uno según sus propios conocimientos.

Para los judíos, durante los siglos de su exilio, el Crucificado ha sido también e! Crucificador. En nombre de Cristo se han promulgado leyes antisemitas, en nombre de Cristo ha sido discriminado, perseguido, expulsado, asesinado con excesiva frecuencia Israel a ruegos de muchas Inquisiciones. Jesús: un vínculo de unión entre Israel y los gentiles, que une y separa en igual medida. Justo, sabio, profeta: un "loco" entre los "locos" de Israel, en la medida en que toda verdadera profecía confina con la locura que condena nuestra sensatez. Un judío "central", decía Martin Buber. Un judío único, como todos y cada uno podemos constatar. Único por su esplendor y por la contradicción que ha introducido -como una levadura- en el corazón de las naciones. Un misterio -así prefieren definirlo los teólogos cristianos, a los que responden con el silencio los teólogos judíos-.

Pero veinte líneas son incluso demasiadas para hablar de un misterio. O bien, en ese caso, es que el que lo intenta no sabe de lo que está hablando (André Chouraqui, en A.-M. Carré [ed.], Per leí, chi é Gesü Cristo?, Roma 1 973 [edición española: Para ti, quién es Jesucristo, Narcea, Madrid 1972]).

 

 

Día 3

Sábado de la semana XVII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 26,11-16.24

En aquellos días,

11 los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y a todo el pueblo: -Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como habéis escuchado con vuestros propios oídos.

12 Pero Jeremías dijo a todos los jefes y al pueblo: -El Señor me ha enviado a profetizar contra este templo y contra esta ciudad todo lo que habéis oído.

13 Así que enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, obedeced al Señor, vuestro Dios, y el Señor se arrepentirá del castigo con el que os ha amenazado.

14 En cuanto a mí, estoy en vuestras manos; haced de mí lo que os parezca bueno y justo,

15 pero sabed que, si me matáis, seréis responsables de la muerte de un inocente, vosotros, esta ciudad y sus habitantes, porque es verdad que el Señor me ha mandado a que os anuncie todas estas cosas.

16 Los jefes y el pueblo entero dijeron a los sacerdotes y a los profetas:

-Este hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios.

24 A Jeremías lo protegió Ajicán, hijo de Safan, y por eso no lo entregaron en manos del pueblo para que lo mataran.

 

^ Este fragmento es continuación del leído ayer y presenta la reacción a la vigorosa advertencia pronunciada por el profeta en la entrada del templo. Las autoridades religiosas denuncian a Jeremías ante los jefes y ante el pueblo, acusándole de profetizar la destrucción del templo y de Jerusalén, "santos" ambos por ser morada de Dios. Anunciar su final era pronunciar una blasfemia que merecía la sentencia de muerte (v. 11). Jeremías reivindica en su defensa el mandato recibido del Señor (v. 12). Con todo, precisa que el centro de su mensaje no es la destrucción de Jerusalén y de su templo, sino la conversión del pueblo: eso es lo que desea el Señor, y a su obtención se dirige la amenaza del castigo que, sin embargo, si la advertencia consigue el efecto esperado, no será llevado a cabo (v. 13). Jeremías sabe que es, en verdad, profeta de YHWH: los jefes religiosos y políticos se abstienen de condenar a muerte a un inocente, cuya sangre pesaría sobre su conciencia como una culpa ulterior que, ciertamente, no quedaría sin castigo (w. 14ss). El fragmento litúrgico concluye con el v. 24, en el que se indica que Jeremías salvó la vida gracias a la protección que le otorgó un personaje dotado de autoridad frente a los jefes del pueblo.

 

Salmo Responsorial

Escúchame, Señor, el día de tu favor

Salmo 68


Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
R/.
Escúchame, Señor, el día de tu favor

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
R/.
Escúchame, Señor, el día de tu favor

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
R/. Escúchame, Señor, el día de tu favor

 

Evangelio: Mateo 14,1-12

1 Por entonces, el tetrarca Herodes oyó hablar de Jesús,

2 y dijo a sus cortesanos: -Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos; por eso actúan en él los poderes milagrosos.

3 Es que Herodes había detenido a Juan, lo había encadenado y lo había metido en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.

4 Pues Juan le decía: -No te es lícito tenerla por mujer.

5 Y, aunque quería matarlo, tuvo miedo al pueblo, que lo tenía por profeta.

6 Un día que se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en público y agradó tanto a Herodes

7 que éste juró darle lo que pidiese.

8 Ella, azuzada por su madre, le dijo: -Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.

9 El rey se entristeció, pero por no romper el juramento que había hecho ante los comensales, mandó que se la dieran,

10 después de enviar emisarios para que cortaran la cabeza a Juan en la cárcel.

11 Trajeron la cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, la cual a su vez se la llevó a su madre.

12 Después vinieron sus discípulos, recogieron el cadáver, lo sepultaron y fueron a contárselo a Jesús.

 

**• Después de contar cómo rechazaron a Jesús sus paisanos, inserta el evangelista el relato del martirio de Juan el Bautista, tomando como motivo la reacción de Herodes Antipas al oír hablar de Jesús y de sus obras (w. lss). Herodes, a quien los romanos le habían reconocido la jurisdicción sobre Galilea y Perea, había decretado el arresto y la posterior decapitación del Bautista a causa de la fuerte denuncia por parte de este último del pecado del tetrarca. Este había repudiado a su consorte y tomado como mujer a la esposa de su hermano (w. 3-5).

La intransigente llamada del Bautista a la observancia de la ley moral se había vuelto insoportable para la pareja adúltera. Si bien la voluntad homicida de Herodes estaba frenada por el temor de una sublevación popular -y, añade el evangelista Marcos, por cierta estima que el tetrarca alimentaba por el Bautista (cf. Me 6,20)-, no ocurría lo mismo con Herodías. Por eso, cuando Herodes le juró a la hija de ésta darle lo que le pidiera, "Herodías consiguió que le entregara la cabeza de Juan (w. 6-11). La muerte del Bautista, cuya noticia llevaron a Jesús los discípulos de aquél (v. 12), es el último eslabón de una cadena de acontecimientos a través de los cuales ha llevado Juan a término su propia misión de precursor. Jesús comprende que está llamado a recorrer el mismo camino.

 

MEDITATIO

En los discursos de despedida que siguieron a la Última cena, Jesús declaró: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Jesús es la verdad desconocida y combatida por los que se dejan instigar por aquel que es "mentiroso y padre de la mentira" (Jn 8,44). Ahora bien, el que sigue a éste no llega a la vida, sino a la muerte.

Sin embargo, tiene tantos seguidores porque en este mundo el éxito de la elección parece producir un efecto contrario: los testigos de la verdad son aplastados, hechos callar, muertos en los lager (campos de concentración) de ayer y de hoy Es una constante de la historia que estallan persecuciones allí donde hay alguien que dice de modo claro y comprensible, con su vida y con sus palabras, la verdad de Dios. La verdad es incómoda, del mismo modo que es incómodo el amor, porque implica la renuncia a nuestros propios intereses egoístas y pide la apertura al otro.

La Palabra del Señor, una vez más, nos sirve de espejo. En qué rostro nos reconocemos? En el de Jeremías y en el de Juan el Bautista? O en el de los sacerdotes y en el de los profetas corruptos, o en los de Herodes y Herodías?... Escuchemos, hoy, la voz del Señor, que es la voz de la verdad.

 

ORATIO

Perdona, Señor, mi poco coraje. Me siento muy semejante a tu apóstol Pedro, que, cuando le preguntaron si era de los tuyos, negó incluso conocerte. El miedo a perder la compañía de alguien o un mal entendido respeto humano me frenan a la hora de pronunciar las palabras, de realizar acciones coherentes con ese Evangelio que, sin embargo, deseo vivir. En ciertos lugares es motivo de vergüenza declararse cristiano.

Concédeme tu Espíritu de fortaleza: que yo me deje calentar el corazón y encuentre en ti una alegría más fuerte que cualquier miedo. Haz de mí también un testigo de la verdad que tú eres.

 

CONTEMPLATIO

Dichosos los que han sufrido como los profetas. A alguien que, viviendo con pleno celo y censurando a los que pecan, tuviera que comprender que ha de ser odiado y estar expuesto a insidias, así como perseguido y escarnecido a causa de la justicia, no sólo no le disgustarán estas cosas, sino que se alegrará y exultará con ellas, porque está convencido de que recibirá a cambio una gran recompensa en los cielos de manos de aquel que lo ha comparado a los profetas, por haber padecido los mismos sufrimientos. Es preciso, por consiguiente, que aquel que vive con celo la vida profética y ha sido capaz de acoger al Espíritu que había en los profetas, reciba desprecio en el mundo y entre los pecadores, a quienes resulta embarazosa la vida del justo (Orígenes, Comentario al evangelio de Mateo, Roma 1998, I, pp. 141ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Siguen enviando, Señor, profeta a tu Iglesia".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Para los que se han especializado en el arte de descubrir el lado bueno en cada criatura, ninguna es sólo maldad. Para los que se han especializado en el arte de descubrir el alma de verdad que hay en cada ideología, la inteligencia no es capaz de adherirse aferrar total.

No has de temer a la verdad, porque, aunque pueda parecerte dura y herirte de muerte, es auténtica. Has nacido para ella. Si intentas encontrarla, si dialogas con ella, si la amas, no hay mejor amiga ni hermana mejor.

Hasta el fondo, no te detengas. Es una gracia divina empezar bien. Pero es una gracia mayor aún continuar por el buen camino, mantener el ritmo... Ahora bien, la gracia de las gracias es no perderse y, resistiendo aún o dejando ya de hacerlo, a jirones, a pedazos, ir hasta el fondo (H. Cámara, // deserto é fecondo, Asís 1982 [edición española: El desierto es fértil, Sígueme, Salamanca 1986]).

 

 

 

Día 4

Domingo XVIII del tiempo ordinario

San Juan María Vianney.- Juan María Vianney nació cerca de Lyon (Francia) el 8 de mayo de 1786. Descubrió pronto su vocación para el sacerdocio, pero fue excluido del seminario por falta de aptitud para los estudios. Le ayudó el párroco de Ecully y, cuando ya estaba casi en los treinta años, fue ordenado sacerdote en Grenoble. En 1819 fue destinado a la parroquia de Ars, a la que transformó con su bondad, abnegación pastoral y santidad de vida. Murió el 4 de agosto de 1859. Es patrono de los párrocos desde 1929.

 

LECTIO

Primera lectura: Éxodo 16,2-4.12-15

En aquellos días,

2 la comunidad de los israelitas comenzó a murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:

3 -!Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y nos hartábamos de pan! Pero vosotros nos habéis traído a este desierto para hacer morir de hambre a toda esta muchedumbre.

4 El Señor dijo a Moisés: -Mira, voy a hacer llover del cielo pan para vosotros. El pueblo saldrá todos los días a recoger la ración diaria; así los pondré a prueba, a ver si actúan o no según mi ley.

12 -He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: Por la tarde comeréis carne y, por la mañana, os hartaréis de pan, y así sabréis que yo soy el Señor, vuestro Dios.

13 Por la tarde, en efecto, cayeron tantas codornices que cubrieron el campamento, y por la mañana había en torno a él una capa de rocío.

14 Cuando se evaporó el rocío, observaron sobre la superficie del desierto una cosa menuda, granulada y fina, parecida a la escarcha.

15 Al verlo, se dijeron unos a otros: -Manhu? (es decir, qué es esto?). Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: -Éste es el pan que os da el Señor como alimento.

 

*" El pueblo judío fue liberado de la esclavitud egipcia gracias a la intervención de Dios por medio de Moisés (Ex 13,17-15,21). Tras el paso del mar Rojo, empieza el camino por el desierto, que al principio se hizo difícil a causa de tres problemas: la falta de agua potable, la falta de alimento y la presencia de pueblos adversarios que salían a combatir contra Israel. Cuando llega la dificultad, el pueblo parece echar la culpa a Moisés y a Aarón: sólo a causa de los frágiles sueños de libertad de estas dos personas habían abandonado la seguridad de la esclavitud egipcia y habían emprendido el peligroso camino de la liberación: "!Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y nos hartábamos de pan!" (v. 3).

Parece una rebelión contra los jefes. Moisés comprende que, en realidad, "no van contra nosotros vuestras murmuraciones, sino contra el Señor" (v. 8). En el fondo, el verdadero problema no es la falta de alimento o de agua, sino la duda: "Está el Señor en medio de nosotros o no?" (Ex 17,7). A pesar de todo, Dios provee: con las fuentes de Elín (Ex 15,22-27) y con el agua que mana de la roca (Ex 17); llegan del cielo el maná y las codornices (Ex 16); los amalecitas son derrotados (Ex 17,8-16). En la relectura practicada por el salmista, el maná es un don del Dios fiel a "una generación rebelde y obstinada, una generación de corazón inconstante y espíritu infiel" (Sal 78,8).

El maná es una sustancia natural que tiene el aspecto de granos blancos dulces: se trata de la linfa que cae de la corteza de las ramas de una especie de tamarisco picadas por ciertos insectos que se alimentan de ella. El alimento del desierto "sabía como a torta de miel" (Ex 16,31). La dulzura de la que se habla aquí no es "culinaria", sino teológica, según el libro de la Sabiduría: "Aquel sustento manifestaba a tus hijos tu dulzura, ya que se acomodaba al gusto de quienes lo tomaban y se transformaba según los deseos de cada uno" (Sab 16,21).



Salmo responsorial
El Señor les dio pan del cielo

Salmo 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54

Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder.

Pero dio  orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio pan del cielo.

El hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido.



Segunda lectura: Efesios 4,17.20-24

Hermanos:

17 Os digo, pues, y os recomiendo encarecidamente en el nombre del Señor, que no viváis como viven los no creyentes: vacíos de pensamiento. 20 !No es eso lo que vosotros habéis aprendido sobre Cristo!

21 Porque supongo que habéis oído hablar de él y que, en conformidad con la auténtica doctrina de Jesús, se os enseñó como cristianos

22 a renunciar a vuestra conducta anterior y al hombre viejo, corrompido por apetencias engañosas.

23 De este modo os renováis espiritualmente

24 y os revestís del hombre nuevo creado a imagen de Dios, para llevar una vida verdaderamente recta y santa.

 

*"• El apóstol prosigue su exhortación a vivir en la verdad, conservando la unidad del espíritu en el cuerpo de Cristo (Ef 4,1-6, cf. 17° domingo, ciclo B) y acogiendo la acción de la cabeza, que edifica su cuerpo, la Iglesia (Ef 4,7-16). El texto analiza la tarea del cristiano, contraponiendo la situación pagana con la cristiana (vv. 17-24): "Si un tiempo estabais muertos por vuestras culpas, sin esperanza, alejados, extranjeros, huéspedes, tiniebla [...], ahora sois luz en el Señor, cercanos, conciudadanos de los santos y familia de Dios (cf. Ef 2,1.12-13.19-22; 5,8).

Abandonar la vida pagana significa rechazar la propia autosuficiencia, la mala voluntad que mantiene prisionera la verdad, o sea, la vaciedad de pensamiento (cf. v. 17). Significa liberarse de todo lo que aleja la vida de la realidad humana, pensada y querida por el Creador; volver a encontrar como don un corazón sensible a todas las llamadas del bien, de la verdad, de la belleza (v. 18). De otro modo, el hombre queda consumido por una "avidez, insaciable" (v. 19), por la codicia de la posesión, con la que el hombre espera colmar su vacío. La vida cristiana, en cambio, consiste en "aprender sobre Cristo" (v. 20), poniendo su persona en el centro de la vida. Se trata de "aprender" y de ponerse en camino. No se trata de limitarse a los gestos materiales, sino de adoptar una conducta de vida conforme con el proyecto de Dios y con su voluntad (cf. Ef 1,10). Los cristianos ya han sido revestidos en el bautismo del "hombre nuevo" (v. 24). Ahora se trata de hacer aparecer, de una manera personal y concreta, este ser y esta vida, de un modo que corresponda a la realidad divina que han recibido: "Y eso no procede de vosotros, sino que es don de Dios" (Ef 2,8).

"Cristo, que es nuestro cordero pascual, ha sido ya inmolado. Así que celebremos fiesta, pero no con levadura vieja, que es la de la maldad y la perversidad, sino con los panes pascuales de la sinceridad y la verdad" (1 Cor 5,7-8).

 

Evangelio: Juan 6,24-35

En aquel tiempo,

24 cuando se dieron cuenta de que ni

Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús.

25 Lo encontraron al otro lado y le dijeron: -Maestro, cuándo has llegado aquí?

26 Jesús les contestó: -Os aseguro que no me buscáis por los signos que habéis visto, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

27 Esforzaos no por conseguir el alimento transitorio, sino el permanente, el que da la vida eterna. Este alimento os lo dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, le ha acreditado con su sello.

28 Entonces ellos le preguntaron: -Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?

29 Jesús respondió: -Lo que Dios espera de vosotros es que creáis en aquel que él ha enviado.

30 Ellos replicaron: -Qué señal puedes ofrecernos para que, al verla, te creamos? Cuál es tu obra?

31 Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio a comer pan del cielo.

32 Jesús les respondió: -Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. Es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo.

33 El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo.

34 Entonces le dijeron: -Señor, danos siempre de ese pan.

35 Jesús les contestó: -Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed.

 

*+• Tras la multiplicación de los panes, el evangelista Juan alude a la búsqueda de Jesús por parte de la muchedumbre. Lo encuentran junto a Cafarnaún y le dirigen esta pregunta: "Maestro, cuándo has llegado aquí?" (v. 25). Jesús no responde a lo que le preguntan, pero revela las verdaderas intenciones que han impulsado a la gente a buscarle, desenmascarando una mentalidad demasiado material (v. 26). Todos siguen a Jesús por el pan material, sin comprender la señal hecha por el profeta.

Buscan más las ventajas materiales y pasajeras que las ocasiones de adhesión y de amor. Ante esta ceguera espiritual, Jesús proclama la diversidad que existe entre el pan material y corruptible y ese otro "que da la vida eterna" (v. 27). Invita a la gente a superar el estrecho horizonte en el que vive, para pasar a la fe. Los interlocutores de Jesús le preguntan entonces: "Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?" (v. 28). Jesús exige una sola cosa: la adhesión al plan de Dios, es decir, "lo que Dios espera de vosotros es que creáis en aquel que él ha enviado" (v. 29).

La muchedumbre no está satisfecha (v. 30). El milagro de los panes no es suficiente; quieren un signo particular y más estrepitoso, el nuevo milagro del maná (cf. Sal 78,24), para reconocer al profeta de los tiempos mesiánicos.

Jesús, en realidad, da verdaderamente el nuevo maná, porque su alimento es muy superior al que comieron los padres en el desierto: él da a todos la vida eterna. Pero sólo el que tiene fe puede recibir ese don. El verdadero alimento no está en el don de Moisés ni en la ley, sino en el don del Hijo, que el Padre ofrece a los hombres, porque él es "el verdadero pan del cielo" (v. 33). La muchedumbre parece haber comprendido: "Señor, danos siempre de ese pan" (v. 34). Pero, en realidad, no comprende el valor de lo que pide y anda lejos de la verdadera fe. Entonces Jesús, evitando todo equívoco, precisa: " Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre" (v. 35). Él es el don amoroso hecho por el Padre a cada hombre. Él es la Palabra que han de creer: quien se adhiere a él da un sentido a su propia vida y consigue su propia felicidad.

 

MEDITATIO

Es menester ponerse en el lugar de los interlocutores de Moisés, de Aarón y de Jesús y comprender sus dificultades, unas dificultades reales. Los israelitas estaban cargados de razones para murmurar: qué vida es esta que nos hacéis llevar en el desierto? Valía la pena? No estábamos mejor cuando estábamos peor? Quién podría decir que están equivocados? Se trata de una vida de miseria y sin perspectivas, de una vida que se desarrolla en una inseguridad total. Una vida en la que se juegan la supervivencia.

También los interlocutores de Jesús tenían más de un motivo para mostrarse perplejos, dado que un hombre, aunque fuera prestigioso, se autoproclama "el pan de la vida". No es un poco demasiado? No se está exaltando? No está exagerando, visto el éxito del milagro? Es cierto que es capaz de dar pan para comer; ahora bien, para llegar a considerarse el "pan bajado del cielo", el pan definitivo, queda todavía mucho trecho. Es preciso reconocer que los que murmuraban o se mostraban perplejos tenían sus buenas razones para hacerlo.

Y debo reconocer que también yo, si me hubiera encontrado en las mismas circunstancias, habría tenido más o menos las mismas reacciones, precisamente porque pienso normalmente que es necesario ser concretos, mantenerse con los pies en el suelo, no dejarse fascinar ni arrastrar por fáciles entusiasmos que, después, se revelan ilusorios. Y conmigo, también la gente de hoy, quizás la gran mayoría, habría tenido las mismas  reacciones razonables, sensatas, casi obvias. Y tanto más por el hecho de que nuestra sociedad nos ha educado para prever, calcular, usar la razón.

Sin embargo...

 

ORATIO

Fíjate, Señor, cómo ciertos pasos resultan difíciles. Y tú lo sabes bien, porque has puesto en nosotros el instinto de conservación, que es una de las fuerzas más poderosas que rigen la vida. Hoy te pido que hagas más poderoso aún este instinto, a saber: que lo extiendas a la Vida, a la vida que tú prometes, a la vida que debe durar para siempre, de suerte que pueda sentir dentro de mí las razones del corazón, las razones de la Vida, la pregunta sobre el cómo alimentarla.

Te pido que me hagas percibir este instinto vital superior al menos con la misma fuerza que el natural, para que mis decisiones sean prudentes y sabias, no ligadas sólo al sentido común, y tampoco estén dictadas por la facilidad para creer cualquier propuesta milagrera.

Otra cosa te pido aún: concédeme el espíritu de discernimiento, para que sepa distinguir entre la verdadera fe y las ilusiones, el carácter razonable de mi modo de pensar y la apertura a tu posible acción en el mundo.

Haz, oh Señor, que no desista nunca de ser un hombre bien arraigado en la realidad y, al mismo tiempo, abierto también a tu Realidad, a ti, que puedes sorprenderme y venir a mi encuentro en cualquier momento; a ti, que puedes dar la vuelta en un instante a la marcha normal de las cosas, para plantearme la pregunta radical sobre en qué pongo mi confianza.

 

CONTEMPLATIO

"Descarga en el Señor tus inquietudes y él te sostendrá" (Sal 55,23). Qué es lo que te preocupa? Por qué andas afligido? El que te ha hecho se ocupa de ti. El que ya cuidaba de ti antes de que existieras no cuidará de ti ahora que eres lo que él quiso que fueras? No cuidará de ti el que "hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos" (Mt 5,45). Se desentenderá, te abandonará, te dejará solo a ti, que eres justo y vives en la fe? Al contrario, te colma de beneficios, te ayuda, te da aquí lo que es necesario, te defiende de las adversidades.

Concediéndote dones te consuela para que perseveres, quitándotelos te corrige para que no perezcas. El Señor cuida de ti, puedes estar tranquilo; te sostiene aquel que te ha hecho: no caerás de la mano de tu Creador (Agustín, Comentarios sobre los salmos, 38,18).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, !ayúdame a creer!".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Cada día trae consigo una sorpresa, pero sólo podemos verla, oírla, sentirla cuando llega, si la esperamos. No debemos tener miedo de acoger la sorpresa de cada día, tanto si llega como un dolor o como una alegría. Ella abrirá un nuevo espacio en nuestro corazón, un lugar en el que podremos acoger nuevos amigos y celebrar de un modo más pleno nuestra humanidad compartida.

Con todo, el optimismo y la esperanza son dos actitudes radicalmente diferentes. El optimismo significa esperar que las cosas -el tiempo, las relaciones humanas, la economía, la situación política y otras cosas como éstas- mejoren. La esperanza es la verdadera confianza en que Dios cumplirá las promesas que nos ha hecho de conducirnos a la verdadera libertad. El optimista habla de cambios concretos en el futuro. La persona de esperanza vive en el momento presente sabiendo que en la vida todo está en buenas manos. Todos los grandes de la historia han sido personas de esperanza. Abrahán, Moisés, Rut, María, Jesús, Rumi, Gandhi..., todos ellos vivieron guardando en su corazón la promesa que les guiaba hacia el futuro, sin necesidad de saber exactamente cómo habría de ser (H. J. M. Nouwen, Pane per !I viaggio, Brescia 1997, pp. 10.25 [edición española: Pan para el viaje: una guía de sabiduría y de fe para cada día del año, Ediciones Obelisco, Barcelona 2001]).  

 

 

 

Día 5

Lunes de la semana XVIII del Tiempo ordinario

 

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 28,1-17

1 Ese mismo año, al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá, el quinto mes del año cuarto de su reinado, el profeta Jananías, hijo de Azur, natural de Gabaón, me dijo en el templo del Señor, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo:

2 -Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Yo he roto el yugo del rey de Babilonia.

3 Dentro de dos años haré volver a este lugar todos los enseres del templo del Señor que Nabucodonosor, rey de Babilonia, se llevó a Babilonia.

4 También haré volver a Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, y a todos los judíos que fueron deportados a Babilonia, oráculo del Señor. Sí, yo romperé el yugo del rey de Babilonia.

5 El profeta Jeremías dijo al profeta Jananías en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo que estaba en el templo del Señor:

6 -!Así sea! !Ojalá el Señor cumpla tu profecía y haga volver desde Babilonia a este lugar todos los enseres del templo del Señor y a todos los desterrados!

7 Sin embargo, escucha bien la palabra que pronuncio ante ti y ante todo el pueblo:

8 Los profetas anteriores a ti y a mí profetizaron ya desde antiguo a muchos países y a reinos poderosos guerra, hambre y peste.

9 El profeta que anuncia la paz sólo será reconocido como profeta verdadero, enviado por el Señor, cuando se cumpla su palabra.

10 Entonces Jananías quitó el yugo del cuello de Jeremías y lo rompió.

11 Y dijo en presencia de todo el pueblo: -Así dice el Señor: Así romperé yo dentro de dos años el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, quitándolo del cuello de todas las naciones. Y el profeta Jeremías se fue.

12 Algún tiempo después de que Jananías rompiera el yugo, el Señor habló así a Jeremías:

13 -Vete a decir a Jananías: Así dice el Señor: Has roto un yugo de madera, pero yo lo sustituiré por uno de hierro.

14 Pues así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Voy a poner un yugo de hierro al cuello de todas estas naciones para someterlas a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y quedarán sometidas a él; y también le entrego las bestias del campo.

15 Entonces el profeta Jeremías dijo al profeta Jananías: -Escucha, Jananías: el Señor no te ha enviado, y has hecho que este pueblo se apoye en la mentira.

16 Por eso, así dice el Señor: Te haré desaparecer de la faz de la tierra; este mismo año morirás, por haber predicado la rebelión contra el Señor.

17 Y aquel año, en el mes séptimo, murió el profeta Jananías.

 

*"- El episodio que se narra en este fragmento tomado de Jeremías, que probablemente tengamos que situar hacia el año 594-593 a. de C, plantea la cuestión del discernimiento entre la verdadera y la falsa profecía. Nabucodonosor había exiliado a un grupo de judíos, junto con su rey Jeconías-Joaquín, a Babilonia y había saqueado el templo {cf 2 Re 24,10ss): el profeta Jananías predice la liberación de los deportados y también la restitución de los enseres del templo. Para apoyar su profecía, lleva a cabo una acción simbólica: rompe el yugo que Jeremías se había puesto en el cuello como signo de la pesada dominación a la que Babilonia había sometido a Judá (w. lOss; cf. Jr 27). Jeremías recuerda a Jananías y a todos los presentes que una profecía sólo es auténtica cuando se cumple (w. 7-9; cf. Dt 18,21ss; Jr 23,16-18). Por su parte, espera que Dios le hable. A pesar de que también él desea un futuro de libertad y de paz (v. 6), no puede dejar de ser fiel a aquella palabra que le ha seducido, que le hace arder por dentro con una fuerza irresistible y que anuncia desventuras y castigos (cf. Jr 20,7-9).

Jeremías, dócil instrumento en manos de YHWH, proclama la Palabra verdadera, aunque resulte impopular: Babilonia hará aún más pesado su propio dominio, sin que Judá tenga la posibilidad de sustraerse del mismo (w. 12-14). El castigo que le espera al falso profeta Jananías será inexorable e inminente (w. 15ss; cf. Dt 18,20): su muerte atestiguará la autenticidad de la profecía de Jeremías (v. 17).

 

Salmo Responsorial

Instrúyeme, Señor, en tus leyes

Sal 118,29.43.79.80.95.102


Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad.
R/.
Instrúyeme, Señor, en tus leyes

No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos.
R/.
Instrúyeme, Señor, en tus leyes

Vuelvan a mi tus fieles
que hacen caso de tus preceptos.
R/.
Instrúyeme, Señor, en tus leyes

Sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado.
R/. Instrúyeme, Señor, en tus leyes

Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus preceptos.
R/. Instrúyeme, Señor, en tus leyes

No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido.
R/.
Instrúyeme, Señor, en tus leyes

 

Evangelio: Mateo 14,13-21

En aquel tiempo,

13 Jesús, al enterarse de lo sucedido, se retiró de allí en una barca a un lugar tranquilo para estar a solas. La gente se dio cuenta y lo siguió a pie desde los pueblos.

14 Cuando Jesús desembarcó y vio aquel gran gentío, sintió compasión de ellos y curó a los enfermos que traían.

15 Al anochecer, sus discípulos se acercaron a decirle: -El lugar está despoblado y es ya tarde; despide a la gente para que vayan a las aldeas y se compren comida.

16 Pero Jesús les dijo: -No necesitan marcharse; dadles vosotros de comer.

17 Le dijeron: -No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.

18 Él les dijo: -Traédmelos aquí.

19 Y después de mandar que la gente se sentase en la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, se los dio a los discípulos y éstos a la gente.

20 Comieron todos hasta hartarse, y recogieron doce canastos llenos de los trozos sobrantes.

21 Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

 

**• La noticia de la decapitación de Juan el Bautista sugiere a Jesús alejarse de la gente (v. 13a) para huir del presumible intento de matarle a él también, que ya era objeto de conjura por parte de los fariseos (cf. Mt 12,14).

Sin embargo, Jesús no abandona la misión que el Padre le ha confiado (cf. Jn 10,10) y atiende amorosamente la petición de gestos de salvación por parte de la muchedumbre (w. 13b-14). El amor de Jesús cura la enfermedad y sacia el hambre. Con todo, quiere tener necesidad de la disponibilidad de los discípulos para entregarse a sí mismos y todo lo que poseen (w. 16ss).

El relato de los cinco panes que, después de haber sido bendecidos y partidos, calma el hambre de una multitud de persona (v. 21) anticipa, en la intención del evangelista, el de la institución de la eucaristía (cf. Mt 26,26). Los discípulos serán sus ministros y distribuirán a los otros el pan que Jesús les ha dado a ellos (v. 19). Del mismo modo que, por la oración de Eliseo, con veinte panes fue saciada el hambre de cien personas y aún sobró (2 Re 4,42-44), así también, y de un modo aún más significativo, aparecen aquí doce cestas repletas con las sobras de la comida milagrosa (v. 20).

 

MEDITATIO

Jeremías habla de verdaderos y falsos profetas. Dado que todos debemos ser profetas verdaderos, puesto que todos pertenecemos a un pueblo profético, cómo hemos de proceder para llegar a ser verdaderos profetas? No resulta fácil, en efecto, ser profetas verdaderos, entre otras cosas porque es preciso decir no las palabras que agradan, sino las palabras que salvan. Y las palabras que salvan pueden molestar, ser consideradas como anacrónicas o apocalípticas, inoportunas o exageradas u otras cosas, de suerte que, por lo general, son descalificadas en virtud de un mecanismo instintivo de defensa.

El verdadero profeta es una persona libre, interiormente libre. Es una persona a la que no le preocupan las audiencias, sino la fidelidad a Dios. Es una persona que se construye a diario sobre Dios, que se compara de manera prioritaria con su Palabra y está preocupada por no traicionarla.

El profeta -y todo cristiano lo es- se va construyendo lentamente, porque él mismo debe pasar de los condicionamientos de este mundo a la fidelidad a Dios. Debe realizar en sí mismo ese trabajoso camino que le lleva a ver las cosas con los ojos de Dios. Siempre "con gran temor y temblor", porque sabe que su manera de pensar puede sobreponerse o hacer de pantalla al modo de pensar de Dios.

Con todo, Dios necesita un pueblo profético para hacer oír su Palabra en la historia siempre complicada de este mundo, atareado en perderse por senderos que no llevan a ninguna parte.

 

ORATIO

!Cuántas palabras, Dios mío! Me quedo trastornado en medio de tanto rebote de voces que me alcanzan e intentan imponerse. A veces ni siquiera consigo distinguir las palabras llenas de significado de las que están vacías, envolturas aparentes de la nada. Cómo reconocer las palabras que engendran vida y cómo distinguirlas con claridad de aquellas que la extinguen? Dentro de mí mismo, Señor, tu Palabra se me presenta como una entre tantas, y la confundo, y no capto su sonido y su eco profundo...

Qué palabras digo, entonces, Dios mío? Jirones de "cosas ya oídas". Y llego a sentirme sólo un repetidor de cosas que se dan por descontado, de frases hechas, según lo que esté de moda.

Me detengo un momento, Señor: tú me hablas para que yo hable de ti. Tú te hiciste Palabra por nosotros y yo estoy llamado a hacerme palabra por los otros: no una palabra-conjunto-de-sonidos, sino una palabra-vida, una palabra-persona, una palabra-entrega-de-sí-mismo.

Que yo obtenga de ti el coraje de ser para mis hermanos, para mis hermanas, esa palabra que los alimenta, que sacia su deseo de verdad y de sentido.

 

CONTEMPLATIO

!Oh Dios mío, dulzura inefable! Conviérteme en amargura todo consuelo carnal que me aparta del amor de las cosas eternas, lisonjeándome torpemente con la vista de bienes temporales que deleitan.

No me venza, Dios mío, no me venza la carne y la sangre; no me engañe el mundo y su breve gloria; no me derribe el demonio y su astucia.

Dame fortaleza para resistir, paciencia para sufrir, constancia para perseverar.

Dame, en lugar de todas las consolaciones del mundo, la suavísima unción de tu espíritu, y, en lugar del amor carnal, infúndeme el amor de tu nombre.

Hijo, conviene que lo des todo por el todo, y no ser nada de ti mismo.

Sabe que el amor de ti mismo te daña más que ninguna cosa del mundo. Según fuere el amor y afición que tienes a las cosas, estarás más o menos ligado a ellas. Si tu amor fuere puro, sencillo y bien ordenado, no serás esclavo de ninguna. No codicies lo que no te conviene tener. No quieras tener lo que te puede impedir y quitar la libertad interior

(Tomás de Kempis, Imitación de Cristo, III, 26,3; 27,1; San Pablo, Madrid 1997, pp. 181-183).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Habla, Señor: anunciaré tu Palabra" {cf. Jr 28,12).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El camino de la experiencia gradual de Dios fue también, para 'la Iglesia de los orígenes, el camino de una libertad cada vez mayor. Para mí, la vía de la mística es el auténtico camino hacia la libertad.

Por el camino místico nos tropezamos, en primer lugar, con nuestra verdad personal. Y sólo la verdad nos hará libres. Descubrimos aquí los modelos de vida de los que somos prisioneros, nuestros modos de ver ilusorios que distorsionan la realidad y a causa de los cuales nos hacemos mal. Cuanto más nos acercamos a Dios, con mayor claridad reconocemos nuestra verdad. Cuanto más unidos estamos a Dios, más libres nos volvemos.

Todos anhelamos la libertad, pero la verdadera libertad no consiste en la liberación con respecto a una soberanía externa a nosotros mismos, sino que consiste en la libertad interior, en la libertad respecto al dominio del mundo, en la libertad respecto al poder de los otros hombres y mujeres, y respecto a la libertad de las constricciones interiores y exteriores.

Debe quedar claro que la libertad constituye un aspecto esencial del mensaje cristiano y que todo camino espiritual auténtico conduce al final a la libertad interior. Y esto es así porque la experiencia de Dios y la experiencia de la libertad están intrínsecamente conectadas (Anselm Grün, Non farti del male, Brescia 1999, pp. 9ss [edición española: Portarse bien con uno mismo, Sígueme, Salamanca 1999]).

 

 

Día 6

Transfiguración del Señor

 

Del mismo modo que el episodio de la transfiguración prepara en el evangelio a los apóstoles para entrar en la comprensión del misterio de la pasión-muerte de Jesús, así también en la Iglesia, casi con el mismo propósito, se celebra la fiesta de la Transfiguración cuarenta días antes de la correspondiente a la Exaltación de la Cruz. La fiesta de la Transfiguración ya aparece desde el siglo V en el calendario de la liturgia oriental para recordar la subida de Jesús al monte Tabor con Pedro, Santiago y Juan, testigos privilegiados de su gloria. El episodio está atestiguado de manera concorde por los evangelios sinópticos. La fiesta se difundió rápidamente también en la Iglesia romana, pero no fue  introducida oficialmente hasta el año 1457, con ocasión de una victoria obtenida contra los turcos.

 

LECTIO

Primera lectura: Daniel 7,9-10.13ss

9 Mientras yo continuaba observando, alguien colocó unos tronos y un anciano se sentó. Sus vestiduras eran blancas como la nieve y sus cabellos como lana pura; su trono eran llamas; sus ruedas, un fuego ardiente;

10 fluía un río de fuego que salía de delante de él; miles de millares lo servían y miríadas de miríadas estaban de pie ante él. El tribunal se sentó y se abrieron los libros.

13 Seguía yo contemplando estas visiones nocturnas y ví venir sobre las nubes alguien semejante a un hijo de hombre; se dirigió hacia el anciano y fue conducido por él.

14 Se le dio poder, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su Reino jamás será destruido.

 

*•• Al profeta se le revela, en una visión nocturna, el designio de Dios sobre la historia. Ve la sucesión de los grandes imperios y de sus violentos dominadores (7,2-8), mas este espectáculo de la altivez humana se interrumpe: a Daniel se le ha concedido contemplar los acontecimientos desde el punto de vista del Señor de la historia. Él es el Juez omnipotente {cf. v. 10), que conoce y valorará definitivamente la obra de los hombres, pero es también alguien que interviene en el tiempo para rescatarlo: en efecto, a los reinos terrenos se contrapone el Reino que el "Anciano" confía a la obra de un misterioso "Hijo de hombre" que viene sobre las nubes (vv. 13ss). El autor sagrado indica así que este personaje es un hombre, aunque es de origen divino, celeste.

Ya no se trata del Mesías davídico esperado para restaurar con poder el Reino de Israel, sino de su transfiguración sobrenatural: el Hijo del hombre inaugurará un Reino que, aunque se inserta en el tiempo, "no es de este mundo" (Jn 18,36).

Éste triunfará al final sobre los imperialismos mundanos, llevando la historia a su cumplimiento escatológico. Entonces "los santos del Altísimo" participarán plenamente en la soberanía del Hijo del hombre y constituirán una sola cosa con él y en él (Dn 7,18.22.27). Con esta figura bíblica se identificará Jesús a menudo en su predicación y, en particular, en la hora decisiva del proceso ante el Sanedrín que le condenará a morir en la cruz.

 

Salmo Responsorial

El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.

Salmo 96. 


El Señor reina, la tierra goza, 
se alegran las islas innumerables. 
Tiniebla y nube lo rodea, 
justicia y derecho sostienen su trono. 

R. El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.

Los montes se derriten como cera 
ante el dueño de toda la tierra; 
los cielos pregonan su justicia, 
y todos los pueblos contemplan su gloria. 

R. El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.

porque Tú eres, Señor, 
altísimo sobre toda la tierra, 
encumbrado sobre todos los dioses. 

R. El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.

El Señor ama al que aborrece el mal, 
protege la vida de sus fieles 
y los libra de los malvados. 

R. El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.

 

 

Segunda lectura: 2 Pedro 1,16-19

Queridos:

16 Cuando os dimos a conocer la venida en poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos inspirados por fantásticas leyendas, sino porque fuimos testigos oculares de su grandeza.

17 Él recibió, en efecto, honor y gloria de Dios Padre cuando se escuchó sobre él aquella sublime voz de Dios: "Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco".

18 Y ésta es la voz, venida del cielo, que nosotros escuchamos cuando estábamos con él en el monte santo.

19 Tenemos también la palabra de los profetas, que es firmísima, y hacéis bien en dejaros iluminar por ella, pues es como una lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el lucero matutino se alce en vuestros corazones.

 

**• Pedro y sus compañeros han contemplado la grandeza de Jesús, han oído la voz celestial que le proclamaba Hijo predilecto, por eso se reconocen portadores de una gracia mayor que la de los profetas. En efecto, pueden confirmar por experiencia personal la veracidad de las profecías a las que Jesús da cumplimiento. La palabra del Antiguo Testamento, sin embargo, no ha agotado su tarea de "lámpara que alumbra en la oscuridad" (v. 19): deberá seguir siempre alumbrando los pasos de los creyentes que avanzan en medio de las tinieblas de la historia hasta el día sin ocaso de la venida de Cristo en la gloria {cf. v. 19). En este camino, la visión radiante de Jesús transfigurado, que los apóstoles nos atestiguan, sostiene nuestra fe y enciende de deseo nuestra esperanza: el "lucero de la mañana" se alza ya en el corazón de quien vela expectante.

  

Evangelio: Marcos 9,2-10

En aquel tiempo,

2 Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, los llevó a solas a un monte alto y se transfiguró ante ellos.

3 Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como ningún batanero del mundo podría blanquearlos.

4 Se les aparecieron también Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.

5 Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: -Maestro, !que bien estamos aquí! Vamos a hacer tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

6 Estaban tan asustados que no sabía lo que decía.

7 Vino entonces una nube que los cubrió y se oyó una voz desde la nube:

-Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.

8 De pronto, cuando miraron alrededor, vieron sólo a Jesús con ellos.

9 Al bajar del monte, les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de entre los muertos.

10 Ellos guardaron el secreto, pero discutían entre sí sobre lo que significaría aquello de resucitar de entre los muertos.

 

*•• El relato de Marcos tiene una connotación particular de absolutidad que no admite matices de componendas. Absoluta es la exigencia de soledad, de separación del contexto habitual (v. 2b); absoluto es el contraste entre el aspecto de Jesús, contemplado por los tres apóstoles, y la experiencia común (v. 3). Las figuras de Moisés y Elías evocan asimismo una decisión neta y radical: en virtud de su excepcional experiencia en el Horeb/Sinaí y de la fe vivida integralmente, eran esperados, respectivamente, como el profeta (Moisés) que viene a introducir al Profeta definitivo, y como el precursor del Mesías (Elias, cf. v. 11).

