LECTIO DIVINA OCTUBRE DE 2024

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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

Día 1

Martes semana XXVI del Tiempo ordinario o 1 de octubre,

Santa Teresa del Niño Jesús 

Teresa Martin, hija de Luis Martin y de Celia Guerin –ambos en proceso de beatificación-, nació en Alecon (Normandía), el 2 de enero de 1873. Entró a los 15 años en el Carmelo de Lisieux e hizo su profesión el 8 de septiembre de 1890. Murió el 30 de septiembre de 1897.

Teresa, que llevó una intensa vida espiritual, centrada toda ella en el descubrimiento de la sencillez y totalidad del Evangelio y en la ofrenda al Amor misericordioso, brilló en la Iglesia de su tiempo, y sigue brillando en la del nuestro, como una contemplativa, apóstol de los apóstoles, a través de una experiencia de vida evangélica en la que no faltaron ni las tinieblas de la noche oscura de la fe ni la luminosa comunión con todos y con todo, por ser el Amor en el corazón de la Iglesia.

Nos ha dejado, entre sus escritos, los Manuscritos autobiográficos, muchas Cartas, Poesías, Oraciones y Recreaciones piadosas llenas de sabiduría, que pregonan un mensaje nuevo y universal.

Fue canonizada por Pío XI el 17 de mayo de 1925 y proclamada patrono de las misiones el 14 de diciembre de 1927.

En virtud de la autoridad de su doctrina, llena de sabiduría evangélica, acogida de una manera unánime en la Iglesia, actual por sus mensajes, Juan Pablo II la declaró doctora de la Iglesia el 19 de octubre de 1997.

 

LECTIO

Primera lectura: Job 3,1-3,11-17.20-23

1 Por fin, Job abrió la boca y maldijo el día de su nacimiento,

2 diciendo:

3 !Desaparezca el día en que nací y la noche que dijo: "Ha sido concebido un hombre"!

11 Por qué no quedé muerto desde el seno? Por qué no expiré recién nacido?

12 Por qué me acogió un regazo y unos pechos me dieron de mamar?

13 Ahora dormiría tranquilo y descansaría en paz

14 junto a los reyes y señores de la tierra que reconstruyeron antiguos palacios

15 o junto a los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus mansiones.

16 0 no existiría, como un aborto ignorado como los niños que no vieron la luz.

17 Allí termina el ajetreo de los malvados, allí reposan los que carecen de fuerzas.

20 Porque alumbró con su luz a un desgraciado y dio vida a los que están llenos de amargura,

21 a los que desean la muerte inútilmente y la buscan más que a u n tesoro;

22 a quienes saltarían de gozo ante un túmulo y se alegrarían si encontraran una tumba;

23 a quien no encuentra su camino y a quien Dios cierra el paso.

 

*•• Tras los siete días con sus siete noches durante los que los amigos de Job estuvieron sentados junto a él en silencio, éste "abrió la boca y maldijo el día de su nacimiento" (v. 1). La lectura litúrgica de hoy desarrolla precisamente este contenido: "Maldijo el día de su nacimiento". Job maldice el día en que nació y se pregunta por qué no murió ese mismo día y por qué no le fue arrebatada la vida en aquel momento. El continuo sufrimiento le lleva a la desesperación. No hay que extrañarse de que intente expulsar lejos de sí la memoria de su nacimiento: "que se apodere de él la oscuridad; que no se compute entre los días del año" (v. 6). Job desea que el día permanezca siempre noche, porque cada alba trae consigo el peso de nuevos sufrimientos.

En el capítulo precedente no se ve que Job maldiga a Dios o invoque la muerte. Veíamos más bien que Job resistía, dócilmente, a la violencia de la prueba. Este desahogo que le suponen las imprecaciones y los lamentos, en efecto, no los encontramos con frecuencia en la Escritura. Al contrario, en ella se alaba la vida y se habla con profusión del amor desinteresado. Sin embargo, encontramos en Jeremías una página célebre que recuerda a nuestro texto: "!Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito!" (Jr 20,14).

Hay un cambio respecto a la meditación precedente. Aparece un nuevo modo de afrontar el problema del sufrimiento. Éste ya no es considerado simplemente como una prueba que evalúa la gratuidad de la fe, sino como una experiencia que nos lleva a penetrar en la intimidad del abandono, la angustia y la noche del Hijo de Dios crucificado. El hecho de que estas expresiones las encontremos ahora en la Escritura, como palabra revelada, resulta consolador. Significa que Dios no rechaza a quien, en medio de la prueba y de la experiencia de la oscuridad y de la desolación, habla sin saber lo que dice. Significa, por tanto, que la lamentación tiene un sentido, que no es inútil. Efectivamente, la Escritura acoge estas experiencias como oraciones. Las llama "oraciones de lamentación". Job, en la plenitud de su lamentación, no se aleja de Dios. No se esconde de su rostro. No busca otro Dios que no le oprima ni le aplaste.

Al contrario, se confía profundamente al Dios que le ha decepcionado. Y siempre es así: la lamentación sacude el corazón y lo libera.

 

Salmo Responsorial

Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Salmo 87


Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.

R/.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.

R/. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.

R/.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.

R/.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor

 

 

Evangelio: Lucas 9,51-56

51 Cuando llegó el tiempo de su partida de este mundo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén.

52 Entonces envió por delante a unos mensajeros, que fueron a una aldea de Samaría para prepararle alojamiento,

53 pero no quisieron recibirlo, porque se dirigía a Jerusalén.

54 Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: -Señor, quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?

55 Pero Jesús, volviéndose hacia ellos, les reprendió severamente.

56 Y se marcharon a otra aldea.

 

**• El v. 51 está dotado de una fuerte densidad dramática. Este versículo constituye el centro en el que confluyen los dos grandes temas del evangelio de Lucas. Hasta aquí hemos visto el desarrollo de la misión de Jesús en Galilea, con todas sus palabras, su mensaje, sus parábolas, sus milagros y el testimonio de su amor (4,14-9,50). Pero ahora el evangelio de Lucas nos muestra que el destino de Jesús se dirige hacia su consumación.

En la enseñanza y en las palabras subintra la marcha hacia Jerusalén. Se trata de una nueva parte del evangelio (9,51-19,44). La última. En ella se juega la suerte del mismo Jesús.

Este camino conduce a su muerte en la cruz y, después, a su resurrección. Es la "hora" de Jesús a la que alude Juan (12,23; 16,32). La hora expresa la voluntad de entrega de la vida de Jesús. Ya desde el comienzo del evangelio se ve que Jesús está dispuesto a entregarse y todo tiende en él hacia el momento de la entrega. En esta hora acoge Jesús en sí mismo todo el sufrimiento y el dolor del hombre y entrega su propia vida para su salvación.

El objetivo de la primera parte del evangelio de Lucas es "comprender" el Reino; en la segunda, se trata de "entrar" en el mismo. Mientras que, en la primera parte, se presenta el Reino de una manera oscura a través de parábolas, como misterio escondido que crece en la oscuridad, con un crecimiento contrastado y fatigoso, ahora se revela de un modo más claro como el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Hablando de este itinerario, dice Lucas que Jesús "tomó la decisión de ir a Jerusalén" (v. 51). La expresión significa, al pie de la letra, "endurecer el rostro". La expresión está tomada de uno de los cantos del Siervo de YHWH: "Endurecí mi rostro como el pedernal" (Is 50,7). Jesús no sólo tiene una visión clara de los dolores a los que deberá hacer frente, sino que se abandona por completo a la voluntad del Padre.

 

MEDITATIO

Teresa de Lisieux se ha vuelto para la Iglesia de nuestro tiempo la imagen de una testigo de la pureza del Evangelio y del mensaje sencillo y gozoso de la nueva evangelización. Si, apenas entrada en la gloria, la difusión de sus escritos autobiográficos conocidos como Historia de un alma suscitó admiración y consenso por todas partes, nuestro tiempo ha redescubierto en ella la fuerza del testimonio del Evangelio y la misión incisiva de presentar el rostro de Dios de una manera renovada a los hombres y a las mujeres de hoy.

Como creció, tras la muerte prematura de su madre, a la sombra de un padre que manifestaba la fuerza de la naturaleza paterna y también la naturaleza de una madre, no le resultó difícil a Teresa descubrir al mismo tiempo el seno genuino del Dios cercano y misericordioso, con rasgos paternos y maternos. Probada en lo más vivo de su aguda sensibilidad por la enfermedad de su padre y por la suya propia, supo captar en la kenosis de la fe el sentido más genuino de la pobreza evangélica, del compartir la mesa de la amargura junto con los hermanos pecadores, alejados de Dios, aunque amados siempre por un Dios de misericordia y de ternura, el cual, del mismo modo que se inclinó sobre el rostro doliente de su Hijo amado, se inclina amoroso sobre todas sus criaturas, sin excluir a ninguna.

Ya en su nombre religioso, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, resume Teresa la kenosis de la encarnación y la kenosis de la pasión, la pequeñez del niño de Belén y el vaciamiento del Cristo de la cruz. Mas en el amor a Cristo y a los hermanos, Teresa descubre el secreto de su vida, lo descubre en un amor probado en el crisol, pero que el Espíritu Santo pone incandescente de ansias apostólicas, hasta convertirse en una vocación: ser en la Iglesia el amor. El amor infinito del Dios del Antiguo Testamento, que Teresa acoge con alegría, como una niña del Reino, y el amor de Jesús por los pequeños son dos palabras de vida de su existencia, que han forjado su imagen de santidad. Una imagen que atrae a todos, incluso fuera de la Iglesia católica, porque revela el verdadero rostro de nuestro Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que ama infinitamente a todas sus criaturas.

 

ORATIO

Tus palabras son mías y yo puedo servirme de ellas para atraer sobre las almas que están unidas a mí las gracias del Padre celestial. Pero, Señor, cuando digo que deseo que los que tú me diste estén también donde yo esté, no pretendo que ellos no puedan llegar a una gloria mucho más alta de la que quieras darme a mí. Quiero simplemente pedir que un día nos veamos todos reunidos en tu hermoso cielo. Tú sabes, Dios mío, que yo nunca he deseado otra cosa que amarte. No ambiciono otra gloria. Tu amor me ha acompañado desde la infancia, ha ido creciendo conmigo, y ahora es un abismo cuyas profundidades no puedo sondear.

El amor llama al amor. Por eso, Jesús mío, mi amor se lanza hacia ti y quisiera colmar el abismo que lo atrae. Pero, !ay!, no es ni siquiera una gota de rocío perdida en el océano... Para amarme como tú me amas, necesito pedirte prestado tu propio amor. Sólo entonces encontraré reposo.

Jesús mío, tal vez sea una ilusión, pero creo que no podrás colmar a un alma de más amor del que has colmado la mía. Por eso me atrevo a pedirte que ames a los que me has dado como me has amado a mí. Si un día en el cielo descubro que los amas más que a mí, me alegraré, pues desde ahora mismo reconozco que esas almas merecen mucho más amor que la mía. Pero aquí abajo no puedo concebir una mayor inmensidad de amor del que te has dignado prodigarme a mí gratuitamente y sin mérito alguno de mi parte (Teresa del Niño Jesús, Manuscrito C, versión electrónica).

 

CONTEMPLATIO

Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas...

Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. Él ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos...

Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla, que no opone resistencia alguna a su gracia, que en el alma más sublime.

Y es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la Iglesia con la luz de su doctrina, parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones. Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que sólo deja oír débiles gemidos, y ha creado al pobre salvaje, que sólo tiene para guiarse la ley natural. !Y también a sus corazones quiere él descender!

Éstas son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina... Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza. Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecilla, como si sólo ella existiese en la tierra, del mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada alma personalmente, como si no hubiera más que ella. Y así como en la naturaleza todas las estaciones están ordenadas de tal modo que en el momento preciso se abra hasta la más humilde margarita, de la misma manera todo está ordenado al bien de cada alma (Teresa del Niño Jesús, Manuscrito A, versión electrónica).

 

ACTIO

Repite a menudo y medita durante el día estas palabras de la santa de Lisieux: "Mi vida es un instante, una hora de paso. !Oh Dios mío, sabes que para amarte en la tierra no dispongo más que de hoy" (Teresa del Niño Jesús, Poesía n. 5)

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Teresa del Niño Jesús es una figura que me es muy entrañable, que siento cercana y compañera de camino porque, cuanto más profundizamos en su "pequeña vía", tanto más nos damos cuenta de que se trata en realidad de la única vía. Fe pura y amor puro, con la aceptación consciente de no ver nada, de ser débil e imperfecta; como otros santos, Teresa empieza allí donde la mayoría de los cristianos se detiene. Pero hay un aspecto de su experiencia que quisiera subrayar, la experiencia de la laceración interior, indicada por ella con estas palabras: "Nieblas que me rodean, penetran en el alma", "tormento que se redobla", "no quiero continuar escribiendo de ello; temería blasfemar", "tinieblas cada vez más densas", "lucha y tormento no durante algunos días, no durante algunas semanas".

Es el sufrimiento de quien se siente unido con Dios y no puede poner en tela de juicio este vínculo, pero al mismo tiempo se siente solidario con el hombre, con sus propios hermanos, con las personas cuya suerte, esperanzas y angustias comparte hasta el final. Teresa vive atraída irresistiblemente hacia la patria luminosa y al mismo tiempo envuelta  completamente por las tinieblas de una tierra opaca y afligida por nieblas impenetrables. Más aún, la imagen que usa es la de sentirse sentada a la mesa llena de amargura en la que comen los pecadores, los incrédulos [...].

Teresa es santa porque aceptó esta laceración interior y la vivió con la seguridad de que, en Cristo muerto en la cruz, esta laceración se recompondría en unidad. Escribe: "Atráenos, Jesús, con el fuego de tu amor, únenos a ti tan estrechamente que seas tú mismo quien viva y goce en nosotros..." (C. M . Martini, "Presentazione", en Teresa de Lisieux, dottoredella Chiesa, / miei pensierí, Milán 1997, 7-9).

 

 

Día 2

Miércoles semana XXVI del Tiempo ordinario o 2 de octubre,

Santos ángeles custodios  

Los ángeles -criaturas puramente espirituales y dotadas de inteligencia y voluntad- son servidores y mensajeros de Dios. "Contemplan sin cesar el rostro de mi Paare celestial" (Mt 18,10). Son "poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra" (Sal 103,20). Dios les confía el encargo de proteger a la humanidad.

El pueblo de Dios ha sentido siempre espontáneamente la exigencia de corresponder a su silenciosa y benévola compañía honrándoles de una manera especial. Esta celebración dedicada a ellos entró en el calendario romano en el año 1615.

 

LECTIO

Primera lectura: Job 9,1-12.14-16

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 De acuerdo, sé muy bien que es así: que nadie es irreprochable ante Dios.

3 Si alguien pretende litigar con él, ni un argumento entre mil le podrá rebatir.

4 Sabio y fuerte como es, quién le resiste y queda impune?

5 Él traslada los montes sin que se den cuenta y los remueve cuando se enfurece;

6 hace que la tierra tiemble en sus cimientos y que se tambaleen sus columnas.

7 Si él lo prohíbe, el sol no se levanta, ni las estrellas dan su resplandor.

8 Sólo él extiende los cielos y camina sobre las espaldas del mar.

9 Él ha creado la Osa y el Orion, las Pléyades y la Constelación del Sur.

10 Hace cosas grandes e insondables y maravillas sin número.

11 Pasa junto a mí y no l o veo, se desliza a mi lado y n o me doy cuenta.

12 Si arrebata una presa, quién se lo impedirá?

13 Quién le dirá: "Qué es lo que haces"?

14 !Cuánto menos podré yo replicarle, encontrar palabras contra él!

15 Aunque tuviera razón, no debo replicar. Sólo puedo suplicar al que me acusa.

16 Aunque le llamara y él me respondiera, no creo que hiciera caso a mi llamada.

 

**• El texto que hoy nos propone la liturgia, tomado del capítulo 9 de Job, es la respuesta que da el patriarca a las palabras de consuelo del tercer amigo, Bildad de Suaj (cf. capítulo 8). Éste había dicho que la desproporción entre Dios y el hombre es tan grande que no es posible ninguna discusión entre ellos. Dios siempre tiene razón. Job rebate su discurso con un elogio de la sabiduría y de la omnipotencia de Dios tal como aparece en su creación. Si Dios es tan grande e inaccesible en su creación -piensa Job-, tanto más lo será en el orden sobrenatural y moral: "De acuerdo, sé muy bien que es así: que nadie es irreprochable ante Dios" (v. 2). En los versículos siguientes, se lamenta Job, una vez más, de la manera arbitraria y prepotente que tiene Dios de comportarse: "Si arrebata una presa, quién se lo impedirá? Quién le dirá: "Qué es lo que haces"?" (v. 12). De una manera un tanto irónica, da a entender Job que es inútil discutir con Dios, dado que nadie puede resistir ante él, puesto que siempre tiene razón en todo. Observa: "!Cuánto menos podré yo replicarle, encontrar palabras contra él!" (v. 14). Frente a Dios no hay nada que hacer. Sólo, dejar que se hundan las montañas, que los vientos lo barran todo, que se abra la tierra, que el mar se desconcierte y que la tragedia se abata sobre el hombre.

Las palabras de Job son las de un hombre que sufre y protesta porque no consigue saber qué es justo y qué no. Hemos de señalar que Job no acepta soluciones que sean simples reducciones al pasado: sería mejor llamarlas actos de pereza, seguir la regla del mínimo esfuerzo.

Job quiere ver claro. Pero eso es posible? Mientras dura nuestra peregrinación subsiste el problema del dolor. Está, sin embargo, la cruz de Cristo y su altísimo grito al Padre: "Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?" (Me 15,33). La muerte de Jesús es dramática y él se precipita en el abismo doloroso de la maldad humana. Jesús no suprime el dolor, pero nos ha dicho lo suficiente sobre el valor salvífico del sufrimiento.

 

Salmo Responsorial

Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Salmo 87


Llegue hasta ti mi súplica, Señor.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

R/.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido?

R/.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?

R/.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor

 

 

Evangelio: Mateo 18,1-5.10

1 En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron: -Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?

2 Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos

3 y dijo: -Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos.

4 El que se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.

5 El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge.

10 Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi Padre celestial.

 

*• En este fragmento, Jesús nos invita y nos enseña a contemplar la realidad de un modo más penetrante y más conforme con el suyo. La lógica humana tiene sed de grandezas y de prestigio, se liga a las apariencias y pisotea lo que no se muestra con bella apariencia. La lógica del Reino de los Cielos va en una dirección opuesta y para acogerla es preciso cambiar de mentalidad, o sea, convertirse. Es verdaderamente grande quien es sencillo, inocente y carece de pretensiones; quien se confía con gratitud al cuidado y al amor de Otro. Estos "pequeños" son los predilectos del Señor: sus ángeles custodios -de apariencia invisible- ven siempre el rostro de Dios y están muy próximos a él. Dado que el Padre rodea a los niños dándoles los ángeles más espléndidos, los discípulos de Jesús deberán abstenerse de despreciar a los pequeños e intentar más bien llegar a ser como ellos.

 

 

MEDITATIO

A comienzos del mes de octubre, la Iglesia nos hace celebrar en la liturgia la memoria de los ángeles custodios, como para recordar al hombre perdido y desanimado que no está solo en su camino. Existe, en efecto, una creación visible que podemos ver, al menos en parte, con los ojos de la cara; existe, a continuación, una creación invisible -y, sin embargo, realísima- que sólo podemos percibir con los sentidos espirituales, mediante la fe, la oración y la iluminación interior que nos viene del Espíritu Santo.

Qué son, pues, los ángeles? Son, en primer lugar, un signo luminoso de la divina Providencia para nosotros, un signo de la bondad paternal de Dios, que no deja que falte a sus hijos nada de cuanto es necesario. Como intermediarios entre la tierra y el cielo, son criaturas invisibles puestas a nuestra disposición para guiarnos en el camino de retorno a la casa del Padre. Vienen del Cielo para volver a llevarnos al Cielo y para hacernos pregustar, ya desde ahora, algo de las realidades celestiales.

En ocasiones es posible experimentar de manera concreta y sensible la custodia de los ángeles, con tal que sepamos reconocerla. Se trata de encuentros "casuales" (que se vuelven, no obstante, fundamentales y determinantes en la vida de una persona) o de una ayuda imprevista e inesperada que recibimos en una situación de peligro; o de una intuición fulminante que nos permite darnos cuenta de un error, de un olvido...: cómo no sentirnos guiados, protegidos y amablemente socorridos?

Los ángeles nos protegen de muchos peligros de los que ni siquiera nos damos cuenta. Sobre todo, del peligro de volvernos impíos, de no escuchar al Señor y de no obedecer a su Palabra; nos sugieren siempre pensamientos rectos y humildes, buenos sentimientos.

También nosotros estamos llamados a prestarnos los unos a los otros un servicio semejante al de los ángeles y a hacernos buena compañía a lo largo del camino de la vida, para llegar juntos a contemplar el rostro de Dios.

 

ORATIO

Santos ángeles, custodios nuestros, quitad el velo de los ojos de nuestro corazón, para hacernos capaces de recibir vuestra silenciosa presencia en nuestra vida. Sed para nosotros guías seguros y amables compañeros a lo largo del cotidiano peregrinar por la tierra. Encended en nosotros un vivo deseo de contemplar el rostro de Aquel que brilla en su bienaventuranza infinita. Que vuestra protección nos libere del mal, que vuestro consejo nos sugiera cuanto ayuda a la verdadera vida, que vuestro consuelo nos sostenga para que, con el corazón colmado de dulzura, nada pueda separarnos de tender incesantemente a la eterna morada; y enseñadnos a ser también nosotros unos para otros amables compañeros de viaje. Amén.

 

CONTEMPLATIO

Los ángeles velan no sólo sobre toda la Iglesia tomada en su conjunto, sino también sobre cada uno de nosotros. De ellos habla el Salvador cuando dice: "Sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi Padre celestial" (Mt 18,10). Hay dos Iglesias: la de los hombres y la de los ángeles. Si lo que decimos es conforme al pensamiento divino y a la intención de las Escrituras, los ángeles gozan con ello y ruegan por nosotros... Se trata de ángeles que asisten a los santos y se alegran en la Iglesia, ángeles que nosotros no vemos, porque el fango del pecado nos cubre los ojos, pero que ven los apóstoles de Jesús, a los que dice el Señor: "Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre" (Jn 1,51) (Orígenes, Comentario a Lucas XXIII, 8, Roma 1969).

 

ACTIO

Repite a menudo hoy esta oración de la tradición cristiana: "Ángel de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor con amorosa piedad, a mí que soy vuestro encomendado, alumbradme hoy, guardadme, regidme y gobernadme. Amén".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Pocas verdades de la religión producen tanto alivio como ésta, humanísima, del ángel custodio, una alegre invención de Dios. Y el saber que lo tiene muy cerca el rey cuando escribe la ley, sentado en el trono de oro, y que lo tiene el pelagatos sentado en la piedra del cementerio para comer el pan de la caridad, es cosa que ennoblece la vida y la exalta. La poesía pagana apenas lo ha entrevisto. La literatura hebrea está llena de mensajeros alados, y sus páginas se estremecen de escalofríos luminosos.

        La teología cristiana, que es la profundización de aquélla, es toda ella un fresco estremecido. Nadie sabe los aspectos que puede tomar su ángel custodio según los tiempos y las necesidades de su vida. Entras en un camino solitario y un tipo te acompaña y hace el camino contigo, intercambiando palabras con aire familiar. Tal vez sea él tu ángel, que, tomando forma humana, quiere hacerte compañía...

No todos los aleteos que oyes a lo largo de las filas o bajo el alero de casa son pajarillos y palomas; y el murmullo que te agita en ciertos momentos imprevistos no es siempre el viento que tienes delante. En la divina economía del bien en que está establecido el mundo, hemos de esperarnos siempre que sea ésa la revelación sensible del alado asistente. Como la experimenté yo mismo una vez, al caer la noche, en el umbral de una vieja abadía, al oír cantar por aquellos monjes graves el oficio de completas; y oí al padre prior recitando la oración final, que es un himno a los ángeles: "Visita, Señor, esta habitación y ahuyenta de ella todas las asechanzas del enemigo. Estén aquí tus santos ángeles, que nos guarden en paz". En ese momento, bajo el toque de la última campana, me pareció ver muchos ángeles que, saliendo de lo alto, se recogían en todas las familias como la última bendición de la !ornada. Y vuelto a mi habitación desnuda como una celda, al cerrar la puerta y entornar los postigos, me estremecí por la alegría que me proporcionaba saber, casi ver, que había un ángel encerrado todo para mí (C. Angelini, "Discorso con l'angelo custode", en Ritorno degli angelí?, Vicenza 1988, pp. 43-46, passim).

 

 

 

Día 3

Jueves semana XXVI del Tiempo ordinario,

san Francisco de Borja

 

LECTIO

Primera lectura: Job 19,21-27

Dijo Job:

21 Tened piedad de mí, vosotros, mis amigos, que es la mano de Dios la que me ha herido.

22 Por qué me acosáis como me acosa Dios y no os cansáis de atormentarme?

23 !Ojalá se escribieran mis palabras! !Ojalá se grabaran en el bronce!

24 !Ojalá con punzón de hierro y plomo se esculpieran para siempre en la roca!

25 Pues yo sé que mi defensor está vivo y que él, al final, se alzará sobre el polvo,

26 y, después que mi piel se haya consumido, con mi propia carne veré a Dios.

27 Yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño, y en mi interior suspirarán mis entrañas.

 

*"• "Job tomó la palabra y dijo: "Hasta cuándo me afligiréis y me acribillaréis con vuestras palabras?"". Llegamos así, en el capítulo 19, a la cima de los diálogos entre Job y sus tres amigos. Estos últimos no hacen más que repetir la tesis, ya esgrimida en otras ocasiones, de que las pruebas son el signo de que Job es culpable ante Dios. A su vez, Job sigue confesando su inocencia. Para Job no hay mayor tormento que tener que resistir a las excesivas palabras de sus amigos. El diálogo, prolongado durante diversos días, ha extenuado verdaderamente a Job. El sufrimiento más fuerte con que se enfrenta ahora es no conseguir proclamar su inocencia.

Su prueba consiste en considerarse inocente, pero no poder probarlo ni ante Dios ni ante sus amigos: "Grito: "!Violencia!", y nadie me responde. Pido auxilio y nadie me defiende. Dios me ha cerrado el camino para que no pase, ha envuelto en tinieblas mis senderos" (19,7ss).

Entonces es cuando piensa Job en dejar por escrito su defensa, para que, un día, tal vez nosotros mismos que leemos hoy sus palabras, le hagamos justicia: "!Ojalá se escribieran mis palabras! !Ojalá se grabaran en el bronce! !Ojalá con punzón de hierro y plomo se esculpieran para siempre en la roca!" (w. 23ss). Pero esta solución no le convence. Piensa también en apelar al supremo "defensor" para que le haga justicia: "Pues yo sé que mi defensor (Go'el) está vivo" (v. 25). Este Go'el, según la Ley judía, es el único testigo que puede ser oído como defensa. Después de haber insultado a Dios, le llama ahora "defensor, redentor". Nosotros, que conocemos el Evangelio, apelamos, en cambio, al amor, a la caridad, al Dios omnipotente y misericordioso salvador.

 

Salmo

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida

Salmo 27,7-9,13-14


Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
R/.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida

Tu rostro buscaré, Señor,
ne me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches.

R/. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida


Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
R/.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida

 

 

Evangelio: Lucas 10,1-12

En aquel tiempo,

1 el Señor designó a otros setenta [y dos] y los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares que él pensaba visitar.

2 Y les dio estas instrucciones: -La mies es abundante, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

3 !En marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.

4 No llevéis bolsa, ni alforjas ni sandalias, ni saludéis a nadie por el camino.

5 Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.

6 Si hay allí gente de paz, vuestra paz recaerá sobre ellos; si no, se volverá a vosotros.

7 Quedaos en esa casa, y comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa.

8 Si al entrar en un pueblo os reciben bien, comed lo que os pongan.

9 Curad a los enfermos que haya en él y decidles: Está llegando a vosotros el Reino de Dios.

10 Pero si entráis en un pueblo y no os reciben bien, salid a la plaza y decid:

11 Hasta el polvo de vuestro pueblo que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y os lo dejamos. Sabed de todas formas que está llegando el Reino de Dios.

12 Os digo que el día del juicio será más tolerable para Sodoma que para ese pueblo.

 

**• El "sí" total del corazón a Cristo por parte de quien sigue al Maestro irradia y se convierte en la fuerza de la misión evangélica. En los w. 1 -6 del capítulo 9 de Lucas veíamos que Jesús encargaba a los discípulos hacer lo mismo que él había hecho: expulsar a los demonios y curar a los enfermos (cf. Le 8,25-56). La Iglesia no tiene otra misión que continuar la obra de aquel que la envió. Los doce apóstoles son el fundamento de la misión de la Iglesia. Ahora bien, junto con ellos, Jesús eligió a otros muchos. La mies es abundante, pero los obreros son siempre pocos. El fragmento del evangelio de hoy se refiere a los setenta (y dos) discípulos que anuncian el mensaje del Reino (10,1-12). El número "doce" recuerda a las doce tribus de Israel. El número "setenta y dos" remite, en cambio, a los setenta y dos pueblos de la tierra enumerados en Gn 10. La misión de los discípulos tiene por ello un aspecto universal, se extiende a toda la tierra. Estos setenta y dos discípulos constituyen el signo de todos aquellos que el dueño de la mies llama para llevar el Evangelio. No se trata, en realidad, de una empresa humana, de algo que dependa de nuestra capacidad; se trata del Reino de Dios.

Los obreros del Reino no son tanto aquellos que lo anuncian como Cristo mismo en persona. Es él quien envía, quien toma la palabra, quien actúa. Se trata de dejar hacer a Jesús más que de hacer nosotros mismos. Lo importante es ser como él, adoptar su estilo, con su acontecer y sus frutos, y gracias a ello con su alegría.

"!En marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos" (v. 3). El Señor nos invita a no lamentarnos de los tiempos y de las dificultades de la misión. Más aún, las dificultades constituyen precisamente el signo del Reino. El signo con el que viene el Reino. Son la obra del Espíritu Santo. Jesús pide a los discípulos que no se preocupen: "no os preocupéis del modo de defenderos, ni de lo que vais a decir; el Espíritu Santo os enseñará en ese mismo momento lo que debéis decir" (12,11-12). El Maestro no quiere que caigamos en la ansiedad. La misión es siempre un milagro del Señor.

 

MEDITATIO

En la primera lectura de hoy nos sorprende Job con su actitud. Después de haberse lanzado contra Dios y de haber maldecido el día de su nacimiento (3,1-10), ahora proclama, en cambio, su esperanza: "Pues yo sé que mi defensor está vivo y que él, al final, se alzará sobre el polvo; y después que mi piel se haya consumido, con mi propia carne veré a Dios. Yo mismo lo veré..." (w. 25-27).

Primero vino la lamentación y el llanto ante Dios, ahora aparece el grito de la victoria. Llegados a este punto, nos preguntamos cómo llegó Job a este acto de fe profunda y de esperanza en el Señor. Cómo pasó de la angustia y del anhelo de la muerte a esta confianza en Dios. Basta con reflexionar atentamente. Job no ha cesado nunca de luchar en la oración: adoración, petición, súplica. Este diálogo ininterrumpido con Dios, incluso en la angustia más profunda, no ha disminuido. Job ha sabido luchar en la noche.

Ha conocido a Dios como adversario inhumano, como alguien que descarna y despoja, pero, al final, ha conocido en Dios el todo de su vida. De la nada al todo. Sólo a través de esta noche, a través de esta lucha inhumana, se hace posible llegar a Dios. Job nos hace ver que atravesar la nada es algo verdaderamente espantoso.

Para entrar en el "misterio de la luz infinita" es necesario sumergirse en la noche. La plegaria de los salmos de lamentación son una confirmación de lo que decimos. Basta con ver el salmo 22. Comienza con un grito desesperado: "!Dios mío, Dios mío! Por qué me has abandonado?, por qué no escuchas mis gritos y me salvas?". Pero termina con un grito de esperanza: "Yo viviré para el Señor". Para llegar a la resurrección, no es posible evitar la agonía de Getsemaní. Para entrar en comunión con Dios, es preciso no alejarnos de él, continuar viviendo en su proximidad.

 

ORATIO

"Pero no te ruego solamente por ellos, sino también por todos los que creerán en mí por medio de su palabra. Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado " (Jn 17,20ss).

Señor Jesús, te damos gracias porque has rogado por nosotros, que, por la palabra de tus apóstoles, hemos creído en ti. Haz que permanezcamos unidos a ti, confiados en tu oración. Si ésta nos faltara, no estaríamos aquí junto a ti; no podríamos darte gracias ni alabarte, ni darte a conocer a muchos de nuestros hermanos.

Concédenos ahora poder mostrar a todos que tú no nos abandonas, que tú no luchas con nosotros más que para rendirte a nosotros y bendecirnos. Gracias a esta oración, nosotros queremos ahora adorarte.

 

CONTEMPLATIO

Tú eres el santo, Señor Dios único, el que haces maravillas (Sal 76,15). Tú eres el fuerte, tú eres el grande (cf Sal 85,10), tú eres el altísimo, tú eres el rey omnipotente; tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra (cf Mt 11,25). Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses (cf. Sal 135,2); tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero (cf. 1 Tes 1,9).

Tú eres el amor, la caridad; tú eres la sabiduría, tú eres la humildad, tú eres la paciencia (Sal 70,5); tú eres la hermosura, tú eres la mansedumbre; tú eres la seguridad, tú eres la quietud, tú eres el gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres la justicia, tú eres la templanza, tú eres toda nuestra riqueza a saciedad.

Tú eres la hermosura, tú eres la mansedumbre, tú eres el protector (Sal 30,5); tú eres nuestro custodio y defensor; tú eres la fortaleza (cf Sal 42,2), tú eres el refrigerio. Tú eres nuestra esperanza, tú eres nuestra fe, tú eres nuestra caridad, tú eres toda nuestra dulzura, tú eres nuestra vida eterna, grande y admirable Señor, omnipotente Dios, misericordioso Salvador (Francisco de Asís, Alabanzas al Dios Altísimo [versión española tomada de Fuentes franciscanas, edición electrónica, versión de Patricio Grandón, OFM]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Se ha acercado a nosotros el Reino de Dios" (cf. Lc 10,9).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Si de algunos -entre todos los seres deformes e infortunados del mundo- se apartaba instintivamente con horror Francisco era de los leprosos. Un día que paseaba a caballo por las cercanías de Asís le salió al paso uno. Y por más que le causaba no poca repugnancia y horror, para no faltar, como transgresor del mandato, a la palabra dada, saltando del caballo, corrió a besarlo. Y, al extenderle el leproso la mano en ademán de recibir algo, Francisco, besándosela, le dio dinero. Volvió a montar el caballo, miró luego a uno y otro lado y, aunque era aquél un campo abierto sin estorbos a la vista, ya no vio al leproso.

Lleno de admiración y de gozo por lo acaecido, pocos días después trata de repetir la misma acción. Se va al lugar donde moran los leprosos y, según va dando dinero a cada uno, le besa la mano y la boca. Así toma lo amargo por dulce y se prepara varonilmente para realizar lo que le espera (Tomás de Celano, Vida segunda, edición electrónica, versión de Patricio Grandón, OFM]).

 

 

Día 4

Viernes semana XXVI del Tiempo ordinario o 4 de octubre,

San Francisco de Asís  

Francisco, hijo de un rico comerciante de Asís, nació en 1181 (o 1182). Disuadido de sus ideales de gloria caballeresca a raíz de las experiencias decisivas de su encuentro con los leprosos y de la oración ante el crucifijo en la iglesia de San Damián, Francisco abandonó su familia y comenzó una vida evangélica de penitencia. Con los numerosos compañeros que muy pronto se unieron a él, comprendió que estaba llamado a vivir el Evangelio sine glossa, como fraternidad de menores a ejemplo de Jesús y de sus discípulos. Al año siguiente a la aprobación de la Regla y vida de los hermanos menores en  1223 por el papa Honorio III, Francisco recibió los estigmas del Crucificado, sello de la conformidad con su único Señor y Maestro. Cuando murió, en 1226, Francisco era un hombre extenuado por la fatiga y por las enfermedades y, al mismo tiempo, un hombre reconciliado con el sufrimiento, consigo mismo y con toda criatura. Fue canonizado en 1228 y es patrono de Italia y de los ecologistas.

 

LECTIO

Primera lectura: Job 38,1.12-21; 40,3-5

38,1 El Señor respondió a Job desde la tormenta y dijo:

12 Has mandado en tu vida a la mañana o has asignado su puesto a la aurora

13 para que agarre a la tierra por sus bordes y sacuda de ella a los malvados?

14 El da forma a la tierra, como el sello a la arcilla, y se tiñe de color como un vestido,

15 pero niega la luz a los malvados y el brazo altanero queda roto.

16 Has llegado hasta las fuentes de los mares? Has pisado en las honduras del abismo?

17 Te han mostrado las puertas de la muerte? Has visto los umbrales de las sombras?

18 Has abarcado la anchura de la tierra? Habla, si es que lo sabes todo.

19 Sabes dónde habita la luz y cuál es la mansión de las tinieblas,

20 para que puedas llevarlas a su sitio, y enseñarles el camino de su casa?

21 Lo sabrás, pues tienes tantos años que para entonces ya habrías nacido.

40,3 Y Job respondió al Señor:

4 Hablé a la ligera, qué puedo responderte? No diré una palabra más.

5 Hablé una vez, pero no volveré a hacerlo; dos veces, pero no insistiré.

 

**• Hemos llegado a descubrir que toda la búsqueda de Job está basada en una esperanza indestructible. Aquel a quien busca Job existe y nos ama. La búsqueda es, ciertamente, fatigosa y doliente. Hay mucha soledad y mucha noche en esta búsqueda, pero, al final, el descubrimiento de Dios suscita alegría, paz, entusiasmo.

Leyendo el libro de Job, tenemos la impresión de que el autor sagrado describe el juego del amor que atraviesa toda la existencia. En el amor está la ausencia o, mejor dicho, la ocultación y la presencia juntas. Es como la madre que se retira para que el niño tenga la sorpresa de encontrarla junto a él. En los últimos versos del poemita emerge, entre ambos diálogos, el tema fundamental del Cantar de los Cantares: "Mi amado es para mí, y yo para él" (Cant 2,16).

Hemos visto en el libro de Job que éste apela a menudo al juicio de Dios: "!Ojalá que alguien me escuchara!" (31,35). Por fin, en los capítulos 38-42 responde Dios a los requerimientos de Job. Se trata de una respuesta que, a su vez, es también una interpelación. Dios presenta a Job la inmensidad y el carácter grandioso de la creación. Le hace ver que el mundo es un inmenso proyecto divino que suscita admiración y estupor por su carácter grandioso y su belleza. Las preguntas que dirige Dios a Job las dirige asimismo a cada uno de nosotros.

Dios ha creado el mundo movido únicamente por la alegría de dar. No nos es posible contemplar el mundo permaneciendo encerrados en el cálculo egoísta de quien lo valora exclusivamente sobre la base de la utilidad personal.

        Job, que antes había luchado y polemizado con Dios y con sus amigos, permanece ahora en silencio, confuso. Renuncia a hablar. Renuncia a proseguir la discusión. Reconoce que ha hablado demasiado y de manera superficial. Job ha sido siempre sincero. Ha buscado con seriedad, pero no ha encontrado. Ahora puede afirmar: "Ahora te han visto mis ojos", mientras que antes "te conocía sólo de oídas" (42,5). Job, a través de la prueba y permaneciendo fiel a Dios, ha penetrado por fin en el misterio profundo de Dios.

 

Salmo Responsorial

Guíame, Señor, por el camino eterno

Salmo 138


Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.

R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras.

R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

 

 

Evangelio: Lucas 10,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús:

13 !Ay de ti, Corozaín! !Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en vosotras, hace tiempo que, vestidas de saco y sentadas sobre ceniza, se habrían convertido.

14 Por eso, será más tolerable el día del juicio para Tiro y Sidón que para vosotras.

15 Y tú, Cafarnaún, te elevarás hasta el cielo? !Hasta el abismo te hundirás!

16 Quien os escucha a vosotros a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros a mí me rechaza, y el que me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.

 

**• El evangelio de hoy concluye el mensaje con el que Jesús envía en misión a los "setenta y dos discípulos", sobre el que hemos reflexionado en el pasaje precedente (10,1-12). Por qué habla Jesús con tanta dureza de Corozaín, de Betsaida, de Cafarnaún? Qué quiere decir Jesús? La condena de estas tres ciudades ha de ser entendida en diferentes ámbitos.

Jesús subraya, en primer lugar, que estas ciudades no han escuchado la Palabra que él ha predicado, o sea, la gracia del Evangelio, la invitación a la conversión que él ha traído. En segundo lugar, Jesús pone de relieve, trágicamente, que los suyos le han abandonado. Quizás advierte la hostilidad del pueblo. Las antiguas ciudades paganas de Tiro y Sidón tendrán un juicio menos severo que el pueblo de Israel. Por último, en un tercer ámbito, Jesús prevé también que el Evangelio superará las fronteras de Galilea, que llegará a los gentiles, mientras que -por desgracia- las ciudades que fueron las primeras en recibir su mensaje se quedarán encerradas en un judaísmo anticristiano.

El texto se convierte en un aviso no sólo para todo el pueblo de Israel, sino también para todas aquellas personas que se excluyen de la gracia del Señor y caen en la hipocresía y en la resistencia puestas de manifiesto por los "ayes". Puede decirse que Jesús pretende censurar el único gran pecado, el imperdonable, ése contra el Espíritu Santo: cerrar los ojos a la manifestación de la gracia, a la oferta de perdón. Ése es el gran riesgo que corre la misión cristiana. Jesús lo ha dicho con claridad: "Quien os escucha a vosotros a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros a mí me rechaza" (v. 16).

 

MEDITATIO

Los "pequeños" que acogen la invitación de Jesús a seguir su ejemplo de sencillez y humildad experimentan el amor divino. Se descubren amados por Jesús, que no ha dudado en dar su propia vida a fin de que todos los hombres pudieran vivir eternamente la amistad con él y con el Padre. El Espíritu Santo nos ha hecho en el bautismo criaturas nuevas y nos ha introducido en la familiaridad con Dios. Somos del Señor, estamos llamados a dejarnos animar por el mismo pálpito de amor por el que él se entregó totalmente a nosotros hasta el fin.

Francisco de Asís respondió a esta llamada: se hizo "pequeño", menor, humilde y pobre, satisfecho sólo con Dios. Descubrió que el Evangelio, vivido sin rebajas, nos hace criaturas nuevas, personas resucitadas, partícipes de la verdadera humanidad del Hijo de Dios y, por consiguiente, auténticos servidores de los hermanos, de todos los hermanos. En Francisco, esta humanidad redimida, forjada por las exigencias y por la ternura del amor a Dios y a los demás, se volvió visible en los signos de la crucifixión. Y el mismo Francisco se convirtió en la bendición viva del Padre, puesto que no se apropió de nada, sino que -como menor- todo se lo restituyó, reconociéndole como el Dador de todo bien.

 

ORATIO

!Santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro! Hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra: para que te amemos con todo el corazón (cf. Lc 10,27), pensando siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; con toda la mente, dirigiendo todas nuestras intenciones a ti, buscando en todo tu honor; y con todas nuestras fuerzas, empleando todas nuestras energías y los sentidos del alma y del cuerpo en servicio, no de otra cosa, sino del amor a ti; y para que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, atrayendo a todos, según podamos, a tu amor, alegrándonos de los bienes ajenos como de los nuestros y compadeciéndolos en los males y no ofendiendo a nadie (Francisco de Asís, "Paráfrasis del Padre nuestro", en Fuentes franciscanas, versión electrónica).

 

CONTEMPLATIO

Donde hay caridad y sabiduría, no hay temor ni ignorancia.

Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni desasosiego. Donde hay pobreza con alegría, no hay codicia ni avaricia. Donde hay quietud y meditación, no hay preocupación ni disipación. Donde hay temor de Dios que guarda la entrada {cf. Lc 11,21), no hay enemigo que tenga modo de entrar en la casa. Donde hay misericordia y discreción, no hay superfluidad ni endurecimiento (Francisco de Asís, "Admoniciones, en Fuentes franciscanas", versión electrónica).

 

ACTIO

Repite a menudo y medita durante el día la invocación de san Francisco: "Qué eres tú, oh dulcísimo Dios mío? Qué soy yo, vilísimo gusano e inútil siervo tuyo?"

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Su vida estuvo enteramente caracterizada -hasta el momento de la conversión- por la búsqueda de un modelo que pudiera educar y plasmar su natural propensión al canto.

