Dedícate a la Contemplación.....y recibirás los dones del Espíritu Santo


 

 

 

LECTIO DIVINA NOVIEMBRE DE 2024

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El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia situando a Dios como centro de nuestra vida durante todas las horas del día -Liturgia de las horas- y todos los días del año -Lectio Divina-

Día 1

Festividad de Todos los Santos

          Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad (elog. del Martiriologio romano). 

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 7,2-4.9-14

2 Y ví otro ángel que subía del oriente; llevaba consigo el sello del Dios vivo y gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar:

3 - No hagáis daño a la tierra, ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente con el sello a los servidores de nuestro Dios.

4 Y oí el número de los marcados con el sello: eran ciento cuarenta y cuatro mil procedentes de todas las tribus de Israel.

9 Después de esto, miré y ví una muchedumbre enorme que nadie podía contar. Gentes de toda nación, raza, pueblo y lengua; estaban de pie delante del trono y del Cordero. Vestían de blanco, llevaban palmas en las manos

10 y clamaban con voz potente, diciendo: - A nuestro Dios, que esté sentado en el trono, y al Cordero. se debe la salvación.

11 Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono, alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, cayeron rostro a tierra delante del trono y adoraron a Dios,

12 diciendo: - Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amen.

13 Entonces uno de los ancianos tomó la palabra y me preguntó: - Estos que están vestidos de blanco quiénes son y de dónde han venido?

14 Yo le respondí: - Tú eres quien lo sabe, Señor: Y él me dijo: - Estos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero.

 

         " Sólo <<el retoño de David>> (Ap 5,5) puede deshacer los sellos que cierran el libro. El sexto sello se corresponde con la visión de un terrorífico trastorno cósmico, bruscamente impedido por un misterioso ángel que viene de oriente y anuncia la salvación <<a las servidores de nuestro Dios>> (v. 3), Los cuatro ángeles encargados de destruir la tierra tienen que detenerse y esperar a que marquen con el sello la frente de los elegidos: el <<resto>> de los hijos de Israel, doce mil por cada una de las doce tribus. La imagen evoca el Éxodo, cuando el ángel exterminador <<pasó de largo>> (Ex 12) por las casas de los judíos untadas con la sangre del cordero.

         Concluido el listado de los marcados, habría que esperar la destrucción. En cambio, inesperadamente irrumpe en la escena una muchedumbre incalculable, que desborda los confines étnicos de Israel: la salvación alcanza a todos los pueblos y naciones, caracterizados por los blancos vestidos del bautismo y las palmas del martirio. Esta muchedumbre inmensa se une al <<resto de Israel>> y juntos alaban a Dios y al Cordero. Los ángeles, los ancianos y los cuatro vivientes estén postrados delante del trono de Dios.

         Uno de los ancianos se dirige al vidente preguntándole; <<Quiénes son éstos?>> y ofreciéndole, posteriormente, la respuesta: son los que vienen de la persecución y el martirio (vv l3ss). Quizá se trate de la persecución de Domiciano, prototipo de todas las tribulaciones que en cualquier tiempo y lugar puedan afligir a los creyentes. Es el testimonio de la fe y, sobre todo, de la sangre redentora de Cristo.



Salmo responsorial
Esta es la generación que busca tu rostro, Señor

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

R.- Esta es la generación que busca tu rostro, Señor

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos.

R.- Esta es la generación que busca tu rostro, Señor

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob.

R.- Esta es la generación que busca tu rostro, Señor



Segunda lectura: 1 Juan 3,1-3

Hermanos:

1 Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad  lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo ha conocido a él,

2 Queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

3 Todo el que tiene en él esta esperanza se purifica a si mismo, como él es puro.

 

         •" con el capítulo 3 de la primera Carta de Juan da comienzo la segunda parte, dedicada a <<vivir como hijos de Dios>>. La primera se centra en <<caminar a la luz>>. La conexión entre ambas secciones se consigue mediante una disposición quiástica: la manifestación del Hijo de Dios (2,28) se corresponde con las manifestaciones de los hijos de Dios (3,2); la justicia de Dios (2,29) se corresponde con el hecho de ser hijos de Dios (3,1).

         El v. 1 pone en paralelo la <<consideración" (<<...qué amor tan grande>>), hecha posible por la revelación del amor de Dios, con el rechazo al <<conocimiento>> que viene de la fe. El mundo no nos conoce porque no conoce el amor: o, mejor dicho, no reconoce a los discípulos porque ha rechazado el amor de Jesucristo. El v, 2 remacha: <<Somos hijos de Dios>>, y juega con los verbos relativos a la revelación: <<manifestar y <<conocer/ver>>. Todavía no se nos ha manifestado lo que seremos. Sabemos (hemos visto con los ojos de la fe) que cuando se manifieste seremos semejantes a él, porque lo <<veremos>> <<tal cual es>>, en su gloria. El v. 3 explica el sentido de este <<ser semejantes a él>>, es decir; a Dios. Ahora vivimos en la esperanza: apartados de lo profano, transformados en puros y santos para el culto del templo, como Cristo, el modelo perfecto del creyente.



Evangelio: Mateo 5,1-12a

1 Al ver a la gente, Jesús subió al monte, se sentó, y se le acercaron sus discípulos.

2 Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras:

3 Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos.

4 Dichosos los que estén tristes, porque Dios los consolara.

5 Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra.

6 Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios los saciaré.

7 Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendré misericordia de ellos.

8 Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios.

9 Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

10 Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

11 Dichosos seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por causa mía.

12 Alegraos y regocijaos, porque será grande vuestra recompensa en los cielos.

 

         " Las bienaventuranzas son la dirección del <<sermón de la montaña>>: los pobres en el espíritu, los tristes, los limpios de corazón... son los destinatarios del discurso. Las bienaventuranzas son la <<Carta Magna>> del Reino de los Cielos: para entrar o tener parte hay que encontrarse en alguna de las categorías mencionadas. No son simples <<consejos>>, sino la <<ley>> del evangelio. El monte (5,1) es una clara referencia al otro monte, el Sinaí, donde subió Moisés para recibir las tablas de la Ley.

         Cada versículo presenta una situación de debilidad, malestar o sufrimiento, que es considerada <<dichosa>> no en si misma, sino porque es fuente de bendición y recompensa futura. La primera y la octava forman una inclusión, la promesa es idéntica: <<De ellos es el Reino de los Cielos>> (5,3.10). La última, la más articulada, se refiere directamente a los discípulos, y en concreto por sufrir persecución <<por mi causa>>. Las cuatro primeras siguen un esquema de contraposición: los pobres poseerán el Reino de los Cielos; los llorones serán consolados; los humildes heredaran la tierra y los hambrientos serán saciados. En otras se hace una constatación: los misericordiosos encontrarán misericordia; los constructores de paz serán llamados hijos de Dios; los perseguidos tendrán su recompensa en los cielos.

         Aparecen vocablos muy sugerentes en el lenguaje bíblico, especialmente profético: justicia, misericordia, paz, pureza de corazón, pobreza. Los <<dichosos>> descritos por Mateo se corresponden con los <<pobres de YHWH>>, los piadosos, los profetas perseguidos e incomprendidos del Antiguo Testamento, Algunos añadidos de Mateo, con respecto a Lucas, no son atenuaciones, sino profundizaciones. Los pobres <<en el espíritu>> no excluyen, sino que incluyen, a los <<pobres>> a secas. No se puede saciar el hambre <<de justicia>> sin saciar el hambre material.

 

MEDITATIO

         La santidad pertenece únicamente a Dios, y nadie puede reclamarla nunca para sí. La distancia entre nuestro carácter de criaturas y el Creador, la fractura entre nuestros deseos y nuestras realizaciones, la necesidad de ajustar las cuentas con los compromisos y dolores de la historia nos impiden creer que nuestra filiación divina sea algo que se nos debe. Desde este punto de vista, el balance de la historia es aún ruinoso: no somos santos.

         Con todo, podemos construir la santidad en parte, armonizando nuestra propia vida con el designio de justicia que Dios ha pensado para el mundo. Lo hacen "los pobres en el espíritu", que no consiguen encontrar en ellos mismos motivos para ir hacia delante y se confían al grano de mostaza del Reino de Dios. Lo hacen los "servidores" del Señor, que intentan imitar el obrar misericordioso de Dios en la historia para convertirse en un posible signo de salvación, en un poco de levadura del Reino de Dios.

         Se trata de tareas desmesuradas, que nadie consigue llegar a término por sí solo. Únicamente si nos confiamos a aquella parte todavía no revelada de nosotros mismos, a la semejanza que nos hace hijos e hijas de Dios y amados por él, sólo si creemos y nos confiamos con fe y amor a la promesa de nuestro bautismo, llegaremos a comprender cómo la salvación forma parte ya de nuestra vida y que es propio de la santidad de Dios sostener nuestra santidad.

 

ORATIO

         Padre santo, tú nos has llamado hijos tuyos. Nosotros te damos gracias por tu santidad, que conduce la historia. No comprendemos todavía hasta el fondo lo que significa sentirse amados por tu santidad, pero tú mantienes viva en nosotros la imagen que has proyectado para cada uno.

         Hijo justo del Padre, tú nos has abierto un paso en la historia, donde conseguimos ver cómo actúa el Padre en la historia y cómo obra en ella el Hijo. Ayúdanos a imitar tu única filiación, haznos capaces de confiarnos al Padre.

         Espíritu de justicia y de santidad, si tú no purificas nuestros corazones nunca seremos capaces de abrir nuestros ojos a la mirada de Dios, nunca seremos capaces de cantar las alabanzas de Dios en la liturgia, no conseguiremos llamarnos hijos. Infunde en nuestro corazón la capacidad de escuchar la voz del Padre que nos llama hijos suyos amados.

 

CONTEMPLATIO

         También nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Y lo que produce en nosotros la imagen divina no es otra cosa que la santificación, esto es, la participación en el Hijo en el Espíritu. Así que, después de que la naturaleza humana se hubiera encaminado a la perversión y se hubiera corrompido la belleza de la imagen, fuimos restaurados en el estado original, porque mediante el Espíritu ha sido reformada la imagen del Creador, es decir, del Hijo, a través del cual viene todo del Padre.

         También el sapientísimo Pablo dice: "!Hijos míos, por quienes estoy sufriendo de nuevo dolores de parto hasta que Cristo llegue a tomar forma definitiva en vosotros!" (Gal 4,19). Y él mismo mostrará que la figura de la formación de la que se habla aquí ha sido imprimida en nuestras almas por medio del Espíritu, proclamando: "Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad. Por nuestra parte, con la cara descubierta, reflejando como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosa, como corresponde a la acción del Espíritu del Señor" (2 Cor 3,17ss) (Cirilo de Alejandría, Dialoghi sulla Trinitá, Roma 1982, pp. 302ss).

 

ACTIO

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: " Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,48).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

         Tu verdadera identidad es ser hijo de Dios. Esa es la identidad que debes aceptar. Una vez que la hayas reivindicado y te hayas instalado en ella, puedes vivir en un mundo que te proporciona mucha alegría y, también, mucho dolor. Puedes recibir tanto la alabanza como el vituperio que te lleguen como ocasiones para fortalecer tu identidad fundamental, porque la identidad que te hace libre está anclada más allá de toda alabanza y de todo vituperio humano. Tú perteneces a Dios y, como hijo de Dios, has sido enviado al mundo.

         Dado que ese lugar profundo que hay dentro de ti y donde se arraiga tu identidad de hijo de Dios lo has desconocido durante mucho tiempo, los que eran capaces de afectarte han tenido sobre ti un poder repentino y a menudo aplastante. Pero no podían llevar a cabo aquel papel divino, y por eso te dejaron, y te sentiste abandonado. Pero es precisamente esta experiencia de abandono la que te ha atraído a tu verdadera identidad de hijo de Dios.

         Sólo Dios puede habitar plenamente en lo más hondo de ti. Puede ser que haga falta mucho tiempo y mucha disciplina para volver a unir tu yo profundo, escondido, con tu yo público, que es conocido, amado y aceptado, aunque también criticado por el mundo; sin embargo, de manera gradual, podrás empezar a sentirte más conectado a él y llegar a ser lo que verdaderamente eres: hijo de Dios (H. J. M. Nouwen, La voce dell'amore, Brescia 21997, pp. 98ss, passim).

 

Día 2

Conmemoración de todos los fieles difuntos  

Creemos por fe que la muerte no es el final de la existencia humana, sino la entrada en una condición de vida nueva y definitiva: en Dios y !unto con todos los redimidos. La realidad de la comunión de los santos nos da la certeza de que los hermanos todavía no purificados del todo pueden recibir ayuda y consuelo por medio de nuestra oración. Por eso la Iglesia, acogiendo una antigua tradición monástica, ha dedicado un día entero a la oración de sufragio por los fieles difuntos, fijando su fecha en el 2 de noviembre, inmediatamente después de la fiesta de Todos los santos.

 

LECTIO

Primera lectura: Job 19,1-23-27a

1 Job tomó la palabra y dijo:

23 !Ojalá se escribieran mis palabras! !Ojalá se grabaran en el bronce!

24 !Ojalá con punzón de hierro y plomo se esculpieran para siempre en la roca!

25 Pues yo sé que mi defensor está vivo y que él, al final, se alzará sobre el polvo;

26 y después que mi piel se haya consumido, con mi propia carne veré a Dios.

27 Yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño, y en mi interior suspirarán mis entrañas.

 

*•• No resulta fácil compartir el sufrimiento de otro. Los amigos de Job no le ofrecen más que discursos hechos a partir de tópicos y frustrados por una sabiduría demasiado fácil. Muy distintas son las palabras de su respuesta. En efecto, cuando se encuentra casi en el umbral de la muerte y la soledad le destroza el corazón (vv. 19-22), Job intuye que Dios es su redentor, su go'el, o sea -siguiendo la práctica jurídica judía-, el pariente cercano que debe comprometerse a rescatar corriendo con los gastos (o vengar) a su pariente en caso de esclavitud, de pobreza, de asesinato. Así pues, Job puede apelar a Dios como a su último defensor, como al ser vivo que se compromete a sí mismo en favor del hombre que muere, puesto que entre Dios y el hombre existe una especie de parentesco, un vínculo indisoluble.

Job lo afirma con vigor (vv. 26ss): sus ojos contemplarán a Dios con la familiaridad de quien no es extraño a su vida.



 Salmo Responsorial

El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Salmo 22, 1-3. 4. 5. 6

R. (1) El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce 
para reparar mis fuerzas.
Por ser un Dios fiel a sus promesas,
Me guía por el sendero recto.
R. 
El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad. 
R. 
El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tú mismo preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios; 
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes. 
R. 
El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término. 
R. 
El Señor es mi pastor, nada me faltará.




Segunda lectura: Romanos 5,5-11

Hermanos:

5 Una esperanza que no engaña porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones.

6 Estábamos nosotros incapacitados para salvarnos, pero Cristo murió por los impíos en el tiempo señalado.

7 Es difícil dar la vida incluso por un hombre de bien, aunque por una persona buena quizá alguien esté dispuesto a morir.

8 Pues bien, Dios nos ha mostrado su amor haciendo morir a Cristo por nosotros cuando aún éramos pecadores.

9 Con mayor razón, pues, a quienes ha puesto en camino de salvación por medio de su sangre los salvará definitivamente del castigo.

10 Porque si siendo enemigos Dios nos reconcilió consigo por la muerte de su Hijo, mucho más, reconciliados ya, nos salvara para hacernos partícipes de su vida.

11 Y no sólo esto, sino que nos sentimos también orgullosos de un Dios que ya desde ahora nos ha concedido la reconciliación por medio de nuestro Señor Jesucristo.

 

*•• La esperanza del hombre frente al enigma de la muerte no es vana. Como ya había intuido Job, Dios es realmente nuestro "Redentor", porque nos ama. Se ha comprometido a rescatarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte pagando el precio de la sangre de su Hijo (vv. 6-9), de un modo absolutamente gratuito. Nosotros, en efecto, éramos pecadores, impíos, enemigos, pero el Señor nos ha reconocido como "suyos" y ha muerto por nosotros, arrancándonos de la muerte eterna.

Por medio del bautismo, y participando en el misterio pascual de Cristo, es como acogemos esta gracia. Su muerte nos ha reconciliado con el Padre, su resurrección nos permite vivir como salvados. Rompiendo continuamente los lazos con el pecado y dejándonos guiar por el Espíritu derramado en nuestros corazones, actualizamos cada día la gracia de nuestro nuevo nacimiento.

 

Evangelio: Juan 6,37-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre:

37 Todos los que me da el Padre vendrán a mí, y yo no rechazaré nunca al que venga a mí.

38 Porque yo he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

39 Y su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los que él me ha dado, sino que los resucite en el último día.

40 Mi Padre quiere que todos los que vean al Hijo y crean en él tengan vida eterna, y yo los resucitaré en el último día.

 

**• El verdadero centro de esta perícopa es la voluntad de Dios, a cuyo cumplimiento está orientada por completo la misión de Jesús (v. 38). Esa voluntad es un designio de vida y de salvación ofrecido a todo hombre ("todos": v. 40) a través de la mediación de Cristo, a fin de que nadie se pierda (v. 39). El designio de Dios manifiesta así su ilimitada gratuidad y, al mismo tiempo, la afectuosa atención de su caridad con cada uno. Para recibirla, es preciso responder con el libre consentimiento de la fe: quien cree en el Hijo tiene ya desde ahora la vida eterna, porque se adhiere a aquel que es la resurrección y la vida, y sólo él puede llevarnos consigo más allá del insuperable límite de la muerte.

 

MEDITATIO

Ante la muerte se impone el silencio, ese silencio que, haciéndonos entrar en el diálogo de la eternidad y revelándonos el lenguaje del amor, nos pone en una comunicación profunda con este insondable misterio. Existe un vínculo fortísimo entre aquellos que han dejado de vivir en el espacio y en el tiempo y los que se encuentran aún inmersos en ellos. Si bien la desaparición física de las personas queridas nos hace sufrir su inalcanzable lejanía, mediante la fe y la oración experimentamos una más íntima comunión con ellos. Cuando parece que nos dejan es en realidad el momento en el que se establecen más firmemente en nuestra vida: siguen estando presentes en nosotros, forman parte de nuestra interioridad, los encontramos en esa patria que ya llevamos en el corazón, allí donde habita la Trinidad.

San Pablo nos anima a vivir de una manera positiva el misterio de la muerte, haciéndole frente día tras día, aceptándola como una ley de la naturaleza y de la gracia, para ser despojados progresivamente de lo que debe perecer hasta encontrarnos ya milagrosamente transformados en aquello en que debemos convertirnos. La "muerte cotidiana" se revela así más bien como un nacimiento: el lento declinar y el ocaso desembocan en un alba luminosa. Todos los sufrimientos, las fatigas y las tribulaciones de la vida presente forman parte de este necesario, de este cotidiano morir, a fin de pasar a la vida inmortal. Debemos vivir fijando nuestra mirada en el objeto de la bienaventurada esperanza, apoyándonos únicamente en la fidelidad del Señor, que nos ha prometido la eternidad.

Si vivimos así, cuando lleguemos al ocaso de esta vida no veremos caer las tinieblas de la noche, sino que aparecerá ante nosotros -una expectativa sorprendente, no obstante-, el alba de la eternidad y tendremos la inefable alegría de sentirnos una sola cosa con el Señor.

Después de una larga fatiga seremos plenamente suyos y esa pertenencia será plenitud de bienaventuranza en la visión cara a cara.

 

ORATIO

Señor, cada día se eleva desde la tierra una acongojada oración por aquellos que han desaparecido en el misterio: la oración que pide reposo para el que expía, luz para el que espera, paz para quien anhela tu amor infinito.

Descansen en paz: en la paz del puerto, en la paz de la meta, en tu paz, Señor. Que vivan en tu amor aquellos a los que he amado, aquellos que me han amado. No olvides, Señor, ningún pensamiento de bien que me haya sido dirigido, y el mal, oh Padre, olvídalo, cancélalo.

A los que pasaron por el dolor, a los que parecieron sacrificados por un destino adverso, revélales, contigo mismo, los secretos de tu justicia, los misterios de tu amor. Concédenos esa vida interior para que en la intimidad nos comuniquemos con el mundo invisible en el que están: con ese mundo fuera del tiempo y del espacio que no es lugar, sino estado, y no está lejos de nosotros, sino a nuestro alrededor; que no es de muertos, sino de vivos (Primo Mazzolari).

 

CONTEMPLATIO

Señor, Señor Jesús, tú eres la vida eterna de la patria verdadera y eterna, puesto que tú nos la has procurado.

Tú eres la lámpara de la casa paterna que ilumina suavemente, tú eres el sol de la justicia en la tierra, tú eres el día que no llega nunca al término, tú eres el lucero del alba. Allí sólo tú eres el templo, el sacerdote y la víctima.

Tú sólo el rey y el jefe, el Señor y el maestro; tú eres el sendero de la unificación, tú eres el manantial y la paz, tú eres la dulzura infinita. Allí todos los que te pertenecen te siguen, y tú estás siempre, no te vas nunca, diriges la casta danza sobre los prados de la alegría...

Por eso, cuando se despierta en nosotros la nostalgia de la vida eterna, de la patria verdadera, de la comunión con todos los santos allá arriba en la ciudad que está sobre los montes elevados, entonces debemos convertirnos aquí abajo en humildemente pequeños en la casa del Señor, debemos cargar sobre nosotros la aflicción junto con nuestra Madre dolorosa, la Iglesia (Quodvultdeus de Cartago, cit. en K. Rahner, Mater Ecclesiae, Milán 1972, p. 108).

 

ACTIO

        Repite hoy con frecuencia esta oración: "Dales, Señor, el descanso eterno; brille para ellos una luz perpetua. Descansen en paz- Amén".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

No se debe morir cuando se ama. La familia no debería conocer la muerte. Se unen para la eternidad, y para la eternidad dan la vida a otras personas. La muerte no es sólo el huésped que no se puede evitar. Se podría decir que es un miembro de la familia, un miembro celoso que, cuando llega, aleja a otros.

Sea quien sea la persona que veamos alejarse, la vida queda cambiada. Toda muerte lacera la carne común. La familia, precisamente porque es preparación para la vida, es también preparación para la muerte, y en esta cita común con el misterio no es posible saber quién será llamado el primero.

Por qué no se nos permite morir al mismo tiempo? Éste sería el deseo más vivo del amor, una nueva bendición nupcial a la que consentiríamos con alegría. Pero ese caso es muy raro. La Providencia tiene otros fines. Algunos de ellos son evidentes, otros se nos escapan. Por eso es difícil la fe. Nos creemos víctimas de la fatalidad, y no pensamos que, también con la muerte, sigue siendo el amor un don insigne. En una casa hay desgracias mucho más graves que la muerte. !Cuántas tragedias ocurren sin que nadie haya desaparecido, y cuánta ternura conservada en ausencia de las personas queridas!

La muerte no es siempre una enemiga. Mientras la padece, el amor es capaz de vencerla. Vivir significa con frecuencia separarse; morir significa, en cambio, reunirse. No es una paradoja: para aquellos que han llegado al amor más grande, la muerte es una consagración y no una ruptura. En el rondo, nadie muere verdaderamente, porque nadie puede salir de Dios. Ese que nos parece haberse detenido de improviso continúa su camino. Ha sido como pasar una página, mientras escribía su vida. De él hemos perdido lo que poseíamos de una manera temporal, pero se posee para la eternidad sólo lo que se ha perdido. La vida y la muerte no son más que aspectos diferentes de un único destino; cuando se entra en él con el corazón, ya no se distingue (A. G. Sertillanges, Nos disparus, París 1970, pp. 5-10, passím).

 

 

Día 3

Domingo XXXI del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Deuteronomio 6,2-6

Moisés habló al pueblo y le dijo:

2 De esta manera respetarás al Señor, tu Dios, tú, tus hijos y tus nietos; observarás todos los días de tu vida las leyes y mandamientos que yo te impongo hoy; así se prolongarán tus días.

3 Escúchalos, Israel, y cúmplelos con cuidado, para que seas dichoso y te multipliques, como te ha prometido el Señor, Dios de tus antepasados, en esta tierra que mana leche y miel.

4 Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno.

5 Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

6 Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo.

 

**• Este fragmento expresa en síntesis el corazón de la espiritualidad bíblica: se trata de las enseñanzas que el libro del Deuteronomio pone en labios de Moisés, intermediario entre Dios y el pueblo (v. 1). Éstas se resumen en la exhortación a permanecer fieles a la alianza sancionada con el Señor a través de la observancia de sus leyes, y la motivación que las acompaña se repite como un estribillo: "Para que seas dichoso" (v. 3), es decir, fecundo, próspero y longevo. El fin de estas normas es, por consiguiente, la verdadera felicidad del hombre, una felicidad que procede de Dios, su fuente; por eso es menester sentir hacia él aquel "temor" que, en el lenguaje deuteronómico, es sinónimo de adhesión, escucha reverente y obediencia amorosa (v. 2).

Los vv. 4-6 constituyen el núcleo central de la oración que todavía hoy todo judío piadoso recita tres veces al día, y que recibe el nombre de Shema por la palabra con que empieza: "Escucha". Se trata de una profesión de fe en el único Dios que mantiene con todo el pueblo y con cada uno de sus miembros una relación particular, personal: "El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno".

De ahí nace la exigencia de corresponder a este sagrado vínculo con un amor indiviso: todas las facultades y las actividades del hombre han de estar orientadas íntegramente a corresponder con amor al Bien que es el Señor, que es para nosotros y que obra para nosotros queriendo que seamos felices para siempre. Esta elección gratuita por parte de Dios es un don inmenso del que el pueblo nunca debe perder la conciencia: la memoria continua de él, de sus beneficios y de sus preceptos se vuelve para todo Israel -también para nosotros, hijos de Abrahán según la promesa- compromiso de una vida conforme a su voluntad y fuente de toda bendición (v. 6; cf. vv. 7-19).



Salmo responsorial
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

R.- Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.

R.- Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido.

R.- Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;



Segunda lectura: Hebreos 7,23-28

Hermanos,

23 por otra parte, mientras que los otros sacerdotes fueron muchos, porque la muerte les impedía perdurar,

24 éste, como permanece para siempre, posee un sacerdocio que no pasará.

25 Y por eso también puede perpetuamente salvar a los que por su medio se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos.

26 Tal es el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y más sublime que los cielos.

27 Él no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo.

28 Y es que la Ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la Ley, hace al Hijo perfecto para siempre.

 

**• El autor de la carta a los Hebreos, prosiguiendo la comparación con las instituciones judías, subraya la excelencia del sacerdocio de Cristo con respecto al levítico, motivando su absoluta superioridad a la luz del misterio pascual. En efecto, el carácter mortal de los sumos sacerdotes hacía provisional su servicio y precaria su intercesión, de suerte que para asegurar la continuidad del culto debían sucederse los unos a los otros. Cristo, en cambio, es el Resucitado que vive para siempre: dado que su función sacerdotal no conoce límites de tiempo y su intercesión es incesante, cuantos en todos los tiempos se confían a su mediación pueden ser perfectamente salvados (vv. 23-25).

Por otra parte, la resurrección es considerada como el sello con el que Dios atestigua la santidad de Cristo (cf. Hch 3,13-15; Rom 1,4) y la eficacia de su sacrificio, por eso es Jesús el verdadero sumo sacerdote del que todos los otros no eran más que figura imperfecta. Es el único sacerdote "que nos hacia falta", es decir, el que necesitábamos para nuestra salvación, por sus características absolutamente excepcionales (vv. 26ss). Sólo él carece de pecado, y por eso no necesita como los otros sacerdotes una purificación personal antes de ejercer su propio servicio cotidiano; al contrario, ha podido ofrecer de una vez por todas su propia vida como el santo sacrificio expiatorio que obtiene un perdón eterno a la humanidad.

El sacerdocio de Cristo es también superior al levítico por su fundamento: este último fue instituido, en efecto, por la Ley, que, sin embargo, no ha llevado nada a la perfección (v. 19), puesto que se apoya en hombres débiles y falibles (v. 28). El sacerdocio de Cristo, en cambio, se funda en un juramento del mismo Dios, del Dios fiel que, después de haber revelado a su Hijo (Sal 109,3ss), lo constituyó único mediador entre él y los hombres. Su mediación es, por consiguiente, única, perfecta, indefectible: sólo él puede permitirnos el acceso a Dios.

 

Evangelio: Marcos 12,28b-34

En aquel tiempo,

28 un maestro de la Ley se acercó a Jesús y le preguntó: -Cuál es el mandamiento más importante?

29 Jesús contestó: -El más importante es éste: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor.

30 Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

31 El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos.

32 El maestro de la Ley le dijo: -Muy bien, Maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de él;

33 y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

34 Jesús, viendo que había hablado con sensatez, le dijo: -No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevía ya a seguir preguntándole.

 

**• En un contexto de hostilidades y disputas suscitadas por jefes de los sacerdotes, maestros de la Ley y ancianos del pueblo (capítulos 11 y 12) Marcos inserta el relato de este encuentro entre Jesús y un maestro de la Ley que se le acerca con ánimo abierto y leal. La pregunta del rabino no es una pregunta ociosa: en aquella época había en la ley de Moisés 248 mandamientos y 365 prohibiciones, subdivididos ulteriormente en categorías; la cuestión de cuál era el más importante era, por consiguiente, objeto de discusión. Jesús simplifica esta multiplicidad llevándola a lo esencial: responde con las palabras de la oración recitada tres veces al día por los judíos, el Shema o "Escucha", tomado de Dt 6,4ss. El mandamiento "más importante" brota, por tanto, de la escucha (esto es, recibir por fe) y del reconocimiento de que nuestro Dios es el único Señor: de ahí procede la exigencia de unificar la vida en el amor a él, consagrándole enteramente nuestra voluntad, sentimientos, inteligencia, energías; sin embargo, a este mandamiento le añade Jesús inmediatamente un segundo, el del amor al prójimo como otro yo, y los presenta como dos aspectos de un mismo precepto divino: "No hay otro mandamiento más importante que éstos".

Por otra parte, el prójimo no es para Jesús simplemente el compatriota, como en Lv 19,18, sino todo hombre (cf. Le 10,29-37): reinterpreta de este modo las normas tradicionales; su enseñanza es nueva y antigua al mismo tiempo, como muestra el apóstol Juan (1 Jn 2,7ss), que lo sintetiza de manera adecuada: "Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandato: que el que ama a Dios ame también a su hermano" (1 Jn 4,20ss).

El interlocutor de Jesús aprueba su respuesta y comenta que el amor, entendido de este modo, es más agradable a Dios y eficaz para la salvación que muchos actos de culto. Y Jesús alaba al maestro de la Ley: gracias a su rectitud, está en el camino justo para entrar en el Reino de Dios, el reino del amor.

 

MEDITATIO

Son muchas las imágenes y las palabras que parecen aplastar al hombre de hoy, muchos los sacerdotes y los ritos de la antigua alianza, muchos los preceptos de la Ley... Esta multiplicidad nos desorienta, y necesitamos volver a encontrar un centro de gravedad, un hilo conductor para el camino de la vida. Jesús nos lleva simplemente al Uno, a aquel que es (YHWH) y envuelve a cada ser en su abrazo vivificante. Él es el Amor y es nuestro Dios.

Cómo no hemos de ofrecernos entonces a él por completo a nosotros mismos? La multiplicidad queda unificada por el amor de Dios, que pide todo el amor del hombre. Son muchos nuestros afectos, amistades, relaciones interpersonales: a veces nos sentimos "triturados"... "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón": si le damos todo lo que, por otra parte, viene de él, será el Espíritu de amor el que ame en nosotros. Son muchos los pensamientos, las preocupaciones y las dudas que nos asaltan, pero si queremos amar al Señor con toda nuestra mente los afrontaremos con una paz que antes no conocíamos.

Son muchas, demasiadas, las cosas que tenemos que hacer, los compromisos a los que tenemos que hacer frente, las actividades que hemos de llevar adelante: amemos al Señor con todas nuestras fuerzas y él será la fuerza que nos sostenga en la vertiginosa carrera de nuestra vida cotidiana. Si tendemos hacia esta única dirección, seremos impulsados por el mismo Señor hacia las múltiples direcciones de los hermanos. El mandamiento del Señor es uno, pero tiene dos aspectos, porque aprender a amar con el corazón de Dios significa hacerse próximo a cada hombre: así amó Jesús. Sí, el amor "vale más que todos los holocaustos y sacrificios", porque es sacrificio de por sí. Así se entregó Jesús.

 

ORATIO

Oh Dios, fuente única de todo lo que existe, tú eres nuestro Padre: concédenos el amor para que, fieles a tu mandamiento, podamos amarte con un corazón indiviso, buscándote en todas las cosas. Enséñanos a amarte "con toda la mente": ilumina nuestra inteligencia para que, libre de la duda y de la vana presunción, sepa descubrir tu designio de salvación en la historia y en las circunstancias cotidianas.

Haz que te amemos "con todas nuestras fuerzas", consagrando a ti y a tu servicio nuestras capacidades y nuestros límites, nuestras acciones y nuestras impotencias, nuestros logros y nuestros fallos. Ayúdanos, Señor, a amarte en cada hermano que tú has puesto a nuestro lado y que tú fuiste el primero en amar, hasta el sacrificio de tu propio Hijo. Que su oblación eterna nos dé la fuerza y la alegría de perdernos a nosotros mismos en la caridad para recobrarnos plenamente en ti, que eres el Amor.

 

CONTEMPLATIO

Hallamos escrito en la ley de Moisés: Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza. Considerad, os lo ruego, la grandeza de esta afirmación; el Dios omnipotente, invisible, incomprensible, inefable, incomparable, al formar al hombre del barro de la tierra, lo ennobleció con la dignidad de su propia imagen. Qué hay de común entre el hombre y Dios, entre el barro y el espíritu?

Porque Dios es espíritu. Es prueba de gran estimación el que Dios haya dado al hombre la imagen de su eternidad y la semejanza de su propia vida. La grandeza del hombre consiste en su semejanza con Dios, con tal de que la conserve.

Si el alma hace buen uso de las virtudes plantadas en ella, entonces será de verdad semejante a Dios. Él nos enseñó, por medio de sus preceptos, que debemos rendirle frutos de todas las virtudes que sembró en nosotros al crearnos. Y el primero de estos preceptos es: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, ya que él nos amó primero, desde el principio y antes de que existiéramos. Por lo tanto, amando a Dios es como renovamos en nosotros su imagen. Y ama a Dios el que guarda sus mandamientos, como dice él mismo: Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Y su mandamiento es el amor mutuo, como dice también: Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

        Pero el amor verdadero no se practica sólo de palabra, sino de verdad y con obras. Retornemos, pues, a nuestro Dios y Padre su imagen inviolada; retornémosela con nuestra santidad, ya que él ha dicho: Sed santos, porque yo soy santo; con nuestro amor, porque él es amor, como atestigua Juan al decir: Dios es amor; con nuestra bondad y fidelidad, ya que él es bueno y fiel. No pintemos en nosotros una imagen ajena; el que es cruel, iracundo y soberbio pinta, en efecto, una imagen tiránica.

Por esto, para que no introduzcamos en nosotros ninguna imagen tiránica, dejemos que Cristo pinte en nosotros su imagen, la que pinta cuando dice: La paz os dejo, mi paz os doy. Mas de qué nos servirá saber que esta paz es buena si no nos esforzamos en conservarla? Las cosas mejores, en efecto, suelen ser las más frágiles, y las de más precio son las que necesitan una mayor cautela y una más atenta vigilancia; por esto es tan frágil esta paz, que puede perderse por una leve palabra o por una mínima herida causada a un hermano. Nada, en efecto, resulta más placentero a los hombres que hablar de cosas ajenas y meterse en los asuntos de los demás, proferir a cada momento palabras inútiles y hablar mal de los ausentes; por esto, los que no pueden decir de sí mismos: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado para saber decir al abatido una palabra de aliento, mejor será que se callen y, si algo dijeren, que sean palabras de paz (Columbano, Instrucciones, 11).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Nosotros debemos amarnos porque él nos amó primero" (1 Jn 4,19).

 

 PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El rabí de Sasson contaba: Aprendí de un campesino cómo deben amar los hombres. Este campesino se encontraba con otros en una hospedería y estaba bebiendo. Se quedó callado durante mucho tiempo con los otros, pero cuando el vino le movió el corazón, dirigiéndose a un compañero que se sentaba a su lado, le preguntó: Dime, me quieres o no? El otro respondió: Te quiero mucho. Y dijo el campesino a su vez: Dices que me quieres mucho; sin embargo, no sabes lo que necesito. Si verdaderamente me quisieras, lo sabrías. El amigo no se atrevió a rebatirle, y el campesino que le había preguntado calló de nuevo. Yo, en cambio, comprendí: amar a los hombres significa intentar conocer sus necesidades y sufrir sus penas (M. Buber, "Leggenda del Baal Sem", en G. Ravasi [ed.], // libro de! salmi: commento e attualizazione, Bolonia 1985, p. 694).

 

 

 

Día 4

Lunes semana XXXI del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Filipenses 2,1-4

Hermanos:

1 Si de algo vale una advertencia hecha en nombre de Cristo, si de algo sirve una exhortación nacida del amor, si vivimos unidos en el Espíritu, si tenéis un corazón compasivo,

2 dadme la alegría de tener los mismos sentimientos, compartiendo un mismo amor, viviendo en armonía y sintiendo lo mismo.

3 No hagáis nada por rivalidad o vanagloria; sed, por el contrario, humildes y considerad a los demás superiores a vosotros mismos.

4 Que no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás.

 

*•• Pablo acaba de exhortar a los cristianos de Filipos a comportarse de una manera digna del Evangelio; al mismo tiempo, se ha ofrecido a sí mismo como modelo de resistencia y de lucha contra los adversarios del Evangelio. Ahora, la exhortación apostólica se vertebra de un modo claro e iluminador. El comienzo (v. 1) y el final (v. 4) de esta pequeña unidad literaria se reclaman y se completan mutuamente: en primer lugar aparece una concentración cristológica y, a continuación, una dilatación antropológica. En el centro (w. 2ss), expresa Pablo el derecho a recibir una gratificación personal en calidad de apóstol: "Dadme la alegría de tener los mismos sentimientos, compartiendo un mismo amor, viviendo en armonía y sintiendo lo mismo".

La primera parte de esta lectura (w. lss) se caracteriza por una serie de "si" que, en realidad, expresan no una hipótesis, sino una certeza. Este relieve, de naturaleza literaria, es importante para comprender el pensamiento de Pablo por el hecho de que en su concepción teológica todo lo que es bueno, bello y santo deriva de Cristo y de su misterio pascual, que se dilata, como es obvio, en la mente, en el corazón y en las relaciones interpersonales de los creyentes. La segunda parte de la lectura (v. 3ss) presenta una formulación negativa orientada a otra positiva. El apóstol exhorta a extirpar del tejido conectivo de la comunidad creyente toda "rivalidad o vanagloria", y recomienda: "Sed, por el contrario, humildes y considerad a los demás superiores a vosotros mismos. Que no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás".



Salmo Responsorial

Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor

Salmo 130,1.2.3

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. 

R/. Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre. 

R/. Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor

Espera Israel en el Señor
ahora y por siempre. 

R/. Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor




Evangelio: Lucas 14,12-14

En aquel tiempo,

12 dijo Jesús al jefe de los fariseos que le había invitado: -Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez, te inviten a ti y con ello quedes ya pagado.

13 Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados y a los ciegos.

14 !Dichoso tú si no pueden pagarte! Recibirás tu recompensa cuando los justos resuciten.

 

*•• En el marco de una invitación a comer, después de haber curado a un hidrópico en sábado y de haber propuesto una parábola, Jesús dirige ahora una serie de advertencias al jefe de los fariseos que le había invitado.

Se trata de una de esas afirmaciones de Jesús que nacen de la experiencia, de la vivencia inmediata, observada con extrema atención, interpretada de manera simbólica y trasladada al ámbito religioso. Las dos partes de este breve texto evangélico se corresponden perfectamente: el paralelismo antitético facilita su comprensión ("Cuando des una comida... Más bien, cuando des un banquete...": w. 12.13).

La enseñanza de Jesús está muy clara y, para que pueda incidir en la sensibilidad de sus destinatarios, la confía en dos "situaciones de vida" que, para un jefe de los fariseos, debían ser habituales. Por un lado, Jesús pone en guardia contra actitudes sólo aparentemente generosas, aunque, en realidad, son interesadas, egoístas y productivas. Este modo de proceder, según Jesús, no sólo traiciona un ánimo mezquino, sino que termina por comprometer también las relaciones interpersonales.

La situación contraria que presenta Jesús se presta, en cambio, a una invitación exquisitamente evangélica, que nos conduce al corazón de la enseñanza de Jesús: la opción de privilegiar a los pobres, a los lisiados, a los cojos y ciegos, exactamente a ésos a quienes el Señor ama más que a cualquier otro y entre los que difunde su benevolencia. Se trata del mensaje de las bienaventuranzas (Le 6,20-26), que todos conocemos bien. La bienaventuranza y la promesa del v. 14 completan de modo admirable la enseñanza de Jesús.