El discípulo se da cuenta de su propia inadecuación. Las palabras de Pedro no son disparatadas: probablemente, el acontecimiento tuvo lugar el séptimo día de la fiesta de las Chozas, durante la cual vivía la gente en tiendas hechas con ramas; aunque, a buen seguro, la realidad de que es testigo la supera infinitamente. El Maestro aparece como el cumplimiento de las expectativas de Israel, y mucho más: es el Hijo amado, como declara la voz que sale de la nube de la Presencia de YHWH. Y la invitación que sigue no deja lugar a la duda: "Escuchadlo" (v. 7). La palabra de Jesús tenía, por consiguiente, el peso de la autoridad divina cuando, pocos días antes, había predicho de manera abierta su  crucifixión y la había propuesto a los discípulos como camino necesario (8,31.34-37). Ahora bien, si esta exigencia de adhesión absoluta a la palabra y a la misma persona de Jesús trae consigo la perdición de nosotros mismos, ofrece también la promesa de la vida verdadera en el Reino de Dios (8,35). La promesa de algo cuya realización se entrevé en el monte de la transfiguración y de lo que Pedro, Santiago y Juan pregustan el cumplimiento en la belleza que irradia del rostro de Jesús.

 

  

MEDITATIO

Existe una llama interior que arde en las criaturas y canta su pertenencia a Dios, y gime por el deseo de él.

Existe un hilo de oro sutil que une los acontecimientos de la historia en la mano del Señor, a fin de que no caigan en la nada, y los conectará finalmente en un bordado maravilloso. El rostro de Cristo está impreso en el corazón de cada hombre y le constituye en amado de Dios desde la eternidad. Y están, a continuación, nuestros pobres ojos ofuscados..., acostumbrados a dispersarse en la curiosidad epidérmica e insaciable, trastornados por múltiples impresiones; nosotros no sabemos ya orientar la mirada al centro de cada realidad, a su fuente. Nos volvemos incapaces de asumir la mirada de Dios sobre las cosas, porque nuestra lógica y nuestra práctica se orientan en dirección opuesta a la suya, en su esfuerzo por no perder nuestra vida, por no tomar nuestra cruz. Sólo cuando Jesús nos deja entrever algo de su fulgurante misterio nos damos cuenta de nuestra habitual ceguera.

La luz de la transfiguración viene a hendir hoy, si lo queremos, nuestras tinieblas. Ahora bien, debemos acoger la invitación a retirarnos a un lugar apartado con Jesús subiendo a un monte elevado, es decir, aceptar la fatiga que supone dar los pasos concretos que nos alejan de un ritmo de vida agitado y nos obligan a prescindir de los fardos inútiles. Si fuéramos capaces de permanecer un poco en el silencio, percibiríamos su radiante Presencia. La luz de Jesús en el Tabor nos hace intuir que el dolor no tiene la última palabra. La última y única Palabra es este Hijo predilecto, hecho Siervo de YHWH por amor. Escuchémoslo mientras nos indica el camino de la vida: vida resucitada en cuanto dada. Escuchémoslo mientras nos indica con una claridad absoluta los pasos diarios. Escuchémoslo mientras nos invita a bajar con él hacia los hermanos. Entonces el lucero de la mañana se alzará en nuestros corazones e, iluminando nuestra mirada interior, nos hará vislumbrar -en la opacidad de las cosas, en la oscuridad de los acontecimientos, en el rostro de cada nombre- a Dios "todo en todos", eterna meta de nuestra peregrinación en el tiempo.

 

ORATIO

Jesús, tú eres Dios de Dios, luz de luz. Nosotros lo creemos, pero nuestros ojos son incapaces de reconocer tu belleza en las humildes apariencias de que te revistes.

Purifica, oh Señor, nuestros corazones, porque sólo a los limpios de corazón has prometido la visión de Dios.

Concédenos la pobreza interior que nos hace atentos a su Presencia en la vida diaria, capaces de percibir un rayo de tu luz hasta en los lugares donde todo aparece oscuro e incomprensible. Haznos silenciosos y orantes, porque tú eres la Palabra salida del silencio que el Padre nos pide que escuchemos. Ayúdanos a ser tus verdaderos discípulos, dispuestos a perder la vida cada día por ti, por el Evangelio; haz crecer tu amor en nosotros para ser contigo siervos de los hermanos y ver en cada hombre la luz de tu rostro.

 

CONTEMPLATIO

Antes de tu cruz preciosa, antes de tu pasión, tomando contigo a los que habías elegido entre tus sagrados discípulos, subiste al monte Tabor, oh Soberano, queriendo mostrarles tu gloria. Y ellos, al verte transfigurado y más resplandeciente que el sol, caídos rostro en tierra, se quedaron atónitos frente a la soberanía, y aclamaban: "Tú eres, oh Cristo, la luz sin tiempo y la irradiación del Padre, aunque, voluntariamente, te hagas ver en la carne, permaneciendo inmutable".

Tú, Dios Verbo, que existes antes de los siglos, tú que te revistes de luz como de un manto, transfigurándote delante de tus discípulos, oh Verbo, refulgiste más que el sol. Estaban junto a ti Moisés y Elías, para indicar que eres el Señor de vivos y de muertos y para dar gloria a tu economía inefable, a tu misericordia y a tu gran condescendencia, por la que salvaste al mundo, que se perdía por el pecado.

Nacido de nube virginal y hecho carne, transfigurado en el monte Tabor,  Señor, y envuelto por la nube luminosa, mientras estaban contigo tus discípulos, la voz del Padre te manifestó distintamente como Hijo amado, consustancial y reinante con él. De ahí que Pedro, lleno de estupor, exclamara: "!Qué bien estamos aquí!", sin saber lo que decía, oh misericordiosísimo Benefactor (Anthologhion di tutto l'anno, Roma 2000, IV, pp. 871ss).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "A tu luz vemos la luz" (Sal 35,10).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Si supiéramos reconocer el don de Dios, si supiéramos experimentar estupor, como el pastor Moisés, ante todas las zarzas que arden en los bordes de nuestros caminos, comprenderíamos entonces que la transfiguración del Señor -la nuestra- empieza con un cierto cambio de nuestra mirada. Fue la mirada de los apóstoles la que fue transfigurada; el Señor permanece el mismo.

La cotidianidad de nuestra vida, trivial y extraordinaria, debería revelar entonces su deslumbrante profundidad. El mundo entero es una zarza ardiente, todo ser humano -sea cual sea la impresión que suscita en nosotros- es esta profundidad de Dios.

Todo acontecimiento lleva en él un rayo de su luz. Nosotros, que hemos aprendido a mirar hoy tantas cosas, hemos aprendido los datos elementales de nuestro oficio de hombres? Se vive, en efecto, a la medida del amor, pero se ama a la medida de lo que se ve. Ahora, en la transfiguración, nuestra visión participa en el misterio, de ahí que el amor esté en condiciones de brotar de nuestros corazones como fuego que arde sin consumir, y así puede enseñarnos a vivir.

Debemos pasar de la somnolencia de la que habla el evangelio a la auténtica vela, a la vigilancia del corazón. Cuando despertemos se nos dará la alegría inagotable de la cruz. Al ver, por fin, en la fe, al hombre en Dios y a Dios en el hombre -Cristo- nos volveremos capaces de amar y el amor saldrá victorioso sobre toda muerte.

El Señor se transfiguró orando; también nosotros seremos transfigurados únicamente en la oración. Sin una oración continua, nuestra vida queda desfigurada. Ser transfigurados es aprender a ver la realidad, es decir, a nuestro Dios, a Cristo, con los ojos abiertos de par en par. Ciertamente, en este mundo de locos, siempre tendremos necesidad de cerrar los ojos y los oídos para recuperar un cierto silencio. Es necesario, es como una especie de ejercicio para la vida espiritual. Sin embargo, la vida, la que brota, la vida del Dios vivo, es contemplarlo con los ojos abiertos. Él está en el hombre, nosotros estamos en él. Toda la creación es la zarza ardiente de su parusía. Si nosotros "esperásemos con amor su venida" (2 Tim 4,8), daríamos un impulso muy diferente a nuestro servicio en este mundo (J. Corbon, La gioia del Padre, Magnano 1997).

 

 

Día 7

Miércoles de la semana XVIII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 31,1-7

1 En aquel tiempo, oráculo del Señor, yo seré el Dios de todas las familias de Israel y ellas serán mi pueblo.

2 Así dice el Señor: Me apiado en el desierto de los que escaparon de la espada; Israel marcha hacia su reposo.

3 El Señor se manifiesta de lejos. Con amor eterno te amo, por eso te mantengo mi favor;

4 te edificaré de nuevo y serás reedificada, doncella de Israel; de nuevo tomarás tus panderos y saldrás a bailar alegremente.

5 De nuevo plantarás viñas en los montes de Samaría, y quienes las planten las vendimiarán.

6 Llegará un día en que los centinelas gritarán en la montaña de Efraín: "!Venid, subamos a Sión, hacia el Señor, nuestro Dios!".

7 Así dice el Señor: !Gritad de alegría por Jacob! !Ensalzad a la capitana de las naciones! !Que se escuche vuestra alabanza! Decid: "El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel"!

 

*•• El oráculo que constituye el fragmento litúrgico de hoy describe el retorno de los exiliados a la patria. Se trata de un anuncio dirigido a todo Israel, que, sin estar dividido ya en dos reinos, vivirá de la única soberanía de YHWH (V. 1). La iniciativa del retorno corresponde al amor gratuito y fiel de Dios, que sale al encuentro del pueblo manifestándole la superabundancia de su ternura (w. 2ss). Como en tiempos del Éxodo de Egipto, aunque ahora de un modo todavía más glorioso, YHWH forma la identidad del pueblo, le da la ciudad donde habitar, la tierra para cultivar y conseguir su propio sustento (w. 4a.5; cf. Jos 24,13; Sal 107,35-37). El efecto que produce un don tan grande es la alegría, expresada aquí con el sonido de los instrumentos y las danzas (v. 4bc).

La alegría rebosante de Israel contagiará a las naciones vecinas, las cuales, convergiendo hacia Jerusalén, restablecida como centro del culto yahvista, alabarán a Dios por haber llevado a cabo de modo admirable la salvación -inesperada- del pequeño grupo de los supervivientes de la deportación (w. 6ss; cf. Sal 105,12-15.43-45; Is 52,7-10).

 

Salmo Responsorial

El Señor nos guardará como pastor a su rebaño

Jr 31,10-13


Escuchen, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
<<El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.>>
R/. El Señor nos guardará como pastor a su rebaño

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.
R/. El Señor nos guardará como pastor a su rebaño

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas.
R/.
El Señor nos guardará como pastor a su rebaño

 

 

Evangelio: Mateo 15,21-28

En aquel tiempo,

21 Jesús se marchó de Genesaret y se retiró a la región de Tiro y Sidón.

22 En esto, una mujer cananea venida de aquellos contornos se puso a gritar: -Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David; mi hija vive maltratada por un demonio.

21 Jesús no le respondió nada. Pero sus discípulos se acercaron y le decían: -Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros.

24 Él respondió: -Dios me ha enviado sólo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.

25 Pero ella fue, se postró ante Jesús y le suplicó: -!Señor, socórreme!

26 Él respondió: -No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perrillos. Ella replicó:

27 -Eso es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.

28 Entonces Jesús le dijo: -!Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides. Y desde aquel momento quedó curada su hija.ç

 

**• Jesús había dispensado una enseñanza religiosa que parecía revolucionaria a sus contemporáneos. Afirmaba que el origen de toda impureza se encuentra en el corazón del hombre y es consecuencia del uso equivocado de la libertad (cf. Mt 15,10-20). Esto desquiciaba la instalación legalista del judaísmo fariseo, introduciendo como criterio de religiosidad auténtica la actitud interior del hombre; una actitud que se condensa en la fe, esto es, en la confianza en Dios y en su amor preveniente.

Precisamente, eso es lo que la mujer extranjera y pagana vive (v. 28) invocando con perseverancia a Jesús, al que reconoce como Mesías y Salvador (w. 22.23b.25). El encuentro entre Jesús y la mujer cananea anuncia y realiza ya el encuentro entre la salvación y el paganismo.

Sin negar la elección preferencial de Israel, "hijo primogénito " (v. 24; cf. Os 11,1; Mt 10,5ss), la misión salvífica de Jesús se dirige a todo el mundo. Ésa será asimismo la característica de la acción de la Iglesia, por mandato específico de su Señor y Maestro (cf. Mt 28,18-20).

 

MEDITATIO

La relación del creyente con Dios no es una relación económica, una relación que pueda medirse en términos de dar y recibir. Es, más bien, la respuesta a una sorpresa: Dios me ama, y lo hace con un amor "excesivo", un amor que se sitúa fuera de las medidas del espacio y del tiempo. Eterno, por todas partes, para todos, por libre iniciativa, suya no condicionada por mi respuesta.

Dios se muestra incansablemente oferente. En algunas ocasiones, cierto lenguaje parece subentender que soy yo quien complace a Dios prestando atención a sus palabras. Pero no es así: Dios me precede siempre y de manera superabundante; al mismo tiempo, me deja la alegría de pedir, preludio del estupor que produce recibir. Puedo entrar en este dinamismo vital del amor si me fío de él, que me habla de la historia que quiere escribir conmigo. Quienquiera que yo sea, puedo suscitar en mi corazón el deseo de que muestre su amor en mí. No existe el menor impedimento para nadie: la vía de la relación vital y fecunda con Dios está abierta de par en par para todos.

 

ORATIO

Estaba lejos de ti

y tú viniste a buscarme.

Estaba en peligro de muerte

y tú viniste a salvarme.

Estaba sin esperanza

y viniste a serenar mi vida.

Estaba cansado de tanto gritar

y tú me respondiste

y me escuchaste...

Ahora sé que me amas desde siempre,

y por siempre, Dios mío, cantaré tu amor.

 

CONTEMPLATIO

Jesús es médico de las almas y de los cuerpos: si tienes una herida, te llevaré a él y le suplicaré que te cure, si tú lo quieres también; puesto que es él quien da todos los dones buenos, te concederá no sólo lo que le pidas, sino infinitamente más de lo que pidas. Me acercaré a él con mucha audacia en favor tuyo, pero, si no te acercas tú también, será una gran vergüenza. Jesús no rechaza a nadie. Nuestro Dios y salvador quiere que nos salvemos, pero nos corresponde a nosotros gritar incesantemente: "!Sálvame, Señor!". Y él te salva (Barsanufio y Juan de Gaza, Epistolario, Roma 1991, pp. 240ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Con amor eterno te amo" (Jr 31,3b).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Toda la naturaleza es caridad, pero sólo el místico vive este amor de una manera experimental. El amor de Dios nos rodea por todas partes. Su amor es el agua que bebemos, el aire que respiramos y la luz que vemos. Toaos los fenómenos naturales no son más que formas materiales diferentes del amor de Dios. Nos movemos dentro de su amor como el pez en el agua. Y estamos tan cerca de él, tan embebidos de su amor y de sus dones (nosotros mismos somos don suyo), que no nos damos cuenta de ello por falta de perspectiva. Su amor nos rodea por todas partes y no lo sentimos, como tampoco sentimos la presión atmosférica.

Dios ha provisto a la tierra durante cuatro mil millones de años y se ha preocupado de los pájaros y de los insectos durante cientos de millones de años; pero tú te sientes sólo y abandonado en el universo y caminas preocupado por tus asuntos como si nadie se preocupara de ti. Olvidas que alguien se preocupa a cada instante de todos tus trabajos, regula el movimiento de tu sangre y el funcionamiento de todas tus glándulas. Y crees que los pequeños problemas de tu vida práctica sólo tú, en todo el universo, puedes resolverlos.

El escucha el grito del ciervo en el arroyo que le pide una compañera y se la da. Se preocupa del cuclillo aue pide su comida. Guía a las cigüeñas en su emigración. Vela sobre la comadreja y el tejón cuando duermen en sus madrigueras. La rana, el escarabajo y el cuervo encuentran el alimento cada día a la hora debida. "Todos, Señor, están pendientes de ti, y esperan que les des la comida a su tiempo. Tú se la das y ellos la toman, bres tu mano y quedan saciados" (Sal 103) (É. Cardenal, Canto all'amore, Asís 1982, pp. 53ss).

 

 

Día 8

Jueves de la semana XVIII del Tiempo ordinario o 8 de agosto,

Santo Domingo

 

Nació en Caleruega (Burgos), en España, en 1172. Hacia 1196 se convirtió en canónigo del capítulo de la catedral de El Burgo de Osma (Soria). Acompañó al obispo Diego en una importante misión por el norte de Europa. Al pasar por el sur de Francia, vio claramente el daño que la herejía cátara estaba haciendo entre los fieles y maduró el designio de reunir a algunas personas que se dedicaran a la evangelización a través de la predicación pobre, estable y organizada del Evangelio.

Este proyecto, aprobado por vez primera por Inocencio III, fue reconocido definitivamente por Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Este último llamó "Hermanos Predicadores" a sus miembros. Domingo diseminó de inmediato a los hermanos que le siguieron por las regiones más remotas de Europa. Solía decir: "No es bueno que el grano se amontone y se pudra".

Precisó en dos congregaciones generales los fundamentos y los elementos arquitectónicos de su familia religiosa: vida en común pobre y obediente, la oración litúrgica, el estudio asiduo de la Verdad ordenado a la predicación, entendida como contemplación en voz alta, participación en la misión propia de la Iglesia, sobre todo en las tierras todavía no  evangelizadas.

Hombre genial, sabio, misericordioso, era "tierno como una madre y fuerte como el diamante" (Lacordaire). Murió en Bolonia el 6 de agosto de 1221. Gregorio IX lo canonizó el 3 de julio de 1234.

  

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 31,31-34

31 Vienen días, oráculo del Señor, en que yo sellaré con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá una alianza nueva.

32 No como la alianza que sellé con sus antepasados el día en que los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Entonces ellos violaron la alianza, a pesar de que yo era su dueño, oráculo del Señor.

33 Ésta será la alianza que haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, oráculo del Señor: Pondré mi Ley en su interior; la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

34 Para instruirse no necesitarán animarse unos a otros diciendo: "!Conoced al Señor!", porque me conocerán todos, desde el más pequeño hasta el mayor, oráculo del Señor. Yo perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus pecados.

 

**• El retorno de todo Israel a su territorio y el restablecimiento de una vida libre y armoniosa alcanza su cima en la estipulación de la "alianza nueva" (v. 31). Este anuncio, punto culminante de la profecía de Jeremías y, tal vez, de toda la literatura profética, declara que la intervención de YHWH marca un cambio en el curso de la historia. Él es el Señor, que, inclinándose sobre Israel, lo ha llevado sobre sus alas (cf. Dt 32,11; Os 11,4) y, con la alianza del Sinaí lo ha constituido en propiedad suya (cf. Dt 32,9). Sin embargo, la infidelidad ha sido constante a lo largo de la vida del pueblo (v. 32): Israel se ha mostrado incapaz de observar los mandamientos -leyes de vida-, faltando al compromiso asumido (cf. Ex 24,3; Jos 24,24).

He aquí, pues, la novedad de la intervención de YHWH: la Ley no volverá a ser exterior al hombre, no volverá a estar escrita en tablas de piedra, sino que será interior, estará escrita "en su corazón" (v. 33). La fidelidad a esa Ley se lleva a cabo no tanto a través de observancias rituales formales como a través de la interiorización de valores, como la obediencia y el amor, y su actuación. Eso es algo que será posible para todo el mundo, sin distinción: YHWH crea la condición necesaria para ello perdonando el pecado. Se trata de una renovación radical de la persona, de suerte que cada uno se encuentre en condiciones de conocer la voluntad de Dios impresa en lo más íntimo de sí mismo y de ponerla en práctica (v. 34a): de este modo, se lleva a cabo la recíproca pertenencia entre Dios y el hombre (v. 33c), don de la infinita misericordia divina.

 

Salmo Responsorial

Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Salmo 50


Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro

 

 

Evangelio: Mateo 16,13-23

En aquel tiempo,

13 de camino hacia la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: -Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

14 Ellos le contestaron: -Unos que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.

15 Jesús les preguntó: -Y vosotros, quién decís que soy yo?

16 Simón Pedro respondió: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

17 Jesús le dijo: -Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos.

18 Yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del abismo no la hará perecer.

19 Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y que tenía que sufrir mucho por causa de los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley; que lo matarían y al tercer día resucitaría.

22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, se puso a recriminarle: -Dios no lo quiera, Señor; no te ocurrirá eso.

23 Pero Jesús, volviéndose, dijo a Pedro: -!Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los hombres.

 

*" El evangelio de Mateo marca un giro decisivo a partir del episodio narrado en el fragmento de la liturgia de hoy, en el que Jesús comprueba la comprensión que tienen los discípulos de su identidad (v. 15). Si las obras y las palabras de Jesús de Nazaret habían manifestado su misión mesiánica de un modo comprensible a la gente, que reacciona creyendo en él (w. 13ss), a excepción de los habitantes de Nazaret (cf. 13,53-58), los discípulos, por boca de Pedro, reconocen asimismo su naturaleza divina (v. 16).

En esta escena cobra un gran relieve la persona de Pedro. Éste, a la profesión de fe en el Hijo de Dios, le opone, a renglón seguido, el rechazo al Siervo de YHWH (w. 21ss). Primero recibe de Jesús una autoridad plena respecto a la comunidad de los discípulos (w. 18ss; cf. los símbolos de las llaves y de las acciones de atar y desatar) y, poco después se le llama "Satanás", puesto  que su modo de ver resulta antitético con respecto al de

Dios y representa un obstáculo para Jesús en el cumplimiento de la voluntad del Padre (v. 23).

Las contradicciones que marcan el discipulado de Pedro (cf. Me 14,26-31.66-72) otorgan un relieve particular a la obra de la gracia divina en la fragilidad humana: en eso consiste el misterio de la Iglesia, cuyo "jefe" es tal no por méritos personales, sino porque Dios le confía el servicio que lo constituye en punto de referencia para los hermanos. Es Dios quien garantiza la firmeza de la comunidad en la lucha que desarrollan el mal y la muerte contra el amor y la vida (v. 18). La confianza respecto a Pedro es plena: sus decisiones las hará suyas Dios (v. 19). Pero el mesianismo sufriente encarnado por Jesús ha sido elegido libremente y es imposible detenerlo: la salvación y la gloria pasan inequívocamente por la cruz (v. 21).

 

MEDITATIO

Domingo, fiel a la consigna del Señor, exigía que la predicación de sus hermanos brotara de la comunión en la verdad y de la contemplación. Pedía realizar la verdad, configurarse a ella en la vida y en el anuncio, no como se acostumbra a hacerlo en un lugar o en otro, sino como lo exige la Palabra de Dios transmitida por la Iglesia. Quería que antepusieran la verdad a la oportunidad, de modo que la verdad amada, contemplada, celebrada, estudiada, anunciada, alabada, constituyera el marco de su vida.

La verdad tiene sus exigencias imprescindibles. Se abre camino por convencimiento, no por constricción, y por eso exige una profunda comunión de vida, celebración ferviente de su belleza, asiduo estudio de sus expectativas, vida ejemplar. La convicción es fruto de una inteligencia amorosa y desemboca en el obrar por el deseo de semejanza con el ser amado. No pasa de una persona a otra; se engendra en cada persona que llega a ella bajo el estímulo de la palabra y del ejemplo. Esto hace, ciertamente, que el mensajero del Evangelio sea un mendicante de verdad, con todo el rigor del término.

La verdad que anuncia no es suya, no puede hacer lo que quiera con ella; implora que le sea dada, la admira, la estudia, la contempla, hace todo para que sea amada, realizada. Ora e implora a fin de que los corazones humanos no se cierren a la escucha, aunque sabe que esto deriva preponderantemente del consentimiento de la persona a la gracia. Cuando lo ha hecho todo se siente un siervo inútil y, junto a la persona que cree, alaba al Dios de la misericordia y de la luz. Esta orientación de vida ha sido traicionada con frecuencia. Los resultados negativos de esta omisión agudizan la nostalgia de que el anuncio del Evangelio se inspire siempre en el ejemplo de los apóstoles vivificados por el Espíritu y vaya acompañado por la imploración del perdón y de la misericordia.

 

ORATIO

En tu Providencia, oh Dios, enviaste a la humanidad sedienta a santo Domingo, heraldo de tu verdad, tomada de la fuente del Salvador. Sostenido siempre por la Madre de tu Hijo y abrasado de celo por las almas, asumió para sí y para sus discípulos, recogidos por el Espíritu Santo, el ministerio del Verbo, llevando a Cristo con la doctrina y con el ejemplo a innumerables hermanos.

Atento a hablar contigo y de ti, creció en la sabiduría y, haciendo brotar el apostolado de la contemplación, se consagró totalmente a la renovación de la Iglesia...

Para el esplendor y la defensa de la misma, quisiste que restableciera la vida de los apóstoles. Él, siguiendo las huellas del Cristo pobre, con la predicación volvió a llamar a los errantes a la verdad evangélica y conquistó para Cristo a innumerables hermanos; reunió con sabiduría en torno a sí a otros discípulos, a fin de que sostenidos por la luz de la ciencia se consagraran a la salvación de la humanidad (de los dos Prefacios del rito dominicano, que celebran la gloria de santo Domingo).

 

CONTEMPLATIO

[Habla Dios Padre:] Y si miras la barquilla de tu padre Domingo, hijito mío amado, él la ordenó con un orden perfecto y quiso que atendiera sólo a mi honor y a la salvación de las almas con la luz de la ciencia. Sobre esta luz quiso constituir su principio, sin estar privada, no obstante, de la pobreza verdadera y voluntaria. Incluso la tuvo, y en señal de que la tenía y le disgustaba lo contrario, dejó en testamento a los suyos como herencia su maldición, si poseían o tomaban posesión alguna, en particular o en general, como señal de que había elegido como esposa a la reina de la pobreza.

Sin embargo, como su objeto más propio tomó la luz de la ciencia, a fin de extirpar los errores que se habían levantado en aquel tiempo. Tomó el ministerio de mi Hijito el Verbo unigénito. Aparecía directamente en el mundo un apóstol que con mucha verdad y luz sembraba mi palabra, levantando las tinieblas y dando la luz. Fue una luz que se puso en el mundo por medio de María, puesto en el cuerpo místico de la santa Iglesia como extirpador de las herejías. Por qué dije "por medio de María"? Porque le dio el hábito, el ministerio de mi bondad encomendado a ella... Hizo que su barquilla estuviera atada con estas tres cuerdas: la obediencia, la continencia y la verdadera pobreza; la hizo completamente generosa, alegre, olorosa: un jardín repleto de todo deleite en sí mismo (Catalina de Siena, Diálogo, Siena 1995, pp. 539ss [edición española: El diálogo, Ediciones Rialp, Madrid 1956]).

 

ACTIO

Repite y medita a menudo durante el día esta expresión gemidora de santo Domingo: "Ten piedad, Señor, de tu pueblo; si no, qué será de los pecadores?".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El primer modo de orar consistía en humillarse ante el altar como si Cristo, representado en él, estuviera allí real y personalmente, y no sólo a través del símbolo. Se comportaba así en conformidad al siguiente fragmento del libro de Judit: Te ha agradado siempre la oración de los mansos y humildes (Jdt 9,1 ó). Por la humildad obtuvo la cananea cuanto deseaba (Mt 15,21-28), y lo mismo el hijo pródigo (Le 15,11-32). También se inspiraba en estas palabras: Yo no soy digno de que entres en mi casa (Mt 8,8); Señor, ante ti me he humillado siempre (Sal 146,61). Y así, nuestro Padre, manteniendo el cuerpo erguido, inclinaba la cabeza y, mirando humildemente a Cristo, le reverenciaba con todo su ser, considerando su condición de siervo y la excelencia de Cristo. Enseñaba a hacerlo así a los frailes cuando pasaban delante del crucifijo, para que Cristo, humillado por nosotros hasta el extremo, nos viera humillados ante su majestad.

Mandaba también a los frailes que se humillaran de este modo ante el misterio de la Santísima Trinidad, cuando se cantara el Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. [...]

Después de esto, santo Domingo, ante el altar de la iglesia o en la sala capitular, se volvía hacia el crucifijo, lo miraba con suma atención y se arrodillaba una y otra vez; hacía muchas genuflexiones, a veces, tras el rezo de completas y hasta la media noche, ora se levantaba, ora se arrodillaba, como hacía el apóstol Santiago, o el leproso del evangelio que decía, hincado de rodillas: Señor, si quieres, puedes curarme (Mt 8,2); o como Esteban, que, arrodillado, clamaba con fuerte voz: No les tengas en cuenta este pecado (Hcfi7,60). El padre santo Domingo tenía una gran confianza en l a misericordia de Dios, en favor suyo,  en bien de todos los pecadores y en el amparo de los frailes jóvenes que enviaba a predicar. [...] Enseñaba a los frailes a orar de esta misma manera, más con el ejemplo que con las palabras (I. Taurisano, Il nove modi di pregare di san Dominico, ASOP 1922, pp. 96ss).

 

 

Día 9

Viernes de la semana XVIII del Tiempo ordinario,

Santa Teresa Benedicta de la Cruz,
virgen y mártir, patrona de Europa  

          Nació de padres judíos en Breslau el año 1891. Estudió filosofía en Breslau y Gottinga, se hizo discípula de Husserl y al clasificar los escritos de A. Reinach conoció a su viuda, fervorosa cristiana. En 1921 leyó la biografía de santa Teresa de Ávila. Tras haber buscado durante largo tiempo la verdad, recibió el don de la fe y se convirtió a la Iglesia católica. Recibió el Bautismo el día 1 de enero de 1922. Desde ese momento, sirvió a Dios ejerciendo su oficio de profesora y publicando obras filosóficas. En 1933 ingresó en las Carmelitas Descalzas de Colonia y cambió de nombre. Impelida a ausentarse de su patria a causa de la persecución de los judíos, fue acogida en el convento de las Carmelitas de Echt (Holanda) en diciembre de 1938. Fue detenida por la Gestapo el 2 de agosto de 1942 y deportada al campo de concentración de Auschwitz (Polonia). Allí murió el 9 de agosto de 1942 en la cámara de gas. Juan Pablo II la canonizó en 1998, y la nombró copatrona de Europa en 1999.- Oración: Dios de nuestros padres, que guiaste a tu mártir santa Teresa Benedicta al conocimiento de tu Hijo crucificado y a imitarle hasta la muerte, concédenos por su intercesión que todos los hombres reconozcan en Cristo a su Salvador y, por medio de Él, puedan contemplarte para siempre. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. 

 

Primera Lectura: Oseas 2, 16b 17de. 21-22

16 Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón.
17 Allí le daré sus viñas, el valle de Akor lo haré puerta de esperanza; y ella responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto.
18 Y sucederá aquel día - oráculo de Yahveh - que ella me llamará: "Marido mío", y no me llamará más: "Baal mío."
19 Yo quitaré de su boca los nombres de los Baales, y no se mentarán más por su nombre.
20 Haré en su favor un pacto el día aquel con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo; arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y haré que ellos reposen en seguro.
21 Yo te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y en derecho en amor y en compasión,
22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahveh.

 

Salmo Responsorial

 Escucha, hija, mira: inclina el oído.

Salmo 44,11. 12ab. 16

11Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
12prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.

16las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

 

Evangelio: Mateo 25, 1-13

 1 "Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio.

2 Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes.

3 Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite;

4 las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas.

5 Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron.

6 Mas a media noche se oyó un grito: "!Ya está aquí el novio! !Salid a su encuentro!"

7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.

8 Y las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan."

9 Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis."

10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta.

11 Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: "!Señor, señor, ábrenos!"

12 Pero él respondió: "En verdad os digo que no os conozco."

13 Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

 

        ++** El tema principal de esta parábola es la necesidad de estar preparados en todo tiempo como hijos de Dios para la llegada del Señor Jesucristo desde los cielos, para traer el juicio a las naciones, y la entrada culminante al reino eterno. La identificación de las diez vírgenes, cinco de ellas prudente y cinco insensatas, es clave para ir aclarando el propósito de la parábola. Las cinco prudentes representan aquellos que hacen la voluntad de Dios esperando el novio, acorde al mandamiento dado por el Señor Jesucristo, y las cinco insensatas son los que no están preparados para la venida del Señor, pues se quedan estancados en no hacer la voluntad de Dios.

       El Señor Jesucristo en el episodio de la tentación que vivió en el desierto, nos enseña que la fortaleza espiritual, viene por el pan diario, la palabra de Dios, pero si pensamos que fuimos a la iglesia el domingo, y lo que recibimos nos sostendrá hasta el próximo, entonces nuestra mente y corazón no se prepara para los días de la semana, y no soportamos la tentación; aunque todas las vírgenes se durmieron en la parábola, lo que se enfatiza en su preparación para la boda; es exactamente lo que nuestro Salvador nos llama a que comamos diariamente del pan de vida, para poder resistir, soportar, aguardar con paciencia hasta la venida de nuestro Señor y Salvador desde el cielo, con sus ángeles en llama de fuego.

 

          **• Santa Teresa Benedicta de la Cruz, su nombre como monja carmelita, siempre buscó, siempre esperó con ansia al Esposo, del que nos habla el evangelio de hoy. Desde su fe judía, poco a poco, se fue acercando al catolicismo. En el verano de 1921, cayó en sus manos la autobiografía de Teresa de Ávila. Después de leerla durante toda la noche, afirmó: “Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad”. Y después de un cierto tiempo, ingresó en las carmelitas contemplativas.

         Cómo podemos leer los cristianos de hoy esta parábola del reino de Dios y las diez doncellas? Hace tiempo que el Esposo, que Cristo Jesús ha llegado a nuestra vida, nos ha seducido, nos ha invitado a seguirle, hemos prometido seguirle donde quiera que vaya. Lo nuestro, cada mañana, al despertar la aurora, es mantenernos en contacto con él, agudizar nuestro oído para escuchar sus palabras de vida, es abrirle, más y más, nuestro corazón, para que se apodere de él, y sea el rey y señor de nuestra vida, el que rija y dirija nuestro pasos.

         Edith Stein, posteriormente Teresa Benedicta de la Cruz, nació en la ciudad alemana de Breslavia el 12 de octubre de 1891. Falleció en Auschwiitz el 9 de agosto de 1942. Juan Pablo II la canonizó el 11 de octubre de 1998. Es copatrona de Europa

 

MEDITATIO

Jesús no buscó para sí, durante su vida, cargos públicos ni puestos de prestigio, tampoco se dejó impresionar por los títulos honoríficos de la gente que tenía delante, ni por su experiencia, ni por los años, ni por las canas: miraba a cada hombre a los ojos sin ninguna timidez, leía hasta el fondo sus pensamientos e intenciones.

Jesús, para liberarnos de todo desvarío de grandeza y permitirnos construir verdaderas comunidades, nos indicó el camino del hacernos niños, la vía de la infancia espiritual recorrida sabiamente por santa Teresa del Niño Jesús. Lo que une no es la habilidad real o presunta, sino la "pequeñez" acogida en el Hijo, el hacerse como niños los unos ante los otros y ante Dios. Hacerse como niños no es poner en marcha un proceso de involución, sino llevar a cabo un cambio radical, una conversión radical, en nuestro modo de ser ante Dios y ante los otros. Hacerse como un niño es hacer sitio a la confianza que el pequeño muestra frente a sus padres, a la serenidad y al optimismo con que mira al futuro. El niño se abre cada día, con una disponibilidad siempre fresca, a las nuevas experiencias. Hacerse como un niño es fiarse, no temer "enredos", no hacer cálculos, no preguntarse si y cuánto ganaremos. Hacerse como un niño es olvidar lo que hemos hecho y lo que hemos sufrido, no encerrarnos en nosotros mismos con resentimiento o malhumorados por las amarguras que hemos pasado. Lo que mantiene la unión no es el acuerdo impecable y perfecto, sino el perdón recibido y otorgado de manera constante.

Conseguir el corazón, la mente y los ojos de un niño se convierte realmente en una conquista. Y está fuera de duda que la vive de un modo más consciente y pleno precisamente quien ha vivido más, quien más se ha entregado, quien más ha sufrido. La comunidad se construye sobre todo cuando tiene en su centro, como valor absoluto, a aquel que se hizo el último y siervo de todos: al Señor crucificado, revelación del Dios amor que se hizo pequeño para acoger a los pequeños. Llegar a ser niños es una espiritualidad que puede crecer con los años.

 

ORATIO

Señor, debo ser como un niño del evangelio? Yo, Señor, a quien tanto gusta mandar y hacer que los otros se plieguen a mi voluntad? Yo, que deseo ser el más grande? Yo, que deseo tener siempre razón y obligar a los otros a callar para hacerme escuchar el primero?

Yo, que estallo de cólera para conseguir imponer mis caprichos? Precisamente yo, Señor?

Tómame, Señor, como aprendiz, para llegar a ser un niño del evangelio. Enséñame tu mandamiento: a amar a Dios sobre todas las cosas y a servir al prójimo en primer lugar. Enséñame a estar atento a tu Palabra, que cambia la vida. Llévame lejos del orgullo y de la mentira. Instruye mi espíritu para que pueda buscarte y seguirte con todo el corazón. !Oh Señor, me gustaría tanto llegar a ser un niño del evangelio! (Ch. Singer - A. Hari, Incontrare Gesú Cristo oggi, Bolonia 1994 [edición española: Encontrar a Jesucristo hoy, Editorial Verbo Divino, Estella 1993]).

 

CONTEMPLATIO

Oh Dios, Padre, gracias por habernos revelado lo más profundo de tu ser, por habernos dicho que en ti no hay sólo potencia, soberanía, ciencia y majestad, sino también inocencia, infancia y ternura infinitas. Sí, porque eres Padre, infinitamente Padre.

Nosotros no lo sabíamos antes, no podíamos-saberlo; ha sido necesario que nos enviases a tu Hijo para que lo  descubriéramos. Él se hizo niño y así pudo decirnos que nos hiciéramos como niños para formar parte de tu Reino.

Él, que era Dios, con una grandeza infinita, se hizo tan pequeño, tan humilde ante nosotros que sólo los ojos de la fe y los ojos de los sencillos lo pueden reconocer.

Vino como niño para hacer desaparecer todos nuestros miedos y poner dentro de nosotros tanto amor y confianza que pudiéramos abandonarnos felices como niños en tus manos.

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón" (del salmo responsorial).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Creo cada vez más en el Evangelio, en su sencillez, y comprendo la preocupación con que hablaba Jesús a sus íntimos: "Si no os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos". Hacerse niños no es una cosa fácil para hombres minados por el orgullo como nosotros. Y por eso nos advirtió Jesús con tanta dureza: "No entraréis".

Sé que no seré creído, pero afirmo sin el menor asomo de duda que el comienzo en serio de la vida espiritual tiene lugar cuando el hombre lleva a cabo un auténtico acto de humildad, v, con frecuencia, la propedéutica de la fe en la mayoría de los nombres, o la maduración de la misma en otros, queda bloqueada, envenenada, torturada, prolongada al infinito por la incapacidad para llegar a ser niños y echarse en los brazos del misterio de Dios con un alma de chiquillo... Sí, hacerse pequeños, más pequeños aún, lo más pequeños posible: ése es el gran secreto de la vida mística.

Y cuando quedamos reducidos a un punto, sin más consistencia que la del alma que mira, o la del corazón que ama, entonces hemos de acostumbrarnos a invertir la posición, la eterna posición del orgullo, la difícil posición del yo que se cree siempre el centro del universo (C. Carretto, Al ai lá delle cose, Asís 251998 [edición española: Más allá de las cosas, Ediciones San Pablo, Madrid 1995]).

 

 

 

Día 10

Sábado de la semana XVIII del Tiempo ordinario o 10 de agosto,

San Lorenzo  

Lorenzo nació en Huesca (España). El papa Sixto II le recibió en Roma. Fue archidiácono al servicio de la Iglesia en tiempos de persecución. Cuando el 6 de agosto del año 258 fue llevado el papa al suplicio, le recomendó que distribuyera entre los pobres los bienes de la Iglesia y le profetizó el martirio, lo que tuvo lugar el 10 de agosto. El emperador Valeriano le condenó a morir en una parrilla. Sus reliquias se encuentran en San Lorenzo Extramuros.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Corintios 9,6-10

Hermanos:

6 Tened esto presente: el que siembra con miseria, miseria cosecha; el que siembra generosamente, generosamente cosecha.

7 Que cada uno dé según su conciencia, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al que da con alegría.

8 Dios, por su parte, puede colmaros de dones, de modo que teniendo siempre y en todas las cosas lo suficiente, os sobre incluso para hacer toda clase de obras buenas.

9 Así lo dice la Escritura: Distribuyó con largueza sus bienes a los pobres, su generosidad permanece para siempre.

10 El que proporciona simiente al que siembra y pan para que se alimente, os proporcionará y os multiplicará la simiente y hará crecer los frutos de vuestra generosidad.

 

*"• Son muchas las pobrezas humanas: espirituales, materiales, culturales, morales. Mas no hay ninguna a la que no pueda llegar y colmar la caridad. Dios mismo se muestra siempre espléndido, como fuente de su seno trinitario, en todo impulso dinámico y consiguiente fecundidad de frutos. La criatura se convierte en su instrumento.

Cuanto más da, más goza del amor divino, porque éste se trasvasará aún en mayor cantidad y se verterá en ella al encontrar una plena consonancia. Por eso recogerá con largueza: Dios mismo cultivará cuanto siembra y hará fructificar la obra del justo realizada con su amor.

 

Salmo Responsorial

 Dichoso el que se apiada y presta.

Salmo 111, 1-2. 3-4. 5-7ª. 7bc-8. 9


 Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.
R. Dichoso el que se apiada y presta.


En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
R. Dichoso el que se apiada y presta.


Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará, su recuerde será perpetuo.

R. Dichoso el que se apiada y presta.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta ver derrotados a sus enemigos.

R. Dichoso el que se apiada y presta.

 

 

Evangelio: Juan 12,24-26

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

24 Yo os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante.

25 Quien vive preocupado por su vida, la perderá; en cambio, quien no se aferré excesivamente a ella en este mundo, la conservará para la vida eterna.

26 Si alguien quiere servirme, que me siga; correrá la misma suerte que yo. Todo aquel que me sirva será honrado por mi Padre.

 

**• Unirse al Hijo es entrar en la dinámica de amor que le hace una sola cosa con el Padre. "Servir" al Hijo significa "reinar" en él y con él en el corazón del Padre, y constituirá la complacencia de su paternidad divina.

Servir al Hijo es asociarse a él y a su obra redentora. Jesús no deja sobrentendidos a la exigencia de tal seguimiento: por amor al Padre y al hombre, el Hijo se entrega por completo, da su propia vida en una muerte destinada al misterio de una fecundidad que inserta la inmediatez histórica en un horizonte trascendente. También el discípulo se ve llamado así a perpetuar en el tiempo un acto de amor de valor eterno y divino.

 

MEDITATIO

Cuando el emperador le ordenó entregar las riquezas de la Iglesia, el diácono Lorenzo se presentó al juez con los pobres de Roma, declarando: "!Aquí están los tesoros de la Iglesia!". De inmediato dio la orden de torturarle hasta la muerte. La Passio cuenta que, invitado aún a sacrificar a los dioses, respondió: "Me ofrezco a Dios como sacrificio de suave olor, porque un espíritu contrito es un sacrificio a Dios". El papa Dámaso (384) escribió en la inscripción que hizo poner en la basílica dedicada al mártir: "Sólo la fe de Lorenzo pudo vencer los azotes del verdugo, las llamas, los tormentos, las cadenas. Por la súplica de Dámaso, colma de dones estos altares, admirando el mérito del glorioso mártir".