Lo encontró de repente en el Señor Jesús, en la belleza de su vida narrada por el Evangelio y, en particular, en el luminoso canto nuevo de su muerte en la cruz.

Dejó que la pasión marcara cada uno de sus pasos y afinara de manera progresiva todas las fibras de su persona con la humanidad del Hijo de Dios, que se entregó por completo a sí mismo por nosotros.

Francisco oró así: "Te ruego, oh Señor, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor arrebate mi mente de todas las cosas que hay bajo el cielo, para que muera yo de amor por tu amor, como tú te dignaste morir por amor a mi amor" (oración Absorbeat).

Su camino estuvo siempre acompañado por confirmaciones y consuelos. Su predicación y su ministerio tocaron el corazón de las personas y suscitaron decisiones de conversión y de reconciliación.

Su manera de seguir radicalmente al Señor se volvió, cada vez más, casa hospitalaria para otros muchos hermanos y hermanas, que encontraron en su itinerario personal una modalidad radical y actual de interpretar y vivir el Evangelio de la nueva estación histórica que avanzaba. Sin embargo, en el tiempo del monte Alverna, parece apagarse el canto fluente.

En esta estación encuentra Francisco la prueba más terrible: las fatigas originadas por un movimiento que se institucionaliza -que pierde en intensidad evangélica y llega incluso a dudar sobre la posibilidad de que sea integralmente practicable su estilo de vida- repercuten en su misma fe.

La pregunta sobre la verdad de sus intuiciones más profundas y la duda sobre el origen divino de su proyecto de vida resuenan en un silencio opresor en el que Dios no parece hablarle ya, a pesar de haberlo buscado con tanta tenacidad.

Francisco experimenta el abandono de Dios y se retira de los hermanos para no mostrar su semblante, que ha perdido la serenidad habitual. El canto nuevo, por consiguiente, no le fue dado en un momento de paz y consolación, sino en un momento en el que -como dice el salmista- "fallan los cimientos" (Sal 11,3) y todas las seguridades parecen hundidas (C. M. Martini - R. Cantalamessa, La cruz como raíz de la perfecta alegría, Verbo Divino, Estella 2002, pp. 15-16).

 

 

Día 5

Témporas de acción de gracias y de petición 

       Días de acción de gracias y petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual. Son una ocasión que presenta la Iglesia para rogar a Dios por las necesidades de los hombres , principalmente por los frutos de la tierra y por los trabajos de los hombres, dando gracias a Dios públicamente

 

LECTIO

Primera Lectura: Deuteronomio 8, 7-18

7 Pues Yahveh tu Dios te conduce a una tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y hontanares que manan en los valles y en las montañas,

8 tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel,

9 tierra donde el pan que comas no te será racionado y donde no carecerás de nada; tierra donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el bronce.

10 Comerás hasta hartarte, y bendecirás a Yahveh tu Dios en esa tierra buena que te ha dado.

11 Guárdate de olvidar a Yahveh tu Dios descuidando los mandamientos, normas y preceptos que yo te prescribo hoy;

12 no sea que cuando comas y quedes harto, cuando construyas hermosas casas y vivas en ellas,

13 cuando se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes,

14 tu corazón se engría y olvides a Yahveh tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre;

15 que te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible entre serpientes abrasadoras y escorpiones: que en un lugar de sed, sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca más dura;

16 que te alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para después hacerte feliz.

17 No digas en tu corazón: "Mi propia fuerza y el poder de mi mano me han creado esta prosperidad",

18 sino acuérdate de Yahveh tu Dios, que es el que te da la fuerza para crear la prosperidad, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus padres, como lo hace hoy.

 

         *"La historia nos ofrece lecciones importantes.  Recordémoslas y apliquémonos más.  En tiempos de riqueza y de bienestar, los seres humanos tendemos a confiar en nosotros mismos.  Tendemos a volvernos independientes, y muchos hasta se vuelven arrogantes.  Esta actitud la vemos expresada en Dt. 8:17, lo cual implica olvidar a Dios.

         A cada persona Dios le otorga la habilidad para prosperar, ya sea un israelita de los tiempos del Antiguo Testamento, o un cristiano del Nuevo Testamento.  Ninguno debe olvidar que es Dios el que provee la capacidad para prosperar.  Jesús nos enseñó una hermosa actitud de dependencia diaria, cuando nos instruyó para que oráramos diciendo: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”.  Como cristianos no podemos darnos el lujo de olvidar a Dios, de la misma forma que tampoco podía hacerlo el israelita en la vida diaria.  Esta actitud viene a identificarnos que pueblo suyo somos y ovejas de su parado

 

Salmo Responsorial

Tú eres Señor del universo.

Salmo: 1 Cron 29, 10-12.

 

10 Después bendijo David a Yahveh en presencia de toda la asamblea diciendo:

 !Bendito tú, oh Yahveh, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre hasta siempre!

R. Tú eres Señor del universo.


11 Tuya, oh Yahveh, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la majestad;

pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra.

Tuyo, oh Yahveh, es el reino; tú te levantas por encima de todo.

R. Tú eres Señor del universo.


12 De ti proceden las riquezas y la gloria.

Tú lo gobiernas todo; en tu mano están el poder y la fortaleza,

y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia.

R. Tú eres Señor del universo.

 

 

Segunda lectura: 2 Corintios 5,17-21

 

17 De modo que si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha aparecido algo nuevo.

18Todo viene de Dios, que nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.

19 Porque era Dios el que reconciliaba consigo al mundo en Cristo, sin tener en cuenta los pecados de los hombres, y el que nos hacía depositarios del mensaje de la reconciliación.

20 Somos, pues, embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos que os dejéis reconciliar con Dios.

21 A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de pecado para que, por medio de él, nosotros nos transformemos en salvación de Dios.

 

**• La perícopa comienza con la afirmación esencial del cristianismo: si la humanidad ha muerto y resucitado con Cristo, todo lo viejo (lo que está bajo la ley del pecado) ha desaparecido. Lo que cuenta es la criatura nueva. El hombre viejo ha sido sepultado en el bautismo.

Surge del agua el hombre nuevo. Esta transformación es pura gracia. El género humano, inmerso en el pecado, no podía volver a Dios con sus propios medios. En su amor sobreabundante (cf. Ef 2,4; Rom 5,8), Dios envió a su Unigénito para llevar a cabo la reconciliación con su inmolación. Estamos salvados "por Cristo" y "en Cristo". Ambas expresiones no son una repetición, sino una profundización; equivale a decir que, una vez reconciliados por los méritos de Cristo, hemos sido injertados en él y nos hemos convertido con él en cooperadores de la obra de salvación. De hecho, en el v. 20 se nos confía una misión específica: somos embajadores de Cristo; a través de nosotros, Dios quiere exhortar a todos a dejarse reconciliar. La misión exige adhesión plena y libre a su voluntad. Pablo propone un motivo altísimo para suscitar el asentimiento: el Justo se ha hecho pecado para que los pecadores llegasen a ser justicia. Él ha querido hacerse solidario de nosotros, no nos haremos nosotros solidarios con él?

 

Evangelio: Mateo 7,7-12

Dijo Jesús:

7 Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis! llamad, y os abrirán.

8 Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren.

9 Acaso si a alguno de vosotros su hijo le pide pan le da una piedra

10 o si le pide un pez le da una serpiente?

11 Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, !cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

12 Así pues, tratad a los domas como queráis que ellos os traten a vosotros, porque en esto consisten la Ley y los profetas.

 

**• Con una argumentación seria que, desde el punto de vista formal, se asemeja a la de los rabinos de su tiempo, Jesús enseña la necesidad de la oración de petición, declarando la certeza de ser escuchada. Se da una contradicción con lo indicado poco antes (Mt 6,7s) Ciertamente, no; en la oración no es preciso ser palabrero, porque el Padre "conoce", pero es necesario asumir la actitud interior del mendigo, es decir, saber ubicarse en la verdad de la propia condición humana.

Dios mismo da al que pide y abre al que llama: de hecho, los verbos usados -"se os dará", "se os abrirá"- tienen la forma de lo que se llama "pasivo divino", expresión semántica para evocar el nombre de Dios -impronunciable- sin nombrarlo de modo explícito (vv. 7s). Si a un hijo que pide alimento su padre no le dará cualquier cosa que se le parezca en su aspecto externo pero que en sustancia sea muy diferente (vv. 9s), mucho más Dios, el único bueno, el padre más solícito, dará "cosas buenas" a todos los que le piden.

El Padre escucha siempre las súplicas de sus hijos y da lo que realmente es mejor al que lo invoca. El v. 12 recuerda un dicho rabínico: "Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu prójimo. En esto está toda la ley, el resto sólo es una explicación". Jesús lo relata en forma positiva, y esto es mucho más exigente: no se trata de un "no hacer", sino de algo concreto que nos exige estar siempre atentos por el bien de los demás; por esta razón, cambia completamente la vida del que lo toma en serio, le lleva a la verdadera conversión: descentrarse de nosotros mismos para que nuestro centro sean los demás.

 

MEDITATIO

Jesús nos enseña a orar con perseverancia confiada, revelándonos al mismo tiempo cómo es el corazón de Dios y cómo debe ser el corazón del orante. Se nos va conduciendo a la verdad más sencilla y más profunda: Dios es nuestro Padre y nos ama con amor eterno, sin arrepentirse, sin reservas. Quizás no creemos de veras en este amor, o tal vez estamos ya tan acostumbrados a decir y oír que Dios nos ama, que apenas prestamos atención a esta realidad desconcertante.

Jesús hoy nos invita a entrar en comunión viva con Dios Padre, y ésta es una experiencia que nos puede cambiar interiormente: pedid..., buscad..., llamad..., no quedaréis defraudados. El Padre, fuente inagotable de bondad, dará sólo cosas buenas a los que se las pidan. Hemos orado ya de veras, dirigiéndonos a él o, tal vez, hemos manifestado nuestros deseos en voz alta, haciéndolos girar en torno a nosotros mismos? Además, eran de verdad "cosas buenas" las que hemos pedido? La oración humilde y sencilla, la oración de un corazón amante, comienza con un acto de contemplación gratuita, teniendo fija la mirada interior en el rostro del Padre bueno. Olvidemos nuestras muchas peticiones y, poco a poco, sentiremos nacer en nosotros una única súplica que brota de una exigencia realmente necesaria.

Después de haber contemplado en la fe el rostro de Dios, ya no podremos dudar ni ignorar que somos hijos de Padre, impulsados por su amor a todo ser humano, nuestro hermano, para brindar esa bondad que sin cesar mana de la fuente y viene a saciar nuestra indigencia para que rebose hacia todos y llegue a cada uno.

 

ORATIO

Oh Padre, tú que eres el único bueno y das cosas buenas a los que te las piden, escucha nuestra oración. Antes de nada danos un corazón sencillo, humilde, confiado, que sepa abandonarse sin pretensiones y sin reservas a tu amor. Haznos pobres de espíritu y ven, tú que eres el Rey, a ensanchar en nosotros tu reino de paz. Ayúdanos a suplicarte incesantemente para que, siendo portavoces de toda criatura, podamos llevar a todos el auxilio de tu amor. Tú das al que pide: danos tu Espíritu bueno. Tú concedes que encuentre el que busca: que busquemos siempre tu rostro. Tú abres al que llama: ábrenos la puerta de tu corazón a nosotros y a todos los hombres. Estrechados en tu eterno abrazo, no pediremos más. Oh Padre, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

 

CONTEMPLATIO

El Evangelio nos asegura que son muchas las causas por las que somos escuchados. Una condición: que dos almas se unan en su oración; otra una fe firme; también la limosna, la enmienda de vida [...]. Convencido estoy de nuestras miserias, y quiero, incluso, admitir que estamos completamente desprovistos de las virtudes de las que hemos hablado antes. Y, sin embargo, el Señor promete concedernos los bienes celestiales y eternos; nos exhorta a una dulce violencia con nuestra insistencia. Nada más lejos de él que el desprecio de los importunos: los invita, los alaba, les promete concederles con gusto todo. Que nos anime la insistencia de los importunos. Sin exigir un gran mérito ni grandes fatigas, está en nuestra mano. No dudemos de la Palabra del Señor, que dice: "Todo lo que pidáis con fe lo obtendréis" (Juan Casiano, Colaciones, IX, 34, passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él le escucha" (Sal 33,6s).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Antes de saber cómo hay que orar, importa mucho más saber cómo "no cansarse nunca", no desanimarse nunca, ni deponer las armas ante el silencio aparente de Dios: "Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer" (Le 18,1).

Que la intrepidez se adueñe de ti como de la viuda ante el juez. Vete a encontrar a Dios en plena noche, llama a la puerta, grita, suplica e intercede. Y si la puerta parece cerrada, vuelve a la cara, pide, pide hasta romperle los oídos. Será sensible a tu llamada desmesurada, pues ésta grita tu confianza total en él.

Déjate llevar por la fuerza de tu angustia y el asalto de tu impetuosidad. En algunos momentos, el Espíritu Santo formulará él mismo las peticiones en lo más íntimo de tu corazón con gemidos inefables. Has oído gemir a un enfermo presa de un intenso sufrimiento? Nadie puede permanecer insensible a esta queja, a menos que tenga un corazón de piedra. En la oración, Dios espera que pongas esta nota de violencia, de vehemencia y de súplica para volcarse sobre ti, y escuchará tu petición. En el fondo, no haces más que dar alcance al amor infinito comprimido en su corazón, que espera tu oración para desencadenarse en respuesta de ternura y misericordia. Si supieses lo atento que está Dios al menor de tus clamores, no dejarías de suplicarle por tus hermanos y por ti. El se levantaría entonces y colmaría tu espera mucho más allá de tu Oración. Se puede esperar todo de una persona que ora sin cansarse y que ama a sus hermanos con la ternura misma de Dios (J, Lufrance, Ora a tu Padre, Madrid 1981, 173-174).

 

 

 

 

 

Día 6

Domingo XXVII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Génesis 2,18-24

18 Después, el Señor Dios pensó: No es bueno que el hombre esté solo; voy a proporcionarle una ayuda adecuada.

19 Entonces el Señor Dios formó de la tierra toda clase de animales del campo y aves del cielo, y se los presentó al hombre para ver cómo los iba a llamar, porque todos los seres vivos llevarían el nombre que él les diera.

20 Y el hombre fue poniendo nombre a todos los ganados, a todas las aves del cielo y a todas las bestias salvajes, pero no encontró una ayuda adecuada para sí.

21 Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un letargo y, mientras dormía, le sacó una costilla y llenó el hueco con carne.

22 Después, de la costilla que había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.

23 Entonces éste exclamó: Ahora sí; esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne; por eso se llamará mujer, porque del varón ha sido sacada.

24 Por esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo.

 

        *" El relato del capítulo 2 del libro del Génesis presenta al hombre, creado por Dios, en la soledad de los albores. Dios, que ha visto que era "bueno" todo lo que había creado (cf. Gn 1), vio que "no es bueno que el hombre esté solo" (v. 18). Los animales, con toda la variedad de sus especies, no están en condiciones de colmar el vacío existencial del hombre. Éste ejerce sobre ellos discernimiento y autoridad, determinando sus funciones en la tierra, pero no son "semejantes a él" (vv. 19ss). La creación de la mujer a partir de la parte del hombre considerada más noble -el tórax, sede del corazón- está presentada con elementos comunes a otras mitologías del Oriente medio. El sueño que cae sobre el hombre es extraordinario (v. 21; cf. Gn 15,12) y es preludio de la obra extraordinaria que YHWH va a realizar.

        Dios presenta la mujer creada al hombre (v. 22), del mismo modo que al comienzo le había presentado los animales (v. 19a), pero el resultado es muy distinto. El hombre reconoce en la mujer a una criatura igual a él en dignidad (v. 23). Está unido a ella con un vínculo más fuerte que con cualquier otro ser, para estrechar el cual hasta las relaciones con los padres se transforman (v. 24).

        El hombre y la mujer han sido creados para ser una sola cosa. El nombre de mujer, que el hombre da a la criatura plasmada a partir de su costilla, expresa la identidad de naturaleza entre los dos y la diversidad de sus tareas. De este modo es como manifiestan la imagen y la semejanza del Dios creador (cf. Gn 1,26ss).

 

Salmo responsorial
Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

Salmo 127, 1-2. 3. 4-5. 6

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien

R. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa.

R. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida.

R. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

Que veas a los hijos de tus hijos.
!Paz a Israel!

R. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

 

 

Segunda lectura: Hebreos 2,9-11

Hermanos:

9 a aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos coronado de gloria y honor por haber padecido y muerto. Así, por disposición divina, gustó él la muerte en beneficio de todos.

10 Pues era conveniente que Dios, que es origen y meta de todas las cosas y que quiere conducir a la gloria a muchos hijos, elevara por los sufrimientos al más alto grado de perfección al cabeza de fila que los iba a llevar a la salvación.

11 Porque, santificador y santificados, todos proceden de uno mismo. Por eso Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos.

 

        *•• La carta a los Hebreos presenta la persona de Jesús y su misión, sacando a la luz sus características únicas. Jesús es el Hijo (cf. Heb 1,1-4) y su dignidad no es comparable a la de ningún otro ser. El autor de la carta lo demuestra desarrollando en particular la comparación con los ángeles, a los que ciertos medios judíos reconocían un papel de mediación entre Dios y los hombres.

        Jesús, en cuanto hombre y tras haber renunciado a las prerrogativas divinas (cf. Flp 2,6-8), se encuentra en una condición inferior respecto a la de los ángeles (v. 9a); sin embargo, en virtud de la pasión y de la resurrección, vive ahora glorioso para siempre y se le tributa todo honor (v. 9b; cf. Flp 2,9-11). Precisamente por el sufrimiento y la muerte que ha padecido, obedeciendo al Padre, Jesús se ha convertido en fuente de salvación para todos (v. 9c). Él, por quien todo ha sido creado y en quien todo subsiste (v. 8; cf. Col 1,16c-17), ha compartido la condición histórica del hombre y, llevando a cumplimiento en sí mismo su vocación, se ha convertido en guía autorizado de la humanidad (v. 10) en el camino de retorno al Padre.

        Jesús cumple, por consiguiente, las condiciones de la mediación sacerdotal: autoridad ante Dios en virtud de su obediencia salvífica (v. 10); compartimiento de la naturaleza humana marcada por el límite y por el sufrimiento (v. 11; cf. Heb 2,14-17). Jesús, Hijo de Dios y hermano de los hombres, no pierde a ninguno de los que el Padre le ha dado, sino que es camino de salvación para todos.

 

Evangelio: Marcos 10,2-16

En aquel tiempo,

2 se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle a prueba, le preguntaron si era lícito al marido separarse de su mujer.

3 Jesús les respondió: -Qué os mandó Moisés?

4 Ellos contestaron: -Moisés permitió escribir un certificado de divorcio y separarse de ella.

5 Jesús les dijo: -Moisés os dejó escrito ese precepto por vuestra incapacidad para entender.

6 Pero desde el principio Dios los creó varón y hembra.

7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer

8 y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino uno solo.

9 Por tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.

10 Cuando regresaron a la casa, los discípulos le preguntaron sobre esto.

11 Él les dijo: -Si uno se separa de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera;

12 y si ella se separa de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

13 Llevaron unos niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.

14 Jesús, al verlo, se indignó y les dijo: -Dejad que los niños vengan a mí; no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios.

15 Os aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él.

16 Y tomándolos en brazos, los bendecía, imponiéndoles las manos.

 

        *• En su viaje hacia Jerusalén, Jesús se dedica especialmente a instruir al grupo de los discípulos. A éstos, en efecto, les dirige, también en este episodio, una enseñanza particular (vv. l0 ss). La ocasión se la brinda una pregunta de los fariseos, que, como también en otras ocasiones señalan los evangelistas, intentan tender una trampa a Jesús para demostrar su culpabilidad como violador de la ley. En el presente caso, le plantean la cuestión de la posibilidad del divorcio (v. 2). La contrapregunta de Jesús pone de manifiesto que las prescripciones de la Ley de Moisés no constituyen el principio absoluto, sino una derogación de la mucho más importante ley originaria de la creación, derogación motivada por la dureza del corazón de los hombres (vv. 3-5), reiteradamente desobedientes a los mandamientos divinos.

        Jesús, por tanto, no está contra la ley de Moisés. Con todo, en los puntos en que se distancia de ella lo hace para volver a poner en primer plano la voluntad de Dios tal como se manifestó en el acto creador. Esto es lo que da su sentido a las citas de Gn 1,27 y Gn 2,24: el hombre y la mujer han sido creados con una diferenciación sexual masculina-femenina, pero están llamados a la unidad en la complementariedad, en la unión inseparable, que tiene que ver con todo su ser personal.

        La enseñanza dispensada a los discípulos "cuando regresaron a la casa" (vv. lOss) acentúa la afirmación del carácter inescindible del vínculo matrimonial y, poniendo en el mismo plano de responsabilidad al hombre y a la mujer -de modo diferente a los preceptos judíos (cf. Dt 24,1)-, subraya la validez del mandamiento "no cometerás adulterio" (Ex 20,14), cuyo cumplimiento vino a proclamar Jesús (cf. Mt 5,17.27ss).

        El relato evangélico prosigue presentando un encuentro de Jesús con los niños. A la actitud intolerante y hostil de los discípulos se opone la actitud acogedora y cálida de Jesús (vv. 13.16). Los discípulos ven cómo Jesús les reprocha su dureza contra quienes ocupaban de modo decidido uno de los peldaños más bajos de la escala social de aquel tiempo (v. 14). Se capta la intención del evangelista, que no es otra que comunicar a la comunidad cristiana una enseñanza que Jesús repite constantemente: el que no tiene pretensiones, el que es considerado incapaz o indigno por su aparente poquedad, ése es quien está en mejores condiciones para acoger, mejor que los llamados poderosos, el Reino de Dios (v. 15).

 

MEDITATIO

        Cómo escuchar y acoger la Palabra de Dios que habla de la unidad entre el hombre y la mujer y del carácter inseparable del vínculo matrimonial cuando, en nuestro tiempo, la fidelidad y la indisolubilidad de la pareja parecen algo utópico y, lo que es más, son consideradas un valor cultural del pasado? Cómo no relegar entre los mitos fantásticos el relato del libro del Génesis, insertando también las palabras de Jesús como un complemento de la fábula?

        La Palabra de Dios, en su integridad, "es viva y eficaz"; es Palabra para este momento, para nosotros. La fatiga concreta que los hombres y las mujeres experimentan al vivir su unión de una manera estable, constructiva, fecunda, es iluminada y sostenida por la Palabra de Dios. Jesús sigue siendo siempre el hermano que ha experimentado el sufrimiento y la angustia del límite humano y de sus consecuencias; él, el Hijo de Dios. Y, vencedor del mal, acompaña a todos, a cada uno con su propia fatiga personal, al encuentro con el Padre, al abrazo de su misericordia.

        Dios lo ha creado todo para la vida. La suya es una ley de vida que promueve al hombre, no una ley que le oprime. La unión indisoluble entre el hombre y la mujer es una verdad inscrita en el ser humano, una verdad que libera y hace auténtica su capacidad y su necesidad de amar y de ser amado. Es la celebración de la dignidad suprema del hombre y de la mujer, "imagen y semejanza" de Dios.

 

ORATIO

        Te pido, Señor, por cada hombre y por cada mujer que, un día, se reconocieron hechos el uno para la otra y decidieron compartir toda la vida. Te doy gracias por su coraje, por su determinación, sobre todo por su decisión de convertir el amor en alimento de sus jornadas. Te doy gracias por el don que son recíprocamente: es algo que también a mí me habla de tu amor. Te doy gracias por su entrega, renovada día a día: algo que me habla también de tu fidelidad. Te doy gracias por su apertura a la vida: algo que me habla también de tu desbordante paternidad y maternidad.

        No les dejes solos y ayúdales a no dejarte nunca. Sé tú la fuerza de su unión. Y si han de vivir tiempos oscuros, en los que el amor parezca estancarse y cerrarse en los sacos del "dado por descontado" y de la falta de creatividad, haz que encuentren de nuevo aquella mirada transparente en la que se reconocieron entregados el uno a la otra y, atreviéndose a ser juntos don para los hermanos, den nuevo vigor a aquel amor que los hace una sola cosa, como tú, Dios, eres uno en la comunión trinitaria.

 

CONTEMPLATIO

        El matrimonio es un misterio y figura de una gran realidad. De qué modo es un misterio? Convienen juntos y los dos se hacen uno solo. Llegan a convertirse en un solo cuerpo. Éste es el misterio del amor. Si los dos no se convirtieran en uno, no reproducirían a muchos mientras siguieran siendo dos, pero, cuando llegan a la unidad, entonces se reproducen.

        Qué aprendemos de aquí? Que la fuerza de la unión es grande. Has visto el misterio del matrimonio? De uno hizo uno y de nuevo, hechos estos dos uno, de este modo hace uno: de modo que también ahora el hombre nace de uno. En efecto, la mujer y el hombre no son dos seres, sino uno solo (Juan Crisóstomo, Sulla lettera ai Colossesi, en id., Vanitá. Educazione dei figli. Matrimonio, Roma 31997, pp. 123ss [edición española: Sobre la vanguardia, la educación de los hijos y el matrimonio, Ciudad Nueva, Madrid 1997]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú nos guías, Señor Jesús, por el camino de la salvación " (cf. Heb 2,10).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Una pareja de esposos tiene derecho a acoger y celebrar el día de su matrimonio viviéndolo como un triunfo incomparable. Si las dificultades, las resistencias, los obstáculos, las dudas y las vacilaciones no han sido simplemente orillados, sino lealmente afrontados y vencidos - y es ciertamente un bien que las cosas no discurran de una manera demasiado suave-, entonces ambos esposos habrán obtenido efectivamente el triunfo decisivo de su vida; con el "sí" que se han dicho recíprocamente han decidido con toda libertad dar una nueva orientación a toda su vida; ambos han desafiado con serena seguridad todos los problemas y las perplejidades que la vida hace nacer frente a cada vínculo duradero entre dos personas y han conquistado, mediante un acto de responsabilidad personal, una tierra nueva para su vida.

        El matrimonio es más que vuestro amor recíproco. Posee un valor y un poder mayores, porque es una institución santa de Dios, a través de la cual quiere conservar a la humanidad hasta el fin de los días. Desde la perspectiva de vuestro amor, os veis solos en el escenario del mundo; desde la perspectiva del matrimonio, sois un eslabón en la cadena de las generaciones que Dios hace nacer y morir para su gloria, llamándolas a su Reino.

        Desde la perspectiva de vuestro amor veis solo el cielo de vuestra alegría personal; el matrimonio os inserta de una manera responsable en el mundo y en la responsabilidad de los hombres; vuestro amor os pertenece a vosotros solos, es personal; el matrimonio es algo suprapersonal, es un estado, un ministerio. Dios hace vuestro matrimonio indisoluble, lo protege de todo peligro interior y exterior; Dios quiere ser el garante de su indisolubilidad.

        Ésta es una alegre certeza para cuantos saben que ninguna fuerza en el mundo, ninguna tentación, ninguna debilidad humana, puede desatar lo que Dios mantiene unido; más aún, quien sabe esto puede decir con confianza: "Lo que Dios ha unido no lo puede separar el hombre". Libres de todas las ansias que el amor lleva siempre consigo, podéis deciros, con seguridad y confianza total: no podremos perdernos nunca más, pues nos pertenecemos recíprocamente hasta la muerte por voluntad de Dios.

        Vivid juntos perdonándoos recíprocamente vuestros pecados, sin lo cual no puede subsistir ninguna comunidad humana, y mucho menos un matrimonio. No seáis autoritarios entre vosotros, no os juzguéis ni os condenéis, no os dominéis, no echéis la culpa el uno a la otra, sino acogeos por lo que sois y perdonaos recíprocamente cada día, de corazón. Desde el primero al último día de vuestro matrimonio, debe seguir siendo válida esta exhortación: acogeos... para la gloria de Dios. Habéis oído la palabra que Dios dice sobre vuestro matrimonio. Dadle gracias por ella, dadle gracias por haberos guiado hasta aquí y pedidle que funde, consolide, santifique y custodie vuestro matrimonio: de este modo seréis "algo para alabanza de su gloria" (D. Bonhoeffer, Resistenza e resa, Cinisello B. 21996 [edición española: Resistencia y sumisión, Ediciones Sígueme, Salamanca 1983]).

 

 

Día 7

Lunes semana XXVII del Tiempo ordinario o 7 de octubre,

Nuestra Señora la Virgen del Rosario

 

La liturgia de Nuestra Señora la Virgen del Rosario forma parte de las memorias que, celebradas originariamente por familias religiosas particulares, pueden ser consideradas verdaderamente eclesiales por la difusión que han alcanzado (Marialis cultus, 8). El rosario apareció y se difundió entre los siglos XV y XVI. La orden dominicana se erigió en paladina del mismo. La memoria -en un primer momento fiesta- entró en la liturgia por disposición del papa dominico Pío V en 1572, como acto de reconocimiento a Nuestra Señora, a cuya intervención se atribuyó la victoria de la flota cristiana sobre la turca, más poderosa, el 7 de octubre de 1571, denominada entonces "conmemoración de Nuestra Señora la Virgen de la Victoria".

 

 

LECTIO

Primera lectura: Gálatas 1,6-12

Hermanos:

6 No salgo de mi asombro al ver qué pronto habéis abandonado a quien os llamó mediante la gracia de Cristo y con qué rapidez habéis abrazado otro evangelio.

7 Pero no hay otro evangelio. Lo que pasa es que algunos están desconcertándoos e intentan manipular el evangelio de Cristo.

8 Pues sea maldito cualquiera -yo o incluso un ángel del cielo- que os anuncie un evangelio distinto del que yo os anuncié.

9 Ya os lo dije, y ahora os lo repito: si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, !caiga sobre él la maldición!

10 Porque, vamos a ver: busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? Trato acaso de agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.

11 Quiero que sepáis, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es una invención de hombres,

12 pues no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno; Jesucristo es quien me lo ha revelado.

 

**• En su segundo viaje misionero había atravesado Pablo "Frigia y la región de Galacia" (Hch 16,6), a saber, la región que se extiende en torno a la actual Ankara, y había fundado allí comunidades cristianas que visitó después en su tercer viaje (Hch 18,23), en los años 53-57 d. C. Lo que propugnaba Pablo es que el creyente se salva en virtud de la fe en Jesucristo crucificado y resucitado, y no a causa de la sola observancia de la Ley. Ésta -dirá Pablo- es libertad. Los cristianos judaizantes, no obstante, pretendían adaptar la práctica del Evangelio a la religión judía y a algunas de sus prácticas (como la circuncisión y otras prescripciones). También la Iglesia que estaba en Galacia padeció esta "intrusión" por parte de los judaizantes. Pretendían éstos nada menos que ironizar sobre la autoridad y la doctrina de Pablo. La reacción del gran convertido de Damasco es vigorosa.

Pablo, dirigiéndose a los " !gálatas insensatos! Quién os ha fascinado?" (Gal 3,1), expresa una indignación que no es tanto autodefensa como constatación de que corren el riesgo de abandonar el Evangelio de Cristo o de contaminarlo, subvertirlo. El tono de esta perícopa ya es encendido. Estas palabras encendidas persiguen sobre todo obtener que los gálatas se declaren a favor de Cristo y acojan de modo pleno la única certeza que cuenta: el Evangelio, tal como les ha sido predicado, el Evangelio del Señor Jesús. Precisamente porque está convencido hasta el fondo de que se trata de la única alegre noticia que cuenta, puede declarar Pablo con toda franqueza que con la predicación del Evangelio no busca agradar a los hombres, sino a Dios. Lo que él ha venido a anunciar es, en efecto, la Palabra de Dios, recibida por revelación de Jesús y no por enseñanza humana.

 

Salmo Responsorial

El Señor recuerda siempre su alianza

Salmo 110,1-2.7-8.9.10c


Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.
La alabanza del Señor dura por siempre.

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

 

 

Evangelio: Lucas 10,25-37

En aquel tiempo,

25 se levantó un maestro de la Ley y le dijo para tenderle una trampa: -Maestro, qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?

26 Jesús le contestó: -Qué está escrito en la Ley? Qué lees en ella?

27 El maestro de la Ley respondió: -Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo.

28 Jesús le dijo: -Has respondido correctamente. Haz eso y vivirás.

29 Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: -Y quién es mi prójimo?

30 Jesús le respondió: -Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de desnudarlo y golpearle sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto.

31 Un sacerdote bajaba casualmente por aquel camino y, al verlo, se desvió y pasó de largo.

32 Igualmente un levita que pasó por aquel lugar, al verlo, se desvió y pasó de largo.

33 Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió lástima.

34 Se acercó y le vendó las heridas, después de habérselas curado con aceite y vino; luego lo montó en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él.

35 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al mesonero, diciendo: "Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi vuelta".

36 Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?

37 El otro contestó: -El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: -Vete y haz tú lo mismo.

 

*+• Jesús va de viaje hacia Jerusalén. Un judío, experto legista, durante una parada, se propone "atraparlo" con una pregunta de extrema importancia: qué se debe hacer para alcanzar la vida eterna? Jesús, siguiendo su estilo, responde con otra pregunta que remite al experto legista a la Ley misma de Moisés. Qué está escrito en ella? El hombre responde recordando el precepto del amor total a Dios, tal como aparecía formulado en Dt 6,3 y había sido retomado en el shema (".Escucha, Israel"), recitado a diario por los israelitas. Une a este precepto el del amor al prójimo, tal como aparece en Lv 19,18.

Tras aprobar Jesús esta perfecta síntesis, el legista le plantea otra pregunta-trampa: "Y quién es mi prójimo?" (v. 29). Si pensamos que en el Antiguo Testamento sólo era "prójimo" el israelita y, más tarde, el emigrante inserto en la comunidad israelita (cf. Lv 19,33ss); si tenemos en cuenta que en la época de Jesús el concepto de "prójimo" prácticamente se refería al miembro de la propia secta (fariseos, celotas, etc.), percibiremos la agitadora fuerza innovadora expresada en el relato de Jesús. Su respuesta no es teórica, sino que se inserta en el orden concreto de la vida con la narración de una parábola que debía recordar a los oyentes hechos acaecidos en la vida diaria.

También es importante el escenario: el camino que lleva desde Jerusalén (740 metros) a Jericó (bajando a 350 metros bajo el nivel del mar) presenta un recorrido impracticable, con un desnivel de 1.000 metros, lleno de quebradas donde se escondían los salteadores. Así pues, la acción es animada y fuerte: al hombre agredido, lacerado y sangrante, lo encuentran casualmente un sacerdote y un levita (en aquella época volvían a casa cada semana después de su turno en el templo de Jerusalén); dos hombres, religiosos por excelencia, ven lo sucedido y pasan de largo; por último, el protagonista del relato, un samaritano mestizo, bastardo y hereje, ve la misma escena y se ocupa del herido. Jesús se complace en describir con vivas pinceladas todas las acciones de este hombre con tan mala fama entre los judíos. Éste no se contenta con ver, sino que -sintiendo compasión- se acerca al malaventurado: desinfecta las heridas con el vino, fuertemente alcoholizado, de Palestina, le alivia el dolor con el aceite, le lleva al mesón, donde paga de su propio bolsillo las atenciones que se dispensen a este pobrecillo.

Jesús plantea aún otra pregunta: "Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?". !Ojo!: aquí se encuentra el núcleo del relato.

Cuando Jesús, aprobando la respuesta del maestro de la Ley, le dice: "Vete y haz tú lo mismo" (v. 37), desplaza totalmente el centro del problema. La cuestión no es saber quién es nuestro prójimo, puesto que todo hombre que comparta con nosotros la naturaleza humana lo es; se trata más bien de saber cómo se llega a ser prójimo para el otro. El que expresa su propia compasión en el orden concreto de su acción cotidiana es verdadero discípulo de Dios, porque "se hace prójimo" del hombre.

 

MEDITATIO

También yo estoy llamado a vigilar para que mi fidelidad al Evangelio sea total. No eran sólo los gálatas quienes corrían el riesgo de confundir la verdadera "alegre noticia" que es el Evangelio de Cristo. También hoy circulan ideas confusas y resbaladizas dentro de un falso irenismo, con barullos de actitudes que no tienen nada que ver con el ecumenismo, con el diálogo interreligioso y con el mundo: realidades sacrosantas todas ellas y que hemos de buscar. La palabra de Pablo me interpela en orden a mi anuncio personal de Jesús, que no puede ser "teleguiado" por modas culturales y espiritualistas. Si quiero agradar a Dios, es preciso que sea siervo alegre del evangelio y, precisamente por eso, libre de amar.

Ésta es mi verdadera libertad, una libertad que está en plena consonancia con el Evangelio. "El buen samaritano se hace prójimo a pesar de la distancia étnica, social y hasta religiosa. No pide contrapartidas" (C. M. Martini). No se protege en pseudoseguridades o miedos, ni en integrismos para lanzar flechas de juicios puntiagudos sobre quienes no piensan lo mismo.

Seguir el camino del Evangelio de Jesús supone una adhesión plena y, por consiguiente, no sólo mental, sino del corazón y de la vida. Es dentro de mi vida diaria donde Jesús -el buen samaritano por excelencia, que se hizo tan prójimo que me entregó su vida en la cruz- me pide que me convierta. Desde la indiferencia del sacerdote y del levita estoy llamado a "hacerme prójimo" con un corazón atento y cálido. Desde la intolerancia del legista que también anida en mí he de pasar a la mansedumbre, a la escucha, al diálogo. De su dureza de corazón he de convertirme "preocupándome" por quienes están a mi lado, especialmente por los que sufren.

Hacerme prójimo en la familia, en el trabajo, en la parroquia o en el movimiento eclesial significa en la práctica revestirme por dentro de paciencia, de benevolencia, de empatía y simpatía; significa hacer desaparecer las muy posibles sombras de envidia y de celos y deseos de conseguir aprobaciones. Hacerse prójimo significa anegar en el mar de la misericordia de Dios resentimientos, amarguras e intereses recónditos. Hacerme prójimo supone, a fin de cuentas, estar revestido por completo de su amor, que, en el orden concreto, se convierte en disponibilidad para ocuparse, para hacerse cargo del otro.

 

 

ORATIO

Santa María, íntegra en la fe, firme en la esperanza, sincera en la caridad, salve.

Virgen alegre en el fiel servicio a Jesús, tu hijo: sostén nuestra fe en los días de la desgana y en los días del deseo de multiplicar nuestra fe.

Madre dolorosa en la participación en la pasión de Cristo, benéfica para nosotros: obtén misericordia para la pequeñez de nuestra caridad y para todo aumento de dolores ajenos ocasionados por nuestros pecados.

Reina gloriosa en la participación en la vida nueva con el Señor del universo: conserva firme nuestra esperanza de unos cielos nuevos y una tierra nueva, hacia los cuales nos encamina esta existencia terrena.

Virgen de Nazaret, Mujer del Calvario, Señora de Pentecostés: acoge la oración de tus siervos.

 

CONTEMPLATIO

Después de habérsele prometido el hijo, preguntó cómo podía suceder eso, puesto que no conocía varón. En efecto, sólo conocía un modo de concebir y dar a luz; aunque personalmente no lo había experimentado, había aprendido de otras mujeres -la naturaleza es repetitiva- que el hombre nace del varón y de la mujer. El ángel le dio por respuesta: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nazca de ti será santo y será llamado Hijo de Dios. Tras estas palabras del ángel, ella, llena de fe y habiendo concebido a Cristo antes en su mente que en su seno, dijo: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Cúmplase, dijo, el que una virgen conciba sin semen de varón; nazca del Espíritu Santo y de una mujer virgen aquel en quien renacerá del Espíritu Santo la Iglesia, virgen también. Llámese Hijo de Dios a aquel santo que ha de nacer de madre humana, pero sin padre humano, puesto que fue conveniente que se hiciese hijo del hombre el que de forma admirable nació de Dios Padre sin madre alguna; de esta forma, nacido en aquella carne, cuando era pequeño, salió de un seno cerrado, y en la misma carne, cuando era grande, ya resucitado, entró por puertas cerradas.

Estas cosas son maravillosas, porque son divinas; son inefables, porque son también inescrutables; la boca del hombre no es suficiente para explicarlas, porque tampoco lo es el corazón para investigarlas. Creyó María, y se cumplió en ella lo que creyó. Creamos también nosotros, para que pueda sernos provechoso lo que se cumplió (san Agustín, Sermón 215, 4).

 

ACTIO

Repite a menudo y medita durante el día la Palabra: "Dios te salve, María, llena de gracia: el Poderoso ha hecho grandes cosas en ti" (cf. Lc 1,28 y 1,49).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Surge de manera espontánea pasar de la oración del ángelus a la del rosario. Las avemarías forman su trama. El método de meditación de los misterios, evocados brevemente y que forman la base del rosario, está estrechamente ligado al modo con que las tres pequeñas frases del ángelus vuelven a evocar el misterio de la encarnación. Entre las oraciones y las devociones en honor de María, es ciertamente el rosario la más popular y, al mismo tiempo, una de las devociones en la que más se resalta el sentido de la Iglesia. El rezo del rosario orienta a Cristo por medio de María. La Virgen nos ayuda a penetrar y a vivir el misterio de Cristo tal como ella lo vivió [...].

La simplicidad [del rosario], su atmósfera de pura y auténtica contemplación, cuando se medita los misterios como partes de un solo todo, hacen del rosario una vía fácil para extender la contemplación litúrgica a toda la vida diaria y para conducir continuamente toda nuestra vida a su fuente celestial (V. Noé, "Le devozioni mariane in armonio con la liturgia", en AA. W., La Madonna nel culto della Chiesa, Brescia 1966, 288ss).

 

 

Día 8

Martes semana XXVII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Gálatas 1,13-24

Hermanos:

13 Habéis oído, sin duda, hablar de mi antigua conducta en el judaísmo: con qué furia perseguía yo a la Iglesia de Dios intentando destrozarla.

14 Incluso aventajaba dentro del judaísmo a muchos compatriotas de mi edad como fanático partidario de las tradiciones de mis antepasados.

15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por pura benevolencia,

16 tuvo a bien revelarme a su Hijo y hacerme su mensajero entre los paganos, inmediatamente, sin consultar a hombre alguno

17 y sin subir a Jerusalén para ver a quienes eran apóstoles antes que yo, me dirigí a Arabia y, después, otra vez a Damasco.

18 Luego, al cabo de tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y permanecí junto a él quince días.

19 No vi a ningún otro apóstol, fuera de Santiago, el hermano del Señor.

20 En esto que os escribo, Dios es testigo de que no miento.

21 Fui después a las regiones de Siria y Cilicia.

22 Por entonces las Iglesias cristianas de Judea no me conocían aún personalmente;

23 únicamente oían decir que el perseguidor de otro tiempo anunciaba ahora la fe que antes combatía.

24 Y daban gloria a Dios por mi causa.

 

*+• Tras haber declarado con una apretada argumentación que su evangelio es el de Jesucristo, Pablo presenta -por así decirlo- sus credenciales de apóstol. Se trata de una perícopa importante, de corte decididamente autobiográfico. El apóstol recuerda a los gálatas lo repentino y radical que fue su cambio. De tenaz defensor de la Ley (como vía de salvación) y furioso perseguidor de la Iglesia de Cristo, se convirtió en su audaz defensor.

El Evangelio que predica Pablo no encuentra en su pasado de judío unas raíces psicológicas y sociológicas razonables. No ha "florecido" de sus profundas convicciones ni de su práctica de fariseo más celoso que sus mismos correligionarios (v. 14), aferradísimos en su adhesión a la Ley. La revelación en el camino de Damasco (cf. Hch 9,1-19; 22,1-21; 26,9-18) da literalmente la vuelta a su pensamiento y a su acción. No ha habido en ello ninguna mediación, ninguna intervención humana: éste es el quid de la cuestión.

Pablo es consciente de que el Padre lo eligió y lo llamó, desde el seno de su madre, en vistas a un acontecimiento absolutamente gratuito: anunciar a los paganos la revelación de Jesús (cf. w. 15 y 16). La traducción literal dice: "... revelar a su Hijo en mí", y expresa mejor la revolución existencial que, a partir de su interioridad, experimenta Pablo, aunque sus ojos quedaron cegados por la luz de Jesucristo resucitado. La suya es, por tanto, una vocación profética (como la de Jeremías), a la que no opone resistencia. "Sin consultar a hombre alguno" (literalmente, el v. 16 dice "sin consultar carne y sangre"), salió Pablo para Arabia, dejándose comprometer de inmediato en la aventura de anunciar a Jesús.

La absoluta independencia del Evangelio de Pablo respecto a cualquier influencia judía o de la Iglesia de Jerusalén aparece destacada por el hecho de que sólo en un segundo momento sintió la necesidad de "conocer a Pedro", cuando fue a Jerusalén, donde sólo se quedó "quince días" (v. 18). Lo que dice Pablo tiene todo el sabor de la verdad profundamente acogida y toda la luz de un acontecimiento vivido en plenitud.