 

MEDITATIO

Hasta en el gesto, aparentemente magnánimo, de quien distribuye a los invitados para la comida o la cena se puede esconder un sentimiento de egoísmo, a saber: cuando la elección de los invitados está sugerida sólo por motivos de obligación, de conveniencia social, de mera simpatía o de interés. Es obvio que el tema sugerido por la lectura evangélica -que encuentra también cierta resonancia en el final de la primera lectura- es el de la gratuidad, acompañado y reforzado por la "opción preferencial por los pobres", que no es un descubrimiento de los cristianos de hoy, sino la quintaesencia del Evangelio. Con todo, es menester liberar este término de un significado puramente material, como quizás estemos inclinados a hacer hoy, dada nuestra sensibilidad al valor económico de nuestras acciones y nuestros gestos: todo lo que hacemos, todo lo que producimos, no puede dejar de tener -incluso debe tener- un valor económico. Sin embargo, Jesús quiere educarnos para que procedamos a una evaluación también espiritual, es decir, integral y más completa, de nuestras acciones y de nuestras opciones.

Así, gratuidad significa e implica prestar más atención a los otros que a nosotros mismos, reconocer en los otros un valor objetivo, porque cada uno lleva en su propio ser la imagen y la semejanza de Dios, de ahí que sea, por sí mismo, digno de atención, de estima y de amor.

Comprendemos así el sentido de la bienaventuranza que proclama Jesús al final de este texto evangélico y, sobre todo, la promesa de una recompensa que, según la lógica de Dios, nos será asegurada "cuando los justos resuciten".

 

ORATIO

Oh Señor Jesús, tú buscaste a los pobres y a los hambrientos y me dices: "Comparte con ellos tu abundancia, y ellos creerán que yo soy el Pan de la vida".

Oh Señor Jesús, tú invitaste a tu mesa a los oprimidos y a los perseguidos y me dices: "Lucha por su libertad, y ellos creerán que yo soy la Luz del mundo".

Oh Señor Jesús, tú has llamado a las víctimas de muchas y diferentes violencias y me dices: "Denuncia con valor todo mal, y ellos creerán que yo soy la Verdad".

Oh Señor Jesús, tú acogiste en tu redil a las ovejas que estaban dispersas y me dices: "Abandona tu aspecto perfeccionista, y ellos creerán que yo soy el buen Pastor".

Así serás pobre, apacible, misericordioso, limpio de corazón, obrador de la paz, amante de la justicia. En una palabra, !serás bienaventurado!

 

CONTEMPLATIO

Está también el reproche del Señor a los escribas. Les reprocha su dureza cuando les dice: "Entended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios"" (Mt 9,13).

Tanto los escribas como los fariseos estaban persuadidos de que podían quitarse los pecados de encima con los sacrificios prescritos por la Ley. Por eso el Señor da preferencia a la misericordia sobre el sacrificio: para demostrar con claridad que los delitos de todo tipo de pecado pueden ser cancelados no en virtud de los sacrificios de la Ley, sino en virtud de las obras de misericordia. Análoga es la invitación que el Señor dirige a los fariseos en otro pasaje, cuando los apostrofa con estas palabras: "Pues dad limosna de vuestro interior, y todo lo tendréis limpio" (Le 11,41). Éste es, por consiguiente, el sentido de la expresión "misericordia quiero y no sacrificios". Tanto es así que continúa: "En efecto, no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" (Cromacio de Aquileya).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás" (Flp 2,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Uno de los encuentros más interesantes de la madre Teresa de Calcuta fue el que mantuvo con el emperador etíope Hailé Selassié pocos meses antes del golpe de Estado que acabaría por deponerle. La pequeña hermana estaba avisada de que no debía hacerse demasiadas ilusiones, dado que ya eran muchas las organizaciones religiosas y sociales que habían intentado inútilmente trabajar en Etiopía, y no tardó mucho en comprender que la decisión correspondía al emperador y sólo a él. La audiencia estuvo precedida por una conversación con el chambelán de palacio, que se desarrolló en estos términos: "Qué es lo que espera de nuestro gobierno?" "Nada -respondió la madre Teresa-; he venido sólo a ofrecer a mis hermanas para que trabajen entre los pobres y los que sufren." "Qué harán las hermanas?" "Nos entregaremos con todo lo que somos a servir a los más pobres entre los pobres." "De qué títulos disponen?" "Intentamos entregar amor y compasión a aquellos que no son amados ni deseados." "Veo que su enfoque es completamente distinto. Usted predica a la gente, intenta acaso convertirla?" "Nuestros actos de amor hablan al pobre que sufre del amor que Dios siente por él".

Cuando, finalmente, la madre Teresa fue conducida a la presencia del emperador, le esperaba una sorpresa. Selassié pronunció unas pocas palabras: "He oído hablar de su trabajo. Me hace muy feliz que esté aquí. Sí, que sus hermanas vengan también a Etiopía".

 

 

Día 5

Martes semana XXXI del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Filipenses 2,5-11

Hermanos:

5 Tened, pues, los sentimientos que corresponden a quienes están unidos a Cristo Jesús.

6 El cual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios.

7 Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre,

8 se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

9 Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre,

10 para que ante el nombre de Jesús doble la rodilla todo lo que hay en los cielos, en la tierra y en los abismos,

11 y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

**• La liturgia nos presenta hoy una de las páginas más intensas y más bellas de todo el Nuevo Testamento.

Con bastante probabilidad, Pablo se hace testigo de una tradición anterior a él que había acuñado un himno cristológico de importancia fundamental. El himno está introducido por una exhortación apostólica que nos invita a hacer nuestros "los sentimientos que corresponden a quienes están unidos a Cristo Jesús" (v. 5). No se trata de una vaga recomendación, sino de una indicación autorizada para caminar siguiendo el ejemplo de Jesús, es decir, a vivir como él vivió. A continuación viene el himno cristológico, que la liturgia pone de relieve con mucha frecuencia. El carácter ejemplar de Cristo se fundamenta aquí en "su misterio", y éste, a su vez, ilumina la vida de cada cristiano.

El himno se subdivide en dos partes. Los w. 6-8 describen la katabasi, o sea, el abajamiento de Jesús, que de Dios se hizo hombre, "tomó la condición de esclavo" y se humilló "hasta la muerte, y una muerte de cruz". Los w. 9-11 describen, en cambio, la anábasi, o sea, la elevación de Jesús por obra de Dios Padre, que lo resucitó y "le dio el nombre que está por encima de todo nombre", adorable en el cíelo y en la tierra, un nombre que debe ser proclamado a todo el mundo: "Jesucristo es Señor". El misterio de Cristo está sintetizado de una manera lineal y completa: la fe de cada cristiano encuentra aquí su centro y su síntesis gracias a la mediación de Pablo, que se hizo no sólo evangelizador, sino también - e incluso antes- discípulo y testigo de este misterio.

 

Salmo Responsorial

El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Salmo 21,26b-27.28-30a.31-32

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. 

R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos. 

R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Porque del Señor es el reino,
el gobierna a los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba. 

R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. 

R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea



Evangelio: Lucas 14,15-24

En aquel tiempo,

15 uno de los convidados le dijo a Jesús: -Dichoso el que pueda participar en el banquete del Reino de Dios.

16 Jesús le respondió: -Un hombre daba una gran cena e invitó a muchos.

17 A la hora de la cena, envió a su criado a decir a los invitados: "Venid, que ya está todo preparado".

18 Pero todos, uno tras otro, comenzaron a excusarse. El primero le dijo: "He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses

19 Otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me excuses".

20 Y otro dijo: "Acabo  de casarme y, por tanto, no puedo ir".

21 El criado regresó y refirió lo sucedido a su señor. Entonces el señor se irritó y dijo a su criado: "Sal de prisa a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres y a los lisiados, a los ciegos y a los cojos".

22 El criado dijo: "Señor, se ha hecho como mandaste y todavía hay sitio".

23 El señor le dijo entonces: "Sal por los caminos y las veredas y convence a la gente para que entre, hasta que se llene mi casa.

24 Pues os digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados probará mi cena".

 

**• El paso de una comida común a la imagen del banquete mesiánico es bastante lógico y espontáneo para Lucas: por eso este evangelista establece un nexo entre la parábola precedente (leída en el fragmento de ayer) y la de ahora insertando entre ambas la expresión: "Dichoso el que pueda participar en el banquete del Reino de Dios" (v. 15). Esta exclamación tiene por objeto la participación en la comunión con Dios en el tiempo de la "resurrección de los justos": la dimensión escatológica de nuestra fe y de nuestra experiencia religiosa es más que evidente.

La parábola contempla diferentes invitaciones y otros tantos rechazos por parte de aquellos que, por no haber percibido la novedad de la presencia de Jesús, no sienten ninguna necesidad de salvación y se sustraen así al beneficio de un don maravilloso. Es interesante destacar, como hacen algunos exégetas, que en esta parábola está esbozada la historia de la salvación: casi podría decirse que cada invitación y cada rechazo corresponden a otras tantas estaciones de una historia visitada por Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.

La "cima" de la parábola debe ser situada ciertamente en la expresión que pone Lucas en boca del señor de la casa: "Sal de prisa a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres y a los lisiados, a los ciegos y a los cojos" (v. 21). Es como decir que en el banquete mesiánico participarán los excluidos y serán excluidos de él, en cambio, los que tenían derecho. La ley que caracteriza a la nueva alianza aparece confirmada una vez más; se afirma de nuevo la complacencia del Padre; la finalidad primera y central de la enseñanza y de la presencia de Jesús entre nosotros encuentran aquí una afirmación renovada.

 

MEDITATIO

La parábola que nos presenta el evangelio de hoy pertenece a una de esas que los estudiosos llaman "parábolas de la invitación divina": tenemos aquí una clave de lectura no sólo del texto evangélico, sino de toda la liturgia de la Palabra de este día. Por un lado, sobresale claramente la figura de aquel que invita, el Padre, que, por medio de su Hijo, vuelve a expresar en cada tiempo y en cada lugar su propia voluntad salvífica universal. Al mismo tiempo, se perfila también con claridad la figura de aquel que, en nombre de Dios Padre, se hizo "Evangelio " por nosotros, en el sentido de que Jesús no se contentó con hablar en nombre de Dios, sino que es Palabra de Dios encarnada, es decir, viviente en medio de nosotros.

Junto a la figura de Dios Padre y de Jesucristo, aparece también en la parábola la figura de los invitados, esto es, de nosotros y de todos aquellos que, en distintos tiempos y lugares, han entrado en contacto con la Buena Mueva de Jesús salvador. Aquí es donde se capta el carácter dramático del relato, que, para nosotros, ya no es sólo una parábola, en el sentido literario del término, sino que se convierte en una historia viva, punzante, siempre actual. En ella, cada uno de nosotros está llamado a "jugarse" a sí mismo con la plena libertad de su decisión, pero también con la responsabilidad que implican sus opciones. Es bueno para nosotros que, de la parábola, mane claro el anuncio de lo que complace a Dios, de aquello para lo que vino Jesús al mundo, de lo que constituye el objeto de la predicación apostólica: Dios ama, prefiere y quiere como hijos suyos amadísimos a aquellos a quienes la sociedad margina y considera frecuentemente seres insignificantes e inútiles. La invitación dirigida a cada uno de nosotros consiste, por tanto, en ser pobres en el sentido evangélico del término, a saber: en tener un corazón consciente de su propio pecado, traspasado por el dolor y deseoso Reencontrar al Médico celestial.

 

ORATIO

Libérame, Señor, de los obstáculos que Sientan atarme a un pasado glorioso o cargado de injusticias y de resentimiento o a un presente mezquino o cautivador; hazme libre de seguirte por los caminos del Evangelio y de la historia para anunciar y difundir la verdadera libertad.

Señor, dame la fuerza necesaria para salir de una muchedumbre acomodadiza que, presa por completo de sus propios fines y de sus propias metas, se vuelve sorda e insensible a tus invitaciones y las rechaza presentando como excusas necesidades apremiantes; hazme sensible y dispuesto a tus llamadas, en todas las estaciones de mi vida, para anunciar y dejar aparecer tu voluntad.

Señor, ayúdame a seguir con honestidad y constancia mi misión -por pequeña o grande que sea-, contrarrestada a veces, trabajosa y en absoluto popular, porque deseo seguirte sólo a ti, que eres el único camino verdadero: fiel sin volverme nunca hacia atrás, cueste lo que cueste, para anunciar y servir tu proyecto de salvación.

 

CONTEMPLATIO

Qué es la compunción cristiana? Es la íntima experiencia del alma que -frente a la muerte y resurrección del Señor- percibe la entidad y la gravedad de su pecado en relación con la inmensidad de la majestad de Dios y de su amor absolutamente gratuito, tal como se revela en los padecimientos y en la muerte de Cristo y, al mismo tiempo, en el poder liberador y pleno de su señorío de Resucitado. La compunción se siente como una transfixión del corazón: como una punción que hace salir el veneno del mal, que atenúa y vence su dureza, que infunde junto con el dolor del pecado la certeza profunda y sosegada de haber encontrado por fin al Médico omnipotente: y por eso es un sentimiento de reposo y de humilde y amoroso reconocimiento, por un lado, de nuestra indignidad y, por otro, del inexpresable amor divino, que nos acoge en el perdón y en la paz, en Cristo y por Cristo, el Crucificado-Resucitado.

En el don de la compunción se injerta o el deseo del bautismo en el nombre de Jesús o, para los que ya estamos bautizados, la reactualización de nuestro bautismo y, por consiguiente, de sus energías sanadoras y elevadoras, a través del don renovado del Espíritu Santo.

Tal es -al menos en su inicio y con posibilidades de crecimiento y desarrollo infinito- la compunción cristiana, tan fundamental y tan discriminadora para el cristiano y, a fortiori, para el monje, que puede considerarse, antes que nada, un "hombre compungido", más que un hombre "aislado", más que un monje que vive en la soledad. Sin la compunción -siempre actualmente renovada incluso en los estadios más avanzados de la vida espiritual- me parece que no puede haber verdad total ni progreso real en el camino hacia Dios (G. Dossetti).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Jesucristo es Señor" (Flp 2,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Estar vestido de este "yo" hecho de opiniones de personas indiferentes, de condecoraciones insignificantes, de "intervenciones " protocolarias. Oprimido en esta camisa de fuerza de lo inmediato.

Salir de todo esto, desnudo, sobre el abismo del alba, aceptado, invulnerable, libre: en la luz, con la luz, de luz. Uno, real en el uno. Salir fuera de mí mismo en cuanto obstáculo para mí mismo en esta consumación.

Por qué privarte de ello -dices-, si la cosa no hace mal a nadie y a ti te hace bien? Por qué, si no está en contradicción con la decisión que has tomado? Tu misma reacción al olvidar esta promesa -como reacción a una traición y a una debilidad humillante- es una respuesta suficiente a tu pregunta.

Todo en el presente, nada para el presente. Nada para el futuro que tenga que ver con tu nombre o tu sosiego. Sólo si tu esfuerzo ha sido guiado por una entrega al deber en la que te hayas olvidado por completo de ti mismo podrás conservar la fe en todo su valor. Ahora bien, si ha sido así, tu esfuerzo hacia la meta te habrá enseñado a alegrarte cuando otros la alcancen (D. Hammarksold).

 

 

Día 6

Miércoles semana XXXI del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Filipenses 2,12-18

12 Así pues, amados míos, vosotros, que siempre me habéis obedecido, hacedlo también ahora que estoy ausente, incluso con mayor empeño que si estuviera presente, y esforzaos con santo temor en lograr vuestra salvación.

13 Que es Dios quien, más allá de vuestra buena disposición, realiza en vosotros el querer y el actuar.

14 Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones.

15 Seréis así limpios e irreprochables; seréis hijos de Dios sin mancha en medio de una generación mala y perversa, entre la cual debéis brillar como lumbreras en medio del mundo,

16 manteniendo con firmeza la Palabra de vida para que, el día en que Cristo se manifieste, pueda yo enorgullecerme de no haber corrido o trabajado inútilmente.

17 Y aunque tuviera que ofrecerme en sacrificio al servicio de vuestra fe, me alegraría y congratularía con todos vosotros.

18 Por lo mismo, alegraos también vosotros y regocijaos conmigo.

 

**•' Del corazón de Pablo brotan algunas recomendaciones paternas dirigidas a los cristianos de la comunidad de Filipos, pero a cada una de ellas le corresponde su motivación y precisión concreta.

En primer lugar, los cristianos deben dedicarse con santo temor a obtener su salvación (v. 12); al mismo tiempo, sin embargo, deben recordar que sólo Dios puede suscitar en ellos la capacidad de vivir de un modo conforme a su voluntad (v. 13). En segundo lugar, los cristianos deben "brillar como lumbreras en medio del mundo" (v. 15) no para presumir ante los otros, sino únicamente con la finalidad de mantener con "firmeza la Palabra de vida" (v. 16a). En tercer lugar, los cristianos contribuyen a hacer crecer la alegría del apóstol en la medida en que se disponen a ofrecer su vida en sacrificio agradable a Dios, y no por una mera gratificación personal, sino para asimilarse a Cristo Jesús y disponerse a la comunión con el Padre (v. 16b-17).

De este modo, la exhortación apostólica se arraiga en el misterio de Cristo y de la salvación anunciada y realizada por él y, al mismo tiempo, se traduce en líneas de ortopraxis cristianas, las cuales valen no sólo para los destinatarios de la carta, sino también para nosotros, a quienes llega, aquí y ahora, el alegre mensaje de la salvación.



Salmo Responsorial

El Señor es mi luz y mi salvación

Salmo 26,1.4.13-14

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? 

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. 

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. 

R/. El Señor es mi luz y mi salvación




Evangelio: Lucas 14,25-33

En aquel tiempo,

25 como le seguía mucha gente, Jesús se volvió a ellos y les dijo:

26 -Si alguno quiere venir conmigo y no está dispuesto a renunciar a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

27 El que no carga con su cruz y viene detrás de mí no puede ser discípulo mío.

28 Si uno de vosotros piensa construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?

29 No sea que, si pone los cimientos y no puede acabar, todos los que le vean se pongan a burlarse de él,

30 diciendo: "Éste comenzó a edificar y no pudo terminar".

31 0 si un rey está en guerra contra otro, no se sienta antes a considerar si puede enfrentarse con diez mil hombres al que le va a atacar con veinte mil?

32 Y si no puede, cuando el enemigo aún está lejos, enviará una embajada para negociar la paz.

33 Del mismo modo, aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío.

 

**• Después de abandonar la casa del fariseo, Jesús se encuentra con la muchedumbre. Cuando tiene lugar este paso, la enseñanza evangélica asume, por lo general, unos acentos más íntimos y, en algunas ocasiones, más radicales. Éste es el caso de la lectura evangélica de hoy. En ella -como ya había ocurrido con las "bienaventuranzas "- confía Jesús a la muchedumbre el ideal evangélico, que, si es acogido en su integridad, compromete, arrolla y desconcierta toda la vida.

La disposición de este pasaje evangélico es muy simple: contiene dos parábolas (w. 28-32), precedidas (w. 25-27) y seguidas por dos invitaciones a la renuncia (v. 33). En ambas parábolas se ilustra la necesidad de reflexionar antes de emprender una empresa, calculando bien las posibilidades de llevarla a puerto. Es menester evitar toda ligereza o temeridad. Una vez que se ha tomado una decisión, es preciso proceder con la más absoluta fidelidad: un fracaso debido a la indecisión o la nostalgia sería imperdonable. Incluso el "seguir a Jesús" por el camino que le está llevando decididamente a Jerusalén y hacia el Calvario es una empresa bastante arriesgada, en la que es necesario comprometer toda la vida. En la verdad de esta reflexión se injertan la invitación inicial y la final de este pasaje, que contiene una de las exigencias más radicales del Evangelio.

Renunciar a nuestro padre y nuestra madre, llevar la cruz e ir detrás de Jesús, renunciar a todos los bienes que poseemos (w. 26ss y 33), son algunas de esas exigencias que no dejan lugar a ninguna duda; al contrario, con su valor paradójico chocan con nuestra sensibilidad y nos hacen escandalizarnos. Proceder así sería una manera, más o menos elegante, de sustraernos a la invitación de Jesús, para seguir haciendo lo que nos viene en gana.

 

MEDITATIO

Nos encontramos frente a una de las "palabras duras" de Jesús, de las que se desprende con unos términos extremadamente claros el radicalismo evangélico del que hemos hablado en la lectio. Con todo, este radicalismo no ha de ser considerado de un modo genérico y mucho menos de un modo irracional. En efecto, la invitación de Jesús implica algunas decisiones que dejan aparecer las grandes motivaciones del radicalismo evangélico cuando lo situamos en el contexto general del Evangelio.

La primera de estas decisiones recae sobre la persona misma de Jesús: "Si alguno quiere venir conmigo... El que no carga con su cruz y viene detrás de mí no puede ser discípulo mío". Está claro, por tanto, que la renuncia a los bienes y a las personas no es un fin en sí misma, no tiene ningún valor autolesivo, no puede ser desarrollada en perjuicio propio, sino que encuentra en Jesús, maestro y salvador, su motivación primera y última.

La posibilidad de llegar a ser "discípulo de Jesús" constituye el otro gran deseo de todo verdadero creyente, y para alcanzar esta meta se debe estar dispuesto a dejar todo y a todos por amor, sólo por amor. Si es lógico o no emplear la propia vida de este modo no puede decirlo más que aquel o aquella que sabe que de la fe se desprende un estilo de vida. En consecuencia, no debemos buscar una racionalidad puramente humana, sino una racionabilidad que satisfaga la mente y el corazón del -verdadero discípulo.

Como sabemos, ha sido precisamente Lucas quien ha recogido este tipo de enseñanzas de Jesús. En efecto, el tercer evangelista escribía para una comunidad que necesitaba hacer cada vez más esencial su propia adhesión al Evangelio. Por eso Lucas la invita a practicar opciones fundamentales en favor del Evangelio, sin dejarse distraer por preocupaciones terrenas y sin alegar excusas fútiles. Y esto vale también para nosotros.

 

ORATIO

"Pierde tu vida y la encontrarás". Señor, esta invitación tuya suena ilógica, absurda, empapada de fracaso y de muerte. Sin embargo, la vida no puede ser poseída como un tesoro que escondamos celosamente o para administrar sólo como propio, porque se marchitaría en su propia limitación. Tú, en cambio, me has mostrado que mi existencia tiene que encarnarse poniéndome en movimiento entre tu proyecto misterioso y ya establecido y mi decisión de realizarlo o no; se ha de desarrollar entre una sucesión de aventuras placenteras o dolorosas, padecidas o compartidas, que orientan los pasos inseguros de mi vida diaria vivida con otros y para otros.

Lo he comprendido, Señor: mi vida es un don para compartir, es un bien para dar, es un tesoro para revelar; para gozarla plenamente, para vivirla a fondo, debo entregarla. !Lo quiero, Señor!

 

CONTEMPLATIO

Tanto que, por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo; porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá.

Que por eso dijo san Pablo del mismo Cristo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos (Col 2,3), en los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos si (como habernos dicho) no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría; porque aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual; porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.

!Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios -que son de muchas maneras- si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! !Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer para entrar en ella en la espesura de la cruz! Que por eso san Pablo amonestaba a los de Éfeso que no desfalleciesen en las tribulaciones [...] Porque para entrar en estas riquezas de su sabiduría la puerta es la cruz, que es angosta, y desear entrar por ella es de pocos, mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos (Juan de la Cruz, Cántico espiritual [B], Canción 37, 4; Canción 36, 13, en Obras completas, BAC, Madrid 141994, pp.884y882).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Debéis brillar como lumbreras en medio del mundo, manteniendo con firmeza la Palabra de vida" (Flp 2,15ss).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

!Ser tuya! Pongo en el seno de la Santísima Trinidad mi voluntad, mi corazón, mi cuerpo, mi pensamiento, para que sean consumidos por las llamas del amor divino. Señor Jesús, los abandono a ti para que en mí se produzca el vacío y en él puedas depositar tú tu pensamiento, tu corazón, tu voluntad, todo. Un intercambio silencioso e inefable a los pies del tabernáculo, después de la santa comunión y por la mañana: tu acción interior.

Tú y yo; yo y tú; tú en mí, más aún que yo en ti. Yo estoy en ti para morir ahí, tú estás en mí para vivir ahí. Tengo la impresión de que mi pobre ser debe ser incinerado por el poder, por la fuerza, por el ardor de tu divinidad reviviente en él. Siento que mi corazón... más aún, siento que tu corazón dejará en mi pecho latidos de amor.

Es terrible dejarte revivir en nosotros, es terrible esta unión contigo, porque nos amas con un amor que parece aniquilarnos, porque sufres con un sufrimiento que destruiría en virtud de su violencia nuestro ser, si tú no lo sostuvieras. Me pregunto si el perenne y oscuro sufrimiento de mi alma no deriva precisamente de esto: que no sé amar cuanto quisiera, que no sé dejarte vivir en mí como quisiera, que no sé transformarme en ti como quisiera.

Quisiera perderme en ti, guardar silencio, gozar de mi transformación (ítala Mela).

 

 

Día 7

Jueves semana XXXI del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Filipenses 3,3-8a

Hermanos:

3 La verdadera circuncisión somos nosotros, los que tributamos un culto nacido del Espíritu de Dios y hemos puesto nuestro orgullo en Jesucristo, en lugar de confiar en nosotros mismos.

4 Y eso que, en lo que a mí respecta, tendría motivos para confiar en mis títulos humanos. Nadie puede hacerlo con más razón que yo.

5 Fui circuncidado a los ocho días de nacer, soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo por los cuatro costados, fariseo en cuanto al modo de entender la Ley,

6 ardiente perseguidor de la Iglesia e irreprochable en lo que se refiere al cumplimiento de la Ley.

7 Pero lo que entonces consideraba una ganancia, ahora lo considero pérdida por amor a Cristo.

8 Es más, pienso incluso que nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

 

*•• Pablo abre la parte exhortatoria de esta carta con una especie de autobiografía. Se ve obligado a hacerlo frente a aquellos que no sólo se cierran a la llamada salvífica que se desprende del Evangelio, sino que también intentan denigrar su persona y su misión apostólica. De esto depende el carácter, polémico en parte, de este pasaje.

Sin embargo, esto brinda a Pablo la ocasión de presentar a todos, y no sólo a los filipenses, su origen hebreo, su vocación apostólica, su fidelidad a la misma.

De este modo nos hace ver que, para comprender sus cartas, resulta indispensable pasar a través de su personalidad, sobre todo a través del gran acontecimiento de Damasco, que marca su conversión a Cristo Señor y el comienzo de su misión. Pero le brinda, sobre todo, la ocasión de declarar abiertamente un hecho: el encuentro con Cristo ha invertido literalmente su manera de ver las cosas, su criterio valorativo sobre hechos y personas.

Por encima de todo y de todos está ahora, para él, Cristo, el Señor, no sólo como objeto de su fe, sino también como fuente de su misión y, lo más importante, como destinatario de su amor. Pablo expresa esta inversión de los valores con una frase extremadamente significativa: "Pienso incluso que nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor" (v. 8).

Éste es el único lugar en todo el epistolario paulino en que el adjetivo posesivo "mi" aparece junto al título cristológico "Señor": esto es signo no sólo del hecho de que Pablo se encontró con Jesús resucitado, sino también de la gran intimidad que alcanzó su amor con el mismo Jesús.

 

Salmo Responsorial

Que se alegren los que buscan al Señor

Salmo 104,2-3.4-5.6-7


Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. 

R/. Que se alegren los que buscan al Señor

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. 

R/. Que se alegren los que buscan al Señor

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. 

R/. Que se alegren los que buscan al Señor





Evangelio: Lucas 15,1-10

En aquel tiempo,

1 todos los publícanos y pecadores se acercaban a Jesús para oírle.

2 Los fariseos y los maestros de la Ley murmuraban: -Éste anda con pecadores y come con ellos.

3 Entonces Jesús les dijo esta parábola:

4 -Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar a la descarriada hasta que la encuentra?

5 Y cuando da con ella, se la echa a los hombros lleno de alegría

6 y, al llegar a casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: "!Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido!".

7 Pues os aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

8 O qué mujer, si tiene diez monedas y se le pierde una, no enciende una lámpara, barre la casa y la busca con todo cuidado hasta encontrarla?

9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: "!Alegraos conmigo, porque he encontrado la moneda que se me había extraviado!".

10 Os aseguro que del mismo modo se llenarán de alegría los ángeles de Dios por un pecador que se convierta.

 

*•• Estamos ante el capítulo central del evangelio según san Lucas; en él ha querido concentrar su autor el mensaje principal de su obra: el Evangelio de la misericordia.

Al mismo tiempo, y según los estudiosos, Lucas nos aproxima lo más posible al Jesús histórico, que vino a nosotros sobre todo a anunciar y a encarnar el amor misericordioso del Padre.

Los dos primeros versículos del pasaje evangélico nos ofrecen el contexto histórico de las tres parábolas contenidas en este capítulo. Por un lado, los publícanos y los pecadores, que se acercan a Jesús "para oírle" (v. 1) -sabemos que Jesús sentía una especial debilidad por ellos-. Por otro lado, los fariseos y los maestros de la Ley, que murmuraban en contra de él -y también sabemos que Jesús les dirigía con frecuencia amargas palabras-. Las parábolas de la oveja extraviada y la moneda perdida -junto a la parábola del padre misericordioso que nos presenta Jesús como icono de Dios-padre han de ser interpretadas a la luz del contexto histórico: ambas, por consiguiente, pretenden iluminar, por un lado, la situación de lo que estaba perdido y de quién estaba perdido y, por otro, la alegría del que ha podido encontrar lo que había perdido.

La alegría del hombre es trampolín de lanzamiento hacia la alegría de Dios: Lucas subraya fuertemente tres veces, a modo de estribillo, la alegría de Aquel que ha amado tanto al mundo que le ha dado a su Hijo y obtiene de ello la máxima alegría posible.

 

MEDITATIO

Que se alegren los que buscan al Señor: el estribillo del salmo responsorial de la liturgia de hoy sintetiza bastante bien el mensaje central. Como es obvio, cuando se habla de "alegría", en la jerga bíblica y, sobre todo, en la evangélica, es menester liberarla de todo significado exterior y efímero. Se trata, más bien, de una alegría exquisitamente personal, interpersonal, que crece en la medida en que es participada y compartida.

Es la alegría de Pablo, que brota del sublime conocimiento de Jesucristo y desea compartir con los cristianos de Filipos; es la alegría del Padre, que goza más en el cielo por un pecador convertido que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión; es la alegría de Cristo, el buen Pastor dispuesto a dar su vida por la salvación de un solo pecador; pero es también nuestra alegría, la de los pecadores que sabemos que tenemos en el cielo un Padre misericordioso, además de un mediador compasivo y amoroso, del mismo modo que sabemos que tenemos también en la tierra alguien que, en su nombre, ha recibido el ministerio de perdonar nuestros pecados, a fin de que aprendamos a ser compasivos y misericordiosos con nuestros hermanos.

Es, por consiguiente, la alegría del perdón otorgado a quien lo necesita y lo pide con humildad, pero es también la alegría del perdón pedido con humildad, acogido con gratitud y evangelizado con valor.

 

ORATIO

Fariseo? A veces lo soy, y tú entonces, Señor, me condenas, porque, tras haberme vuelto seguro con una lógica intransigente, me vuelvo intolerante con los que son esclavos de normas absolutas que ofuscan y desaprueban la libre aportación de decisiones individuales destinadas a situaciones específicas. Esta actitud me convierte en un "sepulcro blanqueado", irreprensible en cuanto a la justicia -como dice Pablo- y duro con las limitaciones ajenas. Pero tú has dicho: "!Ay de los que juzgan...!".

Publicano? Así me presento, y tú, Señor, me perdonas porque no soy "justo" a mis ojos. Esta visión, más humana y más real, de mi debilidad me permite experimentar tu misericordia, gustar tu amor y vivir con agradecimiento en una actitud de respeto hacia ti, hacia mí mismo, hacia los otros, hacia el mundo. Al amor se le responde con alegría, y por eso "se llenarán de alegría los ángeles de Dios por un pecador que se convierta".

 

CONTEMPLATIO

Considera cuan grande es la dulzura y la piedad de Dios, su clemencia y bondad; cuan suave es con todos, compasivo en todas sus acciones, siempre dispuesto a perdonar, "clemente y misericordioso, lento a la ira, rico en amor y siempre dispuesto a perdonar. !Quién sabe si no perdonará una vez más!" (Jl 2,13). "Padre misericordioso y Dios de todo consuelo. Él es el que nos conforta en todas nuestras tribulaciones" (2 Cor l,3ss).

Y "como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus fieles" (Sal 103,13). Sobre todo, debemos considerar que si el Padre "no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él?" (Rom 8,32), "reconciliando el mundo consigo en Cristo" (2 Cor 5,19), el cual "nos ha liberado de nuestros pecados con su sangre" (Ap 1,5) y, por nosotros, se revistió de la carne, fue ultrajado con la cruz y condenado a muerte.

Crees que alguien que ha sufrido tanto por ti te abandonará? No lo pienses jamás. A cuántos que se alejaron más que tú de él los llamó junto a él? En efecto, él es aquel por el cual "allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom 5,20). De ello es testigo el santo David, que cometió un gran pecado manchándose de adulterio, homicidio y traición... pero donde abundó la impureza, sobreabundó la pureza; donde abundó la crueldad, sobreabundó la piedad; donde abundó el engaño, sobreabundó la rectitud. Encontraríamos innumerables casos similares si quisiéramos recordar todos aquellos en los que Dios, con su misericordia y piedad, remitió la iniquidad y perdonó los pecados, purificándolos, justificándolos y santificándolos en el Espíritu Santo.

Verdaderamente, "como dista el Oriente del Occidente, así ha alejado de ellos sus culpas el Señor" (Sal 103,12), introduciendo en ellos el bien allí donde estaba el mal, el mérito donde estaba la injusticia, la gracia donde estaba arraigada la culpa (Adam Scott, cartujo del siglo XIII).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Que se alegren los que buscan al Señor" (de la liturgia).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Si un padre es dueño, sólo es libre el hijo que se rebela, esto es, el ateo. En cambio, si el padre es misericordia, amor, alguien que da libertad, entonces es libre el hijo que vive la libertad. El problema, por tanto, es el de la imagen de Dios. Si Dios es la ley, entonces es antagonista de mi libertad. En cambio, si Dios es Padre, entonces no es antagonista de mi libertad, sino que me forma para ella incluso a través de la ley, que tiene una función pedagógica. Ahora bien, la ley lleva siempre en sí misma el peligro de mantener al hombre en estado de minoría de edad.

El riesgo que corre el cristiano es el de no comprender que la humanidad puede llegar a ser mayor de edad (S. Fausti).

 

 

Día 8

Viernes semana XXXI del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Filipenses 3,17-4,1

3,17 Imitad mi ejemplo, hermanos, y fijaos en quienes me han tomado como norma de conducta.

18 Pues como ya os advertí muchas veces, y ahora tengo que recordároslo con lágrimas en los ojos, muchos de los que están entre vosotros son enemigos de la cruz de Cristo.

19 Su paradero es la perdición; su dios, el vientre; se enorgullecen de lo que debería avergonzarles y sólo piensan en las cosas de la tierra.

20 Nosotros, en cambio, tenemos nuestra ciudadanía en los cielos, de donde esperamos como salvador a Jesucristo, el Señor.

21 Él transformará nuestro mísero cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene para someter todas las cosas.

4,1 Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, vosotros, que sois mi gozo y mi corona, manteneos firmes en el Señor, queridos.

 

**• Pablo señala dos caminos posibles a los cristianos de Filipos, que desean hacerse discípulos del Crucificado: uno es aquel por el que caminan "los enemigos de la cruz de Cristo" (3,18). Son esos cuyo "paradero es la perdición; su dios, el vientre; se enorgullecen de lo que debería avergonzarles y sólo piensan en las cosas de la tierra" (v. 19) y están completamente absorbidos por los intereses terrenos. Para ésos, "su paradero es la perdición" (v. 19a). Resulta fácil entrever en esta categoría de personas a un grupo de cristianos que, a pesar de haberlo recibido ya, se han olvidado del bautismo y, sobre todo, se han perdido en una práctica de vida contraria al Evangelio. El otro camino es el recorrido e indicado por el mismo Pablo y por los que se han mantenido fieles a la "regla de vida" que han aprendido. Pablo no siente pudor a la hora de ponerse como "ejemplo" (v. 17) no tanto por los dones naturales que ha recibido como por el don de la gracia que le sorprendió en el camino de Damasco y le descompuso literalmente su vida, dándole una nueva orientación: nueva según la novedad de Cristo muerto y resucitado.

Los fieles de Filipos están invitados, por tanto, a realizar su elección libre y consciente no sólo en virtud del ejemplo que tienen delante, sino también y sobre todo en virtud de la esperanza que alimentan, a saber: "Tenemos nuestra ciudadanía en los cielos, de donde esperamos como salvador a Jesucristo, el Señor" (v. 20). Es tal el bien que espero (se dibuja aquí la patria celestial, lugar de alegría indefectible y de comunión amistosa) que acepto por él cualquier pena (ésa es la dura batalla que cada uno está llamado a librar en los días de su vida terrena). Se advierte así la dinámica del ya pero todavía no que caracteriza la experiencia de todo creyente.

 

Salmo Responsorial

Vamos alegres a la casa del Señor

Salmo 121,1-2.4-5

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. 

R/. Vamos alegres a la casa del Señor

Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. 

R/. Vamos alegres a la casa del Señor




Evangelio: Lucas 16,1-8

En aquel tiempo,

1 decía Jesús a sus discípulos: -Había un hombre rico que tenía un administrador, a quien acusaron ante su amo de malversar sus bienes.

2 El amo le llamó y le dijo: "Qué es lo que oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque no vas a poder seguir desempeñando ese cargo".

3 El administrador se puso a pensar: "Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita la administración? Cavar ya no puedo, pedir limosna me da vergüenza.

4 Ya sé lo que voy a hacer para que alguien me reciba en su casa cuando me quiten la administración".

5 Entonces llamó a todos los deudores de su amo y dijo al primero: "Cuánto debes a mi amo?".

6 Le contestó: "Cien barriles de aceite". Y él le dijo: "Toma tu recibo, siéntate y escribe en seguida cincuenta".

7 A otro le dijo: "Y tú, cuánto debes?". Le contestó: "Cien sacos de trigo". Él le dijo: "Toma tu recibo y escribe ochenta".

8 Y el amo alabó a aquel administrador inicuo, porque había obrado sagazmente. Y es que los que pertenecen a este mundo son más sagaces con su propia gente que los que pertenecen a la luz.

 

*+• Para captar el pensamiento de Jesús a través de esta parábola es preciso tener presente el contexto global del capítulo, cuyo centro vital está constituido por el v. 14, que dice así: "Estaban oyendo todo esto los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de Jesús".

Del mismo modo que la primera parábola (w. 1-8) enseña el modo correcto de usar los bienes de la tierra, la segunda -la del rico epulón (w. 19-31)- enseña cómo no deben ser usados. En todo caso, la lección tiene como tema la philargyría, es decir, el amor al dinero.

A primera vista, la parábola del administrador infiel podría suscitar cierto asombro e incluso cierto escándalo, precisamente porque Jesús alaba su conducta, a pesar de su actitud astuta, deshonesta y egoísta. Más adelante, Lucas comparará a Dios con un juez que no practica la justicia (Le 18,1-8), y también en Mt 10,16 se invita a los discípulos a ser astutos como serpientes.

Con todo, no debemos escandalizarnos en absoluto: el Señor no nos ofrece como modelo a un estafador o a un pillo; lo que hace, más bien, es recordarnos que somos responsables de unos bienes que no nos pertenecen del todo, sino que hemos de considerarlos como dones de Dios y, en consecuencia, hemos de tratarlos, al mismo tiempo, con una prudencia y una audacia dignas de los hijos de Dios.

Ciertamente, no es fácil captar la "intención" de la parábola, pero al final del fragmento se nos ofrecen pistas que nos ponen en el buen camino: Jesús desea que los hijos de la luz, en su camino terreno, en su intento de conseguir los verdaderos bienes -los eternos-, se muestren más astutos que los hijos de este mundo (v. 8b). La astucia de la que habla Jesús está en función directa del deseo y de la consecución del verdadero bien.

 

MEDITATIO

Captamos diferentes estímulos en este fragmento evangélico: con ellos quiere Jesús provocar nuestra reflexión y nuestra respuesta. Aunque el discurso se haga, en ocasiones, difícil y la respuesta bastante comprometedora, el verdadero discípulo de Jesús no puede sustraerse a sus deberes concretos. En primer lugar, es preciso mantener la confrontación con los hijos de este mundo: en el evangelio encontramos muchísimas veces la invitación a ser animosos no sólo frente a la propuesta divina, sino también frente a aquellos que no quieren saber nada ni del Evangelio ni de la vida cristiana.