El papa Juan Pablo II, en la memoria jubilar de los mártires del siglo XX, dijo en el Coliseo comentando el texto de Jn 12,25: "Se trata de una verdad que frecuentemente el mundo contemporáneo rechaza y desprecia, haciendo del amor hacia sí mismo el criterio supremo de la existencia. Pero los testigos de la fe, que también esta tarde nos hablan con su ejemplo, no buscaron su propio interés, su propio bienestar, la propia supervivencia, como valores más grandes que la fidelidad al Evangelio. Incluso en su debilidad, ellos opusieron firme resistencia al mal. En su fragilidad resplandeció la fuerza de la fe y de la gracia del Señor" (Juan Pablo II, Homilía, 7 de mayo de 2000).

 

ORATIO

El Soberano y Señor te ha dado, oh mártir, como ayuda el carbón ardiente: quemado por él, dejaste pronto la tienda de barro y heredaste la vida y el Reino inmortales. Por eso celebramos nosotros, con gozo, tu fiesta, oh bienaventurado Lorenzo coronado.

Resplandeciendo por el Espíritu divino como carbón encendido, Lorenzo victorioso, archidiácono de Cristo, quemaste la espina del engaño: por eso fuiste ofrecido en holocausto como incienso racional a aquel que te exaltó, llegando a la perfección con el fuego. Protege, por tanto, de toda amenaza a cuantos te honran, oh hombre de mente divina {de un antiguo texto de la Iglesia bizantina).

 

CONTEMPLATIO

[San Lorenzo], como ya se os ha explicado más de una vez, era diácono de aquella Iglesia [la de Roma]. En ella administró la sangre sagrada de Cristo; en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo. [...] Amó a Cristo durante su vida, lo imitó en su muerte.

También nosotros, hermanos, si amarnos de verdad a Cristo, debemos imitarlo. La mejor prueba que podemos dar de nuestro amor es imitar su ejemplo, porque Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. [...]

Entendamos, pues, de qué modo el cristiano ha de seguir a Cristo, además del derramamiento de sangre, además del martirio. [...] Cristo se rebajó: esto es, cristiano, lo que debes tú procurar (Agustín de Hipona, Sermón 304).

 

ACTIO

Repite a menudo y medita durante el día la Palabra: "A los pobres los tenéis siempre con vosotros" (Jn 12,8).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El perfume agradable corresponde, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, a la dimensión estrictamente constitutiva de la teología del sacrificio. En Pablo, es expresión de una vida que se ha vuelto pura, de la que no se desprende ya el mal olor de la mentira y de la corrupción, de la descomposición de la muerte, sino el soplo refrescante de la vida y del amor, la atmósfera que es conforme a Dios y sana a los hombres. La imagen del perfume agradable está unida también a la del hacerse pan: el mártir se ha vuelto como Cristo; su vida se ha convertido en don. De él no procede el veneno de la descomposición del ser vivo por el poder de la muerte; de él emana la fuerza de la vida: edifica vida, del mismo modo que el buen pan nos hace vivir. Su entrega en el cuerpo de Cristo ha vencido el poder de la muerte: el mártir vive y da vida precisamente con su muerte y, de este modo, entra él mismo en el misterio eucarístico. El mártir es fuente de fe.

La representación más popular de esta teología eucarística del martirio la encontramos en el relato de san Lorenzo sobre la parrilla, que ya desde tiempos remotos fue considerado como la imagen de la existencia cristiana: las angustias y las penas de la vida pueden convertirse en ese fuego purificador que lentamente nos va transformando, de suerte que nuestra vida llegue a ser don para Dios y para los hombres (J. Ratzinger, Conferenza per !I XXIII Congresso eucarístico nazionale, Bolonia 1997).

 

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Día 11

Domingo XIX del tiempo ordinario

  

Santa Clara de Asís.- Clara nació en Asís el año 1193 (o 1194). Hija de noble familia, fue educada por su madre en la fe cristiana, pero al escuchar y ver a su conciudadano Francisco en la nueva vida evangélica que éste había emprendido  comprendió que quería llevar la misma forma de seguimiento de Jesús. Con su hermana, que la seguirá quince días después de su huida del palacio, vive en el monasterio de San Damián, situado fuera de los muros de Asís, "según la forma del santo Evangelio", obteniendo de los papas el singular "privilegio de la pobreza". Fueron muchas las compañeras que la imitaron. Juntas constituyeron la primera comunidad de "Hermanas pobres", para las cuales, y ya en sus últimos años, escribió Clara -primera mujer que lo hizo en la historia de la Iglesia- una Regla. Esta fue aprobada por Inocencio IV en 1254, pocos días antes de la muerte de Clara. Se conserva el Proceso de su canonización, que tuvo lugar en 1255. Es un documento de excepcional valor para conocer la experiencia de la "plantita de Francisco".

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 19,4-8

En aquel tiempo,

4 Elías se adentró por el desierto un día de camino, se sentó bajo una retama y, deseándose la muerte, decía: -!Basta, Señor! Quítame la vida, que no soy mejor que mis antepasados.

5 Se tumbó y se quedó dormido, pero un ángel le tocó y le dijo: -Levántate y come.

6 Elías miró y vio a su cabecera una hogaza cocida, todavía caliente, y un vaso de agua. Comió, bebió y se volvió a dormir.

7 De nuevo, el ángel del Señor le tocó y le dijo: -Levántate y come, pues te queda todavía un camino muy largo.

8 Él se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.

 

*" En tiempos de Elías reinaba Ajab en Israel: el soberano "ofendió con su conducta al Señor más que todos sus predecesores. No contento con imitar los pecados Jeroboán, hijo de Nabat, se casó con Jezabel, hija de Etbaal -un sacerdote de Astarté-, rey de los sidonios, y dio culto a Baal, adorándolo" (1 Re 16,30ss). A causa de la idolatría que se había extendido en el pueblo, Dios, por boca de Elías, anuncia y envía tres años de sequía.

La lluvia vuelve sólo después de que Elías haya avergonzado a los profetas de Baal, mostrando que hay realmente un solo Dios. Jezabel jura vengarse de Elías y le amenaza de muerte: "Elias se llenó de miedo y huyó para salvar su vida" (1 Re 19,3).

Como hiciera Moisés, tras la enésima lamentación del pueblo, se desahoga con el Señor: "Por qué tratas mal a tu siervo? Por qué me has retirado tu confianza y echas sobre mí la carga de todo este pueblo? Acaso lo he concebido yo [...]? Yo solo no puedo soportar a este pueblo; es demasiada carga para mí. Si me vas a tratar así, prefiero morir" (Nm 11,11-12.14-15). Elías acaba de comer y pide quedarse solo, alejado también de su criado (1 Re 19,3): no le queda otra cosa más que la invocación desesperada de la plegaria. Huye al desierto del sur para salvar su propia vida; sin embargo, una vez llegado allí, ora, paradójicamente, pidiendo la muerte: en su comportamiento se puede vislumbrar una particular ambivalencia.

La intervención del ángel produce un vuelco de la situación: el enviado de Dios no le habla de huida o de muerte, sino de "levantarse, comer y caminar" (vv. 5.7). Elias continúa huyendo (en efecto, Dios le preguntará: "Qué haces aquí, Elias?", deberías encontrarte en Israel), pero la hogaza que recibe es "pan del cielo" (Sal 104,40); el agua recuerda a la recibida como don por Israel cuando acababa de salir de Egipto (Ex 15; 17); los cuarenta días y las cuarenta noches recuerdan el tiempo transcurrido en el desierto antes del don de la tierra prometida; "el monte de Dios, el Horeb" (v. 8), hacia el que Elías se pone a caminar, es el lugar de las teofanías experimentadas por Moisés pero ahora ya no se trata de una fuga, sino de un éxodo que le conducirá al encuentro con Dios (1 Re 19,9-18).



Salmo responsorial
Gustad y ved qué bueno es el Señor

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

Bendigo  al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre
en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El ángel del Señor acampa
en torno a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno, es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.

 

Segunda lectura: Efesios 4,30-5,2

Hermanos:

30 no causéis tristeza al Espíritu Santo de Dios, que es como un sello impreso en vosotros para distinguiros el día de la liberación.

31 Que desaparezca de entre vosotros toda agresividad, rencor, ira, indignación, injurias y toda suerte de maldad.

32 Sed más bien bondadosos y compasivos los unos con los otros y perdonaos mutuamente, como Dios os ha perdonado por medio de Cristo.

5,1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos suyos muy queridos.

2 Y haced del amor la norma de vuestra vida, a imitación de Cristo, que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio de suave olor a Dios.

 

*"• Le es posible a un hombre "hacer del amor la norma de su vida" {cf v. 2)? Sí, gracias al hecho de haber recibido como don en el bautismo el sello del Espíritu Santo que había sido prometido (cf. Ef 1,13; 4,30): es ésta una "idea fija" de la carta a los Efesios. El Espíritu se hace presente de un modo tan personal y respetuoso de la libertad que las decisiones del cristiano pueden "causarle tristeza" (v. 30). En el orden concreto, las cosas que disgustan al Espíritu enumeradas en el pasaje son aspectos que podemos encontrar en otros pasajes del Nuevo Testamento (por ejemplo, en Rom 1,29-31; Gal 5,19-21) o incluso en las obras helenísticas de tema moral. La "maldad" es la raíz que provoca toda división y todo mal; vibra interiormente en la "agresividad, rencor, ira"; se precipita contra los hermanos con la "indignación " y las "injurias" (v. 31). En este contexto se refiere Pablo, de modo particular, a los vicios que resquebrajan la vida comunitaria.

El crecimiento de la caridad pasa de la "bondad" a la "compasión" y a la cumbre del "perdón mutuo" (v. 32).  Entre las quince características de la caridad citadas en el "Himno a la caridad" (1 Cor 13,4-7), hay ocho negativas (lo que no hace la caridad: "No tiene envidia, ni orgullo, ni jactancia") y otras seis que tienen que ver con la caridad en acción: "Todo lo aguanta" ("es paciente y bondadosa [...] Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta"). Qué es lo específico del perdón cristiano, dónde está el límite ante el que podríamos pretender detenernos? "A cada uno de nosotros, sin embargo, se le ha dado la gracia según la medida [literalmente, el metro] del don de Cristo" (Ef 4,7); "Los amó hasta el extremo" (Jn 13,1).

Y vosotros "sed misericordiosos como también es misericordioso vuestro Padre" (Lc 6,36; cf. Mt 5,48). Así es para Juan (cf. 1 Jn 3,16), para Pablo (cf. Gal 2,20), para cada cristiano que quiera ser causa de alegría para el Espíritu Santo.

 

Evangelio: Juan 6,41-51

En aquel tiempo,

41 los judíos comenzaron a murmurar de él porque había dicho: "Yo soy el pan que ha bajado del cielo".

42 Decían: -Éste es Jesús, el hijo de José. Conocemos a su padre y a su madre. Cómo se atreve a decir que ha bajado del cielo?

43 Jesús replicó: -No sigáis murmurando.

44 Nadie puede aceptarme si el Padre, que me envió, no se lo concede, y yo lo resucitaré el último día.

45 Está escrito en los profetas: Y serán todos instruidos por Dios. Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza me acepta a mí.

46 Esto no significa que alguien haya visto al Padre. Solamente aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre.

47 Os aseguro que el que cree tiene vida eterna.

48 Yo soy el pan de la vida.

49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y, sin embargo, murieron.

50 Éste es el pan del cielo, y ha bajado para que quien lo coma no muera.

51 Jesús añadió: -Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo.

 

**• Las precedentes revelaciones de Jesús sobre su origen divino -"Yo soy el pan de vida" (v. 35) y "yo he bajado del cielo" (v. 38)- habían provocado el disentimiento y la protesta entre la muchedumbre, que empieza a murmurar y se muestra hostil. Es demasiado duro superar el obstáculo del origen humano de Cristo y reconocerle como Dios (v. 42). Jesús evita entonces una discusión inútil con los judíos y les ayuda a reflexionar sobre su dureza de corazón, enunciando las condiciones necesarias para creer en él.

La primera es ser atraídos por el Padre (v. 44), don y manifestación del amor de Dios a la humanidad. Nadie puede ir a Jesús si no es atraído por el Padre. La segunda condición es la docilidad a Dios (v. 45a). Los hombres deben darse cuenta de la acción salvífica de Dios respecto al mundo. La tercera condición es la escucha del Padre (v. 45b). Estamos frente a la enseñanza interior del Padre y a la de la vida de Jesús, que brota de la fe obediente del creyente a la Palabra del Padre y del Hijo.

Escuchar a Jesús significa ser instruidos por el mismo Padre. Con la venida de Jesús, la salvación está abierta a todos, pero la condición esencial que se requiere es la de dejarse atraer por él escuchando con docilidad su Palabra de vida. Aquí es donde precisa el evangelista la relación entre fe y vida eterna, principio que resume toda regla para acceder a Jesús. Sólo el hombre que vive en comunión con Jesús se realiza y se abre a una vida duradera y feliz. Sólo "el que come" de Jesús-pan no muere. Es Jesús, pan de vida, el que dará la inmortalidad a quien se alimente de él, a quien interiorice su Palabra y asimile su vida en la fe.

 

MEDITATIO

No es raro oír la expresión: "!Basta, no puedo más!". La vida, en determinados momentos, es verdaderamente dura. Y quién la siente difícil, desagradable, insoportable durante años y años? La experiencia de Elías está presente como nunca en la condición humana, especialmente en los que se toman en serio la tarea a favor o en apoyo de los otros que les ha sido confiada: "!Basta, Señor! Quítame la vida, que no soy mejor que mis antepasados".

Esta experiencia, típica de la condición humana, marcada por el límite y por la precariedad, por la vulnerabilidad y por la fragilidad, puede ser el comienzo de una invocación que se abre al misterio de Dios. Dios quiere que sus hijos tomen conciencia de que él está presente en sus vidas. Elías le mandó un ángel con un pan; a nosotros nos envía a su Hijo, que se hace pan de vida, pan para nuestra vida, pan para sostenernos en el camino, pan para no dejarnos solos en las misiones difíciles.

El pan que nos ofrece contiene todas las atenciones que tiene con nosotros. Es el punto de llegada de la acción creadora del Padre, de la obra de reconstrucción llevada a cabo por el Hijo; es pan siempre tierno por la obra del Espíritu. Ese pan es memorial de una historia infinita de amor: con él también nos sostiene, nos alienta, nos invita a reemprender el camino, con el mismo corazón y la misma audacia recordada y encerrada en el pan de vida.

 

ORATIO

Ilumina, Señor, mi mente para que pueda comprender que la eucaristía es "memorial de la muerte del Señor". En ese pan has puesto "todo deleite", porque en él has puesto toda tu historia de amor conmigo y con el mundo. Con ese pan quieres recordarme todo el amor que sientes por mí, un amor que ha llegado a su cumbre insuperable en la muerte y resurrección de tu Hijo, de suerte que yo no pueda dudar ya nunca.

Oh Señor, ese pan que recibo con tanta ligereza contiene verdaderamente todo tu amor por mí, contiene el recuerdo de tus maravillas y la cumbre de las maravillas de tu amor. Y contiene asimismo el recuerdo de que este amor tuyo te ha costado mucho y me sugiere que, si deseo amarte a ti y a mis hermanos, no debo reparar en costes.

Refuerza mi pequeño corazón, demasiado pequeño para comprender; ilumínale sobre los costes del amor, para que no se desanime, para que se reanime, reemprenda el camino, no se achique y esté seguro de que contigo y por ti vale la pena caminar y sudar aún un poco, especialmente cuando tenemos que desarrollar tareas delicadas. !Todavía un poco, que la meta no está lejos!

 

CONTEMPLATIO

Los que, cayendo en las insidias que les tienden, han tomado el veneno extinguen su poder mortífero con otro fármaco. Así también, del mismo modo que ha entrado en las vísceras del hombre el principio mortal, debe entrar asimismo en ellas el principio saludable, a fin de que se distribuya por todas las partes de su cuerpo la virtud salvífica. Dado que habíamos probado el alimento disgregador de nuestra naturaleza, tuvimos necesidad de otro alimento que reúna lo que está disgregado, para que, entrado en nosotros, obre este medicamento de salvación como antídoto contra la fuerza destructora presente en nuestro cuerpo. Y qué es este alimento? Ninguna otra cosa que aquel cuerpo que se reveló más potente que la muerte y fue el comienzo de nuestra vida (Gregorio de Nisa, La gran catequesis, 37, passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Levántate y come, pues te queda todavía un camino muy largo" (1 Re 19,7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La vida vivida eucarísticamente es siempre una vida de misión. Vivimos en un mundo que gime bajo el peso de sus pérdidas: las guerras despiadadas que destruyen pueblos y países, el hambre y la muerte de hambre que diezman poblaciones enteras, el crimen y la violencia que ponen en peligro la vida de millones de personas, el cáncer y el sida, el cólera y otras muchas enfermedades que devastan los cuerpos de incontables personas; terremotos, aluviones y desastres del tráfico... es la historia de la vida de cada día que llena los periódicos y las pantallas de los televisores [...]. Este es el mundo al que hemos sido enviados a vivir eucarísticamente, esto es, a vivir con el corazón ardiente y con los ojos y los oídos abiertos. Parece una tarea imposible.

Qué puede hacer este reducido grupo de personas que lo han encontrado por el camino [...] en un mundo tan oscuro y violento? El misterio del amor de Dios consiste en que nuestros corazones ardientes y nuestros oídos receptivos estarán en condiciones de descubrir que aquel a quien habíamos encontrado en la intimidad continúa revelándose a nosotros entre los pobres, los enfermos, los hambrientos, los prisioneros, los refugiados y entre todos los que viven en medio del peligro y del miedo (H. J. M. Nouwen, La forza delta sua presenza, Brescia 52000, pp. 82ss).

 

 

 

Día 12

Lunes de la semana XIX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 1,2-5.24-28

2 Era el año quinto de la deportación del rey Joaquín.

3 Ezequiel, hijo del sacerdote Buzí, recibió la Palabra del Señor en el país de los caldeos, junto al río Quebar. Y allí lo invadió la fuerza del Señor.

4 Vi un viento huracanado que venía del norte, una gran nube rodeada de resplandores, un fuego resplandeciente y, en el centro del fuego, como el fulgor de un relámpago.

5 En medio del fuego vi la figura de cuatro seres animados, cuyo aspecto era humano.

24 Oí el ruido de sus alas; era como el de las aguas caudalosas, como la voz del Poderoso, como el estruendo tumultuoso de un ejército. Y cuando se paraban, replegaban sus alas.

25 En la plataforma que había sobre sus cabezas se produjo un gran estrépito.

26 Encima de la plataforma apareció una especie de zafiro en forma de trono, y sobre esta especie de trono apareció una figura de aspecto humano.

27 Desde lo que parecían sus caderas para arriba era semejante a un metal brillante, y desde sus caderas para abajo tenía aspecto de fuego.

28 El resplandor que rodeaba esta figura era semejante al arco iris que aparece en las nubes en un día de lluvia. Era la apariencia visible de la gloria del Señor. Cuando la vi, caí rostro en tierra

 

**• El libro de Ezequiel se abre con una "teofanía" (= manifestación de Dios): el incognoscible Dios se revela a sí mismo, su "gloria" (v. 28). Ezequiel, por medio de imágenes remotas a nuestro modo de decir y de pensar, nos comunica su experiencia de Dios. El profeta ve la "gloria" que se desplaza desde el templo al lugar donde se encuentran los deportados: Dios no es propiedad de ningún pueblo, no está atado para siempre ni al templo ni a la tierra prometida, como tal vez pensaba el pueblo de Israel. Dios se manifiesta como fuerza, como luz... Los "seres animados" (w. 5ss) que el profeta distingue en el centro de la nube rodeada de resplandores, que recuerda ciertas representaciones mesopotámicas, pretenden significar algunas prerrogativas divinas: la inteligencia, la fuerza, la potencia, la rapidez. Estos símbolos, recogidos en el Apocalipsis, serán identificados por la tradición cristiana medieval con los cuatro evangelistas (Ap 4,7ss).

Dios se manifiesta en el lugar de la deportación: es el que se revela allí donde el hombre se encuentra exiliado, allí donde el pueblo se encuentra sumergido en males. Se manifiesta "una figura de aspecto humano" (v. 26), como para significar que es cercano a los hombres; tiene un rostro, un corazón...

Si tuviéramos que resumir en pocas palabras el mensaje, podríamos decir que Ezequiel, a través de esta descripción, invita a "ver" la presencia y la acción de Dios en los acontecimientos de la historia: donde todo parece ruina, allí trabaja él para salvar, para liberar al hombre hasta el fondo. Ezequiel cae "rostro en tierra" (v. 28) cuando aparece la gloria de Dios: con este gesto da a entender el profeta que se encuentra en presencia de Dios. Un Dios cognoscible e incognoscible, trascendente y, sin embargo, cercano, comprometedor; unDios que hemos de adorar allí donde nos salga al encuentro.

 

Salmo Responsorial

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Salmo 148,1-2.11-12.13.14


Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos.
R/.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños.
R/.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra.
R/.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido.
R/.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

 

 

Evangelio: Mateo 17,22-27

En aquel tiempo,

22 un día que estaban juntos en Galilea, les dijo Jesús: -El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres,

23 y le darán muerte, pero al tercer día resucitará. Y se entristecieron mucho.

24 Cuando llegaron a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los que cobraban el impuesto del templo y le dijeron: -No paga vuestro maestro el impuesto?

25 Pedro contestó: -Sí. Al entrar en la casa, se anticipó Jesús a preguntarle: -Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra a quiénes cobran los impuestos y contribuciones: a sus hijos o a los extraños?

26 Pedro contestó: -A los extraños. Jesús le dijo -Por tanto, los hijos están exentos.

27 Con todo, para que no se escandalicen, vete al lago, echa el anzuelo y saca el primer pez que pique; ábrele la boca y encontrarás en ella una moneda de plata. Tómala y dásela por mí y por ti.

 

**• El fragmento evangélico que hemos leído se compone de dos partes. La primera (w. 22ss), que tiene su paralelo en Marcos y Lucas, es el segundo de los tres grandes anuncios de la pasión. Aquí aparece un solo verbo en voz activa e indica el obrar pecaminoso de los hombres: "Le darán muerte". Todo lo demás está en pasiva; con ello se significa que todo esto no es una "casualidad", sino que forma parte del proyecto amoroso y salvífico de Dios. "Va a ser entregado " remite a Is 53. Mateo lo emplea a menudo referido a Jesús (cf. 10,4; 26,15.16.23, etc.; 27,2), también lo hace Pablo (Rom 4,25; 8,32; 1 Cor 11,23; Gal 2,20; Kl S,2).

La primera predicción de la pasión habla de entregar a Jesús "en manos de los ancianos y de los sacerdotes" {cf. Mt 6,21), o sea, de las instituciones religiosas judías; aquí, sin embargo, es entregado "en manos de los hombres " en general. "Resucitará" (aunque tal vez fuera mejor traducir "será resucitado") expresa la esperanza de Jesús en la acción del Padre.

La enseñanza global de esta primera parte de la lectura de hoy es que Jesús sabe a dónde va. Lee que su destino está ya en las antiguas profecías. Habla de sí mismo como del "Hijo del hombre", el representante del pueblo de los santos que recibirán, después de la persecución, todo poder (Dn 7). El Jesús resucitado afirmará que ha recibido "autoridad plena sobre cielo y tierra" (Mt 28,18). La pasión, que es la historia de una "entrega" en manos de todos los hombres, se convierte en entrega en manos del Padre, en manifestación de su glorificación, en historia de salvación.

Los w. 24-27 -segunda parte de la perícopa de hoy son propios de Mateo. El problema de los impuestos que debían pagar los judíos a los ocupantes paganos era un problema que agitaba a los judíos de aquel tiempo {cf. 22,15-22) y había sido objeto de debate en el interior de la primitiva comunidad cristiana (cf. Rom 13,6ss). Aquí, sin embargo, lo que está en discusión es el impuesto del templo. Dado que Jesús es "más importante que el templo" (Mt 12,6) y, tal como ha dicho Pedro, "el Hijo de Dios vivo" (16,16), es lógico que no esté obligado a pagar el impuesto del templo. Si lo hace es para no escandalizar, para no irritar: su hora (la de reedificar el nuevo templo) no ha llegado todavía.

 

MEDITATIO

"El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres." En el primer anuncio de la pasión, Jesús decía que "tenía que" suceder (16,21); ahora que "va a ser", empieza el camino hacia Jerusalén. El Hijo del hombre es entregado (por Judas, por los jefes, por el Padre): todos pueden recoger el don que el Señor hace de sí mismo.

"Ponerse en manos de otro es el acto de confianza y de amor más grande que alguien pueda realizar. El Hijo se entrega en manos de los hermanos con el mismo amor con el que se entrega en las del Padre. Esta entrega de sí mismo que nos hace a nosotros es nuestra salvación. Aunque nosotros lo rechacemos y le quitemos la vida, él la entrega por nosotros. El gran misterio de Dios es que él tiene fe en el hombre: se fía de él y se confía a él, hasta ponerse en sus manos, haga lo que haga" (san Fausto).

Jesús es consciente de lo que va a suceder y no se echa atrás. Él es el Hijo exento, pero acepta pagar el tributo del esclavo. Sabe que de este modo nos libera de nuestra "extranjería" respecto a Dios, nos hace hijos suyos, "exentos" también de "deber nada" a nadie, tanto si se trata de una autoridad religiosa como civil. La nueva situación de libertad en que venimos a encontrarnos como discípulos del Hijo del hombre no nos aparta de la vida ni de nuestras obligaciones con los otros. Si debemos sentirnos en cierto modo deudores es con los deberes de la caridad y en virtud de la misma, "para que no se escandalicen".

 

ORATIO

Oh Dios, tus juegos son infinitos; sólo quien posee la sutileza de tu Espíritu puede comprenderlos. Tú provees a tus hijos de lo que tienen necesidad, desbaratando todos los cálculos humanos. En el pez pescado en el mar, inesperadamente, hiciste encontrar la moneda, tributo con el que pagar al templo por tu Hijo y por Pedro, primicia de todo discípulo.

En tu Hijo, pescado del abismo de la muerte, nos has hecho encontrar el verdadero precio de nuestro rescate. En él, entregado en nuestras manos, encontramos nuestra verdadera libertad, nos convertimos en tus hijos y podemos gritarte: tú eres en verdad nuestro único Abbá.

Gracias, Padre, por el día del domingo, día en que entregas en nuestras manos a tu Hijo para que encontremos en él el precio de nuestro rescate: la Palabra que nos libera y el pan que nos fortifica en el camino.

 

CONTEMPLATIO

Jesús, Hijo del hombre, has usado tus manos sólo para hacer el bien, para ponerlas en los oídos del sordo y darle la capacidad de oír, en los labios del mudo para hacerle hablar, en los ojos del ciego para darle la vista, sobre el leproso para sanarlo de su enfermedad. Con tu mano volviste a levantar a quien había caído en los brazos de la muerte. Al hombre tullido le mandaste extender la mano para reemprender su trabajo. Cuando fuiste entregado en manos de los hombres, sin oponerte, extendiste tus manos en un gesto solemne de abrazo universal y te abandonaste en manos del Padre, el único que te acogió de verdad. Al resucitar, invitaste a ver y a tocar aquellas manos que llevaban impreso el sello de tu amor y atestiguaban que se había pagado el tributo por nuestra liberación.

Si miramos nuestras manos habremos de enrojecer. Deberíamos emplearlas para trabajar, para ayudar y sanar, levantarlas para bendecir y orar. Sin embargo, con excesiva frecuencia las usamos para golpear y para abatir, para aferrar con avidez y robar. Señor Jesús, haz de nosotros lo que quieras: sé tú quien nos entregue en manos de los hombres y en manos del Padre. Sólo de este modo nos convertiremos en el pez pescado que lleva el tributo del rescate por nosotros, por todos.

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dios nos ha llamado a compartir la pasión y la gloria del Señor Jesús" (cf. 2 Tes 2,14).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Del cuaderno de notas de un joven !efe scout, estudiante de agronomía, muerto de leucemia:"En ocasiones quisiera irme a vivir a un lugar solitario, silencioso, donde no haya confusión, distracción, donde pudiera dedicarle a Él, sólo a Él, mi tiempo, todo mi tiempo. Me doy cuenta de que todo lo que hay a mi alrededor me distrae, me lleva a donde no quiero ir: a la envidia, a la maldad, al pecado corporal. Debo prepararme para aquel momento, debo estar preparado para cuando me llame a Él. No puedo dejar pasar los días. Cada segundo es importante, esencial, indispensable, y no debo malgastar de este modo mi tiempo.

Cuando me preguntan sobre mi enfermedad, rara vez soy yo quien empieza a hablar de ella y, al oír lo que pienso y cómo hablo de ella, me dicen que soy pesimista. !No! Soy realista.

Sé lo que me sucederá, cómo moriré; he visto morir a otros, apagarse lentamente, día tras día. Sé de qué modo, en qué hospital y cómo. He visto llorar a un hombre. Me decía: "Tengo que morir... Moriré". Sé que esto también me sucederá a mí. Ahora bien, cómo decirle a alguien: "Sí, tengo miedo, pero no veo la hora"? Tú me llamas, yo responderé: "Aquí estoy". No lo diré a nadie, lo sabes Tú, lo sabe Él.

Ni siquiera puedo extrañarme de todo lo que me rodea: deben ponerme las inyecciones, darme las pastillas. !Todo esto sirve! Sirve para prepararme mejor, para recuperar el tiempo que he perdido y que perderé. !Ayúdame, Dios! Ayúdame a no ser hipócrita, a confiar sólo en ti. Continuaré fingiendo estudiar, actuando como si todo fuera normal, como si no hubiera pasado nada? Dios, indícame el camino. Es de noche, no veo a dónde quieres que vaya. !Ilumíname el camino! Está oscuro, sé luz para mí. No me siento mártir. Muy diferentes y más duros son los sufrimientos de quienes han muerto por ti, de quienes han elegido morir por ti, Señor. !Qué valor, qué fuerza! Todo esto me hace sentirme pequeño e inútil, pero, Señor, tengo mi esperanza en ti" (Michelle Chinellato).

 

 

Día 13

Martes de la semana XIX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 2,8-3,4

Así dice el Señor:

2,8 Pero tú, hijo de hombre, escucha lo que te digo; no seas rebelde como este pueblo; abre la boca y come lo que te doy.

9 Entonces vi una mano extendida hacia mí con un libro enrollado.

10 Lo desenrolló ante mí; estaba escrito por el anverso y por el reverso, y contenía lamentaciones, gemidos y amenazas.

3,1 Y me dijo: -Hijo de hombre, come este libro y ve luego a hablar al pueblo de Israel.

2 Yo abrí la boca y él me hizo comer el libro,

3 diciéndome: -Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con este libro que yo te doy. Yo lo comí y me supo dulce como la miel.

4 Entonces me dijo: -Hijo de hombre, ve al pueblo de Israel y comunícales mis palabras.

 

*•• La visión del libro pertenece al primer cuaderno de las profecías de Ezequiel, donde relata la llamada a la misión profética. A Ezequiel se le llama repetidamente "hijo de hombre" (cf. 2,8; 3,1.3.4). Este título está cargado del sentido de la trascendencia divina, una trascendencia que siente Ezequiel con una extrema agudeza. El profeta es una nulidad, como todos los hombres; es uno de tantos, frágil, caduco; el carisma profético le ha sido dado sólo porque Dios lo ha querido así por un don gratuito. Jesús hará suyo este título para indicar al mismo tiempo su modo de ser con nosotros y su modo de ser ante el Padre.

La vocación de Ezequiel, como la de los grandes profetas, se sitúa en una acción simbólica. Se trata siempre de mostrar que la Palabra de Dios se encuentra en labios de un hombre. Un ángel purificó los labios de Isaías con fuego (cf. Is 6,3-7), Dios mismo introdujo sus palabras en la garganta de Jeremías (cf. Jr 1,9), pero Ezequiel vive ya en una época marcada por la civilización escrita: no recibe de Dios una palabra, sino un libro.

Desde este punto de vista, es el antepasado de los escribas y de los rabinos. Mientras que Jeremías e Isaías reciben pasivamente la Palabra de Dios, Ezequiel come, digiere y asimila la voluntad divina. Ésta no se manifestará más que a través de su visión de las cosas; no habrá Palabra de Dios sino donde haya al mismo tiempo palabra de hombre. Ezequiel debe alimentarse de la Palabra de Dios (3,3). Sólo de este modo es posible comunicar a los otros el pensamiento de Dios o, dicho con mayor precisión, hablar de él.

Con Ezequiel se da un paso adelante en el profetismo: no ha sido llamado a "repetir" la Palabra de Dios, sino a "volver a proponer" lo que ha recibido de él. Podríamos decir: a "repensar" y a "traducir" a su propia palabra la Palabra de Dios, puesto que Dios quiere que su mensaje llegue a los hombres en su "lenguaje" común, como palabra que un hombre dirige a otro. Dios no dispone de un superlenguaje reservado a unos pocos iniciados, sino que se inserta en el lenguaje del hombre y en las comunicaciones que este lenguaje establece entre los hombres. En la cima de este proceso encontraremos a Jesús, "hombre enviado a los hombres, que habla palabras de Dios" (Dei Verbum, 4).

El anuncio que Ezequiel está llamado a llevar de parte de Dios no sólo es amplísimo (el rollo está escrito por ambas partes: cf. 2,9b), sino que también es bastante doloroso: "lamentaciones, gemidos y amenazas" (cf. Ap 10,8-11). Acaba con las últimas ilusiones de los que aún confiaban en que Jerusalén, aunque debilitada por las primeras derrotas y deportaciones, habría de resistir al invasor caldeo. Sin embargo, es, al mismo tiempo, un mensaje de esperanza. Más allá de la cólera de Dios, se manifestará su inmensa misericordia. Por terrible que sea, se trata, en último extremo, de una fuente de auténtica esperanza.

 

Salmo Responsorial

!Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Salmo 118,14.24.72.103.111.131


Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas.
R/.
!Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros.
R/.
!Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata.
R/. !Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca!
R/.
!Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón.
R/.
!Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.
R/.
!Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

 

 

Evangelio: Mateo 18,1-5.10.12-14

1  En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron: -Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?

2 Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos

3 y dijo: -Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos.

4 El que se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.

5 El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge.

10 Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi Padre celestial.

12 Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, no dejará en el monte las noventa y nueve e irá a buscar la descarriada?

13 Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará por ella más que por las noventa y nueve que no se extraviaron.

14 Del mismo modo, vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.

 

**• Nos encontramos en el que ha sido definido como discurso sobre "la vida en la comunidad cristiana" (Mt 18): Jesús traza las características fundamentales de la misma. Los discípulos dan muestras de participar en la mentalidad corriente, la del hombre que ve en la sociedad un continuo progresar, imponerse, codiciar los puestos preeminentes. En este contexto, plantean a Jesús una pregunta: "Quién es el más importante...? (v. 1). Jesús invierte las posiciones: muestra lo que tiene más valor ante Dios y con ello enseña un nuevo camino de convivencia comunitaria. Lo hace, al modo de los antiguos profetas, llevando a cabo primero un gesto (pone a un niño en el centro: v. 2) y revelando, después, el sentido.

Recogiendo y dando mayor profundidad a una idea madurada ya en el rabinismo, la de la inversión de la suerte en el Reino futuro, Jesús pone en el centro no a un adulto o a una persona considerada importante, sino a un niño.   El niño es lo desprovisto y olvidado por los mayores, alguien necesitado de todo, pobre, de humilde condición; es la "oveja perdida" que busca el pastor y de la que se ocupa más que de "las noventa y nueve que no se extraviaron" (v. 13). Jesús extrae las consecuencias de ese gesto. El discípulo debe hacerse como los niños. Este hacerse no es un "retorno" a la condición infantil, sino una "conversión", un cambio de ruta en nuestra conducta.

No se trata tanto de ser niño en el sentido de la simplicidad, del candor, de la docilidad, sino de convertirse a un modo de ser diferente del que domina en la comunidad mundana; el modelo de la humillación es preferible al de una vida basada en la búsqueda de los primeros puestos (cf. 20,20-28).

El discípulo debe acoger a los pequeños, no despreciarlos, descubrir que tienen la dignidad del Señor, que son un sacramento de él (v. 5). El discípulo se pone en estado de búsqueda para que no se pierda ninguno de los pequeños.

 

MEDITATIO

Jesús no buscó para sí, durante su vida, cargos públicos ni puestos de prestigio, tampoco se dejó impresionar por los títulos honoríficos de la gente que tenía delante, ni por su experiencia, ni por los años, ni por las canas: miraba a cada hombre a los ojos sin ninguna timidez, leía hasta el fondo sus pensamientos e intenciones.

Jesús, para liberarnos de todo desvarío de grandeza y permitirnos construir verdaderas comunidades, nos indicó el camino del hacernos niños, la vía de la infancia espiritual recorrida sabiamente por santa Teresa del Niño Jesús. Lo que une no es la habilidad real o presunta, sino la "pequenez" acogida en el Hijo, el hacerse como niños los unos ante los otros y ante Dios. Hacerse como niños no es poner en marcha un proceso de involución, sino llevar a cabo un cambio radical, una conversión radical, en nuestro modo de ser ante Dios y ante los otros. Hacerse como un niño es hacer sitio a la confianza que el pequeño muestra frente a sus padres, a la serenidad y al optimismo con que mira al futuro. El niño se abre cada día, con una disponibilidad siempre fresca, a las nuevas experiencias. Hacerse como un niño es fiarse, no temer "enredos", no hacer cálculos, no preguntarse si y cuánto ganaremos. Hacerse como un niño es olvidar lo que hemos hecho y lo que hemos sufrido, no encerrarnos en nosotros mismos con resentimiento o malhumorados por las amarguras que hemos pasado. Lo que mantiene la unión no es el acuerdo impecable y perfecto, sino el perdón recibido y otorgado de manera constante.

Conseguir el corazón, la mente y los ojos de un niño se convierte realmente en una conquista. Y está fuera de duda que la vive de un modo más consciente y pleno precisamente quien ha vivido más, quien más se ha entregado, quien más ha sufrido. La comunidad se construye sobre todo cuando tiene en su centro, como valor absoluto, a aquel que se hizo el último y siervo de todos: al Señor crucificado, revelación del Dios amor que se hizo pequeño para acoger a los pequeños. Llegar a ser niños es una espiritualidad que puede crecer con los años.

 

ORATIO

Señor, debo ser como un niño del evangelio? Yo, Señor, a quien tanto gusta mandar y hacer que los otros se plieguen a mi voluntad? Yo, que deseo ser el más grande? Yo, que deseo tener siempre razón y obligar a los otros a callar para hacerme escuchar el primero?

Yo, que estallo de cólera para conseguir imponer mis caprichos? Precisamente yo, Señor?

Tómame, Señor, como aprendiz, para llegar a ser un niño del evangelio. Enséñame tu mandamiento: a amar a Dios sobre todas las cosas y a servir al prójimo en primer lugar. Enséñame a estar atento a tu Palabra, que cambia la vida. Llévame lejos del orgullo y de la mentira. Instruye mi espíritu para que pueda buscarte y seguirte con todo el corazón. !Oh Señor, me gustaría tanto llegar a ser un niño del evangelio! (Ch. Singer - A. Hari, Incontrare Gesú Cristo oggi, Bolonia 1994 [edición española: Encontrar a Jesucristo hoy, Editorial Verbo Divino, Estella 1993]).

 

CONTEMPLATIO

Oh Dios, Padre, gracias por habernos revelado lo más profundo de tu ser, por habernos dicho que en ti no hay sólo potencia, soberanía, ciencia y majestad, sino también inocencia, infancia y ternura infinitas. Sí, porque eres Padre, infinitamente Padre.

Nosotros no lo sabíamos antes, no podíamos-saberlo; ha sido necesario que nos enviases a tu Hijo para que lo  descubriéramos. Él se hizo niño y así pudo decirnos que nos hiciéramos como niños para formar parte de tu Reino.

Él, que era Dios, con una grandeza infinita, se hizo tan pequeño, tan humilde ante nosotros que sólo los ojos de la fe y los ojos de los sencillos lo pueden reconocer.

Vino como niño para hacer desaparecer todos nuestros miedos y poner dentro de nosotros tanto amor y confianza que pudiéramos abandonarnos felices como niños en tus manos.

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón" (del salmo responsorial).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Creo cada vez más en el Evangelio, en su sencillez, y comprendo la preocupación con que hablaba Jesús a sus íntimos: "Si no os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos". Hacerse niños no es una cosa fácil para hombres minados por el orgullo como nosotros. Y por eso nos advirtió Jesús con tanta dureza: "No entraréis".

Sé que no seré creído, pero afirmo sin el menor asomo de duda que el comienzo en serio de la vida espiritual tiene lugar cuando el hombre lleva a cabo un auténtico acto de humildad, v, con frecuencia, la propedéutica de la fe en la mayoría de los nombres, o la maduración de la misma en otros, queda bloqueada, envenenada, torturada, prolongada al infinito por la incapacidad para llegar a ser niños y echarse en los brazos del misterio de Dios con un alma de chiquillo... Sí, hacerse pequeños, más pequeños aún, lo más pequeños posible: ése es el gran secreto de la vida mística.

Y cuando quedamos reducidos a un punto, sin más consistencia que la del alma que mira, o la del corazón que ama, entonces hemos de acostumbrarnos a invertir la posición, la eterna posición del orgullo, la difícil posición del yo que se cree siempre el centro del universo (C. Carretto, Al ai lá delle cose, Asís 251998 [edición española: Más allá de las cosas, Ediciones San Pablo, Madrid 1995]).

 

 

Día 14

Miércoles de la semana XIX del Tiempo ordinario o 14 de agosto.

San Maximiliano María Kolbe  

Nació en Polonia en 1894. A los 13 años entró en los menores conventuales. Una vez terminados sus estudios filosóficos y teológicos en Roma, instituyó en ella la "Milicia de la Inmaculada", en 1917. Tras ser ordenado sacerdote en 1927, fundó en su patria la "Ciudad de la Inmaculada", centro de vida espiritual y de actividad editorial. Ejerció como misionero en Japón y volvió a Polonia en 1936, donde prosiguió su intensa obra de apostolado. Durante la Segunda Guerra Mundial fue deportado al campo de concentración de Auschwitz, donde murió al ofrecer su vida por la de un compañero de prisión, el 14 de agosto de 1941. Fue beatificado por Pablo VI en 1971 y canonizado con el título de mártir por Juan Pablo II en 1 982.

 

 LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 9,1-7; 10,18-22

9 Después le oí gritar con voz potente: -!Que se acerquen los que van a castigar a la ciudad; cada uno con su arma destructora!

2 Y por la calle de la puerta alta que mira al norte llegaron seis hombres, cada uno con su arma destructora. En medio de ellos había un hombre vestido de lino, con la cartera de escribano a la cintura. Entraron y se pusieron junto al altar de bronce.

3 La gloria del Dios de Israel se había levantado encima de los querubines y se dirigía hacia el umbral del templo. Entonces llamó al hombre vestido de lino que llevaba a la cintura la cartera de escribano,

4 y le dijo: -Pasa por la ciudad, recorre Jerusalén y pon una señal en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen dentro de ella.

5 Y pude oír lo que dijo a los otros: -Recorred la ciudad detrás de él, matando sin compasión y sin piedad.

6 Matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres, hasta exterminarlos. Pero no os acerquéis a los que tengan la señal en la frente. Empezad por mi santuario. Y empezaron por los ancianos que estaban delante del templo.