 

Salmo Responsorial

Guíame, Señor, por el camino eterno

Sal 138


Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras.
R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra.

R/.
Guíame, Señor, por el camino eterno

 

 

Evangelio: Lucas 10,38-42

En aquel tiempo,

38 según iban de camino, Jesús entró en una aldea, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa.

39 Tenía Marta una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

40 Marta, en cambio, estaba atareada con los muchos quehaceres del servicio. Entonces Marta se acercó a Jesús y le dijo: -Señor, no te importa que mi hermana me deje sola en la tarea? Dile que me ayude.

41 Pero el Señor le contestó: -Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas,

42 cuando en realidad una sola es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.

 

*• Esta perícopa ha suscitado gran interés a lo largo de los siglos. Es posible que el motivo de fondo sea haber "cristalizado" en Marta la figura-tipo de la vida activa y en María la de la vida contemplativa. Sin embargo, no se trata de dos estados de vida; la clave de lectura del texto se encuentra más bien en captar dos actitudes interiores.

Jesús va de viaje con los suyos hacia Jerusalén. El suyo es un caminar hacia el epílogo dramático de su propia misión, hacia el misterio pascual de nuestra salvación. El testo dice "según iban de camino" y, después, "entró".

        Cuando se encuentra en Betania, entra sólo en casa de Lázaro, donde Marta, la hermana de Lázaro y de María, le recibe. Hay audacia innovadora en este entrar de Jesús en una casa donde el hombre, si es que lo hay, ni siquiera es nombrado. Verdaderamente, para Jesús "no cuenta ya ser judío o griego, hombre o mujer"; cuenta la "nueva criatura" (cf. Gal 6,15) que se afirma en relación con él.

Marta recibe a Jesús; María se sienta a sus pies y escucha su Palabra. El tono descriptivo no se refiere aquí al Señor, que habla, sino a la "mujer-verdadera-discípula", que está acurrucada a sus pies con un olvido de todo lo que no sea él y su Palabra. Marta, en cambio, "estaba atareada con los muchos quehaceres del servicio" (v. 40). El verbo del texto original se emplea únicamente aquí; Lucas lo utiliza para expresar la gran tensión y agitación -digamos también la alienación- que hay en las cosas por hacer. Marta "se acercó" (v. 40, al pie de la letra en griego: "Se echó encima"), intervino con una cierta petulancia, molestando a la quietud contemplativa de las palabras de Jesús y de la escucha de María. El suyo es casi un reproche dirigido al Señor, que, según su restringido punto de vista, no se preocupa de su "ahogamiento" entre las muchas tareas de las que se ocupa.

Y es aquí donde Jesús aprovecha la oportunidad para censurar, no su útilísima entrega a la tarea, sino el afán y la preocupación que marcan de manera negativa su quehacer. Acaso no había dicho ya Jesús en otro lugar: no os afanéis, no os preocupéis ni por el vestido ni por el alimento, no os afanéis por nada? (cf. Mt 6,25-34). En cambio, a propósito de María, afirma el Maestro que su elección tiene que ver con lo único que cuenta. Esta única cosa es la escucha de la Palabra (que en otro lugar es comparada con la semilla sofocada por las zarzas de las preocupaciones y de la avidez ansiosa). La parte mejor que nunca será quitada al que ama es el amor mismo: el Señor-Amor.

 

MEDITATIO

En la argumentación de Pablo a los gálatas hay un aspecto que toca en lo más hondo a mi vivir. También yo fui elegido, llamado "desde el seno materno", para vivir la realidad bautismal de mi adopción como hijo, con todo lo que esta elección y esta llamada comportan: como inestimable don por parte de Dios y como compromiso perseverante por mi parte. En un mundo marcado por una gran confusión y por una sofocante y desesperada pérdida de "sentido", en un mundo cuya realidad mediática (tan positiva en sí misma, aunque maniobrada por las fuerzas más ciegas de la eficiencia materialista a cualquier precio) "remeda" los "caminos de la paz" falsificando la vida y la muerte, se hace urgente acoger la Palabra de Jesús. Es en mí, en primer lugar, donde la acojo; es en mí donde, dentro de la prioridad contemplativa sugerida por la actitud de María en el evangelio de hoy, la escucho en tiempos y espacios de indispensable quietud de todo mi ser.

Urge el anuncio. Hoy más que nunca. Sin embargo, la trampa consiste en que hasta los creyentes más comprometidos se dejan envolver por un modo de hacer inquieto y preocupado. Precisamente lo que Jesús censuró en Marta. Es como si alguien quisiera ir a pescar agitando continuamente las redes, en vez de lanzarlas a mar abierto con mano firme. Ha llegado el tiempo de vivir, en la vida diaria, la actitud de escucha orante de María, aunque sin desatender el genuino servicio de Marta; al contrario, animándolo y vivificándolo con esta tranquila acogida de la Palabra. Sin una tenaz y humilde fidelidad a la Palabra rezada por la mañana y vivida en cada ministerio de servicio durante el día, no hay verdadera autenticidad ni de vida cristiana ni de anuncio comprometido. Es importante que esta persuasión invada todo mi ser.

 

ORATIO

Señor, en esta época cuyo signo es el aturdimiento producido por la inflación de excesivas palabras humanas, ayúdame a tener un corazón adorador y a la escucha, como María acurrucada a tus pies. "Tú me sondeas y me conoces", tú me amaste y me elegiste ya "cuando todavía no habitaba en el seno de mi madre". Que yo lo perciba en el corazón, que yo viva su fuerza irradiadora y, dirigiendo lo más a menudo posible la mirada a ti, que habitas en lo más profundo de mí, pueda yo anunciar con la vida que es hermoso conjugar la contemplación de María con el servicio de Marta, la escucha de la Palabra con la Palabra convertida en vida en el curso de los días.

 

CONTEMPLATIO

Escucha, Hijo, mi enseñanza

y pon fin al sueño

que pesa sobre ti.

Sal del aturdimiento

que te inunda de tinieblas.

Por qué seguir en tinieblas

si está a tu disposición la luz?

Por qué beber el agua turbia

si está al alcance de tu corazón la pura? [...]

No ames el oro ni la plata

y, si te aferra el afán, la preocupación,

échalos sólo en Dios

y revístete de la Sabiduría

como de un manto.

Vuelve de continuo al Padre;

no tengas un corazón altanero,

sino sé tú mismo un hombre

plasmado por el logos (la Palabra de Dios).

Vence la hipocresía, la codicia y la vanagloria.

No digas palabras arrogantes

ni malas al juzgar,

porque todo hombre malo hace mal

antes que nada a su propio corazón.

Hijo mío,

deja a tu espalda a tu "hombre viejo"

y tú, en Cristo, toma altura

como un águila

(Abbá Silvano el Egipcio, Voi siete miei amici, Magnano 1999, passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Me fío de ti, Señor: tú obras a través de mí".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Jesús no responde a nuestro estilo de vida, marcado por las preocupaciones, diciendo que no deberíamos dedicarnos tanto a los asuntos de este mundo. No intenta alejarnos de los acontecimientos, de las actividades y de las personas que forman parte de nuestra vida. No dice que todo lo que hacemos es insignificante, carente de valor o inútil. Ni siquiera nos sugiere que nos retiremos de todas las actividades en las que estamos comprometidos, para vivir en quietud y tranquilidad lejos de las tensiones del mundo.

La respuesta de Jesús a las preocupaciones que colman nuestra vida es muy diferente. Nos pide que transfiramos el centro de gravedad, que traslademos el centro de nuestra atención, que cambiemos el orden de nuestras prioridades. Jesús quiere que nos traslademos desde las "muchas cosas" a la "única cosa necesaria". Es importante que nos demos cuenta de que Jesús no quiere en absoluto que abandonemos nuestro mundo, tan complejo.

Su voluntad, más bien, es que vivamos en él, firmemente arraigados en el centro de todas las cosas. Jesús no habla de que cambiemos de tipo de actividad o de que modifiquemos nuestras relaciones, ni siquiera de que disminuyamos el ritmo.

Jesús nos habla de un cambio del corazón. De una disposición diferente del corazón que haga todo diferente, aun cuando todo parezca seguir como antes. Eso significa: "Buscad primero el Reino de Dios... y todas estas cosas se os darán por añadidura".

Lo que cuenta es el empleo de nuestro corazón. Cuando nos asaltan las preocupaciones, nuestro corazón se encuentra en el lugar equivocado. Jesús nos pide que traslademos el corazón al centro, allí donde todo lo demás está en su sitio (H. J. M. Nouwen, Invito alia vita spirituale, Brescia 1998).

 

 

 

Día 9

Miércoles semana XXVII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Gálatas 2,1-2.7-14

Hermanos:

1 Pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén junto con Bernabé, llevando también conmigo a Tito.

2 Subí impulsado por una revelación y, en conversación privada con los principales dirigentes, les di cuenta del Evangelio que anuncio a los paganos, no fuera que ahora y entonces me estuviera afanando inútilmente.

7 Al contrario, vieron que a mí se me había confiado la evangelización de los paganos, lo mismo que a Pedro la de los judíos,

8 ya que el mismo Dios que constituyó a Pedro apóstol de los judíos me constituyó a mí apóstol de los paganos.

9 Reconociendo, pues, la misión que se me había confiado, Santiago, Pedro y Juan, tenidos por columnas de la Iglesia, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de comunión: nosotros evangelizaríamos a los paganos, y ellos a los judíos.

10 Tan sólo nos pidieron que nos acordásemos de sus pobres, cosa que yo he procurado cumplir con gran solicitud.

11 Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que enfrentarme, abiertamente con él a causa de su inadecuado proceder.

12 En efecto, antes de que vinieran algunos de los de Santiago, no tenía reparo en comer con los de origen pagano, pero, cuando vinieron, comenzó a retraerse y apartarse por miedo a los partidarios de la circuncisión.

13 Los demás judíos le imitaron en esta actitud, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por ella.

14 Viendo, pues, que su proceder no se ajustaba a la verdad del Evangelio, dije a Pedro en presencia de todos: Si tú, que eres judío, vives como pagano y no como judío, por qué obligas a los de origen pagano a comportarse como judíos?

 

**• En la perícopa de hoy continúa el tono autobiográfico. Pasados catorce años, Pablo se dirige a Jerusalén acompañado por un levita de Chipre llamado José, a quien los apóstoles le habían puesto el nombre de Bernabé (= hijo de la consolación). Éste acompañó después a Pablo durante todo el primer período de su actividad evangelizadora. Aquí el apóstol lleva consigo también a Tito, un griego cristiano que reconcilió a Pablo con la Iglesia de Corinto (cf. 2 Cor 3,13; 7,6.13ss) y que no estaba circuncidado.

La espinosa cuestión de la circuncisión -que Pablo decía que no había que imponer a los nuevos cristianos, mientras que en Jerusalén había quien sostenía lo contrario- encuentra en su persona su expresión fundadora: libertad en todo aquello que no forma parte de la primera enseñanza de Cristo. En consecuencia, Pablo expone a los jefes de Jerusalén su Evangelio. Lo expone porque no quiere "afanarse inútilmente" (v. 6). Es un grave momento el que vive la Iglesia de los orígenes a través de la venida de Pablo a Jerusalén. Es un momento de comunión. El texto lo expresa con el hecho de darles la mano Pedro, Santiago y Juan, llamados "las columnas" (styloi: v. 9) tal vez porque gobernaban colegiadamente la Iglesia-madre que estaba en Jerusalén.

Existe, por tanto, un pleno acuerdo en el reparto de las áreas de evangelización: para las "columnas", los circuncisos; para Pablo y sus compañeros, los paganos. Si existe una recomendación, es la relacionada con mostrarse atentos con los pobres, cosa que Pablo tuvo muy en cuenta (v. 10).

Viene ahora el acalorado enfado del convertido de Damasco. No puede aprobar que Pedro, llegado después a Antioquía, se deje dominar por el miedo a los cristianos judaizantes y empiece -dejándose casi esclavizar con ello- a no frecuentar la mesa de los cristianos convertidos del paganismo, que se consideraban justamente libres de tomar cualquier tipo de alimento. También aquí emergen dos realidades: la primera es la toma de posición de Pablo, tan franca y libre de toda simulación a la hora de decirle su verdad al mismo Pedro, el cual "cojea" en esta ocasión en cuanto a su práctica de creyente; la segunda es la espléndida realidad del mensaje de Cristo, que es siempre libertad respecto a todo formalismo, exterioridad, hipocresía y constricción.

 

Salmo Responsorial

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Salmo 116,1.2


Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.

R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

 

 

Evangelio: Lucas 11,1-4

1 Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando acabó, uno de sus discípulos le dijo: -Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.

2 Jesús les dijo: -Cuando, oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre; venga tu Reino;

3 danos cada día el pan que necesitamos;

4 perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende, y no nos dejes caer en la tentación.

 

*• Se habla aquí de un tiempo y de un lugar indeterminados en los que Jesús está orando. En efecto, es posible orar en todo lugar y en todo tiempo, aun cuando haya tiempos y lugares expresamente propicios para la oración. Apenas terminó, uno de los discípulos le pide que les enseñe a orar.

Lo que sorprende en comparación con el texto de Mateo es la invocación de apertura: "Padre", y no "Padre nuestro". Lucas pone, por tanto, el acento en la palabra Padre, que en el texto original es Abbá, tiernísimo término arameo que significa "papá" -"papi", diríamos hoy-. No es casual que este término aparezca unas veces en los evangelios. Introduce, por consiguiente, un modo de relacionarse con Dios marcado por la mayor confianza, por la confianza típica del niño respecto a sus padres. Dirigirse a Dios llamándole "Padre" es dejarse configurar con Jesús, el Hijo por excelencia; es entrar en su íntima relación de amor con el tiernísimo Abbá. Para nosotros los cristianos, esto es la oración por excelencia.

- "Santificado sea tu nombre" es pedir que Dios, Creador y Padre, sea glorificado por todos y en todos: tanto por los que son inteligentes y cultos como por los que no lo son, en el mundo de los hombres y en todo el cosmos. Es potenciar al hombre, que, sólo buscando la gloria de Dios y no la propia, se realiza a sí mismo y entra en comunión con Dios, con los hombres, con el cosmos.

- "Venga tu Reino". Toda la historia -de manera consciente o inconsciente- es aspiración a este Reino, que "no consiste en lo que se come o en lo que se bebe; consiste en la fuerza salvadora, en la paz y la alegría que proceden del Espíritu Santo" (Rom 14,17).

- Viene, a continuación, la petición del "pan que necesitamos". El pan es el elemento vital. Si permanece sólo "mío" se vuelve fuente de muerte. En cambio, si, aunque haya sido ganado con el sudor de la frente (cf. Gn 3,19; 2 Ts 3,6-13), es compartido, hace crecer. Tanto más cuando se trata del pan "supersustancial" que se rompe en el memorial de la asamblea eucarística (cf. Hch 2,14), alimentando en todos nosotros la espera del retorno de Cristo.

- "Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende". El perdón de Dios se vincula a nuestra actitud de perdón, como la raíz al árbol. La raíz de nuestra capacidad de perdonar está en sabernos perdonados siempre por Dios, con una misericordia que sobrepasa todo lo que nos es posible imaginar y desear. Por otra parte, sólo nuestra actitud de perdón hacia los hermanos hace posible que la vida de Dios fluya en nosotros.

"No nos dejes caer en la tentación" es una expresión típicamente aramea. Dios es padre y no cabe imaginar que quiera cogernos en la trampa de la tentación. Nuestra petición es más bien no sucumbir cuando seamos probados y tentados en nuestro estado de gran debilidad. Sabemos que el Padre nos escucha porque "podéis confiar en que Dios no permitirá que seáis puestos a prueba por encima de vuestras fuerzas" (1 Cor 10,13).

 

MEDITATIO

Lo que más me provoca en la perícopa de la Carta a los Gálatas es la libertad con respecto a todo lo que no sea el Evangelio de Cristo y su enseñanza -precisamente - liberadora. Todo formalismo, constricción y oportunismo o tradicionalismo vacíos de alma son quemados por su fuego. Existe en Pablo una apasionada adhesión a Cristo y a su verdad. Nada ni nadie le ata. Ni siquiera el temor a perder su prestigio en su confrontación con Pedro. Ejerce sin más la corrección fraterna con el mismo Pedro no para hacer triunfar su idea, sino más bien para que triunfe el esplendor de la coherencia entre el Evangelio y la vida. También es urgente que nosotros instauremos en el interior de las comunidades cristianas y religiosas esta parresía, esta franqueza de relaciones, esta apasionada búsqueda de la verdad de Cristo, como escucha de las urgencias del Reino y no de nuestros pequeños y mezquinos intereses.

Está claro que sólo en espacios y tiempos precisos de oración se consigue el coraje necesario para hacer saltar trabas, vínculos, así como viejas incrustaciones y confusiones que contaminan la verdad pura del Evangelio y esclavizan nuestro corazón. Si oro al Abbá, al tiernísimo Padre mío y de los hermanos, si le pido que sea glorificado como conviene y que su Reino de justicia, de amor y de paz venga también por medio de mi pequeña vida, tendré ciertamente la fuerza para llegar a ser cada vez más, en la parte de la Iglesia en que vivo, el que hoy estoy llamado a ser. A buen seguro, no un elemento de polémica soberbia dinamitera, que sólo destruye en sí mismo y en los otros, sino una persona tan unida a Jesús, tan embebida de todo su humilde amor, que no teme el posible resentimiento de quien es corregido por amor. Repetir también a menudo durante el día "Venga tu Reino", la ardiente petición del Padre nuestro, es un secreto de energía espiritual para querer el Reino y buscarlo en toda actitud personal y de relación.

 

ORATIO

Señor Jesús, tú nos dijiste que si escuchamos y vivimos tu Palabra conoceremos la verdad, "y la verdad nos hará libres" (cf. Jn 8). Concédenos, pues, orar y vivir la ardiente petición: "Venga tu Reino", que es verdad y libertad tanto de Dios como del hombre. Concédenos pedirlo con tal perseverancia que se convierta no sólo en la respiración-deseo del corazón, sino también en el coraje y el compromiso liberador de todo nuestro modo de obrar y de relacionarnos con aquellos que, como nosotros, serán Iglesia en camino hacia los esplendores del Reino.

 

CONTEMPLATIO

Los fundamentos espirituales del futuro deben encarnarse en un nuevo estilo de vida, hecho simultáneamente de humildad y de orgullo, de ascesis y de fantasía, de verdad en medio de la caridad más incondicionada. Un estilo real, aunque sin olvidar que ser cristiano en el mundo, tal como es y tal como será, exigirá siempre cierta "locura" [...]. Un estilo que exigirá la más elevada ascesis, porque será necesaria toda la fuerza del Espíritu para que el hombre pueda tener poder sobre su propio poder [...]. Un estilo en el que se respire el Espíritu, en el que se dance la no-muerte, porque Cristo ha resucitado (O. Clément, Fondamenti spirituali del futuro, Roma 1997, p. 102).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Venga tu Reino" (Lc 11,2c).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Cuando, a solas o con otros, no sabemos cómo orar, nos tranquiliza saber que se puede orar con casi nada. A veces nuestros labios permanecen cerrados, nos quedamos en silencio, pero nuestra alma está abierta ante Dios, le habla, y el Espíritu Santo ora en nosotros.

Hay otros valores que hagan bella la vida? Está la sencillez del corazón, que lleva a la sencillez de vida. Un día, oyó Cristo a un creyente que le decía: "Creo, pero ven en ayuda de mi incredulidad ". Cristo comprende estas dudas y esta petición de ayuda, puesto que ya había dicho en el evangelio: "Quién de vosotros, por más que se preocupe, puede añadir una sola hora a su vida?". Así comprendemos que lo esencial es vivir con toda sencillez lo poco, sí, lo poquísimo que hayamos cogido del evangelio.

Con mis hermanos, tanto los que viven aquí en Taizé como los que viven entre los más pobres en distintas partes del mundo, tengo conciencia de que nuestra vocación nos llama a ser sencillos, como pobres del Evangelio. Eso significa no imponernos, no ser maestros espirituales, sino hombres que escuchan para comprender a los otros y discernir en ellos la belleza profunda del espíritu humano. Una de las afirmaciones más luminosas de nuestro tiempo ha sido pronunciada en el último concilio del Vaticano: "Cristo está unido a todo ser humano sin excepciones, aunque éstos no tengan conciencia de ello". En efecto, hay en la tierra multitudes de personas que ignoran que Dios nos busca incansablemente.

Lo sabemos bastante? Todos podemos hacer bella la vida a aquellos que están cerca o lejos de nosotros. Cómo? Con nuestra acogida, con la sencillez de nuestro corazón y de nuestra vida (tomado de Atelliers et presses de Taizé, 1999).

 

 

Día 10

Jueves semana XXVII del Tiempo ordinario o 10 de octubre,

Santo Tomás de Villanueva  

Tomás, hijo de Tomás García y Lucía Martínez, naturales de Villanueva de los Infantes, nació en 1486 en Fuenllana, Ciudad Real, el primero de seis hermanos. Su vida estuvo marcada por el origen sencillo del pueblecito manchego donde nació y por su tiempo, caracterizado por una búsqueda de nuevos caminos en lo teológico, lo espiritual, lo social y eclesial: es la hora de las nuevas definiciones de lo antiguo y de abrir caminos al nuevo y apasionante mundo que emerge. A los 30 años, tras ocho de profesor, se le ofrece la cátedra en Filosofía en Salamanca. Allí se traslada, pero, al año siguiente, sin embargo, se siente llamado a la vida religiosa, y el 1 de noviembre toma el hábito de san Agustín en el convento del mismo nombre en Salamanca. Se ordena  sacerdote al año siguiente. El propio emperador que le promovió antes para arzobispo de Granada, cargo que Tomás pudo eludir, le obligó a aceptar el Arzobispado de Valencia, tras haber renunciado al primero. Era el año 1544. Llegó a dar su cama antes de morir y murió en el suelo el año 1555.

 

LECTIO

Primera lectura: Gálatas 3,1-5

1 !Gálatas insensatos! Quién os ha fascinado? No os puse ante los ojos a Jesucristo clavado en una cruz?

2 Solamente quisiera saber esto de vosotros: Recibisteis el Espíritu por haber cumplido la Ley o por haber respondido con fe?

3 Tan insensatos sois que, después de haber comenzado confiando en el Espíritu, acabáis ahora confiando en vuestras propias fuerzas?

4 Habrán sido baldíos tantos dones? Porque, de hecho, serían baldíos.

5 Acaso cuando Dios os comunica el Espíritu y realiza prodigios entre vosotros lo hace porque habéis cumplido la Ley, y no más bien porque habéis respondido con fe?

 

*" Para comprender la invectiva de Pablo, tan airado con los gálatas, es preciso recordar que este padre y maestro de su fe vive para comunicar su convicción fundamental: "Sabemos, sin embargo, que Dios salva al hombre no por el cumplimiento de la Ley, sino a través de la fe en Jesucristo. Así que nosotros hemos creído en Cristo Jesús para alcanzar la salvación por medio de esa fe en Cristo y no por el cumplimiento de la Ley. En efecto, por el cumplimiento de la Ley ningún hombre alcanzará la salvación" (2,16). Pablo interpela a los gálatas para que reflexionen sobre su insensatez: la de volver a ser deudores de la Ley como si no hubieran conocido "a Jesucristo clavado en una cruz" (3,1), fuente única de la salvación.

Pablo sabe que es posible vivir en este mundo, que es posible vivir en la carne (o sea, plenamente encarnados en la propia realidad física, psíquica y sociocultural), aunque viviendo al mismo tiempo "creyendo en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí" (2,20).  Y el horizonte cambia por completo. Es como pasar de una cámara en la que estamos obligados a accionar una manivela para poder respirar a un lugar abierto inundado por el sol y por el vivificante aire del mar.

Precisamente por eso el Dios que concede el Espíritu y obra maravillas (cf. 3,5) también entre los gálatas obra en orden a un creer que se vuelve operativo, a continuación, en la caridad, aunque nunca en virtud de un voluntarista "justificarse" por las obras prescritas por la Ley. Está claro que el hecho de que los gálatas crean en Cristo y en su Evangelio, anunciado por Pablo, no significa que deban omitir el cumplimiento de los mandamientos de la Ley (no robar, no levantar falso testimonio, no atentar contra nuestra propia vida ni contra la de los otros, etc.). Creer significa -como dice Pablo- ser crucificados en nuestra propia parte egoísta hasta poder decir: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (2,20).

Es evidente, por tanto, que, en virtud de él y con él, no sólo omitiremos hacer el mal, sino que intentaremos, con el amor del Espíritu, realizar todo el bien posible.

 

Salmo Responsorial

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

Lc 1,69-70.71-72.73-75


Nos ha suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

R/.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo


Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza y el juramento
que juró a nuestro padre Abrahán.
R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo


Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

R/.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

 

Evangelio: Lucas 11,5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

5 -Imaginaos que uno de vosotros tiene un amigo y acude a él a media noche, diciendo: "Amigo, préstame tres panes,

6 porque ha venido a mi casa un amigo que pasaba de camino y no tengo nada que ofrecerle".

7 Imaginaos también que el otro responde desde dentro: "No molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos ya acostados; no puedo levantarme  a dártelos".

8 Os digo que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos para que no siga molestando se levantará y le dará cuanto necesite.

9 Pues yo os digo: Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y os abrirán.

10 Porque todo el que pide recibe; el que busca encuentra, y al que llama le abren.

11 Qué padre, entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le va a dar en vez del pescado una serpiente?

12 O si le pide un huevo, le va a dar un escorpión?

13 Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?

 

**• No es casualidad que Lucas inserte esta reflexión de Jesús sobre la oración inmediatamente después del Padre nuestro, la oración por excelencia del cristiano.

En efecto, ahora se trata de aprender cuál debe ser la actitud interior del que se dirige a un Dios que es Padre y profundamente amigo del hombre. La enseñanza está coloreada con dos pequeñas, aunque vivaces, parábolas: la primera es la del que va a media noche a casa de un amigo. La petición a esa hora, en condiciones incómodas para quien debe abrir la puerta de su casa, no puede ser atendida de inmediato. El acento del relato está puesto en la insistencia de quien sabe que llama al corazón (más que a la puerta) de un gran amigo con confianza, con la certeza confiada de obtener. El mensaje está aquí.

La segunda parábola profundiza en la categoría de la paternidad usando vivas imágenes de contraste: pan/piedra, pez/serpiente, huevo/escorpión. El pez, como el pan, es símbolo de Cristo; la serpiente evoca a la serpiente de Gn 3, el enemigo por excelencia del hombre. El huevo es símbolo de la vida; el escorpión, que lleva el veneno en la cola, evoca la muerte. La serie de verbos, fuertemente correlacionados entre sí, que aparecen después de la primera parábola -"Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y os abrirán"- quiere persuadirnos a fondo de que la oración nunca es una pérdida de tiempo ni un desafío a un dios lejano y sordo. La oración tiene siempre una respuesta positiva.

Con todo, debe ser perseverante (cf. Le 18,1). La pregunta de Jesús que aparece después de la segunda parábola supone una interpelación a nuestra sensibilidad más profunda. Sabemos que no somos buenos por naturaleza; sin embargo, el vínculo de la paternidad es tal que un padre, por el hecho de serlo, no puede más que dar cosas buenas y positivas a su hijo. !Ojo! Lo más positivo, el bien por excelencia, es el don de los dones: el Espíritu Santo, que se concede siempre a quien ora.

Eso es lo que dice Lucas, a diferencia de Mateo, que habla, en cambio, de "cosas buenas" (Mt 7,11). Aunque la oración parezca no tener respuesta según nuestra lógica, siempre excesivamente "terrena", en realidad siempre es escuchada. Y el hecho de que Dios dé su Santo Espíritu a quien ora significa que el don incluye todo verdadero bien en orden a la salvación.

 

MEDITATIO

No es lo esencial la funcionalidad, el servicio concreto de las ovejas. No hay pastores porque somos muchos los hombres y hay que cubrir muchas tareas. Lo esencial es ver y tocar a una persona que hace presente la palabra viviéndola, no sólo proclamándola. La condición del Evangelio frente a toda doctrina es su carácter de "entrañable": lo es el afecto con el que Pablo habla a Timoteo, lo es el amor entrañable de Cristo cuando se define vinculándose vitalmente a los hombres.

No hablan desde el mensaje, sino desde la experiencia vivida. Pablo habla como quien ha vivido todo lo que dice; Cristo ha vivido, simplemente, como el Hijo. Lo que nos transmiten los evangelios es, sobre todo, la experiencia entrañable de haber gustado y palpado, visto y oído al buen Dios entre nosotros: al Hijo. Así nos trató Él, parecen decir los evangelios, como un buen pastor. La experiencia, luego, se hace palabra transmitida en el seno de la comunidad como oración, gozo y testimonio. Así hemos recibido a san Juan: desde la experiencia vivida; así se transformó el mundo pagano en cristiano por la locura de hombres y mujeres nuevos y disponibles.

Nuestro santo Tomás asumió la elección difícil de mantener la doctrina en la Iglesia, no crispándose en época de crisis, sino que la propuso convirtiéndose él mismo en modelo del mensaje: no es fácil olvidar un arzobispo casi harapiento repartiendo en la puerta de su casa limosna a los pobres; más difícil es sentarlos a su mesa y servirles: él lo hizo. Pero aún es más difícil organizar, antes, la misma Iglesia visible para que ese gesto sea posible siempre como el auténtico modo de ser pastor. Lo primero podría no pasar de ser un llamativo gesto de imagen; lo segundo es permanente: aún podemos encontrar a Cristo entre nosotros en los pastores.

 

ORATIO

Padre, pastor de mi vida, que me deje encontrar, conocer por ti. Tú acoges el movimiento de mi espíritu antes que mis obras, palabras, promesas y oraciones. Sabes, Señor, que mis deseos no son siempre de ti. Hay otros que me halagan con formas de estar "agresivas y eficaces" y casi siempre siento que en ellos encontraré más paz y armonía personal, que hay que estar con los tiempos y no desentonar.

Mi historia contigo es la de tus búsquedas de mí mismo, de tus curaciones. Hazme transmitir esta experiencia de ti: que aprenda a manifestarme como vulnerable poniéndome siempre más bajo que mis hermanos. Que les transmita tu doctrina, pero también lo bien que me has tratado cuando yo me he perdido. Cómo, si no, se acercarán a ti las ovejas dispersas? Cuántos estragos he podido hacer por creerme alguien ante los demás, perfecto y seguro. Señor, buen pastor, si no soy distinto a los demás, al menos que pueda aportarles lo que vivo y Tú has hecho en mí.

 

CONTEMPLATIO

El pastor no debe disminuir su atención o lo interior por las ocupaciones exteriores, ni debe abandonar el cuidado de lo exterior por la solicitud de lo interior; de modo que no se derrumbe interiormente al entregarse a lo exterior, ni impida aquello que por fuera debe a sus prójimos ocupándose sólo de lo interior.

Pues, a menudo, algunos, olvidándose de que son prelados en la causa de sus hermanos, se entregan con todo el esfuerzo de su corazón a los cuidados seculares: cuando están presentes, se ensoberbecen realizándolos y, cuando faltan, los anhelan día y noche con la agitación de su mente desordenada. De modo que, cuando hallan un respiro, quizás porque haya desaparecido una oportunidad, se sienten más cansados por su misma quietud. Y así, consideran una satisfacción estar oprimidos por las ocupaciones y un infortunio el no trabajar en asuntos terrenales. Sucede entonces que mientras se alegran de estar agobiados por vanos esfuerzos mundanos, ignoran aquellos secretos interiores que deberían enseñar a otros.

A causa de esto, claro está, la vida de los fíeles se debilita, porque cuando pretenden progresar espiritualmente tropiezan en su camino con el obstáculo que es para ellos el ejemplo de su prelado. Y es que, languideciendo la cabeza, en vano crecen los miembros, e inútilmente avanza un ejército para explorar al enemigo si se equivoca el guía mismo del camino.

Ninguna exhortación eleva ya la mente de los fieles, ninguna amonestación castiga sus pecados. Porque cuando el pastor de las almas se dedica a ejercer el oficio de juez terreno, el cuidado pastoral por la custodia de la grey se debilita. Con ello, los fieles no desean ya alcanzar la luz de la Verdad, pues, al estar ocupada la mente del pastor en los afanes terrenos, el polvo provocado por el viento de la tentación ciega los ojos de la Iglesia (Gregorio Magno, La regla pastoral. Ed. Ciudad Nueva, Madrid 1993, pp. 214-215).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Alumbre así vuestra luz a los hombres y den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos" (Mt 5,16).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

De amar propusimos, que no de disputar; amar, que no entender: por lo cual tornemos al propósito. Consideremos, pues, cómo nuestro Dios, grande, bueno y poderoso y lleno de riquezas, anda entre sus criaturas buscando algún amador, y no le halla; da muchas cosas y promete al que Te amare, y ninguno quiere ni aun mirarle; y así es que "determinaron los mortales e abajar sus ojos a la tierra". Míralo en los Cantares, cómo ruega a su criatura y la provoca e incita a su amor: "Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, inmaculada mía, ábreme"; y si no quiere abrir por mí, ábreme por ti; porque mi cabeza está llena de rocío; mi divinidad está llena de suavidad y dulzura; pues luego ábreme y cenaré contigo, y no a costa tuya, que yo haré todo el gasto y te pondré delante manjares suavísimos.

Y ella con todo esto responde de la cama con indignación grande diciendo: "Heme despojado de mi vestidura, y téngole de tornar a vestir? Láveme mis pies, cómo me los ensuciaré ahora?". !Olí ingrata, mísera y ciega!, así respondes a tu amado,  así menosprecias a tu Creador? Abre, mísera, que no te ensuciarás, antes te lavarás; no trabajarás, sino descansarás. Ni la dejó el piadosísimo y gran amador suyo en su dureza, antes la tocó con su misericordiosa mano; y aquella que primero había despreciado la voz, se levanta con diligencia a abrir a su amado; más él ya se había desaparecido y pasado; y justamente por cierto, pues que así ella le había primero despreciado; y verla has a la infeliz y desventurada discurriendo por las calles y plazas voceando y llorando y conjurando a las hijas de Sión que, si hallaren a su amado, que le anuncien y digan su amor. Búscale y no le halla; llama y ninguno le abre; llama y no hay quien responda; por lo cual toda llorosa se derrite de amor. Así, Señor, así lo hacéis: tocáis para que seáis conocido y huís para que seáis buscado; llamáis y escondeisos; provocáis y vaisos, convidáis y partisos; no menos piadoso cuando os vais que cuando os venís... Mas no quieras cesar, quienquiera que eres; no desmayes cerca de la ciudad; conjura a las hijas de Jerusalén, solicita a los ciudadanos, pregunta a las guardas y éstas te saldrán al encuentro, ellos te harán dar priesa; y por más que ligeramente corras, te quitarán la vieja vestidura; y como los hubieres pasado un poco, hallarás al que tu ánima desea (Tomás de Villanueva, "Sermón segundo del Amor de Dios", Sermones de la Virgen María y Obras castellanas, BAC, Madrid 1952, pp. 609-610).

 

 

 

Día 11

Viernes semana XXVII del Tiempo ordinario o 11 de octubre,

Santa Soledad Torres Acosta  

Nació el día 2 de diciembre de 1826 en Madrid y murió también en Madrid el 11 de octubre de 1887. Su nombre de pila fue Bibiana Antonia Manuela. A los 25 años oyó hablar de una idea alimentada por un sacerdote de la parroquia de Chamberí, don Miguel Martínez. Éste quiere reunir a unas cuantas mujeres para que cuiden y atiendan en sus propios domicilios a los enfermos desamparados y les dispongan a bien morir. Bibiana Antonia Manuela se ofrece voluntaria para este servicio. Su cuerpo pequeño y enclenque parecía desaconsejar tal empresa, pero ante su insistencia fue admitida, junto con otras seis compañeras.

Tomó el hábito del nuevo instituto el 15 de agosto de 1851, cambiando su nombre de pila por el de María Soledad. Ese día nació el Instituto de las Siervos de María, Ministras de los Enfermos. Fue beatificada por el papa Pío XII el día 5 de febrero de 1950 y canonizada por Pablo VI el 25 de enero de 1970.

 

LECTIO

Primera lectura: Gálatas 3,7-14

Hermanos:

7 Entended, por tanto, que los que viven de la fe son la verdadera descendencia de Abrahán.

8 Ya la Escritura, previendo que Dios salvaría a los paganos por medio de la fe, predijo a Abrahán esta buena nueva: Por medio de ti serán bendecidas todas las naciones.

9 Así que los que viven de la fe reciben la bendición junto con Abrahán, el creyente.

10 En cambio, los que viven pendientes del cumplimiento de la Ley están sujetos a maldición, pues dice la Escritura: Maldito todo el que no persevere en el cumplimiento de cuanto está escrito en el libro de la Ley.

11 Que en virtud de la Ley nadie alcanza de Dios la salvación es manifiesto, pues: Quien alcance la salvación por la fe, ése vivirá.

12 Y la Ley no es fruto de la fe, sino que: El que cumpla los preceptos, por ellos vivirá.

13 Pero Cristo nos ha liberado de la maldición de la Ley haciéndose por nosotros maldición, pues dice la Escritura: Maldito todo el que cuelga de un madero.

14 De esta manera, la bendición de Abrahán alcanzará a los paganos por medio de Cristo Jesús, y nosotros, por medio de la fe, recibiremos el Espíritu prometido.

 

*•• Inmediatamente antes de las cosas que dice aquí, Pablo ha recordado a los gálatas que el hecho de haber creído en Dios, por parte de Abrahán, "le fue tenido en cuenta para alcanzar la salvación-" (3,6). Es el pasaje de Gn 13,6 el que, a modo de fundamento de la fe israelita, se recuerda tanto aquí como en Rom 4,3. En efecto, Abrahán es "padre en la fe" precisamente porque aceptó peregrinar con Dios fiándose por completo y exclusivamente de su palabra; de este modo, se convirtió en instrumento de la bendición de Dios no sólo para su pueblo, sino para todas las naciones (v. 8).

Está claro, por consiguiente, que todos aquellos que, como los gálatas, se llaman "hijos de Abrahán" (v. 7) deberían fundamentar como él su propia vida únicamente en la fe en Dios; por tanto, en su Palabra escuchada y vivida.

Con el rigor de quien conoce a fondo la Escritura, Pablo no tiene miedo de remachar que serán malditos aquellos que piensen salvarse comprometiéndose de una manera voluntarista en la observancia de la Ley (cf. Dt 27,26). Ahora bien, la maldición no tiene lugar a buen seguro por el hecho de querer hacer cosas positivas y santas, escritas en la Ley y queridas por Dios, sino solamente por buscar realizarlas de modo autónomo, como si el Señor estuviera al margen de nuestra existencia, como un frío espectador y juez remunerador.

De hecho, como dice Pablo en Rom 7,7ss, nos descubrimos incapaces por nosotros mismos de realizar el bien al advertir la profunda divergencia que media entre nuestras aspiraciones y nuestras insuficientes posibilidades para darles cumplimiento. Y no sólo en el sentido más pleno, el que leíamos ya en el profeta Habacuc (2,4), confirmado aquí y presentado por Pablo en Rom 1,17: el hombre justo vivirá en virtud de la fe (cf. v. 11), es decir, vivirá santamente sus días por haberse fiado plenamente de un Dios que es "autor y perfeccionados de su fe (Heb 12,2).

En los w. 13ss, Pablo profundiza ulteriormente en su argumentación, tocando la ardiente profundidad del misterio cristiano. Cristo nos ha liberado de la maldición que supone vivir el clima opresor de la sola Ley, tomando sobre sí, en la cruz, la maldición del pecado.

En otro lugar dirá Pablo que Jesús, la inocencia infinita, se hizo pecado por nosotros (cf. 2 Cor 5,21). Nos amó verdaderamente hasta ese punto, abriendo las puertas de par en par a todas las naciones a la antigua bendición de Abrahán y a la promesa del Espíritu.

 

Salmo Responsorial

El Señor recuerda siempre su alianza

Salmo 110,1-2.3-4.5-6


Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

 

 

Evangelio: Lucas 11,15-26

En aquel tiempo, después de que Jesús hubiera expulsado a un demonio,

15 algunos dijeron: -Expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, príncipe de los demonios.

16 Otros, para tenderle una trampa, le pedían una señal del cielo.

17 Pero Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: -Todo reino dividido contra sí mismo queda devastado, y sus casas caen unas sobre otras.

18 Por tanto, si Satanás está dividido contra sí mismo, cómo podrá subsistir su reino? Pues eso es lo que vosotros decís: que yo expulso los demonios con el poder de Belzebú.

19 Ahora bien, si yo expulso los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos con qué poder los expulsan? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces.

20 Pero si yo expulso los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.

21 Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros.

22 Pero si viene otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte sus despojos.

23 El que no está conmigo está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

24 Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda por lugares áridos buscando descanso y, al no encontrarlo, se dice: Volveré a mi casa, de donde salí.

25 Al llegar, la encuentra barrida y adornada. 26 Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, entran y se instalan allí; de modo que la situación final de este hombre es peor que la del principio.

 

*•• Lucas nos hace entrar aquí en el encarnizamiento contra Jesús no sólo por parte de sus enemigos, sino también del Adversario por excelencia: Satanás, llamado aquí con un término de origen sirofenicio, Belzebú (Beelzebul significa "el señor del monte", mientras que la acepción de Beelzebub significaría "rey de las moscas"). El hecho del que parte toda la argumentación es la expulsión del demonio llevada a cabo por Jesús. De modo malicioso, sus adversarios insinúan la idea de que Jesús habría obtenido el poder de curar del mismo jefe de los demonios. Otros, agudizando la fricción, pretenden que realice un milagro como "señal del cielo" (v. 16) para confirmar su pertenencia a Dios. Es la acostumbrada trampa-tentación en la que, totalmente ofuscados, quisieran coger a Jesús: al margen de todo itinerario de fe auténtica.

"Sabiendo lo que pensaban" (v. 17), Jesús los desbarata con una lógica inequívoca: cómo podría permitirle Satanás combatir a los demonios a él sometidos? Sería como si quisiera el hundimiento de su mismo reino.

Además, si fuera verdadera esta acusación, iría también contra los exorcistas judíos, porque -dice Jesús con ironía- quizás expulsarían a los demonios con la ayuda de su propio jefe. Pero la apretada argumentación del Señor encuentra su baricentro cuando advierte a los interlocutores que, si él expulsa a los demonios con el poder de Dios ("dedo" significa "poder": cf. Sal 8,13), eso quiere decir que su presencia equivale a la presencia del Reino en medio de ellos (cf. 11, 17-26).

Viene a continuación la pequeña parábola del hombre fuerte y del otro más fuerte, donde se pone de manifiesto la victoria de Cristo sobre Satanás. Quien no le reconoce y se pone de su lado, se pone en contra. Y es que, respecto a Jesús, no hay sitio para la neutralidad. O estás con él y recoges para la vida eterna, o estás contra él y desparramas todos los verdaderos bienes.

Aparece, por último, una llamada a la vigilancia. Satanás no es alguien que encuentre reposo dándose por vencido, sino que allí donde ve la casa "barrida y adornada " (v. 24), esto es, a una persona decidida a seguir a Jesús, lanza un ataque total (expresado por el número siete: v. 26), porque, por envidia (cf Sab 2,24), le apremia la ruina del hombre.

  

MEDITATIO

Desde que el mundo es mundo y la fe en Dios ha entrado en nuestros corazones, hemos tenido la tentación de separar el amor a Dios y el amor al prójimo. Esta parábola del buen samaritano tan conocida y meditada, es fundamental para captar la experiencia religiosa que nos trae Jesús. Recorriendo, como de puntillas, este relato descubriremos enseguida lo fundamental de su contenido:

- No podemos separar el amor a Dios y el amor al prójimo. Son las dos caras de la misma moneda. "Tuve hambre"... "Tuve sed"... "Estuve enfermo"... "Cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis".

- Mi prójimo no es el que se acerca a mí, sino aquel a quien yo me acerco. Quién de estos tres, pregunta Jesús, se hizo prójimo del herido? Soy yo quien debe aproximarse.

- De quién tengo que hacerme prójimo, a quién tengo que acercarme? La parábola lo expresa con mucha claridad: a cualquiera que esté caído, marginado, atropellado en los caminos o en los juzgados, despojado de sus derechos...

- No nos andemos con rodeos... Los dos personajes, representantes oficiales del templo y el culto, que dieron un rodeo para cumplir con Dios, abandonando al prójimo, quedan descalificados en esta parábola.

- Otro punto clarísimo que descubrimos en este relato es la apertura a los extranjeros, a los que en aquel tiempo eran tenidos por herejes o de otra religión: los samaritanos. Al jurista le da grima pronunciar su nombre; sin embargo, Jesús le dice: "Anda y haz tú lo mismo".