Por eso, no basta con la astucia; se requiere también el coraje, la osadía y la audacia de quien sabe que posee una palabra superior a cualquier otra y puede apoyarse en una promesa que no puede ser retractada. Del contexto global del capítulo se desprende una segunda gran invitación, que concreta el coraje evangélico: nuestros verdaderos amigos son los pobres, y se requiere, a buen seguro, un coraje de león para considerarlos como nuestros primeros y más queridos amigos. Quien llega a considerarlos como tales demuestra ser de verdad "listo" según Jesús, aunque no ciertamente según la lógica del mundo. Llegados a este punto, ya no queda ninguna incertidumbre sobre la astucia por la que el administrador deshonesto es alabado por su señor. La luz que se desprende de esta parábola nos llega a todos nosotros e iluminará nuestro camino en la medida en que nos dispongamos a invocarla, a acogerla y a caminar por el sendero que abre delante de nosotros.

 

ORATIO

Me preguntas, Señor: "Por qué andas indeciso?".

Decir la verdad... cuesta sangre, Señor;

descubrir mis mezquindades... me expone, Señor;

perder mis seguridades... es duro, Señor;

aceptar la desaprobación... es doloroso, Señor;

ver bloqueados mis planes... me disgusta, Señor;

reconocer mis infidelidades... me hace daño, Señor;

mostrar mis debilidades... me humilla, Señor;

renunciar a mis razones... no lo soporto, Señor.

El precio que hemos de pagar para ser honestos es

elevado, pero servir a dos señores me repugna.

Señor, ayúdame a ser honesto,

!cueste lo que cueste!

 

CONTEMPLAIO

Al ver Dios que el temor arruinaba al mundo, trató inmediatamente de volverlo a llamar con amor, de invitarlo con su gracia, de sostenerlo con su caridad, de vinculárselo con su afecto.

Por eso purificó la tierra, afincada en el mal, con un diluvio vengador y llamó a Noé padre de la nueva generación, persuadiéndolo con suaves palabras, ofreciéndole una confianza familiar, al mismo tiempo que le instruía piadosamente sobre el presente y lo consolaba con su gracia, respecto al futuro. Y no le dio ya órdenes, sino que con el esfuerzo de su colaboración encerró en el arca las criaturas de todo el mundo, de manera que el amor que surgía de esta colaboración acabase con el temor de la servidumbre, y se conservara con el amor común lo que se había salvado con el común esfuerzo.

Por eso también llamó a Abrahán de entre los gentiles, engrandeció su nombre, lo hizo padre de la fe, le acompañó en el camino, le protegió entre los extraños, le otorgó riquezas, le honró con triunfos, se le obligó con promesas, lo libró de injurias, se hizo su huésped bondadoso, lo glorificó con una descendencia de la que ya desesperaba; todo ello para que, rebosante de tantos bienes, seducido por tamaña dulzura de la caridad divina, aprendiera a amar a Dios y no a temerlo, a venerarlo con amor y no con temor. Por eso también consoló en sueños a Jacob en su huida, y a su regreso le incitó a combatir y lo retuvo con el abrazo del luchador; para que amase al padre de aquel combate y no le temiese. Y asimismo interpeló a Moisés en su lengua vernácula, le habló con paterna caridad y le invitó a ser el liberador de su pueblo.

Pero así que la llama del amor divino prendió en los corazones humanos y toda la ebriedad del amor de Dios se derramó sobre los humanos sentidos, satisfecho el espíritu por todo lo que hemos recordado, los hombres comenzaron a querer contemplar a Dios con sus ojos carnales. Pero la angosta mirada humana cómo iba a poder abarcar a Dios, al que no abarca todo el mundo creado? La exigencia del amor no atiende a lo que va a ser, o a lo que debe o puede ser. El amor ignora el juicio, carece de razón, no conoce la medida. El amor no se aquieta ante lo imposible, no se remedia con la dificultad. El amor es capaz de matar al amante si no puede alcanzar lo deseado; va a donde se siente arrastrado, no a donde debe ir.

El amor engendra el deseo, se crece con el ardor y, por el ardor, tiende a lo inalcanzable. Y qué más? El amor no puede quedarse sin ver lo que ama: por eso los santos tuvieron en poco todos sus merecimientos si no iban a poder ver a Dios. Moisés se atreve por ello a decir: Si he obtenido tu  favor, enséñame tu gloria. Y otro dice también: Déjame ver tu figura. Incluso los mismos gentiles modelaron sus ídolos para poder contemplar con sus propios ojos lo que veneraban en medio de sus errores (Pedro Crisólogo, Sermón 147, en PL 52, 594-595).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Nosotros, en cambio, tenemos nuestra ciudadanía en los cielos" (Flp 3,20).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Lo que hacemos representa menos que una gota en el océano, pero sin esa gota le faltaría algo al océano. Yo soy un lápiz de Dios. Él escribe lo que quiere. Por sangre y origen soy albanesa. Tengo la ciudadanía india. Soy una monja católica. Por vocación, pertenezco a todo el mundo. En el corazón, pertenezco por completo al corazón de Jesús... Nuestra gente apenas consigue mantenerse en pie. Están hambrientos, o enfermos, o desnudos. Ni siquiera son capaces de sostener la caña de pescar. Lo que yo hago es darles un pescado para comer hasta que estén lo suficientemente fuertes. Entonces los entregaré a vosotros, vosotros les entregaréis la caña y les enseñaréis a pescar...

Me he visto obligada a padecer la celebridad. La uso por amor a Jesús. Cuando hablan de mí, los periódicos y las televisiones hablan de los pobres y de este modo despiertan la atención sobre los pobres. Vale la pena soportar este peso... si no voy al cielo por cualquier otra cosa, iré por toda la publicidad que me rodea, porque con ella me he sacrificado y purificado, y me ha preparado para el paraíso (Madre Teresa de Calcuta).

 

 

 

Día 9

Sábado semana XXXI del tiempo ordinario o 9 de noviembre,

Dedicación de la basílica de Letrán  

La basílica del Santísimo Salvador y de San Juan fue fundada por el papa Melquíades (311 -314) sobre la colina romana de Letrán, en un terreno cedido para tal fin por el emperador Constantino. Desde el siglo XII se viene celebrando el aniversario de su dedicación con una fiesta litúrgica, primero sólo en Roma y después en todas las Iglesias de rito romano, por ser considerada la "iglesia madre de todas las iglesias de la urbe y del orbe".

 

LECTIO.

Primera lectura: 1 Cor 3, 9c-11. 16-17

9 ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios.

10 Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. !Mire cada cual cómo construye!

11 Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.

16 No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

17 Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario.

             

           Este texto se inserta en el marco de uno de los mayores males que aflige a la comunidad de Coritio: es una comunidad dividida, de ahí su advertencia clara: “mire cada uno cómo construye”. Se trata de ver si se construye para el bien propio o para el bien del conjunto. Si lo que interesa es el bien personal, o de mi grupo, o de mi congregación, o de mi movimiento particular, y no el bien del conjunto, la amenaza de desplome del edifico es real.

           La metáfora del “templo” la ha usado Pablo con frecuencia. La comunidad alberga a Dios y a su Espíritu cuando se construye con las premisas del Evangelio que no son otras sino la entrega, la generosidad, el desprendimiento y, en definitiva, el amor. Un templo sin amor no es el templo de Dios; una comunidad sin Espíritu de entrega mutua no es la comunidad de Jesús.

           Pablo advierte contra la “destrucción” de este templo que no es obra de una demolición de un edificio, sino del socavamiento de las relaciones comunitarias, de las relaciones sociales que, según el Evangelio, habrían de ser fraternas y humanizadoras. Por eso mismo las envidias, los medres a costa de otro, las divisiones, las postergaciones, cualquier opresión son maneras de destruir el templo de la comunidad creyente. Es preciso estar siempre atentos al bien del conjunto, pasando del horizonte de unos al horizonte de todos.

 

Salmo Responsorial

Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9



2 Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
3 Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

R/. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,

el Altísimo consagra su morada.



5 Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
6 Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

R/. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,

el Altísimo consagra su morada.



8 El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
9 Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra

R/. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,

el Altísimo consagra su morada.





Evangelio: Juan 2, 13-22

13 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

14 Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.

15 Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas;

16 y dijo a los que vendían palomas: "Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado."

17 Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: " El celo por tu Casa me devorará. "

18 Los judíos entonces le replicaron diciéndole: "Qué señal nos muestras para obrar así?"

19 Jesús les respondió: "Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré."

20 Los judíos le contestaron: "Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, y tú lo vas a levantar en tres días?"

21 Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo.

22 Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.

              

           Jesús amaba el templo porque era la casa de su Padre. Sin embargo, ese lugar, que estaba destinado al encuentro con Dios, se hallaba repleto de vendedores y cambistas. Lo que sucedía es que la gente iba a comprar los animales que se destinaban a los sacrificios y no podían usar las monedas que tenían figuras de los emperadores, por eso, era necesario cambiarlas por otras, pero todo lo realizaban en el templo. Lo anterior lo podemos trasladar a nuestra vida: Jesús nos ama profundamente, quiere encontrarse con nosotros en el templo de nuestra alma, pero para ello, necesitamos darle su espacio y su tiempo. Quizá haya en nuestra vida muchas cosas que ocupan el lugar que deberíamos darle a Dios. Puede ser que haya en el atrio de nuestro corazón poco silencio para la oración y se den algunas idolatrías. Hemos dejado entrar en nuestra vida algún tipo de codicia buscando el provecho propio, en lugar de la caridad? Estamos dispuestos a dejar que Jesús eche fuera de nosotros todo lo que es contrario a Él?

 

MEDITATIO

La liturgia renovada subraya de un modo más claro el significado de la Iglesia-edificio como signo visible del único verdadero templo que es el cuerpo personal de Cristo y su cuerpo místico, esto es, la Iglesia esposa y madre, la cual celebra en un determinado lugar el culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23; Hch 2,46ss). Por encima de la sacralización del espíritu material, se nos estimula a captar en el Cristo hombre-Dios la verdadera sacralidad que de él se comunica a todo el pueblo santo y sacerdotal, bautizado y confirmado en el Espíritu, unido en la única oblación al sumo y eterno sacerdote (Heb 10,14). [...]

La casa del pueblo de Dios, en lo que se refiere a la estructura, el decoro y la funcionalidad, es algo que deben tomarse muy a pecho todos los creyentes, pues en ella renacen a la vida divina y en ella serán bendecidos para su último éxodo pascual hacia la patria. Es la casa de todos y como tal debe ser cuidada y custodiada con amor; también en su aspecto exterior, que es signo de nuestra pureza interior (Conferencia Episcopal Italiana, Rito della dedicazione di una chiesa, Indicazioni pastorali, Roma 1981, 12-14).

 

ORATIO

De la oración de la dedicación de una iglesia:

Oh Dios, que diriges y santificas a tu Iglesia, acoge nuestro canto en este día de fiesta. Este lugar es signo del misterio de la Iglesia santificada por la sangre de Cristo, escogida por él como esposa, virgen por la integridad de la fe, madre siempre fecunda por el poder del Espíritu. Iglesia santa, viña elegida del Señor; Iglesia bienaventurada, morada de Dios entre los hombres; Iglesia sublime, ciudad elevada sobre el monte, clara a todos por su fulgor, donde resplandece como lámpara perenne el Cordero y donde se eleva festivo el coro de los bienaventurados. Ahora, oh Padre, envuelve de tu santidad esta Iglesia, a fin de que sea un lugar santo para todos.

 

CONTEMPLATIO

El pavimento

Aquí tocan nuestros pies la tierra sobre la que se levantan tantas paredes y columnas... Si no te pierdes entre ellas, sino que vas encontrando unidad y significado, es porque el Pavimento te guía. Él unifica no sólo los espacios de una estructura renacentista, sino también los espacios dentro de nosotros, que caminamos así conscientes de nuestras debilidades y derrotas.

Eres tú, Pedro. Quieres ser aquí el pavimento sobre el que caminan los otros (que avanzan ignorando la meta) para llegar al lugar a donde diriges sus pasos unificando los espacios con la mirada que facilita el pensamiento. Quieres ser aquel que sostiene los pasos, como la roca sostiene el ruido del paso de un rebaño: roca también del pavimento de un templo gigantesco. Y el pasto es la cruz.

 

ACTIO

Repite y medita a menudo durante el día de hoy la enseñanza de san Pablo: "El templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros" (1 Cor 3,17).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El misterio de la Iglesia se remonta más allá de la historia. Son muchos los textos que hablan de ello: "Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia [...], misterioso plan, escondido desde el principio de los siglos en Dios" (Ef 1,4y 3,9). Su preexistencia en la sabiduría de Dios indica la naturaleza metahistórica de la Iglesia. Las formas de la vida social son contingentes, pueden existir o no en función de la evolución histórica, pero la Iglesia no depende de la historia; la Iglesia irrumpe en el mundo precisamente porque su génesis está en otro lugar. La Iglesia, "escondida desde toda la eternidad" en Dios, preiniciada en el paraíso, prefigurada en Israel, desciende del cielo en las lenguas de fuego, entra en la historia en Jerusalén, el día de Pentecostés. Es la manifestación gradual de lo que está escondido y se dirige hacia la "plenitud del que llena totalmente el universo" (Ef 1,23). Todas las criaturas en la tierra,  bajo la tierra y en los cielos doblan la rodilla y convergen en la plenitud del Cristo total (P. Evdokimov, L'Orfodossia, Bolonia 1981, pp. 176ss [edición española: Ortodoxia, Edicions 62-Península, Barcelona, s.f.]).

 

 

 

Día 10

domingo XXXII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 1 Reyes 17,10-16

En aquellos días,

10 Elías se levantó y se fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad, vio a una viuda recogiendo leña. La llamó y le dijo: -Por favor, tráeme un vaso de agua para beber.

11 Cuando ella iba por el agua, Elías le gritó: -Tráeme también un poco de pan.

12 Ella le dijo: -!Vive el Señor, tu Dios, que no tengo una sola hogaza; sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la orza! Precisamente estaba recogiendo estos palos para preparar algo para mi hijo y para mí; lo comeremos y luego moriremos.

13 Elías le dijo: -No temas; vete a casa y haz lo que has dicho, pero antes hazme a mí una hogaza pequeña y tráemela. Para ti y para tu hijo la harás después.

14 Porque así dice el Señor, Dios de Israel: No faltará harina en la tinaja ni aceite en la orza hasta el día en que el Señor haga caer la lluvia sobre la tierra.

15 Ella fue e hizo lo que le había dicho Elías, y tuvieron comida para él, para ella y para toda su familia durante mucho tiempo.

16 No faltó harina en la tinaja ni aceite en la orza, según la palabra que el Señor pronunció por medio de Elías.

 

        *" Este episodio manifiesta la eficacia de la fe en la Palabra de Dios. Es la Palabra la que empuja al profeta Elías, perseguido por la reina Jezabel, a refugiarse en la tierra de origen de su enemiga: el Señor ha predispuesto, en efecto, que otra mujer fenicia, viuda y paupérrima, sea para Elías instrumento de salvación en el tiempo de carestía (vv. 8ss). A la petición de alimento por parte del profeta le responde la mujer declarando su propia indigencia: le queda sólo el sustento de un día para ella y para su hijo; sin embargo, fiándose de Elías, que le predice una intervención prodigiosa del Señor, es capaz de renunciar a lo que le aseguraría la supervivencia para ese día. La fe de la viuda se hace caridad generosa y se vuelve para ella verdadera riqueza: en la experiencia cotidiana del milagro puede constatar que verdaderamente "el Señor protege [...] al huérfano y a la viuda" (Sal 146,9) y que quien confía en él no queda decepcionado (1 Re 17,15ss). Precisamente mientras los israelitas se dejan descarriar por los cultos paganos introducidos por Jezabel y no escuchan ya la Palabra de YHWH, triunfa la fe auténtica en la humilde caridad de una extranjera que no vacila en privarse de lo necesario para obedecer a la Palabra que Elías le comunica. Ofrece el alimento de un día al hombre de Dios y recibe de la mano del Señor el alimento para la vida del cuerpo y del espíritu.



Salmo responsorial
Alaba, alma mía, al Señor

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10

Que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Segunda lectura: Hebreos 9,24-28

24 Cristo no entró en un santuario construido por hombres -que no pasa de ser simple imagen del verdadero-, sino en el cielo mismo, a fin de presentarse ahora ante Dios para interceder por nosotros.

25 Tampoco tuvo que ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote, que entra en el santuario una vez al año con sangre ajena.

26 De lo contrario, debería haber padecido muchas veces desde la creación del mundo, siendo así que le bastó con manifestarse una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para destruir el pecado con su sacrificio.

27 Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, después de lo cual vendrá el juicio,

28 así también Cristo se ofreció una sola vez para tomar sobre sí los pecados de la multitud, y por segunda vez aparecerá, ya sin relación con el pecado, para dar la salvación a los que le esperan.

 

        **• La descripción de algunos detalles del culto judío en el capítulo 9 pone de manifiesto la superioridad de la nueva alianza, cuyo único sacerdote (vv. llss), mediador (v. 15) y víctima (v. 28) es Cristo. En esta perícopa subyace, en particular, la comparación con el ritual del gran "día de la expiación". Una vez al año, en electo, entraba el sumo sacerdote, él solo, en el santo de los santos para expiar los pecados del pueblo mediante la aspersión del arca de la alianza con la sangre de animales sacrificados; sin embargo, Cristo "en la plenitud de los tiempos" dio cumplimiento a los ritos antiguos, que eran sólo una figura del sacrificio perfecto: entró en el verdadero santuario, en la dimensión trascendente ("cielo") de Dios, "una sola vez", ofreciéndose a sí mismo "para tomar sobre sí los pecados de la multitud", como el siervo de YHWH profetizado por Isaías (53,12). El don de su amor es tan sobreabundante que el pecado no sólo queda perdonado, sino "destruido" (v. 26): por eso el hombre es hecho de nuevo, queda libre, está salvado.

        Esta ofrenda sacrificial, sin embargo, no nos priva de la presencia de Cristo: siempre vivo "para interceder" en nuestro favor (7,25), él se manifestará una vez más en la historia. Y no será ya para liberar a la humanidad del pecado -dado que su sacrificio tiene un valor perenne (v. 28)-, sino para conducirla a su desenlace definitivo, a un final que será de salvación y de gloria (2,10) para cuantos le esperen con vigilancia perseverante.

 

Evangelio: Marcos 12,38-44

En aquel tiempo,

38 decía Jesús a la gente mientras enseñaba: -Tened cuidado con los maestros de la Ley, a quienes les gusta pasearse lujosamente vestidos y ser saludados por la calle.

39 Buscan los puestos de honor en las sinagogas y los primeros lugares en los banquetes.

40 Estos, que devoran los bienes de las viudas con el pretexto de largas oraciones, tendrán un juicio muy riguroso.

41 Jesús estaba sentado frente al lugar de las ofrendas y observaba cómo la gente iba echando dinero en el cofre. Muchos ricos depositaban en cantidad.

42 Pero llegó una viuda pobre que echó dos monedas de muy poco valor.

43 Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo: -Os aseguro que esa viuda pobre ha echado en el cofre más que todos los demás.

44 Pues todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir.

 

        **• Jesús ofrece los criterios para distinguir entre los verdaderos y los falsos maestros en la enseñanza que dispensa en el templo. Tras largas discusiones con maestros de la Ley, sacerdotes y jefes del pueblo (capítulos 11 y 12), censura su comportamiento, movido por la vanagloria (vv. 38ss), por la avidez sin escrúpulos y por la ostentación de una piedad puramente exterior (v. 40).

        Jesús es capaz de captar la verdad de la persona más allá de las apariencias, observando la conducta de cada uno en la vida diaria. Por eso, cuando encuentra un verdadero maestro, lo pone como ejemplo a sus discípulos: se trata de una pobre viuda que se acerca al cofre del tesoro del templo para echar una suma irrisoria -las dos moneditas de la viuda equivalían a la octava parte de la ración que se distribuía a diario a los pobres de Roma-; sin embargo, esta ofrenda representa para la viuda "todo lo que tenía para vivir" (v. 44). La humilde mujer ha echado, por tanto, su vida en el tesoro del templo, porque ha encontrado en Dios su sostén para hoy y para el día de mañana, para este tiempo y para la eternidad. Esta "verdadera maestra", más rica que los acomodados que echan muchas monedas como ofrenda, puede enseñar sin presunción el camino de la fe, un camino que pasa a través del abandono confiado en las manos de Dios.

 

MEDITATIO

        La palabra que hemos escuchado nos invita a reflexionar sobre la fe. Ésta consiste, simplemente, en creer que Dios es Dios y en fiarse por eso de él, abandonarse en sus manos, darle por completo a nosotros mismos sin cálculos ni preocupaciones por el mañana. Esta "oblatividad" es desconsiderada y loca -o al menos imprudente- para quien afirma que está bien creer, sí, pero "con los pies en la tierra", sin dejar de lado una humana prudencia; sin embargo, esta fe la encontramos a menudo precisamente en quienes no tienen ninguna seguridad para hacer frente al hoy ni al mañana.

        Estas dos viudas tan pobres presentadas en la Sagrada Escritura nos enseñan a no tener miedo de ofrecer a Dios todo lo que tenemos y somos, nos invitan a consagrarle nuestra vida: si hacemos que llegue a ser "suyo" lo que es nuestro, será después tarea suya la preocupación por ello. Mi familia, mi trabajo, mis pocos o muchos recursos de todo tipo pueden ser sometidos a la lógica de la fe y ser confiados y entregados por completo al Señor. No se trata de una elección de despreocupación ni del sentimiento de un instante; al contrario, se convierte en el compromiso cotidiano de administrar como nuestros -y, por consiguiente, con un corazón conforme al nuestro los que eran "nuestros" bienes: afectos, ocupaciones, dotes. La palabra es hoy casi un desafío: probemos a echar con fe nuestra vida en el tesoro de la comunión de los santos, día tras día. El Señor dispondrá de ella para bien de cada uno de sus hijos, y dispondrá un mayor beneficio también para nosotros. Podemos darle, sobre todo, lo que tenemos como más "nuestro": la pobreza existencial, el pecado. Esto es lo que ha venido a buscar en la humanidad, para tomarlo sobre sí y transformarlo en sacrificio de amor.

        Si somos capaces de poner en sus manos también nuestra miseria, sentiremos la alegría de vivir de él, por él, en él.

 

ORATIO

        Señor Jesús, que de rico como eras te hiciste pobre para enriquecernos con tu pobreza, aumenta nuestra fe.  Es siempre muy poco lo que tenemos que ofrecerte, pero ayúdanos tú a entregarlo sin vacilación en tus manos. Tú eres el tesoro del Padre y el tesoro de la humanidad: en ti está depositada la plenitud de la divinidad; sin embargo, sigues esperando aún de nosotros el óbolo de lo que somos, hasta nuestro mismo pecado. Creemos que puedes transformar nuestra miseria en bienaventuranza para muchos, pero tienes que enseñarnos la generosidad y el abandono confiado de los pobres en el espíritu.

        Queremos aceptar el desafío de tu Palabra y darte todo, hasta lo que necesitamos para hoy y para el día de mañana: tú mismo eres desde ahora la Vida para nosotros.

 

CONTEMPLATIO

        Es grande el que toma de lo poco de que dispone, puesto que en la balanza de la justicia divina no se pesa la cantidad de los dones, sino el peso de los corazones.

        La viuda del evangelio depositó en el tesoro del templo dos moneditas y superó los dones de todos los ricos.

        Ningún gesto de bondad queda privado de sentido ante Dios, ninguna misericordia queda sin fruto. Son diversas, a buen seguro, las posibilidades que él ha dado a los hombres, pero no son diferentes los sentimientos que reclama de ellos. Valore cada uno con diligencia la entidad de sus propios recursos, y que los que más han recibido den más (León Magno, Sermón sobre el ayuno, 90,3).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es él Reino de los Cielos" (Mt 5,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Dios es absolutamente más rico que nadie, porque es absolutamente el más pobre. No tiene nunca nada para sí, sino siempre para el otro. El Padre para el Hijo, el Hijo para el Padre, el Padre y el Hijo para el Espíritu Santo común. Pero tampoco el Espíritu tiene nada para sí, sino todo para el Padre y para el Hijo. Esto no es tampoco un egoísmo a dos o a tres, puesto que en Dios cada uno piensa verdaderamente sólo en el otro y quiere enriquecer al otro. Y toda la riqueza de Dios consiste en este darse y recibir el Tú.

        La pobre viuda, que ha dado todos sus haberes, está muy cerca de este Dios. Acaso no se puede decir que Dios ha echado todos sus haberes en el cepillo de las ofrendas del mundo, cuando nos dio a aquel hombre sin apariencia, escondido, apenas localizable en la historia del mundo, llamado Jesús de Nazaret?

        No se puede decir que en este casi nada nos ha entregado Dios más que con el rico y gigantesco universo, puesto que así nos ofreció "todo lo que necesitaba para vivir", a fin de que nosotros, aunque él muriera, pudiéramos vivir de su vida eterna? (H. U. von Balthasar, Tu coroni l'anno con la tua grazia, Milán 1990, p. 177 [edición española: Tú coronas el año con tu gracia, Encuentro, Madrid 1997]).

 

 

 

Día 11

Lunes semana XXXII del tiempo ordinario o 11 de noviembre,

San Martín de Tours  

Martín, nacido en Panonia (Hungría) en el año 316, fue destinado por su padre a la carrera militar. Siendo todavía catecúmeno, dio pruebas de coherencia cristiana y de amor a los pobres. Dejó las armas, bajo la guía de san Hilario de Poitiers, y se consagró a Dios profesando la vida monástica. Llevó, primero, una vida eremítica; más tarde, por consejo del mismo Hilario, fundó en Ligugé el primer monasterio de Occidente. En el año 373 fue elegido obispo de Tours, y hasta su muerte, acaecida el 397, se consagró con una solicitud incansable a la formación del clero, a la pacificación de los pueblos y a la evangelización. Fue uno de los primeros santos no mártires en ser honrado en la liturgia de la Iglesia.

 

LECTIO

Primera lectura: Tito 1,1-9

1 Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo para hacer que los elegidos de Dios lleguen a la fe y al conocimiento de la verdad que se manifiesta en una vida religiosa,

2 con la esperanza puesta en la vida eterna. Dios, que no miente, había prometido esta vida eterna antes de que el tiempo existiera,

3 y a su debido tiempo ha manifestado su Palabra a través de la predicación que me ha sido confiada por orden de Dios, nuestro Salvador.

4 A Tito, mi verdadero hijo en nuestra fe común, gracia y paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo, nuestro Salvador.

5 Te he dejado en Creta para que acabes de organizarlo todo y establezcas presbíteros en cada ciudad, siguiendo las instrucciones que te di:

6 que sean irreprochables, que se hayan casado una sola vez, que sus hijos sean fieles y no puedan ser tachados de mala conducta o de insubordinación.

7 Es preciso que el obispo sea irreprochable, como administrador que es de la casa de Dios; que no sea soberbio, ni iracundo, ni dado al vino, ni violento, ni codicioso,

8 sino hospitalario, amigo del bien, prudente, justo, piadoso, dueño de sí mismo,

9 firmemente adherido a la Palabra tal y como ha sido enseñada, para que sea capaz de exhortar según la sana doctrina y refutar a quienes la contradicen.

 

*+• Esta carta de Pablo ha sido calificada de "pastoral" precisamente por sus contenidos. El apóstol se dirige, en efecto, a uno de sus más queridos colaboradores en el momento en el que le confía el cuidado de una comunidad cristiana que está iniciando un camino de conversión y de plena adhesión al Evangelio. Pero las recomendaciones que hace Pablo a su discípulo Tito se fundamentan siempre en el acontecimiento de Jesús muerto y resucitado, en "la verdad que se manifiesta en una vida religiosa" (v. 1) y en "la esperanza puesta en la vida eterna" (v. 2).

La tarea del discípulo consistirá en educar a los creyentes para que se enamoren de la verdad revelada y predicada y, de este modo, consoliden sus vínculos de amor y de fe en la misma comunidad y, en última instancia, con Cristo, el Señor. Así se concreta la administración que Dios confía a sus siervos: el servicio de la Palabra, la predicación apostólica -está bien explicitarlo con letras bien grandes-, constituye el primer y fundamental servicio a la comunidad.

Se puede afirmar con toda justicia que "en el principio era la predicación", en el sentido de que sin el servicio y la escucha de la Palabra no nace ninguna comunidad cristiana. Ciertamente, el responsable de una comunidad debe tener cualidades excepcionales: su estilo de vida, su modo de actuar, el ejemplo que ha de ser capaz de dar en términos de fidelidad a la doctrina y de generosidad en el servicio son elementos indispensables para el bienestar de la comunidad. No es casualidad que Pablo insista asimismo en este aspecto, precisamente porque está convencido de que, para permanecer fieles al ideal recibido, es necesario el concurso del obispo y de sus fieles, del pastor y de su grey, de quien predica y de quien escucha: todos a la escucha y sometidos a la doctrina-verdad confiada por Dios en las Sagradas Escrituras, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.

 

Salmo Responsorial

Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. 

R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. 

R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. 

R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor





Evangelio: Lucas 17,1-6

En aquel tiempo,

1 Jesús dijo a sus discípulos: -Es inevitable que haya ocasiones de pecado, pero !ay de quien las provoque!

2 Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo tiraran al mar, antes que ser ocasión de pecado para uno de estos pequeños.

3 !Estad atentos! Si tu hermano llega a pecar, repréndelo, pero, si se arrepiente, perdónalo.

4 Y si peca contra ti siete veces al día y otras siete viene a decirte: "Me arrepiento", perdónalo.

5 Los apóstoles dijeron al Señor: -Auméntanos la fe.

6 Y el Señor dijo: -Si tuvierais fe, aunque sólo fuera como un grano de mostaza, diríais a esta morera: "Arráncate y trasplántate al mar", y os obedecería.

 

**• El fragmento evangélico de hoy se vertebra en torno a tres temas: el escándalo, el perdón y la fe. La enseñanza de Jesús, recogida por el evangelista Lucas, se vertebra por ello en tres momentos que, sin embargo, requieren ser considerados de manera unitaria.

La primera actitud fundamental que caracteriza la vida del verdadero discípulo consiste en no provocar nunca que alguien se aleje del camino que ha emprendido, a causa de una opción suya individualista y egocéntrica.

Se trata del escándalo evangélico contra el que Jesús lanza uno de sus más terribles "ayes". El Señor no puede soportar la actitud de quienes, en virtud de algunas de sus opciones, no sólo ponen en peligro su propia salvación, sino que acaban comprometiendo también la de otros, sobre todo de los más "pequeños" v. 2). No sólo es preciso evitar el escándalo, sino que es indispensable perdonar a todos, siempre, a cualquier precio (w. 3b-4). Sabemos bien que el perdón es signo del verdadero amor. Tenemos una clara demostración en el modo en que Dios nos manifiesta su amor. También Jesús, que es la encarnación histórica del amor del Padre, ofreció en su vida terrena el perdón a todos los que lo necesitaban.

Como culminación de su enseñanza, Jesús hace el elogio de la fe. Ésta, aunque sea pequeña, puede expresar su maravillosa y misteriosa energía incluso de modo milagroso. Los apóstoles le piden que les aumente la fe, y Jesús les responde declarando la extraordinaria eficacia de la misma cuando es genuina y auténtica (v. 6).

 

MEDITATIO

Martín es verdaderamente hijo bendito del Padre, y es venerado en todas partes. Colmado del Espíritu del Señor, amó a los hermanos con el corazón de Cristo. Por eso fue capaz de dar sin medida, con una caridad intuitiva y preveniente, todo lo que había recibido, y antes que nada la vida de gracia.

Como monje, deseó entregarse enteramente a la oración; como obispo, se prodigó en el servicio a los enfermos y a los pobres, que le esperaban en el umbral de la iglesia para obtener de él la curación y recibir limosnas; y una vez llegó incluso a darles su capa, cuando acababa de ponerse las vestiduras litúrgicas. El alegre anuncio le llegó cuando prestaba el servicio militar: desde entonces, toda su vida se convirtió en una milicia por el Evangelio. Se mostró infatigable a la hora de llevar alegría a los afligidos, en conducir a los contendientes al perdón y a la paz, en señalar con su ejemplo la meta a la que todo hombre tiende: el Cielo, el Reino de Dios.

 

ORATIO

Haz, Señor, que, como san Martín, nadie pueda vernos nunca en cólera, que nadie nos encuentre turbados o desconsolados; enséñanos a estar constantemente serenos y pacificados, de modo que nuestro rostro se muestre siempre radiante, con una alegría, por así decirlo, celestial. Que no se encuentre en nuestros labios a nadie, sino a Cristo; ninguna otra cosa en nuestro corazón, sino el amor, la paz, la misericordia. Concédenos mantener en nosotros la calma en las dificultades e incluso llorar los pecados de quienes nos persiguen (cf Sulpicio Severo, Vita di san Martirio [existe edición española de sus Obras completas, Tecnos, Madrid 1987).

 

CONTEMPLATIO

Los méritos de Martín son demasiado grandes para que podamos formularlos con palabras. Nunca pasó un solo instante en el que no se entregara a la oración o no se aplicara a la lectura de las Sagradas Escrituras, y ni en la lectura ni en cualquier otra cosa que hiciera disminuía la intensidad de la oración en su alma. Nada hay de extraordinario en ello: del mismo modo que acostumbran los herreros, que en el intervalo de su trabajo, para aliviarse un poco de la fatiga, golpean el yunque, así Martín, incluso cuando parecía hacer cualquier otra cosa, oraba sin pausa. Oh varón verdaderamente santo, en el que no hubo fraude; a nadie juzgaba, a nadie condenaba, a nadie devolvía mal por mal. Mostró tanta paciencia en la defensa de las criaturas que hasta podía ser ultrajado impunemente hasta por los últimos clérigos, siendo él el sumo sacerdote, sin que por ello les retirara su afecto (Sulpicio Severo, Vita di san Martino XXVI, 3-5 [existe edición española de sus Obras completas, Tecnos, Madrid 1987).

 

ACTIO

Repite hoy la frase que pronunció san Martín cuando se le acercaba la muerte: "Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo; hágase tu voluntad" ("Carta a Bassula", 6).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Si alguna vida de santo ha influido en la historia de las mentalidades es la de san Martín. Este personaje de ayer tiene la sorprendente capacidad de plantear las preguntas de siempre según el modo de pensar evangélico. Martín fue un perenne emigrante, como tanta gente de nuestros días, y lo fue, esencialmente, por razones "profesionales", antes de serlo por motivos religiosos. Esta impresionante migración en la larga vida de este hombre no fue nunca en él origen de ninguna desestabilización: sus raíces se encuentran claramente fuera de la tierra de los hombres. Por eso, en los lugares por donde se movió o vivió, dio siempre la impresión de estar de paso, de modo semejante a los patriarcas, que iban en busca de una patria.

Martín lo hacía todo guiado por el Espíritu Santo. La calidad de una vida espiritual se mide por los frutos de la gracia y, especialmente, por la práctica de la caridad con humildad. Las características de su vida mística son las de un hombre resuelto, con la voluntad de un soldado, la fe de un niño, la obediencia de un monje, el ardor de un misionero y la seguridad de un sabio.

Martín es, de manera incontestable, un santo para nuestro tiempo: frente al desarraigo, nos anima a echar nuestras raíces en otra tierra, la de Dios. Ya siendo un catecúmeno muy !oven, orientaba a todos los que se preparaban para el bautismo, para el sacramento de la confirmación y para su primera comunión eucarística, en la búsqueda de su propia vocación. Como hombre que compartía y hombre de caridad, despertó la responsabilidad de cada uno frente a todo tipo de rechazo del pobre y del enfermo. Como monje antes que nada, permitió mirar la vida religiosa con ojos nuevos. Como obispo, invitó a encontrar al hombre en su integridad, a destruir los ídolos que lo mantienen esclavo para devolverlo a la vida. Como místico, es un guía segurísimo que conduce a Dios, siempre a la escucha del Verbo bajo la inspiración del Espíritu (J.-P. Longeat, "Saint-Martín hier et au!ourd'hui", en Lettre de Ligugé, 1996).

 

Día 12

Martes semana XXXII del tiempo ordinario,

san Josafat

 

LECTIO

Primera lectura: Tito 2,1-8.11-14

Querido:

1 Tú, por tu parte, enseña según la sana doctrina.

2 Que los ancianos sean sobrios, juiciosos y prudentes; que vivan plenamente la fe, el amor, y la paciencia.

3 De igual modo, que las ancianas observen una conducta digna de personas santas, que no sean calumniadoras, ni dadas al vino, sino buenas consejeras; 4 de este modo enseñarán a las jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos,

5 a ser prudentes, castas, mujeres de su casa, buenas y respetuosas con sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea denigrada.

6 Asimismo, exhorta a los jóvenes a ser prudentes en todo,

7 dando tú mismo ejemplo de una buena conducta. Sé íntegro en la enseñanza, ten buen juicio,

8 que tu palabra sea sana e irreprensible. De este modo, nuestros adversarios quedarán en evidencia y no podrán decir nada malo de nosotros.

11 Porque se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.

12 Ella nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad,

13 aguardando la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,

14 el cual se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de que seamos su pueblo escogido, siempre deseoso de practicar el bien.

 

**• El destinatario de esta carta de Pablo es el responsable de la comunidad cristiana de Creta, pero los temas que desarrolla Pablo interesan a toda la comunidad.

Para que el mensaje del Señor resucitado pueda atravesar los confines de la comunidad creyente necesita del testimonio de todos. Sin esta colaboración de la comunidad, el Evangelio corre el riesgo de permanecer inerme e ineficaz. En el seno de la comunidad viven diferentes categorías de personas: Pablo tiene un consejo, una indicación para la marcha, una palabra de aliento, para cada una de ellas.

En primer lugar, el apóstol recomienda a los ancianos y a las ancianas sobriedad, un estilo de vida digno, perseverancia en la fe recibida, generosidad en el amor fraterno (w. 2ss). De este modo se convertirán en modelo para los jóvenes y para sus familias, precisamente por su fidelidad a la palabra dada y a los compromisos asumidos (w. 4ss). La Palabra de Dios podrá hacer su recorrido en el mundo gracias también a su colaboración.

A los jóvenes les dirige Pablo palabras extremadamente comprometedoras, pero, al mismo tiempo, ricas de luz y de gracia (w. 6-8): también ellos están invitados a dar buen ejemplo a la gente de su edad por medio de una "buena conducta", de un gran respeto recíproco y de una palabra sana e irreprensible. Pablo les recuerda que el enemigo número uno, el principal "adversario" que deben derrotar, es siempre Satanás.

La última parte de la lectura nos ofrece la motivación teológica tanto de ésta como de cualquier otra actitud o programa de vida ("se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres. Ella nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad": w. 11-12): del acontecimiento salvífico de Cristo Jesús, esto es, de su misterio de vida, muerte y resurrección, deriva para todos nosotros un programa de vida evangélica.



 Salmo Responsorial

El Señor es quien salva a los justos

Salmo 36,3-4.18.23.27.29

R/.
 El Señor es quien salva a los justos

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. 

R/. El Señor es quien salva a los justos

El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos. 

R/. El Señor es quien salva a los justos

Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás. 

R/. El Señor es quien salva a los justos





Evangelio: Lucas 17,7-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:

7 Quién de vosotros, que tenga un criado arando o pastoreando, le dice cuando llega del campo: "Ven, siéntate a la mesa"?

8 No le dirá más bien: "Prepárame la cena y sírveme mientras como y bebo, y luego comerás y beberás tú"?

9 Tendrá quizás que agradecer al siervo que haya hecho lo que se le había mandado?

10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho lo que se os mande, decid: "Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que teníamos que hacer".

 

**• Nos encontramos frente a un pasaje típicamente lucano. Jesús está hablando todavía a los apóstoles y, mediante la parábola del siervo (sería más exacto decir "esclavo"), después de haber hablado de la fe, les presenta la necesidad de "hacerse siervos" (una vez más, sería más exacto decir "esclavos") de todos. Jesús remacha el concepto según el cual, en la lógica del Reino, lo que cuenta no es tanto lo que se hace como la intención, el estilo y el método con que se obra. Jesús no quiere recomendar una humildad genérica ni, menos aún, "interesada"; le interesa, más bien, lo que sus apóstoles piensan y pretenden hacer cuando se ponen a su servicio y al de su causa. Dios no tiene necesidad de nosotros ni de nuestras ayudas, pero desea tener colaboradores que estén en plena sintonía con su proyecto de salvación, que -aquí y ahora- se personifica en Jesús de Nazaret. "Esclavos inútiles" (v. 10) o bien ordinarios, simples, etc. Hay incluso quien traduce el adjetivo griego "inútil" con la expresión non profit: una traducción que, desde cierto punto de vista, nos ayuda a captar la identidad del esclavo evangélico. Ahora bien, lo que Jesús quiere enseñar, es decir, fijar en el corazón de sus discípulos, es la actitud que él hará suya la víspera de su pasión: arremangarse la ropa, servir a los hermanos y, al final, considerarse y declararse con toda sinceridad "esclavos inútiles" (cf. Le 22,24-27; Jn 13,1-17). Hay algo paradójico en esta enseñanza de Jesús: sus palabras son duras; sin embargo, expresan lo más genuino que hay en el Evangelio.