7 Luego les dijo: -Contaminad el templo y llenad de cadáveres los atrios. Y salieron a matar por la ciudad.

10,18 La gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines.

19 Los querubines desplegaron sus alas, se elevaron sobre la tierra ante mis ojos y remontaron el vuelo junto con las ruedas. Se pararon a la entrada de la puerta oriental del templo del Señor, y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos.

20 Eran los mismos seres que yo había visto debajo del Dios de Israel junto al río Quebar, y reconocí que eran querubines.

21 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas y, bajo las alas, una especie de manos de hombre.

22 Sus caras eran las mismas que yo había visto junto al río Quebar. Todos ellos caminaban de frente.

 

"*• La Palabra del Señor se dirige a los exiliados que no conseguían creer que el Señor pudiera aceptar la destrucción de Jerusalén y del templo en el que se había establecido. En una gran visión -que se extiende del capítulo 8 al 11-, el profeta es llamado, en un primer momento, como testigo de los crímenes y de las profanaciones que se cometen en el mismo templo y, a continuación, de la condena a que es sometida la ciudad y de la salvación de los que han permanecido fieles.

El castigo empieza con los siete seres misteriosos que recorren la ciudad para exterminar a todos los pecadores, empezando por los ancianos del templo. Las graves culpas (infidelidad a Dios, idolatría en el templo, violencias en la ciudad, desconfianza en Dios) atraen el tremendo castigo: "Pues yo tampoco los miraré con compasión ni tendré piedad, daré a cada uno su merecido".

Cada uno recibe el trato merecido por lo que es y por lo que hace ("retribución personal": cf. el capítulo 18). No es Dios quien castiga. Los acontecimientos humanos recaen sobre quienes los provocan, y éstos no obtienen la intervención salvífica de Dios por su propia infidelidad, maldad, desconfianza.

Dios salva a los que han permanecido fieles a la Ley (Tora), a los que gimen por la maldad, la violencia, la injusticia, la mentira, la infidelidad del mundo; están marcados por una "T" (tau), la primera letra de la palabra Tora, y han sido preservados de la desventura. El exterminio es tan completo que los cadáveres contaminan incluso el interior del templo y obligan a la gloria de Dios a retirarse de un lugar que se ha vuelto impuro. En esta escena, Dios se revela como el salvador de los que escuchan la Palabra y llevan impreso sobre sí mismos el sello de los hombres que escuchan: la "T" de la Tora.

 

Salmo Responsorial

La gloria del Señor se eleva sobre el cielo

Salmo 112,1-2.3-4.5-6


Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre.
R/.
La gloria del Señor se eleva sobre el cielo

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre el cielo.
R/.
La gloria del Señor se eleva sobre el cielo

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?
R/.
La gloria del Señor se eleva sobre el cielo

 

Evangelio: Mateo 18,15-20

15 Por eso, si tu hermano comete una falta, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

16 Si no te escucha, toma contigo uno o dos, para que cualquier asunto se resuelva en presencia de dos o tres testigos.

17 Si no les hace caso, díselo a la comunidad; y si tampoco hace caso a la comunidad, considéralo un pagano o un publicano.

18 Os aseguro que lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19 También os aseguro que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, la obtendrán de mi Padre celestial.

20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

 

*•• Seguimos estando en el contexto de las relaciones que deben establecerse en el interior de la comunidad: con los hermanos -los pequeños, los pecadores, los colaboradores-.

El tema de hoy es éste: qué actitud debe adoptar una comunidad cristiana ante el pecado y ante el escándalo (18,3-11)?, qué actitud debe tomar ante el pecador? Tras haber invitado a la misericordia contando la parábola de la oveja extraviada (18,12-14), Mateo describe el itinerario que conduce al perdón: acercarse al pecador a solas (obsérvese que la fórmula "contra ti" no se encuentra en el texto original, que habla del pecador como tal: v. 13), reprenderle delante de dos o tres testigos (v. 16) y, por último, interpelarle en medio de la asamblea (v. 17). A fin de que se observe esta pedagogía, Cristo confiere a sus apóstoles un poder particular (v. 18).

La condena del hermano sólo es posible cuando persevera en el mal y rechaza toda corrección y todo perdón (w. 15-17). En este caso, Dios ratifica lo que lleva a cabo su Iglesia. Los w. 19ss. indican que el acto de la corrección fraterna debe realizarse en la unión y en la plegaria, que aseguran la presencia del Resucitado. Estas palabras, tomadas en su conjunto, quieren decirnos que todo debe desarrollarse en un clima de extrema delicadeza y fraternidad. Está la preocupación por no llamar "pecadores" a los otros. Jesús nos hace decir: "Si tu hermano comete una falta". No debemos movernos para condenar y alejar, sino para acercar, para sacar del mal, a fin de volver a ganar al hermano para la comunidad y para Dios. Y para él mismo. Sólo si persiste en su actitud, deberá tomar nota la comunidad de que se ha "alejado" de ella y no se comporta ya como hermano. En la comunidad cristiana existe una ilimitada capacidad de perdón: los términos atar y desatar empleados en el v. 18 son un hebraísmo e indican el inmenso poder de perdón otorgado por Jesús a la Iglesia.

Los vv. 19ss, aparentemente desligados del contexto, con la mención de la oración y de la presencia de Cristo en la comunidad, hacen pensar en una disciplina eclesial ejercida de manera "cultual", en la oración y con conciencia de la presencia de Jesucristo en su propio desarrollo.

 

MEDITATIO

Dar la vida es manifestar la cumbre del amor, dijo Jesús. Eso es lo que hizo él, y a eso mismo nos llama a nosotros. Aparecen los vértigos, como si estuviéramos al borde de un abismo. Estamos así instintivamente aferrados a nuestra vida, una vida que sentimos muy breve y frágil... La retenemos de una manera tenaz entre nuestras manos. De la vida como posesión a la vida como don: ése es el gran desafío, que revela - a nosotros mismos antes que a los otros- "quiénes somos" y "quiénes queremos ser".

           "Podríamos decir que el banco de prueba del valor y, por consiguiente, del significado de una persona es, para el hombre contemporáneo, la "cotidianidad". En el caso del padre Kolbe, cuántos son capaces de pensar, frente a una experiencia tan extraordinaria, que ésta estuvo preparada por toda una vida llevada bajo la enseña de una "cotidianidad extraordinaria", que, tal vez, sea la única que está en condiciones de madurar para los grandes momentos?" (G. Barra). Dar la vida no es cuestión de un momento, sino una opción fundamental repetida cada día: la de decir "sí" a la oferta de amistad que Dios nos propone. No es cuestión de un impulso del corazón en algún momento especial, sino de gestos concretos ordinarios que saben de calor, de compartir con los demás, de entrega verdadera. Esto es posible para todos, para cada uno que acoja la llamada del Señor y le responda con el amor a los hermanos. Es "en el marco de una vida entregada y empleada realmente por un ideal tan arrollador donde puede madurar y donde se puede comprender el acto sublime que coronó la existencia del padre Maximiliano, la consumación cruenta de una oblación constante realizada a lo largo de toda una vida, el sello a una fidelidad indefectible a lo "terrible cotidiano"" (G. Barra).

 

ORATIO ( Algunas invocaciones de san Maximiliano María Kolbe )

"Reina en mí, oh Dios mío, y permíteme difundir en todos tu Reino a través de la  Inmaculada".

"Oh María, concebida sin pecado, ora por nosotros, los que recurrimos a ti, y por cuantos no lo hacen; en particular, por los enemigos de la santa Iglesia y por aquellos que te han sido encomendados".

"!Gloria a la Inmaculada por todo!"

"!Oh Inmaculada, soy tuyo!"

"Virgen Inmaculada, Madre mía, María, te renuevo, hoy y para siempre, la consagración de toda mi persona, a fin de que dispongas de mí para el bien de las almas. Sólo te pido, oh Reina mía y Madre de la Iglesia, cooperar fielmente en tu misión para la venida de Jesús al mundo. Te ofrezco, por tanto, oh Corazón Inmaculado de María, las oraciones, las acciones y los sacrificios de este día" (Consagración cotidiana a María de la Milicia de la Inmaculada).

 

CONTEMPLATIO (Algunos dichos de san Maximiliano María Kolbe:)

 "Lo primero que tenemos que hacer es trabajar en nuestro propio perfeccionamiento".

"La humildad es lo más difícil de conquistar en el trabajo por nuestra propia santificación".

"La oración es una condición indispensable para la regeneración y para la vida de toda alma".

"Todo lo puedo en Aquel que me da fuerza a través de la Inmaculada".

"Sin un espíritu de penitencia y de renuncia de nosotros mismos no se puede ser amor".

"Sin amor, no puede haber virtud alguna; con amor, todas".

"Busca sólo la gloria de Dios, con serenidad".

"El amor mutuo es lo principal".

"Trabaja, a través de la Inmaculada, por la salvación de las almas".

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y medita durante el día esta expresión típica de Maximiliano María Kolbe: "Sólo el amor crea".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En todos los continentes, o casi, es conocida y notoria la figura de san Maximiliano María Kolbe. Y quien ha recibido el don de acercarse a él, queda profundamente conquistado por el santo. Porque se quedará tan presente en su propia vida, que sentirá la necesidad de invocarlo, imitarlo y enamorarse de su poliédrica figura de hombre, sacerdote, religioso, apóstol y mártir.

"Sólo el amor crea", había repetido miles y miles de veces el padre Kolbe durante su vida. "Sólo el amor crea", cantaban las obras que iba ideando y concretando una tras otra, a fin de llevar la vida de la verdad a cada hombre con la imprenta; para llevar las ondas de la vida a cada casa por medio de la radio; para dar un signo de la vida eterna a través de las esculturas y las pinturas délos hermanos. Y en sus largos viajes no perdía la ocasión de acercarse al ateo, al masón, al judío, al incrédulo, al cristiano adormecido en su fe, para que el nuevo destello de la vida iluminara el camino que lleva a la salvación.

"Sólo el amor crea", ha ido repitiendo el papa "venido de lejos ", cada vez que se detiene a hablar de este hombre: el hombre de nuestro tiempo, el hombre de la magna y profunda herencia.  La herencia espiritual de san Maximiliano María Kolbe no tiene límites. La consagración total a la Inmaculada con propósitos apostólicos, que él vivía y promovía, es y debe ser una verdadera espiritualidad. Indudablemente, es una herencia muy comprometedora, porque se trata de imitar a aquel que nos la ha dejado. A saber: se trata no de tener "algo" de él (posibles reliquias, algún autógrafo, su biografía, etc.), sino de poseer su espíritu, porque de los santos queda sobre todo lo que han hecho, actuando según la voluntad de Dios. Recoger su herencia significa permitir a Dios que obre en nosotros como obró en ellos. Como obró en san Maximiliano María Kolbe y en muchos de sus seguidores (L. Faccenda [ed.], "Un cuore donato. San Massimiliano María Kolbe", suplemento a Milizia Mariana 4 [1994] 11; 51ss; 75).

 

 

Día 15

Asunción de la Virgen María

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 11,19a; 12,1-6a.10a-b

11 Se abrió entonces en el cielo el templo de Dios y dentro de él apareció el arca de su alianza.

12,1 Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.

2 Estaba encinta y las angustias del parto le arrancaban gemidos de dolor.

3 Entonces apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón de color rojo con siete cabezas y diez cuernos y una diadema en cada una de sus siete cabezas.

4 Con su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se puso al acecho delante de la mujer que iba a dar a luz, con ánimo de devorar al hijo en cuanto naciera.

5 La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a regir todas las naciones con vara de hierro, el cual fue puesto a salvo junto al trono de Dios,

6 mientras la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios.

10 Y en el cielo se oyó una voz potente que decía: Ya está aquí la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios. Ya está aquí la potestad de su Cristo.

 

        **• El drama de la historia humana está representado aquí, como en otros lugares del Apocalipsis, con imágenes cósmicas. Esta historia -la de la lucha continua entre el bien el mal- lleva en sí misma la semilla de un niño, de una vida nueva, esto es, de la vida encarnada en Jesús y vivida para siempre junto a Dios. El arca de esta nueva alianza, que la perícopa de hoy conecta con la figura de una mujer encinta que está a punto de dar a luz, aparece en el cielo junto con los signos que describen la experiencia de lo divino: "En medio de relámpagos, de retumbar de truenos, de temblores de tierra y de fuerte granizada" (11,19).

        La mujer, cargada con el niño divino, anuncio y promesa de salvación, se encuentra de la parte de Dios. Tiene "la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza" (12,1): estos signos nos permiten identificarla como figura de la nueva creación, del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia. Frente a ella se encuentra al acecho "un enorme dragón de color rojo", que representa a los que contrastan con el anuncio del Evangelio, a todos los que dieron comienzo a las persecuciones de los primeros tiempos de la Iglesia. El tiempo de la persecución (los "mil doscientos sesenta días" son la duración de la persecución apocalíptica: cf. 11,3; Dn 7,25) contemplará aún a la mujer-Iglesia viviendo en el desierto, donde, paradójicamente, encuentra refugio y alimento.

        El himno final anuncia la derrota definitiva del dragón ("el diablo y Satanás": 12,9) por parte de Miguel y de sus ángeles: de ahora en adelante nadie podrá encontrar ya una culpa, "acusar" (cf. 12,10) a los creyentes ante Dios.



Salmo responsorial
De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir

Salmo 44, 10. 11-12. 16

Hijas de  reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Escucha , hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna.

Prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.

Les traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

 

Segunda lectura: 1 Corintios 15,20-26

Hermanos:

20 Cristo ha resucitado de entre los muertos, como anticipo de quienes duermen el sueño de la muerte.

21 Porque lo mismo que por un hombre vino la muerte, también por un hombre ha venido la resurrección de los muertos.

22 Y como por su unión con Adán todos los hombres mueren, así también por su unión con Cristo todos retornarán a la vida.

23 Pero cada uno en su puesto: como primer fruto, Cristo; luego, el día de su gloriosa manifestación, los que pertenezcan a Cristo.

24 Después tendrá lugar el fin, cuando, destruido todo principado, toda potestad y todo poder, Cristo entregue el Reino a Dios Padre.

25 Pues es necesario que Cristo reine hasta que Dios ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.

26 El último enemigo a destruir será la muerte.

 

        *• El capítulo 15 de la primera carta a los Corintios pretende responder a algunas objeciones respecto a la resurrección planteadas tanto por ciertas actitudes de miembros de la comunidad como de procedencia exterior.

        La primera afirmación de Pablo se basa en un dato de hecho: la resurrección de Jesús, cuyo anuncio forma parte del núcleo originario del anuncio cristiano (cf 15,3ss).

        La segunda afirmación parte, a continuación, de un dato de fe: sin la resurrección, el credo cristiano perdería su sentido. Dejaría de ser un anuncio de salvación, porque el "último enemigo" (v. 26), la muerte, no sería vencido y con él seguiría en vida el miedo que nos ata y nos hace esclavos de nuestra historia y de nuestros modelos de comportamiento.

        La dialéctica Adán-Cristo le sirve a Pablo para subrayar el modo de la resurrección, esto es, cómo la vida de la resurrección comporta un cambio real en la naturaleza de nuestro cuerpo: ya no es un cuerpo que lleva en sí la muerte, sino un cuerpo colmado de vida y capaz de darla (cf. 15,20-21.42ss), un cuerpo "espiritual" (capítulos 44ss); ya no es un cuerpo a imagen "del hombre terreno", sino uno a imagen "del hombre de los cielos" (v. 49), una humanidad que se encuentra de parte de Dios.

 

Evangelio: Lucas 1,39-56

39 Por aquellos días, María se puso en camino y se fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá.

40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

41 Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño empezó a dar saltos en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo,

42 exclamó a grandes voces: -Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

43 Pero cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme?

44 Porque en cuanto oí tu saludo, el niño empezó a dar saltos de alegría en mi seno.

45 !Dichosa tú, que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

46 Entonces María dijo:

47 Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador,

48 porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,

49 porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso. Su nombre es santo,

50 y es misericordioso siempre con aquellos que le honran.

51 Desplegó la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio.

52 Derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes.

53 Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada.

54 Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia,

55 como lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y de sus descendientes para siempre.

56 María estuvo con Isabel unos tres meses; después volvió a su casa.

 

        **• El encuentro entre Isabel y María, dos mujeres encintas y cargadas de vida, se vuelve un verdadero anuncio evangélico, es decir, el anuncio de la Buena Nueva para el mundo. La exultación del niño en el seno de Isabel (cf. vv. 41.44) corresponde por eso al cántico que el evangelista pone en labios de María (cf. vv. 46ss).

        La historia emprende ya desde ahora un nuevo curso: los pobres y los oprimidos de todos los tiempos y de todos los ámbitos tienen derecho a la palabra frente a los ricos y los poderosos (cf. vv. 5 lss), puesto que las promesas de Dios ya se han cumplido (cf. vv. 54ss).

        Justamente la bienaventuranza proclamada por Isabel (v. 45) nos proporciona la clave de lectura de todo el Magníficat, que no es una simple plegaria de liberación, ni una simple exaltación personal de María, "madre del Señor" (v. 43). La "humildad" (v. 48) de María se convierte, sin embargo, en la capacidad de ver los acontecimientos con unos ojos nuevos, con unos ojos que saben ver la realidad de la historia y la mano de Dios que obra en ella, con los ojos de la fe.

 

MEDITATIO

        Los ojos de la fe nos ayudan a ver nuestra historia y la de los otros con una mirada especial, desde Dios, casi sub specie aeternitatis. Para esta mirada, las experiencias de luto y de dolor -la desaparición de un ser querido, el final de una relación, el alejamiento de una amistad-, así como las de amor y alegría, pueden constituir otros tantos momentos de una vida vivida en el amor a Dios, de un tiempo de "desierto" o de "visitación", momentos que son transformados por la vida de Dios que nuestra fe encuentra en ellos.

        La Asunción de María al cielo constituye, a buen seguro, un privilegio personal y absolutamente particular concedido a María por la gracia de Dios; sin embargo, está de acuerdo con el anuncio evangélico de la derrota definitiva, escatológica, de la muerte. La mirada de fe de María ayuda a la joven de Nazaret a levantar los ojos al cielo mientras contempla la realidad de la tierra, la eleva en medio de la alabanza entretejida por las generaciones de la historia, que ven en ella las grandes obras que realiza Dios; la introduce ya en su tiempo terreno para vivir en la humildad de la vida eterna; la dispone para recibir también en su propia muerte el poder de Dios en ella, que de esta forma participa en la resurrección del Hijo.

        Nuestra vida -como también nuestra muerte- está llamada a conseguir esta mirada de fe. La resurrección y el anticipo que la fe nos comunica en la Asunción de María nos anuncian la transformación definitiva, la última de toda nuestra humanidad. Conseguir vivir de esto es hacer también nuestro el cántico de alabanza que María ha proclamado con su vida.

 

ORATIO

        Señor, Padre santo, tú nos has dado la vida, haz que, con fe, veamos en nuestro cuerpo, en nuestra alma y en nuestro espíritu la semilla que tú has plantado, el designio que tú elaboraste cuando nos formaste.

        Señor, Jesucristo, primicia de nuestra resurrección, aumenta en nosotros el deseo de vivir junto al Padre y a nuestro prójimo la vida de cada día, mirando nuestra historia con los ojos de los puros de corazón.

        Señor, Espíritu que da vida, ayuda a nuestro corazón a vivir en la vida eterna y transforma nuestro cuerpo con la luz de la resurrección, para que junto a María podamos cantar por siempre el cántico de nuestra esperanza.

 

CONTEMPLATIO

        Tú, María, partiste de las realidades terrenas para que se viera reforzado el misterio de la tremenda encarnación, para que se creyera que el Dios nacido de ti había sido también hombre completo, hijo de una verdadera madre. Ya que tú participas de nuestros cuerpos y por eso no habrías podido escapar del encuentro con la muerte común a todos, como asimismo tu Hijo y Dios de todos "gustó la muerte" (Heb 2,9): no hay duda de que el sepulcro de tu dormición, así como el sepulcro vivificador, es objeto de maravillas, puesto que ambos acogieron realmente vuestros cuerpos, aunque no obraron ruina alguna en ellos.

        No era admisible que tú, por ser vaso continente de Dios, fueras disuelta en el polvo. Puesto que aquel que se despojó en ti era Dios desde el principio y Vida más antigua que todos los siglos, era también necesario que la madre de la Vida habitara junto a la Vida. En efecto, así como un hijo busca y desea a su propia madre y a la madre le gusta vivir con el hijo, también fue justo que tú volvieras a él y que Dios te hiciera partícipe de la comunión de vida con él mismo (Germán de Constantinopla, Omelia IV, en Omelie mariologiche, Roma 1985, pp. 110ss, passim).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Poderoso ha hecho grandes cosas en mí" (Lc 1,49).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El evangelio de la mañana de pascua describe la resurrección como la capacidad de ver abiertas las tumbas y de divisar la vida en el lugar de la muerte. Se trata de una experiencia tan antigua y tan profundamente arraigada en los seres humanos que, probablemente, nuestra misma conciencia, nuestra misma humanidad, nunca hubiera podido madurar y realizarse a sí misma si, al mismo tiempo, no hubiéramos desarrollado la capacidad de ver el mundo también de una manera diferente de como lo vemos sólo con los ojos terrenos. Si nos consideramos únicamente hijos de este mundo, estamos perdidos. Si la última palabra sobre nuestra existencia fuera que somos sólo lo que vemos, es decir, un mecanismo de breve duración, una envoltura sombría, los pocos años que estamos aquí no serían otra cosa más que un sueño fugaz, algo irreal, incomprensible, nada más que un capricho y un juego de la naturaleza.

        Las primeras fórmulas interpretaron unánimemente la resurrección de Jesús como una transformación de nuestra vida ya aquí en la tierra. No es que Jesús haya fundado la fe en una prosecución de la vida o en una continuación de la existencia.

        Es mucho más importante el hecho de que Jesús vivió la vida contra la muerte y que no quería, ciertamente, que nosotros empezáramos a vivir sólo después de haber muerto físicamente.

        Las mujeres que la mañana de pascua van al sepulcro advierten la gran cantidad de energía que emana de Jesús. Jesús tuvo dentro de él este poder gracias a su confianza en la vida, hasta tal punto que la resurrección de la muerte puede empezar en este momento (E. Drewermann, La rícchezza della vita, Brescia 1998, pp. 268-270, passim).


 

 

Día 16

Viernes de la semana XIX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 16,1-15.60.63

1 Recibí esta palabra del Señor:

2 -Hijo de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones y di:

3 Esto dice el Señor a Jerusalén: Por tu origen y nacimiento eres cananea; tu padre fue un amorreo y tu madre una hitita.

4 El día en que naciste no te cortaron el cordón, no te lavaron con agua, no te hicieron las fricciones de sal ni te envolvieron en pañales.

5 Nadie se apiadó de ti ni hizo por compasión nada de esto, sino que te arrojaron al campo como un ser despreciable el día que naciste.

6 Yo pasé junto a ti, te vi revolviéndote en tu sangre y te dije: Sigue viviendo 7 y crece como la hierba de los campos. Y tú creciste, te hiciste mayor y llegaste a la flor de tu juventud; se formaron tus senos y te brotó el vello, pero seguías desnuda.

8 Yo pasé junto a ti y te vi; estabas ya en la edad del amor; extendí mi manto sobre ti y cubrí tu desnudez; me uní a ti con juramento, hice alianza contigo, oráculo del Señor, y fuiste mía.

9 Te lavé con agua, te limpié la sangre y te ungí con aceite;

10 te vestí con bordados, te puse zapatos de cuero fino, te ceñí de lino y te cubrí de seda;

11 te adorné con joyas, coloqué pulseras en tus brazos, un collar en tu cuello,

12 un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas y una magnífica corona en tu cabeza.

13 Estabas adornada de oro y plata, vestida de lino fino, de seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite. Te hiciste cada vez más hermosa y llegaste a ser como una reina.

14 La fama de tu belleza se difundió entre las naciones paganas, porque era perfecta la hermosura que yo te había dado. Oráculo del Señor.

15 Pero tú, confiada en tu belleza y valiéndote de tu fama, te prostituiste y te ofreciste a todo el que pasaba, entregándote a él.

60 Pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo en los días de tu juventud y estableceré contigo una alianza eterna,

61 para que te acuerdes y te avergüences y no te atrevas a abrir más la boca, cuando te haya perdonado todo lo que has hecho.

 

*+• El profeta, a través de un procedimiento de tipo midrásico, nos ofrece una profunda y sintética meditación sobre la historia de Jerusalén y su visión de la instauración del Reino de Dios en el mundo. Para hacerlo recurre al simbolismo matrimonial, un simbolismo bastante difundido entre los profetas para expresar la relación entre Dios e Israel.

En su origen, Jerusalén fue como una niña abandonada por sus padres y privada de todo: estaba excluida de la confederación cananea (Melquisedec, rey de Salem, no tiene ni padre ni madre: Heb 7,3, y, bastante antes de la era judía, el rey Ponti-Hefer escribía al faraón para lamentarse de su aislamiento); pasa sin daño a través de la historia de Canaán (w. 3-5). Cuando los judíos ocupan la región, no se preocupan de Jerusalén: la dejan vivir por su cuenta. Sólo con David entró el Señor en relación con la ciudad, la convirtió en su esposa (w. 8-13) y la hizo beneficiaría de la gloria inaudita del reinado de Salomón: "Era perfecta la hermosura que yo te había dado. Oráculo del Señor" (v. 14).

Ahora bien, prendada de sí misma, Jerusalén rompe el pacto de amor con Dios y se convierte en una prostituta, ofreciendo sus favores "a todo el que pasaba", a todos los dioses de la región (v. 15). Su infidelidad fue particularmente grave. Las otras ciudades del Oriente condenadas por el Señor no habían conocido su amor con la misma intensidad, no habían sido tan adúlteras; por eso son claramente menos culpables que Jerusalén.

En consecuencia, cabe esperar que el Señor juzgue a Jerusalén y la condene como se hace con una joven adúltera, con un castigo mucho más duro que el padecido por Sodoma, por Samaría y por las otras ciudades paganas (w. 35-52, no recogidos por la liturgia). Con todo, el misterioso amor del Señor, gratuito y fiel, no disminuirá; Dios sigue amando a la esposa infiel y le prepara un futuro de conversión y de retorno a él. Los últimos versículos le anuncian el establecimiento de una alianza eterna con ella.

 

Salmo Responsorial

Ha cesado tu ira y me has consolado

Is 12,2-3.4bcd.5-6


Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.
R/.
Ha cesado tu ira y me has consolado

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.
R/.
Ha cesado tu ira y me has consolado

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
<<Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel. >>
R/.
Ha cesado tu ira y me has consolado

 

 

Evangelio: Mateo 19,3-12

En aquel tiempo,

3 se acercaron unos fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: -Puede uno separarse de su mujer por cualquier motivo?

4 Jesús respondió: -No habéis leído que el Creador, desde el principio, los hizo varón y hembra, 5 y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos uno sólo?

6 De manera que ya no son dos, sino uno sólo. Por tanto, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

7 Replicaron: -Entonces, por qué mandó Moisés que el marido diera un acta de divorcio a su mujer para separarse de ella?

8 Jesús les dijo:  -Moisés os permitió separaros de vuestras mujeres por vuestra incapacidad para entender, pero al principio no era así.

9 Ahora yo os digo: El que se separa de su mujer, excepto en caso de unión ilegítima, y se casa con otra comete adulterio.

10 Los discípulos le dijeron: -Si tal es la situación del hombre con respecto a su mujer, no tiene cuenta casarse.

11 Él les dijo: -No todos pueden comprender esto, sino sólo aquellos a quienes Dios se lo concede.

12 Algunos no se casan porque nacieron incapacitados para ello, otros porque los hombres los incapacitaron, y otros eligen no casarse por causa del Reino de los Cielos. Quien pueda comprender que lo haga.

 

**• El fragmento está constituido por dos partes. En la primera (w. 3-9) ocupan la escena Jesús y los fariseos.

        Jesús no está de acuerdo con la sociedad permisiva de su tiempo y remite al designio original del Creador: Dios creó al hombre y a la mujer para un matrimonio indisoluble. La ley judía permitía al hombre repudiar a la esposa "por cualquier motivo". Las escuelas rabínicas no estaban muy de acuerdo en la interpretación de este pasaje. Los laxistas eran del parecer de que si un hombre encontraba una mujer más atractiva que la suya, podía disgustarse hasta tal punto con su propia mujer que llegara a repudiarla válidamente; los rigoristas, en cambio, veían en esto un adulterio o, al menos, la expresión de costumbres particularmente ligeras.

La cuestión planteada por los fariseos a Jesús es una trampa: quieren obligarle a tomar posición entre las dos corrientes. Pero Jesús evita la asechanza declarándose contrario al divorcio, sea cual sea el motivo, apoyándose en dos pasajes de la Escritura: Gn 1,27 y 2,24. Dios quiere que el marido y la mujer estén unidos como "uno sólo" (Mt 19,5ss). Lo que Dios ha unido no puede separarlo el hombre, aunque se trate del mismo Moisés (v. 6b). El matrimonio, en efecto, no es sólo un contrato entre dos personas humanas: en él está implicada también la voluntad de Dios, inscrita en la complementariedad de los sexos.

La voluntad de los esposos no basta para explicar el matrimonio: la voluntad de Dios forma parte inherente del mismo. El divorcio ignora el designio de una de las partes del matrimonio, el mismo Creador.

En la segunda parte de nuestro pasaje (w. 10-12), ocupan la escena Jesús y los discípulos: a éstos, que manifiestan su perplejidad y las dificultades que les plantea asumir una responsabilidad tan grave en el matrimonio, les responde Jesús poniéndolos en guardia: sólo una responsabilidad mayor, la urgencia de difundir el Reino de los Cielos, hace laudable la renuncia al matrimonio.

Lo que dice Jesús no lo comprenderán todos. Jesús no dice: "No todos pueden poner en práctica estas palabras", sino "No todos pueden comprender esto" (v. 11), "quien pueda comprender que lo haga" (v. 12); precisa que sólo pueden comprender "aquellos a quienes Dios se lo concede" (v. 11). Se trata de una inspiración interior concedida a los apóstoles y a aquellos que creen (Mt 11,25 y 16,17).

 

MEDITATIO

Dios tiene un proyecto respecto al hombre y la mujer, el proyecto del matrimonio: "No habéis leído que el Creador, desde el principio...?". "De manera que ya no son dos, sino uno sólo. Por tanto, lo que Dios ha unido...". No nos unimos en matrimonio por instinto, por una elección personal, sino obedeciendo a la voluntad de Dios. No somos nosotros quienes escogemos, quienes nos unimos, sino que es él quien escoge, nos llama, nos une; nosotros respondemos libremente a su llamada de amor. Es difícil explicar cómo sucede esto; Dios se sirve de muchos factores o causas: los del cuerpo, los de las pulsiones interiores, los de los acontecimientos cotidianos...

Así las cosas, tanto el matrimonio como el celibato han de ser comprendidos como realidades cristianas, y tanto el uno como el otro sólo pueden ser comprendidos por aquellos a quienes se les ha concedido. Es difícil comprender el celibato: "No todos pueden comprender esto, sino sólo aquellos a quienes Dios se lo concede... Quien pueda comprender que lo haga". Los discípulos no "comprenden" las palabras de Jesús sobre el matrimonio tal como él lo propone; ante la revelación de su proyecto -que es el proyecto original de Dios-, dicen: "Si tal es la situación del hombre con respecto a su mujer, no tiene cuenta casarse". En consecuencia, el matrimonio -y no sólo el celibato- es algo que hemos de "comprender ", fruto de una búsqueda, de un abandono a la acción misteriosa del amor del Padre y del Hijo.

El hombre y la mujer, para llevar a cabo su vocación, deben "dejar" ("Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre": Gn 2,24), deben realizar un éxodo. Dejan su "soledad", tierra de su esclavitud ("No es bueno que el hombre esté solo": Gn 2,18). Y al final de su camino encuentran a aquel o aquella que Dios les ha dispuesto como "ayuda adecuada" (Gn 2,18), hecha para él. Ambos viven el misterio de la pascua y pasan de este mundo al Padre, entran en el amor trinitario. Ambos "dejan " y, de extraños como eran, de "solos" como estaban, son conducidos a formar una intimidad más grande que cualquier otro vínculo: "Se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo" (Gn 2,24). La unidad, la indisolubilidad, la fidelidad que sustancia esta unión, no son "ley", sino "Evangelio" de Jesús. Éste parte del matrimonio y llega al celibato. En este punto parece necesario intuir que Jesús quiere afirmar dos cosas. En primer lugar, que el matrimonio, como toda realidad, está al servicio del Reino. El Reino está tan por encima de todo, debe ser hasta tal punto la única preocupación, que para ponerse a su servicio es justo no sólo construir un matrimonio indisoluble, sino también abrazar el celibato.

 

ORATIO

Resultó difícil entonces, Señor, comprender lo que significaba casarse o vivir célibe; lo fue para aquellos que estaban familiarizados con la sagrada Escritura y para tus mismos discípulos; lo es para nosotros, que vivimos entre mil propuestas, bombardeados por tantos proyectos, apremiados por tantos expertos que pretenden tener la última palabra. Ahora, por fin, nos queda clara una cosa: todo está bajo el signo de tu gracia, tenemos necesidad de tu Espíritu.

Envíalo sobre nuestras soledades y nuestros aislamientos, sobre nuestras clausuras y nuestros arraigos, sobre nuestros egoísmos. Envíalo como Espíritu de unidad y de fidelidad para que el yo se abra al tú, y cada uno se encuentre con el otro hasta hospedarse y recrearse recíprocamente en el amor. Envíalo a nuestras confusiones y oscuridades, a nuestro andar a tientas y a nuestro errar. Envíalo como Espíritu de luz para que introduzca la claridad en nuestros corazones y en nuestros sentimientos, en nuestras mentes y en nuestras fantasías, en nuestros pequeños y en nuestros grandes proyectos. Envíalo sobre nuestras perezas y sobre nuestras debilidades, sobre nuestros titubeos y sobre nuestros cambios de opinión. Envíalo como Espíritu de fortaleza que nos invita a partir, a arriesgar, a fiarnos los unos de los otros, a creer firmemente que tú eres el único que puede llevar a puerto un proyecto que es tuyo antes de ser nuestro.

 

CONTEMPLATIO

Te alabamos y te damos gracias con todas nuestras fuerzas por haber creado al hombre y a la mujer con dones diferentes, por haber dispuesto que todos vivieran el pacto de amor contigo: algunos en el matrimonio, otros en el celibato. A cada uno le das una gracia según la medida del don de Cristo: casados o célibes, todos estamos dentro de un único y mismo amor, todos formamos una sola y misma humanidad, todos llevamos dones diferentes, todos estamos llamados a vivir en el amor y a dar testimonio del mismo.

Gracias a tu don de amor, y siguiendo tu voluntad, el hombre y la mujer se unen hasta formar un solo cuerpo y una sola alma, obedecen al precepto del amor y, viviendo en una fidelidad recíproca, dan testimonio del amor de Cristo por la Iglesia. De este modo, se convierten en Evangelio para el mundo y en colaboradores del crecimiento de tu Reino en nuestros días. Por tu don de amor y según tu voluntad, hombres y mujeres aceptan vivir en el celibato para ser testigos de que tú eres el único amor que invita a servir a los hermanos en las mil formas que sólo tú sabes inventar; a través de ellos anuncias que tu Reino viene ya y debe venir aún. Por tu don de amor y según tu voluntad, todos vivimos en la expectativa de la patria futura, cuando todos estaremos ante ti como ángeles del cielo.

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Estableceré contigo, esposa mía, una alianza eterna" (cf. Ez 16,60).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Oh esposos, que vuestra casa no sea nunca un apartamento, ese triste reino del egoísmo y de la soledad. Reino de lo mío y de lo tuyo, cuando no es trinchera de lo mío contra lo tuyo. Que sea, más bien, principio de una vida universal, de una fraternidad y de una amistad que se extiende por el mundo, comienzo de la misma Iglesia: "Saludad a la Iglesia que está en la casa de María, madre de Marco...".

Intentar, pues, ser juntos. Una vez más: como Dios. Repítase al infinito: no soy yo la imagen de Dios ni tampoco lo eres tú, sino que lo somos tú y yo juntos: si nos amamos. Es la pareja: ésa es la entidad nueva que se asoma sobre la creación. No el hombre o la mujer, sino el hombre / la mujer. En ellos es donde Dios, precisamente el amor, es la misma cópula de conjunción y de fusión. La palabra "juntos" es la palabra más religiosa del mundo. No el hombre que domina a la mujer, no la mujer que se contrapone al hombre, sino que funden juntos la armonía libre y necesaria para marcar el comienzo de un mundo armonioso y pacífico [...].

Amar procede sólo de Dios. Los hombres no conseguirán amarse nunca si Dios no se convierte en la fuente de su amor. Es Dios quien hace de los dos una sola vida. Por eso los esposos son los primeros siervos del amor, los mensajeros -por constitución- de la alegre noticia: la nueva de que dos personas se aman, en espera de que todos se amen. No es otra cosa el mismo Evangelio: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado".

"Quien permanece en el amor permanece en Dios". Por eso el amor es un milagro, un don que trasciende las mismas vidas.

Nada vale más que la vida, pero una vida, la vida de cualquier criatura, puede ser arriesgada, ofrecida, sacrificada, sólo por amor. Sólo el amor es más grande que la vida. Se puede morir sólo por amor (D. M. Turoldo, Amare, Cinisello B. I81995).

 

 

Día 17

Sábado de la semana XIX del Tiempo ordinario

 

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 18,1-10.13.30-32

1 Recibí esta palabra del Señor:

2 -Por qué repetís este refrán en Israel: "Los padres comieron los agraces y los hijos sufren la dentera?".

3 Por mi vida, oráculo del Señor, que no diréis más este refrán en Israel.

4 Pues todas las vidas son mías: la vida del padre y la del hijo. El que peque, ése morirá.

5 Si un hombre es intachable y se comporta recta y honradamente,

6 si no participa en banquetes idolátricos ni acude a los ídolos de Israel, si no deshonra a la mujer de su prójimo ni se une a la mujer durante la menstruación,

7 si no oprime a nadie, devuelve la prenda al deudor, no roba, da su pan al hambriento y viste al desnudo,

8 si no presta a interés con usura, si evita hacer el mal y es justo cuando juzga,

9 si se comporta según mis preceptos y guarda mis leyes, actuando rectamente, ese hombre es intachable y vivirá, oráculo del Señor.

10 Pero si éste tiene un hijo violento y sanguinario, que hace alguna de estas cosas que él mismo no había hecho;

13 este hijo no vivirá, porque ha cometido todas estas abominaciones morirá

y será responsable de su propia muerte.

30 Pues bien, yo juzgaré a cada cual según su comportamiento, oráculo del Señor. Convertíos de todos vuestros pecados, y el pecado dejará de ser vuestra ruina.

31 Apartad de vosotros todos los pecados que habéis cometido contra mí, renovad vuestro corazón y vuestro espíritu. Por qué habrás de morir, pueblo de Israel?

32 Yo no me complazco en la muerte de nadie. Oráculo del Señor. Convertíos y viviréis.

 

*"• Buscar excusas para nuestras propias culpas, achacar a los otros los males que sufrimos es algo instintivo.

En ambos casos intentamos desviar de nosotros mismos la responsabilidad del pasado, el compromiso con el presente y el futuro. También en tiempos de Ezequiel existía este juego de echarse las culpas unos a otros, apoyándose en textos de la Escritura (Dt 5,9; 29,18-21; Ex 20,5) y en proverbios como los citados y referidos por el mismo Ezequiel (por ejemplo, 18,2). La palabra del profeta representa un giro crucial en el pensamiento sobre la solidaridad y sobre la retribución: cada uno carga con la responsabilidad de sus propios actos, cada uno tendrá la retribución que merezca por ellos.

Aunque ya desde los comienzos se conocía una responsabilidad individual (Gn 18,25), había predominado el-concepto de responsabilidad colectiva (Jos 7). Ezequiel se convierte en el teorizador de la responsabilidad individual. El profeta llama a la conversión, pero choca contra la mentalidad fatalista de sus contemporáneos: de qué les sirve convertirse, si están pagando las culpas de sus padres? Ante esta concepción popular, Ezequiel muestra que la Ley lanza una llamada a la responsabilidad personal. La salvación de un individuo no depende de sus antepasados, ni de sus parientes más próximos (Ez 18,10-18), ni siquiera de su pasado (w. 21-23). Lo que cuenta siempre de verdad es la disposición actual del corazón (w. 5-9). Según esta mentalidad, existe un remedio para un pasado de iniquidad: la conversión para obtener la vida (w. 30-32).

Esta llamada no ha perdido actualidad. Todavía hoy, con una mentalidad fatalista o gregaria, nos referimos al "destino" o a la "pertenencia" a un grupo para quitarnos de encima la responsabilidad de lo que hemos hecho o de lo que haremos, para no comprometernos propiamente. Ciertamente, constituye siempre un problema vivo mostrarse solidarios con la comunidad sin alienarnos de nosotros mismos, cargar con las propias responsabilidades sin aislarnos de ella. La conversión y las obras de justicia y de caridad deben ser personales sin ser individualistas.

 

Salmo Responsorial

Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Salmo 50,12-13.14-15.18-19


Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R/.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
R/.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.
R/.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro

 

 

Evangelio: Mateo 19,13-15

13 En aquel tiempo le presentaron unos niños para que les impusiera las manos y orase. Los discípulos les regañaban,

14 pero Jesús dijo: -Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos.

15 Después de imponerles las manos, se marchó de allí.

 

*• La subida de Cristo a Jerusalén está salpicada por numerosos episodios en los que se encuentra con gente humilde y despreciada, con gran escándalo de aquellos que le acompañan. Diríase que, al descubrir su propia vocación de ser despreciado y doliente, Jesús se aproxima a aquellos que presentan el mismo rostro. Por eso, el cuadro de los niños que presentan a Jesús no tiene que ser confundido con el del martes pasado.

El punto clave es diferente. Allí se trataba de la conversión y ello exigía hacerse pequeños; aquí, en cambio se habla de Jesús. Este manifiesta su intención de no alejar a nadie de su Reino; cuando dice "como ellos" (v. 14b) no se refiere a la edad, sino que quiere poner de relieve que se trata de "los que se parecen a ellos". En la antigüedad, no se consideraba a los niños como gente importante en la sociedad; Jesús, sin embargo, los convierte en los privilegiados en el Reino de Dios, los admite de modo complacido en la vida de la comunidad cristiana. Y junto con ellos admite y prefiere a los marginados, a los ignorados, a los despreciados, a los excluidos de la convivencia humana.

La actitud de los discípulos, que impiden a los pequeños acercarse a él, significa la incomprensión del ministerio de Cristo. Jesús es alguien que acoge a los pequeños para darles el Reino. Ay de aquel que impida a otros acercarse a Jesús. La imposición de las manos sobre los niños y la oración son un gesto de bendición (w. 13.15) y constituyen, asimismo, un signo de que la salvación se entrega a todos: a los niños, aunque no en sentido cronológico, sino en el de los humildes, los pobres, los pacíficos... de las bienaventuranzas. A modo de inciso: la oración y el gesto de Jesús sobre los niños fueron interpretados por la Iglesia antigua como fundamento del bautismo de los niños.