Todo esto me hace pensar que Miguel Martínez, sacerdote de la parroquia de Chamberí, no dio un rodeo, sino que se rodeó de personas como Soledad Torres Acosta para aproximarse a las casas donde alguien sufría y moría en la más absoluta soledad. Se hicieron prójimos de los necesitados de su tiempo.

 

ORATIO

Señor, tú que concediste a santa Soledad Torres Acosta la gracia de servirte con amor generoso en los enfermos que visitaba, concédenos tu luz y tu gracia para descubrir tu presencia en los que sufren y merecer tu compañía en el cielo.

 

CONTEMPLATIO

María Soledad se inserta en un grupo de mujeres santas e intrépidas que en el siglo XIX hicieron brotar en la Iglesia ríos de santidad y laboriosidad; procesiones interminables de vírgenes consagradas al único y sumo amor de Cristo, y mirando todas ellas al servicio inteligente, incansable, desinteresado del prójimo.

Por eso, contaremos a las Siervas de los enfermos en el heroico ejército de las religiosas consagradas a la caridad corporal y espiritual; pero no debemos olvidar un rasgo específico, propio del genio cristiano de María Soledad, el de la forma característica de su caridad; es decir, la asistencia prestada a los enfermos en su domicilio familiar; forma ésta que ninguno, así nos parece, había ideado en forma sistemática antes de ella, y que nadie antes de ella había creído posible confiar a religiosas pertenecientes a institutos canónicamente organizados.

La fórmula existía, desde el mensaje evangélico, sencilla, lapidaria, digna de los labios del divino Maestro: "Estuve enfermo, y me visitasteis", dice Cristo místicamente personificado en la humanidad doliente. He aquí el descubrimiento de un campo nuevo para el ejercicio de la caridad; he aquí el programa de almas totalmente consagradas a la visita del prójimo que sufre. (De la homilía pronunciada por Pablo VI en la canonización de santa Soledad Torres Acosta.)

 

ACTIO

Visitar a un enfermo.

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Las enormes dificultades que a otras hicieron desfallecer, revelaron el temple heroico de la madre Soledad, fundadora de las Siervas de María, y que sus virtudes estaban fundadas sobre la roca firme. Por su dedicación a los enfermos, a quienes servía como a Cristo, por su tesón y esperanza jamás desmentida, por sus relevantes virtudes, bien pronto fue reconocida como cabeza de todo el grupo la que en su propia humildad y según las apariencias externas era la más insignificante de todas.

Nombrada superiora a los cinco años de la fundación, cual experto piloto guiará con serenidad y pericia la frágil navecilla del reciente instituto en medio de las más espantosas borrascas.

En su gobierno demostró sus dotes de exquisita prudencia y de una caridad sin límites y, al mismo tiempo, una humildad y mansedumbre avasalladoras, con lo que supo captarse el amor sincero y la correspondencia voluntariosa de sus hijas. Dios le envió abundantes vocaciones y la santa se consagró a formarlas espiritualmente, infundiéndoles su ardiente caridad a Dios y al prójimo, y a darles una capacitación técnica como exigía su delicada tarea. Como otra santa Teresa, recorrió los caminos de España en circunstancias a veces dificilísimas, sufrió incomodidades sin cuento y emprendió grandes trabajos, siempre unida a Dios. A Él se lo ofrecía todo. Con Él contaba para todo. Su paso por este mundo se redujo a 61 años cargados de sencillez, de amor y de valentía frente al dolor, abandonada siempre en las manos de su Dios.

 

 

Día 12

Sábado semana XXVII del Tiempo ordinario o 12 de octubre,

Nuestra Señora del Pilar, patrona de España  

El origen de la devoción a la Virgen del Pilar se remonta al siglo I. Desde Jerusalén, donde aún vivía la Virgen María, vino a España para confortar al apóstol Santiago el Mayor en las tareas de evangelización. La tradición afirma que lo visitó milagrosamente a las orillas del río Ebro, donde Santiago estaba reunido con los primeros hispanos convertidos al cristianismo. Como recuerdo de aquel acontecimiento se levantó más tarde en aquel lugar una capillita en honor de Nuestra Señora, venerando su imagen en un pilar. Documentos monacales del siglo IX dan testimonio del templo dedicado en la ciudad de Zaragoza a María siempre Virgen.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles. En pocos templos de los pueblos de España falta la imagen de la Virgen del Pilar.

Su basílica, a las orillas del Ebro a su paso por Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu. Esta devoción a la Virgen del Pilar fue llevada también en las carabelas de Colón hasta los pueblos hermanos de América. Desde el año 1908, en el interior de la gran basílica que hoy existe en Zaragoza, junto al altar de la Virgen hacen guardia de honor a nuestra Señora las banderas de los países hispanoamericanos. El papa Inocencio XIII, en 1723, concedió oficio litúrgico propio de la Virgen del Pilar para el día 12 de octubre.

 

LECTIO

Primera lectura: Primer libro de las Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2

3 David reunió en Jerusalén a todo Israel para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado.

4 Reunió a los hijos de Aarón y a los levitas.

15 Los levitas transportaron el arca apoyando las barras sobre sus hombros, como lo había prescrito Moisés, por orden del Señor.

16 David ordenó a los jefes de los levitas que dispusieran a sus hermanos los cantores con todos los instrumentos musicales de acompañamiento, arpas, cítaras y címbalos, e hicieron resonar bellas melodías en señal de regocijo.

16,1 Metieron el arca de Dios y la colocaron en medio de la tienda que David había levantado para ella. Ofrecieron luego al Señor holocaustos y sacrificios de reconciliación.

2 Cuando David terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de reconciliación, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

 

**• Estos versículos de los capítulo 15 y 16 del libro de las Crónicas, que presenta la liturgia en la fiesta de la Virgen del Pilar, hacen referencia a la gran fiesta que celebró David el día que trasladó el arca de Dios desde Baalá a Jerusalén. Dice el texto del libro de Samuel que en esa fiesta "David danzaba ante el Señor frenéticamente... entre gritos de júbilo y al son de trompetas" (2 Sm 6,14-15). Jerusalén se convierte, por la presencia del arca, en ciudad santa, ciudad bendecida por Dios. En aquella fiesta, David convocó a todo Israel: era una fiesta nacional de bombo y platillo.

En las letanías de nuestra Señora invocamos a María como Arca de la Nueva Alianza y Templo del Espíritu Santo. Aquel regocijo de David con todo su pueblo, las ofrendas y oraciones que hicieron y la bendición que recibieron eran imágenes de esta fiesta en la que el arca de la Nueva Alianza vino de Jerusalén a Zaragoza para bendecir a los nuevos cristianos y para asentar su trono en el gran templo de nuestros corazones.

 

Segunda lectura: Hechos de los apóstoles 1,12-14

12 Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, lo que se permitía andar en sábado.

13 Y así que entraron, subieron a la estancia de arriba, donde se alojaban habitualmente. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Zelota y Judas el de Santiago.

14 Todos ellos hacían constantemente oración en común con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

 

*•• Después de la ascensión de Jesús a los cielos, el libro de los Hechos de los apóstoles se centra en la constitución de la comunidad cristiana. Los que le habían seguido por el camino son convocados por el Espíritu para seguir con la misión de Jesús. En el grupo de los que acompañaban a Jesús en su vida pública estaban María, su madre, y otras mujeres. El evangelio de Lucas, en el capítulo 8, dice que junto con los Doce le seguían María Magdalena, Juana, Susana y otras muchas.  En estos versículos que leemos en la fiesta de la Virgen del Pilar, se resalta la presencia de María en esta primera comunidad pospascual. Ella, los apóstoles y algunas mujeres perseveraban en la oración común.

Esta oración entre hombres y mujeres da un tono peculiar a la primera comunidad cristiana, muy distinto a lo que se hacía en la sinagoga judía. Jesús había roto la separación, y la primera comunidad sigue acorde con el estilo de Jesús. Podemos pensar en la importancia de María en la formación de esa primera comunidad de Jerusalén y trasladar, sin esfuerzo, esa misma importancia en el apoyo a Santiago en la formación de la primera comunidad de España.

 

 

Salmo Responsorial

El Señor me ha coronado sobre la columna me ha exaltado.

Salmo 26,1.3.4.5

 

1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? 

R. El Señor me ha coronado sobre la columna me ha exaltado.

 

3 Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla;

si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

R. El Señor me ha coronado sobre la columna me ha exaltado.

 

4 Una cosa pido al Señor, eso buscaré:

en la casa del Señor por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

R. El Señor me ha coronado sobre la columna me ha exaltado.

 

5 Él me protegerá en su tienda el día del peligro;

me esconderá en lo escondido de su morada,

me alzará sobre la roca.

R. El Señor me ha coronado sobre la columna me ha exaltado.

 

 

Evangelio: Lucas 11,27-28

27 Mientras decía esto, una mujer de entre la gente gritó: "Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron".

28 Pero él le dijo: "Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica".

 

**• Arrebatada por la emoción del momento, una mujer del pueblo, corazón en mano, alaba a Jesús y le dice cuan orgullosa tenía que estar su madre por haberlo llevado en su seno. Las palabras de la mujer son un cumplimiento de la profecía sobre María de Lc 1,28: "Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones".

Pero Jesús, humilde y sencillo como su madre, traslada la atención de él mismo y de su madre a una insistencia más central: realmente, es más dichoso el que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. La grandeza personal de María está en haber escuchado a Dios y haber dado un "sí" incondicional.

María escuchó y puso en práctica la Palabra de Dios al responder en la anunciación: "He aquí la esclava del Señor". Es una actitud humilde, valiente, libre y auténtica.

María, que meditó en su corazón las palabras y los gestos de Jesús, hace pensar en aquellos que "escuchan la Palabra con un corazón noble y generoso" (Lc 8,15).

 

MEDITATIO

Del libro del Eclesiástico 24,3-15:

Yo salí de la boca del altísimo y cubrí la tierra como una niebla. Habité en las alturas, y mi trono fue columna de nube. Sola recorrí el círculo celeste, y por las profundidades del abismo me paseé. En las olas del mar, en toda la tierra, en todo el pueblo y nación yo imperé. En todos ellos busqué el reposo, y en qué territorio instalarme. Entonces me ordenó el creador de todas las cosas, mi hacedor fijó el lugar de mi habitación, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, y en Israel ten tu heredad".

Desde el principio y antes de los siglos me creó, y existiré eternamente. En su santa tienda, en su presencia, ejercí el ministerio, y así en Sión me instalé. En la ciudad amada establecí mi residencia, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio. En el pueblo glorioso eché raíces, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como el cedro en el Líbano, como el ciprés en las montañas del Hermón. Crecí como palmera en Engadí, cual brote de rosa en Jericó; como magnífico olivo en la llanura, crecí como el plátano. Como el cinamomo y el espliego he dado mi aroma, como mirra escogida exhalé mi perfume; como gálbano, ónix y estacte, y como perfume de incienso en el tabernáculo. Yo extendí como terebinto mis ramas, y mis ramas están llenas de gracia y de majestad. Como vid eché hermosos sarmientos, y mis flores dan frutos de gloria y de riqueza. Venid a mí los que me deseáis, y saciaos de mis frutos.

 

ORATIO

Virgen santa del Pilar:

Desde este lugar sagrado

alienta a los mensajeros del Evangelio,

conforta a sus familiares

y acompaña maternalmente

nuestro camino hacia el Padre,

con Cristo, en el Espíritu Santo. Amén.

(Oración de Juan Pablo II ante el altar de la Pilarica.)

 

CONTEMPLATIO

La piedad de la Iglesia a la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar -desde el saludo y la bendición de Isabel hasta las expresiones de alabanza y súplica en nuestro tiempo- constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar en las conciencias su lex credendi. Y viceversa: la fe viva de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su oración fervorosa a la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada y de sólidos fundamentos dogmáticos.

La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso el pueblo de Dios la invoca como consoladora de los afligidos, salud de los enfermos, refugio de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado; porque ella, la libre de todo pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con enérgica determinación el pecado. Y -hay que afirmarlo nuevamente- dicha liberación del pecado es la condición necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.

La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar "los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos". Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la Palabra de Dios (cf. Lc 1,26-38; 1,45; 11,27-28; Jn 2,5); la obediencia generosa (cf. Lc 1,38); la humildad sencilla (cf. Lc 1,48); la caridad solícita (cf. Lc 1,39-56); la sabiduría reflexiva (cf. Lc 1,29.34; 2,19.33.51); la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos (cf. Lc 2,21.22-40.41), agradecida por los bienes recibidos (Lc 1,46-49); la fortaleza en el destierro (cf. Mt 2,13-23), en el dolor (cf. Lc 2,34-35.49; Jn 19,25); la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor (cf. Lc 1,48; 2,24); el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz (cf. Lc 2,1-7; Jn 19,25-27); la delicadeza provisoria (cf. Jn 2,1-11); la pureza virginal (cf. Mt 1,18-25; Lc 1,26-38); el fuerte y casto amor esponsal.

De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.

La piedad hacia la Madre del Señor se convierte para el fiel en ocasión de crecimiento en la gracia divina: finalidad última de toda acción pastoral. Porque es imposible honrar a la "llena de gracia" (Le 1,28) sin honrar en sí mismo el estado de gracia, es decir, la amistad con Dios, la comunión en Él, la inhabitación del Espíritu. Esta gracia divina alcanza a todo el hombre y lo hace conforme a la imagen del Hijo (cf. Rom 2,29; Col 1,18).

La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. (De la exhortación del papa Pablo VI Marialis cultus.)

 

ACTIO

Reunirme hoy en oración con otros, como María con otras mujeres y los apóstoles, y pedir al Espíritu Santo fortaleza para los evangelizadores que están en tierra de misión.

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El milagro de Calando

Como en otros santuarios marianos, los fieles han recibido en el de nuestra Señora del Pilar favores extraordinarios que han atribuido a su intercesión ante la omnipotencia divina. Desde el siglo XIII se habla en los documentos que conserva su archivo de "los mytos et innumerabiles miraglos que Nuestro Seynor Jesucristo feitos a et cada día facer non cesa en los ovientes devoción en la gloriosa et bienaventurada Virgen María suya Santa María del Pilar".

Un manuscrito del siglo XV recogió algunos de ellos. Y en 1680 el canónigo Félix de Amada dio a la imprenta una colección de milagros obrados por intercesión de la Virgen del Pilar. Entre ellos, es universalmente conocido el llamado milagro de Calando, por su evidente superación de las fuerzas de la naturaleza y por su innegable verdad histórica. Tuvo lugar entre las diez y las once de la noche del jueves 29 de marzo de 1640, en la villa aragonesa de Calanda y en la persona del !oven de 23 años Miguel Juan Pellicer, al cual, debido a un accidente, hubo que amputársele la pierna derecha en octubre de 1637 en el hospital de Gracia, de Zaragoza, por el cirujano Juan Estanca, siendo enterrada por el practicante Juan Lorenzo García.

Tras su convalecencia, durante dos años, fue mendigo en la puerta del templo de nuestra Señora del Pilar, de la que era muy devoto desde su niñez, por existir una ermita de esta advocación en Calando, y a la que se había encomendado antes y después de su operación, confesando y comulgando en su santuario.

Vuelto a la casa de sus padres en Calanda a primeros de marzo de 1640, el citado día 29 de ese mes, habiéndose acostado en la misma habitación de sus padres, por haber un soldado alojado en su casa, lo encontraron éstos dormido media hora más tarde con dos piernas, notándosele en la restituida las mismas señales de un grano y unas cicatrices que tenía la amputada.

A instancias del Ayuntamiento de Zaragoza, adonde acudió Miguel Juan tras su curación a dar gracias a la Virgen del Pilar, se incoó en el Arzobispado un proceso el 5 de junio de 1640, pronunciando sentencia afirmativa de calificación milagrosa el arzobispo Pedro Apaolaza, asesorado por nueve teólogos y canonistas, el 27 de abril de 1641. Se conserva íntegro el texto de este proceso con las declaraciones de los 25 testigos.

El milagro se divulgó rápidamente por todas partes. El mismo papa Urbano VIII fue informado personalmente por el jesuíta aragonés F. Franco en 1642. Entre los milagros, que por definición son todos excepciones de la naturaleza, el de Calanda es a su vez excepcional; por eso las relaciones coetáneas lo calificaron de "milagro inaudito en todos los tiempos". (Por Tomás Domingo Pérez, en el Libro de la Virgen, C.B.C.)

 

 

 

Día 13

Domingo XXVIII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Sabiduría 7,7-11

7 Rogué, y me fue dada la prudencia; supliqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría.

8 La he preferido a los cetros y a los tronos, y a su lado en nada he tenido la riqueza.

9 Ni siquiera la he comparado a la piedra más preciosa, pues todo el oro ante ella es un poco de arena y, a su lado, la plata no pasa de ser lodo.

10 La he amado más que a la salud y a la belleza y la he preferido a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

11 Todos los bienes me han venido con ella, tiene en sus manos riquezas innumerables.

 

        *"• Este fragmento está tomado de la parte central del libro de la Sabiduría. Su autor, que por medio de una ficción literaria se convierte en Salomón, el rey sabio, se presenta con autoridad como alguien que implora y obtiene el don de la sabiduría. Ésta, en efecto, no es fruto de la habilidad o de una adquisición humana; sólo puede ser recibida de lo alto. El texto relee la famosa plegaria de Salomón en Gabaón (cf. 1 Re 3,6-13), en donde el joven soberano pide un corazón "capaz de escuchar" (así al pie de la letra), es decir, capaz de discernir para gobernar con rectitud. Ahora bien, para obtener este don de la sabiduría es preciso tomar algunas decisiones.

        El autor dice que la ha antepuesto, progresivamente, a siete bienes: a los cetros, a los tronos, a las riquezas, a la piedra más preciosa, a la salud, a la belleza y a la luz. Se pasa, por tanto, de los bienes externos y materiales a los que tienen que ver con la vida física del hombre; sin embargo, tampoco éstos, incluida la luz de los ojos, resisten la comparación con la sabiduría, que ha de ser considerada, por consiguiente, el verdadero y único bien del hombre.

        Si esto podía ser ya verdadero para los judíos que vivían en la diáspora, en la ciudad de Alejandría, a fin de darles cohesión y unidad mientras estaban rodeados por una sólida cultura helenística, todavía lo es más para nosotros, a quienes nos ha sido revelado, en Jesús, el verdadero rostro de la sabiduría de la que habla la Escritura.

 

Salmo responsorial
Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres

Salmo 89, 12-13.14-15. 16-17

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.

Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.

 

 

Segunda lectura: Hebreos 4,12ss

Hermanos:

12 la Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que una espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

17 Así que no hay criatura que esté oculta a Dios. Todo está al desnudo y al descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

 

        **• En el Antiguo Testamento se invocaba la sabiduría para aprender a discernir lo que es justo (cf. 1 Re 3,9); en el Nuevo Testamento es presentada como Palabra de Dios encarnada, dotada de un infalible poder de discriminación y de juicio. En efecto, el autor de la carta a los Hebreos nos ofrece, en unos pocos versículos, una teología sugestiva. Esa Palabra nos es presentada en línea con la sabiduría, una sabiduría de la que Israel se había alejado neciamente (cf. Bar 3,9-38; 4,1-4). Se la califica de "viva", en condiciones, por tanto, de dar vida, de revigorizar las opciones de fe del creyente; "eficaz", es decir, dotada de la dynamis Theú, que equivale a decir "poder de Dios" que hace felices a sus testigos (cf Hch 19,20; 1 Cor 1,18). Es considerada todavía "más cortante" que una espada de dos filos porque puede llegar a escrutar las interioridades del hombre en todos sus componentes psicológicos y espirituales.

        En el v. 13 se produce un brusco salto gramatical que nos muestra claramente cómo la Palabra coincide de hecho con Dios mismo, a cuyo juicio nadie puede sustraerse de ninguna manera. Sabemos, en efecto, que el Padre ha confiado este juicio a su Hijo amado y que ese juicio es justo, aunque también es misericordioso para quien tiene fe: "El que cree en él no será condenado " (Jn 3,18).

 

Evangelio: Marcos 10,17-30

En aquel tiempo,

17 cuando iba a ponerse en camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: -Maestro bueno, qué debo hacer para heredar la vida eterna?

18 Jesús le contestó: -Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.

19 Ya conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

20 El replicó: -Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven.

21 Jesús le miró fijamente con cariño y le dijo: -Una cosa te falla: vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme.

22 Ante estas palabras, él frunció el ceño y se marchó todo triste, porque poseía muchos bienes.

23 Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: -!Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!

24 Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero Jesús insistió: -Hijos míos, !qué difícil es entrar en el Reino de Dios!

25 Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.

26 Ellos se asombraron todavía más y decían entre sí: -Entonces, quién podrá salvarse?

27 Jesús les miró y les dijo: -Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible.

28 Pedro le dijo entonces: -Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

29 Jesús respondió: -Os aseguro que todo aquel que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por mí y por la Buena Noticia,

30 recibirá en el tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, aunque junto con persecuciones, y en el mundo futuro la vida eterna.

 

        **• El fragmento del evangelio de Marcos presenta a "uno" que se acerca a Jesús para preguntarle lo que debe hacer para heredar la vida eterna. Se trata de una pregunta sensata en la que oímos el eco de la voz de los anawim preguntando en los salmos: "Señor, quién habitará en tu tienda? (Sal 15,1) y "Quién subirá al monte del Señor? Quién podrá estar en su recinto santo?" (Sal 24,3). Se preguntaban, por tanto, cómo "heredar" las promesas de Dios: sabían, en efecto, que en la "vida eterna" se encuentran condensados la benevolencia divina y el deseo de felicidad del hombre. Jesús, interpelado, rechaza para sí, en cuanto hombre, el atributo "bueno", y lo refiere explícitamente al único que es la Bondad absoluta, e invita a su interlocutor a observar los mandamientos -las diez palabras-, que son el don del Dios bueno destinado a entrar en comunión con él.

        Sobre ese "uno" que puede responder que ha observado los mandamientos desde su juventud se posa ahora la mirada admirada y amorosa de Jesús, que le dirige una invitación precisa y clara: "Vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y Sígueme". Pero hay algo que impide al interlocutor acoger el amor de predilección del Maestro: posee "muchos bienes", pero no consigue comprender cuál es el bien verdadero, el verdadero rostro de la sabiduría que se le quiere dar, y se aleja "todo triste".

        Jesús explica a los asombrados discípulos cómo precisamente esas riquezas, que en el Antiguo Testamento eran consideradas un signo de la benevolencia divina, pueden convertirse en el obstáculo más grande para acoger el Reino de los Cielos. Sólo quien sigue a Jesús encuentra con él y en él cien veces más aquí en la tierra -"junto con persecuciones", precisa Marcos (v. 30)- y la vida verdadera, la eterna, que sólo puede ser recibida por quien -como el comerciante avispado- vende todo para adquirirla.

 

MEDITATIO

        Hay en el hombre una ineludible necesidad de vida, de plenitud, de felicidad. El hombre sensato es el que encuentra la manera de responder a esta pregunta, que la mayor parte de las personas ni siquiera sabe plantear y a la que responde de hecho con una búsqueda frecuentemente obsesiva de placeres efímeros y siempre nuevos. La palabra de hoy nos invita a situarnos en la actitud justa para discernir, ante todo, cuál es la verdadera sabiduría, que nos indicará, a continuación, cómo recibirla; porque, en el fondo, es un don, el don de una Persona que nos ama infinitamente.

        En el Antiguo Testamento se había ido perfilando la sabiduría a través de un progresivo crescendo de realidades exteriores ajenas a los bienes espirituales. Más tarde, en los umbrales del Nuevo Testamento, fue personificada como alguien que su "alegría era estar con los hombres" (Prov 8,31), pero es en Jesús donde nos revela plenamente su rostro. Y Jesús llama a cada uno valorando el empeño que ha puesto en su búsqueda del bien. A nosotros nos corresponde no detenernos, no dejarnos engañar por las falsas riquezas, no echarnos atrás ante sus exigencias. Si nos pide con imperativos apremiantes dejarlo todo por él, debemos tener el valor de hacerlo y de renovar continuamente esta decisión, porque ya no podremos ser felices si hemos alejado nuestros pasos de Jesús.

        Ninguna de las falsas y presuntas riquezas podrán resistir nunca la comparación con su pobreza, ni saciar nuestra hambre de amor, de verdad, de belleza. Su mirada continuará siguiéndonos, de una manera silenciosa, con un respeto infinito a nuestra libertad y no conseguiremos la paz hasta que no hayamos encontrado en él nuestra paz.

 

ORATIO

        Soy yo, Señor, Maestro bueno, ese uno al que miras a los ojos con un amor intenso. Soy yo, lo sé, ese uno al que llamas a un desprendimiento total de sí mismo. Se trata de un desafío. Así es, también yo me encuentro cada día ante este drama: el de la posibilidad de rechazar el amor. Si en ocasiones me encuentro cansado y solo, no será tal vez porque no sé darte lo que tú me pides?

        Si en ocasiones estoy triste, no será tal vez porque tú no eres todo para mí, porque no eres verdaderamente mi único tesoro, mi gran amor? Cuáles son las riquezas que me impiden seguirte y saborear contigo y en ti la verdadera sabiduría que da la paz al corazón?

        Tú me sales al encuentro cada día por el camino para mirarme a los ojos, para darme otra oportunidad de responderte de una manera radical y entrar en tu alegría.

        Si a mí me parece imposible dar este paso, concédeme la humilde certeza de creer que tu mano siempre me sostendrá y me guiará hacia allí, más allá de todo confín, más allá de toda medida, hacia allí donde tú me esperas para darme nada menos que a ti mismo, único Bien sumo.

 

CONTEMPLATIO

        "Si quieres ser perfecto". Así pues, el rico no ha llegado a la perfección. Aunque es libre de llegar o no a ella. La expresión "si quieres" muestra de un modo estupendo la libertad del hombre: la elección depende de él, la decisión a él le corresponde.

        Del otro lado está el Dios que da. Dios da a todos los que desean, que no escatiman sus fuerzas y que oran. Concede incluso que la salvación sea obra de ellos mismos. Dios, enemigo de la violencia, no obliga a nadie, sino que ofrece su gracia a quien la busca, la ofrece a quien la pide, abre a quien llama.

        Si queréis la perfección, si la queréis sinceramente, sin engañaros a vosotros mismos, debéis procuraros aquello que todavía os falta. Y os falta una sola cosa, esa que es la única que dura, que es superior a la ley, que la ley no puede dar ni quitar y que constituye la verdadera riqueza de los seres vivos.

        El hombre ha observado toda la ley desde su primera juventud, tanto que ahora hace grandes elogios de sí mismo; sin embargo, pese a todos sus méritos, no puede procurarse esta gracia única, de la que sólo el Salvador dispone, no puede alcanzar la eternidad que desea. Así, se va triste y desanimado, porque piensa que es demasiado alto el precio de la salvación que había venido a pedir. El hecho es que no quería la vida eterna con la intensidad que se imaginaba tener. Tal vez, en el fondo, quería una sola cosa: mostrar buena voluntad para hacer un poco de exhibicionismo. Aunque solícito y meticuloso en todo lo demás, ante el tesón necesario para alcanzar la vida eterna se siente débil, como paralizado, inerte (Clemente de Alejandría, "Cómo se puede salvar el rico?", en El buen uso del dinero, Desclée de Brouwer, Bilbao 1995, pp. 24-25).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Concédenos, oh Dios, la sabiduría del corazón" (cf. Sal 89,12).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El miedo a Dios consiste en saber que las exigencias del Dios vivo son mortales, que su beso es mortal y que quien encuentra verdaderamente a Dios se ve llevado a morir a su propia historia, a su propio pasado, para entrar en un mundo desconocido. Y esto resulta difícil.

        De ahí que la gran tentación sea defendernos del futuro de Dios, asegurarnos lo que ya somos, lo que ya poseemos. Usando una imagen bíblica, podríamos decir que la tentación del miedo se encuentra en la historia del joven rico, que experimenta angustia ante el futuro que el Señor le abre ("vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres"), o sea, ante la posibilidad de que se libere de su propio pasado para ponerse de manera incondicional en manos del extraño que le invita, aunque Jesús le había mirado y amado. La primera gran escuela para aprender a orar es abrirse al coraje de la libertad, aceptando estar solos ante Dios, renunciando a toda coartada y a toda defensa. Es menester abrirse al coraje de la libertad en el amor (B. Forte, Nella memoria del Salvatore, Milán 1992, pp. 242ss, passim).

 

 

Día 14

Lunes semana XXVIII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Gálatas 4,22-24.26-27.31-5,1

Hermanos:

22 Porque está escrito que Abrahán tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de su esposa, que era libre.

23 El de la esclava nació conforme a las leyes naturales; el de la libre, en cambio, en virtud de la promesa.

24 Esto es una alegoría, pues las dos mujeres simbolizan las dos alianzas:

25 una proviene del monte Sinaí y engendra hombres para la esclavitud; es la simbolizada por Agar.

26 En cambio, la otra, la Jerusalén de arriba, es libre, y ésa es nuestra madre.

27 Pues dice la Escritura: Alégrate, estéril, tú que no das a luz; prorrumpe en gritos de júbilo, tú que no conoces los dolores de parto, porque son más los hijos de la abandonada que los de la que tiene marido.

31 Así pues, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

5,1 Para que seamos libres, nos ha liberado Cristo. Permaneced, pues, firmes y no os dejéis someter de nuevo al yugo de la esclavitud.

 

*" En la carta remitida por Pablo a las Iglesias de Galacia se anticipan los temas desarrollados con mayor extensión en la Carta a los Romanos. Tras la autopresentación en defensa del Evangelio, Pablo reprueba a los que siguen fácilmente la doctrina de los judaizantes, esto es, de los partidarios de la circuncisión y de la Ley mosaica. La justificación no viene de la Ley, sino de la gracia de Cristo.

A través de la alegoría de las dos mujeres que le engendran hijos a Abrahán se contrapone la economía de la Ley a la economía de la fe. Agar es esclava y su hijo es engendrado en la esclavitud de la carne: la antigua alianza del Sinaí, representada por Agar, es un yugo de esclavitud. Sara, la mujer libre, engendra a Isaac, el hijo de la promesa: nosotros, convertidos en hijos de Dios, en Cristo, hemos sido liberados porque en él ha llegado la promesa a su cumplimiento. La alegoría, sin insistir en su contraposición litigiosa tal como se describe en Gn 16 y Gn 21, dibuja sobre el fondo de las dos mujeres dos montañas, ambas también simbólicas. Detrás de la esclava se levanta el Sinaí, el monte en el que, entre truenos y relámpagos, recibió Moisés las tablas de los diez mandamientos. Es la Ley sobre la que se funda la antigua alianza entre Dios y su pueblo. Dios ha prometido su fidelidad de amor nupcial. Su pueblo ha prometido observar la Ley, pero de inmediato ha iniciado una historia de componendas y transgresiones. Detrás de Sara resplandece el monte Sión, la ciudad de Jerusalén que baja del cielo "ataviada como una novia que se adorna para su esposo" (Ap 21,2) para volver a llevar a Dios a los hijos de la nueva alianza. Exulte de alegría y alégrese la "Jerusalén de arriba" (Gal 4,26): muchos de sus hijos son regenerados para la vida nueva en Cristo.

 

Salmo Responsorial

Bendito sea el nombre del Señor por siempre

Salmo 112,1-2.3-4.5-7


Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre.
R/. Bendito sea el nombre del Señor por siempre

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.

R/. Bendito sea el nombre del Señor por siempre

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono y se abaja
para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre.

R/. Bendito sea el nombre del Señor por siempre

 

 

Evangelio: Lucas 11,29-32

En aquel tiempo,

29 la gente se apiñaba en torno a Jesús y él se puso a decir:

-Ésta es una generación malvada; pide una señal, pero no se le dará una señal distinta de la de Jonás.

30 Pues así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para esta generación.

31 La reina del sur se levantará en el juicio junto con los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino desde el extremo de la tierra a escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más importante que Salomón.

32 Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos hicieron penitencia por la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más importante que Jonás.

 

** Lucas pone en labios de Cristo, que va de camino hacia el misterio pascual que se consumará en Jerusalén, una serie de enseñanzas, exhortaciones, respuestas y reproches. Ahora le toca el turno a un grupo de ese pueblo de "dura cerviz" que tiene dificultades para acoger la Palabra de Dios. Qué señal ofrece este mesías para que le creamos? Qué ofrece de seguro? Se trata de una muchedumbre no muy diferente a la de Nínive, que no sabía distinguir entre el bien y el mal (cf. Jon 4,11); no muy diferente de los paganos, recién llegados a la fe, a los que se dirige Lucas; tal vez no muy diferente a nosotros, que siempre andamos a la búsqueda de algo extraordinario y, al mismo tiempo, inmediato.

El tono de la respuesta de Jesús es drástico. Habla de juicio y condena. Sin embargo, por detrás de la referencia a Jonás, a quien toma Jesús como símbolo de su muerte y resurrección, está todo el peso de la misericordia salvífica de Dios. Ésta les había sido ofrecida a los ninivitas a cambio de una humilde conversión, a la reina del sur por su generosa búsqueda de la sabiduría.

La Palabra de salvación pide tanto a los judíos como a los griegos un espíritu abierto: "Más bien, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica" (Lc 11,28). Este anuncio de bienaventuranza contrasta todavía más con el juicio y la condena, que están reservados a quienes han recibido el tesoro de la Palabra revelada y, esclavos de una falsa fidelidad a la Ley, no saben reconocer las señales de la presencia del Salvador, y a quienes no son capaces de aceptar el duro lenguaje de la cruz ni se atreven a esperar en la resurrección.

 

MEDITATIO

Las dos lecturas de hoy nos obligan a considerar de nuevo episodios y figuras del Antiguo Testamento: Abrahán junto con Sara y Agar, Jonás junto con los ninivitas, la reina de Saba junto con Salomón. Parecen proponernos, por otra parte, problemas ahora un tanto distantes de nosotros, como la circuncisión o la ventaja que puede suponer ser griego en vez de judío. Con todo, el mensaje es extremadamente actual, porque siempre es actual la tentación de anclarnos en esquemas fijos sobre las propuestas de Dios y sobre las condiciones para justificarnos ante sus ojos.

El Señor no se desmiente. Quiere respuestas libres, una actitud confiada y filial. Si bien, prácticamente siempre, nos hace falta el ejercicio de la fe y el creer más allá de la evidencia, es sólo la persuasión de que el Señor nos ama y de que su amor supera infinitamente todas nuestras expectativas lo que abre nuestros estrechos horizontes, situados entre el legalismo y nuestro interés.

!Qué triste es pensar que, pasados ya dos mil años desde que el Hijo del hombre, Jesucristo, nos ofreció un signo mucho más elocuente y eficaz que el signo de Jonás, todavía vayamos en busca de señales y confirmaciones en las absurdas respuestas de la astrología, de la magia (pagando un precio elevado) y de las abstrusas fantasías de sectas pseudorreligiosas! Tal vez sea demasiado sencillo creer en el amor o demasiado hermoso abandonarse como hijos en los brazos del Padre...

 

ORATIO

"Dichosa tú, que has creído", María. Primera hija de Abrahán no por ascendencia de la sangre, sino por la autenticidad de tu fe. Tú engendraste al verdadero Hijo de la promesa, al Hijo libre que hace libres a los que le siguen y creen en él.

Te pido, María, que apoyes mi débil fe y, sobre todo, que me ayudes a purificarla de tantas incrustaciones que la mantienen esclava. Enséñame a escuchar con sencillez la Palabra del Señor. Enséñame a acoger con asombro y entusiasmo la libertad que se me ofrece cuando me adhiero con amor a sus propuestas concretas, sin vanas discusiones ni resistencias. María, repite hoy por mí y conmigo tu maravilloso "sí".

 

CONTEMPLATIO

Si no se impone ninguna ley al justo, porque, previniendo la ley y sin necesidad de ser llamado al orden por ella, cumple la voluntad de Dios por el instinto de caridad que reina en su alma, cuánto deberemos estimar a los bienaventurados del paraíso, libres y exentos de toda clase de mandamientos, dado que del goce de la suma belleza y bondad de Dios en que se encuentran fluye y deriva una dulcísima, aunque absoluta, necesidad en sus espíritus de amar eternamente a la santísima divinidad? En el cielo, Teótimo, amaremos a Dios no obligados o constreñidos por la ley, sino atraídos y arrebatados por la alegría que tal objeto, perfectamente amable, proporcionará a nuestros corazones; entonces cesará la fuerza del mandamiento, para hacer sitio a la alegría, que será el fruto y la cima de la observancia del mandamiento. Nosotros estamos destinados, por tanto, a la alegría que nos ha sido prometida en la vida inmortal, durante la cual, en verdad, estaremos obligados a observarlo con gran rigor, porque es la ley fundamental que Jesucristo nuestro rey ha dado a los ciudadanos de la Jerusalén militante, para hacerles merecer la plenitud y la alegría de la Jerusalén triunfante (Francisco de Sales, Teotimo, ossia Trattato dell'amor di Dios, X, 2 [edición española: Tratado del amor de Dios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995]).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Aquí está la esclava del Señor, que me suceda según dices" (Lc 1,38).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Los judíos buscan en las Escrituras la vida eterna; por consiguiente, buscan en ellas a Dios y a su Hijo. Pero no buscan con la fe, sino con sus !deas prefabricadas [...]. Buscan la vida eterna en la prolongación de sus propios deseos e ideas y no comprenden que, para alcanzarla, deberían hacer exactamente lo contrario: plasmar su vida terrena según el plan de Dios o, mejor aún, dejarla plasmar por su amor. No comprenden que su actividad principal debería ser la contemplación y abrirse a Dios a través de ella para dejarle obrar solo y secundarlo después –lo bien o lo mal que puedan- en su acción. La obra de los judíos debería consistir en dejar obrar en ellos mismos, aunque no de una manera pasiva y sin participar, sino ofreciéndose sin hablar, entregándose callando [...]. En el fondo están llenos de sí mismos y, por eso, ciegos para las Escrituras de Dios.

La Escritura da testimonio del Señor. En la antigua alianza deja entrever su esencia y la predice [...]. Los judíos, siguiendo la orientación de la Escritura, deberían llegar a él. En él encontrarían la vida. Es el Señor, no el hombre mismo, quien provee a la vida eterna de los hombres. Por eso el Señor pide sólo la fe, no la acción humana ni la acción humana autónoma. El sentido de la vida humana no debe ser ya el sentido que ésta se da por sí sola, sino el sentido que le da el Señor. Todo esto es visible también en la antigua alianza (A. von Speyr, S. Giovanni. Esposizione contemplativa del suo vangelo, I: El Verbo s! fa carne, Milán 1985).

 

 

Día 15

Martes semana XXVIII del Tiempo ordinario o 15 de octubre,

Santa Teresa de Jesús  

Teresa de Jesús nació en Ávila el 28 de marzo de 1515. Tras una infancia precozmente religiosa y una difícil adolescencia, atraída por la lectura del evangelio y por la oración entró en el Carmelo de la Encarnación en 1535. Después de un prolongado período de tibieza, comienza su "conversión" -acaecida en 1554-, una intensa vida mística en contacto con Cristo, que desemboca en un intenso deseo de servir a la Iglesia de su tiempo, lacerada por la Reforma protestante. A fin de contribuir a la renovación de la Iglesia con la oración y la vida perfecta, fundó en Ávila, el año 1562, el monasterio de San José, primera casa de la Reforma teresiana. En 1567 encuentra a Juan de la Cruz, que se convertirá en su colaborador y director espiritual. Hasta la víspera de su muerte funda diversos monasterios en Castilla y en Andalucía. Declarando en su lecho de muerte que era "hija de la Iglesia", entró en la gloria el 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes. Fue canonizada el 12 de marzo de 1623 por Gregorio XV y declarada por Pablo VI primera mujer doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.

 

 LECTIO

 

Primera Lectura: Eclesiástico 15, 1-6


1 Así hace el que teme al Señor, el que abraza la Ley logra sabiduría. 
2 Como una madre le sale ella al encuentro, le acoge como una esposa virgen. 
3 Le alimenta con pan de inteligencia, el agua de la sabiduría le da a beber. 
4 Se apoya él en ella y no se dobla, a ella se adhiere y no queda confundido. 
5 Ella le exalta por encima de sus prójimos, en medio de la asamblea le abre la boca. 
6 Contento y corona de gloria encuentra él, nombre eterno en herencia recibe. 

 

            El Libro del Eclesiástico, en la Primera Lectura, nos habla de la sabiduría, incluyendo en ella la que tuvo, vivió y practicó Santa Teresa. Quien la posee, busca, como Teresa, la armonía en su vida, la coincidencia de nuestra manera de pensar y sentir con la de Dios. Hoy celebramos la fiesta de Santa Teresa de Jesús, la gran reformadora del siglo XVI que ostenta el título de Doctora de la Iglesia. En su autobiografía, empieza diciendo, “yo, mujer boba y sin letras, que es una confesión de humildad pero también la constatación de que, aunque considerada ahora como una gran maestra en teología mística, no se había dedicado al estudio (no tenía títulos). El Evangelio hace referencia a cómo Dios no revela sus misterios a los sabios de este mundo sino a los sencillos de corazón. Y el conocimiento del amor de Dios es lo que, verdaderamente nos hace sabios. Cuando varios siglos más tarde Edith Stein, leyó el Libro de la vida de Santa Teresa, confesó al acabarlo: “aquí está la verdad”. Parece que empezó sólo anochecer y no pudo dejar su lectura hasta la mañana siguiente. Entonces Edith era atea y, conocer a Santa Teresa supuso un encuentro decisivo para pedir su incorporación a la Iglesia. Ahora la veneramos como Santa Teresa Benedicta de la Cruz. La experiencia de Edith señala uno de los motivos por los que celebramos la memoria de los santos: en la vida de ellos se nos refleja el evangelio vivo. Un santo no es un héroe, ni siquiera una persona que ha realizado una gran obra a los ojos del mundo, aunque santa Teresa realizó una auténtica proeza reformando el Carmelo y fundando monasterios (diecisiete) por toda España. Un santo es alguien en quien la vida de Jesucristo se transparenta. Todo él está movido por esa misma vida que se le ha comunicado por la gracia.

 

Salmo Responsorial

 Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Salmo 88

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Porque dije: <<tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad>>.
R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David mi siervo:
<<Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.>>
R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Él me invocará: <<Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.>>
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable.
R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

 

 

Evangelio: Mt 11, 25-30

25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.

26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.

27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

28 "Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; " y hallaréis descanso para vuestras almas. "

30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera."

       !Este es el gran secreto! Al narrar el mismo hecho, Lucas nos dice "En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo" (Lc. 10, 21 ss) y recogen una efusión de Jesús en la que expresa lo más íntimo de su vida espiritual: A la gente humilde y sencilla es a la que Dios les concede esa "sabiduría íntima" que se requiere para conocer su misterio y que no se encuentra en los "sabios e ilustrados del mundo".

           Jesús tiene una conciencia muy especial de su condición de hijo de Dios y de su relación con su Padre. Es Dios Padre quien lleva al conocimiento profundo de Jesús y es a través de Jesús como se conoce al Padre y su proyecto de amor. El Evangelio según san Juan es el mejor comentario a estas afirmaciones, auténticamente cima espiritual de los evangelios sinópticos. Examinémonos si en este instante nuestra ambición es ser "sabio e ilustrado" o "manso y humilde".

 

 

MEDITATIO

Teresa de Jesús nos ha dejado el testimonio de su vida en sus escritos. En el libro de su Vida, como en una confesión hecha ante toda la Iglesia, nos hace recorrer las etapas de su existencia: una infancia precoz desde el punto de vista religioso, una juventud vivida en crisis, su recuperación vocacional a los 20 años, seguida de una experiencia de vida religiosa entre altos y bajos, hasta su "conversión" definitiva casi a los 40 años. Es el lento proceder de una historia de salvación que, desde el límite del pecado, se desarrolla en una conversión sincera y total, en una determinada determinación, en una opción total y definitiva por el Señor, que deja espacio a una experiencia mística en la que Dios obra maravillas en ella.

En efecto, Teresa es testigo del trabajo mismo que supone la transformación de la persona, del deseo de salvación, del efectivo cambio de vida, de la gracia del Espíritu que la penetra y la conduce a una intensa experiencia de las más grandes verdades del dogma cristiano; la gracia mística como iluminación interior y como experiencia de salvación y transformación: la presencia de Dios, la fuerza de la Palabra y de los sacramentos, la revelación de Cristo, el Resucitado, en su santa humanidad, la efusión del Espíritu Santo y de sus dones.

Todo ello coronado - a partir de la gracia del matrimonio espiritual, recibida en noviembre de 1572- por la experiencia de la inhabitación trinitaria, de la comunión total con Cristo esposo, destinada al servicio de la Iglesia, meta ideal de la santidad cristiana.