 

MEDITATIO

El tema del servicio, como es obvio, corresponde a los apóstoles, pero en última instancia se dirige a todo cristiano. El Concilio Vaticano II ha restituido a todos el deber concreto de hacerse siervos en la Iglesia y en el mundo para bien de los hermanos. Se trata de una tarea que deriva de la gracia del bautismo, que hace nacer en cada uno de nosotros el derecho-deber de interesarnos por el bienestar de los hermanos, en virtud de la gracia que hemos recibido.

Lo que dice Jesús a los apóstoles lo atribuye Lucas también a María de Nazaret. En efecto, en el relato del anuncio en el que el ángel le abre a María la perspectiva de una extraordinaria maternidad, le responde ésta: "Aguí está la esclava del Señor" (Le 1,38). Un poco más adelante, en su gran oración de alabanza y de agradecimiento, exclama María: "Ha mirado la humildad de su sürva [literalmente, "esclava"]" (Lc 1,48). También Pablo, en la Carta a los Filipenses, dice de Cristo: "Tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo [literalmente, "se rebajó a sí mismo"]" (2,7b.8): nos encontramos constantemente frente a las mismas expresiones, que no por casualidad aparecen en los escritos de Pablo y de Lucas, su discípulo.

La actualidad de este mensaje no necesita ulteriores precisiones: hoy, en efecto, no es raro ver a personas que quieren ser útiles a los demás, sin considerarse, no obstante, "inútiles" ante Dios. Sucede que con bastante frecuencia encontramos a personas que desean servir a los demás, pero tal vez les falta la voluntad de adoptar este método evangélico del servicio a los otros empapado de verdadera caridad, de absoluta gratuidad y de profunda humildad.

 

ORATIO

Señor, he intentado construir una comunión basada en la rectitud, porque tenía hambre de una rectitud consumada en comunión, pero he oído que me decían: "!Siervo inútil!".

Señor, he obrado con valor y con la parte más transparente de mí mismo, sin buscar componendas, pero las consecuencias han atemorizado a quienes no ven todo lo irredento que hay en su poder. Y de la muchedumbre ha salido el grito: "!Siervo inútil!".

Señor, tengo muchos deseos de oír que hay necesidad de mí, porque la vida no me ha reclamado todavía todo, pero me encuentro abandonado y solo: "!Siervo inútil!". Y tú me dices: "Ten fe, has hecho lo que debías".

 

CONTEMPLATIO

Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre (Tit 2,11). Gracias sean dadas a Dios, que ha hecho abundar en nosotros el consuelo en medio de esta peregrinación, de este destierro, de esta miseria. Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba también oculta, aunque ésta ya existía, pues la misericordia del Señor es eterna. Pero cómo, a pesar de ser tan inmensa, iba a poder ser reconocida? Estaba prometida, pero no se la alcanzaba a ver, por lo que muchos no creían en ella.

Efectivamente, en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios por los profetas (Heb 1,1). Y decía: Yo tengo designios de paz y no de aflicción. Pero qué podía responder el hombre que sólo experimentaba la aflicción e ignoraba la paz? Hasta cuándo vais a estar diciendo: "Paz, paz", y no hay paz? (Jr 29,11). A causa de lo cual los mensajeros de paz lloraban amargamente (Is 33,7), diciendo: Señor, quién creyó nuestro anuncio? (Is 53,1). Pero ahora los hombres tendrán que creer a sus propios ojos, ya que los testimonios de Dios se han vuelto absolutamente creíbles (Sal 92,1). Pues, para que ni una vista perturbada pueda dejar de verlo, puso su tienda al sol (Sal 18,6).

Pero de lo que se trata ahora no es de la promesa de la paz, sino de su envío; no de la dilatación de su entrega, sino d e su realidad; no de su anuncio profético, sino de su presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra u n saco lleno de su misericordia, un saco que habría de desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro precio, oculto en él; un saco pequeño, pero lleno, ya que un niño se nos ha dado (Is 9,5), pero en quien habita toda la plenitud de la divinidad (Col 2,9).

Ya que, cuando llegó la plenitud del tiempo, hizo también su aparición la plenitud de la divinidad. Vino en carne mortal para que, al presentarse así ante quienes eran carnales, en la aparición de su humanidad se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. De qué manera podía manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La mía, no la de Adán,es decir, no la que Adán tuvo antes del pecado.

Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? Qué hay más rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? Señor, qué es el hombre, para que te acuerdes de él; el ser humano, para darle poder? (Sal 8). Que deduzcan de aquí los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te preguntes tú, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino por lo que sufrió él.

Deduce, de todo lo que sufrió por ti, en cuánto te tasó, y así su bondad se te hará evidente por su humanidad. Cuanto más pequeño se hizo en su humanidad, tanto más grande se reveló en su bondad; y cuanto más se dejó envilecer por mí, tanto más querido me es ahora. Ha aparecido -dice el apóstol- la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre (Tit 2,11). Grandes y manifiestos son, sin duda, la bondad y el amor de Dios, y gran indicio de bondad reveló quien se preocupó de añadir a la humanidad el nombre de Dios (Bernardo de Claraval, Sermón 1 en la Epifanía del Señor, 1-2; PL 133, 141-143).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Se ha manifestado la gracia de Dios" (Tit 2,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La vida es una oportunidad, cógela.

La vida es belleza, admírala.

La vida es bienaventuranza, saboréala.

La vida es un sueño, conviértela en una realidad.

La vida es un desafío, afróntalo.

La vida es un deber, cúmplelo.

La vida es un juego, juégalo.

La vida es preciosa, cuídala.

La vida es una riqueza, consérvala

La vida es amor, gózalo.

La vida es un misterio, descúbrelo.

La vida es promesa, cúmplela.

La vida es tristeza, supérala.

La vida es un himno, cántalo.

La vida es una lucha, combátela.

La vida es una aventura, córrela.

La vida es felicidad, merécela.

La vida es la vida, defiéndela

(Madre Teresa de Calcuta).

 

Día 13

Miércoles semana XXXII del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Tito 3,1-7

Querido:

1 Recuerda a todos que sean sumisos al gobierno y a las autoridades; que les obedezcan y estén dispuestos a hacer el bien;

2 que no difamen a nadie, que sean pacíficos, afables y llenos de dulzura con todo el mundo.

3 Porque también nosotros fuimos en otro tiempo insensatos, rebeldes, descarriados, esclavos de toda clase de malas inclinaciones y placeres, llenos de maldad y de envidia; éramos aborrecidos y nos odiábamos unos a otros.

4 Pero ahora ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres.

5 El nos salvó no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia, por medio del bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo,

6 que derramó abundantemente sobre nosotros por Jesucristo, nuestro Salvador.

7 De este modo, salvados por su gracia, Dios nos hace herederos conforme a la esperanza que tenemos de heredar la vida eterna.

 

*" Por medio de Tito, Pablo hace llegar su enseñanza a todos los miembros de la comunidad cristiana. Su intención es colaborar con el responsable de aquella comunidad en la construcción de una Iglesia que sea verdaderamente digna de este nombre y capaz de dar testimonio del Evangelio.

En primer lugar, explícita la dimensión pública del ser cristiano. Pretende hacer comprender que la fe en Cristo no puede ser reducida a una experiencia privada, doméstica; al contrario, ésta tiende a manifestarse en público y a penetrar en las redes de nuestras relaciones sociales. En segundo lugar, el apóstol -con una frase enormemente bella y vigorosamente expresiva- describe el paso decisivo desde un pasado envuelto de maldad y de odio a un presente iluminado ahora por la gracia de Dios: "También nosotros fuimos en otro tiempo insensatos, rebeldes, descarriados, esclavos... Pero ahora ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador..." (w. 3ss).

Este paso marca para Pablo, y también para nosotros, la gran novedad de Jesús, encarnación personal del amor misericordioso del Padre.

También nosotros, como creyentes confiados a los cuidados personales de Tito, somos destinatarios de este gran anuncio, de esta "bella noticia", que -hoy como ayer- se presenta como absolutamente gratuita e inesperada.

Cada vez que nos ponemos en contacto con la Palabra de Dios escrita se nos ofrece la oportunidad de hacer memoria viva de este gran acontecimiento, que, como un gran lavado, es capaz de regenerarnos y de renovarnos por el poder del Espíritu Santo.

 

Salmo Responsorial

El Señor es mi pastor, nada me falta

Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6


El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. 

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. 

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. 

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. 

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta





Evangelio: Lucas 17,11-19

11 De camino hacia Jerusalén, Jesús pasaba entre Samaría y Galilea.

12 Al entrar en una aldea, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia

13 y comenzaron a gritar: -Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros.

14 Él, al verlos, les dijo: -Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino quedaron limpios.

15 Uno de ellos, al verse curado, volvió alabando a Dios en voz alta

16 y se postró a los pies de Jesús dándole gracias. Era un samaritano.

17 Jesús preguntó: -No quedaron limpios los diez? Dónde están los otros nueve?

18 Tan sólo ha vuelto a dar gracias a Dios este extranjero?

19 Y le dijo: -Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

 

** Jesús reemprende su largo viaje hacia Jerusalén (cf. Le 9,51; 13,22), meta de su peregrinación por los caminos de Palestina, hasta llegar a la ciudad en la que también él, como los profetas, está llamado a entregar su vida.

En un determinado momento entra en un pueblo samaritano: debería encontrarse incómodo e incluso hubiera podido pasar de largo, evitando todo encuentro y todo diálogo. Sin embargo, se deja interpelar por estos extraños, que, además, son leprosos; por consiguiente, gente que vuelve impuro a quien se les acerca (w. 12ss).

Jesús es verdaderamente el salvador de todos, el hermano universal. Jesús ha venido para todos: no muestra preferencias entre las personas. Y, sobre todo, no califica ni descalifica a nadie porque pertenezca a un pueblo o a una raza, y mucho menos aún por su estado de salud. Este milagro de Jesús está realizado también con la mayor discreción y con una apertura total a los más pobres entre los pobres, a aquellos que tienen más necesidad de su poder sanador.

Todos quedan curados, pero sólo uno siente la necesidad de volver a Jesús para agradecérselo (v. 15). Se le echa a los pies para darle a entender que, de ahora en adelante, se considera no sólo beneficiario de un milagro, sino también y sobre todo un discípulo (v. 16). Sólo él recibe de Jesús la curación completa: la del cuerpo y la del alma. Por desgracia, no a todos se les da la gracia de consumar el camino de la salvación, que va desde el beneficio recibido a la gratitud expresada y a la alabanza.

No es suficiente con encontrar o haber encontrado a Jesús de Nazaret; también es necesario escuchar su Palabra, ceder a la misteriosa atracción de la gracia y seguirle a donde vaya.

 

MEDITATIO

El encuentro de Jesús con los diez leprosos, especialmente su diálogo con el samaritano curado, merece una meditación complementaria. Nos sorprenden las preguntas que Jesús dirige al samaritano y, aún más, la exclamación final. Por un lado, Jesús expresa su sorpresa ante el hecho de que sólo uno de los diez haya sentido la necesidad de dar las gracias. Por otro, declara que ha sido la fe la que le ha procurado a este pobre leproso la curación completa.

Es interesante explicitar el itinerario que conduce a este pobre leproso desde una situación de miseria y extrema pobreza a una situación nueva, por haber sido renovada por el toque sanador de Jesús. También este leproso, como los otros, sufre una enfermedad tremenda. También él, como los otros, invoca la piedad de Jesús, el Maestro. También él, como los otros, va a presentarse a los sacerdotes. Pero sólo él vuelve a Jesús para expresarle un agradecimiento tan intenso que a Jesús no le supone el menor esfuerzo reconocerlo como un acto de pura fe. Así, el encuentro personal con Jesús no sólo renueva el cuerpo de este pobre leproso, sino que también transforma su espíritu profundamente. Al leproso curado no le basta con haber resuelto un problema personal: le parece demasiado poco y, sobre todo indigno de un hombre que ha intuido haber encontrado a una persona extraordinaria. Su verdadero deseo es volver para conocer; conocer para reconocer a su verdadero curador; reconocerlo para agradecérselo y para seguirle.

Reconocemos en esta página evangélica un auténtico camino de iniciación cristiana, que todo fiel debería hacer suyo y debería revivir en los momentos más decisivos de su existencia.

 

ORATIO

Señor, me siento leproso entre leprosos. Sin embargo, tú me miras y, a pesar de toda mi iniquidad, me inundas con la belleza de tu creación. !Gracias!

Señor, escucho y, entre gritos de guerra y odio, oigo tus palabras de paz, que calman todo movimiento de violencia. !Gracias!

Señor, veo por doquier enfermedades e injusticias, pero tú nos muestras tus acciones, que alivian el dolor de tantas heridas. !Gracias!

Señor, observo signos prepotentes de muerte y desesperación, pero tú nos ofreces con tu amor una esperanza de vida. !Gracias!

Sin embargo, como los leprosos del evangelio, somos ciegos y duros de corazón. Con la ilusión de estar curados, seguimos por nuestro camino, ingratos e incapaces de reconocer tus llamadas, tus "pastos jugosos", tus seguridades.

Pero el eco de tus palabras nos acompaña siempre: "Sólo salva una fe que se traduzca en vida".

 

CONTEMPLATIO

Y cuando nuestra injusticia llegó a su colmo y se puso completamente de manifiesto que el suplicio y la muerte, su recompensa, nos amenazaban, al llegar el tiempo que Dios había establecido de antemano para mostrar su benignidad y poder (!inmensa humanidad y caridad de Dios!), no se dejó llevar del odio hacia nosotros, ni nos rechazó, ni se vengó, sino que soportó y echó sobre sí con paciencia nuestros pecados, asumiéndolos compadecido de nosotros, y entregó a su propio Hijo como precio de nuestra redención: al santo por los inicuos, al inocente por los culpables, al justo por los injustos, al incorruptible por los corruptibles, al inmortal por los mortales. Qué otra cosa que no fuera su justicia pudo cubrir nuestros pecados? Por obra de quién, que no fuera el Hijo único de Dios, pudimos nosotros quedar justificados, inicuos e impíos como éramos?

!Feliz intercambio, disposición fuera del alcance de nuestra inteligencia, insospechados beneficios: la iniquidad de muchos quedó sepultada por un solo justo, la justicia de uno solo justificó a muchos injustos! (Carta a Diogneto, 8, 5-9, 6).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El nos salvó no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia" (Tit 3,5).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Cuál es el mensaje que en este contexto tan nuevo de la historia de la Iglesia y del mundo confía el Señor a santa Teresa del Niño Jesús? Ésta es la pregunta que surge en todos, inevitablemente, cuando reflexionamos sobre la razón profunda de este centenario... Permitidme que llame a este mensaje "mensaje del contrapeso"... Esta "misión del contrapeso", que, para la salvación del mundo, le había confiado el Señor en la tierra y se la sigue confiando siempre en el cielo... es el "punto de Arquímedes" en el que aparece el descubrimiento interior en cierto sentido anterior: el descubrimiento del punto que mueve el mundo y el de la palanca necesaria para levantarlo... o sea, indicar, ayer como hoy, el único punto de apoyo del mundo, la gracia santificante, la oración y la adoración interior... Este es, en cierto sentido, el punto que mejor califica el mensaje de santa Teresa a nuestro tiempo: la atracción que ejerce Dios en cada uno. En una palabra, revelar el punto de Arquímedes: Dios presente en nosotros (G. La Pira).

 

Día 14

Jueves semana XXXII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Filemón 7-20

Querido:

7 Tu amor, hermano, me ha llenado en efecto de gozo y de consuelo, pues ha confortado profundamente a los creyentes.

8 Por todo ello, aunque tengo plena libertad en Cristo para ordenarte lo que debes hacer,

9 prefiero pedírtelo apelando al amor. Yo, Pablo, anciano ya, y al presente además prisionero por Cristo Jesús,

10 te ruego por mi hijo Onésimo, al que he engendrado entre cadenas.

11 Si en otro tiempo te fue inútil, ahora se ha vuelto útil para ti y para mí;

12 ahí te lo envío, y es como si te enviara mi propio corazón.

13 Habría querido retenerlo conmigo para que me sirviera en tu lugar ahora que estoy encadenado por causa del Evangelio.

14 Pero no he querido hacer nada sin contar contigo, para que tu buen proceder sea fruto de la libertad y no de la coacción.

15 Y es que tal vez te abandonó por breve tiempo, precisamente para que ahora lo recuperes de forma definitiva,

16 pero no ya como esclavo, sino como algo más, como un hermano muy querido. Para mí lo es ya muchísimo, pero más todavía ha de serlo para ti como persona y como creyente.

17 Si, pues, me tienes por amigo, acógelo como me acogerías a mí.

18 Si en algo te perjudicó o tiene alguna deuda contigo, ponlo a mi cuenta.

19 Yo Pablo -de mi puño y letra lo firmo- te lo pagaré, por no decirte que eres tú mismo en persona quien estás en deuda conmigo.

20 A ver, pues, hermano si me sirve de algo el que seas creyente, y confortas mi corazón en Cristo.

 

*• El texto que nos presenta la liturgia de hoy como primera lectura, más que una carta, es un billete de recomendación.

Pablo se siente impulsado por un incontenible amor a un esclavo llamado Onésimo, y lo defiende frente a su dueño, Filemón. Dado que Onésimo se ha escapado de su dueño, se encuentra ahora en una situación muy delicada. Por esa razón, Pablo, superando la lógica de la mera justicia retributiva, se atreve a dirigirse a Filemón para despertar en él los sentimientos de la fe y para animarle a llevar a cabo gestos de exquisita caridad evangélica.

Fundamentalmente, son dos los valores que Pablo pone en juego en este brevísimo escrito suyo: por un lado, la caridad, que, para un cristiano, constituye no sólo una meta que debe alcanzar, sino también, e incluso antes, la fuente de su acción moral y de sus relaciones sociales. Es la caridad de Dios revelada en Cristo Jesús la que "obliga", por así decirlo, a todo verdadero creyente a ponerla siempre en el primer lugar y a darle el primado sobre todo. El otro valor sobre el que Pablo hace girar sus pensamientos es el de la libertad que Cristo nos ha regalado y que no está permitido a nadie negar o menguar a otros. Esa libertad, por un lado, infunde audacia en Pablo para pedir aquello que le importa y, por otro, debe inspirar las decisiones de Filemón respecto a Onésimo. Quien es verdaderamente libre con Dios y consigo mismo no puede negar la libertad a quien razonablemente se la pide.

Caridad y libertad, conjugadas a la vez en relación con la verdad, están en condiciones de subvertir las relaciones sociales más allá de toda mera conveniencia personal y de todo interés colectivo.

 

Salmo Responsorial

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Sal 145,7.8-9a.9bc-10


Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. 

R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. 

R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. 

R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob





Evangelio: Lucas 17,20-25

En aquel tiempo,

20 a una pregunta de los fariseos sobre cuándo iba a llegar el Reino de Dios, respondió Jesús: -El Reino de Dios no vendrá de forma espectacular,

21 ni se podrá decir: "Está aquí, o allí", porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.

22 Después dijo a sus discípulos: -Llegará el día en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo veréis.

23 Entonces os dirán: "Está aquí, está allí"; no vayáis ni los sigáis.

24 Porque como el relámpago brilla desde un punto a otro del cielo, así se manifestará el Hijo del hombre en su día.

25 Pero antes es preciso que sufra mucho y sea rechazado por esta generación.

 

*•• Estamos frente al llamado "pequeño discurso escatológico" (el más extenso se encuentra en el capítulo 21 de Lucas). Una pregunta de los fariseos es la que motiva esta breve, aunque intensa, enseñanza de Jesús. La pregunta se refiere al tiempo en que vendrá el Reino de Dios: no es difícil entrever la miopía espiritual y el interés egoísta con el que formulan tal pregunta. Pero Jesús no da una respuesta exacta: no ha venido a satisfacer nuestras curiosidades. Responde, en primer lugar, de modo negativo; a buen seguro para prevenir nuestras ilusiones, aunque también para educarnos en el discernimiento de las situaciones o personas que podrían hipnotizar nuestra atención y desviar nuestra fe. Por eso se presenta como el verdadero maestro: el que pone en guardia contra las posibles desviaciones, pero, sobre todo, el q u e indica a cada uno el camino que ha venido a proponer y por el que cada uno está llamado a caminar.

Con todo, en este discurso de Jesús aparece también una afirmación positiva, incluso dos: Jesús quiere concentrar nuestra atención en torno a ellas. La primera expresa el deseo que alberga todo creyente de "ver uno solo de los días del Hijo del hombre" (v. 22): de este modo quiere encender Jesús en todos nosotros el deseo del encuentro que colmará plenamente nuestras expectativas.

La segunda, de carácter más exquisitamente histórico, dice que "antes es preciso que sufra mucho y sea rechazado por esta generación" (v. 25). Es como decir que antes de la escatología debe tener lugar la pascua de Jesús: sólo quien acepta ir hasta Jerusalén, para compartir con Jesús su pascua, se prepara de manera adecuada para el encuentro final con su Salvador.

 

MEDITATIO

Para el verdadero discípulo de Jesús, la vida está compuesta de certezas y de expectativas: él mismo nos ha educado para vivir así. Por un lado, está el presente, que nos ofrece múltiples ocasiones para saborear los dones de Dios, sobre todo porque éstos nos hacen revivir un pasado lleno de Dios y de sus obras maravillosas. Por otro, está el futuro, que, desde la perspectiva cristiana, no es tanto objeto de nuestras previsiones o deseos como "lugar" de una nueva y definitiva manifestación de Dios. Es el futuro de Dios que irrumpe en el presente del hombre y así enciende en el corazón de este último una luz nueva que ilumina el camino y deja entrever la meta.

Toda la esperanza cristiana se encuentra aquí: no es fruto de nuestra inteligencia, sino don de la bondad de Dios. Jesús vino al mundo para dar a cada hombre y a cada mujer de buena voluntad esta lámpara preciosa que nos hace más clarividentes que Diógenes.

El cristiano, al resplandor de esta luz, puede y debe discernir los signos de los tiempos, puede y debe reconocer las "huellas" de la presencia de Dios en medio de nosotros, puede y debe desmantelar los falsos mesianismos y reconocer la presencia del verdadero Mesías: "No vayáis ni los sigáis". Esta advertencia de Jesús nos pone en guardia contra cierta impaciencia en el querer discernir de inmediato lo que sólo puede ser reconocido a medio o largo plazo. Al mismo tiempo, nos pone en guardia contra una debilidad nuestra congénita, a saber: la de querer llegar a la meta sin aceptar antes las necesarias fatigas del camino emprendido.

 

ORATIO

"El Reino de Dios ya está entre vosotros." Tu Palabra es esperanza, creatividad, imaginación, nuevo horizonte, cuando, limpio de las cenizas de la derrota y del desaliento, continúo detrás de ti... porque tú estás conmigo. Tu Palabra es "sí" cuando lucho por elegir lo que es justo y no lo que es fácil; lo que es verdadero y no lo que es ensalzado; lo que es duradero y no lo que lanza destellos... porque así obraste tú. Tu Palabra es luz cuando te reconozco no en lo espectacular o extraordinario, sino en el pobre, en el hambriento, en el desnudo, en el enfermo, en el preso, en el oprimido: allí donde estás y no donde yo quisiera encontrarte... porque tú estás en ellos.

Oh Padre, tu Reino no es un fantasma que huya. Es nuestra realidad cotidiana la que tiene oídos tensos para oírte, ojos abiertos para verte, mente atenta a tus alternativas, corazón palpitante para seguirte día tras día.

 

CONTEMPLATIO

El que ama a Dios se contenta con agradarle, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor. El alma piadosa e íntegra busca en ello su plenitud y no desea otro deleite. Porque es una gran verdad eso que dice el Señor: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón (Mt 6,21). El tesoro del hombre viene a ser como la reunión de los frutos recolectados con su esfuerzo. Lo que uno siembre, eso cosechará (Gal 6,7), y cual sea el trabajo de cada uno, tal será su ganancia; y donde ponga el corazón su deleite, allí queda reducida su solicitud. Mas, como sea que hay muchas clases de riquezas y diversos objetos de placer, el tesoro de cada uno viene determinado por la tendencia de su deseo, y, si este deseo se limita a los bienes terrenos, no hallará en ellos la felicidad, sino la desdicha.

En cambio, los que ponen su corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra, y su atención en las cosas eternas, no en las perecederas, alcanzarán una riqueza incorruptible y escondida, aquella a la que se refiere el profeta cuando dice: La sabiduría y el saber serán su refugio salvador, el temor del Señor será su tesoro (Is 33,6).

Esta sabiduría divina hace que, con la ayuda de Dios, los mismos bienes terrenales se conviertan en celestiales cuando muchos convierten sus riquezas, ya sea legalmente heredadas o adquiridas de otro modo, en instrumentos de bondad. Los que reparten lo que les sobra para sustento de los pobres se ganan con ello una riqueza imperecedera; lo que dieron en limosnas no es en modo alguno un derroche; éstos pueden en justicia tener su corazón donde está su tesoro, ya que han tenido el acierto de negociar con sus riquezas sin temor a perderlas (León Magno, Sermón 92, 2.3).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Tu amor, hermano, me ha llenado en efecto de gozo y ie consuelo" (Flm 7).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Según una antigua tradición rabínica, la puerta de toda estancia judía debía estar entornada durante la pascua. La razón es que si el Mesías decidiera venir, tenía que encontrarla abierta.

Y si no era éste el caso, siempre se hubiera podido dar la bienvenida a los pobres, que habrían participado en la alegría común de la fiesta. También nuestras iglesias y nuestras casas deberían tener las puertas abiertas de par en par a Cristo y a los pobres durante la pascua. En efecto, los Hechos de los Apóstoles abren de par en par las puertas del cenáculo donde ha tenido lugar el encuentro de la Iglesia con el Resucitado y las abren por las calzadas imperiales romanas hacia Galilea, Siria, Asia Menor, Macedonia, Grecia, Malta, hasta llegar al corazón mismo del Imperio, Roma. Y también aquí están abiertas las puertas de la casa donde habita Pablo en residencia forzosa, mientras espera la celebración del proceso romano.

Hay muchos rincones del gran mundo y muchos también de nuestro pequeño mundo en los que debe resucitar Cristo, en los que debe ser anunciada de nuevo la pascua de Cristo. En este sentido, puede ser todavía válida la flagelante llamada que el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, uno de los más elevados y dramáticos representantes del moderno rechazo de Dios, lanzó a los cristianos: "Si la buena nueva de vuestra Biblia estuviera escrita asimismo en vuestro rostro, no necesitaríais insistir con tanta obstinación para que se crea en la autoridad de este libro: vuestras obras, vuestras acciones, deberían hacer casi superflua la Biblia, porque vosotros mismos deberíais constituir continuamente la Biblia nueva" (G. F. Ravasi).

 

 

Día 15

Viernes semana XXXII del tiempo ordinario o 15 de noviembre,

San Alberto Magno  

San Alberto nació en 1206 en el seno de una familia noble en Lauingen, en la Baviera alemana. Quien lo conoció dice de él que "era de buena talla y bien dotado de formas físicas. Poseía un cuerpo formado con bellas proporciones y perfectamente moldeado para todas las fatigas del servicio de Dios". Su familia soñaba con que fuera un hombre de leyes, pues no le faltaba ni dinero ni talento. Estudió en las mejores universidades que existían en Europa. Conoció a un gran predicador compatriota suyo y, movido por su oratoria y por el espíritu de sus sermones, decidió ingresar, con la oposición de su familia, en la orden de predicadores. Muy joven, fue enviado como profesor a su tierra, a Colonia, y más tarde a París. En la Sorbona tuvo como discípulo ilustre y predilecto a santo Tomás de Aquino. El papa Alejandro IV le nombró obispo, pero a los dos años, con nostalgia de su vida conventual dominicana, renunció al obispado. El 15 de noviembre de 1280, debilitado física y mentalmente, murió con serenidad y paz sobre su mesa de trabajo.

San Alberto Magno fue un místico que descubría a Dios en el encanto de la creación. Y un místico mariano, con una sencilla y profunda devoción a la Virgen María. Fue canonizado por Pío Xl el 16 de diciembre de 1931



LECTIO

Primera lectura: 2 Juan 1a.3-9

1 El presbítero, a la "señora elegida" y a sus hijos, a quienes amo en la verdad.

3 La gracia, la misericordia y la paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo, el Hijo del Padre, en la verdad y en el amor, estén con vosotros.

4 Me alegré mucho de encontrar a tus hijos viviendo conforme a la verdad, según el mandamiento que hemos recibido del Padre.

5 Y ahora te ruego, señora -y no es nuevo el mandamiento acerca del que te escribo, sino el que tenemos desde el principio-, que nos amemos los unos a los otros.

6 El amor consiste en vivir según sus mandamientos. Éste es el mandamiento que os fue dado desde el principio, para que sea la norma de vuestra vida.

7 Ahora han irrumpido en el mundo muchos seductores, los cuales no reconocen que Jesucristo es verdaderamente hombre. Entre ellos se encuentra el seductor y el anticristo.

8 Vosotros estad atentos para no echar a perder lo que habéis trabajado, y así vuestra recompensa será completa.

9 Todo el que se descarría y no permanece en la doctrina de Cristo no tiene a Dios. Pero quien permanece en la doctrina tiene al Padre y al Hijo.

 

*" En esta brevísima carta, el apóstol Juan nos ofrece casi una síntesis de su evangelio, precisamente para recordar a su comunidad las condiciones fundamentales para la salvación: "Caminar en la verdad" y "creer que Jesús es el Hijo de Dios". De este modo, el apóstol se hace portador del mandamiento de Dios; no nos ofrece una hipótesis de vida basada en su sabiduría personal, sino que se hace intérprete del mandamiento nuevo que él mismo ha recibido de su Señor.

Las dos condiciones para la salvación pueden ser reconducidas al único mandamiento por el que llega a nosotros la verdad de Dios, revelada -incluso hecha carneen Jesucristo. Creer en él significa entrar en la verdad de Dios. Caminar por el sendero del amor significa participar en el amor que es Dios. Pero el apóstol Juan está preocupado también por la fidelidad de sus destinatarios: en efecto, siempre hay al acecho algunos, incluso muchos, "seductores" (v. 7) que no reconocen a Jesús y querrían corromper también la fe de los otros. Consecuentemente, sigue abierta la posibilidad de "echar a perder lo que habéis trabajado" (v. 8), esto es, la fe, y la posibilidad de transformar con ella toda nuestra vida.

La fortuna del que cree consiste precisamente en esto: no en conocer una verdad abstracta, sino en tener a Dios (v. 9); no en tender hacia adelante, hacia un futuro incierto, sino en caminar con Cristo hacia Dios; no en ejercer cierta filantropía, sino en amar a Dios a través del prójimo, en nombre de Cristo.

 

Salmo Responsorial

Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Salmo 118,1.2.10.11.17.18

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor


Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor. 

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. 

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. 

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti. 

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras. 

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad. 

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor



Evangelio: Lucas 17,26-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

26 Cuando venga el Hijo del hombre sucederá lo mismo que en tiempos de Noé.

27 Hasta que Noé entró en el arca, la gente comía, bebía y se casaba. Pero vino el diluvio y acabó con todos.

28 Lo mismo sucedió en los tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban y edificaban.

29 Pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y acabó con todos.

30 Así será el día en que se manifieste el Hijo del hombre.

31 Ese día, el que esté en la azotea y tenga en casa sus enseres que no baje a tomarlos; igualmente, el que esté en el campo que no vuelva atrás.

32 Acordaos de la mujer de Lot.

33 El que intente salvar su vida la perderá, pero el que la pierda la recobrará.

34 Os aseguro que esa noche estarán dos juntos en la misma cama: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán.

35 Estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a otra la dejarán.

37 Ellos le preguntaron:  -Dónde, Señor?  Y les contestó:  -Donde esté el cadáver, allí se reunirán los buitres.

 

*+• Jesús, a fin de educar a sus discípulos en el ejercicio de la verdadera esperanza, completa el discurso sobre su última venida. Para que la esperanza no se convierta en utópica ("sin lugar") y para que no produzca fáciles ilusiones, la conjuga Jesús con la fe: ésta nos liga, en efecto, desde ahora a su persona y nos introduce en su misterio de muerte y resurrección. Si la esperanza se conjuga con la fe, entonces, como creyentes, sabemos a quién esperamos y no nos interesa ya cuándo ni cómo tendrá lugar.

Jesús ilustra esta enseñanza suya con dos ejemplos: el de Noé (w. 26ss) y el de Lot (w. 28ss). Estos dos hechos históricos ponen de relieve el carácter inesperado y repentino del diluvio, por un lado, y de la lluvia de fuego, por otro, sólo en apariencia. En realidad, Jesús quiere señalar con ellos la necesidad de estar preparados para cuando Dios se manifieste en su divino señorío: preparados para reconocerlo, para ser introducidos por él en el gozo eterno y entrar así en plena comunión con él. La verdadera enseñanza, por tanto, es ésta: no debemos considerar sólo a Noé y a Lot como figuras de los creyentes, sino también a sus contemporáneos, tan bien representa dos por la mujer de Lot (v. 32). Vivían éstos olvidados de Dios y preocupados sólo por los bienes terrenos, y en esta situación fueron sorprendidos por el castigo de Dios; es su ceguera espiritual, su incapacidad para captar el carácter dramático de los tiempos, lo que atrae la atención de Jesús, del evangelista y también la nuestra.

 

MEDITATIO

"Acordaos de la mujer de Lot." El discípulo de Jesús debe hacer un buen uso de su memoria: con ella, en efecto, puede volver a aquella historia que, precisamente por haber sido visitada por Dios, se convierte en fuente de sabiduría y, por ello, en maestra de vida. En este caso, la invitación recae directamente sobre el Antiguo Testamento, que, para nosotros los cristianos, constituye una fuente de enseñanzas siempre válidas y actuales.

La memoria del creyente no debe ser considerada como una mina de la que extraer materiales más o menos preciosos. Esta memoria induce más bien al creyente a "captar" en el interior de los acontecimientos históricos esos mensajes de los que Dios no priva a quienes le reconocen como tal. Quien recuerda los hechos históricos del Antiguo Testamento, preocupado por captar los motivos y los modos según los que interviene Dios, aprende no sólo a vivir en el tiempo presente, sino también a orientar la antena de su fe hacia la meta final.

Esa es la razón de que tal memoria se convierta en criterio de diagnóstico de todo lo que acontece aquí y ahora, de suerte que no marque nunca el paso ni lentifique el ritmo de nuestra peregrinación. Al mismo tiempo, esa memoria nos pide y nos habilita para superar peligrosas distracciones -debidas sobre todo a la hipnosis de las cosas  y de ciertas personas- y para practicar ese distanciamiento que hace posible un juicio sereno y ecuánime sobre todo y sobre todos. Más aún: esa memoria nos enseña a perder lo que debe ser perdido y a conservar lo que debe ser conservado. Está clara la contraposición que existe entre una vida que sólo en apariencia es tal -y que, en ocasiones, nosotros mismos apreciamos más que la verdadera- y la vida nueva adquirida por quien está dispuesto a sacrificar la propia vida terrestre. La orientación hacia el futuro de Dios es por lo menos clara.

 

ORATIO

Señor, tú eres el camino, la verdad y la vida. Pero !cuántos semáforos en rojo encuentro en mi camino! Por eso me aferró a los amigos como ancla de salvación; me entierro en mis seguridades personales; me vendo a mi trabajo; me quedo encantado con lo que brilla; me consagro a mi bienestar; me alineo con la superchería de los intolerantes; me distraigo con el estruendo de tantas mentiras; sigo el trajín de una vida sin sentido, dictada por los que me rodean.

Pero tú me avisas: reconoce a Dios como origen común y como creador para recuperar el sentido de lo sagrado. Reconoce a todo hombre para recuperar tu humanidad, con sus valores de fraternidad, de justicia, de libertad. Reconoce la naturaleza como fuerza que hemos de respetar sin intentar someterla, explotarla, poseerla o reproducirla en copias cada vez más desteñidas. Sólo así caminarás conmigo, y mi llegada te encontrará preparado.

Sólo en sintonía con los valores del Espíritu te salvarás y la muerte te encontrará preparado.

 

CONTEMPLATIO

Haced esto en conmemoración mía. Dice: Haced esto. No podríamos imaginarnos un mandato más provechoso, más dulce, más saludable, más amable, más parecido a la vida eterna. Y lo vamos a demostrar punto por punto. Lo más provechoso en nuestra vida es lo que nos sirve para el perdón de los pecados y la plenitud de la gracia. Él, el Padre de los espíritus, nos instruye en lo que es provechoso para recibir su santificación. Su santificación consiste en su sacrificio, esto es, en su ofrecimiento sacramental, cuando se ofrece al Padre por nosotros y se ofrece a nosotros para nuestro provecho.

Por ellos me consagro yo. Cristo, que en virtud del Espíritu eterno se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestras conciencias de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

Es también lo más dulce que podemos hacer. Qué puede haber más dulce que aquello en que Dios nos muestra toda su dulzura? A tu pueblo lo alimentaste con manjar de ángeles, proporcionándole gratuitamente, desde el cielo, pan de mil sabores, a gusto de todos; este sustento tuyo demostraba a tus hijos tu dulzura, pues servía al deseo de quien lo tomaba y se convertía en lo que uno quería.

Es lo más saludable que se nos podía mandar. Este sacramento es el fruto del árbol de la vida, y el que lo come con la devoción de una fe sincera no saboreará jamás la muerte.

Es lo más amable que se nos podía mandar. Este sacramento es causa de amor y unión. La máxima prueba de amor es darse uno mismo como alimento. Es imposible un modo de unión más íntimo y verdadero.

Y es lo más parecido a la vida eterna que se nos podía mandar. La vida eterna viene a ser una continuación de este mandamiento, en cuanto que Dios penetra con su dulzura en los que gozan de la vida bienaventurada.

(Del comentario de san Alberto Magno a Le 22,19.)

 

ACTIO

         Repite con frecuencia y vive durante la jornada de hoy: "Entre vosotros, el más importante ha de ser como el menor, y el que manda, como el que sirve".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Él mismo contaba que de joven le costaban los estudios, y por eso una noche decidió huir del colegio donde estudiaba. Pero al tratar de salir por una escalera colgada de una pared, en la parte de arriba, le pareció ver a Nuestra Señora la Virgen María, que le dijo: "Alberto, por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a mí, que soy "Trono de la Sabiduría?". Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que sí fui yo quien te la concedí, cuando ya te vayas a morir olvidarás todo lo que sabías". Y así sucedió: al final de su vida, un día en un sermón se le olvidó todo lo que sabía, y dijo: "Es señal de que ya me voy a morir, porque así me lo anunció la Virgen Santísima". Y se retiró de sus labores y se dedicó a orar y a prepararse para morir, y a los pocos meses murió.

 

 

 

Día 16

Sábado semana XXXII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: 3 Juan 5-8

5 Mi querido amigo, te portas como creyente en todo lo que haces con los hermanos, y eso que son forasteros.

6 Ellos han dado testimonio de tu amor ante la comunidad. Harás bien en proveerlos para su viaje de una manera digna de Dios,

7 pues se han puesto en camino sólo por su nombre, sin recibir nada de los no creyentes.

8 Tenemos la obligación de ayudar a hombres como ellos, para hacernos colaboradores de la verdad.

 

**• Esta carta de Juan permite presuponer una situación de vida dramática: la comunidad cristiana sufre a causa de una división interna que amenaza con paralizar también su carácter misionero. Juan se dirige a un miembro de esta comunidad y, a través de él, quiere animar a todos a la fidelidad, a la comunión eclesial y al valor del testimonio.

Por lo que respecta al destinatario de la carta, habla Juan sobre todo de su amor, un amor que lo señala a la atención de todos. Es un amor tanto más digno de crédito por el hecho de que no se limita a favorecer a los que comparten la misma fe, sino que se entrega también a los que son forasteros (v. 5). Los confines de la caridad cristiana son, necesariamente, ilimitados, a ejemplo de Jesús, que vino para todos y no hizo acepción de personas. Ese amor se traduce, espontáneamente, en acogida -siempre a ejemplo de Jesús, que acogió preferentemente entre sus contemporáneos a los últimos: los pobres, los enfermos, los pecadores-. Acoger en su nombre a los que se encuentran en situación de necesidad significa acogerle a él mismo, y, de este modo, nos convertimos en "colaboradores de la verdad" (v. 8). Resulta, por lo menos, iluminador poner de manifiesto que la verdad de Dios, en particular la verdad revelada en Cristo, quiere ser difundida no sólo con la ayuda de la Palabra, sino sobre todo con el compromiso de la caridad.