 

MEDITATIO

Los niños fueron "presentados" a Jesús "para que les impusiera las manos y orase". Fueron "presentados" tal vez porque eran verdaderamente pequeños y no sabían caminar todavía solos. Ésa es la situación de todo hombre que busca la bendición de Dios y es incapaz de ir a él. Tenemos necesidad de "madres" que nos presenten a Jesús, que no tengan miedo a este Maestro. También tenemos necesidad de dejarnos presentar a Jesús, cosa que sólo es posible si tenemos el espíritu de los niños; si queremos hacerlo solos, tal vez no lleguemos.

Algunos querían impedírselo: llegamos a Dios, a conocerlo y a amarlo de verdad, sólo cuando nos encontramos en la madurez, cuando somos capaces de realizar gestos de adulto. Durante mucho tiempo se ha pensado -y todavía se piensa- que los niños no pueden ser santos. Jesús nos dice que precisamente "de los que son como ellos es el Reino de los Cielos". Nos vienen a la mente todos aquellos que fueron presentados a Jesús para que los curara: el paralítico, el ciego... Quizás nuestra única decisión, la única que tendrá éxito, es la de "dejarnos presentar". Quién nos presentará? En el rostro de esas madres entrevemos al Espíritu del amor.

Podemos realizar aún una ulterior reflexión. Con el gesto de la imposición de las manos acompañado de la oración es posible que Jesús quiera darnos a entender que pretende confiar a los niños un poder, una misión en relación con el Reino: los niños no sólo forman parte del Reino, sino que tienen asimismo el poder de hacer entrar en él. Será verdadero discípulo y apóstol quien se haga niño.

 

ORATIO

Estamos un poco confusos y nos cuesta todavía comprender. Ni siquiera percibimos que sea justo y nos cuesta tener que creer que tu Reino es de los niños, de aquellos que no hacen nada para tenerlo, de los que nada prometen o juran, de los que no piensan tener que darte nada: sólo muestran su disponibilidad para acogerlo, sólo gozan con recibirlo.

Quisiéramos estar entre "ésos" de quienes tú aseguras que forman parte ya de tu Reino. Danos el Espíritu del niño que tiene una confianza absoluta en el amor de quien lo acoge, de quien no quiere estar nunca solo, de quien goza con la posibilidad de referirse a alguien, de quien goza y se maravilla con todo don.

 

CONTEMPLATIO

Tu Reino, oh Dios, es de los niños, de aquellos que no son para sí mismos, sino de los otros, de ti; no se pertenecen, sino que sienten que deben pertenecer sólo a ti y a aquellos a quienes tú les envíes.

Tu Reino, oh Dios, es de los niños, de aquellos que saben que cuanto tienen y son es don de otros, de ti; de aquellos que no pueden procurarse nada, sino que lo esperan todo; cada día dicen con confianza, sin preocuparse del mañana: danos el pan de hoy.

Tu Reino, oh Dios, es de los niños, de aquellos que son pobres sin saberlo e incluso creen ser ricos sólo porque se sienten amados, y esto les basta.

Tu Reino, oh Dios, es de los niños, de aquellos que no se enorgullecen, no levantan su mirada con soberbia sobre los otros, no van en busca de grandezas que superan su capacidad, sino que acallan y moderan sus deseos porque saben que tú eres su padre y su madre (cf. Sal 130).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, un corazón de niño".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Dios nos ha revelado lo más profundo de su ser, para decirnos que en él no hay sólo poder, soberanía, ciencia y majestad, sino también inocencia, infancia y ternura infinitas. Porque es Padre, infinitamente Padre. Los hombres no lo sabían antes: no podían saberlo; por eso era necesario que Dios nos revelara a su Hijo. Pero los hombres se apresuraron a olvidar, no saben qué hacer con la humanidad de Dios y con su ternura. No la comprenden, ni siquiera la ven, porque se imaginan que la grandeza consiste en el poder y en el dominio; no saben que consiste sólo en amor.

En efecto, desde que se nos presentó el Reino bajo las semblanzas de un niño, está siempre amenazado. Ya en la noche de Navidad, estaban trabajando los soldados de Herodes.

El Reino está amenazado fuera y dentro de nosotros, porque de continuo renace en nosotros el viejo instinto del animal de presa: la voluntad de dominar, de ser los más fuertes. Pero el ángel del Señor nos invita a no temer. Este Niño es el salvador del mundo. !Salvados! !Estamos salvados! Ya no estaremos nunca solos en nuestro deshonor, en la desesperación: nada puede separarnos ahora de la ternura del Padre (Eloi Leclerc, en M. Foscal - L. Boccalatte [eds.], Saper rítrovarse, Fossano 1979).

 

Día 18

Domingo XX del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Proverbios 9,1-6

1 La sabiduría se ha edificado una casa,  ha tallado sus siete columnas,

2 ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y hasta ha preparado la mesa.

3 Ha enviado a sus criadas a proclamar en los lugares más altos de la ciudad:

4 "El que sea inexperto que venga acá". Y al hombre sin seso le dice:

5 "Venid a comer de mi pan, bebed del vino que he mezclado.

6 Dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia".

 

        **• En el capítulo 9 del libro de los Proverbios aparecen, uno a continuación del otro, dos personajes femeninos. El primero es la Sabiduría (vv. 1-6); el segundo, la Necedad (vv. 13-18). La Sabiduría y la Necedad son dos maestras del arte de la vida que invitan a los hombres a su propia escuela. Todo el mundo debe escoger uno de los dos caminos: la vida o la muerte. El pasaje que hemos leído hoy, deteniéndose en el primer personaje, activo y laborioso, nos presenta la casa de la Sabiduría, acogedora y austera a la vez, donde ha preparado un suculento banquete. La Sabiduría envía a sus criadas para que inviten a comensales, inexpertos y carentes de sabiduría, y participen en su rica mesa. Invitar a alguien a nuestra mesa significa compartir, con la invitación, el alimento y la amistad.

        A buen seguro, la parábola está dotada de un significado sapiencial. Con la imagen del banquete, el maestro de sabiduría manifiesta la íntima relación de comunión que debe existir entre él y los invitados. No es difícil vislumbrar en el personaje de la Sabiduría la figura de Dios, que repite la enseñanza de la Ley y los profetas, aunque por medio de una modalidad más escolar y con representaciones intelectuales. Invita a los comensales discípulos suyos, a los que ha convertido en su familia, a vivir en comunión con él y a saborear el sentido común en el pensar, y la prudencia en la acción. Esto vuelve la vida más serena y alegre, la arraiga en los verdaderos valores humanos y religiosos, fuente de sincero compartir entre los hombres (cf. 1,20-33; 8,1-21).

 

Salmo responsorial
Gustad y ved qué bueno es el Señor

Salmo 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.

 

Segunda lectura: Efesios 5,15-20

Hermanos:

15 Poned, pues, atención en comportaros no como necios, sino como sabios,

16 aprovechando el momento presente, porque corren malos tiempos.

17 Por lo mismo, no seáis insensatos; antes bien, tratad de descubrir cuál es la voluntad del Señor.

18 Tampoco os emborrachéis, pues el vino fomenta la lujuria. Al contrario, llenaos del Espíritu

19 y recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados. Cantad y tocad para el Señor con todo vuestro corazón

20 y dad continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

 

        **• "En otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor" (Ef 5,8; cf. Jn 3,20ss; Col l,12ss; 1 Tes 5,4-8). Vivir como "hijos de la luz" significa producir los frutos de la luz (vv. 8-10); llevar a la luz a los que se encuentran en las tinieblas (vv. 11-14); buscar con sabiduría la voluntad de Dios vigilando nuestra propia conducta (vv. 15-17); dejarnos llenar del Espíritu Santo (vv. 18-20).

        "Aprovechando el momento presente" (v. 16): la palabra griega empleada, kairós, tiene un valor más rico que nuestro término tiempo. Incluye también el contenido de este tiempo, la situación que crea y las posibilidades que ofrece. No se trata de una realidad anónima o indiferente, sino de un momento favorable, de un tiempo oportuno. El cristiano posee este tiempo decisivo. Como hombre del Espíritu, posee la capacidad de reconocer la presencia de Dios y de realizar su voluntad (Gal 6,10), viendo la posibilidad de cumplir las exigencias del Espíritu.

        "Tampoco os emborrachéis, pues el vino fomenta la lujuria. Al contrario, llenaos del Espíritu" (v. 18). La amonestación para que no se emborrachen con vino resulta verdaderamente sorprendente. Y además, si prosiguiera la serie de las exhortaciones particulares iniciada más arriba (Ef 4,25), cabría esperar, contra el alcoholismo, una invitación a la templanza. Lo que Pablo le opone, sin embargo, es que se llenen del Espíritu (o que se "embriaguen del Espíritu", según algunas traducciones). A continuación, habla de actividades que no es posible imaginar más que en el contexto de una comunidad litúrgica. El paso no se da de una manera explícita, pero si hemos de arriesgar una interpretación, nos viene a la mente pensar que -de vez en cuando- el hombre necesita ser aliviado de las preocupaciones de todos los días y vivir en "otro mundo". Ahora bien, ha de ser en un mundo en el que el Espíritu pueda aliviarle, dándole un pequeño anticipo de la vida en Dios, hacia la cual nos dirigimos.

 

Evangelio: Juan 6,51-58

En aquel tiempo,

51 Jesús añadió: -Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo.

52 Esto suscitó una fuerte discusión entre los judíos, los cuales se preguntaban: -Cómo puede éste darnos a comer su carne?

53 Jesús les dijo: -Yo os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré el último día.

55 Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

56 El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él.

57 El Padre, que me ha enviado, posee la vida, y yo vivo por él. Así también, el que me coma vivirá por mí.

58 Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron vuestros antepasados. Ellos murieron, pero el que coma de este pan vivirá para siempre.

 

        *•• Este fragmento, con el que concluye el "discurso del pan de vida", está ligado a todo cuanto el evangelista nos ha dicho precedentemente; sin embargo, el mensaje se hace aquí más profundo y se vuelve más sacrificial y eucarístico. Se trata de hacer sitio a la persona de Jesús en su dimensión eucarística. Jesús es el pan de vida no sólo por lo que hace, sino especialmente en el sacramento de la eucaristía, lugar de unidad del creyente con Cristo. Jesús-pan queda identificado con su humanidad, la misma que será sacrificada para salvación de los hombres en la muerte de cruz. Jesús es el pan -bien como Palabra de Dios o como víctima sacrificial- que se hace don por amor al hombre. La ulterior murmuración de los judíos: "Cómo puede éste darnos a comer su carne?" (v. 52), denuncia la mentalidad incrédula de quienes no se dejan regenerar por el Espíritu y no pretenden adherirse a Jesús.

        Jesús insiste con vigor exhortando a consumir el pan eucarístico para participar en su vida: "Yo os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros" (v. 53). Más aún, anuncia los frutos extraordinarios que obtendrán los que participen en el banquete eucarístico: quien permanece en Cristo y participa en su misterio pascual permanece en él con una unión íntima y duradera. El discípulo de Jesús recibe como don la vida en Cristo, que supera todas las expectativas humanas porque es resurrección e inmortalidad (vv. 39.54.58).

        Esta fue la enseñanza profunda y autorizada que dispensó Jesús en Cafarnaún. Sus características esenciales giran, más que sobre el sacramento en sí, sobre el misterio de la persona y de la vida de Jesús, que se va revelando de manera gradual. Ese misterio abarca en unidad la Palabra y el sacramento. La Palabra y el sacramento ponen en marcha dos facultades humanas diferentes: la escucha y la visión, que sitúan al hombre en una vida de comunión y obediencia a Dios.

 

MEDITATIO

        A mi carne, perecedera y destinada a la muerte, se le ofrece hoy la posibilidad de la vida eterna a través de la carne resucitada y, por consiguiente, incorruptible del Hijo. La vida eterna, la vida de Dios, la vida bienaventurada, la vida feliz, la vida sin sombra, sin duelo y sin lágrimas, llega a mí a través del Hijo, a través de su carne, que se hace pan para comer. La eucaristía me pone en contacto con la vida eterna, me permite vencer la muerte y la infelicidad. Qué don puede haber más deseable? Puedo pedir algo que sea más que la vida eterna? En la eucaristía está presente todo el deseo de comunión de Dios conmigo, su deseo de que yo acepte su don como acto de amor, que comprenda la importancia única que tiene su Hijo para mi vida y para mi realización.

        La vida llega a mí desde el Padre, a través de la carne del Hijo, gracias a la mediación de la Iglesia apostólica, que celebra la eucaristía para que también yo, con mi carne purificada y entregada, me vuelva puente para hacer llegar al mundo la vida. !Éste es el misterio de nuestra fe! La carne es verdaderamente "el fundamento de la salvación" (Tertuliano).

 

ORATIO

        !Oh mi amado Salvador! Tú eres verdaderamente todo para mí, porque me das la vida eterna en el don de ti mismo. El misterio de la eucaristía es grande e ilimitado, pero hoy tus palabras claras, provocadoras, limpias y decididas lo iluminan de una manera inequívoca. Tú me das tu vida, que es vida eterna, porque un día fuiste capaz de dar la vida. Te doy gracias, te bendigo, alabo tu santa pasión y resurrección, adoro con alegría tu sabiduría, que me sale al encuentro en mis preocupaciones terrenas.

        Tú sabes lo difícil que me resulta alzar la mirada para asumir tus grandes perspectivas. Me dejo engatusar por las cosas que pasan y me arriesgo a poner dentro también tu eucaristía, dándole incluso muchos significados humanos, justos por sí mismos, pero muy alejados del sentido decisivo que hoy me presentas. Tú quieres que yo viva para siempre contigo, porque eres y serás mi realización y, por tanto, mi felicidad. Cada día me sumerges en tu eternidad ofreciéndote como alimento. Tú llevas contigo la vida que te une al Padre y quieres transmitírmela. Abre mis ojos nublados por las cosas de cada día, para que pueda unirme indisolublemente a ti, y llevar a todos conmigo, en tu vida.

 

CONTEMPLATIO

        Nuestro Señor y Salvador dice: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida" (Jn 6,55). Jesús es puro en todo y para todo: por eso toda su carne es alimento y toda su sangre es bebida. Toda su obra es santa y toda palabra suya es verdadera; por eso también su carne es verdadera comida y verdadera bebida. Con la carne y la sangre de su Palabra da de beber y sacia como con alimento puro y bebida pura a todo el género humano. Así, en segundo lugar, después de su carne, también son alimento puro Pedro y Pablo y todos los apóstoles; en tercer lugar, sus discípulos, y así cada uno, por la calidad de sus méritos o la pureza de sus sentidos, puede hacerse alimento puro para su prójimo [...]. Todo hombre tiene en sí algún alimento: si es bueno y ofrece cosas buenas del cofre de su corazón (cf. Mt 12,35), ofrecerá a su prójimo alimento puro. Si, por el contrario, es malo y ofrece cosas malas, ofrecerá a su prójimo un alimento inmundo (Orígenes, Homilías sobre el Levítico, 7, 5, passim).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El que coma de este pan vivirá para siempre" (Jn 6,58).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Decía Agustín: "Oh Dios, mi corazón está inquieto hasta que no repose en ti", pero cuando examino la tortuosa historia de nuestra salvación veo que no sólo nosotros deseamos ardientemente pertenecer a Dios, sino que Dios también anhela pertenecer a nosotros. Parece como si Dios nos estuviera diciendo a grandes voces: "Mi corazón estará inquieto hasta que no pueda reposar en vosotros, mis amadas criaturas" [...]. Dios desea comunión: una unidad que sea vital y viva, una intimidad que proceda de ambas partes, un vínculo que sea verdaderamente mutuo [...].

        Este intenso deseo que siente Dios de entrar en la más íntima relación con nosotros es lo que constituye el núcleo de la celebración y de la vida eucarística. Dios no sólo quiere entrar en la historia humana convirtiéndose en una persona que vive en una época y en un país específico, sino que quiere llegar a ser nuestro alimento y nuestra bebida diarios en todo tiempo y en todo lugar (H. J. M. Nouwen, La forza della sua presenza, Brescia 52000, pp. 61

 

 

Día 19

Lunes de la semana XX del Tiempo ordinario

San Juan Eudes.- Juan Eudes nació en 1601 en Normandía. Fue ordenado sacerdote el día 20 de diciembre de 1625. Centrado en Cristo sacerdote, su deseo era "restaurar en su esplendor el orden sacerdotal ". Con algunos sacerdotes más fundó una congregación dedicada, además de a los ejercicios de las misiones, a la formación espiritual y doctrinal de los sacerdotes y de los candidatos al sacerdocio. Así comenzó la Congregación de Jesús y María. También fundó la orden de Nuestra Señora de la Caridad, para acoger y ayudar a las mujeres y a las jóvenes maltratadas por la vida. Hizo amar a Cristo y a la Virgen María, hablando sin cesar de su corazón. Murió el 19 de agosto de 1680. El papa Pío XI lo canonizó el 31 de mayo de 1925.

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 24,15-24

15 Recibí esta palabra del Señor:

16 -Hijo de hombre, voy a quitarte de repente a la que hace tus delicias, pero tú no te lamentes, no llores, no viertas lágrimas.

17 Suspira en silencio, no hagas luto; ponte el turbante en la cabeza, cálzate las sandalias, no te tapes la barba, no comas lo que te ofrezcan tus vecinos en día de luto.

18 Yo había hablado al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi esposa. Al día siguiente hice lo que se me había mandado.

19 El pueblo me dijo: -Explícanos qué significa para nosotros lo que estás haciendo.

20 Yo les respondí: -He recibido esta palabra del Señor:

21 Di al pueblo de Israel: Esto dice el Señor: Voy a profanar mi santuario, vuestro orgullo y vuestra fuerza, la delicia de vuestros ojos, el amor de vuestra vida. Los hijos e hijas que dejasteis en Jerusalén caerán a espada.

22 Entonces haréis como he hecho yo: no os taparéis la barba, no comeréis lo que os ofrezcan vuestros vecinos en día de luto.

23 Llevaréis el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies; no os lamentaréis ni lloraréis, sino que os consumiréis a causa de vuestras maldades y gemiréis unos con otros.

24 Ezequiel será para vosotros un símbolo: cuando esto suceda, haréis lo que él ha hecho y sabréis que yo soy el Señor.

 

**• Con el capítulo 24 se cierra la primera parte del libro de Ezequiel y también la primera parte de la actividad del profeta. Ezequiel, sacerdote, llevado a Babilonia en la primera deportación judía, fue llamado por Dios para desarrollar su ministerio en la tierra del exilio. Durante seis años anunció un juicio inminente. Ahora el asedio a Jerusalén está ya a las puertas: Ezequiel recibe la revelación de la fecha exacta y la orden de anunciar  el acontecimiento no sólo con palabras, sino con su propia experiencia personal. Se trata de una experiencia dolorosa: le es arrebatada la persona a quien más quiere, su mujer, "la que hace tus delicias" (v. 16), y se le manda también no manifestar ningún signo de duelo (w. 16ss).

Este extraño comportamiento suscita, como es natural, la curiosidad de la gente (v. 19). Y éste es el resorte que hace desencadenar la profecía. Lo que le ha sucedido a Ezequiel debe ser una señal para los israelitas en el exilio. Ha llegado la hora más trágica de su historia: su amada ciudad caerá en manos de los babilonios, sus hijos que se queden en la patria morirán. La catástrofe será tan fuerte y tan imprevista que no tendrán ni la fuerza ni el tiempo necesario para hacer luto y sólo podrán gemir en silencio (w. 22ss). En vez de derramar lágrimas de desesperación y manifestar su dolor al exterior, harán mejor en entrar en la intimidad de su alma para reconocer el mal que ha causado todo esto: haber olvidado a su Dios, que los ama como un esposo ama a su esposa. De este modo conseguirán arrepentirse sinceramente, reanimar su esperanza y volver a ponerse en el camino recto. Reaccionar ante el dolor con llantos y lamentos es algo instintivo, pero las lágrimas no lo son todo y por sí solas no cambian nada; al menos, no sirven para hacer eficaz el potencial salvífico y sapiencial encerrado en el misterio del dolor.

En el camino hacia el Calvario, cargado con la cruz, dirá Jesús a las mujeres que derramaban lágrimas por él: "Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos" (Lc 23,28).

 

Salmo Responsorial

Despreciaste a la Roca que te engendró

Dt 32,18-19.20.21


Despreciaste a la Roca que te engendró,
y olvidaste al Dios que te dio a luz.
Lo vio el Señor, e irritado
rechazó a sus hijos e hijas.
R/.
Despreciaste a la Roca que te engendró

Pensando: <<Les esconderé mi rostro
y veré en qué acaban,
porque son una generación depravada,
unos hijos desleales.>>
R/. Despreciaste a la Roca que te engendró

<<Ellos me han dado celos con un dios ilusorio,
me han irritado con ídolos vacíos;
pues yo les daré celos con un pueblo, ilusorio
los irritaré con una nación fatua.>>
R/. Despreciaste a la Roca que te engendró

 

 

Evangelio: Mateo 19,16-22

16 En aquel tiempo se acercó uno y le preguntó: -Maestro, qué he de hacer de bueno para obtener la vida eterna?

17 Jesús le contestó: -Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno sólo es bueno. Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

18 Él le preguntó: -Cuáles? Jesús contestó: -No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio;

19 honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo.

20 El joven le dijo: -Todo eso ya lo he cumplido. Qué me falta aún?

21 Jesús le dijo: -Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y Sígueme.

22 Al oír esto, el joven se fue muy triste porque poseía muchos bienes.

 

*• Todos y cada uno deseamos la vida y la felicidad eternas, y cada uno de nosotros pregunta qué debe hacer para obtenerla. Así le preguntaban a Juan el Bautista sus oyentes, movidos por su predicación (cf. Le 3,10), así le preguntaba la gente a Pedro después del sermón del día de Pentecostés (cf. Hch 2,37). Ahora le plantea la pregunta a Jesús un joven que anda a la búsqueda, un joven que quiere hacer algo para conseguir la vida eterna, que quiere pasar a la acción su deseo profundo. Jesús se complace de la buena voluntad y le guía de manera gradual.

Con la contrapregunta: "Por qué me preguntas acerca de lo bueno?, y la afirmación: "Uno sólo es bueno" (v. 17), recuerda el hecho de que la búsqueda de la vida eterna es, a fin de cuentas, la búsqueda de alguien. Lo "bueno" no es un principio ético abstracto, sino que tiene un rostro. Tras esta premisa, le indica Jesús a su interlocutor el camino según la doctrina tradicional: observar los mandamientos, que son expresiones explícitas de la voluntad divina. Pero el joven no se contenta con algo que le parece bastante obvio y piensa que todo eso ya lo ha cumplido (v. 20). Busca algo más, algo que vaya más allá de lo ya conocido y practicado. Entonces Jesús le hace la propuesta: "Si quieres ser perfecto..." (v. 21). Jesús aprecia el esfuerzo encaminado a ir más allá. Él mismo, en efecto, en el sermón de la montaña, exhorta a no contentarse con el mínimo indispensable, sino a apuntar a lo máximo posible: "Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,48). Ahora pone a este joven en el camino justo, dándole sugerencias concretas: dar todo a los pobres y seguir a Jesús.

Los bienes, mientras no son compartidos con los hermanos, alejan al hombre del Bien sumo, que es Dios: "Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón" (6,21). Para iniciar el seguimiento de Cristo es necesario tener el corazón en el lugar adecuado. Por desgracia, no es el caso de este joven, que, aunque dotado de buenas intenciones, no consigue despegar. Para él, sus bienes son todavía sus "muchos bienes" (v. 22b). Al final, "se fue muy triste" (v. 22a).

 

MEDITATIO

A san Juan Eudes le preocupaban la formación y la actitud de los presbíteros de su tiempo, como a Pablo en el suyo y como a Jesús en todos los tiempos. Dejándonos iluminar por el evangelio de Mateo que hemos leído, meditemos sobre él.

En la primera parte de este discurso, Jesús critica cuatro vicios en los que Dios quiera que nosotros no nos veamos implicados:

- La incoherencia: no hacen lo que dicen. No son las palabras lo que cuenta, sino los hechos: "Por sus frutos los conoceréis".

- La doble moral: cargan fardos insoportables sobre la gente y ellos no mueven un dedo para ayudarles. Se conforman con la moral externa y vacía de vitalidad. Pero a los demás les señalan con el dedo sí no cumplen.

- La hipocresía: usan distintivos para ser vistos y reconocidos. Más adelante, Jesús dirá que son sepulcros blanqueados.

- La vana ostentación: les gustan los primeros puestos y que les reverencien llamándoles maestros, padres, jefes... Qué tipo de Iglesia y comunidad propone la segunda parte del texto?

- Igualitaria y fraternal: fuera honores mundanos, títulos y reverencias. "Todos vosotros sois hermanos". En la comunidad cristiana, todos tienen la misma talla. La auténtica jerarquía sólo destaca como servicio a la fraternidad.

- Cristocéntrica: el único maestro y señor es Jesús, el Mesías. Él es el centro, el jefe de la comunidad.

- Servicial: la grandeza de los ministerios está en eso, en servir.

Volver a los esquemas jerárquicos que sitúan a las personas en escalafones o niveles de más o menos prestigio es, en la perspectiva de Jesús, no haber entendido en qué consiste el Reino de Dios. No se rechaza la función específica de dirección; lo que Jesús propone y lo que él mismo vivió es que el que dirige sea el primero en el servicio...

 

ORATIO

Oración de misericordia a los Corazones de Jesús y María:

Corazón misericordioso de Jesús: Estampa en nuestros corazones una imagen perfecta de tu gran misericordia, para que podamos cumplir el mandamiento que nos diste: "Serás misericordioso como lo es tu Padre".

Madre de la misericordia: Vela sobre tanta desgracia, tantos pobres, tantos cautivos, tantos prisioneros, tantos hombres y mujeres que sufren persecución en manos de sus hermanos y hermanas, tanta gente indefensa, tantas almas afligidas, tantos corazones inquietos. Madre de la misericordia, abre los ojos de tu clemencia y contempla nuestra desolación. Abre los oídos de tu bondad y oye nuestra súplica. Amorosísima y poderosísima abogada, demuéstranos que eres la Madre de la Misericordia.

 

CONTEMPLATIO

El reflejo de una comunidad evangélica y evangelizadora:

Una comunidad dice mucho cuando es de Jesús.

Cuando habla de Jesús y no de sus reuniones.

Cuando anuncia a Jesús y no se anuncia a sí misma.

Cuando se gloría de Jesús y no de sus méritos.

Cuando se reúne en torno a Jesús y no entorno a sus problemas.

Cuando se extiende para Jesús y no para sí misma.

Cuando se apoya en Jesús y no en su propia fuerza.

Cuando vive de Jesús y no vive de sí misma.

Una comunidad dice poco cuando habla de sí misma.

Cuando comunica sus propios méritos.

Cuando da testimonio de su compromiso.

Cuando se gloría de sus valores.

Cuando se extiende en provecho propio.

Cuando vive para sí misma.

Cuando se apoya en sí misma.

Una comunidad no se tambalea por sus fallos, sino por la falta de fe.

No se debilita por los pecados, sino por la ausencia de Jesús.

No se rompe por las tensiones, sino por el olvido de Jesús.

No se ahoga por falta de aire fresco, sino por asfixia de Jesús.

(Patxi Loidi.)

 

ACTIO

Decir hoy de corazón: !Sagrados Corazones de Jesús y de María, en vos confío!

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

San Juan Eudes nos dejó su manera de orar en cuatro movimientos:

Adorar, contemplar, maravillarse, admirar.

Dar gracias: reconocer los dones del Señor, decir !gracias!

Vivir el perdón: tomar conciencia de la distancia que existe entre ni propia vida y los maravillas del Amor de Dios.

Darse a Jesús: darse para ser testigo, darse para la misión.

Estos cuatro movimientos son cuatro actitudes interiores que tenemos que desarrollar y que suponen tomar el tiempo para acogerse a sí mismo, acoger al Otro, Dios, y recibirse de Dios.

Adoremos a Dios en el inmenso amor que tiene por todas sus criaturas y por cada uno de nosotros en particular. Bendigámosle, amémosle. Agradezcámosle los innumerables beneficios de su amor. Pidámosle perdón por nuestras ingratitudes hacia Él y por nuestras faltas de amor con el prójimo.

Démonos al amor de Dios, para que Él elimine todas nuestras resistencias y así reine perfectamente en nosotros.

 

 

 

Martes de la semana XX del Tiempo ordinario o 20 de agosto,

San Bernardo de Claraval  

Bernardo, primer abad de Clairvaux (Claraval) y doctor de la Iglesia, nació el año 1090 en el seno de una familia noble de Borgoña. Inflamado por el Espíritu y enardecedor de almas desde su juventud, entró a los 20 años en el monasterio de Cíteaux, conquistando para el ideal monástico a muchos jóvenes nobles.

Tras ser nombrando en 1115 abad de Claraval, convirtió muy pronto su monasterio en un cenáculo de vida espiritual y en un auditorio del Espíritu Santo. Fue llamado por príncipes, obispos y papas, refutó herejías, defendió los derechos de la Iglesia y al papa legítimo. Como doctor de la unión mística con el Verbo y cantor sublime de la Virgen María, es autor de numerosos tratados, cartas y sermones. Murió en 1 153, llorado en Claraval por más de 700 monjes y siendo padre de más de 160 monasterios.

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 28,1-10

1 Recibí esta palabra del Señor:

2 -Hijo de hombre, di al rey de Tiro: Esto dice el Señor: Tu corazón se ha engreído, y has dicho: "Yo soy un dios, he asentado mi trono divino en el corazón del mar". Aunque eres un hombre y no un dios, has querido igualar en sabiduría a los dioses.

3 Te creías más sabio que Daniel, ningún enigma se te resistía.

4 Con tu sabiduría y tu inteligencia has conseguido riquezas, has amontonado tesoros de oro y plata.

5 Comerciando hábilmente has acrecentado tus riquezas, y por ellas se ha engreído tu corazón.

6 Por eso, así dice el Señor: Porque has querido igualarte a Dios,

7 yo haré venir contra ti a extranjeros, los más feroces de las naciones, que desenvainarán la espada contra tu brillante sabiduría y profanarán tu belleza.

8 Te harán bajar a la fosa y perecerás de muerte violenta en el corazón del mar.

9 Podrás seguir diciendo ante tus verdugos que eres un dios? Para tus verdugos serás un simple hombre y no un dios.

10 Muerte de incircunciso te darán gentes extrañas. Porque lo he dicho yo.

 

*+• En los capítulos 25-32, segunda parte del libro de Ezequiel, encontramos una colección de oráculos contra los pueblos paganos de alrededor. Esos pueblos han mostrado sentimientos de orgullo frente a Dios y han representado una constante tentación para Israel, alejándolo de YHWH, su Dios.

La lectura litúrgica de hoy contiene los oráculos relacionados con el príncipe de Tiro y todo su Reino, que constituía una gran potencia marítima en aquel tiempo. El juicio está pronunciado con severidad e ironía. La culpa denunciada es el orgullo desmesurado que le llevan a usurpar prerrogativas divinas. El príncipe de Tiro pretende ser una divinidad, dominar no sólo sobre la isla, sino también sobre el extenso mar que la rodea. Se describe de manera perspicaz el proceso según el que ha llegado a este absurdo. Se ha exaltado, en primer lugar, en su inteligencia, prudencia y versatilidad en toda diplomacia; a continuación, se vanagloria de su capacidad para procurarse ingentes riquezas. Su autodivinización, además de ser una locura, constituye un grave atentado contra la gloria de YHWH, único Dios, Creador y Señor del universo, el único digno de la máxima alabanza y adoración. Por eso la sentencia de castigo es grave: morirá y su reino será aniquilado.

El orgullo, la autoexaltación, la autodivinización, son en el fondo "el pecado que acecha a tu puerta" (Gn 4,7) desde el principio. Acaso no desobedecieron Adán y Eva y merecieron la condena por haber querido "ser como Dios (Gn 3,5)?

 

Salmo Responsorial

Yo doy la muerte y la vida

Dt 32,26-27ab.27cd-28.30.35cd-36ab


Yo pensaba: «Voy a dispersarlos
y a borrar su memoria entre los hombres.»
Pero no; que temo la jactancia del enemigo
y la mala interpretación del adversario.
R/.
Yo doy la muerte y la vida

Que diría: «Nuestra mano ha vencido,
no es el Señor quien lo ha hecho.»
Porque son una nación que ha perdido el juicio.
R/. Yo doy la muerte y la vida

¿Cómo es que uno persigue a mil,
y dos ponen en fuga a diez mil?
¿No es porque su Roca los ha vendido,
porque el Señor los ha entregado?
R/.
Yo doy la muerte y la vida

El día de su perdición se acerca,
y su suerte se apresura.
Porque el Señor defenderá a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos.
R/.
Yo doy la muerte y la vida

 

 

Evangelio: Mateo 19,23-30

En aquel tiempo,

23 Jesús dijo a sus discípulos: -Os lo aseguro, es difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos.

24 Os lo repito: le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.

25 Al oír esto, los discípulos se quedaron impresionados y dijeron: -Entonces, quién podrá salvarse?

26 Jesús les miró y les dijo: -Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.

27 Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo: -Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Qué nos espera?

28 Jesús les contestó: -Os aseguro que vosotros, los que me habéis seguido, cuando todo se haga nuevo y el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

29 Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por mi causa, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.

30 Hay muchos primeros que serán últimos y muchos últimos que serán primeros.

 

**• Después de que el joven rico se hubiera ido triste, también Jesús, entristecido por el hecho, lo comenta con tono grave. Nadie puede "servir a Dios y al dinero" (Mt 6,24). El Reino de los Cielos es de los "pobres en el espíritu" (cf. 5,3): por eso difícilmente entran en él los ricos; primero tienen que hacerse pobres. La elocuente imagen del camello contribuye a dar un mayor énfasis a esta afirmación.

Se comprende que los discípulos se quedaran turbados y desconcertados. Jesús penetra con la mirada su corazón y se da cuenta de su perplejidad. Sí, no han comprendido mal. Seguir a Cristo de una manera radical es difícil, incluso imposible, cuando se cuenta sólo con las fuerzas humanas, pero deben recordar que el sujeto de la obra no son ellos, sino Dios, para quien "todo es posible". Llegados aquí, Pedro, con la franqueza y el carácter impulsivo que le caracterizan, descubre con sorpresa la diferencia de su situación con respecto a la del joven rico. Ellos han acogido el don divino, lo han abandonado todo para seguir a Jesús, qué les espera? (v. 27). El joven rico se fue triste porque había respondido "no", pero qué le sucede a quien responde "sí"? Ya conocen el final de los que optan por el dinero, pero qué obtendrán los que optan por Dios? Jesús no es un vendedor de mercancías y no necesita hacer una lista de todo lo que recibirán sus discípulos por el precio que han pagado. Sin embargo, como conoce la pequeñez del corazón humano, necesitado de seguridades y de alientos, nos asegura que la recompensa será grande tanto en este tiempo como en la eternidad. En efecto, "Dios es más grande que nuestro corazón" (1 Jn 3,20); a cambio del poco al que hayamos renunciado por su amor, se nos dará "una buena medida, apretada, rellena, rebosante " (Lc 6,38).

 

MEDITATIO

Bernardo eligió ser monje, es decir, discípulo de Cristo, y lo fue durante la mayor parte de su propia vida, durante más de cuarenta años. Su experiencia monástica -el deseo de Dios y de ser una sola cosa con él- nos suministra la clave para la interpretación de su vida y de su vastísima obra. Como dice el evangelio, buscando antes que nada el Reino de Dios, todo le fue dado por añadidura: una admirable sabiduría en las cosas divinas y humanas, una capacidad extraordinaria para fascinar a las almas y llevarlas a Cristo, una genialidad sorprendente y un discernimiento iluminado puesto al servicio de la Iglesia.

Bernardo, hombre dotado de dones de la naturaleza y de la gracia, escritor brillante de estilo fascinante e imperecedero, hombre de pensamiento reconocido y apreciado entre los más grandes del siglo, fue antes que nada un amante del silencio del claustro, un enamorado del Verbo, un lector asiduo de la Escritura: la palabra de la Biblia forja su predicación y sus escritos, el amor divino absorbe su contemplación y le hace doctor de la caridad. La largura, la anchura, la altura y la profundidad del misterio de Dios que vive Bernardo y al que conduce tienen un carácter eminentemente vital, místico, y, en este sentido concreto, es siempre actual.

El calor de su humanidad se vuelve transparencia, pedagogía, espejo donde se refleja la proximidad de Dios al camino del hombre, en la vía que conduce al encuentro con Él.

 

ORATIO

Señor Dios mío, por qué no anulas mi pecado? Por qué no eliminas mi iniquidad? Así, tras descargarme del grave peso de mi voluntad, podré respirar bajo el leve peso de la caridad e, impulsado por tu Espíritu, que es espíritu de libertad, recibiré de él el testimonio para mi espíritu de que también yo soy uno de tus hijos y existo sobre esta tierra como imitador tuyo (Bernardo de Claraval, Liber de diligendo Deo, 36).

Dichoso aquel que, en todo lugar, te toma como guía, Señor Jesús. Que nosotros, tu pueblo y ovejas de tu rebaño, te sigamos, por medio de ti y hacia ti, porque tú eres el camino, la verdad y la vida: el camino por el ejemplo que das, la verdad por la promesa que haces, la vida por la recompensa que concedes. Tú tienes, en efecto, las palabras de vida eterna; nosotros reconocemos y creemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo, Dios por encima de todo, bendito por los siglos (Bernardo de Claraval, Sermoni dell'Ascensione 2, 6).

 

CONTEMPLATIO

Algunos dichos de san Bernardo:

"El motivo para amar a Dios es Dios mismo".

"A Dios le buscamos con el deseo".

"No buscarías a Dios si antes no hubieras sido buscado por él, ni amarías a Dios si antes no hubieras sido amado por él".

"Dios mismo infunde en el alma el deseo, que no es otra cosa más que una inspirada avidez de santo amor".

"Quien se adhiere a Dios forma un solo espíritu con él".

"La obediencia vuelve a abrir el ojo que la desobediencia había cegado".

"Ver a Dios no es otra cosa más que ser como él es".

"Ésta es la alegría perfecta: tener una sola voluntad con Dios".

 

ACTIO

Repite a menudo durante el día con san Bernardo: "La medida del amor es amar sin medida".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El fin del hombre es el reconocimiento de la verdad, que es Dios, lo que implica el conocimiento de la relación del hombre con Dios, que es una relación de indigencia. Como el obstáculo es el orgullo, el remedio es la humildad; la condición es la gracia, el encuentro con Dios en Cristo. El resultado es la estima del hombre por su dignidad recuperada de imagen de Dios: mientras que la ignorancia de sí y el orgullo disminuyen el valor del hombre, la humildad, reconocimiento de la necesidad de Dios, pero también de la capacidad de Dios que hay en el hombre, revela a éste lo que él mismo es. De este modo, "sale" de él mismo y se eleva, crece, "se extiende" a nuevas dimensiones, las del amor a Dios y al prójimo. El ser humilde se vuelve manso, misericordioso. Así, la fe vivida y, por así decirlo, transformada en humildad, en caridad, hace, según los modos de hablar de nuestro tiempo, salir al "mí mismo" del "yo": despierta al yo a la libertad del "mí mismo", le hace convertirse en persona en presencia de Dios, en comunión de solidaridad con todos.

En Bernardo está siempre presente este mensaje de gloria, condicionado por su mensaje de humildad, este realismo extremo en la consideración de la miseria del hombre, y esta confianza indefectible en la gloria que está ya en él y no espera más que manifestar sus efectos. La función de la expresión literaria será hacer ver un poco de esta luz oculta que percibe la mirada de la fe. En Bernardo, como también en otros grandes espirituales que fueron escritores, la intensidad de la experiencia explica el carácter ferviente, apasionado de la expresión y, por consiguiente, la parte de exageración que ésta pueda tener: tanto si evoca las profundidades de nuestra bajeza o la sublimidad de las visitas del Verbo, parece ir a veces demasiado lejos, rebasar los límites de lo razonable y, en todo caso, de lo normal y de lo habitual. A decir verdad, se limita simplemente a revelar, a propósito de él mismo, lo que puede ser el caso de todos.

Sus escritos manifiestan un pensamiento a la vez contemplativo y tan comprometido como es posible. Cada uno de ellos empezó siendo un acto bien preciso, pero en cada uno de ellos alcanza Bernardo lo universal. Cuanto más lúcido es un ser sobre sí mismo, más ilumina a los otros sobre ellos mismos (J. Leclercq, Bernardo de Claraval, Edicep, Valencia 1991, pp. 212-213).

 

 

 

Día 21

Miércoles de la semana XX del Tiempo ordinario o 21 de agosto,

San Pío X 

Giuseppe Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riese, provincia de Treviso, en el seno de una familia campesina. Su madre, viuda con diez hijos, le hizo terminar los estudios en el seminario. Giuseppe fue ordenado sacerdote a los 23 años. En 1875 era canónigo en Treviso; en 1884, obispo de Mantua; en 1893, patriarca de Venecia, y, por último, el 4 de agosto de 1903, papa. Su lema fue "renovar todo en Cristo". Murió el 20 de agosto de 1914. Su Catecismo se hizo célebre.

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 34,1-11

1 Recibí esta palabra del Señor:

2 -Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza y diles: Esto dice el Señor: !Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! No es el rebaño lo que deben apacentar los pastores?

3 Vosotros os bebéis su leche, os vestís con su lana, matáis las ovejas gordas, pero no apacentáis el rebaño.

4 No habéis robustecido a las flacas, ni curado a las enfermas, ni habéis vendado a las heridas; no habéis reunido a las descarriadas, ni buscado a las perdidas, sino que las habéis tratado con crueldad y violencia.

5 Y así, a falta de pastor, andan dispersas a merced de las fieras salvajes.

6 Mi rebaño anda errante por montes y colinas, dispersas mis ovejas por todo el país sin que nadie las busque ni las cuide.

7 Por eso, escuchad, pastores, la Palabra del Señor:

8 Por mi vida lo juro, oráculo del Señor: por falta de pastor, mis ovejas han sido expuestas al pillaje y han quedado a merced de las fieras; mis pastores no se han preocupado de mi rebaño; se han apacentado a sí mismos en lugar de apacentar mi rebaño.

9 Pues bien, pastores, oíd la Palabra del Señor:

10 Esto dice el Señor: Aquí estoy yo para reclamar mis ovejas a los pastores; no les dejaré apacentar más a mis ovejas y así no se apacentarán más ellos mismos. Les arrebataré mis ovejas de su boca para que no les sirvan de alimento.

11 Porque esto dice el Señor: Yo mismo buscaré a mis ovejas y las apacentaré.

 

*•• Ezequiel actúa como anunciador del juicio inminente antes de la caída de Jerusalén. Cuando, a continuación, ya ha tenido lugar este juicio, el profeta asume la tarea de volver a encender la esperanza en el pueblo, exhortándolo a la confianza y a una fidelidad plena a Dios.