Todo ello en un itinerario en el que la oración interior, la divina amistad con Dios, constituye la clave de comprensión. Todo desemboca en una mística del servicio, en una vigorosa unidad de vida vivida y enseñada por la santa, en un gran amor por la Iglesia demostrado concretamente en la promoción de la santidad de vida y en el servicio a la vida contemplativa para la renovación de la Iglesia. Marta y María juntas a los pies de Cristo, el Señor, con la fuerza de la contemplación y la generosidad del servicio.

 

ORATIO

Acuérdome algunas veces de la queja de aquella santa mujer, Marta, que no sólo se quejaba de su hermana, antes tengo por cierto que su mayor sentimiento era pareciéndole no os dolíais Vos, Señor, del trabajo que ella pasaba, ni se os daba nada que ella estuviese con Vos.

Por ventura le pareció no era tanto el amor que la teníais como a su hermana; que esto le debía hacer mayor sentimiento que el servir a quien ella tenía tan gran amor, que éste hace tener por descanso el trabajo. Y parécese en no decir nada a su hermana, antes con toda su queja fue a Vos, Señor, que el amor la hizo atrever a decir que cómo no teníais cuidado. Y aun en la respuesta parece ser y proceder la demanda de lo que digo; que sólo amor es el que da valor a todas las cosas; y que sea tan grande que ninguna le estorbe a amar, es lo más necesario (Teresa de Ávila, Las exclamaciones, 5,2).

 

CONTEMPLATIO

De ver a Cristo me quedó imprimida su grandísima hermosura, y la tengo hoy día, porque para esto bastaba sola una vez, !cuánto más tantas como el Señor me hace esta merced! [...] Comenzóme mucho mayor amor y confianza de este Señor en viéndole, como con quien tenía conversación tan continua. Veía que, aunque era Dios, que era hombre, que no se espanta de las flaquezas de los hombres, que entiende nuestra miserable compostura, sujeta a muchas caídas por el primer pecado que Él había venido a reparar. Puedo tratar como con amigo, aunque es señor.

!Oh Rey de gloria y Señor de todos los reyes! !Cómo no es vuestro reino armado de palillos, pues no tiene fin! !Cómo no son menester terceros para Vos! Con mirar vuestra persona, se ve luego que es sólo el que merecéis que os llamen Señor, según la majestad mostráis.

No es menester gente de acompañamiento ni de guarda para que conozcan que sois Rey. Porque acá un rey solo mal se conocerá por sí. Aunque él más quiera ser conocido por rey, no le creerán, que no tiene más que los otros; es menester que se vea por qué lo creer, y así es razón tenga estas autoridades postizas, porque si no las tuviese no le tendrían en nada. Porque no sale de sí el parecer poderoso. De otros le ha de venir la autoridad.

!Oh Señor mío, oh Rey mío! !Quién supiera ahora representar la majestad que tenéis! Es imposible dejar de ver que sois gran Emperador en Vos mismo, que espanta mirar esta majestad; mas más espanta, Señor mío, mirar con ella vuestra humildad y el amor que mostráis a una como yo. En todo se puede tratar y hablar con Vos como quisiéramos, perdido el primer espanto y temor de ver vuestra majestad, con quedar mayor para no ofenderos; mas no por miedo del castigo, Señor mío, porque éste no se tiene en nada en comparación de no perderos a Vos (Teresa de Ávila, Libro de su vida, XXXVII, 4-6, passim).

 

ACTIO

Repite a menudo y medita hoy esta expresión de santa Teresa: "No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho" (Castillo interior, "Cuartas moradas", 1,7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El primado contemplativo no nace en Teresa de Jesús de las categorías aristotélicas o platónicas de la contemplación, sino que brota de una dimensión de apertura que tiene en ella. Es una criatura hecha para algo grande e infinito que pueda realizarla, completarla, colmaría. Esa actitud frente a Dios es fundamental en su vida; de ella brota el sentido del señorío de Dios: no sólo por una soberanía de amor al que se abandona, sino también porque el Señor la sobrepasa: él es el único dueño de toda su persona y de toda su vida. El primado de Dios en dimensión contemplativa, en una experiencia absolutamente femenina, caracteriza su actitud ante el Señor; Teresa está hecha para él. Por eso no se siente frente a Dios ni atemorizada ni incómoda, aunque sabe que es el Señor de la gloria. Trata con él con una gran libertad.

"!Oh Creador mío", exclama Teresa, "cuando estabais en la tierra, lejos de sentir desprecio por las mujeres, hasta buscasteis favorecerlas con gran benevolencia...". Está segura de que Dios acoge y ama a las mujeres y de que Cristo les concede ampliamente ese amor. Para afirmarlo, pone el ejemplo de la Virgen María, a la que Dios eligió como Madre, el de las pecadoras a las que Jesús perdonó, el de la amistad que sentía hacia Marta y María. Éstos son los argumentos de los que se sirve para sentirse a sus anchas con el Señor (A. Ballestrero, "La donna in santa Teresa", en AA. W, Teresa d'Avila. Introduzione storico-teologica, Turín 1982, p. 63).

 

 

 

Día 16

Miércoles semana XXVIII  del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Gálatas 5,18-25

Hermanos:

18 Si os dejáis guiar por el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley.

19 En cuanto a las consecuencias de esos desordenados apetitos, son bien conocidas: fornicación, impureza, desenfreno,

20 idolatría, hechicería, enemistades, discordias, rivalidad, ira, egoísmo, disensiones, cismas,

21 envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes. Los que hacen tales cosas -os lo repito ahora, como os lo dije antes- no heredarán el Reino de Dios.

22 En cambio, los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe,

23 mansedumbre y dominio de sí mismo. No hay ley frente a esto.

24 Ahora bien, los que son de Cristo Jesús han crucificado sus apetitos desordenados junto con sus pasiones y apetencias.

25 Si vivimos gracias al Espíritu, procedamos también según el Espíritu.

 

*•• En el pasaje de hoy prosigue también Pablo su apasionada llamada dirigida a los gálatas para que arraiguen su vida en la verdadera libertad a la que han sido llamados.  Les exhorta a redescubrir su identidad de hijos, dejándose guiar por el Espíritu, caminando según sus deseos y siguiendo su camino, que está hecho de libertad y de amor.

El Espíritu Santo es, por consiguiente, el guía seguro para convertirse en nuevas criaturas, en hombres nuevos regenerados en Cristo, no sometidos ya a esa ley que no es capaz de impedir "las consecuencias de esos desordenados apetitos" (w. 19-21). A esta libertad estamos llamados también nosotros: "Que no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal [carne]. No os sometáis a sus apetitos. No tiene por qué dominaros el pecado, ya que no estáis bajo el yugo de la Ley, sino bajo la acción de la gracia" (Rom 6,12.14). La libertad del Espíritu es, por consiguiente, contraria al desenfreno de la "carne". Por eso se preocupa Pablo de hacer una lista de "los frutos del Espíritu" y los contrapone "a las consecuencias de esos desordenados apetitos" de la carne. Amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de sí mismo (w. 22-23) son obras del Espíritu y, al mismo tiempo, el magnífico resultado de la libre adhesión del hombre que ha elegido como ley la caridad.

También Pedro, en su segunda Carta, presenta una lista semejante y su exhortación termina con una promesa formidable: "Si lo hacéis así, no fracasaréis" (2 Pe 1,10), una promesa tanto más estimulante cuanto menos extraordinarias sean las actitudes sugeridas en los "frutos del Espíritu", virtudes que corresponden a un casi trivial vivir cotidiano.

La Carta a los Gálatas toca a su fin. A Pablo ya no le queda más que sugerir diferentes avisos para traducir "la ley de Cristo" en servicio, en caridad "sobre todo para con los hermanos en la fe" (Gal 6,10).

 

Salmo Responsorial

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Salmo 1,1-2.3.4.6


Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

 

 

Evangelio: Lucas 11,42-46

En aquel tiempo, dijo Jesús:

42 !Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de todas las legumbres y descuidáis la justicia y el amor de Dios! Esto es lo que hay que hacer, aunque sin omitir aquello.

43 !Ay de vosotros, fariseos, que os gusta ocupar el primer puesto en las sinagogas y que os saluden en la plaza!

44 !Ay de vosotros, que sois como sepulcros que no se ven, sobre los que se pisa sin saberlo!

45 Entonces uno de los doctores de la Ley tomó la palabra y le dijo: -Maestro, hablando así nos ofendes también a nosotros.

46 Jesús replicó: -!Ay de vosotros también, doctores de la Ley, que imponéis a los hombres cargas insoportables y vosotros no las tocáis ni  con un dedo!

 

**• Los fariseos: los mejores, los más comprometidos. Y los doctores de la Ley: encargados de enseñar y de guiar a los otros en los caminos del Señor. Jesús, según el evangelista Lucas, pronuncia dos series de "ayes" dirigidos a estos dos grupos. Censuró a cuantos querían señales para creer, puso al desnudo el corazón hipócrita y ahora pronuncia las palabras más duras contra el comportamiento de aquellos que usan sus prerrogativas de cultura y de autoridad para un vano prestigio y para una odiosa opresión de los otros. Son sepulcros que no se ven, "pero por dentro están llenos de huesos de muerto y podredumbre" (Mt 23,27), capaces de contaminar -según una ley también farisea- a quien camina sobre ellos sin darse cuenta.

Con fina ironía, Lucas pone una réplica resentida e indignada en boca de uno de los doctores de la Ley: "Maestro, hablando así nos ofendes también a nosotros" (v. 45). Pero en las palabras de Jesús se encuentra toda la amargura y el lamento, porque esta impermeable defensa de su propia imagen les impide verse en su propia mezquina realidad y les hace perder de vista lo más esencial e incluso lo más exigente, "la justicia y el amor de Dios" (v. 42b).

 

MEDITATIO

En las palabras de Pablo a los cristianos de Galacia aparecen sometidas a confrontación dos economías: una es objeto de una condena explícita e inapelable; la otra es apasionadamente preferida y, asimismo, iluminada de una manera realista en su intransigente pureza.

La economía de la "carne", más o menos ricamente revestida con apariencias de justicia y de rigor legalista, da frutos de maldad, de deshonestidad, de opresión insoportable.

La economía de la gracia está configurada sobre la cruz y sobre el amor oblativo de Cristo y da los frutos del Espíritu. Pero nuestra atención se ve excitada en particular por el aspecto negativo.

La tentación que sentimos nosotros, gente ordinaria, es ponernos orgullosamente del lado de Jesús para lanzar "ayes" sobre los fariseos y los doctores de la Ley de nuestros días, blancos fáciles para juicios y recriminaciones.

Como si no estuviéramos llamados también nosotros -cada uno de nosotros- a revisar nuestro propio protagonismo y a llevar con espíritu de servicio y de caridad las cargas que con tanta facilidad imponemos sobre los hombros de los otros.

ORATIO

Señor Jesús, manso y humilde de corazón, sé que tu desdén es directamente proporcional a la apasionada esperanza de bien que habías depositado en nosotros.

Te pido perdón por la decepción que procuramos a tu sentirte hermano mayor impedido de ofrecer al Padre una convencida y coherente respuesta de amor de nuestra parte.

Obtennos un "suplemento" de Espíritu Santo que nos libere de las trabas de nuestro "soy así": el Espíritu de amor para que nada nos resulte trabajoso, el Espíritu de alegría sobreabundante contra las insinuantes satisfacciones del egoísmo y de la soberbia, el Espíritu de paz de quien sabe que es amado, el Espíritu de paciencia para saber hacer frente a las dificultades necesarias, el Espíritu de benevolencia y de bondad que disuelve la acidez y las durezas vertidas sobre los otros, el Espíritu de fidelidad para perseverar con valentía, el Espíritu de mansedumbre que nos configura contigo, el Espíritu de autodominio para crucificar nuestra carne con sus pasiones y deseos y estar plenamente disponibles y libres para la justicia y el amor a Dios.

 

CONTEMPLATIO

El apóstol, al enumerar los frutos del Espíritu Santo, los considera como un solo "fruto". No hay duda de que la caridad es el único fruto del Espíritu Santo; ahora bien, puesto que este fruto posee una infinidad de cualidades excelentes, el apóstol habla de él como si se tratara de muchos frutos. Pero no quiere decir otra cosa sino que el fruto del Espíritu es la caridad, que es alegre, pacífica, paciente, benigna, buena, longánima, dulce,

fiel, modesta, continente, casta; o sea, que el amor divino nos proporciona una alegría y un consuelo interior, con una gran paz del corazón que se conserva entre las adversidades de la paciencia y nos hace disponibles y prontos para ayudar al prójimo con una cordial bondad para con él.

Esta bondad no es voluble, sino animosa y perseverante, dado que nos proporciona un gran ánimo por medio del cual nos volvemos apacibles, afables y condescendientes para con todos, conservando una absoluta lealtad para con cada uno, manifestando una sencillez que va acompañada de confianza tanto en nuestras palabras como en nuestras acciones, viviendo con modestia y humildad (Francisco de Sales, Teotimo, ossia Trattato dell'amor di Dios, XI, 19, passim [edición española: Tratado del amor de Dios, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ven, Espíritu de amor: sin tu fuerza nada hay en el hombre, nada hay sin culpa" (de la liturgia).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La respuesta del hombre a la gracia estará representada por la sumisión de su persona a la acción del Espíritu de Dios. No hace falta martirizarnos el cerebro para saber qué privaciones imponernos. El dominio de nuestra propia persona constituye un programa suficiente. En vez de ir más allá de las exigencias de Dios, es mejor realizar con sencillez de corazón lo que se nos pide hoy. Es posible que, de una manera inconsciente, nuestro corazón prefiera ciertas exigencias ideales a las del hoy. Mientras que se nos pide seguir con paciencia un camino tras las huellas de Dios, nosotros rechazamos la abundancia de los dones y preferimos estériles repliegues sobre nosotros mismos; preferimos mirar nuestro pecado en vez del incomprensible perdón de Dios; preferimos buscar nosotros solos remedios a nuestro mal íntimo, cuando Dios nos presenta estos remedios a través de los medios de la gracia ofrecidos en la Iglesia.

En el camino hacia el dominio de nosotros mismos es importante fijar nuestra propia mirada no tanto en los detalles, en los progresos o en los retrocesos como en el fin: Cristo Jesús. De otro modo, al tomar los medios por el fin, llegaremos a meditar más sobre el hombre que sobre Dios, y a afligirnos por nuestro pecado en vez de experimentar un estupor siempre renovado ante el perdón de Dios. Debemos temer acaso que la disciplina interior nos conduzca a actitudes falsas, como el formalismo o el deseo de la perfección por sí misma? Es preciso hacer frente a estos peligros, sin quedarnos, no obstante, inmóviles, permitiendo que el miedo nos aprese ni que nos marque el paso. El equilibrio del cristiano se puede comparar al de un hombre que camina sobre el filo de una navaja. Sólo Dios puede mantener firme en su marcha al que acepta el riesgo cristiano: el de correr hacia Cristo. El formalismo es la costumbre. En ella sucumbe cada día aquel cuya disciplina espiritual ya no es movida por el amor a Cristo y al prójimo (R. Schutz, L'oggi di Dio, Brescia 1982 [edición española: Vivir en el hoy de Dios, Estela, Barcelona 1969]).

 

 

Día 17

Jueves semana XXVIII del Tiempo ordinario o 17 de octubre,

San Ignacio de Antioquía  

En los albores del siglo II fue llevado el obispo Ignacio de Antioquía a Roma para ser devorado por las fieras. Fruto de este viaje hacia el martirio son las célebres siete cartas que el mártir apenas tuvo tiempo de redactar. Son cartas escritas con sangre, verdaderos trozos de existencia, que contienen el grito ardiente de un místico que anhela el martirio. A nadie se le escapa la importancia única de este impresionante diario del alma. Aunque recientemente algunas voces aisladas han intentado mellar su autenticidad, la inmensa mayoría de los estudiosos la han reafirmado con argumentos válidos. Las siete cartas de Ignacio nos han conservado, mejor que cualquier historiador, los rasgos vivos y luminosos de una de las personalidades más sobresalientes y vigorosas del cristianismo primitivo.

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 1,1-10

1 Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, al pueblo de Dios que está en Efeso y cree en Cristo Jesús.

2 A vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo, el Señor.

3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales.

4 Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. Llevado de su amor,

5 él nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo,

6 para que la gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo querido, se convierta en himno de alabanza a su gloria.

7 Con su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención y el perdón de los pecados, en virtud de la riqueza de gracia

8 que Dios derramó abundantemente sobre nosotros en un alarde de sabiduría e inteligencia.

9 Él nos ha dado a conocer sus planes más secretos, los que había decidido realizar en Cristo,

10 llevando la historia a su plenitud al constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.

 

** La Carta a los Efesios, que nos presenta la liturgia a partir de hoy, nació probablemente como carta circular dirigida a las diferentes Iglesias de la provincia de Asia por el apóstol Pablo durante el período de su primera prisión en Roma (61-63 d. C), o bien por alguno de sus discípulos. El autor propone en ella su propia visión de la historia humana y cósmica: la historia es, inequívocamente, historia de salvación, un grandioso proyecto de amor del Padre, que, en su Hijo Jesucristo, redime a todos los hombres y vuelve a atraer hacia sí, de una manera irresistible, todo lo creado. En él obra ahora la fuerza invencible de la resurrección, que, tras haber derrotado al pecado y la muerte, engendra la nueva humanidad, la Iglesia; esta última, aprendiendo a reconciliar todas las divisiones, va creciendo progresivamente como único y armónico cuerpo cuya cabeza es Cristo.

Tras el acostumbrado saludo, prorrumpe el autor en un himno de alabanza donde bendice al Padre, que ha vuelto a colmar a los hombres con la sobreabundancia de sus bienes. El himno contempla previamente la increíble bondad de Dios, que, desde toda la eternidad, ha soñado y deseado hacer partícipes a todas sus criaturas de su misma vida divina (v. 4); contempla, a continuación, su inefable misericordia, que, sin rendirse frente al pecado del hombre, le ha restablecido en la condición de hijo gracias a Cristo redentor, que nos ha obtenido con su sangre la remisión de los pecados (w. 5-7). Ahora bien, la redención es un misterio que se despliega a lo largo de la historia. Dios es creador y ama la multiplicidad de formas de lo creado, pero es también en sí mismo comunión de amor y ama la unidad: en Cristo va realizando esta voluntad suya de restaurar en todos los hombres la semejanza originaria con él y los va haciendo miembros de un único cuerpo -miembros con fisonomía diferente, pero profundamente unidos (v. 10)-. "Dios ha dado a Jesucristo como cabeza a todas las criaturas, a los ángeles y a los hombres. De este modo se va formando la unión perfecta, cuando todas las cosas estén bajo una cabeza y reciban de lo alto un vínculo indisoluble" (Juan Crisóstomo).

 

Salmo Responsorial

El Señor da a conocer su victoria

Salmo 97,1.2-3ab.3cd-4.5-6


Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

R/. El Señor da a conocer su victoria

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia
y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

R/. El Señor da a conocer su victoria

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamad al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.
R/. El Señor da a conocer su victoria

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.

R/. El Señor da a conocer su victoria

 

 

Evangelio: Lucas 11,47-54

En aquel tiempo, dijo el Señor:

47 !Ay de vosotros, que construís mausoleos a los profetas asesinados por vuestros propios antepasados!

48 De esta manera, vosotros mismos sois testigos de que estáis de acuerdo con lo que hicieron vuestros antepasados, porque ellos los asesinaron y vosotros les construís mausoleos.

49 Por eso dijo la sabiduría de Dios: "Les enviaré profetas y apóstoles; a unos los matarán, y a otros los perseguirán".

50 Pero Dios va a pedir cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas vertida desde la creación del mundo,

51 desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, a quien mataron entre el altar y el santuario. Os aseguro que se le pedirán cuentas a esta generación.

52 !Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia! No habéis entrado vosotros y a los que querían entrar se lo  habéis impedido.

53 Cuando Jesús salió de allí, los maestros de la Ley y los fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente y a proponerle muchas cuestiones,

54 tendiéndole trampas con intención de sorprenderlo en alguna de sus palabras.

 

*•• Los doctores de la Ley de tiempos de Jesús no eran mejores que sus padres. Jesús, con una profunda ironía, desenmascara su falsedad. Por un lado, pone de manifiesto que su veneración por los profetas es hipócrita, porque en estos momentos muestran que no están dispuestos a escuchar las llamadas de Dios, exactamente igual que hicieron sus padres en el pasado. Del mismo modo que los profetas fueron rechazados y muertos por ser incómodos, así también es rechazado ahora Jesús, Palabra definitiva del Padre: es exactamente el mismo comportamiento. Los "sabios", que construyen mausoleos a los profetas, no por ello se convierten en seguidores de los mismos, como quieren dar a entender -y tal vez ellos mismos crean-, sino en cómplices de quienes los mataron. El Gólgota confirmará este análisis de Jesús, apoyado por la "sentencia del juicio profético (w. 49-51), que concibe la historia de Israel, incluido el período postexílico, como una historia de porfiada obstinación" (Josef Ernst), que ha producido constantemente sus víctimas, "desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías" (la primera y la última muerte relatadas en la Biblia hebrea).

A modo de inciso, notemos que la culpa evocada de nuevo permanece totalmente en el ámbito del Antiguo Testamento: da la impresión de que Lucas quiera sugerir que la misericordia del Padre no pretende pedir cuentas de la sangre de su Hijo, que también está a punto de ser derramada; en efecto, "Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él" (Jn 3,17). Sin embargo, "Dios va a pedir cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas vertida desde la creación del mundo", porque "el que no cree en él ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios" (Jn 3,18).

Con el mismo vigor se lanza Jesús contra la arrogancia intelectual y religiosa de los doctores de la Ley, que, aun disponiendo de los instrumentos necesarios, no han seguido ni siquiera reconocido el camino que conduce a Dios, indicado por la Ley y por los profetas; al contrario, lo han hecho inaccesible también al pueblo, privando a los preceptos y las normas de su auténtico significado.

 

MEDITATIO

Algunos pensamientos de san Ignacio, a punto de padecer el martirio, pueden ayudamos:

- "!Bello es que el sol de mi vida, saliendo del mundo, trasponga en Dios, a fin de que en él yo amanezca!" (A los romanos, 2, 2).

- "Dejadme que sea entregado a las fieras, puesto que por ellas puedo llegar a Dios. Soy el trigo de Dios, y soy molido por las dentelladas de las fieras, para que pueda ser hallado pan puro. Antes, atraed a las fieras, para que puedan ser mi sepulcro, y que no deje parte alguna de mi cuerpo detrás, y así, cuando pase a dormir, no seré una carga para nadie. Entonces seré un verdadero discípulo de Jesucristo (A los romanos, 4, 1).

- "Ahora empiezo a ser discípulo" (A los romanos, 5,3).

- "De nada me aprovecharán los confines del mundo ni los reinos todos de este siglo. Para mí, mejor es morir en Jesucristo que ser rey de los términos de la tierra. A Aquel quiero que murió por nosotros. A Aquel quiero que por nosotros resucitó. Y mi parto es ya inminente. Perdonadme, hermanos: no me impidáis vivir; no os empeñéis en que yo muera; no entreguéis al mundo a quien no anhela sino ser de Dios: no me tratéis de engañar con lo terreno. Dejadme contemplar la luz pura. Llegado allí, seré de verdad hombre. Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios. Si alguno lo tiene dentro de sí, que comprenda lo que yo quiero, y si sabe lo que a mí me apremia, que haya lástima de mí" (A los romanos, 6,1-3).

 

ORATIO

Algunas oraciones breves salidas del corazón de san Ignacio:

- "Orad incesantemente por todos los hombres" (A los efesios, 10, 1).

- "Permaneced en la concordia y en la oración recíproca" (A los tralianos, 12, 2).

- "Acordaos de la Iglesia en vuestra oración" (A los tralianos, 13, 1).

- "Orad para que yo sea cristiano no sólo de nombre, sino también de hecho" (A los romanos, 3, 2).

- "Había en mí un agua viva y me dice por dentro: "Ven al Padre"" (A los romanos, 7, 3).

- "Mientras tengamos tiempo, convirtámonos a Dios" (A los esmirniotas, 9, 1),

- "Ruego para que se me dé la gracia perfecta de Dios, a fin de que c o n vuestra oración pueda alcanzar yo a Dios" (A los esmirniotas, 11, 1).

 

CONTEMPLATIO

Algunas elevaciones originales del santo mártir: "Vosotros sois piedras del templo del Padre, preparados para la construcción de Dios Padre, elevados hasta lo alto por la palanca de Jesucristo, que es la cruz, sirviendo como soga el Espíritu Santo; vuestra fe os tira hacia lo alto y la caridad es el camino que os eleva hacia Dios" (A los efesios, 9, 1).

"Aquel que posee en verdad la Palabra de Jesús puede entender también su silencio, a fin de ser perfecto, a fin de obrar por su palabra y hacerse conocido por su silencio" (A los efesios, 15, 2).

"Si el Señor ha recibido una unción sobre su cabeza, es a fin de exhalar para su Iglesia un perfume de incorruptibilidad" (A los efesios, 17, 1).

"Rompiendo un mismo pan que es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir y alimento para vivir en Jesucristo por siempre" (A los efesios, 20, 2).

"Dejaos salar en Él, a fin de que nadie se corrompa entre vosotros, pues por vuestro olor seréis convictos" (A los magnesios, 10, 2).

"Por tu parte, mantente firme, como un yunque golpeado por el martillo. De grande atleta es ser desollado y, sin embargo, vencer" (A Policarpo, 3, 1).

 

ACTIO

Repite durante el día y vive la invitación de san Ignacio: "Ama la unidad, huye de las divisiones, sé imitador de Jesucristo" (A los filadelfios, 7, 2).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Estas eran, y muchas más sobre éstas, las enseñanzas que Ignacio, de camino, daba con sus obras, bien así como un sol que se levanta de Oriente y corre a Poniente. Y aún puede ser tenido Ignacio por más brillante que el mismo sol, porque éste corría desde lo alto trayendo luz sensible, pero Ignacio brillaba desde abajo, infundiendo en las almas luz inteligible. Aquél, por otra parte, en llegando a las partes de Occidente, se esconde y nos trae al punto la noche; mas éste, llegado que hubo a las partes de Occidente, se levantó de allí más esplendoroso después de haber hecho los mayores beneficios a cuantos antes hallara en su camino. Y apenas entró en la ciudad de Roma, también a ésta enseñó una divina filosofía. Porque tal fue el fin por el que permitió Dios que allí terminara Ignacio su vida, a saber: para que su muerte fuera una escuela de religión para todos los que moraban en Roma (Juan Crisóstomo, "Panegírico en honor de san Ignacio", en Padres apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 21968, p. 626).

 

 

 

Día 18

San Lucas, evangelista

 

        De las cartas de Pablo se desprende que Lucas fue médico (Col 4,14) se desprende asimismo que Pablo le quería mucho, dado que le facilitó la actividad apostólica en calidad de colaborador suyo (Flm 24). También las llamadas "secciones-nosotros" de los Hechos de los apóstoles -ésas en las que Lucas emplea el pronombre de la primera persona del plural, con lo que deja entrever su presencia junto a Pablo en el ejercicio de su apostolado- dicen que Lucas es uno de los responsables de la acción misionera de los primeros tiempos cristianos.

Como es bien conocido, Lucas es el único de los evangelistas que sintió la necesidad de escribir, además de un evangelio, también los Hechos de los apóstoles, en una obra unitaria que deja aparecer la concepción teológica de la historia propia de Lucas: una historia que une, íntimamente, a Jesús con la Iglesia, y a la Iglesia con Jesús.

 

LECTIO

Primera lectura: 2 Timoteo 4,10-17

Querido hermano:

10 Dimas me ha abandonado por amor a las cosas de este mundo y se ha ido a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia.

11 Solamente Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráetelo contigo, pues me es muy útil para el ministerio.

12 A Tíquico lo he mandado a Éfeso.

13 Cuando vengas, tráeme la capa que me dejé en Tróade, en casa de Carpo, y también los libros, sobre todo los pergaminos.

14 Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le pagará según su conducta.

15 Ten cuidado con él, pues se ha opuesto tenazmente a nuestra predicación.

16 En mi primera defensa nadie me asistió; todos me abandonaron. !Que Dios los perdone!

17 El Señor me asistió y me confortó, para que el mensaje fuera plenamente anunciado por mí y lo escucharan todos los paganos. Fui librado de la boca del león.

 

*•• Este fragmento nos presenta a Lucas junto a Pablo. Otros han abandonado al apóstol por cansancio o por miedo; Lucas, sin embargo, no, y esto infunde un gran consuelo en el corazón de Pablo. Con todo, el verdadero consuelo del apóstol no es tanto la presencia de una persona como, sobre todo, la de su Señor, que le renueva en el corazón su intrépido coraje en la predicación del Evangelio a los paganos, manteniéndole fiel a su vocación originaria.

Aunque consolado por la presencia de Lucas, Pablo no puede dejar de recordar el abandono en el que se encuentra, justo en el momento en que ha sido arrastrado al tribunal y ha tenido que preparar solo su defensa. A este respecto, contamos con numerosas y preciosas noticias en los últimos capítulos de los Hechos de los apóstoles, donde, cinco veces en cinco ocasiones diferentes (cf. Hch 22-26), tuvo que defender Pablo no a sí mismo, sino a Jesús y la fe que había abrazado, con intrépido valor, con un genial espíritu polémico, con una sorprendente capacidad apologética.

De este modo y con este estilo, Pablo tiene la alegría de poder afirmar que, por medio de él, se ha llevado a cabo la proclamación del Evangelio en beneficio sobre todo de los paganos. Lo que le había sido planteado en Damasco se cumple ahora felizmente. Lo que le había sido confiado en Damasco -la misión entre los paganos llega ahora a su cumplimiento.

 

 

 Salmo Responsorial

Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Salmo 144.10-11.12-13ab.17-18

 

10 Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,

que te bendigan tus fieles.

11 Que proclamen la gloria de tu reinado,

que hablen de tus hazañas;

 R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

12 explicando tus hazañas a los hombres,

la gloria y majestad de tu reinado. 

13 Tu reinado es un reinado perpetuo,

tu gobierno va de edad en edad.

El Señor es fiel a sus palabras,

bondadoso en todas sus acciones.

 R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

 

17 El Señor es justo en todos sus caminos,

es bondadoso en todas sus acciones.

18 Cerca está el Señor de los que lo invocan,

de los que lo invocan sinceramente.

 R. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

 

 

Evangelio: Lucas 10,1-9

En aquel tiempo,

1 el Señor designó a otros setenta [y dos] y los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares que él pensaba visitar.

2 Y les dio estas instrucciones: -La mies es abundante, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

3 !En marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.

4 No llevéis bolsa, ni alforjas ni sandalias, ni saludéis a nadie por el camino.

5 Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.

6 Si hay allí gente de paz, vuestra paz recaerá sobre ellos; si no, se volverá a vosotros.

7 Quedaos en esa casa y comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa.

8 Si al entrar en un pueblo os reciben bien, comed lo que os pongan.

9 Curad a los enfermos que haya en él y decidles: Está llegando a vosotros el Reino de Dios.

 

*" Después de haber enviado en misión a los Doce (Le 9,lss), Jesús envía a los setenta [y dos] discípulos a una misión que Lucas -y sólo él- nos ha hecho conocer.

Es el mismo evangelista que, también en el desarrollo del relato de los Hechos de los apóstoles, encontrará la manera de transmitir recuerdos relativos no sólo a la misión de Pedro y de Pablo, sino también de Esteban, de Felipe y de otros discípulos del Señor.

Jesús envía a sus discípulos después de haberles recomendado que rueguen al dueño de la mies que envíe obreros a la misma (v. 2). De ahí que la oración no haya de ser entendida sólo como un apoyo a la misión, sino que es también y sobre todo parte integrante de la misma misión. Para un auténtico apóstol, la oración significa ya estar en misión, y la misión tiene su comienzo en la oración.

Al enviar a sus discípulos en misión, Jesús les señala una metodología muy concreta: la imagen de los "corderos en medio de lobos" (v. 3) no deja lugar a ningún equívoco. Del mismo modo que Jesús, pastor, se hizo cordero por amor a nosotros, también todo verdadero pastor de la comunidad debe estar dispuesto a hacerse cordero, dispuesto para el sacrificio, ofrecido por amor.

El mensaje esencial que el mismo Jesús pone en boca de sus discípulos suena así por tanto: "decidles: Está llegando a vosotros el Reino de Dios" (v. 9). Conocemos bien la gran densidad del significado de la expresión "Reino de Dios": indica, en primer lugar, que los tiempos en los que resuena el alegre mensaje son escatológicos, es decir, están llenos de Dios y revelan la presencia del Dios que salva. Esta expresión señala sobre todo la presencia de Jesús en el mundo, porque a través de su persona y de su enseñanza es como Dios se hace presente en medio de nosotros con su voluntad salvífica universal.

 

MEDITATIO

Una mirada de conjunto a la obra lucana (evangelio y Hechos de los apóstoles) nos pone al tanto de algunas características fundamentales del tercer evangelista, sobre las que interesa centrar nuestra meditación.

Dante caracteriza a Lucas como "el escriba de la mansedumbre de Cristo". En efecto, toda su obra converge en torno a este mensaje, que puede ser considerado como el "Evangelio dentro de su evangelio". Ésa es la Buena Noticia, la única verdadera y la única buena, y Lucas siente el deber de transmitirla a toda la humanidad, y al servicio de la misma pone toda su minuciosidad de historiador, su arte literario, su fe de discípulo.

Pero Lucas se nos presenta también como el teólogo de la dimensión misionera: así como Jesús puede ser definido como el misionero del Padre (véase su evangelio), así la Iglesia es también esencialmente misionera, porque participa de la dimensión misionera de Jesús (véanse los Hechos de los apóstoles). El carácter unitario de la obra lucana puede deducirse asimismo de esta plena correspondencia entre la misión de Jesús y la misión de la Iglesia. Desde esta perspectiva, toda opción y toda actividad misionera debe ser concebida por nosotros como signo sacramental de la misión que Jesús recibió del Padre.

Por último, la presencia de Lucas al lado de Pablo nos lleva de nuevo a la necesidad de que todo verdadero cristiano sea no sólo receptor del consuelo que se desprende del Evangelio, sino también portador de ese don de la consolación que es fruto del Espíritu Santo, el consolador divino.

 

ORATIO

[...] Desde antiguo ardo en deseos de meditar tu ley y "confesarte en ella mi ciencia y mi impericia, las primicias de tu iluminación y las reliquias de mis tinieblas", hasta que la flaqueza sea devorada por la fortaleza. [...]

Tus Escrituras sean mis castas delicias: ni yo me engañe en ellas ni con ellas engañe a otros. Atiende, Señor, y ten compasión; Señor, Dios mío, luz de los ciegos y fortaleza de los débiles y luego luz de los que ven y fortaleza de los fuertes, atiende a mi alma, que clama desde lo profundo, y óyela. Porque si no estuvieren aún en lo profundo de tus oídos, adonde iríamos, adonde clamaríamos? [...]

[...] Dame espacio para meditar en los entresijos de tu ley y no quieras cerrarla contra los que pulsan, pues no en vano quisiste que se escribiesen los oscuros secretos de tantas páginas. O es que estos bosques no tienen sus ciervos, que en ellos se alberguen, y recojan, y paseen, y pasten, y descansen, y rumien? !Oh Señor!, perfeccióname y revélamelos. Ved que tu voz es mi gozo; tu voz sobre toda afluencia de deleites. Dame lo que amo, por que ya amo, y esto es don tuyo. No abandones tus dones ni desprecies a tu hierba sedienta (Agustín de Hipona, Confesiones, XI, 2,2ss).

 

CONTEMPLATIO

"Desde nuestra Patria, y para invitarnos al retorno, se nos han enviado cartas que cada día se leen a la gente" El núcleo de todo lo que debemos comprender es esto: la plenitud y el fin de la Ley y de todas las divinas Escrituras es el amor. Por consiguiente, si alguien cree haber comprendido las divinas Escrituras o cualquier parte de las mismas y mediante esa comprensión no consigue levantar el edificio de la doble caridad, a Dios y al prójimo, es que todavía no las ha comprendido (Agustín de Hipona, De doctrina christiana, I, 36.40).

 

ACTIO

        Repite y medita durante el día esta Palabra: "Señor, quédate con nosotros, porque cae la tarde" (Lc 24,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En la Iglesia de Lucas se hablaba de Jesús no sólo al hilo de los relatos históricos, sino que también se le anunciaba con la finalidad de que su recuerdo suscitara en los oyentes la fe en él. Para responder a cada una de estas finalidades -la memoria histórica y el anuncio ordenado a la fe-, Lucas compuso un evangelio en el que figurar la parte de historia que sirve para conectar fe con el acontecimiento-Cristo y la parte de teología que capta en la historia el mensaje que suscita la fe.

A pesar de ciertas alusiones a la historia (1,5; 2,1 ss; 3,lss), Lucas no es propiamente un historiador; tampoco puede decirse que sea propiamente un teólogo. Lucas es más bien un "hombre de Iglesia" que, al final de los tiempos apostólicos, pretende asegurar a la Iglesia "la solidez" (1,4) de la tradición evangélica, que él recibe y al mismo tiempo transmite. Lucas es un recolector de recuerdos evangélicos; también es ordenador de los mismos, a fin de que éstos asuman todo su propio valor: el de ser fuentes v fundadores de la fe de la Iglesia. En un tiempo en el que, por la evaporación en las brumas del tiempo de las raíces de las tradiciones originarias presentes en las Iglesias judeocristianas y etnicocristianas, la realidad físico-histórica de Jesús empezaba a ser objeto de discusión por ciertas teologías ambiguas configuradas en la primera carta de Juan (4,1-6) y que conducirán, a comienzos del siglo II, al docetismo -cuyos defensores están marcados a fuego por san Ignacio de Antioquía (siglos l-ll) como "sepultureros" de Cristo (A los esmirniotas, 5,2)-, y cuando la realidad mistérica de Jesús empezaba a ser diluida por las especulaciones judeo-helenísticas-cristianas vigorosamente combatidas por las cartas a los Colosenses (2,8-23) y a los Efesios (3,4-12), Lucas fijó el carácter real de Jesús componiendo un evangelio que salía garante de la realidad histórica de la verdad teológica de Jesús para todas las Iglesias.

La intención que guiaba a Lucas en la redacción de sus escritos era dar consistencia al pasado de Jesús en el presente de la Iglesia. Para conseguirlo Lucas estableció una serie de conexiones en las que intervienen de manera sinérgica la historia, la fidelidad a la tradición, la experiencia de fe, el anuncio de Jesús llevado a cabo mediante la Palabra y su puesta por escrito (Mario Masini).

 

 

 

Día 19

Sábado semana XXVIII del Tiempo ordinario o 19 de octubre,

San Pedro de Alcántara  

Nació en Alcántara, villa de Cáceres, en 1499. Fue bautizado con el nombre de Juan. Después de las primeras letras aprendidas en su villa natal, estudió en Salamanca artes liberales, filosofía y derecho canónico. En 1515 ingresó en los franciscanos de la custodia del Santo Evangelio e hizo su noviciado en el convento de San Francisco de los Majarretes (Cáceres). Al profesar como fraile conventual cambió su nombre de Juan por el de Pedro. En 1524 es ordenado sacerdote. Del mismo tiempo y del mismo espíritu que santa Teresa, es contemplativo, viajero, fundador de conventos y renovador del franciscanismo. Los propios compañeros lo presentan como un hombre lleno de celo apostólico, tranquilo y prudente, pobre y generoso, disponible y obediente, humilde y magnánimo, penitente y acogedor. Murió en Arenas el 18 de octubre de 1562. Fue canonizado en 1669 por el papa Clemente IX, al mismo tiempo que la carmelita santa María Magdalena de Pazzis.

 

 LECTIO

Primera lectura: Efesios 1,15-23

Hermanos:

15 También yo, al conocer vuestra fe en Jesús, el Señor, y vuestro amor para con todos los creyentes,

16 no ceso de dar gracias a Dios por vosotros, recordándoos en mis oraciones.

17 Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda un espíritu de sabiduría y una revelación que os permita conocerlo plenamente.

18 Que ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados, cuál la inmensa gloria otorgada en herencia a su pueblo

19 y cuál la excelsa grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, manifestada a través de su fuerza poderosa.

20 Es la fuerza que Dios desplegó en Cristo al resucitarlo de entre los muertos y sentarlo a su derecha en los cielos,

21 por encima de todo principado, potestad, poder y señorío y por encima de cualquier otro título que se precie de tal no sólo en este mundo, sino también en el venidero.

22 Todo lo ha puesto Dios bajo los pies de Cristo, constituyéndolo cabeza suprema de la Iglesia,

23 que es su cuerpo, y, por lo mismo, plenitud del que llena totalmente el universo.

 

**• Tras haber contemplado el gran misterio de la voluntad redentora del Padre, Pablo se alegra porque, informado de la fe de los destinatarios de su carta, los ve como partícipes de la magnífica herencia adquirida por Cristo, una herencia que se hace visible ya ahora en la caridad activa de estas Iglesias.

Para que sigan firmes en la vida nueva pide Pablo incesantemente al Padre el don del "espíritu de sabiduría y una revelación" que les permita penetrar cada vez más en su misterio. "El Espíritu, en efecto, lo escudriña todo, incluso las profundidades de Dios. [...] Del mismo modo, sólo el Espíritu de Dios conoce las cosas de Dios" (1 Cor 2,10b.1 Ib). Ahora bien, el Espíritu Santo es amor: el amor engendra, por consiguiente, el conocimiento, y el conocimiento engendra el amor.

La cima de este conocimiento amoroso es el saberse amado: la experiencia de este amor hace que podamos percibir qué grandes son los bienes que esperamos ("la esperanza a la que habéis sido llamados": v. 18a), qué espléndida es la dignidad de la que Dios nos hace partícipes ("la inmensa gloria otorgada en herencia a su pueblo": v. 18b), qué poderosamente eficaz es la acción salvífica de Dios, que obra en nosotros lo que ya ha realizado en Cristo al resucitarlo y poner todo ser bajo su dominio (w. 20ss).

Sometida a Cristo, la cabeza, está la Iglesia, que recibe de su Señor la vida y todos los bienes y que, en cuanto cuerpo, aunque esté sometida a los límites de sus miembros, debe crecer para alcanzar "en plenitud la talla de Cristo" (4,13b).

 

Salmo Responsorial

Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos

Salmo 8,2-3a.4-5.6-7a


Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza.

R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos

 

 

Evangelio: Lucas 12,8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

8 Os digo que si uno se declara a mi favor delante de los hombres, también el Hijo del hombre se declarará a favor de él delante de los ángeles de Dios;

9 pero si uno me niega delante de los hombres, también yo lo negaré delante de los ángeles de Dios.

10 Quien hable mal del Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no será perdonado.

11 Si os llevan a las sinagogas, ante los magistrados y autoridades, no os preocupéis del modo de defenderos, ni de lo que vais a decir;

12 el Espíritu Santo os enseñará en ese mismo momento lo que debéis decir.

 

*• El pasaje que nos propone la liturgia de hoy está constituido por un conjunto de dichos de Jesús reunidos por Lucas probablemente con la intención de animar a los cristianos frente a las persecuciones y a los desafíos del mundo y con la finalidad de proporcionarles criterios de comportamiento.

El evangelista recuerda de nuevo que es preciso considerar el presente con una perspectiva escatológica, ya que el hoy determina la eternidad. Y puesto que "nadie más que él puede salvarnos, pues sólo a través de él [Jesús] nos concede Dios a los hombres la salvación sobre la tierra" (Hch 4,12), Dios hace depender la salvación del reconocimiento público de Jesús. Esto podría dar la impresión de contradecir lo que se afirma en el versículo siguiente (v. 10). Se impone una distinción.

Algunos autores piensan que Lucas comprende la dificultad que supone reconocer en el Jesús terreno al Salvador, por lo que sería incluso admisible que haya quien "hable mal del Hijo del hombre". Pero no puede haber perdón para quien "blasfeme contra el Espíritu Santo", o sea, cuando la libertad humana rechaza la propia adhesión a la verdad que le ha sido interiormente revelada por la gracia de Dios. En ese caso, hasta la falta de reconocimiento ante los hombres se convierte en deliberada infidelidad y motivo de condena.

Sin embargo, cuando la acción del Espíritu es acogida por el creyente, éste puede estar seguro del apoyo eficaz del Espíritu en el momento en que sea llamado a dar testimonio.

 

MEDITATIO

A veces, damos por supuesto que, para asegurar la felicidad, tenemos que poseer cosas, dinero, comodidad, éxito, personas... Pero la experiencia nos dice que, en realidad, por ese camino encontramos exactamente lo que habíamos buscado: cosas, dinero, comodidad, personas, pero no necesariamente felicidad. El problema no se resuelve buscando nuevas fuentes de satisfacción.