Al mismo tiempo, el compromiso misionero es deber de toda la Iglesia: cuando uno de sus miembros se dedica a la misión, es toda la comunidad la que se compromete con él. El misionero representa a su Iglesia y la Iglesia se hace cargo de todo misionero.

 

Salmo Responsorial

Dichoso quien teme al Señor

Salmo 111,1-2.3-4.5-6


Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. 

R/. Dichoso quien teme al Señor

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo. 

R/. Dichoso quien teme al Señor

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo. 

R/. Dichoso quien teme al Señor





Evangelio: Lucas 18,1-8

En aquel tiempo,

1 para mostrarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola:

2 -Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres.

3 Había también en aquella ciudad una viuda que no cesaba de suplicarle: "Hazme justicia frente a mi enemigo".

4 El juez se negó durante algún tiempo, pero después se dijo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie,

5 es tanto lo que esta viuda me importuna que le haré justicia para que deje de molestarme de una vez".

6 Y el Señor añadió: -Fijaos en lo que dice el juez inicuo.

7 No hará, entonces, Dios justicia a sus elegidos que claman a él día y noche? Les hará esperar?

8 Yo os digo que les hará justicia inmediatamente. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, encontrará fe en la tierra?

 

*•• Dos son los "focos" en torno a los cuales se construye la parábola que nos propone la liturgia de hoy: por un lado, la perseverancia y la testarudez que muestra la viuda al pedir justicia; por otro, la decisión final del juez, que termina cediendo a la petición que se le hace.

Así pues, si bien es cierto que la parábola nos recuerda la perseverancia en la oración, también lo es que repite la enseñanza de Jesús sobre la seguridad del retorno y sobre la gravedad del juicio que pronunciará sobre aquellos que no hayan obrado con justicia.

Es obligatorio destacar lo que afirma Jesús en el v. 7a: "No hará, entonces, Dios justicia a sus elegidos que claman a él día y noche'?". Pensando en Dios, este "hacer justicia" implica, ciertamente, su fidelidad a sus promesas y, en consecuencia, su voluntad de perdón y de salvación. Dios es justo en cuanto justifica: ésta es la concepción bíblica de la justicia. "Les hará esperar?" (cf. v. 7b). También esta pregunta ilumina nuestra búsqueda.

En efecto, Dios, según la enseñanza bíblica, no sólo es justo, sino también paciente y bueno. De este modo es como manifiesta su arte pedagógico no sólo escuchando nuestras oraciones, sino también estableciendo los tiempos en que intervendrá y los modos con que lo hará. Existe, por tanto, un aspecto de "escándalo" en este comportamiento de Dios, y consiste en el hecho de que él espera, tal vez demasiado, para hacer justicia. En ocasiones, esta paciencia suya pone impacientes a sus fieles. "Yo os digo que les hará justicia inmediatamente" (v. 8a). Éste es el verdadero "final" de la parábola, mientras que lo que sigue puede ser considerado como un añadido posterior. De este modo pretende confirmar Jesús nuestra fe en que Dios, como Padre, contrariamente a nuestras incertidumbres y crisis, no puede dejar de hacerse cargo de la situación de todos los que, en su pobreza, le eligen como su único Salvador.

 

MEDITATIO

"Pero, cuando venga el Hijo del hombre, encontrará fe en la tierra?". La pregunta de Jesús supone para nosotros una abierta provocación. Antes que nada, por el hecho de poner en el centro de su discurso la fe: ésta, en efecto, es el don más precioso que podemos recibir de Dios, y estamos llamados a conservarla a cualquier precio.

La apertura al futuro nos deja entender también que, si bien es hermoso acoger el don, no es igual de fácil conservarlo y vivir de él.

Qué respuestas podemos dar, hoy, a esta provocación de Jesús? Por un lado, observando de manera atenta la situación espiritual del mundo contemporáneo, parece que podemos decir que la humanidad camina hacia un futuro cada vez menos rico de fe, cada vez más atado a los bienes terrenos, cada vez más solicitado por sus propios intereses. En general, el espectáculo

que tenemos delante no figura, a buen seguro, entre los más seductores, y es precisamente eso lo que nos induciría a dar una respuesta negativa.

No obstante, por otro lado, si hacemos uso no sólo de la lupa para ver de cerca las cosas que suceden, sino también del catalejo para tener una visión panorámica de la realidad, entonces veremos que la semilla de la fe está presente y escondida en el corazón de no pocas personas, y eso es lo que más cuenta. Lo que constituye la diferencia no es tanto la visibilidad externa, y mucho menos la eficiencia de las estructuras creadas por quien cree, sino el don de Dios, que, por su propia naturaleza, tiende a crear relaciones profundas y le gusta ocultarse en ellas.

La provocación de Jesús la podemos interpretar también como una consigna: le corresponde al "resto de Israel" asumirla como propia, hacerse cargo, hoy como en todas las épocas, de la historia y obrar de modo que, cuando venga el Hijo del hombre, pueda encontrarnos ricos en fe.

 

ORATIO

\Señor, enséñame a orar!

Tu oración consistía, a veces, sólo en una mirada dirigida al cielo antes de actuar o en una breve invocación; otras veces consistía en una expresión de abandono, en un grito de reparación, en un agradecimiento filial o en una manifestación de la voluntad del Padre.

Era una oración dulce y gozosa, pero también una oración de tensión cuando se acercaba la última hora, de miedo y de angustia al beber el cáliz. Orabas solo o con otros, de noche o por la mañana, de pie o sentado, en el desierto o en la soledad absoluta de tu alma. Orabas siempre, porque - a diferencia de los fariseos- tu oración se convertía en vida, y tu vida -expresión de tu fe- era una efusión de la oración.

!Señor, enséñame a vivir!

 

CONTEMPLATIO

La fe, aunque por su nombre es una, tiene dos realidades distintas. Hay, en efecto, una fe por la que se cree en los dogmas y que exige que el espíritu atienda y la voluntad se adhiera a determinadas verdades; esta fe es útil al alma, como lo dice el mismo Señor: Quien escucha mi Palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio; y añade: El que cree en el Hijo no está condenado, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

!Oh gran bondad de Dios para con los hombres! Los antiguos justos, ciertamente, pudieron agradar a Dios empleando para este fin los largos años de su vida, mas lo que ellos consiguieron con su esforzado y generoso servicio de muchos años, eso mismo te concede a ti Jesús realizarlo en un solo momento. Si, en efecto, crees que Jesucristo es el Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos, conseguirás la salvación y serás llevado al paraíso por el mismo que recibió en su Reino al buen ladrón. No desconfíes ni dudes de si eso va a ser posible o no: el que salvó en el Gólgota al ladrón a causa de una sola hora de fe te salvará también a ti si crees.

La otra clase de fe es esa que Cristo concede a algunos como don gratuito: Uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe, y otro, por el mismo Espíritu, el don de curar.

Esta gracia de fe que da el Espíritu no consiste solamente en una fe dogmática, sino también en esa otra fe capaz de realizar obras que superan toda posibilidad humana; quien tiene esta fe podría decir a una montaña que viniera aquí, y vendría. Cuando uno, guiado por esta fe, dice esto y cree sin dudar en su corazón que lo que dice se realizará, entonces este tal ha recibido el don de esta fe.

Es de esta fe de la que se afirma: Si fuera vuestra fe como un grano de mostaza... Porque así como el grano de mostaza, aunque pequeño de tamaño, está dotado de una fuerza parecida a la del fuego y, plantado aunque sea en un lugar exiguo, produce grandes ramas donde pueden cobijarse las aves del cielo, así también la fe, cuando arraiga en el alma, en pocos momentos realiza grandes maravillas.

El alma, en efecto, iluminada por esta fe, alcanza a concebir en su mente una imagen de Dios y llega incluso a contemplar al mismo Dios en la medida en que eso es posible; le es dado recorrer los límites del universo y ver, antes del fin del mundo, el juicio futuro y la realización de los bienes prometidos.

Procura, pues, llegar a esa fe que de ti depende y que conduce al Señor a quien la posee, y así el Señor te dará también esa otra que actúa por encima de las fuerzas humanas (Cirilo de Jerusalén, Catequesis 5, sobre la fe y el símbolo, 10-11).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "En el corazón de los justos resplandece la bondad del Señor" (de la liturgia).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Un día despertó Hitler la antigua ilusión que contrapone la ciencia y la religión. Estaba convencido ciertamente de que afirmaba una verdad definitiva cuando declaraba: "Colocad un telescopio en un país y habréis terminado con Dios". Bajo la ordinariez de la propuesta se esconde un a priori que no corresponde sólo a la ideología nazi. Toda generación tiene su contingente de individuos que piensan haber terminado con la imagen de Dios gracias a la ciencia. Los hombres seríamos sólo el objeto de una manipulación genética, títeres producidos por casualidad. La idea de Dios se habría convertido, definitivamente, en una antigualla.

Sin embargo, precisamente la experiencia del telescopio puede llevar a una conclusión opuesta a la de Hitler. Si se os presenta la ocasión, no la dejéis escapar. Al contrario, buscadla. Es fascinante. Creo que en la vida humana hay un "antes" y un "después" cuando, gracias al telescopio, se ha tenido la posibilidad de experimentar de una manera visible, concreta, el infinito y su esplendor, por una parte, y nuestro límite y el vuelco que :se impone a la inteligencia bajo la impresión de tal realidad, por otra. La historia de la civilización confirma la experiencia (B. Bro).

 

 

Día 17

domingo XXXIII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Daniel 12,1-3

1 En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe, protector de tu pueblo. Será un tiempo de angustia como no hubo otro desde que existen las naciones. Cuando llegue ese momento, todos los hijos de tu pueblo que estén escritos en el libro se salvarán.

2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para la vergüenza, para el castigo eterno.

3 Los sabios brillarán como el esplendor del firmamento, y los que guiaron a muchos por el buen camino, como las estrellas por toda la eternidad.

 

        *•• "En aquel tiempo...". El tiempo al que alude el profeta es un tiempo en el que la impiedad ha llegado a su cima: en el capítulo 11, en efecto, se revelan los acontecimientos históricos que habían concluido con la muerte de Antíoco Epífanes, figura del enemigo de Dios; sin embargo, cuando el mal que se propaga parezca triunfar, la historia desembocará en el acontecimiento escatológico: éste es precisamente el mensaje de esperanza ofrecido por este fragmento donde se describe el tiempo final. En él ya no serán posibles ni la ambigüedad ni las componendas: todas las cosas aparecerán en su auténtica realidad. El conflicto contra las fuerzas del mal se convertirá en lucha abierta, y el pueblo de Dios experimentará la protección extraordinaria del arcángel Miguel.

        Será, por tanto, un tiempo de extrema angustia y, a la vez, de salvación para quienes hayan sido fieles. El Señor conoce a los suyos uno a uno, sus nombres están escritos en su libro: no podrá olvidarlos (v. 1). Tendrá lugar, por consiguiente, el traslado del tiempo a la eternidad; se profetiza aquí la resurrección universal ("muchos" es un semitismo que significa "todos"), en la que cada uno recibirá su destino eterno de vida o de infamia, según su propia conducta. Los sabios, los justos, o sea, los que hayan recorrido el camino de la santidad y ayudado a otros a recorrerlo, resplandecerán con una gloria perenne.

        La fe en la resurrección, en el juicio y en la vida eterna se va delimitando ya cada vez con mayor claridad ahora que estamos en los umbrales del Nuevo Testamento. Con la resurrección de Cristo comenzará el tiempo del fin, y tendrá su consumación en la parusía.



Salmo responsorial
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Salmo 15, 5 y 8. 9-10.11

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano:
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

R.- Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.

R.- Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

R.- Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti



Segunda lectura: Hebreos 10,11-15

11 Cualquier otro sacerdote se presenta cada día para desempeñar su ministerio y ofrecer continuamente los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los pecados.

12 Cristo, por el contrario, no ofreció más que un sacrificio por el pecado de una vez para siempre, y está sentado a la derecha de Dios.

13 Únicamente espera ahora que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies.

14 Con esta única oblación ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios.

15 Ahora bien, donde los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de oblación por el pecado.

 

        *•• El tema de la perícopa de hoy recupera el del domingo pasado y lo completa. En efecto, el autor de la carta insiste en la unicidad del sacrificio de Cristo en contraposición a los muchos sacrificios judíos: éstos deben repetirse continuamente, porque "nunca pueden quitar los pecados" (v. 11), mientras que la oblación de Cristo es perfecta y salvífica para quien se confía en su mediación sacerdotal (v. 14). No obstante, aquí se añade un elemento nuevo que pone todo este fragmento en estrecha continuidad con la primera lectura y el evangelio de hoy: el sacrificio de Cristo es "de una vez para siempre" y por eso abre una dimensión nueva en el fluir del tiempo ("cada día": v. 11).

        "Ahora" Cristo ha vencido a las fuerzas del mal y está sentado en el trono de Dios, y "únicamente espera" que su victoria se vuelva evidente y definitiva (vv. 12ss): entonces desembocará el tiempo en la eternidad; sin embargo, ya desde ahora, "quienes han sido consagrados" - a saber: quienes acogen su oblación y someten a él la voluntad rebelde que impulsa al pecado- entran en esta dimensión de eternidad ("para siempre": v. 14). Pero mientras el tiempo prosigue su curso, comulgamos ya el pan de la vida "eterna" (cf. Jn 6,48-51) en la celebración eucarística (memorial del sacrificio de Cristo).

 

Evangelio: Marcos 13,24-32

Dijo Jesús a sus discípulos:

24 Pasada la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará resplandor;

25 las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestes se tambalearán.

26 Entonces verán venir al Hijo del hombre entre nubes con gran poder y gloria.

27 Él enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra al extremo del cielo.

28 Fijaos en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, sabéis que se acerca el verano.

29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda.

31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

 

        *"• Con este fragmento culmina el discurso escatológico de Jesús, que, en el evangelio de Marcos, tiene una extensión sorprendente (capítulo 13). Los "últimos tiempos " están descritos a partir de la predicción de acontecimientos históricos que, efectivamente, podrán constatar los discípulos, puesto que tuvieron lugar en el tiempo de aquella generación (v. 30). Con todo, el horizonte es más amplio: la intensificación de guerras y cataclismos no es más que "el comienzo de los dolores" (así el v. 7 al pie de la letra).

        Será el signo de que tanto para la historia como para la creación empieza un grandioso trabajo de parto, un trabajo que llevará consigo un sufrimiento inaudito (vv. 19-20.24a), pero concluirá con la venida gloriosa del Hijo del hombre profetizado por Daniel, un personaje apocalíptico con el que Jesús se identifica. Como juez de la historia y vencedor de las fuerzas del mal, inaugurará definitivamente el Reino de Dios para todos sus "elegidos", esto es, para los que se hayan mantenido fieles en la persecución (vv. 9-13) y hayan resistido a las seductoras perspectivas ofrecidas por los falsos cristos, que aparecerán numerosos en los últimos tiempos (vv. 21-23).

        En este discurso se entrelazan, pues, acontecimientos históricos y elementos apocalípticos, expresados con imágenes tomadas de los profetas: Jesús quiere hacer comprender que el misterio pascual ahora presente -su "hora" en el lenguaje joáneo- será el comienzo de la fase final de los tiempos. De ahí que invite a los discípulos, ya desde ahora, a la vigilancia, a escrutar los acontecimientos sabiendo captar en ellos la proximidad del Hijo del hombre, es decir, de su retorno glorioso (vv. 28ss) y a adherirse plenamente a su Palabra, más estable que los cielos y la tierra, que también "pasarán"; sin embargo, la pregunta concreta de algunos discípulos: "Cuándo...?" (v. 4), queda sin respuesta.

        Jesús, mientras se revela como el Hijo, muestra que no puede disponer ni del día ni la hora del fin. Por eso, en cuanto Hijo y hombre, se confía él mismo por completo al designio de amor y salvación del Padre (v. 32).

 

MEDITATIO

        El encuentro con un cristiano auténtico no cesa de sorprender desde hace dos mil años: !qué insólita es su condición! "Extranjero y peregrino en la tierra", transeúnte que atraviesa los senderos del tiempo que tiende a la eternidad, posee ya lo que busca, aunque todavía no de un modo pleno y evidente. Es testigo de una esperanza bienaventurada y posee la prenda de una promesa infinita. Irradia la alegría a su alrededor, aunque ha renunciado a muchas de las alegrías que propone este mundo; sin embargo, no está dispensado del dolor... Cuál es entonces el secreto del verdadero cristiano?

        Lo custodia en lo hondo de su corazón y lo declara con orgullo: su secreto es Cristo, Señor del tiempo y de la historia. La pascua de Jesús ha destrozado la dimensión temporal y ha irrumpido la eternidad entre nosotros: la vida eterna es el Pan en que él se entrega. Quien observa su Palabra que no pasa, quien acoge su sacrificio de salvación y vive con él el dolor como pascua, entra desde ahora en la eternidad y permite que, a través de su propia existencia, ésta transfigure un poco el tiempo.

        El cristiano abre al sol la ventana de su morada para que todo quede inundado de luz. Ahora bien, el conflicto entre las tinieblas y la luz permanece aún en acto en el tiempo: cada discípulo de Jesús conoce esta lucha dentro de sí y a su alrededor; por eso vigila, porque sabe que tiene que combatir el buen combate de la fe. Cristo ya ha vencido, pero continúa luchando en nosotros para que sea derrotado el mal y se extienda el Reino de Dios, hasta el día que sólo el Padre conoce. Que su Espíritu de amor y de fortaleza nos haga a todos cristianos auténticos, tanto más presentes en la historia del hombre cuanto más inclinados al "día de Dios".

 

ORATIO

        Jesús, Señor de la historia, tú ves los males que afligen a nuestra humanidad; sin embargo, nos enseñas que, en su raíz, es uno solo el Mal que hemos de combatir. Tú lo derrotaste ya al morir por nosotros en la cruz; ayúdanos a extender en el tiempo tu victoria pascual.

        Haznos portadores de eternidad allí donde vivimos y trabajamos: que la luz de tu amor perenne inunde a través de nosotros la pequeña porción de la historia que nos has confiado y la transfigure.

        Haz que completemos nuestra peregrinación terrena tendiendo a la patria celestial, para que quien nos encuentre comprenda cuál es la bienaventurada esperanza que nos hace exultar ya desde ahora. Que el Pan de la vida eterna, roto por nosotros, nos sostenga en las pruebas cotidianas, para que podamos ser encontrados fieles y vigilantes en tu día glorioso.

 

CONTEMPLATIO

        El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de los cristianos, es un Dios de amor y consolación, es un Dios que llena el alma y el corazón de quienes le poseen. Es un Dios que hace sentir interiormente a los suyos su miseria y su infinita misericordia; que se les une en lo más íntimo de su alma; que les llena de humildad, de alegría, de confianza, de amor; que les hace incapaces de tener otro fin fuera de él. Sin Jesucristo, no subsistiría el mundo, porque debería ser destruido o ser como el infierno.

        Si el mundo subsistiera para instruir al hombre sobre Dios, su divinidad brillaría por todas partes de una manera incontestable, pero puesto que subsiste sólo en Jesucristo y por Jesucristo, y para iluminar a los hombres sobre su pecado y sobre su redención, por todas partes se manifiestan las pruebas de estas dos verdades. Lo que se manifiesta en el mundo no expresa ni exclusión total ni presencia manifiesta de la divinidad, sino la presencia de un Dios que se esconde. Todo lleva esta huella.

        Jesucristo, sin bienes materiales y sin ninguna producción científica, pertenece al orden de la santidad. No ha hecho ningún invento, no ha reinado. Pero es humilde, paciente, santo, santo, santo para Dios, terrible para los demonios, sin pecado. Oh, ha venido con gran pompa y prodigiosa magnificencia a los ojos de los corazones que ven la sabiduría. Para manifestar su Reino de santidad, le hubiera sido inútil a Jesucristo venir como rey; sin embargo, ha venido con el esplendor que le es propio (B. Pascal, Pensieri, Opusculi, Lettere, 602.829, Milán 1984, 666.754, passim).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Esperemos y apresuremos la venida del día de Dios" (cf. 2Pe3,11b-12a).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

        Nos encontramos una vez más teniendo que decidir: debemos escoger si queremos limitar la fe al ámbito del sentimiento y orientar nuestros pensamientos según los de todos, o bien si pretendemos ser cristianos también en el modo de pensar. El juicio es el último acto de Dios, y lo lleva a cabo ciquel que sigue siendo durante toda la historia el "signo de contradicción", el momento de la decisión tanto para el individuo como para los pueblos. Cómo se lleva a cabo este juicio? En un primer momento, podemos suponer que el objeto del juicio deben ser las acciones y las omisiones del hombre. Veremos, en cambio, que todo está fundido en una sola entidad: el amor. Pero cómo ha sido fijado y se aplica el criterio del amor? Aquí es donde se manifiesta el carácter extraordinario del anuncio cristiano del juicio: el criterio según el cual seremos juzgados es nuestra actitud respecto a Cristo. El bien definitivo es él, Cristo, y obrar bien significa amar a Cristo. En definitiva, "ía verdad" o "eí bien" no son ideas o valores abstractos, sino alguien, Jesucristo. Toda buena acción va hacia Cristo y es un bien para é|, así como toda acción mala, sea cual sea su finalidad, es en el fondo un ataque contra él. La más real de todas las realidades es alguien: el Hijo de Dios hecho hombre. Y nosotros conocemos la tarea que se nos impone al hacernos cristianos: ver a Cristo en su universalidad, conservar en nuestro corazón su imagen con toda su potencia, para que pueda atravesar los confines del mundo, de la historia y de la obra humana (R. Guardini, íe cose ultime, Milán 1997, pp. 92-96, passim).

 

 

Día 18

Lunes semana XXXIII del tiempo ordinario o 18 de noviembre,

Dedicación de las basílicas de San Pedro y San Pablo  

En este día se celebra, desde el siglo IV, una fiesta en honor de los templos dedicados a los dos grandes apóstoles Pedro y Pablo. Han sido tantas las peregrinaciones a estos lugares, donde, según la tradición, murieron estos dos santos, que se ha reservado este día para festejar y venerar la basílica de san Pedro, en el Vaticano, y la de san Pablo, en la vía Ostiense.

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 1,1-4; 2,l-5a

1 Ésta es la revelación que Dios confió a Jesucristo para que mostrara a sus siervos lo que está a punto de suceder. Se lo hizo saber a Juan, su siervo, por medio del ángel que le envió,

2 y el mismo Juan testifica que todo lo que ha visto es Palabra de Dios y testimonio de Jesucristo.

3 !Dichoso el que lea y dichosos los que escuchen este mensaje profético y cumplan lo que está escrito en él! Porque el momento decisivo está a las puertas.

4 Juan, a las siete Iglesias que están en la provincia de Asia: gracia y paz a vosotras de parte del que es, del que era y del que está a punto de llegar; de parte de los siete espíritus que están delante de su trono. Y oí al Señor que me decía:

2,1 Escribe al ángel de la Iglesia de Éfeso: Esto dice el que tiene en su mano derecha las siete estrellas y pasea en medio de los siete candelabros de oro:

2 -Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu entereza. Sé que no puedes soportar a los malvados, que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y los hallaste mentirosos.

3 Tienes entereza y has sufrido por mi nombre sin claudicar.

4 Pero he de echarte en cara que has dejado enfriar el amor primero.

5 Recuerda, pues, de dónde has caído; cambia de actitud y vuelve a tu conducta primera.

 

**- El comienzo del libro del Apocalipsis, último de la Biblia, nos presenta algunas claves de lectura del mismo libro. Recurriendo a ellas, no sólo podremos percibir el mensaje de esperanza que de él se desprende, sino acoger también y hacer nuestra la bienaventuranza que promete (v. 3).

Apocalipsis significa "revelación"; por consiguiente, nada de duro o de impenetrable, sino, al contrario, la apertura de un paso hacia el gran misterio de la salvación en Cristo Jesús. Juan desea con este libro llevar a su término su ministerio de evangelista, conduciéndonos a conocer cada vez mejor a Jesús, el misterio de su muerte y resurrección, su victoria sobre el mal y sobre el Maligno, y el gran acontecimiento de su retorno final.

Después de la revelación viene la bienaventuranza: "!Dichoso el que lea y dichosos los que escuchen este mensaje profético!" (v. 3a). Se trata de una bienaventuranza que se desprende de la revelación y que quiere penetrar la tierra y el tiempo en que vivimos. Con todo, es menester escuchar y cumplir "lo que está escrito en él" (v. 3b): en este sentido, la bienaventuranza prometida es, en parte, don y, en parte, compromiso.

"Gracia y paz a vosotras" (v. 4): el libro del Apocalipsis ha sido escrito para que también a través de él podamos recibir la gracia que baja de lo alto y la paz que Jesús nos ha asegurado. Estos dones han sido prometidos no sólo a los creyentes particulares, sino también a las Iglesias, a las que Juan se dispone a escribir siete cartas. En efecto, la salvación es diálogo y encuentro personal con el Señor Jesús, pero es, asimismo, vínculo de comunión entre las comunidades creyentes.

 

Salmo Responsorial

Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.

Salmo 1,1-2.3.4.6


V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

R/. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.

V/. Será como un árbol,
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

R/. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

R/. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.





Evangelio: Lucas 18,35-43

35 Cuando se acercaba a Jericó, un ciego, que estaba sentado junto al camino pidiendo limosna,

36 oyó pasar gente y preguntó qué era aquello.

37 Le dijeron que pasaba Jesús, el Nazareno.

38 Entonces él se puso a gritar: -Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.

39 Los que iban delante le reprendían, diciéndole que se callara. Pero él gritaba todavía más fuerte: -Hijo de David, ten compasión de mí.

40 Jesús se detuvo y mandó que se lo trajesen. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó:

41 -Qué quieres que haga por ti? Él respondió: -Señor, que recobre la vista.

42 Jesús le dijo: -Recóbrala; tu fe te ha salvado.

43 En el acto recobró la vista y le siguió dando gloria a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, se puso a alabar a Dios.

 

**• Lucas ambienta tanto el episodio de la curación del ciego como el de Zaqueo -que encontraremos en la liturgia de mañana- en las proximidades o en la ciudad de Jericó, ciudad que evoca acontecimientos muy importantes

de la historia de Israel. No debería tratarse de una simple evocación, sino de un recuerdo entrañable también para nosotros los cristianos: tanto Jerusalén como Jericó son, para nosotros y para Lucas, ciudades que pertenecen tanto al pasado como al presente de la historia bíblica; tanto hoy como ayer, son lugares de teofanía y de salvación.

En efecto, son pocos los puntos de contacto entre el episodio del ciego y el de Zaqueo: mientras que Jesús presta atención al ciego que yace al borde del camino (v. 40), la muchedumbre, por el contrario, intenta hacerle callar (v. 39a); mientras que Jesús llama a Zaqueo, que se ha subido a una higuera (19,5), la muchedumbre, por el contrario, murmura cuando Zaqueo recibe a Jesús (19,7).

Del episodio del ciego es conveniente destacar las expresiones que dirige a Jesús. Al principio le invoca como "hijo de David" (v. 38) y le pide que tenga compasión de él. Sin embargo, después le llama "Señor" (v. 41) y le pide el milagro. No podemos dejar de señalar una maduración en la fe de este pobre, a quien le han presentado a Jesús sólo como "Jesús, el Nazareno" (v. 37), y al que, a continuación, reconoce como Mesías y Señor.

Al final, cuando haya recibido el don de la vista, oirá de labios de Jesús: "Tu fe te ha salvado" (v. 42). Es la fe lo que nos permite ver en lo profundo cuando se trata de reconocer el misterio. Sólo con la fe se ve bien.

 

 

MEDITATIO

No es malo tener miedo; es como una señal de alarma que nos pone en guardia ante lo que puede dañarnos o destruirnos. Cuando un creyente acosado por el miedo grita como Pedro: "!Sálvame, Señor!", ese grito quizás no le quite el miedo. La fe no dispensa de buscar otros remedios a la angustia. Sin embargo, todo cambia si en el fondo del corazón despierta la confianza en Dios. Esa confianza es la que nos salva. Pablo hace un elenco largo de las fatigas, peligros y miedos que ha tenido que pasar por Cristo (2 Cor 11,22-33), y todo lo fue superando por la fuerza de aquel que lo salvó. Dios es una mano tendida que nadie puede quitar: La fidelidad y la misericordia de Dios están por encima de todo. Por encima, incluso, de toda fatalidad y de toda culpa.

 

ORATIO

"!Sálvame, oh Dios, que estoy con el agua al cuello!" (salmo 69).

 

CONTEMPLATIO

Vale mucho a los ojos del Señor la vida de sus fieles, y ningún género de crueldad puede destruir la religión fundada en el misterio de la cruz de Cristo. Las persecuciones no son en detrimento, sino en provecho de la Iglesia, y el campo del Señor se viste siempre con una cosecha más rica al nacer multiplicados los granos que caen uno a uno.

Por esto, los millones de bienaventurados mártires atestiguan cuan abundante es la prole en la que se han multiplicado estos dos insignes vástagos plantados por Dios, ya que aquéllos, emulando los triunfos de los apóstoles, han rodeado nuestra ciudad por todos los lados con una multitud purpurada y rutilante, y la han coronado a la manera de una diadema formada por una hermosa variedad de piedras preciosas.

De esta protección, amadísimos hermanos, preparada por Dios para nosotros como un ejemplo de paciencia y para fortalecer nuestra fe, hemos de alegrarnos siempre que celebramos la conmemoración de cualquiera de los santos, pero nuestra alegría ha de ser mayor aún cuando se trata de conmemorar a estos padres, que destacan por encima de los demás, ya que la gracia de Dios los elevó, entre los miembros de la Iglesia, a tan  alto lugar, que los puso como los dos ojos de aquel cuerpo cuya cabeza es Cristo.

Respecto a sus méritos y virtudes, que exceden cuanto pueda decirse, no debemos hacer distinción ni oposición alguna, ya que son iguales en la elección, semejantes en el trabajo, parecidos en la muerte.

Como nosotros mismos hemos experimentado y como han comprobado nuestros mayores, creemos y confiamos que no ha de faltarnos la ayuda de las oraciones de nuestros particulares patronos para obtener la misericordia de Dios en medio de las dificultades de esta vida; y así, cuanto más nos oprime el peso de nuestros pecados, más levantarán nuestros ánimos los méritos de los apóstoles. (Sermón 82 del papa san León Magno, en el natalicio de los apóstoles Pedro y Pablo.)

 

ACTIO

Repite hoy esta frase de Pedro a Jesús: !Sálvame, Señor!

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Encuentro de Pedro y Pobló en Jerusalén:

Cuando Dios, que me había elegido desde el vientre de mi madre, me llamó por su gracia y me dio a conocer a su Hijo para que yo lo anunciara entre los paganos, inmediatamente, sin consultar a nadie, en lugar de ir a Jerusalén a ver a los que eran apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y luego volví a Damasco.

Al cabo de tres años fui a Jerusalén para conocer a Pedro y estuve con él quince días. Y no vi a ningún otro apóstol fuera de Santiago, el hermano del Señor. En todo esto que os escribo, bien sabe Dios que no miento. Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, y, en cambio, era desconocido personalmente por las iglesias cristianas de Judea. Tan sólo oían decir: "El que antes nos perseguía, ahora anuncia la fe que trataba de destruir", y glorificaban a Dios por mi causa.

Al cabo de catorce años, volví a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. Fui, impulsado por una revelación divina, y, en privado, expuse a los dirigentes el Evangelio que predico a los paganos, para saber si estaba o no trabajando inútilmente.  Pues ni Tito, mi compañero, que era griego, fue obligado a circuncidarse, a pesar de que esos falsos hermanos intrusos se habían infiltrado entre nosotros para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y hacernos esclavos de la ley. Pero ni por un momento les prestamos sumisión, para que la verdad del Evangelio persevere entre vosotros. Los dirigentes no me añadieron nada -lo que ellos fueron antes, no me interesa, pues Dios no juzga por las apariencias-; antes al contrario, vieron que yo había recibido la misión de anunciar el Evangelio a los paganos, como Pedro a los judíos, pues el mismo Dios que hizo a Pedro apóstol de los judíos me ha hecho a mí apóstol de los paganos; y Santiago, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, reconocieron que Dios me ha dado este privilegio, y nos dieron la mano a mí y a Bernabé en señal de que estaban de acuerdo en que nosotros nos dedicáramos a los paganos y ellos a los judíos, con tal que nos acordásemos de los pobres, lo que he procurado hacer con el máximo interés (Gall,15).



Día 19

Martes semana XXXIII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 3,1-6.14-22

Yo, Juan, oí al Señor que me decía:

1 Escribe al ángel de la Iglesia de Sardes: Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: -Conozco tus obras y, aunque tienes nombre de vivo, estás muerto.

2 Mantente, pues, vigilante y reaviva lo que está a punto de morir, porque he comprobado que tus obras no son irreprochables ante Dios.

3 Recuerda cómo escuchaste y recibiste la Palabra; consérvala y cambia de conducta. Porque si no estás vigilante, vendré como ladrón, sin que puedas saber a qué hora caeré sobre ti.

4 Aunque también es verdad que ahí, en Sardes, viven contigo unos pocos que no han manchado sus vestidos; ésos me acompañarán vestidos de blanco, porque así lo han merecido.

5 Así que el vencedor vestirá de blanco y no borraré su nombre del libro de la vida; antes bien, lo defenderé delante de mi Padre y de sus ángeles.

14 Escribe al ángel de la Iglesia de Laodicea:

Esto dice el Amén, el testigo fidedigno y veraz, el que está en el origen de las cosas creadas por Dios:

15 -Conozco tus obras y no eres ni frío ni caliente. !Ojalá fueras frío o caliente!

16 Pero eres sólo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a vomitarte de mi boca.

17 Además, andas diciendo que eres rico, que tienes muchas riquezas y nada te falta. !Infeliz de ti! No sabes que eres miserable, pobre, ciego y desnudo?

18 Si quieres hacerte rico, te aconsejo que me compres oro acrisolado en el fuego, vestidos blancos con los que cubrir la vergüenza de tu desnudez y colirio para que unjas tus ojos y puedas ver.

19 Yo reprendo y castigo a los que amo. Anímate, pues, y cambia de conducta.

20 Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

21 Al vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí, lo mismo que yo también he vencido y estoy sentado junto a mi Padre, en su mismo trono.

22 El que tenga oídos que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias.

 

*"• Tras las siete cartas que Juan envía a las siete Iglesias, la liturgia de hoy nos presenta un par de ellas: del tenor de estas dos cartas podemos intuir el mensaje que el apóstol quiere enviar a cada comunidad cristiana. Podemos considerar estas cartas como dirigidas a nosotros, en la medida en que nos hagamos cargo de vivir el Evangelio en el que creemos. De estas misivas podemos obtener una variada tipología de comunidades creyentes: algunas están muertas desde el punto de vista espiritual, otras están sólo tibias, otras se encuentran amenazadas con la pérdida del sentido de novedad que nos aporta la fe en Cristo, otras, por último, están cerradas en sus falsas seguridades. Son todas las situaciones que, a lo largo de los siglos, se han ido perpetuando, y a nadie le está permitido aparentar que no está implicado personalmente.

Para una lectura global de las siete cartas es útil indicar la estructura de fondo que caracteriza a todas: en primer lugar aparecen las señas de cada Iglesia particular y la invitación a escuchar a aquel que es la Palabra y cuyo mensaje nos trae la salvación. En segundo lugar aparece la afirmación "Conozco tus obras", destinada a indicar que no sólo cada creyente, sino cada comunidad creyente es para el Señor como un cuaderno abierto. Sigue, después, la exhortación a la vigilancia y al ánimo, tanto para desmantelar y expulsar el mal que amenaza la vida espiritual de la comunidad como para renovar su compromiso.

 

Salmo Responsorial

Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.

Salmo 14,2-3ab.3cd-4ab.5


V/. El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

R/. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.

V/. El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

R/. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.

V/. El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.

R/. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.





Evangelio: Lucas 19,1-10

En aquel tiempo,

1 Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.

2 Había en ella un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico,

3 que quería ver a Jesús. Pero, como era bajo de estatura, no podía verlo a causa del gentío.

4 Así que echó a correr hacia adelante y se subió a una higuera para verlo, porque iba a pasar por allí.

5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, levantó los ojos y le dijo: -Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.

6 Él bajó a toda prisa y lo recibió muy contento.

7 Al ver esto, todos murmuraban y decían: -Se ha alojado en casa de un pecador.

8 Pero Zaqueo se puso en pie ante el Señor y le dijo: -Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si engañé a alguno, le devolveré cuatro veces más.

9 Jesús le dijo; -Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abrahán.

10 Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

 

* Jesús ha entrado en Jericó y está atravesando la ciudad cuando se encuentra con Zaqueo, un hombre bastante rico y jefe de publícanos (w. lss). El itinerario de este hombre merece también que nos ocupemos de él. Ya es relevante el hecho de "que quería ver a Jesús" (v.'3): no era sólo su pequeña estatura lo que se lo impedía, sino también su lejanía psicológica y espiritual.

De todos modos, es cierto que Zaqueo aparece desde el principio como un hombre que busca. Que buscaba de verdad lo sabemos a través del desarrollo de esta perícopa evangélica, en la que percibimos de inmediato la iniciativa de Jesús, que levanta la mirada e invita a Zaqueo a que baje del árbol (v. 5). También Jesús, por consiguiente, desea conocer profundamente a Zaqueo y satisfacer su búsqueda. Su encuentro se convierte de inmediato en momento de gracia: ".Hoy tengo que alojarme en tu casa... Hoy ha llegado la salvación a esta casa" (w. 5.9). En este "hoy" no podemos dejar de reconocer, por un lado, la realización de la misión de Jesús y, por otro, la apertura de todo verdadero buscador al don de la salvación. Permanecer abiertos al hoy de Dios, percibir la presencia de Dios en el hoy del hombre, constituye el gran secreto de quien está verdaderamente dispuesto a caminar detrás de Jesús. Para decirlo con sus propias palabras, Jesús "ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (v. 10): a cada uno se le ofrece la oportunidad de verle, de encontrarle y de reconocerle por lo que es verdaderamente.

 

MEDITATIO

La liturgia de la Palabra que nos propone hoy la Iglesia presenta las dos dimensiones de la salvación en Cristo Jesús: la estrictamente personal y la comunitaria. Bien estará que detengamos nuestra reflexión sobre estos dos momentos del único itinerario que va desde la fe al testimonio de vida.

Por un lado, tenemos a Zaqueo, que, tras haber reconocido a Jesús y haberlo recibido en su casa "muy contento" e indiferente a las murmuraciones de la gente que le considera "un pecador" público, decide dar la mitad de sus bienes a los pobres y, en caso de fraude, restituir "cuatro veces más". Así pues, su fe es una fe eficaz, una fe que no tarda en traducirse en opciones concretas y en gestos de benevolencia con el prójimo, sobre todo con los pobres. Sabemos muy bien que si la fe no se traduce en "buenas obras" no es auténtica, no es creíble, no es camino.

Por otro lado, tenemos las comunidades cristianas a las que se dirige el apóstol Juan en la primera lectura: su comportamiento deja mucho que desear en diferentes aspectos y el apóstol no puede callar: sería caer en connivencia, sería comprometerse él mismo. Por eso hace lo contrario: les indica a las comunidades la necesidad de traducir en gestos concretos y creíbles la fe que profesan públicamente. Un compromiso como ése tiene dos aspectos: el primero es negativo y consiste en la necesidad de eliminar de la vida comunitaria todo lo que pueda comprometer su salud espiritual; el segundo es positivo y consiste en cultivar con alegría y un sentido de gran responsabilidad el don de la fe. Como perspectiva última de este compromiso, el apóstol habla del premio reservado a todos los que, con Jesús y como Jesús, podrán ser reconocidos como "vencedores".

 

ORATIO

!Señor Jesús, cuántos muertos andantes por uno solo que vive! Está muerto quien se alimenta del alboroto babélico que le rodea. Un alboroto hecho a base de televisión, discotecas, rumor, curiosidades inútiles. Está vivo el que, alejado de una propaganda interesada, es capaz de mantenerse en silencio para ir en busca de la verdad. Está muerto quien corre de una manera frenética, sin meta, hipnotizado por la moda, drogado por la diversión y la actividad desenfrenada. Está vivo quien es capaz de cultivar una libertad interior que le permite comprar "oro acrisolado en el fuego" para ir contra la corriente hacia el verdadero bien; "vestidos blancos" para convertirse en personas reflexivas y capaces de vencer una superficialidad que se propaga; "colirio" para recuperar la vista y estar así en condiciones de llevar a cabo decisiones equilibradas y responsables.

Está muerto quien, radiante del poder y de la neurosis del beneficio, se acomoda en su bienestar, indiferente a las tragedias humanas, impermeable a las llamadas de la justicia. Está vivo quien no ignora el mal que ha hecho ni se esconde o huye, sino que intenta restituir cuatro veces más para restablecer a la persona ofendida.

!Señor Jesús, cuántos muertos andantes por uno solo que vive!

 

CONTEMPLATIO

Y ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.