El pasaje que hemos leído hoy se inserta en esta nueva perspectiva. El oráculo encuentra su cima en la última frase: "Yo mismo buscaré a mis ovejas y las apacentaré-" (v. 11). Éste es el mensaje de esperanza. El rebaño estuvo sometido en el pasado a pastores malos. Los últimos gobernantes de Israel -reyes, sacerdotes, ancianos, etc.- no fueron fieles a la tarea que les había sido confiada. Su culpa fundamental fue el egoísmo, el abuso de poder, la explotación del pueblo y la búsqueda del propio interés. En la condena se repite una y otra vez la acusación: "Se han apacentado a sí mismos", cuando deberían haberse ofrecido a sí mismos al servicio del rebaño, deberían haber defendido a las ovejas de las fieras, guiarlas a buenos pastos, ir en busca de las perdidas y preocuparse de las más débiles (w. 3ss). La reciente tragedia de Israel se debe en gran parte a estos malos pastores. Ahora, el Señor les pedirá cuentas de los daños causados y les quitará el poder sobre su pueblo.

La buena noticia para Israel no es tanto la eliminación de los gobernantes irresponsables como la promesa de que el Señor mismo se ocupará de su pueblo. Se trata de la promesa de la restauración y del retorno, la promesa de una nueva era. La imagen de YHWH pastor era muy familiar en la tradición de Israel. Los oyentes de Ezequiel saben bien lo que significa tener a Dios mismo como pastor. El autor del salmo 23 describe sus rasgos con una gran belleza. La imagen del pastor es posteriormente enriquecida en el Nuevo Testamento al aplicársela Jesús a sí mismo: "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas" (Jn 10,11).

 

Salmo Responsorial

El Señor es mi pastor, nada me falta

Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6


El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R/.
El Señor es mi pastor, nada me falta

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R/.
El Señor es mi pastor, nada me falta

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R/.
El Señor es mi pastor, nada me falta

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R/.
El Señor es mi pastor, nada me falta

 

 

Evangelio: Mateo 20,1-16a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

1 Por eso, con el Reino de los Cielos sucede lo que con el dueño de una finca que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña.

2 Después de contratar a los obreros por un denario al día, los envió a su viña.

3 Salió a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo

4 y les dijo: "Id también vosotros a la viña y os daré lo que sea justo".

5 Ellos fueron. Salió de nuevo a mediodía y a primera hora de la tarde e hizo lo mismo.

6 Salió por fin a media tarde, encontró a otros que estaban sin trabajo y les dijo: "Por qué estáis aquí todo el día sin hacer nada?".

7 Le contestaron: "Porque nadie nos ha contratado". Él les dijo: "Id también vosotros a la viña".

8 Al atardecer, el dueño de la viña dijo a su administrador: "Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros".

9 Vinieron los de media tarde y cobraron un denario cada uno.

10 Cuando llegaron los primeros, pensaban que cobrarían más, pero también ellos cobraron un denario cada uno.

11 Al recibirlo, se quejaban del dueño,

12 diciendo: "Estos últimos han trabajado sólo un rato y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor".

13 Pero él respondió a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. No quedamos en un denario?

14 Toma lo tuyo y vete. Si yo quiero dar a este último lo mismo que a ti,

15 no puedo hacer lo que quiera con lo mío? O es que tienes envidia porque yo soy bueno?".

16 Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos.

 

*"• Hay muchas líneas que conectan el pasaje de hoy con los de los días precedentes. La parábola de los trabajadores de la viña, que concluye con la afirmación: "Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos" (v. 16a), recuerda la frase final del evangelio de ayer: "Hay muchos primeros que serán últimos y muchos últimos que serán primeros" (19,30). Jesús le había señalado al joven rico que "uno sólo es bueno"; ahora, en 20,15, la frase final del dueño ante un obrero de la primera hora suena de este modo: "O es que tienes envidia porque yo soy bueno?".

Esta parábola, contada de una manera vivaz, constituye una llamada dirigida no sólo al pueblo de Israel, llamado en primer lugar, para que goce de la liberalidad sorprendente que usa el Señor respecto a los "últimos" -ya sean éstos paganos, publícanos o pecadores-, sino también a los lectores cristianos para que se conviertan a los criterios de Dios, liberándose de la mezquindad de mente y de corazón, de las comparaciones y de los fáciles refunfuños, de la cerrazón egoísta.

Debemos invertir nuestros modos de pensar y de obrar: Dios hace entrar en su Reino al pobre y no al rico, da la precedencia a los últimos y no a los primeros, dispensa gratuitamente sus dones no sobre la base de los méritos precedentemente adquiridos. Ya en el libro del profeta Isaías dice Dios de manera explícita: "Mis planes no son como vuestros planes, ni vuestros caminos como los míos, oráculo del Señor. Cuanto dista el cielo de la tierra, así mis caminos de los vuestros, mis planes de vuestros planes" (Is 55,8-9).

Si al joven rico que ha observado desde siempre la Ley le pide Jesús que dé un salto cualitativo, aquí pide a todos que se desembaracen de sus propias justicias basadas en cálculos exactos, para gozar de la inmensa bondad de Dios y de su gracia sobreabundante. Dios dialoga, en efecto, con el hombre en los dilatados espacios del amor, no en los estrechos límites del derecho o de la contabilidad.

El amor no contradice la justicia, sino que extiende sus límites: "Dios, que tiene poder sobre todas las cosas y que, en virtud de la fuerza con que actúa en nosotros, es capaz de hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o pensamos" (Ef 3,20). Nuestro Dios es un Dios de corazón grande y debe ser acogido con un corazón grande.

 

 

MEDITATIO

Pío X era un hombre de ánimo muy sencillo y dispuesto a ceder cuando la caridad de Cristo pedía un noble sacrificio. Su figura dulce y humilde, animada por una fuerza interior que se manifestaba con una irresistible fuerza interior, le hizo aparecer de inmediato como un santo, y a la santidad llamaba a todos sus hijos, especialmente a los sacerdotes. Toda su vida de sacerdote y de obispo había sido una aspiración continua a convertirse en el buen pastor de las almas. La vida de piedad, a la que el pontífice dio un grandísimo impulso, además de la incitación a la educación catequética, tomaron vigor gracias a los decretos que se refieren al sacramento de la eucaristía. Justamente, Pío X fue llamado el papa de la eucaristía.

La restauración cristiana querida por Pío X respondía a su inmenso deseo de hacer bien a todos. Había sido siempre el hombre de la inagotable caridad material y espiritual, y como pontífice brilló en él aún más viva y universal esta sublime virtud, que le convertía realmente en el "dulce Cristo en la tierra" (A. Saba, Storia della Chiesa, Turín 1945, IV, pp. 350-357, passim).

 

ORATIO

Oración al Sagrado Corazón de Jesús muy estimada por Pío X:

"Oh Corazón amoroso, en vos pongo toda mi confianza, pues de mi debilidad lo temo todo y lo espero todo de vuestra bondad".

 

CONTEMPLATIO

Nadie, por tanto, cuando piensa que sólo con ella, entre todos, estuvo unido Jesús durante treinta años con esas relaciones de intimidad familiar que unen siempre a un hijo con su madre, pondrá en duda que, especialmente por mediación de María, se nos ha abierto el mejor camino para conocer a Jesús. En efecto, los maravillosos misterios del nacimiento y de la niñez de Cristo, y sobre todo el de la Encarnación, que constituye el principio y el fundamento de nuestra fe, a quién podían ser más manifiestos que a su Madre? Ésta no sólo "conservaba en su corazón" lo que había sucedido en Belén o en el templo de Jerusalén, sino que también fue partícipe de los pensamientos de Cristo y de sus deseos escondidos; de modo que puede decirse que ella había vivido la vida misma de su Hijo. Nadie, pues, conoció a Cristo tan íntimamente como ella; por consiguiente, no puede haber maestro o guía más apto que ella para el conocimiento de Cristo (Pío X, carta encíclica Ad diem illum laetissimum, en el 50° aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción, 2 de febrero de 1904).

 

ACTIO

Medita hoy sobre este deseo del papa Pío X: "Deseo que el pueblo rece en medio de la belleza".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La imagen evangélica de Jesús, buen pastor, le resulta entrañable a la tradición cristiana desde los tiempos de las catacumbas; la liturgia la proyecta gustosa sobre las figuras de los obispos que han seguido con fidelidad al Señor. Es la imagen que mejor le sienta a san Pío X, es la clave interpretativa más prometedora de su persona y de su obra. El pontificado de Pío X duró algo más de un decenio, pero se mostró riquísimo en iniciativas y "reformas", encaminadas a hacer más profunda la vida interior de la Iglesia y a un mejor empleo de sus energías apostólicas.

Tal empeño de reforma fue pensado y querido por Pío X como respuesta a su solicitud preponderantemente pastoral. Me complace señalar dos intervenciones particularmente representativas del compromiso apostólico del santo pontífice, ambas dirigidas -no por casualidad- al alimento de las almas: la renovación de la catequesis y las nuevas disposiciones alentaron un acceso más amplio a la eucaristía. Era una firme convicción de nuestro santo que sólo un profundo conocimiento de la verdad cristiana podía alimentar una piedad auténtica en la Iglesia y preservar la fe de hundirse en las erróneas concepciones filosóficas y teológicas de la época. Si bien la defensa del patrimonio auténtico de la fe puesta en práctica por Pío X no estuvo exenta de algunas exageraciones -sobre las que todavía hoy tanto se discute-, no se puede poner en absoluto en duda el ansia y el compromiso pastorales de uno de los más celosos y generosos pastores que ha tenido la Iglesia (M. Ce, "San Pió X, il buon Pastare", en Famiglia cristiana, 5 de junio de 1985, 8-10).

 

 

Día 22

Jueves de la semana XX del Tiempo ordinario o 22 de agosto,

Santa María Virgen, Reina  

La inserción de una memoria de María Reina o de la realeza de María en la liturgia fue auspiciada por algunos congresos marianos a partir del celebrado en 1900. Tras la institución de la fiesta de Cristo Rey en 1925 por obra del papa Pío XI, como paralelo mariológico de ésta y en respuesta a múltiples iniciativas devotas, el papa Pío XII, como conclusión del centenario del dogma de la Inmaculada Concepción, el año 1954, anuncia la fiesta litúrgica de María Reina, situada el 31 de mayo como coronación del mes de María. La reforma del calendario romano ha fijado la memoria del 22 de agosto, en la octava de la Asunción.

 

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 36,23-28

Así dice el Señor:

23 Haré que sea reconocida la grandeza de mi nombre, que vosotros profanasteis entre las naciones. Así, cuando haga que por medio de vosotros sea reconocida mi grandeza en presencia de las naciones, sabrán que yo soy el Señor. Oráculo del Señor.

24 Os tomaré de entre las naciones donde estáis, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra.

25 Os rociaré con agua pura y os purificaré de todas vuestras impurezas e idolatrías.

26 Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.

27 Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que viváis según mis mandamientos, observando y guardando mis leyes.

28 Viviréis en la tierra que di a vuestros antepasados; vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

 

**• Jesús nos enseña en la oración del Padre nuestro a dirigirnos a Dios invocando: "Santificado sea tu nombre" (Mt 6,9c). Aquí es el Señor mismo el que dice: "Haré que sea reconocida la grandeza de mi nombre" (Ez 36,23). En los versículos precedentes (16-22), él mismo cuenta que su nombre ha sido deshonrado entre los pueblos extranjeros a causa de Israel. Ahora va a darle la vuelta a la situación: liberará a Israel del yugo de sus enemigos, por amor a su pueblo y también por amor a su nombre, para manifestar su poder y su fidelidad ante todos los pueblos.

Dios hace saber también el modo como llevará a cabo su proyecto. Hará regresar a su pueblo del exilio*, habrá como un nuevo éxodo, una nueva liberación. Purificará de manera radical a su pueblo, suprimiendo todo lo que hay de impuro en él. Pero, sobre todo, transformará al hombre por dentro, convirtiéndole en una criatura nueva.

Esta transformación íntima está representada por el "corazón nuevo", una imagen que aparece también en Jr 31,31-34. El corazón es la sede del pensamiento, de la voluntad, del sentimiento, de la vida moral, de la decisión radical; el corazón es el yo profundo. Dios reemplazar en cada uno el "corazón de piedra" -duro, insensible, pesado- por un "corazón de carne", esto es, por un corazón capaz de amar y de ser amado, dócil, acogedor, vivo, en sintonía con su corazón. Ahora bien, el corazón nuevo puede envejecer aún y el corazón de carne también puede endurecerse; para garantizar la novedad perenne y la transformación continua, Dios infundirá dentro de cada hombre un espíritu nuevo. Como en la creación del primer hombre, también ahora el Espíritu da vida y mantiene siempre fresca y hermosa la relación entre el hombre y su Dios. Israel, animado por el Espíritu, será capaz de vivir las exigencias de la alianza del Sinaí, que no está no basada en la fría observancia de las prescripciones, sino en un principio interior de comportamiento religioso, en una inclinación de amor.

 

Salmo Responsorial

Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará de todas vuestras inmundicias

Salmo 50,12-13.14-15.18-19


Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R/.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará de todas vuestras inmundicias


Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
R/.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará de todas vuestras inmundicias


Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
R/.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará de todas vuestras inmundicias

 

 

Evangelio: Mateo 22,1-14

En aquel tiempo,

1 Jesús tomó de nuevo la palabra y les dijo esta parábola:

2 -Con el Reino de los Cielos sucede lo que con aquel rey que celebraba la boda de su hijo.

3 Envió a sus criados para llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir.

4 De nuevo envió otros criados, encargándoles que dijeran a los invitados: "Mi banquete está preparado, he matado becerros y cebones, y todo está a punto; venid a la boda".

5 Pero ellos no hicieron caso y se fueron unos a su campo y otros a su negocio.

6 Los demás, echando mano a los criados, los maltrataron y los mataron.

7 El rey entonces se enojó y envió sus tropas para que acabasen con aquellos asesinos e incendiasen su ciudad.

8 Después dijo a sus criados: "El banquete de boda está preparado, pero los invitados no eran dignos.

9 Id, pues, a los cruces de los caminos y convidad a la boda a todos los que encontréis".

10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala se llenó de invitados.

11 Al entrar el rey para ver a los comensales, observó que uno de ellos no llevaba traje de boda.

12 Le dijo: "Amigo, cómo has entrado aquí sin traje de boda?". El se quedó callado.

13 Entonces el rey dijo a los servidores: "Atadlo de pies y manos y echadlo fuera a las tinieblas; allí llorará y le rechinarán los dientes".

14 Porque son muchos los llamados, pero pocos los escogidos.

 

*" Esta parábola está compuesta por dos fragmentos: los w. 1-10 tienen como tema central el banquete nupcial, los w. 11-14 se detienen en el tema del traje. El Reino de Dios es alegre y gozoso; es semejante a un banquete de bodas, que, en la tradición bíblica, es la expresión más elevada de la fiesta. Además, el banquete ha sido preparado por el rey para la boda de su hijo.

Todo hace esperar un desarrollo feliz. Sin embargo, surgen imprevistos: los invitados se niegan a participar en el banquete. En la perspectiva teológica de Mateo no es difícil leer en esta parábola la historia de Israel desde los comienzos a los tiempos del Mesías. El banquete, para el que ya está todo preparado, no queda cancelado por el repetido rechazo de los primeros invitados, sino que se abre a otros, a todos. Los nuevos comensales constituyen el nuevo Israel: la Iglesia, santa y siempre necesitada de conversión, siempre atenta para conservar impecable su vestido nupcial.

       Sin embargo, la parábola interpela también a cada cristiano en particular. La invitación a la alegría del banquete es una gracia, un don que compromete la vida y lo hace seriamente; la transforma, la hace nueva.

Frente a esta invitación, el hombre dispone de la libertad de aceptarla o rechazarla. Quien la rechaza, siempre encuentra excusas y justificaciones que le parecen buenas y razonables. En el fondo, se trata de autoengaños que emergen de las profundidades tenebrosas de la psique humana. Con todo, el que ha entrado en la sala del banquete no por ello debe pensar que tiene asegurada la salvación. A pesar de que la entrada sea gratuita y se ofrezca a lodos, se exige a los comensales que lleven el traje de boda y la disposición correspondiente. Los cristianos deben "vestirse de Cristo" (Rom 13,14; Gal 3,27), tener sus mismos pensamientos y sentimientos (cf. Flp 2,5). El f!nal del intruso que participa en el banquete sin el traje de boda es triste. Es el mismo destino de la cizaña (Mi 13,42) y délos peces malos (13,50). La frase conclusiva de la parábola es un grave aviso a los lectores: "Son muchos los llamados, pero pocos los escogidos" (22,14).

 

MEDITATIO

En la celebración de Santa María Virgen, reina, contemplamos a aquella que, sentada junto al rey de los siglos, brilla como reina e intercede como madre (cf. Marialis cultas, 6).

La figura de la reina madre permanece en muchísimas culturas populares como prototipo de solemnidad, señorío, cordialidad, benevolencia. El culto y la misma iconografía -el carácter visible de su meditación y contemplación- representan a María espontáneamente en la posición de una reina, cubierta de vestidos preciosos, con enorme frecuencia sentada en un trono y enjoyada con estrellas, siendo ella misma trono para su hijo, el Señor niño, al que tiene en brazos.

La liturgia remarca esta imagen de María como madre y reina. La liturgia lee la conexión de María sierva con el Señor Dios como participación en la realeza de Cristo: una realeza que es servicio, porque el Señor ha traído la salvación a la humanidad, y a ello ha colaborado la madre. El servicio de Jesús, hijo de María, ha costado el paso por la cruz, junto a la cual estuvo presente y en la que participó la madre. La realeza de Cristo se pagó a un precio elevado: la realeza configura a María también como reina afligida.

Las insistentes afirmaciones sobre la participación de María en la realeza de Cristo recuerdan la jaculatoria: "Reina de la paz". Ésta traduce en el orden de la devoción un rasgo de la identidad del personaje pronosticado en el oráculo isaiano como "príncipe de la paz"- Jesucristo es nuestra paz (cf. Ef 2,14). María es la madre del príncipe de la paz. El niño nacido por nosotros, el fruto bendito del seno de María es el Señor, fuente de paz sin fin. La paz es sueño y utopía. Ambos invitan a la acogida de este Señor de la paz, encarnado en Jesucristo, hijo de María, mujer pacificada y obradora de paz; invitan no sólo a creer en él, sino a hacer las obras de la paz, que son su testamento y don del Espíritu.

 

ORATIO

Santa María, generosa madre del Señor del universo, rey de paz y de justicia, salve. Mujer humilde, recibida más allá de nuestra tierra, en el cielo del altísimo amor del Padre, inspira nuestro servicio en la edificación del Reino de Cristo en comunidad de caridad evangélica.

Madre bienaventurada por haber creído, quédate cerca para guardar con nosotros encendida la lámpara de la fe, alimentada por la obediencia a la divina Palabra.

Virgen amiga del Espíritu, enséñanos a perseverar en las obras de bondad, de justicia, de paz. Reina del cielo que proteges nuestro camino cotidiano y el paso a la otra orilla de la vida de aquí abajo, acoge la oración de tus siervos.

 

CONTEMPLATIO

El ángel que anunciaba los misterios, para llevar a la fe mediante algún ejemplo, anunció a la Virgen María la maternidad de una mujer estéril y ya entrada en años, manifestando así que Dios puede hacer todo cuanto le place.

Desde que lo supo María, no por falta de fe en la profecía, no por incertidumbre respecto al anuncio, no por duda acerca del ejemplo indicado por el ángel, sino con el regocijo de su deseo, como quien cumple un piadoso deber, presurosa por el gozo, se dirigió a las montañas.

        Llena de Dios de ahora en adelante, cómo no iba a elevarse apresuradamente hacia las alturas? La lentitud en el esfuerzo es extraña a la gracia del Espíritu.

Considera la precisión y exactitud de cada una de las palabras: Isabel fue la primera en oír la voz, pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia; ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos. El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu Santo (Ambrosio de Milán, Exposición sobre el evangelio según Lucas 2,19-22).

 

ACTIO

Sustituyamos hoy el saludo de costumbre por el deseo evangélico: "La paz del Señor sea contigo".

 

PARA. LA LECTURA ESPIRITUAL

Cada una [de las hermanas del instituto] !mita a María en su propio camino hacia Cristo: aprende de su fíat a recibir la Palabra de Dios, y de su vida con Jesús en Nazaret, el sentido de su propia inserción en la sociedad; por su participación en la misión redentora del Hijo se ve llevada a comprender, a elevar y a dar valor a los sufrimientos humanos. Se consagra a que la Virgen, ejemplo ale confianza en el Señor, constituya para todos los hombres inseguros y divididos de nuestro tiempo un signo de esperanza y de unidad.

En ella, expresión de los más altos valores femeninos, se inspira para realizarse plenamente como mujer y para comprometerse en un servicio de amor que llega incluso al sacrificio. A ella se dirige siempre con devoción y confianza filial. Con ella se hace voz de alabanza a Dios por todos los hombres.

Inspírate en el servicio que María prestó y presta al mundo, y obra en medio de la paz, sin el ansia de quien cree sólo en su acción [Regola di vita dell'lstituto secolare "Regnum Maríae", 1994, arts. 7 y 47).

 

 

 

Día 23

Viernes de la semana XX del Tiempo ordinario o 23 de agosto,

Santa Rosa de Lima (30 de agosto en América)

 

Santa Rosa de Lima nació en la capital de Perú en 1586. Su nombre de pila es Isabel. Cuando el obispo Toribio de Mogrovejo la confirmó, le impuso el nombre de Rosa. Sus padres, además de ser pobres y humildes, sufrieron un revés de fortuna y Rosa colaboró con todas sus fuerzas al sostenimiento de la familia. Cuando sus padres le instaron a que se casase, ella se resistió. Quería vivir consagrada al Señor e hizo voto de virginidad.

        Cuando conoció la historia de santa Catalina de Siena, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo como ella. Esto le causó no pocas incomprensiones y burlas de sus parientes y conocidos, pero ella todo lo soportaba con benevolencia. Su propia salud se vio dañada por la austeridad con la que vivía. El 24 de agosto de 1617, a los 31 años de edad, murió en casa de un dignatario del gobierno, donde servía desde hacía tres años.

 

 

LECTIO

Primera lectura: Ezequiel 37,1-14

1 El Señor me invadió con su fuerza y su espíritu me llevó y me dejó en medio del valle, que estaba lleno de huesos.

2 Me hizo caminar entre ellos en todas direcciones. Había muchísimos en el valle y estaban completamente secos.

3 Y me dijo: -Hijo de hombre, podrán revivir estos huesos? Yo le respondí: -Señor, tú lo sabes.

4 Y me dijo: -Profetiza sobre estos huesos y diles: !Huesos secos, escuchad la Palabra del Señor!

5 Así dice el Señor a estos huesos: Os voy a infundir espíritu para que viváis.

6 Os recubriré de tendones, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis, y sabréis que yo soy el Señor.

7 Yo profeticé como me había mandado y, mientras hablaba, se oyó un estruendo; la tierra se estremeció y los huesos se unieron entre sí.

8 Miré y vi cómo sobre ellos aparecían los tendones, crecía la carne y se cubrían de piel. Pero no tenían espíritu.

9 Entonces él me dijo: -Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Esto dice el Señor: Ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos para que vivan.

10 Profeticé como el Señor me había mandado, y el espíritu penetró en ellos, revivieron y se pusieron en pie. Era una inmensa muchedumbre.

11 Y me dijo: -Hijo de hombre, estos huesos son el pueblo de Israel. Andan diciendo: "Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, estamos perdidos".

12 Por eso profetiza y diles: Esto dice el Señor: Yo abriré vuestras tumbas, os sacaré de ellas, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel.

13 Y cuando abra vuestras tumbas y os saque de ellas, sabréis que yo soy el Señor.

14 Infundiré en vosotros mi espíritu, y viviréis; os estableceré en vuestra tierra, y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago, oráculo del Señor.

 

*" El fragmento está compuesto por dos partes: una visión (w. 1-10) y su explicación (w. 11-14). El profeta es trasladado a un valle, probablemente el situado en la región de Quebar (Babilonia), donde vivían los israelitas exiliados. El espectáculo que se despliega ante sus ojos es sumamente desolador: un enorme montón de huesos secos y resquebrajados (w. 2ss). A la pregunta, aparentemente absurda, del Señor sobre si podrán revivir aquellos huesos, le da Ezequiel una respuesta discreta y llena de confianza: "Señor, tú lo sabes" (v. 3b).

Dios lo puede todo, todo depende de su voluntad. Entonces le ordena el Señor profetizar sobre los huesos. Los restos de seres humanos deben "oír" ahora la palabra divina y "saber" que él es el Señor (v. 4). El vocabulario usado por el Señor es muy concreto y rebosa vitalidad: "El espíritu penetró en ellos", "aparecían los tendones, crecía la carne y se cubrían de piel", "infundiré en vosotros mi espíritu". La Palabra de Dios se hace inmediatamente realidad, como en la creación. Los huesos se ponen de inmediato en movimiento produciendo un gran estruendo, se recomponen, se revisten de tendones y de piel, recobran vida, se ponen en pie y se convierten en una inmensa multitud.

Viene después la explicación -es el Señor quien la da explícitamente-: los huesos son los exiliados, privados de vida y de esperanza (w. 1 lss). El Señor los llama con ternura "pueblo mío" y, frente a su desconfianza, les asegura que llevará a cabo el prodigio de su restauración. A la imagen de los huesos vueltos a la vida se añaden otras para reforzar aún más el poder del Dios de la vida: "Yo abriré vuestras tumbas, os sacaré de ellas" (w. 12.13). Hasta en las situaciones de muerte más desesperadas puede hacer nacer el Señor nueva vida. Dios "no es un Dios de muertos, sino de vivos" (Me 12,37) y "nada es imposible para Dios" (Le 1,37). Al final, es el Señor mismo quien da la respuesta a la pregunta planteada al profeta: "Podrán revivir estos huesos?" (v. 3). Sí: "Lo digo y lo hago" (v. 14).

 

Salmo Responsorial

Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Salmo 106,2-3.4-5.6-7.8-9


Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur, oriente y occidente.
R/.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la vida.
R/.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad habitada.
R/.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes.
R/.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

 

 

Evangelio: Mateo 22,34-40

En aquel tiempo,

34 cuando los fariseos oyeron que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron,

35 y uno de ellos, experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

36 -Maestro, cuál es el mandamiento más importante de la Ley?

37 Jesús le contestó: -Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.

38 Éste es el primer mandamiento y el más importante.

39 El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como a ti mismo.

40 En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los profetas.

       

*• En la sección polémica de los capítulos 21 y 22 de Mateo los adversarios plantean a Jesús una serie de cuestiones: sobre el tributo al César (22,15-22), sobre la resurrección de los muertos (22,23-33). Eran todos los temas candentes de la época. Ahora nos encontramos en la tercera disputa. Tras los saduceos, ricos y poderosos, entran en escena los fariseos, doctos y observantes. La cuestión tiene que ver con el mandamiento más importante de la Ley. El fondo de la cuestión es complejo y la motivación poco recta: interrogan a Jesús "para ponerlo a prueba" (y. 35). Los fariseos habían hecho derivar 613 preceptos a partir de las prescripciones de la Tora; de ellos 365 eran prohibiciones y 248 mandamientos positivos.

Frente a esta gran cantidad de prescripciones tiene sentido querer saber cuál es "el mandamiento más importante " (v. 36). Sin embargo, Jesús no se sitúa en la lógica de una jerarquía de mandamientos. Recuerda más bien la esencia de la Ley, orienta la atención hacia el principio que la inspira y hacia la disposición interior a observarla. La respuesta de Jesús es clara y precisa: la fuente y el cumplimiento de la Ley es el amor en su doble movimiento: hacia Dios y hacia el prójimo (w. 37ss).

Al hablar del amor a Dios, Jesús hace referencia a Dt 6,5, donde se subrayan la totalidad, la intensidad y la autenticidad: "Con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente". Ahora bien, junto al amor de Dios -y a su mismo nivel- pone el amor al prójimo. Son dos dimensiones inseparables. Sólo quien ama a Dios con todo su ser es consciente de ser amado por él, sabe amarse a sí mismo y sabe amar a su prójimo, es decir, a toda persona que vive cerca de él, a todo alter ego, como alguien amado por el mismo Dios. Aquí se encuentra la síntesis de "toda la Ley y los profetas", es decir, el núcleo esencial de la revelación, aquí se encuentra la voluntad de Dios para todos sus hijos.

 

MEDITATIO

Los textos bíblicos proclamados en este día de Santa Rosa de Lima han sido seleccionados porque marcaron para ella la dirección de su vida. Conocido Cristo, no quiso saber nada de otros esposos. Luchó contra el deseo de sus padres de que se casara e hizo voto de virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor. Viendo lo que Cristo sufrió y el valor de la pasión, ella misma dijo: "Nadie se quejaría de sus cruces y sufrimientos si conociera cuál es la balanza con la que los hombres han de ser medidos". Y ella misma se fijó con un alfiler al cuero cabelludo la corona de rosas que su madre le puso en la cabeza un día de fiesta familiar. La unión a Jesús, como el sarmiento a la vid, la llevó a vivir en plenitud el mandamiento del amor. Un día en que su madre le reprendió por atender en casa a pobres y enfermos, Rosa le contestó: "Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús".

Amante de la soledad, dedica gran parte del tiempo a la contemplación y desea introducir también a otros en los arcanos de la "oración secreta", divulgando para ello libros espirituales. Anima a los sacerdotes para que atraigan a todos al amor a la oración. Recluida frecuentemente en la pequeña ermita que se hizo en el huerto de sus padres, abrirá su alma a la obra misionera de la Iglesia con celo ardiente por la salvación de los pecadores y de los "indios". Por ellos desea dar su vida, y se entrega a duras penitencias para ganarlos a Cristo. Durante quince años soportará una gran aridez espiritual como crisol purificador. También destaca por sus obras de misericordia con los necesitados y oprimidos.

 

ORATIO

Señor, tú has querido que santa Rosa de Lima, encendida en tu amor, sin apartarse del mundo, se consagrara a ti en la penitencia; concédenos por su intercesión que, siguiendo en la tierra el camino de la verdadera vida, lleguemos a gozar en el cielo de la abundancia de los gozos eternos.

 

CONTEMPLATIO

"!Ojalá todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia, su belleza, su nobleza, su infinito precio, lo inmenso de los tesoros que alberga, cuántas riquezas, gozos y deleites! Sin duda alguna, emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte si conociera las balanzas con que los hombres han de ser medidos" (de los escritos de santa Rosa de Lima).

 

ACTIO

Pide hoy la paz, la justicia y la salud para todos los peruanos y, con santa Rosa de Lima, repite con frecuencia: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El divino Salvador, con inmensa majestad, dijo: "Que todos sepan que la tribulación va seguida de la gracia; que todos se convenzan de que sin el peso de la aflicción no se puede llegar a la cima de la gracia; que todos comprendan que la medida de los carismas aumenta en proporción con el incremento de las fatigas.

Guárdense las personas de pecar y de equivocarse. Que nadie se engañe: ésta es la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo!".

Oídas estas palabras, me sobrevino un ímpetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y condición que fuesen: "Oíd pueblos, oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo, y con palabras tomadas de su misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos para conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma".

Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que se había de romper la prisión y, libre y sola, con más agilidad se había de ir por el mundo, dando voces para anunciar la grandeza, la hermosura y la riqueza de la gracia (de los escritos de santa Rosa de Lima al médico Castillo).

 

Día 24

Sábado de la semana XX del Tiempo ordinario,

San Bartolomé  

     A Bartolomé, de Cana de Galilea, uno de los Doce, se le identifica habitualmente con Natanael, el amigo del apóstol Felipe (Jn 1,43-51; 22,2). Carecemos de noticias históricas precisas sobre su actividad apostólica. Diversas tradiciones le sitúan en diferentes regiones del mundo y eso hace pensar que, efectivamente, su radio de acción fue muy amplio. Una tradición refiere que Bartolomé habría sido desollado vivo, según la costumbre penal de los persas, y que de este modo habría consumado su martirio. Recibe veneración en Roma, en la isla Tiberina.

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 21,9b-14

El ángel se dirigió a mí y me dijo:

9 "!Ven! Te mostraré la novia, la esposa del Cordero".

10 Me llevó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo enviada por Dios,

11 resplandeciente de gloria. Su esplendor era como el de una piedra preciosa deslumbrante, como una piedra de jaspe cristalino.

12 Tenía una muralla grande y elevada y doce puertas con doce ángeles custodiando las puertas, en las que estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel.

13 Tres puertas daban al oriente y tres al septentrión; tres al mediodía y tres al poniente.

14 La muralla de la ciudad tenía doce pilares, en los que estaban grabados los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.

 

*"• El libro del Apocalipsis define a la Iglesia como la ciudad santa, como don de Dios: en ella se recogen las doce tribus de Israel, esto es, el nuevo Israel de Dios.

Las murallas de esta ciudad se apoyan sobre el cimiento de los doce apóstoles. Según el mismo Juan, la Iglesia puede ser llamada también "la novia, la esposa del Cordero", para indicar el vínculo de amor único e irrepetible que une a Dios con la humanidad, a Cristo con la Iglesia.

El apóstol, todo apóstol, participa asimismo de este amor y se convierte en testigo de él con su ministerio apostólico, pero sobre todo con la entrega de su sangre.

Esa es la razón de que, al final de la lectura, se llame expresamente a los Doce "apóstoles del Cordero": si la Iglesia es apostólica, lo es no sólo por el ministerio confiado por Jesús a los Doce, sino también y sobre todo por la participación de los Doce en el misterio pascual de Jesús.

 

Salmo Responsorial

Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Sal 144,10-11.12-13ab.17-18

10Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
11que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

12explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
13Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

17El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
18cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

 

 

 

Evangelio: Juan 1,45-51

En aquel tiempo,

45 Felipe se encontró con Natanael y le dijo: -Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en el libro de la Ley, y del que hablaron también los profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.

46 Exclamó Natanael: -Nazaret? Es que de Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: -Ven y l o verás.

47 Cuando Jesús vio a Natanael, que venía hacia él, comentó: -Éste es un verdadero israelita, en quien no hay doblez alguna.

48 Natanael le preguntó: -De qué me conoces? Jesús respondió: -Antes de que Felipe te llamara, te ví yo, cuando estabas debajo de la higuera.

49 Entonces Natanael exclamó: -Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

50 Jesús prosiguió: -Te basta para creer el haberte dicho que te ví debajo de la higuera? !Verás cosas mucho más grandes que ésa!

51 Y añadió Jesús: -Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre.

 

*•• El elogio de Natanael formulado por Jesús es claro e inequívoco: "Éste es un verdadero israelita, en quien no hay doblez alguna" (v. 47). Del contexto inmediato se infiere el significado más amplio y más profundo que posee esta afirmación de Jesús. En Natanael no se excluye sólo la doblez, sino que se afirma sobre todo el amor a la verdad. De este modo, Jesús nos ofrece también a nosotros una rendija para comprender el fondo del alma de este apóstol.

Natanael se revela ante todo como un hombre que busca: se manifestará también así con ocasión de la primera aparición del Señor resucitado. De la búsqueda pasa Natanael enseguida al acto de fe. Su inteligencia se abre al misterio que se desvela; su ánimo se abre al descubrimiento de un bien mayor, un bien del que desde hace tiempo está sediento.

Natanael se convierte así en imagen viviente de todo verdadero creyente que, a la luz de la Palabra de Dios, aguza su capacidad visual interior y, por medio de la fe, reconoce en Jesús a su único Salvador.

 

 

MEDITATIO

También Natanael, como otros apóstoles antes que él, llega al descubrimiento de Jesús no sin una cierta fatiga.

En su caso, debe superar, en primer lugar, el handicap de su excesivo conocimiento veterotestamentario. Es justamente verdad -como leemos en el Eclesiastés- que el saber excesivo engendra dolor: sólo cuando haya alcanzado a la sencillez y a la transparencia del encuentro personal, podrá reconocer Natanael en Jesús al Hijo de Dios.

En segundo lugar, Natanael debe superar asimismo una especie de desconcierto, el que provocó en él su primer encuentro con Jesús, quien demuestra conocerle muy bien. Mas Natanael tiene necesidad de entablar un diálogo con aquel que le sorprende y, al mismo tiempo, le cautiva. Sólo el diálogo interpersonal es la vía segura para el conocimiento recíproco, el conocimiento que lleva a la experiencia y a la entrega de nosotros mismos en el amor.

Ahora bien, yo diría que Natanael debe superar también la mediación del amigo Felipe, respecto a la cual, de primeras, muestra cierto escepticismo. Sólo cuando haya tomado la decisión de ir al encuentro del Nazareno, le reconocerá por lo que Jesús es verdaderamente. La amistad puede ser, a buen seguro, una gran ayuda para el descubrimiento de la verdad, pero, cuando la verdad es Alguien, sólo el encuentro personal puede satisfacer la búsqueda.

 

ORATIO

Señor Jesús, tú naciste en Belén, "la más pequeña de las cabezas de partido de Judea". Allana ante mí el camino que conduce hasta ti, pequeño entre los pequeños, verdadero hombre entre los hombres, hijo de María y José.

Señor Jesús, te criaste en Nazaret, un pueblo del que nadie esperaba nada bueno. Enséñame también a mí, como revelaste a tus otros discípulos, el secreto de la espiritualidad de Nazaret, pueblo donde viviste durante treinta años, secreto del que se desprende el mensaje del silencio, del amor, del trabajo.

Señor Jesús, tú quisiste elegir Jerusalén como ciudad de tu martirio y de tu pascua: dame el valor de subir contigo y detrás de ti hasta la ciudad santa, en donde deben morir los verdaderos profetas, ciudad amada por todos tus discípulos.

Señor Jesús, tú recorriste los caminos de Palestina, país pequeño e insignificante a los ojos de los grandes, pero elegido, amado y privilegiado por ti. Enséñame a valorar las cosas según tus criterios, según tus proyectos.

 

CONTEMPLATIO

Ved ahí cómo, según los preceptos del Evangelio, debéis portaros con los apóstoles y profetas. Recibid en nombre del Señor a los apóstoles que os visitaren, en tanto permanecieren un día o dos entre vosotros: el que se quedare durante tres días, es un falso profeta. Al salir el apóstol, debéis proveerle de pan para que pueda ir a la ciudad donde se dirija: si pide dinero, es un falso profeta. Al profeta que hablare por el espíritu, no le juzgaréis, ni examinaréis [...], porque Dios es su juez: lo mismo hicieron los antiguos profetas.

Velad por vuestra vida; [...] los que perseveren en la fe serán salvos de esta maldición. Entonces aparecerán las señales de la verdad. Primeramente será desplegada la señal en el cielo, después la de la trompeta y, en tercer lugar, la resurrección de los muertos, según se ha dicho: "El Señor vendrá con todos sus santos". !Entonces el mundo verá al Señor viniendo en las nubes del cielo! (Didaché,  según la versión de E. Backhouse y C. Tylor, Historia de la Iglesia primitiva, Editorial Clie, www.clie.es).

 

ACTIO

Repite y medita durante el día esta Palabra: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel" (Jn 1,49).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El cristiano cree, gracias a la Palabra de Dios, que el hombre es inmortal, que toda la humanidad está destinada a la eternidad.

El cristiano cree en la resurrección de todos los muertos de la humanidad, de todos los cuerpos. Cree en la humanidad inmortal. Pero cree en virtud de la Palabra de Dios, no de una especie de prestidigitación mágica... y grotesca. Cree en la prolongación de los misterios de la vida más allá de la muerte, en la consumación de la vida mediante la muerte; cree que la misma muerte tiene una razón de ser; cree que la muerte sigue siendo atroz, pero no que sea absurda.

Como todo hombre razonable, el cristiano ve su propia vida, desde el nacimiento a la muerte, como un devenir continuo acompañado de una destrucción continua. Sin embargo, el cristiano cree que en este y por este devenir se consuma la germinación, el desarrollo del hombre inmortal que hay en él, pero que se va haciendo en él cada día y que permanecerá tal como haya llegado a ser, en la eternidad, para la eternidad.

Este hombre inmortal se hace en cada uno a través de sus opciones. Aquello por lo que opta es lo que fija al hombre inmortal en su pleno vigor o en lo peor de la miseria humana. En la hora de su muerte, el hombre se habrá convertido en alguien que vivirá con Dios para siempre o en alguien que existirá lejos de Dios para siempre (Madeleine Delbréf).

 

 

 

Día 25

Domingo XXI del tiempo ordinario

 

San José de Calasanz.- San José de Calasanz nació en Huesca en el año 1557. Era tal su devoción a la Virgen que él quería llamarse José de la Madre de Dios. Sus padres pudieron y le dieron una esmerada educación y formación. Se doctoró en Teología en la Universidad de Lérida y fue ordenado sacerdote. En el año 1592, se fue a Roma persiguiendo un puesto honorífico y se encontró con la miseria infantil en los barrios de la ciudad. Dejó de perseguir honores y fundó las Escuelas Pías (escuelas gratuitas). Con la enseñanza del catón y del ábaco introducía también el catecismo y la oración de la corona de doce estrellas pidiendo la protección de la Virgen. El 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años, este gran apóstol pasó a la eternidad. Pío XII le declaró celestial patrono ante Dios de todas las escuelas populares cristianas del mundo.

 

LECTIO

Primera lectura: Josué 24,1-2a. 15-17.18b

En aquellos días:

1 Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, jueces y oficiales. Todos se presentaron ante Dios.

2 Josué dijo a todo el pueblo:

15 -Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses a quienes sirvieron vuestros antepasados en Mesopotamia o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis. Yo y los míos serviremos al Señor.

16 El pueblo respondió: -Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses.

17 El Señor es nuestro Dios; él fue quien nos sacó de la esclavitud de Egipto a nosotros y a nuestros padres. Él ha hecho ante nuestros ojos grandes prodigios y nos ha protegido durante el largo camino que hemos recorrido y en todas las naciones que hemos atravesado.

18 Así que también nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

 

        **• El libro de Josué narra tres acontecimientos: el paso del Jordán y la conquista de la tierra prometida (capítulos 1-12); la distribución del territorio entre las tribus (capítulos 13-21); las acciones con las que concluye la vida de Josué, en particular su último discurso y la asamblea de Siquén (capítulos 22-24). El pueblo ya ha recibido ahora el don de "una tierra por la que vosotros no habíais sudado, unas ciudades que no edificasteis y en las que ahora vivís; coméis los frutos de las viñas y de los olivos que no habéis plantado" (Jos 24,13): Dios se muestra fiel a la promesa que había guiado y sostenido los pasos de Abrahán, Isaac, Jacob... (cf Gn 12,7; 26,3; 28,13...) Josué se despide de Israel y pone al pueblo frente a la responsabilidad de sus propias decisiones. La decisión de adherirse o rechazar a Dios siempre tiene como fundamento la presencia eficaz del Señor. Del mismo modo que en las solemnes profesiones de fe de Dt 6,21-24; 26,5-9 y Neh 9,7-25, también Josué propone a la fe de los presentes el recuerdo de las intervenciones de Dios a favor de su pueblo (vv. 2-13). Por consiguiente, "escoged hoy a quién queréis servir" (v. 15): también podéis rechazar lo que el Señor ha realizado por vosotros (volviendo a los dioses que eran adorados antes de la vocación de Abrahán o escogiendo las divinidades adoradas por los amorreos, a los que vosotros mismos habéis derrotado al conquistar la tierra); por mi parte, yo, con mi casa, escojo y os exhorto a que también vosotros escojáis aceptar la predilección de Dios, sirviéndole "con integridad y fidelidad" (v. 14). La asamblea de Israel escoge a Dios, renueva el acto de fe y concluye una alianza (vv. 16-28).