Al contrario, cada vez que hacemos depender nuestra felicidad de más y más cosas, esa felicidad se hace todavía más problemática e insegura, pues cada vez hay más probabilidades de que algo nos falle y nos deje vacíos e insatisfechos. Entonces crecen en nosotros la tensión, el desasosiego y hasta el agobio.

 

ORATIO

Loado seas, mi Señor,

por los que perdonan y aguantan por tu amor

los males corporales y la tribulación:

!felices los que sufren en paz con el dolor,

porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: !loado, mi Señor!

Ningún viviente escapa de su persecución;

!ay si en pecado grave sorprende al pecador!

!Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

!No probarán la muerte de la condenación!

Servidle con ternura y humilde corazón.

Agradeced sus dones, cantad su creación.

Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

 

CONTEMPLATIO

La figura de san Pedro se agiganta y su misión reformadora se enriquece aún más si lo relacionamos con santa Teresa, presa de la misma inquietud reformadora y las mismas locuras de un afán: vivir el Evangelio en toda su radicalidad. Providencialmente, Dios le llevó a su encuentro, que tuvo lugar en Ávila. Ella le abrió su alma, y expuso su proyecto, y "vi ya desde el principio -dice la santa- que me comprendía..., y me dio luz en todo" (Vida, 30, 5-7). La cuestión era lanzarse por el camino de la pobreza absoluta, como estaba haciendo ya Pedro. Hasta ese momento todo eran obstáculos. La oposición de los superiores, incluido el obispo, fue vencida por la fe y la persuasiva mediación de san Pedro, que descubrió, clarísimo, el espíritu que animaba a Teresa y la voluntad de Dios sobre su proyecto.

La santa se siente agradecida y dice: "Pedro lo hizo todo, parece que lo había guardado su majestad hasta acabar este negocio" (Vida, 36, 2). Pocos meses antes de su muerte, concretamente el 14 de abril de 1562, le escribe el santo una carta en la que le asegura que debe seguir el camino emprendido, pues está seguro de que ésa es la voluntad de Dios. La santa recibe tal luz que escribe en su autobiografía: "Ya con este parecer [sobre la pobreza], determiné no andar buscando otros" (Vida, 35, 5). Y nació la primera fundación, el convento de San José, cuna de la reforma teresiana de la orden del Carmelo.

Pedro y Teresa, almas gemelas, ambos colosales en todo, nos dejaron sus huellas y sus recuerdos en dos monumentos inseparables e insuperables, pobres de materiales, pero ricos de espiritualidad: san José de Ávila, el “palomarcico” del Carmelo, y Nuestra Señora de la Concepción de El Palancar, que son dos hermanos gemelos, como en el espíritu lo fueron Teresa de Jesús y Pedro de Alcántara.

 

ACTIO

Repite hoy, con los franciscanos, el himno de san Francisco de Asís.

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Este santo [Pedro de Alcántara] hombre de este tiempo era; estaba grueso el espíritu como en los otros tiempos, y ansí tenía el mundo debajo de los pies. Que, aunque no anden desnudos ni hagan tan áspera penitencia como él, muchas cosas hay para repisar el mundo, y el Señor las enseña cuando ve ánimo. Y, !cuan grande le dio su Majestad a este santo que digo, para hacer cuarenta y siete años tan áspera penitencia, como todos saben.

Paréceme fueron cuarenta años los que me dijo había dormido sola hora y media entre noche y día, y que éste era el mayor trabajo de penitencia que había tenido en los principios de vencer el sueño; y para eso estaba siempre o de rodillas o en pie. Lo que dormía era sentado y la cabeza arrimada a un maderillo que tenía hincado en la pared. Echado, aunque quisiera, no podía, porque su celda -como se sabe- no era más larga de cuatro pies y medio.

En todos estos años, jamás se puso la capilla, por grandes soles y aguas que hiciese, ni cosa en los pies, ni vestido, sino un hábito de sayal, sin ninguna otra cosa sobre las carnes, y éste tan angosto como se podía sufrir, y un mantillo de lo mismo encima.

Decíame que en los grandes fríos se lo quitaba y dejaba la puerta y ventanilla abierta de la celda, para que, con ponerse después el manto y cerrar la puerta, contentase al cuerpo para que sosegase con más abrigo.

Comer al tercer día era muy ordinario, y díjome que de qué me espantaba, que muy posible era a quien se acostumbraba a ello. Un su compañero me dijo que le acaecía estar ocho días sin comer.

Debía ser estando en oración, porque tenía grandes arrobamientos e ímpetus de amor de Dios, de que una vez yo fui testigo. Con toda eso santidad, era muy afable, aunque de pocas palabras, si no era con preguntarle; en éstas era muy sabroso, porque tenía muy lindo entendimiento. Como vio ya se acababa, dijo el salmo de Laetatus sum !n his quae dicta suntmihi, e, hincado de rodillas, murió.

Un año antes que muriese, me apareció estando ausente, y supe se había de morir y se lo avisé, estando algunas leguas de aquí. Cuando expiró, me apareció y dijo cómo se iba a descansar. Yo no lo creí y díjelo a algunas personas, y desde a ocho días vino la nueva cómo era muerto, o comenzado a vivir para siempre, por mejor decir. (Testimonio de santa Teresa de Jesús, Libro de la vida, cap. 27.)

 

 

Día 20

Domingo XXIX del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Isaías 53,2a.3a.l0ss

El Siervo del Señor

2 creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida.

3 Despreciado, rechazado por los hombres, abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento.

10 El Señor lo quebrantó con sufrimientos. Por haberse entregado en lugar de los pecadores, tendrá descendencia, prolongará sus días y, por medio de él, tendrán éxito los planes del Señor.

11 Después de una vida de aflicción comprenderá que no ha sufrido en vano. Mi siervo traerá a muchos la salvación cargando con sus culpas.

 

        *+• Esta perícopa refiere en síntesis el mensaje teológico y espiritual del "cuarto canto del Siervo de YHWH". Este título tiene un sentido honorífico en la Biblia: se refiere a un hombre elegido previamente por el Señor para ser instrumento de su obra de salvación. Con todo, la acción del misterioso personaje, que da nombre a los cuatro cantos del Segundo Isaías, parece abocada desde el principio, no sólo al fracaso, sino también a la incomprensión y a la ignominia (cf. vv. 2a. 3a). Se le considera castigado por Dios precisamente mientras cumple la misión que le ha sido confiada (v. 1), una misión que consiste en cargar "sobre sí" las consecuencias del pecado de todos (v. 1 Ib), es decir, "el castigo que nos procura la salvación" (v. 5).

        Los vv. 10 ss, en particular, revelan que todo lo que se lleva a cabo mediante el sufrimiento aceptado con docilidad por el Siervo inocente (vv. 8a.9a) es voluntad de Dios, su proyecto amoroso: de este modo realiza el Señor la salvación. No se trata tanto de la liberación de los enemigos o de otras dificultades como de la "expiación de los pecados". En efecto, el Señor saca al hombre de la condición mortal causada por el pecado y lo introduce de nuevo en la comunión con él. La ofrenda de la vida del Siervo de YHWH se convierte en expiación; sin embargo, aquel que es Amor no dejará sin recompensa el sacrificio de quien amó hasta asumir "el pecado de muchos" (semitismo para indicar "todos"): a su sufrimiento se le promete una gran fecundidad ("tendrá descendencia ") y -de un modo que el profeta todavía no es capaz de precisar- su muerte se transformará en vida, su "noche" en luz, su extrema soledad en conocimiento de amor, o sea, en comunión bienaventurada con Dios (vv. 10b. 11b).

 

Salmo responsorial
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

Los ojos  del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

 

Segunda lectura: Hebreos 4,14-16

Hermanos:

14 ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos.

15 Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que las ha experimentado todas, excepto el pecado.

16 Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia de un socorro oportuno.

 

        **• El tema del sacerdocio de Cristo tiene una importancia central en la carta a los Hebreos; en este pasaje se pone de manifiesto el aspecto de la compasión, introducido precedentemente (2,17ss) y desarrollado después en el capítulo 5. El autor sagrado nos exhorta a mantener una fe firme y perseverante y una confianza plena en la misericordia divina, que va más allá de nuestras "flaquezas", más allá de las heridas causadas por el pecado. En efecto, Cristo realiza aquello que durante siglos había permanecido como un rito simbólico: el sumo sacerdote atravesaba, el gran "día de la expiación", el espeso velo que delimitaba el santo de los santos en el templo, para comparecer ante la presencia de Dios y ofrecerle el sacrificio expiatorio por los pecados del pueblo. Ahora, Cristo "ha penetrado" no en una tienda, sino "en los cielos", es decir, ha penetrado en la trascendencia de Dios con la ofrenda de su propia sangre como sacrificio perfecto (9,11-14) y se ha sentado en su "trono" (v. 16; cf. 10,12 y Ap 3,21). Estas afirmaciones atestiguan la divinidad de Cristo y, sin embargo, no lo alejan de nosotros, no lo hacen inaccesible, incapaz de comprender los sufrimientos y las tribulaciones de los hombres. El v. 15 nos revela su plena humanidad, puesto que "ha experimentado todas" las flaquezas como nosotros, aunque no tenía pecado. Precisamente por eso puede Cristo rescatarnos del pecado a nosotros, a quienes no se avergüenza de llamarnos hermanos (2,11), y puede darnos la alegría de acercarnos al trono de Dios con la certeza de que su señorío es omnipotencia de amor, gracia inagotable para socorrer a cuantos recurren a él en el momento de la prueba (v. 16).

 

Evangelio: Marcos 10,35-45

En aquel tiempo,

35 Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se le acercaron y le dijeron: -Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.

36 Jesús les preguntó: -Qué queréis que haga por vosotros?

37 Ellos le contestaron: -Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.

38 Jesús les replicó: -No sabéis lo que pedís. Podéis beber la copa de amargura que yo he de beber o ser bautizados con el bautismo con el que yo voy a ser bautizado?

39 Ellos le respondieron: -Sí, podemos. Jesús entonces les dijo: -Beberéis la copa que yo he de beber y seréis bautizados con el bautismo con el que yo voy a ser bautizado.

40 Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado.

41 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

42 Jesús les llamó y les dijo: -Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen.

43 No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor;

44 y el que quiera ser el primero entre vosotros que sea esclavo de todos.

45 Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos.

 

        **• Jesús camina con paso decidido hacia Jerusalén (10,32), hacia la pasión, y no deja sitio a incertidumbres o componendas: revela una vez más a los suyos, que lo han dejado todo para seguirle (10,28), el final de aquel camino (vv. 33ss); sin embargo, tampoco los discípulos que le son más allegados comprenden, no son capaces de despojarse de las expectativas y las ambiciones de gloria exclusivamente humanas; creen que su Maestro es el Mesías esperado como triunfador y, atestiguándole su confianza, le piden tener una parte digna de consideración en el Reino que va a restablecer (v. 37). Jesús examina a estos aspirantes a "primeros ministros"; rectifica sus perspectivas, les indica con mayor claridad que su gloria pasa antes que nada por un camino de sufrimiento (ése es el sentido de las imágenes bíblicas de la "copa" y del "bautismo", a saber: sumergirse en las aguas entendidas como olas de muerte). La disponibilidad que declaran, con ingenuo atrevimiento, Santiago y Juan no basta aún para obtenerles la promesa de un sitio de honor, porque la participación en la gloria de Cristo es un don que sólo Dios puede otorgar gratuitamente (v. 40).

        Y quién se hace digno de recibirlo? Jesús lo explica a los Doce, a quienes el deseo de ser los primeros pone en conflicto, y a nosotros, que también aspiramos siempre un poco al éxito y al poder: "No ha de ser así entre vosotros". Nos enseña que la realización hacia la que debemos tender no ha de tener como modelo el comportamiento de los "grandes" de este mundo, sino el de Cristo, siervo humilde glorificado por el Padre, que es, al mismo tiempo, el Hijo del hombre esperado para concluir la historia e inaugurar el Reino celestial. Éste es el modelo de grandeza que propone Jesús a los suyos: el humilde servicio recíproco, la entrega incondicionada de uno mismo para el bien de los hermanos (vv. 42-44).

 

MEDITATIO

        La Palabra nos sale al encuentro para "convertirnos", o sea, según la etimología griega, para "hacernos cambiar de mentalidad". Y hoy, en particular, nos ofrece una nueva orientación a nuestra instintiva sed de grandeza, al deseo más o menos inconsciente de ser importantes.

        También nosotros, como todo el mundo, nos sentimos atraídos por un prestigio vistoso, por una autoridad dotada de un amplio radio de influencia, pero Jesús nos advierte: "No ha de ser así entre vosotros". Y nos enseña a aspirar a un tipo de grandeza poco ambicionado: el del amor incondicionado que se hace humilde servicio al prójimo, hasta entregar la propia vida.

        Es una inversión completa de los valores que acostumbramos a preferir, pero nos proporciona la clave para comprender la misión de Cristo entre nosotros y nos pone ante una elección ineludible: él es el modelo cuya imagen y semejanza debemos reproducir en nosotros. Debemos? Acaso no es imposible? Como un eco nos responde el evangelio del domingo pasado: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios". Es el pecado, en efecto, lo que nos separa de Dios y desfigura en nosotros los rasgos de su rostro, pero el mismo Señor socorre nuestras flaquezas y expía todo el pecado humano, pidiendo a su Hijo inocente que cargue sobre sí las consecuencias.

        Si la revelación de la ilimitada misericordia divina nos hace guardar silencio, la contemplación de Jesús, asumiendo nuestras iniquidades para abrirnos el camino a la comunión con Dios, nos ayuda a salir de nuestros esquemas y a perseguir la grandeza verdadera.

        El Dios tres veces santo nos perdona por la sangre de su Hijo: venid, adoremos. El Señor se hace siervo: venid, caminemos por su sendero.

 

ORATIO

        Señor Jesús, como Santiago y Juan, también nosotros con frecuencia "queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte". No somos, en efecto, mejores que tus dos discípulos; sin embargo, también como ellos hemos escuchado tu enseñanza y querríamos recibir de ti la fuerza para llevarla a cabo, esa fuerza que condujo después a los hijos de Zebedeo a dar testimonio de ti con la vida...

        Jesús, ayúdanos a comprender el amor que te impulsó a beber la copa del sufrimiento por nosotros, a sumergirte en las olas del dolor y de la muerte para arrancarnos de la muerte eterna a los pecadores. Ayúdanos a contemplar en tu extrema humillación la humildad de Dios. Libéranos de la necia presunción de someter a los otros e infunde en nuestro corazón la caridad verdadera, que nos hará sentirnos alegres de servir a todo hermano con el don de nuestra vida.

        Dócil Siervo de YHWH, que con tu sacrificio expiatorio te has convertido en el verdadero sumo sacerdote misericordioso, tú conoces bien las flaquezas de nuestro espíritu y las pesadas cadenas de nuestros pecados: tú, que por nosotros derramaste tu sangre, purifícanos de toda culpa. Tú, que ahora estás sentado a la derecha del Padre, haznos siervos humildes de todos.

 

CONTEMPLATIO

        Ya está, aquellos dos discípulos de nuestro Señor, los santos y grandes hermanos Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, como hemos leído en el evangelio, desean del Señor, nuestro Dios, poder sentarse en el Reino uno a su derecha y el otro a su izquierda. Es una gran cosa lo que desean, y no se les reprocha por el deseo, sino que se les llama al orden. En ellos ve el Señor el deseo de las cosas grandes y aprovecha la ocasión para enseñar el camino de la humildad. Los hombres no quieren beber el cáliz de la pasión, el cáliz de la humillación. Desean cosas sublimes? Que amen a los humildes. Para ascender a lo alto es preciso, en efecto, partir de lo bajo. Nadie puede construir un edificio elevado si antes no ha puesto abajo los cimientos.

        Considerad todas estas cosas, hermanos míos, y partid de aquí, construíos en la fe a partir de aquí, para tomar el camino por el que podréis llegar a donde deseáis [...]. Cuanto más altos son los árboles, más profundas son sus raíces, porque todo lo que es alto parte siempre de lo bajo. Tú, hombre, tienes miedo de tener que hacer frente al ultraje de la humillación; sin embargo, es útil para ti beber ese cáliz tan amargo de la pasión. "Podéis beber el cáliz de los ultrajes, el cáliz de la hiel, el cáliz del vinagre, el cáliz de las amarguras, el cáliz lleno de veneno, el cáliz de todos los sufrimientos?" Si les hubieras dicho eso, más que animarles les habrías espantado. Ahora bien, donde hay comunión hay consuelo. Qué miedo tienes entonces, siervo? Ese cáliz lo bebe también el Señor  (Agustín, Sermón 20A, 5-8).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Os he dado ejemplo, para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros" (Jn 13,15).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        El pueblo, las naciones, los ciegos, los prisioneros, existen para nosotros, están presentes en nosotros, del mismo modo que existimos para nosotros mismos, como estamos presentes a nosotros mismos. Deben ser carne de nuestra carne, fibras de nuestro corazón. Deben ser acogidos sin descanso en nuestro pensamiento.

        Ellos y nosotros debemos ser, vitalmente, inseparables. Debemos poner en común su destino y nuestro destino, el destino que, para nosotros, es la consumación de la salvación. El cristiano animado por la pasión de Dios verá crecer en él la pasión por imitar la bondad paterna de Dios con una caridad fraterna cada vez más exigente y cada vez más verdadera. Ahora bien, este mismo cristiano, poseído cada vez más por el sentido de la alianza divina, querrá acercar a los hombres cada vez más a la salvación, obra suprema de la bondad de Dios por ellos. Y el cristiano, simultáneamente, se verá obligado a estar cada vez más al servicio de la felicidad de cada uno de sus hermanos, se verá obligado a estar cada vez más al servicio de su salvación. La felicidad y la salvación de los hombres coincidirán en lo más íntimo de cada uno; sin embargo, de esta coincidencia no saldrá ni confusión ni tensión estéril. El servicio a la felicidad humana que el cristiano perseguirá a semejanza de Dios, se ordenará, se jerarquizará, se encaminará asumiendo la gran perspectiva de la salvación (M. Delbrél, No! delle strade, Turín 1988, pp. 230ss [edición española: Nosotros, gente de la calle, Estela, Barcelona 1971 ]).

 

 

Día 21

Lunes semana XXIX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 2,1-10

Hermanos:

1 En cuanto a vosotros, estabais muertos a causa de vuestros delitos y pecados.

2 Eran tiempos en que seguíais las corrientes de este mundo, sometidos al príncipe de las potestades aéreas, ese espíritu que prosigue eficazmente su obra entre los rebeldes a Dios.

3 Y entre éstos estábamos también todos nosotros, los que en otro tiempo hemos vivido bajo el dominio de nuestras apetencias desordenadas, siguiendo los dictados de la carne y de nuestra imaginación pecadora y viniendo a ser, como los demás, destinatarios naturales de la ira divina.

4 Pero Dios, que es rico en misericordia y nos tiene un inmenso amor,

5 aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos volvió a la vida junto con Cristo -!Por pura gracia habéis sido salvados!-,

6 nos resucitó y nos sentó con él en el cielo.

7 De este modo quiso mostrar a los siglos venideros la excelsa riqueza de su gracia, hecha bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8 Por la gracia, en efecto, habéis sido salvados mediante la fe, y esto no es algo que venga de vosotros, sino que es un don de Dios;

9 no viene de las obras, para que nadie pueda presumir.

10 Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano como norma de conducta.

 

**• Pablo ha concluido el capítulo 1 de su carta con la estupenda oración que termina con tonos descriptivos y admirados por la realidad de Cristo. Ahora, de una manera directa, se dirige a los cristianos de Efeso y les hace conscientes de haber vivido intrínsecamente en una realidad de muerte espiritual siguiendo a Satanás, llamado aquí "príncipe de las potestades aéreas" (v. 2) porque, según una creencia judía, se pensaba que esos espíritus malignos vivían en el aire, desde donde podían influir en la vida de los hombres. Inmediatamente, sin embargo, incluye Pablo entre los que seguían las corrientes de este mundo a él mismo y a todos los demás, que durante un tiempo fueron "rebeldes a Dios" por estar movidos por "nuestras apetencias desordenadas, siguiendo los dictados de la carne y de nuestra imaginación pecadora" (v. 3).

"Carne" es un término que aparece a menudo en el Nuevo Testamento, y debe ser comprendido bien. A veces significa la naturaleza humana en sus aspectos de gran fragilidad y debilidad. A veces significa las pasiones que más inclinan al hombre al mal. A veces alude a un estilo de vida completamente negativo y que conduce a la muerte espiritual. Con todo, hay que subrayar que, en el Nuevo Testamento, este término no alude nunca al "cuerpo" (o a la materia en general) como si se tratara de una realidad negativa en sí misma. Los "dictados de la carne" son, por tanto, actitudes negativas de todo el hombre, que emanan de un uso equivocado de voluntad libre. De ahí procede el hecho de que tanto los israelitas como los paganos ("como los demás": v. 3; cf. Rom 3,9) fueran "destinatarios naturales de la ira divina". No se alude a una pasión destructora en Dios, sino a su juicio de condena, dado que Dios nunca puede aprobar el mal.

En la argumentación de Pablo salta en este punto un "pero". Con él expresa el contraste entre seguir las corrientes de este mundo y la intervención de un "Dios que es rico en misericordia y nos tiene un inmenso amor" (v. 4) y por ello nos ha trasladado de la muerte a la vida, en Cristo Jesús. Pablo subraya una vez más que todo el proceso de la salvación (ser perdonados, regenerados, tener una heredad en el cielo) tiene lugar en Cristo y por Cristo. Por la fe hemos sido salvados y vivimos como salvados, no por eventuales méritos nuestros.

Con todo, la fe no excluye las buenas obras; en efecto, Dios quiere que las realicemos, y nos da la posibilidad de hacerlas (v. 10).

 

Salmo Responsorial

El Señor nos hizo y somos suyos

Sal 99,2.3.4.5


Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
R/. El Señor nos hizo y somos suyos

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
R/. El Señor nos hizo y somos suyos

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre.

R/. El Señor nos hizo y somos suyos

<<El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.>>
R/. El Señor nos hizo y somos suyos

 

 

Evangelio: Lucas 12,13-21

En aquel tiempo,

13 uno de entre la gente le dijo: -Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia.

14 Jesús le dijo: -Amigo, quién me ha hecho juez o árbitro entre vosotros?

15 Y añadió: -Tened mucho cuidado con toda clase de avaricia; que aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas.

16 Les dijo una parábola: -Había un hombre rico, cuyos campos dieron una gran cosecha.

17 Entonces empezó a pensar: "Qué puedo hacer? Porque no tengo donde almacenar mi cosecha".

18 Y se dijo: "Ya sé lo que voy a hacer; derribaré mis graneros, construiré otros más grandes, almacenaré en ellos todas mis cosechas y mis bienes

19 y me diré: Ahora ya tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y pásalo bien".

20 Pero Dios le dijo: "!Insensato! Esta misma noche vas a morir. Para quién va a ser todo lo que has acaparado?".

21 Así le sucede a quien atesora para sí en lugar de hacerse rico ante Dios.

 

*•• El corazón de la perícopa está constituido por la parábola engastada entre un hecho narrativo y dos afirmaciones sapienciales: la primera al principio y la otra al final. El hecho narrativo consiste en la petición que se formula a Jesús para que intervenga a propósito de una herencia. Justamente para estos asuntos se requería también a menudo la intervención de los rabinos.

Jesús, aunque no se deja enredar en asuntos de este tipo, aprovecha la ocasión al vuelo para recordar la necesidad de mantener el corazón libre de la codicia de tener muchos bienes, porque no son ellos los que pueden garantizar la calidad y la prolongación de la vida. Y aquí viene la parábola. El protagonista es un rico que, tras haber obtenido una abundante cosecha, decide almacenarla en unos nuevos y grandiosos graneros, saboreando ya el placer tanto de poseer muchos bienes como de disponer de muchos años para gozarlos alegremente. Sin embargo, Dios le despierta de su estupidez haciéndole consciente de que no es él el dueño de su vida y de que, de un momento a otro (siempre muy pronto), será llamado a entregarla al Señor.

La afirmación sapiencial que cierra la perícopa es fuerte: quien piensa en acumular bienes para enriquecerse en vistas a un interés sólo personal es un necio, porque es ante Dios, realizando el precepto del amor, como se enriquece el hombre. En efecto, sólo dando es como nos enriquecemos del amor de Dios y de su premio eterno.

 

MEDITATIO

No sólo para los israelitas y los paganos convertidos de Efeso, sino también para mí, que vivo en una sociedad que ha vuelto a ser pagana, es importante que el camino de crecimiento espiritual se desarrolle sobre todo bajo la enseña de la vigilancia. Sólo si vigilo los "deseos" y los "apetitos de la carne" (siempre dispuestos a levantarse desde la raíz amarga de la codicia que anida en los rincones de mi corazón) podré ser un hombre libre, una mujer libre. Sólo si, a la luz del Espíritu Santo, me ejercito en discernir en mí entre los deseos buenos y los deseos malos, entre la voluntad buena y la voluntad mala, sabré administrar los dones de Dios -tanto materiales como espirituales-: no en virtud de la avidez egoísta o del orgullo espiritual, sino en virtud del Reino de Dios y de su justicia que es santidad.

Jesús nos ha recomendado que no acumulemos tesoros en la tierra, sino en el cielo, y nos ha hecho conscientes de que allí donde consideremos que está nuestro tesoro, allí estará constantemente nuestro corazón (cf. Mt 6,19ss). En consecuencia, es importante que, especialmente en las profundidades del corazón, nos mantengamos libres de los "apetitos de la carne", aprendiendo a comprender -como decía Isaac de Nínive- "cuánta amargura hay escondida en la dulzura del mundo" (Cent. 1,35). Entonces, revigorizados por el Espíritu, nos será posible "crecer" en la vida espiritual, que consiste en "hacerse rico ante Dios", es decir, en aprender el arte de vivir amando, en la entrega generosa y alegre de nosotros mismos.

 

ORATIO

Señor, te ruego que limpies con tu Espíritu Santo mi corazón. Haz que no habiten en él "los apetitos de la carne", sino sólo los del Espíritu. Recuérdame que mi vida pasa como la flor de la hierba (cf. 1 Pe 1,24) y que la codicia es una gran estupidez.

Concédeme, oh Señor, un corazón libre del apego y de la avidez del "tener", para dedicarme a "ser" tal como tú me has creado, "a imagen y semejanza" de ti, que eres amor.

 

CONTEMPLATIO

Discípulo: Cómo puede desembarazar el hombre su corazón de la mundanería?

Maestro: Mediante el deseo suscitado por el recuerdo de los bienes futuros: esos que la sagrada Escritura siembra en el corazón con la suavidad de sus versículos repletos de esperanza. En efecto, el corazón no puede despreciar su amor de antes hasta que un deseo más excelente no se contraponga a las cosas que considera gloriosas y agradables por las que está poseído el hombre.

Lo que desea cada hombre puede ser conocido por sus obras. Se sentirá inclinado a pedir en la oración lo que tiene en el corazón; y aquello por lo que ora, llevará buen cuidado de manifestarlo también en las obras exteriores ("Isaac de Nínive", en S. Chialá [ed.], Un'umile speranza, Magnano 1999, p. 120).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Enamórame de ti, Señor, y quedaré libre de toda codicia".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La vía de acceso a las profundidades del corazón, a saber, la interioridad, nos la enseña de una manera ejemplar santa Teresa de Ávila con todo lo que ella pone en el ámbito de la oración de recogimiento. El recogimiento es para la santa la oración personal, pero ya bajo el influjo del Espíritu Santo y tal que nos vuelve atentos a la presencia de Jesús vivo en el fondo de nuestra alma. Esta forma de oración, más allá de todo esfuerzo de la imaginación, debe ponernos en contacto profundo con Jesús, que hace revivir y actualiza en nosotros cada uno de los misterios de su amor salvador.

Con todo, el término recogimiento indica de un modo aún más marcado las condiciones prácticas necesarias para acceder a la interioridad espiritual, es decir, a un desprendimiento de todo lo que no es Dios. Una mirada de amor constantemente renovada sobre Jesús obra en nosotros la purificación del corazón a través de la renuncia a todo lo que no sea la voluntad del Padre. Para que eso tenga lugar, el recogimiento debe formar una sola cosa con la libertad del espíritu de posesión y la aceptación de la pobreza personal. El hombre interior no es la reflexión sobre una estructura abstracta, sino la expresión de la presencia de Dios en el corazón y, por consiguiente, el camino hacia la pureza del corazón a imitación de Jesús (J. C. Sagné).

 

 

Día 22

Martes semana XXIX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 2,12-22

Hermanos: recordad

12 que en otro tiempo estuvisteis sin Cristo, sin derecho a la ciudadanía de Israel, ajenos a la alianza y su promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13 Ahora, en cambio, por Cristo Jesús y gracias a su muerte, los que antes estabais lejos os habéis acercado.

14 Porque Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba.

15 Él ha anulado en su propia carne la Ley, con sus preceptos y sus normas. Él ha creado en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad, restableciendo la paz.

16 Él ha reconciliado a los dos pueblos con Dios, uniéndolos en un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad.

17 Su venida ha traído la buena noticia de la paz: paz para vosotros, los que estabais lejos, y paz también para los que estaban cerca;

18 porque gracias a él unos y otros, unidos en un solo Espíritu, tenemos acceso al Padre.

19 Por tanto, ya no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos dentro del pueblo de Dios; sois familia de Dios,

20 estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular,

21 en quien todo el edificio, bien trabado, va creciendo hasta formar un templo consagrado al Señor,

22 y en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del Espíritu, morada de Dios.

 

        *"- El hecho de que los efesios fueran de origen pagano proporciona a Pablo la ocasión para subrayar su situación precedente de gran pobreza por la falta de Cristo. En efecto, no tenerle a él significa "estar lejos" de Dios; tenerle significa estar "cerca" gracias a la sangre que ha derramado por nosotros. Históricamente, pues, los paganos vivían una situación desfavorable respecto a los israelitas: como no pertenecían al pueblo de Dios, no podían participar, en consecuencia, de las promesas (v. 12). El punto focal de la perícopa es la afirmación de que "Cristo es nuestra paz" (v. lss). Es preciso captar el doble sentido de la palabra paz. Por una parte, se trata de la abolición de aquello que, en lo tocante a la Ley, separaba a judíos y paganos. Por otra, es la paz de todo hombre con Dios, entendida como una reconciliación que tiene lugar por el hecho de que ha sido eliminado el pecado.

Es Cristo -él solo- quien ha llevado a cabo tanto una como otra paz. Verdaderamente, la separación era una enemistad tan profunda que formaba como un "muro" que separaba al hombre de Dios y a los hombres entre ellos. La observancia de la Ley, caída en un ciego legalismo formalista, impedía la obediencia a Dios de una manera sustancial; esa obediencia es ahora posible por la pacificación que tiene lugar con la encarnación del Verbo y el rescate de su muerte en la cruz. En virtud de esta paz nuestra nace el "hombre nuevo" (v. 16). El camino, tanto para los que proceden del paganismo como para los que fueron israelitas, es ahora un sereno ir al Padre con la fuerza unificadora del Espíritu.

Pablo coloca, a continuación, la premisa de nuestra identidad como Iglesia. Ahora somos "conciudadanos dentro del pueblo de Dios; [...] familia de Dios" (v. 19), sólidamente "edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas" (v. 20). Nuestra piedra angular es Jesús. De él nos viene la posibilidad de evolucionar espiritualmente hasta llegar a ser, caminando con los hermanos, verdadero templo de Dios, su morada por intervención del Espíritu.

 

Salmo Responsorial

Dios anuncia la paz a su pueblo

Sal 84,9ab-10.11-12.13-14


Voy a escuchar lo que dice el Señor:
<<Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.>>
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra.

R/. Dios anuncia la paz a su pueblo

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.

R/. Dios anuncia la paz a su pueblo

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R/. Dios anuncia la paz a su pueblo

 

 

Evangelio: Lucas 12,35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

35 Tened ceñida la cintura, y las lámparas encendidas.

36 Sed como los criados que están esperando a que su amo vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame.

37 Dichosos los criados a quienes el amo encuentre vigilantes cuando llegue. Os aseguro que se ceñirá, los hará sentarse a la mesa y se pondrá a servirlos.

38 Si viene a media noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

 

*•• Una invitación perentoria: "Tened ceñida la cintura, y las lámparas encendidas" (v. 35); y una exclamación reconfortante: "Dichosos ellos" (v. 38). Insertada en medio, una pequeña parábola dividida en dos partes: una en la que los siervos esperan al amo, y otra, igualmente sorprendente en su brevedad, en la que el amo, a su vuelta de la boda, en vez de querer restaurarse y reposar, invita a los siervos a que se sienten a la mesa y él mismo se pone a servirles.

Llama la atención el tema de la vigilancia, que resulta familiar en la enseñanza de Jesús. La imagen de las lámparas encendidas recuerda a las vírgenes vigilantes de la parábola narrada por Mateo (25,1-13) y encuentra su contrapunto en el pesado sueño de Pedro, Santiago y Juan, en absoluto dispuestos a compartir la angustia mortal de Jesús en el huerto de los olivos. Dormían, en efecto, porque "sus ojos estaban cargados" (Me 14,40).

La invitación de Jesús: "Velad y orad para que podáis hacer frente a la prueba" (Me 14,38), había caído completamente en el vacío. El gesto de tener ceñida la cintura y las lámparas encendidas expresa el hecho de estar dispuesto a quedarse o ir allí donde el amo quiera. Jesús recoge, del vestuario típico de los hombres de Palestina de aquellos tiempos cuando se preparaban para el trabajo o para emprender el camino de noche, la evidencia de un estado de vela espiritual, de gran importancia para un verdadero crecimiento en los ámbitos humano y cristiano.

No por casualidad recoge Lucas otra invitación perentoria de Jesús: "Procurad que vuestros corazones no se emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida" (Le 21,34). En efecto, nada como el embotamiento entorpece los ojos del corazón, atranca el crecimiento y siembra la vida de falsas ilusiones. El embotamiento espiritual hace perder el sentido de esta vida y de la que vendrá, en la que el Señor nos invitará al banquete servido por su amor, para siempre.

 

MEDITATIO

En nuestra época nos urge más que nunca descubrir a Jesús como "nuestra paz", como alguien que "ha reconciliado a los dos pueblos con Dios, uniéndolos en un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad". Son, en efecto, demasiadas las propuestas de falsas paces ofrecidas en el hipermercado de la sociedad en la que vivimos. En el torbellino de las muchas "cosas que hemos de hacer" y de las pseudoseguridades con las que ponernos a cubierto del dolor y de la muerte, vamos cayendo poco a poco y con facilidad en el embotamiento espiritual. En vez de vivir con la conciencia de que esta vida es sólo la "preparación" del poema de amor y de plena felicidad que Dios nos ha preparado en Cristo, convertimos la vida presente en un absoluto, como si el bienestar actual -de todo tipo- lo fuera todo.

Pero cuando no salen las cuentas y nos encontramos heridos y decepcionados, a qué vamos a recurrir, sino a psicofármacos o a otras soluciones "paliativas"? Aquí es donde se revela la formidable actualidad de vivir existencialmente a Cristo como "nuestra paz". Es menester pedirle que destruya la enemistad dentro de nuestro corazón: esa enemistad que nos impide aceptarnos a fondo a nosotros mismos y nuestra historia personal; esa que nos hace diferentes a los otros, competitivos y hostiles; esa que cierra sustancialmente nuestros ojos frente al único fulgor en el que adquieren sentido la fatiga y la belleza del existir: la cruz de Cristo. Entonces, manteniendo bien encendida la lámpara de una fe que se vuelve cada vez más confianza, nos mantendremos vigilantes, es decir, bien despiertos y preparados. Se trata de estar trabajando cuando venga el Señor, esto es, de vivir en una actitud plenamente humana y digna del seguidor de Cristo: en una actitud de disponibilidad, impulso, espera y confianza total. Si nos encuentra, el Señor no se dejará ganar en generosidad: se convertirá en nuestro siervo, introduciéndonos en el banquete donde la vida se transformará en una eterna fiesta nupcial.

 

ORATIO

Tú eres, Señor Jesús, mi paz. Ayúdame a comprenderlo no sólo con la mente, sino de un modo existencial, en el orden concreto de las horas vividas no sólo para ti, sino junto a ti. Que yo no caiga en el embotamiento, seducido por seguridades sólo materiales. No permitas tampoco que me deje esclavizar por el legalismo y el formalismo.

Concédeme un corazón sereno, vigilante y despierto en el cumplimiento de todo lo que complace al Padre. Derriba en mí todo muro de división, toda intolerancia y enemistad, toda forma -aunque sea larvada- de prevaricación y desamor. Con tu muerte en la cruz has acogido a todos los hombres en tu corazón, reconciliándolos con Dios dentro del único cuerpo que es la Iglesia. Hazme vivir, pues, reconciliado, en la alegría de llegar a ser "morada de Dios por medio del Espíritu".

 

CONTEMPLATIO

Ven, luz verdadera.

Ven, vida eterna.

Ven, misterio escondido.

Ven, realidad inexpresable.

Ven, perenne exultación.

Ven, espera veraz de cuantos serán salvados.

Ven, resurrección de los muertos.

Ven, alegría eterna.

Ven, corona inmarcesible.

Ven, tú a quien mi corazón ha codiciado y codicia.

Ven, tú que te has convertido en mi deseo

y has hecho que yo pueda desearte.

Ven, respiración y vida mía.

Ven, consuelo mío.

Ven, alegría y gloria y delicia sin fin

(Simeón el Nuevo Teólogo, Inni epreghiere, Roma 1996, pp. 75ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Ven, Jesús. Separa mí paz y alegría".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Nosotros creemos que Jesús es verdaderamente el enviado de Dios, ese que traza el camino de la paz y de la alegría auténticas.

Creemos que es verdaderamente el Enviado de Dios que viene a liberar a, la humanidad de todo lo que puede estropearla y destruirla. El encarna el sueño secular de los hombres y mujeres que tienen que hacer frente a las duras realidades de una vida en la que se confunden de un modo inextricable la alegría, el amor, el odio.

El mensaje de Jesús, el mensaje de su vida, consiste en manifestar que el amor y la vida tienen la última palabra. Ahora bien, para que la vida tenga la última palabra, será menester que seamos "concreadores" que continuamos su obra, y para que prevalezca el amor sobre el odio será menester que amemos hasta dar nuestra propia vida en una lucha cotidiana de la que ni el mismo Cristo salió indemne. Concrear significa rebelarse contra la fatalidad, no caer en la resignación.

Con todo, no debemos convertirnos en presa de fáciles esperanzas. La crisis es profunda. Más que en la vertiente económica y política, sufrimos una cierta degradación en el aspecto humano. Ahora bien, quien dice "crisis" dice elección: todavía es posible que, en Cristo -"nuestra paz"- nazca "un hombre nuevo". Nuestra fe nos hace creer que la creación "sufre y gime con dolores de parto", como dice san Pablo (Rom 1,22). Los tiempos han cambiado, pero siempre sigue siendo el tiempo de la paciencia de Dios y de la nuestra (Lettere dall'Algeria di Pierre Claverie, assassinato per !I dialogo con i musulmán!, Milán 1998, p. 123).

 

 

Día 23

Miércoles semana XXIX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 3,2-12

Hermanos:

2 Os supongo enterados de la misión que Dios en su gracia me ha confiado con respecto a vosotros:

3 se trata del misterio que se me dio a conocer por revelación y sobre el que os he escrito brevemente más arriba.

4 Por su lectura podréis comprobar el conocimiento que yo tengo del misterio de Cristo,

5 un misterio que no fue dado a conocer a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas;

6 un misterio que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del Evangelio,

7 del que la gracia y la fuerza poderosa de Dios me han constituido servidor.

8 A mí, el más insignificante de todos los creyentes, se me ha concedido este don de anunciar a las naciones la insondable riqueza de Cristo

9 y de mostrar a todos cómo se cumple este misterioso plan, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todas las cosas.

10 De esta manera, los principados y potestades que habitan en el cielo tienen ahora conocimiento, por medio de la Iglesia, de la múltiple sabiduría de Dios,

11 contenida en el plan que desde la eternidad proyectó realizar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

12 Mediante la fe en él y gracias a él, nos atrevemos a acercarnos a Dios con plena confianza.

 

**• Antes de dejar que se convierta en oración la profunda meditación del capítulo precedente, se abre Pablo confidencialmente a sus destinatarios. Le concede una gran importancia a decir cuál es el ministerio que Dios le ha confiado: anunciar el misterio de Cristo a los paganos.

Pablo es consciente de la grandeza del designio de Dios, que sólo ahora, en Cristo, se ha manifestado del todo. Por eso anuncia a los efesios y celebra la eficacia de un poder que no viene de él, sino de la insondable riqueza de Cristo (v. 8). Los cristianos de Éfeso están llamados, precisamente como los judíos, a formar el mismo cuerpo místico de Jesús que es la Iglesia, a participar en las mismas promesas divinas, en la misma herencia, que es la vida eterna en la alegría. Sí, Pablo llama también a los paganos, a todos los hombres, por voluntad del Altísimo, a gozar de la magnanimidad de un Dios en el que, desde siglos, estaba escondido el misterio de la salvación total que ahora, precisamente a él, el más pequeño (= "ínfimo": v. 8) entre los santos, o sea, entre los creyentes, le corresponde anunciar como pleno cumplimiento de las antiguas promesas de Dios.

        La inagotable riqueza del misterio de Cristo, expresado por su Iglesia, no corresponde, en efecto, sólo a los hombres; es mucho más amplio. Hasta las realidades angélicas (principados, potestades) están implicadas en orden a la múltiple sabiduría (v. 10) de un Dios que, justamente a través del misterio de su Hijo -encarnado, muerto y resucitado por nosotros-, guía la historia de la salvación. Precisamente esta realidad -concluye Pablo crea en nosotros el coraje de una fe auténtica que se convierte en plena confianza en el Señor.

 

Salmo Responsorial

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador

Is 12,2-3.4bcd.5-6


Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

R/. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.

R/. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
<<Qué grande es en medio de ti el santo de Israel.>>
R/. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador

 

 

Evangelio: Lucas 12,39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

39 Tened presente que, si el amo de la casa supiera a qué hora iba a venir el ladrón, no le dejaría asaltar su casa.

40 Pues vosotros estad preparados, porque a la hora en que menos penséis vendrá el Hijo del hombre.

41 Pedro dijo entonces: -Señor, esta parábola se refiere a nosotros o a todos?

42 Pero el Señor continuó: -Quién es el administrador fiel y prudente a quien el dueño puso al frente de su servidumbre para distribuir a su debido tiempo la ración de trigo?

43 !Dichoso ese criado si, al llegar su amo, lo encuentra haciendo lo que debe!

44 Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

45 Pero, si ese criado empieza a pensar: "Mi amo tarda en venir", y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a emborracharse,

46 su amo llegará el día en que menos lo espere y a la hora en que menos piense, le castigará con todo rigor y le tratará como merecen los que no son fieles.

47 El criado que conoce la voluntad de su dueño, pero no está preparado o no hace lo que él quiere, recibirá un castigo muy severo.

48 En cambio, el que sin conocer esa voluntad hace cosas reprobables, recibirá un castigo menor. A quien se le dio mucho se le podrá exigir mucho, y a quien se le confió mucho se le podrá pedir más.

 

*•• Con esta parábola nos pone en guardia Jesús contra el hecho de llevar una vida espiritualmente soñolienta, sin tener en ninguna consideración el hecho de que no se nos avisará de la hora en que el Señor nos llamará para que le demos cuenta de nuestra vida. El tema sigue siendo, por tanto, todavía el de la vigilancia. Pedro, a quien probablemente irrita la pequeña parábola donde aparece la figura del ladrón que asalta la casa de quien no ha estado vigilante, siente la tentación de acomodarse en una paz fingida. Y, en vez de dejarse provocar por la parábola de una manera positiva, le pregunta a Jesús si el relato va por los discípulos o por todos r es como si quisiera insinuar con su pregunta si los que han seguido a Jesús, o sea, los que viven como creyentes y practicantes, pueden estar tranquilos. Por qué dirigirles a ellos, a los privilegiados, un discurso tan inquietante? Jesús, tal como hace con frecuencia, responde con otra pregunta: "Quién es el administrador fiel y prudente?" (v. 42).

El Señor Jesús es un gran provocador. Ahora echa mano de otra pequeña parábola para expresar lo que agrada al dueño (= el Señor) que, al volver y encontrar al siervo en su puesto de trabajo cumpliendo honestamente su voluntad, le asciende y le nombra incluso administrador de todas sus riquezas (w. 43ss). En cambio, con el siervo que se aprovecha de su lejanía para entregarse al festín del egoísmo, dando rienda suelta a su violencia prevaricadora y a sus instintos desordenados, el dueño se mostrará a buen seguro severo (w. 45ss). Pero la mayor severidad recaerá sobre aquellos que, por estar en condiciones de conocer más al Señor y penetrar en el sentido de su voluntad, en vez de entregarse a un cumplimiento lleno de amor se han comportando como el siervo infiel (w. 47ss).