Señor, si no estás aquí, dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible.

Pero dónde se halla esa inaccesible claridad? Cómo me acercaré a ella? Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro.

Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, pero tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, pero tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, pero ignora dónde vives. No suspira más que por ti, pero jamás ha visto tu rostro.

Señor, tú eres mi Dios, mi dueño, pero, con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo, pero aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte, pero todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.

Entonces, Señor, hasta cuándo? Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? Cuándo volverás a nosotros?

Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien; sin eso, todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.

Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca, porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré (Anselmo de Canterbury, Proslogion, capítulo 1).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Mira que estoy llamando a la puerta" (Ap 3,20).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Aunque no siempre de una manera consciente y clara, en el corazón del hombre existe una profunda nostalgia de Dios, que san Ignacio de Antioquía expresó así, de una manera elocuente: "Un agua viva susurra en mí y me dice por dentro: "Ven al Padre"" [Ad Rom 7). "Señor, muéstrame tu gloría", suplica Moisés en la montaña (Ex 33,18).

"A Dios nadie lo vio jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer" (Jn 1,18). Es, por tanto, suficiente con conocer al Hijo para conocer al Padre? Felipe no se deja convencer fácilmente: "Muéstranos al Padre ", pide. Su insistencia nos obtiene una respuesta que supera nuestras expectativas: "Llevo tanto tiempo con vosotros, y aún no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve al Padre" (Jn 14,8-11).

Tras la encarnación, existe un rostro de hombre en el que es posible ver a Dios: "Debéis creerme cuando afirmo que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí", dice Jesús no sólo a Felipe, sino a todos los que crean (Jn 14,1 1). Desde entonces, quien acoge al Hijo de Dios acoge a aquel que le ha enviado (Juan Pablo II).

 

 

Día 20

Miércoles semana XXXIII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 4,1-11

Yo, Juan,

1 después de todo esto, tuve una visión. Vi una puerta abierta en el cielo, y aquella voz semejante a una trompeta que me había hablado al principio, decía: -Sube aquí y te mostraré lo que va a suceder en adelante.

2 De pronto caí en éxtasis y vi un trono colocado en el cielo y alguien sentado en el trono.

3 El que estaba sentado tenía un aspecto resplandeciente, como piedra de jaspe o de sardonio, y un halo parecido a la esmeralda rodeaba el trono.

4 Alrededor del trono había otros veinticuatro tronos, en los que estaban sentados veinticuatro ancianos vestidos de blanco y con coronas de oro en la cabeza.

5 Relámpagos y truenos retumbantes salían del trono: siete lámparas de fuego -que son los siete espíritus de Dios- ardían en presencia del trono,

6 y delante había también un mar transparente como de cristal. En medio del trono y a su alrededor había cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás.

7 El primero era como un león; el segundo como un toro; el tercero tenía el rostro semejante al de un hombre, y el cuarto se parecía a un águila en vuelo.

8 Cada uno de los cuatro seres vivientes tenía seis alas, y estaban llenos de ojos por fuera y por dentro. Y día y noche proclamaban sin cesar:

Santo, santo, santo,

Señor Dios todopoderoso,

El que era, el que es

y el que está a punto de llegar.

9 Y cada vez que los seres vivientes daban gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono y vive por  siempre,

10 los veinticuatro ancianos se postraban ante el que está sentado en el trono, adoraban al que vive para siempre y arrojaban sus coronas a los pies del trono diciendo:

11 Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder. Tú has creado todas las cosas; en tu designio existían y según él fueron creadas.

 

**• Tras las siete cartas a las siete Iglesias, prosigue el libro del Apocalipsis con dos visiones, la primera de las cuales constituye la primera lectura de esta liturgia. Por medio de algunos símbolos, bien conocidos por los que conocen el Antiguo Testamento, construye el apóstol Juan un gran escenario que tiene en su centro un trono de gloria. En este trono está sentado el Eterno, el Creador de todas las cosas (v. 2). Ante el Eterno se desarrolla una especie de procesión y se eleva una especie de himno de alabanza y de acción de gracias. Los elementos descriptivos sirven únicamente para concentrar la atención de todos -también la nuestra- sobre "aquel que está sentado en el trono", porque es Dios y sólo a él se le debe todo acto de adoración. De ahí que la visión descrita por el apóstol Juan tenga una función eminentemente práctica: la de introducirnos a cada uno de nosotros o, mejor, a la asamblea litúrgica que celebra los santos misterios, en esa liturgia celestial que constituye el modelo de toda liturgia terrestre.

Las distintas aclamaciones que suben hacia el Eterno, el "Señor Dios todopoderoso" (v. 8), constituyen la expresión de una piedad que conserva intacto su valor, tanto hoy como ayer. En primer lugar, el trisagio, el "tres veces santo", dirigido a "el que era, el que es y el que está a punto de llegar". Es fácil advertir que en esta triple indicación cronológica está sintetizada, en cierto modo, toda la historia de la humanidad, la cual, en cuanto visitada por Dios, se convierte en historia de la salvación.

El otro himno de alabanza, que cierra esta primera lectura (v. 11), reconoce en aquel que está sentado en el trono al Creador de todas las cosas y cuya voluntad está en el origen de la creación. De manera implícita captamos una invitación a no albergar temor alguno, en virtud de la protección que nos viene del Eterno.

 

Salmo Responsorial

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

Salmo 150,1-2.3-4.5

R/.
 Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

V/. Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

R/. Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

V/. Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras;
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas.

R/. Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.

V/. Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor.

R/. Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso.





Evangelio: Lucas 19,11-28

En aquel tiempo,

11 les contó otra parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos creían que el Reino de Dios iba a manifestarse inmediatamente.

12 Les dijo, pues: -Un hombre noble marchó a un país lejano para ser coronado rey y regresar después.

13 Llamó a diez criados suyos y a cada uno le dio una importante cantidad de dinero diciéndoles: "Negociad con ello hasta que yo vuelva".

14 Pero sus conciudadanos le odiaban y enviaron tras él una embajada a decir que no lo querían como rey.

15 Cuando regresó, investido del poder real, mandó venir a sus criados, a quienes había dado el dinero, para saber cómo había negociado cada uno.

16 El primero se presentó y dijo: "Señor, tu dinero ha producido diez veces más".

17 Él dijo: "Muy bien, has sido un buen criado; puesto que has sido fiel en lo poco, recibe el gobierno de diez ciudades".

18 Vino el segundo y dijo: "Tu dinero, señor, ha producido cinco veces más". 19 Y también a éste le dijo: "Tú recibirás el mando sobre cinco ciudades".

20 Vino el otro y dijo: "Señor, aquí tienes tu dinero; lo he tenido guardado en un pañuelo

21 por temor a ti, que eres un hombre severo, pues exiges lo que no diste y quieres cosechar lo que no sembraste".

22 El señor le replicó: "Eres un mal criado y tus mismas palabras te condenan. Sabías que soy severo, que exijo lo que no he dado y cosecho lo que no he sembrado?

23 Entonces, por qué no pusiste mi dinero en el banco para que, al volver, lo recobrase con los intereses?".

24 Y dijo a los que estaban presentes: "Quitadle lo que le di y dádselo al que lo hizo producir diez veces más

25 Le dijeron: "Señor, !pero si ya tiene diez veces más!

26 Pues yo os digo: "Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará incluso lo que tiene.

27 En cuanto a mis enemigos, esos que no me querían como rey, traedlos aquí y degolladlos en mi presencia".

28 Y dicho esto, Jesús siguió su camino, subiendo hacia Jerusalén.

 

**• Para comprender la parábola de los talentos es preciso tener presentes dos motivos fundamentales que se entrelazan en esta perícopa lucana: por un lado, Lucas quiere decir lo que significa ser discípulo; por otro, introduce el hecho del rey rechazado. El primer motivo prosigue y desarrolla el tema de las páginas precedentes, mientras que el segundo introduce el tema de las páginas que siguen. Pero es preciso que nos fijemos también en el inicio de esta parábola (v. 11), porque con ella Lucas pretende ilustrar el tema de la inminencia escatológica, enlazando así no sólo con el acontecimiento histórico de la entrada de Jesús en Jerusalén, sino también con la cuestión del "cuándo vendrá el Reino de Dios" (cf. Le 17,20).

Del enlace de todos estos motivos es obvio que resulta una interpretación múltiple y diferenciada de la misma parábola, en la que Lucas, por otra parte, introduce algunos retoques personales. Por ejemplo, la alusión al "país lejano" (v. 12) al que se marchó el hombre noble: de este modo indica Lucas que queda todavía una gran cantidad de tiempo antes de que vuelva el Señor. Bueno será recordar que también en 21,8 pondrá Lucas en guardia contra un posible error de valoración y de perspectiva en la espera del retorno del Señor.

Otro detalle lucano que merece ser puesto de relieve es el deber de hacer fructificar las minas o talentos. En efecto, si bien el Señor tarda en venir, no es menos cierto que vendrá y que lo hará como juez; ante él es preciso presentarse con frutos en las manos para que no nos diga que no nos conoce (cf. también Le 12,47ss).

 La exhortación evangélica llega así a todo verdadero discípulo de Jesús.

 

MEDITATIO

La parábola de Lucas, con su casi inagotable riqueza, nos invita a reflexionar sobre algunas actitudes típicas del discípulo al que se le dice que ha sido un criado bueno y fiel. Pero es preciso excavar en lo hondo de estos dos adjetivos calificativos para entrar en el mensaje evangélico. En efecto, Jesús no recomienda una fidelidad genérica o una bondad común, sino una fidelidad que se concreta en la obediencia a la voluntad del Señor y una bondad que se manifiesta en la disponibilidad total.

Estas dos actitudes revelan, por consiguiente, el ideal evangélico que Jesús quiere presentar y, en consecuencia, la espiritualidad propia de todo discípulo suyo. La fidelidad y la bondad son como las dos caras de una medalla; son dos aspectos de una sola personalidad que no se califica, ciertamente, por las cualidades morales, sino por el don de la gracia recibida y por el deseo constante de vivir según la voluntad del Maestro.

A diferencia de Mateo, que califica al siervo malo de "perezoso", Lucas le califica de "desobediente": he aquí otra pequeña diferencia que sólo puede poner de relieve una comparación sinóptica entre los dos evangelistas.

De este modo, el lector podrá sentirse adiestrado para seguir a cada evangelista por las pistas que le son propias y podrá componer las diferentes teselas del único retrato de Jesús. Ahora bien, si pasamos del ámbito de la redacción de ambos evangelistas al ámbito del Jesús histórico, es casi seguro que Jesús -frente al miedo de los fariseos, que habían subvertido todo el sistema de los valores- invita a sus discípulos, con esta parábola, a vencer todo miedo respecto a Dios y a alimentar una confianza profunda y total, que no teme a veces el riesgo y mantiene siempre abierto el corazón del discípulo al abandono total en su Dios.

 

ORATIO

Santo, santo, santo es el Señor.

Has hecho el mundo para nosotros:

las flores de mil colores para alegrarnos;

la lluvia para refrescar la tierra;

los pájaros para llenar el aire de cantos;

la luna y las estrellas para hacernos soñar.

Santo, santo, santo es el Señor.

Nos has creado y nos has colmado de dones:

la inteligencia para captar tus maravillas;

la voluntad para amar el universo;

la fantasía para alcanzar lo imposible;

la sonrisa para difundir tu alegría.

Santo, santo, santo es el Señor.

Haznos comprender:

la dimensión original e inefable de tus dones,

que escapan a cualquier juicio trivial;

la gravedad que encierra enterrar cualquier don

por miedo o por envidia,

por pereza o por favorecer nuestros planes;

la responsabilidad de hacerlos fructificar,

porque la esencia del don es ser entregado.

Santo, santo, santo es el Señor.

 

CONTEMPLATIO

Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar en el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo el que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal.

Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza, y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera, queda a salvo la unidad de la Santa Trinidad. Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo.

San Pablo, hablando a los corintios acerca de los dones del Espíritu, lo reduce todo al único Dios Padre, como al origen de todo, así: hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor, y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno. Porque todo lo que es del Padre es también del Hijo; por esto, todo lo q u e da el Hijo en el Espíritu es realmente don del Padre. De manera semejante, cuando el Espíritu está en nosotros, le está también la Palabra, de quien recibimos el Espíritu, y en la Palabra está también el Padre, realizándose así estas palabras: "El Padre y yo vendremos a él y haremos monda en él". Porque donde está la luz, allí está también el resplandor, y donde está el resplandor, allí están también ÍU eficiencia y su gracia esplendorosa.

Es lo que nos enseña el mismo Pablo en su segunda Carta a los Corintios, cuando dice: "La gracia de Jesucristo, el Señor, el amor de Dios y la comunión en los dones del Espíritu Sant, estén con todos vosotros". Porque toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos da por el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu Santo. Pues así como la gracia se nos da por el Padre, a través del Hijo, así también no podemos recibir ningún don si no es en el Espíritu Santo, ya que, hechos partícipes del mismo, poseemos el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión de este Espíritu (Atanasio de Alejandría).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Santo, santo, santo, Señor Dios todopoderoso" (Ap4,8).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El trabajo es el contenido característico de la que llamamos jornada laboral o vida cotidiana. A buen seguro, es posible sublimar el trabajo y engrandecer el noble y embriagador poder creativo del hombre. También podemos abusar de él, como se hace con tanta frecuencia, para huir de nosotros mismos, del misterio y del enigma de la existencia, del ansia, que nos hacen buscar sobre todo la verdadera seguridad.

El trabajo auténtico se encuentra en medio. No es ni la cima ni el analgésico de la existencia. Es, simplemente, trabajo: duro y, sin embargo, soportable, ordinario y habitual, monótono y siempre igual, inevitable y -si no se pervierte en amarga esclavitud- prosaicamente amistoso. Él conserva nuestra vida, mientras, al mismo tiempo, la consume lentamente.

El trabajo no puede gustarnos nunca del todo. Incluso cuando empieza como realización del supremo impulso creativo del hombre, se convierte, de manera inevitable, en ritmo acelerado, en gris repetición de la misma acción, en afirmación frente a lo imprevisto y a la pesadez de lo que el hombre no obra desde el interior, sino que lo sufre desde el exterior, como por obra de un enemigo. Sin embargo, el trabajo es también constantemente un tener que ponerse a disposición de los otros siguiendo un ritmo preexistente, una contribución a un fin común que ninguno de nosotros se ha buscado por sí solo. Por eso es un acto de obediencia y un perderse en lo que es general [...].

El trabajo, no por sí mismo, sino por efecto de la gracia de Cristo, puede ser "realizado en el Señor" y convertirse en ejercicio de esa actitud y de esa disposición a las que Dios puede conferir el premio de la vida eterna: ejercicio de la paciencia -que es la forma asumida por la vida cotidiana-, de la fidelidad, de la objetividad, del sentido de la responsabilidad, del desinterés que alienta el amor (K. Rahner

Día 21

Presentación de la Santísima Virgen María

 

Sólo los apócrifos imaginan y se extienden en la descripción de la presentación de María en el templo de Jerusalén. Junto a este templo decretó construir el emperador Justiniano una iglesia mariana, que fue dedicada el 21 de noviembre del año 543 y destruida setenta años después.

Esta memoria se instauró como celebración litúrgica en Constantinopla en el siglo VIII. Su difusión en Occidente fue lenta y tuvo lugar primero en el ámbito local; en 1472, fue extendida a toda la Iglesia latina. Ésta figura entre las memorias que, "prescindiendo del aspecto apócrifo, proponen contenidos de alto valor ejemplar, continuando venerables tradiciones" (Marialis cultus, 8).

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 5,1-10

Yo, Juan,

1 en la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un libro escrito por dentro y por fuera y sellado con siete sellos.

2 Y vi también un ángel pleno de vigor que clamaba con voz potente: -Quién es digno de abrir el libro y romper sus sellos?

3 Y nadie en el cielo, ni en la tierra ni debajo de la tierra podía abrir el libro y ver su contenido.

4 Entonces yo me eché a llorar desconsoladamente, porque nadie era digno de abrir el libro y ver su contenido.

5 Y uno de los ancianos me dijo:  -No llores, pues ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David, y él abrirá el libro rompiendo sus siete sellos.

6 Vi entonces en medio del trono, de los cuatro seres vivientes y de los ancianos, un Cordero en pie con señales de haber sido degollado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

7 Se acercó el Cordero y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono;

8 y cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos.

9 Cantaban un cántico nuevo que decía:

Eres digno de recibir el libro

y romper sus sellos,

porque has sido degollado

y con tu sangre has adquirido para Dios

hombres de toda raza,

lengua, pueblo y nación,

10 y los has constituido en reino para nuestro Dios y en sacerdotes que reinarán sobre la tierra.

 

*•• También este capítulo del libro del Apocalipsis se caracteriza por una visión grandiosa y sencilla al mismo tiempo. Esta visión nos aporta un mensaje claro: la historia humana es, ciertamente, un misterio, porque en ella está la presencia de Dios, pero es un misterio, al menos en parte, comprensible, porque Dios mismo nos ofrece la clave de lectura de la misma.

El símbolo del libro "sellado con siete sellos" (v. 1) se puede interpretar con bastante facilidad: todo queda envuelto en el misterio si no hay alguien que venga a "romper sus sellos" (v. 2). Éste es Jesús, el Cordero inmolado, el único "digno de recibir el libro y romper sus sellos, porque has sido degollado y con tu sangre has adquirido para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación" (v. 9). También el símbolo del llanto tiene un significado evidente: mientras no venga Jesús a romper los sellos de ese libro, cada uno de nosotros está como condenado a vivir en medio de la tristeza y de la amargura más profundas. Se alude así al drama de todos aquellos que, por diferentes motivos, tienen los ojos cerrados para el gran acontecimiento de salvación que se sitúa en el centro de la historia humana y la ilumina con la luz del día.

En contraste con el llanto de los que no pueden leer su contenido, se eleva el "cántico nuevo" (v. 9) de los que siguen al Cordero y son introducidos por él en la comprensión del misterio. Ésos forman el reino de sacerdotes (v. 10) que Jesús ha constituido para su Dios y nuestro Dios, salvándolos del pecado. Se trata de ese sacerdocio universal del que participan todos los que, por medio del bautismo, han sido lavados con la sangre del Cordero y revestidos con sus vestiduras blancas.

 

Salmo Responsorial

Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.

Salmo 149,1-2.3-4.5-6a.9b


V/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

R/ Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.

V/. Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

R/ Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.

V/. Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles.

R/ Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.





Evangelio: Lucas 19,41-44

En aquel tiempo,

41 cuando Jesús se fue acercando, al ver la ciudad, lloró por ella

42 y dijo: -!Si en este día comprendieras tú también los caminos de la paz! Pero tus ojos siguen cerrados.

43 Llegará un día en el que tus enemigos te rodearán con trincheras, te cercarán y te acosarán por todas partes;

44 te pisotearán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán piedra sobre piedra en tu recinto, por no haber reconocido el momento en el que Dios ha venido a visitarte.

 

       *•• El lamento de Jesús por Jerusalén, muy arcaico en el tono y en la lengua, parece remontarse a una fuente muy próxima al Jesús histórico. Es uno de los poquísimos episodios en los que Jesús llora, mostrando la profunda humanidad de sus sentimientos. El destino de la ciudad santa, que simboliza el destino de todo el pueblo, es considerado como el cumplimiento de una voluntad superior, de un juicio divino ineluctable ("tus ojos siguen cerrados" para el camino de la paz: en la pasiva del lenguaje bíblico se sobreentiende que Dios es el sujeto activo de la acción).

       El lenguaje escatológico de Jesús, que recuerda las invectivas proféticas, contrapone "este día", el de la posible salvación, a los "días" del juicio que vendrán. Salvación y juicio se conjugan en la expresión "el momento en el que Dios ha venido a visitarte" (v. 44): la "visita", en efecto (episcopé) puede significar en su raíz hebrea paqadh "castigo", pero también "gracia".

       La destrucción de Jerusalén es claramente una profecía ex eventu: Lucas escribe después del año 70. Sin embargo, eso no disminuye su valor: Jesús fue ejecutado, como ya lo habían sido muchos profetas, también a causa de sus palabras sobre la suerte del templo y del pueblo (cf. Mt 26,61). El episodio tiene valor no como demostración de una capacidad adivinatoria, sino como clave de lectura para interpretar el significado de la historia vivida por la comunidad a la que se dirige el evangelista.

 

 

MEDITATIO

El acontecimiento de la "presentación" no aparece en ningún texto neotestamentario, y, además, es improbable lo que cierta tradición le atribuye, a saber: confiar una niña al clero de Jerusalén, en un templo inaccesible, por otra parte, a las mujeres. Ahora bien, el leccionario litúrgico ofrece una propuesta unitaria para dar verosimilitud a la interpretación del acontecimiento: es la tipología de la presencia. Ambas lecturas se detienen en torno a esa modalidad relacional.

El oráculo de Zacarías proclama la presencia de Dios en el templo y transmite la palabra del mismo Dios, que se presenta desplegando el sentido y el significado de esa deliberación suya.

El evangelio según Marcos refiere una presencia de María en el lugar en el que se encuentra Jesús, y las palabras de éste hacen las veces de presentación de la identidad de quien él considera su auténtica familia. El mensaje se presenta bastante claro: el Señor está presente ante la persona humana, y a ésta se le abre la vía para presentarse ante el Señor. El templo asume la función de hacer visible el encuentro entre dos presencias. Sobre el fondo de un símbolo delicado como es la presencia de una niña en la solemnidad de un templo, o sea, precisamente la susodicha "presentación", la liturgia nos invita hoy a meditar sobre el sentido de una presentación de nosotros mismos ante el Señor. Nuestra propia presencia ante el Señor se convierte en presentación cada vez que ésta es iluminada, explicada, motivada, cultivada por una conciencia.

El símbolo de la presentación de María en el templo, por consiguiente, equivaldría a la conciencia de la identidad de María y de su función junto al Mesías, que va creciendo poco a poco: primero, por parte de sus familiares -o sea, la de los otros-; a continuación, por parte de la misma María y, por último, por parte de los posteriores creyentes. El sentido sustancial es éste: María está siempre en presencia del Señor, totalmente dedicada a servir, peregrina en el conocimiento.

 

ORATIO

Santa María, hija del Israel y guardiana del Evangelio, salve. Mujer casta, florecida a la luz del amor del Señor, socórrenos e n el trabajo de apartar los velos que obstaculizan la pureza de nuestro corazón para ver a

Dios; mujer humilde, crecida a la sobra del Omnipotente, guíanos a la alegría del testimonio de que hemos encontrado al Señor.

Virgen orante en las liturgias de tu pueblo, peregrina ante Dios en su templo santo, presencia materna en la Iglesia en oración, acompáñanos cuando nos presentemos ante la Santísima Trinidad para implorar misericordia y contemplar su rostro.

Templo santificado por el Espíritu, custodia en los santos braseros los granos de incienso de nuestros sacrificios y las luces encendidas de nuestras esperanzas mediante tu caridad agradable a Dios. Sierva presente en toda fiesta de fraternidad, acoge la oración de tus siervos.

 

CONTEMPLATIO

Preocupaos más, hermanos míos, preocupaos más, por favor, de lo que dijo el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos, y quien hiciere la voluntad de mi Padre, que me envió, es para mí un hermano, hermana y madre (Mt 12,49-50).

Acaso no hacía la voluntad del Padre la Virgen María, que en la fe creyó, en la fe concibió, elegida para que de ella nos naciera la salvación entre los hombres, creada por Cristo antes de que Cristo fuese en ella creado? Hizo sin duda Santa María la voluntad del Padre; por eso, es más para María ser discípula de Cristo que haber sido madre de Cristo. Más dicha le aporta el haber sido discípula de Cristo que el haber sido su madre. Por eso era María bienaventurada, pues antes de dar a luz llevó en su seno al Maestro. Mira si no es cierto lo que digo.

Mientras caminaba el Señor con las turbas que le seguían, haciendo divinos milagros, una mujer gritó: !Bienaventurado el vientre que te llevó! Más, para que no se buscase la felicidad en la carne, qué replicó el Señor?

Más bien, bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Le 11,27-28). Por eso era bienaventurada María, porque oyó la Palabra de Dios y la guardó: guardó la verdad en la mente mejor que la carne en su seno. Verdad es Cristo, carne es Cristo; Cristo Verdad estaba en la mente de María, Cristo carne estaba en el seno de María: más es lo que está en la mente que lo que es llevado en el vientre. Santa es María, bienaventurada es María, pero mejor es la Iglesia que la Virgen María. Por qué? Porque María es una porción de Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero al fin miembro de un cuerpo entero.

Si es parte del cuerpo entero, más es el cuerpo que uno de sus miembros. El Señor es cabeza y el Cristo total es cabeza y cuerpo. Qué diré? Tenemos una cabeza divina, tenemos a Dios como cabeza (Agustín de Hipona, Sermón 72/A, 7).

 

ACTIO

Permanece largo tiempo en la iglesia ante una imagen de María y repite hoy: "Bienaventurado el que cumple la voluntad de Dios".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Y cuando la niña llegó a la edad de tres años, Joaquín dijo: "Llamad a las hijas de los hebreos que estén sin mancilla y que tome cada cual una lámpara, y que estas lámparas se enciendan, para que la niña no vuelva atrás y para que su corazón no se fije en nada que esté fuera del templo del Señor". Y ellas hicieron lo que se les mandaba, hasta el momento en que subieron al templo del Señor. Y el gran sacerdote recibió a la niña y, abrazándola, la bendijo y exclamó: "El Señor ha glorificado tu nombre en todas las generaciones. Y en ti, hasta el último día, el Señor hará ver la redención por él concedida a los hijos de Israel". E hizo sentarse a la niña en la tercera grada del altar, y el Señor envió su gracia sobre ella, y ella danzó sobre sus pies y toda la casa de Israel la amó. Y sus padres salieron del templo llenos de admiración y glorificando al Omnipotente, porque la niña no se había vuelto atrás. Y María permaneció en el templo del Señor, nutriéndose como una paloma, y recibía su alimento de manos de un ángel (Protoevangelio de Santiago Vil, 2-VIII, 1).

 Día 22

Viernes semana XXXIII del tiempo ordinario o 22 de noviembre,

Santa Cecilia  

Al igual que la de otros mártires de los primeros siglos cristianos, la vida de santa Cecilia nos es casi desconocida. Las Actas del martirio (siglos V-VI), aunque no tienen un carácter histórico y calcan esquemas hagiográficos típicos, reciben, no obstante, la confirmación de la historicidad de la mártir por el culto que se le atribuía ya antes del año 313, atestiguado por la inserción del nombre de Cecilia en los antiguos martirologios y en el canon romano, por la dedicación de la basílica homónima en el Trastevere y por la dotación del sarcófago que inicialmente contuvo sus restos (siglo III).

A Cecilia se la considera patrona de la música y del canto a causa de la interpretación que la piedad popular dio a la expresión de las Actas: "Actibus organis Caecilia decantabat !n corde suo".

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 10,8-11

Yo, Juan, oí una voz del cielo:

8 Vete y toma el libro que tiene abierto en su mano el ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra.

9 Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el libro. Y me respondió: -Toma, cómetelo; te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel.

10 Tomé el libro de la mano del ángel y lo comí. Y resultó dulce como la miel en mi boca, pero, cuando lo hube comido, se llenaron mis entrañas de amargor.

11 Y alguien me dijo:  -Tienes aún que profetizar sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

 

**• El autor del libro del Apocalipsis está implicado personalmente en el acontecimiento profético. Oye, en efecto, una voz del cielo que le invita a tomar el libro y devorarlo (w. 8ss). Sigue la orden con prontitud y, apenas lo ha engullido, siente al mismo tiempo dulzura y amargura (v. 10). Tenemos aquí un símbolo muy claro de la misión profética a la que está llamado no sóloJuan, sino cualquier miembro del pueblo de Dios. La Palabra, que, aunque está sellada en el gran libro, quiere convertirse en una voz que llega a cada uno de nosotros, nos interpela y nos responsabiliza en nuestra tarea de oyentes y de testigos de la misma. A nadie le es lícito desatenderla o desconocerla: el bautismo fundamenta en cada uno de nosotros el derecho-deber al apostolado entendido como "servicio" a la Palabra.

Dulzura en la boca y amargura en las vísceras: en este contraste advertimos el drama de quien, en relación con la Palabra, siente no sólo el derecho a la escucha, sino también el deber del testimonio. En efecto, el verdadero profeta no puede dejar de compartir el destino de la Palabra, más precisamente de aquel que es la Palabra.

Un destino pascual, como bien sabemos, es decir, abierto al sufrimiento y a la alegría, a las tinieblas y a la luz, a la muerte y a la vida. El mandamiento final: "Tienes aún que profetizar" (v. 11), tiene la función de atestiguar que la misión profética para el creyente no es algo opcional, sino -al contrario- objeto de un camino divino y la expresión más genuina de su ser.

 

Salmo Responsorial

¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Salmo 118,14.24.72.103.111.131

V/. Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas.

R/. !Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

V/. Tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros.

R/. !Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

V/. Más estimo yo la ley de tu boca
que miles de monedas de oro y plata.

R/. !Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

V/. ¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca!

R/. !Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

V/. Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón.

R/. !Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

V/. Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.

R/. !Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!





Evangelio: Lucas 19,45-48

En aquel tiempo,

45 Jesús entró en el templo e inmediatamente se puso a expulsar a los vendedores,

46 diciéndoles: -Está escrito: Mi casa ha de ser casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones.

47 Jesús enseñaba todos los días en el templo. Los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los principales del pueblo trataban de acabar con él.

48 Pero no encontraban el modo de hacerlo, porque el pueblo entero estaba escuchándolo, pendiente de su Palabra.

 

*•• Esta perícopa evangélica está subdivida claramente en dos partes: en primer lugar aparecen unas palabras de Jesús contra los vendedores del templo; en segundo lugar, un apunte recopilador con el que el evangelista Lucas quiere caracterizar los últimos días de la vida terrena de Jesús. "Está escrito: Mi casa ha de ser casa de oración" (v. 45).

Sabemos bien que, para Jesús, el templo de Jerusalén no es el único lugar en el que se puede orar; más aún, en algunas ocasiones ha expresado una valoración crítica con respecto a una concepción demasiado materialista de las instituciones religiosas. Ahora bien, sabemos asimismo que el templo, en cuanto casa de Dios, no puede ser desnaturalizado ni destinado a otras funciones que no sean las litúrgicas: Está prohibido, por tanto, para cualquier intercambio comercial, que transformaría la casa de Dios en una "cueva de ladrones" (v. 46; cfls56,7; Jr 7,11).

"Está escrito": esta frase indica en labios de Jesús no que las profecías determinen el comportamiento de Jesús, sino que el comportamiento de Jesús da pleno cumplimiento a las profecías. Para Jesús, la luz plena, que ilumina sus gestos y nos permite reconocerlo por lo que es, proviene ciertamente del mensaje profético, pero sobre todo de su conciencia mesiánica.

La noticia final de Lucas (w. 47ss) viene a confirmar un hecho bien conocido: los que ejercen el poder siguen estando ciegos ante Jesús y ante la claridad de sus palabras, mientras que el pueblo en su sencillez, reconociendo que tiene necesidad de un Salvador y de un Maestro, está pendiente de sus labios.

 

MEDITATIO

El amor con el que Dios nos ama es personal, intenso, profundo; no tiene límites ni condiciones. Es un amor fiel, que nunca desaparece, que siempre ofrece la posibilidad de nuevos inicios. La iniciativa es constantemente de Dios, que, sin embargo, nos deja a cada uno la responsabilidad y la alegría de adherirnos.

Santa Cecilia, con su vida personal, nos muestra la disponibilidad de una creyente para dejarse amar y para responder con todo su ser a tanto amor. Es tan precioso para Cecilia el don recibido del Señor que no se olvida de nada a fin de estar preparada para el encuentro con él. Cecilia, que a través de la fe ha conocido al Señor, invita a otros -y en primer lugar a su esposo- a la comunión con él, animándole a la perseverancia en las dificultades.

La oración, que alimenta su relación con el Señor, la mantiene vigilante en la espera de la venida de él, fuerte y alegre cuando ésta tenga lugar a través de una muerte cruenta.

Cecilia, que se nos da a nosotros como testigo de una fidelidad a toda prueba, nos recuerda que la fe es un don que se refuerza compartiéndolo. El Señor lo otorga a todos, pero nos corresponde a nosotros animarnos los unos a los otros para acogerlo. Cecilia nos invita a hacer todo para no ajar este don en la Trivialidad y en el "dado por descontado", sino a vivirlo con firmeza y con alegría, convirtiendo nuestra existencia en un canto de alabanza al Señor.

 

ORATIO

Señor Jesús, tú fuiste enviado por el Padre a este mundo para hablar a los hombres de su amor, de suerte que volvieran a vivir la amistad con él.

Confirma en la fe a los que ya han recibido el bautismo: sé su fuerza en la adversidad, y sostenlos y confórmalos en la certeza de la vida bienaventurada y sin fin.

Haz que la espera de tu venida gloriosa fortalezca su don de amor en el presente, seguros de que quien pierde su propia vida la recobrará para siempre.

 

CONTEMPLATIO

Una cosa es decir "no" a alguien que adelanta propuestas hábiles y lisonjeras y permanecer así en la verdad y mantener los votos pronunciados; otra es permanecer firmes también frente a los tormentos y las heridas. Son éstos los recursos que se esconden en la intimidad del alma y de sus facultades: la tentación los descubre, la prueba concreta los da a conocer.

Adelante, santos de Dios, niños y jovencitos, hombres y mujeres, solteros y solteras. Proseguid con perseverancia hasta el fin. Alabad al Señor tanto más dulcemente cuanto más intensamente penséis en él. Esperad en él con tanta más felicidad cuanto mayor sea el celo con el que le servís. Que tanto más ardiente sea vuestro amor por él cuanto mayor sea el cuidado en complacerle. Con los lomos ceñidos y las lámparas encendidas, esperad al Señor a su regreso de las bodas. En las bodas del Cordero cantad un cántico nuevo, acompañándoos con vuestras cítaras. A buen seguro, no será ese canto el mismo que cantará la tierra entera, a quien se dice: "Cantad al Señor un cántico nuevo; cantad al Señor toda la tierra" (Sal 95,1). Será un canto que nadie podrá cantar, sino vosotros.

(Agustín de Hipona, La verginitá consacrata, Roma 1982, 152.117.)

 

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: "Ya está ahí el esposo, salid a su encuentro" (Mt 25,6b).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El creyente está siempre colocado frente a la elección entre los ídolos y Dios, para lo que tiene que pagar el precio del martirio, del exilio y hasta el de la huida al desierto, la persecución. [...]. Toda criatura a la que se le dé un valor absoluto, perdiendo su referencia al Creador, se convierte en un ídolo, puesto que se separa de Dios, se insinúa entre el hombre y su único Señor usurpándole su señorío. En realidad, todo puede convertirse en nuestra vida y en nuestro mundo en un ídolo: las cosas que son y las que nosotros elaboramos a través del trabajo (a. Sab 13,1 -7.10-19), si se convierten en absoluto, si capturan nuestra libertad, si concentran sobre sí nuestras atenciones produciéndonos vértigo, no son sino nuevos Baaltm, "amos", "ídolos". No queda más que desenmascararlos y abatirlos no con nuestras fuerzas, sino en nombre de quien los venció en la cruz: Jesús el Mesías, cueste lo que cueste, aunque sea incluso el martirio. [...]

Ahora bien, existe en la eucaristía una realidad muy exigente, que es unir nuestra comida de ofrenda y sacrificio a la de Cristo: en la eucaristía no es posible detenerse antes de la ofrenda de toda nuestra vida al Padre, una ofrenda total, completa, hasta el martirio. Si nuestra celebración eucarística diaria significa realizar "el culto espiritual en la ofrenda de nuestros cuerpos vivos" (cf. Rom 12,1), también es cierto que el télos al que debemos tender es el martirio, porque en el martirio no está sólo la res, es más la res tantum. Es temible acercarse a la eucaristía con esta conciencia, pero si no queremos ofrecer un "sacrificio cadavérico", es decir, la ofrenda de nuestra vida real y sólo más allá de nuestro muerte natural, debemos estar dispuestos a ser destrozados, entregados, muertos violentamente como el Señor.

El cristiano, asociado a la pascua de Cristo, ya está muerto y sepultado con Cristo en el bautismo; por eso, no le queda más que ser glorificado, en el sentido joáneo del término, a través de una participación en la muerte del Señor en la realidad de su carne. Así, la eucaristía es el martirio, acto supremo de unión total y definitiva con Cristo (E. Bianchi, // radicalismo cristiano, Turín 21980, pp. 23.24.123.124.130ss. 133.134).

 

 

 

Día 23

Sábado semana XXXIII del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 11,4-12

A mí, Juan, se me dijo: Aquí están mis dos testigos.

4 Me refiero a los dos olivos y a los dos candelabros que están de pie en presencia del Señor de la tierra.

5 Si alguno intenta hacerles daño, de su boca saldrá fuego que devorará a sus enemigos; sin remedio morirá quien intente hacerles daño.

6 Tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva durante el tiempo de su ministerio profético; tienen poder para convertir en sangre las aguas y para herir la tierra cuantas veces quieran con toda clase de calamidades.

7 Cuando hayan terminado de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.

8 Sus cadáveres quedarán sobre la plaza de la gran ciudad, que es llamada alegóricamente Sodoma y Egipto, y en la que fue también crucificado su Señor.

9 Durante tres días y medio contemplan sus cadáveres gentes de todo pueblo, raza, lengua y nación, sin que a nadie se permita darles sepultura.

10 Los habitantes de la tierra se alegran y se felicitan por su muerte y hasta se hacen regalos unos a otros, porque estos dos profetas constituían un tormento para ellos.

11 Pero después de tres días y medio, un espíritu divino entró en ellos, se pusieron en pie y un gran temor se apoderó de quienes los contemplaban.

12 Oyeron entonces una voz potente que les decía desde el cielo: -Subid aquí. Y subieron al cielo en una nube, a la vista de sus enemigos.

 

**• Este fragmento del Apocalipsis nos presenta la figura de "dos testigos" (v. 3a), símbolo de todos aquellos que han recibido la misión profética y, por eso, están dispuestos a anunciar el Evangelio. No es difícil intuir que, en cierto modo, también nosotros nos convertimos en actores de este magnífico drama. Los dos testigos gozan de la protección de Dios; de él reciben poderes extraordinarios; sobre todo, el Espíritu Santo, que hace fecunda su acción evangelizadora. Son, por consiguiente, instrumentos en las manos de Dios al servicio de toda la humanidad; son dignos de la veneración común y tendrán como premio la participación en la gloria de Dios.

Pero con una condición: que sigan el mismo camino que recorrió su maestro, Jesús. Deberán pasar por la terrible experiencia de la persecución y de la muerte.

"La bestia que sube del abismo" (v. 7) podrá cantar victoria, aunque sea de una manera provisional. "Sodoma y Egipto" (v. 8) exultarán por la muerte de estos dos testigos: será el triunfo momentáneo de las fuerzas del mal contra los testigos del Cordero. Pero "después de tres días y medio" cambiará la situación: los testigos resucitarán gracias a "un espíritu divino" (v. 11) y será grande el terror de todos.

El misterio pascual se realiza, por consiguiente, también en su vida: el camino del Maestro es también el suyo; su victoria es participación en la victoria de Jesús. Resucitaron y "subieron al cielo" (v. 12), allí donde subió Jesús: el triunfo de los testigos debe llegar a su última meta: la comunión eterna con el Padre, tras haber vivido la comunión terrena con Jesús.

 

Salmo Responsorial

 ¡Bendito el Señor, mi alcázar!

Salmo 143,1.2.9-10

R/.
 ¡Bendito el Señor, mi alcázar!

V/. Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea.

R/. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!

V/. Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos.

R/. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!

V/. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna.

R/. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!





Evangelio: Lucas 20,27-40

En aquel tiempo,

27 se acercaron unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:

28 -Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si el hermano de uno muere dejando mujer sin hijos, su hermano debe casarse con la mujer para dar descendencia a su hermano.

29 Pues bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin hijos.

30 El segundo

31 y el tercero se casaron con la viuda, y así hasta los siete. Todos murieron sin dejar hijos.

32 Por fin murió también la mujer.

33 Así pues, en la resurrección, de quién de ellos será mujer? Porque los siete estuvieron casados con ella.

34 Jesús les dijo: -En la vida presente existe el matrimonio entre hombres y mujeres,

35 pero los que logren alcanzar la vida futura, cuando los muertos resuciten, no se casarán.

36 Y es que ya no pueden morir, pues son como los ángeles; son hijos de Dios, porque han resucitado.

37 Y el mismo Moisés da a entender, en el episodio de la zarza, que los muertos resucitan, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob.