        Josué, al proponer la renovación de la alianza, subraya el momento de la decisión: "hoy" (v. 15). La respuesta del pueblo y la estipulación de la alianza siguen la cadencia de la repetición del pronombre de primera persona plural "nosotros", "nuestro" (vv. 16-18.21.24.27). Es interesante señalar que tanto la voz de Dios (cf. Nm 14,20-23) como el estudio exegético moderno afirman que quienes sancionaron la alianza en Siquén (v. 1) no eran los mismos que atravesaron realmente el desierto, sino que se trata de sus descendientes. Como en todo acto de fe, el que lo realiza hace presente y actualiza para sí la historia de la salvación.



Salmo responsorial
Gustad y ved qué bueno es el Señor

Salmo 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21. 22-23

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.

La maldad da muerte al malvado,
los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.

 



Segunda lectura: Efesios 5,21-32

Hermanos:

21 Guardaos mutuamente respeto en atención a Cristo.

22 Que las mujeres respeten a sus maridos como si se tratase del Señor,

23 pues el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y al mismo tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia.

24 Y como la Iglesia es dócil a Cristo, así también deben serlo plenamente las mujeres a sus maridos.

25 Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella

26 para hacerla santa, purificándola por medio del agua y la Palabra.  

27 Se preparó así una Iglesia esplendorosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida: una Iglesia inmaculada.

28 Igualmente, los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama,

29 pues nadie odia a su propio cuerpo; antes bien, lo alimenta y lo cuida como hace Cristo con su Iglesia,

30 que es su cuerpo, del cual nosotros somos miembros.

31 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y llegarán a ser los dos uno solo.

32 Gran misterio éste, que yo relaciono con la unión de Cristo y la Iglesia.

 

        *" El texto forma parte de un código de comportamiento destinado a la familia de Dios (Ef 5,21-6,9; cf. Col 3,18; 1 Pe 3,1-6). En los tiempos en que fue escrito pudo haber desempeñado una función de respuesta a ciertas acusaciones dirigidas a los cristianos en el sentido de que amenazaban la estabilidad del tejido social, puesto que exigían cierta igualdad entre todos los fieles.

            A las mujeres se les dice que "respeten a sus maridos" (v. 22); los esposos, a su vez, deberán "amar" a sus consortes.  Pero eso no basta. El fragmento se abre y se cierra con una referencia explícita a Cristo y a la Iglesia (vv. 21.32). Por otra parte, las exhortaciones, apenas enunciadas, están motivadas desde una perspectiva específicamente cristiana: "como si se tratase del Señor" (v. 22), "como Cristo es cabeza y al mismo tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia" (v. 23), "como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella" (vv. 25.29). En este caso, "como" no tiene un valor comparativo, sino causal: vivid en la caridad recíproca, "porque" el mismo Señor obró de este modo.

        La Iglesia ha encontrado en Cristo a su "salvador" (v. 23), al que la hace "santa" y "pura" (v. 26), "esplendorosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida: una Iglesia inmaculada" (v. 27). En el antiguo Oriente había costumbre de lavar y adornar a la novia, que era presentada a continuación al novio por los amigos de la boda. Ahora bien, aquí es el mismo Cristo quien ha lavado a su Iglesia de toda huella de suciedad "por medio del agua y la Palabra" (v. 26) -esto es, el bautismo- para presentarla a sí mismo. Esta irresistible belleza de la Iglesia se manifestará espléndidamente en la plenitud de los tiempos, pero Pablo nos asegura que es ya una característica que, aunque todavía sombreada, le pertenece como don. Cristo ha querido realizar personalmente respecto a la Iglesia lo que el Génesis describía como la vocación de todo hombre y de toda mujer (Gn 2,24).

 

Evangelio: Juan 6,60-69

En aquel tiempo,

60 muchos de sus discípulos, al oír a Jesús, dijeron: -Esta doctrina es inadmisible. Quién puede aceptarla?

61 Jesús, sabiendo que sus discípulos criticaban su enseñanza, les preguntó: -Os resulta difícil aceptar esto?

62 Qué ocurriría si vieseis al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?

63 El Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida.

64 Pero algunos de vosotros no creen. Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar.

65 Y añadió: -Por eso os dije que nadie puede aceptarme si el Padre no se lo concede.

66 Desde entonces, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no iban con él.

67 Jesús preguntó a los Doce: -También vosotros queréis marcharos?

68 Simón Pedro le respondió: -Señor, a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna.

69 Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

 

        **• Tras la extensa revelación de Jesús sobre el pan de vida en la sinagoga de Cafarnaún, los discípulos muestran su malestar por las afirmaciones "irracionales" de su Maestro, unas afirmaciones difíciles de aceptar desde el punto de vista humano. Jesús, frente al escándalo y la murmuración de sus discípulos, precisa que no hay que creer en él sólo después de contemplar su ascensión al cielo, al modo de Elías y de Enoc, porque eso significaría no aceptar su origen divino, algo carente de sentido, puesto que él, el "Preexistente", viene precisamente del cielo (cf. Jn 3,13-15).

        La incredulidad de los discípulos respecto a Jesús, sin embargo, se pone de manifiesto por el hecho de que el "Espíritu es quien da la vida; la cante no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida" (v. 63). Juan afirma que tan real como la carne de Jesús es la verdad eucarística. Ambas son un don que tiene el mismo efecto: dar la vida al hombre. Con todo, muchos discípulos no quisieron creer y no dieron un paso adelante hacia una confianza en el Espíritu, no logrando liberarse de la esclavitud de la carne. A Jesús no le coge por sorpresa esta actitud por parte de los que dejan de seguirle. Conoce a cada hombre y sus opciones secretas. Adherirse a su persona y su mensaje a través de la fe es un don que nadie puede darse a sí mismo. Sólo lo da el Padre. El hombre, que es dueño de su propio destino, siempre es libre de rechazar el don de Dios y la comunión de vida con Jesús. Sólo quien ha nacido y ha sido vivificado por el Espíritu y no obra según la carne comprende la revelación de Jesús y es introducido en la vida de Dios. Es a través de la fe como el discípulo debe acoger al Espíritu y al mismo Jesús, pan eucarístico, sacramento que comunica el Espíritu y transforma la carne.

 

MEDITATIO

        El lenguaje de Jesús es duro no porque sea incomprensible, sino porque resulta difícil de aceptar, sobre todo por las consecuencias que implica. La cuestión del "lenguaje" en la transmisión de la fe es importante, pero la realidad de la fe, aunque sea expuesta en el lenguaje más actualizado, será siempre "dura". En estos años se ha introducido la lengua hablada en la liturgia, aunque no por ello han aumentado los que participan. Y no es sólo por una cierta extrañeza cultural del mundo bíblico, sino porque la Palabra resuena con toda su dureza.

        La Palabra, en su contenido esencial, implica una elección, una alianza del tipo de la propuesta por Josué; implica elecciones no siempre fáciles ni siempre indoloras. Y frente a los compromisos que dan la impresión de echar a perder la vida, nos sentimos tentados, también nosotros los discípulos, a pensar como la mayoría: la Iglesia exagera en sus demandas, quiere complicar la vida, la Palabra ha de ser interpretada, las nuevas condiciones de la sociedad no permiten vivir siguiendo ciertos parámetros del pasado...

        A nosotros, a mí, nos dice hoy el Señor, todavía con mayor claridad y dureza, que es preciso estar con él o dejarle. Ahora bien, a nosotros, a mí, nos ha dado hoy el Padre la posibilidad y el atrevimiento de repetir las palabras de Pedro: "Señor, a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna". Somos frágiles, nuestro corazón vacila con frecuencia, nuestra mente duda, pero hemos de repetir constantemente la afirmación de Pedro, porque sólo el Señor tiene palabras de vida eterna.

 

ORATIO

        Dame, Señor, tu Espíritu para que yo pueda comprender tus palabras de vida eterna. Sin tu Espíritu puedo echar a perder tus realidades, trastornar tu Palabra, cosificar la eucaristía, construirme una fe a mi medida, tener miedo a tus preceptos, considerar tu ley como una moral de esclavos. Dame tu Espíritu para que no me eche atrás, para que no te abandone en los momentos de la prueba, cuando me parezcas inhumano en tus demandas, cuando el Evangelio, en vez de una alegre noticia, se me presente como una amenaza para mi propia realización, cuando la alianza contigo me parezca una cadena opresora. Tú sabes, Señor, que hasta tus santos te hicieron llegar alguna vez sus lamentos. Santa Teresa de Ávila te decía que comprendía por qué tenías tan pocos amigos, dado el trato que les dabas. Con todo, si me dieras tu Espíritu, no digo que no me lamentaré, pero seguramente no te abandonaré, porque estaré arraigado y atado a ti, bien contento de seguirte, aunque quizás con pocos otros. En efecto, "sólo tú tienes palabras de vida eterna".

 

CONTEMPLATIO

        Los que se retiraron no eran pocos; eran muchos. Eso tiene lugar tal vez para consuelo nuestro: puede suceder, en efecto, que alguien diga la verdad y no sea comprendido y que incluso los que le escuchan se alejen escandalizados. Este hombre podría arrepentirse de haber dicho la verdad: "No hubiera debido hablar así, no hubiera debido decir estas cosas". Al Señor le pasó esto: habló y perdió a muchos discípulos, y se quedó con pocos. Pero no se turbó, porque desde el principio sabía quién habría de creer y quién no. Si a nosotros nos sucede algo semejante, nos quedamos turbados.

        Encontraremos consuelo en el Señor, sin dispensarnos, a pesar de todo, de la prudencia en el hablar (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 27, 8).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sólo tú, Señor, tienes palabras de vida eterna" (cf. Jn 6,68b).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        La experiencia de los que se encuentran en misión es que sólo rara vez es posible ofrecer el pan que da la vida y curar verdaderamente un corazón que ha sido destrozado. Ni siquiera el mismo Jesús curó a todos, ni tampoco cambió la vida cíe todos.

        La mayor parte de la gente simplemente no cree que sean posibles los cambios radicales. Los que se encuentran en misión sienten el deber de desafiar persistentemente a sus compañeros de viaje a escoger la gratitud en vez del resentimiento, y la esperanza en vez de la desesperación. Las pocas veces en que se acepta este desafío son suficientes para nacer su vida digna de ser vivida. Ver aparecer una sonrisa en medio de las lágrimas significa ser testigo de un milagro: el milagro de la alegría. Desde el punto de vista estadístico, nada de todo esto es demasiado interesante. Los que te preguntan: cuántas personas habéis reunido? Cuántos cambios habéis aportado? Cuántos males habéis curado? Cuánta alegría habéis creado?, recibirán siempre respuestas decepcionantes. Ni Jesús ni sus seguidores tuvieron gran éxito. El mundo sigue siendo todavía un mundo oscuro, lleno de violencia, de corrupción, opresión y explotación. Probablemente, lo será siempre.

        La pregunta no es "a qué velocidad y cuántos?", sino "dónde y cuándo?". Dónde se celebra la eucaristía? Dónde están las personas que se reúnen en torno a la mesa partiendo el pan !untas? Cuándo tiene lugar esto? [...] Hay personas que, en medio de este mundo que se encuentra bajo el poder del mal, viven con la conciencia de que él vive y mora dentro de nosotros, de que él ha superado el poder de la muerte y ha abierto el camino de la gloria? Hay personas que se reúnen alrededor de la mesa y que hacen en memoria suya lo que él hizo? Hay  personas que continúan contándose sus historias de esperanzas y que marchan juntas a ocuparse de sus semejantes, sin pretender resolver toaos los problemas, sino llevar una sonrisa a un moribundo y una pequeña esperanza a un niño abandonado? (H. J. M. Nouwen, La forza aella sua presenza, Brescia 52000, pp. 85ss).

 

 

 

Día 26

Lunes de la semana XXI del Tiempo ordinario o 26 de agosto,

Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars

 

Teresa Jornet e Ibars nació en Aytona (Lérida), en el año 1843, en el seno de una familia de labradores de recia fe cristiana. Siendo aún adolescente, se sintió llamada a ayudar a la sociedad de su tiempo, cuyo ambiente racionalista y anticlerical tuvo que padecer. La ciudad aragonesa de Fraga fue clave en su formación: en ella cursó los estudios de Magisterio, que empezó a ejercer en Argensola, pueblecito de la diócesis de Vich Barcelona). Ingresó en las Clarisas de Briviesca  (Burgos). Una f!gura clave en su vocación fue la del padre Saturnino López Novoa: él concibió el proyecto que llevó a cabo la fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados junto con un grupo de jóvenes en Barbastro (Huesca) el 11 de octubre de 1872. A su muerte, acaecida en Liria (Valencia) en 1897, la orden ya contaba con 103 asilos en España y América. La "sembradora de amor" fue beatificada por Pío XII en 1958 y canonizada por Pablo VI en 1974. Ha sido declarada patrona de la ancianidad.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Tesalonicenses 1,1-5.11b-12

1 Pablo, Silvano y Timoteo a la iglesia de los tesalonicenses, que es la Iglesia de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.

2 Gracia y paz a vosotros de parte de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor.

3 Hermanos, continuamente debemos dar gracias a Dios por vosotros. Es justo que así lo hagamos, porque crece vuestra fe y aumenta el amor que todos vosotros os tenéis unos a otros.

4 Esto hace que nos sintamos orgullosos de vosotros en medio de las iglesias de Dios; orgullosos de vuestra constancia y vuestra fe en medio de todas las persecuciones y sufrimientos que soportáis.

5 Todo eso es una demostración del justo juicio de Dios, que quiere haceros dignos de su Reino, por el que padecéis.

11 Dios os haga dignos de su llamada y, con su poder, lleve a término todo buen propósito o acción inspirada por la fe.

12 Así, el nombre de nuestro Señor Jesucristo será glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y de Jesucristo, el Señor.

 

**• El encabezamiento de la segunda Carta a los Tesalonicenses repite el de la primera. En el saludo inicial Pablo desea a la comunidad "gracia y paz" (v. 2). Este binomio, muy apreciado por Pablo y empleado ahora en los ritos introductorios de nuestra celebración eucarística, presenta una síntesis admirable de toda la vida cristiana en su doble vertiente de don divino y de acogida humana: la gracia, el don del amor de Dios, es acogida y experimentada por el hombre como paz, salvación y alegría. Como es costumbre en las cartas paulinas, al saludo le sigue la expresión de reconocimiento a Dios. Aquí dice Pablo "es justo" dar gracias a Dios (v. 3). Esto nos hace pensar también en nuestra plegaria eucarística. En el diálogo del prefacio, ante la invitación del celebrante: "Demos gracias al Señor, nuestro Dios", responde la asamblea con convicción: "Es justo y necesario".

Pablo indica, a continuación, los motivos específicos del agradecimiento: fe, amor, constancia en las persecuciones y sufrimientos que soportan (w. 3b-5). Son elementos que van unidos entre sí. La vitalidad de la fe se expresa en el amor y hace fuerte a la comunidad para afrontar a los desafíos y los sufrimientos. El saludo y el agradecimiento culminan en la oración. Pablo intercede con confianza por los tesalonicenses, para que el Señor apoye todos sus buenos propósitos. Está convencido de que toda la existencia cristiana –el comienzo del camino de la fe y su consumación en la gloria- se encuentra bajo el signo del don de Dios ofrecido en Jesucristo.

 

Salmo Responsorial

Contad las maravillas del Señor a todas las naciones

Sal 95,1-2a.2b-3.4-5


Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre.
R/.
Contad las maravillas del Señor a todas las naciones

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo.
R/.
Contad las maravillas del Señor a todas las naciones

 

Evangelio: Mateo 23,13-22

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo:

13 !Ay de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que cerráis a los demás la puerta del Reino de los Cielos!

14 Vosotros no entráis, y a los que quieren entrar no les dejáis.

15 !Ay de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un discípulo y, cuando llega a serlo, lo hacéis merecedor del fuego eterno, el doble peor que vosotros!

16 !Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Jurar por el santuario no compromete, pero si uno jura por el oro del santuario queda comprometido!".

17 !Necios y ciegos! Qué es más, el oro o el santuario que santifica el oro?

18 También decís: "Jurar por el altar no compromete, pero si uno jura por la ofrenda que hay sobre él queda comprometido".

19 !Ciegos! Qué es más, la ofrenda o el altar que la santifica?

20 Pues el que jura por el altar, jura por él y por todo lo que hay encima;

21 el que jura por el santuario, jura por él y por quien lo habita;

22 el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por el que está sentado en él.

 

*•• La serie de denuncias con el "ay de vosotros", repetido siete veces (23,13.15.16.23.25.27.29), contiene algunas de las palabras más cortantes salidas de la boca de Jesús. Aquel que se define como "manso y humilde de corazón", que se conmueve ante los sufrimientos de los otros, que se muestra afable con los pecadores y tierno con los pobres y los sencillos, que llora pensando en la destrucción de Jerusalén, condena ahora con tono severo la hipocresía religiosa de los fariseos. Los "!ayes!, en el lenguaje profético, expresan una amenaza de castigo y de juicio y manifiestan al mismo tiempo el dolor del que habla por un mal deplorable.

Tenemos aquí tres "ayes". El primero está motivado por el hecho de que los maestros de la Ley y los fariseos, rechazando a Jesús y su mensaje, impiden también a los otros entrar a formar parte del Reino, don de Dios para todos los hombres. El segundo está ligado al primero.

Los esfuerzos misioneros de estos hipócritas también tienen que ser condenados, porque tienen como único resultado sustraer a otras personas de la perspectiva de la salvación, volviéndolas cerradas, rígidas, fanáticas y peligrosas -como ellos y más que ellos-. En el tercero los llama Jesús "guías ciegos" (v. 16). Con las sutilezas de su casuística oscurecen el sentido más profundo de la Ley. Invierten la jerarquía de los valores: el oro vale más que el templo, la ofrenda más que el altar. Les falta discernimiento e interioridad. Su religiosidad tiene que ver a lo sumo con las cosas de Dios, pero no con Dios mismo. Son ciegos y no lo reconocen; más aún, pretenden guiar a otros.

 

MEDITATIO

Es necesario volver a redefinir de vez en cuando en nuestra mente y alma lo que el desgaste del lenguaje va reduciendo a pasajeros o acalorados sentimientos ante necesidades puntuales del prójimo. Éste es el caso del "amor" que nos evocan las lecturas de hoy. Meditar en el Amor, más que en mi necesidad de amar, ha de ser una constante en la vida cristiana. Es volver al Amor de la fuente, del origen. Hasta el amor, que parece que nos nace, hemos de aprender a recibirlo. Si nos nace, no es divino, porque amar no es grato en principio; el amor a lo divino es otra cosa. El amor en el hombre es fruto de una transformación y un arrobamiento previos que Dios mismo produce cuando se da a conocer a una persona.

Hay que retorcer el propio modo de ser, dejarse cambiar, sufrir -si es preciso- antes de estar preparado para amar como Dios ama. Así fue en los profetas y santos y en el mismo Hijo.

La experiencia cristiana enseña que lo que le cuesta al hombre conseguir es cosa que Dios ha de dar. Y por lo mismo, lo que Dios regala por su inmensa misericordia es lo que al hombre más le cuesta acoger. Vivir en el amor no es "sentirme realizado"; es abrir en mí caminos del Espíritu por los que el prójimo transite con la dignidad que Dios le ha otorgado. Y al tiempo, con el prójimo me llega Dios mismo. Este amor supone un nuevo giro en mis "sentimientos" espontáneos. La vida de las hermanitas fundadas por Teresa Jornet tiene esta esencial razón de ser: nace y se da como un camino entre la asistencia (estar presente para lo que falta) a Dios y la religión (re-ligarse con alguien) con el hermano. En la vida de Teresa Jornet se entrecruzan con diáfana claridad el Amor con que se siente amada por Dios y la necesidad de corresponderle, pero cómo?: haciendo nacer lo mismo en los ancianos. No es una asistencia social: es amar al anciano abandonado con el mismo Amor con el que Dios le ama para que él mismo lo acoja. Por eso funda una familia de consagradas a Dios, "por" llamada de Dios, en el servicio a los más abandonados en su momento. No "para" resolver una concreta necesidad social del siglo XLX, que hoy quedaría más o menos resuelta por los servicios sociales. Motivo de más para definir bien la vocación de Hermanita de Ancianos Desamparados cuando los diversos grupos e iniciativas sociales asumen sus deberes con los mayores y ancianos. Su vocación es consagrarse a Dios, y eso permanecerá aunque un día (!ojalá!) todos los ancianos estén debidamente atendidos por la sociedad civil.

 

ORATIO

Que la eucaristía sea el centro de vuestra vida y de toda vuestra actividad; que la presencia de Jesús sacramentado sea vuestro imán de atracción íntima y renovadora; que la participación en su santo sacrificio, como actualización de su misterio pascual de pasión, muerte y resurrección constituya el momento culminante y renovador de vuestra vida; que la comunión eucarística condicione y transforme toda vuestra personalidad en la mayor semejanza con Cristo (de los sermones del padre López Novoa).

 

CONTEMPLATIO

Hoy más que nunca, en esta época de gigantescos progresos, estamos asistiendo al drama humano, a veces desolador, de tantas personas llegadas al umbral de la tercera edad que ven aparecer a su alrededor las densas nieblas de la pobreza material o de la indiferencia, del abandono, de la soledad. Nadie mejor que vosotras, amadísimas hijas, Hermanitas de los Ancianos Desamparados, conoce lo que ocultan los pliegues recónditos de tan triste realidad. Vosotras habéis sido y sois las confidentes de esa especie de vacío interior q u e no pueden llenar, ni siquiera con la abundancia de recursos materiales, quienes están desprovistos y necesitados de afecto humano, de calor familiar. Vosotras habéis devuelto al rostro angustiado de personas venerables por su ancianidad la serenidad y la alegría de experimentar de nuevo los beneficios de un hogar. Vosotras habéis sido elegidas por Dios para reiterar ante el mundo la dimensión sagrada de la vida, para repetir a la sociedad con vuestro trabajo, inspirado en el espíritu del Evangelio y no en meros cálculos de eficiencia o comodidad humanas, que el hombre nunca puede considerarse bajo el prisma exclusivo de un instrumento rentable o de un árido utilitarismo, sino que es entitativamente sagrado por ser hijo de Dios y merece siempre todos los desvelos por estar predestinado a un destino eterno.

!Oh! Si pudiéramos penetrar en vuestras comunidades y residencias, allí sorprenderíamos a tantas hijas de la nueva santa que, como ella, están difundiendo caridad: caridad encerrada en un gesto de bondad, en una palabra de consuelo, en la compañía comprensiva, en el servicio incondicional, en la solidaridad que solicita de otros una ayuda para el más necesitado (Pablo VI, homilía de la canonización de santa Teresa Jornet e Ibars)

 

ACTIO

Repite y medita durante el día estas palabras de la primera carta de san Juan: "El mensaje que habéis oído desde el principio es que debemos amarnos los unos a los otros" (1 Jn 3,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Sí, la espiritualidad de la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados es cristocéntrica. Toda la existencia de Teresa Jornet gravitó en torno a Jesucristo y la misión que el Espíritu confió a la joven de Aytona. Jesús fue su amor preferente.

Creyó y amó a Jesús como mediador y revelador del amor misericordioso. Ella ha decidido ser su mediadora !unto a los ancianos. La espiritualidad de Teresa es verdaderamente cristocéntrica.

"Hay que vivir cada día y hacerse fuertes en el amor de Dios". La santa fundadora vivía en armonía con la Iglesia: "Podemos decir que la vida espiritual, entendida como vida en Cristo, vida según el Espíritu, es como un itinerario de progresiva fidelidad, en la que la persona consagrada es guiada por el Espíritu y conformada por Él a Cristo, en total comunión de amor y de servicio a la Iglesia" (Juan Pablo II, exhortación apostólica Vita Consecrata, n. 93c).

Es indudable que Teresa y su congregación, guiadas por el  Espíritu, sirven con amor a Cristo y a l a "Iglesia de los pobres". La santa catalana alimentaba su espiritualidad escuchando, conociendo y amando a Jesucristo, Palabra de Dios y revelación de su Amor universal. Ya en su tiempo vivía lo que nos recuerda la Iglesia: "Estar a la escucha de la Palabra de Dios, que es la primera fuente de toda espiritualidad cristiana, sobre todo de los evangelios, que son el corazón de todas las Escrituras" [ibíd. n. 94). Este encuentro con Jesucristo consolidaba su espiritualidad y le hacía ponerse en contacto directo con "la humanidad doliente": los ancianos. Junto a ellos se curtía y templaba y se mostraba la verdad de la espiritualidad de la santa fundadora: "Cuiden con esmero a los ancianos y háganlo con el recto fin de agradar a Dios. No hagan las cosas por respeto humano".

No lo dudemos, la vida de Teresa, su espiritualidad, su "biografía personal", es una historia de amor a Jesucristo y de compasión misericordiosa hacia los ancianos. Ése fue el fruto de su espiritualidad auténtica. Para entretejer y escribir esa "biografía", Teresa se entregó ella misma. Su salud, su tiempo, su cultura, su trabajo, sus "talentos"... fueron los hilos de su bordado de amor en beneficio de los ancianos. Así rubricó ella su verdadero amor a Jesucristo. Esa misma actitud de entrega generosa es lo que pide y espera de sus hijas: "Una cosa les encargo, y es que amen y quieran mucho a nuestro amadísimo Jesús, que tanto sufrió Él por nosotras". Y en las Constituciones leemos: "Recuerden las hermanitas que nuestro Señor Jesucristo, Maestro y Modelo divino de perfección, predicó la santidad..." (Const. n. 3) (T. de Bustos, o. p., Hermanitas de los ancianos desamparados: "Su carísma y su espiritualidad", Palencia 2003, pp. 42-43).  

 

 

Día 27

Martes de la semana XXI del Tiempo ordinario o 27 de agosto,

Santa Mónica  

Mónica nació en Tagaste, la actual Souk Aliarás (Argelia), el año 331 o 332, en el seno de una familia cristiana y de buena condición social. Siendo aún adolescente, fue entregada como esposa a Patricio, que todavía no era cristiano. Tenía éste un modesto patrimonio y era miembro del consejo municipal de Tagaste.

Mónica era una mujer africana del bajo imperio romano, madre de uno de los más grandes padres de la Iglesia, san Agustín. Era, podríamos decir, una mujer paleocristiana, muy alejada de nosotros en el tiempo y, sin embargo, enormemente actual. "Con traje de mujer, fe de varón, seguridad de anciana, caridad de madre y piedad cristiana" [Confesiones IX, 4,8), se ganó a su marido para Cristo y obtuvo también la conversión del "hijo de tantas lágrimas".

Estuvo presente en el bautismo de Agustín en Milán y participó de una manera activa en su primera experiencia monástica en Cassiciaco. Mientras regresaba a África con su hijo y los amigos de éste, murió en Ostia Tiberina, cerca de Roma, antes del 13 de noviembre de 387. Dos semanas antes de que esto se produjera, madre e hijo tuvieron el dulce éxtasis de Ostia": "Y mientras hablábamos y suspirábamos por ella [la Sabiduría], llegamos a tocarla un poco con todo el ímpetu de nuestro corazón; y suspirando y dejando allí prisioneras las primicias de nuestro espíritu" (/feícUX, 10,24).

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Tesalonicenses 2,1 -3a. 13b-17

1 Sobre la venida de nuestro Señor Jesucristo y el momento de nuestra reunión con él,

2 os rogamos, hermanos, que no os alarméis por revelaciones, rumores o supuestas cartas nuestras en las que se diga que el día del Señor es inminente.

3 Que nadie os engañe, sea de la forma que sea.

13 Dios os ha elegido para que seáis los primeros en salvaros por medio del Espíritu que os consagra y de la verdad en que creéis.

14 A eso precisamente os ha llamado Dios por medio del Evangelio que os hemos anunciado: a que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

15 Así pues, hermanos, permaneced firmes y guardad las tradiciones que os hemos enseñado de palabra o por escrito.

16 El mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una esperanza espléndida,

17 os consuelen en lo más profundo de vuestro ser y os confirmen en todo lo bueno que hagáis o digáis.

 

*+• Pablo entra en materia y hace frente al tema principal, el relacionado con el "Día del Señor", es decir, con la venida última y definitiva de Cristo en gloria. En primer lugar, limpia el campo de ideas equivocadas di fundidas por pretendidos profetas sobre la inminencia de este día; le interesa disipar sobre todo el entusiasmo soñador difundido y suprimir todo motivo de agitación que turbe la serenidad en la comunidad. Las ideas engañosas se vencen con las convicciones robustas.

Para dar solidez a la comunidad, Pablo recuerda los fundamentos de la vocación cristiana: la elección, la salvación, la santificación del Espíritu, la llamada a través del Evangelio, la espera de la gloria. Los cristianos, por el amor gratuito de Dios, están insertados ya en este proyecto que se está realizando a lo largo de la historia y tendrá su consumación al final. En consecuencia, es necesario permanecer firmes y fieles a las tradiciones, que custodian la memoria viva de Jesús atestiguada por sus primeros apóstoles y, en cuanto tales, constituyen una garantía de verdad.

 

Salmo Responsorial

Llega el Señor a regir la tierra

Salmo 95,10.11-12a.12b-13


Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.»
R/.
Llega el Señor a regir la tierra

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos.
R/.
Llega el Señor a regir la tierra

Aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.
R/.
Llega el Señor a regir la tierra

 

Evangelio: Mateo 23,23-26

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo:

23 !Ay de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Hay que hacer esto, sin descuidar aquello.

24 !Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!

25 !Ay de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera el vaso y el plato, mientras que por dentro siguen llenos de rapiña y ambición!

26 !Fariseo ciego, limpia primero por dentro el vaso, para que también por fuera quede limpio!

 

^ Continúa la serie de los "ayes". Aquí tenemos otros dos. La ceguera de los fariseos y de los maestros de la ley se manifiesta de modo particular en el legalismo exterior. El primer "ay", w. 23ss, insiste en la ceguera de quien se preocupa por observar escrupulosamente las prescripciones más minuciosas de la Ley y descuida, a continuación, las exigencias fundamentales de la voluntad de Dios. Los hipócritas, cuando observan la Ley, no piensan ni en amar a Dios ni en amar al prójimo, no se preocupan de las actitudes fundamentales que derivan de este núcleo esencial, no se interrogan sobre la justicia, la misericordia y la fidelidad. Lo único de lo que se preocupan es de la exactitud escrupulosa e incluso obsesiva. "Coláis el mosquito y os tragáis el camello": la imagen es enormemente acertada {cf. v. 24).

En los w. 25ss, Jesús se detiene en la contraposición entre lo exterior y lo interior. Lo importante es la pureza del corazón, que permite al hombre ver a Dios (cf. Mt 5,8), y no tanto la limpieza exterior, que lleva a la autocomplacencia. El esmero exterior debe ser una irradiación natural de la belleza interior y no una cobertura que esconde un interior "lleno de rapiña y ambición".

 

MEDITATIO

Mónica es una "santa"; por tanto, una "mujer" verdadera.

En ella convergen y se encarnan la belleza virginal de la "mujer virtuosa" del libro del Eclesiástico y la materna compasión de la "viuda" del Nuevo Testamento, que convierte su vida en una intercesión por la vida de su hijo. La santidad de Mónica nos lleva al corazón de la vocación y de la misión de la mujer (léase Mulieris dignitatem VIII, 30). Esta misión de "guardián del hombre" la realizó Mónica a fondp. Hizo frente con una gran dignidad e inteligencia, con esa "genialidad absolutamente femenina", a las dificultades de una convivencia matrimonial con un hombre "pagano" dotado de un carácter muy difícil, "al que -dice de manera cruda Agustín- "fue entregada" (Confesiones IX, 9,19). Sin perder nunca el gusto por el bien, incluso en las adversidades (un arte más que difícil), "se esforzó por ganarle para ti, hablándole de ti con sus costumbres, con las que la hacías hermosa y reverentemente amable y admirable ante sus ojos" (ibíd.).

Desplegando "las grandes energías del espíritu femenino", sostuvo, con las lágrimas y la oración de una vida totalmente consagrada a Dios, una verdadera y propia lucha por la fe de su hijo Agustín. La lucha que es "la lucha a favor del hombre, de su verdadero bien, de su salvación [...], la lucha por su fundamental "sí" o "no" a Dios y a su designio eterno sobre el hombre" {Mulieris dignitatem VIII, 30).

El mismo Agustín, que también fue su mayor biógrafo, dirá más tarde de ella: "Creo sin la menor incertidumbre que por tus oraciones, madre, Dios me concedió no querer, no pensar, no amar otra cosa que la consecución de la verdad" {De Ordine II, 50,52). Mónica es la madre, por tanto, de una "doble maternidad": "Me engendró en la carne, para que naciera a la luz temporal, y en su corazón, para que naciera a la luz eterna" {Confesiones VIII, 17).

Si, en la relación hombre-mujer, la mujer representa el punto de encuentro de la humanidad con Dios, precisamente por la humanidad de que es portadora, en Mónica, en su ser madre en plenitud, la paternidad de Dios ha podido actuar con una maravillosa alianza.

 

ORATIO

Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y abráseme en tu paz.

!Oh casa luminosa y bella!, amado de tu hermosura y el lugar donde mora la gloria de mi Señor, tu hacedor y tu poseedor. Por ti suspire mi peregrinación, y dígale al que te hizo a ti que también me posea a mí en ti, porque también me ha creado en ti. [...] Acordándome de Jerusalén, alargando hacia ella, que está arriba, mi corazón, de Jerusalén la patria mía, de Jerusalén la de mi madre, y de ti, su Rey sobre ella, su iluminador, su padre, su tutor, su marido, sus castas y grandes delicias, su sólida alegría y todos los bienes inefables, a un tiempo todos; porque tú eres el único, el sumo y verdadero bien. Que no me aparte más de ti hasta que, recogiéndome, cuanto soy, de esta dispersión y deformidad, me conformes, y confirmes eternamente, !oh Dios mío, misericordia mía! {Confesiones X, 27,38; XII, 16, 21.23).

 

CONTEMPLATIO

Estando ya inminente el día en que había de salir de esta vida -que tú, Señor, conocías y nosotros ignorábamos-, sucedió a lo que yo creo, disponiéndolo tú por tus modos ocultos, que nos hallásemos solos yo y ella apoyados sobre una ventana, desde donde se contemplaba un huerto o jardín que había dentro de la casa, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de las turbas, después de las fatigas de un largo viaje, cogíamos fuerzas para la navegación.

Allí solos conversábamos dulcísimamente, y olvidando las cosas pasadas, ocupados en lo por venir, nos preguntábamos los dos, delante de la verdad presente, que eres tú, cuál sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió.

Abríamos anhelosos la boca de nuestro corazón hacia aquellos raudales soberanos de tu fuente -de la fuente de vida que está en ti- para que, rociados según nuestra capacidad, nos formásemos de algún modo una idea de algo tan grande. Y como llegara nuestro discurso a la conclusión de que cualquier deleite de los sentidos carnales, aunque sea el más grande, revestido del mayor esplendor corpóreo, ante el gozo de aquella vida no sólo no es digno de comparación, sino ni siquiera de ser mencionado, levantándonos con un afecto más ardiente hacia el que es siempre el mismo, recorrimos gradualmente todos los seres corpóreos, hasta el mismo cielo, desde donde el sol y la luna envían sus rayos a la tierra.

Y subimos todavía más arriba, pensando, hablando y admirando tus obras; y llegamos hasta nuestras almas y las sobrepasamos también, a fin de llegar a la región de la abundancia  que no se agota, en donde tú apacientas a Israel eternamente con el pasto de la verdad, y la vida es la Sabiduría, por quien todas las cosas existen, tanto las ya creadas como las que han de ser, sin que ella lo sea por nadie; siendo ahora como fue antes y como será siempre, o más bien, sin que haya en ella fue ni será, sino sólo es, por ser eterna, porque lo que ha sido o será no es eterno. Y mientras hablábamos y suspirábamos por ella, llegamos a tocarla un poco con todo el ímpetu de nuestro corazón; y suspirando y dejando allí prisioneras las primicias de nuestro espíritu, regresamos al estrépito de nuestra boca, donde el verbo humano tiene principio y fin, en nada semejante a tu Verbo, Señor nuestro, que permanece en sí sin envejecer, y renueva todas las cosas (Agustín de Hipona, Confesiones IX, 10,23-24,passim).

 

ACTIO

Repite a menudo y medita durante el día estas palabras de Agustín: "Quien es feliz tiene a Dios" {De vita beata II, 11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Entre finales de octubre y primeros de noviembre del año 386 se retiró Agustín con su madre, Mónica, su hermano Navigio, su hijo Adeodato, su amigo Alipio [...] a la villa de su amigo Verecundo en Cassiciaco. En la paz campestre de Brianza, entre el susurrar de las hojas y de los arroyos, con los Alpes como paisaje, se preparó Agustín para el bautismo. La comitiva africana vivía en un clima de intensa espiritualidad, ocupando gran parte de su tiempo en disputas de filosofía, de una filosofía sometida ahora a la fe y deseosa de conocer su contenido.

En esta comitiva, Mónica hacía un poco de madre de todos, hacía unas veces de solícita y enérgica ama de casa, otras de maestra sabía y experta. Cuando los que discutían se olvidaban de comer, Mónica les invitaba a hacerlo y, si era necesario, les impulsaba con tanta fogosidad que les obligaba a interrumpir la discusión. Cuando la invitaban a tomar parte en la misma discusión, daba respuestas tan discretas que suscitaba la admiración de todos. Como cuando declaró que la verdad es el alimento del alma; o, sin saberlo, definió la felicidad con las mismas palabras de Cicerón; o sostuvo que sin sabiduría nadie puede ser feliz; o recordó, por último, que sólo la fe, la esperanza y la caridad pueden conducirnos a la vida bienaventurada.

Agustín, que estaba alegremente sorprendido de tanta sabiduría, afirma que su madre ha "alcanzado la cumbre de la filosofía" y se declara discípulo suyo. La "filosofía" de Mónica es la sabiduría del Evangelio, una sabiduría que no ha conquistado con el estudio, sino con la virtud, la oración, la docilidad al Espíritu. La posee ahora en un grado eminente. Es intrépida. No teme ni la desventura ni la muerte. A saber: ha llegado a una disposición interior dificilísima, aunque importantísima, que constituye -por consenso unánime- la cima de la sabiduría. Rica de amor a Dios y al prójimo, que es el fundamento de la sabiduría evangélica, puede prescindir de la ciencia de los filósofos y recoger sus frutos. Por eso Agustín se declara discípulo suyo y confía a las oraciones de ella la consecución del ideal de sabiduría al que aspira (A. Trape, S. Agostino. Mia madre).

 

 

Día 28

Miércoles de la semana XXI del Tiempo ordinario o 28 de agosto,

San Agustín de Hipona  

Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre del año 354. Fue educado siguiendo los hábitos cristianos de su madre, Mónica, y, como se reveló enseguida como un !oven de prometedoras cualidades, fue encaminado a la carrera de retórica. Ya desde los tiempos de estudio en Cartago estuvo marcado por una incomodidad interior que le llevaría lejos. La primera respuesta a esta sed de totalidad fue una vida mundana tejida por varios vínculos, más o menos límpidos. Ahora bien, la inquietud es también sed y búsqueda de la verdad: se apasiona con la lectura del Ortensio de Cicerón, lee la Sagrada Escritura, pero no se entusiasma con ella y acaba por adherirse al racionalismo y al materialismo de la secta de los maniqueos. Tras haber enseñado en Tagaste y en Cartago, se traslada primero a Roma (383) y después a Milán (384). Aauí su viaje espiritual da un viraje decisivo: conoce y escucha al obispo Ambrosio, revisa sus posiciones sobre la Iglesia católica, vuelve a leer la Sagrada Escritura y, en medio de la lucha entre sus antiguos hábitos de vida y los nuevos impulsos interiores, al final se abre a la luz y a la riqueza de Cristo.

Fue bautizado el año 387 por Ambrosio. Decidido a volver a África, se establece en Tagaste y funda allí su primera comunidad monástica, siguiendo el modelo de la comunidad cristiana de Jerusalén. En el año 391 fue ordenado sacerdote por el obispo Valerio, a quien en el 395 le sucede en la guía de la diócesis de Hipona. Desde entonces se dedicó por completo a la vida de la Iglesia -ministerio de la Palabra, defensa de la fe-, aunque prosigue con la experiencia de vida común con un grupo de hermanos monjes, a los que traslada al episcopio. Escribió más de doscientos libros y casi un millar de documentos, entre sermones y cartas. Murió el 28 de agosto del año 430. Hasta tal punto fue hijo de la Iglesia que se convirtió en padre... y doctor.

 

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Tesalonicenses 3,6-10.16-18

6 Finalmente, hermanos, en nombre de Jesucristo, el Señor, os mandamos que os apartéis de todo aquel que viva ociosamente y no se porte según la enseñanza que de nosotros recibió.

7 Conocéis perfectamente el ejemplo que os hemos dado, porque no hemos vivido ociosamente entre vosotros

8 ni hemos comido de balde el pan de nadie; al contrario, hemos trabajado con esfuerzo y fatiga día y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros.

9 !Y no es que no tuviéramos derecho a ello! Pero quisimos daros un ejemplo que imitar.

10 Porque ya cuando estábamos entre vosotros os dábamos esta norma: el que no quiera trabajar que no coma.

16 Que el Señor de la paz os conceda la paz siempre y en todas sus formas. El Señor esté con todos vosotros.

17 El saludo es de mi puño y letra. Así firmo yo, Pablo, en todas mis cartas; ésta es mi letra.

18 La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

 

**• La carta llega ahora al final. Pablo realiza aún una última recomendación a partir de la actitud indisciplinada de un hermano de la comunidad. Después, más adelante, hablará de la ociosidad parasitaria de algunos.

No se trata de herejías doctrinales o de casos de inmoralidad grave como en el caso de la comunidad de Corinto (cf. 1 Cor 5 y 6); sin embargo, la intervención de Pablo es dura. Ordena "en nombre de Jesucristo, el Señor" (v. 6), que esas personas sean mantenidas alejadas. La vida disoluta y la pereza son contagiosas, especialmente en un ambiente ya turbulento como el de la iglesia de Tesalónica. La segregación debería tener un valor medicinal. Pablo trae una vez más a colación la tradición. Pero no como normas frías, sino como tradición a la que el testimonio de vida hace más creíble. Recuerda que ha vivido de lo que ganó con sus propias manos, trabajando duramente para no ser una carga para nadie (cf. 1 Cor 9,4-6; 1 Tes 2,9). Tras el ejemplo personal, enuncia el principio de que para comer hay que trabajar. Es el testigo quien habla, no el legislador.

La carta está sellada con un postscriptum. Emplea también esta ocasión para desear la paz y la gracia, un bien que está presente desde el comienzo de la carta y es considerado como el don más grande que un hombre pueda desear a las personas amadas.