 

MEDITATIO

Ciertamente, en ambas lecturas, pero sobre todo en el evangelio, nos avisa el Señor de que el amor de Dios por nosotros es exigente y de que la vida no puede ser vivida bajo el lema de la falta de compromisos. Ahora bien, cómo evitar ese cansancio, esa especie de soñolencia en la vida espiritual que penetra a veces en los pliegues de nuestra vida?

Ante todo, se trata de abrir bien los ojos del corazón a las maravillosas riquezas de la llamada que, arraigada en el misterio de Cristo, libera en nosotros una gran capacidad de asombro y de amor. "A mí, el más insignificante de todos los creyentes -dice Pablo- se me ha concedido este don" (v. 8a). El apóstol percibe la amplitud y la profundidad de este don, y vive su asombro hasta comunicarlo, hasta persuadirme de que el designio del Padre -realizado en Cristo por amor a nosotros- es tal que puedo acercarme a él con plena confianza (cf v. 12).

Eso es: lo que importa es no descuidar la dimensión contemplativa que, por gracia del Espíritu Santo en nosotros, abre los ojos de nuestro corazón a los ricos y maravillosos horizontes de nuestra fe.

Si mi mirada es una mirada rejuvenecida cada día por el asombro producido por "la insondable riqueza de Cristo", no llegaré a sobrecargarme de ocupaciones y preocupaciones, ni me ahogaré de una manera eufórica en el éxito ni con signos de depresión en el fracaso, ni perseguiré consensos e intereses personales. Si me dejo aferrar por el maravilloso misterio de Cristo, que día tras día me revela y me narra la Palabra, no seré como el siervo descuidado que se olvida del regreso del Señor, no me entregaré a las incitaciones del egoísmo y de sus delirios, sino a las de una laboriosidad confiada en la gran fuerza que Jesús me da para que viva la alegría de hacer brillar, también ante los ojos de los hermanos, las maravillas de su amor.

 

ORATIO

Oh Padre, concédeme tu Espíritu, para que me enseñe a descubrir cada día las inenarrables riquezas de Jesús, tu Hijo unigénito, mi hermano mayor y Señor. No permitas que mi vida espiritual se vuelva asfíctica y se anquilose en pequeños espacios de agitado activismo, sin apertura de horizontes a las maravillas de tu proyecto, que es salvación para mí y para todos, en Cristo Señor.

Concédeme querer a cualquier precio espacios contemplativos en mis días frecuentemente quemados por el demasiado "hacer" en el interior del aparato de las lógicas mundanas. Fascíname de tal modo que el asombro que me produzcas me permita vivir trabajando con solicitud en la entrega de mí mismo, pero sólo por ti y por tu Reino.

 

CONTEMPLATIO

Con la ascensión, el cuerpo de Cristo, entrelazado con nuestra carne y con toda la carne de la tierra, ha entrado en el ámbito trinitario. Ahora lo creado está en Dios; es "su zarza ardiente", como dice Máximo el Confesor.

Al mismo tiempo, sigue sepultado en la muerte, en la opacidad y en la separación a causa del odio, de la crueldad y de la inconsciencia de los hombres. Hacerse santo es desplazar estas pesadas cenizas y hacer aflorar la incandescencia secreta, permitir a la vida, en Cristo, absorber la muerte.

Dice, en efecto, san Ambrosio: "En Cristo lo tenemos todo. Si quieres curar tus heridas, él es médico. Si ardes de fiebre, él es fuente. Si temes a la muerte, él es vida. Si aborreces las tinieblas, él es luz. Dichoso el hombre que espera en él" (O. Clément, Alie fonti con i Padri, Roma 1999, pp. 54ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: ".Que resplandezca en mis acciones, oh Señor, tu misterio de vida y salvación".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La educación progresiva de nuestro pensamiento cristiano y su correlativo obrar (en proporción al estado y a la llamada recibida por cada uno) con respecto a todos los grandes problemas de la vida y de la historia, tiene que ver con lo que podríamos llamar la "sabiduría de la praxis". Esta última consiste sobre todo en la adquisición de hábitos virtuosos: unos hábitos que son necesarios todos ellos no sólo para actuar, sino también y en primer lugar para pensar correcta y exhaustivamente sobre los juicios y las consiguientes acciones que puedan exigir los problemas de las vicisitudes de la vida individual, familiar, social, política e internacional que el hoy presenta a la conciencia de cada uno y de la comunidad cristiana.

Es preciso reconocer que los resultados poco brillantes de las experiencias de los cristianos en la vida social y política no se deben tanto a la malicia de los adversarios, ni tampoco únicamente a las propias deficiencias culturales, como sobre todo a deficiencias de los hábitos virtuosos adecuados, y no sólo en el sentido de carencias de las dotes sapienciales necesarias para ver las direcciones concretas de la acción social y política. Justamente, creo que la causa de muchos fracasos ha sido, en primer lugar, la falta de sabiduría de la praxis: esa sabiduría que -supuestas las esenciales premisas teologales de la fe, la esperanza y el amor cristiano- requiere además un delicadísimo equilibrio de probada prudencia y de fortaleza magnánima; de luminosa templanza y afinada justicia, tanto individual como política; de humildad sincera y de mansa, aunque real, independencia en el juicio; de sumisión y, al mismo tiempo, deseo veraz de unidad, aunque también de espíritu de iniciativa y sentido de la propia responsabilidad; de capacidad de resistencia y, al mismo tiempo, mansedumbre evangélica (G. Dossetti, La parola e !I silenzio, Bolonia 1997, p. 93).

 

 

Día 24

Jueves semana XXIX del Tiempo ordinario o 24 de octubre,

San Antonio María Claret  

Antonio María Claret nace el 23 de diciembre del 1807 en Sallent, Barcelona. Después de los estudios primarios en su pueblo natal, sus padres lo mandan a estudiar a la capital para que en el futuro perfeccionara y acrecentara la industria textil de la familia. Pero Tonet siente otras inquietudes. El mismo decía: "El continuo pensar en máquinas y talleres me tenía agobiado...  Cuando iba a misa, tenía más máquinas en la cabeza que santos en los altares". A los 21 años decide ingresar en el seminario de Vic y es ordenado sacerdote en 1835. Su inquietud misionera

le lleva a Roma para ingresar en la Congregación de la Propagación de la Fe. Á causa de una repentina enfermedad, regresa a Barcelona. Comienza su labor pastoral en una parroquia, pero lo suyo es evangelizar toda la comarca, a ejemplo de Jesús. Se da cuenta de que no basta predicar con la palabra hablada y se dedica también a la palabra escrita. Tras predicar por Cataluña, Canarias, Cuba y en el palacio de la reina Isabel II, muere con fama de santidad en un monasterio cisterciense. Pío XII lo declaró santo el 7 de mayo de 1950.

 

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 3,14-21

Hermanos:

14 Doblo mis rodillas ante el Padre,

15 de quien procede toda familia en los cielos y en la tierra,

16 para que, conforme a la riqueza de su gloria, os robustezca con la fuerza de su Espíritu, de modo que crezcáis interiormente.

17 Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que viváis arraigados y fundamentados en el amor.

18 Así podréis comprender, junto con todos los creyentes, cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad

19 del amor de Cristo, un amor que supera todo conocimiento y que os llena de la plenitud misma de Dios.

20 A Dios, que tiene poder sobre todas las cosas y que, en virtud de la fuerza con la que actúa en nosotros, es capaz de hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o pensamos,

21 a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por siempre y para siempre. Amén.

 

**• Pablo nos anunciaba ayer las maravillas del misterio del amor de Dios que, escondido durante siglos, ha sido revelado en Cristo. Hoy, del asombro que ejercía sobre él este misterio brota una vibrante oración de amor. El apóstol cae de rodillas ante el Padre, origen de toda familia en el cielo y en la tierra (v. 15), y le pide que los cristianos de Efeso sean robustecidos con poder en su interior por el Espíritu Santo (v. 16). Pablo pide en sustancia que su fe sea auténtica y vigorosa, para que Cristo habite en sus corazones y, por esta razón, pueda crecer en ellos el elemento típico y fundador de la pertenencia a Dios en Cristo Jesús: la caridad.

Pablo sabe que sólo los que están "arraigados y fundamentados en el amor" (v. 17), en comunión con los otros creyentes, se encuentran en condiciones de comprender "la anchura, la longitud, la altura y la profundidad" del amor que supera con mucho toda medida y categoría humanas (v. 18). Y es que, efectivamente, es por Dios y con la energía de Dios como podemos llevar a cabo nuestra estupenda vocación: la de ser colmados "de la plenitud misma de Dios" (v. 19).

Siempre con el impulso de una profunda admiración, Pablo expresa su alabanza a un Dios que tiene el poder de obrar cosas mucho más grandes de lo que requieren nuestras peticiones y nuestras mismas aspiraciones.

Sentimos vibrar en toda la perícopa un conocimiento del misterio de Dios que no es fruto del esfuerzo intelectual, sino de un amor estupefacto, que brota de una actitud profundamente interior y contemplativa.

 

Salmo Responsorial

La misericordia del Señor llena la tierra

Salmo 32,1-2.4-5.11-12.18-19


Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.

R/. La misericordia del Señor llena la tierra

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

R/. La misericordia del Señor llena la tierra

Pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

R/. La misericordia del Señor llena la tierra

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

R/. La misericordia del Señor llena la tierra

 

Evangelio: Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

49 He venido a prender fuego a la tierra, y !cómo desearía que ya estuviese ardiendo!

50 Tengo que pasar por la prueba de un bautismo, y estoy angustiado hasta que se cumpla.

51 Creéis que he venido a traer paz a la tierra? Pues no, sino división.

52 Porque de ahora en adelante estarán divididos los cinco miembros de una familia, tres contra dos, y dos contra tres.

53 El padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera, y la nuera contra la suegra.

 

**• Por si acaso la oración de Pablo, leída en clave espiritualista, nos hubiera conducido por caminos aéreos no fundamentados en la realidad, la perícopa del evangelio de hoy está hecha adrede para hacernos caer de toda ilusión. No estamos dispuestos "naturalmente" a acoger toda "la plenitud misma de Dios"; la dilatación de nuestro corazón a las dimensiones de la vocación cristiana no es algo que tenga lugar por un proceso espontáneo. A esta plenitud no se llega sin el combate espiritual.

Jesús, que se declaró hasta tal punto por la paz que la convirtió en su saludo y en su don cada vez que se aparece como resucitado, está, sin embargo, decididamente en contra del pacifismo: contra ese pacifismo falso que es hijo de la equivocidad, de la confusión, de la cobardía, de la tristeza. "Creéis que he venido a traer paz a la tierra? Pues no, sino división" (v. 51). Cómo? No es el mismo Maestro y Señor el que, en su última intercesión por los suyos, oró al Padre para que estuvieran tan unidos que formaran "un solo corazón y una sola alma" (cf. Jn 17)? No se trata de una contradicción, sino de una profundización destinada a obtener una mayor claridad.

Precisamente para abrir su corazón y el ambiente en que vive a la paz de Cristo, que supera todo entendimiento, el seguidor de Jesús debe separarse de cuantos pertenecen, en la mente y en el corazón, a ese mundo que "yace bajo el poder del maligno" (1 Jn 5,19). "No es posible servir a Dios y al dinero" (Mt 6,24), dijo Jesús.

Pero aquí no se habla sólo del dinero, sino de cualquier otro ídolo que, hospedado a veces en la mente y en el corazón de sus mismos familiares, le impide al discípulo crecer en el Reino de Dios, fuente de la paz y del amor.

 

MEDITATIO

En una sociedad como la nuestra, en grave trance, donde reinan el alboroto y la superficialidad, es preciso que nos fortalezca el Espíritu en nuestra propia interioridad.

El riesgo que nos amenaza constantemente es el del aplanamiento, el de hacer oídos sordos a una llamada estupenda, como la que nos invita a colmarnos de toda la plenitud de Dios. Sin el asombro y la alegría que suponen el tomar conciencia de que estamos llamados a tan alta dignidad, sin el Espíritu, que -pedido en perseverante oración- viene a hacernos tomar conciencia en nuestro corazón de nuestras enormes riquezas, el ámbito de nuestra vida espiritual se convierte en un ámbito de esclavos.

Por otro lado, para que refulja en nosotros este tesoro adquirido y anunciado con la vida, es menester que la dimensión contemplativa de la Palabra respirada y vivida se haga concretamente posible a lo largo de nuestras jornadas. Cómo? Con la espada de la que nos habla Jesús en el evangelio: nuestro libre y querido separarnos de la mentalidad corriente. Si la paz no equivale a pacifismo, tendré que hacer frente en ocasiones a la contradicción. En ciertos casos, deberé contradecir a los hombres para agradar a Dios. Allí donde se murmura de los ausentes, allí donde se hacen proyectos familiares o comunitarios "inclinados" a la mentalidad mundana dejando de lado la evangélica, allí donde se "roban" haberes sofocando al "ser" y privándole de tiempos y espacios para estar en silencio de adoración con Cristo..., en todos estos casos es preciso tener el coraje de la división.

Sin embargo, con mayor frecuencia tendremos que usar la espada sólo dentro de nosotros: contra el deseo de sobresalir, de ser el centro de afecto y de consensos, contra el desencadenamiento de las pasiones, que, si les damos rienda suelta, obnubilan la mente y el corazón, impidiendo la alegría de la contemplación, de la verdadera vida, que, en cierta medida, ya es bienaventuranza aquí abajo y remisión a aquel amor que ya no tendrá límites en la vida eterna.

 

ORATIO

Señor y Padre mío,

que te conozca y te haga conocer,

que te ame y te haga amar,

que te sirva y te haga servir,

que te alabe y te haga alabar

por todas las criaturas.

(Del padre Claret.)

 

CONTEMPLATIO

Inflamados por el fuego del Espíritu Santo, los misioneros apostólicos han llegado, llegan y llegarán hasta los confines del mundo, desde uno y otro polo, para anunciar la Palabra divina; de modo que pueden decirse con razón a sí mismos las palabras del apóstol san Pablo: nos apremia el amor de Cristo.

El amor de Cristo nos estimula y apremia a correr y volar con las alas del santo celo. El verdadero amante ama a Dios y a su prójimo; el verdadero celador es el mismo amante, pero en grado superior, según los grados de amor; de modo que, cuanto más amor tiene, por tanto mayor celo es compelido. Y si uno no tiene celo, es señal cierta de que tiene apagado en su corazón el fuego del amor, la caridad. Aquel que tiene celo desea y procura, por todos los medios posibles, que Dios sea siempre más conocido, amado y servido en esta vida y en la otra, puesto que este sagrado amor no tiene ningún límite.

Lo mismo practica con su prójimo, deseando y procurando que todos estén contentos en este mundo y sean felices y bienaventurados en el otro; que todos se salven, que ninguno se pierda eternamente, que nadie ofenda a Dios y que ninguno, finalmente, se encuentre un solo momento en pecado. Así como lo vemos en los santos apóstoles y en cualquiera que esté dotado de espíritu apostólico.

 

ACTIO

Imitando la devoción de los claretianos a la Virgen María, repetir con ellos: "Inmaculado Corazón de María, en vos confío".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Parábola del aprendiz de brujo Una meditación en tomo a la posmodernidad.

Cuenta esta historia que un !oven aprendiz, en ausencia de su sabio maestro, puso en funcionamiento el artefacto inventado. El funcionamiento fue perfecto. Aquella maquinaria prodigiosa, en justa exhibición del talento que la había creado, iba destrozando todo lo que encontraba a su alrededor. La angustia del joven aprendiz fue creciendo más y más por no saber desactivar los mecanismos que detuvieran el invento. Las consecuencias de aquella curiosidad imprudente y la moraleja de la historia son fáciles de sacar.

Algo parecido le sucede al joven posmoderno. Por un lado se considera heredero de un ingente legado de posibilidades que le posibilitan vivir con el menor esfuerzo. Ahora bien, el manual de instrucciones no se tiene ni se sabe interpretar o no se leen las contradicciones. Aquí está la danza maravillosa de la posmodernidad: los jóvenes disfrutan de todo lo que no se han esforzado en producir, pero también padecen sus más duras consecuencias. (De las fábulas del padre Claret.)

 

 

 

Día 25

Viernes semana XXIX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 4,1-6

Hermanos:

1 Así pues, yo, el prisionero por amor al Señor, os ruego que os comportéis como corresponde a la vocación con que habéis sido llamados.

2 Sed humildes, amables y pacientes. Soportaos los unos a los otros con amor.

3 Mostraos solícitos en conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu.

4 Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como también es una la esperanza que encierra la vocación a la que habéis sido llamados;

5 un solo Señor, una fe, un bautismo;

6 un Dios que es Padre de todos, que está sobre todos, actúa en todos y habita en todos.

 

**• Si hasta aquí el tono de la carta era el de un admirado asombro contemplativo, desde esta perícopa en adelante prevalece el tono de la exhortación. Pablo se presenta como "el prisionero por amor al Señor" (v. 1), cuya autoridad deriva no sólo de ser apóstol, sino de haber aceptado también las "cadenas" (6,20), obedeciendo lo que puede exigir la vocación cristiana.

Su invitación no obedece a situaciones particulares de los destinatarios, sino que va dirigida al cristiano en cuanto tal, sin que importe la condición sociopolítica y temporal a la que pertenezca. Responde, por consiguiente, también a nuestras condiciones y a las exigencias de nuestros días. Se trata, ante todo, de la invitación a dar una respuesta plena y coherente a la belleza y nobleza de la vocación que acaba de describir.

Es interesante señalar que las cualidades de una vida comprometida con la realización de esta vocación están ordenadas a la unidad. La humildad, la amabilidad, la paciencia, la aceptación recíproca y cordial (v. 2), son elementos absolutamente necesarios para hacer este camino que es, a renglón seguido, obra de unificación perseguida por el Espíritu, en cada uno y en todos, en todos los ámbitos: el personal, el comunitario y el eclesial.

El apóstol insiste en este fascinante tema del "uno", pero, a diferencia de los filósofos neoplatónicos, lo hace en clave trinitaria. Uno es "el cuerpo" místico (la Iglesia), una es "la esperanza" -horizonte de luz abierto en nosotros por la llamada-, uno es "el bautismo" y una "la fe"; uno es, a continuación, "el Señor" Jesús, uno es "el Espíritu" y uno solo "el Padre de todos", fuente de amor que obra en todos y por medio de todos. La unidad en la Trinidad es fundamento y exigencia de la unidad visible, práctica a la que deben tender los cristianos bajo todos los cielos y en cualquier época.

 

Salmo Responsorial

Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6


Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos.

R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

 

 

Evangelio: Lucas 12,54-59

En aquel tiempo,

54 se puso Jesús a decir a la gente: -Cuando veis levantarse una nube sobre el poniente decís en seguida: "Va a llover", y así es.

55 Y cuando sentís soplar el viento del sur, decís: "Va a hacer calor", y así sucede.

56 !Hipócritas! Si sabéis discernir el aspecto de la tierra y del cielo, cómo es que no sabéis discernir el tiempo presente?

57 Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?

58 Cuando vayas con tu adversario para comparecer ante el magistrado, procura arreglarte con él por el camino, no sea que te arrastre hasta el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.

59 Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

 

**• Jesús reprocha vigorosamente a la gente de su tiempo que sepa interpretar los signos meteorológicos anunciadores del buen tiempo y del malo, pero ande muy lejos de comprender el signo por excelencia de su tiempo, que es él mismo, el Unigénito enviado por el Padre para la salvación de todos.

Comprender el tiempo que se está viviendo significa comprender las intenciones de Dios, que, en cada tiempo, especialmente por el misterio de la Iglesia y de sus sacramentos, hace actual el misterio de Jesús con toda su eficacia de salvación.

Ser capaz de prever a partir de un determinado elemento meteorológico -por ejemplo, a partir del viento del sur- que hará calor comporta una atención específica e interesada. Ahora bien, si el corazón no presta atención a atisbar la importancia del tiempo como tiempo para ejercitar la justicia y la caridad dentro de las propias relaciones personales, se corre un gran riesgo. Es una invitación a reconciliarnos de inmediato y a fondo con aquellos con los que no estamos en paz, porque, si nos dejamos atrapar en el remolino de la falta de perdón, no saldremos indemnes. Es como si Jesús dijera que el signo del tiempo por excelencia, que es Jesús, es signo de salvación, pero sólo para quien se compromete con una vida reconciliada: de paz, de justicia y bondad.

 

MEDITATIO

Es importante comprender los signos de los tiempos, porque en el tiempo -y no fuera de él, en la ahistoricidad- es posible comprender las intenciones de Dios. Él, con su próvido amor, actúa en todo tiempo. Y me llama, en este tiempo que me ha sido dado, a leer los signos de salvación y también los de perdición, ambos típicos del "hoy". El signo por excelencia es siempre, evidentemente, Cristo, con su misterio pascual. Él me salva a medida que, leyendo los signos y confrontándolos con la Palabra, dejo que esta última dé fruto en mí y en mi tiempo, porque, al ponerla en práctica, permito al poder de Dios que obre más allá de mis expectativas.

A buen seguro, un gran signo positivo de nuestro tiempo es la globalización, el paso de un mundo dividido y fragmentado a ese otro al que M. McLuhan, gran teórico de la comunicación, ha llamado "aldea global". Pues bien, los mismos instrumentos de comunicación, cada día más poderosos, pueden facilitar enormemente la unificación y, por consiguiente, la paz del mundo.  Ahora bien, con qué condiciones? Sólo con la condición de que la persona humana (en particular el creyente) intente salir de la fragmentación del individualismo y llegue a la unificación de su persona. Si mi vocación es la de ser consciente de que, por la fe, Cristo habita en mi corazón y así, arraigado y fundamentado en su caridad, puedo ser nuevamente colmado de toda la plenitud de Dios, es en él donde me voy unificando en el corazón y en todas las facultades y potencias, en toda mi persona. Los medios? San Pablo nos los acaba de indicar: la humildad, la amabilidad, la paciencia, el soportarse los unos a los otros con amor.

Buscar todo lo que une y prescindir de lo que divide, como decía y practicaba el papa Juan XXIII, es la clave que tenemos al alcance de nuestra mano para entrar e ir realizando, día a día, un proyecto de unificación personal y comunitario, eclesial, social y... planetario.

De este modo, también mi tiempo, que se encuentra sustancialmente bajo el signo de Jesús, se convierte para mí en un tiempo de días claros, soleados por su salvación y por mi hacerme, en él y con él, instrumento de unidad y de paz.

 

ORATIO

Te pido, Señor, que me ayudes a prestar atención a los signos de mi tiempo. Sobre todo a través del Espíritu Santo, que, en la Santísima Trinidad, es vínculo de unión sustancial, haz que yo viva y obre apasionándome por la causa de la unidad como respuesta a ese signo de mi tiempo que es la aspiración a la unificación del mundo.

Para ello, sin embargo, te ruego que me concedas un corazón leal y animoso, a fin de que quiera convertir, mi ser, dividido y fragmentado con frecuencia, a la "única cosa necesaria": amarte a ti, Señor, y amar a todos y a cada uno en ti y por ti. Haz que prescinda de todo lo que es causa de división y acoja y potencie todo lo que une en el signo de tu poder obrador de salvación: tu muerte y resurrección.

 

CONTEMPLATIO

Oh Trinidad, mi bien único, eres fuego que siempre arde y no se consume; fuego que quemas con tu calor todo amor propio del alma; fuego que hace desaparecer toda frialdad, fuego que ilumina. Con tu luz me has hecho conocer tu verdad: tú eres la luz superior a cualquier otra luz que ilumine el ojo del intelecto, con tanta abundancia y perfección que incrementas en claridad la luz de la fe. A través de esta fe veo que mi alma tiene vida, y, gracias a esta luz, te recibe a ti, fuente de la luz.

A la luz de la fe adquiero la sabiduría a través de la sabiduría del Verbo, tu Hijo; a la luz de la fe espero...

Esta luz es, verdaderamente, un mar, porque alimenta el alma en ti, mar de paz, Trinidad eterna. Tu agua es un espejo por medio del cual quieres que yo te conozca, ya que, mirando en este espejo, manteniéndolo con la mano del amor, ésta representa en ti a mí, que soy tu criatura, y representa a ti en mí por la unión que has hecho de la naturaleza divina con nuestra humanidad (Catalina de Siena, Dialogo della divina Provvidenza, Bolonia 1989, p. 468 [edición española: El diálogo, Ediciones Rialp, Madrid 1956]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Concédeme vivir unido contigo, conmigo y con todos con el vínculo de la paz".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

"Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos" (Jn 13,35). "Los unos a los otros", dice Cristo, no dice "a Dios". Nuestro amor a Dios sólo lo atestigua el amor fraterno. En efecto, "quien no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios, al que no ve" (1 Jn 4,20). Los buenos sentimientos de amor a Dios pueden producir ilusión, pero no así el amor fraterno. Por eso seremos juzgados por nuestro amor activo, por nuestro amor a todos los hombres indigentes que encontremos en nuestro camino [cf. Mt 25,31-46). Si de verdad nos hemos dejado reconciliar por Cristo Jesús con Dios, también debemos estar reconciliados entre nosotros; debemos recurrir a todo, a fin de que se recomponga también la unidad externa de la cristiandad, que internamente no hemos perdido nunca, dado que hemos sido redimidos en Cristo.

Esta unidad interna debe ser resorte vivo para la convivencia fraterna de todos los cristianos, y entonces el amor a Cristo nos liará recobrar también la unidad externa como testimonio y anticipación de aquella unidad en la que nosotros y todos los hombres de buena voluntad seremos asumidos de manera bienaventurada para toda la eternidad en la gloria del Padre ("P. Seethaler", en F. W. Bautz [ed.], La parola della croce, Asís 1969).

 

 

 

Día 26

Sábado semana XXIX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 4,7-16

Hermanos:

7 A cada uno de nosotros, sin embargo, se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.

8 Por eso dice la Escritura: Al subir a lo alto llevó consigo cautivos, repartió dones a los hombres.

9 Eso de "subió" no quiere decir que también bajó a las regiones inferiores de la tierra?

10 Y el que bajó es el mismo que ha subido a lo alto de los cielos para llenarlo todo.

11 Y fue también él quien constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas y a otros pastores y doctores.

12 Capacita así a los creyentes para la tarea del ministerio y para construir el cuerpo de Cristo,

13 hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta que seamos hombres perfectos, hasta que alcancemos en plenitud la talla de Cristo.

14 Así que no seamos niños caprichosos, que se dejan llevar por cualquier viento de doctrina, engañados por esos hombres astutos, que son maestros en el arte del error.

15 Por el contrario, viviendo con autenticidad el amor, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza, Cristo.

16 A él se debe que todo el cuerpo, bien trabado y unido por medio de todos los ligamentos que lo nutren según la actividad propia de cada miembro, vaya creciendo y construyéndose a sí mismo en el amor.

 

*• Pablo acaba de hablar hace un momento de la belleza y la importancia que tiene sentirnos partícipes de un solo cuerpo, la Iglesia, y ha exaltado la dimensión de la unidad. Ahora, en cambio, despliega su argumentación en favor de la variedad y riqueza de los dones que, distribuidos por Cristo en su ascensión al cielo, quedan personalizados.

El apóstol ejemplifica diciendo que Jesús, después de haber subido por encima de todo para "llenar" -de vida y gracia sobreabundante, como es obvio- todas las cosas, ha llamado a algunos para entregarles el don de constituirles apóstoles, ha llamado a otros para constituirles profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y doctores. Cada uno tiene un don relacionado con su tarea específica, pero todos y todo está ordenado, a continuación, al crecimiento armónico del "cuerpo de Cristo" (v. 12), que es la Iglesia. Los individuos están dotados de su carisma para beneficio de toda la comunidad cristiana. En la medida en que cada uno los administre como es debido, obrando "con autenticidad el amor" (v. 15), todos y cada uno realizarán en "plenitud la talla de Cristo" (v. 13), que procede del tender constantemente a él, "que es la cabeza" (v. 15b).

Pablo subraya la belleza de la consecución de la plenitud de esta talla que procede de vivir de manera solidaria, en beneficio del crecimiento de todo el cuerpo presidido por la caridad. Lo contrario, que el apóstol denuncia y contra lo que pone en guardia, es el desordenado e infantil dejarse llevar por todas las olas y todos los vientos de pensamiento que estén de moda, arrastrados por hombres que obran el engaño con tal astucia que, casi sin que medie pensamiento alguno, lleva al error (v. 14).

También se puede ahondar en este tema de la tensión entre la diversidad y la unidad leyendo 1 Cor 12,4-21, donde Pablo habla de carismas más extraordinarios.

 

Salmo Responsorial

Vamos alegres a la casa del Señor

Sal 121,1-2.3-4a.4b-5


!Qué alegría cuando me dijeron:
<<Vamos a la casa del Señor»>>!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

R/. Vamos alegres a la casa del Señor

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor.

R/. Vamos alegres a la casa del Señor

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

R/. Vamos alegres a la casa del Señor

 

 

Evangelio: Lucas 13,1-9

En aquel tiempo,

1 llegaron unos a contarle lo de aquellos galileos a quienes Pilato había hecho matar, mezclando su sangre con la de los sacrificios que ofrecían.

2 Jesús les dijo: -Creéis que aquellos galileos murieron así por ser más pecadores que los demás?

3 Os digo que no; más aún, si no os convertís, también vosotros pereceréis del mismo modo.

4 Y aquellos dieciocho que murieron al desplomarse sobre ellos la torre de Siloé, creéis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?

5 Os digo que no, y, si no os convertís, todos pereceréis igualmente.

6 Jesús les propuso esta parábola: -Un hombre había plantado una higuera en su viña, pero, cuando fue a buscar fruto en la higuera, no lo encontró.

7 Entonces dijo al viñador: Hace ya tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. !Córtala! Por qué ha de ocupar terreno inútilmente?

8 El viñador le respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo la cavaré y le echaré abono,

9 a ver si da fruto en lo sucesivo; si no lo da, entonces la cortarás".

 

*+• Jesús está muy atento a la vida, a la historia. En efecto, la ocasión de la enseñanza que ofrece aquí se la brinda una doble noticia de sucesos (w. 2.4). Pilato ha hecho matar a unos galileos mientras ofrecían sacrificios en el templo. Es probable que la causa que desencadenó esa orden fuera la oposición de los galileos a su disposición de usar los fondos del tesoro del templo para construir un acueducto.

De esta noticia y de la otra, referente a la muerte de dieciocho personas por el desplome de la torre de Siloé, extrae Jesús dos consideraciones importantes: en primer lugar, el hecho de que urge siempre, de todos modos, convertirse (w. 3.5). De lo contrario, el punto de llegada es la perdición. No hay escapatoria. La segunda consideración es que Dios no es un "castigador" que esté esperando un fallo nuestro para castigarnos. Sería, pues, necio por nuestra parte "interpretar" los hechos calamitosos de la existencia -la nuestra y la de los otros- en clave de castigo divino. El tiempo de la vida es el que es. No sabemos cuándo acabará el nuestro. En consecuencia, siempre es tiempo de "dar fruto" de buenas obras, precisamente mientras tengamos tiempo.

La otra pequeña parábola, la del hombre que busca frutos en la higuera que ha plantado en su viña, completa la enseñanza sobre la conversión, manifestando otro aspecto importantísimo: la paciencia de Dios, su inmensa misericordia y su voluntad de salvación. Ciertamente, la higuera alude a Israel, que se muestra infructuoso en su constante alejamiento de Dios (cf. Is 5,1-7; Jr 8,13). Pero la prolongación del plazo para cortarla y los amorosos cuidados ("déjala todavía este año; yo la cavaré y le echaré abono": v. 8) expresan la mediación salvífica llevada a cabo por Jesús y por su intercesión ante el Padre: no sólo por Israel, sino por todos nosotros.

 

MEDITATIO

Para que "dé fruto", es menester que el árbol haya llegado a su plena madurez. Ésta es la conexión entre el evangelio de hoy y la primera lectura, en la que Pablo presenta la enseñanza de la continua conversión al hilo de la adquisición de la plena madurez (a la talla de Cristo) abriéndose al misterio de Cristo. En un mundo que se ha vuelto opaco por tanto egoísmo y está encerrado en el cálculo más mezquino y en el individualismo, es importante que yo descubra los "dones" que Dios me ha dado.

Me sentiré amado y enriquecido por lo que es específico de mi persona, me sentiré amado y llamado. Lejos de seguir los caminos de la lógica mundana, que está a favor de la isla feliz del "hago lo que quiero y me place", actualizaré la invitación que me lanzan a que aproveche mis días y la misericordia de Dios para convertirme. Convertirme a qué? Al misterio de Cristo como cuerpo místico del que yo soy miembro. Convertirme a vivir "con autenticidad el amor" (v. 15), pero en solidaridad con los otros miembros del cuerpo de Jesús, colaborando al bien de todos con la energía que me da el Espíritu Santo, potenciando mis dones naturales.

Hoy intentaré hacer balance. Me demoro tal vez aún como un niño "traqueteado" por cualquier lógica mundana o me dejo "llenar" de gracia, identificando bien cuál es mi llamada personal, que, sin embargo, percibo cada vez mejor como un don destinado al desarrollo armónico de la totalidad del cuerpo: la Iglesia?

 

ORATIO

Señor Jesús, me considero un árbol granuja: tardo siempre mucho en dar frutos de conversión. Me asombra la belleza de tu misterio y me siento repleto de gratitud cuando pienso en mi vocación personal y en tus dones. Tú, no obstante, ayúdame a reconocerlos como tales y a vivirlos en el interior d e una dinámica de verdadera conversión.

Hazme, pues, respirar y obrar con autenticidad el amor. Siempre, en todas partes y con todos. Y hazme crecer en todo dirigido a ti, aprovechando la energía de tu Espíritu, para que pueda "romper" con las lógicas de este mundo y abrirme de par en par al espíritu de plena colaboración, solidario con c a d a hermano que busque el bien, a fin de que crezca tu Reino: levadura, sal y luz del mundo.

 

CONTEMPLATIO

Señor,

te lo suplico,

llámame a tu juicio.

Que tu juicio me libere,

que tu luz separe la luz de la noche,

que tu espada separe la vida de la muerte,

que tu Palabra me diga lo que eres

y lo que no eres,

que tu mirada aleje de mí lo que no eres tú.

Que tu fuego destruya, funda y queme

el mal entretejido en mí, que me martiriza;

el mal reprimido en mí en la raíz y en las fibras

de tu vida crucificada.

Que tu amor llame, suscite

mi rostro en el que puedo reconocer tu vida.

Señor,

te lo suplico,

libérame

(M. Emmanuelle, Seníieri ddl'Invisibile, Milán 1997, p. 95).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Hazme vivir, Señor, la autenticidad en la caridad".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El Evangelio se difunde por contagio: uno que ha sido llamado llama a otro. Si he conocido a Jesús y su inmenso amor por mí, el cuidado que tiene de mi vida, intentaré vivir el "sermón de la montaña", el espíritu de las bienaventuranzas, el perdón, la gratuidad; y la gente que vive a mi alrededor, antes o después, me preguntará: cómo es que vives así? Un estilo de vida que no excluye a nadie, que no rechaza a nadie, que es camino de seguimiento de Jesús, es el primer modo de contagiar a los otros.

Por eso depende de mí, de cada uno de vosotros, que la Iglesia sea cada vez más expresión de la incansable carrera que el Evangelio desarrolla en la historia. Depende de nuestro vivir el Evangelio como don interior que hace la vida bella y luminosa, que hace gustar la paz y la calma en el espíritu. Y es que, desde lo íntimo del corazón, el Evangelio se difunde a la totalidad de nuestra propia vida personal cual fuente de sentido y de valores para la vida cotidiana, y con ello las acciones de cada día se enriquecen de significado, los gestos que realizamos adquieren verdad y plenitud.

Las páginas de la Escritura iluminan los acontecimientos de la jornada, lá oración nos conforta y nos sostiene en el camino, los sacramentos nos hacen experimentar el gusto de estar en Jesús y en la Iglesia. Se abre aquí el espacio cíe una caridad que me impulsa a amar como Jesús me ha amado, y el espacio de la vida de la comunidad cristiana se convierte en lugar de significados y de valores que despejan el camino y de gestos que llenan la vida. Nace la posibilidad de entretejer relaciones auténticas, de crecer en la verdadera comunión y en la amistad (C. M. Martini, // Padre di tutti, Bolonia-Milán 1 999, p. 466).

 

 

Día 27

Domingo XXX del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Jeremías 31,7-9

7 Así dice el Señor: !Gritad de alegría por Jacob! !Ensalzad a la capitana de las naciones! !Que se escuche vuestra alabanza! Decid: "El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel".

8 Yo los traeré del país del norte, los reuniré de los extremos de la tierra: entre ellos hay cojos, ciegos, mujeres embarazadas y a punto de dar a luz; retorna una gran multitud.

9 Vuelven entre llantos, agradecidos porque retornan; los conduciré a corrientes de agua por un camino llano en el que no tropezarán, porque soy un padre para Israel y Efraín es mi primogénito.

 

        *" Este oráculo de salvación se encuentra en el llamado "Libro de las consolaciones" (capítulos 30-33) de Jeremías, en el que el profeta da voz a la palabra de consuelo que el Señor dirige al pueblo, lacerado por la división en dos reinos y llagado por el sufrimiento del exilio. YHWH promete la curación, la restauración, un nuevo incremento y el envío de un príncipe que será verdadero mediador y garante de la alianza (30,17-22).

        El fragmento de hoy marca la cumbre de la promesa. La buena noticia de la repatriación de los exiliados prorrumpe como un himno de exultación al que están invitadas a unirse todas las naciones, puesto que el Señor quiere que todo el mundo conozca su obra de salvación en favor del pueblo elegido y participe en su alegría.

        Aparece aquí el tema del "resto de Israel", que en los profetas es, al mismo tiempo, signo de esperanza y advertencia: habrá siempre en el pueblo una parte que se mantendrá fiel al Señor o volverá a él por medio de la conversión, y por eso podrá superar todas las tormentas de la historia (cf. Is 7,3).

        Ahora viene el Señor a reunir a todo este "resto" de la tierra del exilio y de toda dispersión, para llevarlo de nuevo a su tierra. Su Palabra abre la mirada del corazón a la visión del retorno de una multitud de gente no apta para el camino (v. 8b): hay quien no tiene ojos para ver el camino y quien no tiene piernas válidas para recorrerlo, pero YHWH renovará los prodigios del éxodo (cf. Ex 17,1-7; Is 43,19) para que los suyos no padezcan la fe, la fatiga, las asperezas del camino. Su afectuosa presencia de apoyo y consuelo es el verdadero consuelo de cuantos "habían partido llorando", puesto que no cesa de rodear a Israel con amor de predilección.

        El pueblo de Dios, confiando en este afecto inmutable, no tropezará nunca en el camino de la vida, a pesar de sus flaquezas.

 

Salmo responsorial
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Recoge, Señor, a nuestros cautivos
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

 

Segunda lectura: Hebreos 5,1-6

1 Todo sumo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres y puesto al servicio de Dios en favor de los hombres, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

2 Es capaz de ser misericordioso con los ignorantes y los extraviados, ya que él también está lleno de flaquezas,

3 y a causa de ellas debe ofrecer sacrificios por los pecados propios a la vez que por los del pueblo.

4 Nadie puede arrogarse esta dignidad, sino aquel a quien Dios llama, como ocurrió en el caso de Aarón.

5 Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.

6 O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.

 

        **• Después de haber presentado a Cristo como sumo sacerdote misericordioso (4,14-16), el autor de la carta a los Hebreos aclara ahora el significado y la legitimidad de tal sacerdocio en el marco de las instituciones judías.

        El servicio sacerdotal es tributado a Dios, en efecto, por un hombre, "en favor de los hombres", es decir, para interceder por el perdón de los pecados mediante la ofrenda de "dones y sacrificios" (v. 1). Por otra parte, el sumo sacerdote debe ser misericordioso, pues la conciencia de sus propias flaquezas le enseña una justa compasión por la debilidad y la ceguera espiritual -"ignorancia" y "extravío"- de los que se equivocan (vv. 2ss).

        La importancia de esta función mediadora es de tal tipo que no puede ser fruto de una libre iniciativa personal: es respuesta a una llamada precisa de Dios (v. 4).

        Tras haber enumerado las condiciones requeridas para ser sacerdote, el autor sagrado muestra cómo responde Cristo perfectamente a estos requisitos. Ya ha hablado de su humanidad real (4,15 y la manifestará aún en los vv. 7ss): Jesús conoce bien nuestras flaquezas, puesto "que las ha experimentado todas, excepto el pecado ". Ahora bien, puesto que está libre de él, puede comprender toda su gravedad y ofrecerse a sí mismo para liberarnos a nosotros, pecadores (9,13ss). Más difícil es demostrar a los judíos la legitimidad del sacerdocio de Cristo, dado que no pertenecía a la estirpe de Aarón; sin embargo, las Escrituras atestiguan también otra modalidad diferente de servicio sacerdotal agradable a Dios, el llevado a cabo por Melquisedec, rey de Salen.

        Refiriéndose a este ejemplo, el autor de la carta cita el salmo 109,4, donde el Mesías prometido es declarado por Dios no sólo su hijo, sino también sacerdote para siempre, como lo fue el rey Melquisedec. Jesús es, por consiguiente, Rey-Mesías ("Cristo" en griego) y al mismo tiempo sacerdote, y ejerce por eso con toda justicia la mediación entre Dios y los hombres que estas dos funciones implicaban. Como mediador de una nueva y eterna alianza (9,15), puede redimirnos de los pecados con la ofrenda de su propia sangre y conducirnos así a la salvación y a la gloria, según la voluntad del Padre (2,10).

 

Evangelio: Marcos 10,46-52

En aquel tiempo,

46 llegaron a Jericó. Más tarde, cuando Jesús salía de allí acompañado por sus discípulos y por bastante gente, el hijo de Timeo, Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.

47 Cuando se enteró de que era Jesús el Nazareno quien pasaba, se puso a gritar: -!Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!

48 Muchos le reprendían para que callara. Pero él gritaba todavía más fuerte: -!Hijo de David, ten compasión de mí!

49 Jesús se detuvo y dijo: -Llamadlo. Llamaron entonces al ciego, diciéndole: -Ánimo, levántate, que te llama.

50 Él, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: -Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: -Maestro, que recobre la vista.

52 Jesús le dijo: -Vete, tu fe te ha salvado. Y al momento recobró la vista y le siguió por el camino.

 

        **• Quién es Jesús? y, en consecuencia, quién es el discípulo? Estas preguntas constituyen el eje del evangelio de Marcos; los diferentes episodios del camino hacia Jerusalén permiten intuir de un modo cada vez más claro la respuesta, y la perícopa de hoy -que precede al relato de la entrada de Jesús en la ciudad santa- nos ofrece importantes indicaciones. Bartimeo es un ciego que está sentado para mendigar en el camino, en los márgenes de la vida. La noticia del paso de Jesús hace renacer la esperanza en él, y grita para atraer la atención del rabí, invocándole con el título mesiánico de "hijo de David". De este modo profesa su creencia en que el Mesías está presente y puede salvarle. Se confía a él perdidamente, mendigando su misericordia: "!Ten compasión de mí!". Los reproches que muchos le dirigen no sirven para hacerle callar: Bartimeo sabe que si deja pasar esta ocasión única no le quedará otra cosa que recaer en la oscuridad definitiva de una simple supervivencia.

        Entonces "Jesús se detuvo" (v. 49): él es alguien que puede comprender hasta lo más hondo el sufrimiento humano y la soledad que le acompaña; conoce el vislumbre de fe que alumbra ya el corazón de aquel ciego y viene a darle la luz plena. "Llamadlo". El entusiasmo del pobrecito es conmovedor: da un salto olvidándose de toda prudencia. También a él, como a los hijos de Zebedeo, se le dirige la misma pregunta: "Qué quieres que haga por ti?" (v. 51; cf. v. 36). Jesús puede colmar, en efecto, el deseo más profundo del corazón del hombre; el discípulo, en el diálogo que mantiene con él, debe tomar conciencia de lo que realmente quiere y asumir su responsabilidad. A la súplica del ciego le corresponde el milagro, puesto que Jesús le reconoce esa fe que constituye el ámbito en el que se manifiesta su poder divino. Y la fe lleva a la visión al que antes había creído sin ver, y después, una vez corroborado por la experiencia viva del encuentro con Jesús, se hace discípulo suyo y decide seguirle por el camino que le lleva hacia la pasión y la gloria (v. 52).