38 No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque todos viven por él.

39 Entonces unos maestros de la Ley intervinieron diciendo: -Maestro, has respondido muy bien.

40 Y ya nadie se atrevía a preguntarle nada.

 

*•• Esta perícopa evangélica comienza con una pregunta-trampa planteada a Jesús por los fariseos (w. 28-33), una pregunta que presupone una mentalidad materialista y un cierre total a la lógica del cielo. No se trata, en efecto, de llevar consigo a una mujer o cualquier otra cosa al cielo en la resurrección. Según el modo de ver de Jesús, la perspectiva que se abre más allá de la muerte es una realidad totalmente nueva, algo que no puede ser encerrado dentro de la lógica de la tierra.

Pero de qué novedad se trata? Jesús habla, en primer lugar, de inmortalidad, una realidad que a nosotros, los hombres de la tierra, no nos ha sido dado experimentar y que, por consiguiente, debe ser considerada como un don exquisito de la divina bondad. En segundo lugar, Jesús deja entrever el hecho de que las relaciones interpersonales en la vida eterna serán de otra especie y naturaleza: no de tal tipo que encierren a una persona en otra, sino de naturaleza que nos abran a Dios y entre nosotros. Por último, Jesús define a los resucitados como iguales a los ángeles (cf. v. 36) para indicar una situación de vida diferente a la actual y, de todos modos, más cercana a la vida de Dios. Hemos de señalar también que hay modos y modos de hacer referencia a las Escrituras: para ponerlas de nuestra parte, como hacen los saduceos, o bien para entrar en su mensaje genuino, como hace Jesús. El Maestro nos ofrece de este modo las divinas Escrituras como tesoro de verdad, de esperanza y de liberación.

Es útil señalar el detalle final (v. 39): hay también entre los maestros de la Ley algunos bien dispuestos hacia Jesús, que reconocen la validez de su ministerio, pero sin tener, no obstante, el valor de llegar hasta el final de su discurso. En efecto, no se atreven a hacerle ninguna pregunta más, tal vez porque su corazón es tímido y no quieren comprometerse con Jesús.

 

MEDITATIO

De las dos lecturas que la liturgia de la Palabra nos presenta hoy brota la perspectiva de la vida eterna: es una ocasión óptima para reflexionar sobre este momento de nuestra vida que la caracterizará de modo pleno y definitivo.

Por un lado, se nos invita a purificar nuestras ideas sobre el modo como viviremos eternamente. Lo que afirma el evangelio a este respecto debe ser recibido como una invitación a callar más que a chacharear sobre lo que nos espera. Es incluso demasiado fácil trivializar el discurso sobre el paraíso, tanto en un sentido negativo como en un sentido positivo. En ciertas ocasiones, además, como los saduceos del evangelio, nos sentiremos tentados a reducir la vida eterna a las proporciones –engrandecidas de la vida terrena, no permitiendo ni siquiera a Dios hacer "cosas nuevas" o, mejor, "unos cielos nuevos y una tierra nueva". Sabemos, sin embargo, con seguridad que la vida eterna será una pascua plena y definitiva, participación en la de Jesús. También nosotros, como los "dos testigos" de los que nos habla el libro del Apocalipsis, sabemos que la pascua es un acontecimiento extraordinario cuyas características abren la tierra al cielo y por eso marcarán nuestra vida para siempre.

A la vida eterna se accede mediante la resurrección, participación en el gran acontecimiento de la resurrección de Jesús. Tanto para nosotros como para él, se trata de una victoria de la vida sobre la muerte: es Dios quien triunfará definitivamente en nuestra vida: "El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, un Dios de vivos y no de muertos". Es ésta una expresión extremadamente lúcida para hacernos comprender que, aunque hayan muerto, también Abrahán, Isaac y Jacob viven en Dios, y como ellos cada uno de nosotros, porque "todos viven por él".

 

ORATIO

Te doy gracias, Señor,

- por los apóstoles de todas las naciones que, obedeciendo tu invitación, ofrecen al mundo tu Evangelio;

- por los misioneros conocidos o no que, incluso a riesgo de su propia vida, llevan tu mensaje de salvación allí donde todavía no eres conocido;

- por todos aquellos que en cualquier momento histórico han recordado a tu Iglesia el gran mandato de la evangelización.

Te doy gracias, Señor,

- por los misioneros y fíeles que, con el testimonio e su vida, se han unido al ejército de los mártires;

- por todos aquellos que glorifican tu nombre en cada lengua y en cada nación, en cada pueblo y en cada cultura, en todas las partes del mundo;

- por los obreros que vendrán a trabajar en tu mies, porque, al responder con fidelidad y firmeza a su llamada, saborean la alegría del servicio.

Oh Señor, asiste con tu presencia, guía con tu consejo y sostén con tu fuerza a todos aquellos a quienes has enviado a las naciones.

 

CONTEMPLATIO

Qué debe hacer, por tanto, el cristiano? Servirse del mundo, no hacerse esclavo del mundo. Qué significa eso? Significa tener, pero como si no tuviera. Así dice, en efecto, el apóstol: "Os digo, pues, hermanos, que el tiempo se acaba. En lo que resta, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo está a punto de acabar. Quiero que estéis libres de preocupaciones" (1 Cor 7,29-32).

Quien no tiene preocupaciones espera tranquilo la llegada de su Señor. En efecto, qué clase de amor por Cristo sería temer su llegada? Hermanos, no nos avergonzamos? !Le amamos y tememos que venga! Pero le amamos de verdad o amamos más nuestros pecados?

Se nos impone una elección de manera perentoria. Si queremos amar de verdad al que debe venir para castigar los pecados, debemos odiar con el corazón todo lo que tenga que ver con el mundo del pecado. Lo queramos o no, él vendrá. Más tarde, no ahora; lo que, como es obvio, no excluye que vendrá. Vendrá, y cuando menos lo esperes. Si te encuentra preparado, no te perjudicará el hecho de no haber conocido por anticipado el momento exacto (Agustín de Hipona).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible" (cf. 1 Cor 15,43).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por el lugar en el que viven, ni por su lenguaje, ni por su modo de vida. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres. Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble.

Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho. Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo (Carta a Diogneto).

 

 

Día 24

domingo XXXIV del tiempo ordinario:

Jesucristo, rey del universo

 

LECTIO

Primera lectura: Daniel 7,13ss

13 Seguía yo contemplando estas visiones nocturnas y ví venir sobre las nubes alguien semejante a un hijo de hombre; se dirigió hacia el anciano y fue conducido por él.

14 Se le dio poder, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su Reino jamás será destruido.

 

        **• El significado profundo de este fragmento aparece cuando lo consideramos en el contexto del capítulo 7 de Daniel. Al profeta se le ha revelado el misterio de la historia. Ve la sucesión de diferentes reinos, representados simbólicamente por cuatro fieras espantosas, pero su prepotencia está destinada a desaparecer. Mientras los acontecimientos se suceden en el tiempo, en la dimensión copresente al mismo de la eternidad, la historia es juzgada por Dios sobre la base de las acciones de los hombres (vv. 9ss).

Las potencias de este mundo han sido condenadas y algunas ya sufren la pena (v. 11); otras, en cambio, la ven diferida "sólo hasta un determinado momento" (v. 12). Y he aquí que aparece en la trascendencia divina ("sobre las nubes") "un hijo de hombre", a quien Dios le da un poder eterno y un reino invencible, que abarcará a todos los pueblos. Eso significa que su persona y su señorío son celestiales y terrenos, divinos y humanos al mismo tiempo. Contra su reino, que coincide con el Reino de los santos del Altísimo (vv. 17.32), se levantará aún la violencia de los poderosos de este mundo y parecerá victoriosa (vv. 24ss). Ahora bien, cuando el juicio de Dios se haga definitivo, el Reino del Hijo del hombre, o bien de los santos del Altísimo, triunfará para siempre (v. 26). Para expresar de manera eficaz esta realidad, Pablo adoptará la imagen del cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo y los fieles sus miembros.

El Reino de Cristo es, por consiguiente, también nuestro; nosotros también estamos llamados a participar en su realeza venciendo al pecado que nos asedia. Sumergidos como estamos en la historia, se nos pide que juzguemos los acontecimientos con el sentido de la fe y que vivamos en conformidad con la ley fundamental del amor, para que todo hombre pueda entrar por fin en el Reino de Dios.



Salmo responsorial
El Señor reina, vestido de majestad

Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5

El Señor reina, vestido de majestad;
el Señor, vestido y ceñido de poder:

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.

       

Segunda lectura: Apocalipsis 1,5-8

5 Jesucristo es el testigo fidedigno, el primero en resucitar de entre los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos liberó de nuestros pecados con su propia sangre,

6 al que nos ha constituido en reino y nos ha hecho sacerdotes para Dios, su Padre, a él la gloria y el poder para siempre. Amén.

7 !Mirad cómo viene entre las nubes! Todos lo verán, incluso quienes lo traspasaron, y las razas todas de la tierra Jesucristo, rey del universo tendrán que lamentarse por su causa. Así será. Amén.

8 "Yo soy el alfa y la omega -dice el Señor Dios- el que es, el que era y el que está a punto de llegar, el todopoderoso".

 

**• En estos versículos, tomados del prólogo del Apocalipsis, se presenta esencialmente la realeza de Jesucristo como la realeza del Hijo del hombre ("viene entre las nubes": v. 7a). Aludiendo a la profecía de Daniel, el vidente puede afirmar, por tanto, que Jesús es el revelador del Padre digno de fe ("testigo fidedigno"), puesto que procede de Dios mismo. En cuanto Resucitado, es el arquetipo de una nueva estirpe destinada a la vida eterna. Por último, es "soberano de los reyes de la tierra", porque ha venido a traer a la tierra el Reino de Dios al que todos estarán sometidos al final.

El Hijo del hombre, Jesús, es el crucificado, "traspasado " por la incredulidad y por la violencia de muchos. Y precisamente de este modo ha manifestado su amor por nosotros y nos ha liberado de los pecados 0-(v. 5), dándonos la posibilidad de que se cumpla la antigua promesa: "Si me obedecéis y guardáis mi alianza, vosotros seréis el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos, porque toda la tierra es mía; seréis para mí un reino de sacerdotes, una nación santa" (Ex 19,6).

Cuando llegue la hora, siempre inminente de su venida gloriosa, hasta los que le han rechazado deberán reconocerle y comprender el mal que han cometido. Ahora bien, los que desde ahora acogen el señorío de Cristo en su vida participan de su función real y sacerdotal.

De este modo entran en comunión con Dios, principio y fin de todo lo que existe, origen eterno del tiempo, que, sin embargo, viene a la historia para asumir la fatiga de todas las criaturas y llevarlas con el poder del amor a la libertad y a la salvación (v. 8).

 

Evangelio: Juan 18,33b-37

En aquel tiempo,

33 dijo Pilato a Jesús -Eres tú el rey de los judíos?

34 Jesús le contestó: -Dices eso por ti mismo o te lo han dicho otros de mí?

35 Pilato replicó: -Acaso soy yo judío? Son los de tu propia nación y los jefes de los sacerdotes los que te han entregado a mí. Qué es lo que has hecho?

36 Jesús le explicó: -Mi Reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis seguidores hubieran luchado para impedir que yo cayese en manos de los judíos. Pero no, mi Reino no es de este mundo.

37 Pilato insistió: -Entonces, eres rey? Jesús le respondió: -Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio De la verdad. Precisamente para eso nací y para eso vine al mundo. Todo el que pertenece a la verdad escucha la voz.

 

*•• El relato del proceso de Jesús ante Pilato tiene un gran relieve en el evangelio de Juan. La reflexión sobre el tema de la realeza está presente en todo el episodio, incluso en la declaración de Pilato: "!Aquí tenéis a vuestro rey!" (19,14). Ahora bien, la "pretensión" de ser Hijo de Dios (19,7) es demasiado elevada para los judíos; ellos prefieren que este Mesías sea crucificado, y, obrando de este modo, reniegan de la historia de Israel y de sus mismas expectativas: "No tenemos otro rey que el César" (19,15).

Esta perícopa representa el centro teológico del relato joáneo. Se confrontan aquí conceptos muy diferentes de realeza: Pilato tenía el concepto político-militar que se podía hacer un romano (v. 37), pero aparece también el teocrático y a la vez político de los judíos (vv. 33ss);

Sin embargo, la realeza de Jesús pertenece a otra esfera: Jesucristo, rey del universo "no es de este mundo"; más aún, puede dejarse aplastar por éste y resultar, de todos modos, vencedora (v. 36). Jesús es verdaderamente rey, pero no "de aquí abajo". Ha venido a este mundo a traer su Reino sobrenatural sin imponer su absoluta superioridad, asumiendo nuestra condición ("para eso nací y para eso vine al mundo") para iluminarla con la luz de la verdad y hacer al hombre capaz de elegir el Reino de Dios.

La venida de Cristo obra, por consiguiente, una discriminación entre los que acogen su testimonio y los que lo rechazan. Es un testimonio verdadero sobre Dios -cuyo rostro revela Jesús en sí mismo- y, al mismo tiempo, sobre el hombre, tal como es según el designio del Padre ("!Ecce homo!": 19,5): acogerlo significa entrar ya desde ahora en su Reino. En cambio, el que lo rechaza se somete al príncipe de este mundo (12,31): no

es posible mantenerse en un escepticismo neutral como intenta hacer Pilato (18,38). Quien reconoce a Jesus como rey no se preocupa de triunfar en este mundo, sino más bien de escuchar la voz de su Señor y de seguirle (v. 37b), para extender aquí abajo su Reino de verdad y de amor.

 

MEDITATIO

La liturgia de hoy nos invita a reavivar en nosotros el deseo de que Cristo reine verdaderamente en nuestra vida. Para que esto tenga lugar, es menester renovar nuestra adhesión a él, que nos amó primero y libró por nosotros la gran batalla hasta dejarse herir de muerte para destruir en su cuerpo clavado en la cruz nuestro pecado. Cristo venció así. Su triunfo es el triunfo del amor sobre el odio, sobre el mal, sobre la ingratitud.  

Cristo es un rey crucificado; sin embargo, su poder está precisamente en la entrega de sí mismo hasta el extremo: es un rey coronado de espinas, colgado en la cruz, y sigue como tal para siempre, incluso ahora que está en la presencia del Padre, a donde ha vuelto después de la resurrección. Se trata de una realeza difícil de comprender desde el punto de vista humano, a no ser que emprendamos el camino del amor humilde, de la vida que se hace servicio y entrega. Si emprendemos ese camino, el mismo Espíritu nos hará capaces de configurarnos con el humilde rey de la gloria, de quien todo cristiano está llamado a ser discípulo enamorado.

Esto traerá consigo, necesariamente, una sombra de muerte, de muerte a todo un mundo de egoísmos, de pasiones, de vanos deseos y de arrogancias indebidas: una muerte que, sin embargo, se traduce en libertad para nosotros mismos y en crecimiento para los otros, en vida verdadera y en plenitud de alegría. Nuestro camino en la historia prosigue con sus cansancios, pero nuestro corazón puede saborear de manera anticipada la dulzura de este Reino de luz infinita en el que sólo se entra por la puerta estrecha de la cruz.

 

ORATIO

Señor Jesús, tú te escondiste a los ojos de todos para orar al Padre en secreto, cuando la muchedumbre, maravillada y admirada por los milagros que realizabas, te buscaba para proclamarte, Sólo en la hora de la pasión, cuando todos te habían abandonado y ser proclamado rey ya no era motivo de jactancia, sino que se había vuelto para ti causa de condena, sólo entonces declaraste tu señorío universal. Obrando de este modo nos enseñaste con tu misma muerte que reinar es servir amando hasta la entrega total de nosotros mismos.

Concédenos también reconocer tu realeza no de palabra, sino dejando crecer y dilatarse en nosotros tu Reino, para que seamos, en la historia, irradiación de tu presencia de paz y motivo de consuelo y esperanza para todos nuestros hermanos.

 

CONTEMPLATIO

Tú, oh Cristo, eres el Reino de los Cielos la tierra prometida a los humildes; tú, eres el pasto del paraíso, el cenáculo para el banquete divino; tú, la sala de las nupcias inefables, la mesa suntuosamente preparada para todos.

Oh Cristo, no me abandones en medio de este mundo, puesto que sólo te amo a ti, aunque todavía no te he conocido; yo, que estoy completamente a merced de las pasiones; yo, que no te conozco, pues acaso tiene necesidad de los placeres del mundo quien te ha conocido? Quién, que te haya amado, irá en busca de cualquier otro placer? O se sentirá apremiado a ir en busca de cualquier otro amigo?

Dios, creador del universo, que me has dado lo que tengo de bueno, ten benévola compasión de mi pobre alma; concédeme un correcto discernimiento para que me deje atraer por tus bienes eternos y sólo por ellos.

Te amaré con todo el corazón, persiguiendo sólo tu gloria sin preocuparme en absoluto de la gloria de los hombres, a fin de llegar a ser uno contigo ya ahora y después de la muerte, obteniendo así, oh Cristo, reinar contigo, que aceptaste por mi amor la más infamante de las muertes. Entonces seré el más feliz entre todos los hombres. Amén, así sea, oh Señor, ahora y siempre y por los siglos de los siglos (Simeón el Nuevo Teólogo, en C. Berselli [ed.], Inni a Cristo nel primo millennio delta

Chiesa, Roma 1981, pp. 168-170).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Venga a nosotros, Señor, tu Reino de luz".

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Jesús, que está a punto de subir al patíbulo, sin que se intente un solo gesto, de la tierra o del cielo, para defenderle, este mismo Jesús afirma con una calma suprema: "Yo soy rey".

Rey, es decir, no sólo libre (y está atado), sino también Señor (y están a punto de matarle).

Aquel instante exigía la fe más firme, porque era el de la oscuridad más profunda, era el momento en que daba la impresión de que del Dios-nombre ya no quedaba nada de Dios y, dentro de muy poco, tampoco quedaría nada del hombre. No era difícil creer en el poder de Jesús cuando mandaba sobre las enfermedades, sobre la tempestad, sobre la muerte. Ahora bien, para pensar como Rey y como Dios a uno que ha sido vencido, aplastado, reducido a nada, es preciso recurrir a una lógica que invierta cualquier pensamiento humano, es preciso dejar que se hunda nuestra propia inteligencia en las tinieblas más densas; en una palabra, renunciar a cualquier otra luz que no sea la de la confianza ciega, propia del amor [...].

En aquel momento era menester el amor mismo de Dios para comprender que el despojo total podría constituir la ofrenda suprema del amor, para descubrir en la aniquilación de la cruz la manifestación más sublime de la omnipotencia de Dios.

Jesús manifiesta su propia realeza y su soberano señorío sirviéndose de la mala voluntad de los hombres para cumplir su voluntad de salvación, utilizando su odio para su obra de amor.

Le crucificaban para quitarle de en medio, y he aquí que lo vuelven a zambullir en la eternidad de donde había venido y que, con su retorno, volverá a abrirla a todos los hombres (I. Riviére, A chaqué jour suffit sa joie, París 1949, pp. 171 ss).


 

Día 25

Lunes semana XXXIV del tiempo ordinario,

santa Catalina de Alejandría

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 14,1-3-4b-5

Yo, Juan,

1 volví a mirar y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sión. Estaban con él los ciento cuarenta y cuatro mil que tenían su nombre y el nombre de su Padre escrito en la frente.

2 Y oí una voz que venía del cielo, voz como de aguas caudalosas y truenos fragorosos. Sin embargo, la voz que oí era como el sonido de citaristas tocando sus cítaras.

3 Cantaban un cántico nuevo delante del trono, de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Un cántico que nadie podía aprender, excepto aquellos ciento cuarenta y cuatro mil rescatados de la tierra.

4 Éstos son los que siguen al Cordero a dondequiera que va, los rescatados de entre los hombres como primeros frutos para Dios y para el Cordero,

5 los de labios sinceros y conducta irreprochable.

 

*" El libro del Apocalipsis, a medida que se desarrolla el drama, compromete con su mensaje a un número cada vez mayor de personas: el pueblo de los elegidos entra en una relación maravillosa con Dios y con Jesús, el Cordero inmolado. La perspectiva eclesial caracteriza, por consiguiente, el mensaje del evangelista Juan; más aún, si la consideramos bien, la perspectiva se vuelve universal. El símbolo numérico empleado en este texto bíblico es muy claro: ".Ciento cuarenta y cuatro mil" (w. 1.3b) corresponde, en efecto, a 12 x 12 x 1.000, producto de tres números que -cada uno de ellos- significan perfección. Es como decir que éste no ha de ser considerado un número cerrado, sino un número abierto que encontrará su perfección sólo cuando todos los llamados sean también elegidos.

El otro símbolo empleado por Juan es el del monte, "el monte Sión", en el que se reúnen todos los que llevan en la frente el nombre del Cordero y el de su Padre (v. 1). Tener el nombre significa entrar en una relación muy especial con la persona: en este caso, el pueblo de los elegidos se caracteriza por su especial relación con Dios y con Jesús. Mediante la fe es como se entra a formar parte de este pueblo que es la comunidad de los que invocan el Nombre y reconocen en él la fuente de su salvación. Es un pueblo que cree, y por eso canta: "Cantaban un cántico nuevo delante del trono, de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Un cántico que nadie podía aprender, excepto aquellos ciento cuarenta y cuatro mil rescatados de la tierra" (v. 3). No es difícil reconocer en este cántico el aleluya pascual que se transforma en un aleluya eterno.

 

Salmo Responsorial

Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

Sal 23,1-2.3-4ab.5-6

R/.
 Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

V/. Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

R/. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

V/. ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos.

R/. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

V/. Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob.

R/. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.





Evangelio: Lucas 21,1-4

En aquel tiempo,

1 estaba Jesús en el templo y veía cómo los ricos iban echando dinero en el cofre de las ofrendas.

2 Vio también a una viuda pobre que echaba dos monedas de poco valor.

3 Y dijo: -Os aseguro que esa viuda pobre ha echado más que todos los demás,

4 porque ésos han echado de lo que les sobra, mientras que ésta ha echado, de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir.

 

*" Advertimos dos grandes contrastes en esta página evangélica: el que existe entre los "ricos" y la "viuda", y el que existe entre "lo que sobra" y "lo necesario para vivir". De este modo, Lucas nos hace entrar de inmediato en una situación de vida que -tanto hoy como ayer- nos interpela con todo su dramatismo. El evangelio no nos ofrece exhortaciones piadosas, casi sedantes, sino que nos ilumina con una luz nueva para que podamos leer a fondo y con perspectiva las situaciones históricas en las que vivimos.

Jesús ve y elogia a la viuda pobre; ve y no puede dejar de censurar la acción de los ricos. La mirada de Jesús es como un juicio emitido sobre aquellos que tienen una relación distinta con los bienes, con el dinero. Un juicio que siempre resulta difícil de aceptar, pero que, no obstante, ilumina perfectamente no sólo el gesto, sino también el corazón de las personas.

En primer lugar, Jesús elogia a la viuda pobre por "las dos monedas de poco valor" que ha ofrecido al templo. También aquí se da un fuerte contraste en las palabras de Jesús: dos monedas de poco valor son siempre dos monedas de poco valor, pero Jesús las considera más preciosas que las ricas ofrendas de los acomodados.

Cómo pensar en este gesto de la viuda sin compararlo con el de la mujer anónima que, la víspera de la pasión de Jesús, perfumó su cabeza con un perfume precioso? Se trata en ambos casos de una "buena acción", que como tal complace a Jesús bastante más que cualquier otra ofrenda. El poco de la viuda pobre es todo a los ojos de Dios, mientras que el mucho de los ricos es simplemente lo superfluo. También aquí captamos un juicio bastante claro: en efecto, Dios sopesa el valor cualitativo y no sólo el cuantitativo de nuestras acciones. Es sólo él quien lee en nuestros corazones y nos conoce a fondo.

 

MEDITATIO

La perícopa evangélica nos pone ante una situación que, en su sencillez, nos empuja a una reflexión sobre el valor del don, del don de nosotros mismos. Es evidente que la viuda pobre ha realizado un gesto extremadamente elocuente, mientras que el gesto de los ricos se revela, por lo menos, opaco y mezquino. El gesto del que da con generosidad, pero sobre todo con confianza, revela, por un lado, el corazón del que da y, por otro, el valor de aquel a quien se ofrece el don. En consecuencia, es el corazón lo que da valor y otorga importancia al don. La viuda pobre manifiesta un corazón totalmente abierto a Dios, lleno de una extrema confianza en él, y, al mismo tiempo, manifiesta el valor sumo que tiene Dios para ella.

Ese gesto asume, por consiguiente, un valor religioso: es un acto de fe, un acto de abandono en la divina providencia; en último extremo, un acto de adoración.

El don, por tanto, tiene la capacidad de unir y conectar a dos personas: no tanto por el valor de lo que se da como por el valor del corazón del donante y por el valor del corazón de aquel a quien se ofrece el don, sea quien sea. Más aún, desde una perspectiva religiosa, la fe es capaz de llevar a cabo una especie de inversión de los valores, de suerte que el poco de la viuda se convierte en todo, mientras que el mucho de los ricos se convierte en poco.

Por último, lo que embellece al don es la intención que lo acompaña, lo orienta y lo consuma: si la finalidad del gesto oblativo es Dios, entonces el don asume un valor excepcionalmente grande. Es Dios quien lo recibe, lo aprecia y lo acepta.

 

ORATIO

"Dios ama a quien da con alegría" (2 Cor 9,7).

Señor, qué sería nuestra vida si fuera tocada por dones con las mismas características y bienaventuranzas que los tuyos?

Dones desinteresados que permitan crecer: conoceríamos la avidez y el engaño?

Dones duraderos basados en promesas fieles y veraces: conoceríamos el divorcio?

Dones generativos que produzcan vida al darse a sí mismos: conoceríamos el aborto?

Dones que se multiplican al ser distribuidos: conoceríamos la indigencia?

Dones que consuelan al que sufre: conoceríamos la soledad?

Dones que perdonan al que se ha equivocado: conoceríamos la venganza o el rencor?

Dones que acogen sin distinción de cultura, de fe, de lengua, de color: conoceríamos la discriminación?

Dones de paz y de fraternidad: conoceríamos la violencia, la guerra, el atropello?

Dones de reconocimiento por las dos moneditas de la viuda: conoceríamos la ingratitud?

Oh Señor, nuestra naturaleza herida y corrupta, so pretexto de acciones nobles, transmite a menudo dones enmascarados por su propio egoísmo y por su propia vanidad. Haz que nuestros dones encarnen sólo las intenciones del amor.

 

CONTEMPLATIO

Todos los que participamos de la sangre sagrada de Cristo alcanzamos la unión corporal con él, como atestigua san Pablo cuando dice, refiriéndose al misterio del amor misericordioso del Señor: No había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo.

Si, pues, todos nosotros formamos un mismo cuerpo en Cristo, y no sólo unos con otros, sino también en relación con aquel que se halla en nosotros gracias a su carne, cómo no mostramos abiertamente todos esa unidad entre nosotros y en Cristo? Pues Cristo, que es Dios y hombre a la vez, es el vínculo de la unidad.

Y, si seguimos por el camino de la unión espiritual, habremos de decir que todos nosotros, una vez recibido el único y mismo Espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos fundimos entre nosotros y con Dios. Pues aunque seamos muchos por separado, y Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada uno de nosotros, ese Espíritu, único e indivisible, reduce por sí mismo a la unidad a quienes son distintos entre sí en cuanto subsisten en su respectiva singularidad, y hace que todos aparezcan como una sola cosa en sí mismo.

Y así como la virtud de la santa humanidad de Cristo hace que formen un mismo cuerpo todos aquellos en quienes ella se encuentra, pienso que de la misma manera el Espíritu de Dios que habita en todos, único e indivisible, los reduce a todos a la unidad espiritual.

Por esto nos exhorta también san Pablo: Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Pues siendo uno solo el Espíritu que habita en nosotros, Dios será en nosotros el único Padre de todos por medio de su Hijo, con lo que reducirá a una unidad mutua y consigo a cuantos participan del Espíritu (Cirilo de Alejandría, Comentario sobre el evangelio de san Juan, XI, 11).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Éstos son los que siguen al Cordero a dondequiera que va" (Ap 14,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Cuál será mi sitio en la casa de Dios? Sé que no me pondrá mala cara, que no me hará sentirme una criatura que no sirve para nada, porque eres, Dios, así: cuando una piedra te sirve para tu construcción, coges el primer guijarro que encuentras, lo miras con una infinita ternura y lo conviertes en esa piedra que necesitas, unas veces con un brillo como el del diamante, otras opaca y sólida como una roca, pero siempre apta para la finalidad que persigues.

Qué harás de este guijarro que soy yo, de esta piedrecilla que tú has creado y trabajas cada día con el poder de tu paciencia, con la fuerza invencible de transfiguración que encierra tu amor? Tú haces cosas inesperadas, gloriosas. Arrojas las bagatelas y te pones a cincelar mi vida. Poco importa que me pongas bajo un pavimento que nadie ve, pero que sostiene el esplendor del zafiro, o en la cima de una cúpula que todos miran y quedan deslumbrados. Lo importante es encontrarme cada día allí donde tú me pongas, sin retrasos. Y yo, por más que sea piedra, siento que tengo una voz: quiero gritarte, oh Dios, la felicidad que me produce sentirme maleable en tus manos, para servirte, para ser templo de tu gloria (A. A. Ballestrero).

 

 

Día 26

Martes semana XXXIV del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 14,14-19

Yo, Juan,

14 volví a mirar y vi una nube blanca. Sentado sobre la nube estaba un ser de aspecto humano con una corona de oro sobre la cabeza y una hoz afilada en la mano.

15 Salió del templo otro ángel y gritó con voz potente al que estaba sentado en la nube: -Mete tu hoz y comienza a segar. Es el tiempo de la siega, pues está ya seca la mies.

16 El que estaba sentado sobre la nube acercó su hoz a la tierra y la segó.

17 Y salió otro ángel del templo celeste llevando también una hoz afilada.

18 Y todavía un ángel más -el que tiene poder sobre el fuego— salió del altar y gritó con voz potente al que tenía la hoz afilada: -Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, pues están ya las uvas en sazón.

19 Acercó el ángel su hoz a la tierra, vendimió la viña de la tierra y arrojó las uvas al gran lagar de la ira de Dios.

 

*" En este fragmento del libro de Apocalipsis encontramos algunos símbolos cuya interpretación nos introduce en la comprensión del mensaje. En primer lugar, el símbolo de la nube (v. 14), que, según la tradición bíblica, expresa una teofanía, es decir, una aparición divina.

En este caso es el Hijo del hombre el que aparece para pronunciar el juicio y ofrecer la salvación. De ahí que este fragmento tenga un valor exquisitamente cristológico: el evangelista Juan quiere completar su mensaje sobre la persona y sobre la misión de Jesús.

Los símbolos de la siega (w. 15b. 16) y de la vendimia (w. 18b. 19) pretenden ilustrar el juicio que Jesús ha venido y vendrá a pronunciar sobre la humanidad. Se trata de un juicio abierto a la salvación, que es precisamente don de aquel cuyo nombre es Salvador. Justamente porque será Jesús quien pronuncie el juicio, no es lícito considerarlo sólo en su valor negativo: eso sería desconocer el don de Dios y sustraerse así a la voluntad salvífica universal del Señor. A buen seguro, el juicio manifiesta también un momento negativo: aquellos que hayan rechazado la salvación se encontrarán separados de Dios, como objeto de su justa cólera (v. 19), pero precisamente porque ellos mismos se han sustraído libremente a la divina misericordia.

El fragmento de Juan nos ofrece otro mensaje: existe una estrecha relación entre la vida presente y la futura, entre la vida terrena y la eterna. Todo dependerá de Dios y de su divina bondad, pero todo dependerá también de nuestras opciones personales y de las obras que realicemos.

 

Salmo Responsorial

Llega el Señor a regir la tierra.

Salmo 95,10.11-12.13

V/. Decid a los pueblos: <<El Señor es rey:
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente>>

R/. Llega el Señor a regir la tierra.

V/. Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque.

R/. Llega el Señor a regir la tierra.

V/. Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.

R/. Llega el Señor a regir la tierra.




Evangelio: Lucas 21,5-11

En aquel tiempo,

5 al oír a algunos que hablaban sobre la belleza de las piedras y exvotos que adornaban el templo, dijo:

6 -Vendrá un día en que todo eso que veis quedará totalmente destruido; no quedará piedra sobre piedra.

7 Entonces le preguntaron: -Maestro, cuándo será eso? Cuál será la señal de que esas cosas están a punto de suceder?

8 Él contestó: -Estad atentos, para que no os engañen. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy, ha llegado la hora". No vayáis detrás de ellos.

9 Y cuando oigáis hablar de guerras y de revueltas, no os asustéis, porque es preciso que eso suceda antes, pero el fin no vendrá inmediatamente.

10 Les dijo además: -Se levantará nación contra nación y reino contra reino.

11 Habrá grandes terremotos y, en diversos lugares, hambres, pestes, apariciones terroríficas y grandes portentos en el cielo.

 

**• Estamos ante el segundo "discurso escatológico" (cf. Lc 17,20-37) del evangelio de Lucas: es señal de que para este evangelista la perspectiva del fin del mundo y de la vida futura caracteriza de una manera profunda la espiritualidad cristiana. Las preguntas iniciales, "Cuándo será eso? Cuál será la señal de que esas cosas están a punto de suceder?" (v. 7), son como dos pistas de búsqueda para comprender el mensaje que Jesús quiere transmitir.

Por otra parte, el hecho de que este discurso haya sido pronunciado ante el templo, con la belleza de la piedras y exvotos, crea un fuerte contraste entre el presente, que amenaza con clausurar la religiosidad de los contemporáneos de Jesús, y el futuro hacia el que, no obstante, quiere orientar Jesús su fe. Jesús predice en su respuesta el final del templo de Jerusalén y, en cierto modo, de todo lo que éste simboliza (v. 6). Anuncia el final de un mundo que se concreta en esta catástrofe, del mismo modo que se concretará en muchas otras. No pretende decir que el fin del mundo esté cerca, pero sí desea recordar que todo lo que pertenece a este mundo tendrá, a buen seguro, un fin y que ante este fin debemos reflexionar con plena conciencia, dejándonos iluminar por su enseñanza.

Lo que debemos hacer mientras esperamos su retorno está expresado con claridad en lo que afirma Jesús con respecto a los falsos profetas y a los falsos mesías (v. 8). Jesús nos invita al discernimiento de las personas y de los acontecimientos, a tener el valor de tomar o dejar, a asumir el riesgo de optar siempre y de todos modos por los valores que él nos ha entregado en su Evangelio. Son muchos los que, tanto hoy como ayer, pretenden abrir nuevos caminos de salvación delante de nosotros; son muchos los que anuncian el fin como algo inminente, más para intimidar y aterrorizar que para iluminar e infundir valor. Las palabras de Jesús van en un sentido diametralmente opuesto: incluso cuando anuncia el fin, se preocupa por iluminar y confortar a sus discípulos.

 

MEDITATIO

Los símbolos del libro del Apocalipsis y el lenguaje escatológico suponen, qué duda cabe, cierta dificultad para la comprensión del mensaje bíblico. Este hecho nos confirma en la certeza de que el nuestro es un camino de fe: los símbolos tienen que ser interpretados y las palabras comprendidas.

Para el que camina por los senderos de este mundo, existe siempre la posibilidad de ser engañado y desviado. Por algo insiste Lucas, en este discurso, en señalar que la seducción será sobre todo doctrinal: los falsos profetas tienen la pretensión de atribuirse la importancia y la autoridad de Jesús y, sobre todo, se atreven a anunciar el fin como inminente. Lucas aclara que estos hechos pertenecen aún a la historia y no al "fin de los tiempos": en efecto, deben suceder antes estas cosas, pero eso no significa que inmediatamente después venga el fin.

Es como decir que el discernimiento no puede ser fruto únicamente de una intuición personal o de cierta capacidad crítica. Al contrario, es fruto de la vida de fe y debe caracterizar la vida y la actitud de una comunidad de fe que, con la luz de la Palabra y la fuerza del Espíritu, aprende día tras día a leer los signos de los tiempos, a discernir entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso.

La invitación de Jesús, "No vayáis detrás de ellos", nos pone en guardia contra un falso seguimiento que podría reemplazar al que nos mantiene encaminados tras los pasos de Jesús. Por eso, el verdadero discernimiento se manifiesta también y sobre todo en algunas opciones de vida que pueden tener también un precio elevado, frente a las ilusiones y fáciles promesas de los falsos profetas.

 

ORATIO

Oh Señor, ayúdame a establecer una sabia relación con el tiempo: no una relación atrincherada en el pasado, que ya no es, ni una relación perdida en el futuro, que todavía no es. Haz que toda mi energía se dirija al presente para dar significado a toda acción y para valorar cada acontecimiento, de suerte que esté en sintonía con tu designio y sea capaz de transformar en novedad lo que puede correr el riesgo de ser rutina. Hazme comprender cuan discreto es el que sabe "perder el tiempo" en admirar una puesta de sol, en escuchar el mensaje de una hoja caída, en observar un hormiguero en acción, en contemplar un rostro bello, en consolar a quien lo necesita... En suma, en estar receptivo a todo lo que existe.

Sé que la vida es una misión de la que deberé rendir cuentas: haz que permanezca vigilante para que –como decía Pascal- no me haga culpable de dejar correr el tiempo como un niño deja correr la arena entre sus dedos.

Oh Señor, haz que tus palabras, "Estad preparados para cuando venga", caminen siempre delante de mí.

 

CONTEMPLATIO

Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión.

Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor, pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión.

Ahora amamos en esperanza. Por eso, dice el salmo que el justo se alegra con el Señor. Y añade, en seguida, porque no posee aún la clara visión: y espera en él. Sin embargo, poseemos ya desde ahora las primicias del Espíritu, que son como un acercamiento a aquel a quien amamos, como una previa gustación, aunque tenue, de lo que más tarde hemos de comer y beber ávidamente.

Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo y se te acercará; ámalo y habitará en ti. El Señor está cerca. Nada os preocupe. Quieres saber en qué medida está en ti, si lo amas? Dios es amor. Me dirás: "Qué es el amor?". El amor es el hecho mismo de amar. Ahora bien, qué es lo que amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que de él has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el pecado, ya que el pecado es lo único que no has recibido de él. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de él (Agustín de Hipona, Sermón 21, 1-4).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Mete tu hoz y comienza a segar. Es el tiempo de la siega" (Ap 14,15).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

He constatado, por consiguiente, con horror que mi impaciencia por ver restablecida la democracia tenía algo de comunista; o también, en un sentido más general, algo de racionalista: la unidad de las Luces. Quería hacer progresar la historia un poco como un niño que se pone a estirar de una planta para hacerla crecer más deprisa. Me parece que es preciso aprender a esperar del mismo modo que se aprende a crear. Sembrar con paciencia, regar con asiduidad la tierra que cubre la semilla y dar a las plantas su tiempo. No se puede engañar a una planta, como tampoco se puede engañar a la historia, pero sí es posible regarla: con paciencia, todos los días. Con comprensión, con humildad y, también, con amor.

Si los políticos y los ciudadanos aprendieran a esperar en el mejor sentido del término, manifestando así su respeto al orden intrínseco de las cosas y su insondable profundidad, si comprendieran que todas las cosas tienen sus tiempos en este mundo y que, más allá de lo que esperamos del mundo y de la historia, es importante saber lo que esperan el mundo y la historia, entonces no podría acabar la humanidad tan mal como a veces imaginamos. No hay razón alguna para mostrarnos impacientes, si hemos sembrado y regado bien. Basta con comprender que nuestra espera no carece de sentido. Es una espera que tiene sentido porque nace de la esperanza y no de la desesperación, de la fe y no de la desconfianza, de la humildad ante los tiempos de este mundo y no del miedo. Su serenidad no lleva la huella del aburrimiento, sino de la tensión. Una espera de este tipo es algo más que un simple estar a la espera. Es la vida, la vida en cuanto participación gozosa en el milagro del Ser (V. Have

Día 27

Miércoles semana XXXIV del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 15,1-4

Yo, Juan,

1 vi en el cielo otra señal grande y maravillosa: siete ángeles que llevaban las siete últimas plagas con las que había de consumarse la ira de Dios.

2 Vi también algo semejante a un mar, mezcla de fuego y de cristal; sobre este mar de cristal estaban, con las cítaras que Dios les había dado, los vencedores de la bestia, de su estatua y de su nombre cifrado.

3 Cantaban el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios todopoderoso; justo y fiel tu proceder, rey de las naciones.

4 Cómo no respetarte, Señor? Cómo no glorificarte? Sólo tú eres santo, y todas las naciones vendrán a postrarse ante ti, porque se han hecho patentes tus designios de salvación.

 

**• La referencia de este fragmento a los grandes hechos del Éxodo es más que evidente: debemos establecer un puente entre el fin y el principio, entre lo que profetiza el apóstol Juan y lo que Dios, al principio de la historia de la salvación, llevó a cabo en favor de su pueblo. Jesús, el Cordero inmolado, para introducir a los elegidos en el Reino del Padre, los hará pasar a través del "mar", que es el símbolo del mundo sumergido en el pecado.