 

Salmo Responsorial

Dichosos los que temen al Señor

Salmo 127,1-2.4-5


Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien.
R/.
Dichosos los que temen al Señor

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida.
R/.
Dichosos los que temen al Señor

 

 

Evangelio: Mateo 23,27-32

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo:

27 !Ay de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que os parecéis a sepulcros blanqueados: por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muerto y podredumbre!

28 Lo mismo pasa con vosotros: por fuera parecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de maldad.

29 !Ay de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y adornáis los mausoleos de los justos!

30 Decís: "Si hubiéramos vivido en tiempos de nuestros antepasados, no habríamos colaborado en la muerte de los profetas".

31 Pero lo que atestiguáis es que sois hijos de quienes mataron a los profetas. 32 !Colmad también vosotros la medida de vuestros antepasados!

 

*•• He aquí los últimos de los siete "ayes" dirigidos a los maestros de la Ley y a los fariseos hipócritas. El primero acentúa de una manera drástica el tema de la contraposición exterior/interior desarrollada en los ver sículos precedentes. Jesús compara a los hipócritas con "sepulcros blanqueados" (v. 27). El exterior está cuidado y resulta hermoso de ver, pero lo que hay por dentro es descomposición y muerte. En el sermón de la montaña, Jesús ya puso en guardia a sus discípulos contra el hacer el bien para que los vean los hombres (Mt 6,1). Lo que cuenta es lo que somos ante Dios, y no lo que aparentamos ante los hombres. En el último "ay" de la serie, Jesús denuncia la falsedad de los hipócritas no sólo respecto a Dios y a los hombres, sino también respecto a la historia (w. 29-32). Sus padres rechazaron y mataron a los profetas; ellos creen poder tranquilizar su propia conciencia honrando los sepulcros y construyendo monumentos, piensan que pueden purificar la memoria del pasado olvidando o buscando justificaciones racionales y emotivas, y se sienten inocentes por el hecho de que son capaces de acusar a los otros. Se separan de sus padres y casi se avergüenzan de ellos, pero no se dan cuenta de que, si no hacen suya la herencia espiritual de los profetas, siguen matando y su culpa se vuelve más grave que la de sus padres.

 

MEDITATIO

Las palabras de Agustín son palabras de un amor apasionado. Una inquietud del corazón, una nostalgia y un deseo que se traducen en una búsqueda incansable, posible y fecunda sólo en el interior de una oración interminable, que es su misma existencia.

De la nostalgia del corazón asoman los rasgos de la belleza interior: un deseo de verdad y de amor que Agustín comprende como "suspiro de identidad"; es la divina semejanza. Y Agustín abre a Dios todo su ser: el pasado, el presente, el futuro, consciente de que sólo Dios puede vencer sus resistencias, sus miedos, todas sus debilidades de hombre, y satisfacer su sed. "Nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti" (Agustín de Hipona, Confesiones I, 1). A la luz de la verdad encontrada, Agustín ve con mayor claridad su pecado y la necesidad de la gracia, de la intervención divina, y comprende toda la orgullosa pretensión de su yo. Pero eso es lo que tiene lugar ahora en el corazón de su ininterrumpido diálogo con Dios, el Padre de su despertar. El Padre le ama, y nada puede apartar a Agustín de la confiada certeza de que la gracia de Cristo vencerá sobre el pecado; se restaurará en él "el orden del amor" y, con él, la bienaventuranza de la paz y de la libertad.

 

ORATIO

A ti te invoco, Dios Verdad, en quien, de quien y por quien son verdaderas todas las cosas verdaderas. Dios, Sabiduría, en ti, de ti y por ti saben todos los que saben.

Dios, verdadera y suma vida, en quien, de quien y por quien viven las cosas que suma y verdaderamente viven. Dios bienaventuranza, en quien, de quien y por quien son bienaventurados cuantos hay bienaventurados.

Dios, Bondad y Hermosura, principio, causa y fuente de todo lo bueno y hermoso. Dios, Luz inteligible, en ti, de ti y por ti luce inteligiblemente todo cuanto inteligiblemente luce. Dios, cuyo Reino es todo el mundo, que no alcanzan los sentidos. Dios, la ley de cuyo Reino también en estos reinos se describe. Dios, de quien separarse es caer, a quien volver es levantarse, permanecer en ti es hallarse firme. Dios, darte a ti la espalda es morir, volver a ti es revivir, morar en ti es vivir. Dios, a quien nadie pierde sino engañado, a quien nadie busca sino avisado, a quien nadie halla sino purificado. Dios, dejarte a ti es perderse, seguirte a ti es amar, verte es poseerte.

Dios, a quien nos despierta la fe, levanta la esperanza, une la caridad. Te invoco a ti, Dios, por quien vencemos al enemigo. Dios, por cuyo favor no hemos perecido nosotros totalmente. Dios que nos exhortas para que vigilemos.

Dios, por quien discernimos los bienes de los males. Dios, por quien evitamos el mal y seguimos el bien. Dios, por quien no sucumbimos a las adversidades.

Dios, a quien se debe nuestra buena obediencia y buen gobierno. Dios, por quien aprendemos que es ajeno lo que alguna vez creímos nuestro y nuestro lo que creímos ajeno. Dios, gracias a ti superamos los estímulos y halagos de los malos. Dios, por quien las cosas pequeñas no nos empequeñecen. Dios, por quien lo mejor de nosotros no está sujeto a lo peor. Dios, por quien la muerte será absorbida con la victoria. Dios, que nos conviertes.

Dios, que nos desnudas de lo que no es y vistes de lo que es. Dios, que nos haces dignos de ser oídos. Dios, que nos defiendes. Dios, que nos guías a toda verdad.

Dios, que nos muestras todo bien, dándonos la cordura y librándonos de la estulticia ajena. Dios, que nos vuelves al camino. Dios, que nos llevas hasta la puerta. Dios, que haces que sea abierta a los que llaman. Dios, que nos das el Pan de la vida. Dios, que nos das la sed de la bebida que nos sacia. Dios, que arguyes al mundo de pecado, de justicia y juicio. Dios, por quien no nos arrastran los que no creen. Dios, por quien reprobamos el error de los que piensan que las almas no tienen ningún mérito delante de ti. Dios, por quien no somos esclavos de los serviles y pobres elementos. Dios, que nos purificas y preparas para el divino premio, acude propicio en mi ayuda (Agustín de Hipona, Soliloquios I, 3).

 

CONTEMPLATIO

No con conciencia dudosa, sino cierta, Señor, te amo yo. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo a todos, a fin de que sean inexcusables.

Sin embargo, tú te compadecerás más altamente de quien te compadecieres y prestarás más tu misericordia con quien fueses misericordioso: de otro modo, el cielo y la tierra cantarían tus alabanzas a sordos.

Y qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no fragancia de flores, de ungüentos y de aromas; no manas ni mieles, no miembros gratos a los amplexos de la carne: nada de esto amo cuando amo a mi Dios. Y, sin embargo, amo cierta luz, y cierta voz, y cierta fragancia, y cierto alimento, y cierto amplexo, cuando amo a mi Dios, luz, voz, fragancia, alimento y amplexo del hombre mío interior, donde resplandece a mi alma lo que no se consume comiendo, y se adhiere lo que la saciedad no separa. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios (Confesiones X, 6,8).

 

ACTIO

Repite y medita con frecuencia durante el día esta expresión de san Agustín: "Ama y haz lo que quieras" {Comentario a la primera carta de Juan VII, 8).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En Agustín no vivió un solo hombre: vivió en él la criatura de carne y hueso, de nervios y sangre, con su desarrollo misterioso, múltiple; vivió el escritor, conjuntamente sumo escritor, sumo filósofo, sumo teólogo, y sobre cualquier otra cosa poeta sumo de los afectos y de las verdades; vivió el cristiano y el monje, el sacerdote y el obispo, el santo. Recibió de Dios toaos los clones más altos: una juventud tempestuosa, la palabra creadora, el silencio inenarrable de la oración, la fuerza necesaria para gobernar su ánimo en la navegación ultraterrena y en el aura de lo divino. Experiencia de hijo y de padre, de pecador desbandado y de obispo muy rígido, de escolar y profesor y, por tanto, de maestro de su pueblo y de todo el Occidente; de mundano y de monje, de escritor y de filósofo, de polemista y de amigo, de pensador y de contradictor y orador.

En todos esos pasajes no perdáis nada de su riquísima y potentísima humanidad: todo lo llevó consigo y lo fundió en el ardor y en la luz única de su santidad doloroso y extática. Amó, y de su experiencia de amor surgirá un amor a Dios, tal vez el más elevado que jamás haya salido de corazón humano [...].

Cuando moría Agustín en su ciudad asediada, no moría nada: nacía, para él, en los cielos amados sin paz y deseados sin tregua; nacía, para nosotros, en nuestra historia y en nuestra alma. Desde aquel día hay algo de agustiniano tanto en la historia de todos los hombres como en la historia de cada uno de ellos (G. de Luca, Sant'Agostino. Scrítti d'occasione e traduzioni).

 

 

 

Día 29

Jueves de la semana XXI del Tiempo ordinario, 29 de agosto

Martirio de san Juan Bautista  

El "más grande de entre los nacidos de mujer" murió mártir, víctima de la fe y de la misión que había desarrollado. Su decapitación tuvo lugar en la fortaleza de Maqueronte, en el mar Muerto, lugar de vacaciones del vicioso rey Herodes. La sangre de Juan el Bautista selló su testimonio en favor de Jesús: con su misma muerte completó su misión de precursor. La fecha de hoy recuerda tal vez la dedicación de la antigua basílica erigida en Sebaste (Samaría) en honor del precursor del Mesías.

 

LECTIO

Primera lectura:

1 Corintios 1,1-9

1 Pablo, llamado por voluntad de Dios a ser apóstol de Cristo Jesús, y el hermano Sóstenes,

2 a la iglesia de Dios que está en Corinto. A vosotros, que, consagrados por Cristo Jesús, habéis sido llamados a ser pueblo de Dios en unión con todos los que invocan en cualquier lugar el nombre de Jesucristo, que es Señor suyo y nuestro,

3 gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.

4 Doy gracias a Dios continuamente por vosotros, pues os ha concedido su gracia mediante Cristo Jesús,

5 en quien habéis sido enriquecidos sobremanera con toda palabra y con todo conocimiento.

6 Y es tal la solidez que ha alcanzado el testimonio de Cristo entre vosotros, 7 que no os falta ningún don, mientras esperáis que nuestro Señor Jesucristo se manifieste.

8 Él también os mantendrá firmes hasta el fin, para que nadie tenga de qué acusaros en el día de nuestro Señor Jesucristo.

9 Fiel es Dios, que os ha llamado a vivir en unión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

 

**• Pablo ha estado año y medio en Corinto, ha vivido allí un período de intensa actividad evangelizadora, conoce bien las luces y las sombras, los recursos y los problemas de esta comunidad, a la que está ligado por un afecto profundo. El fragmento que hemos leído hoy es el comienzo de la primera carta que dirigió a la comunidad, provocada por ciertas noticias preocupantes y por ciertas preguntas que le habían sometido a su juicio.

Siguiendo el esquema epistolar usual, se ponen de relieve en el preámbulo las relaciones que existen entre el remitente y el destinatario. Aquí se presenta Pablo a sí mismo como "apóstol", es decir, "enviado" (v. 1), con el subrayado de que esta identidad suya le viene de Dios a través de una llamada expresa. Esta autoconciencia de Pablo es firme y segura, y la manifiesta en casi todas sus cartas. Densos de sentido teológico son asimismo los títulos de la comunidad. "La iglesia de Dios que está en Corinto" (v. 2) indica que toda comunidad local, aunque tenga unos fundadores humanos, es obra divina. Los miembros de las comunidades locales, en comunión con la Iglesia universal, presente en todo el mundo, han sido santificados por Jesús y están en una continua tensión hacia la santidad plena, que se puede llevar a cabo a través de diferentes formas de vida.

En la acción de gracias, común en sus cartas, Pablo deja aparecer un claro entusiasmo por la riqueza de los dones otorgados a los corintios (w. 4ss). De estos dones hablará, después, de una manera explícita en los capítulos 12-14. Menciona, en particular, los dones de la "Palabra" y del "conocimiento", que eran los más estimados y buscados por los corintios. Sin embargo, a pesar de haber sido bendecidos con tanta gracia divina, los corintios no deben considerar que ya han llegado a la meta y son perfectos, sino que se deben considerar como gente en camino hacia la manifestación plena de la gloria del Señor. De ahí la recomendación de permanecer firmes en la fe, fiándose de la fidelidad de Dios.

 

Salmo Responsorial

Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Sal 144,2-3.4-5.6-7


Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza.
R/.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas.
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

 

 

 

Evangelio: Marcos 6,17-29

En aquel tiempo,

17 Herodes había mandado prender a Juan y lo había condenado metiéndolo en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien él se había casado.

18 Pues Juan le decía a Herodes: -No te es lícito tener la mujer de tu hermano.

19 Herodías detestaba a Juan y quería matarlo, pero no podía,

20 porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre recto y santo, y lo protegía. Cuando le oía, quedaba muy perplejo, pero lo escuchaba con gusto.

21 La oportunidad se presentó cuando Herodes, en su cumpleaños, ofrecía un banquete a sus magnates, a los tribunos y a la nobleza de Galilea.

22 Entró la hija de Herodías y danzó, gustando mucho a Herodes y a los comensales. El rey dijo entonces a la joven: -Pídeme lo que quieras y te lo daré.

23 Y le juró una y otra vez: -Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.

24 Ella salió y preguntó a su madre: -Qué le pido? Su madre le contestó: -La cabeza de Juan el Bautista.

25 Ella entró enseguida y a toda prisa donde estaba el rey y le hizo esta petición: -Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.

26 El rey se entristeció mucho, pero a causa del juramento y de los comensales no quiso desairarla.

27 Sin más dilación envió a un guardia con la orden de traer la cabeza de Juan. Éste fue, le cortó la cabeza en la cárcel,

28 la trajo en una bandeja y se la entregó a la joven, y la joven se la dio a su madre.

29 Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

 

**• El relato evangélico del martirio de Juan el Bautista está situado en el camino de Jesús hacia Jerusalén como una etapa fundamental. Con él no sólo se concluye el ciclo de la vida del Bautista, sino que también es preludio del martirio de Jesús.

No debemos dejarnos impresionar sólo por los detalles narrativos, muy sugestivos p o r otra parte, que nos presenta esta página de Marcos. Al evangelista no le interesa poner de manifiesto ni el vicio de Herodes ni la malicia de Herodías, ni siquiera la ligereza de su hija.

Su intención es proporcionar el debido relieve a la figura de Juan el Bautista, el "mentor" -podríamos decir del Nazareno, y mostrar cómo este gran profeta pone término a su vida del mismo modo y por los mismos motivos que morirá Jesús.

Éste es el pequeño "misterio pascual" de Juan el Bautista, el cual, tras haber conocido la adversidad de los enemigos del Evangelio, conoce ahora el silencio del sepulcro en espera de la resurrección.

 

MEDITATIO

Los recuerdos bíblicos relativos a Juan el Bautista nos invitan a meditar sobre el don de la profecía, en particular sobre la figura del profeta. Cuál es exactamente su función en el pueblo de Dios? Cuáles son las opciones que le califican claramente como profeta? De qué modo se sitúa ante sus contemporáneos como signo de una presencia superior, como portavoz de una Palabra divina?

El profeta se manifiesta como tal por su modo de hablar, por el estilo que caracteriza su predicación. La palabra no lo es todo, pero ya es capaz de manifestar el sentido de una presencia, incómoda pero ineludible, con la que todos deben contar. El profeta se manifiesta como tal, también y sobre todo, con las opciones de vida que lleva a cabo. De este modo demuestra que ha percibido que el tiempo en el que vive es precisamente aquel en el que Dios le llama a ser-para-los-otros. No se puede sustraer a esta llamada (deberíamos leer, a este respecto, el c. 17 de Jeremías), so pena de ser infiel a su misión. Por último, el profeta manifiesta la autenticidad de su misión con el valer de dar la vida por aquel que le ha llamado y por aquellos a quienes ha sido enviado. O se es profeta con la vida, con la vida entregada por amor, o no se es profeta en absoluto.

 

ORATIO

"Levántate y les dirás todo lo que te ordene".

"No tengas miedo: he aquí que te pongo como ciudad fortificada".

"Yo estoy contigo para salvarte".

"Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".

"No te es lícito tener la mujer de tu hermano".

"!Raza de víboras! Quién os ha enseñado a escapar del juicio inminente?".

"Dad frutos que prueben vuestra conversión".

"El amigo del esposo exulta de alegría a la voz del esposo".

"Ahora mi alegría es completa".

"Él debe crecer; yo, en cambio, disminuir".

 

CONTEMPLATIO

Todo lo que [Juan] dijo dio testimonio de la verdad o  sirvió de reproche a los que se le oponían; sus obras de justicia las respetaban incluso los que no le amaban.

Acaso el respeto del modo de vida de los hombres le hizo desviarse, ni siquiera un poco, a él, que llevó una vida solitaria desde niño, de la vía de la virtud? Y, sin embargo, ese hombre acabó su vida derramando su sangre, tras pasar un largo tormento de cárcel.

Predicaba la libertad de la patria celestial y fue encarcelado por los impíos; había venido a dar testimonio de la luz, había merecido que le llamaran lámpara ardiente y resplandeciente precisamente de la luz que es

Cristo, y fue encerrado en la oscuridad de la cárcel; nadie entre los nacidos de mujer había sido más grande que él, y fue decapitado a petición de unas mujeres sumamente perversas, y fue bautizado con su propia sangre aquel a quien se le había dado bautizar al Redentor del mundo, escuchar la voz del Padre sobre él, ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él (Beda el Venerable, Omelie sulvangelo, Roma 1990, pp. 492ss).

 

ACTIO

Repite y medita con frecuencia durante el día estas consoladoras palabras: "Yo estoy contigo para salvarte" (Jr 1,19).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

"Vos estáis obligado -añadió el arzobispo de Canterbury- a deponer la duda de vuestra insegura conciencia que recusa el juramento, y a tomar el partido seguro de obedecer a vuestro príncipe, y jurar".

Entonces, aunque yo era de la opinión de que este argumento no podía adaptarse a mi caso, se me presentó, no obstante, de improviso tan sutil y, sobre todo, sostenido por tanta autoridad, al venir de la boca de un tan noble prelado, que no pude replicar nada, a no ser que estaba íntimamente seguro de que así no habría obrado bien, porque en mi conciencia era éste uno de esos casos en que mi deber era no obedecer a mi príncipe, sea cual fuere la opinión de los otros (cuya conciencia y doctrina no habría condenado ni habría aceptado juzgar) a este respecto: en mi conciencia la verdad se me presentaba diferente.

Entonces el abad de Westminster me dijo que de cualquier modo que la cuestión apareciera en mi mente, tenía motivos para temer que precisamente mi mente estuviera en el error, con sólo que considerara que el Parlamento del reino se pronunciaba en sentido opuesto, y que, por consiguiente, debía cambiar la posición de mi conciencia. A esto respondí que si sólo fuera yo el que sostenía mi tesis y todo el Parlamento sostuviera la otra, verdaderamente tendría miedo de apoyarme en mi parecer, yo solo contra tantos. Mas, por otra parte, sucede que para algunos de los motivos por los que me niego a jurar tengo yo de mi parte -como confío tener- un consejo igualmente grande, e incluso más, y entonces no estoy ya obligado a cambiar mi conciencia y conformarla al consejo de un reino, contra el consejo general de la cristiandad (Tomás Moro).

 

 

 

Día 30

Viernes de la semana XXI del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Corintios 1,17-25

Hermanos:

17 Cristo no me ha enviado a bautizar, sino a evangelizar, y esto sin hacer ostentación de elocuencia, para que no se desvirtúe la cruz de Cristo.

18 La Palabra de la cruz, en efecto, es locura para los que se pierden, mas para los que están en vías de salvación, para nosotros, es poder de Dios.

19 Como está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y haré fracasar la inteligencia de los inteligentes.

20 !A ver! Es que hay alguien que sea sabio, erudito o entendido en las cosas de este mundo? No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?

21 Sí, y puesto que la sabiduría del mundo no ha sido capaz de reconocer a Dios a través de la sabiduría divina, Dios ha querido salvar a los creyentes por la locura del mensaje que predicamos.

22 Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría,

23 nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos.

24 Mas para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

25 Pues lo que en Dios parece locura es más sabio que los hombres; y lo que en Dios parece debilidad es más fuerte que los hombres.

 

*+• Pablo no ha sido enviado a bautizar, sino a evangelizar (v. 17). Al decir esto, no pretende infravalorar el bautismo; sólo insiste en que su vocación -lo que realiza su identidad en el proyecto divino- es la predicación del Evangelio. Bautizar en el nombre de Jesús sin dárselo a conocer al bautizado es un absurdo. Por otra parte, en el orden cronológico y de la gracia, la predicación precede a la fe y, por consiguiente, al bautismo (Rom 10,14ss). Ahora bien, cómo predicar a Jesús?

Pablo no lo hace con discursos de elocuente y penetrante sabiduría. Es posible que Pablo escriba aquí bajo la impresión del reciente "fracaso" de su predicación en el areópago de Atenas. La experiencia ha reforzado su convicción: predicar significa anunciar a Cristo crucificado, el único que nos da la salvación. La Palabra de Dios, sobre todo "la Palabra de la cruz", es en sí misma viva y eficaz (cf. Heb 4,12), no tiene necesidad de apoyo humano; es más, la sabiduría humana corre el riesgo de oscurecerla, de amortiguar su fuerza cortante. Pablo, citando el Antiguo Testamento y usando su arte retórica, insiste en lo que para él tiene una importancia decisiva. Cristo crucificado es "escándalo" para los judíos, por el hecho de que, por haber sido colgado del madero, era alguien sobre el que recaía la maldición de la Ley (Dt 21,23), y "locura" para los paganos, en cuanto que a éstos les repugnaba una divinidad que se hubiera dejado crucificar. Ahora bien, precisamente a través de la cruz es como Dios manifiesta su poder. Los cristianos, procedentes tanto del judaísmo como del paganismo, en cuanto "llamados" por Dios a la fe, deben sintonizar con la lógica divina y vivir según la sabiduría de la cruz que según la humana.

 

Salmo Responsorial

La misericordia del Señor llena la tierra

Salmo 32


Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
R/. La misericordia del Señor llena la tierra

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
R/.
La misericordia del Señor llena la tierra

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos,
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
R/.
La misericordia del Señor llena la tierra

 

 

Evangelio: Mateo 25,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

1 Sucede con el Reino de los Cielos lo que con aquellas diez jóvenes que salieron con sus lámparas al encuentro del esposo.

2 Cinco de ellas eran necias y cinco sensatas.

3 Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite,

4 mientras que las sensatas llevaron aceite en las alcuzas, junto con las lámparas.

5 Como el esposo tardaba, les entró sueño y se durmieron.

6 A medianoche se oyó un grito: "Ya está ahí el esposo, salid a su encuentro".

7 Todas las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.

8 Las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan".

9 Las sensatas respondieron: "Como no vamos a tener bastante para nosotras y vosotras, será mejor que vayáis a los vendedores y os lo compréis".

10 Mientras iban a comprarlo, vino el esposo. Las que estaban preparadas entraron con él a la boda y se cerró la puerta.

11 Más tarde llegaron también las otras jóvenes diciendo: "Señor, señor, ábrenos".

12 Pero él respondió: "Os aseguro que no os conozco".

13 Así pues, vigilad, porque no sabéis el día ni la hora.

 

*"• Esta parábola pone de relieve los mismos temas tratados en la anterior: el momento desconocido del retorno del Señor y la necesidad de vigilar y estar preparados.

Con todo, el tejido narrativo y el contexto son diferentes: en vez del amo se espera aquí al esposo; en lugar del siervo fiel y del siervo malvado se habla aquí de cinco vírgenes sensatas y cinco necias. El lector de esta parábola, que no tiene paralelos en los otros sinópticos, puede tropezar con una serie de elementos de no inmediata comprensión: la reacción extremadamente severa y desproporcionada del esposo, la actitud poco caritativa de las vírgenes sensatas, etc. Sin embargo, el significado global es claro, sobre todo si leemos esta parábola en el contexto de la comunidad primitiva en la que vivía Mateo.

Toda la Iglesia espera expectante la venida del Señor, invocando con insistencia: "Maraña tha: ven, Señor", pero es de necios no tener en cuenta que éste puede "retrasarse". Cuando en el corazón de la noche se alza el grito: "Ya está ahí el esposo, salid a su encuclillo" (v. 6), los cristianos tienen que encontrarse propinados, no con las manos vacías, sino con la lámpara alimentada con el aceite de las buenas obras realizadas con amor día tras día.

No basta con estar preparado físicamente, no basta con el simple hecho de ser creyentes para salvarse. "No todo el que me dice: !Señor, Señor! entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos" (Mt 7,21). Cuando las vírgenes necias llamen a la puerta y griten: "Señor, señor, ábrenos" (v. 11), recibirán la terrible respuesta: "Os aseguro que no os conozco" (v. 12). El esposo esperado puede revelarse un juez severo para quien tenga su amor apagado.

 

MEDITATIO

"Los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría" Pablo describe muy bien las motivaciones religiosas de su tiempo. Cómo se presenta la situación en nuestros días? A nuestro alrededor pululan nuevas expresiones de religiosidad, algunas de tipo sincretista, otras siguen la fascinación de lo exótico, otras aún apelan al sentimiento. La dificultad que representa predicar un Evangelio que se basa en la "locura de la cruz" no es menor que las dificultades encontradas en la comunidad de Corinto.

Qué le "piden" o qué "buscan" en él los discípulos de Jesús? Durante su vida terrena aparece ya Jesús como "el gran buscado". Lo buscan, en efecto, muchas personas, de modo particular o en grupo, con motivaciones variadas e intensidades diversas. En su nacimiento fue buscado por unos magos venidos de lejos para adorarle, por los pastores invitados por el mensajero celestial, y por Herodes, que quería matarle. Siendo adolescente en Jerusalén, lo buscan con ansia sus padres, al creerlo perdido. Durante su ministerio público es buscado por unos discípulos fascinados, por enfermos deseosos de ayuda y por adversarios dispuestos a cogerle en algún fallo. Hacia el final de su vida fue buscado por los sacerdotes y por los maestros de la Ley para eliminarlo, por Judas para traicionarle y por los soldados para capturarlo. Tras su muerte, lo buscaban también tanto amigos como enemigos en su sepulcro. Y se deja encontrar Jesús? No siempre. Ante quien lo busca con la pretensión de encontrarle a su propia manera Jesús reacciona sistemáticamente con un rechazo claro. En Cafarnaún, cuando le dicen los discípulos: "Todos te buscan", Jesús responde de modo irónico: "Vamos a otra parte" (Me l,37ss). Muchos de los que hoy buscan a Jesús podrían recibir de él la misma respuesta, o peor aún, la que el esposo dio a las vírgenes necias: "Os aseguro que no os conozco".

 

ORATIO

Señor, tú nos has prometido: "Pedid, y recibiréis; buscad, y encontraréis; llamad, y os abrirán. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren" (Mt 7,7), ayúdame a saber buscarte. A buscar no tus milagros, no tus dones, sino a ti, Hijo de Dios, que por amor moriste en la cruz para salvarme a mí y a todos. Haz que no deje nunca de buscarte, sino que "al buscarte te encuentre; y al encontrarte te busque aún más" (san Agustín). Haz que yo sienta también la invitación que dirigiste a tus primeros discípulos que te buscaban: " Venid y ved" (Jn 1,39).

Y si, por motivos que sólo tú conoces, no quisieras que te encontrara enseguida, o debiera demorarse tu venida, haz que sepa velar pacientemente con las lámparas llenas de aceite. Cuando llames a mi puerta, haz que corra con solicitud a tu encuentro (cf. Ap 3,20) y, cuando llame a tu puerta, ábreme.

 

CONTEMPLATIO

Esta parábola de las vírgenes y la siguiente de los talentos se asemejan a la anterior del criado fiel y del otro ingrato y consumidor de los bienes de su señor. En conjunto, son cuatro las comparaciones que, en términos diferentes, nos dirigen la misma recomendación, es decir, el fervor con que hemos de dar limosna y ayudar al prójimo en todo cuanto podamos, comoquiera que de otro modo no es posible salvarse. Pero en la parábola de los criados se habla, de modo más general, de todo género de ayuda que hemos de prestar a nuestro prójimo; en ésta de las vírgenes nos encarece el Señor particularmente la limosna, y de modo más enérgico que en la parábola pasada. Porque en ésta castiga al mal siervo, aquel que golpea a sus compañeros y se emborracha y dilapida los bienes de su señor; en esta otra, al que no aprovecha ni da generosamente de lo suyo a los necesitados. Porque las vírgenes fatuas llevaban, sin duda, aceite, pero no abundante, y por eso son castigadas. Mas por qué motivo nos presenta el Señor esta parábola en la persona de unas vírgenes y no supuso otra cualquiera? Grandes excelencias había dicho sobre la virginidad: Hay eunucos que se castraron a sí mismos por amor del Reino de los Cielos. Y: El que pueda comprender que comprenda. Por otra parte, sabe el Señor que la mayoría de los hombres tienen una alta idea sobre la misma virginidad. Y a la verdad, cosa es por naturaleza grande, como se ve claro por el hecho de que en el Antiguo Testamento no fue practicada por aquellos santos y grandes varones y en el Nuevo no llegó a imponerse por necesidad de Ley. En efecto, no la mandó el Señor, sino que dejó a la libre voluntad de sus oyentes practicarla o no. De ahí que diga también Pablo: Acerca de las vírgenes, no tengo mandamiento del Señor.

Alabo ciertamente a quien la guarde, pero no obligo al que no quiera ni hago de ella un mandato. Ahora bien, puesto que tan grande cosa es la virginidad y de tanta gloria goza entre los hombres, por que nadie al practicarla se imaginara haberlo ya hecho todo y anduviera tibio y descuidado en las demás virtudes, pone el Señor esta parábola, que basta para persuadirnos de que la virginidad, y aun todos los otros bienes, sin el bien de la limosna, es arrojada entre los fornicadores, y entre éstos pone el Señor al hombre cruel y sin misericordia.

Y ello con mucha razón, pues el uno se dejó vencer del amor de la carne, y el otro del amor del dinero. Y no es igual el amor de la carne que el dinero. El de la carne es más ardiente y más tiránico. De ahí que cuanto el adversario es más débil, menos perdón merecen los derrotados. De ahí también que llame el Señor fatuas a aquellas vírgenes, pues, habiendo pasado el trabajo mayor, lo perdieron todo por el menor. Por lo demás, lámparas llama aquí al carisma mismo de la virginidad, a la pureza de la castidad, y aceite, a la misericordia, a la limosna, a la ayuda de los necesitados (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 78, 1 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Oh Señor, mi destino está en tus manos" (Sal 16,5).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En primer lugar, la vida en sí misma es el don más grande que se pueda ofrecer -cosa que nosotros olvidamos constantemente-. Cuando pensamos en nuestra entrega a los demás, lo que nos viene de inmediato a la mente son nuestros talentos únicos: nuestras capacidades para hacer cosas especiales particularmente bien [...]. Sin embargo, cuando hablamos de talento tendemos a olvidar que nuestro verdadero don no es lo que podemos hacer, sino quiénes somos. La verdadera pregunta no es: "Qué podemos ofrecernos el uno al otro?", sino: "Quiénes podemos ser para los otros?" Es a buen seguro una cosa estupenda que podamos repararle algo al vecino, ofrecerle consejos útiles a un amigo, sabios pareceres a un colega, volver a dar la salud a un enfermo o anunciar una buena noticia a un feligrés.

Pero hay un don que es el mayor de todos. Se trata del don de nuestra vida, que orilla en todo lo que hacemos. Al envejecer, descubro cada vez más que el don más grande que tengo para ofrecer es mi alegría de vivir, mi paz interior, mi silencio y mi soledad, mi sentido del bienestar. Cuando me pregunto: "Quién me es de más ayuda?", debo responder: "Aquel o aquella que esté dispuesto a compartir conmigo su vida".

Es útil practicar una distinción entre talentos y dones. Nuestros dones son más importantes que nuestros talentos. Podemos tener sólo pocos talentos, pero tenemos muchos dones. Nuestros dones son los muchos modos a través de los que expresamos nuestra humanidad. Forman parte de lo que somos: amistad, bondad, paciencia, alegría, paz, perdón, amabilidad, amor, esperanza, confianza, etc. Estos son los verdaderos dones que hemos de ofrecer a los otros (H. J. M. Nouwen, Sentirsi amati, Brescia u l 999, p. 91 [edición española: Tú eres m! amado, Promoción Popular Cristiana, Madrid 1997]).

 

Día 31

Sábado de la semana XXI del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Corintios 1,26-31

26 Hermanos, considerad quienes habéis sido llamados, pues no hay entre vosotros muchos sabios según los criterios del mundo, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.

27 Al contrario, Dios ha escogido lo que el mundo considera necio para confundir a los sabios; ha elegido lo que el mundo considera débil para confundir a los fuertes;

28 ha escogido lo vil, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo, para anular a quienes creen que son algo.

29 De este modo, nadie puede presumir delante de Dios.

30 A él debéis vuestra existencia cristiana, ya que Cristo se ha hecho para nosotros sabiduría divina, salvación, santificación y redención.

31 De esta manera, como está escrito, el que quiera presumir que lo haga en el Señor.

 

**• Para ilustrar de modo concreto la sabiduría-necedad en el plano de Dios no hace falta ir muy lejos. En la misma comunidad de Corinto hay ejemplos elocuentes. Pablo invita ahora a los corintios a reflexionar con atención sobre su propia situación. La iglesia de Corinto, salvo algunas excepciones, está constituida por personas de humilde condición social y de bajo nivel cultural.

Aquí es donde Dios revela su extraño gusto: prefiere a los pobres y a los débiles antes que a los ricos y poderosos. Se trata de una lógica coherente con lo que ha llevado a cabo a través de su Hijo crucificado. Por eso nadie puede presumir ante Dios, nadie puede presentar méritos, títulos de pretensión ni privilegios.

El tema de la "jactancia" le resulta entrañable a Pablo. Éste no pretende exaltar la nulidad del hombre ante la totalidad de Dios, y menos aún presentar la imagen de un Dios que aplasta la dignidad humana, sino que reconoce, con sinceridad y gratitud, la grandeza del hombre en virtud de la obra del don de Dios en Cristo.

Pablo prosigue en la misma carta demostrando que en Cristo lo tenemos lodo (3,21-23) y que todo lo que poseemos lo hemos recibido de él (4,6). Por consiguiente, no dice que no haya que presumir en sentido absoluto, sino que "el que quiera presumir que lo haga en el Señor" (v. 31). Presumiendo en el Señor se da gloria a Dios.

 

Salmo Responsorial

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Salmo 32


Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres.
R/.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R/.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.
R/.
 Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

 

 

Evangelio: Mateo 25,14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

14 Sucede también con el Reino de los Cielos lo que con aquel hombre que, al ausentarse, llamó a sus criados y les encomendó su hacienda.

15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno según su capacidad, y se ausentó.

16 El que había recibido cinco talentos fue a negociar en seguida con ellos, y ganó otros cinco.

17 Asimismo, el que tenía dos ganó otros dos.

18 Pero el que había recibido uno solo, fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

19 Después de mucho tiempo, volvió el amo y pidió cuentas a sus criados.

20 Se acercó el que había recibido cinco talentos, llevando otros cinco, y dijo: "Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado".

21 Su amo le dijo: "Bien, criado bueno y fiel; como fuiste fiel en cosa de poco, te pondré al frente de mucho: entra en el gozo de tu señor".

22 Llegó también el de los dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me entregaste, aquí tienes otros dos que he ganado".

23 Su amo le dijo: "Bien, criado bueno y fiel; como fuiste fiel en cosa de poco, te pondré al frente de mucho: entra en el gozo de tu señor".

24 Se acercó finalmente el que sólo había recibido un talento y dijo: "Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;

25 tuve miedo y escondí tu talento en tierra; aquí tienes lo tuyo".

26 Su amo le respondió: "!Criado malvado y perezoso! No sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí?

27 Debías haber puesto mi dinero en el banco, y, al volver, yo habría retirado mi dinero con los intereses.

28 Así que quitadle a él el talento y dádselo al que tiene diez.

29 Porque a todo el que tiene se le dará y tendrá de sobra, pero al que no tiene, aun aquello que tiene se le quitará.

30 Y a ese criado inútil arrojadlo fuera a las tinieblas. Allí llorará y le rechinarán los dientes".

 

*• Con el tema de la vigilancia hemos vuelto a la relación amo-criado. Aquí se pone de relieve el aspecto dinámico y fecundo de la espera. Los talentos, dispensados a cada uno según su capacidad, nos han sido dados para explotarlos y negociar con ellos. La parábola parece fácil de descifrar, pero sería un error reducir su mensaje a una enseñanza moralista genérica y obvia.

En realidad, los talentos no son simplemente las cualidades dadas a cada uno en el momento del nacimiento, sino, sobre todo, lo que Jesús ha venido a traernos: la salvación, el amor del Padre, la vida en abundancia, el Espíritu. Se trata de tesoros que hemos de multiplicar y difundir hasta su vuelta "después de mucho tiempo (v. 19a). Todo don es al mismo tiempo un compromiso del que "hemos de dar cuenta" con seriedad.

Son tres los siervos que entran en escena uno tras otro, dos "buenos y fieles" y otro "malvado". Con pocas palabras y de una manera estereotipada, Jesús cuenta el encuentro del amo con los siervos buenos, que son alabados y premiados con la participación en la alegría del señor (w. 20-23). El espacio reservado al siervo malvado es más amplio (w. 24-28). La excusa que formula en defensa de su propia conducta revela todo su mundo interior. "Señor, sé que eres hombre duro": ésa es la imagen que tiene de su señor. "Tuve miedo y escondí tu talento en tierra". El talento recibido es aún "tu talento", no un don, sino una deuda. Su actitud frente al señor es la de un esclavo temeroso. "Aquí tienes lo tuyo": piensa que la  restitución del talento es un acto de justicia hacia el acreedor; sin embargo, es un insulto, un desprecio del don, un rechazo del amor. Por eso se le impone un duro castigo.

 

MEDITATIO

El fragmento paulino de hoy -en particular, la frase final: "El que quiera presumir, que lo haga en el Señor"- hace pensar en María y en su canto del Magníficat. Ella, recordando su propia vida, descubre en ésta, con conmoción, el proyecto grandioso de Dios, reconoce que es bienaventurada porque Dios ha hecho grandes cosas en ella, sierva humilde. Presumiendo en el Señor, María "proclama su grandeza". Se trata de un encuentro estupendo entre la gracia generosa del Creador y la gracia humilde de la criatura, entre la gratuidad pura y la gratitud sincera.

El siervo malvado de la parábola, por el contrario, ha empequeñecido a su señor. Ve y juzga a su amo con la medida de su mezquindad, con la tacañería de su corazón. En vez de estarle agradecido por el talento recibido y de sentirse bienaventurado por la ocasión que se le da de desarrollar su capacidad, se cierra en su inercia, en su miedo y en su tristeza. Nos viene a la mente, por asociación espontánea, la figura de otro hombre, el primero, Adán. Nos viene a la mente el diálogo entre Dios y Adán después del primer pecado: A la pregunta de Dios: "Dónde estás?", le responde: "... tuve miedo y me escondí" (Gn 3,9ss). No será que, en la raíz del pecado, se encuentra siempre una sospecha mezquina sobre la inmensa bondad de Dios?

 

ORATIO

Señor Jesús, tanto tú como tu madre, María, ensalzasteis en un Magníficat al Padre. Al ver regresar a tus discípulos "llenos de alegría" de la misión, porque habían podido multiplicar los talentos que tú les habías entregado y habían podido recoger los frutos visibles de su actividad misionera, le dijiste al Padre: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido bien" (Le 10,21). Contagiado por la alegría de tus discípulos y movido por el Espíritu, también tú estabas exultante. Al contemplar la grandeza del Padre y su ternura con sus criaturas pequeñas y humildes, tu corazón se llenaba de admiración y salieron de tu boca aquellas palabras.

Deja, oh Jesús, que nos unamos a tu oración de alabanza, del mismo modo que nos asociaste a ti en la oración del Padre nuestro. Alégrate también por nosotros, tus discípulos de hoy, cuando, por tu gracia, consigamos hacer algo con nuestros talentos, y considéranos en el número de los "pequeños" por los que ensalzaste en tu Magníficat al Padre.

 

CONTEMPLATIO

Mas notad cómo nunca reclama el Señor inmediatamente. Así, en la parábola de la viña, la arrendó a los labradores y se fue de viaje; y aquí, les entregó el dinero a sus criados y se marchó también de viaje. Buena prueba de su inmensa longanimidad. Y, a mi parecer, en esta parábola de los talentos se refiere el Señor a su resurrección.

Aquí ya no hay labradores y viña, sino que son todos trabajadores. Porque no habla ya sólo con los gobernantes y dirigentes, ni sólo con los judíos, sino con todos los hombres sin excepción. Y los que le presentan sus ganancias confiesan agradecidamente lo que es obra suya y lo que es don del Señor. El uno dice: Señor, cinco talentos me diste. Y el otro: Dos talentos me diste. Con lo que reconocen que de él recibieron la base para el negocio, y se lo agradecen sinceramente y, en definitiva, todo se lo atribuyen a él. Qué responde a ello el Señor? Enhorabuena, siervo bueno y fiel (la bondad está en mirar por el prójimo); puesto que has sido fiel en lo poco, yo te constituiré sobre lo mucho. Entra en el gozo de tu Señor. Palabra con la que el Señor da a entender la bienaventuranza toda (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, 78, 1 [edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC, Madrid 1955]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Puse toda mi esperanza en el Señor; él se inclinó hacia mi y escuchó mi grito" (Sal 39,2).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Cuando los cristianos decimos que creemos en la vida eterna que nos será dada, esta espera de lo que debe venir no es, en primer lugar, algo particularmente extraño. Por lo general, se habla de la esperanza de la vida eterna con un cierto pathos afectado, y lejos de mí criticarla, en caso de que se trate de una convicción seria. Pero me sucede siempre algo extraño cuando oigo hablar de este modo. Me parece que todos los esquemas de la imaginación, con los que se intenta explicar la vida eterna, la mayoría de las veces se adaptan muy poco al corte radical que se produce con la muerte. Nos imaginamos la vida eterna, que extrañamente ya ha sido señalada como "el más allá" y como lo que hay "después" de la muerte, demasiado repleta de aquellas realidades que nos han sido confiadas aquí: como continuación de la vida, como encuentro con aquellos que estaban junto a nosotros, como alegría y paz, como banquete y júbilo, como todo esto y otras cosas semejantes, que nunca cesarán y que siempre continuarán. Temo que la radical incomprensibilidad de lo que significa realmente vida eterna se vea minimizada, y que lo que nosotros llamamos, en esta vida eterna, contemplación directa de Dios sea rebajado a una alegre ocupación !unto a tantas otras que llenan nuestra vida; la inexpresable enormidad de que la misma absoluta divinidad, desnuda y simple, entre en nuestra angosta dimensión de criaturas no tiene que ser percibida como auténtica... (K. Rahner, "Erfahrung eines Theologuen", en Vor dem Geheimnis Gottes den Menschen verstehen, Munich 1984, pp. 118ss).