 

MEDITATIO

        !Cuántas veces nuestra historia personal o la consideración de las vicisitudes humanas nos produce la angustiosa impresión de un bamboleo de ciegos! Rodeados por una densa niebla de incertidumbres y contradicciones, incapaces de ver sentido alguno a lo que estamos viviendo, acabamos a menudo por desanimarnos y retirarnos a los márgenes de la vida para mendigar algunas migajas a los más afortunados, que parecen recorrer el camino sin obstáculos. Somos entonces nosotros esos pobres a quienes la Palabra viene a levantar de nuevo regalándoles la Buena Noticia: Jesús atraviesa los caminos del hombre, tiene compasión de nuestras flaquezas, comparte nuestra debilidad {cf. la segunda lectura). Dichosos nosotros si, tocados por el anuncio, somos capaces de gritar su nombre e invocar su misericordia. El amor no decepcionará nuestras expectativas.

        Jesús, sin embargo, nos interpela, nos pregunta qué es lo que queremos de verdad. Curar, "ver", es un compromiso, hemos de saberlo. Es un compromiso para nuestra fe, que debe crecer para abrirse al milagro, y una tarea para nuestro futuro. En efecto, el Señor es la luz de la vida y resplandece en nuestra oscuridad para hacer de nosotros seres vivos, para levantarnos del abatimiento, del estancamiento de quien se ha acostumbrado a unos límites estrechos. Jesús, que es el Camino, nos traza a nosotros, exiliados en la tierra extranjera de la infelicidad, el camino para volver a la patria de origen, a la comunión con el Padre: éste es el "camino recto " por el que no tropezará el que le sigue (cf. la primera lectura). Con todo, es menester pasar por la cruz, por la muerte a nosotros mismos. Queremos ver de verdad y, una vez sanados, seguirle? Que el Señor ilumine los ojos de nuestro corazón "para que podamos comprender a qué esperanza nos ha llamado" y nos dé la alegría y la fuerza para recorrer, detrás de él, el camino que conduce a esa esperanza.

 

ORATIO

        Oh Cristo, nosotros te confesamos "Dios de Dios, luz de luz": ven a alumbrar nuestras tinieblas. "Por nosotros los hombres y por nuestra salvación", tú, Hijo eterno de Dios, bajaste a la tierra del exilio de nuestro pecado: ven aún a abrirnos el camino recto del retorno a la comunión con el Padre. Has asumido la frágil carne del hombre para poder compadecerte de nuestras flaquezas y ofrecerlas a Dios en tu sacrificio de amor: ayúdanos a acoger la misericordia que salva. Sabes que nosotros preferimos con frecuencia permanecer sentados mendigando cosas de poca monta, antes que esperar una vida en plenitud y hacer frente cada día al compromiso de gastarla en tu seguimiento.

        Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros. Queremos sanar de verdad, "ver" y caminar contigo, aceptando la cruz y anhelando la casa del Padre, a donde tú nos conduces con vigor y suavidad.

 

CONTEMPLATIO

        Amad al Señor. Amad, digo, esta luz tal como la amaba con un amor inmenso aquel que hizo llegar a Jesús su grito: "!Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!". El ciego gritaba así mientras pasaba Jesús. Tenía miedo de que pasara Jesús y no le devolviera la vista. Con qué ardor gritaba? Con un ardor tal que, mientras la gente le hacía callar, él continuaba gritando. Su voz triunfó sobre la de quienes se le oponían y retenían al Salvador. Mientras la muchedumbre producía estrépito y quería impedirle hablar, Jesús se detuvo.

        Amad a Cristo. Desead esa luz que es Cristo. Si aquel ciego deseó la luz física, mucho más debéis desear vosotros la luz del corazón. Elevemos a él nuestro grito no tanto con la voz física como con un recto comportamiento. Intentemos vivir santamente, redimensionemos las cosas del mundo. Que lo efímero sea como nada para nosotros. Cuando nos comportemos así, los hombres mundanos nos lo reprocharán como si nos amaran. Nos criticarán a buen seguro y, al vernos despreciar estas cosas naturales, estas cosas terrenas, nos dirán: "Por qué quieres sufrir privaciones? Estás loco?". Ésos son aquella muchedumbre que se oponía al ciego cuando éste quería hacer oír su llamada. Existen cristianos así, pero nosotros intentamos triunfar sobre ellos, y nuestra misma vida ha de ser como un grito lanzado en pos de Cristo.

        Él se detendrá, porque, en efecto, está, inmutable. Para que la carne de Cristo fuera honrada, "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14a). Gritemos, pues, y vivamos rectamente (Agustín, Sermón 349, 5).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que ilumine los ojos de vuestro corazón" (Ef 1,18).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        En este episodio sobresale de modo evidente la lógica del amor. Cristo llega y manda llamar a Bartimeo. El ciego, que todavía lo era, abandona su manto - o sea, todo lo que tenía- y dando "un salto" se dirige hacia el "hijo de Davia". El ciego, que cuando gritaba antes era reprendido por los discípulos y por las personas que rodeaban al Señor para que callara, cuando le dicen que Cristo le llama, se confía del todo a esta llamada.

        Podía ser muy bien una tomadura de pelo, un momento de insana diversión por parte de la gente, como probablemente había vivido ya Bartimeo. Pero esta alusión al salto que dio hacia Jesús indica un clima festivo. Es una muestra de la certeza interior del ciego de que aquel que está pasando !unto a él es el Mesías, el rey de la justicia, que puede tomarle consigo en su camino hacia Jerusalén. Y la pregunta que le hace Jesús es desconcertante: "Qué quieres que haga por ti?". Existe una auténtica angustia en el hombre cuando piensa que, si conoce a Dios, deberá servirle, dejará de ser libre. Pero cuando el ciego -expresión de toda la pobreza del hombre- está frente a Cristo, reconocido como hijo de David, es él, el Mesías, el que pronuncia la frase típica de todo siervo cuando le llama su señor: "Qué quieres que haga por ti?". Dios desciende y sale al encuentro del hombre que grita, presentándose a este hombre como humilde siervo (M. I. Rupnik, Diré l'uomo, Roma 1996, pp. 155ss [edición española: Decir el hombre, icono del creador, revelación del amor, PPC, Madrid 2000]).

 

 

 

Día 28

Lunes semana XXX del Tiempo ordinario o 28 de octubre,

San Simón y san Judas  

El evangelista Lucas califica al apóstol Simón de "zelota" (Lc 6,15), probablemente por el hecho de que formó parte del grupo antirromano de los zelotas. Mateo y Marcos, en cambio, le califican de "cananeo" (Mt 10,4; Mc 3,18). Mateo (10,3) y Marcos (3,18) llaman "Tadeo" al apóstol Judas, mientras que Lucas le llama "Judas el hijo de Santiago" (Le 6,16). Este Judas es el que dirigió a Jesús en la última cena estas palabras: "Señor, cuál es la razón de manifestarte sólo a nosotros y no al mundo?" (Jn 14,22). Una carta, muy breve, del Nuevo Testamento lleva el nombre de este apóstol. La fiesta de los dos santos apóstoles aparece en el calendario de san Jerónimo, del siglo VI, y en Roma empezó a celebrarse a partir del siglo IX.

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 2,19-22

Hermanos:

19 ya no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos dentro del pueblo de Dios; sois familia de Dios,

20 estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular

21 en quien todo el edificio, bien trabado, va creciendo hasta formar un templo consagrado al Señor,

22 y en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del Espíritu, morada de Dios.

 

**• Para el apóstol Pablo, el misterio de Cristo y el misterio de la Iglesia están íntimamente conectados.

Cristo es nuestra paz: en él todos, tanto los alejados (los paganos) como los cercanos (los judíos), encuentran el camino de la reconciliación y de la unidad. Ya no hay dos pueblos, sino uno sólo, ya no hay separación entre diferentes, sino unidad entre semejantes. Todo esto es don de Dios Padre, por medio de Cristo el Señor, en el Espíritu Santo.

En este contexto, el apóstol imagina a la Iglesia como un gran edificio, como un templo santo, como la morada de Dios. Los fundamentos de ese edificio, en el que todos habitan y viven como "conciudadanos dentro del pueblo de Dios; sois familia de Dios" (v. 19), son los apóstoles y los profetas. La "piedra angular", sin embargo, es "el mismo Cristo Jesús" (v. 20): él es la clave de bóveda que consolida el conjunto, en él encuentra todo el edificio su compactibilidad y puede crecer de una manera ordenada.

Desde esta perspectiva cristológica, la doctrina eclesiológica de Pablo asume una claridad absolutamente particular. En ella la presencia, el papel y el ministerio de los apóstoles asume toda su importancia. La Iglesia de Cristo, por consiguiente, es una, santa, católica y apostólica: en el sentido de que en ella los apóstoles, por voluntad de Dios y por una opción histórica de Jesús, constituyen el fundamento de la comunidad de los creyentes.

 

Salmo Responsorial

A toda la tierra alcanza su pregón.

Salmo 18. 2-7

2 El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
3el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

R. A toda la tierra alcanza su pregón.

4Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
5a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

R. A toda la tierra alcanza su pregón.

6Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

R. A toda la tierra alcanza su pregón.

7Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

R. A toda la tierra alcanza su pregón.

 

 

Evangelio: Lucas 6,12-16

Sucedió que,

12 por aquellos días, Jesús se retiró al monte para orar y pasó la noche orando a Dios.

13 Al hacerse de día, reunió a sus discípulos, eligió de entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de apóstoles:

14 Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé,

15 A Mateo, Tomás y Santiago, el hijo de Alfeo, Simón llamado Zelota,

16 Judas el hijo de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

 

**• Jesús manifiesta una atención absolutamente particular respecto a los Doce, sus discípulos: primero los elige, después los instituye como colegio (Mc 3,13-19) y, más tarde, los envía en misión (Mt 10,1-15). Así pues, dentro del grupo de sus discípulos, Jesús reserva a los Doce un trato absolutamente especial: a buen seguro en vistas a su misión, que es también especial. Para proceder a esta elección decisiva de su ministerio público, Jesús se prepara -y Lucas lo subraya- pasando toda una noche orando en el monte. Por eso, en la tradición de la Iglesia toda gran decisión se prepara con una intensa y prolongada oración.

Antes de elegirlos, Jesús llama a sus discípulos: la vocación figura siempre en el origen de toda institución o ministerio eclesial. Después de haberlos llamado, Jesús les impone el nombre de "apóstoles". Aunque este título les parece tener color y origen pascual a los especialistas, aquí Lucas lo atribuye ante litteram a los Doce con la intención evidente de expresar la importancia que tiene este colegio en el seno de la Iglesia que Jesús va a fundar.

 

 

MEDITATIO

La liturgia de hoy nos pone ante la relación entre oración y misión. En primer lugar, es Jesús el que aparece como modelo insustituible. Su ejemplaridad está explicitada por el evangelista Lucas de un modo totalmente evidente, y no sólo en ésta, sino también en muchas otras circunstancias. Permanecer en oración antes de decidir, orar para discernir según el plan de Dios, orar en vistas a las grandes decisiones de la vida, tanto en el ámbito personal como en el comunitario: desde esta perspectiva, no hemos de considerar la oración como un momento separado de la vida, sino como una actitud previa que nos introduce en la experiencia personal y eclesial.

Emprender la misión después de que la comunidad y su responsable se hayan recogido en una prolongada oración significa confiar la misión y su desenlace a aquel que es su primer responsable: el dueño de la viña, el pastor del rebaño, el Señor de su pueblo. Cuando se dice que la oración es vida y que la vida puede ser oración no se hace otra cosa más que confirmar la certeza de que, en una visión de fe, todo sucede por voluntad divina, por la voluntad de Aquel a quien nos confiamos precisamente mediante la oración.

 

ORATIO

El mundo tiene necesidad de ti, Señor: envía a tus apóstoles para que lleguen a los últimos confines de la tierra y proclamen en tu nombre la Buena Noticia de Jesús muerto y resucitado.

El mundo tiene necesidad de ti, Señor: elige también hoy entre nosotros a personas capaces de representarte y de hablar en tu nombre con un extremo valor en cualquier situación de vida.

El mundo tiene necesidad de ti. Señor: no sólo la parte de la humanidad que no te conoce todavía, sino también la que, aun conociéndote, no te reconoce como único Señor y maestro.

El mundo tiene necesidad de ti, Señor: te pedimos con todo el impulso de nuestro corazón que tu Iglesia, de una manera valerosa y humilde, se haga portavoz tuyo y te proclame ante toda la humanidad como el único Señor y Salvador.

 

CONTEMPLATIO

Sí, la esperanza. Si esta virtud no nos sostiene, no es cierta nuestra perseverancia y podremos perdernos por el camino, lo que, por desgracia, hoy es muy fácil. Es fácil renunciar a los ideales de la vida cristiana: primero, porque son difíciles y lejanos; segundo, porque la psicología del hombre moderno está dirigida a la consecución, más aún, al goce de bienes fáciles e inmediatos, de bienes exteriores y sensibles, más que a los interiores y morales; tercero, porque el oportunismo está de moda. El éxito cercano y propio ocupa el sitio de los ideales, obligados a duras resistencia y a antipáticas posiciones. El entusiasmo de la resistencia, del coraje, del sacrificio, es sustituido por el cálculo de la utilidad, la aceptación de la moda, la confianza en la mayoría, la molestia de sostener la parte de una precisa, fuerte e incómoda impopularidad; posiciones psicológicas y otras semejantes que no saben vivir la esperanza.

La esperanza es la conciencia que tiene el cristiano de estar inserto ya desde ahora, mediante la gracia del Espíritu Santo, en un gran plan de salvación, para el que su propia suerte está envuelta por una promesa no ilusoria (Pablo VI).

 

ACTIO

Repite a menudo y medita durante el día esta Palabra: "Jesús eligió entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de apóstoles" (Le 6,13).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Nos desvivimos con frecuencia por disponer dirigentes con la convicción de que es esto sobre todo lo que hace falta para que la cosa funcione, y la cosa sería la Iglesia. Y lo que deberíamos  hacer antes que nada es ser y hacer progresar auténticos "gestos espirituales", como el encuentro con Dios, la conversión al Evangelio, el arrepentimiento, la acción apostólica de cara al prójimo, etc. De bien poco sirve pulir la estructura de un programa o de un trabajo: lo que cuenta es obtener una oración pública o privada que sea una verdadera oración, una metanoia que sea verdaderamente un movimiento de penitencia y de conversión, una comunión que sea una verdadera intimidad, una fe que sea una convicción decisiva.

Sin embargo, son demasiados los que se desviven detrás de una pastoral de las cosas, donde los hombres, valgan mucho o poco, sirven sólo para llenar la casilla que se les ha predispuesto, como si su tarea fuera sólo la de mantener en pie un sistema ajustado de cosas y, si es posible, hacerlo prosperar. Así, dentro de ciertos programas óptimamente pulidos de "religión" falta precisamente lo que es el acto religioso, el gesto espiritual. Es evidente que, en un ambiente semejante, los cristianos deben encontrar muchas dificultades para nacer. Por tanto, en primer lugar, se debe buscar y suscitar el "movimiento espiritual" del hombre, un acto que sea propio de alguien, que se comprometa con toda su espiritualidad y tal que el Espíritu Santo pueda colaborar en él (Yves-Marie Congar).

 

 

Día 29

Martes semana XXX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 5,21-33

Hermanos:

21 Guardaos mutuamente respeto en atención a Cristo.

22 Que las mujeres respeten a sus maridos como si se tratase del Señor;

23 pues el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y al mismo tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia.

24 Y como la Iglesia es dócil a Cristo, así también deben serlo plenamente las mujeres a sus maridos.

25 Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella

26 para consagrarla a Dios, purificándola por medio del agua y la Palabra.

27 Se preparó así una Iglesia esplendorosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida; una Iglesia santa e inmaculada.

28 Igualmente, los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama,

29 pues nadie odia a su propio cuerpo; antes bien, lo alimenta y lo cuida como hace Cristo con su Iglesia,

30 que es su cuerpo, del cual nosotros somos miembros.

31 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y llegarán a ser los dos uno solo.

32 Gran misterio éste, que yo relaciono con la unión de Cristo y de la Iglesia.

33 En resumen, que cada uno ame a su mujer como se ama a sí mismo y que la mujer respete al marido.

 

*•• Después de haber hablado de una manera difusa sobre la vida nueva de los bautizados (cf. Ef 4,17-5,20), Pablo concentra ahora su propia atención sobre las relaciones en el interior de la familia (5,21-6,9). El v. 21 nos ofrece la clave de lectura de toda la sección: el cristiano, unido a Cristo por el bautismo, imprime el servicio y la obediencia a todas sus relaciones con los demás.

Nuestro pasaje considera la relación marido-mujer. Pablo desarrolla una doble comparación: como Cristo ama a la Iglesia, se entrega a sí mismo por ella y le dispensa todas las atenciones, así ha de hacer el marido con su mujer (v. 25); como la Iglesia responde al amor de Cristo con la obediencia y la sumisión, así la mujer respecto al marido (w. 22-24). El amor de Cristo a la Iglesia ha de ser, por tanto, el modelo de la unión conyugal: éste es el gran misterio que anuncia el apóstol (v. 32).

Las alusiones bautismales (v. 26: consagración, purificación, palabra) motivan e iluminan las exhortaciones. En el bautismo ha mostrado Cristo su amor a la Iglesia haciéndola pura, espléndida, digna de ser su esposa. Nada puede ocultar su belleza o servir de pretexto para el repudio: él lo garantiza (w. 26a.27). La exhortación a amar a la esposa dirigida al marido está reforzada con el ejemplo del cuerpo (v. 28): la mujer es parte del cuerpo del hombre, dado que el vínculo matrimonial hace de dos una sola carne, así como la Iglesia forma parte del único cuerpo de Cristo. "Alimentar" y "cuidar" expresan las acciones propias del amor que tutela la vida (w. 29-31).

La insistencia en la sumisión recomendada a la mujer (w. 22.24.33) tiene que ser comprendida en el contexto de la sociedad patriarcal, en la que la supremacía masculina estaba fuera de discusión y la mujer era considerada propiedad del marido (cf Ex 20,17b). Con la fuerte acentuación del paralelismo entre la relación marido- mujer y la relación Cristo-Iglesia, la concepción patriarcal de las relaciones conyugales asume tonos absolutamente nuevos: la sumisión al marido, a quien se exhorta repetidamente a que ame a su mujer, parece asumir el significado de una respuesta al amor ofrecido, más que el de una pasiva sumisión a una autoridad reconocida como de derecho natural.

 

Salmo Responsorial

Dichosos los que temen al Señor.

 Salmo 127, 1-2.3; 4-5

 Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien .

R.- Dichosos los que temen al Señor

Tu mujer como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa .

R.- Dichosos los que temen al Señor

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén,
todos los días de tu vida .

R.- Dichosos los que temen al Señor

 

Evangelio: Lucas 13,18-21

En aquel tiempo,

18 Jesús añadió: -A qué se parece el Reino de Dios? Con qué lo compararé?

19 Es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerto; creció, se convirtió en árbol y las aves del cielo anidaron en sus ramas.

20 De nuevo les dijo: -Con qué compararé el Reino de Dios?

21 Es como la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

 

*• Jesús, al curar en sábado a la mujer encorvada (cf. Le 13,10-17), se manifestó como Señor del tiempo: él es el "hoy" de la salvación que se lleva a cabo en el amor. El Reino de Dios está presente entre los hombres (cf. 17,21). Las parábolas que siguen -las que componen el fragmento litúrgico de hoy- ilustran dos características peculiares del Reino de Dios: su gran expansión y su fuerza transformadora.

Entre los numerosos relatos parabólicos que, en la construcción lucana, cubren el viaje de Jesús hacia Jerusalén, sólo las dos parábolas que acabamos de leer se refieren directamente al Reino de Dios. Ponen de manifiesto su gran expansión en el mundo, fruto de la obra evangelizadora délos discípulos, obedientes al mandato recibido del Maestro (cf. 24,45-49; Hch 1,8). Los modestos comienzos que caracterizan el ministerio de Jesús tienen, pues, un gran desarrollo: la difusión de la Palabra de Dios, que resuena en todo el mundo y de la que todos reciben vida, es comparable al árbol cósmico de Dn 4,7a-9, cuya imagen recuerda el crecimiento del arbusto de la mostaza (w. 18ss).

La otra característica del Reino de Dios es su fuerza intrínseca, que obra un desarrollo cualitativo del mundo. Como la levadura, escondida en la masa inerte de harina, provoca su crecimiento, así el Reino de Dios, mediante la evangelización animada por el poder del Espíritu Santo, transforma todo el mundo, sin ninguna discriminación.

 

MEDITATIO

El amor entre el hombre y la mujer, recuperación de la imagen y semejanza plena del ser humano con Dios, constituye la expresión más elevada y significativa de la existencia humana. Sin embargo, ha sido enormemente envilecido, incluso entre los cristianos, reduciéndolo a necesidad de placer, a exigencia psicobiológica.

Dios, al hacerse hombre, ha dado un valor "divino" a las realidades humanas. Comprender y experimentar la libertad y la plenitud de vida que brotan del vivir la relación entre los esposos, considerando la que hay entre

Cristo y la Iglesia, que somos todos nosotros, como un ejemplo y un punto de atracción, es dilatar el Reino de Dios en este mundo. Nos daremos cuenta alguna vez suficientemente de que no hay "asuntos privados" en los que cada chispa de amor no sea convertida por el Espíritu de Dios en alimento para tantos "hambrientos" de bien, de afecto y de calor humano? Dios continúa obrando a lo grande a través de nuestra pequeñez; continúa revelando su misterio infinito a través de nuestro limitado orden cotidiano. Aceptaremos, por fin, tomarnos en serio nuestra vida humana?

 

ORATIO

!Oh Dios, qué grande es tu misterio! Cuando me encierro en mí mismo, digo que se me escapa. Cuando me abro a ti de manera confiada, me estremezco de estupor.

Tú manifiestas tu verdad -amor personal ofrecido a todos los hombres- por medio de mi vida, por muy pequeña que me parezca. Y buscas su expresión más fuerte y totalizadora, como es la unión de vida entre el hombre y la mujer, para hacerme intuir lo intensamente que estás comprometido conmigo y quieres comprometerme contigo. Que tu voluntad ardiente, que ni disminuye ni disminuirá nunca, haga fermentar, a través de la obra de tus amigos, la vida de nuestro mundo.

 

CONTEMPLATIO

El hombre del cual leemos: "Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre" (Jn 3,13), ese hombre dejó padre y madre, es decir, dejó a Dios, de quien había nacido, y dejó Jerusalén, que es madre de todos nosotros, y se unió a la carne del hombre como a su esposa. En consecuencia, se unió a su mujer, ya que, así como el hombre y la mujer forman un solo cuerpo, así también la gloria de la divinidad y la carne del hombre se unen y se configuran, las dos, o sea, Dios y el alma, en una sola carne. Éste es el gran misterio, a cuyo conocimiento nos llama la admiración del apóstol y nos invita la exhortación de Dios, un misterio que, a no dudar, no es extraño a cuanto debe entenderse referido a Cristo y a la Iglesia. De modo que la carne de la Iglesia es la carne de Cristo, y en la carne de Cristo está Dios y el alma, y así en Cristo está la misma realidad que hay en la Iglesia, puesto que el misterio que creemos presente en la carne de Cristo está igualmente contenido, por la fe, en la Iglesia (Juan Casiano, L'incarnazione del Signore, Roma 1991, pp. 207ss).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Guardaos mutuamente respeto en atención a Cristo" (Ef 5,21).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El matrimonio es una realidad espiritual, o, lo que es lo mismo, un hombre y una mujer se ponen a vivir juntos para toda la vida no sólo porque experimentan un profundo amor el uno por la otra, sino porque creen que Dios les ha dado el uno a la otra para ser testigos vivos de ese amor. Amar significa encarnar el amor infinito de Dios en una comunión fiel con el otro ser humano.

Todas las relaciones humanas, ya sean entre padres e hijos, entre maridos y mujeres, entre amantes y entre amigos o entre miembros de una comunidad, han de ser entendidas como signos del amor de Dios por la humanidad en su conjunto y por cada uno en particular. Se trata de un punto de vista bastante poco común, pero es el punto de vista de Jesús. Éste nos revela que hemos sido llamados por Dios a ser testigos vivos de su amor, y llegarnos a serlo siguiendo a Jesús y amándonos los unos a los otros como él nos ama. El matrimonio es una manera de ser un testimonio vivo del amor fiel de Dios. Cuando dos personas se comprometen a vivir juntas su vida, viene a la existencia una nueva realidad. "Se convierten en una sola carne", dice Jesús. Eso significa que su unidad crea un nuevo lugar sagrado. Muchas relaciones son como dedos entrelazados: dos personas se aferran la una a la otra como dos manos entrelazadas por el miedo. Dios llama al hombre y a la mujer a una relación diferente. Se trata de una relación que se asemeja a dos manos unidas en el acto de la oración. Las puntas de los dedos se tocan, pero las manos pueden crear un espacio parecido a una pequeña tienda. Ese espacio es un espacio creado por el amor, no por el miedo. El matrimonio crea un nuevo espacio abierto, donde se puede manifestar el amor de Dios al "extranjero": al niño, al amigo, al que nos visita. Este matrimonio se convierte en un testimonio del deseo que tiene Dios de estar entre nosotros como un amigo fiel (H. J. M. Nouwen, Vivere nelh Spirito, Brescia 41998, pp. 124ss y 127-129).

 

 

Día 30

Miércoles semana XXX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 6,1-9

1 Hijos, obedeced a vuestros padres como es justo que lo hagan los creyentes.

2 Honra a tu padre y a tu madre, tal es el primer mandamiento, que lleva consigo una promesa, a saber:

3 para que seas feliz y goces de larga vida en la tierra.

4 Y vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino educadlos, corregidlos y enseñadles tal como lo haría el Señor.

5 Esclavos, obedeced a vuestros amos terrenos con profundo respeto y con sencillez de corazón, como si de Cristo se tratara.

6 No con una sujeción aparente que busca sólo agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo que cumplen de corazón la voluntad de Dios.

7 Prestad vuestro servicio de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres,

8 sabiendo que el Señor dará a cada uno, sea libre o esclavo, según el bien que haya hecho.

9 Y vosotros, amos, comportaos de la misma manera con ellos; absteneos de amenazas y tened presente que vuestro Señor y el suyo está en los cielos y que en él no hay favoritismos.

 

**• Después de haber exhortado a los cónyuges a vivir su relación matrimonial en conformidad con su identidad cristiana icf. Ef 5,22-33), el apóstol se dirige a los hijos y a los padres. También a ellos les dirige la invitación al mutuo respeto en la común obediencia a Cristo icf. 5,21).

A los hijos les recuerda el mandamiento mosaico: "Honra a tu padre y a tu madre" (Ex 20,12a). La obediencia a los padres tiene que ver con la relación con Dios, el cual liga a esta relación su bendición, expresada en términos de fecundidad, según la doctrina de la retribución temporal (v. 3; cf. Ex 20,12b).

A los padres les ha sido confiada la tarea de educar a los hijos, y la deben llevar a cabo con mansedumbre y premura, no siguiendo sus propios intereses, sino como servidores de la obra de Dios (v. 4): en él debe inspirarse y orientarse la acción educadora. La relación con el Señor y la obediencia a su voluntad califican, pues, las relaciones entre padres e hijos, iluminando y corroborando la paciente y suave firmeza de unos y el respeto de los otros.

También las relaciones entre esclavos y amos reciben nueva luz del anuncio cristiano. Se trata de relaciones entre personas sometidas todas ellas al mismo "Señor" (v. 9b), que, sin favoritismo alguno, reconoce y aprecia el bien realizado por cada uno, no la situación social que tiene (v. 8). Tanto para los esclavos como para los amos vale la misma Palabra de Jesús: "Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt 25,40). Por eso, el esclavo, cuando obedece a su amo, obedece a Cristo: su servicio, realizado con sencillez y generosidad, asume un valor religioso que excluye todo tipo de servilismo y la búsqueda de ambiguas complacencias (w. 5-7). El amo, por su parte, debe tratar al esclavo del mismo modo que trataría a Cristo, con un corazón animado por la caridad, exento de arrogancia y autoritarismo (v. 9a).

 

Salmo Responsorial

El Señor es fiel a sus palabras

Salmo 144,10-11.12-13ab.13cd-14


Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor, que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.

R/. El Señor es fiel a sus palabras

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

R/. El Señor es fiel a sus palabras

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

R/. El Señor es fiel a sus palabras

 

 

Evangelio: Lucas 13,22-30

En aquel tiempo,

22 mientras iba de camino hacia Jerusalén, Jesús enseñaba en los pueblos y aldeas por los que pasaba.

23 Uno le preguntó: -Señor, son pocos los que se salvan?. Jesús le respondió:

24 -Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.

25 Cuando el amo de casa se levante y cierre la puerta, vosotros os quedaréis fuera y, aunque empecéis a aporrear la puerta gritando: "!Señor, ábrenos!", os responderá: "!No sé de dónde sois!".

26 Entonces os pondréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas".

27 Pero él os dirá: "!No sé de dónde sois! !Apartaos de mí, malvados!".

28 Entonces lloraréis y os rechinarán los dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera.

29 Pues vendrán muchos de oriente y occidente, del norte y del sur, a sentarse a la mesa en el Reino de Dios.

30 Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

 

*•• Comienza una nueva etapa en el viaje hacia Jerusalén, marcada por la anotación-sumario del paso de Jesús por pueblos y aldeas y su incesante enseñanza (v. 22). La pregunta que abre la nueva sección tiene que ver con los que formarán parte del Reino de Dios (v. 23).

Jesús no da una respuesta directa sobre el número de los que se salvarán, sino que exhorta a estar preparados y a mostrarse solícitos en la acogida del Reino que viene. Se trata de la urgencia ineludible de comprometernos con todo nuestro ser, de concentrar todas nuestras fuerzas, como haríamos si tuviéramos que pasar por una puerta estrecha (v. 24). "Hoy" es el momento oportuno para este compromiso, un compromiso que no hemos de aplazar: la salvación es el don de Dios al que nos adherimos haciendo el bien, no simplemente reivindicando vínculos de familiaridad con Jesús (w. 25ss).

La imagen del banquete escatológico, en el que participan todos los pueblos de la tierra (v. 29), manifiesta la salvación ofrecida a todos los hombres y acogida por muchos paganos. Así éstos, los "últimos" en recibir el anuncio del Evangelio, serán los "primeros" en entrar en el Reino de Dios, mientras que Israel, primero en escuchar el anuncio, se verá excluido si no lo acoge (v. 30). La salvación no es cuestión de pertenencia étnica, sino de fe en Jesús. No es el ser hijo de Abrahán lo que asegura la participación en el Reino (v. 28), sino la realización de las obras de Abrahán (cf. Jn 8,39), el cual, con la esperanza de la redención futura (cf. 8,56), tuvo fe y por esa fe fue reconocido como justo (cf. Sant 2,23).

 

MEDITATIO

Nuestra comunión con el Señor tiene su comienzo ahora, en esta tierra, y durará más allá de la muerte, durante un tiempo sin fin. Se trata de un comienzo muy concreto: se lleva a cabo haciendo el bien y no el mal.

Este modo de proceder se convierte en el signo distintivo que nos hace ser reconocidos como personas que pertenecen a Jesucristo. La fe en él no puede dejar de convertirse en amor que penetra las relaciones con los otros.

No tenemos que mirar muy lejos: la familia es el primer "lugar" donde podemos convertir la fe en Jesús en comportamientos consecuentes. Si invoco el nombre del Señor, acaso puedo pretender apelar a ciertas jerarquías de poder para regular sobre ellas las relaciones con los que viven junto a mí? La salvación toma forma en la entrega, en el respeto, en la delicadeza con que vivo mi rol-servicio familiar y mi rol social. No tiene ninguna salida positiva buscar otros caminos.

 

ORATIO

Señor, me resulta muy fácil demorarme en razonamientos a propósito de tu mensaje de salvación sin comprometerme. Perdóname: me parece "estrecha" la puerta del amor a los que viven más cerca de mí, el único amor en el que verdaderamente estoy dispuesto a poner en juego la verdad de mi fe en ti. Prefiero la puerta "abierta de par en par" de las grandes afirmaciones verbales, que no me exigen un compromiso, de una familiaridad formal con las "cosas de la Iglesia", a las que no me preocupo de dar respuesta en la vida. Dime que la mía es una ilusión y que sólo si amo en serio no a los que están lejos, sino a los que viven junto a mí, a aquellos a los que primero y sobre todo me has confiado, entonces y sólo entonces viviré la salvación que eres tú.

 

CONTEMPLATIO

Acuérdate, hijo mío, de lo que dice la Escritura: " Una buena palabra vale a menudo más que un rico don"...

Acuérdate de que, puesto que soy yo quien recibe todo lo que das, dices o haces a los otros, no basta con decir, hacer o dar cosas buenas; es preciso hacerlas también con suavidad, de una manera tan grata como las harías si yo, Jesús, estuviera delante de tus ojos... Es menester que todas las relaciones con el prójimo, por pequeñas que sean, rebosen de amor (Ch. de Foucauld, La vita nascosta. Ritiri IX/1, Roma 1974, p. 130).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tú eres el Señor de todos" (cf. Ef 6,9).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Nuestra misión es una misión de amor. Es una misión de bondad, sobre todo hoy, en que hay tanta hambre de Dios. Noto que, con el tiempo, cada uno de nosotros se transformará en mensajero del amor de Dios. Para obtener esto, debemos ahondar en nuestra vida de amor, de oración, de sacrificio. Es muy difícil dar a Jesús a los otros si no lo tenemos en nuestros corazones.

Si esto no nos interesa, estamos perdiendo el tiempo, porque limitarse a trabajar no es un motivo suficiente: sí lo es, en cambio, llevar la paz, el amor y la bondad al mundo de hoy, y para eso no tenemos necesidad ni de ametralladoras, ni de bombas. Necesitamos un amor profundo y una profunda unión con Cristo para ser capaces de dar a Cristo a los otros. Ahora bien, antes de poder vivir esta vida con el exterior, debemos vivirla en nuestras familias. El amor empieza en casa, y debemos ser capaces de mirar a nuestro alrededor y decir: "Sí, el amor empieza en la familia". Por eso nuestro primer esfuerzo debe ir encaminado a hacer de nuestras familias otros tantos Nazarets donde reinen el amor y la paz. Esto sólo se consigue cuando la familia se mantiene unida y reza unida.

A todos vosotros os ofrece una magnífica oportunidad la aran misión de vivir esta vida de amor, de paz, de unidad. Y, naciendo esto, proclamaréis a los cuatro vientos que Cristo está vivo (Madre Teresa de Calcuta, La gioia di darsi agli altrí, Roma 31981, pp. 82-84, passim [edición española: La alegría de darse a los demás, Ediciones San Pablo, Madrid 1997]).

 

Día 31

Jueves semana XXX del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Efesios 6,10-20

Hermanos:

10 termino pidiendo que el Señor os conforte con su fuerza poderosa.

11 Revestíos de las armas que os ofrece Dios para que podáis resistir a las asechanzas del diablo.

12 Porque nuestra lucha no es contra adversarios de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los que dominan este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que tienen su morada en un mundo supraterreno.

13 Por eso debéis empuñar las armas que Dios os ofrece, para que podáis resistir en los momentos adversos y superar todas las dificultades sin ceder terreno.

14 Estad, pues, en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad, protegidos con la coraza de la rectitud,

15 bien calzados vuestros pies para anunciar el Evangelio de la paz.

16 Tened embrazado en todo momento el escudo de la fe con el que podáis apagar las flechas incendiarias del maligno;

17 usad el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.

18 Vivid en constante oración y súplica guiados por el Espíritu. Y renunciando incluso al sueño para ello, orad con la mayor insistencia por todos los creyentes

19 y también por mí, a fin de que Dios ponga en mis labios la palabra oportuna para dar a conocer con audacia el misterio del Evangelio,

20 del que soy embajador entre cadenas. Que Dios me conceda anunciarlo con la entereza que debo.

 

**• La vida del cristiano es una lucha contra las fuerzas adversas a Dios, unas fuerzas que se oponen a su señorío en el mundo e intentan separar al hombre del Creador (v. 11b). Se trata de unas fuerzas oscuras, no identificables con facilidad, superiores al hombre (v. 12).

Sin embargo, el cristiano que vive en comunión con su Señor recibe de él la fuerza necesaria para el combate (v. 10), para ese combate que se desarrolla en la situación real en que vive. Pablo, empleando imágenes militares, en continuidad con aquellas que presentaban, en el Antiguo Testamento, a YHWH como un guerrero (cf. Is 42,13; Sab 18,15; Sal 35,1-3), exhorta al cristiano, despojado del hombre viejo en el bautismo (cf. Ef 4,22; Col 3,9), a revestirse de las armas para la lucha (w. 1 la-13a). La cintura, la coraza, las sandalias, el escudo, el yelmo, la espada de estas armas espirituales son la verdad, la justicia, la paz, la fe, la salvación, la Palabra de Dios (w. 14-17). Se trata de los dones que Dios distribuye a los bautizados y que éstos están llamados a acoger y poner en práctica para vivir la libertad de los hijos del Padre celestial, liberados de su miedo y de las insidias del maligno, fuertes y perseverantes en las pruebas hasta la consumación de los tiempos escatológicos (v. 13).

La oración es el medio indispensable para poder recibir los dones de Dios y llevar la batalla a buen fin, esto es, para obrar de modo cristiano: una oración incesante, guiada por el Espíritu Santo (v. 18a). Pablo llama la atención a fin de que el cansancio y el desánimo no lleven las de ganar en la difícil lucha: es necesario perseverar (v. 181). A tal fin, recomienda Pablo la oración de los unos por los otros y, en particular, por él mismo, enviado por Dios a anunciar el Evangelio, para que pueda cumplir su mandato con audacia y entereza (w. 18c-20).  

 

Salmo Responsorial

 !Bendito el Señor, mi alcázar!

Salmo 143. 1-4

1Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

R. !Bendito el Señor, mi alcázar!

2mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

R. !Bendito el Señor, mi alcázar!

3Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
4El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

R. !Bendito el Señor, mi alcázar!

 

Evangelio: Lucas 13,31-35

Aquel día,

31 se acercaron unos fariseos y le dijeron: -Sal, márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.

32 Jesús les dijo: -Id a decir a ese zorro que expulso demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día acabaré.

33 Por lo demás, hoy, mañana y pasado tengo que continuar mi viaje, porque es impensable que un profeta pueda morir fuera de Jerusalén.

34 !Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas y no habéis querido.

35 Pues bien, vuestra casa se os quedará desierta. Y os digo que ya no me veréis hasta que llegue el día en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

 

*+• La iniquidad más grande (cf. Le 13,27), compendio de todas las otras, será la muerte de Jesús. Éste resulta incómodo a Herodes (v. 31), pero también y sobre todo a los jefes religiosos de Israel. Sea cual sea la motivación -simpatía o bien hostilidad- por la que algunos fariseos le aconsejan que se aleje del territorio gobernado por Herodes, esto le permite a Jesús afirmar su fidelidad al mandato recibido del Padre: anunciar el tiempo de la salvación definitiva (cf. 2 Cor 6,2), de la que son signos la expulsión de demonios y las curaciones (v. 32). No hay perfidia humana que pueda cambiar el designio del amor de Dios.

El evangelista señala que Jesús es consciente de ir al encuentro de una muerte cruenta (cf. Le 9,22; 9,44; 17,25; 18,31-33), una suerte que no es diferente de la que siguieron los profetas (w. 33-34a; cf. 6,22ss). Eso sucederá precisamente en la ciudad santa de Jerusalén, la cual, en contradicción con su propio nombre -"Ciudad de la paz"-, ha sido el lugar de la masacre de los enviados de Dios. Es un acto deliberado ese con el que Jerusalén, símbolo de los israelitas incrédulos, no ha acogido la Palabra que Jesús le ha anunciado en más ocasiones, manifestando el deseo del Padre de convertirla en centro de unidad de su pueblo elegido (v. 34b).

Jesús predice su ruina (v. 35a), que es, a un tiempo, material (la ciudad será sometida todavía más duramente a los romanos y el templo será destruido) y espiritual. De hecho, Israel, al rechazar a Jesús, no recibe el cumplimiento de la promesa.

Sin embargo, puesto que "los dones y la llamada de Dios son irrevocables" (Rom 11,29), el evangelista entrevé, en el signo de la aclamación triunfal del mesías al final de su viaje (v. 35b; cf. Le 19,28-39), la acogida de Jesús por parte de todo Israel, al final de los tiempos, cuando judíos y paganos, convertidos todos en cristianos, bendecirán juntos el nombre del Señor.

 

MEDITATIO

Hay que sostener una lucha para ser auténticamente cristianos, una lucha entre las muchas sugerencias y persuasivos reclamos que frenan el impulso de adhesión al Señor e intentan marchitar el vigor de la obediencia a su Palabra. El Señor mismo nos sostiene, asegurándonos su presencia poderosa en los signos sacramentales.

Con el don de la fe, de la Palabra, de la capacidad de discernir lo que está bien de lo que está mal, nos atrae hacia él a fin de que, en comunión con él, demos a conocer en el mundo su presencia, que es fuente de vida para todos, sin distinciones entre judíos y griegos.

        Pero tal vez hoy sea más difícil que nunca hacer callar al que se opone a todo esto y nos separa del Señor y délos otros. Quizás la causa resida en que no nos dejamos abrazar por su deseo de recogernos en la unidad -nosotros, seres tan doloridos por las dispersiones interiores, tan fragmentados en nuestras relaciones vitales-.

La oración nos ayuda a volver y a permanecer en el centro de nosotros mismos, en ese lugar donde el Espíritu Santo no cesa de recordarnos el amor del Padre y la ternura del Hijo.

 

ORATIO

Señor, te pedimos, siguiendo la invitación de tu apóstol, que los hermanos y hermanas que viven situaciones de prueba sean capaces de resistir a la tentación del desánimo.

Haz que escuchen tus llamadas y no abandonen la Palabra que han escuchado, la verdad en la que han creído, la justicia que han acogido. Te pedimos en particular, Señor, por los anunciadores del Evangelio: que, siguiendo tu ejemplo, perseveren contra todo opositor, visible o invisible; que sean fieles a tu voluntad, testigos de la verdad que ellos han sido los primeros en recibir como don; que su única preocupación sea que tú seas conocido y amado, alabado y agradecido.

 

CONTEMPLATIO

Dios nos ha otorgado tanta gracia que es nuestro ayudador y nos ha dado buenas armas. Y puesto que él quedó muerto y vencedor en el campo de batalla (muerto fue y, al morir en el leño de la santísima cruz, salió vencedor, y con su muerte nos ha dado la vida), y ha vuelto a la ciudad del Padre eterno con la victoria de su esposa, o sea, de nuestra alma, sigamos, pues, sus vestigios, expulsando el vicio con la virtud; la soberbia con la humildad; la impaciencia con la perfecta humildad y la continencia; la vanagloria con la gloria y el honor de Dios. Que lo que hagamos e ingeniemos sea para gloria, alabanza y honor del nombre de nuestro Jesús.

Hágase una dulce y santa guerra contra estos vicios: y cuanto más miremos al dulce Señor, tanto más animada se verá el alma a emprender mayor guerra (Catalina de Siena, Le lettere, Milán 41987, pp. 439ss [edición española: Obras de santa Catalina de Siena, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1996]).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que el Señor nos conforte con su fuerza poderosa" (cf Ef 6,10).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Nuestra presencia es motivo de discordia: algunos la contestan hasta el punto de organizar atentados contra nosotros. Pero los ataques contra nuestra comunidad hacen nuestra presencia todavía más manifiesta. Lo hemos visto claramente después del rapto de los monjes y, más aún, después de su inmolación. La mayor parte de los musulmanes argelinos se ha unido a nosotros en la oración a Dios para que preservase su vida y plegara el corazón de los raptores. Más tarde, tras el anuncio de su muerte, han vuelto a vivir aún con nosotros la consternación, la condena y la vergüenza que semejante crimen ha suscitado. Las pruebas por las que pasamos, vividas sin espíritu de venganza y abiertos al perdón evangélico, asumen un papel en las obras de la reconciliación y de la paz. "... Hemos tenido que permanecer firmes en nuestro rechazo a dejarnos identificar con uno u otro campo, permanecer libres para contestar de manera pacífica a las armas y los medios de la violencia y de la exclusión.

Seguir siendo lo que somos en este contexto significa anunciar de modo concreto un evangelio de amor a todos, un evangelio que implica el respeto a la diferencia. !Ésta es una auténtica buena noticia! El incremento de la proximidad de nuestros vecinos) su aceptación de lo que somos hacen que acojamos, ciertamente, su propio mensaje. !Una felicidad hecha para crecer!" (Hermano Christian, prior de la Trapa de Tibhrine, en H. Teissier, Accanto o un amico, Magnano 1998, pp. 155ss [edición española: Cartas de Argelia, Encuentro, Madrid 2000]).