Este paso será, por tanto, una pascua auténtica, una liberación de todo lo que es malo para alcanzar la salvación. El don de Dios tiene una eficacia particular: hace salir de Egipto, tierra de la esclavitud, y hace entrar en la tierra prometida, "una tierra que mana leche y miel" (Ex 3,8); libera del pecado e introduce en la comunión de vida con él. Este pueblo, precisamente por haber sido liberado, expresa su alegría mediante el canto; más exactamente, con "el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero" (v. 3). La referencia a Ex 15,1 ss es clara y resulta iluminadora. También el salmo responsorial de esta liturgia de la Palabra evoca el gran acontecimiento, y por eso corresponde muy bien a la alegría de un pueblo de salvados. Este don de la salvación asume una dimensión universal: el paso del Antiguo al Nuevo Testamento lo atestigua. "Todas las naciones vendrán a postrarse ante ti" (v. 4b): el don de Dios pasa a través de Israel, pero se abre a toda la humanidad. Dios no reserva sus dones sólo para algunos, sino que los ofrece a todos. De este modo alcanza su meta el mensaje del Apocalipsis.

 

Salmo Responsorial

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Salmo 97,1.2-3ab.7-8.9

V/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

R/. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

V/. El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

R/. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

V/. Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos,
aclamen los montes.

R/. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

V/. Al Señor, que llega
para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.

R/. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.



Evangelio: Lucas 21,12-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

12 os echarán mano y os perseguirán, os arrastrarán a las sinagogas y a las cárceles, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre.

13 Esto os servirá para dar testimonio.

14 Haceos el propósito de no preocuparos por vuestra defensa,

15 porque yo os daré un lenguaje y una sabiduría a los que no podrá resistir ni contradecir ninguno de vuestros adversarios.

16 Seréis entregados incluso por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos, y a algunos de vosotros os matarán.

17 Todos os odiarán por mi causa.

18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza se perderá.

19 Si os mantenéis firmes, conseguiréis salvaros.

 

**• El "discurso escatológico" prosigue con un lenguaje profético que dibuja el futuro de la vida de los creyentes y de la historia de la primera comunidad cristiana. Ahora bien, con una perspectiva más dilatada, las profecías de Jesús tienen que ver con los creyentes y con la comunidad creyente de todos los tiempos.

En estas expresiones de Jesús podemos reconocer, prácticamente, una síntesis de los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles, casi un preludio a la historia de la Iglesia naciente, en la que la persecución es signo de segura pertenencia a Jesús en la fe y de plena participación en su destino pascual; es un signo del acercamiento del Reino de Dios y es un estímulo para mantener vivo el deseo del retorno del Señor.

Ahora bien, por qué tiene que caracterizar la persecución la vida de los discípulos de Jesús y de la comunidad creyente? A buen seguro, no por una finalidad puramente negativa, ni sólo para poner a prueba la fidelidad de los seguidores de Jesús, sino para que éstos tengan la oportunidad de "dar testimonio" (v. 13) del Señor resucitado y de su Evangelio.

El don de la fe implica el deber de la misión y no puede dejar de expresar la alegría de la evangelización. Jesús no sólo se preocupa de confiar una misión, sino de indicar asimismo su método y su estilo. El testimonio de los discípulos, en efecto, será eficaz únicamente si es capaz de proseguir en el mundo el estilo pascual del testimonio de Jesús. No les hará falta preparar su propia defensa (v. 14); no se les permitirá recurrir a métodos de defensa puramente humanos; no se les permitirá recurrir a estrategias terrenas. En cambio, sí necesitarán vivir de pura fe, abandonarse por completo al poder de Dios, confiar únicamente en la divina providencia, con la certeza de que lo que es humanamente imposible será divinamente seguro. El Señor resucitado no dejará ciertamente a sus testigos fieles sin una elocuencia extraordinaria y un coraje indómito (v. 15). Todo esto, en términos bíblicos, recibe el nombre de perseverancia, que es el distintivo de los mártires.

 

MEDITATIO

En el fragmento evangélico que acabamos de leer hemos oído dos veces la expresión "por causa de mi nombre". Más adelante, hemos oído afirmar a Jesús: "Yo os daré un lenguaje y una sabiduría". Las exhortaciones de Jesús, que tienen un pronunciado carácter profético, tienden a liberar a los testigos de preocupaciones excesivamente humanas, personales, para concentrar su atención en su nombre, esto es, en su persona y en lo que él está dispuesto a hacer en su favor.

Es así como podemos captar el valor específico del testimonio cristiano: éste vale no tanto por lo que las personas sepan o puedan expresar como por el don divino que, a través de su Palabra, se manifiesta. El testigo se convierte entonces en signo concreto y manifestador de una presencia superior; sus palabras transmiten un mensaje divino; su martirio es prolongación del martirio de Jesús.

Para esta prueba extrema que es el martirio, se les asegura a los testigos la presencia consoladora de Jesús, que no sólo los hace extraordinariamente elocuentes, sino, en cierto modo, también invulnerables: "Ni un cabello de vuestra cabeza se perderá". Esta divina seguridad encontrará amplia confirmación en el martirologio cristiano: no sólo en el que aparece en los Hechos de los Apóstoles, sino también en el que caracterizará de modo particular la historia de la Iglesia de los primeros siglos.

Podemos constatar, por tanto, que el martirio, en el marco de la historia bíblica y cristiana, caracteriza a la comunidad de los creyentes tanto del Antiguo (basta con pensar en el martirio de los siete hermanos Macabeos y en el de su madre) como del Nuevo Testamento.

 

ORATIO

Oh Señor, tú que eres "el Sufridor" por excelencia, ayúdanos a comprender que de la fidelidad a nuestra misión brota la disponibilidad al sufrimiento: sufrir para ser fieles a nuestra propia vocación o, mejor aún, a ti, que nos has llamado por nuestro nombre. Sufrir no como masoquistas, sino para llevar a cabo un designio de liberación en favor de los hermanos y para tu gloria.

Sufrir para ser coherentes con un plan de valores, pagando con la rebelión de nuestras pasiones y con el rechazo de quienes no piensan como nosotros. Sufrir convencidos de que podemos y debemos eliminar el sufrimiento inútil sustituyéndolo por un sufrimiento consciente y paciente.

Sólo así tendremos esa paz que simboliza el mar de cristal y se ofrece a quien, tras haber pasado por el fuego de la prueba, sale de él purificado y renovado. Oh Señor, da vigor a tus promesas, haznos perseverantes en tu amor, tú que eres el Dios fiel.

 

CONTEMPLATIO

Es la intención lo que hace buena la obra, y la intención está dirigida por la fe. No hay que prestar demasiada atención a lo que hace el hombre, sino a lo que pretende al obrar, al fin hacia el que dirige el brazo de su guía óptima.

Supón que un hombre gobierna de manera óptima su nave, pero se ha olvidado de la meta hacia la que se dirige. Aquí lo tenemos: sabe dirigir de modo experto el timón, sabe moverlo de manera óptima, sabe embestir de proa a las olas, sabe protegerse para que éstas no le embistan por los costados; está dotado de tanta fuerza que puede hacer virar la nave hacia donde quiere y desde donde quiere, pero de qué le vale todo esto si cuando le preguntan a dónde va contesta que no lo sabe; o bien, aunque no diga que no lo sabe, sino que va a tal puerto, no se dirige en absoluto hacia ese puerto, sino hacia los escollos?

Ésta es también la condición de quien corre de manera óptima pero fuera del camino. No habría sido mejor y menos peligroso que ese timonel hubiera sido bastante menos capaz, de modo que llevara el timón con trabajo y dificultad, pero mantuviera, sin embargo, el rumbo justo y debido; y, por otra parte, que ese otro hubiera sido tal vez incluso más perezoso y más lento, pero, sin embargo, hubiera marchado por el camino, antes que correr velozmente fuera del mismo? Es óptimo, por tanto, aquel que mantiene el camino y lo sigue expedito; y siempre se puede esperar también a quien, cojeando un poco, no se sale del camino totalmente, no se detiene, sino que progresa, aunque sea poco a poco. Cabe esperar, en efecto, que este último llegará, quizás más tarde, a su meta (Agustín de Hipona).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Sólo tú eres santo" (Ap 15,4).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Siguiendo la misma lógica de su propósito de historiador, Lucas dirige más su atención a los efectos exteriores y visibles de la acción del Espíritu que a la transformación interior por la que se interesa el teólogo Pablo. Este último permanece en la línea dominante de la Biblia, en la que el Espíritu se manifiesta sobre todo como Espíritu profético, que impulsa a hablar y da fuerza al testimonio de aquel a quien inspira. Lucas prefiere ver en el Espíritu el principio del dinamismo que asegura la difusión del mensaje evangélico y la expansión cíe la Iglesia. La fe que lleva al bautismo y procura la remisión de los pecados es un preliminar para la acogida de esta fuerza que impulsa al cristiano y a la Iglesia hacia el exterior. A buen seguro, no sin proporcionar un fortalecimiento interior; aunque no es éste el aspecto que interesa a Lucas: el tercer evangelista no piensa nunca, por ejemplo, en considerar el don del Espíritu como un anticipo de la vida eterna.

El Espíritu aparece, pues, en Lucas menos como una realidad constitutiva de la Iglesia que como la fuerza motriz de su crecimiento. No es la pneumatología de Lucas la que nos proporcionará la clave de su eclesiología (J. Dupont).

 

Día 28

Jueves semana XXXIV del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 18,1-2.21-23; 19,l-3.9a

Yo, Juan,

18,1 vi a otro ángel que bajaba del cielo con gran poder. La tierra quedó iluminada con su resplandor,

2 y el ángel gritó con voz potente, diciendo: !Cayó, cayó al fin la orgullosa Babilonia! Se ha convertido en mansión de demonios, en guarida de espíritus inmundos y de toda clase de aves inmundas y detestables.

21 Un ángel pleno de vigor levantó entonces un peñasco grande como una gigantesca rueda de molino y lo arrojó al mar, diciendo:

Así, de golpe, será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y desaparecerá para siempre.

22 Ya no se volverá a oír en ti el son de los citaristas y los músicos, de los que tocan la flauta y la trompeta. Ya no habrá en ti artesanos ni se oirá la rueda del molino.

23 La luz del candil ya no alumbrará más en ti, ni el canto del novio y de la novia se oirá más en tus calles. Porque tus negociantes llegaron a ser los señores de la tierra y con tus maleficios embaucaste a todas las naciones.

19,1 Después de esto, oí en el cielo algo así como la voz potente de una inmensa muchedumbre que cantaba: !Aleluya! La salvación, la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios,

2 que juzga con verdad y con justicia. Él ha condenado a la gran prostituta, la que corrompía la tierra con sus prostituciones, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos.

3 Y por segunda vez cantaban: !Aleluya! El humo de su incendio sigue subiendo por los siglos de los siglos.

9,a Entonces alguien me dijo: -Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.

 

**• Esta visión que se ofrece al evangelista Juan tiene también la finalidad de iluminar la historia del pueblo de Dios en marcha. El cielo y el resplandor que de él se difunde (cf. 18,1) indican, de una manera clara, la procedencia divina de la Palabra que va a ser proclamada. Sólo quien escucha y recibe el mensaje podrá caminar seguro hacia la meta final.  Por un lado, se proclama el final de Babilonia, símbolo de las potencias adversas al Reino de Dios y tendentes a arrancar un culto idolátrico a los hombres. Se trata de una auténtica derrota de Babilonia, aunque de momento en su historia pueda parecer vencedora. La atina de la ciudad, según el juicio expresado por esta profecía, no es otra cosa que el mentís de cualquier intentó humano de oponerse al designio divino. La ausencia total de alegría en ella -faltarán el son de los citaristas, la luz del candil y el canto del novio y de la novias signo de la ausencia de Dios y de la sordera total de sus habitantes a la voz del Señor, que llama a la conversión (18,2.22ss).

Por el contrario, el aleluya proclamado inmediatamente después (19,1-3) expresa, con un contraste vigoroso e iluminador, la victoria de Dios sobre sus adversarios, la victoria del Cordero sobre sus enemigos y la alegría de los salvados con el poder de la pascua. El símbolo final de esta gozosa victoria es el "banquete de bodas" (19,9) que ofrece el Cordero a todos los invitados.

Se trata de un símbolo bíblico bien conocido, que nos invita a compartir el gran misterio de salvación de Dios, nuestro salvador, en la fe y en la esperanza.

 

Salmo Responsorial

Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero.

Salmo 99,2.3.4.5

V/. Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

R/. Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero.

V/. Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

R/. Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero.

V/. Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre.

R/. Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero.

V/. El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.

R/. Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero.



Evangelio: Lucas 21,20-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

20 Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed que se acerca su devastación.

21 Entonces, los que estén en Judea que huyan a los montes; los que estén dentro de la ciudad que se alejen, y los que estén en el campo que no entren en la ciudad.

22 Porque son días de venganza en los que se cumplirá todo lo que está escrito.

23 !Ay de las que estén encintas y criando en aquellos días! Porque habrá gran tribulación en la tierra y el castigo vendrá sobre este pueblo.

24 Caerán al filo de la espada e irán cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos hasta que llegue el tiempo señalado.

25 Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra la angustia se apoderará de los pueblos, asustados por el estruendo del mar y de sus olas.

26 Los hombres se morirán de miedo al ver esa conmoción del universo, pues las potencias del cielo quedarán violentamente sacudidas.

27 Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria.

28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.

 

**• Esta sección del "discurso escatológico" se subdivide claramente en dos partes: en la primera se describe la ruina de Jerusalén (w. 20-24), en la segunda se describe el fin del mundo (w. 25-28). La primera parte es la más característica de Lucas, ya que le gusta volver de la apocalíptica a la historia: "Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos... son días de venganza" (cf. vv. 20-22).

Queda claro, por consiguiente, que Lucas considera la destrucción de Jerusalén como un juicio de Dios dirigido contra el comportamiento precedente de sus habitantes.

De ahí que la perspectiva mire más al pasado que al futuro. Hay, no obstante, un matiz particular que merece ser destacado: lo que le ocurre a Jerusalén tiene una finalidad que abre la perspectiva al universalismo: "Jerusalén será pisoteada por los paganos hasta que llegue el tiempo señalado" (v. 24), es decir, el tiempo del testimonio o, bien, el tiempo de los mártires (cf. Hechos de los Apóstoles).

Es sabido que a Lucas le gusta distinguir con claridad los tiempos de la historia de la salvación: el tiempo del antiguo Israel, la plenitud de los tiempos caracterizada por la presencia de Jesús y el tiempo de la Iglesia. Los tiempos de los paganos se insertan en esta última sección de la historia. En el paso de la primera a la segunda parte de este fragmento, Lucas deja entender que al tiempo de los paganos le sucederá el tiempo del juicio universal.

Los w. 25-28 se caracterizan por la venida del Hijo del hombre para el juicio: el creyente no tiene ningún motivo para temer, aunque la descripción de ese momento induzca sentimientos que suscitan el temor de Dios. El regreso del Señor se caracteriza, en efecto, por el "gran poder y gloria" (v. 27): él traerá consigo el don de la liberación total y definitiva, una "redención" que sólo puede ser un exquisito don divino.

 

MEDITATIO

Como hemos indicado un poco más arriba, Lucas señala en este fragmento de su evangelio las etapas principales de la historia de la salvación: el tiempo de la antigua alianza, el carácter central de la nueva y el momento de la parusía final. Con razón, por tanto, se ha calificado al tercer evangelista de teólogo de la historia de la salvación. Si, además de esto, recordamos que Lucas es el único de los evangelistas que ha sentido la necesidad de escribir los Hechos de los Apóstoles como continuación del tercer evangelio, comprenderemos cuál ha sido el designio unitario que ha concebido y llevado a cabo; para él, evangelista, ha significado ponerse al servicio de una obra evangelizadora que parte, ciertamente, de la historia de Jesús, pero que no puede dejar de abarcar también la historia de sus testigos de la comunidad cristiana de los primeros y de todos los tiempos.

También hoy se habla mucho de "evangelización", en ocasiones incluso de "nueva evangelización": términos todos ellos apropiados y más que legítimos, a condición, no obstante, de que la obra de la evangelización sea reconducida a su centro neurálgico, que es el gran acontecimiento de la pascua de Jesús, y de que sea concebida como simple y lógica continuación de ese evangelio viviente que ha sido la persona misma de Jesús. Sólo así podrá la evangelización anunciar, prometer y dar la liberación-redención de la que habla el fragmento evangélico de hoy y que corresponde a una nueva creación.

Jesús, en efecto, ha venido para liberar al hombre del pecado y para hacerle recuperar la frescura de la imagen-primitiva de Dios; volverá al final para crear unos "cielos nuevos y una nueva tierra", pero, sobre todo, para perfeccionar en el hombre la imagen divina originaria.

 

ORATIO

"No temáis las amenazas ni os dejéis amedrentar. Dad gloria a Cristo, el Señor, y estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida explicaciones " (1 Pe 3,14-15).

Es la esperanza lo que me proporciona el valor para buscar mundos nuevos y para remover capas de escombros y de hábitos que me incrustan y me entierran en seguridades precarias. La esperanza de alcanzarte me hace que no desista nunca y me infunde el coraje necesario para seguir adelante a pesar de mis debilidades.

Es la esperanza lo que moviliza todos mis recursos para alcanzar la meta que tú me has reservado, para luchar contra una existencia incolora que, poco a poco, nos va achatando y paralizando. La esperanza de reconocerte, porque la vida se renueva y no se repite nunca cuando se abre a ti y se inspira en el Evangelio.

Es la esperanza lo que me da la fuerza necesaria para mantener viva mi luz, para no "rehacerme" como otros me quieren, vagando sin identidad y cerrado a la gracia.

La esperanza de verte y quedar maravillado.

 

CONTEMPLATIO

"En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta, porque resonará, y los muertos despertarán incorruptibles, y nosotros nos veremos transformados". Al decir "nosotros", Pablo enseña que han de gozar junto con él del don de la transformación futura todos aquellos que, en el tiempo presente, se asemejan a él y a sus compañeros por la comunión con la Iglesia y por una conducta recta. Nos insinúa también el modo de esta transformación cuando dice: "Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad". Pero a esta transformación, objeto de una justa retribución, debe preceder otra transformación que es puro don gratuito.

La retribución de la transformación futura se promete a los que en la vida presente realicen la transformación del mal al bien.

La primera transformación gratuita consiste en la justificación, que es una resurrección espiritual, don divino que es una incoación de la transformación perfecta que tendrá lugar en la resurrección de los cuerpos de los justificados, cuya gloria será entonces perfecta, inmutable y para siempre. Esta gloria inmutable y eterna es, en efecto, el objetivo al que tienden, primero, la gracia de la justificación y, después, la transformación gloriosa.

En esta vida somos transformados por la primera resurrección, que es la iluminación destinada a la conversión; por ella, pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la justicia, de la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una conducta santa. Sobre los que así obran no tiene poder alguno la segunda muerte. De ellos, dice el Apocalipsis: "Dichoso aquel a quien le toca en suerte la primera resurrección; sobre ellos la segunda muerte no tiene poder". Y leemos en el mismo libro: "El que salga vencedor no será víctima de la muerte segunda". Así como hay una primera resurrección, que consiste en la conversión del corazón, así hay también una segunda muerte, que consiste en el castigo eterno.

Que se apresure, pues, a tomar parte ahora en la primera resurrección el que no quiera ser condenado con el castigo eterno de la segunda muerte. Los que en la vida presente, transformados por el temor de Dios, pasan de la mala a la buena conducta pasan de la muerte a la vida y, más tarde, serán transformados de su humilde condición a una condición gloriosa (Fulgencio de Ruspe, Sobre el perdón de los pecados, Libro 2, 11, 2-12, 1.3-4).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero" (Ap 19,9).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Ruego al Señor que me conceda la gracia de convertir mi muerte próxima en don de amor a la Iglesia. Podría decir que siempre la he amado; fue su amor el que me sacó de mi mezquino y selvático egoísmo y me encaminó a su servicio; y que por ella, y por nada más, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo sepa; y desearía tener la fuerza necesaria para decírselo como una confidencia del corazón que sólo en el último momento de la vida se tiene el valor de hacer. Quisiera, por último, comprenderla en su historia, en su designio salvífico, en su destino final, en su compleja, total y unitaria composición, en su humana e imperfecta consistencia, en sus desgracias y en sus sufrimientos, en las debilidades y miserias de tantos hijos suyos, en sus aspectos menos simpáticos y en su perenne esfuerzo de fidelidad, de amor, de perfección y de caridad. Cuerpo místico de Cristo.

Quisiera abrazarla, saludarla, amarla, en cada ser que la compone, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla. También porque no la dejo, no salgo de ella, sino que me uno y me confundo más y mejor con ella; la muerte es un progreso en la comunión de los santos (Pablo VI).

 

 

Día 29

Viernes semana del XXXIV tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Apocalipsis 20,1-4.11-21,2

Yo, Juan,

20,1 vi un ángel que bajaba del cielo llevando en la mano la llave del abismo y una gran cadena.

2 Apresó al dragón, la antigua serpiente -que es el Diablo y Satanás-, y lo encadenó por mil años.

3 Lo arrojó al abismo, cerró y selló la entrada, para que no pueda seducir más a las naciones hasta que hayan pasado los mil años. Pasados los mil años, tendrá libertad por breve tiempo.

4 Después vi unos tronos, y a los que se sentaron en ellos se les dio poder para juzgar. Y vi a los que habían sido degollados por dar testimonio de Jesús y por anunciar la Palabra de Dios: los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, los que no se habían dejado marcar ni en su frente ni en sus manos.

Todos ellos revivieron y reinaron con Cristo mil años.

11 Vi luego un trono grande y resplandeciente. Tierra y cielo se desvanecieron ante la presencia del que estaba sentado sobre el trono y desaparecieron sin dejar rastro.

12 Vi también a los muertos, tanto poderosos como humildes, que estaban de pie ante el trono. Se abrieron entonces los libros; se abrió otro libro -el libro de la vida-, y los muertos fueron juzgados según sus obras, conforme a lo que estaba escrito en los libros.

13 El mar devolvió sus muertos, la tierra y el abismo devolvieron sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras.

14 Muerte y abismo fueron arrojados después al estanque de fuego; he aquí la segunda muerte: el estanque de fuego,

15 al que fueron también arrojados todos los que no estaban inscritos en el libro de la vida.

2,1 Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Habían desaparecido el primer cielo y la primera tierra, y el mar ya no existía.

2 Vi también bajar del cielo, de junto a Dios, a la ciudad santa, la nueva Jerusalén, ataviada como una novia que se adorna para su esposo.

 

*•• El tema de que se ocupa este fragmento es la nueva creación: Juan, encaminándose hacia el final de su magna visión, contempla una gran lucha entre la antigua serpiente y el Cordero inmolado. Como siempre, la lucha tendrá un final feliz: la victoria de Dios sobre Satanás es cierta y traerá con ella una novedad de vida y alegría a todos los creyentes. Todo esto se llevará a cabo en la ciudad de Dios, patria de todos aquellos que han sido "degollados por dar testimonio de Jesús y por anunciar la Palabra de Dios" (20,4) y lugar en el que todos los que no han adorado a la bestia ni a su estatua recuperan la vida y reinan con Cristo.

Es, por consiguiente, la ciudad de la alegría, la ciudad de la vida, que triunfa sobre la muerte; la ciudad de Dios, que elimina cualquier otra ciudad alternativa. En el centro de esta ciudad se erige un trono blanco y, sentado en él, aquel en cuyas manos está "el libro de la vida" (v. 12). Es una imagen estupenda y sencilla al mismo tiempo para hacernos comprender que todas nuestras decisiones y nuestras obras son conocidas por Dios y serán sopesadas por él en su divina sabiduría y bondad.

Junto al libro de la vida encontramos el "estanque de fuego" (v. 14), que también recibe el nombre de "segunda muerte", destino tremendo de todos los que no están inscritos en el libro de la vida.

Con todo, la perspectiva final es absolutamente positiva: al final de la historia ya no tendrá la muerte ningún poder sobre los que siguieron al Cordero en su camino pascual. Serán admitidos a la plena y eterna comunión con Dios, simbolizada aquí por la Jerusalén celestial, que, "como una novia que se adorna para su esposo" (21,2), será la ciudad santa.

 

Salmo Responsorial

 He aquí la morada de Dios entre los hombres.

Salmo 83

V/. Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.

R/. He aquí la morada de Dios entre los hombres.

V/. Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío.

R/. He aquí la morada de Dios entre los hombres.

V/. Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichoso el que encuentra en ti su fuerza.
Caminan de baluarte en baluarte.

R/. He aquí la morada de Dios entre los hombres.




Evangelio: Lucas 21,29-33

En aquel tiempo,

29 les puso también Jesús esta comparación: -Mirad la higuera y los demás árboles.

30 Cuando veis que echan brotes, os dais cuenta de que está próximo el verano.

31 Así también vosotros, cuando veáis realizarse estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca.

32 Os aseguro que no pasará esta generación antes de que todo esto suceda. 33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

 

**• Por último, en esta parte del "discurso escatológico", responde Jesús a la pregunta inicial: "Maestro, cuándo será eso? Cuál será la señal de que esas cosas están a punto de suceder?" (21,7). La respuesta viene de la mano de una parábola: la de la higuera. El v. 28 de este discurso había introducido ya el tema de la vigilancia: "Cobrad ánimo y levantad la cabeza". Ahora se retoma y desarrolla ampliamente el mismo tema. Aparece así la preocupación parenética del evangelista Lucas, que, en cuanto se le presenta la ocasión, exhorta a los destinatarios de su evangelio a extraer las debidas consecuencias del mensaje que les está entregando.

Mediante un pequeño retoque - a saber: añadiendo "y los demás árboles" (v. 29)- Lucas ha querido hacer inteligible la parábola de la higuera también a los de fuera de Palestina. Con todo, no es preciso aplicar a las realidades del Reino de Dios el ritmo de las estaciones: por consiguiente, el retorno del Señor no debe ser considerado, como lo es el verano, como el tiempo de los frutos y la cosecha. Lo único que se pretende afirmar es que, cuando aparezcan los signos premonitorios descritos en los w. 20-28, entonces tendrá lugar la plena manifestación del poder del Dios que salva, esto es, el momento de la manifestación definitiva del Señor. En efecto, para Lucas -y esto es algo que conocemos bien-, el Reino de Dios está "ya" en medio de nosotros (cf. 12,20; 17,21): por eso intenta expresar aquí no el comienzo, sino la difusión del Reino de Dios hasta su última fase. "Se acerca vuestra liberación" (v. 28): es como decir que Cristo, el liberador, tras haber inaugurado ya entre nosotros el Reino de su Padre, está perfeccionando su misión de salvador.

 

MEDITATIO

        Ya hemos hecho alusión al estilo parenético-exhortatorio de Lucas, signo que manifiesta una intención equivalente por parte de Jesús. Los verbos que se suceden indican claramente esta tendencia: "Mirad... cuando veis... os dais cuenta... sabed...". Ningún creyente se puede sustraer a esta invitación: tenemos el deber concreto no sólo de mirar y ver, sino también de darnos cuenta y comprender. No, a buen seguro, con la pretensión de sondear el misterio, sino con la plena confianza de poder apropiarnos del mensaje de consuelo y liberación que Jesús ha venido a traernos. Con otras palabras, Jesús lanza una llamada a la inteligencia de sus discípulos, sin ofrecerles una solución preparada y clara.

De este modo expresa asimismo su calidad de maestro, que tiende a implicar a sus discípulos en la comprensión del misterio que él mismo ha recibido de su Padre. Aquí se capta no sólo el trabajo, sino también la belleza de ese camino de búsqueda que el gran pedagogo Jesús indicó a la gente de su tiempo y sigue indicando todavía a cada hombre y a cada mujer de buena voluntad. Para comprender, es decir, para leer en el fondo de los acontecimientos históricos que nos implican y nos esperan, nos ofrece Jesús una clave interpretativa: la luz de sus palabras y, sobre todo, la de su ejemplo. En efecto, el cristiano no pretende comprender sólo desde el punto de vista intelectual, sino también y sobre todo desde un punto de vista vital: lo que sucede en la historia individual y comunitaria puede ser comprendido como signo de una presencia divina, puede ser acogido como don del Señor, puede ser interpretado como estímulo para reemprender el camino del Evangelio, en perfecta fidelidad al mandamiento de Dios y al ejemplo de Jesús.

 

ORATIO

La muerte es la gran cita que nos espera a todos y que nuestra sociedad materialista ha convertido en un tabú insuperable, difundiendo su terror.

Oh Señor Jesús, tú que venciste a la muerte, abre nuestros corazones y nuestras mentes para comprender que la muerte es un proceso humano como el nacimiento: es nacer a una existencia diferente. La muerte es el punto de llegada tras la agotadora marcha de la vida, durante la cual caemos, nos cansamos, nos sentimos solos, sedientos, dudando de si podremos llegar a la meta. Oh Señor, libéranos del miedo a la muerte y haz que su pensamiento nos ayude a vivir mejor, para poder habitar un día en tu casa. La muerte es asimismo el punto de partida para quien ha vivido bien, intentando conocerte cada vez mejor, amarte cada vez más y servirte en los hermanos.

Oh Señor, concédenos experimentar en nuestro morir cotidiano el poder de tu resurrección, de suerte que podamos vivir cada acontecimiento a la luz radiante de la vida que nos espera.

 

CONTEMPLATIO

Tres son las enseñanzas del Señor: la esperanza de la vida, principio y término de nuestra fe; la justicia, comienzo y fin del juicio; el amor en la alegría y el regocijo, testimonio de las obras de la justicia.

El Señor, en efecto, nos ha manifestado, por medio de sus profetas, el pasado y el presente y nos ha hecho gustar por anticipado las primicias de lo porvenir.

Viendo, pues, que estas cosas se van cumpliendo en el orden en el que él las había predicho, debemos llevar una vida más generosa y más excelsa en el temor del Señor. Por lo que respecta a mí, no como maestro, sino como uno de vosotros, os manifestaré algunas enseñanzas que os puedan alegrar en las presentes circunstancias.

Ya que los días son malos y que el Altivo mismo posee poder, debemos, estando vigilantes sobre nosotros mismos, buscar las justificaciones del Señor. Nuestra fe tiene como ayuda el temor y la paciencia, y como aliados la longanimidad y el dominio de nosotros mismos. Si estas virtudes permanecen santamente en nosotros, en todo lo que atañe al Señor, tendrán la gozosa compañía de la sabiduría, la inteligencia, la ciencia y el conocimiento. El Señor nos ha dicho claramente, por medio de los profetas, que no tiene necesidad ni de sacrificios ni de holocaustos ni de ofrendas, cuando dice: Qué me importa el número de vuestros sacrificios? -dice el Señor- Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y machos cabríos no me agrada. Por qué entráis a visitarme? Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto (Carta de Bernabé).

 

ACTIO

        Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Vi a la ciudad santa ataviada como una novia que se adorna para su esposo" (cf. Ap 21,2).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras, al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra ele Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la sagrada liturgia. Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la sagrada tradición, como la regía suprema de su

fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la Palabra del mismo Dios y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los profetas y de los apóstoles. [...]

La esposa del Verbo encarnado, es decir, la Iglesia, enseñada

por el Espíritu Santo, se esfuerza en acercarse, de día en día, a la más profunda inteligencia de las Sagradas Escrituras, para alimentar sin desfallecimiento a sus hijos con la divina enseñanza; por lo cual fomenta también convenientemente el estudio de los santos Padres, tanto del Oriente como del Occidente, y de las sagradas liturgias. [...]

Así pues, con la lectura y el estudio de los libros sagrados "la Palabra de Dios se difunda y resplandezca" (2 Tes 3,1) y el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los corazones de los hombres. Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación constante del misterio eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la acrecida veneración de la Palabra de Dios, que "permanece para siempre" (Is 40,8; cf. 1 Pe 1,23-25) [Dei Verbum 2 1 , 23, 26).

 

Día 30

Sábado semana XXXIV del tiempo ordinario o 30 de noviembre,

San Andrés  

Andrés, que ya era discípulo de Juan el Bautista, se puso a seguir a Jesús cuando el precursor le señaló como "Cordero de Dios" {cf. Jn 1,35-40). Le comunicó a Pedro, su hermano, que había descubierto al Mesías [cf. Jn l,41ss). Ambos fueron llamados por Jesús a orillas del lago de Genesaret para ser "pescadores de hombres" (Mt 4,18ss). Fue Andrés el que, en la multiplicación de los panes, indicó a Jesús al niño que tenía los cinco panes y los dos peces (Jn ó,8ss). Junto con Felipe, Andrés le dijo al Nazareno que algunos griegos querían verle (Jn 12,20ss). Según la tradición, Andrés murió crucificado en Patras; por eso se venera su memoria de un modo absolutamente especial en la Iglesia griega.

 

LECTIO

Primera lectura: Romanos 10,9-18

Hermano:

9 si proclamas con tu boca que Jesús es el Señor y crees con tu corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos, te salvarás.

10 En efecto, cuando se cree con el corazón actúa la fuerza salvadora de Dios, y cuando se proclama con la boca se alcanza la salvación.

11 Pues dice la Escritura: Quienquiera que ponga en él su confianza no quedará defraudado.

12 Y no hay distinción entre judío y no judío, pues uno mismo es el Señor de todos, rico para todos los que lo invocan.

13 En una palabra, todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

14 Ahora bien, cómo van a invocar a aquél en quien no creen? Y cómo van a creer en él si no les ha sido anunciado?

15 Y cómo va a ser anunciado si nadie es enviado? Por eso dice la Escritura: !Qué hermosos son los pies de los que anuncian buenas noticias!

16 Pero no todos han aceptado la Buena Nueva. Isaías lo dice: Señor, quién ha dado crédito a nuestro mensaje?

17 En definitiva, la fe surge de la proclamación, y la proclamación se verifica mediante la palabra de Cristo.

18 Y digo yo: es que no han oído? !Todo lo contrario! A toda la tierra ha llegado la voz de los mensajeros y hasta los confines del mundo sus palabras.

 

**• Según el mensaje paulino, es la fe lo que conduce a la salvación, por el simple hecho de que con ella nos abandonamos libre y totalmente a Dios (cf. Dei Verbum 5), reconociéndole como Salvador. Ahora bien, a la fe se llega mediante la escucha de la predicación.

El objeto de ambas, de la fe y de la predicación, es el misterio de Jesús-Señor, muerto y resucitado por el poder de Dios Padre. Por eso, al creer, todo hombre y toda mujer de buena voluntad- se expropia de sí mismo y se convierte en propiedad de Dios, garantía y fundamento de toda posible confianza humana en él. Con todo, y siempre según la enseñanza de Pablo, también la predicación presupone un acontecimiento de gran importancia: un acontecimiento de carácter histórico, que aparece como absolutamente necesario. El que predica debe poder decir que ha sido enviado: la predicación presupone la misión, y ésta constituye el punto de amarre entre el que predica y el que es predicado, entre el enviado y el que envía.

El destino universal del mensaje evangélico pasa, por consiguiente, a través de un hecho histórico completamente particular: la elección que hizo Jesús de sus testigos y el envío de los mismos en misión.

 

Salmo Responsorial

A toda la tierra alcanza su pregón

Salmo 18. 2-5

2El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
3el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

R.- A toda la tierra alcanza su pregón

4Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
5a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

R.- A toda la tierra alcanza su pregón



Evangelio: Mateo 4,18-22

En aquel tiempo,

18 paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, que estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores.

19 Les dijo: -Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres.

20 Ellos dejaron al instante las redes y lo siguieron.

21 Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo, reparando las redes. Los llamó también,

22 y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, lo siguieron.

 

*•• Jesús se apresura, al comienzo de su ministerio público, a reunir a su alrededor algunos discípulos, a los que dirige una enseñanza completamente particular, porque quiere que sean sus seguidores y sus testigos. A su tiempo, después de la resurrección de Jesús, serán enviados a todo el mundo, a fin de que el Evangelio pueda seguir su curso hasta el final. Los Doce, de pescadores de peces, se convertirán en pescadores de hombres.

No se trata de un simple juego de palabras, sino de lo que el mismo Jesús les dice: "Ellos dejaron al instante las redes y lo siguieron" (v. 19). Andrés, junto con su hermano Simón, fue uno de los primeros que escuchó la llamada de Jesús y le siguió con prontitud. Mateo otorga un relieve particular a la prontitud con la que Pedro y Andrés respondieron a la llamada de Jesús: "Y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, lo siguieron" (v. 20).

Un poco más adelante (v. 22), el mismo evangelista Mateo afirma que, en realidad, los primeros discípulos de Jesús no dejaron sólo las redes, la barca y su profesión, sino también a su padre. El seguimiento de Jesús, el auténtico que transforma la vida, no deja lugar a tergiversaciones ni concede descuento alguno: es, por propia naturaleza, radical y totalitario.

 

MEDITATIO

Nuestra reflexión se va a detener en un par de detalles que nos ofrece la página evangélica. En primer lugar, el hecho histórico según el cual los primeros discípulos siguieron a Jesús de dos en dos. No parece que haya que desatender esta información que nos ofrecen los evangelistas.

También hoy el seguimiento de Jesús mediante la experiencia de una compañía, de una auténtica amistad humana, es extremadamente positivo; puede favorecer la decisión, la adhesión y la perseverancia. Tal vez el mundo contemporáneo tenga también necesidad de este testimonio, un testimonio con el que los seguidores de Jesús muestran que son capaces de valorar todo lo que hay de bueno y santo en las relaciones amistosas.

La prontitud con la que los primeros discípulos de Jesús siguen a su maestro merece asimismo una atención especial. Decir prontitud significa desprendimiento de todo lo que puede lentificar el paso hacia Jesús, sobre todo de aquello que, en cierto modo, podría despistarnos del camino emprendido. Decir prontitud significa también la voluntad de establecer un atraque fuerte y decisivo en Jesús, único fin de nuestra propia vida, único destinatario de nuestro propio amor. Por eso, decir prontitud significa radicalidad evangélica; con ella, todo resulta bello y ligero al final; sin ella, todo resultaría fatigoso e insoportable en cada instante.

 

ORATIO

Por qué, Señor, son tan pocos los que prestan hoy oído a tu voz? Por qué disminuye cada vez más el número de los que están dispuestos a seguirte por el camino de la radicalidad evangélica? Acaso se ha apagado tu voz entre nosotros? O tal vez es menos perceptible tu presencia entre los jóvenes de hoy? Acaso estás tan escondido que es casi imposible reconocerte presente y cercano a cada uno de nosotros?

Sin embargo, oh Señor, tú estás en medio de nosotros, vives a nuestro lado, nos acompañas de una manera discreta, pero real, por los caminos que recorremos.

Haz, oh Señor, que tu Palabra resuene más eficaz que nunca hoy para todos nosotros. Haz, oh Señor, que tu presencia sea advertida y reconocida hoy más que nunca, sobre todo por los jóvenes. De este modo, el espinoso problema de la falta de vocaciones dejará de angustiarnos, porque todos nos abandonaremos a tu solicitud de pastor bueno.

 

CONTEMPLATIO

Ponerse en camino significa exteriorizarse, romper la costra del egoísmo, que intenta encerrarnos en nuestro propio "yo".

Ponerse en camino significa dejar de girar sobre uno mismo como si fuéramos el ombligo del mundo y de la vida.

Ponerse en camino significa no dejarse encerrar en el círculo de problemas del pequeño mundo al que pertenecemos. Por muy importantes que sean, la humanidad es más grande y es precisamente a esta humanidad a la que servimos.

Ponerse en camino no significa devorar kilómetros, atravesar océanos o alcanzar la velocidad supersónica. Significa, ante todo, abrirse a los demás, descubrirles, encontrarse con ellos (Dom Helder Cámara).

 

ACTIO

Repite a menudo y vive durante la jornada la Palabra: "Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres" (Mt4,19).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En el hombre actúan múltiples fuerzas: conociéndolas, puede abarcar todas las cosas que hay a su alrededor -estrellas y montañas, mares y ríos, plantas y animales, y toda la humanidad que está cerca de él, y de este modo puede enriquecer su mundo interior. Puede amarlas, puede odiarlas y rechazarlas; puede ponerse contra ellas o bien tender a ellas y atraerlas hacia sí.

Puede actuar sobre el mundo que le rodea y modificarlo según su propia voluntad. Un variado fluctuar de alegría y de codicia, de aflicción y de amor, de calma y de excitación acompaña el ritmo del corazón.

Sin embargo, su fuerza más noble es ésta: reconocer que hay algo más elevado por encima de él, venerar este algo más elevado e insertarse en él. El hombre puede conocer a Dios por encima de él, puede adorarle y puede ofrecerse a sí mismo "a fin de que Dios sea glorificado". Ésta es la ofrenda: que la sublimidad de Dios brille en el espíritu; que el hombre adore esta sublimidad; que no se detenga de una manera egoísta en sus propias posesiones, sino que las trascienda, que se comprometa a sí mismo a fin de que sea glorificado el excelso Dios. La fuerza más profunda del alma es su capacidad de ofrenda. Es en lo íntimo del hombre donde tienen su sede la calma y la limpidez de donde sube la ofrenda a Dios (Romano Guardini).